Con dos colegialas que me volvían loco…

Soy profesor en una universidad privada católica femenina y tengo 34 años

Apenas hace 8 meses empecé a dar clases así que casi todo es nuevo para mi, pero siempre escuché historias de alumnas que se acostaban con maestros para aprobar, y yo jure que nunca haría eso pues se me hacia inmoral y que mi trabajo no se podía poner en riesgo por una aventura.  Y no sería porque no había chicas hermosas en la universidad, además todas van vestidas con los uniformes del colegio, la falda de tablas que siempre se subían por encima de las rodillas, esas camisas blancas ceñidas a su cuerpo , los zapatitos negros brillantes y los calcetines blancos.

Al final del segundo cuatrimestre  tuve que sustituir al bibliotecario varias tardes. En una de ellas, a las 20.30 había terminado el horario de biblioteca y dejé la llave en conserjería y fui caminando por lo pasillos del campus. Ya era tarde cuando vi un aula que estaba encendida y escuchaba gente hablar  así que había alguien. A esas horas las aulas están cerradas y se supone que no hay nadie todos los jóvenes deben estar en sus habitaciones, así que me acerque a mirar quien andaba por ahí. Había dos alumnas fumando que, al verme, trataron de ocultar los cigarrillos. Es algo habitual pillar de vez en cuando a alguna alumna fumando y siempre que así sucede se envía a la joven a casa por una semana. Me puse muy serio y pregunte a las jóvenes que estaban haciendo.

-Nada, solo estábamos aquí -respondió una

-¿Y tu que tienes en la mano? -le pregunté a Erika que trataba de esconder la cajetilla de tabaco. – Os quiero ver inmediatamente a todas en mi despacho.

Mientras las jóvenes se dirigen al edificio donde está mi despacho yo fui a la cafetería a  tomarme un café. Sabía lo que iba a ocurrir, ellas me esperarían en la puerta del despacho, las haría entrar una a una y las hablaría sobre lo malo que es fumar, sobre cómo deben comportarse y esas cosas. Después el señor Beltrán las mandaría a cada una a su casa por una semana, para que reflexionaran sobre lo que habían hecho. El castigo no serviría para nada pero yo me habría ganado el sueldo.

Acabe mi café y fui a mi despacho. Al llegar a la puerta del despacho allí estaban las dos alumnas vestidas con los uniformes de la universidad, la falda de tablas que siempre se subían por encima de las rodillas, camisas ceñidas a su cuerpo, los zapatitos negros brillantes y los calcetines. Estaban ambas con la cara seria, asustadas supongo, ante la posibilidad de irse una semana castigadas a casa. Abrí la puerta del despacho y ordene que pasasen.

Me senté detrás de mi mesa y ella se quedaron detrás de la mesa de pie con las mano a las espalda como era costumbre en la facultad. Ante mi tenía a Jennifer y Erika , ambas de chicas de 19 años.

Erika  era realmente mala estudiante. Estaba muy desarrollada. Tenía una melena color fuego que casi le llegaba a los hombros y varias pecas en la cara, la otra era Jennifer que era una chica muy linda con una larga melena rubia con ojos verdes su polo del uniforme  denotaba que tenía unos buenos pechos, la falda aunque corta mostraba piernas largas y finas.  Mientras yo les hablaba de la importancia de seguir las reglas no podía evitar mirarla de arriba abajo a las dos muchachas. Las tenía allí enfrente de mi, mirándome con las manos a la espalda  y muy serias. Llevaban la falda a la altura de las rodillas. Sus  pechos se insinuaban debajo de sus camisas blancas. Se notaba que estaba nerviosa porque se balanceaba ligeramente de derecha a izquierda, sin despegar los pies del suelo. Eso hacía que sus faldas se moviese ligeramente de un lado para otro. El diablillo se me vino a la cabeza, más que diablillo satirión y la situación me excitaba excitando y accione el botón del aire acondicionado del despacho. De esta manera ellas iban sintiendo el frío mientras se ponían más y más nerviosas. Cuando ya llevaba un rato hablando, la temperatura del despacho había bajado sensiblemente y los pezones se les marcaba dentro de las camisas. En ese momento me quedé mirándolas fijamente y le anuncie que estarían una semana en su casa como castigo. Ellas agacharon las cabezas, no podía dejar escapar esa situación dictando sentencia así que inicié una conversación para alargar la situación.

–    ¿Qué puedo hacer con vosotras entonces?

Ellas seguían con la cabeza baja sin responder, no me estaban dando juego y esta situación se iba a acabar.

–    Ok. queréis salvaros de esta. ¿no?.- les dije con voz algo más alta para que reaccionan.

–    Si.- respondieron las dos al unisono.

–    Ok. pues tenéis que hacer lo que yo os diga.

–    Vale.-  dijeron las dos mirándose.

–    Daros la vuelta.- les dije.

–    Cómo?.- respondieron las dos al unísono.

–    Daros la vuelta he dicho.

Ambas se dieron la vuelta, yo aproveché para sacarle la polla y ponerla en mis manos, además aproveché para mirarles el trasero, menudo trasero que se gastan las dos.

–    Ok. podéis girar.

–    Ahora quiero que os deis un beso.- quería poner el listón alto a ver como reaccionaba y iban a seguir mis órdenes.

–    Como?.- respondió Jennifer.

–    ¿Quieres que nos besemos?.- dijo Erika.

–    Si, venga, besaros quiero ver como os besáis para que probéis lo que es besar a una persona que ha fumado.- en verdad quería ver si estaban dispuestas a todo.

Las dos chicas se miraron y poco a poco acercaron sus bocas de forma vergonzosa hasta darse un pico, tras ello se separaron y me miraron.

–    No hombre, quiero que haya lengua, vamos podéis hacerlo mejor, que degustéis el sabor de la nicotina en otra boca.

Las dos alumnas se acercaron y comenzaron a besarse, al principio algo tímidas pero luego los besos se convirtieron en algo más lujurioso.

–    Eso Erika saca la lengua y Jennifer chupasela, lamersela.- ambas chicas obedecen mis órdenes y yo mientras sacudía mi polla bajo la mesa. .

Disfrutaba con el espectáculo, esas dos jóvenes se estaban comiendo la boca delante más sin ninguna vergüenza y es más, harían lo que yo quisiera.

–    vamos no paréis- les decía cuando se paraban de besarse.

Ellas se miraban y seguían besándose hasta Erika acariciaba la cara de su amiga, señal que para ella también está resultando excitante esta situación, y Jennifer posaba sus manos sobre la cintura de su compañera revelando que para ella también estaba siendo excitante la experiencia..

–    Bien, está bien basta por ahora.

 

Las dos chicas respiraron aliviadas pensando que se había acabo todo, pero cuan equivocada estaban porque esto acababa de empezar.

–    Bien quiero que os levantáis las faldas.

–    Cómo?.- respondieron las dos al unisono.

–    Quiero veros las braguitas, vamos.

Las dos chicas se subieron las faldas.

Jennifer llevaba una bragas blancas mientras que Erika llevaba un tanga negro, me había puesto más cachondo si cabe.

–    Ok, Jennifer quítale las bragas a Erika.

Jennifer muy obediente lo hizo.

–    Ahora Erika siéntate en la mesa. vamos y súbete la falda.

Erika lo hizo sin rechistar.

–    Jennifer ven.- cogiéndole la mano se la dirigí al coño pelirrojo de su compañera.

–    Vamos acaricíalo. Jennifer comenzó a acariciar el coño de su amiga ante la mirada impasiva de Erika y mi mirada lasciva.

–    Ahora cómetelo, todo todito todo. Jennifer levantó la cabeza luego me miró miró a Erika y dirigió su lengua a la raja de su compañera. Yo me levanté de la silla guardando mi polla dentro de mi pantalón y le levanté la falda a Jennifer para acariciar su culo mientras ella hacía lo que le había ordenado, luego miré a Erika y le dije que me besara, ella obediente me besó. Yo le tomé de la cabeza para meterle mi lengua más profunda luego dejé de besarla y miré como Jennifer le comía el coño.

–    Te gusta lo que te hace?.- le dije a Erika, ella no articuló palabra únicamente asintió con la cabeza y yo volvía  a besarla mientras que le acariciaba sus pechos por encima de la ropa, sus pechos eran duros y grandes daba gusto acariciarlos.

Dejé de besar a Erika para pedirle a Jennifer que se quitara las bragas, quería ver su coñito, ella lo hizo. Yo mientras volví a besar a Erika y acariciar su coño, cuando Jennifer estaba sin bragas esperando mis ordenes le dije que se levantara la falda para mostrar su coñito luego aparté el portátil para que se sentara sobre la mesa como su amiga. Le abrí las piernas mostrándole a Erika el coño de su amiga.

–    Te parece bonito?.- ella asintió con la cabeza.

–    ¿Te gustaría comértelo?.- – ella asintió con la cabeza.

Comencé a besar a Jennifer mientras que acariciaba sus pechos por encima de la ropa y bajaba a su coñito rasurado. Erika se bajó de la mesa y sin ninguna orden mía comenzó a acariciar el coño de su amiga preparándose para comérselo.

–    Vamos hazlo.- le susurré.

Ella se agachó y sacando su lengua empezó a lamer el coño de su amiga, yo mientras le subí la falda para tomar su trasero. Jennifer estaba disfrutando con la comida de su amiga.Yo no daba a basto no para de besar Jennifer,  tocarle los pechos, acariciar el culo de Erika, observar como le comía el coño Erika a Jennifer.

–    te gusta, verdad?

–    Si!.- dijo Jennifer.

Miraba como Erika introducía la lengua dentro de su amiga.

–    Sigue comiendo así, lo haces muy bien.

Volví a los labios de Jennifer y acariciar sus pechos, metiendo mi mano dentro de su camisa y sacando uno para chuparlo, sus pezón era marrón oscuro y grande algo que me agradó mucho, Ella empezó a desabrochar su camisa para liberar a sus pechos. Erika seguía entretenida lamiéndole la concha.

La camisa de Jennifer estaba abierta y sus pechos estaban a la vista, yo los chupaba mientras que con una mano masajeaba al otro.

MI polla en mi pantalón no podía crecer más así que dejé de besar a Jennifer y le dí la vuelta a la mesa. Una vez en su lado les dije que se ocuparan de mi.

Erika dejó de comerle el coño  a Jennifer, y la cual se bajó de la mesa. Me apoyé en la mesa yo  y saqué mi polla ante ellas.

–    Vamos quiero que la dejéis bien limpita.

Jennifer fue la primera. Cogió la polla y comenzó a meter se la en la boca ante la atenta mirada de Erika, la cual acariciaba mis huevos y miraba mi cara de placer, Jennifer era una comedora de polla experta. Se la introducía entera y luego le daba pequeños bocaditos algo que me gustaba, mientras yo acariciaba la rojiza melena de Erika la cual acariciaba mis huevos esperando a su turno para comerme la polla, yo la miraba y veía el morbo que me había dado siempre la besé en la boca e introduje mi mano dentro de su camisa para cogerle los pechos. Ella paró de acariciar mis huevos para quitarse los botones de la camisa, mientras yo acariciaba el culo de Jennifer.Una vez que se desabrochó todos los botones y se abrió la camisa vi sus pechos. Eran grandes y duros como los de Jennifer pero sus pezones era rosado y tenían lunares. Comencé a acariciar sus pechos ante su mirada de niña que no había roto nunca un plato. Tras catar sus pechos le dije a Jennifer.

–    Es el turno de tu amiga- ella asintió con la cabeza y dejó mi polla para que Erika se la comiera.

Jennifer se arrodillo y comenzó a besar mis huevos mientras que Erika me chupaba el glande, ambas amigas estaban haciendo un buen trabajo con mi polla.

Me estaba entrando calor y me quité la chaqueta y luego me abrí la camisa. Las  dos seguirán comiéndome la polla.

Hice que Jennifer se quitara su camisa y luego le dije a Erika que se quitara la falda, pero mientras que encontraba el cierre ella me entretuve besándola y tocando y chupándole los pechos, estaba tocando el cielo en ese momento la de veces que había soñado con besar esos pechos, Jennifer seguía comiéndome la polla y yo abrazaba a Erika mientras le comía el cuello y los pechos ella no hacía más que gemir de placer y excitación, le acariciaba el culo y con ello conseguí que su falda se cayera luego comencé a meterle un dedo a lo que ella apoyó su pie en la silla para que mi dedo entrara a su aire en su coño ella se acariciaba el pecho que no estaba en mi boca mientras que Jennifer seguía comiéndome la polla, en esa sala solo se escuchaban los gemidos de los tres no sabría decir quien estaba gritando más.

Mi polla estaba lista y le dije a Erika que se quitara todo, es decir la camisa que era lo único que le quedaba, luego hice que se sentara sobre la mesa para con mi polla bien húmeda se metiera en su coño aún más húmedo. Jennifer acariciaba el cuerpo desnudo de su amiga y le besaba los pechos  mientras que mi polla se abría paso en los rosados labios vaginales de Erika.

Escuchaba los gritos de placer de Erika y veía a Jennifer aferrada a los pechos de Erika, yo  dirigí mi mano al coño de Jennifer para acariciarlo, ella se incorporó y con su boca buscaba mi boca mientras que mis dedos jugueteaban en su coño mientras que  Erika era penetrada por mi polla.

Erika llamó la atención de su amiga chupando los pechos a los que Jennifer dejó mi boca para besar a su amiga y acariciar sus pechos. Mi polla con el roce se había secado, saqué mi polla del coño de Erika, Jennifer no lo dudó y se lanzó a chuparme la polla mientras que Erika le acariciaba los pechos a ella.

–    Te está gustado señor.- me dijo Erika con esa cara de picara que tenía.

Saqué la polla de la boca de Jennifer y volvía a meterle la polla a Erika en su coño. Jennifer volvió a besar y chupar los pechos de su amiga.

Disminuí el ritmo ya que quería prolongar el polvo ademas tenía otra chica que me quería follar. Miré a Jennifer que aún tenía su falda puesta y le quité el roche a los que la falda cayó al suelo mostrando me  otra vez su depilado coño. Humedecí algunos dedos de mi mano y se los metí en el coño, ella lo agradeció. Mientras me follaba a Erika le hacía un dedo a Jennifer. Luego dejé el coño de Jennifer el cual ya estaba suficientemente húmedo y comencé a acariciar su cuerpo, su cintura sus pechos.

No podía aguantar más y saqué la polla del coño de Erika y le dije a Jennifer que le comiera el coño, yo puse algo de saliva en su coño y se la metía en su coño, mientras  lamía el coño de su amiga. El coñito de Jennifer era más prieto y costaba más que entrara algo que me gustó. La abrazaba por arriba cogiéndole los pechos, ella le comía el coño a Erika la cual disfrutaba de la comida de su amiga. Yo culeaba a Jennifer y ella pasó de comerle el el coño a Erika a comerle la boca y a besarla.

Estaba cansado de tanto empujar así que me senté en una silla y tomé a Erika de la cintura, haciendo que se bajar de la mesa, la puse encima de mi polla frente a mí y comiéndole la boca comencé a  follarla, le agarraba de los pechos , se los estrujaba hacía que gritara de placer, Jennifer buscaba su sitio, en mi boca, o en la boca de Erika,o en los pechos de ella…

Tras un largo folleteo a Erika quería volver a follarme a Jennifer así que sacando mi polla del coño de Erika hice que Jennifer volviera a hacerse cargo de mi polla chupando  y lamiendo mientras yo besaba los pechos de Erika y le besaba la boca. Una vez que mi polla estaba suficientemente húmeda otra vez tomé a Jennifer en peso y la subí conmigo en la mesa mientras que Erika se sentaba en la silla, Jennifer se montó en mi polla y comenzó a botar sobre ella mientras que Erika se hacía un dedo mirando como mi polla se perdía dentro del coño de su amiga. Jennifer que ya tenía el coño más prieto y ahora más húmedo hacía que mi polla se resbalara dentro de  su coño. Solamente escuchaba los gritos de placer/dolor de Jennifer mientras que mi polla la penetraba.

Jennifer se empezó a reír y mi huevos se mojaron. La guarra se había corrido sobre mis huevos, Jennifer se sacó mi polla a lo que Erika se la metió en la boca para lamer los jugos de su amiga. Un vez limpia de jugos se la volvía a meter a Jennifer la cual tras un largo rato se volvió a correr.

Yo estaba apunto de correrme y quería antes de ello darles por el culo, ese culito prieto que había visto antes bajo las faldas, así que me levante y le dije a Jennifer que se pusiera en pompa con los codos sobre la mesa y a Erika de la misma forma. De esa forma tenía los anos de mis alumnas a mano y podía dar embestida a una y a otra.

Comencé a metérsela a Jennifer y cambiaba al culo de Erika, y al momento vuelta a darle al culo de Jennifer lo suyo, luego otra vez cambiaba de culo y a Erika se lo llenaba  con mi polla, Las dos amigas disfrutaban de mis embestidas gritando y comiéndose la boca eran una vistas geniales. Estaba sintiendo que me iba a correr y cambié de agujero y comencé a follarme únicamente a Erika, tras fuertes embestidas se corrió de una forma bestial cayendo líquido por su pierna y por la mía a la alfombra. Estaba rendido y me senté en la silla y las dos chicas se incorporaron y se pusieron de rodillas frente a mi polla y empezaron a mamarme la polla hasta que consiguieron que me corriera. Luego las muy guarras se tragaron todo mi semen.

–    Chicas… uuufff he decidido no informa de esto.- las dos chicas sonrieron.- pero tendremos varias tutorías. Ambas se miraron y se rieron.

Por supuesto que tuvimos varias tutorías, de hecho más de una vez desde que salieron de la escuela hemos tenido un encuentro.

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Mamada de mi alumna en público

La historia que voy a contar sucedió en la cena de graduación de una escuela de jóvenes damas en la que estuve haciendo una sustitución. Estuve dándole el último cuatrimestre latin.
Estas chicas ya se graduaron, pasaban de niñas a mujeres.Entre estas chicas se encontraba Erika que era una chica delgada con pelo largo rojizo, su piel era blanca llena de lunares, con unos pechos y un trasero muy voluptuoso. Tenía un cuerpazo y además le gustaba lucir su cuerpo, aunque llevara el mismo uniforme que el resto, ella por su cuerpo lo lucía con estilo.
En la cena llevaba un vestido color coral compuesto por un escote que dejaba ver más de lo que ocultaba y una falda que dejaba ver más pierna que la falda del uniforme.Me senté en la mesa junto con los profesores, ella estaba sentada a tres mesa, desde mi puesto podía verla reir y hablar con el resto de sus compañeras.
Cuando acabó la cena nos fuimos a una discoteca que estaba cerca del restaurante llamada “ Louisiana” , estuve en la barra hablando con el profesor de geografía mientras que con el rabillo del ojo veía como bailaba con dos compañeras haciendo un sandwich lésbico poniendo palote a todos los muchachos del local mientras que se ponían ciega a cubatas. La discoteca estaba llena no cabía ni un alfiler. Ella con sus amigas seguía bebiendo, el profesor de geografía se había ido y estaba solo en la barra bebiendo un whisky de 12 años en una esquina junto a una columna.
Siguió pasando la noche y la perdí de vista cuando sentí un golpe en la espalda, al darme la vuelta me encontré a Erika, medio borrachuza.

– Perdón.- Dijo ella
– No hay perdón. – Le respondí
– Señor Templans, buenas noches.- Dijo ella
– Buenas, ¿ Cómo te lo estás pasando?.
– Bien
– Me alegro, ¿te puedo invitar a una copa?
– Claro, yo tomaré un capitán Caribe con Cola.
– Dos capitán Caribe con Cola, por favor. – le dije al camarero
En seguida vino el camarero con las dos copas, nosotros estuvimos hablando de esto y de lo otro hasta que le dije algo que siempre había pensado.
– Déjame que te dé un consejo de estética, sobre tu cabello. Recojete el pelo, despeja la nunca.
– ¿Quiere que me recoja el pelo?
– Si, por favor. lo haría yo pero el resto de gente que finge que no nos están mirando pensarán que estamos liados o que hemos echado un polvo.
– vale.

Erika se recogió el pelo con una mano dejando al descubierto sus hombros.

