La masturbación , tanto femenina como masculina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtener placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo .

Buenos Vecinos

Bisexual, fetichismo, parejas liberales. Pasaron los días y ella continuaba paseándose por el departamento así vestida, buscando provocarme y al mismo tiempo negándose a satisfacer mis necesidades, este era un juego que frecuentemente realizábamos, ella me excitaba durante días hasta que yo no aguantaba mas. Pero no pude dejar de notar que hacía muchos años ya que no lo hacíamos. Read more

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Crónicas cornudas IV Rocío y el consolador

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Teresa, una mujer casada

Masturbación, Autosatisfacción. Teresa, te quedaste mirándote en el espejo admirando tu cuerpo casi desnudo, revisándolo con tus manos. Habías llegado del trabajo y apenas pasaste por la puerta de tu habitación te quistaste todo, tus anillos, tu chaqueta, la blusa, los zapatos, la falda, y por último el sostén. Read more

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Mi adorable novia Virginia (XIII) – En la panadería

Yo sabía que esa faldita tan corta nos traería problemas. Virginia es el nombre de mi novia, como quizás ya sabes. Ella es algo más joven que yo y todo el mundo dice que hacemos muy buena pareja. Virginia es muy atractiva: su cara es muy hermosa, con unos profundos y cariñosos ojos marrón oscuro y unos labios muy tiernos, lleva una larga melena de cabello castaño, tiene un cuello elegante, unas espaldas sensuales, un pecho bonito, algo más grande que la media pero no demasiado, una cintura que daría envidia a las avispas, un culo redondo, bien contorneado, unas piernas largas y hermosas…

  • ¿En qué estás pensando, Juan?
  • ¿Eh, cómo? No, en nada, bueno sí… ¡en lo guapa que eres, Virginia!
  • Oh, gracias, amor. ¡Eres muy amable!
  • Es la verdad, Virginia.

Yo soy un hombre normal. Bastante alto, una cara agradable, más bien delgado, no especialmente musculoso.

  • Juan, ¿no me estarás mirando el pecho?
  • ¿Eh, cómo? No, no, de verdad que no. Aunque la verdad, me gustaría verlo.
  • ¡Ay, que picarón que eres! Cuando nos casemos, Juan, será todo para ti, amor. Todo entero tuyo.

La verdad es que sí que me había quedado hipnotizado observando el escote de su camiseta, viendo sus pechos balanceándose al andar. Y yo no era el único, porque muchos hombres con los que nos cruzábamos miraban descaradamente las tetas de mi novia. Ella es muy inocente y no se daba cuenta.

  • Bueno, nos vemos luego. ¿Me vendrás a buscar, verdad, cariño?
  • Claro que sí, Virginia, a las ocho y media, como siempre. ¡Un besito!
  • ¡Un besito, amor! – y se besan en la mejilla.

En la oficina las horas pasaron despacio para mí. En cambio, Virginia disfrutaba mucho de su trabajo en la tienda de moda. Los clientes están muy contentos y satisfechos de que les atienda alguien tan amable y simpático como mi novia.

Al salir de tienda, como siempre, Virginia fue a comprar el pan.

  • Hola, Virginia, ¿qué tal hoy en la tienda?
  • Bien, bien, gracias, José. Quiero una barra de pan, de la que les gusta a mi padre, ya sabes.
  • Sí, claro. Pero ahora mismo no tengo en la tienda, están en el horno, a punto dentro de diez minutos. Si quieres esperarte…
  • Bueno, sí, vale. La verdad es que no tengo ninguna prisa, porque Juan, mi novio, no viene a buscarme hasta las ocho y media.
  • Ah, pues perfecto, hija. Mira, si quieres sentarte allí, puedes hacerlo. Y leer unas revistas.
  • Sí, gracias.

Cuando mi novia se dirigía a las sillas del pequeño espacio acondicionado a modo de café, el panadero quedó encantado con el contorneo de la chica, su caminar sensual, elegante con sus zapatos de talón alto, su faldita a cuadros rosas i negros, tan corta que casi mostraba parte de sus nalgas. Al sentarse en la silla, la cosa mejoró todavía más pues desde detrás del mostrador, José tenía una vista privilegiada del generoso escote de Virginia y podía ver casi todas sus tetas. Además, la minifalda apenas cubría las braguitas de mi novia, que enseñaba completamente los muslos. Ella levantó la vista un momento y, aunque el panadero disimuló, se dio cuenta que la estaba devorando con los ojos. De manera intuitiva, Virginia estiró el borde de la faldita, pero era tarea imposible al ser tan cortita. También tiró para arriba del escote de su camiseta para tapar su pecho, aunque lo único que consiguió es mostrar su perfecta barriguita y su ombligo. Se ruborizó al darse cuenta que enseñaba más que escondía su bonito cuerpo.

