El vecino exquisito

Gay. Esa tarde me quedé en el depto, ya que Aurora había ido a comprar al super (demora al menos una hora).

Alguien toca el timbre, lo que indicaba que era del mismo edificio, abrí la puerta y frente a mi se encontraba el vecino que, cada ocasión que venía a dejar un trabajo me calentaba.

De unos 60 años de contextura atlética, exquisito y que, según Aurora, era gay. Por unos segundos no reaccioné, hasta que me dijo, vecino se encuentra su señora. “no, le contesté”, pero rápidamente le agregué, “vuelve enseguida, si quiere esperar, tome asiento”, su respuesta fue positiva y nos sentamos.

Por algunos instantes estuvimos en silencio, que interrumpe haciéndome una pregunta, ¿es ud deportista?, “sí, por qué me lo dice?, es que se nota en su cuerpo, pensé, Aurora tiene razón, pero enseguida le dije, “al parecer, ud. también?” mientras lo miraba de arriba a abajo, deteniendo por algunos segundos mi mirada en su paquete.

Sin duda él lo notó porque enseguida me dijo, el suyo está exquisito, se ve gordito y se le está agrandando. En ese instante toma mi pierna y con la otra mano mi verga, yo le acaricié sus brazos y no pude aguantar las ganas de darle un rico beso.

Luego, lo tomé de la mano y lo paré del sofá, lo dí vuelta, lo puse delante de mi abrazándolo con mis manos sobre su estómago, lo llevé caminando hasta nuestra habitación , al llegar y ya junto a la cama, comencé a desnudarlo junto con besar su cuello, y en la medida que le sacaba prendas mis besos y caricias iban bajando, cuando le quité su diminuto colalé, mi lengua se hizo dueña de su hoyito, se la metí hasta donde más pude, mientras seguía con el  beso negro, me fuí quitando los pantalones y mi boxer, mi pene, ya muy mojado , se lo acerqué y poco a poco, mientras me quitaba la camisa, se lo enterré, y suavemente le dí un entra y sale a ritmo de calentura, la sensación era exquisita, tanto que me abalancé sobre su espalda y el soplido de nuca y la mordida de la almohada eran un sólo sonido.

Le dí por unos diez minutos, hasta que acabé y se comió toda mi lechecita. Sin darnos tregua, me tiré a su lado y él respondió instantáneamente, me limpió con su boca lo que quedaba de mi chorro y me dio un beso, de esos saladitos.

Con mucha suavidad me volteó y bajó hasta mi hoyito, devolviéndome los favores con su lengua, experta, cuando notó que yo me enloquecía por su verga me metió un tronco, esa sensación de dolor y placer, que sólo sabemos los que lo hemos probado, gozando como yegua suelta, hizo que mis movimientos se intensificaran regalándole una explosión de su leche calentita en mi culito.

Ya les contaré como esta historia se hará más caliente…..

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