Me encanta el sexo (IV)

Lesb, primera experiencia, filial-hermanas. Tras unos días de obligado descanso reanudan su vida normal. La hermana de ella viene a casa al salir del gimnasio. Entre bromas terminan teniendo una tórrida sesión de amor lésbico que las deja extenuadas.

Luego de nuestra última experiencia sexual en la ruta, pasamos casi dos semanas sin tener yo penetraciones, ya que eso me dolía mucho. Luego retornamos a nuestra vida sexual normal, a nuestra vida normal.

Alberto tiene un gimnasio, donde dicta clases durante toda la tarde y parte de la noche, por lo que yo paso mucho tiempo sola en mi casa. Las visitas de mi hermana Inés nos son muy frecuentes, ya que concurre al gimnasio tres veces por semana y luego se queda en nuestra casa que es en la planta alta hasta que Alberto sale y la llevamos a la casa de nuestros padres.

Inés es una chica de 17 años, al igual que yo rubia, muy bonita y con un cuerpo muy bonito, ya que es fanática del gimnasio. Lo mas atractivo que tiene es su cola, bien paradita y dura. Muchas veces he notado como Alberto la mira con bastante disimulo, pero se nota que le gusta bastante.

Yo nunca había mirado a mi hermanita con otros ojos que no fueran de hermana, pero luego de mi relación con las dos chicas en el centro vacacional, confieso que la veo de otro modo, la miro y me excita su cuerpo, pero no me atrevo a decirle nada. Entre nosotras hay bastante confianza por lo que se perfectamente que su experiencia sexual es bastante escasa y se limita a una o dos veces por semana con su novio, y que no son de lo más gratificantes.

Una tarde de mucho calor, luego de salir del gimnasio, sube al apartamento y me dice que se va a dar una ducha porque está muy transpirada y con mucho calor.

Yo me encontraba en ese momento totalmente desnuda. Inés me ha visto muchas veces desnuda, pero no esperaba verme desnuda a esa hora y en la sala, por lo que me pregunta por qué estoy desnuda…

Yo en tono de broma le digo que estoy desnuda porque me estaba masturbando y comenzamos a reírnos, pero noto que se pone nerviosa y me dice "A ver, cómo lo hacés", y yo le digo "¡¿De verdad querés verme como me masturbo?".

Inés me mira bastante seria y con cara de pícara me dice "¿Por qué no?, a lo mejor te acompaño…" Me quedé de boca abierta, nunca esperé una cosa así de Inés. Entonces ella me confiesa que como con su novio las relaciones no son muy placenteras, muchas veces se masturba sola, pero que debe ser más emocionante hacerlo con otra mujer, y que mejor que con su hermana…

Le digo que se de una ducha y regrese, que veremos. Se ducha rapidísimo y sale totalmente desnuda, le miro la conchita y veo que la tiene bastante peluda, por lo que le digo que me espere un poco que voy a afeitársela.

Vamos para la sala y ponemos una toalla en uno de los sofás para no mojarlo y comienzo a enjabonarla con la brocha, para mi sorpresa, Inés cierra los ojos y comienza a respirar muy profundo. Comienzo a rasurarla y de tanto tocarla noto que su clítoris está muy duro, por lo que cuando termino de afeitarla y quitarle el jabón le digo que ahora hay que pasar una crema suavizante. Con las piernas bien abiertas y los ojos casi cerrados me dice que sí con la cabeza.

Tomo una crema para manos y comienzo a pasarle por su conchita recién afeitada y cuando le toco el clítoris pega pequeños saltitos y queda muy agitada. Le pregunto si le molesta y me dice que no que le gusta mucho y que si sigo se acaba. Le pregunto si quiere que la haga acabar y me mira con los ojos bien abiertos y me dice "por favor, haceme acabar, lo deseo…. luego pedime lo que quieras, lo que quieras"

Sin perder mas tiempo comienzo a lamerle el clítoris a la vez que le paso los dedos por la rajita y la noto totalmente mojada. Le pregunto si alguna vez se lo hicieron por la cola y me dice que nunca. Entonces mojo mis dedos en sus líquidos y suavemente le meto un dedo en su culito mientras sigo chupándole la conchita.

Inés hace dos movimientos de cadera y se mete todo el dedo en el culo, entonces se lo saco y pongo en la entrada de su orificio tres dedos bien mojados con sus jugos. Entonces hace varios movimientos circulares con la cadera hasta que se los mete hasta mis nudillos, abre la boca y dice apenas con un poquito de voz…"qué divino, qué divino".

Me pongo crema en la mano y comienzo a meterle cuatro dedos, unos pocos movimientos y su ano está tan dilatado, mi hermanit

a está tan caliente que mi mano entra toda en su culito arrancándole quejidos de todo tipo, entonces decido probar con su conchita y le meto varios dedos hasta que mi mano entra toda mientras le sigo chupando el clítoris.

No aguanta más y se acaba, pega verdaderos saltos en el sofá y grita y llora. Queda tensa durante más de tres minutos mientras las contracciones de su útero y su culo se hacen cada vez mas fuertes. Su clítoris está tan hinchado que parece el pene de un niño, nunca había visto un clítoris tan grande. Cuando comienza a aflojar sus contracciones le saco las manos de adentro y le acaricio las tetas mientras Inés tiene varios espasmos hasta que queda tirada en el suelo sobre la alfombra respirando muy agitada.

Al rato abre los ojos, me mira y me dice "sos una hija de puta, nunca pensé que fuera mi hermana quien me sacara el mejor polvo que he tenido en toda mi vida"

Nos reímos, nos abrazamos y sin quererlo nos besamos apasionadamente en la boca.

Me mira a los ojos y me dice "Laura ahora te toca gozar a vos.., enséñame por favor, sos la primer mujer con la que tengo sexo".

Mi calentura era tanta que bastó con que me lamiera un poquito la concha y me metiese un dedo en el culo para que yo comenzara a gritar y a sacudirme con un orgasmo alucinante.

Conversamos toda la tarde y nos pusimos al día con nuestras cosas, le conté nuestras experiencias y me dijo que quería participar con nosotros de esas cosas.

Nos masturbamos una frente a la otra varias veces y varias veces nos hicimos el amor esa tarde.

Por la noche cuando Alberto subió nos encontró a las dos desnudas preparando la cena. Nos mira incrédulo y lo único que le dijimos fue que a partir de ese día Inés se viene a vivir con nosotros.

 

Experiencia familiar

Hetero, sexo en pareja, filial-cuñados, relato del dia. De vacaciones en la playa, dos parejas llegan a un intercambio muy satisfactorio con el morbo añadido de ser familia.

Esta historia que os voy a contar es real; sucedió en una Semana Santa y sigo excitándome muchísimo cada vez que la recuerdo. Veréis; me llamo María, tengo 41 años y estoy casada desde hace veinte. Tengo una muy buena comunicación en mi pareja, queremos introducir en nuestra relación esos acicates que la hacen siempre distinta y sorprendente, y por ello siempre fantaseamos con la posibilidad de poder incorporar a otra persona en la relación, pero ni pasábamos de ahí, ni hubiéramos sabido cómo ponernos en contacto con quien estuviera en la misma onda; quizás nos diese corte, o no sé muy bien porqué, pero lo cierto es que no habíamos llegado a traspasar el umbral de la pura fantasía, eso sí echando unos polvos impresionantes "actuando" nuestras fantasías.

Esa Semana Santa nos fuimos con mi cuñado y su mujer a un lindo pueblo de Portugal. La playa era espléndida y estaba casi vacía; tanto, que aquella mañana le propuse a la mujer de mi cuñado que hiciésemos topless. Charlábamos tranquilamente tomando el sol cuando llegaron su marido y el mío. Ni nos inmutamos, aunque sí creo que ellos se quedaron bastante sorprendidos. Como quien no quiere la cosa y dando la impresión de la más absoluta normalidad, nos fuimos a dar un paseo por la orilla del mar. Mi marido y su hermano llevaban gafas de sol, pero estaba segura de que mi cuñado no dejaba de recorrer mi pecho con la vista. Nos metimos en el agua, pero como la encontré muy fría salí y me tumbé boca abajo en la toalla a tomar el sol. Mi cuñado no descuidó la oportunidad y amparándose también -creo yo- en que el agua estaba fría, salió enseguida y se sentó a mi lado. Algo me había picado en la espalda y como no dejaba de rascarme, mi cuñado se aproximó solícito para ver qué tenía … Yo seguí en la misma posición, boca abajo y con los brazos debajo de la cabeza. "Te ha picado algo y tienes una buena roncha. Espera que te pongo un poco de crema", dijo. Se llenó las manos de crema y se dedicó con esmero a extenderla por mi espalda, rozándome levemente el pecho cuando la extendía por los lados. Me dio un gusto enorme. Después se lo comenté a mi marido porque, la verdad es que a me había excitado mucho que otro hombre hubiese estado cerca de mi pecho. "¿Qué te parecería mi hermano en caso de que llevásemos a cabo alguna fantasía?", preguntó mi marido. Habíamos jugado tantas veces a que mi marido era él, que me pareció lo más natural decirle que me parecería muy bien.

Al día siguiente volvimos a la playa. Mi cuñado buscó el momento y me dijo, "¿te pongo crema?". Creo que lo estaba deseando y le dije inmediatamente que sí. La cosa fue "más completa", porque sus dedos ya buscaban mis pezones descaradamente; aunque me dejaba hacer, o quizás por ello, notaba que me estaba poniendo colorada y como me estaba "mojando" y es que, sin duda alguna, me estaba gustando. Nuestras respectivas parejas estaban dando un paseo por la playa y aprovechando la coyuntura de que estábamos solos, mi cuñado me dijo, "¿te pongo crema por delante?". No respondí inmediatamente, pero tampoco me demoré mucho es responder, "muy bien, ahora por delante". Me di la vuelta y me tumbé boca arriba con los ojos cerrados.

Hasta que llegaron a rozarme los pezones, sus manos parecían de seda; a partir de ahí su dedos se volvieron casi agresivos. Sin dejar de controlar el paseo de su mujer y de su hermano, y aprovechando que la playa estaba medio vacía se inclinó y su boca comenzó a chupar mis pezones. No podía creer lo que estaba pasando. Haciendo un esfuerzo le dije, "para, ¿estás loco o qué?". La respuesta la dieron sus labios, que pasaron de mis pezones a mi boca, en donde introdujo su lengua y la recorrió entera.

Estaba casi derritiéndome cuando añadió, "ésto tenemos que acabarlo, no podemos dejarlo así; y no me digas que a ti no te ha excitado, porque no me lo creo, lo he notado en tu respiración". "Claro que me has

excitado -dije- y claro que quisiera continuarlo y lo podremos terminar, pero con una condición, esta noche, después de cenar, creamos un ambiente idóneo entre los cuatro y hacemos un intercambio de parejas. ¿Qué te parece?. ¿Te atreves?".

"Uf, muy fuerte, tu. Muy fuerte", dijo con un respingo. "Si te atreves, insistí, convence a tu mujer, que yo hablo con mi marido".

Me di cuenta que me había pasado; aquello era impensable, porque aunque yo sabía que a mi marido su cuñada le hacía gracia, que pensaba que tenía un buen polvo y que siempre decía que estaba muy bien, no sabía cómo reaccionaría ella, claro que a mí eso no debía importarme; ya se ocuparía mi cuñado. Cuando llegaron de dar el paseo, le dije a mi marido que si nos íbamos a bañar. Le sorprendió y hasta dijo que estaba muy fría el agua, pero me acerqué a su oído y le dije, "con lo que te voy a contar… te vas a poner tan caliente que no creo que vayas a notar la temperatura del agua".

Efectivamente, aunque el agua estaba fría, su miembro amenazaba con salirse del bañador de la erección que tenía. Como me imaginaba, la idea le gusto un montón y me dijo que ayudaría a crear ambiente. A partir de que salimos del agua empezaron los juegos verbales, y algún que otro roce más o menos inocente. Después de comer yo me quedé tomando el sol en la piscina y perdí de vista al resto. Al cabo de un rato apareció mi marido, y empezamos a charlar y a meter un poco de mano hasta que nos fuimos a la habitación. Por fin llego la hora de la cena, y al terminar mi cuñado dijo que podíamos ir a su habitación a ver una película. Subimos todos a su cuarto y mientras ponían unas copas, mi cuñado me dijo al oído, "mi mujer está al 75%, el resto es obra de todos". Aquello me hizo gracia. Pusimos música y mi marido y yo comenzamos a bailar bien apretado; al cabo de un rato mi marido -de acuerdo con su promesa de ayudar a crear ambiente- dijo en alto, "hagamos cambio de parejas"; su hermano dijo rápidamente que a él le parecía muy bien y cuando su mujer quiso reaccionar estaba bailando ya con mi marido y yo con el suyo. Comenzamos a bailar con la pareja del otro y más apretados de lo que hubiera parecido normal. Mi respiración era muy agitada porque además de bailar muy juntos, mi cuñado me pasaba la mano por la espalda mientras me rozaba la oreja con sus labios; yo me dejaba hacer y me pegaba aún más. Mi marido estaba haciendo lo propio y su pareja también se dejaba.

Pasamos a ver la película, porno, cómo no, con lo que acabamos de ponernos a cien. Tanta era la excitación que fui un momento al baño, y al volver mi marido estaba besando en la boca a mi cuñada sin importarle la presencia de su hermano. Al terminar el beso dejaron su baile y se fueron a tumbar más cómodamente a la cama. Les vi desnudarse el uno al otro y comenzar a acariciarse sin recato alguno. Mi cuñado y yo volvimos a bailar y a besarnos incansablemente mientras metía sus manos por debajo de mi top, acariciándome casi frenéticamente el pecho. No tardó mucho en quitarme el top y en llevarme de la mano hasta el sofá en donde nos tumbamos comentando que nuestras parejas ya nos llevaba ventaja, porque mi cuñada, con los ojos entornados, montaba ya a mi marido, que la tocaba por todas partes mientras se movían intensamente.

Sin dejar de besarme, mi cuñado me fue desnudando, y yo al él. No tardamos mucho en necesitar una cama, por lo que visto lo que había, nos acomodamos en la que ocupaban mi marido y su cuñada. Allí empezamos a vivir alguna de nuestras fantasías, porque mientras mi cuñado buscaba mi clítoris con su lengua, mi marido me obsequió un beso grandioso. Al cabo de un rato fui yo la que me puse encima de mi cuñado y, devolviéndole las caricias, le fui lamiendo todo; a duras penas pudo aguantar cuando me metí su miembro en la boca y me lo iba comiendo como un helado. Casi estallaba de gusto cuando cambiamos y él se puso encima; subía y bajaba con unos roces que cada vez me excitaban más… pero aún no me había penetrado. Lo hizo al oír a su hermano decir "así, así, sigue"; el ritmo se hizo entonces cadencioso y acompasado; entraba y salía de mí sin parar, estaba a punto de llevarme al cielo… y el ver como a mi marido -al que nunca había vi

sto con otra mujer- le estaban haciendo una mamada grandiosa mientras, con los ojos cerrados, sujetaba con las manos la cabeza de su cuñada, me hizo correr. Con lo que estaba viendo casi no me di cuenta de que mi cuñado me había puesto a cuatro patas y me había penetrado, a la vez que su mano subía y bajaba por mi cuerpo, como si me estuviera poniendo crema; cuando me dijo, "me vas a correr, cuñada, me vas a correr", me invadió un nuevo orgasmo. Quedamos tumbados viéndoles a ellos, mi marido la estaba penetrando desde arriba, se movían con frenesí y me acerqué a ellos, dándole un beso y acariciando su miembro como acompañando la entrada en la vagina de mi cuñada, hasta que mi marido y su cuñada se corrieron. Otro día os contaré el resto, pues la experiencia no acabó ahí.

 

La fiesta

Hetero, orgía-todos contra una, relato del dia. Su mujer va vestida a la fiesta con uno de sus conjuntos más provocativos. Por no hablar de su diminuto tanga. Ella bebe más de la cuenta y es acostada, casi inconsciente, en una cama del piso de arriba. Pero ¿por qué desde entonces tantos hombres suben y bajan la escalera…?. La realidad será un shock para el marido. Aunque bien mirado….

Supongo que era normal que mi mujer quisiera lucirse un poco aquella noche. No en vano a sus 30 años recién cumplidos tenia una figura increíble y, debido a nuestros horarios de trabajo, hacia ya algún tiempo que no salíamos juntos a divertirnos.

Ella no es muy alta, pero si muy guapa de cara, con unos ojos azules que encandilan y unos labios gruesos y jugosos que parecen estar diciendo todo el rato "cómeme". Tras varios años de intensas clases de aeróbic puedo asegurarles que su figura de reloj de arena esta mucho mejor ahora que cuando nos casamos hace ocho años.

Por eso no me extrañó que para la fiesta de compromiso que organizó nuestro amigo en su casa se pusiera aquel vestido tan sensual. Este era negro, y de una sola pieza. La parte superior es tan ajustada que más semeja una segunda piel escamosa, marcando su plana cinturita de avispa y realzando sus petreos senos (pues, a pesar de lo grandes y abultados que son, están tan firmes y tiesos que harían palidecer de envidia a cualquier quinceañera), ya que al dejarle casi toda la espalda al aire nadie puede dudar acerca de la autenticidad de lo que presume por delante.

La parte inferior, sin embargo, es una especie de minifalda que le cubre hasta la mitad de los muslos más o menos, hecha de muchos flecos y telas oscuras conjuntadas, que le dan la forma de una flor invertida. No entiendo mucho de moda, pero es muy bonito.

Ella, que sabe lo mucho que me excito al verla con esa ropa, le puso la guinda al pastel, cuando, ya en el coche, se acomodó la falda al sentarse y me mostró, picarona, que esa velada llevaba puestas sus braguitas de cordón más finas, aquellas que apenas si le tapan nada por delante, y absolutamente nada por detrás.

Cuando me besó en el cuello y me dijo al oído que esperaba que esa noche "la fiesta" no acabara en la casa de nuestro amigo me dieron ganas de girar allí mismo y regresar a casa… y tiempo tuve más adelante para arrepentirme de no haberlo hecho.

Si no lo hice fue por no hacerle un feo a nuestro amigo, y porque esperaba divertirme en la fiesta casi tanto como mi esposa. No en vano él, como anfitrión, no tiene nada que envidiar a nadie, y sus fiestas son muy amenas y concurridas.

Ésta, en concreto, ya estaba más que animada cuando llegamos y nos metimos entre docenas de desconocidos saludando aquí y allá a nuestras viejas amistades. Después de un par de horas, y cansado ya de bailar, permití que mi incansable esposa siguiera sola en la pista de baile, junto con algunas amigas, mientras yo me enzarzaba en una acalorada e interminable discusión política con un antiguo conocido.

Como suele ocurrir en estas ocasiones veía a mi mujer pasear arriba y abajo cada dos por tres, unas veces con una amiga, otras con otra, a veces sola y a veces con algún tipo o alguna pareja. Casi siempre la veía con una copa de licor en la mano, pero como sé lo poco que soporta el alcohol, supuse que la copa era siempre la misma… hasta que en una de las ocasiones en que se paró a hablar conmigo me di cuenta de lo mareada que estaba ya. Le pregunté que cuántas copas llevaba, y no supo decírmelo, pero me aclaró que no era alcohol, que era un ponche, y que por eso lo usaba para calmar la sed del baile.

Como la conozco demasiado bien sabía que algo fallaba en su explicación, pues tenía ya la mirada turbia y el descontrol propio de quien esta muy bebido. Así que para aclarar las dudas fui hacia la barra y le pregunté al camarero acerca de la composición del famoso ponche. No me extrañó lo más mínimo que me dijera que este mejunje llevaba al menos cuatro tipos diferentes de bebidas alcohólicas rebujadas con leche y zumos de frutas, explicándose así que mi mujer estuviera ya tan borracha. Decidí llevarla para casa de inmediato, pero cuando la fui a recoger me di cuenta de que su estado era mucho peor de lo que parecía, pues apenas si se tenia en pie. Como no podía yo solo con ella le pedí ayuda a nuestro anfitrión.

Nuestro am

igo, sintiéndose en parte culpable por lo sucedido, me aconsejó que la acostáramos un rato y que, cuando se recuperara lo suficiente, nos marcháramos. Como lo vi muy lógico me apresuré a hacerle caso y, con su ayuda, logramos subirla arriba, a uno de los dormitorios vacíos.

El pobre estaba muy apurado, pero yo trate de calmarle, pues él no era responsable de que mi esposa estuviera tan mareada por no haber preguntado que demonios llevaba aquel ponche que estaba tan fresquito y que tanto le gustaba. Después de asegurarme por enésima vez de que se encontraba bien volví a acomodarle la minifalda, que al acostarla se le había subido demasiado arriba, mostrándome otra vez su tanguita negro, y la dejé descansar, dormida en su sueño etílico, mientras bajaba a reunirme de nuevo con nuestros amigos, tras cerrar la puerta de la habitación.

Como de costumbre los cuatro más íntimos pasamos a la sala de billar, donde se libró una de nuestras consabidas batallas a tres bandas, ante las miradas de otros amigos y de alguna que otra esposa, pues la puerta abierta daba al salón donde seguían bailando.

Durante una de las partidas escuché como uno de sus amigos bromeaba con el anfitrión acerca del desaprensivo que había obstruido el aseo, y como le aconsejaba que usara el de la planta alta, como estaban haciendo el resto de los invitados. En ese momento no le di ninguna importancia al comentario, y como quiera que el juego estaba de lo más interesante pasaron las horas volando. Lo único que recuerdo haber pensado es que esperaba que ese continuo ajetreo de subir y bajar personas no despertase a mi esposa.

La fiesta estaba ya llegando a su fin cuando, con la sonrisa victoriosa de haber ganado, me fui hasta la barra a pedirme una ultima copa antes de despertar a mi mujer. Mientras me la servia charlé las típicas banalidades con el camarero de antes, acerca de lo divertida que había estado la fiesta y todo eso. Fue entonces cuando me comentó, en plan confidencial en voz baja, que ya estaba degenerando, pues había oído a varios tipos comentar entre sí la juerga que se habían corrido con una señora en los dormitorios.

Y yo, ingenuo de mi, le sonreí, mientras le decía, también en plan confidencial, que en esas fiestas siempre había alguna señora que buscaba otras formas de "divertirse". Le dejé riéndose de mi comentario mientras subía las escaleras para ver si mi esposa se había recobrado lo suficiente de su estado como para llevarla a casa por su propio pie.

El vaso estuvo a punto de caerse de mis manos al ver que la única puerta de dormitorio entreabierta era aquella donde la habíamos dejado, y que de ahí salían unos sonidos que eran tan elocuentes como inconfundibles. Con las piernas temblorosas me acerqué hasta la puerta y vi lo que ya me temía… a un tipo de espaldas con los pantalones bajados penetrando fogosamente a mi mujer.

Lo que me dejó quieto y helado no fue la violencia de sus empujones, sino el ver como mi esposa tenia enroscados sus talones tras las rodillas del tipo, pues era la postura que solía adoptar cuando hacíamos fogosamente el amor y ella quería que la penetrara más a fondo y con más frenesí. Y si me quedaba alguna duda acerca de los turbios deseos que albergaba sus continuos jadeos de placer me los quitaron de golpe.

No reaccioné, me quedé allí quieto, parado como un maniquí, mientras el afortunado desconocido alcanzaba el ultimo orgasmo, eyaculando en su interior con unos golpes tan rudos y salvajes que arrancaron también un nuevo orgasmo a mi esposa, mientras se aferraba a sus pechos desnudos, estrujándoselos como si se los quisiera arrancar.

Luego el tipo se bajó de la cama, con toda parsimonia, abrochándose los pantalones con una sonrisa de oreja a oreja mientras pasaba a mi lado, guiñándome un ojo cómplice, en la creencia de que yo era el siguiente en disfrutar de mi esposa desmayada. Nada más marcharse cerré la puerta con pestillo, y tras dejar el vaso sobre una mesilla me acerqué hasta la cama, todavía sin poderme creer lo que había presenciado. Pero lo que veían mis ojos no dejaba lugar a dudas acerca de lo que había sucedido. Ni el completo desorden que reinaba en la cama, con las sabanas revueltas y sudadas. Ni el vestido de mi mujer, enroscado de cualquier forma en su cintura para dejar sus grandes pechos desnudos al alcance de cualquiera que los quisiera disfrutar. Ni la evidente ausencia de s

u tanguita, del cual no volví a saber jamás. Ni, sobre todo, el gran charco de semen que había entre sus piernas tan descaradamente separadas, el cual aún no había tenido tiempo de secarse por completo, pues continuaba manando semen por sus dos orificios mas sagrados.

No me costó mucho esfuerzo deducir lo que había sucedido en esa habitación. Supongo que alguno de los invitados entraría despistado mientras buscaba el servicio, y al verla allí dormida, quizás con su tanguita negro a la vista si había movido las piernas en sueños, fue una tentación demasiado grande para el desaprensivo.

No creo que le costase demasiado esfuerzo bajarle los tirantes del vestidito para dejar a la vista sus magníficos pechos desnudos e indefensos, ni que el diminuto tanguita negro ofreciese demasiada resistencia si el tipo había decidido quitárselo o arrancárselo.

El resto era por demás evidente. Había tantisimas marcas y moratones en sus senos que tardaría unas semanas en volver a recuperar su aspecto habitual. Sobre todo sus gruesos pezones, tan enrojecidos y tiesos que posiblemente le dolerían durante varios días.

De su boquita entreabierta salía un olor tan amargo como elocuente, y el no ver restos de semen solo podía significar que mi mujer se había tragado todo lo que habían tenido a bien derramarle dentro. Lo cual me daba muchisima rabia, pues a mi rara vez aceptaba mamármela, y cuando lo hacia jamas me dejaba eyacular en su interior.

Pero más rabia me daba ver con que facilidad permitía que le diera la vuelta en la cama, levantando su culito respingón al hacerlo como si diera por hecho que yo también iba a encularla como el resto de sus amantes. Dándome ganas de azotar sus pálidas nalgas, como debía de haber hecho ya mas de uno, en vista de la rojez que presentaba, pues a mí sólo me había permitido que la poseyera por tan estrecho orificio un par de veces, y siempre tras muchos ruegos y suplicas.

No podía denunciar a la policía lo sucedido, pues no sabía cuantos tipos la habían poseído ni cuantas veces la habían violado. Ni siquiera estaba seguro de poder afirmar lo de la violación, en vista de la aparente disposición de mi esposa desvanecida.

¿Qué que hice? Pues lo único que podía hacer dadas las circunstancias, bajarme los pantalones, separarle un poco más las piernas… y divertirme yo también.

 

Me gusta tu novio

Bisex, trío, filial-hermanastros, relato del dia. Acostarse con el novio oriental de su hermanastra es la pasión de nuestro protagonista. Hay confianza con ella porque no en vano ya han tenido muchos encuentros en la cama y se conocen muy bien sus preferencias. Y qué trío pueden hacer…

Con mi hermanastra Mónica nos llevamos apenas tres años, yo tengo 28 y ella 25 recién hechos. Muchos fines de semana los pasamos en una casa en la sierra a la que se acerca nuestra madre, separada, el domingo. No queda lejos de la ciudad y eso nos permitía, ya de pequeños, escapadas a ella sin el estricto control de los padres. Hacía unos meses que Mónica se veía con Kazuki, un estudiante japonés algo menor que ella, un cielo de chico. El pelo lacio y negrísimo, apenas sin vello, con una piel clara y tersa como un niño y una carita arrebatadora, casi de niña. Por supuesto, Mónica sabía que mis miradas a su noviete no eran casuales, años atrás había descubierto mi secreto cuando me pilló follando con uno de nuestros primos. Sin embargo optó por ayudarme en todo y, a veces, incluso salíamos de ligue juntos aunque, algunas veces volvíamos los dos juntitos. Hacíamos juntos el amor de vez en cuando e incluso se ocupaba de mi culito con una polla para cinchar que compramos a medias. Nuestra relación era sencillamente genial. Uno de mis mejores recuerdos hasta entonces era el polvo que nos echamos juntos con uno de sus exnovios, que terminamos jodiendo ella y yo mientras él me rompía el culo, quedando clara ya mi bisexualidad más absoluta. El caso es que ella se dio cuenta enseguida de la atracción que yo sentía por Kazuki. Me pilló un viernes y charlamos de ello. La intención de Mónica no era excesivamente seria con el japonés, pero tampoco le gustaba la idea de que me follase a todos sus novios. Sin embargo, me confesó que había visto a Kazuki, que ya conocía mis aficiones, husmeando por mi cuarto un sábado en el que yo había salido.

Eran las cuatro o cuatro y media de la madrugada y Mónica, según dijo, se despertó. Su amante no estaba en la cama, así que pensó que habría ido al baño, pero el joven se demoraba demasiado. Además, en cuanto se asomó al corredor, vio que había luz en mi habitación. En lugar de dirigirse a ella directamente, Mónica abrió sigilosamente el balcón que compartíamos ambos y se acercó a la ventana. Lo que vio la dejó de piedra primero y cachondísima después.

El efebo asiático sabía que Mónica no se despertaba ni a tiros hasta el amanecer, así que campaba a sus anchas por mi cuartito. Andaba por él en pelotas, tal y como dormían los dos. Sobre la cama habían echadas algunas de mis revistas gay que Kazuki devoraba con fruición. Aún estando de espaldas Mónica sabía que el joven se estaba masturbando, ya que sus movimientos le delataban. Más sorprendida se quedó en cuanto su noviete agarró uno de mis finos consoladores y sustituyó con él al dedo que se metía insistentemente en su anito. Se puso en cuatro, con su carita apoyada en mi almohada, y se lo enterró lentamente sin dejar de pajearse con la otra mano. En estas, Mónica había empezado a acariciar su abultado clítoris entre divertida por el descubrimiento y furiosa por no colmar del todo a su amante. Estaban ambos en lo mejor de la paja, cuando Kazuki sustituyó el pequeño falo plástico por una polla de látex de considerables dimensiones. El japonesito continuaba ajeno a todo, devorando la revista de jóvenes homosexuales y apuntando el dildo hacia su culito. De un solo empujón tragó la polla sin esfuerzo aparente, lo que evidenció su destreza en esas lides. Quedó quieto unos instantes y, al poco, inició un mete y saca delirante. Mónica se quedó de piedra al ver que su amante se corría sin siquiera tocarse el nabo, ya que con una mano manejaba el dildo y con la otra aguantaba su postura. Un hilillo de semen cayó sobre las sábanas entre espasmos del chico que se desplomó sobre ellas acto seguido. Según ella, mi hermanastra volvió a su cuarto a esperar y, al cabo de unos quince minutos, apareció el asiático con cara de no haber roto nunca un plato y volvió a la cama con ella.

Mientras la escuchaba, no podía casi creer lo que Mónic

a me contó. Parecía casi demasiado bueno para ser cierto. Lo que faltaba saber era hasta qué punto llegaba la bisexualidad de Kazuki ya que, según mi hermanastra, se la follaba a menudo y a conciencia. Decidimos, entre los dos, descubrirlo el próximo fin de semana. Nos pasamos los días siguientes planeando nuestros movimientos por la casa, en busca de la mejor manera de pillar a Kazuki en nuestras provocaciones.

Al fin llegó el viernes y los dos tortolitos se dirigieron al chalé. Yo no debía llegar hasta el sábado a mediodía, así que se instalaron en su habitación y salieron hacia el pueblo más cercano. Después de una corta tanda de copas, volvieron a su nidito, en el que ya les estaba esperando en mi escondite. Pasaron a su habitación y Mónica, con total desfachatez, le comentó que ese día no tenía ganas, así que se echó a dormir. A eso de las dos de la madrugada, cómo esperábamos, Kazuki salió en una de sus excursiones nocturnas después de asegurarse del "profundo sueño" de mi hermanita. Pude verlo a contraluz, desnudo por el pasillo dirigiéndose al baño. Estaba hermoso, con su esbelta figura, sin un pelo y su melenita a lo Cleopatra. Un culo respingón y terso remataba la escultura andante que era el japonés. De pronto, pasando de largo el cuarto de baño, se metió en mi habitación, momento que aproveché para colarme en la habitación de Mónica y avisarla.

Salimos al balcón y espiamos por la ventana. No parecía ser ni la tercera ni la cuarta vez que hacía eso, ya que andaba por mi cuarto como si lo conociese perfectamente, su confianza era tal que no se molestó siquiera en ocultar las luces que encendió. Sabíamos que, con las luces encendidas y la persiana medio bajada, éramos casi invisibles para él, así que nos pusimos algo más cómodos. El bello Kazuki abrió el cajón de mi mesita que contenía mis revistas, sin dudar un instante acerca de cual era. El caso es que yo había puesto sobre las revistas un par de sobres con fotos mías, sólo o con algún amigo e incluso unas pocas en las que salía Mónica dándome mi ración de polla plástica. Se tumbó de lado sobre mi cama mirando con atención las fotografías ofreciendo a nuestra vista el hermoso culo dorado. Era imposible saber cuales de ellas serían aquellas en las que mostraba mayor atención. Lo que no pudo ocultar fue su sorpresa cuando descubrió lo que contenía el segundo de los sobres.

Reconozco que arriesgamos mucho al usarlas, pero era la única forma de descubrir hasta dónde podía llegar. Las fotos eran suyas. Aparecía él desnudo en la terraza tomando el sol, de cara y de espaldas. También conseguí unas tomas suyas en la cama, con su cuerpo brillando a la luz de la luna. En realidad fue Mónica quien me las prestó, pero el japonesito no tenía modo de saber que no era yo el que le había estado espiando. Afortunadamente pareció gustarle aquello y, esparciendo las fotografías por la cama, comenzó a pajear su pollita. Muy despacio se la agarró y pasó su mano por encima de ella mientras se masajeaba el trasero con la que tenía libre. Entonces encontró la ampliación de una de las fotos, la única que sabíamos positivamente qué era. Detuvo su masaje y quedó mirando fijamente la imagen. Era él, a dos vistas. Una de cuerpo entero, durmiendo y con la tranca empinada como estaba en ese momento. La otra era de su culito, abierto en una postura que mostraba a las claras el estrecho orificio anal que me volvía loco. Todo ello rematado por un corazón dibujado en rojo junto a su sexo. Aquel detalle me pareció innecesariamente amanerado, pero Mónica insistió en él.

De inmediato pasamos a la segunda parte del plan, tratando de aprovechar el estado en el que se encontraba la maravilla asiática. Procurando hacer bastante ruido, pero sin pasarme, cerré la puerta de entrada y abrí la luz del pasillo. Lo hizo rápido, pero alcancé a ver cómo apagaba las luces. No le di más tiempo, ni siquiera a que saliese por la ventana, según nos dijo luego mi hermanastra. El chico hizo exactamente lo que Mónica dijo que haría, se tumbó bajo la cama. Entré resuelto a mi habitación y descubrí mis fotos amontonadas junto a la almohada -¡Maldita sea, ya ha vuelto Mónica a husmear po

r aquí!-, dije en voz alta. Dejé caer mis ropas al suelo, deliberadamente cerca de la cama y, desnudo, me acerqué al escritorio, dónde Kazuki podía observarme.

Tomé las fotos del joven y las puse sobre la mesa, la ampliación la colgué del espejo por el que, fugazmente, llegué a ver al asiático "espiándome". Casi me da por reir, pero me aguanté. Contemplando las imágenes empecé a acariciar mis pechos, el culo, el sexo… Me enchufé un dedo en mi hambriento ojete mientras murmuraba entre suspiros el nombre del chico que había bajo mi cama. Al poco, me incliné sobre la cómoda, exponiendo mi culo abierto a tope a la vista del muchacho y, del cajoncito de la mesa, tomé el pollón de látex que la semana anterior visitase el paraíso anal de Kazuki. Le estaba echando tanto teatro a la cosa que pensé que se notaba demasiado. Gimiendo como una puta y sin dejar de suspirar ni proclamar mis pensamientos para con el oriental, me enchufé el dildo e inicié un mete y saca lentísimo. Hacía demasiado que no me lo metía, sentía mi ano abrirse con dificultad para dejar paso a la tremenda polla que, gracias a la relativa flaccidez del látex, se amoldaba a mi conducto. El hecho de conocer la presencia del guapo efebo bajo mi cama, combinado con el tratamiento que yo mismo me daba, me calentó como hacía tiempo que no me sucedía.

De pronto, saliendo de la nube en que estaba, recordé el plan que debíamos ejecutar hasta el final. Aguantando el pene de látex con una mano, salí de mi cuarto y me dirigí al baño. La verdad es que ahí se torció un poco la cosa. Esperábamos que Kazuki me siguiese o bien permaneciese en mi habitación, esperando mi vuelta. Sin embargo, lejos de eso, regresó a la habitación que compartía con Mónica. Ésta ni siquiera tuvo tiempo de terminar su entrada hacia la cama. Mis dos amores se encontraron cara a cara, en pie junto a su cama. En ese momento, Kazuki comprendió la mitad del plan. Pensó tan sólo que era mi hermanastra la que nos espiaba a los dos en nuestros trasteos por mi cuarto. Afortunadamente, demostrando su rapidez de reflejos, así se lo contó ella. -¿Me has estado espiando?-, preguntó el guapo asiático sin demasiada convicción. -Creo que has descubierto algo más hoy, ¿Verdad?-, respondió Mónica en referencia a sus fotos conmigo. A Kazuki no pareció sorprenderle ni disgustarle nada, así que confesó su bisexualidad de una forma un tanto directa. -Sé que a Marco le gustas, creo que él te gusta a ti, y ahora ya sabes que mi hermanastro y yo también somos amantes, ¿No crees que deberíamos aprovecharlo?-, soltó de golpe Mónica.

Mientras tanto, habían pasado ya más de diez minutos que se me hicieron larguísimos esperando en vano la irrupción del asiático. Un tanto desconcertado, regresé a mi habitación con la esperanza de encontrarle en ella, pero no había nadie. Entonces fue cuando, pegando mi oído a la pared, escuché las voces de los dos novios en la habitación contigua. Apenas lograba entender lo que decían, pero lo que sí entendí es que su puerta se abrió. Permanecí en pie ante mi propia puerta, cuando ésta se abrió y aparecieron, desnudos, Kazuki y Mónica.

