Me encanta el sexo

Parejas liberales, Trío, MIlf. Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, acaba entre quejidos.
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La madre de mi novia

Se la metí hasta el fondo de una sola vez, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Hola, me llamo Alberto, tengo 26 años y soy de Burgos, soy un asiduo a los relatos de esta muy buena página, y por fin me he atrevido a contar lo que pasó con la madre de mi novia, yo soy rubio, ojos verdes y 1.80 m. La madre de mi novia es Morena, de 54 años, sobre 1’65m un bonito culo y unas enormes tetas.

Todo empezó un domingo que mi novia me invitó a comer al chalet que tiene en un pueblo aquí cerca, teníamos para comer una chuletas y me dijeron que si las quería hacer yo porque me salen muy bien, yo acepté, su madre me estuvo ayudando porque era ella la que las iba a repartir, como las asamos en una chimenea del merendero y estaba en el suelo, nos teníamos que agachar, así que cada vez que la madre de mi novia se agachaba se le veía el sujetador blanco de puntilla y sus enormes tetas que parecían que se querían escapar de aquel sujetador, así que con esta panorámica yo me empalmé, cuando acabé de asarlas ellas se puso a servir y yo me quedé recogiendo un poco el fuego y la parrilla, como ella servía por donde yo estaba sentado en vez de dar la vuelta a toda la mesa pasé por detrás de ella y al haber poco sitio entre la mesa y la pared donde ella estaba sirviendo, la agarré por la cintura para que al pasar no la pudiera tirar, así que al pasar noté como mi polla, todavía dura, se metía en la raja de su culo, que sensación; ella por supuesto se dio cuenta de ello, pero no dijo nada.

Una vez que nos sentamos a la mesa su marido la preguntó que porque estaba tan colorada, ella dijo que era por el calor de las brasas, y me lanzó una mirada a ver como reaccionaba, yo seguía como si no hubiera pasado nada, durante el transcurso de la comida me lanzaba miradas como observando que es lo que hacía, si lo de antes había sido fortuito o no.

Después de la comida el padre de mi novia se fue a echar la partida de los domingos al bar del pueblo, hasta por la noche no volvía, mi novia tenía que ir a dar unos masajes a unos vecinos de sus padres, ya que ella era quiromasajista y tenía para toda la tarde, yo me quedé viendo la televisión y su madre se quedó recogiendo la mesa. Cuando acabó de recogerla se vino a ver la tele conmigo, me dijo que estaba cansada y que le dolían los pies, yo le dije que si quería le podía dar un masaje, ella aceptó, porque sabía que los daba muy bien, ya que se lo había dicho su hija.

Puse un pie sobre mi pierna y con el otro le estaba dando el masaje, en un movimiento se subió la falda dejándome ver sus bragas blancas de encaje como su sujetador, y como se veía su coño peludo debajo de esas bragas, me puse a cien, tanto que me volví a empalmar, cuando acabé con un pie empecé con el otro y al dejar el pie sobre mi pierna este se resbaló y fue a parar a mi polla dura, ella al notarlo, dio un pequeño respingo, pero no lo quitó de encima, para mi sorpresa empezó a masajearme, ella tenía los ojos cerrados y yo me estaba poniendo cada vez más excitado, me estaba volviendo loco de lujuria, la madre de mi novia me estaba masturbando; de repente ella empezó a tocarse las tetas por encima del vestido y a emitir pequeños gemidos, yo mientras estaba mirando sus bragas y veía como se volvían transparentes y se pegaban a su coño por lo húmeda que se estaba poniendo, llegó un momento en que ya no aguanté más y me tiré hacia sus tetas, empecé a sobárselas y a chupárselas, ella se las sacó del sujetador en un rápido movimiento y como me apretaba la cabeza contra ellas.

De repente le arranqué el vestido y me puse a lamerle el coño por encima de las bragas, ella se había puesto muy excitada, seguí comiéndole el coño y veía como me apretaba contra el para que no dejara de comérselo, seguidamente se corrió y gritó de una manera que me volví loco y le arranqué las bragas de un tirón, ella estaba poseída, no dejaba que me escabullera para que le comiera el coño, seguí comiéndole el coño y el culo, hasta que se corrió cuatro veces, seguidamente se levantó y me bajó los pantalones, saltando mi polla como un resorte, ella empezó a mamarla como una desesperada y vaya sensación, no se podía describir.

Ella seguía sin decir nada solo gemía y gritaba, así que la tumbé en el sofá y se la metí hasta el fondo de una sola vez, entró sin ningún problema, debido a lo lubricada que estaba por las veces que se había corrido, empecé a follarla de una forma frenética, ella solo gemía y se sobaba las tetas de una manera que parecía que se las quisiera arrancar. De repente se paró y se dio la vuelta poniéndose a cuatro patas en el sofá, me agarró la polla y se puso la punta en el culo y empezó un movimiento lento de adelante y atrás, metiéndose la polla poco a poco, hasta que al final quedó dentro completamente.

Noté como su culo se adhería a mi polla y parecía que fuera como un guante, y como cada vez que la sacaba pareciese que el culo la agarraba más para que no se fuera, cuando ella notó que ya me iba a venir, se la sacó y se la metió en la boca sin decir ni una palabra, empezó a mamármela hasta que ya no pude más y me corrí en su boca, bebiéndose toda la leche, una vez que terminé de eyacular, ella no se la sacó de la boca y siguió chupando, provocándome otra erección, cuando estuvo bien dura, se la volvió a meter en el culo y lo único que dijo es: -Reviéntamelo, yo la follé tan rápido como pude, ella gemía y gritaba como una loca, cuando ya no pude más me corrí en su interior llenándola el culo de leche, entonces ella se levantó me llevó de la mano a la ducha y nos metimos dentro, cuando nos estabamos duchando ella me proporcionó una mamada de tal manera que me corrí en su boca. Cuando acabamos de ducharnos ella se vistió y lo único que dijo fue: gracias.

Al poco rato vino mi novia y nos fuimos a la ciudad. Desde entonces no ha vuelto a pasar nada, y ella actúa como si no hubiera pasado nada. Yo espero repetirlo algún día.

Espero que os guste mi experiencia.

Autor: Alberto

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Mi padre y yo; Un hombre y una mujer gozando de nuestros cuerpos

Papá se puso frente a mi, su miembro erecto me llamaba, lo chupé y lo llené de saliva, sin dudarlo coloqué su verga en mi cueva, noté la cabeza enorme penetrar mi sexo, – Lita, ¿es muy grande para ti? – Pa, aunque no lo creas soy virgen. Papá se sorprendió, – Lita si te duele lo dejamos. -No pa, quiero de una vez por todas sentirme realmente mujer. Dicho esto sin mediar más palabras me senté de una.

Mi nombre es Isabel, para los amigos Lita, tengo 23 años, esto que voy a contar sucedió hace unos cuatro años. Vivo con mis padres, ambos profesionales, en aquel entonces tenía un novio, Alberto, nos llevábamos de maravilla hasta que sucedió lo que voy a relatarles.

Era un lunes, con Alberto nos retiramos de la U hacia mi casa como lo hacíamos habitualmente, mi madre por asuntos de su profesión estaba en provincia, como todos los lunes mi padre se reuniría con sus amigos en el club por lo que teníamos la tranquilidad de que nadie nos molestaría.

Llegamos, me dio un beso que casi me come la boca, no me quedé atrás y respondí a su beso, estábamos en el comedor, nos sentamos en uno de los sillones y comenzamos a acariciarnos, de las caricias pasamos, como desde hacía un tiempo, al sexo oral, cabe aclarar que aún era virgen, era de las que “quería“ llegar virgen al matrimonio, le bajé los pantalones y su miembro duro se irguió de inmediato, sin dudarlo comencé a besar la cabeza mientras Alberto me acariciaba mis pechos, él gemía con mis chupones, cuando notamos que se iba a correr quité su pene de mi boca y se corrió en mis pechos.

Alberto se arrodilló y comenzó a chupar mi sexo, lo hacía lentamente, no aguanté mucho, me corrí en su boca entre gemidos de aprobación. Nos limpiamos, él insistía en tener sexo, pero me negué, al rato se retiró no muy convencido, me dispuse a darme una buena ducha, la necesitaba, bajo el agua caliente refloté el momento pasado y me calenté nuevamente, mi sexo pedía acción, mis dedos comenzaron a acariciar mi clítoris, arriba abajo, me sentía re feliz, un relámpago sacudió mi cuerpo, un orgasmo enorme me dejó casi paralizada, el agua me socorrió y disfruté de mi onanismo un largo rato.

Terminé la ducha, me coloqué la toalla en mi cabeza y salí rumbo a mi cuarto, estaba casi desnuda, pero la ausencia de mis padres permitió esa locura, estaba en mitad del pasillo cuando escucho ruido en la puerta de entrada, ¡era mi padre! No supe donde ponerme, creo que el arcoiris tenía menos colores que yo esa noche…

-¡Que bien se te ve Lita! Mi niña está arrebatadora, me imagino los admiradores…

No respondí, salí casi corriendo, en el atropello casi volteo a mi padre, rocé mi mano por su paquete sin ninguna intención, pero noté el bulto muy grande. Llegué a mi cuarto, casi me pongo a llorar cuando escucho a mi padre… – Lita te espero para cenar, por favor no tardes, me ducho y estoy contigo en el comedor…

Me tranquilicé un poco, no era de muerte lo que había sucedido, pero yo estaba muy inquieta, además el roce con papá me volvió a encender, le respondí que ya iba a llevar la cena al comedor. Me puse un vestido sobre mi cuerpo, desnudo aún, y fui a la heladera, saqué el resto del pollo y encendí el microondas, tres minutos, y lo llevé a la mesa. Papá terminaba de ducharse, salió, como acostumbraba, con un bóxer, una remera y ojotas, pasó a mi lado y me dio un beso en la mejilla y trajo de la heladera la bebida.

Nos sentamos a la mesa, no me atrevía a mirarle…- Lita, Lita, vamos que nadie se ha muerto…-Ya papá, ya estoy mejor…En realidad tenía el recuerdo de lo pasado con Alberto, lo de la ducha, el roce con su “paquete”, mil cosas volaban en mi cerebro…

Papá se levantó, al pollo le faltaba un tanto de sal y fue por ella, al regresar, como al descuido, me rozó y sentí nuevamente su bulto, esta vez lo noté mucho más grande, él se dio cuenta que mi mano no evitó el tocarlo, me sonrió…-Lita, no está nada bien, pero … ¿te gustó lo que tocaste…? – Pa es que… yo… No sabía que responder.

Toda mi vida evitando todo trato o gesto que indujera a romper con mi vieja pretensión, llegar virgen al matrimonio, y allí estaba yo, caliente, deseando, sintiendo como mi sexo se humedecía, no sé si se notaba en mi rostro, pero vi en el rostro de mi papá el deseo, ese mismo deseo que percibía en Alberto cuando estábamos juntos.

Papá se paró y se acercó, me dio un beso en el cuello y me apretó con sus piernas, sentí como mis jugos bajaban por mis piernas, en un momento de locura tal vez, pero de profunda calentura le bajé el bóxer, vaya que ese sí que era un miembro más que respetable, daban ganas de comérselo entero ya mismo, y no lo dudé, lo tomé entre mis manos, lo acaricié lentamente, arriba abajo, sobé su huevos, estaban inflamados, papá se acercó más y no aguanté, me metí su verga en mi boca, casi no entraba, le chupaba la cabeza, le lamí sus huevos, despacito me la fui engullendo toda en mi boca…

El palpitar de su pija era una delicia el sentirlo, con una mano en sus huevos seguí chupando, llegó un momento que comenzó a palpitar mucho más rápido, papá me detuvo, me alzó con sus brazos y me llevó a su dormitorio, me tendió en la cama matrimonial, sin perder un segundo me quitó el vestido y comenzó a chuparme los senos, a jugar con su mano en mi clítoris, mordía con cariño mis pezones, yo hervía de calentura, metió su cabeza entre mis piernas y su lengua, su maravillosa lengua, comenzó su tarea, parecía una víbora como la movía, entraba y salía, mi clítoris estaba cada vez más duro, imposible aguantarme más, exploté en su boca llenándolo con mi orgasmo…

-Eres una delicia total Lita, sabes a gloria, esto que hacemos estará muy mal, pero que delicioso se siente…- Papi, eres maravilloso, y tu lengua es genial… – Mi dulce niña, desde hace tiempo que te deseo, que te miraba y más te deseaba, el incesto está mal…pero contigo es tocar el cielo…Tú también pa, ahora me tienes a tu disposición, quiero, necesito de ti, de gozar contigo aunque esté mal, pero que rico es estar contigo….

Mi lujuria estalló al sentir su lengua en la puerta de mi culo, me acomodé, deseaba intensamente que él disfrutara conmigo, tomé nuevamente su verga en un sesentaynueve maravilloso, sentir su verga en mi boca mientras papá me llenaba de placer chupando, ya mi clítoris, ya mi culito, su lengua era un arpón entrando y saliendo de mi cueva, nos olvidamos en esos instantes de que éramos padre e hija, solo éramos un hombre y una mujer gozando de nuestros afiebrados cuerpos.

Pero yo quería más, necesitaba que su pija conociera todo mi cuerpo… Papá se puso frente a mi, su miembro erecto me llamaba, lo chupé una vez más, lo llené de saliva y sin dudarlo me senté sobre él,  coloqué su miembro en mi cueva, noté la cabeza enorme penetrar mi sexo, dudaba, dudaba…- Lita, ¿no te animas? ¿Es muy grande para ti?…- Pa, aunque no lo creas soy virgen…Papá se sorprendió y sólo atinó a decirme, – Lita hazlo, si te duele lo dejamos aquí mismo… -No pa, quiero de una vez por todas sentirme realmente mujer..Y dicho esto sin mediar más palabras me senté de una.

El grito que pegué recorrió la habitación, estaba totalmente ensartada, el dolor era intenso, pero soportable, papá ni se movía, cuando noté que el dolor disminuía comencé a subir lentamente, sentía cada arruga de su piel dentro de mi concha, comencé a subir y bajar, lento, quería gozar esa polla centímetro a centímetro, él tomó mis tetas y me ayudaba a subir y bajar, lo que tantas veces vi con Alberto en los vídeos, bajados de esta misma página, se hacía realidad, jugué con su verga metida en mi concha, hacía movimientos circulares, apretaba mi sexo contra su miembro, quería sentir cada vena, como se desplazaba dentro de mí…

Papá besaba mi espalda mientras acariciaba mis pechos, yo jadeaba, recordaba los videos y me movía adelante y atrás…. – Lita, eres una experta, dijo entrecortado mi papá, pare…ciera que ya lo hubieras hecho infi…nidad de ve…ces…  -Ahhhh…recuuu..eerdaaa los videooossssss…Ahhhh…  Y me corrí otra vez…-Eso Lita…bá..ña…meeee con tusss juuugosssssssss…

Me corrí una y otra vez, su pija estaba más que lubricada y ya no sentía dolor sólo un gran placer…Mis orgasmos se sucedían, creí que moriría de placer…-Litaaaa…me voyyyyy a correrrrrr…nooo…aguan…tooooooooooo másssssssssss….

Me levanté, tomé su verga chorreante de mis jugos, lo acaricié, iba a meterlo en mi boca, pero papá me detuvo…- ¿Me dejassss que te la dé por el cuuuuulito y te lo lleneeeeeeee?…No respondí, me puse en cuatro patas y le ofrecí mi cueva ansiosa, su lengua había hecho su gran tarea, sus dedos lo completaron…

Papá se acomodó detrás de mí y me apoyó el glande en la puerta del culo, antes introdujo sus dedos en mi sexo para humedecerlos, los pasó por su pija, y progresivamente la introdujo en mi culo, sentí un gran dolor, pero no dije nada, me mordí para no gritar, quería que papá, mi amante, me rompiera todo, se detuvo para que mi ano se acostumbrara, el esfínter se acomodó al ancho de ese trozo de carne que pugnaba por entrar, y lo logró, cuando la sentí toda adentro, sus huevos en mis nalgas me lo confirmaban, se detuvo una vez más, luego comenzó un lento mete y saca, él con una mano en mi clítoris acompañaba mis dedos a masturbarme,  mi culo pronto se adoptó a su inesperado huésped, los movimientos se hicieron más rápidos, acabé en sus manos, en sus dedos mientras él seguía dándome su ración de verga por el culo…

-Liiitaaaaaaaaa… te voy a llenar el culito cooooon miii lecheeeeeeee… así, así…

Sentí como lava hirviendo llenaba mi cueva y calmaba mis ardores, mientras me mordía mi oreja siguió llenando mi trasero con su caliente leche….

Terminó y ambos nos tendimos sobre la cama, necesitábamos de esa calma que sigue a las tempestades… Lo miré a los ojos, tenía una sonrisa de oreja a oreja, lo besé, le mordí su genial lengua, le acaricié sus testículos…

-Mejor nos damos una ducha Lita, estamos muy sudados…- Si me llevas en andas….Y me llevó…en la ducha nos enjabonábamos uno al otro… Regresamos a la cama, lo abracé y me quedé dormida entre sus brazos…

Al día siguiente su voz me despertó,- ¿Quieres el desayuno en la cama? – Mi mejor desayuno eres tú papá, no hay desayuno más delicioso que sentirte dentro de mí…Y nos entregamos el uno al otro,  sin ninguna duda fue el mejor desayuno de toda mi vida….

Y a mi, llamémosla confesión, no terminó allí tan así que aún papá sigue siendo mi mejor amante….

Me agradaría conocer vuestra opinión sobre mi “confesión”…

Un saludo y un beso…

Isabel

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La profesora

Gonzalo trataba de aguantar, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado golpeando el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma.

Como todos los días el despertador sonó a la misma hora como un desesperante tintineo en los oídos de Lucía. Su profundo sueño se interrumpió de inmediato e instintivamente su mano apareció entre las sábanas para golpear el despertador que cesó en su intención de hacer cada vez más ruido. De un manotazo apartó las sábanas dejando al descubierto su cuerpo desnudo tan solo cubierto por unas diminutas braguitas blancas. Aún sin despertar y con sus músculos entumecidos pudo alcanzar a ciegas el baño y abrir a tientas el grifo de la ducha. Cuando notó en su mano que la temperatura del agua estaba en su punto entró. El agua sobre su piel empezó a despertarla de su letargo para darse cuenta que se había metido con las bragas puestas. Empapadas las deslizó por sus muslos y las dejó caer en el suelo de la ducha. La mata de pelo negro obscuro que cubría su sexo comenzó a mojarse con el agua que caía como una cascada desde sus pechos acariciando cada centímetro de su piel.

Ya más despierta salió de la ducha y comenzó a secarse, primero su largo pelo negro, para después continuar recorriendo sus brazos y detenerse a secar con mimo sus grandes pechos con forma de pera y oscuros pezones. Su singular recorrido por la geografía de su cuerpo alcanzó el valle de su estómago se topó con el matorral negro que cubría la entrada a la cueva húmeda y cálida del placer.

Levantó una de sus piernas y la apoyó sobre el borde de la bañera para a continuación deslizar la toalla desde la zona interior de sus muslos hasta su tobillo. Una vez estuvo su cuerpo bien seco, extendió sobre la crema hidratante. No dejó ni un solo rincón sin aplicar la crema, incluidos sus pechos.

De un cajón extrajo unas braguitas rojas de encaje y con equilibrio levantando una de sus piernas, la introdujo por uno de los orificios para hacer lo mismo con la otra pierna. Deslizó las braguitas por sus muslos hacia arriba con cierta dificultad pues eran pequeñas, finalmente, la colocó tapando con dificultad el vello de su pubis que luchaba por salir por los bordes de la braguita. Con sus dedos recorrió el borde de las bragas que estaba metido en la hendidura de su culo, para sacarlo y colocarlo sobre sus nalgas acentuando aún más si cabe su redondez.

Después de secar y peinar su melena, eligió del armario ropa ligera pero atractiva, cogió una blusa blanca y una minifalda roja. Prefería llevar sus pechos libres y como se mostraban bastante firmes y levantados decidió no ponerse sujetador. Con delicadeza y extremada sensualidad se puso unas medias lo bastante altas como para quedar tapadas por la minifalda. Finalmente, se colocó con dificultad unas botas negras, que le llegaban hasta las rodillas, y con prisas recogió sus libros para salir con dirección al instituto.

Cuando entró en el aula todos estaban de pie hablando, gritando y fumando, algo que odiaba, sin embargo sí había una cosa que le gustaba, en cuanto la veían entrar comenzaban a sentarse y se callaban.

– Buenos días – dijo haciéndose oír entre el murmullo – la clase de hoy tiene relación con… – continuó explicando.

Desde que fue nombrada profesora suplente en aquel instituto su vida había cambiado, siempre había deseado dar clases, y por eso estudió biología, pero lo que no la convencía mucho era el hecho de que sus alumnos fueran tan solo unos años menores que ella y algunos bastante atractivos.

Ella sabía que no estaba mal, a su edad, 23 años (muy joven según sus compañeros de trabajo), vestía ropa ajustada y provocativa, lo que sabía que producía el comentario y murmullo entre sus alumnos y las malas miradas de sus compañeras más mayores. Aquello no le importaba, pero sin embargo, no le parecía bien que sus alumnos se distrajeran por su causa, aunque por supuesto le gustaba sentirse mirada y admirada.

Desde que empezó en aquel instituto, había un grupo de cuatro alumnos, que se sentaban en su clase al final y que siempre estaban murmurando y hablando sin prestar atención, todos ellos de la misma edad, cinco menos que los de ella, y eso le excitaba. Ese día se había propuesto descubrir que es lo que les hacía murmurar tanto día tras día. Por eso al final de la clase se dirigió a ellos:

– Por favor, Tomás, Alberto, Carlos y Gonzalo quiero que me veáis en mi despacho dentro de una hora, tengo que hablar con vosotros.

Una cosa buena que tenía su despacho era que como había sido la última en llegar al instituto, le habían asignado uno en una zona que se encontraba cerrada y apartada del resto hasta que pudieran darle otro mejor situado, cosa que ella no deseaba.

Como estaba previsto, una hora después de la clase alguien llamaba a la puerta de su despacho, eran sus cuatro alumnos. Ella les abrió la puerta y les hizo pasar. El despacho no era muy grande pero al menos tenía un pequeño baño en su interior al que se accedía por una puerta situada nada más entrar a la derecha. Una ventana se encontraba justo en frente de la entrada y detrás de la mesa ante la cual solo había dos sillas sobre una gran alfombra.

Tomás y Carlos se sentaron en las sillas mientras que Gonzalo y Alberto se quedaban de pie frente a la mesa detrás de la cual se sentaba Lucía.

– Bien, os he dicho que vengáis porque quiero que me respondáis unas preguntas… – Usted dirá – dijo Carlos. – Por favor, habladme de tú, soy casi de vuestra edad.

Todos sonrieron y se miraron entre ellos.

– Quiero saber por qué en mis clases siempre estáis murmurando y hablando en voz baja.

Ninguno de ellos se atrevió a contestar.

– Vamos, de qué habláis, decídmelo. – De nada, cosas nuestras, fútbol, chicas, ya sabe… – respondió Gonzalo. – Vamos, ¿os creéis que soy tonta?, decid la verdad, no os de vergüenza. – En realidad, bueno,… hacemos apuestas…- dijo Tomás. -¿Apuestas?, sobre qué…- preguntó extrañada Lucía que no esperaba esa respuesta. Ella hubiera admitido una respuesta como “está usted muy buena”, “hablamos de usted”, o cosas por el estilo pero ¿apuestas?, ¿qué respuesta era esa?

Todos bajaron la cabeza y ninguno quiso responder.

– Creo que todos somos adultos, así que no veo motivo para que os comportéis como chiquillos, hablad claro y sin vergüenza. Tomás que parecía el más lanzado fue el que respondió, – Hacemos apuestas sobre…sobre el color de su ropa interior….

Todos le miraron indicando que se había pasado sincerándose. Para Lucía aquella respuesta era la que había estado esperando, ahora comprendía lo de las apuestas, tenía sentido, ella era el objetivo de aquellos murmullos constantes.

– Así que no atendéis en mi clase porque queréis saber cuál es el color de mi ropa interior… bien, entonces haremos algo, yo os diré cuál es el color de mi ropa interior al comienzo de la clase y así podréis concentraros en mis explicaciones..

– Verá,…verás…Lucía, en realidad también apostamos quién es el primero en vértela… Dijo Alberto un tanto temeroso. -Entiendo, – dijo Lucía levantándose de su silla y colocándose delante de la mesa y apoyada sobre ella – Bien,…esto ya es otra cosa…- aquello daba un giro nuevo a la situación y abría nuevas expectativas a Lucía. – Veréis, voy a hacer algo que debe quedar entre nosotros y quiero que sepáis que lo hago por vuestro bien… – Dicho esto, se desabrochó la minifalda y la dejó caer al suelo dejando a la vista sus braguitas rojas.

– ¿Veis?, son rojas – dijo Lucía mostrando sus braguitas ante los ojos asombrados de sus alumnos – a partir de ahora las llevaré siempre de color rojo, ya las habéis visto, espero que a partir de ahora prestéis más atención a mi clase y os olvidéis de este tema.