– Me encanta acertar – le dije, ella se rió con su sonrisa social, le hice acercarse a un espejo que estaba detrás de la columna y me puse detrás suya.
– Es un presagio. Debes cortarte el pelo.
– ¿Lo dice enserio?
– Los hombros de una mujer son la fachada de su encanto.- le dije echando le mi aliento en su nuca.- y su cuello, si es atrevida tiene el misterio de una ciudad fronteriza una tierra sin dueño, donde combaten la mente y el cuerpo – le dije marcando la mente con mi dedo en su cabeza y el cuerpo posando mi mano en su esternón cerca de su pecho – además resaltará tu cuerpo, sobretodo con este vestido. con el cual estas guapisima.
– Mi madre dice que me queda muy ceñido, ¿usted lo cree? – me alejé de su lado y miré su cuerpo de arriba abajo entreteniendo en sus curvas, y luego la miré a lo ojos a través del espejo y le dije al oido.
– Estas guapisima.- agarrandola de la cintura le dí la vuelta pegando su cuerpo al mío, pegando mi paquete a su cuerpo.Comencé a bajar las manos por su cintura cogiéndole su redondeado trasero. Acerqué mi boca a sus labios. Comencé a besarla.
Ella al principio se quedó algo cortada pero comenzó a participar en el beso. nuestras lenguas se tocaban y se humedecía, había perdido la cabeza y me estaba besando con una alumna.Mi polla estaba erecta dentro mis pantalones y dejé de besarla.
Ella me miró fijamente y yo guié una de sus manos en mi paquete, ella cogió mi polla por encima de mis pantalones y abrió mi cremallera. Sacó mi polla, mirándome a los ojos me dijo “ ahora vengo” y empezó a acariciar su cara con mi polla.
Miré alrededor, la discoteca estaba llena y oscura aunque había varios destellos de luz, la columna nos cubría. Mi alumna me había sacado mi polla de mis pantalones y se la estaba restregando por la cara.
Comenzó a besarla y pasarle la lengua sobre la punta mientras que con sus dedos jugaba con mis testículos, acariciandolo y estrujandolos. Tras un largo rato besando mi polla empezó a metersela en su boca succionandola, yo puse una mano en la barra para no caerme y otra encima de su cabeza para que se introdujera más mi polla en su boca. Ella tenía en su boca mis 20 cm de polla y aún podía mover la cabeza a los lados como si estuviera exprimiendo mi polla. Mi excitación era muy grande y le puse las dos manos en la cabeza y comencé a empujar para meterle la polla más violentamente y más rápido, su nariz chocaba contra mís pelos, ella me seguía el juego consiguiendo así que me corriera dentro de su boca, en lo más profundo. A ella le sorprendió pero luego comenzó a chupar todo líquido blanquecino que salía de mi polla.
Guardó mi polla dentro de mis calzoncillos, luego subió la cremallera y se levantó.

– Gracias – dijo ella lamiéndose y tragandose los resto de semen que le quedaban en los labios, cogiendo su copa y dando un sorbo se marchó a bailar con su amigas.

A los pocos días vino a visitarme, venía con el pelo corto y una camiseta de licra ajustada con tirantes negra que dejaba ver su sujetador negro y una falda corta que dejaba ver que no llevaba bragas sino tanga y bajando por sus largas piernas unos zapatos con algo de tacón. Entró en el despacho cerrando el pestillo tras ella, se quitó los zapatos y… esa es otra historia que os contaré en otro momento.

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El desayuno

. A sus 19 años todavía era virgen y nunca había tocado el pene a ningún muchacho, aunque todos sus novios se lo habían pedido. Solo había accedido a que se lo mostraran e incluso uno de ellos solía enseñarle cómo se masturbaba hasta llegar al orgasmo. Por lo demás ella se masturbaba todos los días , y pensaba qué se sentiría hacer el amor, pero estaba esperando al hombre indicado para entregarle su virginidad.

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Mi alumna necesita subir nota

Esta historia me la contó un ex profesor mío comienza una tarde en su despacho cuando estaba corrigiendo los exámenes, déjenme que hable por él,

Eran más de las 19 había corregido ya los trabajos y los había colgado en la plataforma me quedaba una hora de trabajo y las clases habían terminado solo quedaba los exámenes finales empecé a navegar en internet cuando topé con un anuncio de una chica que ofrecía sus servicios previo pago, eso me llamó la atención no que se ofreciera sino lo joven que parecía. Empecé a navegar en más páginas que aparecían muchas más jovencitas, mi polla se puso muy dura viendo tantos pechos jóvenes y tantas chicas vestidas de forma insinuante, me saqué la polla y bajo la mesa empecé a masturbarme viendo esas imágenes. De repente entró sin llamar una alumna mía, Laura. Bueno quizás he empezado mal, mi nombres es Eladio tengo 58 años soy calvo de por arriba pero con pelo a los lados mido 1.60 y tengo una barriguilla y soy profesor de “Lengua” en una escuela mayor de ambos sexos, donde los alumnos/as van con uniforme, camisa blanca y pantalón/falda azul marino.
Laura era alumna mía de 20 años de último curso, repetidora por lo que les sacaba un año al resto de sus compañeras, entró y cerrando la puerta tras ella se sentó frente a mí.
– Don Eladio, necesito que me ayude – me dijo mientras yo aún seguía parado, como un conejo frente a los focos de un coche, con la polla en mi mano derecha.
– Cuénteme señorita Laura, ¿qué le ocurre?
– Pues que he visto las notas de los trabajos y tengo un 4 en el último, la medía me sale 4.90, en ese caso tendría suspensa la asignatura la parte práctica a falta del examen.
– Muy bien. ¿en qué le puedo ayudar?
– Pues querría ver el trabajo para saber en qué he fallado.
– Muy bien tome – menos mal que aún lo tenía en la mesa.

Estuvo leyéndolo de arriba abajo, yo mientras me fijé que los dos botones de arriba de la blusa no los llevaba atado eso y que estaba inclinada buscando la luz hacía que dejara ver sus pechos. Eran hermosos tan redondos, tan blancos… tan virginales, no sé si fue la tarde que llevaba viendo fotos de adolescentes o la situación pero empecé a tocarme la polla extendiendo el liquido que me salía de la polla por todo el glande todo ello mientras ella leía su trabajo y mis anotaciones.
Terminó de leer su trabajo yo dejé de tocarme la polla, polla que estaba totalmente erecta.
– Como ha visto, tiene muchos errores, por lo que no puedo aprobarle el trabajo, tendrá que ir a septiembre y presentarme otro trabajo.

Empezó a llorar y con la voz entre cortada empezó a hablar.

– Es que… si no apruebo… perderé la… beca.
– Bueno, bueno para de llorar quizás podemos hacer algo. Mirando la puerta la cual aún no se le había echado el cerrojo le dije.
– Echa el cerrojo de la puerta no quiero que ninguna de tus compañeras se entere que te estoy ayudando y vamos a ver qué podemos hacer.
Ella se levantó muy obedientemente y cerró el pestillo de mi despacho momento que aproveche para guardarme la polla dentro del pantalón tras mi cremallera luego le indiqué que se sentara en la silla. Me levanté y me acerqué a ella, aún seguía llorando. Le levanté el rostro para que me mirara. Con mi dedo pulgar le sequé la lágrima que corría por su mejilla luego dirigí su mirada hacia mi paquete. Ella se quedó mirándolo fijamente y luego levantó la mirada hacía mi rostro. Yo le dije
– Tendrá que ayudarme a bajar ese bulto. – ella se quedó quieta asimilando lo que le había dicho.
Mi mano derecha bajó la cremallera de mi pantalón dejando salir mi polla de la ranura de mi pantalón. Empecé a frotar mi polla por su cara, pasando mi polla por sus labios rozados, ella seguía quieta sin moverse mientras mi polla le dejaba surcos de lubricante por las mejillas. Comencé a introducir con pequeños golpes mi polla en su boca, ella poco a poco abría la boca dejándola entrar. Toda la cabeza de mi polla estaba dentro de su boca y le dije “Muy bien, buena chica” “Ahora comienza a chupar” a lo que ella empezó a chupar como si de un chupa chups fuera. Tenía poco experiencia pero le ponía empeño. Desabroché el cinturón de mi pantalón, dejándolo caer al suelo y terminé de liberar a mi polla de su confinamiento. Laura abrió los ojos sorprendida del tamaño, mi polla no es muy grande pero si muy gruesa. Tome la mano derecha de Laura que estaba en la mesa y la puse sobre mi polla para que la cogiera ella. Primero lo hizo con algo de duda pero luego la agarró muy fuerte al igual que empezó a comerme la polla con más ansia, momento que aproveché para desabrochar los botones de su camisa blanca ella me ayudó al final soltando mi polla y echando los brazos hacía atrás para que la camisa cayera al suelo de mi despacho, dejando al descubierto su sujetador blanco. Mis manos palpaban esos pechos virginales mientras ella se excitaba más demostrándolo con la rabia que me comía la polla, estaba hambrienta de polla. Había conseguido despertar su lujuria. Mi exitación era máxima y le separé la polla de la boca, algo que me constó bastante ya que ella no quería dejar de chuparla. La tomé por la cintura y la puse sobre la mesa de mi despacho, apartando su trabajo y más cosas que estaban.
– Quítate el sujetador- le ordené mientras yo me quitaba la corbata y la camisa. Tenía sus pechos rosados frente a mí eran redondos y rectos, se notaba su juventud también lucía un piercing en el ombligo posé cada mano en uno de sus pechos y comencé a pellizcar sus pezones con mis dedos. Ella con los brazos hacía atrás recibía con agrado mi caricias.
– Cógemela – le volví a ordenar y ella muy obediente tomó mi polla y empezó a masajearla hacia ella y hacía mí haciéndome lo que se llama una paja su manos eran suaves y delicadas era un placer tener su manos rodeando mi polla, me acerqué a su labios y la besé, ella me recibió de primer momento de una forma fría pero cuanto más tiempo transcurría más deseosa estaba hasta que de forma lujuriosa nuestras lenguas se devoraban, sus manos aumentaban el ritmo de la paja mientras que mis manos masajeaban más sus pechos. Deje de besarla para besar sus pechos, jugaba con sus pezones metiéndomelos en la boca y mordiéndolos, esto último le gusta ya que cada vez que lo hacía ella apretaba mi polla Me estaba excitando mucho y ella también estaba excitada, mis manos se metieron debajo de su falda y arrastraron sus bragas hasta el final de sus pies hasta caer sobre el suelo de mi despacho. Con mis manos debajo de su falda empecé a meterle un dedo, el índice para indicar el camino al resto, ella dio un respingo, luego al índice se le unió el corazón, y ya eran dos dentro de su coñito, ella disfrutaba sintiendo como mis dos dedos hurgaban dentro de ella, no con eso luego hice que el dedo anular entrara dentro de su coño, cosa que excitó más a Laura que tuve que ponerle la mano en la boca para que no gritara de placer/dolor los tres dedos dentro y el dedo meñique jugaba con su ano. Tras un rato con mis dedos jugando dentro de su coño los saque y guie mi polla hacía su coño ya humedecido. Mi polla no tuvo obstáculo hasta que llegó a una barrera, su himen, era virgen, cosa que me puso más cachondo cogí carrerilla y con un golpe fuerte de culo le abrí el coño para mi disfrute y los que vinieran detrás de mí. Comencé un mete saca dentro del coño de Laura mientras que mi boca estaba ocupada comiendo le los pechos. Tras un rato sonaba su coño a “pisada en charco” lo que me decía que el coño de Laura estaba muy humedecido había tenido un orgasmo y yo estaba a punto de correrme pero no quería corredme sin probar ese culito. Así que saqué mi polla de su coño y la bajé de la mesa.
– Pon las manos en la mesa y ponte de espaldas a mi que te voy a meter la polla por el culo.
– No, Don Eladio.
– ¿Quieres aprobar o no?
– Vale.
Se puso de espaldas a mí con las manos en la mesa, me acerqué lentamente y poco a poco le subí la falda dejando su culo al aire. Tenía un culo muy prieto totalmente redondo muy bien formado. Tomé mi polla y la puse en la entrada de su culo. De un empujón le hice tras por detrás, ella lanzó un pequeño grito pero luego con mi polla acomodada en su ano empezó a dar pequeños gemidos. Mi polla aumentaba su velocidad dentro de su ano ella con la mirada perdida disfrutaba de mis embestidas. Mis manos estaban en su cintura encima de su falda y su cintura, desabroché la falda la cual se deslizó por su cintura chocando contra la mesa y cayendo al suelo junto con el resto de nuestra ropa mis manos pronto pasaron de su cintura a cogerle sus pechos y estrujarlos algo que le daba más placer. Tenía a mi alumna desnuda de 20 añitos en mi despacho sobre mi mesa mientras le estaba metiendo mi polla por el culo, con mis manos masajeandole los pechos y ella estaba disfrutando con tal acto. Poco tardé en correrme para lo cual saqué mi polla de su culo y sobre su culo y espalda lancé toda mi espesa leche, me separé para tomar aliento a lo que ella se volvió para mirarme y sobretodo mirar el individuo que le había dado tanto placer tanto por adelante como por detrás mi polla. Se puso de rodillas y empezó a lamerme la polla de arriba abajo sin dejar nada sin lamer incluso también los huevos, fue un polvo glorioso.
Tras ese encuentro en mi despacho hubo otros a veces vino sola y otras vino con otras compañeras pero… Bueno esa es otra historia que os contaré en otro momento.

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Julia, una pelirroja ex alumna mía

De la excitación producida por el riesgo de que nos viesen mi calentura aumentó de repente haciéndome reaccionar como un animal y penetrando su rajita con mi enorme y duro palo violentamente. Mis brazos agitaban su cuerpo haciendo rebotar sus pechos entre su cuerpo y el mío. La fuerza de sus brazos aumentaba aunque no tanto como la pasión de sus lengüetazos.

Hacia finales del mes de julio, pensando el calor que caracteriza el verano mediterráneo, me fui a una tienda deportiva con el fin de renovar mi bañador. Al llegar a la tienda, en la puerta me encontré con Julia, una pelirroja ex alumna mía. Fue ella quien me vio primero, llamándome profesor.

En realidad no le había dado clase pero la ayudé algunas veces en el trabajo de fin de estudios. Aun en la calle me habló de la universidad que le había tocado, le pregunté por su vida en general y por si tenía algún trabajo de verano. Me comentó que todo le iba muy bien y entre risas me comentó que con el dinero de sus papás prefería tomarse el verano para relajarse y disfrutar. Le dije que mi verano estaba siendo parecido pero sin tanto dinero para gastar y los dos volvimos a reír. Finalmente nos dimos cuenta de que los dos habíamos ido a la tienda que teníamos enfrente con el mismo objetivo, así que mientras seguíamos hablando entramos y empezamos a mirar la zona más veraniega.

Ya tenían artículos para el otoño e incluso invernales pero, por suerte, aun tenían una gran variedad en bañadores, tanto para hombres como mujeres. A pesar de la gran variedad solo encontré uno que realmente me gustase así que después de buscar mi talla me acerqué hacia Julia, que ya había escogido cuatro o cinco bikinis para probarse. Miramos las elecciones y entramos en dos probadores contiguos. A pesar de saber que no es correcto ni higiénico, me desnudé completamente antes de ponerme el bañador. Me gusta ir sin ropa interior si tengo que bañarme y por ello me los pruebo así, sin más. Me contemplé unos segundos en el espejo dando medias vueltas hasta ver que me gustaba bastante. Salí del probador y desde medio metro más de distancia volví a mirarme al espejo.

A los pocos segundos Julia salió con un bikini verde que hacía juego con sus ojazos y me sorprendí al ver que ella tampoco se dejaba la ropa interior debajo del bañador, puesto que con la poca ropa que representaban estos se habría visto. En vez de esto, el mini sujetador sostenía con dificultad sus sorprendentemente grandes y redondos pechos, al igual que la pequeña braguita que embellecía un culito pequeño y sensual. Como acabo de describir Julia es una mujer muy hermosa y sexy, aunque no había pensado en ella como mujer durante el año que coincidí con ella como alumna.

Después de un breve silencio me preguntó que me parecía y si pensaba que era mejor probarse otro. Mientras yo pensaba en la mejor forma de decirle lo bien que le quedaba ella me comentó que le gustaba mucho mi bañador y que se notaba que hacía ejercicio. Le di las gracias por el cumplido y rápidamente le prohibí que se probara ningún otro porque era imposible que le quedase mejor que ese. Ella se ruborizó un poco y sonrió. Dado el trabajo en la tienda, entré de nuevo en el probador para volver a vestirme y pedir a Julia si quería que nos viésemos algún día. Pero a los dos segundos de correr las cortinas, ella entró en mi probador y me besó empujándome con fuerza hasta chocar contra la falsa pared del vestidor. Rodeando sus brazos por mi cuello apoyó todo su peso en mí mientras el caliente beso seguía humedeciendo nuestras bocas.

Había subido sus piernas hasta prácticamente rodear mi tórax, así que aproveché para estrujar su trasero. Poco a poco intenté quitarle la braguita verde para poder trabajar con comodidad pero ella no dejaba de juguetear con mi lengua, parando únicamente para respirar. Cuando sus pies volvieron a tocar el suelo terminé de quitárselas, a la vez que ella intentaba quitarme el aún no estrenado bañador. Inicialmente no pudo desnudarme porque sus ansias le impedían desatar el fuerte nudo que había hecho minutos antes en ese mismo habitáculo. Al fin encontró la forma de desatarlo y los arrió hasta mis pies.

Sin darme más tiempo que para estrujar de nuevo su culito volvió a subirse encima de mí, esta vez con la ayuda de mis brazos que levantaron sus 50 kilitos de firmeza y sensualidad. Rápidamente busqué el lazo que sujetaba la parte superior del bikini y finalmente, al caer al suelo la pequeña prenda, tuve para mi único gozo esos dos enormes pechos perfectos. Volviendo mis manos a su culito la empujé hacia arriba para poder lamerle los pechos hasta dejarlos completamente húmedos.

Aunque por el sudor de los dos ya lo estaban bastante. Mis manos subían y bajaban, acariciaban y estrujaban su suave y clara piel sudada y caliente. Por el contrario, ella no dejaba mi cuello, dónde seguía cargando todo su peso. Su larga melena rojiza iba y venía e incluso le tapaba, en ocasiones, parte de la cara pero esto no estorbó nuestros labios y lenguas que estaban en constante ejercicio. Allí, desnudos, nuestros cuerpos daban constantes golpes a las estrechas paredes del probador hasta que fue inevitable que una de las dependientas preguntase por el estado de su cliente.

Bien, contestó Julia rápidamente controlando su voz para que pareciese que estaba probándose ropa normalmente. De la excitación producida por el riesgo de que nos viesen mi calentura aumentó de repente haciéndome reaccionar como un animal y penetrando su rajita con mi enorme y duro palo violentamente. Mis brazos agitaban su cuerpo haciendo rebotar sus pechos entre su cuerpo y el mío. La fuerza de sus brazos aumentaba aunque no tanto como la pasión de sus lengüetazos.

Aguantamos así unos minutos, hasta que con un fuerte choque contra la débil pared me corrí en su rajita al instante que ella dejaba escapar un grito ensordecedor que seguramente asustó a cualquiera que estuviese en la tienda e incluso a quienes pasaran por el barrio. A los pocos segundos, cuando recuperamos el aliento y sus pies regresaron a tierra firme, entre risas, caricias y besos nos dimos cuenta de que no podíamos salir los dos juntos del probador porque sería imposible disimular o parecer que simplemente estábamos aconsejándonos sobre la ropa que íbamos a comprarnos; así que al ver que entre probadores había una ranura por la parte de arriba suficientemente grande como que pasara una delgada mujer, la ayudé a que regresara a su habitáculo.

Sin demasiados problemas consiguió pasar por el agujero y rápidamente empezamos a vestirnos con la ropa con la que habíamos llegado. Salí yo primero y ante las miradas del resto de compradores alegué que tenía problemas de equilibrio, y que lamentaba los golpes que había dado y que esperaba no haber asustado demasiado a la joven de al lado ya que la había oído gritar en uno de mis golpes.

Creo que la excusa fue aceptada bastante bien por la mayoría de personas de la tienda así que fui a pagar mi bañador. Mientras pagaba vi que Julia venía para hacer lo mismo pero como si no nos conociésemos agarré la bolsa con la prenda y fui hacia fuera. Me apoyé en la pared de la calle hasta que al poco rato salió ella sonriente. Fuimos a comer a un pequeño restaurante del centro dónde comimos y bebimos muy bien, mientras hablamos de la familia, el trabajo, las compras, los rollos de ambos, de sexo.

Al terminar quise invitarla pero dijo que ese día pagaba papá, así que no protesté. Al salir del restaurante me preguntó si quería ir a su casa, dónde tenía piscina, ya que su familia estaba de crucero y no habría nadie en unos días.

Como estábamos lejos de mi casa fuimos a buscar su moto, que estaba cerca de la tienda de los bañadores. Me prestó el casco que utilizan sus amigas y me puse detrás de ella. La casa estaba un una urbanización de las afueras, así que tardamos unos veinte minutos. Durante el recorrido, y a pesar del riesgo de accidente que podía suponer, aproveché para juguetear con mis dedos en su entrepierna o acariciando sus duros pezones.

Cuando llegamos vi que por mis caricias tenía algo húmedos los finos pantalones veraniegos. Entramos en la casa como dos simples conocidos pero al cerrar la puerta la pasión regresó y rápidamente terminamos desnudos en la moqueta del salón, chupándole los pechos mientras me acariciaba todo el cuerpo. Estuvimos haciendo mil posturas en esa moqueta hasta que me recordó el tema de la piscina.

Me levanté para que me guiase hacia el patio pero antes me pidió algo curioso, que nos pusiéramos los bañadores. Me pareció algo excéntrico y curioso pero también gracioso y excitante, ya que no dudaba en quitárselo al poco rato de meterme en el agua. Y así fue, seguía pensando que ese bikini le quedaba fenomenal pero después de verla desnuda antes creía que en esa piscina había demasiada ropa a pesar de la pequeñez que caracterizaba su conjunto verde.

