Amigos íntimos

Cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba, se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

Un viernes por la noche nos encontrábamos mi novia Beatriz y yo en casa de Antonio y Laura, otra pareja de novios amigos nuestros. La velada se iba animando a medida que tomábamos copas. La botella de escocés que habíamos abierto tenía ya más aire que whisky; poco antes, durante la cena, habíamos vaciado otra de Rioja, así que estábamos ya los cuatro bastante alegres, como otras veces había ocurrido cuando nos reuníamos en casa de ellos o en la nuestra. El plan siempre era parecido: algo de comer, unas copas, unas risas, conversación distendida y poco más, hasta que nos entraba sueño y nos despedíamos marchándose a casa los que estuvieran de visita. Como digo, parecía una reunión igual que tantas otras, pero esa noche ocurrió algo que cambió por completo los acontecimientos y de paso la relación que hasta entonces teníamos con esta pareja de amigos.

Estábamos jugando al parchís, y cuando terminamos la primera partida Antonio dijo que así no tenía gracia el juego. Los demás le miramos extrañados sin entender a qué se refería. Continuó diciendo que para darle más emoción y más interés podríamos jugar al parchís pero con prendas. Los tres soltamos una carcajada suponiendo que era otra de sus bromas, pero él, con una sonrisa pícara, insistió en que hablaba completamente en serio y, a modo de reto, nos dijo que si no nos atrevíamos o nos daba corte lo comprendería, pero que a él le parecía una idea magnífica y mucho más divertido que jugar sin otro aliciente que comer fichas. Entre nosotros había mucha confianza, pero nunca nos habíamos planteado jugar a algo así, por lo que la proposición de Antonio nos sorprendió bastante.

Sin embargo a mí me producía mucho morbo la idea y también influía el alcohol que llevaba encima. El caso es que pensé “¿por qué no?,” y dije que estaba de acuerdo. Las chicas nos miraban incrédulas y algo escandalizadas, pero no podían evitar unas risitas sospechosas; parecía que la idea no les desagradaba del todo. Les insistimos un poco quitándole importancia al asunto, pues a fin de cuentas éramos amigos íntimos y no había nada de malo en pasar un rato divertido jugando a algo nuevo. Finalmente aceptaron, con la condición impuesta por Beatriz de dejarlo si la cosa se desmadraba más de la cuenta. Y así fue como empezamos una nueva partida, bien distinta a la anterior.

Las reglas eran simples: quien perdiera ficha tenía que quitarse una prenda delante de los demás, y la partida terminaría cuando quedaran sin ropa todos menos uno, que sería el ganador, aunque implícitamente dábamos por hecho que antes de llegar a ese punto alguien se echaría atrás y el juego acabaría.

Lo primero que hacíamos todos conforme íbamos perdiendo ficha era descalzarnos, pero como era verano y llevábamos poca ropa enseguida hubo que pasar a otras prendas más interesantes. Laura fue la primera víctima, y tuvo que quitarse la camiseta, mostrando sus magníficos pechos cubiertos por un precioso sujetador blanco semitransparente que le daba un toque de lo más erótico. Luego perdí yo y repetí la operación quitándome la camisa. El siguiente fue Antonio, que al perder dos veces seguidas tuvo que desprenderse sucesivamente de la camiseta y el pantalón, quedando en calzoncillos, que eran tipo tanga y le marcaban un paquete más que notable. Mientras se despojaba del pantalón pude notar como mi novia no perdía detalle y le miraba la entrepierna mordiéndose el labio inferior. Precisamente fue Beatriz la que perdió después, y se quitó la blusa dejándonos ver sus estupendas tetas que parecían apuntarnos desafiantes desde dentro de un sugerente sostén negro.

Al cabo de un rato estábamos los cuatro sólo con la ropa interior, y suponía que alguna de las chicas, considerando que el juego ya había llegado todo lo lejos que aconsejaba la prudencia, pondría fin a la partida y todo terminaría en ese momento, pero lo cierto es que nadie decía nada y los cuatro seguíamos tirando los dados y moviendo fichas en silencio. En el fondo yo deseaba continuar, y creo que los demás también porque ninguno hizo nada por parar aquello.

Entonces le comí una ficha Beatriz. Ella puso cara de susto y se tapó los ojos como no queriendo ver la jugada, mientras le entraba la risa nerviosa. Se notaba que le daba mucho corte quitarse el sujetador, pero supongo que no quería ser ella quien estropeara la función, porque después de pensarlo unos segundos, sorprendiéndonos a todos, se levantó del sofá y procedió a quitarse el sujetador, enseñándonos sus tetas con los pezones duros como piedras, lo que delataba su excitación. Entre aplausos y silbidos, y colorada como un tomate, volvió a su sitio continuando la partida. Después perdió nuevamente Antonio, el cual ni corto ni perezoso se puso en pie y se quitó el calzoncillo mostrando una polla de tamaño considerable y en semierección.

Habíamos traspasado el punto sin retorno, ya no había vuelta atrás. Seguimos jugando y Laura perdió otras dos veces seguidas, viéndose obligada a desnudarse completamente delante de todos. Tenía un cuerpo estupendo y llevaba el coño totalmente depilado, detalle que ya se adivinaba a través de sus bragas transparentes y que ahora la hacía parecer aún más desnuda. También era evidente lo excitada que estaba, pues se le notaba un brillo de humedad entre los labios vaginales. Después de desnudarse dio lentamente un giro completo para enseñarnos la parte posterior de su cuerpo, que no desmerecía en nada a la parte delantera, y regresó a su sitio dejándonos boquiabiertos, sobre todo a mí.

El juego estaba caliente de verdad. Pero el remate fue cuando Beatriz volvió a perder y tuvo que quitarse también las braguitas. Mi novia lleva el vello del pubis y la vagina bastante recortado, cosa que pareció agradar a nuestros anfitriones, especialmente a Antonio, que observaba el espectáculo sin pestañear. Y digo espectáculo porque Beatriz, para darle más morbo al asunto, se dio media vuelta mientras se bajaba las bragas, y después de quitárselas se inclinó hacia delante, separando las piernas ligeramente y ofreciéndonos una vista irresistible de su culo y su sexo, a dos metros escasos de nosotros. También pudimos notar que tenía la raja muy mojada. A Antonio se le salían los ojos de las órbitas viendo a Beatriz de esa guisa, y yo tenía la polla a punto de reventar el calzoncillo. No contenta con esto, mi novia acercó una mano a su entrepierna, y en un rápido pero certero movimiento recorrió toda su raja con el dedo medio. Luego se volvió hacia nosotros y mirándonos con descaro se metió el dedo en la boca y lo chupó un par de veces. Se acercó a mí, me dio un beso en los labios y sin decir una palabra volvió a sentarse, pero lo hizo flexionando una pierna y colocándola debajo de su culo, de manera que le podíamos ver perfectamente el monte de venus y el coñito.

El juego en teoría había terminado, siendo precisamente yo el ganador, pero los cuatro sabíamos sin necesidad de decirlo que ninguno quería terminar aún. El ambiente se podía cortar con un cuchillo; nuestras caras eran la viva imagen de la lujuria, y nos mirábamos sin hablar como esperando a que alguien tomara una determinación. Entonces Laura rompió el silencio y dijo mirándome a mí:

-Alex, es una lástima que hayas ganado tú porque nos hemos quedado con las ganas de verte en pelotas-. Aquello era una provocación, y mi novia se encargó de echar más leña al fuego: -Sí, cariño, eres el único que no se ha desnudado. Anda, sé bueno y enséñanos eso que escondes ahí.

Yo había ganado la partida y tenía derecho a negarme, pero la excusa resultaba de lo más infantil según estaba el ambiente. Además, qué diablos, lo estaba deseando. Incluso me sentía un poco incómodo con mis ridículos calzoncillos verdes mientras los demás estaban desnudos. Pero especialmente me excitaba que Laura me viera en bolas. Ya iba a acceder sin más a la petición de las chicas y quitarme la prenda que me quedaba, cuando se me ocurrió una idea mejor. En otras circunstancias jamás se me hubiera pasado por la mente proponer algo así; de hecho me preocupaba el rumbo que podían tomar las cosas si los demás aceptaban, pero pudo más la excitación del momento y, después de pensarlo un poco, finalmente dije:

-De acuerdo, yo me desnudo, pero con una condición: que sigamos jugando…

Casi no me creía lo que yo mismo acababa de decir. Era como si una fuerza interior hubiese hablado por mí. Laura, que parecía la más interesada en mi propuesta, preguntó cómo haríamos para seguir si ya no quedaban prendas que quitarnos, a lo que yo respondí que cada vez que uno perdiera debería obedecer un mandato que le pondría quien le hubiese comido la ficha.

-Pero ¿qué clase de mandatos?-, preguntó Antonio haciéndose el ingenuo.-De la clase que todos estáis pensando-, contesté, y añadí: -Si no os gusta la idea, nos vestimos y damos por concluido el juego. Como vosotros queráis…

Laura dijo que a ella le parecía bien; su novio también estuvo de acuerdo; Beatriz se quedó pensativa un instante, como sopesando las posibilidades que ofrecía aquello, y finalmente aceptó también. Así pues, me levanté del sofá, me bajé los calzoncillos y sin más ceremonia los lancé con un pie hacia mis espectadores, cayendo en las manos de mi novia que haciéndome un guiño se pasó la prenda por la cara y los pechos. Luego me acaricié la polla mirando hacia las chicas y volví al sofá para reanudar aquella alucinante partida de parchís.

Con mi ocurrencia la situación había dado un giro de 180 grados. Lo que empezó como un simple juego de prendas, más o menos atrevido pero inocente hasta cierto punto, llevaba trazas de convertirse en una orgía si nadie lo paraba, cosa que ninguno parecía dispuesto a hacer; antes al contrario, se notaba bien a las claras que los cuatro deseábamos continuar con todas las consecuencias.

Empezamos a jugar de nuevo, todos desnudos y a cuál más caliente. Beatriz le comió una ficha a Laura, y sin vacilar le ordenó:

-Agarra la polla de Antonio y mastúrbale durante cinco minutos.

Sin duda mi chica había entendido perfectamente a qué me refería cuando expliqué las nuevas reglas del juego. Laura se sentó junto a su novio y empezó a hacerle una paja al tiempo que le pasaba la lengua por las tetillas y le acariciaba los huevos con la otra mano, mientras Beatriz y yo observábamos atentamente la operación. Antonio gemía de placer, cada vez más excitado, pues hay que reconocer que su novia sabía hacer una paja como manda el reglamento. Sujetaba la polla de su hombre firmemente aunque sin apretarla demasiado y movía la mano con una cadencia lenta al principio pero acelerando progresivamente. Pasaron los cinco minutos y Beatriz mandó a Laura detenerse justo a tiempo de evitar que Antonio le llenara la mano de semen.

El pobre se quedó al borde mismo del orgasmo, con la polla palpitando en el aire y el glande impregnado de líquido preseminal. Era un poema su cara de frustración por no haber podido correrse cuando estaba ya en puertas. Incluso hizo ademán de terminar el trabajo con su propia mano, pero resistió el impulso, pensando quizás que le venía bien reservar fuerzas y que pronto tendría ocasión de resarcirse con algo mucho mejor que una simple paja.

Volvimos a la partida. El siguiente en perder ficha fui yo, a manos de Antonio. Supuse que me pondría un mandato sencillo, como masturbarme o hacerle algo a mi novia, pero él tenía otros planes:

-Quiero que le comas el coño y el culo a Laura y no pares hasta que se corra en tu boca.

Uf…, eso sí que era jugar fuerte. Demasiado, pensé, para lo poco sorprendida que parecía Laura. De hecho en aquel momento vi claro algo que venía sospechando desde hacía rato: seguramente ellos habían planeado todo el juego con antelación. El tanga de Antonio y el espectacular conjunto de lencería de Laura no parecían lo más habitual para pasar una tranquila velada en casa, ni desde luego conjuntaban mucho con la ropa cómoda y algo usada que ambos se habían quitado poco antes. Tal vez querían tener con nosotros una experiencia de sexo en grupo o un intercambio de parejas, y al no atreverse a proponerlo directamente pensaron en crear una situación propicia con la excusa del parchís y las prendas, para ver si Beatriz y yo entrábamos en el juego.

Sea como fuere, me alegré de la feliz idea que habían tenido nuestros amigos, sobre todo ante la perspectiva de disfrutar del apetecible cuerpo de Laura, por orden expresa de su novio. Se me hacía la boca agua de pensarlo, y ella me miraba con cara de gata en celo. Antonio concretó el mandato diciendo que debía cumplirlo tumbado boca arriba en la alfombra y con su chica arrodillada sobre mi cara y mirando en sentido contrario a mi cuerpo. Laura trajo un edredón grande y lo extendió sobre la alfombra, luego nos situamos en la posición indicada y, sujetándola por la cintura, comencé a comerme la depilada entrepierna de Laurita, que no podía estar más húmeda.

El aroma a hembra caliente que emanaba me trastornó los sentidos. Su rajita destilaba líquidos en abundancia, y yo los saboreaba con gran deleite. Sin prisa pero sin pausa fui pasándole los labios y la lengua por todas partes. Le recorría lentamente el pubis, las ingles, los labios de la vagina, que ya estaban hinchados por la excitación, el clítoris, la raja del coño, metiendo mi lengua tan profundamente como podía, y de vez en cuando dirigía mis chupadas a su agujerito posterior, llenándoselo bien de saliva y de sus propios flujos, lo que sin duda le encantaba, a juzgar por sus espasmos y gemidos de placer. Yo estaba loco de excitación.

Deseaba a esa mujer con todas mis fuerzas, quería tumbarla allí mismo sin esperar más y follármela como un animal salvaje hasta reventar, pero había que acatar las reglas y dejar que el juego transcurriera según lo convenido. Después de un buen rato devorando a placer el coño y el culo de Laura, me dediqué a estimular su clítoris con lengüetazos rápidos e intensos. Eso fue demasiado para ella, pues a los pocos segundos empezó a gemir más fuerte y a agitarse, hasta que le sobrevino un orgasmo tremendo que la dejó exhausta y a mí con la cara inundada de su néctar, desde la nariz hasta la barbilla, y una calentura insoportable. Pero se suponía que estaba cumpliendo un castigo, de modo que, resignado, salí de entre las piernas de Laura que me miraba con agradecimiento por el placer que acababa de darle, me incorporé y regresé a mi sitio.

A continuación tuve una jugada de suerte. Primero le comí una ficha a mi novia, pero fue con un seis, y al volver a tirar le comí otra a Laura. Se me ocurrió ponerles un mandato que sólo de imaginarlo me ponía a cien, pero no creía que ellas aceptaran. Aún así, teniendo en cuenta cómo estaban las cosas, decidí probar suerte, ya que no tenía nada que perder intentándolo. Dirigiéndome a Beatriz, dije:

-Quiero que le hagas una mamada a Antonio mientras Laura te come el coño a ti. Terminaréis cuando uno de los dos llegue al orgasmo.

Estaba convencido de que se negarían a cumplir ese mandato, y ya empezaba a pensar en otro menos osado cuando Laura se puso en pie muy decidida y dijo mirando a mi novia con cara de vicio:

-Vale, vamos a hacerlo. ¿Por qué no? Beatriz nos miró incrédula, pero se notaba que le daba mucho morbo, de hecho aceptó sin poner objeciones. Seguramente aquello le parecía la revancha perfecta después de verme a mí haciéndole un trabajito de lengua a Laura delante de ella. Hasta donde yo sabía, ninguna de las dos había tenido nunca una relación lésbica, sin embargo parecieron tomarlo con bastante naturalidad.

Antonio se tumbó en la alfombra, mi chica se puso a gatas mirando hacia él y Laura se tumbó boca arriba a continuación de Beatriz y metiendo la cabeza entre sus piernas. Era lo más salvaje que yo había presenciado nunca. Mi novia comenzó a dar lametones a todo lo largo de la verga de Antonio, que pronto reaccionó poniéndose dura como un palo. A ratos le pasaba la lengua por los huevos y se los metía en la boca, provocando en Antonio profundos gemidos, que aumentaron cuando mi chica le cogió la polla y se la introdujo en la boca, primero la punta y luego, poco a poco, toda entera hasta tocar con la barbilla en sus huevos, y empezó a subir y bajar chupando aquel rabo como sólo ella sabe hacerlo. Mientras, en la retaguardia, Laura no perdía el tiempo y se aplicaba con entusiasmo a lamer y chupetear el ardiente sexo de mi novia, haciendo toda clase de ruidos y chapoteos, y con una maestría que cualquiera hubiera jurado que llevaba toda la vida comiendo coños. De paso, al tener las manos libres, aprovechó para acariciar con la izquierda las tetas de Beatriz y darse placer a sí misma con la derecha, frotándose el clítoris y metiéndose los dedos en la vagina.

Ni que decir tiene que yo, con semejante escena, me estaba poniendo otra vez como un toro. El anterior encuentro con la almeja de Laura me había dejado encendido, pero ver a mi Bea tragándose entero el rabo de Antonio mientras su amiga le devoraba el chocho y se masturbaba era más de lo que yo podía resistir. Como espectador disfrutaba al máximo, qué duda cabe, pero necesitaba participar urgentemente, ya no aguantaba más la calentura. Decidí que era hora de dejar a un lado el parchís y ponernos de una vez a follar los cuatro como leones. Me arrodillé entre las piernas de Laura, le aparté la mano del coño y a la vez que me llevaba sus dedos a la boca le puse la picha en la entrada de su cuevecita, que otra vez estaba empapada de flujo vaginal, y empecé a restregarle el glande por toda la raja.

Ella me recibió con ganas. Era evidente que necesitaba imperiosamente sentir dentro una polla, así que me rodeó con sus piernas y se llevó las manos al chocho para separarse los labios vaginales invitándome a que la penetrara. Yo obedecí encantado. Primero le introduje sólo la punta y se la volví a sacar; así unas cuantas veces, hasta que de repente se la metí entera de un empujón, provocándole una sacudida que la dejó inmóvil durante unos instantes. Luego inicié un mete-saca profundo, lentamente al principio para sentir bien y hacerle sentir a ella el húmedo contacto de nuestros sexos, y luego fui acelerando poco a poco mis acometidas.

El culito de mi novia a pocos centímetros de mi cara era toda una provocación, por lo que me incliné hacia delante y, ayudando a Laura, me dediqué junto a ella a la dulce tarea de comernos a medias el coñito y el trasero de Beatriz. Ésta, al notar que había dos bocas y dos lenguas trabajando su entrepierna, dejó por un momento el pene que estaba chupando y miró hacia atrás. Supongo que vernos a Laura y a mí follando como posesos al tiempo que nos la comíamos a ella debió de ser la gota que colmó el vaso de su excitación, porque en ese mismo momento empezó a correrse con una intensidad como pocas veces la había visto. Sus gritos de placer debieron despertar a los vecinos. Al final, cayó sobre el cuerpo de Antonio, quien la atrajo hacia sí, instándola a cabalgar sobre su polla. Beatriz no se hizo rogar.

Tan pronto como recuperó el aliento, se abrió de piernas sobre la verga de Antonio, la apuntó en la entrada de su coño y se la clavó hasta que sus nalgas se posaron en los testículos de su afortunado amigo, que se disponía a gozar de un polvo memorable. Al verlos, Laura y yo aceleramos nuestro erótico vaivén. Al poco noté que me acercaba al clímax y se lo anuncié a Laura; ella me dijo entre suspiros de placer que no parara, pues ella también estaba a punto. Continué penetrándola con fuerza hasta que empecé a correrme derramando toda mi leche en el interior de la vagina de Laura, que al instante se vino también en un orgasmo sensacional, a la vez que se abrazaba a mí y me besaba con gran pasión.

Mientras descansábamos de nuestro polvo, Laurita y yo observamos a nuestras respectivas parejas follando como si se acabara el mundo. La polla de Antonio entraba y salía del chocho de mi Bea a una velocidad de vértigo y ella se derretía de placer. Era cuestión de segundos que explotaran, y efectivamente, los dos se corrieron con ganas y quedaron abrazados durante un rato, mientras aquella verga salía poco a poco del sexo de mi novia, inundado por el semen de su improvisado amante.
Después de aquello el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos los cuatro juntos sobre el edredón en medio de la sala.

