EL HOTEL DE LA PLAYA

Mi experiencia en mis vacaciones de verano

Me llamo Daniel, soy un chico de unos 36 años y hasta hace muy poco tiempo sólo había tenido relaciones heterosexuales. Siempre he tenido un buen cuerpo, fibrado y con músculos marcados; me cuido bastante. Tengo el pelo oscuro, ojos marrón claro, gafas y perilla que ya empieza a encanecerse.

La historia comienza un día de Julio. Soy fotógrafo profesional y vivo en la ciudad. Me crié de pequeño en un pueblo de montaña y una de las cosas que más me falta en mi pueblo y en la ciudad que vivo ahora es el mar. Así que, durante mis vacaciones de verano, decidí pasar una semana en la playa.

Salí de casa rumbo a mi pueblo primero para saludar a mis padres y luego ir directo al hotel que tenía reservado para mi semanita de playa. Llegué a casa de mis padres, estuve almorzando con ellos y pasé un buen rato hablando con ellos, ya que hacía muchos meses que no los veía y ya están un poco mayores.

Antes de que anocheciera tomé rumbo al hotel. Llegué antes de las 10 de la noche así que me dio tiempo a deshacer la maleta, darme una buena ducha y salir a cenar tranquilamente. Por la calle veía chicos con cuerpos bastante definidos y cuidados; algo normal en las zonas costeras, donde se luce más el cuerpo. Me decidí por algo de marisco en un bar pequeño cerquita del hotel y antes de la media noche ya estaba descansando.

Ya por la mañana me levanté y me arreglé para ir a desayunar al comedor del hotel y después prepararlo todo para una mañana entera en la playa. Llegué temprano y cogí un buen sitio, puse mis cosas y me tumbé para tomar algo de sol; no soy demasiado moreno y quería coger algo de color. Fui a nadar un poco y volví para seguir tomando el sol. Me debí quedar dormido porque ya estaba casi todo lleno de familias para comer allí cuando desperté. Iba ya camino del hotel cuando me crucé con un chico bastante atractivo con una tabla de surf. Nos miramos unos segundos pero los dos seguimos nuestros caminos.

Al llegar a la habitación me duché, comí en el hotel y me dormí una buena siesta mientras veía una película en la tele. Al llegar la noche no me apetecía demasiado salir a cenar, quería descansar un poco más. Por mi trabajo no suelo descansar bien porque no tengo un horario fijo de trabajo y tengo un poco trastornados los ritmos del sueño. Finalmente opté por llamar al servicio de habitaciones para que me subieran algo. No habían pasado ni unos 20 minutos cuando llamaron a la puerta de la habitación. Me levanté de la cama y abrí al camarero, para mi sorpresa era aquel chico de la tabla de surf que me había cruzado por la mañana. De cerca era realmente guapo, moreno con pelo rizado y los ojos verdes grisáceos; no tendría más de 25 años. Me sonrió amablemente y me dijo:

– Aquí tiene señor.

– Gracias… ¿tú nombre?

– Alejandro, señor.

– Por favor Alejandro, no me llames de señor, que me haces mayor (dije en tono de broma), llámame Daniel. Toma esto… y gracias de nuevo.

– … (me volvió a sonreir)

Le di una buena propina y se fue cerrando la puerta tras de sí. Mientras cenaba no dejaba de pensar en él, su sonrisa no se me iba de la cabeza. Los días siguientes repetí lo que había hecho ese día y a falta de dos días para irme, a la hora de la cena volví a llamar al servicio de habitaciones. Alejandro subió otra vez mi comida:

– Aquí tiene, Daniel.

– Hombre, te has acordado de mi nombre. Aunque también podrías dejar de tratarme de usted si no te importa.

– Claro, lo siento, es la costumbre. ¿Le puedo preguntar algo personal?

– Sí, por supuesto.

– Sé que eres fotógrafo y me preguntaba si podrías hacerme una sesión de fotos, yo te pagaría, por supuesto.

– … bueno, estoy de vacaciones pero…, vale, ¿de qué estaríamos hablando?. (Me encantaba mi trabajo y tampoco quería perder la oportunidad de conocer más a Alejandro).

– …esto…, la sesión sería un poco… íntima, es para un regalo a mi novia.

– …va… vale, no pasa nada (no podía creer lo que estaba oyendo). Sabes donde estoy tú me avisas

– Muchísimas gracias, claro, dentro de unas horas acabo mi turno, te llamo a la habitación y concretamos todo. ¡Hasta luego!

– ¡Adiós!

No podía creerlo, parecía un chico tan tímido, tan cerrado; y yo le iba a hacer una sesión de fotos privadas, me excité sólo de pensar en verlo posando. Tenía ganas de ver su cuerpo desnudo, aunque su uniforme y su traje de surf ajustado me decían que iba a quedar muy contento con lo que escondían debajo. Cumplió su palabra y a las pocas horas de haberme subido la cena llamó a mi habitación:

– ¿Daniel?

