La caída moral VII

El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad. Jorge tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

Se inserta nuevamente en esta parte del relato, la visión de mi marido.

La observé y mi mente recorrió en un segundo años de mi vida, De aquella Ana nada quedaba casi, me dije. Una amiga leal, una novia hermosa, una esposa fiel y amante, una madre ejemplar Y ahora tenía esto ante mí. Una mujer madura de 39 años aun muy hermosa, despeinada, ojerosa, con olor a semen en su boca llegando a casa con la fiesta de cumpleaños de su hijo ya acabada y solo deseando irse a dormir.

-Necesito dormir. Me dijo. -Anda a acostarte Ana, del niño, de guardar la torta en la heladera y de los restos de comida me encargo yo.

Sin decir una palabra más se fue a dormir, ni siquiera pasó antes por el baño. Ni para orinar ni mucho menos asearse En silencio me dediqué a mis tareas y ya con mi hijo en cama y la casa medianamente aseada, me senté en el living a pensar.

Eran las 2 y 15 de la madrugada, encendí un cigarrillo y fijé mis ojos en la oscuridad cuando sentí que Ana se movía en la cama. Mi instinto protector, aun cuando comenzaba a odiarla, me hizo apresurarme al cuarto a ver que le sucedía. Y no, no le pasaba nada, solo cambiaba de posición. Las piernas ligeramente separadas me permitieron ver que venía sin bragas. Cerré la puerta y lloré en silencio en el pasillo.

Pasaron dos días sin dirigirnos la palabra, dos días en los cuales ella llegó a casa a la hora en que solía hacerlo antes del desastre de nuestra vida. Una noche mientras cenábamos los cuatro y sin mirarme a los ojos me dijo que por motivos de trabajo debía viajar a Rosario a una convención el fin de semana, y que era una obligación hacerlo pues de ello dependía su trabajo. Los chicos comenzaron a protestar hasta que levanté la voz y muy tranquilo dije: -Está bien Ana. De la casa me encargo yo. Un plan comenzó a elaborarse en mi cabeza y sin perdida de tiempo lo puse en acción.

Esa mañana siguiente llamé a la empresa donde trabajaba mi mujer y a la encargada del conmutador le dije que era de la comisión  de relaciones públicas y quería coordinar con ellos la cantidad de gente y horario de llegada de la delegación para tener preparadas las cosas.

La secretaria inocentemente respondio – ¡Ah! Ud. llama de Rosario entonces, ¿del Hotel Continental? -Si, si…me apresuré a decirle – Bien Señor…..eh, Señor ¿cuánto?  -Albornoz es mi apellido señorita – Bien Sr Albornoz, las personas son apenas 5. Tres caballeros y dos damas entre los que se cuentan, nuestro jefe, el Sr Jorge Mandelevite, su secretaria particular la Sra. Ana y tres ejecutivos de cuenta más. -Sabe Ud. decirme a que hora llegaran por acá el sábado? – No, no, debe estar equivocado Sr Albornoz, llegaran el viernes a la noche. -Ah, gracias, bien, bien, estará todo dispuesto.

Eso alteraba mis planes, pues ya habia encargado los niños a mi hermana para el fin de semana pero ahora debía agregarle el viernes a la noche. Por suerte no hubo drama y esta aceptó gustosa que se los dejara el viernes, sin hora definida. Llamé al hotel Continental de la ciudad de Rosario y reservé una habitación en planta baja. Mi mente trabajaba a mil, pensando, pensando, pensando…

A las 5 de la tarde del viernes Ana se despidió de nosotros con la valija lista. Me ofrecí a llevarla a donde fuera pero se negó argumentando que se juntaban en el departamento de la otra chica que viajaba para delinear estrategias antes del viaje. “¡Para delinear estrategias!”

En media hora había dejado los dos niños en casa de mi hermana y en una hora estaba en la autopista Buenos Aires-Rosario a más de 120 km por hora. Llegué a Rosario cuando apenas habia anochecido, me instalé en mi habitación, me duché y sin saber en realidad que más haría, salí al lobby del hotel a pedir una copa cuando de repente escuché la voz de mi mujer en la recepción que gritaba: -¡Jorge ! ¡Nosotras con Alicia queremos dormir juntas!

Logré esconderme tras una columna y el grupo no me vio. Logré escuchar que el avión les habia parecido muy pequeño, etc, etc, etc. Así que por eso casi me pillan en el lobby, ¡llegaron tan rápido porque lo hicieron en avión! Pensé.

El botones se dirigió al ascensor y las puertas se cerraron tras Ana, Alicia y el mismo. El indicador luminoso se detuvo en el piso 7. Otro botones con el jefe de Ana, Jorge, más los dos jóvenes también subieron hasta el piso 7. Muy bien, pensé, la fiesta será en el siete.

Esperé un tiempo preventivo y le dije al conserje que deseaba cambiar de habitación que quería una en el piso 7. No hubo problema y allá fui. Al bajar del ascensor se escuchaba la música y las risas de los 5 en una de las habitaciones. Me duché, fumé y mi mente trataba de decidir entre matarla o continuar el plan. Plan que no era tal en realidad, pues lo único que quería yo era ver que hacía ella en realidad. Motivo por el cual yo solo estaba provisto de una cámara digital de excelente definición y una filmadora de mano.

Minutos antes de media noche tuve suerte y escuché el ascensor que se detenía en nuestro piso y vi bajar a un mozo con 2 botellas de champagne. Abrí la puerta de mi habitación y este se sorprendió, momento en que aproveché para decirle: – Ahí adentro están dos de mis primos, me gustaría darles una sorpresa y llevarles el champagne yo mismo, pero vestido de mozo, claro que yo agradecería, si me permite Ud. hacerlo, con una propina. Y le mostré un billete de 100 dólares.

El muchacho sin decir una palabra entró a mi habitación con el carrito y comenzó a sacarse el uniforme en medio de bromas sobre la cara de sorpresa que pondrían al verme.

Me vestí en un santiamén y transpirando la frente me dirigí a la habitación. Era una suite. Golpeé y en medio de las risas logré escuchar un – ¡Adelante! Entré dispuesto a enfrentar a Ana y a quien fuera pero la escena me paralizó. Mi esposa y la otra chica con antifaces puestos yacían en uno de los sillones abiertas de piernas, totalmente desnudas y masturbándose mientras gemían como yeguas. Los tres tipos sentados a su frente reían y fumaban mientras se comenzaban a desvestir.

– Adelante chico, me dijo el jefe de Ana, Jorge, -Puedes dejar las cosas y si te gusta mirar algo que nunca olvidaras, puedes hacerlo, dijo entre las risas de los demás.

Miré a mi mujer esperando que me observara cuando me percaté que los antifaces no tenían agujeros para los ojos, por lo que su visión estaba totalmente nula.

– ¡Siéntate y descorcha las botellas! Me ordenaron. Y eso hice.

Uno de los muchachos, ya desnudo abrió una valija y comenzó a sacar de ella todo tipo de juguetes sexuales y un aparato para dar enemas, al tiempo que muy decidido comenzaba los preparativos.

Ana balbuceaba: – Jorge, quiero verga, por favor, ¿dónde estás?, quiero verga mi amor. A lo que este contestaba: -No, sos una señora casada y madre de familia. -Por favor mi amor, no me interesa eso, quiero leche, quiero verga, necesito ya mismo tener un orgasmo. -Aun no Ana. Recuerda que dijimos que sería especial esta vez y estuviste de acuerdo. – Ábrete el culo que Walter te dará una enema. Mi mujer lejos de amilanarse se acomodó y se abrió el culo mientras el otro muchacho con sus dedos le masajeaba los labios vaginales.

La otra muchacha parecía que iba a destrozarse la concha con sus propias manos. El tal Walter era un experto pues en menos de un minuto le habia colocado dos enemas a mi mujer y esta, solita sin mediar indicación alguna se colocó con el culo apuntando al techo y empezó a soltar el líquido de manera muy potente.

La escena era de una dureza extrema, restos de materia fecal volaban por el aire, entre los alaridos y los vítores de los demás presentes. Alicia se levantó y comenzó a lamer la concha de Ana mientras esta con un alarido tenía su ansiado orgasmo. El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad.

Jorge, se incorporó y tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, ¡cuando recordé que debía tomar fotos o algo! Encendí mi minifilmadora y nadie se dio cuenta debido a la tremenda calentura que tenían y al alcohol.

Le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

-¿Te gusta, perra? le dijo su jefe.-Si…me encanta…dejame chuparte la pija Jorge, Por favor…. -No, antes debes preguntar cómo está tu familia, Ana… -¡No, No, Eso No! respondio ella. Pero Jorge ya le alcanzaba su propio celular y esta lo tomaba. El marcó el número, pero claro, mi celular estaba apagado en mi bolsillo.

Ella lejos de sorprenderse comenzó a hablar. ¡A fingir! – Hola Germán, mientras la lengua de Alicia hacía estragos en sus pliegues y la pija de Jorge dibujaba círculos en sus mejillas.

-Hola amor, ¿cómo están los chicos? Yo estoy bien, recién llegamos y estoy con Alicia, mi compañera en una habitación para nosotras. – Bueno Germán, quedate tranquilo que estoy muy bien, dijo entre las risas sofocadas de los otros 4. Cerró el celular y lo arrojó lejos al tiempo que haciendo fuerza con su ano, liberaba los últimos restos de la enema.

-¡Listo, ya cumplí! Ahora cumplan Ustedes, gritó. Y comenzó una noche tremenda para ella. Yo filmaba con lágrimas en los ojos mientras nadie parecía percatarse de mi presencia.

Colocaron un embudo en el ano dilatado de mi esposa y todos comenzaron a orinar en el. Su culo sediento retuvo los orines de tres machos para luego expulsarlo a gran altura y con tremenda potencia. Ana y Alicia tomaban champagne del pico de la botella mientras gemían por más verga.

Comencé a retirarme y la última escena que pude ver fue a Ana empalada por el culo por el sable de Jorge mientras chupaba la concha de su compañera, que a su vez les lamia la pija a los otros dos.

-¿Como estarán tus hijos Ana? preguntó su jefe. Y esta respondió: -No me interesa en lo más mínimo. Solo dame otra enema porque me encantó…

Cerré la puerta tras de mi apagando la filmadora y me dirigí a mi habitación…

Continuara…

Autora: Ana.

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Diversión con mi cuñadita

Ángel seguía follando a Marta. De repente y con un espasmo, Ángel se corrió. Sin dar tiempo a nada, Jaime lo quitó y se puso él encima de Marta. – ¿Os lo pasáis bien, chicos? – les pregunté. – Esto es el paraíso – dijo Ángel- Tu cuñada tiene un coño fantástico, menuda puta. Cualquier tío estaría deseando follársela.

Hola a todos, soy Alicia. Os voy a contar el comienzo de una gran aventura.

Marta, la novia de mi hermano Pedro me parecía una chica de lo más mona. 22 años, rubia, 1,70 de estatura, poco pecho pero un culito extraordinario. Podría ser modelo si ella quisiera. Siempre era bastante recatada, vestía moderna pero sin enseñar mucho. Un fin de semana, mi hermano se fue de viaje con unos amigos a ver un partido de fútbol a Barcelona. Yo le dije a Marta que se viniese a mi casa a pasar el fin de semana y así podríamos salir las dos juntas por ahí. Ella accedió encantada.

El viernes por la tarde apareció en mi casa y cenamos algo antes de irnos a tomar algo. Yo había quedado con dos amigos, Jaime y Ángel, un poco mayores, tenían en torno a los 45 años, pero eran muy marchosos. Cuando llegamos al bar, ellos ya estaban allí. Hice las presentaciones oportunas y nos invitaron a una copa. Durante la noche fuimos de un bar a otro, riéndonos de tonterías, comentando cosas sin importancia, vamos, lo que suele ocurrir un fin de semana.

Fuimos también a un pub en el que sale la gente a bailar y allí estuvimos bailando los cuatro. Yo veía que ellos miraban mucho a mi cuñada, aunque no se propasaban en absoluto, supongo que por respeto a mí. Le pregunté a Ángel qué le parecía Marta, y él me respondió: – Parece una chica muy simpática y es muy guapa. Tu hermano tiene mucha suerte.

Así iba transcurriendo la noche, entre baile y copa. Pero llegó un momento que las copas fueron muchas y Marta no está acostumbrada a beber. Yo la notaba un poco afectada por el alcohol. Yo me encontraba eufórica y me empezó a atraer Marta de una forma que no me había ocurrido nunca. Marta empezó a encontrarse mal y me dijo que la acompañase al baño. Allí echó todo lo que se había bebido. Me dijo que se encontraba muy mal y que quería volver a casa, al momento se quedó inconsciente. Se lo dije a Ángel y entre él y Jaime cogieron a Marta para llevarla a su coche. Ellos se reían de la situación y comentaban:

– Joder con tu cuñada, vaya borrachera que ha pillado. – Si la ve tu hermano así.

La subieron al coche y nos llevaron a mi casa. Cuando la sacaron del coche para subir a mi piso, vi como entre ellos se miraban y sonreían. Me fijé en que Ángel tenía su mano en el culo de Marta e hice como que no me daba cuenta. Aquello me excitó muchísimo, ver cómo estaban metiendo mano a la novia de mi hermano delante de mí. Les dije que la echaran encima de la cama. Marta seguía dormida sin enterarse de nada. Entonces les dije: – ¿Podéis ayudar que le quitemos el sujetador para que no le oprima. Le quité el sujetador y aparecieron sus pequeños pero hermosos pechos. Ángel y Jaime estaban sin habla.

– Venga chicos -dije- quitadle el tanga a esta zorrita.

Sin pensarlo dos veces, Jaime empezó a bajarle el tanga muy despacio. Allí estaba la novia de mi hermano desnuda completamente. Yo empecé a acariciarle los pechos y a pasar la mano por su coñito.

– Preciosa -dije. – Ni que lo digas -dijo Ángel. Dirigiéndome a los chicos, les dije: – Si queréis, os podéis divertir un poco con ella. Se agacharon y empezaron a tocarla y ha besarle por todo el cuerpo. Estaban enloquecidos sobándola. Yo me fui al salón a por unas cositas y cuando volví, ellos seguían a lo suyo. – Creo que vais a necesitar esto -les dije, mostrándoles dos condones.- ¡Ostia Alicia! -dijo Ángel- ¿Seguro? – Seguro, quiero ver como se follan a la novia de mi hermanito dos hombres como vosotros.

Ángel y Jaime se desnudaron rápidamente. Tenían las pollas a cien. Primero Ángel se puso encima de Marta y empezó a follársela. Marta empezó a moverse y yo la tranquilizaba. – ¿Qué pasa? -dijo Marta.

– Nada -le dije- Les he dicho a los chicos que jueguen un poco contigo, sólo para compensarles el habernos traído a casa. – Perooo.. nooo – protestaba Marta. – Venga Marta, déjalos. Se lo están pasando muy bien contigo. Mientras, ajeno a lo que hablábamos, Ángel seguía follando a Marta. De repente y con un espasmo, Ángel se corrió. Sin dar tiempo a nada, Jaime lo quitó y se puso él encima de Marta. – ¿Os lo pasáis bien, chicos? – les pregunté. – Esto es el paraíso – dijo Ángel- Tu cuñada tiene un coño fantástico, menuda puta. Cualquier tío estaría deseando follársela.

Marta sólo gemía, yo creo que estaba disfrutando también. Jaime terminó corriéndose también. Dejamos a Marta en la cama y salimos a tomar una copa al salón.

– Esto hay que repetirlo -dijo Ángel. – Creo que después de lo de esta noche, Marta va a ser mi sumisa putita. -les dije.- Ya lo veréis.

A la mañana siguiente, Marta vino hacia mí y me dijo:

– ¿Por qué me hicisteis lo de ayer? No está bien. – He decidido que vas a ser mi perrita. Ayer te lo pasaste mejor que ellos. ¿Verdad? – Yo no, no quería. – ¿Vas a ser mi perrita, verdad Marta? – Bueno, pero no le digas nada a tu hermano. – Será nuestro secreto.

Al fin de semana siguiente quedamos para salir mi hermano, Marta y yo. Llamé también a Ángel y Jaime para que vinieran, les dije que había quedado con Marta y con mi hermano y que seguro que nos lo íbamos a pasar muy bien. Ellos estuvieron encantados de venir. Quedamos en un bar, les presenté a mi hermano. Marta estaba avergonzadísima y no abría la boca. Ángel y Jaime actuaban como si nada hubiese pasado. Yo le susurré a Marta al oído: – Ya sabes que eres mía, así que harás lo que yo te diga.

El bar estaba muy concurrido y nosotros estábamos los cinco de pie. Le dije a Jaime: – Tócale el culito a Marta, que hoy ha venido muy guapa.

Marta llevaba una faldita rosa. Estaba al lado de mi hermano y cuando notó la mano de Jaime en su trasero dio un ligero sobresalto.

– ¿Qué pasa? -le dijo mi hermano Pedro. – Nada, nada. -le dijo Marta.

Aquello era muy morboso, un tío tocándole el culo a mi cuñada delante del cornudo de mi hermano que no se enteraba de nada. Fuimos a otro bar que era de un amigo de Jaime. El dueño era un hombre de unos 50 años. Marta me miró avergonzada y sonrojándose.

– Hola Alicia -me dijo Roberto, dándome dos besos. – Hola -le contesté- Así que quieres conocer a mi cuñadita. Alicia ven aquí.

Alicia se acercó, le di la vuelta y le dije que se agachara apoyándose en una mesa. Le levanté la falda y apareció su maravilloso culo cubierto por una braguita rosa.

– Bonito ¿verdad? -les dije- Ya que eres amigo de Jaime voy a dejar que te la folles, pero con condón. – Yo no follo con putas -dijo Roberto- Mejor que me haga una buena mamada. – Marta, ya has oído.