  • Oye, Virginia, estás muy guapa, ¿sabes?
  • Bueno, gracias, José. Eso… ehem… ¿Crees que ya estará a punto el pan?
  • ¿Eh, cómo? No, sí, ya, voy a ver, voy a ver…

José es un hombre mucho mayor que yo y, claro, que mi novia. Cuando Virginia se quedó sola en la tienda pensó:

– ¡Vaya, quizá me he pasado con esta faldita tan corta! ¡Y con el escote tan grande! ¡Pero es que hace tanto calor! El bueno de José no podía dejar de mirarme. La verdad es que me halaga que los hombres me miren y me admiren. – se sube un poco más la faldita hasta que aparece muy brevemente la braguita blanca; entonces se da cuenta de que está algo húmeda. En esas que aparece el panadero y dice:

  • Está muy caliente.
  • ¿Eh, cómo, qué dices? – se baja la falda de golpe, tan bruscamente que, al estirarla muestra la parte de arriba de las braguitas.
  • ¡Oh! No, que digo que está muy caliente… el pan… que está muy caliente, en el horno, pero que no está todavía a punto.
  • ¡Ah, el pan!
  • ¡Virginia, estás muy sonrojada! ¿Es que tienes demasiado calor?
  • ¿Eh? ¡Vaya, algo de calor sí tengo!
  • Pues la verdad es que no estás muy abrigada – contesta el panadero mirando descaradamente los muslos de mi novia.
  • ¡Es verano, José, uff! – nota que sus mejillas están que arden. – ¡Por favor, ve a sacar ya el pan del horno!
  • Hija, has dicho que no tenías prisa.
  • No, bueno, es que… ve a ver si está ya cocido.
  • Yo diría que no, todavía, no.

José se va al obrador y le viene una idea a la cabeza: subir la temperatura del termostato de la tienda. Piensa, con una sonrisa pícara: – ¡A ver si la chica nota que todavía va demasiado abrigada! – y fija la temperatura a ¡30 grados! Es lo máximo que le permite el termostato.

Virginia nota que está muy caliente. Al saberse sola en la tienda, se sube un poco la falda y ve que sus braguitas están mojadas, empapadas. También que está mojando la silla. Enseguida se levanta y no se le ocurre más que quitarse las braguitas. Entra el panadero y ve cómo mi novia se inclina para bajarse las bragas y no puede evitar mirarle todo el culo. Se queda tras el mostrador, oculto, y ve como ella huele sus braguitas y, con cara de satisfacción por el buen olor, las esconde en el bolso. Ella mira hacia la puerta de la tienda y hacia el mostrador y, viendo que no hay nadie, acerca sus manos debajo de su falda. José adivina que Virginia se está masajeando el clítoris e introduciendo sus dedos en la vagina. Entonces ella sube la falda hasta su cintura y, al estar de espaldas, descubre todo su culo hacía el secreto espectador privilegiado. El panadero nota como sufre una buena erección. Virginia gime, ronronea y suspira, apenas puede evitar emitir unos grititos cuando experimenta un orgasmo muy húmedo. Al terminar se da cuenta que ha mojado completamente el suelo. Coge las braguitas del bolso y, asegurándose que no hay nadie en la tienda, se inclina para limpiar el suelo con ellas. Entonces enseña completamente su culo y su sexo a José, que no puede evitar descubrirse y agarrar las nalgas de la chica con sus dos manos y acercarse a oler y lamer su vulva.

  • ¿Eh? ¿José, pero que haces?
  • ¡Oh, perdona, Virginia, es que estás tan buena!
  • ¡Don José! – se gira ella y, con las braguitas en la mano, se baja enseguida la faldita, que cubre apenas su vulva.
  • ¡Te vi, así de espaldas, enseñándome el culo!
  • ¡No debías mirar, eso no lo haría nunca un caballero!
  • Bueno, quizás tienes razón, pero… ¡Una señorita educada no iría sin bragas y con una falda tan corta! Además, fíjate, estás mojándome todo el suelo de la tienda. ¡Estás rezumando!
  • ¡Oh, vaya, es cierto! Perdona, José, es que me puse muy caliente y… ¡es que hace tanto calor!
  • Bueno, no te preocupes. Toma, toma este trapo y seca el suelo, no pasa nada.
  • Gracias, José. Pero no mires, ¿eh?
  • No miro, no miro, hija.

Virginia se inclina de nuevo para secar el suelo y el panadero no puede faltar a su palabra y vuelve a admirar el culo y la vulva de mi novia. Se da cuenta de que por más que limpia el suelo, ella sigue mojándolo con sus jugos.

  • ¡Hija, sigues muy mojada, chorreando bajo la falda!
  • Sí, es cierto, José. ¡Estoy empapada!
  • Mira, tengo una idea. ¿Ves esta barrita de pan de cuarto? ¿Ya verás, mira, ves?
  • ¡Ay! Pero qué? ¡Don José! ¿Qué hace por dios?

El panadero enchufa el extremo de la barrita en la vagina de la chica.

