Uno/a solo/a consigo mismo/a, dandose amor.

Buenos Vecinos

Bisexual, fetichismo, parejas liberales. Pasaron los días y ella continuaba paseándose por el departamento así vestida, buscando provocarme y al mismo tiempo negándose a satisfacer mis necesidades, este era un juego que frecuentemente realizábamos, ella me excitaba durante días hasta que yo no aguantaba mas. Pero no pude dejar de notar que hacía muchos años ya que no lo hacíamos. Read more

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Crónicas cornudas IV Rocío y el consolador

Infidelidad, Anal, Dominación (BDSM). Lo que había hecho con Esteban me abrió las puertas a un mundo lleno de posibilidades para sentirme bien, me sentía digamos…liberada, algo se había despertado en mi y necesitaba satisfacerlo, y de nuevo volví a llamar a Esteban Read more

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Mi adorable novia Virginia (XIII) – En la panadería

Yo sabía que esa faldita tan corta nos traería problemas. Virginia es el nombre de mi novia, como quizás ya sabes. Ella es algo más joven que yo y todo el mundo dice que hacemos muy buena pareja. Virginia es muy atractiva: su cara es muy hermosa, con unos profundos y cariñosos ojos marrón oscuro y unos labios muy tiernos, lleva una larga melena de cabello castaño, tiene un cuello elegante, unas espaldas sensuales, un pecho bonito, algo más grande que la media pero no demasiado, una cintura que daría envidia a las avispas, un culo redondo, bien contorneado, unas piernas largas y hermosas…

  • ¿En qué estás pensando, Juan?
  • ¿Eh, cómo? No, en nada, bueno sí… ¡en lo guapa que eres, Virginia!
  • Oh, gracias, amor. ¡Eres muy amable!
  • Es la verdad, Virginia.

Yo soy un hombre normal. Bastante alto, una cara agradable, más bien delgado, no especialmente musculoso.

  • Juan, ¿no me estarás mirando el pecho?
  • ¿Eh, cómo? No, no, de verdad que no. Aunque la verdad, me gustaría verlo.
  • ¡Ay, que picarón que eres! Cuando nos casemos, Juan, será todo para ti, amor. Todo entero tuyo.

La verdad es que sí que me había quedado hipnotizado observando el escote de su camiseta, viendo sus pechos balanceándose al andar. Y yo no era el único, porque muchos hombres con los que nos cruzábamos miraban descaradamente las tetas de mi novia. Ella es muy inocente y no se daba cuenta.

  • Bueno, nos vemos luego. ¿Me vendrás a buscar, verdad, cariño?
  • Claro que sí, Virginia, a las ocho y media, como siempre. ¡Un besito!
  • ¡Un besito, amor! – y se besan en la mejilla.

En la oficina las horas pasaron despacio para mí. En cambio, Virginia disfrutaba mucho de su trabajo en la tienda de moda. Los clientes están muy contentos y satisfechos de que les atienda alguien tan amable y simpático como mi novia.

Al salir de tienda, como siempre, Virginia fue a comprar el pan.

  • Hola, Virginia, ¿qué tal hoy en la tienda?
  • Bien, bien, gracias, José. Quiero una barra de pan, de la que les gusta a mi padre, ya sabes.
  • Sí, claro. Pero ahora mismo no tengo en la tienda, están en el horno, a punto dentro de diez minutos. Si quieres esperarte…
  • Bueno, sí, vale. La verdad es que no tengo ninguna prisa, porque Juan, mi novio, no viene a buscarme hasta las ocho y media.
  • Ah, pues perfecto, hija. Mira, si quieres sentarte allí, puedes hacerlo. Y leer unas revistas.
  • Sí, gracias.

Cuando mi novia se dirigía a las sillas del pequeño espacio acondicionado a modo de café, el panadero quedó encantado con el contorneo de la chica, su caminar sensual, elegante con sus zapatos de talón alto, su faldita a cuadros rosas i negros, tan corta que casi mostraba parte de sus nalgas. Al sentarse en la silla, la cosa mejoró todavía más pues desde detrás del mostrador, José tenía una vista privilegiada del generoso escote de Virginia y podía ver casi todas sus tetas. Además, la minifalda apenas cubría las braguitas de mi novia, que enseñaba completamente los muslos. Ella levantó la vista un momento y, aunque el panadero disimuló, se dio cuenta que la estaba devorando con los ojos. De manera intuitiva, Virginia estiró el borde de la faldita, pero era tarea imposible al ser tan cortita. También tiró para arriba del escote de su camiseta para tapar su pecho, aunque lo único que consiguió es mostrar su perfecta barriguita y su ombligo. Se ruborizó al darse cuenta que enseñaba más que escondía su bonito cuerpo.

  • Oye, Virginia, estás muy guapa, ¿sabes?
  • Bueno, gracias, José. Eso… ehem… ¿Crees que ya estará a punto el pan?
  • ¿Eh, cómo? No, sí, ya, voy a ver, voy a ver…

José es un hombre mucho mayor que yo y, claro, que mi novia. Cuando Virginia se quedó sola en la tienda pensó:

– ¡Vaya, quizá me he pasado con esta faldita tan corta! ¡Y con el escote tan grande! ¡Pero es que hace tanto calor! El bueno de José no podía dejar de mirarme. La verdad es que me halaga que los hombres me miren y me admiren. – se sube un poco más la faldita hasta que aparece muy brevemente la braguita blanca; entonces se da cuenta de que está algo húmeda. En esas que aparece el panadero y dice:

  • Está muy caliente.
  • ¿Eh, cómo, qué dices? – se baja la falda de golpe, tan bruscamente que, al estirarla muestra la parte de arriba de las braguitas.
  • ¡Oh! No, que digo que está muy caliente… el pan… que está muy caliente, en el horno, pero que no está todavía a punto.
  • ¡Ah, el pan!
  • ¡Virginia, estás muy sonrojada! ¿Es que tienes demasiado calor?
  • ¿Eh? ¡Vaya, algo de calor sí tengo!
  • Pues la verdad es que no estás muy abrigada – contesta el panadero mirando descaradamente los muslos de mi novia.
  • ¡Es verano, José, uff! – nota que sus mejillas están que arden. – ¡Por favor, ve a sacar ya el pan del horno!
  • Hija, has dicho que no tenías prisa.
  • No, bueno, es que… ve a ver si está ya cocido.
  • Yo diría que no, todavía, no.

José se va al obrador y le viene una idea a la cabeza: subir la temperatura del termostato de la tienda. Piensa, con una sonrisa pícara: – ¡A ver si la chica nota que todavía va demasiado abrigada! – y fija la temperatura a ¡30 grados! Es lo máximo que le permite el termostato.

Virginia nota que está muy caliente. Al saberse sola en la tienda, se sube un poco la falda y ve que sus braguitas están mojadas, empapadas. También que está mojando la silla. Enseguida se levanta y no se le ocurre más que quitarse las braguitas. Entra el panadero y ve cómo mi novia se inclina para bajarse las bragas y no puede evitar mirarle todo el culo. Se queda tras el mostrador, oculto, y ve como ella huele sus braguitas y, con cara de satisfacción por el buen olor, las esconde en el bolso. Ella mira hacia la puerta de la tienda y hacia el mostrador y, viendo que no hay nadie, acerca sus manos debajo de su falda. José adivina que Virginia se está masajeando el clítoris e introduciendo sus dedos en la vagina. Entonces ella sube la falda hasta su cintura y, al estar de espaldas, descubre todo su culo hacía el secreto espectador privilegiado. El panadero nota como sufre una buena erección. Virginia gime, ronronea y suspira, apenas puede evitar emitir unos grititos cuando experimenta un orgasmo muy húmedo. Al terminar se da cuenta que ha mojado completamente el suelo. Coge las braguitas del bolso y, asegurándose que no hay nadie en la tienda, se inclina para limpiar el suelo con ellas. Entonces enseña completamente su culo y su sexo a José, que no puede evitar descubrirse y agarrar las nalgas de la chica con sus dos manos y acercarse a oler y lamer su vulva.

  • ¿Eh? ¿José, pero que haces?
  • ¡Oh, perdona, Virginia, es que estás tan buena!
  • ¡Don José! – se gira ella y, con las braguitas en la mano, se baja enseguida la faldita, que cubre apenas su vulva.
  • ¡Te vi, así de espaldas, enseñándome el culo!
  • ¡No debías mirar, eso no lo haría nunca un caballero!
  • Bueno, quizás tienes razón, pero… ¡Una señorita educada no iría sin bragas y con una falda tan corta! Además, fíjate, estás mojándome todo el suelo de la tienda. ¡Estás rezumando!
  • ¡Oh, vaya, es cierto! Perdona, José, es que me puse muy caliente y… ¡es que hace tanto calor!
  • Bueno, no te preocupes. Toma, toma este trapo y seca el suelo, no pasa nada.
  • Gracias, José. Pero no mires, ¿eh?
  • No miro, no miro, hija.

Virginia se inclina de nuevo para secar el suelo y el panadero no puede faltar a su palabra y vuelve a admirar el culo y la vulva de mi novia. Se da cuenta de que por más que limpia el suelo, ella sigue mojándolo con sus jugos.

  • ¡Hija, sigues muy mojada, chorreando bajo la falda!
  • Sí, es cierto, José. ¡Estoy empapada!
  • Mira, tengo una idea. ¿Ves esta barrita de pan de cuarto? ¿Ya verás, mira, ves?
  • ¡Ay! Pero qué? ¡Don José! ¿Qué hace por dios?

El panadero enchufa el extremo de la barrita en la vagina de la chica.

  • Ves, así, como un tapón, ya está ¡ya no mojarás el suelo con tus jugos!
  • ¡Ah, pero es que está muy caliente, quema!
  • Uy, pero si sigues mojando el suelo, a ver, déjame, déjame que la introduzca un poco más.
  • ¡No, José, que me hará daño, ay!
  • Mira, así, muy suavemente, ves. ¿Te duele, hija?
  • No, no me duele ¡ay, uf!
  • Aún veo que sale algo de flujo por los lados. Te la meto un poco más, así ¿de acuerdo?
  • No, por favor, que… ¡ay, ay, que me voy, don José, que me viene, ay!
  • No pasa nada, hija, es muy natural.
  • Un poco más adentro por favor, don José, ¡métemela más adentro!
  • ¿Todavía más, hija? Pero si tienes casi media barrita dentro.
  • ¡Ay, ay, por favor, estoy muy caliente!
  • Espera, espera, mira, aquí tengo tu barra de medio… espera, que te quito la de cuarto… – el panadero se extasía al ver la vulva de mi novia tan abierta y mojada.
  • ¡Don José, méteme la barra, que no puedo esperar!
  • ¡Toma, Virginia, toma! ¡Pero si te entra muy bien la de medio!
  • ¡Más adentro, por favor! – ella misma la coge con sus manos y se la introduce hasta más de la mitad. Estalla entonces en un estruendoso orgasmo, lleno de gritos y suspiros – ¡Ah, qué bueno está su pan, José, pero qué bueno!
  • Sí, hija, tengo buena reputación, la verdad. ¡Gracias!
  • Tengo también mucho calor en el culo, José, y lo tengo muy húmedo. ¿No sabrías cómo solucionarlo?
  • Bueno, tengo la barrita de cuarto, ya muy lubricada con tus jugos. Quizá…
  • ¡Sí, don José, por favor, méteme la barrita por el culo, que me arde!

El panadero coge la barrita de cuarto, pone a la chica a cuatro patas, le sube la faldita hasta la cintura. Ve que el agujerito de mi novia es muy pequeño. El buen hombre se arrodilla tras ella y le lame el ano, con cara de satisfacción por su buen sabor. Le introduce un dedo y, al ver que entra tan bien, un segundo dedo y un tercero. Mientras ella, sigue un mete-y-saca frenético con la barra en su vagina. José va abriendo pacientemente el culo de mi novia y prueba de introducirle la barrita. Enseguida la penetra hasta casi la mitad. Ella se lo mira con agradecimiento y le ayuda a meter la barra más adentro hasta que disfruta de un orgasmo increíble: – ¡Gracias, José, oh, hum, ay, qué bueno es usted, todo un caballero, más al fondo, más al fondo, las dos, ay, sí, así, así!

  • ¡Buenas tardes! ¿Es que no hay nadie en la tienda?
  • Oh, la vecina del cuarto. ¡Por favor, José, no le diga nada, es muy amiga de mis padres!
  • ¡Claro que no hija, claro que no! Pero me deberás un favor. Corre, ponte tras el mostrador.
  • Ah, está usted aquí, don José. Ah, y veo que tiene una ayudante hoy. ¡Hola, Virginia!
  • Hola, doña Genara – dice ruborizada Virginia, todavía con las dos barras de pan penetrándola.
  • Querría un pan redondo de kilo. A ver, que me lo sirva la niña, que así va practicando.
  • Eh, yo, pero…
  • Sí, Virginia, va, sirve tú a la señora.
  • Bueno, a ver – disimulando como puede arranca la barrita de su culo y, con sentimiento de tristeza, la barra de su vagina. Sale de tras el mostrador y busca el pan redondo.
  • Vas muy fresquita, Virginia. Y con esa falda tan corta… yo tendría miedo de enseñar las bragas la verdad.
  • ¡No, doña Genara, por eso no se preocupe! – contesta Virginia.
  • Yo le digo que la verdad es que hace bien de ir con poca ropa, que hace mucho calor.
  • No sé, no sé yo – dice la señora al ver todas las nalgas de Virginia cuando coge el pan de una estantería algo elevada.
  • Niña, dame también una pasta de estas de crema de aquí abajo.
  • ¿De estas? Sí, señora – debe agacharse y doña Genara se escandaliza al ver casi todo el pecho de la chica, mientras que José disfruta tras ella de una visión completa de su culo, todavía muy abierto. Nota una fuerte erección bajo el pantalón. Cuando la señora se va, mi novia dice:
  • Gracias por no descubrirme, don José.
  • Claro que no. ¡Me he dado cuenta que todavía tienes el culo muy dilatado, hija!
  • Sí, la verdad es que me siento muy abierta. ¡Uy, y sigo rezumando jugos, mire! ¡Vaya!
  • ¡Mira cómo estoy yo, hija! – le muestra un gran bulto bajo el pantalón.
  • Oh, don José. ¡Por favor, no sea guarro!
  • A ver, Virginia, tú eres la guarrita, y no te lo tomes a mal.
  • Un poco de razón sí que tiene, don José. ¡Pero es que hace tanto calor! – contesta mi novia bajándose algo el escote, descubriendo un bonito sostén minúsculo de color rosa apenas cubriendo el pecho lleno de sudor.
  • Uy, no me enseñes las tetas, que no puedo más. Mira, me debes un favor, hazme una buena mamada y no diré nada a tus padres ni a tu novio.
  • No, pero ¿qué se ha creído? ¡Yo nunca he hecho eso a ningún hombre! ¡Y no pienso hacerlo hasta que me case con Juan!
  • ¿Juan? ¡No creo que se quiera casar contigo cuando sepa que eres una fresca!
  • ¡Por favor, no se lo digas, me iba a dejar seguro!
  • Pues pórtate bien conmigo, anda.
  • No, no sabría cómo hacerlo. – miente ella- Ni siquiera nunca he visto el miembro masculino.
  • ¿Cómo? ¿Pero qué dices, hija? ¿No miras el pene de tu novio cuando hacéis el amor?
  • Don José, nunca hemos hecho el amor. Soy virgen. ¡Hasta el matrimonio!
  • ¡Me dejas de piedra, niña!
  • Mira, da igual, ¿ves? – José se baja el pantalón y muestra sus calzoncillos húmedos a la chica. Ella se da cuenta de un gran bulto que pugna por reventarlos. Abre los ojos sorprendida. El panadero se saca su miembro erecto y ella ve que es muy grueso, aunque no muy largo. En la puntita brilla una gota. El panadero tira un poco del escote de la chica para descubrir completamente su sostén. Ella enseguida vuelve a taparse como puede.
  • ¡José, no, por favor!
  • Tranquila, hija, verás, mira, a ver… – el panadero acerca a la chica, coge la barrita de cuarto y se la enseña – ¿Lo quieres, Virginia?
  • La verdad es que el culo me arde de deseo, don José.
  • Pues ven – abrazándola con una mano, le sube la faldita por detrás y, aprovechando su culo tan dilatado, la ensarta en un momento.
  • ¡Oh, hum, gracias!
  • ¿Quieres también la otra barra?
  • Me gustaría, José. Es que, con mi flujo, estoy manchando la faldita y el suelo otra vez, necesito un buen tapón, la verdad.
  • Pues mira, yo me portaré muy bien contigo.
  • Sí, te portas muy bien, es cierto.

El panadero, aun penetrando el culo de mi novia con la barrita, coge una barra de quilo. Ella se asombra al ver una barra tan grande y ancha, nota como sus jugos más íntimos se multiplican, resbalan por sus muslos hasta los pies, los zapatos y el suelo.

  • ¿La quieres, Virginia, la quieres?
  • Sí, por favor, que estoy dejándolo todo perdido con mis jugos.
  • ¿Te portarás bien conmigo, hija?
  • Claro que sí, don José, soy una buena chica.
  • ¡Pues toma! – y le ensarta de golpe la barra de kilo, que ella acoge con gusto, placer y agradecimiento.
  • ¡Ah, esto es demasiado, José, oh, ah!
  • ¡Disfruta, hija, disfruta! – y aprovecha para besarle en la boca y para abrir más su escote húmedo y admirar sus pechos. Coge la barra de medio y en una maniobra rápida, saca la de cuarto del culo de mi novia y lo perfora con la de medio.
  • ¡Por favor, ah, increíble, métemela más adentro, más adentro, ah, uy! – grita de placer mi chica, llena de sudor.

El panadero acerca la punta de su pene a la boca de mi novia, pero ella hace un gesto de apartarse. Él deja de mover las barras en ella. Enseguida suplica: – ¡Por favor, no me las saques, no, José!

  • ¡Pues chúpame la polla!
  • ¡No puedo, me da asco!
  • ¡Pues fuera las barras!
  • ¡José, no seas malo, necesito esas barras, estoy muy abierta, me escuece mi… mi coñito y mi culo! ¡Mira! – ella se gira, se sube la falda y descubre una vagina y una vulva muy húmedas y dilatadas. Él no puede evitar la tentación y corre a taponar sus agujeros con las barras; se equivoca y le introduce en el culo la de kilo.
  • ¡Oh, gracias!
  • ¡Te entra perfectamente! ¿Te pongo la de medio en el chocho?
  • ¡Sí, que ya tardas!
  • ¡A ver, así, toma! ¡Te entra casi hasta el fondo!
  • ¡Ah, pero qué gusto, qué gusto, por favor!
  • ¡Uy, no es suficientemente gruesa y sigues derramando tu flujo!
  • ¡Es que estoy muy abierta! Mira, a ver si también con la de cuarto… ¡por favor!
  • ¡Sí, oh, te entran las dos en el coño! ¡Qué pasada, niña!
  • Métemelas más adentro, más. – mi novia suplica y coge las dos barras para introducírselas más. – Oh, genial, gracias, don José, ay, uh, no puedo más, ah!

El panadero aprovecha que mi novia disfruta del orgasmo con los ojos cerrados para meterle el pene en la boca. Ella lo mira enfadada. Él deja de mover las barras de pan. Ella chupa un poco la verga. Él vuelve a hacerla gozar con las barras. Ella chupa más y él se lo agradece con el mete-y-saca. Cuando mi novia vuelve a tener un orgasmo, él no puede más y le llena la boca con su semen. Ella se sorprende ante la cantidad y alta temperatura del líquido, pero lo saborea y se relame.