Una vez en el agua, nuestras pieles resbalaban con facilidad al acariciarnos y su melena oscurecida al mojarse, medio flotaba de forma que parecía una sirena de ensueño. Nos colocamos en la zona menos profunda y allí empezó la fiesta; con las dos manos agarró rápidamente mi rabo con el bañador aun puesto y los frotó hasta que se puso duro, y hasta que yo le estrujé los pechos hasta la saciedad.

Entonces le dije que ya era hora de deshacernos de los bañadores y así lo hicimos, nos los quitamos con prisas y los tiramos al agua. La llevé hacia mí y le llené la rajita con mi rabo y empecé a acariciarla toda. Después de unos minutos así, la agarré por el culito y la aparté ligeramente de mí para darle la vuelta y seguir manoseándola y disfrutando de su cuerpo mojado. Entonces le metí mi palo por detrás y ella gimió pero yo estaba drogado por su cuerpo y solo pensé en disfrutarla.

Ella, con la dificultad de su posición intentaba acariciarme y agarrarme mientras los dos nos balanceábamos levemente por el agua. Pocos minutos más tarde me corrí de lo lindo estrujándole los pechos y los dos gimiendo y recobrando el aire después del gran placer que habíamos conseguido en esa piscina que quedó con gotas de leche flotando a nuestro alrededor.

Las caricias y besos siguieron en la piscina hasta que ya no pudimos más y decidimos irnos a dormir.

Autor: FabioXXX

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Sexo con mi maestro

Hola, mi nombre es Ángela quiero contarles como le entregue mi cuerpo a un maestro que tuve hace algunos años, siempre he estado conforme con mi cuerpo, soy morena, delgada y con una estatura algo normal, tengo el pelo muy negro y poco ondulado, mi rostro me agrada bastante, en especial mis ojos ya que tengo unas grandes pestañas y una boca pequeña pero buen definida, mis nalgas son pequeñas pero están en su lugar, mi busto no es muy grande pero esta firme, uso una copa B.
Bueno, les cuento, esto comenzó cuando cursaba la secundaria, mi cuerpo en esa fecha era muy diferente, era muy delgada, mis senos no habían crecido nada y mis nalgas ni se diga, estaba completamente plana, solo mi rostro era igual, me decían que parecía mayor pero solo de mi cara ya que mi cuerpo no se había desarrollado.
Cursaba el último grado de secundaria, cuando entro a mi escuela un maestro, en realidad era un practicante, es decir, estaba estudiando para serlo y tenía que cumplir con sus prácticas finales.
Lo asignaron a tres de los seis grupos, daba la clase de matemáticas, nosotros lo vimos muy joven, tenía solo 20 años, le hicimos algunas bromas y no lo obedecíamos, pero inmediatamente nos puso un alto y se mostro excesivamente estricto. Al inicio muchas de nosotros nos sentíamos atraídas por él y le coqueteábamos, pero debido a lo estricto y a su forma dura de ser lo dejamos de hacer.
A decir verdad, nos enseño bastante, y al final se porto como un buen amigo, lo llegamos a apreciar mas que a nuestros verdaderos maestros.
Al terminar la secundaria, entre a la preparatoria, en mi escuela están juntas la secundaria, preparatoria y la universidad, así que permanecí en ese mismo lugar, como la mayoría de mis compañeros.
Este maestro que les menciono se llama Rolando, no volvimos a saber nada de el hasta que entre al segundo año de preparatoria, ya que al asignarnos a nuestros nuevos maestros, el estaba ahí, varios de sus ex alumnos ya lo conocíamos, a algunos nos dio gusto y a otros no.
Su actitud era muy parecida a cuando nos dio clases en secundaria, pero se mostraba un poco más amable, el me daba la mayoría de mis clases, ya que era matemáticas y mi especialidad era contabilidad.
En fin, en ocasiones lo invitábamos a fiestas y a veces asistía, pero se comportaba como maestro. A varias de nosotras nos gustaba, pero había una chica llamada Inés que le coqueteaba muy fuertemente al maestro de hecho lo llegaba a poner nervioso, Ines es muy bella y con un cuerpo hermoso, pensábamos que Rolando caería ante su belleza, pero no fue así.
Mi cuerpo en ese entonces ya había cambiado, tomo mas forma y me veía un poco mejor, pero me descuide un poco, ya que comía mucho y me llegó a crecer un poco la pancita jaja, lo único de engordar un poco es que mis senos crecieron, de ser una copa B paso a ser una copa C, me encantaba lo pesados que habían puesto y las miradas que atraía de los chicos.
Comencé a salir con un chico bastante guapo, a los pocos meses tuvimos sexo por primera vez, no fue algo especial ni espectacular, solo lo hicimos un par de veces.
Descubrí que el me fue infiel y termine mi relación con el, estaba muy triste, me sentaba sola en los pasillos de la escuela y en ocasiones lloraba, una ocasión, mi maestro me vio y me pregunto que me sucedía, como le tenia mucha confianza le conté lo que me había pasada, me dijo que apenas era una niña y que ya encontraría a alguien que me supiera apreciar, tome valor para preguntarle que si yo le parecía bonita y que si le gustaría para ser su novia, el sonrió y contesto que si, pero solo si tuviera mi edad.
Eso me emociono un poco, tomaba como pretexto estar triste para poder platicar con el, un día me estaba en compañía de unas amigas en un centro comercial, vi a lo lejos a Rolando y me acerque a el, me saludo y lo invitamos al cine. La película termino muy tarde así que nos llevo a nuestra casa, éramos tres chicas, yo fui la ultima a quien fue a dejar, casi llegábamos a mi casa cuando le pedí que se detuviera para comprar un refresco, lo hizo y cuando de nuevo iba a encender el auto lo abrace y lo di un beso muy tierno, el me correspondió y abrí mi boca para meter mi lengua y tocar la suya, estuvimos besándonos varios minutos, me empecé a excitar mucho, el me tenia sujeta por la cintura, me daba algo de pena por lo kilos que traía de sobrepeso, aun así, pegaba lo mas que podía mi cuerpo al suyo, su mano comenzó a subir y llego a mis senos, los amaso muy lentamente, yo respiraba muy fuerte, ni mi antiguo novio me había acariciado de esa forma, sentía como mis pezones se endurecían, yo coloque mi mano sobre su pene, el dejo de besarme y dijo que no estaba bien lo que hacíamos, encendió el auto y me llevo a mi casa.
Al despedirme de él le di un suave beso y él se quedo mudo. En la escuela él se comenzó a portar muy frio, me llamaba por mi apellido, eso me hacía sentir muy mal, yo estaba enamorada de él, yo trataba de hablar con el pero me evitaba, para distraerme, me puse a hacer mucho ejercicio, mi abdomen desapareció y me quedo un vientre muy plano y firme, mis senos conservaron su tamaño. Me volví mas atractiva y los chicos me seguían, pero yo seguía enamorada de mi maestro.
Pasaron los meses, y yo seguía enamorada de el, recordaba aquel beso y las caricias que me dio, siempre que pensaba en eso me masturbaba.
Termine la preparatoria y entre a la universidad, permanecí en la misma escuela con la esperanza de al menos poder verlo, al estar en clases, casi me desmayo al ver a mi unos de mis futuros maestros, ¡era Rolando!, de nuevo mi iba a dar clases, pero de nuevo estaba ahí Inés, que se había puesto más hermosa, su piel es muy blanca, ojos verdes y un cuerpo muy bien formado, parecía una verdadera muñeca, ella al verlo inmediatamente lanzo sus coqueteos, yo me enfurecía al verla, estaba segura que esta vez sí lo conquistaría.
Un día los vi juntos tomando un café, sentí que me moría a verlos juntos, Inés se dio cuenta que los observaba y le dio un pequeño beso en la mejilla, yo me aleje del lugar, al llegar a mi casa me dedique a llorar.
Pasaron los meses y Rolando se comportaba un poco mas gentil, eso me agrado, pero no dejaba de pensar que tenía una relación con Inés. Yo cumpliría mis 18 años en una semana, así que lo invite a mi fiesta que era en un fin de semana, pero no pudo asistir por un compromiso de la universidad, me envió su regalo con uno de mis compañeros, era un hermoso vestido blanco y azul de tirantes, la tela era muy delgada, como para usarlo en la playa. El lunes al llegar a la escuela me pregunto que si me había gustado mi regalo, le conteste que si pero que me gustaría me hubiera estado ahí conmigo, el me respondió que me repondría el no haber podido estar ahí, a tono de broma le dije lo invitaba comer, el dudo pero acepto; no lo podía creer, había dicho que si.
Mis padres tenían que salir un par de días fuera de la ciudad, así que aproveche la fecha e invite a Rolando a mi casa, me puse el vestido que me regalo, al llegar lo recibí normalmente aunque me moría de ganas por besarlo, pregunto que donde estaban mis padres y le conteste diciendo que tuvieron que salir de emergencia.
Nos sentamos a platicar, no contuve mi duda preguntándole si salía con Inés, el rio a carcajadas y eso me molesto un poco, paro de reír y dijo que el e Inés eran primos lejanos y que por eso ella lo molestaba con sus coqueteos, yo comencé a reír también. Eso me calmo mucho, después de platicar un buen rato decidí preguntarle si yo le gustaba, el se cayó y dijo que era hora de irse, trato de levantarse pero lo detuve sujetándolo de la mano, el me miro y dijo que yo era muy bella, pero que tenía que estar con alguien de mi edad, que aun era una niña. Comencé a llorar y el se sentó junto a mí, me abrazo y así nos quedamos unos minutos.
Deje de llorar y el limpio mis lagrimas, le sonreí y me sorprendió con un beso, al principio fue suave, solo tocábamos nuestro labios, después usamos nuestras lenguas, me abrazo fuertemente y con una de sus manos acariciaba mi rostro.
Puso sus manos en mi cintura y las subió poco a poco, tomo mis senos y los acariciaba despacio, los jalaba suavemente hacia el, mis pezones se pararon y los frotaba por encima del vestido, dejo mis senos un momento y acaricio mis piernas, desde las pantorrillas hasta mis muslos, no me contuve y me senté sobre sus piernas viéndolo de frente, comenzó a besar mi cuello y di pequeños gemidos.
Le dije que me hiciera el amor, me tomo fuertemente de las nalgas y me cargo, no dejamos de besarnos y lo guie hacia mi recamara, estando ahí se sentó en la cama, no me soltó ni por un segundo, sus manos jugaban con mis nalgas, las acariciaba y le daba pequeños apretones, tomo la parte inferior de mi vestido y me subió para poder quitármelo, tan solo tuve que levantar mis manos para que pudiera salir.
Quede solo en ropa interior, me levante y lo empecé a desnudar, lo deje un bóxer y nos recostamos en la cama, me subí sobre el y podía sentir lo duro de su pene que pegaba en mis piernas, no quitamos el resto de la ropa y vi como su pene se paro mas cuando me vio desnuda, eso me excito mucho, el se dedico a chupar mis tetas, lo hacía muy rico, pasaba su lengua por cada centímetro de mis senos, en especial mis pezones y la areola, los succionaba a diferentes ritmos, fuerte y luego lento, al mismo tiempo metía sus dedos en mi vagina, presionando mi clítoris y en ocasiones mi ano, moje mis sabanas de lo caliente que estaba, tome su pene y lo acaricie muy despacio, sentía como le hervía la sangre que circula en cada una de sus venas, el largo de su pene era normal, de unos 15 o 16 centímetros, en realidad, lo tenía más grande que el chico con el que tuve sexo por primera vez, lo que me parecía muy grande era la grueso, mi mano no podía rodeárselo por completo, eso me excitaba mas, pero a la vez me daba miedo. Y lo que más me sorprendió era la punta de verga, que era un par de centímetros más gruesa que el resto del pene.
Se coloco entre mis piernas y yo las abrí lo mas que pude, me pregunto que si era mi primera vez, le conteste que no pero que solo había hecho dos veces, que fuera tierno ya que su pene era muy grueso para mi.
El me beso muy despacio, tome su pene y lo puse en mi sexo, lo metió poco a poco, me introdujo la punta y arquee mi espalda de placer, el aprovecho esto y metió su mano izquierda debajo de mi, me sujeto firmemente y continuo metiéndomela, sentía como mi vagina se abría, pero a la vez me dolía, sentía que no se podía estirar mas, yo me movía demasiado mientras daba gemidos de dolor y placer, metió su mano derecha debajo de mi y me sujeto por el hombro izquierdo, me tenia inmovilizada, saco su pene dejando solo la punta dentro de mi, eso me dolía mas que tenerlo adentro ya que mi vagina se tenia que estirar mas a la entrada, y eso que solo me había metido la mitad.
Empecé a llorar pero no me dio descanso, me la metió de un golpe hasta la mitad, grite de dolor, le pedí que parara, pero a la vez lo detuve poniendo mis pierna a su alrededor y arañándolo de la espalda y las nalgas, el entendió que a pesar de decirle que se detuviera, mi cuerpo pedía mas placer, trato de metérmela completa pero no pudo, se empezó a mover despacio, sentía como mi vagina ajustaba su pene, cada vez que salía un poco de mi, parte de los músculos de vagina se estiraban hacia afuera junto con su verga. Eso me volvía loca, dijo que me iba a penetrar completamente, tan solo asenté con la cabeza y empujo fuertemente, sus testículos chocaron en mis nalgas, llore de placer y dolor, lo tome de las nalgas y lo apreté con mi piernas, comenzó a bombearme despacio y fue acelerando el ritmo, mi sexo se fue adaptando a su gruesa verga, pero aun así, sentía como parte de mi vagina se salía de mi interior junto con su pene, me dolía terriblemente, pero el placer también era inmenso, no quería que se saliera de mi, sentía un extraño liquido en mi vagina, no eran mis propios fluidos, era algo diferente, no le di importancia y deje que me siguiera penetrando, tuve varios orgasmos, tan solo lamia los labios de Rolando así como parte de su pecho.
El bajo el ritmo de la penetración que me daba, me la ensarto toda y me sujeto de las nalgas, se giro y quede montada sobre el, me tomo de la cintura y me guio para subir y bajar de su pene, voltee a ver mi sexo y vi claramente como un par de centímetros de la parte interna de mi vagina se estiraban hacia afuera apretando su pene, no podía creer lo que veía, no me importo y seguí bajando y subiendo por su pene, me encontraba sentada sobre el, se levanto para chupar mis senos y acariciar mis nalgas, me las apretó con todas sus fuerzas y me guiaba al momento dejarme caer sobre su verga, me dio una nalgada y eso me calentó muchísimo, lo empuje y me recosté sobre el, tan solo movía mis caderas de arriba abajo, me acaricio el rostro y me beso tiernamente, tuvimos el orgasmo mas fuerte que haya sentido, su pene saltaba dentro de mi, se hinchaba y soltaba chorros se semen.
Al terminar los espasmo de nuestros sexos me retire de el y un liquido salió de mi, tome un poco con mi manos y note que era una mezcla de fluidos míos, de el, de semen y un poco de sangre, su pene era tan grueso que me lastimo un poco.
Al terminar no bañamos e hicimos el amor de nuevo. Ese día le entregue todo, tuvimos sexo anal pero eso se los contare mas adelante.
Espero y les haya gustado.

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Alumna madura y tímida

La penetré y la gocé, la llené de semen. Y ella gozó. Fue la primera vez que me invitó a ir “a su camita”.  A las pocas semanas nos acostamos en su cama e hicimos largamente el amor, tanto que al terminar ella lloró: nunca había sentido un orgasmo tan largo, profundo, prolongado que la vista se le fue, una explosión de luz, felicidad, placer la inundó.

De cómo comenzó mi relación con una alumna de más de cincuenta, desperté su sensualidad y gozamos en lo que parecía su primera vez. ¿Que puedo decir?

Durante muchos años la había visto cerca. Había sido mi alumna hacía casi siete años y luego había entrado a prestar el servicio social conmigo, bajo mi dirección. Le gustó el trabajo y se quedó como voluntaria. Quería que yo le dirigiera la tesis pero lo que proponía yo no podía dirigirlo, así que me mantuve cerca, ayudándole, al principio sin entrar ni estar demasiado cerca para no molestar a su asesora, aunque terminé auxiliándola y al cabo dirigiéndola no poco.

De hecho en el trabajo como voluntaria la formé, aprendió a trabajar, a organizar, a pensar. Un amigo que la tuvo como alumna en la licenciatura y maestría decía que se veía mi huella, que era tan acuciosa y metódica como yo, no sabía que para ese momento ya era mía.

No soy de ninguna manera un adonis, pero no soy tan feo. No la tengo monstruosa, pero tampoco minúscula, alguien absolutamente normal. Mido 1.75, constitución regular, peso unos 80 Kgs. Nunca hago ejercicio, ni he sido deportista pues me defino como fumador; pero soy bastante inteligente, tengo facilidad de palabra, lo que me hacen buen maestro, que llegan a generar admiración, pues además de una buena formación en la mejor escuela de este país, he trabajado muy duro muchos años, he tenido muy buenos maestros y he leído y trabajado como enajenado, incluso por ello perdí parte de mi juventud y mi experiencia sexual era bastante corta; a pesar de todo, me he construido una reputación, he publicado libros y artículos de temas que serán de interés en cien años.

De hecho desde que comencé a dar clases, comencé a dejar de ser ignorado por las mujeres, desperté simpatías, comenzaron a aparecer algunas oportunidades y tuve mi primera aventura. Hay que aprovechar lo que se tiene, no hay más.

Recuerdo que luego que dejó de ser mi alumna, comenzó a sentirse bien con ella misma; y cuando iba al voluntariado, ocasionalmente se vestía con faldas a media pierna, ajustadas, a veces estaba trabajando en una mesa frente a mi oficina y, al levantar la vista de los papeles, la veía concentrada, con las piernas ligeramente abierta y más allá se le veían las medias, los calzoncitos, la entrepierna; cuando me acercaba, su grandes tetas por abajo de las blusas que apenas las podían contener. No era frecuente, pero si una vez al mes así la veía.

No era nada coqueta cuando alumna, de hecho tenía bastante pena de su cuerpo y escondía sus piernas en unos pantalones deportivos horribles, y sus senos simplemente no se los quitaba porque no podía. Como voluntaria se le abrieron oportunidades y comenzó a creer que sí podía hacer las cosas.

Entones su mundo se amplió y comenzó a usar pantalones de mezclilla ajustados, y su culo se veía soberbio. Se convenció de que no era tonta, como decían y la hacían sentir sus compañeros, y pudo verse de otra manera que con la condescendencia con que la miraban sus propios hijos. Le hice notar que tenía que ser más segura y que era bella, muy bella, luego de ligeros rozones, hasta que un día le dije que habría avanzado lo suficiente el día que se pusiera una minifalda. Ella dijo espantada, sorprendida, agradecida “¡No, cómo crees que yo me voy a poner nunca una minifalda!”. Y le dije que un día, que la vería, que a lo mejor sólo para mí, y dijo que bueno.

Ella no tiene veinte ni treinta, de hecho hoy debe tener cerca de los 60. Sus hijos son de mi edad, quizá poco más grandes, conozco a tres. Ella se divorció, se encargó de sus hijos, inició un negocio y lo sacó a flote. De eso vive ella y una de sus hijas, sospecho que a veces le ayuda a cuando menos otro de sus hijos. Cuando ya el negocio iba bien, cuando se pudo independizar, estudió la preparatoria y luego la carrera. Ahora esta haciendo la tesis de maestría y regresó al estudio de una de las cosas que más le gustan, el piano.

Es sorprendente su vitalidad, su juventud, su inocencia. Le digo que es tan asombrosa como una adolescente, y aun cuando ya ha parido, sé que le quité cuando menos dos virginidades, la de la boca y la del culo; y si definimos la virginidad como tener un orgasmo, creo que fui su primera experiencia.

Muchas veces le había tirado un poco los canes, pero se asustaba. Ella dice hoy que siempre le gusté. Recuerdo que en una ocasión entregó un muy mal trabajo y le puse una calificación bastante baja, y a la hora de la revisión no quería pero la senté frente a mí en la cafetería donde estaba con el grupo y le critiqué el texto que me entregó, diciéndole que ya sabia que decían los libros, que la quería oír a ella –en el fondo si me hubiera dicho que sexo por calificación me hubiera puesto en un verdadero aprieto. El siguiente semestre trabajó más duramente, fue más ella y sin mostrar sus piernas obtuvo un nueve. Sus compañeros la hacían menos, yo la defendía un poco.

Ya en el servicio, al principio no me dejó acercarme mucho, pero no era ya tan tímida. Luego vino un proyecto y había con ella una muchacha muy joven, quizá 22, que me atraía bastante. Más de uno pensaba que yo la pretendía. Trabajaban mucho y se llevaban bien. Ahí nos hicimos amigos y nos tomamos confianza, la muchachilla hace unos meses se casó y con alguien de mi edad, pensé que si me hubiera arrojado… Luego comenzó una larga tarea en la que ha estado casi cinco años. Trabajamos juntos por más un año muy cerca, luego la fui soltando y ahora ella concluyó la tarea, y nadie disputa que es su esfuerzo, su autoría, su compromiso.