Todos permanecieron en silencio mirando aquellas piernas envueltas en medias negras con las botas puestas que le daban un aspecto realmente sensual. Pero lo que les hizo mirar con más interés era la entrepierna de Lucía tapada con las bragas que dejaba trasparentar una mancha oscura por cuyos extremos se escapaban algunos pelos. Lucía se giró para volver a colocarse detrás de su mesa deseando que alguno de ellos dijera algo antes de finalizar aquella reunión. Sus nalgas se mostraron redondas y desafiantes con las braguitas metidas entre ellas lo que hizo que los cuatro alumnos allí presentes sintieran levantarse sus pollas. Para Lucía, la reunión había terminado, al menos en la teoría pero ella deseaba que no fuera así. De hecho para sus alumnos acababa de empezar. Fue Tomás el que habló:

– …El…el problema es que ahora no podremos olvidarte…- ¿Qué? – preguntó Lucía. – Si nos dejas así ¿cómo quieres que atendamos a tu clase?

Lucía sonrió pícaramente y volvió a colocarse delante de la mesa:

– Pobres, – dijo poniendo voz mimosa – ¿La tenéis dura?, vamos bajaros los pantalones y los slips.

Todos quedaron sorprendidos y alegres al mismo tiempo por la petición de su profesora.

– Pero, y si alguien entra. Esto no está bien- dijo Gonzalo. – Vamos, desde el momento en que yo me quité la falda nada está bien, ¿que más da una cosa más?, además, aquí no va a venir nadie o es que os da vergüenza.

Aquellas palabras desafiantes hicieron reaccionar a Tomás que desabrochó su pantalón y lo dejó caer para seguidamente bajar su slip. Su polla dura y apuntando hacia el techo quedó libre. Lucía sonrió y miró a sus compañeros,

– ¿Y bien?, ¿me las enseñáis?

Ellos observando la reacción de su compañero hicieron lo propio y todos quedaron con sus pollas al aire. Eran cada una de una forma distinta, curvada, tiesa y apuntando al techo, levantada pero paralela al suelo, gruesas y delgadas. Parecía una exposición de pollas.

Lucía se arrodilló delante de ellos y les pidió que se acercaran formando un círculo. Ella comenzó primero a acariciarlas, tocarlas y palpar su grosor y dureza. Las rodeaba con su mano y empezaba a menearlas arriba y abajo lo que hizo que pronto empezaran a jadear por la excitación, pero aún les quedaba lo mejor. Lucía se metió la polla de Tomás en la boca y comenzó a mamarla para seguidamente continuar con las otras tres dándoles el mismo tratamiento. Como una puta chupó aquellas pollas con deseo y gusto.

Lucía sabía que aquello no estaba bien, pero desde que entró a trabajar en aquel instituto y vio la edad de sus alumnos comprendió que tarde o temprano terminaría haciendo aquello. Era su forma de ser, su sexualidad, no podía evitar sentirse excitada al ver un grupo de hombres. Desde que comenzó a estudiar, había follado con todos sus compañeros de clase y algún que otro profesor, incluida una de sus profesoras, una mujer de unos 30 años de buen cuerpo y grandes tetas que siempre vestía ropa ceñida. Fue su obsesión desde el comienzo del curso, y pronto entabló amistad con ella, una amistad que terminó en una fantástica follada en casa de su profesora. Ahora la profesora era ella y se encargaba de darle a sus alumnos lo que ella hubiera deseado que le hubieran dado en su época de estudiante.

Las pollas estaban tan duras y los chicos tan calientes que pronto terminaría aquella triple mamada. Fue Gonzalo el primero en correrse, y lo hizo sobre el pelo moreno de Lucía mientras ella chupaba la polla de Tomás. Grandes chorretones de esperma adornaban ahora su negra melena.

– Avisadme cuando vayáis a correros- dijo Lucía separando su boca de la polla.- no quiero que pueda mancharse la alfombra…- les avisó en tono de broma.

Una de las manos de Lucía continuó masajeando la polla de Alberto y la otra la de Carlos mientras su boca seguía ocupada en enseñar que todo cabe si se sabe cómo hacer. Alberto estaba ya al límite y solo tuvo tiempo de avisar justo cuando empezaba a correrse.

– Ya, ya… señorita Lucía, ¡me corro! ahhhhhh…

Lucía giró su cara hacia su polla justo en el instante de recibir el primer chorro sobre los ojos y la nariz, mientras el segundo caía en su boca ya abierta y era tragado con delectación. Con su dedo recogió el que había quedado sobre sus ojos y lo llevó a su boca chupándose el dedo. Casi inmediatamente, sin tiempo para recuperarse de la corrida de Alberto, Carlos sintió que le venía:

-¡Me corro!, ¡uuummmffff!

Lucía se giró hacia él tan rápido como pudo pero él ya estaba disparando sobre su pelo y su mejilla. Ella puso su mano para evitar mancharse y el resto de la corrida cayó sobre ella. Al final limpió su mano con la lengua para rápidamente seguir con Tomás.

Este era algo más difícil, a Lucía le estaba costando hacerlo terminar pero su experiencia mamando pollas era algo con lo que Tomás no contaba. Su lengua era como una serpiente enroscándose alrededor de su polla y su boca parecía una máquina de succionar. Inevitablemente no podía aguantar más, ella era una chica con matrícula en mamadas y sabía cómo sacar hasta la última gota:

– Aaaahh, joder, me voy a correr, ya, Lucía, ¡chupa!…así, ¡trágate toda mi leche!…

Tomás comenzó a correrse en el interior de la boca de Lucía y esta tragó todo lo que pudo, aunque ella no contó con que un chico de su edad fuera a llenarla. La corrida de Tomás comenzó a salirle entre sus labios y a chorrear por su barbilla. Ella no tuvo más remedio que sacar la polla de su boca de forma que el último disparo de esperma fue a parar sobre su blusa blanca.

– ¡Mierda!, ¡joder!, ya me has manchado, ahora tendré que limpiarla- dijo recogiendo con su dedo el esperma que había sobre su blusa y metiéndoselo en la boca.

Lucía se levantó y fue tras la mesa para abrir un cajón del que sacó un Kleenex con el que comenzó a limpiarse la cara. Mientras, Tomás, Alberto Carlos y Gonzalo empezaron a ponerse sus pantalones con la intención de marcharse.

– ¿Qué coño hacéis?- preguntó Lucía

Extrañados, se miraron entre ellos sin saber que decir.

– Nos vestimos- dijo Alberto. – No pensareis iros ¿no? – Pues… – Quiero decir que ahora os toca a vosotros hacerme acabar a mí. ¿No pensareis dejarme así?

Dicho esto Lucia se quitó sus bragas rojas tiró al suelo todo lo que había sobre la mesa y se tumbó sobre ella con las piernas abiertas. Por primera vez su sexo aparecía con todo su esplendor, húmedo y jugoso.

– ¿Quién es el primero en darme una clase de anatomía femenina?- dijo Lucia

Fue Tomás el primero en acercarse a Lucía colocándose entre sus piernas observando con gusto el coño que se le ofrecía jugoso y abierto rodeado por una capa de pelo negro brillante por la humedad. Acercándose colocó sus manos sobre las rodillas de Lucía sintiendo el tacto de sus medias. Con temor fue acercándose lentamente mientras Gonzalo y Alberto se colocaban a los lados de la mesa y acariciaban suavemente a través de la blusa los pechos de Lucía. Podían notar que no llevaba sujetador y que sus pezones estaban duros, tan duros que casi podían pinchar. Carlos estaba a la altura de su cabeza con su polla sobre la cara de Lucía tratando de que ella volviera a mamársela.

Tomás bajo sus manos por la parte interna de los muslos hasta llegar a rozar los pelos que rodeaban la entrada de la vagina. Notó la humedad pero no se atrevió a tocarla. Lucía pasó su mano por encima de su sexo e introdujo un dedo dentro ante la mirada de deseo de Tomás. Ella llevó sus dedos a la boca y los chupó como si fueran un delicioso manjar. Entonces se decidió Tomás a tocarla, pasó sus dedos sobre su rajita y notó como una fuerza irresistible los succionaba al interior sin ninguna dificultad.

Gonzalo y Alberto trataban quizás con poco éxito, desabrochar la blusa de Lucía. Ella tuvo que ayudarlos y al quitar el último botón sus pechos aparecieron desafiantes, con sus pezones apuntando al techo y con gran forma redondeada al estar tumbada. Lucía trataba de alcanzar con su boca las pollas que tenía a su lado pero era difícil pues sus dos alumnos estaban más preocupados de chupar sus pezones que de dejarla hacerles una mamada, por este motivo tuvo que conformarse con chupar la polla de Carlos, al menos de momento.

Lucía se revolvió levantándose y quedando a cuatro patas sobre la mesa. En esta posición no solo su coño quedaba a la vista de Tomás sino también el orificio de su ano que se mostraba limpio y pequeño a sus ojos. Alberto y Gonzalo no pudieron evitar colocarse donde estaba Tomás con la intención de ver el espectáculo que se les ofrecía. No contenta con eso, Lucía separó sus nalgas ofreciendo una mejor vista. Carlos no perdió el tiempo y en la posición de Lucía se colocó delante ofreciéndole su polla que ella aceptó como un regalo metiéndosela en su boca entera hasta rozar con la nariz los pelos del pubis. Tomás estaba tan excitado que sin pensarlo más metió su cabeza debajo de Lucía entre sus piernas y con su lengua empezó a lamerle su rajita. Alberto por su parte se adelantó a Gonzalo y como pudo se dedicó a pasar la punta de su lengua por el ano de Lucía. Gonzalo que había perdido posiciones se dedicó a sobar y lamer los pechos de Lucía que colgaban como bolas de navidad. Todos los rincones del cuerpo de Lucía eran recorridos por una lengua que dejaba su huella de saliva.

Tomás subió a la mesa a la espalda de Lucía y trató de introducir su polla en el coño, pero no era capaz. Tuvo que ser ella la que metiendo su mano entre sus piernas dirigió la punta del capullo a la entrada de su orificio, lo suficiente para que Tomás empujara y su aparato se clavara hasta los huevos. Lógicamente, Alberto tuvo que dejar de jugar con el culo de Lucía, pero esto le sirvió para unirse a Carlos de manera que ahora Lucía se metía en su boca las dos pollas al mismo tiempo.

Lucía no era mala chica, y entendía bien a todos sus alumnos, en realidad los conocía y por eso sabía de la cierta timidez de Gonzalo, por lo que quiso premiarle y moviéndose se puso de rodillas sobre la mesa dejando a Tomas con su polla erecta y decepcionada.

– Túmbate en la mesa- le dijo a Gonzalo dejándole sitio.

Gonzalo obedeció sabiendo lo que le esperaba. Ella chupó su polla y cuando consideró que ya estaba suficientemente dura y húmeda se colocó sobre ella dándole la espalda a Gonzalo. Lentamente y sujetando en posición recta la polla fue sentándose sobre ella introduciéndosela por su ano. Cuando estuvo toda dentro empezó a mover en círculos su culo haciendo que Gonzalo gimiera de gusto.

Tomás volvió al ataque y colocándose sobre ella se la metió en su coño formando un sándwich con Gonzalo.

Con sus manos Lucía acariciaba las pollas de Carlos y la de Alberto para mantenerlas duras. Después de un rato follando en esta posición Tomás cedió su sitio a Alberto que rápidamente la embistió follándola con fuerza mientras Gonzalo debajo, la agarraba por las caderas tratando de acompasar su ritmo con las embestidas de Alberto que parecía dispuesto a correrse a toda costa por la velocidad con que se movía lo que no le parecía bien a Lucía, al menos de momento.

– Tranquilo,…deja algo para luego…- le dijo Lucía tratando de apartarlo.

Cuando lo consiguió se levantó bajando de la mesa. Gonzalo permaneció tumbado extenuado por su esfuerzo. Ella se colocó a un lado de la mesa para chuparle su polla mientras ahora Carlos a su espalda la penetraba desde atrás. Tomás y Alberto observaban la escena mientras se masturbaban.

– No os corráis todavía,…aguantad…- les pedía Lucía.

Era una ventaja que el despacho estuviera apartado del resto de las instalaciones porque en la habitación solo se oían gritos y gemidos de placer, sobre todo de Lucía que cada vez que sentía una polla llegar hasta el fondo de su vagina no podía evitar gritar.

Lucía masturbaba con su mano la polla de Gonzalo subiendo y bajando la piel de su capullo al tiempo que pasaba su lengua por ella. Era excitante el sonido de su boca dando lametazos a la polla unido al ruido de sus nalgas golpeando sobre Carlos a cada embestida. Gonzalo estaba ya al límite y Lucía lo sabía, por eso cambió su boca por sus pechos. Los colocó sobre la polla rodeándola y empezó a moverlos apretándolos contra ella con fuerza. Durante este lapso entre el cambio de la boca por los pechos Carlos cedió el sitio a Alberto que estaba deseando follar a Lucía por el culo. No le costó trabajo, apoyó la punta de su pene sobre el ano y empujó hasta que empezó a entrar. Lucía estaba tan acostumbrada a ser enculada que apenas protestó por aquella intromisión.

Gonzalo estaba ya en el punto de no retorno, trataba de aguantar pero era imposible, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado de su polla golpeando sobre el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma con dificultad pues apenas llegaba a rozarlos.

Mientras, Alberto seguía enculándola con rabia sujetándola por las caderas al tiempo que Carlos y Tomás seguían masturbándose.

Quizás por casualidad o quizás adrede Alberto empezó a gemir y a Gritar al mismo tiempo que el resto de sus compañeros:

– ¡Aaaaahhh!…me corro…me corro. – ¡Hazlo sobre la mesa!, ¡sobre la mesa!…¡correros en la mesa! – gritaba Lucía

Alberto sacó su polla del culo disparando ya los primeros chorros de esperma y se acercó a la mesa soltando toda su carga sobre ella. Al unísono, Carlos y Tomás corrieron hacia la mesa y sin dejar de menear sus pollas empezaron a lanzar copiosas descargas de leche. Al final toda la mesa estaba cubierta por una espesa capa blanca de salpicaduras de semen. Lucía se subió a la mesa y con su lengua fue recorriéndola toda recogiendo hasta la última gota. Cuando levantó su cara sudorosa, estaba llena de esperma que goteaba de sus labios. Con su lengua los recorrió recogiendo todos los restos que quedaban ante la atenta mirada de sus alumnos.

Agotados, todos estaban sentados sobre la alfombra excepto Lucía que estaba sentada sobre la mesa con sus nalgas apoyadas sobre un charco de saliva y esperma.

-Bien, no ha estado mal. Sois buenos alumnos. Si seguís así y hacéis los deberes tal vez aprobéis este año mi asignatura y entréis a la universidad sin problemas. -¿Deberes?- preguntó Tomás. – Por supuesto, – respondió Lucía- todos los días a esta hora tendremos una clase práctica como la de hoy, y espero que vayáis mejorando con el tiempo y seáis más aplicados…

Los cuatro se miraron con cara de alegría sabiendo el año que les esperaba tal vez el mejor de sus vidas, y quizás no aprenderían mucha Biología, pero sí que conocerían perfectamente la anatomía femenina.

Autor: FranK

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Si él puede yo también

Quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Albeiro, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina.

Un saludo a todos, he leído esta página de casualidad y me gustó, hoy quiero contarles mi historia. Yo siempre me he reído del machismo, de cómo los hombres creen que al tener otra mujer se creen reyes, pues bien nosotras también tenemos el derecho de hacerlo, solo que no lo divulgamos. Ojalá este relato lo lean mil mujeres. Me llamo Diana, soy venezolana, pero vivo en Colombia desde los 2 años de edad, eso si se los digo no soy bonita, mido 168, soy delgada, mi nariz es chata, mi cabello color café, ojos normales, piel canela, tengo 28 años no muy buenas curvas, pero así uno que otro me piropea, soy casada hace 5 años.

Esto comenzó cuando tenía 23, hace cinco años, todos los hombres siempre tienen un compinche o un amigo, de los cuales se hablan de las viejas que han tenido, de sexo hasta hablan de sus esposas, muy bien lean con detenimiento, mi esposo tiene varios amigos así, uno de ellos se llama Omar se conocen desde chicos, tienen la misma edad, 30 años, antes de casarnos, su amigo, siempre andaba con nosotros, él con su novia y mi esposo y yo, él un día me llamó a la casa y me dijo que quería hablar conmigo, pensé que era de Javier (mi esposo), le dije que viniera a mi casa, que estaba sola con mi mamá, él llegó como a la media hora, le hice seguir.
Mi mamá estaba recostada, le pregunté que era lo que tenía que decirme, antes que todo me hizo prometerle que no le diría nada a nadie, después que lo prometí, oh sorpresa, empezó a decirme que yo le gustaba mucho, que sabía que estaba a punto de casarme con su amigo, pero que me quería, que soñaba conmigo, yo solo pude decirle que no fuera tan descarado, que él tenía su novia y que yo ya me iba a casar, él me insistió tanto que yo nerviosa, y con alegría de saber que aún atraía a otro hombre le dije que se fuera, que olvidáramos eso, me casé, el día de la fiesta Omar me sacó a bailar y me empezó a decir que estaba muy bella, que me deseaba con toda su alma, le dije que por favor se callara, que me irrespetaba, que eran efectos de los tragos, pero en realidad él no tomaba, así que hablaba en serio.

Pasamos así la noche, como al mes me enteré que mi esposo andaba con una mujer, así que llamé a Omar, le dije que siendo el mejor amigo de Javier, y que supuestamente yo le gustaba, necesitaba que me dijera la verdad, así que después de un tiempo de negarlo me dijo que si, que él hasta ahora estaba en conquista de una muchacha cerca del trabajo de ellos, lo normal como tonta lloré un tiempo, a los dos días Omar me pidió que habláramos, me citó en un pequeño restaurante, volvió a repetirme, lo mucho que me quería, yo con rabia de mi esposo le puse cuidado de un momento a otro se me acercó y me besó, yo me dejé sin protestar, le dije que esto era algo raro que había pasado, que lo olvidara.

Regresamos, nos sentamos en el sillón, él se apretó junto a mí, sentía su calor, me dio un beso, quise protestar pero lo acepté, al fin de cuentas mi marido no me era lo fiel que me había prometido, me dio otro beso, esta vez en los labios, se lo devolví, realmente estaba muy caliente, la conversación anterior y sus besos aumentaron mi calentura, él no desaprovechó y me dio un beso en una de mis tetas, sentí como un escalofrío y lo apreté más a mi, noté que su bulto ya era enorme, se lo acaricié mientras él me desnudaba, saqué su verga, era gruesa y muy venosa, él bajó mi última prenda, y metió su lengua en mi vagina…

Me la chupaba mejor que mi marido, yo gozaba de lo lindo, me acomodó sobre el sofá y me enterró su pene, en verdad me dolió, era grueso, yo gemía como prostituta pero gozaba, se derramó dentro de mí, sentí su leche, me volteó y me iba enterrar por detrás pero le dije que no, que aún era virgen, terminamos en la ducha después me fui para la casa.

Seguí saliendo con él, como a los tres meses de estar con Omar, llegó un muchacho a trabajar donde yo trabajaba, era alto, medía como 1.72, era moreno, de ojos cafés, buen cuerpo, yo lo llevé a presentarlo a toda la compañía, seguimos hablando, tanto nos la pasábamos que un día se me declaró, yo lo acepté enseguida pues era muy simpático le dije que era casada, dijo que no le importaba, llevábamos quince días de salir y me invitó a un bar, fue un jueves, me tocó inventar excusas para escapármele a mi esposo y a Omar, nos fuimos a las 3 de la tarde, era horario de trabajo. Alberto como era mensajero pues nos encontramos, nos tomamos una cervecita y bailamos, él me apretaba con fuerza y yo me dejaba oprimir por sus brazos y sentía su paquete por encima de mi ropa, a las 5 de la tarde salimos, yo estaba excitada y mareada, nos fuimos a una residencia (Hotel), entramos al cuarto él me abrazaba y me besaba.

Me llevó a la cama y de inmediato empezó a chupar mis senos, los dos nos fuimos desnudando, me desvistió toda y que sorpresa cuando él quedó sin ropa, tenía un pene como de 23 cms y gruesa,  era negra, bajó su lengua a mi vagina, cuando yo estaba ya un poco dilatada acercó su pene y me lo fue metiendo, era muy grande, yo lloré del dolor, pero me alegraba tener todo eso para mí sola, cuando ya me lo enterró toda yo sentía como un tronco, empezó ese mete y saca, yo estaba gritando de placer y dolor, cuando se derramó dentro de mí, me dejó tanta leche que yo la sentía fuera de mi vagina, me la sacó, yo estaba adolorida.

Vi como su pene estaba en reposo pero aún así era enorme, así que me acerqué e hice algo que nunca había hecho. Lo tomé en mis manos y empecé a chupárselo lo tenía con mis dos manos y empecé a notar como crecía en mis manos, yo lo chupaba mientras él metía sus dedos en mi vagina, nos acomodamos como un 69 pero él comenzó a chupar mi cola, metía su lengua enorme y poco a poco metía su dedo, después él se puso encima mío y de nuevo metía sus dedos en mi culo, me ardía la vagina, él logró meterme tres dedos, de nuevo me chupó el culo, pero esta vez me ensalivó toda.

Al ver sus intenciones le dije que no lo hiciera pero él acercó su pene y fue hundiéndolo poco a poco en mi culito, yo grité al sentir como entraba, sentí como si mi culo se reventara, no podía más del dolor así que empecé a insultarlo y cada vez lo tenía más adentro, de repente ya mi culo estaba abierto y sentía correr algo entre mis piernas y era sangre, me había roto, me lo metía y lo sacaba, de repente sentí como su leche me bombeaba, era tanto semen que me salió de mi culo y se confundió con mi sangre, nos fuimos a la ducha, llegué a casa, me ardía mi vagina y mi cola, me tomé unas aspirinas, les confieso que duré adolorida más de una semana, esos días me negaba a tener relaciones con Omar y mi esposo.

Seguí saliendo con este chico casi 6 meses, con Omar duré casi el mismo tiempo pues Omar se fue del país, Alberto se retiró de la empresa y a los 20 días se fue mi último amante. Desde ese momento me juramenté no perder oportunidades, de no ser boba y serle fiel a Javier cuando él tuvo una aventurita recién casados, conocí a otro chico, me invitó a comer, así que acepté, él me conquistó con regalos, joyas, me trataba muy bien,  a los dos meses me lo pidió, yo le dije que sí, me llevó a una residencia muy fina, allí llegamos, me dijo que él quería cumplir una fantasía conmigo, le pregunté que cual era, dijo que quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Alberto, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina, seguí con él tres años.

Hace un mes mi hermana me presentó a un amigo suyo, muy guapo, alto, como de 1.74, buen músculo, mi hermana me contó que él un día le hizo sexo y que la hizo gritar, ¡me intrigó tanto!, esa misma tarde él me empezó a hablar de muchas cosas, yo me tomé unas cervezas con él, me llevó a su apartamento, allí me hizo el calentamiento de rigor, pero esta vez fui yo quien tomó la iniciativa, me fui agachando hasta encontrar el cierre de su pantalón donde escondía aquello que hizo llorar a mi hermana, lo saqué de su encierro, era enorme, grueso muy cabezón y rosado, se lo empecé a chupar, él cerraba sus ojos sintiendo placer, a todos los hombres les encanta eso, se lo chupé como si se me fuera acabar, de repente sentí que ya me iba a lanzar su semen apreté bien mis labios pero su semen era tanto que escurrió por los lados de mi boca…

Me acostó en el suelo, me desnudó toda, me dijo que me daría por detrás, le dije que lo hiciera, me puso como perrito, pero como ya mi culito habia probado varias vergas entró como si nada, pero su verga era tan cabezona  que la sentía casi en mi estómago, esperaré a ver cuánto dura esto, no me importa si mi marido se entera de esto, yo era muy fiel pero él me la jugó a mi. A todas las mujeres les digo no nos dejemos del yugo machista de los hombres, si ellos lo hacen nosotras también podemos…

Autora: Diana

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Poco hacía que ella y yo cogíamos

Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones. Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Nos habíamos conocido en un chat porno, allí ella estaba arreglando con otro loco para reunirse con la específica finalidad de tener sexo. Lo estaban concertando en la sala general, y alguna expresión de ellos me hizo comprender que eran de aquí, de Montevideo.

Lo que pasó a continuación, sin embargo, es asunto de otro relato. Ahora quiero concentrarme en lo que pasó luego de ¿dos o tres? veces que habíamos estado juntos. Unos pocos datos más, para hacer comprensible la historia. Digamos que ella se llamaba Lucy, yo a mi vez me llamo Alberto. El otro amigo con quién ella estaba charlando ese día que entramos en contacto, también se llamaba Alberto, ahora a la acción.

Esa noche estaba muy caliente. Busqué un teléfono público y la llamé. Su voz salpicaba en gotas frescas a través del teléfono.

