VERANO: apuestas, novia y desconocidos

Sara bajó del coche acompañada por nuestro amigo Jose, y por mí, Luis, su novio. Tras un día excitante y morboso, nos encaminábamos hacia una terrada donde trabajaba Juanma, un amigo de Jose.

Sara se había cambiado dentro del coche la ropa mojada por un vestidito blanco ibicenco, bien corto y escotado, que me recordaba los cubremanteles que mi abuela tenía en su casa. A través de los agujeritos del tejido se podía entrever la ropa interior de mi chica.

Nuestra chica caminó con dificultad hasta la mesa libre escogida por Jose, justo en medio del restaurante. La causa de estos pasos malogrados no eran unos tacones, sino  los huevos vibradores a control remoto que nuestro amigo había introducido en el coño y ano de nuestra mujer.

Mi novia se sentó acalorada, regalándonos una sonrisa llena de complicidad.

El camarero llegó y antes de pedirnos qué queríamos para beber saludó efusivamente a su amigo.

JUANMA: hombre Joseeee. ¡Qué sorpresa! ¿Y este bomboncito quién? ¿Un nuevo ligue tuyo?

JOSE: más o menos – dijo sin dejar de mirarme maliciosamente.

JUANMA: ¡ya estás tardando en presentármela!

JOSE: Sara, este es Juanma, un amigo a parte de nuestro camarero.

Sara se levantó, y el chico le dio dos besos, de los que yo llamo de ligón de discoteca: cerca de los labios, intensos, y pasándole una mano por detrás del cuello.

Al sentarse de nuevo, el camarero habló de banalidades con su amigo sin dejar de mirar a Sara. Su delgado cuerpo engarzado en aquel vestidito ensalzaba su delgadez, culito respingón, y pechitos. Todo ello dándole un aire de inocencia que no hacía sino incrementar el morbo.

De repente, se oyó el chasquido de un botón y Sara pegó un gritito a la vez que daba un salto. Jose sonrió tras haber pulsado el botón del huevo vibrador ubicado dentro del coñito de mi chica. Ella resopló sin decir palabra. El saltito le había movido el vestido y dejaba a la vista la parte de arriba de su sujetador.

JUANMA: ¿estás bien preciosa? ¿Quieres algo de beber?

SARA: una cerveza por favor.

La chica recordó en aquellos momentos la apuesta que había hecho con Jose: antes de las 0:00 ella sería una gatita sumisa, pudiendo subir su lívido sólo Jose y yo. Si ganaba, Jose sería su esclavo lo que quedaba de semana; si perdía, tendría que cumplir todos los deseos de Jose mientras disfrutara de su hospitalidad.

Tenía que pensar algo y rápido, porque si aquellos dos seguían con el vibrador, iba a perder la apuesta muy rápido. Se le ocurrió ir sacando ciertos temas polémicos para  tener a ambos chicos entretenidos y que se olvidaran de ella. Hablaron de política, de fútbol, de religión y de la diferencia entre hombres y mujeres.

Jose apoyó su mano en su terso muslo muy cerca del comienzo de la parte baja del vestido.

JOSE: preciosa, no creas que no me he dado cuenta de tu estrategia de hacernos pensar en otras cosas durante la cena. Si no hemos activado los vibradores es porque estamos ahorrando pilas.

Aquella mano inquisitiva se adentró bajo el vestido y rozó suavemente su ropa interior.

Acerqué mi dedo a su boca y ella se lo introdujo lentamente sin dejar de mirar a nuestro amigo.

En ese momento llegó el camarero y nos cortó el rollo a los tres.

JUANMA: ¡madre mía cómo está el veranito de caliente! Si lo sé me siento con vosotros a cenar en lugar de estar currando como un tonto. ¿Qué plan tenéis para después?

JOSE: habíamos pensado ir a algún lado a tomar algo.

JUANMA: ¡perfecto! ¡me auto-apunto! ¡ja ja ja!  Hoy voy a intentar escaquearme antes y creo que sobre las 12 podré salir. Te llamo y ya me dices donde estáis.

Pagamos la cuenta y nos fuimos hacia un sitio que desde fuera se apreciaba típicamente para giris. De hecho, en la puerta nos recibieron con un saludo anglosajón, y a mi juicio nos hicieron pagar por ser españoles. Dentro, el local estaba lleno hasta la bandera de extranjeros bebiendo y bailando de forma muy animada.

El principio de la noche transcurrió con normalidad, como si de una marcha de amigos del instituto se tratara. Bebimos un par de mojitos, y fue la propia Sara la que casi nos arrastró hasta la pista de baile.

Jose y yo bailamos torpemente frente a los fluidos movimientos de nuestra compañera. Movía su culito de izquierda a derecha con sensualidad, al tiempo que sus pechitos saltaban al mismo ritmo dentro de su vestidito. En uno de estos bailes Jose mantuvo unos segundos el vibrador en marcha, y Sara no pudo evitar llevarse una mano a la entrepierna y seguir bailando de tal guisa. Parecía una perra en celo, y un grupo de ingleses desfasados se dio cuenta y empezaron a gritar alrededor.

Uno de ellos, pelirrojo, empezó a hacer fotos y a compartirlas entre risas con sus amigotes. En su impunidad, este mismo chico bajó la cámara hasta la altura del suelo y disparó varias fotos con flash. Al compartirlo con sus amigos, estos se volvieron locos e intentaron acosar a Sara.

Ésta, viendo el percal, se lanzó hacia nosotros  y se abrazó a mí. Nos morreamos con pasión. Ella estaba muy cachonda.

Jose se pegó a su culito, y tras darle unos besitos llamó a los giris. Le levantó la parte de atrás de la falda a Sara, dejando su culito redondo y perfecto enclaustrado en un tanga, a la vista de todos. Los extranjeros fliparon e hicieorn más fotos.

Nuestro amigo volvió a pulsar el famoso botón, y Sara se llevó la mano a la entrepierna para masturbarse. Desde la posición de los giris se podía apreciar como aquella manita inocente palpaba la parte baja de aquel tanguita.

El flujo eléctrico se detuvo, y Sara se dirigió al centro de la pista huyendo de todos nosotros. Jose notó una vibración en el pantalón, y se alejó para hablar por teléfono.

Seguí a Sara, y la encontré bailando sola desfasada en medio de la discoteca.  Excitada, bailaba como una gogó a sueldo, de forma muy provocativa. Se contoneaba sensualmente al ritmo de la música.

Eran casi las 12 de la noche, y Jose llegó a mi lado junto con Juanma y otro chico, de nombre Carlos, bastante obeso.

JOSE: ahora verás Juanma.

Jose me pidió mi mando, y pulsó ambos botones a la vez. Sara pegó un salto, dejó de bailar y  se llevó una mano a la entrepierna. Aunque no se le podía oir, por sus rictus faciales parecía que estaba gimiendo. Extendió una mano hacia nosotros. Y se pegó a Jose.

SARA: pa… par… para!!! Para o me tendré que follar al primero que pille.