Era muy tímida, de modo que parecía que sus senos le estorbaban; se trataba de hacer chiquita y pasar desapercibida. La edad le pesaba con lo muchachos de los proyectos, pero a ellos no parecía importarles mucho. Luego, algunas compañeras la fueron integrando. Una ocasión bailamos y ella ya no lo quiso hacer más: le gustó que con el pretexto de las copas de más, me le repegara.

Ocasionalmente cuando nos despedíamos le daba un beso más cerca de los labios, a veces le rozaba una pierna o el brazo. Una ocasión le di una nalgada y se volteó a verme feo pero le dije qué quería, que estaba muy guapa y no dijo nada, la sorpresa y el piropo la aplacaron. Otra ocasión le dije que se parara derechita, para que se vieran sus senos en su esplendor, y desde abajo se los toqué, los levanté, me tardé apenas unos segundos, y goce, y ella también pero pudo más su moral y se puso seria un par de días; luego, la siguiente semana, llegó con una blusa ajustada, con un botón abrochado de menos.

Un día la incluí en un proyecto especial, y luego en otro, y en ambos apareció su nombre. Para el segundo fui a verla a su casa y ella me recibió muy amable un lunes, con ropita escogida, pero demasiado seria, propia de su edad, ni siquiera sus blusas más ligeras o sus faldas a media pierna.

El viernes había atendido largamente, con atención, a una clienta que no se destacaba por su belleza sino lo contrario, y eso la impresionó; esa tarde al despedirnos se despidió besándome muy, muy cerca de los labios, a continuación le robé un breve beso en los labios. Ella intuía y yo sabía.

Nos sentamos en el sillón de su sala, vive sola y no había nadie. Le tomé de las manos, entrelazamos los dedos, nos quedamos viendo; la solté y pasé el brazo por sus hombros y la abracé, nos quedamos viendo, ella dijo que qué, que había estado pensando el domingo y en misa había oído que todo lo que vale la pena es amor así que había decidido que si. Que se trataba de construir, no de destruir por lo que hiciéramos sería secreto.

Nos comenzamos a besar, suave, luego más fuerte; ella parecía que no supiera besar, a pesar de tener cuatro hijos. Nunca la habían manoseado rico, la decencia católica nunca le había permitido gozar. Creo que su sorpresa era mayor cuando perdió el aliento la primera vez.

Ella es pequeña, debe medir 1.55. Sus medidas son 90, 65, 85, tiene la carne firme y unas piernas muy bien torneadas, porque hace ejercicio diario. Sus senos son grandiosos, pero sus piernas de plano son bellas, tiene una cinturita… Tiene cara de ratoncita, orejitas pequeñas y un cuello largo, es blanca y de ojos azules, labios delgados y sensuales cuando se los muerde un poco, como cuando le meto la mano debajo de la falda. Es rubia natural. Es pequeñita y suele vestirse con ropa discreta pero cuando se arregla… y cuando se arregla para mi… No es joven, pero está muy bien conservada, su figura es notablemente mejor que la de sus hijas.

Luego de quedar firme el hecho de que si nos gustábamos, por los besos, y que si nos atraíamos, de besarla y besarla, de que ella estuviera de acuerdo, comencé a tocarla, a pasar mis manos por su cintura, por sus piernas con un pantalón de tela gruesa, y ella protestaba pero no dejaba de besarme y de besarla.

Luego le desabroché un botón de la blusa y protestó pero le besé la parte del cuello que quedó descubierta, y ya no dijo más nada; luego le comencé a acariciar por encima de la ropa los senos y comenzó a decir que no y que no. Pero la seguí besando y acariciando hasta que le desabroché todos los botones y le abrí la blusa; puso cara entre sorpresa, reprobación y de pronto otra vez se sintió mujer, se la estaban cogiendo a su edad.

Había visto parcialmente esos senos: el canalito, el volumen, las pequitas, el límite del brasier, pero la maravilla que vi superó mi imaginación, grandes que me caben en una mano, casi sin aureola, blancas, con un pezón justo, que se endurece de una manera que me enloquece, sin arrugas, nada flácidos, no se colgaban y excitados como ella estaba, estaban bien durito.

Par quitarle la blusa aflojé los botones de los puños, pero por falta de técnica no le quité una primero y luego la otra, sino las dos a la vez, con lo que quedó con los brazos atrás, inmóviles, dejando todo su pecho absolutamente descubierto, todavía con brasier ¡Qué maravilla! Sus senos,  completamente a mi merced, y no tuve la piedad que suplicaba. Bajé las tiras de los hombros a los brazos y con eso realmente sintió que la estaba desnudando, mucho más  que quitarle toda la blusa.

A sus cincuenta y tantos, que le bajaran el brasier primero por los tirantes y luego las copas era difícil de aceptar, que lo desabrochara fue más difícil de aceptar y si que presentaba resistencia. Y luego cuando se los besé y sintió, decía “¡No! y ¡No!” y “¡Ya, para!” que parecía primero una orden y que se fue transformando luego en algo que sonaba a una súplica y “¡No más…  no!”. Fue todavía más problema tocarle las piernas y las nalgas, pues por muchos, muchos años no le habían dado una buena sobada, y la de veces que había soñado con eso.

El siguiente nivel fue más difícil, pero solo el primer paso: desabrochar el cinturón. Abrir el cierre, en medio de besarle la boca, magrear sus tetas, correrle las manos sobre su cintura, su cadera, fue más complicado y para ese momento el “¡No!” alcanzó niveles de grito. Pero ya no era una orden, es que creo que no sabía qué decir ni qué hacer, y el instinto le ganó, perdió la voluntad y la mujer apareció.

Sentados como estábamos en el sillón, lado con lado, se hincó sobre mí, y me besó con mucha pasión. Luego de un rato la tiré sobre los cojines y ella se dejó quitar los pantalones, mientras ella misma me ayudaba a bajarlos en medio de reclamos de “¡No!”, e inmediatamente ella se quitó las pantimedias y comenzó a hacer sonidos que creo ni ella sabía que podía hacer, cercano a los gruñidos, porque digo yo, comenzaba a sentir.

Hasta ahí, lo que pasaba se asemejaba por momentos a una violación. En realidad era eso, la estaba forzando a tener sexo y ella sólo al principio se debatió entre el si y el no, creo que no imaginaba que yo podría luego besarla, querer meterle mano y con lujuria, y mucho menos que me despertara deseo. Su yo decente se oponía. Creo que pensaba en una relación casi platónica, besitos castos, manita sudada, literatura y música, y sin siquiera preguntarle ya estaba de espaldas, con las piernas abiertas y desnuda, en su sillón.

Estando acostada ya no hubo más problema, ni conflicto. Seguía diciendo “¡No!”, “¡No, no por favor!”, pero me abrazaba, me besaba, descubrió que podía gustarme, que su cuerpo no era para nada lo que ella imaginaba.

Le quité los calzones con una mano, mientras que con la otra le acariciaba las nalgas, se la pasé entre las piernas, toqué su vulva, acaricié sus muslos por dentro: era un toqueteo lleno de deseo, de lujuria, y ella así lo percibió y creo que le gustó. Acostada, no fue ningún problema abrirle las piernas, pero ahora yo, separándoselas, pero de hecho ella misma colaboró bastante y me jaló hacia ella, para que entrara en ella.

No me hice mucho del rogar, pero antes, estando yo entre sus piernas, subí y bajé un par de veces, haciendo que mi pene se restregara contra su vulva, y ella sintiera un poco en su clítoris. Luego apunté y comencé a entrar. Estaba estrecha, se que le dolió porque movía la cabeza de un lado a otro, y hacía gesto de que dolor, pues por años nadie le había entrado.

Su cueva esta deliciosamente cerrada, abrirla un poco a la fuerza, un poco con consentimiento, estando ella sólo un poco húmeda, fue hermoso.

¡Cómo disfruté por estar en ella! porque al fin, luego de años, en una tarde le había quitado la blusa, magreado las tetas, besado los senos, agarrado obscenamente las nalgas, pasar con lujuria las manos por todo su cuerpo, como tocando lo prohibido, es decir, con el deseo.  Y por encima de todo me la estaba cogiendo, la estaba penetrando, me estaba dando a mí mismo gusto, estaba haciendo algo que bien podía pasar por forzarla pero lo realmente sorprendente para mí en ese momento es que ella además cooperaba en medio de sus gritos de “¡No!”.

La penetraba, la abría, ya no decía nada. Luego de un rato, la voltee y la puse de espaldas a mí, viéndole la espalda, se la acaricié desde el cuello hasta las nalgas, ¡Cómo las gocé! y le abrí las piernas, separándoselas apenas un poco, y así nada más la penetré por detrás, y entré a su vagina sin problemas. Estar sobre sus nalgas que tanto me gustaban, entrando entre ellas, en ella, con fuerza. A las pocas embestidas me vine y la llené de semen: por su edad, ya no tiene regla así que desde ese día cuando quiero, puedo, a la hora que podemos, simplemente hacemos el amor, sin problema.

Unos minutos más tarde, ella apenas pudo levantar un poco la cabeza por un lado, con el pelo sobre la cara y una gran sonrisa, le primera que le vi. Parecía que le había pasado un tren encima.

No creo que haya llegado al orgasmo, aunque ella dice que sí y que esa vez fue la primera en que sabía para qué servía el sexo, además de para tener hijos; no creo que realmente lo haya gozado como yo, no creo que esa haya sido la experiencia de su vida, entre otras cosas porque una vez me dijo que no quería acordarse de aquella tarde, que cómo era posible que después de haberse portado como se portó, tan rígida, tan sin colaborar, tan sin saber qué hacer, tan inexperta.

Sospecho que su marido sólo se orinaba en ella, aunque de joven debió haber sido un verdadero mago. Se preguntaba que cómo era posible que siguiera con ella luego de haber visto cómo se comportaba, y que no sabía.

La cosa es que le había gustado, estaba enamorada y de pronto había sido forzada, en su casa y sus sillones, debajo de su retrato de cuando se casó; había podido, sin saberlo yo con claridad cómo, encontrar y explotar su lado de sumisa, luego había sido sometida, dominada, penetrada y lo que es peor, le había gustado, había disfrutado sentir su cuerpo y atraer con él, no se acordaba lo que significaba despertar el deseo.

Una semana más tarde la visité en su negocio, era sábado y tarde: me lo enseñó, lo caminamos y estaba orgullosa; me besaba y la besaba, nos abrazábamos, ya teníamos nuestra cuenta de correo propia; en las mesitas para el café le bajé el pantalón a las rodillas, luego los calzones y la hice apoyar las manos en una silla, abrir la piernas y así, casi en frío, la penetré. La penetré y la gocé, la llené de semen. Y ella gozó. Fue la primera vez que me invitó a ir “a su camita”.  A las pocas semanas nos acostamos en su cama e hicimos largamente el amor, tanto que al terminar ella lloró: nunca había sentido un orgasmo tan largo, profundo, prolongado que la vista se le fue, una explosión de luz, felicidad, placer la inundó.

Ese orgasmo, la ternura luego de la cama, me aseguró que pudiéramos avanzar por la senda del placer mutuo, encontró su sumisión y luego su putería; le permitió conocer el placer de ser nalgueada y de ser amarrada; dejó de preocuparse por hacerme gozar y hoy es capaz de tener orgasmos sin penetración, y de no sentir culpa; de hecho su vida ha cambiado porque ciertamente es mucho más libre, pues su mente se ha abierto. Y por años hemos gozado.

Hace mucho que lo quería contar, porque no le he dicho.

Agradecería sus comentarios y, si les gusta, les platicaré otras experiencias.

Autor: Chinguirito

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Clases particulares muy calientes

Ella coloca la punta de mi polla en su entrada y poco a poco va bajando hasta sentirla entera dentro. Beso sus pezones y los lamo sin parar, los muerdo hasta dejarlos bien duros. Ella empieza a moverse poco a poco, sube y baja sin parar, siento como mi polla entra y sale sin dificultad, poco a poco su excitación va en aumento y empieza a montarme con pasión.

Lunes, 9 de la mañana, suena el despertador y empieza una nueva semana. Estoy muerto, ayer tuve 7 horas de clase, y eso que era domingo. Los viejecitos no saben cómo dar por culo. Hoy, pese a mi despertar gruñón iba a ser un gran día, iba a conocer a mi nueva alumna. No la había visto todavía, pero el otro día al hablar con ella me había dado muy buenas vibraciones. Por fin una chica joven.

Me ducho, desayuno algo y salgo para el club como cada mañana, hace un solcito muy bueno esta mañana. Un poco de sol en la cara es lo mejor que hay para empezar la mañana. Llego al club con antelación para coger las pelotas e irme para la pista. Cuando estoy llegando a la pista me fijo en que mi nueva alumna ya está allí esperándome.

Me acerco a ella y la miro, es una preciosidad, rubia, ojos claros, unos labios gorditos; de los que a cualquiera le gustan besar, y un cuerpo de miedo. Lleva una faldita de tenis bastante corta por cierto y una chaqueta de chándal. Llego hasta ella y me presento, se llama Nieves, la invito a entrar en la pista mientras vamos hablando. Me explica que nunca ha jugado, pero que le pica la curiosidad por probar y jugar alguna vez. Yo sí que jugaba contigo, pienso entre mí.

Empezamos la clase y me coloco junto a ella, le explico donde colocarse, como coger la raqueta y la posición de golpeo. Para esto me coloco detrás de ella y la guío, no sé si conscientemente, pero su culo roza contra mi entrepierna varias veces y eso me hace despertarme definitivamente. Empiezo tirándole bolas a la derecha, bolas fáciles para que vaya cogiendo el toque.

De repente me dice si puedo parar un momento, está acalorada me dice, y se quita la chaqueta del chándal, es mejor de lo que había imaginado. Tiene unos pechos perfectos, no son muy grandes, pero lo justo para que quepan en mis manos. Incluso noto su pezón a través de la tela de la camiseta. ¡Qué maravilla para los ojos! Tenía delante de mí a un ángel. Seguimos con la clase, la noto cansada y le digo si quiere parar un poco, me dice que sí y salimos de la pista para beber algo de agua. Como buen caballero la dejo salir antes, y de paso le pego una mirada a ese culo duro que tiene, que maravilla de mujer. Ella se da cuenta de lo que estoy haciendo, se gira y me sonríe, tiene una sonrisa preciosa además de muy sensual.

Llegamos a la fuente y se agacha a beber agua, le rebosa un poco de agua y empieza a caerle por el cuello llegando hasta su canalillo, no puedo apartar la vista y deseo ser esa gota de agua. Me mira y me vuelve a sonreír, y en ese momento sin dejar de mirarme lleva un dedo muy lentamente hasta su escote y se seca el agua. Yo estoy ya que reviento. Noto que mi entrepierna crece por la excitación que me produce esta mujer. Ella parece darse cuenta, no le quita el ojo a mi paquete. De camino a la pista me pregunta por los lavabos y me dice si puedo acompañarla. Llegamos a los lavabos, y cuando estamos delante de la puerta de su vestuario me coge de la mano y me lleva dentro. Me mete en un reservado y empieza a besarme, nuestros labios se pegan y nuestras lenguas juegan. Tiene unos labios dulces y una lengua juguetona que empiezan a volverme loco.

Mis manos no se quedan paradas y empiezan a recorrer su cuerpo, tiene una cintura delgada y un culo duro como suponía. Se pega contra mí y yo no pongo resistencia, todo lo contrario, me dejo hacer. Meto mi mano debajo de su diminuta falda y toco su piel, es suave. Mmmmm vaya culo que tienes, le digo al oído, si todo es igual voy a disfrutar mucho, le comento.

Acerca su boca a mi oído y me dice, lo que está escondido es todavía mejor. Sube una pierna al lavabo abriendo paso a mi mano, y llego hasta su tesoro. Lo toco por encima del tanga que lleva, está húmedo y eso me excita. Me arrodillo y empiezo a besarle los muslos, desde la ingle hasta la rodilla y al revés. Al llegar a la tela del tanga paso mi lengua por encima, lo que le provoca su primer gemido, noto su clítoris hinchado a través de la fina tela. Aparto el tanga y queda ante mí su rajita depilada y húmeda deseando que me la coma enterita.

Mi lengua se coloca entre sus labios y los empieza a recorrer de arriba abajo, llego hasta su clítoris y lo empiezo a chupar, juego con él sin parar, sus gemidos empiezan a ser más evidentes y eso me excita más todavía. Vuelvo a bajar por sus labios y llego hasta su culito, le cojo los cachetes y los abro quedando ante mí su ano, paso mi lengua por él y lo humedezco, parece que le gusta porque ella misma me ayuda a abrir bien su culito. La penetro con mi lengua y juego sin parar.

Ella está muy excitada y no para de decirme, sigue comiéndomelo, me estás poniendo muy cachonda cabrón. En ese mismo momento me coge de la cabeza y me sube y me pone de pie. Se sienta en el lavabo y me pone frente a ella. Lleva su mano hasta mi entrepierna, la acaricia desde fuera del pantalón. Yo estoy excitadísimo por la situación, acerca su cara y pasa la lengua por mi paquete.

En un momento coge el pantalón y me lo baja junto a mis calzoncillos hasta mis tobillos, ante ella queda al descubierto mi miembro. Está duro y muy caliente debido a mi excitación, se lo queda mirando y seguidamente me mira a los ojos como aprobándolo y se lo mete en la boca. Juega con su lengua por toda la longitud del miembro hasta llegar a mis testículos, los roza con la punta de su lengua, estoy como si me hubiera muerto y hubiera resucitado.

No para de metérsela en la boca y de jugar con su lengua. Me está poniendo muy malo. No aguanto más, la pongo de pie, la giro y la pongo de espaldas a mí, abro un poco sus piernas y meto entre ellas mi polla. Empiezo a acariciar su rajita con la punta hasta que empiezo a penetrarla lentamente, siento el calor de su interior por todo el miembro.

Voy penetrándola lentamente, cosa que parece gustarle pues no para de gemir. Poco a poco empiezo a aumentar el ritmo, mi polla entra bien adentro y mis manos juegan en sus pechos, pellizco sus pezones y noto como se endurecen por momentos. Sus gemidos son cada vez mayores hasta que noto que empieza a moverse de una manera que me hace ver que va a correrse. No me equivoco pues a los pocos segundos empieza a gritar de placer. Yo bajo mi ritmo para que ella se recupere tranquilamente.

Le beso el cuello y la acaricio para que se tranquilice. Seguidamente me siento y ella se monta encima de mí, coloca la punta de mi polla en su entrada y poco a poco va bajando hasta sentirla entera dentro. Le quito su camiseta y sus pechos quedan a la altura de mi boca. Beso sus pezones y los lamo sin parar, los muerdo hasta dejarlos bien duros. Ella empieza a moverse poco a poco, sube y baja sin parar, siento como mi polla entra y sale sin dificultad, poco a poco su excitación va en aumento y empieza a montarme con pasión.

Siento que me queda muy poco para correrme y se lo digo al oído, ella me dice que también está a punto de correrse, y empieza a subir y bajar sin parar, mi polla quema y quiere dejar en su interior mi leche caliente.

Sus gemidos vuelven a crecer, y empieza a estrujar mi polla con sus músculos interiores, siento su orgasmo y yo empiezo también a correrme. Siento como me voy vaciando dentro de ella lo que le provoca un placer aún mayor que el anterior.

Me mira a los ojos y me sonríe. Se acerca a mi oído y me dice que empieza a gustarle esto del tenis, me guiña un ojo sensualmente. Yo no puedo evitar sonreír y en mi interior me alegro después de todo de que sea lunes.

Autor: Sergio

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El profesor

Con un grito feroz nos corrimos juntos, mis embestidas dieron paso a mi rebosante leche, sentía como llenaba con espesa y caliente leche todo su interior, hasta lo más profundo, sin olvidar ni un solo rincón, salía semen a borbotones, en una enorme cantidad, pasé varios segundos expulsando mi leche en ella. Cuando al cabo de un minuto acabé.

Hola amigos lectores. Me llamo Guillermo y soy profesor. Mi historia comienza cuando salgo de la universidad con mi titulo, que fue hace dos años, yo contaba con 22 años, salí muy joven ya que entré con 17 años, en fin, en la delegación me enviaron a un buen colegio como comienzo, debido a mis excelentes calificaciones y mi gran rendimiento en la universidad, tenía muchas recomendaciones por parte de profesores además, tenía un gran futuro por delante. Cuando llegué supe que me iría de maravilla, era un colegio mixto y tendría asignado unos cursos de último año. Aquí es donde comienza esta historia.

Dentro de mis alumnos estaba Alexia, una alumna muy atractiva, si, para que negarlo, no soy de piedra, además es ya toda una mujer, ella es morocha, de piel blanca, ojos pardos y un rostro algo infantil pero encantador, no se imaginan cuanto, y unas curvas desproporcionadas. A mí por suerte la calentura me la he podido controlar hasta en mis más bajos instintos, pero esta niña invitaba al pecado. No es que siempre prefiera a las mujeres con pechos grandes pero era innegable que aquella chica resaltaba y era centro de las miradas por ellas, además de ser algo alta y un cuerpo completo (me refiero a que no era gordita, sino bien ancha, no se si entendéis, no era flaca tampoco, y no le sobraban carnes, solo era rellenita) y una cintura y cadera que le hacían juego.