– Sí, dime.

– ¿Mañana temprano podrías? ¿Sobre las 7?

– Sí… claro, ¿dónde la haríamos?

– En la suite del hotel, tengo ya las llaves. Sobre el precio…

– No te preocupes yo te hago precio especial… por ser tan buen camarero jeje.

– No tienes porqué, pero es un detalle que te agradezco.

– Vale, pásate por mí y subimos juntos.

– Ok, gracias.

No me importaba madrugar, aunque poco iba a dormir esa noche con los pensamientos que venían a mi mente calenturienta. Sin darme cuenta, llegó la hora y Alejandro puntual llamó a la puerta para recogerme. Cogimos el ascensor hasta la última planta y giramos a la derecha en el pasillo hasta llegar a la puerta, la cual Alejandro abrió dejando al descubierto una habitación de ensueño. Una cama gigante, baño con jacuzzi, azotea con piscina privada, era casi tan grande como mi piso en la ciudad. Alejandro entró al baño a cambiarse mientras yo preparaba la cámara y un reflector que siempre llevo encima por si surgen trabajos casuales como éste.

Aún estaba ajustando la cámara al trípode cuando salió del baño Alejandro con un albornoz blanco que lo hacía parecer más atractivo todavía si era posible. Se tumbó en la cama y se quitó el albornoz. No podía frotarme los ojos de incredulidad porque iba a notar algo raro pero aquella estampa era impagable. Su cuerpo era un sueño. Músculos bien definidos y depilado por completo. No me había fijado lo alto que era, medía 1,95m; ¡me sacaba media cabeza el tío!. Sólo llevaba puesto unos boxers super sexys negros.

Le sugerí varias posturas como pude con voz temblorosa y empezamos la sesión. Posaba realmente bien, podría ser modelo si se lo propusiese. Su mirada, su expresión corporal… transmitía demasiadas sensaciones; o al menos a mí me lo parecía. Cuando ya teníamos bastantes fotos me dijo que quería algunas en el jacuzzi, así que llenamos el jacuzzi de agua y le echamos jabón de burbujas para la típica foto de las burbujas que tapan las partes. Se metió en el jacuzzi. Yo pensaba que se dejaría la ropa interior puesta, ya que no se vería en las fotos; pero se la quitó y la puso a un lado. Yo que ya estaba de por sí bastante excitado, aquel gesto me puso todavía más. Sabía que cuando acabáramos esas fotos iba a salir completamente desnudo del jacuzzi.

En efecto, al poco rato finalizamos las fotos del jacuzzi y ni corto ni perezoso salió del agua dejando a la vista su mastodóntico aparato. Era algo anormal. En reposo no era normal el tamaño que tenía su polla. Intenté no fijar demasiado la mirada para que no se diese cuenta y rápidamente le pasé la toalla. Se secó y me dijo que si no le importaba hacerle algunas en la ducha también, y me dejó caer que quería que estas fotos fueran más picantes, buscando en mí una aprobación para hacerle saber si no me importaba.

Lo dijo con tal timidez e ingenuidad que me resultó un poco cómico. Yo no sabía donde meterme, aquel adonis griego iba a estar en frente de mí, con su cuerpazo a mi alcance y a la vez tan fuera de él. Si la sesión era un regalo para su novia, quedaba descartada cualquier aventura con ese pedazo de hombre. Nos dirigimos a la ducha y me pidió que esperase fuera unos minutos, sabía lo que significaba, iba a tocarse para que su miembro estuviese duro para las fotos. No podía remediar mi erección, estaba muy cachondo por aquel ambiente que se estaba creando.

Cuando me llamó, entré y comprobé mi teoría. Su polla era de las más grandes que había visto unos 24cm o más, no demasiado gordita, ¡un pedazo de pollón! Abrió la ducha y empecé a hacer fotos que, dicho sea de paso, estaban quedando bastante bien. Por desgracia, acabamos pronto en la ducha y nos dispusimos a recoger todo en la habitación para dejarla como estaba y que no sospecharan que Alejandro había cogido las llaves. Durante varios minutos, mientras guardábamos todo, tuve que disimular mi terrible erección. Me dirigí a mi habitación y le dije que se pasase a eso de las 5 de la tarde que ya las tendría listas y retocadas para entregárselas. Yo cogí el ascensor y entré en mi habitación con tan mala suerte que no dejé la puerta encajada del todo.

Rápidamente saqué mi MacBook y retoqué las fotografías elegidas. No me equivocaba con mi estimación de tiempo, a eso de las 4 había terminado. Había pasado la hora de la comida pero no tenía hambre. Bueno… hambre de comida, porque había algo que me habría llevado a la boca seguro. Me dí una ducha rápida antes de que llegara Alejandro y revisé de nuevo las fotos, llegué a las que hicimos en la ducha e irremediablemente me volví a poner como una moto. No podéis imaginar como estaba el cabronazo. Sin saber cómo y sin poder evitarlo, comencé a masturbarme frenéticamente con sus fotos en la pantalla.