JOSE: me parece bien, j aja ja. Queda poco para las 12. Si paro, pierdes la apuesta. ¿Aceptas?

SARA: s… sí, joder. ¡Pero me quito ya estas mierdas!

Nuestro amigo le dio los mandos y Sara se fue pitando al baño.

Los hombres nos fuimos a hacer una copa, y al poco rato mi chica estaba de vuelta.

Se inclinó a saludar y dar un beso a Carlos. Mientras lo hacía me di cuenta de un gran detalle: ¡no llevaba sujetador!

Me sonrió y me confirmó que se había quitado tanto el sujetador como el tanga, porque le estaban ya escociendo de tanta excitación.

JOSE: bueno Sara, déjame recordarte nuestra pequeña apuesta. Has perdido, por lo que cumplirás todos mis deseos en lo que os queda de vacaciones.

SARA: sí, pero los vibradores estos me los quedo yo. ¡Prohibidos!

JOSE: vale. ¿hacemos un último baile antes de irnos?

Nos dirigimos a la pista y Sara bailó un poco más comedida que antes. Jose se colocó detrás de ella, y bailó también restregándose contra aquel culito turgente. Las manos de nuestro anfitrión fuero subiendo de la cintura hasta los laterales de los pechos. Los juntó un poco enseñándoselos a sus amigotes, y los acarició sin reparos.

Juanma pudieron ver en más de un descuido y hueco del vestidito los pequeños y rosaditos pezones de mi novia, lo cual les volvió locos.

Decidimos irnos del local, no sin antes despedirnos de nuestros amigos ingleses.  Sara se sentó en el asiento del copiloto y nos fuimos los 5 hasta el chalet de los padres de Jose.

Una vez dentro, esperamos a Sara en el comedor mientras se aseaba en el baño.

Cuando llegó, se sentó en un puff mientras los chicos reíamos recordando la noche.

JOSE: joder Sara, nos has puesto bien calientes a todos esta noche.

JUANMA: ¡sí! Hasta yo he tenido que irme un par de veces al baño del curro para tocármela tras ver el espectáculo que estabas dando.

JOSE: y no hablemos de nuestro amigo Carlos. Aquí donde lo ves nunca ha estado con una chica y todo lo que sabe de ellas es del porno que ve por Internet.

El aludido sonrió tímidamente.

JOSE: como sabes, has perdido la apuesta, y tienes que cumplir mis deseos el tiempo que os queda aquí.

SARA: ¿no me vas a dar un respiro?

JOSE: pues sí… Porque mi primer deseo es que hagas todo lo que aquí el amigo Carlos te pida.

Todos les miramos…

CARLOS: eh… no sé. Esto es como un sueño. ¿Un striptease?

Dicho y hecho. Jose puso música sensual, y mi novia nos deleitó con atrevido baile que culminó con la vista de su precioso cuerpo a la vista de todos. Sus pequeños pechos, delgado cuerpo, culito respingón y mirada inocente la dotaban de un aspecto pueril que contrastaba con sus 27 años.  Durante el baile, Carlos se había estado acariciando la entrepierna excitado.

JOSE: Carlos ¿Por qué no le echas un poco de este aceite corporal, que Sara tiene ahora mismo la piel muy seca?

Todos nos reímos, pero el chico se tomó la empresa muy en serio.

Sara sacó pecho y Carlos disparó dos chorros del espray sobre sus pechitos. Con miedo, extendió el aceite de forma efectiva. Se volteó, y poniendo su culito en pompa invitó a aquel chico a que siguiera con la labor hidratante.  Apretó varias veces el botón del espray y lo extendió con una mano metódicamente.

JUANMA: ¡por aquí también!

El camarero acercó su mano y la metió entre las nalgas de la chica.  Jose lanzó también su mano, y ella se tuvo que apoyar en una pared para no caerse mientras aquellos tíos le sobaban el culo y le metían mano.

Más sueltecito, Carlos dirigió sus manos a los pechitos de Sara y los amasó como su fueran dos bocinas.

La dejamos respirar un momento mientras nos desnudábamos, y Carlos fue el primero en acercarse. La abrazó con su enorme cuerpo, y ella le besó los labios jugueteando con su lengua como una víbora. Juanma se acercó para morrearla al tiempo que le metía mano en la entrepierna.

Sara sonreía y extendía la lengua para besar a uno y a otro mientras le metían mano. Juanma le masturbaba cada vez más rápido, y ella pronto agarró la pollita erecta de Carlos para hacer lo propio. Mientras, Jose y yo nos turnábamos entre sus pechitos y su culito en un mar de manos.

Nuestra chica se sentó en el sofá, y agarrando el pequeño miembro de Carlos, jugueteó con su lengua sobre su punta como si fuera un helicóptero. El chico gemía, y sonriendo, Sara se metió aquella polla entera en la boca. Se la mamó con rapidez mientras él resoplaba como un toro. Carlos aprovechaba la mamada para tocarle las tetitas y el culo a Sara.

Sorprendiéndonos a todos, Carlos agarró a Sara, se sentó en el sofá y la hizo encaramarse encima suya. Como escaladora de una montaña, Sara atinó a meterse aquel pequeño pene en el coñito y comenzó a cabalgarle como una fiera.

Él gemía y no paraba de apretarle el culito.

Justo cuando Carlos estaba a punto de correrse, Sara se zafó de su presa y se acercó a nosotros. Nos la cascó y chupó de uno en uno sin darnos tregua. Al poco, y casi de un salto, volvió a encaramarse sobre Carlos y a follarle.

Ella aumentaba la velocidad  y de repente el hombretón la abrazó e inició unas convulsiones. Aquel chico obeso la estaba germinando como si de un animal de tiro se trataba, y ella no tenía escapatoria. Cuando perdió las fuerzas, Sara se puso en pie, y de su coñito resbaló un hilillo de semen blanco.

Juanma la cogió por el culo y la puso a cuatro patas sobre el sofá. Empezó a bombearle mientras que ella se la chupaba a Jose.

Pedí mi turno, y me la follé también a cuatro patas.

Nos fuimos turnando, y todos nos la follamos en varias posturas, incluido Carlos, que se recuperó al poco.

Cuando los 4 tíos estábamos a punto de corrernos, Sara nos sorprendió levantándose y arrodillándose en el centro del comedor.

SARA: vamos cabrones, bañadme en leche.

Nos acercamos como monos masturbándonos con rapidez, a lo que ella ayudó con sus mamadas y pajas. El primero en correrse fue Carlos, casi seguido por Jose. Chorros de semen cruzaron y dejaron pegajosa la cara de mi novia. Cuando los chicos terminaron, ella todavía les dio una última chupadita.

Mi chica nos pajeó a Juanma y a mí a la vez. Entre gemidos, nos corrimos sobre sus pechitos.

Nos sentamos exhaustos en el sofá, cuando Carlos le dijo:

CARLOS: Sara… me he quedado con ganas de probar lo que es correrse en la boca…

SARA: ¿todavía tienes fuerzas?

