Venida relatada

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral. Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Sonrisa remarcada en amplios dientes, directos sobre labios carnosos, salidos, rojizos, invitantes.

Lo conozco desde antes de cumplir la edad obligatoria para entrar a una cantina, cuando una cantina era el remanso varonil y no admisión a damas, niños y uniformados. Lo conozco en mis tardes calenturientas cuando mi imaginación me conducía a formarme una imagen mental más allá de la ropa, de la gravedad, de lo horizontal y lo vertical.

Amplia sonrisa, ahora lentes, mirada buscadora y cachondez o calentura agradable. Más allá de mis dedos para ordenar una copa, mesero cachondo, nalgón, me imagino vergón y que en el momento de ordenar, en vez de hacerlo a prudente distancia, mi mano me impulsa a tocar su brazo y arañarlo, levemente, fundir mis dedos mientras pido el ron blanco, con refresco de coca light y limones para, dicen, quemarlo y tomarlo a gusto.

Más de 20 años de conocerle, de que conozca mis gustos por la bebida y que desconozca mis deleites prohibidos y coquetos de tenerlo cerca y admirar su piel.

Cantina llena y plena de lujuria, esa no reconocida lujuria de sentirnos machos y bien dotados. De observar parejas siempre de no más de dos, de pláticas insalubres, compartiendo alientos cercanos y de besos no admitidos.

De deleitarme con la bebida y jugar dominó. De sentirlo cerca y desear más.

Viernes de junio, soberbia de tener dinero en la cartera y querer más.

Mesa plana, cuadrada con niveles para las copas.

Como comenzó, no se. Mano cálida en mi espalda y escapada al mingitorio y ahí está él. Miedos redimidos en varias copas de ron blanco y cola light. De observarlo y que la calentura regrese y se apodere de mí.

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas, antes tímidas, rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca.

Fálico sabor, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral.

Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Formaldehido formado por mi alta concentración de alcohol en mi cerebro, que me empuja a querer traspasar su piel y adherirme perennemente a su verga, a sus dedos que me empujan y que yo venzo entre mis labios, bigote y su falo.

No importa que te vengas, sino que te excites. Que reconozcas mi hambre fálica, que sin químicos en ti, se torne sorprendentemente dura, inagotable.

Baño de cantina con multitud de prohibiciones, de valerte madres que te vean y que sonrías a mi lengua, uñas que te arañan y que tu glande comience a tocar mi faringe. Supremo estertor, preludio de vómito que me provocas.

Ternura demostrada en tus manos acariciando mi pelo y mis oídos. Que pretenden llevar un ritmo que yo comando.

Años de que mi mano izquierda adorada, atrofie mi pene, durante los largos caminos excitantes de mi imaginación contigo, cabrón, contigo.

Nunca los sabrás, cabrón, que un viernes de junio cumplí con mi promesa de mamártela, promesa hecha en mi solitaria reciedumbre de sentirte cerca, de conocer tu olor, de que tus pelos se pierdan en mis dientes, de que mis labios choquen contra tu pared púbica.

Yo hincado y tú de pie, en un baño sucio, oloroso. Mi lengua advierte tu pleno manejo de los líquidos, de mi deseo de que goces, que valores mi estilo y que, falazmente piense me elijas, entre la variedad de comensales.

Movimientos horizontales y verticales de mi cabeza, logran el inmejorable placer de que colmes mi laringe, que estampes tu oro blanco.

Boca y paladar amaestrados en deleites, sienten la velocidad de tu venida, miel salobre que advierto frugal, complacida, venidera.

Explosión inigualable de saberse privilegiado, aún cuando gane tu caviar, invierto en mi capaz sentimiento de agradecimiento y de que me permitas dicha liberación transeminal.

Algunos lo relatarán como que “te viniste en mi boca, cinco palabras”, yo, lo desgloso, porqué gocé que un cabrón pseudo hetero y siempre deseado, se viniera en mí.

Autor: Ruperto.

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Sexo con mi suegra

Yo le chupaba con fuerza la concha, ella gemía y se iba deslizando del sofá al suelo. Le levanté las piernas, se las separé y comencé a lamerle todo el culo y la concha, tenía la pija a reventar pero quería que ella me lo pidiera. Sus gemidos cada vez eran más fuertes, cuando se la metí de un solo golpe, pegó un pequeño grito, me abrazó y comenzamos a besarnos como dos adolescentes.

Era verano en Argentina, mi esposa estaba en Europa por motivos de su profesión, por lo que quedé sólo en casa ya que mi hija se había ido de vacaciones con una amiga. Debo aclarar que tengo 47 años y vivo en la planta alta de una hermosa casa construida por mi difunto suegro, en la planta baja vive mi suegra Raquel que es viuda desde hace diez años, su hijo Raúl que tiene 40 años y es soltero ya que padece una pequeña discapacidad cerebral.

Mi cuñada Lily de 37 años, que está separada desde hace cuatro años y desde entonces no se le conoció relación alguna, y Marco, mi sobrino de 18 años, viven en un departamento ubicado en el fondo de la vivienda.

La verdad que en los 18 años que llevaba de casado siempre tuve la intención de cogerme a mi suegra, máxime después de la muerte del marido, pero nunca había tenido una oportunidad como la que se me presentaba ahora, así que debía planear la estrategia a seguir, ya que si bien nuestra relación erabuena, ella que a los 58 años se conservaba muy bien, con unas tetas grandes y un hermoso culo que siempre trataba de disimular usando ropa amplia, era muy recatada y su fe religiosa le hacía creer que cualquier acto sexual fuera del matrimonio era pecaminoso. Recuerdo una oportunidad en que, con unas copas de más, mi suegro me contó que nunca le permitió metersela por el culo, por lo que todavía lo conservaba virgen y eso me excitaba más aún.

El sábado por la mañana escuché que Lily iría al cine de trasnoche con una amiga y seguramente Marco saldría con sus amigos como todos los sábados, así que era la noche ideal, sólo tendría que encargarme de Raúl y ya lo tenía pensado. Raquel le daba todas las noches, por prescripción médica, un ansiolítico para que descanse mejor y dormiría como un angelito.

Ese sábado hacía un calor terrible. A Raquel le encantaba la cerveza pero bebía poco porque la mareaba y comenzaba a reír.

– Raquel, ¿porque esta noche no te haces una de esas ricas pizzas y con unas cervezas miramos una película?, ya que aparentemente vamos a estar los tres solos. – Encantada, me dijo, con este calor no me da ganas de meterme en la cocina, pero todo sea por un vaso de cerveza.

Ya a la noche, mientras Raquel terminaba con la pizza, me acerqué a Raúl que miraba televisión y le ofrecí un vaso de jugo. Cuando Raquel trajo las pizzas saqué la cerveza bien helada y nos dispusimos a cenar. Mi suegra no sospechaba nada de lo que iba a vivir esa noche…

– Mamá tengo sueño, me voy a dormir. – Espera Raúl tenés que tomar tu pastilla.

Todo estaba saliendo de acuerdo a lo planeado, con una pastilla Raúl dormiría como un tronco. Mientras Raquel se levantó a buscar la pastilla llené nuevamente su copa con cerveza.

– Listo, ¿que te parece Juan si vemos la película que trajiste?, ¿de qué se trata? – De suspenso, como a vos te gusta (yo me había asegurado que tuviera alguna escena de sexo, pero no demasiadas para no incomodarla de antemano), pero terminemos de cenar y luego la vemos tranquilos en el living -le dije.

Cuando terminamos de cenar, nos dirigimos al living y mientras ella ponía la película yo traje otra botella bien fría de cerveza.

-Tomá ante que se caliente -le dije- – No Juan, ya bebí demasiado. – Hace mucho calor, está exquisita, además no me vas a dejar tomando solo. – Está bien, la última copa.

Esa copa fue suficiente para que comenzara a mostrar sus grandes tetas al descubierto.

– Esta noche te voy a coger suegrita. -le dije mientras la sostenía del cabello y con la otra mano le apretaba los pezones. – Nooooo, estás loco, soy tu suegra, soltame o grito. -Vas a gritar pero de placer suegrita -le dije mientras metía mi mano por debajo de su falda y comencé a morderle suavemente un pezón y ella se retorcía como una víbora. -Ahhhhhhh, no por favor, no, nooo, pará, ahhhhhhhh. -Comenzó a llorar.

Me incorporé para sacarme el pantalón y ella intentó escapar, la tomé de un brazo y la tiré sobre el sofá y le arranqué la pollera y la bombacha, por lo que quedó totalmente desnuda, tratando de cubrirse, mientras lloraba, su concha peluda.

– Que peluda la tenés suegrita, un día de estos te voy a afeitar, pero por hoy te la voy a chupar así. – Me arrodillé, metí la cabeza en su entrepierna y comencé a chuparle esa concha peluda. -Noooo, noooo, por favor, ahhhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhhh, Juan estás loco, ahhhhh -ya no tenía más resistencia.

Mientras yo le chupaba con fuerza la concha, ella gemía y se iba deslizando del sofá al suelo. Le levanté las piernas, se las separé y comencé a lamerle todo el culo y la concha con delicadeza. Yo tenía la pija a reventar, pero quería que ella me lo pidiera. Sus gemidos cada vez eran más fuertes.

-Ahhhhhh, ahhhhhhhh, cogeme de una vez, metémela ya Juan por favor.

Cuando se la metí de un solo golpe, pegó un pequeño grito, me abrazó y comenzamos a besarnos como dos adolescentes. Estuvimos cogiendo hasta que quedó tendida, completamente agotada. Entonces saqué mi pija todavía dura de su concha, me arrodillé sobre su cara y le dije.

– Bueno querida suegrita, ahora una buena mamada… – Noooooo, no eso no por favor, eso no, es asqueroso -y comenzó a resistirse nuevamente, mientras yo acercaba mi pija a su boca ya cerrada con fuerza.

Con mis piernas aprisioné sus brazos y no tuve más remedio que taparle la nariz para que abriese la boca para respirar, se retorcía más que nunca, lo cual me excitaba más aún. Cuando por fin abrió la boca se la metí hasta la garganta. Comenzó a dar arcadas hasta que la tomé del pelo y le ordené queme la chupara. Abrió los ojos, se tranquilizó y pegó una mamada increíble que me hizo acabar nuevamente, esta vez dentro de su boca.

-Trágate toda la lechita le dije -mientras le chorreaba por la comisura de los labios- y desde ahora, suegrita, vas a ser mi putita sin chistar, ¿de acuerdo? – Si Juan lo que vos digas -ahora metete en la cama que mañana es domingo y tenés que ir a misa -la alcé en mis brazos-, yo te llevo -le dije-, y de ahora en más vas a dormir completamente desnuda, ¿entendiste?.

La acosté en la cama y al verla tendida inmóvil, con las piernas abiertas, la pija se me endureció nuevamente, así que le dije:

– Antes de irme te voy a pegar una última cogida. – No por favor me arde mucho y estoy agotada, andate por favor.

No había terminado de decir esto cuando ya tenía toda mi pija adentro y comenzó a gemir nuevamente. Esta vez cuando estaba a punto de acabar, se la saqué y acabé sobre sus tetas. Hice que con sus propias manos de desparramara mi leche por su cuerpo y que se chupara las palmas.

Le di un apasionado beso de lengua y la dejé descansar, se lo tenía merecido.

Autor: Ger47b

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Sexo pendiente, la prima Helena

De espaldas, piernas abiertas me guía entre los labios vaginales, los pies enlazados a mi espalda ayudan a la penetración profunda, intensa y sentida, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella primero, se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca y caliente.

Pertenezco a una familia bastante numerosa y diseminada por el país, por razones de cercanía solo nos vemos y tenemos contacto con mayor frecuencia una parte de ésta. Dentro de este último grupo está la prima Helena. Desde pequeños nuestras familias han tenido contacto frecuente y estrecho.

Fue precisamente con ella que establecí un vínculo donde primó sobre todo el afecto y el compañerismo, el mismo que perdura hasta el inicio de este relato.

Siempre nos gustamos, pero no pasó de ahí la cosa, no por falta de oportunidades, sino tal vez porque una relación de sentimientos o carnal no sería tolerada en una familia tan conservadora como la nuestra. El devenir de la vida nos llevó a formar familia cada uno por su lado. Ella fue la primera en casarse, yo al tiempo, ella separada después de siete años de matrimonio y dos hijas como resultado, yo sigo soportando con estoicismo a la misma mujer. Nos seguimos viendo con regularidad, y en varias ocasiones nos confiamos intimidades a modo de consejo o en busca de esa contención que no podíamos encontrar con otro interlocutor, esos encuentros eran como nuestro lugar en el mundo, ese refugio a los momentos de crisis.

En cierta ocasión me pidió un presupuesto por un trabajo para el taller de calzado donde trabaja Lo aceptaron y de ahí en más su patrón fue mi cliente. Al tiempo empezaron los dramas con los pagos, y comenté con Helena que su patrón me demoraba los pagos, lo justificó con tanto ardor que en cierto momento dijo: “debemos aceptar lo que nos dan…”, ofuscado le dije:

– ¡Un día te va a pedir que le chupes la pija y… vas a aceptar!

No bien terminé la frase me arrepentí y disculpé, con el mismo fervor de la ofensa, ella aceptó, pero aún así no se borró el estado de contrariedad que trasuntaba su grácil y bello rostro, que ahora no irradiaba la luz de un momento antes. Seguimos tomando el café, pero había una frialdad como no había notado nunca, para congraciarme con ella ofrecí acercarla a la casa.

Durante el trayecto se disculpó por mostrar su enojo, el dardo lanzado dio en el centro mismo de su conflicto interior, las lágrimas asomaban en los preciosos ojos grises. Estacioné, la tomé de las manos, dolía ser el causante de ese incipiente llanto, no sabía por dónde comenzar para reparar el llanto, hablé más con el corazón que con la razón. – ¿Qué puedo hacer para remediarlo? Me miró a los ojos, entendió y comprendió mi sincera disculpa, posó su mano sobre la mía, la apretó y dijo:

– ¡Sácame de acá!, pueden vernos y crear un nuevo problema, no quiero complicarte, ¡vamos, llévame a otro lado!

De momento solo quería ser cortés, sin otra intención que brindarle un lugar donde pudiera dar rienda suelta al deseo de poder confiarse con su amigo del alma no tuve mejor idea que dirigirme a un hotel para parejas. A pocas cuadras había uno, entrada discreta, sugiero que entremos a tomar algo, se deja llevar, confiada y obnubilada por el pesar, no hizo resistencia ni condicionamiento a mi actitud tan inconsulta.

Los tragos ayudan a la confidencia, se disculpa diciendo que acerté, que por circunstancias económicas se vio exigida a aceptar los avances del patrón, para conservar el trabajo, ahora se sentía arrepentida, humillada y sin saber cómo salirse de la situación, que no había querido confiarme de esta apresurada decisión para no involucrarme. Lloró un poco, se dejó cobijar entre mis brazos, la calidez y el afecto fueron el bálsamo para el dolor íntimo. Por primera vez se había derribado la barrera del vínculo familiar, ahora éramos dos personas que se contenían, solo un hombre conteniendo a una mujer entregada a su custodia y protección.

Ambiente calmo, luz suave y música tenue sedan a Helena, busca consuelo y refugio. De bruces, brazos a los costados, se ofrece al masaje reparador, la piel tersa y cremosa, murmullos de agradecimiento, proporciono lo mejor de mi repertorio de caricias, para hacerlo mejor le quito la camisa, suelto el broche del corpiño, las manos suben y bajan por la espalda, conociendo cada poro, entrando en cada hueco. Ronronea como gata en celo, nuevos murmullos de regocijo placentero llenan de intimidad el cuarto apenas iluminado. La complacencia y el dejarme hacer, van haciendo estragos en mí, el deseo de poseerla se hace carne turgente, todo mi ser es invadido por el deseo incontrolable de hacerla mía, no cabe en mi seso ni en mi sexo otro objetivo que no sea estar en ella cuanto antes.

Mi boca tomó contacto con el dorso de Helena, gustosa recibió los besos en el cuello, la estremecen toda, mis manos se pierden bajo su cuerpo hasta contener uno en cada mano. Se deja tomar por las cúpulas, cuando la pinza del pulgar e índice frotan los “timbres” gime complacida. No hay preguntas, es como si ese instante mágico hubiera sido esperado desde siempre, sin sorpresas, con naturalidad, dejamos que el instinto fuera el conductor de la locomotora descontrolada de la pasión.

Sin apresurar los tiempos, seguí buscando sus lugares ocultos, entrando en cada resquicio, demorando el contacto digital, hacerle saber como en la ceguera del deseo oculto voy reconociendo a tientas el mapa erótico de una mujer que busca contención, pasión y desenfreno. Solo gime, se agita en cada caricia, vibra con cada beso, estremece con cada lamida.

