Abusando de marian

Dominación, BDSM, Jovenes y Cachondas, Lésbico. Marian era una mujer joven, morena clara y poseedora de unas grandes y bien formadas nalgas, las cuales remataban en unas piernas largas y bien torneadas, desde que era una adolescente siempre se había destacado por ser la mas piernuda de la clase. Read more

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Amigas borrachas

Amigas borrachas

Como se suele decir las cosas pasan porque pasan no existen las casualidades. Ni siquiera el sexo con amigas.

El otro día iba en el autobús cuando me sucedió esto. Había quedado con mi amiga Anna en el centro así que tomé el autobús para llegar ya que en coche era imposible. Iba ensimismado en mi mundo pensando cuando entró una chica mulata en el autobús que era hermosísima. Ella llevaba una vaporosa blusa amarilla que contrastaba con su moreno cuerpo. Llevaba también unos pantalones que torneaba su culo, un culo completamente respingón y bien formado.
Para mi suerte se puso muy cerca mía y poco a poco me acerqué a ella, hasta que mi polla ya morcillona chocó contra su culo, ella se dio la vuelta, me miró y volvió a mirar al frente, no hizo ningún movimiento de desaprobación así que seguí. En cada vaivén le iba llevando mis polla unos centímetros a la raja de su culo de tal forma que la unión entre el culo de ella y mi polla se acercaba.
La muchacha se estaba poniendo cachonda ya que habiendo sitios libres no se quitaba de delante mía, le gustaba lo que le hacía y eso me daba más morbo, me estaba excitando.
Cada vez que el autobús llegaba a una parada rezaba para que no se bajara y ella no se bajaba.
Llegamos a la última parada, el autobús se desalojó quedándonos ella y yo los últimos, sin apenas movernos, yo para que no se me viera la erección y ella para que se le bajara el calentón. Ella se bajó, después yo comencé a caminar precisamente la misma dirección que ella. Ella caminaba y aprovechaba cada escaparate o cada reflejo para mirar si la estaba siguiendo, y aunque pareciera lo contrario no la estaba siguiendo únicamente íbamos en la misma dirección. Yo aminoré la marcha para que ella pudiera perderse entre la gente y fue lo que hizo a los pocos minutos la perdí de vista entre la marabunta de gente.

Seguí caminando y nada más girar la esquina de una calle en una terracita me la volví a encontrar pero no estaba sola, estaba acompañada de mi amiga Anna.

– Hombre Simón por fin llegas.- Me dijo Anna.
– Esta es mi amiga Jasmine.- Me la presentó Anna, era la misma chica del autobús.

Ambos nos dimos dos besos colorados, por lo que había sucedido en el autobús.
Estuvimos hablando y me estuvo contando de su vida. Ella había llamado a Anna para desfogarse por problemas con su ex novio y demás cosas, y él le había dejado, nos explicó serena, entonces Anna, ella y yo decidimos considerarlo muerto, y brindar por su olvido y su descanso eterno, y celebrar su entierro de bar en bar. Así que allá nos fuimos, y para qué contaros: vasos, vinos, alcohol, chupitos, copas, y risas, alguna que otra vomitona, abrazos y besos de amistad, eterna aquella noche.
Requiescat y brindemos por nosotros y nuestra noche.

Al llegar a la discoteca Boss ya íbamos muy borrachos, y seguro que me sería muy difícil entrar pero mis dos compañeras lo solucionaron con su cuerpos de infarto. La sala de baile estaba llena pero se podía estar muy bien y empezamos a bailar en la pista.

Llevaba un buen rato en la pista bailaba no paraba de rozar a Jasmine, los coqueteos eran cada vez más continuos entre los dos y los roces y parecía gustarles esa sensación porque ninguno nos inmutamos, continuando lo que ocurrió en el bus.
Tal era la situación que en un momento de la música ella se giró y le vi una sonrisa picarona en su cara, me aventure a rodearla por la cintura con mis manos y a besarla en su cuello para luego llegar hasta sus labios prominentes.

