Mi mujer entre dos fuegos

Hace ya varias noches, mi mujer y yo nos quedamos solos en , habíamos llevado a los críos a pasar la noche en casa de la , lo que nos dejaba una linda noche solo para los dos… o al menos eso pensamos.

Le propuse salir a caminar:

– Quiero que te pongas muy , te quiero lucir esta noche, pero no te vayas a poner brassiere.

Mi mujer mide 1:60, está un poco llenita pero conserva sus formas, sobre  su redondo culito y un hermoso par de tetas que hace que los  desvíen su mirada cuando ella pasa. Por lo general se viste de manera recatada, pero desde hace un par de meses se dejó convencer de llevar escotes un poco más reveladores.

Ya algunas noches, durante nuestros encuentros sexuales, había podido descubrir un poco su faceta exhibicionista. Le excitaba mucho la  de que la manoseara en la calle, el cine, el autobus; la posibilidad de que la vean excitada. Incluso un par de veces aceptó que le descubriera las tetas cuando estábamos en nuestra casa con las cortinas descorridas, con la posibilidad de que los vecinos se las vieran. Y una noche le apreté las tetas desnudas contra la puerta de vidrio que da para la calle, y cualquiera que pasaba la podía ver con mucha claridad.

Así que cuando le sugerí no llevar brassiere esa noche, me respondió únicamente con una  pícara.

Se arregló muy bien, se puso una linda blusa escotada que dejaba ver buena parte del canalillo entre sus tetas, un pantalón ligeramente ajustado que delineaba muy bien su culito, y… sin brassiere!

Caminamos por casi 20 minutos, conversando de cualquier cosa; yo buscaba llegar a la zona donde hay menos luz.

– Vamos, por allá casi no hay luz, quiero meterte  aquí mismo.

Cuando le dije eso, suspiró profundamente y me dijo:

– Vamos, quiero que me estrujes las tetas!

Ella es una mujer muy excitable, pero su  más sensible son sus tetas, podría tener orgasmo tras orgasmo sin , solo de chuparle y estrujarle las tetas.

Cuando llegamos a la zona con menos iluminación, revisamos que no estuviera pasando gente, la empecé a besar apasionadamente, ella respondía. Le acariciaba la , las caderas, mis  iban subiendo suavemente por los costados. Poco a poco iba empezando a sentir la redondez de sus pechos. Cuando ella sintió mi mano rozándolos, dejó escapar un ligero gemido y dijo:

– Ay, amor! son tuyas, tómalas y hazme gozar.

No me hice de rogar, empecé a masajearlas por encima de la ropa, teniendo cuidado de no ser vistos por algún transeúnte o algún vecino fisgón. Ella aceleraba su respiración y apretaba sus muslos, dándole gusto a su clítoris. Sus pezones se ponían durísimos y se veían claramente a través de la suave tela de su blusa, a pesar de la poca luz. Cogí un pezón entre mis dedos y lo empecé a pellizcar levemente, ella se retorcía de placer; le excitaba sobre todo la posibilidad de ser vista por cualquiera en ese estado.

Durante varios minutos seguí dándole a sus tetas por encima de la tela, cuando ella con una mirada libidinosa que no le había visto antes, se entreabrió la blusa y dejó una teta completamente expuesta.

– Cómela, mi vida! necesito que te la comas ahora!

Obedecí, me llevé el pezón a la boca, lamiendo suavemente y mordisqueando de vez en cuando. Mientras tanto ella se levantaba la otra teta, y se pellizcaba el pezón. Eso me excitaba aún más.

Así estuvimos por varios minutos. Y hubiésemos seguido si no hubiese sido porque… llegó la policía. Algún vecino les habría llamado. Eran tres agentes.

– Qué están haciendo aquí? esto es la vía pública, tienen que acompañarnos.

Nos hablaban a los dos, pero solo miraban a mi mujer y a sus hermosas tetas, visíblemente excitadas.

Traté de negociar con ellos, pero fue imposible. Le dije a mi mujer:

– Tendremos que acompañarlos, ni modo.

Ella contestó:

– Pero que sea rápido, ya no puedo más, necesito más… mucho más!

Me sorprendió, en lugar de estar asustada o preocupada, estaba más excitada.

Uno subió por una puerta del lado de atrás, otro hizo subir a mi mujer del otro lado. Cuando iba a subir yo detrás de ella, él me envió adelante y cerró la puerta para luego subir atrás con mi mujer y el oto agente. Era obvio lo que querían. Volteé a ver a mi mujer… tenía una interrogante en el rostro, pero se le veía al mismo tiempo muy caliente aún.

El otro agente, el que conducía me dijo:

– Tranquilos, colaboren y esto terminará bien, para todos.

Y me sonrió.

La patrulla se dirigía ahora a una zona aún más oscura. Yo oía ruidos leves atrás, pero no volteaba. El que conducía, al verme, me dijo:

– Voltee si quiere, pero no haga nada, ya sabe, solo colabore.

Cuando me di vuelta, mi mujer estaba con la blusa levantada con las tetas al aire, mientras los dos agentes le mamaban una cada uno. Ella estaba con los ojos en blanco, con las manos en las piernas y apretando sus muslos para estimular su clítoris.