II

La luz del sol me despertó a la mañana siguiente con una sensación extraña. Mis pensamientos se debatían entre el remordimiento por lo que había hecho y los deseos de repetirlo; entre la lujuria más salvaje y la punzada de los celos. Mucha gente fantasea con aventuras de sexo compartido e intercambios de pareja, pero para aquellos que nunca hayan ido más allá de la mera fantasía, creedme que no es lo mismo imaginar a tu novia follando con otro que verla haciéndolo de verdad delante de ti. Casi todos, en alguna medida, tenemos asumida respecto a nuestra pareja una cierta idea de posesión recíproca o al menos de exclusividad sexual, y os aseguro que un intercambio, sobre todo si se realiza en presencia unos de otros, no es tan fácil como parece al leerlo en un relato. Cuando todo ha terminado y se apaga la pasión y el desenfreno del momento (y, admitámoslo, cuando desaparecen los efectos del alcohol), le asaltan a uno toda clase de dudas.

Te das cuenta de que muchos de los valores y principios que creías inamovibles se han derrumbado o como mínimo se tambalean. Te replanteas seriamente el significado de tu relación de pareja, te cuestionas si de verdad amas a tu novia o ella sólo es para ti poco más que un objeto de placer, y por supuesto te preguntas cuáles son sus verdaderos sentimientos hacia ti. Todas esas consideraciones me hacía yo mientras percibía a escasos centímetros el incitante olor y el calorcillo de la entrepierna de Laura, lo cual, además de terminar de despertarme, he de admitir que vino a desvanecer casi todas mis dudas y alivió notablemente mis remordimientos. Decidí que por el momento era mejor no atormentarse y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

Por lo pronto, la escena que formábamos los cuatro acostados y desnudos sobre la alfombra, entre un montón de cojines, era como para despertar la libido de una estatua. Mi novia estaba hecha un ovillo, acurrucada sobre el pecho de Antonio, que descansaba boca arriba. Laura, también boca arriba y situada detrás de Beatriz, tenía una mano en la cintura de ésta y la otra en mi cabeza, que reposaba entre sus muslos ligeramente separados. Ante tal espectáculo no pude contener una erección inmediata, sin embargo preferí quedarme quieto hasta que los demás se despertaran, pues los tres parecían dormir plácidamente.

Al cabo de un rato mi chica se incorporó y yo hice lo mismo. Me dio un beso de buenos días, me acarició levemente la verga haciéndome un guiño y sin decir nada se fue al aseo. Yo me quedé sentado en el sofá y enseguida se despertaron también Antonio y Laura. Se abrazaron y besaron tiernamente, me dieron los buenos días y sin más se fueron juntos al otro cuarto de baño que hay al lado de su dormitorio.

Después de ducharnos y desayunar, salimos a dar un paseo para despejarnos y de paso hablar un poco de lo ocurrido, pues todos estábamos algo abrumados por la situación. Nuestros amigos confesaron que, en efecto, el juego de las prendas y en cierto modo lo que vino después, lo habían planeado antes de invitarnos a su casa. De hecho nos dijeron que fantaseaban desde hacía tiempo con la idea de tener una experiencia erótica con nosotros y finalmente se animaron a intentar ponerla en práctica de alguna manera, aunque los resultados superaron ampliamente sus expectativas iniciales.

En principio pensaron en algo como un striptease, o tal vez algún juego de caricias y besos entre parejas, para terminar haciendo el amor cada uno con la suya delante de los otros, pero sin llegar necesariamente al intercambio. Primero porque, aunque esa posibilidad les excitaba mucho, no sabían si llegado el momento serían capaces de hacerlo, y segundo porque ni siquiera tenían claro que nosotros quisiéramos tomar parte en esa clase de juegos. Temían ofendernos y poner en peligro nuestra amistad si nos lo planteaban abiertamente, y concluyeron que, para evitar situaciones desagradables, lo más aconsejable era ir poco a poco, crear un ambiente que invitara a iniciar el juego y al tiempo pareciera casual, espontáneo, algo no premeditado. La opción del parchís y las prendas resultaba muy conveniente: si nosotros aceptábamos, el primer paso estaba dado y a partir de ahí podríamos llegar hasta donde quisiéramos los cuatro. Y si no aceptábamos o reaccionábamos mal, siempre podrían salir del paso diciendo que todo fue una broma.

Por nuestra parte, Beatriz y yo también teníamos fantasías parecidas, aunque sólo hablábamos de ello algunas veces mientras hacíamos el amor con el propósito de excitarnos, pero sin personalizar en nadie y mucho menos en Antonio y Laura. Sin embargo, en el fondo yo sí pensaba en ellos. Así lo reconocí y Beatriz confesó que también fantaseaba con nuestros amigos. Los dos admitimos que cuando Antonio sugirió lo de las prendas la idea nos excitó tanto como a ellos, y sólo nos preocupaba que nuestra amistad o nuestras respectivas relaciones de pareja salieran mal paradas si el juego llegaba demasiado lejos.

El juego llegó tan lejos como habéis leído más arriba, y aún avanzó mucho más, pues los cuatro, una vez hechas las aclaraciones pertinentes, decidimos continuar esa misma tarde. Todos deseábamos seguir explorando el territorio que acabábamos de descubrir, y esos deseos eran más fuertes que los temores que aún teníamos. Pensamos que sería buena idea proseguir con nuestras aventuras sirviéndonos del juego ya conocido del parchís y los “castigos” de contenido sexual. Para ello nos comprometimos a obedecer sin excepción todos los mandatos que se nos impusieran, siempre que no entrañasen dolor físico ni resultaran ofensivos o humillantes. Beatriz y yo invitamos a comer a Laura y Antonio en un restaurante cercano, y desde allí nos fuimos a nuestra casa para reanudar los juegos.

Ya en casa, serví unas copas y puse algo de música mientras las chicas iban al aseo para retocarse el maquillaje y, supongo, para hablar con intimidad. Regresaron al rato y los cuatro nos acomodamos en el sofá y los sillones a charlar tranquilamente en espera de acontecimientos. Media hora y un par de copas después, en vista de que nadie se decidía a romper el hielo, Beatriz se levantó del sillón, sacó el tablero de parchís de un cajón y lo puso en la mesita; luego fue a buscar un edredón y, extendiéndolo sobre la alfombra, dijo:

-Juguemos…

Los tres nos miramos con una media sonrisa que lo decía todo, luego nos quedamos viendo a mi novia, que seguía de pie con los brazos en jarras, y soltamos una sonora carcajada. Como no era cuestión de repetir entero todo el ritual de las prendas, decidimos empezar la partida vestidos sólo con la ropa interior, no tanto porque a esas alturas tuviéramos el menor problema en comenzarla desnudos, sino más bien para darles a las chicas una pequeña ventaja inicial, y también, puesto que no había ninguna prisa, para disfrutar el siempre estimulante espectáculo de vernos unos a otros despojarnos de ella.

Al cabo de unas cuantas tiradas sólo faltaban por desaparecer las braguitas tanga de Laura, que disfrutaba como una chiquilla de esa momentánea victoria. Luego ésta le ganó otra ficha a mi novia, quien, al no tener más prendas que quitarse, debía pagar con una penitencia. Beatriz respiró hondo esperando el mandato con ansiedad. Laura se quedó pensativa un momento, y dijo:

-El castigo que te pongo es… que mi novio te depile la entrepierna, siempre que él esté de acuerdo, claro. ¿Tú qué dices, nene?- Y, claro, qué iba a decir el “nene”… pues que sí, naturalmente.

Beatriz hizo un poco de teatro. Fingía no querer someterse al castigo, pero todos nos dábamos cuenta de lo excitada que estaba. En alguna ocasión se lo había hecho yo y puedo asegurar que se pone a cien. Y más cuando luego le doy el “visto bueno” al trabajo comiéndomela hasta que se derrite literalmente en mi boca. Después de hacerse rogar y protestar un poco, Bea se tumbó en el edredón dispuesta soportar la “penitencia”. Entretanto fui al baño a buscar una maquinilla de las que usa ella para esos menesteres, junto con un bote de espuma de afeitar, un barreñito pequeño con agua templada, una esponja, una toalla y una crema hidratante. Le entregué a Antonio todo el instrumental y me senté a ver la operación de rasurado de mi novia. Antonio le abrió las piernas completamente y humedeció toda la zona con agua, empleando sus propias manos. Luego le echó una buena cantidad de espuma y la extendió por el pubis y la vagina. Cogió la cuchilla y comenzó a afeitarle el pubis y las ingles hasta que no quedó ni un solo pelo. A continuación y con mucho cuidado repitió el mismo tratamiento en los labios mayores.

Para evitar herirla con la cuchilla, le estiraba la piel sujetando los labios y poniendo los dedos casi en la entrada de la vulva, que debido a la postura se mostraba abierta como una flor y empapada de flujo vaginal. Cuando terminó por los dos lados, mojó la esponja y retiró los restos de espuma que quedaban. Luego la secó con la toalla y le aplicó la crema hidratante dándole un suave masaje en toda la entrepierna. A esas alturas Beatriz se encontraba en pleno éxtasis y movía las caderas adelante y atrás como si la estuvieran penetrando. Antonio captó el mensaje y, ya sin disimulos, se puso a masturbarla en toda regla. Restregaba los dedos mojándolos en el chorreante coño de Bea y a la vez le frotaba el clítoris. Mi novia se estremecía moviendo todo su cuerpo y aullando de placer. En pocos segundos anunció a gritos:

-¡Me corroo!-, y acto seguido se vio sacudida por un violento orgasmo que casi la hace desmayarse. Los demás nos excitamos hasta límites insospechados y nos entraron unas ganas enormes de seguir jugando. Esperamos a que Beatriz se recuperara y volvimos al tablero de parchís para continuar la partida. Transcurrieron varias tiras sin que nadie perdiera, hasta que mi novia me comió una ficha y al contar veinte hizo lo propio con otra de Antonio. Entonces saltó alborozada en su asiento, miró a Laura con cara de perversa y ésta le respondió con un guiño de complicidad, sonriendo satisfecha. Era obvio que tramaban algo, por lo que empecé a preocuparme, al igual que Antonio que las miraba sin decir nada pero con cara de susto.

-Muy bien, chicos, ésta es la jugada que Laura y yo estábamos esperando-, dijo mi novia corroborando nuestras sospechas sobre una conspiración femenina, y continuó: -Como los dos habéis perdido simultáneamente, vais a cumplir vuestras penalizaciones, por así decirlo, en equipo. Uno de los dos masturbará al otro y, a continuación, el que fue masturbado le hará al primero una mamada. Cada castigo durará cinco minutos, pero si alguno de los dos siente que se va a correr, avisará al otro para que se detenga el tiempo necesario y continúe luego hasta completar los minutos que le falten. Para decidir quién de los dos masturba y quién chupa, lanzaréis un dado cada uno y hará la mamada el que saque la tirada más baja.

Antonio y yo escuchábamos a mi novia sin terminar de creer lo que decía y moviendo enérgicamente la cabeza y el dedo índice en señal de negación. Nos levantamos del sofá diciendo que de ninguna manera íbamos a cumplir semejante mandato. Les ofrecimos hacer cualquier cosa, salir desnudos al balcón, bañarnos en pelotas en una fuente pública o lo que quisieran, excepto eso. Pero ellas, ya en abierta alianza, se mantenían firmes. Alegaron, con toda la razón, que la noche anterior ellas habían realizado sin protestar el numerito lésbico que yo les mandé. Insistieron diciendo que por la mañana se acordó llevar adelante nuestros juegos sin restricciones, lo cual también era cierto.

Para qué engañarse, no teníamos ninguna defensa. Los argumentos de las chicas eran inatacables y lo sabíamos. Nosotros sólo podíamos negarnos a cumplir el castigo sin más justificación que el mero hecho de que no nos apetecía. Era innegable que, tanto Antonio como yo, habíamos aceptado las reglas y en ellas nunca se excluyó el sexo entre hombres. Si no estábamos dispuestos a ello, debimos haberlo advertido en su momento. En mi caso debo reconocer que pensé en ese particular cuando se habló de las reglas a seguir, pero no quise mencionarlo: confiaba en que a nadie se le ocurriera introducir mandatos de esa clase y, además, no quería arriesgarme a que las chicas se negaran también a tener sexo entre ellas, lo cual habría sido una lástima pues me excitaba enormemente. Beatriz y Laura amenazaban ya con abandonar los juegos para siempre si persistíamos en nuestra negativa. Y para demostrar que hablaban en serio, empezaron a vestirse.

-Chicos, es lo justo. Nosotras ya lo hicimos ayer y bien que lo disfrutasteis, ¿no es cierto? Bueno, pues ahora deseamos veros a vosotros haciendo algo parecido-, señaló Laura mientras se abrochaba la falda. -Lo hemos hablado Beatriz y yo hace un rato y las dos tenemos esa fantasía; nos da mucho morbo y nos excita una barbaridad la idea. Venga, no seáis tontos, si sólo es un juego. No vais a dejar de ser hombres por hacerlo. ¿Es que nos vais a negar ese capricho? Después de hablar Laura se hizo un silencio tenso e incómodo. Las chicas observaban desafiantes y Antonio y yo nos mirábamos como si fuéramos víctimas propiciatorias dispuestas para el sacrificio. Estábamos vencidos y lo sabíamos. Si no hacíamos lo que nos pedían, todo terminaría ahí, y ésa era una opción que no nos gustaba a ninguno.

Lo pensé despacio y llegué a la conclusión de que, aunque no me agradaba hacerlo, tampoco era tan grave darle unas cuantas sacudidas con la mano a la polla de Antonio. Lo de la mamada se me hacía inconcebible, pero las posibilidades de librarme eran del cincuenta por ciento. Así que finalmente acepté, confiando en el azar. Y supongo que Antonio se hizo las mismas cuentas, pues también decidió arriesgarse.

Contuve la respiración y crucé los dedos mientras lanzaba el dado a la mesa. Salió un 3. Ya me veía chupando la polla de Antonio, aunque él tampoco parecía tenerlas todas consigo. Tiró el dado y sacó un 2. No pude evitar un resoplido de alivio. Miré a Antonio como pidiéndole disculpas y, encogiéndome de hombros, le dije:

-Lo siento, amigo, esto me hace tan poca gracia como a ti, pero se han empeñado estas dos arpías y no hay más remedio que complacerlas. -Vale, vale, déjalo…, mejor no digas nada-, respondió Antonio avergonzado.

Beatriz tomó otra vez el mando de las operaciones, indicando que debíamos cumplir la penitencia sobre el edredón y que el primero en actuar sería yo, masturbando a Antonio. Así que éste se recostó con las piernas extendidas y apoyándose en los codos, y yo me situé a su derecha. Tenía el miembro totalmente flácido, y yo pensé que su estado no cambiaría por más que yo lo estimulara con mi mano, de manera que me planteé hacerlo sin el menor entusiasmo, más bien de un modo mecánico. Beatriz me mandó empezar mientras ponía en marcha el cronómetro. Tragué saliva y me dispuse a sostener en mi mano por primera vez una verga que no era la mía. Se la cogí tímidamente y empecé a mover la mano despacio. La sensación era extraña, pero no desagradable. Además, me consolaba pensando que eso era una tontería comparado con lo que más tarde le esperaba a él. Al cabo de un minuto, como aquello no se enderezaba, Laura me pidió que le diera más ritmo y más arte a mis movimientos. “Házselo como te gusta que te lo hagan a ti”, fueron sus palabras exactas.

Obedecí de mala gana. Aumenté el ritmo y la presión de mi mano, y el cambio surtió efecto, pues la polla de Antonio comenzó a cobrar vida entre mis dedos. No sabría decir si eso me satisfizo o me avergonzó más de lo que estaba, pero lo cierto es que al poco rato Antonio tenía una erección completa y su respiración evidenciaba que estaba empezando a excitarse.

-Vaya, vaya, eso está mucho mejor-, dijo Beatriz entusiasmada. Las chicas, que de nuevo estaban desnudas, se relamían viendo la escena y acariciaban sus cuerpos dando rienda suelta a sus instintos. Pero lo peor fue cuando noté que mi polla también empezaba a ponerse dura sin remedio. Intenté dejar la mente en blanco pero era inútil. Me estaba excitando, y cuanto más hacía por evitarlo, mayor era mi erección. Laura se percató de ello y le dijo a mi novia en voz alta:

-¿Qué te parece, Beatriz? Tanto protestar hace un momento y mira ahora cómo están los dos. Apuesto a que si les mandas parar no te obedecen.

Concluyeron los cinco minutos y por suerte Antonio logró aguantar sin correrse, aunque después me confesó que no hubiera resistido ni veinte segundos más. Ahora venía la parte más difícil, sobre todo para Antonio. Aquí podría deciros que la situación me molestaba o me producía rechazo, pero mentiría. La verdad es que, por más embarazosa que fuera la idea de que me la chupara un hombre, sentía una extraña excitación que ni yo mismo podía entender. Tenía la verga dura como una barra de acero y sólo deseaba que Antonio cumpliera su castigo. Pero eso no era todo: Antonio exhibía una polla tan tiesa o más que la mía y, viendo su cara, costaba trabajo creer que aquello le desagradara, sino más bien lo contrario. Nadie hablaba, ni siquiera las chicas, que ahora nos observaban con una expectación morbosa. Acaso dudaban que Antonio fuera capaz de cumplir su delicada misión y preferían no ponérselo más difícil con sus comentarios jocosos. O quizá la calentura que las invadía no les dejaba articular palabra.

Me senté en la misma posición que antes había adoptado Antonio y separé las piernas para dejarle espacio. Entonces él se arrodilló delante de mí y observó mi tranca, que para entonces no sólo estaba increíblemente erecta sino que ya empezaba a expulsar por la punta una gruesa gota de líquido transparente. Antonio parecía haber entrado en una suerte de trance hipnótico. Se inclinó lentamente atrapando mi polla con su mano derecha. Lo que hizo a continuación nos dejó a todos estupefactos. Comenzó a presionarla con los dedos desde la base hasta la cabeza, provocando que saliera un reguero de líquido transparente por el orificio de mi amoratado glande. Entonces acercó su boca y le dio varias pasadas con la lengua hasta dejarlo limpio.

No me había recuperado de la impresión cuando vi mi verga desaparecer entre los labios de Antonio, que la engulló hasta donde pudo de un bocado y la retuvo un instante dentro de su boca presionando el tronco con los labios. Volvió a sacarla lentamente pero manteniendo la presión, y cuando sólo le quedaba dentro la punta sentí la caricia de su lengua recorriendo por todas partes la cabeza de mi polla. Repitió la misma operación al menos cinco o seis veces, pero con una lentitud que me permitía sentir plenamente cada uno de sus movimientos y me hacía delirar de placer, aunque intentaba disimularlo a duras penas. Antonio se sacó mi verga de la boca y procedió a pasarle la lengua varias veces, como si fuera un helado. Luego me la inclinó hacia atrás y se entretuvo un rato chupando mis testículos y metiéndoselos en la boca, para volver después a mi polla.

A esas alturas ya no me importaba si aquello me lo hacía un hombre, una mujer o un extraterrestre, sólo podía pensar que me estaban dando una mamada de película. Era claro que mi amigo, por la razón que fuera, se había propuesto hacerme gozar al máximo, y casi me parecía una descortesía permanecer impasible y rígido en lugar de exteriorizar el placer que estaba sintiendo, así que me relajé y empecé a gemir y a mover la pelvis al compás de las chupadas de Antonio, el cual, ya lanzado, subía y bajaba cada vez más a prisa a lo largo de mi verga, metiéndosela hasta la garganta en cada movimiento. Cuando faltaba poco más de un minuto para cumplirse los cinco, sentí que me acercaba peligrosamente al orgasmo y se lo avisé a Antonio antes de que fuera demasiado tarde:

-Antonio, no sigas que me voy a correr-, le dije entre jadeos de placer. Aminoró un poco la velocidad de sus chupadas y pensé que se iba a parar, pero en vez de eso continuó subiendo y bajando lentamente. Con ello evitó que me corriera, sin embargo consiguió mantenerme estable en ese punto inmediatamente previo al orgasmo.