Arrecian besos y caricias sobre los pezones, quiere más, el momento decisivo se aproxima, es tiempo de recuperar el tiempo perdido, aprobar la asignatura pendiente. Vuela el jeans, sacar la tanga es la excusa para meter la mano entre las piernas y entrar en la íntima humedad. El deseo reprimido emerge en el húmedo contacto vaginal, los dedos encuentran el secreto botón del placer, acariciarlo y tenerlo entre los dedos es como encender el precursor de una bomba atómica. Gimotea anticipando un orgasmo muy sentido, estremecida, voy regulando la intensidad y duración, demoro y alargo hasta la exasperación. El ansiado desahogo la invade toda, tan esperado como la lluvia en el desierto, es el bálsamo que calma los ardores de un deseo contenido por años, la fantasía hecha carne.

Solo pudo pronunciar un ¡Ahhhh! profundo, como venido desde muy adentro, y luego el dejarse llevar por mi mano, conducirse en una seguidilla de estertores y contracciones hasta quedarse laxa, mansita y con una sonrisa dibujada en su rostro. Solo me mira y sonríe, sin capacidad de habla. Quedé a su vera, velando el relax, dejándola que goce el éxtasis del placer en silenciosa contemplación, que era mi forma de decirle gracias por haberme dejado llevarla al paraíso.

Cuando regresó de su viaje celestial giró, se colocó frente a mí, nos besamos profundo y prolongado, Helena urge una reparación para mí, necesita devolverme una parte de la gloria que transitó.

De espaldas, piernas abiertas me guía entre los labios vaginales, los pies enlazados a mi espalda ayudan a la penetración profunda, intensa y sentida, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella primero, se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca y caliente. No fue tan prolongado como suelo hacerlo, pero lo suficiente para que ambos coronemos el acto con los “vivas” de un orgasmo que por poquito no es a dúo. Me hubiera gustado hacerlo eterno, pero en la urgencia de la calentura no daba para prolongarlo demasiado, aún así fue tan intensamente vivido que cuando salí de ella tenía las piernas temblando, era la emoción de haber poseído algo que era mío, tener ese cuerpo que me pertenecía más que a nadie.

Me volvió a sonreír, no necesitamos expresarnos para comprender que pasaba dentro de nosotros. Agradece la delicadeza de no terminarle adentro, hubiera gustado de sentirla, está protegida, pero las urgencias afectivas y la emoción no dieron tiempo para enterarnos.

– El próximo lo quiero en vivo y directo, adentro quiero sentirte. Fue complacida, previa mamada, se la mandé adentro de la conchita, gozó el contacto directo con el semen. Nos abrazamos, como amantes reprimidos y contenidos por años, es el momento del desquite, recuperar el tiempo de amor perdido. Nos debemos muchos más momentos de amor y sexo.

Luego de este primer encuentro hubo varios más y de contenido más hot, pero por ahora, amigas lectoras espero que lo hayan disfrutado e interpretado tal como fue mi intención al relatarles una parte de mi vida que pocos conocen, pero que tuve mucho placer en compartir con ustedes, es una forma de poder sacar esos momentos que nos acarician el alma y queremos revivir, pero no es fácil contarlo. A través de esta ventana que Marqueze pone a nuestro alcance tenemos una forma de hacerlo.

Si entre las lectoras se encuentra alguna que haya tenido experiencias como la mía, me gustaría saber de ellas y compartir las propias, de momento agradezco haberme dejado entrar en su atención y reitero que las espero en la dirección de correo que figura al pie.

Un beso.

Autor: Arthur

arthurk1986@yahoo.com.ar

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El atraco

María dejó que le bajaran las bragas, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer, la veía con un movimiento cadencioso y acompasado. Igual pasaba con Paola, el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer.

Ese día nos encontrábamos mi señora y yo con una pareja de amigos en nuestra propiedad rural localizada a unas dos horas en automóvil de la ciudad donde vivimos. Era una noche en verdad fría y los cuatro estábamos alrededor de la chimenea, tomando un poco de ron y escuchando música.

Paola la esposa de mi amigo es una morena encantadora con cara de pícara y notablemente caderona, con un trasero levantado y respingón; tiene muy buenas tetas y normalmente no las disimula con su estilo de ropa que las realza. Roberto en cambio es recatado y tímido, tiene un tufillo de intelectual universitario y sería incapaz de matar una mosca. Mi señora María es delgada, cabello trigueño, con piel muy blanca, tiene un cuerpo armonioso, casi perfecto con una cara de aire angelical. Aquella noche como siempre yo fantaseaba en como sería estar con la dos mujeres al mismo tiempo. Eran varios años de pensar obsesivamente en el mismo tema y como siempre terminaría en la cama haciéndole el amor a María y pensando que Paola estaba con nosotros.

Oímos un ruido afuera, pero con tantos perros en el vecindario jamás imaginábamos que algo malo pudiera estar sucediendo. Luego de otros ruidos adicionales que terminaron por inquietarnos, abrí la puerta de la calle para ver lo que pasaba; me encontré de súbito con tres hombres que me amenazaban con escopetas. Eran dos hombres jóvenes con cara de curtidos campesinos y un hombre mayor que sin duda era el jefe. Nos preguntaron por el dinero, las joyas y las armas. Pero aparte de unos pocos pesos de las billeteras, los anillos y pulseras de las chicas y nuestros relojes, los hombres no encontraron nada adicional de valor. Procedieron a amarrarnos a Roberto y a mí con las manos en la espalda usando una soga que traían y dejaron a las mujeres juntas en el centro de la sala, sentadas espalda con espalda, apenas si atadas con una sábana que volvieron trizas.

Los hombres fueron a la nevera siempre guiados por las órdenes del señor de edad al que le decían Don Antonio. Hicieron sándwiches de jamón y tomaron leche a pico de botella; pronto parecieron saciar un hambre antigua que portaban. Luego sorprendí a los jóvenes campesinos mirando a nuestras mujeres con inusitado interés. Sus miradas ardían. María mi mujer estaba con una falda de jeans que permitía ver un poco más allá de la mitad de sus muslos blancos y apetitosos; sentada con las piernas dobladas hacia un lado era inevitable que cada vez mostrara más y más de lo que sería aconsejable en una situación tan delicada como esta. Paola, del otro lado, tenía un pantalón negro muy ajustado, con una camisa blanca que permitía ver el vértice de sus tetas de tamaño no menor a 36 y su brassier que era un suspiro de encajes.

Los hombres se veían en cada vez más excitados y Don Antonio pronto se percató del hecho. Con una orden seca les ordenó hacerles el amor, mejor dicho, les dijo: “Adelante muchachos, que no solo de pan vive el hombre”, siempre dominando la situación con una escopeta que a leguas se veía era más moderna que las de los otros dos. Los muchachos se acercaron con cierta respetuosa timidez; mi mujer me miró a los ojos, como implorando ayuda o ¿pidiendo autorización?, pero era poco lo que yo podía hacer en esta situación. Algunas veces me había manifestado en la intimidad su deseo de ser tomada por un hombre desconocido que le hiciera el amor con fruición.

Vi que ambos se quitaron los pantalones quedando con la ruana que les cubría cómicamente las piernas desnudas. Las separaron dejándolas atadas con los retazos de sábanas. El que admiraba a mi mujer se le acercó con suavidad por detrás y levantó su falda dejando a la vista unas pequeñas bragas rosadas que parecieron enloquecerlo aún más. En el forcejeo se levantó la ruana dejando ver una verga erecta de buen tamaño y grosor. Mi mujer estaba tumbada de lado, con las manos atrás, la falda totalmente levantada y los cachetes de las nalgas escapando por los bordes de su prenda íntima. Sin duda se veía más que apetecible, así el hombre la olía por detrás y le enviaba lengüetazos a su coño que la hacían retorcer en el suelo.

Roberto estaba de espaldas, mirando hacia la pared, por tanto era yo el que miraba este espectáculo de frente.

El otro muchacho llegó donde Paola, secundado por don Antonio que no dejaba su actitud amenazadora y con la verga también enhiesta comenzó a forcejear con el pantalón de la muchacha. Ella estaba sentada en el suelo pataleando y gritando que no la tocaran. Cuando el hombre terminó de bajarlos dejó a la vista un cuerpo moreno aún más espectacular de lo que yo había proyectado, con unas impactantes bragas negras minúsculas que se clavaban en la piel. Los hombres eran toscos, pero tenían una evidente practica sexual; ambos comenzaron a frotar sus vergas contra el cuerpo de nuestras esposas y estas sin poderlo evitar pronto estaban también excitadas.

María tenía esa mirada que yo le reconozco cuando está de verdad interesada en el sexo. Dejó que le bajaran las bragas, con débiles protestas de su parte, el intruso la empalmó por la vagina desde atrás, aunque quería evitarlo no dejaba de gemir de placer. Pronto la veía con un movimiento cadencioso y acompasado, por momento buscaba mi mirada como pidiendo perdón. Pero yo la comprendía, por supuesto que sí. No era la hora de celos y otras barrabasadas inoportunas.

Igual pasaba en el otro lado. Paola estaba ahora boca arriba, con las bragas negras abajo y el otro muchacho hacía con el misionero las maravillas que quizás Roberto nunca lograba, quizás por una eyaculación precoz nunca tratada. Ella tenía los ojos en blanco y estaba en verdad gritando de placer. El muchacho arremetía furioso mientras le manoseaba las tetas que había sacado de la camisa. De manera increíble todavía tenía las manos atadas atrás, lo que le daba un aire de indefensión aún más excitantes. Sin embargo lo aupaba a que continuara en cada vez más rápido.

Mi señora comenzó a gritar en las convulsiones del orgasmo, el hombre le acariciaba las tetas desde atrás. Paola aún no llegaba, pero sus gritos podían oírse a muchas cuadras a la redonda. Mientras tanto don Antonio se había sacado una verga gordota y se estaba masturbando con evidente satisfacción.

La función duró unos diez minutos, máximo quince, que nos parecieron horas, finalmente don Antonio le acercó la verga a la cara de Paola que estaba más excitada que mi mujer y eyaculó abundantemente en su cara. Paola le daba lengüetazos sin poderse contener y la leche continuaba saliendo a raudales. Luego de dar las gracias y sin hacernos daño se retiraron tan silenciosos como vinieron…

Autor: JUAN 23

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Juegos de madres e hijos

Todo esto me empezó a alterar, empecé a sentir una excitación que hacía mucho que no sentía. Alcancé a escuchar que se iban al baño, arriesgándome salí para allá, al rato se escuchaban jadeos, suspiros, gemidos, murmullos de gratitud. Yo acabé creo que al mismo tiempo que ellas silenciosamente, escuché puertas que se abren, risas apagadas, comentarios en voz baja, y mi mano estaba empapada de mis jugos. Esperé un rato y salí, seguía excitada.

La verdad es que no se como empezar, tampoco sé si este es lugar adecuado, pero tampoco sé a donde ir o con quién hablarlo. Desde hace mucho visito esta página y siempre he creído que había relatos reales y otros fruto de la imaginación, dentro de estos últimos pensé que estaban los que hablaban de relaciones entre familiares (padres-hijas, madres-hijos, hermanos-hermanas, y todas las otras variantes).

Aquí tal vez deba hacer un alto y presentarme (obviamente voy a ocultar mi verdadero nombre por vergüenza) así que me llamaré para esta historia Julieta; soy separada, tengo 37 años, 2 hijos, 1 nena de 19 (Vivi) años y 1 varón de 18 años (Jorge). Me separé de mi marido hace un par de años, cuando en un regreso anticipado a casa lo encontré en la cama con otro hombre, nos separamos en buena relación. El hoy vive en Brasil. Nosotros en Argentina en el sur, en la ciudad de Neuquén.

Hace unos días atrás, un domingo por la mañana me desperté muy temprano y decidí ir a hacer unas compras a uno de los hipermercados que hay en la ciudad, éramos muy pocas personas, y me encontraba eligiendo una crema para el cuerpo muy concentrada cuando no sé qué me llamó la atención, cerca de mí detrás de la góndola baja en donde se encuentran las cremas y perfumes, estaba una mujer acompañada de dos chicas, ella de muy lindo cuerpo y edad similar a la mía, tenía puestos unos jeans súper ajustados que le marcaban una linda cola. Las jóvenes ruidosas revisaban todo y olían todos los perfumes, por un comentario me pareció que una era la hija y la otra alguna amiga, pero con la cual había mucha confianza.

La mujer en un momento se agachó a buscar algo en la parte de abajo de la góndola y lo hizo sin doblar las piernas dejando a la vista toda su cola encerrada en ese pantalón, para mi asombro la chica que (para mí), era su hija, le acarició muy detenidamente la cola, y con una caricia que nosotras las mujeres conocemos muy bien, (esa caricia que nos suelen hacer con la mano entera y el dedo medio un poco salido deslizándose entre las nalgas), me quedé dura sin siquiera respirar tanto por lo que había visto como porque no se dieran cuenta que yo estaba ahí, cerca de ellas.

La mujer ante este hecho no reaccionó mal, al contrario se irguió y le dijo que no debía acariciarla así en público, las jóvenes bromearon con esto y yo seguía acurrucada para que no me vieran, la chica volvió a insistir con la caricia ya con la madre erguida, y le decía algo como: dale ma, vamos ahora, la madre le pidió que esperara y se dio vuelta mirando si había alguien y ahí me vio, yo me hice la disimulada y seguí entre las cremas, ellas se fueron para el lado de la ropa, yo las miraba de lejos, las chicas se metieron en un probador y cada tanto salían para mostrarle a la mujer lo que se probaban (toda ropa chiquita), todo esto me empezó a alterar (en realidad empecé a sentir una excitación que hacía mucho que no sentía).

Me propuse estar cerca de ellas para ver que pasaba, pasamos por las cajas, y las fui, si vale la expresión, acompañando viendo vidrieras y dirigiéndose al patio de comidas. Me senté cerca de ellas leyendo el diario, mis orejas se alargaban para poder escuchar lo que hablaban, lo que sí alcanzaba a ver era que entre las chicas se acarician las piernas y cada tanto la que me parecía era la hija acariciaba la pierna de la mujer y parecía que se extendía hasta la entrepierna. Yo volaba de excitación, había otras personas, pero creo que la única que se daba cuenta de lo que pasaba era yo; en un momento y con la excusa de pedirles fuego para encender un cigarrillo alcancé a escuchar que se iban al baño, arriesgándome salí para allá, claro que hay mucho habitáculos y yo no sabía cuál iban a usar, pero imaginándome algo especial supuse que utilizarían el que está destinado a los discapacitados porque es más grande, así que me ubiqué en el siguiente, cerré la puerta, me puse en cuclillas arriba del inodoro y esperé.

Cuando ya creía que no venían escuché la puerta principal y cuchicheo de más de una persona, oí a una de ellas decir: Gaby vamos al último que es el más grande (gracias a Dios como yo lo había previsto). Alguna le contestó: pará loca no vamos a entrar las tres, alguna se tiene que quedar afuera por si aparece alguien, che te fijaste que no hubiera alguien acá dentro ¿no?  Un murmullo que no entendí, y luego se escuchó nunca, y se dejó perder 2 dedos en el culo, dele Guille siga metiendo esa lengüita, che no sean zarpadas y déjense de gritar, y vos Ine no seas grosera, se escuchó decir a Guille (supongo que diminutivo de Guillermina), un suspiro prolongado, la puerta que se abría e Ine que le decía a Gaby: te toca a vos, como me gustaría que mi mamá hiciera lo mismo, la puerta que se cierra y la voz de Gaby: ma como quedaste, así que te comiste dos deditos y la otra voz: shhh… vení sin hablar y otra vez los jadeos, suspiros, gemidos, murmullos de gratitud de ambas.

Yo acabé creo que al mismo tiempo que ellas silenciosamente. Puertas que se abren, risas apagadas, comentarios en voz baja, y mi mano empapada de mis jugos. Esperé un rato y salí, seguía excitada; en la cabeza se me cruzaban un montón de cosas, sexo entre madre e hija era real yo lo había visto (escuchado en realidad). Tantas cosas leídas y no creídas y pasaba y pasaba en mi ciudad y me excitaba a tal extremo de masturbarme a escondidas. Llegué a casa, Viví todavía dormía y no pude dejar de mirarla con su bombachita metida entre sus nalgas. Me alejé asustada, Jorge que se levantaba en calzoncillos y pasaba delante de mí como todos los días y yo no podía dejar de mirarle la entrepierna, me metí en mi cuarto más asustada aún y también excitada. Que me había pasado, tenía que poder controlarme.