Marta se giró y empezó a chuparle la polla. Aquello era digno de ver. La novia de mi hermano chupándole la polla a un tío de 50 años mientras otro tío y yo la mirábamos, y mi hermano afuera hablando de fútbol. Cuando Roberto se corrió, Jaime dijo: – Pues yo si que follo con putas, así que date la vuelta zorra.

Jaime se la folló rápidamente, pues afuera nos esperaban. Cuando salimos, Pedro y Ángel seguían hablando sin percatarse de nada. Pedro quiso pagar y el camarero, Roberto, le dijo sonriendo que estábamos invitados. Pedro dijo: – Que tío más majo tu amigo Jaime, nos ha invitado, habrá que venir más veces. No sabía que su novia Marta había pagado la cuenta con creces.

Cuando nos íbamos a ir a casa, Jaime le dijo a Pedro: – Deja que las chicas se vayan en el coche de Ángel. Tú y yo vamos en mi coche nuevo.

Ángel y Jaime ya lo habían hablado. Cuando llegamos al coche de Ángel este me dio las llaves y me dijo que si no me importaba conducir. Ángel cogió a Marta y se sentaron en los asientos traseros. Vi como empezaba a tocarla y luego la agachaba para que le chupara la polla. Antes de llegar donde habíamos quedado con Pedro y Jaime, paramos y Ángel se puso de conductor.

Esto fue el comienzo de una gran aventura que ya os iré contando.

Besos.

Autora: Alicia

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Una vieja amiga

Tan caliente iba Amanda que se giró lo que pudo y me pidió que se la metiera por detrás, dijo que ese era el día adecuado y que nunca se había sentido tan a punto. No vacilé ni un segundo y después de acercarme a ella para darle un beso en la boca, empecé a prepararla. Alicia no dejaba de comerle el coño mientras yo fui metiéndole primero un dedo y luego dos por su culo totalmente lubricado.

Hola a todos, este es el primer relato que enviamos después de haber leído unos cuantos. Os contamos una experiencia que tuvimos este verano, que fue muy, muy morbosa.

El verano ya se había asentado por completo y el calor empezaba a ser sofocante en la ciudad ;yo no había salido de casa en toda la tarde ya que había trabajado por la mañana y el solo hecho de mirar por la ventana como la gente caminaba siempre en busca de la sombra ya me echaba para atrás. Sin darme cuenta se hicieron las ocho de la tarde y entonces me acordé que le había prometido a Amanda que esa noche le iba a preparar algo especial para cenar.

Amanda es mi chica, como a mí me gusta llamarla, y es el motor que mueve mi vida. Desde que nos conocimos nos dimos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro y poco a poco nos lo vamos demostrando. Yo creo que es esa mezcla de inocencia y malicia que tiene lo que me vuelve loco. Amanda es una preciosidad de mujer de esas que ponen nervioso a todo hombre con un poco de sangre en las venas. No muy alta, morena, ojos marrones increíblemente expresivos, carita de niña buena, un cuerpo que anuncia sensualidad por todos los costados y una manera de moverse que me hace enloquecer.

Me levanté del sofá sabiendo que aún tenía una hora hasta que llegara Amanda a casa y me decidí a empezar a preparar la cena. Tenía ganas de sorprenderla pero el calor y la pereza me impedían pensar con claridad. Anduve un rato por la cocina pensando qué hacer hasta que me vino la inspiración: íbamos a estrenar la fondee. Teníamos un par de fondees en casa y aún nunca las habíamos usado así que ya tocaba. Pensé que eso sería muy fácil de preparar y entonces decidí arreglarme primero.

Me quité los shorts que llevaba y me quedé desnudo en la habitación mientras hacía la cama en la que tan a gusto me había echado la siesta. Mientras me movía por nuestra habitación noté que mi cuerpo sudado olía bastante a hombre y decidí ducharme a pesar de que sabía que a Amanda le volvía loca ese aroma a sudor. Todavía desnudo y con el agua ya cayendo por la ducha me quedé mirándome en el espejo del baño. Llevaba un tiempo sintiéndome bastante atractivo desde que había vuelto a empezar con el deporte.

Se me marcaban los músculos del pecho y abdomen y el rasurado de mi cuerpo me parecía atractivo hasta para mi mismo. La noche anterior Amanda se había dedicado a rasurarme pecho y pubis dejando solo la sombra del pelo que antes tenía y le había quedado muy bien. A ella le gustaba mi cuerpo viril tal y como era pero también le encantaba pasarme la máquina por todo mi cuerpo. Siempre me decía que le excitaba mucho estar con mi polla en la mano mientras me rasuraba y que no podía evitar mojar sus braguitas mientras lo hacía. Pensando en todo eso sentí como me estaba poniendo cachondo y como mi polla había crecido ya que estaba rozando la encimera del baño.

Miré el reloj y dándome cuenta de que era ya tarde, y muy a mi pesar, decidí no masturbarme pasando por encima del calentón repentino que me había asaltado. Supuse que mi cuerpo aguantaría hasta después de la cena. Me duché en un instante ya con mi polla en su estado natural y me vestí solo con unos tejanos y unas sandalias de dedo. No me quise poner camisa para resultar así más sexy para Amanda aunque si me preguntaba pondría el calor como excusa.

Eran ya casi las nueve y Amanda estaría al caer así que empecé a preparar la cena. Preparé una ensalada bastante completa para empezar y luego ya me centré en la fondeé. Creí que con la ensalada bastaría y que después ya podríamos empezar con un abundante postre de chocolate y frutas. Empecé a pelar y cortar la fruta; naranjas, plátanos, fresas, manzana, etc…. y entonces me di cuenta que por la ventana asomaba la lluvia. Como la semana pasada, otra vez una de esas pesadas tormentas de verano. Caía con mucha fuerza y me quedé embobado viendo a la gente correr para resguardarse cuando el timbre me despertó totalmente. Dejé el cuchillo en la encimera, me sequé las manos con un trapo y fui a abrir a Amanda. Me miré en el espejo de la entrada y dándome el visto bueno a mí mismo, abrí la puerta.

Ante mi sorpresa, que dudo que supiera disimular, Amanda no venía sola. La acompañaba otra chica a la que yo jamás había visto. Enseguida me di cuenta de que la camisa que no me había puesto hubiera sido necesaria en esa situación pero el beso que me espetó Amanda en la boca me devolvió a la realidad.

– Hola cariño.- Hola princesa. Mm….esto…no sabía que…- Tranquilo, yo tampoco lo he sabido hasta hace un rato – dijo Amanda mientras se giraba para sonreír a la otra chica – mira, esta es Alicia, ¿creo que alguna vez te he hablado de ella, verdad?- ¿Alicia? No sé, ya sabes que soy un despistado. Encantado Alicia – mientras nos dábamos dos besos-.

Fue al besar a Alicia cuando me di cuenta de que tanto ella como Amanda estaban completamente mojadas por el chaparrón que acababa de caer. Supuse que les había pillado en media calle y sonreí para mí recordando a toda esa gente resguardándose debajo de los balcones. Tengo que admitir que en ese momento bendije la lluvia ya que la ropa de Amanda y de su acompañante estaba calada. Las dos iban muy parecidas de ropa y sus camisetas de tirantes empapadas dejaban entrever sus sujetadores con facilidad. El pelo les chorreaba dándoles aspecto de sirenas recién salidas del mar y sus caras rezumaban juventud con esas gotitas de agua en la frente y el rímel un poco corrido.

Sin poder evitarlo bajé la vista y entonces vi. lo mejor. Amanda llevaba una falda tejana muy corta totalmente pegada a sus piernas y Alicia unas mayas blancas de verano más que sexys. El agua hacía que se le arraparan aún más al cuerpo y pude ver como de tanto que se le pegaban se le notaba la rajita de su sexo. Espero que solo fuera un segundo pero a mí me pareció eterno, me detuve en esa imagen y dudaba DE SI llevaba tanga o si iba sin nada pues su coño quedaba prácticamente al descubierto a pesar de llevar pantalones. Que cachondo me acababa de poner con solo ver a esas dos bellezas delante de mí.

– Pero pasad, pasad, no os quedéis ahí.- Hombre, ya era hora – dijo Alicia provocando la risa de Amanda- creía que nos habíamos equivocado.- Corre cariño, tráenos unas toallas que venimos empapadas.

Pasados ya unos minutos la situación ya empezaba a calmarse. Se estuvieron secando un rato largo en el comedor mientras me iban explicando que Alicia era una vieja amiga del colegio de Amanda y que pasaba por la ciudad y se había decidido a hacernos una visita. Yo las seguía escuchando pero no podía evitar mirarlas al mismo tiempo con mucha excitación. No puedo negar que Amanda estaba preciosa secándose pero supongo que es normal por la novedad que mis ojos se centraran en Alicia. Era una chica preciosa también, de esas que podrían salir en las revistas si quisieran.

Creo que era algo más bajita que Amanda aunque las botas lo disimulaban, tenía el pelo largo y castaño y un cuerpo de escándalo. Poco a poco me fui dando cuenta de lo buena que estaba. Intentando disimular para que Amanda no se percatara, fui recorriendo su cuerpo palmo a palmo, tenía unas tetas bastante grandes y un culo pequeño que parecía muy duro. Mi mente ya iba a mil y en ese momento me quedé de piedra cuando veo que las dos se quitan la camiseta de tirantes haciendo como si yo no estuviera ahí.

– Las voy a poner a secar mientras cenamos y así mañana te la llevas seca ya.- OK. ¿Pones también mis mayas?- No hay problema. Ahora te traigo algo mío para ponerte.

No me lo podía creer, Alicia se estaba bajando esas mayas blancas allí mismo en el comedor de nuestra casa. Me giré instintivamente para darle algo de intimidad pero antes pude ver que llevaba un tanga muy pequeño que dejaba muy poco a la imaginación. Aún girado, esa imagen permanecía en mi cabeza hasta que Amanda se me acercó y me dijo que preparara unas copas para los tres. Desperté de repente de ese sueño y me fui a la cocina a por hielo y unos vasos. Allí me di cuenta, joder, estaba empalmado y por las risas que oía desde el comedor deduje que las dos lo habían notado. Me calmé como pude no sin dejar de preguntarme que demonios estaba pasando y que realmente a veces la realidad supera la ficción.

Aparecí de nuevo en el comedor ya algo más relajado y con tres vasos de Martini en una bandeja. Amanda y Alicia ya estaban prácticamente secas y sentadas en el sofá. Llevaban las dos una falda muy corta de verano y habían decidido quedarse en sujetador pues el calor en casa era bastante insoportable.

Allí estábamos, mi chica, una desconocida (al menos para mí) y yo; los tres sin camiseta. Amanda y Alicia empezaron a hablar entonces de mil historias del pasado de las que pude sacar en claro que habían sido muy amigas en un tiempo pero que la distancia y la vida las había ido separando. Contaron mil anécdotas y yo las seguía en su conversación más movido por el morbo de esa situación que por los temas en sí.

Supongo que para ellas era normal estar con sus tetas casi al aire una enfrente de la otra pero a mí me parecía eso una película porno. De vez en cuando soltaba algún comentario para que no se olvidaran de que yo también estaba allí y para ser sincero, las dos reían mucho con lo que decía y eso hizo que cada vez me sintiera más cómodo. Bueno, eso y los tres Martini que ya llevábamos encima. Fue entonces cuando les propuse cenar ahí mismo ya que lo que había preparado no necesitaba mesa. A las dos les pareció bien y me pidieron que me encargara yo de preparar lo que faltara ya que ellas aún tenían mucho que contarse.

Estuve unos cinco minutos en la cocina calentando el chocolate ya que había decidido pasar de la ensalada. En ese tiempo no dejé de escuchar la conversación de Amanda y nuestra invitada. Al haber desaparecido yo, se habían lanzado a hablar de sus novietes de juventud y de lo malas que eran con ellos. Normalmente no soporto oír a Amanda hablar de sus exs pero esta vez me resultaba morboso oírlas a las dos comentar la jugada.

Volví al comedor y puse sobre la mesa la fondee y la fruta. A las dos les encantó la idea y Amanda me besó en la boca para dar su aprobación. Alicia se nos quedó mirando sonriendo y acto seguido comentó que hacíamos una pareja muy bonita. Nos comimos la fondee entre risas ya que nos estábamos pringando mogollón de chocolate y no dejamos de beber Martini ni un momento. Yo ya decidí desinhibirme del todo y les comenté que era la mejor cena de mi vida y que nunca había imaginado algo así. Las dos se reían y parecían bastante borrachas. Yo creía que nada podía mejorar esa situación pero enseguida me di cuenta de que me equivocaba y es ahora cuando empieza lo mejor.

Alicia se levantó y se puso a mi lado en la butaca. Yo no sabía que tenía en mente pero no le hacía ascos a tener más cerca a ese cuerpo.  De repente, Alicia se inclinó sobre mí y me dijo al oído algo que me dejó parado.

-¿Es verdad eso Amanda?- ¿Que te ha dicho?- No…nada…bueno…me ha contado un secreto.- Venga, no seáis cabrones los dos. ¿De que habláis?

Entonces Alicia volvió a su sitio y sin mediar antes palabra besó a mi chica sin que ella lo pudiera evitar.

– Eso le he contado Amanda. ¿Te molesta?

Amanda me miró y buscó algo de complicidad en mi mirada. Yo estaba aturdido, una chica a la que no conocía apenas me acababa de decir que de jovencitas de vez en cuando se enrollaba con mi novia. No sabía que pensar pero ni mucho menos me cabreaba la situación.  Amanda notó que mi cara delataba calentura y que no me había desagradado ese beso lésbico en directo.

– Solo era de vez en cuando Marcos. Y ya sabes que a mi lo que me gusta de verdad son las pollas, bueno, tu polla.- Ya lo sé cariño. No te preocupes por eso. – ¿De verdad?- ¿Claro que sí, era solo un juego, no?- Sí, solo un juego.- Pues ya está.

Alicia nos miraba y se relajó al ver que yo no me molestaba por lo que ella me había dicho al oído y por lo que acababa de ver. Fue entonces cuando dijo:

– ¿Y si solo era un juego, porqué no jugamos ahora?

Amanda y yo nos quedamos de piedra pero fuimos incapaces de decir que no. Nos miramos y los dos pensamos en esa fantasía que tantas veces habíamos recreado en la que hacíamos un trío con alguien de confianza. Amanda me hizo un gesto con el dedo y yo me acerqué a su sofá.  En ese momento la tensión había subido y el silencio era protagonista pero nos dejamos llevar sin pensarlo demasiado.

Amanda me besó largo en la boca jugando con su lengua en mis labios y yo me empecé a poner muy cachondo si es que todavía no lo estaba. Después de ese beso, Amanda se giró e hizo lo mismo con Alicia. Vaya beso se pegaron, sus labios se movían como nunca los había visto y Alicia parecía encantada. Yo ya no podía disimular una erección enorme en mis tejanos y aún me excité más al oír como Amanda le decía a Alicia que me probara para ver lo bien que sabía. Así fue y ahora nos besábamos Alicia y yo con pasión.

No me corté a pesar de tener a Amanda al lado ya que ella lo había hecho primero. Amanda se nos acercó y puso su boca junto a la nuestra y empezamos a jugar los tres con nuestras lenguas y nuestra saliva. Me estaba poniendo más cachondo que nunca y ellas también porque sin cortarse tampoco, empezaron a tocarse las tetas delante de mí. Amanda estaba como ida, igual que cuando yo le meto mano, no pensaba en nada y se dejaba llevar.

Con una a cada lado y sobándose entre ellas, no dudé en empezar a meterles mano por debajo de la falda. Con mi mano derecha en el culo de Alicia y con la izquierda en el culo de mi nena. Que gusto sentir eso. Mis manos se movían por su culo y bajé hasta su rajita a la vez. Noté como sus coños estaban empapados y como las dos gimieron al notar mis dedos en su sexo. Tanto Alicia como Amanda estaban empapadas y no dudé en meterles mi dedo corazón por esos agujeros que soltaban cada vez más líquido. Dejé que mis dedos se movieran en sus coños durante un rato hasta que mis manos se llenaron de sus zumos. Entonces saqué mis manos de sus faldas y cruzándolas se las metí en la boca, a cada una le di a probar el coño de la otra y parece que las puse a tono.

Alicia se levantó y se desnudó entera para nosotros. Tenía el coño muy pequeño y totalmente rasurado. Su rajita estaba hinchada y el clítoris empezaba a asomar. Amanda me miró como esperando a ver si me excitaba más que con ella o no y yo le respondí con un besazo en la boca que le sirvió para entender que esto sin ella ahí no sería lo mismo. Amanda también se desnudó completamente y me pareció que ese día estaba aún más buena que de costumbre. Tenía las tetas súper duras de la calentura y el coño súper mojado. Se lo veía desde mi posición, en sus muslos había señales de que sus zumos eran abundantes. Amanda se acercó y le dijo algo al oído a Alicia. Alicia asintió y se agacharon a la vez. Se pusieron delante de mí y me bajaron con calma los pantalones y calzoncillos mientras no dejaban de besarse intermitentemente. Mi polla asomó enorme. No soy uno de esos superdotados pero tengo que reconocer que hasta a mí me pareció más gorda de lo normal.

– ¿Has visto que polla me folla cada noche?- Joder, que guarra eres, yo también quiero una así.- Pues hoy es tuya siempre y cuando la compartas.

