Mi ciberamiga, Segunda parte.

Vero, mi ciberamiga, había alquilado una casa rural a las afueras de Madrid, uno de esos sitios situado en un pueblito precioso, con encanto, que solo te imaginas en postales. Ella ya había ido con su ex marido y conocía a la pareja dueña de la casa. Nuestra amiga del chat, Sofía, vendría esa misma tarde, ya que por motivos de trabajo saldría unas horas después que nosotros.

Vero y yo aprovechamos para dar una vuelta por el pueblo y tomarnos unas cervezas en el único bar que había. Hacia algo de frio, pero la cabrona se las arreglo para llamar la atención, teniendo tras el abrigo un espectacular vestido elástico rojo y unas botas hasta las rodillas, que dejaban ver unas preciosas piernas cubiertas con unos pantis. Los allí presentes no se cortaron absolutamente nada en mirarla de arriba abajo y soltar alguna gilipollez machista que Vero por supuesto supo corresponder con una leve sonrisa.

Ya en la casa y con unas cervezas de mas, Vero me enseño la maleta y alucine con la cantidad de juguetes sexuales y lencería guarra que se había traído, algunas cosas las estrenaba hoy, ya que el día anterior se paso un buen rato en el sex shop comprando. Dildos, lencería, vibradores, esposas, preservativos (por si a mi se me olvidaban), un azotador pequeño de cuero, antifaces….me puso la polla como el cuello de un cantaor. Era la primera vez que ella y yo nos veíamos en vivo, y temía que, aunque hubiera confianza, me propasase si me tiraba al ruedo a la primera de cambio, pero es que no podía más, y en la cocina la agarre despacio por detrás, besándola el cuello. Note como sus manos se posaban buscando mi erección, que la esperaba sin rechistar. Se dio la vuelta y me pego uno de esos morreos de minuto y medio. Habíamos hecho tantas guarradas por Skype que me pareció que aún la tenía tras una pantalla. Cuando  me quise dar cuenta el rabo estaba entre sus manos. Comenzó a pajearme suavemente, las tenía frías, pero no me importaba. Me dijo que se moría de ganas de darle un “besito de bienvenida” y así lo hizo. Sin dejar de mirarme con esos ojazos marrones que me volvían loco, comenzó a besarla levemente sin dejar de meneármela, el canalillo de sus enormes tetas hizo el resto. Me corrí. Sin más. Como un imbécil. Sin avisar y sin avisarme. Rabo traicionero y cabrón. Termine.  Sus risas y su cara embadurnada de semen hizo que la situación fuera como menos simpática y no trágica.

Comimos algo y hablamos de nuestra vida privada, derivamos la charla hacia los cochinos que somos frente a la cam y las experiencias que ambos hemos vivido en este terreno. De pronto sonó afuera un motor y un claxon de coche. Nuestra amiga en común había llegado. Eran alrededor de las 17:15.

Sofía era adicta a los chats, sin novio, delgada, con poco pecho por lo que se podía entrever (con ella hemos hablado mucho de sexo en el chat, pero nunca la vimos desnuda), enseguida salimos a recibirla, tras los besos de rigor cogí su pequeña maleta y entramos. Había algo de tensión típica entre la gente que se ve en vivo por primera vez. Tras quitarse el abrigo vi que el jersey ajustado  negro que llevaba me daba la razón en cuanto a sus tetas, eran pequeñas pero bien puestas. No parecía llevar puesto el sujetador, marcaba unos pezones muy erectos. Verónica la acompaño para ver la casa, a lo que yo aproveche para hacerle un chequeo visual a Sofí, los jeans elásticos le hacían un culo precioso, perfecto y duro, todo lo duro que sus 26 años le permitían. De cara no era guapa, si atractiva, no tan voluptuosa como Vero, pero de esa clase de chicas que te ponen duro enseguida.

Hablamos mucho de lo bonito que era el pueblo,  etc, hasta que saque una botella de bourbon y otra de cola, nos hicimos unos cubatas para desatrancar la tensión. Sofía no se veía tan lanzada como Verónica, pero se notaba que estaba caliente. Sobre las 19 y tras unos cuantos chorros ya estábamos hablando abiertamente de pollas, coños, mamadas, folleteos etc. Le contamos a Sofía nuestras aventuras frente a la cam y otras experiencias. Empezaron las risas, las propuestas absurdas. Los juegos de calentamiento no tardaron en salir. Vero tenía ya las mejillas coloradas. Buena señal. Entre risas me dijo si llevaba mi bóxer de la suerte. Yo le dije que si, claro. Y sin más me dijo que las niñas querían ser malas, y que les hiciese un bailecito sexy. Entre risitas Sofía busco en Youtube “You Can Leave Your Hat On” y la hizo sonar, definitivamente dejó el corte atrás. Empezaron a vitorearme y a dar palmas mientras yo me movía sensualmente quitándome la ropa, cuando llegue al bóxer, Vero grito STOP. Y me ordeno que me acercara. Viendo mi empalme, empezó a acariciarme la polla sin tapujos, delante de Sofía, que ya no reía tanto. Comenzó a besar mi rabo por encima del bóxer. La cosa había empezado bien. Sofía miraba mientras se mordía el labio inferior pero aun no se atrevía a cooperar. La anime a levantarse mientras Vero me ponía a tono ahí abajo.  Acerque a Sofía a mis labios y la morree con ganas. Le dije a Vero que participara y nos besamos los tres a la vez. Fue la primera vez que tenia dos lenguas en mi boca. Aparté despacio la cabeza para dejar que las chicas se besaran. Fue un momento realmente caliente, ya que si no recuerdo mal Sofía nos dijo por chat que nunca había estado con una chica en ese plan. Aproveche el calentón de ambas para palpar suavemente las tetas a Sofía sobre su jersey ajustado, tenia los pezones durísimos, los pellizque con suavidad. Verónica viendo mi intención de reojo, levantó poco a poco el jersey a Sofía, dejando esas tetillas al aire. Instintivamente Verónica y yo nos amorramos cada uno a un pecho y empezamos a lamerlos despacio, mordisqueándolos. Sofía soltó un leve gemido. Las cogí a ambas de la mano y las lleve un sofá enorme frente a la chimenea, que ya llevaba unas horas encendida. Me senté en el y le dije a Sofía que se quedara de rodillas frente a mi. Mirando mi paquete, se acerco a mamar la punta que asomaba por mi bóxer mientras Verónica se desnudaba. Sofía me bajo  con los dientes esa minúscula frontera y me la chupo con mucha delicadeza, sin perder de vista mis ojos. Verónica acerco sus enormes tetas a mi boca y empecé a lamerlas con ganas mientras mi mano acariciaba su coño recién rasuradito totalmente empapado. Me plantó un morreo de infarto mientras Sofía lamía mi polla. Le susurre al oído que bajara con ella a darme caña. Cuando quise darme cuenta tenia a dos preciosidades haciéndome una felación, sin duda fue la mejor experiencia sexual de mi vida. Se la pasaban la una a la otra, la chupaban deliciosamente a la vez, subiendo al unísono sus lenguas y bajándolas hasta los huevos, se besaban con mi rabo en medio, se acariciaban las tetas mientras me comían…una autentica locura. Pienso que si horas antes no me hubiera corrido, lo habría hecho en ese preciso momento, sin duda. Quizá ese accidente fue necesario para no cagarla en ese glorioso instante. Verónica se puso detrás de Sofía y la termino de desnudar, chupo su coño. Sofía grito de placer mientras me comía a mí. Se  convulsionaba y chillaba hasta que nos regalo su primer orgasmo.

Verónica fue al dormitorio a por juguetes mientras yo probaba la deliciosa raja de nuestra nueva amiga. Lo cierto es que a corta distancia se veía un coño bonito, perfectamente rasurado y con ese color rosáceo entre los labios. Estaba riquísimo. Se arqueo mientras chillaba de nuevo. Otro orgasmo que me supo a gloria. Ahora Vero me acompaño de rodillas y juntos nos propusimos llevar a Sofía al tercer round. Yo comencé de nuevo a lamer el conejito a Sofí mientras Vero le introducía un dildo suavemente. Notaba como cada segundo se empapaba más. Me agarro del pelo y me apretó contra su sexo, momento que aprovecho Vero para poner a vibrar a tope el aparato. Sofía esta vez nos baño con un chorro de flujo que nos dejo perplejos. Chillo de nuevo mientras otros pequeños chorros seguían al primero. Fue una corrida épica. Vero se lanzo de nuevo al coño y lamio éste enterito.

Me puse una gomita a la velocidad que mis temblorosas manos me permitieron y penetre a Verónica con fuerza. De un golpe. Verónica gimió como una autentica perra mientras lamia a nuestra invitada. Vero me dio su primer orgasmo mientras Sofía la morreaba. Parece que Sofía le había cogido gusto a besar a otra mujer. Les propuse a las dos ponerse de espaldas apoyadas en el sofá, con el culo en pompa hacia mí. Cogí mi galaxy 5 y les pedí permiso para fotografiar esas maravillas. No hubo problema, es más, calentó más la situación. Les inmortalice en esa postura, pero lo que en realidad quería era un recuerdo del culo de revista porno que tenia Sofía. Duro, redondito y perfecto. Fui a por ella. Paseé el rabo despacio por su raja y lo metí por la mitad, para sacarlo lentamente y volver a pasearlo por los labios vaginales. Sofía gemía mientras le comía las tetas a Verónica. De una estacada se la metí, esta vez sin titubeos. Una follada magnifica de unos minutos, ya que tras ellos volví a sacarla para meterme en Verónica, sin que mis dedos dejaran de trabajar la concha de Sofía. Estuve así un buen rato, disfrutando de los dos coños a la vez.

Fuimos al cuarto con cama de matrimonio antigua que la casa tenia, Sofía se tumbo y se abrió de piernas, me tire literalmente sobre ella y follamos a lo bestia. Verónica sentó el coño en la boca de Sofía para que la comiera enterita, tenia a Vero de espaldas a mi y la agarre por detrás el pelo para buscar su boca y su cuello. Yo estaba como poseído. Solo veía bocas, tetas y coños. Las cabronas gritaban de gusto, era vicio a más no poder. Ni siquiera se me llego a pasar por la cabeza la posibilidad de que nos oyeran. Era un pueblo muy tranquilo y bueno…ya se sabe. Lo cierto es que me daba igual. Quería gritar como ellas y la polla me pedía mas y mas.

Las agarre a las dos del pelo, una situación de sumisión que me termino por volver loco, y las clavé a ambas en el suelo, de rodillas. Las ordené que me la volvieran a comer a la vez, cosa que hicieron. Vero busco mi ano para meterme un dedo mientras las dos me merendaban el rabo, y empezó a hurgar en la zona prohibida. Ni siquiera me molesto, estaba más lanzado que  nunca. El placer que sentí fue extremo, hasta el punto de explotar como jamás lo había hecho. Las empape de leche a las dos, fue una corrida larga y muy extensa. Me llegaron a flaquear las rodillas y terminé un poco mareado. Fue realmente alucinante.

Mientras descansaba y echaba unas fotos con el móvil a las chicas, ellas volvieron a la carga, no hubo tregua. Tras unos magreos y lametones, empezaron a realizar una tijera, buscándose el orgasmo de nuevo. No perdí detalle con la cámara. Me puse erecto de nuevo. Tras correrse Sofía, Vero cogió la maleta y busco un arnés de cuero que albergaba una polla negra enorme de látex. Sofía se abrió de piernas al borde de la cama para que Verónica la penetrara. Arqueo su glorioso culo y aquella cosa entro hasta el fondo. Sofía se agarro fuertemente a la manta hasta sacarla del sitio y chilló de gusto. No había visto eso en vivo nunca y realmente me puso como una moto. Una estaba follando a la otra delante de mí.  Aproveche que Sofía tenía la boquita abierta para pasarle por los labios de nuevo mi pene, que engulló hasta el fondo. Otra vez se corrió. Era un no parar. Cuando Verónica se quito el aparatito, Sofía y yo la tumbamos en la cama y le comimos el coño a la vez. Vero se convulsiono a lo bestia y nos empapo con una corrida bestial. Fui al baño a traer aceite corporal, tuve una idea y les pregunte si les apetecía anal. Ante mi sorpresa, Sofía contesto que si, que a ella le apetecía probar, ya que nunca lo había hecho y si no lo probaba esa noche, no lo haría nunca. Nos echamos a reír los tres. Verónica se ofreció a dilatar el culito de su amiga, y se puso aceite en la mano, embadurnó el agujero de Sofía y empezó a acariciarlo primero, y penetrar despacito con los dedos después, primero uno…muy lentamente el segundo, siempre atenta por si le dolía…luego el tercero. Aquello dilato muy rápido. Le puse el chubasquero al soldadito y apunté. Verónica me cogió la polla y dirigió la operación. La metí cuidadosamente, atento por si a Sofía no le gustaba el juego. No dijo nada. Se limito a sentir nuevas sensaciones. Tras unos segundos de silencio comenzó a gemir, una mezcla de leve dolor y placer que le llevo a morder la almohada. Verónica se sentó frente a nosotros y se masturbo viendo el espectáculo. Comencé a aumentar la intensidad de mi follada hasta que la estrechez de ese delicioso culo termino por sacarme la leche que me quedaba. Mientras me corría seguía follando por detrás a Sofía. No tengo palabras. Verónica también se corrió con prácticamente todos los dedos de una mano metidos en su vagina. Le pregunte a Sofía si estaba bien y me confeso que le había dolido un poco pero que el morbo de probar algo nuevo le paso factura con otro orgasmo. Nos quedamos los tres exhaustos en la cama, respirando como si hubiéramos corrido una maratón.

Tras unos momentos de calma, nos tapamos. Las chicas me abrazaron, y así, desnudos y saciados, caímos dormidos.

Han pasado unos años desde aquel 2006, y aun hoy seguimos en contacto por Facebook, los tres nos hemos vuelto a enamorar de otras personas, Verónica incluso se llego a casar y tuvo otro crio. Sofía y yo mantuvimos unos años mas esos encuentros, pero la distancia puso freno y terminamos por dejar la cosa, aunque la relación hoy en día es buena gracias a las redes sociales. Lo que si es cierto es que a día de hoy, y hablo a titulo personal, jamás he vuelto a repetir semejante experiencia con otras chicas…y dudo mucho que algo así se repita.

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Mi amiga Patricia y su amiga Inés

Esta historia que les voy a contar sucedió hace muy poco tiempo apenas dos semanas.

Me fui al un curso a Madrid  y supuestamente tenía que estar allí dos meses  pero al poco  no me gustó y de madrugada me volví a Sevilla.

Al llegar yo fui a mi piso fui a ducharme para estar más cómodo, tras el viaje luego me recosté en mi cama y me quede dormido.

A la mañana siguiente mi amiga Patricia , a la cual había dejado las llaves de mi piso para que le diera una vuelta y regara mis plantas, entró y se dio cuenta que alguien entró en el piso, y al llegar al dormitorio me vio a mi en mi cama dormido desnudo.

Ella estaba con un amiga ( Inés ), entonces la llamo y le dijo.

Patri , mira, es Olive y está durmiendo desnudo.- Dijo Inés.

Si lo veo y tiene la verga bastante grande.- Dijo Patricia .

Si, sabes una cosa?, nunca me lo he montado con un tío.- Dijo Inés

De verdad?.- Dijo Patricia .

Si, siempre me han ido más las tías.- Dijo Inés.

Pues esos hay que remediarlo.- Dijo Patricia .- ven- dijo cogiéndole la mano a Inés.

Supongo que la conversación fue algo así por lo menos así me lo explicaron ellas

Entonces mi amiga empezó a desnudarse y le pidió a Inés que también se desnudara, ambas desnudas empezaron a chuparme la verga a mí.

Al sentir que me estaban agarrando de la pija y me la estaban chupando abrí rápidamente mis ojos y pude ver a mi amiga y a Inés chupándomela.

En ese momento pensé que estaba en el paraíso, estaba por coger a mi amiga Patricia y a su amiga, y la verdad que las dos están muy buenas. Con Patricia  ya había tenido varias experiencias pero nunca con Inés a sabiendas que es lesbiana y que siempre había querido montárselo con Patricia , tiene unas tetas grandísimas pero muy firmes, un culo perfecto y su coño estaba siempre afeitado sin ningún vello.

Patricia  en cambio se deja el vello de la coño siempre bien poblado y sus tetas no son tan grandes pero igualmente hermosas y su culo es un poco chico que el de su amiga pero bien formado.

Viendo a las amigas en faena comencé a meter a Inés meterle un par de dedos en su culo, ella gemía,  me pedía que le metiera otro dedo más, y así lo hice, mi amiga no aguanto más y se metió mi verga en su concha y empezó a cabalgar como una puta profesional, eso me excito tanto que tome a Inés de la cintura y la puse encima mío y delante de mi amiga, mientras que ella le chupaba las tetas a Patricia  yo le chupaba el culo y el coño a Inés.

Ellas se empezaron a besar en la boca y yo me calentaba más y más al verlas tan calientes a ellas, como se acariciaban sus tetas y se metían un par de dedos en el culo.

Entonces Patricia  me pidió que me follara a Inés, ella acepto ,  hice que se levantara y mientras yo le daba por el coño ella le chupaba la concha a Patricia .

Al sentir mi verga apretada dentro de ese coño precioso Inés terminó de corriéndose pero yo seguida mi verga dura y la excitación era tanto que no aguante mas teniendo el culo tan cerca que cambié de agujero, Inés no dijo nada y siguió comiéndole el coño a su amiga.

Yo también quiero.- Dijo Patricia . y saqué mi polla de Inés, Patricia  apartó a Inés de su coño, me la empezó a chupar y a pajearme, luego me pidió que se la metiera en la concha y que mientras lo hacía le chupara las tetas, Inés mientras se colocó a su lado a mirar lo que le hacía, más tarde se colocó detrás mío, dándome azotes en el culo.

Empecé despacio y aumentaba el ritmo y la fuerza a medida que me excitaba y Inés me daba azotes, Patricia  gemía y gritaba como loca y yo pensé que se la estaba partiendo en dos, pero me di vuelta y vi a Inés con su mano dentro del culo de mi amiga, ahí entendí el porqué de tantos grito, ella pedía por favor que sigamos así , que eso le estaba gustando mucho.

La excitación que tenía Patricia  era inmensa que se corrió 3 veces seguidas y me pidió que le acabara en el culo, cosa que a mi me gusta y más en el culo de ella que siempre me ha vuelto loco y entonces la penetre por el culo y empecé a cogerla con fuerza y con furia hasta que no aguante más y le llene el culo de leche.

Inés al ver que salía leche del culo de mi amiga empezó a chuparlo y se tragaba toda la leche.

Acabé rendido, pero mereció la pena el recibimiento de estas dos amigas y que Inés probara lo que era una polla.

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Me meé en el culo de una desconocida

Hace unos meses fui con mis amigos del equipo ciclista a Madrid para celebrar una despedida de soltero, yo estoy casado desde hace 10 años y ahora tengo 38 años, pero dentro del grupo hay amigos mucho más jóvenes.

Como supondréis ahora los que mejor nos lo pasamos en las despedidas de soltero somos los que ya llevamos algún tiempo casados, y aprovechamos estos viajes para volver a salir.

No me enrollare más, después de todo el día bebiendo, terminados en una discoteca del centro de Madrid y cuando ya solo quedábamos un grupo de 4 o 5 que estábamos pensando en irnos llego un grupo de chicas y se pusieron a nuestro lado. Lógicamente aquello se animo, empezamos a bailar con ellas, a bromear…etc.

Entre ellas había una chica que destacaba porque solo hacía que mirarnos y provocarnos, a pesar de estar algo rellenita era muy morbosa y además era la más simpática de todas. No paraba de bailar, de insinuarse, de calentarnos…llevaba un vestido con un escote impresionante que dejaba imaginar sus tetas perfectamente, eran enormes igual que toda ella, morena de piel blanquita y unos ojos azules que todavía hacían más morbosa sus miradas.

Mis amigos se centraron en coquetear con el resto de amigas, ya que había alguna que estaba muy buena, pero a mi aquella chica me tenía muy caliente, no era la más guapa pero si la que más morbo me daba. Poco a poco mis amigos sobretodo los solteros fueron cogiendo más confianza con el resto de chicas y yo aproveche para comenzar a hablar con ella, se llamaba Vanessa. Era una autentica calienta pollas, me susurraba al oído, se rozaba, abría su escote,…en una palabra me puso como una moto. Sabía aprovechar todo su cuerpo para provocarme.

Poco a poco me fui excitando hasta estar totalmente empalmado…la muy cabrona me había puesto a 100%. Yo suelo ser algo tímido, pero como estaba borracho y no la conocía le seguí el juego y comencé a rozarme yo también. Cuando hablaba con ella me acercaba tanto que dejaba que notara mi polla contra su pierna.

Así estuvimos algún tiempo hasta que algunos de mis amigos dijeron de ir a otra discoteca. Fuimos a despedirnos y decirles que si venían…pero antes de que pudiera decirle nada, Vanessa apoyo su mano sobre mi pene y guiñándome un ojo me susurro:

-No me digas que te vas a ir así???, que desperdicio!!!.

-Uff y que puedo hacer??

-Tu veras, puedes irte con tus amigos o venirte conmigo.

Lo tenía claro con el calentón que llevaba mentí a mis amigos, les dije que estaba cansado, que me iba ya hacia hotel y quede en la puerta de la discoteca con Vanessa. A los pocos minutos salió y nos fuimos a su piso.

Solo llegar al ascensor ya empezamos a besarnos salvajemente y ella comenzó a agarrarme el pene. Por un momento pensé que me lo iba a sacar allí mismo. Entramos en su piso…nos quitamos los abrigos, nos besamos…y sin decir nada más se arrodillo ante mí y comenzó a chuparme la polla.

No podía creerlo pensaba que era un sueño, ella me chupaba la polla y me miraba con sus ojos azules, sacaba el capullo totalmente ensalivado y volvía a metérselo en la boca una y otra vez. Aquello solamente lo había visto en las películas.

Quise pararla, porque a pesar de que estaba borracho me iba a correr…pero fue imposible, en menos de 1 minuto me estaba corriendo. Creo que ella se enfado porque no la avise y casi me corro en su boca y sobretodo porque le decepciono que me corriera tan pronto. Así que tuve que decirle:

-Tranquila ahora me toca a mí.

Lalevante del suelo y la lleve hasta su cama, la tumbe de un empujón y me abalance sobre ella para lamer su cuerpo. Primero lamí su cuello y poco a poco baje hasta sus impresionantes pechos, tenía unos grandes pezones me recree un poco y baje lentamente hacia su coño, lo llevaba totalmente depilado.

Juguetee un poco para hacerla sufrir y poco a poco comencé a lamer su clítoris, a jugar con el…intercale los juegos con fuertes lametones en todo su coño!!! Sabía a gloria y estaba tan depilado que podía chuparlo con total facilidad.

Ella se abrió completamente de piernas creo que quería cobrarse la chupada anterior, me agarraba con sus manos y me apretaba con fuerza contra su coño. Después de un rato su coño se convirtió en toda una fuente…era una mezcla de flujos y saliva. Vanessa comenzó a disfrutar de lo lindo, gemía de placer y tenia pequeñas convulsiones, se mordía el labio, se frotaba sus pechos….Cuando ya no podía más aprisiono mi cabeza fuertemente con sus dos piernas y comenzó a gritar, su coño fueron todo fluidos!!! Pude notar perfectamente como le venía el orgasmo…que placer se había corrido en mi boca!!!.

Tuve que estar casi 20 minutos lamiendo su coño, pero por lo menos ahora ella también se había corrido, además mi pene estaba otra vez a mil. Así que comencé a follarle el coño, estaba híper sensible y gemía casi desde el primer minuto…entraba y salía con una facilidad pasmosa…me dijo que iba a volver a correrse!!!

Lo peor es que yo también estaba a punto otra vez…empezamos los dos a gemir como locos, y esta vez sí que la avise.

-No puedo más me corro!!!

-yo también vamos dame toda tu leche!!!

Justo cuando me iba a correr se la saque del coño y me corrí encima de su vientre y de sus tetas…la corrida fue descomunal, ella se quedo mirando y cuando pensaba que se había enfadado comenzó a coger mi semen con sus manos y a extendérselo por todo su cuerpo.

Lo llevo hasta sus pechos y lo puso sobre sus grandes pezones!!L Cogió un poco con su dedo y con una mirada sexual se lo llevo a la boca.

Yo iba a estallar, casi me derrito…mi pene seguía erecto!!! Ella me hizo un gesto para que me acercara, volvió a llevarse el dedo lleno de semen a su boca y me beso!!! Al principio me dio asco pero luego comencé a besarla como un loco. Recogió de nuevo restos de mi corrida y ahora me lo mentido directamente dentro de mi boca…y cuando fui a besarla, me empujo hacia abajo y me dijo.

-Vamos chúpame las tetas!!! Límpialas

Estaba tan excitado que no lo pensé, lamí sus pezones y los deje totalmente limpios. Ella se volteo y bajo a limpiar mi pene que estaba ya algo flácido. Lo chupo de tal forma que consiguió volver a ponerlo erecto, y más cuando comenzó también a lamer mis huevos. En cuanto mi pene cogió un tamaño considerable se sentó sobre él y comenzó a cabalgarme.

Aquella mujer era increíble, yo estaba sobre la cama dejándome hacer…ella se masajeaba las tetas y las lamias mientras me cabalgaba!!! Aquella visión era total…poco a poco fue incrementado el ritmo y ella misma se empezó a acariciar el clítoris mientas gemía y gemía.

A pesar de que era ya mi tercera corrida no aguante mucho…la avise para que se quitara, pero ella no lo hizo!!! Así que me corrí dentro de su coño, ella seguía cabalgándome, mi pene se relajo un poco y pude notar como mi semen resbalaba por su coño, pero ella no paró hasta que consiguió tener su orgasmo. Finalmente se tumbo sobre mi exhausta y nos besamos. Ella seguía teniendo pequeñas contracciones de placer y me susurro al oído:

-Te gustaría chupar ahora mi coño??? O es demasiado fuerte para ti??? Prefieres que vaya a limpiarme al baño???.

Yo no sabía que contestar…me daba algo de asco, pensar en su coño chorreante de semen así que solté una pregunta retorica.

-Te gustaría que lo chupara???

-Me encantaría.

Ahora ya no tenía elección así que la bese, y baje en dirección a sus nalgas.

-Espera así no, sigue tumbado.

Se levanto se puso a cuatro a patas y se sentó sobre mi cara…tenía mi boca en su coño y mi nariz prácticamente en su culo. Comencé a chupar su coño, la postura ayudaba a que el semen cayera sobre mi boca y además podía notar como ella hacia fuerza para expulsar hasta la última gota.

-Sigue por favor, me encanta!!!

A mí me daba bastante asco, pero aquellas palabras me excitaban. Tenía el coño totalmente lubricado, por sus flujos y por el propio semen, ella gemía, se notaba que disfrutaba con aquello…se tumbo un poco y comenzó también a lamer mi polla para limpiarla pero ahora termino enseguida porque ya no reaccionaba, así que se tumbo sobre la cama con las piernas totalmente abiertas, mientras yo terminaba.

Yo seguí chupando su coño, ahora ya me encantaba su sabor y su olor a sexo!!! Además ella en ningún momento me pidió que parara, al revés se puso más cómoda, abrió las piernas y comenzó a tocase el clítoris mientras yo lamia su coño.

Mis lametones recorrían todo su coño…y cada vez iban más abajo casi llegaban hasta su culo. Antes cuando se había sentado sobre mí, había podio sentir su olor y en lugar de haberme molestado me había excitado su aroma. Comencé a lamer cada vez más cerca de su ano y a pensar en la posibilidad de chupárselo.

Creo que ella se dio cuenta porque abrió un poco más las piernas y me habilito el paso. Yo comencé a lanzar pequeños lametones furtivos, aquel sabor y olor era maravilloso, me estaba poniendo a mil…pero me daba vergüenza pensar que aquello me pudiera excitar, hasta que ella me dijo:

-Ya veo que también quieres chupar mi culo.

Cogió la almohada se la puso debajo de su espalda, de formar que su culo quedo totalmente expuesto hacia mí y me dijo.

-Ahora lo chuparas mejor, vamos es todo tuyo.

Aquello era demasiado, esa mujer era toda una caja de sorpresas, comencé a chuparlo…ahora mi lengua recorría todo su culo y note el sabor algo más fuerte, pero me encanto. Cuando ya llevaba un rato y lo había dejado bien lubricado, Vanesa comenzó a chupase el dedo y a introducírselo ligeramente en el culo, mientras con la otra mano se masturbaba el clítoris. Yo iba a estallar de nuevo.

Cambiamos de postura otra vez, ahora para hacer un 69…pero en lugar de chupar su coño yo chupaba su culo. Ella chupaba mi polla y también mis huevos y mi culo!!!. Nunca nadie me lo había chupado, la excitación fue total…y no tarde en volver a correrme ahora dentro de su boca.

Esta vez se lo trago todo y como yo ya no podía más se centro en seguir dándose placer a ella misma, siguió masturbando su clítoris y su culo…Se penetraba el culo con su dedo, ahora hasta el fondo, mientras con la otra masturba su clítoris..

Yo simplemente me tumbe junto a ella y comencé a besarla entre gemido y gemido. Ella seguía masturbándose, le dije si le podía ayudar

-Si tranquilo, ahora. Descansa un poco, déjame que termine sola!!!

Gemía como una loca…se metía en la boca los dedos para lubricarlos y volvía a introducirlos en su culo… Me miro fijamente, se metió el dedo en culo y me lo metió en la boca…Yo no dije nada simplemente lo chupe, era lo más cerdo que había hecho nunca, pero me sentí totalmente excitado. Volvió a metérselo y a dármelo para que lo chupara, mientras me sonreía

-Te gusta???

-Si me encanta!!

Estaba tan excitado que creo que le habría chupado cualquier cosa.

-Te gusta el sabor de mi culito eh!!Me encantan los chicos guarros como tú!!!

Estuvo así un buen rato hasta que tuvo un nuevo órganos y dejo su culo totalmente dilatando. Y casi sin tiempo para recuperase me dijo

-Ahora lo he dejado listo para ti, quieres follarlo??

-Si por favor estoy desando metértela en ese culazo!!

Se puso a cuatro patas y comencé a follarlo una y otra vez, aquella mujer era impresionante, lo tenía totalmente dilatado y seguía pidiéndome más y más. Pero yo ya no podía correrme más veces.

Mi polla poco a poco fue rebajando de tamaño…y me entraron unas enormes ganas de mear, así que le dije a Vanessa que iba al baño un minuto para poder continuar.

Pero ella no me dejo..Me dijo que siguiera!!! Era incansable!!! Le dije que me meaba…pero ella insistió en que siguiera!!.

-Si sigo voy a merme encima, no puedo más!!!

-Sigue por favor!!!

No podía creerlo, quería que la meara?? O solo quería que siguiera?? No sabía qué hacer. Igual aquella mujer era todavía más guarra que yo?? Me envalentone y me la jugué, total no tenía nada que perder, así que le dije.

-Voy a mearte encima…y me meare dentro de tu culo

Ella no contesto solo bajo de la cama y se puso en el suelo a cuatro patas. Estaba claro quería que la meara!!! Aquello me calentó y mi polla volvió a ponerse dura. Así que aproveche la calentura durante unos minutos para seguir follandole el culo, pero mis ganas de hacer pis impedían que me corriera.

Me relaje un poco y justo cuando estaba a punto metí mi pene en su culo y comencé a mearme!!! Su culo al recibir el pis caliente se cerro de golpe presionado mi polla y cortando mi meada. Saque mi polla de su culo y termine meando por toda su espalda y por su coño!!

Ella gritaba de placer…y yo estaba en éxtasis solo de ver la escena.

-Así dámelo todo, quiero que llenes mi culo!!!

Finalmente se giro y sin decir nada nos fundimos en un beso…creo que fue el beso más sucio de mi vida. Ella chorreaba pis por todos lados y su culo seguía dilatado expulsando parte del pis con restos de sus heces…así que como pudimos fuimos al baño a limpiarnos.

Ya en el baño, comencé a decirle lo impresionante que era, lo mucho que me gustaba lo guarra que era, a decirle que aquello era lo máximo que había hecho, a decirle que quería volver a quedar con ella,…hasta que ella poniendo un dedo en mis labios me mando callar y me dijo:

-Estas seguro de lo que quieres? O mañana todo esto te parecerá una guarrada

-Si haría cualquier cosa, me ha encantado, han sido los mejores polvos de mi vida. Eres la bomba.

-Esta bien, demuéstramelo arrodíllate, yo también me estoy haciendo pipi.

Se puso frente a mí, y empujo mi cabeza contra su coño, yo comencé a chuparlo.
-Pídemelo vamos!!!.

Yo no estaba seguro, pero mi excitación podía con todo.

-Vamos pídemelo!!! No es lo que quieres???
-Por favor quiero probar tu pipi!!! Meame por favor!!! Quiero tu pis!!!

Agarro con fuerza mi cabeza y comenzó a mearse…yo note como salía aquel liquido caliente y se estrellaba contra mi cara. Tenía mi boca cerrada para no ahogarme, pero podía sentir su sabor salado y su olor…aquélla fuente no paraba nunca. Volví a ponerme a mil al sentir como su pis resbalaba por mi cuerpo hasta mi polla, Estaba tan excitado que finalmente abrí mi boca, para probar su pis.

-Así me gusta…bébetelo todo!!! Ahora veo que si eres como yo, un verdadero guarro. Quiero que te lo bebas todo!!!

Trague su pis, aguantado hasta la última gota y cuando termino todavía lamí su coño hasta dejarlo totalmente limpio. Me levante nos lavamos un poco y nos fuimos a la cama.

Lo que paso al día siguiente será otra historia….

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Ayudando a mi padre

Desde siempre sé que mi padre me atrae. Lo sé y no lo puedo negar. Cuando no estaba intentando verlo sin camiseta, iba al baño a mear mientras él se estaba duchando o simplemente iba a su habitación para ver como dormía. Todo esto se agravó cuando empecé a ir a trabajar con él y yo le echaba una mano. Ya está jubilado pero él era camionero y hay un momento en la economía familiar que tenemos que echar una mano entre todos.

A partir de los 16 años, yo me iba a ayudarlo, y cuando decía ayudarlo muchas veces era estar de incordio. Yo siempre he sido un chico pequeño y delgadillo. No estoy preparado para el trabajo que exige el transporte de mercancías. A esas alturas, yo ya empezaba a saber que me interesaban más las pollas que las tías y siempre que íbamos a las estaciones de servicio yo aprovechaba y veía como meaban los tíos y como se tocaban sus rabos y como alguno incluso me dejaba sobárselo. Todo esto sin tardar mucho porque mi padre estaba fuera y me estaba esperando para seguir el viaje.

Así pasó el verano y yo con menos ganas de ir, ya que prefería seguir todo el verano disfrutando con mis amigos en vez de recorrer kilómetros y kilómetros por toda España sin que tuviese ninguna gratitud a cambio. Solamente los buenos pajotes que me hacía en mi habitación  por las noches.

Acabó el verano y yo volví a la rutina de mis estudios. Mi vida amorosa una mierda pero poco a poco fui conociendo “amigos” con los que pasaba buenos ratos y empecé a disfrutar de unas buenas pajas en compañía, de comerme unos buenos rabos y disfrutar de los tíos. Sobre todo de los más maduros y masculinos que son los que me gustan a mí.

Al verano siguiente, tuve que volver a ir a trabajar con mi padre pero las cosas fueron distintas. Yo seguía sin tener ganas de ir, pero ya no me cortaba tanto en mirar a los tíos meando que había en las estaciones de servicio. Incluso tocarlos el rabo. Cada vez me volvía más morboso. Perdí la vergüenza y siempre que había un tío masculino en los baños, allí estaba yo, por si surgía la ocasión. Alguna vez algún que otro camionero que me follaba en la habitación. Mi padre a pesar de mi insistencia siempre dormía en la cama del camión.

Una tarde estuvimos en Valencia descargando muebles para una nueva oficina. Entre los pesados que eran y el calor que hacía, yo quería morirme. Mi padre se quitó la camiseta y por lo menos pude disfrutar de una visión muy agradable. Mi padre es alto. Un metro ochenta y tantos y no sé los kilos que pesará pero el tío estaba bastante fibrado. De esta gente que es ancha pero que se le notan todos los músculos. En esa época el tenía unos 56 años y aunque peinaba canas, es y era muy atractivo. Además, con unos ojos verdes que te daban ganas de comértelos.

Cuando terminamos de trabajar, empezamos a regresar a Madrid y como se hizo de noche tuvimos que parar en un hostal a dormir. Él se iría a dormir al camión como siempre pero antes se vino a la habitación del hostal a ducharse. Mientras que yo estaba descansando en la cama, cogió la toalla y se metió al baño a ducharse. Desnudándose en la habitación y dejando toda la ropa sucia tirada allí.

Cuando oí el ruido de la ducha me agaché y cogí sus calzoncillos. Unos calzoncillos de los de persona mayor. Azules que tienen una abertura para sacarse la polla para mear. Los olí. Un olor a orina que hizo que me empalmara en ese preciso momento. No pude evitarlo. Lo olí y los chupé. Era el olor más penetrante y que más me excitaba y ese olor era de mi padre…

Estaba disfrutando tanto del olor que no me di cuenta que la ducha se había cerrado y que mi padre de pronto abrió la puerta del baño, pillándome con sus calzoncillos entre las manos y diciendo que iba a recoger la ropa para llevárnosla a lavar a casa. La primera excusa que me vino a la cabeza y que no sé si se la creyó o no pero mi padre me miro de forma rara. Al momento me fui a duchar yo para bajar el empalme que tenía. Luego, por la noche, estando solo en la habitación ya me haría una buena paja.

Bajamos a cenar al restaurante y mi padre estaba con cara seria. Él decía que era porque le dolía todo el cuerpo del cansancio que tenía y yo insistí en que viniera a dormir en la habitación. Si dormía otra vez en la dura cama del camión le iban a doler los huesos toda la vida. Además, aunque en la habitación había una sola cama; ésta era lo demasiado grande para estar los dos durmiendo sin molestarnos. Mi padre aceptó y lo único que me faltó fue dar un salto de alegría. Siempre es bueno tener a un hombretón durmiendo al lado, aunque sepas que no va a pasar nada porque es tu padre.

Mi padre se subió directamente a la habitación del hostal y yo me fui a dar un paseo. Aunque me apetecía dormir junto a él, era todavía muy pronto y no le quería molestar mucho porque al día siguiente tenía que seguir conduciendo.

Sobre las doce de la noche yo me subí a la habitación y vi que mi padre estaba allí en la cama durmiendo boca arriba y roncando como una locomotora. Lo miré durmiendo y pensé que aprovecharía la noche para sobarle el cuerpo y sobre todo el rabo. Así que me acosté sin hacer mucho ruido y me puse de lado de espaldas a él.

