La gigantesca pinga de mi hermano

Yo paraba mi trasero, facilitando la penetración. Con cada embestida, Yo creía desmayarme. Luego de varios minutos de mete y saca, sentí un chorro caliente que inundaba mi intestino. Mi hermanito menor había acabado en mi culo. Cuando Álvaro sacó su pene de mi culo, una mezcla de semen y sangre cubría su mandarria.

La historia que a continuación relataré es ciento por ciento autentica, solo he cambiado los nombres para proteger nuestra identidad. Me llamo José, tengo 20 años, mido 1.93 mts., y poseo un cuerpo bien atlético producto de mis entrenamientos en el voleibol. Desde los doce años me considero gay, siempre he disfrutado de ver a mis compañeros desnudos en las duchas y con más de uno he tenido relaciones sexuales.

Tengo un hermano menor, acaba de cumplir 18 años y se dedica al levantamiento de pesas desde hace más de 5 años. Mide 1,90 mts., y pesa unos 140 kgs., de puro músculo. Nunca había sentido atracción sexual por mi hermano, nunca lo había visto desnudo y no sabía de sus preferencias sexuales, hasta ese día. Casualmente, durante unos juegos inter-estatales, yo representando a mi estado natal en voleibol y mi hermano menor en levantamiento de pesas. En esa oportunidad, nos alojamos en la misma habitación en la villa olímpica, estas eran muy confortables, contando inclusive con baño privado.

Luego de nuestra llegada y alojamiento, Mi hermanito decidió tomar una ducha, mientras yo me dedicaba a desempacar. Cuando Mi hermano salió del baño, frotaba su cabeza con la toalla, dejando descubierto el resto de su cuerpo, (luego me confesó que lo hizo a propósito), quedé atónito al observar la “barra” de carne que tenía mi hermanito, medía unos 15 cm., flácida, rematada por una cabeza totalmente expuesta con dos bolas descomunales como marco y por si fuera poco: todo perfectamente depilado.
Cómo sería mi expresión cuando mi hermano exclamó:- ¿Que te pasa hermano, nunca habías visto una pinga como esta? – A decir verdad, No.- respondí- E inmediatamente Álvaro, (así se llama mi hermano), concluyó: -¡Y eso que no la has visto parada!-¡Espera y verás!- Entonces comenzó a acariciarse y su pene comenzó a crecer, hasta alcanzar unos 28 cm., de largo y unos 8 cm., de diámetro, rematado por una cabeza casi del tamaño de una manzana pequeña. -¿Qué te parece hermanito?- preguntó Álvaro, con voz lujuriosa, agarrando su pene.- ¡Vaya macana que te gastas!-¡Parece que nuestros padres concentraron todos sus genes de tamaño de genitales en ti y a mí me dejaron bastante escaso!- dije al rompe. -¡No seas egoísta hermano, en algunas ocasiones te he visto la pinga y no es nada pequeña como tú dices; claro está, reconozco que la mía es bastante grande!-¡Lo sé, porque varios chicos me lo han dicho! Quedé atónito con la frase… ¡varios chicos me lo han dicho!

Inmediatamente pregunté: ¿Cómo que varios chicos?-¿Y las mujeres que te han dicho? Mi hermanito bajó la cabeza y respondió con voz entrecortada:-¡Yo nunca he estado con una nena!- Como sabes, comencé a levantar pesas y siempre he estado en contacto con hombres, nunca he salido a fiestas, por lo tanto, nunca he estado con una mujer. Más por el contrario, mi único contacto sexual ha sido en las duchas del gimnasio, por supuesto con otros hombres. Nunca he visto algo más grande que la “mía”,-Modestia aparte- dijo. Pero jamás pensé, que tú no habías visto algo parecido. –Pues nunca, a excepción de películas pornográficas- Respondí.

Entonces Álvaro, me confesó algo que jamás espere oír de sus labios:- Hermano… a mí me gustan mucho los culos de hombres, a más de uno se lo abierto. Una mujer tendrá que ser muy buena para superar lo que yo he vivido. Dijo Álvaro, acariciándose la pinga, la cual ya estaba bastante dura.

La lujuria llenó todo mi cuerpo atreviéndome a preguntar: -¿Quieres decir que jamás has metido tu pinga en una mujer?- Álvaro sonrió e inmediatamente dijo: ¡No!… ¡Pero no me hace falta! – Te repito: ¡los culos de hombres me encantan! Esto parecía una insinuación “directa”

-¿Me quieres decir que eres “gay”?-pregunté. -Por supuesto, respondió y se que tú también lo eres. He visto como observas a nuestros compañeros en la duchas.-No me lo niegues. -Tienes razón hermano-respondí- Además jamás había visto una pinga con esas proporciones…de verdad es inmensa. -¡Si quieres la puedes acariciar!- dijo con tono lujurioso Álvaro- y al mismo tiempo manoseaba su barra moviéndola de un lado a otro.

Sin perder tiempo, agarré aquel mástil entre mis manos, llevando hacia atrás el prepucio, con lo cual exponía su púrpura cabeza. Sin lugar a dudas la verga de mi hermanito es toda una escultura. Podía sentir el latido de su corazón a través de las venas que la rodean.

-Métetela en la boca- dijo Álvaro. Con alguna dificultad logré tragarme hasta tres cuartas partes de aquel pingo. Por mucho que intentaba meterlo hasta mi garganta, su grosor no me permitía completar mi labor. Comencé a lamer todo el tronco, haciendo énfasis en la dilatada cabeza. Luego de varios minutos, Álvaro me obligó a ponerme de espalda y empezó a meterme la lengua en el ojito del culo.

Yo me sentía en la gloria cada vez que su gruesa lengua trataba de introducirse en mi ano. Álvaro me hacía gemir de placer a cada lengüetazo y luego de lubricar y dilatar bastante mi ojete exclamó:

-¡Bien hermanito…abre bien ese culito, ¡porque te voy a meter la pinga! ¡ si vas a saber lo que es tener una buena verga en el culo!

Sus palabras me excitaron al máximo e intenté relajar mi esfínter. Álvaro me agarró por la cintura y acto seguido su enorme glande intentaba introducirse en mi entrada posterior. Poco a poco lo fue metiendo. Yo sentía el culo a estallar…y solo me había metido la cabeza.

Cuando el glande se acopló a mi orto, los veinte y tantos centímetros restantes fueron haciendo cama en mi dilatado hueco. Álvaro terminó por enterrarlo hasta la base, al punto que podía sentir sus bolas golpeando mis nalgas. -¡Que rico y apretadito culo tienes hermanito, mejor de como lo había imaginado!- decía Álvaro, mientras su mandarria entraba y salía de mi ojete.

-¡Clávamelo hermano, jamás había tenido un machete tan grande como este. ¡Párteme el culito!

-¿Te gusta sucio?-¡Abre esas nalgas para enterrártela hasta los cojones! Desde hace mucho tiempo quería comerme esas nalgas paraditas y redondas que tú tienes! Yo paraba mi trasero, facilitando la penetración. Con cada embestida, Yo creía desmayarme. Luego de varios minutos de mete y saca, sentí un chorro caliente que inundaba mi intestino. Mi hermanito menor había acabado en mi culo. Cuando Álvaro sacó su pene de mi culo, una mezcla de semen y sangre cubría su mandarria.

-¡Me partiste el culo!-dije al observar aquello. Rápidamente mi hermano replicó: -¡Que esperabas, ¿no dices que mi verga es lo más grande que has visto? –Dime sinceramente: ¿Este es el machete más grande y grueso que te has enterrado en el culo? Sin dudarlo ni un segundo contesté:- ¡Claro que sí y por si fuera poco el más sabroso! El hueco me dolía del maltrato recibido. Pero que dolor tan sabroso.

Después de esto, Álvaro acostumbra metérmelo, por lo menos tres veces a la semana. Me mama el machete y le encanta llenarme la verga con mi leche para luego lamerlo. La mayoría de las veces su pene sale de mi ojete, con un hilillo de sangre cubriéndolo. Por supuesto, meterse 28 cm., de una barra de casi 8 cm. de grosor, es lo menos que se puede esperar. Algunas veces Álvaro me deja metérselo, siempre y cuando le dilate el trasero metiéndole de uno en uno mis dedos.

Espero les guste.