-Hola, soy Alberto. -Hola, ¿en que andás? -Con muchas ganas de hacerte una visita… -Venite entonces.

Así me dijo, y rápidamente me fui hasta su casa. Cuando me abrió la puerta del edificio de apartamentos yo ya deseaba tocarla, lamerla, morderla, pero debíamos llegar primero hasta su apartamento. Caminé en silencio no por no desear hablar con ella, sino por contenerme de no comenzar algo en un sitio en que podía dejarla en evidencia frente a sus vecinos.

Una vez que entramos en su casa, noté que estaba chateando. Ella estaba muy entusiasmada. “Paciencia, -me dije-. Déjale que se complazca tranquila, así luego los dos estaremos mejor”. No me es difícil la paciencia, siempre he pensado que la demora estimula el placer.

Traté de concentrarme en ella. Miraba con ansiedad la pantalla, sus labios se entreabrían, su nariz demostraba lo intenso de su respiración. Realmente lo que él le escribía le estaba llegando. Así que decidí mirar en su pantalla. No sé qué le habría dicho antes, pero en ese momento le estaba pidiendo el número de teléfono para llamarla. Yo noté que ella se sentía entre dos fuegos. Por un lado deseaba contactar con él, por otro quería que comenzásemos lo nuestro.

-Dale el número -le dije-. No hay problema, tengo que chequear mail.

Ella no se resistió mucho, le dio el número, y me dejó la computadora.
Como tiene la PC en el dormitorio, al sentarme y comenzar la rutina de chequear mensajes la vi como se iba con el teléfono inalámbrico a la cama, se tendía y recibía la llamada del ignoto y anónimo visitante. La veía sonreír, la veía moverse sinuosa y delectante, la veía complacida y complaciente.

No sé cuánto tiempo estuve chequeando cosas, pero tras el mail, revisé otros temas. Ellos seguían hablando, su conversación subía de tono, estaban en pleno preámbulo sexual. Así que decidí dejar a un lado la computadora. Ella me hizo un gesto indicándome que la acompañase en la cama y yo no me hice rogar. Entonces ella le preguntó su nombre ¡y hete aquí que él también se llamaba Alberto! Si alguna duda me quedaba, esto despejó cualquiera que quedase.

Comencé a tocarla, a acariciarla a través de las ropas. Me encantan sus tetas. Tiene los senos grandes, redondos, como frutas bien jugosas. Mis manos los recorrían mientras mi lengua buscaba su oreja libre, mientras mi lengua se introducía en su oído, mientras mis dientes mordían su lóbulo.

Ella estaba complacida, conmigo y con él. Él le estaría diciendo quién sabe qué, pero ella le jadeaba y le pedía más, yo comencé a desvestirla y a desvestirme. Me introduje entre sus piernas y comencé a chuparle la concha.

Me encanta la concha de Lucy. Tiene una concha grande, con labios muy carnosos, jugosa, con un clítoris bien fácil de excitar. Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones (sus pezones son grandes, son oscuros, y contrastan con su piel blanquísima). Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Ella deliraba de placer, y comenzó a dejarme escuchar lo que él le decía. En realidad no eran ya palabras, sino gemidos. Era claro que él se estaba pajeando y que del otro lado jadeaba con fuerza. Todo esto no hacía sino calentarme más y más, a mí, que -Alberto el Silencioso-, debía por un nunca pronunciado acuerdo, permanecer oculto para el que cogía con nosotros a la distancia.

Ella hizo entonces algo que no había yo imaginado fuese posible. Rápidamente me tumbó sobre mi espalda y comenzó a chuparme la pija. ¡Cómo la chupa esta mujer!. Eso sólo debería ser tema de varios relatos, pero ahora quiero contar como entre chupada y chupada se las ingeniaba para hablarle y decirle…

-Sí, sí, sí, hacémelo -chupaba y su cabeza subía y bajaba- quiero más, más, más -y yo volvía a sentir mi pija en su boca húmeda, tibia, acariciante-, ah, ah, ah, aaah -y otra vez sentía como mi pija se iba hasta el mismo fondo de su garganta.

Entonces quise cogerla, quise que mi pija se hundiera en su concha de una buena vez, así que esta vez yo la puse sobre su espalda, y separando sus piernas, las elevé para que quedaran sobre mis hombros. En esa posición la penetré y sentí la tibieza y la presión de su vagina sobre mi verga.

Con firmeza y con pasión una y otra vez iba yo repitiendo el sempiterno movimiento que todos tantas veces hemos disfrutado. Ella seguía con el inalámbrico junto a su oído, y de vez en vez me lo ponía en el oído, para que pudiese escuchar sus gemidos, a un tiempo que tapaba mi boca para que él no me oyese.

Yo sentía que llegaba el momento de acabar. Lo retuve una vez, lo retuve dos veces, sabía que la próxima vez sería la definitiva. No me gusta acabar allí donde natura ideó la cosa, siempre prefiero otros sitios. Pero siendo que ella seguía hablando no podía pedirle a Lucy su opinión.

Así que me salí y comencé a frotar mi pija contra sus tetas. Cuando ya faltaba poco, me pajeé un poquito, y mi leche salió sobre sus tetas, tibia y viscosa, derramándose sobre su seno y su pezón.

Una cosa que me encanta es saborear mi propio semen y compartirlo con quién se halla conmigo. Así que fui a lamer mi leche sobre el pezón de Lucy. Un poco me lo comí, ella a su vez estaba tomando con su dedo una muestra para llevárselo a la boca, y otro poco con mi lengua se lo llevé hasta sus labios.

Acá, natura manda, el esfuerzo me había dejado algo cansado y necesitaba tomar aliento, pero ella aún no estaba, así que se tendió boca abajo y con la mano que no tenía el auricular comenzó a pajearse. Mientras lo hacía yo le acariciaba la raya del culo.  Mi intención había sido meterle un dedo en el culo, pero en realidad ella al pajearse apreta mucho su culo y ello no era posible.

No es posible explicar bien, el placer que siento cuando habiendo yo terminado, la veo pajearse para llegar ella. Me encanta ser testigo del placer que se causa, me encanta ver cómo su cuerpo tiembla, como su cara va tomando una expresión enajenada, poseída por el goce, abstraída, turbia y concentrada.

Bueno, que la llamada llegó a su fin, y ella alcanzó lo que buscaba, y quedamos allí tendidos, dichosos, pegajosos, acariciándonos, besándonos, abrazándonos y prometiéndonos nuevos momentos de placer.

Autor: Hardland

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Mi esposa visita dos clientes

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, no parabas de gemir de suplicarles que te siguiesen follando de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras. Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y viste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos.

Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres. Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero en seguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás de ti y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra ti.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta. Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado.

Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris. Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras.

No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de ti y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste en lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones. Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo.

Al principio tuviste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para ti era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez. Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer.

Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales. Os quedasteis los tres abrazados, derrotados tras el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuiste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogiste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijiste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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Mi querido cuñado

Llamé a mi amigo y le mamé el pene hasta que se vino, me dio por el culo lo que me volvió loca ya que me encanta el sexo anal. Me fui a la cama y me masturbé pensando en mi hermana y mi cuñado. Me imaginaba a mi cuñado teniendo relaciones conmigo, tratando de meter aquel inmenso órgano por mi trasero y yo gritando de placer. Amanecí pensando en mi cuñado y en aquel inmenso bicho.

Mi hermana menor tiene 32 años de edad y su esposo Alberto tiene 38. Yo estaba completamente en contra de esa relación, ya que él es mayor que ella y tenía hijos de un anterior matrimonio. Alberto es un hombre mayor, pero para su edad se conserva muy bien.

Hace cuatro meses mi hermana Maribel y Alberto se mudaron cerca de mi casa y tuve la oportunidad de conocer mejor a mi cuñado. Todo cambió hace dos meses cuando me di cuenta como Alberto me miraba. Soy divorciada, tengo 36 años de edad y tengo mucho más cuerpo que mi hermana. Mido 5 pies con 3pulgadas, peso 125 libras y soy una mujer bien protuberante con unas medidas de 36D-26-42 con unas nalgas redondas y bien paradas. Lo contrario de mi hermana que tiene un cuerpo atlético y tonificado.

En varias ocasiones sorprendí a Alberto mirándome las nalgas y eso me excitaba mucho. Saber que el esposo de mi hermana me miraba y tal vez me deseaba. Comencé a coquetearle y a fijarme más en él. Un día Maribel y Alberto me invitaron a una actividad, donde había bebidas y comida. Ese día compartimos mucho y me dio más confianza, el cual no desprecié. Después de varias copas, mi cuñado se puso medio juguetón con mi hermana y me sentía llena de envidia al ver como la besaba y la manoseaba. Mi hermana Maribel también estaba entradita en copas.

Poco antes de terminar la actividad le dije a mi hermana que me acompañara al baño y mi cuñado se fue con nosotras ya que él también tenía ganas de orinar. Mi hermana entró primero y mi cuñado se antojó de entrar con ella. Lo que no se percataron es de haber dejado la puerta entreabierta de forma tal que yo podía ver todo lo que pasaba adentro del baño. Mi hermana se sentó a orinar mientras mi cuñado se bajaba el zipper del pantalón. Cuando veo que este se saca el miembro, veo que es inmenso.

Era un pene gordo y largo, como de 8 pulgadas sin estar erecto. El comienza a manosear ese pingón y a tratar de ponérselo en la boca a Maribel, mientras ella le decía que dejara eso para la casa. El seguía manoseando aquel instrumento hasta que quedó completamente erecto. Aquello medía como 12 pulgadas, pero lo que más me llamaba la atención era el grosor. Era el bicho más grueso que jamás había visto. Mi hermanita trataba de meterse algo en la boca de aquel inmenso bicho y era casi una misión imposible.

Tan pronto llegué a mi casa, llamé a mi amigo y este llegó en diez minutos, nos fuimos a la cama y le hice el amor como nunca antes. Le mamé el pene hasta que se viniera y me dio por el culo como media hora lo que me volvió loca ya que me encanta el sexo anal. Me fui a la cama y me masturbé pensando en aquel acto de mi hermana y mi cuñado. Me imaginaba a mi cuñado teniendo relaciones conmigo, tratando de meter aquel inmenso órgano por mi trasero y yo gritando de placer. Amanecí pensando en mi cuñado y en aquel inmenso bicho.

Como a las 10 de la mañana del otro día, me despierta el timbre del teléfono y me dan los buenos días. Cuando pregunto quién era, me dice, tu querido cuñado. De un salto, inmediatamente me siento en la cama y comienzo hablar de lo mucho que disfruté la actividad. Este me dice que yo estaba preciosa y que la falda que tenía puesta me quedaba de maravilla. Le pregunté que si estaba con Maribel y él me dijo que estaba cerca de mi casa comprando unas chucherías.

Aproveché el momento para decirle que como estaba cerca, me trajera del almacén unos refrescos. Este me dijo que si, y que antes de media hora me los llevaba. Me metí al baño y me di una ducha, me puse bien bonita y provocativa. Tenía en mi mente tirarme a mi cuñado. No me puse panties, ni brassier. Solo un pantaloncito bien corto, con un t-short cortito y bien pegadito. Cuando llega mi cuñado, este se encontraba con unos pantalones cortos deportivos, con una t-short de manguillos dejando al descubierto los muslos y brazos. Me gusta este hombre, tiene un cuerpo ancho, no es tan musculoso, pero de hueso ancho y fortachón. Mi cuñado mide 6 pies con 3 pulgadas y pesa 248 libras que no se le notan.

Tan pronto entra, le tiro un piropo a las piernas y a este se le sale una sonrisa y me dice aquí están tus refrescos. Me volteo y comienzo a caminar meneando mi enorme trasero y este me dice que el pantalón me pinta bien y la modelo está preciosa, sigo caminando hacia la cocina y siento sus manos en mi cintura, me volteó y comenzamos a besarnos como dos frenéticos. Inmediatamente comienzo a tocarle el montón de bicho que tiene, excitándome por completo el tamaño de este. Nos quitamos toda la ropa y cuando le miro el bicho lo tenía completamente erecto y comencé a sentirme nerviosa.

Nunca había estado con un hombre con un miembro de ese grosor y tamaño. Este me dice, que desde que me conoce siempre a soñado con mi trasero. Me volteó y comenzó a besarme el culo y a meterme la lengua. Ya tenía el chocho a fuego y sentía que me venía. Este me metió uno y después dos dedos en el culo. Ya con eso yo temblaba ya que anticipaba que lo que él quería era mi culito. Me dijo, arrodíllate y relájate. Le dije que por ahí no y este no me hizo caso, colocando la cabeza de su inmenso bicho en el roto de mi culito.

Comenzó a meterlo poco a poco y el dolor era sin descripción. Comencé a gritar pidiéndole que se detuviera y este no me hacía caso metiendo más el gordo e inmenso pene por mi culo. Primero comencé a sentir un ardor y luego una molestia como si se me estuviera saliendo la excreta. El dolor no paraba y este seguía dándome más bicho hasta que llegué a sentir su pelvis cuando chocó con mis nalgas. Ya lo tenía adentro por completo y yo mordiendo la almohada y gritando de dolor. De momento, Alberto sacó más de la mitad del bicho y lo introdujo de nuevo y no pude aguantar más. Le dije que lo sacara de inmediato y este lo que hizo fue aguantarme por los brazos y darme más bicho.

Comenzó a sacar y a meter ese bicho por completo. Sentía ganas de orinar y de hacer caca. Ya sentía mi excreta entre mis nalgas y no pude aguantar más la orina. Me sentía bien incómoda bajo aquella situación de dolor y avergonzada por la excreta que me salía según entraba y sacaba el inmenso bicho.

Después de darme por detrás tanto rato perdí hasta la fuerza y me dejé llevar por lo que estaba pasando. Seguía sintiendo dolor, pero también un poco de gusto. Pensé también que lo había logrado, tirarme a mi querido cuñado y tirarme aquel inmenso bicho por el culito. A los 20 ó 25 minutos comenzó a darme bien rápido y a meterlo y a sacarlo por completo de golpe y sentía algo rompiéndose dentro de mí, algo que se estiraba por detrás de mi ombligo y estómago. Este me dijo que se venía y que me llenaba el culo de leche, un grito de placer salió de su boca y una sonrisa coqueta de complacido.

Cuando sacó el pene de mi ano no pude aguantar y me hice la necesidad completa en la cama. Me levanté corriendo y fui al baño a limpiarme, pude ver la cantidad de sangre que me brotaba del ano. El fue muy comprensivo y me ayudó a limpiar todo. Me dijo que todo puede suceder en el sexo y que tenía que tener confianza en él. Nos bañamos juntos y nos fumamos un cigarrillo.

Ahora Alberto y yo tenemos relaciones todos los fines de semana. Mi hermana Maribel no tiene idea que me estoy tirando a Alberto y las relaciones con mi pareja han mejorado. Cuando mi pareja me da por el culito me dice que ya estoy acostumbrándome a él. Lo menos que se imagina es el inmenso bicho que me coge por detras todos los fines de semana.

Me encanta el sexo anal… por favor si alguna de ustedes chicas son como yo, no duden en contar sus relatos…

Autora: Maritza

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Un accidente de mucho placer

Froté mi pene por sus labios y ella gritaba adentro por favor, la toqué y le dije que se lo metería, ella se enloqueció más, me preparé y se la metí de un solo golpe, ella gritó de placer y clavó sus uñas en mi espalda y comenzó a moverse como una condenada, yo capté su ritmo y me presioné dentro de ella apretándola con fuerza y comencé a mover mi pene dentro de ella.

Mi nombre es Alberto, tengo 24 años y les contaré una historia que se gestó en un autobús, viajaba regreso a casa cuando en una parada sube una mujer que me dejó sin habla; era bellísima todos los hombres volteaban a verla, era aproximadamente de 35 años, 1.75 de estatura, cabello largo y ondulado de color rojizo, vestía un peto blanco muy ajustado con un escote que dejaba al descubierto parte de sus maravillosos pechos y sus pezones, mi mirada se deslizó hacia su cintura luego más abajo y quedé pegado observando esas piernas que se lucían perfectamente tras una minifalda de color negro con un pequeño tajo al lado de la pierna.

Yo no daba más, la desnudaba con mi mirada y a ella le gustaba, se mostraba y le gustaba que los hombres la observaran, se sentó un asiento en diagonal al mío, yo tenía una posición estupenda podía contemplarla en su plenitud, sentada se veía su cuerpo esplendoroso y bien trabajado tenía una colita redonda que le levantaba su mini mostrando casi el final de sus medias. Yo observaba atónito cuando ella se para y se dispone a descender, casi por inercia me paro también y bajo con ella.

Ya en la parada ella toma su rumbo y yo la sigo disimuladamente hasta que ocurrió el accidente más hermoso que pudo ocurrir, ella en una esquina se tropieza en una cuneta y cae al suelo yo me le acerqué y le pregunté si estaba bien me dijo que no podía sentir su pie, ella estaba sentada en el suelo e intentó levantarse pero yo se lo impedí y le dije que se sentara que no era bueno forzar su pie, le tomé el tobillo y se lo comencé a tocar, le pregunté si le dolía y ella me dijo que no sentía nada, no sentía su pie, mientras conversábamos yo dirigía mi mirada a su entrepierna, tenía una bombacha de color negro muy pequeña con encajes, lo mejor era que estaba un poco hundida en su vagina mostrándola totalmente. No sé, si dio cuenta, pero me dijo que vivía cerca de allí y yo me ofrecí para cargarla a su casa, le dije que me abrazara y la tomé por las piernas y de un golpe la levanté.

Fue una sensación deliciosa, ella aferrada a mi cuello y yo tocándole las piernas, me controlé como pude para no meterle mano ahí mismo pero mi pene estaba paradísimo y se me notaba mucho por encima del pantalón, llegamos a una puerta y del bolso sacó una llave con la cual entramos, me dijo, déjame en el sofá, cosa que hice, me dio las gracias y me dijo que me tenía confianza de otro modo nunca me hubiera dejado entrar a su casa, pero dada la situación y se sonrió de una manera tan sexy, le pregunté si estaba sola y ella respondió afirmativamente, le dije si necesitaba algo y me dijo que no por ahora, pero que no quería quedarse sola en esas condiciones.

Me agaché y tomé su pierna dejándola estirada hacia una mesa de centro, la volví a tocar y le dije que si sentía algo, ella dijo que no, subí mi mano a su pantorrilla y me dijo que todavía no sentía nada, le comencé a masajear su rodilla y seguía diciendo que no sentía nada pero su rostro era otro; sus ojos ocultaban un juego de seducción en el cual no tardé en participar, subí mi mano a su muslo y lo comencé acariciar y apretar con fuerza, su rostro cambió dio un pequeño suspiro y dijo que no sentía nada.

Al notar ese deseo oculto de ella cambié el tratamiento y le dije que iba soplar en su pierna y ella me diría si sentía mi aliento, me puse enfrente de ella y le separé las piernas quedando yo en medio comencé a soplar en su muslo casi tocándolo con mis labios, ella comenzó a acelerar su respiración y me dijo que todavía no sentía, fui subiendo de a poco hasta que llegué a su entrepierna, estaba húmeda y un poco hinchada, comencé a soplar por el ligué de su bombacha y ella tomó mi cabeza con sus manos y comenzó gemir muy despacio, no aguanté más y por encima de su bombacha comencé a pasar mi lengua, esto la puso a mil y se levantó un poco del sofá para que se la sacara y justamente eso hice…

La saqué pero con mis dientes, la miré a los ojos y le dije, ahora si sentirás, me incliné y comencé a besar esa vagina deliciosa, estaba mojadita, mi lengua se deslizaba a gusto entre esos labios, con mis manos abrí un poco sus labios y mi lengua comenzó a jugar con su clítoris, esto la tenía loca, gemía como una condenada, me presionaba mi cabeza contra su sexo con fuerza, comencé a introducir mi lengua en su vagina a un ritmo enloquecedor hasta que sentí una corrida en mi cara, esos jugos eran deliciosos, me paré y le dije, ahora sentirás algo mejor, ella se enderezó y se sacó el peto pude ver unos pechos increíbles la verdad deseaba comérmelos hace rato, ella se paró del sofá y se terminó de desnudar.

Yo no perdí tiempo y también me despojé de lo mío, al ver ella mi pene vi que sus ojos se llenaron de deseos nuevamente, nos abrazamos y comenzamos a besarnos con desesperación, ella quería más, y rápido, estaba excitadísima, se arrodilló ante mí y comenzó a besármelo, me dio varias chupadas y luego me comenzó a besar mis testículos, esto hizo que se agrandara un poco más, yo le tomé su rostro y la levanté, le di un beso muy apasionado y comencé a besar su cuello, ella disfrutaba mucho, mi objetivo eran sus pechos, sentí unos pezones erectos y duros los cuales comencé a mordisquear y luego a lamer y besar suavemente, ella presionaba su cuerpo con fuerza contra el mío y me decía que la penetrara por favor, seguí acariciándola unos minutos más hasta que ella no pudiera más sólo pedía que la tomara rápido que me quería sentir adentro.

Le dije que se recostara y ella accedió rápidamente comencé a frotar mi pene por sus labios lentamente y ella gritaba adentro, adentro por favor, la toqué un poco más y le dije que se lo metería, ella se enloqueció más, me preparé y se la metí de un solo golpe, ella gritó de placer y clavó sus uñas en mi espalda y comenzó a moverse como una condenada, yo capté su ritmo y me presioné dentro de ella apretándola con fuerza y comencé a mover mi pene dentro de ella, gozábamos mucho…

Yo estaba a punto de acabar y se lo dije al oído ella me dijo que quería sentir mi leche corriendo dentro suyo, no aguanté más y me corrí, era delicioso a su vez ella tuvo un orgasmo, llegamos a un momento clip donde nos abrazamos y gemimos de placer, luego el ritmo fue descendiendo hasta quedar abrazados yo con mi pene dentro de ella.

Nos besamos y continuamos amándonos por un largo tiempo más, no sé cuántos orgasmos habrá tenido pero fue de lujo, me besó y me dijo que le encantó estar conmigo, yo la acaricié y le dije, la verdad eres una mujer muy bella y disfruté mucho contigo, eres genial, la mejor, tu cuerpo es delicioso pero soy casado y amo a mi esposa, me vestí y sin saber su nombre me fui satisfecho de haber estado con una mujer tan maravillosa como ella.

Chauuuu, espero les haya gustado mi relato y por favor denme su opinión.

Autor: Alberto

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Sexo, marcha, sexo

Carlos se sube encima nuestro y sin ninguna delicadeza me la entierra de un solo golpe, pegué un verdadero alarido de dolor, porque créanme que me lo partió provocando bastante daño, pero la calentura era tan grande que hasta el dolor me produjo placer, por lo que le dije, con los ojos llenos de lágrimas, cogeme con toda tu fuerza, rompeme toda.

Antes de comenzar mi relato les daré una descripción de mi persona. Soy una mujer bastante atractiva, mido 160 cms., rubia, delgada, peso 50 kgs., práctico danza, lo que hace que mi cuerpo se mantenga muy bien formado. Mis medidas son: 93 – 61 – 92. Cuando salimos con mi esposo, me gusta vestir muy provocativa, para que los hombres me deseen y a él lo envidien. Tengo un pequeño problema, me cuesta mucho tener un orgasmo, por lo que me gusta estar mucho rato teniendo sexo sin parar. Mi esposo es un gran amante y me comprende perfectamente. Mis fantasías son las mismas que las suyas, por lo que nos llevamos sexualmente muy bien.

Nuestra primera historia la realizamos en unas vacaciones que tomamos juntos. Nos encontrábamos en un centro vacacional y deseábamos concretar nuestra fantasía de integrar un tercero o una pareja en nuestra relación, pero las personas con las que nos reuníamos, o no nos gustaban o no estaban en el tema. Nos encontrábamos en la cantina del hotel, Alberto, mi esposo estaba jugando al tenis de mesa, mientras que yo me encontraba junto a otras chicas conversando y jugando canasta, cuando veo dos muchachos de unos 18 años, que me parecieron interesantes. Entonces miré a mi esposo y cuando me mira, le indiqué a los chicos. Él los miró, me sonrió y les dijo si querían jugar una partida con él.

Los chicos que recién llegaban al centro vacacional, aceptan muy gustosos. Luego de varios partidos, y promediando la media noche, Alberto les dice para dejar de jugar, ya que la cantina estaba por cerrar la zona de juegos. Para ese entonces yo me encontraba sola, ya que mis compañeras se habían retirado a sus habitaciones.

Alberto se me acerca y me presenta con los muchachos. Estos al verme quedan como cortados, ya que hacía mucho rato que me miraban con bastante descaro. Claro que yo iba vestida para que me miraran, ya que tenía puesta un vestido azul muy cortito, tipo solera muy escotado que dejaba ver casi hasta el nacimiento de mis pezones y cuando me inclinaba hacia delante mostraban una generosa vista de mis senos bien parados y de pezones rosados. Como no llevaba sujetador, la vista era muy tentadora. Como ropa interior llevaba solamente una minitanga, que cuando cruzaba las piernas se veían a la perfección.