Rompiendo el hielo, mi hermanastra se soltó de la mano de su novio y se acercó a mi. Poniendo suavemente sus manos sobre mi culo, me atrajo a ella y me estampó un beso larguísimo. Puestos a la misma altura, mi pene jugueteaba a la altura de su entrada vaginal, acariciando el abultado clítoris de Mónica. La chica comenzaba a calentarse de forma evidente, acercando más su pubis hacia mi tranca, hasta conseguir la irrupción en su caliente y húmeda concha. Kazuki se decidió enseguida a participar colocándose tras de mi hermanastra y besuqueando su cuello y sus orejas. Enseguida noté como ahora ya no eran dos manos, sino cuatro las que manoseaban mis nalgas. Mónica retiró las suyas permitiendo a su novio la total posesión de mis glúteos. Parecía increíble, pero sus manos eran más suaves incluso que las de Mónica, que se había separado ligeramente de mi, lo justo para sacarse mi babeante cipote de su coño. Como respuesta, alargué mis brazos acariciando la espalda del japonés con uno y su hermoso y duro culo con el otro. Mó

nica ladeó su linda cabecita y quedamos cara a cara el asiático y yo, mirándonos por unos instantes. Sin palabras de por medio, nos fundimos en un beso, chocando con nuestras lenguas, momento que aprovechó la chica para escabullirse de entre nosotros. Quedamos así pegados un rato, hasta que nos tumbamos sobre la cama para seguir descubriendo nuestro cuerpo. Lamí su piel amarilla por todos sus rincones, con especial atención a sus tetillas, duras y paradas, como saludándome con sus pezoncitos. Él me correspondía del mismo modo mientras, a nuestro lado, Mónica se metía el nabo de látex en su vagina y nos animaba a seguir.

El japonesito se las arregló para quedar encima de mí y se fue deslizando hacia el nabo tieso que yo le ofrecía. Mirándolo con cierta curiosidad, se llevó el glande a los labios y me estampó un beso delicioso. Su inexperiencia quedaba compensada por la enorme delicadeza que ponía en su tarea chupadora. Asesorado por Mónica, repasó con la lengua toda la barra hasta llegar a los huevos y volver a subir. Mi hermanastra se tumbó a su lado y se unió a la mamada, uno me comía el glande y el otro se dedicaba a los huevos. Ya me encontraba en la gloria, deseando que no terminase nunca aquella doble mamada, pero fui incapaz de resistir. Sin aviso alguno, solté una andanada de leche en la cara de mis dos amantes. Kazuki se llevó la mayor parte, alcanzado en la boca y nariz, mi hermanastra sólo tuvo tiempo de embadurnar sus mejillas con los últimos trallazos. Enseguida empezaron a besarse como locos, furiosamente, pugnando por cada goterón de semen que les había regalado.

Sin dejar de besuquearse, sentí cómo un dedo hurgaba en mi pozo íntimo, entrando y saliendo lentamente. Pronto fueron dos los intrusos que abrían mi esfínter de forma casi dolorosa. Los dos novios me miraron maliciosamente, con sus caritas brillantes aún por el tratamiento anterior, y se regodeaban viendo mi rostro ansioso. Mónica tomo el control y me levantó las piernas hasta que casi chocaron con mis hombros. El guapísimo asiático comprendió de inmediato las intenciones de la putita y, lentamente pero sin pausa, me ensartó en su polla. Kazuki y yo nos miramos fugazmente mientras él comenzaba a entrecerrar sus rasgados ojitos. La expresión de profundo placer que mostraba me excitó aún más que la dura y vibrante polla clavada en mi ano. Sus lentos movimientos folladores no se hicieron esperar y nuestras respiraciones se acompasaron enseguida. Por mi parte, al ver mi pene de nuevo erguido, opté por hacerme una paja al compás de la jodienda. Mónica se puso detrás de él y le lamió el culo. El muy cabrón llegó a pararse para facilitar las cosas a la chica, aunque reanudó su tarea a instancias de mis súplicas. La caliente hermanita, se incorporó y, acariciando el pecho de su amado con una mano, le clavó el dildo con la otra. La muy puta, según contó luego, sólo le había entrado la mitad al japonés, reservando la otra parte para su propio goce. Comenzó a chocar su pubis con el precioso trasero amarillo, follando a Kazuki que me transmitía cada embolada. Un polvo glorioso, allí estábamos yo enculado por el más guapo de mis amantes, él follado por mi hermanastra y ésta jodiéndose con la mitad del consolador. Por un rato jodimos alocadamente hasta que empezamos a corrernos. El primero, curiosamente, volví a ser yo. La leche bañó tanto mi pecho como el de Kazuki, que se vino casi a continuación. Se soltó dentro de mi recto, que acogió el caliente líquido acompañado por una descarga de placer para dejarse caer sobre mí. Seguidamente, ayudada por nuestros gritos, Mónica se corrió lánguidamente cayendo rendida a nuestro lado con la polla de látex saliendo de su coño mojado y pegajoso. Sólo escuché el suspiro de Kazuki al perder el tapón que ocupaba su culo hasta instantes antes mientras algo del cremoso regalo del japonés rezumaba por mi abierto culo.

Al cabo de unas horas me despertó mi querida hermanastra. Acariciaba mis tetillas, pellizcando los pezones hasta que entreabrí los ojos. Vi que también había dado a mi polla un tratamiento especial, ya que se encontraba apuntando al techo de nuevo. En cuanto me desperecé hizo lo mismo con su novio, sólo que me ordenó a mí ocuparme de su sexo. Tomé la fláccida tranca entre mis manos

y la descapullé suavemente dejando el glande al descubierto. Lo besé tiernamente y el japonés respondió con un respingo. Seguí manoseando el falito de Kazuki hasta que adquirió una consistencia importante sin llegar a estar totalmente erecto. Mónica no perdía detalle y, tomando una mano del aún bello durmiente, se la acercó al coño. Se estaba haciendo una paja monumental con la mano de Kazuki, hasta el punto que llegó a meterse cuatro dedos. Sudorosa y jadeante, me exigió que despertase al efebo asiatico. Delicadamente y sin dejar de prestar atención a su polla, agité un poco su pecho. Viendo que aquello no surtía efecto, me decidí a levantar un poco su culo y, con el ano a la vista, le enterré un dedo en él. Kazuki gimió un poquito pero no despertó. Animado por Mónica, que no cesaba de pajearse, metí otro dedo en el tierno esfínter y comencé a follarle. Esta vez sí salió de su letargo.

Nos miró como extrañado al principio, como si no recordase ya el nuevo estatus al que había llegado nuestra reciente relación a tres. A los pocos segundos despertó por completo y, sin siquiera mirar a Mónica, me dio un beso con lengua impresionante. Seguidamente, se volvió hacia su novia, a la que ya el coño le chorreaba a mares, y repitió la ceremonia. Mónica, sin poder resistirlo más, me apartó de forma un tanto brusca y, sin contemplaciones, se clavó en la estaca del japonés. Se puso a horcajadas sobre el chico y bajó hasta que su pubis chocó con el vientre de Kazuki soltando un grito desgarrador. Inició una alocada secuencia de sube y baja a lo largo de la tranca, ya tiesa, del oriental acompañándola con grandes jadeos.

Mi excitación había crecido para entonces tanto como la de los dos amantes. De forma un tanto apresurada, me afané en llenar la boquita de Kazuki con mi polla. Se la acerqué a sus húmedos labios y él, girando levemente la cabeza, los entreabrió. No hizo esfuerzo alguno para tragar el falo que le ofrecía, sino que me invitó a metérselo por mí mismo. Suavemente, con gran lentitud, empujé hacia la mojada cueva. Sentí mi glande apoyado en su lengua que comenzaba a abrazarlo. Dejé que jugase con él mientras la amazona de Mónica, sin parar de follarse, no perdía detalle de lo que acontecía, recordándonos en voz alta lo maricones que éramos. Aquello me ponía aún más cachondo de lo que ya estaba, me venían ganas de enchufarle todo el nabo a mi nuevo amante, pero logré contenerme. En lugar de eso, viendo que mi hermanastra se hallaba próxima al orgasmo, aproveché para zafarme de Kazuki y me puse tras de mi amada hermanita. La tumbé ligeramente hacia delante, cayendo ella sobre el guapo japonés y, de paso, ofreciéndome su prieto esfínter. Sin más preámbulo que una lubricadita rápida, le endosé mi polla buscando el roce con la de Kazuki. Cuando llegué al fondo, entre los gritos y jadeos de la zorra de Mónica, mi glande me transmitió el contacto con el nabo asiático a través de la fina pared que nos separaba. Fue como si una descarga eléctrica nos estuviese sacudiendo. Nuestro ritmo se incrementó mientras mi hermanastra orgasmaba sin parar, vertiendo su flujo sobre el vientre de Kazuki. Mordíamos a la niña como posesos, él en sus tetas y yo en su cuello, aproximándonos a la más salvaje de las corridas que recordábamos en tiempo. El hermoso amarillo puso sus ojos en blanco y, con un sonoro bufido se vació en el coño de Mónica que lo agradeció con varios grititos de placer. Poco después, sacando mi mástil del esfínter femenino, le esparcí mi leche por su espalda mientras me aferraba a sus tetas. Mónica se derrumbó junto a nosotros, destrozada al tiempo que los dos nos afanábamos en chupar mi semen que correteaba por su espalda.

A partir de aquel día, nuestra relación a tres fue consolidándose, hasta el punto que, incluso con el consentimiento de nuestra madre, nos mudamos definitivamente a la casa en donde todo empezó.

P.d.: Si os ha gustado este relato, hacédmelo saber. También me gustaría que me propusieseis personajes, situaciones, o cualquier cosa que se os ocurra. Email: pollaloca (arroba) latinmail.com

 

Durmiendo juntos

Hetero, primera experiencia. Un chico empezó a salir con una chica joven y hermosa. Un día se quedaron solos en casa de ese chico. Por haber practicado taekwondo él estaba agotado, se durmieron juntos. Al despertar empezaron a mamonearse. Un polvo muy excitante.

Yo un joven de 17 años tuve la oportunidad de conocer a una chica hermosa ella de 16 años la vez que la conocí fue que ella iba caminando hacia sus clases de aerobics entonces dije esa chica esta preciosa entonces dentro de una hora le pregunté a un cuate si la conocía y me dijo que sí entonces le dije que me la presentara al día siguiente como a las 3 de la tarde me llevó con ella era una chica con una cara perfecta unas nalgas incomparables y unos pechos grandísimos entonces yo me dije esta chica esta diseñada para ti al pasar unos días le dije que si quería ser mi novia ya habiéndola tratado antes ella contestó "eres un chico fascinante y buenísima onda" yo me exalté y dije que ella de igual forma y entre sí y no que dice pues esta bien sí quiero ser tu novia.

Al pasar el tiempo yo la sacaba a ir al cine del diario ella me invitaba a comer de vez en cuando pero un día estando en mi casa solos yo dije estoy un poco agotado por las clases de taekwondo y me dijo pues abrázame yo la abracé y le dije que la amaba como a nadie me quedé dormido en su hombro y como a la media hora desperté ella estaba viendo la tele ahí conmigo ,yo le dije sabías que estabas bien buena y ella se empezó a excitar y me dice tócame yo empecé a tocarle su cara y a darle besos apasionados y mi miembro se empezaba a erectar llegó un momento en que estaba al máximo de excitado y ella me puso sus manos en sus nalgas y después cambió una hacia su teta y yo besándola a ella de pronto tocó mi miembro lo sintió bien excitado y bajó mi cierre y lo empezó a masturbar y después de un tiempo a chupar yo estaba que me venía en su cara pero soportaba las mamadas eran exquisitas me bajó todo el pantalón y me quitó la playera después quitó mi bóxer y siguió besándome yo empecé a quitarle el topito que traía me impresioné al ver el semejante tamaño de tetas y me dijo lámelas por favor se las lamí hasta el cansancio y ya estando los dos desnudos totalmente la llevé a mi cuarto tomamos la ropa y la pusimos en mi secretero y ya ella preparada para quitarle la virginidad muy complacida se abrió de piernas y yo lamí su coño estaba mojado y caliente después de un rato agarré mi miembro y se lo metí entre su coño ella gritaba muy poco hasta que lo metí hasta el fondo y empezó a jadear muy seguido y empecé a querer venirme y me resistía ya .

Después de haber cogido como 15 minutos saqué mi pene rápido y me vine en su pecho ella lo probó y me dijo que estaba rico y desde ahí lo repetimos cada que tenemos oportunidad.

MI nombre es Santiago Martinez si gustan escribirme por favor a karlarebeccamen (arroba) hotmail.com

 

Rosy

Hetero, polvazo, primera vez, sodomización. Una muchachita siente un vacío en su vida y la necesidad de un amigo que la aconseje y la inicie en el sexo. Por casualidad lo encontrará en el dueño de un videoclub que no solo desvirgará su coñito sino también su ano.

Todo empezó una mañana que desperté con cierta atracción, me sentía diferente, cumplía mis 17 años, y pensé que ya había pasado mucho tiempo en mi vida y no encontraba a una persona que me gustara mucho, o sea que lo amara.

Acostada en la cama me empecé a masturbar ya que me sentía caliente, ya eran las 11:00 am y entraba a la prepa a las 12:00 me levanté y me metí a bañar, y pensaba en la regadera el por qué me sentía sola, ya que tenía muchos amigas y amigos, pero recordé que tenía una cierta relación hipócrita con ellos ya que solo hablada cosas incoherentes, o sea de nada que me gustaba, así que pensé que sería bueno tener un amigo o amiga como los del chat en persona que les pudieras hablar de todo, y más de sexo, que me dijeran formas, experiencias, y demás cosas, pero también que pudiera confiar en él en todo y que me pudiera aconsejar. Una amiga de un chat que era de mi edad me comentó que ella tenía un amigo divorciado, que en todo la aconsejaba y le daba apoyo cuando lo necesitaba, pero él tenía 43 años, y para mi es una persona muy grande, cosa que no me agradaba, lo único que me agradó fue que él fue la que la desvirgó, y ella siempre gozaba con él. Él le había enseñado muchas cosas sobre el sexo, era su maestro y todo lo que hacía con su actual novio se lo contaba a él y le preguntaba la forma de sentir mas placer y todo eso, y él se lo enseñaba teórica y prácticamente, incluso me dijo que enfrente de su novio, y que él les decía como debía penetrarla, algo exagerado pero cierto. Su novio una persona adorable, un niño muy luchador, de mente abierta, comprensivo, ella lo amaba, no le importó que no fuera virgen, que a él le importaba lo que ella sentía, total era una persona adorable, y la envidiaba por eso.

Ya que salí de bañarme dije, por un día que llegue tarde a la escuela no creo que me digan nada, ya que soy la clásica chica cuerda del salón, no me gusta presumir, pero era cierto y me enorgullecía de eso, en eso me senté y me sequé, y me puse mi calzón bikini blanco de algodón, y me puse un bra mas pequeño de mi medida, y me miré al espejo, cosa rara en mí, pero creo que por primera vez me miré detalladamente, soy una chica no muy alta de 1.60 m y delgada, creo que mi cintura medirá unos 63 cm, estaba muy delgada, mis nalgas no me podía quejar no era mi fuerte, pero las tenía pequeñas pero paraditas, y se notaban bien con mi bikini, miden 85 cm, pero lo que más me gustaba de mí, son mis senos, ya que los tengo grandes y firmes, con el bra que me había puesto se me juntaban y se me veía muy bien, medía 95 de senos, algo grandes pero estaban bien. Ese día me puse mis jeans y una playera, hacía mucho calor, por eso me fui ligera, ya después de un día de clases no pesado gracias a dios, me dispuse ir a casa, y gracias a dios era viernes, así que pasé a un vídeo que está por la preparatoria, ya había entrado a ese vídeo, y había visto unas películas que me gustaban de esas de terror bien sangronas. Y ya llevaba todo para la inscripción en eso llegó el dueño, un señor de más o menos 29 años calculaba yo, pero ya después supe que tenía 34, bueno. El caso es que él llegó con unas películas y tomó el relevo de chavo que atendía el vídeo, y era un señor muy simpático para mí, agradable… Yo llevaba mis películas, y cuando él fue por las películas yo miré las que había dejado en la mesa y miré que no tenían títulos, solo decían xxx, xxxx, y xxxxx cosa que no le tomé importancia, algo que no me había fijado es que en el vídeo tienen un cuarto lleno de estantes de películas porno, en todos lo vídeos tienen pornografía pero este tenía un cuarto lleno, y todavía traían más, pero en fin, ya iba tan seguido al vídeo que me el dueño me empezó

a sacar platica y así lo conocí, se llamaba Benito, y era soltero. Me hice muy amiga de él sin querer, pero me agradaba hablar con él, y mucho haberes después de la prepa o en hora libre llegaba con él y me invitaba a comer con él, ya que decía que no le gustaba comer solo y así me platicábamos un buen rato. Él es aperlado, alto, ojos cafés, y delgado pero eso sí, era buenísima onda, con todos muy amable. Ya era muy amigo mío y yo le contaba todo y me ayudaba en lo que podía. Una noche, que no tenía nada que hacer, fui a rentar unas películas, pero mi vídeo estaba descompuesta, y me dijo que si quería verlas en su casa, que me daba las llaves y que dando las 11:00 de la noche cerraba y se iba para allá, yo acepté gustosa, entonces eran las 8:00 así que les dije en casa que me quedaría con una amiga y que llegaría algo tarde, cosa que me dijeron ok. Me dio la dirección de su casa y me fui en taxi, estaba algo retirada, pero eso no fue nada cuando vi su casa. ¡¡¡WOW!!! La casa está muy grande, en una zona medio retirada de las colonias. Al entrar batallé para buscar el cuarto de la tele, llegué al fin al cuarto de la tele y me puse a ver las películas, yo llevaba una falda y una playera sin mangas. Total que antes que viniera por curiosidad me dispuse a conocer la casa y vi que tenía un patio con una piscina y una barda muy alta, demasiado diría yo, pensé que si así sacaban los de los vídeos yo quería tener uno, seguí curioseando y me fijé que había como una tipo bodega grande dentro de la casa, y fui a ver qué era, pero no encontraba la puerta por el patio, así que entré y llegué a la puerta, estaba abierta por suerte y entré, y vi que las luces se prendieron, y antes de entrar había dos cuartos, uno era una oficina donde había material para vídeo, cámaras, cintas, todo eso, y en las paredes fotos pornográficas de muchas chicas teniendo sexo, y una de ellas le mamaba el pene a Benito. Entré a la otra habitación y era como una especie de guardaropa donde había infinidad de prendas, lencería, y juguetes y aparatos sexuales.

En eso él me dijo que si me gustaban, y yo me puse roja y me asusté, no sabia que decir, él me dijo no te preocupes, que no pasaba nada, pero me dijo ven vamos hablar, ya en la mesa de la cocina me dijo todo, que él era director y escritor de películas pornográficas y eróticas, y que aquí él tenía su propio estudio y hacía las películas que las mandaba para Los Ángeles y allá se vendían, y lo que él escribía en Los Ángeles lo filmaban. Por lo que le comente que si podía ver una de sus películas, y me dijo ¡claro! Y de paso me dices qué tal están me dijo. Fuimos a sala de TV y me puso varios títulos, y le escogí uno, y me la puso y él se fue, que tenía que hacer unas llamadas para los filmes de mañana. Y allí me quedé yo sola, la película era muy fuerte se veía la chica haciéndole una mamada un chico, la penetraban por la vagina y el ano, todo eso me puso cachondísima, y recordé a mi amiga, y pensé que, qué se sentirá tener sexo, en eso llegó Benito y dijo ya terminé, se había cambiado y tenía puesto sólo un short y una playera, y se recostó junto a mí en el sofá cama, yo estaba súper mojada y tenía que abrir las piernas porque sentía muy caliente la vagina, y él lo notó, él me preguntó como estaba la película, por lo que yo estaba idiotizada en eso él se pone detrás mío y me dice, me agradas mucho y me dio un beso en la mejilla, después me dio otro beso pero en la boca, ese último beso me puso a mil, ya me tenía en sus manos, ahora me mordía los lóbulos de las orejas, y me metía la lengua dentro de ella, ahora pasaba sus manos por mi piernas, cintura y llegaba a mis pechos que los tocó por encima de mi playera, donde con las yemas de los dedos me rozó los pezones. Después bajo su cabeza hasta llegar a mis pechos y sacando los tirantes de cada lado me bajó la playera hacia abajo, y el bra lo desabrochó por delante y me lo quitó, en eso él se prendió de uno de mis pechos con su mano y con la boca chupaba uno de mis senos que mordió y succionó mis pezones. Ahora puso sus manos debajo de mi falda llegand

o hasta mi calzón donde rozó mi clítoris, después me dijo levántate, para quitarte el calzón, me levanté un poco y sacó mi bikini, él se puso frente a mí y me recargó en el sofá y me abrió las piernas y metió su cara en mi vagina donde sentí cómo metía su lengua en mi cuevita y con un dedo me pellizcaba el clítoris, era riquísimo sentir su lengua pasar de palmo a palmo de mi vagina, de repente tuve mi orgasmo que ya se veía venir y que sólo fue uno de tantos de esa noche. Él se sacó el pene y sin decirme nada yo me fui contra él, en ese momento me pareció enorme, pero ya después vería que no, me dijo bésalo, y lo besé, después me dijo chúpalo, y así empecé, él me dijo como hacer una mamada, era algo nuevo para mí, aunque ya lo había practicado antes con un pepino, pero no se comparaba al sabor de un pene normal, me lo metía hasta la garganta mientras él tomaba de la cabeza hasta que sentí que se hacía cada vez más grande, cuando sentí que su semen llenaba mi boca, me dijo tómatelo todo, tómatelo todo y así lo hice, ni yo supe como hice para tomarme tal cantidad de leche, ¡pero lo hice!

Después me acostó boca arriba en la sofá cama y me abrió las piernas y me empezó a tocar la vagina, y metió unos dedos dentro de ella donde supo que era virgen, en eso él sonrío, y dijo te va a gustar sólo relájate, él ya se había recuperado. En eso él pone la punta de su pene en mi entrada, abre los labios y entra despacito, yo siento como entra y lo saca a la vez, cada vez más rápido, después acerca su cara a mi boca y me besa sin dejar de bombearme, y me la mete de un solo jalón

Mmmmmmmmggggggggggggg!!!!!!!! Mmmmmmmmmmmggggggggg!!!!!!

Me dolía mucho, tanto que las lagrimas se me salieron, pero el dolor se fue con el mete y saca de él, y se convirtió en placer.

Le dije ¡¡¡dame más!!! ¡¡¡Mas fuerte!!! ¡¡¡Métemela más !!! ¡¡¡Más!!!

Era la gloria, sentía un gran placer, él me decía es tuyo chiquita es tuyo, él la metía cada vez más fuerte.

¡¡¡Mmmmmmm!!! ¡¡¡Así papito!!! ¡¡¡Mas!!! ¡¡¡Dame más duro papito!!!!!!!!!! Mas!!!!!!!!! así métemela mas fuerte que me gusta!!!!!!! Haaaaaaaaa!!!!!!! Así!!!!!!!!!!! Métemelo mas ¡!!!!!!!!!! Aaaaaahhhhhhhhhhhhhhggggggggg!!!!!!!!!!!!!!!!!………..

Dame más le gritaba con fuerza, y él cada vez la metía más fuerte, yo sentía como el pene de él entraba y salía dentro de mí, como sus testículos chocaban cada vez más fuertes con mis nalgas, cada vez se ponía mejor, sentía ya muy próximo mi orgasmo.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Me vengo sigue!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Sigue!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Más fuerte!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhgggggggggggg!!!!!!!!!! sí papi ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡aaaaaaaaahhhhhhhhgggggggggg!!!!!!!!

Pero él seguía y me la sacó y me puso en 4 patas con la cabeza en la cama, en eso yo todavía estaba asimilando mi orgasmo, cuando sentí como me introducía uno de sus dedos en mi ano, y como éste iba jugando con él, y así como si fuera pene, lo sacaba y lo metía, en eso lo sacó de mi ano y sacó un gel de un cajón que tenía junto a él, y se lo embarró, no atiné a decirle nada, sólo esperaba a que él hiciera lo que quisiera, ya era suya solo pensaba en que él me diera mas placer del que siento ahorita, solo atinaba a decir.

¡¡¡Métemela por favor!!! ¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhggggg no me dejes así nada más!!!!!!!!

En eso sentí como una de sus manos me tocaba el clítoris y la otra me penetraba el ano. Primero fue un dedo, después sentí dos, él s&oacute

;lo decía relájate esto te va a gustar tanto como a mí y yo solo seguía sus instrucciones, después sentí como ya eran tres los dedos que tenía en el ano. Y de pronto sentí como ponía la cabeza de su pene en mi ano y lo intentaba meter despacio. Yo no dije nada sólo me dejé hacer, ya que era algo que esperaba que me diera placer y así lo sentí, confíe en el en todo momento. Después sentí cómo entró la cabeza de él y sentí que me ardía el ano, después la fue metiendo más despacio, cada vez más hasta llegar a tocar mis labios con sus testículos. Me ardía mucho y le dije que la sacara porque me ardía.

¡¡¡¡¡¡¡¡ay ¡!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Cuidado sácalo me arde!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡No lo hagas por ahí papito!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Sácalo por favor!!!!! Por ahí no lo hagas me duele, ¡¡¡¡¡¡¡¡me arde!!!!!!! Snif, snif …

Pero conforme me lo dejó dentro sentí que el dolor desaparecía y sentía una especie de placer muy diferente a sentirlo por la vagina, era algo rico, algo indescriptible algo que me estaba encantando. Me preguntó, ¿todavía te duele? Y le dije que no, que sólo me sentía algo incomoda con tan grande vergota dentro de mi ano, y me dijo ¡ahora empieza lo bueno!

En eso él sacó su pene muy lentamente y lo volvió a meter, ¡yo sentía que me moría del placer!

¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaahhhhhhhhhhhhggggggggggg!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Así me gusta!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Siempre confié en ti !!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Dame más !!!!! ¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhgggggggg así papá!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaahhhhhgggggggg!!!!!!!!!!

Duró el mete y saca un gran tiempo, y en eso él cada vez más incrementaba su fuerza, ¡cada vez más! ¡¡¡Y cada vez más!!!

De repente sentí como algo caliento me llenaba el culo de su leche.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhgggggggggg!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Qué rico así papá!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Qué rico!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhgggggggggg así !!!!!!!!!!!!!!!!!

Era algo muy rico sentir el semen calientito dentro de ti, como se esparce por todo tu intestino… era algo maravilloso. De repente sentí como el pene de Benito se encogía dentro de mi ano y eso me gusto más, era una rica sensación.

En eso caí a la cama totalmente agotada, ya no podía, y me quedé recostada junto a Benito, de repente miré el reloj y vi que ya era muy tarde, por lo que le dije que me tenía que ir rápido, y cuando me paré sentí un dolor fuerte en las piernas que no me dejaban caminar bien, pero tenía que disimular para que no me dijeran nada en mi casa. En eso me dijo yo te llevo a tu casa, para que no tardes mucho, y él me llevó. Ya en la esquina de mi casa, me despedí de el con un beso en la boca y el otro en la cabeza de su pene. Me preguntó que si me había gustado, por lo que le contesté, que me había fascinado. Llegué a la casa y no me salvé de la regañada, pero la noche de placer no me la quita nadie.

ALEXXX alexxxmty (arroba) yahoo.com

 

Mi tío lejano (II)

Gay, primera vez, filial-tío-sobrino. Su tío le narra como tuvo su primera experiencia homosexual tras la muerte de su esposa. Se aman varias veces más hasta que el tío parte a su casa.

Como les conté antes pasé un fin de semana espectacular con mi tío me enseñó muchas maneras de tener placer . Me confidenció que él había comenzado las practicas sexuales con hombres dos meses después que murió su mujer , debido a que se sentía tan mal por la perdida de ella; un amigo le invitó a pasar unos días a la casa de campo de sus padres , él aceptó dejando a mi primo Andrés con su abuela . Lo siguiente es lo que él me narró:

Los primeros días solo fue llorar y sentirme triste, pero , una tarde comenzamos a beber con mi amigo hasta embriagarnos ,posteriormente Marcelo me llevó a mi habitación y comenzó a desnudarme , me sorprendí dentro de mi embriaguez que tuviera una erección, Marcelo por su parte vio que mi slip ya no podía contener tremenda erección ,me dijo Claudio ¿parece que tienes mucha tensión acumulada? ¿Quieres liberarte un poco ? No alcancé a decir nada cuando él comenzó a besar mi verga por encima del slip , para luego quitármelo¡¡¡¡¡oh qué hermosa la tienes !!!!!Y tan gorda te la voy a exprimir sin dejarte una gota me decía ,lo raro era que esto me estaba gustando mas que desagradarme. Me lo lamió desde la punta hasta las pelotas y que no dudó en metérselas completamente en la boca. Luego sin dejar de tocarme se fue desnudando , tenia un cuerpo musculoso el cual me llamó la atención sobremanera , se tendió desnudo al lado mío para formar un 69 , me di por enterado y en forma instintiva comencé a succionarle la verga mientras que él hacia lo propio conmigo . No demoramos mucho en contorsionar nuestros cuerpos y en forma paralela eliminamos cada uno las respectivas leches las cuales se depositaron garganta abajo yo no quería tragarla pero no me pareció tan mal. Marcelo dijo quiero que me comas el hoyito , no soy maricón le contesté, entonces, Marcelo respondió, el que tengamos un momento de sexo no quiere decir que lo seas , me sentía un poco atolondrado por el alcohol y dándole un beso en la boca le respondí afirmativamente, me lo succionaba para levantarlo nuevamente, no tardó mucho tiempo en lograrlo ya que me caliento con mucha facilidad a pesar de mi edad (50) (a propósito Marcelo tenia 45), se la ensalivó bastante para luego sentarse en mi mástil que como les decía antes mide 25 centímetros, se quejaba por el dolor y a la vez por el placer que le estaba prodigando mi tremendo pedazo de carne . ¡¡¡oh mi amor , me estas rompiendo las entrañas!!! Me decía , mientras lo cabalgaba , no aguanté mucho el mete y saca y me corrí dentro de él . Luego el sueño y el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos . Ya en la madrugada el canto de los gallos me despertó , pero no sólo eso ; sentía mi culo húmedo , Marcelo me estaba comiendo el hoyito y eso me hacia sentir una sensación de placer indescriptible , la verdad es que estaba gozando sintiendo la lengua de Marcelo dentro de mí . Sin pensarlo le miré y le dije ¡¡¡¡quiero que me la metas !!!!!!!!!. Me sorprendí yo mismo el haber dicho eso pero la sensación de placer se había apoderado de mí, que ya no pensaba en nada más , Marcelo me alzó la piernas y las puso en sus hombros, y trató de introducírmelo por mi estrecho hoyito que hasta ese entonces era virgen. Le rogué¡¡¡¡¡métemela toda papito!!!!!! , se la comenzó a meter hasta que logró dilatarme el anillo de mi culito apretadito que tenía .Sentí dolor pero a la vez placer ,me culeaba cada vez más rápido , ambos gemíamos de placer, me atacaba el culo frenéticamente mientras me masturbaba después de varios minutos que me parecieron horas, me gritó ¡¡¡¡ te voy a llenar ese culito con mi leche!!!!! Y se vino dentro de mí, mientras yo tenia la eyaculación más hermosa de mi vida descargándola sobre su pecho, y él tomando mi leche con sus manos se la metió en su boca y me dio un beso compartiendo mi leche aún caliente. Se quedó un instante con su verga dentro de m&iacute

; para luego sacarla y darme nuevamente otro beso , el primero de muchos que nos dimos , lo que duro mi estadía en la granja de sus padres.

Claudio me dijo que se habían quedado 3 semanas pero que no hubo día que no se la metieran ambos. Después que regresaron a la ciudad tuvieron varios encuentros sexuales hasta que un día le avisaron a mi tío que le habían asesinado en un asalto; estuvo con pena durante mucho tiempo porque había perdido a su primer amor (hombre ) , cuando me contaba no pudo contener sus lagrimas y lloró en mi hombro , luego le besé y le dije que no se preocupara que siempre yo estaría con el para ayudarle a superar sus penas.

La noche anterior a su ida de vuelta a casa , hicimos el amor toda la noche hasta la madrugada , le fui a dejar al terminal de buses , no sin antes decirme que deseaba que fuera a verle , también para conocer a su hijo mi primo Andrés .

Después de un tiempo le extrañé mucho, a pesar que nos comunicábamos por teléfono, sobre todo me faltaban sus caricias que él me daba por las noches me decidí a visitarlo. ¡¡¡ah!! No les dije que con mi novia terminamos , le dije que no estaba seguro de que la amaba y que nos diéramos un tiempo para pensar si nos queríamos realmente . Ella aceptó aunque lloró mucho porque decía que me amaba mucho , no quise decirle nada para no herirla como les decía me fui a casa de mi tío sin avisarle. Pero eso se los contaré en otra ocasión .

si les gustó mi relato y quieren saber como termino ese fin de semana de locura escribanme a mi imail gustavofigueroa (arroba) uole.com

 

Travesuras con Mariana

Hetero, polvazo, sodomización, lluvia dorada, relato del dia. Un sensual baile de una mujer, dedicado a un hombre, para atraerlo y enardecerlo. Ya en el apartamento gozan de sus cuerpos a tope, por todos los sitios y con un final "dorado".

Llevaba rato mirándola. Bailaba sola en medio de la pista de manera sensual, contorneando su cuerpo al ritmo del tecno merengue o la salsa que iban sonando.

Tenía puesto un vestido amarillo que destacaba sus formas: insinuaba sus senos y era marcado por sus pezones, su precioso y paradito trasero. También caía el vestido que dejaba cubierta su espalda con corte en v que culminaba peligrosamente por sus vértebras lumbares. Llevaba puestas unas sandalias romanas, de esas que se trenzan a lo largo de su pierna, que dejaba ver sus hermosos y cuidados dedos.

Empecé a creer que ella había empezado a bailar para mí que esa hermosa hembra morena, de un exuberante cabello rizado de color azabache, se me estaba insinuando. Una sonrisa y el brillo de sus ojos negros parecían afirmármelo. Pero ella no se acercaba. Sólo bailaba. Y yo la miraba. Terminó una canción y ella se sentó al lado mío de manera casual. Al tenerla así tan cerca, no pude evitar voltearme hacia ella para disfrutar de cada parte del cuerpo de esa mujer. Ante mi insistente mirada Ella voltea y me pregunta : "qué miras". "Te miro a ti, disfruto viendo tu cuerpo", le digo. Sonríe y me dice : te gustaría hacer algo más además de mirar". Acerco mi silla a la de ella mirándola firmemente a los ojos y pongo una de mis manos en su rodilla y le digo: "lo deseo con ansía". Sonríe nuevamente y dice: no tan rápido, lo bueno se hace esperar. ¿Cómo te llamas? Pregunta. Le digo mi nombre y ella me dice el suyo: Mariana. Me dice que desde que me vio entrar yo le había llamado a atención y que poco después decidió que quería que yo me la cogiera. Luego de decirme eso se levantó , empezó a caminar y me dijo ¿qué esperas? Sígueme. La seguí era evidente que ella tenía el control. Se montó en un carro, un Mitsubishi rojo que ya habría querido para mí. Al entrar me dijo que el carro era de sus padres, que aunque ella vivía sola a veces lo usaba. Íbamos, según me dijo, a su casa. Le puse la mano en su muslo y la empecé a acariciar, estaba demasiado caliente y algo tenía que hacer. Pero ella me paró en seco diciéndome, que tendría que aguantar las ganas. Me pareció eterno el tiempo que tardamos en llegar a su apartamento.

Pero cuando finalmente lo hicimos, luego que nos bajamos del carro y llegamos a su piso, cuando abría la puerta de su casa, me le pegué a sus espaldas haciéndole sentir la erección que llevaba dentro de mi pantalón. Al entrar ella se volteó y me puso contra la puerta. Mientras con una mano me desabrochaba el pantalón con la otra me acariciaba mis nalgas y me besaba apasionadamente por primera vez.

Empezó a agarrar mi erecto palo y lo acariciaba con la palma de su mano, me agarraba las bolas y las apretaba suavemente. Aquello me gustaba. Agarré sus nalgas las apreté y la volteé a ella que ahora estaba contra la puerta. Le quité el vestido y le empecé a besar su cuello mientras que con una de mis manos le acariciaba sus tetas. Ella ya me había quitado los pantalones y los interiores .

Juego con mi lengua en su sexo caliente. La chupo y la lamo alternativamente. Paro un momento para que lo desee aún más y continuo con más deseo y pasión. Sorbo la humedad de su sexo que mi lengua continúa recorriendo de arriba hacia abajo. Paro nuevamente para acariciarla suavemente con la yema de los dedos, en pequeños círculos. Acerco mi cara nuevamente a su dulce cueva pero esta vez para olerla, para sentir su olor de mujer cada vez más caliente.