Obviamente que con esta descripción quien no se iba a fijar en ella, pero yo nunca llegué a pensar que podría suceder algo con ella, me refiero a que era algo lejano para mi, era muy linda como para fijarse en hombres como yo, adultos y profesor, que no ganamos nada. Pero no soy un despilfarro, soy un adulto joven bien hecho, soy algo atractivo, pelo negro, piel morena, ojos castaños y un cuerpo conservado por mis ejercicios, saben, al principio creí que era de petulantes ir al gimnasio pero luego me di cuenta de que con un buen físico uno puede atraer más mujeres, y el sacrificio lo vale, además yo no soy delgado por naturaleza, ya que como bastante y con mucho a ejercicio me mantengo en mi buena forma llamando siempre una que otra mirada, pero no soy vanidoso, aun que a quien no le gusta serlo un poco?

Continuando, Una de las clases daba explicaciones para que hicieran grupos, ya que haríamos un trabajo, y me di cuenta de que ella no estaba en la sala, pasada una media hora y llega ella, diciendo que estaba con un problema y tuvo que quedarse en el baño, yo comprendí a lo que se refería y la hice pasar. El problema fue que ya se había quedado sin grupo, ya que estaban todos hechos, yo sabía que más un grupo la aceptaba, ya que no era una chica desordenada, es más, muy inteligente, y si no encontraba por esa forma, algún grupo de chicos aun que sea por calentura la iba aceptar en su grupo, pero grande fue mi sorpresa al notar que nadie la quería en su grupo, alegando de que estaban copados, en ese caso le dije que después arreglaríamos y que fuera después a conversar conmigo.

Yo siempre he tratado de ser un buen profesor, tratarme de hacerme amigos de mis alumnos, como a mi me hubiera gustado que fueran mis profesores, pero siempre manteniendo la distancia y el respeto que se merece uno como profesor y persona adulta, y por suerte siempre lo he conseguido. Los alumnos me cuentan sus actividades, uno que otros pequeño problema y ahora no más unos problemas serios que han tenido algunos, obviamente que como solo era mi primer año me sentía afortunado de hacerlo bien desde un comienzo.

En fin, más tarde cuando estaba en la sala de profesores llegó Alexia, tan atractiva como siempre, a mi se me había olvidado que vendría y le dije que en un segundo la atendía, cuando me desocupé conversamos de su problema, le dije que no había molestia en que ella lo Yo claro no saqué ventaja de la escena anterior, como creen, yo puedo ser un calentón, pero hay límites, y ella antes que mujer, era una alumna con problemas.

Bien. Así nuestra relación pasó a amistad. Alexia siempre hablaba conmigo, ya que no tenía amigos trataba de pasar el mayor tiempo conmigo, cosa que me causó muchos problemas, ya que habían otros profesores (hombres claro) que le dijeron al director que yo la podría estar acosando, con ese incidente algo grave en el colegio pero que se mantuvo en silencio pude salir adelante, en una reunión, tuvo que ir Alexia y aclarar todo el asunto, y explicar del porque pasaba tiempo conmigo, y de que no tenía mucha sociabilidad, cosa que era lo que menos quería. Ok, cuando solucionamos todo esto, volvimos a la normalidad.

Sin embargo mis sentimientos hacia ella habían cambiado, era inevitable fijarme en ella como mujer con sus 18 años. El gran día llegó, fue una vez, que tuve que ir a su casa para hablar con sus padres, se imaginarán por que… no, no era para pedirle la mano, solo que era suficiente, estaba mal lo que pasaba por mi cabeza y tarde o temprano me echaría encima a Alexia, obviamente no le iba a decir eso a sus padres pero con comentarles de que ella tenía que buscar amigos de su edad o que en un caso más extremo cambiarla de colegio.

Cuando llegué no me extrañó que viviera en un zona de gente algo adinerada, no digamos unos ricachones, pero ganaban un buen sustento aparentemente, cuando toqué el timbre, me contestaron con esas máquinas que hablan por el timbre, era la voz de Alexia, preguntó quien era, le dije que era yo y con su dulce voz dijo que de inmediato me abriría, sin dejarme explicar para que era mi visita. La puerta de abrió electrónicamente y escuché un grito desde dentro de la casa invitándome a entrar, entré y lo primero que había era un pequeño jardín, muy verde y bonito, toqué la otra puerta la de su casa interior y salió ella.

¡Cielos! Ni en mi más viles sueños me la imaginaba tan atractiva, llevaba unos pantalones de seda blancos con manchas de muchos colores suaves, que dejaba resaltar su lindo trasero, y arriba una camisa de esa sin mangas y muy delgada dejando un descarado escote que era imposible de no mirar por sus grandes pechos. Ella sonriente me dijo pase, profesor.

– Alexia, vine a hablar con tus padres.- No están, salieron donde unos tíos, hasta mañana, el esposo de mi tía perdió a sus padres, y como mis papás están muy unidos a ellos fueron hasta allá. (No quiero decir ciudades ni nada que me complique, cuestión de seguridad)

– Que pena, tendré que volver mañana, fue un gusto verte Alexia – y ya me estaba yendo cuando ella se puso delante de mí evitando la salida.- Vamos, profesor, quédese un rato, no quiero pasar el día sola, hágame compañía.- No creo que sería adecuado, que tal si me ven aquí, ya sabes del problema que tuvimos, no quiero que se repita.- No se repetirá, además, no hay nadie, quédese un ratito, le traeré una bebida.- Está bien, pero un ratito – y cuando ella sonriendo se iba en pequeños brincos hacia adentro dije en voz baja – por que si no te cogeré y te reventaré a mete y saca.

Cuando llegó con la bebida la tomé sin mirar lo que era y grande fue mi sorpresa al notar que era tequila.

– Pero, ¿que es esto? Es alcohol.- Si, usted ya es adulto, que, ¿no toma?- Bueno, si… pero, no está bien que lo haga contigo.- No se preocupe, yo no tomaré.- Alexia, es lo mismo, no debo. Lo siento.- Ok – ella agachó la mirada algo apenada.- Vamos, no te pongas así, no quiero ser pesado, solo que no debo.- Si, lo se… Sabe profesor, tengo un problema – y se acercó y sentó junto a mí en el sillón.

Ella empezó a juguetear con sus manos por su escote, yo me puse a mil y traté de no fijar mi mirada en aquello. Supongo que lo habrá notado por que empezó inclinarse diciendo que el piso estaba algo sucio y dejando que sus pechos colgaran sostenidos solo por esa pequeña camisa. Yo tenía las manos tensas, ya saben, no quería caer en la debilidad, podía perder mi trabajo si tenía relaciones con una alumna y si se sabía, pero notaba cuales eran sus intenciones. Cuando estuvo a mi lado dijo algo que apenas alcanzó a murmurar y con su hermoso cuerpo se abalanzó encima de mí dándome un beso. Vaya, que dulces y tiernos eran sus labios, aun que lo hizo algo torpemente.

– ¿Pero que haces? – le dije tratando aun de conservar la calma.- ¿No le gusta? – me dijo tratando de aparentar segura de lo que hacía.- Bueno, no es que no me guste, está mal esto Alexia.- Vamos, dígame que no quiere y lo dejaré.- Óyeme, yo soy el que maneja esta situación, tendré que decirle de esto a tus padres.

Supe que en ella causó un efecto mis palabras, se dejó caer en el sillón y dijo.

– No se los diga a mis padres, profesor – y soltó una lágrimas – no quiero causarle más problemas.- No – me compadecí de ella, aun que tampoco tenía planeado hacerlo, se veía tan mal – no lo haré, pero, ¿por que lo hiciste?- Sabe, siempre he estado sola y desde que usted se acercó he sentido una atracción por usted.- Vamos, no bromees con eso ahora – le dije sin dar crédito a lo que me decía.- Es verdad, profesor… Guillermo, Yo te quiero, y quiero estar contigo.

Estaba en una disputa con mis principios. Yo era un profesor, una persona en que las demás podían confiar, pero soy un ser humano y como tal tengo un instinto, y por mi suerte, en aquel momento fue el que me logro dominar. Ella agachó la cabeza e hizo un gesto como si quisiera que me fuera. Yo le tomé una mano y dije.

– ¿Tú me prometes que nadie se va enterar?

Vi como levantaba la cabeza y una dulce sonrisa salía de su boca.

– ¡Si! ¡Se lo juro! Solo quiero hacerlo profesor, con usted. Vamos, que no me he conservado así para nada.- ¡No me digas que eres virgen!- Pues si profesor, soy una niña aun, pero quiero que usted me haga mujer.- Si – dije mirando su cuerpo voluptuoso – pero tú no eres una niña, ni tampoco una mujer, eres una hembra.- Si, venga, estoy seguro que le gusto – y se pasaba sus dedos por el escote tocándose por encima de los melones.

Yo me abalancé sobre ella y nos recostamos en el sillón, la besé apasionadamente y ella conmigo, parecía que era su primera vez en todo, no lo podía creer, mis más bajos instintos se hicieron presentes, y mis manos se fueron de inmediato a sus grandes pechos, ¡cielos! Uno no podía entrar en la palma de mi mano, eran enormes, ella gemía mientras le besaba el cuello y ahora pasaba a apretar su hermoso culo, liviano y suave. Ella me sacó la camisa y me besó el pecho, con tal ternura que me empezaba a calmar, me daba cuenta que era su primera vez, y que esto seria especial para ella, así dejé de hacer cosas animalescas y me puse algo más romántico.

La cogí entre mis brazos y le pregunté que donde quedaba su habitación, me indicó y fuimos hacia allá, era una habitación algo grande, con una cama de dos plazas, llena de peluches, la dejé parada al lado de ella y me senté en la cama comenzando a sacarme los pantalones.

Cuando terminé ella me miró y dijo que esto era lo que más deseaba. Poco a poco se sacó esa apretada camiseta y dejó sus melones al aire, era la mujer más atractiva que conocía, me dije que a esta me la termino en 20 minutos con lo caliente que estaba. (Ah, me olvidaba comentarles, una de mis grandes cualidades, (no es un gran pene, pero no despreciable, tiene 18 o 20 cms.) es que soy todo un camello en la cama, aguanto bastante tiempo, cosa que me ha dado gran popularidad cuando estaba en la universidad, y por supuesto muchas chicas querían comprobarlo, mi tiempo record había sido de casi una hora, normalmente duro 25 o 30 minutos…

Así salieron unos pechos grandes, perfectamente redondos, con unas aureolas rosadas algo grandes y que le hacían un juego perfecto, ella se acercó a mi y comencé a besarle sus pechos, eran una delicia, yo estaba embobado, ella gemía y soltaba pequeños grititos con mis lengüetadas, besos, mordiscos y manoseadas que le daba, estaba algo nerviosa pero muy excitada, me acariciaba el cabello con ternura y solo decía que continuara.

Pronto puse una de mis manos en su trasero y luego la otra y mientras seguía besando sus sandias apretaba su trasero, y terminé por sacarle los pantalones de seda que también se le veían. Por fin quedó desnuda y me levanté para observarla. Solo el cielo sabe que diosa estaba observando, yo era quien iba hacer mujer a esta niña. Me quité mis bóxers y mi herramienta salió sin demora, más empinada que nunca, gruesa, dura, caliente. Ella abrió unos enormes ojos y me preguntó si podía tocarla.

– Adelante – le dije.- A ver – tímidamente ella puso una de sus manos y poco a poco la agarró con ella – está bastante grande, es la primera vez que veo una en vivo y en directo.- ¿Te gusta?- ¡Si! Cielos – y la apretó un poco más – está tan dura, me gusta que te provoque eso, me excita, y está tan caliente, ¿no te duele? – me dijo con inocencia.- Bueno, solo un poco, pero tu puedes aliviar esa tensión Alexia, vamos, recuéstate en la cama.

Y así lo hizo. Yo me puse sobre ella y le dije que la penetraría. Ella me dijo que esperara, abrió las sábanas y me dijo que nos metiéramos adentro “Quiero que quede esto en mi cama” dijo. Así lo hicimos, ella se arregló un poco el cabello y con un suspiro dijo que estaba lista, que lo hiciera suave. Yo le correspondí y muy despacio comencé. Abrí sus piernas y su conejito estaba ante mí, sin casi nada de pelo, muy mojadito esperándome, sin esperar más y con sus súplicas se le metí lentamente, toda adentro. Ella soltó un grito de placer muy fuerte, y no conteniéndome continué mi faena de mete y saca.

Era increíble, me podía ver como me montaba a mi alumna en mi mente, yo, arriba de una chica de 18 años, era increíble, con un cuerpo de diosa que estaba calentándome cada vez más y más. La besaba por todas partes y mis manos recorrían todo su suave cuerpo, ella con sus manos apretaba mis nalgas y espalda, y con sus piernas me empujaba más adentro, vi como un pequeño hilito de sangre salía de su rajita excitándome aun más. Los movimientos se hicieron más bruscos en medida que ella gritaba más.

– Ahh!! Ahhh! Que delicia!! Siii! Así profe! Deme ase, así! – gritaba sin cesar Alexia.- Oh, que buena estas, ¡toma! Toma! ¿Te gusta? ¿Verdad?!- ¡Si! ¡Si!, no pares amor, ¡no pares! ¡Esto es lo mejor que me ha pasado!

Y agarrándome se sus melones y trasero empujaba más y más por sus suplicas, ella lo disfrutaba y yo mas, comenzaba a sentir como ella estaba apunto de correrse y esperaba ansioso sus gritos de placer.

– ¡Aaaahhh!, ¡aahhh!, ¿que es esto? Ahhh, que rico, Que rico…Me matas… Me matas Guillermo! No pares! No pares! Sigue ¡Sigue! Aaahhhhhhhhh! Es increíble!

Con su pies totalmente cruzados empujándome a lo más adentro de su ser y sus uñas incrustadas en mi espalda, ella se corrió y pude sentir como nunca ella botaba líquidos en su interior, no podía dejar de gritar y yo con mi calentura también solté algunos, pero mi tarea recién comenzaba.

Con su corrida mi excitación solo creció y mis manos pasaron a sus pechos apretándolos desconsideradamente, no me importaba si les dolían o no pero yo tenía que apretarlos, eran tan blandos que parecían de hule, yo estaba más caliente que nunca y mis movimientos eran cada vez más rápidos, tanto que llegaba a penetrarla tres veces por segundo, las tablas de la cama rechinaban como nunca y los crujidos del piso hacían en conjunto con sus gritos de pasión una orquesta de placer a todo volumen, ella ya solo dejaba sus piernas totalmente extendidas y pedía más sin dejar que parase y besándome cada vez que podía, a los 15 minutos ella tuvo otro orgasmo tan intenso como el anterior gritándome al oído puras barbaridades calentándome aun más.

– Cielos! Que bueno! Que rico estas! Dame ¡Asiiiii! Siiiiiii, cielos esto de nuevo! De nuevo! Ahhhhhh! Aaaaaahhhh! Ahhhhhhhhhhhh! Que puta me siento! Que puta soy! Esto es lo que quiero ser! ¡Una maldita puta! Que rico se siente! Aahahhh!.

Ella me miraba  con sus ojos desorbitados preguntándome como lo hacia, yo solo sonreí y apresure aun más mis embestidas que ya eran salvajes. Justamente, ya como lo predije alrededor de los 20 minutos me estaba viniendo, yo ya no podía más.

– Ahhh!- gritaba yo – Aahh! Ahora me toca a mí, mi amor, vas a ver algo maravilloso!- Si! Siii! Vamos! Dámelo todo Guillermo! Dámelo que me viene otra vez! Ahhhh! No puedo ni hablar! que puta soy!
– Si ¡Que puta eres! Mira como te cojo! Estas tan rica, Rica, Te doy como caja, Toma! Toma!- Ahhh, Ahhhh! Si, Siiiiiii, Dame, Empuja, Ahhh, Que esta vez sea el fin ya! No aguanto más! Ahhh!- Toma tetona! Toma mi hembra!- Ahhh! ¡Soy una mujer! ¡Soy una hembra! ¡Ahhh! Aaaaahhhhhhh.- Aaahhhhhhhhh!

Y con un grito feroz nos corrimos juntos, mis embestidas dieron paso a mi rebosante leche, candente, más que nuca. Sentía como llenaba con espesa y caliente leche todo su interior, hasta lo más profundo, sin olvidar ni un solo rincón, salía semen a borbotones, en una enorme cantidad, pasé varios segundos expulsando mi leche en ella. Cuando al cabo de un minuto acabé.

Exhausto caí rendido encima de ella acostando mi cabeza en sus “dos cojines” tan ansiados por mi y que besaba sacando la calentura que me quedaba. Así fue mi primera experiencia con ella, pero luego, incluso ese mismo día, vendrían muchas más, muchas más.
Autor: Guillermo

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La alumna se folló al profe

Mientras se recuperaba para volver a tener otra vez la polla tiesa y dura, ella le pidió que le comiera el coño, a lo que él accedió, haciéndole uno de los mejores cunnilingus de los que ella había disfrutado en su corta experiencia en el sexo. Cuando ya se puso nuevamente a tono hubo penetración vaginal y anal, avisándole ella incluso de que aunque no era virgen por el coño, sí que lo era por el culo.

Elizabeth era una chica joven, de 18 años, y que pese a que tenía un aspecto inocente y virginal, ella sabía que provocaba los suspiros de muchos hombres debido a sus curvas de infarto. Aún iba al instituto, y como ahora había empezado un periodo de aprendizaje más fuerte, sus padres habían decidido comprarle un ordenador para que practicara en casa aparte de lo que estudiaba en clase, para ver si así sus notas mejoraban (porque no es que fuera mala estudiante, pero sus padres siempre habían sido muy insistentes en que lo mejor era sacar las mejores notas).

Debido a tal motivo le habían buscado un profesor particular, un chico joven bastante majo. Elizabeth lo veía como un chico muy callado y prudente, y siempre que tenía clases con él procuraba ponerse bien sexy para (en la medida de lo posible) provocarlo, a ver que pasaba.

La oportunidad le vino cuando un familiar de su madre se murió, y sus padres decidieron ir al pueblo para el entierro. Ella se quedaba sola (estaba en época de exámenes y prefirió no acompañarles). Ese día le tocaba clase de informática, y decidió lanzarse a por todas.

En medio de una de las explicaciones ella se hizo la tonta, como si no acabase de entender lo que él le estaba diciendo. Ante sus dos negativas él se acercó y le enseñó directamente lo que tenía que hacer, y ella (al mover su brazo para atrás) le dio con el codo en el paquete a él (ella estaba sentada mientras que él solía estar de pie a su alrededor indicándole lo que tenía que hacer en cada momento).

Elizabeth sabía de sobra que no le había hecho daño, pero haciéndose la tonta se lo agarró, preocupada por su integridad física. Sabía lo que eso provocaría, y enseguida lo notó en sus manos cuando su polla se endureció al instante, creando una masa dura que ella estaba toqueteando por encima del pantalón y los calzoncillos.

Sin más preámbulos se lo dijo claramente: ella quería agradecerle lo buen profesor que era. Vio en su cara que él lo estaba deseando, y sabiendo que no tendría la interrupción de sus padres, le bajó la cremallera de la bragueta, le metió la mano y enseguida encontró el gran bulto de su polla. La sacó y empezó a chupársela.

Él al principio lo aceptó mansamente, acariciándole el cabello mientras ella le chupaba el falo, pero pronto sacó la personalidad sátira que llevaba dentro, y agarrándole la cabeza con las dos manos empezó a (literalmente) follarle la boca. A ella no le molestó, y se dejó llevar mientras él marcaba el ritmo.

Elizabeth sabía que aquello duraría poco, porque con lo excitado que él estaba pronto se correría. Efectivamente, incluso le dijo (¡qué mono!) que iba a correrse, y que le gustaría echárselo por la cara como en las películas porno, aunque si ella tenía cualquier impedimento, él no tenía ningún problema en correrse en su boca.

Naturalmente ella le dijo que se corriera encima de ella (después de todo Elizabeth había tenido un novio anterior con quien ya lo había probado, con lo cual no le venía de nuevo, y sabía que eso excitaba muchos a los chicos).

El profesor demostró que llevaba mucho tiempo sin follar, porque resultó ser un embalse.
Soltó una cantidad de semen impresionante que le ensució la cara, el pelo, las gafas, y que incluso le chorreó por encima de las tetas, manchándole el top que no había tenido tiempo de sacarse.

Tras la mega corrida ella se limpió los chorretones de semen con la mano, lamiéndosela luego viciosamente frente a él para que siguiera cachondo.

Tras eso se desvistieron y mientras se recuperaba para volver a tener otra vez la polla tiesa y dura, ella le pidió que le comiera el coño, a lo que él accedió, haciéndole uno de los mejores cunnilingus de los que ella había disfrutado en su (de momento) corta experiencia en el sexo.

