Follé a mi hermana

Comencé a darle a mi hermana metiéndola hasta el fondo, mi hermana me grita que se estaba corriendo y comencé a soltar mi leche en su interior. Litros de semen inundaron su olvidada concha, llegándola a rebalsar, sus jugos y los míos escurrían por nuestras piernas, acabé y seguí dándole y ella disfrutando, hasta conseguir que ella acabara por segunda vez y yo también por mi parte.

A mis 42 años, separado, con un hijo de 14 que veía tarde, mal y nunca, debido a la distancia que nos separaba. Con mi ex, como se dice, el amor se acabó, optamos por lo sano y separarnos antes de que las cosas se complicaran, esto ya hace 7 años. Con una buena situación económica, dueño de mi propia empresa, un día amanecí cansado y decidí viajar a mi ciudad natal a visitar a mi familia y por supuesto a mi hijo. Dejé todo encargado y el martes, sin avisarle a nadie de mi viaje, tomé mi auto y me dirigí rumbo a mi ciudad. En vehículo, es como un día de manejo, pero como no llevaba apuro, me demoré dos en llegar a la casa de mi hermana.

Mi única hermana mayor, también separada, vivía en un condominio junto a sus dos hijas. Al llegar justo me encontré a la menor (18 años). Ella me reconoció inmediatamente y me llenó de besos y abrazos. Entramos en silencio a la casa para darle la sorpresa a Lucía. Ella estaba en la pieza viendo tv cuando mi sobrina entra y le dice que tiene un novio que le quiere presentar…Mi hermana con una cara un poco seria sale de la habitación y se encuentra conmigo. Dio un tremendo grito y me abrazó. Ese día cumplíamos casi 3 años sin vernos. Muy contentas con mi visita, me invitaron a almorzar las dos, preguntándoles sobre su vida y ellas sobre la mía. Les pregunté por mi hijo, y me dijeron que lamentablemente él con Andrea, mi otra sobrina, habían salido a la costa con unos amigos y no volvían hasta tres días más.

Me dio un poco de pena viajar tan lejos y no encontrar a mi hijo, pero en fin, la culpa había sido mía por no llamar antes. Les pregunté por algún buen hotel y ellas en conjunto, me dijeron que por ningún motivo, que me quedaría en el cuarto de Andrea y que llegando ella la harían dormir con mi hermana. A las finales fue tanta la insistencia, que me tuve que quedar. Me entregaron una copia de las llaves de la casa y me dijeron que me sintiera como en casa.

En la tarde, salí a visitar a unos amigos y uno de ellos me invitó a su casa, donde tenía una barbacoa en la noche. Me dijo que llevara a mi hermana. Llegué a la casa de mi hermana y la invité a que me acompañara a la noche a la casa de este amigo, que era común para ambos. Al principio no estaba muy convencida, pero junto con mi sobrina la convencimos. Ya en la noche, mientras mi hermana se arreglaba, mi sobrina me dio las gracias, ya que me dijo que Lucía, mi hermana, no salía nunca, solo se la pasaba en casa. Le pregunté a mi sobrina si después de Carlos, su ex, había salido con alguien más. Ella me dijo que solo con un tipo, pero de eso ya van casi tres años.

Mi hermana llevaba como 15 años de estar separada, y a pesar de sus 45 años, con dos hijas en el cuerpo, tenía un físico bastante interesante, anchas caderas, ojos verdes, grandes pechos y una muy marcada cintura. Sin embargo su forma de vestir siempre fue muy mojigata al igual que su forma de ser. Cuando salió de su habitación, venía preciosa, se había pintado y peinado muy moderna, aparte que se pudo unos pantalones blancos ajustados, con una blusa rosada que le sentaba de maravilla. Incluso siendo su hermano debo decir que me anduve excitando un poco al ver como se le veía ese ajustado pantalón blanco.

Nos fuimos a la casa de mi amigo. Comenzamos a charlar, ella con unas mujeres y yo con mis ex compañeros de curso, recordando antiguas historias etc. En distintos sectores del patio. Uno de mis amigos no le sacaba la vista a mi hermana y no pude culparlo ya que realmente se veía sensacional con esos pantalones. La velada fue transcurriendo, cuando suena el teléfono avisando que la madre de la dueña de casa había sufrido un infarto y que la llevaban al hospital. Como comprenderán, hasta ahí no más quedó la velada y cada uno tuvo que tomar sus cosas y marcharse.