Anna seguía bailando a dos metro de nosotros con un chaval mientras que Jasmine me siguió el juego y continuamos bailando, besándonos y estregándose nuestros cuerpos sin parar.

Yo cada vez estaba más cachondo y empalmado y ella se arrimaba más a mi cuerpo súper excitado.

Como ya estaba fuera de mi, me atreví a introducir mis manos por el interior de su blusa amarilla para sobar sus enormes pechos juguetones y ella gemía de placer y se retorcía excitada.

Como había tanta gente bailando, medio borracha y a lo suyo nadie se percató de la escena.
Yo que quería guerra no quise desaprovechar la ocasión y conseguí abrir un poco su pantalón , lo justo para meter cuidadosamente mis dedos entre su tanga y acariciar su pubis lubricado durante un buen rato mientras seguíamos bailando y disfrutando de la música.

De repente llegó Anna y Jasmine sacó mi mano de su pantalón. Las dos empezaron a bailar alrededor mío con mucha sensualidad. No paraba de rozar sus cuerpos contra el mío, colocando sus culos contra mi paquete. Si ya tenían un calentón antes bailando con Jasmine ahora con las dos mi calentón era brutal y creo que fui la envidia de toda la disco por lo menos del chaval que había dejado con dos palmos de narices Anna en la pista. Jazmine sintió como mi paquete estaba cada vez más marcado en el pantalón, y parece que se lo dijo a Anna al oído. Ambas me echaron una mirada picarona. Se notaba que habían decidido algo.
Cada una me cogió de una mano y me llevaron fuera de la pista de baile. No pararon hasta llegar a la entrada de la discoteca, donde estaba el portero.

– Dónde vamos?.- pregunté
– A pasarlo bien.- Dijo Anna mientras que me besaba la boca y Jasmine intentaba introducir su lengua en mi boca también, supongo que todos los tíos de la cola por entrar se pusieron palote viendo como dos pivones le comían la boca a un muchacho.
Paramos un taxi y entramos los tres yo en medio de las dos muchachas.

– A la avenida…- íbamos a la casa de Anna.

En el viaje le comía la boca a Jasmine mientras que Anna acariciaba mi polla por encima de mi pantalón e incluso desabrochó mi bragueta para acariciarla mejor. Luego comencé a comerle la boca a Anna mientras que Jasmine con mi mano se acariciaba los pechos, supongo que el taxista estaba flipando en colores además de enviarme por estar comiéndome la boca con las dos mujeres que pronto iban a ser mías.

Llegamos a casa de Anna, cada una se bajó por una puerta del coche y yo pagué al taxista el cual no perdió detalle del culo y el cuerpo de cada una de mis acompañantes por los espejos retrovisores.

– ¿Cuanto es?.- le dije.
– ….24 euros, amigo.- respondió mientras miraba a mis amigas por el espejo juntas en la puerta del bloque de Anna.
– Tome 25 y quédese con el cambio.- le pagué y salí del coche.
“ Suertudo” escuché mientras que el taxi se alejaba por la calle, me quedé mirando a las dos muchachas a cual más buena.

Subimos a la planta de Anna y entramos en la casa, nada más entrar en el salón Anna me echó en un sofá mientras Jasmine ponía música, luego ellas se pusieron a bailar de la forma más sensual posible. Anna viendo el ruido de la música puso rumbo a la puerta y la cerró con llave imposibilitando la entrada de nadie en su casa, en general a sus compañeros y luego cerrando puertas que daban a las paredes de los vecinos, mientras, Jasmine se movía al ritmo de la música y clavaba su mirada en mí. Al volver, Anna volvió a hablarle al oído, lo que hizo que Jazmine me mirase con cara aún más picarona.
Poco duró esa mirada. Jazmine agarró a su amiga de la cara y le buscó la boca. Ambas empezaron a besarse mientras sus manos se desplazaban por el cuerpo de la otra. En ese momento creí que estaba soñando. Eso no podía pasarle a un tipo normal como yo. Estaba sentado viendo como dos pivones se comían la boca. Era increíble. Mis manos querían irse a mi polla. En serio, necesitaba tocarme. No sé cómo me mantuve quieto, no sin sufrir lo insufrible.
Las manos de Jasmine se fueron a la espalda de Anna. Comenzó a desnudarla, en ese momento, delante mío había veía a mi amiga Anna en ropa interior siendo desnudada por su amiga. Sus tetas eran perfectas, bien colocadas, muy grandes y con unos pezones perfectos, esa información ya lo sabía de otras ocasiones. Ella me miró y comenzó a desnudar a su amiga para hacer exactamente lo mismo. Unos segundos después, su amiga lucía igual que ella, sólo que con un cuerpo con la piel más bronceada y un culo de infarto.
Se acercaron a mi lado y empezaron a desabrocharme el pantalón. Mi polla ya estaba dura como una piedra. Sus manos acabaron en ella y en mis huevos, mientras sus ojos buscaban los míos. Esas miradas me ponían mucho.