Me ponían a mil con sus palabras y más aún cuando me la empezaron a sobar y a comer. Veía sus dos caras, a cada cual mejor, y como se la pasaban de una boca a otra como si fuera un caramelo. Alicia no la comía como Amanda pero igualmente me excitaba. Cuando Alicia se la metía en la boca se paraba en la punta y me lamía el capullo como si me lo quisiera reventar. En cambio Amanda se dedicaba a metérsela entera y subir y bajar. Cosa que me ponía súper cachondo ya que gemía a la vez que me lo hacía. La combinación de esas dos bocas me volvía loco. Estuvieron un rato jugando con mi polla hasta que Amanda se levantó y se sentó a mi lado con las piernas abiertas. Alicia parecía entender lo que quería mi chica pues enseguida se colocó enfrente suyo y le empezó a apretar las tetas mientras desde arriba dejaba caer su saliva hasta el coño de Amanda. Yo flipaba de lo que veía.

Me levanté y me coloqué detrás de Alicia para ver como era su coño. Lo tenía precioso y la muy caliente había mojado el suelo con sus fluidos. No pude más, me abalancé sobre ella y se lo empecé a comer entero. Al empezar yo, ella se volvió loca y se amorró al coño de Amanda sin contemplaciones. Ahí estábamos, yo en el suelo boca arriba con un coño en la boca y Amanda en el sofá dejándose comer por una amiga de la infancia. Amanda, que estaba en éxtasis, alargó la mano y alcanzó el chocolate para segundos después empezar a frotarse con él todas las tetas. Parecía que se masturbara las tetas por los gemidos que lanzaba y entonces yo cogí también el chocolate y le llené el culo y el coño con él a Alicia.

Que gusto joder, sin darnos cuenta estábamos los tres empapados de chocolate y el sofá y el suelo pringados. Me levanté de repente y me subí al sofá delante de Amanda. Me unté la polla con el chocolate de sus tetas y entonces se la metí en la boca otra vez. Se volvió loca del todo y me la empezó a comer como si fuera la primera vez. Fue entonces cuando no pudo más y al notar mi polla en la boca y la lengua de Alicia en su coño, se empezó a correr ahogando los chillidos en la punta de mi sexo. Del gusto que sentía no podía evitar morderme la polla a veces hasta que dejó de tener fuerza niñéela bocal saqué lentamente la polla de su boca y Alicia dejó de comerle el coño porqué los dos sabíamos que necesitaba recuperarse.

Amanda se recostó en el sofá con cara de orgasmo y nos dijo que siguiéramos que durante unos minutos ella solo nos miraría. Dudé unos instantes porqué sin ella participando parecía como si le pusiera los cuernos pero su mirada me convenció para que me dejara de idioteces.

Alicia, que seguía súper cachonda, estaba en el suelo esperándome mientras con sus dedos se masturbaba. Me acerqué a su coño y le aparté las manos de él diciéndole que ese coño ahora era para mí. Se lo volví a comer un rato haciendo que se estremeciera y no tardé en empezar a meterle un dedo por el culo a la vez. Se notaba que Alicia practicaba el anal porque lo tenía muy relajado y le entró con suma facilidad. Alicia se estaba muriendo de gusto notando mi dedo en el culo y mi lengua en el botoncito del placer.

Me pidió entonces que se la metiera bien fuerte por el coño para hacer que se corriera, siempre y cuando Amanda estuviera de acuerdo. Amanda, que ya se había recuperado, se acercó a mí y me tiró contra el sofá para quedar yo sentado en el con la polla apuntándolas a las dos. Cogió de la mano a Alicia y la puso sobre mis piernas pero con la polla todavía suelta.

Entonces, y eso me excitó muchísimo, fue Amanda la que agarró con fuerza la base de mi sexo y se la metió en su boca para dejarla empapada de saliva; incluso me escupió en ella varias veces. Se la sacó de la boca y le dijo a Alicia que ahora me podía montar. Alicia se levantó un poco y ajustó los labios de su coño a la punta de mi polla. Se movió un poco sobre ella como buscando la mejor posición y entonces se dejó caer por primera vez. ¡Que gusto! Empezó a moverse con suavidad arriba y abajo como si lo hubieran hecho miles de veces.

Yo estaba en el cielo y creía que en cualquier sacudida de esa zorrita podría correrme. De repente noté una sensación brutal y es que Amanda sacó mi polla de ese coñito y me la volvió a comer un rato a la vez que le metía tres dedos a Alicia por su raja. Y entonces fue cuando explotamos los dos. La boca de Amanda era demasiado para mí y sus dedos parecían hacérselo muy bien a Alicia, así que nos corrimos a la vez. Alicia gemía y gritaba encima de mí con la mano de mi chica en su coño y yo me retorcía de placer echándole a Amanda toda mi corrida entre su boca y sus pechos. Cuando dejé de temblar, Amanda se puso encima nuestro en el sofá y nos empezamos a besar los tres con mi leche como protagonista. Caía por todas partes y ellas se volvían como locas con eso en su boca.

Nos relajamos en el sofá durante un rato y parecía que ninguno de los tres quería hablar hasta que Alicia se lanzó:

– Ya os he dicho que hacéis una pareja perfecta – mientras se reía.

Amanda y yo nos miramos y cambié nos pusimos a reír con ella. Estábamos reventados de tanto placer y a la vez no podíamos creer lo que acabábamos de hacer. Nuestra fantasía se acababa de cumplir y no podíamos casi ni pensar. Alicia cortó nuestras miradas diciendo que se iba a la ducha y cual fue mi sorpresa cuando Amanda dijo que se iba a duchar con ella también.

Nos levantamos del sofá no sin antes echar un vistazo a lo perdido que lo habíamos dejado todo y fuimos al baño. Amanda y Alicia mearon una detrás de la otra y reconozco que esa imagen me ponía bastante. Incluso una vez tuve que follarme a mi niña en el lavabo mismo de lo cachondo que me había puesto viéndola mear. Aún recuerdo como se lo toqué, comí y como se la metí hasta corrernos pero eso es otra historia.

Una vez en la ducha decidieron no correr las cortinas mientras yo las observaba sentado en el taburete. Qué provocativas son las tías cuando quieren. La verdad es que me encantó lo que vi. Alicia y Amanda se pasaron un buen rato ahí dándose jabón por todo el cuerpo y acariciando sus curvas mientras me miraban a mí pícaramente. Al cabo de un rato supe a que jugaban. Las dos se habían vuelto a poner cachondas e intentaban que yo me activara de nuevo.

Me di cuenta de su plan muy pronto ya que cuando vieron mi polla de nuevo erguida no dudaron en salir rápidamente de la ducha para acercarse a mí. Con sus cuerpos todavía mojados empezaron a acariciarme con todo lo que podían. Amanda se me arrimó y me frotaba con su pubis la pierna al mismo tiempo que me lamía el cuello y Alicia pasaba sus manos por todos los rincones de mi cuerpo.  Pasado un rato Alicia fue hasta la cama y se tumbó diciendo que nos acercáramos a ella. No lo dudamos y ahí estábamos de nuevo. Amanda se puso encima de su amiga y se giró para hacer un 69 con ella. Yo no tenía sitio ahí pero la imagen me parecía preciosa.

Se empezaron a comer el coño con mucha calma para ir subiendo el ritmo poco a poco. Yo me paseaba de lado a lado y de vez en cuando al notar mi polla cerca dejaban de lamer coño para comer un rato de mi polla. Se lo estaban pasando genial y yo también pero necesitaba sentirme más partícipe todavía. Mi cabeza pensó rápido y me puse en el lado donde quedaba el culo de Amanda y todavía de pie empecé a comérselo. Le gustaba mucho cuando se lo hacía a solas y parecía que entonces aún más. No todo el mundo puede tener dos lenguas tan cerca.

Le estaba empapando el culo tanto que parecía que ella misma segregara jugos por ahí. Tan caliente iba Amanda que se giró lo que pudo, me miró, y me pidió que se la metiera por detrás, dijo que ese era el día adecuado y que nunca se había sentido tan a punto. Yo no vacilé ni un segundo y después de acercarme a ella para darle un beso en la boca, empecé a prepararla. Alicia no dejaba de comerle el coño mientras yo fui metiéndole primero un dedo y luego dos por su culo totalmente lubricado.

Saqué los dedos un momento y vi que tenía el agujero bastante abierto, no lo suficiente para mi polla pero decidí probar suerte. Puse mi polla en el agujero y noté como ella empezaba a suspirar solo de notarla tan cerca y poco a poco la fui metiendo. Amanda se retorcía un poco de dolor pero me pedía que no parara. Conseguí meterle casi toda mi polla por detrás, supongo que la lengua de Alicia hacía su trabajo bien y conseguía relajar a mi niña. Una vez dentro me fui moviendo poco a poco para follarla con suavidad. Así estuvimos un rato y creo que conseguí que Amanda se corriera un par de veces, si bien no eran orgasmos tan largos como normalmente, sí notaba como cada x tiempo se convulsionaba más rápido.

Alicia entonces notó que su cuerpo ardía y, a pesar de haberse corrido en la boca de Amanda, quería más. Salió de debajo de Amanda y se colocó igual que ella. A partir de ese momento tenía dos chicas colocadas a cuatro patas delante de mí y me pedían las dos mucha caña. Tal y como estaban, Alicia y Amanda empezaron a besarse en la boca, les caía la saliva al colchón de lo cachondas que iban. Alicia se estaba masturbando a cuatro patas delante mío y Amanda me dijo que le diera un poco a ella. Me moví lentamente para sacar mi polla del culo de Amanda y entonces vi que el culo de Alicia ya estaba preparado. Tenía el agujero enorme, como he dicho antes, se notaba que le daba al sexo anal con frecuencia. Se la metí sin problemas y se volvía loca.

Lo que vino a continuación fue de locos y no sé cuanto rato pasó pero a mí se me hizo demasiado corto. Amanda se incorporó y cogió del cajón el vibrador que tantas veces habíamos usado juntos, gozaba mucho con ese aparato, y me pidió que se lo metiera a la vez que me follaba a Alicia. Así lo hice, continué apretando a Alicia por el culo mientras penetraba a Amanda con esa enorme polla de plástico y látex. La cosa se empezó a calentar de verdad y los gritos de placer brotaban de los tres hasta que Amanda se empezó a correr como una loca. No paraba de moverse y de pedirme más y estaba dejando el vibrador empapado…que polvazo tiene mi chica. Pero ahora vino lo más sorprendente, al menos para mí.

Una vez acabado ese orgasmo eterno, se puso detrás de mí y me empezó a chupar por detrás a la vez que yo seguía dándole a Alicia. Amanda me pidió que me relajara porqué quería hacerme una cosita y yo accedí. Bajé el ritmo de las acometidas a Alicia y noté entonces como Amanda intentaba meterme el vibrador por mi culo. Lógicamente no lo consiguió pero al cabo de un rato de notar esas vibraciones en el culo no tardé en correrme y llenarle el culo de semen a Alicia a la vez que ella se corría de gusto apretando mi polla como con espasmos. Quedé exhausto encima de la cama y con una sensación muy rara al haber notado eso en mi culo pero enseguida se me pasó al notar el abrazo de Amanda. Alicia seguía semi inconsciente encima del colchón y así nos quedamos dormidos.

Me desperté a la mañana siguiente dudando de si todo había sido un sueño ya que estaba solo en la cama y tapado con la manta. Me levanté y después de mear me acerqué a la cocina donde estaba Amanda con su albornoz rosa tan preciosa como siempre y con una nota en la mano. La abracé por detrás y los dos leímos a la vez lo que ponía:

Gracias por todo chicos, sois increíbles. Me acaba de dejar José y necesitaba sentirme deseada por una noche…

Autores: MarcosyAmanda

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Mi prima Alicia y su amiga

Sofía me empezó a besar en la boca, mientras mi prima bajaba la cabeza y luego de besarme los testículos se metió toda mi polla en la boca pegándome una mamada espectacular y más para mí que nunca antes había sentido ese placer.

He cambiado los nombres de algunos de los protagonistas de esta historia para proteger su intimidad, aunque, quienes participaron de la misma se reconocerán cuando la lean. Esto ocurrió hace ya varios años y recién ahora me animo a contarlo.

Mi familia se compone por mis padres, una hermana menor que yo (Ana Claudia), y yo de 18. Como lo hacíamos desde varios años atrás, ese verano pasaríamos una temporada en casa de mis tíos quienes tenían una casa en un conocido balneario de la costa este de nuestro país. La familia de mis tíos estaba compuesta por ellos dos, una hija menor, un hijo con quien yo compartía juegos y salidas (Jorge), y otra hija mayor que en ese tiempo tenía 21 años (Alicia), y por la diferencia de edad no nos hacía mucho caso, salvo en contadas ocasiones en que, como si nos hiciera un favor compartía alguna actividad o juego con nosotros, o nuestras hermanas.

Aquél verano en particular no se me prometía muy agradable, pues en ese entonces me había puesto de novio con una chica unos años mayor que yo y con más experiencia en el sexo que la mía quien me dio mis primeras lecciones de sexo, y con quien tuve mis primeras relaciones sexuales, que aunque no incluían más que la penetración vaginal, fueron muy placenteras. Por lo tanto no me seducía la idea de tener que dejarla por un tiempo y tener que contentarme a solas. Además mi primo no iba a estar por unos días pues salía de campamento con unos compañeros, y no tendría entonces un compañero para entretenerme. Al menos parecía que no la iba a pasar muy bien.

Cuando llegamos al balneario con mi familia, desde el ómnibus tratábamos de distinguir los rostros de nuestros parientes y en cuanto yo los distinguí mis ojos se posaron en la figura de mi prima Alicia que si bien yo la había visto infinidad de veces nunca la había visto así. Vestía una minifalda blanca que apenas tapaba sus muslos y dejaban ver unas piernas perfectamente torneadas, y tenía puesto arriba un top que cubría sus senos que los adivinaba sin sostén y que si bien no eran grandes, si se mostraban erguidos y firmes y parecían querer traspasar la fina tela que los cubría, y todo esto rematado por su largo pelo rubio. A su lado vi otra joven de su misma edad con un cuerpo que no tenía nada que envidiarle al de mi prima aunque de cabello oscuro, luego me enteré que era amiga de mi prima e iba a pasar aquél verano con nosotros, se llamaba Sofía.

Me había quedado embobado con mi prima y su amiga, y me pasaba el día mirándolas lo que a ellas les provocaba gracia. Y más aún cuando al día siguiente fuimos a la playa y ellas lucían unos bikinis con cola less lo que dejaba sus culos a la vista y muy poco margen para la imaginación, además la parte de arriba apenas cubría sus senos; yo al momento tenía una erección de campeonato la que tuve que disimular entrando al agua y esperando calmarme, ya que ésta estaba bastante fría. Desde ese día intentaba espiarlas cuando se cambiaban o se bañaban para poderlas ver desnudas, pero mis esfuerzos eran en vano. Les quiero contar que como mis padres y los suyos trabajaban, nosotros quedábamos solos desde antes desde el mediodía hasta la noche en que ellos regresaban.

Uno de esos días mi hermana tenía que concurrir al dentista por lo que se fue temprano con mis padres y mis tíos, y Patricia (mi otra prima), decidió acompañarlos por lo que ese día quedamos solos Alicia, Sofía y yo. Tampoco ese día tuve oportunidad de espiarlas, y ni siquiera iríamos a la playa porque la temperatura no era alta, por lo que después del almuerzo decidí ir al club para ver un campeonato de vóley que se iba a disputar aquél día. Alicia y Sofía se quedarían escuchando discos y Alicia me preguntó si iba a regresar tarde, a lo que respondí que sí, pues el torneo se disputaba todo en un solo día y quería quedarme hasta ver la final. Subí a la moto y me dirigí al club, pero a mitad de camino me percaté de que como la cancha era al aire libre, tendría que estar al sol y no había llevado nada para protegerme la cabeza por lo que volví a la casa.

En cuanto llegué entré por la puerta de la cocina, la que siempre estaba abierta y me encaminé a mi habitación para recoger un sombrero. Al pasar por la puerta del living (la que estaba entornada), donde estaban mi prima y Sofía oí una suave música y al mirar hacia allí vi algo que me sorprendió, ambas (Alicia y Sofía), estaban completamente desnudas y se manoseaban y besaban como dos amantes. Yo me detuve en la puerta a ver el espectáculo, entretanto trataba de abrirla un poco más para no perderme detalle. Yo contemplaba extasiado las diferentes posturas que adoptaban. Luego de unos minutos mi prima se sentó al borde del sillón y Sofía bajaba la cabeza hasta llegar a lamerle el coño, yo saqué mi polla del short y empecé a hacerme una paja, porque sin querer se me había dado la oportunidad que tanto había esperado.

En mi excitación fui abriendo cada vez más la puerta y en un momento casi caí dentro del living, en este momento ellas se dieron cuenta de mi presencia y de mi estado de calentura pues tenía la polla totalmente hinchada. Yo no supe que decir, pero ellas sí, luego del primer instante de asombro se miraron pícaramente y Sofía me preguntó: ¿querés probar? Yo se que dije que sí y enseguida me acerqué a ellas y bajo su dirección empecé a lamer el coño de mi prima saboreando ese gustito delicioso, y a pesar que era la primera vez, y dentro de mi inexperiencia creo que lo hacía bastante bien por las frases de mi prima.

– Sí, más. Que rico, aaaaaaahhhh.

Después de un ratito de este juego cambiamos de posición. Me sentaron en el sillón y Sofía me empezó a besar en la boca, mientras mi prima bajaba la cabeza y luego de besarme los testículos se metió toda mi polla en la boca pegándome una mamada espectacular y más para mí que nunca antes había sentido ese placer. Fueron alternando este juego, ya que mientras una me besaba la otra me hacía una mamada, cambiando de posición varias veces y no acertaba a decir cuál de las dos lo hacía mejor porque, se notaba que no era la primera vez que lo hacían y tenían bastante experiencia. Yo me sentía en la gloria y a punto de correrme, pero antes de que esto ocurriera mi prima se puso en cuatro patas y con desesperación me pidió

– Fóllame primito, méteme la polla y dame toda tu leche. Yo por supuesto enseguida accedí a sus reclamos y de un solo empujón le metí toda mi polla en la vagina. – Más fuerte – Lléname de leche… me pedía; y combinamos tan bien el ritmo que en pocos minutos nos corrimos ambos a la vez y acabé dentro de ella siendo este uno de los mejores polvos de mi vida.