Autor: José

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Mis adorables vecinos II

Álvaro empezó a metérmela, estaba tan excitada que le fue fácil a pesar de que seguía estando penetrada por Javier. Raúl puso su verga junto a mi boca y comencé a chuparla lentamente mientras disfrutaba de mi primera doble penetración. El reloj se paró, el tiempo dejó de existir, no sé cuantos orgasmos tuve. Me sentía completamente llena, me ardía todo.

A principios de verano, como presidentes de mi comunidad de vecinos, tuvimos una reunión con los demás presidentes del edificio. Éramos solo cuatro, así que ofrecí mi casa para celebrarla, mi marido estaba de viaje y la mujer de Álvaro se llevaría al niño al parque para que no nos molestara. Álvaro, Raúl y Javier llegaron juntos, venían riendo y noté que me miraban de forma extraña. Sospeché que Álvaro había sido poco discreto con respecto a nuestro encuentro, pero en lugar de enfurecerme me excitó que los otros dos me vieran ahora como una oportunidad.

Raúl es muy alto, delgado, moreno y tiene unos preciosos ojos pardos, tiene 41 años y es muy simpático y un poco caradura. Javier tiene 34 años, no es tan alto, es fuerte y moreno, lo que más me gusta de él es su timidez. Acabamos pronto con los puntos que teníamos que tratar. Durante todo el tiempo Álvaro no me quitaba ojo, me estaba comiendo con la mirada y me estaba excitando mucho. Les ofrecí café y Raúl propuso mejor ir a su casa; nos prepararía café irlandés. Aceptamos y ya en su casa fui con él a la cocina a echarle una mano. Nada más entrar me abrazó por detrás y empezó a sobarme entera. Estaba tan sorprendida que apenas acerté a pedirle que parara y a decirle que teníamos que volver pronto con los demás, me costó porque me estaba gustando la forma en que me acariciaba.

-Ellos no quieren café tonta… -¿Qué quieres decir? -Que Álvaro nos ha comentado tu fantasía de montártelo con tres chicos y estaríamos encantados de hacértela realidad.-¿Pero qué dices? ¿Estás loco? -Los tres estamos locos, sí, pero por hacerte disfrutar… si tú quieres… ¡Oh!, claro que quería… -Ven, déjanos a nosotros…Fui…

Raúl me llevaba de la mano cuando volvimos al salón y eso pareció una señal, Álvaro y Javier retiraron la mesa y se sentaron en el sofá. Álvaro sonreía, Javier miraba al suelo… Me colocó en el centro de la habitación y comenzó a desnudarme. Parecía que me habían clavado al suelo, no podía moverme. Me quitaba los botones de la blusa despacio, me despojaba de ella con la misma parsimonia, todo parecía ir a cámara lenta. Con un dedo deslizó los tirantes del sujetador por mis hombros y dio un paso atrás para mirarme… lo hacía como si yo fuera su obra de arte. Se pegó a mí, apoyó su barbilla en mi hombro y me rodeó la cintura para desabrocharme la falda y la dejó caer, se agachó y me ayudó a quitármela y me despojó de mis zapatos. Ahora estaba sólo con un conjunto de ropa interior muy sexy ante tres hombres deseosos de mí… era muy excitante. Raúl fue a poner música y, mientras se sentaba en el sofá, me pidió que siguiera desnudándome.

Les di la espalda para quitarme el sujetador, volví la cara y les sonreí pícara mientras les lanzaba la prenda, la cazó Raúl. Giré tapándome el pecho con los brazos y lo descubrí para levantar mi pelo. Javier no me miraba, Raúl sonreía divertido y Álvaro acomodaba su erección. Volví a darles la espalda y me agaché a acariciarme las piernas, subía por mis pantorrillas y mis muslos y mi culo y cuando llegué al elástico de mis braguitas las bajé lentamente ofreciéndoles una visión que no olvidaran. Nuevamente me giré y les observé. Javier por fin me miraba, pero no a la cara. Álvaro se acercó y comenzó a acariciarme toda; el rostro, el cuello, los hombros, el pecho, la cintura, las caderas, las nalgas… Raúl empezó a desnudarse. Sólo Javier permanecía sentado.

Las manos de Raúl relevaron a las de Álvaro mientras también se desvestía. Pronto tuve a dos hombres desnudos y muy excitados acariciándome y yo sólo deseaba que Javier se uniera a ellos, pero parecía que había venido a mirar… Cerré los ojos y fantaseé con que la polla que se frotaba contra mi culo era la de Javier, que eran sus manos las que tenía en mis hombros y que eran sus labios los que acariciaban mi cuello. Pero también había otras manos que me estaban pellizcando los pezones, y otros labios que mordían los míos. Cuando abrí los ojos vi que era Raúl el que estaba frente a mí y Álvaro el que estaba detrás.

Hasta ahora me había dejado hacer, ya era hora de entrar en acción; les puse uno a cada lado de mí y comencé a acariciar sus cuellos, sus pechos y por fin sus penes. Les masturbé un rato. Mientras besaba a Álvaro, Raúl seguía dedicado a mis tetas, las amasaba y chupaba mis pezones. A estas alturas yo estaba empapada, así que Álvaro no encontró resistencia al introducir sus dedos entre mis labios y llevarlos a mi ardiente vagina. Al poco me arrodillé y les puse frente a mí… comencé a chupar sus vergas alternativamente arrancándoles gemidos de placer. Mientras lamía el pene de Álvaro masturbaba a Raúl y al contrario.

Álvaro se sentó en una silla y me sentó sobre él, dándole la espalda. Raúl se acercó y colocó su pene entre mis pechos, los apretaba uno contra el otro y yo lamía su glande cuando asomaba de entre mis tetas. Álvaro me tenía bien clavada su polla y se movía en círculos debajo de mí, una de sus manos acariciaba mi clítoris… y aún así no paraba de pensar en Javier. ¿Por qué no se acercaba? Le miré y seguía sentado en el sofá, con la vista fija en nosotros, el pantalón a punto de reventar. Aparté a Raúl, desmonté de Álvaro y fui a por Javier. No podía más.

Al verme venir se puso de pie como si tuviera un resorte, intentó huir, pero no le dejé, le besé mientras le desabrochaba los pantalones y se los bajaba junto con su ropa interior. Javier estaba chorreando. Le empujé al sofá y me senté sobre su verga, que tanto deseaba sentir. Casi de inmediato me corrí, le deseaba tanto que sólo con sentirle dentro de mí estallé. Álvaro estaba acariciándome el ano con algún tipo de crema y al poco empezó a metérmela despacio, estaba tan excitada que le fue fácil a pesar de que seguía estando penetrada por Javier. Ahora no podía moverme libremente, así que Javier era el que alzaba sus caderas. Raúl puso su verga junto a mi boca y comencé a chuparla lentamente mientras disfrutaba de mi primera doble penetración. El reloj se paró, el tiempo dejó de existir, no sé cuantos orgasmos tuve. Me sentía completamente llena, me ardía todo.

-Chicos, no puedo más, estoy muerta.

Se apartaron de mí. Me tumbaron sobre la mesa del comedor y siguieron tocándome mientras se masturbaban; Javier metía sus dedos en mi coño, Raúl me pellizcaba los pezones y Álvaro acariciaba mis labios y metía su dedo pulgar en mi boca. Parecía que se habían puesto de acuerdo, empezaron a gemir más fuerte y comencé a sentir disparos de semen por todo mi cuerpo, esto hizo que alcanzara un último orgasmo. Fue maravilloso. Les chupé las vergas una por una, para sentir los distintos sabores, para exprimirlos al máximo. Les di las gracias y le pedí a Raúl que me dejara usar su ducha, estaba cubierta de semen prácticamente de la cabeza a los pies.

Al salir Javier y Álvaro se habían marchado. Raúl estaba excitado nuevamente y me pidió que le ayudara. No podía dejarle así y me arrodillé frente a él y comencé una mamada lenta; lamía desde los huevos hasta la cabeza y volvía a los huevos, así varias veces hasta que Raúl me suplicó que me la metiera en la boca. Lo hice de golpe, arrancándole un gran gemido. Con toda su polla hasta el fondo moví mi cabeza de lado a lado para que notara mi garganta y volví a sacarla para iniciar un mete saca que le volvió loco. Me ayudaba de mi mano que le masturbaba y le miraba a los ojos suplicándole con la mirada que eyaculara en mi boca. No tardó en complacerme y sentí como se corría entre temblores y gemidos entrecortados.