Las chicas no daban crédito a lo que veían. Se levantaron del sofá y se sentaron junto a nosotros para no perder detalle del increíble espectáculo que les estábamos brindando. Yo no sabía cuál era el propósito de Antonio, pues volví a pedirle que lo dejara y él siguió a lo suyo como si no me oyera. Comprendí que estaba decidido a terminar el trabajo. Efectivamente, me sujetó de las caderas y continuó chupando despacio pero presionando mi verga con los labios cada vez más fuerte. En vista de ello, incapaz ya de oponer más resistencia, me dejé ir y en pocos segundos llegué al orgasmo vaciándome en la boca de Antonio, que siguió mamando hasta el final. Cuando notó que había terminado de correrme, sacó lentamente mi polla de su boca manteniendo dentro todo el semen recibido, que era abundante.

Se incorporó, se volvió hacia Beatriz que estaba a su derecha mirándolo alucinada, la sujetó por la nuca, acercó su boca a la de ella y le dejó caer toda mi leche entre los labios. Mi novia recibió la descarga reteniéndola a su vez en la boca y se puso a lamer la lengua y los labios de Antonio, llevándose las últimas gotas de mi semen y de su saliva. A continuación tragó una parte de lo que tenía en la boca y luego se inclinó hacia mí para compartir conmigo lo que quedaba, dándome un morreo tan húmedo y caliente que consiguió excitarme otra vez.

De nuevo nos quedamos los cuatro en silencio, supongo que cada uno trataba de asimilar lo ocurrido. No es fácil describir lo que pensaba y sentía yo en aquel momento. Soy persona de mente abierta y nunca he tenido prejuicios en lo tocante al sexo, y aunque por la imaginación de uno pueden pasar y pasan toda suerte de situaciones, incluso algunas realmente fuertes, puedo asegurar que nunca me había planteado seriamente la posibilidad de participar en algo como lo que acababa de suceder, porque sencillamente no me atrae.

Tengo muy claro que soy heterosexual, pero no es menos cierto que acababa de recibir una de las mejores mamadas que recuerdo, y me las han hecho muy buenas. Cuando Antonio comenzó a chupármela yo estaba tenso e incómodo; mi mente rechazaba aquello y no conseguía disfrutar. Pero al rato decidí relajarme y tomarlo como lo que era: una experiencia nueva, uno más de nuestros juegos. Me concentré únicamente en mi propio placer y me dejé llevar por las sensaciones que estaba experimentando, lo que me permitió gozar de un excelente trabajo oral.

Pero entonces, ¿por qué me sentía así? ¿Qué era lo que me preocupaba? Enseguida lo comprendí. Nuestras aventuras apenas estaban empezando, y si Antonio me había hecho semejante homenaje, no es difícil suponer que muy pronto alguien me mandaría a mí corresponderle del mismo modo. Y cuando llegara esa ocasión, que llegaría sin duda, ¿con qué cara iba yo a negarme? De todos modos procuré apartar de mi pensamiento esas preocupaciones, ya decidiría lo que fuese en el momento oportuno. Entretanto, Laura rompió el espeso silencio que reinaba en la habitación:

-Joder, tíos, es lo más morboso y salvaje que he visto en los días de mi vida. Me habéis puesto más caliente que un volcán. -Pues no te cuento cómo estoy yo, querida-, dijo Bea-. Me he mojado hasta los muslos viendo el espectáculo que nos han dado estos chicos. Vamos a seguir jugando, a ver si tengo suerte y consigo que alguien me alivie pronto esta calentura.

Así, pues, regresamos al tablero de parchís para continuar la partida. Sin embargo, a pesar de haber 16 fichas en circulación, transcurrió más de media hora sin que nadie se comiera ninguna. Por fin la suerte cayó de mi lado y le comí una ficha a mi novia. Mi mandato fue el siguiente:

-Quiero que le comas la entrepierna a Laura hasta que se corra en tu boca, y luego, si ella no se opone, la besarás durante dos minutos para darle a probar su propia miel.

Sabía que estaba jugando con fuego pero realmente me apetecía ver a las chicas en acción y de paso cobrarme una pequeña venganza por la jugada anterior, aunque faltaba por ver si Laura accedía al beso lésbico que les estaba proponiendo. Por el momento ninguna de las dos dijo una palabra, se limitaron a tumbarse sobre el edredón, Laura boca arriba con las piernas muy abiertas y Beatriz delante de ella mirando a su coño. A una indicación mía, mi chica se inclinó sobre el sexo de Laura y empezó a darle suaves y delicadas pasadas con la lengua por los alrededores de la vulva. La afortunada se incorporó apoyándose en los codos para observar lo que ocurría entre sus piernas, y por la expresión de su rostro parecía disfrutar mucho con ello. No era para menos, porque Bea se aplicaba a la faena con gran dedicación.

Tras lamerle repetidamente las ingles, el interior de los muslos y el pubis, empezó a pasar la lengua por los labios externos, hasta que consideró que era el momento de atacar sin contemplaciones el objetivo e incrustó su boca en el sexo de su amiga, que para entonces era un lago de flujo vaginal. Mantuvo un rato los labios pegados al coño de Laura, chupando la raja a conciencia y metiendo toda la lengua en su interior. Después, aprovechando que su compañera levantaba la pelvis acompasadamente, Bea colocó las manos bajo sus nalgas, se las separó y le atacó el otro agujerito. Laura se retorcía de gusto; las caricias de mi novia la estaban enloqueciendo y sin duda la llevarían al orgasmo en muy poco tiempo.

Así ocurrió en cuanto sintió la lengua de Beatriz paseando por su clítoris. Empezó a convulsionarse y a gritar mientras se corría con toda su alma. Pero cuando el orgasmo de Laura comenzó a apagarse, mi novia volvió al ataque lamiendo su botoncito del placer y logró que enseguida encadenara otro más. A todo esto mi polla se puso dura de nuevo, y qué decir de Antonio, que aún no se había corrido en toda la tarde: tenía la verga a punto de estallar y se la acariciaba mientras miraba a las chicas completamente encendido por la lujuria.

Beatriz se separó por fin de la almeja de su amiga y nos miró visiblemente excitada. Tenía la boca, la barbilla y las mejillas impregnadas de líquido vaginal y saliva. Sin necesidad de decir nada estaba pidiendo a gritos que la follaran, pero aún no era su turno. Comenzó a gatear sobre el cuerpo de Laura y acercó su boca a la de ésta para cumplir la segunda parte de mi mandato. Antonio y yo pudimos deleitarnos viendo cómo nuestras novias se fundían en un tórrido beso de lengua, abrazándose y acariciándose mutuamente. Se lamían una a otra los labios, jugaban con sus lenguas e intercambiaban saliva y el jugo sexual de la propia Laura. Fue algo espectacular y caliente a más no poder, pero sólo tenía que durar dos minutos, transcurridos los cuales se separaron y se quedaron mirándonos con cara de viciosas. Antonio y yo no pudimos menos que ponernos en pie y prorrumpir en aplausos y silbidos de admiración.

Decidimos hacer un receso, pues los cuatro, por diversas razones, necesitábamos ir al aseo y también nos apetecía comer algo para reponer fuerzas. Luego volvimos a la mesa y esta vez no tardó mucho en llegar la acción. Mi novia me comió una ficha y se puso de pie muy contenta y sonriente. Pero su sonrisa era maliciosa. Me temía lo peor.

-Bueno, ahora vamos a montar un numerito excitante y morboso de verdad-, dijo Bea, y añadió dirigiéndose a Antonio y Laura: -, aunque hará falta vuestra inestimable colaboración para realizarlo. Ya sé que sólo ha perdido Alex, pero si no participáis vosotros no se puede hacer. Es una escena para cuatro actores que se me ocurrió antes mientras me comía el coño de Laura.

Miedo me daban las ocurrencias de mi chica, dados los precedentes, sobre todo en ese momento, pues parecía haberse apoderado de ella la lujuria más perversa. Se la veía desatada, dispuesta a lo que fuera con tal de gozar al máximo. Mis peores sospechas se confirmaron cuando nos explicó en qué consistía la escena:

-Tú, Alex, debes tumbarte boca arriba; Laura se pondrá encima de ti en la posición del 69, con su sexo en tu boca pero dejando libre tu polla, porque la necesito para mí, je, je, je… Yo me sentaré sobre ti clavándome tu verga en el coño y, a su vez, Antonio se situará detrás de Laura para penetrarla. Y ahora viene lo interesante. Por un lado, Laurita me dará placer con la lengua desde mis tetas hasta mi clítoris; yo me sacaré tu polla de vez en cuando para dársela a probar bien mojadita en mis jugos. Y por el otro lado, Antonio meterá la suya alternativamente en el sexo de su chica y en tu boca, pudiendo correrse donde él prefiera. Cuando tú estés cerca del orgasmo me darás una palmadita en el culo, entonces yo me la sacaré y se la pasaré a Laura para que ella te haga acabar y se trague toda tu leche. ¿Qué, os parece bien?

Esa pregunta, obviamente, no iba para mí sino sólo para nuestros amigos, pues yo no tenía elección. Para mi desgracia, los que podían elegir decidieron prestarse a al capricho de mi novia y a mí no me quedó más remedio que aceptar lo inevitable. No se puede negar que la escena propuesta por Bea era excitante y salvaje como pocas, algo digno de una película de porno duro, pero comprenderéis que yo hubiera cambiado ligeramente la posición de los actores, y entenderéis también que a mí todo aquel invento no me hacía ninguna gracia. Sin embargo, quizá por el morbo de la situación o por la excitación acumulada, la realidad es que estaba ya muy caliente; tenía la verga totalmente erecta y deseaba que las chicas me la trabajaran a modo, y me motivaba especialmente saber que Laura me la iba a mamar hasta el orgasmo y luego se tragaría todo mi semen. Era la única compensación que podía encontrar al embarazoso papel que me tocaba desempeñar.

Me tumbé en el edredón y Laura se colocó a cuatro patas sobre mí como había dicho mi novia. De nuevo tenía el suave y cálido sexo de Laura a mi alcance, pero esta vez no tardaría en acompañarnos un visitante que no me era nada grato. Traté de no pensar en ello y concentrarme únicamente en disfrutar. Mientras Bea y Antonio se situaban en sus lugares correspondientes, aproveché el momento para hundir mi boca y mi lengua en la deliciosa raja de aquella chica que cada vez me gustaba más, al tiempo que ella hacía lo propio metiéndose en la boca y chupando con verdadera pasión mi excitadísima verga. Quizá la situación no invitaba a consideraciones de esa especie, pero en aquel instante me di cuenta de que Laura empezaba a atraerme de verdad.

Estuve tentado de pedirles a Bea y Antonio que nos dejaran solos un rato para entregarnos por entero el uno al otro en la intimidad, pues eso era lo que más me apetecía, pero obviamente no era el momento. Me sacaron de mis cavilaciones, por un lado las manos de mi novia arrebatándole a Laura su golosina e introduciéndola en su coño de una sentada, y por otro la visión de la polla de Antonio acercándose peligrosamente. De inmediato me aparté del coño de su chica para cederle el sitio y él lo ocupó de un solo empujón, penetrándola sin dificultad gracias a lo mojadísima que estaba, lo cual me permitió tener un primerísimo plano de la follada de ambos.

Beatriz empezó a cabalgar lentamente sobre mi verga presionándola con su vagina (sabe que eso me encanta) mientras su amiga, ligeramente incorporada, le comía las tetas. Después Laura se volvió a inclinar, metió la cara entre las piernas de Bea y sentí sus labios y su lengua jugando con el clítoris de mi chica, aprovechando para lamer también el tronco de mi polla cada vez que quedaba al descubierto. Quise devolverle el favor, así que acerqué mi lengua y le lamí el pubis y el clítoris durante un rato. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi novia se sacó mi polla del coño para ofrecérsela a Laura, que se la tragó hasta la campanilla, y Antonio, al ver la jugada, se decidió a imitarla: sacó lentamente la verga de su cálido alojamiento y me la puso en los labios. Estaba durísima y totalmente impregnada de la miel del sexo de Laura.

No quise pensarlo más, pues la cosa era inevitable, de modo que cerré los ojos, abrí la boca y le dejé paso a la verga de Antonio. Él empujó lentamente hasta que la tuvo casi entera dentro de mi boca. Tenía, lógicamente, todo el sabor de su novia, por lo que no me importó tanto chuparla y degustarla. Al mismo tiempo sentía la boca de Laura haciendo maravillas en mi polla y decidí repetir exactamente sus mismos movimientos en la de Antonio. Si ella me pasaba la lengua por el glande, yo hacía otro tanto; si ella me la chupaba adentro y afuera, yo también se la chupaba igual a Antonio. Así estuvimos unos minutos hasta que Beatriz se apoderó nuevamente de mi rabo y se ensartó en él para seguir gozando a todo galope. Antonio, que parecía estar muy próximo a correrse, imitó de nuevo la acción que se desarrollaba ante él y sacando su polla de mi boca volvió a clavarla en la vagina de Laura.

La primera en acabar fue mi novia. Se dejó caer sobre mi verga y con ella bien clavada comenzó a balancearse presionando su clítoris contra mi pelvis, hasta que alcanzó un fabuloso orgasmo entre gritos de placer que Laura intentaba ahogar sin mucho éxito besándola en la boca. Acto seguido Antonio anunció que le llegaba su turno. Yo estaba preparado para apartarme en caso de que intentara correrse en mi boca, pero no fue necesario. Tal vez porque no se atrevió a devolverme la moneda o tal vez porque simplemente le apetecía más eyacular dentro de su chica, cosa muy comprensible (yo hubiera hecho lo mismo), la cuestión es que empezó a acelerar el ritmo de sus embestidas y a gemir fuertemente mientras se vaciaba con gran placer en el ardiente y enrojecido coño de Laura, cayendo luego en el edredón completamente agotado.

Ella aún no había logrado correrse pero estaba cerca, y en esas circunstancias sólo había un modo de que lo hiciera. Puse mi boca en su sexo y volví a lamerlo sin importarme ya lo que hubiera en él. Notaba el semen de Antonio escurriendo por su abertura mezclado con los propios jugos de la chica, pero continué comiéndome ese coño chorreante.

Cuando llevaba haciéndolo unos diez minutos, en vista de que aquello ya no bastaba para hacerla llegar al clímax, decidí saltarme el guión. Agarré a la chica por las caderas, la volteé y me giré para invertir nuestras posiciones, por lo que quedé sobre ella cara a cara. Nos miramos un instante sin hablar; Laura tenía el rostro encendido, sus preciosos ojos me pedían que la follara y me lo reiteró abriendo las piernas cuanto pudo y empujando mi trasero con las manos en busca del contacto íntimo, que era justamente lo que yo deseaba. La penetré sin contemplaciones, con furia. Como ya he dicho, su coño era una catarata de líquidos sexuales, así que no parecía probable que le hiciera daño al meterle mi verga bruscamente.

Aun así, cuando la sintió entrar tan de golpe se estremeció dejando escapar un quejido gutural y me miró entre asustada y sorprendida, lo que me enardeció más de lo que ya estaba. Entonces se agarró a mí como una lapa, con brazos y piernas y juntó su boca con la mía. Yo correspondí a su abrazo rodeándola también con mis brazos bajo su espalda, y a su beso comiéndole la boca y la lengua como si me fuera la vida en ello.

El contacto de nuestros cuerpos era máximo, pues mi verga permanecía completamente alojada en su coño hasta tropezar con la matriz. Una vez acoplados, empecé a moverme lentamente, sacando la polla hasta la mitad y volviendo a meterla entera, pero después de unas cuantas acometidas aumenté la velocidad hasta el máximo. Mi polla era ya como un pistón subiendo y bajando a un ritmo enloquecido. Repentinamente, Laura tuvo un orgasmo, pero yo no me detuve, quería que tuviera al menos otro y seguí empujando todas mis fuerzas. Por suerte no tardó mucho en correrse de nuevo, pues yo ya estaba casi al límite de mi resistencia física. Laura quedó entre mis brazos, temblando de placer. Permanecimos un instante así, quietos y abrazados, y luego yo me incorporé sacando mi polla de su sexo y quedé arrodillado frente a ella. Entonces Laura se dio la vuelta hacia mí, acercó la cara a mi verga y, mirándome a los ojos, se la metió entera en la boca.

En ese momento volví a tomar conciencia de que no estábamos solos. Giré la cabeza y vi a Antonio y a Bea que nos observaban atónitos desde el sofá. Me concentré de nuevo en las atenciones que Laura le dedicaba a mi polla, que eran ciertamente exquisitas. Me la chupaba con ansia, la metía en su boca hasta casi atragantarse, luego la sacaba lentamente y la succionaba como si quisiera exprimirla. Una de las veces se la sacó de la boca y me dijo:

-Dame tu leche, Alex, quiero que me llenes la boca de semen y bebérmelo todo hasta dejarte seco.

Y eso hizo exactamente. Yo estaba a punto de venirme y con sus palabras no hizo falta mucho más. Volvió a tragársela y a succionarla con toda su alma, y en pocos instantes me derramé completamente en su boquita. Ella, al notarlo, siguió chupando aún más deprisa sin parar de succionar hasta la última gota. Cuando terminó su trabajo se incorporó quedando en la misma posición que yo y casi pegada a mí, luego abrió la boca para que viera mi semen dentro de ella, la volvió a cerrar y se lo tragó todo. Finalmente la abracé y nos dimos un interminable beso. Fue uno de los mejores y más calientes polvos que he disfrutado en mi vida, y la mamada de Laura me proporcionó un orgasmo sencillamente bestial. Así se lo dije cuando nuestras bocas y lenguas se separaron.

Con esto dimos por terminado aquel encuentro, nos duchamos, nos vestimos y nuestros amigos se despidieron hasta una nueva ocasión. Desde entonces nuestra relación ha cambiado completamente. Siempre que podemos nos reunimos los cuatro y, por lo general, terminamos haciendo locuras parecidas a las que acabo de contar, pero que prefiero dejar para próximos relatos. Por ahora, espero que éste haya sido de vuestro agrado.

Besos y hasta pronto.

Autor: Alex

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Adriana una esposa múltiplemente infiel

Antonio se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex, luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces.

Esta historia que les voy a contar es ciento por ciento verdadera, pasó en el segundo año de casados, para empezar mi nombre es Adriana actualmente casada con Antonio (mi marido) hace más de 3 años. Para comenzar con esta historia voy a describirme: Soy una mujer de 32 años no muy alta de 1,65, soy de pelo lacio teñido de negro con un corte a lo Cleopatra, de tez blanca, mis labios son muy carnosos, mis ojos son de color marrón, mis senos son normales se podría decir que son 80 de medida, mi cola es lo mejor que tengo: bien parada y voluptuosa, además de que no tengo panza ya que me mato en el gimnasio, por suerte tenemos una buena posición económica. Mi marido es un hombre mayor de 54 años por ahí aparenta más por su panza y su calvicie, él es profesor universitario es muy culto además me trata muy bien como esposa, aunque por ahí yo necesito más que eso. Además tiene una hija de unos 25 años con otro matrimonio, yo siempre fui soltera, y actualmente vivimos solos los dos juntos.

Por empezar a redactar mis actos de infidelidad comenzaré diciendo que mis fantasías de acostarme con un macho musculoso y dotado revenían a mi cabeza una y otra vez, he tratado de sacarme esa fantasía pero me es imposible, muchas veces necesito ser mal tratada, insultada, cogida con fuerza y lamentablemente Antonio no cumplía con esas cualidades. No me canso de ver en mi oficina en la que trabajo, fotos y videos de strippers dotados enfiestados con mujeres, eso me vuelve loca. Aunque nunca he ido a ver un show de esos, moriría por ver uno en vivo. Por la calle cada joven que veo atractivo no dudo en echarle una mirada pero nunca sin llegar a nada ya que nunca le fui infiel a Antonio, hasta ahora.