Me quedé un rato en la cama y luego decidí levantarme, mis dos hijos ya estaban desayunando; los miraba con otros ojos, enseguida llegó el novio de Vivi a buscarla para irse al lago, con ella siempre hemos tenido una relación muy estrecha, hemos conversado de todos los temas, supe de su debut sexual; con Jorge le relación era un poco más distante (creo que por vergüenza de él). Jorge se fue invitado a la casa de unos amigos así que me quedé sola, pensaba en lo que había vivido y en mis sensaciones respecto de mis hijos, me empecé a excitar y disfruté de una hermosa masturbación en el living de casa desnuda. Hacia la nochecita volvió Vivi, se fue a duchar y al salir me llamó, me acerqué y ella (como otras veces antes), empezó a secarse delante de mí y yo a mirarla con ojos de deseo.

Vivi empezó a preguntarme si me había dado cuenta de cómo nos miraba y espiaba Jorge. Yo me quedé sorprendida (tanto por lo hermosa que se veía desnuda y por lo que me acababa de decir), si me dijo está todo el día alzado y nos anda espiando cuando vamos al baño o cuando nos cambiamos, ¿no te diste cuenta? La verdad que no, le dije, y recién me percaté de que varias veces cuando salía de la ducha él se acercaba a ver si necesitaba algo o me traía un tema, lo que me obliga a hacer malabares para poder cambiarme. Si anda todo el día con esa pija parada dale que dale con la mano, ayer le tuve que parar el carro cuando me tocó el culo, fíjate vas a ver, todo esto dicho mientras se vestía con un conjuntito de ropa interior re chiquito, hilo dental en la parte de la cola, que era la que yo tenía a la vista, todo esto hizo que sintiera como se me humedecía la entrepierna y permanecí con ella con mucha vergüenza mientras me contaba que iba a salir nuevamente con Ezequiel (el novio).

Más tarde llegó Jorge y se fue al baño mientras Vivi se pintaba, escuché unos gritos de pelea y Vivi que decía: sos un asqueroso, un cerdo de mierda, como te vas a hacer una paja mientras yo estoy en el baño, pendejo retrasado, si querés pajearte metete en tu cuarto y no andés haciéndolo delante de los demás, pajero de cuarta. Estaba enfurecida. Mamá tu hijo es un repelotudo se metió en el baño y se pajeaba. Menos mal que el día llegó a su fin, Vivi salió, Jorge estaba muy cansado se duchó y se fue a dormir y yo me quedé viendo tele, y pensando en las cosas que me había dicho Vivi: “viste como nos espía, se hace una paja delante de mí, y una no es de fierro”. Me daba vueltas la cabeza, me volví a excitar recordando lo de la mañana. Terminé en mi cuarto masturbándome otra vez.

Al otro día ninguno de mis hijos tenía que levantarse temprano, yo sí y me fui a mi trabajo. La verdad no podía concentrarme, todo el día pensando en esto de las relaciones entre padres e hijos, me la pasé visitando sitios de internet con esta temática, leyendo relatos (algunos realmente increíbles). El lunes y martes las cosas se sucedieron como todos los días anteriores, a excepción de que le prestaba atención a las actitudes de Jorge para con nosotras, roces aparentemente casuales en las tetas o en la cola, entradas intempestivas al baño cuando Vivi o yo nos terminábamos de bañar, o probar a abrir la puerta cuando yo estaba haciendo pis. Esos días cerré la puerta del cuarto mientras me cambiaba, cosa que nunca había hecho (por otro lado quería dejarla abierta y que él me viera)…

Temo que esto se haga largo y aburrido, así que hasta acá llego hoy.

Autora: julietas4

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El agujero…de la tubería

Entre besos volví a estar tieso. Intenté que se diera la vuelta y metérsela por el culo. Ella me dijo que no. Por ahí no pasaba. Yo tampoco insistí, porque creo que en materia de sexo, no hay que forzar a nadie. No voy a presumir de haberle penetrado el culo, porque no lo penetré. Acabamos esta vez al revés. Ella se corrió de nuevo con una lamida vaginal mía, y yo me corrí en el interior de su cuerpo.

En esta historia yo ya tengo 34 años y la mujer en cuestión tiene 50 años. Esto ha pasado este verano, en agosto (para los del hemisferio norte, es verano). La verdad es que este verano ha sido uno de los más calurosos en 100 años, y a mí, pobre, me ha tocado trabajar. Al menos, el calor tuvo su recompensa, en forma de sexo desmesurado y experiencia única. Es verdad que he tenido muchos contactos con mujeres maduras, pero este ha sido especial.

Nunca lo había hecho con una mujer de esta edad, y nunca con una mujer con tanta pasión y ganas de gozar al límite. A partir de aquí, ahora ya me inclino por mujeres de esta edad. De los 50 a los 55, queda un universo de sensualidad y placer para los que nos gustan las mujeres maduras.

Es algo que debéis probar si tenéis oportunidad; y a las mujeres de esta edad las animo a practicar sexo sin tapujos con hombres jóvenes, y no van a tener ningún rechazo, al menos si se portan como la mujer que va a ser la protagonista de esta historia, de la cual no voy a dar nombre real, ni domicilio. Ella está de acuerdo en que publique nuestra historia, siempre y cuando no trascienda su identidad.

Yo trabajo en una importante empresa inmobiliaria de mi país, después de dejar mi anterior trabajo en la clínica. Me ocupaba de los contactos con los inquilinos. Cobro de recibos a domicilio, partes cuando alguna cosa de la casa se estropeaba y había que arreglarlo, quejas, etc. Un día encontré una nota en mi mesa. Decía que habían llamado de un piso donde el calentador de agua no funcionaba bien, y tenía yo que ir a comprobarlo, y dar parte a nuestro servicio de reparaciones.

La verdad es que no me apetecía nada ir, porque el inmueble quedaba lejísimos, y además la casa era muy vieja, siempre había algo que reparar, y las quejas de los vecinos eran continuadas. Me esperaba una buena queja, y una buena discusión, sin duda. Miré el nombre de la nota: M… Bueno, al menos era una mujer. Eso no quería decir nada, seguro que el marido estaría ahí para que el chorreo aun fuera más grande. Me armé de resignación, y partí a ver que pasaba con el dichoso calentador.

Llegué al inmueble, subí en ascensor al piso y llamé al timbre. Me abrió un hombre de mediana edad. Yo me sorprendí, porque esperaba a una mujer. El me explicó que el piso lo tenía alquilado su hermana, pero que por las mañanas ella trabajaba, y él había ido a esperarme, para contarme el problema. Pasamos a la cocina, y efectivamente, el calentador estaba estropeado. Le dije que el modelo era antiguo (por lo menos tenía 25 años), y que ya veríamos si habría que cambiarlo. Me despedí, llegué a la oficina, y pasé nota a nuestro servicio técnico.

Pasó una semana, me olvidé del tema. Un día, casi a punto de ir a comer, me suena el teléfono. La mujer del jodido calentador. Que no se lo han cambiado, que se lo repararon de una manera chapucera, y que vuelve a estar estropeado. Dijo que a ver si podía pasar a verlo por la tarde, ya que estaría ella, y así podríamos solucionar el problema directamente, porque el problema ya pasaba de la raya.

Otra vez para allí, y para colmo, llovía a raudales, la típica tormenta de verano. Salí de la oficina de manera que luego ya no tendría que volver, e ir directamente hacia mi casa. Chaparrón en la calle, y el chaparrón que me iba a caer por parte de la señora. Toqué el timbre del piso, y me abrió la señora. Conté que debería tener unos 45 años, bien cuidada, muy guapa de cara, con un cabello rubio rizado. Vestía una bata de estar por casa, por encima de las rodillas, pero al mismo tiempo recatada. Se adivinaban unos pechos medianos, pero con la bata no se podía hacer una aproximación del tamaño real.

Me dio las buenas tardes, y me hizo pasar a la cocina. Evidentemente, le habían hecho una chapuza. Me subí a una escalera y vi que la tubería superior estaba desencajada, aparte de que el calentador no recibía gas y no se encendía.

– Este calentador lo cambiaremos. Usted no debe pagar nada, ya que va a cargo del inquilino. – ¿Pero el fallo dónde está?, dijo ella. – Bueno, no recibe gas, no produce chispa, está para tirarlo. – Ya. Cerré la llave de paso al ver que olía a gas, y es que lo perdía por arriba – Justo. Súbase si quiere, y verá el tubo. Esta medio podrido. – Vale, subo, pero sujéteme la escalera.

Cogió, y subió. Yo aguantaba la escalera, y no me atrevía a levantar la cabeza. Pero claro, el instinto me la hizo levantar. Lo que vi me puso malo. Debajo de la bata sólo llevaba una braguita tanga, que no tapaba ni la mitad de su peludo coño. Se le salían los labios por los lados, y apenas tapaba su lindo agujero trasero. Para mí que se dio cuenta, y juntó las piernas, que eran gruesas pero no celulíticas, y solo pude ver sus preciosas nalgas, algo caídas, pero para nada despreciables. Bajó inmediatamente.

– Vaya, ya he visto el agujero de la tubería – Si, respondí. Yo también lo he visto. – Ya, ya! Dijo ella, poniéndose un poco roja.

Me acompañó hasta la puerta, y me preguntó cuánto iban a tardar en cambiárselo. Le dije que unos 4 días por lo menos. Ella contestó que no importaba esperar un poco, porque al fin de cuentas, estábamos en verano y tampoco dependía del calentador. Quedé que pasaría por ahí cuando los operarios le hubiesen instalado el calentador, para verificar que todo estaba bien. Me fui para mi casa con la imagen del coño de esa mujer, que, aunque solo había visto un poco, ya fantaseaba con comérmelo enterito.

Pasaron los días, y me llamó la señora, comunicándome que ya estaba puesto, y que funcionaba de maravilla. Yo le dije si hacía falta que pasara por ahí, y me dijo que si, que me había comprado una cosita por lo atento que había sido con ella. Quedamos que saldría del trabajo a la tarde, e iría a su casa.

Llegué, llamé, y me abrió. Ya no iba con bata, sino con un vestido con tirantes, que le llegaba hasta un poco por debajo de la rodilla. Ahora sí que podía ver sus pechos. Eran grandes, y se marcaban los pezones. Iba con sujetador, pero los pezones se adivinaban bien. Estaba más arreglada que el otro día, y me invitó a sentarme en el sofá. Ella se aproximó con un paquete y me lo dio, sentándose enfrente mío.

– No hacía falta que comprara nada, mujer – Si, si, que te portaste bien. Ahora ábrelo.

Lo abrí, y era una camiseta nike, de color azul marino. Le di las gracias, y ella se arrellanó un poco más en el sillón donde estaba sentada. Se le abrió un poco más el vestido por la falda, y pude ver que llevaba las mismas braguitas que el otro día. Ya me empecé a poner nervioso. Me probé la camiseta, y me iba perfecta. Le di dos besos de agradecimiento, y nos pusimos a hablar de cosas varias.

Me contó que estaba separada de su marido hacía 5 años, y por eso vivía aquí sola. Me confesó que tenía 51 años, y me dejó perplejo. Yo le echaba 45, y se lo dije. Ella sonrió.

– La verdad es que me cuido todo lo que puedo, y mi trabajo me cuesta. – La verdad es que está Vd. estupenda; le respondí. – Si, pues mira que mi marido me dejó para irse con una 20 años más joven que yo – No puedo creer que la dejara a Vd. – Si, ya ves, las jóvenes son las que ahora cortan el bacalao. Las de mi edad, nada de nada

Me dijo eso, y me levanté, y me dirigí hacia ella. Ella me miraba seria, y fijamente. Me incliné, y la cogí de los hombros, mientras ella permanecía sentada, y se los acaricié. Sabía que me estaba jugando un tortazo, pero valía la pena. Me incliné aún más, y rodeando su cuello con mis brazos, le lamí la oreja. Ella no dijo nada, y no movió ni un músculo. Luego me situé detrás del sillón, y sin dejar de atacar las orejas y el cuello con la lengua, deslicé mis manos hacia sus pechos, sobándolos por encima del vestido, notando su dureza, que no era poca a pesar de su edad, y sus pezones, que ahora ya estaban desbocados.

– ¿Ves como las mujeres como tú también son apetecibles?; le dije flojito en la oreja, mmm, mmmmm…ya veo… ¡Aaaah! no tan fuerte…suspiraba ella, poniendo sus manos encima de las mías, mientras amasaba sus tetas. – Espera…dije yo. Ahora si que vas a suspirar de verdad.

Le desabroché la bata. Me puse delante de ella de rodillas, y ella, acercó su trasero hasta el final del sillón, de manera que su coño quedara a la altura de mi boca. Con una suavidad increíble, puse mi mano encima de sus braguitas, notando su rajita a través de ellas. Mi polla estaba que reventaba, pugnando por salir de su prisión. Separé un poco su braguita, y una raja inmensa apareció delante de mi, brillante por la humedad. Me acerqué, y olí aquel aroma de sexo, que tanto nos gusta a los hombres. Enseguida mi lengua empezó a recorrer los pliegues de aquella vagina, pasando del clítoris al interior de su agujerito.

– Joder…joder…joder…mmmmmm. -Iba repitiendo ella, muy flojito, mientras movía su cintura al mismo ritmo que yo movía la lengua. – Te gusta, ¿eh?…- dije yo, mientras con una mano no dejaba de tocar sus pechos.

Luego decidí lamer su trasero. Le quité aquellas braguitas tan tentadoras. Tal como estaba, le abrí un poco las nalgas, y le planté el primer lametón. Ella intentó apartarme con sus manos en mi cabeza, pero yo continué, y ella ya no ofreció resistencia. Con una mano se frotaba el coño, y con otra se tocaba los pezones, que habían alcanzado una medida sin igual.

Cuando ella me confesó que ya se había corrido (yo ya lo había notado por los chillidos que pegó), me hizo levantar. Me desabrochó los pantalones, me bajó los calzoncillos, y me acarició los huevos con las dos manos. Luego, dejando una mano en los huevos, con la otra recorrió mi polla de abajo a arriba, y luego hizo como si me masturbara.

– Hijo, lo que me has hecho no me lo había hecho ni mi marido cuando yo era joven. ¡Que pasada!
– Pues creo que podríamos seguir… ¿no te parece? – Si, pero…ahora me gustaría chupártela…Pero me da cosa, a mi marido solo se la chupé una vez, y al poco, y sin avisar, se corrió como un cerdo en mi boca…Ahora me da un poco de respeto, aparte que hace mucho tiempo que no lo he hecho. – No te preocupes, que aún me queda aguante. Si veo que me haces daño, te avisaré.

Pues nada, abrió la boca y se la tragó enterita. No es que yo la tenga enorme, pero tampoco es pequeña. Sus labios, con mi polla dentro de su boca, casi tocaban mi cuerpo. Luego empezó a sacársela y a metérsela en la boca poco a poco. No era una mamada de campeonato, pero no lo hacía mal. De mientras, ella no dejaba a su coño tranquilo.

Ahora un dedito, ahora dos deditos, ahora me froto el clítoris… estaba como una perra en celo. Yo me moría de gusto, pero aún no estaba por correrme. Eso lo quería hacer en su interior. Le dije que parara, y me preguntó si lo había hecho bien. Yo, como respuesta, la besé en la boca, donde nuestras lenguas se juntaron, y no dejamos de sobarnos y lamernos un buen rato.

Le dije que pusiera su culo en pompa, y ella se puso a cuatro gatas, ofreciéndome su trasero. Puse mi lengua en el agujerito oscuro, y se la pasé de arriba abajo. Mientras, dos dedos míos entraban y salían de su vagina, llenos de flujo, que hacían que el meneo de dedos fuera suave, y la introducción, hasta el fondo. Entre jadeos y suspiros, me dijo que nadie le había lamido el ano nunca, y que no se imaginaba que fuera tan placentero.

– Desde luego, esto es una gozadaaaaammm…decía entre jadeo y jadeo. Pero… ¿no te da un poquito de asco? – Mujer, mientras todo esté bien limpio… – Mmmmm…Mmmmmmmm, aaaah! Ahora quiero hacértelo yo a ti.

Y nos pusimos a la inversa. Yo a cuatro patas, y ella detrás. Mmmmm. Sentir su lengua húmeda en mi trasero, y sus manos en mis huevos, fue una pasada. Mi rabo alcanzó el máximo estiramiento, y necesitaba vaciarme inmediatamente. Después de unos minutos así…

– Bueno, querida, creo que ha llegado el momento de correrse…

No se lo tuve que decir dos veces. Me cogió de la polla, y fuimos andando hacia su habitación, ya que hasta ahora no nos habíamos movido del comedor. No se molestó ni en deshacer la cama, se tumbó de espaldas, y abrió las piernas al máximo. Me puse entre ellas, lamí su coño de nuevo, y acerqué mi rabo a su cueva. La puse hasta el fondo sin ningún esfuerzo, y me puse a moverme dentro y fuera.

Ella suspiraba, se agarraba los pezones, y nos morreamos. Después de un buen rato así, sentí que ella llegaba al orgasmo, con los ojos como platos, y abrazándome como una posesa. Simplemente, se corrió. Yo aún no estaba, y aunque quería hacerlo en su interior en un principio, le pedí que me la chupara.