El chico se sentó en una silla del comedor, y Sara arrodillada se la empezó a mamar a toda velocidad. Con un sonido de succión se la sacó de la boca para anunciar que el chico ya la tenía dura.

No tardó mucho en correrse sin avisar a Sara, y esta gimió mientras los chorritos de vida de Carlos se estampaban sobre su garganta. Ella no se lo tragó, sino que abrió la boca para que él lo viera y lo dejó caer por la comisura de sus labios.

SARA: ¿así te gusta? ¿así es en los vídeos porno que ves?

CARLOS: no… ¡esto es mucho mejor!

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Verano: playa y algo más

Hola, soy Jose (almeriense82) y escribo esto cumpliendo mi parte del trato con Luis y Sara: escribir yo el relato de uno de nuestros excitantes encuentros sexuales.
Tras pasar el día en la piscina refrescándonos y calentándonos alternativamente, acordamos madrugar al día siguiente para pasar un día completo en una cala recogida y relativamente solitaria que yo conocía en el Parque Natural de Cabo de Gata (Almería).
Por la mañana nos levantamos poco después del amanecer, ya que habría que caminar unos cuantos kilómetros. Nuestra pareja favorita se levantó con claros síntomas de no haber dormido mucho, algo que explicaba los gemidos de Sara durante toda la noche. Le dije a Luis que hiciera café para todos y mientras lo hacía aproveché para abordar a Sara y entregarle una de mis aportaciones para ese día.
Tras tomar cafeína para un regimiento, lo preparamos todo y nos encaminamos en mi coche hacia la playa de “Los Genoveses” en (Almería). Sara atrajo inmediatamente las miradas de la concurrencia al bajar del coche con su melena morena al viento, una camiseta rosa extremadamente ceñida que enmarcaba sus pequeños pero, y lo pude comprobar el día anterior, duros y turgentes pechos, rematados por unos pezones sonrosados exquisitos. Remató el conjunto con unos pantalones vaqueros también muy ajustados y extremadamente cortos, de los que jocosamente llamo “tanga con bolsillos” que remataban ese culito que tanto me gustó devorar el día anterior. La mirada que intercambiamos Luis y yo, lo decía todo. Agarramos todo el material y empezamos a caminar hacia una cala que conozco, de acceso ligeramente complicado y no más de 100 metros de ancho, relativamente poco frecuentada y que se encontraba a un par de kilómetros de marcha a pie.
Empezamos a montar el campamento comprobando para nuestra alegría que estábamos totalmente solos en la playa, pero dicha alegría aumentó exponencialmente cuando Sara procedió a apuntar su delicioso trasero hacia nosotros mientras se inclinaba hacia delante dejando al descubierto un tanga rojo de infarto que abrazaba sus excitantes caderas y resaltaba lujuriosamente su zona púvica. Se dio la vuelta hacia Luis y a mí con cara de niña mala mientras nos tiraba el pantalón. Lo mejor, como comprobamos, estaba por llegar: mientras se mordía el labio de la manera más lujuriosa que nunca haya visto, procedió a quitarse la camiseta. Lo que creíamos que era un tanga rojo de infarto era en realidad un bañador modelo “sling shot” de infarto.
Sara: ¿Se os ha comido la lengua el gato?
Luis: Nena, ¿de dónde has sacado ese modelito? ¡Guau!
Sara: Es un regalo de nuestro anfitrión. Al principio no quería ponérmelo pero mientras caminábamos hacia aquí entendí por qué José me insistió tanto en lo mucho que me gustaría: el roce en mi entrepierna y mis tetitas mientras caminábamos hacia aquí me tiene cachonda perdida. Un kilómetro más y me habría corrido allí mismo.
Jose: Me encanta que te haya gustado mi regalo Sara.
Sara: Me ha encantado Jose. Tanto es así, que te mereces una recompensa aquí y ahora.
Dicho lo cual se encaminó hacia el agua invitándome a no perder ni un instante. Como podréis imaginar no tardé ni un segundo en quitarme la camiseta y correr tras Sara mientras Luis bromeaba con que no dejara enfriar el horno.  Al llegar a su altura, le di una cachetada en ese culito suyo que me tiene loco y, lejos de enfadarse Sara procedió a agarrarse de mi cuello para devorar mi boca metiendo su lengua hasta las amígdalas. No os miento si os digo que me tomó por sorpresa la furia con la que se abalanzó sobre mí. Sara estaba terriblemente caliente y mi calentón iba en aumento así que aceleramos el paso entre las olas, debido a que con la poca profundidad de la playa hay que andar bastante para que el agua cubriera. Debido a mis casi 2 metros de estatura y a lo deliciosamente menudita que es Sara, la agarré en brazos para seguir hacia una zona que me cubriera hasta el cuello mientras comenzaba a besarla por todas partes.
Sara: Dios, con el agua el bañador se me ha pegado como una segunda piel y me roza más. Estoy cachonda perdida.
Jose: Este sling es especial. Por la cara interna de la tela es rugoso y da la sensación de que te estuvieran metiendo mano a cada movimiento. Cuando se moja es todavía mayor la sensación.
Sara: Siiiiiiii, lo estoy notando. Mmmmm….
Me encantó el entusiasmo de Sara mientras la tenía de espaldas contra mí y comenzaba a masturbarla con mi dedo índice. Su entusiasmo era contagioso y mi polla empezó a molestarme dentro del bañador, así que tuve que empezar a mordisquearle el cuello para demostrarle a Sara que me tenía a 100. Un gemido me indicó que aquello le estaba gustando mientras bajaba la mano hacia mi polla para comprobar mi estado.
Sara: Jose, folláme ahora mismo.
Jose: No Sara, primero quiero que me la comas.
Sara se dio la vuelta y se encaramó a mi cuello dirigiéndome una mirada suplicante:
Sara: Por favor Jose, fóllame ahora mismo. Prometo que te recompensaré…
En cuanto oí aquello, saqué mi polla del pantalón, aparté la fina tela del sling de Sara y se la metí hasta el fondo. El gemido gutural de Sara y su mirada de agradecimiento fueron el pistoletazo de salida para que la agarrara bien fuerte por el culo y empezara a hacerla subir y bajar de mi polla sin miramientos. El espectáculo que debían estar viendo los peces debía de ser sublime. Fuera del agua, sólo se veía a una pareja abrazada en el agua de hombros para arriba. Sara abrazó mi torso por detrás con sus piernas para evitar que me fuera a ninguna parte y empezó a mordisquearme el lóbulo de la oreja. Dios, estábamos follando como animales, sin dar concesiones y sin pedirlas. Ni siquiera paré de darle cuando Sara comenzó a besarme y, en represalia, me penetraba con su lengua sin piedad cuanto podía.
Jose: Sara, no te reprimas. Puedes gritar cuanto quieras de gusto. Nadie más que Luis te va a oír.
Dicho esto empecé a empalarla sin piedad y Sara empezó a acompañar cada embestida con su morbosa voz:
Sara: AHHHHHH, AHHHHHH, AHHHHHHH, AHHHHHH, AHHHHHH
Menos mal que no había eco en la cala o nos habrían oído hasta en Almería. A la sexta embestida ambos gritamos y envié un chorro de leche tremendo directo al útero de Sara que hizo que también se corriera como una loca. Os juro que nunca antes me corrí con tanta intensidad. Fue estupendo.
Sara: ah, gracias, ah, por aliviarme, ah el calentón, ah. Me está, ah, encantando haber, ah, aceptado tu, ah, invitación a venir.
Jose: Las gracias , ah, te las tengo, ah, que dar yo. Eres, ah, maravillosa, ah.
Todavía tenía la polla dentro de Sara y su vagina no paraba de contraerse terminando de ordeñar mi polla. Además de intenso el orgasmo estaba durando un delicioso rato que fuimos pasando dándonos lengua mutuamente.
Finalmente, Sara se desacopló de mí y empezó a nadar hacia la orilla. Yo permanecí unos minutos más en el agua tumbado sobre ella porque, sinceramente, las piernas me temblaban tanto que no aguantaba de pie. Mientras observaba a la sirena más morbosa de los mares salir del agua mi polla empezó a animarse de nuevo.