Un día Rita, una compañera de mi trabajo, hacía una fiesta de despedida por que se iba a casar. Al principio la idea de Rita era permanecer en un lugar bailable o simplemente salir a tomar algo, pero luego se le ocurrió la idea de ir a un show de stripper, yo no dudé en decir que no. Esa misma semana no veía la hora que fuera sábado, por mientras Antonio siempre me cela mucho por lo que decidí no contarle la verdad del hecho Esa noche me vestí muy provocativa: me puse una mini muy corta, de jeans, con unas botas de cuero, una supertanga debajo, y una remerita muy escotada, además me pinté mucho más de lo común, me delineé los ojos… tenía una pinta de atorranta terrible. Antonio no me miró con buena cara cuando salí. Al llegar estaba nerviosa, ansiosa, ni contar cuando apagaron las luces y salió el primer bailarín: un joven musculoso que se movía sensualmente, mis ojos brillaban y mi boca estaba abierta, no lo podía creer, ver a esos machos meneado.

El tercer bailarín pidió ayuda del público por lo que yo no dudé en levantar la mano, a todo esto mis compañeras me miraban asombradas por estar casada y a la vez que no se esperaban eso de mí. Cuando me agarró de la mano no pude evitar el tiritón de excitación en todo mi cuerpo, notaba como este chico me pasaba todo su cuerpo sudado sobre mí, me abrazaba, me apretaba, estaba muy mojada. En un momento me acuesta y me empieza a bombear en el suelo, luego se fue yendo con su bulto hasta donde estaba mi boca y me lo empezó a rozar sin tocar mis labios, yo en ese momento deseaba meterme todo ese pedazo a mi boca, estaba muy caliente. Luego apagaron las luces y el stripper, Nico, me dejó en el escenario, cuando bajé las chicas me miraban con cara de que me había zafado un poco y que dejé que se zafaran pero a mi no me importaba ¡nada!

Al rato fui al baño y mientras iba me agarraron fuerte de la mano y me empujaron hacia una pieza…estaba asustada pero cuando pude ver quien era me excité de sobremanera… ¡era Nico! El stripper, lo miré y sin pensarlo nos comimos la boca de a poco me comenzó a besar todo el cuerpo, no paraba de lamerme yo en ese momento estaba súper mojada, me tocaba mis piernas y me las lamía, de repente me sacó mi tanga y comenzó a lamerme mi conchita, directamente no sentía mucho, su lengua estaba muy húmeda ahí debajo, luego comenzó a lamerme el culo. Luego de hacerme acabar se paró y me puso de espaldas, sacó su enorme instrumento que pude divisar con mis manos y me lo introdujo muy lentamente hasta el fondo de mis intimidades, mi grito de placer se tiene que haber escuchado más que la música del lugar…luego de hacerme acabar dos veces seguidas, me avisó que ya se acababa para comenzar a lamer ese hermoso pene que metí todo a mi boca (casi ni entraba), y me llenó la boca con su acabada…muy rico luego me fui hasta donde estaban las chicas y siguió el show.

Al fin se me había cumplido el sueño de cogerme un muy buen macho, por mientras no podía creer que le había metido terribles cuernos a mi marido. Al otro día actué como si nada con Antonio, me preguntó que habíamos hecho anoche pero yo traté de inventar todo.

Esa tarde no dejaba de pensar lo bien que me cogió ese macho y de lo bien que me hizo gozar…Al otro día, los domingos salgo a correr a un parque siempre sola, me tomo un colectivo que me lleva directo al parque, me voy en micro por que intento estar más libre. Yo siempre me tomo uno vacío para no ir parada ya que hay otro que viene lleno, la mayoría de ellos son los jugadores de rugbiers que van a entrenar. No tuve mejor idea que tomarme ese micro lleno de jóvenes tan fuertes y atractivos. Nunca se me había pasado tomarme ese micro por si Antonio me llegara a ver y para tratar de evitar mis impulsos sexuales. Esa tarde vestía mis calzas blancas bien apretadas con una remera corta y mis gafas, sin faltar mi diminuta tanga que se me traslucía. Al subir al micro noté como me comenzaron a mirar esos jóvenes. Poco a poco iba pasando por el pasillo del colectivo hasta que me quedé delante de un joven muy apuesto, no dudé en apoyarle todo mi voluptuoso trasero en lo que parecía ser un gran pene según mis tactos.

A los minutos de estarme apoyando se le puso más tiesa que la baranda en la que iba agarrada, sentí todo su enorme pene en mi culo, en la medida que el micro avanzaba el joven me bombeaba y me apoyaba cada vez con más fuerza su pene erecto. Comencé a excitarme de una manera muy lenta, mi vagina estaba muy húmeda. Cuando me moví para bajarme en el parque noté que alguien bajó conmigo, cuando me di vuelta para ver quien era, pude ver que era el joven que venía detrás de mí. Inmediatamente me dijo.

-Hola, yo no dudé en responderle: -Hola como estas? -Bien (me dijo) ¿venís a correr siempre al parque?-Si todos los domingos, siempre solita sin mi marido ni nadie. -Ah ¿estás casada? ¡Una mujer tan atractiva que afortunado tu esposo! (me dijo el joven) -Gracias! (eso me excitó de sobremanera) la verdad que el afortunado es él. -Ah, ¿y vos no? -(En ese momento me temblaban las piernas) La verdad que no me hace sentir muy afortunada…

Sin más rodeos terminamos yendo a un hotel a unas dos cuadras del parque, pasé tres horas cogiendo de lo más rico con este hermoso y fuerte joven, me hizo gemir como una verdadera puta y me hizo acabar de lo más rico. Me porté como una verdadera puta con él, le lamí todo su enorme pene hinchado de la excitación. El me practicó sexo oral de lo más rico, me metió su pene hasta el fondo…no paraba de gemir y morder la almohada.  Me imagino si Antonio se enterara de lo que estaba haciendo…Esto me ponía más caliente de lo común. Una vez que me fui del hotel me fui directo a mi casa, después del intenso deporte que practiqué…je jeje. Una vez que llegué a mi casa estaba Antonio, me dijo:

-¿Se donde venís vos? – De cog… de correr en la avenida mi amor. ¿Por? -No por nada, porque te andaba buscando por toda la casa.-¡Ah! es que me fui a correr y además hice deporte intenso (en ese momento no paraba de mirarle en su cabeza e imaginarle el tamaño de sus cuernos). -Ah bueno amor, anda, date una ducha si quieres…

Una vez que salí de la ducha Antonio me esperaba en nuestra cama. Parecía que quería intentar tener algo conmigo pero de todas las formas intenté esquivarlo, la verdad que no sentía atracción sexual con él, en ese momento se enojó y yo directamente me hice la victima diciéndole que estaba muy cansada. Al rato Antonio me pidió perdón, me sentía muy puta si la que se había portado mal había sido yo.

Pasaban los días y cada vez me iba soltando más, se ve que mis infidelidades me habían hecho una mujer más interesante, aunque no precisamente para Antonio. Me vestía cada vez con ropas más atractivas, faldas cortas, tanguitas, top, remeras ajustadas jeans ajustados y me maquillaba muy llamativa. Cuando iba por la calle me decían de todo, peor si Antonio estaba presente porque se ponía de los pelos.

Un día iba caminando por la calle con Antonio cuando pasamos por un lugar en construcción, habían un montón de obreros trabajando, iba de minifalda de vuelos, una remera y mi boca pintada de rojo carmesí, de repente vi uno de ellos, que estaba muy bueno, un tipo joven, alto, atractivo y con músculos como a mi me gustan. Cuando pasé nos miramos mutuamente y me dijo: -¡Que hermosa puta tu esposa! Yo quedé sorprendida  de lo descarado de este hombre, pero a su vez me calentó de sobremanera esa rudeza. Alberto por mientras se dio vuelta y lo insultó, yo me di vuelta y le respondí con una risita muy de turra. Cuando Alberto me miró yo fingí esa sonrisa con una puteada y todo pasó por alto, mientras tanto Antonio tenía cara de sospechas de lo puta que me estaba volviendo, cada vez más sueltas de ropa y más liberal.

Un día, muy cercano a todos estos hecho de infidelidad, iba saliendo de mi trabajo para luego irme al GYM, cuando me paré en un quiosco a comprarme unos cigarrillos, de paso me prendí uno. Noté que alguien iba detrás mío cuando ingresé al gimnasio pude ver que era un joven que va siempre al gimnasio, se llama Alex un chico de 25 años muy bien puesto; moreno, alto, atractivo de ojos azules y con unos músculos terribles. Además en varias veces tratando de explicarme como funcionan ciertos aparatos me ha apoyado su miembro en mi parado culo y la verdad que tiene un pene muy grande a comparación de otros. Este chico me calienta mucho pero no me da mucho calce cosa que me calienta aún más

En esos días se me ocurría el morbo de cogerme a alguien delante de mi esposo sabiendo de la locura de celos que le daría verme con otro delante de sus ojos, y para expresarle además de los cuernos que llevaba puestos. Con Alex somos como amigos, además de asistir al gimnasio juntos es mi compañero de salsa en las clases que se dan ahí mismo, a él le cuento cosas, a veces no tan profundas (como lo mucho que me calienta), pero ese día estaba decidida a ser profunda; y contarle mi fantasía. Me miró sorprendido y con cara de asombro me preguntó:

-¿Y has elegido a esa persona para hacer esto? -Si te elegí a vos…le dije. Sin dudar Alex dijo que si.

La idea era simular un robo que estuviera bien armado tratando de evitar problemas serios, por lo que traté de que no fuera nadie a casa, es más le dije a Antonio que me encantaría que pasáramos un día solos en casa, lo que no dudó en decir que no. Había armado todo un clima de erotismo… Me había calzado unos tacos punta aguja una mini con vuelitos, debajo una tanguita súper chiquita y con un top. Además me había pintado como una verdadera puta: delineador en ojos y boca bien roja.

Esa noche Antonio me preguntó por que me había vestido tan provocativa y del por qué me había estado vistiendo así últimamente y del por qué hacía mucho que no manteníamos relaciones…Para tratar de contestar a todas estas preguntas, supe esquivarlas contestando: -Y…mi amor me pongo así para vos, ¿para quién más sino?… Él me contestó: -Uh mi amor perdona es que he estado tan ocupado en mis cosas que poco interés habré mostrado estos días en mi hermosa esposa. En ese momento no paraba de reírme por dentro de lo bien que la pasaba sin mi marido. Nos pusimos a ver la película que había alquilado, una peli erótica acerca de un tema que me calentaba tanto: infidelidad. Al ver esta película Antonio me ponía cara rara del por que había alquilado esta película, en ese momento me dijo:

-¿Por que alquilaste esta película? -¡Porque me gustaba! Le contesté. -¿Que acaso te gusta ser infiel? -¿A que va esa pregunta Antonio?

No sabía que contestar en ese momento me fui al baño corriendo haciéndome la victima, me metí, cerré la puerta y le hice sonar el celular a Alex para que tocara la puerta. En ese momento en que Antonio me pedía disculpas tocaron la puerta… Nos quedamos callados, en ese momento Antonio fue atender la puerta, cuando la abrió escuché un grito de Antonio: -¡No por favor no me haga daño róbese todo! En ese momento supe que era Alex pero permanecí en el baño… Alex cerró la puerta le dijo a Antonio que se sentara y que se callara la boca, le preguntó si había alguien más en la casa.

-No, dijo Antonio estoy solo llévese todo. Alex ató e una silla a Antonio y le tapó la boca…

En ese momento Alex se dirigió al baño y para simular el robo pegué un grito despacio: -¿No por favor, no me haga daño! (le decía a Alex) Alex a todo esto con la cara encapuchada dijo: -Ah ¿con que estabas guardando a esta perra! ¿Quién es, tu hija? Antonio decía que no con su cabeza. -No me digas que es ¿tu esposa? En ese momento Antonio asintió con su cabeza… -¡Pero que pedazo de hembra de esposa tenés! Yo en ese momento me derretía y me retorcía de placer. ¡Se estaba cumpliendo mi fantasía!

Alex con su enorme mano comenzó a manosearme de forma grosera…  Por mi parte no me salía simular mi calentura por lo que largaba cortos gemidos. Antonio no sospechaba, estaba desentendido. En ese momento Alex no paraba de tocar mis piernas, de acariciarme y ser brusco, me arrojó fuerte hacia al lado de Antonio. Sacó su remera sin sacarse la capucha que le cubría la cara.

Pude apreciar lo bien musculoso que estaba, bien marcado. Se le podía ver su tremenda pija de 25 centímetros y de gran grosor comparada con la de Antonio de 12 centímetros y escaso grosor. Alex me tomó del brazo fuerte y me levantó, ordenó que le sacara el pantalón, mientas se lo sacaba miraba la cara de Antonio de forma burlesca. Cuando terminé de sacarle el pantalón, quedó en boxer con su bulto bien marcado y me dijo que le lamiera su pija bien enterita; a lo que me opuse para seguir el teatro. Alex sacó su enorme polla por lo que sin pensar me fui directo a besarla y lengüetearla.

Antonio miraba cada vez más desentendido, se puso como loco al ver el sexo oral que le estaba efectuando a Alex y además lo cornudo que era. Luego Alex me puso en cuatro mirando hacia la cara de Antonio, eso me excitó de sobremanera…y comenzó a penetrarme de forma violenta, mientras tanto le miraba la cara a Antonio de desilusión, yo gozaba esa enorme polla de Alex. Antes de que me llenara con sus fluidos logré llegar al orgasmo unas tres veces, ¡estaba muy excitada! Luego Alex se fue y quedamos los dos solos. De inmediato desaté a mi marido, estaba aterrado y confundido, yo a su vez había cumplido mi fantasía. Luego llamó a la policía y le contamos lo sucedido del hecho.

En esos días no paraba de pensar en lo buena que salió la estrategia, la policía no encontró huellas ni nada,  ¡por suerte! A los días invité a Alex a mi casa, lo presenté como un amigo del gimnasio y a su vez como mi compañero de salsa. Ya no sabía como decirle a mi marido de lo cornudo que era, estas situaciones me excitaban mucho; ese día me había vestido con una falda de jean corta, tacos finos, una remerita común y mi tanguita, además de haberme pintado muy provocativa…eso le excitaba mucho a Alex.

Cuando tocaron la puerta atendí yo, era Alex lo hice pasar se saludó con mi marido y nos sentamos los tres juntos. Comenzamos hablando del asalto que tuvimos la semana pasada y de lo que me había hecho el ladrón y de los tratamientos psicológicos que estábamos siguiendo, a todo esto Alex y yo nos mirábamos con una pequeña risa burlona y pícara. Al finalizar la cena Antonio sacó un vino muy caro que tenía y se lo puso a beber con Alex, yo por mientras me quedé ahí sentada con ellos, me encendí un cigarrillo, no paraba de mirarle la boca a Alex y de lo que me imaginaba con su boca… ¡Ya me estaba empezando a calentar! Comencé a arrojarle el humo en la cara a Alex y a juguetearle debajo de la mesa con mis tacos, todo esto delante de Antonio.

Luego puse música de salsa y saqué a bailar a Alex para mostrarle a mi marido de lo bien que iban mis clases de salsa jeje… no parábamos de franelearnos y apoyarnos con movimientos muy seductores, Antonio se sentía muy incómodo no sabía que hacer y eso me excitaba mucho. Al rato Antonio dijo que se iba a dormir, que estaba muy cansado, apenas se fue a dormir, nos fuimos con Alex a una pieza y nos dimos sexo. No paraba de gemir y gritar, trataba de morder la almohada pero mi excitación llevaba a gemir. Mientras estábamos cogiendo de lo más rico con Alex, se sintieron pasos, cuando de repente se abrió apenas la puerta, pude ver apenas que era Antonio observando a hurtadillas.

Comencé a gemir con fuerza, a gritar como una puta, a decirnos de las groserías más obscenas con Alex, esto me excitaba de sobremanera, me sentía muy húmeda, podía verle la cara de decepción a Antonio, más bien la cara de cornudo consentido. Logramos acabar al mismo tiempo, me sacó toda la calentura que llevaba. Una vez que finalizamos pude ver que mi marido no seguía allí. Al rato Alex se fue y yo me fui a mi cama junto con Antonio sin decir una palabra. Por una cuestión mía de vergüenza no le comenté nada (tampoco hacía falta que le contara), Antonio tampoco me preguntó nada esa noche.

Al otro día Antonio me comenzó a tratar de una manera más respetuosa conmigo, como si los pantalones de la casa los llevara yo… Las visitas con Alex fueron más íntimas para evitar problemas con mi matrimonio, de igual manera si me pedía el divorcio el 50% de sus bienes también eran míos por lo que no mencionó ni siquiera la palabra “divorcio” y él siguió siendo un cornudo resentido y yo una puta infiel ¡como a mí me gusta!.

Pueda ser que mi relato les haya gustado.

Autora: Adriana

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Cansada de mi marido

Me encanta la carne joven y viril, los jóvenes bien musculosos todo lo contrario a Alberto ya que en él vi otras cualidades. En el gimnasio todos me desnudan con la mirada. En varias ocasiones me han dicho cosas atrevidas delante de Alberto y con lo celoso que es se enoja mucho pero no dice nada ya que es muy sumiso, por mi lado me encanta que me digan cosas, más cuando él me acompaña.

Hola, mi nombre es Mónica, soy de Argentina, esta historia es 100% real, pasó hace 2 años atrás cuando todavía estaba casada, hoy actualmente separada y feliz de vuelta. Para comenzar esta historia voy a contarles que soy una mujer de 36 años, pelo negro lacio, de tez blanca unos labios bien carnosos, unas tetas grandes por la operación que me hice y un culo bien rico que es lo que más me destaca. Muchos en la calle me dicen cosas: de mi amor hasta puta hermosa etc, cosa que me encanta aunque no me doy vuelta.

La historia comienza cuando Alberto me propone matrimonio. El es un hombre mayor de unos 57 años de edad, al principio no quería saber nada con él pero luego lo fui conociendo y vi que tenía muy buena posición económica y yo en ese momento estaba pasando por una mala situación. Trabaja en un estudio, es abogado, él me consiguió trabajo en su oficina pagándome muy bien. A los 3 meses de estar trabajando ahí me llevó a cenar y me propuso matrimonio y no dudé en decir que si ya que me parecía buen hombre además de estar bien económicamente.

Cuando me casé con Alberto parecía que todo iba a marchar bien, a decir verdad todo marchaba bien menos en lo sexual. Al casarnos no tuvimos mucho sexo, se quedaba dormido o llegaba tarde por lo que se me ratoneaba la idea de engañarlo, pero nunca lo hice, aunque mil oportunidades he tenido: cuando me tomo el colectivo lleno más de uno me apoya su verga en mi culo, todos me pasan su celular o en muchas ocasiones me invitan a salir hombres de todas las edades y contextura, eso me calienta.

Al decir verdad me encanta la carne joven y viril, los jóvenes bien musculosos todo lo contrario a Alberto ya que en él vi otras cualidades. En el gimnasio todos me desnudan con la mirada. En varias ocasiones me han dicho cosas atrevidas delante de Alberto y con lo celoso que es se enoja mucho pero no dice nada ya que es muy sumiso, por mi lado me encanta que me digan cosas, más cuando él me acompaña.

Un día decidí actuar ya que mi marido no lo hacía. Nos levantamos temprano para ir al supermercado, yo me puse unos pantalones de jean súper ajustados y una remerita escotada también acompañado de una supertanga hilo debajo de ese apretado jean blanco, a su vez me maquillé más de lo común. Al entrar al super vi como todos me miraban, cuando iba recorriendo las góndolas se me ocurrió agacharme para agarrar un aceite haciendo ver mi hermosa tanga a aquel chico que estaba trabajando. Alberto parece que se dio cuenta pero yo me hice la tonta, me encantó la situación y obviamente al chico también.

Al salir del super vi un chico muy guapo apoyado sobre la pared muy atractivo, fui directo hacia él, al notar que estaba fumando le pedí un cigarrillo, le pedí fuego dándole las gracias con mi sonrisa. Con esta situación Alberto se puso loco: ¿Cómo pudiste haber hecho eso? ¿Hacer que? le dije, No te hagas la otra Mónica… No se lo que me decís. ¡Vamos a casa! (la situación me hacía tiritar de placer).