Él seguía durmiendo y no pude evitar a tocar su cuerpo. Su pecho velludo, sus piernas, su ombligo… ¡joder! que macho tenía allí a mi lado y sin poder hacer nada. Seguí aprovechando y note el empalme que tenia bajo sus calzoncillos. He de decir que yo ya había visto a mi padre muchas veces desnudo y sabía que tenía un buen rabo pero nunca lo había visto empalmado y pude comprobar lo que me imaginaba… que mi padre tenía un gran cipote. Gordito, con una buena cabeza y duro como una piedra. Además, la polla salía de su ropa interior y le llegaba hasta el ombligo. Alucinaba. Empecé a tocarme el rabo que ya tenía una buena erección mientras que le tocaba a él. A él, a su rabo y a sus cojones. Gordos como pelotas de golf. ¡ufff!

Casi no aparté la mano cuando se dio la vuelta en la cama y se puso mirando mi espalda. Dormía, pero me gustaba tenerlo así. Con la polla restregando mi culo. Me gustaba porque me había bajado un poco mis boxer y la polla me tocaba mi abertura. Un vicio. Yo movía discretamente el culo para poder sentir la dureza de ese rabo y bien que lo sentía. De pronto, sentí hubo un fuerte ruido en los pasillos del hostal y me hice el dormido ya que no quería que mi padre me pillara en plena acción. Eran unos camioneros borrachos que ya iban a dormir y que no podían dejar dormir a la gente tranquilamente. Cuando pasó la gente seguía quieto por si acaso habían despertado a mi padre y lo que sentí me dejo un poco confundido. Mi padre estaba empujando su rabo contra mi culo. Muy despacito pero lo hacía. Yo quieto como una estatua. No sabía que pensar pero no quería que cambiara su postura para que yo pudiera seguir disfrutando.

Volvió hacer otro movimiento para delante y me metió la polla otro poquito en el culo. Mi padre me estaba follando. Otro movimiento de cintura y solté un pequeño jadeo, cosa que a mi padre le gustó porque sonrió y me dijo

-¡Así me gusta, hijo! ¡ Que disfrutes

Como pude giré la cabeza y entre tinieblas vi a mi padre que me miraba fijamente. Como me gustaba este pedazo de hombre. Me giré todo el cuerpo y nos quedamos frente a frente. Notaba su respiración por su cuello y me dijo:

-Creo que ha habido momentos que yo también he deseado esto. Sé que es raro, pero lo necesito.

Y sin más, me dio un beso en la boca. Un beso con cariño. Me abrazó fuerte y mientras seguía besándome empezó a abrir su boca para dejar que mi lengua entrara y jugara con la suya. Cogió mi mano y me la acercó a su polla para que le pajeara. Ya no tenía que ir despacio ni esconderme para hacerle disfrutar. Seguía besándolo y jugando con su polla, pero yo necesitaba más; mucho más. Empecé a besar su cuello y seguí bajando. Besé su pecho tan frondoso. Besé sus pezones y sus sobacos que a pesar de estar recién duchado ya destilaban un ligero olor a macho.. Noté que mi padre estaba cada vez mas excitado.

Seguí bajando y chupé su ombligo con mi lengua. Iba a conseguir todo un rabazo y me lo iba a comer entero. Lo cogí y olí su polla. Me gustaban todas las pollas en general; pero esta en particular me ponía loco. Lo chupé. Primero despacito, disfrutando cada lametón que pegaba; pero poco a poco el ritmo se iba acelerando y cada vez más iba entrando ese palo en mi garganta, haciendo incluso que a veces me diera arcadas. Todo su duro rabo el que estaba haciéndome disfrutar como nunca.

Yo no podía aguantar más y así que me puse en cuclillas y me corrí. Eché dos o tres lechazos de leche caliente y calló por todas las sabanas. Fueron cortos pero intensos. Mi padre sonrió y siguió acelerando el ritmo de la follada de su polla a mi boca. No sé cuanto aguante tendría mi padre pero empecé a notar que se estaba poniendo más duro y que cada vez se frotaba la polla con más fuerza. Él se puso en pie e hizo que me pusiera de rodillas. Tenía su polla a medio palmo de mi boca y sabía que toda su leche iba a ir para mí. Mi padre gemía y yo pedía toda su leche. No quería desperdiciar ni una gota. Abrí la boca y de pronto empecé a sentir en mi lengua unas cuantas ráfagas de semen caliente. Joder. Vaya corrida que se estaba marcando mi padre. No paraba de echar leche y llegó a mancharme parte de la cara. Cuando ya quedaba poco por echar, mi padre se apartó con el dedo lo que había quedado en su polla y me lo metió dentro de mi boca. Me cogió del cuerpo e hizo que me pusiera en pie. Me besó y me dijo:

-Espero que a partir de ahora vengas a trabajar conmigo con más ganas.

Claro que iba a ir contento con él. Esperaba que esto que acabábamos de hacer volvería a repetirse.

Fui al baño a limpiarme y cuando volví a la cama, mi padre estaba  tumbado en la cama durmiendo. Esa noche dormí con mi cabeza en su pecho. Un pecho que me sirvió como almohada y en el que pude dormir abrazado durante muchas veces más.

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El refranero español es sabio I

Uno de los refranes que más me han marcado en mi vida ha sido la gallina vieja es la que hace el mejor caldo.

Me explicaré y comenzaré por presentarme: me llamo Iván, vivo en Madrid,  y soy licenciado en derecho y psicología. Mido 1,70 y peso 67 kilos, es decir, no soy ni un cachas ni un súper tío, y para colmo de males no soy nada guapo, lo único que se salva son mis ojos verdes y mi pene tampoco es como los de los tíos de la mayoría de los relatos, es normalito de largo y algo grueso, pero nada espectacular.

Esta historia comienza cuando yo tenía 28 años. Acababa de terminar la mili (con el tema de las prórrogas por estudios) y al volver a Madrid y hasta que me buscaba una casa para empezar mi vida laboral, pues volví al seno familiar, vamos, a casa de mis padres. Mi padre por aquel entonces tenía 54 años y mi madre 53. Mi madre no es ninguna mujer de bandera, es la típica ama de casa española dedicada toda su vida a su familia. Mi familia pese a ser una familia acomodada, no teníamos servicio ni nada parecido por lo cual correspondía a mi madre el hacer las tareas de la casa, ayudada a veces por su madre, es decir, mi abuela materna.

La relación con mis padres era buena. Con mi padre los típicos roces padre-autoritario con hijo que se cree más listo que nadie (cosas de la juventud) y para suerte de todos, mi padre por su trabajo (investigador químico) viajaba mucho y cuando no viajaba, pasaba en el laboratorio todo el día y gran parte de muchas noches.

En mi juventud, como espero que en la de la mayoría de los adolescentes, me había sentido atraído por mi madre como referente femenino más cercano, pero todo eso pasó pronto, pues como dije antes, mi madre no dejaba de ser una madre, es decir sin ningún tipo de atracción sexual alguno para mí. Pero como dice otro refrán Nunca digas de esta agua no beberé, un día de verano todo cambió para mi y para ella, aunque ella aún no lo sabía.

Volvía de una entrevista para mi actual trabajo y con eso del traje en pleno mes de julio y por los nervios típicos llegaba empapado de sudor. Pensaba que a esas horas, no habría nadie en casa, pues sabía que mi abuela tenía que ir al centro. Entré al baño a tyoda prisa y cuando estaba a punto de vaciar mi vejiga, polla en mano, descubrí la mirada espantada de mi madre desnuda tras la ducha. Ambos nos evadimos de lo lógico y yo me quedé mirando sus pechos que no eran los típicos grandes, de pezones oscuros y empinados hacia arriba y turgentes y demás… eran los pechos normales de una madre de 53 años, medio caídos y hastiados por la edad y demás avatares de la vida, pero aún así, me subyugaron de tal manera que me quedé embelesado mirándolos… y ella se quedó como embobada mirando mi mano que sostenía mi pene algo más gordo que antes de entrar y el tenerlo agarrado por la base apretando para no mearme, no ayudaba a disimularlo. Pasó menos de un minuto, pero a ambos nos pareció una eternidad, hasta que se rompió el hechizo por un tema físico… vamos que me estaba meando, me giré hacia mi derecha y apuntando al inodoro… sacié mis necesidades entre suspiros de placer pues llevaba mucho tiempo aguantándome. Mi madre el tiempo que duré estuvo mirando mi pene, con sus manos llenas de crema corporal y seguía desnuda, hasta que en un momento de reflexión, se dio cuenta de su situación y dándose la vuelta no se le ocurrió otra cosa que agacharse hacia el suelo a recoger el dichoso albornoz con tan mala suerte para mi que por la postura, me regaló una visión perfecta de su culo y de su vagina y para ella pues con esa visión, me terminé de empalmar y mi meada se fue derechita a la tapa del water, con el consiguiente estropicio higiénico. Ante la situación y para quitarle hierro al asunto, ambos forzamos unas risitas, yo me la guardé como pude dentro del calzoncillo, para colmo de esos tipo slip que poco dejan a la imaginación en situaciones embarazosas y salí esbozando una disculpa estúpida dada la situación, y ella terminó de ajustarse el albornoz y allí quedó la cosa.

Me cambié a toda leche para huir a la piscina de la urbanización antes de que tuviera que cruzarme con ella, pues pensaba que el que se iba a cortar iba a ser yo, dado que ella era una mujer con experiencia y yo al fin y al cabo, casi un crío inexperto, al menos, claro está, en este tipo de situaciones. Evité a toda costa, como es lógico, a mi madre en toda la tarde, pero en la cena era inevitable, pues teníamos una especie de celebración familiar. Vino mi hermano pequeño (yo soy el mayor) y mi hermana pequeña, y mi padre, mi madre, mi abuela y una hermana de mi madre con su marido. La cena fue normal, con las típicas gracias familiares y demás. Yo era el centro de atención de la cena por 2 motivos, uno que era mi cumpleaños, de ahí la celebración y el otro mis andanzas en el ejército español, pues acababa de terminar la mili como alférez paracaidista. Llegó el momento de los regalos, y cuando llegó el turno del regalo de mis padres, y como había notado a mi madre durante toda la cena esquivándome hasta la mirada, decidí tensar un poco la cuerda con ella. Mi padre me dio un abrazo, me regaló un impresionante reloj y volviéndome a mi madre esperando mi regalo, me dijo tartamudeando que mi regalo no había podido traerlo pues en la tienda no lo habían recibido aún, que la disculpara.

-¿Ah, pero tú regalo no me lo diste ya?  todo dicho con una sonrisa pícara.

Ella, claro, se puso roja como un tomate, y lo mejor fue que nadie se dio cuenta, pues todos supusieron que yo me estaba refiriendo al reloj, que suponía que era un regalo compartido por mi padre y mi madre. Todos, menos mi madre, que supo exactamente a lo que me refería…

Fueron pasando los días y cada vez que tenía la oportunidad le decía algo a mi madre, cuando no había nadie cerca, cosa fácil todo esto pasaba en la planta alta de nuestra casa. En unos momentos sopesé las opciones… o darme la vuelta e irme a mi cuarto totalmente empalmado y hecho un burro o probar a entrar. Hasta ahí la decisión era fácil… probaría a entrar, lo malo venía después. Si la puerta estaba cerrada con el pestillo, no habría problema alguno, pero si no lo estaba… Yo soy feo, pero no cobarde, con lo que decidí tentar a mi suerte. Acerqué mi mano lentamente al pomo, lo agarré y pese al calor interno que tenía en mi cuerpo lo noté frío (estábamos en pleno mes de julio y en la planta de arriba caía el sol de pleno de buena mañana), lo giré lentamente y pese a lo que deseaba… empezó a girar y la puerta se entreabrió. Sin darme tiempo a pensármelo mejor, entré y cerré la puerta tras de mi. Mi madre estaba de espaldas a la puerta, sólo veía su cuerpo por detrás, su media melena, su espalda, su culo algo regordete y con apuntes de celulitis propias de la edad y unas piernas también regordetas. La mampara transparente empezaba a empañarse por el efecto del calor, pero aún se podía ver perfectamente a través de ella. Se estaba enjabonando las piernas con una manopla de crin. Se dio la vuelta y al levantar la mirada de sus piernas, nuestras miradas se encontraron. Fugazmente pude ver un destello de sorpresa que fue rápidamente sustituido por una mirada que jamás le había visto, una mirada de mujer, de hembra, un tipo de miradas que uno cree que nunca verá en su propia madre hacia su hijo. Siguió echando gel a la manopla y empezó a frotarse los pechos. Ahí he de decir que quien se cortó fui yo. Balbuceé una disculpa y con una gran erección en mis pantalones, me di la vuelta y salí del cuarto de baño. Dirigiéndome a mi habitación a toda leche para aliviar mi calentura, me cruzo con mi abuela, también es mala suerte, quien tras una fugaz mirada a mi abultada entrepierna, me dice, “Buenos días Iván, te acabas de levantar, ¿verdad?” Todo con una sonrisa que me acojona pues es mi abuela. Aquí he de decir que de mi abuela desde siempre me ha llamado mucho la atención lo bien conservada que estaba para sus 75 años, con unas tetazas increíblemente grandes.

La cosa quedó ahí. A media mañana, cuando volví a bajar después de haberme duchado (en otro cuarto de baño por miedo a cruzarme de nuevo con mi abuela o peor aún, con mi madre) bajé para picar algo. Mi abuela se había ido a comprar algunas cosillas, y me encontré con mi madre en la cocina. Me acerqué a darle el habitual beso de buenos días, pues aunque ya nos habíamos visto por la mañana, en el baño, no habíamos cruzado palabra alguna. Estaba con una camiseta vieja de esas super amplias y unos pantalones cortos, es decir, una ropa normal y nada, nada erótica o provocativa, de no ser que al girarse un poco y alzar los brazos para sacar la una cosa de un armario en alto, la camiseta al ser tan amplia, me regaló una rápida visión lateral de su teta derecha. Me quedé atontado mirando como un voyeur salidorro al hueco de su camiseta, y ella al girar la vista al oírme entrar, me pilló totalmente y en contra de lo que esperaba me dijo:

-¿Qué pasa hijo, no me digas que Cris no te da lo que necesitas?Cris era mi novia desde que éramos críos, nuestro noviazgo era largo y conocido y aceptado por ambas familias, ya de hecho habíamos vivido juntos algunas temporadas.

-No es eso mamá, lo que pasa es que uno no deja de ser un hombre e involuntariamente fijarse en las mujeres hermosas.

-Anda, anda, adulador, con lo guapa que es tu Cris y  mira, hijito, ya que estamos entre confidencias, te confesaré que como toda mujer que lleva casada casi 30 años, en algunos momentos me he planteado como sería tener una aventura, ten en cuenta que yo no conozco otro hombre sexualmente hablando que no sea tu padre, y claro, dadas nuestras edades y con lo que hoy en día se ve y se oye… pues como que siento que me he perdido muchas cosas que ya no sabría proponerle a tu padre, pero luego siempre me digo… total, para acostarme con un hombre de la misma edad que tu padre, que seguramente tendrá los mismos… prejuicios… ¿pues para qué?

-Mamá no sé si estoy entendiéndote o no… además, no entiendo por qué dices que tendría que ser con un hombre de la edad de papá.

-Pues está clarísimo… ¿tú crees que alguien más joven se iba a fijar en una mujer como yo, de mi edad y encima menopáusica ya?

-Jajajaja, eso de la menopausia lo estás enfocando mal, pues lo dices como una traba o algo malo.

-Ah, y qué pasa… ¿qué es bueno acaso?

-Por supuesto… es una gran ventaja para ti y para un supuesto amante tuyo, pues no existiría el riesgo de un embarazo no deseado. 

Y aquí me tiré totalmente a la piscina, arriesgándome a recibir una reprimenda por parte de mi madre.

– Además, más placer para ambos, para tu supuesto amante por poder correrse dentro de tu coño libremente con el placer que ello implica, y para ti, pues según me ha comentado Cris, la sensación de recibir una corrida a pelo en el coño no tiene ni punto de comparación con el hacerlo con un condón.

Aquí casi esperaba que mi madre después de regañarme por mi lenguaje con ella, cortara la conversación de raíz, pero para mi sorpresa (una más en lo que iba de día) no lo hizo, sino que me siguió la corriente con un vocabulario que jamás se había oído en mi casa y mucho menos, claro está, de boca de mi propia madre.

-Bueno, si lo miras así, sí, podría llegar a ser una ventaja, pues la verdad es que sí, que la sensación del semen en tu coño es indescriptible, y según dicen algunas amigas que no te diré el nombre, pues las conoces, eso mismo en la boca… dicen que es tremendamente excitante, pero el problema entonces se duplica….

-No entiendo…

-Sí, antes estaba el problema de que tu padre se pudiera enterar y con lo de la posibilidad de hacerlo a pelo, como vulgarmente se dice, el riesgo se amplia al tema de enfermedades sexuales, ya sabes… por no hablar de lo que te dije antes… quien se iba a fijar, siendo menor que yo, en una vieja como yo…  diciendo esto se estiraba su camiseta hacia abajo y al ajustársela al cuerpo, noté como tenía los pezones marcados en la tela, lo que me indicó que quizá le estaba gustando nuestra conversación secreta.

-Hombre, sí, claro, tienes razón, pero ambos problemas se solucionarían juntos sabiendo elegir a la persona.

-Ahora, hijo, soy yo quien no te sigue…

-Mira te explico… para que papá no se enterase tendrías que buscar a un hombre que tuviera el mismo miedo a que papá se enterase; para lo de los riesgos de enfermedades… tendría que ser un hombre de tu total confianza, claro; y en cuanto a lo de que quien se iba a fijar en ti…. pues muchos hombres estarían encantados de hacerte el amor.

-Gracias por el cumplido hijito lindo, pero yo noquiero que nadie me haga el amor, yo lo que deseo a veces es que me follen como a una perra, que me hagan cosas que jamás he hecho ni he probado, y que ni siquiera me he atrevido a soñar en mis momentos más húmedos y solitarios.

En eso oímos el ruido de las llaves de mi abuela, que estaba saliendo de casa para ir con sus amigas a tomar el té alguna tarde.

– ¿Has visto a la abuela? -Sí  me dijo mirando y señalando por la ventana de la cocina  Ahí la tienes, ligoteando ella y sus amigas con los pobres viudos en la piscina…

-Jajajajaja, déjala a las pobres, que se diviertan.

-Huy, hijo… tú no sabes el peligro que podemos tener las mujeres en esta casa, jajajaja. Oye, por cierto… tenemos que hablar de lo que ha pasado esta mañana aquí mismo.

-Bueno, pues tú me dirás…  dije acercándome a ella intentando intimidarla.

-Mira, creo que no te he entendido bien y me gustaría aclararlo antes de que pudiera haber malos entendidos.

-Dime mami -Esta mañana creí, seguramente erróneamente pues sé mis… limitaciones, que una opción a mis problemas o dudas podría ser alguien… cercano  Diciendo esto se volvió hacia la ventana dándome la espalda.

-Pues sí, me entendiste bien esta mañana, me refería a alguien muy cercano a ti, tan cercano como esto  dije pegando mi cuerpo al suyo.

Dio un respingo al notar mi polla ya algo morcillona incrustarse en su culo y rápidamente miró por la ventana a mi abuela y su grupito de amigas, pero desde fuera y dada la altura de la ventana sólo se veía la cabeza de quien estuviera en la misma.

-Pero hijo… soy tu madre y tú eres mi hijo, no estaría bien…

-¿No estaría bien? Pues esto (restregué mi polla en su culo) y éstos (le agarré los pezones con mis dedos) parece que no están demasiado de acuerdo…

-Uuuummm, Dios…. el tiempo que hace que nadie me toca los pezones… pero qué estamos haciendo… deja, deja, por favor te lo ruego.

-¿Seguro mamita?  le dije quitando mis dedos de sus pezones y metiendo mis manos por las anchas mangas de su camiseta agarrando duramente así sus tetas con mis manos y empezando a apretárselas -Uuuummm… ay, ay, Dios… ¡¡¡qué me estás haciendo!!!! Aaaaaaaayyyyyyyyyyyyyy…

Y para mi sorpresa se corrió con solo tocarle las tetas. Vimos que mi abuela se levantaba y empezaba a despedirse de sus amigas. Saqué mis manos de su camiseta, le apreté más aún mi polla en su culo, y le dije al oído (aún a riesgo de que mi abuela, si giraba su cabeza nos viera…): -Si te has corrido así… espera a probar mi boca en tu coño…

Se giró para mirarme y seguramente replicarme, pero yo aproveché a sacar mi lengua y lamerme de arriba a bajo sus labios, lo que la dejó totalmente parada y creo que más cortada aún que el hecho de que se hubiese corrido con mis sobeteos en sus tetas. Me di la vuelta y empecé a poner la mesa. En eso llegó mi abuela y tras saludarnos nos dijo que se iba a lavar las manos. Me acerqué a mamá y le dije al oído…

-Tú también tienes algo que deberías lavarte, ¿no? Hazlo por favor, que me está volviendo loco el olor de hembra que despides y no responde de mí  mientras le tocaba el culo con toda la mano abierta.

Mi madre salió al baño y volvió al rato. Se había cambiado los pantalones cortos por una faldita por encima justo de las rodillas de esas de vuelo. Volvió también mi abuela y empezamos a comer. Mi madre no dejaba de mirarme asombrada por lo que había pasado, pero con un brillo en los ojos desde luego no de enfado.

Cada vez que había que levantarse a algo, me levantaba solícito a ayudarla, vamos, una excusa para intentar rozar su cuerpo, con todo el disimulo del mundo dado que estaba mi abuela delante, aunque yo estaba seguro que no se estaba enterando de nada… al menos eso creía…. De nuevo sentados los tres, cada uno, una vez que recogimos la cocina entre los 3, nos dirigimos a nuestros respectivos dormitorios. Como creo que dije anteriormente, el cuarto de mi abuela estaba en la planta baja, y el de mis padres, los antiguos de mis hermanos y el mío en la planta de arriba, así que mi abuela se metió a su cuarto…

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La novia perversa

Les voy a contar una historia que es totalmente verídica. Actualmente tengo 36 años. Esto sucedió cuando tenía 21.

Entonces yo residía en Madrid con mis padres. Tenía novia desde hacía seis meses y se llamaba Marta. Ella tenía 22 años.

Era una chica muy de gimnasio, tirando a pija, con todo muy bien puesto. Destacaba en ella todo su físico aunque sus grandes ojos verdes era lo que mas llamaba la atención.

Llegó nuestro primer verano como novios y la familia de Marta tenía un apartamento en un pueblo costero de Valencia llamado Cullera.

Me invitó a pasar parte del verano y allí que me fuí.

Cuando llevábamos unos días allí me dijo que ya no follábamos con tanta pasión. Le contesté que yo la adoraba y que me encantaba estar con ella pero que en casa de sus padres era complicado tener un sitio para nosotros y nuestra intimidad.

Teníamos que volver de la playa antes que los demás o ir más tarde para poder quedarnos solos en la casa y no podíamos hacerlo todos los días.

Entonces me dijo que tenía la solución y que con otro novio que tuvo antes de conocerme, mayor que ella ya lo había puesto en práctica y que esa noche íbamos a encontrar a la persona adecuada para solucionar nuestro problema.

Esa noche nos fuimos a un pub donde la edad media era de unos 35 años. Marta bailaba cada canción y las miradas de los tios que había por allí iban a parar todas a sus atributos. Yo no estaba muy cómodo y se lo dije. En ese momento entró un grupo de hombres de unos 45 años.

Uno de ellos vino donde estábamos y saludó efusivamente a Marta. Ella le dijo que lo estábamos esperando y el hombre pidió una botella de champán para los tres.

El se llamaba Pepe, tenía 44 años y tenía una empresa de mercancías en el puerto de Valencia.

La conversación iba sobre nuestras vidas y demás formalismos hasta que Pepe le dijo a Marta “no sabes la de veces que me acuerdo de aquello y lo que he pensado en ti”. Yo en ese instante pensé que habían estado juntos y mi incomodidad crecía por momentos.

Marta se dio cuenta porque de inmediato me dijo que Pepe y ella solo se habían visto una vez cuando Pepe amablemente les cedió durante unos días su apartamento a ella y su anterior novio.

Entonces Marta le preguntó si podíamos disponer de su apartamento unos días ya que en casa de sus padres no teníamos intimidad. Pepe le contestó que sin problema aunque debíamos esperar hasta el lunes siguiente porque hasta el domingo estarían su mujer e hijos.

Nos dijo que debía regresar con sus amigos y que podíamos pedir lo que quisiésemos que estábamos invitados. Antes de irnos, nos acercamos a despedirnos y quedamos en que el domingo por la noche nos acercaría las llaves a ese mismo pub antes de irse.

De camino a casa, le pregunté a Marta como lo conoció y por qué nos dejaba una semana entera su casa si solo se habían visto una vez. La noté reacia a contarme nada y simplemente me contestó que era una especie de pacto. Ella le daría lo que él quería y tendríamos una semana su preciosa casa para nosotros solos. En ese momento monté en cólera y le pregunté en qué consistía lo que ella iba a darle y me contestó que tranquilo que no iba a tener sexo con él.

Estuvimos unos días tirantes. Yo no entendía del todo la situación y cada vez que le preguntaba a Marta, me contestaba que confiase en ella y que simplemente lo estaba haciendo para que tuviésemos intimidad durante una semana.

Marta unos días antes del domingo comenzó a comportarse de una manera un poco extraña. Me dí cuenta de que no se metía al agua, ni ducha ni siquiera se bañaba en la playa o en la piscina del complejo de apartamentos. Además, salía a correr todas las mañanas, cosa que no habíe hecho desde que yo llegué.

Le pregunté si tenía la regla y me contesto que no, lo que aumentó mi curiosidad.

Llegó el domingo y a la hora acordada, apareció Pepe, pagando lo que habíamos pedido y dejándonos las llaves de su casa. Nos dijo que se iba a Valencia con la familia pero que al día siguiente a las siete de la tarde vendría para tomar algo con nosotros.

Al despedirse le dijo a Marta “no puedes imaginar las ganas que tengo de que llegue el día de mañana”. Marta sonrió de una forma entre perversa y socarrona que nunca había visto en ella.

Le pregunté a qué había venido eso y me dijo que Pepe tenía unos gustos un tanto extraños pero que a ella no le importaba hacerlos realidad porque iba a portarse muy bien con nosotros, de igual modo que hizo anteriormente con ella y su antiguo novio. Me dijo que confiase en ella y que podía estar allí con ella esa tarde o no estar pero que ella prefería que yo estuviese para que me diese cuenta de que no había nada sexual por su parte pero que si iba a escandalizarme fácilmente que mejor no estuviese.

Le dije que no sabía de qué debía escandalizarme porque no me contaba nada y que yo no iba a follarla delante de un pervertido. Me dijo que yo no iba a participar y que solo iba a mirar.

En ese momento me levanté de la silla y le dije que me volvía a Madrid que ella no iba a jugar con mis sentimientos. Ella me cogió de las manos y me dijo que no me lo podía explicar pero que por favor confiase en ella. Me dejó más tranquilo cuando me dijo que a ella en el fondo iba a gustarle y no lo iba a hacer de mala gana y que incluso podría gustarme a mí porque me contó que su anterior novio no dejó de pajearse viendo la escena.  Me dio un abrazo y me dijo al oído “confía en mí”.

Eso fue suficiente para que no me fuese esa noche y fuimos a la casa de Pepe. Era inmensa y espectacular. En el frigorífico había de todo. Marta sacó dos cervezas y algo de picar. Cuando acabamos, le dije que antes de ir a casa de sus padres a dormir, podíamos aprovechar una cama. Fuimos a una habitación y cuando comencé a desvestir a Marta su olor era insoportable.  Tanto que se me fueron las ganas del todo. Le comenté que llevaba varios días haciendo ejercicio y que no se había lavado y me dijo que lo sentía pero que hasta el día siguiente no iba a lavarse. Al final me hizo una mamada y nos fuimos a dormir.

El día siguiente fue muy extraño porque Marta comenzó a beber cocacolas sin parar desde la mañana. Nunca lo había hecho porque siempre bebía agua y cuando salíamos de discotecas o pubs siempre pedía gintonics. Copas con cocacola nunca. Además nada más comer estuvo preparando ropa y metiéndola en un bolso como si nos fuésemos de viaje.

Tras la siesta, le dijo a su madre que nos íbamos a la playa y que luego habíamos quedado con unas amigas y que volveríamos tarde. La madre le preguntó dónde iba con ese bolso y le dijo que llevábamos la muda y que íbamos a pasar por casa de una amiga a ducharnos y cambiarnos.

Fuimos directamente a casa de Pepe y Marta comenzó a probarse vestidos y zapatos, minifaldas y botas militares, camisetas ajustadas y con escote…

Así hasta que llegó Pepe un poco antes de la hora. Nos dijo que había salido un poco antes y además había venido un poco rápido porque no podía pensar en nada más.

Marta comenzó a sonreir de forma perversa y le soltó “así que el puto cerdo no puede dejar de pensar en mí, mmmmmm eso me gusta”. Yo estaba estupefacto cuando Pepe se arrodilló ante Marta y le dijo “por favor, haz lo que desees conmigo”. Marta soltó una carcajada y le dijo “eres un gusano y te voy a tratar como un perro”.

Yo miraba a Marta y a Pepe y no daba crédito. Marta me vió a su lado, me cogió la mano y me acompañó al sofá. Me dijo que allí iba a verlo todo y que simplemente iba a humillarlo porque es lo que le gustaba a Pepe. Me dio un beso con lengua morboso y se fue a cambiarse.

Mientras ella se cambiaba y yo estaba sentado en el sofá, Pepe no se movió de donde estaba plantado de rodillas en ningún momento.

Cuando apareció  Marta de nuevo, estaba espléndida. Pantalones militares y botas con punta reforzada y una camiseta de tirantes verde que dejaba transparentar sus pezones ya que no llevaba sujetador. Me dí cuenta de lo excitada que estaba por la transparencia de los pezones. Los tenía de punta pese al calor que hacía.

Entonces dijo “ven aquí puto perro que quiero divertirme un poco”. Pepe fue a cuatro patas donde estaba Marta y entonces comenzó a recibir patadas en el costado, nalgas y pisotones en la espalda con una rapidez y furia increíbles. El hombre se quejaba a cada golpe pero allí seguía esperando más.

Cuando Marta se cansó de darle patadas, vino a sentarse a mi lado. Comenzó a darme morreos y palpó mi entrepierna que ya tenía un bulto considerable. Ella me dijo “no sabes lo que voy a disfrutar y no sólo por mí sino porque veo que también tú vas a disfrutar”. Mientras nos besábamos, Marta le dijo a Pepe “ven aquí, quítame las botas y comienza a limpiarme los pies con la lengua”.

Marta cruzó las piernas, Pepe quitó con sumo cuidado las botas a mi chica y comenzó a lamer sus pies. A pesar de que estábamos sentados, yo desde mi posición pude oler el pestazo que echaban esos pies y allí estaba ese pobre hombre tragando el olor y el sudor acumulado de días sin lavar.

Yo le dije al oído a Marta “así que por eso no te lavabas” y ella me contestó “a este perro le encanta mi olor así que hoy va a tener ración extra”. Se dirigió a Pepe diciendo “he pensado en ti perrito y llevo días sin lavarme y haciendo ejercicio ¿no estas contento?” Pepe respondió “si, muchas gracias me encanta tu olor”. Marta daba instrucciones mientras me masajeaba el paquete “mete bien la lengua entre mis deditos puerco” “cómo te gusta el olor de una chica jovencita; seguro que el olor de tu mujer ya no te atrae; jajajajajajaja”

Cuando Marta se cansó, le dijo a Pepe que sacase los artilugios y los colocase que iba a cambiarse. Ví como Pepe fue a por un bolso que había traido y dejó en el suelo. Sacó una fusta, una correa con una especie de bozal y un artilugio lleno de correas y con dos pedales.

Apareció Marta con un vestido corto, de una pieza, muy ceñido y de palabra de honor con goma. Hombros y espalda descubiertos. Se había hecho una cola en el pelo. Y llevaba botas de montar!!! Jamás la había visto tan cañera.

Entonces Pepe comenzó a montar todo. Los pedales resultaron ser para que Marta pusiese los piés, la correa con bozal era las riendas. Cuando ya estaba listo todo, Marta cogió la fusta y montó a lomos de Pepe. Lo hizo sin pizca de delicadeza, dejándose caer de golpe con todo su peso sobre su espalda. No entiendo como no quebró la columna vertebral de Pepe. Aun así no contenta con la posición volvió a repetirlo dos veces más hasta que Pepe soltó un alarido “ahhhhhhhhh”. Entonces Marta dijo “ahora que te veo sufrir ya puedes pasearme, vamos caballito”. Pepe comenzó a moverse a cuatro patas por el inmenso salón, mientras Marta miraba hacia donde yo estaba y me ponía cara de vicio.

A mí me iba a explotar la polla con lo que me la saqué y comencé a frotar. Cuando Marta me vió, dijo “ahora quiero ir más rápido caballito”. Pepe comenzó a ir mucho más rápido. Marta no estaba satisfecha y comenzó a azotarle con la fusta de manera despiadada. Empecé a pajearme fuerte porque era un espectáculo ver a mi novia a lomos de un tio de 44 años, que hacía lo que ella deseaba en cada momento y aún así recibía azotes que le dejaban buenas marcas en la piel. Cuando vió que Pepe ya no podía más y no dejaba de resoplar le dijo “ahora vamos delante de mi novio para que se pajee a gusto”. Pepe llego hasta donde yo estaba y en el mismo lugar comenzó a hacer movimientos arriba y abajo con la espalda. Marta subía y bajaba. De vez en cuando soltaba un varazo y yo me pajeaba con mayor velocidad. Entonces, se bajó la parte superior del vestido y  me dijo “mira cari como se mueven mis tetitas”. Iban arriba y abajo, ella con cara de viciosa total, fustigando a Pepe y haciendo “yiiiiiiiiihaaaaaa”. No pude más y me corrí abundantemente. Marta se acercó y me dio un beso. Me dijo al oído que ella también se había corrido en las bragas con el roce con la espalda de Pepe  y la excitación de verme pajeándome.

Le dijo a Pepe que nos trajese unas cervezas y algo de picar. Mientras las bebíamos, Marta dijo “ahora perrito quiero que te pongas a hacer flexiones y cada vez que bajes, me besas los piés”. Lo tuvo así un buen rato. A mí me daba pena y le dije a Marta que Pepe podía tomar algo con nosotros ella contestó “Pepe solo quiere una cosa y es mi olor”. En ese momento Marta puso una de sus manos detrás de la cabeza y dijo “vamos perro”. Pepe raudo y veloz comenzó a oler la axila de mi novia. Ella mientras como si nada, comiendo aceitunas. Luego le dijo “limpiame todo el sudor acumulado y cómetelo puerco”. Pepe comenzó a lamer como un cachorro la axila. Aunque estaba un poco asqueado porque notaba el olor de la otra axila de Marta y no entendía como alguien podía lamer semejante olor, noté cierta excitación y el paquete comenzó a crecer de nuevo. Marta repitió la escena con su otra axila y Pepe olió y lamió como si fuese el mayor manjar del mundo.

Tras la cerveza, Marta fue a cambiarse y le dijo a Pepe que preparara el final.

Vi a Pepe sacar plásticos grandes y colocarlos en el suelo.

Apareció Marta con una camiseta ajustada, minifalda con vuelo y chanclas. Se había hecho dos coletas en el pelo. Parecía tener bastantes años menos. Se quitó las bragas y me las dio. Dijo “¿sabes lo que esta esperando el perrito? Que se las des” Sus bragas desprendían olor entre sudado y sexo y hasta vi manchas. Se las eché a Pepe y comenzó a devorarlas con su nariz y a pasar la lengua por la zona de las ingles. Yo no daba crédito del pobre imbécil. Marta me miraba y se reía. Marta dijo “las braguitas son un regalo para ti perrito para que mientras tenga mi olor puedas pajearte pensando en mí pero ahora quiero sentarme en un buen almohadón”.

Pepe gateó velozmente hacia el sofá y colocó su cara boca arriba. Marta, ya sin bragas, posó su culo sin contemplaciones sobre la cara de Pepe. Yo estaba al lado y os aseguro que el olor era indescriptible. Marta debió de ver mi cara de asco porque me dijo que cuando iba al baño no se limpiaba del todo para que Pepe tuviese su olor que era lo que le gustaba. Yo en ese momento no sabía si esto le estaba gustando más a Pepe o a mi novia.

Marta me dijo “querías saber por qué he tomado esta mañana cocacola cuando nunca bebo ¿verdad?” Yo hice que sí con la cabeza. Ella me sonrió y alzándose un poco de su peculiar asiento, comenzó a soltar un pedo impresionante. Al acabar volvió a sentarse sobre la cara de Pepe y dijo “huele cabrón, que se que te mola”. Mientras tanto volví a sacarme la polla y Marta empezó a pajearme mientras botaba encima de la cara de Pepe. Esta situación se repitió varias veces más. Marta me dijo que le preguntase a Pepe si le gustaban sus pedos. Yo lo hice y Pepe dijo como medio ido “me encantan”. Marta volvió a tirarse otro. “prrrrrrfffffff cómetelo desgraciado, si te viese tu mujer aspirando y oliendo pedos de jovencitas”. En ese momento no pude más y me corrí en la mano de mi novia que no había dejado de pajearme.

Tras esto, dijo Marta “¿tienes sed perrito?” Pepe contestó con un hilillo de voz entre expectante y satisfecho “siiii”. Entonces, Pepe corrió hasta el plástico y se tumbó boca arriba. Marta se quitó la minifalda y me dijo que lo hacía por mí para que no perdiese detalle. Se colocó en cuclillas sobre la cara de Pepe. Este ya tenía aberta la boca y Marta comenzó a merarse dentro. Decía “que no se caiga ni una gota cerdo asqueroso, trágatelo todo”. Yo pensaba que lo escupiría pero no. Se lo tragaba conforme caía en su boca. Seguía sin entender como alguien podía hacer eso por muy buena y joven que fuese una chica.

Cuando acabó, Marta dijo “me duele el estómago y no llego al baño, así que abre bien la boca”. Comenzó a tirarse pedos que fueron seguidos de un morcillón increíblemente largo. Caía en la boca de Pepe que ni se inmutaba. Cuando pensaba que iba a caerse lo que viniese después porque no le cabía más mierda en la boca, Marta comenzó a hacer un movimiento de cadera circular y quedó un pastel vertical ascendente en círculos sobre la boca llena de Pepe. Marta dijo “cuando veas a tu mujer le das un besito jajajajajajajajajaja”.