Había sido una larga tarde y estaba rendida. Me despedí de Raúl y fui a casa. Al poco la mujer de Álvaro trajo a mi hijo, menos mal que venía cansado del parque y tras cenar nos quedamos dormidos los dos.

Autora: Malkia

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Mis adorables vecinos

Noté cada una de sus sacudidas y cada chorro de semen cálido que las acompañaba. No la sacó, en seguida comenzó el vaivén de nuevo, sus manos amasaban mis tetas, las mías amasaban sus huevos, empujaba como queriendo traspasarme y ahora era yo la que estaba a punto. Le volví a pedir que me diera más fuerte y entre mis gemidos sentí que se venía conmigo.

Mi vecino Álvaro es increíble; es moreno, guapísimo y muy simpático, pero es un poco tímido. Nos conocemos hace 6 años y congeniamos desde el principio. Intercambiamos recetas porque a los dos nos encanta cocinar y cuando hace algún experimento aparta un par de raciones para que lo probemos en casa.

Nuestros turnos de trabajo coinciden y aunque nuestros hijos no van al mismo colegio, juegan juntos en el parque y casi siempre nos sentamos en un banco a charlar mientras les vigilamos. El único contacto físico que tenemos en esas ocasiones es algún roce ocasional (o no tanto) de nuestras piernas. A menudo me invita a un cigarro y al encenderlo sujeto su mano, que suele temblar cuando lo hago. La única vez que sentí su cuerpo fue hace dos meses cuando me acompañó al hospital; mi hijo se había caído y necesitó unos puntos en la barbilla, yo estaba histérica y Álvaro me abrazó y me habló suave hasta que me calmé. Me calmé tanto que me puse muy caliente al tenerle pegadito a mí, susurrándome que todo iba bien, que no pasaba nada, con esa voz tan bonita, y creo que lo que sentí no era su móvil. Los polvos con mi marido fueron geniales las siguientes semanas.

Álvaro vive en otro bloque, pero su cocina queda enfrente de la mía aunque en un piso superior, esto le proporciona una vista panorámica. Hace tiempo que me di cuenta de que me espiaba y desde entonces empecé a ponerme menos ropa para estar en la cocina. Empecé quitándome el sujetador, luego cambié la bata que usaba por una camiseta larguita y escotada y comencé a llevar tangas en casa. De esta forma conseguía mostrarle mi escote al inclinarme a tender la ropa y mi culo cada vez que me agachaba o me estiraba limpiando. A veces me saludaba y se ponía a tender o a recoger la ropa, o a fumarse un cigarro en su ventana, otras le adivinaba tras la cortina y los movimientos que hacía al masturbarse, eso me excitaba muchísimo, pero hacíamos como si no supiéramos lo que estaba pasando.

No hace mucho estaba tendiendo la ropa y lo alargué todo lo que pude, sabía que estaba manos a la obra porque la cortina estaba echada, me gustaba pensar que se correría mirando mis tetas, miraba hacia su ventana disimuladamente cuando una racha de viento apartó la cortina y le vi. Fue una fracción de segundos, pero no pude quitarme esa imagen de la cabeza en varios días; Álvaro con una mano en su pene y la otra en sus testículos, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados,  Estaba claro que Álvaro me deseaba, pero que no iba a dar el primer paso,  así que me decidí a darlo yo. Le pediría algún dvd infantil para mi hijo. Esa sería la excusa.

Esa mañana me puse un top blanco y unos pantalones muy cortitos verde también estaba un poco cortada, ya no me sentía tan segura como cuando salí de casa. Esperé en la entrada.

-Toma, espero que apacigüe a las fieras.-Gracias. Estaba a punto de irme sin haber conseguido nada. -Hace calor, ¿verdad? -Sí, este año el verano se adelanta.- y encima hablamos del tiempo…-¿Quieres beber algo? -Sí, un poco de agua fresquita, gracias.- al menos estaría un poco más. -No, agua no. Te voy a hacer un cóctel refrescante. No tienes prisa, ¿no? -No, ninguna.

Entramos a la cocina. Mientras se afanaba con la batidora y los ingredientes del cóctel aproveché para admirar su culo, qué culo madre mía.Al darme el vaso nuestras manos chocaron y me mojé bastante el top. Álvaro cogió papel de cocina y sin pensarlo comenzó a limpiarme. El líquido helado y su mano hicieron que mis pezones endurecieran. Se apartó casi saltando hacia atrás.

-Perdona,  -No te preocupes.- le sonreí y armándome de valor volví a poner su mano sobre mi pecho.

Estaba rojo como un tomate, miraba su propia mano como si no pudiese creerlo. Lentamente empezó a apretar, suavemente se apoderó también del otro pecho, los unía, los separaba, los masajeaba en círculos, pellizcaba los pezones,  A mí se me escapaban gemiditos de placer.

-Quizás debería quitarme esto, ¿no crees?- mi respiración estaba agitada -Salte; yo te ayudo.

Nuestros cuerpos se acercaron, nuestros torsos desnudos se unieron y su calor y su erección me produjeron un maravilloso estremecimiento. Me abrazaba mientras nuestros labios se rozaban apenas, una y otra vez. Saqué mi lengua para lamer su boca y los dulces besos se convirtieron en fieros, pasionales.

Su lengua recorría mis pechos, sus manos agarraron mis nalgas, tiró de mi pantalón hacia arriba y la costura se hundió más en toda mi raja, empapándose. Masajeaba mi culo y nuestros sexos se frotaban deseosos de encontrarse. Mis manos por encima del pantalón encontraron un pene durísimo luchando por liberarse; él tampoco llevaba ropa interior. Subí apenas su pernera y vi su glande rojo y brillante llamándome, pidiéndome que me lo comiera. Me arrodillé y empecé a lamer cuanto quedaba expuesto, pero no era suficiente, quería tenerla toda en mi boca. Bajé su ropa hasta las rodillas, descubrí un pene no excesivamente grueso pero sí muy largo. Engullí su miembro hasta los testículos y comencé a chupar con desesperación. Él me apartaba el pelo de la cara para no perder detalle. A los pocos minutos me retiró, me alzó y seguimos besándonos y tocándonos.

Sin mediar palabra Álvaro me giró bruscamente, me quitó los pantalones y me colocó de rodillas sobre la mesa. Me hizo lamer los dedos de una de sus manos mientras la otra acariciaba apenas el vello de mi sexo. Cuando los tuvo mojaditos, introdujo suavemente el corazón en mi vagina y enseguida unió el anular a la exploración. Los metía y sacaba rítmicamente y a veces recorría con ellos mis labios. Sus manos aferraban ahora mis nalgas, clavaba sus dedos en ellas y uno de sus pulgares se introducía en mi ano. Notaba arder mi coño y sentí agradablemente fresca su saliva. Su lengua acariciaba mi clítoris y su nariz mi vagina.

El orgasmo era inminente y me agité buscando más presión de su lengua y más penetración de su dedo. Mis piernas se tensaron, mi espalda se arqueó y mi cuerpo entero vibró con las sacudidas del placer extremo.

Álvaro apartó su cara y su pulgar, me ayudó a bajar, me depositó en la cama, le ofrecí mi húmeda cueva y me ensartó de una, ese trozo de carne caliente hacía milagros en mi vagina, en mi piel, sentía como entraba y salí, le mordía sus pechos, le rogué que apurara, que no daba más. No se hizo de rogar y aumentó el ritmo y los gemidos hasta convertirlos en espasmos y gritos de placer. Noté cada una de sus sacudidas y cada chorro de semen cálido que las acompañaba.

No la sacó, en seguida comenzó el vaivén de nuevo, ahora más pausado, disfrutábamos de cada movimiento, de cada centímetro. Sus manos amasaban mis tetas, las mías amasaban sus huevos, empujaba como queriendo traspasarme y ahora era yo la que estaba a punto. Le volví a pedir que me diera más fuerte y entre mis gemidos sentí que se venía conmigo, más silencioso ahora o más ruidosa yo, no sé…

Entre jadeos seguimos besándonos mientras nos poníamos la ropa. Hablamos de cuanto nos habíamos deseado durante tanto tiempo, de lo bueno que había sido y de que repetiríamos alguna vez, mientras no cesábamos de abrazarnos y mimarnos.