  • Vaya, José ¿Pero esto qué es? – exclaman unos caballeros al entrar en la panadería.
  • ¡Oh, don Pedro y don García! No es lo que parece, no.
  • ¡Pero si la chica… Virginia… está enseñándolo todo y… con tres barras de pan metidas en… en…! ¡Y una es de quilo! ¡En el culo!
  • ¡Y chupándole la polla! ¡Pero si podría ser su nieta, don José!
  • Bueno es que… hace mucho calor – se defiende ruborizada mi novia, todavía con el pene del panadero en la boca y las tres barras penetrándola.
  • ¡Tú lo que eres es una puta! ¡Verás cuando lo sepan tus padres!
  • ¡Y tu novio! ¡Que es un pedazo de pan!
  • Sí que es muy bueno. ¡No se lo digan, por favor! – suplica quitándose el pene del panadero todavía erecto.
  • ¡Claro que se lo diremos! ¡No podemos permitir que el pobre se case cornudo con una puta!
  • No soy una puta. Soy una buena chica. Sólo que el calor de la panadería… – dice sacándose las barras de pan e intentando cubrirse en vano con la falda.
  • ¡Pero si sólo hay que ver cómo vas vestida!
  • ¡Sí, se te ve todo, niña! – dice don García admirando el pecho que muestra mi novia casi en su totalidad.
  • ¡Y con esta faldita tan corta! ¡Si es que vas mostrando las bragas a todos! – dice don Pedro mientras levanta la faldita de mi novia – ¡Oh, pero si no usas bragas! ¡Vaya guarra! ¡Y qué buena que estás!

Virginia empieza a sollozar, aunque se nota caliente, por el calor y porque hay tres hombres mirándola, admirando su pecho, sus piernas, sus partes más íntimas. Se da cuenta que sigue rezumando sus jugos.

  • ¡Si lo saben mis padres se morirán del disgusto!
  • A ver, señores, a ver – dice el panadero. – Seguro que hay una forma de arreglarlo. Miren, la niña es muy guapa y sexy, ¿verdad?
  • ¡No, si buena si está! ¡Buenísima!
  • Es muy guapa, la verdad.
  • Y… miren. Ven, Virginia, acércate, por favor. A ver, danos la espalda. Inclínate un poquito. ¿Ven? ¿Qué les parece? Miren que agujeros más abiertos y húmedos.
  • ¡Es por el calor, ay! – apenas puede sollozar mi novia, excitada al saber su culo y su vagina contemplada por los tres hombres.
  • ¡Miren, vengan! Usted, don Pedro, coja la barrita de cuarto. Tú, niña, ponte a cuatro patas, a ver, sube un poco más el culo, así, baja las espaldas y la cabeza. Usted, súbale bien la faldita. ¿Qué, qué les parece? Miren, si quieren, le llenan los agujeros con las barras y luego tú, niña, les haces una buena mamada. A cambio de no decir nada.
  • ¡No, unas mamadas, no! – se queja mi novia.
  • Pero hija, ellos te dan gusto a ti y luego tu les das gusto a ellos. Además, no me dirás que no te gustó el sabor de semen.
  • ¡No, no quiero!
  • Pero si te lo tragaste todo, no dejaste escapar ni una gota.
  • ¡Es que estaba tan rico!
  • ¿Ves, mujer? ¡Va, venga, al ataque!
  • Sí, dense prisa que pronto va a venir mi novio y no puede pillarme así.
  • ¡Señores, hagan disfrutar a la chica!

Don Pedro coge la barrita y la introduce en la vagina de mi novia. Se sorprende al ver que entra tan bien. Mientras don García coge la barra de quilo y duda un poco. Ella se da cuenta y le hace que sí con la cabeza, coge la barra tan gruesa y la acerca a su vulva, ya ocupada. Don García aprovecha la humedad de la chica para meterle la barra de quilo junto a la de cuarto. La chica empieza a gemir y a empapar las dos barras con su orgasmo muy húmedo: – ¡Oh, gracias, señores, ah, sí, por favor, más, más!

José coge dos barras de medio y, primero una luego la otra, las mete sin mucha dificultad en el culo de la chica. Los tres hombres mueven las cuatro barras al vaivén y mi novia no cesa en sus orgasmos. Al cabo de un buen rato:

  • Bueno, ahora nos toca a nosotros. Ven, guapa, ponte aquí, en cuclillas. No, te preocupes, sigue con las barras, no te las quitamos, no. Bájate un poco el escote. ¡Oh, que sostén más bonito! ¡A ver, déjame… oh, que tetas, qué tetas! – grita don Pedro como loco, admirado de los bonitos pechos de mi novia. Don Pedro y don García se sacan sus penes y ella se admira de la longitud del miembro del primero y del grosor del del segundo.
  • ¡Niña, chupa, chupa, las dos juntas, venga! – y mi novia coge las dos puntas y se las mete en la boca.

El panadero no puede estar sólo mirando y se saca también su pene, que ya muy erecto, apunta hacia los bonitos pechos de mi novia. Ella le riñe con la mirada. Los tres hombres, al cabo de unos momentos, eyaculan en cantidad, en la boca de Virginia los dos clientes, y en las tetas el panadero. Ella se lo traga todo. Con la mano recoge toda la leche de sus pechos y no deja perder ni una gota. En esas que entra el chico del bar de al lado que viene a buscar unas pastas. Al ver a mi novia casi desnuda con tres hombres, se sorprende. Ella enseguida dice:

  • ¡No digas nada a nadie, por favor! ¡Ven, coge una barra de pan! ¿Mira, qué, te gusta lo que ves? – le muestra el culo y el sexo, todo rezumando de sus ambrosías- escoge el agujero, métemela hasta dentro, va, que luego te la chupo. ¡Pero no lo cuentes a nadie, por favor!
  • Bueno, es que… ahora vienen mis dos amigos y…
  • Da, igual, tú empieza, no te preocupes, que donde comen dos, comen tres, hay pan para todos. ¡Escoge una barra bien gruesa, por favor, que estoy ardiendo y empapada! Sí, sí, muy bien. Así, así, por el culo, ¡ay, ay, oh, hum, ah, que me viene, me viene, ay, sí! ¡Oh, hola, ya están aquí tus amigos! ¡Oh, pero si son cuatro! ¡Y que guapos! Venid, venid, mirad, ¿veis? Coged las barras, coged, mirad, a ver si me caben todas… va, que luego os haré una buena mamada!

  • ¡Juan, hola, cariño!
  • Hola, Virginia!
  • ¿Has ido a por el pan?
  • Sí, claro, Juan.
  • Te ves muy acalorada.
  • Es que hace mucho calor, amor.
  • Bueno, tampoco tanto, a esta hora. ¡Y eso que vas muy fresquita!
  • Sí, es cierto. ¿Pero me queda bien, no, amor?
  • ¡Vaya si te queda bien! ¡Un cielo! ¡Lo único que me da miedo que alguien te pueda ver las bragas, con esta faldita tan corta!
  • Por eso sí que no debes preocuparte, amor. ¡Imposible! – ella sabe que se las quedó el panadero y que va sin braguitas bajo la minifalda. – Toma, come un poco de pan, a ver qué te parece.
  • Hum, gracias, hum, la verdad es que huele muy bien y está muy rico.
  • A que sí!
  • ¡Seguro que a tus padres les va a encantar!
  • ¡Seguro, amor!
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Mi Ciberamiga. Primera parte.

Los chats entraron en mi vida por pura casualidad, realmente no necesitaba conocer a desconocidos por internet, pero la versión anónima de mi persona hacía que pudiera entablar conversaciones de cualquier índole con todo tipo de gente, sin que mi identidad se viera comprometida. Inhibirme por completo molaba. Hablar de racismo con nazis, dar lecciones de civismo a un machista, debatir de política… y por supuesto, desatar todo lo relacionado con el sexo con alguna amiga eventual.

Siempre era el mismo modus operandi, al ser popular en el chat, las chicas me abren privado movidas por su curiosidad, de ahí al Messenger (Skype en la actualidad, mi historia es real y tiene algún tiempo) en el Messenger, tras un rato de charla,  me piden que conectemos la cam  y …. Al principio se muestran nerviosas, dicen piropos inconexos…te cuentan su vida, la mayoría son separadas o entradas en edad (muchas de ellas bastante potentes, gym, silicona, buenorras maduritas), no pasa mucho tiempo hasta que hablan abiertamente de sexo, la mayoría de las veces las noto animadas por una copa de vino o un par de cubatas que se hacen en su habitación. Y luego tantean el terreno para ver como reacciono, siempre con risitas de por medio, me piden entre bromas que les haga un baile sexy, me preguntan que cuanto me mide, que si tengo mucho éxito con las chicas etc. Quieren correrse, así de claro,  lo desean. En ocasiones, cuando la cosa ya esta claramente caliente, les enseño el slip recién quitado, bajo la cam y estiro la camiseta para ocultar mi rabo, que por supuesto está erecto. Otra cosa que las vuelve locas es lo bien que me sientan los bóxer cuando estoy empalmado. Una vez babean, ya las tengo a mi merced, locas por acostar al niño de turno y encerrarse en su habitación para pajearse conmigo. Les pido que se pongan lencería y se vistan como una zorra. Que jueguen con aparatitos sexuales y cosas asi. Les doy  su recompensa por haber sido obedientes y les dejo ver poco a poco mi polla de 21 cm, acerco la cámara para que la deseen y la acaricio muy despacio, con un poco de aceite corporal, puedo oírlas gemir de placer, penetrarse con un consolador y acabar la faena con un squirt de infarto.

Una de tantas experiencias  me pasó en el 2006. Verónica, una de mis aventajadas amigas, me llamó al móvil a las 4 de la madrugada. Yo estaba en el chat de Terra hablando con unos amigos. Si me llama a estas horas es que quiere guerra, pensé. Le pillé la llamada:

Yo:  Mira que eres cabrona

Vero:  Holaaaaaaaaa loco

Yo: Veroooo jodia son las 4, espero que tu llamada valga la pena jajaja, ¿como estas?

Vero: Llegando a casa nene, tengo una mierda encima que no veas y los tacones en la mano.    No veas  que movida me ha pasado hoy con bla bla bla bla  (lo cierto es que no entendía nada de lo que me contaba, se notaba que iba ciega)

Tras unos 7 minutos de chapa, me preguntó:

Vero: ¿Estás conectado bombón?, que  hoy vengo guerrera jajajaja

Yo: Para ti siempre tía, ¿pero como que hoy vienes guerrera, estas calentorra o que?

Vero: Perraca total, necesito ver eso que tienes tan grande.

Yo: Bueno, iba a acostarme, depende de cómo vengas de puta me quedo o no jejeje.

Vero: Ya estoy aquí, dame unos minutos que encienda el ordenador. Corto la mamada…la llamada jajajaja.

Verónica era una chica de 26 años, separada recientemente del padre de su hijo. Trabajaba en una cadena de tiendas de ropa muy popular, y estaba tremendamente buena. Culazo de infarto, pechazos naturales adornados con unos pezones grandes y rosados, tipo galleta maría, bien firmes. Su cara era simplemente espectacular, guapa, ojos marrones, morena de pelo largo y unos labios que pintados de rojo, hacían que te olvidaras de todo. Su maternidad no había hecho mella en su físico. Nos hicimos muy amigos en el chat y cuando intimamos nos contábamos todo. Los juegos sexuales tardaron unas semanas en llegar, pero cuando surgieron, solo tenía leche para ella. El único problema era la distancia, yo vivía en Granada y Vero en Asturias… la tecnología menguo ese “pero”…

Nada mas verla al conectarme, supe que venia de una noche de desenfrenada marcha. Tenía el cabello despeinado, el rímel corrido y ya no le quedaba pintalabios en su boca. Tras unos minutos de vacile, indirectas y torpe seducción, le pedí que se pusiera de pie, se alejara un poco de la cam y diera una vuelta sobre si misma. Yo ya tenia la polla muy dura y el nerviosismo clásico en estos casos. No cabía duda, Vero había salido a cazar esa noche y no se había comido nada, según me conto, porque una amiga suya se puso mala por la bebida y la acompaño hasta su casa, dejando a un posible ligue en la estacada. Estaba vestida  como una autentica zorra. Una gargantilla negra adornaba su cuello, camisa negra lo suficientemente desabotonada como para poder observar ese glorioso canalillo que separaba sus enormes tetas. Pero lo mejor era la minifalda de cuero negro corta, que exaltaba un culo redondito y prieto y que dejaba al descubierto sus piernas adornadas con unas medias de rejilla y unas botas casi hasta las rodillas. Seguía con su juego de seducción, y empezó a contonearse como una stripper mientras reía. Que gran idea.

Le ordene que fuera a maquillarse de nuevo y que no se quitara nada aún. Yo aproveche para  ponerme mis boxers blancos, prenda que solía ponerme para el cibersexo.

Cuando ella volvió, con esos labios rojos y esos ojazos recién pintados, le volví  a pedir que se alejara un poco. Le pregunte si le gustaría desnudarse lentamente al ritmo de una canción de mi elección. Ella se mordió el labio inferior y me dijo que haría lo que yo le pidiera. Puse un blues, lentito, caliente, y le di la orden de que me hiciera un striptease de inmediato.  Comenzo a pasarse la lengua por los labios, muy sugerente para comenzar. Se alejo un poco y movio sus caderas despacio, con sensualidad. Se notaba que ya había jugado antes a esto, sabia hacerlo. Se acarició los pechos, pellizcándose por encima de la prenda. Sin parar de moverse, fue desabotonando suavemente la camisa hasta dejar al descubierto su vientre plano, dejando ver el piercing de su precioso ombligo. Se dio la vuelta bailando y dejo caer  con descaro la camisa. Me dejó ver de nuevo las monumentales tetas apretadas por un sujetador de encaje también negro, que me estaban  volviendo loco. La cremallera de la pequeña falda de cuero fue deslizándose hacia abajo, de nuevo, mi bombón preferido se giro, bajando  la falda y dejando un maravilloso culo en pompa. Era una visión tremenda, verla bailar con ese juego de ropa interior negra, adornado por una gargantilla y rematado con unas botas hasta las rodillas, le daba un aspecto de zorra calentorra que desde luego no me he quitado de la cabeza en años. Deslizo deliciosamente los tirantes de bra, con una mirada y una sonrisa picara opto por darme la espalda, desabrochándose el sujetador y quitándoselo sin mostrar aun nada, lo tiro al suelo no sin antes agitarlo en círculos con su mano. Cuando volvió a darme la cara, quito las manos y me encontré con unas tetas realmente grandes, firmes, con unos pezones duros y erectos.  Siguio torturándome con su tanga, con el que jugueteo entre sus dedos hasta que fue deslizándose muy muy despacito hacia sus rodillas primero, y que siguió su camino en dirección a sus tobillos, para desaparecer de una patada al aire. Siguio bailando hasta que acabo el tema.

Me quede en silencio, con el bóxer a punto de reventar. Ella se sentó y puso los pies sobre la mesa del ordenador,  abrió el coño, dejando ver perfectamente su humedad al brillo de la lamparita. Se acaricio, primero con un dedo, luego con dos, para terminar metiendo tres que desencadeno un paso de suspiros a gemidos en un breve espacio de tiempo. Me ordeno que me pusiera en pie y me pusiera de perfil. Quería ver lo empalmado que estaba y me insinuó que me palpara por encima del bóxer. Lo hice. Pero no podía más. Me lo baje y le enseñe toda la polla mientras me acariciaba. Soltó un gemido y cerro los ojos mordiéndose el labio inferior, esta vez con fuerza.

Ella se sentó en su sillón giratorio, puso los pies sobre el escritorio y me abrió el coño para que pudiera disfrutarlo en todo su esplendor. La luz de su lámpara hacia que la raja brillara gracias al flujo, estaba cachondísima. Me pido que me masturbara muy despacio, mientras ella fue estimulando su clítoris con los dedos, soltando gemiditos cortos. Sus pezones estaban muy erectos, y le pedí que tirara un hilito de saliva sobre ellos, y luego se los manoseara con la mano que le quedaba libre. Mientras ella lo hacia, empecé a pajearme suavemente para no correrme enseguida. Me dijo que acercara la puntita lo máximo posible a la webcam, mientras ella haría lo propio con la boca, a modo de mamada virtual. Le encanto ver la gotita de lubricante que asomaba por la polla, con lo que aumento su ritmo de excitación, metiéndose tres dedos por el coño, cosa que desemboco en una sonada corrida por parte de ella, que no reprimió en absoluto, gritando de placer.

Tras esto, ella saco un dildo enorme, de los que tienen doble estimulador, con rotor y vibrador incorporados, y comenzó a chuparlo, como si de mi rabo se tratara, deslizándolo poco a poco por su cuerpo y haciendo una sugestiva parada en los pezones, que bordeo despacito para erizarlos. Me dijo que se moría de ganas por correrse conmigo a la vez, mirándonos a los ojos. Me aconsejo que me sentara y me pajeara tranquilo con ella, quería ver mi límite y explotar juntos.

Cuando su juguetito llego al coño, se lo metió de un golpe hasta el fondo, y se masturbo viendo como yo también lo hacía. Era una pasada ver como estaba de empapada, tenia mojadas las piernas y el asiento de cuero. Se convulsionaba y gemía como una perra. Se agarro un pecho con fuerza y estiro su cuerpo totalmente hacía atrás susurrando “me corro…me corro” y “dámela…dámela ya” y reventamos ambos, yo echando toda la leche sobre la cam y observando su mirada fija en mis ojos. Cuando se saco el consolador, un chorro enorme  de flujo le siguió, mojando la totalidad del teclado de su ordenador. Fue un momento en el que llegué incluso a marearme. Respiramos los dos cubiertos de sudor, totalmente desnudos. Nos reímos tímidamente viendo el resultado de nuestra batalla, ella a duras penas podía verme por las manchas de semen de mi cámara. Le mandé unos emoticonos guarros, pero Vero no podía contestarme con su teclado a tener éste un estado lamentable tras su squirt.

Hablamos durante unas horas después, le comente mi fantasía de follar con ella y a una amiga, y le pregunte que opinaba de eso. Me contesto que ya había tendido experiencias sexuales con chicas, cosa que ya me había confesado tiempo atrás, y que a ella le encantaría mientras la otra chavala le gustara. Meses después quedamos para un trío con otra amiga del chat que nos costó grandes sesiones de chat convencer…Vero alquiló una casa rural para tal encuentro, pero eso, amigos, es otra historia que contare próximamente.

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Mi adorable novia Virginia (XI)

Por fin mi adorable novia Virginia accedió a venir a jugar a tenis conmigo. Ella no es muy amante del deporte, pero yo soy un entusiasta de cualquier forma de ejercicio. Yo sabía que a Virginia le gustaría probar el tenis y que juntos lo pasaríamos muy bien. Cuando la vi cambiada en la puerta del vestuario femenino pareció que salía el sol. Y eso que  este domingo 29 de junio era un día nublado! Estaba más guapa que nunca! Estrenaba un vestidito blanco, muy cortito y escotado que le sentaba de fábula!

– Virginia, estás muy guapa de tenista!

– Muchas gracias, Juan! Qué amable eres!

– Seguro que eres la más bonita de todas las pistas!

– Ya será menos, anda, vamos a jugar, a ver cómo me va.