Jasmine fue la primera en probar mi polla con la boca. Empezó suave, succionando la, jugando con su lengua de arriba y abajo. Mientras, Anna se había sentado a mi lado en el sofá. De rodillas, sus tetas estaban a la altura perfecta. Mi boca las buscó mientras sus manos llevaron a las mías hasta ese par de preciosidades. Al poco, bajó del sofá y se colocó junto a su amiga. Dos bocas perfectas me estaban haciendo la mejor mamada posible. Chupaban y chupaban y yo, contra todo pronóstico, aguantaba.
De pronto, ambas se levantaron y se fueron al sillón de enfrente, donde abrieron sus piernas y colocaron su coños frente a mí. Capté la indirecta rápidamente.Sus coños eran perfectos. Depilado el de Jasmine y poblado de pelos el de Anna, pero eso ya lo sabía de otras ocasiones, ambos con unos labios preciosos. No pude resistir a lamer primero el de Jasmine y después el de Anna. Jugaba primero con uno para después meterle varios dedos al otro. Pese a que la música estaba alta, pero podía escuchar los gemidos de ellas.
Cuando no pude más, me desnudé y coloqué mi polla frente al coño de Anna . Se la metí con mucha suavidad, y seguí con un ritmo suave, sin prisa, disfrutando del tacto de aquel coño que ya estaba muy húmedo. Su amiga se había subido al sillón y había colocado su coño delante de Anna, poniéndole el coño en la boca. Mi amiga Anna no paraba de pegarle lametones mientras yo iba subiendo el nivel de embestidas en su coño. Acabé dándole mucha caña, hasta le di varios azotes en el culo de Jasmine. Ella disfrutaba como una loca.
Jasmine se cansó de esperar. Se bajó y me empujó al suelo. Instantes después, ella ya estaba encima mío. Saltaba y me cabalgaba dando movimientos de cadera hacia adelante y hacia atrás. Anna se sentó encima de mi cara y colocó su coño delante de mi boca, mientras la suya se fundió con la de su amiga. Era una cadena de placer mutuo yo le comía el coño a Anna mientras que ella le comía la boca a Jasmine y ella recibía mi polla dentro de su coño y yo notaba su húmedo tacto en mi polla. Decidimos cambiar de postura, sentándome yo en el sofá y después sentándose Anna sobre mí. Le di mucha caña. Mientras, su amiga se colocó echada sobre el sillón, con sus manos y su lengua jugando con sus bonitos pechos. Anna tuvo un orgasmo momento que aproveché para sacarle mi polla y meterle la polla a Jasmine. Me la follé embistiéndola con ganas mientras Anna ya le recuperada le comía las tetas llegando ella a tener un gran orgasmo. Yo seguía follándomela y metiéndole al coño de Anna unos dedos cuando noté algo. Me iba a correr y se los dije. Ellas como unas jodidas expertas. Recularon y me pusieron de pie luego ellas se pusieron frente a mí jugando con mi polla. Sus boquinas abiertas pedían leche, y yo se la di. Me pude correr en sus bocas, dándole quizás más leche a una que a otra. Dio lo mismo, pues se besaron instantes después. Dejaron mi polla reluciente, sin una gota de semen. Después nos fuimos al baño agarrados de las manos y nos lavamos en la ducha mientras que nos besábamos y nos tocábamos. Miraba al espejo y veía a un tío desnudo en la ducha con dos pivones desnudas, una mulata y una caucásica y me daba envidia, luego caía que ese tío con esos dos pivones era yo y además me los acababa de follar.
Salimos de la ducha y nos fuimos a la cama de mis amigas seguir follando. Quien lo iba a pensar que me lo iba a pasar fenomenal.