Fue a limpiarse y se sentó conmigo en el sofá. Yo ya había comenzado la tercera paja mientras Pepe seguía allí quieto con toda la mierda sobre su cara. Estallé y me corrí mientras Marta me decía “esto lo hago por nosotros pero en parte me gusta sentirme como una diosa y que tíos maduros hagan lo que me dé la gana solo por ser guapa y joven. Me gusta mucho que limpien mi sudor con la lengua y se coman mi mierda porque me siento superior y esa sensación es increíble”.

Le pregunté si había hecho esto con alguien más y me contó que con Pepe y su antiguo novio cuando Pepe les ofreció su casa para pasar unos días y a cambio sólo les pidió ser humillado. Pactaron las cosas y a ella le gustó. Volvió a hacerlo con un hijo de un amigo de su padre un día que lo pilló olisqueando su bañador en el aseo de la casa. Se encerró con él en el baño y la lamió por todos lados. Me contó que esa desesperación de los hombres por sus fluidos y su sudor le ponía mucho.

Finalmente le dio permiso a Pepe para ir a lavarse. Marta sacó dos cervezas más y cuando regresó Pepe lo puso a limpiar todo. Cuando acabó le dijo “has sido un buen perro y vas a tener tu hueso de premio; ponte de rodillas perrito; ahora pon la cabeza hacia atrás que voy a sentarme en tu asquerosa cara para que acabes de olerme mientras te permito una paja; sólo podrás pajearte si aguantas mi peso y no te vienes abajo; si en algún momento ya no puedes servirme de asiento me bajaré pero no tendrás tu orgasmo; cuanto más aguantes más posibilidades de correrte; ya sabes que a mayor sufrimiento, mayor orgasmo”. Marta se sentó en la cara de Pepe y puso sus piés en su pecho. Pepe comenzó a masturbarse muy fuerte. Marta le dijo “veo que vas muy rápido así que voy a ponértelo más difícil porque así no mola”. En ese momento conmenzó a moverse y a bailar sobre la cara de Pepe. Yo comencé una nueva paja porque veía a Marta preciosa subiendo y bajando los brazos, moviendo la cabeza, la cadera, bailaba como si estuviese en una discoteca. Pepe tenía la cara congestionada en un tono púrpura que indicaba que no iba a tardar mucho en caerse porque era imposible que pudiese aguantar en esa posición todo el peso de Marta y además bailando. Pepe no dejaba de pajearse con furia y con mayor furia se meneaba Marta en su cara.

Al final Pepe no pudo aguantar y cayó con Marta encima. Marta le dijo “te jodes cerdo; ¿creías que iba a dejar que te corrieses?; haz ejercicio para aguantar más la próxima vez”. Entre frase y frase le escupía en la cara. Yo sí que me corrí por última vez. No recuerdo orgasmos tan seguidos y con la polla tan dura más que en esa ocasión. Tened en cuenta que todo ocurrió en apenas 60 minutos.

Marta fue a ducharse mientras Pepe desinfectaba todo el suelo y tiraba la basura de todo el espectáculo. Al regresar, se tomó una cerveza con nosotros y comentamos todo lo sucedido. Marta me contó que la primera vez que lo hizo fue más o menos igual. Pepe le recordó que en esta ocasión había sido más perversa y menos inocente, tanto en las formas como en el vocabulario y la forma de decirlo y que le había encantado. Marta dijo “ claro la primera vez estaba un poco más cortada pero ya me sale mejor la cagada, ¿verdad?”. Pepe dijo “si, la primera vez me dejaste el pastel en toda la cara y casi no podía respirar pero te has acordado del consejo que te dí después de moverte en círculos para dejarlo en un montón”. Hablaban como si todo hubiese sido lo más normal del mundo. Pepe dijo “lo que me ha sorprendido es el final porque no esperaba que me dejases tocarme ya que es algo que pusiste como condición la vez anterior y como verás en ningún momento lo he hecho”. Era cierto porque con cada humillación su polla parecía a punto de reventar y no se tocó. Marta dijo “si, al principio iba a dejarte tu orgasmo pero me ha jodido ver que lo hacías tan rápido así que me he dicho mejor que sufra y ya se pajeará como un mono en el coche cuando se vaya, jajajajaja”.

Yo le dije a Pepe que sería incapaz de lamer una axila con ese olor o de aspirar un pedo y me dijo que era algo que le había atraído siempre y que lo había practicado desde hacía años con diversas mujeres, casi siempre pagando pero muy discretamente porque tenía familia y con un puesto de trabajo muy social y que era complicado que nadie de su entorno entendiese las cosas que le gustaban. Me dijo “el olor corporal de una mujer mayor es desagradable pero el de una jovencita aunque haga días que no se lave para mí es un manjar; de hecho cuando acabamos la primera vez recomendé a Marta no lavarse durante unos días y tomarse un par de cocacolas ya que la primera vez casi no le salían las ventosidades por si algún día volvíamos a vernos”.

Al rato Pepe se marchó y nos dejó casi una semana la casa para nosotros solos.

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Poniéndole los cuernos a mi mujer

Hola soy Iván, hace aproximadamente un mes, se me pasó por la cabeza plasmar en papel una de mis fantasías sexuales y decidí a enviarla, tuve la gran suerte de que fue publicada, desde entonces mi correo se ha visto saturado y mi vida dio un gran giro, conseguí tener algún que otro contacto virtual, a partir de entonces me animé a escribir este relato, que como el anterior es otra de mis fantasías sexuales, espero tener la suerte otra vez de que sea publicado.

Actualmente vivo en la periferia de Madrid, tengo 29 años y llevo casado 2 años. A continuación lo que os voy a relatar, contiene un alto porcentaje de realidad ya que lo he puesto en practica con mi mujer.

El objetivo de la siguiente historia podemos decir que independientemente de que sea una fantasía, es encontrar a alguien que este dispuesta a realizarla al pie de la letra. Antes de comenzar me gustaría indicaros, que no soy escritor ni nada por el estilo, esto me conlleva a escribir algunas faltas de ortografía y en algunos momentos no explicarme muy bien, os pido disculpas por ello.

Hasta hace 20 meses me encontraba satisfecho con mi vida sexual, pero de un tiempo aquí, mi pareja y yo hemos entrado en la monotonía y mi cuerpo pide algo más y sobre todo variedad, el problema es que con mi mujer ya he practicado lo que en las próximas líneas voy a contar, pero necesito realizarlo con una desconocida. Lo dicho estoy dispuesto a llevarla a cabo en cualquier momento con quien se preste a ello.

Actualmente trabajo como informático, y dedico todos los días algún tiempo a conectarme a Internet y visitar páginas de contactos, realmente me considero bisex aunque sin haber tenido ninguna experiencia, dicen que algo guapo, moreno de piel, pelo cortito y de cuerpo se puede decir que no estoy mal, aunque no soy ningún cachas ni nada por el estilo, no dispongo de mucho vello en mi cuerpo y sexualmente podemos decir que mi aparato es muy normalito.

Bien comenzamos, un día me decidí a anunciarme en las páginas de contactos indicando el siguiente mensaje:

“Hola soy Iván, Vivo en Madrid, 29 años, casado, moreno de piel y pelo, complexión normal, no soy profesional ni nada por el estilo, me encanta dar masajes en todos los sentidos, si estas interesada chica o mujer indistintamente de tu edad en uno de ellos, no dudes en escribirme, me gusta la seriedad, limpieza, discreción, el sexo seguro y sin malos rollos, no importa que tu pareja este presente, te aseguro toda la naturalidad del mundo para que nuestro contacto no nos avergüence, por último indicarte que no cobro por ello.

Besos.”

No había transcurrido un día, cuando comenzaron a llegar las primeras solicitudes.

En el momento de poner el anuncio no esta muy convencido de lo que hacía, iba a poner los cuernos a mi mujer, y no sabía si una vez realizado el contacto podría vivir con toda tranquilidad el resto de la vida, pero lo cierto es que mis ganas superaban mi conciencia y si no lo hacía, me tiraría toda mi vida teniendo en mi cabeza semejantes fantasías. Bien definitivamente tras pensarlo durante varias semanas, estaba completamente decidió a serle infiel, y lo asumía con todas las consecuencias, ni que decir que no se lo comentaría a nadie, sería mi secreto mejor guardado.

El hecho de estar casado retraía bastante a ciertas mujeres. Incluso en el tiempo que permanecí pensándolo, desperdicié más de una oportunidad por este motivo. Un día de los que abrí el correo por la mañana, comenzaron a llegar mensajes, estuve echándolos un vistazo y me llamó uno de ellos la atención que en concreto decía lo siguiente:

Hola soy Susana, he leído tu anuncio de contactos y en principio estoy interesada en tu oferta, tengo 30 años, morena, 165 etc… Actualmente casada, necesito un contacto esporádico y no volver a saber nada de ello. Soy muy tímida y no estoy segura de lo que hago, espero contar con tu ayuda. Besos.

Inmediatamente me puse manos a la obra para responderle y sobre todo tranquilizarla y darle natur

alidad al tema, sobre todo como si se tratase de lo más normal del mundo.

Al día siguiente volví a recibir un e-mail de ella, entonces me puse nervioso, ya que parecía que la cosa iba en serio, me ofrecía su móvil para ponerme en contacto con ella.

La verdad, yo siempre he desconfiado de los contactos a través de Internet, primero por que es un mundo de anónimos y nunca sabes lo que vas a encontrar, lo segundo el mundo es muy pequeño quién sabe si es algún conocido con la persona que te has citado. Para ello, había planificado una serie de reglas que debía llevar a cabo, a continuación las detallo:

1.- Nunca daría datos personales reales. 2.- El día de la cita quedaría en un lugar público. 3.- Yo aparecería en la cita después de la persona con la que había quedado, independientemente de que me gustase o no, tenía muy claro que charlaría con ella. Ya que en algún momento en la única cita que he tenido me dejaron plantado y no es plato de buen gusto. 4.- Yo elegiría el lugar donde tener la experiencia, debería de ser un hotel, a ser posible con minibar y con cargo a la otra persona o en común, eso sí con la habitación previamente reservada. 5.- Y muy importante, en horario laboral para no despertar sospechas sobre mi mujer.

Como veréis eran muchas las condiciones, con lo que no era nada difícil que alguna rechazase la oferta. Bien por fin decidí llamarla por teléfono, según telefoneaba, mi cuerpo temblaba, no tenía claro cómo presentarme.

– Por favor, quería hablar con Susana.

– Sí soy yo, ¿quién es?

– – Era una voz fabulosa, morbosa, algo aniñada.

– – – Hola soy masajes de la pagina de contactos de Internet.

– – Parecía haberse quedado muda, no contestó.

– – – ¿Susana?

– – – Sí, sí, estoy aquí.

– – – ¿Qué tal?, ¿cómo estás? – – – Bien ¿y tú?

– – – Muy bien. La verdad, tenía ganas de conocer tu voz. Te parece bien que nos conozcamos, simplemente para tomar algo.

– – – Vale, ¿cuándo te viene bien?, ¿a qué hora?

– – – Hoy a las 5 de la tarde en la Plaza de Colón, en la cafetería Río Frío. ¿vale?

– – – Vale.

– – – ¿Cómo te identifico?

– – – Llevare una bufanda en la mano. ¿Y yo a ti?

– – – No te preocupes yo me presentaré.

– – La realidad, nos encontrábamos en primavera, llevábamos unos días con una temperatura fabulosa, y por el campo y la calle se podía percibir el olor que nos trae la primavera y que hace que los cuerpos del reino animal se calienten.

Sería fácil identificarla, ya que en esta época del año, no creo que hubiese mucha gente con una bufanda en la mano. Llamé por teléfono a mi mujer y le dije que hoy tenía trabajo y que llegaría más tarde. No sospechó nada, ya que hay varios días en los que debo de quedarme a trabajar más de lo normal.

– – Bien, a lo largo del transcurso del día, no daba pie con bola, me encontraba muy nervioso, incluso se me pasó por la cabeza echarme atrás, pero finalmente no fue así. Llegó la hora y me despedí en la oficina de mis compañeros hasta el día siguiente. Me dirigí al lugar de encuentro.

Una vez que llegué, me situé a unos 100 metros de la entrada de la cafetería, cuando llevaba 5 minutos esperando, vi cómo se aproximaba una mujer con una bufanda en la mano, no podía distinguir bien sus rasgos debido a la distancia que nos separaba, pero no daba lugar a dudas, estaba seguro de que era ella. Para no hacerla perder tiempo y evitar que se pusiese nerviosa, me apresuré para entrar casi detrás de ella. No había llegado a sentarse, cuando con mi mano toqué su espalda y la dije:

– – – Hola, ¿eres Susana?

– – Ella se giró, estaba muy nerviosa.

– – – ¿Qué tal?

– – – Bien

– – – Por fin nos conocemos.

– – Nos dimos dos besos

– – – ¿Qué quieres tomar?

– – – Un Martini.

– – Era impresionante. Morena con el pelo liso a media melena, ojos negros, fina nariz, bonitos labios pintados de rojo, guapa de cara. Llevaba un traje de chaqueta en color azul, con una falda por encima de las rodillas. – –

Enseguida nos trajeron las bebidas, al coger su vaso observé sus manos, con sus uñas pintadas en rojo. Independientemente de la distancia que nos separaba, pod&iacu

te;a percibir que su perfume me gustaba. Con el paso de los minutos la conversación fue más distendida, incluso reímos en algunos momentos.

Fuimos entrando en materia, hasta llegar al meollo de la cuestión del por qué estábamos allí, entonces me sorprendió diciéndome que le gustaría recibir el masaje mañana y que probablemente su marido estaría presente sin llegar a participar. Con esto último yo no contaba, pero lo cierto es que en el anuncio si lo contemplé.

– – Bien al salir de la cafetería reservamos una habitación en el Hotel Colon para el día siguiente. Nos citamos en el mismo lugar a las 12 del mediodía.

– – Durante toda la noche casi no pude pegar ojo, me tiré toda la noche empalmado, pensando en ella. – –

Por la mañana, me levanté a la hora de todos los días, 6 de la mañana, me duché y me arreglé, antes en una mochila introduje aceite Johnson, champú, perfume, espuma de afeitar y cuchillas, todo ello tenía relación con el trabajo que me esperaba. Y sobre todo para ducharme al finalizarlo. – –

El día de la cita solicité permiso en el trabajo. Sobre las 11,30 de la mañana me fui de nuevo a la cafetería donde habíamos quedado, me encontraba muy nervioso, pero al mismo tiempo emocionado y excitado, cuando llegué allí, vi a Susana sentada junto a un hombre, no había duda era su marido.

Nos presentó, Iván era un hombre apuesto, guapo de cara y con buen cuerpo, vestía muy bien, ella sin embargo me sorprendió, traía otro traje de chaqueta igual que el día anterior, pero esta vez en color gris, se percató que me gustó cómo vestía. Bien pedimos algo de comer, debíamos reponer fuerzas.

Después de comer y charlar durante un rato, yo pedí de beber un Vermouth blanco, ellos decidieron acompañarme, destacar que tampoco eran fumadores. Sobre la una decidimos dirigirnos hacia la habitación del hotel.

– – No es que estuviésemos borrachos ni nada por el estilo, pero los 2 Vermouth que nos tomamos cada uno, nos habían hecho dejar la vergüenza atrás, eso sí guardando el respeto y la educación en todo momento.

– – Por fin llegamos a la habitación, disponía de dos camas, suelo de madera, minibar y muy bien perfumada. Una vez cerrada la puerta, un silencio nos invadió a los tres. Entonces me acerqué al minibar y para romper el silencio saqué una botella de champán, y brindamos.

Todo volvió a la normalidad. Iván su marido, se tumbó en una de las camas mientras bebía y se preparaba para ver el trabajito. Entonces le comenté a Susana que si tenía algún inconveniente en comenzar con el masaje, ella me dijo que adelante que se encontraba preparada.

– – – Debes de quitarte la chaqueta y la camisa, la falda de momento no es necesario.

– – Procedió a retirarse la chaqueta y comenzó a desabrocharse la camisa hasta quedarse en sujetador.

– – – No te le quites.

– – El sujetador era en color blanco y podía verse a través de él cómo la aureola de sus pezones se trasparentaba, mientras su marido contemplaba la acción de su mujer desnudándose. – – – Túmbate en la cama boca abajo, le indiqué.

– – Ella abrazó la almohada, entonces saqué dos pañuelos de la mochila, con el primero procedí a vendarle los ojos para que al principio no se sintiese avergonzada, le até un fuerte nudo atrás y le dije que estirase sus brazos hacia arriba, para con el otro pañuelo atarle sus puños. Tenía a Susana completamente inmovilizada y boca abajo.

– – Sus brazos eran preciosos así como sus manos, también podía apreciar la belleza de sus piernas, cubiertas por unas medias negras las cuales sólo llegaban hasta la mitad de sus muslos, su faldita se había subido un poquito al tumbarse en la cama. Saqué mi aceite y dejé caer unas gotas sobre sus cervicales.

Comencé a untarlo con las yemas de mis dedos. Presionando con ellos, pude contemplar que se encontraba algo agarrotada, entonces me acerqué a su oído y le susurré:

– – – Relájate amor, debes de disfrutar.

– – Esta vez dejé caer mas gotas de aceite, pero por toda la espalda, para poder extendérsela, tuve que desabrocharla el sujetador, entonces mis manos empezaron a trabajar duramente, pasados unos minutos ya se encontraba más relajada, desabroché la

cremallera de su falda y se la subí a su cintura, fue maravilloso contemplar aquel precioso culo con el hilo de su tanga negro metido por la raja. Sus piernas eran maravillosas. Mi respiración se aceleraba por momentos, debía de contenerme para disfrutar de cada situación y no precipitarme, existía tiempo de sobra para realizar de todo.

– – Pasé a untar y masajear sus glúteos, por cierto ella debía de trabajarlos a menudo ya que estaban duritos. Cuando conseguí relajarlos muy levemente separé sus piernas, ahora sí que podía apreciar cómo el hilo de su tanga se introducía en el interior de su coño, éste no tenía mucho vello, pero yo aguardaba una gran sorpresa para él. Retiré levemente hacia un lado el tanga y con mi dedo corazón untado en aceite, comencé a masajear su ano realizando circunferencias, además de subirle arriba y abajo. Mientras tanto su marido observaba atónito ante los hechos.

Podía contemplar cómo la respiración de Susana se había acelerado un poquito, era normal, su almejita estaba un poquitín húmeda, señal de que le estaba gustando el masaje en su culo, definitivamente decidí arrancarle el tanga de un tirón, y a ella se le escapó un leve gemido. Separé algo más sus piernas, en ese momento podía estar disfrutando de la visión de su vagina. Era una rajita preciosa, bastante almohadillada.

– – Bien, de momento cambiaríamos de zona, debía de descargar sus gemelos y muslos. Empecé por sus tobillos para ir ascendiendo levemente con movimientos sensuales, hasta una vez más encontrarme otra vez a la altura de su precioso coñito, que en este momento se encontraba algo más húmedo. Paré y me acerqué al baño a recoger algo de agua, iba a afeitarle su rajita. Cuando volví, su marido se había desnudado por completo, por cierto tenía una buena herramienta, estaba totalmente empalmado. – –

A Susana la giré cara a mí, continuaba con las manos atadas y los ojos vendados, separé levemente sus piernas y con agua templada comencé a untar espuma en todo su vientre, eso sí sin llegar a tocar en ningún momento su clítoris.

Cogí la cuchilla y empecé a rasurarle todo su pubis y partes más íntimas. Le debía de gustar porque de vez en cuando arqueaba su cuerpo. Cuando finalicé el rasurado, la sequé con mucha delicadeza y le dije prepárate ahora vas a disfrutar.

– – Yo me quité la ropa a excepción de mi slip, me incorporé y le retiré el sujetador, en esos momentos vi sus hermosos pechos, aunque no muy grandes, pero sí muy bien puestos, tenía los pezones grandes y de color marrón, me senté encima de su vientre y me acerqué a su oído susurrándole: – –

– Estás caliente ¿eh?. Tu marido se ha desnudado también.

– – Desde sus oídos fui rozando su mejilla con mis labios entre abiertos, ella podía percibir mi acelerada respiración, al llegar a su boca me detuve y la comencé a besar suavemente, ella separó sus labios abriendo paso a mi lengua, cuando esta entró en contacto con la suya, un escalofrío corrió por mi cuerpo, notaba que mi polla estaba durísima.

En ese mismo momento empezamos a jugar con nuestras lenguas, su lengua ardía. Nos tiramos así aproximadamente 5 minutos sin separar nuestros labios y lenguas, pasado este tiempo continué descendiendo con mis labios por su cuello hasta llegar a sus pezones, los cuales comencé a besar, pronto sustituí los besos por mi lengua e intercalándolo con pequeños mordiscos, cada vez que mordía sus pezones, ella dejaba de escapar un leve gemido.

Noté como estos se endurecían hasta ponerse como piedras. Separé mi cuerpo del suyo y empezaron a trabajar mis manos sobre sus tetas, muy de vez en cuando con mis dedos las pellizcaba. Era el momento de descender con mi boca por su estómago, ombligo hasta llegar a su pubis, pero todavía no era la hora.

Desde sus tobillos con mis labios, comencé a besar sus piernas por el interior, también pasaba mi lengua por ellas, y me fui aproximando hasta que a la altura de mi cara, se encontraba aquella hermosa rajita, por cierto con un gran grado de humedad.

Podía disfrutar del olor de su sexo, procedí a besar muy ligeramente el clítoris, y a ella se le escapó un pequeño gemido.

Poco a poco fui acentuando el roce de mis

labios por todo el contorno de su clítoris, hasta que me detuve ante él para empezar a chuparlo, con mis dedos separé levemente los labios vaginales y empecé a realizar círculos sobre él con la punta de mi lengua. Parecía que Susana iba a morirse de placer, yo mientras tanto podía degustar el sabor de su flujo. Ella arqueaba su cuerpo todo ello provocado por el placer que le producía. Entonces me dijo:

– – – Por favor no pares, ¡Muérdelo, sí, Muérdelo! – –

Con mis dientes le mordisqueaba su clítoris, e intercambiaba mis mordiscos con leves masajes de mi lengua, pronto vi que sufría convulsiones, estaba apunto de correrse, entonces me detuve y le dije:

– – – No, todavía no ha llegado el momento.

– – Decidí quitarle el pañuelo de los ojos, pero no el de las manos, ella al poder verme por primera vez desde que comenzó el masaje y dada en la situación que se encontraba, acarició con su lengua, su labio superior mirándome con unos ojos pícaros, giró la cabeza hacia donde se encontraba su marido, ante su gran asombro, pudo ver a su marido totalmente empalmado y desnudo sobre la cama de al lado, él asintió con la cabeza, como dándole permiso para que continuase con su deseo, ser follada por un desconocido en presencia de él.

– – Entonces me quité el slip, y ella y su marido pudieron contemplar mi polla totalmente erecta, mi respiración ahora sí que se encontraba totalmente acelerada, notaba sensaciones de falta de aire, coloqué sus piernas sobre mis hombros, y le dije a su marido. – –

– Con tu permiso voy a follarme a tu mujer.

– – Yo nunca lo he probado, pero la sensación de ver como un desconocido se folla a tu mujer y el ver cómo ésta le desea, tiene que provocar una mezcla de celos y placer.

– – Una vez en esta posición, cogí mi polla con la mano y con la punta me dirigí a su clítoris, antes de follármela quería masturbarla, hasta que se corriese. Empecé a realizar círculos y a rozar su botoncito, era maravilloso cómo se estremecía de placer – ummmmmm. Pronto empezó a jadear a un ritmo rápido. Estaba a punto de correrse, se retorcía de placer, todo esto sin poder tocarme ya que continuaba con sus manos atadas.

De repente dejó escapar un grito de placer, estaba corriéndose, su marido mientras había empezado a pajearse.

Podía contemplar cómo no respiraba con normalidad, entonces sin separar mi polla de su clítoris, fui descendiendo hasta que me detuve en la entrada de su coño, muy, muy despacito, procedí a introducirle la puntita, poco a poco continué presionando, hasta que mi polla desapareció en el interior de su rajita, que parecía tener fuego en su interior, de momento no me movía y podía detectar los latidos de mi corazón en mi miembro.

Entonces empecé con vaivenes muy, muy suaves, quería que fuese un polvo suave, mientras ella me miraba fijamente a mis ojos, eso me excitaba cada vez más, a veces giraba la vista hacia su marido, una de ellas le dijo: – –

– Ahhh, ahh, mira amor, mira, me esta follando, ahh.

– – Su marido incrementaba mientras tanto el ritmo de su masturbación.

– – Yo continuaba moviéndome a un ritmo suave, mi polla parecía que iba a explotar en el interior de su coño, podía sentir cómo mis huevos golpeaban en sus nalgas, incluso ya había indicios de que no tardaría mucho tiempo en correrme, pero quería aguantar y para ello disminuía mi ritmo. Ella pasaba su lengua recorriendo sus labios e incluso a veces se mordía el labio inferior. – –

– Esto te gusta ¿eh? Le dije.

– – – No hables y sigue por favor. Me contestó. – –

Pronto comenzó a moverse, podía percibir sus espasmos, estaba a punto de correrse, entonces incrementé mi ritmo a mil por hora, quería correrme junto con ella. Pronto se paró y comenzó a retorcerse, y de mi polla empezó a salir leche que llegaba a rebosar en el interior de su raja, nuestros jugos sexuales se mezclaban en su interior.

– – – No pares, No pares, ahhhhhh. Me dijo ella.

– – – Toma, Toma, amor, esto es lo que necesitas ¿eh?, toma mi leche.

– – Su marido contemplaba la acción con una atónita mirada. Dejé caer mi cuerpo encima del suyo, y paré de moverme, necesitábamos recuperarnos, aproveché para desatarle sus manos. Enseguida las puso encima de mi culo, y con una voz silenciosa me susurró al o&i

acute;do:

– – – No, no, no, esto no ha hecho nada más que empezar, ahora quien manda soy yo.

– – Me retiró de encima de ella, me tumbó boca arriba, y dijo:

– – – Seguro que no te han follado nunca como yo te voy a follar ahora. – –

Su marido no podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Me ató las manos con uno de los pañuelos de los que ella había estado atada anteriormente, y con sus labios, empezó a chupar mis pezones, eso me ponía a mil por hora, pasaba una y otra vez su lengua por encima de ellos, mientras que con una de sus manos acariciaba mis huevos y mi polla. Pronto mi miembro comenzaba a animarse de nuevo. Entonces descendió por mí estomago y con sus preciosos labios y una mirada maliciosa, empezó a besar la punta de mi pene.

Sacó su lengua y comenzó a realizar círculos sobre mi glande, mientras no paraba de masturbarme y con la otra mano untada con un poquito de aceite, acariciaba la entrada de mi ano. Creí morirme de placer, pasados 3 minutos procedió a introducirse mi polla en la boca y empezó a mamármela como nadie lo había hecho, también llegó a introducirme uno de sus dedos en mi ano, esta mujer era un tesoro sin explotar.

Cuando estaba a punto de correrme se detuvo para incorporarse, cogió la polla con la mano, se disponía a sentarse encima de ella, poco a poco se la fue introduciendo en su coño, cuando la tuvo toda dentro, cerró sus ojos y exclamó:

– – – Ahora sí, así me gusta más, ser yo quien lleve las riendas.

– – Empezó con movimientos ligeros, para pasado unos instantes empezar a botar encima de mí, este movimiento ocasionaba un sonido peculiar como si de alguien tocando palmas se tratase. Ocasionalmente ella entreabría los ojos y pasaba su lengua por sus labios. Ahora yo tardaría más tiempo en correrme ya que no habían pasado nada más que 15 minutos desde la última eyaculación.

Desde mi posición podía visualizar cómo se balanceaban sus hermosos pechos, que ella no dudaba en acariciarse con una de sus manos, mientras que con la otra que se pasaba por detrás ella, llegaba a agarrar mis testículos masajeándolos.

El ritmo que imponía, había alcanzado tal velocidad, que mi pene se salió de su raja, en ese mismo momento creí morirme, en poco tiempo y sin llegar a perder segundos le volvió a agarrar y a introducírselo, me fijé en su boca y tenía sus dientes presionados y los labios separados, no paraba de resoplar.

Cuando pudo ver que me iba a correr, se sacó mi polla y me empezó a pajear, acercó su cara, un fuerte chorro de semen salpicó su preciosa cara, su marido también se estaba corriendo en ese mismo instante. Sin mediar palabra muy deprisa volvió a introducirse mi polla y se dejó caer encima de mi pecho. Fue maravilloso, menudo polvo me había echado esta mujer. El olor que desprendía su cuerpo era maravilloso, era una mezcla de aceite, perfume y sudor. Su marido se acercó hasta donde nosotros y dijo:

– – – ¿Ya te has quedado a gusto?

– – – Tú sabes que no, con él ya he acabado, pero ahora te toca a ti.

– – – Fabuloso, contestó. Si no te importa Iván nos gustaría quedarnos solos.

– – Vi que mi trabajo había finalizado, pero de pensar cómo follaba Susana y que ahora su marido y ella lo iban a pasar en grande, se me hacía difícil despedirme de ellos. Entonces les propuse el quedar un día a solas con Susana y otro día con él. Su polla me había gustado y me gustaría hacerle un favorcito y así probar con mi primera experiencia homosexual. Pero eso será en otro momento. –

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Vuelo Nocturno

Tranquilo, no queremos despertar a nadie

 

<< Señores pasajeros, les habla el capitán Vehre, estaremos realizando nuestro vuelo a 35,000 pies de altura y tendrá una duración estimada de 12 horas y media. Como saben tenemos como destino la ciudad de Madrid, llegando al aeropuerto de Barajas. Disfruten el vuelo y gracias por preferir nuestra aerolínea.>>

Ethan, que por poco perdía el vuelo, escuchó el protocolo del capitán mientras acomodaba su equipaje en el compartimiento. Se desprendió del abrigo que cubría el saco, evidentemente costoso y lo dejó sobre su maleta. Uno se preguntaría por que llegó tan tarde al aeropuerto y la respuesta tenía por nombre Isabel.

— ¿Noche difícil, cariño? — preguntó una voz femenina a su lado. Era una mujer de unos 35 años,y la verdad sea dicha, bastante atractiva y estaba sentada en el E de la fila de Ethan.

— Un poco, disculpe. — dijo Ethan observando su boleto de nuevo y procedió a sentarse en el 27G. Realmente no tenía muchas ganas de hablar, estaba de mal humor por dos cosas. La primera: Había olvidado que tenía que hacer un viaje internacional, empacar y llegar al aeropuerto había sido una tarea hercúlea. Segunda: Antes de la llamada de su jefe, ya en Madrid, había estado a punto de tener sexo con Isabel por primera vez desde que salían juntos. El sonido de vibración sobre la cómoda lo sorprendió con la mano dentro de los pantalones de Isabel.

Y ahora regresaría dentro de dos semanas.

Isabel era una chica de la universidad de la que se había graduado recientemente Ethan, la conoció en un taller de lenguas extranjeras y le pidió salir con el dos semanas después. Ella estudiaba en la facultad de Economía,él estudió mecánica.

Con 1.70m de estatura, tez clara como la porcelana, cabellera rubia platinada y curvas, de esas que te quitan el hipo, Isabel era una de las chicas mas atractivas de la facultad. La parte de su cuerpo que más le daba orgullo era su trasero, una obra de arte, en forma de corazón, enfundada en ceñidos vaqueros la mayor parte del tiempo, de una redondéz y firmeza increíbles pues se ejercitaba a diario después de la escuela.

De pensar en esa parte de la anatomía de Isabel e imaginarla cubierta por una tanga negra diminuta, el miembro de Ethan adquiría proporciones que rayaban en lo doloroso al estar aprisionado en sus slips. Lo peor de todo es que se había quedado con las ganas de eyacular hacía tan solo una hora y, al menos durante las siguientes 12 horas y media, no podría hacerlo. Se tendría que resignar a hacerlo en la soledad de su habitación en el NH.

Ethan trató de ocupar su mente en algo mas, entre otras cosas por que su miembro se había vuelto bastante visible a través de la lana del pantalón y es que, el chico se había desarrollado bastante en ese aspecto. Se concentró en mirar por la ventana a las personas que cargaban el equipaje de los pasajeros en una aeronave contigua, le llamó la atención un juego de maletas de color bastante chillón, seguramente de diseñador. Se ocupó también en observar si el pasajero del asiento F decidía aparecer, pero una de las azafatas cerró la puerta que seguramente se volvería a abrir cuando llegasen al viejo continente. Al parecer el ocupante del F se había quedado dormido, igual que D.

Así pues Ethan y la mujer eran los últimos pasajeros, los últimos asientos, así como los laterales estaban desocupados.

Y con estos pensamientos su entrepierna se relajó, de momento.

— Yo creo que lo mejor será dormir, ¿no crees? — comentó la mujer del E, sonriendo. Ethan asintió mientras apagaba el móvil. Cerró los ojos y se dispuso a dormir hasta que llegaran a España.

Tuvo un sueño muy nítido

“En él se escuchaba el ruido del agua caer, seguramente Isabel estaría tomando una ducha. Ethan se levantó del sofá y se dirigió al baño, la puerta estaba entreabierta.

Al abrir la puerta el sonido del agua se hizo mas fuerte, el vaho reinaba en el pequeño cuarto y la silueta, exageradamente clara, de una Isabel desnuda se proyectaba en la cortina, enjabonando su bello cuerpo.

El pene de Ethan había despertado, imponente y desafiante, como pocas veces lo había visto en su vida, sin nada que lo cubriera pues el chico ya estaba desnudo, es curioso como pasan esas cosas en los sueños.

Pero no corrió la cortina, solo se quedó observando los sensuales movimientos de Isabel, acariciando sus prominentes senos, de pezones claros y pequeños, a veces con ambas manos, a veces solo con la mano derecha, mientras su compañera recorría su vientre perfectamente plano y llegaba hasta su intimidad, estimulándola. Isabel gemía por lo bajo mientras sus finos dedos y el flujo del agua consentían a su clítoris.

Por alguna razón, la cual Ethan no comprendía, su cuerpo parecía no querer correr la cortina, solo quería que fungiera como expectador.

Los gemidos de Isabel aumentaban, así como los sonidos característicos de la masturbación. Él sentía las palpitaciones en su miembro, totalmente erecto.

Súbitamente los sonidos se detuvieron, excepto el del agua cayendo sobre el cuerpo de la chica. Parecía como si en ese momento hubiera reparado en la presencia del chico, la silueta sobre la cortina alargó el brazo derecho lentamente para correrla…”

Ethan despertó.

Una pequeña turbulencia, que al parecer le fue indiferente al resto de los pasajeros, incluída la mujer del E, lo despojó de aquel delicioso regalo de Morfeo. El sonido de las turbinas amortiguado y una oscuridad parcial reinaban en la aeronave, acompañados del rugir de su corazón. Pequeñas gotas de sudor perlaban su frente mientras que su falo se erigía de manera casi vulgar bajo sus pantalones y una pequeña muestra de excitación humedecía la tela donde se encontraría el glande. De inmediato trató de cubrir con la mano izquierda tremenda exhibición, sin embargo se dió cuenta que la mujer del E dormía plácidamente con el rostro mirando hacia el lado contrario.

Se relajó un poco, trató de normalizar su ritmo cardiaco, suspiró y se frotó los ojos. Sin embargo la dureza de su miembro no menguaba ni un ápice; notaba sus latidos recorriéndolo a través de la tela. Pasó la mano izquierda por encima de su miembro, se sentía caliente y duro, bastante duro.

Ethan no sabía que hacer para aliviar esa excitación. Miró la pequeña pantalla empotrada en el asiento siguiente, marcaba las 4AM, llevaban tres horas y media de vuelo y no creía poder aguantar hasta que aterrizaran en Barajas; su miembro reclamaba atención urgente. Tenía que hacer algo, pero ¿qué?; ¿Masturbarse en pleno vuelo?, podría entrar al baño y hacerlo ahí. Si, definitivamente eso era una buena idea.

De pronto cayó en que el pequeño anuncio que indicaba a los pasajeros que debían tener sus cinturones ajustados y abrochados estaba encendido, muy probablemente debido a las pequeñas turbulencias por las que estaban atravesando. “Carajo” — murmuró.

Solo quedaba una alternativa, pero la duda lo asaltó. ¿Podría autocomplacerse en su asiento? Era arriesgado, ya que la mujer del E podría despertar mientras el se abandonaba a los placeres onanistas. También era probable que alguna sobrecargo pasara por ahí y lo sorprendiera brindándose placer. Por otro lado no se veía actividad de los sobrecargos y la mujer del E visitaba a Morfeo plácidamente. Además se volvería loco si no eyaculaba pronto, sentía sus testículos, pegados a su cuerpo y a punto de reventar. Notaba su pene erecto aprisionado por los slips negros que Isabel le había acercado en la mañana, y la mancha de preseminal creciendo paulatinamente. Tenía que masturbarse ahí mismo.

Ethan asomó la cabeza por encima de los asientos para comprobar que todos los pasajeros estuvieran durmiendo. Lo estaban.

La respiración de la mujer del E se escuchaba calmada, lo cual indicaba que dormía profundamente. Era momento.

Sentía sus sienes galopar fuertemente mientras abría la cremayera del pantalón y se disponía a sacar su miembro de la prisión en la que se encontraba. Pronto sus 17cm estaban fuera, listos para hacer disfrutar a su dueño. Su pene, moreno y ligeramente curvo a la izquierda mostraba un glande lubricado debido a su sueño anterior y a toda la excitación acumulada desde que el avión dejó tierra. Asió el tronco con firmeza y determinación par,a lentamente subir el prepucio, cubriendo el glande. Un estremecimiento, poveniente de su intimidad recorrió su cuerpo por completo. Estaba a punto de masturbarse en un recinto con mas de 100 personas que podían sorprenderlo en cualquier momento, pero no podía aguantar mas. Desabrochó el cinturón de piel en sus pantalones y desabotonó los mismos para tener mas libertad. El tupido vello púbico pronto fue visible, espeso pero bien cuidado, negro como su cabello pero ligeramente más rizado.

Y empezó a masturbarse, de vez en cuando cerraba los ojos, disfrutando las sensaciones que le producía acariciar suavemente su glande, el cual estaba completamente excitado y lubricado. Su mano subía y bajaba el prepucio rítmicamente pero despacio, pues quería que los sonidos producidos al masturbarse no se escucharan mas allá de su asiento, aunque le costaba lo suyo mantener dicho acto en silencio. De vez en cuando abría los ojos para comprobar que su sesión onanista seguía siendo mínimamente privada, y en efecto, lo era. Así que continuó con lo suyo, cada vez le costaba mas hacerlo despacio, su excitación y su pene reclamaban velocidad y, al ver que nadie se daba cuenta de su acto, ni siquiera la mujer del E, empezó a subir la velocidad de los movimientos de su muñeca derecha, incrementando el placer proveniente de su falo.