Cuando llegamos a casa me gritó y dijo que no soportara que me vistiera así… haciéndome la victima corrí a mi habitación llorando. Al rato subió Alberto y me pidió perdón por lo sucedido y me preguntó que es lo que la haría sentir bien:

-Mi amor, ¿que te haría sentir bien?-Mmmm no se… le dije solo quiero divertirme. -¿En que sentido? -No se, salir a bailar, pasarla bien… (en eso momento deseaba decirle que tenia ganas de tener sexo salvaje con un macho joven). -Bueno mi reina si usted quiere baile al baile vamos…

En esa semana Alberto necesitaba reparar el jardín por lo que contrató a un jardinero para hacer el trabajo, me dijo que necesitaba que estuviera en casa para recibirlo. A eso de la tarde tocaron el timbre, cuando atendí la puerta vi a un hombre o más bien un joven de no más de 26 años con tremendos músculos, muy atractivo y tatuado como a mí me gustan.

-Hola soy Alex, hablé con Alberto su padre para reparar el jardín… en ese momento reí y dije: -Alberto es mi marido, entra y fijate bien lo que tenés que hacer. Mientras Alex trabajaba se sacó su remera, no podía creer lo bueno que estaba.

En ese momento empecé a calentarme como nunca, empecé a tocarme, noté que mi tanga estaba muy mojada. En ese momento llegó Alberto:

-¡Hola mi amor! -Hola le dije. -¿Que pasa que estás traspirada y agitada? -No nada mi amor me maree un poco. -Ah bueno, ¡ya llegó mi jardinero! -Sí ahí está trabajando el macho… eeeeehhh, el chico perdón.

Todas las mañanas que venía Alex me vestía muy provocativa: falditas cortas, pantaloncitos cortos, escotes, tacos altos etc. Cualquier clase de insinuación que en él pudiera despertar excitación. Ese día estaba afuera con una zapa trabajando bien duro y no dudé en preguntarle:

-¿No queres pasar a tomar algo a casa?

Alex sin pensarlo me dijo que sí.

Yo no me podía resistir la calentura, llevaba puesta una mini de jean con una supertanga de hilo y mi remerita escotaba y mis labios pintados de rojo…muy provocativa. Mientras Alex me miraba no paraba de seducirlo haciéndole mostrar mi culo y mi tanga mientras buscaba las cosas para tomar el café.

Le pregunté de todo en que trabajaba hablamos mucho, en ese momento me prendí un cigarrillo y disimuladamente fui arrojándole el humo en la cara, me lo quería comer vivo, estaba sedienta de sexo. Yo creo que no me hacía falta ir a bailar para calentarme si lo que quería era sexo duro.

En ese momento Alex se paró y me abrazó fuertemente, me besaba mientras sus manos recorrían mis piernas y mi pancita sin ni siquiera tocar mis entrepiernas, me fui mojando increíblemente las piernas, me chorreaban mis jugos y ni siquiera me había tocado…comencé a gemir fuerte y chillaba como una puta, y Alex ni siquiera me habia penetrado, parece que me hacía falta bastante una buena verga…

De repente me metió toda su terrible verga y lancé un grito tan fuerte de placer…me clavó bien al fondo. Esa tarde estuvimos haciéndolo por muchas horas, me hizo acabar más de 4 veces…nunca me voy a olvidar de lo bien que me garchó. Al tiempo me separé de Alberto ya que se dio cuenta de que Alex, ya arreglado él jardín, venía a verme en varias oportunidades, y no precisamente por el jardín o sus plantas, más bien venía por el otro jardín, el que tengo entre mis piernas…

Pueda ser que les haya gustado mi historia. Besos.

Autora: Mónica

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Compañeros de piso

Cada vez que le comía la polla a un tío y me tragaba todo lo que echaba, me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, nos fuimos al salón donde nos sentamos, yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Hola, mi nombre es Mar, tengo 32 años y tengo buen busto, no en vano estuve trabajando durante la veintena de go-go e incluso de stripper. Pero nunca llegué a hacer y ni siquiera pensar en lo que llevo haciendo desde hace más o menos un año.

El caso es que una antigua compañera del colegio, que es amiga íntima amiga mía, me consiguió trabajo en su empresa. El único problema es que debía mudarme a la ciudad donde ella vivía o a alguna de los alrededores, pues no estaba comunicado mi lugar de residencia con la empresa con transporte público, y como no tenía coche pues hablé con mi amiga y me alquiló una habitación en el piso donde vivía con su marido.

Clara, mi amiga, también trabajó conmigo de go-go, aunque no llegó a lo de stripper. Lo digo para que os hagáis una idea del cuerpo que tenía ella, aunque tenía menos pecho que yo también era bastante voluptuoso. Su marido, Alex, trabajaba de fotógrafo en un negocio particular que tenían en su familia, tenía 30 años y estaba para mojar pan.

El caso es que todo marchaba bien, pero mis compañeros de piso salían todos los viernes y no volvían hasta el sábado al mediodía. Me decían que iba a fiestas, y que si quería podía ir. Pero no me animaba, así que me quedaba en casa, o salía con alguna de las nuevas amistades que hice allí. Pero un día me aburría y me entró la curiosidad, así que me decidí a entrar en cuarto del matrimonio para fisgar. Primero me fui al sifonier que tenían para guardar la ropa. De ahí lo único que conseguí averiguar era poca cosa, pues ya había visto casi toda la ropa que allí guardaban. Lo único que me sorprendió fue la escasez de ropa íntima de Clara, ya que sólo encontré dos tangas minúsculos y una braga, y tan sólo un sostén. Luego me dirigí al armario. Allí había más de lo mismo. Posteriormente presté atención a un arcón en el que no me había fijado antes.

Tenía un candado puesto así que me desilusioné un poco, pero me puse a buscar en los cajones de toda la casa, y al final se me ocurrió recurrir a lo de la horquilla, aunque no tenía ya muchas esperanzas. Pero parecía ser que el candado era como simbólico, porque apenas se resistió. Simplemente, al meter la horquilla noté como un resorte, que al ejercer un poco de presión cedió y pude fisgar en el interior del arcón. Allí sí que encontré una verdadera sorpresa. Lo que contenía el arcón era bastante material fotográfico, vídeos y varias prendas de cuero, minifaldas y tops bastante minúsculos, además de una máscara de cuero y una fusta. También había varios consoladores con diferentes tamaños y anatomías, incluyendo uno que era bastante exagerado. Estuve ojeando varios paquetes de fotos, en los que aparecían Clara y Alex, aunque casi nunca coincidían en la misma foto.

En las fotos en las que estaba Clara, aparecía penetrada por hombres (que no eran Alex), e incluso mujeres con penes postizos. No sólo salía con uno sólo sino con varios a la vez.

En las que era Alex el que salía, la temática era la misma, pero con mujeres que no conocía. Ver esas escenas en las que Clara era penetrada por dos hombres a la vez, sodomizada por el culo, con la cara y el cuerpo manchado de semen, ver cómo le colgaban grumos de esperma por la barbilla, y en otras ver a Alex, ese tremendo pollón, que desconocía, y que me encantaría poseer me puso a cien. El ver todo eso me hizo pensar en que era yo la que estaba en esas fotos, no pude resistirlo más y empecé a tocarme en el chocho, hundiéndome varios dedos. Me decidí a coger un par de vídeos de los que allí se encontraban junto con uno de los consoladores y me fui a la salita de estar. Allí puse el vídeo y me desnudé. En el vídeo aparecían presentándose dos chicas, entre ellas Clara, y cuatro hombres, entre ellos Alex. Se iban turnando la cámara para la presentación. Luego giraron la cámara y apareció un sofá. Uno de los chicos se sentó y junto a él las dos chicas. Se empezaron a besar entre los tres a la vez que las chicas le sobaban el paquete.

Luego una de ellas se agachó, le bajó la cremallera del pantalón, no llevaba calzones, por lo que la polla apareció sin obstrucciones. La cogió con una mano, mientras que con la otra masajeaba los huevos, y de un bocado se lo metió en la boca. Se la chupaba frenéticamente, y dejaba colgando una mezcla de saliva con líquido preseminal cada vez que se la sacaba de la boca. Luego Clara (la otra chica), s el chico de antes le había apartado la tanga. La otra chica esperó a que uno de los chicos se sentara, para ensartarse su polla de un golpe por su rajita. Luego, Alex se agachó y empezó a lamer su ano mientras era penetrada por el chocho. A Clara mientras tanto la estaban sodomizando por el culo de una forma brutal.

Ver como chocaban los huevos del tío contra su raja, esa penetración me produjo un grado de excitación que casi me desaparece el consolador en mi interior alcanzando el clímax. Seguí viendo la película, pero ahora quería experimentar lo mismo así que me introduje el consolador por mi ano y pensaba que era Alex el que lo estaba haciendo, como hacía con la chica, a la que también la penetraban desde abajo por el conejo. Así estuvieron un rato, luego se vio como se empezaban a terminar los chicos en el interior de ellas para que luego las hicieran limpiarles el miembro manchado de esperma. Luego se colocaron en la misma posición en la que estaba Clara, y volvió a aparecer el chico del principio, volviéndose a ir el resto. El hombre se afanaba en encular a base de bien a las dos chicas. Primero a una, luego a la otra. Hasta que se volvió a correr de la misma forma que la otra vez. El vídeo terminó con una escena en la que las dos chicas se besaban compartiendo el esperma recibido anteriormente.

A partir de ese día me dedicaba a vestirme con la ropa del arcón, a ver los vídeos y a masturbarme con los consoladores mientras veía las fotos y vídeos. Incluso me llevaba algunas fotos a mi habitación para pajearme por las noches.

Parecía que no se daban cuenta, o al menos eso pensaba yo. Pero un día me hicieron creer que se iban, como de costumbre, pero a la media hora volvieron, con dos chicas más, pillándome en plena faena. Después de los típicos comentarios de que guarra era, y que me iban a dar un escarmiento se me acercaron Clara y las otras dos chicas (Eva y Marta, según supe después) y empezaron sobarme (estaba desnuda viendo uno de los vídeos), y me besaban, a lo que yo no sólo no me resistía, sino que pedía más, pues estaba cachondísima. Luego Marta me besaba, mientras Eva me mordía los pezones y Clara me comía el coño a la vez que introducía varios dedos por esa cavidad. A todo esto, no me percaté de que Alex se fue a por la cámara y nos estaba grabando. Pero cuando lo descubrí, me dio igual, quería participar en esas orgías. Posteriormente, Me tocó a mí comer el coño y ano de Eva, mientras ésta se lo comía a Marta, que a su vez se lo comía a Clara, que me lo comía a mí.

Era una escena, con las cuatro formando un cuadrado impresionante del que Alex no perdió detalle filmando primeros planos. Después decidieron que me iban a dar mi escarmiento. Me hicieron poner a cuatro patas en el piso, y trajeron varios consoladores, entre ellos el descomunal. Empezaron metiéndome uno por el coño y luego otro por el culo. Mientras Alex se había desnudado y era partícipe de la fiesta en la que yo le comía la polla, lo cual hice con ganas pues me moría por saborearla desde que la vi por primera vez en las fotos. A la vez me masturbaban el clítoris, no veía quien era pero me iba a hacer polvo de esa forma, pero no podía resistirme a las gozadas de las que era producto por los consoladores y la polla de Alex. Luego, me intentaron meter los dos consoladores por el coño, y al principio costó un poco, aunque no me dolió, y luego fue todo como la seda debido a mi excitación. Alex de pronto sin avisarme se corrió en la boca, lo que me produjo arcadas, y que se me resbalara por la boca, a lo que me ordenaron, con un azote en culo que lo recogiera y me lo comiera, y dándome otro me indicaron que más valía que no lo repitiera. Me ordenaron, no obstante, a seguir chupándosela a Alex, que tardó un poco en recuperarse, pero que lo hizo al fin y al cabo, y en ese tiempo habían pasado a meterme el consolador de tamaño descomunal por el coño, y no ofreció ninguna resistencia me orificio vaginal.

Perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve, y no hacía más que moverme como una perra en celo. Me pegaban azotes sin motivo alguno ya, de hecho me dejaron el culo que no pude sentarme sin dolor dos días, por eso y por lo que viene a continuación. Eso es que me metieron dos consoladores por el culo, yo me moría de dolor, pero la polla de Alex, que me llenaba la boca me impedía gritar. Con el paso del tiempo me fui haciendo a la penetración y empecé a disfrutar. Luego noté como era el super consolador el que me rompía el culo, e intenté agacharme para hacer más fácil la labor. Al principio no entraba, pero al ejercer un poco de presión consiguió reventarme el ano. Así estuvimos un rato, yo tragando la polla de Alex, y Marta y Clara rompiéndome el culo mientras Eva lo grababa todo. Después nos dedicamos todas a satisfacer a Alex. Le lamíamos el ano, le chupábamos los huevos, otra la besaba, y la cuarta grababa.

Luego, me pusieron en el suelo y Alex me penetró el ano, lo cual no fue nada difícil después de la soberbia dilatación a la que había sido sometido. Luego se marcharon y me quedé en casa sola. M Al día siguiente me despertó Clara, y me hizo salir en camisón a la cocina donde ya me estaba esperando Alex. Me obligaron a quedarme desnuda delante de ellos, luego Clara fue a mi habitación mientras Alex me explicaba mi nuevo rol en la casa. A partir de ese día iría desnuda por la casa, a no ser que ellos expresamente me dijeran lo contrario, incluso si había visita. Cuando saliera de casa, para ir al trabajo o cualquier cosa, siempre sin ropa interior y con faldas o vestidos que quedaran justamente por debajo del culo. Y los fines de semana les acompañaría a sus fiestas-orgías.

Durante la semana siguiente fui al trabajo como me habían ordenado, sin ropa interior y con vestidos y faldas cortos. Además como estábamos entrando en el calor del verano, no llevaba medias, y junto con mis voluminosos senos que se contoneaban exageradamente al andar ofrecían un espectáculo impresionante. Pronto empezó a correrse la voz de que iba como realmente iba al trabajo, y decidieron despedirme antes de que terminara la semana, pues el jefe me dijo que si no guardaba un poco más de pudor no le quedaría más remedio que hacerlo y como me negué lo hizo. Alex y Clara me dijeron que no me preocupara, que ellos me mantendrían si seguía con ellos y hacía lo que me dijeran. Así que no me preocupé, y me quedé con ellos.

Al llegar el fin de semana más o menos sabía lo que me esperaba, pero no tanto. Nos fuimos a una parcela en la sierra, y naturalmente iba vestida como debía. Al llegar nos esperaba el matrimonio propietario de la casa. Eran bastante jóvenes. Luego al entrar vimos que sólo había hombres, no sé cuantos exactamente, unos once o doce. Me giré hacia Clara, y me dijo que la siguiera que me iba a presentar. Cada vez que me presentaba a uno, éste me daba un beso metiendo su lengua hasta el fondo de mi garganta, y magreándome el culo de forma que cada vez tenía el vestido más subido, de hecho terminó por encima de la cintura dejando toda mi intimidad al descubierto. Luego, después de haberme colocado el vestido de nuevo y de haber saboreado las bocas de todos, incluida la pareja propietaria de la casa, pusieron un poco de música, lenta, para bailar antes de irnos a cenar.

Naturalmente bailé con todos, incluyendo a Clara y a Carmen (la dueña de la casa), y aprovechando la ocasión aprovechaban para magrearme un poco más, e incluso ir más allá, pues más de uno me introdujo sus dedos por mi raja y mi culo y algunos otros me sacaron los pechos chupando mis pezones con descaro. Hasta hubo un momento en el que estaba bailando con dos hombres a la vez, uno delante y otro detrás, y sentía sus pollas contra mi vientre y mi culo. Cada vez estaba más cachonda. Cuando nos fuimos a cenar, observé que faltaba un plato para uno de nosotros, pero pronto descubrí que era el mío, pues antes de cenar debía tomar el aperitivo. Éste consistía en que mientras el resto de la gente cenaba, yo debía ganármelo haciendo mamadas por debajo de la mesa, para lo que todos se desnudaron de cintura para abajo. Cada vez que le comía la polla a un tío, y me tragaba todo lo que echaba (todo lo que podía, domo podréis entender se me resbalaba bastante por la boca), me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, mientras ellos cenaban, nos fuimos al salón donde nos sentamos todos, bueno, claro yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Después de varios trotes encima de no todos los hombres y de haber recibido el esperma de alguno de ellos en mi interior, me hicieron poner a cuatro patas sobre el piso, y de vez en cuando se acercaba alguno para metérmela desde atrás, por el culo o por la raja, y otro o varios me acercaban sus pollas para que me las comiera. Así estuvimos un rato bastante largo, hasta que se aseguraron de haberse corrido todos en mi. Yo chorreaba semen desde todos y cada uno de mis agujeros. Clara se me acercó e indicándome que lo recogiera filmó un primer plano de la escena (las dos chicas se dedicaban a grabar la velada).

Luego uno de los hombres se tumbó en el piso, me senté encima clavándome su verga por el culo, mientras otro se puso encima de mí y me perforó por delante. Otro llegó de pie y me empezó a follar la boca hasta que se corrió en mi cara. Cuando hubieron terminado los dos que me follaban, les sustituyeron otros dos, pero ahora estaba sentada a horcajadas y me la metía por mi coño a la que me perforaban el ano por detrás. Luego esos mismos me las metieron los dos por el culo. Los movimientos no eran muy fluidos debido a lo difícil de la postura, pero sentí cada penetración en mis entrañas. Cuando se corrieron, me senté en el piso y se empezaron a correr sobre mi algunos de los que no me habían follado mucho. Después salimos al porche donde en la misma posición, yo entre mis tetas recibí todo el resto de su semen.

Al llegar a casa, tampoco me dejaron limpiarme y además Alex me folló otra vez más dejando su esperma en mi vientre. Nos fuimos a dormir, no sin que antes me dijeran que me esperaban cosas aún mejores.

Autora: hangdog

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Mis dos primos y yo

Mientras Marco y Alex hacían un 69, yo follaba el culo de Alex, esa escena me excitó tanto que me corrí en su culo de inmediato, saqué mi verga cayendo toda mi leche en la cara de Marco que inmediatamente sacó su lengua para degustar mi leche, luego Marco me dijo que era su turno, quería también sentirla adentro.

Tenía unos 20 años, cuando una tarde de esas que hacen mucho calor sucedió esto, yo estaba en otra Universidad y acostumbraba llegar a casa a eso de las 3 ó 4 de la tarde, a esa hora ya no había nadie y me era fácil estar relajado por lo que acostumbraba andar en ropa interior.  Para ese entonces todavía no me había agarrado esta loca pasión por los bóxers, que ahora tengo.

La cosa es que usaba de esos acostumbrados bikinis sexy que les gustan a los chavitos de ahora. Pero no me gustaban de esos de algodón sino más bien de esos ajustados de licra que no dejan mucho a la imaginación, quizás por eso es que les gusta tanto a los chavos, la cosa es que así acostumbraba andar, en mi casa solo y sin nadie, de vez en cuando pasaba frente a un espejo que estaba por la sala, me excitaba al verme y me masturbaba con muchas ganas hasta unas 2 veces.

Volviendo al Relato esa tarde estaba yo temprano en casa y vi como mi tía se iba de la casa a hacer unas compras y me dijo que habían llegado mis primos de otra ciudad, a los que ya hacía como 4 años no veía y me imaginé que estos chavos estarían de lo más aburridos, cuál fue mi sorpresa al ver a mis primos convertidos en todos unos hombrecitos, uno tenía 18 y el otro 19, se veían de lo mejor, me vieron y me abrazaron al verme llegar, siempre cuando vivíamos juntos fuimos muy unidos. Alex y Marcos siempre habían sido unos chavos muy bien proporcionados, pero ahora estaban mucho mejor que antes, yo los abracé y me senté en el sillón a hablar con ellos, me comenzaron a contar de sus vidas y sus novias.

En una de esas, por el calor, les dije que bajaría en un momento, que tomaría una ducha para refrescarme, el calor era impactante, subí a mi cuarto y me quité le ropa y de pensar en mis primitos me encendí muy rápido y se me notaba un poco de erección, decidí entrar rápido al baño y ducharme un largo rato para que se me pasara la calentura. Tendría unos 25 minutos de estar en la ducha, cuando siento una mano en mi espalda, me doy vuelta, del susto solté un golpe, era Alex que estaba completamente desnudo tras de mí, lo veo con cara de susto y le digo: ¿Oye que pasa? Él me responde: Hola primito lindo, puedo ducharme contigo es que… yo también tengo calor, me quedé mudo y me abrazó.

