ADIESTRANDO A UN SUMISO (2)

Puedes leer la primera parte de Adiestrando a un sumiso.

CAPITULO 2

  • Ven aquí, le dijo mientras lo cogía del pelo, lo levantaba y lo ponía de lado a lado sobre sus rodillas.
  • No me gusta nada el color que tiene tu trasero.. me gusta.. algo mas… rojo, dijo mientras le acariciaba suavemente las nalgas. Y de pronto, sin que él lo esperara… ZAS! le propinó un azote con todas las fuerzas de las que fue capaz.

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ADIESTRANDO A UN SUMISO (1)

CAPITULO 1: Iniciación

Os voy a contar la experiencia de un  sumiso desde el primer día que ve a su Ama, hasta el final, que lamentablemente ha sido hace poco, así que espero que escribir me ayude a recordar los momentos que pasé a sus Pies:

Era su primer encuentro con su Ama y estaba realmente nervioso. Aunque habían hablado bastante por correo, mensajes, era la primera vez que iba a verla. Habían quedado a las ocho en la habitación de un hotel céntrico y él ya llevaba allí un tiempo esperando que llegara de una vez la hora acordada pero el reloj no avanzaba, parecía que se había quedado parado, incluso a veces dudaba de que funcionara. Cuando por fin se acercaba la hora indicada decidió empezar a prepararse, tenía órdenes de esperarla completamente desnudo y perfectamente depilado así que se quitó toda la ropa y comprobó una vez más que todo estuviera a gusto de su Ama, como ella le había ordenado. Miró el reloj que había dejado sobre la mesilla una vez mas, faltaban aún cinco minutos, sus nervios aumentaban aún mas si cabe. Quería estar a la altura, no sabía lo que su Ama tenía en mente para él, pero no quería defraudarla nunca y menos  en su primer encuentro, todo lo que quería era que su Ama estuviera satisfecha con su adquisición, con su nueva mascota, quería complacerla y adorarla, eso era lo mas importante para él.

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La Yolanda estaba al rojo

Estaba Javi haciendo ejercicio, un poco de carrera continua cuando vio aparecer por una callejuela a una chica con la que hacía como tres años que no hablaba. Ella se había cambiado de pueblo y no habían coincidido, siempre había deseado tener con ella más que palabras, era una de sus fantasías, follársela.

Yolanda cuando le vio se paró a hablar con él, llevaban hablando como diez minutos cuando ella le invitó a tomar algo a su casa. El se excusó diciendo que no estaba presentable, pero ella le dijo que no importaba que no había sudado mucho. Javi aceptó, fueron a la casa de la chica y subieron en el ascensor, ella pulsó el botón de la planta donde estaba el piso de sus padres.

La vio de espaldas y no se pudo contener, se acercó cogiéndola por las caderas y apretando su abdomen contra el culo de ella la besó en el cuello muy suavemente dándola un ligero mordisquito. El pensó que ella se resistiría y después de soltarse le metería un sopapo, pero no. Ella se giró y sin decir nada le correspondió al beso besándole en los labios con un beso muy suave pero que se fue volviendo apasionado.

La lengua la pasó dibujando los labios del chico que fue abriendo la boca y con su lengua jugando con la de ella, llegaron a la planta del piso. Besándose abrieron la casa de la chica que como le dijo a él estaba sola en casa porque sus padres estaban de viaje. El la comentó si podía ir al baño y ella le indicó donde estaba. El fue, se soltó la cremallera y sacando la polla que ya estaba morcillona y haciendo verdaderos esfuerzos para que se relajase y poder orinar fue orinando.

Yolanda vino y le besó en la nuca mientras deslizaba una mano por su pecho bajando hasta cogerle la polla con la mano y sostenérsela consiguiendo que se pusiera dura como el hierro. La chica se sentó entonces delante del chico bajándose las braguitas y la falda y abriendo las piernas completamente con la ropa en los tobillos comenzó a orinar mientras cogía el miembro y lo daba pequeños besos y se lo iba introduciendo en su boca.

Lo que no sabían es que la mujer del piso de al lado les había visto por la mirilla de la puerta, ella y su marido la habían propuesto unos días antes follar con ella y su esposo cuando les apeteciera, ella había prometido pensárselo y la verdad es que la excitaba enormemente no solo j pequeña tira de vello rubio.

Luego se fue sentando en la cama hasta llegar con su coño a rozar la polla del chico y taparle los ojos y atarle las manos. Entonces encendió el ordenador y la webcam conectándola para que sus vecinos a los que agregó en su msn pudieran verla. Ellos que pensaban que lo que les había dicho ella de que se lo tenía que pensar era o por miedo o por quedar bien, pero que les iba a decir que no.

Estaban alucinados cuando la vieron dando la espalda al muchacho colocándose en cuclillas y restregándose sobre la polla del chico clavársela toda y comenzar a cabalgarle. Lo estaba follando primero en cuclillas, pero luego como si de una amazona se tratase, giró su cuerpo para quedar mirándole a él y liberarle las ataduras y hacer que pudiera ver como era follado por ella.

Ella se echaba hacia atrás mientras apretaba sus muslos sobre su polla, se corría ella en un largo y dulce orgasmo que la provocaba suaves convulsiones que apretaban la verga y hacían que el muchacho que estaba agarrado a los pechos comiéndoselos estuviera a punto del orgasmo. Se levantó ella y poniendo la polla a la altura de la boca le masturbó hasta que el chico eyaculó en su cara. Yolanda le sugirió que se fuera a lavar y cuando Javi salió de la habitación ella escribió en el msn:Soy vuestra esclava pero me tenéis que tomar ahora.

La pareja del piso de al lado no necesitaron más indicación. Se presentaron rápidamente, además tenían llave, en ese momento Javi había vuelto a la habitación y se había tumbado en la cama de nuevo y Yolanda que estaba insaciable se había montado encima del chaval y lo estaba follando, Javi cuando los vio aparecer desnudos ni se in

mutó de lo caliente que estaba.

Marian que se llamaba la mujer se sentó sobre la boca del chaval mirando a Yolanda y fundiéndose en un suave y delicado beso con ella. Se morreaban y Javi entretanto la sujetaba de los muslos lamiéndolos y luego acercando la lengua al coñito de la vecinita. Juan entre tanto se había acercado por detrás y había separado las nalgas de la chica y la fue dando suaves lametones en el agujerito del ano. En círculos a veces y luego abriéndola las nalgas intentando penetrarla con ella.

Se puso de rodillas y la fue acariciando los pechos cogiéndoselos mientras su mujer la besaba a la chica y Javi seguía follandola el coño, con dos dedos la penetró en el ano mientras con la otra mano la masturbaba el clítoris que a su vez era rozado por la polla del otro amante. Yolanda estaba mojadísima y no paraba de morrearse con Marian.

Juan cogió su polla que estaba muy dura y la situó a la entrada del ano de la chica que al sentirla intentaba penetrarse sola y ensartarse en semejante barra de carne tiesa. Fue abriéndose paso dentro de ella con mucha ligereza pero con decisión mientras la decía al oído:

Eres una putita y mi mujer y yo te vamos a tratar así como una verdadera puta.

Yolanda al abrigo de estas palabras se calentó más todavía y comenzó a cabalgar con tanta fuerza que la verga de Javi a veces se salía de dentro de ella para luego ensartarla hasta que los dos hombres eyacularon dentro de la chica. Yolanda se levantó, casi no la sostenían las piernas por la cabalgada y el semen se caía por sus muslos. Marian la cogió y la puso en el borde de la cama y la limpió los dos agujeros después de ella haberse corrido sobre la boca de Javi. Yolanda a su vez limpió las dos pollas dejándolas relucientes.

Como premio Marian la colocó un collar de cuero y oro blanco en el que habían escrito Marian. Ahora tenía dueña.

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Confesando un deseo I: un mundo nuevo surgió

PREAMBULO

Todo partió la noche de un matrimonio al cual mi mujer Elvira y yo fuimos invitados, vivimos en una ciudad de provincia y un viejo amigo de la Universidad nos invitó a tal encuentro. Entusiasmado por ver a mi viejo compañero en ese momento de felicidad, logré que mi mujer se entusiasmara para asistir viajando desde nuestra ciudad a la capital.

Así las cosas, el día del evento viajamos y, gracias a un amigo, pernoctamos en la ciudad a la espera del evento, en la mañana salí a hacer unos trámites y mi esposa, a la peluquería para trabajar en su peinado y en depilación completa, después de la fiesta empezaríamos nuestra propia celebración, ignoraba en lo que iba a empezar a involucrarme en ese momento, quizás ella también.

En la tarde, como a los hombres nos va más fácil, me duché pensando en los muslos suaves y la entrepierna depilada de Elvira, me masturbé pensando en aquello, terminé, me afeité y esperé a Elvira mientras se preparaba, vestido corto para cóctel, medias negras, tacos y escote de espalda y pecho bastante sugerente, nos besamos fuertemente, el deseo fluía y llamamos al radiotaxi que nos llevaría al evento.

Llegamos a la fiesta y luego de la ceremonia civil y religiosa, cenamos y empezó el baile, ella se veía muy hermosa bailando insinuando pero no mostrando, tenía una suerte de energía sexual, un aroma de hembra que a cualquiera le causaba una erección, en un momento determinado le indiqué que iba a buscar unos tragos para refrescarnos a lo que ella accedió quedándose en la pista de baile.

Un whisky y un vodka tónica eran para mí y para ella, con poco hielo y más vodka, respectivamente.

Me acerqué hacia ella con los vasos y, con gran sorpresa la veo bailando con un tipo de manera muy entusiasta, el me vio y con un gesto como de disculpa me cedió el espacio, de la inicial sorpresa y un poco de molestia, un dejo de morbo surgió al verla con otro, brindamos y nos dimos un beso de suyo más entusiasta de los que habíamos compartido, quizás por la obscuridad de la celebración nadie reparó que había introducido mi mano entre sus piernas sobando su calzón y su vulva depilada debajo mientras nos besábamos.

Continuó la fiesta y momentos después decidimos cambiarla al departamento, después del taxi, cerramos la puerta, nos desnudamos mientras íbamos a la habitación, ella me dio una mamada de campeonato continuando con su boca  hacia arriba succionando mi abdomen, mi pecho y luego con mi cuello, con los tragos estábamos excitados, a fondo y la penetré, mientras ella cabalgaba le dije

  • Me volverías loco si me pones los cuernos, verte con ese tipo me ha calentado mucho

Ella se detuvo en su cabalgata me miró y me besó profundamente con su lengua

-Eres un loquillo, como se te ocurre?

Pero su pregunta era de la boca para afuera, continuando su cabalgata hasta quedar llena con mis fluidos, nos quedamos exhaustos en la cama.

Desperté sintiendo sus pechos sobre mi pecho, ella también lo hizo y me miró muy coqueta, desayunamos y en la tarde nos fuimos a nuestra ciudad, eso sí, dejando ordenado el depto. y con un dinero extra de propina para la señora que le hacía el aseo a mi amigo.

COMO CAMBIAN LAS COSAS, LA SORPRESA

Volvimos a nuestra ciudad y, el sexo fue aumentando en su intensidad, aunque ella me dijera que era su puto, que deseaba a otros y que solo estaba por mi cosa conmigo, eso me excitaba más con lo que la intensidad aumentaba con los insultos, una noche, montada encima mío me golpeó con unas cachetadas, me tomó la boca con una mano y me dijo

  • Como putito que eres, no quiero tu carne en mi concha, a partir de ahora la vas a usar con condón, para mi goce….