Luis: Joder, se oían tus gritos desde aquí.  ¿Tan caliente estabas?
Sara: Ufffff Luis, no te lo imaginas. Gracias a Jose y al agua que está estupenda se me ha bajado un poco el calor corporal… pero sólo un poco.
Sara se apartó a un lado la parte de abajo del sling rojo tan sexy que llevaba puesto y comenzó a escurrir parte del semen que le eché dentro hace un rato.
Luis: Joder, te ha llenado bien ¿eh? Mira cómo me has puesto – dijo Luis agarrándose el paquete.
Sara: Eso tiene fácil solución.
Luis estaba sentado en una de las pequeñas sillas que llevábamos y Sara procedió a hincarse de rodillas ante él y comenzó a chupar polla sin más preámbulos.
Luis: Joder nena, estás cachondísima. Para un poco que me la vas a arrancar.
Sara: mmmmmm, es para darte las gracias de que aceptaras la invitación de Jose para venir. Están siendo unos días magníficos.
Y así los encontré al salir de mi baño “relajante”. Si no acabara de echar un polvo tremendo hace unos minutos, ver el culo en pompa de Sara mientras devoraba una polla hubiera sido suficiente para  follársela de nuevo, pero el día era muy largo, esto acababa de empezar y todavía no le había follado el culo a Sara. Mientras pensaba en ello, Luis se corrió sonoramente en la boca de Sara, que paladeó con deleite los últimos restos de semen de su boca.
Jose: Luis, me parece que hoy vamos a tener mucho trabajo con Sara.
Luis: Ya lo creo. Está más salida de lo habitual.
Sara: Cariño, el regalo de Jose me está encantando. Este bañador es estupendo.
Jose: De nada Sara. Era un regalo que le hice a mi ex novia y que siempre se negó a ponerse. Tú le sacarás mayor provecho que ella.
Luis: Jose, no conoces a Sara. Si le damos cuerda acabará con nosotros.
Jose: Créeme Luis si te digo que al acabar el día Sara será una gatita de lo más sumisa y dócil. Esto acaba de empezar y el día es largo – dije enigmáticamente.
Sara: Bueno, si queréis apostamos…
Jose: Luis, ¿apostamos algo a que antes de que acabe el día Sara pide que paremos?
Luis: No se yo, hasta la fecha no he visto a Sara decir que no puede más. Ya ves que sexualmente es muy activa.
Sara: ¿Qué estarías dispuesto a apostar?
Jose: Déjame pensarlo durante la mañana y os lo comento al mediodía durante el almuerzo.
Así lo acordamos y la mañana transcurrió de forma más o menos normal, con Luis y Sara jugando a las palas y paseando por la cala, sin duda cuchicheando sobre mi propuesta mientras yo tomaba el sol, recuperando fuerzas y meditando sobre cómo haría que Sara acabara el día gimiendo que no nos la folláramos más.
Y así llego la hora de lo que se preveía sería un calenturiento almuerzo.
Sara: Valiente, ¿has pensado ya cómo me vas a doblegar? Vas a perder…
Jose: Je, estás muy segura de ti misma Sara. Bien, lo he estado pensando y si os parece a ambos podemos hacer lo siguiente. Si antes de las 12 de la noche Sara pide que paremos, perderá la apuesta. Sólo estará permitido que Luis y yo subamos tu lívido y si tú ganas, seré tu esclavo durante  el resto de la semana que pasaréis aquí. Haré lo que desees.
Sara: mmmmmm, eso es muy tentador…. ¿Y si pierdo?
Jose: Con el permiso de Luis, deberás cumplir todos mis deseos mientras gocéis de mi hospitalidad. ¿Te parece Luis?
Luis: Por mí no hay problema, aunque creo que perderás.
Jose: ¿Apostamos, Sara?
Sara: Desde luego. No perderé.
Establecida la apuesta, comenzamos a comer mientras intercambiábamos los tres miradas lascivas.
Jose: Sara, ven conmigo.
Y agarré a Sara de la mano, cogí las zapatillas de ambos y comenzamos a andar sin darle tiempo a replicar.
Sara: ¿A dónde vamos Jose?
Jose: Voy a enseñarte lo bonito que es el litoral almeriense, y así vas haciendo la digestión.
Comenzamos a andar a paso ligero abandonando la cala y nos encaminamos en dirección a la conocida playa de Monsul a paso vivo. A cada paso, los pezones de Sara se marcaban más en su sling, señal de que el bañador estaba cumpliendo su trabajo. Comenzamos la que sería una buena caminata mientras Sara atraía la atención del numeroso público masculino que contemplaba su lujuriosa figura, con sus pezones desbocados, mientras caminaba junto a mí. Para espantar a posibles moscardones procedí a besar a Sara enredando jugosamente mi lengua con la suya mientras uno de mis dedos se acercaba peligrosamente a la entrada de su delicioso ano.
Sara: Jose, volvamos, que Luis debe sentirse muy sólo
Jose: Jajajaja, por no decir que la caminata te está poniendo como una moto… Luis sabrá perdonarme una vez que volvamos a la cala. Los resultados le van a encantar.
Sara: Qué malo eres…
Jose: Cuando quieras puedes abandonar…
Seguimos la caminata y ascendimos la duna de la playa de Monsul, célebre por el rodaje de Indiana Jones que allí tuvo lugar. Al llegar a la cima Sara estaba tremendamente sudorosa, aunque seguro que su interior estaba todavía más pegajoso.  Aunque el paisaje era estupendo, le dije a mi compañera que ahora me apetecía explorar cuevas, la suya en concreto, y que sería mejor volver.
Nuevamente conduje a Sara a paso vivo de vuelta a nuestra cala favorita y ya era más que evidente su calentón debido al roce del bañador: sus pezones amenazaban con agujerear la tela, su rostro colorado se debía a algo más que el calor de la caminata y entre sus muslos goteaba algo más que sudor. Quería volver a follármela inmediatamente y no veía el momento de llegar. En el momento en que llegamos a nuestra playa privada agarré a Sara, la apoyé contra las rocas y allí mismo, de pie y sin mediar palabra, me arrodillé, aparté la tela de su sling y comencé a devorarle el coño. Sara soltó un gemidito de aprobación y yo un gemido de gusto ante lo que me estaba comiendo. El coño de Sara estaba especialmente hinchado por la estimulación de la caminata, envuelto en una deliciosa mezcla de sudor y flujo vaginal y con un clítoris en posición de firmes que esperaba mis atenciones. Era el coño más rico que me comía en mucho tiempo y no dudé en hacerlo a tope. Comencé a meter mi lengua en su coño todo lo que pude para aspirar sus flujos, que estaban deliciosos, curvando la punta de la lengua hacia arriba buscando estimular su punto G aunque no logré alcanzarlo así que cambié de táctica para introducirle dos dedos buscando su delicioso interruptor del placer mientras castigaba su clítoris envolviéndolo con mi lengua. Sara gemía como una leona mientras hacía señas a Luis para que se acercara a completar el cuadro. En defensa de Sara tengo que decir que mis sucesivas parejas siempre han destacado el sexo oral como mi fuerte y mi capacidad para curvar la lengua en forma de U envolviendo el clítoris. Por mucho que os digan, una mujer obtiene muchísimo más placer de una buena comida de coño y un buen trabajo manual que con una penetración. Pollas hay muchas, pero con una buena comida de coño podéis tener una amante agradecida y adicta a vuestras habilidades para mucho tiempo. En esas estábamos cuando llegó Luis.
Luis: Joder Sara, pareces una auténtica leona en celo. Mira como tienes los pezones.
Luis empezó a pellizcar los pezones de su chica mientras Sara gritaba de gusto
Sara: Ahhhhhh, Luis, que comida Ahhhhhh de coño más deliciosa me está dando.
Mientras tanto entre las piernas de Sara aquello manaba como una fuente. Mi barbilla chorreaba jugos como si estuviera bebiéndome una lata de melocotón en almíbar. Era tal el calentón que le introduje a Sara un tercer dedo y aceleré mis movimientos con el resultado de que no sólo se corrió en mi boca sino que comenzó a hacerme una lluvia dorada increíble. Tengo que admitir que es algo que siempre me dio un poco de asco, pero en el caso de Sara bebí todo lo que manó de su entrepierna mientras Sara echaba atrás la cabeza y emitía un largo gemido de satisfacción y triunfo.
Sara: AHHHHHHHHHHH