Aaaaaaaahhhhh que piel más suave la que tenía y más atrás de él veo a Marcos quitándose la ropa y me dice: yo también me quiero quitar el calor… entró en el baño y comenzó ahí mismo una amasada de locos en la que nos besamos y tocamos por todos lados. Ellos en realidad estaban buenísimos, Alex era el más alto aunque era el menor y Marcos tenía una verga de 21 cm que mmmmm… buenísima imagínense.

Alex tomó mi verga que mide 19cm, no era nada en comparación de la de mis primitos, bueno se la metió a la boca y comenzó a mamar y a mamar, así como loco… mmmm… fue algo increíble, mientras Marcos me besaba como loco y casi me dejaba sin aliento, yo le agarraba la verga y se la pajeaba de arriba abajo, salimos del baño y nos fuimos a la cama de mi cuarto, ahí nos tumbamos en la cama, hicimos un triángulo para mamarnos los tres las vergas, así quedé yo mamando la verga de Alex, Marcos la mía y Alex mamaba la de Marcos, la de su propio hermano, lo que me hizo adivinar que estos dos se conocían muy bien.

Alex se puso de 4 patas y me pidió que se la metiera y así me puse un poco de crema en la verga y la metí de golpe haciendo que Alex gritara de placer, Marco no se quedó atrás y se puso debajo de Alex mientras ellos hacían un 69, yo follaba el culo de Alex, esa escena me excitó tanto que me corrí en el culo de Alex de inmediato, saqué mi verga cayendo toda mi leche en la cara de Marco que inmediatamente sacó su lengua para degustar mi leche, rápido se puso de pie mientras Alex fue al baño a ducharse y entonces me dijo ahora es mi turno, quiero también sentirla adentro de mí, se puso en 4 y volví a penetrar, pero ahora el culo de Marco que era en definitiva más abierto por lo que supuse quien de los dos era el que aguantaba más.

Estaba yo follando a Marco cuando sale del baño Alex y se puso en la cama frente a mí con su verga todavía erecta y me dice que se la mame, no me lo pensé y me meto esa ricura en mi boca mientras Marcos gemía y gritaba como loco por mis embestidas, estuve así como unos 5 minutos, la verdad es que aguantaba algo porque me dolía un poco la verga, no acababa de follar cuando de repente tenía que hacerlo de nuevo, pero entre el dolor y todo, me sentía como nunca, así que seguí metiéndole la verga a Marco y lo hice acabar sin tocarle la verga, al parecer toqué algo así como el punto G, bueno eso creo.

Alex por otro lado estaba por acabar de lo excitado que estaba y así acabó por completo en mi boca, no dejé escapar nada de ese delicioso néctar saboreándolo, Alex quedó exhausto y se tumbó en la cama, Marcos ya había acabado, pero quería sentir mi leche en su culo cumplí su deseo y derramé mi leche en su culo en menor cantidad que la primera vez, pero en realidad cuando la saqué venía un poco de semen expulsado.

Me tumbé en la cama y los chicos me abrazaron, me dijeron que hacía ya rato querían hacerlo con el primito que de pequeño les pegaba, eso me causó risa. Así seguimos haciéndolo por un mes, pero luego llegó alguien más al clan. Pero eso…  es otra historia.

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Autor: Efebo

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Todo por el eclipse

Felipe me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego me la fueron metiendo, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, me tomó y me lo metió hasta el fondo, yo ya gritaba de placer.

Mi nombre no lo daré por el momento después podrán llamarme con el que me pusieron mis amigos. Esta historia es real, no pasó hace mucho, fue en el último eclipse lunar. Le cargaré la culpa al eclipse de lo que pasó.

Todo comenzó con la reunión habitual que tenemos con unos amigos cada vez que hay un eclipse lunar, esta vez no era la acepción, teníamos que hacer el ritual del amor prohibido entre la luna y el sol. Como siempre nos juntamos en medio de un bosque, la naturaleza es primordial para nosotros, el césped, los árboles y un rió, éramos seis en total, yo la única mujer, todos vestidos con túnicas blancas y nada más, empezó el eclipse y nosotros comenzamos el ritual, rogamos a la luna, al sol y la tierra, empapándonos de la fuerza que dan estos elementos, así estuvimos mientras duró el eclipse.

Luego de terminado el ritual yo me despojé de la túnica y totalmente desnuda me metí en el río, hasta ahí me siguieron dos amigos, con todos los participantes ya nos habíamos visto desnudos en otras ocasiones así que no era nada extraño vernos así esta vez, bueno estos dos amigos ingresaron al agua y se colocaron muy cerca de mí, yo no sé si fue el influjo de la luna o que pero sentí deseos de tener sexo ahí mismo en el agua, besé a uno de mis amigos fogosamente mientras tocaba en cuerpo del otro, los dos empezaron a tocarme a chuparme las tetas a besarme el cuello y la espalda, de repente uno de ellos me levantó un poco y metió su pene en mi concha mientras el otro por detrás me acariciaba el culo y me metía su pene en el, yo me sentía en la gloria tuve un orgasmo genial, mi gemido se escuchó fuerte en ese bosque, mientras todo esto ocurría en el agua miré hacia la orilla y miro a mis otros tres amigos excitados por la escena que estaban presenciando y eso me excitó mucho más.

Salimos del río y yo me reía picaronamente, invité a los tres que se habían quedado en la orilla a que vinieran conmigo al agua, pero justo cuando iba a terminar mi proposición mis dos amigos me tomaron por los brazos y me tiraron en el pasto los otros tres gemían por el placer de lo que estaban viendo, yo con fingida fuerza trataba de soltarme y trataba de oponerme a lo que parecía una violación (consentida por supuesto) -No por favor no lo hagan, suéltenme- decía aunque ellos sabían que era todo lo contrario…

Felipe fue el primero en acercarse me abrió las piernas con fuerzas y metió su cabeza entre mis piernas, me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego de haberme lamido la concha a su antojo me la fueron metiendo uno a uno, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos, estaba indefensa y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, ¡que vigor!, me tomó y me lo metió hasta el fondo con fuerza, yo ya gritaba de placer.

Luego Aníbal más calmado, pero no así menos vigoroso, tiene una verga descomunal, pensé que no me cabría en mi concha pero ahí sabiendo él sus dotes poco a poco la fue metiendo, el dolor era más placentero aún, se movía y yo pensaba que me iba a partir en dos, a esas alturas ya había perdido la cuenta de cuantos orgasmos llevaba, pero aún quedaban tres ahora era Felipe y Aníbal los que me sujetaban, y Juan quería su turno pero él prefirió levantarme un poco más y metérmelo por el culo, fue genial sentir su verga  dura entrando sin compasión en mi culo, a esas alturas los gritos y los gemidos míos eran una constante, tuve un orgasmo espectacular era como si un manantial hubiera estado dentro de mi, Carlos fue el cuarto, su verga  estaba que explotaba, me levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros, me la metió fuerte, duro, para domarme, -Eres una potra salvaje y te voy a domesticar, vas a pedirme que pare, vas a suplicar que ya no te la meta- me decía, a esas alturas yo ya no tenía fuerzas, pero faltaba el último, Alex, este pidió que me voltearan, me hizo arrodillarme y me la metió por el culo, su verga  es grande así que le costó un poco de trabajo pero al final me la metió hasta los pelos, y otra vez  un orgasmo descomunal, los gemidos de mis amigos y los míos se confundían en uno solo.

Quedé tirada en el pasto agotada, agradeciendo el enorme placer que acababa de experimentar, pensando que todo acababa ahí, pero me equivocaba, recién comenzaba. Había cerrado mis ojos por un momento, cuando sentí mil manos recorriendo mi cuerpo, tocándome, acariciándome, apretándome los pechos, metidas en mi concha, me tocaban por todos lados, abrí mis ojos y todos ellos estaban arrodillados a mi alrededor, me tocaban y besaban mientras se masturbaban,  fueron acabando uno después del otro en todo mi cuerpo en mi boca, en mi cara, en todas partes, nunca pensé que eso me iba a provocar tal estado de excitación, se me había ido el cansancio y yo trataban de tocarlos a todos al mismo tiempo, tocar sus vergas, pero era demasiado lo que estaba sintiendo.

Cuando todos acabaron me miraron con mucho placer, me fueron besando en la boca uno a uno, entre todos me llevaron al río y ayudaron a bañarme, fue en ese momento en que Carlos les dice a los demás, desde hoy la llamaremos Eva Luna. Salimos del río y todos se recostaron a mi lado, me acariciaban y tocaban con ternura casi se diría que con amor, durante unos minutos solo se escuchaban los sonidos del bosque, el viento entre los árboles, los pájaros el agua del río correr, creo que pasó como media hora cuando todo empezó de nuevo, esta vez yo estaba con las manos libres pero me tomaron por el cabello y me hicieron arrodillarme, tuve que chupárselas uno a uno, el orden ya no se, estaba metida y comprometida a darles placer a cada uno, mientras uno me tomaba del pelo yo se la chupaba a uno o dos, o se la lamía a este o aquel mientras masturbaban a otros dos, sentía sus gemidos, sus risas excitantes, pasó un buen rato de eso cuando me pusieron de pie y vi a Alex de espaldas en el pasto, con su verga  parada, amenazante, yo como antes con fingida resistencia me oponía a sentarme encima de él, entre dos me “obligaron”, sentí como me entraba su verga  en mi concha, me empecé a mover arriba de él y sentía los gemidos de todos, sus comentarios, y fue Carlos el que dijo –Ese culo no pude estar así de parado sin que le meta el pico- fue así como sentí que me lo metía por el culo.

Ahí estaba yo siendo penetrada por dos hombres al mismo tiempo, luego sentí una mano que me tomaba por el pelo y me decía –Comételo todo perra- era Juan me la metió hasta la garganta y empezó a metérmela y a sacármela de la boca, yo hacía lo posible por seguirles el ritmo, luego cambiaron las posiciones, era Felipe quien estaba abajo, Juan por detrás  y Felipe metiéndomela por la boca, y así cambiamos un montón de veces hasta que a todos les tocó por todos lados conmigo. Habían pasado varias horas desde que empezamos, pero aún quedaba noche.

Descansé un rato y volvimos al principio pero esta vez ya nadie me sujetaba las manos, el orden fue el siguiente, Aníbal, Juan, Carlos, Alex y Felipe. Me recosté en el pasto abrí mis piernas, era el comienzo del fin, vi como Carlos se arrodillaba hasta que se posó sobre mí y me dijo al oído, –Te hemos bautizado EVA LUNA porque nos has mostrado tu desnudes y nos has incitado al pecado, luego empezó a besarme el cuello y fue bajando poco a poco lamiendo y besando, me mordió los pezones y luego fue bajando, con su lengua jugueteó en mi ombligo, me besó los muslos y se sumergió en mi concha, me la lamió rico, suavecito, me mordió el clítoris, sentí un orgasmo explosivo, luego me metió el pico con fuerza, se movía rápido, fuerte y su pico entraba con más fuerza cada vez hasta que di un grito de placer, que parece que a él le daba la señal de que era tiempo de terminar, se levantó, me agarró la cabeza y me lo metió en la boca se fue en mi boca, mientras que por la comisuras de mis labios se escapaba el néctar de su ser, pero como soy golosa lo recogí con los dedos y me lo llevé a la boca.

Luego Juan se acercó a mí y me dijo al oído, –Blanca como la luna y pecadora como Eva-, y también empezó a recorrer mi cuerpo con su lengua, me pidió que me diera vuelta, me pasó la lengua por toda mi espalda, cosa que me encanta, y me metió su verga en la concha, así por detrás mientras con sus manos me masturbaba, fue exquisito, yo gemía y el orgasmo no tardó en llegar volviendo a abrir ese manantial que está dentro de mí, también acabó en mi boca llenándome de su semen, fue genial. Era el turno de Carlos y me dijo que me quedara así, tal cual, de rodillas, se arrodilló enfrente de mí y me dijo, –Eva Luna, cuanto placer nos has dado hoy, ahora te toca disfrutar de lo que nosotros te podemos dar- fue así que llamó a Alex, que también me dijo al oído, –La pasión y el pecado son hechas para ti.

Me hicieron quedarme así de rodillas, en cuatro patas, mientras Carlos me hacía chupársela, Alex se ponía debajo de mi y me chupaba la concha, fue un placer extraordinario, yo gemía y los orgasmos se sucedían unos a otros cuando ya estaban por terminar se pararon enfrente de mí, me hicieron tomarle sus vergas y masturbarlos para acabar los dos en mi boca, su semen salía a borbotones y yo trataba que nada se le escapara a mi lengua y boca. Era el turno de Felipe, este me hizo ponerme de pie, me abrazó y me dijo al oído:

– Mi querida Eva Luna, no sabes lo bien que te queda ese nombre, blanca como la luna, pecadora como ninguna, excitante y apasionada- me dio un beso en la boca, de esos besos que te dejan sin respiración, me tomó fuerte y me levantó, me lo metió así, él de pie y yo montada en él, nunca lo había hecho así, fue rico, aunque después de un rato me puso sobre el pasto, me acarició, me besó y me chupó la concha como los dioses,  hasta que le pedí que me la metiera hasta los pelos, fue así como me penetró y empezó a moverse vigorosamente para luego poner mis piernas sobre sus hombros y así su verga entrara más profundo en mí, sentía sus gemidos y el aliento de todos los demás, hasta que yo con un grito de placer extremo di la pauta para que él también emitiera un gemido lleno de placer y excitación y se fuera dentro de mí.

Era ya el amanecer y estábamos los seis recostados en el pasto tenía las cabezas de todos sobre mi cuerpo, yo podía acariciarles el cabello a cada uno, estábamos todos en silencio viendo aparecer el sol, cuando ya había salido el sol nos paramos, nos miramos a los ojos uno al otro, sin decir palabra, la noche ya lo había dicho todo.

No sé que nos pasó esa noche, nunca entre nosotros había ocurrido nada, éramos simplemente amigos, ¿culpa del eclipse lunar? No lo se, solo se que es una historia que me va a acompañar toda mi vida. No saben el placer que sentí, los orgasmos que experimenté. Si lo reconozco, soy EvaLuna, blanca y pecadora como ninguna.

Autora: Eva Luna

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Amor extranjero

Comencé a moverme con furia, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, no pude contenerlo más, sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Mi nombre es Fernanda, soy intérprete traductor, tengo 25 años y aquí cuento la mejor experiencia de mi vida.

Hace un tiempo estaba yo trabajando en mi tesis de traducción, por lo que tenía que hacer constantes viajes a la biblioteca, trabajar muchas horas en la computadora y buscar la mayor cantidad de información posible para sacar un buen proyecto.

Siempre que mi mejor amiga, Elisa, me veía trabajar me invitaba a salir en un intento desesperado por que cambiara de aires, pero generalmente prefería quedarme trabajando en internet… ese día yo estaba viendo una página de traducción cuando vi uno de esos letreros que salen de publicidad en internet encuentra el amor, hoy ahora, lo ignoré por instinto, pero algo dentro de mi me hizo sentirme muy sola y me di cuenta de que ya me hacía falta algo de compañía.

-¡Qué demonios!- Dije, -vamos a divertirnos un rato… ¿a donde vamos?- Le pregunté a Elisa.

Me contó que ella, su pareja y unos amigos más llevaban algunos fines de semana yendo a este lugar, un rincón musical muy agradable en el centro de la ciudad. Así que dejé papeles, escritos, notas, agendas, y páginas web para arreglarme para salir. Me miré al espejo, por lo menos parecía que no había perdido mi toque, seguía teniendo una bonita figura, no podía negar que en la preparatoria solía ser popular por mi cuerpo, cosa que siempre me molestaba, pues siempre prefería resaltar por el intelecto. Miré mi cara, aún firme, aún tersa, ojos verdes, y mis cabellos castaños que me cubrían los pezones.

Me bañé, me dejé el cabello suelto, me puse una falda sencilla, sandalias y una blusa de algodón un poco transparente, pero cómoda a fin de cuentas. Salimos en grupo, pero no podía evitar pensar en que éramos impares y era la única que no iba con pareja, cosa que me recordó al anuncio de internet.
La cosa se puso peor cuando en ya en el bar comenzaron a cantar trova y los temas de amor y consuelo me llevaron a derrochar unas cuantas lágrimas en el baño de mujeres. Me vi a mi misma en el espejo, con los ojos verdes encendidos por lo rojizo de mis párpados por llorar.

Saliendo del baño pasó algo que atrajo inmediatamente mi atención, un hombre como pocos, atlético, de quijada firme, ojos divertidos (que saben lo que buscan en una mujer), de piel tostada, barba muy cortita y pantalones negros que parecen de cuero por lo ajustados. Me miró a los ojos e interesada le devolví la mirada, intentando sentirme lo más segura de mí misma después del episodio de tristeza… Me miró de corona a los pies, haciendo especial acento en mis pechos y cintura. Los pocos segundos en los que había ocurrido esto terminaban cuando él se dirigía hacia el baño de hombres y yo tuve que seguir mi camino hacia la mesa.

Toda la noche nos estuvimos mirando, pensando en toda fantasía, piel morena, ojos claros… me fascinan los hombres de tintes extranjeros. Pasaron los minutos y él no hacía más que divertirse con sus amigos, canturreando algunas canciones, parecía tener buena voz, aunque no llegaba a escucharlo. Pasó la noche y sin importar cuánta seguridad le transmitía para que se acercara, el hombre no llegó más que a mirarme detenidamente en cada nota de amor.

Harta de mi suerte, me convencí que debería regresar por donde vine y regresar a mi tesis. Salimos del lugar, yo evadiendo todo tipo de comentario y esperando llegar a casa cuanto antes. Llegando no pude contener un aire de tristeza, me sentía realmente sola, nunca pensé llegar a ese punto. Saqué las fotografías de la preparatoria, puse música romántica, una copa de vino y me dispuse a ver las fotos de mi adolescencia. Realmente no habría tenido más que dos novios en toda mi vida, uno demasiado tímido y otro que terminó siendo un cornudo.

Llegó el lunes y tuve que regresar a mi habitual rutina, biblioteca, universidad, trabajo… Me llamaron por teléfono para un nuevo trabajo y acudí a mi cita tras jugar un poco con la supuesta comida que usualmente comía con ansias. Fui a mi cita, supuestamente para traducir el libro de una escritora que lanzaba su debut y quería traducirlo al  español, pues parecía ser extranjera. Su representante me citó en un café para conocerla y así conocer el proyecto por igual.

Cuando llegué, a las cuatro de la tarde, aún era temprano para que el café estuviera lleno, y sólo vi una mesa ocupada con dos hombres, así que esperé a que llegara mi representante. Tras media hora de esperar me llamaron a mi celular y para la sorpresa del que me llamó, el representante era el que estaba sentado en esa mesa cercana junto con otro hombre, pensaba que cuando había dicho Alex se había referido a una mujer, por lo visto, era el nombre del hombre que lo acompañaba, el escritor del libro que traduciría. Saludé a ambos, el representante, Nicolás, era un hombre tranquilo que se veía que trataba a menudo con escritores, pues tenía esa nota cortés e intelectual sin dejar de ser lo que parecía un negociante con bastante labia. Por otro lado, Alex me saludó con un apretón de mano y un marcado acento británico.

Comenzamos a hablar en inglés de lo despistados que éramos y que habíamos perdido ya un buen tiempo esperándonos unos a otros para la cita. Platicamos de la novela, mismo escrito que tenía Alex en un portafolio verde que hacía juego con sus ojos… unos profundos ojos verdes, como si contuvieran un entero bosque salvaje dentro de ellos. Recuperé la atención en lo que me decía, me preguntaba sobre mí misma… sobre mi carrera profesional. Mientras contaba distraídamente sobre mí no dejaba de ver sus ojos… era como si me encontrara a mí misma en ellos, como si me estuvieran absorbiendo el alma.

Cerramos el negocio, quedamos en un presupuesto y una fecha. Me fui a mi casa con el recuerdo de su suave mejilla contra la mía en nuestra despedida, luego vi el papel con sus datos, fecha de entrega: 10 de octubre… eso me dejaba con escasas tres semanas para terminar la traducción, todo un reto. Me llevé el libro y comencé a leerlo, nunca me esperé que fuera una novela erótica. Movida por el impulso de dejarme llevar por la novela, la leí por las noches en la cama, imaginándome a Addam a cada página que pasaba, era una fantasía personal que habría de acabar tan pronto terminara de traducir el trabajo. Tras unos días de comenzar a traducirla, recibí una llamada.

