Mi compañera de oficina

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar, ella empezó a gemir, como si estuviera llorando, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito, se dejó caer y se le salió mi verga, quedando tirada en el piso, con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Trabajé durante cinco años en una oficina y Perita, una de mis compañeras, siempre me llamó la atención, sobre todo después de que tuvo a su bebé; ella es morena, llenita, con el cabello negro, largo y quebrado. Cuando volvió a la oficina, sus tetas lucían espectaculares, esto por que amamantaba a su hijo.

A inicios de este año, durante semana y media, estuvimos solos en la oficina, así que comíamos juntos y una tarde, nos quedamos charlando sobre cualquier tema pero no podía despegar mi mirada de sus hermosas tetas. Ella traía una blusa blanca bastante escotada y se le asomaba un bello sostén de encaje del mismo color, además se le marcaban los pezones de una forma por demás excitante.

Ella se dio cuenta y trató de cubrirse pero al mover uno de sus brazos, tiró un vaso de agua fresca sobre sí misma, inmediatamente trató de limpiarse pero estaba totalmente empapada, así que corrí por un trapo para ayudarla. Cuando llegué con ella, el espectáculo era supremo, sus tetas se le notaban al cien y sus pezones estaban totalmente erectos, por lo frío del agua y por más que quería retirar mi mirada de ella, no podía.

Enseguida, ella tomó el trapo junto con mi mano y se los llevó a sus pechos, diciéndome “Ernesto, ayúdame a limpiarme, no te me quedes viendo” y no tardo, empecé a pasarle el trapo por ambas tetas y acercándose a mí, me dijo “¿crees que no he notado cómo me miras?, anda, aprovéchate ahora, no creas que no me he puesto cachonda con la forma en que me miras”. Empecé a darme un gusto bárbaro, pues le retiré su blusa y empecé a besarla y al abrazarla, mis manos soltaron su sostén, que quedó adherido a su piel húmeda.

Suavemente, yo se lo retiré y quedé impresionado por el tamaño de sus pezones y el ancho de las aureolas negras, negras, enseguida me agaché a mamarle ese par de tetas tan hermosas; cuando le mamaba sus senos, le daba arrimones con mi verga y ella abría sus piernas, inmediatamente sentí lo caliente de su panochita. Luego, me acomodé detrás de ella para besarle el cuello y con mis manos, acariciarle las tetas; luego, mis manos fueron bajando poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pubis, el que sentí abultado y muy caliente.

Al momento, le empecé a sobar su panochita sobre su pantalón, que ya se encontraba bastante húmedo, luego le aflojé el pantalón y fui bajándoselo poco a poco, esto, sin dejar de besarle el cuello y sus oídos. Ella está que estallaba, respiraba rápido y entrecortado, enseguida la volteé para besarla y nuestras lenguas se buscaron febrilmente mientras que le tallaba su conchita súper mojada con una pierna.

Perita me sobaba muy rico mi verga totalmente dura hasta que le dije que nos fuéramos a una de las oficinas, ya que están alfombradas; ahí, inmediatamente nos acostamos en el piso y empezamos a fajar muy rico. Para entonces, ella estaba solo con su tanga y yo había terminado de quitarme el pantalón, el bóxer y los zapatos, solo traía mi camisa, estábamos súper calientes y nos besábamos y nos toqueteábamos.

Yo empecé a bajar por su cuerpo hasta tener su pubis a la altura de mi cara, enseguida le acerqué mi boca y sobre la tela, le empecé a chupar su panochita mientras ella se arqueaba, bufaba y decía “ya, cogeme, no aguanto, quiero que me la metas toda”. Rápidamente, la volteé poniéndola de “a perrito”, ahora sus hermosas nalgas estaban a toda su anchura, era bello ver ese culo comiéndose el hilo de su tanga.

Al instante, me acerqué, le hice el hilo a un lado y apunté la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, ¡uta!, el calor y la humedad en su cosita era fenomenal, entonces mi verga resbaló hasta el fondo y Perita lanzó una especie de gruñido. Así, empecé el chaca, chaca lento, aunque ella me pedía que se lo hiciera más fuerte, enseguida estiré una de mis manos para acariciarle sus tetas y lo dura y erecto de sus pezones, eso me puso como loco, me encantan las tetas de pezones grandes y Perita los tenía muy, pero muy grandes.

Ya mi ritmo estaba al cien y su vagina se empezaba a contraer, anticipando su orgasmo, entonces bajé la vista para ver como me la estaba cogiendo y vi que su ano se abría y se cerraba también de una manera fenomenal. Al momento, le dejé caer algo de saliva y acerqué uno de mis dedos a él, ella respingó inmediatamente, echándolo hacia atrás, tratando de que mi dedo se incrustara ahí, enseguida se lo empecé a meter y vaya, le entró con suma facilidad.

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar cuando empecé a meterle dos dedos, enseguida ella empezó a gemir, como si estuviera llorando; de repente, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito. Acto seguido, ella se dejó caer y se le salió mi verga, totalmente mojada y dura, dura, quedando tirada en el piso, un tanto de lado y con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Pasados unos instantes, me acerqué a ella, le retiré su tanga y me puse a mamarle su culito, entonces ella se separó sus abundantes nalgas con sus manos y dejó expuesto un hermoso ano negro, que se abría pidiendo ser penetrado. Así, le pasé mi lengua repetidas veces para lubricárselo bien, ya mis dedos entraban como en mantequilla, de hecho, le metía tres de ellos y le dije “Perita, te voy a coger por tu culito”, ella solo soltó una leve risita.

Cuando le acerqué mi verga, ¡guau, qué calor se sentía!, enseguida ella empezó a sobarse el clítoris y a llevarse una de sus tetas a su boca, estaba súper excitada y empecé un mete y saca, ella contraía su ano de tal forma que cuando se la sacaba, ella lo apretaba súper rico. Así estuve por cerca de diez minutos mientras ella se mamaba sus tetas y se seguía sobando su tripita hasta que sentí nuevamente que se acercaba su orgasmo y aceleré el ritmo para terminar en su interior.

De repente, ella lanzó un gran chorro de líquido por su panocha y luego, otro más, la alfombra estaba empapada y la oficina olía a sexo, entonces yo agarré sus nalgas y se las separé tratando de terminar en lo más profundo de su ser; hacía mucho tiempo que no tenía una venida tan abundante y finalicé recostado sobre ella. Luego, nos besábamos muy rico, yo le acariciaba sus hermosas tetas, las que habían causado tanta calentura en mí.

Luego de un momento, entramos al sanitario a lavarnos, yo la veía y mi leche le escurría por su culito, fue muy rico pasar esa tarde con ella. Más adelante, les contaré las otras dos ocasiones en que nos dimos tremendas cogidas, chau

Autor: Ernesto

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