Sorprendido, no dije nada pero asentí moviendo levemente la cabeza, ese trato me calentaba, me excitaba y pensaba que podía darlo vuelta en cualquier momento.

Tan equivocado estaba

Al día siguiente, compré una caja de condones, siendo pareja única no entendía este cambio, pero comprendí que era parte del juego de mi confesión esa noche, en casa, conversando ella me dijo que era parte del juego y por eso continuamos.

Semanas después, me pidió que sólo tomara su culo mientras lo hacíamos estando ella arriba, sus tetas y boca quedaban vetados como parte de nuestro juego

Tiempo después, tuve que viajar por motivos de trabajo y volvía los fines de semana, su deseo se mantenía pero poco a poco bajaba su fogosidad

Un viernes por la noche, pude viajar antes a mi casa –sí, digo mi casa, todavía- en vez de los sábados por la mañana, llegué en silencio para sorprenderla y compartir, quizás renaciendo nuestra chispa, sentí un ruido acompasado en el living, me acerqué a la habitación, prendo la luz y estaba con un tipo en plena penetración, no gritaba, sólo gemía mientras la montaba lentamente y manoseaba sus tetas y le metía la lengua hasta el fondo de la garganta, la luz no los intimidó, unos segundos continuaron hasta que él se dio cuenta, desmontándola y quedando ambos en la cama expuestos.

-Andrés, disculpa, no quería que fuera así, pero tarde o temprano te lo iba a contar- dijo ella, mientras la miraba entre indignado, sorprendido y…caliente, mi miembro se endurecía a cada rato.

– Elvira, era un juego, sólo eso, no pensé…..decía mientras eran solo palabras vacías, se levantó y con su dedo índice me tapó la boca

– No querías esto? No deseabas verme culeando a otro? No te gusta sentirte puto, un cornudo sometido?

– Si

Con eso marqué mi destino

  • Te presento a Antonio, somos amigos con ventaja, nunca ha querido negar tu matrimonio conmigo y por de pronto, para afuera somos todos amigos, siendo tú el esposo….después veremos que pase

Me besó y en ese momento me entregué, me desnudé y quise meterme a la cama, negándome ello con su mano sobre mi pecho

-Mira y haz lo que quieras pero no conmigo

Antonio la besó, la montó hacia la cama y la penetró aumentando la velocidad, caliente, impactado empecé a mover mis manos por mi cuello, tetillas, abdomen para terminar pajeandome, era el súmmum del placer y lo excitante lo que veía, él se fue dentro de ella, sin gomas de por medio….nos quedamos dormidos, ellos en la cama, yo al lado….protegido por el pisapies de la cama.

EL NUEVO TRATO

Desperté entumecido, manchado en mis propios líquidos, ellos no estaban, la cama estaba desordenada, sentí que estaban en el comedor tomando desayuno, me duché y al salir, me fui a vestir, faltaba mi ropa interior, boxers, principalmente….me puse pantalones, una camisa y fui al estar

-Andrés, querido, que vienes a desayunar, por esta vez podemos hacerlo pero como Antonio es el dueño de casa dentro de nuestro juego, tu deberás en el futuro desayunar y comer en la cocina, tu ropa interior no es necesaria, la botamos para que sepas que acá no tienes intimidad y si, Antonio

Asentí, sorprendido, sabía que podía decir hasta aquí podemos

  • El domingo cuando te vayas, recuerda que para afuera somos matrimonio y Antonio es un amigo común, pero al llegar, luego de cerrar la puerta debes desnudarte, es para saber cómo andas, que sientes, que deseas, podrás estar conmigo cuando yo lo diga y quizás con Antonio si ambos lo decidimos

Me inquietó ese comentario

  • Acá la idea es compartir, disfrutar pero dentro de los roles que tú mismo has deseado, te pido por favor te saques la ropa, podrás usarla si hay visitas y puedes hacerte el desayuno

Abajo camisa, abajo pantalones, fuera zapatos y calcetines, me vieron con cara de burla y de conmiseracion, Antonio la miró con un dejo de “con este te revolcabas”, él era alto, bronceado, musculado y bien dotado.

Me fui a la cocina a preparar mi café

UNA LUCHA INÚTIL

Y así avanzaban las semanas, trabajaba y llegaba los viernes por la noche, me bajaba del auto, en el porche me desnudaba dejando mi ropa para asumir al entrar (la llave debajo del felpudo) mi rol de esclavo y cornudo….

Los podía ver fornicar de todas las maneras mientras se me permitía masturbarme, después, debía servir los desayunos, preparar el almuerzo y la cena, hacer aseo y ordenar la habitación, algunas veces podía participar en algún trío, con preservativo y sudor como únicas vestiduras.

Un sábado por la mañana me dirigí a la ducha mientras sentía que Antonio estaba en el comedor desayunando y Elvira se había ido al gimnasio.

Pensaba con los ojos cerrados en la condición a la que ella me había reducido, de como salir y de los goces que había experimentado…

Abro los ojos y veo a Antonio observándome, desde afuera, desnudo con un gesto me señala su miembro erecto, duro,afeitado…. apago la ducha, me seco y nos quedamos mirándonos, me hizo un gesto y le seguí a la cama, en mi interior no quería hacer esto, pero Elvira me tenía sugestionado en casa, con lo de la obediencia, pensando absurdamente en que quizás volviese nuestra pasión mostrando mi lealtad y obediencia.

En la cama me sentó, tomó mi cabeza haciendo succionar su pene mientras con las manos le tomaba el culo, no lo había hecho así con un hombre, me atragantaba el deseo y su miembro, continuamos hasta que me empujó, me volteó y con mi saliva de lubricante, previo trabajo de sus dedos, me desvirgó, violado y desvirgado en mi cama, en mi antigua cama matrimonial, era lo último que me quedaba (no sabía que había mas) de a poco aumentó la velocidad hasta que me llenó, quedando ambos sudados, calientes y somnolientos en la cama, mis pezones, mi miembro y mi trasero vibraban de deseo, mi boca también. Antonio se había servido al matrimonio completo.

  • No lo puedo creer- fue lo que oí al despertarme
  • Andrés, Antonio, no me imaginaba lo marica que son
  • Elvira, espera, no es así- traté de decirle….
  • Tu no puedes hablar, esclavo, eres un cornudo, un sumiso, una cosa para mi servicio, por favor esperame de rodillas afuera en el living- salí de la habitación cerrando la puerta asumiendo mi posición en el lugar asignado. Me quedé así, por un buen rato mientra sentía como discutían.

No percibí el paso del tiempo, me molestaban mis rodillas, cuando llegó ella

  • Andrés, veo que asumes ser parte de mi dominio y de Antonio- quise decirle que el se había propasado, abusado de su propiedad pero no podía abrir la boca.
  • En ese sentido, creo que deberás asumir algunas decisiones o esto servirá –mostrando su celular- para demostrar que me has sido infiel pudiendo divorciarme sin dejarte nada….infidelidad homosexual, cualquier juez la entendería para compensarme.
  • No
  • Si, esta semana renuncias a tu trabajo, nos entregas todo tu dinero, cierras la cuenta y te asumes como lo que eres, si el viernes no llegas con eso ordenado, tus padres, los míos, amigos y parientes sabrán en la primera semana,en  la segunda te demando….y te saco con lo puesto, es decir, nada.

Ese viernes llegué con la renuncia a mi trabajo, el cierre de la cuenta y el documento de traspaso de dineros y bienes a Elvira…..ella los destruyó frente a mi, guardó mis documentos de identidad y me hizo mantener nuestra rutina por ultima vez….para empezar a aumentar la intensidad de su control lo peor de todo…..me gustaba

UN NUEVO TRATO UNA NUEVA VIDA

Era demencial, era absurdo para alguien de afuera, pero el deseo me atenazaba al saber que Elvira controlaba todos los aspectos de mi vida, quizás esperando que con ello estuviéramos más conectados física y emocionalmente, dándole cuenta de mi deseo y amor hacia ella. Equivocadísimo estaba.

La miré con deseo, mientras sentía que mi miembro se endurecía al ver como destruía mi vida cotidiana,  al terminar me miró la cara, bajó su visión, dándose cuenta de mi bulto, cambiando su cara a una de burla, me sentí avergonzado y humillado

-Andrés, esto no es un jueguito pajillero, tu has dado cuenta que eres incorregible y piensas que todo es una especie de juego sexual, te equivocaste conmigo, al soltar el deseo de ser un cornudo, un puto cornudo y maricón, abriste en mi el deseo de saltar las convenciones, las reglas y las cosas que parecen “normales”. Antonio, es para mi  goce, tu, para mi servicio y quizás cuando me queden ganas… tu no tienes nada,  –ante mi mirada de sorpresa que evidencié, continuó- Otra cosa, tu no puedes mirarme a los ojos, estas para mi servicio, eres mi todo servicio acá… quedé expuesto delante de ella y Antonio, se acercó a mí, tomó con su mano derecha mis pelotas, y a mis oídos dijo –que desperdicio, le daremos un mejor uso a esta cosa que no mereces.

Me ordenó irme a la pieza de invitados que, para mi sorpresa estaba reducida a un colchón de espuma, dos platos cerealeros y una bacinica…ella detrás mio…. la miré humildemente, dándome ella un golpe en el pecho con el diario de ese día que llevaba enrollado en su mano.

-Otra vez, aprende que no puedes mirarme a los ojos, esta es tu habitación, no saldrás hasta cuando te lo diga, comerás en los platos y la bacinica es para tus necesidades diarias, una vez al día, si me acuerdo, podrás lanzar tus desechos al inodoro…. acá estas para servir, darme placer si me apetece y darte cuenta de lo que te perdiste por tus calenturas huevonas, ahora te pones a lo perrito, si quieres sobre el colchón y espera instrucciones- sentí una mirada burlona de Antonio, quizás una mueca, cerrando la puerta y sintiendo como cerraba con una aldaba que percibí de reojo al entrar a la habitación.

Todo había cambiado…..y debía estar así hasta que ella decidiera, estaba a mil pero no podía hacer nada, mi destino estaba en sus manos, pasando varias horas hasta que se abriera la puerta

EL CAMBIO ES CADA VEZ MAS RÁPIDO

Pasaron las horas, seguía en esa habitación, sentía los ruidos cotidianos de la casa, mientras seguía  a lo perrito sobre el colchón, mejor dicho colchoneta, a la que se había reducido lo que era mi cama matrimonial en mi propia casa, cama matrimonial que usaban Elvira y Antonio si es que no me usaban a mi. Pensaba a mil que es lo que me iba a pasar, que iban a hacerme, de por que aceptaba esto, quizás pensando en hasta donde llegarían mis límites o deseo, pese a la postura, de a poco pasaba de la sorpresa y humillación a sentir un calor en mis manos, mi pecho, mis caderas, mi miembro.

Ni pensarlo, me senté, levanté mis manos tratando de evitar lo inevitable, tomándome la cabeza, las bajé por mi cuello, sudado, más por los nervios, bajé por mi pecho, mis tetillas necesitaban un masaje de manera urgente, la transpiración me lubricaba el pecho, seguí con mi mano izquierda masajeando mi tetillas mientras mi mano derecha, de a poco bajaba hasta mi miembro, mi pene, en un ultimo esfuerzo dirigí mis manos a mis testículos, sobándolos suavemente, pero era imposible, mi mano estaba conectada a mi pene, la masturbación partió con una, después con las dos manos, la eyaculación fue placentera, liberadora, mi cuerpo se relajó, quedándome dormido sobre ese colchón, mi placer era privado, mio, no me lo habían quitado.