  • Ves, así, como un tapón, ya está ¡ya no mojarás el suelo con tus jugos!
  • ¡Ah, pero es que está muy caliente, quema!
  • Uy, pero si sigues mojando el suelo, a ver, déjame, déjame que la introduzca un poco más.
  • ¡No, José, que me hará daño, ay!
  • Mira, así, muy suavemente, ves. ¿Te duele, hija?
  • No, no me duele ¡ay, uf!
  • Aún veo que sale algo de flujo por los lados. Te la meto un poco más, así ¿de acuerdo?
  • No, por favor, que… ¡ay, ay, que me voy, don José, que me viene, ay!
  • No pasa nada, hija, es muy natural.
  • Un poco más adentro por favor, don José, ¡métemela más adentro!
  • ¿Todavía más, hija? Pero si tienes casi media barrita dentro.
  • ¡Ay, ay, por favor, estoy muy caliente!
  • Espera, espera, mira, aquí tengo tu barra de medio… espera, que te quito la de cuarto… – el panadero se extasía al ver la vulva de mi novia tan abierta y mojada.
  • ¡Don José, méteme la barra, que no puedo esperar!
  • ¡Toma, Virginia, toma! ¡Pero si te entra muy bien la de medio!
  • ¡Más adentro, por favor! – ella misma la coge con sus manos y se la introduce hasta más de la mitad. Estalla entonces en un estruendoso orgasmo, lleno de gritos y suspiros – ¡Ah, qué bueno está su pan, José, pero qué bueno!
  • Sí, hija, tengo buena reputación, la verdad. ¡Gracias!
  • Tengo también mucho calor en el culo, José, y lo tengo muy húmedo. ¿No sabrías cómo solucionarlo?
  • Bueno, tengo la barrita de cuarto, ya muy lubricada con tus jugos. Quizá…
  • ¡Sí, don José, por favor, méteme la barrita por el culo, que me arde!

El panadero coge la barrita de cuarto, pone a la chica a cuatro patas, le sube la faldita hasta la cintura. Ve que el agujerito de mi novia es muy pequeño. El buen hombre se arrodilla tras ella y le lame el ano, con cara de satisfacción por su buen sabor. Le introduce un dedo y, al ver que entra tan bien, un segundo dedo y un tercero. Mientras ella, sigue un mete-y-saca frenético con la barra en su vagina. José va abriendo pacientemente el culo de mi novia y prueba de introducirle la barrita. Enseguida la penetra hasta casi la mitad. Ella se lo mira con agradecimiento y le ayuda a meter la barra más adentro hasta que disfruta de un orgasmo increíble: – ¡Gracias, José, oh, hum, ay, qué bueno es usted, todo un caballero, más al fondo, más al fondo, las dos, ay, sí, así, así!

  • ¡Buenas tardes! ¿Es que no hay nadie en la tienda?
  • Oh, la vecina del cuarto. ¡Por favor, José, no le diga nada, es muy amiga de mis padres!
  • ¡Claro que no hija, claro que no! Pero me deberás un favor. Corre, ponte tras el mostrador.
  • Ah, está usted aquí, don José. Ah, y veo que tiene una ayudante hoy. ¡Hola, Virginia!
  • Hola, doña Genara – dice ruborizada Virginia, todavía con las dos barras de pan penetrándola.
  • Querría un pan redondo de kilo. A ver, que me lo sirva la niña, que así va practicando.
  • Eh, yo, pero…
  • Sí, Virginia, va, sirve tú a la señora.
  • Bueno, a ver – disimulando como puede arranca la barrita de su culo y, con sentimiento de tristeza, la barra de su vagina. Sale de tras el mostrador y busca el pan redondo.
  • Vas muy fresquita, Virginia. Y con esa falda tan corta… yo tendría miedo de enseñar las bragas la verdad.
  • ¡No, doña Genara, por eso no se preocupe! – contesta Virginia.
  • Yo le digo que la verdad es que hace bien de ir con poca ropa, que hace mucho calor.
  • No sé, no sé yo – dice la señora al ver todas las nalgas de Virginia cuando coge el pan de una estantería algo elevada.
  • Niña, dame también una pasta de estas de crema de aquí abajo.
  • ¿De estas? Sí, señora – debe agacharse y doña Genara se escandaliza al ver casi todo el pecho de la chica, mientras que José disfruta tras ella de una visión completa de su culo, todavía muy abierto. Nota una fuerte erección bajo el pantalón. Cuando la señora se va, mi novia dice:
  • Gracias por no descubrirme, don José.
  • Claro que no. ¡Me he dado cuenta que todavía tienes el culo muy dilatado, hija!
  • Sí, la verdad es que me siento muy abierta. ¡Uy, y sigo rezumando jugos, mire! ¡Vaya!
  • ¡Mira cómo estoy yo, hija! – le muestra un gran bulto bajo el pantalón.
  • Oh, don José. ¡Por favor, no sea guarro!
  • A ver, Virginia, tú eres la guarrita, y no te lo tomes a mal.
  • Un poco de razón sí que tiene, don José. ¡Pero es que hace tanto calor! – contesta mi novia bajándose algo el escote, descubriendo un bonito sostén minúsculo de color rosa apenas cubriendo el pecho lleno de sudor.
  • Uy, no me enseñes las tetas, que no puedo más. Mira, me debes un favor, hazme una buena mamada y no diré nada a tus padres ni a tu novio.
  • No, pero ¿qué se ha creído? ¡Yo nunca he hecho eso a ningún hombre! ¡Y no pienso hacerlo hasta que me case con Juan!
  • ¿Juan? ¡No creo que se quiera casar contigo cuando sepa que eres una fresca!
  • ¡Por favor, no se lo digas, me iba a dejar seguro!
  • Pues pórtate bien conmigo, anda.
  • No, no sabría cómo hacerlo. – miente ella- Ni siquiera nunca he visto el miembro masculino.
  • ¿Cómo? ¿Pero qué dices, hija? ¿No miras el pene de tu novio cuando hacéis el amor?
  • Don José, nunca hemos hecho el amor. Soy virgen. ¡Hasta el matrimonio!
  • ¡Me dejas de piedra, niña!
  • Mira, da igual, ¿ves? – José se baja el pantalón y muestra sus calzoncillos húmedos a la chica. Ella se da cuenta de un gran bulto que pugna por reventarlos. Abre los ojos sorprendida. El panadero se saca su miembro erecto y ella ve que es muy grueso, aunque no muy largo. En la puntita brilla una gota. El panadero tira un poco del escote de la chica para descubrir completamente su sostén. Ella enseguida vuelve a taparse como puede.
  • ¡José, no, por favor!
  • Tranquila, hija, verás, mira, a ver… – el panadero acerca a la chica, coge la barrita de cuarto y se la enseña – ¿Lo quieres, Virginia?
  • La verdad es que el culo me arde de deseo, don José.
  • Pues ven – abrazándola con una mano, le sube la faldita por detrás y, aprovechando su culo tan dilatado, la ensarta en un momento.
  • ¡Oh, hum, gracias!
  • ¿Quieres también la otra barra?
  • Me gustaría, José. Es que, con mi flujo, estoy manchando la faldita y el suelo otra vez, necesito un buen tapón, la verdad.
  • Pues mira, yo me portaré muy bien contigo.
  • Sí, te portas muy bien, es cierto.