– Te irá muy bien, Virginita. Seguro que te va a gustar mucho!

– No sé, no sé.

Empezamos a pelotear un poco y, claro, la verdad es que mi novia no daba una. Quedé muy sorprendido cuando al agacharse para recoger del suelo la pelota, mi novia me mostró todo el culo! Ella se dio cuenta y me riñó:

– Juan, qué estás mirando?

– Eh? No, nada, es que… no, nada!

– Me estabas mirando el trasero! Ay, que pillín que eres!

– No, no, de verdad que no! Venga, lanza la pelota, Virginia!

– Me parece que no debía haberme puesto este tanga rosa tan bonito!

– Bueno, no sé. El vestido es muy corto y… claro… Normalmente las chicas suelen ponerse unas bragas grandes bajo el vestido de tenis.

– Pero, es que no te gusto así?

– Cómo quieres que no me gustes, Virginita? Va, lanza la pelota de una vez!

– Ay, que antipático. Toma la pelota! – y le dio un golpe que fue a parar a la pista de al lado – Uy, vaya! No te preocupes, ya voy yo a buscarla!

Mi novia salió de nuestra pista y fue a por la pelota a la de al lado, donde estaban jugando un partido de dobles.

– Perdonen, señores, es que sin querer mi pelota cayó en su pista!

– Mujer, no pasa nada, es muy normal! – contestó un hombre maduro muy elegante.

Los cuatro jugadores quedaron encantados cuando vieron agacharse a mi novia y les enseñó las nalgas y el pequeño tanga rosa.

– Guapa, tranquila, suele suceder que una pelota vaya de una pista a la otra! – dijo muy simpático un chico joven con bigote.

– Sí, eso nos ha pasado a todos! – añadió un joven alto.

– Seguro! Y no te preocupes si te volviera a suceder! – la tranquilizó un joven con el pelo largo.

– Muchas gracias, caballeros!

Al volver conmigo, Virginia dijo: – Estos señores son muy amables y simpáticos, Juan. No se enfadaron en absoluto.

– Claro que no, Virginia. Hala, lanza la pelota, a ver si jugamos un poco!

– Sí, ahí voy! Uy! Vaya! Otra vez! – gritó Virginia cuando le dio tan fuerte y tan mal que directamente mandó la bola a la pista de al lado. – Voy en un momento a buscarla!

– Deja, deja, Virginia. Ya voy yo. O, mejor, ya nos la lanzarán!

– No, no, Juan, no les molestemos!

Cuando mi novia fue a la otra pista y se agachó para recoger la pelota, los cuatro jugadores se asombraron al verle casi todo el pecho por encima del vestidito blanco.

– Hija, no te preocupes, que al principio cuesta un poco, pero luego el tenis es muy divertido! – dijo el hombre maduro.

– Gracias, señor! No volveré a molestarles más!

– Si no molestas, de verdad, para nada! Tranquila, juega y aprende!

Cuando volvió a nuestra pista, Virginia dijo: – Dicen que no les molesta que nuestra pelota caiga en su pista. Son muy amables!

– Claro que no, mujer. Hala, va, deja, ya te tiro yo la pelota. A ver si la pillas!

– Ay, uf… no tan fuerte, Juan!

– No, si te la pasé flojita! A ver, toma esta!

Virginia no acertaba ni una bola!

– Virginia, échale un poco más de ganas, mujer!

– Juan, hago todo lo que puedo! Pásamelas mejor!

– Toma esta!

– Ay! No… sí… hm – con un gritito le dio a la pelota por fin, pero… la mandó a la pista de al lado.

– Ya voy, Juan, no te enfades!

– No, no me enfado, pero así no se puede jugar, es muy aburrido!

– Ya te decía yo que el tenis no es la mío!

– Ya, pero… qué es lo tuyo? Qué deporte?

– Oh, Juan, no eres nada amable conmigo! – y se fue a buscar la pelota. Sin querer esta vez asombró al señor maduro y al joven alto al mostrarles el culo y alegró la vista al chico con bigote y al del pelo largo al enseñarles sus bonitos pechos.

– Niña, no te ruborices, no nos molesta que vuestra pelota caiga aquí de vez en cuando. – la tranquilizó el señor maduro.

– Me sabe mal, lo siento!

– No te pongas triste, bonita! – la consuela el joven del pelo largo.

– Es que mi novio… no tiene paciencia conmigo… se enfada porque no sé jugar al tenis.

– Vaya, qué poca paciencia tienen algunos!

– No, es verdad que no juego nada bien!

– Nadie nace enseñado, mujer!

– Ya, pero él…

– Virginia, vienes o qué? Que es para hoy!

– Ven ustedes? Lo que les digo!

– Bueno, paciencia mujer!

– Sí, la verdad es que hace falta mucha paciencia!

Cuando volvió a nuestra pista, Virginia estaba muy seria. Yo le dije: – Va, a ver, te paso la pelota muy suavemente, de acuerdo?

– No sé, como quieras. Me gustaría que fueras amable como esos caballeros!

– Venga, Virginia, ya está bien! Esos lo que deben de hacer es comerte con los ojos! Así vestida!

– Que desagradable que eres a veces, Juan!

– No, va, no te enfades, mujer. Mira, va, una pelotita muy flojita…

Pude ver como los hombres de al lado prácticamente no jugaban, sólo miraban como espectadores privilegiados los movimientos de mi novia. Virginia corrió con todas sus fuerzas y sus pechos se balanceaban bajo el vestido y casi por entero por encima del escote. Al darle a la pelota, gritó con tanta sensualidad que se oyó un “oh” de la otra pista. Pero la cuestión es que le dio bien y se la puede devolver suavemente. Quedó un poco baja pero ella corrió y de nuevo todos pudimos ver el balanceo de sus pechos. Cuando flexionó bien sus piernas para darle a la bola, mostró casi todas sus tetas. Gritó muy voluptuosamente y la pelota… a la otra pista! Los cuatro jugadores aplaudieron a mi novia!

– Muy bien, ves? Has jugado muy bien! – la animó el joven alto.

– Oh, gracias, que amables que son conmigo!

– Oye, Virginia! Una pregunta… que sostén usas? – le dije escamado.

– A qué viene ahora esa pregunta?

– No, bueno, es que…

– Pues mira, para que te enteres: no llevo sostén, vale? Este vestido es muy escotado y se me iba a ver el sostén. Y pensé que no te iba a gustar que todo el mundo lo viera.

– Ya, bueno, pero es que así…

– Qué pasa, Juan? Tampoco te gusta cómo me queda el pecho con este vestido?

– No es eso, mujer!

– Pues debes saber que el sostén no me hace falta para nada! Mis pechos son muy firmes. Y, si no te gusta, pues te aguantas!

– Me gusta, me gusta.

– Voy a buscar la pelota!

– Vaya!

– De verdad, Juan! Estás inaguantable! – y se fue corriendo hasta la otra pista.

Los cuatro hombres la recibieron muy acogedoramente, admirando el balanceo de su pecho. Cuando recogió la pelota, al ver la panorámica de su espléndido trasero, todos aplaudieron de nuevo.

– Hija, de verdad que estás jugando bien.

– Pues mi novio no opina lo mismo!

– Ya. Oímos eso de que no llevas sostén.

– Bueno – ella se ruboriza -, es que este vestido…

– Nosotros pensamos que es muy buena idea. Estos vestiditos de tenis no tapan mucho y no queda elegante ir enseñando el sujetador o las braguitas. – opina el joven del bigote.

– Verdad? Es lo que yo pensé.

– Pues estuviste muy acertada! Además, tu pecho parece muy firme y no necesita sujetador!

– Oh, son ustedes muy amables.

– Y, por lo que vimos, tampoco usas braguitas!

– No, oh! – más ruborizada todavía – Sí, claro que llevo bragas! Sólo que… bueno… quizá no lo parezca porque… bueno… es un tanguita muy pequeño!

– Ah, claro! Así se entiende! Pues tuviste muy buena idea, porque no queda muy elegante ir mostrando las bragas a todo el mundo. Y si el tanga es tan pequeño, claro, no se ve!

– Oye, Virginia, vienes o qué? Qué es tanta cháchara?

– Juan, por favor, no me hagas quedar en ridículo con estos caballeros!

– Oye, ya me estás hartando!

– Sólo estamos hablando un momento. Son muy amables!

– Mira, ya está, yo me voy! Estoy harto! – muy enfadado tira la raqueta al suelo y se va para el vestuario masculino.

– Juan, pero… ya está bien!

– No te preocupes, hija, ya le pasará!

– Oh, me sabe mal! Es que le quiero mucho! Y nos vamos a casar!

– Claro, claro. Bueno, en todas la parejas sucede alguna vez alguna riña.

– Oye, guapa. Eso que decías del tanga, a ver, de verdad que lo llevas? Lo podemos ver? – le pregunta el del pelo largo.

– Eh, no! No, de ninguna manera!

– Claro, claro! Oye, mira, quieres que te enseñemos a jugar a tenis?

– No, es que soy muy patosa!  Y, además, debo irme con mi novio. Le sabría mal si me quedara, saben?

– Claro, claro. Solo unas pelotas. Ven, mira! – el señor maduro se pone tras ella, le coge la mano derecha y le acompaña el brazo con un movimiento suave – Ves? Así!

– Que bien que me explica usted, caballero!

– Y luego, si viene por la izquierda, así, de revés – sigue explicando el señor maduro, con el cuerpo cada vez más pegado al de mi novia.

– Bueno, gracias, yo me debo ir! – avisa Virginia cuando nota crecer el pene del señor en sus nalgas, bajo el pantalón, y se va corriendo, mostrando su culito y de nuevo el baile de su pecho.

– Vale, como quieras!

– Adiós, han sido muy amables!

– Tú lo vales, guapa!

Ya en el vestuario femenino, mi novia se siente acalorada y confusa. Se mira al espejo y se descubre muy guapa, con las mejillas coloradas, un pecho espléndido, unas piernas perfectas. Se da la vuelta y ve lo bien que le queda el vestido. Se agacha un poquito y comprueba que al hacerlo muestra todas las nalgas.

– Claro, ahora entiendo por qué esos señores tan amables pensaron que quizá no llevaba braguitas.

Se quita el vestido y ve que tiene algo húmedo el tanga. Se lo quita y, al lamerlo, comprueba que no es sudor. Acerca un dedo a su vulva.

– Me he puesto algo caliente con esos señores tan amables! Me voy a duchar enseguida. Aunque… hum… tango ganas de…

En ese momento oye voces en el vestuario masculino:

– Pues mira que está buena la chica! Yo le daría clases particulares de tenis, gratis!

– Vaya, y yo! Y no sólo de tenis, de lo que quisiera!

– Yo incluso pagaría por darle clases!

– Pero habéis visto que culo que tiene?

– Sí, y debe ser algo fresca, porque nos lo iba enseñando todo el rato y también el pecho!

– Vaya, y esos grititos? Seguro que lo hacía para calentarnos!

– Y eso que tiene novio!

– Debe ser un cornudo!

– Bueno, es que con una tía así, tan buenorra, cómo no va a ser cornudo?

– Sí, pero, mira, nos ha dejado con las ganas! Tan fresca no será!

– Oh, vaya, esos señores tan amables han pensado que no soy fiel a mi novio! Me sabe mal! Pero estos comentarios, me han calentado más todavía. La ducha puede esperar un momento!

Se tumba en el banquillo, boca arriba, y se empieza a manosear el pecho. Enseguida comienza a jugar con su vulva y su clítoris. No puede evitar unos suspiros y gemidos.

– Eh, un momento! Habéis oído eso?

– Qué? Yo no oí nada!

– Ah, vaya! Me lo habré imaginado!

– Oh, debo vigilar de no hacer ningún ruido. Ay! – se introduce cada vez más dedos en su vagina. Los saca, los huele y los lame – la verdad es que estoy muy rica! Hum!

Entonces ve la raqueta y le pasa una idea por la cabeza. Sonríe pícaramente. La toma por el mango y la lame. Luego la chupa: – Que bonita, así, toda rosa! A ver… – e intenta introducir la punta del mango en su vagina, pero no puede al ser demasiado grueso. Acaricia su ano con la raqueta, luego la vulva y el clítoris. Ahí se detiene y se lo masajea delicadamente, luego con fruición. Está muy caliente, nota como su flujo vaginal aumenta y humedece la vulva, el culo y el banquillo. Vuelve a intentar penetrar su vagina con el mango de la raqueta rosa y ve con mucha satisfacción que ahora sí le cabe la punta.

– Oh, ah! – no puede reprimir suspirar y gritar al llegar al orgasmo.

– Eh, oye, estás ahí, guapa? – Dice el señor maduro.

– Oh, ah! Pero qué hace usted aquí, en el vestuario de señoras?

– Venía a traerte la raqueta de tu novio, perdona. Pero… y tú. Qué haces…? Uy, no, no hace falta que me lo digas! – dice el señor maduro al entrar y ver a mi novia tumbada de espaldas, totalmente desnuda y ensartada con la raqueta. Ella intenta taparse los pechos con una mano y la vulva con la otra.

– Por favor, no mire, caballero!

– Oh, sí, perdona, pero eso es imposible! Pero si tienes la raqueta en… oh! Ya entiendo! Estabas tan caliente que… Eso se avisa, mujer!

– Oh, váyase, fuera!

– Quieres que te ayude? Pero si has mojado completamente el banquillo!

– Se lo ruego, fuera! – y en ese momento consigue apartar la raqueta de su vagina, mostrándola completamente abierta y húmeda al caballero.

– Hija, pero si estás que rezumas! Espera, no te preocupes, yo…

– Que se vaya!

El señor se va temiendo que mi novia gritase demasiado y pudiera aparecer yo. Pero antes le dice, sin apartar los ojos del sexo de mi Virginia: – Mira, te dejo aquí la raqueta de tu novio. A lo mejor también la puedes necesitar!

– Oh, ya está bien, pero que se ha creído? Fuera!

– Qué pasa, papá? Qué son esos gritos? – aparece por una ventanita el joven alto – Oh, vaya, perdona, chica! Pensaba que mi padre estaba aquí!

– No, no está aquí, y no mires! – replica al joven cubriendo sus pechos y su sexo con ambas manos.

– No, no, ya está, adiós!

Virginia se pone el vestido instintivamente. Busca su pequeño tanga pero no lo encuentra.

Piensa:

– Ya se han ido. Qué descarado que ha sido ese señor maduro! Y eso que parecía educado. Mira que decirme que a lo mejor también necesitaría la otra raqueta! Aunque… – se toca la vulva y ve que está muy caliente y húmeda.

Mira con deseo las dos raquetas. Escucha por si oye algún ruido en el otro vestuario y se asegura que ya no hay nadie.

Se pone a cuatro patas encima del banquillo, chupa el mango su bonita raqueta rosa y de golpe se lo introduce de nuevo en su vagina. Esta vez le entra hasta la mitad. Coge la de su novio y se entristece al ver que el mango es mucho mayor y grueso y que no le iba a caber. Así y todo, empieza a lamerlo con gusto. Se lo acerca al clítoris y lo acaricia con delicadeza. Lo vuelve a lamer y a mordisquear. Se detiene por un momento al parecerle oír un ruido. Ve que es una falsa alarma y sigue jugando con las dos raquetas. Se quita la rosa, la lame y disfruta de su rico sabor. Vuelve a mirar mi raqueta y la acerca a su vulva. Ve sus labios abiertos y mojados y se da cuenta de que puede lograrlo. Primero introduce un poco la punta pero ve que el grueso mango cabe y no duda en metérselo hasta el fondo. No puede reprimir jadear y suspirar. Se sube un poco la faldita y masajea su culito con la raqueta rosa. Al estar tan húmeda, entra suavemente en el agujerito. Empieza a gritar sin control al tener un orgasmo increíble. No cesa de mover las dos raquetas en sus agujeros y lame los cordajes de la mía.

– Oye, guapa, quieres otra raqueta? Nosotros te dejamos las nuestras!

Mi novia no entiende de dónde viene esa voz pero no puede parar de masturbarse con las dos raquetas y consigue un multiorgasmo incesante. Desde la ventanita, los cuatro tenistas disfrutan de la visión de Virginia suspirando y gritando, a cuatro patas, con una raqueta en su culo, otra en su vagina y lamiéndola con fruición.

– Sigue, sigue, pero te venimos a ayudar!

– Eh, no, ay, hm, no por favor! – Virginia se saca las dos raquetas, se pone de pie, se baja el vestidito pero ve que casi muestra todo su pecho. No encuentra sus braguitas.

– Hola, niña!

– No, márchese, caballero, voy a gritar!

– Más todavía? Tranquila, tu novio no te va a oír. Hace mucho que salió hacia el coche.

– Por favor, no sea maleducado, señor!

– No, no, al contrario, mujer. Soy tan educado que te voy a ayudar. Verás cómo te gusta!

– Ya le dije que me voy a casar. Y nunca sería infiel a mi novio! Nunca!

– Mira, no tienes por qué ser infiel. Simplemente, yo te ayudo con las raquetas y ya está. Y mi hijo y mis sobrinos, lo mismo- aparecen los tres jóvenes tras el señor mayor.

– Fuera, este es el vestuario de chicas, no pueden estar aquí! Juan! Juan!

– Ya te digo, no grites, que no te puede oír. Además, imagínate que viene y te encuentra aquí con nosotros cuatro. Y además así, sin braguitas y caliente como una mona!

– Uy, sí! Juan iba a pensar mal. Es muy celoso!

– Mira, ven, tiéndete así, de espaldas, en el banquillo.

– No, no!

– Tranquila, no te vamos a hacer nada que no quieras, de verdad.  – El señor maduro acompaña a mi novia y la tumba en el banquillo. El joven alto le sube el vestido y admira su pubis completamente rasurado, los labios hinchados, colorados y húmedos de su vulva.

– Pero que haces? No me subas la falda!

– Eres muy bonita! No te avergüences de mostrarnos tu coñito! – y el joven del pelo largo separa las piernas de la chica y le abre un poquito los labios. Ella responde sin querer con una bocanada de flujo.

– Oh! Ah! – no puede evitar unos suspiros.

– Mira tu bonita raqueta rosa! Todavía está húmeda! Huele muy bien! Me la dejas probar un poco? – pregunta el joven con bigote.

– Oh, no, es que la tuve en… mi vagina… y en mi culo. – confiesa Virginia ruborizada.

– Deja, deja, a ver! – Y la saborea con placer – Está muy rica! Quieres la raqueta, guapa?

– No, no, pero qué dices? No! Bueno, quizá un poquito! – se muere de ganas pero intenta disimularlo sin conseguirlo.

El joven con bigote acaricia la vulva y el clítoris de mi novia. No cesa de emitir flujo. Ella no puede evitar pedir: – Un poquito más, por favor.

– Seguro, guapa, seguro? Sólo lo que tú quieras? Seguro?

– Sí, sí, por favor!

Y el joven con bigote penetra fácilmente a mi novia con el mango de su raqueta rosa. Ella empieza a jadear. El joven del pelo largo mantiene sus piernas abiertas. Un nuevo multiorgasmo sacude a la chica. El mango, completamente mojado, no para de entrar y salir con facilidad de su vagina.

El joven alto coge mi raqueta y pregunta:

– Puedo lamerla un poco?

– Sí, todo lo que quieras!

– Hm, que buena está? La quieres?

– Sí! Pero no puede ser! Es muy gruesa! Tu primo me está penetrando con la mía! Y la de mi novio, tan grande, nunca me cabria en el culo!