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el sexy resultado de una fiesta salvaje en la discoteca

El fin de semana pasado en la discoteca

El fin de semana pasado salí a un local cercano a mi casa. El local estaba lleno de gente joven, lo que yo llamo “ni ni” es decir Ni trabajo ni estudio. Mucha ropa de marca pero después no lo saben llevar, o son unos horteras. En la discoteca me estuve fijando y analizando toda esa gentuza, cuando veo que entran en el local dos chicas no menores de 18 años vestidas de forma provocativa que dejaban poco para la imaginación de cómo eran por dentro. Un de ellas, la morena, llevaba un camisa negra ajustada con una falda granate muy corta que acababa en una medias negras, que resaltaba su esbelta figura, la amiga , la rubia con un mechón rosa, llevaba un top blanco de rejilla que dejaba ver su sujetador negro y su ombligo en el cual lucía un piercing, dejando paso a su corta falda vaquera que le seguían sus medias negras.

Las chicas no pasaron desapercibidas para el resto de los chicos del local ya que unos a otros se pegaban codazos para que el colega la mirara.

Seguí bebiendo y mirando el ganado que se concentraba en el local, pero tenían en mente como de berraco me habían puesto esas dos jóvenes, sobre todo la rubia. Pasaron la horas y el local se llevaba de gente buscaba a la rubia con la mirada por el local pero no la encontraba ni a ella ni a su amiga, así que con copa en mano comencé a andar por el local cuando me las encontré a las dos. Estaba bailando cerca de un grupo de chavales tonteando entre ellas, con bailes lesbicos para sacarles unas copas, yo las marqué quedándome en el sitio para verlas, creo que la rubia se dio cuenta de mi mirada furtiva ya que se quedó mirándome un momento y luego comenzó a acariciar la cintura de su amiga y a darle besos mientras que me miraba, su amiga se dejaba tocar.

Ambas seguían bailando en medio del grupo de chicos mientras que la rubia me miraba fijamente como diciendo que ese baile me lo dedicaba a mí y yo las miraba parado. De repente la rubia dejó de bailarse acercó a mí, y me dijo al oído, “ ¿por qué no haces una foto así durará más?”, la verdad es que me dejó algo descolocado pero con toda la poca vergüenza saqué el móvil y le hice una foto, ella se quedó en ese momento algo sorprendida pero luego dijo. “¿ por qué no nos invitas a un chupinazo?”  le hice si con la cabeza y ella tomó a su amiga de la mano y la sacó del círculos de chavales que la tenían rodeada.

¿ qué queréis tomar?

Yo un pacto con el diablo.- dijo la rubia.

Yo un pacto con el diablo- dijo la morena.

Tres chupito pacto con el diablo.- le dije al camarero.

El camarero nos sirvió el chupito y tras incendiarse nos lo bebimos los tres

Dios, estoy super caliente.- me dijo la rubia.

¿cómo?, ¿ qué has tomado?.- le pregunté.

No sé una pastilla que me ha dado un tío.- respondió- ven toca.

y cogiendo mi mano se la pasó por su frente la cual estaba sudorosa,

Mira como tengo el corazón.- dijo ella llevando mi mano a su sudoroso escote y luego a su suave pecho para que le notara el corazón, el cual latía muy rápido.

Mira el de mi amiga.- y llevando mi otra mano al pecho de su amiga la cual estaba como en trance.

Sí que tenía el pulso acelerado.- les respondí mientras acariciaba sus pechos por encima  de la ropa.

Eh, no te aproveches de unas niñas incautas.- dijo quitando mi mano del pecho de su amiga y del suyo.