Nos retiramos a la cantina y ocupamos una mesa. Varios tragos mediante, y ya bastante desinhibidos, la conversación se fue tornando hacia lo sexual, yo le pregunté a los muchachos si tenían novia, y si habían tenido experiencias sexuales, a lo que ellos muy nerviosos me contestan que no, pero uno tenía novia y frecuentemente se masturbaban con su novia sin llegar a penetrarla.

La situación me tenía bastante caliente por lo que le propuse a Alberto y a los muchachos para retirarnos a nuestra habitación y seguir ahí la conversación. A pesar del alcohol, yo estaba bastante nerviosa porque no sabía lo que iba a pasar, por lo que me abracé muy fuerte de mi esposo mientras caminábamos por el pasillo, mientras él me acariciaba cariñosamente la cola, levantando levemente el vestido, que como era muy corto, dejaba ver mis glúteos y mi minitanga, toda metida en la cola. Los muchachos iban detrás y conversaban muy bajito, pero como en el pasillo todo era silencio, pudimos escuchar la conversación.

-¿Viste que buena que está? – Si, ¡que bueno si la pudiésemos ver desnuda! – Cuando vaya al baño me voy a hacer terrible paja.

Esa conversación me tenía totalmente mojada y se lo hice saber a Alberto cuando entramos en nuestra habitación. Los chicos al llegar se despidieron y Alberto les dijo “todavía queda media botella, ¿nos ayudan a terminarla? Ellos se miraron y un poco nerviosos se miraron y entraron. La erección que llevaban era muy evidente. Alberto propuso jugar a las cartas a un juego de prendas.

Ellos aceptaron de inmediato. El juego consiste en que quien gana les puede hacer una pregunta a los perdedores y estos tienen que contestar con la verdad, en caso de no querer contestar, debe pagar una prenda que es elegida por el ganador. Si un jugador miente, y otro lo descubre, entonces debe pagar dos prendas a cada uno de los demás.

Entre tragos, comenzamos a jugar. Nos sentamos todos sobre la alfombra, yo para estar más cómoda, me senté en posición india, por lo que mis bombachas quedaron a la vista de los chicos, además cada vez que recogía una carta, al estirarme se me veían los pezones. El primero en ganar fue Martín, uno de los chicos. El diálogo fue el siguiente:

-Alberto – ¿Te molesta que otros hombres miren y deseen a tu mujer? – La verdad que eso me excita, -Laura – ¿Te animas a hacer el amor con más de un hombre a la vez?

Yo quedé cortada con la pregunta, y como me demoré varios segundos, todos dijeron que no había querido contestar, por lo que me dijeron que debía pagar una prenda.

La prenda elegida por Martín fue que me debía quitar la tanga en forma muy sensual. Quedé un poco paralizada, entonces Alberto se levantó y me tomó de las manos para que me parase. Entonces comencé a quitarme muy despacio la tanga, haciendo que saliera lentamente de mi cola, mostrando todo para los chicos que reían nerviosos. Cuando terminé, de sacármela, me agaché y les mostré mi conejo totalmente depilado y mojado, entonces le tiro en la cara la tanga a Martín, como premio. Les juro que mi calentura en esos momentos era la más grande de mi vida.

-Carlos – ¿Tienes ganas de hacerte una paja pensando en Laura? – No, yo ya no me hago la paja.

Entonces todos le dijimos que habíamos escuchado el diálogo en el pasillo, por lo que tuvo que pagar una prenda a cada uno. El primero en pedir prenda fue Alberto.

– Queremos que nos muestres tu verga, entonces se levanta y se saca los pantalones y el bóxer y deja liberada una verga de no menos de 20 cms y muy gruesa. Laura pegó un gritito y se tocó instintivamente la conchita, abriendo muy grande los ojos. El segundo en pedir prenda fue Martín.
– Bueno… quiero que te la menees un poco, hasta que te ordene parar. Entonces Carlos comienza a llevarla hacia atrás y adelante muy despacio y le pide a Martín para parar porque está por acabarse. Me tocó a mí pedir prenda y no me pude aguantar más, estaba súper caliente y el alcohol me había desinhibido por completo, además la situación estaba al límite.

– Carlos, quiero… que te acabes en mi boca.

Entonces Carlos se acerca a mí y me acerca ese apetitoso trozo de verga. Lo tomo con mis manos y me lo llevo a la boca, como puedo me meto hasta la mitad y comienzo a succionar. No pasaron ni treinta segundos cuando siento una fuerte descarga de leche que me llega directamente a la garganta, seguidas de otras que no puede tragar y se resbalaron por mis labios, cayendo sobre mis tetas.

Nunca me gustó tragar la leche, ni que me acaben en la boca, pero en esos momentos lo deseaba y junté con mis dedos la leche desparramada y me llevé los dedos a la boca hasta dejarlos limpios. Cuando recupero la compostura veo que Alberto y Martín están desnudos y me están quitando el vestido. La verga de mi esposo es de tamaño normal, unos 18 cms. Miro la de Martín que es un poco más corta pero muy gruesa. Entonces, sin pensarlo y solamente siguiendo mis instintos, lo acuesto en la alfombra y me monto sobre él, clavándome de un solo golpe toda su verga y comienzo a cabalgarlo como una desesperada.

Mientras me estaba cogiendo a Martín, Alberto y Carlos me manoseaban por todos lados, en un momento, siento un dedo que entra en mi conchita y sale todo mojado para trazar círculos en mi hasta entonces virgen culito. Eso me excitó tanto que busqué desesperada una verga para ponerla en mi boca y encontré la de Alberto, que chupé como nunca lo había hecho, incluso le pude un dedo en el culito de él, sin saber si le iba a gustar o no.

Como él facilitó la entrada supe que si le gustaba. Mientras tanto Carlos me metía dos dedos en el culo que estaba muy dilatado, entonces le pedí “Cogeme por el culo, por favor, ponémela en el culo que no aguanto más.

Carlos se sube encima nuestro y sin ninguna delicadeza me la entierra de un solo golpe. Al sentir todo ese pedazo de verga entrar hasta que los huevos me golpearon la concha, pegué un verdadero alarido de dolor, porque créanme que me lo partió provocando bastante daño, pero la calentura era tan grande que hasta el dolor me produjo placer, por lo que le dije, con los ojos llenos de lágrimas. -Cogeme con toda tu fuerza, rompeme toda… Al verme tan viciosa, Alberto se acabó en mi boca con una eyaculación tan larga como nunca lo había hecho, por lo que aunque traté de tragar todo no pude, cayendo parte sobre la alfombra.

Desde el momento que Carlos me la puso atrás, comencé a acabar, y tuve un orgasmo muy largo o varios orgasmos juntos, ya que estuve acabando por más de cinco minutos. Estaba en pleno goce de mis orgasmos cuando Martín me dijo que acababa, y le pedí que lo hiciera en mi boca, pero no llegó a salirse de mi conchita, por lo que me acabó todo adentro, pegando fuertes gritos de placer.

Carlos, que ya se había acabado en mi boca, demoró un poco más en acabarse, y lo hizo cuando yo ya no soportaba más tenerla adentro. Me tomó de los pelos y me tiró hacia él con mucha fuerza, lo que hizo que quedara sentada sobre él, y sus movimientos fueron tan violentos y con tanta fuerza que pese al dolor que sentía, provocaron que tuviera otro orgasmo, pero esta vez mucho más corto e intenso, que me dejó sin aire y a punto de desmayarme. Nos separamos y nos quedamos tirados en la alfombra durante varios minutos. Me sentía destruida, totalmente dolorida, principalmente mi culito que estaba terriblemente irritado y del que emanaba un poco de sangre junto a la leche de Carlos. Mientras “mis hombres” se reponían, fui al baño a higienizarme.

Cuando regresé los encontré conversando animadamente, y apenas entré en la habitación me rodearon, besándome y tocándome por todas partes. Incluso un dedo fue a mi dolorido culito, por lo que protesté, pero ante mi protesta, el dedo fue introducido totalmente, lo que provocó que me mojara nuevamente y que mis pezones se pusieran como piedras. Luego de varios minutos de besos, lenguas y manos por todos lados, soy conducida a la cama.

Les pido que por favor, no quiero más por el culito. Pero no me escuchan. Martín se sienta en el borde de la cama y Alberto y Carlos me toman en peso y me sientan sobre él que ya tiene la verga totalmente empalmada. De un solo golpe, ya que estaba muy mojada, me entra toda… Pensé que cogeríamos de esa manera, pero estaba en un error, ya que me tomaron en peso nuevamente y me sientan nuevamente sobre Martín, pero esta vez su pija entra en mi culito. Intenté salirme, forcejeé pero fue inútil. Realmente me dolía horrores hasta que Alberto se acerca a mi conchita y comienza a lamerme el clítoris. Delicioso.

Sentí que pese al dolor, me acercaba a un orgasmo nuevamente, y lo tengo, vaya si lo tengo, comienzo a saltar encima de Martín provocándole un gran orgasmo, lo que hace que me coja violentamente, haciéndome más daño en mi culito lastimado. Me acabo como una perra, tomando de la cabeza a Alberto y haciendo que me la chupe con fuerza, mientras siento los chorros de esperma de Martín en mi culo. ¡Que gozada!

No podía creer que estuviese gozando de esa manera, entonces Alberto me quita de encima de Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando me acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, se acaba entre quejidos, embistiéndome con tanta fuerza que hace que mis brazos se aflojen y mis codos toquen el piso.

En esa posición me la saca y me la pone en la boca, entonces como una puta, me la meto toda y se la limpio. Carlos aprovecha la posición y se pone también en mi culo, le pido por favor que no quiero más por ahí, pero no me hace caso y me bombea con tal violencia que rompo en llanto por el dolor. Entonces me la saca y de una sola embestida me la pone en la conchita, y se agarra fuertemente de mis senos, amasándolos, y tirando de ellos como queriendo arrancarlos. Se acaba entre fuertes quejidos y jadeos. Se deja caer de lado y yo me desplomo. No puedo más, me duermo.
Me despierto al mediodía, y cuando quiero levantarme no puedo, estaba tan dolorida, en todo el cuerpo que Alberto me tiene que ayudar a llegar al baño.

Nos duchamos juntos y él quiere cogerme de nuevo. Le pido que no, le digo si se la chupo y acepta. Me acaba en la boca y trago un poco y el resto lo dejo resbalar por mis tetas. Realmente estaba agotada. Pasé en la habitación el resto del día, descansando. Esa fue nuestra iniciación en el sexo grupal.

A la noche regresamos a la cantina. Pero ya es otra historia.

Autora: Laura

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Mis dos tíos y yo

Una situación donde estás siendo penetrada tan rico por un hombre y también otro te está mirando y masturbándose es muy excitante. Yo solo gozaba, sin pensar en nada más que en ser cogida por ese pene sabroso. Tío Julián se incorporó y me penetró con fuerza, eran penetradas violentas, ven Alberto le dijo, hazte chupar, tío Alberto se acercó y también se la chupé, ya llegaba a mi orgasmo.

Cuando era estudiante de sociología, y por mis estudios debía hacer un trabajo de investigación, el único lugar donde de seguro encontraría todas mis fuentes sería en la casa de un hermano de mi madre. Mi tío Alberto vivía en las afueras de la ciudad, era soltero y tenía cuarenta y poco… coleccionaba libros antiguos y periódicos de opinión, era escritor y por ello es que podía darse el lujo de vivir en una casa retirada con un “no buen acceso” a la capital. En esos días tío Alberto tenía la visita de mi tío Julián (ambos hermanos de mi madre) así que no se entraba tan solo…bueno sin contar a su vieja limpiadora.

Mediante acuerdo telefónico (y promesa de que no estropearía nada) pude acceder a su preciada biblioteca…como no me permitía retirar los libros y diarios, no tuve más remedio que ir a su casa unas dos semanas. Mi tío Alberto tiene un carácter bien difícil, siempre tuvo novias lindas, pero nunca ni siquiera estuvo cerca del casamiento, tío Julián era un loco de remate, divertido y muy simpático, él vivía en Argentina y venía una vez al año.

Cuando traspasé la verja del jardín tuve como una extraña sensación…que en aquel momento no la pude explicar. La vieja limpiadora acomodó mis cosas en una habitación pegada a la de mis tíos; desde aquel momento comenzaba mi ardua tarea investigativa… entré a la biblioteca y me maravillaba con todas las hermosas colecciones.

Mis tíos hacían transcurrir el día con sus cosas que mucho no podía prestarles atención…pero el desencadenante de todo comenzó la tercera noche, cuando me dirigía al dormitorio, pude escuchar en el de mi tío Alberto gemidos ahogados…de pura calentona acerqué mi oído a su puerta y parecía que estuviera viendo una peli porno y se masturbaba.

Que idea tan caliente, aquello me puso mojadísima…podía imaginarme a mi tío cuarentón, con un físico riquísimo, manosearse el pene y gemir bajo…los gritos de su peli porno sugería que eran jueguitos de mujeres.

Me sentía muy excitada que bajé mis apuntes y también empecé a tocarme la vulva por sobre el jeans, cerré mis ojos e imaginé a mi tío chupándomela fuerte-suave, con una lengua ancha y glotona, “Ahh, creo que voy a la cama a hacer lo mismo” dije. Yo pensé que en aquel corredor estaba sola, pues bien, me doy vuelta y ahí estaba tío Julián. Me quedé paralizada.

Él se acercó despacio y me decía que no se debe espiar a las personas, se acercó tanto, tanto que oía su respiración y su preciosa voz grave. Me miró unos segundos, calientes como rayos, y me atrapó en sus brazos, bajó la mano hasta el cierre de mi jeans y rápidamente me metió la mano dentro, estaba mojadísima.

Me fregaba toda su mano grande de hombre, no me resistí un segundo…me metió un dedo y con la palma de la mano me friccionaba, con la otra mano me abrió la blusa y le regalé mis dos tetas grandes, acercó sus labios a mi oído y me dijo, “Nena mala, hoy tío Julián te va a castigar”

Bajó mis pantalones y a mi tanga la puso de costado, acercó su cuerpo al mío y pude sentir que debajo de su pijama no llevaba ropa interior…y que tenía un pene grueso. Apretados contra la pared, él solo lamía mis senos y con los dedos penetraba mi vagina y mojaba mi culo.

La sensación que sentía era enorme, sólo quería ser penetrada ahí mismo, de cuatro apoyada en uno de los ventanales del jardín, sobre la alfombra…de cualquier forma. La manera en que tío Julián bajaba sus labios lamiéndome me hacía estallar de placer…tanto que no pude contenerme a lanzar gemidos diciendo “Más abajo papi, más abajo”

Me miró mordiéndose los labios, se arrodilló, me separó las piernas y me chupó…Ayyy…que chupada, con mis manos solo podía apretarle los cabellos…las lengüetadas que me daba eran furiosas, con los dedos me penetraba el culo, lo lamía para dejarlo mojadito, que dedos calientes, calientes como yo misma estaba.

Se levantó de golpe y me hizo arrodillarme y chupársela, era una pija bien gruesa, apenas si podía metérmela en la boca…solo podía lamerla, lamerla y chupar la cabeza rosadita de aquella cosa jugosa, buqué mi clítoris y empecé a frotármelo, mientras lamía aquel pene.

“Con que ¿la quieres no?” Me dijo tío Julián…”Y mucho más” le dije, me levantó a fuerza y me tumbó sobre una mesita que estaba en aquel corredor. “Que hermosa tanga” me dijo, alzó mis piernas sobre sus hombros y al agacharse para chuparme pude ver a tío Alberto desnudo y tocándose junto a su puerta.

Una situación donde estás siendo penetrada tan rico por un hombre y también otro te está mirando y masturbándose es muyy excitante. Yo solo gozaba, sin pensar en nada más que en ser cogida por ese pene sabroso. Tío Julián se incorporó y me penetró con fuerza, mientras me mantenía las piernas separadas con las manos.

Eran penetradas violentas…calientes…mojadas. “Ven Alberto” le dijo, “Hazte chupar por esta niña” tío Alberto se acercó y también se la chupé…ya llegaba a mi orgasmo de penetrada y tío Julián lo presintió rápidamente, me metió el dedo anular en el culo y se me vino adentro…tío Alberto se acercó a mis tetas y se vino un mar de crema blanca.

No miramos sin decirnos palabra, y nos metimos los tres a la ducha… (También tuvimos un ratito para jugar al “doctor” entre los tres) Aquella noche dormimos juntos después de volver a chuparnos suavecito y tocarnos.

Al amanecer me asusté de encontrarme sola en la cama, y ver que la vieja de la limpieza ya estaba en el corredor “del Amor”, me moría de vergüenza porque ella conoce a mi madre, pero enseguida se borraron mis temores, porque entró al dormitorio y me dijo:

” Tu tío Alberto nunca amaneció tan bien” “Bájate ya a desayunar, tus tíos están abajo”…me incorporé me puse la tanga blanca y bajé así…Ellos estaban en la mesa desayunando , me miraron.Y yo me acerqué y les besé en la boca a cada uno de ellos, tío Julián se levantó y me dio su bata, me senté en el medio de los dos.

Desde ese día, aquellas dos semanas estuvieron llenas de encuentros ya sea con uno o con los dos al mismo tiempo, nos lamíamos y tocábamos en el jardín, en el salón y en la biblioteca, filmamos y grabamos nuestras travesuras…algunas veces las poníamos bien fuerte mientras volvíamos a follarnos.

La limpiadora me mimaba (ella me sugirió que no me depile más la vulva, que a mis tíos les gustaba peludita) y nos apañaba, hablaba con mi madre y le decía que me estaba portando muy bien.

Desde esa semana, hace cuatro años, cada vez que tío Julián viene a pasar sus vacaciones hacemos y decimos mil mentiras para poder estar solos en la casa… solitos los tres.

Autora: Ani_carli

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33 horas

Mientras Julio me follaba me las ingenié para meterme la polla de Alberto en mi boca y hacerle una felación que no sólo se la endureció, si no que le gustó por los gestos y suspiros que daba. Al final me corrí. Me corrí por segunda vez en esa noche. Entre los brazos de ambos. Me retiré de sus cuerpos pensando que ante la dureza del pene de Alberto, había llegado el turno de ellos. Pero no fue así.

-Cuéntame todo. No tengas temor. Es lo mejor. Lo que ha pasado ya no tiene remedio. Será mejor hablarlo. Sin mentiras, con sinceridad. Con la sinceridad con la que siempre nos hemos guiado. -Pero no me hagas preguntas. Déjame que te lo explique a mi manera. -Tranquila. Cuéntame desde el principio. Con orden cronológico. Dije apoyando mis pies sobre la mesa y adoptando una postura corporal de suma tranquilidad a la vez que sostenía el teléfono móvil en la mano.

-¿Y ese móvil? ¿De dónde ha salido? No es el tuyo. Preguntó Ana. -No. No lo es. Lo encontré en la calle esta mañana. Salí a por cigarrillos y lo encontré en la barra del bar. No he parado de fumar y he agotado mis reservas. -¿Y por qué no se lo has devuelto al camarero? Quien lo haya dejado olvidado habrá vuelto a recuperarlo. ¡Y lo tienes tú! -No hay problema. Mañana mismo lo dejaré en manos de su dueño. Lo devolveré.

Este fue el inicio de aquella revelación que Ana me tenía que hacer. Aquél sábado inusual, ella había acudido a la oficina donde trabajaba. Un contrato escandalosamente beneficioso para su compañía, requería su presencia y la de otros compañeros en el centro de trabajo para rematar los documentos de la firma. Listos para el lunes en la mañana. Sin falta. Su jefe tendría que firmarlos.

-Como sabes, llegué a la oficina  a las 9 de la mañana de ayer. Enseguida nos pusimos manos a la obra, a redactar los documentos de la firma y preparar los contratos, objetivizando cláusula por cláusula para no cometer errores que nos hicieran nuestro trabajo baldío. También sabes que fuimos Rosa, Manoli, Susana, Alberto y yo. Nosotros cinco éramos los encargados de redactar el contrato. Nos pusimos manos a la obra de inmediato, y afortunadamente, gracias a Susana, todo fue rodado… -Tan rodado que terminasteis pronto. Dije visiblemente nervioso.

Así fue. A mediodía ya estaba listo. Sólo quedaba dar un último vistazo y comprobar las cláusulas una a una. Eso lo hicimos después de comer, como ya te dije cuando te telefoneé. A eso de las 5 de la tarde ya habíamos terminado con la revisión, pues no hubo que corregir nada. Nos fuimos a una cafetería cercana a la oficina para celebrar nuestra obra. Es la cafetería nueva de la que te hablé en alguna ocasión.

-¿Todos? Pregunté aún nervioso.-Si. Los cinco.-¿Pero luego no estuvisteis los cinco? Pregunté maliciosamente. No. Rosa y Manoli se marcharon a sus casas al poco rato. Nos quedamos Susana, Alberto y yo. Alberto estaba muy ufano con el contrato, ya que suya había sido una parte muy importante de la redacción. Nos invitó a una última copa. -¿Dónde? Pregunté más tranquilo al comprobar que Ana no me mentía.-En la zona de Manuel Becerra. Quiso invitarnos a un bingo pero declinamos su oferta. Recordarás que te llamé y te comenté que estaba con ellos tomando algo y que enseguida vendría a casa.

-Así fue. Dije afirmando con un gesto de asentimiento con mi cabeza a la vez que encendía el cigarrillo 1756 de aquél fin de semana.-Luego Susana se marchó y nos quedamos Alberto y yo. El no paraba de hablar de lo bien que habíamos dejado el contrato y que el lunes cuando lo leyera D. Pedro Roncales, nos felicitaría. Estaba animoso, contento y hasta diría que muy eufórico. No parecía querer quedarse sólo. Por eso me mantuve con el allí, oyendo una y otra vez lo bien que lo habíamos hecho. -¿Supongo que para que Alberto no se quedara sólo había que sacrificar a tu marido? Me pregunté con cierta ironía.-No es eso Juan. Es sólo que me daba…

-¿Pena? ¿Corte de irte y dejarle allí cantando sus alabanzas a su obra maestra? ¿O es que realmente te apetecía estar allí chupando gin-tonics uno tras otro? -Todo Juan. Yo también estaba contenta con nuestro trabajo. Yo también quería celebrarlo. -¿Al igual que Rosi, Manoli y Susana? Pregunté disimulando mi enfado. No. No sé. Yo quería, yo estaba a gusto con Alberto allí. ¿Qué podía pasar? -Dímelo tú. En eso estamos ¿no? Observé desde el fondo del vaso con whisky.

-¡Es marica Juan! Alberto es gay. No estaba ligando conmigo, sólo estaba satisfecho con nuestro trabajo y lo estábamos celebrando. -Una celebración un  poco larga ¿no? Objeté.-Si. Lamentablemente las cosas no fueron como quería. Eso nos ha traído a esta conversación. Dijo Ana angustiando su cara. Todo se ha ido de las manos.-Está bien, sigue. Sigue contándome, sólo así me haré una exacta composición del porqué mi mujer se marchó ayer sábado por la mañana a trabajar y vuelve hecha un guiñapo hoy domingo a las 6 de la tarde. ¡Ah y no te ahorres detalles! No lo soportaría. Dije en tono amedrentador. No soportaría más mentiras.

-Como te decía, después de dos gin-tonics, Alberto me dijo de tomar la última antes de que me viniera a  casa. Le dije que no, que era tarde y que tú estabas esperándome. Pero el insistió e insistió. No quise desairarle ni cortarle, pues se le veía tan feliz, y le dije que de acuerdo, que tomaría una Última copa y luego tomaría un taxi hasta aquí. -Cosa que no hiciste. Dije interrumpiendo su confesión. -No. No lo hice. Y guardó un largo y agónico silencio mientras pensaba cómo continuar.

-¡Ya sabemos que no lo hiciste! Lo sabes tú, lo sabe Alberto y lo sé yo. Todos los sabemos. Pero lo que quiero escuchar, y digo escuchar, de tus labios, es porque no hiciste lo que tenías pensado. -¿Porqué me haces esto Juan? Me preguntó a punto de echarse a llorar. -¿Qué porqué te hago esto? ¡Oh Ana por Dios! ¡No me vengas con esas ahora! No ahora, después de que te marchaste de casa ayer por la mañana y regresas hoy domingo a las 6 de la tarde. ¡Por favor! ¡33 horas Ana! ¡33 horas fuera de tu casa! ¿Y me preguntas porqué? Hice una pausa y le pedí que continuara.

Nos fuimos andando por la calle Doctor Esquerdo. Alberto tenía ganas de seguir celebrando nuestro trabajo. Me dijo de tomar la última copa en un lugar “especial” para él. Le pregunté que porqué era especial y me dijo que por que allí se encontraba con gays de vez en cuando. Me negué a acompañarlo, pero ante la insistencia y la cercanía de aquel local, no pude resistir y le dije que le acompañaba, pero que sólo tomaría una copa y a casa.