Llevaría probablemente unos 15 minutos abandonado a su placer, cambiando la velocidad en ocasiones, para no eyacular tan pronto y saborear mas tiempo las sensaciones que le producía masturbarse en un lugar público. Cuando, de pronto se escuchó un pequeño gemido, de parte de la mujer del E. Ethan se detuvo en seco con el prepucio abajo y la mano izquierda en los testículos, pues le gustaba acariciarlos y estrujarlos mientras se ayudaba.

Se sintió descubierto y una intensa verguenza se esparcía por su rostro, dándole un tono casi carmín a sus mejillas. Sin embargo, al estar por casi 3 minutos inmovil y conteniendo la respiración por momentos para ver si en efecto había sido descubierto, nada pasó. La mujer seguía en brazos de Morfeo y su respiración seguía siendo tan pacífica que indicaba que no despertaría en un buen rato. Además su rostro seguía en la misma posición, lo que le confería a Ethan cierta privacidad.

La respiración de Ethan se normalizó al dejar de darse placer, sin embargo su amigo no se dió por vencido y permanecía impúdico saliendo de sus slips. Decidió continuar.

Retomó el vaivén de su muñeca al mismo tiempo que con la otra mano acariciaba, ora sus testículos, ora su vello púbico; cuando no lo rasuraba y se masturbaba le gustaba acariciarlo. Su orgasmo era inminente.

Ethan empezó a desabotonar su camisa con un objetivo obvio. Después del orgasmo ya pensaría que hacer. Durante su adolescencia y hasta ese día, siempre que se tocaba evitaba hacer ruidos o gemidos que delataran sus acciones, así que su masturbación estaba siendo bastante silenciosa si despreciamos los sonidos qu se producen al bajar el prepucio lubricado. Sentía su orgasmo cerca, sus músculos íntimos trabajaban como si estuviera haciendo ejercicios de Kegel. Al remover el último botón dejó de importarle el ruido, el tronco de su pene y el glande eran acariciados frenéticamente por su mano, haciendo el ruido que esto conlleva, sin embargo nadie parecía percatarse.

Los músculos de las piernas, los brazos, abdomen y las nalgas se contrajeron, sus párpados se cerraron con mas fuerza y su mano se detuvo bajando el glande para dar paso a una serie de espasmos que provocaron potentes descargas de semen sobre su pecho, pubis y parte del cuello. Sintió ese orgasmo tan intenso y tan largo que pensó que iba a gemir despertando a todo el avión, pero no lo hizo. Mantuvo los ojos cerrados, saboreando el cenít de su vaivén solitario. Con los ojos aún cerrados apoyó las manos en los reposabrazos del asiento. Y se relajó, sin cubrirse, quería disfrutar los restos de su orgasmo. Después de todo había tenido sexo con alguien a quien quería mucho.

Había eyaculado más que la ocasión en que pasó mas de un mes sin masturbarse, en sus tiempos de universidad.

Después de semejante eyaculación su pene se hayaba en reposo ya, agradecido con su dueño pero aún fuera de los slips. De pronto, una mano que no era la de Ethan lo asió casi con cariño, provocando que Ethan se sobresaltara y abriera los ojos.

La mujer del E, con la blusa medio abierta mostrando unn sujetador de encaje negro, los pezones desafiantes mostrándose erguidos a través de la tela y para rematar, con la falda roja remangada hasta la cintura y su otra mano dentro de las pantaletas, a juego con el sujetador, se inclinaba hacia el susurrando.

— Tranquilo, no queremos despertar a nadie — dijo con una sonrisa pícara, mirando fijamente a los ojos de Ethan. Él solo sonrió.

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El canguro se folla a la chica que cuidaba

Todo ocurrió hace unos meses. Por motivos de trabajo tuve que salir de mi pueblo e irme a Madrid hacía 10 años, pero con la boda de una prima mía tuve que ir al pueblo. Llegué el Viernes a casa de mi padres donde pasaría la noche y luego el sábado me vestiría e iría a la boda.
El sábado a las 12 de la mañana era la misa, estuve puntual con mi primo Vicente y estuve saludando a la gente que hacía años que no veía, cuando me llamó la atención una chica morena guapisima con el pelo lacio delgada de un 1,70 metros que llevaba un vestido corto morado y un palabra de honor que no dejaba salir a ninguna de sus dos grandes tetas.
– Vince, ¿ esa chica quién es?
– ¿Cuál?
– La morena del vestido morado.
– Ja, ja, ja, ja ¿ en serio no sabes quien es?
– No.
– Es Paula.
– ¿Paula? .- me quedé pensando un poco.- Paula ¿la chica a la que cuidaba cuando tenía 9 años?
– la misma,
– Si que ha crecido,
– Claro, nos ha jodido que han pasado una pila de años.

Tras la ceremonia me fui con mi primo Vicente en su coche a una finca que estaba a las afueras del pueblo, “ Los esparragales” para celebrar el convite, mientras que los novios se hacían la fotos estuve conversando con varios invitados. de repente sentí alguien que me golpeaba en el hombro, al dar me la vuelta me encontré a Paula con una sonrisa de oreja a oreja.
– Hola.-. me dijo
– Hola, Dios que guapa estas.- le dije
– Gracias
– De nada, ¿ dónde está tu novio?
– No tengo novio.
– ¿ Y eso con lo guapas que eres?
– Pues ya sabes en el pueblo poco hay para escoger.
– Bueno y ¿ Qué hay de tu vida?.- le pregunté.
– Pues bien ahora estoy empezando la universidad.
– Me alegro.- a esto se acercó un camarero con una bandeja con varias bebidas, yo tomé una cerveza y Paula tomó otra.
– ¿Bebes cerveza? .- le pregunté.- si cuando te cuidaba y te dejaba beber un buche decías que estaba asquerosa.
– Para que tu veas que las cosas cambian.-
– Pues si.- le dije chocando su copa con la mía.
Llegaron los novios y con ello se acabó el buffet yéndonos dentro del local. En las mesas me fijé que me había tocado en la mesa 6 con mis primos los aburridos mientras que a Paula le había tocado en la mesa 7 con mi primo Vicente. Hablé con mi primo Oscar que estaba en la mesa 7 para que me cambiara el sitio y el accedió sin problema.
En la comida Paula no hacía ascos a nada se bebió el vino blanco que acompañaba al pescado y el vino tinto que acompañaba a la carne, también lo su sorbete de mojito y el de las dos chicas que estaban sentadas a su lado. A la hora de la barra libre se levantó y se fue con sus dos amigas a la barra quedándonos Vicente y yo solos en la mesa al momento volvió a la mesa con una copa llena.
la conversación la llevaba Vicente hablando con la chicas que eran, al igual que Paula, amigas de mi prima.
Sonó una canción de Cristina Aguilera y las tres chicas dejaron sus copas en la mesa y se fueron a bailar.
Estaba con mi primo Vicente bebiendo cuando Paula desde la pista de baile nos saludó efusivamente saltando y haciendo que sus pechos botaban.
– Illo, esa tía buena de 18 añitos quiere montárselo contigo.
– No es cierto.
– Claro que lo es no ves como te mira, escúchame, esas pivitas hacen verdaderas locuras en la cama.
– y eso lo dices por que…
– Porque soy un treintañero que va a bares y está harto de follarse a universitarias, y créeme cuando te digo que esas pivitas universitarias hacen verdaderas locuras en la cama.
– Estoy más cerca de la edad de su padre que de la suya.
– Eso a ellas les mola la figura paterna, los tíos que podrían ser sus padres le chifla y te lo digo porque yo he sido el “papi” de más de una de ellas.
– Estas enfermo.
– Bueno tu te lo pierdes,- hizo un gesto al grupo donde estaba Paula con sus dos amigas y ellas se acercaron.
Al momento las tres chicas se acercaron
– Hola.- dijo una de las chicas rubias.
– Hola respondí yo.
– ¿ de que habláis?.- preguntó Paula.
– De muchas cosas, sobretodo de lo que se divertía cuando se quedaba cuidándote en tu casa de pequeña.-dijo Vicente a lo que las chicas se rieron y se miraban entre ellas- chicas porque no les dejamos para que se pongan al día. Se marcharon a la pista de baile y Vicente me dijo al oído “ Se su Papi”.
Estuve un rato hablando con Paula, recordando anécdotas Paula siguió bebiendo de los chupitos que le traían sus amigas, y la veía muy borracha así que le pregunté.
– Oye Paula ¿cómo vas a volver a casa?
– Pues me iba a ir en el coche de María, pero la muy puta se ha ido.- Se quedó quieta y con voz melosa me dijo.- llévame tú, ¿ me llevarías?.- yo sonreí.
– Vamos vivimos a dos casas el uno del otro.- insistió Paula.- además no sería responsable dejarme coger mi coche en este estado, ¿verdad?.- me dijo torciendo la cabeza y mostrandome su cara angelical. acepté y fui a la barra a despedirme de mi primo y explicarle a sus amigas que me la llevaba a casa por si alguna se apunta. Ellas dijeron que no así que tomé una botellita de agua de la barra y fui a por Paula dándole la botellita de agua para que se le pasara la borrachera.

Agarré a Paula de la cintura y la subí al asiento del copiloto, nada más arrancar ella puso la radio a todo volumen mientras que bailaba en el coche, estaba eufórica para que se relajara le dije que bebiera agua.
– ¿ dónde está la botellita de agua?
– No sé.
– Si la que te dí, creo que en el asiento de atrás.
Se quitó el cinturón y se levantó para coger la botella de agua dejándome ver su tanga azul marino y su culo por el espejo retrovisor, se me fueron los ojos por un momento pero luego volví a mirar a la carretera. Ella encontró una botella y le dió un trago muy grande, cuando me dí cuenta no era agua sino vodka, rápidamente le quité la botella.
– hay que ver la de años que han pasado y aún sigues cuidando de mi.
– Tu sabes, el trabajo de canguro nunca acaba.
– Es gracioso que seas tú quien me lleve en el coche, sabes que cuando era pequeña estaba coladita por ti.
– Nooo.- dije.
Ella acercó su cara a mi cara y dijo,
– Muchas noches me tocaba pensando en ti.
– ¿cómo?.-
– acariciaba mis pechos y pensaba que eran tus manos las que me los acariciaba.- mientras me lo contaba estaba estrujando sus pechos con su manos.
– Quiero que seas el primero…
– ¿ el primero?, ¿ de qué?…Paula la virginidad es algo especial, deberías reservarte para alguien especial.
– Tu eres especial.
– No, Paula yo soy muy mayor para tí, debería ser alguien de tu edad.
– Los niños de mi edad son uno putos pringaos.- decía mientras que jugaba con su pelo mirándome.- vamos nadie lo va a saber solo tu y yo.
– Creo que no es una buena idea.
– ¿No te parezco guapa?
– Muy guapa pero eso no es el problema.
– Entonces crees que soy guapa.
– Si
– Gracias.- diciendo esto se bajó el vestido. Ella no sé en qué momento se había quitado el corchete y al tirar se había abierto la cremallera dejando suelto el vestido lo que hizo que bajara con facilidad, una vez quitado lo dejó caer al suelo del coche. quedándose desnuda únicamente con los tacones y el tanga azul marino. Pude ver sus pechos eran grandes y duros estaban totalmente rectos, señal de su juventud.
se incorporó a mi lado mostrándome sus pechos.
– Vamos, quiero sentir tu cuerpo y que me desvirgues.
– No Paula. No es responsable lo que estás haciendo
– Pero te quiero a tí.- diciendo esto comenzó a abrir mi cremallera buscado mi polla. intenté resistirme pero una vez tomó mi polla pude sentir como se hinchaba en su mano mientras ella lo masajeaba de arriba hacia abajo, después metió su mano hasta mis testículos y los masajeó suavemente mientras que miraba mi cara de placer.
Me abandoné conduje hasta un lugar alejado y oscuro, mientras ella daba cuenta de mi polla yo bajé mi mano hasta sus piernas y comencé a acariciarlas mientras le daba picos en la boca, ella comenzó a recorrer mi cuello, yo con mi mano había echado el tanga a un lado y le acariciaba su clítoris y alternaba metiéndole dos dedos que por la lubricación resbalaban fácilmente hasta el fondo.
Llegamos al descampado de los eucaliptos, lugar de folleteo pero en esta ocasión no había ningún coche. Le dije que nos íbamos a sentar detrás que yo iba a salir del coche y que ella se pasará. Una vez dentro del coche en la parte trasera me desnudé y ella se quitó el tanga y los zapatos. Ella se puso encima mío. Yo guié mi polla a su rajita y comencé a meterle la polla mirándole la cara. Una vez dentro comencé a besar apasionadamente. yo le acariciaba los pechos, la cogía del culo, la estaba sobando por todas partes mientras que ella botaba sobre mi polla repetidas veces hasta que se corrió, entonces le dije que se diera la vuelta. Ella se quedó parada, no entendía lo que yo estaba planeando.
– Me has dicho que quieres que sea el primero,verdad?.
– Si.
– Pues voy a abrirte el culo también.
Se levantó se puso de espaldas a mí, yo apunté mi polla a su trasero y comencé a metérsela, gracias a la lubricación resbalaba como un pescado al poco tiempo estaba dentro. Desde la espalda le cogí los pechos y comencé a meterle y sacarle la polla de su ano, no duré mucho y al momento me corrí dentro de su culo.
Hemos repetido muchas veces cada vez que voy al pueblo, ella se ha hecho un tatuaje en el culo el símbolo de marca registrada el resto del cuerpo es de cualquiera pero el culo es solo mío. Por cierto hace tiempo que no voy quizás en navidad vaya.

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Poniendole los cuernos a mi mujer

Hola soy Iván, hace aproximadamente un mes, se me pasó por la cabeza plasmar en papel una de mis fantasías sexuales y decidí a enviarla, tuve la gran suerte de que fue publicada, desde entonces mi correo se ha visto saturado y mi vida dio un gran giro, conseguí tener algún que otro contacto virtual, a partir de entonces me animé a escribir este relato, que como el anterior es otra de mis fantasías sexuales, espero tener la suerte otra vez de que sea publicado.

Actualmente vivo en la periferia de Madrid, tengo 29 años y llevo casado 2 años. A continuación lo que os voy a relatar, contiene un alto porcentaje de realidad ya que lo he puesto en practica con mi mujer.

El objetivo de la siguiente historia podemos decir que independientemente de que sea una fantasía, es encontrar a alguien que este dispuesta a realizarla al pie de la letra. Antes de comenzar me gustaría indicaros, que no soy escritor ni nada por el estilo, esto me conlleva a escribir algunas faltas de ortografía y en algunos momentos no explicarme muy bien, os pido disculpas por ello.

Hasta hace 20 meses me encontraba satisfecho con mi vida sexual, pero de un tiempo aquí, mi pareja y yo hemos entrado en la monotonía y mi cuerpo pide algo más y sobre todo variedad, el problema es que con mi mujer ya he practicado lo que en las próximas líneas voy a contar, pero necesito realizarlo con una desconocida. Lo dicho estoy dispuesto a llevarla a cabo en cualquier momento con quien se preste a ello.

Actualmente trabajo como informático, y dedico todos los días algún tiempo a conectarme a Internet y visitar páginas de contactos, realmente me considero bisex aunque sin haber tenido ninguna experiencia, dicen que algo guapo, moreno de piel, pelo cortito y de cuerpo se puede decir que no estoy mal, aunque no soy ningún cachas ni nada por el estilo, no dispongo de mucho vello en mi cuerpo y sexualmente podemos decir que mi aparato es muy normalito.

Bien comenzamos, un día me decidí a anunciarme en las páginas de contactos indicando el siguiente mensaje:

“Hola soy Iván, Vivo en Madrid, 29 años, casado, moreno de piel y pelo, complexión normal, no soy profesional ni nada por el estilo, me encanta dar masajes en todos los sentidos, si estas interesada chica o mujer indistintamente de tu edad en uno de ellos, no dudes en escribirme, me gusta la seriedad, limpieza, discreción, el sexo seguro y sin malos rollos, no importa que tu pareja este presente, te aseguro toda la naturalidad del mundo para que nuestro contacto no nos avergüence, por último indicarte que no cobro por ello.

Besos.”

No había transcurrido un día, cuando comenzaron a llegar las primeras solicitudes.

En el momento de poner el anuncio no esta muy convencido de lo que hacía, iba a poner los cuernos a mi mujer, y no sabía si una vez realizado el contacto podría vivir con toda tranquilidad el resto de la vida, pero lo cierto es que mis ganas superaban mi conciencia y si no lo hacía, me tiraría toda mi vida teniendo en mi cabeza semejantes fantasías. Bien definitivamente tras pensarlo durante varias semanas, estaba completamente decidió a serle infiel, y lo asumía con todas las consecuencias, ni que decir que no se lo comentaría a nadie, sería mi secreto mejor guardado.

El hecho de estar casado retraía bastante a ciertas mujeres. Incluso en el tiempo que permanecí pensándolo, desperdicié más de una oportunidad por este motivo. Un día de los que abrí el correo por la mañana, comenzaron a llegar mensajes, estuve echándolos un vistazo y me llamó uno de ellos la atención que en concreto decía lo siguiente:

Hola soy Susana, he leído tu anuncio de contactos y en principio estoy interesada en tu oferta, tengo 30 años, morena, 165 etc… Actualmente casada, necesito un contacto esporádico y no volver a saber nada de ello. Soy muy tímida y no estoy segura de lo que hago, espero contar con tu ayuda. Besos.

Inmediatamente me puse manos a la obra para responderle y sobre todo tranquilizarla y darle natur

alidad al tema, sobre todo como si se tratase de lo más normal del mundo.

Al día siguiente volví a recibir un e-mail de ella, entonces me puse nervioso, ya que parecía que la cosa iba en serio, me ofrecía su móvil para ponerme en contacto con ella.

La verdad, yo siempre he desconfiado de los contactos a través de Internet, primero por que es un mundo de anónimos y nunca sabes lo que vas a encontrar, lo segundo el mundo es muy pequeño quién sabe si es algún conocido con la persona que te has citado. Para ello, había planificado una serie de reglas que debía llevar a cabo, a continuación las detallo:

1.- Nunca daría datos personales reales. 2.- El día de la cita quedaría en un lugar público. 3.- Yo aparecería en la cita después de la persona con la que había quedado, independientemente de que me gustase o no, tenía muy claro que charlaría con ella. Ya que en algún momento en la única cita que he tenido me dejaron plantado y no es plato de buen gusto. 4.- Yo elegiría el lugar donde tener la experiencia, debería de ser un hotel, a ser posible con minibar y con cargo a la otra persona o en común, eso sí con la habitación previamente reservada. 5.- Y muy importante, en horario laboral para no despertar sospechas sobre mi mujer.

Como veréis eran muchas las condiciones, con lo que no era nada difícil que alguna rechazase la oferta. Bien por fin decidí llamarla por teléfono, según telefoneaba, mi cuerpo temblaba, no tenía claro cómo presentarme.

– Por favor, quería hablar con Susana.

– Sí soy yo, ¿quién es?

– – Era una voz fabulosa, morbosa, algo aniñada.

– – – Hola soy masajes de la pagina de contactos de Internet.

– – Parecía haberse quedado muda, no contestó.

– – – ¿Susana?

– – – Sí, sí, estoy aquí.

– – – ¿Qué tal?, ¿cómo estás? – – – Bien ¿y tú?

– – – Muy bien. La verdad, tenía ganas de conocer tu voz. Te parece bien que nos conozcamos, simplemente para tomar algo.

– – – Vale, ¿cuándo te viene bien?, ¿a qué hora?

– – – Hoy a las 5 de la tarde en la Plaza de Colón, en la cafetería Río Frío. ¿vale?

– – – Vale.

– – – ¿Cómo te identifico?

– – – Llevare una bufanda en la mano. ¿Y yo a ti?

– – – No te preocupes yo me presentaré.

– – La realidad, nos encontrábamos en primavera, llevábamos unos días con una temperatura fabulosa, y por el campo y la calle se podía percibir el olor que nos trae la primavera y que hace que los cuerpos del reino animal se calienten.

Sería fácil identificarla, ya que en esta época del año, no creo que hubiese mucha gente con una bufanda en la mano. Llamé por teléfono a mi mujer y le dije que hoy tenía trabajo y que llegaría más tarde. No sospechó nada, ya que hay varios días en los que debo de quedarme a trabajar más de lo normal.

– – Bien, a lo largo del transcurso del día, no daba pie con bola, me encontraba muy nervioso, incluso se me pasó por la cabeza echarme atrás, pero finalmente no fue así. Llegó la hora y me despedí en la oficina de mis compañeros hasta el día siguiente. Me dirigí al lugar de encuentro.

Una vez que llegué, me situé a unos 100 metros de la entrada de la cafetería, cuando llevaba 5 minutos esperando, vi cómo se aproximaba una mujer con una bufanda en la mano, no podía distinguir bien sus rasgos debido a la distancia que nos separaba, pero no daba lugar a dudas, estaba seguro de que era ella. Para no hacerla perder tiempo y evitar que se pusiese nerviosa, me apresuré para entrar casi detrás de ella. No había llegado a sentarse, cuando con mi mano toqué su espalda y la dije:

– – – Hola, ¿eres Susana?

– – Ella se giró, estaba muy nerviosa.

– – – ¿Qué tal?

– – – Bien

– – – Por fin nos conocemos.

– – Nos dimos dos besos

– – – ¿Qué quieres tomar?

– – – Un Martini.

– – Era impresionante. Morena con el pelo liso a media melena, ojos negros, fina nariz, bonitos labios pintados de rojo, guapa de cara. Llevaba un traje de chaqueta en color azul, con una falda por encima de las rodillas. – –

Enseguida nos trajeron las bebidas, al coger su vaso observé sus manos, con sus uñas pintadas en rojo. Independientemente de la distancia que nos separaba, pod&iacu

te;a percibir que su perfume me gustaba. Con el paso de los minutos la conversación fue más distendida, incluso reímos en algunos momentos.

Fuimos entrando en materia, hasta llegar al meollo de la cuestión del por qué estábamos allí, entonces me sorprendió diciéndome que le gustaría recibir el masaje mañana y que probablemente su marido estaría presente sin llegar a participar. Con esto último yo no contaba, pero lo cierto es que en el anuncio si lo contemplé.

– – Bien al salir de la cafetería reservamos una habitación en el Hotel Colon para el día siguiente. Nos citamos en el mismo lugar a las 12 del mediodía.

– – Durante toda la noche casi no pude pegar ojo, me tiré toda la noche empalmado, pensando en ella. – –

Por la mañana, me levanté a la hora de todos los días, 6 de la mañana, me duché y me arreglé, antes en una mochila introduje aceite Johnson, champú, perfume, espuma de afeitar y cuchillas, todo ello tenía relación con el trabajo que me esperaba. Y sobre todo para ducharme al finalizarlo. – –

El día de la cita solicité permiso en el trabajo. Sobre las 11,30 de la mañana me fui de nuevo a la cafetería donde habíamos quedado, me encontraba muy nervioso, pero al mismo tiempo emocionado y excitado, cuando llegué allí, vi a Susana sentada junto a un hombre, no había duda era su marido.

Nos presentó, Iván era un hombre apuesto, guapo de cara y con buen cuerpo, vestía muy bien, ella sin embargo me sorprendió, traía otro traje de chaqueta igual que el día anterior, pero esta vez en color gris, se percató que me gustó cómo vestía. Bien pedimos algo de comer, debíamos reponer fuerzas.

Después de comer y charlar durante un rato, yo pedí de beber un Vermouth blanco, ellos decidieron acompañarme, destacar que tampoco eran fumadores. Sobre la una decidimos dirigirnos hacia la habitación del hotel.

– – No es que estuviésemos borrachos ni nada por el estilo, pero los 2 Vermouth que nos tomamos cada uno, nos habían hecho dejar la vergüenza atrás, eso sí guardando el respeto y la educación en todo momento.

– – Por fin llegamos a la habitación, disponía de dos camas, suelo de madera, minibar y muy bien perfumada. Una vez cerrada la puerta, un silencio nos invadió a los tres. Entonces me acerqué al minibar y para romper el silencio saqué una botella de champán, y brindamos.

Todo volvió a la normalidad. Iván su marido, se tumbó en una de las camas mientras bebía y se preparaba para ver el trabajito. Entonces le comenté a Susana que si tenía algún inconveniente en comenzar con el masaje, ella me dijo que adelante que se encontraba preparada.

– – – Debes de quitarte la chaqueta y la camisa, la falda de momento no es necesario.

– – Procedió a retirarse la chaqueta y comenzó a desabrocharse la camisa hasta quedarse en sujetador.

– – – No te le quites.

– – El sujetador era en color blanco y podía verse a través de él cómo la aureola de sus pezones se trasparentaba, mientras su marido contemplaba la acción de su mujer desnudándose. – – – Túmbate en la cama boca abajo, le indiqué.

– – Ella abrazó la almohada, entonces saqué dos pañuelos de la mochila, con el primero procedí a vendarle los ojos para que al principio no se sintiese avergonzada, le até un fuerte nudo atrás y le dije que estirase sus brazos hacia arriba, para con el otro pañuelo atarle sus puños. Tenía a Susana completamente inmovilizada y boca abajo.

– – Sus brazos eran preciosos así como sus manos, también podía apreciar la belleza de sus piernas, cubiertas por unas medias negras las cuales sólo llegaban hasta la mitad de sus muslos, su faldita se había subido un poquito al tumbarse en la cama. Saqué mi aceite y dejé caer unas gotas sobre sus cervicales.

Comencé a untarlo con las yemas de mis dedos. Presionando con ellos, pude contemplar que se encontraba algo agarrotada, entonces me acerqué a su oído y le susurré:

– – – Relájate amor, debes de disfrutar.

– – Esta vez dejé caer mas gotas de aceite, pero por toda la espalda, para poder extendérsela, tuve que desabrocharla el sujetador, entonces mis manos empezaron a trabajar duramente, pasados unos minutos ya se encontraba más relajada, desabroché la

cremallera de su falda y se la subí a su cintura, fue maravilloso contemplar aquel precioso culo con el hilo de su tanga negro metido por la raja. Sus piernas eran maravillosas. Mi respiración se aceleraba por momentos, debía de contenerme para disfrutar de cada situación y no precipitarme, existía tiempo de sobra para realizar de todo.

– – Pasé a untar y masajear sus glúteos, por cierto ella debía de trabajarlos a menudo ya que estaban duritos. Cuando conseguí relajarlos muy levemente separé sus piernas, ahora sí que podía apreciar cómo el hilo de su tanga se introducía en el interior de su coño, éste no tenía mucho vello, pero yo aguardaba una gran sorpresa para él. Retiré levemente hacia un lado el tanga y con mi dedo corazón untado en aceite, comencé a masajear su ano realizando circunferencias, además de subirle arriba y abajo. Mientras tanto su marido observaba atónito ante los hechos.

Podía contemplar cómo la respiración de Susana se había acelerado un poquito, era normal, su almejita estaba un poquitín húmeda, señal de que le estaba gustando el masaje en su culo, definitivamente decidí arrancarle el tanga de un tirón, y a ella se le escapó un leve gemido. Separé algo más sus piernas, en ese momento podía estar disfrutando de la visión de su vagina. Era una rajita preciosa, bastante almohadillada.

– – Bien, de momento cambiaríamos de zona, debía de descargar sus gemelos y muslos. Empecé por sus tobillos para ir ascendiendo levemente con movimientos sensuales, hasta una vez más encontrarme otra vez a la altura de su precioso coñito, que en este momento se encontraba algo más húmedo. Paré y me acerqué al baño a recoger algo de agua, iba a afeitarle su rajita. Cuando volví, su marido se había desnudado por completo, por cierto tenía una buena herramienta, estaba totalmente empalmado. – –

A Susana la giré cara a mí, continuaba con las manos atadas y los ojos vendados, separé levemente sus piernas y con agua templada comencé a untar espuma en todo su vientre, eso sí sin llegar a tocar en ningún momento su clítoris.

Cogí la cuchilla y empecé a rasurarle todo su pubis y partes más íntimas. Le debía de gustar porque de vez en cuando arqueaba su cuerpo. Cuando finalicé el rasurado, la sequé con mucha delicadeza y le dije prepárate ahora vas a disfrutar.

– – Yo me quité la ropa a excepción de mi slip, me incorporé y le retiré el sujetador, en esos momentos vi sus hermosos pechos, aunque no muy grandes, pero sí muy bien puestos, tenía los pezones grandes y de color marrón, me senté encima de su vientre y me acerqué a su oído susurrándole: – –

– Estás caliente ¿eh?. Tu marido se ha desnudado también.

– – Desde sus oídos fui rozando su mejilla con mis labios entre abiertos, ella podía percibir mi acelerada respiración, al llegar a su boca me detuve y la comencé a besar suavemente, ella separó sus labios abriendo paso a mi lengua, cuando esta entró en contacto con la suya, un escalofrío corrió por mi cuerpo, notaba que mi polla estaba durísima.

En ese mismo momento empezamos a jugar con nuestras lenguas, su lengua ardía. Nos tiramos así aproximadamente 5 minutos sin separar nuestros labios y lenguas, pasado este tiempo continué descendiendo con mis labios por su cuello hasta llegar a sus pezones, los cuales comencé a besar, pronto sustituí los besos por mi lengua e intercalándolo con pequeños mordiscos, cada vez que mordía sus pezones, ella dejaba de escapar un leve gemido.

Noté como estos se endurecían hasta ponerse como piedras. Separé mi cuerpo del suyo y empezaron a trabajar mis manos sobre sus tetas, muy de vez en cuando con mis dedos las pellizcaba. Era el momento de descender con mi boca por su estómago, ombligo hasta llegar a su pubis, pero todavía no era la hora.

Desde sus tobillos con mis labios, comencé a besar sus piernas por el interior, también pasaba mi lengua por ellas, y me fui aproximando hasta que a la altura de mi cara, se encontraba aquella hermosa rajita, por cierto con un gran grado de humedad.

Podía disfrutar del olor de su sexo, procedí a besar muy ligeramente el clítoris, y a ella se le escapó un pequeño gemido.

Poco a poco fui acentuando el roce de mis

labios por todo el contorno de su clítoris, hasta que me detuve ante él para empezar a chuparlo, con mis dedos separé levemente los labios vaginales y empecé a realizar círculos sobre él con la punta de mi lengua. Parecía que Susana iba a morirse de placer, yo mientras tanto podía degustar el sabor de su flujo. Ella arqueaba su cuerpo todo ello provocado por el placer que le producía. Entonces me dijo:

– – – Por favor no pares, ¡Muérdelo, sí, Muérdelo! – –

Con mis dientes le mordisqueaba su clítoris, e intercambiaba mis mordiscos con leves masajes de mi lengua, pronto vi que sufría convulsiones, estaba apunto de correrse, entonces me detuve y le dije:

– – – No, todavía no ha llegado el momento.

– – Decidí quitarle el pañuelo de los ojos, pero no el de las manos, ella al poder verme por primera vez desde que comenzó el masaje y dada en la situación que se encontraba, acarició con su lengua, su labio superior mirándome con unos ojos pícaros, giró la cabeza hacia donde se encontraba su marido, ante su gran asombro, pudo ver a su marido totalmente empalmado y desnudo sobre la cama de al lado, él asintió con la cabeza, como dándole permiso para que continuase con su deseo, ser follada por un desconocido en presencia de él.

– – Entonces me quité el slip, y ella y su marido pudieron contemplar mi polla totalmente erecta, mi respiración ahora sí que se encontraba totalmente acelerada, notaba sensaciones de falta de aire, coloqué sus piernas sobre mis hombros, y le dije a su marido. – –

– Con tu permiso voy a follarme a tu mujer.

– – Yo nunca lo he probado, pero la sensación de ver como un desconocido se folla a tu mujer y el ver cómo ésta le desea, tiene que provocar una mezcla de celos y placer.

– – Una vez en esta posición, cogí mi polla con la mano y con la punta me dirigí a su clítoris, antes de follármela quería masturbarla, hasta que se corriese. Empecé a realizar círculos y a rozar su botoncito, era maravilloso cómo se estremecía de placer – ummmmmm. Pronto empezó a jadear a un ritmo rápido. Estaba a punto de correrse, se retorcía de placer, todo esto sin poder tocarme ya que continuaba con sus manos atadas.

De repente dejó escapar un grito de placer, estaba corriéndose, su marido mientras había empezado a pajearse.

Podía contemplar cómo no respiraba con normalidad, entonces sin separar mi polla de su clítoris, fui descendiendo hasta que me detuve en la entrada de su coño, muy, muy despacito, procedí a introducirle la puntita, poco a poco continué presionando, hasta que mi polla desapareció en el interior de su rajita, que parecía tener fuego en su interior, de momento no me movía y podía detectar los latidos de mi corazón en mi miembro.

Entonces empecé con vaivenes muy, muy suaves, quería que fuese un polvo suave, mientras ella me miraba fijamente a mis ojos, eso me excitaba cada vez más, a veces giraba la vista hacia su marido, una de ellas le dijo: – –

– Ahhh, ahh, mira amor, mira, me esta follando, ahh.

– – Su marido incrementaba mientras tanto el ritmo de su masturbación.

– – Yo continuaba moviéndome a un ritmo suave, mi polla parecía que iba a explotar en el interior de su coño, podía sentir cómo mis huevos golpeaban en sus nalgas, incluso ya había indicios de que no tardaría mucho tiempo en correrme, pero quería aguantar y para ello disminuía mi ritmo. Ella pasaba su lengua recorriendo sus labios e incluso a veces se mordía el labio inferior. – –

– Esto te gusta ¿eh? Le dije.

– – – No hables y sigue por favor. Me contestó. – –

Pronto comenzó a moverse, podía percibir sus espasmos, estaba a punto de correrse, entonces incrementé mi ritmo a mil por hora, quería correrme junto con ella. Pronto se paró y comenzó a retorcerse, y de mi polla empezó a salir leche que llegaba a rebosar en el interior de su raja, nuestros jugos sexuales se mezclaban en su interior.

– – – No pares, No pares, ahhhhhh. Me dijo ella.

– – – Toma, Toma, amor, esto es lo que necesitas ¿eh?, toma mi leche.

– – Su marido contemplaba la acción con una atónita mirada. Dejé caer mi cuerpo encima del suyo, y paré de moverme, necesitábamos recuperarnos, aproveché para desatarle sus manos. Enseguida las puso encima de mi culo, y con una voz silenciosa me susurró al o&i

acute;do:

– – – No, no, no, esto no ha hecho nada más que empezar, ahora quien manda soy yo.

– – Me retiró de encima de ella, me tumbó boca arriba, y dijo:

– – – Seguro que no te han follado nunca como yo te voy a follar ahora. – –

Su marido no podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Me ató las manos con uno de los pañuelos de los que ella había estado atada anteriormente, y con sus labios, empezó a chupar mis pezones, eso me ponía a mil por hora, pasaba una y otra vez su lengua por encima de ellos, mientras que con una de sus manos acariciaba mis huevos y mi polla. Pronto mi miembro comenzaba a animarse de nuevo. Entonces descendió por mí estomago y con sus preciosos labios y una mirada maliciosa, empezó a besar la punta de mi pene.

Sacó su lengua y comenzó a realizar círculos sobre mi glande, mientras no paraba de masturbarme y con la otra mano untada con un poquito de aceite, acariciaba la entrada de mi ano. Creí morirme de placer, pasados 3 minutos procedió a introducirse mi polla en la boca y empezó a mamármela como nadie lo había hecho, también llegó a introducirme uno de sus dedos en mi ano, esta mujer era un tesoro sin explotar.

Cuando estaba a punto de correrme se detuvo para incorporarse, cogió la polla con la mano, se disponía a sentarse encima de ella, poco a poco se la fue introduciendo en su coño, cuando la tuvo toda dentro, cerró sus ojos y exclamó:

– – – Ahora sí, así me gusta más, ser yo quien lleve las riendas.

– – Empezó con movimientos ligeros, para pasado unos instantes empezar a botar encima de mí, este movimiento ocasionaba un sonido peculiar como si de alguien tocando palmas se tratase. Ocasionalmente ella entreabría los ojos y pasaba su lengua por sus labios. Ahora yo tardaría más tiempo en correrme ya que no habían pasado nada más que 15 minutos desde la última eyaculación.

Desde mi posición podía visualizar cómo se balanceaban sus hermosos pechos, que ella no dudaba en acariciarse con una de sus manos, mientras que con la otra que se pasaba por detrás ella, llegaba a agarrar mis testículos masajeándolos.

El ritmo que imponía, había alcanzado tal velocidad, que mi pene se salió de su raja, en ese mismo momento creí morirme, en poco tiempo y sin llegar a perder segundos le volvió a agarrar y a introducírselo, me fijé en su boca y tenía sus dientes presionados y los labios separados, no paraba de resoplar.

Cuando pudo ver que me iba a correr, se sacó mi polla y me empezó a pajear, acercó su cara, un fuerte chorro de semen salpicó su preciosa cara, su marido también se estaba corriendo en ese mismo instante. Sin mediar palabra muy deprisa volvió a introducirse mi polla y se dejó caer encima de mi pecho. Fue maravilloso, menudo polvo me había echado esta mujer. El olor que desprendía su cuerpo era maravilloso, era una mezcla de aceite, perfume y sudor. Su marido se acercó hasta donde nosotros y dijo:

– – – ¿Ya te has quedado a gusto?

– – – Tú sabes que no, con él ya he acabado, pero ahora te toca a ti.

– – – Fabuloso, contestó. Si no te importa Iván nos gustaría quedarnos solos.

– – Vi que mi trabajo había finalizado, pero de pensar cómo follaba Susana y que ahora su marido y ella lo iban a pasar en grande, se me hacía difícil despedirme de ellos. Entonces les propuse el quedar un día a solas con Susana y otro día con él. Su polla me había gustado y me gustaría hacerle un favorcito y así probar con mi primera experiencia homosexual. Pero eso será en otro momento. –

Autor: Iván

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Aquel verano del 69

La residencia estudiantil estaba prácticamente vacía. Los malos estudiantes justamente represaliados por las familias, sesteábamos en nuestros cuartos con las persianas bajadas, solamente con rendijas en las persianas ocultándonos del sol.

Una vez más, ante la imposibilidad de permanecer sentado frente a la mesa de estudio, resolviendo un ejercicio de física más de un minuto, me había tumbado en la cama, con la engañosa intención de repasar unos textos sobre materiales de construcción.

Pronto los apuntes cayeron de mi mano y comencé a sestear acariciándome sobre el bañador, que era mi único atuendo. Lo deslicé hacia mis rodillas y mi pene surgió semi erguido pues aquel verano me estaba pajeando más que nunca.

Comencé a pensar en mi novia:

Estábamos tendidos en el césped, lejos del resto de la pandilla. Yo intentaba en el abrazo, restregarme contra su falda que cubría sus muslos apretados con una doble (pensaba yo) finalidad: Blindarse contra mi ataque y apretar los labios de su coñito tan prohibido para mi.