– Bueno, es no se sabe, por probar que no quede.

– Sí, inténtalo, inténtalo! – suplica mi novia.

El joven del pelo largo sube más las piernas de Virginia para que su ano se muestre fácilmente a todos. El joven alto se da cuenta que el agujerito es muy pequeño. Entonces tiene una idea:

– Chica, tienes un culo muy bonito, rosadito como tu raqueta. Puedo tocártelo un poco a ver si puedo abrirlo?

– Sí, sí, por favor! Quiero la raqueta de mi novio dentro!

– Eso será difícil.  A ver… – el joven alto masajea el ano Virginia, intenta abrirlo, pero apenas lo consigue unos centímetros. – Oye, chica, puedo lamértelo un poco, a ver si así…

– Lámelo, sí, cómeme todo el culo, sí!

– Hum, que bueno está! Puedo meterte el dedo dentro?

– Claro, méteme un dedo y todos los dedos! Ábrelo, por favor!

El joven consigue introducir un dedo e incluso dos en el culo de mi novia, que está humedecido por su saliva. Así y todo, comprueba que la raqueta no puede caberle.

– Tengo una idea. Mira! – el joven alto baja su pantaloncito y muestra el peno erecto a Virginia. Ella se sorprende. Ve como la punta de la verga está muy húmeda.

– Te importa que te ponga un poco de mi líquido lubricante en el ano y así será más fácil que la raqueta pueda entrar?

– Sí, de acurdo, hazlo por favor!

El joven alto acerca su pene al culito de Virginia y le va depositando el líquido en el ano. Con la puntita lo va repartiendo por los alrededores del agujerito e incluso lo introduce dentro. Entonces se excita tanto que no puede evitar correrse. – Ay, no, ay, hum, lo siento, me corro, me corro!

– Por favor, mira que el líquido vaya a mi ano! – dice excitada Virginia.

– Sí, sí, así, todo en tu culo! Ah! Uy!

– Oh, gracias! Que caliente!

El joven del pelo largo, sin soltar las piernas de mi novia, no puede resistir más y se saca el pene en dirección al culo y la riega abundantemente con su semen. Ella lo agradece sinceramente. El joven del bigote no quiere ser menos y aún sin dejar de penetrar a la chica con la raqueta, ducha su culo con una gran eyaculación.

– Que buenos y amables son conmigo! Y todos me regaron el culo! Gracias! Y usted, caballero? No sería tan amable de darme su semen?

– Uy, niña, pues, sí, me gustaría.

– A ver, déjeme ver su pene, caballero!

– Mira, hija!

– Oh, es muy gruesa, señor! Pero no está erecta. Sólo un poco morcillona.

– Sí, hija, sí, Y así no puedo eyacular en tu ano.

– Necesito mucho semen si no la raqueta de mi novio tan gruesa no podrá entrar!

– Ya, pero, así, si no tengo una erección…

– A ver, señor… antes vi que usted miraba mi pecho. Querría verlo?

– Niña, pues claro! Es muy bonito!

– Pues mire usted! – ella baja un poco el escote y es suficiente para mostrar casi todos sus pechos. – quiere un poco más?

– Sí, sí, por favor!

– Pues mire atentamente, caballero! – y baja algo más el escote y aparece algo de aureola ante la vista de los cuatro.

– Un poco más, un poco más, niña!

– Bueno, ya está, así – y muestra completamente sus bonitos pechos a todos.

– Oh, puedo tocarte las tetas?

– Sí, y, por ser usted, las puede lamer y besar!

Al oír estas palabras, el señor maduro empieza a notar algo de erección. Lame, besa y mama los pechos de mi novia con delicadeza. Ella los coge con ambas manos y se los ofrece en su totalidad.

– A ver, uy, usted ya empieza a tener su pene erecto! Pero que grande que es! Por favor, señor, quiere metérmelo entre mis tetas? Pero no se corra en ellas, eh, que quiero su leche en mi culo!

– Oh, eres un ángel, gracias!

Con el vestido blanco sólo de cinturón, mi novia disfruta de una cubana del señor maduro hasta que este avisa: – Ay, que me viene, que me viene! – y corre hasta disparar su semen en el culo de la chica.

Enseguida, el joven alto, que vuelve a estar empinado como también sus primos, acerca mi raqueta a Virginia y humedece el mango en la lefa de los cuatro tenistas. Mientras el joven del bigote sigue el mete-y-saca  de la raqueta rosa en la vagina de mi novia, el joven alto consigue meter la punta de mi raqueta en su ano. Ella grita de satisfacción: – Sí, así, pero más, más! – y el joven alto le penetra más y más el culo con mi raqueta. Ella estalla en un sonoro y húmedo orgasmo. El joven del pelo largo se acerca con su raqueta roja y la introduce delicadamente en la boca de mi novia. Ella se relame con gusto, todavía en su multiorgasmo. Al verlo, el señor mayor coge su raqueta negra y la introduce entre los rotundos pechos de la chica. Los cuatro hombres mueven con esmero las raquetas y mi chica no puede cesar de gritar y sollozar de placer. El joven del bigote saca la raqueta rosa de la vagina de mi novia y la penetra con contundencia  con su raqueta marrón. Enseguida vuelve a acercar el mango de la rosa y, sin apenas dificultad, la penetra también con esta. Ella grita de gusto. El joven alto tiene su raqueta blanca y le pasa una idea por la cabeza, pero la ve imposible. Aún así, al ver que tanto él como su hermano y su primo vuelven a tener una erección, quiere intentarlo. Con un gesto, les indica que dejen de mover las raquetas y que acerquen la punta de sus miembros al culo de Virginia. Los tres se masturban hasta que riegan el ano de la chica y lo empapan con su semen. Ella agradece de nuevo su eyaculación. Mira al señor maduro y dice:

– Y usted, caballero? No tiene más lechecita para mí?

– Uy, pues ya ves, chica, no estoy empinado.

– Esto se arregla. Venga, venga, folle mi boca, junto a la raqueta del joven del pelo largo. Así, así! Ve cómo crece? Hm! Casi no me cabe! Que rica! Uy, empieza a sacar algo de jugo! Por favor, vaya a mi culo, a mi culo! Corra! – El señor maduro dispara con gusto todo su abundante semen en el culo de mi novia. Enseguida, el joven alto toma su raqueta blanca, que es la que tiene el mango más grueso, y la baña en el semen de los cuatro hombres que está en el culo de Virginia. Y consigue introducir algo la raqueta junto a la mía. Al notar con placer tan lleno su culo, mi Virginita vuelve a volar en un nuevo y estruendoso orgasmo. Así su culo se abre algo más, y la raqueta blanca acompaña hasta el fondo a mi raqueta. El joven del bigote, que mueve las dos raquetas con precisión en la vagina de Virginia, coge su teléfono móvil y fotografía a Virginia con las dos raquetas en el culo, las dos en su vagina, una en las tetas y otra en la boca. Ella mira a la cámara con satisfacción y placer. Guiña un ojo con picardía.

– Oye, no tenéis más raquetas para mí?

– Cómo, aún quieres más raquetas, hija? Pues no, no hay más por aquí!

– Es que veo que el tenis me gusta mucho! – y sonríe pícaramente. – Pues si no hay más raquetas, dadme vuestras pelotas! Venga, acercaros, por favor!

Los cuatro hombres cogen sus testículos y se los regalan a mi novia, que los acaricia con placer, los acerca a su boca, los lame, aún con el mango de la raqueta roja en su boca. Los jóvenes no tardan en volver a excitarse y cuando ella lo ve, dice: – Bueno, si no hay más mangos de raqueta, quizá estos manguitos también servirán! – y les guiña un ojo. El joven del bigote es el primero en reaccionar y se acerca a la vulva de Virginia. Mueve las raquetas con precisión y consigue espacio para penetrar a la chica. El joven del pelo largo hace que Virginia se trague todo su pene y su escroto junto a la raqueta roja. Y el alto va hacía el culo de la chica. Con los dos mangos ensancha el ano de Virginia hasta que consigue encularla también con su erguido pene. Los tres jóvenes penetran a la chica con ganas y ella no puede más que llorar de placer para luego reír de gusto. El señor maduro se masturba pero no consigue tener una erección. Ella se da cuenta y le acerca el pene a sus tetas y le hace una cubana junto a la raqueta negra.

– Por favor, dadme toda vuestra leche por todas partes, venga, por favor!

Los hombres  no se hacen de rogar y eyaculan en la vagina de mi novia, en sus pechos, en su boca y en su culo. Ella explota en otro orgasmo de felicidad.

– Uy, se ha hecho muy tarde, Juan vendrá en cualquier momento a buscarme. Por favor, sacadme las raquetas y vuestros penes, aunque los querría siempre dentro. Gracias, amigos, sois muy amables y educados.

– Tú te lo mereces, chica. Que bien que te guste el tenis! Mira, te dejo estas dos pelotas de recuerdo. Espera, verás, mira ven, a ver, súbete el vestido!

Ella muy obediente vuelve a mostrar todo su culo y su vulva los cuatro tenistas. El señor maduro acerca la pelota de tenis a los labios de la chica y la introduce en un momento en su vagina.

– Oh, pero, ua, qué gusto!

Espera, espera, esto no es todo.  A ver, déjame abrirlo un poco, hum, que bonito!

Y le introduce la otra pelota en el ano: – Así, con las pelotas dentro, no te vas a olvidar de nosotros.

– Oh, pero qué placer, gracias! Me gusta el tenis, sí! Adiós, adiós, marchad, por favor! No tengo tiempo ni de ducharme, es muy tarde! Juan se va a enfadar. Qué amables han sido estos señores! Ya me ducharé en casa. No encuentro el tanga. Se lo habrán llevado ellos de recuerdo. Bueno, se lo merecen, la verdad! Me pongo las otras braguitas limpias y ya está. Pero… vaya! La bolsa abierta! Pero… serán…!? También se llevaron las braguitas limpias! Y el sostén! No se lo reprocho, la verdad es que las braguitas son muy bonitas y el sostén también. Se ganaron estos obsequios. Y yo también tengo los míos! Hum! Ay!

– Juan, perdona que tardara tanto!

– Demasiado, ya me iba a marchar!

– No te enfades, es que… He practicado un poco con esos señores tan amables, con las raquetas, con las pelotas!

– Te habrán comido con los ojos!

– Han sido muy amables y educados, de verdad! Unos caballeros!

– No sé, no sé! Y no te has duchado todavía. Pero hueles muy bien! Y así tan coloradita estás muy bonita!

– Gracias, Juan! Tú estás muy guapo, también. Aunque te veo enfadado!

– No me parece bien que vayamos por la ciudad así, con este vestido tan escotado y tan corto. Te deberías haber vestido bien! A ver si se te van a ver las braguitas y todo!

– No, por eso no te preocupes, amor. Eso es imposible! Tranquilo! Ay! – siente con placer las bolas de tenis en su vagina y en su culo – Hm, te quiero, Juan!

– Yo también te quiero, Virginia!

– Venga, dame un besito! Hum! Ay! Qué rico!

– Gracias!

– Sí, ay, hum!

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En el chalet de mi jefe

Si alguien me pregunta cuales fueron mis mejores vacaciones, les respondo que fue un fin de semana de verano que pasé en el chalet de mi jefe junto con su familia, inmediatamente me tachan de pelota y no me creen; aunque tampoco les digo toda la verdad, porque si se entera mi jefe de lo bien que me lo pasé posiblemente me despida.

La situación del chalet era envidiable, cerca de unos acantilados y de una cala apartada y casi desierta. El viernes por la noche lo habíamos pasado cenando en un puerto deportivo junto con su hija, una chica joven con un cuerpo espléndido, con cara aniñada con cierto punto de picarona. Tengo que confesar que eran unos perfectos conversadores. Él era un pijo de los de siempre forjado a base de guateques sesenteros, su hija le gustaba el estilo ibicenco o nuevo hippie.

El sábado estuvimos todo el tiempo en la playa, su hija se puso en top-less dejando ver unas tetas perfectas, no eran excesivamente grandes, pero si rellenas y erectas. Yo hacía como si no estuvieran allí, pero cada vez que su padre se echaba en la arena, dirigía mi vista hacia ellas. Cuando mi jefe se quedó dormido, mis miradas empezaron a ser insolentes, J. se dio cuenta y mi cara se enrojeció. “¿Nos damos un baño?”. Dicho y hecho; corrí tras sus piernas largas y esbeltas y sus tetas bamboleantes.

En el agua, J. se abalanzó sobre mí y me dio una ahogadilla. Salí detrás de ella y la cogí por detrás, involuntariamente, le agarré las tetas. La solté, dudando de su reacción, pero parecía no importarle. Volvió a lanzarse sobre mí; yo me eché hacia atrás y J. me agarró del bañador, mi pene se escapó, saltando como un pez más, alegre en el inmenso mar. Intenté subirme el bañador, pero en mi ofuscación no atinaba a colocármelo. Ella se acercó me lo cogió y, con una presión que casi me lo parte por la mitad, lo devolvió a su lugar.

– Ves que fácil es.

Me quedé petrificado ante su acción, ella, por su parte, se rió y salió del agua. La seguí hasta donde estaba su padre. Entonces ella se agachó sobre él y le acarició la espalda con sus enhiestos pezones, aquello llevó mi erección al máximo. Su padre se despertó con el frío del agua, sin percatarse de que eran las tetas húmedas de su hija las que lo habían despertado, quizás pensase que habían sido sus dedos. Yo inmediatamente me tiré al suelo para escurrir el bulto.

– Muchacho- me dijo mi jefe- échate sobre una toalla, te vas a llenar de arena.

– Me gusta así- le contesté.

Mi jefe se puso boca abajo. Su hija aguantaba la risa; en realidad se estaba cachondeando de mí. Empezó a tocarse el pezón con su dedo mientras canturreaba, para mí era como si me estuviera tocando el pene, porque cuanto más erecto estaba su pezón más erecta estaba mi polla. Luego se acarició los labios con el índice de su otra mano, manteniendo la boca entreabierta. Entonces me di cuenta que los saltos que mi miembro daba, presionado por la arena se dirigían a un orgasmo y que no podía remediar. Cuando la muy puta se metió el dedo en la boca y se lo chupó, la naturaleza explotó. Ella se dio cuenta y dijo:

– “¿Por qué no vamos a tomarnos unas cervezas? – Muy buena idea- dijo su padre, levantándose de inmediato.

– Perdonadme, pero yo me voy a quedar un poquito más- dije.

Gracias a Dios el mar estaba cerca para una limpieza de urgencia. Aquella tarde mi jefe tenía que ir a recoger a su mujer al aeropuerto. Tardaría al menos dos horas y media en volver y di por seguro que las aprovecharía para acostarme con su hija. Pero esta, al quedarnos solo, parecía indiferente, y yo no supe como seducirla por lo nervioso que estaba.

Me fui a mi habitación. Esperaba que en cualquier momento entrara, pero pasó un buen rato y allí no pasaba nada. Entonces abrí la puerta me desabotoné el short para dejar entrever mi pene enhiesto y permanecí como un pescador con su caña, simulando estar durmiendo. Al cabo de un tiempo oí como ella pasaba de largo por mi puerta. Dudé si me

habría visto o no, estaba a punto de levantarme, cuando sentí que ella había vuelto y permanecía en el quicio de la puerta. Al excitarme más, mi pene volvió a escaparse y me convencí de que era más valiente que yo. Permanecí quieto a la espera de acontecimientos.

Al final dio resultados porque ella se acercó y se sentó en la cama. Sin preámbulos, empezó a chupármela. Con los ojos entreabiertos, me deleité en la visión de su boca y de su pelo lacio cayendo sobre mi vientre. Yo hice como si despertara. Ella dejó de mamármela y se abrazó a mí, estaba desnuda. Le metí la mano entre sus piernas y acaricié su humedad. Estábamos los dos a punto, la penetré suavemente y le eché las dos manos al trasero, nada más hacerlo ella se levantó bruscamente y dijo: “Mi padre”.

Entonces oí las voces de sus padres que entraban por el hall. Se vistió rápidamente y cerró la puerta. Mi jefe preguntó por mí y ella le dijo que estaba durmiendo. Menos mal, no estaba con el aspecto para ser presentado a la mujer del jefe. Oí como mi jefe salía afuera y su esposa entraba en el servicio. De pronto J. entró en mi habitación y me besó. Le dije que lo dejásemos porque nos podrían descubrir.

– Mi padre está echado sobre la hamaca en el jardín y mi madre ha entrado en el baño, ella no se ducha, se baña con sales y permanece más de media hora. Ven.

Me cogió de la mano y me llevó al salón. Me mandó que vigilara por la ventana que daba al jardín. Ella se agachó y se ocultó bajo la ventana y con las dos manos empezó a acariciarme el trasero mientras me mordía el miembro por encima de los calzoncillos.

– Hola ¿Estás ahí?- me dijo mi jefe desde la hamaca.

– Pues sí – acerté a contestarle.

Por entonces J. ya estaba chupándomela. Su padre seguía hablando, pero yo no entendía nada de lo que me decía, solo sentía como aquella chavala era una experta en mamadas, porque no se limitaba a chupar, sino que lamía y cambiaba de ritmo. Estaba a punto de correrme cuando mi jefe preguntó por su hija.

– Voy a llamarla- dije y sin moverme de la ventana giré y grité- J. tu padre te llama.

Ella se apartó y se levantó, saliendo a la ventana.

– ¿Si, papá? – Hija, ¿por qué no me traes un batido de fresas naturales?

Ella mientras tanto me agarraba la polla con su mano y no dejaba de meneármela.

– Ahora mismo- volvió a agacharse y siguió con su mamada.

Yo tenía los ojos en blanco cuando mi jefe se volvió y me miró seriamente.

– P. pareces un poco cansado, deberías de probar otro batido.

Yo solo pude asentir con la cabeza. Mi jefe se recostó otra vez en la hamaca mientras decía.

– El batido de fresas es un alimento completísimo. La leche compagina perfectamente con las fresas. Yo siempre le aconsejo a mi hija, que beba leche para hacerse una mujer sana, cuanto más leche mejor. J.- gritó- tomate otro batido. Cuanto más leche mejor.

Mi jefe no sabía el efecto que sus consejos me provocaban. Me corrí como un desalmado y mi leche inundó la boquita de fresa de su hija. Ante mis gemidos, mi jefe volvió la cabeza y mirándome, sonrió.

– Que gracioso es ver a alguien que va a estornudar y no puede.

A mí me dio una risa tan floja como lo estaban mis piernas. Volví la vista al salón. J. me susurraba “mírame”. Se sentó en un sillón y abrió sus muslos. Solo llevaba una camiseta de tirantes y pude ver su coño como en un libro de medicina. Mientras se masturbaba, me dijo: “tócate”. Apartándome un poco de la ventana, pero no tanto para dejar de controlar a su padre, empecé a meneármela. Era una putilla; se comportaba como una experimentada actriz porno, ladeaba la cabeza, se acariciaba y estrujaba sus pechos; sus dedos entraban y salían de su coño haciendo lo posible por mantener los labios de su sexo, totalmente abiertos y los labios de su boca entreabiertos. Humedecía su coño con su saliva y su boca con sus jugos vaginales.

Entonces oí como su madre salía del baño. Su hija se corría y yo eyaculaba en el suelo. Como pude restregué el semen sobre el suelo con mi pie desnudo. J. se levantó y se fue a la cocina para hacer batidos de fresa

. Mi jefe me presentó a su mujer y estuvimos bebiendo batido de fresa en el jardín. Todos nos reímos cuando J. se vertió parte del batido sobre su camiseta. Ella también se rió, mientras me miraba con una sonrisa de complicidad con sus labios llenos de leche y sus pezones mojados que parecían que iban a atravesar la tela.