Más tarde, en casa, me di cuenta de que me había olvidado las películas, ¿vendría Álvaro a traérmelas?…

Autora: Malkia

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Mi padre ahora es marido y amante

Me lamió mi vagina sacándome hasta la última gota; me dijo que le gustaban las mujeres peludas de concha, que le producían mucho morbo, después se subió sobre mí, ubicó su pene a la entrada de mi vagina y me fue penetrando, cuando escuchó él un gemido mío, enseguida empezó a penetrarme con más fuerza hasta que yo emití un grito que fue de dolor y placer al mismo tiempo.

Primeramente quiero felicitarlos por esta excelente página, donde me ayudo por medio de sus contenidos a abrir mi cerrada mente, a encontrar nuevas maneras de amor, en especial hizo que saliera de lo más profundo de mí el amor por el incesto. Yo nunca imaginé que lo haría realidad y por todo esto muchas gracias.

Mi nombre es Adriana, tengo 18 años, soy una chica con excelentes senos como dos manzanas, una buena cola y una vagina muy velluda que a veces pienso que es un peluche; vivo con mi padre Álvaro de 45 años, es un hombre fuerte, inteligente y simpático. Somos de un país latinoamericano.

Todo empezó el día que conversé con una amiga por Internet, ella me comentó con detalles que desde hace dos meses mantenía relaciones sexuales con su padre, yo no podía creerlo hasta que ella me mostró fotos de ellos haciendo el amor; al principio me dio nervios, pero luego me entró la lujuria acompañada del morbo, ahí mismo empecé a masturbarme con un consolador pequeño que tenía; enseguida en mi cabeza imaginaba a mi padre penetrándome, hasta que llegué a un fantástico orgasmo; al final me despedí de ella y le di las gracias por abrir mi mente a nuevos caminos de placer.

Al siguiente día me levanté temprano y me oculté detrás de la cortina de la pieza de mi padre, mi deseo era verlo desnudo; él se encontraba bañándose, cuando de repente entró al cuarto, se quita la toalla, saliendo a relucir su admirable pene gordo, largo, moreno, peludo; yo antes no había visto en vivo y directo un pene, sólo en Internet y películas. Luego él se vistió para irse a trabajar en su oficina de abogado, yo en cambio me desnudé y me arrojé a la cama dándome dedo en mi vagina, pensando en mi papi, en especial su pene delicioso.

Llegó la noche, yo había decorado la casa de una manera romántica, mi padre entró preguntándome que es todo esto, ¿qué estamos celebrando?  Le dije papá, todo esto es porque eres el mejor papi del mundo, luego cenamos; coloqué música suave diciéndole, padre necesito decirte algo que no sé como lo tomes, él me dijo, ¿qué pasa?; sin más rodeo le solté la bomba, es decir, le dije padre estoy locamente enamorada de ti; él me respondió con un ¿quéee?, en ese momento hubo un silencio; ambos estábamos sentados en el mueble de la sala, cuando no soporto más este silencio, me le acerco y le doy un beso con lengua en la boca. Él tenía una cara de asombro, le dije padre, no hay nada de malo de que tú me gustes, lo que pasa es que todavía tienes esos tabús que te metió la sociedad a la fuerza en la cabeza; padre deseo poderte ayudar a romperlos.

Luego lo volví a besar, él ya empezaba como a seguir mi plan, entonces le dije, mira para el otro lado, rápidamente me desnudé, ahí estaba yo con mi joven y apetecible cuerpo; le dije voltéate, él no creía lo que estaba viendo, era su hija ya toda una mujer, después le comenté que se quitara toda su ropa que hacía calor, enseguida él también se la quitó; me arrodillé diciéndole, padre yo quiero ser de ahora en adelante tu esposa, tu mujer, tu amante, tu puta; hubo un silencio: cuando sonó un siiiiiiii, yo dije, ¿si qué?  Siiiiiiii te acepto, luego le empecé a chupar su pene que ya estaba erecto, de repente sentí toda su deliciosa leche en mi boca, me la tomé toda como buena niña.

Enseguida nos fuimos a su habitación, allí él me recostó, luego me lamió toda mi vagina, sacándome hasta la última gota de mi lubricante; me dijo que le gustaban las mujeres peludas de concha, que le producían mucho morbo, después me besó las tetas hasta más no poder, me acarició mi vellos púbicos; se subió sobre mí, ubicó su pene a la entrada de mi vagina y me fue penetrando, cuando escuchó él un gemido mío, le dije, padre soy virgen; enseguida él empezó a penetrarme con más fuerza hasta que yo emití un grito que fue de dolor y placer al mismo tiempo.

Luego le dije, padre mi virginidad ha sido el más lindo regalo que yo pueda darte, él me besó en la boca, diciéndome gracias por el honor que me haces, cuando aceleró el ritmo de sus movimientos, me dijo que ya estaba a punto de eyacular, que mejor se iba a regar por fuera para no correr el riesgo de preñarme, yo le dije nooooooo…

Padre deseo sentir tu semilla dentro de mí, mis óvulos están esperando desde hace tiempo a mis hermanitos los espermatozoides, para poder hacer el milagro de la vida, padre con todo mi corazón deseo tener un hijo tuyo; ya que tú, todos estos años me has cuidado y protegido; además tú tienes todo el derecho del mundo de ser el padre de mis hijos.

De repente sentí toda su leche o semilla dentro de mí, yo lo abracé fuerte diciéndole al oído, si papi embaraza a tu hija, para mi fueron ríos de semen que me arrojó mi padre en el útero, porque después se me salían de mi vagina, me sentía llena y satisfecha; al final nos dimos un beso en la boca. Desde entonces somos pareja de esposos.

Esto pasó hace 11 meses, ya tengo un lindo y saludable hijo – hermano. Mi padre está alegre porque también es el padre de sus hijos – nietos. Esta historia puede ser real o ficticia según el criterio del lector.

Es un placer poder decirles gracias por contribuir a que el incesto no muera, los saludo de corazón y un beso francés a todos. Un consejo para las hijas que quieren a sus padres, que no hay nada de malo en poder hacer el amor con sus papis, ya que ellos se han sacrificado toda la vida por ustedes, que mejor amor de hombre que el de un padre. Padres los invito a que se les declaren a sus hijas, que puedan hacer el amor con ellas sin ningún tipo de remordimiento y tal vez de ello salga el fruto del incesto que es un hermoso bebé.

Autor: NarradorErotiko

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Mi hija inválida y yo

Cerré los ojos y me lancé, esa noche le hice el amor hasta que quedamos agotados, no recuerdo los orgasmos que tuvimos, parecíamos unos hambrientos, no había límite lo repetíamos una y otra vez hasta que nuestros cuerpos dijeron basta.

Mi nombre es Julián, tengo 37 años y soy viudo desde hace unos seis meses, mi mujer Isabel era muy ardiente, pero un accidente de autobús la dejó en coma quince días antes de morir. Nos quedamos mi hija Ana y yo solos, he de decir que Ana tiene 19 años, es guapa como su madre y simpática, pero un accidente cuando montaba en caballo la dejó inválida a los 16 años y aunque la hemos llevado a muchos especialistas no ha podido levantarse de la silla de ruedas, este accidente afectó su carácter, de simpática y alegre, pasó a ser reservada y poco amigable, por eso pensé que le afectaría más la pérdida de su madre, pero quien más la echó de menos fui yo. Me pasaba el día; del trabajo a casa y paseando a Ana por el parque. Una noche después de cenar, Ana me dijo:

– Papá te veo muy abatido, ya han pasado unos meses y no sales con los amigos ni te relacionas con mujeres, echamos de menos a mamá, pero la vida continúa y tú eres joven  aún, no te voy a echar en cara si sales con alguna mujer. – Si hija, tienes razón, pero tu madre era muy especial nos compenetrábamos en muchos sentidos y no me veo saliendo con otra mujer, ella era única. – Tú siempre has dicho que yo me parezco a ella, hasta tenemos la misma talla de ropa. – Ya, pero tú eres mi hija. – Yo por no verte tan abatido y triste haría todo lo que mamá te hacía.