-¿Hello?- escuché del otro lado… me quedé atónita por unos segundos mientras cambiaba el casette de mi mente por el de otro idioma.

Comencé a conversar en inglés, era él, no su representante sino él… olvidaba que le había dejado mi número en la tarjeta que le di a su representante, me imagino que se la había dado. Quería aclararme unas cosas de la novela, así que quedamos de vernos en el mismo café donde nos habíamos visto la otra vez. Apenas me dio tiempo de arreglarme, quería ver los avances ese día mismo, Me desvestí para cambiarme la pijama cuando sonó el teléfono de nuevo, era él… preguntaba muy cortésmente si mejor nos podíamos ver en mi lugar de trabajo, pues por lo visto le quedaba más cerca que el dichoso café. Ya que mi lugar de trabajo era una oficina en mi departamento escombré un poco y después de ponerme unos sencillos vaqueros y una blusa del color de sus ojos.

Llegó al poco tiempo, realmente estaba muy cerca. Bajé a recibirlo al portal de entrada, siempre con un trato de colaboradores. Subimos a mi departamento y él pareció sentirse muy incómodo al darse cuenta que se trata de mi casa… traté de reconfortarlo y nos hundimos en el trabajo. Fuera de unas cuantas miradas fugaces no sucedió nada, pero programamos citas cada algún día para ir checando los avances.

La siguientes dos citas pasaron en una semana, a veces me daba cuenta de cómo se me quedaba viendo cuando leía su novela, yo con la mira en la computadora, pensaría que es interés por su novela, pero el hecho de que estuviera en un idioma que él no podía comprender me decía lo contrario. Conforme iba terminando el trabajo las citas se hacían más largas y las pláticas más distantes del tema central de la novela.

Al poco tiempo llegó la última cita, aquella que antecedía a la entrega a su representante, de manera que, acongojada por no saber si seguiríamos viéndonos, me puse la misma falda que ese día en el bar: púrpura, suelta que me llegaba a los tobillos y una blusa blanca que remarcaba mi cintura y lo suficientemente delgada como para que se notara la textura de mis pezones cuando tenía frío. Llegó directamente al departamento. Él vestía un poco más arreglado de lo normal, pantalón de vestir, de esos que muy finamente muestran los típicos glúteos de un hombre de buen cuerpo, una camisa que denotaba lo que parecía ser un cuerpo más atractivo de lo que parecía cuando se vestía de vaqueros y playera. Olía delicioso.

Más sonriente que nunca, le ofrecí un café y me acompañó a la cocina para prepararlo. Busqué el azúcar en la alacena, se había terminado, así que me estiré lo más que pude para alcanzar el bote en lo alto para rellenar la azucarera, se levantó, me imaginé que para ayudarme a bajarlo (era mucho más alto que yo) tomó el azúcar rozándome con su cuerpo, le agradecí y comencé a bajar (pues estaba de puntillas) pero mientras tomaba con una mano el bote de azúcar, con su otro brazo me rodeó la cintura. Parecía que comenzaba una de esas escenas de su novela, sólo que a diferencia de los personajes, yo no era diestra en el asunto y hacía mucho tiempo que no practicaba ese arte.

Me quedé muda, había fantaseando tanto con eso, que realmente nunca pensé que llegara a pasar de verdad. Me giré hacia él con toda mi cintura ocupada por su duro antebrazo y su enorme mano, miré hacia arriba, lo miré a los ojos, más divertidos que nunca que paseaban por mi mirada como surcando mi deseo interior. Al no decir nada, al no quejarme, parecía que le acababa de dar permiso…

Me abrazó con su otra mano ya toda la cintura y me atrajo hacia él, yo estaba muy tensa, pero aún así subí la mirada cuando él buscó mis labios y cerré los ojos para cuando su nariz exhalaba a milímetros de mi cara, sentí sus labios besando los míos, esperando una reacción mía. Con mis labios apreté los suyos, se cayó la última pequeñísima barrera que quedaba entre nosotros y abrí la boca para besarnos apasionadamente. Sus manos eran autoritarias, pero aunque fuertes y enormes, sólo conocía sus caricias. Le acariciaba el pecho, comencé a bajar las manos mientras había hecho lo mismo hacía unos segundos y ahora jugaba con la firmeza de mis glúteos. Me aproximaba a una zona mucho más cálida que la de arriba, pero falta un poco aún para eso. Así que subí mis manos y acaricié su quijada, pronunciada y fuerte, nos seguíamos besando. Con el contacto de sus manos me comencé a sentir pequeña y delgada, pues con su estatura, su espalda y la fuerza que se veía contener, me parecía que mi cuerpo era para él este pequeño deseo manipulable que parecía estar hecho de cristal por la delicadeza con la que me tocaba.

Su mano rozó mi entrepierna y lo besé con mucha más pasión, catalizando la explosión de mi estómago y bajándola hasta donde comenzaba a humedecerme. Nos abrazamos, nos besamos, con fuerza, con una bondad furiosa que gritaba del deseo de arrancarnos la ropa y seguir esto desnudos.
Entretanto me cargó a la tarima donde preparo la comida, haciendo a un lado las tazas, haciendo que una rodara y callera al piso. Su tórax quedaba al nivel del mío y al abrazarlo con mis piernas me di cuenta que también otra cosa suya quedaba justo al nivel de mi clítoris. Le quité la playera, besé el vello castaño de su pecho, le abracé la espalda y mientras él me acariciaba y olía mi cabello.

-Vamos al cuarto-, le dije en inglés.

Él asintió, me besó y me cargó hasta donde él sabía ya era mi cuarto. Me tiró en la cama, pisando la orilla de la falda y sin querer tirando de ella y dejándome en bragas. Con mirada divertida por el nuevo hallazgo, tomó una de mis piernas y comenzó a besarla lentamente, acariciando mi entrepierna sobre las bragas a medida que subía. Mientras tanto yo acariciaba sus hombros, y exhalaba ruidos quedos de ansias. Subió de pronto y me quitó de un solo movimiento la blusa, mientras yo le quitaba el cinturón y le desabrochaba el pantalón, ya más justo por aquello que aumentaba de tamaño en su interior. Los pantalones quedaron encima de mi falda sobre el piso, sus zapatos y calcetines. Subió por completo a la cama acariciando con su nariz, su boca y su delicioso aliento cada centímetro de mi piel.

Con un movimiento se deshizo de mi brassiere, y con pasión acarició y saboreó mis erectos pezones mientras nuestras piernas se entrelazaban, haciendo que una de sus rodillas ejerciera cierta presión sobre mi pubis. Sentí un flujo de sensaciones vibrar de abajo a arriba. Nos besamos, nos abrazamos, nos giramos y quedé arriba de él besándole el pecho, el abdomen y el ombligo. Seguida por el deseo que inspiraban sus ojos bajé un poco más, le quité los calzones y dejé salir su miembro, para entonces totalmente erecto y comencé a acariciarlo con mi aliento, con cada exhalación, haciendo que se estremeciera todo su cuerpo.

Me puse en cuclillas y comencé a besar su glande, suave, terso, firme…él tomó mi cabello y me lo puso en mi espalda para que aquella cortina no le impidiera verme amarlo. Jugué con las texturas, las formas, las temperaturas y los sabores mientras exploraba esa parte de su cuerpo. Él parecía disfrutarlo como nada en el mundo, pero no tenía idea de lo que estaba por disfrutar. Subí de nuevo a su pecho, le besé los labios y mientras él me acariciaba la espalda y bajaba hasta mis glúteos es una caricia continua. En un arranque de deseo contenido, me giró y se puso sobre mí. Entre palabras dulces y respiraciones entrecortadas besaba mis pechos como un loco, bajó a mi vientre, deslizó mis bragas por mis piernas deshaciéndose de ella para con su barba acariciar mi entrepierna y con su lengua probar mi esencia. Sentí explotar mil cosas dentro de mí, acariciaba mis pechos, luego mis piernas, pero no detenía sus caricias con su boca.

Tras ruidos y gemidos pareció no contenerse, me besó desde el pubis hasta la frente y me miró fijamente cuando acercaba su miembro a mi clítoris. El leve rozar me hizo arquear la espalda misma que abrazó con sus fuertes brazos, besando mis pezones, succionando cual bebé mientras nuestros cuerpos comenzaban a fundirse. Se fue abriendo paso dentro de mí hasta que, llegando a fondo, pareció haber presionado un botón mágico que aceleró aún más las cosas. Ambos explotamos de deseo y aumentamos el ritmo, moviéndonos al unísono, como si nadáramos en sincronía.

El deseo aumentaba a cada movimiento que hacíamos, aumentó la velocidad, se agarró fuertemente de la cabecera, dejando ver sus musculosos brazos, mientras con el impulso se hundía más en mí. Aceleramos el paso hasta que la presión era tanta que era poco el movimiento que me permitía. Lo abracé con las piernas, dejándolo marcar el ritmo de la penetración, mismo que aumentó poco a poco.

Nos besamos con furia y le hice el gesto de voltearse. Se recostó boca arriba y me puse encima de él, mirándolo intensamente a los ojos mientras me sentaba en su miembro. Mi peso sobre su pene logró una profundidad mucho mayor que hizo que mis pezones se irguieran fuertemente, mismos que tras un gemido de placer se llevó a los labios como chupones. Con sus manos aprisionando mi cintura con fuerza comenzaba a moverme hacia donde mejor se sentía. Me incliné hacia él, lo besé, él me besó los pezones antes de que aumentara la velocidad, hasta que el movimiento impidió que siguiera besándome los pechos.

Comencé a moverme con furia, con pasión, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, de repente perdiendo la mirada por el placer del movimiento. Sentía más, y más cada vez más, roce, roce, se hundía, se encajaba, era delicioso, él me movía la cintura hacia delante y hacia atrás como un loco buscando saciar su deseo.

Llegó un momento en que no pude contenerlo más, la sensación aumentó demasiado, el movimiento no se detenía y sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida, lo estaba sintiendo, y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Tuve la intención de bajarme, pero me besó los pechos, mis pezones estaban más sensibles que nunca, de manera que de no ser por la suavidad de su contacto, habría sido molesto. Con cariño me giró, quedamos cara a cara, acostados sobre un costado en la cama, comenzó a acariciarme la cintura mientras su pene recuperaba su tamaño normal. Me acarició los pechos con una sonrisa en los labios, me besó, tomándome de la cintura, acomodó mi cabello, me acarició la cara.

-Eres hermosa- me dijo con palabras dulces.

Me acerqué a él, lo besé y le pregunté si quería un café y fui a prepararlo a la cocina mientras escuchaba cómo canturreaba una canción desde la cama.

Tras más sesiones trabajando juntos él se regresó a Inglaterra y yo me fui con él.

Autora: Fernanda

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Mi primo Alex en casa

Sentí su cabeza entrar en mi, poco a poco se fue abriendo paso para llegar hasta meterme toda la verga y comenzó a penetrarme, dolía un poco a pesar que él tenía el máximo cuidado, pero después sentí el placer y no quería parar, le dije que lo hiciera rápido, cada vez más rápido hasta llegar a comenzar a gemir, pero despacio para no despertar a nadie.

Hola, me puse como sobrenombre Ramone para ocultar mi verdadero nombre. Todos los nombres que pongo son diferentes pero empiezan con la misma letra. Así que esta historia es real y me pasó cuando tenía 18 años. Para ser sincero, tengo que decirles que no soy alguien con musculatura. Soy más bien de complexión media, no soy muy flaco pero tampoco gordo, un poco de nalgas eso si, y tengo de estatura 1.80m. Ojos cafés claro, pelo castaño oscuro y piel morena clara. Hace unos años, cuando vivía con mi padre y su esposa, un sobrino de ella fue a vivir con nosotros a Cozumel. El: un chavo de la misma edad que yo, de pelo negro oscuro, piel clara. Ojos café oscuro y una estatura de 1.75m. Como no había muchos cuartos se quedaría en el mío y dormiríamos en camas separadas.

Una noche me desperté para ir al baño y pasé junto a él, tenía puestos unos pantalones de mezclilla que le quedaban ajustados, no tenía camisa, su rostro mostraba inocencia y descanso. Cuando regresé del baño pensé en que su paquete estaba a mi disposición y que él no se daría cuenta. Me senté en mi cama que estaba separada a tan solo medio metro de la de el; desde mi lugar empecé a poner mi mano sobre su pantalón y sentía como la mano me temblaba del temor a que se despertara.

Cada movimiento brusco lo miraba a la cara y trataba de que no se despertara. Su verga de 19 cm. estaba durísima y no pude resistir la tentación de quitarle el bozal que tenía aquella bestia. Cuando estaba en mis manos empecé a masturbarlo, era una sensación extraña. Su pene comenzó a lubricar y yo también estaba mojadísimo. Entonces en un acto de locura me la metí a la boca, comencé a mamarla con todas mis ganas, ya tenía como seis meses que no estaba con nadie. Pero me olvidé de vigilar que no se despertara y puse toda mi atención a lamer cada centímetro de aquella dura verga que ante mi latía como corazón y me la metía todo lo que podía para tenerla en mi boca. Después de mamarle la cabeza y metérmela toda en la boca, escuché un suspiro… lo miré y tenía la cara llena de placer, entonces me miró con una sonrisa en la boca.

– ¿Por que te detienes?- preguntó Alex, mientras yo muerto de la pena trataba de esconder mi cara. – Yo… yo solo…- ¡No podia hablar! Estaba tartamudeando del nerviosismo.- Tranquilo no pasa nada, pero si continuas… te prometo no decirle a nadie, solo te pido que no me dejes así!

Yo no escuché más… regresé por más de ese sabroso trozo de carne; él me tomó de la cara y me hizo mirarlo, entonces me besó, yo regresé de ese beso hasta el lugar donde habia comenzado y seguí mi trabajo lamiendo su glande y dándole largas mamadas a toda su verga.

-Ven! Acuéstate…- dijo mientras me mostraba un pequeño espacio que quedaba al lado de él.

Yo le obedecí y cuando menos me lo esperaba me tumbó con rapidez y me quitó la playera que pareció desaparecer en la oscuridad del cuarto apenas iluminado por una luz que entraba de la calle, él besó mis tetillas y siguió bajando, yo sentía muchas cosquillas desde el cuello hasta la espalda y cuando llegó debajo del ombligo se topó con mi short, entonces comenzó a bajarlo lentamente y me miraba con travesura en los ojos.

Él se quitó también su pantalón y me dejó ver ese cuerpo… tan delicioso… apenas tenía las marcas del abdomen pero era suficiente para prenderme. Y aquello que tenía duro que me excitaba. Me levanté despacio hasta llegar a su boca y lo besé de nuevo.

-Tú comenzaste primo, ahora aguántate…-Pero, ¿de que hablas?- quise gritar pero apenas me salía la voz.-De que ahora mismo me entregarás aquello que no le has dado a nadie.

El estaba hablando de mi trasero. Y con gusto me senté sobre sus piernas y quedábamos frente a frente, nos besábamos y con un poco de saliva en su mano comenzó a lubricar mi pequeño ano, era extraño y divertido. Realmente no se como lo sabía, pero era verdad lo que decía, yo nunca había tenido sexo anal.

Sentí su cabeza entrar en mi, lentamente, y poco a poco se fue abriendo paso para llegar hasta meterme toda la verga. Se quedó así por unos instantes y después comenzó a penetrarme una y otra vez. El vaivén se sintió un poco raro al principio y dolía un poco a pesar que él tenía el máximo cuidado por hacerlo despacio y sin desesperación; pero después sentí el placer y no quería parar, le dije que lo hiciera rápido, cada vez más rápido hasta llegar a comenzar a gemir, pero despacio para no despertar a nadie.

Era una sensación magnífica era todo lo que quería, y mientras él me abrazaba por la cadera yo le tomaba de la nuca y lo acercaba a mí. Lo quería dentro de mi. Esa noche fue fantástica y por eso nunca la olvidaré.

-¡Me vengo!- dijo Alex. -¿Y que hago? –dije con inocencia. -Nada… solo quédate muy quieto, quiero disfrutar este momento…

Después sentí algo caliente dentro de mí y se quedó así dentro un poco más hasta que su verga perdió fuerza. Nos quedamos tumbados en la cama, él tenía su brazo bajo mi nuca.

-Alex…-¿Si? -¿Donde aprendiste todo eso? -No lo se… tal vez he visto suficiente pornografía y puro instinto.

Después de un momento nos levantamos y me dijo que se ducharía… le dije que lo esperaría pero que se apurara (él no tenía semen escurriéndole del culo.)

-¿Porque no nos bañamos juntos? – preguntó Alex. -¿Que? ¿Estás loco? -¿Por que no primo? Si ya nos vimos todo, ¿que más da darnos una ducha? -Tienes razón, pero prométeme que no le vas a decir nada a nadie. -Te lo juro.

Entramos al baño de puntitas para no hacer demasiado ruido y cuando entramos encendimos la luz. Miré ahora con claridad su verga que ahora no estaba firme como antes pero tenía ese aspecto sabroso de siempre…él me miró y sentí como su mirada se fijaba en mi culo y en mi paquete.

-¿Te recortas el vello?- dijo Alex mirando fijo a mi pene. -Si, es más cómodo. -Yo lo no lo he hecho últimamente pero también lo hago. -Ya lo creo, ¡apúrate! Metete a la tina para bañarnos.

Y estando en la tina nos sentamos frente a frente mientras el agua tibia caía y llegaba hasta nosotros relajando cada músculo. Y aunque la tina era suficientemente grande mi pie rozó sus bolas. Y no me había dado cuenta pero él si, se había quedado viendo fijo para abajo y le pregunté que tenía. Me di cuenta rápidamente de lo que había pasado…

-¡Perdón!. Te lo juro que no fue mi intención. -Olvídalo, no pasa nada. -Yo… – aparté la mirada de su cuerpo porque me di cuenta que él ya se había dado cuenta de mi mirada morbosa. -¿Que? Dime.
-Yo no… Bueno es que nadie lo sabe… y ya ves como es mi papá. -No te preocupes no le diré a nadie… es más, ahora no harás nada.

Se levantó de su lado de la tina y puso su rostro cerca de mi pene y no pude evitar tener una erección. El me mamó la verga y yo solo podía sentir placer, placer y el agua caliente cayendo sobre nuestros cuerpos.

Después del aquella ducha nos acostamos a dormir y hasta ahora parece que nadie se dio cuenta del incidente con mi primo, ahora cada vez que lo veo le saludo pero él solo sonríe, y yo sonrío ahora pensando en que una travesura me llevó a tener la mejor experiencia desde que soy bisexual. Pero como me ha gustado tanto decidí contarla ahora a ustedes que me han contado tantas.

Autor: Ramone

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Follada por dos policías

Alex abrió mis piernas, levantó mi faldita, con uno de sus dedos corrió mi tanguita, y sin ningún aviso empujó de un solo golpe más de la mitad de su verga, produciéndome un dolor inmenso y un grito por mi parte, se quedó un momento quieto, mientras pasaba sus brazos y tomaba mis hombros, empezando el mete y saca, que me producía una sensación entre dolor y placer que me fascinaba.

Me presento, mi nombre es Camilo, tengo 21 años, soy bisexual, muy morbosa y pervertida, me encanta vestirme de zorrita, perrita o putita, ropa de nenita muy insinuante. Soy principalmente pasiva, mi nombre de perrita es Dana, mido 1.69, buen cuerpo, pues voy 3 veces por semana al gym, buenas piernas y un culito redondo, paradito y apretadito, tez trigueña, cabello negro hasta los hombros, ojos miel.

Ahora si la historia, quedé con un chico que conocí por el Chat de ir a un café gay en mi natal Bogotá, así que aunque sólo fuésemos por un café, me preparé por si algo. Me depilé, me puse una tanga de hilo rosada, me puse unas medias de malla negras hasta medio muslo, ademas llevaba un bra tambien negro, para ocultar esto llevaba medias y zapatos de hombre, al igual que un jean y una chaqueta. En mi maleta llevaba unos sexys tacones negros transparente de aguja y plataforma de 15 cm de alto, al igual que una faldita negra que me daba hasta medio muslo, una blusita ombliguera de mangas largas color azul cielo, y por supuesto maquillaje de perrita caliente.

