A la playa con amigos

El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Mi mujer y yo solemos ir a playas nudistas. Ella se llama Marta, 32 años, de mediana estatura, rubia de melena corta, pechos ni grandes ni pequeños, eso sí, firmes y con unos pezones perfectos, de color rosa; su color de piel es más bien blanquita, culito bien formado. El pubis lo lleva siempre depilado, dejándose un triángulo de pelo, pero con los labios totalmente libres de vello. Mi nombre es Néstor, tengo 36 años, soy alto, moreno y unos 16 cm respecto a mi aparato. Yo sí que llevo toda la zona del pubis completamente depilada, me encanta esa sensación de suavidad, y mi mujer lo agradece cuando practicamos sexo oral.

Nos gusta hacer nudismo por la sensación de libertad que te da. Nada oprime tu cuerpo. Solemos ir a la playa de Calblanque. Allí la gente va muy a lo suyo, y no suele haber mirones. Es una playa muy extensa, donde el agua está siempre cristalina. Además, tiene zona nudista y no nudista.

El pasado fin de semana estuvimos cenando con una amiga de mi mujer y su novio. Ella se llama Carmen, tiene su misma edad, es morena con el pelo largo. Su novio se llama Luis, 34 años y de mediana estatura. Durante la cena surgió el tema de pasar un día en la playa los cuatro juntos. Nosotros les propusimos ir a Calblanque por lo bonita que era. Era el mes de julio y como los cuatro estábamos de vacaciones, quedamos para ir el martes.

Salimos de Lorca con destino a la playa. Después de una hora y media llegamos a nuestro destino. Había poca gente y como de costumbre decidimos ir a la zona nudista. Conforme íbamos por la orilla, se veía gente desnuda y vestida. Nosotros nos adentramos hasta una zona de pequeñas calas. Allí no había nadie. Plantamos la sombrilla y empezamos a sacar las toallas, protectores solares y demás enseres. Las chicas se quitaron la ropa quedándose en el biquini que llevaban debajo. Nosotros en bañador. El día era precioso, lucía el sol y el mar estaba en calma.

Nos untamos de protector solar y nos tumbamos. A la media hora llegó una pareja y se pusieron a tomar el sol cerca de nosotros. Directamente se quedaron desnudos. Ambos iban totalmente depilados. Aquella situación me empezó a dar envidia y se lo comenté a mi mujer, quien me dijo “vayamos por partes”, pues nuestros amigos era la primera vez que iban a una playa nudista.

Se puso a hablar con su amiga Carmen, proponiéndole hacer top-less, cosa que hicieron. Mi mujer se quitó la parte de arriba, dejando al sol sus preciosos pechos, cuyos pezones estaban duros –probablemente porque nunca lo había hecho delante de amigos-. Le siguió Carmen, que tenía unos pechos grandes, pero no con la firmeza de los de mi mujer, estaban muy blanquitos en contraste con el moreno del resto de su cuerpo. Al principio se sonrojó, pero enseguida empezó a darles protector solar y se acostumbró a la situación.

Entonces mi mujer dijo: “bueno, como siempre, no hay igualdad; nosotras nos quitamos una prenda y vosotros ninguna”. Yo le contesté “no es la misma prenda, pero si es que os sentís en desigualdad…”.

Miré a Luis y le dije: “¿nos damos un baño?”. Luis me contestó que sí, guiñándome un ojo. Nos levantamos y cuando estábamos en la orilla nos despojamos de los bañadores. Las chicas empezaron a silbarnos “¡que culitos, a ver si os dais la vuelta, machotes!”. Nos metimos al agua, y estuvimos cerca de media hora nadando y hablando.

Salimos del agua, y mientras nos dirigíamos donde estaban las chicas, vimos que estaban tomando el sol boca abajo, pero ¡totalmente desnudas!  Podíamos ver dos culitos preciosos; el de mi mujer dejaba entrever su almejita depiladita y Carmen tenía el culo blanquito igual que sus pechos. Esto me produjo una reacción en mi polla, pero vamos, no era el único, pues miré a Luis y también. Nos miramos y nos quedamos mudos.

Ya que ellas nos habían dado la sorpresa, decidimos dar un nuevo paso. Al llegar donde estaban, nos colocamos detrás de ellas, pero de la pareja del otro. Cogimos el aceite solar y empezamos a darles aceite por la espalda, bajando por la cintura hasta llegar a sus culitos.

Ellas se movían por el morbo que les daba la situación, pero sin saber que quien les tocaba no era su pareja, sino la contraria. Seguimos avanzando por sus culitos hasta sus rajitas. Carmen tenía una almejita carnosa, de esa que yo le llamo “con alas”. Mis dedos untados de aceite se perdían en su chochito, el cual estaba húmedo y caliente. Mientras escuchaba como mi mujer Marta empezaba a jadear, mientras Luis masajeaba sus partes más íntimas.

Se dieron la vuelta y nos descubrieron “¡que pillos que sois, nos habéis engañado, pero sabéis, no está nada mal que te manosee el ajeno delante de tu pareja!”, dijo mi mujer. Carmen dijo: “esto tenéis que terminarlo machotes, no nos podéis dejar a medias, ni vosotros quedaros sin premio, pero cada uno con su pareja”.

Y juntos, pero no revueltos, empezamos a comerle las almejitas a nuestras parejas. Mi mujer llevaba totalmente depiladito el chochito para la ocasión y Carmen tenía hechas las ingles brasileñas. Nunca antes habíamos hecho el amor con alguien de testigo. El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Entonces decidieron que les tocaba a ellas actuar, por lo que nos tumbamos boca arriba. Mi mujer se puso encima al igual que Carmen con Luis. Yo me deleitaba con las tetas de Carmen mientras mi mujer me lamía los pezones.

Nos vendaron los ojos a Luis y a mí, diciéndonos “ahora nos toca a nosotras daros placer”. Mi mujer me cogió la polla, se la metió en la boca mientras me acariciaba los huevos. Mi polla estaba a punto de reventar, estaba caliente, notando como los labios de Marta se la comían. Luis decía que no aguantaría mucho. De  pronto, Carmen dice: “a la de tres podéis abrir los ojos, nos encantará ver como os corréis los dos a la vez”.

Cuál fue nuestra sorpresa que descubrimos que nos habían devuelto con la misma moneda. ¡No era mi mujer quien me estaba chupando la polla, era Carmen! Y ¡Marta a Luis! Mi excitación fue tal, que empecé a correrme de placer, saliendo un semen blanco puro como no recuerdo nunca. Luis hizo lo mismo, corriéndose en las tetas de mi mujer.

Después de esto volvimos otro día, juntos a Calblanque, pero no quisimos repetir la experiencia para no dañar nuestras respectivas relaciones.

Autor: Playes

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Endemoniada lujuria I

Mientras tanto pajeaba su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y sin parones continué hasta su delirio.

El jueves pasado era mi día libre. Quedé citado en casa con una mujer mayor que yo con la cual ya había chateado y hablado por teléfono horas y horas, habiamos empezado a salir hace ya dos meses, cafeterías, cines, pero sólo había conseguido de ella unos castos besos y horas y horas de charla para contarnos mutuamente nuestras penas. Al fín la había convencido de que viniera a mi casa a charlar y tomar una copa.

Tengo 35 años, soy divorciado y no ligo mucho. Por eso esperaba con ansiedad la llegada de Alba María, una cuarentona separada bien entradita en carnes, en espera de poder dejar de platicar y pasar a la acción cuerpo a cuerpo. Estaba desesperadito cuando sonó el timbre. Al abrir la encontré embutiendo su enorme cuerpo en un abrigo rojo. Le invité a pasar al salón y me deslumbré al apreciar sus formas mórbidas bajo el abrigo, demasiado exuberante, con una blusa que transparentaba el sujetador de encaje cubriendo sus exagerados melones, la blusa no podía disimular su culazo a punto de estallar bajo sus pantalones.

Al cabo de un poco de contarnos las penas mutuamente con un poco de alcohol, ella se mostró receptiva a mis caricias y sobeteos de pulpo en celo ¡Por fin! Enseguida dejamos de hablar y con un movimiento de manos, no se como terminamos en mi dormitorio (bueno era lo que había estado esperando tanto tiempo), en mi cama abrazados y morreandonos. Yo estaba obsesionado por destapar sus grandes balones y comerme su gigante culo, cuantas ale-manita´s me había hecho en su honor. Mientras la besaba la metía mano entre sus piernas, estaba encharcada de caldos y mis dedos se perdían y resbalaban.

– Apaga la luz por favor, me da mucha vergüenza – me pidió nerviosa.

Yo me opuse a la idea y comencé a desnudarla morbosamente, al descubrir sus tetazas las sorbí glotonamente escuchando como un gritito de placer salía de su boca abierta. Casi le arranqué las bragas tirándola a la cama y sin poder contener por más tiempo mi polla dura como una barra de hierro, se la metí en su mojada conchita sin ningún problema mientras la besaba el cuello y me agarraba a sus tetas.

¡Que caliente estaba ella!, gimiendo como un animal en celo.

– Ayyy Ayyy que bueno Ayyy- gritaba con sordina.

No se como pude aguantarme, pero después de tres minutos de acelerados pollazos se corrió como una loca casi llorando y gimiendo como una gata en celo.

– Eres estupendo, venga, córrete tú – me dijo con los ojos brillantes.

No se como me contuve pero la idea de atacar su retaguardia me tenia obsesionado. Le pedí que se pusiera encima de mí y al hacerlo agarré sus gluteos y separando sus carrillos, toqué su rosado agujero ya mojado de sus calditos chochiles. Mi dedo resbaló en su agujerito como abducido hasta la raíz.

– Déjame jugar con tu ojete, mi vida, está caliente y sedoso, no te dolerá si cambio el dedito por mi cosa, anda por fa. – Noooo, nunca me lo han hecho y me da mucha vergüenza, espera, déjame a mí que te voy a hacer una cosa que te va a gustar mucho. Anda saca el dedo que me da corte – sus reparos me excitaban aún más.

– ¿Eres virgen aquí? dije con el índice metido hasta el nudillo sin lubricación ninguna.-Si, lo soy, me contestó, – no me dañes por atrás.- No te voy a dañar en nada- la dije con voz de salido.

– Por favor, ¿que haces?, venga córrete en mí, amor mío…

Al ver que no podía seguir, acepté su invitación. Ella se sacó mi pichote y me tumbó con fuerza boca arriba y me dijo que si podía apagar la luz. Tuve que ceder, pero a cambio descorrí un poco la persiana para que al menos no pareciera que estábamos en una mina de carbón. Empezó a besarme las tetillas mientras sus bamboleantes tetazas acariciaban suavemente mi vientre. Me la va a chupar, pensé, y mi polla dio un respingo.