Subo más allá de su sexo y empiezo a besarle el vientre. Pequeños besos, cortos que alterno en diversas partes. Comienzo a acariciar su ombligo con mi lengua y bajo nuevamente hacia su monte de venus trazando una línea con la saliva de mi lengua. Quiero sus nalgas. Se lo hago saber y se voltea. Las agarro con mis manos y se las sobo. Las junto y las separo. Introduzco mi dedo índice entre ellas para recorrerla. Acerco mi cara, le doy suaves mordiscos, arrastro mis dientes por ellas como si tratara de comer cada pedazo. De abajo hacia arriba y de arriba hacia aba

jo. Mi lengua se cuela entre sus nalgas y termina nuevamente en su sexo. Vuelvo a bajar y subir varias veces más. Su sexo ya no está húmedo, sino mojado. Se voltea nuevamente y empiezo a besar y lamer sus muslos que agarro con mis dos manos como una pieza que voy a empezar a saborear… Y saboreo con gusto, sorbiendo su piel dándole pequeños mordiscos que la hacen gemir. Desciendo de sus sabrosos muslos hacia sus piernas y sus pies donde le dedico tiempo a cada uno de sus dedos que chupo y beso alternativamente. Le dedico un tiempo más a su empeine y su talón de Aquiles. Cambio a su otra pierna pero voy más rápido… me pide entre gemidos que quiere que le mame nuevamente su concha que la haga acabar con mis labios. No me hago rogar . Ella separa sus labios mayores y yo empiezo a jugar con su sobresaliente clítoris. Arquea su cuerpo. Y mientras le chupo introduzco dos dedos en su ya mojada cueva . Los muevo a su ritmo, la masajeo por dentro. Estoy a mil, mi erección duele de lo dura y grande que la tengo. Ella me presiona con sus manos, para que no pare. Mi le lengua está ahora hurgando la entrada de su concha. No aguanta más y se produce el estallido de sus jugos en mi boca, pero yo no paro, decido prolongarle el placer un rato más. Miro con gusto su cara de satisfacción. La empiezo a besar por todo su vientre, subo hasta sus pechos y le dedico otro rato a sus pezones. Pero ella quiere más. Agarra con fuerza mi pene y lo hala hacia ella. Hacia su concha. Me dice que me quiere dentro de ella. Le digo que todavía no, que la quiero hacer sufrir un ratito más. Me dice que soy malo y me voltea, poniéndome contra las sabanas. Mantiene agarrado mi palo y me besa y lame el pecho. Chupa y mordisquea mis tetillas. Eso me excita y lubrica un poco más mi pene. Respiro profundo, quiero evitar acabar pronto. Mariana lleva su boca a mis bolas y empieza a jugar con ellas con su lengua. Le digo que pare. Que no quiero acabar fuera de ella. Sonríe maliciosamente y con su mano dirige mi pene hacia su deseada entrada. Pero no se lo mete dentro aún. Prefiere torturarme . Lo mueve de arriba abajo a través de los húmedos labios de su cuchara y cuando menos me lo espero, se lo introduce y se deja caer. Empieza a moverse con fuerza con energía como si quisiera que mi miembro le llegara hasta la garganta. Mis manos sostienen sus nalgas. Que no paro de acariciar. Parece poseída por el placer. Me está cogiendo. Gozando y haciéndome gozar .Uno de mis dedos, se lo estoy metiendo por su culo. Pero quiero estar más activo. La volteo y ahora soy yo el que está encima de Mariana. Quiere que vaya más rápido. Que la reviente, me dice, metiendo un dedo en mi culo. Mi cuerpo está sudado y gozado. No da más y estallo en sus entrañas llenándola toda de semen . Acaba ella inmediatamente y mi pene sigue gozándola unos instantes más, por inercia, acompañándola en su placer. Me quedo sobre ella unos minutos y nos damos un prolongado y largo beso en el que se entrecruzan nuestras lenguas y nuestra saliva.

Dormitamos un rato abrazados mientras ella duerme sobre mi pecho. Pero me despierta su boca, su lengua que juegan con mi pene que Mariana ha empezado a chupar, a lamer, a mamar con dedicación. Juega nuevamente con mis bolas, mordisqueando con suavidad la escasa piel que las rodea. Lame todo mi palo y posa sus labios sobre la punta a la que castiga con su lengua. Mi pene está duro nuevamente. Listo para otro reunid . Mariana deja de chuparme y me dice que me quiere nuevamente dentro de ella . Se baja de la cama. Se arrodilla y se pone en cuatro. Alza su culo, sus nalgas mostrándomela con lascivia, dejando ver también su hinchada vulva. Penetro su cueva nuevamente y empiezo a cabalgarla pero me dice que me quiere en su culo. Le saco mi palo. Me agacho y empiezo con mi lengua a acariciarle su ano. Se lo beso y le introduzco la lengua ligeramente.. Con mi dedo índice le empiezo a acariciar su entrada. Le introduzco un dedo. Acariciándola hacia adentro y circularmente. Luego dos y hasta tres dedos. Me dice que me quiere dentro ya. Que es una orden. La obedezco sacando mis dedos e introduciendo un par de veces más mi palo en su cuchara para lubricarlo. Acerco la punta de mi pene a la entrada de su ano y lentamente se lo empiezo a introducir. Ella dice que quiere más, todo mi penen dentro de sí. Y se lo meto hasta el fondo. Ella grita y me dice que no pare. Empiezo a cabalgarla con mayor rapidez :mientras siento mi pene arder por el calor de la fricción con su culo. No aguanto más y se lo digo. Me dice que quiere toda mi leche dentro de si. Que quiere sentirla estallar nuevamente.

Estallo,

con menos profusión que antes y sólo me salgo de su cuerpo cuando ya ha avanzado mi flacidez y mi leche empieza a caer por entre sus nalgas.

Mariana insaciable, me dice que me quiere agradecer la enculada que le acabo de hacer. Yo le digo que soy yo el que tiene que agradecer por gozar tanto con ella. Responde que el agradecimiento es mutuo y empieza a chupar mi pene nuevamente pero poniendo esta vez en mi cara su concha para ser saboreada y degustada nuevamente por mi. Así estamos por varios minutos mamándonos en un indescriptible 69 .Acabo en su boca, ella chupa y lame con fruición tragándose mi semen. Ella acaba en mi boca en un poderoso orgasmo y siento poco después otro liquido más caliente y amarillo entrar en mi boca. Es su orina que provoca en mi una orinada en su cara que ella también traga- Exhaustos nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente cuando despierto Mariana no está, sólo hay una nota con su teléfono que dice "llámame… tengo una hermana, estaría deseosa de coger contigo".

Pero esa es una historia que debe ser contada en otra ocasión.

por Aché

 

Viaje al sur

Hetero, orgía, todos contra una. Una chica viajando sola toma un autobús nocturno. Cuatro de los viajeros sobornan al auxiliar y al conductor y disfrutan de ella de todas las formas.

Bueno, primero que nada quiero presentarme, me llamo Betty y tengo 25 años, sin ser una belleza me encuentro atractiva, soy de tez morena clara, pelo castaño oscuro y ojos café. Mido 1.60 y mis medidas son interesantes, aunque mi trasero es el que mas atrae a los hombres (demasiado grande para mi gusto 80 – 65-100).

Todo lo que me ocurrió sucedió como a continuación les relato…

Después de una agotadora semana de trabajo, me dispuse a irme a mi departamento – en el cual vivo sola- y comencé a programar un fin de semana atractivo. Eran alrededor de las 6 de la tarde y ya me había duchado y puesto un pantalón de buzo y un polerón amplio para estar más relajada, la verdad es que se veía súper aburrido el fin de semana y más aún que era viernes y no volvería a la oficina hasta el miércoles, debido a que ésta la estarían pintando y alfombrando, por lo cual permanecería cerrada. Estaba tratando de programar cosas para no aburrirme pero nada resultaba, hasta que se me ocurrió darme un viaje a Castro (Sur de Chile) y ver a unos amigos que tenía en esa ciudad. Saque mis cuentas y me decidí a partir esa misma noche, total en junio no son caros los pasajes y no hay problemas de asientos en los buses.

Fue así como preparé un bolso y me dispuse a ir al terminal para viajar. Al llegar a este encontré una súper oferta de buses-cama que estaban realmente baratos y que saldría alrededor de las 22:00 Hrs. Así que me fui como Reina en un asiento individual con trago incluido.

A las 22:00 h en punto, el bus sale del terminal, dejando atrás al contaminado Santiago. Ya habíamos salido de la ciudad por la carretera cuando apareció el auxiliar que controlaba los pasajes y me ofreció algo para beber, yo sin pensarlo pedí un trago para poder dormir mejor. Mientras me traían mi pedido fui al baño, para poder hacer mis necesidades y disponerme a dormir. Grande fue mi sorpresa al ver que en el bus solo iban cuatro pasajeros más unos hombres de unos 45 años aproximadamente y que conversaban animadamente – bueno no es tiempo para que los buses se repleten.

Cuando pasé por el pasillo uno de los hombres me dijo:

Tan solita que va mi lindura y con tanto frío que hace. Y los demás tipos se pusieron a reír.

Yo no le di importancia y me fui a mi asiento que estaba al principio del bus y ya estaba mi trago en el posavasos, me lo tomé lentamente y luego me cubrí con la frazada, me saqué los zapatos y me desabroché el cinturón y el botón del pantalón para dormir mas suelta.

Comencé a pensar en mi llegada a Castro y lo que haría con mis amigos y entré en un letargo he inconscientemente me empecé a acariciar mi sexo (cosa que hacía normalmente antes de dormir, sin que necesariamente me masturbara – era una mala costumbre de niña-).

En eso estaba cuando se apagaron las luces del bus y yo me empecé a calentar y no dudé en masturbarme con el movimiento monótono del viaje, me bajé el cierre para poder poner mis dedos más profundamente en mi vagina y acariciar mi clítoris que ya se hinchaba y se me humedecida toda mi rajita mientras yo resistía el hacer ruido. Yo continuaba masturbándome mientras con la otra mano me tocaba los pezones por debajo del polerón, iba sin nada pues el sostén me lo había quitado cuando fui al baño.

En eso siento unas risas y veo a los cuatro hombres que me miran y se acarician sus bultos por encima de los pantalones. Mi primera reacción fue gritar y llamar al auxiliar del bus, pero uno de ellos me dijo:

Mira lindura, al joven del bus ya le dimos una suculenta propina para que no venga hacia acá y nos trajo una botella de whisky. Ahora si tu quieres hacer escándalo, no tendremos ningún inconveniente en bajarte en el próximo retén de carabineros y denunciarte por atentar contra las buenas costumbres ¿qué te parece?

Yo me sonrojé y dije que me dejarán sola, pero dijeron que lo pasáramos bien todos y así hacer más corto el viaje. Me dieron unos billetes y replicaron:

No te ofendas, pero no te queremos violar, queremos tener la conciencia tranquila de haber contratado una putita y no ser violadores

( y se rieron) además quieras o no el dinero igual te vamos a dar ja ja ja .

Yo me puse a llorar y uno de ellos que tenia un aspecto grotesco gordo y medio pelado me empezó a masajear los pechos mientras los otros servían whisky en unos vasos mientras se iban quedando sólo en calzoncillos. Todo estaba arreglado con el chofer y el auxiliar del bus, puesto que la calefacción esta al 100% y estaba súper caluroso.

Fue así como el gordo me dijo:

Mira amiga sácate la ropa sensualmente y nosotros te miramos mientras tomamos unos tragos ¿qué te parece?

Bueno, la verdad es que no quería hacerlo, pero uno de los hombres me tomó por la espalda y me empezó restregar su sexo un mi culito con mucha fuerza y violencia y me dijo en el oído:

Si quieres podemos hacerlo violentamente o si prefieres puedes gozar junto a nosotros. – y comenzó a bajarme los pantalones y luego mi calzón que era súper chiquitito.

Estaba angustiada por la situación mientras veía a los hombres como les crecían sus bultos asombrosamente, comencé a sacarme la ropa según me lo habían pedido, hasta quedar completamente desnuda. Después me ordenaron que me masturbara mientras en el televisor se empezaba a ver un video pornográfico en donde estaba una mujer masturbándose y se colocaba unas zanahorias en la vagina y una en el ano.

Sorpresa – me dijo el gordo y me dio un par de ese vegetal – quiero que te los coloques tal cual como en la película y que solo te quede las ramas verdes.

Yo protesté y en eso el que parecía ser el mas joven me dio un correazo en el culo tan fuerte que me hizo saltar las lagrimas y me dijo que no le gustaba el sado, pero que si yo lo prefería no tendría ningún problema en practicarlo. Después otro de los hombres se me acercó y me dijo que me ayudaría un poco, tenía guardado unos sobres de aceite y me lo untó en la entrada de ano, y yo sentía como ese líquido me invadía mi virgen culito.

La verdad es que me costó mucho ponerme las zanahorias en mi ano, pero en la vagina no. Una vez que lo logré me hicieron bailar y debí ir chupando cada uno de los penes de los hombres. La idea era que uno se para en el pasillo y yo me inclinaba para chupárselo sin flectar la piernas, las cuales me obligaron a tener lo mas separadas posible, mientras otro por atrás me sujetaba las zanahorias para que no se me salieran. Le chupé al gordo primero pero antes de correrse, me dejó caer su semen caliente en mis tetas. Luego me sacaron las zanahorias y dos que estaban mirando se cambiaron de posiciones y uno me hizo chuparle su pene mientras el otro me ensartaba un inmenso falo en mi culo que ya estaba dilatado a no poder por ese vegetal que tuve incrustado, se ponían de acuerdo para embestirme los dos al mismo tiempo. A mi me temblaban las piernas y casi me ahogaba con ese pene en mi boca y sentía que el culo se me partiría en dos mientras el ardor me hacía correr las lagrimas y yo no podía protestar, mientras los otros me sobaban los pezones que me los retorcían sin parar. Estaban duros como porotos. En eso al mismo tiempo acabaron los dos y me llenaron mi garganta y mis intestinos de semen.

Sólo quedaba uno, y me tendió en uno de los asientos que eran bastante amplios, casi me desmaye cuando vi tamaño pene, quizás no tan largo, pero nunca había visto uno tan ancho, el dolor que me causó cuando me lo empezó a introducir, me hizo dar un grito que se debe haber escuchado en todo Chile, comenzó el bombeo hasta llenarme de semen.

Yo estaba hecha un asco, y el gordo que comandaba este grupo de cabrones me empezó a besar mi cuerpo mientras los otros se restregaban en mi cuerpo hasta que acabaron nuevamente y me dejaron llena de semen. Yo intenté llorar, pero me empezaron a dar licor y a hacerme cariño.

De ahí no me acuerdo más…

El sol de la mañana cerca de Puerto Montt me despertó alrededor de las 12:00 h. Me desperté asustada, con un dolor de cabeza que me moría, aparte del dolor de mi sexo y ano que me ardía como quemaduras. Pero misteriosamente estaba muy limpia tal cual como comencé mi viaje desde Santiago, tenía miedo de ir al baño, pero lo necesitaba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que en el bus solo había dos mujeres de edad mediana y al ver al auxiliar del bus no era el mismo, pero sí era el bus desde donde salí de Santiago. No sabía si había sido un sueño o qué, pero era extra&n

tilde;o lo que me dolían mis partes intimas.

Después de almuerzo llegué a mi destino y no sabía si contarle a mis amigos lo ocurrido, decidí callar y me dispuse para irme a dar una ducha. Cuando estaba buscando mi bolsito donde tenia mi ropa interior, no encontré mis calzones, ni sostenes, solo encontré una zanahoria y un sobre en el cual había $200.000 y una nota que decía:

Nos llevamos tu ropita como trofeo, te dejamos algo de plata para que te compres nueva y para que regreses en avión. Los buses son peligrosos para chicas lindas como tu. Un besito en tu rajita. Con amor ¡Tus cuatro amores!

Tus comentarios: amor69 (arroba) uol.cl

 

Visitando a mi tio (III)

Hetero, polvazo-primera vez, sodomización. Encontrando el amor con la empleada de su tío, cambia sus planes para el futuro y decide quedarse con la familia en la casa, sobre todo después de tener de desflorar a la chica por todos los sitios y llegar a la Gloria.

Nos hallábamos haciendo la sobre mesa con mi tío, Pia (la esposa de mi tío) y Jane la hija de Pia. La verdad es que estábamos pasando de lo mejor. Yo tenía a Jane, quien era un verdadero bombón para revolcarnos cuántas veces deseáramos. Por otro lado, si bien es cierto, ya no podía estar con Pia, porque a mi tío se le había despertado el apetito sexual en esos días y tenía a Pia más tiempo en la cama que fuera de ella, por lo demás solamente me inquietaba Rachel, la empleada de mi tío. Ella era una verdadera joya. Tenía un cuerpo de sueño, y no sé cómo así, mi tío no había tratando de montarla alguna vez. Ella nos había estado observando cuando con Jane nos dimos una buena cogida en la piscina, a tal punto que la vi estimulándose, se cogía su paquete y sus tetas se las restregaba con ansias.

Como dije anteriormente, nos encontrábamos haciendo la sobre mesa, cuando toqué el tema de mi regreso, ya que tenía que regresara para poder entrar a clases en la universidad a mi próximo semestre. Estando hablando sobre el tema, entró Rachel y oyó lo que estaba diciendo y que les agradecía mucho a ellos por las atenciones que me habían dispensado. Rachel puso una cara de sorpresa y de quien dice "No te vayas". Su carita de muñeca se turbó y se puso triste, a tal punto de que Pia y Jane le preguntaron, que qué tenía, si le pasaba algo, por la cara que tenía. Rachel respondió que no le pasaba nada, que tan solo era un poco de cansancio y que ya se le pasaría.

En la noche, una vez que todos nos habíamos retirado a nuestras camas, cuando me disponía a bajar para tomarme mi acostumbrado vaso de jugo de naranja con hielo picado, alguien golpeó a mi puerta, y cuando abrí mi sorpresa fue grande, ya que vi a Rachel con mi vaso de jugo en su mano, y me dijo: "Como no baja el señor, me atreví a subirle su vaso de jugo" pero lo dijo con un sarcasmo, cosa que me llamó la atención. Rachel entró y me dio el vaso de jugo, lo agarré y lo puse sobre la mesita de noche y la agarré a ella ya que se iba de regreso a afuera del dormitorio. Le di la media vuelta y la puse frente a mí y le pregunté que por qué me hablaba así, si ella nunca ha sido así. Ella me contestó, que se había cansado de esperarme en la cocina, ya que deseaba hablar conmigo. Le pregunté sobre qué deseaba hablar conmigo. Y me dijo sobre lo que había dicho en la sala en esa noche, sobre mi ida. Que si era cierto o no que ya me iba a ir de la casa. Le respondí que sí. Y ella me dijo ¿Por qué? Por qué te quieres ir (tuteándome cosa que nunca lo había hecho), y le respondí que era porque tenía que entrar a clases. Ella me dijo que ¿qué pasaría si no entraba a clase este semestre? Le dije que realmente nada, excepto que me atrasaría un poco en mis planes para el futuro… Ella se le iluminó la carita y me dijo: Quédate un poco más, o algunos meses si quieres, tu tío se alegraría de saber que te quedaría algunos meses mas, ya lo verás. Espera le dije, Yo no he dicho que me voy a quedar. Además ¿por qué me quedaría? Yo ya lo he pasado muy bien. Ella me dijo hazlo por mí. ¿Por ti?- le pregunté, ¿por qué habría de hacerlo por ti? Rachel me respondió poniéndose frente a mi cara – mira, tu sabes muy bien lo que siento por ti, lo que pasa es que no soy de las que se entregan a un hombre por cualquier cosa, como Pia o como Jane. ¿Acaso crees que no sé todo acerca de Uds.? Y diciendo esto dio media vuelta y se disponía a marcharse. La volví a agarrar y a darle la media vuelta, lo que aproveché para darle mi primer beso en esa boquita que lucía deliciosa, y que me había atraído desde la primera vez que la vi. Ella respondió a mi beso, pero cómo les digo, no fue un beso apasionado, lleno de deseos carnales o algo que se le pareciera, fue tan solo un beso lleno de ternura, de delicadeza y de mucho amor el que ella me respondió. Separándose

de mí me dijo al mismo momento que se iba, te veo mañana mi amor.

Yo me quedé pasmado y fuera de sitio por todo lo que había ocurrido, ya que esperaba todo menos eso. Había estado con Pia y con Jane, y nuestros besos y caricias siempre fueron encendidos del fuego del deseo y la pasión, pero en cambio este beso había sido totalmente diferente. Había sido un beso honesto, sincero y limpio., sin dobleces ni segundas intenciones.

Esa noche me costó mucho esfuerzo dormir. Yo estaba acostumbrado a otro tipo de actitudes y la de Rachel me dejó con esa espina clavada en mi mente, y no me la podía sacar.

Siendo las seis y media de la mañana, me levanté ansioso de volver a verla, y me encuentro con que mi tío se iba con Pia a la oficina de él, ya que no había ido en casi una semana y tenía que hacer algo junto con Pia. Jane también estaba despierta, y me invitó a salir con unas amigas de ella, a lo que le agradecí. En eso sale Pia y me dice que deseaba hablar conmigo, yo voy y me dice delante de mi tío, Oye creo que Rachel esta enamorada de ti. No sea tonto es una gran muchacha. Al cabo de una hora ya todos se habían desayunado e ido a realizar sus cosas, quedándome solo con Rachel en casa y recordando lo que Pia me había dicho.

Al rato bajé para servirme mi desayuno, cuando llegué a la mesa, me encontré una sorpresa, me había servido Rachel un desayuno de rey y señor. Ella se acercó y me dijo que si me gustaba el desayuno. Y le respondí ¿Por qué esas atenciones? Ella me dijo, Yo cuido lo que quiero. Inmediatamente me levanté y abracé a Rachel y le di un beso y le dije, – Sabes, no he podido dormir pensando en ti. Y la volvía besar nuevamente, pero esta vez con mayor ansias, con deseos de absorberla toda ella en mi beso, pero sin malicia. Ella, se separó un poco y me dijo, Besas rico, y me volvió a besar.

Entre besos y abrazos fuimos caminando hasta donde encontramos el sofá de la sala de televisión, en donde la senté y comencé acariciarla. Ella al principio llena de temor, trataba de no continuar con nuestros besos, pero al final cedió y comenzaron a subir de intensidad nuestros besos. Ya no solamente la besaba en la boca, sino que también por el cuello, por la nuca, a lo que ella respondía con ligeros gemidos, y me apretaba cada vez más y más. Mis manos comenzaron a descubrir su cuerpo, su figura, tal cual lo haría un no vidente, para conocer a la otra persona. Ella le comenzaba a gustar las caricias y me llevaba las manos a donde ella quería que la acariciara, que era especialmente en su cuello y nuca. Ventajosamente, el sofá era lo bastante grande como para caber los dos ahí, por lo cual la acosté, sin ella poner resistencia alguna, y me acosté junto a ella, la puse boca abajo para besarle la nuca y para esto me tuve que poner sobre ella colocando mi pene ya erecto al máximo sobre su nalgas, las cuales al sentirlo dieron un saltito de sorpresa para luego aceptarlo. Yo besaba su nuca, la mordía suavemente, mientras ella incrementaba sus gemidos. Le comencé a abrir el zipper de su vestido al mismo tiempo de que la iba besando. A medida que iba bajando por su espalda, ella se arqueaba cada vez más y más. Finalmente le abrí todo la espalda del vestido y con mis dientes le hice saltar el seguro de su sostén. La besaba y la lamía cual fuera de miel o un dulce manjar el que estaba disfrutando, mientras tanto estaba restregando mi polla sobre su grandioso culo y ella no protestaba nada. Poco a poco la fui girando hasta ponerla boca arriba, ella estaba ahogada de placer y totalmente excitada, lo notaba por sus ya no gemidos sino jadeos y su respiración totalmente agitada. Le puse mi pierna encima de tal manera que parte de mi rodillas llegó precisamente sobre su vulva. Al sentir mi rodillas, ella dio una saltito acompañada de un impresionante gemido y demostración que llegaba a su primer orgasmo. Se prendió de mi boca con unas ansias locas y una desesperación única. Ahora ella era quien había tomado la iniciativa. Me besaba, me acariciaba, y me repetía muchas veces ¡Te amo! ¡Te Amo! Ya no era la tímida Rachel, ahora era Rachel con sentimientos de una verdadera mujer. Comenzó a abrirme la camisa y como no podía hacerle, me arrancó los botones dejando mi pecho libre y a la disposición de su boca, la que me comía prácticamente a besos. Rachel se levantó y se bajo del sofá para arrodillarse junto a mí y acariciarme. Yo comen

cé a acariciarle los hombre suavemente al principio para luego ir acrecentando la intensidad de las caricias. Logré bajarle un hombro de su vestido dejando parcialmente una de sus tetas al descubierto. Viendo esto maravillosa cuadro, no pude más que levantarme y comenzar a pesar su cuello para ir bajando a su pecho semi descubierto. Cuando ella sintió que mis besos iban en pos de aquellas maravillosas tetas, ella misma se lo descubrió todo dándome lugar a deleitarme de esos dos exquisitos globos bien paraditos, y que se hallaban coronados por un par de pezones puntiagudos en medio de una aureola pequeña. Mientras mamaba esos deliciosos pechos, me bajé el zipper de mi pantalón dando un poco de desahogo a mi pobre polla que se hallaba a punto de estallar y toda adolorida por lo apretado que ya resultaba mi pantalón. Tomé su mano y la puse sobre mi polla, ella se sorprendió al principio, para luego comenzar a acariciarla sobre el calzoncillo y luego sacarle a libertad. La miraba embelesada, la veía con cara de nunca haber visto una. Posteriormente comenzó a subir y a bajar su mano, haciéndome una deliciosa paja. Yo por mi parte todavía acostado seguía comiéndome esas ricas tetas y no me cansaba de chuparle esos puntiagudos pezones. Cada chupada que le hacía a los pezones ella, se estremecía todita, y se apretaba más fuerte sobre mi boca.

Me bajé del sofá, en la misma alfombra procedí a irle quitando suavemente la ropa hasta dejarla solamente en una pequeña tanguita que muy a penas cubría la tremenda vulva que tenía. Los pelos se le salían por el costado. No pude evitarlo, pero mi boca fue en busca de aquella vulva que me traía loco de ansias de tenerla en mi boca. Me acerqué sobre su rajita, la cual estaba totalmente mojada por sus jugos. Le pasaba mi lengua por encima de su tanga y por los costados. Cada pase era un estremecimiento para Rachel quien había abierto totalmente sus piernas, dándome campo para actuar más libremente. Soy una persona que me gusta el sexo, en todo los sentidos, especialmente en lo que se refiere al sexo oral. Me gusta hacer derretía a las mujeres, que acabó sin necesitar de la penetración, me parece delicioso. Pero esta vez creo que pueda decir que me grade con honores con Rachel. Fui sacado la tanguita con mi boca y mi lengua, la bajaba no sin antes besar y lamer por donde pasaría. Luego me dediqué a llegar a la misma cuevita del placer. Mi lengua parecía un gran pincel, que daba sobre el coño de Rachel. Daba largos y rápidos lengüetazos a lo largo de sus labios exteriores, mientras ella levantaba y arqueaba su cuerpo para que le penetrarla mi lengua. Iba abriendo camino lentamente entre sus labios exteriores y sus labios interiores, chupaba sus jugos que eran una delicia o como un néctar para mi boca ávidas de sus jugos. Finalmente llegué al clítoris, primeramente los besaba y luego lo lamía. Rachel llegaba a su segundo orgasmo, los cuales fueron sucesivos desde ahora. Lo lamía, jugaba con la punta de mi lengua sobre su clítoris, para Finalmente al cabo de unos 10 minutos chupárselo con agresividad, lo que hizo que Rachel tuviera orgasmos múltiples. Gritaba de placer, me decía que me amaba, que me adoraba, que por favor nunca la dejara. Yo seguía con mi tarea, cuando ella de repente se levantó, yo pensé que algo le había ocurrido, pero se levantó a besarme mi pene y a lamer la cabecita y el cuello. Me preguntó cómo debía hacerle, y le expliqué cómo me gustaba que lo hicieran. Nos colocamos en posición para hacer un 69, el cual disfrutamos grandemente. Sentía como sus jugos corrían por su rajita, uhhhhh qué delicia, qué aroma, realmente estaba embelesado entre sus piernas, y no quería salir de ahí. Rachel seguía mamando aunque un poco torpe por ser su primera vez, pero me estaba haciendo gozar de lo lindo. Estuvimos un largo rato hasta que me levanté, y ella todavía prendida de mi polla me dijo, ¿qué pasa? ¿Por qué te levantaste, no te gusto?. Le dije que deseaba llevarla a mi cama, ella me dijo mejor a la mía, a lo accedí. Seguramente, ella se iba a encontrar en su verdadero ambiente y no se cohibiría. Fuimos a su dormitorio, totalmente desnudos como estábamos, ella prendida de mi cuello mientras nos besábamos. Llegamos a su dormitorio y la puse sobre la cama. Me arrodillé en el piso entre sus piernas y volví a chuparle ese delicioso clítoris que nunca olvidaré. Ella arqueaba su cuerpo cada

vez que chupaba su gruta del amor, bebía y chupaba sus jugos, sentía cada orgasmo que tenía, Finalmente me decía, Mi amor, métemela, quiero que mi virgo sea tuyo, y de nadie más. Hazme tuya papacito querido. Métela ya que no aguanto más. Apúrate.

Me monté sobre ella y comencé a pasarle mi glande totalmente hinchado por el deseo y las ansias de penetrarla, por sobre su rajita. Ella empujaba hacia arriba para que la penetrarla, cuando finalmente puse mi glande en la entrada de su cuevita y ella abrió totalmente las piernas levantándolas y abrazándome con ella a la altura de mi espalda. Comencé a empujar suavemente, pero ella en un arranque de deseos me jaló hacia ella con sus piernas, haciendo que todo mi pene entrara hasta tocar el mismo fondo. Ella lanzó un grito de dolor. Yo la trataba de consolarla con mis besos y moverme lentamente, para que su vagina se acostumbrara al nuevo visitante. Mis movimientos fueron acelerándose gradualmente, hasta que el dolor inicial, se transformara en alaridos de placer y frases llenas de amor y deseos. Ella seguía teniéndome prisionero entre sus piernas. Mis movimientos fueron ahora acompañados por los de ella, y unidos así nos dábamos gusto el uno al otro. Los besos, las caricias fueron el complementos de nuestra acción. Yo la bombeaba de lo más rico, girando en redondo y presionando sobre su clítoris. Sus orgasmos seguían a la orden del día. Cada vez que ella acababa, me apretaba como queriéndome introducir aún más de lo que ya estaba. Mi bolas chocaban contra su nalgas. Fueron uno, dos, tres, no se, cuántos fueron sus orgasmos, luego de los mismos, me viré y la puse sobre mí, ella se acomodó y se metió mi polla hasta el mismo fondo no sin dejar de expresar el placer que sentía. Comenzó un fuerte movimiento hacia delante y hacia atrás, a veces saltando sobre mi polla, se la sacaba un poco para luego metérsela totalmente. Yo agarraba sus tetas y a veces se las mamaba con fuerza, se la succionaba hasta hacerle venir nuevamente. Mi pene estaba llegando a su límite, ya no podía aguantarme más, se lo dije, quise sacársela por eso del embarazo, pero ella no quiso, dijo que quería sentirme adentro de ella y que acabara dentro, que no me preocupara. Comencé a moverme con mayor rapidez, ya me venía, sentía como mi glande estaba a reventar, Oh qué placer sentía, estaba por acabar, ella se movía con fuerza, estaba también por acabar, Finalmente a los poco instantes, tanto ella como yo terminamos en medio de gemidos y gritos de placer y satisfacción. Yo me seguía moviéndome, quería agotar hasta el ultimo esfuerzo de seguir dentro de ella, y ella también hacía lo mismo, hasta que cayó sobre mí totalmente desfallecida. Levantó su cabeza y me dijo. Gracias, mi amor estuvo delicioso. Desde ahora soy tuya para siempre. Sólo a ti te voy a amar. Tenlo por seguro. Y rompió en llanto. Yo creía que era porque había perdido su virginidad, pero ella me dijo que no me preocupara por eso, que ella estaba llorando por lo feliz que había sido y que era.

Nos quedamos acostados por largo rato, hasta que se levantó para lavarse, ya que estábamos en medio de un pequeño charco de sangre producto de su desfloramiento. Nos metimos a la ducha, ella era todo amor, cariñosa, delicada. Me pidió que me dejara bañar, lo que acepté. Lo estaba haciendo bien, hasta que llegó a mi pene, al cual lo miraba y lo acariciaba, suavemente, para luego metérselo en su boca que chuparlo como si fuera un chupete. Mi polla reaccionó al estímulo, ella lo acariciaba y lo chupaba, lo succionaba fuertemente. Yo estaba nuevamente listo para la guerra. Ella estaba dispuesta otra vez más. Así mojados como estábamos, la lleva a la cama y de una sola, la penetré, bombeaba como desesperado, ella contestaba de la misma manera. Nos movíamos fuertemente, la cama crujía de nuestros embates, así estuvimos por unos 10 minutos, cuando ella me dijo, ahora me toca a mí hacerte gozar, espero poder hacerle. Me dio la vuelta, me puso boca arriba y comenzó a mamármelo nuevamente, la acomodé para hacer un 69, y darnos gusto los dos. Lamía y relamía su deliciosa vagina, para pasar luego a besarle y lamerle su culito. Estaba todo comprimido, algo oscurito, pero delicioso. Ella me dijo que ahí también le gustaba que la besara, que lo siga haciendo. Se lo mordía suavemente, ella se erizaba a cada mor

disco que le daba. Finalmente comencé a meterle la punta de mi lengua, ella gemía, dejó mi polla para dar rienda suelta a sus jadeos, dando pasó a un nuevo orgasmo. Se había venido. Le sobaba con mi dedo medio su ano, previamente lubricado con mi saliva. Lo presionaba dando círculos sobre su ano. Poco a poco fue cediendo y permitiendo que entrara la punta de mi dedo. Ella gemía y se movía como si la estuviera follando. Mi dedo estaba haciendo su trabajo, juntamente con el dedo, pasaba mi lengua, lo que le gustaba mucho. Ya cuando vi que estaba lo suficiente dilatado, me levanté y le dije que la iba a penetrar por atrás, ella me dijo que tuviera cuidado que no quería que le doliera. La puse en cuatro, y le metí mi polla primero en su vagina para lubricarla con sus jugos, Estuve bombeándola por unos minutos, hasta que la vi más encendido, se la saqué y la puse en la entrada de su culito. Presioné suavemente y su esfínter fue cediendo, dando pasó a mi polla. Cuando ya hubo entrado mi glande, me detuve, ella jadeaba y su respiración era nuevamente agitada, estaba por venirse, Le acariciaba al mismo tiempo su clítoris y con la otra mano sus tetas. Yo estaba en la Gloria. Tenía a esa mujer para mí. Yo me importaba su oficio, solamente ella me importaba. Quería hacerle feliz, quería hacerle disfrutar al máximo. Comencé a moverme en forma circular en su ano, para ir metiéndole lentamente mi polla hasta el mismo fondo, ella estaba llegando a un estrepitoso orgasmo que la hizo gritar a viva voz y empujar para atrás, diciéndome, métemelo toditito mi amor, mummy que rico se siente. Papacito te amo.

Yo seguía bombeándola, mete y saca, ella se acompasó conmigo y llevamos el mismo ritmo, la cama parecía que se iba a desbaratar con nuestros movimientos, hasta que juntos nos vinimos en otro orgasmo lleno de placer y éxtasis.

Acabamos y nos quedamos tendidos y rendidos totalmente. Habíamos estado cerca de dos horas follando, nos habíamos olvidado del mundo, nos desvinculamos de todos, para estar solamente los dos disfrutando de esta gran oportunidad.

Nos levantamos al cabo de una hora de estar hablando y besándonos, cuando la vi totalmente desnuda de pie a cabeza y pude contemplar todos sus atributos, quedé prendado de ella más que antes. Era para mi una verdadera diva de la belleza. No era linda, no era preciosa, simplemente era divina. Sus nalgas paraditas y redonditas que se movían acompasadas al caminar. Sus pecho duros, paraditas y coronados por unos pezones que me invitaban a besarlos a chuparlos, Unas piernas, uff ni para qué decirlo, era una belleza, torneaditas, no delgadas ni gruesas, tal como me gustaba. Una vulva, que parecía que había sido premiada con media libra más de carne que cualquier otra mujer. Ahh su cara, qué puedo decir de su cara, era una belleza angelical. Tenía carita de muñequita, de esas que se dibujan al gusto de cada uno. Todo esto me sorprendió mucho, ya que nunca había reparado en ninguna otra mujer como en Rachel. Pia era una diosa, Jane una furia sexual hecha mujer, con un cuerpo que muchas quisieran tener, pero con Rachel era distinto. ¿Qué me estaba pasando?

Nos vestimos y salimos a la casa principal. Eran cerca del medio día, y había tomado una decisión: Me quedaría otro largo tiempo más, no me importaba perder el nuevo semestre, ya lo recuperaría. Llamé por teléfono a mi casa hablando con mi madre para informarle la decisión que había tomado, lo cual conociéndome cómo soy con mis estudios, les fue una sorpresa que tomara tal decisión, preguntándome por qué había decidido eso. Le respondí, Que había conocido a una verdadera mujer. Una mujer que me llena totalmente. Por favor cancela mi participación en este semestre en la U.

Regresaron mis tíos, y les informé que había decidido quedarme, y si podía hacerle en casa, a lo que respondieron que estaban totalmente contentos con esa decisión. Preguntaron que cómo así había decidido eso, si me habían visto decidido a irme. Les respondí, cosas, solamente cosas.. Pia fue más directa y me preguntó, si Rachel había tenido que ver con mi decisión, en ese mismo momento entraba Rachel a la sala de TV. Y oyó la pregunta de Pia, yo mirando a Rachel y tomándola de su mano les respondí que sí, que ella era la razón por la cual deseaba quedarme más tiempo. Pensé que el motivo de mi de

cisión iba a ser mal recibida, pero todo lo contrario, Pia me abrazó y me dijo, Mira, Rachel es como parte de la familia. Si realmente tu quieres a Rachel, nos parece muy bien a todos.

Les voy a pedir un gran favor les dije, deseo que liberen a Rachel de cualquier obligación en esta casa, ¿lo pueden hacer? Ellos respondieron, Dalo por hecho.

A partir de ese entonces, Rachel se mudó a mi cuarto y me atendía de mil maravillas, hasta el día de hoy.

 

En malas condiciones (III)

Hetero, sexo en parejas, trío. Una parejita cachonda decide aprovechar la Feria de Málaga para cazar a un muchachito y formar un trío.