Cuando ya se puso nuevamente a tono hubo penetración vaginal y anal, avisándole ella incluso de que aunque no era virgen por el coño, sí que lo era por el culo.

Él tuvo la delicadeza de hacerlo con la menor brusquedad posible, hasta el punto de que ella pensó que no estaba nada mal esto de ser enculada, proporcionando tanto placer como el coito vaginal o incluso má.

Tras aquello Elizabeth está deseando que haya una nueva clase como la de aquel día muy pronto…

Autor: Dusk

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Escuela secundaria para adolescentes rebeldes II

Tatiana se puso en cuatro patas en la cama de espaldas al profesor. Este no tardó en penetrarla. Le dio duro. Un rato largo. Aquí el profesor se mostró como un verdadero semental. Tatiana sintió un intenso y rato largo de bombeo de verga bien firme y erecta. Finalmente como era de esperarse, le llenó el culo de leche. Como una putita con lindo culito como Tatiana se merecía. Su culo lo pedía. Hubiera sido un insulto que así no lo fuera.

Continúan las aventuras de Tatiana en su nuevo y especial colegio. En la primera parte de esta historia, esta chica rebelde aprendió algunas cosas, acerca de cómo sus rebeldías y desplantes los iba a pagar con sexo. Fue poseída por Wilson, el portero; por el Profesor de Geografía y fue desnudada por la Directora y también en un desfile de modas para juntar dinero para su viaje de egresados. En esta segunda parte Tatiana es designada como voluntaria por la Directora para ir a ayudar en otro colegio en una clase de educación sexual para alumnos de segundo año.

Como les comentaba en el párrafo anterior, Tatiana es designada como “voluntaria” para realizar un intercambio con otro Colegio. Ella va para ayudar en una clase de educación sexual que iba a dictarse en el otro Colegio.

Llega el día en que dicho intercambio se iba a concretar. La Directora manda a llamar a Tatiana a su despacho. Tatiana estaba impecablemente vestida en su uniforme. No quería tener más problemas ni con la Directora ni con profesores. “Párese aquí” le dijo la Directora señalando uno de los costados de su escritorio. Tatiana se paró donde le indicaron. “Firme señorita” le dijo la Directora imponiendo una disciplina casi militar. Le levanto la pollera para constatar que clase de tanga tenía puesta, si era la del instituto o no. “Bien, veo que ha aprendido ha cumplir las reglas del instituto, por lo menos en lo que hace al uniforme” le dice la Directora y le baja la pollera a su posición normal. La Directora sabía como eran las clases de educación sexual y quería evitar un papelón, una desprolijidad. Tatiana es llevada junto a otras dos chicas que iban a colaborar también con la otra escuela pero en otras clases en una combi escolar.

Al llegar al otro Colegio, la portera las saluda y las conduce cada una al aula donde iban a ayudar. Primero a las otras dos chicas y por último a Tatiana. La profesora de Educación Sexual la saluda y la presenta al curso. “Bueno, ella es Tatiana, nos viene a dar una mano en esta clase tan importante”.
Profesora de Educación Sexual: -“Bueno Tati como nuestro modelo vivo de esta clase te voy a pedir por favor que te quites toda, toda la ropita”.

Y de esta forma la hace desnudar ante toda la clase. Tatiana se sacó el jumper sin problemas. Se sacó los zapatos para hacer un poco de tiempo y juntar coraje. Y quedó en tanga pero también en camisa, que como era larga le tapaba el culo. No se quitó las medias y comenzó a desabrocharse muy despacito los botones de la camisa. Tan despacio como si no quisiera hacerlo. Pero por más lento que lo hiciera llegó hasta el último y se tuvo que quitar la camisa. Quedó ahora sí en su tanguita blanca con el fino logo del instituto bordado en ella. La Profesora de Educación Sexual, cuyo nombre de pila es Roxana, le dejó permanecer en tanga y sostén por un tiempo más.

Prof. Educación Sexual: – “Ven alumnos, esto es una mujer. Y que pedazo de mujer tenemos hoy aquí con nosotros, nada que ver con la que este mismo Colegio nos envió el año pasado. Pobre chica era tan gorda y tan fea que la clase se tornó muy poco interesante”.

La profesora hace que Tatiana se pare en el medio del aula. Los alumnos miran fascinados. Excitados. Calientes. La Profesora comienza su clase al lado del pizarrón, hablando acerca del cuerpo humano, la anatomía, la sexualidad, las enfermedades y todos los temas relacionados con el sexo. Luego de los primeros 10 minutos la Profesora comienza a acercarse a Tatiana y mientras va dando su clase, la usa para explicar, la toca, la señala, la manosea, hace que otros alumnos la toquen, etc.. Tatiana ya era un útil más de la clase. Como el pizarrón, las tizas o el borrador. Su culo, su vagina y sus tetas eran por ese instante, material de estudio para el otro Colegio.

En un momento la Profesora de Educación Sexual le dice: -“Necesito que te desnudes completa por favor. O sea, si te quedás en bombacha ya no me sirve. Los chicos y chicas tienen que ver todo ¿Me entendés? Todo”. Tatiana se desabrochó el corpiño y lo arrojó a un costado. Todos los alumnos le vieron por unos breves instantes sus hermosas tetas. Luego como pudo con sus dos manos intentó en vano taparse sus enormes senos, que se escapaban por todos lados. Tatiana permanecía en tanguita y con las dos manos tratando de tapar sus senos.  La profesora al ver esto, le dio instrucciones a una alumna de nombre Mariela: -“Mariela, ayudala a sacarse la tanguita”. Y mirando a Tatiana agregó: “Sí total, con lo minúscula que es no te cubre casi nada”.

Mariela primero dudó un poco, pero luego se paró, recorrió la corta distancia desde su pupitre  en la segunda fila de asientos hacia el frente y suave y delicadamente tomó entre sus manos la bombachita, última prenda que cubría el cuerpo de Tatiana, y se la bajó muy despacito.

Un repentino calor de pudor recorrió el cuerpo de Tatiana, quién ya estaba desnuda nuevamente. Aunque esta vez, la cosa tenía una finalidad educativa y no sexual. Pese a ello, eran increíbles las miradas de los pibes hacia ella. Estaban como locos, sacados, frenéticos. Tenían a una perra que estaba bárbara, desnuda en el aula de clases junto a ellos. Algunos comenzaron a pensar que los milagros existen y que la escuela no es en realidad tan aburrida como creían. Mariela se quedó con la bombachita de Tatiana en la mano por un instante la miró y aunque no dijo nada, para sus adentros pensó: “Que tanguita tan chiquita que pedazo de ramera debe de ser esta chica, que está aquí en bolas en frente de todos”. Luego la dejó sobre el escritorio de la Profesora junto con el corpiño.

Una alumna le preguntó a la profesora por la profundidad de la vagina. Y la profesora para responderle no tuvo mejor idea que tomar una regla e introducirla en Tatiana.

Profesora: -“10 cm. como pueden apreciar en este caso”. “¿Y el ano preguntó otra alumna?”. Tatiana pensó si había sido una pregunta malintencionada o no por parte de la otra alumna. La profesora volvió a repetir el mismo procedimiento metiendo ahora una regla más chiquita en el culito de Tatiana y dijo: -“Como podrán ver, 4 cm”.

A esas dos preguntas siguieron muchas otras. En algunas era innecesario que la Profesora utilizara el cuerpo de Tatiana para ejemplificar, pero a veces igual lo hacía. Un alumno preguntó si el pene erecto entraba completamente en la boca. La profesora le dijo a ese alumno que se acercara al frente. “Tatiana arrodillate” luego mandó. Al alumno le dijo: -“Sacate la verga del pantalón”. El alumno así lo hizo. “Tatiana, metételo en la boca hasta el fondo”. Tatiana así lo hizo. Abrió la boca bien grande y metió el pene del alumno casi hasta el fondo de su garganta. El alumno sintió una hermosa sensación por un instante, aunque solo por un instante, ya que Tatiana no le practicó sexo oral, solamente cuando la profesora le dio la indicación correspondiente se sacó la verga del alumno de la boca.

Profesora: -“¿Otra pregunta?” Un alumno: -“Yo profesora. ¿Es factible la doble penetración?”. Profesora: -“Vení Juancito pasa a la frente que vamos a probar. Vení también vos Ernesto”.

Ambos alumnos se acercaron al frente y a Tatiana. Mirando y admirando su belleza y su desnudez. El piso era de madera, así que podían recostarse perfectamente. La profesora hizo acostarse primero a Juan. Encima de él fue Tatiana a quien Juan enseguida comenzó a intentar introducirle la verga por el ano, que finalmente entró con la ayuda de la mano de la joven, que sabía perfectamente dónde tenía sus orificios. Encima, medio de costado, se ubicó Ernesto, de frente a Tatiana. Quien se la metió de lleno y hasta el fondo por la vagina.

A Tatiana le gustó esta sensación. Sentirse bien “llena”. Pese al pudor y rubor de la situación le hubiese gustado que en ese momento la hubieran penetrado hasta el final. La Profesora tal vez percibió esto en la mirada de ella, y cuando le estaba por decir a los alumnos que salgan, cambió de parecer en un abrir y cerrar de ojos y les dijo a Juan y a Ernesto: -“Dense el gusto, cójanla un poquito, acabénla bien adentro. Derramen su leche, joven, potente y adolescente dentro. Aparte sus padres pagan cuotas bien bien costosas como para que ustedes tengan lo mejor”.

Los alumnos no perdieron un instante y comenzaron a darle “masita”. A penetrarla con todo. A cogerla. Tomaron un ritmo frenético. Le daban muy duro. Tatiana pese a estar delante de por lo menos 30 personas disfrutaba muchísimo y gemía todavía más. Se sentía bien puta, y le encantaba.

Los pendejos la seguían cogiendo. Eran unos años menores que ella. Le estaban metiendo verga por el culo y por la vagina. Y poco a poco se soltaron y comenzaron a manosearle las tetas, a besarla y a acariciarla. Ella los dejaba hacer. En un éxtasis que le permitía evadirse del aula. Los demás miraban. Finalmente los alumnos acabaron. Y la llenaron de semen caliente. Pero ella también se vino en un grito orgásmico tremendo y muy fuerte. La Profesora les alcanzó una toalla a cada uno para que se limpiasen.

Tatiana se limpió sus propios flujos y el semen. La Profesora muy atenta le preguntó. –“¿Estás cansada?”. Tatiana le contestó que sí. Profesora: -“Bueno chicos vamos a hacer un recreo de 10 minutos y luego seguimos una horita más con esta clase”.

Los alumnos salieron al recreo. Tatiana esperaba que la Profesora le acercara algo para cubrirse pero esta no lo hizo. Entonces así desnuda como estaba comenzó a juntar su ropa. Empezando por lo primero, la bombacha. La agarró con la intención de ponérsela. “¿Qué haces?” le dijo la Profesora. “No te vistas que ya seguimos con la clase”. Y rápida de movimientos le quitó de la mano su tanguita a Tatiana. Tatiana: -“Pero, me visto y luego si es necesario me vuelvo a desvestir”.
Profesora: -“No, quédate desnudita para no perder el clima”. Tatiana insistió. La Profesora llamó al portero del Colegio que justo pasaba por la puerta del aula le entregó en un montoncito la ropa de Tatiana y le dijo: -“Llevate esta ropa hasta que termine la clase”. El Portero obedeció a la Profesora y se llevó la ropa a la Conserjería. Tatiana quedó ahora más desnuda que nunca. Desnuda y sin posibilidad de vestirse.

A los 10 minutos los alumnos volvieron del recreo. Tatiana continuaba en el aula. Desnuda y sin su ropa. Peor aún, sin idea, en que parte de todo el Colegio su ropa estaba. La clase continuó con más de lo mismo por otra hora más. No solo los alumnos preguntaban. Las alumnas también lo hacían. Y las preguntas de estas eran más maliciosas y perversas que las de los alumnos varones.  Durante una hora más Tatiana estuvo sometida a distintos jueguitos y toqueteos sexuales mezclados con una clase de Educación Sexual.

La Profesora de Educación Sexual tuvo otra magnífica idea sobre el final de la clase: -“¿Se acuerdan cuando en la escuela primaria teníamos una tortuga y se la llevaban a casa un día cada uno?”.
“Sí” contestaron algunos en la clase. Roxana: -“Bueno, vamos a hacer algo parecido. Son en el curso un total de 25 alumnos. Tatiana va ir un día a la casa de cada uno de ustedes por todo un día. Ella hará todo lo que ustedes le pidan. Pero por supuesto que deben tratarla con respeto”.

La clase estaba terminando. Ese día le tocaba a Tatiana irse a la casa del primero de la lista. Un alumno de apellido Araoz. La profesora le preguntó a este alumno: -“¿Vos como te volvés a tu casa hoy?”.  Alumno Araoz: -“Hoy me tomo un taxi para volver a mi casa”.  Profesora: -“Perfecto”.
Sonó el timbre que marcaba el final de la clase y el inicio del recreo largo, el de 25 minutos. Pero nadie parecía traerle a Tatiana su ropa de vuelta, pese a que la clase de Educación Sexual había terminado. La Profesora le dio a Tatiana una especie de toalla o manta con la que se cubrió como mejor pudo y luego el portero le indicó y acompañó en el camino a la Conserjería. Ahí la hicieron pasar a un cuarto y el Portero la observó todo el tiempo mientras se vestía.

Tatiana se vistió rápidamente. La hicieron esperar un rato allí, otro rato en el patio, otro rato en la Rectoría del Colegio y finalmente vino el fin de las clases de ese día. El taxi de Araoz estaba esperando en la puerta. La Profesora de Educación Sexual acompañó a Tatiana casi hasta la salida del Colegio junto con el alumno. Y le dijo a este último: -“Trátala bien. Mira que tiene que aguantar 25 días y luego hay que devolverla al otro Colegio”.

Araoz: -“Va a ser tratada como una reina Profesora. Esté tranquila”. Profesora: -“Confío en usted”.
Araoz: -“Lo que sí Profe, me parece que está muy vestida esta chica. Que se quite la tanguita por debajo de la pollera. Así se va sintiendo bien ramera”. Profesora: -“Tatiana. Ya lo escuchaste”.
Tatiana se quitó la tanguita roja y se la dio en la mano al alumno Araoz: -“Ahora sí podemos partir”. Subieron al taxi que estaba esperando y se fueron.

Así transcurrió Tatiana de casa en casa por 25 días hábiles. Era como un objeto de aprendizaje, como una maqueta del cuerpo humano de esas que se venden en casas especializadas y hay en cualquier facultad de medicina. Por eso en todas las casas que iba, la tenían desnuda. A un costado, como si fuera un adorno, algunos la trataban mejor que otros. Pero otros simplemente la trataban como si fuera un mueble, la dejaron a un costado, desnuda sin ofrecerle siquiera comida o agua. Otros se aprovecharon de ella y la toquetearon toda a más no poder. Ninguno tuvo sexo con ella porque eso no estaba pre-establecido dada la finalidad educativa del tema. Pero si podían tocarla e introducirle dedos en la vagina y el ano. Y muchos lo hicieron. Algunos sin consideración, y por eso acabó varias veces, en distintas casas, en algunos casos con mucha lujuria.

“Como te mojas perrita” le decía un alumno que le colaba dedos a más no poder una y otra vez. Este la hizo correrse 6 veces en un día y la hizo sentirse una verdadera zorra. “Basta por favor” le pedía Tatiana. “Basta por hoy”. “Yo voy a decidir cuando es basta” le replicaba este alumno. Además le estrujaban mucho las tetas, hasta un punto que le dolían. También la nalgueron mucho en estos 25 días, tal vez por la impotencia de no poder cogerla. Como la hicieron gemir aquellos que le colaron los dedos una y otra vez, varias veces por día.

Y así de a poco entre una aventura sexual y otra se fue acercando el final del año.

En el nuevo Colegio de Tatiana al final del año había una ceremonia muy especial, la Cena Anual de Graduación con los Profesores. En este acontecimiento todos se vestían de la más absoluta gala. Los Profesores vestidos de traje, las chicas vestidas de fiesta, con vestidos de noche. El glamur y la belleza desbordaban el lugar. El glamur y belleza de las chicas, ya que los profesores si bien estaban vestidos muy elegantemente, solo dos o tres de ellos eran buen mozos, el resto eran tipos comunes y ordinarios.

Bailaron el vals, todos con todos. En el baile del vals, no fueron pocos los profesores, por no decir casi todos que ya comenzaron a aprovecharse y a tomar a las chicas por la cintura pero muy, muy abajo, no sé si se entiende lo que quiero decir. Fue una fiesta con mucho glamur, se tomó mucho champagne, del bueno y costoso. También se sacaron muchas hermosas fotos, que quedarían de recuerdo para siempre en los anuarios privados del Colegio. Todos charlaron animadamente, bebieron y comieron. Todos parecían pasarla muy bien. Cuando la fiesta se estaba ya acercando al final, la Directora tocó unas campanadas y dijo: -“Bueno, bueno, esta fiesta está llegando a su fin. Vamos a hacer la tradicional ceremonia de sorteo en la que se determina que Profesor se va con que Alumna”.

Se hace el sorteo/asignación correspondiente y a Tatiana le toca el Profesor de Finanzas. Eso fue luego de varias rondas, Tatiana debe de haber sido la nro. 15 en salir sorteada. La Directora tomó el papel del bolillero nro. 1 y dijo: -“Tatiana”. Hubo un aplauso breve, como sucedía luego de que se nombrara a cada uno y cada una de los que iban saliendo en los bolilleros. Al final del sorteo todas las alumnas quedarían asignadas a un profesor, y si los números no coincidían perfectamente, algún profesor se llevaría a más de una alumna. Continuemos con la ceremonia, la Directora luego de sacar la bolilla con el nombre de Tatiana, sacó una del otro bolillero, el que contenía los nombres de los profesores y dijo: -“El Sr. Jorge Renzoni, prestigiosísimo y reconocido Profesor de Finanzas de nuestro instituto”. La Directora lo saludó y haciéndole un chiste le dijo: -“Este año no se me puede quejar se lleva buena mercadería” en obvia alusión a lo buena que estaba Tatiana. Tatiana estaba vestida con un vestido negro de noche, pero corto y bien ajustado que marcaba en plenitud todas sus formas. Sus pechos, sus caderas, su cola. Todo quedaba casi expuesto. Se sentía bien expuesta. Pero llevaba ese lomazo que tenía con soltura y desinhibición.

Se acerca al Profesor de Finanzas, hacen los saludos de cortesía como era tradición y se dirigen rumbo a la puerta del salón como era tradición. Ya otras 14 chicas habían partido junto a 14 profesores en distintos vehículos hacia distintos lugares, pero todos y todas con un mismo fin. Finalmente, se van en la limousine con el Profesor de Finanzas. Él la lleva a un lujoso hotel en dónde van a pasar más que un buen momento. Tatiana va dispuesta a todo, no tiene objeciones, esas eran las instrucciones que les habían dado en la escuela la Directora y la Vice respecto a esta fiesta. La formación sexual era parte de los objetivos académicos del Colegio y veían en esta noche su punto de culminación. Llegaron al hotel, entra la limousine, se detiene, estaciona y ellos bajan. El Profesor intercambia breves palabras con el empleado del hotel y luego pasan a la habitación.

Una habitación lujosísima por cierto. De 5 estrellas, todo pago y a cargo del Colegio. Los dos entraron, primero costó un poco romper el hielo. Algunos chistes malos y comentarios de ocasión. Pero nada raro, hasta que el Profesor empezó a poner picante la noche:

Jorge: -“Estás muy linda esta noche. Ardiente diría yo”. Tatiana: -“Gracias”. Decía al tiempo que el profesor le miraba el culo de reojo pero con mucha lujuria. Que bien se le marcaba la bombacha dentro de ese vestido negro ajustado. Que bien le quedaba el collar de perlas plateadas que estaba utilizando. “Que poco tiempo más ese vestido le cubriría el escote” pensaba el profesor. Tatiana mientras tanto pensaba: “Que hice yo para terminar en esta escuela, si me hubiera puesto las pilas y hubiera estudiado en la otra escuela que iba antes. No tendría que haber chupado tantas pijas de gente que no me atrae físicamente”.

Como sea, el Profesor iba muy rápido y le sacó el vestido negro al toque. Se le acercó y se lo subió de abajo hacia arriba. Sin siquiera besarla, ya la puso en ropa interior. Ropa interior blanca de lencería con encaje llevaba puesta Tatiana. La ropa de interior de cada una la había elegido especialmente la Directora de acuerdo a la personalidad de cada una de las alumnas. Incluso había hecho una revisión previa de la misma para ver como le quedaba cada conjunto de lencería a cada alumna. Y no podía negar que si bien Tatiana era algo indisciplinada la ropa interior le quedaba muy bien.