Era un sueño profundo, reparador, interrumpido por un golpe frio, inesperado –Despierta, maricón pajero, esa colchoneta es para que duermas no para que la manches con tu moco!!!- Elvira me sorprendió con lo que me dijo, me incorporé, me había lanzado el contenido de un jarro de agua para despertarme.

  • Te había traído este jarro para que lavaras, putito, pero me indigna que hagas lo que tu quieras, por eso, no puedes lavarte por hoy.

Estaba de rodillas mirando al suelo en posición sumisa ante ella, sentía la mucosidad en mis piernas y me avergonzaba que se secara quedando con incomodidad ante mi eyaculación.

  • Disculpa, Elvira….-golpe en mi cabeza, era el jarro de aluminio.
  • Nada de Elvira, nada de tu, putito, a partir de ahora no eres Andrés, eres putito, por ahora, y yo soy Señora, no tienes derecho a decir mi nombre, ni siquiera a pensarlo, Antonio será señor y no te dirigirás a nadie salvo con Ud y cuando tengas permiso mio, sólo mio, Antonio te usa cuando YO quiera, entiendes
  • Si, Señora
  • ¿Cómo te llamas?
  • A…An….putito, Señora
  • Y tu apellido será De Señora, como te llamas ahora?
  • Putito de Señora….
  • Muy bien, pon ese colchón a airear en el patio y haz el aseo de la casa mientras Antonio y yo vamos a trabajar.
  • Si, Señora

Salí de la habitación, llevando mi colchoneta, la puse en un patio que colindaba con la cocina para que el sol lo secara y en la cocina, lavé los platos, las tazas con el resto de café que bebieron Señor y Señora, debía acostumbrarme a decirles así, tomé una escoba y barrí la cocina, dándome cuenta de que en el piso de ella, al lado del refrigerador estaban dos cuecos, uno con agua y otro con restos de pan, jamón y huevos del desayuno, afuera de este con plumón decía en cada uno de ellos “Putito”,  humillado al darme cuenta que había ensuciado con el barrido mi desayuno, me senté y comí esos restos fríos, empolvados y bebí parte de esa agua, la mezcla era repugnante pero al ver los cuencos, se activó el hambre en mi. A eso había llegado, a comer en el suelo de la cocina restos de comida.

Continué con el salón y el comedor, pensaba en lo ridículo de verme en pelotas haciendo aseo en el centro de mi casa.

Después seguí con el balde, escobillón y plumero a las habitaciones, llegué a la que era mi espacio con Señora y empecé mi triste labor, terminando me di cuenta que podía husmear el armario sin problemas, los Señores no estaban, todavía no me convenzo que de un día para otro no podía llamar a mi esposa y su amante con su nombre, lo abrí, nada de mi ropa, vacío, a la espera del guardarropa de Señor, me sentí devastado, eso significaba que Señora me expulsaba de su vida, sólo me reducía a su esclavo, su siervo, su Putito de Señora, me puse de rodillas, llorando silenciosamente.

Me quedé unos momentos y salí de esa habitación, a cada momento me veía más cubierto de mis fluidos, el semen seco de mi masturbación, las lágrimas secas en mi cara, fui al baño, me mojé la cara para limpiarla, pensé en ducharme por lo otro…. recordé lo que me dijo Señora y opté por no hacerlo, esperando su jarrón con agua fría y paños de cocina usados. Continué mis labores y terminé, Señora no me ordenó cocinar así que fui al patio a recoger mi colchoneta, estaba seca por el sol, con la mancha de mi polución, algo de vergüenza me dio, la llevé a la habitación de servicio que me dio Señora, la acomodé dejando la mancha debajo no visible y en ese momento, la necesidad de mis entrañas me remeció, sin necesidad de nada, me acuclillé sobre la bacinica que Señora me dejó y liberé mi vejiga e intestinos en ella, me limpié con unos restos de papel de diario que me dejó en la habitación y tapé el inmundo resultado de m digestión con el resto del diario encima, el problema es que ese día era caluroso, cerré la puerta y esperé a Señores esperando ignorar esos hedores.

Descansé unas horas, despertando con el hedor creciente y el ruido de Señores entrando a la casa, ingresaron, sentí una risas y algunos gemidos acompasados rato después desde la habitación, gritos al final. Sabía lo que pasaba….un par de horas se abrió la puerta, prendió la luz –el interruptor estaba afuera de mi habitación-trastero-baño, antes que lo hiciera estaba en posición sumisa dispuesto a sus órdenes.

-Que mierda, hiciste putito? Huele a carroña muerta, no pensé que de la raja que se culea Señor cuando no estoy salga tanta porquería.

– Perdone, Señora, pero sé que no soy digno del baño de Los Señores

– Muy bien, aprendes rápido, lleva esa inmundicia a la tapa del colector, lo abres, tiras tus cosas –así lo harás de ahora en adelante una vez al día, al anochecer, y limpias la bacinica con la manguera, si quieres y respetas tu culo como no lo respetas con Señor, te limpias con esa agua tu raja. De ahí te vuelves, te tengo un regalo.

Una luz, un rayo de esperanza me pasó por la cabeza pero estaba muy equivocado como se verá. Salí al patio, en pelotas, hacía frío, la noche era obscura, levanté la tapa del alcantarillado, corrían aguas sucias y lancé mis restos, algunas formas salieron de la alcantarilla, quizás alguna cucaracha espero, cerré la tapa y con la manguera limpié la chata y luego mi culo, estaba helada el agua, mis pelotas se contrajeron, me sequé con las manos y fui donde Señora al living

CUESTA ABAJO EN LA RODADA

Recostada sobre su costado estaba ella en el sillón, sus piernas arriba en el borde denotaban que descansaba de su trabajo, se veía igualmente excitante, retomando mi miembro parte de su calor al igual que mis pelotas, me cubrí ante la mirada desaprobatoria de Señora y de inmediato esa cuasi erección cesó.

  • Veo que sigues siendo un calentillo, me gusta, pero debes estar claro que debes ir dejando de pensar en ellos y asumir que estas para MI goce y el de Señor, si YO lo permito, en fin, hueles mal y te necesito pulcro para lo que viene, por esta vez, anda a la ducha y date un buen baño caliente, anda y usa lo que necesites allá.

Agradecido del pequeño premio que me ofrecía SEÑORA, fui al baño, ya me parecían –pese al tiempo de este cambio-  extraños shampoo, jabon y agua caliente, di el agua caliente, esperé que se calentara con vapor y me metí a la ducha enjabonándome cada parte del cuerpo, embadurné mi cabello con  shampoo y al sentir la espuma y el agua me sentí relajado, de a poco retomé la erección recordando a SEÑORA en el sillón y sin darme cuenta tenía mis manos en mis pelotas y pene satisfaciéndome gratamente dentro del vapor, me limpié para secarme con toallas de verdad, no con papeles de diario o trapos como los que deja SEÑORA en mi cuarto

Luego de ese contacto con la vida de persona que tenía, salí y me presenté con Señora quien me esperaba con An…perdón, SEÑOR y una señora con delantal blanco, no entendía que estaba pasando –Putito- me dio vergüenza que me tratara así aunque se fue al rato esa sensación- ella es la señora Martina, está para que estés más pulcro y presentable, para que estés realmente desnudo, por eso, para ayudarte, te pedí que te bañaras.

  • Disculpe, no entiendo
  • Ella va a depilar ese vello y hará que estés más pulcro
  • No, Elvira, esto no puede ser, creo que….Señor se incorporó y me tomó de un brazo inmovilizándome mientras la señora se acercaba como para calmarme
  • Parece que no entiendes cual es tu rol acá, tu has dejado de ser el hombre, el marido de la casa, tu mismo deseaste esto y lo reconociste- me decía mientras Señor me reducía con su fuerza- ahora, irás con la señora Martina y colaborarás en tu depilación del cuello hacia abajo- entendí que no podía resistir aquello, que quizás Ella fuera más condescendiente ante mi entrega y accedí ir a mi pieza, en donde la señora había implementado una camilla con su equipo de ceras depilatorias, acompañado por Señor en todo momento.

El dolor fue impresionante

Al despertar en mi camastro sentí la suavidad de mi piel, la cual me hizo excitar profundamente, pero antes de satisfacerme, esperé que Señora llegara con el balde con agua y el paño, lo dejó mientras estaba y me limpié, las ganas me superaron antes de terminar de limpiarme pero descargué en el resto de agua que tuve que botar en el desague del otro día…..era raro y excitaba sentir el frio en mi piel…. luego de hacer mis acciones del día, Señora me permitió, con su protección participar en sus juegos con  Señor…ambos la penetramos y ante una seña de Señora, Señor me hizo succionar su pene y luego recibirlo en mi ano, como antes de mi esclavitud, pensé que mi actitud estaba siendo recompensada

Me equivocaba.

Continuará

 

 

 

 

 

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Un viaje descubridor

Me encontraba en un viaje por trabajo, la típica clase de viajes que uno detesta. Viajas solo, vas a un hotel solo tienes un par de reuniones totalmente intrascendentes y te has de volver sin que te de tiempo si quiera a ver algo de la ciudad a la que te diriges. En esta ocasión me dirigía a Santiago, ya había cenado por lo que llegaría al hotel para dormir y poco más.

Subí al avión buscando mi asiento y por una vez en mi vida me sonrió la fortuna, una chica espectacular estaba sentada junto en mi asiento en la ventanilla. Tendría entre 25 y 30 años un pelo moreno largo y sedoso, unos ojos marrones claros, llevaba un jersei pero esos dos bultos eran tan llamativos que cualquier hombre moriría por ver tan solo el envoltorio y unas piernas larguisimas en un pantalón muy ceñidito acompañadas de unas botas de piel espectaculares muy altas. No podía ver de momento su culo pero todas las pistas me indicaban que sería un monumento digno de adoración.

Me puse ya algo nervioso al verla, me senté a su lado y creo que llegue a decir un “hola” ella que leia una revista tampoco me prestó demasiada atención pero también contestó educadamente con otro “hola” después de darle vueltas y vueltas a como romper el hielo decidí que mi móvil cayera accidentalmente al otro lado de sus pies para tener una excusa para empezar conversación.

– Uy… perdona se me ha caído el móvil debajo tuyo, te importaría dármelo por favor…
– sí, está bien… aquí tienes- no puso cara de muy receptiva pero aprovechando que dejaba la revista en ese momento, decidí insistir.
– Muchas gracias me llamo Oscar, siento ser un plasta pero me ponen un poco nervioso los aviones y bueno hablando siempre pasa todo más rápido, por que vas a Santiago si se puede saber…?
Inicialmente dio un suspiro y pensaba que iba a mandarme a cagar pero después me observó detenidamente y su expresión corporal cambió por completo, tenía una cierta sonrisa en la cara que aún la hacía más atractiva.
– Hola… Nerea, encantada pues trabajo en una revista de moda de diseñadora y me han llamado a última hora para una reunión así que allá voy ni siquiera tengo hotel.
– Vaya ya decía yo que ibas muy conjuntada, tienes muy buen gusto jeje… o.. oye pues yo también voy por trabajo por una reunión mañana, si quieres supongo que en mi hotel… habrá sitio.
– Es una posibilidad si y gracias ya me he dado cuenta de que te gustaba mi ropa
Me pongo rojo) no…bu…bueno eres una chica llamativa, perdón estarás acostumbrada a que se fijen en ti, no quería molestarte…
– jajaja no he dicho que me moleste solo lo resaltaba, tampoco has hecho nada malo no?
– jaja no, no…
– bueno parece que ya estamos llegando y está lloviendo uff la verdad es que no me apetece ponerme a buscar nada bajo la lluvia, podemos probar la opción de tu hotel.
– Claro! por supuesto vamos juntos en el taxi y allí preguntas ( esto se pone interesante!)