-¡Debieron ponerte un gin-tonics de 100 litros en vista de cuando has regresado! Dije muy irónicamente. -Está bien Juan. Lo cierto es que me fui con el. El local estaba muy cerca, apenas a unos doscientos metros. Ya eran las 7 de la tarde. -Las 8. Sería cuando me llamaste por teléfono ¿no? -Sí. Eso creo. -Pues eran las 8. ¿Estabas tan borracha que no te acuerdas de la hora que era? -No. Serían las 8 como tú dices. Aún estoy confusa. -¿Y? -Pues entramos en el local. No tenía pinta de bar. Me refiero desde la calle. Era sólo una puerta. Estaba cerrada. Alberto llamó a un timbre y alguien nos abrió. Pasamos dentro y Alberto pagó 100 euros de las entradas.

-Ya veo. ¿100 euros de dos entradas? Ya sé al local donde fuiste. Dije. -Si. Yo desconocía de qué se trababa. Pensé que sería un bar privado de gays, pero era un club de intercambios. Un club swinger. -¡Quién lo diría, la estrecha de Ana en un lugar así! -No sabía que estaba en un lugar así. Alberto me dijo que estuviera tranquila, que nada pasaría. Que él había ido muchas veces por allí. -Ya, y tú te lo creíste. De modo que yo aquí preocupado por ti y tú en un club de intercambios, acompañada de un marica.

-Fui a tomar sólo una copa. Después pensaba venirme a casa en un taxi. No me encontraba muy bien. Los gin-tonics que me había tomado y lo poco que había comido. -¡Estabas borracha! ¿No es eso?, ¿Es esa la excusa que me vas a poner? -No. Pero en cierto modo no estaba muy bien…como ahora tampoco lo estoy. -No haber ido con el marica a un lugar al que jamás deberías haber pensado ni siquiera en acudir. -Jamás pensé que esto acabaría así Juan. De verdad. -Me imagino que en un principio no lo pensarías, pero después te daría igual. -¡No Juan! -¡Vamos Ana! 33 horas fuera de tu casa y pretendes que me crea que no ha pasado nada por mucho que hayas estado con un compañero marica. Y en un club de intercambios.

Entramos al local y nos sentamos al lado de la barra. Rápidamente nos sirvieron las bebidas. En el local había gente. Bastante.

-Sigue. Dije muerto de impaciencia, pues estaba seguro que Ana no se atrevería a contarme todo. -Seguimos hablando del contrato, de D. Pedro Roncales, de Susana…y de él. Me confesó lo de su homosexualidad. De cómo había empezado y de cómo había ido a ese lugar por primera vez. -¡Que bonito y tierno! ¡Alberto hablando a su compañera Ana de lo mariquita que es y lo solo que se siente cuando no tiene que meterse por el culo! -Lo lleva con dignidad. Dijo Ana en tono defensor, lo cual confirmaba mis sospechas de que lo que había ocurrido en ese local había sido con el consentimiento de ella.

-Sí, sí, no me cabe duda. Todos lo llevan con dignidad. Los que somos heterosexuales somos los que tenemos que tener cuidado con lo que hacemos. ¡Faltaría más! -Alberto es amable, educado, limpio, digno y si le gusta esa variante del sexo.-No pasa nada hija mía. A mí no me molesta, mientras no me salpique. Y mira tú por dónde, de este golpe, me ha salpicado. Ha estado entretenido con mi mujer hasta hoy. Y a saber que habrá ocurrido en ese local.

Al poco de estar allí sentados observé como Alberto no quitaba ojo a un tipo que andaba sentado por allí. El le miraba también. Nos miraba a los dos. Debido a tanto intercambio de miradas, el tipo decidió levantarse y acercarse a nosotros. Pensé que era muy atrevido, pues perfectamente hubiéramos podido pasar por una pareja. y no sé, interrumpir una conversación así.

-Si, muy liberal. Dije. ¡Interrumpir una conversación donde el único protagonista es un marica! -Pues sí. Parecíamos una pareja charlando frente a una copa.-Continúa. -El tipo se presentó como Julio. -¡Ah hombre qué original y qué rebuscado! Julio, y estamos en el mes de Julio. Vale, vale. ¡Casualidades de las cosas mira tú! se llama como mi Julio, el nuevo vigilante jurado de mi planta. -Eso dijo. Que se llamaba Julio. Nos preguntó si éramos pareja y dijimos que no, que éramos compañeros de trabajo. Nos invitó a una copa.-¿Cuántas iban ya Ana? ¿Seis, siete?-No sé. Estaba un poco mareada. -¿Sólo un poco?

-Sí. Sabía lo que hacía y lo que decía. Pero estaba algo, ya sabes. -Cuando me telefoneaste me lo pareció. Eso fue lo que me alarmó. Eso y tu negativa a decirme dónde estabas. Hubiera ido a buscarte. ¡Claro, si no me hubieras repetido con la lengua trabada que ya venías a casa!-¿Cómo te iba a decir que estaba en ese local? ¿Qué hubieras pensado de mí? ¿Qué hubieras dicho? -Hubiera pensado lo que pienso y te hubiera dicho lo que te diré al final cuando sepa todo lo que pasó. Continúa por favor.

-Estuvimos charlando y poco a poco me fui dando cuenta que Alberto estaba intentando ligar con Julio. En el fondo me alegré por el. Se encontraba tan sólo.-Pobrecito. Dije.-En el fondo me daba pena. Me gustaba que estuviera en compañía de Julio, yo me iba a venir a casa, le iba a dejar allí sólo. Esa era la ocasión para poder irme sin que se molestara.-Cosa que no hiciste. Cosa que no has hecho hasta hace un rato. ¡No está mal! Has necesitado muchas horas para decidirte.-Eso es otra historia. -¡Pues cuéntame que te impidió venirte a casa y dejar al marica con el otro marica dándose cariño mutuo!-En eso estoy Juan.

-Pues sigue. Ardo en deseos de saber porqué mi mujer viene en estas condiciones. -Julio le ponía la mano sobre la rodilla mientras hablaba con nosotros y no paraba de reír y hacer gracias. Yo reía sus tonterías, quizá debido al exceso de alcohol, quizá a que por el mismo motivo, me sentía desinhibida, quizá porque estaba a gusto en ese lugar. -¡Claro, era como tu casa! ¡Mientras no faltaran gin-tonics! -Por favor Juan, te lo ruego. Déjame que te cuente. Ya es bastante difícil para mí.-Adelante Anita. Cuéntame cómo has llenado las 33 horas que has estado lejos de esta casa. Dije jugueteando con el teléfono móvil en la mano.

-Alberto le dijo que era gay. Abiertamente. A Julio pareció gustarle esa confesión. Pensé que ambos eran gays y que se entendían. -¿Y entonces qué papel pintabas tú allí? -Estaba con ellos. Julio era muy amable conmigo. Dije de marcharme porque era tarde pero Julio pidió más copas y dijo que nos fuéramos a un reservado, que allí charlaríamos más íntimamente. Entonces traté de llamarte para que fueras a recogerme y Julio me quitó el móvil de la mano y no me dejó. Dijo que seguro que a ti no te importaría que estuviera con ellos. Luego me devolvió el teléfono.

-¡Como me iba a importar que mi mujer anduviera en un local de intercambio con dos maricas! ¡Faltaría más! ¡Es lo más adecuado y lo más normal para una mujer casada! ¡Sobre todo si no está en ese local con su marido!-No pensé que estuviera haciendo nada malo. No estaba traicionando a nadie, ni estaba ligando con nadie.-Tú no Ana, quizás tú no, pero Julio tal vez si.-Yo sólo veía que él y Alberto estaban a gusto. Nos fuimos a un reservado. -¿Cómo era el reservado?

-Era una especie de habitación con una cama, no había puerta, la luz era rojiza. No lo sé. Dejamos las copas en el suelo y nos sentamos sobre la cama. Ellos seguían charlando muy animadamente. Algunas personas se asomaron a la habitación y al vernos allí sentados se marcharon sin decir nada. Yo estaba mareada con los gin-tonics y opté por tumbarme en la cama. Ellos seguían hablando. Con la penumbra de la habitación, la música a bajo volumen y mis gin-tonics, me adormilé un rato. Cuando abrí los ojos ellos seguían allí, con sus copas en la mano, fumando y charlando mientras reían. Me miraron los dos. Entonces fue cuando se me pasó la borrachera que tenia encima, pero fue muy efímero, enseguida me note más mareada. Traté de levantarme y casi me caigo al suelo. Julio me sujetó firmemente por la cintura y me arrastró a la cama otra vez. Sonó el teléfono. Mi teléfono.

-Y fue cuando optaste por colgar directamente y apagar el teléfono para que no te molestara más. -Lo hice por puro instinto. No sé cómo se me ocurrió. Tal vez porque estaba borracha y no quería que lo notaras. Alberto aplaudió mi gesto.-¡Cabrón! ¡Marica de mierda! Ya veo por donde iba ese hijo puta. -Me quedé más tranquila. No había sido necesario hablar contigo. No te darías cuenta del estado en que me encontraba. -Me la diste con queso Ana. Lamentable. Yo preocupado por ti y tú colgándome el teléfono sin tener valor para decirme lo que estaba pasando.-Eso parece. Dijo ella muy aturdida. Me tumbé en la cama de nuevo y me quedé dormida.-No está mal. Dormida al lado de dos maricones. Dije cada vez más descompuesto por lo que estaba escuchando de boca de Ana. Pero necesitaba saber hasta dónde me contaría. Tomé fuerzas y encendí el cigarrillo 1762.

-Cuando desperté no sé que hora era. Pero allí estaban ellos dos, Julio y Alberto, sentados uno frente al otro. Sus camisas habían abandonado sus cuerpos. No es que hiciera calor en ese local, aunque yo estaba sudando, supongo que por el alcohol consumido. Me incorporé sobre la cama y los miré. Y fue cuando Julio bajó su cremallera del pantalón y sacó su polla delante de mí. Me restregué los ojos para ver si era real mi visión. Si, era real. Pero lo que me sorprendió más fue cuando vi que Alberto hacía lo mismo que había hecho Julio. La escena me impactó. Yo parecía que me encontraba mejor. Se me había pasado bastante el mareo que había tenido y Julio me ofreció un cigarro que acepté gustosa…y nerviosa.

-Toma, dije tendiéndole el cigarrillo que acababa de encender. Una vez en su mano encendí otro para mí. Bebí otro trago de whisky y aspiré la bocanada 276.000 del fin de semana. Sinceramente parecía una chimenea. Mi voz sonaba ronca de tanto humo.-…y busqué mi vaso con gin-tonic para beber un trago. No estaba donde recordaba haberlo dejado, que no era otro sitio que en el suelo. Julio me ofreció el suyo. -¿También tomaba gin-tonics? -No. Cuando vino a la barra con nosotros pidió un ron con coca-cola. No sé porque tenía un gin-tonic allí.-Lo habría pedido para ti Anita. Dije irónicamente. -Tal vez. Lo tomé y di un sorbo mientras miraba como ellos se quitaban sus pantalones.

-Julio y Alberto, Alberto y Julio. ¿Por qué no te viniste a casa Ana? -No lo sé Juan. No lo sé. Hubiera sido mejor. Sin duda. -¿Qué pasó después? -Pues nada, yo les miraba y ellos me miraban a mí. Los dos incorporaron sus culos ligeramente y se quitaron sus calzoncillos. Aquello me impactó demasiado. No entendía que estaban haciendo.-Es fáciles de entender Ana. Se desnudaron porque son maricas. Tendrían ganas de sexo.-Lo sé. Lo supe cuando vi como Julio echaba mano a la polla de Alberto y este a la de Julio. Luego empezaron a masturbarse delante de mí. Aquello parecía excitarles más. Armada de valor pregunté que hacían. Julio me dijo que estábamos en un lugar de culto al sexo y ellos hacían sexo. Traté de levantarme de la cama para marcharme de allí, pero Julio me sujetó por el brazo provocando que volviera a caer encima de la cama. Alberto me pidió que me quedara por favor.

-¿En calidad de qué?-Supongo que en calidad de mirona. Mirándolos como se hacían una paja. Y me quedé con ellos hasta que acabaron de masturbarse. Luego Julio se marchó y yo me fui con Alberto a su casa y como estaba borracha, me quedé a dormir allí. Y eso es todo. -¿Eso es todo Ana? -Sí.-Por eso has venido a casa a las 6 de la tarde. Porque Julio y Alberto se han estado masturbando toda la noche. -Ellos seguían masturbándose y yo estaba con ellos. ¿Que podía hacer en las condiciones en las que me encontraba?

Ana se echó a llorar. No quise hacer más leña del árbol caído. Encendí otro cigarro y se lo di. Ella lo tomó como hiciera la vez anterior y aspiro entre lágrimas una bocanada de humo. Fui piadoso con ella. No quise escuchar de sus labios lo que había pasado después. Opté por terminar con aquella tensión yo mismo. Poner el punto final a esa infidelidad de mi mujer. Por otra parte, ella no hubiera sido capaz de continuar con aquello.

-Bueno Ana, ellos se masturbaban y tú mirabas. ¿Y sabes lo que pasó? ¿Sabes lo que creo que pasó?, pasó algo más y yo te voy a contar como terminó la historia.-¿Tú? ¿Acaso sabes cómo ha acabado esto Juan? ¡No empieces a imaginar cosas! No pasó nada más. Ya te lo he contado todo.-¡Ana por favor! No insultes a mi inteligencia. No me he caído del guindo ayer.-Me emborraché más con el gin-tonic que me dio Julio y no me acuerdo de nada más. Sólo recuerdo que me fui con Alberto a su casa. Y este mediodía he despertado en su cama.

-Ya, ya, ya. Ya me lo has dicho Ana. Pero yo te diré algo que quizás tú ignores. Te contaré como creo que acabó la historia Ana. Mientras ellos se masturbaban, tú te excitabas. Te excitabas de verlos con sus pollas duras haciéndose una paja. Allí a tu lado. Uno al otro. Los mirabas con lascivia. Tal vez con envidia. ¿Qué hora era, las tres, las cuatro? La tres de la mañana Ana. Las tres de la mañana y yo en casa preguntándome dónde andarías y que te habría sucedido. Y lo que te estaba sucediendo es que Julio, el marica de Julio, había llevado su mano hasta tus muslos y ascendía con ella por debajo de tu falda hasta tropezar con tu tanga. Y tú, muy excitada por cierto, dejaste que el husmeara en tu coño con sus dedos. Pero como aquello no era lo suficientemente excitante, optaste por facilitarle la tarea y le dejaste que te quitara el tanga para así permitir que te tocara a su antojo. Hice una pausa y observé el cambio de cara de Ana. No era una buena cara, no. Estaba más blanca y pálida que hacía un rato, cuando ella hablaba.

-Pero seguiré contándote lo que creo que sucedió. Cuando te hubo quitado el tanga, se solazó con sus dedos en tu coño, penetrándote con ellos hasta el fondo. Pero Julio era marica, no había problemas. Alberto mientras tanto se encargaba de chupar esa polla poderosa del otro maricón. Julio se lo pasaba bien, metía sus dedos en el coño de Ana y Alberto le chupaba la polla mientras. Tu camisa fue abierta de par en par y tus pechos quedaron libres para que tú misma te los pudieras tocar mientras gozabas con los dedos de Julio. Estabais haciendo un trío un tanto extraño, dos maricones y una puta. Hice otra pausa. Ana estaba apoyada sobre el respaldo del sillón. Sostenía el cigarro con unos centímetros de ceniza pegada. Su boca estaba abierta. Se la notaba sin fuerzas. Sorprendida por lo que estaba escuchando.

-Luego Julio optó por quitarte la falda y tú mientras te quitabas la camisa. Una vez desnuda, se dejó caer entre tus piernas y esa hermosa polla de Julio se abrió camino donde antes habían explorado sus dedos. ¿Me equivoco?

Ana no contestaba. Estaba como transpuesta ante lo que estaba escuchando de mi boca. Apagué la colilla del cigarro y encendí el 1765. Según hablaba acompañaba mis palabras con movimientos de mi mano, en la cual sostenía el móvil “encontrado” en el bar.

-No, no me equivoco. Lo sabes bien. Julio arremetía con su vigorosa polla dentro de ti. Tú estabas sudando, al igual que ellos. Le agarrabas por la cintura para acercarle más a ti. Necesitabas sentir esa polla caliente dentro. Necesitabas que te anegara de su semen. Necesitabas correrte con otro cuerpo que no era el de tu marido. Alberto se la meneaba mientras tanto. Julio te besaba y jugaba con tu lengua alcoholizada.

-¡Basta! ¡Basta ya! ¿De dónde has sacado esto que estás diciendo?-¿Fue así como sucedió verdad? Pregunté con resignación. No. Te lo has inventado. No fue eso.

Lancé el móvil encima de la mesa. Lo hice con pena, con rabia, con desazón, con dolor, sobre todo con mucho dolor. Ana me había sido infiel. Ana me había engañado. Y lo que era aún peor, Ana ya no era sincera conmigo. Y eso rompió todos mis esquemas.

-Tú sabes que eso fue lo que sucedió. Dije armándome de valor para lo que la iba a decir a continuación. Lo he visto Ana.-¿Cómo que lo has visto? ¿Has visto qué cosa Juan? ¿Qué estás diciendo?-Chisssss…no más preguntas. En este móvil. Aquí está la prueba de tu engaño. Aquí hay un video grabado donde se puede apreciar como Julio te folla. ¡El muy hijo puta te grabó mientras te follaba! ¡Claro que como estabas borracha ni te darías cuenta! Y hay unas cuantas fotos. Se ven muy mal, pero en el ordenador se ven mejor. Te fías de todo el mundo. No sé si me has sido infiel en alguna otra ocasión, tal vez si, tal vez no. Tal vez sea la primera. Me da igual. Pero deberías haber elegido mejor, aunque reconozco que el tal Julio parece que tiene una buena polla. ¿Qué cómo llegó este móvil a mi poder? Fue casual. Como casi todas las cosas Ana. Casualidades del destino.

Como he fumado tantísimo entre ayer y hoy, ya te dije que me quedé sin tabaco, bajé al bar esta mañana a comprar unos paquetes, y mira tú por dónde me encuentro con el vigilante jurado de mi planta. De mi propia empresa. De mi puto trabajo. Como apenas lleva dos meses trabajando en nuestra empresa no tengo confianza con el. El siempre me saluda y yo le contesto y a eso se limitaba nuestra relación. Como comprenderás, al verle no tuve más remedio que saludarle, extrañándome encontrarle en ese bar, tan cerca de casa y tan lejos de nuestra Oficina. Le vi muy perjudicado, bastante resacoso. Amablemente me quiso invitar a tomar algo. Le pregunté que hacía por allí y me dijo que iba de camino nuestra empresa. Entraba de turno a las 5 de la tarde. Me explicó que había estado de juerga toda la noche y le recriminé por ello, le dije que en esas condiciones lo mejor sería hablar con el jefe de seguridad para que alguien le sustituyera en la guardia y él se fuera a su casa a dormir. Aún estaba borracho. ¿Qué clase de vigilancia iba a hacer?

Respecto a qué hacía por esta zona, atinó a decirme que iba en un taxi camino de nuestra empresa y que había sentido necesidades de ir al baño y se apeó del taxi y entró en ese bar. Como andaba con la lengua suelta, me dijo que se había pasado toda la noche con una tal Ana y un maricón llamado Alberto. Casi me desmayo en el bar. Tiré de su lengua para averiguar si era una coincidencia o si se refería a vosotros, el marica de tu compañero y la puta de su acompañante. Y me contó una bonita historia. Me dijo que se había ido a un bar de intercambios a tomar unas copas y que se enrolló con una pareja que estaban en la barra de ese local. Me comentó que el hombre era marica y que ella era una compañera de trabajo del marica. Reconozco que lo emborraché más. Ante la magnitud de su declaración no me quedó más remedio que sentarme con él a una mesa y tomarme unas cervezas. Y como él estaba aún con la resaca, se emborrachó más. Así fue como me enteré, en un alarde sin precedentes por su parte, que sin ser marica o gay, se hizo pasar por tal con el sólo objetivo de follar con la mujer, pues al parecer, ella lo deseaba. Me estuvo diciendo que vio una oportunidad y no quiso desperdiciarla pese a que era muy tarde y hoy tenía que entrar de guardia en nuestra empresa. Pero esas cosas se presentan una vez en la vida, según él.

Hice una pausa. Ana lloraba, bebió de mi vaso y fumaba. Había dejado un cigarrillo encendido sobre el cenicero y encendió otro sin darse cuenta. No estaba mentalmente allí.

-¡Claro, pagó un peaje! Enrollarse con el compañero de ella. El maricón. Pero no le importaba con tal de obtener lo que buscaba. Me dijo que fue fácil. Me describió la escena de forma muy clarificante. La vi. Según me lo iba contando iba viéndolo Ana. Me dijo que ella estaba un poco borracha, pero nada serio. Que al parecer estaba casada, pues su marido la llamó por teléfono. Pero que ella era una golfa que buscaba sexo, que buscaba que alguien se la follara, ya que el marica de su compañero no iba a hacerlo.

Ana dejó de llorar. Se acomodó sobre el sillón y bajo la vista hacia el cristal de la mesa. Su gesto se endureció.

-¿Y sabes lo que me contó que le sorprendió más? La facilidad de ella para dejarse follar. La predisposición a entregarse a él. Los deseos de puta que ese vigilante veía en sus ojos. No tuve dudas, erais vosotros tres. El vigilante que tenía enfrente de mí en el bar, el marica de tu compañero y tú Ana. Mi mujer. La sincera Ana. La fiel Ana. La Ana con quien he compartido mi vida los últimos 8 años, después de contarme las cosas salió del bar como alma que lleva el diablo olvidándose este teléfono que tú no conoces y que ves ahora sobre la mesa. ¡Y encima tuve que pagar todas sus consumiciones!

De regreso a casa, examiné su móvil y en los videos encontré este ¿Quieres verlo? ¿Quieres ver como movías el culo debajo de él? ¿Quieres ver como sus cojones te golpeaban cada vez que él apretaba contra ti? Supongo que sería tu compañero quien grababa con una mano mientras se masturbaba con la otra.

-No es necesario. Se lo que pasó. Dijo Ana con voz tranquila y grave.-Pues cuéntamelo Ana, cuéntamelo por favor. ¡Me voy a volver loco! -Está bien. Ya conoces parte de la historia. Si, era ese Julio. No hay duda. El vigilante de tu empresa. Como tú dices, el destino o las casualidades. ¡Para que voy a negarlo! Me dejé llevar. Los vi encima de la cama. Semidesnudos. Luego se desnudaron y empezaron a tocarse entre ellos. Les recriminé. Les dije que me iba de aquel lugar. Me dijeron que no me comportara como una boba, que ya era una mujer. Que ellos sólo querían hacer lo que la gente hacía allí, disfrutar del sexo. Que lo único que hacían era masturbarse el uno al otro. Me pidieron que los acompañara, a lo que me negué en rotundo. Supongo que el alcohol y aquella situación hicieron que yo me comportara de manera distinta a como lo hubiera hecho en otras condiciones. Ciertamente me excité al verlos. Supongo que Julio lo notó en mi cara, aunque juro que yo no dije nada de nada ni manifesté mis deseos, que no eran otros que los que puedes imaginar. No me preguntes porqué, pero sucedió así. Julio acercó su mano a mi pierna y la metió bajo mi falda. No hice nada para impedirlo. Estaba alucinada viendo como Alberto se metía aquella polla dura de Julio en su boca. El me tocó y apartó mi tanga.

La boca se me secó de golpe. Me serví más whisky. Sin hielos. Encendí un cigarro. Mis nervios se manifestaron con un temblor de mis manos.

-…y me tocó. Cuando quise darme cuenta de lo que estaba pasando ya me había unido al grupo. Estaba desnuda sobre la cama y Julio se echó encima de mí. Lo demás ya lo sabes o te lo puedes imaginar. Además, ya lo has visto en el video de ese teléfono.

-¡Por favor Ana! ¿Cómo pudiste hacerlo? Dije con mi voz temblorosa y manifestando una tiritona en mi cuerpo cada vez más patente. -Sucedió así Juan. Me folló y si bien es cierto que no deseaba aquello, luego fui queriendo más.

Hizo una pausa. Me miró como temblaba. Su mano se acercó a la mía y la retiré de inmediato. Apagué el cigarro al que apenas había dado dos chupadas y encendí otro más.

-Quiero que sepas algo más de lo que allí pasó. Después de follar con Julio nos fuimos en casa de Alberto. Yo estaba muy liberada. Y algo desinhibida. No quiero justificarlo con el alcohol, pero sé que sin los gin-tonics acumulados en mi mente, ayer no hubiera pasado esto. En su casa nos desnudamos los tres. Alberto pretendía hacerlo con Julio y que yo les acariciara mientras. Julio dijo que no le gustaba que le dieran por el culo. Yo me reía entre mares de alcohol y tónica. Desnudos nuevamente, Julio me llevó hasta un sillón próximo y me volvió a follar. Alberto no paraba de quejas. Una tras otra. Decía sentirse engañado por Julio. Decía que Julio no era gay. Que le había engañado y no sabía con que finalidad. Estaba claro, Julio se había acercado a nosotros para enrollarse conmigo y poder hacer lo que hizo. Se fingió un gay para estar con nosotros y que Alberto se interesase por él. Después lo tuvo fácil. Pero Alberto estaba cada vez más molesto e incluso llegó a interrumpirnos mientras lo hacíamos. Trató de separar a Julio de mí, y este a punto estuvo de golpearle para que nos dejara.