– Vale, pero por favor, en la boca no te corras… – Tranquila, te avisaré…

Y así fue. Empezó a chupar y amasarme los cojones. Cuando vi que iba a correrme, la saqué, y apuntando a sus pechos, solté mi carga. Sus pechos quedaron bañados de mi esperma, y me derrumbé en la cama. Estaba hecho polvo. Ella se levantó a lavarse, y volvió a tumbarse a mi lado. Al cabo de un rato, ella me pedía más. Entre besos y meteduras de mano, volví a estar tieso. Intenté que se diera la vuelta y metérsela por el culo.

Ella me dijo que no. Por ahí no pasaba. Yo tampoco insistí, porque creo que en materia de sexo, no hay que forzar a nadie a hacer cosas que no desea. No voy a presumir de haberle penetrado el culo, porque no lo penetré. Acabamos esta vez al revés. Ella se corrió de nuevo con una lamida vaginal mía, y yo me corrí en el interior de su cuerpo, vía también vaginal.

Ya era muy de noche cuando me fui. Antes de irme estuvimos hablando de lo que había pasado, y quedamos que lo podríamos repetir. Pero esto ya es otra historia.

M…como leerás esto, veras que no he exagerado, y que he sido bastante fiel a la realidad. No voy a explicar, como mucha gente hace aquí, de haber penetrado por el culo ni nada de eso. Tengo tu permiso para publicar esto. Espero que te guste, y recuerdes nuestro primer encuentro. Te envío un beso, y hasta pronto.

Esta es mi historia.

Autor: Ericsson

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Ocurrió aunque no lo esperaba

Ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos. Tenía una cara de vicio que lo decía todo.

Hola. Os voy a contar una historia que jamás pensé que pudiera ocurrirme, pero ocurrió. Solo de recordar lo que aquella tarde pasó en mi coche, me pongo a mil, no puedo evitarlo. Los diálogos no son exactos, exactos, pero he intentado recordar todo aquello que le dije y que ella me dijo, además todo aquello que hicimos, intentado ser lo más ceñido a la realidad.

Volvía hacia casa en coche. No estaba demasiado lejos; estaba en un centro comercial cerca de mi casa, parado en un semáforo, mirando alrededor para distraer un poco la vista, y al girarme hacia la derecha, vi a la hija de un amigo mío que hacía tiempo no veía. La conocí con más o menos nueve o diez años, ahora tenía 18, pero al verla, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Cuando la conocí, se podía adivinar que iba a ser esa clase de niña que no desaprovecharía la oportunidad de probar una buena polla que se le presentase encima. Ya desde pequeña, iba tanteando el terreno, sabía demasiado para su edad, y jugaba con ello. Por eso, al verla, me entró un escalofrío impresionante, pensando si tal vez estaría equivocado, o en el fondo sería toda una puta. Así que bajé la ventanilla, y la saludé:

– Hola guapetona, ¿qué tal? – Huy, hola – puso cara de decir, cuanto tiempo sin verte, con una expresión un tanto tímida. – ¿Cómo estás?  ¿Vas hacia casa? – Si. – Pues venga, que te llevo.

Subió al coche. Me conocía desde hacía tiempo, y era normal que no pensase nada malo sobre mí, que tuviera confianza, podía tenerla. Se puso el cinturón, y miró todo el interior del coche. Empezamos a hablar un poco. Le pregunté cosas sobre ella, sobre su familia, como estaban…

– Cuanto tiempo sin verte, como has cambiado, a mejor claro (…) Bueno, ¿qué me cuentas? Estás estudiando ¿verdad? ¿En qué curso estás? – Estoy en 45º de bachiller.- ¿Y cómo te va? Seguro que bien, porque yo se que eres inteligente y nunca has tenido problemas y nunca los tendrás. Me dijo tu madre, una vez que la vi por el barrio, que estabas practicando deporte… karate o algún arte marcial. – Estoy haciendo judo – se le escapó una sonrisa de satisfacción al hacerle esta pregunta.
– ¿Y te gusta? A mí también me gustaría practicar alguna clase de arte marcial. Que suerte, como te envidio, si tuviera más tiempo… – le dije, poniéndole una mano sobre una de las suyas.

Pronto llegamos al barrio donde vivimos, el camino se hizo corto. Vivimos muy cerca el uno del otro. Tengo una plaza de garaje, un garaje con plataforma, que al principio, para quien no ha montado nunca en uno de ellos, resulta un tanto… espectacular…

– Y bueno, ¿de chicos, como andamos? Porque tú seguro que tendrás 3 ó 4 novios, o amigos, amigos… ¿verdad? Y habrás tenido un montón, seguro, una chica tan guapa y tan graciosa… – No, que va, no tengo novios, no me gusta tener novios. – Pero alguno habrás tenido, ¿no?  Y besado, seguro que habrás besado a alguno… – Claro, ya he besado a algunos, he tenido varios novios, pero no me han gustado… – ¿Por qué no te han gustado? Con lo guapa y lo guay que eres tú por dentro y por fuera… que idiotas. – Ya, pero… – Pero… ¿qué?

Se hizo un poco de silencio, no sabía que contestar. Enseguida hablé yo:

– Voy a guardar el coche en el garaje. ¿Alguna vez has visto un garaje de plataforma? – ¿Un garaje de plataforma? ¿Qué es eso? – Ahora lo verás.

Metí el coche en el garaje. Primero se tiene que entrar en una planta baja pequeña, donde subes en una plataforma, al cerrarse las puertas, se acciona y va bajando hasta dejarte en la planta donde tienes la plaza de garaje.

– Tú tranquila, no te asustes. Aunque parezca que no tiene salida, vas a ver lo que pasa. Ahora el coche irá bajando poco a poco, al principio dará un pequeño tirón, pero tú espera.

Tenía cara de estar un poco asustada, era lógico, resultaba una novedad para ella. Nunca había visto una. En ese momento, aproveché para darle un beso en los labios, pues ahí no nos podía ver nadie, y podía dárselo tranquilamente y le dije:

– Aquí tienes un beso de un chico de 27 años, rápido, sencillo, suave, para que lo tengas, para ti solita. Y ahora te voy a dar otro mejor, para que sepas como besa un chico de 27 años…

Ella no opuso resistencia, enseguida se entregó al cálido beso que le di al principio, y luego a los que le fui dando suave, dulcemente, mientras le acariciaba la parte trasera de la cabeza. Su boca estaba ansiosa, besaba con ganas. La notaba muy nerviosa, yo también lo estaba, incluso me estaba excitando un poco, pues sabía donde podía llegar. Después de unos minutos, paré de besarla, dejándola a punto de caramelo. La plataforma dejó de bajar, y me disponía a dejar mi coche en su plaza. No había nadie, claro, es un sitio poco transitado y más a esas horas, ya a punto de cenar, todos estarían en sus casas preparando la cena.

Cuando me disponía a dejar mi coche bien aparcado en su sitio, ella se estaba relamiendo los labios con su lengua lentamente, con cara de vicio, saboreando el sabor de mis labios después de haberlos puesto en contacto con los suyos, le pregunté.

– ¿Alguna vez has visto una polla de un chico de 27 años? – No. – Pues aquí dentro tienes una- le dije señalándole mi bragueta- Desabróchame el pantalón y podrás verla.

No estaba equivocado; ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Son unos ojos negros preciosos, con una mirada inquietante, pero a pesar de lo oscuros que son, se podía ver un brillo increíble. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos… Tenía una cara de vicio que lo decía todo. Me desabrochó el pantalón, yo le ayudé un poco pues con los nervios… y me aparté lo suficiente los pantalones como para estar cómodo.

– Madre mía, que polla. – Cógela, es tuya, puedes cogerla.

La cogió suavemente, con delicadeza. A pesar de que no estaba totalmente empalmado, la cara que puso fue de asombro. Estuvo unos segundos jugando con ella, sobándola de arriba a abajo, y poco a poco se fue haciendo más dura, levantándose.

– Joder que dura se está poniendo. Vaya polla. – Ven, súbete encima, ponte encima de ella.

Llevaba un pantalón muy fino, casi transparente, que se le ceñía al cuerpo un montón. Puse su culo encima de mi polla, encajándola para no hacerme daño y para que la pudiera notar.

– ¿La notas? – Si. Está muy dura.

Uffffff, como me ponía notar la presión de su culito sobre mi polla. En ese momento empezamos a besarnos salvajemente mientras yo le iba quitando poco a poco la ropa. Le quité la camiseta que llevaba, para verle los pequeños pechos que tenía. Madre mía que pechitos. Los tenía pequeños, si, pero tenía unos pezones…  uffffffffffffffff, tenía ganas de comérmelos. Empecé a chupárselos, a masajearle sus pequeños pechitos, que suaves que estaban. Uff. Le pasaba la lengua por encima de ellos dibujando círculos, de arriba a abajo. Ella arqueaba su cuerpo hacia atrás, mientras se le escapaba de vez en cuando un gemido pequeño y largo. Llegó un momento en que se abrazó intensamente a mí… Dirigí mi mano derecha hacia su chochito, y pude comprobar lo caliente que lo tenía, cómo temblaba.

– Chúpamelo más. Quiero que me los sigas chupando.

Seguí chupándoselo mientras le acariciaba por encima del pantalón su chochito, el cual pedía algo más que caricias. Estaba ardiendo, temblaba, lo notaba húmedo. Notaba que pronto iba a ser mío. Lo frotaba por encima primero poco a poco, luego más rápidamente. Ella respondía a mis caricias con pequeños gemidos de placer y arqueando un poco su cuerpo. Gemía y se arqueaba. Notaba cómo se retorcía de vez en cuando y cómo flexionaba su cuerpo… En ese momento, le dije.

– Quítate el pantalón, quiero ver tu chochito.

Que braguitas más lindas tenía, que inocentes (todo lo contrario a ella), y su chochito, sin un pelo, sin nada, mmmmmm, sólo de pensarlo… mmmmm. Enseguida me abalancé sobre él.

– Ponte cómoda, y disfruta. Ábrete un poco de piernas.

Cuando se abrió de piernas lo pude contemplar entero. Ni un solo pelo, todo limpio, inocente, mío. Posiblemente iba a ser el primero en probarlo, en besarlo, en… Ella estaba muy nerviosa, ansiosa, no podía ocultarlo. Se arqueaba, respiraba profundamente, estaba empezando a sudar un poquito. Comencé a lamérselo, poco a poco para saborearlo todo, para que ella disfrutase y se llevase un buen recuerdo. Primero jugué con mi lengua, luego con uno de mis dedos. Le metía poco a poco mi lengua, dibujaba círculos, el sabor era increíble, ella disfrutaba, gemía. Luego, cuando metí uno de mis dedos en su interior, se le escapó un pequeño grito, un grito de placer y de dolor, le dije que se tranquilizara, que no iba a dolerle, no iba a hacerle daño. Ella asintió y se dejó hacer.

Jugué un poco con mi dedito en su chochito, metiéndolo y sacándolo con cuidado, mucho cuidado, poco a poco, mojándolo con un poco de saliva y haciéndolo cada vez un poquito más ancho. Le masturbé, me encanta masturbar, pensando como se masturbaría ella en su casa, cuando no estuvieran sus padres. Ella estaba disfrutando de lo lindo, se le veía en la cara que ponía, no paraba de gemir. Tenía el coño algo mojado, no paraba de mover su cuerpo, de arquearlo, de… Su cara, era una caña, una pasada. Reflejaba todo.

– Coge mi polla, ahora si está dura.

Se le abrieron tanto los ojos cuando dije esto… La cogió con las dos manos, con fuerza.

– Chúpamela. ¿Sabes chuparla? Pues yo te enseñaré.

Se la metió en la boca poco a poco llegando hasta la mitad. Noté sus dientes en la cabeza de mi sexo, su paladar. Le dije que fuera con cuidado, que solo usara los labios, que se imaginara que es una piruleta, y que utilizara los labios y su lengua. Mmmmmmmm, como la chupaba, para ser su primera vez no lo hacía nada, nada mal. Aprendía muy deprisa. Chupaba con fuerza, pero al mismo tiempo suavemente. No me soltaba la polla para nada, la tenía cogida con las dos manos sobre su base, y al mismo tiempo la chupaba… con tanta fuerza… uffffffffff… que podría correrme en cualquier momento, pero aguanté. VeíAñadir una imagena como la metía poco a poco en su boca, a veces pasando por encima la lengua, con mucho cuidado. Parecía que fuese la última vez que iba a chupar una polla… mmmmmm.

-Si quieres, puedes metértela hasta el fondo de la boca, puedes chuparla toda. Mójala toda, es toda tuya. Pero ten cuidado, no te atragantes.

No dijo nada, simplemente se limitó a hacerme caso. Se la metió hasta donde pudo, y pude notar el calor de su boca, lo mojados que estaban sus labios… mmmmmmmmmm Sabía que con el tiempo, sería toda una maestra chupando pollas. Uf, como la chupaba. Estábamos a oscuras en el garaje, pero podía verla perfectamente. Notaba sus labios como subían y bajaban, notaba su saliva sobre mi polla que tarde o temprano iba a reventar.

– Un poco más rápido. Así, asíiii, agggggggggg.

Uf, era increíble. Tarde o temprano me iba a correr. No podía aguantarlo. Era demasiado.

– ¿Te gusta?

Asintió…

– Sigue, no pares. Vas a probar algo que te va a gustar, no te asustes, ¿vale? asintió. – Chupa con un poco más de fuerza, juega con tu lengua y la cabeza. Cómetela entera. Era increíble. – Siii, sigue, chupa, siiiiiiiiiiiiiiii, aggggggggggggggg.

Me corrí salvajemente. Fue brutal. Pensé que se iba a asustar. Al principio pensé que iba a quitar su boca de mi polla, pero no la quitó, se quedó quieta hasta que descargué todo lo que pude, y para colmo al final se lo tragó todo. Me quedé alucinado. Me miró a los ojos.

– ¿Te gusta? – No mucho, pero está bien- dijo mientras sonreía.

Jugaba con su lengua y los jugos en su boca, como si realmente le gustase. Le di un pañuelo para que se limpiase un poco, y le di otro largo y cálido beso, mientras le pasé la mano con fuerza por su caliente y ansioso chochito.

– Ponte la ropa, que nos van a pillar. Otro día, eso de ahí abajo, va a saber lo que es una polla de verdad. Esta polla va a caber toda ahí dentro.

Solo sonrió no dijo nada…

Autor: chicosimpatic69

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Fiesta de disfraces

Estaba tumbada boca arriba con las piernas abiertas, con una mano acariciando muy despacio mis tetas y con la otra mi clítoris que ya afortunadamente no estaba tan sensible y me dejaba tocarlo, en cuestión de segundos lo tenía arrodillado ante mí, y empezó a comer el coño, y no solo el coño, su lengua se iba hacia mi ano, cosa que me sorprendió gratamente, nunca me habían lamido allí, y eso me encantaba, que me acariciara en esa zona, lo que estaba sintiendo era delicioso.

Hola, mi nombre es Bárbara y me considero una chica liberal y algo viciosa, a pesar de tener que sostener una imagen de niña bien de cara, a casi todo el mundo.

Estoy bastante buena y no me importa decirlo, mido 1.70, soy rubia con el pelo largo, los ojos verdes, boca jugosa, grande y voluptuosa, con pequeños dientes blancos. Delgada, pero con curvas, bastante ancha de caderas, y un culo redondo, que se puede coger, amasar, y dar palmadas. Mi pecho no es muy grande, pero no me importa, cada teta tiene el tamaño justo de una mano, lo que hace que sean más abarcables, además considero que el pecho pequeño queda más elegante, me pongo grandes escotes sin resultar vulgar, voy muchas veces sin sostén (me encanta como se marcan los pezones tras la camiseta), y la ley de la gravedad tardará más en actuar.

Tengo 21 años, y tengo novio desde hace tres años, empecé muy jovencita, y cuando empecé la universidad, solo me había acostado con mi novio, de modo que pensaba que me estaba perdiendo algo. Estoy enamorada, pero mi problema es que él estudia en diferente ciudad y nos vemos muy poco. No me había acostado con nadie aparte de él, además que en los rollos de una noche que había tenido en alguna noche loca no quise acostarme para no parecer demasiado fácil, pero surgió algo de una forma improvisada.

En una fiesta de disfraces, en un colegio mayor, yo iba con unas amigas vestidas de diosas griegas. Llevaba una túnica blanca muy ancha atada a un hombro y ceñida con un cinturón dorado atado con unas cintas. Estas fiestas son barra libre con lo que me puse bastante borracha, además había bailado con un montón de tíos, y las fiestas me ponen cachonda, no sé porqué, pero siempre me gustaría terminarlas echando un polvo. Pensando esto apareció Chus, era un tío dos años mayor que yo, que me gustaba desde que era novata, incluso una noche en un botellón llegué a darme unos besos con él, pero no quise hacer nada más. Era mi tipo de chico, era un poco más alto que yo, moreno, con grandes pestañas, un fuerte cuerpo, un buen culo de futbolista y manos grandes.