– Uff como llueve, llevo paraguas, te importa coger mis maletas no puedo llevarlas con el paraguas a la vez…
– no no claro que no, (cogí las maletas pero cuando me descuidé ella ya había salido andando con el paraguas para parar un taxi así que fui como pude con todos los bártulos bajo la lluvia)
– Dile la dirección del hotel vamos.
– Sí, sí (le dije la dirección al taxista) por el camino estuvimos hablando de mi ella me hice varias preguntas, sobre mi vida personal, si tenia pareja en que consistía exactamente mi trabajo, cuanto ganaba … al llegar al hotel ella salió rapidamente para preguntar si habia habitación y me dijo a mi pagando el taxi y cargando con todas las maletas.
cuando entré – no, quedan habitaciones… que voy a hacer ahora a estas horas a saber que encuentro y encima lloviendo y mañana tengo que madrugar… peor no puede empezar el viaje.
– bu..bueno sé que nos acabamos de conocer pe…pero si quieres podríamos compartir la habitación, soy de fiar… de verdad.
– Compartirla… no quiero molestarte además sería muy incomodo compartir la cama con un chico nos acabamos de conocer y no quiero abusar…
– no no de verdad, no me importaría además seguro que hay algún sofá o a una mala pues un cojín y en el suelo y me pongo yo a mi no me importa de verdad.
– Que? de verdad, dormirías en el suelo? umm jo me sabe muy mal pero tampoco tengo otra, está bien, eres un encanto-muak (me dio un beso en la mejilla y pude aspirar su aroma)
– De verdad Nerea, será divertido no? jeje-
Entramos en la habitación no estaba nada mal una cama grande que parecía que no iba a poder catar aunque quien sabe… pero no había ningún tipo de sofá, solo una silla y el suelo que al menos tenía moqueta. Nos pusimos a deshacer la maleta cuando de repente ella empezó a gritar.
– Nooo, mierda noo, me lo he dejado en casa y ahora que…
– El que? que pasa, que te has dejado?
– Una crema especial para limpiar las botas y mira como las tengo llenas de barro de la lluvia no puede presentarme así a la reunión de mañana…
– Bu..bueno pero con agua se podrá apañar no?
– Agua? esto es piel si se mojan mucho se estropean no se pueden lavar con agua
– Bu..bueno y solo se pueden limpiar con esa crema? algo más se podrá hacer…
– bu..bueno hay una cosa que vale porque es más densa que el agua pero no sé no me veo haciéndolo a mi y no creo que nadie pueda hacerlo.
– El que? el que? vamos si puedo ayudarte cuenta conmigo Nerea que seguro que se puede hacer…
– Bueno… con la saliva se pueden limpiar, te importaría mucho lamerlas…??
Me quede en shock unos segundos y solo pude decir- bueno…yo…
– Ay pero como se me ocurre, debes pensar que estoy loca, mejor me voy cojo las maletas y me voy.
– no, no espera si es la única opción lo haré claro pero no te vayas a donde vas a ir tan tarde…
– de verdad… que chico tan bueno eres que suerte que he tenido contigo la verdad, eres un cielo, quieres lamerlas mientras las llevo o me las quito.
-Bu..bueno me da igual
– bueno pues a si mismo jeje, ven aqui ponte aqui en el suelo me siento en la cama y así las tienes más accesibles.
– Vale… (comencé a lamer las botas un poco nervioso, sin saber muy bien que estaba haciendo pero he de reconocer que era situación por otro lado bastante excitante la miraba desde bajo y parecía tan perfecta)
-Así, oye lo haces muy bien no te dejes los tacones eh que no puedo ir a una reunión de moda sin estar perfecta.
– no… no… claro
– Umm la verdad es que las estas dejando muy bien y pensar el dinero que me habría ahorrado en crema si te hubiera conocido antes, jajajaj es una broma jajaja
Me puse un poco rojo) bu..bueno que tal Nerea están bien??
– están muy bien, ayudame a quitarmelas y las dejamos en un lado a secar vale cielo?
-cla..claro (le quite las botas poco a poco disfrutando de poder tocarlas y las deje en una esquina de la habitacion. Bu..bueno que te apetece hacer, quieres que pongamos un poco la tele o que bajemos a tomar una copa o algo…
– Pues lo que tengo ahora son ganas de ir al baño pero menudo fastidio porque solo he traído esas botas y si voy descalza me constiparé…
-Bu..bueno puedo llevarte si quieres te cojo al brazo y te llevo jeje
– Uy no, tengo una contractura en la espalda solo podrías llevarme si mantuviera la espalda recta, bueno si hay una forma y como eres tan tan bueno seguro que me dices que si a que sí??
– que… bu..bueno si jeje que tengo que hacer??
mira ponte al pie de la cama a 4 patas y asi me llevas a caballito sin que yo toque el suelo y llevo la espalda recta, venga vamos ahora verás que divertido.
Lo dijo ya con tanta naturalidad y autoridad que no pude ni replicar nada asi que me coloqué y esperé a que subiera encima)
– buen chico, jajaja lo haces todo muy bien sabes, no entiendo como no tienes novia, con lo servicial que eres, venga llevame al baño.
– si..sii – a mitad camino note un pellizco en el culo, ayy mire de reojo hacia arriba y la vi sonriendo.
– jajaja perdona es que tienes un buen culo, jajjaja gracias por llevarme al baño cielo, llevame hasta la taza.
Se apoyó en mi espalda e incluso en mi cabeza con los pies y se subió a la taza, muy bien ahora ves fuera y te llamo cuando acabe pero no te levantes que va a ser un segundo y no vale la pena que vas a tener que ponerte a 4 patas enseguida.

Continuará

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La travesti primeriza

Aquel desconocido me subió un poco más al vestido y sacó de dentro de mi pequeño tanga, como un mástil entre las gomas del liguero, mi polla, más grande de lo que nunca la había visto. Agarró con una mano mi polla y con la otra el vibrador y se metió toda la de carne de golpe en la boca.

Soy un chico normal, de 28 años, al que le gusta salir con chicas y demás. Alguna vez he acudido al sexo de pago, pero más por morbo que por necesidad. De hecho una de las cosas que más me gusta es pagar por servicios “especiales”.

De vez en cuando me gusta pasarme por un pisito que hay por la zona norte de Madrid en el que he estado con diferentes chicas recibiendo servicios de esclavo. Como me gusta probar de todo, unas veces me han puesto un collar de perro, otras me han vestido de chica, etc. Todo esto en un gabinete completamente equipado que sólo recordar me pone los pelos de punta. Aunque todas esas cosas me ponen a cien, la verdad es que me considero hetero a pesar de que lo de estar vestido de mujer frente a una chica es algo que me pone a mil.

En aquella ocasión me dirigí al lugar en concreto para pasar un rato agradable. Después de un día de trabajo me apetecía terminar la tarde haciendo algo morboso. Al llegar, el desfile de costumbre. Hoy están esta, esta y esta otra. Por discreción no voy a decir nombres, pero me costó elegir entre las seis chicas que desfilaron. Una lavadita, me ofrecen algo de beber y al poco tiempo aparece mi ama con una coca cola.

¿Qué es lo que quieres que hagamos? No sé, lo que se te ocurra. Me gusta de todo. ¿Algo de transformismo, sodomización…? Vale, como tú digas mi ama.

Todavía no había empezado la sesión, pero yo ya tenía mi actitud de esclavo para lo que ella quisiera hacerme. En pocos minutos me encontraba vestido de putita. Un vestido corto, negro, que dejaba ver el final de un liguero que sujetaba las medias. Unos pechos postizos, una peluca rubia con flequillo recto y muy maquillado. Parecía enteramente un travesti de los que se ven en Rubén Darío por las noches. La sesión empezó como tantas otras veces. Me ata, me venda los ojos, me da unos azotes… Poco a poco se va calentando la cosa y me empieza a tratar con algo más de violencia aunque sólo verbal. “Menuda putita que estás hecha” “¿Vas a ser mi putita?”

Ante todos mis asentimientos terminó por decirme: “pues ahora vas a ser una putita como todas las demás. Vamos a salir a que te vean las otras chicas.” Aunque casi todas ellas ya me habían visto alguna vez en circunstancias parecidas, la verdad es que el hecho de estar con todas ellas a la vez, así vestido me produjo horror. Un enorme pudor inexplicable me invadió. Sin embargo también me apetecía pasar por ello.

Hola chicas. Mirad. Tenemos una putita nueva. Hola ¿cómo te llamas? dijo una de ellas. Ante mi silencio, mi ama respondió: “Todavía no le he puesto nombre. Creo que la llamaré Rosa”.

Todo aquello me agradaba, pero la verdad es que los nervios que me producía el primer momento se me estaban pasando y poco a poco llegué a meterme en una conversación que realmente podría ser la que ellas tuvieran cuando estaban solas.  En una pequeña televisión se podía ver un programa de esos de consejos para la salud que veían siempre nuestras abuelas. De pronto, sonó el timbre. “Chicas, al sofá” Todas las chicas fueron pasando detrás de un pequeño biombo a seguir viendo aquel programa de televisión para que el acceso del nuevo cliente tuviera la discreción necesaria. En ese momento mi ama me miró y con una sonrisa cómplice me dijo: “No te preocupes. Que aquí no te va a ver nadie.”

Desde aquel sofá pude comprobar cómo se oyen las pisadas y la conversación de un cliente nuevo. Yo era el único que estaba pendiente de aquello. El resto de las chicas estaba cada una en lo suyo. Unas con la tele, otra leyendo, y mi ama más pendiente de lo que yo hacía que otra cosa. Unos segundos más tarde apareció la Madam. Tantas veces me había atendido que ya sabía más o menos hasta los tiempos que se tardaba y las frases que decía: “Chicas, un ama”.

Una por una fue pasando a la habitación, cuando me acordé de que había dejado mi ropa en aquel gabinete. Hice un amago de levantarme y mi ama me paró:

“¿Qué pasa? ¿Tú también quieres pasar? No, que tengo allí toda mi ropa. Te he dicho que no te preocuparas y te lo he dicho por algo. Tu ropa está aquí.

No sé en que momento lo había hecho, pero se había traído la percha en la que estaba toda mi ropa colgada. Aquello me tranquilizó. Sin embargo fue entonces cuando me di cuenta de la pregunta que me había hecho: ¿tú también quieres pasar? Otra vez me inundó ese pánico que tanto me gustaba. Cuando ya habían pasado todas menos la que oficialmente estaba conmigo regresó la Madam y le preguntó: “¿Tú no vas a pasar?” Ella me miró como esperando mi aprobación. Me imaginé que si entraba yo podría quedarme un rato allí esperándola. Entre todas ellas, vestido de putita, la verdad es que no me disgustó la idea.