Hola amigos os voy a contar lo divertida que puede llegar a ser la feria de mi tierra, pero antes de todo presentarnos, somos José y Cristina, vivimos en Málaga capital de la Costa del Sol, España. Si habéis leído nuestras anteriores historias de "en malas condiciones I y II, os será mas fácil situaros, si no es así nos describiremos brevemente: somos un matrimonio joven de 32 y 30 años y a través del tiempo hemos descubierto que nos gusta el sexo, y todo lo que lo rodea, y nos gusta introducir personas de fuera en alguna ocasión. Físicamente somos atractivos, nos conservamos muy bien, y entramos por el ojo. Yo en particular se sacar mucho provecho de mí misma, pues aparte de mi buena figura, y mis hermosos ojos, sé maquillarme, peinarme y vestirme de forma que agrado a la vista, a la vez que consigo que la vista me siga.

Habíamos decidido que teníamos ganas de divertirnos un poco mas de la cuenta estas vacaciones, y estábamos casi a finales de feria y no habíamos hecho aun nada de nada. Decidimos salir a bailar y buscar a alguien nuevo con quien divertirnos… así que como otras veces, me arreglé intentando estar irresistible, y elegí para ello un vestido minifalda de una tela muy porosa y caída de color amarillo, el cual tenia un generoso escote que permitía ver parte de los senos que se encontraban realzados por un sujetador muy chic… La tela del vestido permitía que resaltasen las diminutas tiras del tanga, y realmente estaba muy provocativa y fina cuando me vi con los zapatos de tacón y esa ropa, pero José quería verme más provocativa aún y tuve que preguntarle que por qué quería verme tan leona, pues no me iba a encontrar a gusto, a lo cual el respondió que quería que ocurriese algo esa noche, y contra más provocativa fuese más fácil sería que se me pegarán los tíos. En vista de cómo le vi, me sentí tan excitada que le garanticé que esta vez no iba a ser necesario esperar a que me atacasen, iba a ser yo quien iba a atacar, y que no se podía esperar el verme tan decidida como iba a estar.

Por fin salimos de la casa para el recinto ferial, y después de estar en dos o tres casetas con las consiguientes copitas, entramos en una que tenía mas ambiente discotequero que de feria, y aunque había mucha gente demasiado joven no faltaban personas de nuestra edad (nunca me a gustado buscar niños),así que el ambiente prometía.

Entramos juntos como dos amigos y nada más entrar vimos un grupo de amigos (tres) que me desnudaron con la mirada, a lo cual les respondí con una amplia sonrisa, y cuando nos acercamos a la taquilla para sacar tickets para la bebida le dije a José :

– nene creo que ya he ligado con esos y uno de ellos en especial está muy bien

– – – pues ya sabes todo tuyo

– – – ¿estas seguro de que quieres hacerlo? (qué pregunta más tonta)

– – – contra más guarrilla seas esta noche más me vas a poner, tu lo sabes

– – – vale, déjame sola un ratito que no para de mirarme

– – – me voy a ir a la otra esquina para verte mejor… suerte

– – José pidió un ron-cola, y cuando se lo sirvieron se alejó, entonces me dirigí al servicio pasando junto al grupo de amigos con la buena suerte de que uno de ellos me cortó el camino poniéndose a bailar muy raro delante mío (estaba de cachondeo) no pude el evitar reírme (no sé si porque me hizo gracia o por los nervios que tenía en estomago) y le pedí que me dejase ir al baño que no me aguantaba, a lo cual me respondió que sólo me dejaría pasar si al salir volvía con ellos para bailar, a lo cual accedí.

– – Nada más entrar al baño (mejor dicho, en la cola que había para entrar ) sonó mi móvil.Vi que era de José y le contesté, quería saber que me habían dicho, se le notaba excitado y ansioso, y después de decírselo le dije que se lo tomase con calma, que quedaba mucha noche.

– – Cuando salí pasé al lado de ellos y sin darme tiempo a escaparme se acercó uno de ellos y se presentó ( el hielo estaba roto), de los nombres sólo recuerdo el de Miguel, pero los tres

eran muy simpáticos. Estuve cerca de veinte minutos de charla y pude ver la cara de José al fondo de la caseta (estaba atacado de los nervios, siempre le pasa lo mismo), y me di cuenta de que no debía perder demasiado tiempo, por lo que empecé a prestar mas atención a Miguel que a sus dos amigos, los cuales a los cinco minutos se habían dado cuenta de mis preferencias, hasta que optaron por hablar entre ellos y buscar más chicas con la mirada en toda la caseta. Cambió la música que ponían por salsa, y Miguel empezó a bailar enfrente, lo cual imité mostrándome todo lo hermosa que podía, pues el vestido era tan corto que en muchos movimientos casi se podían apreciar los cachetes. Me di cuenta de que el escote estaba un poco más bajo de la cuenta, y el encaje del sujetador se veía claramente, y los ojos de mi nuevo amigo no podían resistirse a acabar siempre en la misma zona, en el perfecto canal que tan generosamente mostraba. A los cinco minutos estábamos sudando, y le notaba excitado, como una moto, así que viendo como estaba la barra de llena pensé que lo mejor sería ir a pedir algo, pues tendríamos que achucharnos y eso podría ser divertido… y lo fue – – Tardaron cerca de diez minutos en atendernos, y en ese tiempo él estuvo pegado detrás de mí, al principio con cautela , pero viendo que yo no decía ni hacía nada por evitarlo, cada vez más cerca ,hasta el punto de llegar a frotarse contra mi culo, notando yo un enorme bulto en su pantalón. Viendo como le tenía de excitado, giré la cabeza hacia él y le besé suavemente los labios, dándole un mordisquito en el labio de abajo. Aprovechamos la aglomeración de gente para frotarnos y calentarnos, y cuando él empezó a por sus manos en mis caderas y a jugar con las tiras laterales de mi tanguita le tuve que pedir que parase, pues se me estaba escapando flujo y me estaba manchando. Cuando nos sirvieron le dije de irnos a una esquina de la caseta que se ofrecía más discreta (estaba en la otra punta de los ventanales y la puerta de entrada de la caseta) y allí seguimos con un apasionado beso y un abrazo en el que no dejó de frotarse contra mí. – – Cuando menos lo esperaba sentí un fuerte tirón del brazo y vi a José diciéndome :

– – – Cuidado mira ahí, son Carlos y Carmen

– – Me puse de los nervios, era un matrimonio del grupo de amigos que somos, y estaban a tan solo dos metros nuestros , me podían haber pillado en una situación difícil de explicar, y la cara de Miguel era todo un poema, no sabía qué pasaba, pero se le notaba asustado. En ese momento giró la cabeza mi amiga Carmen y se puso a chillar como una loca, se acercó saltando y dándonos besos , estaba chispeante por la bebida, y me vi obligada a ignorar a Miguel, y hablar con nuestros amigos. – – A los cinco minutos se acercó Miguel y dijo como si conociese a todo el mundo: – – – Oye yo voy a ir dos casetas a la derecha a despedirme de unos amigos, vengo después.

– – José y yo saltamos como un muelle venga vale, vale hasta luego (la situación era tensa y peligrosa, y eso fue lo mejor que pudo hacer) y seguimos como si nada. – – Tardamos algo en poder deshacernos de nuestros amigos, y cuando salimos fuimos a ver si veíamos a Miguel. Cuando llegamos a la puerta de la caseta le vi sentado solo en una mesa, estaba solo en una caseta medio vacía, con una cerveza en la mano y cara de frustrado, y decidimos que entraría yo y le pondría las cartas boca arriba, si aceptaba nuestra propuesta bien y si no a casita que eran las 4.30 de la madrugada. – – Entre contoneándome, intentando lucirme lo mas atractiva posible, y cuando me vio recorrió con sus ojos todo mi cuerpo de abajo arriba, estaba claro que le gustaba (a quién no le gusta una mujer joven guapa y sexy). Me senté en su mesa hecha un manojo de nervios (esa era la parte mas difícil para mí) Le saludé y me preguntó qué es lo que había pasado, y yo tragando saliva le dije: – – -Te explico Miguel, estoy casada hace cinco años, soy muy feliz, pero la relación que tengo con mi marido es muy abierta y teníamos la fantasía de probar un trío con otro hombre, y esta noche he salido a buscarlo. – – – ¿Y tu marido es el que vestía de blanco?

– – – Sí

– – – Lo siento, si quieres algo conmigo no hay problema, pero esas historias no me van – – – Mira a mi marido no le gustan los hombres, solo quiere que alguien le ayude a darme placer a mí, y no va a intent

ar nada contigo.

– – – Es que esas historias raras no me van.

– – – Piénsatelo, realmente te gustaría acostarte conmigo, y tu no me compartes me comparte él, tu tendrás todo lo que te apetezca, lo único que tienes que hacer es ser educado y respetarnos, te garantizo que no te vas a arrepentir. Si quieres salimos te presento a mi marido charlamos un rato y luego decides, sin compromisos, ni malos rollos.

– – Después de pensárselo dos veces accedió, salimos y les presenté, pero como había mucha gente pasando alrededor y el tema no era para tratarlo allí, decidimos irnos detrás de la caseta, pues había una carretera con algún coche aparcado de los feriantes, y un arrollo que bordeaba el recinto. Cuando llegamos nos pusimos entre dos coches y José se puso apoyado en un coche y me cogió por la cintura y me pegó de espaldas contra sí, mirando los dos a Miguel le dijo: – – -Mira Cristina es muy atractiva, y me excita la idea de verla con otro. A mi no me gustan los hombres, por lo que no debes temer nada de mí, solo pido educación y respeto, y por supuesto usar preservativo. A condición, podrás disfrutar con ella todo lo que los dos deseéis, sin que yo ponga reparos.

– – Mientras decía todas estas cosas se dedicó a desabrocharme el sujetador, y sacármelo de cada brazo sin quitarme el vestido, y hubo un momento que se me vieron los pechos claramente, así que debido a mi excitación quedé con los pezones totalmente erectos notándose a través de la fina tela del vestido. José se dedicó a seguir con sus dedos los bordes de mi tanga, y yo estaba hecha una pura baba en mi zona húmeda. Cuando acabó de decirle todo eso subió el vestido de las dos caderas hasta poner el borde al limite de mi sexo y le pregunto – ¿de verdad estas dispuesto a dejar pasar esta oportunidad?

– – Yo podía ver como estaba mi nuevo amigo, me miraba con una cara de deseo que calentaría a la mas fría de las mujeres, y el bulto del pantalón parecía que podía estallar. Miguel se estaba entregando, realmente tenia un dulce delante suyo que no podía rechazar, y preguntó de nuevo-¿y tu vas a mirar solamente?

– – – No, yo voy a participar, pero la idea es que disfrutemos de ella sin que haya nada de nada entre nosotros, ¿si una noche con un intimo amigo tuyo te saliese un ligue que quisiera hacérselo con los dos aceptarías?

– – Su contestación fue dirigirse a mis pezones y pellizcarlos, mientras metía una pierna Entre mis muslos y conseguía mi primer suspiro de la noche. Nos preguntó que si teníamos un sitio a lo que respondimos que no, entonces nos ofreció ir a su casa, un apartamento en la entrada de Torremolinos, y como teníamos los coches en zonas muy separadas y había mucho trafico quedamos en la estación de autobuses de allí.

– – Cuando José y yo llegamos al coche descansé, pues me fueron temblando las piernas y apenas podía aguantar el equilibrio sobre los tacones desde que Miguel se despidió de mí con un beso en la boca y apretándome contra José los sentí a los dos muy duros. En el trayecto a Torremolinos no hablamos prácticamente nada, José se dedicó a repetirme insistentemente que quería verme entregada a disfrutar de todo , mientras me iba masturbando. Tuve dos orgasmos en tan solo diecisiete minutos que duró. Cuando llegamos a la cita estuvimos esperando unos cinco minutos y apareció Miguel, venía nervioso, y nos reconoció que no tenía claro que realmente fuésemos a ir a la cita, se le veía totalmente entregado. Llegamos a su casa (un coqueto apartamento con un baño, un saloncito con cocina americana, y una amplia habitación con una gran cama, realmente idóneo). Nada más entrar dije de ir al aseo, pues quería darme una ducha, y Miguel dijo de preparar unas copas mientras tanto. Me duché y me volví a vestir pues se que a los hombres les excitan mas los preámbulos que otras cosas, y quería ser una libertina total esa noche a los ojos de mi marido, no me sequé el pelo en exceso pues me vi bien así, y me pinté lo justo para que se notase. Mientras me arreglaba los escuche hablar, y a Miguel preguntar qué era lo siguiente, a lo que mi marido le respondió que lo que a él le apeteciese. Salí del baño y los miré a los dos, estaban totalmente cachondos, José me llamó y pegándose al respaldo de un sillón

me pegó contra él poniéndome de frente a Miguel. – – Estaba realmente sexy, pelo largo caoba rizado y húmedo, vestido de gasa escotado y muy corto, totalmente pegado al cuerpo por la humedad de la ducha y zapatos de tacón que moldeaban mas aún mis piernas. José me levantó los brazos y me hizo rodear su cabeza y mirando a Miguel le dijo: disfrútala todo lo que quieras, esta noche es tuya. Sin pensárselo se abalanzo sobre mí y empezó a besarme achucharme, acariciarme… – – No recuerdo bien muchas cosas, pero al poco sentí como me desnudaban entre los dos me acariciaban, me masturbaban….. me llevaron a la cama y allí hicieron de todo conmigo. Esa noche no sé las veces que los masturbé con las manos y con la boca, ni recuerdo todas las posturas en las que me penetraron (infinidad), pero recuerdo que con las luces de mañana me dijo Miguel al oído que antes le había prometido en la caseta que podría hacerme todo lo que quisiera y que él quería tomarme por atrás. Esa practica sin ser la primera vez, no era de las mas usuales pues sin darme placer realmente si me dolía, pero me sentí en deuda y acepté, con la condición de ir despacio y si me dolía mucho paraba. Me puso boca abajo en la cama y mientras José me dedicaba susurros al oído para ponerme cachonda, y Miguel se dedicó a hurgarme el agujero con la lengua primero, y más tarde con un dedo lleno de crema nivea. Cuando empezó a penetrarme despacio, me dolió un poquito, menos que otras veces (estaba siendo mas delicado de lo que lo había sido mi marido en las anteriores ocasiones) y me encontraba deseosa de tantas cosas como oía entre susurros, y al momento estaba dentro de mí por completo y yo sintiendo un placer por encima del dolor, que merecía la pena.

– – Duró unos minutos, no mucho, y sin sacarla me abrazó y giro quedando él debajo, con la almohada levantándole un poco la espalda y yo boca arriba ofreciéndole mi sexo a mi marido. José empezó a preguntarme si tenía ganas de sentirlos a los dos al mismo tiempo, y yo acepté pidiéndole que fuese despacio. Cuando me quise dar cuenta los sentía a los dos totalmente dentro, y tenía un fuego interior difícil de explicar, una extraña mezcla de dolor y placer, y ellos dejándose llevar empezaron a dar embestidas cada vez mas fuertes y profundas, lo que hizo que me doliese un poco mas de la cuenta, les pedí que parasen, pero no hicieron caso de mis peticiones y siguieron. Me taparon la boca con la mano ( no sé cuál de los dos) y disfrutaron de mi cuerpo durante un buen rato, los sentía abrirme por dentro que creía que iban a destrozar, pero me moría de gusto. Llegué a tener otros dos orgasmos, y cuando se corrieron y salieron de mí no pude ni cerrar las piernas. Creo que ha sido la sensación más fuerte que he llegado a vivir nunca, y tengo ganas de repetirlo pero con más suavidad. Dimos una cabezada y a la una de al medio día , nos marchamos a casa. Miguel nos dio su teléfono pues quiere repetir, pero no sé si le llamaremos en otra ocasión pues creo que puedo encontrar mejores amantes, aunque él sea bueno. La verdad es que en nuestros juegos nos divertimos más con los preparativos de arreglarme sexy, y provocar y calentar a quien sea que en los resultados finales, (claro que después de hacer esas cosas siempre viene el sentimiento de culpa después) pero Por ahora la idea es probar situaciones nuevas, otras fantasías… Estamos buscando ideas nuevas para divertirnos así que si alguien que lea esto tiene alguna que piense que puede ser divertido, que no deje de decírnoslo por probar no se pierde nada, que esta vida son cuatro días…

– – Queremos recibir proposiciones de todo tipo, y las que nos lleguen a excitar intentaremos vivirlas, solo pedimos educación, respeto, higiene, y mucha discreción.

– – ¿OS ANIMAIS?. – – NOS PODEIS ESCRIBIR A

– cris_tina9 (arroba) hotmail.com

– – Besitos: Cristina y José

 

Mis Memorias (VI)

Hetero, polvazo. La novia es convencida por una amiga para que intenté "redimir " a un amigo gay, de paso se la folla uno de sus hijos que al estar haciendo el servicio militar trae hambre acumulada. El muchacho gay no manifiesta interés por su coñito pero sí por su ano, al que perfora con dedicación.

Siempre íbamos con Mario y Roberto a un negocio de herboristería de una señora amiga de Mario que se llamaba Mabel. Mabel tenia 40 y dos hijos y allí nos reuníamos para tomar mate o cerveza y charlar con nosotros también estaba Claudio un gay declarado un chico hermoso alto y bien dotado por lo que me contó Mabel ya que ella hacia de todo para convertirlo en heterosexual siempre le gustaron los jovencitos y tenia relaciones con sus dos hijos. Me había contado que le hacían la doble penetración un día Mabel me había invitado a su casa me dijo que fuera que me quería hablar en privado cuando llegué me abrió la puerta estaba sola en casa fuimos a la cocina y me preparó un té y nos pusimos a charlar me dijo que por qué no lo ayudaba a Claudio a cambiar de decisión que era un lindo chico que era una lastima que fuese gay mientras tanto algo que puso en el té me estaba haciendo efecto.

Me abandonaron mis fuerzas cuando Mabel se dio cuenta me llevó a la cama. Allí me esperaba Claudio con su miembro erecto me desnudaron y él se subió encima mío y me empezó a penetrar yo no sentía nada pero estaba consiente después sentí la puerta y que entraba gente eran los hijos de Mabel que entraron y vieron como Claudio me estaba penetrando pero se le bajó la erección y salió de arriba mío las mujeres no le interesaban para nada.

Y encima se subió uno de los hijos de Mabel que estaba haciendo la colimba (servicio Militar) y me inundó con su esperma por lo menos 5 veces me penetraron por todos mis agujeros y hasta los dos al mismo tiempo después de unas horas se me había pasado el efecto del té o lo que le hayan puesto adentro me vestí y me fui ofendida con Mabel pero el enojo me duró poco al otro día estaba en el negocio con ellos como si no hubiese pasado nada en fondo me gustó lo que pasó nunca le reproché nada a Mabel.

Pero al final logré que Claudio tuviera sexo conmigo. Un día le dije que me dejara probar que fuésemos a un motel y así fuimos. Se la chupé por casi una hora para que se le parara pero era lógico es un músculo que de no usarlo se atrofia pero cuando se le puso dura qué miembro hermoso grande y grueso enseguida me subí arriba y me lo introduje hasta el fondo me sentía llena y una parte todavía la tenía afuera. Pero al poco tiempo se le estaba poniendo blandita así que me puse en cuatro patas y le dije que me penetrara por atrás y como por arte de magia se le puso dura como una roca en fin tiene su lógica ya que los gay son penetrados analmente y me empezó a bombear incansablemente hasta que acabó llenándome el culito de leche y parecía una manguera abierta una vez que me llenó el culo de leche la sacó y seguía eyaculando a no parar.

Después volvimos a la herboristería y se lo conté a Mabel y a los demás y le hicimos una fiesta para festejar.

Continuará…

Datos del autor/a:

Nick: Sylvia

E-mail: hardys35 (arroba) hotmail.com

 

El mirón (II)

Hetero, felación, autosatisfacción femenina. Un psicólogo que va a dar una charla sobre sexo a un instituto se encuentra con un grupo en el que las chicas toman la iniciativa y le acorralan haciéndole una mamada y masturbándose ante él.

Como ya he adelantado en alguna ocasión, soy psicólogo de una ciudad grande del sur de Chile, me especializo en problemas sexuales de jóvenes y adolescentes, al principio todo fue bien, pero con el tiempo no pude dejar de calentarme con las historias de las chicas y chicos que venían a mi consulta, incluso comencé a practicar algunas costumbres absolutamente prohibidas pero enormemente excitantes y que me han llevado a cuestionarme personalmente, pero esa es otra volada. Seguiré con una historia personal.

A veces pienso que he tenido suerte, otras solamente que las personas se reprimen tanto que no saben que el placer esta ahí sentado al lado de ellas, esperando a que se les dé el momento indicado para comenzar a vivirlo.

Fue por aquellos años donde mi hija aun era una mocosa y no la angelical escolar que es ahora. Mi esposa aún estaba conmigo y lo mejor de todo es que el trabajo iba muy bien, por lo general siempre algo bueno pasaba.

Me tocó ir a dar unas charlas de sexo a colegio de clase alta en la capital, eran simples foros con chicos adolescentes. Así tenía 3 a 6 chicos entre hombres y mujeres sentados en redondo, por lo general ruborizándose a cada momento por aquellos temas de los cuales no estaban acostumbrados a hablar con un mayor. Ese día de primavera por alguna extraña razón estaba lloviendo con relámpagos y truenos, era raro porque había bastante calor que obligaba a las chicas a estar con uniforme de verano.

Pero bueno vamos al grano, estaba sentado como cualquier mañana en la sala mientras llovía, yo cerraba el círculo que formaban 3 mujeres y 1 hombre. Todos eran diferentes como en cualquier colegio. Primero estaba Carolina, la chica simpática bastante estudiosa, con un rostro de ángel, una adolescente de unas piernas blancas preciosas cruzadas con una personalidad increíble bajo su jumper, se miraba su anillo, su cabello era corto y negro, tenía una linda sonrisa, su jumper dibujaba unos pechos no muy desarrollados, pero sí unas caderas bastante gruesas para su edad, lo que presumía que tenía un trasero bellísimo. Dios me encantaban sus piernas, las chicas de hoy en día ya no usan jumper, parecen minifaldas, esa faldita provocaba una comezón bastante molesta en mis testículos que a esa altura ya habían probado esa clase de piel. Sus muslos eran increíbles, tersos, largos, ya soñaba con pasar mi mano por ahí, sería un sueño tener esas largas piernas enredadas en mis caderas mientras yo bombeo. También estaba Natalia, ella sin duda era la mujer osada del grupo, la chica que ya tiene alguna experiencia, todo en ella invita al sexo, dotada de un cabello teñido rojo más atrevido y crespo, con un rostro algo más maquillado, unos labios rojos, gruesos y grandes, que me hacían soñar con una de esas mamadas que vuelven loco por el roce de la carne en mi pinga, de más estatura su cuerpo desarrollado sin duda había llamado la atención de algún tío mayor que la había desvirgado a su corta edad. Sus pechos grandes muy marcados en la tela azul de jumper, su blusa desabrochada en el cuello dejaba ver su piel extremadamente blanca adornada por unos colgantes, su corbata estaba algo caída. El jumper se estiraba completamente bajo su cintura provocando arrugas por sus caderas y la estrechez del genero, con fluidos movimientos de ir y venir sus pasos a través de las sillas hacían que mi pene palpitara sin levantarse. Mierda esta chicuela tenía el aire de puta. Su trasero redondo descansando en la silla me hacía pensar en como estaría mi poste ahí entre sus nalgas perdiéndose. Por lo general sus palabras iban siempre a tratar de demostrar a los demás que ella lo sabía todo sobre el sexo, con voz decidida ella no tenía problemas en sonreír si había que hablar de mamadas o pajas, su sonrisa marcaba una boca grande dibujada por esos labios de modelo. Sus piernas más gruesas que la de su compañera se formaban de forma divina bajo su jumper. Esta chica no sólo se mantenía sentada, a veces se sentaba sobre uno de sus pies arreglándoselas para que no se le vieran las bragas, pero sí asegurándose que todos no perdiéra

mos detalle de esos carnosos muslos. La tercera chica era Maca, morena con el cabello tomado, tenía un cuerpo de los dioses, perfecta como esas mulatas caribeñas, para su edad tenía medidas perfectas a pesar que aun era sólo una chica. Eso se notaba a distancia, con una cintura preciosa y unos senos muy parados y redondos, tenía un trasero lindisimo duro y firme, que dejaba su corto jumper suspendido en el aire cuando se paraba después de haber estado mucho rato sentada. Era bastante madura que las demás, tenía novio de esos serios a pesar de su edad. Y me parecía que tenía una posición social bastante más alta, tal vez producto de ser hija de alguien importante en la ciudad. Sus piernas al igual que su cuerpo eran perfectas, con un tono moreno dorado, me parecía que brillaban cuando la luz le daba desde arriba. Sus manos estaban muy cuidadas, hasta soñaba con que entre sus dedos sostuviera mi tronco en su máxima expresión haciéndole una intensa paja. El chico que completaba el grupo era Jorge. Era el típico chico inmaduro que comienza la educación secundaria. Bastante delgado y algo bajo, se dedicaba a escuchar mientras los demás hablaban su cabello engominado se mantenía intacto todas las sesiones. Aunque parecía bastante distraído pensando en estupideces, lo sorprendí muchas veces cuarteándole las piernas a las chicas del grupo, que para suerte de él debía ser las más lindas de su nivel. – – Sin duda la importancia del condón es importante en estos días, donde las enfermedades…- – Daba mi charla mirando fijamente a las nenas mientras imaginaba que todas me lo mamaban a la vez con sus cuerpos desnudos rozándose unas con otras, respirando el olor a sexo increíble de tres pendejas sin mucha experiencia. – – ¡¡¡Debe ser re-fome!!!. – La voz de la colorina me interrumpió de improviso, sus compañeros rieron como tontos, mientras yo le sonreí pícaramente observándola a los ojos. – – ¿A que te refieres con fome?.- Traté de que le diera plancha y no pudiera explicarme sus razones. Pero claro la Natalia no tenia pelos en la lengua, se levantó un poco de sus asiento como despertando, inflando sus pechos, lo que me provocó un choque de corriente en mi estomago hasta mi pene.

Su cuerpo se reacomodó completamente, vi como su cintura se movió y sus piernas se cruzaron de nuevo provocando que sus muslos se mostraran hermosos. Mientras sus manos trataron de bajar el jumper que casi me dejaba ver sus bragas.

– Veras debe ser como masturbarse con un consolador.- Sus labios gruesos se abrieron lentamente para decirme esto, a mí me parecía todo en cámara lenta. Veía como su lengua jugaba con sus paladar para formar las palabras. Mientras sus dedos se posaban sobre sus muslos rozándolos con suavidad. Mierda mi pene comenzó a elevarse de tal manera que me fue imposible ocultarlo, por lo que opté por poner mi carpeta sobre mi pantalón. – – Por qué no nos explicas más de aquello.- Le dije, entre la risa cómplice de sus compañeras y la mirada atónita del chico, que creo que también estaba bastante caliente, la chica se rió de un manera extraña mirando a sus compañeras y después mirándome a mí. Mierda pude oler que se habían puesto de acuerdo en algo, jamás pensé que en tanto. – – Verás es ridículo pensar en que un pedazo de plástico vibrante, podría cumplir la tarea de un pene de carne verdadero, palpitante, mojado, caliente…- Cuando comenzó a hablar de esa manera, no aguanté más, quité mi máscara de doctor y comencé a mirarla atentamente, mientras mi erección me dolía de una manera increíble debajo del pantalón. No era que tenía los labios fuera de lo normal, sino que el labio superior de su boca era bastante grueso, y fruncido hacía arriba. – – Así que piensas así. Dime una cosa Natalia, ¿has tenido sexo alguna vez?.- La miré directamente a los ojos y pude notar que su respiración se agitaba un poco, sin perder la sonrisa picara en los labios, sus pechos se inflaron en un suspiro bellísimo, en ese instante pude notar que los demás no perdían asunto del duelo. – – Claro que sí doctor, sé cual es la diferencia de ser penetrada por algo vivo y delicioso que busca y busca en mi interior, que se pierde en mi carne, es maravilloso.- Sus ojos se cerraron un momento y pude notar que sus compañeros estaban bastante atentos a todo.

Las chicas suspiraba

n atentamente escuchando y el chico simplemente estaba echado sobre sus piernas para que no se le notase la erección que debía tener. Yo estaba muy excitado, la pendeja escolar media puta, me tenía al borde de un orgasmo con su presencia y sus calientes palabras. – – Claro que jamás he tenido un pene tan largo como el suyo doctor.- sus palabras las acompañó con un leve roce de su mano con su grueso muslo, mientras se inclinaba un poco y sus pezones se marcaban en su jumper que casi explotaba por aquellos hermosos senos. – – ¿De qué hablas niña?.- Mi experiencia hasta ese momento con chicas era bastante, pero ¡¡¡EN MI CONSULTA!!!. Esto sin lugar a dudas era muy diferente, estabamos en una sala en medio de un colegio, y en cualquier momento podía entrar cualquier persona. – – De su pene doctor, hemos visto su tamaño, más de 20 cm. Según las chicas. – Su lengua se poso en sus labios.- sinceramente yo creo que deben ser mas de 23.- Su mano se tocó el pecho, mientras sus compañeras con una risa cómplice me miraban esperando que yo respondiera algo. – – Te estás metiendo en problemas Natalia.- Mi voz fue bastante cortada, hace rato que mi respiración estaba cortada y que mi corazón latía a mil. Mi pene estaba a punto de explotar debajo de mi cremallera. – Ella se levantó de pronto en medio de la sala y comenzó a caminar hacía mí, con un viene y va exquisito. Una pierna adelante, otra atrás, una adelante, otra atrás, adelante, atrás, adelante, atrás, quedó detenida delante de mí y yo como un idiota no me pude mover sin perder la vista de semejante mujer. Sus pechos parecían imponentes delante de mi rostro y sus ojos me miraban fieramente, se mordió un labio mientras sus manos subían por su vientre y por el costado de sus pechos. Esta chica era una putita no había lugar a dudas, sus compañeras miraban con una sonrisa en los labios, mientras el chico no sabía que hacer, sin duda él no había sido informado del plan que tenían estas pendejas. Natalia se arrodilló ante mí y quitó las carpetas de mis piernas, mis manos no se lo impidieron sólo la deje hacer.

– Natalia te tengo que castigar.- Le dije con bastante poco convencimiento hasta de mí mismo. – – Si Ud. dice algo doctor, yo gritaré y diré que me estaba violando, vamos sólo queremos ver cuanto mide.- Una sonrisa de excitación se lució entre sus labios, mientras sus manos abrieron mi pantalón hábilmente, y mi pene quedó ahí parado entre mis piernas, 23 cm. Exactos de carne. Con una cabeza brillante por los líquidos pre-seminales. – A sus compañeras se les desfiguró la sonrisa tonta que tenían en la cara. Simplemente quedaron mirando fijamente mi pene que no disminuía ningún centímetro. Natalia me agarró el pene con su mano y me lo acarició con su palma cerrada en un subir y un bajar, cuando tocó mi cabeza dio unos movimientos circulares que me hicieron gemir.

– ¿Le gusta doctor?.- Su mirada se clavó desde abajo a mis ojos. Sus ojos estaban calientes, hervían, su boca estaba mojada, quería llevárselo a la boca, y yo también lo deseaba, lo había deseado toda la tarde. – – Dame la regla Carolina… que voy a medir esta tranca.- Sin dejar de mirarme continuó con sus caricias que me hacían saltar de mi puesto, sin decir nada ni replicar nada, sólo espontáneos gemidos.

Vi como Carolina se quitaba la mano de su entrepierna lo que hizo que mi pene saltara en la mano de Natalia. Dios la chica de piernas largas y delgadas, con esa sonrisa tan angelical estaba caliente y se estaba dando una mano ella misma a mi salud, por mi pene. Casi me corro de pensarlo. Ella se levantó y agarró de su bolso una larga regla de plástico de unos 30 cm. Fue hasta donde Carolina estaba arrodillada y se la pasó. – – ¡No!, mídelo tu misma.- La voz de Natalia fue fuerte mirándome a los ojos. Sin duda ella tenía mi tronco en sus manos, había sentido la descarga de corriente al calentarme por Carolina. Y ahora quería ver como se paraba aún más. – Carola arrodilló sus piernas al lado de las de Natalia y tomó mi pene con su mano delgada y hermosa, mierda cómo me calenté con el contacto, hace un momento esos dedos estaba hurgando entre sus bragas y ahora me tocaban la piel. Sentí también el contacto con la regla que estaba y desde arriba pude ver que mi cabeza jugosa llegaba a los 24 cm.

-Bien lo sabía- Dijo Nat

alia sacando la regla de mi pene sobando con más energía a lo largo de mi glande.

Ahora veamos cuanto liquido puede tirar este pedazo de tronco. -Su mirada de clavó en mis ojos y sin ningún preámbulo besó el capullo de mi pene suavemente. Dios mi cara se desfiguró completamente. No podía dejar de sudar viendo como esos tremendos labios carnosos de la chica se metían mi glande y daban sonoros chupetones mientras con su palma me pajeaba. Perdí de vista a Carola que se había puesto a un costado refregándose frenéticamente su vagina viendo como Natalia comenzaba lentamente a tragarse mi tranca.

– SIIIIIIIIIiiiiii Mmmmmmmmmmm.- Dale puta.

Mi cuerpo quería saltar de esa posición agarrarla de golpe y penetrarla por cada orificio de su cuerpo de puta que tenía, pero la mamada era fuera de serie. Era increíble sentir como sus labios recorrían la delgada piel de mi pene, como su lengua mojada y rugosa rozaba las venas y la movía provocándome golpes de corriente. De pronto vi algo que me calentó de sobre manera, la chica más linda y cuica del grupo, sentada exactamente frente a mí en su silla, Maca, estaba con el jumper arremangado a la cintura, mierda sus piernas eran preciosas, sus caderas eran morenas, estaba perfectamente bronceada, sus bellos púbicos estaban perfectamente rasurados en un triángulo, los labios estaban levemente abiertos arrugados, mientras su mano recorría sus estomago planísimo y su obligo oscurecido. Su otra mano apretaba su redondo seno, tocando con sus dedos el pezón erecto completamente. Dios era el cuadro más excitante que había visto en mi perra vida, era una diosa, morena, cabellos castaños, cuerpo perfecto, aun conservaba los zapatos y las calcetas escolares, y su blusa blanca y abierta contrastaba con el color de su morena piel. Su rostro me miraba con ojos de lujuria mientras su mano hacía círculos en su ingle sin tocar sus labios que no aguantaban más de excitación. Fue en ese instante cuando sentí que Natalia me hacía una mamada profunda y desenfrenada, su cabeza subía y bajaba a una velocidad maravillosa, mientras mi glande golpeaba su garganta. Sentía como se atoraba sin disminuir la frecuencia de las embestidas.

– ¡¡¡SIII .VAMOSS ASSII . MACA TE VOY A MATAR …AHHHH!!!- grité fuerte descargando mucho líquido en la boca de Natalia. Ella tragaba y tosía mientras acariciaba mis huevos, lo que me provocaba aún más placer. Malditas chicas cómo me tenían caliente…

La historia continúa, aun faltaba mucho para que yo quedara satisfecho…

Amano amanojk (arroba) hotmail.com

 

Mujer de dos caras (III)

Hetero, bisex, orgías. Las dos amigas hablan con su amante común y se ponen de acuerdo para acudir una fiesta que será una monumental orgía, todos con todos, sin importar sexo, verga u orificio.

Sobre las tres llegaron mis padres, nos encontraron vistiéndonos después de pasar por la ducha, creyeron que veníamos de la playa y sin darle mas importancia, invitaron a comer a Carlota y Eduardo. Nosotras, sentadas en la mesa aún teníamos nuestros culos doloridos y por la cara de Eduardo cuando nos miraba debía estar riéndose por dentro. Después de comer, hicimos la siesta, y sobre las siete Eduardo se fue a su casa para cambiarse y quedar después para salir. Carlota no quiso dejar de ir al gimnasio y como no tenia ropa, le deje mía y nos fuimos las dos.

– ¡Vaya mañanita! – le dije

– Sí, realmente a sido movida

– – – ¡Has disfrutado de Eduardo! ¡Y es mi novio!

– – – Culpa tuya, no me hubieras provocado – dijo riendo

– – – Creía que ya no te gustaban los chicos

– – – Estas cosas no se dejan de un día para otro, y ya hacía muchos días que no estaba con ninguno, pero no creas, ahora mismo me pondría manos a la obra con Carmen.

– – – ¿Conmigo no? -dije sorprendida y algo molesta

– – – Por supuesto, o contigo -me rozó el trasero levemente.

– – – Carmen es una tía preciosa -dije

– – – Sí, me vuelve loca

– – Tenía que plantearle el compartirla, y fui llevando la conversación al terreno que a mí me interesaba.

– – – Hace días que me la miro y no me importaría montármelo con ella -y añadí rápidamente- al fin y al cabo yo te he dejado a mi novio. – – – Sí, es cierto, tu me has dejado a tu novio, pero tu estabas delante y también lo has disfrutado.

– – – No me importaría que tu también estuvieras con nosotras

– – – No se si a ella le gustaría.

– – – Podríamos montar una pequeña fiesta y a ver qué pasa -dije ésto sabiendo lo que pasaría de sobras. – – – De acuerdo, pero solo nosotras será muy descarado, para eso vale más la pena decírselo directamente. – – – Habla con ella y sonsácale lo que le apetecería, si una fiesta a tres o con mas gente.

– – – De acuerdo, hoy hablaré con ella.

– – Llegamos al gimnasio, allí estaba Carmen, nos cambiamos y a los 10 minutos desaparecieron en la sauna las dos. Yo me puse en los aparatos, a cada movimiento mi culo me recordaba como había pasado la mañana. Una hora después volvió Carlota, por su cara había tenido otro encuentro con Carmen, fuimos a una bañera de burbujas y nos metimos las dos, y me dijo.

