MI VIAJE A ITALIA

Me llamo Daniel, soy un chico de unos 36 años y hasta hace poco tiempo sólo había tenido relaciones heterosexuales. Siempre he tenido un buen cuerpo, fibrado y con músculos marcados; me cuido bastante. Tengo el pelo oscuro, ojos marrón claro, gafas y perilla que ya empieza a encanecerse. Me dedico a la fotografía profesional.

La historia comienza cuando me ofrecen un trabajo para una revista muy importante. El trabajo consistiría en realizar unas fotografías a un actor / modelo italiano para promocionar su nueva película. También haríamos una sesión con él para una marca de ropa interior que lo patrocinaba. Tenía que viajar a Italia y encima el trabajo estaba muy bien pagado; era todo un regalo. Acepté el trabajo y varios días después llegó el momento de volar a Florencia.

El vuelo duró unas 2 horas y yo estaba emocionado por ver la ciudad, nunca había tenido la oportunidad de visitarla. Aproveché el primer día que no había que organizar nada e hice un poco de turismo. Florencia era preciosa, combinaba a la perfección el legado cultural que tenía con la modernidad actual. Para un fotógrafo como yo, era un estudio completo al aire libre. Ya por la noche; después de haber degustado la comida local me dirigí al hotel, a descansar para el día siguiente que tendríamos la sesión para la película.

Me levanté muy temprano para tomar una ducha y estar listo para cuando llegaran a recogerme. Vino a por mí un coche que me llevó a una especie de museo y me dijo que me esperaban dentro. Entré y me recibió una chica muy joven cargada de cuadernos. Me explicó un poco la temática que querían para las fotos, su español no era muy bueno pero la entendí bien. La película era la típica sobre un detective que intenta resolver un crimen. No me atraía el argumento para nada y algunas fotos quedarían un poco cliché pero era mi trabajo y había que hacer lo que se me pedía.

Me llevaron a una sala enorme, parecía muy antigua pero la decoración era preciosa. Se oían unos gritos a lo lejos y la chica se acercó para informarme de que el actor ya había llegado, supuse que los gritos eran de fans suyas. Me comentó además que era muy conocido en Italia y que debía tratarlo con cuidado; por lo visto era un poco “especial”. Le dije que no se preocupara y le di los últimos retoques a los focos.

Entró por la puerta el actor en cuestión junto a tres personas más, dos chicos (que parecían guardaespaldas) y su mujer. Era un hombre muy guapo, alto y se notaba que tenía un buen cuerpo. Tendría unos 40 años, moreno, con la piel muy morena también y los ojos verdes. Tenía una cara muy masculina y atractiva. Su pelo era corto pero lo bastante largo como para llevar un peinado con gomina. Era guapísimo. Daba la impresión de que era un hombre engreído por el aire a superioridad que parecía envolverlo. No soporto a la gente así, pero el trabajo es el trabajo.

Uno de sus asistentes se acercó a mí y me pidió que le explicara como iba a ser todo más o menos para planteárselo a él. Le expliqué los distintos cambios de ropa y de escenarios y él se encargó de que Giovanni, ese era su nombre, supiera qué había que hacer. La sesión fue bastante bien; primero de traje y con chicas a los lados, luego en plan salvador rescatando a una chica y al final poses con pistola. Cada vez tenía que corregirle alguna postura o ajustar un foco para él se ponía un poco en plan estrellita y murmuraba por lo bajo algo en italiano, que no debía ser nada bueno.

Cuando acabamos se acercó a mí en actitud amable y me dio las gracias. Me despidió hasta el día siguiente y se marchó. Yo me quedé recogiendo y pensando que al otro día iba a ser la sesión con ropa interior y estaría más incómodo; aunque siempre que hay muchas personas alrededor me concentro y pongo toda mi atención en lo que hago.

Fui a tomar un café con otros miembros del equipo y me felicitaron por mi buen hacer; el más cercano a los editores de la revista me insinuó que una de mis fotos se convertiría en el póster oficial de la película. Yo estaba encantado. Me encantaba mi trabajo y cuando me felicitan por hacerlo bien me siento muy realizado. Volví al hotel y descansé hasta el día siguiente. Volvieron a enviar un coche a por mí y esta vez me llevó hasta un bloque de pisos y me indicó que debía ir a la primera planta.