El que estaba detrás mío dejó de mamarla y se echó un poco para atrás, se abrió el pantalón, se bajó el boxer y puso la mano de mi esposa en su pene. Ella al principio no hizo nada, solo la dejó ahí. Pero cuando él empezó nuevamente a mamarle la teta, ella se la apretó, la acariciaba, se la estaba pajeando. El otro, al ver eso, hizo lo mismo. Ahora ella tenía a dos tipos mamándole las tetas mientras los pajeaba. Lejos de sentirme mal por eso, me excitó mucho, tanto que tuve una notoria erección.

El que estaba detrás del conductor le empezó a desabrochar el pantalón, ella no oponía resistencia. Cuando lo hubo soltado, ella levantó el culito para que se lo pudieran bajar, quedando en tanga. Le empezó a acariciar las piernas, subiendo hasta meter su mano bajo la tanga, tocando su húmeda concha.

– Esta tía está que se corre, hay que darle ya antes de que nos deje atrás a todos.

La patrulla se estacionó detrás de lo que parecía una caseta de monitoreo. Bajamos todos, mi mujer en tanga y con las tetas al aire.

El conductor me llevó delante de la patrulla y me dijo:

– Párate ahí, disfruta del show o participa si quieres.

Los dos que habían viajado con mi mujer atrás se habían sacado ya los pantalones quedándose con las bolas al aire. El conductor procedió a hacer lo mismo.

Mi mujer se estrujaba las tetas furiosamente mientas nos miraba a todos.

Uno se le acercó y la empezó a besar mientras le acariciaba las tetas, el otro se agachó detrás de ella y le bajó la tanga para empezar a comerle el culo. Ella gemía de gusto! El otro fue a la cajuela y sacó una alfombra un poco sucia y la tendió en el piso delante mío. Luego se tendió boca arriba, con su pene apuntando al cielo.

– Ven – le dijo a mi mujer – siéntate aquí y entiérratelo hasta el fondo.

Ella, obediente, caminó hasta la alfombra, se agachó, cogió el pene como midiéndolo, lo pajeó suavemente un rato, y luego se colocó sobre él, apuntándolo a su entrada para luego descender suavemente. Un gemido escapó de sus labios al sentirlo adentro. Los otros dos se pusieron a su lado, dándole sus penes para que se los mamara. Ella se los metía alternadamente en la boca, mientras seguía cabalgando al que estaba debajo de ella.

Luego, uno de los que estaban de pie se arrodilló detrás de ella y empezó a acariciarle el culo, empapando su pulgar con saliva y deslizándolo a lo largo de su raya, apretando suavemente el ano.

Ella adivinó lo que quería, nunca había tenido dos penes al mismo tiempo, y estar así, expuesta, la hacía desearlo más que nunca. Se quedó quieta un rato, para darle oportunidad al otro de colocarle el glande en la entrada de su culo. El de atrás fue empujando lentamente, suavemente, hasta que empezó a entrar poco a poco. Ella respiraba profundo, mientras su culo engullía centímetro tras centímetro ese otro pene que la estaba penetrando. Cuando lo tuvo dentro, empezó nuevamente a moverse, a ritmo para sentir los dos entrando y saliendo.

En eso ella se percató de que yo la miraba mientras sostenía mi propio pene completamente erecto cerca de su boca. Ella lo engulló, me hizo la mejor mamada que me haya hecho jamás! El tercer oficial se las arreglaba para masajearle las tetas desde un costado. Ella estaba en la gloria, tenía dos penes clavados, el mío en su boca y sus tetas estaban siendo estrujadas por otro al mismo tiempo. Todos sus puntos de placer estaban siendo atendidos en simultáneo.

En pocos minutos, el que estaba dándole por el culo la llenó de esperma. Esto hizo que ella tuviese un fuerte orgasmo al sentirlo vaciarse dentro de ella. El que estaba abajo estaba a punto de explotar, pero también quería hacerle el culo, así que dijo al que quedaba de pie que se cambiara con él. Así que mi mujer se montó al tercer oficial mientras que el que estuvo abajo ahora se la clavaba por detrás. Estuvo así por cerca de 15 minutos más, hasta que los dos explotaron dentro de ella. Ella tuvo otro orgasmo y yo no resistí más y exploté, mas no se lo tiré en la cara, quise derramárselo en las tetas. Ella se las restregaba con mi semen, mientras se sobaba el culo sintiendo el semen de los otros dos que se habían corrido en su ano.

Todos terminamos agotados y sudorosos. Ella quedó tendida en la alfombra, desnuda y al aire libre.

– Si desean, en la caseta hay un baño donde pueden asearse lo básico. Ya vieron? todo salió bien, gracias por su colaboración, esperamos volverles a encontrar en otra ocasión.

Se vistieron, se subieron a la patrulla y se fueron. Nosotros nos levantamos, entramos a la caseta y nos lavamos… en silencio.

Cuando terminamos y nos vestimos, empezamos a caminar de regreso para encontrar alguna ruta conocida para tomar un bus o un taxi de regreso.

– Qué locura, no? – me dijo ella

– Si, pero, estás bien?

– Si, estoy muy bien.

– Bueno, hay que tener más cuidado para la próxima entonces.

– Si, definitivamente… porque definitivamente… quiero repetirlo!

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