Mientras conducía a la casa, le dije a mi hermana que pasáramos por ahí a beber algo, ya que era demasiado temprano para ir a acostarnos. A ella le pareció muy buena la idea y nos fuimos a un local a servirnos unos tragos. Conversamos de muchas cosas y no nos dimos cuenta como pasó la hora y cuanto habíamos bebido. A las finales nos reíamos de cualquier cosa en un notable estado de embriaguez. Mientras lo hacíamos, casualmente a mi hermana se le había desabrochado el botón de la blusa, dejando ver un muy generoso escote. Disimuladamente miraba como ese hermoso par de tetas formaba un canal que dejaría loco a cualquier hombre y yo, su hermano no escapaba de ellos.

Me sorprendió mucho como la mojigata de mi hermana con unos tragos encima, cambiaba su forma de comportarse, era más atrevida, hablaba con palabras vulgares en fin, era otra mujer. Me comentó que lo estaba pasando muy bien. Salimos del local y me dijo que no quería irse a la casa aún. Le pregunté que quería hacer y me dijo que le gustaría tomarse una botella de champagne en algún mirador, mirando la ciudad. A mi la idea me pareció fantástica, y pasé a comprar una botella y nos fuimos a un cerro donde se veía toda la ciudad. Conduje mi auto hasta la cima del cerro, ya que en el camino nos topamos con varios autos con parejas que no iban precisamente a mirar la ciudad. Llegamos arriba y estábamos completamente solos, quedando en una ubicación privilegiada, mirando toda la ciudad.

Nos bajamos del auto y cuando me disponía a abrir la botella, me dijo que le habían dado ganas de ir al baño. Pero como estaba oscuro le daba miedo, y como yo era de confianza haría al final del auto. Me sorprendió cuando no alcanzó a llegar atrás del auto y a pocos metros mío, se bajó los pantalones y los calzones y agachándose, lanzó un tremendo chorro. Como me daba la espalda no tuve la fuerza de voluntad de no dejar mirar ese gran culo blanco. Cuando terminó de hacer, se levantó y subiéndose sus calzones y luego el pantalón, con toda confianza, volvió. Le dije que yo también iría, a si que al igual que ella, me fui solo un poco más allá y dándole la espalda, me puse a orinar.

Abrimos la botella y comenzamos a beber. Riéndose me dijo que se sentía avergonzada, ya que ella les tenía estrictamente prohibido a las niñas que se fueran a meter a ese lugar y ahora ella estaba haciendo exactamente lo que les tenía prohibido. Le pregunté el porque y me dijo por que el hombre en lugares así, ya no se comporta como un caballero jajaja. Yo me reí y le dije que era egoísta… que entonces solo le gustaba a ella. Ella también se rió, – la verdad ya ni me acuerdo cuando fue la última vez. Continuamos bebiendo y a ella le dio un poco de frío. Me puse detrás de ella abrazándola por detrás, mientras me encontraba apoyado en el auto. Reclinó el cuello hacia atrás y me dijo que le gustaba mucho que yo hubiese venido. Mi verga al contacto con su tremendo culo, comenzó a despertarse y al poco rato la tenía completamente dura tras el culo de mi hermana. Era imposible que ella no la sintiera. Traté de pensar en otra cosa, pero me pareció que mi hermana con pequeños movimientos me movía su culo en señal de apruebo.

Muy suavemente yo también comencé a rozarme con ella. No nos decíamos nada, solo se escuchaba el viento moviendo las hojas de los árboles del lugar. Cada vez nuestros movimientos fueron aumentando y cuando ya ninguno de los dos podía decir que esos movimientos eran casualidad, apoyé mis labios en su cuello logrando un suave gemido de la boca de mi hermana. Éramos dos personas adultas, ambos separados, sin parejas y con deseos. Aparte de eso el ser familiares colocaba una gotas de morbo que hacían más excitante lo que estaba sucediendo. Ya tomándola fuertemente de la cintura, hice que ella sintiera en toda su magnitud mi erecto miembro rozando con sus nalgas

Ella a su vez, echó el culo más atrás aún, moviéndose y gimiendo igual como si la estuviesen penetrando. Eso fue la gota que rebalsó el vaso y sin pensarlo dos veces, me aferré a sus tremendas tetas Ella solo echaba el cuello para atrás, sin decir nada, dejando que con mis manos hiciese todo lo que yo quería. Logré llegar con mis manos por debajo de su blusa a sus tetas y corriendo su brassier me apoderé de esos hermosos y grandes pechos, con pezones grandes y duros.