Aquella noche, esperaba continuar las experiencias; porque me había quedado con las ganas de follármela, deseaba hacerlo cuando sus padres durmieran por la madrugada. Pero he aquí que apareció el novio de J. para salir con ella, que a primera vista parecía un gilipollas surfista pijo. Ella, cuando pudo, me dijo: “Cuando esta noche folle con mi novio, pensaré en tí”. Lo cual no me consoló, teniendo en cuenta que a la mañana siguiente partía de la casa.

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El pajero solitario

Su mano acaricia su caída polla. 9 pajas parece ser que son el límite diario de Pacco, el pajero indomable.

Pero esta vez desea batir su propio record.

Su imaginación está confusa y en su mente impera el deseo de empalmarse de nuevo para una nueva paja. Tras un rato de confusión el deseo de auto superación le hace empalmarse de nuevo.

Ahora ya es todo pan comido.

Con el crecimiento de su polla las ideas se aclaran y en su cabeza ya se forma la imagen de su chica preferida, Martina.

Mientras se coge la polla ya piensa en su larga y rubia cabellera que le llega hasta el final de la espalda, donde se forma un precioso y redondito culo.

Imagina que ese culo se mueve sugerente mientras ella anda hacia casa, se imagina a si mismo siguiéndola, observándola en su camino hacia casa como hace todos los días.

Comienzan las vibraciones.

Martina llega a su casa y se dispone a abrir, cuando él la coge de las caderas y le da un salvaje beso en los labios, que ella en principio rechaza. Su resistencia disminuye hasta que su estado es de cooperación total.

Hay un leve frotamiento entre la polla y el culo de Martina que le pone a tono, ella comienza a jadear un poco y él se pone muy cachondo, le baja los pantalones y entonces se da cuenta de que no usa bragas.

El ritmo aumenta un poco.

Martina también despoja a Pacco de sus pantalones, le quita los calzones y su polla respira al fin, liberada de toda opresión.

Ahora se encuentran ya en su cama, Pacco está debajo de Martina y esta lo cabalga salvajemente hincándose su polla hasta las entrañas.

El rostro de Martina refleja fielmente el placer que la polla de Pacco le produce, sus gemidos y gestos provocan en Pacco un enorme placer.

Ahora el ritmo ya es frenético.

Martina sigue saltando encima de Pacco, este grita de placer y dolor, una mezcla que le excita más de lo que Martina ya lo hace por si sola, Pacco nota que ya va a eyacular y entonces Martina se retira de encima de él y se mete su polla en la boca.

Esta (la polla), tras un intenso minuto de lametazos por parte de la hábil lengua de Martina, se convulsiona y arroja un par de chorros de semen que impactan con gran furia en la cara de Martina. Ésta los relame con cara de salida y una insinuante y pícara sonrisa…

Pacco abre los ojos. Las imágenes se desvanecen por completo y Pacco regresa a la realidad. En lugar de Martina y su sonrisa maliciosa se encuentra su escritorio.

Tras unos segundos de confusión (síndrome post-pajero ), observa los lefotazos que resbalan por el monitor de su ordenador, producto de la décima paja del día.

Ahora habrá que hacer una pequeña limpieza, pero es algo a lo que ya está acostumbrado Pacco, el pajero indomable.

Autor: Konlaka Reta

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Una tarde entre mis sábanas

Hola, me llamo Keyce.

Voy a ir al grano: tengo meses sin tener sexo, un polvo de esos que te dejen las piernas temblando uyyyyyyyyy se me moja de tan solo imaginarlo y mis tetas y pezones se endurecen.

Tengo cierta inclinación por lo bi, me encanta un guevo grande duro cojiendome rico mamandolo todo, pero no se me saca la idea de coger con otra mujer se me calienta todo con solo imaginar (me fascinaría experimentar), o bien solo con otra mujer o en un trío con un hombre y una mujer que ricooooooooooo…

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De como Katt descubrió los grandes placeres (4)

Hola una vez más, espero les hayan gustado los anteriores relatos, esta parte la incluiría dentro de la parte 3 pero me pareció demasiado larga y la dividí en dos relatos, espero les guste…

 

Simón: Aún hace algo de calor  y estamos solos ¿Que te parece si nos metemos a nadar un rato al lago?

Katt: Simón estas loco! yo ni siquiera traigo un  traje de baño.

Simón: Eso es lo de menos Katt.

Simón con una sonrisa traviesa se desprende de toda la ropa y acto seguido, da un clavado al lago. Katt esta por demás avergonzada y se cubre los ojos, pronto Simón comienza a salpicarla de agua diciendole.

Simón: Ven Katt, el agua esta deliciosa ¿me vas a dejar aquí solo?

Katt: Ya te dije que no traigo ropa adecuada. Además alguien puede pasar y vernos.

Simón:  ¡Has lo mismo que yo, quítate la ropa! Anda ven a nadar conmigo. ¡Solo se vive una vez! Te prometo que no va a pasar nada. Confía en mi.   Katt se queda pensativa, pero no puede resistirse a la mirada suplicante de Simón y a esa sonrisa que le encanta y le dice.

Katt: Esta bien, pero con una condición. ¡Deberás voltear para otro lado, no quiero que me veas!

A Simón le parece un tanto estúpida la condición de Katt, puesto que hace apenas unos minutos le estaba devorando los senos y un día antes la vio desnuda de pies a cabeza, pero con tal de estar cerca de ella giro su cara a otra parte, Katt llena de vergüenza se quitó lo que le quedaba de ropa y se aventó al lago.

Katt: ¡Esta fría! Eres un mentiroso Simón.

Simón: Verás que pronto te acostumbras a la temperatura, es muy buena para la circulación, ven y te caliento un poco.

Simón se acerco nadando hasta Katt y sin que esta lo esperara tomo con ambas manos cada uno de sus senos, que estaban sumamente erectos por el frío. Besandole el cuello le dijo al oído.

Simón: ¡Veo que es verdad que tienes frío!

Katt molesta comenzó a manotear, salpicando a Simón le pidió que la soltara.  Estaba a punto de salir del agua cuando Simón le dio la vuelta y la besó, una vez mas con pasión, Katt lo alejó de si y molesta le dijo.

Katt: ¿Es que solo piensas en sexo? ¿No sabes lo difícil que es para mi todo esto?

Simón: ¿Y crees que para mi no es difícil tenerte tan cerca y no poder tocarte? No entiendo porque no admites que tu deseas tanto como yo estar conmigo, tan solo observa como tu cuerpo reacciona a mis caricias.  Y no pienso solo en sexo Katt, yo estoy enamorado de todo tu ser, y esa es la forma en como te demuestro lo que siento por ti.

Katt: Simón, si de verdad me quisieras como tu dices  me respetarías más. Yo no soy como las otras chicas que conoces, tu conoces a mi padre y sabes como es el.

Simón: ¡El deseo profundo que tengo de estar contigo no es faltarte al respeto!, es una forma de demostrarte lo que siento. Obvio no eres como ninguna chica que conozca, eres alguien muy especial. Pero ¡por Dios! no te conocí ayer Katt, llevamos ya meses de conocernos, de convivir, de trabajar juntos, y en todo ese tiempo nunca me atreví a decir nada por miedo a perderte, solo te pedía una oportunidad para que veas que puedo hacerte feliz, pero creo que eres tu la que no me quiere a mi.

Katt: No es eso Simón. Es que todo esto es nuevo para mí, siento que estoy haciendo mal, que le estoy faltando al respeto a lo que me inculcaron mis padres. Creo que esta mal que sienta todas estas cosas, estoy muy confundida y no quiero cometer una locura.

Simón: ¿A que es realmente  a lo que tienes miedo Katt?

Katt: Pues… pues no sé, tengo miedo de quedar embarazada, o de alguna enfermedad, o que solo me lastimes. ¿Que pasaría si  mis padres se dan cuenta?

Simón: Dime algo Katt, ¿para ti es algo malo que las mujeres trabajen?

Katt: ¿Eso que tiene que ver con lo que te dije?

Simón: Contéstame lo que te pregunte primero.

Katt: No. No tiene nada de malo.

Simón: ¿Y tu trabajas conmigo verdad?

Katt: Si

Simón: Pero si es algo que hacen muchas mujeres  y tu misma acabas de decir que no tiene  nada de malo e incluso tu lo haces. ¿porqué se lo ocultas a tus padres?

Katt: Porque Papá no quiere.

Simón: Y ¿porque lo haces tu? Si es algo que el no quiere.

Katt: Pues porque yo se que sus ideas son algo anticuadas y lo veo como una forma de ayudarlos a ellos.Además ya soy mayor de edad y es mi decisión lo que hago mientras no interfiera con mis estudios.

Simón: ¿Lo vés Katt? Lo mismo ocurre con las relaciones sexuales, es algo normal que una mujer hace, y solo ella decide cuando debe hacerlo.  Tu  misma acabas de decir que  tus padres son anticuados, pero el que lo hagas o no, debe ser únicamente tu decisión, la que decide en tu vida debes ser tu.  Dime que edad tienes Katt.

Katt: 21 años

Simón: y dime, ¿cuantas de tus amigas de la facultad ya decidieron empezar su vida sexual?

Katt: De hecho de mis amigas yo soy la única que no lo ha hecho.

Simón: ¿Y tan malo fue para ellas, que decidiste no hacerlo?

Katt: No. Todo lo contrario. Pero no es la misma situación, ellas no tienen padres como los míos.  Y yo no quiero hacerlo solo porque si.

Simón:  Dime cual es tu verdadero miedo. ¿Salir embarazada? Hay muchos métodos anticonceptivos para evitar eso. ¿enfermedades? Yo no tengo ninguna y vamos ahora mismo a una clínica para que lo compruebes si quieres, tan fácil eso se soluciona con un condón. ¿Lo que pensarán tus padres o la sociedad? Esto es parte del ciclo normal de la vida, es parte de la naturaleza, no solo del ser humano sino de todos los seres vivientes. ¿Que es lo que te frena realmente Katt?

Katt: No sé Simón. Como te dije, no quiero sentirme usada, tengo miedo que me duela, que me lastimes. Además, creo que es muy pronto.

Simón: Déjame preguntarte algo mas. ¿Habías sentido algo así como lo que sentiste hace unos momentos antes? ¿Fue algo que te lastimara o disgustara?

Katt: No.

Simón: Fue molesto para ti. ¿lo disfrutaste?

Katt: Simón,  por favor no me preguntes más.

Simón: Por favor, quiero saberlo, solo por favor dime lo que en verdad sientes, yo no te juzgaré.

Katt: Lo disfrute mucho Simón. Nunca había sentido algo igual, Pero son muchas sensaciones nuevas, no se si pueda asimilar todo tan rápido.

Simón: Yo quiero hacerte feliz Katt.  Quiero quitarte todos esos miedos que sientes y enseñarte que hacer el amor es lo mas maravilloso que hay en el mundo. Yo nunca jugaría contigo o me burlaría de ti. Yo quiero que seas  una mujer en todo sentido Katt. Mi mujer. Quiero ser tu maestro. Enseñarte todo lo que sé.  ¿Te parece pronto? ¿Cuanto tiempo es suficiente para el amor Katt? Esto no es una receta de pastel, esto es algo espontaneo que se va dando solo y en cada persona varía el tiempo. Solo puedo decirte que no quiero perderte y que iré poco a poco conquistandote si tu quieres y me lo permites.

Katt: Esta bien Simón. Pero es que me da mucha pena, nunca me habia mostrado desnuda antes ni mucho menos me habian tocado así.

Simón: Nada de Pena Katt. Quiero que me prometas que vas a ser sincera contigo misma, y vas a dejarte llevar, que no te importe lo que piense el mundo entero, solo lo que tu sientes amor. Conmigo no permitiré que sientas nada de pena ¿Esta claro? yo ire despacio poco a poco, pero no quiero que te mientas a ti misma o falsas modestias de tu parte, quiero que te dejes llevar y si tienes miedo a algo, solo dimelo y  yo hare que esos miedos y esas dudas se disipen.

Katt:  No se que decir Simón. Todo esto es tan rapido. Tan Sorpresivo.

Simón: No digas nada mi hermosa.

Simón comenzó a besar a Katt, aun dentro del agua. Katt por primera vez se dejaba llevar un poco mas tranquila aunque un poco cohibida aún. Las palabras de Simón habían surtido un efecto increíble en Katt, tanto así que permitió que Simón volviera a colocar sus manos en sus senos, cuyos pezones permanecían  duros aun, no por el frio sino por la excitación, Simón le pidió a katt que lo tocara también y ella bajo su mano hasta el pene de Simón y comenzó a tocarlo tímidamente bajo el agua, Simón estaba demasiado extasiado y no tardo en ponerse firme, pronto, él también deslizo sus manos para tocar la vagina de Katt bajo el agua, masturbándose mutuamente, uno al otro.

Después de un rato,  Simón se coloco por detrás de katt y comenzó a restregar su pene entre sus nalgas mientras con las manos le acariciaba ambos senos, por fin estaba logrando lo que tanto anhelaba, sin embargo al querer introducir su pene, se dió cuenta que estaba demasiado estrecho y por estar dentro del agua la lubricación no sería suficiente, por lo que se conformó con seguir tocándola hasta que ella alcanzo de nueva cuenta el orgasmo, el tardo un poco más en llegar, hasta que por fin decidieron salir del agua y colocarse de nueva cuenta sus ropas.

Algo en esa tarde había cambiado para siempre en Katt, en el camino al hotel platicaron muy poco, como si nada hubiera pasado, pero Katt permanecía meditando  y tratando de asimilar lo que estaría por venir de nuevo en su vida…

CONTINUARA…

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De como Katt descubrio los grandes placeres (3)

Hola, espero les guste el siguiente relato..

Este relato es continuación de los anteriores ( De como Katt descubrió los grandes placeres parte 1 y 2)…….

 

En vano Simón hizo el intento por alcanzar a la pelirroja, puesto que katt había corrido al elevador, Simón se percató que había salido en ropa interior hasta el pasillo y corrió de vuelta a la recamara a darse un baño rápido y preparase para el día de trabajo, pero no dejaba de pensar en lo que se había convertido en una obsesión para él; desvirgar a Katt y hacerla su amante.

Katt por su parte comenzó con los preparativos del segundo día de trabajo, el cual era un buffet al aire libre con los participantes de la convención.  Una hora después, llegó Simón pero Katt lo esquivaba constantemente, dirigiéndole la palabra únicamente para cuestiones relativas al evento. Pasaron las horas y el evento terminó exitosamente, Simón y Katt comenzaron a retirar las mesas y a guardar lo que restaba de los utensilios, platos y recipientes, esta vez Simón no dejo que Katt siguiera evitándolo por lo que la tomo firmemente del brazo…

Simón: ¿Qué pasa Katt? ¿Por qué me has estado evitando?

Katt bajaba la vista y permanecía callada sin decir una palabra, por dentro se sentía temblar de los nervios que le provocaba la presencia de Simón, quien, insistente, la tomó por ambos hombros suplicándole que lo mirara a los ojos.

Simón: Katt, mírame, no soporto verte así. Tenemos confianza ¿cierto? ¿he hecho yo algo para que actúes así conmigo? ¡Mírame a los ojos y dímelo!

Katt seguía temblando y sumamente sonrojada, sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, Simón la atrajo hacia el rodeándola con sus brazos y la abrazo fuertemente, así en silencio se quedaron algunos minutos cuando Katt por fin se decidió a hablar, y estando aún abrazada a él le dijo.

Katt: Tengo miedo Simón.

Simón: ¿Miedo de qué Katt?

Katt: De esto que está pasando. Estoy confundida. Discúlpame. ¿Puedo irme?

Simón: No Katt.  Esto es algo que no puede esperar, tenemos que hablar ahora y aclarar todo de una buena vez.  Dime Katt, ¿Es por lo que sucedió anoche que te sientes así?

Katt separándose ligeramente de Simón y limpiando sus lágrimas solo asintió con la cabeza afirmativamente.

Simón: ¿Recuerdas la conversación que dejamos pendiente en el auto camino acá. Donde tú me preguntabas si estaba enamorado de alguien y te dije que sí? No me diste la oportunidad de confesarte que esa mujer eres tú Katt. Desde la primera vez que te vi me cautivaste, y día con día con la convivencia comencé a tener sentimientos más profundos por ti. Pero yo no sabía si tú me corresponderías o no. Si tú sentirías algo especial también por mí, y ayer lo comprobé.

Katt no podía dar crédito a lo que estaba escuchando decir a Simón, su mente estaba llena de sentimientos encontrados, por un lado Simón era para ella un sueño hecho realidad, pero también sentía que habían abusado de ella la noche anterior, aprovechándose del somnífero de los antihistamínicos  y sin dudarlo dijo en tono de reclamo a Simón.

Katt: ¿y cómo lo comprobaste Simón? ¿Estando yo inconsciente y aprovechándote de la situación?

Simón no se esperaba semejante reclamo de Katt, pero muy seguro de sí, le refutó.

Simón: No estabas nada inconsciente ayer cuando te tocabas pronunciando mi nombre y pidiéndome que te hiciera mía.

Katt tenía los ojos como platos, ¿Cómo era posible que él se haya dado cuenta de eso? Fingiéndose ofendida Katt reclamó nuevamente a Simón.

Katt: ¿Quéeeeee? ¿Pero cómo te atreves? ¿Quién te dijo eso?  ¡Eso es mentira!  ¡Yo nunca haría algo así!

Simón: Tu bien sabes que es verdad Katt. ¡Lo que vieron mis ojos no puede ser mentira!

Katt tremendamente sonrojada no sabía qué hacer, su cabeza estaba a punto de estallar, tratando de imaginar ¿cómo Simón la había visto?. Pero aún así estaba muy enojada con él porque eso había sido una invasión a su privacidad. Pronto Katt pasó de estar nerviosa y tímida a sentirse furiosa por lo que Simón acababa de decir, comenzó a dar de manotazos tratando se separarse bruscamente de Simón, golpeándolo en los pechos y en los brazos. Simón sostuvo sus manos firmemente pero evitando lastimarla y la acercó a él tomándola fuertemente en los brazos.  Katt luchaba por escapar, y zafarse de los brazos de Simón. Gritándole que era un desgraciado, que como se había atrevido a espiarla,  que la soltara. Simón en cambio reflejaba una excesiva calma y firmeza a la vez. Mirando a los ojos a Katt le dijo en tono serio.

Simón: ¡Atrévete a negar que sientes algo por mí! ¡Mírame a los ojos y niégalo!

Katt: ¡Suéltame! ¡Déjame!

Simón: Anda Katt, mírame y si te atreves a negarlo te suelto en este mismo momento.

Katt se quedó quieta un instante dirigiendo su mirada a los ojos de Simón. Pero en su interior, sabía que Simón decía la verdad. Ella estaba ya enamorada de él, pero no quería admitirlo, resultaba demasiado humillante para ella esa situación donde se veía tan expuesta y en el fondo odiaba a Simón por obligarla a confesarlo. Katt no pudo emitir palabra y Simón aprovecho esto para besarla, a lo que Katt al principio se resistió, pero al sentir los  cálidos labios de Simón sobre los suyos no pudo oponer más resistencia dejándose llevar por sus instintos y sus sentimientos. Ambos cerraron los ojos besándose lentamente, suavemente, apasionadamente, Simón tenía a Katt bien sujeta de la cintura mientras la besaba, iba a acariciando su espalda e introduciendo lentamente su lengua, buscando encontrar la lengua de Katt para culminar un exquisito y prolongado beso francés que los dejó a ambos sin aliento, lentamente sus labios fueron separándose y Simón continuaba con sus manos posándose en la estrecha cintura de Katt, quien estaba cayendo ante su juego de seducción.