Luis: Joder Sara, nunca te he visto correrte así. Te tiembla todo el cuerpo.
Sara: Jose me ha comido el coño de maravilla Luis. Es alucinante. Todavía tengo espasmos y Ahhh, no puedo andar.
Jose: Luis, coge a Sara y vamos al agua. No tengo ganas de que se enfríe.
Sara: Dadme un respiro por favor
Jose: ¿Te estás rindiendo?
Sara: No, pero es que no puedo dar un paso. Me tiembla todo el cuerpo. Qué delicia…
Luis agarró a Sara y aprovecho para darle un largo morreo a su chica con sumo deleite. Mientras ambos se introducían en el agua yo fui corriendo hacia nuestras cosas buscando unas gafas de natación que traje y me encaminé en pos de la calenturienta pareja hasta situarnos en una zona en la que apenas hacían pie.
Jose: Sara, me has meado en la cara. Estoy muy ofendido – fingí.
Sara: Jose, no te enfades – fingió haciendo pucheros.
Luis: Vas a tener que pedirle disculpas como sólo tú sabes Sara.
Le tendí las gafas de natación y le señalé al fondo. En menos de 30 segundos Sara alternaba entre Luis y yo lamiendo nuestros paquetes bajo el agua, subiendo de vez en cuando para respirar. La tensión sexual era tremenda y finalmente Sara comenzó a hacerme mamadas mas profundas e intensas buscando que me corriera pero no se lo permití y la subí a la superficie. Sería yo quien ganara nuestra apuesta particular.
Jose: Sara, por qué no te agarras a Luis y dejas que te folle. Seguro que tiene unas ganas tremendas.
Luis: Sí Sara, hoy estás atendiendo más a nuestro anfitrión y no cuidas de tu novio – le dijo con fingidos celos.
Sara, sin mediar palabra se agarró de Luis y comenzó a mordisquearle el cuello mientras éste la empalaba firmemente bajo el agua. Sara emitió un gemido ahogado de gusto y comenzaron a moverse rítmicamente. Admito que daba gusto verlos follar y empezaba a comprender por qué a Luis le gustaba tanto ver a su chica follar con otros: su cara de deleite era todo un poema.
Sara: Jose, Ahhh, ¿no piensas intervenir? Ahhh
Jose: No se pareja, se os ve tan a gusto que no quería interrumpiros…
Sara: El sándwich de ayer en la piscina me encantó Jose. Quiero repetir y lo quiero ahora.
Jose: Bueno, dado que vas a ser mi esclava el resto de la semana, hoy puedes darme órdenes, jajaja.
Luis bajó el ritmo de sus embestidas para que pudiera meterle un dedo a Sara por el culo para que empezara a dilatar. Estaba tan cachonda que su esfínter devoraba mi dedo y a la vez aprovechaba para dar golpecitos a la polla de Luis a través de la fina piel que nos separaba.
Sara: Jose, deja de jugar con tu dedo y métemela ya.
Jose: Tus deseos son órdenes cielo.
Me situé tras Sara, acomodé la punta de mi polla en su palpitante esfínter y sin más preámbulos se la metí hasta los huevos.
Sara: AHHHHHHHH, pedazo de animal, ¡me rompiste el culo!
Luis: AHHHHH, que gusto Sara, me estás estrujando la polla como nunca.
Jose: Sara, te seguiré arrancando orgasmos hasta que me pidas que pare. Mmmmmm…
Dicho esto, Luis y yo empezamos a acompasar nuestras embestidas entre los gemidos de aprobación de Sara. Podía notar perfectamente la polla de Luis al otro lado de la fina pared de piel y cómo el interior de Sara se convertía en una sucesión de espasmos. Era una sensación estupenda que ambos procedimos a agradecer a Sara comenzando a mordisquear cada uno un lado del cuello mientras comenzamos a pausar nuestras penetraciones para hacerlas más lentas, secas y profundas.
Sara pasó de gemir a gritar como una posesa así que decidí probar algo que me dio muy buenos resultados con una pareja anterior: comencé a introducir mi lengua húmeda en uno de los oídos de Sara. Luis no entendió muy bien aquello pero decidió imitarme e introdujo su lengua en el otro oído. Inmediatamente Sara comenzó a lanzar jadeos roncos y a correrse como una loca mientras Luis la llenaba de leche respondiendo a los espasmos de su pareja. Yo hice trampas y la saqué de su culo cuando comenzaba a correrse, negándole a Sara un orgasmo aún mayor.
Sara: Jose, hiciste trampa para no correrte.
Jose: No te preocupes Sara, ahora mismo te pongo en 4 en la orilla y te rompo el culo.
Salimos los tres bastante temblorosos del agua mientras Sara se ponía en 4 retándome a que cumpliera mi palabra. No me lo pensé dos veces, retiré el hilo rojo del sling de Sara y volví a metérsela hasta el fondo sin más preámbulo.
Sara: AHHHHHH, joder, me lo vas a romper Jose.
Jose: Sara, podemos dejarlo cuando quieras. Sólo tienes que pedírmelo…  – dije entre las risas de Luis.
Comencé a bombear a Sara sin piedad y a darle unas buenas palmadas en el culo de cuando en cuando. El ritmo era frenético y ya sólo quería llenarle el culo de semen a Sara cuanto antes. Viendo nuestras caras de lujuria Luis volvió a empalmarse y volvió a la carga follándose la boca de su novia. Al parecer se contagió de la bestialidad con la que estaba sodomizando a Sara y comenzó a follarle la boca. Resultaba muy morboso escuchar los gemidos de Sara silenciados por la polla de Luis y al poco tiempo me corrí llenándole el culo de semen a Sara.
Mientras ella recuperaba el control de la situación y comenzaba a chupar la polla de Luis con fruición para acabar con este asalto, yo empecé a recoger nuestras cosas ya que con tanto sexo estaba atardeciendo.
Al poco rato los tres comenzamos a abandonar la cala que quedaría profundamente marcada en nosotros por los morbosos momentos vividos mientras los tres comenzamos a pensar en lo excitada que llegaría Sara al coche debido al roce del sling que maliciosamente le regalé.
Jose: Sara, ¿serás capaz de llegar al coche sin correrte? El roce del bañador te va a volver a poner a 100…
Sara me miró con cara de pocos amigos pese a su lujuriosa mirada, entre las risas de Luis mientras comenzamos a andar. Esta vez era yo quien cerraba la marcha y se deleitaba con el exquisito culo de Sara encorsetado de nuevo en sus ajustados pantaloncitos.
Tal y como imaginamos, Sara llegó al coche como una moto así que le di las llaves a Luis para que condujera de vuelta y yo me fui con Sara al asiento de atrás. Nada más arrancar comencé a besarla y a pellizcarle los pezones por encima de la camiseta. No tenía unos pechos muy grandes, pero me estaba encantando jugar con ellos. No paramos de magrearnos salvajemente hasta llegar a la puerta de mi casa. En cuanto Luis aparcó, le pedí que abriera la guantera y me diera un estuche.
Jose: Sara, esta va a ser mi aportación morbosa a la cena de esta noche.
Abrí el estuche y para asombro de Luis y Sara les mostré un par de huevos vibradores de pequeño tamaño con sus correspondientes mandos a distancia y un juego de fundas con distintas texturas. Elegí una funda con textura parecida a un erizo de mar y procedí a introducírselo a Sara en su más que jugoso coño. Para el otro huevo me decanté por una textura con dibujos en espiral y procedí a introducírselo en su dilatado culito sin la menor dificultad. Accioné ambos mandos y Sara dio un respingo de lujuria y sorpresa.
Sara: ¡Joder! ¡¡Si que vas equipado Jose!!
Jose: Gracias Sara. Me gusta poder jugar con mi amante de turno en cualquier sitio y lugar, pero no me voy a divertir yo sólo. Uno de los mandos es para Luis.
Luis se puso a probar las funciones de su mando para regocijo del coño de Sara.
Jose: Bueno chicos, vamos a cenar a la terraza de la esquina
Sara: ¿Me  váis a llevar a cenar con estos cacharros metidos dentro?
Luis: Sara, será divertido jajajaja
Jose: Sí, será muy morboso Sara, aunque si quieres puedes abandonar…
Sara: Jamás – dijo retadora
Salimos del coche y agarrados cada uno de una mano de Sara nos encaminamos a la terraza mientras Luis y yo activábamos nuestros mandos. ¿Quién ganaría la apuesta?
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Verano: Invitada en la Piscina