Descansamos un ratito no muy largo y entre ambas, entre caricias y besos volvieron a poner mi polla al rojo vivo: y fue Sofía la que me pidió que la follase, pero me dijo:

– Ahora me toca a mí, pero házmelo por el culo.

Yo que nunca lo había hecho estaba deseoso de probarlo por lo que me puse detrás de ella y empecé a meterle mi polla en ese pequeño agujero, pero a pesar de ello no me costó mucho trabajo, por lo visto ya lo tenía abierto.

– Rómpeme el culo – Me decía – Lo quiero sentir lleno de carne; máaaaaaas. – Acabá adentro mío.

Y así lo hice Después de eso tomamos la merienda para reponer fuerzas y al rato llegaron nuestros padres y hermanas.

Ellas dos (Alicia y Sofía), lo mismo que yo nos comportamos como siempre y como si nada hubiera pasado. Más tarde al acostarme no me podía dormir pensando en lo que había vivido aquella tarde. En eso siento abrirse la puerta del cuarto donde dormía yo solo (pues como conté mi primo no estaba), y veo entrar a mi prima cerrando la puerta tras ella. Se acerca a mi cama destapándome y me quita el slip que es lo único que tenía puesto y viendo que yo estoy despierto me toma la polla y la empieza a mamar poniendo su coño a la altura de mi boca y yo empiezo a lamérselo. Estábamos haciendo un 69 perfecto, nos corrimos y ella se tragó toda mi leche sin desperdiciar una gota, en tanto yo disfrutaba de sus jugos vaginales. Hecho esto se fue y yo entonces, agotado, me dormí.

Desde esa noche, todas las siguientes Alicia o Sofía me hacían una visita para repetir algún numerito de los que me habían enseñado pasando unas noches inolvidables. Les agradezco a ambas el hacerme pasar esos momentos maravillosos y, el haberme enseñado lo que me enseñaron sobre el sexo. Actualmente no veo a mi prima muy frecuentemente, pero si la ocasión se presenta para que estemos solos, aprovechamos esos momentos para follar como antes, aunque ella después de tantos años no tiene el cuerpo que tenía antes, es una de las mejores amantes que conozco.

Autor: Ferminboada

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Vacaciones de estudiantes

Tamara y Lucía contaron sus primeras experiencias, y Lucía dijo que había tenido once amantes de sexo masculino, y una, “la mejor”, mujer. Tamara sólo nos dijo “muchos”. Yo volví a contar la historia de Lupita, hablé de Ariadna, y dije que Alicia sería la sexta mujer con quien lo haría (luego de Ariadna estaba Mirna, y luego Tamara y Lucía). Felipe tenía una larga historia.

En período de exámenes, después de pasar la noche en vela, Lucía y yo hicimos el amor con ánimo profiláctico, sólo para reponer fuerzas, y bajamos hacia la C.U. En el camino, Lucy me expuso un plan que, me dijo, ya había aprobado Tamara. Según esto, una tía suya le prestaría por cuatro días, un departamento en Acapulco, “y Tamara y yo, que hemos decidido irnos a vivir juntas, queremos despedirnos, al menos por un rato largo, de los pitos”, así que habían planeado pasar esos días en una orgía sostenida, “en que nosotras pondremos las reglas”, y habrían de ir tres vergas distintas y, si fuese posible, otra chica. “Una de esas tres es la tuya y otra, quiero yo que sea la de tu amigo Felipe, y tú puedes proponer la tercera, que pertenezca, dicho sea de paso, a un chavo de mente abierta y que no sea un macho insufrible”.

Otra obligación previa: los seis involucrados habríamos de llevar un dictamen negativo de la prueba de Elisa, hecho ex profeso, y ellas pedirían a la tercera chica que las imitara en la opción correcta: DIU (ambas cosas serán enormemente tranquilizantes, dijo). Ellas impondrían también unas reglas de puntuación que al final del evento darían un ganador por sexo, que sería premiado el último día, y que tendría por esclavo al perdedor del sexo opuesto durante dos semanas posteriores al regreso a México (esclavo o esclava en secreto, aclararon). Los tres varones, dijo Lucy, habríamos de pagar las comidas (“que deberán ser de buena factura”) y aceptar sus reglas, que serían una sorpresa pero que, me garantizaba, nos gustarían. La tercera chica habríamos de buscarla nosotros.

Cuando llegamos a la Fac, presentamos el examen del día y yo salí a las Islas a meditar. Ya veía venir que Lucy y Tamara se casarían. De hecho, luego de cuatro o cinco encuentros triangulares, durante tres o cuatro semanas, me habían excluido, aunque yo había podido estar alguna que otra vez con Lucy, y una con Tamara (habían pasado poco mas de tres meses desde nuestro primer encuentro triple). Les debía mucho a ambas, las quería y las sigo queriendo, aunque hace años que no duermo con ninguna de las dos, y sabiendo, como sabía, que están locas como cabras, no me disgustaba la idea de arreglarles su despedida, ni, mucho menos, la de tomar parte en ella. No dejaba de sorprenderme, además, que Lucy, tan modosita, que ante sus padres seguía jugando el rol de hijita perfecta, hubiera tomado tan brava decisión.

Esa misma tarde convoqué a junta a Felipe y a Roberto. Felipe, un rubiales con fama de conquistador, buen lector y amigo, punk y contracultural, estaba ahí (aunque no se lo dije) a expresa petición de Lucía, a quien le alborotaba la hormona. No en vano, le decían Felipe “el Hermoso”. Bobby es mi más querido amigo, y había vivido con él aventuras y borracheras sin par, y sabía que me haría deudor de su gratitud eterna al invitarlo a tan inusual y desaforado evento, es alto y delgado, bien plantado aunque nada espectacular. El único impedimento serio era el dinero, pero era cosa de movernos y conseguir una lana, pidiéndola a quien fuera.

Les conté la propuesta. Primero, se sorprendieron de que mi intimidad con Lucy y Tamara llegara a tanto, pues yo, como caballero que soy, no ando contando mis andanzas (y si se las cuento a ustedes es como los curas de antaño contaban los problemas de conciencia: “se dice el pecado, pero no el pecador”, y he alterado de tal modo los hechos, que sólo sus protagonistas podrían reconocerlos, porque lo único inalterado es lo que hicimos en privado). Felipe nos contó entonces cómo, en un viaje de prácticas, había follado como loco con Tamara una noche en que las compañeras de cuarto de aquella, entre las que no estaba Lucía, por cierto, habían ido a una disco con el grueso del grupo, dejando libre la habitación hasta tarde (“y es un cañón, una tigresa, mi buen, coge como una diosa”, le dijo al Bobby, porque era obvio que no tenía que contármelo a mí).

Les dije que había otra condición: ellos debían conseguir a la tercera mina. “Una tía guapa, potable, asequible, pero no un pimpollo: guapa, para que despierte nuestros instintos, pero no tanto que opaque a las otras dos, que esté equilibrado el pedo ¿saben?” Y les dije que yo no quería saber nada del asunto hasta que lo consiguieran: “y tienen dos semanas”.

La tercera mina fue Alicia, una güerita de buen ver, exnovia de Felipe, que estaba en primer año en otra carrera de la Facultad. Alicia aceptó el juego, pero exigió que Lucy y Tamara la incluyeran en la definición de las reglas. Finalmente, convenimos en que ellas se irían por su lado, en el coche de Lucía, y nosotros habríamos de partir por nuestra cuenta, pasar a la playa y llegar al departamento hacia las seis de la tarde del primer día, un miércoles. Así sería.

Ahora hay que hablar de esas tres preciosas y magníficas chicas: Retomo otra descripción de Tamara: “Yo solía verla por los pasillos, chaparrita, delgada, con unos profundos ojazos negros que iluminaban sus rasgos indígenas y su larga cabellera de ala de cuervo. Tenía (tiene) unas caderas estrechas pero claramente femeninas, unos pechitos que apenas despuntan y unas piernas delgadas y bien torneadas, bajo un pubis pétreo y un duro y plano estómago”. Hay que agregar algunos datos, que ya sabía o que supe en esos días: 24 años, 1:53 de estatura. Nunca nos dejó tomarle las medidas, aunque hay que decir que era más esbelta que Alicia.

De Lucía: Muy morena, “[…] luce una espesa y ensortijada pelambrera, una naricita de botón, y unos labios gruesos, grandes y rojos, diseñados para mamar […] es una chica generosamente dotada, quizá en exceso: 1.67 [de estatura] adornados con unos pechos grandes y redondos, con unos enormes pezones morados que, un día, por curiosidad medí, encontrándome con un metro y casi diez centímetros. No tenía, ni por asomo la cintura de sílfide de Tamara, pero el recubrimiento carnoso que la envolvía no demeritaba su figura, como tampoco lo hacía un culo desmedido, alegre de vivir, que con trabajo acomodaba en los mesabancos y que, enfundado normalmente en minifaldas negras o azules, solía atraer feroces miradas hacia sus gruesas pero firmes piernas. Un pimpollo estilo años cincuenta.” Tenía por entonces 22 años, y sus medidas eran 110-76-106.

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada: 82-58-80. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad a los 17 años, con un primo suyo, de 18, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9.

Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo pícaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y… “el otro es un secreto”.

Y es que el primer día fue de pláticas en ese tenor. Tamara y Lucía contaron sus primeras experiencias, y Lucía dijo que había tenido once amantes de sexo masculino, y una, “la mejor”, mujer. Tamara sólo nos dijo “muchos”. Yo volví a contar la historia de Lupita, hablé de Ariadna, y dije que Alicia sería la sexta mujer con quien lo haría (luego de Ariadna estaba Mirna, y luego Tamara y Lucía). Felipe tenía una larga historia, desde que huyó de casa y se recluyó en una comuna punk. Roberto había tenido dos amantes y otras tantas aventuras ocasionales, y ninguna novia. Felipe tenía 24 años, yo 22 y Roberto 21.

Es que, como quedamos, habíamos llegado a las seis de la tarde al departamento, una cosa hermosa, no cercana a la playa, aunque desde el balcón se dominaba la bahía, pues el edificio estaba inverosímilmente construido en las pendientes del Veladero. Un departamento muy amplio, bien amueblado y con tres recámaras. Nos recibieron vestidas, y nos hicieron sentarnos a la mesa: “hoy es día de plática y confesiones -dijo Lucía-, de descanso y preparación. Cada quién dormirá con su pareja asignada, y está prohibido coger más de dos veces, y mañana, a las ocho en punto, empezamos. Mañana es mi día, yo mando”. Había que estar a las ocho en punto: todos bañados, bien aseaditos, y ligeros de ropa, pero no desnudos. Así que estuvimos confesándonos unos a otros, tal como he resumido. También se acordó que yo llevara la minuta de los acontecimientos, lo que me permite reconstruirlos detalladamente.

Antes de salir a cenar nos asignaron las parejas de esa noche, diciendo que habríamos de portarnos como noviecitos. Y he de decir que el criterio fue de lo más equitativo: Felipe con Lucía, Roberto con Tamara y su servilleta con Alicia. La chiquita estaba entusiasmándome: tenía el pelo recogido en una cola de caballo, y llevaba un traje de baño de una pieza y sobre él, una minifalda de mezclilla, completando su atuendo con unos huaraches. Nos amontonamos junto a Lucy, y desde ahí empecé a tocar su piel dura y suave, acariciándole los hombros descubiertos, las mejillas y la delicada curva de las pantorrillas.

Cenamos mariscos, bueno y ligero, y todos nos moderamos notablemente con la bebida, y apenas pasadas las diez estábamos Alicia y yo desnuditos, dándonos una ducha fría. Yo estaba admirando el sedoso vello rubio que cubría su espalda y sus brazos, y la abundante mata de pelo que sombreaba su pubis, mientras la enjabonaba dulcemente. Nos secamos el uno al otro, y nos fuimos a la cama, donde la acosté boca arriba y empecé a besarle los labios vaginales y succionarle el clítoris, hasta que me pidió que se la metiera, a lo que no me rehusé. Me mecí despacio dentro de ella, con toda la intención de prolongar el momento, retrasando mi orgasmo hasta que alcanzara el suyo. Nos acostamos, y sus delicadas caricias hicieron que se me parara otra vez, y al pedirle “el segundo de la noche, reglamentario”, fue al baño y luego de limpiarme el pito con una toalla húmeda, me lo mamó hasta hacerme ver estrellas. Finalmente, nos dormimos. Al día siguiente esperamos la hora prevista sentados en el balcón, viendo la límpida mañana acapulqueña.

Autor: sandokan973

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Esposa seducida

Continuó follándome hasta correrme, fue impresionante, mi cuerpo estaba totalmente arqueado, ofreciéndole mi coño para que embistiera lo más fuerte posible, con sus manos agarrándome el culo embestía como un toro, gemía fuera de sí al igual que yo hasta corrernos.

Hace seis meses ocurrió algo en mi vida que jamás lo he contado, no lo sabe ni mi marido ni mi mejor amiga, pero era algo que necesitaba contar, para poder así desahogarme, encontré esta página por casualidad, tras leer varios relatos opté por contar el mío, me sirvió tras escribirlo como terapia y tratar de hacer comprender que lo que me ocurrió no fue buscado sólo pasó, me siento culpable, arrepentida y tremendamente decepcionada por mi forma de actuar.

Me llamo Alicia y tengo 41 años, llevo casada 17 años con Julio, es una persona cariñosa, me ama con locura y cualquier detalle suyo le parece poco hacia mí, poseo un bonito cuerpo, alta, me considero guapa a pesar de haber tenido dos niños. Vivimos en un pueblo pequeño del Aljarafe sevillano, por razones obvias no voy a desvelar como se llama, pues aquí todos nos conocemos.

Todo ocurrió este verano, habíamos pensado ir de vacaciones mi marido y yo junto a los niños, pero por problemas familiares debía quedarme en casa, Julio no pensaba irse con los niños, pero ante mi insistencia y el tener pagado ya las vacaciones optó por ir, no sin mucho decirme que se aburriría sin mí, de nuevo insistí.

-Cariño, no vamos a perder el dinero, iros de verdad, son sólo 15 días-dije-

Los primeros días después de la partida fueron angustiosos, de casa de mis padres a la mía, era un total aburrimiento, día tras otro, cierto día mientras me dirigía a mi casa, oí a unos obreros que estaban trabajando en mi calle dirigir un piropo hacia mi persona, eso me alegró un poco la mañana, una vez dentro de mi casa miré por curiosidad por la ventana a los obreros, oí a uno de ellos una grosería hacia mi persona:

-Que polvazo le metía y tiene cara de gustarle un buen nabo-dijo-

Aquellas palabras me horrorizaron, pero a la vez sentí un escalofrío de placer escuchar esa grosería.

Al día siguiente sobre las tres de la tarde, salí de casa a tirar la basura llevaba una camisa marroquí corta, transparente de llevar por casa, pensé que a esa hora y en pleno agosto nadie estaría por la calle, además los contenedores estaban muy cerca, pero me equivocaba allí estaba él, era el obrero que el día anterior había hecho aquel comentario grosero, estaba sentado y al verme se puso de pie, no lo había visto hasta pasar cerca de su lado y ya era tarde para volverme atrás, al pasar a su lado silbó…

-Qué favor me harías si quisieras-dijo- Desde luego ver una cosita así, merece la pena pasar el calor que estoy pasando, que no daría yo para dormir una siestecita contigo, aunque creo que dormiríamos poco-volvió a decir. -Grosero-dije- caminando rápido hacia casa. Al llegar a casa cerré la puerta rápida, pero sólo veinte segundos después oí llamar a la puerta, al abrir era él.

-Perdone señora si la he molestado, no era mi intención, me llamo Jaime. -Vale –contesté- no de forma amistosa. -Veo que mis intentos por pedirle perdón no han valido, si puedo hacer algo por usted me serviría como pago a mi estupidez hacia usted.

Jaime era un hombre de unos 51 años, atractivo a pesar de su edad, rudo, por su forma de actuar debía de ser un mujeriego pues sabía hablar y actuar ante mujeres desconocidas como yo.

-¿Me podrías dar un poco de agua fresca? -Pasa-dije-

Mientras caminaba hacia la cocina donde estaba el frigorífico no me quitaba ojo, estaba a disgusto, con sólo una pequeña camisa transparente y en casa sola con un extraño, con mis manos trataba de bajar lo más que podía la camisa.

-No te la bajes, tienes unas piernas preciosas-dijo. -Ten-ofreciéndole el vaso de agua. -Hija que poca cuerda tienes. -Lo siento –dije- si quieres te preparo un poco de café. -Gracias…

Mientras tomábamos café no quitaba ojo de mi cuerpo y él sabía que me atraía, al terminar de tomar café fui hacia él para retirarle la taza de café, pero al estar junto a él puso sus manos sobre mi cuerpo.

-Estás buenísima-dijo-

Pegué un brinco y me retiré de su lado…

-Por favor vete-dije-

Volví a la cocina para limpiar las tazas, sentí de nuevo unas manos agarrando mi cintura por detrás, quedé completamente inmóvil, él siguió agarrado a mí, su boca beso mi cuello apartando el pelo hacia el lado…

-Por favor no-dije- sin volverme…

Pero él continuaba tocándome, ahora tocaba con una mano mi culo y con otra mis pechos.

-Tienes un culito y unas tetas divinas…

Mi cabeza intentaba separarse de ese hombre, pero mi cuerpo ardía de deseo, una de sus manos penetró por debajo de mi camisa hasta llegar a mi coño, al principio lo tocaba a través de las bragas, pero con una destreza tremenda (se veía que tenía experiencia), apartó las bragas hasta llegar su mano a mi coño.