¡Tantas veces lo soñaba masturbándome!Pero solamente lo había vislumbrado reflejado en un espejo de tocador alargado por mi brazo desde la ventana contigua al baño donde se duchaba, en casa de mi prima. La espuma de gel agitada por sus manos sobre los incipientes rizos de su pubis subió la sangre a mi cabeza de tal manera que creí que me iba a estallar la frente. Cuando abrió la boca, pajeándose con una mano, el espejo no se fue al patio milagrosamente. Al patio si que fue el chorretón de leche de mi orgasmo.

Pasaba aquel verano en casa de mi prima, y mis tíos bajaban frecuentemente a cenar a la playa. Aquella noche no podía estar más caliente, al parecer el riego de leche por el patio de la tarde, no me había aliviado suficientemente.

Después de la cena, la chica de servicio Micaela (una recia morena de 18 un poca mayor que mi prima) que decía estar aprendiendo a bailar, se vino al comedor con nosotros al objeto de que los señoritos la instruyéramos.. Insistí que convenía iniciarse con un bolero y que mi prima hiciese de pareja-profesor. El que puse, no podía ser más lento. Sentado en la butaca con las piernas abiertas observaba a la extraña pareja, curiosamente bailaban muy juntas y sus tetas (Micaela tenía unos senos como peñones y mi prima no le iba detrás) se rozaban.

– Micaela: así no, ven para acá.

Volví a repetir el disco y sin más, le pasé los brazos por la espalda y las manos en el culo. Comenzamos un vaivén lento lentísimo. Ella bailaba mejor que yo. Todo era una burda excusa. Cuando le arrimé el paquete se echó hacia atrás levemente, más a la segunda vuelta ya le restregaba el coño con mi tranca que volvía a reventar.

Mi prima nos miraba sentada con las piernas cerradas y la mano sobre la falda entre ellas. Tenía una mirada brillante. La clase duró bastante pero aún no me había manchado los pantalones. Micaela había tenido espasmos un par de veces, los ojos de mi prima con la mano cada vez más apretada contra el regazo brillaban. Solamente de pensar lo húmedas que estarían aquellas dos braguitas me estremecía.

El baile se interrumpió, la “muchacha” con la excusa de que podrían llegar los padres de Nacha (mi prima) sorprendiéndonos, se retiró a su habitación. Supongo que no podía más y necesitaba urgentemente acariciarse el chichi para correrse y poder dormir relajada. No tenía novio la pobre, con lo buenísima que estaba.

Alguna vez la había espiado desde el tragaluz de la escalera. Era de una parsimonia escandalosa. Se tumbaba boca arriba en la cama. Comenzaba con el escote. Se magreaba las tetas bajo el sostén, que finalmente desabrochaba, continuando el masaje a los pezones que ya miraban hacia arriba como una vela. Se frotaba los muslos de dentro afuera rítmicamente. Después una mano sobre la braguita. El dedo índice de arriba abajo de una forma primero pausado y luego frenético. Tengo que reconocer que mi observatorio era privilegiado divisando su cama. Hasta tal pun

to que podía apreciar como se obscurecía la puntilla de las bragas en la zona del pubis.

Los dos primitos nos retiramos igualmente. Estaba ya en la cama hojeando “El Marca”, cuando me sobrevino un cólico que casi me hizo gritar. Me incorporé asustado llevándome la mano al bajo vientre. Me desnudé y retorciéndome de dolor sobre la almohada que me había puesto debajo. Más tranquilo reflexioné y se me ocurrió pensar que aquello podría se un “recalentón”, según me había relatado Adolfo detallando su experiencia meses atrás. Efectivamente, comprobé acariciándome, que tenía los huevos hinchados y duros como rodamientos de acero.

Adolfo me había instruido en el remedio: Hacerse una pelona de inmediato intentando no manchar del lefa la pared de enfrente en el baño. Con tanta potencia me dijo que le había salido su leche (más intensamente que en su paja prima) que se tuvo que subir a una escalera para limpiar el plafón encendido, manchado con su leche, humeante al calor de la bombilla.

Me seguí acariciando las bolas, pues sentía un placer al sobarlos tan duros que contrastaba con el dolor intenso en las ingles. El dolor me subía hasta los riñones. En esas estaba revolcándome en la cama y magreando mis bajos, cuando de pronto me digo !tengo que buscar ayuda! Sigilosamente me dirigí a la habitación de mi prima, entré por sorpresa y bajo las sábanas ella se giró de espalda, vamos que le interrumpí su manoseo.

Portaba un camisón de hilo, húmedo de sudor que se le pegaba al cuerpo y el escote semi enseñaba sus peras firmes y turgentes.

-Primo por favor qué pretendes.

-Nacha tengo un problema, debes ayudarme. Sabía por un amigo, que con su noviete no follaba, pero él alucinaba con las pajas que le hacía en los sitios más extravagantes: ascensores, cines, coches, lavabos de chicas etc.

-Mira que congestión tengo.

Llevé sus manos a mis genitales y mostré mi picha erguida como un mástil. Al momento me encontré con las mejores caricias que nunca me hubiesen realizado en las pelotas. Ella sobaba y sobaba la dureza de mis huevos. Levanté su camisón y su vulva estaba absolutamente mojada. Le metí el dedo hasta el fondo escuchando sus suspiros… Lo saqué metiéndololo húmedo en su boca.

Se relamió pasando a recorrer con sus dedos mi estaca que portaba una cabeza completamente morada por la congestión. Nos sentamos y me sorprendió recorriendo mi glande con su legua y labios que se abrieron para metérsela hasta el campanín. Yo mugía… mugía…tanto de dolor, pues estaba totalmente atascado, como de grandísimo gusto. Sentía mi leche llegando al final de la punta, pero ni podía, ni quería correrme tan pronto. La sacó de la boca y el sabor del líquido previo lubricante, me lo pasó en un beso, prosiguiendo con sus jadeos.

– Me voy…Uuuuy… que me corro…Sollozaba.

Sentía el temblor de sus piernas. Nos tumbamos en la cama. La pepita que acariciaba suavemente gracias a los humores copiosos de su chumino, la llevaba al borde de la locura.

– Uyyyy—-que me sube… Me viene… Más…Máaaaasss…… cabronazo mío. Yo sabía donde estaba su límite: de poya dentro nada. Pero ya le entraban tres dedos y el índice ya se insinuaba en su culito. Se retorcía como una posesa entre temblores y alaridos cada vez más fuertes.

-Ya está aquí. Ahhhhh……..

Suponía que Micaela escuchando los jadeos tendría ya la vulva colorada con otro automagreo. Pero no, la puerta se abrió y por fortuna no eran mis tíos sino ella, envuelta en una toalla. Me apartó de Nacha y se amorró a su coño con unas chupadas desde su botón, que estaba tan morado como mi cebolleta, hasta la puerta de atrás, recorriendo con parsimonia todo el esfínter anal. Nacha se volvía cada vez más loca.

– Más…Me corro otra vez…Sigue, sigue…Más…Más. Me corro como una perraaa… Acaríciame las tetas por favor. Asiiiii…..Ahhh. Mientras sin dejar de acariciarme la estaca, tomé una posición favorable y así Nacha pudo chupar con avidez mis bolas de acero intentando meterme un dedito en mi culo. Como me los apretaba al meneármela, la marcha se hizo eterna.

La descarga sensorial se fue de mis riñones y ascendió por toda mi columna entre mis jadeos y chocó violentamente contra el interior mi frente, de izquierda a derecha, nublándome la vista. El meato se me dilató como un ano antes de cagar. Entre la nube, en mis ojos vislumbré una leche espesa y amarillenta que emergía como un torrente. La leche discurrió como un láser blanquecino estampándose contra la pared mientras me moría de gusto. La segunda oleada, mientras me la seguía meneando, fue aún más potente, con tan mala suerte, que impactó contra la orla de la graduación de mi prima con furia, bañando con espesa lefa los rostros de las niñas ahí plasmadas, incluidas las monjas del colegio.

-Huy…. Qué gustooo…Que gustooo……

El último yeretazo se perdió en la garganta de Micaela que se había apoderado glotonamente de mi cipote. Nacha que ya estaba espabilada la besó para compartir mi leche. Con la cabeza y las piernas temblando me derrumbé en la cama en un Ojjjjjj…interminable. Adolfo tuvo razón: que gustazo. Las muchachas se refocilaron conmigo en la cama y aproveché para mamar en los manantiales de sus chochos que parecían dos cascadas. ¡Qué jugos¡ Era todavía la una, pero prudentemente nos fuimos los tres a la habitación más segura: la de Micaela. Por fin me había quedado relajado.

Pero el descanso duro poco, la sirvienta todavía estaba caliente y meneaba su enorme y firme trasero sobre mi dormida polla. Mientras yo susurraba al oído de Nacha todo tipo de guarradas.

-¿Tú amigo la tiene más grande que yo? ¿Por qué no dejas que te la entremeta suavemente con condón?.

-Tonta, el virgo ya lo habrás perdido con los tampax o tus dedos. Con lo que te mojas cachonda mía no te dolería, sobre todo si me la chupas antes.

Cachonda perdida me metió la lengua en la boca hasta ahogarme. Comencé a chuparle rotativamente los pezones que nuevamente estaban duros. Se retorcía y nuevamente llevó mi mano a su pubis que no había dejado de gotear. Micaela se había levantado y cuando volvió a culear sobre mí, noté entre sus glúteos justo en la zona del ojete, una humedad viscosa que no podía ser debida a los humores de sus corridas, parecía untuosidad como de vaselina. Se echó de espalda con las piernas alzadas y plegadas hacia su cara.

Comenzó a meterse un dedo en el oscuro esfínter circular. En el ojo prohibido. Ante esa visión recomenzó mi calentura y mi polla se despertaba prometedoramente ayudada por los lametones en los huevos de Nacha que se pajeaba ávidamente con las dos manos.

-Ahh…Qué gusto…Enculala de una vez que me pone.

De pie acariciaba mi cipote de arriba abajo disfrutando al comprobar que cada vez estaba más duro y la cabeza hinchada parecía un enorme setón morado. Micaela se puso a cuatro patas sin dejar de culear.

-Encúlame por favor, temo quedar preñada y el virgo lo dejaré para mi novio cuando lo encuentre y ha de tener una herramienta como la tuya al menos.

Hundió la cabeza en la almohada se abrió los mofletes del culo con las manos, brindándome la visión de un ojete que se abría y se cerraba tímidamente.

Me coloqué detrás en posición y Nacha dirigió mi picha hacia el profundo canal, la frotó contra ambos globos con lo que el glande se hinchó más, reluciendo con la grasa. De espaldas colocó la cabeza entre mis piernas y lamía mis cojones mientras con las manos se acariciaba el chichi.

-Qué gusto…Empalala que me pone…Yo te la enchufo.

La punta acarició el ojete que guiñaba el muy cachondo.

-Encúlame de una vez cabrón. Aunque me rompas. No soy virgo por detrás maricón de mierda, se que te gusta.

Estaba como loca.

Ante un suave empuje la roja cabeza desapareció en aquel culo que me enloquecía con sus globos en carne de gallina y sonrosados por mis cachetes.

-Ay…me rompes. No, no la saques, no me dejes vacía. No, másss.. Máss….. Asííiii….. Que la sienta toda dentro. La metí hasta la mitad sintiéndomela gozosamente prisionera del conducto oscuro. La verdad es que nunca había practicado el coito anal. Qué gustazo con el mete saca.

-Más cariño. Asíiii…..Máss. Meteme más mi amor. Toda la estaca. Hasta el fondo. Ojjjjj…que gustooo…

Sentía los dedos de MIcaela que estaban frotando el clítoris -Cómo me pone, me corro contigo, sigue con el taca, taca, gemía Nacha acariciándose.

-Empuja fuerte…

Mis pelotas se incrustaron en aquel culo firme y cachondo.

-Así cariño. Asíiiii… Hoy que gusto… Rómpeme. Síi… Aguanta no te corras quiero más, mucho más amorcito. Qué pollón, cómo la siento dentro.

El canal me apretaba y al sentir la base del tallo prisionero del anillo negro, como un ahorcado, mi cipote estaba cada vez más duro, más turgente con la sangre sin retorno y el glande acariciado por cilíndricas paredes cálidas y húmedas.

-Toma cabrona. Toma cipote putón.

-Si… Si… Qué bien lo haces. Más adentro, asííí… más…

La saqué del todo me la menee le eché saliva y volví a la carga con toda la carne en el prohibido canal. MIcaela se frotaba cada vez con más fuerza la pepita. Se metió el dedo en el coño y tras la pared acarició mi tallo. La leche retenida por el apretado anillo, reventaba mis huevos refrigerados por la lengua de Nacha que seguía gimiendo en su pajote.

-Ay qué me corro. Te espero quiero sentir tu leche en todo el fondo. Me cago. Aahhh…

-Así cariño así. Más fuerte cabrón más fuerte.

-No pudo más… Ahhh…Me corro…Me corro…Ahhh… más. Vente conmigo… quiero sentir tu leche.

Por fin mIs cojones explotaron y sentí toda la leche recorrer la longitud de mi picha.

-Que gustó…Ahhhh…Toma… Toma…

-Dame tu leche calentita, dame el chorretón. Dame que me corro otra vez. Me viennne…Ohhh…Ahhhh…Lefa caliente…Ahhhh…

Sentí una explosión en la punta y mi lefa saltó en tres caños en el tubo, mientras ella retorcía su culo frenéticamente como relamiéndose en el calor de mi leche. Al fin caímos rendidos y Nacha sobre nosotros gritó: -Mañana me desvirgas hijo de puta¡.

Estas leyendas me traía, cuando se abrió la puerta de mi celda estudiantil. Jorge (un velludo compañero de la escuela) se dirigió directamente hacia mi mesa

-Te cojo los apuntes de Dinámica.

Cuando se giró hacia mi, no me había dado tiempo a cubrir mi erección con la sábana. Su mirada brilló unos instantes. Ante mi sorpresa y sin más se amorró a mi polla hasta los cojones. Se fue al baño y regresó gel en mano. Me untó el agujero suavemente girándome en la cama, me untó abundantemente la culera. Le ofrecí mi culo en pompa -Aaay… grité.

De un solo empellón me la hincó hasta las bolas. Debía estar escrito que aquella calurosa tarde de verano perdiese mi virgo prohibido.

Madrid, verano del 69.

Me gusta / No me gusta

Con mi Hija en Salamanca

Mi nombre es Carlos y estoy casado desde hace 25 años con mi esposa y tengo dos hijos, un niño  de 23 y una hija de 19 años. Mi Hija Emma terminó el bachillerato y se marchó a la universidad como no le dio la nota para hacer la carrera en nuestra ciudad tuvo que irse a Salamanca. Mi hija llevaba un mes en Salamanca cuando  a mi esposa le entró pelusilla y fuimos a pasar el fin de semana con ella, nos hospedamos en un hotel cerca de la residencia donde vivía mi hija. El viernes llegamos tarde y estuvimos cenando con ella en un restaurante muy lujoso se le veía muy suelta en la ciudad mi pequeña flor había florecido. El sábado pasados el día de turismo por la ciudad nos estuvo enseñando la plaza mayor, el parque de la celestina, la casa de las conchas, la catedral, la universidad…etc. Por la noche quedamos para cenar con ella a mi esposa le dolía mucho la cabeza y dijo que no iba, por lo que fui yo solo para disculparse. Estuvo esperando en el restaurante un rato cuando apareció Emma con su pelo rubio liso, un vestido verde que iba a juego con sus ojos una falda que dejaba ver sus largas piernas, estaba espectacular.

    ¿ y mama?

    Se ha quedado en el hotel, estaba cansada.

    ok

Estuvimos cenando para beber venimos vino, ya era una universitaria y podía beber vino.La gente nos miraba una hombre de cincuentas años con una chica de veinte en una mesa solos,

    vaya como nos miran la gente – dijo mi hija.

    creen que somos pareja – le respondí

    ja ja ja ja si, es verdad, pues brindemos por nosotros. – dijo ella sonriendo

Después de la cena Emma me llevó a la chupitería un bar al cual solía ir,  allí pedimos unas copas y no sentamos al momento aparecieron un  grupo de chicas que conocía Emma ya que eran compañeras de su clase me las presentó.

    Ana, Lucia, Carmen este es . . .

    Su novio – me salió de repente

    Si, mi novio – dijo ella con una sonrisa cómplice.

le di dos besos a cada una, ellas se fueron a la barra.

    ¿Mi novio? – me miró ella sonriente.

    Así te doy un toque picante y no te avergüenzo delante de tus compañeras, con ella sale un sábado por la noche con su padre.  

Cuando terminamos la copa nos levantamos para marcharnos cuando se acercaron sus compañeras, “Emma … Carlos vamos a “ Cum Laude “ ¿os venís?”    Emma me miró a mí con ojos  quería ir.

    Claro vámonos. – le dije cogiéndola de la cintura

El “ Cum Laude “  es una discoteca muy famosa de Salamanca, allí invité a mi hija y a sus amigas a una copa luego me quedé en la barra mientras que esas cuatro chicas a cual más guapa bailaba en la pista de baile dentro de corros de chicos que buscaban carne como buitres volando en círculo  sobre su presa. siguió la noche bebiendo chupitos uno tras otro y las chicas desinhibido llegando el punto que  Ana, Lucia, Carmen estaban tan desinhibidas que estaban borrachas que se fueron a dormir la mona quedándonos Emma y yo en la discoteca, ella seguía bailando en la pista y yo en la barra disfrutando del espectáculo.

Hubo un momento que Emma estaba agobiada con tanto chico a su alrededor que se vino a la barra conmigo.

    ¿ qué pasa?

    que no me dejan en paz

    bueno eso lo soluciono enseguida. – viendo que los chicos nos miraban la tome de la cintura y le dí un pico en la boca, ante su atenta mirada. eso hizo que los muchachos  perdieran el interés por ella.

Ese gesto se convirtió en una costumbre ahora cada dos por tres nos dábamos un pico, y decíamos “por si miran”. Esos picos inofensivos se convirtieron en picos más largos Emma se acercaba y yo colocaba mis manos sobre su trasero, me guiñaba el ojo y me decía “ por si miran” al igual que me abrazaba pegando su cuerpecito de 60 kilos al mio diciendo “ por si miran” hubo un momento que llegó un punto en que sin darnos cuenta nos estábamos besando en medio de la discoteca. Por mi mente pasó una idea “ Es tu hija pequeña” entonces paré de besarla, ella aún seguía con los labios abiertos conmocionado por el beso.

    Creo que deberíamos irnos.

    Estoy de acuerdo.

Cogiéndola de la mano salimos de la discoteca, nada más salir en la calle paré un taxi, Emma estaba algo borracha y me dio apuro dejarla ir sola así que entré en el taxi con ella con dirección a su residencia, en el camino no hacía más que intentar tener la mente fría pero los ojos se me iban al escote de mi hija y a sus piernas juntas mirando hacía a mí.

Nada más llegar a la residencia nos encontramos con el guarda de seguridad, le dije que era su padre que la dejaba en su habitación y me marchaba, él no puso impedimento ninguno. Llegamos a la puerta de la habitación la cual abrió Emma con su llave, iba a irme pero ella me dijo que estaba sola, su compañera se había ido a pasar el fin de semana con sus padres en Madrid, en su casa.

Entré en la habitación cerrando la puerta tras de mí. Emma se marchó al baño y yo me quedé sentado en una silla pensando en lo que había ocurrido en la discoteca y en que lo que había ocurrido me había gustado aunque no estuviera bien visto.

Pensaba en su trasero, en sus pechos, en su boca, en su pelo era una imagen más joven de su madre y mi polla que se había dado cuenta se había puesto dura. Al poco tiempo apareció Emma vestida únicamente con sus braguitas. Me levanté de la silla “ Emma ¿qué haces?” “shhh” me dijo ella poniendo  su dedo en mi boca , me quedé helado entonces ella cogió mis manos  y las puso en sus pechos, tenía los pechos de mi hija en mi manos.

    Emma esto no está bien.- le dije.

    Si pero es lo que yo siento, y por lo que veo tu también – dijo ella mientras tocaba mi polla por encima del pantalón.No pude mas y me lancé a besar su boca la tomé de su culo y la subí en volandas mientras que nuestras bocas se besaban y nuestras lenguas se abrazaban. La posee sobre su mesa de estudio, allí sus manos se encargaron de quitarme mi camisa y desabrochar mi cinturón y mi cremallera dejando mi polla fuera de mis calzoncillos, yo por mi parte le quité sus bragas y las eché al piso. Una vez los dos desnudos le abrí las piernas y poniéndome de rodillas le metí la lengua dentro de su coñito,  estuve un rato metiendo mi lengua dentro de su coñito mientras ella acariciaba pasando sus dedos por dentro de mis cabellos y apretando mi cabeza contra su coño.

Conseguí que se corriera. Me levanté y la cogí en brazos como cuando era una niña y me la llevaba a la cama a dormir pero en esta ocasión me la llevaba a la cama para follarmela, iba  a ser toda mía. La dejé caer lentamente en la cama y luego me puse en los pies de la cama, le abrí las piernas con su coño ya humedecido y le introduje mi polla dentro de su coño, fue fácil, mi niñita no era virgen, comencé a meterle mi polla mientras que besaba sus labios y con mis manos daba cuenta de sus pechos. cuando llevaba un rato dándole por el coño ella empezó a gemir, en un principio le tapé la boca con mi manos pero luego el sonido de su gemido me excitaba más y la dejé que gritara todo lo que quisiera. Tras varias embestidas más acabe llenando el coño de mi hija con toda mi leche. Me levanté de la cama me vestí y dando un beso en la frente me fui de su habitación.   

Al día siguiente antes de irnos comimos con ella, mi esposa y yo, mientras comíamos mi hija jugaba con su móvil,  sonó mi teléfono mi hija se levantó de la mesa diciendo que se iba al aseo, miré mi teléfono y tenía un whatsapp de mi hija que decía “ te espero en 5 minutos en el baño”, me disculpe con mi esposa y fui al baño. Cuando llegué me encontré a mi hija en la puerta de caballeros, entró y yo detrás de ella, nos metimos en el primer retrete que encontramos cerramos el pestillos.Ella se agachó y se metió mi polla en su boca haciéndome la mamada más caliente de mi vida, cuando ya no pude mas yo le subí su falda y le bajé sus bragas mientras le besaba la boca, la levanté por el trasero y contra la pared del aseo empecé a darle embestidas, ella me abrazaba por el cuello mientras que yo con mi mano libre le sacaba un pecho para besarlo y chuparlo, terminé corriéndome y exhausto, Emma se vistió y se fue al aseo de señoras a limpiarse. yo me lavé la cara y volví a la mesa estaba mi hija y mi esposa en ella empezando a degustar los entrantes. Tuve más experiencias con mi hija y si queréis os las cuento en otra historia.

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Vida sexual tras un divorcio

El día amenazaba lluvia, pero no me importaba. Era el típico día de primeros de agosto con las calles vacías en la capital. Era el día idóneo para las personas que como yo, salían a la luz, después de meses de oscuridad. Hacía 17 meses que me había separado de mi marido, y era la primera vez que me veía de viaje a solas, dejando a mis hijos con mis padres. Era una sensación agradable pasear despacio por las calles de Madrid.

El sol acariciaba mi cara y una sensación de paz y sosiego recorría mi cuerpo. Solo iba a estar el fin de semana, y lo aprovecharía para hacer algunas compras, y sobre todo para desconectar.

Desgraciadamente, el día se fue estropeando. El aire se hacía cada vez más fuerte, y mi falda de vez en cuando cobraba vida. Deje de preocuparme de ello a la media docena de veces que mis muslos quisieron asomarse. Mirando escaparates, el tiempo se fue pasando, y la tarde se puso peor por momentos, hasta el punto que el día oscureció, y unos fortísimos truenos dieron paso a una lluvia violenta, que me empapó en poco tiempo, a pesar de correr en busca de un lugar donde cobijarme. Por fin pude resguardarme al abrigo de un cine. Tenía una entrada enorme bajo un edificio. Algo así como una galería. Mi blusa empapada trasparentaba el sujetador, y casi mis pezones, que debido al cambio de temperatura, se pusieron duros. Me introduje más al interior de la galería.

En vano intentaba sacudirme un poco el agua de mi ropa, cuando apareció por la entrada un chico, empapado totalmente. Cuando levantó la vista, y me vio, esbozó una sonrisa, y poniéndose junto a mí:

– Eres lo mejor de esta tarde.

Le agradecí el comentario con una sonrisa. Y mientras movía sus brazos para entrar en calor, pude observarle de reojo.

Tenía rasgos orientales, aunque no exagerados. Sus brazos eran fuertes y bien torneados. La espalda ancha, y unos glúteos bien puestos. Los pantalones vaqueros, dejaban entrever unas piernas fornidas. Era justo la imagen que aparecía en mis fantasías, las noches en las que los fantasmas de la soledad se adueñaban de mi casa.

Andábamos de un sitio para otro, despreocupados, y como no paraba de llover, nos fuimos acercando el uno al otro inconscientemente, o no tanto. Primero fueron comentarios sobre el tiempo, después de cosas intranscendentes, y al final pasamos a algo más personal. Me dijo que se llamaba Abel, tenía cuarenta y tres años, desde hacía ocho estaba separado. Vivía a poco más de ciento veinte kilómetros de mí, y se trabajaba en el montaje, por lo que viajaba mucho por toda España. Ahora estaba en Madrid visitando a unos familiares, y al igual que yo, se iría a casa mañana, aunque temprano.

Yo le dije que me llamaba Mayolanda, aunque todos me llaman Mayo. Tenía 39 años, y estaba separada desde hacía diecisiete meses. Trabajaba en un restaurante de camarera, y tenía dos hijos de siete y cuatro años. Estaba en Madrid para desconectar. El aire entraba violento en el recinto, y la sensación térmica descendía por momentos.

– ¿Tienes frío?

Antes que me diese tiempo a contestarle, pasó su brazo por mis hombros, acercándome a él. Era un movimiento que hacía mucho tiempo que no había recibido. Cuando miré su cara, observé que no me miraba, y tenía la vista perdida en dirección a la entrada. No entiendo por qué no le dije nada. Bueno si, porque era agradable la situación, y porque mi cuerpo estaba huérfano de caricias.

La temperatura seguía bajando, y nos metimos todo al fondo que pudimos. Estábamos hablando, agarrados como dos enamorados, cuando un hombre salió del cine.

– ¿Queréis entrar? La tarde tiene pinta de no levantar.

Fuimos a contestar pero el hombre se nos adelantó.

– No os preocupéis, os dejo pasar, que la película está empezada.

Nos miramos a los ojos, y después de mirar a la entrada y el agua que caía, a

sentimos, y fuimos detrás del hombre. Cuando abrió la puerta, nos encontramos con unas cortinas, y una oscuridad casi absoluta. Encendió una linterna, y nos acompaño al interior. Cuando nuestros ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad, llegaron hasta nuestros oídos unos sonidos que pronto reconocimos. Creo que los dos miramos a la vez a la pantalla, y la escena era de lo más surrealista. Una chica estaba siendo penetrada por tres hombres a la vez.

– ¿Pero donde nos hemos metido?– Pues parece que en un cine porno. Contestó Abel.

– Vamos fuera si quieres. Dijo tirando de mis hombros.

– No. Ya que estamos dentro, y con la que está cayendo fuera…

Tomamos asiento en las primeras butacas que encontramos. Cuando los ojos se hicieron a la oscuridad, comprobamos que la sala estaba prácticamente vacía. Durante unos minutos casi no nos movimos, pero al mirarnos, no pudimos evitar estallar en una sonora carcajada. Los pocos espectadores que había, se volvieron hacia nosotros. Nos agachamos un poco, intentando pasar desapercibidos. No podía creer lo que me estaba pasando, era demasiado. Pasaron los minutos, y las escenas se sucedían una tras otra. La verdad es que la película era de cierta calidad, para el género que estábamos viendo. Los actores y actrices estaban estupendamente, y los decorados estaban cuidadosamente elegidos. De los diálogos ¡ya se sabe!

Con mi marido no había visto casi este tipo de películas, a pesar de que él alguna vez cogía alguna en el vídeo club. Y ahora estaba con un desconocido en un cine X, y calentándome por momentos, entre la película y la situación. A mi lado Abel se removía inquieto, a la vez que me miraba disimuladamente de reojo. Cuando le miraba, una sensación de cosquilleo, se volvía intensa por momentos. Aún no se rozaban nuestros cuerpos, pero una sensación de agitada ansiedad nos hacía temblar prematuramente.

Las luces de la proyección cambiaban los reflejos y las figuras inmóviles de los espectadores, cobraban vida en la sala. El anonimato que nos daba la penumbra reinante, y la poca gente que había hicieron que pasase lo que tenia que pasar, y que yo tanto necesitaba. Abel acercó su rodilla hasta mi pierna, comenzando a acariciarla moviendo levemente como pidiendo permiso para continuar. Mi inmovilidad le dio el asentimiento que él estaba buscando. Siguió presionando con su rodilla, cada vez con más fuerza. Esta sencilla caricia, hizo que mis pezones se pusiesen tiesos dentro del sujetador.

La mano de Abel se movió furtiva en la oscuridad, hasta posarse en mi rodilla. Después con suavidad, pero con firmeza fue ascendiendo por mi muslo, subiendo con ella la falda. Se entretuvo acariciando mi piel. Yo miré a mí alrededor, para comprobar que nadie nos miraba. Tras comprobar que nadie giraba su cabeza hacia nosotros, me acomodé mejor en mi asiento, y abrí la boca para evitar que algún gemido, delatase nuestros movimientos. Todos mis sentidos se centraban en la mano que acariciaba y amasaba mi muslo, y en mi fuero interno suplicaba que siguiese sus caricias, y que nadie nos estropease el momento. No apartaba la vista de la pantalla, y me volví a acomodar en el asiento, hasta que apoyé la cabeza en el respaldo.

La mano siguió avanzando hasta encontrarse frente al tanga, seguramente húmedo ya por mi excitación. No hacía ninguna presión, y miré suplicante a sus ojos para que no se detuviese. Solo entonces su mano presionó sobre mi vagina, resbalando su dedo a través de la tela. Un suspiro salió de mi boca. Un suspiro entrecortado, ahogado en los gemidos de los protagonistas de la película. Tiró firmemente del tanga hacia abajo, pero debido a la postura, y a la humedad de nuestros cuerpos, este no cedía. Nervioso siguió tirando de él, y ante la imposibilidad de la maniobra, y cuando ya iba a ayudarle, dio dos tirones secos, rompiendo la tira del tanga, y lastimándome un poco mis labios vaginales.

Abel se dio cuenta, y susurró un leve “Lo siento”. Volvió a la carga sin desmayo, y yo abrí las piernas para facilitar sus caricias. Se entretuvo en mi pubis, dando rodeos lentos, muy lentos, hasta que su mano contactó con la ansiada humedad de mi coño. Mis labios vaginales absorbieron sus dedos, que iniciaron una armoniosa masturbación. Alternaba la dirección del clítoris a las cercanías de mi ano. Estando al borde del orgasmo, olvidé la pantalla y desvié la mirada hacia sus pantalones, clavando mi

s ojos en su bragueta. Agarré su bulto, y mi deseo de perfección de aquella situación, se hizo realidad al comprobar el gran bulto de su pene.

Froté por encima del pantalón, como si se tratase de una lámpara mágica. Deseosa de tener su pene en mis manos, bajé su cremallera y tras maniobrar hábilmente en su interior (práctica que creía olvidada) me hice con su pene para sacarlo fuera de su prisión. Aquel pene colmaba todas mis expectativas. Jamás había visto nada igual. Duro, largo, me pregunté si aquello podría alojarse en mi interior. Estuvimos masturbándonos durante unos minutos, hasta que llegué a un clímax electrizante. Aquella mujer que haya tenido un orgasmo en un cine, sabrá lo que digo de los orgasmos ahogados, sordos. Su mano siguió moviéndose lentamente hasta que los restos de mi orgasmo desaparecieron.

Después llevó su mano hasta su nariz, oliendo mi íntimo perfume. La luz de la pantalla iluminó su sonrisa. No podía creer lo que estaba sucediendo, y lo que es peor, lo que estaba deseando que ocurriese. Un asentimiento mío con la cabeza, le indicó lo que sus ojos me pedían a gritos, y lo que mi cuerpo anhelaba. Lo haríamos allí mismo. Miré de nuevo a los lados, y cuando me iba a agachar entra las filas de asientos, vi, que el hombre que nos había dejado entrar, estaba observando toda la escena desde un lateral. Por un momento me quedé quieta sin saber que hacer, pero mi calentura no tenía vuelta atrás, así que me puse de rodillas en el suelo y tomando el pene con mis manos, comencé a menearlo lentamente.

Abel se recostó en el asiento y me dejó hacer, mientras sus manos acariciaban mi pelo. Lamí su pene en toda su longitud, y me seguía preguntando como me podría meter aquel tótem en mi boca. Aún recordaba el pene de mi exmarido, pero aquello no tenía color. Me sorprendió acordarme de él. Me decidí a introducirme el pene en la boca, para lo que tuve que hacer verdaderos esfuerzos hasta casi desencajar mis mandíbulas. No exagero un ápice, aquello era descomunal. Sin duda el esfuerzo mereció la pena, porque Abel comenzó a mover su pelvis rítmicamente.

Miré de nuevo a mi lado, y pude comprobar que el mirón seguía todos los avatares. Me pareció que se estaba masturbando, pero no podía asegurarlo, debido a la penumbra de la sala. Seguí con mi trabajito en el pene de Abel, hasta que furtivamente me deslicé sobre él. Coloqué su pene a la entrada de mi vagina, y poco a poco fui descendiendo hasta ir introduciendo el enorme pene en mi interior. Pensé que me partiría en dos, pero a medida que se abría, la tensión se fue convirtiendo en placer, un placer infinito como ya no recordaba. De espaldas sobre él, movía mis caderas en un imperceptible movimiento, acompasado y ligero, pasando desapercibido para los espectadores. Para todos menos para nuestro mirón.

Sus manos se aferraron a mis pechos, y fue desabrochando mi camisa, hasta que el sujetador quedó a su merced. Bajó sus copas, y por fin tomo mis duros pezones entre sus dedos, jugueteando con ellos. Un creciente placer nacía de nuestro interior, y cada vez era más difícil que nuestros cuerpos guardasen la compostura. Nuestras pieles se frotaban deseosas, y aumenté mis movimientos. Llevé mi mano hasta mi clítoris, haciendo que mi mano protegiese mi vagina de miradas indiscretas.

Abel metió su mano entre nuestros cuerpos, y alcanzó mi ano con su dedo. Di un respingo de sorpresa. No me penetró, se limitó a acariciármelo, y eso fue el pistoletazo de salida para un tremendo orgasmo que arrasó mi cuerpo a través de mi espina dorsal. No se como pude tener ese orgasmo brutal, y no hacerme daño con su pene inmenso dentro de mí. Cuando recuperé el resuello, Abel me susurró al oído.

– Estoy a punto, pero no tengo condón puesto, y no tengo ninguno.

Me quedé quieta. No me había dado cuenta del detalle. Hubiese querido decirle que me llenase de él, pero gracias a Dios la razón se impuso. Tan lentamente como me metí su pene, me lo saqué.

Volví a arrodillarme, y comencé a pajearle, a la vez que con la otra mano le acariciaba sus testículos. No había pasado un minuto, cuando Abel comenzó a eyacular gran cantidad de semen, que fue a parar a mi cara y camisa. Cuando regresé a mi asien

to, el mirón ya no estaba. Sonreí para mis adentros, había hecho disfrutar a dos hombres a la vez.

– ¿Nos vamos? Me dijo.

Nos levantamos y cuando salimos de la sala, la luz nos hirió los ojos. Cuando recuperamos la visión normal, pudimos observar el estado de mis ropas. Arrugadas, mojadas, y con pegotes de semen.

Abel comenzó a reírse, y a pesar de querer parecer enojada, tuve que reírme también.

– Espera aquí que me acicalo en los servicios.

Entré en el servicio de señoras, que estaba bastante deteriorado, y lleno de mensajes en las puertas. Cuando vi reflejada mi cara en el espejo, no pude por menos que sorprenderme. Había hecho una locura y lo sabía. Me juré que en cuanto saliese, aclararía las cosas y me desharía de Abel. Lavé mi cara, limpié como pude mi camisa, y tiré a una papelera los restos del tanga destrozado. Miré de nuevo el espejo, y tras sacudir mi cabeza, me dirigí a la salida. A la puerta estaba el mirón, que con una sonrisa en su cara, hizo un leve saludo inclinando la cabeza. No me detuve ni a mirarle, y aceleré el paso hasta donde estaba Abel. Cuando le vi, nada de lo que había pensado salió de mis labios.

– Te invito a tomar algo.

– ¿A sí?, Con estas pintas? Si no llevo ni ropa interior. Me la has destrozado– Pero eso solo lo sabemos tú y yo. Después te acompaño y te regalo otro tanga.

Debía estar loca. ¡No! Corrijo, estaba loca, así que acepté. Salimos a la calle, y casi ya no llovía, pero nos metimos en la primera cafetería que encontramos. Nos sentamos en una mesa y pedimos una consumición. Había bastante gente, seguramente refugiándose de la lluvia igual que nosotros, bueno igual, igual, no.

– Ha sido una locura. Le dije mirándole a los ojos.

– ¿Te arrepientes de algo?– Creerás que soy un putón fácil. No sé que me ha pasado.

– Pues ha pasado que has sentido, porque tenias necesidad de sentir. Y ese es un derecho que nadie nos puede quitar. ¿Hemos molestado a alguien? ¿Hemos hecho daño a alguien? No. Y encima hemos alegrado la tarde al personaje del cine.

– ¿Tú también le vistes?– Si, me pareció que se estaba masturbando.

– Eso me pareció a mí también

Guardé silencio. Eso era lo que había pasado, hacia tanto tiempo que no sentía. Los últimos años con mi marido fueron de una baja carga erótica. No fue culpa suya ni mía, quizás nos fuimos dejando, nos fuimos conformando con ver la vida pasar, sin darnos tiempo a sentir.

Abel apareció de repente, como la tormenta que me empapó. El también me mojó, y me llenó de vida otra vez. Era una fantasía hecha realidad. Fuerte, hermoso, con un miembro viril envidiable, y una forma de hacer el amor que me enloqueció.

– Sigo teniendo ganas de hacerte el amor. Me dijo tomándome de las manos.

– ¡Seguro! Y me lo harías aquí, ¿no?

Le miré y en su cara vi que ese era su deseo. Se levantó y me dijo que le esperase. Le vi alejarse por unas escaleras, y bajar a los pocos minutos. Se dirigió a mí, me tendió la mano, y me dijo que le siguiese. Me guió por las escaleras que había subido antes él. Nos dirigimos a la zona de los servicios, pero no entramos. Seguimos por el pasillo y acabamos en un antiguo reservado, donde mesas, sillones y cajas se amontonaban. Nos dirigimos al fondo, y cuando iba a preguntar que es lo que hacíamos allí, me abrazó y me besó largamente. Me aferré a él tras la sorpresa, y nuestras lenguas exploraron cada rincón del otro. Otra vez la locura, la bendita locura me arrastró a sus brazos.