Se acercó a saludarme, y por la forma de venir hacia a mí e intentar hablarme me di cuenta que quería algo más, y no una simple cortesía, yo no me hice de rogar, hacía más de tres semanas sin ver a mi novio, y llevaba tanto sin echar un polvo que parecía que fuera virgen. Fuimos por una copa hablando de trivialidades y de paso me enteré en donde vivía, ya que se había ido ese año del colegio, vivía muy cerca, así que me dije ¡bingo! Éste va a ser para mí. Y luego empezamos a bailar, yo empecé a restregar mi culo con su cuerpo bailando de espaldas a él y colocando sus manos en mi cadera, me daba la vuelta de vez en cuando y él me apretaba contra si, notaba como me comía con los ojos (cuando quiero puedo ser muy mala), cuando intentó besarme en la boca, le dije que allí no era el lugar, no quería liarme en público y soportar al día siguiente los comentarios de mis amigas, mis infidelidades siempre son discretas, de modo que sin pensarlo me dijo que fuéramos a su casa.

Salimos de la fiesta y cuando nos alejamos de miradas indiscretas empezó a besarme y a meterme mano por la calle, era febrero, y en Madrid hace frío, yo solo llevaba la túnica, pero entre el alcohol y el calentón de la noche… Teníamos que cruzar un parque por un paso, y mientras cruzábamos le aprisioné de golpe contra la pared que daba al parque, comencé a besarle, y a desabotonarle la camisa, pasaba su lengua por su cuello, por su pecho y seguía bajando, mientras sus manos levantaban mi túnica y me acariciaba y manoseaba el culo, la camisa estaba por fuera casi completamente desabotonada, y empecé con su cinturón y los botones de su bragueta, me costó trabajo porque tenía tal bulto ahí dentro, que estaban a presión.

Al final lo conseguí con un fuerte tirón, le bajé los calzoncillos un poco, y allí estaba su polla, deseando respirar, era bastante grande, cosa que me agradó mucho, no estaba circuncidado, y se empezaba a ver el extremo rosado del glande tapado por su prepucio, no lo pensé y mientras la cogía con una mano, me la metí en la boca y liberé esa cabeza rosada que luchaba por salir, él lanzó un suspiro que sonó a grito contenido, mientras la metí bien en mi boca y la acariciaba con la punta de la lengua, a la vez que empecé a mover mis manos rítmicamente, me la metí más profundamente y empecé a mamarla ayudada de mi mano, él me acariciaba los hombros, la cabeza, bajaba hasta donde sus manos le dejaran, yo estaba de rodillas, de pronto sentí como se contraía su culo, se iba a correr en mi boca y no quería avisarme el muy cabrón, levanté rápido mi cabeza sin dejar de mover la mano, entonces apenas susurró -me corro- le envolví la polla con mi túnica y descargó su semen en dos fuertes temblores, que le hicieron apoyarse en mi hombro.

No me da asco el semen, y siempre me trago la leche de mi novio, pero con los tiempos que corren no estaba dispuesta a que se corriera en mi boca. La mamada se la hice con una intención, que aguantara el polvo, sé por experiencia que cuando un tío va muy cachondo y lleva un tiempo sin follar no suele aguantar mucho, así que después de correrse una vez sabía que iba a responder cuando llegáramos a su casa. Le limpié cariñosamente su polla con el borde de mi túnica y mientras le besaba comenzó a abotonarse, la erección no le bajaba todavía por lo que no llegó a terminar de abrocharse el pantalón, tapándolo con la camisa que había dejado por fuera, fuimos en silencio hacía su casa dejando que me guiara cogiendo mi cintura, yo empezaba a sentir más los efectos del alcohol, e iba como flotando, cuando subimos en el ascensor de su casa empezamos otra vez a besarnos, hundiendo su lengua hasta mi garganta, como hace poco había hecho con su polla, yo le mordí el labio mientras le susurraba que todavía quedaba mucha noche.

Abrió la puerta todo lo rápido que pudo, y cogiéndome de la mano me llevaba casi arrastras hacia su habitación, cuando llegué yo me descalcé muy rápidamente, no estoy muy sexy desnuda con las zapatillas de deporte que llevaba de calzado, mientras él se afanaba con mi cinturón, el problema es que estaba el nudo muy fuerte, así que corriendo buscó unas tijeras y lo cortó, no le culpo por haberlo roto, era solo un disfraz, quitado el cinturón, la túnica era sólo desatar el nudo del hombro, al hacerlo cayó al suelo, y quedé solo con un pequeño tanga, entonces le empujé hacía la cama, le terminé de quitar la camisa mientras me acariciaba y besaba las tetas, lamiéndolas y metiéndose el pezón en la boca, mordiendo despacio la punta, se liberó pronto de los pantalones y los calzoncillos y me liberó también pronto de mi tanga.

Tumbados de lado, cara a cara nos besábamos mientras nuestras manos acariciaban todos los rincones, él fue bajando hasta mi coño y me metió un dedo, luego otro, y con el pulgar buscaba mi clítoris, le cogí su mano y me metí los dedos en la boca, por si no estaban suficientemente mojados de mis flujos, entonces dirigí sus dedos hacia mi clítoris y usando su mano comencé a masturbarme, él pronto comprendió como lo tenía que hacer, y empezó a mover sus dedos adelante y atrás, mientras que extendía mi humedad por todo mi coño, yo empezaba a hacerle otra paja lentamente, me chupé la punta de mi dedo índice, de forma que mientras subía y bajaba mi mano, le acariciaba la punta de su polla con el dedo húmedo, como si fuera mi lengua, empezó a moverse más deprisa, a la vez que cada vez me besaba, me lamía más fuerte, se estaba poniendo más cachondo, y a mí también me estaba afectando, noté como el calor iba invadiéndome, y ya no jadeaba, yo empezaba a gritar, no quería armar un escándalo, de forma que mientras iba más rápido con mi mano, le besaba los hombros para tener la boca ocupada, me pidió que parara y me relajara no quería correrse todavía.

El calor aumentaba y notaba como empezaba mi clítoris a contraerse, sentía los espasmos en mi estómago, me estaba corriendo, y para no gritar tuve que morderle, él soltó un pequeño ¡ay! Y paró dejándome jadeante, acariciando mi cara y mirándome con lujuria me dijo 1 a 1. Me preguntó si tenía condones, le contesté un poco borde diciéndole que como no los llevará en el coño con la túnica no tenía donde guardarlos, él empezó a reírse y me contestó algo que me dejó intrigada, -en el coño no los tienes porque ya los he buscado, igual los tengo que buscar en otra parte- Dicho esto se levantó y fue imagino a la habitación de algún amigo a buscarlos, afortunadamente volvió con la caja.

La erección le había bajado un poco, cuando llegó, pero le aumentó muy rápido cuando vio como me entretenía esperándolo, estaba tumbada boca arriba con las piernas abiertas, con una mano acariciando muy despacio mis tetas y con la otra mi clítoris que ya afortunadamente no estaba tan sensible y me dejaba tocarlo, en cuestión de segundos lo tenía arrodillado ante mí, me dio un condón y empezó a comerme el coño, y no solo el coño, su lengua se iba hacia mi ano, cosa que me sorprendió gratamente, nunca me habían lamido allí, y eso me encantaba, que me acariciara en esa zona, lo que estaba sintiendo era delicioso, abrí rápidamente el condón, quería que me la metiera ya, toda, calculando aproximadamente 17cm.

Cuando oyó rasgarse el papel levantó la cabeza y me ofreció su otra cabeza para ponérselo, por fin llegó lo que estaba necesitando, me la metió de golpe, rápido, con una embestida brutal que me llevó hasta la cabecera, mientras mis piernas le aprisionaban, a cada embestida mis caderas se levantaban y después las dejaba caer para volver a recibirle, sentía el peso de su cuerpo contra el mío mientras me lamía las tetas, su cabeza iba de una a otra con desesperación, como si fueran una fuente en medio del desierto, cada vez se movía más rápido, yo notaba otra vez el calor, y apretaba su culo contra mí, quería que me empalara, me embistiera, me atravesara, entonces llegó el siguiente orgasmo, mi espalda se arqueó para recibirlo, mientras él se hundía más en mí, no pude reprimir un grito agudo que salió de lo más profundo, él me tapó la boca y yo se la mordí, ahora fue él quien gritó, pero no era de dolor, sentí su sacudida, su culo contrayéndose, y la pelvis empujando, y le oí jadear, reí, río él también, y me besó, se apartó con cuidado, y fue hasta el baño.

Yo me tumbé boca abajo para descansar, el segundo orgasmo fue mucho más intenso, y yo intentaba controlar mi respiración, estaba en una nube, el alcohol sumado a la relajación del orgasmo me estaba adormilando.

Cuando volvió del baño me contempló tumbada boca abajo, una pierna flexionada que dejaba ver mi hinchado coño, mi hermoso culo y mis largas piernas, entonces se tumbó junto a mí, contemplándome, empezó a acariciarme suavemente la nuca, la espalda, bajando despacio, tocándome con un dedo, con dos, rozándome, y bajando, posándose en mi culo, pasando un dedo por el medio, acariciando suavemente, la apertura de mi ano, la entrada de mi coño, yo estaba sin moverme, pero él oía mis respiración, mis suspiros, estaba excitándome muchísimo otra vez.

Introdujo un dedo en mi coñito, lo sacó mojado, estaba empapada, subió otra vez a mi culito, y siguió acariciando la entrada de mi rincón más secreto, con el dedo fue extendiendo mis flujos hasta él, mojándolo y lubricándolo, y empezó a introducir un dedo, yo no sabía como reaccionar, me gustaba mucho, y cuando me masturbo algunas veces he introducido un dedo en mi culo, pero nunca me lo habían hecho, seguí tumbada sin moverme, pero mi respiración cada vez era más entrecortada, como no oponía resistencia, continuó, introdujo más el dedo, mi esfínter dejaba de oponer resistencia, volví la cabeza, pero para mirar su polla, estaba segura de que su intención era darme por detrás, y quería calcular lo que podría dolerme, porque si al principio sentí una punzada de dolor cuando introdujo el dedo, ahora me resultaba muy agradable, pero su polla que ya estaba otra vez completamente erecta, era como tres dedos y mucho más larga.

El se dio cuenta de mi cara de susto, me susurró: no te preocupes, no te dolerá, tengo trucos- en esto abrió la mesilla y sacó un tarro pequeño de vaselina y empezó a restregarla con un dedo que introducía, luego con otro que también terminó por introducir, le miré e instintivamente cogí también vaselina y comencé a darle en la polla, poniendo especial cuidado en la punta, él soltó un suspiro, le gustaba la sensación de mi mano resbalosa abarcando toda la polla, e imagino que también el pensar donde estaría dentro de unos minutos. Me puso a cuatro patas, y abrió bien mi culo, sin dejar de mover los dos dedos que tenía dentro, sacó los dedos, y acercó su polla, que yo veía descomunal, pero aunque me daba algo de miedo el dolor que sabía que seguro sentiría, se pasaría pronto y lo cambiaría por otra sensación que me gustaba más, me dio un par de azotes en el culo, cosa que me excitó, aunque si me da un poco más fuerte le hubiera dado un guantazo.

Después de los azotes sentí la presión, iba poco a poco, empujando, susurrándome palabras dulces para tranquilizarme: preciosa, no te voy a hacer daño, mi niña, no sabes cuanto de deseo, como te quiero hacer disfrutar, que vuelvas a gritar- conforme me hablaba la iba introduciendo hasta estar casi dentro, yo sentí unas punzadas de dolor intermitentes, luego se fue retirando despacio, y la introdujo más rápido a la vez que untó algo más de vaselina, repitió todo un poco más rápido, y cada vez lo hacía más rápido, el dolor que sentía dejó paso al placer, yo estaba muy quieta dejándolo hacer, pero más y más excitada, empecé a jadear, y él también se movía más rápido, más rápido le gritaba yo, sentía su polla abrirme, golpear mi interior y a cada golpe una oleada de placer, un estremecimiento, tardé en darme cuenta porque el dolor me confundía, y era un dolor tan excitante, pero sentía el calor, notaba contraerse todos mis músculos en su espalda sin soltarle.

Se sentó en el borde de la cama, y seguía agarrándome, se puso en pie, empujándome, embistiéndome, a estas alturas no nos cortábamos de gritar, pero daba igual, me apoyó contra la puerta y me folló contra ella, me iba a correr otra vez, me estaba corriendo otra vez, era la cuarta, y él también se corría, al verme estremecerme fue más rápido, había estado esperándome, y nos corrimos juntos. Sin salir de mí se dejó caer en la cama conmigo encima, abrazados, mirándonos, jadeantes. Con cuidado me aparté de él, no quería que le pasara nada al condón. Me fui hasta el baño, dolorida, me costaba trabajo andar, fui a comprobar los daños, afortunadamente solo tenía unas gotas de sangre, fue muy cuidadoso, me lavé un poco. Miré la hora, llevábamos dos horas allí, era muy tarde y no podía quedarme a dormir, ni quería, sólo había sido sexo. Volví, él estaba echado, todavía tenía el condón puesto, me dijo que no se tenía en pie, busqué mi tanga, me vestí como pude, él también se vistió.

Me acompañó hasta la puerta, y me dijo: 4 a 3, me ganas, pero me debes uno, ¿tendremos revancha?- Yo pensando en lo mucho que me dolía el culo, me lo pensé, pero acabé dándole mi móvil. Cuando me acosté estaba cansada y dolorida, segura de que a la mañana siguiente tendría resaca, y cuando desperté, no me dolía la cabeza, quizás me doliera otra parte, y tenía un poco de vergüenza por haber sido tan loba, pero por otra parte hacía mucho que no me levantaba con esa sonrisa, era completamente feliz.

Autora: Piluca

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Mi primita querida

Empezó acariciarme los testículos mientras fuertemente chupaba mi pene, lo que aceleró mi excitación y le dije que me iba hacer acabar, ella me hizo señas de que lo hiciera, que no me detuviera, en ese preciso instante empezó mi pene a emanar grandes cantidades leche, las cuales eran tragadas inmediatamente por ella sin dejar escarpar ni una gota.

Esta historia ocurrió hace poco, para empezar comenzaré describiendo a mi prima, ella es una niña muy linda, de unos 25 añitos más o menos, morena clara, un metro sesenta y tres, de muy buena figura, con unos senos redondos, pero con un trasero de ensueño, ella vive en otra ciudad lejos donde yo vivo, por lo que nos vemos solo en reuniones…Yo un tipo normal, de un metro setenta y ocho de estatura, moreno, de 36 años…

Yo siempre la había considerado como mi primita, pero ella fue creciendo y transformando su cuerpo en la belleza que es ahora, ella tiene una bebe de un añito, que es tan preciosa como ella…

En una fiesta familiar, ella llegó y nos saludamos cariñosamente como siempre lo hacemos, estaba vestida con un jean claro y una franela, los cuales realzaban su apetitosa cola y enmarcaba esos senos redondos, yo estaba acompañado de mi novia…

La fiesta continuaba de manera normal, tragos, bailes, conversaciones, pero cada vez que bailábamos podía sentir toda su piel pegada a la mía y como su vientre y su vagina se recostaba en mi pierna, eso causaba electricidad en mi piel, lo que aumentaba el tamaño de mi pene endureciéndolo, causando una erección instantánea, el hecho de saber que era una relación prohibida y que yo tenía a mi novia en sitio, le daba un profundo toque sensual y provocativo a la situación…

Ese día no ocurrió más nada de un baile y un cúmulo de sensaciones, pero fue el inicio de un conjunto de conversaciones a través de email y del facebook, donde las mismás cada vez se tornaban más calientes…hubo intercambio de fotos provocativas, cartas eróticas y conversaciones telefónicas realmente caliente…

Así pasaron dos meses, hasta que ocurrió una nueva fiesta familiar en la ciudad donde ella vive, ya que cerca de ella viven otros familiares, yo llegué a la casa donde iba a realizarse la reunión, bastante temprano, pensando en que momento podríamos  escaparnos para estar juntos… Al rato de yo haber llegado recibí un mensaje de texto, era ella pidiéndome que fuera a buscarlos (A ella, a su hermana, su hija y su mamá), conversé con mi novia y con el esposo de mi tía y decidimos ir él y yo a buscarlos en el carro de él, aprovechando que faltaban unas cosas por comprar y que yo debía extraer algo de dinero del cajero automático

Salimos los dos solos en el carro, pasamos por el cajero automático, yo retiré dinero, luego fuimos a comprar las cosas que hacían falta, dándoles chance a ellas de estar listas cuando las fuésemos a buscar, durante todo ese momento mi corazón latía fuertemente y mi pene se endurecía de solo pensar cómo iba a ser ese encuentro.