Ella siguió bajando sus carnosos labios llenos de carmín alborotado. Con su lengua recorrió mi ombligo, mi vientre, mis muslos. Yo casi temblaba de excitación.

– Te voy a dar un besito en tu cosa, pero por favor avísame cuando te vayas a venir. – No te preocupes yo sé contenerme, pero déjame que me corra entre tus melones, yo te avisaré. – Eres un pillo, pero quiero darte mucho gustito como tú a mí- seguro que sí lo haría.

Abrió la boca y se introdujo mi picha sin mucho arte, pero para arte estaba yo. Se notaba que no era una experta y que le daba un poco de reparo lo cual me excitó aun más. La enseñaría a darme “gustito”, ya lo creo. Con movimientos pélvicos acelerados y más por mi excitación que por su mamada, me di cuenta que ya no aguantaba más. Póntela entre tus tetas, que me corro vivo.

Ella se la sacó de la boca y diciendo – Vente ya amor mío -, me abrazó el cipote con sus melones.

Ayyyy, Ayyy. La llené de leche retenida mientras casi me desmayaba de gusto. Que pena de la falta de luz para ver los goterones de leche resbalar por sus domingas. Ella me besó achuchándome hasta casi el asfixio y diciéndome palabras de amor. Excusándose de su comportamiento

– Yo no soy así, pero me gustas y me pareces una buena persona…- Casi lloraba mientras yo pensaba que iba lista si creía que todo había acabado. Me gustaba, era atractiva y muy maja, pero ahora sólo pensaba en su culo y en como follarlo. Aunque mi pito estaba reducido, mi mente estaba super empalmada.

– Déjame lavarme y vestirme, estoy muy feliz y quiero tomar otra copa contigo, quiero hablarte de tantas cosas…- Cariño, no creas que esto se ha acabado, hablaré contigo tanto tiempo como tantas veces hemos hablado en cafeterías y después del cine, pero la tarde es joven y debemos disfrutar de nuestros cuerpos así que ahora vamos a ducharnos juntos con luz y conocer nuestros cuerpos.

La cogí de la mano y antes de que pudiera decir nada la conduje hasta el cuarto de baño, encendí la luz y una vez dentro la miré lascivamente. Ella se sonrojó y yo tapé su boca con un beso y me junté a mi leche vertida en sus pezones como pegamento, le agarré el culazo mientras me pegaba a ella como una lapa. Abrí el grifo de la ducha, casi nos caímos en la bañera. Ella siguió con sus reparos, ahora me decía que estaba muy gorda, que era mayor que yo, que íbamos muy rápido…. Volví a tapar su boca con un beso y agarrando sus melones le dije todo salido.

– Te voy a follar hasta que te vuelvas loca, eres mi reina y yo tu esclavo, te voy a lamer toda.

Ella se volvió a poner colorada, pero con los besos los ojos la brillaban y seguro que su chocho volvía a estar empapado y hasta el agujero del culo le picaba de gusto.

– Está bien, haré lo que quieras, enséñame a disfrutar y a darte gusto. Yo no se nada de esto pero me entregaré a tu lujuria porque te quiero, aunque luego me abandones.

Que frases más bonitas … Era tan romántica, tan llorona, tan poética y sobre todo tan sicalíptica. Me calmé un poco, no era cuestión de echar por tierra lo que ya había conseguido de ella. Empezamos a darnos jabón mientras nos besábamos bajo el agua calentita. Acariciamos nuestros pechos y espaldas en movimientos circulares. Yo mantenía una semierección en espera de más adelante. Le besé sus pezones mientras a ella se le volvía a escapar un gemidito, le susurré al oído que me lavara el asunto. Ella me enjabonó los huevos y el pito sin ningún erotismo, cuantos escrúpulos a vencer en una tarde.

– ¿Me lo has lavado bien y también el capullito? – Siiii – dijo con voz de ursulina.- Entonces comprueba que está limpio con tres chupetones y un secado especial en tus tetas, no más, porque tienes que estudiar muchas lecciones y la tiza se pueda romper.

Ella se agachó y obedeció mis órdenes. Chup, Chup, Chup y un restregón de domingas. La puse de pie y le susurré al oído. -Cariño, ahora te voy a enjabonar el chocho y cuando termine y mientras tú te espatarras y te abres los labios de la almeja, me vas a pedir con voz de guarra: – Esclavo, dame tres besos de tornillo en el chumino y un pollazo en el clítoris.- Que sofocos la entraban mientras la enjabonaba y aclaraba el felpudo. Cuando terminé cerré el grifo y mirándola con cara de mala leche esperé su diálogo.

Se espatarró y empezó a abrirse los labios inferiores, pero las palabras salieron entrecortadas y bajitas de su boca. No quise enfadarme con ella, así que chupándole una teta hasta poner rígido el pezón le dije que si en la teta sentía gusto no podía imaginarse lo que le iba a pasar allí abajo. También le expliqué que los hombres somos un poco guarros y que nos gusta escuchar cerdadas, y ya que nosotros hablábamos tanto que también en el sexo debíamos hablar. Al tercer intento su voz empezó a parecer de putilla. Así que en premio me amorré a su chocho conteniendo el tiempo de chupetón, tres besos en el clítorisse y un vergajo en el ombligo. Se me estaba poniendo dura otra vez.

– ¿Te ha gustado?-. Ella me dijo que sí. -Pues repítelo en voz alta, pero invéntate algo. – Daame tres beesos en el conejo.- Mua, Mua y Surppp..- . Este último fue largo, absorbí su pepitilla que empezaba a empalmarse como un cipotillo. Me estaba mojando la barbilla de caldos chochales.- Ummmf, Ugfsd. Me das tanto gustillo que no puedo aguantar más, Ummmm arrrg.

No se podía controlar, me apretaba contra su sexo mientras los muslazos le temblaban como una batidora.Era mi oportunidad para hacerla sufrir, para ponerla tan cachonda como yo, así que retirando mi cabeza de esa lavadora centrifugando, me incorporé y le dije: – ¿Estás cachonda verdad?. ¿Quieres correrte viva, no es así? – Síííí, no puedo más, sigue por favor, es maravilloso. ¿Que siga donde?

– Besando mi conejito. Comiéndome el chocho, por favor…- Sufre un poco, vas a hacerme lo mismo que yo a ti y vas a decir las palabras más soeces que se te ocurran. Tus ojos brillan de deseo y tus pezones apuntan a mis ojos. Chúpamela un poco y aspira fuerte, haz ruido de mamona y háblame.- Si mi amor, voy a comerte el rabo.

Y bajando al pilón empezó a chuparme ruidosamente el pollón. Glubb, globreee, glubbb.

– Me encanta tu picha.- Cómeme el capullo, cómetelo hasta la garganta. Glubbb, Glubbb, Glubbb. Vale que me corro so guarra, y ahora, ¿que me toca a mi merendar? – Mi cosa, cómeme el chichi, mátame de gusto cabrón, que ya no aguanto más Ahhhhh , asiiii, que gusto, me voy, me corro en tu cara…Ahhh… Volví a parar y casi se desmaya de lo excitada que estaba. Ahora te toca a ti, chúpamela, vamos y haciendo ruido, si lo haces bien te premiaré pronto.

– Eres malo, no aguanto más, estoy mareada pero te obedezco. Glubbb, Surppp, que pito más rico tienes. Glubbb, Surppp. Cuando te corras tú si es que te portas bien, ¿ Sabes donde me voy a correr? – Si quieres … en mi boca, pero nunca lo he hecho y a lo mejor me dan arcadas, pero lo que tu quieras, estoy en tus manos. Glubbb, Surppp…

-Aprecio tu opinión, pero me vas a dar tu bien más preciado, el tesoro que llevo anhelando desde que te conozco… tu pandero. ¿Por donde te la voy a meter? Con toda su excitación, supo saber controlarse, le volvieron sus reparos y empezó a mirar mi pito como un arma perforadora, su voz de monjita descubrió mis intenciones.

– Pero me va a doler, mi agujerito es pequeño, no está hecho para eso… y es una cosa sucia, por favor, te quiero mucho pero eso nunca lo he hecho, me da tanta vergüenza.

– ¿Acaso no quieres correrte con mi boca en tu chochito? Confía en mí, te he enseñado algo nuevo y estás disfrutando. Haremos una cosa, te comeré el chichi hasta que descanses con la corrida; pero quiero saber si más tarde me darás tu tesoro… Quiero que me digas en donde me voy a correr.

– Está bien, tú ganas. En mi culito…- En tu ojete. Dilo, quiero oírlo de tu boca chupona, dímelo y sigue mamándome el carajo. – Vas a follar mi ojete. Vas a ser el primero que me dé por culo. Tu ganas… Glubbb…Suopp.

Me estaba poniendo en órbita, seguro que después de su rendición su cachondez había bajado pensando en su pobre ano. Volví a bajar al pilón y me amorré a su coño. Unos chupetones bastaron para ponerla a tono. Entonces la pedí que se diera la vuelta y me deleitara con la visión de cercanías de su enorme trasero. No la dejé protestar, fui yo el que en cuclillas le di la vuelta y separando sus cachas le planté un beso en su rosado agujero. Me temblaban las piernas, si en ese momento me hubiera rozado la polla me habría corrido patas abajo.

– Pero es muy sucio lo que haces.

También me temblaba la voz. – Te quiero y quiero todo tu cuerpo, tu ojete está rico, es suave. Metí la lengua mientras mis manos abrazaban sólo parte de su estratosférico culo. Mientras tanto pajeaba a conciencia su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, así que cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y ya sin parones continué hasta su delirio.

Se derrumbó como una estatua de sal, cayó sobre mi con gritos de agonía, casi me parte el cuello en aquella bañera resbalosa. Me asusté de su reacción y mi erección se fue al carajo flácido, mi polla se convirtió en pene sin hueso.

Salí de la ducha y la abrigué con mi albornoz, estaba pálida y un poco mareada. Arrastrando su gran cuerpo la senté en la taza del water mientras besaba sus ojos semicerrados. Al principio no hablaba pero poco a poco abrió los ojos y me susurró que se encontraba cansada pero muy a gusto. Me puse una bata y la acompañé al sofá del salón mientras la abrigaba con una manta y le preparaba una copa de coñac.

Poco a poco y con los vapores del licor, consiguió articular palabra. Los huevos me dolían como si de ovarios se trataran. Con un whisky doble y una música anestésica intentaba aplacar mis bajos. Lo que siguió era predecible pero no por ello despreciable. Un alegato contra la incomunicación, tal vez un monólogo en el que Elba María explicitaba su vida anterior, falta de amistad, llena de rutina y de kilos de grasa. Falta de deseo y llena de compromisos sociales.