Antes que me hubiese dado cuenta, ya tenía la camisa abierta, el sujetador desabrochado y los pechos fuera. Agachó la cabeza para besar y lamerlos.

– Que pechos más duros tienes. Parecen los de una adolescente.

No era la primera vez que oía esas palabras de admiración al contemplar mis senos. Mi marido estaba loco con ellos. Se puso a lamerlos con desesperación, agarrándolos rudamente. Después sin dejar de succionar mis pezones, sus manos tomaron mis glúteos, amasándolos a la vez que la falda se enrollaba en la cintura. Nerviosa, miraba hacia la luz, temiendo que alguien subiese y nos viese allí, sobre todo a mí, que estaba prácticamente desnuda.

Se puso de rodillas y fue descendiendo sus labios hasta mi monte de Venus. Allí su lengua jugueteaba con mi cuidado pubis. Separé un poco las piernas para facilitarle la labor, que yo ya deseaba que comenzase, pero su lengua recorría todos los alrededores, menos mi vagina, que desesperada estaba pidiendo a gritos un poco de atención. Se aferró a mis nalgas fuertemente, y su cara se hundió entre mis muslos, a la vez que su lengua comenzó a recoger los líquidos que manaban de mi interior. Pareció que los sillones se movían, y que el mundo giraba más deprisa, hasta el punto de tener que agarrarme al respaldo de uno de ellos, para evitar la caída.

En un alarde de equilibrio, puso una pierna sobre su hombro, y así mi vulva quedó más expuesta. Con desesperación me agarré a su cabello tirando de él, pidiendo a gritos que me follase. Pero no era lo que yo quisiera, sino lo que él quisiera hacer, así que siguió trabajándome, a la vez que sus dedos rozaban continuamente mi virginal ano. Lancé mi cabeza hacia atrás para tomar el aire que ya notaba que me faltaba, y fue en ese instante cuando noté que me elevaba, como si careciese de peso. Abel me había levantado al vuelo, para después dejarme caer en uno de los sillones. Y allí desconcertada me quedé, con las piernas abiertas y separadas, esperando lo que el amo de mis emociones tuviese preparado.

Sacó de su bolsillo un envoltorio, que tras abrirlo, resultó ser un preservativo. Después me lo dio para que fuese yo quien se lo pusiese. Sacó su pene bajándose los pantalones y el calzoncillo. Nerviosa se lo fui a colocar. Hacia tiempo mucho tiempo que no había colocado uno, y ahora tenía ese descomunal miembro palpitante frente a mí. Se lo fui a colocar, pero se zafó de mis manos y me lo colocó delante de mi boca.

– ¿No la preparas antes?

No sabía que tuviese que prepararla, pues su tamaño y dureza, no hacían pensar que necesitase ninguna ayuda. No obstante, se la agarré para después comenzar a lamerle, y a dilatar mi boca para ese pene.

No lo debí hacer tan mal, pues enseguida comenzó a menearse en mi boca. A pesar de hacerlo con cuidado, hubo alguna ocasión en la que me dio alguna arcada. Después de unos minutos de tratamiento en su pene, le fui colocando el condón, no sin ciertas precauciones para no romperlo, ya que evidentemente, necesitaba una talla más grande. Cuando estuvo colocado, pasé mis labios por toda su longitud, para lubricarlo. Volví a tumbarme de espaldas, abriendo y elevando las piernas, esperando así a mi dueño, pues así lo sentía en esos momentos. Pero Abel, en lugar de penetrarme, me tomó por la cintura, y con un rápido movimiento me giró, quedando boca abajo. Con otro rápido y firme movimiento, me colocó a cuatro patas.

No me acabé de acomodar, cuando sentí que su pene tocaba la entrada de mi vagina, y antes de que pensara en nada, noté como dio un golpe de riñones, metiendo más de la mitad de su pene. Otro empujón y estuvo toda dentro. Un gemido y un suspiro salieron de mi boca cuando noté como la punta chocaba contra el fondo de mi coño. Se agarró a mis caderas, y comenzó un furioso mete y saca. Miré el escenario. Un lugar lleno de caos y suciedad. Una postura totalmente entregada. Un desconocido barrenándome el cuerpo, que no haciendo el amor. Y yo totalmente enloquecida, sexual, una verdadera zorra es lo que me sentía. Me cogió los pechos a la vez que su pene seguía martilleando mi vagina, y entonces llegaron los espasmos que hicieron que me retorciese ante la llegada de mi orgasmo. No pude pensar en que nos podían oír, y grité y gemí hasta que Abel tapó mi boca. Solo entonces me percaté de donde estábamos. Apoyé mi cara contra el tapizado, para ahogar mis gritos, mientras Abel seguía bombeando en mi interior.

Comencé a notar los espasmos de su eyaculación, cuando cogiendo mi pelo a modo de riendas, tiró hacia atrás de mi cabeza. Sus gritos eran ahogados, y sus sacudidas hacían que pareciese que iba a salir despedida. Después de unos cuantos latigazos más, se apoyó en mi espalda, a la vez que notaba que su pene perdía su tamaño. Agarró su miembro y el condón, para que este no se saliese al salir de mí, y se fue retirando. Al salir todo su pene, tuve la sensación de quedarme vacía. Me mantuve unos

instantes en la misma posición, hasta que fui recobrando la normalidad. Cuando me di la vuelta ya se había colocado los pantalones, y estaba mirándome con cara divertida, y con el preservativo aún en la mano. Me senté el sillón, y miré mis pintas. Así no podía salir a la calle.

Como si me hubiese leído el pensamiento, Abel me dijo que me arreglase, que me esperaba abajo e iríamos a unos grandes almacenes a comprar algo de ropa. Tardé unos minutos en bajar. La imagen que se reflejaba en el espejo era mucho peor que la que vi en el cine. Me arreglé la ropa como pude, y con lo que tenía en el bolso, me puse manos a la obra de arreglarme. Cuando bajé, Abel ya había pagado las consumiciones, y me esperaba de pié junto a las escaleras. Contra todo lo que yo me temía, la gente no reparó en mí. Me tomó de la mano y salimos del local, en dirección a los grandes almacenes.

– ¿Sabias que había ese reservado arriba? – No, fui al servicio y lo vi. Pensé que seria un buen lugar para hacerte el amor. Esta vez tomé la precaución de comprar los condones en la máquina expendedora.

Caminamos cogidos de la mano. Al mirarle, me preguntaba que es lo que estaba haciendo allí con un extraño, del que apenas sabía nada, y que esa tarde ya me había follado dos veces. Y lo peor de todo es que la situación me gustaba. Mientras hablábamos, a mi mente venían las imágenes de lo sucedido minutos antes, y alguna sonrisa se me escapaba. Le invité a pasar la noche conmigo en mi hotel, pero se excusó diciendo que tenía que cenar con sus familiares, y que no podía excusarse para no ir. Quedé un poco decepcionada. Empecé a pensar que después de haberme follado desaparecería. Un atisbo de enfado comenzó a nacer en mi interior, pero su sonrisa al hablar, diluyó este antes de nacer.

Llegamos a los grandes almacenes, y subimos directamente a la sección de mujer. Cogí varias prendas, faldas, vestidos, alguna camisa y camisetas. Iba a aprovechar para hacer las compras que no pude realizar antes.

– Espera aquí mientras me pruebo esto.

– ¿No quieres que te ayude a elegir? – Ya me has ayudado bastante por hoy Abel.

Me metí en uno de los vestuarios del fondo, y me desvestí para ir probándome toda la ropa. Dejé la ropa que me quité en un lado, ya que no me la pondría. A los pocos minutos de estar dentro, Abel llamó a la puerta.

– Te he cogido unas prendas. Abre a ver si te gustan.

Abrí la puerta, y por la abertura aparecieron unas pequeñas perchas de las que colgaban unos diminutos tangas. Detrás de ellos apareció la eterna sonrisa de Abel.

– Espero que te gusten, aunque me ha dicho la dependienta que no te los puedes probar.

Antes de que cerrar la puerta de nuevo, Abel ya se había metido dentro.

– ¿Pero que haces? Que te pueden ver – No te preocupes, hay mucho movimiento de gente. Además solo te voy a ayudar con la ropa.

Hice un gesto de asentimiento, y por el espejo pude ver que se apoyaba en una esquina del probador. Por mi desnudez y una pequeña corriente de aire frío que entraba por la parte superior, mis pezones se pusieron tiesos. No pasó desapercibido para Abel, que se abalanzó sobre mí cogiéndome por detrás, acariciando mis pechos y besándome el cuello con dulzura.

– Estate quieto. ¿Es que no has tenido bastante? – Contigo no tengo bastante nunca.

Mi resistencia no duró mucho, entre otras cosas porque no había deseos de tal resistencia. Abel no era un hombre, era un demonio que se había apoderado de mi mente y de mi cuerpo. En unas horas, la mujer casi muerta para el sexo, con un deseo adormecido, había pasado a ser una hembra caliente, capaz de derribar todas sus barreras en una sola tarde.

Me apoyó de bruces contra la pared que estaba junto al espejo. No fue un movimiento sin pensar, todo lo contrario, así podíamos ver nuestra imagen reflejada en él. La pared estaba fría, y mis pechos se pusieron duros por efecto de la temperatura. Abel con una sola mano me mantenía los brazos en alto. Mirando de reojo, pude ver en el espejo como se iba quitando las prendas de ropa, hasta quedar totalmente desnudo. Después de follarme dos veces, por fin le iba a ver desnudo. Su cuerpo resultó ser como me lo había imaginado, mejor aún diría yo. Ni un gramo de grasa aparecí

a en aquel cuerpo que parecía esculpido por un escultor. Nada desentonaba en él, todo parecía estar en su sitio para que yo hiciese realidad las fantasías que tantas noches me habían servido para masturbarme en mi cama.

Tomó un preservativo y se lo colocó hábilmente con una mano. Dejó mis brazos en alto cogiéndome de la cintura, hizo que me doblase ligeramente. Comenzó a besarme desde el cuello hasta mis glúteos, pasando por cada centímetro de mi espalda. Siguió por cada una de mis piernas, y separó estas. Se colocó debajo, y con la punta de su lengua comenzó a dar pequeños toques en mi vagina. Mi clítoris sensible por las caricias recibidas por su pene, estaba sensibilizado a más no poder. Cuando mis jugos bajaron hasta su cara, volvió a colocarse detrás de mí. De nuevo su miembro se apoderó de mí, sin compasión, sin dulzura, con la brutalidad del amo con su esclava. Y así me sentía yo, una esclava, un juguete en manos de su señor.

Le veía en el espejo penetrarme una y otra vez. Me parecía increíble que aquello cupiera en mi vagina. De vez en cuando, la sacaba entera, y cuando la punta estaba a punto de abandonar mi interior, daba un golpe seco de riñones, y su pene volvía a introducirse saliendo el aire por mi boca a borbotones. Nuestros jadeos eran adormecidos en nuestros labios, el climas se apoderó de aquel probador. Puso una mano en mi nuca, y haciendo presión me indicó que me agachase más. Cogió mis brazos, y tirando hacia atrás, me montó como a un corcel. Me hizo daño, pero el placer era tan intenso, que lo tapó. Metió uno de sus dedos en su boca, y como si fuera un diminuto pene lo fue moviendo en su interior.

– Algún día te follaremos dos pollas a la vez. ¿Te gustaría putita mía? – Lo que tu digas Abel, pero sigue moviéndote que estoy a punto de correrme.

Mis palabras producto del paroxismo, animaron más a Abel, que aumentó su ritmo de follada. En el espejo pude ver como cada músculo de su cuerpo se aplicaba en la producción de placer. Sus manos no paraban de acariciarme, y un dedo juguetón se posó en la entrada de mi virginal ano. Di un respingo al sentir la presión del dedo, y acto seguido un orgasmo brutal sacudió mi cuerpo. Me retorcí sobre el pene que me tenia prisionera, y no solo físicamente. No se como hice para no lanzar ni un solo sonido, pero fuese como fuese, fue un orgasmo brutal pero discreto.

Abel seguía bombeando, y apoyado sobre mi espalda, con sus manos asiendo mis dos pechos, noté como sus músculos se tensaban, y como su cara comenzaba a tensarse, síntomas claros de su próximo orgasmo. La inoportuna voz de la dependienta, hizo que parásemos en seco.

– ¿Va todo bien señora? – Si, es que no me acabo de decidir. Fue mi respuesta, entrecortada, y sin credibilidad alguna.

Cuando la dependienta se retiró, Abel sacó el pene de mi interior.

– Chúpamela y acabemos con esto.

Le quité el condón de un tirón, y me puse de rodillas para darle a aquel macho el placer que me pedía. Mientras lamía en toda su extensión, con una mano iba pajeándole. A pesar de las dos eyaculaciones que había tenido, su miembro estaba totalmente hinchado. Pude apreciar sus venas marcadas y azules, y sus palpitaciones precediendo a su inminente orgasmo.

– Abre la boca, quiero correrme en ella.

No hice lo que me decía, porque no me gustaba tragarme el semen, solo una vez lo había hecho, y no me gustó.

– Abre la boca. Volvió a decir mientras los primeros chorros de semen salían disparados hacia mí.

Mientras seguía eyaculando, iba frotando su pene contra mis pechos, mirándole a la cara, y disfrutando con su placer. Poco a poco, los movimientos desaparecieron, hasta quedar totalmente relajado. Ahora sí que su pene se rindió a la evidencia, y tras duras batallas, emprendía una retirada, volviendo a su estado natural. A través del espejo pude ver una divertida escena. Los dos desnudos. Abel con su pene flácido goteando aún semen, y yo de rodillas con mis pechos embadurnados del mismo fluido.

– ¿Y ahora? Preguntó Abel divertido.

Por toda respuesta, procedí a limpiar su pene con la camisa que tenia en el suelo, y tras dejársela bien limpia, la besé con todo amor. Después con la misma prenda

procedí a limpiarme los pegotones que ya corrían por mi vientre. Ahora sí que estaba hecha un asco total. Me di un poco de colonia, y procedí a extendérmela por el cuerpo. Mientras Abel se vestía, yo me puse una camiseta ajustada, una falda corta, y uno de los tangas que me había traído Abel. Guardamos las etiquetas para pagar dichas prendas, y tras recoger la ropa sucia, y las demás prendas, pasamos a que la dependienta nos cobrase. Cuando estuvimos junto a ella, pudimos comprobar que se había percatado de todo lo que había pasado. Le pedí una bolsa para la ropa sucia, y al dármela, me hizo comentarios sobre lo difícil que es quitar algunas manchas. Todo esto sin quitar la vista de Abel.

Salimos de los grandes almacenes riéndonos. Cuando llegamos a la calle, la tarde se había quedado espléndida. Abel se me quedó mirando a los ojos, y tomando mi barbilla, me dijo.

– Eres la mujer más maravillosa que he conocido en mi vida.

Me pidió mi dirección de correo o mi teléfono, y le di solamente el primero, aún no sé por qué. Me pareció que su cara reflejó una pequeña decepción. Salimos a pasear, por las calles, hasta que se hiciese hora de despedirnos. Así ya más tranquilos, pude enterarme demás cosas de él.

Al preguntarle el por qué se había separado, me dijo que era porque su pareja no podía seguir su ritmo sexual, pero como me lo dijo riendo, no le creí. Trabajaba en el montaje, lo que hacía que estuviese constantemente viajando por toda España. Seguimos hablando de cosas intranscendentes, y así se hizo la hora que nos teníamos que despedir. Me dio su número de teléfono, y me preguntó si le llamaría.

– Claro, en cuanto llegue a casa.

Se despidió de mí a la puerta de un taxi. Fue un beso lleno de ternura, que me hizo estremecer. Cuando el taxi arrancó, me volví hacia atrás, y le vi de pié agitando su mano. Tuve la impresión de que no le volvería a ver. Y fue entonces cuando se me ocurrió acudir a la estación temprano para despedirme de él.

A la mañana siguiente, aparecí en la estación de tren. Me había puesto una blusa azul, con una falda muy corta, zapatos de tacón y dejé el sujetador en casa. Un tanga diminuto completaba mi atuendo. Si Abel me lo pedía, me iría con él en el tren hasta su ciudad, de allí yo volvería a casa. Si no hubiese sido por mis hijos, hubiese sido capaz de dejarlo todo. Dejé la maleta en la consigna y paseé por la estación nerviosa. A los diez o quince minutos, Abel aparecía por la puerta de entrada. Se sorprendió al verme, y me recibió con su habitual sonrisa, esa que me había cautivado. Nos abrazamos y nos besamos allí en mitad de la gente. Al sentir el contacto de su cuerpo junto al mío, una sensación de euforia recorrió mi cuerpo. Seguí besándole y al acercar mi boca a su oído le susurré.

– No llevo sujetador, y me gustaría que me follases aquí mismo.

Pensé que me arrastraría a los servicios y me poseería como lo hizo el día anterior, pero su respuesta fue más fría de lo que yo me esperaba. Me quedé un poco cortada, pero pensando que seria una travesura suya, seguí diciéndole al oído lo que me gustaría que me hiciese, y sutilmente puse mi mano en su paquete. Me la retiró con firmeza.

– Ahora no, que el tren estará a punto de llegar. Además hay mucha gente aquí.

Le miré a los ojos, y pude comprobar que estaba diciéndolo en serio. Empecé a sospechar que después de haberme follado cuando y donde él quiso el día anterior, ahora me estaba diciendo de una forma más que burda que pasaba de mí.

Me separé de él y en un tono bajo pero enérgico, le hice saber que pensaba que era un cerdo. Que después de follarme a su antojo, no fue capaz de haberme dicho adiós. Que ahora era yo la que estaba caliente y él no estaba dispuesto a satisfacerme.

– Ayer que yo sepa no te violé, y si tan necesitada estás, aquí hay muchas pollas que seguro se brindarán a poseerte.

Aquello me dejó helada en un primer momento, pero la furia de mujer comenzó a ascender de mi estómago hasta mi boca, y tras pronunciar una retantaila de palabras soeces e insulto

s, dirigí mi mirada a la sala, y fijando mis ojos en un chico joven, que estaba mirando unas revistas eróticas en el quiosco de prensa me dirigí a él.

– Tú lo has querido

Con paso firme me fui hacia el joven ante la mirada de Abel.

– Disculpa, ¿me puedes indicar donde están los baños?

El chico cuando se giró, casi se desmaya, pues me había desabrochado dos botones de la camisa, y mis pechos se asomaban descaradamente para el que quisiera verlos.

– Allí al fondo. Me dijo señalando una esquina, sin apartar la mirada de mis pechos.

– Igual me acompañas para que no me pierda. Dije en tono meloso.

El joven dudó unos instantes, como si no se lo acabara de creer. Pero al mirarle según me dirigía a los servicios, arrancó y se coloco a mi lado. Miré a Abel, y pude comprobar que me seguía con la mirada, con la sonrisa burlona, dándome a entender que no se creía que fuese a hacerlo. Aquello me hirió más en mi orgullo propio, y tras coger al joven de la mano, le arrastré al interior del servicio de señoras. Afortunadamente no había nadie. Le metí en el interior de una de las cabinas, y me abalancé sobre él, dándole un morreo, que casi le deja sin respiración.

El joven con eso, se liberó de toda suspicacia, y metió su cabeza entre mis pechos, a la vez que torpemente metía su mano bajo mi falda. Estaba claro que le faltaba experiencia y le sobraban energías. Apartó el tanga, y metió sus dedos en mi vagina. Tuve que detenerle un poco para que no me destrozase la ropa. Le volví a besar, a la vez que mi mano se dirigía a su paquete. Nada que ver con Abel pensé para mis adentros. Le bajé la cremallera mientras se apoyaba en la pared para no perder el equilibrio.

Estaba fuera de mí, había sido tratada como una verdadera zorra, y después rechazada, y aquello había sido muy fuerte. Ahora me vengaría follándome a ese joven, y guardando su semen en mi interior. Le daría en sus narices a Abel. Saqué su pene, ya tieso por completo, y me senté en la taza del inodoro. Me subí un poco la falda para masturbarme delante de él, a la vez que le comenzaba a hacer una paja. Estaba fuera de mí, dispuesta a todo, a todo… Acerqué mi boca a su pene, y cuando abría la boca para engullirlo, algo dentro de mí estalló. Fue como si me viese desde fuera de mi cuerpo. Me vi como una verdadera puta, una zorra lujuriosa, y no por deseo de serlo, sino por venganza hacia alguien que había conocido el día anterior.

Aquellos pensamientos me frenaron, y me quedé mirando al pene del chico, con una mano agarrándola y otra en mi entrepierna.

– ¿Pasa algo? – No puedo hacerlo, lo siento.

El joven me miró perplejo.

– Pero si fue usted la que me trajo aquí. No me deje así por favor.

– Lo siento, no puedo.

Salí de los servicios, y al salir a la sala, allí estaba Abel, esperándome.

– Solo quería saber si lo harías.

– Pues ya ves que no. No soy tan zorra como piensas.

– Ya lo sé.

Me tomó de la barbilla, depositó un beso en mis labios, y se dirigió al andén. Entonces supe definitivamente que no le volvería a ver. Cuando le perdí de vista, fue cuando me fijé que la gente me miraba. Tenía prácticamente los pechos al aire, porque no me había dado cuenta de abrocharme los botones. Despacio, cansinamente me los fui abrochando, sin importarme que la gente mirase y murmurase. Me dirigí a la salida de la estación, y al mirar hacia atrás, vi al joven que salía de los baños, con su mochila al hombro. Sin duda se había entretenido en aliviar la tensión que yo le había producido. Murmuré un lo siento mientras los rayos de sol de un día del mes de agosto, acariciaban mi cara.

Por la tarde volvería a la estación para tomar el tren que me llevaría a mi casa, donde despertaría de un sueño, del que solo me quedaban los recuerdos y un ligero escozor en mi vagina.

Autor: Mayolanda Rojo.saten (arroba) hotmail.com

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Primera vez en todo

Me llamo Carlos, en la actualidad tengo 35 años para cumplir este año 36. Mido 1,91. Este es mi primer relato y se desarrolla hace unos años, exactamente en el verano que tenia 13 años y estaba para cumplir los 14. En aquella época media 1,70 ya y era todo complejos. Todos mis amigos a mi lado eran bajitos. Mis padres para que no me quedara desgarbado me obligaban a hacer mucho deporte, cosa que hasta la fecha sigo haciendo.

Vivía en un buen barrio de Madrid e iba a un colegio de curas. Tenia varios amigos, pero con el que mas andaba era con Oscar, no porque fuéramos íntimos amigos, si no porque sus padres y los míos eran muy amigos.

La familia de Oscar estaba compuesta por el padre que tenia la doble nacionalidad ya que era de otro país, mas bien bajito y bastante feo, tenia pinta de ser bastante mayor que la mujer. Luego estaba la madre que se llamaba Elisa, una mujer escultural y mas o menos de mi altura, la diferencia con el marido era notable, guapísima, nos embelesaba a todos los chavales en aquella época, rubia, buen pecho y extraordinario culo. Luego estaban Oscar y Malena, eran mellizos pero el salio mas al padre que a la madre, Malena estaba muy bien pero aunque me llamaba la atención yo a ella no, le gustaban de otros cursos mas adelantados.

Yo iba mucho a casa de Oscar, pero nunca vi a su madre descuidada en el vestir, siempre que visitaba su casa me imagina que podría ver algo pero nada de nada.

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Ocurrió en Madrid

Ocurrió en Madrid. Había viajado para asistir a una firma importante, una firma que había costado mucho tiempo y trabajo preparar. Tras muchas horas en la notaría habíamos conseguido formalizarla y varios de los firmantes fuimos a cenar juntos, a fin de celebrar el feliz desenlace de muchos meses de trabajo, que implicaba, además, un importante pellizco económico para nuestras cuentas corrientes.

Finalmente, dos de nosotros, que habíamos viajado juntos desde Valencia, y que nos alojábamos en el mismo hotel de lujo, situado en pleno Barrio de Salamanca, llegamos al mismo, y al entrar en el hall, decidimos tomar la última copa en el lounge bar del hotel. Allí había varios grupos de personas, la gran mayoría hombres de negocios, bien vestidos, unos sentados y otros junto a la barra. Allí, a la barra, nos dirigimos y pedimos sendas copas, mientras hablábamos de esto y aquello. Nuestras miradas se dirigieron a las pocas mujeres que se hallaban en el bar, una de ellas especialmente atractiva, con minifalda sugerente y cuerpo escultural, que departía, muy sonriente, con un hombre muy mayor.

Al cabo del rato, el otro grupo que se hallaba junto a nosotros, en la barra, se disolvió. Había tres hombres, todos ellos de unos cuarenta años, muy bien vestidos, con estilo. Se despidieron. Escuchamos cómo se deseaban las buenas noches, y se emplazaban al día siguiente en la zona de desayuno. Uno de ellos, en quien no me había fijado hasta ese momento, había decidido quedarse un rato más, y así se lo manifestó a sus compañeros:

-Yo me quedo a terminarme mi copa. Nos vemos mañana.

Y allí se quedó un rato mirando alrededor, como investigando, como nosotros mismos habíamos hecho, a las diferentes personas que aún permanecían en el bar. Sus ojos, lógico, también se depositaron durante un rato en la mujer de la minifalda.

Yo pedí otra copa más, pero mi compañero de viaje decidió retirarse igualmente, a su habitación, de modo que me quedé, junto a aquél otro hombre, en una situación que se me antojó violenta, pues ambos estábamos en silencio, mirándonos sin mirarnos. Dejé la copa en la barra y me dirigí al baño. Cuando salí, traté de analizar a aquella persona, mientras avanzaba hacia la barra. Era un hombre de unos cuarenta años, alto, con abundante cabellera, algo de melena, que vestía un traje, en apariencia a medida, muy entallado, que se ajustaba a la perfección a un cuerpo que se antojaba atlético. Al acercarme, le sonreí, y él me devolvió el saludo, con otra sonrisa, como de complicidad. Era un hombre muy atractivo. Yo, aprovecho ahora para comentarlo, soy un hombre de cuarenta y cinco años, felizmente casado, con una hija, y heterosexual por naturaleza. Durante mi adolescencia había tenido una experiencia homosexual bastante larga con un compañero de mi equipo de fútbol, algo muy satisfactorio, pero bajo la plena confirmación de mi condición de heterosexual que, no obstante, disfrutaba del sexo con otro chico de su edad, sin ataduras. Esa relación, en absoluto había marcado mi vida posterior, pero de ella guardaba un entrañable y buen recuerdo. Aunque ya calvo, fui bastante atractivo de joven, pues practicaba varios deportes, y dada mi estatura, cercana al metro noventa, y mi complexión fuerte, durante muchos años tuve bastante éxito con las mujeres. Me gusta vestir traje de marca y me considero persona con cierta clase y distinción. Aunque fruto de la vida sedentaria había engordado, aún conservaba una figura algo atlética, herencia del pasado.

Finalmente aquél hombre atractivo rompió el hielo y me dirigió la palabra:

-¿Qué? ¿Apurando la última copa?

-Pues si…. Ha sido un día duro, pero ha ido bastante bien.

-Pues el mío también ha sido un buen día, aunque estoy agotado.

Nos presentamos:

-Yo me llamo Sergio.- Me dijo estrechándome la mano con aire varonil y confianza.

-Yo Jose, encantado.

-¿De negocios?

-Si… ¿tu?…

-También….

Y comenzamos a entablar una animada conversación al respecto de nuestros trabajos y nuestras vidas. Supe que era abogado, como yo, aunque de una firma internacional importante, y que ahora mismo vivía a caballo entre Londres, Madrid y Nueva York. Era separado con dos hijos, y le encantaba practicar deporte, especialmente el tenis.

Comentamos acerca de la atractiva mujer de la minifalda y fantaseamos acerca de la relación que le unía con aquel anciano.

Aún tomaríamos alguna copa más, y en un momento determinado, y cuando ya parecía que nos conocíamos de toda la vida, sin venir muy bien a cuento, me preguntó, así, sin tapujos:

-¿Alguna vez has tenido alguna fantasía con hombres?

Me desconcertó, y le respondí un poco avergonzado y extrañado, que no.

-Pues yo si, ¿sabes? Además, las únicas veces que he follado con un tío ha sido en un hotel… -Y como si estuviéramos hablando de fútbol me preguntó- ¿seguro que jamás has estado con otro hombre? – Lo preguntaba como extrañado.

-La verdad –reconocí-, es que cuando era joven, con dieciséis o diecisiete años, sí.

-Pero… -y parecía emocionarse por momentos- ¿en plan activo o pasivo?

-Más bien pasivo….

-¿Y te gustó?

-La verdad –me sinceré, no sin cierta vergüenza-, si… Muchas veces lo he recordado con  nostalgia. Yo jugaba al fútbol, y mantuve una relación con un compañero, con el que tenía sexo, y yo siempre era pasivo…. Lo hacíamos constantemente, todos los días, a todas horas… Ufffff. Luego, él se fue a otra ciudad y perdimos el contacto.

-Pero…. ¿te follaba el culo? – Sergio preguntaba intrigado, y aparentemente, excitado.

-Si…

-¿Y se corría dentro?

-Si….

La verdad, es que hablar de aquel tema también me estaba excitando…

Cambiamos de tema, pero, al cabo del rato, él me dijo….

-¿Sabes qué es lo que me excita? –y sin esperar a que le respondiera me lo contó- Una fantasía que tengo desde hace tiempo, y que siempre me asalta cuando estoy en este hotel. Me excita muchísimo pensar que conozco a un hombre atractivo, con clase, con estilo, bien vestido, aseado, etc…, a quien le propongo que se suba a su habitación, que deje la puerta entreabierta, se desnude completamente, se suba a la cama, y se coloque a cuatro patas esperándome para que yo llegue después, y me lo folle de la forma más salvaje que pueda imaginarse…, como a una vulgar puta…

Mientras hablaba y contaba aquello, yo mismo me iba excitando al imaginarme en aquel juego sexual de rol…, pero Sergio no se detenía….

-Y en cuanto te he visto, Jose, te he imaginado como el protagonista ideal para mi fantasía…. Y encima, mira lo que es la vida… Has tenido experiencias como pasivo… Ufffff…. Estoy super excitado… Porque no es plan de hacer aquí un espectáculo, pero te aseguro que estoy empalmado….

-Yo –reconocí-, la verdad, también me había fijado en ti, y también estoy super excitado….

-¿Te atreves?

Asentí…., aunque ciertamente aterrado.

-No tengas miedo…. Soy de fiar, ¿eh?

-Jajajaja Yo también….

La verdad es que estaba excitadísimo, y al tiempo asustado. Se trataba de una situación extraña, pues, por un lado, tenía como un nudo en el estómago, pero, por otro, una erección brutal que a duras penas podía disimular.

Estuvimos unos minutos sin casi hablar nada, como si ninguno de los dos quisiera ser el que diera el paso, hasta que Sergio me acercó su boca a mi oreja y me susurró:

-Anda, cariño, mi putita, sube a la habitación, y espérame como tú ya sabes… desnudita, y con ese agujerito abierto para mi…. Mmmmm Te voy a convertir en la puta más sucia del mundo….. ¿Qué número de habitación…? ¿mmmm?

Ese susurro, esa voz varonil excitante, con un ligero tono de señorito andaluz, ese aliento maravilloso, me alentaron a seguir adelante con aquella loca aventura, y haciendo caso a mis instintos sexuales, que no a mi cerebro, le dirigí una mirada turbadora, llena de deseo, y le revelé el número de la habitación:

-La 628….

-Tardo un cuarto de hora exacto…. Desvístete para mi, cariño….- Y se paseó la lengua por los labios, de forma sumamente excitante…

Y dirigí mis torpes pasos hacia el hall del hotel, donde estaban los ascensores, para subir a mi habitación. Mientras ascendía hasta la sexta planta, se agolpaban en mi cabeza pensamientos antagónicos. Por un lado, pensaba en la locura que suponía aquella situación, que pudieran enterarse de aquello las personas de mi entorno social o profesional, la humillación que supondría para mí que se llegara a propagar aquel desliz…, pero, por otro lado, aquel juego, aquella situación, pensar en el cuerpo atlético de Sergio, en su boca sensual, y en su probablemente impresionante polla adentrándose en mis entrañas, me sobreexcitaba y me abocaba al caos…

El ascensor se detuvo en la sexta planta, y dirigí mis pasos, con cierta lentitud, a mi habitación. Accedí a ella, y pensativo, cerré la puerta. Encendí la luz del baño, y allí, en primer lugar, procedí a cepillarme los dientes, después de quitarme la corbata, los gemelos, y la camisa. Me contemplé en el espejo. No estaba tan mal. De repente, pensé que en escasos minutos, Sergio se dirigiría hacia allí, y me bloqueé. No supe qué hacer. Salí del baño y me senté en la cama. Las luces de la noche madrileña se adentraban en la habitación sumiéndola en una penumbra excitante. Me quité los zapatos y los calcetines. Me levanté, me desabroché el cinturón, y me bajé los pantalones. Me quedé sólo con mis bóxers negros. Recogí toda la ropa y la dejé amontonada dentro del armario. Retiré la colcha de la cama, y la tiré al suelo. Después, volví al baño y apagué la luz. Retiré la cortina, de modo que, desde el exterior, aunque no nítidamente, probablemente cualquiera de los vecinos del edificio de enfrente podría ver lo que ocurría dentro de la habitación. Notaba claramente las palpitaciones de mi corazón cuando me quité los bóxers quedándome totalmente desnudo. Mi polla, semi erecta, no muy larga, aunque bastante gruesa, aún no descapullada, estaba mojada por la excitación. Dejé mi ropa interior también dentro del armario, y me quedé, junto a la puerta, sin saber muy bien qué hacer. Me pareció oír algún ruido en el pasillo. Las palpitaciones del corazón se incrementaron. No sabía muy bien cuánto tiempo había transcurrido, cuánto tiempo tardaría en llegar Sergio. Lo que sí estaba seguro es que vendría. La locura se apoderó de todo mi cuerpo. Mi polla se desbocó y sin pensarlo abrí la puerta de la habitación y la dejé entreabierta. Un pequeño hilillo de luz del pasillo invadió la estancia. Me dirigí hacia la cama y me encaramé sobre ella, colocándome a cuatro patas con la cabeza apoyada sobre la almohada. Busqué la postura más cómoda y tratando de relajar el cuerpo, quedé así, a expensas de cualquiera que entrara por la puerta, en posición humillante. Pasaron algunos minutos. No se oía nada. De repente, supe que estaba allí, mirándome, y sentí vergüenza. Oí cerrarse la puerta, y sus pasos avanzando hacia mí, pero decidí no moverme. Se acercó hacia la cama. Podía sentir su respiración, su olor… Me estremecí al sentir su mano apretando mi nalga derecha, sobándola, estrujándola. Me dio un manotazo en esa misma nalga, que me produjo cierto dolor, y gemí. Dejó algo en el suelo. Debía ser una botella. Después, sentí que comenzaba a desvestirse, muy despacio, probablemente sin dejar de posar su mirada en mi culo, que se le ofrecía insolente, allí, sobre la cama. Mis pulsaciones iban a mil, y la excitación se apoderaba de mí. Aún sentía su palmada en mi trasero, como si mi corazón palpitara en él. Escuché la cremallera de su bragueta, el sonido metálico de su cinturón, y cómo sus pantalones cedían a la ley de la gravedad. Escuché sus pasos descalzos dirigirse al baño. Se encendió la luz de esa estancia, y pude, a su vez, escuchar el sonido de su orina. Sí, estaba meando. Una meada sonora, acreditativa del más que probable gran tamaño de su pene. Después se pudo oír el sonido del grifo del lavabo. La luz del baño volvió a apagarse, y, entonces, escuché nuevamente su susurro, excitante:

-Hola putita… Estoy excitadísimo, ¿sabes?….. Mmmmm. ¡Qué culito más delicioso tienes….! .- Y mientras decía esto, sentí cómo arrojaba junto a mí una de las toallas del baño, y cómo sus dos manos se posaban nuevamente sobre mi culo, masajeándolo, magreándolo. Una de sus manos, delicadamente, fue abriéndose paso a través de la entrepierna, por mis cojones, y alcanzó mi polla, que, totalmente erecta, húmeda, evidenciaba mi estado de excitación brutal. Comenzó a pajearme, descapullándome del todo, con mucha delicadeza, y, al poco, volvió hacia atrás, deteniéndose con sus dedos en mi agujero. Se marchó un instante, y escuché que cogía nuevamente la botella que había depositado en el suelo, que la abría, y que, supuestamente, bebía un poco del gollete. De repente, noté un líquido muy oloroso, deslizándose por mi espalda, y sus manos esparciéndolo por todas partes, y, noté cómo el chorro de licor, sin duda whisky, se dirigía ya hacia mi culo, hasta que colocó la embocadura de la botella en mi ano, y comenzó a pasearlo por mi ojete, provocándome más excitación aún si cabe.

Sentí su lengua recorriéndome todo el culo. Las nalgas primero, y luego todo lo demás. Desde el final de la espalda, sus labios, su lengua, chupaban, sorbían el licor que él había desparramado por allí. Mi posición no era la más cómoda, pero, la excitación me hacía olvidar que mis brazos comenzaban a dormirse. Así estuvo varios minutos. Las gotas de whisky se desparramaban por la cama, humedeciéndola, pero, el agradable olor, unido al que desprendía mi propia polla, me excitaban cada vez más, algo que me provocaba pequeños gemidos, casi femeninos, que, sin duda, acrecentaban la excitación de Sergio que, tomándome de las caderas, comenzó a morderme, a chuparme todo el culo, taladrando con su lengua todo mi ojete hasta que, de repente, se retiró, y le escuché manipular algo. Estaba como abriendo algún recipiente desconocido. Volvió a acercarse y noté sus dedos, impregnados de alguna sustancia, adentrándose en mi agujero. Era como algo grasiento y el olor me delató que era mantequilla. Probablemente la habría pedido en el bar. De tal modo, sus dedos comenzaron a adentrarse en mis entrañas. Primero su índice, dilatando poco a poco mi ano, después el corazón, y, finalmente, con bastante dolor, y potentes gemidos por mi parte, constaté que introducía también el anular y el pulgar, despacio, pero con decisión. Hacía ya muchos años que nadie se adentraba a través de mi ano. Recordaba ahora nítidamente las tardes de placer en la cama de mi amigo Franchu, el cual me penetraba sin tapujos, y me sodomizaba cada día provocándome un placer brutal. Reconocí que ese placer era inigualable y que nada, absolutamente nada, lo había superado nunca, aunque yo, con los años hubiera pretendido enterrarlo en los anaqueles de mi memoria. Tras unos cuantos minutos sometiendo a mi ano a un entrenamiento, a una vuelta a su dilatación del pasado, Sergio me habló:

-Ahora, mi vida, te vas a portar como lo que eres, una puta…. Primero, te voy a atar…- Y noté como utilizando su propio cinturón, buscó dónde inmovilizarme. El cabezal de la cama era de madera, de modo que buscó hacia abajo, hasta que detectó el somier, y fue ahí donde consiguió abrocharlo, y dejarme prácticamente indefenso. Me sentía absolutamente humillado, pero muy excitado. Estaba a su total merced, y él lo sabía. Colocó las dos almohadas bajo mi vientre, de tal manera que mi trasero quedaba relajado, respingón, insolente, como anhelando ser penetrado por ese miembro viril que aún no había visto ni sentido.