-Que buena peluquera tienes-dijo-

Tenía unas manos enormes, mojándose un dedo de su mano con su boca lo introdujo en mi coño, lo movía con una gran delicadeza y destreza.

-Ahora vas a ver lo que es un hombre.

Me cogió por la cintura, quitándome las bragas y subiéndome a la encimera de la cocina, abrió mis piernas apoyándolas en sus hombros, con una mano apartó los vellos de mi coño dejándolo al descubierto, pasó su lengua despacio sobre mi coño, mi cuerpo se retorcía de placer, al poco tiempo su lengua experta se introducía en mi coño, ahora entraba y salía mucho más rápida, introdujo primero un dedo en mi coño mientras lo lamía frenéticamente, después dos hasta tres dedos dejó dentro mientras me mordisqueaba los labios de mi mojado coño, sus dedos penetraban en mi abierto coño mientras yo gemía de placer hasta llegar al orgasmo, grité de placer…

Nunca en mis 17 años de matrimonio había tenido un orgasmo así sin ser penetrada, poco después me dirigí hacia él, quitándole el mono de trabajo, llevaba un bóxer ajustado, de él sobresalía ese enorme bulto, cogiendo mi mano me la llevó hasta tomar ese colosal bulto…

-Ahora vas a ver una polla de verdad.

Ardía en deseo de quitárselo para ver su polla, al bajarle el slip, su polla saltó como si tuviera un muelle, estaba erguida, y era enorme, grande y gorda, con mis dos manos apenas tapaba media polla.

-¿Habías visto algo así?, dijo riendo…

Cogió mi cabeza hasta llevarla a la altura de su polla, intenté metérmela en mi boca, pero era imposible, no cabía, con sus manos intentó metérmela en mi boca, pero sólo me produjo una arqueada.

-No cabe-dije.

Besé su polla, hasta llegar a sus huevos, los mordisqueé, él gemía como un toro, me cogió en brazos hasta llevarme al sofá, abriéndome las piernas puso la punta de su polla en la entrada de mi coño. Poco a poco la iba introduciendo, mi coño totalmente húmedo y dilatado tragó la punta de su polla.

-Métemela entera-gritaba de placer.

De un golpe me la metió hasta los huevos, me corrí con la primera embestida, pero pedía más.

-Puta te has corrido con sólo metértela. -Más, fóllame más-le pedía… -Ahora verás…

Tomándome con las dos manos por mi cintura empezó a follarme con fuerza, su polla ahora entraba y salía de mi coño sin esfuerzo, yo gritaba de placer, de nuevo iba a tener otro orgasmo, él paró.

-No pares sígueme follando le suplicaba gritando…

De nuevo continuó follándome hasta correrme, fue impresionante, mi cuerpo estaba totalmente arqueado, ofreciéndole mi coño para que embistiera lo más fuerte posible, con sus manos agarrándome el culo embestía como un toro, gemía fuera de sí al igual que yo hasta corrernos, sacó su polla rápido de mi coño hasta ponerlo a la altura de mi boca para correrse, su esperma salió disparado de su polla hasta llenarme toda mi cara, con mi lengua fui limpiándole su polla hasta no dejar apenas restos de semen…

Quedamos exhaustos los dos, nunca había disfrutado tanto follando con un hombre, pero esa tarde no terminó ahí, continuó, pero ya os lo contaré otro día.

Autora: Alisan

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La prueba de fe

Alicia era invadida por un inmenso misil que desplegaba sus labios vaginales, los cuales cobijaban al ilustre invasor, la resistencia fue débil, el misil llegó hasta lo más profundo que podía llegar, sus pelvis chocaron entre sí, y como si de goma se tratara se inició una especie de rebote que no era más que el delicioso mete y saca, que poco a poco se fue acoplando rítmicamente.

Andrés se encontraba acostado en su cama con una erección que amenazaba con romper el bóxer, recordaba los acontecimientos de la fiesta de la noche anterior, Susana una espectacular mujer deseada por todos los empleados presentes, anduvo coqueteando con él durante toda la noche, al final después de tantos deseos reprimidos cuando estaba a punto de llevársela para un hotel, llegó el marido a buscarla, dejándolo solo con una erección y las ganas.

Andaba perdido en sus pensamientos cuando escuchó el timbre, maldijo por la interrupción y pensó que deberían ser los Testigos de Jehová que como cada domingo muy temprano tocaban a la puerta, se levantó mal humorado con intención de reclamarles, pero al abrir la puerta se encontró con una hermosa joven veinteañera.

Gratamente sorprendido al observar a tan encantadora joven, de pelo castaño claro, semi ondulado, recogido con una cola, unos hermosísimos ojos verdes, nariz respingona y rostro angelical, una blusa de botones hasta el cuello que marcaban unos hermosos y firmes senos, una falda larga hasta los tobillos, ancha, que no podían disimular que debajo había un esplendoroso culo y unas esbeltas piernas, la chica se sonrojo al ver a un hombre sin camisa y en bóxer, quiso retirarse, pero Andrés le indicó que pasara que inmediatamente se cubriría.

Alicia, como se llamaba la religiosa, dudando entró y se sentó en el sofá, como advertencia le indicó que las otras hermanas y hermanos se encontraban en los distintos apartamentos llevando el mensaje de Jehová, Andrés sonrió e inmediatamente fue a su cuarto con intenciones de cambiarse, pero pensó que esta era la oportunidad de que lo dejaran tranquilo los domingos, así que sólo optó por ponerse una franela, se manoseó la polla con intensiones de despertarla y se dirigió a la sala donde se encontraba la chica.

Al pasar frente a la chica con toda intención y con la excusa de ofrecerle un jugo, se paró frente a la chica que como estaba sentada, su rostro quedó frente al paquete de Andrés, por tal motivo no pudo evitar notar el bulto que se marcaba en el bóxer, lo que causó nuevamente el sonrojo de la muchacha y por timidez rechazó el ofrecimiento del jugo.

Andrés se sentó a su lado y la invitó a iniciar la charla, Alicia sin pérdida de tiempo y queriendo apurar las cosas comenzó su perorata religiosa, de repente Andrés la interrumpió, preguntándole que tan alto era su grado de fe, ella sin dudarlo le contestó que muy alto, él en tono desafiante le dijo que no lo creía así, Alicia molesta le replicó que como se atrevía a dudar de sus creencias religiosas, Andrés muy calmadamente le aseguró que podía demostrarle en ese mismo momento que no tenía tal convicción, Alicia curiosa por la afirmación hecha por Andrés, le pidió que se lo demostrara.

Andrés mirándole directamente a los ojos, le dijo para hacer una especie de experimento, ella dejaría en las manos de Jehová lo que ocurriría, si ella pasaba la prueba él la recibiría todos los domingos para orar y escuchar el mensaje de Jehová, Alicia mirándolo con rostro de curiosidad, preguntó en qué consistiría dicha prueba, inmediatamente Andrés pasó a explicárselo.

Ella tendría que desnudarse y dejar que Andrés le acariciara y besara cualquier parte de su cuerpo, si ella aceptaba y su convicción era real, Jehová no permitiría que cayera en tentación, por el contrario si ella no aceptaba realizar la prueba, eso demostraría lo que él había afirmado con anterioridad. Alicia se quedó pensativa y le pidió hasta el próximo domingo para reflexionar y pedir consejo a su señor Jehová, se levantó del sofá y se despidió, Andrés no pudo evitar apreciar el respingado culito de la chica que al darle la espalda para dirigirse a la puerta le mostró.

La semana transcurrió sin mucha acción para Andrés, quien ni siquiera se acordaba de la prueba que le había propuesto a la religiosa, caso contrario al de Alicia, que durante toda la semana no podía sacarse de la cabeza la bendita prueba que ponía en duda su fe religiosa, oraba, pedía consejos, por supuesto, sin mencionar nada relacionado con la prueba, así transcurrieron los días, hasta llegar el tan esperado día domingo.

Alicia llena de convicción y segura de sí misma, decidió aceptar el reto, y se puso en manos de Jehová, con decisión  tocó el timbre, al poco rato un adormecido Andrés abrió la puerta, con extrañeza miró a la chica que estaba parada frente a él, preguntándole si había decidido hacer la prueba, Alicia con firmeza respondió que ella estaba muy segura de sus creencias y precisamente venía a comprobarle lo equivocado que estaba, Andrés que ya se había sorprendido con la presencia de la chica, quedó aún más con la respuesta.

Inmediatamente la invitó a entrar, indicándole que pasara a la habitación para iniciar la prueba, una vez adentro le indicó que mientras él se duchaba, ella podría desvestirse, Andrés dentro del baño, no dejaba de pensar en la sorpresa de la decisión de la chica, y muestra de ello era la erección que comenzaba a sentir, por su parte, una decidida Alicia comenzaba a desvestirse, se quitó la blusa, las sandalias y la larga falda, quedando en sostén y pantaletas, dudaba si seguir o esperar, al final decidió despojarse de las prendas, quedando totalmente desnuda, se acostó en la cama a esperar y a orar.

Al rato escuchó que se abría la puerta del baño e inconscientemente volteó, sus ojos como imanes se dirigieron a la inmensa polla erecta de Andrés, Alicia no podía determinar si era grande, normal o pequeña, ya que era la primera que tenía a la vista, pero si era de grandes dimensiones, por lo que se apresuró a sugerir ciertas condiciones antes de dar inicio a la prueba. Por su parte Andrés al ver a la hermosa chica acostada en su cama completamente desnuda, no hizo sino corroborar lo que ya presumía, desde la primera vez, que Alicia era poseedora de un espectacular y hermoso cuerpo.

Andrés asintió e inmediatamente Alicia comenzó a indicar las condiciones, señalando el pene de Andrés, dijo nada de tocar con ese bichote, nada de besos en la boca, ni de penetrar con los dedos, ya que era virgen, acordadas las condiciones Andrés sólo pidió una cosa, que Alicia le permitiera recortar el vello del pubis, debido a que lo tenía demasiado poblado y no podía contemplar bien la ubicación de la rajita y podía equivocarse, la chica sonrojada aceptó, pero con la condición de no depilar completamente.

Andrés ya con los utensilios se plantó frente a la chica quien se encontraba acostada con los ojos cerrados, la observó en toda su plenitud, un cuerpo lozano, blanco, unas tetas redondas, firmes no muy grandes, pero acordes con su cuerpo, pezones duros con unas aureolas grandes y rosadas, barriguita plana y un coñito escondido bajo una pelambre que pronto desaparecería, con delicadeza separó las piernas de la chica y le pidió que las recogiera, quedando su coño en todo su esplendor, sin prisa, pero sin pausa inició el corte de pelo vaginal, untó suavemente con los dedos gel de afeitar, con la maquinita afeitó los lados de la vagina, el área de los labios, el orificio anal estaba libre de vellos, con las tijeritas recortó el pelo, dejando un pequeño triangulito.

Andrés observó que de la rajita fluía líquido vaginal, indicio de que la fe comenzaba a resquebrajarse, estuvo tentado a pasar la punta de la lengua y saborear el dulce néctar que emanaba, pero se controló, ya que como zorro viejo que era, sabía que la chica cedería más temprano que tarde, pero quería llevar las cosas pausadamente, se colocó al lado de la chica para besarle el cuello y con una mano le acariciaba las tetas y le rozaba los pezones.

Alicia a quien jamás alguien le había siquiera visto el coño, después de niña, mucho menos tocado, sintió un hormigueo por toda la zona de la pelvis en el momento que sintió, bien sea la máquina de afeitar o los laboriosos dedos de Andrés, cuando le rozaban la piel para tomar los pelos para recortarlos, nunca antes había sentido una sensación tan deliciosa como esta, imaginaba, que abajo en su vagina, había una especie de olla con agua en ebullición, luego sentir el roce de los dedos de Andrés sobre sus pezones y el roce de sus labios sobre su cuello, le hizo imaginar no una olla, sino un volcán a punto de estallar.

De repente, Andrés interrumpió sus caricias y preguntó a Alicia si continuaban con la prueba, la chica con voz entrecortada y con la respiración acelerada, contestó,  que si su señor Jehová le había puesto esta prueba, ella no era nadie para interponerse ante sus designios y además ella tenía que demostrar su inquebrantable fe e indicó a Andrés que continuara, con una sonrisa Andrés procedió besando y chupando las tetitas redonditas y firmes de  Alicia, fue besando la barriguita, jugueteó un rato con la lengua dentro del ombligo de la chica y continuó río abajo hasta llegar al jugoso y apetitoso coñito de Alicia, con su lengua hurgó cada rincón, con la punta de su lengua probó el flujo que emanaba por los labios vaginales, se deleitó, jugueteó con su lengua con el clítoris, podía sentir los movimientos de cadera de la chica, quien hacía un esfuerzo por controlarlos, pero al parecer la cintura se había revelado.

Alicia después de indicar a Andrés que continuara con la prueba, tuvo una diversidad de sensaciones deliciosas, cuando sintió los labios de Andrés besar sus senos, al sentir la lengua sobre sus pezones, jugueteando con su ombligo, pero la sensación que hizo estallar el volcán fue cuando sintió la lengua de Andrés recorrer la rajita de su mojado coño, hizo que su cintura se desbocara y por más que trató de controlarla, no pudo, y un estallido placentero hizo que brotara toda la lava  desde las entrañas de su vulva convertida en un caliente y explosivo volcán. Andrés sin perder tiempo colocó la punta de su grueso pene en la entrada de la vulva de Alicia quien apenas se recuperaba del estruendoso orgasmo, y al sentir el macizo a las puertas de su coñito, le pidió a Andrés que no se lo metiera que ella no quería dejar de ser virgen, Andrés le contestó que no se preocupara que con esta follada quedaría beatificada.

Alicia fue sintiendo como era invadida por un inmenso misil, que desplegaba sus labios vaginales, los cuales cobijaban al ilustre invasor, quizás por lo lubricada que estaba su vagina, la resistencia fue débil, el misil llegó hasta lo más profundo que podía llegar, sus pelvis chocaron entre sí, y como si de goma se tratara se inició una especie de rebote que no era más que el delicioso mete y saca, que poco a poco se fue acoplando rítmicamente, durante varios minutos estuvieron con ese baile frenético, hasta que Alicia tuvo otro estruendoso orgasmo, esta vez acompañada de un grito de ¡Oh Jehová! Andrés haciendo gala de su experiencia, sacó su gran instrumento y apuntó hacia el cuerpo de Alicia y borbotones de semen bañaron el cuerpo de la hermosa chica.

Acostados uno al lado del otro recuperándose de tan ajetreada prueba, Andrés le repostó a la chica, el no haber superado la prueba, a lo que esta le contestó que al contrario, esta prueba le había servido para demostrarle a su señor Jehová, hasta donde era capaz de sacrificarse para demostrar su fe hacia él.

Durante el resto del domingo Andrés y Alicia continuaron tratando de demostrar quien tenía la razón, para ello utilizaron varios argumentos, como el 69, el abajo y ella arriba, el perrito y para el próximo domingo dejaron para ver si Alicia era capaz de entregar su culito en nombre de Jehová.

Autor: Barmelia

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Memorias del subsuelo

Desde luego no estaba dispuesto a que aquel anciano se quedara con los honores, así que traté de pensar rápido en algo, antes de que llegáramos a nuestra parada. Decidí pasarle la mano por debajo de la falda y meterle dos dedos de golpe en su sexo. Antes acaricié brevemente su clítoris, para que se hiciera a la idea… me sobresalté cuando pegó un respingo y dejó escapar un leve gemido.

Aquel era un día de perros, como suele decirse. Llovía a cántaros y a mi no me gustan los días lluviosos. Para cuando por fin alcancé la boca de metro yo ya estaba hecho una piltrafa, empapado hasta los huesos y con el traje de chaqueta para el arrastre. Bajé por el laberinto de pasillos y escaleras hasta el andén sacudiendo el paraguas, aburrido de ver las escenas de siempre, los transeúntes de siempre. Sentí que mi vida era un asco. Monotonía pura. Pensé en lo bien que me sentarían unas vacaciones… y unas vacaciones de esas vacaciones, en alguna playa desierta del Caribe y rodeado de preciosidades caribeñas…

Entonces divisé por entre la multitud a Alicia, una de mis compañeras de trabajo. Estaba esperando donde siempre, muy cerca de los raíles. Estaba preciosa, he de reconocer que es una de las mujeres más fascinantes que he conocido nunca. Demasiado perfeccionista, eso si, a veces me saca de quicio en el trabajo, pero bueno, nadie es perfecto.

Traté de acercarme a ella, pero la espesa multitud me lo impidió. Así que tuve que esperar a que llegara el metro y colarme en su mismo vagón para tratar de llegar hasta ella.

“Alicia, ¡hola!… Vaya, veo que no trajiste paraguas”. “Hola, Pedro… pues no, ya ves, ¡estoy empapada! Me imaginé que no llovería demasiado, pero. “

Al oírle decir la palabra “empapada” me pregunté de qué color sería su ropa interior. Me pregunté si realmente llevaría o no. De pronto una sacudida de la máquina al arrancar hizo que nos desestabilizáramos. Tuvimos que acomodarnos de nuevo, de tal suerte que Alicia y yo quedamos cara a cara y tan juntos que su pecho estaba totalmente pegado al mío. Al ser más baja que yo sentí su respiración en mi cuello. Sus labios estaban tan a pocos centímetros de los míos que solo tendría que haberme agachado un poco para besarla. ¡Cómo deseé en aquellos momentos que no llevara bragas…!