Simón: ¿Lo ves Katt? Nuestros cuerpos dicen lo que no nos atrevemos a decir con palabras. Sé que lo que hice no estuvo bien y me disculpo contigo. Pero creo que para cualquier hombre con sangre en las venas le sería más que imposible resistirse a contemplar una mujer tan bella, tan hermosa y tan sensual y más difícil aún resistirse a hacerla suya estando tan cerca. Pero tú para mi Katt, no eres cualquier mujer. Tú para mi eres la mujer más hermosa, la más especial, la más maravillosa. Quiero que vivamos muchas cosas lindas juntos Katt y demostrarte que esto es real, y es único para mí. Pero si tú decides que no quieres aceptar lo que siento por ti, te prometo nunca más hablar del tema y fingir que nada de esto pasó y continuarás teniendo tu empleo como hasta ahora. Te prometo que no te molestaré más con esto.

Katt se quedó callada un par de segundos, meditando en lo que acababa de pasar, cuando  seriamente le responde a Simón.

Katt: Lo que me preocupa es que con esto que acabas de decir, me siento usada Simón. Esto que me dices me toma por sorpresa por completo. No sé qué decir o pensar, estoy  muy confundida.

Simón: Antes que nada Katt, quiero decirte que en ningún momento te usé, lo que sucedió fue que te vi por accidente en la recamara cuando salias de ducharte, no fue algo que yo mismo planeara créeme, y de nueva cuenta te pido una disculpa y no se volverá a repetir. Solo quiero que te quede claro que nunca te usé y que lo que hice fue sin pensar y sin intención de dañarte. Solo me dejé llevar y no quiero que sientas más desconfianza por mí, por eso te lo confesé. Lo único que pido es que me des la oportunidad de conquistar tu corazón, así como tú sin quererlo conquistaste el mío.

En ese momento Simón se acerca a un carrito de postres a unos cuantos metros y trae cargando un pastel en forma de corazón, se pone de frente a Katt arrodillándose y mostrándole el pastel de frente, que tiene escrito en el betún con letras rojas ¿quieres ser mi novia Katt?

Simón: Entonces Katt, ¿Qué dices? ¿Quieres darme esta oportunidad?

Katt se queda estupefacta y muy sorprendida viendo al pastel, sin duda un detalle muy romántico con el que se le llenan los ojos de lágrimas y se ilumina su rostro con una sonrisa. Rápidamente toma el pastel con una mano y con la otra le da su mano a Simón para que este se levante,  con una sonrisa de oreja a oreja le responde.

Katt: Si Simón. Quiero ser tu novia.

Simón: Katt quiero que este día sea el más especial para los dos, por eso preparé algo especial para ti, quise hacer un picnic para ti, aunque empecé con el postre.  Acompáñame a unos metros de aquí. Quiero mostrarte unas cascadas bellísimas y que comamos los dos juntos, al cabo que el trabajo para el que nos contrataron ya está hecho, el personal del hotel pasara a recoger lo que empacamos.

Simón llevó a Katt con él a un apartado dentro del bosque, con unas hermosas cascadas que desembocaban en un lago de poca profundidad, el paisaje no podía ser mas romántico, y dentro del césped coloco varios manteles que servirían para sentarse juntos y comer el menú preparado por Simón, después de un rato de  conversar de cosas variadas, Simón y Katt comenzaron a besarse cada vez más apasionadamente, pronto las manos de Simón bajaban a los pechos de Katt, a lo que ella contestó con un fuerte manotazo.

Katt: ¡Simón! ¿Qué haces? ¿Es nuestro primer día como novios y ya quieres tocarme?

Simón: Katt, yo se que tus padres te educaron a la antigua, pero ya estos son otros tiempos. Tu me encantas y lo sabes.

Katt: Si, lo sé, pero creo que es muy pronto.

Simón: Hagamos algo Katt, quiero que tengamos mucha confianza entre los dos, te propongo que juguemos verdad o reto. Tu puedes preguntarme lo que quieras y yo también te preguntaré, si alguno de los dos no responde a la pregunta. Tendrá que cumplir un reto. ¿De acuerdo?

Katt: Esta bien. Yo empezaré preguntándote Simón. ¿Verdad o reto? ¿Desde cuándo te gusto?

Simón: Verdad. Me gustas desde el momento que te conocí.  Ahora es mi turno ¿Verdad o reto? ¿Desde cuándo te gusta masturbarte?

Katt  se pusó roja ante la pregunta tan indiscreta de Simón, pero había aceptado seguir las reglas del juego pasara lo que pasara.

Katt: Eres un tramposo Simón! ¡Yo te hice una pregunta normal y me sales con esto! Escojo el reto.

Simón: mmm muy bien, entonces como reto quiero que te quites el bra que llevas puesto debajo de tu blusa. No necesitas quitar la blusa, solo el sujetador.

Katt: Eres un maldito Simón! ¿Cómo me pides hacer eso? ¿Y si no estamos solos?

Simón: Estamos solos Katt, este lugar es de difícil acceso y en esta temporada no hay turistas, además los de la convención se fueron antes de que tú y yo comenzáramos a comer, anda, cumple tu reto.

Katt a regañadientes desabotonó un par de botones de su blusa y maniobró para quitarse el bra sin sacarse la blusa, como la blusa era en color blanco, los pezones alcanzaban a transparentarse un poco por la tela.

Katt: ¡Ahora sigo yo! Ya verás lo que te espera por tramposo. ¿Verdad o reto?  ¿Qué es lo más vergonzoso que te ha pasado en el plano sexual?

Simón: Verdad. En la secundaria, siendo yo un jovencito una tía me pillo haciéndome una paja con una revista play boy en el baño de su casa.

Katt: Jajaja. Que cínico eres, pensé que elegirías reto!

Simón: ¿Verdad o reto? ¿En qué piensas cuando te masturbas?

Katt: mmm caray. Eres bueno preguntando. Prefiero no responder aunque temo el reto que me pondrás. Elijo reto.

Simón: mmmm quiero que te quedes sin nada de ropa interior  y me la regales por el resto del camino.   Katt se quitó lo que le restaba de ropa interior dándosela a Simón, resignada a cumplir con el reto.

Katt: ¿Verdad o reto? ¿Cuál es tu postura favorita al hacer el amor?

Simón: Verdad. Tu encima mio. Me encanta.

Katt: Jaja dirás la mujer encima.

Simón: Dije tu. Te quiero a ti. ¿Verdad o reto?  ¿Alguna vez has hecho una mamada?

Katt: Esta vez no caeré en tus retos. Verdad. No.  Sigo yo de preguntar. ¿A qué edad tuviste tu primera experiencia sexual?

Simón: Verdad. A los 13 años.

Katt: ¿Y como fue?

Simón: No hagas trampa Katt. Es solo una pregunta por vez.  Es mi turno. ¿Has masturbado a alguien más?

Katt: Verdad. Si. Es mi turno. ¿Cómo fue tu primera experiencia?

Simón: Verdad. Estaba muy nervioso. No fue algo que planeara, ella era tres años mayor y ya había estado con otros chicos. Comenzó acariciándome el pene y se puso duro rápido. Yo no sabía bien a bien pero me gustaba eso que estaba sintiendo, mientras ella me puso una de mis manos en su pecho al que acariciaba torpemente, después ella me pidió que me subiera encima de ella y así lo hice, ella misma me ayudo a  guiar por donde entrara, yo sentía muy rico, la metí un par de veces y me corrí encima demasiado pronto. Luego ella me lo comenzó a mamar hasta que se puso dura de vuelta y se subió encima de mí, se la metió sola y después de un rato dure un poco más y terminé. Es mi turno. ¿ Que pensaste hoy en la mañana cuando te levantaste, estabas exitada?

Katt: Elijo reto Simón. No creas que responderé a eso.

Simón: El reto es que te abras todos los botones de la camisa y te pongas betún del pastel en tus senos y en tu vientre.   Katt molesta pero resignada al fín estaba cayendo perfectamente en las trampas de Simón. Y tal como se lo pidió, se colocó el betún del pastel donde le dijo.

Katt: ¿Satisfecho? Créeme que espero con ansias cuando ponerte el reto. Ok mi pregunta es ¿Con quien fue tu primera vez?

Simón: Ok elijo reto.

Katt: mmm ¿tan misterioso es? Así como me has hecho llenarme de betún has lo mismo pero en tu entrepierna  y sin quitarte la ropa.

Simón hizo lo solicitado por Katt que estaba más que feliz de estarse vengando de él. De nueva cuenta era el turno del cheff para preguntar.

Simón: ¿Cuál fantasía sexual te gustaría hacer realidad?

Katt: Maldición Simón. Elijo reto, es demasiado personal para decírtela.

Simón: El reto es que me dejes limpiarte con la lengua el betún y limpies  tú el mío con la tuya.

Katt: ¿Qué? ¿Estás loco? No voy a hacer eso.

Simón: Entonces no tienes palabra Katt.

Katt: Esta bien, está bien, pero juró que me vengaré por esto. ¿Quién empieza?

Simón: Empezaré yo y después tu Katt.

Simón le pide a katt que se acueste boca arriba y  con ambas manos abre por completo la blusa de la pelirroja, colocándose en cunclillas encima de ella comienza a pasar la punta de su lengua desde el vientre  de Katt  hasta llegar al canalillo de sus senos y repite la misma operación ahora de arriba para abajo trazando una delgada línea, de vuelta sube y se posiciona en el seno derecho de la joven, el cual se dedica fervientemente  a chupar como si se tratara de un caramelo; lo succiona  hábilmente hasta que logra ponerlo  bien erecto, después repite el mismo procedimiento con el seno izquierdo, el cual saborea y succiona sensualmente,  ambos pezones parecen  ahora piedras gracias a la destreza de la lengua de  Simón, quien continua recorriendo  ambos senos,  lo que excita de sobremanera al cuerpo de  katt, quien  arquea su espalda gracias a las oleadas de placer que Simón le esta haciendo sentir, haciendo  que ésta se sienta cada vez mas mojada.gracias a las preguntas y estímulos de Simón, dejándose llevar al grado de desconocerse  a si misma, pasando a un estado de máxima excitación mismo que Simón aprovecha para decirle que  es su turno de limpiarle el pantalón. Katt comienza tímidamente a chupar por fuera de la tela el betún sintiendo como se va engrosando el pene de Simón, disimula pero Simón ya no puede contenerse y saca su pene erecto del pantalón, comenzando a masturbarse frenéticamente hasta que eyacula en la boca de katt, quien no sabe qué hacer y trata de limpiarse el semen de la boca con una servilleta. Eso está bien para Simón ya que nunca pensó que pudiera llegar tan lejos con Katt. Sin que Katt se lo espere, Simón introduce un dedo por debajo de su  falda,  rozando su vagina la cual se encuentra completamente húmeda a causa de la excitación.  La sorprendida joven  trata de quitar la mano de su novio sin éxito, Simón encuentra el botoncito de placer de su novia y comienza a masturbarla en círculos, Katt está al borde del orgasmo y cuando está a punto de gritar, Simón la silencia con un beso en la boca. Katt luce una cara relajada, satisfecha permanece con los ojos cerrados y con una sonrisa, pero pronto esa sonrisa se transforma  y comienza rápidamente  a vestirse, una vez más víctima de sus propias culpas al darse cuenta que se dejó llevar de más.

Simón: ¿Qué pasa Katt?

Katt: Lo volviste a hacer Simón, volviste a aprovecharte de mí.

Simón: Nunca lo haría Amor. Esto que está pasando es algo normal que sucede entre un hombre y una mujer que se atraen el uno al otro  ¿no lo ves?

Katt: Entiende Simón. Yo quiero hacer bien las cosas. Tu me gustas mucho, pero la verdad si estoy confundida ¿podemos irnos ya?

Simón: Nunca te obligare a algo que no quieras Katt, si algo lindo pasa entre nosotros será porque ambos lo quisimos así, ¿de acuerdo?

Katt asienta con la cabeza y Simón le da un tierno beso en la frente, tomándola entre sus brazos, de pronto se le ocurre una loca idea….

 

CONTINUARA….

 

Espero les haya gustado, espero sus comentarios y sugerencias.

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Mi maestra favorita

Pasaron varios días y estuvimos hablando por teléfono de manera erótica, echando a volar la imaginación, después de tantas insinuaciones decidimos vernos unos días después. Para romper un poco la tensión del momento le pregunte por teléfono que era lo que le gustaría hacer, me dijo que a ella le gustaría complacerme primero, me preguntó qué clase de fantasías me gustaría realizar.

Le dije mi fantasía ella aceptó complacerme, y me dijo que me esperaría en un departamento de una amiga unos días después para que nadie nos interrumpiera.

Ella es una amiga que hace algunos años conocí, recientemente se graduó de la universidad, de carácter muy amable, algo tímida y reservada, pero por las charlas que hemos tenido es muy curiosa también.

Es joven, alta y muy guapa, lo que mas me gusta de ella son sus piernas que están muy bien torneadas y un lindo rostro que se esconde tras sus anteojos, tiene el cabello negro, largo hasta la mitad de la espalda, un tanto rizado, su piel es blanca, un poco bronceada por el sol, pues gusta mucho de jugar básquet ball en una cancha cercana a su casa, no por nada tiene unas medidas de 93-68-98, para muchos no es una medida perfecta, pero yo creo que a los hombres no nos interesan los números, sino el contraste que forman en la silueta de una mujer y las múltiples miradas lujuriosas de los hombres que la ven al pasar lo confirma.

Pasaron lo días y esa tarde yo no podía pensar en nada más que realizar la fantasía, ya casi era hora de vernos, ella me llamo, dijo: “…me vestí muy sensual, llevo un vestido corto, negro, de una sola pieza,…” colgó de inmediato, eso aumento mi ansiedad.

Por fin llegue a aquel departamento ella ya me esperaba, vi el vestido que me había mencionado y la impresión fue enorme al verla.

La parte superior era tan ajustada que más se parecía a una segunda piel, se le marcaba la cinturita de avispa y realzaba sus senos, la parte inferior era corta, demasiado corta diría yo, se le apreciaban bien sus piernas y debajo del vestido tenia un conjunto negro de medias y liguero que se había comprado para la ocasión.

Me llevo hacia una oficina que estaba dentro del departamento que arreglo para la ocasión, en la puerta de la oficina había un letrero que decía “OFICINA DE LA DIRECTORA”, pasamos a adentro , por fin llegó la hora, la preparación de el lugar supero todas mis expectativas, realmente parecía que había regresado a mis años de estudiante y que había entrado a la dirección del colegio……Al entrar yo estaba tan caliente que no dije nada, la tomé y la besé, entre besos me dijo que era un niño malo y que tenia que castigarme y premiarme a la vez, me sonrió y se separo de mi, me pidió con voz impositiva que me sentara en la silla frente a su escritorio, me dijo que me castigaría por no hacer mi tarea, tomó unas vendas y me las coloco en los pies sujetándome a la silla de manera que solo podía mover las manos.

Quede sentado e inmovilizado, se aproximó al reproductor de discos compactos y coloco música sensual, empezó hacerme un baile erótico, a la ves que me decía con voz sensual
“…te voy a castigar por faltar a tus deberes”
-“pero ¿cuales deberes?”- contesté,
“calla!, yo soy la maestra y tu estas castigado”
dijo con fuerza,
“así que no voy a permitir que me toques”
Su tono de voz regreso a ser dulce y sensual:
“ pero como soy una maestra muy buena y tu eres mi alumno consentido te voy a ayudar a reemplazar tu tarea”
“quiero que me muestres un reporte con fotografías de que es lo que mas deseas y si te portas bien tal ves te regale algunos puntos extra…”,
ella tomo una cámara, me la entrego, subió al escritorio continuó, bailando sobre el escritorio y posando para que le tomara algunas imágenes, ella sabia lo mucho que me excitaban sus fotos, no desaproveche el momento y tomé tantas imágenes como me fue posible.

Las caricias en su cuerpo no se hicieron esperar, poco a poco ella fue tocándose lentamente desde el dorso de sus lindas piernas subiendo por su vientre siguiendo a la cintura y continuando hasta pasar las manos por los costados de los pechos, se agachaba de espaldas a mí, sin doblar las rodillas hasta tocar sus tobillos de esta forma lograba que se le levantara su corto vestido, mostrándome su cola y también mostrándome así su sexo cubierto por una pequeña tanga. Mientras bailaba se sacaba los pechos y las nalgas y posaba para mí a veces con mirada mu dulce a veces de forma perversa y después colocaba todo en su lugar para quedar como si fuera la maestra más escrupulosa con el uniforme perfectamente arreglado.

Yo suspiraba de placer de solo pensar lo que me esperaba, poco a poco la temperatura de la oficina parecía subir y los suspiros fueron aumentando y le pedía que me soltara…que quería tocarla. Pero ella no cedería tan pronto a mis súplicas, me decía que aunque yo era su alumno consentido me trataría muy estrictamente para que aprendiera bien la lección, que seria algo cruel pero era lo mejor para mi. Después se acerco a mi y bajo mi pantalón hasta los tobillos, retiró mi ropa interior, surgió mi pene, estaba parado, duro al máximo, se lo metió en la boca, me lo hacia deliciosamente!!!!!!!!!!! , y solo se lo sacaba para decirme lo rico que sentía
“..siento mis jugos deslizarse a través de mis piernas, mi sexo está mojadísimo”
Siguió comiéndome la verga con esmero, nuevamente retiró su boca:
“hay una nueva lección que voy a enseñarte hoy…”
Lamió largamente la verga desde la base hasta la punta, era una sensación deliciosa
“…quiero que aprendas como se debe chupar la concha tu maestra…”,
Estas palabras me calentaron mas, no podía esperar a que por fin me dejara disfrutar de su cuepo, pero ella siguió asiendo lo suyo, lanzó su cabello a un lado, para que yo pudiera ver como me ella comía mi verga y después me miró a los ojos y me chupó desde los huevos hasta la cabeza, después la sujetó con la mano. En ese momento yo le rogaba que me hiciera el amor.

Saco mi pene de su boca nuevamente y me dijo….
“¿Pero como crees que te voy a hacer el amor? si estas castigado”

Y me lo empezó a mamar desenfrenadamente hasta que grite…

-“Maestra voy a eyacular ahhhhhh…ohhhhhhhh”-

Lancé un chorro de semen que ella se trago con gusto y el resto escurrió por sus hermosos senos.

En eso se limpio y después acomodo otra vez el brasier y empezó a bailar de nuevo, y me dijo que si una de mis manos se atrevía a tocarla ella pararía de bailar y no me enseñaría la nueva lección, calme mis ansias, recobré la respiración, tomé la cámara y seguí tomando fotos, después de lo que me hizo era yo el niño mas obediente del mundo y ella mi maestra consentida.

Me dijo que ahora tenia una sorpresa especial para mi, yo no podía pensar que otra sorpresa me daría, estaba cumpliendo ya una de mis fantasías, hacerlo con una maestra y ya me había prometido dejar que le comiera la concha, dos de mis fantasías mas anheladas, estaba ansioso por saber de que se trataba.