– – – Ha ido todo perfecto

– – – Por la cara que haces ya imagino -dije con envidia

– – – Por eso también, pero me refiero a la fiesta

– – – ¿Qué te ha dicho?

– – – Que justamente quería invitarme a una fiesta el sábado por la noche, por lo que he entendido, es una fiesta que hace en su casa y van a ir compañeros suyos de la universidad (que dice que están buenísimos y buenísimas) y alguno de aquí del gimnasio. También me ha dicho que te invite a ti y a tu novio si tienes. ¿Qué te parece?

– – – ¡Perfecto! -Carmen había tenido una idea parecida a la mía para juntarnos a todas.

– – – Me parece que a Carmen también le gustan los chicos

– – – Mejor, así no se aburrirá Eduardo.

– – – Me parece por el modo que lo ha dicho que no se aburrirá nadie, seremos sobre los quince y por lo que ha dicho son muy liberales todos y todas.

– – – Pobre Eduardo, a ver si probara de su propia medicina sin esperárselo -dije riendo y moviendo el culito que tenia dolorido.

– – – ¿Tu crees que se dejaría?

– – – Quizás no le dan opción a dejarse o no – volví a reír

– – Eran las ocho y media, me vestí y fui a la Hamburguesería a trabajar, mi turno empezaba a las nueve, allí dejé a Carlota, Carmen le había presentado a uno de los asistentes a la fiesta del sábado y estaban empezando a "conocerse". – – El sábado por la mañana, aproveché para dormir y durante la comida dije a mis padres que después de trabajar saldría con Eduardo y que llegaría tarde, que según la hora no me esperaran, que do

rmiría en casa de Carlota. Cuando salí de casa, sobre las seis de la tarde, llamé al trabajo para decir que no me encontraba bien y que no podía ir a trabajar. Las coartadas estaban listas. En el centro comercial me esperaba Eduardo, fuimos a tomar un refresco y le expliqué lo de la fiesta, le advertí de lo liberal que podía llegar a ser, desde luego no puso ningún reparo no sin antes decir que como se le acercara un tío le rompería la cara, (con lo cachas que estarían todos, pocas caras rompería, jejeje), sobre las nueve llegó Carlota, por la cara que llevaba, su nuevo amigo había llegado muy lejos el día antes, de hecho no llegó a sentarse y nos dijo que nos fuéramos ya. Me confesó que tenia el culo destrozado, Juan (que así se llamaba) estaba muy bien dotado y la noche antes había metido su polla por todos sitios. – – Llegamos al apartamento, el primero en salir a nuestro encuentro fue el propio Juan, nos saludó y besó a Carlota metiendo directamente su mano por debajo la pequeñísima minifalda que llevaba. Las dos íbamos con Mini y top, al estar ya morenitas nos quedaba perfecto el atuendo.

– – Al poco se acercó Carmen, besó primero a Carlota en la boca y después a mi, también en la boca. Eduardo de entrada le ofreció sus mejillas pero ella cogiéndolo por el cuello le soltó un besazo con lengua que ya hacia presagiar como iría la fiesta. – – Sobre las diez ya estábamos todos, éramos 13, según Juan mal número, pusieron música y estuvimos bailando y bebiendo, el ambiente se iba calentando, por los sillones estábamos varios ya montándonoslo. En principio yo me empecé a enrollar con Carmen mientras Carlota y Juan también estaban metidos en faena junto a nosotras, la mano de Carlota acariciaba el culo de Carmen mientras chupaba el miembro de Juan, aunque ya habíamos hablado de que no le importaría que me lo hiciera con Carmen yo notaba unas miradas de celos que me perforaban. Isabel era otra de las invitadas y había encontrado en algún cajón un enorme consolador que se metía haciendo unas caras de gusto tremendas, Alberto y Eduardo estaban de pie, solos hablando mientras tomaban una copa y disfrutaban del espectáculo. Ni que decir tiene que prácticamente todos ya estábamos desnudos, Carmen de rodillas en el suelo jugaba con su lengua en mi vulva, pasaba la lengua por mis labios vaginales hasta llegar al clítoris que mordía y pellizcaba y me llegaban unas oleadas de placer a cada lengüetazo que me hacían jadear y contonearme, cogiendo la cabeza de Carmen le hundía la cara entre mis piernas, mientras Carlos pasaba su verga por su culo y coño, como si dudara donde meterla, Cristina estaba de pie, con una pierna apoyada en una silla mientras Enrique le comía el conejo a la vez que se masturbaba, Daniel y Pablo eran otros dos invitados, eran del equipo de ciclismo de la Universidad, estaban los dos depilados completamente y bailaban contoneándose abrazados y besándose, no se si la depilación era parte de la costumbre de los ciclistas o bien por coquetería de ellos. Desde mi posición, sentada en el sofá, podía ver toda la sala y me sobresalté al ver sentado en el sillón a Jorge, era otro de los del gimnasio, campeón de Culturismo, era un tío impresionante, sus músculos estaban súper desarrollados, y tenía sin lugar a dudas la polla más descomunal de la fiesta y por supuesto que yo había visto nunca quizás debía tener unos 30 cm y de un grosor de difícil de medir, Ana y Helena se la estaban chupando a dúo y a ninguna de las dos le cabía ni la punta en la boca. Sólo de pensar en aquel pollón entrando en mi culo me excité sobremanera, y me acojoné a la vez. – – La fiesta continuaba, las parejas ya eran tríos y cuartetos, Juan estirado tenia su polla clavada en el coño de Carmen, a la vez Carlota sentada en su cara chupaba mi coño y Carmen mi culo, notaba como las dos lenguas entraban y salían de mis entrañas mientras los dedos de las dos se metían también llegando más a dentro de mis orificios. Isabel, la chica del consolador, que debía tener la vagina más grande de todas (por el tamaño del consolador que se había metido entero no tenia dudas) estaba sentada a horcajadas sobre el gran miembro de Jorge, metiéndose cada centímetro de polla entre fuertes gemidos mientras Ana le masajeaba el clítoris para ayudarla a dilatarse y que entrara tod

o. Realmente las pollas de todos eran espectaculares, la más pequeña era sin dudas la de Eduardo, que ya desnudo, estaba enculando a Helena mientras esta chupaba la polla de Alberto, Cristina con el consolador estaba enculando a Pablo mientras ella era follada por Daniel, y éste a su vez por Carlos, formando entre los 4 en trenecito la mar de "movido". Nos fuimos juntando todos en el centro de la sala, la polla de Jorge era la atracción, en un momento u otro todas y todos pasamos nuestras lenguas por ella. Él se dejaba hacer, casi sin moverse, algunas intentamos metérnosla sin demasiado éxito, realmente era monstruosa, en uno de los varios intentos que hice me encontré chupándola a la vez que Eduardo que a 4 patas estaba siendo enculado por Daniel y por como se movía no había sido el primero aquel día, me miraba mientras chupábamos a Jorge, sus ojos eran una mezcla de deseo y placer y a la vez de culpabilidad por estar descubriendo que el sexo entre hombres no era tan malo como él había dicho durante tantos años, intento meterse la gran polla en la boca mientras Daniel se corría dentro de su culo y era substituido por Pablo, no creo que Eduardo se diera cuenta del cambio enfrascado como estaba con la polla de Jorge, yo insinué una leve protesta por acaparador, yo también quería probar de tragármela. Mi culo (quizás por pequeño, comparado con los otros) fue de los mas requeridos, creo que menos Jorge todos se corrieron al menos una vez en él, lo tenia súper dilatado y rebosando leche entre mis piernas, leche que Carlota se afanaba por lamer mientras Carlos se la estaba follando y metiéndole el consolador en el culo. Carmen estaba siendo follada a la vez por Juan y Alberto, tenía las dos pollas dentro del coño que estaba a punto de romperse, mientras Pablo pugnaba por clavársela en el culo, ella chupaba el clítoris de Helena, Ana e Isabel a nuestro lado hacían un 69 con sus caras y bocas llenas de leche y flujos. Oí mi nombre entre los gemidos y lamentos. – – ¡Xandra!

– – – Quién me llama -dije

– – – Soy Jorge, ven aquí, creo que tu culo ya esta a punto

– – – No por favor, me vas a destrozar – –

Con sus fuertes manos me asió las caderas, me atrajo hacia sí, metió la punta en la entrada de mi orificio, pidió a los demás que apuraran sus corridas y las echaran en mi ano, así lo hicieron, estaba llena de leche, empezó a empujar metiéndola poco a poco, no podía ni articular palabra abría la boca como si fuera a atravesarme y salir por ella, estaba metiendo aquel cañón sin ninguna piedad, cuando iba por la mitad creía que me desmayaría, entonces paró y empezó a sacar y meter, por suerte no la metió toda, empecé a disfrutar y a jadear, con la boca abierta Juan no pudo resistirse a metérmela en la boca y con el ritmo que me imprimía Jorge se la chupaba a Juan. El resto de las chicas se juntaron para hacérselo entre ellas comiéndose unas a otras, mientras Eduardo que había descubierto nuevos placeres no paraba de comer pollas y metérselas en el culo, Alberto que tenía quizás la segunda en tamaño era su preferido y el que más veces la tuvo metida en el culo de Eduardo. – – Jorge seguía follándome el trasero y acelerando el ritmo exploto en mi interior, noté una tremenda cantidad de leche que rellenaba el espacio que dejaba su polla al ir saliendo, Juan también se corrió en mi boca. Caí rendida, no podía moverme, estaba exhausta. Eran las cinco de la mañana y los invitados empezaron a marchar, por fin solo quedamos Carmen, Carlota, Juan, Eduardo y yo.

– – Pasamos los cinco por la ducha y nos estiramos en la enorme cama de dos metros de Carmen, ninguno tenía ganas de más, todos nuestros orificios habían sido follados y no nos apetecía más que dormir y descansar.

– – (CONTINUARA)

– – A diferencia de la primera parte, éste y los siguientes capítulos de esta historia son fruto de mi imaginación, de hecho la idea me la dio Xandra aprovechando alguna de sus vivencias, pero sin tener relación con su aventura con Carlota. Si os gusta o queréis comentarme algo o darme alguna idea para continuar el relato os lo agradecería.

Carles

Carles15 (arroba) hotmail.com

[Indice general] – [Sexo] – [linux] – [humor] – [hard] – [miscelanea] – [Novedades] –

 

Mujer de dos caras (IV)

Hetero, bisex, orgía. La orgía continúa aunque con menos participantes. Todo se comparte y se degusta.

El domingo por la mañana, tarde, nos fuimos despertando, los cinco estirados en la cama de Carmen, yo tenía mi cuerpo molido, mi vagina estaba muy irritada y mi culo me dolía todavía bastante después de haber tenido dentro la enorme polla de Jorge.

La que parecía no tener límite era Carmen, metida debajo de las sabanas chupaba la polla de Eduardo que sin llegar a ponerse a tope la tenía "Morcillona" y le cabía toda dentro de la boca de Carmen. Carlota, tan dolorida como yo, me acariciaba los pechos suavemente y pasaba la lengua por los pezones, me estaba volviendo a excitar y en aquel momento me apetecía más aquellas caricias que la orgía salvaje de la noche anterior. Juan, viendo el estado de nuestros cuerpos se levantó y fue a la bolsa de deporte a buscar un linimento para aliviarnos sobre todo nuestros culos. Nos pusieron a Carlota, Eduardo y a mí con el culo en pompa, estaban rojos de la irritación; poniendo la pomada en sus dedos, Juan empezó a ponerla primero en mi ano, fue pasando los dedos, era como una vaselina, casi sin darse cuenta alguno se metía un poquito para adentro, con la intención de que quedara bien embadurnado, me estaba excitando otra vez, pequeños gemidos delataban mi estado, Carmen hacía lo mismo con el culo de Carlota con una mano y con el de Eduardo con la otra; empecé a acariciarme mi clítoris suavemente, los sabios dedos de Juan ya entraban y salían con facilidad de mi ano, que realmente con aquella pomada estaba notando muy aliviado. Parecía que volveríamos a empezar la fiesta, pero ahora nos apetecía algo más tranquilo, Carmen se estiró a mi lado y cogiéndome de la cabeza empezó a besarme, yo acariciaba sus pechos y estirándome del todo a su lado di a entender a Juan que me apetecía estar con ella, entendiendo nuestros deseos, los otros tres se fueron de la habitación y nos dejaron solas, fui bajando con mi lengua por el cuello hasta llegar a sus pezones que mordiéndolos un poco enseguida se pusieron erectos y duros, mis dedos ya hurgaban su vagina, ella también acariciaba mis pechos con gran dulzura, (parecía mentira que una mujer como aquella, tan salvaje con el sexo, pudiera ser tan tierna) me susurraba al oído palabras que me sorprendían, hablaban más de amor que de sexo, me llamaba cariño, mi amor, era la primera vez aquel fin de semana que en lugar de follar, hacía el amor.

Volvimos a besarnos, ahora era ella la que bajando la cabeza chupaba mis tetas, siguió bajando hasta mi vulva, sus dedos se volvieron a meter en mi cavidad vaginal acompañados con su lengua, me estremecía de gusto notando como mi clítoris era absorbido por su boca, lo chupaba como un pequeño pene y me hacia disfrutar muchísimo, me corrí entre espasmos mientras ella se bebía mis jugos ávidamente, con la boca llena de ellos volvió a subir y me besó, mi lengua notaba mis jugos calientes en su boca, nos separamos e intercalamos nuestras piernas de manera que nuestros coños quedaron unidos, comenzamos a movernos, parecía que habían hecho una ventosa, a cada movimiento Carmen suspiraba ruidosamente, aceleró el ritmo, era evidente que iba a correrse, me cogía por la mano y el muslo, cuando se corrió abundantemente clavó sus uñas en mi nalga, me había marcado como suya, las mismas marcas se las vi a Carlota el día que nos lo hicimos con Eduardo. Yo también me volví a correr, me dio la sensación de que sus flujos se metían directamente dentro de mi almeja y eso me hizo perder el control y correrme también con gran cantidad de líquidos. Quedamos las dos en silencio, mientras oíamos los ruidos inequívocos que venían de la sala contigua; Juan, Carlota y Eduardo no habían estado perdiendo el tiempo.

Nos levantamos y entreabriendo un poco la puerta los vimos, en aquel momento Carlota y Juan chupaban a la vez la polla de Eduardo, mientras Juan tenia metido en dedo en el culo de Carlota, esta lo masturbaba. Me llevé una sorpresa cuando Eduardo se incorporó un poco y pude ver como tenía incrustado en el culo el enorme consolador de la noche anterior, le entraba completamente y si no se hubiera movido, no lo hubiera visto. Los días anteriores hubiera cortado con Eduardo si me hubiera puesto pegas al frenesí sexual de las ultimas seman

as, ahora viéndolo completamente integrado a una libertad sexual como la que estábamos viviendo me hubiera fastidiado perderlo, incluso viéndolo en aquel momento no pude resistir la tentación de acercarme a los tres y sin pedir permiso a las dos chupones me senté encima de él y metiéndome su polla comencé a cabalgarlo; él me cogía las nalgas e imprimía un ritmo rápido, la noche anterior fue el único que no me folló, y que caray, era mi novio, así que me cogió con muchas ganas, con el aliciente del consolador que le martilleaba el culo, se corrió dentro mío, noté su leche como resbalaba por mis piernas a la vez que yo también explotaba en un orgasmo magnifico.

Carlota y Juan que se habían quedado sin juguete que chupar y poniéndose a cuatro patas, Carlota recibía la polla de Juan alternativamente entre su almeja y su culo, mientras él la cogía por los pechos y apretándolos la hacía gemir en una mezcla de placer y dolor, de vez en cuando le azotaba las nalgas y llamándole zorra le gritaba que no parara y que era su putita, a lo que ella respondía que sí y que hiciera con ella lo que quisiera, por fin de un golpe de cadera Juan se corrió dentro de ella a la vez que ella también llegaba al clímax. Quedaron los dos estirados en el suelo, mientras yo, todavía ensartada en Eduardo notaba la sensación de que su polla se aflojara dentro de mí.

Carmen había quedado aparte, masturbándose mirándonos y llegando al orgasmo casi a la vez que Carlota y Juan. Después de unos minutos para recuperarnos, Carmen se levantó y dijo:

– Vamos a la playa

– – – De acuerdo -dijimos todos al unísono

– – – Venga, y a la vuelta veremos si era cierto eso que decía Carlota de que hiciera Juan con ella lo que quisiera.

– – – Qué haremos -dijo Carlota

– – – A la vuelta, cariño, lo sabrás a la vuelta

– – (CONTINUARA)

– –

A diferencia de la primera parte, éste y los siguientes capítulos de esta historia son fruto de mi imaginación, de hecho la idea me la dio Xandra aprovechando alguna de sus vivencias, pero sin tener relación con su aventura con Carlota. Si os gusta o queréis comentarme algo o darme alguna idea para continuar el relato os lo agradecería.

Carles

Carles15 (arroba) hotmail.com

 

Mujer de dos caras (II)

Lesb, bisex, sodomización-primera vez, trío, relato del dia. Las dos amigas siguen con su relación lésbica. Ambas, aunque por separado, se acuestan con su profesora de aeróbic. Y llegarán a formar un tórrido trío con el novio de una de ellas que hará feliz a su chica cumpliendo la fantasía de la primera sodomización.

Hola de nuevo, han pasado unas semanas después de lo que os conté de mi relación con Carlota, aquella noche que pasamos juntas fue maravillosa y por supuesto lo hemos repetido un montón de veces, aunque no con las comodidades de aquella noche ya que no disponemos de casa para encontrarnos, lo hemos hecho en las duchas del gimnasio o en mi casa un día que me quedé sola, pero normalmente vamos a un pequeño cuartito que hay en el terrado de su casa y que nunca sube nadie.

Desde el primer momento acordamos no contárselo a nadie y seguir con nuestras relaciones con nuestros novios, procuramos que todo siguiera con normalidad, la verdad es que también me apetecía un buen polvo con Eduardo a parte de montármelo con Carlota.

No obstante, Carlota a los pocos días rompió con su novio, según decía no tenía nada que ver con lo nuestro, pero yo sospechaba que se estaba decantando por el lesbianismo como tendencia sexual completa.

Seguimos acudiendo al gimnasio, teníamos un bono de 3 veces por semana (lunes, miércoles y viernes) y Carlota cuando yo me despistaba se perdía por los vestuarios con Carmen, realmente le había cogido afición a hacérselo con tías. Carmen, los días que no iba como clienta (martes, jueves y sábados) daba clases en el mismo gimnasio de aeróbic para sacarse un dinero, con lo que cada día estaba por allí. Cuando llegaron las vacaciones, teníamos todo el día libre y para sacarme un dinero, empecé a trabajar en una hamburguesería los viernes y los sábados, como Carlota seguía con Carmen, no le importó los viernes ir sola al gimnasio.

Por no perder un día del bono, empecé a ir los jueves en lugar de los viernes, allí me encontraba a Carmen, que por casualidad daba la hora de aeróbic que asistía yo. Realmente era guapa, y con aquellas mallas ajustadas que llevaba, mostraba una figura preciosa, nos fuimos conociendo y pasó lo que tenía que pasar, usando la misma técnica que con Carlota, primero como quien no quiere la cosa y poco a poco llegamos a más, hasta que en las duchas nos lo montamos las dos. Era una verdadera maestra, me hizo gozar muchísimo en aquel encuentro y sin esperar que ella me lo propusiera, le dije de ir a su casa, naturalmente aceptó.

Recordando lo que me contó Carlota, me vestí sin el tanga, y nos dirigimos al coche, aún no habíamos salido del parking ya estaba trabajándome los bajos, yo la imite y puse mi mano en su entrepierna, tampoco llevaba nada, por lo visto, nunca se ponía ropa interior. Mis dedos jugaban con su agujerito, entraban y salían, pellizcaban, apretaban su clítoris obligándola a gemir mientras conducía, sus piernas muy abiertas se movían rítmicamente a cada embestida mía. Estando paradas en un semáforo, se corrió violentamente, un motorista que estaba junto a la ventanilla del coche se percató y vio mi mano metida debajo de su falda mientras ella se agitaba furiosa, nos estuvo siguiendo un buen rato, por fin entramos en el garaje de la finca de Carmen. Bajamos del coche y nos dirigimos al ascensor, una vez dentro nos besamos y acariciamos todo el cuerpo, vive en un noveno piso y tardó lo suficiente en subir como para que mi top acabara enrollado a mi cintura, me comía las tetas y los pezones mientras metía sus dedos en la vagina. Por suerte era tarde y nadie nos vio, en el vestíbulo de la escalera le bajé la faldita y empecé a pasar mi dedo por su culo a la vez que mi lengua entraba en su coño, como pudimos llegamos al apartamento y entramos.

Fuimos directas al dormitorio desnudándonos del todo por el pasillo, ya en la cama volvía a meter mi lengua repartiéndola entre el orificio del culo y su concha. Estábamos sudorosas, nuestros cuerpos se movían a oleadas de placer, se puso con sus piernas entre las mías haciendo rozar nuestros coños y moviéndose como si quisiera follarme con su clítoris. Nos corrimos las dos a la vez, y nos quedamos estiradas una junto a la otra. Nos pusimos a hablar.

– ¿Desde cuando te van las tías? -le pregunté – – Desde hace dos años que voy al gimnasio y me enrollé con una chica que trabajaba allí de recepcionista.

– – – ¿Y no has estado con chicos desde entonces?

– – – Por supuesto que sí, me encanta hacerlo con tíos, en asuntos de sexo estoy abierta a muchas posibilidades y no me gustaría tener que rechazar ninguna.

– – – A mi me pasa lo mismo, no por montármelo con alguna chica voy a prescindir de una follada con mi novio.

– – – ¿Con cuantas chicas has estado?

– – – Con dos, contigo y con Carlota. – – Al decirle esto se quedo pensativa, y después de pensar un poco me dijo: – – ¿Tu sabias que estoy liada con Carlota?

– – – Sí, aunque no sé hasta que punto. De hecho Carlota se acuesta contigo y conmigo.

– – – Nuestra relación no tiene ningún compromiso, solamente es de sexo, pero no sé que pensaría si supiera que tu y yo nos hemos acostado.

– – – Y seguiremos acostándonos, espero

– – – Sí, claro, pero creo que sería mejor que no se enterase, no quisiera hacerle daño ni perderla como amante.

– – – De acuerdo, de momento lo mantendremos en secreto, pero somos muy amigas y no tenemos secretos entre nosotras, no le esconderé durante mucho tiempo lo que hacemos.

– – – Vale, ya pensaremos la manera de decírselo.

– Dimos por terminada la sesión de sexo, nos vestimos y me llevó a mi casa, no sin antes instalar en mi coño sus dedos hasta que llegamos, casi en la puerta de casa y ya cansadísima me corrí por ultima vez aquel día. Nos besamos y quedamos para el Jueves siguiente. Dormí un poco incomoda por tener que ocultar aquello a Carlota, ella era la persona con la que más confianza tenía y me parecía estarle fallando.

Al día siguiente, con mi novio y Carlota fui a la playa, estuvimos los tres jugando y bañándonos, me miraba a Carlota, con su pequeño bikini, sus pechos (más desarrollados que los míos) pugnaban por salir y el tanga del bikini marcaba un precioso culito. Entonces caí en la cuenta de que hacía casi un mes que no hacía el amor con ningún chico y llegué a la conclusión que estas cosas no dejan de gustar de un día para otro. Se me ocurrió que si yo le dejaba a mi novio a ella no le importaría compartir al "suyo". Comencé a tramar la manera de que se enrollaran y se me ocurrió decir que me encontraba mal, que me dolía la cabeza y que quería ir para casa, eran las 11,30 de la mañana y hasta las 15h no volverían mis padres de trabajar. En media hora llegamos a casa, por el camino me encargué de calentar un poco el ambiente, le metía mano al paquete de Eduardo mientras hablábamos de lo grande que la tenía, él, primero un poco cortado, intentaba disimular su bulto con la camiseta que llevaba puesta, yo veía que Carlota solo hacia que mirar mi mano como se movía dentro de las bermudas de Eduardo, hasta Eduardo se dio cuenta que Carlota no perdía de vista lo que estaba pasando y llevado por el morbo se levantó la camiseta y dejó a la vista su pene cogido por mi mano, los ojos de Carlota estaban súper abiertos, ¡¡¡ con el tiempo que hacia que no cataba una polla !!!. Decidí dar el último empujón a mi plan y bajando la cabeza empecé a chupársela mientras conducía, de reojo, veía a Carlota con su mano metida en el tanga, moviéndola rítmicamente y sin dejar de mirar, incluso empezó a acariciar mi cabeza marcando el ritmo de la mamada.

Llegamos a casa, ya en el ascensor seguí chupándosela pero ahora, Carlota, de rodillas a mi lado también participaba de la fiesta, por supuesto Eduardo no protestó lo más mínimo de que las dos nos aplicáramos a pasar nuestras lenguas por su polla. Fuimos directos a la cama de mis padres y allí nos desnudamos los tres, Carlota estiró de un empujón a Eduardo en la cama y sentándose sobre él se metió todo el pene de un golpe, se lo estaba follando salvajemente mientras él aullaba de placer, yo me senté en la cara de Eduardo para que me comiera, mientras aprovechando que no veía nada, me besaba con Carlota (la verdad, es que no me importaba lo mas mínimo que me viera con Carlota, si no le gustaba ya me buscaría otro novio), Carlota dio un grito de placer en el momento que Eduardo se corrió dentro de ella, volver a notar la leche caliente

después de tanto tiempo dentro de ella fue demasiado y también se corrió violentamente, en unos segundos volvía a estar la polla dura, mientras Eduardo comía mi conejo Carlota se había apartado y yo volvía a chuparle haciendo un 69, cuando no pude más me incorporé y poniéndome a 4 patas esperé a que me follara, él ante aquel panorama de mi coñito abierto esperando su polla no se hizo de rogar y me embistió por detrás, entraba y salía con fuerza de mi cuerpo, Carlota ya un poco recuperada y olvidándose de nuestro pacto de silencio se situó delante mío ofreciéndome su concha y bajando la cabeza comencé a pasar mi lengua. La sorpresa de Eduardo debió ser mayúscula, su novia, una folladora como pocas, comiéndole la almeja a su mejor amiga, paró incluso de follarme, durante unos segundos permaneció inmóvil. Él era de aquellos tíos machitos que no entienden que una tía se lo monte con otra habiendo tíos, supongo, porque no le veía la cara, que estaba a punto de darle un ataque, mientras yo seguía bebiendo la miel de Carlota y limpiándole con la lengua los restos de semen de Eduardo. Mi culo seguía delante de su polla moviéndose instintivamente, esperando que volviera a meterla, de repente la volvió a meter, pero no en el coñito que ya estaba muy abierto y mojado, sino que de un solo empujón la introdujo en mi culo que hasta ese día había permanecido virgen. Me puse a gritar desesperadamente, realmente me dolía muchísimo, intentaba zafarme de su polla pero me tenía bien cogida con sus manos en mis caderas, empezó un mete y saca rítmico, sin importarle mis quejas y lloros, él seguía a lo suyo. Carlota se había incorporado y miraba la escena, en vez de ayudarme a escapar de Eduardo, la muy puta se puso a besarme y a tocarme las tetas, en unos minutos mi esfínter se dio poco a poco de sí, junto con los tocamientos y besos de Carlota empecé a notar un placer nuevo, notaba la polla como entraba y salía haciendo todo el recorrido con lentitud y viendo que me empezaba a gustar, Eduardo soltó una mano y empezó a acariciar mi clítoris.

Aquel ataque de Eduardo había conseguido que gozara con él más que todas las veces anteriores que habíamos follado, cuando aceleró el ritmo noté que se iba a correr, le hubiera dicho que no se corriera dentro si no hubiera tenido la boca ocupada por la lengua de Carlota, ya no podía parar de moverme, ahora era yo que movía el culo rítmicamente; por un momento noté como si su polla aumentara aún más de tamaño y con grandes espasmos se corrió, noté su leche caliente dentro de mis entrañas y me corrí yo también inmediatamente.

Quedé estirada boca abajo, exhausta, el semen salía de mi culo cayendo entre mis muslos, cerré los ojos y me relajé con el dolor de mi ano bastante vivo. Eduardo estaba de pie, quizás pensando lo que había hecho, su polla seguía tiesa, encularme debía ser una fantasía para él, y se había hecho realidad. Carlota era la única que parecía insatisfecha y sentándose al borde de la cama, se puso a limpiar la polla de Eduardo con la lengua, éste reaccionó volviendo a estar a punto, Carlota se puso a cuatro patas y guiando con la mano la polla se la apuntaló en el culo y empezó a empujar hacia tras, el pene de Eduardo entró primero la cabeza, un gemido de Carlota me hizo abrir los ojos, le miré a la cara y pude ver sus ojos como se le iban de gusto, la polla seguía entrando hasta el fondo, con la boca abierta susurraba que la iba a partir en dos, pero ella no paraba, se movía hacia delante y hacia detrás, ella sola se estaba enculando mientras Eduardo sin apenas moverse veía su cipote como se perdía en el interior de mi amiga. Yo no podía moverme y me limité a mirar mientras me acariciaba, Carlota se corrió un par de veces antes que Eduardo volviera a correrse definitivamente, cayó de rodillas agotado del esfuerzo (no creí que pudiera correrse tres veces en tan poco tiempo), yo aproveché para que en aquella misma posición y abriendo las piernas me hiciera una ultima comida de coño.

Había sido una buena mañana de sexo y perfecta para mis propósitos. (CONTINUARA)

A diferencia de la primera parte, éste y los siguientes capítulos de esta historia son fruto de mi imaginación, d

e hecho la idea me la dio Xandra aprovechando alguna de sus vivencias, pero sin tener relación con su aventura con Carlota. Si os gusta o queréis comentarme algo o darme alguna idea para continuar el relato os lo agradecería.

Carles

Carles15 (arroba) hotmail.com

 

Retractación estándar (X)

Dominación. Al volver a su casa interroga de nuevo a su esclava por las razones de su intento de suicidio. Al fin obtiene la respuesta, la premia con un buen polvo "terapéutico" y reflexiona sobre la historia de la chica.

La siguiente pieza de ficción se pretende un entretenimiento para ADULTOS y ha sido publicada sólo en un grupo apropiado de Internet. Si se encuentra en algún otro sitio no es responsabilidad del autor.

Todos los personajes de este relato son ficticios, cualquier parecido con personas reales vivas o muertas es pura coincidencia. El autor no está de acuerdo necesariamente con cualquiera de las actividades detalladas en el relato, algunas de las cuales son peligrosas o ilegales.

Quin 1996 TMQuin (arroba) ibm.net Traducido por GGG 2000

La ayudé a levantarse. Parecía aprensiva. Supongo que no podía culparla – no habíamos quedado precisamente en muy buenos términos. Su maquillaje de ojos se había embadurnado y podía asegurar que había estado llorando de nuevo. La miré a los ojos e intentó desviar la mirada. El collar postural se lo impidió y la agarré de la barbilla y la forcé a mirarme.

Mientras miraba aquellos ojos llenos de necesidad, supe que había vencido, que en un periodo de unos pocos días había hecho a Caroline Conway – la hija del predicador, la pequeña buena chica – desesperadamente adicta al sexo. Adelantó sus caderas hacia mí de nuevo y gimió. Estaba sin amordazar y perfectamente capacitada para pedirme lo que quisiera, pero eran necesidades animales y las pedía como cualquier animal en celo. Había más en esa mirada, una rendición silenciosa, que me decía que estaba totalmente preparada para otra renuncia. Si alguna vez hubo un momento en que estuviera dispuesta a hablar era éste.

La llevé al baño y le quité el vibrador. Se sentó, avergonzada como antes de tenerme observándola. Miré su húmeda caja, nada nuevo allí. Era la hembra más jugosa que había conocido. Se retorció un poco pero hizo lo que tenía que hacer y después la limpié, acabando por empujar de nuevo el vibrador en su interior y aumentar la frecuencia del artilugio ligeramente. Inconscientemente, empujó su pubis cubierto de látex en mi dirección y sus ojos plantearon una pregunta en silencio. Solo la última semana había sido una estudiante luchadora, que vivía en un minúsculo apartamento. Ahora estaba junto a mí, una reina fetichista pidiendo a un hombre que se la follara, casi una ninfómana, y muy cerca de ser una esclava. La idea me divertía.

Sonreí, acariciando su desnudo pecho durante un momento para asegurar que sus pezones recibían alguna atención también, luego la llevé a la mazmorra. La forcé a sentarse en la silla de atar (sin consoladores) y empecé a atarla. Me detuve, haciendo mi toque más pausado, mientras enganchaba los tobillos a las patas. Ella estaba caliente y preparada así que alcancé su palpitante entrepierna y mientras jadeaba, pidiendo más sin hablar, le quité el vibrador. Lloró frustrada, caliente pero rechazada. Me limité a sonreír. Esto haría las cosas más fáciles.

"De acuerdo. Me he calmado un tanto y quiero oír lo que tengas que decir."

"Por favor…"

"¿Quieres correrte, esclava?"

"Oh… sí"

"Entonces no tendrás problema en decirme que es toda esta movida."

Miró hacia arriba, esperanzada, "Qué, ¿respecto a mi oferta?"

"No, no es respecto a tu oferta."

"Por favor Amo, haré todo…"

"¡Basta!"

Se quedó en silencio, sintiendo mi enfado. La cogí por abajo y la forcé a mirarme. Mejor acabar con esto.

Sonreí. "Vale, así que quieres hablar sobre tu *oferta*. Veamos eso primero, ¿de acuerdo?" Quería asegurarme de que ella se había dado cuenta de lo permanente de su posición. Quizás esto la persuadiera de contarme lo que necesitaba saber. "Es mi intención retenerte para siempre, pero suponiendo que me canse de ti, ¿qué te hace pensar que vaya a liberarte? ¿Cómo sabes que no hay una tumba poco profunda en tu futuro?"

Se

estremeció y durante un instante una mirada de miedo cruzó su rostro, pero entonces intentó agitar la cabeza. Al encontrarlo imposible se lamió los labios. "No creo que hicieras eso," dijo tranquilamente. Había quizás un pequeño atisbo de duda tras aquellos ojos azules, pero lo hizo lo mejor que pudo para que sonara segura. Me reí. "¿En qué te basas?" pregunté. "Y espero que no sea una opinión psicológica. No apostaría mi vida en ello, ¡no hasta tal punto!"

"No," dijo, su voz casi un susurro.

"Entonces ¿qué?"

"Una esclava debe conocer el pensamiento de su Amo" dijo. "No lo conozco, no por completo, pero sé que reglas son importantes para ti. Creo que no me matarías por ninguna razón, me di cuenta ayer."

Estaba empezando a entender. "¿Pensabas que te iba a matar?"

Miró hacia arriba, "Pensaba que era lo más probable," admitió. "Pensaba que me retendrías un par de semanas, un mes como máximo. Intentaba no provocarte, no intentar escapar a menos que supiera que la cosa iba a marchar… ayer, cuando intenté escapar, pensé que me matarías seguro, pero no lo hiciste. Entonces me di cuenta de que hablabas en serio en lo de mantenerme como esclava y que tenía un futuro en el que pensar." Me miró con aquellos grandes ojos azules, implorando. "Mi oferta es buena," dijo. "Seré tu esclava voluntariamente, haré lo que sea a cambio, las perforaciones, la marca a fuego, incluso un hijo si es lo que quieres." Sonreí de nuevo, cuando entendí. "Lo que me estás ofreciendo es ser mi novia," dije. "Bueno, puede sorprenderte aprender que puedo conseguir una chica sin problemas en cualquier parte. Si no es por amor entonces por el hecho de que soy un hombre muy saludable." Levanté la mano y le acaricié la mejilla, de nuevo. No intentó detenerme.

"Si lo deseara, habría comprado tu bonito culito," dije. "Podrías rehusar pero piensa; ¿cuánto tienes? Si hubiera llegado a ti y te ofreciera, digamos, mil dólares por una noche ¿realmente lo habrías rechazado?" Su mirada me dijo que no lo sabía. "Podríamos seguir," dije. "¿Cuánto me costarían las perforaciones, o el marcaje a fuego, o el niño? Probablemente mucho menos que lo que ya me ha costado traerte aquí. ¿Recuerdas el traje de la última noche? Esas botas eran probablemente el calzado más caro que hayas llevado en tu vida, ese corsé solo, cuesta más que la mitad de tu guardarropa. Tomar una esclava es una afición muy cara pero vale la pena porque a cambio obtengo algo que no podría comprar nunca – el control completo sobre tu vida. Si yo decido tirarte dentro de diez años y te ves forzada a hacer tu camino en el mundo sin educación, también es mi elección. Igualmente podría venderte con facilidad a un burdel en México, también es una elección mía. Eso es lo que la posesión me ofrece.

Parecía descolocada, casi aterrorizada cuando mencioné el burdel. Sonreí mientras explicaba, "Caroline Conway no tiene ningún futuro que planificar, esclava. Ella murió en aquel callejón. Mi esclava tiene un largo e interesante futuro por delante de ella, una vez que acepte su situación y empiece a mirar hacia delante en lugar de hacia atrás."

Estaba en silencio, moviéndose nerviosamente como una escolar delante del director y quizá un poco enfurruñada.

"Ahora, esclava, lo que quiero es saber por qué casi te ahorcas hoy."

No dijo nada. Volví a pensar en Maggie.

"¿Has tenido un aborto?"

Miró sorprendida, escandalizada. "No. Yo…"

"Entonces ¿qué? ¿Por qué una reacción tan dramática?"

Todavía nada.

"Esclava," dije tan amablemente como pude, "Propiedad quiere decir responsabilidad. Eres mi esclava, yo soy tu Amo. Quiero ayudarte, y tú debes necesitar esa ayuda o no habrías hecho algo tan melodramático. Ahora ¡dímelo!" Podría asegurar que lo estaba deseando pero algo profundo y antiguo estaba luchando contra mí por la conquista de su alma.