Alberto no estaba bebido, al menos tanto como nosotros. El se paseaba por el salón de su casa diciendo que quería sexo con Julio. Que si Julio no quería recibir, sería él quien dejara a Julio darle por el culo. Pero Julio estaba conmigo. Tenía un agujero mejor donde meter su polla. Y francamente, no estaba por la labor de atender a las peticiones de Alberto. Yo me corrí una vez más. Julio empujaba y empujaba dentro de mí haciendo que me abriera más a sus penetraciones. Llamé a Alberto. Aún sin saber porqué lo hice. Le pedí que se acercara a nosotros y me tocara las tetas. Aquello pareció confundirle en un primer momento, pero se acercó y no sólo me tocó los pechos sino que además me besó. Supuse que eso le haría pensar que tal vez cuando Julio terminase conmigo saciaría las necesidades de él.

Mientras Julio me follaba me las ingenié para meterme la polla de Alberto en mi boca y hacerle una felación que no sólo se la endureció, si no que le gustó enormemente por los gestos y suspiros que daba. Al final me corrí. Me corrí por segunda vez en esa noche. Entre los brazos de ambos. Me retiré de sus cuerpos pensando que ante la dureza del pene de Alberto, había llegado el turno de ellos. Pero no fue así. Me llevaron a la cama y se sirvieron más copas mientras yo fumaba un porro que había sacado Alberto de no se qué lugar. Aquello me relajó en exceso y me remató mentalmente.

-¿Porqué me estás dando estos detalles? Pregunté tartamudeando de los nervios y los temblores que habían invadido mis palabras y mi cuerpo.-Porque querías saber. Porque he de ser sincera contigo. Porque ya nada será igual después de esto.

Hizo otra breve pausa y prosiguió.

-En la cama, conmigo tumbada, se recostaron a mi lado los dos. Julio se agachó entre mis piernas y lamió ahí. Sucio como estaba de su semen. Sin ascos. Mi mano se fue a la polla de Alberto y comencé a masturbarle. Nuestros cuerpos estaban sudados. Olíamos a sudor. Me sentía sucia pero cada vez más relajada mentalmente y excitada sexualmente. Quizás el olor de nuestros cuerpos, con ese perfume tan característico del sexo, me excitó más. Alberto le pidió a Julio que lo hicieran y este dijo que no, que no insistiera más, que él no era marica y que de ninguna manera iba a follar o dejarse follar por él. Entonces Julio le dijo “¿necesitas un culo eh? ¿Eso es lo que necesitas marica? Pues aquí tienes un culo. El de tu compañera Ana.”

-¡Noooo! ¡Por favor Ana dime que no! Imploré medio llorando.-Si. Entre los dos me tomaron. Julio se tumbó en la cama y me subí a horcajadas encima de él y me volvió a follar. Alberto mientras tanto, se fue introduciendo por mi ano. Sentía que me desgarraba, pero fue algo único.

Otra pausa. Más larga ahora.

-Jamás había sentido algo similar Juan. Luego nos quedamos dormidos. Cuando desperté Julio se había marchado. Alberto dormía a mi lado, abrazado a mí cuerpo. Me vestí sin ducharme y salí de la casa de Alberto. Tome un taxi y vine a nuestra casa. Eso es todo lo que pasó. Sin mentiras.

El silencio invadió nuestro salón. Lamenté no hubiera entrado alguna mosca en nuestra casa. Quizás se hubiera escuchado el sonido de tan minúsculo animal. Ese silencio me martilleaba en la cabeza. Apenas levanté mis ojos y me encontré con los de Ana. Rebosaban seguridad, tranquilidad, expectación. Bebí más whisky y me di cuenta que estaba borracho. La lengua la tenía como un trapo de tanto tabaco y whisky. Nuestras mentes carburaban el movimiento futuro. Al cabo de unos minutos, no podría precisar cuántos, Ana alzó su voz. Retumbó en mis oídos.

-¿No tienes nada que decir?

La miré mientras apagaba el que ya sería 1800 cigarrillo del fin de semana, por supuesto en caso figurativo y sólo para manifestar la cantidad extremadamente exagerada de tabaco consumido por mí, y encendí el 1801. Parpadeé. Tomé el vaso de whisky y di un trago cuantioso. Luego dejé el vaso sobre el cristal de la mesa y la volví a mirar. Allí estaba ante mí, confesa privadamente y a la fuerza de su desliz. Más bella que el viernes. Más segura de si misma. Más mujer.

-Si lo que deseas es el divorcio, lo entenderé. No pondré objeciones. Es justo que pague por lo que he hecho. Pero me da pena perderte por unos gin-tonics. Me dijo con sincera tristeza.

Abrí mi boca para algo más que para meterme el cigarrillo en ella. Había pensado todo en unos instantes. Tal vez confundido por el alcohol no di más importancia a las cosas. Quise ser práctico y sacar ventaja de donde ya sabía no podía disfrutarla.  Arrastrando mis palabras debido al alcohol me escuché decir:

-No me perderás. Pero quiero saber una cosa nada más ¿Repetirías lo que hiciste anoche con Julio y Alberto con quien yo quisiera? -¿Acaso te gustaría que lo hiciera? Me preguntó aspirando más humo.-Si no morimos de cáncer debido al tabaco, si. Quiero vivirlo. -En ese caso, estoy a lo que digas. Dijo soltando el humo de sus pulmones y poniéndose en pie para acercarse a mi entrepierna con su boca.

Y esa fue la confesión de Ana, el trío de Ana, la infidelidad de Ana. Infidelidad que yo no olvidé aunque perdoné. Por mi interés naturalmente. De lo que empezamos a vivir desde el día siguiente, ya les contaré con el tiempo, porque aún estamos en ello. Pero una cosa es segura entre nosotros, nos hemos reforzado en confianza. Hace unos días me dijo que es muy posible que en un viaje que vamos a hacer dentro de unos días, nos acompañe Susana. La está convenciendo para que venga con nosotros. Susana es su compañera, la última que los abandonó aquel sábado después de aquel contrato. Pero Susana tiene algo especial. Es lesbiana y tiene pareja estable. Su pareja no vendrá con nosotros. El objetivo es claro. Adivínenlo.

Autor: Coronelwinston

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Un extraño en la autopista

Su verga entró con suavidad por el culo de Alberto, gracias a que se lo había mamado con tal ímpetu que todavía estaba húmedo. La cama comenzó a temblar violentamente al sentir el vaivén provocado por Javier que, con Alberto encima, ya bien enchufado por el culo, se agitaba de placer. Lo que más placer le provocaba a Javier, era tener entre sus manos la polla del muchacho.

Javier desvió un instante la mirada de la autopista para comprobar la hora: marcaba las once y media de una fría y desapacible noche de verano. Soplaba un viento fortísimo y el cielo negro de espanto no tardaría en iniciar su llanto. Por una vez – pensó -, el parte meteorológico de la televisión ha acertado de lleno. Lástima que no le hubiese cogido en casa; quizá no hubiese iniciado ese viaje que, más que un viaje, era una peregrinación. Ya era tarde para volver atrás, aunque hubiese sido lo mejor. Llevaba hora y media conduciendo, estaba fatigado. Pero lo que más le fatigaba era el hecho de que le quedaban muchas más horas de trayecto antes de llegar a su destino. Se entretenía del único modo que la conducción de un coche permite; es decir, escuchando la radio. En esos momentos la sensual voz de la presentadora se apagó y comenzó a sonar un tema de María Dolores Pradera. Sus labios, con fino hilo de voz, la acompañaron:

– Procuro olvidarte siguiendo la ruta de un pájaro herido; procuro alejarme de aquellos lugares donde nos quisimos; me enredo en amores, sin ganas ni fuerzas, por ver si te olvido; y llega la noche y de nuevo comprendo que te necesito…

Finalmente, la apagó. Esa canción le evocaba demasiados recuerdos y él, a toda costa, buscaba el olvido. No quería pensar, no quería sufrir. Instintivamente, su pie se clavó en el acelerador. El motor rugió y se deslizó con suavidad. Al tomar una curva, un pequeño punto en la distancia llamó su atención. Era alguien haciendo auto-stop. Su primera reacción fue seguir de largo, hacer como si allí no hubiese nadie; pero a medida que se aproximaba… Era un muchacho de unos veinte años. Llevaba una mochila azul colgada al hombro. Su aspecto era, pese a cierto aire descuidado, agradable.

Debe estar helado – se dijo Javier al comprobar, de reojo, que llevaba puestos unos pantalones cortos y una camisa azul igualmente estival. Ante la mirada expectante del muchacho, un Fiat Punto se detuvo unos metros más allá de donde él se encontraba. Javier miraba, impaciente, hacia atrás. Sin perder tiempo, el muchacho aferró bien la mochila y se encaminó hacia el vehículo en marcha.

– Hola – dijo, abriendo la puerta. Su voz era varonil, igual que su aspecto. – Sube – le instó Javier, sonriendo. Ciertamente, el muchacho estaba helado. Tenía el rostro pálido como el mármol. – Uf, creí que jamás pararía nadie – cerró la puerta -. Bueno, gracias, me llamo Alberto. – Yo, Javier. Encantado.

Y tras estrecharse las manos, reanudaron el camino.

– ¿A dónde vas? preguntó Javier. No sé. Eso no importa. Como diría no sé quien: iré a cualquier parte, siempre y cuando sea hacia adelante.- Ya, comprendo. Así que estás viviendo un verano aventurero.- Sí, voy donde me lleva el viento – admitió Alberto, frotándose con ímpetu las manos. – Yo siempre quise hacerlo; sin embargo nunca me atreví. Supongo que hay que tener huevos para dejarlo todo y abrazar la aventura. – Sí, en ocasiones el miedo es un gran freno; yo nunca dejo que el miedo influya en mis decisiones. Vivir con miedo es como vivir a medias.

Javier lo miró de reojo. Sentía curiosidad. Nunca antes había visto tanta madurez en alguien tan joven; a pesar de que él sólo tenía treinta y dos, se sentía espantosamente viejo.

– Tienes razón – hizo una pausa, después, con esa solemnidad que nace cuando habla el corazón, dijo – Yo vivo a medias.- Sólo tú puedes cambiar tu vida – sentenció Alberto.- Bueno, dejémoslo así.  -¿No tienes frío?- Ahora menos. – ¿Por qué no te abrigas? Como sigas así por ahí, tu aventura terminará en un hospital con pulmonía.

Alberto echó una ojeada a su mochila, después dijo: – Pues la verdad, no tengo nada que abrigue mucho más. No entraba en mis planes este tiempo. Javier le indicó una maleta rojo que estaba tras su asiento. – Coge unos pantalones y un suéter. Más o menos tenemos la misma talla.

Entre frase y frase, Javier le había, digamos, tomado las medidas. Era alto y, por lo torneado y prieto de su cuerpo, se veía que practicaba natación a menudo. Probablemente, pensó, se habría pasado gran parte de lo que llevaba de verano en la playa.

– Aquí están – dijo, finalmente, volviendo a su asiento -. Gracias, tío. Con una falta de pudor envidiable, se quitó los pantalones cortos para colocarse los otros.- Estaban medio mojados – aclaró.

Javier se quedó desconcertado. Había visto, bajo unos calzoncillos húmedos, que Alberto tenía un buen nabo. Cuando se puso los otros, secretamente sintió verse privado de la visión de aquel maravilloso instrumento.

– Mucho mejor, comentó tras ponerse un suéter de punto blanco.- Seguro, dijo él con sarcasmo.- Oye, espero que no seas un psicópata porque me caes muy bien. Javier sonrió y puso una cara desencajada.

– Claro que no – miró hacia la parte de atrás y dijo -. ¿Verdad que no, mamá? Alberto estalló en carcajadas seguido por Javier. – Muy bueno, muy bueno, pero hay mucho loco por ahí fuera. Seguro que Norman, de psicosis, es un fiel reflejo de alguien. Un individuo débil, dominado por su madre, que termina con ella y, a la vez, obsesionado con su presencia.

– Bueno, bueno, que Hitckcock también hizo algo. Además, yo podría decir lo mismo de ti; haciendo auto-stop en la autopista a las tantas de la noche. Quién sabe, tal vez te has escapado de la cárcel, donde cumplías condena por unos terribles asesinatos en serie, ¿no?

Alberto hizo un ademán de manos y dijo:

– Sí. Supongo que cuando nos advierten que tengamos cuidados con los extraños, se les olvida mencionar que también nosotros somos extraños. Tendremos que confiar el uno en el otro; al menos de momento.- Sí, será lo mejor – comentó guiñándole un ojo.- ¿Quién es? – preguntó Alberto, señalando con el índice a una chica rubia, de ojos azules y cabello rojo que sonreía desde una foto situada coquetamente en el salpicadero.

Javier la contempló unos instantes. Juraría que en su rostro había una sombra negra y confusa.- Elena – comentó atropelladamente -, se llama Elena. Es mi novia… mi prometida. Alberto iba a decir algo, pero se detuvo y, tras un incómodo silencio, dijo algo totalmente distinto.

– ¿Por qué?- Disculpa – inquirió confuso. Alberto se tomó su tiempo. Guardó silencio mientras sacaba de la mochila un cigarro.- ¿Por qué te vas a casar con alguien a quien no amas?- Yo la amo.- La amas – repitió lacónicamente -. ¿Estás seguro de eso? Hace unos minutos no lo parecía.

La mirada tranquila de Javier se volvió inquieta. Se desplazaba de la carretera a Alberto. – ¡Qué demonios tratas de decir! – Sólo digo lo evidente: tú no estás seguro de tus sentimientos. Alberto clavó sus ojos en él y exhaló una intensa bocanada de humo.- No digas tonterías. Claro que lo estoy.

La mano grande y sonrosada de Alberto se deslizó hasta el muslo de Javier. A pesar del frío, pudo notar con claridad como se estremeció.

– Escucha – dijo -. ¿Acaso no estás aquí, conmigo, conduciendo desde hace horas porque huyes de ella, de tu destino? Lo que te pasa es que tienes miedo, miedo a equivocarte y levantarte una mañana y darte cuenta de que has errado tus pasos. Miedo a vivir con esa horrible sensación, miedo a levantarte una mañana y saberte desgraciado, y, lo que es peor, tener la certeza de que habrás hecho desgraciada a alguien que no tenía culpa. Además, no puedes…

Javier, con los ojos abiertos de par y en par y las pupilas contraídas, trató de decir algo, pero en ese mismo instante, la cálida mano de Alberto se volvió a deslizar. Ahora estaba a escasos centímetros de su polla.

– No puedes negar que te pongo cachondo y que desde que me viste en la carretera deseas follarme, llevarme a cualquier parte y hacer conmigo lo que tantas veces has llevado a cabo en tus sueños. ¿Me equivoco? – agregó en tono retador.

Javier quería decir que sí, que se equivocaba, pero no podía; no sin mentir. Era verdad y, precisamente eso le desconcertaba. Tenía la misma sensación que ha de tener quien ve, impotente, como alguien lee su diario y descubre sus más íntimos secretos. Sus labios se entreabrieron. Algo iba a decir pero se detuvo bruscamente al sentir como de nuevo la mano de Alberto, que había permanecido en aquella zona caliente, se desplazó aún más arriba, introduciéndose en los pantalones, sobando su sexo.

– No eres el único que siente eso – acercó el rostro y habló en tono confidencial -. Yo te entiendo, yo… te deseo.

Aprovechando un gran llano, se besaron. Sus bocas, hambrientas, se encontraron en la oscuridad y no se separaron hasta que sus lenguas, exhaustas, se quedaron secas, sin saliva.

– Fóllame – imploró Alberto, acariciando dulcemente la polla de Javier, completamente dura y húmeda.

Lentamente, sacó la mano y se la llevó a la boca. Comenzó a lamerla. Pasados unos minutos, encontraron lo que buscaban . Sobre un edificio mediano, blanco y bien cuidado, un letrero luminoso centelleante decía: ‘Motel anónimo’

– No se partieron la cabeza buscándole un nombre – comentó Javier mientras cerraba el coche.

Alberto, fuera, abrigándose del frío viento, se limitó a sonreír. Ambos se encaminaron a recepción, donde un hombre enjuto, con gafas y de aspecto descuidado, les recibió secamente:

– Diga – su voz era aguda.- Buenas noches, queríamos una habitación – solicitó Javier, amablemente.

La mirada incrédula del hombre se deslizó hasta Alberto y después de nuevo volvió a Javier. Estaba extrañado. – Una habitación doble, marchando – dijo con tono cantarín, echando un vistazo al libro de registros. Javier se apresuró en rectificar. – No, una individual.

Parecía no entenderlo, no obstante, no dijo más nada. Les dio el número doce y, tras el registro de rigor y demás, se fueron pasillo abajo hasta llegar a una pequeña habitación que, si bien no era lujosa, al menos estaba limpia. La cama estaba hecha, vestida con unas sábanas blancas y una almohada del mismo color.

Una vez a solas, Alberto se quitó la camisa y los pantalones. Casi magnéticamente, los ojos de Javier se encaminaron al mismo lugar que horas antes en el coche. Bajo los calzoncillos, una buena verga latía de ganas por jugar.

– Ven aquí, acaríciame – dijo Alberto. Javier se acercó tímidamente, ruborizándose al sentir el sexo de Alberto clavándose en su cintura. – Parece que te alegras de verme – bromeó Javier y sus manos se ciñeron al maravilloso culo de Alberto.

Era pequeño, duro y blanco; lo abrió con sus enormes manos. Tras una ligera pasada, Javier comprobó que no tenía vello, lo cual le puso a mil. Con más fuerzas, agarró las nalgas y lo asió en el aire hasta que sus piernas, fuertes y velludas abrazaron su cintura, mientras su boca, abierta, jadeante y jugosa, se prendía a la suya. De un golpe seco, los calzoncillos cedieron y Javier dejó a Alberto caer en la cama. Inmediatamente, comenzó a lamer su polla. Nunca antes lo había hecho, pero sabía hacerlo; era algo instintivo. Sus labios, increíblemente rojos, mamaban el nabo con suavidad. Sus manos, inquietas, mientras tanto, se deslizaban por todo el cuerpo del tembloroso muchacho que, con las piernas abiertas, pedía más.

– Cómeme el culo – pidió, dándose la vuelta.

Arqueó la cintura e inclinó el culo. Sin más, Javier se acercó y enterró su rostro en el trasero. Despedía un aroma capaz de volver loco a cualquiera. Sintió la necesitad imperante de comerlo, y siguió sus impulsos. Su lengua salió de su aposento y se entretuvo, insaciable, en rebañar aquel glorioso agujero que se abría más y más, dejando a cada lamida llegar más lejos a la pequeña exploradora.

– Méteme – dijo Alberto entre jadeos -… un dedo, por favor.

El dedo índice de Javier se extendió y, un tanto trémulo al comienzo, se perdió lentamente por el esfínter. Aquella imagen del muchacho gritando de placer mientras su dedo palpaba su culito y se adentraba en el, le excitó hasta tal punto que sentía que no aguantaba más; necesitaba metérsela, notar cómo se estremecía entre sus brazos mientras le penetraba.

– Tengo hambre; dame de comer – dijo Alberto, esforzándose por no gritar.

Javier se desnudó totalmente y se sentó en los pectorales de Alberto. Él, mecánicamente abrió la boca para que Javier se la llenase con su delicioso nabo. Así lo hizo. Primero dejó descansar la punta en la lengua, de modo que saborease el líquido preseminal que chorreaba del capullo; después, inclinándose hasta que sus huevos rozaban la barbilla y la nariz de Alberto hacía presión contra el vello púbico, se la metía y sacaba completamente. Estuvo así un largo rato, incapaz de privar a Alberto de su juguete. Chupaba con la mismas ganas que un recién nacido al aferrarse al seno materno. Alberto se secó la saliva, mezclada con el semen, que le quedaba en la comisura de los labios, mientras Javier se acomodaba en la cama.

– Ven – dijo una vez preparado.

Se había recostado en la cama, con el torso inclinado y la polla bien erecta. Alberto la tomó por asiento y se recostó sobre él. Por un momento, Javier pensó que se lastimaría y soltó un fuerte gemido; sin embargo, su verga entró con suavidad por el culo de Alberto, gracias a que se lo había mamado con tal ímpetu que todavía estaba húmedo. La cama comenzó a temblar violentamente al sentir el vaivén provocado por Javier que, con Alberto encima, ya bien enchufado por el culo, se agitaba de placer. Lo que más placer le provocaba a Javier, después de aquel culo formidable que comenzaba a gotear, era tener entre sus manos la polla del muchacho. Estaba más gruesa y larga que antes, en parte porque no había dejado de pajearla ni un solo instante, y parte porque estaba a punto de correrse.

– Me corro – gritó Alberto y varios trallazos de leche caliente salieron despedidos hacia su estómago.

Su cuerpo de veinteañero se agitó de placer entre sus fornidos brazos y, jadeante, aceleró la penetración mientras con las diestra, la misma que había sobado la verga de Javier hasta el orgasmo, recogió hasta la última gota de semen.

– Traga – le dijo al oído, mientras impedía que su verga se saliese del culo chorreante que tenía encima y que tanto placer le proporcionaba.

Obedeció en el acto. Lo lamió todo, hasta que la última gota se depositó en su lengua. Después, lo agarró por el cuello y se besaron. La lengua de Alberto se convirtió en un dulce bebedero del que Javier se sació. Pudo observar, con gusto, que aún estaba caliente y que, contra lo que pensaba, no le desagradaba. Apenas hubo apurado los restos y se comía con fruición la lengua del muchacho, cuando sintió una grandiosa sensación embargándole todo su ser. Se corría. Trató de sacarla al notar que estaba a punto, pero Alberto se negó, así que, tras unas sacudidas, abrazando el sudoroso cuerpo de Alberto, se corrió.

– Ha sido genial – declaró Alberto, ante lo cual Javier se mostró enormemente de acuerdo.

Permanecieron así, quietos uno encima de otro, hasta que el semén que salía lentamente por el culo de Alberto se deslizaba por los muslos de Javier. Después cayeron en un plácido sueño.

A la mañana siguiente, la tormenta había desaparecido y, salvo el pavimento mojado, ninguna huella indicaba su paso por la gran urbe; ni tan si quiera una nube negra de verano en el horizonte. Javier se apartó de la ventana. Las cortinas, con un leve baile, volvieron a su sitio.

– Gracias – dijo mirando a Alberto; gracias por disipar mis dudas, gracias por recordarme lo que siempre supe, gracias por devolverme a la luz, muchacho. Ahora sé lo que quiero y, aunque mi cuerpo jamás había disfrutado tanto como contigo, no eres tu.

Hizo una pausa lo suficientemente larga como para sacar un par de billetes de su cartera y colocarlos en la nívea mesa de noche. Después, desde el umbral, murmuró:

– Dulces sueños, chaval. – Embargado por una extraña oleada de serenidad, cerró con delicadeza la puerta y abandonó el motel para proseguir ese viaje que, ahora sin duda, le conduciría hacia la iglesia. – Adiós

Nota del autor: El pasado siempre está presente. Cito esta frase, oída en algún sitio y repetida luego hasta la saciedad, a propósito de mi amigo Javier, quien se las aprendió de una forma cruel en un momento de su vida en el que había conseguido eso que todo ser humano ansía conseguir: la felicidad. Sí, en efecto, como muchos supondréis, pasados unos años volvieron a encontrarse. Pero Alberto ya no era ese veinteañero del que manaba una misteriosa seguridad, sino… Bueno, supongo que eso es otra historia y, como tal, ha de ser contada en otra ocasión.

A todos aquellos que, tras leer la historia, necesiten comentar conmigo algún aspecto del mismo, les insto a hacerlo: No os inhibáis, ni tengáis miedo porque, como dijo alguien muy sabio: vivir con miedo es como vivir a medias.

Autor: Alejandro

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Lupe mi amante suegra

Comencé a sacarlo y a meterlo, después de unos segundos mi suegra comenzó a disfrutarlo, y sus ruidos de dolor se volvieron gemidos de placer, empecé a bombear más rápido y le dije que me venía, ella también estaba por venirse, quería venirme dentro y ella me pidió que me viniera en su vagina, cambié de hoyito y en cuanto lo metí ella se vino muy fuerte y al mismo tiempo me vine.

Comenzaré este relato comentando que esta página es genial ya que permite a muchos desahogarse. Es mi caso, mi nombre es Alberto, soy de México DF, soy de tez blanca ojos miel claro, cabello castaño y de mente tan abierta que hasta con hombres he tenido sexo. Pero esa es otra historia. Todo comenzó hace un año cuando vivíamos con mis suegros, mi esposa es una excelente amante, sin embargo eso no me quita el fantasear con otras mujeres… una de ellas es mi suegra una señora de 48 años morena un poco llenita buenas bubis y un trasero exquisito.