Yo como un resorte boté en el sofá y mirándola le dije:

– Pero hija, eso es un incesto. – Llámalo como quieras, pero mírate no sales con nadie y mi novio me dejó cuando vio que me quedaba en silla de ruedas y desde entonces nadie quiere estar conmigo.- Y si se enteran, que dirá la gente.- Nadie tiene que enterarse, además mis amigas dicen que después de hacerlo duermes como un lirón, tú desde que murió mamá tomas pastillas para dormir.- Y tú, ¿cómo lo sabes?- Cuando me dejas en la cama escucho como vuelves al comedor y te tiras horas viendo el televisor y cuando paso el aspirador en tu cuarto veo las pastillas de dormir.- Pero hija lo que me pides no está bien, somos familia.- Tú cuando me caí del caballo, me dijiste que me querías mucho y qué harías que nada me faltara, mis amigas hablan del sexo, como algo sublime, pero yo aún no lo he experimentado y tú ahora necesitas sexo, yo quiero saber que es hacer el amor, yo siempre te he querido como padre y también como hombre.

La miré, era verano y tenía una camiseta de tirante ceñida y muy escotada, se le veía el comienzo de los senos, eran del mismo tamaño de mi mujer, yo estaba pensativo cuando ella dijo:

– Papá no lo pienses más y vente a mi cuarto. – Es que igual, no nos sale bien y esto rompe la convivencia entre nosotros. – Papá, siempre serás mi papá, déjame ser por una noche como era mamá, si no sale pues lo dejamos. – No es tan sencillo, una relación sexual implica dar y recibir y no siempre dos personas se sincronizan, tiene que haber una química, una armonía.
– Yo siempre te he querido, mamá era muy afortunada, yo os veía y me decía cuando llegará un chico como mi padre, la desgracia se ha cebado con nosotros y sólo estamos tú y yo, hazme el amor.

Yo la miraba cada vez se parecía más a su madre y sus argumentos me iban convenciendo, pero mi educación me retenía a besarle los labios y acariciar su cuerpo. Después de un rato en silencio y con un hilo de voz bajito le dije:

– Déjame pensarlo, no creas que no tengo ganas, después de unos meses sin sexo, tu madre y yo, éramos muy activos, pero quiero reflexionar si esto que me pides no te hará mal.

La cogí de la cintura para llevarla a la cama como cada noche y ella se agarraba del cuello, me miraba muy cerca y me dio un beso, ese beso no fue como el de siempre, me lo dio muy cerca de los labios y rozaron. Mi cuerpo tembló y ella lo notó.

– Que guapo eres papá, te estaré esperando por si te decides, seguro que no te arrepentirás.

Me fui al cuarto de baño para orinar y mi miembro estaba como un palo, me palpitaba el pulso muy rápido y en mi cabeza sólo veía a mi hija guiñar un ojo diciéndome: “te estaré esperando por si te decides”. Quité la mesa y me senté a ver la tele, esa noche sólo salían chicas jóvenes besándose con hombres o eso era lo que yo veía, miré el pantalón de pijama y el pene estaba como un hierro, no se había deshinchado, pensé en hacerme una paja en el lavabo pero estaba al lado de la habitación de mi hija igual que mi habitación, lo más alejado era el comedor, donde yo estaba, pero los ventanales daban a otra casa y podían verme los vecinos.

El deseo era cada vez más intenso y yo me repetía mentalmente “bueno como si fuera un sueño y mi mujer ha vuelto, sólo por esta noche”. Me dirigí al cuarto de ella, pero en el pasillo me detuve y me puse las manos en la cabeza diciéndome “pero si es mi hija, cuando la mire a la cara no podré”, me volví, pero unos pasos después “pues no enciendo la luz, a oscuras, así pensaré que estoy con mi mujer y mi hija conocerá los placeres del sexo”. Entré en el cuarto de Ana y esta fue a encender la lamparilla de la mesita de noche y yo le dije:

– No por favor, no tengo fuerzas para estar con la luz encendida, es como si nos estuviera viendo todo el vecindario. – No te preocupes papá, lo importante es que estés aquí.

Me quité los pantalones y la camisa del pijama antes de entrar en la cama de mi hija, ella estaba con las manos hacia delante y cuando me tocó, me agarró al cuello y me besó en los labios, sabían a miel, eran como mi esposa cuando la conocí, si sabía besar eso se notaba, jugaba con mi lengua, le cogí con una mano en la cabeza y otra en la cintura, fui acariciando su espalda y le quité la camiseta muy despacio, ella levantó las manos dejando de besarme por un momento, pero volvió con más pasión, una de mis manos fue posándose sobre su seno muy despacio y cuando rocé su pezón ella dio un brinco, la otra mano fue desde su cuello hasta su entrepierna, le separé sus muslos y mi mano tocó las braguitas, estaban húmedas, le estiré el elástico de un lateral y mis dedos acariciaron el vello púbico, esta vez mi hija estiró todo el cuerpo y emitió un gemido mientras me besaba. Su respiración se hizo más agitara y decía:

– Si papá, esto me gusta papá, haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya, hazme el amor.

Yo quería besar todo su cuerpo, empecé a bajar por su cuello acariciando con mi boca, pero cuando sus senos estuvieron a mi alcance, la lengua hizo círculos sobre el pezón.

– Ooohh papá, que gusto me das.

Mi excitación era máxima, como en los viejos tiempo con mi mujer, pude sentir como el pezón se ponía duro y aumentaba como el de su madre, 2 centímetros, mientras mi hija empezaba a gemir. La otra mano con la ayuda de ella le había quitado la braguitas y ya mi mano oprimía la vagina, el dedo corazón acariciaba sus labios y tropezó con el clítoris cuando ella dijo:

– Uff, que bien me siento papá, como me acaricias, oleadas de placer que desconocía se apoderan de mi papá… – Tranquila esto es sólo un preámbulo, esta noche conocerás los placeres del sexo. – Papá no se qué hacer, todo esto es nuevo para mí. – Déjate llevar, tus instintos y yo te guiaremos por los caminos del placer sexual.

Después de saborear los pezones pasé por el ombligo plano de mi hija, ella me cogía la cabeza con sus manos y me dirigió hacia su entrepierna, cuando llegué el aroma a hembra en celo me embriagó. Lamí su vagina como un niño lame su helado favorito, con pasión, una mano masajeaba los glúteos, mientras la otra acariciaba el clítoris, mi lengua no dejaba nada sin lamer, incluso el ojete del culo, mi hija gemía más fuerte, pero cuando con las manos separé los labios vaginales e introduje la lengua ella gritaba:

– Papá, que haces, no pares, continúa a sin, dame más, dame más placer.

Menos mal que no vivimos en un bloque de casa, sino los vecinos se enterarían, pero yo estaba disfrutando como si mi mujer no se hubiese ido y me era igual que gritara. Mi miembro estaba como un hierro y me dolía dentro de los calzoncillos, con una mano me los quité sin dejar de lamer. Yo le separé las piernas y le daba golpecito con la lengua entre su clítoris y el interior de su vagina, cuando mi hija me cogió la cabeza con sus manos y me dijo:

– No puedo más papá, como utilizas la lengua, no pares de lamerme, me vengo,  oh que placer.

Absorbí todo su néctar con mi lengua, sin dejar una gota que se derramara. Me incorporé, ella palpó mi rostro cerca de su cara y me atrajo a sus labios dándome besos de agradecimientos por toda da cara.

– Que contenta estoy de esto papá, que bien me haces.

Mi cuerpo estaba pegado a ella y en un movimiento mi pene rozó su barriga. Mi hija se estremeció y con la mano me la cogió.

– Que grande es papá. – Pues el merito es tuyo, está así por tu culpa.- ¿Quiero lamértela? Dicen mis amigas que a los hombres les gusta mucho, enséñame papá.

Se la puse a la altura de sus labios y le dije:

– Cógemela con la mano y como si fuera un helado lame de arriba abajo, con la mano sigue el movimiento de tus labios, con la punta de tu lengua en círculos lame el capullo del pene e introdúcela como si fuera un chupete y oprimiendo con tus labios el contorno de mi pene.

Ella abrió la boca, con su lengua jugueteó con mi miembro, al principio como si tuviera miedo, pero después cogió ritmo y se percató de la palpitación del pene cuando sus lamidas empezaron a tener consistencia y se dio cuenta como determinadas acciones tenían una reacción en mi cuerpo y en mi respiración.

– ¿Cómo lo hago papá? ¿Te gusta? – Acelera hija y no te asustes, estoy a punto.