Una vez Tatiana en ropa interior, esta pensó que el Profesor se le iba a abalanzar encima enseguida, en lugar de eso pidió un champagne al servicio de habitación y un whisky. Se sentó y se relajó un poco. Se sirvió un whisky el primero, y le sirvió una copa de champagne a ella. “Brindemos” le dijo y ambos brindaron. Pensó en pedirle que bailoteara un poco para él, que le hiciera un strip tease. Pero ya había visto tantos en su vida, que estaba aburrido de ellos. Tuvo una mejor idea. Tatiana le preguntó: -“¿Qué quiere que haga Profe? ¿Qué baile? ¿Qué me desnude?. No sé, dígame lo que quiera que haga, así terminamos rápido y me voy a mi casa”.

Jorge: -“Justamente eso no, no quiero que bailes y ya algo desnuda estás, pero no te desvistas del todo, todavía. Ah y por cierto, esta noche termina cuando yo te diga. Cuan rápido te vayas a tu casa lo decido yo. Ba! No yo, sino mi pene. Hasta donde haya leche te la vas a tomar o la vas a recibir en tus tetitas, tu culito o tu conchita”.  Tatiana: -“Sí ya lo sé”. Dijo muy sumisa.

El profe se sentó con su whisky y se relajó, Tatiana, en ropita interior y ya acostumbrada y re-educada por este nuevo colegio como una servidora sexual se acercó a él, y se sentó con él. Comenzó a acariciarle muy suave y delicadamente el pelo. El se relajó. Ella tenía una actitud muy dulce, pero el profesor no la respetaba. Sino como alumna, ya que la consideraba muy inteligente, pero no como mujer. Le tiró algo de whisky entre los pechos y le hizo sacar el corpiño. Entonces se tomó su whisky no “On the rocks”, sino “On the boobs”. Le chupó las tetas un rato largo. Las lamió, las tocó, las estrujó.

Tatiana dejaba hacer, aunque de a poquito comenzó a relajarse y a disfrutar también. Mientras le chupaba las tetas, con un mano le estrujaba la otra, con su mano libre dejó el whisky en una mesita y comenzó a juguetear con la bombacha de Tatiana que no tardó en terminar en el suelo. Una vez desnuda y explorado manualmente su culo y su vagina, decidió tomar posesión final de ella. La alzó y la llevó hacia la cama matrimonial. La tiró allí.

Ella se puso prácticamente en cuatro patas, en una posición muy de puta. Como era evidente que ocurriría, él le condujo su cabeza y su boca hacia su pene. Tatiana comenzó a felar. Ya era casi una especialista en el tema. Y realizó todo el procedimiento que tan bien realizaba ya.

Se tragaba la verga hasta el fondo de la garganta, miraba con cara de putita al hombre a los ojos, y cada tanto paraba se la sacaba de la boca y succionaba dulcemente los testículos del macho en cuestión. Con este mecanismo y su cuerpazo infernal, caliente y sexual, Tatiana se había convertido en una gran extractora de semen del semental que se tratase.

Habrá tardado unos quince o veinte minutos ya que practicó el “ritual” muy pausadamente a efectos de que durara más y el profe disfrutara más. Cuando acabó fue la gloria para él, una sensación hermosa, el mejor pete de su vida, uno que su esposa no podría imitar ni de cerca. Para ella fue una buena ración de leche en la boca. Lo que no le cayó en la boca, se ingenió para que le cayera en las tetas. Terminaron y ella se limpió con una toalla que había ahí cerca.

Después de un tiempito de descanso hubo sexo vaginal, el cual fue bastante tradicional y aburrido para Tatiana. Ella abajo, en posición de misionero, el arriba de ella, bombeando sin mucha intensidad. Ella pensando en otra cosa. Él le tocaba las tetas. Creía que estaba haciendo un gran trabajo, pero apenas si Tatiana pensaba en el sexo mientras él hacía lo suyo. Algo que se parecía más al sexo que tenía la abuela de Tatiana en su época, que en la actualidad. Este misionero empezó tan rutinariamente como empezó.

Profesor:- “Y para cerrar la noche ya sabés lo que vas a tener que entregar, no?” Tatiana: -“Me imagino que el culito”. Profesor: -“Acertaste. Así que date vuelta y ofreceme bien ese culito divino que tenés”.

Tatiana se puso en cuatro patas en la cama de espaldas al profesor. Este no tardó en penetrarla. Le dio duro. Un rato largo. Aquí el profesor se mostró como un verdadero semental. Tatiana sintió un intenso y rato largo de bombeo de verga bien firme y erecta. Finalmente como era de esperarse, le llenó el culo de leche. Como una putita con lindo culito como Tatiana se merecía. Su culo lo pedía. Hubiera sido un insulto que así no lo fuera.

Así terminó la noche, la limusina dejó primero al Profesor, y luego a Tatiana en su casa. Había terminado en el Colegio, ahora volvía a su hogar, a su vida normal, tal como la conocía antes. Sus padres la esperaban con los brazos abiertos, habían depositado en un instituto de primera categoría a su hija rebelde, a la descarriada, a la oveja negra de la familia, ahora esperaban recibir una estudiante modelo y futura universitaria.

Si esto finalmente fue así o no, tal vez lo sepamos en un próximo relato. Lo que sí les puedo adelantar es que de aquí en adelante todos los novios que tuvo Tatiana u hombres con los que salió quedaron más que satisfechos con la excelente performance sexual de Tatiana. Había aprendido mucho, casi todo y le gustaba ponerlo en práctica.

Cuando algún amante, le decía frases como “Sos una Diosa del Sexo”, ella se acordaba de la Directora principalmente y de todas las valiosas enseñanzas que había aprendido en el Instituto.

Tatiana se había graduado.

Autora: Julieta

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Mis alumnas del gimnasio

Las penetraciones a las dos duraron unos quince minutos a cada una, por la concha a Ana y por el orto a Cata. Ese día tuve una de mis mejores lecheadas, alcanzó para la boca de las dos, me encantó ver como se la chupaban entre las dos, como se pasaban la lengua toda embardunada de mi leche, les encantó tanto que no dejaron evidencias, se la tragaron casi toda.

Esta historia que voy a contar es totalmente cierta y me pasó hace unos días atrás. Les cuento que mi nombre es Santino, tengo 26 años y vivo en Rosario, una de las ciudades más grandes de la República Argentina. Actualmente me encuentro trabajando durante el día en un gimnasio, donde realizo diversas actividades relacionadas en el tema. Durante la noche trabajo en mi departamento, el cual comparto con mi mejor amigo Juan. Allí me encargo, por decirlo de alguna manera, de regalar placer a señoras y señoritas que, por distintas situaciones de la vida, no encuentran satisfacción con sus parejas o, sencillamente, porque desean hacerlo con personas “profesionales” en el tema.

Bueno, lo que les voy a contar fue una experiencia que me tocó vivir y, en verdad, fue muy placentera, aunque es normal en personas que realizan el trabajo que yo hago por las noches, para mi era la primera vez que hacía algo de este tipo. Paso a contarles: en un día normal de trabajo diario (en el gimnasio), dos de mis alumnas (Cata y Ana) decidieron hacerme una broma, ambas se acercaron y con una sonrisa bastante socarrona me dijeron que porque con el físico que yo tenía, no me animaba a trabajar en los boliches o en mi departamento, “atendiendo” a chicas que solicitaran mis servicios.

Medio en broma y medio en serio, me iban relatando como debería ser mi accionar y mi forma de pensar sobre el tema. Vale destacar que ellas no tenían la menor idea del trabajo que yo realizaba por las noches, ellas, sin saberlo, me pedían que haga lo que vengo haciendo desde hace un año y medio. Obviamente, ellas me dijeron que era una broma y todo quedó allí. A la semana siguiente, me acerqué a una de ellas (Ana) y le comenté la verdad del trabajo que yo hacía por las noches, no con lujos de detalles, pero traté de contarle que eso no era una cosa mala, que yo en realidad no lo hago por el dinero (muchas veces lo he hecho gratis) sino porque me gusta hacer sentir bien a las personas que ocasionalmente se encuentran conmigo, tratando de entregarles algo de lo que he aprendido en esta “profesión”. Ana no podía salir de su asombro, no lo podía creer, ellas me habían hecho solo una broma pero nunca se hubieran imaginado que en realidad era cierto. Bueno, todo quedó allí y ahora viene lo más sabroso.

Una noche, al terminar mi rutina diaria en el gimnasio, se acercaron Cata y Ana y me dijeron si tenía un minuto que querían hablar conmigo. En realidad yo estaba apurado, pero accedí, no tenía la menor idea de lo que se trataba. Las notaba un poco nerviosas y como que no se animaban a empezar a hablar. Ana me volvió a preguntar si era verdad lo que yo le había contado, yo la miré y ella con un gesto me indicó que le había contado todo a Cata (yo le había dicho que no comentara nada con nadie). No me quedó otra que ratificarle a Cata todo lo que le había contado a Ana. Ellas se soltaron de ese nerviosismo que sentían y Ana tomó la palabra, me dijo que ellas, desde hace mucho tiempo, tenían la idea de contratar juntas un “servicio” como los que yo ofrecía, y ya que ellas ya me conocían, querían hacerlo conmigo.

Me dijeron que lo habían intentado una vez, que habían concretado una cita con un chico por teléfono, pero que llegaron hasta la puerta del departamento donde habían acordado y se arrepintieron. Yo las escuchaba atento y no decía una palabra, me habían tomado por sorpresa. Me preguntaron que pensaba y les dije que ellas eran unas chicas muy atractivas, que me encantaba la idea de compartir una experiencia entre los tres, pero que en realidad no quería que se perdiera esa amistad que teníamos en el gimnasio. Ellas me dijeron que no había problemas por eso, que todo sería super discreto, tanto Cata como Ana hace bastante tiempo que están de novias. A mi se me hacía tarde, entonces les dije que ellas pusieran el día y el horario y que después me avisaran. Todo quedó allí.

Al otro día, como todos los días, las encontré en el gimnasio y me dijeron que estaban muy ansiosas, que si podíamos concretar para esa misma noche. Les dije que yo no tenía problemas (yo en realidad ya me lo imaginaba, así que había preparado todo en el departamento). Esa noche, partimos los tres juntos del gimnasio hacia mi departamento, yo les pregunté si ellas querían estar con otro chico más y que fuéramos cuatro, pero me dijeron que no, solo los tres. Llegamos al departamento y las invité a sentarse, a sentirse cómodas.

Ellas estaban cambiadas con ropas de gimnasia pero tenían un bolso con ropa para cambiarse, me pidieron pasar al baño para hacerlo, les dije que se sintieran como en su casa, entraron juntitas, tardaron unos minutos y salieron, las dos tenían el mismo conjunto de ropa interior, una tanguita color blanca y una especie de remerita transparente arriba, me dijeron que la habían comprado para esta ocasión.

Yo relajado, les pedí que hicieran lo que ellas tengan ganas y les pregunté si ellas querían o habían estado alguna vez juntas. Me dijeron que nunca lo habían hecho entre tres, pero que tenían la fantasía de tocarse entre ellas.

Yo les dije que bueno, que yo las iba a ayudar, Ana empezó a besarme y a sacarme la camisa, mientras Cata primero se quedó mirando y después empezó a tocarme la pija, yo las acariciaba a las dos, les comencé a meter despacito el dedo por debajo de la tanga y empecé a frotarle el clítoris, con una mano a cada una.

Cata empezó a chuparme la verga bien pero bien suave, sin metérsela en la boca, le pasaba la lengua de abajo hacia arriba, me lamía los huevos mientras me pajeaba, entonces le pedí a Ana que se arrodillara y que hiciera lo mismo de Cata. Ana se arrodilló y entre las dos me acariciaban y me la chupaban.

Sin querer, sus lenguas se rozaron y lentamente se olvidaron de mi y se empezaron a besar entre ellas, yo me arrodillé y les agarré sus manos y se las refregaba sobre el cuerpo de la otra, enseguida (con un poco de miedo) se fueron prendiendo y empezaron a masturbarse entre ellas, yo les pregunté si les gustaba hacerlo por la cola, Cata me dijo que si y Ana me dijo que no con la cabeza, mientras me chupaba la pija. Les dije que pasáramos a la pieza, que estaríamos más cómodos. Yo me acosté boca arriba y les pedí que vinieran encima de mí, las dos se me tiraron y comenzaron a pasarme la lengua por todo el cuerpo.

Ana ya no podía más y me pidió que la coja, que se la meta por la concha ya mismo. Accedí a su pedido y empecé a hacerlo. Cata, primero se quedó paralizada, pero después siguió acariciándome y a tocar a Ana, que gritaba como nunca antes había escuchado a alguien. Fuimos cambiando de posiciones, siempre penetrándola vaginalmente a Ana (ella no lo hacía por la cola).

La noté a Cata bastante excitada y con su ano bastante dilatado, me sugirió con sus movimientos que quería que le cogiera por el culo, Ana también lo había notado y mientras chorreaba sus jugos en mi pija me dijo: “dale, cogela hasta el fondo por el orto, yo te quiero chupar los huevos”.

Todo se fue rápido, ya me habían dicho antes que su principal fantasía pasaba por estar los tres en una misma cama y con un “ajeno” a sus vidas y que querían que las veces que yo acabe lo hiciera sobre sus caras juntitas, y así lo hice.

Las penetraciones a las dos duraron unos quince minutos a cada una, por la concha a Ana y por el orto a Cata. Ese día tuve una de mis mejores lecheadas, alcanzó para la boca de las dos, me encantó ver como se la chupaban entre las dos, como se pasaban la lengua toda embardunada de mi leche, les encantó tanto que no dejaron evidencias, se la tragaron casi toda.

Ya todo había terminado, se pegaron un baño, nos besamos entre los tres y se fueron. Desde ese día todo siguió como siempre, no volvimos a juntarnos porque en realidad, lo que ellas querían era cumplir sus fantasías, jamás se comentó con nadie y nuestra relación sigue normalmente en el gimnasio.

Saludos a todas las chicas del mundo.

Autor: Santino

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Alumna madura y tímida descubre el sexo

Había podido, sin saberlo yo con claridad cómo, encontrar y explotar su lado de sumisa, luego había sido sometida, dominada, penetrada y lo que es peor, le había gustado, había disfrutado sentir su cuerpo y atraer con el, no se acordaba lo que significaba despertar el deseo.

De cómo comenzó mi relación con una alumna de más de cincuenta, desperté su sensualidad y gozamos en lo que parecía su primera vez.

¿Que puedo decir?

Durante muchos años la había visto cerca. Había sido mi alumna hacía casi siete años y luego había entrado a prestar el servicio social conmigo, bajo mi dirección. Le gustó el trabajo y se quedó como voluntaria. Quería que yo le dirigiera la tesis pero lo que pro-ponía yo no podía dirigirlo, así que me mantuve cerca, ayudándole, al principio sin entrar ni estar demasiado cerca para no molestar a su asesora, aunque terminé auxiliándola y al cabo dirigiéndola no poco.

De hecho en el trabajo como voluntaria la formé, aprendió a trabajar, a organizar, a pen-sar. Un amigo que la tuvo como alumna en la licenciatura y maestría decía que se veía mi huella, que era tan acuciosa y metódica como yo, no sabía que para ese momento ya era mía.

No soy de ninguna manera un adonis, pero no soy tan feo. No la tengo monstruosa, pero tampoco minúscula, alguien absolutamente normal. Mido 1.75, constitución regular, peso unos 80 Kgs. Nunca hago ejercicio, ni he sido deportista pues me defino como fumador; pero soy bastante inteligente, tengo facilidad de palabra, lo que me hacen buen maestro, que llegan a generar admiración, pues además de una buena formación en la mejor escuela de este país, he trabajado muy duro muchos años, he tenido muy buenos maestros y he leído y trabajado como enajenado, incluso por ello perdí parte de mi juventud y mi experiencia sexual era bastante corta; a pesar de todo, me he construido una reputación, he publicado libros y artículos de temas que serán de interés en cien años.

De hecho desde que comencé a dar clases, comencé a dejar de ser ignorado por las mujeres, desperté simpatías, comenzaron a aparecer algunas oportunidades y tuve mi primera aventura. Hay que aprovechar lo que se tiene, no hay más.

Recuerdo que luego que dejó de ser mi alumna, comenzó a sentirse bien con ella misma; y cuando iba al voluntariado, ocasionalmente se vestía con faldas a media pierna, ajus-tadas, a veces estaba trabajando en una mesa frente a mi oficina y, al levantar la vista de los papeles, la veía concentrada, con las piernas ligeramente abierta y más allá se le veían las medias, los calzoncitos, la entrepierna; cuando me acercaba, su grandes tetas por abajo de las blusas que apenas las podían contener. No era frecuente, pero si una vez al mes así la veía.

No era nada coqueta cuando alumna, de hecho tenía bastante pena de su cuerpo y es-condía sus piernas en unos pantalones deportivos horribles, y sus senos simplemente no se los quitaba porque no podía. Como voluntaria se le abrieron oportunidades y comenzó a creer que sí podía hacer las cosas.

Entones su mundo se amplió y comenzó a usar pantalones de mezclilla ajustados, y su culo se veía soberbio. Se convenció de que no era tonta, como decían y la hacían sentir sus compañeros, y pudo verse de otra manera que con la condescendencia con que la miraban sus propios hijos. Le hice notar que tenía que ser más segura y que era bella, muy bella, luego de ligeros rozones, hasta que un día le dije que habría avanzado lo suficiente el día que se pusiera una minifalda. Ella dijo espantada, sorprendida, agradecida “¡No, cómo crees que yo me voy a poner nunca una minifalda!”. Y le dije que un día, que la vería, que a lo mejor sólo para mí, y dijo que bueno.

Ella no tiene veinte ni treinta, de hecho hoy debe tener cerca de los 60. Sus hijos son de mi edad, quizá poco más grandes, conozco a tres. Ella se divorció, se encargó de sus hijos, inició un negocio y lo sacó a flote. De eso vive ella y una de sus hijas, sospecho que a veces le ayuda a cuando menos otro de sus hijos. Cuando ya el negocio iba bien, cuando se pudo independizar, estudió la preparatoria y luego la carrera. Ahora esta haciendo la tesis de maestría y regresó al estudio de una de las cosas que más le gustan, el piano.

Es sorprendente su vitalidad, su juventud, su inocencia. Le digo que es tan asombrosa como una adolescente, y aun cuando ya ha parido, sé que le quité cuando menos dos virginidades, la de la boca y la del culo; y si definimos la virginidad como tener un orgasmo, creo que fui su primera experiencia.

Muchas veces le había tirado un poco los canes, pero se asustaba. Ella dice hoy que siempre le gusté. Recuerdo que en una ocasión entregó un muy mal trabajo y le puse una calificación bastante baja, y a la hora de la revisión no quería pero la senté frente a mí en la cafetería donde estaba con el grupo y le critiqué el texto que me entregó, diciéndole que ya sabia que decían los libros, que la quería oír a ella –en el fondo si me hubiera dicho que sexo por calificación me hubiera puesto en un verdadero aprieto. El siguiente semestre trabajó más duramente, fue más ella y sin mostrar sus piernas obtuvo un nueve. Sus compañeros la hacían menos, yo la defendía un poco.

Ya en el servicio, al principio no me dejó acercarme mucho, pero no era ya tan tímida. Luego vino un proyecto y había con ella una muchacha muy joven, quizá 22, que me atraía bastante. Más de uno pensaba que yo la pretendía. Trabajaban mucho y se llevaban bien. Ahí nos hicimos amigos y nos tomamos confianza, la muchachilla hace unos meses se casó y con alguien de mi edad, pensé que si me hubiera arrojado… Luego comenzó una larga tarea en la que ha estado casi cinco años. Trabajamos juntos por mas un año muy cerca, luego la fui soltando y ahora ella concluyó la tarea, y nadie disputa que es su esfuerzo, su autoría, su compromiso.

Era muy tímida, de modo que parecía que sus senos le estorbaban; se trataba de hacer chiquita y pasar desapercibida. La edad le pesaba con lo muchachos de los proyectos, pero a ellos no parecía importarles mucho. Luego, algunas compañeras la fueron inte-grando. Una ocasión bailamos y ella ya no lo quiso hacer más: le gustó que con el pre-texto de las copas de más, me le repegara.

Ocasionalmente cuando nos despedíamos le daba un beso más cerca de los labios, a veces le rozaba una pierna o el brazo. Una ocasión le dí una nalgada y se volteó a verme feo pero le dije que qué quería, que estaba muy guapa y no dijo nada, la sorpresa y el piropo la aplacaron. Otra ocasión le dije que se parara derechita, para que se vieran sus senos en su esplendor, y desde abajo se los toqué, los levanté, me tardé apenas unos segundos, y goce, y ella también pero pudo más su moral y se puso seria un par de días; luego, la siguiente semana, llegó con una blusa ajustada, con un botón abrochado de menos.

Un día la incluí en un proyecto especial, y luego en otro, y en ambos apareció su nombre. Para el segundo fui a verla a su casa y ella me recibió muy amable un lunes, con ropita escogida, pero demasiado seria, propia de su edad, ni siquiera sus blusas más ligeras o sus faldas a media pierna.

El viernes había atendido largamente, con atención, a una clienta que no se destacaba por su belleza sino lo contrario, y eso la impresionó; esa tarde al despedirnos se despidió besándome muy, muy cerca de los labios, a continuación le robé un breve beso en los labios. Ella intuía y yo sabía.