Al llegar al edificio, las llamamos por teléfono, en eso bajó la mamá de ella para decirnos que aun no estaban listas, que faltaba bañar a la niña,  que la otra hermana se bañara y que mi dulce primita se vistiera… A eso el esposo de mi tía nos dijo que aun le faltaba algunas cosas por comprar, a lo que yo le mencioné que yo me quedaba y le llamaba por teléfono cuando las cuatro estuviesen listas y así quedamos…

Subimos al apartamento y mi prima más pequeña, estaba terminando de arreglar las cosas, la saludé, luego fui al otro cuarto donde estaba mi dulce primita terminando de sacar su ropa y la de la bebe, nos saludamos con un abrazo y beso en el cachete, durante el abrazo yo deslicé mi mano desde la espalda hasta las nalgas de ella sin que la mamá lo notara. Ella al sentir mis caricias le dijo a la mamá:

– Mamá para ganar tiempo baña y viste tu a la niña, mientras yo termino con lo mío. – Okey no hay problema…

La mamá se llevó a la niña, con la ropa para su cuarto para bañarla y vestirla, la otra hermana se metió a bañarse y yo me quedé solo con mi prima en el cuarto… Lo primero que hicimos fue besarnos apasionadamente, sus manos recorrían mi cuerpo, así como las mías también lo hacían con el hermoso cuerpo de ella, recorrí  otra vez su espalda, luego me detuve en sus nalgas, las cuales amasé y sobé, ella solo tenía puesta una bata y debajo de ella un hilo dental blanco, de encajes, luego mientras la besaba, subí mi mano hasta sus senos y pude sentir su piel vibrar debajo de mi mano, suavemente acaricieé sus pezones y estos respondieron a mis caricias endureciéndose, mientras ella acariciaba mis glúteos, en ese momento bajé mi mano hasta su vagina y pude notar lo húmeda que estaba, ella al sentir mi mano tocar su clítoris gimió, dejó de besarme y me dijo que seguro que me van a escuchar, a lo que yo le dije te deseo, estás demasiado divina…

Ella seguía gimiendo mientras yo seguía acariciando su clítoris, hice movimientos circulares sobre su clítoris los cuales hicieron que su piernas se pusieran tensas y supe que en ese momento estaba sintiendo un orgasmo, ese preciso instante me dijo, mi amor me estás haciendo acabar, es demasiado rico mi cielo, quiero sentir tu pene en mi boca…

En ese momento escuchamos ruidos y nos separamos, ella se asomó y vio que era su hermana que salía del baño directo a su cuarto a vestirse, entonces se volvió y se arrodilló delante de mí y me dijo, dámela, quiero chupártela,  yo extraje mi pene del pantalón y ella lo tomó con su mano, retirando la piel del mismo hacia atrás y dejando la cabeza de mi pene al descubierto, roja y palpitante…

Suavemente le pasó la punta de la lengua recorriendo todo mi capullo lo que me hizo estremecer, en ese preciso instante se metió todo mi pene en su boca y lo succionaba como si fuese una chupeta, lo que causaba indescriptibles sensaciones en todo mi cuerpo, yo mientras la acariciaba por su pelo y le decía cuanto me gustaban su caricias…

Al  escuchar eso, empezó acariciarme los testículos mientras fuertemente chupaba mi pene, lo que aceleró mi excitación y le dije que me iba hacer acabar, ella me hizo señas de que lo hiciera, que no me detuviera, en ese preciso instante empezó mi pene a emanar grandes cantidades leche, las cuales eran tragadas inmediatamente por ella sin dejar escarpar ni una gota… Fue una hemorragia de sensaciones que recorrían todo mi cuerpo…

Ahí mismo se paró y me dijo que nos detuviéramos porque nos iban a descubrir, yo salí del cuarto para que ella se terminara de vestir, a los dos minutos de haber salido, salió su hermana y su mamá con su hija, ella gritó del cuarto que ya le faltaba poco para salir y yo les mencionaba lo aburrido que había estado en la sala esperando por ellas… A los cinco minutos siguientes salió ella arreglada, lista para irnos, yo llamé al esposo de mi tía para que nos viniese a buscar, lo que sucedió después es parte de una segunda parte…

Luis González

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Fue en una tarde de lluvia

En esa nueva posición podía sentir mis piernas apretando su pija y no podía resistir a moverme para sentirla salir y entrar a punto de explotar. Mientras tanto la mano de Javi tocaba mi clítoris empapado y su lengua hurgaba en mi cuello, espalda, sentía el aliento en mis orejas, sus gemidos, su voz diciendo, te vas a poner en cuatros patas para te meta la pija como a una perra alzada.

Cuando todavía estaba cursando las últimas materias del secundario se mudó a mi edificio un nuevo vecino. Se llamaba Javier y era profesor de historia. Era muy apuesto y tenía pinta de profe convencional: usaba un piercing en una ceja, tenía los brazos tatuados, barba incipiente acompañados por una boca espectacular…labios gruesos y dientes perfectos. El tipo era todo un seductor.

La tarde en que trajo sus cosas al edificio yo llegaba y nos encontramos en el ascensor, se presentó como el “vecino nuevo” y yo lo saludé amablemente pero sin prestarle mucha atención ya que estaba preocupada por que tenía los exámenes finales y temía que el tiempo no me diera para estudiar todo lo necesario. Le dije mi nombre y que vivía en el 7 A, él se mudaba para el 7 C así que estaríamos en el mismo piso y con las ventanas frente a frente separadas por el patio del edificio.

Cuando llegué a mi casa (yo vivía sola con mi hermano mayor, estudiante de facultad) me fui directamente a mi cuarto a sacarme la ropa para poder darme una ducha refrescante ya que el verano se estaba haciendo sentir en la ciudad.

Así que me quité la camisa, la falda, el sujetador y me quedé en tanguita observándome en el espejo…durante el invierno había hecho más ejercicio del habitual así que mis panza estaba chatita y las nalgas bien paradas como siempre las tuve pero debido al ejercicio el cuerpo había dejado de ser de una adolescente flaquita para ser una mujer con todas las curvas de los 18 años. El cambio se notaba, eso decían mis amigos y los amigos de mi hermano que babeaban cuando me veían.

Estaba entonces en tanguita comprobando los resultados cuando me pareció ver a alguien observando, estaba sola así que supuse que sería una idea mía. Me fui a la ducha y volví al cuerpo desnuda para ponerme un short y una musculosa cómodas para estar en casa…como no estaba mi hermano podía aprovechar para estar sin sujetador (cuando él está no me gusta pasear por la casa con mis 90 cm sin protección) De vuelta frente al espejo, me pasé crema humectante por todo el cuerpo, la sensación de la piel húmeda por el líquido blanco de la crema me encanta.

Cuando me estaba poniendo la tanguita tuve la misma sensación de estar siendo observada y entonces me acordé del vecino nuevo, como estaba tan acostumbrada a que ese apartamento estuviese vacío no se me había ocurrido cerrar las cortinas por lo tanto se podía ver perfectamente para mi dormitorio. La sensación de que Javi me podría haber visto me dio mucha vergüenza primero pero luego la idea me comenzó a gustar, no sabía si realmente él había visto algo pero tal vez convenía no dejar pasar la oportunidad de seducir a un hombre desde la ventana.

Los días fueron pasando y cuando podía me aseguraba de correr las cortinas de mi dormitorio para que Javi me mirase (no estaba segura de que lo hiciese pero no perdía nada con probar). En realidad yo no cambiaba mis costumbres ya desde siempre me bañaba y llegaba desnuda a mi dormitorio, me ponía crema, me probaba ropa…sólo que a partir de esa tarde comencé a hacerlo pensando en que él podía mirar. Comencé a pasar más rato en mi dormitorio, estudiando frente a la ventana, con las piernas recostadas en el marco dejando ver mi pequeña tanguita.

Una noche mientras yo seguía estudiando comencé a escuchar sonidos del otro lado del patio, cuando presté más atención me di cuenta que eran gemidos y gritos de placer….hasta ese momento pensaba que Javi no estaba su ventana estaba baja pero la realidad era que estaba con una chica en su departamento.

Los ruidos no me dejaban concentrar asi que me puse a ver por la ventana y pude ver la silueta de una mujer cabalgando y las manos de él recorriendo por su cuerpo…al parecer la estaban pasando bien, ella gemía y gemía hasta que, evidentemente, tuvo un gran orgasmo. La verdad que esta imagen me excitó muchísimo, yo todavía era virgen y no sabia lo que era la sensación de tener la conchita repleta por una verga…así que cuando me acosté pensé en cómo debería ser la de Javi, la imaginaba grande y me dieron tantas ganas de tenerle en la boca que comencé a masturbarme hasta llegar yo a mi propio orgasmo.

Al otro día, luego de venir del liceo nos encontramos en el ascensor, cuando lo vi no pude dejar de imaginarme como sería esa boca en mi conchita casi peladita y pude sentir que la tanguita se me mojaba. Él me preguntó cómo iban mis exámenes y le contesté que lo último que me quedaba por dar era historia y se ofreció para darme algunos apuntes que podrían ayudarme así que lo acompañe hasta su apartamento.

En su casa comenzamos a hablar y a tomar algunas cervezas para apaciguar el calor de la tarde…cuando nos quedamos sin más bebida en su heladera me dijo que en la parte de arriba de su cocina tenía más, así que mientras él atendía el teléfono que había sonado me ofrecí a hacerlo yo. En la cocina y me arrodillé sobre una mesa para sacarlas, tuve que hacer un pequeño esfuerzo porque las dichosa botellitas estaban en el fondo del mueble así que la pollera se me subió un poco y mis nalguitas quedaron a la vista de Javi…enseguida me di cuenta de la situación así que aproveché e hice como que no nos las encontraba para que él pudiera observar mis culito con placer.

Cuando me di vuelta para decirle que las había encontrado lo encontré con los ojos clavados en mi culito y los ojos brillantes, me di cuenta que estaba excitado y eso me encantó… parecía un lobo a punto de atrapar a su presa.

Luego de tomar un par de cervezas me sentía más liberada y entre conversación y conversación terminé confesando mi virginidad a lo que él me dijo que le parecía extraño que una chica con mi cuerpo no hubiese probado el sexo. Como estaba algo borracha no me preocupó decirle que me encantaría probar “¿qué es lo que más te gustaría probar?” y cómo mi mayor deseo era conocer el sexo oral se lo dije.

-“¿Así que tenés ganas de que te coman la conchita”? -Si, le dije algo tímida -¿Y cómo te imaginas que es? -No sé, nunca me lo hicieron, pero supongo que deber ser excitante sentir la lengua húmeda por mi conchita lampiña -Jajaja ¿la tenés peladita? -Si, le dije, notando el bulto entre sus piernas -A mí me encanta chupar pepitas calientes -¿Si? -Si, pero hay que ser mayor de edad para hacer eso, dijo sonriendo y haciendo alusión a mi edad -Ah, entonces estoy ya lista porque cumplí los 18 el mes pasado…

Y en ese momento sonó mi celular, mi hermano me buscaba para irnos a visitar a mis padres el fin de semana -Me tengo que ir, le dije y me fui para casa tan excitada que cuando llegué no pude dejar de hacerme una pajita mientras me bañaba imaginando la lengua de Javi en mis pezones, en mi conchita, entrando en mi agujerito caliente…

El lunes posterior cuando quise entrar a mi casa luego del liceo me di cuenta que había perdido las llaves, mi hermano no estaba y yo estaba empapada porque había comenzado a llover justo cuando venía caminando desde la escuela. Llamé a mi hermano al celular y me dijo que estaba en facultad y que no podía volver hasta la noche (era mediodía) así que buscase algo para hacer o algún lugar para ir. Enojada, no quería salir nuevamente hacia la casa de una amiga ya que implicaba mojarme nuevamente así que me senté un rato en la escalera para ver qué haría cuando se abre la puerta del ascensor y sale Javi hacia su departamento.

-¿Qué te pasó preciosa? -Perdí las llaves y mi hermano no vuelve hasta la noche -Estás empapada ¿querés entrar a casa para secarte un poco? -No, no te hagas problema -Dale, no te voy a hacer nada, me dijo y sonrió nuevamente con expresión de lobo hambriento -Jaja, no te tengo miedo (sabía luego de la conversación de la tarde de las cervezas estaba expuesta y aunque esto me gustaba también me ponía nerviosa) -Entrá, no te vas a quedar toda la tarde acá sentada. Podemos aprovechar para estudiar historia.

Entramos a su departamento y pasé al baño para secarme un poco el pelo, la camisa blanca de mi uniforme estaba pegada al cuerpo y mis pezones resaltaban por el frío de la lluvia. Cuando estaba en el baño Javi abrió la puerta para ofrecerme una toalla -¿Tenés frío? -Si -¿Por qué no te das una ducha caliente? -No, gracias. No tengo qué ponerme. -No necesitas ropa, me dijo y sentí su mano subiendo por mi muslo.

Hice como que no pasaba nada y le volví a agradecer -¿Estás segura que no querés sacarte la ropa? Insistió, su mano acariciaba mi culito redondo y comencé a excitarme. Acariciaba, apretaba y de repente sentí como corría la tanguita para un costado y tocaba mi conchita. Pasaba sus dedos por la humedad de mi pepita de adelante hacia atrás y me preguntaba -¿Te gusta? -Si -Esto no es nada, vas a ver cuando te pase la lengua y te meta la pija bien dura. Eso te va a gustar más. Estaba muy excitada por las caricias pero sentir sus palabras me gustaban aún más. De repente sentí el dedo mayor penetrándome, él se puso detrás de mí, subió mi pollera aún más y comenzó a besar mi culito.
Mi inexperiencia y la excitación hicieron que me acabara en seguida pero él me dijo que recién empezaba la tarde y que teníamos hasta la noche para hacer todo lo que yo quería. Así que me sentó arriba suyo y pude sentir su verga parada y dura queriendo escapar de los pantalones, así sobre su falda me llevó hasta la mesa y me hizo sentar, me abrió las piernas y me dijo:

-Ahora te voy a chupar la conchita como vos querés.

De nuevo vi el brillo en los ojos y esa sonrisa que dejaba en evidencia toda la libido de un hombre de 30 años a punto de desvirgar a una chica de 18 me encantó. Todavía no sentía su lengua en mi conchita pero sentía que esa tarde podía ser tan puta como él quisiese.

-Abrí las piernas así, ahora te voy a correr la tanguita pero te la voy a dejar puesta y la pollera tampoco te la vas a sacar porque ahora vas a ser mi alumna puta ¿Está bien? -Si -Si, profe me tenés que decir -Si, profe.

Y comenzó a comerme toda, chupaba con ganas como si nunca hubiese probado una pepita en su vida, pasaba la lengua suave para arriba y se quedaba jugando con mi clítoris, dando lengüetazos más fuertes que me hacían estremecer. Yo no podía contener mis gemidos y eso le encantaba y lo excitaba más -Así me gusta, que goces. Vas a aprender lo que es una buena chupadita de concha para cuando te la coma algún pendejo te acuerdes de mí.

Nunca había imaginado cómo podía excitarme sus palabras y cuándo dejaba de chuparla para decirme esas cosas sentía que me calentaba más y más. Su lengua entraba y salía de mi vagina como si me estuviese cogiendo y cuando se iba a jugar con el clítoris entraba uno, dos, tres dedos y fue así que mi virginidad desapareció. Entonces me dijo que le tocaba a él sentir mi boca. Me ayudó a bajar de la mesa y sin dejar de pajearme se abrió el cierre del pantalón y su verga saltó. Estaba dura como nunca había visto, era grande y ancha, apenas la vi sentí como se me hizo agua la boca y moría de ganas de tener esa pija en mis labios.

-Abrí la boca putita y trágatela toda, te va a gustar. Le hice caso y me la metí casi desesperada, tenía un sabor agrio pero era suave y tierna. Yo no tenía experiencia pero lo hice muy bien gracias a la calentura que tenía. Mientras se la chupaba él metía y sacaba sus dedos de mi conchita, yo sentía que el orgasmo ya estaba cerca y como él se daba cuenta me decía.

-No te acabes putita, espera sentir un poquito de leche en la lengua y ahí vas a querés acabarte.

Yo no podía no quería hablar, no quería sacarme esa verga inmensa de mi boca. Subía y bajaba recorriendo el tronco duro, le pasaba la lengua como un rico helado, la saboreaba y él se daba cuenta que me había encantado.

-Te gusta ¿verdad? Se nota que no querés sacarte la pija de la boca. Mi calentura era incontrolable y los gemidos se lo demostraban y lo excitaban, de repente sentí cómo latía su pija y me di cuenta que estaba a punto de acabarse pero me hizo parar. Yo no quería así que seguí chupando deseando sentir mi boca llena de leche -¿Querés la leche? ¿Querés toda mi leche calentita en tu boca? Te voy a dar solo un poco para que no quedes con las ganas de probar el semen de tu macho.