Yo era mucho más reservado, tampoco tenía hijos que educar y sacar adelante. Creo que su ex-marido era un verdadero cabrón y que no había sabido disfrutar de una hembra con auténtica clase como era ella. La había dejado languidecer en sus humildes ansias de hacerse adulta mientras se vaciaba de ilusiones y se llenaba de grasa.

Que cara más bonita tenía, que dulzura y qué espíritu más inocente. Me quedaba embelesado escuchándola decir como me quería. Realmente desconfiaba hasta decir basta de aquellas palabras, pero no de su alma. Me estaba pidiendo una mano y yo se la daba con todos los dedos retorcidos por mis anteriores fracasos. Antes de que el complejo de culpa llamara a mi puerta ella ya lo había dejado entrar en su hogar. Así que me dijo después de dos coñacs y de su absoluta inmovilidad bajo la manta.

– No sabes como agradezco tu amistad pero no puedo, por más que me esfuerzo, imaginarme como con mis años y mi gordura te resulte atractiva. Sé que estás hecho polvo después de lo de la bañera. Aunque no lo entienda sé que te excito mucho. – Nunca he dicho esto antes pero puedes hacer conmigo lo que tú desees. – Me puedes dar por culo cuantas veces quieras. Amigo mío, mi culete es tuyo, te lo has ganado y aunque me duela te lo doy como mi regalo, perdona que apenas me pueda mover pero estoy en la gloria, has conseguido remover mi vientre y hacerme gozar como nunca antes.

Qué suerte la mía, en ofrenda me daba su sonrosado ojete como una virgen va al himeneo. Vas a pasar la noche conmigo, dije lleno de razón, llamarás ahora a tus hijos para decirles que irás directamente al trabajo. Sé que es jodido para ti pero te necesito esta noche y tu culo va a ser la ofrenda a los dioses de mi lar.

Ella me pidió una tercera copa para aliviar su ansiedad, llamó a sus hijos y como si fuese su primera mentira les contó algo relacionado con una amiga que estaba deprimida y no podía dormir sola y que ….

***** Nota: el 99% de estos relatos son fantasias que estimulan la líbido de su creador. Se aceptan comentarios e intercambio de fantasías. *****

Autor: Erospopuli

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Ya era hora

Giré para ver a Elena, la que aferrada en los brazos de Néstor, hacía claros movimientos indicando que lo estaba cabalgando con la polla bien adentro. Cuando volvía mi cara, el beso de Rafael fue anuncio de que mi rajita era también abierta por su enorme pedazo, que, al dejar caer mi cuerpo pegado al de él, se me adentró acuosamente y sin preámbulos.

De regreso de nuestro viaje me pareció extraño, inverosímil e ingenuo que mi esposo pensara que lo que nos había sucedido en realidad era una forma de abrirnos hacia la felicidad de pareja… pero debo reconocer que él tenía razón. Fueron muchas las veces que no solo trajo imaginariamente a nuestra cama a las masajistas del Caribe, también metió en sus fantasías a los chicos asaltantes y para rematar no dejó de incluir a la pareja de su colega Elena. Yo notaba que eso servía, pues nos dábamos un alto porcentaje de hándicap superior a cuando no fantaseábamos.

Así llegamos a otro congreso en Brasil, y pudimos disfrutar de las playas de Maceió, esplendidas y calientes. Otra vez coincidió todo con la presencia de Elena y su marido Rafael. Mientras cenábamos juntos en una terraza al mar, Rafael nos invitaba a quedarnos allí un rato más, ya que según él sabía, bajaban la luz ambiente, subían la música y se creaba un clima agradable donde se disfrutaba bailando ritmos calientes como él zamba.

Allí quedamos entonces, pronto llegaron las copas y el champán. El champán hizo lo suyo y mil burbujas comenzaron a hacerme ver pececitos de colores. Bailamos, y bailamos cambiando parejas. Mi marido se sintió cómodo con Elena, y a Elenita no le faltaron méritos de buena anfitriona al recibir en sus brazos algo que evidentemente le apetecía bien. Yo bailé colgada de Rafael, un hombrote esbelto, mayor que mi marido, más alto, más fornido, pero su edad le daba ese añejo de hombre agradable.

En ciertos momentos me dejé llevar, y el apretó mi cuerpo, frotó mis curvas y se divirtió poniendo sus manotas en algunas zonas que a mí, terminaron calentándome. En algunos momentos sentados, nos contamos anécdotas, y como algo así al pasar mi esposo le contó lo que nos había pasado en la costa, pero disfrazando bastante el tema. Eso provocó el entusiasmo de ellos, que se largaron a relatar las experiencias swingers que tuvieron, de varios modos, de algunos tríos y hasta un lugar de orgías.

El ambiente se recalentó de pronto. Y Rafael muy suelto de inhibiciones me dijo que quería verme desnuda… y si yo lo dejaba hacer podría darme un inimaginable momento de placer… Medio que me puse roja. Me refregué bailando en su bulto evidenciado… me estaba dejando llevar muy lejos…y me fui a sentar haciendo señas a mi esposo. Este, vino y también tenía el bulto bien marcado. En el momento que se sentaba junto a mí, le puse la mano en su bragueta y dije. Veamos, porque la dueña de esto está requiriendo sus servicios y no quiere que otra use su cuenta corriente.

Educadamente nos despedimos y ellos educadamente nos despidieron, con un todo bien, todo bien, mañana nos vemos en esa playa, si. No bien entramos a la pieza… dialogamos…

-¿Que pasó que te volviste atrás de una situación que venía bien, y ambos habíamos fantaseado hacerlo? -No pasó más, porque si seguía un instante más con ese juego se que tú terminarías cogiendo a Elena y yo gozando su esposo. Y… si bien está en nuestras fantasías, no estoy segura de que es el momento y sean ellos los ideales para un intercambio. -Además he bebido demasiado y la borrachera me está afectando. No pienso bien. -Más bien me parece que era el momento y que ambos son lo suficientemente agradables, conocedores del tema como para que juguemos hasta ver donde llegar. -¿Tú crees?- No, no solo lo creo sino que también estaba entusiasmado con que ahora, aquí, estuviéramos los cuatro. -Anda, llámalos… dije. -No, no forcemos cosas, ahora déjame lamerte y sacarte toda esa calentura.

Así se hizo, abrí mis piernas para que él me sacara jugos que me hicieron adormecer y así desnuda quedé dormida toda la noche. Desayunamos y nos fuimos a la famosa playa “paraíso”. Primer sector, nos dieron cremas y pantallas solares, una bolsita que contenía una gran toalla más un pareo colorido. Con eso, deberíamos entrar, y si pasábamos el límite entrando en el “paraíso vip”, deberíamos hacerlo tal cual Adán y Eva. Ya con los elementos, caminamos por el borde del mar…

-¿Que hacemos?, me preguntó Néstor. -Y vamos, para eso vinimos.

Mientras desayunábamos mis pensamientos habían aclarado ciertas cosas en mi, y me había propuesto no actuar más como una tonta. Iría ahora siempre al frente. Así, que mientras nos acercábamos al límite de zona vip, puse en la bolsita mi bikini, y caminé olímpicamente desnuda y sin inhibiciones, mientras muchas miradas se fueron posando en mí. No era la única desnuda por supuesto, y si una desnuda más después que cruzamos la “frontera”. Avanzamos los 100 metros que nos habían dicho Elena y Rafael, en el trayecto pude ver muchísimas parejas, acariciándose, y hasta en algunas poses más allá de simples masajes, pero me gustó. Ver cuerpos desnudos y hasta algunas vergas paradas.

Pasamos el puesto de bebidas y las piedras que marcaban que allí deberíamos buscar los médanos. Pero no vimos a nuestros amigos. Así que nos recostamos, nos contamos impresiones y nos reímos a gusto, disfrutando nuestra aventura nudista. Nos dimos un chapuzón en el mar, y nos tiramos sobre las coloridas toallas. Néstor estuvo caminando a ver si divisaba a nuestros amigos, y más bien que hizo un recorrido por bellas esculturas femeninas que mostraban sus encantos en una total y abierta naturalidad. Allí entre los médanos estábamos como protegidos, y cómodos. Estaba yo extendida de espalda, cuando Néstor los divisó y fue a su encuentro.

…Yo un poco que quedé como cortada. Pero me di ánimo a mí misma. Vamos Cristina. No seas bobona. Demuestra que estás madura. Me paré y los vi venir, fue cuando los noté, por supuesto, desnudos. Y que al encontrarse con Néstor ella hizo un evidente ademán y hasta una reverencia frente a la colgante polla de mi esposo, eso no me fastidió pero me dio ímpetu. Así que caminé hacia ellos. La saludé efusivamente con un beso, y abrazándome a Rafael le refregué mi cuerpo sobre su estructura, hincándole las tetas en su pecho y haciendo un ligero roce de mis brazos en su pija. Eso lo tomaron a chiste, y yo reí complacida.

-Ves, dije mirándolo. Aquí me tienes como querías verme.

Nosotros ya nos habíamos untado las cremas, así que hicimos gala de expertos y los fuimos encremando a ellos, yo pude masajear a aquella enorme mole que era Rafael. Cuando había ya recorrido todo, me faltaba su miembro. y no me animaba. Así que hice tiempo. Mientras vi que Néstor si encremó la conchita de su amiga, le masajeaba las tetas y le metía la mano en su cueva, porque esta se movía y gozaba sin ningún reparo. Esta, ya ávida de más, no solo le respondió la caricia, sino que vino a ayudarme a que yo decidiera cumplir mi tarea…

-Vamos linda… dijo… esto se hace así. Y tomó no solo la pija de su marido pajeándolo con crema sino que también con su otra mano lo pajeaba a mi marido.

Fui buena alumna, y pronto supe frotar y tener también un mango en cada mano. La cosa estaba desenfrenada… y si no fuera porque Rafael se levantó y dijo de ir al agua, no sé que hubiera pasado.

Ya en el agua, me abracé a mi marido, y tuve ganas de cogérmelo allí mismo, pues tenía su pinga bien endurecida. La mano de Elena sobre mi hombro, me dejó expectante y ella se unió a nosotros en un abrazo. Si esta dispuesta dijo. Ahí tienes a mi marido… te está esperando. Ve a jugar con él.