Nos sentamos en el sillón de su sala, vive sola y no había nadie. Le tomé de las manos, entrelazamos los dedos, nos quedamos viendo; la solté y pasé el brazo por sus hombros y la abracé, nos quedamos viendo, ella dijo que qué, que había estado pensando el do-mingo y en misa había oído que todo lo que vale la pena es amor así que había decidido que si. Que se trataba de construir, no de destruir por lo que hiciéramos sería secreto.

Nos comenzamos a besar, suave, luego más fuerte; ella parecía que no supiera besar, a pesar de tener cuatro hijos. Nunca la habían manoseado rico, la decencia católica nunca le había permitido gozar. Creo que su sorpresa era mayor cuando perdió el aliento la pri-mera vez.

Ella es pequeña, debe medir 1.55. Sus medidas son 90, 65, 85, tiene la carne firme y unas piernas muy bien torneadas, porque hace ejercicio diario. Sus senos son grandiosos, pero sus piernas de plano son bellas, tiene una cinturita… Tiene cara de ratoncita, orejitas pequeñas y un cuello largo, es blanca y de ojos azules, labios delgados y sensuales cuando se los muerde un poco, como cuando le meto la mano debajo de la falda. Es rubia natural. Es pequeñita y suele vestirse con ropa discreta, pero cuando se arregla… y cuando se arregla para mí… No es joven, pero está muy bien conservada, su figura es notablemente mejor que la de sus hijas.

Luego de quedar firme el hecho de que si nos gustábamos, por los besos, y que si nos atraíamos, de besarla y besarla, de que ella estuviera de acuerdo, comencé a tocarla, a pasar mis manos por su cintura, por sus piernas con un pantalón de tela gruesa, y ella protestaba, pero no dejaba de besarme y de besarla.

Después le desabroché un botón de la blusa y protestó pero le besé la parte del cuello que quedó descubierta, y ya no dijo más nada; luego le comencé a acariciar por encima de la ropa los senos y comenzó a decir que no y que no. Pero la seguí besando y acariciando hasta que le desabroché todos los botones y le abrí la blusa; puso cara entre sorpresa, reprobación y de pronto otra vez se sintió mujer, se la estaban cogiendo a su edad.

Había visto parcialmente esos senos: el canalito, el volumen, las pequitas, el límite del brasier, pero la maravilla que vi superó mi imaginación, grandes que me caben en una mano, casi sin aureola, blancas, con un pezón justo, que se endurece de una manera que me enloquece, sin arrugas, nada flácidos, no se colgaban y excitados como ella estaba, estaban bien durito.

Para quitarle la blusa aflojé los botones de los puños, pero por falta de técnica no le quité una primero y luego la otra, sino las dos a la vez, con lo que quedó con los brazos atrás, inmóviles, dejando todo su pecho absolutamente descubierto, todavía con brasier ¡Qué maravilla! Sus senos,  completamente a mi merced, y no tuve la piedad que suplicaba. Bajé las tiras de los hombros a los brazos y con eso realmente sintió que la estaba desnudando, mucho más  que quitarle toda la blusa.

A sus cincuenta y tantos, que le bajaran el brasier primero por los tirantes y luego las copas era difícil de aceptar, que lo desabrochara fue más difícil de aceptar y si que pre-sentaba resistencia. Y luego cuando se los besé y sintió, decía “¡No! y ¡No!” y “¡Ya, para!” que parecía primero una orden y que se fue transformando luego en algo que sonaba a una súplica y “¡No más…  no!”. Fue todavía más problema tocarle las piernas y las nalgas, pues por muchos, muchos años no le habían dado una buena sobada, y la de veces que había soñado con eso.

El siguiente nivel fue más difícil, pero solo el primer paso: desabrochar el cinturón. Abrir el cierre, en medio de besarle la boca, magrear sus tetas, correrle las manos sobre su cintura, su cadera, fue mas complicado y para ese momento el “¡No!” alcanzó niveles de grito. Pero ya no era una orden, es que creo que no sabía qué decir ni qué hacer, y el instinto le ganó, perdió la voluntad y la mujer apareció.

Sentados como estábamos en el sillón, lado con lado, se hincó sobre mí, y me besó con mucha pasión. Luego de un rato la tiré sobre los cojines y se dejó quitar los panta-lones, mientras ella misma me ayudaba a bajarlos en medio de reclamos de “¡No!”, e inmediatamente se quitó las pantimedias y comenzó a hacer sonidos que creo ni ella sabía que podía hacer, cercano a los gruñidos, porque digo yo, comenzaba a sentir.

Hasta ahí, lo que pasaba se asemejaba por momentos a una violación. En realidad era eso, la estaba forzando a tener sexo y ella sólo al principio se debatió entre el si y el no, creo que no imaginaba que yo podría luego luego besarla, querer meterle mano y con lujuria, y mucho menos que me despertara deseo. Su yo decente se oponía. Creo que pensaba en una relación casi platónica, besitos castos, manita sudada, literatura y música, y sin siquiera preguntarle ya estaba de espaldas, con las piernas abiertas y desnuda, en su sillón.

Estando acostada ya no hubo más problema, ni conflicto. Seguía diciendo “¡No!”, “¡No, no por favor!”, pero me abrazaba, me besaba, descubrió que podía gustarme, que su cuerpo no era para nada lo que ella imaginaba.

Le quité los calzones con una mano, mientras que con la otra le acariciaba las nalgas, se la pasé entre las piernas, toqué su vulva, acaricié sus muslos por dentro: era un toqueteo lleno de deseo, de lujuria, y ella así lo percibió y creo que le gustó.

Acostada, no fue ningún problema abrirle las piernas, pero ahora yo, separándoselas, pero de hecho ella misma colaboró bastante y me jaló hacia ella, para que entrara en ella.

No me hice mucho del rogar, pero antes, estando yo entre sus piernas, subí y bajé un par de veces, haciendo que mi pene se restregara contra su vulva, y ella sintiera un poco en su clítoris. Luego apunté y comencé a entrar. Estaba estrecha, se que le dolió porque movía la cabeza de un lado a otro, y hacía gesto de que dolor, pues por años nadie le había entrado.

Su cueva esta deliciosamente cerrada, abrirla un poco a la fuerza, un poco con consentimiento, estando ella sólo un poco húmeda, fue hermoso.

¡Cómo disfruté por estar en ella! porque al fin, luego de años, en una tarde le había quitado la blusa, magreado las tetas, besado los senos, agarrado obscenamente las nalgas, pasar con lujuria las manos por todo su cuerpo, como tocando lo prohibido, es decir, con el deseo.

Y por encima de todo me la estaba cogiendo, la estaba penetrando, me estaba dando a mí mismo gusto, estaba haciendo algo que bien podía pasar por forzarla, pero lo realmente sorprendente para mí en ese momento es que ella además cooperaba en medio de sus gritos de “¡No!”.

La penetraba, la abría, ya no decía nada. Luego de un rato, la voltee y la puse de espaldas a mí, viéndole la espalda, se la acaricié desde el cuello hasta las nalgas, ¡Cómo las gocé! y le abrí las piernas, separándoselas apenas un poco, y así nada más la penetré por detrás, y entré a su vagina sin problemas.

Estar sobre sus nalgas que tanto me gustaban, entrando entre ellas, en ella, con fuerza. A las pocas embestidas me vine y la llené de semen: por su edad, ya no tiene regla así que desde ese día cuando quiero, puedo, a la hora que podemos, simplemente hacemos el amor, sin problema.

Unos minutos más tarde, ella apenas pudo levantar un poco la cabeza por un lado, con el pelo sobre la cara y una gran sonrisa, le primera que le ví. Parecía que le había pasado un tren encima.

No creo que haya llegado al orgasmo, aunque ella dice que sí y que esa vez fue la primera en que sabía para qué servía el sexo, además de para tener hijos; no creo que realmente lo haya gozado como yo, no creo que esa haya sido la experiencia de su vida, entre otras cosas porque una vez me dijo que no quería acordarse de aquella tarde, que cómo era posible que después de haberse portado como se portó, tan rígida, tan sin colaborar, tan sin saber qué hacer, tan inexperta.

Sospecho que su marido sólo se orinaba en ella, aunque de joven debió haber sido un verdadero mago. Se preguntaba que cómo era posible que siguiera con ella luego de haber visto cómo se comportaba, y que no sabía.

La cosa es que le había gustado, estaba enamorada y de pronto había sido forzada, en su casa y sus sillones, debajo de su retrato de cuando se casó; había podido, sin saberlo yo con claridad cómo, encontrar y explotar su lado de sumisa, luego había sido sometida, dominada, penetrada y lo que es peor, le había gustado, había disfrutado sentir su cuerpo y atraer con él, no se acordaba lo que significaba despertar el deseo.

Una semana más tarde la visité en su negocio, era sábado y tarde: me lo enseñó, lo caminamos y estaba orgullosa; me besaba y la besaba, nos abrazábamos, ya teníamos nuestra cuenta de correo propia; en las mesitas para el café le bajé el pantalón a las rodillas, luego los calzones y la hice apoyar las manos en una silla, abrir la piernas y así, casi en frío, la penetré. La penetré y la gocé, la llené de semen. Y ella gozó. Fue la primera vez que me invitó a ir “a su camita”.  A las pocas semanas nos acostamos en su cama e hicimos largamente el amor, tanto que al terminar ella lloró: nunca había sentido un orgasmo tan largo, profundo, prolongado que la vista se le fue, una explosión de luz, felicidad, placer la inundó.

Ese orgasmo, la ternura luego de la cama, me aseguró que pudiéramos avanzar por la senda del placer mutuo, encontró su sumisión y luego su putería; le permitió conoce el placer de ser nalgueada y de ser amarrada; dejó de preocuparse por hacerme gozar y hoy es capaz de tener orgasmos sin penetración, y de no sentir culpa; de hecho su vida ha cambiado porque ciertamente es mucho más libre, pues su mente se ha abierto.

Y por años hemos gozado.

Hace mucho que lo quería contar, porque no le he dicho.

Agradecería sus comentarios y, si les gusta, les platicaré otras experiencias.

Autor: Chinguirito

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La jeringa de mi profe

Él me besaba muy apasionadamente por mis pechos y yo hervía. Hasta que al poco tiempo de hacer esto llevó mi mano hacia su pija y estaba totalmente dura y yo la agarré con las dos manos y la acariciaba.

¡Hola! Soy Natalia y tengo 21. Voy a contarles una historia.

En el verano del 2005 yo me había llevado matemáticas a rendir a marzo y mi papá se puso en campaña para conseguir un profesor que me pudiera ayudar.

Estuvo buscando hasta que al fin encontró uno y bueno tuve que empezar a estudiar. Debo confesar que a pesar que tenía 32 y se mantenía bien no era muy lindo.

Todo iba muy bien hasta que un día me preguntó si tenía novio y yo le dije que no, porque no tenía. A partir de ese día mi vida sexual se marcó para siempre. Porque era verano, mucho calor y mucha transpiración. Las preguntas eran cada vez más punzantes acerca de mi sexualidad.

Muy dentro de mí deseaba besarlo, si bien nunca antes había besado a nadie, tenía un deseo que nunca antes había tenido. Hasta que un día no aguanté más y lo besé (en la mejilla). Él me tomó con sus brazos me puso de pie, ya que yo estaba sentada al lado de él; y me apretó junto y me besó muy apasionadamente.

Así empezó un amor a escondidas ya que él tenía novia. Él me besaba muy apasionadamente por mis pechos y yo hervía. Hasta que al poco tiempo de hacer esto llevo mi mano hacia su pija y estaba totalmente dura y yo la agarré con las dos manos y la acariciaba; luego empezó a decirme como debía hacerlo (de arriba hacia abajo), y él gemía, de repente empezó a acabar sobre mis manos y mi panza. Era algo que yo nunca me esperé ver (ni sentir). En ese momento nos separamos y me pidió perdón.

Luego con un deseo tan grande empezamos a tener relaciones casi todos los días; pero lo que más me marco fue lo siguiente.

Él me hacía calentar tanto que yo hacía todo lo que me pedía. Y un día me pidió el culito.

Imagínense… Me iba a doler mucho. Entonces eso fue lo que le dije. Pero él me respondió “si no te duele ¿me lo das igual?”. Obvio que acepté.

Se metió en la casa (porque estábamos en una galería donde era más fresco) y salió con las manos detrás de él. Me hizo poner en pose de perrito y que no mirara y me dijo que a lo mejor al principio me dolería un poquito. Le hice caso y primero sentí algo frío en la puerta del culo, luego algo frío que entraba con un poquito de dolor, pero duro y finito. Luego lo sacó.

De pronto me dijo “ ya estás lista” yo ya hervía. De pronto siento que me agarra por la cintura y dentro de mí sentí una mezcla de deseo y miedo a la vez, pero pronto el miedo se me iba a ir.

Muy suavemente empezó a meterme la verga en mi culo, sentía un poco de dolor, pero fue al principio y después no más. Empezó a bombear de una manera loca durante unos minutos.

Me dijo entrecortadamente, me voy a correr, abrí más mi culo y me lo llenó de su leche caliente… Me sentí plena, satisfecha… La sacó y le di un besito por el placer que me había dado…

Luego vi sobre la mesa una jeringa con la cual, después me dijo, me había introducido vaselina para que no me doliera.

Bueno con él tengo muchas más anécdotas que en otra oportunidad les contaré Hasta pronto…

Autora: Natalia

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Mente y cuerpo III

Has sido una buena alumna, le dijo la Maestra tras despertarla. Se había desmayado. La habían soltado del aparato y lavándola y adecentándola conducido a la celda. Ahora, le llevaron sus ropas y la dieron una carta de su amado Amo en que la felicitaba y la mostraba su orgullo y dentro de unos días sería llamada a servirle y que si ella quería también sería su pareja cosa que la llenó de felicidad.

La soltó del collar donde estaba atada y la dio una botella de medio litro de agua. Ella pensó que gracias a dios que había orinado unos minutos antes que si no le vendrían muchas ganas. Fue conducida al salón principal. Allí en mitad se encontraba una especie de mesa de madera redonda con lo que se asemejaban a esposas y correas de cuero. Fue conducida allí y atada. Estando allí fueron entrando varios Amos y Amas con sus sumisos y sumisas atad@s con collares que se postraron a sus pies. De pies había algún sumiso y alguna sumisa casi como objeto decorativo.

Ahora empieza la última parte de la sesión. Antes bebiste medio litro, cada cierto tiempo te daremos a beber más agua pero en ningún momento podrás orinarte encima ni pedir ir al baño sino quieres ser castigada.

Una de las sumisas vino con una bandeja con varias fustas de diversos colores y materiales. Cogió la primera fusta. La chica estaba boca arriba y fue dando pequeños golpes en los pezones, suaves pero firmes. Luego fue aumentando la intensidad de los golpes. Cambió de fusta y empezó con golpes en los muslos, la chica apretaba los músculos porque no quería orinarse encima. La dieron otro botellin este de 33 cl.

En la mesa acercaron los tobillos hacia arriba cerca de las muñecas, los músculos se tensaron más y las nalgas se elevaron ligeramente. Ahora tenía los dos agujeros expuestos. Colocaron un par de plug-ins en culo y coño y los inflaron solo ligeramente. Empezaron con los azotes otra vez en pezones y ahora en nalgas. La chica aguantaba pero el dolor era cada vez mayor porque las ganas de orinar le estaban viniendo y para aguantar tenia que apretar los muslos y eso hacía que cada fustazo por suave que fuera le pareciera un gran latigazo.

Ahora la volvieron a dar otros 33 cl de agua y retiraron el plug del coño. Ahora los azotes eran con látigo. Suave en el coño, las tiras solo acariciaban su pubis para luego empezar a azotar las nalgas rápido y cada vez más fuerte para luego volver a bajar el ritmo. Pararon y la colocaron unas pinzas en los pezones. Una de las sumisas las conectó a una pequeña batería y las accionaba de cuando en cuando provocándole ligeras sacudidas. Estaba completamente expuesta, siendo azotada delante de aquella gente extraña.

Ahora los azotes se conectaban con las sacudidas y cada vez le ponían más pinzas ahora también en los labios vaginales. El dolor era grande en varios puntos con lo que también hacía que no pensase en uno concreto pero disminuía su resistencia a orinar. Luego la inflaron más el plug del ano y la sacaron varias pinzas. Pero una de las sumisas mientras la azotaban la puso una especie de teléfono de ducha que vibraba y lo aplicó en el clítoris. Ya eran demasiados frentes a los que prestar atención así que se le escapó un pequeño chorro.

Zorra que te has creído vas a ver lo que es bueno—la dijo la Maestra y la cara de su Amo tampoco presagiaba nada bueno.

Fue liberada de sus ataduras. La ataron a una mesa, los pies en el suelo, las piernas completamente abiertas, las manos atadas a los lados de la mesa. En la boca le fue colocado un aparato que le abría las mandíbulas para que no la pudiera cerrar.

Todos los hombres que había en la habitación fueron pasando por su boca primero, le fue retirado el aparato y tuvo que mamarla a todos. Si no lograba ponerla dura en menos de un minuto el castigo sería ampliado pero afortunadamente salvo con uno que rozó el limite con todos lo logró. Luego fue follada por el culo y el coño, llevándolos a todos al borde de la eyaculación. Ella podía tener orgasmos, todos los que quisiera pero nadie se podía dar cuenta de que disfrutaba con lo que fue un autentico suplicio ya que aunque pensó en cosas completamente antieróticas estaba estallando casi a partir del tercer polvo en un orgasmo continuo.

Después de salir de su coño o culo, los otros sumisos o sumisas mantenían las erecciones hasta que todos probaron los tres agujeros. Entonces fue liberada y arrojada en el suelo. Allí se masturbaron todos sobre ella y la llenaron de semen. La cara de su Amo era la de un hombre enfadado.

Ahora la dijeron quedaba la parte final. Fue atada en un aparato en que sus rodillas estaban en el suelo, sus manos atadas y sostenidas en horizontal a ambos lados de la cabeza. De repente notó como sus rodillas se abrían y bajaban en altura y una especie de asiento subía. En el asiento sobre salían como una serie de pinchos. La postura la tenía que sostener casi a pulso con lo que el cansancio cuando comenzó a hacer mella hizo que se fuera cayendo y acercando a los pinchos.

Cada vez que esto sucedía recibía un fuerte fustazo. Le fue introducido un vibrador en marcha en el coño con un pequeño apéndice en su clítoris. La excitación hizo que tuviera más problemas en mantener la distancia con los pinchos, por lo tanto en recibir mas golpes y en sentir los pinchos más cerca.

Aquello era una autentica tortura. Ahora su torso fue inclinado hacia delante, sus pechos atrapados en dos agujeros que comprimían la base de los mismos y unos aplicadores metálicos colocados en los pezones. Sus piernas abiertas a tope. Unas pinzas con pesos puestas en los labios vaginales y unos plug en culo y coño. En el coño también antes fue introducido un huevo vibrador. El huevo empezó a vibrar y los plugs a inflarse hasta que ella vió en un espejo en que la mostraban  su imagen reflejada sus agujeros abiertos de una manera cuasi obscena. Ahora la Maestra cogió una gran vela y con suaves movimientos comenzó a dejar rastros de cera en el cuerpo de Maria.

Por otro lado, desde el comienzo de la presente tortura ya le habían dado un litro de agua. Con la cera hacía que instintivamente su cuerpo se contrajera. Aparte su coño estaba completamente dilatado y unido a la excitación que sentía no aguantase más y estallando en un gran orgasmo del que lo único que pudo aguantar fue el grito ya que no chilló solo en el preciso momento que se derrumbaba miró a su Amo y rompió a llorar de forma silenciosa como pidiéndole perdón por haberle defraudado y se meó toda.

Después del primer chorro cayeron todos uno detrás de otro. La Maestra la cogió del pelo y la dijo al oído lo mala puta que era y otras lindezas similares. Ahora el castigo será temible la indicaron. También le aseguraron que la marca que iba a recibir no iba a ser la misma que si se hubiera portado bien y un grupo de sumiso entraron una especie de caldero con brasas al rojo y un hierro en medio. Ella sabía lo que era, la iban a marcar al fuego. Eso no estaba en el cuestionario y se le había olvidado comentarlo como limite. Le entró el miedo. Su cara era de pavor. La dejaron elegir o seguir ó renunciar y por lo tanto no vería a su Amo en la vida. Decidió aguantar y que la marcaran. Seguro que lo habían hecho con más de una y sabían hacerlo sin que su salud se viera comprometida. La Maestra cogió el hierro y se lo cedió al Amo. Este lo acercó y…lo aplastó contra la madera.

Has sido una buena alumna—le dijo la Maestra tras despertarla en la celda.

Se había desmayado. La habían soltado del aparato y lavándola y adecentándola conducido a la celda. Ahora, la llevaron sus ropas y le dieron una carta de su amado Amo en que la felicitaba y la mostraba su orgullo y como dentro de unos días sería llamada a servirle y que si ella quería también sería su pareja cosa que la llenó de felicidad.

Este relato es imaginario.

Aguardo Vuestros comentarios.

Autor: Picante100

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