El panadero, aun penetrando el culo de mi novia con la barrita, coge una barra de quilo. Ella se asombra al ver una barra tan grande y ancha, nota como sus jugos más íntimos se multiplican, resbalan por sus muslos hasta los pies, los zapatos y el suelo.

  • ¿La quieres, Virginia, la quieres?
  • Sí, por favor, que estoy dejándolo todo perdido con mis jugos.
  • ¿Te portarás bien conmigo, hija?
  • Claro que sí, don José, soy una buena chica.
  • ¡Pues toma! – y le ensarta de golpe la barra de kilo, que ella acoge con gusto, placer y agradecimiento.
  • ¡Ah, esto es demasiado, José, oh, ah!
  • ¡Disfruta, hija, disfruta! – y aprovecha para besarle en la boca y para abrir más su escote húmedo y admirar sus pechos. Coge la barra de medio y en una maniobra rápida, saca la de cuarto del culo de mi novia y lo perfora con la de medio.
  • ¡Por favor, ah, increíble, métemela más adentro, más adentro, ah, uy! – grita de placer mi chica, llena de sudor.

El panadero acerca la punta de su pene a la boca de mi novia, pero ella hace un gesto de apartarse. Él deja de mover las barras en ella. Enseguida suplica: – ¡Por favor, no me las saques, no, José!

  • ¡Pues chúpame la polla!
  • ¡No puedo, me da asco!
  • ¡Pues fuera las barras!
  • ¡José, no seas malo, necesito esas barras, estoy muy abierta, me escuece mi… mi coñito y mi culo! ¡Mira! – ella se gira, se sube la falda y descubre una vagina y una vulva muy húmedas y dilatadas. Él no puede evitar la tentación y corre a taponar sus agujeros con las barras; se equivoca y le introduce en el culo la de kilo.
  • ¡Oh, gracias!
  • ¡Te entra perfectamente! ¿Te pongo la de medio en el chocho?
  • ¡Sí, que ya tardas!
  • ¡A ver, así, toma! ¡Te entra casi hasta el fondo!
  • ¡Ah, pero qué gusto, qué gusto, por favor!
  • ¡Uy, no es suficientemente gruesa y sigues derramando tu flujo!
  • ¡Es que estoy muy abierta! Mira, a ver si también con la de cuarto… ¡por favor!
  • ¡Sí, oh, te entran las dos en el coño! ¡Qué pasada, niña!
  • Métemelas más adentro, más. – mi novia suplica y coge las dos barras para introducírselas más. – Oh, genial, gracias, don José, ay, uh, no puedo más, ah!

El panadero aprovecha que mi novia disfruta del orgasmo con los ojos cerrados para meterle el pene en la boca. Ella lo mira enfadada. Él deja de mover las barras de pan. Ella chupa un poco la verga. Él vuelve a hacerla gozar con las barras. Ella chupa más y él se lo agradece con el mete-y-saca. Cuando mi novia vuelve a tener un orgasmo, él no puede más y le llena la boca con su semen. Ella se sorprende ante la cantidad y alta temperatura del líquido, pero lo saborea y se relame.