Hacía meses que no me hacían una mamada y esa lengua caliente de mi hija junto con las caricias consiguieron que eyaculase una gran cantidad de leche, que mi hija al principio retiró la cara, pero después saboreó con su lengua los últimos latigazos.

– Gracias papá ha sido maravilloso sentir tu pene en mi boca, que suave y que duro a la vez, que delicia, que gozada.

Yo la besaba con locura, con lujuria y con pasión, pero mi pene no se había arrugado y mi deseos tampoco.

– Hija, si quieres vamos a pasar a cuotas de placeres mayores, pero igual esto puede hacerte un poco de daño, ¿estás dispuestas? – Claro, es lo que he estado deseando estos últimos meses, desvírgame papá, por ti estoy preparada para todo, soy toda tuya.- Mi pene es un poco grande, por eso serás tú la que marque la velocidad de introducción según vaya acomodándose mi pene en tu vagina, de acuerdo hija, ahora te lubricaré un poco con mi lengua.- Papá no me lamas mucho, que me volveré a ir, tu lengua es muy hábil y mi sensibilidad está muy a flor de piel. – Tranquila hija tú me avisas.

Las lamidas hicieron que ella temblase al cabo de unos instantes y cogiéndome la cabeza con las manos, me dijo:

– No continúes, por favor, te quiero dentro, no aguanto más el deseo, aunque me duela por el tamaño, te quiero en mis entrañas, hazme feliz papá. Le puse la punta en la entrada, se la pasé por los labios de arriba abajo y rocé su clítoris. – Que cosquillas más sabrosas, despacio papá, es mi primera vez, te quiero con locura y quiero ser tuya.

Centímetro a centímetro mi miembro abría aquella cueva, los gemidos y sus manos en mi cadera me decían lo bien que iba, retrocedía de vez en cuando y volvía a introducir un cacho más, hasta que una barrera fina noté en la punta de pene, mi hija también la notó, evidentemente era el himen de mi hija virgen y fue cuando le dije entre besos:

– Hija ahora te dolerá un poco, pero enseguida te pasará, cuando estés preparada.- Adelante papá, aguantaré ese dolor, sólo es un pequeño obstáculo para ser tuya.

Le besé los labios mientras le introducía el pene, ella pegó un bote y se le escapó un ¡ahí!  Paré, me quedé un tiempo quieto y noté como un líquido resbalaba por su vagina. Ella me volvió a besar y movió sus caderas, yo continué la introducción con lentitud, ya tenía la mitad dentro y mi hija me decía:

– Más, más, lo quiero todo aunque me destroce por dentro, papá no pares, ya se me ha pasado el dolor.

Esa cueva era tan estrecha que notaba cada trozo conquistado, como si fuera un manjar de dioses, mientras ella me aceleraba con sus manos en mi cadera la culminación de la entrada. Parecía imposible, pero mis bolas chocaron con sus labios vaginales, cuando ella dijo:

– Adelante papá, ya está dentro, ahora demuéstrame como me haces gozar.

El vaivén empezó muy lento, como a cámara lenta, en cada embestida, ella gemía más fuere y yo aceleraba.

– ¿La sientes? – Como no papá, me estoy derritiendo de gustooooo. Uff.

Continué con el ritmo más acelerado, cuando mis manos cogieron los senos de ella, le estrujé los pezones y ella gritó.

– No pares, no pares, papá, ay, como te siento aquí dentro, no puedo más.

Y se corrió entre gritos de felicidad, me asusté porque los gritos salían de su garganta como si se fuera a desmayar, movía su cuerpo como una serpiente, incluso yo que estaba arriba, me movía, con sus sacudidas. Le cogí las manos y la besaba, mientras mi pene ya más lubricado, seguía dentro de ella entrando y saliendo.

– Papá ahora faltas tú, riégame toda.- No hija te puedes quedar embarazada.- No me importa, sólo quiero que seas feliz papá.- Ya habrá otra ocasión cuando tomemos medidas, no puede ser hija, lo siento.

Mi hija no dijo nada y con las manos me aceleraba en ritmo de entrada. Yo empecé a hacer círculos con mi pene en su vagina y chocar con fuerza mis bolas en sus labios vaginales. Ella movía las caderas de lado a lado, sus gemidos eran fuertes y yo notaba como mi semen se acumulaba en el pene, aguanté un poco, porque vi que mi hija volvía a correrse otra vez y cuando acabó, me salí y derramé mi semen en sus preciosos pechos.

– Que feliz soy papá, me has hecho mujer, nunca olvidaré esta noche.

Yo me levanté de la cama y cuando mi hija escuchó mis pasos, me dijo:

– No te vayas papá, por favor, quédate, por lo menos hasta que me duerma.- Voy al lavabo a traer unas toallas húmedas para limpiarnos.

Volví a la habitación, limpié los restos de semen que mi hija tenía y me eché al lado de ella, nos besamos y abrazados nos dormimos. Al día siguiente me levanté, mi hija todavía dormía, desayuné en la cocina y en ese momento mi conciencia de culpable se apoderó de mí. Con las manos en la cabeza me vio mi hija en la cocina y me dijo:

– Buenos días papá, ¿te duele la cabeza? – No hija, escúchame lo de ayer no estuvo bien.
– Vaya, pues yo me lo pasé estupendamente, igual tenemos que practicar más para que yo aprenda, no. Esta frase la dijo riéndose, pero al ver mi semblante serio se calló.- Hija no puede ser, la sociedad no acepta esta conducta, está mal lo que hicimos y no volverá a pasar.

Mi hija se acercó con la silla de ruedas a la silla de la cocina donde estaba y me cogió la cara para darme un beso en la boca, cuando yo desvié la cara para dárselo en la mejilla.

– A ver papáíto, ¿hemos matado a alguien, hemos hecho daño a alguien, la sociedad se ha enterado?, ¿dónde está el problema? Tu educación religiosa y moral es la que te tiene comido el coco, tú tienes una necesidad de hacer el amor, ayer me lo decías “que tú con mamá eras muy activo sexualmente” y yo estoy aprendiendo los placeres del sexo, ¿dónde está lo malo?- Yo soy tu padre, tú tienes que salir con un chico de tu edad, yo soy mayor.- Papá tú no eres mayor, me tuviste muy joven, tú siempre me has dicho que el amor no tiene edad y yo te quiero.

– Yo también te quiero, eres mi hija.- Papá yo te quiero con locura y no como padre sino como hombre.- Hija no puede ser, soy tu padre, entiéndelo.

Ella se echó a llorar y se fue a su cuarto. Yo cogí la cartera y me fui al trabajo. Cuando volví la mesa estaba puesta, nos pusimos a comer casi sin hablar, se notaba que mi hija estaba enfadada, pero yo no cedí. Después de pasear por el parque, como cada día, le pregunté si quería que alquiláramos una película para verla después de cenar, ella me contestó que no le apetecía y que tenía que estudiar. Cenamos esa noche en silencio, yo intenté tener una conversación normal con preguntas triviales, pero ella contestaba con monosílabos “si, no, bien, bueno, vale”. Cuando la llevé a su cuarto, le di las buenas noches y le pregunté:

– ¿Estás bien?, hija.- Bueno, podría estar mejor, pero ya sé que tú no quieres.- Seguro que se te pasa, yo también me enamoré de mi profesora de literatura, es algo pasajero.- Yo no creo que sea algo pasajero, lo que siento es algo profundo y real y ayer no sólo hiciste el amor conmigo sino me demostraste que me querías, pero igual todavía no eres consciente, pero ocurrió algo extraordinario, cuando me corrí, unos latigazos de electricidad recorrieron mi cuerpo y por un instante pude notar mis piernas, sobre todo la segunda vez, hasta pude mover los dedos de los pies.

Yo con los ojos como platos, escuchaba y no me lo podía creer, me acordaba como todos los médicos me decían que mi hija no podía andar y no había solución.

– Estás segura hija de lo que dices, ¿por qué no me lo dijiste ayer? – Ayer papá me lo pasé muy bien, pero acabé tan rendida que me dormí sin podértelo decir.Yo estaba alucinando y le pregunté acogiéndole los pies.- ¿Sientes algo ahora?- No papá ahora no siento nada, pero anoche en la primera corrida, noté mis piernas, estoy segura, pero en la segunda sus efectos tardaron más en desaparecer, hasta pude mover los dedos.