Con un gesto le hice ver que no me importaba, se levantó y se fue al gabinete. Al entrar vi como la Madam se acercaba a la puerta y le decía al cliente: “Si te interesa esta ama, tiene una esclava travesti. Es nueva y un poco tímida, pero te lo puede hacer pasar bien”. Aquellas palabras literalmente me aterrorizaron. Yo estaba allí como cliente. El hecho de estar del otro lado ni me lo había planteado ni me gustaba la idea. Mi ama se me acercó, me cogió de la mano y me dijo: “Ven, ¿no querías ser mi putita? Pues vas a saber de verdad lo que es.”

Estaba completamente paralizado. No sabía que hacer. Mi corazón estaba a punto de estallar. Iba de la mano de una puta hacia una habitación en la que ella había ofrecido mis servicios como esclava. Poco antes de llegar a la puerta me paré. No quería entrar. Ella me miró como con lástima. Como quien mira a una compañera que hace esto por primera vez y me dijo: “espera un momento”.  Volvimos a la zona del sofá y de debajo de este sacó una caja de plástico en la que tenía multitud de juguetitos sexuales. De entre ellos sacó un antifaz de cuero negro. Me lo puso y me dijo: “para tu primera vez esto te ayudará, y tú tranquila que no te va a pasar nada malo”. Parece mentira, pero realmente el hecho de llevar media cara tapada me pareció una protección suficiente para vencer ese miedo y entrar en la habitación.

Como ella se había presentado al cliente me presentó a mí. Ésta es Rosa. Mi esclava. Es muy obediente y sólo habla cuando se lo ordeno. A partir de ahora tú también harás lo mismo. Rosa, ayúdale a desnudarse que yo ahora vuelvo. No quiero oír ni una palabra. Tras estas palabras salió de la habitación. Me quedé más paralizado aún. No sabía que hacer. Me había dado una orden, pero no podía ni moverme. El otro chico aparentaba ser algo más mayor que yo aunque no mucho. Un poco más alto y con algunas canas. Empezó a desnudarse mientras me miraba. Cuando había terminado volvió el ama. Le miró de arriba a abajo y le preguntó: ¿Te ha ayudado Rosa?

Lo siguiente que recuerdo fue la bofetada que recibí al decir él que no. Que ni me había movido. Muy bien putita. Parece que te va a costar obedecer. Intenté replicar, pero inmediatamente me cortó diciendo: “tú no hables si no te lo ordeno”. La verdad es que realmente agradecí esa orden. En esa situación no sabía si hablar con mi voz normal o intentar poner voz de chica. Me parecía más ridículo aún. Preferí el silencio. Mientras, el ama estaba inspeccionando el cuerpo del otro cliente. Le preguntó su nombre y él se lo dijo, pero ella le contestó: “yo prefiero llamarte “nena”. A partir de ahora sois Nena y Rosa. Si lo habéis entendido asentir con la cabeza”. Así lo hicimos.

Entonces el ama sacó de un estrecho armario de esos que se cierran con cremallera una caja como la que contenía el antifaz. En ella, igual que en la otra había multitud de vibradores, bolas, una caja de condones y alguna crema. Cogió un consolador con arnés, un bote de crema y la caja de condones y guardó de nuevo la caja. Se acercó a la cama y nos dijo: “¿A qué esperáis? Venid, ayudarme. Nos acercamos despacio hacia ella y sujetó el arnés como ofreciéndoselo a él para que le ayudara a ponérselo. Una vez puesto le ordenó que se alejara y me dijo a mí: “Ven aquí Rosa. Enséñale a Nena como se chupa una buena polla”. No era la primera vez que me daba una orden así y tampoco la primera vez que me lo decía estando yo disfrazado. Sin embargo, el hecho de estar delante de otra persona lo convertía en algo completamente nuevo. Me avergonzaba muchísimo, pero a la vez me parecía sólo un paso más en las cosas que ya había hecho antes.

Muy despacio me arrodillé ante ella y comencé a chupar el vibrador. Al principio lo hacía con cuidado. Como si se fuera a romper. No sabía por qué, pero me avergonzaba de todas aquellas veces que había hecho lo mismo, pero con verdadera pasión. Mi ama lo notó. Me dio otra bofetada y me dijo: “¿de verdad quieres que Nena aprenda si me la chupas así? ¡Chúpala como tú sabes! ¡Que no es tu primera vez! Poco a poco me animé y le di una mamada que ningún tío habría olvidado nunca. Lástima que fuera de goma porque la verdad es que lo hice como una verdadera profesional. Un poco después me apartó la cara y le ordenó a Nena que siguiera ella. Por su expresión noté que también le costaba hacer aquello. No sé si era su primera vez, pero también terminó haciéndolo bastante bien. Entonces me ordenó: “Ven tú aquí. Ahora las dos a la vez. ¡Y con ganas!”  Me acerqué y comencé a chupar el enorme dildo por la zona más lejana a donde estaba trabajando Nena. Él estaba por la punta y yo me lancé sobre los huevos.  Así perras. No paréis.

Con mucho cuidado comencé a chupar por un lado con la intención de no juntar mi boca con la de Nena. Nunca había besado a un hombre y no quería hacerlo. Lo que no había pensado era que si Nena estaba pagando por hacer aquello con una “travesti” era lógicamente porque a él no le importaba. Efectivamente poco después me sujetó por la nuca y me besó conservando la punta del consolador entre nuestras dos bocas. Intenté echarme hacia atrás, pero su mano y ahora la del ama me sujetaron para evitarlo. Alcé mi mirada y vi como era ella la que había provocado la situación. Me miraba sonriente. En sus ojos pude ver una expresión de placer que parecía decir: “¿Qué se siente en tu primera vez?”. No quería hacerlo, pero tampoco estaba en condiciones de parar y decir toda la verdad. Me vi obligado a seguir y terminamos besándonos como dos enamorados.

“Ay mis nenas” dijo el ama, “a ver si al final se me enamoran. Venga, parar que me estáis poniendo a cien. Rosa, ponte de pie.”

Obedecí y cuando Nena iba a hacer lo mismo recibió un grito diciéndole que permaneciera de rodillas. Allí de pie, junto al ama, se podía apreciar claramente, bajo el ceñido vestido negro que durante mi rato de rodillas se había subido un poco, mi abultado paquete. Ella puso la punta del consolador señalando a mi bulto y dijo:”¿Qué tenemos por aquí? ¿Nuestra traviesa saca su parte más dura? ¡Nena chúpasela!”.

Como si hubiera estado toda su vida esperando esa orden, aquel desconocido me subió un poco más al vestido y sacó de dentro de mi pequeño tanga, como un mástil entre las gomas del liguero, mi polla, más grande de lo que nunca la había visto. Agarró con una mano mi polla y con la otra el vibrador y se metió toda la de carne de golpe en la boca. No tengo valor para contar lo que sucedió después, pero os puedo decir que aquella tarde aprendí que como la chupa un tío, pocas tías se acercan.

Si algún día me atrevo escribiré el resto.

Autor: aoak

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La puta de mi mujer y sus amigas III

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada.

Y volvió, o mejor dicho he de decir que volvieron después de cenar. Traían la cuchilla de afeitar y brocha y empezaron a afeitarme todo el pelo alrededor de la polla y culo hasta dejarlo todo bien limpio. Luego me depilaron el resto del cuerpo. Esto dolió bastante por no decir mucho. Después me pusieron el anti-erector bien prieto y me vistieron con ropa de mujer: medias largas, falda corta, muy corta y camiseta fina, sin bragas. También me pintaron la cara y me pusieron peluca, negra, quedé bastante puta. La verdad es que se me veía bastante buenorra. Me habían puesto inyecciones de cortisona en los labios y en los pezones y pechos lo cual hacía que se me inflaran los pezones y que pareciera que tenía unas pequeñas tetitas (ya tengo algo de tetas de por si ya que hago natación). Todo esto si cabe hacía que pareciera más puta, ya que no llevaba sujetador. Me temía lo peor y efectivamente salimos los cuatro de fiesta esa noche del sábado. La verdad es que “las” cuatro estábamos imponentes. Ellas también iban con faldas bastante cortas pero con tangas (yo era la puta y ellas las amas). Fuimos a una discoteca y mi mujer y sus amigas empezaron a tontear con tres chicos hasta enrollarse. Yo estaba sentado en una mesa sin decir nada, con las piernas cruzadas, intentando que no se viera el antierector aunque la falda era tan corta que se podía ver una parte del cachete del culo. La verdad es que era una pose bastante femenina. Entonces ellas me señalaron a los chicos y se empezaron a reír. Mi mujer se acercó y me dijo:

“Puta ven”

Los que estaban al lado miraron de reojo al oírla. Yo me levante y la seguí detrás de ella. Salimos todos y nos metimos en los coches. Yo con mi mujer y Carlos y Pedro en uno (los nombres los oí, no es que me los presentaran, ya que yo no decía nada y mi mujer solo se dirigía a mi para darme órdenes). Mientras Marta y María se fueron con Alberto. Mi mujer me dijo

“Puta conduce tú. Esta es la dirección de Carlos”

Y me dio las llaves. Yo me senté delante mientras ellos tres se sentaron detrás. Enseguida empezaron a morrearse y le empezaron a comer el coño.

“Mira también son sumisos, aunque no tanto como tú” y se empezó a reír.

Llegamos pronto a casa de Carlos, así como los otros. Cuando llegamos me hicieron ponerme de rodillas y con las manos en la espalda, aunque miraba de reojo la situación. Estaban todos desnudos y morreándose. Yo estaba excitadísimo y como siempre chorreando líquido seminal. Llevaba ya más de un día así! Aun no habia eyaculado y lo notaba en los huevos. Mi mujer era la que llevaba la voz cantante. Lo que esperaba sucedió (llegados a este punto de excitación no sabía si quería que pasase eso o no, pero no me queje). Les dijo a los tres chicos que se sentaran el sofá y a mi que les chupara las pollas, cosa que nunca antes habia hecho, pero que empecé a hacer sin ningún reparo y lo mejor que pude (era la puta sumisa de mi mujer y sus amigas). Ahí estaba yo, de rodillas, con las manos en la espalda, depilada, con un anti-erector bien apretado en mi polla y chupando pollas lo mejor que podia y tan al fondo como podía (hasta me entraban arcadas). Mi mujer y sus amigas se reían un montón.

“¡Vaya con la puta! Como le gusta chupar polla”

De vez en cuando mi mujer me cogía de la cabeza y me la metía bien hasta el fondo hasta que me entraban arcadas. Pero yo no me quejaba, era una buena putita sumisa. Entonces mi mujer dijo

“Muy bien, pasemos a la siguiente fase” me levantó la falda hasta la cintura y le dijo a Carlos. “¿Ves este culito depilado? Pues es virgen, es tu oportunidad de desvirgarlo” Esto también lo esperaba, aunque eso no quiere decir que me hiciera ilusión, la verdad es que no me excita que me den por el culo. De todas maneras, como una buena sumisa, estaba dispuesto a aceptar lo que mi ama me dijera. Además lo que si me excitaba, y un montón, era toda la situación, y cuando no eyaculas, llega un momento en que cualquier cosa te excita, estás como medio loco por correrte. Total que nos pusimos en una postura de cine porno. El Carlos ese me empezó a follar por atrás (al menos con vaselina, un detalle) mientras yo le comía el coño a mi mujer, que además me tenía cogido del cuello con un collar de perro. Con cada mano les hacía una paja a Pedro y Alberto que estaban sentados también en el sofá. Estos les comían los coños a Marta y María que estaban de pie en el sofá (la verdad es que estos tres también eran unos putos sumisos, hacían todo lo que mi mujer les decía). Así estuvimos un buen rato. La verdad es que era un poco incómodo. Tenía como ganas de cagar y me tenía que aguantar pero yo estaba excitadísimo, habría hecho lo que fuera, lo que fuera, por correrme. Como seguía echando liquido seminal, desde la tarde me habían puesto una bolsita para recogerlo. El primero en correrse fue Carlos en mi recién desvirgado culo (lo noté porque se hinchó todavía más y la sensación de cagar se hizo casi insoportable). Ante mi sorpresa mi mujer le dio una soberbia bofetada en la cara.