Hace un año discutí con mi suegro por que no tenía trabajo y decía que era un mantenido así que molesto me fui a vivir con mis padres, sin embargo seguía viendo a mi mujer porque no discutí con ella. La relación con mi suegra es muy buena, siempre que nos quedábamos solos platicábamos de todo e incluso de sexo. Ella me atraía demasiado y quería tirármela y más fue mi deseo cuando un día viviendo en su casa estaba viendo un partido de fútbol cuando ella bajó a poner la bomba del agua solamente con sujetador y unos calzones (bragas) negro y unas medias negras. Yo la miré y tuve miles de imágenes con ella. Mi suegra, Lupe, me miró y se ruborizó a lo que le dije que no importaba que no tenía nada que yo no hubiera visto antes ella contestó que era verdad así que siguió con lo suyo. A partir de ese día mi calentura por ella no paraba, me cogía a mi mujer y pensaba en mi suegra, me hacia chaquetas (pajas) pensando en ella, todo mi sexualidad giraba a su alrededor. Como mencioné hace un año me fui de su casa pero eso no impedía verla.

Hace una semana le pedí a mi suegra que si la podía ver, era tal mi calentura que no importara que pasara me la tenía que tirar. La invité a cenar a un hotel del centro le pedí permiso a mi mujer y ella accedió. Fui por ella a su casa tan rápido como pude, yo iba vestido muy sport, jeans playera negra un saco negro, pero cuando vi a mi suegra, no pensé en la cena pensé en el postre, tenía un vestido negro que le llegaba arriba de las rodillas, casi un falda corta, bien pegadito, estaba que ardía, rápidamente la recibí a la puerta le abrí la puerta del carro y le di la mano para que subiera.

Mis cuñados Ángel y Violeta (que también ya pasó por mi máquina de comer carne) y mi mujer nos salieron a despedir, rápido arranqué el auto y nos fuimos, todo el camino ella se iba quejando de su esposo, como es vendedor tiene que salir mucho, ventaja para mí, mientras yo pensaba en la estrategia para poder hacerla mía. Llegamos al restaurante y traté de ser lo más cortés que pude. Estábamos a media cena cuando me armé de valor, tomé sus manos y la miré a los ojos, le dije – Suegra es usted una dama hermosa y no se merece que la dejen sola tanto tiempo de seguro también tiene necesidades.

La noté nerviosa y me contestó que sí, que ella hace tiempo que no tenia sexo con alguien. Eso me puso muy caliente quería llevarla a una habitación, me contuve y me levanté con el pretexto de ir al baño, me acerqué y la besé con dulzura la más cerca que pude de los labios. Regresando y después de pensar en que ya era hora, me pidió irnos porque ya era tarde, pero también había reservado una habitación, era plan con maña, sin embargo no le dije, fui a pagar y nos dirigimos al auto, ya en el estacionamiento al abrirle la puerta me acerqué a ella y sin pensarlo la besé y recargué mi cuerpo al de ella par que sintiera mi miembro ya erecto, ella se separó diciendo que eso estaba mal, no me importó y la volví a besar esta vez tomando fuertemente su cintura y atrayéndola a mí para que no escapara.

Volteó su cara y me dijo que no sabía que hacer, le dije que solamente se dejara llevar que nadie se iba a enterar, me miró y ella me besó sin pensarlo, su boca era un manjar, su lengua bailaba con la mía, mis manos comenzaron a recorrer su espalda hasta llegar a sus caderas que se sentían duras, comencé a acariciarle las nalgas que las deseaba ya. Me separé y rápidamente la llevé a la habitación, entrando cerré la puerta y le tomé las manos, le dije que ese momento lo había deseado por mucho tiempo, que me gustaba mucho y que después de lo que pasara ya no la iba a dejar, me confesó también que se ella pensaba en mi mucho, porque me deseaba, por no tener un hombre en casa, eso me excitó mucho más y la besé pero con mucha fuerza y pasión, ella me respondía igual, la fui llevando a la cama.

La recosté y la besé de nuevo, mientras mis manos recorrían sus piernas llegando a su vagina, ella buscó mi pene y lo sobaba encima de la ropa, dejé de besarla para llevar mis labios a sus bragas, le pedí que se quitara el vestido y yo me quedé en bóxers, comencé a lamerle la pucha (concha) encima de su calzón que estaba muy húmedo, nunca había visto tanta humedad por excitación en una mujer, no resistí más y le quité su calzón, por fin vi es hermosa cueva que tanto ansiaba comer, tenía muchos pelitos los cuales de inmediato me comí, lamí su vagina con ese sabor que enloquece a los hombres. Mientras me la comía ella gemía tan rico que pensaba en que iba a venir sin penetrarla, seguí hasta que se vino, me hundía mi cabeza en su cueva y gritaba tan fuerte que me excitó mucho más.

Subí mis labios para besarla le quité el sujetador y contemplé esas montañas hermosas que las lamí muy fuerte porque estaba excitado, ella solo me acariciaba mi pene erecto. Volví a bajar y comencé a lamer su clítoris, ella me pidió que me acostara boca arriba, yo obedecí y comenzó a chupar mi pene, lo hacía muy rico y se la comía toda, le pedí que me diera sus piernas para hacer un 69 y accedió, la hice venir de nuevo y luego me pasé a lamer su anito tan apretadito y virgen, lo lamí y se volvió a venir, se separó y me dijo que nunca le habían hecho eso, pero que se siente bien, la besé y la acosté boca arriba, abrió sus piernas y coloqué mi pene en la entrada de su húmeda vagina me acerqué a sus labios y la besé para penetrarla suavemente, ella lo impidió, y me miró a los ojos y me dijo:

– Te amo, te deseo.

Eso me puso más caliente y la volví a besar, ella subió sus piernas y la penetré tan duro que ella me arañó mi espalda, comencé a bombearla mientras la besaba, la miré y le dije que apretaba muy rico y me dijo que era normal pues la tenía más grande que su esposo.

Estuvimos así un rato y le pedí que se volteara se volteó y me dejó sus hermosas nalguitas que en vez de penetrarla las acaricié, acerqué no mi boca a su ano y lo lamí metiendo mi lengua lo más adentro que podía, sus gemidos me excitaban y vi como se volvió a venir, se separa y la penetré por la vagina, ella gemía muy fuerte y me decía que era mía que me amaba, comencé a estimular ese hermoso ano con mis dedos, le preguntaba que si le dolía y me decía que un poco, saqué mi pene y me dediqué a estimularlo con mi lengua, le metía un dedo, cuando solito se abrió, procedí a meterle dos y luego tres, ella gemía.

Cuando que ya estaba listo puse la punta de mi pene en su ano, le dije – suegra le va a doler un poco, ella me contestó que se la metiera, que le habían gustado mis dedos, le introduje el glande y brincó un poco, la tomé de las caderas la comencé a jalar a mí, le preguntaba que sentía, me dijo que le dolía, mientras me decía eso se la metí toda de un trancazo hasta que mis huevos chocaron con su vagina, ella gritó de dolor y me pidió que se la sacara, me recosté en ella y le dije al oído que se calmara, volteó su cara con dos lágrimas saliendo de sus ojos, me besó y me dijo que no la lastimara, le dije que lo iba a hacer con cuidado.

Comencé a sacarlo y a meterlo pero hasta la mitad, después de unos segundos mi suegra comenzó a disfrutarlo, y sus ruidos de dolor se volvieron gemidos de placer empecé a bombear más rápido y le dije que me venía, ella también estaba por venirse, quería venirme dentro y ella me pidió que me viniera en su vagina, lo hice con gusto, cambié mi pene de hoyito y en cuanto lo metí ella se vino muy fuerte y al mismo tiempo me vine.

Como estaba en cuatro piernas lo metí lo más que pude y me vine muy fuerte, creo que nunca me había venido así, nuestros gritos se unieron en uno solo, nos recostamos, aún no la sacaba, dejé que se volviera pequeño, ella sudaba mucho y eso me excitaba, terminamos cansados se volteó, me miró y me dijo que en verdad me amaba y que si quedaba embarazada no le diría a nadie de quien era.

Estuvimos un rato desnudos besándonos y abrazándonos, después llamé a mi mujer diciendo que no íbamos a llegar porque ya era muy tarde, me dijo que no había problema, no sospechó nada, esa noche hicimos de nuevo el amor y nos dormimos desnudos. Al día siguiente los volvimos a hacer y luego regresamos.

Desde ese momento aprovechamos cuando mi suegro se va para unirnos en carne… tengo más historias en vida pero esa es otra historia.

Autor: Alberto

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La noche que compartimos la cama

Yo le empecé a mamar y ella a Alberto y ahí tuvo su primer orgasmo, él se la mamó un buen rato, vino su segundo orgasmo y dijo, ven papito méteme esa hermosa verga nueva para mi, Alberto la montó y la empezó a bombear, sus gritos eran fuertes y en medio de ellos me decía, dame verga que estoy acabando, vente dame leche bastante calentita, coño estoy acabando y se vinieron los dos.

Todo comenzó me imagino que como a muchos el pedido a la esposa de querer verla haciendo el amor con otro hombre: en el caso mío la respuesta fue: – Tú estás loco de remate. Somos un matrimonio de 22 años de casados aspecto normal físicamente, ella muy tetona y extrovertida, bueno el caso que cada vez que podía le insinuaba lo del trío, trío HMH y la respuesta era la misma No, pero no de una forma molesta sino con frases de rechazo, pero cómplices.

Un viernes como a las 8 de la noche llegó un amigo a la casa de mucho años, casado y su esposa muy íntima con mi mujer, la esposa de Alberto se encontraba en una despedida de soltera de una amiga de su hija y nuestros hijos estaban en la playa hasta el domingo con unos amigos, comenzamos a charlar y tomarnos unos tragos y hablar de todo un poco.

Ya bastante pasaditos de tragos mi mujer le dice a Alberto. -Mira cuídate que en esas despedidas de solteros siempre van stripper y a lo mejor Nidia se entusiasma con él y te monta los cuernos jajajaaja; y él le contestó: -Bueno, ojos que no ven corazón que no siente, jajjaja, además después de vieja sarampión agregó él y nos reímos todos, -Bueno serás tú porque yo tengo dos años más vieja que ella y a este loco le ha dado porque quiere verme haciendo el amor con otro a lo que él contestó: -Eso casi todos lo queremos, pero Uds. son las que se echan para atrás, jajjaja.

Ella se paró a traer otra botella y unos pasa palos y él me preguntó que si eso era verdad yo le dije que sí, pero que yo no iba a insistir más, él me dijo:-Yo quiero planteárselo a Nidia, pero no sé, como tú sabes cómo es ella de arrecha y empezamos hablar de otras cosas. Alberto me dice cuando llegó mi mujer con la botella, -Me tomo uno más y me voy y yo le dije.  -Si yo también, estoy cansado, nos tomamos otro trago y yo le digo:

-Amigo yo me voy a bañar y acostarme, estoy muerto y él me dice, – Me termino el trago y me voy. Me paro y le digo a mi mujer, -Apaga todas las luces cuando subas y ella me responde:

-Apaga tú, yo enciendo la de las lámparas de aquí del salón, hace mucho calor. Apagué y me despedí de de él. Entré, encendí el aire y me metí a duchar, cuando salgo del baño me entretengo con la tv y me asomo a la ventana y veo el carro de Alberto afuera de casa, no le di importancia, me puse mis short, pero no sentí que se fuera el carro con Alberto, salgo del cuarto descalzo y cuando empiezo a bajar me percato que las luces están todas apagadas y me siento en el escalón a escuchar la conversación la cual era muy cordial y escucho que ella le dice:

-Yo lo haría, pero con una persona de mi entera confianza y él le responde: -Como yo jajajajajaja, -No sé y lo pensaría muy bien, de verdad te lo digo. La idea es excitante. Él le dice: -Mira, me voy, ya es tarde y tú te quieres acostar, y lo dejamos así, la vuelve a besar, ella responde al otro beso y ella le pregunta: ¿Como se lo planteamos? y Alberto responde: -Sube y cuéntale lo que está pasando aquí a ver si es verdad.

Cuando yo escucho eso me voy rápido a mi habitación y me acuesto, a los pocos minutos subió ella con su blusa arreglada, se sienta a mi lado de la cama y me empieza a besar y yo como si nada le digo: -¿Ya se fue Alberto? me responde, no y le digo bueno despídelo y sube rápido me pusiste a millón y ella me dice -¿Y si le digo más bien que suba?, -¿Quuuuuuuuue? contesté yo.

-¿Quieres vivir tu fantasía o no? y le dije si y ¿él que piensa? -Nada tranquilo ya lo hablamos, me metió la lengua en la boca, me agarró mi verga y me dijo está rica durísima. Bajó y subieron los dos, nos acostamos y la empezamos a besar entre los dos y la fuimos desvistiendo. Cuando le quitamos el sostén él dijo: -Como yo me las había imaginado, que ricura, y empezó a mamárselas, pero ella dijo,

– Vamos a bañarnos los tres, nos paramos y nos metimos los tres en la ducha. Comenzó mamándoselo a Alberto y después a mí, así estuvimos jugando con su cuerpo un rato y nos salimos, la secamos entre los dos y la llevamos a la cama.

Yo le empecé a mamar y ella a Alberto y ahí tuvo su primer orgasmo, nos cambiamos Alberto y yo, él se la mamó un buen rato, vino su segundo orgasmo y dijo: -Ven papito méteme esa hermosa verga nueva para mi, anda, métemelo rápido. Alberto la montó y la empezó a bombear, sus gritos eran fuertes y en medio de ellos me decía, -Papi que rico lo tienes, dame verga que estoy acabando, vente dame leche bastante calentita, dame duro, ahhhhhhhhhhhh coño estoy acabando y se vinieron los dos.

A mí me dijo, -Ven papi para mamártelo hasta que te vengas y no tardé mucho, se lo saqué y le acabé sobre las tetas, ella se lo pasaba por sus tetas y vientre. Nos acostamos un rato, Alberto se paró, se lavó y se fue, esa noche nos bañamos nuevamente y tiramos como si fuera la primera vez.
Después me confesó que Alberto tiraba rico, que ella quería esa verga dentro de ella más veces, lo cual hacemos muy a menudo los tres y otras veces ella viaja con Alberto con el pretexto de visitar a su familia en la capital y pasan unos días tirando como locos…

A todas estas, Alberto no ha podido convencer a Nidia de hacer un trío.

Espero les guste y aguardaré sus comentarios.

Autor: Roberto

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El viaje de mi esposa

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y observaste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos. Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres.

Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero enseguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás tuyo y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra tí.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta.

Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado. Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris.

Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras. No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de tí y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste el lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones.

Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo. Al principio tuvíste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para tí era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez.

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida. Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvísteis un buen rato hasta que os corrísteis como animales. Os quedásteis los tres abrazados, derrotados trás el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuíste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogíste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijíste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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Ese chico del chat

Mi vulva estaba a mil, caliente y deseosa de sentir aquel miembro, me coloqué de cuclillas y me la metí a la boca. Él recostado gemía y me decía que quería más, que se la chupara toda, me excitó sentirla dentro de mi boca, mojado, caliente, resbalándose entre mis labios, se me escapaban los gemidos al sentirlo tan excitado, disminuía el movimiento y aceleraba con cada gemido.

Alberto y yo nos conocimos en el chat, él de Tampico, y yo de Oaxaca, El separado y yo casada con 2 niñas de por medio. Soy médica general, de estatura baja 1.50, tez morena clara, delgada y bien formada a pesar de las 2 cesáreas. Después de 3 meses de conversar en el chat, decidimos conocernos, yo nunca habia sido infiel, para mí sería la primera experiencia, realmente lo deseaba tanto, por curiosidad o por lo que sea, pero lo deseaba.

Decidimos encontrarnos en una ciudad intermedia, ese día un 06 de noviembre, lo esperé en el aeropuerto, hasta ese momento no lo conocía personalmente, ahí estaba él, alto, moreno, ojos verdes, me encantó… Sabía que con él la pasaría bien. Yo vestía una blusa con escote pronunciado al frente y un pantalón blanco.

El primer encuentro fue muy lindo, nos dimos un tenue beso en la mejilla, un abrazo nervioso, y unas cuantas palabras… me da gusto conocerte. Subimos al taxi, nerviosos aún, yo le tomé la mano y le dije que me encantaba saber que no solo era una pequeña pantalla fría, fuimos al hotel a dejar las maletas… Yo ya estaba hospedada ahí.

Ahí estábamos los dos solos, de frente, nerviosos, excitados… Nos acercamos para besarnos, un beso pasional, encendido, furioso, tocando nuestras lenguas, comiéndonos, casi sin decir palabras, las miradas decían todo, sentí sus manos recorrer nervioso mi espalda, recorría mis senos por encima de mi ropa, me deslizó la blusa y comenzó a chupar mis pezones, tiró de mi bras, y me lo quitó por completo.

Yo deslizaba mis manos por sus brazos, recorriéndolos suavemente, sentí su erección pegar en mi abdomen, bajé mi mano y acaricié su pene, tan duro y caliente, tan rico, caímos sobre la cama, me quité el pantalón, traía una tanga azul, él me retiró esa prenda, con un solo movimiento, casi arrancándola de mis piernas…

Se quitó el pantalón y la camisa que llevaba puestos, por primera vez vi su erección, tan perfecta, pero la sensación en ese momento fue realmente tan intensa que no se acercaba nada ni siquiera a mi primera relación sexual hacia años ya…

Me acosté de espaldas a él, él sobre mí, lamiendo mi cuello, chupándome los hombros, masajeando mis senos, recorriéndome y haciéndome sentir en el cielo, ummmm, cuanto deseo volver a él… sentí su pene entre mis nalgas, mi vulva estaba a mil, escurriendo líquidos, caliente y muy deseosa de sentir aquel miembro… me coloqué de cuclillas y me la metí a la boca.

Él recostado gemía y me decía que quería más, que se la chupara toda, me excitó sentirla dentro de mi boca, mojado, caliente, resbalándose entre mis labios, ummmm, se me escapaban los gemidos al sentirlo tan excitado, disminuía el movimiento y aceleraba con cada gemido.

Él me levantó y me llevó a una silla ahí sentada sobre él, me dejé caer sobre su pene de un solo golpe, ummmm, aquella sensación fue exquisita, comencé a moverme sobre él, primero despacio, cabalgando sobre él, aumentando el ritmo, mientras él succionaba furioso mis pezones calientes y muy erectos, con sus manos me tenía sujeta de los glúteos, controlando el ritmo, deslizando sus dedos por detrás y llegando a la entrada de mi vagina tocando su propio pene en cada penetración.

Eso me ponía a mil… sentí ese orgasmo que me sacudió, esa sensación exquisita, que me hizo gemir con fuerza, tardó unos segundos…

Cuando terminé él me colocó sentada sobre el tocador, con el espejo detrás, tiró de mis glúteos y me lo encajó con fuerza, y empezó su frenético movimiento,  mientras me arqueaba para sentirlo más dentro de mi, mordiendo él mis pezones me hacía sentir oleadas de placer.

Me bajó y me colocó de espaldas a él, con las piernas semi abiertas y reclinada de frente al espejo, él detrás pegado a mí, empujándolo con fuerza, recorriendo una y otra vez todo mi cuerpo, pasando su lengua por mi cuello y espalda, me volvía loca… mmmmm…diciéndome lo rica y apretada que estaba, lo rico de probarnos por fin…

Después de  todo ese tiempo deseándonos, y fantaseando con ese momento, recuerdo bien sus manos bajando hasta mi vulva tocando mi escaso vello en esa zona mientras él me penetraba con movimientos más rápidos y fuertes, en ese momento sentí sus gemidos más intensos, diciéndome al oído, ahí te va, quieres sentirme todo completo, ahí te va mi leche caliente…

En ese momento lo sentí…lo sentí intenso dentro de mí  (aún que tenía el condón puesto).  Ahí nos quedamos exhaustos, nos recostamos en la cama, nos abrazamos y besamos…

Es totalmente real, así pasó… ese día aprovechamos la única noche que teníamos para nosotros… volvimos a hacerlo en 2 ocasiones más…pero ya les comentaré después.

De eso ya hace un año, seguimos siendo amigos lejanos, nos vemos en el chat frecuentemente, pero aún tenemos otro encuentro pendiente…

Un saludo…

Autora: Médica General

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Me gusta con dos

Alberto me puso en cuatro y me empezó a coger con fuerza, que es como más me gusta. Fernando se repuso y me puso su verga en la boca, ¡como me calienta tener dos vergas para mí!, no sé cuantas veces más me vine mientras me cogían en varias posiciones, me mamaron el coño, algo que me encantó fue cuando uno de ellos, me cogía parada por atrás, mientras el otro me mamaba el coño.

La noche anterior asistí a una fiesta y me dormí bastante tarde, era sábado y tenía una curda, por decir lo menos, notoria. Alberto, mi marido, me invitó a almorzar y a curármela a un restaurante de mariscos que se encuentra en San Ángel, frente a un jardín donde se exhiben y venden pinturas, esculturas y artesanías.

Ya en el restaurante Alberto le habló por el celular a Fernando, un amigo que también estuvo en la fiesta para que nos acompañara, llegó como en diez minutos y comimos y bebimos lo suficiente para encontrarnos satisfechos y de buen talante. Charlamos un poco sobre diversos temas y Fernando nos invitó a su casa a oír música y continuar la conversación. Yo tenía muchas ganas de ir ya que Fernando me simpatiza mucho y siento cierta atracción hacia él, que se ha ido acentuando a tal grado que en la fiesta al estar bailando con él, dejé que pegara su cuerpo al mío y al sentir su verga dura como por reflejo le acariciaba desde el hombro hasta el cuello y en respuesta Fernando me apretaba un poco más. Eso fue todo, lo suficiente para ponerme caliente y deseosa de más. Alberto aceptó, pero antes quiso ver los trabajos artísticos expuestos en la plaza y dimos una vuelta por el jardín.

Yo llevaba un vestido corto de tela ligera y sandalias, me gusta lucir mis piernas y notaba como Fernando no dejaba de mirarme, acordándome de la noche anterior empecé a excitarme, lo cual motivo la humedad entre mis piernas y que mi tanga se mojara. No tengo cuerpo de modelo, pero soy atractiva, con un trasero parado que llama la atención, así que me adelantaba para coquetearle sin que fuera muy notorio, sabiendo que él no me iba a quitar la vista de encima.

Debo aclarar que mi esposo me permite darle rienda suelta a mi sexualidad siempre y cuando el participe de manera directa o indirecta, lo que a mí me tiene feliz, ya que sin llegar a excesos incontrolables y nocivos esto me permite un mundo de placer que antes apenas presentía.

Llegamos al departamento de Fernando, nos sirvió unos tragos, puso música y nos sentamos a conversar. Hablamos de todo un poco, de la fiesta, del baile y yo aproveche para invitarlo a bailar, recordando la manera en cómo me estrechaba, él con una sonrisa, pero un tanto indeciso, aceptó y me tomó en sus brazos de una manera discreta.

Alberto fue al baño y Fernando aprovechó el momento y me empezó a besar, primero en el cuello y luego en la boca, yo me deje y le pegué mi cuerpo. Al oír la puerta del baño Fernando se separó y seguimos hablando normalmente. Yo quería decirle que no había problema con Alberto, pero no quise tomar la iniciativa. Así siguió la tarde, entre bailar con uno y con otro y conversar.

Sintiendo como el ambiente se hacía más relajado cada vez y como Fernando aprovechaba cada ocasión que podía para acariciarme las piernas o de plano tomarme de las nalgas.

En una ocasión en que bailaba con Fernando, Alberto me metió las manos por debajo del vestido y me quito la tanga toda húmeda, Fernando se sorprendió momentáneamente, en breve reaccionó y entendió de que se trataba, yo por mi parte entendí la señal y me dediqué a gozar lo que fue una de las secciones de placer más intensas de mi vida.

Seguí bailando con Fernando pero ahora de una forma totalmente desinhibida, le pasé los brazos por el cuello y él me tomaba de las nalgas, apretándome y haciéndome sentir su bulto, que yo sentía de buen tamaño, lo besaba en el cuello, él por su parte me acariciaba la espalda, las nalgas y me besaba en la boca.

Continuamos bailando, yo pasaba de los brazos de uno a los brazos del otro, sintiendo sus caricias y escuchando de ambos piropos acerca de lo buena que estaba y de lo puta y caliente que les parecía. En una de las piezas mientras bailaba con Fernando, Mi marido me quitó el vestido y quedé totalmente desnuda, excepto por las zapatillas y así continuamos bailando por un buen rato, yo desnuda, sintiendo como mis jugos escurrían por mis muslos y ellos vestidos y con sus miembros notoriamente erectos bajo la ropa.

En una pieza mientras bailábamos me puse en cuclillas, le abrí el cierre del pantalón a Fernando, mientras Alberto nos observaba sentado y con su copa en la mano, saqué su gran verga con una mano y me la metí en la boca, golosa se la empecé a mamar, mientras con la otra mano me acariciaba el clítoris y me metía dos dedos, en poco tiempo tuve mi primer orgasmo, me levanté, me abracé a Fernando y continuamos bailando al ritmo de la música.