Llamé a la puerta y me recibió la misma chica que el día anterior, me ayudó a colocar lo necesario para las fotos y me dijo que ella ya se tenía que ir. A los pocos minutos llamaron a la puerta y cuando abrí estaban allí los cuatro otra vez; Giovanni, su mujer y los dos acompañantes. El mismo que el día anterior se acercó y me dijo que ellos se irían y que tuviese tacto con Giovanni. Dijo que no le gustaba tener a gente mirandolo mientras posaba en ropa interior y que debía cerrar la puerta cuando se marcharan.

Giovanni besó a su mujer y se fueron los tres del piso. Le pedí que se cambiase y se pusiera la primera prenda; unos slips negros. Se dirigió al baño y volvió a los pocos minutos. Yo me quedé boquiabierto. Esos trajes del día anterior no le hacían ninguna justicia.

Su cuerpo estaba muy marcado y depilado; estaba musculado y su moreno hacía que resultara todavía más atractivo. Estaba muy bueno; era un hombre que no aparentaba su edad para nada y no tenía nada que envidiarle nada a ningún veinteañero. Recorrí su cuerpo con la mirada y me paré en su paquete, aquello no era normal, incluso sospechoso, algo que incluso podría arruinar la sesión de fotos así que pregunté con educación:

– ¿Te has puesto relleno o una coquilla?

– ¿Cómo?…

Yo le señalé la entrepierna y con una tela que había por allí hice el gesto de meterla en mis boxers. Me miraba y lo negaba:

– No, no, todo es mío jajaja. No hace falta que hagas eso, habló bien español.

– Lo siento, no lo sabía. ¿Lo has estudiado?

– No, mi madre es de Madrid y me enseñó desde pequeño.

– Muy bien, pues si te parece vamos empezando…

Las fotos iban a ser en una cama, jugando con las sábanas y las luces. Estábamos solos, ese macho italiano entre sábanas blancas y yo; no podía concentrarme ni aunque quisiera. Me acerqué al baño un momento y me eché agua en la cara para enfriar las ideas. Volví y empecé con las fotos, varias posturas, varias miradas, diferentes ángulos… Se notaba su experiencia como modelo, tenía una gran expresividad y era muy fotogénico. Cada 10 o 12 fotos se cambiaba de prenda y volvía.

Después de los slips se puso un boxer blanco, un boxer a rayas, dos boxers iguales pero de distinto color y por último un slip diminuto. Al salir del baño y poner mis ojos sobre él me volvió la excitación del principio, aquella prenda diminuta resaltaba todavía más sus atributos, era algo descomunal. Al pasar a mi lado y girarse para volver a la cama pude ver que no sólo el frente prometía, su culo era redondo y respingón. Se veía suave y duro.

Hice acopio de mi profesionalidad y pudimos acabar las fotos por fin:

– Ya está, hemos acabado, si quieres puedes cambiarte ya.

– ¿Ya? ¡Qué rápido! Otros fotógrafos suelen tardar mucho más…

– Sí, ha ido muy bien. Voy a ir recogiendo y llamando a Susanna (era la chica de los cuadernos).

– Pero, espera un momento. No hay prisa.

– … bueno…(su actitud era muy distinta a la que tuvo el día anterior; hasta parecía más cercano y humilde).

– Siéntate y hablemos un rato… (me señaló una silla que había a mi lado).

– Va.. vale. Dime, ¿de qué quieres hablar?

– De nada en concreto, sólo hablar… (su mirada había cambiado, parecía intentar seducirme). ¿Llevas mucho tiempo en esto?

– Más de 15 años, ha sido siempre mi sueño.

– Entonces habrás hecho muchas sesiones como ésta, ¿no?… (mientras hablaba se estaba tocando el paquete, no podía creerlo).

– Bueno…, sí, he hecho bastantes sesiones para marcas, calendarios, etc.

– ¡Qué interesantes! Debe ser un trabajo muy… gratificante… (su bulto no paraba de crecer, su polla se estaba poniendo dura).

– Sí, suele serlo, depende mucho de la persona que pose y del entorno, pero a todos los que he fotografiado han sido siempre muy agradables …

– … (de repente se quedó callado y sólo me miraba mordiéndose el labio mientra seguía tocándose)

– … (no sabía que hacer) ¿Y tú qué tal? ¿Qué se siente al ser una estrella del cine en Italia?

– Bueno, no me puedo quejar, pero la verdad hubiese preferido serlo en España, es un país más libre y más moderno que Italia… Aquí hay ciertas cosas que siguen estando mal vistas… 

Ya no disimulaba su intento de seducirme, se frotaba con fuerza el bulto entre sus piernas y me miraba con deseo. Yo estaba muy cachondo también y no iba a perder una oportunidad como esa. Me acomodé en la silla y comencé a tocarme por encima del pantalón. Sus ojos se abrieron y se sacó de esos mini slips apretados su enorme estaca.