Aquella semana no teníamos planes y parecía aburrida, de haber sido por la insistencia de nuestro amigo Jose (de alias Almeriense82).

Tanto a mi novio Luis como a mí, nos repetía sin parar por Messenger, móvil, y e-mail que aquel fin de semana sus padres se iban de vacaciones y que tendría toda la casa para él, que le visitáramos. El jueves tuvimos que tomar una decisión ya que el chico (de unos 30 años) estaba decidido hasta a pagarnos el viaje.

Ante tanta insistencia, decidimos ir. El chico fue extremadamente amable, nos vino a recoger, e incluso invitó a comer. La casa de sus padres era un chalet en San José (provincia de Almería) con piscina y todo.

El segundo día decidimos disfrutar un poco de la piscina. Me entretuve un poco decidiendo qué bikini ponerme, y mi chico y nuestro amigo me esperaron en las tumbonas.

Cuando llegué, ambos me miraron sonriendo. El pequeño bikini rosa que llevaba les debió de causar furor, o quizás fuera lo que estaban hablando; el caso es que me escanearon con la mirada deleitándose en mi cuerpo delgado y pequeños, pero firmes, pechos.

Me di la vuelta para extender la toalla sobre una tumbona libre y reconozco que exageré el movimiento para increparles un poco poniendo mi pequeño y prieto culito en pompa.

Mi novio me animó a que me pusiera crema protectora, y pronto Jose se ofreció a extendérmela. Sus grandes manos recorrían mi espalda como si fueran esas grandes máquinas que aplanan el asfalto en las carreteras.  La verdad es que me sorprendió al no propasarse.

Cuando terminó, le cogí la cabeza por el cuello y le di un beso en la mejilla… quizás demasiado cerca de los labios.

Pasado un rato los chicos se tiraron al agua. No tardaron mucho en aburrirse y empezar a salpicarme para que yo también fuera.

Me levanté, y no té como las gotas de agua bajaban por mi cuerpo. Me dirigí a la escalera y poco a poco me metí dentro del agua.

Estuvimos un rato hablando dentro del agua. Mi novio se salió argumentando que había quedado en llamar a sus padres.

Solos, Jose me propuso una carrera a ver quién era el primero en subirse a una colchoneta inflable que había al otro lado de la piscina. Nadamos a toda velocidad, y tras hacer un poco de trampa sumergiendo la cabeza de nuestro anfitrión bajo el agua, llegué la primera.

Forcejé para subirme encima,  y conseguí hacerlo poco arriba.

Jose llegó quejándose mientras me observaba desde el agua. Me miré el bikini y me aseguré que nada se había salido de su sitio con aquella carrera.

El chico se sumergió, y de repente saltó desde el fondo consiguiendo que me cayera de la colchoneta. Se subió él, e intenté tirarle. Acabamos ambos en el agua a algo de distancia de la colchoneta.