  • Vaya, José ¿Pero esto qué es? – exclaman unos caballeros al entrar en la panadería.
  • ¡Oh, don Pedro y don García! No es lo que parece, no.
  • ¡Pero si la chica… Virginia… está enseñándolo todo y… con tres barras de pan metidas en… en…! ¡Y una es de quilo! ¡En el culo!
  • ¡Y chupándole la polla! ¡Pero si podría ser su nieta, don José!
  • Bueno es que… hace mucho calor – se defiende ruborizada mi novia, todavía con el pene del panadero en la boca y las tres barras penetrándola.
  • ¡Tú lo que eres es una puta! ¡Verás cuando lo sepan tus padres!
  • ¡Y tu novio! ¡Que es un pedazo de pan!
  • Sí que es muy bueno. ¡No se lo digan, por favor! – suplica quitándose el pene del panadero todavía erecto.
  • ¡Claro que se lo diremos! ¡No podemos permitir que el pobre se case cornudo con una puta!
  • No soy una puta. Soy una buena chica. Sólo que el calor de la panadería… – dice sacándose las barras de pan e intentando cubrirse en vano con la falda.
  • ¡Pero si sólo hay que ver cómo vas vestida!
  • ¡Sí, se te ve todo, niña! – dice don García admirando el pecho que muestra mi novia casi en su totalidad.
  • ¡Y con esta faldita tan corta! ¡Si es que vas mostrando las bragas a todos! – dice don Pedro mientras levanta la faldita de mi novia – ¡Oh, pero si no usas bragas! ¡Vaya guarra! ¡Y qué buena que estás!

Virginia empieza a sollozar, aunque se nota caliente, por el calor y porque hay tres hombres mirándola, admirando su pecho, sus piernas, sus partes más íntimas. Se da cuenta que sigue rezumando sus jugos.

  • ¡Si lo saben mis padres se morirán del disgusto!
  • A ver, señores, a ver – dice el panadero. – Seguro que hay una forma de arreglarlo. Miren, la niña es muy guapa y sexy, ¿verdad?
  • ¡No, si buena si está! ¡Buenísima!
  • Es muy guapa, la verdad.
  • Y… miren. Ven, Virginia, acércate, por favor. A ver, danos la espalda. Inclínate un poquito. ¿Ven? ¿Qué les parece? Miren que agujeros más abiertos y húmedos.
  • ¡Es por el calor, ay! – apenas puede sollozar mi novia, excitada al saber su culo y su vagina contemplada por los tres hombres.
  • ¡Miren, vengan! Usted, don Pedro, coja la barrita de cuarto. Tú, niña, ponte a cuatro patas, a ver, sube un poco más el culo, así, baja las espaldas y la cabeza. Usted, súbale bien la faldita. ¿Qué, qué les parece? Miren, si quieren, le llenan los agujeros con las barras y luego tú, niña, les haces una buena mamada. A cambio de no decir nada.
  • ¡No, unas mamadas, no! – se queja mi novia.
  • Pero hija, ellos te dan gusto a ti y luego tu les das gusto a ellos. Además, no me dirás que no te gustó el sabor de semen.
  • ¡No, no quiero!
  • Pero si te lo tragaste todo, no dejaste escapar ni una gota.
  • ¡Es que estaba tan rico!
  • ¿Ves, mujer? ¡Va, venga, al ataque!
  • Sí, dense prisa que pronto va a venir mi novio y no puede pillarme así.
  • ¡Señores, hagan disfrutar a la chica!

Don Pedro coge la barrita y la introduce en la vagina de mi novia. Se sorprende al ver que entra tan bien. Mientras don García coge la barra de quilo y duda un poco. Ella se da cuenta y le hace que sí con la cabeza, coge la barra tan gruesa y la acerca a su vulva, ya ocupada. Don García aprovecha la humedad de la chica para meterle la barra de quilo junto a la de cuarto. La chica empieza a gemir y a empapar las dos barras con su orgasmo muy húmedo: – ¡Oh, gracias, señores, ah, sí, por favor, más, más!

José coge dos barras de medio y, primero una luego la otra, las mete sin mucha dificultad en el culo de la chica. Los tres hombres mueven las cuatro barras al vaivén y mi novia no cesa en sus orgasmos. Al cabo de un buen rato:

  • Bueno, ahora nos toca a nosotros. Ven, guapa, ponte aquí, en cuclillas. No, te preocupes, sigue con las barras, no te las quitamos, no. Bájate un poco el escote. ¡Oh, que sostén más bonito! ¡A ver, déjame… oh, que tetas, qué tetas! – grita don Pedro como loco, admirado de los bonitos pechos de mi novia. Don Pedro y don García se sacan sus penes y ella se admira de la longitud del miembro del primero y del grosor del del segundo.
  • ¡Niña, chupa, chupa, las dos juntas, venga! – y mi novia coge las dos puntas y se las mete en la boca.

El panadero no puede estar sólo mirando y se saca también su pene, que ya muy erecto, apunta hacia los bonitos pechos de mi novia. Ella le riñe con la mirada. Los tres hombres, al cabo de unos momentos, eyaculan en cantidad, en la boca de Virginia los dos clientes, y en las tetas el panadero. Ella se lo traga todo. Con la mano recoge toda la leche de sus pechos y no deja perder ni una gota. En esas que entra el chico del bar de al lado que viene a buscar unas pastas. Al ver a mi novia casi desnuda con tres hombres, se sorprende. Ella enseguida dice:

  • ¡No digas nada a nadie, por favor! ¡Ven, coge una barra de pan! ¿Mira, qué, te gusta lo que ves? – le muestra el culo y el sexo, todo rezumando de sus ambrosías- escoge el agujero, métemela hasta dentro, va, que luego te la chupo. ¡Pero no lo cuentes a nadie, por favor!
  • Bueno, es que… ahora vienen mis dos amigos y…
  • Da, igual, tú empieza, no te preocupes, que donde comen dos, comen tres, hay pan para todos. ¡Escoge una barra bien gruesa, por favor, que estoy ardiendo y empapada! Sí, sí, muy bien. Así, así, por el culo, ¡ay, ay, oh, hum, ah, que me viene, me viene, ay, sí! ¡Oh, hola, ya están aquí tus amigos! ¡Oh, pero si son cuatro! ¡Y que guapos! Venid, venid, mirad, ¿veis? Coged las barras, coged, mirad, a ver si me caben todas… va, que luego os haré una buena mamada!