Yo me aferré a Néstor, y me acomodé sobre su respingada pija, y me la clavé, no sé porque razón, pero lo hice… Ella se apegó a mi placer, y me indujo a cabalgarlo. Yo así lo hice… pero ella de pronto volvió a la carga… – Te pido… déjame montarme a mí, tú ve con él… Tenía yo a Rafael a menos de un metro de distancia, así, que me solté de Néstor, y me abracé a él. No bien lo hice, me tomó por la cintura y me acomodó contra su cuerpo. Y así dando saltitos, me fue haciendo sentir su enorme verga entre mis piernas… que jugando, jugando se abrían y cerraban para mantener la posición correcta frente a aquel pedazo que me apetecía.

Giré para ver a Elena, la que aferrada en los brazos de Néstor, hacía claros movimientos indicando que lo estaba cabalgando con la polla bien adentro. Cuando volvía mi cara, el beso de Rafael fue anuncio de que mi rajita era también abierta por su enorme pedazo, que, al dejar caer mi cuerpo pegado al de él, se me adentró acuosamente y sin preámbulos. Ese juego allí en el mar, en el movimiento batiente de las olas fuertes, aturdida por el romper espumoso del agua, me llevaron a un goce rápido y fuerte. No llegué al orgasmo, quizás por nervios o el medio. Pero creo que Néstor y Elena, si.

Ya tirados en la arena, Rafael me dio una notable lección de masajes manuales, me puse recontra cachonda y fue cuando entre los tres, me dieron una tunda de besos y caricias sexuales haciéndome correr increíblemente expuesta. Y apareció mi fibra, mi verdad. Porque aun jadeante, les pedí ir al hotel, para jugar en serio. Para comerme a ustedes dos a la vez, y tener mi primer juego lésbico con ella. Los sorprendí, pero no lo dudaron un instante.

Llegamos al hotel, y mientras ellos hacían el pedido para tener un refrigerio en la pieza, con ella nos metimos en la ducha de nuestra pieza. Yo alabe su cuerpo, ella el mío. Yo enjaboné sus curvas, ellas las mías. Y terminamos pronto dándonos lo que fue para mí, la primera chupada de concha que me hacía una mujer y yo devolviéndole su amabilidad.

Cuando ellos llegaron nosotras jugábamos a ser chicas lesbianas. Rafael me apartó de su mujer, a quien abrazó Néstor. Me levantó en brazos y metiendo su brazo entre mis piernas abrió de par en par mi cueva y lamió lo que recién su mujercita chupeteaba, eso, me enardeció de nuevo. Y supe de sus dedos en mi colita mientras me sentó en su polla que ahora sí, gocé como corresponde y sin que él me la sacara creo que llegué a dos o tres orgasmos.

Apretaba mis tetas y me pellizcaba los pezones. Abría de par en par mis nalgas y metía sus dedos en mi culito… era inmensamente acogedor. De sus dedos en mi culito, pasé a sentir la verga de mi esposo, quien sin más me dio el placer de tenerlas a las dos juntas en cada uno de mis agujeritos. Porque allí sentada sobre la pija de Rafael, supe levantar la colita para que Néstor me hiciera la puertita trasera.

Elena supo esperar su turno, y me demostró que valía la pena hacer esa sección y que ellos eran lo ideal. Después que se lo hicieron a ella, mi marido quedó exhausto, más Rafael, quería hacerme la colita… a lo que yo accedí poniéndome en cuatro patas.

Es increíble, dije. Que aun la tengas tan dura…Es que el viagra me dura un par de horas. Dijo… Mira vos, viejito hijo de perra… pensé. Pero estaba gozando tanto que solo atiné a decirle. Dámela, dámela toda papito… que es como más me gusta.

Me gocé profundamente a aquel veterano fortachón. Mis tetas se movían en círculo batiéndose en cada embestida, mi cuerpo ardía y mi almeja abierta de par en par, gozaba aquella pija, mientras allí con los mismos ojos ardientes, me miraba mi marido.

Había roto otro eslabón y éramos ahora un matrimonio con patente swinger, nos habíamos visto coger el uno al otro con ese matrimonio. Ya era hora de disfrutar lo que ambos anhelábamos.

Así las cosas quedamos de encontrarnos, siempre.

Besitos a todos.

Siempre compartiendo.

Autora: Marianella

Y ahora baja un buen video y a gozarla. Clicka aquí. http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Mi madurita top model del trabajo

Sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, besarlos, tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos para sentir mis caricias, bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito.

Hace bastante tiempo que me gusta leer relatos y si bien he tenido algunas experiencias que pueden ser contadas, nunca me atreví a escribir…Lo que relataré a continuación es cien por ciento real… ¡Y sucedió hace muy, muy poco!

Mi nombre es Eduardo, soy un tipo normal de un metro setenta y dos, tez blanca, ojos claros y contextura normal, de 44 años de edad, felizmente casado y con 4 hijos. Nunca antes había montado cachos, mucho menos podía imaginarme haciéndolo, tampoco me considero una persona extrovertida en extremo, pero a medida que voy ganando confianza, pues me abro mucho más en mi relación con las personas y siempre me ha gustado jugar y atacar con mucho sarcasmo e indirectas con doble sentido a ver hasta donde llego o me deja llegar a las mujeres con quienes frecuento socialmente o laboralmente hablando.

Todo ocurrió en la oficina donde laboro desde hace unos cuatro años, una típica empresa familiar de mediano tamaño.  Desde que llegué a trabajar con el grupo y a pesar que mi actividad profesional no está directamente relacionada con la actividad comercial del grupo, por tratarse de una ramificación comercial de la cual yo directamente me haría cargo, la imagen hacia terceras personas, compañeros de trabajo, etc de mi persona y capacidad profesional era muy alta.

Al presentarme a cada uno del personal que labora en la empresa sabía que ese trabajo me cambiaría mi vida y no tuve duda de ello desde que la vi por primera vez, supe que sería mi compañera de trabajo favorita en la oficina y fuera de ella y que su belleza física cambiaría mi fidelidad hacia mi pareja afectiva y más temprano que tarde ella sería mi gran amante y no sé que más.

Amelia es administradora de profesión, responsable del manejo diario de la contraloría y finanzas del grupo, un trabajo estresante y de altísima responsabilidad.  Ella tiene 42 años, mujer madura, económicamente independiente, deportista, de cuerpo atlético, muy bien formado y conservado, de pelo amarillo claro, hermosos ojos verdes, con unas suaves y hermosas tetas y un culito bien redondo, digno de usar como prototipo de cirujanos plásticos, además de todos estos atributos, es suficientemente hermosa e inteligente para derretir a cualquiera que le interese pero lo suficientemente madura para que no cualquiera le montara los cuernos.

Más que una administradora más bien parece una hermosa top model o actriz de cine.  Casada y con una picara hija, era la responsable partir de ese día de mis sueños, apetencias sexuales y deseos eróticos.  La idea de poder ser amantes en un futuro cercano comenzó a formar sentido en mi mente.  Tenía que ser mía, era la meta, mi objetivo dentro del ambiente de trabajo y comencé a preparar mi plan de ataque.

Al principio demostré muchísimo profesionalismo en la relación diaria, esa era mi estrategia para entrarle más fácilmente y ganar algo de confianza. Reuniones de trabajo entre mi personal, mis jefes y Amelia demostraban que ambos estábamos muy bien enfocados profesionalmente, que nuestros patronos tenían una alta estima en nuestro trabajo y que les gustaba nuestra actitud y entrega hacia la oficina y los objetivos de trabajo.

Afortunadamente y muy rápido logré que Amelia avalara mi trabajo diario, lo que ayudó de sobremanera mi estrategia de ataque.  Diariamente buscaba conversar con ella en horas de receso laboral o buscaba cualquier excusa para consultar alguna actividad contable por tonta u obvia que ella pareciera, pero era suficiente excusa para poder reunirnos más.  Llegó el primer diciembre y decidí que era el momento de comenzar a romper el hielo de las conversaciones profesionales y las mismas alternarlas con conversaciones más personales.

El viejo truco del regalo de fin de año fue la estrategia, una pulsera de fantasía, de poco valor comercial pero con inmensos resultados.  A partir de ese momento Amelia y yo comenzamos a conversar no solo de cuestiones de trabajo, sino comenzamos a incluir temas banales pero personales al fin y al cabo, nuestra casa, nuestros hijos, el colegio, hobbies, etc.

Pasaron los meses y nuestras conversaciones banales, siempre en el trabajo eran cada vez más amenas y largas, comenzábamos a tenernos cada vez más confianza el uno con el otro y esa confianza permitía que comenzara a trabajar mejor mi plan de ataque.  Amelia hasta ese entonces siempre le había sido fiel a su marido pero ella aceptó igualmente y comenzó también a jugar y seguir el sarcasmo mío.

Trabajo de hormiguita muy lento pero efectivo, así llegó su cumpleaños y esta vez la invité almorzar y aproveché de entregarle otro pequeño regalo y tuve por primera vez la ocasión de hablar con ella del tema de pareja de cada uno, ambos fuimos muy sinceros y abiertos como lo hacen 2 amigos que se conocen pero no intimidan.  La ventaja de esto es que no tenía que suponerme mucho más.  Su vida sentimental era estable, más sin embargo se abría la sutil ventana de poder aceptar algo más.

La cena de fin de año de la empresa, fue considerada mi mejor jugada para conquistarla.  Asistí a ella y decidí no compartir exclusivamente con Amelia la velada, el no mostrar mis deseos e intenciones para con ella, disfrutando y compartiendo la cena de navidad con todo el personal de la empresa, de mesa en mesa por tiempos más o menos iguales.  Por supuesto, antes de la cena ya le habría ofrecido llevarla de vuelta a casa después de la celebración, al igual como le ofrecí a otras 2 compañeras de labores.

Al finalizar la fiesta la llevé a su casa y nos despedimos como cualquier compañero de trabajo hasta supuestamente el año siguiente, deseándole la mejor de las suertes y los mejores deseos para el próximo año, no sin antes en el frente de su casa nos quedamos conversando durante unas 3 horas antes de despedirnos, Un pequeño beso de despedida prendió la llama del deseo.

Al reiniciar el año siguiente, decidimos compartir cada vez más tiempo, conveníamos en salir a almorzar juntos, frecuentábamos al mismo tiempo los breaks para tomar café, solo porque queríamos estar el uno del otro  y por supuesto las indirectas y sarcasmos eran cada vez más obvias.  Fue así como en una celebración de despedida de una compañera de trabajo, con la cual no tenía mucha relación, ni motivos para ir pero Amelia me convenció que la acompañara, pues ella era su jefa y por lo menos necesitaba pasar un rato en esa despedida, acepté el ir.