SARA: ¿haces pie?

JOSE: ¡claro! ¿tú no?

El chico medía más de 1,90, y hacia pie. Al percatarse sobre su ventaja, se acercó a mí y me hizo una aguadilla. Forcejeé con él para devolvérsela. Nuestros cuerpos se rozaban constantemente. Mis pechos le rayaron el cuerpo más de una vez, y el chico terminó inmovilizándome abrazándome desde atrás. Su cuerpo estaba totalmente pegado al mío, y yo no me podía ni mover ni hacer pie.

Poco a poco fui notando como algo duro se estaba apretando contra mi culo. No dije nada y él me animó a escapar. Luché cuanto pude pero no lo conseguí; solo pude rozar mi culito más contra aquel bulto que ya estaba en pleno apogeo.

En un despiste de Jose, conseguí escapar. Luis había vuelto, y me acerqué a la orilla para hablar con él. Me apoyé en el bordillo con medio cuerpo fuera del agua y le escuché contarme la conversación que había tenido con sus padres.

Un chapoteo me advirtió que Jose se acercaba. No le di importancia hasta que el chico se colocó detrás de mí abrazándome por la cintura. Una de sus manos se desvió de la cintura descendiendo hasta mi pierna. Me acarició el muslo lentamente, acercándose cada vez más a la parte interior. Siguió con su juego hasta que me puso los dedos en la parte de abajo del bikini, provocándome un gemido involuntario.

SARA: ¿te parece bonito hacerme esto delante de mi novio?

Miré a Luis, el cual agitaba una mano como pasando del tema.

Las manos de Jose subieron y se colocaron en los laterales de mis pechos. Siguieron avanzando hasta juntarme las tetas.

JOSE: ¡Luis, mira que canalillo tiene tu novia! Ja ja ja.

Sus manazas apretaron mis pequeños y húmedos pechos haciendo que mis pezones se filtraran entre sus dedos.

Hui de él y me senté encima de la colchoneta hinchable. Jose se acercó nadando sin dejar de sonreír, y tiró lentamente de mis pies para arrimarme a él. Cuando me tuvo al lado, su mano se lanzó directa a la parte de debajo de mi bikini, pero le detuve a tiempo. Repitió varios ataques más al tiempo que me sobaba las piernas mientras me tenía entretenida con una mano.

Jose volvió a la carga a por mis tetas. Poco a poco le fui dejando que consiguiera llegar a su objetivo más a menudo a base de oponer menos resistencia. En un forcejeo de dejar y prohibir su mano se metió dentro de mi bikini y sacó uno de mis pechos al aire. Me dejé hacer mientras él me amasaba el pezón con la punta de sus dedos para finalmente no poder resistirse y llevárselo a la boca.

Se colocó tras de mí en la colchoneta y me manoseó las tetas, ya fuera del bikini, con devoción.

JOSE: vamos, demuéstrame lo guarra que eres.

Me llevé una mano a la parte inferior del bikini y comencé a tocarme muy suavemente. Jose me besaba y mordisqueaba el cuello, y pronto estuve muy caliente.

Nuestro anfitrión se colocó frente a mí, y tras tocarme un poco la parte de abajo del bikini, retiró éste a un lado y mi pequeño, depilado y pegajoso coñito salió a la luz.

Ante mi sorpresa lo tocó con delicadeza, apenas rozando mi clítoris. Cuando estaba tremendamente excitada, el chico hundió su cabeza entre mis piernas y lamió mi sexo lentamente. Cada vez iba más rápido, y pronto me di cuenta que yo estaba gimiendo cada vez más alto ante la atenta mirada de mi novio.

Me caí de la colchoneta, y pronto Jose me salvó y me atrapó entre sus brazos. Nuestros cuerpos estaban pegados y mientras me besaba con pasión pude notar su miembro totalmente erguido contra mi coñito húmedo.

Le acaricié la polla por encima del bañador y tras mordisquearle la oreja, se lo comencé a bajar. Ahora sí, agarré aquel gran pollón que buceaba en el agua de la piscina y los masturbé más rápido de lo que me di cuenta.

El chico me guio a la parte en rampa que apenas cubría, y no dudé en arrodillarme frente a él. Su polla me golpeó la mejilla. La agarré, y tras darle un par de sacudidas, me la acerqué a la boca. Jugué un poco con él haciéndole sufrir, apenas dándole alguna chupadita y lametón.

Se la agarré con una mano, y se la chupé sin dejar de mover la cabeza. Él gemía y me apretaba la cabeza hacia sí mismo. Mi lengua jugueteaba con su glande en el interior de mi boca provocando gemidos cada vez mayores en él.

Jose se sentó en el bordillo, y yo seguí a lo mío a cuatro patas. Mis tetitas saltaban según se la chupaba.

JOSE: ufff, no puedo más. ¡Tengo que follarte!

El chico se levantó, y aprovechando que estaba a cuatro patas se apretó contra mi culo. Su polla rozó mi ano mientras buscaba mi vagina. Me la metió lentamente, y tras unos pocos mete-saca, aumentó el ritmo hasta provocar que me tuviera que apoyar en el bordillo de la piscina para no caerme.

JOSE: mmmmmmmm ¡qué culito!

Decía mientras me lo apretaba y daba azotitos.

Nuestra follada sacaba un montón de agua de la piscina y provocaba olas con su movimiento rítmico.

JOSE: ¡este culito me lo tengo que follar! ¡ahora vengo!

El chico, sorprendentemente, me dejó allí a cuatro patas y desapareció dentro de la casa.  Miré a Luis, que estaba tumbado en una tumbona, y salí de la piscina acercándome a él.

Sin decirle nada, le bajé el bañador dejando su polla al aire. Me coloqué entre sus piernas y me metí su polla totalmente erecta dentro del humedal de mi coñito.

Le cabalgué de frente mientras él estaba en la gloria tumbado boca arriba mirando el cielo.

JOSE: ya veo que no habéis perdido el tiempo.

El chico se acercó y me sobó todo el cuerpo mientras me follaba a mi novio. Pegué un fuerte gemido cuando de repente, Jose me metió un dedo en el culo. No me dolió y noté la textura pringosa de algún tipo de vaselina o lubricante.

JOSE: mmmm, ¡qué culito tan apetitoso!

El almeriense me follaba con su dedo el ano mientras yo cabalgaba sin parar sobre mi chico.

Jose se colocó detrás de mí y averigüé fácilmente sus intenciones.

SARA: ¡vamos! ¡reviéntame el culo!

El chico colocó la punta de su lanza sobre mi ano, y la dilatación y lubricación del mismo provocaron que el resto de la polla entrara con facilidad.

Aquel chico y mi novio me estaban haciendo un sandwitch, acelerando cada vez más.

SARA: sí, sí, ¡no paréis! ¡folladme!

Aquellos dos machos aguantaron el tirón y apretaron más el ritmo.

Mis tetitas rozaban la cara de mi chico cuando este no aguantó más y soltó un gran chorro de semen dentro de mi coñito precedido por un gemido. Las convulsiones debieron llegar a través de mi carne hasta Jose, que no aguantó más y se corrió dentro de mi culo.