“¡Aquí nadie se corre sin mi permiso!”

Los otros dos no se atrevieron a decir ni mu. Además Marta y María los cogieron fuerte de la cabeza para seguir comiendo coño

“Ahora resulta que voy a tener que domar estas putas también”

Cogió a Carlos de una oreja fuerte, lo sacó de mi culo y lo hizo poner a cuatro patas. El preservativo se quedó incrustado en mi culo pero para mi fue un alivio. En cualquier caso yo seguía comiendo el coño de mi ama lo mejor que sabía. Mi ama sacó el preservativo y la leche que habia dentro y se lo puso en la palma de la mano. Le volvió a dar otra sonora bofetada a Carlos, más que nada para que quedara claro quien mandaba, y le ordenó comerse su propia leche, cosa que hizo sin rechistar lamiendo la palma de la mano de su nueva ama (que sumisos que podemos ser a veces los hombres, joder). Supongo que toda la situación y la comida de coño que le estaba haciendo, la llevo al clímax, puso los ojos en blanco y se corrió echando todos los flujos en mi boca, que intenté tragar lo mejor que pude. Entonces Marta y María también se corrieron en la cara de Pedro y Alberto. Estos estaban cerca de correrse, pero yo no les podia masturbar bien, primero por la postura, y segundo porque no sabia, total que les costaba. En cualquier caso mi ama me hizo parar. Los dos hicieron un cierto gesto de disgusto y, efectivamente, mi ama les dio un par de bien dadas bofetadas (se les puso la cara como un tomate). Yo seguía con mi cara en el coño de mi ama, refregándome suavemente (no me tenia que retirar hasta que mi ama me lo indicara), y Carlos seguía lamiéndole la palma de la mano, aunque ya no quedaba semen (puto sumiso…).

“Mirad los tres, sois putos sumisos y haréis lo que yo diga”. Y mirando a Pedro y Alberto, le volvió a dar una bofetada, más fuerte si cabe, a Carlos, mientras decía:

“Aquí nadie se corre, y sobretodo eyacula sin mi permiso”

Marta y María entendieron el mensaje, fueron por unas cuerdas que ataron a los huevos y la base de la polla de Pedro y Alberto. La erección de estos se hizo más fuerte si cabe (y por mi experiencia supongo que también dolorosa).

“Ahora le vais a follar el culo al puto Carlos para que aprenda quien manda aquí” Os recuerdo que no os podéis correr. Cuando estéis a punto tenéis que salir y dejar al otro.”

Carlos no había hecho ningún ademán al oír la situación. Seguía lamiendo la palma de la mano de la ama. Creo que a partir de la segunda o tercera bofetada se había vuelto en un perfecto sumiso. Total, que se lo follaron, bien follado, durante una buena hora, hasta que mi ama dijo basta. Sorprendentemente aguantaron sin correrse, pensarlo me excitaba, ya que pensaba en su propia excitación, o que yo era quien follaba a Carlos. Cuando paramos me quitaron el antierector y a ellos las cuerdas de huevos y polla, aunque nos ataron las manos a la espalda y a la pata de la mesa para que no pudiéramos masturbarnos. Esa noche dormimos así. Ellas se fueron a las camas a dormir, mientras nosotros estuvimos con una señora temprera, medio adormilados pero sin poder dormir. En mi caso era insoportable. Me hubiera roto la columna vertebral para poder chupármela, viéndola en un estado de erección casi imposible.

Ellas despertaron sin prisas, desayunaron, y se mearon en las bocas de ellos. Los tres tíos tragaron sin rechistar (vaya nenazas). Cayo al suelo, pero como era el piso de ellos no le importo a mi ama. De hecho nosotros nos meamos también ya que nos dejaron allí toda la mañana, y ellas se fueron a la playa. Eso si, antes de irse, nos dieron un buen palmotazo en los huevos para que bajara la erección (aunque no duró mucho…).

Al volver soltaron a Carlos y le dijeron que preparara la comida. Le pusieron solo un delantal mientras se reían. A Pedro, Alberto y a mi nos hicieron limpiar el suelo de orín con la lengua. Las manos seguían atadas ya que no se fiaban que nos pudiéramos masturbar, y no podíamos, pero si entre nosotros (a estas alturas ya habíamos perdido cualquier dignidad), total que nos intentábamos frotar disimuladamente los unos a los otros mientras limpiábamos el suelo o lamernos la polla, con el sabor de orín incrustado en nuestras bocas, hizo falta muy poco para estar cerca de corrernos.

“¡Mira las mamonas!” dijo mi ama riendo.

Entonces nos separaron, nos pusieron cubitos de hielo en la polla para bajarnos la erección, y nos pusieron un antierector a cada uno. Era horrible, quería correrme, no podia soportarlo mas, y ahí estaba de nuevo con el antierector. Ellas no parecían estar muy preocupadas por eso y se pusieron a comer.

Después de la siesta, nos pusieron en el suelo a Pedro, Alberto y a mí, mientras a Carlos, castigado, lo pusieron atado de rodillas mirándonos. Y empezó la sesión otra vez. Nos ataron los huevos y a follar! Esta vez tenían la cuerda cogida con la mano y a veces tiraban, just for the fun of it. En particular, mi mujer se estaba follando a Pedro, la primera vez que follaba a alguien que no fuera yo, ¡y yo mirando!

“Mira putita, ¿ves como me follo a otros hombres? Acostúmbrate porque pasara más veces. Sois todos unas zorritas. En el fondo todos deseáis que os traten así”

Y mientras decía eso se corrió. Por cierto el Pedro, ¡que aguante!, no se corrió en todo momento, aunque por la cara de sufrimiento, no lo debía estar pasando bien, ya que mi mujer lo regulaba con la cuerda. Lo mismo hacían Marta y María con nosotros hasta que se corrieron, dejándonos a los tres con un palmo de narices, aunque al menos nos soltaron las cuerdas de los huevos. Que alivio, pero yo llevaba desde el viernes por la tarde en un estado de excitación continuo y sin poder eyacular, los demás no creo que estuvieran en una situación mucho mejor, excepto el cabrón del Carlos. Total, al final su castigo habia sido que le follaran por el culo. Tal como estaba yo lo hubiera aceptado mil veces.

Entonces mi ama me dio un pequeño golpecito con el dedo en los huevos, que me ardían, e hice un gesto de dolor. Entonces dijo:

“Parece que la putita ya está lista” No se a que se refería pero yo tenía una erección de campeonato, dolorosa.

Me hizo poner a cuatro patas y le dijo al Carlos “Ven, mastúrbalo, ¡pero que no se corra!” “¿Como?” Pensé. Hasta cuando me iba a hacer sufrir mi ama, aunque yo chitón, como un buen sumiso. Carlos, otro buen sumiso, me empezó a acariciar suavemente mi dolorida polla, ahora libre en mucho tiempo. No la podia tocar mucho ya que si no me correría. Entonces mi ama cogió un consolador y me empezó a follar por el culo. Ahora hasta esto me excitaba, no era un consolador muy grande. Estaba en el cielo. Me cogió por el pelo.

“Mira puta, cuando estés a punto de correrte, quiero que me avises, ya sabes que no puedes correrte hasta que yo te de permiso”

“Si mi ama” respondí, aunque no estaba muy seguro de que tenía en mente, ¿me dejaría de nuevo con las ganas? En cualquier caso no tardé mucho en saberlo. La suave masturbación del Carlos y la follada de mi ama estaban empezando a hacer su efecto.

“Ama, estoy a punto de correrme, ¿puedo hacerlo?” supliqué.

Entonces mi ama cogió la cabeza de Carlos por los pelos y le obligó que me la chupara (obligar es un decir, era un esclavo bien dócil). Esto casi hizo que me corriera, aunque intenté aguantar, ya que mi ama no me había dado permiso todavía, pero ya estaba en el punto de no retorno, afortunadamente mi ama dijo

“Ya puedes correrte, puta” “Y, Carlos, zorrita, no quiero que caiga ni una gota al suelo ni que te la tragues”

Los dos obedecimos. Y me corrí, y me corrí, fue eterno, salieron lecherazos bien fuertes, mientras la zorrita Carlos apretaba bien los labios para que no saliera nada. Creo que me estuve corriendo durante 30 segundos, sin exagerar. Mientras mi ama me seguía dando por el culo, que ahora me parecía gloria, yo follaba al unísono la boca del puto Carlos. Mi ama salió de mi culo y yo salí de la boca de Carlos, que apretó bien los labios para que no saliera nada. Mi mujer y yo nos levantamos, entonces ella me preguntó:

“¿Lo hemos hecho bien, amo?”

Mi respuesta fue pegarle una buena bofetada en la cara.

“¡Ya has olvidado que ante mi has de estar de rodillas al menos que diga lo contrario?”

Las tres se pusieron en actitud sumisa: de rodillas, manos a la espalda y mirando al suelo. Entonces sonreí, les acaricié la cabeza a las tres y dije

“Sois unas buenas perritas, lo habéis hecho muy bien”

A todo esto los tres tíos se habían quedado de piedra, pero no se movieron, ¡vaya zorritas!, el puto Carlos seguía con mi leche en mi boca y por lo que veía bien empalmado, los otros dos seguían con el antierector. Le dije a mi mujer.

“Átalos a las patas de la mesa”

Y me fui a descansar un rato al sofá. Cuando volví, el Carlos seguía teniendo mi leche en su boca. Sonreí, no le había dicho nada, pero la última orden (de hecho de mi mujer) habia sido que se quedara con mi semen en su boca, y esto es lo que hay que hacer hasta que haya una nueva orden. Este tío también era un buen sumiso, así que decidí probarlo, lo desaté y lo puse a cuatro patas.

“Veo que eres una puta sumisa, ayer te follaron tus amigos y hoy lo voy a hacer yo. A ver como se folla el culo de un tío”

Estuvo bien, el culo estaba bastante prieto a pesar de lo de ayer. Además me daba morbo follarme un tío…con su boca llena de mi leche. Total que me corrí rápido.

“Muy bien puta, ahora tienes mi semen en tu culo y en tu boca”

Cogí a Pedro y Alberto y les dije. “Venga limpiadle el culo y la boca” lo cual hicieron dócilmente. Pensé, “Joder aquí todo el mundo es sumiso” Esto me excitó.

“Vaya, vaya, le voy a coger gusto a follar culos de tíos”

Cogí a Pedro pero no la tenía suficientemente dura, así que le dije a mi mujer que me la chupara. Me dio morbo ver como me limpiaba la suciedad del culo de Carlos. Esto me entonó lo suficiente y me follé a Pedro, mientras veía como le limpiaba la boca a Carlos. Aquí estuve un buen rato, y quiero decir un buen rato, hasta que me corrí. Cogí a Alberto e hice que me la limpiara. De nuevo me fui al sofá a descansar pero me llevé a Alberto para que me la siguiera chupando. Me daba morbo que un hombre me la chupara, además quería que aprendiera a hacerlo bien. Total que me tumbé y le ordené que me la fuera chupando de forma suave. De vez en cuando le daba bofetadas para que supiera quien mandaba. Es agradable estar en el sofá, tumbado, mientras alguien te la chupa. De hecho el puto tío le puso ganas y al final me corrí. Aproveché entonces para coger a los tres esclavos y ponerlos delante de mí en posición sumisa

“A partir de ahora sois mis esclavos y deberéis estar disponibles si así lo dispongo”

“Si, mi amo” dijeron los tres al unísono mientras me meaba en ellos.