– Mañana mismo iremos al médico para que te vea, hija.- Ya, pero no podemos hacer el amor delante del médico para que vea la movilidad de mis piernas.- Y menos le podemos decir que tú y yo hemos hecho el amor.- Bueno, pero podemos seguir haciendo el amor, a ver si tengo más movilidad.

Yo interpreté esa última frase como si todo fuera mentira y que era todo una trampa para que hiciéramos el amor que yo no quería, por eso me enfadé y le dije:

– No sé cómo has podido engañarme con eso, sabes que tu caída del caballo me dolió mucho, yo hubiese querido que me pasara a mí y no a ti, incluso daría mis piernas porque tú andaras, pero te has pasado, no esperaba eso de ti.- Papá te lo juro, no es mentira, no es una treta para hacer el amor contigo, te lo juro por lo que más quiero, por ti papá.

Se echó a llorar y yo me fui al comedor a ver la televisión. La verdad no vi nada, no me concentraba, sólo le daba vueltas a lo que mi hija me había dicho. Me acordaba de mi mujer cuando prometimos que llevaríamos a nuestra hija a cualquier médico que nos diera una pequeña esperanza de que caminaría y que haríamos todo lo que estuviera en nuestra mano para sacarle a nuestra hija la silla de ruedas. Andando hacia su habitación pensé igual ya está durmiendo, no la despertaré, pero vi luz y entré.

– Hija, quiero que me prometas que no me estás engañando y que sólo quieres sexo.- No papá, quiero sexo contigo, pero no te he engañando, créeme por favor.

Mi intención al entrar a su cuarto, no era hacer el amor, pero cuando me abrazó, yo sentí su piel en contacto con la mía, los deseos se desataron y nos besamos con pasión. Mis manos acariciaron su cuerpo por encima de su camisón y pude ver como sus pezones crecían, ya no había marcha atrás y esta vez con la luz de la mesita. Acaricié con mis manos y con mi lengua todo su cuerpo y pude comprobar que ese cuerpo ya no era el de esa niña que yo conocía, sino el de una mujer hecha y derecha, que había conocido los deseos del sexo y que quería más. Puse tanto entusiasmo en las caricias en su cuerpo y sobre todo en sus pechos, que cuando le hice un par de lamidas en su vagina, se corrió copiosamente. Fue entonces cuando vi como mi hija doblaba las piernas hacia arriba.

– Has visto papá, he movido las piernas, sin ayuda de mis manos, ha sido fantástico. Déjame lamer ese trozo de carne que me lleva a la locura.- Hija, ¿notas mis manos en tus piernas?- No, ahora no, pero si he notado tu pecho en mis rodillas un tiempo.

Yo estaba alucinando, cuando mi hija me cogió el pene en su boca, parecía que hoy estaba más decidida y me hizo una gran mamada que a punto estuvo de hacerme eyacular. Yo estaba más excitado que ayer, al parecer la visión de su cuerpo juvenil y los gestos de placer de su cara, me pusieron a mil y le dije:

– Hija quiero metértela hasta el fondo y verte disfrutar.- Papá estoy deseándolo, soy toda tuya, no deseo otra cosa que gozar contigo.

Entré muy despacito, viendo su cara como disfrutaba y me gritaba “más, más, no dejes un trozo fuera”. Su vagina se acomodó a mi pene, los movimientos eran acompasados y ella me seguía con sus movimientos de cadera, sus gemidos eran ya casi gritos y los cuerpos aceleraron progresivamente el ritmo, ya estábamos a punto, tuve que controlarme para no vaciarme dentro, ya que cuando sentí su corrida en mi pene, me entraron unas ganas locas de eyacular, pero salí a tiempo y lo vacié en sus pies, que volvían a moverse, yo con las manos acaricié sus muslos y ella me decía:

– Papá, papá, siento tus manos en mis piernas y el líquido ese caliente en mis pies.Nos quedamos abrazados contentos de felicidad, mi cuerpo seguía en contacto con el suyo y al cabo de unos minutos nos repusimos y le dije:- Hija esta noche va a ser larga, quiero hacer el amor hasta que no pueda más, quiero ver esas piernas moverse.- Adelante papá, me lo estoy pasando en grande, estoy en la gloria contigo, haz lo que quieras conmigo.

Me la chupó un rato, la levanté de la cama, la senté en la mesa del escritorio y con las piernas cogidas con mis manos, las separé y le introduje el pene, esta vez de un solo golpe se incrustó hasta el fondo, mis testículos rozaron su labios vaginales. En esta postura la sentía más ensartada que nunca, su cara denotaba un placer bestial.

– Papá como te siento, clávame toda, no me des tregua, llévame hasta el final, no puedo más, vente conmigo, mañana me tomo la pastilla del día después, si quieres, pero no te salgas.

No pude más y cuando sentí los líquidos de mi hija cuando se corrió, me vine. Y fue cuando gritó como una loca, las piernas que yo tenía cogidas se estiraron y rodearon mi cuerpo, Espectacular ver cómo me presionaba con sus talones en mi culo con fuerza, esto duró unos minutos largos y después poco a poco perdió fuerza y sus piernas se deslizaron por mis piernas hasta que quedaron lacias. Esa noche me quedé a dormir en su habitación, hacía mucho tiempo que no estaba tan contento y por qué no decirlo tan satisfecho sexualmente.

Al día siguiente fuimos al médico, le dijo mi hija al doctor que hacía un par de días que notaba unos latigazos de sensibilidad en sus piernas que duraban unos minutos, le preguntó que cuando le pasaba eso, y ella dijo que la primera vez lo sintió cuando yo le lavaba los pies y después cuando se daba los masajes en las piernas que el especialista le indicó para que sus piernas no perdieran mucha masa muscular. El doctor dijo que aquello había sido como un milagro y le recetó ir por las tardes al masajista. Después fuimos a la farmacia, compramos la píldora del día después y anticonceptivos. Estábamos muy contentos por las esperanzas que nos dio el doctor y comimos fuera ese día, por la tarde fuimos al centro de rehabilitación donde el masajista realizó el tratamiento que el médico le indicó y nos informó que hasta una semana no empezaría a tener cosquilleos de sensibilidad en las piernas. Esa noche le dije a mi hija que había sido muy largo el día, por lo que sería mejor descansar esa noche, pero ella me dijo:

– Papá por favor aunque sea un ratito, tú duermes de un tiro y sin pastillas y yo disfruto mucho contigo y me da sensibilidad en las piernas.- Hija sigo pensando que lo que hacemos no está bien, es una locura.- Locura es pensar que con esos masajes, me voy a poner de pie, tú sabes igual que yo que esa mentira que le hemos dicho al doctor no servirá sino hacemos el amor. Yo tuve que reconocer que tenía razón, la cogí de la cintura para llevarla a su habitación y me dijo: – Papá, ¿por qué no vamos a tu cama es más grande o no quieres porque te acuerdas de mamá?

Yo le di un beso y me dirigí a mi cuarto de matrimonio, la dejé en la cama y le dije que me iba a duchar. Cuando volví ella se había desnudado, se había echado sobre la cama yo entré con la toalla en la cintura y cuando la vi me pareció muy sexy, me quité la toalla y me lancé entre sus brazos. Hicimos el amor con mucha pasión y de diferentes posturas, llevábamos dos días haciéndolo y la verdad ya notaba como mi hija se acoplaba a mis embestidas de una forma magistral, también me excitaba sus gestos, sus gemidos y sobre todo sus palabras:

– Oh papá, que bien lo haces, dame más, soy toda tuya, como me haces gozar, como te quiero.

Esa noche vi y sentí sus latigazos de movilidad en sus piernas que duraron casi cinco minutos, pero también vi como se corría y su cuerpo entero temblaba como si le diera corriente y esa sacudida hacía que su cuerpo se tensara como una cuerda y todos sus músculos se ponían rígidos incluso en sus piernas. Con la excusa de la movilidad de sus piernas estuvimos toda la semana haciendo el amor, cada vez nuestros encuentros eran más intensos y más satisfactorios. El médico no se explicaba como mi hija había cogido tanta consistencia, le indicó que si continuaba su progresión como hasta ahora, la semana siguiente podría dar los primeros pasos apoyada en la barra del gimnasio. Tan contentos estábamos que hacíamos el amor por la mañana y por la noche. Una noche me dijo mi hija:

– Papá llevo dos semanas tomando la píldora, quiero que te vacíes dentro, no te salgas por favor, es más placentero.