Todo iba bien, salí de mi casa y tomé mi transporte, al llegar me encontré con el chico del Chat, tomamos asiento quedando muy juntos en el sillón, disimuladamente le mostré lo que llevaba puesto y eso lo calentó, por ser un sitio gay había muchos hombres abrazados y besándose, en un momento Miguel (que era su nombre) me besó y con mucha cautela deslizó su mano derecha hacia mi culito, metió su mano en mi tanga y uno de sus dedos entró sin pedir permiso, mientras tanto mi mano izquierda acariciaba su verga excitada por encima del pantalón, Miguel me propuso ir al baño, y como los dos ya estábamos muy calientes entonces lo hicimos, al llegar entramos los dos a un cubículo y yo me senté en el retrete, con él de pie al frente mío, bajé su cierre, bajé sus pantalones y su bóxer.

En ese momento apareció su verga de 17 cm., no muy grande, pero con un gruesa cabeza, la cogí con mis manos y con mi lengua recorrí todo su falo, huuuuummm que rica estaba, luego con mis labios succioné por un par de minutos hasta que se vino en mi boca, líquido que yo no desperdicié y tomé hasta la última gota.

Luego de eso quedamos de vernos para follar, pues se tuvo que ir y me dejó caliente como una llama encendida, pero al despedirnos y yo salir con mis cosas a mi transporte, una patrulla de policía me detuvo y dos policías (muy lindos por cierto) me pidieron papeles que entregué de inmediato y adicional me dijeron que abriera la maleta, a lo cual me negué obviamente, entonces me retuvieron a la fuerza y mientras uno me tomó de las manos y me puso de cara a la patrulla, el otro tomó mi bolso y lo abrió dejando a la vista todo su contenido.

En ese momento me dijeron que me estaba arriesgando mucho, así que me pusieron mis manos en mi espalda con unas esposas y me entraron con fuerza a la patrulla. Uno de ellos se fue en la parte trasera conmigo, tomó mi bolso y lo vació frente a mí, además me dijo que debía sacar de mi interior a la puta dueña de esa ropa, cuando asentí con la cabeza, me soltó las manos.

Mientras yo hacía caso, nos dirigimos a las afueras en una zona nada concurrida, al bajar, pude verlos claramente, Fernando (quien iba conduciendo) era un hombre de unos 40 años, co buen cuerpo media, 1,75 cm., piel blanca, brazos fuertes y velludo, con una verga de unos 20 cm muy gruesa, Alex por su lado era un poco más alto 1,78cm, moreno, excelente cuerpo atlético, depilado, con una verga de unos 24 cm., no tan gruesa como la de Fernando pero si con una cabeza prodigiosa, gigante.

Ya vestida y maquillada me agacharon, se desnudaron quedando solo con sus botas y a la fuerza me llevaron mi cabeza para que mamara sus ya crecidas vergas, primero tomé la de Fernando y al igual que horas antes había hecho con Miguel, tomé su tronco y suavemente pase mi lengua por todo el tronco de su verga para terminar succionando su cabeza y sus huevos, el tratamiento fue tan bueno que antes de que acabara, me tomó de mi cabello fuertemente y me puso en la hermosa verga de Alex al cual me dediqué mucho más a su majestuosa cabeza, era deliciosa, mientras yo seguía en mi labor…

Los oí hablar sobre lo bien que se sentía y decidieron que se correrían en cara y en mi boca, yo gustosa accedí, y así fue que Fernando tras un poco más de atención por mi parte soltó cuatro chorros de caliente semen en mi boca y un último en mi cara, a los pocos segundos tras una última pasada de mi lengua por su cabecita, Alex soltó más de 6 chorros de caliente esperma en mi cara, con sus vergas me ayudaron a que todo su semen quedara en mi insaciable boquita.

Luego Alex me levantó, me tomó fuertemente de la cara, me besó y me dio la vuelta apoyándome en la patrulla, abrió con mucho cariño mis piernas un poco, levantó mi faldita, tocó mis nalgas sobándolas suavemente, con uno de sus dedos corrió mi tanguita hacia un lado, y sin ningún aviso empujó fuertemente metiéndome de un solo golpe más de la mitad de su verga, produciéndome un dolor inmenso y un grito por mi parte, un dolor agudo recorrió mi cuerpo, se quedó un momento quieto, mientras pasaba sus brazos hacia delante de mí y tomaba mis hombros, empezando el mete y saca, que me producía una sensación entre dolor y placer que me fascinaba.

Al pasar un rato de su cogida, me tomó fuertemente del cabello y llevó mi cara hacia la verga de Fernando su compañero y de esta forma me follaron varias veces, cambiando de posición, hasta acabar de nuevo en mi boca. Me dejaron en 4 en el suelo y siguieron follándome con más fuerza pero no tan rápido, y empezaron a tomar mucha agua, en cantidades exageradas. Lugo de un rato Fernando me metió toda su verga hasta el fondo y Alex tomó mi boca y me obligó a abrirla, Alex expulsó un caliente chorro de orín en mi boca y garganta, y me decía que debía beberlo, esa sensación de sentirlo en mi boca y mi cara fue exquisita e increíble, por otro lado casi al mismo tiempo en el que Alex expulsó el fuerte chorro, Fernando me tomó con más fuerza y soltó un chorro de orín en el interior de mi culo produciéndome de nuevo un dolor en mi interior, al intentar soltarme me tomaron con fuerza, pero después de un momento el dolor acabó y la sensación de tener ese río fluyendo por mi culito me hizo acabar.

Al terminar aquella sesión, ambos me ayudaron a limpiarme un poco, me ayudaron a cambiarme de ropa, obligandome a tener la tanga y las medias, luego me llevaron a casa y antes de dejarme bajar tuve que mamárselas.

Autor: Perrita_Hambrienta

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Ella, mi Marcela, sabe lo que hace

Mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella.

Hola, mi nombre es Alex, soy de Puerto Rico, pero llevo tiempo viviendo en Argentina. Estoy en pareja con una Argentina muy perra (como dicen aquí). Ella se llama Marcela y es hermosa. He visitado esta página y se me ocurrió la idea de mandarles el relato de cómo ella y yo nos conocimos para que lo publiquen. Claro que ella está de acuerdo.

Resulta que yo tenía un problema jurídico referido a mi trabajo; soy entrenador de básquetbol y no me dejaban entrenar por ser extranjero. No viene al caso pero era una locura. Unos amigos me recomendaron un estudio jurídico y yo allí fui. Al entrar vi sentada detrás de una computadora a una mujer despampanante, era verano, hacía calor y ella llevaba una blusa blanca muy ajustada con dos botones desprendidos.

Cuando se levantó a decirle a su jefe que yo estaba allí noté que llevaba una minifalda negra no ajustada pero muy mini que dejaban ver sus exquisitas piernas. Me presenté ante ella y le comuniqué cuál era mi problema. Me contestó que enseguida me hacía pasar. Esperé dos minutos en los que aproveché para mirarla mejor y entré. Hablé con su jefe sobre mi asunto y terminamos acordando una solución. Entonces más en confianza le pregunté cómo se podía concentrar con tan hermosa yegua.

Me contestó que no podía concentrarse sobre todo cuando le comía la polla (aquí le dicen pija o verga) debajo del escritorio. Juro que se me paró de golpe y como pocas veces pasaba. Salimos de allí y él le pidió a ella que me tomara declaración. Contestó que estaba muy ocupada y que si podía volver después. No me podía negar a un pedido de ella. Me fui a casa y esperé la hora de volver. La cita era para las 19:00 y aproveché para echarme una buena masturbada imaginándola desnuda. Se hizo la hora y partí para el estudio nuevamente. Al llegar allí me esperaba ella vestida igual que a la mañana.

Me recibió y empezó a preguntarme cosas como que de dónde era, edad y todo eso. En una de esas aproveché para preguntar si estaba su jefe. “No, sólo yo, él se va como a las 17:00 me deja las llaves y yo cierro cuando me voy” me contestó con su dulce voz. Se hizo ya tarde y se la notaba cansada. Habíamos pasado allí más de dos horas y…. nada. Fue a tomar otra taza de café y ya no había. “Me cansé” me dijo. “Vamos a mi casa? Allí es más cómodo que aquí y hay café”. Le contesté que me parecía bien. Ya no me hacía ilusiones porque nada había pasado entre nosotros, si bien me moría por tirármele encima. Caminamos como cinco cuadras hablando de todo un poco, muy entretenidos hasta llegar a su casa.

Subimos dos pisos por un ascensor y llegamos a su departamento. Abrió, entramos, estaba un poco desarreglado, había ropa hasta interior tirada por allí. Con muy poca vergüenza me pidió disculpas por el desorden alegando que era todo de su amiga que seguro había estado con su novio. Peor para mí, más sufrimiento, mi polla no daba más, quería salir pero no podía. Preparó algo de café y mientras se terminaba de hacer me dijo que me sentara en el sillón y fue al baño. Estuvo allí sólo un momento y al volver sirvió el café. Se sentó enfrente de mí con su dejó las piernas mientras miraba mi entrepierna. Tendrías que averiguarlo le dije. Entonces se paró y vino hacia mí.

Me empujó hacia el espaldar del sofá y se me sentó encima. Yo estaba durísimo. Me refregó la polla con su culo duro mientras me agarraba del cuello y me daba un beso que me dejó sin respiración. Sacó su lengua y jugó con la mía. Yo sabía que no había retorno, así es que dejé correr mi mano por su espalda hasta llegar a su culo y apretarlo salvajemente. Metí mi mano debajo de su mini y con dificultad llegué a su chochito, después busqué el cierre de mi pantalón y lo bajé. Saqué mi negro pedazo y lo hice rozar con su chocho. Ella me decía al oído que mi pedazo estaba muy caliente. Nunca me habían dicho algo así y yo solté algo de semen.

Ella se dedicaba a morder mi oído, mi cuello, mi pecho y yo tocaba su espalda. Me volvió a besar apasionadamente terminando con su lengua por mis labios. Se bajó de encima mío y se arrodilló. Yo quería tocar sus tetas pero ella tenía una idea mejor. Agarró mi polla con ambas manos, sacó el capullo y se mordió los labios mientras me miraba. Mi pene se humedeció aún más y ella me dijo; “mira este pedazo tan rico”. No más palabras, se dedicó a besar el capullo, a lamerlo, a pasar su lengua por todo mi tronco. Llegó hasta mis bolas, era una sensación increíble, sabía lo que hacía. Se las metió de a una en la boca. Después se dedicó a mi polla. La mordía, la besaba, pasaba su lengua por ella, mientras rasguñaba mis bolas. La empezó a mamar, me quería morir, la sacó de su boca y me preguntó si ya acababa, le dije que sí, entonces dejó de chupármela para sacarse la blusa y dejar sus tetas al descubierto, no llevaba corpiño.

Con una mano agarró mi pene y con la otra lo acomodó entre sus tetas. No podía creer lo que hacía. Allí estaba mi pedazo, ella apretó sus tetas e hizo subir y bajar por mi polla. Eran enormes. Mi pene llegaba a tocar su boca y ella la abría y sacaba su lengua. Así estuvo un rato hasta que le dije que me venía y así fue. Le acabé en la cara, las tetas y ella como si nada la seguía pajeando allí.

Cuando no quedó más semen por salir pasó la lengua por sus labios y se tragó el semen. Me dediqué a tocar sus tetas, eran redondas, grandes, cerca de la perfección, con mi dedo índice saqué el poco semen que tenía allí y se lo puse cerca de la boca, sacó su lengua y lo lamió con mucho morbo. Se paró y al oído me dijo que me quería dentro de ella. Me hizo parar del sofá y ella se puso en cuatro con sus manos apoyadas en el espaldar.

Le toqué el chocho para saber si estaba húmedo como para penetrarlo y así fue, estaba muy mojada. Agarré mi polla y la acerqué. Jugué un poco allí, acercándola, hasta que me dijo que se la pusiera de una vez y no la hiciera sufrir. Así lo hice, se la metí de un tirón, me impresionó como entró aunque ella gritó como si le hubiera clavado un cuchillo. Le dije ahora vas a ver lo que es gozar perra atorranta y ella me contestó diciendo entre gemidos “Cogeme”.

La arremetí con todo, mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella…

Desde aquélla noche hace como un año que no paramos de coger frenéticamente, créanme cuando les digo que ella es una experta mamadora de penes. Espero que les guste la historia y la publiquen, si es así les mandaré más historias porque hay muchas, muchas, muchas más y mejores también.

Autor: Alex

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Luis y yo VI

Luis estaba parado frente a mi y al ver mi pedido se acerca y pone su dura pija en mi boca y comienza a masturbarse, Isael me avisa que va a acabar. Yo aprieto mis glúteos para presionarlo y eso desencadenó un chorro de semen que mi culo no podía contener. La leche salía de mi culo a pesar que la pija de Isael tapaba la salida. Nadie había eyaculado dentro de mí tanta cantidad de semen.

En la playa.

Viajamos a Brasil para tener unas vacaciones diferentes. Elegimos una playa al norte de Brasil donde encontramos gracias a una recomendación, un lugar alejado de la ciudad y con un bungalow próximo a la playa que nos servía para descansar. Estando solos podíamos buscar nuevas sensaciones con nuestros cuerpos y gozar de nuevas emociones al aire libre.

La playa, el bosque, los médanos fueron los lugares donde cogíamos sin inhibiciones y al llegar la noche nuestra cama era el escenario obligado de nuestro placer extremo. Si bien la zona no era muy concurrida, de vez en cuando se veía pasar gente que caminaba por la playa.

Las salidas a la playa por la tarde terminaban casi siempre en sexo desenfrenado, tal vez por el clima, el agua tibia del mar, los alimentos o tal vez porque estábamos en un paraíso solo para nosotros. Todo ello nos excitaba.

Un día caminamos hasta un lugar donde el mar formaba una laguna y el oleaje era menor y un acantilado de un lado y los altos médanos del otro nos cubrían de miradas indiscretas. En Brasil Luis y yo usábamos zunga y eso marcaba mucho más el bulto de Luis, lo cual me calienta mucho.

Estando metidos con el agua hasta la cintura, Luis se acercó por atrás mío y lentamente me deslizó la zunga hasta descubrirme el culo. Yo dándome vuelta pongo mi mano en su bulto y noto una rápida erección. Inmediatamente le bajo la zunga y me sumerjo en el agua para empezar mi tarea. Bajo el agua pongo su pija en mi boca hasta casi ahogarme.

Vayamos a la orilla le digo. Ya sobre la arena tibia nos pusimos en bolas y yo me pongo en cuatro y espero la penetración deseada. Luis me dice: te voy a coger como una perrita. Yo separo mis piernas y levanto un poco mi culo. Sin perder tiempo y de un golpe Luis me la introduce por atrás hasta el fondo. Me coge fuerte y sus bolas golpean las mías con cada embestida. Es una bestia desesperada que eyacula y me llena de leche todo el culo. Luego de acabar, su pene recupera su flaccidez pero al rato su nivel de calentura vuelve y esa pija se vuelve dura al instante.

Al acabar veo a la distancia un hombre que viene caminando hacia nosotros. Decidimos irnos hacia el médano para ocultarnos de su vista.

Estábamos sentados observando el mar, cuando esa persona se dirige hacia nosotros. Al aproximarse veo que es un negro musculoso de 1,85 metros de altura, sin vello en su pecho, piel negra y brillosa, solo vestido con una zunga roja y…un tremendo bulto entre sus piernas.

En  idioma portugués nos dice (voy a escribir todo lo que nos dijo en español para evitar quitar interés al relato): ¿Como están ustedes?

Muy bien le decimos.

Supongo que sí, sobre todo por la forma que los vi coger. Hoy y los otros días.

Ninguno de nosotros podía negar sus palabras y nada de lo hecho.

Nos dice que él también acostumbra a coger en la playa y que le gustaría hacer un trío con nosotros.

Aceptamos su propuesta de hacerlo ya mismo, así que elegimos un lugar más apartado del mar, por detrás del médano en un lugar donde nadie pudiera vernos ni escucharnos.

Al llegar, Isael, así se llamaba el negro, empieza a menearse su bulto y cerrando sus ojos se comienza a excitar.

Yo me pongo de rodillas frente a él, y comienzo a deslizarle la zunga lentamente.

Frente a mí descubrí la pija más grande y negra que había visto en mi vida. En estado fláccido aún medía como 22cm y con un grosor de 8cm. Sus testículos estaban llenos y colgaban por detrás de su pene a la espera de descargar toda la leche acumulada.

Chupásela me dijo Luis. Yo corro su oscuro prepucio y aparece una roja cabeza que contrasta con el resto de su piel. Acerco mi boca a ese capullo y una rápida reacción no se hace esperar. Esa tremenda pija se endureció y creció frente a mí en cuestión de segundos. Para poder metérmela en la boca, tuve que abrirla tanto que casi no podía mover la lengua.

Isael se acostó boca arriba en la arena y su enorme pene era como un tronco negro que yo besaba desde la cabeza hasta sus bolas y mientras disfrutaba con sus ojos cerrados y me decía: así…así, más, sigue así.

Agachado sobre Isael, Luis se acercó por detrás de mí y me la introdujo diciéndome: voy a empezar a abrirte el culo para que Isael lo termine de romper.

Esto me calentó y al rato Luis se retira y me dice: veamos como se comporta mi putita con esa pija; siéntate sobre él.

De espaldas a Isael, comienzo a bajar sobre esa terrible pija. Pero antes de ello Luis me alcanza un frasco de aceite J&J de bebé para lubricarle el pene.

Lo hago con mucha suavidad y pongo un poco de aceite en mi culo.

Vuelvo a repetir la posición y ahora la introducción fue más fácil. Pero no sin dolor.

Terrible dolor. No puedo decir lo mucho que costó romperme el orto. A pesar que yo manejaba la situación y bajaba sobre ese terrible pedazo de carne, la introducción duró más de 15 minutos. Luis me separaba los glúteos y eso abría más mi culo a medida que yo bajaba. Al final esa pija atravesó el esfínter y se deslizó hasta muy adentro mío. No pude bajar del todo por el dolor y su pija quedó 5 cm afuera de mi orto. Comencé lentamente un movimiento de pone y saca. Isael quedó quieto mientras yo subía y bajaba y mientras lo hacía acariciaba sus testículos. Me gusta tu pija Isael, le decía, la quiero toda. Dame tu leche

Luis estaba parado frente a mi y al ver mi pedido se acerca y pone su dura pija en mi boca y comienza a masturbarse.

Al rato de movernos, Isael me avisa que va a acabar: me vengo!…me vengo!

Yo aprieto mis glúteos para presionarlo y eso desencadenó un chorro de semen tan fuerte e intenso que mi culo no podía contener. La leche salía de mi culo a pesar que la pija de Isael tapaba la salida. Nunca nadie había eyaculado dentro de mí tanta cantidad de semen.

Luis por su parte comenzó a gemir y en un instante me estaba tragando su leche tibia.

Al retirar Isael su pija, mi culo experimentó el orgasmo más intenso de mi vida. La leche de Isael salía de mi culo a chorros y yo acababa de rodillas con una cantidad de leche como nunca había visto.

Al terminar, quedamos en vernos esa noche en nuestro bungalow, pero Isael no vino a la cita. Nunca más supimos de él y volvimos a Buenos Aires sin tener ninguna pista. Pero me llevé el recuerdo de esa poderosa pija negra que me partió en dos esa tarde.

Por años tuve con Luis una relación sexual plena. El comenzó a salir con una mujer que yo conocí y Luis alternaba sus relaciones entre ella y yo.

Pero siempre me decía que yo era su putita preferida.

Los años pasaron, y ambos seguimos carreras universitarias diferentes. Un día me dijo que se iba a vivir a España con su mujer y desde ese entonces nunca más lo vi, aunque a veces nos comunicamos y revivimos los momentos de sexo que tuvimos juntos.

Tal vez algún día volvamos a vernos.

Fin

Autores: Alex y Luis

alex-y-luis@hotmail.com

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