Terminamos bebiendo tequilas y cerveza entre algunos compañeros, donde el calor y el alcohol hicieron efecto para terminar besándonos, por primera vez,  a vista de los demás, no importaba nada, ahí fue la primera vez que sentí esa lengua maravillosa que se retorcía junto a la mía, fue exquisito, no pasó nada más que besos. Ya en el trabajo no solo buscábamos hablar, sino que también y seguíamos buscando oportunidad para besarnos, parecíamos jóvenes ardientes, pero sin querer pasar a la siguiente fase por temor a las consecuencias en nuestras vidas privadas.

Un sábado yo cargado de trabajo extra llegué a la oficina para adelantar un poco y por casualidad de la vida, Amelia se encontraba en la oficina ajustando unos balances que se necesitaban con urgencia para el lunes siguiente. Fue como caído del cielo,  esta es mi oportunidad dije en mi interior, fue así que al verla me acerqué a ella con toda la intención, luego de saludarla comencé a  acariciarle el pelo, lo desenredaba, olía a frescura, sus rulos suaves caían sobre sus hombros, los cuales separé para besarla detrás del cuello, luego supe que bajo la oreja y detrás del cuello se calentaba mucho, súbitamente dejó  la carpeta de los balances y sin importarle más nada se dejó acariciar, respiraba en su cuello, acariciaba su espalda, besaba sus hombros hasta que finalmente fui por esa boca que me devolvió el beso, nuestras lenguas se retorcían, queríamos comernos a besos, respiraba agitada, hacía calor y nosotros aumentábamos la temperatura, era como un volcán en erupción luego de años de inactividad, necesitaba tocar y masajear esas hermosas tetas, fuente inagotable de tantas pajas en su honor.

Corrimos abrazados a la sala de reuniones donde hay un sofá en cuero, nos acostamos sobre este y  comenzamos el manoseo, nos abrazábamos, nos besábamos, tocaba todas sus partes, saqué su blusa y quedaron esas hermosas tetas a la vista, luego pasé mi mano por su espalda y con ella misma retiré el sujetador, sus pechos apuntaban al techo, y descasaban hacia los costados, sus pezones eran rosados, no aguanté mucho y comencé a chuparlos, morderlos, besarlos, con mis dos manos los agarraba, crucé mi mano por su espalda y tomé uno de sus pechos, mientras la besaba en la boca, con mi otra mano recorría su vulva sobre el pantalón, cuando noté que empezaba a gemir, apreté aún más fuerte y ella continuaba con sus movimientos, para sentir más fuerte mis caricias, abrí su cierre y bajé un poco su calzón, que mata de pelos tenía, impedían llegar a su coñito…

De tanto intentarlo logré por fin introducir un dedo en su húmeda concha, solté su teta y le bajé el pantalón, arrastrando su calzón, con mis piernas terminé de bajárselo completamente, era mía y ella lo sabía, estaba desnuda con sus piernas abiertas, emanando olores a hembra, me saqué mi camisa y giré colocándome de costado, su culo sobre mi verga y mi mano entre sus piernas, la punteaba y le tenía metido dos dedos en su mojada almeja, ella agarró una de sus tetas y se la metió en la boca, era increíble verla tan caliente, se besaba el pezón, agarré su mano libre y junto a la mía la hice que se tocara, por lo que he visto existen distintas formas de pajear a una mujer y a ella le gustaba fuerte, con tres dedos y mi mano sobre su clítoris, me soltó mi mano y se revolvía para ambos lados, noté que faltaba poco para su primer orgasmo, su cara estaba desencajada, abría las piernas y apretaba mi mano, hasta que se corrió entre jadeos.

Eran las 4 de la tarde y el trabajo quedó en el olvido, nuestros cuerpos sudorosos, me sentí de puta madre pensando que le conseguí un orgasmo con mi mano, rápidamente me bajé los pantalones e intenté clavarla, fue cuando me dijo que estaba en sus días y podía quedar preñada, no me gusta con forro fue mi respuesta, pero tuve que acatar si quería culear, y fue así como me puse un condón que llevaba en mi billetera siempre, luego abrí sus piernas, apunté y todo adentro, empecé a meterlo con fuerza, ella se quejaba y gemía, con mis manos sobaba sus tetas, agarraba su culo, la besaba, el sudor caía todo era calentura, seguimos por un buen rato.

Cuando le dije te lo saco, me miró agarrándose una teta y me dijo mételo, metémela toda, no la saques, le pregunté por qué, me dijo estoy caliente y quiero tu rabo, para mí era el fin de tantas pajas, para ella el comienzo de una infidelidad, su marido en su trabajo y ella en el sofá con sus piernas abiertas y yo en su interior, no quise correrme debe haber una mejor manera que con forro, quise bajarme y besarle la concha, me dijo que no, le gustaba estar bañada antes, cagué dije internamente, me saqué el condón y la abracé, terminé mi tarea con tres dedos nuevamente en su zorra y ella corriéndose nuevamente…

La abracé por su espalda, sintiendo el rico sabor a transpiración, sus tetas estaban mojadas, su raja también, seguí tocando y apretando su cuerpo contra el mío, la transpiración empezó a correr por su espalda, mojando su culo, yo aun lo tenía duro por cuanto empecé a deslizar mi pico por la raja de su culo, no faltó mucho para llegar a su agujero, hice un poco de presión y me sorprendió más aún al momento que empujaba sus anchas caderas hacia atrás, no había duda quería que la enculara, no podía entrar, me estaba cansando, pensaba que no podría, hasta que siento que mi cabeza está en su interior, era como si me hicieran una paja con dedos, ella apenas hablaba y me decía despacio mi amor, nunca lo hecho por ahí, no puede ser dije yo, una hembra tan hermosa, casada y virgen del culo, no te preocupes lo haré despacio.

Mentí y de una la enculé chocando mis huevos, lo hice rápido por si se arrepentía, me dejó hacer, la giré boca abajo y empecé el mete y saca, su culo era estrecho, parecía de verdad que era virgen, sus gemidos eran gritos ahogados, mordía los almohadones del sofá,  aumenté la fuerza y ya no pude más descargando toda mi leche acumulada, le llené su redondo y estrecho culo con leche, me salí, sé que hay que sacarlo despacio pero todo lo hacía con brutalidad, queriéndola hacer pagar por tanto tiempo perdido entre ambos….nos besábamos y descasamos un rato, hasta que nos lavamos en el baño.

Me dolía el pene de tan estrecho culo que rompí, en el baño le pasé gel de jabón por su espalda, no faltó mucho para que estuviera listo de nuevo, pero lo mío era su coño, fue así como me senté y ella abrió sus piernas con sus manos me entregó su dulce almejita frente a mi cara, quien iba pensar que en una tarde la vi chuparse las tetas, me entregó su culo y más abría sus piernas para que le chupase la raja, solo quería sentir, como queriendo dejar una marca de fuego para volver a hacerlo, fue grandioso…

A partir de entonces los trabajos de ambos en la oficina los sábados se han hecho rutinarios y las extensas horas de trabajo y de reuniones a puerta cerrada en la sala de conferencias pues se ha hecho una bellísima rutina, ¡Así si da gusto trabajar!

Autor: Eduardo

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Diego con su hija la monja Vanesa

Apoyando mi pene en su vagina la comencé a taladrar, su coño se resistía ya que era virgen, hice más fuerza y logré penetrarla; comencé a meter y sacar mi pene, mis huevos golpeaban contra sus nalgas, por su pierna corría un hilo de sangre que llegaba hasta su rodilla, luego descargué mis huevos en su cueva de placer celestial, llenándola con mi semilla, lo que ayudó a que ella llegase al orgasmo.

Un día fui a un monasterio a visitar a una hija que decidió ser monja llamada Vanesa que era la consentida de la familia, debido a que necesitaba que le ayudara a pintar unas habitaciones. Me presento soy Diego, de 45 años, piel morena, cabello negro, ojos miel, cuerpo normal, 170 cm de estura. El día era caluroso, llegué contento y estando ya con la brocha en mano en la escalera, aparece de repente mi hija Vanesa, ella tenía unos 22 años, era de cabello negro, piel trigueña, ojos cafés, su estatura 1,68, debajo se le podía notar su hermoso cuerpo.

Cuando inconscientemente me toca los genitales por encima de la ropa, no le presté atención, pensé que había sido un movimiento en falso, pero mi sorpresa fue cuando me apretó de nuevo por sobre el pantalón, me quedé mirándola, ella miraba mi bulto, levantó la vista y algo nerviosa por lo acontecido, me pidió disculpas, tenía vergüenza por ser yo su padre, salió caminando apresuradamente. Me bajé de la escalera, la seguí, encontrándola detrás de un muro, con los ojos cerrados y la falda del hábito levantada tocándose con la mano su vagina velluda.

Me acerqué preguntándole a mi niña consentida si se sentía bien, haciendo como que no me daba cuenta de la situación, rápidamente se acomodó su falda y me dijo que “sí”.  Cuando me di la vuelta para seguir en mi labor, ella me dijo con voz temblorosa que “no” papá, la observé, le indagué que era lo que le pasaba, contándome que estaba confundida, ya que tenía sueños eróticos con hombres maduros, que se veía chupando  un pene, la causa de los mismos, según ella, era porque había entrado al noviciado siendo virgen y que nunca tuvo una relación sexual con un hombre. Diciéndome que se moría de las ganas de sentirse mujer con un macho como yo, sin importar que yo fuera su papá y que la disculpara por sus pensamientos pecaminosos.

Nos metimos en el baño del convento, ahí comencé a besarla, diciéndole que yo la quería mucho y como su padre, haría cualquier cosa para ella estuviera bien, le levanté el hábito, descubrí un cuerpo maravilloso, su pubis estaba desbordado de vellos tupidos y negros, cuando descubrí sus pechos eran redondos con unos pezones grandes y rojizos. Comencé a apretarlos, a chuparlos, rápidamente estaban como dos cañones a punto de dispararse.

En ese momento me bajé el pantalón, dejando asomar mi pene que ya estaba tomando tamaño. Ella lo miró sorprendida ya que nunca había visto el miembro de un macho, menos el de su querido padre, le tomé la mano llevándola hasta él, lo agarró con mucha suavidad, masturbándome cariñosamente. Mi pene llegó a su máximo tamaño, luego le indiqué que se sentara en uno de los inodoros, le tomé la cabeza colocando mi pene en su boca, donde se lo tragó y lo chupó de una forma inexperta, pero agradable, hasta que sentí que ya debía darle de beber mi precioso líquido en su garganta.

Me encontraba tan excitado que la levanté haciéndola sentar encima del lavamanos, le separé las piernas para comenzar a lamer su coño, mi hija Vanesa ya estaba toda mojada, su vagina parecía una gran almeja gigante.

