Me gusta el morbo

Me sorprende a mí mismo que escriba esto, la verdad es que no sé muy bien lo que busco. Quizá solamente que alguien me diga que no es tan rara mi forma de ver las cosas, o que alguien me cuente que realmente son esas sus fantasías y que nunca se ha atrevido a hacerlo como lo he hecho yo.

Bueno, no sé, quizá solo es que hoy ando un poco caliente y aburrido.

Bien, me presentaré. Tengo 34 años, soy moreno con ojos verdes, y para no aburrir a nadie con mis descripciones físicas, sólo diré que me considero más o menos normal y que las chicas que he conocido a lo largo de mi vida, siempre han pensado que no estoy mal.

Esta historia que voy a contar por supuesto es real, me aburre el cybersexo, e intentaré ser lo más fiel posible a los acontecimientos.

Todo comenzó ya hace años, cuando empecé a utilizar internet. Pronto descubrí los chats de sexo y de alguna manera, me he hecho asiduo en ellos. He tenido bastantes veces sexo telefónico, es algo que me excita mucho. Al final el chat es demasiado frío y sobre todo no sabes realmente con quién estás hablando.

El teléfono es otra cosa. Normalmente empezamos contándonos nuestras fantasías, lo que nos gustaría hacer, lo que hacemos o hemos hecho con nuestras parejas, poco a poco la conversación se va calentando y empezamos a masturbarnos. Me gusta saber cuando ella va a llegar al orgasmo, normalmente le pido que me haga una indicación, llegar juntos es el culmen de la conversación. A veces, me gusta dirigir los actos de la chica con la que estoy hablado, le voy indicando lo que quiero que haga y ella me describiendo cómo lo hace y qué es lo que siente. Oír la voz temblorosa de una mujer mientras se excita, sentir sus gemidos, cómo se estremece su cuerpo con cada palabra, sus gritos cuando llega al orgasmo. ummmmm, no puedo evitarlo, siempre que he encontrado a alguna chica dispuesta no he dudado en hacerlo.

Algunas conversaciones han sido memorables. Recuerdo, por ejemplo, la vez que conversé con una pareja. Los dos follaban imaginado un trío, mientras yo, al otro lado del teléfono, me masturbaba. Otra vez lo hice con dos chicas a la vez, mi gran fantasía cumplida, ellas tenían un manos libres y les iba contando cómo me gustaría hacérselo a las dos. Los tres, entre grandes gritos y gemidos, llegamos a la vez, fue un orgasmo que aún recuerdo.

Si bien, como digo, he tenido bastantes experiencias telefónicas, casi nunca he repetido con la misma chica. Tengo miedo a la hora de volver a llamar, siempre pienso que es posible que ella no esté dispuesta y se provoque una situación embarazosa o que, simplemente, el teléfono al que llamé no era el suyo. Sólo con una chica lo hice durante algún tiempo.

Fue ella, tras la primera llamada, la que dijo que quería que la volviese a llamar. Me dio las horas idóneas y me le pidió con tanta insistencia que no pude negarme a ello. Tuvimos bastantes conversaciones, alguna bastante morbosas.

Recuerdo una vez que cuando la llamé estaba en el autobús. Al decirme que no podíamos hacer nada, que esta en el autobús, empezamos a hablar amigablemente. La conversación empezó a subir de tono, aunque ella no podía hablar abiertamente por que la gente de su alrededor la podía oír. Digamos que sus mensajes eran cifrados y que yo los tenía que interpretar. En un momento dado, me dijo que no iba a salir porque tenía mojada la ropa, yo lo comprendí inmediatamente. Le pregunté que si había algún sitio en el autobús donde pudiera estas más o menos separada del resto de los viajeros. Ella me contestó que se iba a sentar al final porque así me podría ver cuando llegase a mi casa. Mediante frases crípticas me siguió indicando cómo se estaba acariciando y cómo se había metido la mano bajo la falda. Cuando ella estaba apunto de llegar, la palabra clave cuando esto ocurría era pronunciar su nombre, no me pude aguantar y empecé a chillar como un loco mientras me corría. Tras el auricular pude oír una especie de gemidos entrecortados que sin duda correspondían a su orgasmo.

Cuando volví a llamarla al día siguiente, me contó que mis gritos fueron tan fuertes que habían alentado a algunos viajeros que había cerca de ella y que, en ese momento, tuvo que agachar la cabeza para esconderla tras el asiento delantero porque ella también empezó a correrse.