"¡Dímelo!"

Todavía nada. Entonces recordé lo que había dicho Maggie, que p

odía estar amenazada con un castigo si lo decía. Bueno, serían dos a jugar a ese juego. Permití que la característica de vicioso se mostrara en mi voz.

"¡No tengo todo el día, Guarra!"

"Lo siento Amo."

"Eso no es suficientemente bueno," dije fríamente. "¿Cuál es la regla uno?"

"Obedecer a la primera, en todos los casos." Dijo sin dudar.

"¿O?"

"Ser castigada," susurró.

"Y éste es el credo para el que vives, las reglas que dices que mantengo siempre."

"Sí." Era casi una vocalización.

"Bueno entonces, te he dado una orden directa. Estás así lejos de un castigo importante, esclava. Eso te acerca. Vas a decirme todo sobre lo que está pasando aquí y lo vas a hacer *ahora*." Golpeé ruidosamente la fusta contra la mesa. Empezó a llorar. "Por favor, no puedo," gimió.

"¿Entonces una flagelación de coño? ¿Veinte latigazos?"

Se envaró. Uno habría sido suficientemente doloroso, veinte debe haberle parecido inimaginable.

"¡Por favor!"

"¿He oído treinta?"

"¡No!"

"¡Treinta para la estúpida zorra atada a la silla!" dije como un subastador simulado.

"¡Por favor!"

Podía decir que fuera lo que fuera no quería decirlo. Obviamente se necesitaba coaccionarla y tenía que venderle la idea de que rehusar iría asociado a un dolor mayor. En un instante tomé mi decisión. Bajé con dureza le fusta sobre su desprotegido pezón y grité, "¡Vendido!" Gritó y lloró pero siguió sin decir nada. Esperé unos pocos segundos, luego moví la cabeza. "Ya veo. ¡Entonces una flagelación de coño!" dije con un indicio de desilusión en mi voz.

"No, ¡por favor!" gritó. Era una agonía para ella, desgarrada entre obedecerme y el miedo o la vergüenza sobre su espalda. Me puse en pie y me dirigí al armario. Lo había dejado abierto deliberadamente de modo que los látigos y azotadores que colgaban en la parte trasera de la puerta fueran visibles para ella. Desde luego yo sabía que estaban diseñados para el juego sexual, y en el peor de los casos podían producir sólo dolor suave e incomodidad. Pero, Dios, parecían maravillosos. Oí el jadeo cuando me volví hacia ellos.

"¡S…s… soy una bastarda!"

Me paré. No era el tipo de cosa que esperaba que dijera una señora, especialmente de sí misma. Me llevo un momento darme cuenta que lo decía literalmente. Pensando en ello me pegué una patada a mí mismo por no haberlo deducido antes. La fecha de boda de los padres de Caroline era una de las cosas que había comprobado en primer lugar, puesto que no hubiera sido propio de una hija respetuosa olvidar un aniversario tan importante. La fecha saltó a mi cabeza y me di cuenta de inmediato de que era errónea. O mejor, que no encajaba con la edad de Caroline. En mi defensa el hecho de que muchos de mis amigos casados han cohabitado durante un tiempo y no tiendo a relacionar directamente el tiempo desde la boda con el tiempo de relación. El Reverendo Conway no me encajaba como del tipo de los que cohabitan.

Un cálculo rápido me indicó que Caroline tenía casi dieciocho meses cuando ocurrió el feliz acontecimiento. Luego mis palabras volvieron a mí:

"…si es una chica podrás cuidarla tu misma, no quiero perder el tiempo con tus bastardos."

"Eres ilegítima," dije con algo de alivio, recordando las historias de horror contadas por Maggie. Una parte de mí pensaba que ella había reaccionado excesivamente; después de todo un enorme número de niños nacen fuera del matrimonio en estos tiempos. Entonces recordé que no había crecido en el mundo real sino en la extraña zona a media luz que era una pequeña ciudad de la Norteamérica del centro. Podía imaginar los comentarios, las miradas sabedoras, el cotilleo – y luego, otra parte del rompecabezas encontraba su sitio.

"El Reverendo Conway no es tu verdadero padre, ¿verdad?" dije suavemente. "Se casó con tu madre después de que hubieras nacido."

"Sí," Su cara estaba roja de vergüenza. Parecía

una heroína de un melodrama victoriano, el hijo expósito nacido del pecado.

Todavía no podía empezar a imaginar el motivo del Reverendo para casarse con una madre soltera, pero conociendo el Cinturón Bíblico estaba seguro que podría encontrar alguna forma de venderlo a su leal congregación. "Entonces, ¿quién es tu verdadero padre?"

Intentó mover la cabeza. "No lo sé." Empezó a llorar y mis temores volvieron. Así que era bastarda, pero incluso en la Iowa más oscura no podía producir tanta congoja. Entonces recordé su reacción a mis palabras, la carta suplicante que escribía a su madre.

Madre.

"Así que el bueno del Reverendo no es tu padre. ¿Entonces qué?" No dijo nada. Asumí el riesgo. ¿Todavía te asusta mucho él?"

Me miró sorprendida, obviamente preocupada ahora. "¿L-lo sabes?"

"¡Cuéntamelo!"

Tambaleó la cabeza, sollozando.

Estaba tan claro. No sé porque no lo había pensado antes. Me volví hacia ella haciendo un gesto de barrido con la mano. "Todo esto, toda la representación," exigí "Era todo por tu padre, ¿verdad?"

Una expresión cruzó su cara, una extraña mezcla de miedo y alivio. Si Maggie tenía razón, Caroline había arrastrado con ella un oscuro secreto durante muchos años, temerosa de decírselo a alguien porque pensaba que la odiarían. Una parte de su mente quería desesperadamente decirlo, para liberarse de la culpa. La confesión es una ayuda poderosa para el condicionamiento de alguien; produce confianza porque en el fondo todos tenemos algo que ocultar. No es sorprendente que se use intensamente como parte del proceso de lavado de cerebro.

Asentí para mí mismo. "Quiero que me digas todo sobre el asunto. Todo, ¿entendido?"

"No, por favor -"

"¡La respuesta no es correcta!" dije. "Esclava, no hay nada que puedas decirme que pueda impresionarme de ninguna manera. No es posible para mí creer menos en ti de lo que hago en este momento. No te equivoques – me lo dirás más tarde o más temprano. Tengo cantidad de maneras interesantes y dolorosas de obligarte a decírmelo. Habla ahora antes de que tenga que flagelártelo, y puedes conseguir algo de mi respeto."

Me miró al oír esto. "¿Respeto?" Su voz era tranquila pero emocionada.

"Ganar el respeto de su Amo es la única cosa que debe preocupar a una esclava," dije. "Es la única manera de que llegue a ser más que un objeto."

"Por favor."

"¿Qué pasa, temes que vaya contándolo por ahí? ¿Qué piensas que diré?" me deslicé con una imitación de la voz arrastrada tipo tejano. "Hola Bob, viejo amigo, viejo colega. Nunca te lo hubieras imaginado – Caroline, la chica secuestrada que tengo encerrada en mi sótano. Demonio, resulta que folla con los animales de la granja."

Esto la hizo sonreír un poco, pero todavía se mantenía el miedo en sus ojos. "No importa lo que hayas hecho, no te voy a echar probablemente," continué. "Podrías decírmelo. Ahora."

"Él dijo que…" Cerró los ojos, las lágrimas centelleando en sus mejillas.

"¡Temes que te haga daño!"

Habría asentido pero el collar postural lo impedía. "Sí," susurró.

Me reí cruelmente. "Has sido raptada, llevada a incontables millas, encerrada en una habitación oculta tras una puerta que un tanque no podría atravesar, y ¿todavía tienes miedo de que te castigue?"

"Sí."

"Bueno, pues no lo hará," dije, inclinándome hacia abajo hasta que estuve casi nariz con nariz con ella. "Porque para conseguirlo tiene que pasar por mí, y soy la cosa más espeluznante en el cielo o en el infierno que ese bastardo encontraría nunca."

Me miró con sus ojos de cierva. Deseaba tanto creerlo.

"Soy tu Amo, esclava," dije, con el ronroneo de un gato silvestre. Todo lustroso y poderoso y afeitado a navaja, algo que podía matar en un parpadeo. "Eres mi propiedad y defiendo mi propiedad. No importa cual."

La liberé, entonces, sentándola y empujándola a

mi regazo. Se acurrucó como una niñita atemorizada. La mantuve cerca, dejándola sentir el calor de mi cuerpo, el contacto físico tangible. Recordando lo que había dicho Maggie, acaricié suavemente su pecho en una actitud deliberadamente tranquilizadora, especialmente para alguien tan necesitada como ella en aquel momento. "Dímelo todo," dije. "Nadie te castigará por lo que haya ocurrido."

Me miró. Estaba tan cerca de la superficie.

"Cuéntamelo," susurré. "Puedo librarte de la culpa." Durante un instante lloró, pero sabía que pronto ocurriría así que pulsé un botón del mando a distancia. En algún sitio arriba el sistema de sonido empezó a grabar…

Había empezado hablando como un niño, usando frases simples como si tuviera cinco o seis años. A medida que la historia avanzaba su utilización del lenguaje iba mejorando, casi como si estuviera en estado hipnótico. O quizás había estado ensayándolo en su mente durante todos estos años, esperando a ese adulto ansiado que nunca había llegado para salvarla del infierno que era su hogar. En cualquier caso, le llevó varias horas conseguir pasarlo. Periódicamente se venía abajo y tenía que reconfortarla antes de que siguiera. Lo contó lentamente, y ante mi insistencia lo había descrito todo con un nivel de detalle vívido, casi grotesco. Cuando finalmente se hubo tranquilizado, recogí una botella de whisky de la bodega y bebimos hasta llegar a un amodorramiento ligero. Esta vez no se había opuesto, tan agradecida al licor como lo estaba yo. Luego la había vuelto a llevar a la celda y vuelto a enganchar al cable. Me miró y sentí la necesidad de retenerla. Estaba todavía rígida y tensa y sabía que no podría dormir en ese estado.

Empecé a acariciarla, reavivando la ardiente necesidad enterrada profundamente en su vientre, sintiendo que su cuerpo se relajaba, aceptando finalmente la absolución y la liberación de la culpa. Entonces aparté muy suavemente sus piernas y empecé a lamerle y excitarle el coño, sintiendo el calor, la necesidad arrastrarse por ella, aniquilando cualquier otra consideración. Me concentré en su clítoris, llevando la sensación aún más lejos, escuchando como perdía el control y sus gritos de lujuria llenaban la habitación. Luego cuando consideré que era el momento adecuado, me detuve y me desplacé de modo que pudiera jugar suavemente con sus pezones, escuchando como se incrementaba aún más el volumen de sus gritos. Prolongué el momento, manteniéndola al borde minuto tras minuto, sabiendo que para ella era una eternidad de dulce agonía, una tortura más intensa que cualquier dolor. Me encontré pensando en Maggie y el momento con ella, antes en esa noche, ¿había sido intenso para ella? ¿Me importaba en realidad?

Luego deslicé mi polla en su caliente agujero y la follé lentamente, sintiendo como su estrechez me llevaba dentro, envolviéndome completamente. Por primera vez, aspiraba a darle su máximo disfrute, acompasando mis caricias a sus necesidades y sintiendo su cuerpo tensarse contra las ligaduras mientras se arrastraba por el borde. Luego se corrió una y otra vez, una ardiente cadena de clímax, como si todos esos orgasmos que su culpa le había evitado se hubieran encontrado finalmente libres. Lentamente, por fin, sonrió y casi al instante se quedó dormida. Hice una pausa para aflojar alguna de las correas y aliviar la presión en sus brazos. Parecía un ángel, finas gavillas de pelo rubio enmarcando su preciosa cara. Parecía tranquila, con esa extraña expresión de paz en su cara que solo se asocia con los niños. Era como si todos aquellos terribles años se acabaran de esfumar y fuera de nuevo una jovencita, disfrutando el profundo sueño de una renovada inocencia.

Yo no tuve tanta suerte. Al principio había estado entusiasmado por mi nuevo poder. Sabía que los demonios del pasado eran el único obstáculo a mi control total sobre ella, y me había ido a la cama como al cielo de los cerdos; había atado y follado a dos bellas mujeres hoy, y quizás Vicky fuera la número tres. Recordé el apuro de Maggie con su atuendo de buscona, aquellos grandes ojos implorantes sobre la mordaza mientras estábamos en el ascensor. Oí los gritos de Caroline mientras se corría una y otra vez, recordab

a el dulce sabor de su coño, la mirada de sus ojos que me decía que era casi mía. Había ido a la deriva sintiéndome borracho y muy satisfecho. No era lo último.

Me levanté sobre las tres con la desagradable sensación de que acababa de tener otro mal sueño y un dolor de cabeza machacón. Me supuso dos Advil, tres tazas de café y casi dos horas de Animaniacs antes de sentir que podría dormir sin pesadillas. A la mañana siguiente me levanté temprano. Todavía acechaban rastros del dolor de cabeza en la parte trasera de mi cráneo, así que necesité más pastillas y café. Un vistazo rápido me mostró que todavía dormía, de modo que me aseé y me dirigí pesadamente a mi oficina. Desempaqueté su caja pequeña, clasificando rápidamente los diarios y fotos del resto de su vida. Luego reproduje la grabación, eliminando las pausas y lo peor de los lloros angustiados. Durante unas pocas horas tomé sistemáticamente su historia y la transformé en un monólogo, contando una historia desgarradora de su vida. La escuché unas cuantas veces para conseguir un sentimiento al respecto, luego utilicé las fotos de los álbumes y aquellos pequeños diarios con candado para añadir detalles que ella había olvidado. Había empezado con una frase simple.

"Mamá no me quería realmente. Nunca me lo dijo, pero lo sé. Supongo que yo era un accidente. Es un poco extraño pensar de esa forma sobre esto, pero es verdad. Suena casi como una película de la semana – una animadora y algún chico de secundaria se meten juntos en el asiento trasero de uno de esos coches grandes y viejos, se quitan la ropa y, …bueno, ya sabes. Mamá dijo que había usado protección a pesar de ser católica, pero Dios la había castigado en todo caso y me tuvo a mí. Solía pensar que podía recordar los días… anteriores, pero Mamá dice que no es posible. Mi primer recuerdo real es de él tirándome a mi madre y ordenándole que me hiciera parar de llorar. Si no lo conseguía, él la pegaba. De alguna forma entendí desde entonces que la única forma de que dejara de hacerle daño era hacer lo que él decía. Esa fue la primera vez que me dijo que no contara a los vecinos o a alguien ajeno a nuestra casa lo que le hacía a Mamá. Dijo que le haría aún más daño si lo hacía."

Miré las fotos de la escuela primaria, de la niña malhumorada de pelo rubio en la parte de atrás de filas y filas de niños sonrientes.

"No comprendí que éramos distintos hasta mi primer día en la escuela. Mamá me llevó a la reja y agitó las manos mientras iba para adentro. Las otras madres esperaban un rato. Se quedaban allí hablando, intercambiando sus historias favoritas sobre sus niños – cosas normales. Pero Mamá volvía directamente para hacerle el desayuno. Si se hubiera quedado como las otras madres, él se habría enfadado durante unos minutos. Luego le habría pegado. Fue entonces cuando empecé a entender. Los otros niños me dijeron que sus padres se casaron porque se habían enamorado. Supongo que pensaba que los míos también. Y podía ser, si ya no lo estaban, que quizás fuera culpa mía. Sin embargo cuando empecé a crecer, me di cuenta de que ella había sido joven y guapa con una hija y sin marido. Mamá era … no sé. Vulnerable, supongo. Vulnerable, y débil, y no podía soportar los cotilleos y los dedos apuntadores. De modo que cuando le ofreció hacerla respetable, lo aceptó incluso aunque le pidiera su alma a cambio. Sabes, me dijo en una ocasión que aunque sabía que era cruel, pensaba que podría cambiarle. Pero fue él quien la destruyó."

Observé de nuevo el retrato familiar. El aspecto severo, la manera en que Judith miraba hacia abajo con sometimiento.

"Ella no fue realmente humana nunca más, la manera en que hacía todo lo que él decía. Ella… Dios. Se degradaba cuando se lo pedía. La hizo hacer cosas horribles. Nunca pude entender por qué – no sabía como eran las cosas para una madre soltera con una hija. Él mantenía esta culpa sobre su cabeza. Muy a menudo, se volvía loco y amenazaba con echarnos, decir a todo el mundo que Mamá era una puta de diez centavos que dormiría con cualquiera.

Ella lloraba y suplicaba y se entregaba a su clemencia. Él nunca lo hizo, desde luego – era solo una forma de ejercitar su poder. Pero ella no podía correr ese riesgo."

Saqué una foto tomada en el patio de alguien. Niñas guapas con trajes de verano ligeros, sonriendo, riendo todas excepto la rubia, pecosa Caroline.

"Cuando tenía seis años, empezó… él… empezó a estar interesado en mí. Antes de eso, acostumbraba a llamarme "la Bastarda" cuando estábamos en casa y me pegaba si me encontraba en su camino. Pero de repente empezó a ser amable, casi como los otros padres. Podría decir que Mamá estaba aterrada, pero no sabía por qué. Todo el tiempo intentaba asegurarse de no dejarnos nunca solos, pero empezó a pegarle más y más. Entonces un día fue a visitar a una parroquiana enferma, una vieja que no tenía muchas visitas. Él se quejaba de que casi había dejado de hablarle, pero tenía que visitarla. Después de que saliera, Mamá dijo que íbamos a jugar a una cosa. Me dio una maleta y dijo que intentaríamos hacer el equipaje para unas vacaciones y veríamos a que velocidad estábamos preparadas. Yo pretendí que nos íbamos a Hawaii, y empaqueté todos mis trajes de baño para poder ser una sirena cuando estuviéramos allí.

Casi lo conseguimos. Estábamos en las escaleras cuando volvió a casa. Recuerdo su cara, y sus ojos – me asustaron tanto. Corrió escaleras arriba y me agarró, luego le dijo a Mamá que subiera al ático. Puedo jurar que ella estaba asustada – se quedó mirándome, luego a él. Mirando hacia atrás, ahora sé que él estaba junto a la barandilla a propósito. Si ella hubiera hecho cualquier tipo de resistencia me habría tirado por encima. Siempre podría alegar más tarde que había sido un accidente – a los niños les encanta deslizarse por los pasamanos, podía haberse desequilibrado, escurrido… Todavía puedo sentir su mano sujetando mi brazo, casi aplastándolo, y como Mamá dejó en el suelo las maletas y se encaminó escaleras arriba, hacia el ático. Me mandó a mi habitación, y luego escuché sus pasos en las escaleras del ático. No volví a ver a Mamá otra vez en los siguientes dos meses."

Escuchaba con un escalofrío fantasmal esparciéndose por mi cuerpo, la casi ancestral sensación de estar en presencia de un demonio puro. Paré la grabación y me preparé una bebida. Luego continué.

"Después de que Mamá subiera al ático, encontró una señora para que viniera y nos hiciera el trabajo doméstico. Los Petersson se quedaron con Anna – les dijo que Mamá se había ido a un retiro, y necesitaba ayuda con el bebé. Estaban encantados de ayudar – quiero decir, era el Reverendo Conway, ¿verdad? El hombre más agradable de la ciudad. Desde luego ellos se quedarían con Anna. Se ocupó de contar a todo el mundo lo del retiro de Mamá, como estaba intentando encontrar algo de fortaleza espiritual y conseguir algo de descanso para cuidar de las dos niñas pequeñas. Era verano, y puesto que la escuela se había terminado estaría en casa todo el día. Recuerdo que la gente se detenía al lado y le preguntaba sobre asuntos sociales o hablaba con él de cosas de la iglesia. Algunas veces subía al ático, cuando sabía que estaba hablando con alguien, y daba golpes a la puerta. Una vez pensé que podía oír algo moviéndose dentro. Pero nunca contestaba nadie.

Entonces, un día, estaba jugando en el patio y entré. Él estaba en la cocina, haciendo algo en el fregadero. No sé por qué lo hice, pero subí al ático. La puerta estaba abierta, solo un poco y entré dentro. Recuerdo lo oscuro que estaba, con un minúsculo rayo de luz entrando por las sucias ventanas. Al principio, no podía ver nada, y pensé que quizás había dejado bajar a Mamá. Luego oí el ruido. Y me di la vuelta.

Ella… oh, Mamá. Estaba colgando de una de las vigas del tejado. Le había atado los brazos detrás con una cuerda fina, del tipo de las que se usan para embalar el heno. Estaba fuertemente arrollada a los brazos, desde los codos hasta las muñecas, y la piel estaba púrpura e hinchada en cada extremo. No podía haber sido solo para atarla – era para castigarl

a. Una pierna estaba liada apretadamente contra su cuerpo, forzándola a hacer equilibrio sobre la otra pierna. En ese pie, llevaba el zapato de tacón más alto que había visto nunca – no podía entender como podía estar en pie sobre él. Luego vi la cuerda por encima de ella. Estaba atada a sus codos, tirando con fuerza de sus brazos hacia atrás en un ángulo horrible, muy doloroso. Tenía que estar allí de esa forma, sus brazos casi extraídos de sus articulaciones por la cuerda atada a la viga. Se movió un poco, y vi todas esas marcas rojas y moretones cruzando su espalda, como si alguien la hubiera estado flagelando. Él. Él la había estado flagelando.

Debí hacer algún ruido entonces, porque se volvió, y vi la cara de mi Mamá. Casi no la reconocí – estaba amordazada con un trapo asqueroso, y sus ojos eran enormes. Me miraba fijamente, e intentaba decirme algo. Di un paso hacia delante… no quería que me acercara más. Intentó detenerme, y perdió el equilibrio. Hizo el ruido más horrible entonces, mientras caía y todo su peso descansó en sus brazos. Podría jurar que oí un crac mientras se tensaban en el aire. Gritó tras el trapo y se meneó, se retorció hasta que pudo poner su pie de nuevo bajo ella. Fue horrible. Finalmente consiguió recuperar el equilibrio y se quedó de pie allí, mirándome. Y yo la miraba. El único sitio que no estaba magullado o amoratado o herido de alguna forma era su cara. De alguna forma, supe que quería que me escapara y me escondiera.

Lo hice. Dios me ayude, lo hice. Y casi choco con él cuando bajaba las escaleras – volvía por más. El bastardo me agarró y me tapó la boca con una mano, luego me cogió y me llevó a su dormitorio. Me tiró sobre su cama y me metió un pañuelo en la boca, atándolo allí con una de las pañoletas de verano de Mamá. No podía detenerle. Lo intenté, pero era más grande y más fuerte que yo. Me ató las muñecas a la espalda, luego las ató a mi cola de caballo, empujando mi cabeza hacia atrás. He leído sobre esto más tarde – se llama bloqueo de martillo. Luego empezó a atarme las piernas y todo lo que podía pensar era oh no, oh no, como Mamá no, por favor Dios mío, como Mamá no. Lo habría hecho, también – me habría llevado escaleras arriba y me habría colgado al lado de ella, lo sé. Pero justo entonces sonó la campana de la puerta. Me maldijo y me arrastró al armario. Me puso en pie sobre una cesta de la ropa mientras me ataba el cuello a la barra de la ropa. Luego me dijo lo que ocurriría si me movía. Dijo que caería porque no podía usar las piernas y me ahorcaría. Me ahorcaría y moriría. Si quería vivir debería quedarme quieta y tranquila. Luego cerró la puerta del armario. Oí la llave girar en la cerradura, y sus pasos escaleras arriba. Cerró de un portazo la puerta del ático, luego bajó y contestó a la llamada a la puerta.

No sé cuanto tiempo estuve allí. Podía sentir mis piernas entumeciéndose a causa de las cuerdas, y tenía la mirada clavada en la oscuridad, pidiendo que volviera pronto porque no quería morir. Empecé a llorar, y casi me asfixiaba bajo la mordaza cuando mi nariz se taponaba. Luego oí pasos en la caja de la escalera, y una voz de señora. Entonces grité, todo lo alto que pude. Todo lo que oí fue un sonido mudo, como un grito de pájaro. Seguí chillando y ella pasó justo a la derecha del armario. Seguí gritando y no me oyó en absoluto. Utilizó el baño porque pude oír el agua fluir, luego bajó las escaleras. Finalmente, la puerta se cerró y le oí volver a subir las escaleras por mí.

Abrió la puerta y desató la cuerda, luego me bajó de la cesta. Estaba… amable. No sé por qué. Empezó a desatar todas las cuerdas, frotando mis piernas cuando estaban constreñidas. Dijo que había sido solo un mal sueño, y que todo iba bien. Yo sabía que no era así, pero pensaba que me haría daño de nuevo si decía eso, así que no lo hice."

Su padre fue amable con ella los siguientes tres días, jugando y riendo con ella, hasta el punto de que casi creyó que aquella terrible visión escaleras arriba era solo una pesadilla. El cuarto d&

iacute;a la introdujo en el juego.

"Empezó con almíbar. Le gustaba el buen almíbar de arce, no la basura que te dan en los almacenes sino el almíbar auténtico de arce de Vermont. Puso unas pocas gotas en su dedo, luego me dijo que hiciera que era un gatito y las lamiera. Lo hice. Era divertido, y el almíbar sabía bien. Nunca tuve golosinas porque él no creía en ellas, así que algo como el almíbar era un trato especial. Luego me dijo que si era una buena chica y hacía todas mis tareas, me daría otro lametazo de almíbar. Limpié mi cuarto, saqué la basura, y puse los papeles en el depósito del porche, y él puso más almíbar en sus dedos y yo lo lamí. Como un gatito. Luego, una tarde, me llevo a su dormitorio. Dijo que íbamos a jugar a un nuevo juego con el almíbar de arce. Se quitó los pantalones y se metió en la cama y me dijo que me metiera con él. Yo no quería mirarle – estaba todo cómico y peludo entre las piernas, y estaba esa cosa colgando allí. Cogió el almíbar de arce y puso un poco sobre su cosa, y me dijo que lo lamiera. Era solo un juego, dijo. Así que lo hice."

Recordé la mirada avergonzada que me echó.

Gradualmente la cantidad de almíbar se iba reduciendo y la mala técnica era desanimada por palizas frecuentes. Para cuando Judith "volvió", tranquila y destrozada, era una chupadora de pollas consumada. Durante los siguientes diez años su boca caliente haría servicios a su padre al menos dos veces a la semana. Como Maggie había predicho, Charles trasladó la culpa de este abuso a su hija, diciéndole que era diabólica y que ella y su madre serían castigadas si alguien lo sabía. Consiguió que su esposa sumisa y quebrada le apoyara y la asustada niña nunca lo dijo.

Avancé rápido la cinta, moviéndome a través de diez años de abuso frecuente y sistemático en cuestión de instantes.

"A veces parecía como si Mamá estuviera a punto de rebelarse contra él de nuevo. Entonces la volvía a llevar al ático unos días, o una semana. Volvería abajo tranquila y moviéndose cuidadosamente. Nunca se podía ver nada raro en ella – él era demasiado listo para eso. Se aseguraba que los moretones y magulladuras pudieran cubrirse con su vestido. Cuando fui suficientemente mayor, me hacía dormir con él durante estos días. Me hacía que se la chupara, y lo tragara después, y había puesto su cosa en mi culo aunque dolía horriblemente. Pero nunca me folló – dijo que no estaría bien que la hija del reverendo no fuera virgen. Luego se reía y me decía que me estaba reservando para cuando fuera mayor. Me hizo otras cosas, también, cosas que había leído en libros, y a veces… Yo… no sé. A veces sentía… pero me decía que solo a las chicas malas le gustaban este tipo de cosas. Si me gustaban era un guarra, era diabólica e inútil. Como mi Mamá.

Pero nunca le hizo nada de esto a Anna. Anna era su ángel, pura y dulce y nacida dentro del matrimonio. Yo era una bastarda, merecía todo lo que me pasara pero Anna era una “buena chica”. Ella lo sabía, y me hizo la vida un infierno viviente con ello. Si ella rompía algo, o se rasgaba su vestido, o perdía sus tareas caseras, me acusaba a mí. Y él me llevaría a su dormitorio y me pegaría mientras Mamá y Anna esperaban abajo. Cuando volvía a bajar, ella estaba sentada allí en la sala de estar, sonriéndome.

Se hizo peor al crecer. Cuando yo tenía doce años, empecé a oír a las chicas de la escuela hablar de sexo. Una de ellas, más mayor, dijo que se suponía que era divertido, y había una manera en que podías obtener la diversión por ti misma. Lo que tenías que hacer era encontrar ese pequeño bultito entre las piernas y restregarlo suavemente. No las creí al principio – sonaba estúpido. El sexo no era divertido, el sexo dolía. Pero una vez, cuando me estaba dando un baño, decidí buscar el bultito. Fue bastante difícil, pero finalmente lo encontré y lo restregué como ellas decían. Al principio no pasó nada, pero luego empecé a notar esa sensación agradable bajando por mi estómago y, toda calor y estremecimiento. De alguna forma parecido, a veces, a lo que había ocurrido cuando… ya sa

bes. Seguí intentándolo en el baño, y a veces en la cama. Una vez, sentí como fuegos artificiales bajando hacia allí, me sentí tan bien. Ese fue mi primer orgasmo, supongo. Y estaba en ello cuando Anna entró y me pilló. Estaba en la cama, bajo las sábanas, pero ella supo que había algo raro y empezó con la cantinela, "Se lo voy a decir a Papaaa, se lo voy a decir a Papaaa." Salió corriendo antes de que pudiera detenerla, y unos pocos minutos más tarde le oí que subía las escaleras. Abrió la puerta y se quedó allí, mirándome. No podía moverme, no podía ni respirar, tenía tanto miedo. Cerró la puerta y se acercó a la cama, agarrando las sábanas y retirándomelas. Ocurrió tan deprisa. Me agarró las piernas y me las separó de golpe, mirando entre ellas, luego dijo que era una chica malvada y pecadora y ardería en el Infierno por lo que acababa de hacer.

Me cogió de un brazo y de una pierna y me hizo dar la vuelta, sobre el estómago, luego me levantó el camisón. Escondí los ojos en la curva del brazo y esperé. Oí el ruido silbante antes de sentirlo. Era una percha de alambre, justo como en la película “Mommie Dearest”. Y dolía como el fuego, finas líneas de fuego por arriba y por abajo de mi espalda, mi culo, mis piernas. Empecé a llorar, luego empecé a gritar. Se detuvo un momento, lo justo para meterme un pañuelo en la boca atándolo con un par de panties, luego siguió azotándome con la percha. Me separó las piernas y empezó a azotarme los muslos, luego me azotó una vez directamente entre las piernas. Grité y me desmayé.

Cuando volví en mí, estaba atada a la cama con las piernas y los brazos en cruz. Me dejó allí de esa forma toda la noche como castigo y Anna se reía de mí desde la puerta. Tuve que dormir boca abajo durante dos semanas. Nunca me volví a tocar abajo de nuevo, hasta… hasta aquí.

Esto continuó… Dios, durante años, hasta que fui a la escuela secundaria. Entonces, unos seis meses antes de cumplir quince años, conocí a Josh Petersson. Esto no es exacto – quiero decir que los Petersson habían vivido en la ciudad toda mi vida. Nuestras familias vivían juntas. Nunca le había prestado mucha atención a Josh antes – quiero decir, él era solo un chico del vecindario. Pero en mi segundo año ambos empezamos proyectos en la feria de ciencia. Tenía la mesa próxima a la mía y empezamos a hablar. Empezamos a estudiar juntos algunas veces en la biblioteca de la escuela. Puesto que la granja de los Petersson estaba fuera de la ciudad siempre se ofrecía a acompañarme a casa después de la escuela. Nuestra casa estaba en el borde de la ciudad, sabes, cerca de la iglesia. Ahí empezó todo. Era tan dulce y divertido, y adoraba escucharle cuando hablaba de las excursiones de su familia al Gran Cañón o lo que quería hacer cuando fuera mayor. Me tomaba el pelo, intentando hacerme reír, y empecé a sentirme a salvo con él. Así empezamos a cogernos la mano en el camino a casa, y luego le dejé besarme. No era nada como con… él. Josh era dulce, e inocente, y me sentía tan maravillosamente cuando me rodeaba con sus brazos. Me pidió que fuera su novia y le dije que sí. Oh, Dios. Ahora, desearía haber dicho que no.

Pero ni se me ocurrió entonces. Estaba tan feliz de gustar a Josh – era algo todo mío, algo puro y bueno. Por otra parte, estaba aterrada de que… él… se enterara, por Anna o alguno de mis amigos. Le dije a Josh que teníamos que mantenerlo en secreto – conté alguna mentira sobre que las hijas de los reverendos no podían tener citas hasta que tuvieran dieciséis años. Me creyó y me prometió que no se lo contaría a nadie.

Lo mantuvimos así durante meses. Algunas veces me apañaba para escabullirme y encontrarme con él en la pequeña casa en la propiedad de sus padres. La llamaba la casa de Patrick, y dijo que sería suya algún día. Deambulábamos por ella, simulando que estábamos casados y viviendo allí, y fue la mejor época de mi vida. Luego, el día antes de que yo cumpliera quince años Josh dijo que tenía una sorpresa para mí y se suponía que tenía que encontrarme con él en la casa de Patrick por la tarde. Le dije a Mamá que tenía que que

darme después de clase y ayudar a uno de los profesores a clasificar papeles. No sé si realmente me creyó, pero en todo caso me dejó hacerlo – sonaba razonable y a él le gustaría. Tras la clase corrí a la casa de Patrick, evitando los aguaceros y sintiéndome viva. Josh estaba esperándome dentro, y me estrechó en sus brazos en cuanto cruce la puerta. Estuvimos así durante un minuto, los dos a salvo del mundo, mientras me besaba el pelo y me decía que era guapa, maravillosa, que me amaba tanto. Le miré y vi amor en sus ojos. Supe entonces que era el único con el que deseaba pasar la vida.

Me llevó arriba por las escaleras estrechas y oscuras, a uno de los pequeños dormitorios. Allí había preparado un paño de cuadros rojo sobre el suelo con un vistoso picnic para comer – se había apañado para sisar una botella de vino de la bodega de su papá. Nos sentamos, e insistió en servirme pollo frito y ensalada y galletitas. Todo formaba parte del servicio, dijo riendo. Mi primer vaso de vino fue en uno de esos pequeños vasitos de plástico, como los que podías conseguir en el supermercado. Fue la mejor comida que he tenido en mi vida, y al terminar me incliné para besarle en agradecimiento.

No estoy muy segura de cómo ocurrió. No recuerdo mucho – pensé más tarde que quizás me quedé en blanco a causa de lo que me hizo. Estábamos tirados sobre la manta, en un cuadrado de luz del sol que entraba por una de las ventanas. Era un día divertido, con sol y chaparrones, como si el mundo no pudiera aclararse la mente. Recuerdo observar las motitas de polvo bailar a la luz del sol, como burbujas doradas en el vino. Recuerdo que era feliz, y recuerdo a Josh besándome y diciéndome que me amaba. Debí ayudarle a quitarme el vestido – no veo si no cómo podría habérmelo quitado de un golpe. Siguió besándome por todas partes, diciéndome que era preciosa, tan blanca y suave como el marfil.

Él… nosotros… hicimos el amor, supongo. No fue solo sexo, como con él. Era amor, y Josh gritó mi nombre al final. Allí estaba yo, debajo de él, y sentía el amor que emanaba de él, e intentaba ignorar las voces que en mi cabeza me decían que era sucia, una puta. No podía ser – alguien como Josh no amaría a una puta. Me retuvo y me dijo que no me preocupara – quería casarse conmigo, y si me quedaba embarazada nos casaríamos mucho antes. Incluso sacó la cajita, forrada de terciopelo y me la dio. Contenía una delgada banda de oro, el anillo de bodas de su abuela, me dijo. Haría las veces hasta que pudiera ofrecerme un verdadero anillo de compromiso – entonces se detuvo, y me miró.

¿Quieres casarte conmigo, Caroline? preguntó. Dije que sí, y empecé a llorar.

Ahí… ahí fue cuando las cosas empezaron a torcerse. Josh quería hablar con él y conseguir su permiso para casarse conmigo. Le dije que no podía – mi padre nunca accedería. Insistió en que era algo que tenía que hacer, que estaba orgulloso de su amor por mí y no quería esconderlo más. Discutimos sobre ello y finalmente me levanté y agarré mi vestido, llorando. Le dije que si realmente me amaba me escucharía y no diría nada a mi padre. Estaba tan asustada, por mí, por él. De alguna forma sabía lo que ocurriría si alguien intentaba sacarme de la casa de Conway. Salí corriendo de allí, abrochándome el vestido y llorando. Podía oír a Josh llamándome por mi nombre, pero continué la huida – no podía pensar, estaba tan confusa y asustada. Al día siguiente tuve mi fiesta de cumpleaños. Él me había permitido invitar a alguno de los chicos de clase, pero Josh no vino. Me pasé todo el tiempo pendiente de la puerta, esperando que me perdonara y viniera de todas formas. Tenía tantas ganas de verle. Pero no se dejó ver.

La fiesta fue agradable, supongo. Tenía mi pastel, y velas, y regalos de todo el mundo. Sin embargo no podía disfrutarlo realmente, estaba tan preocupada por Josh. No me di cuenta en realidad de que los huéspedes empezaban a irse, hasta que la casa estuvo de nuevo en silencio. Nosotros cuatro solos. Anna molesta se fue a dormir pronto – creo que estaba furiosa de que yo hubiera sido el centro de atención por una vez, sin que pudiera hacer nada al respecto. Quizás una hora después me cogió los hombros y dijo que tenía un re

galo especial para darme. Todavía recuerdo aquella sonrisa, y a Mamá sentada en la mesa de la cocina, sin atreverse a mirar. Me llevó arriba, a su dormitorio, y me dijo que me quitara los pantalones y me desabrochara la camisa. Pensaba que íbamos a hacer lo que hacíamos siempre, pero me empujó a la cama y me dijo que me quedara tumbada sobre la espalda esta vez.