  • ¡Juan, hola, cariño!
  • Hola, Virginia!
  • ¿Has ido a por el pan?
  • Sí, claro, Juan.
  • Te ves muy acalorada.
  • Es que hace mucho calor, amor.
  • Bueno, tampoco tanto, a esta hora. ¡Y eso que vas muy fresquita!
  • Sí, es cierto. ¿Pero me queda bien, no, amor?
  • ¡Vaya si te queda bien! ¡Un cielo! ¡Lo único que me da miedo que alguien te pueda ver las bragas, con esta faldita tan corta!
  • Por eso sí que no debes preocuparte, amor. ¡Imposible! – ella sabe que se las quedó el panadero y que va sin braguitas bajo la minifalda. – Toma, come un poco de pan, a ver qué te parece.
  • Hum, gracias, hum, la verdad es que huele muy bien y está muy rico.
  • A que sí!
  • ¡Seguro que a tus padres les va a encantar!
  • ¡Seguro, amor!
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Mi amiga Patricia y su amiga Inés

Esta historia que les voy a contar sucedió hace muy poco tiempo apenas dos semanas.

Me fui al un curso a Madrid  y supuestamente tenía que estar allí dos meses  pero al poco  no me gustó y de madrugada me volví a Sevilla.

Al llegar yo fui a mi piso fui a ducharme para estar más cómodo, tras el viaje luego me recosté en mi cama y me quede dormido.

A la mañana siguiente mi amiga Patricia , a la cual había dejado las llaves de mi piso para que le diera una vuelta y regara mis plantas, entró y se dio cuenta que alguien entró en el piso, y al llegar al dormitorio me vio a mi en mi cama dormido desnudo.

Ella estaba con un amiga ( Inés ), entonces la llamo y le dijo.

Patri , mira, es Olive y está durmiendo desnudo.- Dijo Inés.

Si lo veo y tiene la verga bastante grande.- Dijo Patricia .

Si, sabes una cosa?, nunca me lo he montado con un tío.- Dijo Inés

De verdad?.- Dijo Patricia .

Si, siempre me han ido más las tías.- Dijo Inés.

Pues esos hay que remediarlo.- Dijo Patricia .- ven- dijo cogiéndole la mano a Inés.

Supongo que la conversación fue algo así por lo menos así me lo explicaron ellas

Entonces mi amiga empezó a desnudarse y le pidió a Inés que también se desnudara, ambas desnudas empezaron a chuparme la verga a mí.

Al sentir que me estaban agarrando de la pija y me la estaban chupando abrí rápidamente mis ojos y pude ver a mi amiga y a Inés chupándomela.

En ese momento pensé que estaba en el paraíso, estaba por coger a mi amiga Patricia y a su amiga, y la verdad que las dos están muy buenas. Con Patricia  ya había tenido varias experiencias pero nunca con Inés a sabiendas que es lesbiana y que siempre había querido montárselo con Patricia , tiene unas tetas grandísimas pero muy firmes, un culo perfecto y su coño estaba siempre afeitado sin ningún vello.

Patricia  en cambio se deja el vello de la coño siempre bien poblado y sus tetas no son tan grandes pero igualmente hermosas y su culo es un poco chico que el de su amiga pero bien formado.

Viendo a las amigas en faena comencé a meter a Inés meterle un par de dedos en su culo, ella gemía,  me pedía que le metiera otro dedo más, y así lo hice, mi amiga no aguanto más y se metió mi verga en su concha y empezó a cabalgar como una puta profesional, eso me excito tanto que tome a Inés de la cintura y la puse encima mío y delante de mi amiga, mientras que ella le chupaba las tetas a Patricia  yo le chupaba el culo y el coño a Inés.

Ellas se empezaron a besar en la boca y yo me calentaba más y más al verlas tan calientes a ellas, como se acariciaban sus tetas y se metían un par de dedos en el culo.

Entonces Patricia  me pidió que me follara a Inés, ella acepto ,  hice que se levantara y mientras yo le daba por el coño ella le chupaba la concha a Patricia .

Al sentir mi verga apretada dentro de ese coño precioso Inés terminó de corriéndose pero yo seguida mi verga dura y la excitación era tanto que no aguante mas teniendo el culo tan cerca que cambié de agujero, Inés no dijo nada y siguió comiéndole el coño a su amiga.

Yo también quiero.- Dijo Patricia . y saqué mi polla de Inés, Patricia  apartó a Inés de su coño, me la empezó a chupar y a pajearme, luego me pidió que se la metiera en la concha y que mientras lo hacía le chupara las tetas, Inés mientras se colocó a su lado a mirar lo que le hacía, más tarde se colocó detrás mío, dándome azotes en el culo.