Después de esto mis esclavas y yo nos fuimos.

Ya sabéis, una buena esclava también tiene que saber ser una buena ama, si su amo así lo exige.

Autor: Pervertido

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Iniciándome en el BDSM

Cuando estuvo satisfecha continuó con la inspección y bajó hasta mis nalgas, a las que acarició. Me encontraba en un momento de máximo disfrute cuando paró. Oí cómo abría un cajón y por el ruido que hizo deduje que se estaba poniendo unos guantes de látex. Imaginé que me iba a realizar una exploración anal. Nunca antes lo había hecho, pero era tal el estado de excitación que vivía, que no me importó.

Hacía muchos años que no veía a mis compañeros de curso en la facultad. Desde que terminamos la carrera no nos habíamos visto la mayoría. Era una ocasión de recordar viejos tiempos y de recuperar alguna amistad. Tenía ganas de ver cómo habían cambiado las caras y el estatus social de todos ellos. Ahora somos profesionales, algunos, de mucho éxito.

Hasta ese momento me consideraba una persona normal. A mis 38 años de edad me encontraba con fuerzas como para comerme el mundo. Mi estatura es de 1,78 cm y mi peso de 75 Kg. Moreno de pelo, pero con algunas canas que iban dando a mi rostro un tono de madurez. Permanecía soltero hasta ese momento y tanto mi vida profesional, social y personal transcurrían por los cauces del éxito. En resumen, me sentía bien.

Después de asistir a los saludos por parte del actual Decano de la Facultad y de cumplir con la visita guiada a los diferentes departamentos tuvimos una misa, después de la cual, se sirvió un vino español. En ese momento tuve ocasión para hablar con muchos de mis compañeros y poco a poco se fue creando un ambiente distendido y cordial que provocó el que al final quedáramos a cenar un numeroso grupo, ese mismo día.

La cena transcurrió como era de esperar, con alegría. Al final, cuando ya habíamos bebido bastante recibimos la visita de la tuna, que terminó por hacernos cantar a todos entre abrazos. Poco a poco se fue marchando la gente y quedamos los solteros que, como siempre, éramos los que no teníamos a quién rendir cuentas. Nos decidimos por ir a bailar a un local próximo y cuando nos echaron de él ya no había nada abierto. Fue cuando les ofrecí ir a mi casa a echar la última copa. Aprovecho las ocasiones que se me presentan para intimar con alguna mujer y si puedo la llevo a la cama.

Nos encontrábamos seis. Dos eran mis amigos Roberto y Fernando, con los que había compartido piso durante la carrera. De las tres mujeres que había, conocía bien a dos; eran Laura y María. Laura era una mujer impresionante; yo diría que había mejorado con los años: De 1,70 de altura, melena rubia y larga, recogida para la ocasión con un moño que realzaba su largo cuello. Dos ojos verdes que siempre habían llamado la atención de cualquiera por lo grandes y bonitos. Labios carnosos y una sonrisa que enseñaba una dentadura perfecta. Siempre había sido una mujer inalcanzable para todos nosotros, altiva y desafiante, y nunca antes habíamos podido tener una conversación distendida con ella. Llevaba un vestido de tirantes con generoso escote que dejaba adivinar unos senos turgentes y deseables, tanto más, porque no llevaba sujetador. El vestido caía marcando las curvas de su cuerpo y se terminaba ajustado, por encima de las rodillas. Las piernas las llevaba cubiertas por unas medias negras y realzaban su figura unos zapatos negros de tacón fino, muy alto. Estaba verdaderamente deseable.

María era una mujer guapa y elegante. No era de una despampanante belleza, pero siempre había tenido algo que la hacía atractiva. Morena, de melena corta, un poco bajita pues medía 1,58 cm de estatura, de cara redonda y ojos almendrados que reflejaban alegría. Era amiga de todos y todos la habíamos querido siempre. Una vez incluso tuvimos un rollete que resultó muy satisfactorio para los dos. También  especialmente guapa, con una blusa blanca que dejaba adivinar unos preciosos pechos y una falda corta y ajustada de cuero, con una abertura lateral que invitaba a abrirse camino entre ella. Calzaba unos zapatos de piel negra con adornos en forma de chinchetas y un tacón infinito que hacían su pierna más larga.

La tercera mujer era Gloria: No la había tratado mucho pues es de esas mujeres que apenas hablan si no se les invita a ello. Tímida y reservada, no era brillante en ningún aspecto. No se le conocían novios ni asuntos de trascendencia. Había terminado la carrera y salvo sus amigos, que los tendría, se podía decir que no la conocía nadie. Había cambiado; se había dejado una larga melena y se había teñido de rubio, color que le favorecía. Estaba en posesión de algunos kilos de más y vestía un elegante traje de chaqueta y falda ligeramente por debajo de las rodillas. No llamaba especialmente la atención lo que se sumaba a una mirada dura, que te hacía dejar de mirar si te pillaba observándola. Por lo demás, si tocabas algún tema de conversación con ella era una chica educada y amable.

Nos repartimos por el salón, sacamos unas botellas de cava y nos dispusimos a pasar una velada más. Comenzamos por dar un repaso a los conocidos, pasando por los viejos y los nuevos tiempos. Poco a poco y entre el calor que se iba acumulando en el ambiente y el alcohol, fueron apareciendo nuevos temas de conversación y como de costumbre acabamos en temas sexuales. En un determinado momento discutíamos acerca de si las medidas normales del pene eran unas u otras. Entre risas alguien, creo que fue mi amigo Roberto, propuso realizar un concurso entre los tres, a ver quién la tenía más grande. Ellas serían las encargadas de excitarnos y medirnos, para luego llegar a un veredicto. Asombrosamente, entraron al trapo y aceptaron la propuesta. No se ni cómo, pero nos vimos los tres desnudos y a merced de las chicas.

Ellas irían excitándonos, una a cada uno y apuntando la medida. Después  intercambiarían a los concursantes para, de esta manera, habernos probado a los tres. La verdad es que fue divertido. Yo sabía que no iba a ganar ya que siempre he sido consciente de que mi pene no era de los más grandes. Tampoco había supuesto un problema pues la facilidad que tenía para conseguir a las mujeres hacía que el tamaño careciera de importancia. Estábamos comenzando el concurso cuando Laura dijo:

– El que gane será para mí así que, haced un esfuerzo chicos.

A lo que Gloria añadió:

– Y el que pierda será mío…

Al final y después de ser materialmente comidos y medidos por esas tres diosas, llegó el momento de dar la clasificación. Roberto ganó con un pene de 23 cm en erección y yo, con mis escasos 16 cm fui el perdedor, como ya imaginaba.

– Ahora, la entrega de premios, exigió el ganador, a la vez que se abrazaba a Laura.

La propuesta de ella fue que la acompañara hasta su casa y con el fin de semana por delante le entregaría lo que había ganado en el concurso. Casi en plena excitación nos despedimos y Gloria, que apenas había hablado después del veredicto dejó en mi mano una tarjeta de visita. Por lo bajo me susurró al oído:

– Llámame el viernes al mediodía y no se te ocurra hacer planes para el fin de semana ¿vale? Y ya que estamos, procura estar totalmente depilado para ese mismo día. To-tal-men-te.

Asentí sin atreverme a decir nada más…

Estuve durante toda la semana impaciente y excitado, esperando el momento de volver a ver a Gloria. En otros tiempos no me habría preocupado demasiado pero la verdad es que la situación resultaba tan morbosa que me tuvo desconcentrado durante los días que antecedieron a nuestro encuentro. Pasé un poco de vergüenza cuando dije en mi peluquería que deseaba que me depilasen por completo, pero no se extrañaron…Pensé que debía de ser bastante habitual en los tiempos que corren.

A las doce en punto del viernes realicé la llamada que había estado deseando hacer durante toda la semana. Después de cuatro pitidos se puso al teléfono. Una vez hechos los saludos de rigor me preguntó si estaba dispuesto todavía a pasar el fin de semana con ella, a lo que contesté que estaba impaciente por comenzar.

-Ya veremos, dijo… y comenzó a darme instrucciones. -Coge un neceser de aseo y poco más, y te diriges a la dirección que ya conoces por la tarjeta que te di. Al lado derecho del portal se encuentra una cafetería. Allí pregunta por el encargado y dile que vas de mi parte. Tiene instrucciones de darte las llaves de casa. Sube arriba y abre, pues yo tardaré en llegar. Dúchate -en el baño encontrarás todo lo necesario- y después te vistes con la ropa que he dejado preparada sobre una silla, en mi dormitorio. Cuando llegue, llamaré a la puerta; si todavía estás ahí y me abres la puerta sabré que has entendido lo que quiero de ti.

Sin dar más tiempo al tiempo, cogí un taxi y me fui a la búsqueda de su vivienda. En la cafetería me entregaron las llaves del piso y con bastante inquietud y una taquicardia que casi me paralizaba, abrí la puerta y entré en la casa de Gloria. Era un piso grande de unos 140 m2. Tenía un salón enorme decorado con suma exquisitez. Cada cosa tenía su sitio y estaba escrupulosamente limpio. Se notaba la obsesión por la limpieza y el orden. Cuando entré en el dormitorio me dirigí hacia la silla que había colocado a la vista para mí y sorpresa: Había preparado un vestido negro con la falda cortita, muy por encima de las rodillas y con una abertura lateral que llegaba casi a la cintura. En las mangas, cuello y borde de la falda llevaba unas puntillas blancas. Para debajo había previsto un top negro, diría que era de raso, armado de tal manera que una vez que me lo puse, diría que me habían crecido dos pechos, pues se marcaban debajo del vestido. En la parte de abajo me había preparado un liguero, negro también, muy excitante y un par de medias a juego con todo el conjunto. Se completaba el conjunto con unos zapatos de salón en charol negro, con pulsera, dotados de un tacón de aguja de al menos 10 cm, delantal blanco cortito y una peluca morena de media melena.

Me llevó algún tiempo poder ponérmelo todo, pues no estaba habituado a ese tipo de prendas. Estaba tremendamente excitado, tanto por estar vistiéndome de criada como por lo que podría ocurrir después. Por fin conseguí que todo estuviera en su lugar y no pude evitar la tentación de mirarme al espejo de la cómoda. Me faltaba maquillaje, pero me veía hasta guapa. Practiqué poses de mujer durante un rato y sentí la tentación de masturbarme, pero desistí de ello pues quería estar a tope para cuando llegara la Señora – así me había dejado por escrito que la tenía que tratar-

Llamaron a la puerta y con miedo por una parte y en un estado de ansiedad y excitación por otra me dirigí a la puerta. Al abrir apareció la Señora. Estaba increíblemente guapa y elegante. Vestida totalmente de cuero, con unos zapatos de piel negros, muy altos, medias negras -de seda, diría yo- falda por encima de la rodilla. Por debajo llevaba un corsé de cuero que la estilizaba y cubriendo el cuerpo una cazadora cortita, también de piel negra. El cabello lo llevaba recogido en un moño. Tanto los labios como las uñas estaban pintados de negro.