Cerré los ojos y pedí a Dios que me dejara morir. Oí la cremallera, luego el rumor de la ropa cuando se quitó los pantalones. Los muelles de la cama sonaban mientras se subía encima. Él… él… oh. Se puso encima de mí, y lo pude sentir entre mis piernas, empujándome. Luego me la metió, dura. Él… ahora lo sé, debía estar intentando romper mi himen, desvirgarme. Josh había sido tan cuidadoso, tan suave. Todo lo que él quería era hacerme daño.

Su cara… cambió. Podía verlo, ver la constatación de que no había nada en su camino. Yo no era virgen. Se incorporó, mirándome, aguantó su peso sobre una mano y con la otra me abofeteó con fuerza. "¡Tú PUTA!" gritó, directamente en mi cara. "¡Tú, puta asquerosa! ¡Te han follado antes! ¡Dejaste que alguien te follara!"

Siguió abofeteándome, llevando mi cabeza de lado a lado con los golpes. Intenté no hacer ningún ruido, pero pronto empecé a gritar. No pude evitarlo. Entonces se levantó, y me agarró del pelo, arrastrándome fuera de la cama y abriendo la puerta para poder lanzarme al recibidor. Mi cabeza golpeó contra la pared de enfrente, y me callé, sin aliento del dolor. Pensé que iba a matarme, de alguna manera recuperé el aliento suficiente y me arrojé escaleras abajo. Aún no se como me las apañé pero recuperé el equilibrio y de alguna forma me di cuenta que tenía que alcanzar la puerta – llegar a Josh. Gritó algo y empezó a venir tras de mí y fui hacia la puerta sabiendo que no él no llegaría a tiempo. Entonces de repente alguien me agarró del pelo, me giré dispuesta a luchar para liberarme. Si hubiera sido Anna le habría aplastado su cara presumida contra la pared…… Era mi madre. No podía creerlo y no creo que ella lo quisiera. Estaba entregada, ya ves, en ese tiempo no podía imaginar por qué estaba de su parte, al no comprender completamente el miedo y el dolor….

Luego me puso la mano en la boca y le pidió que trajera una cuerda. Lo hizo, como una zombie y me sujetó mientras él me ataba. Me amordazó con una toalla anudada, luego me empujó escaleras arriba. La miré mientras estaba allí y parte de mí supo que él había ganado, supe lo que haría a continuación. Me había atado los tobillos pero pudo comprobar que era muy difícil moverme así, de modo que me empujó y los volvió a atar trabados. Intenté dar patadas pero sabía que era inútil.

Gruñendo, me enganchó del pelo de nuevo y me obligó a levantarme, luego me empujó.

Me empujó.

Hacia las escaleras del ático. Me llevó al ático, justo como había llevado a Mamá casi diez años antes. Y me volvió a atar, con las manos encordadas a una viga del techo tan alta que tenía que estar de puntillas, luego me abrió las piernas y ató cada pie a unos enganches viejos y herrumbrosos del suelo, de manera que me estiró aún más. Leí más tarde que la gente podía sofocarse en esa posición, que era la forma en que moría la gente cuando era crucificada. Apenas podía respirar, y la cara me dolía tanto cuando me cogía de las mejillas y me empujaba más la mordaza. Podía sentir los labios hinchándose, la sangre provocando que escocieran en el aire caliente, sofocante.

Me quitó la ropa cortándola, haciéndola trizas con un cuchillo profesional, y pensé que seguro que iba a cortarme. Pero estaba allí, examinándome como si fuera una pieza de escultura. Y asintió, mientras cogía un látigo para el ganado de un gancho de la pared. Dijo que había pecado contra Dios y mi religión, pero, lo más importante, había pecado contra él. Le había negado lo que le correspondía por matrimonio, y había caído más bajo ahora que todo lo que se arrastraba en la porquería. Tenía qu

e ser castigada. No podía moverme mientras andaba por detrás de mí. Solo podía esperar, y tomar aire y confiar en morir.

Primero oí el sonido. Luego sentí la quemadura del fuego cruzándome la espalda. Fue el peor, el dolor más intenso que había sentido nunca, peor que sus bofetadas, peor que el dolor cuando se metía en mi cuerpo. Grité tras mi mordaza, arqueando la espalda, intentando escapar del dolor. Me azotó más y más. Más tarde me dijo que me había azotado cuarenta veces, una más que Jesús, porque era una guarra sin valor. Yo no lo sabía – me desmayé tras el sexto latigazo.

Cuando volví en mí, todo lo que podía sentir era dolor. Toda mi espalda arriba y abajo, mi culo, mis piernas. Parpadeé, intentando tomar aire a través de mi nariz atascada. Y le vi sentado en una silla frente a mí. A horcajadas sobre la silla con un codo apoyado en el respaldo, la barbilla en el puño. Mirándome. Cuando vio que me había despertado, me sonrió y me preguntó que quién era el que me había follado en primer lugar. No sé como lo hice pero negué con la cabeza. Dijo, muy suavemente, que Dios solo me perdonaría cuando le dijese quién me había profanado. Pero yo no lo haría.

Después supe que había pasado dos semanas allí arriba. Dos semanas en ese ático caliente, asqueroso, mientras él… experimentaba conmigo. Tenía todos esos libros y revistas, cosas que compraba por correo a compañías especiales de la ciudad, a los almacenes de suministro para granjas, a todo tipo de sitios. Y él las probaba, una por una, sobre mí, siempre pidiéndome que le dijera quien había sido el primero que me había follado. Me ató las piernas a una placa y me forzó los pies hacia abajo hasta que asomaron, luego los ató y me dejó allí mientras los músculos de mis pantorrillas se trababan en agonía. Embadurnó Ben-Gay sobre un enorme consolador y lo metió a empujones en mi culo. Me habló de la circuncisión femenina, y dijo que me iba a cortar los labios de mi coño y el clítoris y coserme el coño para que no pudiera disfrutar del sexo nunca más. Mientras tanto me pegaba y azotaba, solo por el placer de hacerlo.

Me mantuve hasta que… había instalado un banco de trabajo allí, una especie de mesa de madera gruesa. Me ató a ella. Forzó mis piernas en estos estribos caseros, separándolas todo lo posible para tener acceso a mi coño. Me lo había trabajado mucho, metiéndome consoladores y otras cosas dentro, follándome cada vez más, metiéndome el puño hasta que pensaba que moriría de dolor. Pero nada de lo que había hecho era tan malo como esto. Yo… no me gustaban las agujas. No me gustaba la idea de cosas clavándoseme, me rompían, así que no podía con ellas. Lo averiguó cuando empezó a clavarme alfileres atravesándome los pezones, y… tenía aquella placa pequeña, hecha de madera delgada con la forma de una mariposa con un agujero oval en el centro. La llamaba su placa de mariposa. Pensaba que era por la forma hasta que… hasta que me la puso entre las piernas y la empujo contra mí, con fuerza. Luego tiró de los labios de mi coño para que pasasen a través del agujero. Tiró y los estiró hasta que pude sentir la madera rascando mi clítoris, las parte interiores de mis muslos. Luego puso el alfiler. Y grité. Grité y grité, y él empujó el alfiler a través del labio de mi coño, clavándolo a la placa. No podía soportarlo, no podía con esa sensación. Y siguió haciéndolo, estirando los labios hasta que estaban completamente pasados por el agujero y podía pincharlos sobre la placa como una mariposa.

Me… me volví loca, supongo. Agitaba la cabeza de lado a lado y lloraba y suplicaba bajo la mordaza, y todo lo que podía sentir eran aquellos alfileres abriéndome, estirándome. Luego colocó otro alfiler, y tocó mi clítoris. Iba a pasarlo a través de mi clítoris, dijo, y lo desgarraría a menos que le dijera lo que quería saber.

Pude sentir como me rompía. No podía soportarlo más. Hice ruidos animales y asentí todo lo fuerte que pude, intentando hacer que se acercara y me quitara la mordaza para poder contarle, contarle todo sobre Josh. Cuando me quitó

la mordaza empecé a farfullar, diciéndole que Josh me amaba, que quería casarse conmigo, que nunca le diría nada a nadie sobre esto, oh por favor, por favor…

Me sonrió, apartó el cabello de mis ojos. Dijo que finalmente había complacido a Dios. Me empujó la mordaza en la boca. Volvió abajo y me pasó el alfiler a través del clítoris. Y me dejó así, durante el resto del día, gritando.

Finalmente dejé de gritar, no sé cuando. Me quedé a la deriva, ciega en la polvorienta oscuridad. Siempre me encontraría, siempre me haría hacer lo que quisiera, siempre me haría daño. Disfrutaba con el dolor, disfrutaba viéndolo en otras personas. Yo… me rendí. No había nada que hacer. Y en eso estaba cuando oí la campana de la puerta. Incluso desde allí podía oír las voces de la puerta, y reconocí la voz de Josh. Había venido a por mí, después de todo, pero era demasiado tarde. Intenté advertirle, decirle donde estaba pero estaba amordazada. Las voces se desvanecieron, y caí en la oscuridad. Algo más tarde sentí un dolor intenso, torturante y me desperté. Estaba de pie al fondo de la mesa, retirando los alfileres y empujando mis labios de nuevo a través del agujero. Me dijo que Josh había venido y le había pedido mi mano en matrimonio. Le dije que necesitaba tiempo para considerar la oferta, se rió entre dientes, y le pedí a Josh que volviera a los dos días.

Me desató de la mesa y me ayudó a sentarme. Me dolía al acercar mis piernas, tanto por la tensión sobre mis músculos como por el daño hecho a los labios de mi coño, pero pude con ello. Entonces puso una pequeña bandeja de cama en mi regazo, con uno de mis papeles, y me puso una pluma en la mano. Tenía que escribir exactamente lo que dijera – tenía que decirle a Josh que nos encontraríamos en el bosque, en el sitio al que habitualmente iba a cazar, mañana a las tres en punto. Escribí de modo automático, con la mente en blanco, y firmé al final. Luego me volvió a poner sobre la mesa, me ató cuidadosamente y me cubrió con una manta. Permanecí allí otros cinco días, haciendo lo que quería cuando venía a verme. Cuando finalmente bajé, supe lo que le había pasado a Josh. Había ido a cazar, dijo su madre entre sollozos en nuestro salón delantero, y debía haberse resbalado cerca de un barranco. El cuerpo de Josh se había encontrado en su fondo, con la mitad de un costado levantado por la detonación del disparo. Su funeral había sido el día anterior. Aspiró hondo y dijo que entendía por qué no había podido ir, estando tan enferma como había estado. No lo tomaría a mal – Josh también entendería. Entonces recordé la nota y me di cuenta de que mi debilidad le había matado, que si hubiera resistido todavía podría estar vivo.

Me senté allí, mirando en silencio como él cogía la mano de la Sra. Petersson y le daba unas palmaditas. Luego volvió la cabeza y me sonrió. Y supe que nunca me escaparía."

Paré de nuevo la cinta, sintiendo de nuevo náuseas en el estómago. Después de esto todo tenía sentido, sus acciones, la manera en que siempre se había plegado y las miradas de miedo siempre desproporcionadas para lo que le estaba haciendo. Y sobre todo estaba aquella pregunta, "¿Por qué a mí?" Podía pensarla cualquier víctima de un secuestro pero normalmente la reenfocarían en los aspectos más básicos de la supervivencia. ¿Y en el caso de Caroline? Bueno ser torturada por un maníaco era suficientemente malo pero ¿por dos individuos sin relación? Podía adivinar lo que estaba pensando, ¿los atraía ella de alguna manera? Escarbé en mi cabeza rememorando la primera vez que la vi. Estaba seguro de haber sido atraído por su fascinante buen aspecto pero ¿era eso cierto? ¿Podía haber reaccionado inconscientemente a alguna peculiaridad, algún lenguaje corporal de sumisión que la marcaba como víctima? ¿Importaba eso?

Volví a mirar la foto de Conway. Era un hombre grande, robusto, con fino cabello gris y una espesa barba rizada. Calculaba que en la mitad de la cincuentena y más que un competidor para una chica aterrorizada y su madre. Pensé en el alto, desgarbad

o e ingenuo Josh – realmente no había tenido muchas posibilidades. Me miré al espejo. El fuerte temperamento de mi padre irlandés ya me había llevado a la cara un sofoco y de nuevo agradecí a mi amable abuelo por contribuir con sus fuertes genes rusos a través de mi madre. Pesado, ágil y elástico sabía que *Él* lo tendría más difícil conmigo. Aún entonces sabía que tendría que haber un ajuste de cuentas, que un esclavo solo puede tener un amo. Él era un sádico pero Maggie decía que yo estaba cercano al perfil del sociópata, y era infinitamente paciente. Cuando nos encontráramos sería en un momento y lugar de mi elección y sabía que tendría mucho gusto en destrozarle.

Era casi hora de despertar a Caroline, iba hacia la puerta cuando sonó el teléfono. Contesté extrañado pero con la excepción de algunos ruidos retumbantes parecía no haber nadie allí. Estaba preparando el café cuando sonó de nuevo.

"Hola"

"Huuumf."

"¡Diga!"

"¡Ummf ji!"

"¿Sí?"

"¡Ummf!" Esta vez más insistente y de repente se hizo la luz en mi cerebro.

"¿Maggie? ¿Eres tú?"

"¡Mmmmm!"

"¿No me digas que decidiste probar a atarte a ti misma y no puedes soltarte?" Hubo un silencio embarazoso.

"Mmmmf"

"Vale, estaré ahí en dos horas."

"¡¡¡¡¡Ummmffff!!!!!"

"Lo siento, es lo más que puedo hacer. ¡Recuerda que no vivo en Boston! Si prefieres te llamo a los bomberos"

"¡Nnnnmmm!"

"¿Significa no eso? Gruñe una vez si es sí y dos veces si es no."

"¡Mmmm……..Mmmmm!"

"De acuerdo, entonces en unas dos horas, intenta sentarte tranquilamente hasta que llegue."

Las nueve de la mañana y ya un día de locos. Miré de nuevo a Conway, a aquellos ojos fríos de pescado muerto y me estremecí. Luego me encaminé a ver a mi esclava.

 

La nueva iniciada

Hetero, bdsm, orgía-todos contra una. Una mujer es raptada en el ascensor de su casa por un vecino y cuatro amigos que harán con ella todo tipo de diabluras hasta que voluntariamente, después de disfrutar como una loca, se une al grupo y sus orgías.

Entré en el ascensor como todos los días, era y tarde y justo cuando se cerraba la puerta apareció mi vecino y cuatro amigos, así que no tuve más remedio que subir con ellos, para colmo estaban algo borrachos. Mientras subíamos empezaron a comentar cosas al oído entre ellos, de repente alguien me empujó contra el espejo del ascensor, mi cara estaba aplastada y como podía les gritaba que me soltaran, un nuevo empujón, y uno de ellos me dijo al oído te vamos a follar uno a uno.

No era posible me iba a violar mi vecino, y justo en ese instante empecé a notar manos recorriendo todo mi cuerpo, me sujetaban pero también me estaban sobando por debajo de la falda. Cuando llegamos al piso me cogieron entre todos y me llevaron dentro, me colocaron un pañuelo en la boca para que no gritara y me llevaron a una habitación en la que me ataron las manos, me colgaron del techo y me dejaron sola. Intenté soltarme, pero era imposible no podía hacer nada para escaparme, solo podía esperar. La habitación parecía un sex shop estaba llena de toda clase de artilugios y eso no me hacía pensar nada bueno.

Tras un rato aparecieron, se acercaron a mí y comenzaron a quitarme la ropa a tirones, primero el top, uno de ellos se puso ante mí y con sus manazas me sobaba las tetas lentamente, de arriba abajo en círculos y de repente cerró sus dedos dando un tirón con el que me lo arrancó de la fuerza que hizo comencé a balancearme, y esto les gustó y mientras me sobaban el culo me empujaban, como si fuera un columpio, y en medio del balanceo un nuevo tirón me quitó la falda. Me quedé sólo con el tanga, que lo aprovecharon para columpiarme, metiendo un dedo por el culo cogió el pequeño trozo de tela, para tirar de mí al hacer esto la parte delantera del tanga se metía por mi coño y me rozaba y esto me excitaba aunque yo no quisiera.

Cuando me dejaron completamente desnuda, me esperaba lo peor, pero no fue así se fueron todos al otro extremo de la habitación y se desnudaron unos a otros y empezaron a masturbarse entre sí, era impresionante ver a cinco tios mamándosela, pajeándose, y luego enculándose unos a otros fue increíble en un momento sacaron un bote de vaselina se frotaron bien las pollas y se fueron enganchando los unos a los otros, empujando los cinco a la vez, a mí me descolgaron y me tumbaron sobre un potro con las manos atadas al suelo y la cabeza hacia abajo, sentí como me acariciaban el culo, era algo que me aterraba nunca lo había hecho por ahí y ahora me destrozarían, noté como me besaban y me lo humedecían y por fin algo entró era algo delgado, un dedo, se movía dentro de mí, luego una nueva presión y otro dedo jugaba dentro y fuera, salieron los dedos y noté como algo nuevo quería entrar en mí, algo redondo, miré por entre mis piernas y vi unas bolas de madera a lo largo de un hilo, otra y otra, me las introdujeron todas, sentía como entraban y se acumulan en mi interior. De repente alguien gritó ya, y de un tirón salieron todas las bolas de mi interior, no pude dejar de estremecerme, apenas un segundo pero lo que sentí fue único.

Tras esto unas manos unas manos se agarraron a mis caderas, un poco más de vaselina, y perdí mi virginidad anal por un empujón de cinco hombres, algo salvaje cinco pollas metidas una el culo de otro y yo recibiendo los empujones de todos, me estaban violando y encima por el culo pero yo disfrutaba más que nunca, cada vez que la polla entraba era algo único no podía más que gemir y llorar de placer. Cuando estaban a punto de correrse me tumbaron en el suelo y uno a uno se fueron corriendo sobre mí, disfrutaba como nunca con el semen caliente cubriéndome, cuando terminaron todos me frotaron el cuerpo con el semen, el olor a sexo me cubría todo el cuerpo.

Pensaba que todo había terminado pero esto solo había comenzaron a sacar cuerdas consoladores, y más juguetes, una camilla de partos a la que me subieron, me colocaron las piernas en los soportes y quedé con las piernas levantadas y completamente abiertas, y empezaron a jugar conmigo, estaba tremendamente

húmeda, y aprovecharon para meterme toda clase de consoladores, primero delgados y alargados que llegaron a lo más profundo de mí, mientras dos de ellos me obligaron a cogerles la polla con la mano, eran diferentes pero las dos tenían algo especial, una era gorda, pesada y muy oscura casi sin pelo, la otra más delgada y larga, rosadita con unas venas muy marcadas que se marcaban al rozarlas y los huevos enormes. Les pajeaba rítmicamente, sujetando con toda mi mano esos fenomenales falos.

Los consoladores hacían su trabajo, cuando aumentó mi excitación me metieron otro fino, ya eran dos, luego otro más grueso, una polla de goma muy flexible, pollas con puntas y salientes que se enganchaban en mi interior y me ofrecían sensaciones nuevas, uno tras otro fueron entrando dentro de mí hasta que probaron con una enorme que fue imposible que entrara completamente, así que decidieron probar otra técnica de una caja sacaron unas paletas de ginecólogo que me abrieron de par en par, al ponérmelas el frió del metal me hizo estremecer, cuando me abrieron del todo de un fuerte empujón me introdujeron aquel monstruoso consolador, me sentí mal por un momento y tardé mucho en acostumbrarme pero cuando lo hice mis paredes agradecieron un contacto tan completo y salvaje, pero de nuevo me lo quitaron no querían que tuviera un orgasmo.

Mi vecino se acercó a mi oído y me susurró, tenemos una sorpresa para ti ya que te gusta la sensación del frió, dicho esto cogió mi cabeza y me hizo mirar mi entrepierna, uno de ellos llevaba una polla de hielo y me la iba a meter, es algo indescriptible el calor abrasador del cuerpo frente al hielo, el coño que se contrae buscando el contacto de un miembro y rápidamente se dilata al sentir el frío.

Mientras disfrutaba con mi nuevo juguete me colocaron en una nueva situación, una especie de tumbona suspendida con unas cuerdas del techo, con la que mantenía la misma posición que la camilla, las piernas abiertas, una vez estuve cómodamente situada comenzaron a balancearme suavemente mientras uno de ellos se situaba entre mis piernas, preparó su enorme pene, y aprovechando el balanceo entró en mi coño contraído por el frió, la enorme barra me atravesaba y no podía hacer nada más que gemir y mover mis caderas para no perder ni un solo de los centímetros que me atravesaban. Mi cabeza quedó suspendida hacia atrás, cosa que fue aprovechada por uno de ellos para metermela en la boca, otra nueva experiencia una mamada cabeza abajo, estaba flotando en el aire sujeta por dos pollas, al menos eso me parecía a mí. Uno a uno fueron entrando todos ellos corriéndose repetidas veces y haciéndome tener infinidad de orgasmos. Cuando terminaron me dejaron dormir por unas horas, sólo un momento para coger fuerzas para una nueva sesión aun más salvaje, me penetraron por todos mis agujeros, todos ellos pasaron por todos mis orificios y de forma continua los cinco lo hicieron conmigo, mientras se la chupaba a uno otros me follaban por el coño y el culo y los dos restantes eran consolados con mis manos, a la espera de que uno de sus compañeros terminara en mi interior. Llegaron a dilatar tanto mi coño que llegue a tener dos miembros a la vez dentro de mí. Al final del día había realizado toda clase de posturas posibles con toda clase de tíos y aparatos.

Un timbre me despertó al día siguiente, unas voces femeninas se oían conversar, eran tres chicas jóvenes que entraron en la habitación y me llevaron a la ducha, y no pararon de besarme y sobarme, me sentía extraña tíos bien ¿pero tías?, cuando salimos de la ducha me tumbaron en la cama y me depilaron el coño, apenas me dejaron una fina línea, una de ellas sacó un maletín y mientras las otras me sujetaban me inyectó algo justo en el clítoris, me puse muy nerviosa y quise escapar pero ellas no paraban de decirme que me gustaría. Cuando terminaron me colocaron un cinturón de castidad que me impedía ver qué habían hecho. El día siguiente lo pase durmiendo hasta que vino mi vecino, te vamos a dejar ir pero quiero que sepas una cosa, si quieres disfrutar tanto como lo has hecho estos días no digas nada. Eso me dio que pensar, me habían violado pero la verdad es que no había follado tanto y tan bien en mi vida. Yo acepté pero con una condición que me quitaran el cinturón y me dijeran qué me habían hecho. Acepto yo también pero eso te lo

dirán las chicas.

Las chicas me comentaron que querían ser mis amigas que ellas habían pasado por lo mismo y que estaban para ayudarme, me acompañaron a mi casa y allí me explicaron que me habían puesto un aro en el clítoris pero que durante una semana debía llevar dormida la zona, durante este tiempo me acompañaron en todo, eran mis amigas y me cuidaban como a una reina. Cuando llegó el día noté mientras dormía alguna molestia pero no le di importancia. Al levantarme me dijeron que irían de compras conmigo pues mi nuevo amigo podría darme alguna sorpresa, poco a poco la sensibilidad en la zona fue mayor, pero fue cuando caminábamos por el centro comercial cuando descubrí el propósito del aro, al caminar este se movía y era como si te estuvieran chupando el clítoris, parecía que me follaban me estaba corriendo en medio de la calle. El placer era tan intenso que de alguna tienda tuvieron que ayudarme a salir porque no podía evitar gemir . Debía aprender a convivir con esta nueva situación y a utilizarla cuando yo quisiera. Tardé en hacerlo pero cuando conseguí controlarlo era maravilloso podía tener un orgasmo solo con moverme, en cualquier sitio.

Pero esto no fue lo único que compartí con mis nuevas amigas, me enseñaron una variante del cinturón de castidad que me gustó mucho, era como unas bragas pero en su interior dos consoladores apuntaban a mis agujeros, podía sentirme follada mientras trabajaba, estaba en casa o paseaba por la calle, disfrutaba mirando fijamente a los hombres con los que me cruzaba mientras dentro de mí me moría de placer, era único sentarse en la silla del despacho dando un pequeño saltito para que mis consoladores entraran más en mí.

Cuántos orgasmos he tenido en la calle, soportando las broncas de mi jefe, o en un bar, y todo gracias a mi vecino y su vida secreta que ahora es la mía ya que ahora soy una más del grupo y aparte de participar en las orgías que regularmente montamos, me gusta salir a reclutar nuevos miembros.

(Tengo interés en intercambiar relatos y conocer vuestra opinión f_goyo (arroba) hotmail.com)

 

La Doma (I)

Hetero, Dominación. Una chica se encapricha con un compañero de trabajo y quiere iniciar relaciones con él. Será el principio de una relación de dominación en que ella será transformada en una esclava sumisa.

A los 22 comencé a trabajar en una empresa de software como diseñadora gráfica. De esto hace ya dos años. La edad de mis compañeros de trabajo no superaba los 28 y entre las salidas al bar después de hora y los almuerzos en el mismo restaurante nos fuimos integrando en un grupo que llegó a ser inseparable. Era esto tan así que todos los días, saliendo de trabajar, nos quedábamos hasta la madrugada bebiendo cerveza charlando y riendo. Los fin de semana nos llamábamos y salíamos a cualquier lado juntos.

El grupo estaba integrado por dos programadores José y Marcelo otro diseñador Arturo, Damián y tres mujeres, Analía, Silvia y yo.

Con el correr del tiempo fui fijándome en José, me atraía su inteligencia, su forma divertida de contar las cosas, su vasto conocimiento y su caballerosidad por no hacer hincapié en su mirada que me hacía temblar de ganas cada que la posaba en mí.

Por esos días yo cambiaba de novio cada dos semanas ya que los comparaba a todos con José. Aunque suponía que lo asustaba mi personalidad avasallante y atribuía a esto su falta de una seria intención respecto de mí.

Así transcurrió un año y podría contar miles de detalles eróticos con los cuales jugaba José, desde posar sobre mi muslo su mano mientras viajábamos en un taxi hasta ver películas en su cama uno al lado del otro.

Cuando les conté un día a los chicos mi problemática en encontrar un departamento más cercano al trabajo me sorprendió el ofrecimiento de José de que me mudase a su casa. Él tenía una casa enorme en el barrio de Barracas que había sido de sus abuelos y vivía solo en ella. Me mudé a su casa a principio del verano.

Al ser la casa tan grande realmente no nos molestábamos. Yo vivía en el fondo, atravesando un inmenso jardín en el cual había una higuera gigantesca, y él en el frente. Solo compartíamos la cocina y el televisor, que él tenía a los pies de su cama. Por las noches, cocinábamos por turnos, comíamos en el jardín por el sofocante clima de Buenos Aires en diciembre.

El hecho de verle el torso desnudo, el brillo de la transpiración en su piel, su pantalón de jean cortado hasta los muslos, esa insinuación en su interior… Me mantenían constantemente excitada. En realidad me excitaba cada centímetro de su cuerpo.

Así, con esta calentura constante en la cual me tenía adrede, las charlas y juegos eróticos a los que me sometía constantemente me hicieron por fin cambiar mis hábitos de insomnio solitario e ir a su habitación en medio de una noche decidida a todo.

Atravesé el jardín con mi corazón latiéndome en todo el cuerpo, transpiraba y una brisa me había endurecido los pezones a tal punto que me dolían. Entré en la cocina, la cara me ardía, tomé una botella de vino blanco helado y bebí como si fuera agua, me eché un poco del vino en el pecho, el aire quemaba, y bebí unos sorbos mas. Subí la escalera hacia su cuarto, pero me quedé congelada en su puerta.

No sabía qué hacer, ¿qué le diría? ¿Qué pensaría de mi? Estaba viviendo una tortura y mientras mi respiración se hacía cada vez más rápida se abrió la puerta tan rápido que no tuve tiempo de hacer nada.

¿Qué haces? me preguntó.

No le pude contestar, entre el calor, el vino y lo que venía viviendo me había entrado tal estado de debilidad que comencé a llorar.

¿Qué te pasa? mmm estás borracha, vení sentate unos minutos, me tomó de la mano y me llevó hasta su cama sentándome en ella. Él se acomodó en una silla y prendió un cigarrillo.

¿Estás bien? Contame, levanté mi vista y creí percibir una sonrisa en su boca. Entre lagrimas le dije que hacía ya mucho que me gustaba, que me tenía completamente excitada todo el tiempo. Que no podía soportar más esa situación. Me moría de verg&uuml

;enza y rompí en un verdadero llanto inconsolable.

Era la primera vez que me pasaba una cosa así, siempre había manejado a los hombres como quería y nunca había conocido a uno que no me mirase con intención sexual. Todo ese poder que da la belleza y con el cual había vivido toda mi vida se había esfumado ante él y me sentí completamente desprotegida y avergonzada.

Creo que tomaste demasiado vino, puedo sentir el olor desde aquí.

No por favor, no me rechaces y caí abrazándole sus rodillas mientras lo decía, por favor, por favor haría lo que fuese, cualquier cosa que me pidieses.

Sos una malcriada, seguro que haces todo este teleteatro por que no te presto la atención que querés.

No es cierto, te deseo, dije esto ahogándome en el llanto.

Igualmente, aunque fuera cierto yo no soy un hombre con gustos comunes, y solo existe una forma de que pueda aceptarte.

Lo que sea, lo que sea.

Solo puedo aceptarte como esclava.

No entendí bien a qué se refería pero le respondí que haría lo que me pidiese.

Estas respondiendo por que sí, ni sabes lo que significa, tendrás que pasar por un entrenamiento… si lo que sea lo que sea y si algo pude imaginar con lo de entrenamiento no fue más que una gimnasia tonificadora y me sentí fea por primera vez.

OK ¿Quieres empezarlo ahora? Me tomó la cabeza y suavemente me acercó hasta besarme como nunca nadie lo había hecho, sus brazos me envolvieron y sentí todo el amor y brillo de la felicidad en un momento, casi me desmayo. Quise vivir en él para siempre. Separó sus labios, me miró y yo lloré y lloré pero por lo que su beso me había causado.

Bajó sus manos suavemente hasta donde terminaba mi remera, tomó sus bordes y comenzó a quitármela, mis senos quedaron al descubierto y yo sólo deseaba dárselos, que los tocara, que los lamiese y mordiese, su dedicación era para mí una tortura.

Él los contempló largo tiempo y con un gesto de su mano comprendí que quería que me parase.

De la misma forma comenzó a quitarme el short de gimnasia que llevaba y cuando sentí el aire en mi pubis temblé de excitación, continuó bajándomelos hasta que cayeron a mis pies, me levantó uno, luego el otro y quedé completamente desnuda ante él. Jamás me había excitado tanto en toda mi vida. Él se levantó de la silla y caminó alrededor mío mirándome hasta que sentí sus manos sobre mis nalgas, separé mis piernas sin pensarlo, él comprendió y me rozó los labios con sus dedos suspiré y giré para encontrarlo. No, no, me dijo, recuerda que eres mi esclava, harás lo que te diga… Me di vuelta de todas formas e intente besarlo, pero me tomó por los brazos mientras le pedía que por favor me cogiese. Todo a su momento, ahora te vas a arrodillar y te quedarás así hasta que yo vuelva. Lo hice sin dudarlo.

Él salió por la puerta, el aire no se movía, el calor me sofocaba y estaba excitada a tal grado que no pude evitar comenzar a tocarme. Cuando él entró, traía una caja enorme, y me vio con las dos manos entre mis piernas gimiendo y con la boca abierta para poder respirar y dijo: Eres una perra, aprenderás a controlarte, detente y dame los brazos. De la caja sacó unas esposas y me las puso muy apretadas, me quejé con un gemido luego, tomando la cadena que colgaba entre mis muñecas, me arrastró hasta el medio de la habitación. Allí ató una cuerda a las esposas y lanzó el otro extremo a través de la viga que cruzaba el techo. Me encantaba estar atada, a sus merced. Empezó a tirar de la cuerda y no tuve tiempo de acompañar el movimiento, las articulaciones me dolieron tanto que dejé escapar un grito, quedé colgada de mis brazos balanceándome, este balanceo aumentaba el dolor en mis muñecas y articulaciones.

Con otra cuerda me ató juntos los pies y me bajó hasta que pudiera tocar el piso sólo con la punta de los dedos. Le pedí que me soltase, que me dolían mucho los brazos y muñecas, él respondió con una sonrisa y de la caja sacó un látigo negro, larguísimo.

Tenía la cara desencajada, eso me asustó más que el látigo en sí, que lo suponía parte del juego, pero el miedo me agarró al verle

la cara, los ojos desorbitados… y comencé a desesperarme, me sacudí tratando de soltarme, de escapar pero era imposible. Comencé a decirle no, no… no… pero él pasó y se coloco a mi espalda, no podía creer lo que me pasaba y le empecé a rogar de todas las formas.

Pegó un latigazo en el piso que me arrancó un grito de espanto, luego otro, comencé a llorar y suplicar. Sentí el látigo zumbando en el aire y sobre mis nalgas sentí el más agobiante dolor que jamás haya sentido, luego otro y otro. Los gritos que el látigo me arrancaba parecían exaltarlo y los golpes se hacían más y más fuertes. Un latigazo rodeó mi costado y fue a dar directo en mi pecho, el dolor llegaba hasta mi cerebro como a través de un hilo conectado a donde el látigo caía.

Dirigía los golpes a mis nalgas y piernas y yo lo único que deseaba era no tener esas partes. Después de un tiempo dejé de gritar, estaba en un letargo, entre la vigilia y el sueño, lo único que existía era el dolor intenso, él se detuvo y me desenganchó de la viga haciéndome caer al suelo, me acurruqué en posición fetal y temblaba tanto que pensé que me moría, así me quitó las esposas y me desmayé.

Me despertó dándome terribles palmadas en la cara, me tomó de los tobillos y me dio vuelta. Me dejó boca abajo, con las piernas separadas y mis brazos estirados, yo estaba tan agotada que no podía moverme. Destapó una botella de alcohol y se paró detrás mío, lo roció por las heridas quemándome, me moví y me tomó por un tobillo arrastrándome de vuelta hacia él terminando de rociarme en cada una de mis partes lastimadas.

Me dejó ahí tirada, abierta, yo estaba tan cansada que sólo quería dormir. Cuando caía en el sueño, me daba un latigazo terrible en mis nalgas, yo me retorcía de dolor y él me volvía a acomodar, esto duró mucho tiempo, y otra vez el alcohol quemándome, no podía hablar, sólo gemía y gemía.

Después del último latigazo me levantó de los pelos y me mordió la boca y los senos, me arrastró hasta un gran armario y me metió en él, cerró las puertas y me encontré a oscuras, desorientada, temblando dolorida pero sabiendo que podía descansar, no podía pensar y me dormí.

Cuando me desperté me dolía absolutamente todo, casi no podía respirar ahí adentro y tenía una sed terrible. Al instante pude pensar en lo ocurrido y me agarraron unos escalofríos horribles que recorrían mi cuerpo acompañados de un temblor que no podía controlar. Sentía un olor horrible, el del miedo. No me podía mover, no podía estirar mis piernas que estaban dormidas por completo. Traté de abrir las puertas pero estaban cerradas y lloré y grité hasta que caí agotada y volví a dormirme.

Me desperté nuevamente con unos golpes fuertísimos que pegaban sobre la puerta del armario, y escuché la risa de una mujer y a José explicándole algo que no llegaba a distinguir.

Cuando se abrió la puerta, una mujer, de unos 50 años, de mirada siniestra, me observó tomándome el mentón y obligándome a mirarla. Una rubia, no me mentiste, exclamó, y qué carita tan deliciosa… Vio enfermera, y eso que aún no la ve entera contesto José. La sed me mataba y tenía todos los miembros dormidos. "La enfermera" muy suavemente intentó que saliese del armario pero comprendió lo que me pasaba y dijo: Pobrecita, no se puede ni mover y mira qué miedo tiene… está aterrada.

La mujer me tomó de los pelos y me arrastró fuera del armario arrodillándome. No sé si por el miedo o por el tiempo que había pasado encerrada no pude controlarme y me oriné encima. Quién te dio permiso para hacer eso exclamó "la enfermera" y tomándome de la nuca me empujó la cabeza hasta llegar al piso y refregó mi cara por todo el pis que había hecho.

Saca la lengua puta, saca la lengua o te la arranco. Con mis mayores esfuerzos ya que me había mordido muchas veces la lengua durante los latigazos la saqué y comencé a lamer. Muy bien puta ahora sigue hasta que no quede ni una gota. Me soltó y yo por miedo seguí lamiendo cada part

e de ese charco interminable.

Sentí como me acomodaba para que quedase en cuatro patas y observarme así bien desde atrás. Tenías toda la razón le dijo a José mientras me examinaba las nalgas y yo seguía sorbiendo cada gota de lo que había hecho. Lástima que esté tan lastimada, seguro que ni le pusiste vaselina en la piel antes ¿no? No, contesto José, es una lástima, espero que no le queden marcas replicó la mujer.

El apodo de enfermera me asustaba, la mesa que pude observar…, una mesa que habían preparado con una tabla muy gruesa y agujeros de distintos tamaños, y que tenía apoyados sobre ella una cantidad de aparatos metálicos me erizaba la piel.

Parece que la puta tiene sed, dijo "la enfermera" viendo que yo seguía lamiendo como me había dicho que lo hiciera. Sí, hace más de 24 horas que no toma ni una gota le respondió José. Ahora vamos a hacerla descansar un rato que quiero que esté bien lúcida para el examen. Listo putita ahora podés descansar, ponete de rodillas. Lo hice al instante, las manos atrás, bien. Separá las piernas, bien, bien.

Le iba a rogar que no me lastimase pero al ver el gesto de tratar de decir algo me pegó terrible cachetada y gritó enfurecida: Puta, que ni se te ocurra, que ni se te ocurra.

Me quedé en silencio ahogándome en mis lagrimas y con el terror de no saber qué me iban a hacer.