Mientras jugaba con ellos, ella me decía, aún gimiendo que lo que estábamos haciendo estaba mal, por que éramos hermanos, pero mi oídos no prestaban atención Mis manos bajaron hasta su entre pierna. Ella con las suyas trató de detenerme, pero en un segundo yo ya había desabrochado su pantalón y bajado su cierre, encontrándome con algunos vellos que sobresalían de su diminuto calzón. Fue en ese momento que ella en un momento de cordura dejo de moverse y fuertemente trataba de sacarme las manos. Comenzamos una pequeña lucha, yo tratando de meter mis manos por debajo de su calzón y ella deteniéndome. La di vuelta y traté de besarla, más sólo fueron más forcejeos, ya que ella se oponía terminantemente.

Me di cuenta que ella se estaba molestando un poco y que si yo no paraba podría tomarse como violación. A si que la solté. Ella con las manos tras su cabeza se alejó de mi unos pocos metros y yo excitado y un poco molesto, encendí un cigarrillo. No nos dijimos nada durante diez minutos. Al final ella se acercó a mi lado y me dijo.

– Disculpa – No tienes de que disculparte – Al parecer las cosas se nos escaparon de las manos. – Parece que si – ¿Estás enojado? – No – ¿verdad? – No, de verdad que no – Dame un abrazo.

Nos abrazamos. Nos quedamos abrazados sin decir nada. Yo sentía sus pechos rozando los míos y mi verga que aún no se tranquilizaba, se juntaba con su pubis. Nuevamente comenzamos a movernos, rozando nuestros sexos, primero suavemente y después ya descaradamente. Mis manos se apoderaron de su hermoso culo, acariciando sus delgados pantalones blancos, sintiendo como su diminuto calzón se perdía entre su entrepierna, mientras ella me besaba en el cuello. Cuando trataba de besarla, ella me corría la boca y me decía que no. Después traté de bajarle sus pantalones blancos y nuevamente comenzamos el forcejeo que terminó con ella nuevamente separándose de mí. En ese momento me empecé a molestar y luego de unos minutos de silencio, le dije que sería mejor que volviéramos a casa. Ella se acercó a mí y trató de abrazarme, pero yo le tomé los brazos colocándolos a su lado.

– ¿Te enojaste? – Un poco – Pero debes entenderme, somos hermanos. – Pero tú también debes entenderme a mí. Eres una mujer muy hermosa, que se frota contra mí, ¡me dejas caliente! … ¿que quieres que haga! – Mira Ernesto… tú también me tienes muy caliente… pero no podemos hacer nada… somos hermanos. Me encanta sentir tu cosa entre mis piernas, pero no pudo dejar que me beses y menos que me bajes los pantalones, por que de ahí si que no te detengo. – Por eso, mejor no vamos – No quiero irme – Y que quieres entonces – Quiero que me abraces y me hagas sentir – ¿Y como quedo yo? – Hazlo por favor, pero no trates de besarme ni bajarme los pantalones

Ella nuevamente me abrazó y comenzó a besarme el cuello. Yo un poco molesto y más que caliente, me quedé tranquilo, sin tocarla, más esos besos que me daba en el cuello, más sentir sus tetas rozándome, me tenían loco y al poco rato mis manos nuevamente estaba acariciando sus nalgas y chocando nuestros sexos. Esta vez fue algo distinto. Ella comenzó a desabrocharme la camisa y a darme besos en el pecho, bajando lentamente. En mi imaginación pensaba lo que podría pasar, pero no me quise hacer ninguna ilusión, solo disfrutar el momento. Al poco rato, mi hermana estaba completamente arrodillada a mis pies, rozando su mejilla por sobre mi pantalón, dándome pequeños mordiscos sobre mi verga.