Hacía muchísimo tiempo que no me excitaba en medio de una multitud, pero es que no era para menos! Aquella mujer me volvía loco… llevaba una camisa blanca que, al estar mojada por la lluvia, se le adhería totalmente a la piel, marcándole el sujetador y los endurecidos pezones, que yo notaba a través de mi camisa (la chaqueta del traje la llevaba abierta). Por momentos la iba notando más pegada a mí. Entonces miré por encima de su cabeza, vi a un hombre mayor, de unos sesenta y tantos años y comprendí por qué Alicia se pegaba tanto a mí: venía huyendo, apartándose de aquel hombre. Seguramente le estará restregando la bragueta por el culo. Noté cómo ella, apresada entre el viejo y yo, comenzaba a respirar más rápido… y con ello, yo notaba sus pechos bombeando contra mí. Eso me puso a cien.

Decidí esperar a la siguiente sacudida del metro (una parada), que no tardó en llegar. Entró más gente, pero yo me afiancé en mis posiciones y parece que el viejo tuvo la misma idea. Seguimos igual, pero, si cabe, más pegados aún. Fue entonces cuando sentí la mano de Alicia sobre mi mano, la que estaba apoyada en el mango del paraguas. Me miró con ojos lascivos y  sonrió. Bajó la vista, mirándome fijamente a los labios, con los suyos entrecerrados, como en éxtasis. Algo estaba pasando… y lo jodido es que yo no era el causante. Volví a mirar al anciano. Estaba mirando hacia el lado contrario a nosotros, pero tenía la mandíbula tensa y el gesto concentrado. La respiración de Alicia se comenzó a acelerar y se sujetó a mi cintura, quizás sintiendo que se iba a caer. Al apoyarse totalmente en mí, pude ver que su minifalda estaba levantada por detrás, enrollada en la cintura, y cómo la mano el viejo desaparecía entre sus nalgas.

¡Alicia estaba confundiendo la mano del viejo con la mía! ¡Por eso se pegaba tanto a mí! Me quedé desconcertado, sin saber qué hacer. Desde luego no estaba dispuesto a que aquel anciano se quedara con los honores, así que traté de pensar rápido en algo, antes de que llegáramos a nuestra parada. Decidí pasarle la mano por debajo de la falda y meterle dos dedos de golpe en su sexo. Antes acaricié brevemente su clítoris, para que se hiciera a la idea… me sobresalté cuando pegó un respingo y dejó escapar un leve gemido. En el mete-saca de mis dedos noté la otra mano del hombre. Pareció una sensación mutua, porque él también me miró interrogante por encima de la cabeza de mi compañera, pero yo me hice el desentendido.

Entonces otra brusca sacudida y el metro paró. Nuestra parada. Mucha gente salió, dándole tiempo a Alicia, durante el barullo, a componerse. Tenía la cara descompuesta, estaba seguro que había alcanzado el orgasmo. Yo saqué despacio mis dedos de su sexo y me los llevé a la nariz. Ella vio mi gesto, y su risa me regaló los oídos. Yo también sonreí.

“Eres un viciosillo, ¿lo sabias?…”

È così… Qué le voy a hacer. Cuando bajamos del vagón yo miré hacia atrás y vi un charco justo donde había estado Alicia. Sus jugos…el agua escurrida de mi paraguas… ¿quién sabe?…

Autora: Aliena del Valle

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Una grata sorpresa

José se colocó tras Alicia y la penetró, mientras Trini besaba a Alicia en la boca. Era un beso de pasión y deseo, me coloqué detrás de Trini y la penetré de un empellón, Alicia la cogió de la cara y se besaron. Era la gloria, había poseído otro culo virginal, además  mientras José y yo penetrábamos a aquellas mujeres ellas aprovechaban nuestras embestidas para besarse y tocarse las tetas.

Lo que os voy a contar me ocurrió hace casi un año. Tengo 33 años, estoy soltero y, aunque no me considero guapo, sí creo ser atractivo, pues mido 1´80 metros y tengo el pelo rubio y, gracias al deporte, me encuentro en forma.

El caso es que todos los viernes, después de trabajar, voy a un bar a tomar unas cañas y, de vez en cuando, como allí. Es un bar al que voy muy a menudo, desde hace mucho tiempo, y en donde solemos quedar los amigos antes de salir de marcha o para cualquier evento. De este modo, hemos adquirido tanta confianza con el dueño del bar que lo consideramos casi nuestra segunda casa. Tanto es así que nos saludamos y tenemos también mucho trato con otros parroquianos habituales del local.

Aquel viernes, en concreto, llegué al bar algo más tarde de lo habitual, sobre las tres y ya quedaba poca gente. Como no tenía ganas de hacerme la comida, le pedí a la mujer del dueño que me preparase un bocadillo mientras me tomaba unas cañas. Leí el periódico y me senté en una mesa para comerme el bocadillo. En el bar sólo quedaba un matrimonio tomando unos “chatos”. Eran también clientes habituales, a él le conocía porque tiene una plaza de garaje muy cercana de la mía, le había saludado y habíamos charlado un rato sobre el fútbol en algunas ocasiones.

Apenas me había terminado el bocadillo, pedido un café y tomado una copa, cuando el hombre se sentó junto a mí. Me extrañó aquel hecho, pero supuse que querría hablar conmigo del garaje.

-Perdona, pero quisiera hablar contigo sobre un tema importante -me dijo. Yo sonreí y le dije que adelante. Él miraba nervioso a su mujer, así que yo también la miré y le sonreí. Este vecino tiene unos cincuenta y pocos años, algo más bajo que yo, pero de hombros anchos, nariz chata y cara de pocos amigos. Parece más bien un boxeador, aunque viste con gusto y se nota, a la legua, que tiene “cuartos”. Ella tiene cuarenta y tantos años, rubia, algo entrada en carnes -es de esas gorditas eróticas: culo grande, pero no demasiado y bien proporcionado, tetas grandes, pero no excesivas- y guapa de cara.

-¿Eres soltero? -me preguntó. Yo asentí, sorprendido por aquella pregunta. Por un momento me sentí el centro de atención. Incluso la mujer del dueño del bar -su nombre es Trini- me miraba. Trini es una mujer morena con un culo algo grande por dos partos, pero apetitoso. Las tetas son pequeñas y tiene unos ojos grandes. No es muy guapa, pero tiene atractivo y parece más joven de lo que es, pues también ronda los cuarenta y pocos.-Mira, yo… Bueno, mi mujer y yo querríamos saber si tú…, en fin, si te apetece pasar un rato con nosotros.

Recuerdo que pensé: ¡Joder, esto no es real! No puede estar ocurriéndome esto. La verdad es que los amigos habíamos comentado, en alguna ocasión, que aquella mujer debía de tener un buen revolcón, pero del dicho al hecho… No sabía qué decir. Estaba colorado y nervioso. Bebí de un trago la copa.

-No soy bisexual, ni gay -dije.-Yo tampoco -respondió él, también azorado por la situación-. Mira, mi mujer y yo, bueno, llevamos mucho tiempo fantaseando con una orgía. No es que tengamos una vida sexual aburrida, pero ella, bueno ya ves…, aún es guapa y yo ya no respondo cómo antes. Es la primera vez que nos atrevemos a pedir esto y tú, bueno, se ve que eres una buena persona y Trini nos ha dicho que eres correcto y no uno de esos… No sé si me entiendes…

Miré a Trini. Así que ella lo sabía todo. ¡Joder, por un lado, estaba excitado, pero aún dudaba! Le pedí a Trini otra copa y ella rozó mi mano con la suya al servirme.

-Vamos, atrévete son buena gente -me dijo.-De acuerdo -dije-, pero nada de mariconadas ni cosas raras.-Vale -dijo la mujer, hablando por primera vez.

Me bebí la copa y fui a pagar, pero él dijo que me invitaba. Sin decir una palabra, salimos del bar y fuimos a su coche. Era un Mercedes de alto standing. Nos dirigimos a su casa, una casa baja muy cercana al bar. Apenas entramos en la casa -por fuera parecía una casa normal, pero por dentro era enorme y muy lujosa-, el hombre me dio una copa de coñac francés, mientras él se preparaba un cubata. Su mujer había desaparecido. Bebimos en silencio, hasta que habló.

-Para mí esto es excitante, pero también estoy nervioso… Ver a mi mujer con otro… -dijo, quedándose en silencio un rato-. Mira, puedes quedarte todo el fin de semana, si quieres. Cuando te vayas te daré un buen regalo, pero con una condición, que no le digas nada a nadie, ni siquiera a tus amigos.-Supongo que será muy duro vernos luego en el bar. Tal vez tu mujer no quiera ir más allí y sé que sois amigos de Trini y su marido.-De eso no te preocupes, será como si nunca hubiese ocurrido nada. En fin, no sé que ocurrirá después, pero eso ya lo iremos viendo, ¿vale?-De acuerdo -dije.

Nos bebimos nuestras copas y me indicó el camino hacia su habitación. Entré en el dormitorio y me encontré a su mujer desnuda sobre la cama -si vestida ya estaba apetecible, desnuda ganaba enteros-, su cara era redondita, con aquellos labios carnosos, sus tetas grandes y firmes, su pubis afeitado. En fin, sólo con verla me puse a cien.

-Desnúdate -me ordenó. Obedecí rápidamente. Ella sonrió al ver mis 25 cm en plena forma y se acercó a mí. Cogió mi polla con una mano y me masturbó lentamente mientras, a la vez, le daba besos a mi capullo. De repente abrió la boca y se la tragó hasta la mitad, iniciando una gloriosa mamada. La cogí del pelo y me agaché un poco para sobarle las tetas, duras como piedras. Estuvimos así un rato, entonces la senté en la cama, la abrí de piernas y le metí la cabeza dentro de aquella fuente de placer. Lamí su vagina con fruición hasta que la oí gemir. Entonces empecé a chupar su clítoris mientras metía un dedo dentro de su coño. Sus grititos fueron en aumento, mientras sus manos me cogían de la cabeza y me obligaban a meter, más y más, mi dedo en su coño y a lamérselo con más fuerza. Mi lengua empezó a moverse por su entrepierna y comencé a lamerle también su ano.

Metí mi lengua todo lo que pude en su vagina y le introduje un dedo, lentamente, dentro de su ano. La mujer chillaba y me pedía que me la follase. Me levanté y vi a su marido, desnudo junto a ella, acariciándola y besándole las tetas. Introduje mi polla dentro de su húmedo coño, al tiempo que él metía su lengua en la boca de ésta. Empecé a follármela lentamente, metiéndosela hasta los huevos. Luego la sacaba y jugueteaba, con mi capullo, en su clítoris, volviendo a metérsela después. Aquel juego parecía excitarla, pues no dejaba de gemir mientras besaba a su marido y le masturbaba, cada vez más rápidamente. Yo estaba a punto de estallar, así que me dejé de jueguecitos y empecé un rápido “mete y saca”. Entonces su marido se puso sobre ella y le metió la polla dentro de la boca.

Nos corrimos los tres a la vez, entre gemidos y jadeos. El marido cayó sobre la cama, mientras su mujer le besaba los huevos y se masturbaba. Aquella mujer quería más, así que me puse de rodillas en la cama, le alcé las piernas y, mientras ella continuaba masturbándose el clítoris, apoyé mi capullo en su ano y, de dos embestidas, se la metí. La mujer chilló, pero no estaba dispuesto a perderme una penetración en aquel culo virgen y apetitoso. Su marido miraba mi enculada, excitado le chupó las tetas y le acercó la boca al coño, que estaba abierto de par en par y lleno de semen y flujos, y empezó a lamérselo, mientras su mujer continuaba chupándole la polla y le metía un dedo en el culo.

Yo seguía bombeando y escuchando los gemidos del matrimonio. Ella sólo decía: “¡Que bueno, que bueno!”. De vez en cuando, podía ver su gordita cara cubierta de sudor y enrojecida por el esfuerzo y el placer. De repente dio un grito, se metió toda la polla de su marido en la boca y se contorsionó cómo una loca. Era un orgasmo increíble, pero no dejaba de mover sus caderas. Su marido volvió a correrse en su boca y cayó a un lado, mirando cómo mi polla entraba y salía de aquel virginal ano. El flujo de su orgasmo hacía brillar su pubis y le resbalaba hacia su vientre. Era una visión espectacular ver a aquella carnosa y hermosa mujer con el cuerpo y la cara brillando por el sudor, el flujo y el semen, mientras jadeaba y chillaba. No pude más, saqué mi polla de su culo y la apoyé sobre sus tetas corriéndome sobre ellas, mientras ella me besaba mi estomago y me acariciaba las nalgas.

Caí a su lado y ella se agachó para besarme la polla y darme una lamida. Después se tumbó junto a su marido, se estrecharon en un fuerte abrazo y se dieron un largo beso. Me levanté y fui al servicio, cuando regresé a la habitación, el marido -que se llama José- estaba enculando a su mujer. José sonrió al verme y, mientras la enculaba y le golpeaba en sus hermosas nalgas, me dijo que era la primera vez que su mujer le chupaba la polla hasta tragarse el semen y que también era la primera vez que la enculaba. Yo no respondí, simplemente me puse delante de Alicia -así se llama la mujer-, la cogí del cabello y le obligué a que me la chupase. Una de sus manos me cogió de los huevos y empezó a lamerme la polla con glotonería. Su cara se aplastaba contra mi entrepierna cada vez que su marido la embestía, haciendo que aquella mamada se pareciese más a una follada por la boca.

-Te gusta, ¿eh? -decía su marido con la cara desencajada de excitación-, tener dos pollas a tu disposición. Sentir cómo te penetran por todos tus agujeros. Pero tranquila, tenemos todo el fin de semana para ti. Y hay más sorpresas.

Entonces gimió y cayó sobre la espalda de su mujer, aferrándose a las grandes y colgantes tetas. Cambiamos de posición y, mientras ella limpiaba la polla de su marido, volví a encularla. Su culo goteaba semen y traté de excitarla más mientras la penetraba. Metí dos dedos en su coño para masturbarla y sentí que estaba caliente y muy húmedo. Se estaba corriendo, su flujo resbalaba por sus piernas cómo si estuviese meándose encima. Era increíble. Alterné mi penetración, metiéndosela un rato en el culo y luego en el coño, así varias veces, hasta que me corrí dentro de su glorioso conejo.

Estábamos extenuados, pero Alicia se levantó sonriente y nos preguntó que si queríamos comer algo. Fuimos a la cocina y preparamos una buena merienda. Cuando acabamos, José dijo que tenía que ir a la oficina a terminar una tarea y que luego vendría. Cuando José se fue, Alicia y yo fuimos al baño. Nos duchamos juntos y nos acariciamos mientras el agua resbalaba por nuestros cuerpos. Después fuimos al gran salón y vimos la televisión bebiéndonos un cubata.

-Ha sido maravilloso -dijo ella tras besarme.-Sí. Tienes un cuerpo increíble. Podría estar follando contigo hasta la extenuación.-¿No me ves gorda?-Mujer, estás gordita, pero eso no significa nada. Eres lo que llamamos una gorda erótica y apetecible, muy apetecible.

Nos dimos un largo morreo y le chupé las tetas. Poco después, estábamos tumbados en el sofá follando cómo locos. Mientas me aferraba a sus nalgas, la besaba con pasión y le comía las tetas. Cuando me corrí seguí besándola, mientras ella me acariciaba la polla.

-Esta noche quiero que me penetréis los dos a la vez. José por el culo y tú por el coño.-De acuerdo.

A eso de las 9 regresó su marido. Alicia fue a recibirlo desnuda y escuché un grito de sorpresa. Me asomé al pasillo y vi a José acompañado por Trini.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Alicia.-Sabía lo de la orgía, ¿recuerdas que me lo comentaste?. Pues cuando José ha ido al bar, a comprar tabaco, le he preguntado que cómo iba todo y él me ha dicho que si quería verlo. Así que, como mi marido se fue con los niños a pescar en cuanto cerré el bar, y como ya no abrimos hasta el domingo, he venido a verlo.

Yo salí entonces y Trini sonrió.

-¡Vaya, vaya!, Alicia lo estarás pasando de miedo -dijo Trini. Y antes de que dijésemos nada, Trini se estaba desnudando y se estaba acercando a mí. Nos besamos y sentí sus manos acariciándome la polla. Después se dio la vuelta y fue hacia José, besándole y restregando su cuerpo contra el de él.

Alicia miraba fijamente a Trini. La verdad es que estábamos sorprendidos. Una mujer que siempre decía que su marido era el hombre de su vida, que volvería a casarse con él si volviese a repetir su vida y que ahora estaba allí, desnuda y dispuesta a ser poseída por dos hombres, poniéndole los cuernos a su marido en una orgía de fin de semana. En fin, era para estar sorprendido. Pero a la vez que sorprendido, yo estaba súper- excitado. Poder poseer a dos mujeres de cuarenta y tantos años, pero que estaban de muy bien ver, era algo que se parecía más a un sueño que a la realidad.

Poco después estábamos los cuatro desnudos en el salón, tomando una copa y jugueteando. Parecíamos críos de veinte años diciendo y haciendo tonterías. Hasta que José se puso a 4 patas y empezó a lamer el coño de Trini. Alicia no tardó en tumbarse bajo su marido y empezó a mamarle la polla. Yo la abrí de piernas y le chupé el coño. Poco después sentí una lengua recorriendo mi falo y vi a Trini agachada sobre mi entrepierna. Si alguien nos hubiese grabado estaría pajeándose de ver a los cuatro formando aquel círculo de sexo.

Trini chupaba de una manera experta, acompañando sus lamidas con una ligera masturbación que hizo que mi polla se pusiera dura cómo una piedra, así que me levanté y miré el glorioso conejo de Alicia. Hay cosas que a uno le chocan. Cuando uno se imagina a una mujer de más de 40 años follando, siempre se las imagina más recatadas, aunque no por ello menos salvajes, y allí tenía a dos totalmente despatarradas, gimiendo y gozando cómo locas y dispuestas a todo. Así que se la metí hasta el fondo, de una manera casi violenta, y Alicia aceptó aquella embestida cerrando sus piernas en torno a mi cadera, mientras José se disponía a abalanzarse sobre Trini.