Era colosal, debía medir unos 24cm. por lo menos y era muy gruesa; un pollón delicioso, ligeramente curvado hacia arriba. Mi boca comenzó a salivar al verlo, estaba ante un hombre perfecto. Me levanté para desnudarme y me hizo una señal para que me acercara a probar aquella delicia. Así lo hice, me acerqué a la cama y me metí en la boca con bastante dificultad aquel nabo caliente y húmedo. Su respiración se entrecortaba con los gemidos, eso me estaba volviendo loco.

Comencé lentamente y de forma suave, él arañaba las sábanas y movía la cabeza de un lado a otro. Subí la intensidad de la mamada mientras subía y bajaba con mi mano. Disfrutaba saboreando aquel falo, mi lengua recorría cada cm de su longitud. Me detenía a veces en sus huevos, depilados y enormes y me los metía en la boca. Tenía ganas de probar su leche caliente, usé mi lengua en su glande y en pocos segundos estalló en mi boca. Profirió un gemido grave y profundo y lanzó varios potentes chorros a mi garganta mientras yo disfrutaba de la sensación de haberle provocado aquel orgasmo intenso.

Me eché encima de él y lo besé. Notaba en mi estómago como volvía a crecer su pene mientras me frotaba contra él. Se llevó la mano derecha a la boca, escupió y la llevó hasta mi ano para lubricarlo. Jugó con sus dedos y cuando lo notó preparado salió de debajo de mí y me dio la vuelta. Me elevó el culo y escupió en mi agujero. Acercó su enorme miembro a la entrada y jugó con su polla de tal manera que no aguantaba más las ganas y prácticamente tuve que suplicarle que me follara. Eso hizo, clavó de una embestida su polla en mi culo y comenzó a follarme bien. Me sujeté las piernas para que estuviese más cómodo y me agarró la cabeza para besarme.

Aumentaba el ritmo, se paraba, volvía a aumentar el ritmo, se volvía a parar; era todo un maestro del sexo. Se quitó de encima para que descansase las piernas mientras seguía su vaivén delicioso. Me masturbaba mientras él embestía con fuerza y me corrí sobre mi pecho rápidamente. Me levantó una pierna y se acomodó para llegar más al fondo; era increíble, mi agujerito estaba repleto con su gran polla.

Notaba como ardía dentro de mí. La situación era inmejorable un modelo buenorro y guapísimo follándome con un pollón enorme. El cabronazo aguantaba bastante, me estaba follando como un campeón, tuve tiempo de correrme dos veces. Me dio la vuelta nuevamente. Sus gemidos eran cortos y excitantes. Notaba sus testículos chocar con los míos. Tuvo un momento de gloria y sin agarrarme para coger impulso me follaba haciendo sólo uso de su fuerza. Yo estaba alcanzado el éxtasis, aquel hombre no era de este mundo, era un dios de la antigua Roma.

Al poco rato sacó su polla rápidamente y la restregó contra la raja de mi culo hasta que se corrió en mi espalda. Cada chorro de su leche parecía derretir mi piel, era una sensación tan placentera… Se tumbó a mi lado y nos besamos. Todavía no había podido gozar de su perfecto culo, así que hice mi petición pero se negó a que lo penetrase.

No puso objeción alguna a que lo degustase, así que me coloqué para comer aquel agujero. Con mis manos separaba y acariciaba aquellas nalgas duras. Su culo sabía delicioso, hundía con ganas mi lengua en aquel valle del placer. No resistí mucho la tentación y probé la técnica que había usado conmigo Giovanni, así que puse mi polla en su raja del culo y comencé un vaivén que me hizo correrme como una fuente sobre su espalda.

Había sido un gran polvo; digno de una estrella de cine. Absorto en mis pensamientos volví a la realidad cuando sonó un móvil, era la mujer de Giovanni. Preguntaba que si habíamos acabado, le dijo que quedaban unos 20 minutos. Me apremió para dejar el set como estaba, nos aseamos y nos vestimos. Para cuando llamaron a la puerta su mujer y sus asistentes ya estaba todo recogido y bien colocado.

Tras ellos venía Susanna, que me ayudo a guardar todo mi material y me acompañó en el coche hasta el hotel mirándome con cara de circunstancias. ¿A caso sabía de las aventuras de Giovanni?. Al día siguiente cogería el vuelo de regreso a España, sentía pena por no volver a poder disfrutar algo más con él, pero al menos me llevaba aquel polvozo maravilloso que habíamos echado.

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