Empecé despacio y aumentaba el ritmo y la fuerza a medida que me excitaba y Inés me daba azotes, Patricia  gemía y gritaba como loca y yo pensé que se la estaba partiendo en dos, pero me di vuelta y vi a Inés con su mano dentro del culo de mi amiga, ahí entendí el porqué de tantos grito, ella pedía por favor que sigamos así , que eso le estaba gustando mucho.

La excitación que tenía Patricia  era inmensa que se corrió 3 veces seguidas y me pidió que le acabara en el culo, cosa que a mi me gusta y más en el culo de ella que siempre me ha vuelto loco y entonces la penetre por el culo y empecé a cogerla con fuerza y con furia hasta que no aguante más y le llene el culo de leche.

Inés al ver que salía leche del culo de mi amiga empezó a chuparlo y se tragaba toda la leche.

Acabé rendido, pero mereció la pena el recibimiento de estas dos amigas y que Inés probara lo que era una polla.

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el sexy resultado de una fiesta salvaje en la discoteca

El fin de semana pasado en la discoteca

El fin de semana pasado salí a un local cercano a mi casa. El local estaba lleno de gente joven, lo que yo llamo “ni ni” es decir Ni trabajo ni estudio. Mucha ropa de marca pero después no lo saben llevar, o son unos horteras. En la discoteca me estuve fijando y analizando toda esa gentuza, cuando veo que entran en el local dos chicas no menores de 18 años vestidas de forma provocativa que dejaban poco para la imaginación de cómo eran por dentro. Un de ellas, la morena, llevaba un camisa negra ajustada con una falda granate muy corta que acababa en una medias negras, que resaltaba su esbelta figura, la amiga , la rubia con un mechón rosa, llevaba un top blanco de rejilla que dejaba ver su sujetador negro y su ombligo en el cual lucía un piercing, dejando paso a su corta falda vaquera que le seguían sus medias negras.

Las chicas no pasaron desapercibidas para el resto de los chicos del local ya que unos a otros se pegaban codazos para que el colega la mirara.

Seguí bebiendo y mirando el ganado que se concentraba en el local, pero tenían en mente como de berraco me habían puesto esas dos jóvenes, sobre todo la rubia. Pasaron la horas y el local se llevaba de gente buscaba a la rubia con la mirada por el local pero no la encontraba ni a ella ni a su amiga, así que con copa en mano comencé a andar por el local cuando me las encontré a las dos. Estaba bailando cerca de un grupo de chavales tonteando entre ellas, con bailes lesbicos para sacarles unas copas, yo las marqué quedándome en el sitio para verlas, creo que la rubia se dio cuenta de mi mirada furtiva ya que se quedó mirándome un momento y luego comenzó a acariciar la cintura de su amiga y a darle besos mientras que me miraba, su amiga se dejaba tocar.

Ambas seguían bailando en medio del grupo de chicos mientras que la rubia me miraba fijamente como diciendo que ese baile me lo dedicaba a mí y yo las miraba parado. De repente la rubia dejó de bailarse acercó a mí, y me dijo al oído, “ ¿por qué no haces una foto así durará más?”, la verdad es que me dejó algo descolocado pero con toda la poca vergüenza saqué el móvil y le hice una foto, ella se quedó en ese momento algo sorprendida pero luego dijo. “¿ por qué no nos invitas a un chupinazo?”  le hice si con la cabeza y ella tomó a su amiga de la mano y la sacó del círculos de chavales que la tenían rodeada.

¿ qué queréis tomar?

Yo un pacto con el diablo.- dijo la rubia.

Yo un pacto con el diablo- dijo la morena.

Tres chupito pacto con el diablo.- le dije al camarero.

El camarero nos sirvió el chupito y tras incendiarse nos lo bebimos los tres

Dios, estoy super caliente.- me dijo la rubia.

¿cómo?, ¿ qué has tomado?.- le pregunté.

No sé una pastilla que me ha dado un tío.- respondió- ven toca.

y cogiendo mi mano se la pasó por su frente la cual estaba sudorosa,

Mira como tengo el corazón.- dijo ella llevando mi mano a su sudoroso escote y luego a su suave pecho para que le notara el corazón, el cual latía muy rápido.

Mira el de mi amiga.- y llevando mi otra mano al pecho de su amiga la cual estaba como en trance.

Sí que tenía el pulso acelerado.- les respondí mientras acariciaba sus pechos por encima  de la ropa.

Eh, no te aproveches de unas niñas incautas.- dijo quitando mi mano del pecho de su amiga y del suyo.

Yo no me aprovecho, solo hablo con dos chicas que son suficientes mayores para saber que en el mundo hay gente mala.- diciendo esto posé mi manos en la cintura de las chicas y me las acerqué al cuerpo, ellas se colocaron cada pegada a mi cuerpo.

– ¿ y tu eres una personas mala  o buena? .- dijo la rubia mientras con dos dedos andaba por mi pantalón hacia mi paquete.

– Pues a veces soy malo.- le dije mientras le colocaba la mano en su trasero

– y otras muy malo.- le dije dándole un apretón con mi mano a su trasero, ella pegó un respingo.