Fernando se compuso la ropa y enseguida Alberto me tomó en los brazos para seguir bailando, me temblaban las piernas, cerré los ojos sintiendo las caricias de mi esposo y su voz que me decía que le encantaba tener una putita como yo. Fernando se acercó por detrás y entre los dos me acariciaban, sentí como Fernando me besaba la espalda, las nalgas y como un choque eléctrico cuando me separó las nalgas y me besó el culo. Sentí también como la mano de Alberto bajaba a mi concha, me metía sus dedos, me estremecí y me vine por segunda vez. Fernando se quitó la ropa mientras Alberto prácticamente me sostenía, después se sacó la verga y me puso a mamársela y le indicó a Fernando que en la bolsa del saco traía unos condones, él se lo colocó, se acercó por detrás y sin dificultad me metió esa verga que deseaba tanto, la metía y sacaba con fuerza y al sentir que se venía, me vine nuevamente.

Fernando nos invitó a su recámara, Alberto me tomó de la mano, me puso en cuatro sobre la cama y me empezó a coger con fuerza, que es como más me gusta. Fernando se repuso y me puso su verga en la boca, ¡como me calienta tener dos vergas para mí!, no sé cuantas veces más me vine mientras me cogían en varias posiciones, me mamaron el coño, algo que me encantó fue cuando uno de ellos, me cogía parada por atrás, mientras el otro me mamaba el coño. Después nos bañamos todos juntos y mientras me enjabonaban me volteaban, yo me apoyaba en la pared, paraba el culo y me la metían. Nos vestimos, es un decir, ya que yo solo me puse el vestido, pues Alberto se guardó la tanga ya que le gusta que ande así.

Fernando nos invitó a cenar y de ahí fuimos a un dance table, yo seguía caliente y ahí me puse más, al ver por todos lados mujeres desnudas y hombres con miradas llenas de deseo.
Fernando le invitó a mi esposo una chica para que le bailara, mientras él me empezó a acariciar las piernas, yo las abrí y ahí me metió los dedos, al sentir que el orgasmo se acercaba cerré los ojos y busqué a tientas la mano de Alberto, se la apreté y me vine una vez más.

En un momento en el que Alberto y Fernando platicaban, se me acercó un tipo y me dijo que le gustaría cogerme y que iba a ser muy generoso conmigo ya que le gustaba mucho y se veía que era muy caliente, yo le seguí la corriente y no le aclaré nada de mi situación, sólo le dije que mis precios no eran nada generosos y señalando a Fernando y a mi marido le dije que ellos ya me habían pagado por toda la noche, me encantó que me confundieran con una puta, bueno, con una puta profesional.

Estuvimos un poco más y decidimos retirarnos pues había sido una larga y fatigosa jornada, al subirnos al coche le dije a mi marido que quería ir en el asiento trasero con Fernando, me sonrió y abrió la puerta trasera. En el camino a la casa de Fernando nos fuimos besando y el me acariciaba con ternura, al despedirnos le acaricie su bulto mientras le decía que quería verlo nuevamente, me contesto que nada le gustaría más.

Al llegar a casa nos acostamos y me acurruqué en los brazos de mi marido, cansada, con ganas de dormir y absolutamente satisfecha.

Autora: Diana C.

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Padre e hijo

Con una ligera indicación me hizo acostarme en el suelo y a su hijo a sentarse encima de mi polla para luego el meter la suya a la vez. Alberto tenía el culo muy entrenado, a saber que le habría estado metiendo el cabrón de su padre todos estos años. Las dos pollas en el culo, su padre le tiraba del pelo mientras le decía que me mirase. Quería que mirase como su mejor amigo se lo estaba follando junto con su padre.

Alberto es un tío masculino, extremadamente atractivo y con un cuerpo curtido en el gimnasio. Es mi amigo desde la infancia y su único defecto es que es policía local, eso nunca se lo perdonaré. Alberto siempre ha tenido una relación muy estrecha conmigo, siempre dispuesto a ayudar, a agradar… Con 27 años aún vive con su padre, separado. Su padre parece más su hermano mayor, con 48 años aparenta muchos menos y se cuida mucho.

Por cierto, me llamo Andrés. Soy bisexual y tengo novia desde hace años. Mi orientación sexual no la sabe ni Alberto, bueno, no la sabía. Siempre he sido muy cañero cuando follo con tíos, muy cañero, muy, muy cañero, pero dentro de la “normalidad”. Todo cambió hace dos semanas y aún me pellizco para creérmelo.

Llegamos a su casa sobre las 6 de la tarde, Alberto llevaba todo el día nervioso y mirándome extraño. Entramos y tras beber agua se le saltaron las lágrimas, llevaba años enamorado de mí y ya no podía más…y su llanto se hizo angustia. Por instinto y sin saber porqué le di una bofetada a la que él respondió tirándose a mis pies y parando de llorar…llevaba sandalias y comenzó a besarme los pies. La situación lejos de asustarme me puso cachondo. Ver a mi amigo a mis pies y de esa forma sacó lo peor/mejor de mí. Le tomé por el pelo, le levanté casi a tirones y le escupí en la cara a lo que el muy cerdo respondió con una sonrisa y un te quiero…”haz conmigo lo que quieras”…y vaya si lo hice.

Con una ligera indicación se desnudó completamente, nunca lo había visto desnudo…tenía una polla considerable y unos huevos grandes y prietos. Entendí su juego en un solo instante y yo lo seguía de forma automática. Tras otra bofetada le obligué a arrodillarse y lamerme los pies, desnudarme poco a poco, lamerme huevos, polla, axilas…le obligaba a abrir la boca y le escupía con rabia dentro y su cara de placer me sacaba de quicio.

Nunca antes me había sentido así, pero no podía parar, quería saber sus límites. Le arrastré por el pelo hasta el baño, le obligué a entrar en la bañera y abrir la boca…y oriné en ella, el muy cerdo disfrutaba y encima comenzó con su juego. A cada bofetada, lapo, insulto respondía con un “gracias amo”. ¿Qué coño estaba pasando? Buscaba sus límites y no los encontraba. Traté de degradarlo aún más, sin lubricar le metí lo primero que encontré en el culo, una vela y a pesar del dolor el muy imbécil me daba las gracias y me decía que sólo quería servirme. No entendía nada. Con rabia le saqué la vela y sin contemplaciones lo tiré al suelo y le violé, le sujetaba la cabeza contra el suelo, le daba golpes en el culo, le metía casi toda la mano en la boca y el muy cerdo disfrutaba con todo ello.

¡Joder! Me estaba volviendo loco, quería que me dijera que parase y no había forma. Colocándolo encima de la mesa comencé con la tortura. Le até las manos, le vendé los ojos (mirarme con cara de placer me sacaba de quicio) y le até los tobillos a las patas de la mesa. Le escupía en la boca, en la polla, le daba golpes en los huevos y sus gemidos me ponían más y más cachondo…le abrí la boca con las manos y sin poder remediarle me corrí en su boca. No hizo falta decirle que se lo tragara todo, lo hizo con gusto.

Al abrir los ojos me quedé paralizado. Su padre estaba de pie, en la puerta del comedor, con la polla en la mano y mirándonos. Alberto, sin inmutarse se dirigió a su padre y dijo algo que me dejó helado: ¿Lo he hecho bien papá?

La respuesta no llegó, se acercó a mí y me dio una palmada en la espalda y continuó hacia su hijo y le metió la polla en la boca y orinó en ella. Esta familia estaba loca, pero no quería salir de allí. Se tragaba como un experto casi todo, pero mucha orina caía sobre la mesa y el suelo. Su padre le desató y sin decir ni media palabra Alberto comenzó a lamer todo hasta no dejar ni rastro, verlo lamer el suelo era un espectáculo. Mientras lo hacía el cabrón de su padre se desnudaba mientras le decía lo cerdo que era.

Al terminar le obligó a lamerme los pies y comerme el culo a conciencia, mientras él no paraba de azotarle el culo. Cuando se cansó le ató los huevos y la polla hasta que se puso morada. Le daba golpes en los huevos que por primera vez le hicieron saltar las lágrimas, pero nunca hizo amagos para parar. Yo miraba embobado como su padre maltrataba a su hijo, le insultaba y le obligaba a comerme la polla, le escupía en la boca y cogía mi polla y se la introducía a su hijo en la boca.

Con una ligera indicación me hizo acostarme en el suelo y a su hijo a sentarse encima de mi polla…para luego el meter la suya a la vez. Alberto tenía el culo muy entrenado, a saber que le habría estado metiendo el cabrón de su padre todos estos años. Las dos pollas en el culo, su padre le tiraba del pelo mientras le decía que me mirase. Quería que mirase como su mejor amigo se lo estaba follando junto con su padre. Su polla y huevos atados con cuerdas los sentía en mi pelvis…la imagen me estaba sacando de quicio.

Lo que a continuación pasó cambió mi vida para siempre.

Autor: Andrés

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La puta de mi mujer y sus amigas III

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada.

Y volvió, o mejor dicho he de decir que volvieron después de cenar. Traían la cuchilla de afeitar y brocha y empezaron a afeitarme todo el pelo alrededor de la polla y culo hasta dejarlo todo bien limpio. Luego me depilaron el resto del cuerpo. Esto dolió bastante por no decir mucho. Después me pusieron el anti-erector bien prieto y me vistieron con ropa de mujer: medias largas, falda corta, muy corta y camiseta fina, sin bragas. También me pintaron la cara y me pusieron peluca, negra, quedé bastante puta. La verdad es que se me veía bastante buenorra. Me habían puesto inyecciones de cortisona en los labios y en los pezones y pechos lo cual hacía que se me inflaran los pezones y que pareciera que tenía unas pequeñas tetitas (ya tengo algo de tetas de por si ya que hago natación). Todo esto si cabe hacía que pareciera más puta, ya que no llevaba sujetador. Me temía lo peor y efectivamente salimos los cuatro de fiesta esa noche del sábado. La verdad es que “las” cuatro estábamos imponentes. Ellas también iban con faldas bastante cortas pero con tangas (yo era la puta y ellas las amas). Fuimos a una discoteca y mi mujer y sus amigas empezaron a tontear con tres chicos hasta enrollarse. Yo estaba sentado en una mesa sin decir nada, con las piernas cruzadas, intentando que no se viera el antierector aunque la falda era tan corta que se podía ver una parte del cachete del culo. La verdad es que era una pose bastante femenina. Entonces ellas me señalaron a los chicos y se empezaron a reír. Mi mujer se acercó y me dijo:

“Puta ven”

Los que estaban al lado miraron de reojo al oírla. Yo me levante y la seguí detrás de ella. Salimos todos y nos metimos en los coches. Yo con mi mujer y Carlos y Pedro en uno (los nombres los oí, no es que me los presentaran, ya que yo no decía nada y mi mujer solo se dirigía a mi para darme órdenes). Mientras Marta y María se fueron con Alberto. Mi mujer me dijo

“Puta conduce tú. Esta es la dirección de Carlos”

Y me dio las llaves. Yo me senté delante mientras ellos tres se sentaron detrás. Enseguida empezaron a morrearse y le empezaron a comer el coño.

“Mira también son sumisos, aunque no tanto como tú” y se empezó a reír.

Llegamos pronto a casa de Carlos, así como los otros. Cuando llegamos me hicieron ponerme de rodillas y con las manos en la espalda, aunque miraba de reojo la situación. Estaban todos desnudos y morreándose. Yo estaba excitadísimo y como siempre chorreando líquido seminal. Llevaba ya más de un día así! Aun no habia eyaculado y lo notaba en los huevos. Mi mujer era la que llevaba la voz cantante. Lo que esperaba sucedió (llegados a este punto de excitación no sabía si quería que pasase eso o no, pero no me queje). Les dijo a los tres chicos que se sentaran el sofá y a mi que les chupara las pollas, cosa que nunca antes habia hecho, pero que empecé a hacer sin ningún reparo y lo mejor que pude (era la puta sumisa de mi mujer y sus amigas). Ahí estaba yo, de rodillas, con las manos en la espalda, depilada, con un anti-erector bien apretado en mi polla y chupando pollas lo mejor que podia y tan al fondo como podía (hasta me entraban arcadas). Mi mujer y sus amigas se reían un montón.

“¡Vaya con la puta! Como le gusta chupar polla”

De vez en cuando mi mujer me cogía de la cabeza y me la metía bien hasta el fondo hasta que me entraban arcadas. Pero yo no me quejaba, era una buena putita sumisa. Entonces mi mujer dijo

“Muy bien, pasemos a la siguiente fase” me levantó la falda hasta la cintura y le dijo a Carlos. “¿Ves este culito depilado? Pues es virgen, es tu oportunidad de desvirgarlo” Esto también lo esperaba, aunque eso no quiere decir que me hiciera ilusión, la verdad es que no me excita que me den por el culo. De todas maneras, como una buena sumisa, estaba dispuesto a aceptar lo que mi ama me dijera. Además lo que si me excitaba, y un montón, era toda la situación, y cuando no eyaculas, llega un momento en que cualquier cosa te excita, estás como medio loco por correrte. Total que nos pusimos en una postura de cine porno. El Carlos ese me empezó a follar por atrás (al menos con vaselina, un detalle) mientras yo le comía el coño a mi mujer, que además me tenía cogido del cuello con un collar de perro. Con cada mano les hacía una paja a Pedro y Alberto que estaban sentados también en el sofá. Estos les comían los coños a Marta y María que estaban de pie en el sofá (la verdad es que estos tres también eran unos putos sumisos, hacían todo lo que mi mujer les decía). Así estuvimos un buen rato. La verdad es que era un poco incómodo. Tenía como ganas de cagar y me tenía que aguantar pero yo estaba excitadísimo, habría hecho lo que fuera, lo que fuera, por correrme. Como seguía echando liquido seminal, desde la tarde me habían puesto una bolsita para recogerlo. El primero en correrse fue Carlos en mi recién desvirgado culo (lo noté porque se hinchó todavía más y la sensación de cagar se hizo casi insoportable). Ante mi sorpresa mi mujer le dio una soberbia bofetada en la cara.

“¡Aquí nadie se corre sin mi permiso!”

Los otros dos no se atrevieron a decir ni mu. Además Marta y María los cogieron fuerte de la cabeza para seguir comiendo coño

“Ahora resulta que voy a tener que domar estas putas también”

Cogió a Carlos de una oreja fuerte, lo sacó de mi culo y lo hizo poner a cuatro patas. El preservativo se quedó incrustado en mi culo pero para mi fue un alivio. En cualquier caso yo seguía comiendo el coño de mi ama lo mejor que sabía. Mi ama sacó el preservativo y la leche que habia dentro y se lo puso en la palma de la mano. Le volvió a dar otra sonora bofetada a Carlos, más que nada para que quedara claro quien mandaba, y le ordenó comerse su propia leche, cosa que hizo sin rechistar lamiendo la palma de la mano de su nueva ama (que sumisos que podemos ser a veces los hombres, joder). Supongo que toda la situación y la comida de coño que le estaba haciendo, la llevo al clímax, puso los ojos en blanco y se corrió echando todos los flujos en mi boca, que intenté tragar lo mejor que pude. Entonces Marta y María también se corrieron en la cara de Pedro y Alberto. Estos estaban cerca de correrse, pero yo no les podia masturbar bien, primero por la postura, y segundo porque no sabia, total que les costaba. En cualquier caso mi ama me hizo parar. Los dos hicieron un cierto gesto de disgusto y, efectivamente, mi ama les dio un par de bien dadas bofetadas (se les puso la cara como un tomate). Yo seguía con mi cara en el coño de mi ama, refregándome suavemente (no me tenia que retirar hasta que mi ama me lo indicara), y Carlos seguía lamiéndole la palma de la mano, aunque ya no quedaba semen (puto sumiso…).

“Mirad los tres, sois putos sumisos y haréis lo que yo diga”. Y mirando a Pedro y Alberto, le volvió a dar una bofetada, más fuerte si cabe, a Carlos, mientras decía:

“Aquí nadie se corre, y sobretodo eyacula sin mi permiso”

Marta y María entendieron el mensaje, fueron por unas cuerdas que ataron a los huevos y la base de la polla de Pedro y Alberto. La erección de estos se hizo más fuerte si cabe (y por mi experiencia supongo que también dolorosa).

“Ahora le vais a follar el culo al puto Carlos para que aprenda quien manda aquí” Os recuerdo que no os podéis correr. Cuando estéis a punto tenéis que salir y dejar al otro.”

Carlos no había hecho ningún ademán al oír la situación. Seguía lamiendo la palma de la mano de la ama. Creo que a partir de la segunda o tercera bofetada se había vuelto en un perfecto sumiso. Total, que se lo follaron, bien follado, durante una buena hora, hasta que mi ama dijo basta. Sorprendentemente aguantaron sin correrse, pensarlo me excitaba, ya que pensaba en su propia excitación, o que yo era quien follaba a Carlos. Cuando paramos me quitaron el antierector y a ellos las cuerdas de huevos y polla, aunque nos ataron las manos a la espalda y a la pata de la mesa para que no pudiéramos masturbarnos. Esa noche dormimos así. Ellas se fueron a las camas a dormir, mientras nosotros estuvimos con una señora temprera, medio adormilados pero sin poder dormir. En mi caso era insoportable. Me hubiera roto la columna vertebral para poder chupármela, viéndola en un estado de erección casi imposible.

Ellas despertaron sin prisas, desayunaron, y se mearon en las bocas de ellos. Los tres tíos tragaron sin rechistar (vaya nenazas). Cayo al suelo, pero como era el piso de ellos no le importo a mi ama. De hecho nosotros nos meamos también ya que nos dejaron allí toda la mañana, y ellas se fueron a la playa. Eso si, antes de irse, nos dieron un buen palmotazo en los huevos para que bajara la erección (aunque no duró mucho…).

Al volver soltaron a Carlos y le dijeron que preparara la comida. Le pusieron solo un delantal mientras se reían. A Pedro, Alberto y a mi nos hicieron limpiar el suelo de orín con la lengua. Las manos seguían atadas ya que no se fiaban que nos pudiéramos masturbar, y no podíamos, pero si entre nosotros (a estas alturas ya habíamos perdido cualquier dignidad), total que nos intentábamos frotar disimuladamente los unos a los otros mientras limpiábamos el suelo o lamernos la polla, con el sabor de orín incrustado en nuestras bocas, hizo falta muy poco para estar cerca de corrernos.

“¡Mira las mamonas!” dijo mi ama riendo.

Entonces nos separaron, nos pusieron cubitos de hielo en la polla para bajarnos la erección, y nos pusieron un antierector a cada uno. Era horrible, quería correrme, no podia soportarlo mas, y ahí estaba de nuevo con el antierector. Ellas no parecían estar muy preocupadas por eso y se pusieron a comer.

Después de la siesta, nos pusieron en el suelo a Pedro, Alberto y a mí, mientras a Carlos, castigado, lo pusieron atado de rodillas mirándonos. Y empezó la sesión otra vez. Nos ataron los huevos y a follar! Esta vez tenían la cuerda cogida con la mano y a veces tiraban, just for the fun of it. En particular, mi mujer se estaba follando a Pedro, la primera vez que follaba a alguien que no fuera yo, ¡y yo mirando!

“Mira putita, ¿ves como me follo a otros hombres? Acostúmbrate porque pasara más veces. Sois todos unas zorritas. En el fondo todos deseáis que os traten así”

Y mientras decía eso se corrió. Por cierto el Pedro, ¡que aguante!, no se corrió en todo momento, aunque por la cara de sufrimiento, no lo debía estar pasando bien, ya que mi mujer lo regulaba con la cuerda. Lo mismo hacían Marta y María con nosotros hasta que se corrieron, dejándonos a los tres con un palmo de narices, aunque al menos nos soltaron las cuerdas de los huevos. Que alivio, pero yo llevaba desde el viernes por la tarde en un estado de excitación continuo y sin poder eyacular, los demás no creo que estuvieran en una situación mucho mejor, excepto el cabrón del Carlos. Total, al final su castigo habia sido que le follaran por el culo. Tal como estaba yo lo hubiera aceptado mil veces.

Entonces mi ama me dio un pequeño golpecito con el dedo en los huevos, que me ardían, e hice un gesto de dolor. Entonces dijo:

“Parece que la putita ya está lista” No se a que se refería pero yo tenía una erección de campeonato, dolorosa.

Me hizo poner a cuatro patas y le dijo al Carlos “Ven, mastúrbalo, ¡pero que no se corra!” “¿Como?” Pensé. Hasta cuando me iba a hacer sufrir mi ama, aunque yo chitón, como un buen sumiso. Carlos, otro buen sumiso, me empezó a acariciar suavemente mi dolorida polla, ahora libre en mucho tiempo. No la podia tocar mucho ya que si no me correría. Entonces mi ama cogió un consolador y me empezó a follar por el culo. Ahora hasta esto me excitaba, no era un consolador muy grande. Estaba en el cielo. Me cogió por el pelo.

“Mira puta, cuando estés a punto de correrte, quiero que me avises, ya sabes que no puedes correrte hasta que yo te de permiso”

“Si mi ama” respondí, aunque no estaba muy seguro de que tenía en mente, ¿me dejaría de nuevo con las ganas? En cualquier caso no tardé mucho en saberlo. La suave masturbación del Carlos y la follada de mi ama estaban empezando a hacer su efecto.

“Ama, estoy a punto de correrme, ¿puedo hacerlo?” supliqué.

Entonces mi ama cogió la cabeza de Carlos por los pelos y le obligó que me la chupara (obligar es un decir, era un esclavo bien dócil). Esto casi hizo que me corriera, aunque intenté aguantar, ya que mi ama no me había dado permiso todavía, pero ya estaba en el punto de no retorno, afortunadamente mi ama dijo

“Ya puedes correrte, puta” “Y, Carlos, zorrita, no quiero que caiga ni una gota al suelo ni que te la tragues”

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada. Mi mujer y yo nos levantamos, entonces ella me preguntó:

“¿Lo hemos hecho bien, amo?”

Mi respuesta fue pegarle una buena bofetada en la cara.

“¡Ya has olvidado que ante mi has de estar de rodillas al menos que diga lo contrario?”

Las tres se pusieron en actitud sumisa: de rodillas, manos a la espalda y mirando al suelo. Entonces sonreí, les acaricié la cabeza a las tres y dije

“Sois unas buenas perritas, lo habéis hecho muy bien”

A todo esto los tres tíos se habían quedado de piedra, pero no se movieron, ¡vaya zorritas!, el puto Carlos seguía con mi leche en mi boca y por lo que veía bien empalmado, los otros dos seguían con el antierector. Le dije a mi mujer.

“Átalos a las patas de la mesa”

Y me fui a descansar un rato al sofá. Cuando volví, el Carlos seguía teniendo mi leche en su boca. Sonreí, no le había dicho nada, pero la última orden (de hecho de mi mujer) habia sido que se quedara con mi semen en su boca, y esto es lo que hay que hacer hasta que haya una nueva orden. Este tío también era un buen sumiso, así que decidí probarlo, lo desaté y lo puse a cuatro patas.

“Veo que eres una puta sumisa, ayer te follaron tus amigos y hoy lo voy a hacer yo. A ver como se folla el culo de un tío”

Estuvo bien, el culo estaba bastante prieto a pesar de lo de ayer. Además me daba morbo follarme un tío…con su boca llena de mi leche. Total que me corrí rápido.

“Muy bien puta, ahora tienes mi semen en tu culo y en tu boca”

Cogí a Pedro y Alberto y les dije. “Venga limpiadle el culo y la boca” lo cual hicieron dócilmente. Pensé, “Joder aquí todo el mundo es sumiso” Esto me excitó.

“Vaya, vaya, le voy a coger gusto a follar culos de tíos”

Cogí a Pedro pero no la tenía suficientemente dura, así que le dije a mi mujer que me la chupara. Me dio morbo ver como me limpiaba la suciedad del culo de Carlos. Esto me entonó lo suficiente y me follé a Pedro, mientras veía como le limpiaba la boca a Carlos. Aquí estuve un buen rato, y quiero decir un buen rato, hasta que me corrí. Cogí a Alberto e hice que me la limpiara. De nuevo me fui al sofá a descansar pero me llevé a Alberto para que me la siguiera chupando. Me daba morbo que un hombre me la chupara, además quería que aprendiera a hacerlo bien. Total que me tumbé y le ordené que me la fuera chupando de forma suave. De vez en cuando le daba bofetadas para que supiera quien mandaba. Es agradable estar en el sofá, tumbado, mientras alguien te la chupa. De hecho el puto tío le puso ganas y al final me corrí. Aproveché entonces para coger a los tres esclavos y ponerlos delante de mí en posición sumisa

“A partir de ahora sois mis esclavos y deberéis estar disponibles si así lo dispongo”

“Si, mi amo” dijeron los tres al unísono mientras me meaba en ellos.

Después de esto mis esclavas y yo nos fuimos.

Ya sabéis, una buena esclava también tiene que saber ser una buena ama, si su amo así lo exige.

Autor: Pervertido

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