Yo no me aprovecho, solo hablo con dos chicas que son suficientes mayores para saber que en el mundo hay gente mala.- diciendo esto posé mi manos en la cintura de las chicas y me las acerqué al cuerpo, ellas se colocaron cada pegada a mi cuerpo.

– ¿ y tu eres una personas mala  o buena? .- dijo la rubia mientras con dos dedos andaba por mi pantalón hacia mi paquete.

– Pues a veces soy malo.- le dije mientras le colocaba la mano en su trasero

– y otras muy malo.- le dije dándole un apretón con mi mano a su trasero, ella pegó un respingo.

-nosotras también podemos ser malas.- dijo la rubia mientras acercaba su cara a la de su amiga.

– o muy malas.- dijo la rubia sacando su lengua y con la puta tocando la boca medio abierta de su amiga la cual recibió con agrado el lamenton de su amiga.

– ¿ otro chupito?.- dije

– ¿ otro pacto?

Si.- dijeron las dos.

Nos tomamos el chupito no sin antes brindar por las cosas muy malas. Dejamos la barra y nos pusimos a bailar los tres. Yo era el centro de su baile la rubia se frotaba con mi pierna mientras que la morena me abrazaba por la espalda y luego al revés, yo acariciaba el culo de una y de la otra, una vez le lamí el cuello a la rubia llevándome con la lengua todo su sudor , ella empezó a comerme la boca mientras que su amiga que estaba enfrente a mí empezó a balancearse y bajar hasta mi entrepierna y darme un bocado, no fui fuerte pero dejó marcada la forma de su boca, en el bulto que hacía mi polla en mis vaqueros. Luego se levantó y comenzó a besarme el cuello entonces dejé de besar a la rubia para besar a la morena mientras la rubia me manoseaba el paquete por encima de la ropa. Seguía besando a la morena cuando la rubia me susurró algo al oído y me metió su dedo en la boca. Sabía raro, luego ella metió ese dedo debajo de su falda y lo metió dentro de su húmedo coño y lo volvió a sacar. “ Quieres más?” me dijo, no lo dudé y me metí el dedo hasta el fondo para luego ir poco a poco subiendo y sacándolo de mi boca, su amiga también le lamió el dedo, y su amiga también metió su  a no dentro de su falda y su dedo dentro de su coño dándome a probar su coñito húmedo a mi y a su amiga.

No sabes las ganas que tengo de que me cojas.

y tú no sabes lo caliente que me tienes.- le dije

Ella agarró mi polla por encima de mi pantalón y me dijo “ me lo imagino”.

Nos fuimos hacia la puerta, yo la llevaba a la rubia delante mío y a la morena detrás  entre la gente apretujados, tenía mi pene totalmente duro y ella lo sentía en su trasero mientras que sentía los pechos de la morena contra mi espalda.

Salimos de la discoteca y comenzamos a andar los tres abrazados y dándonos picos unos a otros, cuando llegamos a una entrada de garaje oscurita y la rubia tiró de nosotros dos poniéndome contra la pared y besándonos los tres en la boca ellas cada una tomó una de mis manos para que por encima de la ropa les tocara los pechos. luego la rubia se me tiró de cabeza entre mis piernas, me quitó el cierre del pantalón y mi verga exclamó presencia al toque.

Bueno…no puedo explicar de qué manera la muy calentona, me pasaba la lengua, me lo chupaba con ardiente frenesí, me hizo sentir las cosa mas hermosas que nunca había sentido, allí en medio de la ciudad tratando de disimular el placer que me daba sentir una boca devorándome la polla. La luz del garaje se encendió y tuvimos que irnos de allí guardando la polla dentro del pantalón salimos riéndonos de allí.