Pronto lo sabría, su lección especial estaba por empezar; se sentó en el escritorio, subió sus pies en mis piernas, las separo y dijo:
“… has sido un niño muy obediente y te voy a enseñar una clase única”
Saliéndose un poco de su papel de maestra dijo:
“es algo que no me atrevería a hacer con nadie mas”
“es algo que solo tu me provocas”
“te voy a consentir cumpliéndote una mas de tus fantasías”
“ es algo que es muy depravado para mi, pero…”
“….es también algo que a mi me gustaría mucho experimentar…”
“…¿sabes? Después de todas esas largas charlas por teléfono, me dejas muy excitada…”
Se notaba que decir esto le costaba trabajo, estaba apenada por la situación, sus mejillas sonrojadas y su voz tímida un tanto temblorosa también me revelaban que esto era uno de sus deseos mas ocultos.
“… y en alguna ocasión te he mencionado que tomo una larga ducha y empiezo a pensar en todo lo que me dices”
“entonces… me toco en casa mientras me baño pensando en ti”
“y todo eso me calienta mucho, pero la única forma colmo logro el orgasmo es imaginado que alguien me mira mientras me toco”

Esas últimas palabras me impactaron, ella suele ser una persona muy reservada, pero ahora podía ver que era tan perversa como yo. Regresó a su papel de maestra, su expresión cambió dramáticamente, se borro todo rastro de pena y pudor, ahora volvía a tener esa cara autoritaria, dominante, sensual y llena de deseo:

“Ahora voy a enseñarte educación sexual a mi alumno consentido, primero quiero mostrarte como llega una mujer al orgasmo”

Seguía ella sentada en el escritorio, sus pies sobre los descansa brazos de mi silla, los tacones altos de sus zapatos la hacían tener las piernas mas elevadas, podía ver claramente toda su concha cubierta por la tanga negra que se hundía entre sus nalgas ala altura de su delicioso ano, levanto el vestido y abrió bien las piernas, movió a un lado su tanga, sus dedos fueron lentamente sobre sus hermosos muslos, rosando las medias, después la piel de sus piernas, llegó hasta su vientre, siempre con la mirada fija en mi rostro, el sentir que alguien la veía hacer esto era lo que mas la excitaba, con suavidad rozó el poco vello que quedaba en su pubis después de haberlo delineado para la ocasión.

Dulcemente uso dos de sus dedos para recorrer el largo de su concha, sobando los labios vaginales, sus dedos iban de adelante hacia atrás en cálidas caricias, se acariciaba los pechos con la otra mano, no me di cuenta en que momento los había sacado del sostén, estaba mas concentrado en lo que sucedía abajo, su clítoris brotaba de entre los pliegues, estaba respondiendo bien a las caricias, estas se hacían cada ves mas intensas, los dedos se incrustaba un poco mas en su intimidad, un liquido claro salía de ella desde hacia ya un buen rato, la lubricación permitía mejorar la sensación, su otra mano abandonó los pechos y la usó para separar los pliegues de su concha, ahora me daba una imagen clara de su sexo, seguí tomando fotografías de todo el evento, uno de sus dedos se hundió completamente en su intimidad se imaginaba estar penetrada por mi verga, se preparaba para dar cabida a un segundo dedo, usaba ambos con habilidad, frotaba el interior de su vagina con las yemas mientras que con la base frotaba su clítoris, su mano regreso a sus pechos, los pezones firmes estaban esperando, su mirada clavada e mi, su rostro sonrojado, moridla sus labios ante las acometidas que ella misma se aplicaba, el aroma de su sexo inundó la oficina, para mi era un estimulante aroma que hacia mucho quería probar, sus caricias habían ya dejado de ser piadosas, se frotaba con intensidad, so rostro era de completo placer, no dejaba de mirarme y excitarse mas con mi reacción, una de mis manos masturba mi verga frenéticamente mientras que la otra sostenía la cámara, sus ojos se cerraron con fuerza, soltó una pequeña lagrima y los abrió nuevamente, su mirada se clavo en mi, después…tuvo un gemido delicioso……. tremendo, estaba llegando al máximo clímax.

Estaba muy excitada y yo estaba más excitado que ella, fácilmente me vendría, esas eran unas de mis más grandes fantasías y ella las cumplía todas solo para mí. Bajó rápidamente del escritorio, con desesperación se sentó sobre mí y me comenzó a besar todo el cuerpo podía sentir que seguía aún excitada por el orgasmo que ella misma logró masturbándose.

Mi pene estaba en su máximo tamaño, no podía resistirme, toda la noche estaba deseando tener, en ese hermoso cuerpo.

Ella tenía la vagina mojada, al borde de otro orgasmo me comenzó a acariciar tocándome por todas partes, había hecho que fluyera mucho líquido de su vagina.

Abrió bien las piernas, movió su tanga a un lado pero sin quitársela y comenzó a meterse mi pene poco a poco imaginando que en verdad estaba en su oficina de la escuela, era delicioso…

Ella decía:
“si…siiii….métemelo, que rico papi que verga pareces un burro….ohhhhh sigue metiéndolo hasta el fondo uhhhh” gritaba ella, se saco el vestido por arriba quedando solo con su liguero brasier y su tanga.

Acabe metiéndole la verga en su totalidad, llegando hasta el fondo, nunca había tenido nada tan delicioso sobre mí. Comencé a moverlo, sacándolo y metiéndolo de forma frenética aumentaba mi ritmo, ella gritaba al apretarle los pechos y pellizcarle los pezones.

Ella gemía y gritaba:
“si dame cadera, me estas destrozando la cosita…..que rico ahhhhhh…..como duele……no pares ohhhhhh”

No podía soportar tanto placer que ella me daba con el movimiento de sus caderas, pero se mezclaba con sus orgasmos increíbles que la dejaban sin fuerza en las piernas. El pene quería salirse del roce interior con su vagina, pero yo lo impedía y lo incrustaba mas en su vagina, lo movía hacia adentro, haciendo círculos así disminuía el placer en un sitio pero aumentaba en otro. Ella estaba totalmente excitada…y gritaba

“dame mas mi alumno…obedece a tu maestra ….ahhhhh…uhhhhh..Me vengo…….”

Para esas alturas yo chorreaba liquido seminal, y ella también escurría de placer, me mojo totalmente, se quedo ensartada gozando la verga y sintiendo como salía semen a borbotones, espero a que terminara de vaciarme.

Me desato las vendas que me tenían fijo en la silla y fuimos a la cama…..ohhhhhh….que rico, me pasaba electricidad por el cuerpo….

La ayude a legar a la cama, la tome por la cintura y metí mi pene que se habia puesto erecto nuevamente aun después del orgasmo que me había dado.

Después lo saque y ella levanto las caderas dejándome la libertad de maniobrar entre sus nalguitas y la rajita que ya para estos momentos estaba bien dilatada y grande muy mojada y entre gemidos me decía que se lo metiera, logre que entrara mi pene en su cosita rica, yo la besaba la parte de el cuello
-“ …uh maestra rica como entra…uhhh”-

Al mismo tiempo tomaba su cintura y le ayudaba en las penetraciones que le daba, eso hacia que se retorciera y me suplicara que no la soltara, pero yo le dije que solo era el principio.

Le dije que como mi maestra tenia que enseñarme como amarla, y así ella dirigía mis movimientos, me pedía cariarías en su cuerpo en su pechos y caderas, me pedía que la besara la mordiera, y le diera eso que ella estaba disfrutando tanto, me decía todo lo que ella imaginaba cuando se tocaba en el baño y yo la complacía haciendo lo que ella quería y deseaba, así estuvimos mucho tiempo, estaba totalmente excitado con ella y no podía mas, ella era un deleite en la cama, era increíblemente rico hacerle el amor, no tenia inhibiciones, era como un sueño de sexo entre los dos.

En ese momento ya no aguanto mas y comenzó a tener un orgasmo enorme, yo seguía moviéndome….era delicioso, comenzamos un mete y saca desenfrenado bestial y me empezó a gritar…..
“ Sigue así hermoso, mi alumno favorito, sigue, gánate los puntos extra, has feliz a tu maestra para que te de tus puntos extra”

Arremetí más fuerte mis caderas y apreté más fuerte su cuerpo y la llene con mi pene.

De repente se aparto y salto sobre mi con los pechos de fuera, sin tanga y solo usando el liguero, se monto sobre mi y comenzó a moverse sensualmente, mientras me preguntaba si ya seria un niño bueno y si cumpliría siempre con mis tareas, yo solo podía aceptar lo que mi maestra quisiera enseñarme y lo que ella impusiera para mi.

– si….siii…. prometo aceptarlo todo ahhhhh….preciosa linda…te lo prometo ohhhhhhhhh.

La tome por todo el cuerpo y ella movía mas sus caderas, desenfrenadamente me tenia al borde de el orgasmo, y ella estaba tan excitada como yo, se movía muy salvajemente y llegamos a aun orgasmo simultaneo, solté todo el semen que quedaba en mi cuerpo, todo dentro de ella y sus jugos me mojaron todo y creo que escurría hasta mojar las sabanas. Era hermoso lo que sucedía ahí.

Después descansamos un poco, arregló su liguero y posó para mí, para que yo pudiera tomarle algunas fotos de ese momento tan especial y tener un recuerdo de esa maravillosa clase de sexo con mi maestra favorita. Yo le pregunte cual seria su fantasía mas especial, que ahora era momento de que yo se la cumpliera, ella sonrió mirándome a los ojos y me dije que su fantasía mas grande es lograr un orgasmo mientras le hacia sexo oral…
…ahora era momento de aprender a comer bien una concha, justo como ella me lo prometió, era una lección que yo debía aprender bien y así lo hice, siempre bajo las instrucciones y la tutela de mi maestra favorita.
P.D. La experiencia fue muy buena por si sola y mas aun por que ella es maestra de verdad en un colegio que no voy a mencionar.

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EL CHICO QUE ME ATRAJO

Me disponía a chatear un rato pero… no tengo línea en Internet, que tal si aprovecho el tiempo relatando alguna experiencia vivida, hay muchas, pero una que me sucedió hace poco ronda todavía en mi pensamiento.

Perdón, aún no me he presentado, me llamo… eso que importa, tengo 22 años. Una mañana salí del trabajo y tenía la tarde libre. No tenía planes, ni prisa por llegar a casa, por lo que me dispuse a dar un paseo por la ciudad, tras dar un par de vueltas, y visitar algunas tiendas, caminaba por una céntrica calle cuando me empecé a fijar en un chico que caminaba delate de mí.

Me llamó sobre todo la atención la forma de caminar y el ligero arqueo que hacían sus piernas, siempre me han llamado la atención los hombres con los pies un poco arqueados, parece que nos les cabe lo que llevan entre las piernas y no los pueden juntar. Tras seguirle un rato sentía curiosidad por verle de frente y aligeré mi paso para pasarle, ¡joder¡ si no es porque se para frente al escaparate de una tienda de deportes no lo consigo nunca, más que caminar parecería volar, le sobrepasé y esperé un poco más arriba frente a otro escaparate, esperando su paso. No me equivoqué, su vista de frente superaba a la trasera, pasó delate de mí y parecía muy distraído, ni se percató de mi presencia, seguí tras él y unos metros más arriba se metió en una cafetería, no estaba mal tomar un café, me hacía falta.

Él se sentó en la barra y pidió una caña, yo en una mesa a dos metros de él, me senté de forma que me quedara enfrente, pedí un café y lo tomé con calma disfrutando de las vistas, le observaba detalladamente, desde su ropa hasta las partes de su cuerpo que quedaban al descubierto, tenía unos brazos fuertes llenos de venas dilatadas por el calor, su corte de pelo era perfecto, reciente diría yo. Pocas veces me había pasado, pero solo de mirarle estaba excitadísima, instintivamente mis muslos se movían y apretaban, se rozaba el uno al otro y me daba algo de placer, pero algo me jodía, y era que todavía no se había percatado de mi presencia, tenía que hacer algo para que se fijase en mí, pero a la vez no quería llamar mucho su atención, no quería que me tomara por una chica fácil. Me levanté para ir al baño con la intención de pasar a su lado, y justo cuando lo hacía con un movimiento disimulado y que pareciera accidental hice que mi bolso tropezase su trasero, se giró y me miró a los ojos, ¡perdón! le dije, y me guiñó un ojo ¡tranquila! respondió.

Seguí mi paso hacia el pasillo que conducía a los aseos, y justo antes de entrar en él giré mi cabeza y vi como me miraba sin perder detalle. No lo creerán, pero me ruboricé un poco, sentí como un fuego en mi cara y el corazón me latía a mil. Entré en el aseo y simplemente me miré al espejo, me veía guapa, toqué mis pechos dibujaba su forma con mis manos hasta llegar a mis caderas, me estaba excitando más aún, saqué de mi bolso mi frasquito de perfume y me eché un poco. Pero no podía tardar mucho, él podría marcharse. Salí y justo cuando iba por el pasillo le vi venir de frente, uff casi me da algo no sabía como reaccionar, el pasillo era algo estrecho y mi intención era de que salía ya, nos quedamos los dos parados, cada uno en un extremo esperando que el otro pasara primero, tras unos segundos me hizo un gesto con la mano para que pasase yo primero, le respondí con el mismo gesto, pero ninguno se movía, me decidí yo aunque no quería.

Pase y me dijo ¡hasta luego! a la vez que pude ver como respiraba profundamente, creo que con su inspiración arrancó todo el perfume de mi cuerpo, le miré y sonreí. Algo me decía: “da la vuelta, entra otra vez”, y sin pensarlo más, hice como si se me hubiera olvidado algo y volví a entrar. Los aseos estaban justo uno frente al otro, y él, (supongo que no esperaba que entrase nadie) había dejado la puerta

abierta, entré al mío no sin darme tiempo de ver como estaba meando en un urinario muy separado de este y concentrado en donde apuntaba su chorro. Cuando sintió mi presencia, se sorprendió un poco y dio un ligero paso al frente para taparse, mientras me clavó su mirada con cara de sorpresa y de algo de vergüenza diría yo, volví al espejo y tampoco cerré la puerta del todo, la dejé entreabierta de forma que le podía ver a medias, disimuladamente miraba a mi derecha para observarle, él seguía allí, de pie con su aparato en la mano mientras yo tocaba mi cuerpo de forma disimulada y a la vez provocadora.

Sentía como perdía mi fuerza, las rodillas me temblaban como nunca, y mis manos estaban mojadas, ya habían pasado un largo rato y él seguía meando, imposible que lo hiciera no creo que una meada pueda ser tan larga. Por un segundo me rondó la cabeza el dejarlo todo y salir de allí a toda prisa, me estaba dando miedo la situación. Al fin y al cabo no le conocía de nada y quien sabe si era una persona peligrosa o era un chico sano. Di un giro como para disponerme a salir del aseo y le vi de frente, le miré justo a la cara y vi como él desviaba mi mirada, ese gesto me hizo suponer que se trataba de un chico tímido que al igual que yo solo quería un poco de emoción, ante esto di un paso atrás y volví ante el espejo, esta vez la puerta se había quedado más abierta y nos podíamos ver con total claridad. Supongo que él interpretaría mi intención pues se apartó un poco del urinario dejando a mi vista su polla que por cierto, había alcanzado un tamaño considerable, mientras con su mano y muy despacio hacía el movimiento de masturbación, tan despacio que podía ver como ésta le temblaba.

No te puedes imaginar el número de sensaciones que tal situación producían en mi cuerpo, morbo, curiosidad, miedo, todo en un mismo momento. Pocas veces me había sentido tan excitada, tanto que sentía mis bragas mojadas como nunca. Pero… ¿qué iba a suceder? ¿Que vendría detrás aquello?, ¿nos decidiríamos a juntar nuestros cuerpos? Mil ideas rondaban mi cabeza mientras pasaba el tiempo y ninguno se decidía a dar un paso, a subir otro nivel. En todo esto vi como se guardo su polla y salió deprisa. ¡Plaff! ¿Que pasó?, por un momento pensé que su timidez le pudo, pero al segundo vi que no, él volvía por el pasillo, imaginé que saldría a controlar si había peligro fuera. Me guiñó un ojo y con un gesto de cabeza me dio a entender que no había peligro. Por un momento pensé que entraría en mi aseo, pero no fue así, volvió al suyo y tomó la misma posición que en el momento anterior, volvió a sacar su polla y empezó a masturbarse esta vez con más rapidez que antes.

Yo no quitaba los ojos de su polla, metió su mano y sacó también sus huevos quedando todos sus atributos a mi vista. Yo me había quedado un poco confusa, sin saber que paso dar ni como reaccionar, no parecía querer un contacto físico simplemente una situación morbosa y diferente y así fue. Con esta idea me tranquilicé un poco más y tomé un poco de confianza en el momento, asomé un poco la cabeza al pasillo y al comprobar que no había ningún tipo de movimiento, decidí entrar en acción. Levanté ligeramente mi falda y metí mi mano dentro de mis braguitas, él cerró sus ojos y se mordía el labio con tanta fuerza que casi se lo parte, sin dejar de mover su mano. Yo hacía lo mismo, los dos nos masturbábamos mirándonos el uno al otro. Casi no podía rozar mi clítoris, cada vez que mi dedo lo rozaba, se me aflojaban las rodillas hasta el punto en que tuve que apoyarme a la pared para no caer.

Se giró hacia mí, echó su cuerpo hacia delante y empezó a brotar de su polla tal cantidad de leche que parecía no tener fin, mientras se retorcía y no podía evitar soltar algún gemido de placer. Ante tal situación no lo pude evitar, me corrí en ese mismo instante. Al igual que él me retorcía y mordía mi lengua para evitar gritar. Parece que hay momentos en que los humanos perdemos la cabeza ante una situación, y justo en el momento de terminar, recobramos la conciencia, creo que eso me pasó en aquel momento, pues justo después de terminar, el miedo, la vergüenza y todos los sentimientos que h

abían desaparecido por un momento volvieron a mi cuerpo, lo que provocó que con un movimiento casi instintivo cerrara la puerta y tratara de proteger mi intimidad. Estaba inmóvil ante el espejo, simplemente me miraba, tratando de hacer un recorrido por todo lo sucedido, quizá analizaba la experiencia o simplemente, la estaba guardando en mi disco duro.

No sé el tiempo que llevábamos allí dentro, pensé que sería el momento de salir y… ¡joder! ¡Cuanto me costaba! Tenía miedo a lo que pudiera haber fuera, si él me esperaba, si los empleados se habían dado cuenta de la movida… En fin un montón de cosas pasaban por mi cabeza, pero cuanto más tardara en decidirme peor sería. Abrí un poco la puerta y pude ver que ya no había nadie, ya había salido pero… ¿estaría esperándome afuera? Se me fue la vista hacia el suelo para contemplar con calma el charco tan grande que había dejado de recuerdo, saqué un pañuelo del bolso, lo mojé en su leche y lo guardé, quería llevarme un recuerdo de aquel momento.

Salí con rapidez del local, no miré a nada ni a nadie, fue uno de estos momentos en blanco en los que no puedes numerar ni el más mínimo detalle de lo que había en aquel lugar, ni siquiera puedo decir si mi cómplice estaba sentado en su lugar, es más creo que hasta me fui sin pagar. Imagino que si él seguía allí por lo menos me habría invitado el café. Calle arriba caminaba sin rumbo, intentaba recordar donde había estacionado mi coche, quería desaparecer, sin mirar un segundo atrás llegué hasta él, me subí y salí como una loca. Llegué a casa y me encerré en mi habitación, saqué el pañuelo y lo puse a un lado de mi escritorio, cogí mi diario y empecé a escribir cada detalle, cada sensación. Al terminar guardé el pañuelo dentro y lo cerré.