Los gemidos llenaron todo el salón. José y Trini se habían enzarzado en un 69, mientras Alicia me había hecho girarme y me cabalgaba cómo una posesa. He de decir que la belleza de Alicia aumentaba cuando estaba muy excitada. Además, con aquel rostro de “mujer de bien” (es decir, de una mujer que, al ser rica, se dedicaba a cuidarse) y con sus joyas todavía puestas, hacía que uno desease poseerla hasta que gritase ¡basta! Quería hacerla mía casi de una manera total, hacerla mi esclava.

Oí una especie de alarido y vi a José correrse en la boca de Trini mientras ésta cerraba sus piernas en torno a su cabeza, obligándole a seguir chupando. Alicia me cabalgaba con los ojos cerrados, aferrándose a mi pecho y tocándome los huevos de vez en cuando, mientras yo le mordisqueaba los pezones.

-Quiero tragarme tu semen -gritó mientras yo sentía cómo mi pene salía con facilidad de aquel coño rebosante de jugos. Entonces Alicia se tumbó sobre mi polla y empezó a lamerla. Vi a Trini acercarse y empezó a lamerme los huevos. Estaba en la gloria. Me incorporé un poco para verlas trabajar y entonces me di cuenta de que Trini tenía apoyada una mano en el culo de Alicia. No era algo casual, la mano de Trini se movía acariciando aquel culo hasta que metió un dedo dentro del ano y empezó a metérselo y a sacárselo. Aquello aumento mi excitación, y también la de José, que veía cómo una mujer empezaba a poseer a su mujer.

-Voy a correrme -gemí. Trini empezó a masturbarme mientras Alicia apoyaba su boca en mi capullo y esperaba mi corrida. José miró fascinado cómo mi chorro de semen saltó hacia la boca de su mujer, manchándole la cara, el pelo y llenándole la boca de semen. Con un rápido movimiento, apartó a Trini, se colocó tras Alicia y la penetró, mientras Trini besaba a Alicia en la boca. Era un beso lleno de pasión y deseo. Yo estaba tan salido que me coloqué detrás de Trini, lubriqué su ano y la penetré de un empellón. Trini gimió y chilló, pero Alicia la cogió de la cara y se besaron.

Era la gloria. No sólo había poseído otro culo virginal, sino que además podía ver cómo, mientras José y yo penetrábamos a aquellas mujeres, ellas aprovechaban nuestras embestidas para besarse y tocarse las tetas.

Aguanté bien poco. Un calambre recorrió mi espalda y me derramé en aquel culo. José tampoco duró mucho y también se corrió en el coño de Alicia. Sudorosos y jadeantes, nos retiramos para ver cómo Trini y Alicia se sonreían y luego venían hacia nosotros.

Pasamos toda la noche follando, cambiando de parejas o formando tríos. Alicia vio cumplido sus deseos y la follamos los dos a la vez. Tuvo un orgasmo increíble, tanto que durante un buen rato estuvo jadeando y sufriendo espasmos cada vez que le tocábamos el coño. Acabé durmiendo con Trini, enlazados en un fuerte abrazo. Dormimos hasta muy tarde y me despertó el sonido de una puerta cerrándose. Cuando me levanté, vi a Alicia en la cocina.

-¿Y José?-Le han llamado por un tema urgente. Volverá esta tarde -dijo y sonrió mirando mi enhiesto pene.

La cogí y la besé mientras la sentaba sobre una mesa.

-¿Por qué no haces el amor con Trini? -pregunté-. Durante toda la noche no habéis dejado de tocaros y besaros, pero no habéis pasado de ahí.-Es mi amiga y me da reparo. No sé, con vosotros no me importa que una mujer me toque, pero hacerlo sólo con ella…

Mientras ella hablaba yo le metí lentamente la polla en su coño y luego la besé. Deseaba a aquella mujer más que a ninguna en mi vida. La penetraba lentamente, de repente, sentí una lengua que recorría mi culo y subía por mi espalda: era Trini.

Me giré y la besé. Su lengua se metía en mi boca mientras sus manos se apoyaban en mis nalgas, empujando mi culo hacia el coño de Alicia. De vez en cuando, Trini me soltaba y yo besaba a Alicia, hasta que, sin decir nada, me separé de Alicia y empujé a Trini para que ocupase mi lugar. Por unos instantes, Trini y Alicia se miraron sonrientes, hasta que Alicia cogió a Trini por el culo y la atrajo hacia ella, besándose. Sus pechos se juntaron mientras se acariciaban y besaban. Alicia, todavía sentada sobre la mesa, acariciaba la espalda de Trini con lentitud, hasta que, en un arranque de pasión, aferró el culo de Trini y empezó a lamerle las tetas.

Trini jadeaba y sus manos buscaron el coño de Alicia. Las dos gemían cada vez más, mientras yo me masturbaba lentamente. Alicia estaba colorada, jadeante y con los ojos cerrados, mientras Trini no dejaba de masturbarla y comerle los pezones. Entonces Trini se separó, cogió a Alicia de la mano y se fueron a la habitación. Allí continuaron besándose y lamiéndose las tetas entre gemidos y jadeos, hasta que se tumbaron e iniciaron un 69. Era algo frenético: Alicia estaba tumbada boca arriba y sus manos abrían los muslos de Trini, lamiendo con furia su coño y su ano. Lo hacía pasando la lengua a lo largo de aquella fuente, metiéndola en la vagina, mordisqueando sus muslos, mientras Trini no cesaba de mordisquear el clítoris de Alicia.

Para ser dos mujeres para las que era su primera vez lo hacían cómo dos expertas. Cuando sus lenguas no daban abasto, utilizaban los dedos para penetrarse en cualquier agujero. Y era Alicia la más salvaje de las dos. Vi cómo Trini tenía unos espasmos y se corrió sobre Alicia, aplastando su coño contra la cara de su amiga. Alicia aprovechó para meter dos dedos en el culo de Trini y continuó lamiendo con más energía, provocando un segundo orgasmo en su amiga, mientras ella alzaba las piernas y permitía que Trini lamiese mejor su vagina.

Tras correrse de nuevo, las dos amigas se tumbaron abrazadas y se besaron con pasión. Los fluidos de sus orgasmos pasaban de una boca a otra y yo estaba a dos mil por hora. Sin pensármelo, puse las piernas de Trini sobre mis hombros y la penetré. Mis embestidas eran recibidas con gusto, al tiempo que Alicia besaba las tetas de su amiga. Tras estar con Trini un rato, cambié a Alicia en la misma postura, ahora era ella quien recibía mis pollazos y los besos y caricias de Trini. Fue entonces cuando vi a José en la puerta. Había llegado mucho antes de lo esperado y estaba desnudo y con su pija lista para la acción. Sus ojos eran brillantes y respiraba entrecortadamente viendo cómo su mujer era poseída por un hombre y otra mujer. Se puso frente a Trini, adoptando mi postura. Al poco tiempo, estábamos, hombro con hombro, follándonos a las dos mujeres mientras ellas se morreaban, se acariciaban o se estimulaban tocándose el clítoris mutuamente.

Fui el primero en correrme dentro de Alicia y al poco lo hizo José, pero éste estaba tan salido que, arrodillándose entre las piernas de su mujer, empezó a comerle el conejo, al tiempo que metía dos dedos en el coño de Trini. José alternaba la lamida de coños. Su rostro estaba brillante por el semen y los flujos de las mujeres, pero él no hacía ascos. Estaba cómo loco y su lengua y dedos trabajaban a toda velocidad. Yo le ayudé comiendo las tetas y besando a las dos. Era un placer recorrer sus tetas, morder sus pezones y besar sus bocas, al tiempo que sentía sus manos acariciar mis nalgas, mi vientre, comerme la polla o chupármela, sin saber cual de las dos lo hacía.

Vi cómo José cogía el culo de Trini con las manos, lo alzaba un poco y metía su boca en aquella fuente de placer, arrancando gemidos de Trini. Entonces Trini se separó de nosotros y se fue. José no se detuvo, sino que fue hacia el conejo de su mujer y volvió a lamerlo. Yo no dejaba de morrearla y sobarle las tetas, entonces apareció Trini con una sonrisa en la cara.

Su cuerpo brillaba por el sudor y estaba enrojecido por el placer y el roce de los cuerpos. Sin decir nada, se puso tras José y metió su cara entre los glúteos de su amigo. Poco después José había dejado de lamer a su mujer, aunque seguía teniendo su cara entre los muslos de Alicia, cerró los ojos y empezó a jadear. Cuando Alicia y yo nos dimos cuenta, Trini estaba metiendo una zanahoria en el culo de José.

Actuando de maestra de ceremonias, Trini nos dijo que tenía una fantasía que quería realizar. Ordenó a Alicia que se abriese de piernas y dijo a José que se tumbase sobre Alicia, en la postura del misionero. José, que se había vuelto a empalmar, obedeció. Mientras Alicia y él se besaban, penetrando a su mujer con media zanahoria metida en el culo, Trini se puso sobre sus nalgas y se metió el resto de la zanahoria, empezando a subir y a bajar. Al poco, los tres jadeaban. Aunque a veces la zanahoria se salía y tenían que volver a empezar, cuando cogió el ritmo el trío era escandaloso. Entonces Trini me pidió que pusiera mi polla al alcance de las bocas del matrimonio. Yo estaba cortado, aunque a la vez excitado. Trini sonrió, la besé y obedecí. Al poco, José y Alicia chupaban mi polla al unísono, aunque Alicia prefería mis huevos y ver cómo su marido me la chupaba.

El matrimonio no tardó en correrse. Yo me lancé sobre Trini e iniciamos un frenético polvo, mientras veíamos cómo Alicia continuaba metiendo y sacando la zanahoria del culo de José. No tardamos en corrernos Trini y yo. Los cuatro nos quedamos tumbados en la cama, descansando. Pasado un rato, José y Alicia se fueron a la ducha y Trini y yo nos quedamos solos, charlando. Fue entonces cuando me dijo que con aquel último polvo habíamos logrado, ella y yo, que el matrimonio hiciese lo que nos diese la gana, que les habíamos hecho cruzar una línea a partir de la cual su vida sexual iba a cambiar por completo.

Trini permaneció con nosotros hasta la tarde. Yo la poseí una vez, pero Alicia y José gozaron de ella en tres ocasiones. Cuando se marchó para su casa, pasé el resto de la tarde y la noche con Alicia, mientras su marido veía cómo la convertía en mi esclava. Sólo al amanecer dejé que él la poseyera, pero para entonces Alicia estaba agotada, sudorosa y cubierta de mi esperma y por una lluvia dorada que había decidido hacer sobre ella en el último momento.

Me marché en cuanto me desperté, no sin antes recibir como regalo un buen coche y algo de dinero. Durante un mes no aparecí por el bar, aunque deseaba hacerlo y cuando lo hice, encontré al matrimonio. En el bar sólo estábamos Trini, el matrimonio y yo. No tardamos en ir al servicio Alicia y yo y la follé cómo un loco por su magnífico culo, aferrándome a sus tetas mientras ella gemía. Cuando salí, su marido entró en el servicio y estuvo un buen rato, mientras Trini me hacía una rápida mamada que limpió mi polla.

Cuando acabó, y como el matrimonio seguía en el servicio, estuvimos charlando. Me contó que, pocos días después de aquel fin de semana salvaje, los dos matrimonios fueron a cenar y se emborracharon, acabando la noche en casa de Trini y su marido. Allí, creyendo que su marido dormía la borrachera, fue a la habitación de Alicia y José e hizo el amor con Alicia, pero cuando se dio cuenta, vio a su marido observándolas. Poco después, había montada una orgía que duró toda la noche y durante la cual su marido y José llegaron a liarse. Desde entonces, los cuatro están liados y las noches que pasan juntos es indiferente quién se acuesta con quién, aunque me dijo que Alicia prefería los tríos (con los dos hombres o un hombre y ella) y Trini había descubierto que tenía cierta tendencia al lesbianismo y al sadomasoquismo.

Aquel fue mi último contacto con ellos. Cuando regresé al bar, después de otras dos semanas, había sido traspasado y se rumoreaba que Trini y su marido habían dejado a sus dos hijos al cuidado de los abuelos y se habían marchado al Caribe, junto con un matrimonio de amigos, para pasar unas largas vacaciones.

Autor: AnónimUs

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Jorge me da de su leche.

Lo cabalgaba como si estuviera domando caballos salvajes, succionaba todo lo que pudiera para poner mi sello sobre ese instrumento de placer, Jorge respondía mordisqueando mis senos, de repente veo que se paraliza, creí desfallecer por lo que nos embelesaba y era el aparecer y desaparecer de su miembro dentro de mi, levantaba mi coñito hasta casi sacarlo por completo para volverlo a meter.

Era el día de la Nochebuena, por la mañana, al despertarme surgió en mi mente la vez que me enamoré de mi adorado Jorge, recordé lo que había sucedido cerca de dos años atrás cuando en una fiesta estuvimos juntos mi hermana y Jorge, mi marido y yo, donde nos pusimos medio happys, ya que estuvimos constantemente brindando, ahí terminaron de despertarse mis instintos de hembra en celo, de una hembra con deseos de ser cogida, mi marido en dicha ocasión estaba que se dormía, y yo también lo sentía, pero quise estar en los brazos de Jorge, por lo menos en el baile.

Mi cuñado Jorge, me gustaba y como también mi hermana Alicia quería dormirse, yo pensaba la forma de estar con él. En una de esas veo su mano delante de mi invitándome a bailar, escuché como le preguntaba a mi marido si no le importaba, el cual contestó que no, yo ya sabía mucho de él, soy confidente de mi hermana, tenía conocimiento de como era Jorge en la cama, de su grosor de su miembro, Alicia es muy comunicativa y estaba en una época difícil pues sentía rechazo por cualquier contacto físico, yo sabía que Jorge siempre había sido sexualmente muy activo, esto era algo que quería probar, pero después de bailar una pieza nos dice Roberto, mi esposo, que nos retiráramos, que se sentía muy mal, así que tuvimos que tomar el auto y dirigirnos a casa.

A medio camino Alicia dormía profundamente, yo solo estaba recargada recordándome en los brazos de mi cuñado, era una cosa maravillosa, yo siempre fui muy recatada y solo había tenido 3 novios y me casé con el tercero, además de ser tímida en la cama con él, mi marido no era un dechado de virtudes en la cama y no me permitía disfrutar de su sexo, aunque nunca había besado un pene, si había visto películas donde esto sucedía y siempre tuve deseos de hacerlo con Roberto, pero no él no me lo permitía, decía que eso solo lo hacían las mujeres que vendían sus caricias.

A veces inclusive llegué a decirle que pues, me pagase y asunto resuelto, él solo se enfadaba y me decía que era una perversa pero no pasaba de ahí, así que al estar bailando con Jorge sentí su protuberancia y deseé algún día poder disfrutar de su sexo, en eso pensaba cuando ellos detuvieron el auto, descendieron a hacer pipi, mi esposo se fue hacia unos matorrales y Jorge solo se la sacó y junto a la puerta del auto procedió a orinar, yo abrí los ojos lo más que pude, sabía que era mi oportunidad de conocer una verga en pleno, la verdad se la admiré y envidié a Alicia, como ella podía tener esa tremenda cosa, esa gran verga para su goce, que grande era, fácil el doble de grande que la de Roberto mi esposo, así que le envié miles de besos mentalmente, por ello me aproximé más a la ventana y apreciar con toda amplitud una verga, y que verga me tocaba ver, ¡la vergota de mi cuñado! ¡Que bella es!, ¡grande!, ¡magníficamente hermosa!

Luego de terminar casi se puso frente a mi ventanilla y se la sacudió, la guardó y se metió al coche, Roberto regresó y partimos, todo el camino no pude dormir solo un pensamiento cruzaba mi mente, la hermosa verga de mi cuñado Jorge, la imaginé en muchas formas inclusive que él orinaba y yo me bañaba de él, mi esposo no le gusta que se la mire y yo siempre había sentido deseos de besársela, acariciársela, pero él me decía que una mujercita debe comportarse tranquila, por ello un pensamiento llenaba mi mente, una verga, ¡la vergota de mi cuñado! ¡Que bella es!, ¡que grande!, ¡magníficamente hermosa!, algún día tendré en mis labios esta ricura, pensé y recibir en mi fascina el mango es mi fruta preferida y con cremita de mi hombre, humm súper delicioso, ¡manguito con semen de mi Jorge!, ¡riquísimo!, el más sabroso manjar que haya disfrutado, me encantó, él es un primor, en fin…

Hoy cenaríamos en casa de mi mamá, y estaría junto a mi amor, así que me levanté y busqué la ropa que llevaría dicha noche, decidí no ponerme tanga, por si Jorge deseaba meterme mano, no le estorbasen… Durante la cena quede junto a Jorge mi cuñado y amante, lo cual me permitió coquetearle y cuando podía llevaba mi mano a su entrepierna, acariciando el objeto de mis placeres, el también sobaba mis piernas, encendiendo más mi deseo de poseerlo ahí mismo; él sobaba mis piernas, yo apretaba el juguete de mis placeres sobre su pantalón, él pudo deslizar su mano hasta mis labios vaginales, me metió un dedo y comenzó a jugar metiéndolo y sacándolo calmadamente, lo cual me sacó un suspiro.

¿Qué te sucede Irene? Me dijo mi esposo. Es que tengo ganas de bailar le dije y la canción me trae recuerdos placenteros…, mientras Jorge me metía sus dedos hasta el fondo de mi vagina, no aguanté más y le inundé su mano con mis jugos. Yo solamente me acalambré pero traté de no mostrar mis emociones, deseaba saborear su verga punto por punto, ya habría tiempo, mi esposo estaba tomando mucho y generalmente le da mucho sueño; le digo a mi esposo:

Roberto tengo ganas de un dulce relleno de cremita y como él me lleva seguido chocolates rellenos de coco, pues se imaginó que quería de ésos y me dijo que no había traído, entonces aprovecho para decirle que Jorge traía algunos en su coche y que lo acompañaría a que me diese uno.