Comenzó a desabrocharme lentamente la correa y a bajar mi cierre. Tomándome de los pantalones, lentamente comenzó a bajármelos hasta dejarlos a la altura de mis rodillas. Nuevamente repitió la operación de rozar su cara y darme mordiscos sobre mi slip, mientras mi verga se movía con vida propia. Me dio una última mirada a los ojos, y lentamente me comenzó a bajar el slip. Como un resorte apareció mi verga a escasos centímetros de su boca. Admirándola por unos segundos, muy suavemente la tomó entre sus manos y llevándosela a la boca, comenzó a darme placer. Ver como mi verga entraba y salía de la boca de mi hermana me tenía muy caliente. Ella lo hacía muy lenta y suavemente, pero metiéndola muy adentro. Le pedí que la colocara entre sus tetas.

Ella sin sacársela de la boca, comenzó a desabrocharse su blusa y soltándose el brassier, la acomodó entre sus tetas. Mirándome directo a los ojos, me preguntaba si me gustaba. Yo entre grandes gemidos le decía que era maravillosa la sensación.

Nuevamente comenzó a chupármela, dándome un placer indescriptible. Le pedí que me dejara chuparle las tetas. Ella se levantó y tomándose una con su mano, me la dejó al alcance de mi boca, la que rápidamente comenzó a seccionar esos ricos pezones. Mientras le chupaba, mis manos amasaban su generoso y duro culo. Ella gemía de placer diciéndome que la chupara más y más fuerte.

Le pedí que me dejara tocarle su culo directamente. Ella me decía que no, pero bajo mi insistencia no le quedó otra cosa más que desabrocharse sus pantalones. La verdad le quedaba tan ajustados que apenas podía entrar mi mano. Sus nalgas estaba heladas, pero exquisitas. Le traté de bajar un poco más los pantalones y ella me detuvo. Le dije que así no podía tocárselas como yo quería por lo que ella misma se los bajó un poco más, dejando sus dos ricas nalgas expuestas en la oscuridad. Mis manos se deleitaron con esas nalgas duras apretándola, la verdad eran exquisitas y mi siguiente petición era que me dejara besárselas. A ella le gustó la idea y colocándose con las manos apoyadas en el capo del auto, me dejó mordérselas y besárselas a mi antojo. Más mis besos no sólo se centraron en sus nalgas, suavemente me adentré un poco más donde su calzón se tornaba húmedo y comencé a darle un buen trabajo de lengua.

Ella me decía que parara, más no hacía el menor intento por detenerme. Y cuando mi lengua se encontró con su clítoris, ya solo lo que escuché fueron gemidos. Me aventuré a bajarle los calzones y esta vez no obtuve ningún reproche. Ya con su cosita completamente expuesta mi lengua no se detenía, arrancándole grande gemidos que seguramente podían escucharse a la distancia.

Era demasiada mi calentura y de un solo movimiento, me levanté y le enterré mi verga hasta el fondo de su cosita. Un grito entre dolor y sorpresa salió de la boca de mi hermana. Me decía que no lo hiciera, que me saliera, más yo aferrado a sus nalgas la cabalgaba una y otra vez. Al poco rato sus súplicas de que la sacara se fueron acabando y pasaron hacer instrucciones…

– Si, sigue así ¡dame más! ¡Métemela más! ¡Más adentro! la quiero toda ¡así cabrón! ¡Métemela! ¡Más fuerte! Más, más…

Comencé a darle a mi hermana sin tregua metiéndola hasta el fondo y volviéndola a sacar, agarrado siempre de sus tetas. Cuando ya no aguantaba más, mi hermana me grita que se estaba corriendo y en ese momento comencé a soltar mi leche en su interior. Litros de semen inundaron su olvidada concha, llegándola a rebalsar, sintiendo como sus jugos y los míos escurrían por nuestras piernas.

Luego que acabé seguí dándole y ella disfrutando como por 20 minutos más, hasta conseguir que ella acabara por segunda vez y yo también por mi parte. Nos quedamos en esa posición unos minutos. Ella en 90° completamente echada en el capo del vehículo y yo acostados en su espalda, con ambos con los pantalones bajo nuestras rodillas.

Casi no nos dijimos nada. Nos arreglamos y nos subimos al auto y comenzamos a descender. En el trayecto yo pensaba en lo que habíamos hecho, pero ya era tarde y no había vuelta atrás. No hallaba las horas de llegar a la casa y estar solo en el cuarto. Ella entró primero a la casa y se encerró en la habitación y yo en la mía. Aunque estaba muy cansado, la conciencia no me dejaba dormir. Pero recordar el cuerpo de mi hermana, y como la había echo mía, me excitó nuevamente y me dormí masturbándome recordando cada momento vivido.