Autor: cris_garper

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SATISFECHA con letras mayúsculas

Estaba tan caliente y en medio de las clases. No sabia que hacer, necesitaba apagar mi urgencia de inmediato y como no había nadie decidí hacerlo yo misma. Así que me dirigí a los baños, no lo cerré, la excitación de pensar que alguien pudiera descubrirme me hizo mojarme, así que me metí a uno de los cubículos y empecé a masturbarme.

Meto mi mano dentro de mis bragas y empiezo a juguetear con mis labios mayores. Después, cuando estoy mojadita, saco mi mano, la llevo hasta mi boca y empiezo a chupar mi dedo como si se tratara de una verga enorme que se mete en el interior de mi boca y no quiere salir.

Dentro y fuera, siempre, creciendo jugosa en mi interior, abarcando mi boca, mi garganta entera. Por un momento me ahoga pero soy golosa y quiero más. Así que meto un segundo dedo y finjo que es la verga quien acaba de crecer un poco más para mí.

Chupo y chupo y chupo y cuando siento que están ya mojaditos, los regreso dentro de mi cosita, mis dedos entran con facilidad.

Juegan con mi botoncito para después deslizarse con facilidad hacia mi interior.

– Ahhhh.

Lanzo un gemido de placer. Al fin tengo algo dentro, algo que se mueve en círculos, arriba y abajo y que necesitaba con urgencia.

Escucho gente, así que me apresuro. Mi otra mano, la cual ha encontrado mis senos enormes y los acaricia de arriba abajo, apretando mis pezones, fuerte, duro, haciéndolos casi sangrar de la presión. Aprieto otro poquito mientras mi otra mano me penetra más y más y más y más.

Estoy toda mojada, no aguanto más la presión, por eso la mano que está en mis senos se dirige a mi boca, empiezo a chupar nuevamente mis deditos. 1, 2, 3…y cuando están lo suficientemente mojaditos y listos, los introduzco despacio por mi anito, quien los espera gustoso.

Ahhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Siiiiiiiiiiiiii
Siiiiiiiiiiii
Siiiiiiiiiiii

Otro poco, otro poquito…..eso es, eso es, ahiiiiiiiii, ahiiiiiiiiii, ahiiiiiiiiiiiiiiiiii ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiii, muévete, muévete, ábrete cielo, ábrete para mi, asíiiiiiiiiii, asiiiiiiiiiii

Los dedos de mi conchita se introducen más. Quiero toda la mano dentro, toda.

Mi lengua alcanza mis senos, los cuales empiezo a lamer con excitación, mientras mis dedos se abren paso por mi apretadito ano.

Ahhhhhhhh
Ahhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Ah ah ah ah ah
Ohhh, siiiiiiiiiii
Cuando ya lo tengo bien abierto empiezo a darme duro ahhh ahhh, siiiiiii, siiiiiiii, siiiiiiiii, ohhhh ohhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhh
Mis manos se mueven con rapidez.
Ohhhh, Necesito una verga dentro de mi boca, ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, la quiero, la quiero, ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh
Así que imagino que tengo una, que me invade toda, ahhhhhhhh, ahhhhhhhhh, mientras dos más me cojen sin compasión por mis dos agujeritos.
Ahhhh
Ahhh
Ahhhh
Pudo escuchar el sonido de las bolas chocando en mi carne
Plaz
Plaz
Plaz
Plaz
Una y otra y otra y otra vez
El ruido de la gente me parece tan lejano y cercano a la vez que eso me excita más.
Por eso aumento la velocidad, mientras la verga en mi boca entra una y otra y otra vez.
Mi lenguita en círculos por ella, ahhh, ahhhh, más, más, mas, mas, mas, mas, masssssssssssssssssssssssss
Doy sentonazos en mis dedos. Estoy abierta, super abierta, así que abro mis piernas todo lo que puedo y como la puerta del cubículo del baño esta abierta, puedo verme en el enorme espejo frente a mi.
Mi conchita sacando jugos, mis dedos mojaditos salen a inspeccionar y puedo verlos cubiertos de mi.
Los llevo a mi boca y los chupo, la imagen me excita por lo que vuelvo a introducirlos y a tomar mas juguitos.
Mmm
Mmm
Mmmm
Ricossssssss
Ahhh
Siiiii
Siiii
Siiiiiii
Chupo como si estuviera con una paleta
Me encanta como sabe
Ahhh
Ahhh
Vuelvo a meterlos y en forma de tijera abro y cierro
Me veo
Me gusta
Me excita ver como mi otra mano aun sigue en mi ano, rompiendo, entrando y saliendo.
Me excita como tomo mis juguitos y los introduzco en mi hoyito.
Ahhh
Ahhh
Ahhhh
Siiiiiiii
Siiiiiiii
Sigo lamiendo mis senos duritos. Muerdo un pezón y lo aprieto hasta casi hacerlo sangrar,
Ahhhhhhhhh
Hayyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Muerdo el otro
Hayyyyyyyyy
Siiiiiiii
Hayyyyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Siiiiiiiiiii
Ahh ahhh ahhh
Siiiiiiiiiii
Me vuelvo a coger yo sola mientras el espejo me regresa la imagen.
Me veo, tan sexy, tan caliente, tan cojida por tres preciosas vergas que me dan todo.
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Más
Mass
Mass
Soy su puta
Su zorra
Su todo
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Ahhhhhhhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhh
Ah
Ah
Ah
Ah
Ah
No aguanto más y me corro
Ohhhhhhh siiiiiiiiiii
Siiiiiiii
Siiiiiiii
Ahhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhh
Cuando mi orgasmo acaba, puedo introducir mi puño entero en mi conchita y ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh, ohhhhhh, solo me basta morderme mi pezoncito rojo para volver a correrme
Ahhhhhhh
Ahhhhhhh
Bombeo mas
Mas
Mas
Los sonidos de mis juguitos me excitan
Ahhhhhhh
Ahhhhhh
Otro orgasmo
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Slup
Slup
Slup
Slup
Slup
Dentrodentrodentrodentro
Slup
Slup
Slup
Muerdo mi otro pezón
Ahhhhhhh
Mas
Mas
Muérdeme
Cogeme mas
Ahhhh
Ahhh
Ahhh
Puedo ver mis juguitos saliendo, me saludan, ahhh, siii siiiiiii siiiiiiiiiiiii bebes, vengan con mami
Ahhhhhh
Ahhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Mi ultimo orgasmo es grande, ohhh si, si si si
Quedo exhausta sobre la taza del baño pero la mirada de zorra que el reflejo me devuelve dice SATISFECHA con letras mayúsculas.

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Mi primera vez no pudo ser

Bueno, he de comenzar diciendo que soy un chico normal, soy de México. Mido 1.66 metros, peso 69 kilos, color moreno, ojos cafés.

Desde hace algún tiempo soy aficionado a leer Relatos Eróticos, me gusta fantasear con las situaciones que ahí se presentan, es excitante poder leerlos y pensar que uno está ahí.

También tengo que confesar que poco a poco empecé a leer de todos los Relatos, Hetero, Bisexuales, Lésbicos y hasta Gay. También empecé a ver Pornografía, ya saben poco a poco me fui envolviendo en cada Relato y en cada Video.

Fue en este punto donde comencé a Fantasear demasiado con que se sentiría estar con otro chico, pensaba e imaginaba que era yo el de los relatos Bisexuales y Gay, empecé a pensar que yo estaba en los videos, era muy excitante. Poco a poco me fui creando la imagen de estar con un chico.

Mi miedo, al pensar esto provoco que no leyera más acerca de esto, pero no paso mucho tiempo cuando ya otra vez estaba metido en estos temas.

Al leer historias sobre el Metro de la Ciudad de México, fui en busca de obtener eso y nada sucedió, no pasaba nada de lo que leía, me subía en los vagones más llenos para ver si algo pasaba y nada pasaba.

También fui a uno que otro Cine Porno del D.F, pero era más mi miedo que no lograba entrar a ellos.

Comencé a chatear con chicos, pero ellos afuera quieren cogerte luego luego o que los cojas y eso era frustrante, yo no quería eso luego luego, así que me conforme con solo chatear y ver por Cam, pero yo quería más, pero por miedo nunca he hecho nada.

Así he pasado el tiempo sin animarme a nada más que esto.

Poco a poco he olvidado este asunto, reprimiendo mis ganas de ver que se siente estar con un chico.

Así paso el tiempo, y solo leo Relatos y veo Porno.

Pero este domingo que paso, algo estuvo a punto de ocurrir, o bueno al menos en mi imaginación y deseo.

Fui a nadar a Oaxtepec Morelos, estábamos nadando con la familia, y me dieron ganas de ir al baño, me salí de la alberca y me dirigí a los baños, al entrar vi como un joven se me quedo mirando, no le di importancia y camine hacia a dentro, ya adentro vi a otro chico que me miro muy sugerente y me dio miedo, pero a la vez mucha tentación y curiosidad. Entre rápido al baño, y me Salí, pero al salir vi que decía regaderas y rápido me fui otra vez a la alberca.

Ya estaba nuevamente nadando, pero tenía esa espinita, me empecé a llenar de mariposas en el estomago, sentía curiosidad, excitación por poder ir nuevamente.

Me anime, me Salí de la alberca y me dirigí nuevamente a los baños, una vez a dentro empecé a buscar cómo eran las regaderas, entre fui hasta el fondo y las vi, pero mi sorpresa fue que no tenían puertas ni cortinas, solo unas pequeñas divisiones a los lados, pero se podía ver al lado y enfrente también había más, eso me éxito demasiado, porque sabia que no podía pasar más de lo que yo quisiera ni me podrían obligar a nada que yo no quisiera.

Había poca gente, unos 3 o cuatro, pero en las regaderas de al principio, seguí caminado hasta llegar a las del final que estaban vacías, me llene de nervios y a la vez de excitación, no llevaba toalla ni nada para bañarme ni cambiarme, pero dije que importa es ahora o nunca.

Me quite la ropa, me deje el bóxer, pero me moría de ganas por quitarme todo y que me vieran, entonces me anime y así lo hice.

No había nadie cerca ni enfrente, eso me dio un poco de más tranquilidad, pero en un rato llego un chavo enfrente, se quito todo como si nada y por primera vez en vivo vi una verga que no fuera la mía, la tenia enorme, me excité mas pero no podía dejar que viera que lo vi y que me excité.

Prendí el agua caliente, me puse debajo del agua y ahí empecé a excitarme demasiado, me movía lentamente, me tocaba el culo, me lo lavaba, lo acariciaba.

De rente de reojo vi que el chico de enfrente me miro, yo estaba a mil, sentía que explotaba, tenía ganas de que él se pasara donde yo estaba y que pasara lo que tenía que pasar.

Yo seguía mostrándole el culo, lo paraba, lo tocaba, me sentía súper imaginando que él me tocaba y me daba su verga, quería agarrarla, sentirla.

De repente él se fue, y quede con las ganas, ya me iba a salir, cuando de repente un chavo se puso a lado mío, se quito todo y tenía una verga enorme, mas enorme que la anterior, casi se me cae la baba, dije wow, otra vez comencé el juego de tocarme, lavarme y acariciar mi culo, lo paraba imaginando que él lo veía, era emocionante, excitante, pensé que ahora si pasaría algo, pero nada paso.

Al menos paso en mi imaginacion, y es lo mas excitante que he hecho, desnudarme frete a otros chicos y que me vean.

Es todo, espero poder escribir nuevamente, con alguna otra historia, porque buscare tener algo excitante nuevamente con algún chico.

Saludos

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Mi primer orgasmo

Tengo 29 años y creo que es tiempo de contar mis historias, aunque nadie sepa quien soy, al menos seran leidas.
Soy un hombre bisexual varonil. He vivido toda mi vida en el Estado de México y estudié aquí mismo toda mi preparación academica.
Mis padres siempre se entregaron por completo a sus trabajos por lo cuál les costaba trabajo algunas veces ir por mi al terminar las clases y terminaba yo esperadolos un par de horas.
Recuerdo que en una ocasión llevaba alrededor de 1 hora esperando que llegaran por mi y el intendente al verme aún ahí me invitó a pasar por agua pues estaba en pleno sol.
Él tenía un cuarto cerca del porton de entrada así que no estaba lejos, cerró el porton y dejó una nota pegada indicando que yo estaba adentro. Pasamos y él estaba viendo la televisión y estaba por comer, pero me esuchó cantando y salió a ver.
Su cuarto era pequeño, tenía su cama y un sillon, me invitó a sentar y me dijo que si queria comer, yo le dije que no, el aprovechó y se puso a comer, me dijo que podía ver lo que quisiera en la television y puse mi programa favorito.
El terminó de comer pronto y se sentó detrás de mi, en la cama, yo estaba en la orilla y me dijo que me acercara, si no, me caería, yo estaba entretenido asi que solo le hice caso y me junte con él. Mientras sucedia el programa él me preguntaba mi nombre, mi edad y cosas así, hasta que de pronto me preguntó si no tenía calor, le dije que sí, él se quitó la camisa que llevaba y se quitó los zapatos quedando solo en pantalon y se recostó en la cama con las piernas abiertas. Yo me quité el chaleco del uniforme y tambien los zapatos y me volví a sentar frente a él. Me dijo que no lo dejaba ver, que me recostara sobre él, obedecí y me recosté en su muslo. Pasaron unos minutos y se incorporó, acomodó mi cabeza sobre su sexo, para aquel entonces yo estaba solo disfrutando del programa mientras él me acariciaba el cabello y yo estaba muy a gusto.
Pasó como media hora y me dijo que tenia más calor, que me quitara porque se iba a quitar el pantalón, me preguntó si me molestaba y le dije que no, pues yo acostumbraba a ver señores desnudos en las regaderas del club deportivo al que iba con mi familia.
Se quitó el pantalón y los calzones, lo cual me sorprendió pues pensé que solo se quitaría el pantalón. Al ver mi cara de sorpresa me preguntó que si nunca había visto a un hombre desnudo y le contesté que sí. Me dijo que sabia que hacía calor, que no me preocupara, que me podía quitar la ropa sin que él se molestara, pero le dije que no.
Se volvió a recostar y en unos comerciales de la televisión me percaté que se movía la cama y volteé a verlo, se estaba acariciando el pene que ya tenía erecto, nunca había visto uno erecto más que el mio y éste se veía enorme.
-¿A poco nunca se te ha puesto así?
-Sí
-¿Entonces?
-Esta muy grande.
-Pero es igual, mira, sácate la tuya y verás.
Estaba lleno de morbo y obedecí, me quité los pantalones y calzones. Tenía yo una tremenda erección.
-¿Ya ves? es igual, solo que la mia ya es de viejo, pero mira, tocatela y toca la mia para que veas como son iguales.
Obedecí y tenía en una mano mi pene y en la otra el de él.
-¿Cómo ves? se ponen bien duras ¿no?
-Sí
Yo estaba como hipnotizado.
-Mira, te voy a enseñar algo que te va a gustar, sientate acá a un lado.
Me senté con él y tomó mi pene con su mano experta. Me acarició un poco y luego me masturbó rápidamente y se detuvo.
-¿Qué tal? se siente rico ¿verdad?
-¡Sí, bien rico!
-A ver ahora hazme sentir rico
Como buen camarada, tomé su pene con mi mano y lo acaricié mientras él me indicaba cómo le gustaba, despacio, luego rápido. Me pidió que le tocara los huevos, luego con una mano le acaricié los huevos y con la otra lo masturbaba. Yo estaba lleno de gusto y morbo aprendiendo algo nuevo en la vida.
-Para sentir más rico, hazlo igual pero con la boca, como si fuera una paleta, pero sin los dientes.
Yo sin asco y todo inosente lo hice, chupé su verga así de parada como estaba.
-Ah sí mijo, se siente bien rico, no te pares, así, en la cabezita, ahora acaricia mis huevos con tu lengua y agita mi pito con la mano.
Yo estaba interesado en eso pues el morbo era demasiado.
-¡Esperate, esperate!
Me detuve en seco y pensé que algo malo había hecho y me dijo
-Mira, esto te va a gustar más, acuestate y abre la boca.
Me recosté boca arriba y se puso sobre mi, se masturbó mientras lo veía gozar y no le veía el chiste, no me disgustaba pero no le encontraba lo que me iba a gustar más, hasta que me dijo, abre bien la boca y saca la lengua.
Abrí la boca, saqué la lengua y acercó la punta de su pene mientras comencé a sentir chorros calientes en mi boca.
-Trágatelos, tragatelos y verás que rico.
Me llenó la boca de semen y al primer contacto con mi lengua me llenó un sabor realmente desconocido, raro y espeso, pero me lo tragué pensando en que dijo que me gustaría. Al final no me desagradó, pero no sentí rico como él había dicho.
Se recostó a mi lado y respiraba profundo, cansado, yo no entendía porqué.
-Ay pinche chamaco, me hiciste venir bien rico.
Pasaron un par de minutos y vi como su pene regresó a su flacides.
-¿Quieres escupir mecos también?
-¿Qué es eso?
-No te preocupes, vas a ver que te gusta.
Desconfiando un poco pues la última vez que dijo eso realmente no me gustó como pensé, le dije que sí.
-Sientate. Ten esta crema, ponte mucha en tu pitito y agitatelo como me lo hiciste a mi.
Tomé la crema, me embarré el pene de ella y comencé a masturbarme, sentía muy rico, algo que nunca había sentido, tanto que insitintibamente cerré los ojos.
-Te esta gustando ¿verdad mijo?
-Sí.
-Pues jalatela más rápido y vas a sentir primero raro, luego como que quieres hacer del baño, pero no te detengas, lo que va a pasar es que vas a escupir mecos y entonces sí vas a sentir lo más rico del mundo.
Me masturbé sin saber que eso que estaba haciendo se llamaba masturbación, sentía el placer de mi primer masturbación y efectivamente, comencé a sentir raro y abrí los ojos y bajé el ritmo.
-No te pares, síguele que ya viene lo bueno, sin miedo.
Cerré los ojos y comencé a sentir esa energia que recorre el cuerpo, me asusté y me detuve.
-Así no te vas a venir. A ver, acuestate.
Se acercó y tomó mi pene, lo comenzó a masturbar y no tardé casi nada en comenzar a retorcerme de placer hasta que me vine con un grito de placer.
Pasaron unos segundos y abrí los ojos mientras respiraba agitadamente y sentia el cuerpo super sensible. Mi cabeza estaba en extasis y nada parecia real.
-Andele mijo, vistete que no han de tardar en venir por ti.
Me vestí mientras disfrutaba aún de esa rica sensasión y él me explicaba a su modo lo que era la masturbación y que no le fuera a decir a nadie porque me iban a regañar, era un secreto, pues no muchos lo saben hacer y algunos tienen envidia pues no pueden hacerlo.
Yo le creí y no hubo problema. Todo el día pensé en lo mucho que me gustó y no podía esperar al día siguiente para volver a verlo y preguntarle tantas cosas que tenía en mente.
Al día siguiente como de costumbre estuve esperando que llegaran por mi y el señor salió por mi nuevamente. Jamás me volvió a masturbar, yo como su aprendiz lo masturbé cuantas veces quizo, yo no tenía problema y siempre me tragaba su semen.
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