-Y ahora, putita mía, prepárate para recibir a tu hombre… Quiero que grites y gimas de placer….- Y comenzó a palmearme fuertemente el culo. Era un dolor importante, pero, lo que era más preocupante, un placer bestial. Comencé a gemir de placer a cada palmada, y a pedirle que me pegara más fuerte, que me tratara como a una niña mala, que me castigara…

-MMMMM. Mi vida…. Eres aún más puta de lo que creía…. Ahora verás lo que es un verdadero hombre… Un macho…..- Y, acercándose, me embistió de golpe, sin preparación ninguna, metiéndome su polla hasta las entrañas, la cual entró casi sin oposición, quizás debido a esa mezcla entre el whisky y la mantequilla, y a la previa preparación-dilatación con los dedos de Sergio. El dolor era casi insoportable, aunque, al cabo de un instante, mi cuerpo debió acostumbrarse a aquel cuerpo extraño, lo asimiló y Sergio lo notó, pues, mis músculos se relajaron, y permitieron a aquél enorme miembro, más grueso que largo, moverse suavemente, despacio, dentro de mí. Comencé a gemir como una puta, a pedirle que me follara como una puta, que me violara, que me hiciera mujer. Mi voz sonaba como casi femenina, y eso agitaba más la excitación de Sergio, que comenzó a embestirme de forma brutal. Se escuchaba el sonido de su pelvis, de su piel, al golpear en mis nalgas. Sacudidas de placer inmenso se me producían a cada embestida, a cada golpeo de piel con piel, a cada roce de sustancias. De repente, Sergio sacó su polla y nuevamente, comenzó a masajearme, a sobarme las nalgas, a palmearlas. Notaba las palpitaciones en mi culo, que debía estar enrojecido por el trato que Sergio le estaba dispensando.

-Estoy enamorado de este culo, joder…., pero ahora, vamos a jugar a otra cosa… ¿vale?

Y, con sumo cariño, con delicadeza, me obligó a darme la vuelta, aflojando suavemente el cinturón que aprisionaba mis manos, para después, volver a oprimírmelas, dejándome, entonces, boca arriba, con mi polla brutalmente erecta mirando al cielo. Acercó su boca a la mía. Podía sentir su aliento, que olía a alcohol y masculinidad. Era irresistible. Me besó, con delicadeza, con excitación, paseando su lengua por toda mi cavidad bucal, y, comenzamos a entrelazar nuestras lenguas, en un baile maravilloso, repleto de saliva, de sensualidad… Mi erección se agravó, y él lo notó. Acarició mis huevos, y tomó mi polla con su mano, masajeándola ligeramente, provocándome gemidos de placer femeninos, que, sin duda, le excitaban sobremanera. Poco a poco, separó mi boca de la suya. Un hilillo de saliva nos mantuvo unidos por unos instantes. De repente, se colocó sobre mí, como montándome. Notaba su trasero sobre mi vientre, y mi polla rozando la raja de su culo de atleta. Poco a poco fue subiendo, acariciándome, especialmente, los pezones, los cuales pellizcó levemente. Eso me excitó aún más si cabe. Poco a poco, veía acercarse a mi cara aquella polla, grande, brillante, muy sonrosada, con un capullo redondo, precioso. Comenzaba a notar su olor, un olor muy particular y especialmente excitante, hasta que, finalmente, la punta de aquel glande, se quedó a escasos milímetros de mi boca. Nunca antes, ni siquiera en aquellas experiencias de mi juventud, había comido una polla, y la verdad, nunca me había parecido algo especialmente agradable, pero, era tal la excitación que tenía que abrí la boca, y con expresión de deseo, acerté a decir:

-La quiero toda para mi… Dámela, cariño…

Sergio, excitadísimo, comenzó a pasear aquel glande jugoso por mis labios. Notaba un intenso sabor a mantequilla, a whisky, a él. Yo apenas podía moverme. Con extrema delicadeza, Sergio siguió acercando su polla, poco a poco, introduciéndola en mi boca, al tiempo que yo embadurnaba su capullo con toda la saliva que era capaz de fabricar. Notaba como ese glande iba inflándose, como si fuera a reventar, mientras se adentraba en mi cavidad bucal, hasta alcanzar mi garganta, provocándome unas arcadas que parecían excitar más aún si cabe a Sergio.

-Mmmm… Mi putita…. Vas a tragar toda la lechita…¿verdad? – Y alcancé a asentir como buenamente pude, dado que apenas podía moverme, por las ataduras y aprisionado con aquella gigantesca polla en mi boca. Respiré profundamente a través de la nariz, asimilando la situación, disfrutando de algo desconocido, pero sumamente excitante. Supe entonces que lo que más deseaba en ese momento era su esperma, saborearlo, disfrutar de él, sin ataduras, sin complejos, y con mi mirada le supliqué que se corriera. Él asintió.

-Si…. Te la voy a dar toda…. Toda…. ¡Tomaaaaaalaaaaaa! Ohhhhhhhh – Y mirándome con complicidad, cerró de repente sus ojos, al mismo tiempo que una explosión caliente, como una agradable llamarada de sabor maravilloso, ligeramente salado, inundó toda mi cavidad bucal, mi garganta, mi paladar… Cerré yo también los ojos, disfrutando de ese momento único en el que los fluidos de Sergio pasaban a ser parte mía, decidiendo yo, sólo yo, si los tragaba o no… Paseé todo aquel manjar por mi boca, mientras fui tragando en varias fases la ingente cantidad de leche que aquella polla increíble me había regalado. Abrimos los ojos a la vez, ambos felices, exhaustos. Sergio extrajo con suma delicadeza su polla de mi boca… Hilos de leche quedaron colgando desde su miembro hasta mi boca. Con un ligero movimiento de cabeza, volví a introducirme su capullo, chupando la punta con mis labios, limpiándola, engullendo los últimos vestigios de semen, como si del manjar más exclusivo se tratara.

-Mmmmmmm… mi vida…. Nunca había sentido nada igual…. Eres la puta más maravillosa que nunca he conocido…- Hablaba con delicadeza, con cariño, con sensualidad…. Me acarició la cara, el pelo. Paseó sus dedos por mis labios….- Ahora, vas a tener tu premio… Vamos a relajarnos un poquito…¿vale? Hay que reponer fuerzas para el premio gordo…. Porque….¿verdad que quieres que me corra en ese culito maravilloso, cariño….?

-Si…. Es lo que más deseo….- No sabía si quien hablaba era yo o un desconocido lado femenino, al que ponía voz la furcia más excitada y sensual.

Y, quitándome el cinturón que oprimía mis manos, me ayudó a incorporarme, me acercó la botella de whisky, y ambos bebimos, besándonos, sonriéndonos, acariciándonos. Mi polla seguía erecta. La cogió con sus dos manos, en las que previamente untó un poquito más de mantequilla, y comenzó a masturbarme. Lo hacía despacio, sin prisas. Me recosté para tratar de disfrutar mejor de aquel momento. Noté como introducía mi polla en su boca, y cómo succionaba el capullo, despacio, ensalivándolo. Continuó con las manos, incrementando la velocidad hasta que no pude más y me vine…

-Aaaahhhhhh, cariño…. – Una inmensa cantidad de leche se esparció por sus manos, por mi pelvis, y él mismo la repartió por todas partes, como untándome mi propio esperma. Finalmente, llevó sus dedos a su boca, y los chupó, relamiéndose los restos de mis propios fluidos, con sumo placer.

No sé cómo, pero me dormí. Me dormí placenteramente. Unas suaves caricias en mi pecho me despertaron. Abrí los ojos y le vi, contemplándome con deleite, mientras sus dedos jugueteaban con mis pezones.

-¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras? – Me preguntó Sergio entre susurros.

-Estoy en el cielo, en el Paraíso…-alcancé a decir con extrema sinceridad.

-¿Quieres que sigamos? No quiero forzarte a hacer nada que no quieras…

-Lo quiero y lo deseo… Nunca me había sentido tan bien…

-¿Estás segura? – Me chocó que me hablara en femenino, pero, gustosísimo, asumí el rol que él me asignaba.

-Segurísima, cariño….

-Bien… Pues entonces, vámonos al sofá…

Sergio tomándome de la mano me incorporó y me llevó hasta el sofá de la habitación, palpándome las nalgas, y palmeándolas con insolencia, con chulería. Me empujó con cierta brusquedad, y me colocó a con los brazos apoyados en el respaldo del sofá, y con las rodillas sobre el asiento, de tal manera que mi culo quedaba a su total disposición.

-Te voy a follar hasta el final… Me voy a correr dentro de ti, sin condón… ¿Estás de acuerdo, mi putita?

-Si, mi vida…

Y entonces, con una excitación suprema, noté cómo su polla, su polla maravillosa e increíble, se abría paso entre mis nalgas, despacio, pero con decisión. Mi ano estaba aún lubricado, y su miembro entró con una facilidad pasmosa. Lo introdujo hasta el fondo, y, provocándome un respingo de placer brutal, comenzó a moverlo, en un mete-saca constante, enérgico, mientras sujetaba mis caderas fuertemente. Grité:

-¡Fóllame, cariño!

-¡Si, mi puta, toma, toma!

-¡Córrete, por favor….! ¡la quiero toda! –una asombrosa voz de mujer excitada salía de mi boca..

-¡Si, si, puta, toma, toma polla! ¡Te gusta! ¿eh?

-¡Si, me gusta, me encanta!

Siguió empujando, con fuerza, con energía, follándose mi culo de forma salvaje y proporcionándome dosis de placer que jamás había sentido. Yo gemía como una loca, y notaba cómo mi polla estaba a punto de reventar sin que nadie la tocara. De repente, sentí una explosión de líquido incandescente en mis entrañas, algo maravilloso, y grité como una posesa. Instantáneamente un placer inmenso y un orgasmo brutal me provocaron una eyaculación como nunca había soltado. Fue un orgasmo conjunto, único, excepcional, que nos dejó exhaustos a ambos. Estuvimos así, unidos, bastantes minutos, mientras nuestras respiraciones se recuperaban, y, finalmente, él salió. De mi culo brotaban borbotones de esperma. Al andar nuevamente hacia la cama, notaba una extraña pero agradable sensación de dolor, de humedad. Me tumbé y sin darme apenas cuenta, me quedé dormido, sintiendo su presencia junto a mí, su olor, sus fluidos.

Desperté tarde. La luz del sol entraba en la habitación, a pesar de que alguien había vuelto a echar la cortina. Estaba solo. Sergio había marchado. Al incorporarme me sentí sucio, pero feliz. Sobre la cama había una corbata granate, la que Sergio llevaba y su ropa interior. Sobre la mesilla de noche había un billete de quinientos euros y una nota manuscrita que decía… “el mejor precio para la mejor puta”. Nunca más volví a verle, pero conservé estas dos prendas para siempre, como culto a mi Dios, al único ser que en esta vida me ha hecho llegar a visitar el auténtico Paraíso.

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Liliana la insaciable argentina

Hace un mes empezó a acudir al gimnasio de mi primo Javi una mujer argentina. Liliana, morena, de 41 años y mediana estatura, gracias al gimnasio mantiene muy bien su cuerpo. Sus medidas son 95 65 102, la mejor parte de su cuerpo es sin duda es la cola ya que la mantiene bien firme gracias al gimnasio.
Hace unos días eran las 8 de la noche en pleno verano y salimos juntos del gimnasio. Entonces, me ofreció llevarme a mi casa en su Mercedes clase A. Durante el viaje me contó que se había peleado con su marido, que le había sido infiel. Seguimos hablando y me comentó que hace tiempo que no tenía sexo a menudo con su esposo. Al llegar a mi piso me dijo que necesitaba un hombre que pudiera sacarle las ganas. Entonces le propuse que bajemos en casa que yo se las podía sacar.
Bajamos lo hice pasar y apenas entramos me besó como una loca. Nos fuimos a mi cuarto y me senté en mi cama. Ella se sentó encima y empezó a tocar mi polla que ya estaba bien dura. Seguimos con los besos y el manoseo, mientras nos íbamos sacando la ropa. Ella se sacó la malla corsaria y el top, estaba solo en sujetador y una tanguita, mientras que yo me había sacado el polo. Me acosté bien sobre la cama y ella fue cubriendo mi torso de besos. Me sacó el pantalón deportivo y empezó a pasar su lengua a mi pija por arriba del bóxer. Después sacó mi polla y la empezó a mamar. Al rato se levantó y se sentó sobre mi cara. Ya no tenía ni la tanga ni el sujetador puestos. Al rato ella se dio vuelta e hicimos un 69 espectacular. Ella no aguantó más y me dijo: pendejo ahora vas a ver lo que es coger. Se sentó sobre mi polla metiéndola en su coño. Saltaba como una puta y me volvía loco. Entonces me levanté, la puse en cuatro patas y la penetre desenfrenadamente. Ella me decía cosas para calentarme. Me calentó tanto que no aguanté más y me corrí sobre su espalda. Ella se levantó rápido y me mamó bien la polla hasta dejarla sin ninguna gota de semen. Al rato la invité a que se fuera a bañar. Mientras ella lo hacía llamé a mi primo Javi, le conté lo ocurrido y lo invité a que viniera.
Javi vive en el mismo bloque de viviendas con lo que llego antes de que Liliana saliera de la ducha. Al salir no encontró bebiendo cerveza y se sobresaltó. Ella lo conocía a Javi del gimnasio, pero no esperaba encontrárselo allí. Me acerqué, le quite la toalla y comencé a besarle el cuello y acariciarle las tetas. Le dije que no se asustara que Javi estaba en casa para ayudarme a sacarle las ganas. Al rato de que los dos le besamos y lamimos todo el cuerpo, le enseñamos nuestros enormes penes empinados y la invitamos a que los mamará poniéndola de rodillas frente a nosotros. Liliana, mamó ambos penes al unísono con gran entusiasmo y devoción, a los pocos minutos de la mamada, Javi la puso a cuatro patas y la penetró mientras ella seguía chupándomela. Intercambiamos posiciones y después de un rato los dos nos corrimos en su boca y pechos casi al mismo tiempo. Fue una corrida bestial, y ella restregó nuestro semen por todo su cuerpo. Liliana volvió a bañarse y comenzó a vestirse.Ya eran las diez y mi amigo Mohamed llegó pare ver el futbol y le preguntamos entre bromas si quería follarse a esa puta que teníamos.

 

Él se desnudo y Liliana aceptó el juego. Entonces se arrodilló y uno a uno fue haciéndonos una mamada. Luego volvió a quitarse el tanga y el sujetador, nos dio la espalda y se sostuvo de la mesa para que la penetráramos. Fuimos cambiando una y otra vez sin parar hasta que después de bastante rato y dos orgasmos sus piernas temblaban casi al punto de no poder sostenerla de pie. Entonces yo dispuse dos sillones uno frente al otro. Me senté en uno mientras Javi ocupó el otro lugar. Liliana se sentó sobre mi polla y se inclinó para alcanzar la polla de Javi y comenzó a comerla degustándola centímetro a centímetro. Yo entonces cambié de entrada y comencé metérsela por el culo. Claramente, ese agujero no era virgen ya que mi polla entro sin mayor resistencia. Mientras, Javi cedió su lugar a Mohamed quien cogió la cabeza de Liliana y le hizo tragar su polla de golpe. Eso fue casi salvaje. Yo entonces deje mi lugar a Javi quien se tiró en el piso e invitó a Liliana a montarse sobre él. Una vez Liliana lo hizo, yo me puse detrás de ella y sosteniéndole las caderas la penetré otra vez por el culo. Mohamed por su parte le dejaba a Liliana mamarle la polla. Liliana ya no podía más de tanto placer y llego al orgasmo siendo doblemente penetrada.

 

Una vez repuesta Liliana vio que eran las once y dijo que tenía que irse a casa para acostarse antes que su marido llegase de ver el futbol en el bar con sus amigos. Pero con Javi la convencimos de que se quede un rato más para darle una última sorpresa. Le dijimos que se bañara y se nos esperara sentada en el sofá. Pasados unos 10 minutos volvimos, abrí la puerta, la bese y con un pañuelo de seda le tapé los ojos. Luego abrí la puerta y grité, pasar, pasar. Eran Javi, Mohamed, y dos amigos más que habíamos invitado. De repente varias manos empezaron a tocar todo el cuerpo de Liliana, el tacto de esas manos la estremecía y la ponía muy cachonda. Le empezamos a lamer el cuello, los pezones, la boca y el coño. Ella estaba desconcertada por no saber cuánta gente allí había pero muy cachonda, deseosa de agarrar una polla que mamar. Nosotros le dirigíamos sus manos hacia los penes, y entonces Mohamed agarrándola de la cabeza dirigió la boca de ella a su polla. Ella se la introdujo y lo empezó a mamar succionando cada vez más polla y hasta llegar a introducírsela casi hasta tocar los huevos con la punta de su lengua. Después de unos minutos él se corrió en la boca Liliana y dejó paso a otro chico al que ella de la mamaba fuertemente a la vez que pajeaba otras pollas y Javi le comía el coño.

 

Entonces comenzó a sonar el móvil de Liliana. Ella grito debe ser el hijo de puta de mi esposo, apáguenlo y cójanme, bien cogida….las quiero sentir hasta el fondo del culo, rómpanme el culo, no importa el dolor. Entonces me acerque a Javi, le di un calabacín gordo y largo y le dije toma méteselo en el coño. Nada más metérselo ella empezó a correrse sin parar en una corrida que parecía una meada. Entonces la cogimos de los brazos y la tumbamos a cuatro patas en la alfombra, y empezamos a lamerme el culo y a meterle los dedos en él, dejando el calabacín en el coño. De pronto todos nos apartamos de ella y yo de un golpe se la metí entera por el culo. Antes de correrme se la quité y se la metí en la boca dejando el culo libre para el siguiente. Así uno tras otro la fuimos follando el culo y corriéndonos en su boca y sus tetas. Ella así tuvo al menos dos orgasmos más. Acabo llena de semen por todos lados y con el culo totalmente desflorado. No podía cerrar el ano de todas las veces que la habíamos penetrado metiéndole nuestras pollas hasta los huevos La dejamos a cuatro patas tumbada en la alfombra y los chicos se despidieron de mí y se marcharon.

 

Entonces senté a Liliana en el sofá. Le dije, ya te puedes quitar el pañuelo zorra. Después le quite el calabacín del coño y puse la tele. Le dije vete a bañarte. Mientras se iba a la ducha agregué, nunca sabrás quiénes te han estado dando por culo guarra. Una vez se hubo bañado y vestido Liliana, eran ya las tres de la mañana. La acompañe hasta la puerta y le dije con una sonrisa, ten cuidado al conducir. Espero puedas explicarle la demora a tu marido. Luego le di un beso y le dije, cuando quieras puta dímelo y volvemos a repetir. Tengo una amiga que se ha tragado dieciséis pollas por el culo. Si quieres la próxima vez probamos con más pollas. Ella se subió a su Mercedes clase A y se marchó.

 

A la semana siguiente, Liliana estuvo esquivándome varios días en el gimnasio. Finalmente, un día se acerco y me dijo, estuve con el culo algo desgarrado un par de días. Aún tengo un dolor persistente. Una semana y media más y luego ya estaré bien. Además mi marido viajará a Madrid. Entonces estaré lista para que invites a tus amigos y les muestres cuantas pijas se puede comerse esta hembra.

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Mi cuñada es puta

Esta es la historia de cómo descubrí que mi cuñada, realmente la cuñada de mi mujer (la esposa de su hermano) era prostituta y cómo me aproveché de ello.

Mi cuñado Andrés, el hermano de mi mujer, es un hombre de 40 años, de aspecto normal, que se cuida haciendo deporte de vez en cuando, tiene un buen trabajo con un buen sueldo que le permite vivir una buena vida: piso en una buena urbanización,  un coche para él (un bmw serie 5) y uno para su mujer (vw golf), viajes por vacaciones varias veces al año, ropa de marca, etc…  no es millonario pero vive muy bien y le sobra dinero, es un poco pijo, aunque no tanto como su mujer. Está casado con Marta, que es una mujer de 38 años, alta, guapa, delgada, morena, con el pelo largo y rizado, y unas tetas magníficas. Es cierto que tras tener dos hijos, esas tetazas no son lo que eran, pero siguen siendo estupendas. Me he hecho infinidad de pajas pensando en sus tetas, y me corrido montones de veces en las tetas de mi mujer imaginando que eran las suyas.

Yo trabajo en una zona industrial de Madrid, en el extrarradio. Entro a trabajar a las 8 de la mañana y salgo a las 17. Uso mi vehículo propio para llegar al trabajo ya que me gusta ir volver lo más rápido posible y además mi trabajo está justo en la entrada del polígono por lo que evito los atascos que se suelen formar para entrar y salir todos los días. Esta zona industrial es bastante grande, también un poco triste porque no hay nada, sólo empresas, fábricas, etc… por lo que hasta para salir a tomar algo, hay que coger el coche.

Lo bueno que tienen este tipo de zonas al no haber viviendas, comercios, etc… es que es una zona ideal para ejercer el oficio más antiguo del mundo, por lo que hay decenas de prostitutas en los alrededores.

Yo no soy  cliente de prostitutas, ya que mi mujer es una cerda en la cama y me satisface todas mis necesidades, además ellas están en la parte final del polígono por lo que no suelo verlas en el trayecto que realizo habitualmente. Únicamente las veo cuando tengo que echar gasolina al coche en una gasolinera que hay en el otro lado del polígono. La verdad es que cuando hace buen tiempo me paso por las calles en las que están, ya que hay muchas que están en tetas y tanga, y te alegran la vista bastante. Aunque intento no hacerlo mucho para no caer en la tentación…

Vamos al tema.  Una día normal de mayo, eran ya las 17 y salí del trabajo y me monté en el coche. Puse la radio, arranqué y saltó la alarma de la gasolina.

–          Joder, tengo que echar gasolina otra vez, me cago en dios. Venga voy rápido a ver si no me como el atasco.

Total, que empecé a conducir a través del polígono. Empezaban a aparecer prostitutas que estaban esperando clientes. Algunos de los coches que tenía delante iban parando a su lado para preguntar precios y tontear un poco. Yo me iba fijando en esas hembras y había de todo, algunos orcos, que no sé cómo podían tener algún cliente, otras que estaban bien, la mayoría, y luego había auténticos pivones que podían estar en cualquier sitio haciendo lo que quisieran con quien quisieran…. pero ahí andaban.

A medida que me iba acercando al final del polígono, había mas chicas. En la calle principal había muchas, pero también por las calles perpendiculares.  En las calles paralelas más alejadas también había, pero ya era otro rollo: yonkis, travestis y algún marica.

Iba conduciendo y estaba a punto de llegar a la gasolinera, cuando mire a una de las calles perpendiculares, y a unos 100 metros, vi a una chica que me resultaba familiar. Frené un poco para mirar con más detalle, pero un coche que iba detrás me pitó y me dio un susto. –Ostias, dije- y me fui a la gasolinera.

Tras echar los 20 euros de rigor, sentía curiosidad por ver si conocía a la chica que me había llamado la atención. Así que arranqué, y salí de la gasolinera. Me dirigí a la calle principal y giré a la izquierda, justo en la calle donde la había visto. Me fui acercando despacio y con la mano apoyada en la cara para que no me reconociese, era un poco tontería porque yo ni estaba haciendo nada malo y seguro que no la conocería…

Cuando estaba llegando a su altura estaba hablando con un coche que había parado a su lado. Ella estaba en la acera apoyada en la ventanilla con el culo en pompa y la cabeza dentro del coche, supongo que intentando camelarse al cliente. Justo al ponerme en paralelo al coche parado me giré para ver su cara y me quedé totalmente flipado: ¡Era mi cuñada! ¡No me lo podía creer!. Afortunadamente estaba hablando y no se dio cuenta de que la vi.

No podía creerlo, no podía ser que mi cuñada fuera puta. La misma que no bebe agua del grifo, sólo embotellada, la que pone papeles en los bancos del parque para no mancharse el vestido y cosas así, resulta que se dedica ¡a comer pollas a desconocidos dentro de un coche! Como no me lo creía tenía que volver a comprobarlo, así que seguí por la calle, giré a la derecha y di la vuelta a la manzana. Cuando pasé a su altura estaba sola. Me tapé la cara con la mano, como cubriéndome del sol y la mire: ¡Era ella! Ella se quedó mirando hacia donde yo estaba. No sé si reconoció mi coche o a mí. No creo, es un coche muy común y no puso ninguna cara de sorpresa, pero no estaba seguro.

Seguí conduciendo, volví a girar a la derecha y aparque el coche en un lado de la calle. Estaba nerviosísimo y no sabía qué hacer.

–          ¿Voy y le digo algo? – pensé.

–          ¿y qué coño le voy a decir?Hola,¿ qué haces aquí?

Si le digo algo pueda que se ponga nerviosa por haberla descubierto y me amenace con decir que voy de putas. Puedo irme sin decir nada pero ¿y si me ha reconocido? Estaría en la misma situación, y cuando nos viésemos me diría algo.

Decidí cubrirme las espaldas y pensé que si le hacía fotografías allí y con algún cliente no podría ponerme en ningún apuro, ya que no es lo mismo tener pruebas que no tenerlas, y estaría en una posición dominante. Así que arranqué el coche, encendí el teléfono, lo puse en modo vídeo y me dirigí hacia donde estaba ella. Cuando giré hacia la calle donde estaba ella, me detuve a un lado. Justo un coche se estaba parando a su lado así que cogí el móvil y me puse a grabar. El sol le daba de cara así que no podía ver si había alguien dentro de mi coche. Le di al zoom lo bastante como para que la imagen fuera nítida y se le pudiera reconocer. Parece ser que hicieron el trato ya que se subió en el coche. Se quedaron allí mismo, lo único que hizo el hombre fue aparcar bien, salirse del coche y meterse por la puerta trasera.

Con esto ya tenía pruebas de que mi cuñada era una auténtica zorra. Se me estaba poniendo durísima pensando que se iba a follar a ese gordo dentro del coche. Decidí salir del coche y acercarme andando para ver si podía ver algo… y grabarlo. Miré hacia los lados, para ver si había alguna puta que me pudiera ver husmeando y montarme una escena. Vi a una, pero estaba a unos cien metros, por lo que no había problema. Crucé la calle dando un pequeño rodeo para que no me viesen desde el coche. Me acerqué por detrás , el hombre estaba en el asiento trasero, en la parte del conductor, así que me acerqué por el otro lado teniendo cuidado de que no me viesen.

Cuando me acerqué a la ventanilla, vi a mi cuñada agachada en el asiento con la cabecera sobre el hombre, que estaba sentado. Movía la cabeza de manera rítmica, por lo que deduje enseguida que se la estaba comiendo. Saqué el móvil, lo acerqué a la ventanilla y empecé a grabar. El hombre miraba hacia arriba y resoplaba, le tenía que estar haciendo un buen trabajo. Mientras le comía el rabo, el hombre le tocaba el culo y empezó subirle la falda, así que pude ver su culazo con el tanga puesto. El hombre apartó el tanga a un lado y empezó a tocarle el coño. Le metía un dedo despacio, y la zorra de mi cuñada movía el culo como buscando más. El hombre sacó el dedo y empezó a acariciar el ojete del culo, hacía pequeños movimientos circulares metiéndolo poco a poco. Desde el otro lado de la ventanilla podía ver perfectamente como le entraba el dedo en el culo. Yo estaba tan cachondo que estuve a punto de sacarme la polla y empezar a cascármela allí mismo. De repente, el hombre cogió de la cabeza a Marta y empezó a follarle la boca mientras le metía el dedo corazón hasta el fondo del  culo. Podía escuchar los gemidos del hombre desde fuera del coche mientras se corría en la boca de mi cuñada.

Decidí volver a mi coche antes de que me vieran. Paré la grabación del móvil y di un último vistazo dentro del coche. Pude ver cómo se estaba sacando el condón mientras mi cuñada se limpiaba la boca con un pañuelo. Parece ser que era cerda pero no tanto como para comérsela a un desconocido sin condón. Eso sí me pareció más propio de ella.

Me metí en mi coche. Estaba muy nervioso e infinitamente cachondo. En ese momento decidí que iba a follarme a mi cuñada allí mismo y en ese momento. Eso sí, sin pagar, que yo no pago por sexo y además tenía un video en el móvil que me iba a dar muchas alegrías.

Espere a que Marta se bajara del coche. Cuando el cliente se fue, arranqué el motor y me dirigí a su lugar de trabajo. Paré a su lado y bajé la ventanilla. Al verme se quedó en shock, me alegré, en ese momento supe que iba a hacer con ella lo que quisiera:

–          Hola Marta, ¡qué sorpresa! ¿qué haces por aquí? Ella estaba bloqueada y no me contestaba.

–          ¡Marta!¿estás bien?

–          Sí, sí, perdona, es que me he sorprendido al verte.

–          Sí, yo también, ¿qué haces aquí?

–          Esperando a alguien, ¿y tú?

La muy zorra sabía de sobra que le había visto bajar del coche del gordo e intentaba disimular e inventarse una excusa:

–          Yo trabajo aquí al lado y al ir a echar gasolina te he visto. ¿Y a quién esperas? Aquí sólo hay “señoritas de compañía” y te pueden confundir con una…

–          A una amiga, que me ha traído a una entrevista de trabajo y ahora viene a recogerme.

–          Si quieres te llevo yo y no tienes que esperar aquí…

–          Ehhh no hace falta, pero gracias de todas formas, ya está a punto de llegar.

–          Bueno, pues espero contigo hasta que llegue.

–          No hace falta, de verdad, no te molestes.

Al ver que no tenía salida, me dijo que vale, que se vendría conmigo. Dijo que iba a mandar un mensaje a su amiga para que no la recogiese.  A continuación, se subió al coche. La falda se le remango y dejaba ver el liguero. Joder, tenía la polla a punto de reventar. No aguanté más y le dije:

–          Te he visto bajar del coche de un hombre, ¿eres prostituta?

Ella, ofendida,  me dijo: ¡Pero que estás diciendo gilipollas! Le voy a decir a tu mujer que eres un putero asqueroso. Directamente saqué el móvil y le puse el video que había grabado. Su primera reacción fue intentar quitármelo, pero le agarré de la muñeca y no lo cogió. Después se puso a llorar:

–          Por favor, no se lo digas a nadie. Me han surgido problemas y necesito dinero.

–          ¿Qué problemas? Pero si tenéis dinero de sobra…

–          Ya, pero Andrés no lo sabe.

–          ¿Y por qué no?

–          Porque no quiero que se entere.

–          ¿Qué problemas son?

–          Llevo meses jugando en el casino. Me gasto todo el dinero del mes, y tiro de tarjeta de crédito. Con unas iba pagando los intereses de otras, luego pedí crédito al consumo… y ahora tengo una deuda de 12000 euros. No puedo decírselo a Andrés, porque llevamos una época mala en la relación y si se entera me dejaría inmediatamente

–          Entiendo-  le dije.

–          No se lo dirás a nadie, ¿verdad?

–          Claro que no, pero tú te vas a portar bien conmigo, le dije recorriendo su cuerpo con la mirada desde las rodillas hasta sus tetas.

Ella sabía a lo que me refería y me preguntó que qué quería:

–          Quiero follarte.

–          Eres un cabrón. Soy tu cuñada, tu familia ¡tu esposa y mi marido son hermanos!

–          Tú y yo no somos nada, no tenemos la misma sangre y tengo una ganas de follarte espantosas. Siempre que querido follarte y ahora lo voy a hacer.

 

Marta se lo estaba pensando: -Está bien, pero follamos ahora, borras el vídeo y nos olvidamos de todo. Yo le dije: -De eso nada. Voy a follarte, cómo y cuando quiera. El vídeo no se borra. Ella dijo: Está bien.

Nos fuimos a un lugar más apartado y nos pusimos en el asiento trasero. Le dije: – Quítate todo, excepto el tanga y liguero. Ella obedeció. Comencé a acariciarle las tetas, esas tetazas con las que había soñado cientos de veces. La puse encima de mí y comenzamos a besarnos. Le metía la lengua en su boca y ella me correspondía. Le sobaba las tetas como un poseso y se las chupaba. Iba alternando boca y tetas, mientras le sobaba el culo y el coño.

 

Estaba excitadísimo. Tenía la polla como nunca la había tenido:

 

–          Venga, chúpamela.

–          Vale-. Dijo mientras cogía un condón del bolso.

–          ¿Qué haces?

–          Coger un condón.

–          ¿Estás de coña? Me la vas a chupar sin goma ahora mismo. Y luego te follaré sin goma y me correré donde me apetezca. ¿Lo entiendes?

–          No puede ser, porque… – De un bofetón le cerré la boca.

 

Le cogí del pelo y la baje a mi polla. Comenzó a chupármela. Le dije que se pusiera delante de mí, me gusta sentir las tetas en mis piernas cuando me comen la polla. La verdad es que lo hacía bastante bien. Subía y bajaba metiéndosela casi entera, me chupaba el tronco de arriba abajo jugueteando con su lengua en mi capullo. Le dije que me chupara los huevos, y empezó a hacerlo, mientras con la mano subía y bajaba.

Estaba a punto de correrme. Le dije que le diera a la lengua sobre mi capullo. Ella recorría todo capullo con una habilidad asombrosa. Era un auténtico zorrón, el cabrón de mi cuñado se lo tenía que pasar pipa con ella. Comencé a correrme y le dije que siguiera chupando. Le saltaban los lefazos en su nariz, boca y mofletes. Me estaba corriendo como nunca. Cuando terminé le dije que me limpiara la polla y se tragara todo. Así lo hizo.

Acaba de echar la corrida más grande de mi vida, pero seguía con un empalme y unas ganas de follar tremendas. Ella hizo amago de vestirse, pero se lo impedí:

–          Todavía no hemos terminado. Ahora vamos a follar.

–          ¡Pero si ya te la he chupado y te has corrido!

–          Sí, pero quiero más, ¿no lo ves? Dije señalando mi polla dura.

Ella aceptó. Me puse en el centro del asiento, y le dije que se pusiera mirando hacia adelante dándome el culo. Ella se inclinó hacia adelante y comencé a chuparle el coño por atrás. Empezaba a gustarle porque está muy mojada. Comencé a subir mi lengua hasta masajearle el culo. Ella dio un sobresalto y me miró, parece que mi cuñado no le tocaba por ahí nunca…

Yo seguí con lo mío, iba pasando la lengua del culo al coño y viceversa, y la muy zorra empezaba a gemir. Cuando le chupaba el culo, le acariciaba el clítoris con el dedo, y cuando le chupaba el coño, le metía un dedo en el culo. Estaba tan lubricada que casi ni se enteraba.

Le dije:

–              Date la vuelta y siéntate encima.

–              Ponte un condón, por favor. No quiero quedarme embarazada.

–              Te voy follar sin condón, y voy a correrme dentro de ti. – Le dije mientras le agarraba de la mandíbula.

Se dio cuenta de que no tenía opción, así que se sentó lentamente sobre mí, metiéndose la polla poco a poco en su interior. Tenía el coño muy estrecho, impropio de una mujer de su edad, me estaba encantando. Ella empezó a botar moviendo las tetas en mi cara. No podía creer lo que estaba viviendo, era un sueño hecho realidad. Con lo excitado que estaba sabía que no iba a durar mucho.

Cuando noté que me iba a correr, le agarré de las caderas y le ayudaba a moverse más rápido. Empecé a gemir:  –

–           Venga… venga… sigue… sigue…. Me voy a correr, ¿quieres que la saque?

–          Nooooooo, no pares cabrónnnn. Correteeeee dentrooooo

Empecé a mover las caderas yo también a lo bestia, mientras movía las suyas con mis manos. Noté como empecé a correrme dentro de su coño. Era una sensación increíble. Esa jamona con la que había soñado, una de las musas de mis pajas,  la tenía follando como una cerda encima de mí, y me acababa de correr en su coño.

Cuando terminamos, se inclinó hacia atrás, apoyándose en los asientos delanteros. Podía ver su espectacular cuerpo. Mi polla dentro de su coño peludo, como me gustan, por el cual empezaba a rebosar el semen. Las tetazas hacia los lados, mientras las acariciaba. Y su cara de zorra viciosa, sudando y roja del esfuerzo realizado.

–          Ha estado muy bien. Seguro que tienes mucho éxito entre tus clientes.

–          Eres un cabrón. Aunque la verdad es que sí ha estado bien.

–          Bueno, pues tu secreto está a salvo conmigo. Pero claro, esto lo tendremos que repetir.

Ella me miró y sonrió. Yo le cogí de la cabeza y le metía la lengua en la boca. Mientras nos vestíamos le pregunté que cómo le iba en su nuevo trabajo. Me dijo que llevaba dos días, y que sólo chupaba y follaba por el coño, siempre con goma, y que se sacaba un buen dinero. Los clientes le decían que una española con esas tetas escaseaban mucho, por lo que tenía éxito.

Yo le dije, que me parecía estupendo. Que su culo me lo tendría que reservar para mí, y que el único semen que se comería sería el mío. Ella volvió a sonreír. Menuda zorra.

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Feria de Sevilla 2015

Esta historia me acaba de suceder por ello debo contarla antes que se me olviden los detalles.

Había quedado con mi grupo de amigos y vecinos de la infancia, entre ellos se encontraban Gonzalo, Fernando, Sergio, Víctor y Alejandro. Habíamos quedado en la caseta de Gonzalo donde degustamos más de un rebujito y de dos. A eso de las 2 de la mañana acalorados estábamos en la calle más borrachos que sobrios cuando Gonzalo que estaba de frente a la calle nos hizo un guiño para que el resto nos diéramos la vuelta, al darnos la vuelta nos encontramos con una chica rubia con el pelo rizado que llevaba una falda negra corta y una blusa color carne transparente que dejaba ver su negro sujetador, el cual sujetaba unos pechos bien formados.

– ¿ Donde vas solita, caperucita? – dijo Gonzalo con voz descarada.

Ella se paró y nos miró a todos pero se quedó mirándome fijamente

– ¿Pedro eres tú? – dijo señalándome.
– ¿yo?
– Coño te pareces un huevo a un amigo mío – dijo mientras se acercaba a nuestro lado – perdona que te hable así pero es que estoy muy nerviosa ya que me he perdido de mis amigas, las cuales van todas guapísimas con sus trajes de flamencas.