Al otro día cuando bajé, estaba mi hermana y mi sobrina tomando desayuno. Ambos tuvimos que fingir como que nada había pasado. Mi sobrina le preguntó a Lucía si se había caído, por que había encontrado sus pantalones blancos en la ropa sucia completamente sucios con tierra. Ambos nos miramos y nos reímos. Ella dijo que si se había dado un tremendo porrazo, que hacía tiempo que no se caía y que ya le estaba haciendo falta.

Mi sobrina no entendió, pero yo si…

Autor: Alexander

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La novia de mi primo

Ella se masturbaba con sus dedos mientras me la pegaba por el culito, luego le sujeté las manos para que no pudiera moverse y gozara más intensamente, no aguantábamos las ganas de gemir, me tumbé sobre ella y comencé a chuparle el cuello y la espalda, ella apretaba las nalgas, lo que me volvía loco de placer, ella comenzó a retorcerse por un orgasmo y yo bañé en leche su cálido culo.

Me llamo Daniel Velásquez y tengo 18 años, vivo en Caracas, Venezuela. Lo que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 18 años, vivía con mi mamá y mi primo, que tenía mi misma edad, él tenía una novia que se llamaba Samantha y tenía 18 años también, desde que nos conocimos, me impactó, es bonita y bien chévere. Desde que nos conocimos tuvimos una muy buena relación, en momentos pensé que la chama me estaba sacando cuadros, pero preferí pensar que me lo estaba imaginando, a veces salía con ella sin mi primo, nos hicimos muy buenos amigos.

Todo comenzó en mi cumpleaños 18, hice tremenda rumba, jodimos hasta el amanecer, ya casi todos se habían ido, mi primo estaba demasiado borracho y se había dormido, Samantha también estaba tomada, todos los demás se habían quedado dormidos, sólo quedamos ella y yo bebiendo y hablando en la sala. Esa noche había más gente pero ya estaban dormidos o desmayados de la borrachera, yo le digo que voy a buscar dos kurdas mas, y me voy a la cava que está en la cocina a buscar dos cervezas, cuando voy de regreso, está Samantha en la puerta de la cocina viéndome de una forma muy extraña.

– Daniel, ¿tú probaste la torta? – No, le respondí, extrañado por esa pregunta tan fuera de lugar… – Porque está muy rica – Me dijo mientras mordía una fresa sensualmente – Ah, que bien, la pruebo mañana

Tomó una fresa de la torta, le puso un poco de la crema y vino hacia mi, abrí la boca y me la comí, luego tomó otra y me dijo que se la diera en la boca, como estaba mareado no capté la indirecta y lo hice, por un momento me chupó la crema que me quedó en los dedos, ahí reaccioné y vi por donde venía la cosa.

– Está deliciosa, dame más – me dijo más provocadoramente que antes – Mira Sam, no creo que esté bien que nos estemos dando de comer fresas en la boca porque, tú sabes, que….

Me calló metiéndome otra fresa en la boca, me llenó los labios de crema y descaradamente comenzó a lamerla con su lengua, eso era más de lo que yo podía soportar, la agarré por la cintura y comenzamos a besarnos recostados del mesón, de repente recordé que no podía ser tan rata con mi primo y me separé de ella.

– Sam, no, tú eres la novia de mi primo, no podemos hacerlo, está prohibido. – No sabes como me excita que me digas eso, el saber que estamos haciendo algo indebido me calienta. – Acaso no quieres a Alexander, ¿porque haces esto? – Claro que lo quiero, pero tú me gustas demasiado, eso no cambia nada, él no se entera, y todos quedamos felices, yo sé que tú también me deseas.

– No, no sería como antes, no podría verlo a la cara sin recordarme de que lo traicioné. – Por favor Daniel, déjame darte tu regalo de cumpleaños, déjate llevar, ¿o es que acaso no te gusto?, te soy repugnante? – No Sammy, tú eres muy bella, y sí me gustas y te deseo, pero es imposible, no puedo hacerle esto a Alex…

Volvió a besarme, lo hacía tan rico, succionaba mi lengua mientras la masajeaba con la suya, que volví a perder el control, la recosté de la pared y comenzamos a meternos mano, su suave olor, su pasión, sus bellos ojos, todo me volvía loco por ella, me dejé llevar y ahora era yo el que la besaba, mientras deslizaba mis ansiosas manos bajo su faldita.