Como estaba bien caliente me acomodé frente a ella, apoyando mi pene en su vagina, ella se aferró fuertemente a mí, la comencé a taladrar, su coño se resistía ya que era virgen, hice un poco más de fuerza y logré penetrarla; el rostro de mi adorable Vanesa marcó un gesto de dolor, el cual contuvo mordiéndose los labios. Comencé el trabajo de meter y sacar mi pene, mis huevos golpeaban contra sus nalgas, por su pierna corría un hilo de sangre que llegaba hasta su rodilla, luego descargué mis huevos en su cueva de placer celestial, llenándola con mi semilla, lo que ayudó a que ella llegase al orgasmo.

Los dos quedamos cansados, con mi pene todavía en su vagina, hasta que nos volvieron las fuerzas. Le di un beso con saliva, diciéndole que cuando quisiera me llamara, que para eso estamos los papás, ya que antes de ser mi hija monja, era mujer y como hembra que es, tenía sus necesidades sexuales y se quería le podría engendrar un bebé fruto de este amor prohibido. Desde ese día tenemos nuestras aventurillas incesto religiosas, hasta pronto mis queridos lectores.

Muchas gracias a esta página por dejarme publicar mi relato, les deseo muchos éxitos y triunfos.

Autor: NarradorErotiko

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La hija del director

Subió bien mi falda, apartó mi tanga y comenzó a chuparme el coño de una manera espectacular, yo no dejaba de gemir y de pedir más como una puta. Me corrí dos veces mientras él me comía toda la almeja, después se puso de pie, agarró mis piernas hacía arriba y me metió toda su polla sin contemplación. Yo no podía parar de chillar y él metió un dedo en la boca para que se lo chupara.

Este relato me ocurrió un verano en el hotel del que mi padre era director. La cadena de hoteles en la que él trabajaba es muy grande, tiene hoteles en las Baleares, en las Islas Canarias, en Santo Domingo, en Méjico… en fin, en muchos sitios, y van cambiando a los directores de un hotel a otro a los 5 ó 6 años. En esta ocasión a mi padre lo mandaron a trabajar a Mallorca, por lo que mi madre decidió que nos fuéramos allí con él a casa de mi tía Carla. Para mi parecía ser la peor idea que podía haber porque tenía que dejar a mi novio en Madrid todo el verano, pero no había discusión alguna, así que todos a Mallorca.

Antes de empezar decir que tengo 19 años, mido 1.67, pelo largo y moreno y tengo los ojos verdes. Soy delgada y de pecho estoy bien servida, tengo un 95. Bueno, a lo que íbamos, a mi padre no se le ocurrió otra idea que meterme a trabajar con él en el hotel. A mí en un principio no me hizo mucha gracia, pero después pensé que eso me ayudaría a pasar el verano más rápido y además ganaría un dinero. Llegamos a casa de mi tía y empezó a darme besos como de costumbre, cosa que odiaba, para mi tía Clara yo seguía siendo su niñita. A mi tía siempre le encantaron las niñas y ella tuvo nada más que niños, 4 chicos. Mis primos eran todos mayores que yo. Mi primo Felipe tenía 33 años, Carlos 28, Nico 25, y Diego 22. Ninguno de ellos estaba en casa cuando llegamos, pero estando en la cocina charlando con mi tía, se escucha abrir la puerta y era mi prima Carlos.

¡Cuánto tiempo hacía que no veía a Carlos! No me acordaba apenas de él, pero era guapísimo, un morenazo lleno de músculos con unos ojazos negros, cuando se acercó a mí a darme un beso y me cogió de la cintura no pude evitar pensar como esas enormes manos me acariciarían todo el cuerpo. Más tarde nos pusimos a cenar y llegaron el resto de mis primos, ¡a cual más guapo! No podía entender lo buenos que estaban mis primos con lo feilla que era mi tía. Nos pusimos a comer y Felipe se sentó a mi lado, mmmmm ¡qué bien olía! Esa noche al irme a dormir no podía parar de pensar en cómo sería follar con mis primitos.

A la mañana siguiente mi padre me llevó a que viese el hotel, y la verdad es que me gustó mucho, me dieron el uniforme que consistía en una falda azul marino y una camisa blanca. Cuando llegué a casa le dije a mi madre que me la arreglara porque me quedaba muy grande, estando probándome la falda pasó Nico y me dijo:

– Mmmm primita, que bien se te ve con esa faldita. Y me dio una cachetada en el culo yo me reí y mi madre también, pero todo quedó ahí.

Al día siguiente empezaba a trabajar y he de reconocer que el trabajo me gustó mucho, pero más me gustó el guardia de seguridad que tenía el hotel. Desde el primer día hice mucha amistad con él. Me decía bromas y yo también a él, pero me respetaba mucho por ser la hija de quien era. Una tarde que no había nadie por el hotel y mi compañero había ido a comer, Jorge (que así se llamaba el chico de seguridad), pasó dentro de la recepción para poner el mismo la música que le gustaba, en eso llamaron al teléfono de la oficina del subdirector que no estaba y tuve que entrar yo a cogerlo, me incliné un poco hacia la mesa para coger el teléfono y noté como Jorge no quitaba ojo de mi culo, quien llamaba era el director general de la empresa, por lo que no hice más caso a Jorge y quise atender bien la llamada.

Unos segundos después noto como Jorge se va pegando más a mí, pone sus manos en mi cintura y comienza a rozar muy suave su polla por mi culo, yo no sabía cómo reaccionar, primero por la llamada y segundo porque notaba como la polla de Jorge estaba cada vez más dura, él como veía que yo no hacía nada subió sus manos hasta mis pechos y me los amasaba, eso empezó a calentarme de una manera brutal y ya no sabía ni lo que le decía al director general. Jorge me besaba en el cuello y no paraba de rozarme su polla que ya notaba por completo. Enseguida colgué, pero no quería moverme porque esa polla me estaba volviendo loca. De repente escuchamos como se abre la puerta y era mi compañero que volvía así que Jorge se fue.

A mí me dejó a mil y no pensaba en otra cosa que en esa polla. Al rato que no aguantaba más fui al servicio con la intención de saciar las ganas que me había provocado Jorge, cuando fui a cerrar la puerta del baño noto como alguien empuja para abrir y era Jorge. Entró y cerró la puerta tras sí y sin mediar palabra se acercó a mí y empezó a besarme como jamás nadie había hecho, sus manos no paraban de acariciar mis tetas y yo empezaba a acariciar su pelo mientras su lengua no paraba de moverse dentro de mi boca. Yo estaba a mil, así que bajé mi mano y la puse encima de su polla por arriba del pantalón, estaba durísima y se notaba enorme. Él me sentó en la taza del wáter y me dijo al oído: -Cariño, te voy a follar como jamás te han follado, llevo con la polla tiesa desde que entrante en este hotel con aires de niña buena, pero yo sé que no, yo sé que eres una puta. Eso me puso a mil y no era capaz de decir nada, nada más gemía cada vez que él pasaba un dedo por encima de mi tanga.

– Mira cómo estás, eres una guarra con el coño hecho agua por mí.

Una vez dijo esto se agachó, subió bien mi falda, apartó mi tanga y comenzó a chuparme el coño de una manera espectacular, yo no dejaba de gemir y de pedir más como una puta. Me corrí dos veces mientras él me comía toda la almeja, después se puso de pie, agarró mis piernas hacía arriba y me metió toda su polla sin contemplación. Yo no podía parar de chillar y él metió un dedo en la boca para que se lo chupara y dejara de chillar, porque allí podía venir cualquiera. Sus embestidas eran cada vez más rápidas y yo no pude más y me corrí otra vez. En eso estábamos cuando a él lo llamaron por el busca, porque había una pelea en el hotel y se tuvo que ir, pero no sin antes decirme:

– Putita me tengo que ir, pero esto no va a quedar así, mañana terminaremos lo de hoy.

Y antes de irse se llevó mi tanga. Yo me arreglé lo que pude, me bajé la falda y me fui a trabajar sin tanga. Cuando llegué a casa estaba molida por el día de trabajo así que me senté en el sofá al lado de Felipe, esté me vio la cara de cansancio que traía así que se ofreció a darme un masaje y yo acepté. Me tumbé en el sofá y puse mis piernas encima de las suyas para que me diera un masaje en las piernas que era lo que más me dolía por haber estado todo el día de pie. Él comenzó a darme un masaje en los pies y yo estaba en la gloria, iba subiendo por mis piernas haciéndome sentir como una reina, me masajeaba los gemelos, las rodillas, por mis muslos y yo estaba medio dormida cuando se acerca a mí y me dice muy bajito:

– Primita, no es por ser indiscreto, pero ¿vas a trabajar sin braguitas…?

No me acordaba que mi tanga se lo quedó Jorge. Me levanté medio mosqueada por la pregunta y me fui a mi habitación. Cuando salí a cenar Felipe no dejaba de mirarme de una forma rara, como si supiera lo que había pasado con Jorge. Después de cenar me tumbé en el sofá rodeada de mis cuatro muchachos y mi madre. Estábamos viendo la película de Juana la loca y a mi madre no le gustó y se fue a dormir. Felipe también se iba a dormir y vino a darme un beso de buenas noches:

-Susi, no te enfades por lo de esta tarde, sólo me sorprendió ver a mi primita sin bragas y con el coñito mojado. No me gustaría que nadie se esté follando a mi primita, sin antes hacerlo yo, claro.

Después de esto Felipe me dio un beso y se fue a dormir, estuve dándole vueltas a lo que me dijo toda la noche y no me enteré del final de la película, así que yo también me fui a dormir. Me acosté y empecé a imaginarme como sería follar con mi primo y con Jorge a la vez. Me puse tan cachonda que comencé a masturbarme, estaba en plena faena cuando se abre la puerta de mi habitación y era mi primo Carlos, se quedó mirándome y yo con tres dedos dentro de mi coño no atiné a sacarlos. Él no se movía, nada más miraba fijamente mi chocho todo empapado con mis dedos dentro…

Autora: Susi

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La señora vecina

Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris.

Me llamo Miguel, tengo 20 años y el gusto por esa señora comenzó a finales del verano del 2006. Estaba estudiando cuando me asomé a la ventana cansado de estudiar. Como a tres metros la observé dando la merienda a sus hijos, tan acalorada estaba que no llevaba nada debajo de la bata y con dos ojales sin abrochar, mostrando todo el regato del tetamen, y cuando se agachaba ¡hala!, el escote abierto de par en par, y la delantera, bamboleante como si tuviera vida propia, luchando por salir a tomar el aire. Pero hay algo más, desde niño me excitaban los sobacos de las mujeres; y mucho más si olían a sudor.