Justo en ese momento Alejandro estaba entrando en la habitación, con la mala suerte de que seguía teniendo la puerta abierta. Pudo contemplar la escena que me estaba montando yo sólo mientras me masturbaba. Tardé unos minutos en percatarme de su presencia y cuando lo vi me quise morir de la vergüenza. Me cubrí como pude y cerré el portátil, pero ya era tarde, lo había visto todo. Todavía no había abierto la boca para decir nada cuando yo le hablé para intentar excusar aquello:

– Alejandro… yo… lo siento mucho.

– … (permanecía en silencio).

– No pienses mal, es sólo que… tú eres tan… me he venido muy arriba

– … (seguía callado).

Dejé de hablar y me fijé en lo abultado de su pantalón. Mis ojos hacían chirivitas, ¿se había excitado conmigo? No podía creerlo; él permanecía inmóvil. Busqué dentro de mi ser el valor necesario, me desnudé por completo y me acerqué a él. Lo besé y le agarré su paquete hinchado. No me rechazó, me besó también y me tumbó en la cama con mucha fuerza. Lo fui desnudando mientras nos besábamos y salió a la luz su anaconda de carne.

Mis ganas fueron más fuertes que yo y me abalancé sobre ella para chuparla entera. Sabía a sal del mar, a macho y a gloria. Alejandro sólo podía gemir y poner los ojos en blanco, al poco rato se había corrido en mi boca. Lo tumbé en la cama y lo chupé de arriba a abajo. Siempre había tenido la fantasía de chuparle las axilas a un tío, y a quién mejor que a Alejandro que estaba depilado y bien bueno. Le chupé las axilas, los pezones, su tableta perfecta, su ombligo, y de nuevo bajé a su pollón; con restos de leche sabía aún mejor.

Ese falo duro era una delicia para todos los sentidos, mi polla que ya no podía más estalló y me corrí como pocas veces lo he hecho. Cuando estuvo dura de nuevo la polla de Alejandro me incorporé, busqué lubricante en mi neceser y se lo froté por toda su superficie. Volví a subirme a la cama y me introduje poco a poco aquel nabo en mi agujerito. Subía y bajaba lentamente, me encantaba ser ensartado por aquella polla.

Alejandro sólo gemía y me miraba fijamente. De pronto, como si hubiese despertado de un sueño se levantó levemente, me besó y comenzó a mover sus caderas arriba y abajo,. ¡Qué follada, por favor! ¡Eso era un polvo! Aumentó el ritmo y yo me quedé casi inmóvil en cuclillas mientras él me follaba el culo de forma maravillosa, bajó un poco la velocidad y comenzó a embestirme fuertemente. Sentía que su polla llegaría al fondo de mi ano, parecía notarla en el estómago. Pero era tanto el placer que me dejaba llevar por él y disfrutaba cada instante. Mi polla estaba otra vez a punto de explotar. Cada embestida me acercaba unos metros más al cielo, ¡qué hombre!, era la manera de follar de un macho dominador, de un hombre viril, de un chico fuerte y joven. Pude soportar pocas embestidas antes de volver a correrme. Cuando Alejandro vio que me corría cambiamos de postura y me dijo:

– ¡Ahora ponte a cuatro patas, quiero follarte bien ese culo glotón!.

– … mmm, desde luego.

Le obedecí sin rechistar y comenzó de nuevo su operación con una maestría poco común, era un maestro dando placer. Frente al lado de la cama estaba un armario con un espejo, no me había dado cuenta hasta ese momento y me quedé mirando la expresión de excitación y deseo que tenía el rostro de Alejandro; era guapo hasta rabiar. Me levanté y pegué mi espalda a su pecho para besarle. Al poco rato se corrió dentro de mi culo y calló exhausto en la cama.

Yo que estaba rendido también, me tumbé a su lado. Él estaba medio dormido y yo aproveché para seguir besándolo y tocando toda su anatomía. Nos debimos quedar dormidos ambos porque ya era de noche cuando despertamos. Él se levantó sin decir nada y se vistió con prisa. Yo preparé un USB con sus fotos y se las entregué. No me preguntó ni por precio ni pronunció palabra alguna, salió casi huyendo de mi habitación. Pedí la cena esa noche a recepción, pero mandaron a otro chico en su lugar.

El chico traía un sobre con mi nombre que me entregó. Dentro venía un cheque de 200€ y una nota que ponía “Gracias, las fotos son muy buenas… pero tú también”. Al día siguiente tenía ya que irme del hotel y aunque intenté buscarlo para aclarar lo sucedido y despedirme no lo pude hacer, me resigné a encontrarlo y me tuve que marchar.

Todavía guardo sus fotos en mi colección, me alegro de tener todavía algún recuerdo de aquel chico surfero.

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