Me fue llevando hacia el cuarto de lavandería, allí nos encerramos y dimos rienda suelta a la pasión, la monté en la secadora y le subí la blusita y comencé a mamar esos deliciosos senos, ella estaba excitadísima, me rasguñaba la espalda, me tomó por los cabellos y volvió a besarme, yo comencé a lamerle el cuello, ella chupaba mis pezones y mi pecho.

Ya yo tenía el guevo durísimo, hasta levantaba mi pantalón, comencé a agarrármelo, mientras chupaba mi cuello y me mordía la oreja, metí mi otra mano bajo su falda y sentí que ya estaba mojada, le subí la faldita y le halé el pequeño hilo blanco que llevaba, comencé a olerlo, su aroma íntimo me enloquecía, tenía la cuquita rasurada y rosadita, tan exquisita como siempre me la había imaginado.

Metí la mano y le agarré la cuca, la tenía caliente y mojada por sus fluidos, le pasé los dedos y me los chupé, me encantó el sabor, así que me arrodillé y metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a lamerle la rajita, lo que la hacía retorcerse mientras se aferraba a la lavadora para no gritar, luego le metí la lengua y comencé a penetrarla y a mover la lengua en su interior, con esto la hice tener un orgasmo.

Luego le dije que era su turno de tomar su teterito, me recosté de la lavadora y comencé a sobarme el guevo bajo el pantalón, ella se arrodilló y me desabrochó el pantalón, me lo bajó y me dejo sólo con mi pequeño interior negro levantado como una carpa, también me bajó el interior, yo tomé mi erecto aparato y comencé a cachetearla con él y a pasárselo por la cara, el cuello y los senos, luego ella lo agarró y me dijo:

– Lo tienes un poco más grueso que Alex, parece que los hombres de esta familia están muy bien dotados. – Eso te lo podemos demostrar cuando quieras.

Al recordar que estaba a punto de hacerlo con la novia de mi primo Alexander, en vez de arrepentimiento, me excitó más la idea de que ambos nos gozáramos a la misma mujer, tomé a Sam por los cabellos indicándole que comenzara, ella entendió, dejó de masturbarme y comenzó a darme besitos en la cabecita del güevo, lo que me hacía temblar de placer.

Abrió la boca y le metí mi palpitante y venuda verga, cerró los labios alrededor de el, me apretó las nalgas y comenzó el movimiento, siguió mamándomelo por un rato, la idea de que me lo mamara como se lo hacía a mi primo, siguió calentándome, también me chupaba las bolas, chupaba vergas como una verdadera puta, ya debía tener mucha experiencia, no pude aguantarme más y le dije:

– Nena, ya me vengo, me estoy viniendo mamita. – Dame toda tu leche, quiero ver si sabe igual que la de Alex. – Tómate tu lechita caliente nena.

Finalmente me vine en un impresionante torrente de blanco y caliente semen en su boca, ella se lo tragaba, pero era demasiado y escurría de sus labios y caía en sus pechos, lo recogía con los dedos y se relamía de gusto, yo me encontraba débil y tembloroso por mi brutal eyaculación, volvió a engullir mi pedazo de carne y lo limpió perfectamente de los restos de semen.

Luego se levantó y me dio un tremendo beso francés, su boca aún sabía a mi semen, yo nunca lo había probado, pero no estuvo tan mal, me agarró el güevo y comenzó a magrearmelo, la miré a la cara y le dije:

– Que rico me mamaste el güevo mami, ¿sabes?, ya Alex me había contado lo buena que eres en la cama, y desde entonces cada vez que te veía, me imaginaba haciéndote el amor, aunque sabía que estaba prohibido.

– Tú me comenzaste a gustar desde que Alexander nos presentó, en realidad los dos son tremendos machos y me excitan mucho, y mi mayor deseo es que hagamos un trío sexual y yo sea la “víctima” de los hombres de ésta familia.

La sola idea de un trío volvió a parármelo igual o más duro que antes, me di cuenta de lo vagabunda que era Samantha y me decidí a darle lo que más le gustaba, la sujeté fuertemente contra la pared y comencé a besarla violentamente mientras mis dedos la penetraban sin piedad a su cuquita, estaba sumida entre el placer y el dolor.