¡Buenas tardes! Saludó, entregándome unas bolsas con las compras que había realizado. Deja esto en mi habitación, que ya lo colocaré en su momento, y me esperas ahí. Voy a tomar un vaso de agua, que llevo toda la mañana de tiendas y todavía no he podido ni sentarme.

En unos minutos apareció de nuevo, se sentó delante de la cómoda y me ordenó ponerme de rodillas delante de ella…

-Ahora voy a maquillarte. Se que de momento será difícil para ti, pero con el tiempo espero que aprendas a hacerlo sola. Por cierto, desde ahora te llamas “Betty” y como ya has podido suponer vas a convertirte en mi doncella, además de una dócil putita. Si no te parece bien, ya te puedes marchar.

Asentí con la cabeza dándole a entender que la idea me gustaba.

-Las instrucciones son claras y sencillas -Como ya sabes, te dirigirás a mí llamándome Señora. -No hablarás si no te digo que lo hagas. -Agacharás la mirada en mi presencia, adoptando una postura sumisa en todo momento. -Obedecerás mis órdenes sin rechistar, de manera inmediata. -Las labores de la casa son cosa tuya. Ha de estar siempre perfecta. -En ocasiones serás castigada. Si yo no te digo la causa de un castigo, estoy segura de que tú sabrás el porqué del mismo. -En definitiva, vas a ser mía y para mí. Yo no voy a gritar ni a ser especialmente violenta contigo, pues no me gusta. Seré cariñosa y comprensiva, pero también exigente y dura, cuando estime que tiene que ser así. Voy a perder mi tiempo en domarte y enseñarte a servirme, así que deseo que te encuentres a la altura de lo que de tí espero

Acabó de maquillarme y me pintó las uñas y los labios de rojo oscuro, marcando con un lápiz el contorno de los mismos. Una vez arreglada me envió a la cocina a preparar una comida ligera. Ella sabía que yo cocinaba bien, pues me había oído presumir de ello, así que dejó a mi capricho la elección de la comida.

Se la serví en el salón con gran ceremonia. La Señora me permitió que comiera en la cocina. Posteriormente recogí todo y la ayudé a desvestirse, pues era su deseo el echarse un rato para dormir una siesta. La dejé en la cama con un camisón corto transparente. Durante todo el rato no dijo una palabra. Yo contenía mi excitación como podía pero en algún momento dejé entrever un bulto por delante de la falda, lo que supuso algún gesto de desaprobación por parte de la Señora. No obstante amablemente me dio las gracias y me pidió que la despertara en media hora, tiempo que yo tenía que dedicar a recoger y limpiar la cocina.

Estaba nervioso, pues la cosa prometía. Tanto es así que con las prisas se me cayó un vaso y se rompió. Lo recogí todo y pensé para mí que con un poco de suerte no se daría cuenta. Pasado el tiempo que me había pedido fui al dormitorio y me situé al lado de la cama, donde la llamé con suavidad. Ella abrió los ojos e inmediatamente bajé los míos. Le pregunté si había dormido bien y ella no me respondió. Pasado un minuto de silencio me ordenó que fuera al baño, me quitara la ropa, quedándome en braguitas y con el liguero, medias y los zapatos y después que volviera a la habitación. Así lo hice y cuando volví me pidió que me pusiera a los pies de la cama, con las piernas abiertas y apoyando las manos sobre ella. Ella se había puesto unas sandalias de estar por casa y conservaba todavía el camisón. Estaba divina…

Comenzó a tocarme por la espalda. Me acariciaba despacio, comprobando cada centímetro de mi piel. Comenzó por la cabeza y fue bajando. Al llegar a la altura de mi pecho deslizó una mano hacia delante y me rozó un pezón, lo que me produjo una gran excitación. Se dio cuenta y comenzó a jugar con él. Me pellizcó y lo retorció durante bastantes minutos, a la par que yo me excitaba cada vez más. Cuando soltaba algún gemido ella me chistaba y hablaba

-Cállate putita. No querrás que los vecinos se enteren de que tengo en casa a una zorra escandalosa.

Y continuaba con la tortura. Cuando estuvo satisfecha continuó con la inspección y bajó hasta mis nalgas, a las que acarició. Me encontraba en un momento de máximo disfrute cuando paró. Oí cómo abría un cajón y por el ruido que hizo deduje que se estaba poniendo unos guantes de látex. Imaginé que me iba a realizar una exploración anal. Nunca antes lo había hecho, pero era tal el estado de excitación que vivía, que no me importó. Cerré los ojos y me dispuse a ello. Me introdujo primero un dedo, trabajó mi pobre esfínter y me metió un segundo. Este me molestó, pero pensé que era producto de mi inexperiencia y estaba seguro de que luego iba a mejorar. Entonces comenzó a hablarme:

-Has cometido dos faltas y es mi obligación que aprendas a corregirlas. Así pues tengo que castigarte.

Según terminaba de decir esto, me metió un tercero, con tal fuerza que pensé que me había roto el culo. El dolor fue intenso pero estaba tan excitado que acepté el castigo. Se movió con violencia dentro de mí pero a pesar del dolor que me producía, mi verga se ponía más tiesa de lo que había estado nunca. Después continuó durante un ratito dándome masaje anal. Oí que de nuevo abría el cajón y sacaba algo que se dispuso a colocarme en el ano. Entró bien pero quedó como encajado. Me daban ganas de expulsarlo, pero no podía. A la sensación de placer se añadía otra de ansiedad. Resultaba curioso… Por un lado me producía una gran excitación pero por otro me sumía en la desesperación.

-Me ha parecido escuchar ruido en la cocina, como si se hubiera roto algo. Estoy segura de que ha sido así. Como comprenderás tienes que compensarme por ello. No me paso el día trabajando para que una putita como tú me cueste dinero nada más llegar a mi casa. Así pues vas a llevar eso ahí hasta que decida el modo en el que vas a pagar por ello.

-Además te dije que no debías dirigirme la palabra si no te lo pedía, por lo que vas a recibir diez azotes.

Dicho esto volvió a meter la mano en el cajón y sacó de el lo que luego supe que era una fusta. Con una voz cálida y dulce, mientras me metía los dedos, que habían estado en mi ano, dentro la boca para que pudiera saborearlos me pidió que contar en voz alta el número de azotes. Uno, dos, tres,…. hasta contar los diez, fue aplicando el castigo en mis nalgas. Cuando creía que había terminado me hizo colocarme de frente a ella. Mantenía una erección casi imposible, yo diría que hasta dolorosa. Necesitaba con urgencia que me tocara la polla para poderme correr. Antes de darme tiempo a pensar, en un movimiento rápido me dio un fustazo en pleno glande

-¡Qué dolor! exclamé- al tiempo que protegía con la mano a mi pobre miembro… -Creía haberte advertido de que no hablaras y además nadie te ha dado permiso para tocarte. Eres una zorrita incorregible y te voy a meter en vereda ahora mismo. Así evitaremos tener que tomar medidas más fuertes en el futuro. Voy a tenerte que atar.

De nuevo del cajón salieron nuevos instrumentos. Unos grilletes de cuero prendidos en un cinturón con los que me ató los antebrazos al cuerpo de tal modo que no podía llegar a tocarme ninguna parte del cuerpo. Además y para completar el cuadro me colocó una mordaza el la boca, de tal manera que no me permitía articular palabra alguna pero que permitía que la boca estuviera siempre abierta para su capricho.

Volvió a colocarme de frente a ella y sujetándome el pene con la palma de su mano izquierda comenzó a darme golpes de fusta sobre el glande. En el espejo que quedaba enfrente de mí podía ver la escena completa. Yo había acabado a su merced y encima estaba disfrutando como nunca. Los golpes comenzaban siendo de una intensidad pequeña, que poco a poco incrementaba. Yo me iba excitando cada vez más, pero cuando ella se daba cuenta de que estaba a punto de llegar, descargaba sobre mi pobre pene un fuerte golpe que me producía un intenso dolor y hacía que la erección desapareciera. De vez en cuando paraba durante unos minutos y se dedicaba a pellizcarme los pezones, con lo que conseguía el mismo efecto. No se cuánto tiempo duró aquello, pero se me hizo eterno. Acabé humillado y llorando, pidiéndole por favor que me dejara terminar o que me echara de su casa. No podía soportar más en esa situación.

Se compadeció de mi, me quitó la mordaza, de dio un largo y cálido beso, lleno de cariño, acompañado de todo tipo de caricias, que yo agradecí infinitamente. Sin quitarme los grilletes me aseó un poco con mucha ternura, casi como si fuera una madre, me secó las lágrimas y me arregló el maquillaje, que había sufrido las consecuencias de la batalla a la que me había sometido.

-Ahora estoy excitada, dijo. Vas a tener que aplacarme, pues tengo trabajo que hacer esta tarde y así no puedo concentrarme. Túmbate boca arriba en el suelo. ¡rápido!

Una vez en el suelo, se sentó sobre mi cara y comenzó a moverse, lentamente. Yo que me encontraba en un gran estado de excitación por lo ocurrido comencé a dar lengüetadas a diestro y siniestro de tal modo que tan pronto me encontraba sobre su ano como sobre su clítoris. Como el ritmo que yo le daba no era de su agrado agarró mis pezones con sus dedos y los retorció con fuerza.

-¡Ahhhh! Me quejé. -¡Schhhh! ¡calla! -Me dijo con cierta exquisitez-. Vas muy deprisa, así que voy a modular tu ímpetu gracias a tus pezones. Los voy a utilizar como si fueran los mandos de una consola. Así aprenderás a satisfacer a una mujer.

Luego cogió el teléfono, puso el manos libres y marcó un número. Cuando al otro lado contestaron reconocí la voz. Se trataba de Laura. Durante mucho rato mantuvieron una conversación banal. Hablaron sobre todo de hombres, riéndose de unos y de otros mientras me hacía trabajar en sus bajos. Lo mismo cuando necesitaba más que cuando me pasaba de marcha modulaba la velocidad de mi lengua manipulando mis pezones. Lamí sus agujeros hasta tal punto que me dolía toda la boca, pero era imposible parar; ni ella ni yo queríamos. Fuimos incrementando el ritmo a la velocidad que ella quería hasta que llegó lo inevitable: Sin colgar el teléfono, soltó un grito, me agarró fuerte por el pelo y se apretó contra mi cara. Mientras yo me asfixiaba sin poder hacer nada para evitarlo tuvo un largo e intenso orgasmo. Una vez que acabó sintió ganas de orinar, por lo que me obligó a abrir la boca y comenzó a hacerlo sobre ella.

-Procura que no se te escape ni una gota… No quiero manchar el suelo.

Bebí y bebí hasta terminar con la última gota de su orina. Excitado como estaba me sabía al mejor de los licores, por lo que me afané en que no quedara nada fuera de mí. Al acabar me dio un largo y cariñoso beso en la boca que terminó con un tremendo salivazo que me dejó en la boca para que según ella, pudiera probar todos sus jugos.

-Arréglate un poco Betty, que estás hecha un asco. Vístete, limpia todo esto y prepárame un baño. Después me darás un masaje relajante. Si te portas bien en lo que queda de día es posible que al final te de alguna recompensa. Ya veremos…

-Si tienes algo que decirme, ahora es el momento oportuno pues, estoy de buen humor.  -¡Gracias Señora! le dije, y me dispuse a hacer mis tareas

Autor: Telémaco

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