Y así fue, sentí unas gotas en mi boca y sin dudar me tragué todo ese líquido delicioso…tenía ganas de probar más pero Javi me dijo que el resto era para la conchita. Así que se acostó en la cama y me hizo sentar arriba suyo; mi camisa blanca estaba desabrochada y el sujetador sostenía mis tetas hasta que su boca los arrancó y él comenzó a besar y morder suavemente los pezones, duros, erectos. No había querido que me sacara la pollera ni la tanguita así que me la corrió con la mano y yo fui sintiendo como su verga, todavía dura y con más leche para darme, se metía dentro de mí.

El placer era inmenso, la pija entraba y salía despacio y aceleradamente de acuerdo al ritmo de mis gemidos. De repente bombeaba hasta el fondo, fuerte y luego me quedaba sentada casi sin moverme, sintiendo el placer y el dolor de ser cogida por primera vez. Casi no podía controlar mis ganas de acabarme pero a la vez quería que estaba cabalgata no terminara…él se daba cuenta de que estaba a punto de irme asi que suavizaba el ritmo y me dejaba descansar sentada en su verga, besándome el cuello, las tetas, las orejas hasta que nuevamente acrecentaba el bombeo mientras me decía:

-Esto era lo que querías cuando te desnudabas frente a mi ventana ¿no? -Querías que te cogiera ¿verdad? -Si -Si ¿qué? -Si, quería que me cogieras -Resultaste ser muy puta. Cuando me lo dijo no pude más y me acabé, me encantaba ser su vecina muy puta. Al sentir mi orgasmo Javi me dijo que íbamos a probar otra posición, así fue que nos pusimos de costado y su pija quedó en la puerta de mi culito -Por favor, por atrás no. Le pedí, ya que me daba miedo el dolor que podía sentir.

-No, no… Ahora te voy a coger solo por la conchita un poquito más, más tarde vamos a probar el culito. -No quiero, me va a doler -No te va a doler, te va a encantar sentir este pedazo de verga llenándote el culito.

En esa nueva posición podía sentir mis piernas apretando su pija y no podía resistir a moverme para sentirla salir y entrar, tierna, dura, a punto de explotar. Mientras tanto la mano de Javi tocaba mi clítoris empapado y su lengua hurgaba en mi cuello, espalda, sentía el aliento cerca de mis orejas, sus gemidos, su voz diciendo: -Me encanta cogerte así -¿Me vas a coger todos los días? Le pregunté yo, deseando que no se terminara más -Si, todos los días. Te voy a meter la lengua en la conchita y después te vas a poner en cuatros patas para te meta la pija como a una perra alzada.

La comparación con una perra alzada, hambrienta de sexo de macho, me puso más caliente de lo que estaba, y entonces comencé a pedir su orgasmo -Ahora quiero que te acabes y me la llenes de semen -¿Querés sentir cómo me voy adentro tuyo? Desde que vi como en tanga frente a tu espejo tengo ganas de llenarte de leche -¿Y que hiciste cuando me viste en el espejo? -Me hice una paja, mirando cómo te llenabas de crema el cuerpo. Ahora te voy a bañar en leche…

Y cuando dijo eso los dos sentimos la avalancha del orgasmo compartido, Javi gritó como un lobo satisfecho y yo como la adolescente puta en la que me había convertido…

Autor: Puta Desvirgada

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Sorpresas inesperadas II

Muy despacio fue metiéndose en mi cuerpo y comenzó a moverse, sin apuros, solo gozando esos instantes. Mis uñas se clavaban en su espalda indicándole el placer que me estaba dando. Nos besábamos, nos lamíamos, no queríamos terminar, pero nuestra excitación estaba a un punto tal que inevitablemente tuvimos y deseamos terminar. Mis piernas rodearon su cadera como para aprisionarlo más a mi cuerpo y en un gemido compartido terminamos los dos juntos

Agradezco los comentarios de la primera parte, a cada uno de los lectores, aquí continuo esa sorpresa que cambió mis días. Como recordarán, el encuentro con mi viejo amor hizo que volviera a vivir sensaciones dormidas hasta ese momento, pero como no habíamos hablado del después, pensé en que solo eso era, un encuentro inesperado que disfruté y que con mi saludo de despedida se terminó, no había nada más.

Pasó todo un largo mes, en el cual tuve el impulso de llamar solo para decir hola, pero no, era solo un encuentro, solo sexo, sexo añorado, pero solo eso. Seguí con mis rutinas, con mis idas y vueltas, trabajo, salidas con amigos, estudio. Más de la rutina diaria.

Un día martes, por la tarde tocan el portero de mi departamento, un mensajero con una entrega para mí. Bajo y ahí estaba un chico con una caja rectangular, enorme, envuelta en papel rojo intenso y con un moño de tul negro, muy bonita.

-¿Y esto? Te confundiste, yo no pedí nada.- le dije al chico. – Es una entrega para usted, ¿es su nombre el que figura en la boleta? -sí, bueno, ¿dónde te firmo?- le dije presa de curiosidad, ya habría tiempo de enmendar la confusión después de ver el contenido.

Recibí el paquete, di unas monedas al chico y subí a mi departamento. Apoyé la caja en la mesa, desaté lentamente el moño, saqué el papel, abrí la caja y encontré un sobre con un mensaje:

“Yo no me quedo con un Ciao cuore, como te dije extrañaba tu cuerpo y aún lo extraño, te dejé este tiempo para que me extrañes también y sé que lo hiciste. Quisiera volver a verte. Te espero en esta fiesta para la que te mando la invitación y un regalito que espero que uses en este encuentro. No dudes, deseo verte, necesito verte… te dejo un beso… ya sabes quién soy.”

Mi mente estaba a mil, millones de cosas se me cruzaron por la cabeza, hasta que una sonrisa se apoderó de mi rostro al ver lo que contenía la caja. Era el vestido rojo, ese que estaba en la vidriera el momento que me encontró en la calle. Lo saqué, me lo medí y era como si yo lo hubiera comprado, me iba a la perfección. Ahí mismo recordé sus palabras… ”Ya te imagino metida en ese vertido”.
La semana pasó rapidísimo, el sábado llegó. Al despertarme no pude evitar sentir, en mi imaginación, sus manos recorriendo mi cuerpo, sus dedos bajando desde mi boca hacia mi mentón, bajando lentamente por mi cuello, llegando al centro de mis pechos, jugar con uno de mis pezones, luego con el otro, continuar bajando hasta llegar a mi vagina, recorriendo lentamente mis labios, jugando con mi clítoris, disfrutando de mi humedad… un orgasmo inevitable llenó mis manos, haciéndome temblar, mis labios saboreaban el recuerdo de sus besos.

Fui preparándome durante todo el día, mi estado de nervios iba en aumento a medida que se aproximaba el momento de la fiesta. Media hora antes de la fiesta, ya me encontraba peinada con mi pelo recogido, me coloqué el vestido que lentamente fue bajando por mi cuerpo hasta mis tobillos. El escote era muy profundo, se dejaba ver el surco entre mis pechos, apenas los cubría. No me puse ropa interior por eso sentía cada fibra del raso en mi piel, me coloqué los zapatos altos y luego me encaminé hacia el coche que me estaba esperando.

Al llegar al salón, bajé del auto y observé las caras de las personas que se agolpaban en la entrada. No veía su rostro, no lo encontraba. Entré en el salón, una luz tenue iluminaba sectores decorados con tules color crema, paneles de velas en el suelo daban al ambiente casi místico. La gente hablaba sin parar, la música acompañaba el ambiente.  Caminé buscándolo entre la gente, el no encontrarlo me hacía poner aún más nerviosa.

Al rato, se me acercó un hombre, me ofreció fuego para prender el cigarrillo que acababa de sacar de la cartera. Al encenderlo se presentó como uno de los ejecutivos de una empresa, se puso a hablar de su vida, yo solo escuchaba. Con toda delicadeza, luego de un rato de aburrirme, le dije que debía ir al baño (la vieja excusa), y me alejé al otro lado del salón. Me paré al lado de una columna y puse mi cabeza a pensar; diciéndome que no debía estar ahí, que él no va a aparecer,   que estaba jugando un juego que ya no me estaba gustando.

Mi vista se dirigió hacia la pista de baile, algunas parejas bailaban una melodía dulce. Cuando de pronto, frente a mi vista apareció una copa de champaña, sujetada por su mano. Él se encontraba detrás de mí. Tomé la copa sin darme vuelta, es ahí cuando siento que se pega a mi espalda y me susurra al oído: -Estás hermosa-  Bebí un poco de la copa, luego él, permaneciendo detrás, tomó un poco de ella. Luego con la copa rozó mi mejilla y fue bajando por mi cuello, yo sentía el frío del cristal y me estremecía. Se acercó aún más a mi oído y me susurró: “¿Bailamos?”

Una vez en la pista, tomó mi cintura, yo rodee su cuello, acerqué mi mejilla a la suya y comenzamos a bailar, apretados, pegados. Mis senos en su pecho, sus manos en mi cuerpo. Me acariciaba el cuello y la espalda mientras bailábamos, eso hacía que mi mente de vueltas, la seguridad de manejar situaciones se me fue desvaneciendo ya que no podía controlar ni mis pensamientos al tenerlo tan pegado a mí. Por momentos sus dedos bajaban por mi columna rozando muy suavecito, llegando por mi espalda desnuda hasta el inicio de mi vestido, justo poco antes del comienzo de mis nalgas.

Él me decía que mi perfume lo embriagaba, lo llevaba al éxtasis. Cuando menos lo esperábamos, nos encontrábamos fundidos en un beso profundo, largo, apasionado. Metí mi lengua en su boca y él la recorría palmo a palmo con la suya, eso me estremecía.  Solo me dejaba llevar, entregada a sus labios.

Al terminar la música lenta nos dirigimos hacia una mesa alejada, pidió unas copas más, nos sentamos uno enfrente de otro, había gente alrededor, en otro rincón del salón daban un discurso, otros se acercaban a saludarlo, ahí me di cuenta de que la fiesta era de la empresa donde estaba trabajando. Tomé un sorbo de la copa y mi aceleración aumentaba.

Lo miraba a los ojos, le sonreía charlábamos tranquilamente sobre lo que veíamos alrededor. En un momento se acercó a la mesa una pareja aparentemente conocidos del trabajo. El me los presentó y se sentaron con nosotros, como la mesa era pequeña se acercó a mí. Las copas iban y venían, la charla era muy amena y reíamos mucho. Era un matrimonio mayor que nosotros, pero muy unidos.

Luego volvió la música lenta y las luces volvieron a ser tenues. Seguimos charlando sobre temas banales hasta que sentí su mano en mi pierna, pegué un salto en la silla y me puse colorada. Me apretó la rodilla para indicarme que todo estaba bien, él seguía hablando como si nada mientras subía su mano cada vez más, ahí entre el alcohol o el morbo de la situación me fui relajando, presa de sus manos, mientras disimulaba muy bien ante esta gente que nos hablaba

Su mano llegó peligrosamente a mi entrepierna y cuando me tiré sin querer para atrás tomó posesión de mis labios vaginales. Se sorprendió al no encontrar nada que impidiese el que pudiera tocarlos. Abrí levemente mis piernas y uno de sus dedos se metió entre los labios, disfrutó de la suavidad de mi piel toda depilada. Subió y bajó. No sé si la pareja se dio cuenta o no, pero aumentaron nuestras respiraciones peligrosamente…

Yo no podía seguir disimulando así que delicadamente dije que me iba al baño. Me paré, mi vestido se deslizó hasta abajo y comencé a caminar. Ahí sentí su voz diciendo, “esperá que te acompaño”; pedimos disculpas a la pareja y nos encaminamos hacia los baños. Casualmente no había nadie en el pasillo que conducía allí. Cuando nadie nos alcanzaba a ver, me apretó contra la pared, pegó su cuerpo al mío, Mi boca atacaba a la suya, mientras mi lengua buscaba la suya, desesperadamente.

En un momento alguien pasó por detrás y nos separamos un poco, nos miramos y pensamos lo mismo, debíamos irnos a un lugar más tranquilo. Me tomó de la mano, salimos del salón, saludó a varias personas camino a la puerta, subimos al auto y antes de arrancar me dio un beso dulce, lleno de pasión. Comenzamos la marcha y parecía interminable el camino, nos besábamos en cada semáforo, mi mano estaba en su pierna y en cada beso subía hasta rozar su entrepierna, eso aumentaba la pasión. Jugábamos a excitarnos en cada parada, su mano, cada vez que podía subía y disfrutaba de mi entrepierna desnuda bajo el vestido y cuando arrancaba se llevaba los dedos que me tocaron, directamente a su boca.

Apresuradamente subimos a su departamento, casi sin pensar. El apuro por llegar hacía que apresuremos el paso. Besos, caricias, pasión llenaban cada rincón del recorrido hasta llegar. Una vez allí me sirvió una copa de vino, como para aplacar un poco el apuro, me sentó delicadamente en el sillón y él se sentó frente a mí en otro, observándome. Tomé la copa lentamente, di un sorbo y su mirada estaba fija en mí. Eso me ponía nerviosa y excitada.

No decía ni una palabra, solo tomaba de la copa sin dejar de mirarme, entonces decidí empezar a jugar. Me acomodé en el sillón, lentamente fui subiendo el vestido. Acariciaba mis piernas mientras seguía la marcha, una vez cerca, las abrí un poco y lo subí del todo, dejé que  observara, luego con mi mano comencé a tocarme justo ahí donde sentía palpitar mi clítoris, lentamente. Su mirada seguía fija, mis movimientos aumentaban hasta que tuve un orgasmo muy sonoro, donde mi gemido inundó la sala de luz tenue.

Él se paró de su lugar y se acercó hasta donde estaba yo, me tomó de ambas manos y me ayudó a pararme. Tomó mi cara entre sus manos y me besó. Su lengua estaba impaciente por pegarse a la mía, mi cuerpo sentía que su pene estaba por explotar, aprisionado en ese pantalón. Se separó un momento y me subió el vestido hasta sacármelo totalmente. Quedé presa de sus caricias; mis manos querían arrancarle la ropa y dejarlo como yo, pero solo pude desabrocharle la camisa, no me dejó seguir. Me tomó de la cintura y me giró, me acomodó en el sillón haciendo que mis rodillas se acomoden en el sofá y mi cola quede apuntando hacia él. Apoyé mi cabeza en el respaldo del sillón sintiéndome muy excitada y nerviosa por no saber lo que podía llegar a pasar.

Sentí su lengua, recorrerme desde el comienzo de mi cola hasta llegar a mi clítoris, tomando los jugos que dejó mi corrida anterior. Estaba en las nubes de tanta excitación. Hasta que sentí un golpe en mi nalga derecha, fuerte, firme. No sentí el dolor del golpe, pero sí sentí el ardor posterior. Eso hizo que aumente el morbo de la situación. Volvió a lamerme y esta vez acompañaban a su lengua sus dedos. Metió uno en mi vagina húmeda de saliva y jugos, y comenzó a lamer mi ano, eso nunca lo había sentido, pero me gustaba. Introdujo en él un dedo, y luego otro. Ahí sentí algo de placer mezclado con excitación, jugó con ellos dentro de mí mientras acercaba su boca a mi oído y me susurró: “¿mi putita está lista?”

Algo frío recorría los bordes de mi ano, una zona que hasta ese instante no sabía que me podía dar tanto placer, y acercó la punta de su pene.

Presionó un instante en el cual mi cuerpo experimentó un dolor raro, mezclado con placer desconocido. Le pedí que pare, pero me dijo que ya iba a calmar. Continuó hasta meter toda la cabeza en él. Ahí se quedó unos momentos hasta que me fui acostumbrando a tenerla dentro.

Luego, sin dejar de jugar con sus dedos en mi clítoris la metió toda. Un grito que no pude callar salió de mi boca y mi cuerpo comenzó a temblar. Mi esfínter apretaba su pene y eso, luego me dijo, le daba mayor placer. Me estaba penetrando y sentía mucho placer.

Mi cuerpo se fue acostumbrando a tenerlo y es ahí cuando comenzó a moverse dentro de mí, cada vez más rápido. Fueron incontables los orgasmos que tuve, el morbo, el estreno y el placer eran una combinación muy especial. Temblaba, palabras salían de mi boca sin control: “soy toda tuya”, “dame más”, “Soy tu putitaaa”. Él gemía sin parar y yo estaba en otra dimensión. Al cabo de un momento acababa dentro de mí. Sentí como me llenaba de su leche y como se escurría hacia mis piernas.

Salió de allí y más líquido brotó hacia afuera, yo no podía dejar de temblar. Se recostó en el sillón y me atrajo hacia él. Coloqué mi cabeza cerca de la de él y nos besamos. Una media sonrisa decoraba su cara. Quedamos agotadísimos, por lo menos yo. Una somnolencia me tomó por sorpresa y cerré mis ojos.

