Me gusta escribir, me gusta imaginar, me gusta tocar, me gusta saborear. ¿Y a ti que te gusta?

Masquerade

Estas situaciones eran las que nos hacían perder la cabeza a Alba y a mí, no éramos de ese tipo de amantes de jueves en un motel de 8 a 10, jugábamos al límite, eso era lo que nos unía y nos ponía.

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El Carnaval, la fiesta de los pecados carnales, seguramente podemos encontrar un carnaval diferente en cada cultura, y si profundizamos un poco más, posiblemente descubriremos que son el reflejo de las fantasías eróticas de cada cultura, desde la lujuriosa pasión brasileña hasta el sofisticado erotismo veneciano. En otros en cambio, el erotismo brilla por su ausencia, en esta categoría estaría el carnaval de mi tierra, no digo que no tenga su encanto, pero es un carnaval que gira entorno a la burla del poder eclesiástico y político, está claro que entre quienes lo empezaron, follar no era uno de sus pecados favoritos.

Aquel sábado de carnaval, no se diferenciaba mucho de cualquier sábado noche, salvo por una mayor densidad de público y algún que otro grupo de gente con disfraces comprados en el chino o en cualquier web cutre.

Así que rodeados de caperucitas, toreros y vampiros varios intentando llamar la atención, comprendí que lo más cerca que estaríamos del carnaval brasileño esa noche, fue durante la cena en La Favela, un restaurante brasileño donde preparan una picanha exquisita.

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Con las bragas en la mano

Este fue el año en el que la mayoría de mi círculo más cercano cumplimos 50 años, las cifras redondas siempre son motivo para celebraciones especiales. Las tres primeras fueron divertidas, conseguir reunir a amigos del cumpleañero de todas sus épocas y círculos, daba lugar a reencuentros emotivos, noches de historias y recuerdos de otras épocas. A partir de la cuarta la cosa ya empezó a decaer, se convirtieron más en un compromiso social que en una fiesta de viejos amigos. Corría el mes de julio cuando me llamo la mujer de un amigo invitándome a la fiesta de su marido Juan. Mar, la mujer de mi amigo, había decidido preparar ella misma la fiesta sorpresa a su marido. A diferencia de las otras, además de sus amigos de toda la vida, invitaría también a sus respectivas parejas. Aunque le agradecí la invitación y confirme mi asistencia, el plan no me emocionaba nada, si los cumpleaños ya me estaban aburriendo, este rodeado de matrimonios, se me antojaba que sería un tostón. Más parecido a unas bodas de plata que a una fiesta de cumpleaños.

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