Me volví como un animal salvaje, la olía, la lamía y la manoseaba hasta casi hacerle daño, mis manos dejaron marcas enrojecidas en su suave y blanca piel, a ella parecía excitarla, pues me pedía más, me dijo que mi primo y yo éramos igual de salvajes y sádicos en el sexo y que le gustaba sentir dolor y placer al mismo tiempo.

Nos fuimos deslizando por la pared hasta el piso, donde había un montón de ropa limpia, las acomodamos para improvisar un lecho y nos acostamos, ella estaba sobre mí, me besaba, me mordía y me rasguñaba, luego yo la volteé y era yo el que la besaba, en vez de tirar, más bien parecía que estábamos peleando.

– Ya Daniel, no aguanto más, quiero sentirte dentro de mí, quiero que el primo de mi novio me haga su mujer, hazlo, cogeme.

No aguanté dos pedidas, le separé las piernas, me puse en medio y de un solo empujón se lo metí completamente, ella ahogó un grito que evité tapándole la boca, ella comenzó a chupar mi dedo pulgar, comencé a moverme, ella tenía sus piernas alrededor de mi cintura y me apretaba para que le diera más duro, así lo hice, comencé a embestirla brutalmente, sin importarme si la lastimaba.

Yo me senté y ella se sentó sobre mí y me la seguí cabalgando, ella me halaba de los cabellos y se esforzaba por no gritar, unas lágrimas se escurrían por sus mejillas, las lamí y seguí con mi faena, ella se movía deliciosamente, era como una serpiente, lo que me daba más placer, tratamos de aguantar los gemidos, en cambio sólo se escuchaba la respiración acelerada y el rítmico impacto de nuestros cuerpos.

Así intentamos varias posiciones, hasta que me encontraba pegándomela sobre la lavadora, sentía la presión de mi semen subiendo desde mis bolas, le di unas brutales arremetidas finales que la hicieron quejarse y quedé convulsionando sobre ella mientras descargaba toda mi excitación, segundos después ella también tuvo un orgasmo al sentir mi leche caliente dentro de sus entrañas.

Sin embargo mi verga no había decaído después de eyacular, seguía tan tieso como antes, auque me dolían un poco las bolas, ella estaba tirada en el piso recuperándose de su orgasmo, estaba débil, a mí no me importó, ahora quería clavármela por ese culito tan lindo que siempre me había provocado.

La levanté, aún se encontraba adolorida y extasiada, la recosté de la lavadora dejando su trasero y mi disposición, separé sus preciosas nalgas y pude ver su pequeño y rosado huequito, mi machete estaba a millón, me metí dos dedos a la boca y luego se los metí en el culo, dio un pequeño salto y luego comenzó a gemir.

– Sí Daniel, quiero que me bombees por detrás, rómpeme el culo. – A eso voy mami, me voy a disfrutar este precioso culito, ya vas a saber lo que es sentir un macho por detrás, prepárate. – Si lo haces como tu primo, será mejor que me abra bien, o podrías partirme mi culito.- ¡Maldita sea!, deja de compararme con Alexander, el que te va a clavar soy yo, no él, además no es lo mejor que lo esté recordando mientras me cojo a su novia.

Ya me había hartado de que me comparara con mi primo, estaba tan molesto que le di una nalgada que le arrancó un gemido, luego otra, y otra, al final estaba azotándola, para que aprendiera a respetarme, debía tener un castigo por portarse mal.

– Me gusta que me pegues Daniel, hazlo, me porté mal, castígame. – Fuiste mala y eso merece un castigo – Sí, lo merece, nalguéame mas, haz que me arrepienta.

Después de un rato de estimulante sadomasoquismo, sus lindas y duras nalguitas estaban enrojecidas por mis nalgadas, ya yo estaba demasiado excitado y Samantha también, ella misma separó sus nalgas para darle entrada a mi güevo que estaba tan duro como nunca antes. Apunté hacia la entrada y lo fui introduciendo, al entrar la cabecita le tapé la boca para que no gritara, luego poco a poco se lo fui clavando.

Estaba tan estrecho y caliente que me sentía en el cielo, por fin le cupo todo, ella comenzó a moverse, me di cuenta que con ella no había que tener consideración y comencé a metérselo y sacárselo, después de un ratico ya no había roce, estaba lubricado y comencé a cabalgármela de nuevo.