Anda, vayan pero no se tarden, lo tomo de la mano y le decimos a Alicia mi hermana, espéranos un poquito, no tardamos. Ya en su auto, le bajo el cierre y le saco su verga, que linda, ya casi estaba completamente erecta, me dice Jorge que también tenía deseos de llenarme de su semen, no me entretengo, se que tengo el tiempo contado así que me pongo a besarle su pene a metérmelo todo a chuparlo con ansia, esperando extraer mi néctar favorito: leche de mi Jorge. Así que continué mi labor, se la besé y empecé a succionarla con ganas de extraerle su néctar, Recorrí con mi lengua toda su extensión, mi lengua avanzó desde su base donde penden dos hermosos huevitos, peluditos hacia arriba, lentamente. Le mordí ligeramente su tronco, suavemente.

Mientras mi mano izquierda estaba tocando sus huevos continué con mi lamida sobre la punta de su verga, insistiendo en el agujero del centro, recorrí con mi lengua el borde de su capullo, por todo el contorno, su líquido preseminal broto intensamente, moje mi lengua en él y le saboree la cabeza de su verga como si fuese un helado de crema y metí todo el capullo en mi boca caliente. Me metí toda su verga dentro de mi boca. No pude aguantar más y comencé a mamársela tenazmente deseaba recibir ya mi premio, el cual no tardó en salir, tres disparos llenaron mi boca, retiré un poco su verga para poder abrir mi boca y sentir los chorros calientes como llenaban mi lengua, y poder saborear esa ricura y después de tenerlos un rato en mi lengua pasarlos a mi garganta; que rico manjar, disfrutar del sabor de mi leche, leche de mi Jorge adorado.

Quiero cogerte mamita, mi Irenita, mi deliciosa putita, me dice mi rey, también yo te deseo amor pero no podemos tardarnos tanto, vamos dentro y cuando tengamos oportunidad nos escabullimos, nos dimos un beso, él se acomodó su pantalón y regresamos a casa.

Después estuvimos bailando cada quien con su pareja, ya como a las 3 de la mañana, varios de la familia se habían retirado, solo quedábamos Alicia con Jorge, un primo Carlos y esposa, dos sobrinos, mi esposo y yo; casi todos se querían dormir, y como también mi hermana Alicia quería dormirse, yo pensaba la forma de quedarme sola con Jorge. Era lo único que cruzaba por mi cabeza en esos momentos, pero creo que él pensaba lo mismo y en una de esas veo su mano delante mío invitándome a bailar, escuché como le preguntaba a mi marido si no le importaba, el cual contestó que no, así que me puse a bailar con él.

Después mi esposo seguía tomando con un primo nuestro y su esposa, Alicia mi hermana se había ido a acostar al igual que mamá; nos sentamos y nos servimos una copa. Al rato el primo tuvo que retirarse a su casa, quedando solamente los tres, mi esposo estaba muy tomado así que le serví una copa cargada y me levanté a bailar con Jorge la música era suave así que nos apretujamos para sentir nuestros cuerpos, él bajó sus manos hasta mis pompis, de reojo noté que mi esposo tomaba un trago y se recargaba en el sillón entrecerrando los ojos, por lo que dejée que las manos de mi Jorge acariciaran mis pompas, bajé mis manos y bajé su cierre, le extraje su verga y poco a poco me la fue metiendo mientras bailábamos, alejándonos de donde se encontraba mi esposo dormitando, en el otro extremo de la casa levanté mis piernas alrededor de su cintura y él procedió a cogerme ahí, de pie, inició su mete y saca al compás de la música, en la casa de mi mamá, mi cuñado estaba dándome un gusto fascinante, nuevamente me vine, facilitando con mis jugos la entrada y salida de su verga de mi panochita inquieta…

Él siguió metiéndome su tremenda verga, yo sentía como sus huevos golpeaban mis nalguitas, luego nos retiramos hacia un saloncito de estudio donde Jorge me tomó de las manos y después de ponerlas sobre mi cabeza, me dijo: No quiero que te muevas, solo déjame disfrutar de este momento a mi manera, y así lo dejé que hiciera lo que quisiera, empezó besando mis manos, bajó por mis brazos y buscó mis axilas, luego por encima del vestido besó mi cuello y mis senos, hizo presión para que abriera mis piernas y metió su cara entre ellas, las besaba, las chupaba, me decía que era lo más apetitoso que había y eso y sus acciones me estaban matando de deseo, así que él también lo sintió me dijo, no quiero acabar de gozarte; yo también le contesté y nos enredamos en un beso, de bocas abiertas de lenguas buscando, entrelazadas en una lucha para ver quien sacaba más placer del otro, como no soportaba su ropa, empecé a quitarle la chaqueta y la camisa, él me ayudó con los pantalones y en unos minutos estaba desnudo completamente.

Él metió una de sus manos entre mis piernas y mientras más se acercaba al centro de mi coñito yo separaba más la piernas, cuando llegó completamente a mi sexo lo agarró con fuerza y sentí como sus dedos temblaban y su mirada me hizo pedazos, era de un placer supremo, así que las caricias de él a mi coñito me obligaban a querer más a quitar cualquier estorbo de mi cuerpo y como pude me quité la falda y le agarré su miembro que estaba muy duro, y al contacto de mi mano se endureció más, es muy suave, así que estábamos uno frente al otro dándonos el placer con nuestras manos, mi coñito se aferraba más a su mano, le rogué que también cogiera mi ano ya estaba muy dilatado mi trasero, él me complació estaba ensartada, buscaba la mejor posición para hacer la caricia más íntima mientras yo lo masturbaba más rápidamente, y aunque pareciera increíble su verga, crecía cada vez más…

Yo estaba que me reventaba, gemía y él al escucharme se ponía más tenso, me penetraba más con sus dedos lo sentía en los labios, en mi pubis, en todo mi coñito, él estaba haciendo estragos, de repente lo solté y quedé para que me aprisionara más contra la puerta y darme con todo, al soltarlo quedó con mayor facilidad para cogerme mis hoyitos mientras su boca se comía la mía, no podía respirar, el corazón parecía que se me iba a salir del pecho, gemía sobre sus labios diciéndole:

Oh, así amor, así, no te detengas, así, así, asiiiiii, hasta que me corrí como loca, mi Jorge me la sacó, me tomó por las axilas y me llevó sin dejar de besarme y restregarse contra mí hasta uno de los silloncitos, allí me sentó sobre él y me abrió de tal forma que deseaba no perder detalle de mi coñito, me describía lo que veía, estás condenadamente mojada, rojo tu clítoris, le veo la tensión, lo deseo para mi, así que agarró su miembro y me lo restregó por todo mi coñito, cuando en un momento su cabeza quedó como besando mi panochita no pude evitar un grito de placer, después de allí me penetró hasta casi meter sus bolas en mi panocha, le acomodé mis nalgas a su muslos y sentí contraer los músculos de mi vagina y dilatarse sobre el objeto de mis placeres que ocupaba su interior, Jorge, agachó la cabeza y tomó entre sus labios un pezón tenso y agrandado de tanta excitación, mientras que con las manos se dedicaba acariciar el otro pezón, sus manos no paraban, iban desde mis senos hasta mis nalgas, las acariciaba y sobaba, las abría y recorría mi rajita con sus dedos, yo no sabía donde tenía más placer, todo era celestial, así que me dediqué a disfrutar y a subir y a bajar mi coño a lo largo de su miembro.

Lo cabalgaba con fuerza, como si estuviera domando caballos salvajes, hacía círculos, succionaba todo lo que pudiera para poner mi sello sobre ese instrumento de placer, Jorge respondía mordisqueando mis senos, como si estuviera saboreándose una barquilla, de repente veo que se paraliza y sigo su mirada, Ohhhhh, creí desfallecer por lo que nos embelesaba y era el aparecer y desaparecer de su miembro dentro de mi, nunca lo había visto así, que levantaba mi coñito hasta casi sacarlo por completo para volverlo a meter.

El roce, la fricción de su verga en mis paredes me estaba destrozando los sentidos, suavemente al principio, pero luego Jorge agarra mis caderas y marca el ritmo, cada vez más rápido en cada bajada mis nalgas chocaban contra sus bolas como queriendo meterse también, tenía ya como un millar de orgasmos en puerta así que de repente grité al correrme y eso fue como la orden para que Jorge me ahogara mi panocha con su carga, ohhhhh, mientras más botaba más yo me corría, unos tras otro hasta que quedamos exhaustos uno sobre otro, me acariciaba las espalda me besaba, la cara, me daba las gracias…

No deseábamos separarnos, pero la realidad volvió con nuestra calma, me vistió, casi igual como me quitó la ropa besándome, deleitándose con cada parte conocida, fue un ritual que yo seguí también, me acuerdo que al ponerle sus slip, me detuve para limpiar con mi boca su miembro sabía que me miraba y adopté la pose más provocativa sacando mi lengua y dejándola caer como si fuera un helado, me levantó y me besó, queriendo saborear en mis labios sus jugos, respiramos y nos dijimos Noooo, pero nuestros cuerpos ya estaban pidiendo otra cosa, así que terminé de vestirlo, me despedí y fui por mi esposo para irnos a la cama, después de haber disfrutado la mejor noche buena de mi vida.

Autora: Irene

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El monte perdido.

Fernando eyaculó dentro del coño de su novia, a quien casi parte en dos de los impulsos. Pero aquel monte era especial. Alicia se corrió entre chillidos que se mezclaban con los gritos de dolor de Sonia, que lejos de retirarse, se llevaba las manos atrás empujando a Ricardo. Fernando imitó a su amigo y Alicia, ante el espectáculo de Sonia y Ricardo, se corrió mientras su novio la enculaba.

Era un día otoñal, cálido. Alicia y sus amigos se fueron al campo a buscar setas.

– El Monte Perdido, -dijo Ricardo. – ¿Y eso donde coño está?, -decía Alicia.- Me comentaron que allí Marco Polo perdió la virginidad.- Ni siquiera sabía que en esta zona de Madrid había un monte, -replicaba la protestona Sonia.- Un monte que en otoño se llena de setas, -aclara Ricardo de nuevo-, pero que casi ningún aficionado conoce.

Dejaron el coche lejos. Ricardo guiaba a su novia Sonia, a Alicia y a Fernando, novio de ésta. Sonia recriminaba a Ricardo por los senderos apenas transitables que les conducía, y le preguntaba conocía bien la zona. Fernando bromeaba diciendo que le habían hablado, pero que no conocía, lo que encrespaba aún más a su novia. Pero Fernando sabía que Ricardo conocía perfectamente aquella montaña porque le había hablado de ella. De hecho, le había propuesto ir ambos con sus respectivas para que se dejaran seducir, ya que de aquella montaña mágica se relataba una leyenda que dio origen a su verdadero nombre: el Monte de las Perdidas.

Sonia peleaba dialécticamente con Ricardo, mientras éste le seguía el rollo y Fernando se reía. Alicia se dedicaba a mirarles divertida, pero algo en ella comenzaba a aparecer según ascendían por los senderos de aquella loma. Alicia escuchaba las discusiones y callaba cuando repentinamente se notó del brazo de su novio, que sonreía sin mirarla. Algo se estaba transformando en el cuerpo de Alicia. Sus pezones se habían endurecido, sus pechos parecían querer salir de su guarida, pero aquel no era el momento oportuno ni la situación idónea para dar rienda suelta a sus crecientes impulsos.

Continuaron la marcha. Ni rastro de setas por donde Ricardo les llevaba, así que, Sonia, que no había dejado de protestar, agotada, se puso en huelga.

– Ya basta, no aguanto más, no camino más sin saber. Nos estamos perdiendo. – Por supuesto, nena, es el monte perdido,- replicó Ricardo.

Sonia se sentó junto a una piedra. Ricardo miró cómplice a Fernando. Fernando abrazó a Alicia y la besó. Ella no lo esperaba, pero sus labios se abrieron automáticamente pensando hasta qué punto su novio la conocía como para darse cuenta de que, sin haber dicho ni sugerido nada, supiera lo excitada que estaba. Ni siquiera esperó la lengua de su amante, buscó con la suya la de él para comérsela. Se tiró encima, cayendo ambos sobre la hojarasca otoñal.

Sonia estaba asombrada, miraba el espectáculo sin darse cuenta de que Ricardo se había abierto la bragueta y había sacado su miembro endurecido. Lo puso junto a la boca de su novia que sin mediar palabra la tomó de la mano y comenzó a sorber lascivamente sin dejar de mirar cómo Alicia desnudaba a Fernando y cómo éste pasaba sus manos por debajo del jersey de aquélla.

Alicia vio aquello y no quiso esperar. Se fue derecha a ayudar a su amiga, bajó los pantalones a Ricardo y con la ayuda de Sonia le paseó ligeramente la lengua desde el capullo hasta la base, desde la base hasta el capullo. Sonia se la metía en la boca y luego Alicia. Fernando se masturbaba mirando y Ricardo se moría de ganas de sentarse o tumbarse, pero aquellas dos mujeres no le daban otra opción.

Alicia succionaba, Sonia se la tragaba, cada vez más rápido, hasta que se confundieron y ambas quedaron con las bocas pegadas, como dos amantes. Se rieron, y a renglón seguido, sus miradas se cruzaron y sus bocas se unieron, sus lenguas surcaban la saliva que empezaba a surgir del paladar con el sabor de la polla de Ricardo. Se comían, sus manos se buscaban, desnudándose mientras sus novios apreciaban el espectáculo guiñándose un ojo por el éxito de aquel plan.

Ellas estaban ya desnudas y se acariciaban la piel. Alicia no pudo más y resbaló con su lengua por el abdomen de Sonia hasta que llegó al pubis y lo olió. Aquello no olía a la polla de Ricardo, no. Olía a sexo femenino, olía a flujo vaginal, olía a Sonia. Se metió en medio de sus piernas y comenzó a comerle el clítoris ya sobresaliente a su amiga. Fernando aprovechó la circunstancia y no desperdició su erección, introduciendo su durísimo miembro en el increíblemente lubricado coño de Alicia, que respiró profundamente.

Sonia estaba disfrutando, su boca, abierta de par en par, pedía aire, pero en lugar de eso se encontró con la polla, cálida y húmeda por la saliva de su nueva amante y de ella misma. Anhelaba chuparla, pero para Ricardo aquello no era suficiente. Ya se la habían chupado bastante, así que se la metió entera en la boca. Aquel pedazo de carne le provocaba vómitos, pero que le excitaba aún más. Alicia no dejaba de sorber el clítoris de Sonia mientras recibía las acometidas fantásticas de Fernando, que conocía perfectamente su sexualidad, sus deseos, y que disfrutaba viéndola tan a tope como tantas veces había imaginado.

Primero fue Rafael quien se vacío en la garganta nunca tan profunda de Sonia, luego, Sonia. Fernando chocaba su abdomen con violencia sobre el culo de Alicia y Alicia pedía más. También Sonia quería más, así que su novio, aún endurecido se la metió, pero cambió la onda, eligió el culo.

– Me vas a pagar tu falta de confianza en mí, Sonia. – Cabrón, no me folles el culo, ¡cabrón!

A Fernando le excitó tanto el grito de Sonia que eyaculó dentro del coño de su novia, a quien casi parte en dos de los impulsos. Pero aquel monte era especial. Alicia se corrió entre chillidos que se mezclaban con los gritos de dolor de Sonia, que lejos de retirarse, se llevaba las manos atrás empujando a Ricardo.

Fernando imitó a su amigo y Alicia, ante el espectáculo de Sonia y Ricardo, se corrió mientras su novio la enculaba, y la enculaba… y la seguía enculando, pero a ella no le dolía, a ella le gustaba… le gustaba y pedía más. Sus entrañas se llenaban, su clítoris se empapaba de nuevo con la humedad que sus dedos transportaban desde la vagina. Pedía más, y más…

Y entre todos quisieron darle más. Fernando se tumbó boca arriba, Alicia se sentó sobre él a horcajadas, pero de espaldas a su novio, que la penetró analmente. Sonia fue obligada por Ricardo a comerle el clítoris por encima de ella, lo que aprovechó Fernando para comerle el chochito a Sonia y en un hueco…

Ricardo se abrió paso para meter su polla en el coño de Alicia, doblemente penetrada y suavemente comida por Sonia. Su orgasmo fue gigantesco, y con el llegaron los gritos y eyaculaciones de Rafael en su coño y de Fernando en su culo, enormemente excitados, tanto que Fernando mordió sin piedad el clítoris de Sonia, quien lanzó un nuevo grito de dolor antes de correrse.

Y así se quedaron, tumbados, comidos, tirados, con la ropa por los alrededores, la espalda dolorida, la piel con picores. Al cabo de un rato, cuando empezaban a sentir el rigor otoñal, se levantaron y sin decir palabra partieron rumbo al coche. Al llegar adonde aparcaron, un letrero escondido en el suelo. Ricardo lo levantó para que todos leyeran el trozo de madera donde aún se distinguía, pintado en blanco

“Monte de las Perdidas”

Sonia protestó por el engaño de Ricardo, pero éste le contestó.

– ¿Te gusta protestar? Ya veo que quieres más caña…

Sonia le guiñó un ojo tras responderle…

– ¿Tú qué crees?

Rieron y se fueron entre bromas y promesas de regreso al lugar donde dicen que la líbido es tan alta que ni las más firmes voluntades pueden evitar ponerse a follar con lo que tengan más a mano. Lo que sólo Ricardo sabe es que la primera vez que subió aquella montaña fue en una excursión familiar.

THE END

Autor: Noite

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