Esta experiencia nos excitó tanto que no paramos de masturbarnos pensando en ella durante días. Y poco a poco, nuestras experiencias comenzaron a ser más atrevidas.

Yo solía llamar sobre las 7 de la tarde y al principio casi siempre la pillaba en casa. A partir de aquel día, curiosamente, rara era la vez que esto ocurría. Muchas veces la pillaba en el coche, camino a casa, según decía, y terminaba aparcando, siguiendo mis indicaciones, en alguna calle o aparcamiento y masturbándose como loca mientras hablaba conmigo. Estoy seguro de que era real que esta en estos sitios porque a través del teléfono se oían ruido que así lo mostraban.

Desde aquel momento los juegos empezaron, cada vez, a ser más arriesgados, y aunque la pillase en casa, siempre se nos ocurría algo que hacía que la situación nos aumentase la calentura. Por ejemplo, una vez se nos ocurrió salir a la terraza. Cada uno en su casa, tras un rato de conversación y estar inmensamente calientes, nos sale a la terraza. Los dos nos apoyamos en la barandilla del balcón se podía oír el tráfico a través del teléfono, y empezamos a masturbarnos. Yo me desabroché los pantalones y me saqué la polla, y aunque mi terraza tiene una especie de mamparas que ocultaban parcialmente mi acción desde la calle, desde cualquiera de las otras terrazas se me podía ver perfectamente. A parte de la gente que pasaba por la calle, vivo en un 2º piso, que podía observar mis movimientos y mi cara de satisfacción. Ella, según me contó, salió a la terraza con una falda y sin nada debajo, sabía que el solo imaginar esa situación me excitaba sobremanera, y se masturbaba mientas me contaba lo que ocurría en la calle. Cuando se puso a gritar ¡FÓLLAME JAVI!, ¡FÓLLAME JAVI! .Gritaba de tal manera que estoy seguro de que lo oyeron todos los vecinos, eso la excitaba.

Aunque todas fueron muy morbosas, y podría estar horas contando historias, la que con más excitación recuerdo es al que ella llamó “su regalo de cumpleaños”. Varios días antes habíamos estado hablando y me pidió que ese día, a esa hora, la volviese a llamar. Cuando abrió el móvil, por sus movimientos en la voz, deduje que iba caminando, como así me dijo, y me hizo una detallada descripción de su vestimenta.

– Voy vestida como una verdadera puta- le encantaba hablar así. Su voz era casi un susurro, imaginé que para que nadie la oyese.- Llevo una camiseta que me marca las tetas y se ven mis pezones erectos, ummmmm.

estoy caliente, unos zapatos con un tacón altísimo y una falda muy corta, casi se me ve el culo y..!adivina qué llevo debajo!

– NADA.

– Exactamente, NADA.- sabía que era una de mis fantasías, una chica por la calle sin nada debajo.

Me explicó que ese día iba a ser todo muy diferente, y que iba hacia un pub en el que había quedado con su novio, era su cumpleaños, y tenía un regalo muy especial para él y para mí.

Me dijo que había llegado al pub y se había sentado en un taburete alto, junto a una mesa, me fue contando cómo algunos chicos observaban sus piernas cruzadas y me describía sus miradas de deseo. Yo estaba excitadísimo, le dije que iba a empezar a masturbarme ante que su novio llegase, pero me dijo que esperara.

Empecé a jugar con ella:

– Quiero que te abras de piernas y que se pueda ver tu coño, no hace falta que haya nadie delante, elige una posición y ábrete de piernas durante al menos dos minutos. Yo te digo cuando las debes cerrar.

Seguimos con juegos parecidos hasta que me dijo que veía a su novio entrar en el pub. Le dije que colgaba, que ya me contaría, pero ella me contó de forma rápida su plan. Iba a poner el manos libres y guardaría el teléfono en su bolso, tenía agujeros y se escucharía la conversación. Yo lo único que tenía que hacer era oír y no hacer ningún ruido.

Aunque en el pub había música y se escuchaba un cierto ruido de fondo, pude más o menos seguir la conversación. La oía sobre todo a ella, había colocado, según me contó después

, su bolso cerca y se encargaba de repetir todo lo que estaba haciendo.

– Te gustas cómo vengo vestida?.Te voy a hacer un regalo muy especial. Méteme la mano entre las piernas. Espera, yo te beso, me acerco a ti y me tocas.