Y la Mariana sudaba de los sobacos como no os lo podéis imaginar. Y de vez en cuando alzaba los brazos, suspirando, mostrándome impúdicamente aquella maravilla de sobacos húmedos, con unos pelillos que asomaban por la cortísima manga de su bata. Yo me la pelaba como un mono pensando en Mariana y me puse a observarla desde mi ventana en las noches de estudio. Lo mejor llegó en una cálida noche de junio. Eran las cuatro de la madrugada en el momento en que una brisa fría la hizo levantar de la cama para bajar la persiana. La luz de su cocina, era ella y no podía creer lo que veía.

La contemplé por primera vez con un viso gris claro transparente, que dejaba ver su blanco sujetador y sus bragas del mismo color, en las que no sólo se apreciaba ese bulto del chumino sino que se descubría todo el triángulo negro. Estaba tomando un vaso de leche, cuando apareció su marido, colocándose a sus espaldas y con las manos en sus caderas, le empezó a dar besos tanto en los hombros como en el cuello y los brazos, Ella ponía una cara sonriente y una boca abierta dando muestras de su goce, que más bien en aquellas partes eran escalofríos de placer. Después, sus manos se posaron en las tetas de su mujer, las cuales empezó a frotar, exprimir y acariciar. La despojó del viso, y erotizado por el gusto, le desabrochó el sujetador, dejando las tetazas al aire libre de la cocina.

Después se fueron hacia su cuarto y yo me la meneé hasta correrme vivo en dos minutos. Sus bragas quedaron tiradas en el suelo y con su única visión me corrí como un poseso. Este hecho quedó guardado en mi memoria en espera de ser yo el que algún día ocupara el lugar de su marido, es decir, que mi polla entrara en aquel húmedo higo.

Pasé mucho tiempo espiándoles y a mediados de Julio me llegó la oportunidad. En la tienda del barrio, el tendero me preguntó si conocía a una señora con dos hijos que vivía en frente de mi piso. Le respondí que sí, y me dio su bolso del dinero, pues ella se lo había olvidado. Con mucho gusto decidí llevárselo.

– Sí, ¿Que quieres?- Venía a darle el bolso que se ha dejado en la carnicería- le respondí nervioso.- ¡Ah, sí, gracias! Pero pasa dentro que te daré una pequeña recompensa- me dijo, sonriendo muy agradecida.

Cuando estuve dentro, todo se me hizo nervios y excitación, la dije que no tenía que darme nada. Se me acercó poco a poco, hasta que sus labios dieron con los míos. Al principio, no sentí nada; pero después un calor me invadió el cuerpo haciendo que mis brazos la estrecharan. Fue un beso largo. Me derretía ese placer que llegaba de la cabeza a los pies. Mi polla parecía explotar de lo dura que la tenía. Después de dos besos me moría de gusto por follarla, pero ella gemía:

– ¡Miguel, vale… Vale ya, sólo era un beso! ¿ Te digo… Te digo que vale! ¡No… Noooo… Noooo! Yo seguí besándola, sin poderme contener.-¡Así… Ohhhhh… Qué bien lo haces, Ahhh… qué bien! ¡Venga… no seas tímido y acaricia mis pechos! ¡Ahhhh!.

Por fin pude acariciar sus enormes melones, tan blancas en contraste con sus grandes pezones marrón oscuro.

Con su teta en la boca y acariciando su culo, la puse a tope, le ofrecí tal placer que empezó a decir palabrotas y obscenidades mientras jadeaba:

– ¡Cabroncete, que me corro…Ahhhh! Empezó a mover la cabeza en todos los sentidos, vibró su cuerpo, se agarró a mis nalgas y apretó con fuerza mi polla contra su coño mientras se corría entre jadeos. No pude evitarlo y yo también me fui.

Si nos hubieran visto: de pie, apretándonos el uno contra el otro, gozando cada uno manchado de sus distintos líquidos orgásmicos. Me entraron ganas de joderla; pero me agaché para lamerle el conejo. Tenía lefa por todos los sitios, en el pantalón, en sus bragas y en sus piernas. Cuando me dirigí a aquel sitio peludo, me agarró la cabeza y me dijo:

– Soy tuya, hazme disfrutar con tu lengua; pero recuerda: ¡nada de metérmela! Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris hasta que dije:

– ¡Mariana… Mariana, para! ¡Que me llega! ¡Sácatela…sácatela! ¡Ohhhhh…! ¿Qué haces, que haces Mariana. ¡Así, así; así! ¡Otra vez, otra vez, que me corro; que va…! ¡Ooohhhhh…Ooohh! Me corrí en su boca y ella se bebió mi lefa. Yo agradecido le lamí el ano y así pasamos dos horas maravillosas.

Follamos dos o tres veces más entre el otoño y el invierno con la misma pasión. Nunca la llegué a penetrar, porque el placer que me daba chupándome el nabo era tal, que olvidé hacerlo. Mejor diré que respeté sus ruegos de no metérsela…

Autor: erospopuli

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Mi tia, una máquina

Me zambullí entre sus piernas y le comí la almeja un buen rato hasta que se paró y me pidió me acomodara metiéndosela hasta que entró toda, ella me miraba y me decía, que gusto que siento, eres un macho bárbaro nunca gocé como ahora. Me estás dejando sin aliento, al rato ya no me aguantaba y le inundé la concha de leche, y así como estábamos nos quedamos dormidos.

Hola, les cuento una aventura que tuve con mi tía Estela, de 35 años, hermana de mi padre. Mis tíos tienen una buena posición económica y como había aprobado todas las materias, me invitaron a pasar una temporada con ellos en la casa de campo.

Al llegar, me indicaron mi dormitorio y luego de acomodarnos nos dispusimos a pegarnos un chapuzón en la pileta, me puse mi malla y cuando salí al parque vi a mi tía que tenía un biquini muy chiquitito y se me paró la pija, ella se dio cuenta y me pidió que nos metiéramos a la pileta, luego mi tío le colocó bronceador y se puso a tomar sol, yo me quedé en la pileta mirando esas hermosas tetas que tiene mi tía.

Al cabo de un rato a mi tío lo llamaron al celular de su empresa pidiéndole que por favor vaya urgente que tenían una inspección, por lo que nos informó que se iba a ausentar uno o dos días, luego que se hubo marchado mi tío José, mi tía me dijo que comiéramos algo y nos metimos adentro.

Allí nos preparamos unos sándwiches con gaseosa, mientras reíamos acordándonos de cosas pasadas, pero no podía ocultar mi excitación de ver a mi tía en ese minúsculo biquini, ella me dijo, oye Juan ¿qué me estás mirando tanto, te gusta tu tía?, claro respondí, estás para comerte, sino fueras mi tía ya te habría tirado los perros, ella se rió y me dijo, ven que voy a contarte un secreto.

A tu tío no le llegó ninguna inspección, lo que pasa es que hace tiempo le descubrí que tiene de amante a la secretaría y por eso aprovechó que estabas acá para irse con su amante. Yo me quedé duro, ante esa confesión, ella me agarró la mano y la puso sobre su pecho y me dijo: oye, ¿tú sabes guardar un secreto? Si tía contá con eso, entonces se acercó y me dio un morreo que me dejó con los ojos desorbitados, y me dijo, ven vamos a mi dormitorio.

Mientras íbamos caminado yo le desabrochaba el sujetador y amasaba esas hermosas tetas, al llegar a su cama me acostó y me bajó la malla y exclamó: ay mi querido, pero que hermosa pija que tenés y que grande, nada que ver a la pijita de tu tío y se la empezó a comer.

Ooohh, como comía, nadie lo hacía como ella, por lo que no me aguanté y le acabé en la boca, ella se tomó lo que pudo y lo otro le cayó en las tetas y la cara, luego me dijo, te animas a comerme la almeja porque tu tío hace años que no me hace esas cosas, claro tía le dije.

Me zambullí entre sus piernas, bajé la biquini y le comí la almeja un buen rato hasta que se paró de vuelta y ella me pidió: ven mi pichoncito, acomódate para darle a tu tiita esa hermosa pija que tenés, me acomodé y se la fui metiendo de a poco, hasta que entró toda y ella me miraba y me decía, mmmmm, que gusto que siento, eres un macho bárbaro nunca gocé como ahora.

Me estás dejando sin aliento, al rato ya no me aguantaba y le inundé la concha de leche, y así como estábamos nos quedamos dormidos, cuando nos despertamos me dijo que fui lo mejor que le pasó en la vida y nunca lo íbamos a dejar de hacer, luego a la tarde lo volvimos a hacer y a la noche lo hicimos en la pileta, vaya que mujer, era insaciable, una verdadera máquina, creo que me había enamorado de mi tía.

Aguardo vuestros comentarios.

Autor: Cocorobles

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Follando a mi sobrino

Le cogí de la verga y le conduje a la cama, las palabras sobraban y para entonces mi coño era una presa a punto de estallar, le tiré de espaldas y subiéndome el camisón me empalé en su verga follando a toda marcha. La corrida fue casi instantánea, con la polla de Juanito hasta los ovarios me incliné para llegar con mis labios a los suyos para unir nuestras lenguas en desenfrenada orgía.

Cuando mi sobrino vino a casa para pasar las fiestas de Navidad en nuestro pueblo, no podía imaginar ni en sueños que pudiera pasar lo que ocurrió entre nosotros. Juanito es un buen mozo de veintidós años que hizo en el verano pasado una buena pandilla de amigotes en nuestra urbanización , por eso y por que está un poco consentido al ser hijo único, mi hermana no puso reparos a la posibilidad de que pasara la Nochevieja en nuestra familia, entre montañas nevadas.

Yo por mi parte tengo 49 años, un poco fondona, felizmente casada y sin hijos ya que aunque lo intentamos en la juventud, estos no vinieron. Mi marido trabaja por las noches por lo que la historia que sucedió aquella noche pudo terminar aproximadamente de la forma que narro a continuación:

Era ya muy tarde, sobre las nueve de la noche del 28 de diciembre, cuando los amigos de mi sobrino me lo trajeron a casa con una borrachera de espanto. Lo pasaron a su habitación y lo dejaron tendido en la cama, ellos tampoco iban mal servidos de vino y licor, por ello y después de agradecerles la entrega del paquete y aconsejarles que tuvieran cuidado con el coche, les despedí diciéndoles que yo me encargaría de cuidar a mi sobrino.

Le preparé un café con leche y después de hacérselo tragar entre sus improperios, le comencé a desnudar para meterle en la cama manejándole a duras penas ya que mi sobrino es muy grandote. El muy borrachín no paraba de manosearme con los ojos turbios y medio cerrados, tocándome y diciéndome cosas algunas ininteligibles y otras del tipo: – ¡Tengo que tirarme a la María; pero ella no quiere…! ¡Encima se morrea y se da la paliza con otro…!