Ella se masturbaba con sus dedos mientras me la pegaba por la puerta trasera, luego le sujeté las manos para que no pudiera moverse y gozara más intensamente, no aguantábamos las ganas de gemir, de gritar, pero no podíamos, me tumbé sobre ella y comencé a chuparle el cuello y la espalda, ella apretaba las nalgas, lo que me volvía loco de placer.

Seguimos un rato hasta ella comenzó a retorcerse por un orgasmo y yo bañé en leche su cálido culo, sus nalgas y su espalda, ella se lamió todo el semen y yo la obligué a que me limpiara la herramienta con una mamada.

Aunque estaba cansada, adolorida y débil, lo hizo tan bien como las anteriores, nos medio limpiamos, nos vestimos y salimos, aún estaban todos dormidos, a Sammy se le notaban tremendos chupones en el cuello, que yo le había hecho, así que fue al baño a limpiarse, si Alex le preguntaba, le diría que se los había hecho él en la noche.

Yo fui a darme una ducha, cuando terminé, me vestí y salí, estaba Sammy durmiendo con Alexander en el sofá-cama, me parecía increíble que Samantha y yo hubiéramos hecho el amor, era una mezcla extraña entre alegría, culpa, rabia, amor, había de todo un poco. Me fui a acostar, cuando amaneció, ya algunos se habían levantado, yo estaba en la cocina haciendo un café.

Llegó Samantha, se paró en la puerta de la cocina, ésta vez sin la pose y la mirada provocadora, me dijo:

– Daniel, estoy muy apenada por lo de anoche, yo estaba borracha y no sabía lo que hacía, pero yo amo a Alex y no quiero que esto cambie las cosas. – Claro que no Sam, por mí no va a salir nada, además tampoco me conviene. – Bueno, espero que seamos amigos como antes, yo te quiero mucho y no quisiera que por un momento de locura…ja ja ja

Al ver la torta por la que había comenzado todo, Sam y yo no pudimos aguantar la risa, le dije:

– Sam, por favor, yo sé que tu no estás ningún apenada, tu crees que yo soy gafo, tu estabas tan consciente como yo. – Es verdad, pero no recuerdo como se me ocurrió lo de la torta y las fresas.
– Fue una buena idea, tumbaste mis defensas de una sola vez.- No vale, en serio, vamos a dejar las cosas así y a seguir como siempre, no podemos dejar que Alex, se dé cuenta que pasó algo entre nosotros. – Claro, por mi no hay rollo, pero eso no quita que de vez en cuando haya otro momento de locura, verdad? – Ahhh, ¿cómo puedes insultarme de esa forma?, ¿crees que yo voy a seguir engañando a Alex cada vez que tú quieras?. – Bueno, perdóname, es que yo creí… – Era jodiendo, ja ja ja, claro que eso no quita que cuando haya otra oportunidad podamos repetirlo.

Tomó una fresa con crema de la torta, me la dio en la boca y se fue, ya no me sentía tan culpable como antes, pensé que el sexo era solo eso, mientras que ella lo amaba a él y yo amaba a mi novia, aunque estuviéramos peleados.

Más tarde se levantó Alexander, me notó los chupones del cuello y los rasguños, me dijo:

– Entonces, primo, la noche como que se puso buena después que me dormí ¿no?, ¿Quién fue la víctima ésta vez? – Ahhh, ehhh, una chama, sí, una chama. – Por supuesto que es una chama, pero cual, ¿la conozco? – No, llegó después que te dormiste, es la prima de Ángela, la chama que estudia conmigo. – ¿Y que tal es?, ¿está buena? – Si vale, está de rechupete, si hubieras estado despierto te la hubieras vacilado. – ¿Despierto?, ¿no le viste los chupones a Sammy?, se los hice anoche y no me acuerdo de nada en lo absoluto. – ¿En serio?, si parecía que te la ibas a comer ahí en el sofá.

Así seguimos Samantha y yo, tirando de vez en cuando, cuando teníamos oportunidad, Alexander nunca se enteró, pero terminó con ella unos meses más tarde porque quería a otra, entonces yo me la cogía sin ninguna restricción y todos terminamos felices.

P.D. (Sí, llevamos a cabo lo del trío, pero esa es otra historia)

Autor: Daniel

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