– Me ha encantado la cara de sorpresa que has puesto. mmmm. Me estoy poniendo caliente. ¡Vamos a aquellos sillones!.- En ese momento debió aprovechar para colocar su bolso entre los dos.

– Ahhh. ¿A que estoy empapada?, me estoy poniendo a 10000. y tú tampoco vas mal, te estoy tocando la polla por encima del pantalón y la tienes durísima..

La verdad es que a su novio le debía resultar un poco extraña su forma de hablar, normalmente, cuando estás con alguien en la intimidad no te dedicas a repetir todo lo que haces o te están haciendo. Él, lo debió considerar un juego porque enseguida empezó, de la misma manera, a relatar lo que estaba haciendo.

– Bájame la cremallera y méteme la mano dentro..

– No, no me lo puedes decir al oído, todo lo que me digas tiene que ser en voz alta. Que se pueda oír bien.

– ¡Nos van a escuchar! . Hay gente en la barra.

– Eso es lo bueno. En voz alta o no seguimos..

– Quiero que me la chupes.

– ¿Qué?, no te he oído bien..

– Estás loca. ¡Quiero que me la chupes!

– Vale. Ponte un poco de espaldas a la barra, te voy a sacar la polla y me la voy a meter en la boca, te voy a lamer de arriba a bajo y luego me la voy a meter hasta el fondo de mi garganta.

– Ahhhhh. Se están mosqueando. Hay un tío en la barra que nos está mirando.

– Méteme un dedito.

– . Me estas volviendo loco.

– ¿Quieres que lo hagamos en el servicio?

– ¿Aquí?, ¿estás loca?

– Sé que es una de tus fantasías, ese es mi regalo de cumpleaños. Nos vamos al servicio de tías, yo entro sola. Cuando no halla nadie salgo a por ti. Nos metemos en un de los báteres y me follas hasta que te hartes.

La conversación se interrumpió, oí una especie de movimientos, puertas que se abrían y cerraban, voces de chicas en el fondo y por fin:

– Vamos al tercero, es el que está mejor..

Ahora la música de fondo apenas se oía y la conversación era mucho más nítida.

– Me voy a sentar en el water y te la chupo. ummmm. la tienes durísima.

– Ummmmmmm. Me gusta cuando me tiras contra la pared como un salvaje, así, así,.. Tócame las tetas mientas me das con la polla en el culo..

– Quiero que me chupes tú a mí, me siento en la cisterna y me lo comes.. Cómeme las tetas, sabes que me encanta..

La verdad es que aquello parecía un partido la retransmisión de un partido de fútbol, pero los gemidos y el imaginarme la situación me habían puesto tan excitado que ya iba por mi segunda paja.

– Quiero que me folles!, ¡FÓLLAME!.

– ¡No chilles, nos van a oír!, hay gente fuera.- de vez en cuando se oía una puerta abrirse y las voces de algunas chicas en el fondo.

– ¿Cómo quieres hacerlo?, por detrás, ¿verdad?.. Me apoyo en la cisterna, me abro de piernas y la clavas mientras me sobas las tetas.

– ¡Habla más bajo!, nos van a oír..

– – AAAAHHHHHHHHH.. ¡vamos, fóllame!, ¡fóllame!, así, así,.ahhhhhh, sigue, sigue. Espera, n o te corras. quiero que terminemos yo encima de ti. Siéntate en el water y yo me monto encima de ti, quiero verte la cara cuando te corras..

Seguí oyendo gemidos y todo terminó con un gran grito de ella que se cortó bruscamente. Al día siguiente me contó que su novio le tapó la boca justo al llegar al orgasmo por que estaba gritando de tal manera que estaba alertando a toda la gente del pub.

– ¿Te ha gustado mi regalo?

– Ufffff.. Me ha encantado. Me he corrido como un salvaje. Te quiero.

En ese momento decidí, exhausto tras mi segunda corrida, cortar la conversación.

No sé si alguien habrá sido capaz de seguir el relato hasta aquí, siempre he pensado que esto no lo lee nadie, pero si es así habrá una pregunta que todo el mundo se haga:

¿Nos llegamos a conocer alguna vez?

Bueno, eso ya es otra historia que si la gente me anima, algún día me decidiré a contar.

UMMMMMMMMMM….. cuéntame, ¿he conseguido por lo menos excitarte?

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