Esa noche hicimos el amor como locos, mi hija perdió la cuenta de orgasmos que tuvo y me di cuenta que mi hija me trataba como su pareja, no tuve fuerza  moral para contradecirle. Llegaron los primeros pasos de mi hija que lo celebré más que cuando era pequeña, cuando llegamos a casa estaba tan contento que le dije, esta noche quiero que tú estés arriba y yo abajo. Ver a mi hija encima de mí, cabalgando, metiéndose mi pene y llevando el ritmo de la cogida, fue magnífico, yo le ayudé a dar los primeros botes, pero después ella por si sola se alzaba y se dejaba caer. La noche siguiente me dijo que había escuchado que había parejas que tenían mucho placer cuando se hacía por el culo y ella me preguntó si yo lo había hecho.

– Sí, a tu madre le gustaba mucho esa postura, pero hay que tener al principio un poco de cuidado, porque el ano tiene que ensancharse paulatinamente, sino sentirás más dolor que placer. – Yo papá estoy dispuesta a hacerlo, si a ti te gusta, seguro que me gustará a mí. Cogí un bote de vaselina del lavabo, estuve introduciendo, primero un dedo, después dos, yo notaba como mi hija se excitaba y me decía: – Papá ya estoy preparada, métemela, métemela.- Hay que tener paciencia, es tu primera vez y no quiero que tengas dolor.

Le coloqué la punta del pene en su culo y muy despacio me clavaba en él, con las manos por atrás le cogía los pechos que se los estrujaba mientras otro trozo de mi pene se introducía en su ano, me paraba un tiempo, le sacaba el pene y volvía a clavárselo más adentro.

– Papá me duele muy poco, tu pene es muy grande, pero el placer es mayor, sigue, sigue, métemela hasta el fondo, te quiero. Ya faltaba poco, cuando ella con un movimiento de sus caderas, se introdujo todo y con un ay me dijo:- Por fin, no podía esperar más, estoy a punto y quería que estuvieras dentro.XOX2

Yo realicé un movimiento acompasado de vaivén cuando a la cuarta entrada, noto como mi hija se corre estrepitosamente, después ella me pide que me vacíe en su culo, con un inclemente ritmo y con unos masajes en sus pechos ella vuelve a estar jadeando y es cuando con una mano le toco su clítoris, que estaba hinchado y sus movimientos de caderas denotan su próxima corrida, que es inminente por lo que yo me dejo llevar, cuando mi hija pega un alarido de placer al volverse a correr.

– Papá ha sido magnífico, impresionante, no podía más de placer, gracias, ha sido la mejor noche de mi vida.

Nos dormimos satisfechos y al levantarnos mi hija quería más con el culo, en la ducha que compartimos lo volvimos a realizar, estuvo genial, vi a mi hija de pie como se introducía el pene por su ano y esta vez ella llevó el ritmo de la cogida. Por asuntos de trabajo tuve que ausentarme cinco días, de lunes a domingo, mi hija me dijo que se le iban a hacer muy largos. Con los compañeros de trabajo estuvimos en el cursillo, pero por la noche algunos se iban de putas, yo les dije que no me apetecía, ellos me dijeron que mi mujer hacía tiempo que se había muerto y que aprovechara para recordar los placeres del sexo. Yo no quise ir aunque mi pene estaba necesitado de los momentos que mi hija me dada recientemente. Pedro un compañero de trabajo, me habló de nuestro jefe que recientemente se había separado de su mujer y se había liado con una chica mucho más joven que él, Pedro me decía que podía ser su hija y yo le contesté:

– Bueno si se quieren, que tiene de malo.- Malo, yo a esos que lo hacen con su familia, los ahorcaba, en la plaza mayor, para que lo vean todos, es antinatural, repugnante. Yo viendo como se puso, en tono de broma le dije:- Pero si el jefe no tiene hijas, ni hijos, yo creo que es impotente.

Reímos y nos fuimos al bar a tomar unas copas. Por la noche no pude dormir, las palabras de Pedro me retumbaban en mi cabeza y una sensación de culpabilidad se apoderó de mí. El día que volví, miraba a mi hija y me daba vergüenza, bajaba la cabeza  y no quería que sus ojos coincidieran con los míos. Cenamos casi en silencio, mi hija me preguntaba y yo sólo le respondía con monosílabos y le dije que me iba a dormir solo, que estaba muy cansado. Ella al día siguiente cuando entré en casa después del trabajo, me dijo: “papá tenemos que hablar”, yo no tenía ganas, pero ella insistió tanto que no pude evitar esta conversación que sabía no iba a ser nada agradable.

– Hija, lo siento mucho, pero no podemos seguir como hasta ahora, lo que hacemos no está bien, ya sé que a causa de estos estímulos ya puedes andar, pero soy tu padre y tú tienes que buscarte un chico de tu edad, es por tu bien hija. Ella se echó a llorar y entre sollozos me dijo:

– Papá yo te quiero, no creo que pueda querer a un chico como a ti.- ¿Cómo lo sabes?, no lo has intentado, estás obsesionada conmigo y eso no está bien.Mi hija rompió a llorar desesperadamente y sólo decía por favor papá no. Me acosté, pero no pude pegar ojo esa noche, tampoco mi hija que la escuchaba en su habitación llorar. Al día siguiente después de venir de trabajar mi hija estaba sentada en el sofá, le pregunté “cómo estaba” y me dijo:

– Mal, no tengo ganas de nada, ni siquiera he ido a rehabilitación.- Pero hija la rehabilitación es fundamental para que cojas fuerza en tus piernas, sino volverás a estar en silla de ruedas.- No me importa eso, si tú no estás conmigo, no me importa nada, no tengo ilusión. Yo la abracé y le dije:
– No creas que yo no lo estoy pasando mal, pero tienes que salir con alguien de tu edad. – Vale, yo saldré con alguien de mi edad, pero ¿tú qué?- De acuerdo me buscaré una mujer y salimos con ellos ¿haber como nos va?- Yo estoy segura que no podrá hacerme olvidar de ti.- Bueno no prejuzgues antes de nada y ya hablaremos cuando pase a ver qué opinión tienes.

Mi hija se buscó un chico del gimnasio de rehabilitación que estaba ocupando un puesto vacante por enfermedad de su compañero. Yo me lié con una señora que se insinuaba cuando nos veíamos en el supermercado y que parecía muy simpática y alegre. Curiosamente los dos, mi hija y yo, habíamos quedado para la primera cita el sábado por la noche y aunque yo le puse muchas ganas, la verdad no resultó la velada como yo esperaba. Hicimos el amor como mecánicamente sin emoción ni pasión, sólo por no dejarla en su casa sola después de cenar y al despedirnos su mirada decía claramente que no habría continuación. De regreso a casa miré si veía a mi hija con su pareja o estaba el coche de él enfrente del jardín, como había quedado ella para saber si los dos estaban dentro, pero no, sólo se veía la luz del comedor encendida. Entré, vi a mi hija cabizbaja en el sofá, le pregunté, “cómo te fue a ti” y ella me dijo:

– Mal, aparte de que no me quiere, no sabe besar, ni acariciar, ni hacer el amor, ha sido un desastre, y ¿tú? – Pues no mejor que tú, y mira si le puse ganas, pero no hubo manera.- ¿Y ahora que papá?, ¿aún tienes ganas?, te veo excitado. – Ya hija, pero no está bien, nos conocen aquí todo el mundo, tarde o temprano nos pillarán. – Yo papá me cambio el pelo, me hago la cirugía estética, pero por favor no me tortures más y hazme el amor.

No pude más, esa cara a punto de llorar, esos ojos rogándome, esas manos buscándome, ese cuerpo reluciente y exquisito. Cerré los ojos y me lancé, esa noche le hice el amor hasta que quedamos agotados, no recuerdo los orgasmos que tuvimos, parecíamos unos hambrientos, no había límite lo repetíamos una y otra vez hasta que nuestros cuerpos dijeron basta, la noche fue muy larga, nos despertamos a las tres de la tarde.

El lunes le pedí a mi jefe el traslado a otra ciudad, cuando me lo concedieron, nos presentamos en esa ciudad como pareja, era mi mujer para todos, sólo le llamaba hija en casa, hemos tenido dos hijos y estoy muy feliz, no me arrepiento de nada, mi hija anda perfectamente y es feliz.

Autor: Alvaro

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