Al volver a abrirlos, él me estaba mirando. Le sonreí y ahí me dijo: “no te vas a escapar más de mí. Mi cuerpo te necesita y yo también. Así que ni sueñes que te vas a escapar nuevamente… te extrañaba.”

Nos levantamos del sofá y nos fuimos a la ducha. Ahí me di cuenta que él tenía el pantalón abajo, no había alcanzado a desvestirse del todo. Ayudé a sacárselo y nos sumergimos en la bañera para lavarnos mutuamente. Al salir, me envolvió en un toallón y secó mi cabello delicadamente. Yo sentía aún dolores en mi ano, se fijó como estaba y me dijo que ahora esa zona era suya.

Volvimos a la cama, totalmente desnudos. Me acosté boca arriba y él a mi lado. Sus dedos comenzaron a recorrer mi cuerpo, cada rincón. A los pocos segundos, mis manos comenzaban a hacer lo mismo y recorrieron su cuerpo lentamente. Nos recorrimos cada centímetro de piel.  Nos deseábamos aún más. No había tiempos, no había apuros. Lentamente se fue ubicando sobre mí y sentí entre mis piernas como su pene estaba durísimo y mi vagina muy húmeda.

Muy despacio fue metiéndose en mi cuerpo y comenzó a moverse, sin apuros, solo gozando esos instantes. Mis uñas se clavaban en su espalda indicándole el placer que me estaba dando. Nos besábamos, nos lamíamos, no queríamos terminar… pero nuestra excitación estaba a un punto tal que inevitablemente tuvimos y deseamos terminar. Mis piernas rodearon su cadera como para aprisionarlo más a mi cuerpo y en un gemido compartido terminamos los dos juntos, unidos.

Esa noche fue otra de las tantas que volvimos a vivir, aprendimos que no debíamos darle carátulas a esto que pasaba. Solo disfrutarnos día a día, era la meta. Aún hoy lo estamos haciendo.

Autora: Klaudia

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Orgía en el billar

Los gritos de dolor,  empezaron a ser gemidos de placer, pronto sentí que se iba a correr dentro de mí, me estaba cogiendo como él quería, me provocaba placer aunque no quería y eso provocó una sensación poderosa en mi cuerpo y cuando sentí su leche llenar mis entrañas, yo me corrí como nunca.

Mi nombre es Antonio, tengo 20 años, mi complexión es delgada, en si mi cuerpo es generoso, aún parezco un adolescente de 15 años y desde hace tiempo, había comprendido el hecho de que ciento atracción por las relaciones gay, nunca lo había hecho, me consideraba tímido para buscar a alguien….solo tenía a mi mejor amigo, Juan, de 22 años, corpulento, heterosexual, rodeado siempre de mujeres.

Los dos éramos de mucha confianza y si en un momento dado, él se enteraba de mis preferencias, sabía que no lo iba a tomar a mal, era un buen amigo…o eso pensaba.

Una noche, nos quedamos en su casa platicando de las locuras típicas de nuestra edad, él me hablaba de sus chicas y yo solo me dedicaba a seguirle el tema, pues por mi no había mucho que hablar, de repente se quedó callado, me sonrió y me dijo “¿Sabes cual es mi fantasía más erótica que he tenido?” me quedé sorprendido un momento y le pregunté cual era, para lo que me respondió:

“Ver que se lo estén haciendo bien duro a una chica, que le duela, pero que lo goce al mismo tiempo, que tenga miedo y que se esté volviendo loca de placer, que sepa que la estoy observando y que después de eso, yo hacérselo aún más duro”…me quedé muy sorprendido por lo que me acababa de decir, para lo que yo le pregunté que si en tal caso, estarían varios tipos presentes con una sola chica y él me dijo que si. Se rió mucho al ver mi cara y después de eso me dijo “Bueno, yo ya te dije algo bien grueso…ahora tú dime ¿cual es tu fantasía erótica que has tenido?”….callé por mucho rato sin saber decirle…insistió mucho, le dije que no lo hiciera, pero aún así insistió, entonces lo vi a los ojos y le dije “bueno, al fin y al cabo se que comprenderás” se me quedó viendo intrigado y le dije “quisiera que un hombre me lo hiciera…he fantaseado que un hombre me haga suyo…”

Tal vez debí haber sido más sutil, mi amigo se quedó confundido, se enojó y me pidió que me fuera de la casa…Ahí sentí arrepentimiento por ser lo que soy…

Los días pasaron, tratando de seguir sin mi mejor amigo…iba a los billares para distraerme un rato, a veces veía algún chico atractivo, pero no me le acercaba, ahora consideraba que estaba mal en lo que pensaba y sentía…dejé de ir a esos billares…A veces tenía que pasar por ahí para ir a mi casa, un centro lleno de billares, abiertos y privados, lujosos y simples, pasando por una parte oscura, escucho a un tipo decir “Hola nena! que estás haciendo tan sola por este lugar tan peligroso!?” no le hice caso y me seguí mientras este tipo se reía, así pasaron varios días, pasaba por ahí y escuchaba al mismo tipo y no le hacía caso, por lo que nunca supe como era físicamente, siempre huía de él, porque se de gente que golpea a los gays y no quería verme en una situación así.

Un día tenía que salir a visitar a un amigo para hacer un trabajo, lo planeado era quedarme en su casa, pero por otro compromiso que él tenía, me tuve que retirar muy temprano, iba de regreso a mi casa, apenas estaba oscureciendo y quise evitar pasar por esa parte oscura, para no toparme con ese tipo que siempre me gritaba, tomé un atajo que estaba muy solitario el lugar, no puse intención en esto y seguí mi camino cuando de repente veo que unos tipos me cierran el camino, me fui por otro lado y entonces aparecieron otros tipos más, decidí regresarme por donde vine, pero empecé a escuchar que me seguían y rápido, entonces corrí todo lo que pude, volteé a ver si me seguían todavía y me di cuenta que no, dejé de correr y en ese momento, alguien me tapa los ojos, la nariz y la boca con un trapo que olía algo raro y de pronto, perdí el conocimiento…

Cuando desperté, lo primero que oí fue “Vaya!  la nenita despertó!”, era el tipo que siempre me gritaba por ese camino oscuro, levanté la mirada y ahí estaba, sentado en una silla, con un cuchillo, cortando una manzana y comiéndosela, quise moverme pero no podía, me faltaban las fuerzas y para colmo estaba atado a una silla, con las manos a mis espaldas y mis piernas abiertas amarradas a las patas delanteras de la silla.

Aquel tipo comió una rebanada de la manzana y me dijo “Me dicen Loki, como la serpiente…tú sabes…la de la manzana…” lo vi con más atención, un tipo grande, como de 34 años, con tatuajes, barba de candado, pelo corto tipo militar y se refería a la serpiente de Adán y Eva, no entendía porque y no me interesó, le pedí que me soltara y él se rió “Jajaja!, tú crees que nomas así te vas a ir?”, me vio, me sonrió, cortó un pedazo de su manzana y me la puso en la boca “Mejor come algo, lo que respiraste te mantiene débil, pero no queremos que te mueras, oh si?” volvió a reír, me empezó a molestar, tomé la rebanada de la manzana y se la escupí en la cara, para lo que él solo sonrió, se limpió, me agarró la cara pasando sus dedos por mis cachetes y dijo “¿como una nenita como tú puede ser tan agresiva? jejeje, aún pareces muy joven…muy tiernito…”

Dejó la manzana y otras cosas, tomó solo su cuchillo y empezó a cortar mi pantalón, yo estaba tan débil que no podía hacer nada, cortó hasta donde pudo y lo demás lo arrancó, partió por la mitad mi playera y me dejó solo en ropa interior, yo estaba muy asustado por sentir el filo del cuchillo sobre mi piel y quería zafarme, aún a pesar de la erección que estaba mostrando mi miembro. Loki observó esto y dijo “ey, ey, ey !! que es lo que tenemos aquí?” pasó su cuchillo por debajo de mis huevos, presionando un poco, lo que me puso muy nervioso y luego subió lentamente por mi miembro, metió el cuchillo por un lado de mi trusa, podía sentir el cuchillo con mi miembro, entonces Loki jaló hacia arriba y me cortó la trusa, dejando mi miembro al aire enfrente de él…se agachó, me acariciaba las piernas mientras decía: “pero mira nada más, que tamaño de verga tienes para ser mariquita…” me empezó a menear mi miembro y presionándolo un poco me dijo “has de disfrutar esto, verdad?”, pasó su cuchillo por las ataduras de mis piernas y las soltó, mi reacción era moverme, pero seguía aún muy débil y estuve apunto de caerme, aún tenía atadas las manos atrás de la espalda, Loki me tomó, me cargó, lo que quedaba de mis ropas cayeron ahí (aún llevaba mi playera partida en dos, mis calcetas y mis tenis) fue hasta un sofá grande y se sentó ahí poniéndome encima de él, ahí me empezó a manosear todo mi miembro, mis piernas, mis glúteos, desde mis huevos hasta mi culo, yo solo podía retorcerme por lo que me estaba haciendo, me provocaba placer y tenía miedo, no quería que siguiera, le supliqué y aún así siguió…

Me soltó un momento, abrió un frasco que tenía en la mesa con sus cosas y tomó un poco de vaselina en sus dedos, me lo empezó a untar en mi culo, ahí sonó un comunicador que tenía en esa mesa, contestó con el altavoz y preguntó “que quieren ?” –¿ya despertó la mariquita?’– “si, me estoy divirtiendo con ella, escúchenla gritar” entonces me empezó a lamer los pezones a menear mi miembro y a dedear mi culo, no pude evitar gemir de repente, pedir que me dejaran y seguir gimiendo, se cortó la comunicación y Loki seguía aprovechándose de mí…

Me tomó de nuevo, me puso sentado sobre él, viendolo cara a cara, se bajó lo pantalones, sacó su miembro, al que le untó vaselina, sabía a lo que iba, no quería ser penetrado por ese tipo, además que nunca había sido penetrado, le volví a pedir que me dejara ir y él volvió a reír, me tomó por las nalgas, las abrió con tal fuerza que abría mi culo, poco a poco me fue bajando, sentí la punta de su verga en mi culo, empezó a entrar poco a poco, entonces paró cuando la punta de su verga estaba a la mitad, creo yo, movió mi playera hacia los lados, con la punta de su lengua me rozó un pezón, entonces sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo hasta mis pezones y en ese momento, me empujó duro hacia abajo, enterrándome su verga que era muy grande y gruesa (ahí entendí porque le decían Loki la serpiente), yo grité del dolor y él empezaba a gritar “siii! sii!, si te gusta! así! así!” los movimientos eran muy bruscos y seguía lamiendo mi pecho, mientras mi miembro rozaba sus ropas.

Me lanzó hacia a un lado, sacándome su verga y yo caí boca abajo y adolorido, volteé como queriendo escapar, pero hasta ahí llegaban mis esfuerzos, entonces Loki levantó mi playera, me abrió las nalgas y me insertó su verga, yo empezaba a llorar y me decía “te gusta de perrito, eh? perra! chilla perra!, chilla!”, me la metía con tal fuerza que me levantaba las caderas, entonces sentí su cuerpo sobre el mío, me levantó un poco las caderas, sus piernas pasaron por mis costados, metiéndose por entre mis piernas y así obligándome a tenerlas separadas y de manera vertical, me volvió a insertar su verga, fue tan doloroso!, cada vez que lo hacía, yo lloraba de dolor, pero esos gritos de dolor,  empezaron a ser gemidos de placer, pronto sentí que se iba a correr dentro de mí, la idea pasó por mi cabeza, me estaba cogiendo como él quería, me provocaba placer aunque no quería y se iba a correr dentro de mi!, eso provocó una sensación poderosa en mi cuerpo y cuando sentí su leche llenar mis entrañas, yo me corrí como nunca.

Loki observó esto y se asombró, no dijo nada, yo caí rendido, él sacó su verga de mi y la puso sobre mis nalgas, aún se movía y yo sentía su verga caliente y ahora algo flácida mientras brotaba gran cantidad de su leche de mi interior…

Después de un rato de estar ahí, escuché que se abrió una puerta, yo volteé y ahí estaba uno de los tipos que me persiguieron por el camino a mi casa, Loki le dijo “yo ya acabé, te lo puedes llevar…” para lo que el otro obedeció, Loki se fue y el otro tipo me levantó, me quitó las ataduras de mis brazos, me llevó a la regadera, me limpió, al salir me puso un perfume, y una sábana encima para cubrirme…me llevó hasta otro cuarto más grande, donde estaban todos los tipos que me habían perseguido, menos Loki, eran como 8 tipos, todos grandes y estaba jugando billar, en cuanto me vieron se rieron, despejaron la mesa de billar y me pusieron ahí encima.

Se reían de mi, con los palos para billar, me quitaban la sábana de encima, me tocaban mi miembro con ellos, al igual que mi pecho, mi boca y mi culo diciendo “esto te gusta? y que tal esto ?” no me gustaba la situación, entonces intenté moverme y para mi sorpresa, lo logré!, moví la pierna y pateé uno de los palos con el que me molestaban…

Después de eso, no podía hacer mucho, todos se me quedaron viendo enojados, me tomaron de las manos y me las pusieron tocando la mesa, una vez más, de a 4 patas, entre todos, me empezaron a toquetear mis nalgas, mis piernas, mi culo, mi miembro hasta que alguien me insertó su verga salvajemente por mi culo, levantándome, me tomaron y me empezaban a lamer todo el cuerpo, así como pellizcar mis pezones, otros se quitaron sus ropas y rozaban sus vergas en mi cuerpo y mi cara mientras me seguían embistiendo por el culo, alguien me meneaba la verga y yo empecé a gemir, ahi se aprovechó otro y me metió su verga en mi boca hasta el fondo, me agarró la cabeza y hacía que su verga saliera y entrara. Ahí estaba yo, siendo cogido da manera brutal, mientras otros me lamían, me pellizcaban, me meneaban la verga, me tomaban de la cabeza forzándome a mamárselas…

Me cambiaron de posición, pronto salieron de mi boca y de mi culo, pero apenas iba a reaccionar, se cambiaron y ahora tenía la verga de otros en mi culo y en mi boca, pasó eso muchas veces, de posiciones, recuerdo por atrás, acostado boca arriba, de lado y muchas veces de perrito…se corrían dentro de mí…por mi boca y por mi culo, encima de mí y me hacían que me corriera también…ya cansados, me volvieron a tomar y me llevaron a unas escaleras donde estaba otros tipos y la historia se volvía a repetir, pronto ya era 2 vergas que mamaba casi al mismo tiempo, 3 que se corrían en mi cara y ya no sabía quien me cogía por el culo…de las escalera me llevaban a otras mesas, en el suelo, al bar, yo estaba hecho un desastre, pero estaba disfrutando de todo…aunque no lo podía creer, ya nomás quería saber a donde me iban a llevar y cuantos iba a tener encima….recuerdo que hubo un momento en el que ya me podía mover bien, pero ya no huía…solo quería acabar con los hombres que tenía alrededor…y así fue…

Al final de todo, estaba yo cubierto de la leche de todos los hombres ahí presentes, poco a poco fui volviendo en si, me reincorporé y todos se me quedaban viendo, volteé y me di cuenta de una pequeña cámara que estaba escondida, volteé a otro lado y también había cámara, entonces vi que unos de ellos, también tenían cámaras, me sobresalté y pregunté que si lo único que querían era filmar como se cogían a otro hombre? ¿Que eran igual de maricas?, entonces salió Loki y me pidió que no me enojara…que todo era idea de un amigo, Loki señaló una puerta y en esa puerta estaba mi amigo Juan…

Juan se me acercó sonriéndome y yo estaba confundido, él me decía que lo había hecho bien y que estaba sorprendido, no entendía nada, le pregunté que había pasado con su fantasía de hacerle eso a una chica, de volverla loca de placer!, para lo que él se agachó y me dijo “quería hacerle eso a la persona que más quisiera, quería complacerla al máximo…tú eres mi niño…” me quedé atónito y entonces me dio un beso profundo y tierno que nunca voy a olvidar…me cargó, él con su gran cuerpo y yo con mi cuerpo de niño…era su niño….

Desde entonces, paso los fines de semana con Juan, con la excusa de trabajar en un proyecto, pero la verdad es que nos la pasamos viendo los videos que me tomó mientras me daba una cogida de ensueño, pues acabó siendo muy hábil y tiene una verga grande y gruesa que el mismo Loki envidiaría…me volví su objeto de placer…nuestra posición favorita es la del perrito dominante, la que me hizo Loki con la que me corrí….es doloroso…y tan placentero…

Antonio: oye Juan…entonces esos tipos…¿son amigos tuyos? Juan: Así es, amigos del billar…. Antonio: y…amm…¿algún día podrías invitar a tus amigos? digamos que…los extraño…. Juan: jejejeje!…ay….mi niño…

Autor: ~Secreto~

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