-nosotras también podemos ser malas.- dijo la rubia mientras acercaba su cara a la de su amiga.

– o muy malas.- dijo la rubia sacando su lengua y con la puta tocando la boca medio abierta de su amiga la cual recibió con agrado el lamenton de su amiga.

– ¿ otro chupito?.- dije

– ¿ otro pacto?

Si.- dijeron las dos.

Nos tomamos el chupito no sin antes brindar por las cosas muy malas. Dejamos la barra y nos pusimos a bailar los tres. Yo era el centro de su baile la rubia se frotaba con mi pierna mientras que la morena me abrazaba por la espalda y luego al revés, yo acariciaba el culo de una y de la otra, una vez le lamí el cuello a la rubia llevándome con la lengua todo su sudor , ella empezó a comerme la boca mientras que su amiga que estaba enfrente a mí empezó a balancearse y bajar hasta mi entrepierna y darme un bocado, no fui fuerte pero dejó marcada la forma de su boca, en el bulto que hacía mi polla en mis vaqueros. Luego se levantó y comenzó a besarme el cuello entonces dejé de besar a la rubia para besar a la morena mientras la rubia me manoseaba el paquete por encima de la ropa. Seguía besando a la morena cuando la rubia me susurró algo al oído y me metió su dedo en la boca. Sabía raro, luego ella metió ese dedo debajo de su falda y lo metió dentro de su húmedo coño y lo volvió a sacar. “ Quieres más?” me dijo, no lo dudé y me metí el dedo hasta el fondo para luego ir poco a poco subiendo y sacándolo de mi boca, su amiga también le lamió el dedo, y su amiga también metió su  a no dentro de su falda y su dedo dentro de su coño dándome a probar su coñito húmedo a mi y a su amiga.

No sabes las ganas que tengo de que me cojas.

y tú no sabes lo caliente que me tienes.- le dije

Ella agarró mi polla por encima de mi pantalón y me dijo “ me lo imagino”.

Nos fuimos hacia la puerta, yo la llevaba a la rubia delante mío y a la morena detrás  entre la gente apretujados, tenía mi pene totalmente duro y ella lo sentía en su trasero mientras que sentía los pechos de la morena contra mi espalda.

Salimos de la discoteca y comenzamos a andar los tres abrazados y dándonos picos unos a otros, cuando llegamos a una entrada de garaje oscurita y la rubia tiró de nosotros dos poniéndome contra la pared y besándonos los tres en la boca ellas cada una tomó una de mis manos para que por encima de la ropa les tocara los pechos. luego la rubia se me tiró de cabeza entre mis piernas, me quitó el cierre del pantalón y mi verga exclamó presencia al toque.

Bueno…no puedo explicar de qué manera la muy calentona, me pasaba la lengua, me lo chupaba con ardiente frenesí, me hizo sentir las cosa mas hermosas que nunca había sentido, allí en medio de la ciudad tratando de disimular el placer que me daba sentir una boca devorándome la polla. La luz del garaje se encendió y tuvimos que irnos de allí guardando la polla dentro del pantalón salimos riéndonos de allí.

Llegamos a mi casa y comenzamos a besarnos los tres, luego  la rubia se empezó a desnudarse quitándose la camiseta de rejilla y su sujetador mostrando sus pechos luego yo me quite mi camiseta mientras que la morena se quitaba su camiseta ajustada. La rubia se quitó su falda vaquera y sus bragas  y comenzó a desabrocharme el pantalón y  bajarme los calzoncillos hasta las rodillas. La morena ya se había desnudado y la tomé de la cintura para comerle la boca. la rubia con mi polla fuera comenzó a besarla y a chuparla haciendo los mismo que antes. Yo besaba a la morena en la boca y en sus pechos mientras le tocaba  su culo,

Al rato la morena se agachó y comenzó a comerme la polla junto con su amiga, la rubia al poco  dejó de comerme la polla para dedicarse a mi boca yo acariciaba su trasero, comía sus pechos  hermosos y  le tocaba el coño igual que a la amiga mientras la morena me comía la polla.

La morena dejó de comerme la polla y se puso tumbada con la piernas abiertas hacía mí, tocándose el coño y mirándome.No lo pensé más “ Folla tela” me dije.

Dejé de besar a la rubia para meterle mi polla a la morena. la rubia se tumbó junto a la morena y le pellizcaba los pechos para excitarla más. Yo con una mano empecé a acariciar el coño de la rubia haciéndose un dedo mientras con mi polla le abría el coño a la morena. Tras largo rato follándome a la morena coloqué a la rubia sobre la cama y fue el coño de ella quien se comía mi polla. La morena se tocaba el coño y me miraba como me follaba a su amiga. Luego se levantó y comenzó a comerle la boca mientras me follaba a la rubia metiendo mi polla mas y mas profundamente.

La morena le comía la boca a su amiga y luego me la comía a mí, le tocaba los pechos a su amiga y luego los besaba.

Me vino el calentón y acabé  corriéndome encima de la rubia a lo que la morena aprovechó para lamer mi leche del cuerpo de su amiga, la rubia tomaba semen mio con su dedos y se lo metía en la boca. Descansamos un rato y luego fue el coño de la morena  el que recibió toda mi leche.

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