Ambos chicos siguieron dentro de mi cuerpo inundado un rato más. Nos separamos, y nos arrastramos hasta la piscina. Descansamos dentro del agua riéndonos de los hilillos blancos que manaban de mis orificios.

Y aquello fue sólo el primer día…

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De relato a follar un rato

Era una noche aburrida y calurosa y  Sara (27 años) y yo estábamos viendo vídeos tontos por Internet para pasar el rato.  Me conecté al Messenger, más que nada por costumbre, para ver el correo. Mientras veía los avisos de comentarios de nuestro último relato erótico publicado, una ventanita del Messenger apareció, llamándome la atención con su sonido particular.

Era un chico, y se presentó como Jose. Nos dijo que era fan de nuestros relatos y que había comentado algunos bajo el apodo de Almeriense82.

El chico era muy simpático, y al rato empezó a hablarnos de temas más calientes. Nos dijo que estaba en un hotel por motivos de trabajo. Nos suplicó que pusiéramos la Webcam para ver a Sara, confesándonos que se le había imaginado miles de veces y masturbado pensando en ella. Sara le avisó que iba en pijama, y para nada sexy, y él dijo que daba igual.

Pusimos la Web cam, y le vimos sin camiseta en la habitación de un hotel. Al ver a Sara, delgadita, enfrascada en su pijamita de verano con tirantes de una sola pieza dijo:

JOSE: ¡madre mía! ¡La realidad supera mi imaginación!

SARA: ¡ya será para menos!

JOSE: ¡no! ¿quieres ver si es verdad?

Mi novia asintió, él bajó la cámara y pudimos ver que de cintura para abajo iba desnudo. El chico se aguantaba un pollón enorme, de unos 20 cm, en plena erección.

SARA: ¡¡vaya polla!!

JOSE: qué pena que no seáis de aquí, que sino no sólo te la enseñaba, sino que te dejaba hacer lo quisieras con ella.

El chico dijo el nombre de la ciudad.

SARA: ¡pues justamente vivimos ahí!

Nos dijo el nombre del hotel, y tras consultarlo en Google, comprobamos que estaba a tan solo 8 minutos a pie de nuestra casa.

JOSE: si me dais la dirección, voy ahora mismo.

Mi chica dudaba un poco, pero se la di. La Webcam se apagó y mi chica y yo nos miramos.

LUIS  (yo): ¡va a venir en nada!

SARA: ¡me voy a ducharme y vestirme!

Cuando mi novia salió de la ducha, me dijo que se vestiría sexy. Me fui yo a la ducha mientras ella se vestía.

* * *

Mientras me duchaba, sonó el telefonillo. Sara abrió y esperó en la puerta. Iba vestida con una minifalda escocesa y una camisa escotada, junto con un sujetador con relleno que le juntaba y alzaba los pechos, dando cierto aire de colegiala.

Abrió la puerta al chico sonriente que hace nada habíamos conocido como Jose. Se dieron dos besos de presentación y el chico se lanzó para meterle mano. Sara le contuvo un poco diciéndole que la puerta estaba abierta.

Al cerrarla, Jose se lanzó sobre su cuello y la apretó con pasión contra su cuerpo.  Sara se zafó y se fueron al comedor justo en el momento que salía de la ducha con tan solo un pantaloncito corto.

En el comedor, Jose y yo nos presentamos, y el chico nos admitió que iba muy caliente y no podría esperar a follar.  Se sentó al lado de Sara en el sofá, y le acarició un muslo con ambas manos. Se besaron lentamente, y la mano del chico subió por debajo de su falda hasta llegar al tanguita de mi novia. La coló por la parte de arriba, y acarició el coñito depilado de mi chica.

Con un brazo pasado por detrás de su cuello, Jose besaba y masturbaba a mi chica. Le comía la boquita y sus tiernos labios con besos largos, y con choque de espadas, dando mandobles con las lenguas fuera de la boca.

Excitada, Sara dirigió su mano sobre el pantalón del chico. Le acarició agarrando su pene por fuera del pantalón y restregando la palma de su mano por encima.

Sara se quitó la camisa y el chico juntó los pechos de ella con las manos y hundió su cabeza entre los mismos deshaciéndose en chupetones y mordiscos.  Ella se dejaba hacer y se contoneaba frente al chico.  Le empujó hacia atrás, haciéndole tumbarse en el sofá. Rápidamente le montó, le restregó las tetitas por la cara y le morreó con pasión.

Mi novia le quitó la camiseta a Jose, y le dio rápidas chupaditas en los pectorales y los pezones. Le besó, y mientras lo hacía, sus tetitas rozaron las de él. Volvió a la carga, y estaba vez sí succionó los pezones del chico.

El chico se recostó en el sofá, se quitó el cinturón y Sara se reclinó para desabrocharle el pantalón y bajarle la cremallera.  Al aire emergió una tranca enorme en plena erección. Debía de medir más de 20 cm.

Sara la agarró se la acercó a la boca sin tocarla con las manos e introdujo el capullo entero en su boca Se la chupó sin tocarla, a base de movimientos de cabeza y jugueteando con la lengua.

Jose se agarró la polla, metió la punta en la boca de mi chica, y empezó a masturbarse. Sara le detuvo, se la agarró, y le empezó a mamársela muy rápido, metiéndose lo que podía dentro de la boca.

Sara se levantó, empujó al chico y se encaramó encima. Encajó su cabeza entre sus piernas y Jose jugó con su lengua sobre los labios inferiores de ella. Sara gemía y se contoneaba disfrutando de la comidita que le hacía aquel chico.

Cambió de postura y ambos se pusieron en la del 69, estando ella arriba. Entre gemidos, Sara se la chupaba mientras que Jose se dejaba la lengua en su coñito.

SARA: mmmm, ¡fóllame ya!

Jose se sentó en el sofá y ella le cabalgó cual amazona en celo. Se fue metiendo aquel pollón poco a poco, y cuando encajó, cabalgó despacito.

Sara le tocaba los huevos mientras aceleraba el ritmo. El chico no se estaba quieto y no paraba de besarla por todos lados, especialmente sus tetitas.

Pararon un momento, y Sara se giró, cabalgándole de espaldas mientras que Jose le succionaba un pezón como si fuera un lactante.

Se besaron con las lenguas por fuera mientras el chico le acariciaba el clítoris al tiempo que la penetraba.

Se pusieron de lado y Jose no paraba de estrujarle las tetas.

Yo me la estaba cascando a toda velocidad, y cuando no aguanté más ,me corrí sobre la cara de mi chica llenándola de grandes churretes de semen.

Aquello pareció excitar a Jose, el cual desenchufó su pene, y se corrió encima del coñito de Sara dejándole la entradita de su coño bien blanca.

Permanecieron unos minutos abrazados de espaldas hasta que Sara se fue a limpiar.

JOSE: ¡haz un relato de esto! – me dijo.

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