Tráele un poco de agua José. Al rato apareció con una botella y me puso el pico en la boca. Desesperada traté de tomarla con las manos ya que él dejaba caer solo unas gotas en mi boca. Esta puta ya me hartó, gritó la mujer al ver mi ademán de tomar la botella con las manos, A la mesa, dijo. No no, no por favor, no, no me lastimen, se los ruego por favor. Noo…

Te vas a arrepentir tanto de haber dicho eso dijo "la enfermera" mientras José me arrastraba hasta la mesa que tanto temía.

Me colocaron boca abajo sobre esa gran tabla. Por unos pequeños agujeros me ataron el cuello a la mesa con tal rudeza que me ahogué y no pude respirar, desesperada comencé a sacudirme tratando de liberarme hasta que me aflojaron la atadura y pude tomar una gran bocanada de aire. Mirá como se asustó la perra comentó José. La atadura de mi cuello seguía ajustada pero podía respirar.

Mientras José me ataba los brazos "la enfermera" me quemaba con algo la cola para que me fuera corriendo levantando las caderas, mi forma de tratar de escapar a las quemaduras la divirtió mucho y rió complacida. Una vez en la posición en la cual deseaba que estuviese, pasó un tronco de madera bastante ancho por debajo de mi vientre y me obligó a aJosérme sobre él. Estiró mis piernas y las abrió tanto que creí que me partiría, grité y ella me las ató en ese estado. El tronco mantenía mi cola levantada y cada músculo de mi cuerpo quedaba tensionado. Luego me ataron la cintura y los muslos.

Me separaron las nalgas con una especie de aparato metálico frío y dentado. Tenía que relajarme para evitar el dolor de los dientes del aparato mientras esa parte de mi cuerpo quedaba completamente expuesta. La lucha entre mantener la relajación y el dolor de los dientes era dificilísima.

Pude sentir como "la enfermera" me tocaba el ano y empujaba un dedo, yo estaba inmovilizada a tal punto que no podía ni siquiera hacer el más mínimo movimiento de resistencia. Esto me humillaba terriblemente.

"La enfermera" siguió inspeccionando la zona pero no me penetró como creí que lo haría.

Qué culo mas delicioso tiene, exclamó, va a ser uno de los mejores enemas de mi vida. Sentí que sus dedos me ponían una especie de crema fría y pude sentir como apoyaba algo duro, grueso en mi ano.

Comenzó a empujar y mientras entraba yo gritaba de dolor. Me ardía y sentía como iba adentrándose. El dolor era terrible y la tensión me hacía tratar de apretar mis nalgas lastimándome con los dientes del aparato que me las separaba.

Una vez colocado profundamente el dolor se hizo más soportable. Bueno putita, ahora vas a aprender como se limpian a las putas como vos por dentro.

Comenzó a entrar en mí un líquido espeso y frió, empecé a gritar con gritos desgarradores mientras el líquido seguía entrando. Podía sent

ir cómo se llenaba todo mi interior y la sensación era horrible. Enseguida me acostumbré a la baja temperatura de lo que me estaban poniendo pero el líquido seguía entrando.

En un momento pensé que me iban a hacer explotar y no lo soporte más. "la enfermera" aflojó un poco mis piernas y pude levantar un poco el vientre que estaba hinchado. Ella me sostuvo el estómago con la mano y comentó: Aún tiene espacio para otro litro. Me sentía tan mal que no podía gritar, gemía solamente y rogaba a Dios que terminase ese suplicio.

Me llenaron hasta que creí que iba a morirme. Luego "la enfermera" dijo: Ya está, putita, ya está, te portaste muy bien. Y comenzó a retirar el aparato dentado que me separaba las nalgas y el que tenía introducido en el ano. Que no se te vaya a escapar ni una gota o tendremos que repetirlo eh.

Traté de aguantar lo más que pude para que el líquido no se deslizase fuera de mí, estos esfuerzos parecieron divertirla mucho. Mientras luchaba por contener el líquido en mi interior me desataron el cuello y luego el resto de las ataduras.

Me puse en cuatro patas, ya que así podía aguantar mejor. Mira José como aguanta, sí enfermera, respondió José, mírele bien la carita, está preciosa. Bien putita, te estas portando excelentemente dijo la mujer, como premio puedes sacar toda el agua que tienes en ese culito precioso.

El alivio fue tan grande que deje escapar un largo suspiro.

Me senté sobre la mesa agotada. "La enfermera" me levantó la vista de la misma forma que lo había echo cuando me sacó del armario y me observó.

Luego me levantó los brazos y me palpó los senos, me apretó los pezones produciéndome mucho dolor sobre el que había caído el látigo la noche anterior.

Bien, exclamó. Seguimos con el examen.

Esto me aterrorizó y empecé a temblar, ella observó la reacción que estas palabras me habían causado y creo aprovechó la ocasión para ensayar algo nuevo conmigo que tuvo gran éxito: el grado de sumisión que me generaba el miedo que le tenía.

Ahora putita te voy a decir exactamente lo que vas a hacer, de que lo hagas al pie de la letra o no dependerá el grado de dureza que aplique en lo que queda del examen. ¿Entendido? La miré suplicante y asentí con la cabeza. No puta, gritó y temblé, sí, mi señora.

Sí, mi señora, respondí.

Acuéstate boca arriba, lo hice temblando de miedo, levanta los brazos para que José te los ate. Estiré mis brazos por sobre mi cabeza lo más que pude. Ahora puta vas a abrir las piernas todo lo que puedas. Las abrí y ella me ató los tobillos bien arriba, casi haciéndolos tocar mis nalgas. Luego me ató las rodillas aumentando el grado de apertura de las piernas. Me pasaron varias cuerdas por el cuerpo y quede inmovilizada completamente.

Te estas portando muy bien puta, pero apuesto a que ya lo arruinaras con tus gritos. Esto dicho por "la enfermera" me erizó la piel y ella lo notó. La seguía con mi mirada y le observaba las manos, como si con esta atención previniese cualquier ataque y evitase así un nuevo suplicio.

Se paró a mi lado, yo la observaba temblando y con los ojos llenos de lagrimas. José trajo un balde con agua y un trapo que le dio a la enfermera. Ésta lo embebió de agua y comenzó a limpiarme la cara.

Esto fue el mayor placer que había sentido en mi vida, no sólo me aliviaba el espantoso calor y la sed, ya que me dejaba chupar el trapo, sino que lo sentía como una caricia. La caricia afectiva que tanto necesitaba. Le agradecí eternamente con mi mirada.

Me limpió el cuello llenándomelo de agua, recorrió mis senos, mi abdomen. Me inundó la vagina con ese placer fresco, las piernas, mis pies de los cuales dijo que eran una preciosidad. Volvió a permitirme chupar el trapo y mientras lo hacía, mis ojos le agradecían tanto…

Bien ya, ya putita… has bebido suficiente. No era que no quisiese soltar el trapo que aprisionaba con mis dientes por sed, sino que no quería que terminase eso que yo percibía como una demostración de afecto y que me llenaba de calor el alma.

Ya, puta, te he dicho que lo sueltes. Lo solté, y estaba completamente revitalizada. Sentía ese toque de afecto recorrer todo mi cuerpo como una

ola de calor.

"La enfermera" se acomodó entre mis piernas y miro detenidamente mi vagina, la palpó, estiro los labios abriéndolos. Me estiró de arriba para dejar destapado el clítoris y luego tomó un gran pene negro de plástico que me pareció gigantesco, lo mojó en el balde y me separó los labios de la vagina con sus dedos para acomodar el coloso en la entrada.

Empujo y le costó que entrase, así que lo intentó con mayor fuerza. Cuando mis músculos cedieron comenzó a entrar y sentí que me quebraría a la mitad. Con un movimiento brusco lo insertó hasta el fondo de mí y fue tanto el dolor que no pude ahogar mis gritos. Pero la tortura comenzó a continuación con un movimiento frenético de entrada y salida.

La vagina se me desagarraba y cada movimiento me arrancaba gritos de dolor. Cuando por fin me fui acostumbrando, y mis contracciones y gritos fueron cesando, lo retiró tan salvajemente que fue como si me arrancaran una parte de mi cuerpo.

Quedé llorando y terriblemente dolorida, tenía la necesidad de doblarme y el estar atada era una tortura. La mujer no dejó que me recuperase y me insertó, aunque no tan ancho, un aparato similar pero revestido con unas púas anchas y triangulares de forma cónica. Esto no me causó tanto dolor hasta que empezó a girarlo de un lado a otro.

Yo gritaba y pedía que se detuviese por lo que fuera, pero esta tortura continuó, y como la anterior, sólo se detuvo cuando comenzaba a acostumbrarme a ese tormento.

Lo que hizo a continuación fue tomar una especie de jeringa gorda y gigantesca y llena de arrugas en su contorno y llenarla de agua de una olla de donde salía humeante.

Al ver esto comencé agitarme y tratar por todos los medios de librarme de las ataduras y fue aún mayor mi desesperación cuando el artefacto comenzó a entrar en mí y lo sentí terriblemente caliente. Una vez metido por completo comenzó con el movimiento de meterlo y sacarlo pero muy lentamente. Esto lo repitió unas pocas veces y cuando en uno de los movimientos estuvo lo más profundo posible comenzó a soltar el líquido a medida que retiraba el aparato lentamente hacia afuera. No podría describir lo que es quemarse viva en su interior. Trataba de escapar, de retirarme de ese artefacto siniestro.

José se acercó y abriéndome la boca presionando con sus dedos mi mandíbula me metió una bola que ató de unas correas a mi cabeza diciendo que era probable que me mordiese tan fuerte la lengua que terminaría por arrancarme un pedazo.

La tortura era interminable, el dolor era agobiante. Cuando terminó de retirar el artefacto me abrió con los dedos la vagina para que cayese el agua que me llenaba. Me alivié y descansé mis músculos. Pero "la enfermera" volvió a llenar ese aparato siniestro y comencé a llorar como no la había hecho hasta ese momento, ya no trataba de resistir, simplemente me desgarraba en llanto.

"La enfermera" al observar esto se acercó a mi oído y dijo: Realmente dolió ¿no? …. Contéstame, duele mucho ¿no es cierto? Afirmé como pude entre el llanto y la bola que me llenaba la boca. Ahora dime putita, se que quieres evitar que te ponga éste, mostró el aparato jeringa en su mano. Traté de exclamar un por favor no y aunque me salió inteligible ella entendió. Bueno pero deberás portarte muy bien y hacer lo que se te ordene ¿estamos? Afirmé tratando de repetir un gracias infinidad de veces.

La mujer se alejó y deposito la jeringa, esto me permitió calmarme. Me soltó una pierna y volvió a atármela estirada, luego la otra. Y se fue a hablar con José que se había alejado de la mesa.

Al rato José se acercó y me dijo que era una lástima, que se tenía que ir de viaje y antes iría a arreglar la situación en mi trabajo ya que no trabajaría más según dijo. Y agregó, de ahora en más, La Doma correrá por parte de "la enfermera" y espero que te portes excelentemente. Me escupió y se fue saludando con un beso a la mujer.

Cuando José ya había dejado el lugar, "la enfermera" estuvo ordenando algunas cosas sobre una banqueta en donde tenía algunos elementos que no pude observar en detalle.

Traté de llamarla y ella me miró con una mirada fulminante que me aterroriz&o

acute;. A pesar de esto continué tratando de decir algo. Ella se dio vuelta y me dijo: Veo que tienes ganas de charlar, esta bien, quizás te venga bien aprender cómo lo debes hacer.

Me quitó la bola de la boca y le dije: Mi señora, por favor no quiero sufrir más, ¿por qué me hacen esto?

Pedazo de puta cómo te atreves a dirigirme la palabra sin permiso, éste grito me hizo sollozar y emití un tímido mi señora perdóneme por favor, perdóneme se lo ruego.

Esta bien puta, así es como debes dirigirte hacia mí.

Mi señora ¿puedo preguntarle? Dije entre lagrimas.

Que quieras puta, pregunta.

Mi señora. ¿Me va a seguir lastimando?

Sólo hasta que aprendas puta.

Aprenderé, aprenderé lo prometo, no me lastime por favor aprenderé, haré lo que sea, lo que usted me pida mi señora.

Seguro lo harás puta, pero para eso falta.

No me lastime más mi señora se lo suplico.

Cállate, ya cansas y no vayas a empezar a llorar de nuevo.

Me quedé en completo silencio tratando de contener las lagrimas mientras mi señora continuaba acomodando cosas que no podía ver.

Se dirigió luego hacia la mesa y chequeó que las ataduras estuviesen intactas. Luego se retiró a buscar algo de lo que había estado preparando y la vi venir con una aguja larga, ancha y dorada. Te comportas puta eh, ni una palabra quiero oír o te hago conocer el infierno. Temblaba y hubiese preferido tener la bola en mi boca para morderla y evitar las palabras. Como si me hubiese escuchado el pensamiento me la colocó y sabía que yo lo deseaba, me miró como diciéndome: ves que no soy tan mala. Ambas sabíamos lo que me iba a doler lo que venía. A esa altura yo lo único que quería era aprender lo tenía que ella quisiera, sabía que esta era la llave para liberarme del suplicio.

Mi señora se puso a un lado de la mesa y con la aguja me pinchó un poco el costado, sobre las costillas, si bien no fue más que una molestia, me moví y me corrí unos centímetros de la aguja. Mi señora dejó la aguja y pasándome cuerdas por todo el cuerpo, incluso por el cuello, que tanto me asustaba después de la primer experiencia, me inmovilizó por completo.

Volvió a hacer la prueba de pincharme el costado, esta vez con éxito. Luego, para mi sorpresa, se inclinó sobre mi seno derecho y me lamió el pezón. Lo tomó después entre sus dientes y comenzó a jugar con su lengua, me lo mordía, luego lo succionaba estirándolo, lo volvía a morder deliciosamente y lo llenaba con su lengua caliente. La sensación me encantaba, me echó agua fría sobre mi seno y mi pezón parecía que quería explotar. Lo tomó entre sus dedos apretándolo y estirándolo. Para cuando terminó, yo sentía latir el corazón en el pezón.

Había olvidado la aguja, pero cuando reapareció ante mi vista, lo supe y tomé aire, me iba a atravesar el pezón con esa aguja. Cerré los ojos y mordí la bola fuertemente, mi pezón seguía completamente erguido y eso me humillaba. Sentí la punta de la aguja sobre el borde del pezón, transpiraba, aguante la respiración. La aguja comenzó a entrar y se me escapó un ahogado grito de entre los dientes. Pude sentir cuando salió por el otro lado. Mi señora giró la aguja varias veces y se retiró dejándome el pezón atravesado.

Luego me quitó la bola de la boca y me preguntó si me dolía. Sí, mucho…. mi…señora respondí haciendo fuerza para aguantar el dolor. ¿Crees que lo puedas aguantar sin morderte la lengua ni los labios? Yo que me iba acostumbrado a la aguja clavada le conteste que sí. Muy bien puta, ahora llego a escuchar un solo gemido y te coloco una de estas en el clítoris y me mostró otra aguja que tenía en la mano. Supe que me iba a colocar una en mi otro pezón.

El procedimiento de endurecerme el pezón fue similar al anterior pero más violento y tardó más tiempo en dejármelo tan duro como me había dejado el otro.

Este me dolió profundamente, ya que lo tenía dolorido por el latigazo que lo había alcanzado y a pesar de la espelúznate amenaza de hacerme lo mismo en el clítoris se me escapó un largo gemido

que terminó en un aullido.

Mmm putita, no sabes la lastima que siento por ti y por tu botoncito dijo riendo.

Nooo empecé a gritar y mi señora tomando las dos agujas que llevaba atravesadas me estiro los pezones de tal forma que creí que me los arrancaría. Quieres que siga puta, quieres que te los arranque. Ahhh. Gritaba, solo gritaba y ella me estiraba más las agujas y las retorcía. Eres una puta mal agradecida y continuó torturándome los pezones hasta que sentí que me estallaba la cabeza de dolor. Me soltó y me dijo: ya te ganaste el de la concha, ¿ahora quieres que te meta un aro en la nariz como un toro? Te puedo asegurar que duele infinitamente más que estos, más incluso que el de la conchita que te acabas de ganar. Perdóneme mi señora, por favor, perdóneme, le prometo que no gritaré cuando me atraviese mi clítoris, se lo juro dije entrecortada.

Ya lo vamos a ver puta, sabes lo que te juegas. Y se fue a preparar la aguja que me atravesaría la parte más sensitiva de mi cuerpo.

Mi señora ¿puedo pedirle?

¿Qué cosa puta?

¿Puede mi señora volver a ponerme la bola?

¿Estas jugando conmigo puta?

No mi señora, me arrepiento, me arrepiento de haber pedido que me la saque.

Ok puta, pero deja de llorar no vaya a ser que te lastimes esa boquita de chupapijas que tienes.

Gracias mi señora, gracias. Luego me colocó de vuelta la bola en mi boca. Me separó las piernas y me hizo levantar la cadera. Me ató fuertemente y me hizo recordar que al menor ruidito me ganaba el aro en la nariz a lo toro.

Sentí como me apretaba con una pinza y me sujetaba el clítoris fuertemente. Luego, la aguja abriéndose paso. Aguanté la respiración y mordí con tanta fuerza la bola que me dolieron las mandíbulas durante la semana que siguió. Me lo atravesó y yo no emití ni el más mínimo sonido. Sólo soltaba el aire de golpe para luego tragar otra gran bocanada y aguantar la respiración. Por el dolor, los músculos de mi cuerpo se tensionaron tanto que me comencé a cortar con las cuerdas con que estaba atada. Exhalé el aire y tragué nuevamente, sentía latir mi clítoris.

Mi señora movió la aguja y aguanté el movimiento. Despacio el dolor se fue convirtiendo en una molestia y comencé a respirar profundamente. Sentía las lágrimas caerme por el rostro.

Me alivió mi señora al retirarse y decirme: te has portado muy bien puta, no me lo hubiera esperado de ti.

Luego me mostró unos aros, dos eran de oro azul y eran una simple argolla, estos irían en mis pezones. El otro de oro rojo y que tenía una bolita como cuenta que quedaba suelta alrededor de la argolla iría en el clítoris. Mi señora me dijo que esas argollas las llevaban solo las rubias de pubis dorado, que éstas no eran depiladas en esa zona mientras me los colocaba.

Me desató y me quitó la bola de la boca. Me hizo bajar de la mesa y ponerme de pie. Me tocó los aros y exclamó: Quedaste preciosa puta, a ver, separa las piernas, casi caigo al hacerlo por el estado de debilidad que tenía pero me sostuvo del brazo y las abrí. Perfecto exclamo, una joyita. Ahora vamos a limpiarte. Estaba empapada de sudor, sangre, polvo, orina, lágrimas… Me llevó al jardín y me ató a una rama de la higuera. Me dejó ahí y al rato apareció con una manguera y comenzó a limpiarme. Me permitió beber del chorro y le agradecí. El sol pegaba fuertísimo y pensé que serían cerca de las cuatro de la tarde. Miré a mi señora, parecía satisfecha y me tranquilicé.

Dejó que me secase al sol y se sentó a unos metros a leer una revista y tomar un trago en la sombra. Luego de un rato se acercó y me esparció una crema por mi cola y piernas, Quejándose como para sí misma de las marcas que me había dejado José. Qué bien se sentían esas caricias, el sol, la brisa que me recorría cosquilleándome por el cuerpo.

Cuando me soltó le pregunté si no podíamos quedarnos un rato al sol, y ella me dijo que sí, que quería tomarlo. Le agradecí con lagrimas de felicidad y ella me desató. Me puso un collar en el cuello con una larga correa y me ató las manos a la espalda. Me llevó a donde había estado hace un rato sentada y me permitió qu

edarme en la parte en la que daba el sol, me acomodé en el piso, como me pidió, y la observé sentarse y atar la correa que me ligaba a ella a su silla. Me dormí mirándola completamente agradecida.

Había terminado la primera etapa de la doma.

(Continuará…)

Contaré próximamente las posteriores etapas de mi doma, que fueron las que en realidad me convirtieron en las esclava que hoy soy. Mi dirección de e-mail es nataliaww (arroba) altavista.com, me encantarían sus opiniones.

 

La encrucijada de Spyder

Hetero, dominación. Una esclava es torturada y crucificada por negarse a cumplir los deseos sexuales de su amo.

La siguiente pieza de ficción se pretende un entretenimiento para ADULTOS y ha sido publicada sólo en un grupo apropiado de Internet. Si se encuentra en algún otro sitio no es responsabilidad del autor.

Traducción de "Spyder”s Crossroad" de Tarquinius (tarquinius (arroba) my-dejanews.com) realizada por GGG 2000.

Spyder era una de mis esclavas preferidas. No sólo resultaba hermosa colgando de una cruz romana en T, sino que sufría las torturas de una forma erótica, retorciéndose y gimiendo durante muchas horas antes de ser descolgada para hacer el amor con sosiego. Después escribiría cuentos de ensueño que incluían muchos de los detalles que había experimentado previamente. Esta es una de sus narraciones…

— Tarquinius Rex

"­Líctor, ata sus manos, vela su cabeza y cuélgala del árbol de la vergüenza!"

La encrucijada de Spyder ========================

La trasladaron a la encrucijada antes de las primeras luces. Iba dando traspiés tras el carro que llevaba su cruz, atada a él por un grueso collar de piel que rodeaba su cuello. Aunque él siempre le había exigido que permaneciera cubierta en público, ahora llevaba sólamente el taparrabos que él le dejó en la quinta, dejando sus pechos expuestos a todos los que se cruzaban con el carro.

El carro se detuvo en el punto que él había elegido y ella se detuvo con él. No dijo nada cuando uno de los dos esclavos que la acompañaban tiró de ella con rudeza apartándola para poder sacar la cruz del carro. Ambos disfrutarían con ésto ya que, en más de una ocasión, habían sentido el aguijón de su lengua lacerante. No había sido únicamente su amo el que había notado que tenía demasiado orgullo para ser una esclava.

Mantuvo sus ojos mirando hacia adelante, hacia el vacío, con cuidado de no mirar a los otros crucificados en aquella polvorienta encrucijada. Los esclavos tiraron de la alta cruz hasta casi sacarla del carro, dejándola apoyada en la parte trasera para sujetarla a ella como su amo había indicado. No se dio cuenta de que sería colgada de una forma inusual para esta comunidad.

El esclavo que había tirado de su atadura lo hizo una vez más, llevándola esta vez a montarse sobre el extremo que se encontraba en el suelo. Empujó su espalda hacia el mástil, disfrutando del dolor que le producía cuando la piel desnuda de su espalda se rozaba contra el áspero poste. No se resistió cuando la ataron fuertemente desde las manos hasta los codos, pero se quejó cuando los esclavos tiraron con rudeza de sus piernas hacia el poste para estirar sus brazos tanto como permitían sus ataduras. Las astillas del poste hicieron brotar sangre fresca de su espalda. Uno de los esclavos agarró brutalmente su pierna izquierda y la estiró sobre el mástil. La otra fue forzada a cruzarse en los tobillos. A continuación empujaron sus pies hacia arriba para forzarla a separar ampliamente sus rodillas. Ataron estrechamente sus pies a los lados del mástil.

La dejaron allí, yaciendo atada a la cruz, con su peso descansando sobre las púas y cortes que cruzaban su espalda. Mientras cavaban el hoyo para izar la cruz, tuvo que escuchar sus groseros comentarios sobre su cuerpo y la posición en que se encontraba. Cuando hubieron terminado, arrastraron la cruz hasta el agujero y la colocaron verticalmente. Ahora todo su peso descansaba sobre sus brazos y tuvo que ahogar un gemido cuando sintió una oleada de dolor que abrasó sus hombros. Se había olvidado de los otros esclavos cuando terminaron su tarea y la dejaron.

Se daba cuenta ahora de lo que su amo había hecho. Sin saliente en el que apoyar el culo, aún con el dolor que hubiera supuesto, y con las piernas cruzadas como las tenía, no había para ella forma de liberar el dolor que afligía sus hombros. No podía moverse en absoluto. Empujar hacia arriba sólo serviría para intensificar el dolor en sus pies y tobillos y haría poco para aliviar sus hombros. Fue entonces cuando abrió los ojos y le vio. A caballo, a pocos pies de distancia, la observaba con detenimiento.

"Amo" fue todo lo que susurró. No podía rebajarse a suplicar. Aún ahora, cuando afrontaba un dolor insoporta

ble y una muerte lenta, porque ella, una esclava, no pudo soportar el pensar en las manos de otro sobre su carne y se había negado a cumplir los deseos de su amo. Colgaba en la cruz a suficiente altura como para que los extraños que pasaran a pie no pudieran alcanzarla. Pero a lomos de un caballo los trapos del taparrabos quedaban casi a la altura de los ojos.

Acercó el animal y se mantuvo en los estribos, paseando sus dedos ligeramente por sus pechos desnudos para deslizarlos, a continuación, hasta la parte superior de su taparrabos. Ella gimió y cerró los ojos avergonzada. Aún ahora, que la había mandado crucificar, le quería. Su cuerpo traicionero lo dejó claro cuando sus pezones se endurecieron y sintió la humedad entre sus piernas.

Sus ojos se abrieron de golpe cuando sintió la punta de la daga en su garganta. Los ojos del amo se clavaron en los suyos mientras deslizaba la punta de la daga entre sus pechos, sobre el estómago, dejando una delgada estela de sangre tras ella. Se detuvo en la parte superior del taparrabos. Introdujo la hoja plana y delgada bajo el cordón que lo sujetaba a sus caderas. Dudó sólo un momento antes de cercenar el delgado cordón para dejar caer al suelo la tela, dejándola completamente desnuda en su cruz.

Sus ojos no se separaban de ella cuando volteó la daga en su mano. Ella se estremeció cuando él continuó su camino hacia abajo con la empuñadura del arma, deslizándola entre el vello de su pubis e introduciéndola lentamente en su interior tan profundamente como era posible. Arrastró la empuñadura por el clítoris, lo rodeó y oprimió y la llevo a su boca para sorber sus jugos. Sonrió, dio la vuelta a su montura y la dejó en su cruz.

Le vio alejarse. No podía rebajarse a llamarle y suplicarle por su liberación, una liberación que, estaba segura, no concedería. Se sintió deslumbrada cuando despuntó la luz del día y el calor empezó a aumentar.

El dolor en su pubis se añadió a la agonía. Sintió como si no hubiera parte de su cuerpo que no estuviera sometida al dolor, los músculos de sus hombros gritaban cuando su peso tiraba de ellos, sus brazos y pies firmemente atados ardían con la circulación casi paralizada. Sentía dentelladas y magulladuras en sus pechos y muslos, y la piel de su espalda estaba en carne viva por los azotes que había sufrido.

Nunca hubiera creído que él pudiera llevar las cosas tan lejos. La había castigado antes, pero siempre con el látigo. Algunas veces, la había tomado salvajemente por detrás. Sin embargo, nunca en público, y nunca la había ofrecido a otro para su placer.

A pesar de todo, lo había hecho. Y lo que es más, ella se había negado, las palabras habían salido de su boca antes de que pudiera pararlas. El horror de ser ofrecida a un senador, cuyas brutales pasiones eran bien conocidas, anuló su buen sentido y permitió que diera rienda suelta a sus sentimientos. No podía recordar ahora cuando había sucedido. ¨¿Había sido ayer? Su dolor era tan intenso que no podía recordar.

***

La represalia había sido rápida. Su amo la enganchó del pelo, largo y suave, y la forzó a arrodillarse delante de él, dándose por ofendido por su tono además de por sus comentarios, en los que comparaba al senador con un animal de establo.

La arrastró hasta su cámara y ató sus muñecas por encima de su cabeza a un poste preparado al efecto. A continuación invitó al senador a observar como azotaba su espalda, costados y muslos. Aún peor, la obligó a contar cada golpe. Habían sido más de cien esa primera vez.

Todavía recordaba las dementes incitaciones del senador cuando su amo cubría cada pulgada de su espalda y nalgas con cortes y señales del látigo. Podía escuchar aún como el cerdo se había dado placer con su propia mano. Su amo, tras haberla azotado hasta que se desmadejó contra el poste y no pudo seguir por más tiempo la cuenta, la tomó violentamente por detrás. Ignoró por completo sus gemidos cuando la penetraba una y otra vez hasta que sintió como si la hubieran partido en dos, tan grande era su agonía. La dejó allí el resto de la noche, colgando de sus muñecas porque no podía tenerse en pie. Sus piernas se negaban a sostenerla cuando la sangre goteaba por su espalda, mientras

él dormía en la cama que siempre habían compartido.

***

Lentamente recuperó la conciencia y sintió los primeros aguijonazos arrastrarse por su piel cuando comenzó a sudar. Intentó moverse un poco, pero cada movimiento producía nuevas oleadas de dolor a su cuerpo torturado. No sabía el tiempo que llevaba colgada, ni le importaba. Lo único real era el dolor. No escuchaba los comentarios que hacían los hombres crucificados a su alrededor, o la gente que pasaba por la calzada. No sabía, ni le importaba, lo que se podía leer en la placa situada en lo alto de su cruz.

No podía ver las pollas tiesas de los hombres que se detenían a mirar su ajado cuerpo. No le importaba que ellos ansiaran la longitud de sus brazos y piernas, sus pechos llenos y redondos, la curva de su cintura y caderas, la sedosidad de su largo pelo. Ni sabía como anhelaban ardientemente el desnudo nido entre sus piernas. No sabía nada salvo la agonía de su cuerpo.

No prestaba atención a nada que no fuera el aura de su dolor hasta que llegaron los soldados a caballo. Habían salido a hacer algo de ejercicio. El miedo que sintió cuando se acercaron se intensificó cuando observó la crueldad de sus caras. Los comentarios que hacían sobre su cuerpo y el uso que podían hacer de él, le helaron la sangre. Eran libres de hacer lo que quisieran mientras ella colgara de la cruz. Nadie los detendría por aumentar su tortura si deseaban hacerlo.

Sus lascivos comentarios se fueron haciendo progresivamente más brutales. Entonces dos soldados tomaron la iniciativa y comenzaron a torturarla en serio. Acariciando las curvas de su cuerpo con una lanza, arrastraron su punta bajo el peso de un pecho para elevarlo. Sintió la aguda punta clavarse en su carne y su pecho palpitó con el esfuerzo realizado para mantenerse consciente.

Goteaba la sangre por la lanza mientras los soldados se mofaban. Cuando el primero limpiaba la sangre de su lanza en su propia cara, el segundo usaba su espada para trazar el camino que había recorrido la daga de su amo. La forzó a separar aún más las piernas con la punta de su pesada arma y tomó y arrancó un puñado del vello de entre sus piernas. Se rió cuando ella echó hacia atrás la cabeza, incapaz siquiera de gritar por el shock y el dolor.

Recuperó la voz cuando él usó la punta de la espada para apartar los labios de su nido, y, tomando la lanza de su compañero, empezó a empujar el pesado extremo del arma en su interior. Se rasgó en un grito cuando intentaba escapar del tormento al que la sometía. No pudo más, y piadosamente perdió el conocimiento, echando a perder su diversión, aunque intentaron reanimarla durante varios minutos, golpeando sus piernas y costados con la parte plana de la espada. Finalmente, dando fin a sus esfuerzos, la dejaron en pos de otros placeres.

Tras ésto ella fue a la deriva, sin estar segura de dónde estaba, porque no estaba plenamente consciente. Una vez pensó que su amo estaba allí, pero cuando pudo despertarse para mirar, se había ido de su vista. Se vino abajo y empezó a llorar en silencio. Las lágrimas dejaban rastros en el polvo que cubría su, en otro tiempo, suave piel, que ahora empezaba a arder bajo la áspera y ardiente mirada del sol.

No le importaba lo que fuera a ocurrirle a aquel cuerpo que había conocido tanto placer en manos de su amo. No podía soportar la idea de no volver a tocarle o de que otro que no fuera él la tocara a ella. Era tal su orgullo que le hubiera permitido morir en la cruz antes que pedir perdón por su insolencia.

***

La liberó del poste a la mañana siguiente, permitiendo que se bañara y atendiera a sus necesidades. Entonces le puso un pesado collar alrededor del cuello con una correa unida a él, y la llevó tras él a todos los lugares por los que deambuló en la quinta. Sólo le permitió un trapo para cubrir su pubis, dejándola desnuda salvo ese pequeño pedazo de tela.

De vez en cuando se detenía y, forzándola a ponerse de rodillas, apartaba su túnica y empujaba su cara hacia sus partes. La cogía del pelo situando la cara en donde quería y empujaba profundamente su polla en el interior de su garganta hasta que la ahogaba. A continuación la forzaba a lamerle los huevos y el culo. Cuando ya estaban bien limpios la obligaba a ponerse a cuatro patas y la tomaba como si fuera una perra y como a tal la trataba.

En una ocasión, al

considerar que había tardado demasiado en una tarea, la arrastró de nuevo a sus habitaciones y la ató, nuevamente, al poste de flagelación. La azotó con el látigo hasta que ella gimió y la sangre goteó por sus heridas reabiertas. Entonces la tiró de espaldas en la cama.

En ese momento se mostró agradable. Lamió y chupó sus pechos hasta que, a pesar del dolor, los pezones se le pusieron duros. Gimió cuando su mano descendió hasta su vagina, nuevamente mojada, deslizando sus dedos por su clítoris hasta que su cuerpo empezó a moverse al ritmo de su mano. Entonces dirigió su boca a uno de sus pechos y mordió profundamente la carne suave. El golpe la había hecho gritar.

Sabía que no había terminado con ella. Continuó alternando entre excitarla y castigarla por su excitación, dejando mordiscos en sus pechos, costados y cuello. Luego se desplazó hacia abajo reemplazando su mano por su lengua. La llevó al extremo del clímax sólo para morderla viciosamente en sus tiernos muslos y lamer la sangre que provocaba.

La usó hasta que cada movimiento que ella hacía era un esfuerzo y una agonía, pero ella no podía hacer que las palabras acudieran: para pedirle que la dejase o la matase. Pero él aún podía excitarla. Su cuerpo respondía sin control a sus caricias.

Cuando le confirmó que su destino era ser crucificada había sido casi un alivio. Sabía que no podría resistir mucho más, y la perspectiva de la muerte era bienvenida en comparación con la tortura que soportaba. Estaba segura de que si la muerte no acudía la tortura continuaría sin fin.

***

Recuperó la lucidez al final de la tarde. Saliendo de su niebla, entrando en una confusión de dolor y calor, no podía sentir sus pies ni sus manos. Sentía sus brazos como si hubieran sido arrancados de sus articulaciones. Su pecho gritaba de agonía en cada respiración. Respirar se convertía en un esfuerzo. El sudor y la sangre formaban riachuelos sobre su piel, dejando estelas pegajosas en el polvo que la cubría. Su cabello, antes suave, se pegaba en sucios zarcillos a su talle y se adhería a la piel en carne viva de su espalda en los sitios donde la sangre se había secado.

Las moscas cubrían su cuerpo, y pululaban en cada orificio, celebrando el banquete de sangre y sudor que su cuerpo les ofrecía. Llevaba colgada casi diez horas. Su cabeza palpitaba del calor. Le resultaba difícil pensar o enfocar sus ojos bajo el sol deslumbrador. Creía haberle visto otra vez, cabalgando hacia ella pero no daba mucho crédito a sus ojos.

No podía soportar mirarle, porque se dio cuenta de que era real. Era incapaz de sentir otra cosa que una tenue incredulidad en que hubiera vuelto. "Estaba allí para continuar torturándola. ¿O para ver si todavía estaba viva?"

No alzaría la cabeza para mirarle. No podría soportar que le viera en la cruz, aunque hubiera sido él quién la había puesto en ella, él quién le había causado la peor tortura a su cuerpo y a su mente.

La observó unos minutos, vio como las moscas recorrían su cuerpo maltratado. Contemplando la dificultad de su respiración, sus ojos tropezaron con heridas nuevas. Se preguntó quien había tenido la temeridad de abusar de ella cuando estaba claramente escrito sobre la cruz que ella le pertenecía. Era suya para el abuso, suya para la caricia.

Se preguntó también, si ella sabía cuanto la deseaba. Sabía que poseer su cuerpo no era suficiente. Quería su alma. Siempre había sido lo suficientemente complaciente como para aceptar el placer que él podía dar a su cuerpo. Más aún, le había dado placer a cambio. Siempre se había preguntado si se entregaba a él porque la forzaba o porque lo deseaba.

Nunca la había tratado tan salvajemente. Con anterioridad nunca le había hecho más que azotarla por su insolencia. Le producía un gran placer ver las líneas de rojo brillante cruzar su espalda y sus nalgas. Siempre había sido mucho más sensible a él en la cama después de haber sido azotada. Se llegó hasta ella y recogió un puñado de su pelo enmarañado retirándolo de su cuerpo.

Por segunda vez, ella gritó. Al hacerlo su vejiga soltó la orina que retenía que se escurrió por el mástil, corrió entre

sus piernas y goteó entre sus tobillos cruzados hasta alcanzar el polvo y la porquería en el suelo. Completamente humillada, desapareció su último resto de orgullo en la suciedad. Estalló en penosos, atormentados sollozos que no podía controlar. Le suplicó que pusiera fin a la agonía que no podía soportar más. Le imploró una liberación que su cuerpo no podía concederle.

Apenas fue consciente de que el mástil era abatido y sus ligaduras cortadas. Ni de que era llevada en la silla del caballo de su amo a su mansión.

Volvió en sí gritando cuando se despertó en el baño. Gemía en su agonía mientras su amo le bañaba la cabeza y le limpiaba las heridas. Después frotó su cuerpo con aceites y ungüentos mientras permanecía tumbada al lado del baño.

La llevó a la cama donde se acurrucó como una pelota. Él la obligó a beber de un jarrón un desagradable líquido y pronto su mente empezó a flotar y su dolor empezó a ceder. El amo la acunaba en sus brazos y le cepillaba suavemente el pelo retirándolo de su cara cuando cayó en un profundo y oscuro sueño.

Fin de La encrucijada de Spyder