Cuando le quité los pantalones, él se bajó los calzoncillos y empezó a tocarse la minga diciendo:

– María, mira todo lo que te voy a meter en tu chuminete. Seguro que la tengo más gorda que el jilipollas de Luis. Para entonces y con un gran corte por mi parte, él se había quitado los calzoncillos descubriendo sus vergüenzas envueltas en una negra pelambrera.

El muy guarro me cogió la mano y la puso en su cosa medio flácida pero morcillona. Quise retirarla pero sus gemidos y mi corazón acelerado lo impidieron. No se como empecé a meneársela mientras él con los ojos cerrados y beodo perdido me susurraba: – María, llévala suavemente de atrás hacia delante… Ya verás qué líquido sale…

Se alargó bastante la manola por los efectos del alcohol, yo no paraba de meneársela pero no se empalmaba aunque se movía lujuriosamente. Le senté en el borde de la cama, pero se cayó de espaldas empujándome con él.

Sin saber como llegué a tanto, me metí su morcilla en la boca. Me notaba tan mojada como en mis mejores años, dándome saltitos la cueva de follar. Seguí chupando ruidosamente, con ansia, hasta que a Juanito se le empezó a empinar sin decir nada, sólo suspiraba. Cuando estaba en su punto me la saqué de la boca y me quedé atónita. ¡Qué estaca tenía el muy ladrón!

Desde luego mucho más grande y gorda que la de mi marido. Yo me encontraba que no podía más observando su cipote y acariciándolo sus huevos con una mano para mantener la erección. El chichi me pedía guerra, deseando ser desfondado por aquel trozo de carne dura y joven

En un arrebato apagué la luz de la habitación y, montándome encima de aquel rabo poderoso y caliente como un hierro al rojo, me puse a dar saltos de perra en celo corriéndome entre ayes y suspiros de loba cachonda.

Juanito empezó a decir palabras que no entendía mientras me tocaba las tetas y todo el cuerpo. No dejaba de moverse y me estaba volviendo loca con su verga a reventar hasta la matriz, llenándome toda la cuevita del amor hasta el punto de encontrarme otra vez a punto de estallar con otro orgasmo. Deseé que su leche regara mis entrañas pero aunque se agitaba y suspiraba era incapaz de correrse, descabalgué y quise premiar a mi sobrinote con una buena corrida. Empecé chupándole las pelotas, seguí por su cimbel hasta llegar a su roja cabezota, casi amoratada.

En aquellos momentos me susurraba que se iba a correr, que quería metérmela en el conejo. le monté lo más rápido que pude y follándole con todas mis fuerzas llegué de nuevo al orgasmo mientras Juanito se corría llenándome el chocho con su caliente lechita. Fue maravilloso e incomparable, yo habría seguido hasta la agonía pero su pija se aflojó a toda velocidad quedándose dormido entre ronquidos bajo mi cuerpo hambriento.

Me hallé de pié totalmente desnuda y con la leche aún caliente de mi sobrino resbalando por mis muslos. le tapé con una manta después de ponerle los calzoncillos, me puse una bata y me tomé un café con leche, al volver a su dormitorio todavía se me pasó por la cabeza el meterme en la cama con él, pero no me atreví y allí le dejé dormido profundamente. Me acosté todavía excitada pero con las dos corridas que había sentido no tardé en caer dormida sin sentir ni siquiera la llegada de mi marido.

Al día siguiente y aunque muy bien descansada, los remordimientos me atormentaron sobre todo hasta que mi marido se levantó a eso de las 12 de la mañana. Le expliqué lo de Juanito y el se mostró comprensivo, era una gran persona y eso me hizo sentirme aún peor. Cuando estábamos comiendo apareció Juanito con muy mala cara y por supuesto con una resaca de campeonato, se excusó como pudo y juró y perjuró que no volvería a beber tanto, que por favor no se lo dijéramos a sus padres, etc…

Realmente si en su casa estaba consentido, en la nuestra era el príncipe de Gales. Para nosotros era como nuestro hijo, así que mi marido le hizo vestirse y asearse y le sacó a dar un paseo para hablar entre hombres y ayudarle a pasar su resaca seguramente bebiéndose alguna cerveza con sus amigotes del pueblo. Pasé un mal rato pensando si Juanito podría recordar lo sucedido la noche anterior, como no quería sentirme tan culpable pensé que todo volvería a su cauce y que para mis años me había dado un festín inolvidable abusando de la picha gorda y dura de mi sobrinito, que narices me lo merecía…

Mi marido y Juanito llegaron con el tiempo justo de cenar. Mi Pepe se vistió de prisa y con un beso nos despidió a ambos ordenando cariñosamente a Juanito que se durmiera pronto para poder gozar de la fiestas que se aproximaban y estar en forma para María; esto último lo dijo con un guiño de ojo. Me sentí feliz con mi Pepe, era todo un padrazo o aún mejor, un amigo de mi sobrino.

Quedamos solos tomando un te. Juanito me pidió perdón por las molestias que le había ocasionado la noche anterior, entre risas mutuas le conté su actuación a excepción de lo de la cama. Le pregunté por María y se puso colorado pero poco a poco fue confesándome lo que yo ya sabía. Necesitaba mi consejo y como yo le escuchaba tan bien me soltó:

– Me vas a perdonar y por favor no se lo digas a mi tío, pero anoche con la borrachera tuve un sueño muy extraño. Soñé que me acostaba con María y la dejaba embarazada, mientras hacíamos el amor su cuerpo ya estaba de siete meses y sus pechos y su tripa eran enormes.

Se quedó en silencio y entrecortadamente siguió:

– Pero la cara era tuya, ¡Tía perdóname!

Se agarró a mi cuello gimoteando que aquello le pasaba por beber tanto y por que me quería mucho. Me besó en la cara, el cuello y en el escote de la bata. Yo le apreté contra mis senos mientras le decía que no se preocupara, que eso le pasaba por que cariño y que yo le quería como a un hijo. Mi escote se abrió aún más entre suspiros.

Él seguía besándome el canal de las tetas calentándome de forma explosiva, me agité sin remedio lo que hizo que la bata se abriera totalmente poniendo al descubierto mis grandes melones embutidos en un ligero camisón transparente. Juanito siguió besándome los pechos entre te quieros mutuos. No pude más y apreté su cabeza contra mis pezones endurecidos a través de la fina tela. Juanillo se aplicó a chupar alternativamente mis gordas tetas mientras con su mano me agarraba de un carrillo del culo apretándome contra el paquete de sus vaqueros.

Me hice la estrecha y separándome de él me le quedé mirando. Él bajó la cabeza hasta mis melones mojados a través del camisón, al momento volvió a hundir su cabeza entre mis pechos mientras me pedía perdón por su comportamiento. Yo le soltaba un rollo sobre las chicas mientras él me embelesaba con su timidez pidiéndome que le enseñara a hacer el amor. Decía que no podía contenerse y que le ayudara. Me lo decía con lágrimas en los ojos mientras me contaba como se excitaba sin poderse controlar con mi presencia. Me hice la dura pero por dentro estaba temblando de emoción, deseando decirle lo que había sucedido la noche anterior. No pude continuar con el engaño, así que haciéndole prometer que nada de lo pasara se lo contaría jamás a nadie, me comprometí a enseñarle a follar y a calmar su excitación.

Le levanté del sofá y me lo llevé a su habitación como a un corderillo. Me quité la bata y le bajé los pantalones. Su polla se levantó erguida como un resorte, el seguía con la cabeza de baja, los dos de pié pero el muy pillo me descubrió una teta lanzándose a chuparla como un hambriento. Le retiré la boca de mis pezones diciéndole que me besara. Él me obedeció pero agarrándose la verga con una mano me restregaba el capullo por la entrada de mi almeja.

Todo era muy diferente a la noche anterior, me asusté con la posibilidad de que se corriera al momento pues le notaba a tope, me separé de él y volviéndole a hacer prometer el secreto de lo que estaba sucediendo, le dije que le iba a dar mucho gustito:

– Te voy a hacer una cosita que te va a encantar, pero no te corras. Pórtate como un hombre y aguanta hasta que yo te lo diga.

Separada de Juanito un poco me extasié de nuevo con la visión de su polla toda tiesa. Me arrodillé en el suelo y cogiéndola con las dos manos, acerqué mis labios a su capullo. Le di unos golpecitos con la punta de la lengua en toda la corona; después la conduje para que entrara en mi boca. Mientras tanto le masajeaba los cojones renegridos. Entreabrí los labios y los saqué hacia fuera, como cuando las mujeres nos pintamos.

Los aproximé al glande: y éste fue pasando al interior poco a poco y muy suavemente. En el momento que tenía su roja cabezota dentro de mis labios, le giré el tallo y con la lengua di una vuelta en sentido contrario. Realicé un movimiento de derecha para el tallo y de izquierda para el capullo. Me sentía como comiéndome una piruleta mientras Juanito se retorcía de placer, tuve que parar varias veces pues sabía que una chupada más era para él correrse.

Después de una pausa más larga me la introduje entera en la boca hasta tocar con mis labios los pelos de sus vergüenzas. Succioné provocando el vacío, sacándola muy despacio. Sus antes diminutas y fina venillas aumentaron al máximo su grosor. ¡Qué empalme más gigantesco y que placer sentirle a tope de vigor y juventud esclavizado por mi boca!

De pronto, con un tirón brusco, mi Juanillo sacó su cipote de mi boca ya que estaba a punto de correrse.

– Tía por favor, déjame correrme en tu vagina, por favor que no aguanto más, déjame hacerte el amor que te quiero mucho.

Se estaba portando como un hombre y yo como un putón verbenero. Le cogí de la minga a reventar y le conduje a la cama, las palabras sobraban y para entonces mi coño era una presa a punto de estallar, le tiré de espaldas y subiéndome el camisón me empalé en su verga follando a toda marcha.

La corrida mutua fue casi instantánea, con la polla de Juanito hasta los ovarios me incliné para llegar con mis labios a los suyos para unir nuestras lenguas en desenfrenada orgía. Su verga seguía tiesa mientras me agradecía lo que había hecho por él y me juraba amor eterno. Podría haber estado empalada en su verga hasta la muerte pero como una sombra en la noche me llegaron los remordimientos y un espíritu mojigato se apoderó de mí.

Nos vestimos y entre miedos comunes pasamos un rato hablando recatadamente hasta que nos fuimos cada uno a sus aposentos.

Las fiestas pasaron y ahora espero la llegada del verano siguiente. Cuantas pajas me hago pensando en mi aventura y en su próxima llegada.

Autor: Erospopuli

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