– ¿ Cómo la has perdido? – dijo Fernando.
– Pues mira es que no soy de aquí, soy de madrid, estábamos en la caseta de un amigo y fui a saludar y cuando me dí la vuelta ellas habían desaparecido, y el caso es que me quedo en casa de una a dormir.
– ¿ y no sabes donde encontrarla?
– ¿ llamalas al móvil?
– Es que como iban tan guapísimas y los móviles son tan grandes en mi bolso llevo yo los móviles de ellas. ahora iba a la caseta donde estuvimos antes a ver si estaban allí, pero no me acuerdo que calle era pero si se que era por aquí.
– Menuda faena, bueno mi nombre es Fernando, este es Simón, Gonzalo, Sergio, Víctor y Alejandro
– Yo soy Elena.-
– ¿Quieres que te acompañemos? Elena.
– Todos nos pero tú sí – me dijo cogiéndome del brazo – no os vayais que enseguida os lo dejo.

Estuvimos caminando un rato hasta que le vino a la memoria una caseta. Entramos y fuimos a la barra buscando a las amigas pero la caseta estaba más vacía que el parlamento de gente honrada. Pedimos una jarra de rebujito y nos sentamos a esperar a ver si venían. Estuvimos un rato esperando y hablando conociéndonos más. El rebujito se no subió pronto a la cabeza, lo descubrimos al levantarnos para ir al aseo. cuando llegamos a la puerta de los aseos Elena se resbaló y rápidamente la cogía agarrandola por la cintura desde la espalda para que no se cayera, ella se sorprendió y sin separar las manos de sus cintura se dio la vuelta y me dijo.
– Que brazos mas fuertes tienes.
– Para que no te me alejes – dije
– Tranquilo que no quiero alejarme – dijo mientras que rodeaba mi cuellos con sus brazos – es más, quiero estar más cerca.

Diciendo esto empezamos a besarnos de forma muy suave, mi mano derecha empezó a acariciar su culo por encima de la falda negra, sus manos jugaban con mi cabello mientras que nuestras lenguas se tocaban y acariciaban. Al rato de estar besándonos bajó una de las manos hacia mi paquete y empezó a palpar, luego dejó de besarme abrió la puerta del aseo y con el dedo índice me invitó a entrar al aseo con ella. Dentro del aseo con el pestillo echado me bajó los pantalones y empezó a mamarme la polla de arriba a abajo. Lo estaba flipando en colores la forma que tenía ella de lamerme la polla para metersela entera en la boca succionando y masajeando mis huevos a la vez con una mano y con la otra se tocaba la entrepierna. De repente llamaron a la puerta “ Salid de una vez , ¿Qué estáis haciendo ahí dentro? “ rápidamente guardé mi polla en mis pantalones y ella se colocó bien la falda y una vez listo salimos del baño ante la atenta mirada del camarero.

Salimos de la caseta y nos fuimos calle abajo hacia la calle del infierno. En la zona de las atracciones nos fuimos a la casa del terror, compramos dos boletos y entramos al instante. Elena se descojonaba de cada uno de los actores que estaban dentro de la atracción, mientras que yo la abrazaba por detrás de la cintura, pegando mi polla morcillona contra su culo chiquito.
Llevamos un rato dentro cuando vimos una esquina oscura medio escondida y ella apoyándose contra la pared hizo que mi cuerpo se acercara a ella y empezamos a besarnos. Mi manos se metieron rápidamente por debajo de su falda y sus manos no tardaron en meterse dentro de mi pantalón sacando mi polla al fresco. Mis manos pasaron de su cintura a sus pechos y mi boca de su boca a sus pechos, disfrutaba del manjar que me daban su pechos cuando escuché una voz detrás mía que nos dijo “ ¿Qué estáis haciendo? Iros a follar a vuestra puta casa !!” nosotros nos reímos y salimos de la atracción ante la atenta mirada de hombre vestido de momia y de la gente que esperaba para entrar en la atracción.

Corrimos Cruzando la carretera y llegando a la barriada de Tablada, allí nos paramos en la esquina de un bloque y ella se abrió la camisa enseñándome que aún tenía bajado el sujetador y yo le saqué mi polla del pantalón enseñándole que no me había subido la cremallera ella sonrió y tomó mi polla con sus manos y comenzó a hacerme una enorme paja suavemente yo introduje mi cabeza en su pechos y comencé a comermelos. Nuestra excitación era bárbara que ella me pidió que me sentara en un peugeot negro lleno de polvo que había aparcado enfrente. me senté en el capó del coche y ella bajándose las bragas se subió al parachoques delantero y cogiendo mi polla se la metió dentro de su coño. Mientras que ella se balanceaba metiéndose mi polla en su coño yo le mordía los pezones, cosa que le gustaba ya que me pedía que siguiera chupando los pechos, ella se corrió un par de veces antes de que yo le dijera que se la quería meter por el culo. Al momento ella se quedó para pero luego aceptó, se bajó de encima mía y yo me bajé el pantalón del todo luego ella se puso con las manos apoyadas en el coche yo apunté mi polla a su ano, no sin antes chupar un dedo para meterselo por el ano para lubricar bien para mi polla que aunque estaba húmeda por los flujos de Elena nunca viene mal.apunté con mi polla y le metí mi rabo entero en su culo, ese culo no era virgen más de una polla había entrado pero quizás no con el grosor de la mía, no es que tenga una polla gordisima pero es algo ostentosa, tras un largo rato bombeando dentro de su culo ella me pedía más y yo aumentaba la velocidad mientras que con mis manos le cogía y le pellizcaba los pechos, e incluso le puse mi manos en la boca para que lamiera mi saliva mezclada con sus flujos. al poco a esa velocidad empecé a correrme dentro de su culo el cual escupía por encima de mi polla todo mi semen. tuvimos un momento de relajación y cuando ella se movió para arreglarse puede ver las marcas de sus manos y la de mi culo sobre el peugeot, y ver también como habíamos tenido público varios chavales de las ventanas colindantes, quizás salga en youtube en algún vídeo y todo.

FUE UN POLVO ESPECTACULAR.

Tras el polvo la acompañé a la parada de taxi para irse a la casa de su amiga a ver si habían regresado, dándonos un morreo nos despedimos, no volví a verla en toda la feria pero aún me acuerdo de mi madrileña cachonda.

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Andrea, la escort de la hipoteca VII -El marido de Lena

 Lena o la perversión de una esposa (continuación).- Anselmo, el cornudo de la escort.

Como ejercicio de fin de curso, Ofelia programó una orgía. Decretó zafarrancho general y convocó a todo el mujerío de la Agencia, alumnas, escorts en ejercicio y hasta monitoras y profesoras. Ella misma quedó movilizada como maestra de ceremonias. Para la parte masculina hubo llamadas individuales a los clientes de más respeto y además hubo convocatoria general publicitada en la página web de la Agencia. En total hubo una treintena de solicitudes admitidas, con pago adelantado, y quedaron muchísimas demandas sin atender, por falta de chicas suficientes; aún así, resultaron más de dos clientes por escort. Lena, pese a las intensas experiencias de burdel, estaba preocupada ¿cómo afectaría el desmadre generalizado a su comportamiento histérico?

La cosa se montó por todo lo alto. Las chicas se vistieron –por poco tiempo- con la colección prestada a la Agencia con la que, en su día, habían desfilado Andrea y compañeras; los caballeros, de etiqueta para cocktail, y tanto ellas como ellos enmascarados con barrocos antifaces venecianos. Se dispuso un buffet muy generoso de canapés y vinos espumosos y los invitados departieron con las elegantes señoritas formando grupitos en que las conversaciones fueron rápidamente subiendo de tono y el lenguaje fue haciéndose más y más procaz. Al tiempo, según el ambiente se caldeaba, las elegantes vestiduras empezaron a estar de más y los caballeros más audaces –y casi todos lo eran- instaban a las damiselas a liberarse de ellas, cosa a la que ellas accedían sin remilgos, ayudadas por las manos impacientes de los sátiros de esmoquin. Hubo un revuelo de camareras que ponían rápidamente a salvo los costosos vestidos, mientras las escorts quedaban con las hermosas carnes a la vista tan solo, más que cubiertas, enjaezadas con exiguos tangas, y bustiers o pezoneras-abundaban en estas prendas los colores negros, seguidos a distancia por los rojos muy vivos o malvas-, más los antifaces. Lena se presentaba con un mínimo taparrabos-que ni esto conseguía-formado por tres cordones negros, gruesos, trenzados que por delante sujetaban un triángulo que apenas ocultaba la mitad del pubis y dejaba entrever el arranque hermosísimo de la abertura de la vagina, y por detrás se enganchaban mediante anillos en una pieza dorada que venía a caer sobre el final de la rabadilla, exactamente bajo el tatuaje Warhol que señalaba la zona erógena. Completaban su erótico desnudo pezoneras también negras con colgante, antifaz pardo con festones dorados y pluma roja, alzada, y peluca larga hasta la espalda de color castaño. Andrea vestía un tanga semejante, sostén cumplido negro y medias negras musleras, y se adornaba con piercing de ombligo, antifaz azul claro, labrado en oro, con pluma negra alzada, y su pelo rubio natural, muy corto.

Una vez semi-desnudas las escorts, la lujuria ascendió como la espuma y la orgía estalló por encima de respetos y pudores, por lo demás bastante escasos. Cada cual eligió rápidamente pareja de entre las que tenía más a mano y la mano-las manos- se aplicaron al magreo, las lenguas al lameton y las bocas al beso, y, como la demanda doblaba a la oferta, cada moza fue solicitada como mínimo por dos caballeros al tiempo. Alguno pretendió llevarse a su elegida a un reservado, pero, aparte de que el tercero en discordia habría de seguirlos allá, el procedimiento suponía una pérdida de tiempo, en previsión, la Agencia había cubierto los suelos del salón y zonas limítrofes con gruesas alfombras, protegidas con una fino cobertor impermeable, y la mayoría se hacinó sobre ese lecho corrido elemental. Los tangas y los sostenes volaron como palomas hasta las manos de las camareras, así como las vestiduras de los clientes y allí fue del rebullir de cuerpos como en alguna escena dantesca … Otras camareras pasaron repartiendo unas bolsitas con cordón para colgar del cuellos de las chicas: contenían provisión de condones, aceite lubricante y toallitas húmedas para la higiene. Y el mundo de la orgía se puso en marcha, estaban tan hacinados que la promiscuidad era inevitable, cada una ni sabía con quienes se lo estaba haciendo en el momento; además, la actividad de cada pareja o grupo estimulaba o excitaba a los circundantes. Lena y Andrea, fogosas y fuertes, no tenían problemas y eran de las más solicitadas; la primera fue contando lo de sus zonas, y estimularlas se convirtió en el deporte favorito de muchos clientes, y los rugidos de ninfómana posesa de la Leona fue una de las curiosidades e incentivos de aquella panda de salidos. Hasta que al grito de “¡fuera caretas!” hubo un despelote de máscaras volando por los aires, y ya sin disimulos –quien lo pensara- se encontró cara a cara, o peor, con un familiar.

-Camila, por Dios, ¿qué haces tú aquí?

-Shshshshshshshshshshsh, tito Bartolo. Aquí soy Lena. Pues mira, estoy de cachondeo ¿por qué no habría de estarlo? Y de terapia – era un tío carnal de su marido, Bartolomé R., un sesentón con fama de putero-. ¿Y tú, sinvergüenza?

-Pues en mí ya es sabido: me gustan un montón estas zarabandas, que en los hombres son, eso, pecadillos. Pero en una mujer de buena familia, y casada, y ¡frígida!, Camila o Lena o como quieras … ¿Qué dice Anselmo?

-Está al tanto; me trajo a un sexólogo de aquí, que me está curando de lo que dices: me ha quitado el tapón y ¡¡¡puf!!!, como de un botellón de cava, ha brotado todo el fuego acumulado, ya verás. Oye, pero aquí no hemos venido a charlar ¿te apetece un sorbito de sobrina cachonda? ¿te van unos cuernos al sobrino o me busco otro tío?

-Mujer, apetecerme me apetece, siempre me apeteciste, pero mi sobrino …

-A tu sobrino que le vayan dando; él me metió aquí, un par de cuernos más qué más le ha de dar. Anda, muérdeme en las orejas y verás lo que es bueno.

Lo hizo, y la leona rebulló en Lena. Rugió, lo derribó sobre la alfombra, lo encondonó, lo lubricó, se le montó encima, inmoló su vagina sobre el enhiesto pitón y lo folló salvajemente entre aullidos. No llegó a acabar del todo; alguien que quería lo mismo se hizo con ella y la empaló en su verga. Y así continuó un desmadre continuado: coitos, felaciones, enculadas, cubanas y hasta pajas hasta las tantas de la madrugada …

La tarde siguiente a la de la orgía, Anselmo, el marido de Camila (Lena), se presentó en recepción de la Agencia Friné y preguntó por su esposa, por Camila.

-¿Camila? No, no. Como Camila no figura ninguna –dijo la recepcionista -, pero ya sabe que ellas toman aquí un nombre, digamos …, “de guerra”. ¿No conoce el nombre de escort de Camila?

-No, pero aquí tiene que haber quien conozca los dos nombres …

-Sí, por supuesto, Ofelia, la gobernanta, pero tendrá que aguardar quince o veinte minutos porque está en un asunto inaplazable. Ahora bien ¿conoce usted bien el aspecto de la señorita que busca?

-¿No la voy a conocer? Es mi esposa.

-¿Su esposa? Supongo que usted está … supongo que sabe …

-Sí sé, señorita, sí sé. Estoy al tanto.

-Ah, entonces lo más fácil es que la busque por el salón, la tendrá por la barra de la cafetería captando clientes, o quizá esté prestando algún servicio. La encontrará quizá algo “cambiada” – advirtió con una pícara sonrisa cómplice – el “oficio” transforma bastante a las chicas, pero si es su esposa sin duda la intuición del “cariño” lo guiará.

En el salón Anselmo vio a cuatro mujeres que alternaban con clientes. Todas iban muy ligeras de ropa por no decir semidesnudas: no más de un tanga, y encima una combinación totalmente transparente. No obstante la búsqueda no iba a ser sencilla debido al maquillaje, que constituía una verdadera máscara, rematado por aparatosas pelucas de fantasía. Descartó a dos de ellas: una, demasiado alta y la otra, entradita en carnes, pese a su juventud. Y probó con las otras. En primer lugar con una que sería de la misma talla, y el pelo castaño se le asemejaba.

-¿Camila?

-No soy Camila, tío, soy Susan, pero seguro que follo mejor que la que buscas ¿no te valgo? Toca, toca.

-Perdona, perdona.

La segunda, también en tanga y pezoneras, peluca rosa fluorescente, maquillaje de camuflaje y lentillas azul celeste, entre carcajadas, coqueteaba con un cliente al que tenía embelesado. Anselmo se dirigió a ella, arrollador y soberbio como solía, e ignorando al cliente en ciernes.

-¿Camila?

-¡Camila! Nunca oí hablar de ninguna Camila ni ese es nombre para una escort. Te imaginas, Federico: ¡Camila, Camila! Ven aquí que te toque el chichi. ¡Jajaja! No, tío, yo me llamo Lena … para lo que gustes, galán, … por cincuenta pavos.

-Perdón.

Anselmo tomaba el camino de recepción cuando oyó que lo llamaban.

-Anda, ven p’acá, Anselmo. ¿No conoces ya a tu nena?

-No me gusta que me vacilen, Lena o como te llamen.

-¡Ah, cariño! Me alegro de verte. Mira: aquí Federico, mi cliente de turno. Federico: aquí Anselmo, el cabrón de mi marido.

-¡¡¡CAMILA!!!

-¿Camila? Ya te he dicho que aquí no conozco nadie que se llame así. A ver si te estás refiriendo a otra chica. Yo me llamo Lena.

-Pues bien, Lena. No consiento que me faltes al respeto, y menos en presencia de extraños.

-Si no te insulto, amor, lo digo en sentido propio, en buen castellano. Tú me querías puta, y soy tan puta que ni me conoces: unos noventa tíos me he pasado por la piedra en quince días, y tan fresca, lo que eleva la cuenta a unos ciento o ciento diez polvos, porque muchos repiten. Y el lenguaje de las putas, que ya ves como voy asimilando, es siempre muy directo. Y llamamos al pan, pan, y al marido de una puta, cabrón o cornudo.

-Bueno, yo también voy a ser muy directo: quiero ver en qué me he gastado el dinero. Vamos a un reservado que te voy a follar a modo, a ver lo que ha aprendido la puta de mi esposa.

-Con mucho gusto, corazón, pero dentro de un orden: las putas somos muy respetuosas con los clientes. Mira, primero está aquí Federico, luego me ha pedido vez Antonio, aquel señor bajito del fondo, y luego, si quieres, puedes venir tú; pagando, claro, que eso es lo más sagrado. Solo 50 euros el polvo, que soy novata – aunque estoy segura, y me lo dicen todos, que valgo mucho más-. Mientras tanto te vas entreteniendo con alguna compañera o te vas a una cabina de “voyeur” junto a la 237 y te haces una paja mientras ves como se folla a tu santa este encanto de Federico.

-PERO, ¿QUÉ COÑO? CAMILA, ¡¡¡VAMOS YA!!!

-¿Has visto, Federico? ¡Se quiere colar! Y no soy Camila, y no me levantes la voz. En casa, cuando vuelva – si vuelvo, porque si vas a estar tan borde allí te quedas- serás el amo; aquí eres un cliente más y guardas el turno y pagas. Es lo justo ¿a que sí, Federico, mon petit chou-chou?

-¿Será golfa? Ahora mismo coges todas tus cosas y te vienes conmigo a casa. ¡¡¡VIVO!!!

-¡¡Ah, no!! Me faltan aún quince días de prácticas para fijar bien las técnicas, e incluso estoy considerando seguir los cinco meses de burdel o calle que siguen las demás escorts de esta agencia. La verdad es que este proyecto me complace, me entusiasma, me subyuga. A mí, que antes de llegar aquí no había tenido en la vida ni un orgasmo, y ahora tengo uno por polvo, hasta con el más insignificante … No sé … más adelante …, pero por ahora aquí me quedo.

-¿Estás loca? ¡¡¡VAMOS!!! – y la agarraba por el brazo intentando arrastrarla contra su voluntad.

-NO QUIERO IRME. ¡¡¡SOCORRO, SEGURIDAD!!!

Dos macizos vigilantes se movilizaron desde el fondo del salón. Y de la oficina acudieron presurosamente, Ofelia y Andrea. Los vigilantes libraron a Lena de Anselmo. Ofelia intervino.

-Pero ¿qué pasa aquí?¿Qué son estos gritos y forcejeos? Señor F. ¿qué pretende?

-Sucede que nuestro contrato ha terminado y pretendo reintegrar a mi esposa al domicilio conyugal. Sucede que no estoy de acuerdo con el resultado de nuestro contrato y quiero que me devuelvan mi dinero.

-Vayamos por partes: el contrato que yo sepa no ha terminado; el director del mismo, el doctor Lotario G., no me ha informado de tal cosa, por el contrario, su último informe dice que aunque la aspirante Lena, aquí presente, también conocida como Camila F., su esposa, sigue con mucho aprovechamiento las clases teóricas y prácticas de su formación, de hecho es de las alumnas más aventajadas, aún necesita como mínimo quince días más para poderla acreditar como escort. Así que, si lo que quiere usted es finalizar prematuramente el contrato, le reconozco ese derecho, pero comprenderá que, no habiendo incumplido la Agencia que regento ninguno de los términos del mismo, no ha lugar a devolver toda ni en parte la fianza. Y vayamos al sujeto de este contrato: Camila (Lena). Lena, querida, ¿tienes queja del trato y la enseñanza que se te está dando?¿consideras o no que ha ido dirigida en términos correctos a formarte como escort?

-Desde luego. Estoy muy satisfecha de la enseñanza y el trato recibidos y considero que, de hecho, salvo el perfeccionamiento y la práctica, que dependen más de mí y de mi capacidad de asimilación que de la Agencia, ya soy prácticamente una escort, y estoy satisfecha de ello. Lo que no quita para aspirar a completar el ciclo no solo en la quincena que queda sino en los cinco meses siguientes.

-En tal caso, y bajo tu responsabilidad de mujer mayor de edad, ¿deseas o no volver a tu domicilio conyugal en este mismo momento, como pretende tu marido, don Anselmo F.?

-No, no deseo volver, de momento. Y si mi marido opta por romper el contrato a esta fecha, yo continuaré por mi cuenta la formación para escort en la Agencia, si la Agencia me acepta, y pasar al régimen de financiación con mi trabajo como lo hacen el resto de mis compañeras.

-¡Se van a enterar!- bramó el airado marido- Les denunciaré por inducción a la prostitución; y a ti, desgraciada, te repudio desde ya e iniciaré un divorcio por indignidad y adulterio continuado.

-Puede intentarlo, pero no se lo aconsejo. – puntualizó con mucho aplomo Ofelia- Esta es una Agencia legal y todas las pupilas están aquí de manera voluntaria, incluida su esposa. Además, quizá le convenga antes visionar este DVD- hizo una señal, y en la gran pantalla de proyecciones, generalmente porno, empezó a verse la “inscripción de Camila-Lena”-.

“-Perdone mi sorpresa, pero no es una situación habitual. ¿Podría repetir su demanda?

-Puedo, pero creo que la he formulado con claridad. Deseo que mi esposa sea formada como escort en esta Agencia ¿no es eso lo que hacen aquí?

-Por supuesto, y no hay inconveniente, yo misma me he formado aquí como tal, pero perdone que insista en algunas circunstancias: la formación como escort es tanto teórica como práctica, sobre todo práctica, lo que implica que su esposa deberá realizar inexcusablemente todo género de ejercicios sexuales reales, en modo alguno simulados, frecuentemente con clientes reales, con lo que esto conlleva. ¿Han considerado ustedes esta cuestión?

– Quiere usted decir, hablando claro, que mi esposa va a tener que hacer de puta por algún tiempo. Pues claro, es de lo que se trata, a ver si de una vez por todas se cura de la mojigatería que está arruinando nuestra relación. Sí, señorita: la quiero golfa, la quiero puta, sé que lo lleva dentro y quiero que se lo saquen, al precio que sea.” …

Y el marido, hecho una furia, salió de escena y del establecimiento. Con el tiempo, aconsejado por abogados, considerado el material en manos de la Agencia, y el inevitable y previsible escandalazo mediático, todo quedó en la pérdida de los 10.000 de fianza y en un divorcio amigable “de mutuo acuerdo”. Y aquí desaparece de escena Anselmo “el Curioso Impertinente”, pero el drama o la comedia de Lena continúa.

-Venga, vamos, amor, que teníamos pendiente el polvo de cuando nos interrumpió mi cabrito particular … Pero te pido un favor unos mordisquitos aquí en la nuca, donde tengo el “tatoo” de leopardo, justo ahí, que tengo por probar esa zona y hoy quiero pasármelo en dulce para compensar la trifulca – y a poco ya se oían los rugidos de la pantera Lena; no fallaba: había vuelto a correrse con Federico, y luego fue con Antonio, y así …

En cuanto a las zonas, Lena pareció descubrir que unas activaban más el sistema nervioso ligado a un orificio sexual o a otro. Tras de los mordiscos en la nuca de Federico sintió como más sensible la zona de la boca y garganta y unos deseos grandes de mamársela, y así se lo hizo, de propina, y con ello Lena llegó a tal excitación que tuvo un orgasmo ¡inducido por boca y garganta! O sea que la zona de nuca activaba la mayor sensibilidad para el sexo oral; las orejas y el clítoris excitaban, sin duda, la vagina ¿y la rabadilla? Habría que explorarlo. Días más tarde pudo hacerlo con un cliente aficionado al sexo anal. Al plantearlo, Lena le sugirió la lamida de rabadilla: mano de santo, esa zona excitaba la sensibilidad de ano, esfínter y recto, activaba la musculatura voluntaria y convertía esa cavidad en algo tan activo como la vagina. De esa manera Lena pudo dar un excelente servicio a un cliente tan caprichoso, e incluso llegar al orgasmo en una cavidad aparentemente inerte. Desde luego la intuición de la aplicada escort, guiada a su vez por la ciencia de su docto proxeneta Lota iba a ser de gran utilidad a la ciencia de la sexología.

Pero, volviendo al día del rifirafe, aquella misma noche, a la cena, Andrea, muerta de curiosidad, preguntó a Lena por su cambio de actitud con respecto a su marido.

-Te recordaba del día de tu ingreso entre atemorizada y enamorada de él, y hoy te he visto, desdeñosa y casi indiferente ¿qué ha pasado?

-Pues te lo puedes imaginar, porque entre otras cosas lo has visto en mí mejor que nadie; entre aquel enamoramiento, aquella sumisión y aquel temor y el desdén, el menosprecio y la casi indiferencia de ahora hay, nada más y nada menos, que cerca de ciento diez polvos mercenarios, y cerca de ciento diez orgasmos donde antes no había nada. A esos polvos y a esos orgasmos me arrojó él, no por mí sino por su placer egoísta: quería tener puta gratis en casa para él solo o vete tú a saber, y me hizo puta. Entonces, cuando lo vi entrar esta mañana en el salón, soberbio, arrogante, dominante, dispuesto a examinar el grado de envilecimiento de su sierva, y a llevársela para su exclusiva posesión, me dio un pronto, me salió el orgullo de ramera, de mi auténtica naturaleza actual, de lo único mío que he construido sobre mi persona, y que él nunca sería capaz de entender, y lo humillé adrede. Hubiera podido follar con él saltándome la lista de clientes, pero no quise: hubiera sido como reconocer su derecho de posesión privada sobre mi coño, y no: si soy puta, pues eso, soy mujer pública, mujer de todos por un rato y  un precio. Y el que quiera que haga cola.

Él quiso experimentar acerca de como sería su frígida mujer convertida en meretriz, y lo consiguió, ¡qué morbo!, pero, una vez ella, yo, golfa, con todas sus consecuencias, se me le he escapado de las manos. Un Curioso Impertinente.

Y además está Lota. Además está el divino Lota. ¿Lo entiendes, Andrea?

-Voy entendiéndolo. Sorprendente, muy sorprendente.

Roto su matrimonio y con su vida en caída libre, Lena se dio cuenta de que no tenía sentido seguir con el maquillaje-máscara; a partir de ese momento actuaría a cara descubierta: Lena recuperaba a Camila, pero para conseguir que Camila llegara a ser tan puta como Lena y de esta manera liquidar la doble personalidad tan morbosa de muchas rameras caras. Así, durante varios días, bajó al salón vestida y maquillada como señora de la clase media alta a la que pertenecía, con sus antiguas ropas, pero con el nuevo lenguaje procaz y los gestos lascivos y provocativos recién aprendidos, y la nueva lencería. Y Camila, en esa intencionada ambigüedad, tuvo tanto o más éxito que Lena al seducir, engatusar y “devorar” clientes. Y mientras se los follaba alimentaba su orgullo de meretriz al verse reflejada en el espejo de la habitación mientras la desnudaban, sobaban, poseían; mientras se corría en brazos de un desconocido cualquiera sin máscaras ni disimulos.

En cuanto a su relación con la Agencia, Lena lo tuvo que volver a negociar todo. Con cargo a los 10.000 euros adelantados, Ofelia aceptó que los quince días siguientes Lena continuara con el mismo régimen que los quince del curso: seguiría con pensión completa y podría seguir durmiendo con Andrea en el sitio asignado, y la tutela de Andrea continuaría aunque de manera menos intensiva y más compatible con la actividad de escort de aquella. Se iniciaría para ella el periodo intensivo de burdel: cinco horas por la mañana y dos por la tarde mas dos horas por la mañana de formación. Sin embargo de los ingresos de burdel solo daría a la Agencia los costes de cama, limpieza, etc., o sea, el 50%. Luego, al acabar el mes, se daría por amortizada la entrada y Lena, para los cinco meses siguientes, pasaría al régimen general de todas las alumnas, se acabaría la pensión completa y debería de buscarse alojamiento, también se acabaría la tutela de Andrea, y ella debería compensar a la Agencia el resto de formación y equipamiento con sus ingresos en el burdel o las salidas concertadas, durante siete horas diarias, por lo cual la Agencia le detraería el 64% de sus ingresos, y a ella le quedarían unos 18 euros por servicio al principio que llegarían a 30 o 40 al final de ese periodo. Por otra parte, también en ese momento, incorporarían a Lena al menú de escorts de la web de la Agencia, si bien en principio solo como escort  en prácticas –que a veces eran tanto o más solicitadas que las veteranas-.

Lo que no varió fue la relación con Lota. Lota la seguía “pastoreando” aunque, para disgusto de ella, fue espaciando algo más sus polvos y cunnilingus; Lota la convenció de que una relación tan intensa como la que traían podía agostar el deseo en poco tiempo y de que, además, en poco tiempo tendría que acostumbrarse a compartirlo con otra “compañera”, si seguía insistiendo en trabajar para él. Lena se avino resignadamente, pero siguió dándole la misma proporción de sus ingresos.

Y terminó el mes. A Lena la hicieron el reportaje fotográfico y lo colgaron en la web de la Agencia. Ya era escort, si bien, se aclaraba, no atendería en domicilios u hoteles; tan solo en la propia Agencia – así se precavían de una posible encerrona del marido despechado-. Lena también tenía que decidirse sobre su domicilio: o se buscaba una pensión modesta –sus ingresos aún eran pequeños y su divorcio aún estaba en trámite- o se iba a vivir con Lota y su amante-pupila. Se lo planteó a su proxeneta. Lota aceptó con la condición de que Lena y Tita, su pupila oficial, se mostraran suficientemente compatibles. Y hubo suerte: Tita, una morenaza exuberante, era sin embargo una buena persona, una paloma sin hiel y otra devota rendida a su chulo Lota. Ya había convivido con otras pupilas sin problemas, y aceptó a Lena de buen grado y la recibió con un beso de compañera y un fuerte abrazo: compartirían hombre – o dios, según Lena.

Lena por su parte se allanó todo lo que pudo ante ella.

-Tú serás la señora de la casa, Tita, y yo seré la criada. Lota te eligió antes a ti, y lo que hace Lota es para mí un mandato de obligado cumplimiento y respeto.

-De ninguna manera, hermana: hay lugar para las dos, y más que vinieran. Nos repartiremos el trabajo: a mí se me da bien la cocina; me ocuparé de la comida y de las compras; Lota siempre se ha ocupado de los aparatos: lavadora, lavavajillas, así como de las reparaciones; tú te puedes ocupar de la limpieza y las camas. ¿Te parece?

A Lena le parecía. Todo iba bien, pero Lota se reservaba la prueba de fuego: dar placer a cada una en presencia …, no solo en presencia sino con la participación y la ayuda de la otra. Fue duro, pero necesario; Lena tuvo no solo que contemplar sino que dar asistencia al cunnilingus de Lota a Tita; mientras Lota se dedicaba a lamer la gruta de Tita, Lena sintió crecer su propio deseo de tomar parte y, de manera espontánea, se dedicó a los pezones y la boca de Tita, que, ante el doble asedio, creció y crecía en excitación, se retorcía, ceñía con sus piernas el torso de Lota, y tendía sus brazos hacia Lena. Cuando Tita se fue, con un fuerte suspiro, los tres se fundieron en un intenso y voluptuoso abrazo. A Lena le pareció que algo del placer de Tita le llegaba, y le llegaba su alegría; y al fondo Lota, el divino Lota. Y soñaba con el momento en que los puestos se intercambiasen; otro día … Y las mudanzas fueron dos: el segundo día, Lota y Tita se dedicaron a dar placer a la recién llegada; y en el tercero, Lena y Tita recompensaron a Lota, turnándose ambas entre la boca y el cetro. Lena se consideró afortunada por la suerte de recibir en su garganta y boca la leche seminal de su ídolo. Y en esa amorosa armonía continuó la vida compartida de las dos prostitutas y su  docto proxeneta.

Lena alternaba trabajo de burdel-captado entre clientes espontáneos del salón- con citas previas como escort-aunque nunca fuera del establecimiento, como ya se dijo-. El marido no daba señales de vida, hasta que un día hizo un torpe intento-fácilmente detectado por el número de teléfono- de obtener una cita con Lena con nombre fingido. Avisada Lena, aceptó no obstante, segura de poder seducirlo-muy lejos ya del temor reverencial de unos meses atrás-. Al llegar a la cita, Anselmo fue conducido a una de las suites principales donde le atendieron y desnudaron dos escorts de altos tacones, tangas y pezoneras dorados; luego descorcharon para él una botella de cava de la que le sirvieron una copa. Pasaron unos minutos durante los cuales la impaciencia de Anselmo se cocía a fuego lento. Entonces, precedida por dos vistosos boys en tanga y gorra de plato, hizo su entrada triunfal, espectacular, Lena la escort de moda de la Agencia. Se había preparado a fondo para la ocasión: maquillaje “de combate”, lascivo pero sin desfigurar su belleza natural, pelo recién teñido de rubio platino, y rojo intenso, mucho rojo en labios, pezoneras de colgante y el mínimo triángulo púbico del tanga, y, enmarcando el desnudo sin ocultarlo, una capa roja espectacular de alta costura que pendía de los hombros, bordeaba las areolas de los pezones, dejaba exenta la cintura y rozaba las curvas de las caderas. Pocas veces la llamada a la lujuria de una escort se había visto envuelta en tan bella llamarada.

Anselmo, impactado, aunque pretendiera mostrarse desdeñoso, saludó con palmas de tango, fuertes, pausadas: -“¡Splash! ¡Splash! ¡Splash!”

-¡Bravo, bravo! Aquí está la Gran Puta de mi esposa: Camila, la Devorahombres.

Lena se despojó de la capa, que recogieron los boys, y con gran celeridad saltó sobre la gran cama y se acurrucó contra el cuerpo desnudo de Anselmo.

-Soy Lena, pero poco importa el nombre; lo que importa es que soy puta, muy puta, como tú me querías … Mira – tomó un mando a distancia y puso en marcha el DVD de la suite de manera que en la pantalla se empezaron a visionar dos de sus servicios, un cunnilingus y una mamada –ambos con Lota-, que el cornudo siguió con mucha atención y creciente excitación- Y estoy aquí para que hagas conmigo lo que quieras.- Anselmo, completamente empalmado hizo ademán de echarse sobre ella- … Previo pago, claro, cariño. Son cien euros, amor, que mi caché va subiendo …

-¿Y me vas a cobrar a mí, tu marido, el que te trajo aquí, quien te ha pagado el curso?

-Precisamente, corazón. Es necesario que quede claro que ya no soy tu mujer; me debes ver como la puta que soy, una puta a la que deseabas antes de serlo y no podías tener, y ahora que lo es puede llevarte al cielo, pero la has de aceptar en su papel de fulana. Y las fulanas cobran, y yo lo necesito: tengo que pagar a la Agencia, mis cositas –no veas que cara esta puesta en escena-, la parte de mi chulo …

-¿¡Chulo!?

-Pues claro, faltaría más. Casi todas las putas tenemos chulo o protector, que este oficio es de lo más peligroso. –En voz muy baja-Uno de los dos boys es Lota, mi chulo, protector y amante ¡¡No veas como folla!! Y es cinturón negro de karate. Así que, querido, nuestra única chance es la relación puta-cliente. Nada más, pero nada menos. ¿No sientes curiosidad-además de deseo-de saber como folla tu ex? Mmmmmmmmmmmm …

-Jodía puta; tú ganas. Ahí va tu paga. A ver si merece la pena. Pero primero que se marchen todos, sobre todo tu chulo. ¡Indecente!

-Venga, marcharos. Y ahora a ver, muérdeme las orejas …

Lo hizo. Y esta vez, Lena fue una boa constrictor que se abrazó a él, se enroscó y ceñidamente fue deslizando su coño en busca de la punta del pito, duro, enhiesto, se empaló en él y ya no lo abandonó en todo el frenético vaivén hasta que el rugido convulso del follado y el calor de su semen a pesar del condón le reveló que todo había acabado. Todo, menos el furor de Lena, quien, insólitamente quizá obsesionada con que lo hiciera él, no se había corrido. Así que aún lo resucitó dos veces: un misionero y una mamada, sin cargo adicional alguno.

Anselmo lloraba.

-Haber tenido tan cerca de mí este inmenso placer, y habérmelo perdido. Por bruto, por ignorante de la sensualidad de la mujer … y ahora así, sórdidamente, tener que comprarlo en un burdel. ¡Vente conmigo, Lena! Seré tu esclavo: lo prometo.

-No puede ser, Anselmo. Al descubrir el placer que me había estado vedado, he encontrado mi forma de ser, mi sitio y mi amor, Lota, que no me impone nada, y así consigue todo de mí. Pero tú no te apures que también te quiero mucho, y puedes venir cuanto quieras y te puedo hacer un precio de amigos-pero no lo divulgues-. Puedes concertar un abono anual sobre mis servicios, de dos veces al mes, por, digamos, 1800 euros, un 25% de descuento.

Anselmo aceptó entusiasmado y lo formalizó en recepción. Y así volvió muchas otras veces, regularmente. Aceptó a Lena como puta, sin otra pretensión sobre ella, de manera que su relación como cliente se normalizó, nunca la volvió a recordar como esposa y fue Lena su escort preferida.

Y pasaron los días, los meses, los años y Lena no se cansaba de follar y follar: a cada cliente le encontraba su aquel. Sin peligro de parte de su ex, aceptó servicios fuera de la Agencia, en hoteles, domicilios, palacetes … Su repertorio se consolidó y su habilidad creció, al tiempo que su ninfomanía se templaba un poco. Y su caché fue subiendo: a los dos años alcanzó los 350 por servicio. Compartió muchos trabajos con Lena: tríos, alternancia de parejas, grupos, orgías … Lo que no variaba era su devoción por Lota: sus cunnilingus o coitos semanales la mantenían en su entusiasmo de escort. Con Tita lo compartía bien, y llegó una tercera, Bea, y hasta una cuarta, Gube, y Lota no se sabe que hacía, pero la comuna se mantenía unida.

Y así hasta que un día, pasados unos años, Lota manifestó su deseo de retirarse a una pequeña aldea navarra de donde procedía su familia, con la intención de acabar sus días dedicado a una pequeña granja de huerto, gallinas y cerdos. Entonces donó el piso de Madrid a sus pupilas, repartió un dinero entre todas, se quedó una buena parte y ya se disponía a partir cuando Lena le pidió permiso para irse con él y compartir su vida y su destino sin más pretensiones, como la bíblica Ruth, la moabita: “Donde quiera que tú vayas, tu tierra será mi tierra y tu dios será mi dios”. Sopesó Lota la firmeza de la decisión de Lena y, como siempre, respetó su voluntad. Y allá se fueron y desaparecieron de esta historia.

[CONTINUARÁ]

EL FILÓSOFO

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