Llegamos a mi casa y comenzamos a besarnos los tres, luego  la rubia se empezó a desnudarse quitándose la camiseta de rejilla y su sujetador mostrando sus pechos luego yo me quite mi camiseta mientras que la morena se quitaba su camiseta ajustada. La rubia se quitó su falda vaquera y sus bragas  y comenzó a desabrocharme el pantalón y  bajarme los calzoncillos hasta las rodillas. La morena ya se había desnudado y la tomé de la cintura para comerle la boca. la rubia con mi polla fuera comenzó a besarla y a chuparla haciendo los mismo que antes. Yo besaba a la morena en la boca y en sus pechos mientras le tocaba  su culo,

Al rato la morena se agachó y comenzó a comerme la polla junto con su amiga, la rubia al poco  dejó de comerme la polla para dedicarse a mi boca yo acariciaba su trasero, comía sus pechos  hermosos y  le tocaba el coño igual que a la amiga mientras la morena me comía la polla.

La morena dejó de comerme la polla y se puso tumbada con la piernas abiertas hacía mí, tocándose el coño y mirándome.No lo pensé más “ Folla tela” me dije.

Dejé de besar a la rubia para meterle mi polla a la morena. la rubia se tumbó junto a la morena y le pellizcaba los pechos para excitarla más. Yo con una mano empecé a acariciar el coño de la rubia haciéndose un dedo mientras con mi polla le abría el coño a la morena. Tras largo rato follándome a la morena coloqué a la rubia sobre la cama y fue el coño de ella quien se comía mi polla. La morena se tocaba el coño y me miraba como me follaba a su amiga. Luego se levantó y comenzó a comerle la boca mientras me follaba a la rubia metiendo mi polla mas y mas profundamente.

La morena le comía la boca a su amiga y luego me la comía a mí, le tocaba los pechos a su amiga y luego los besaba.

Me vino el calentón y acabé  corriéndome encima de la rubia a lo que la morena aprovechó para lamer mi leche del cuerpo de su amiga, la rubia tomaba semen mio con su dedos y se lo metía en la boca. Descansamos un rato y luego fue el coño de la morena  el que recibió toda mi leche.

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Fin de semana en la parcela

Esta historia comienza cuando nos fuimos un fin de semana mis cuatro amigos y yo a jugar a paintball en una finca que tiene Gonzalo, alías “Puro”. En nuestro grupo de amigos treintañeros y casi cuarentones todos, dejando a nuestras parejas, novias, esposas e hijos/as en casa.

El sábado por la tarde después de una jornada de paintball, en la carretera de la finca nos encontramos a dos chicas muy preocupadas junto a un coche.Cuando mis colegas y yo vimos semejante chicas veinteañeras vestidas como ropa que mostraba más de lo que escondía, salimos como lobos contra ovejas. Paramos junto a ellas y rápidamente intentamos ayudarlas. El coche se les había sobre calentado así que tendrían que llamar a la grúa para que lo llevara al taller mas cercano, siendo la hora que era, ya tarde,  aunque la grúa lo llevara al taller, el taller estaba cerrado así que hasta mañana no tendrían el coche arreglado. No sabíamos qué hacer hasta que “Puro” dijo:

–    Mirad podemos tirar del coche hasta mi finca y mañana llamamos a la grúa. las chicas se miraron una a la otra.

–    Te prometo que no somos violadores.- dijo yo para suavizar la tensión.

–    ja, ja, ja, ja … bueno, vale.

Tras la solución del problema, momentáneamente, nos presentamos. Ellas se llamaba Sara y Damaris, ambas de buen ver. Sara era rubia de 1,80 delgada y llevaba una camiseta blanca con la bandera de londres y unos vaqueros ajustados. Damaris era castaña de 1.70 delgada, luciendo su camiseta verde con vaqueros pitillo. Ambas eran unos bombones dulces para la vista.

Gonzalo ató una cuerda al parachoques del coche de ellas yo me puse de copiloto y Luis, Jose y Manuel se pusieron detrás. Sara y Damaris se montaron en su coche

Un vez que llegamos a la finca le cedimos una habitación a las amigas. Una vez instaladas mientras que el resto preparaban la barbacoa “Puro” y yo nos quedamos hablando con las muchachas.

–    Bueno contadnos, algo de vosotras.

–    Nosotras somos estudiantes de  cuarto año de psicología

–    y compaginar  los estudios con algo, hobbies, cursos, novios, no sé yo

–    Pues a mi me encantan los caballos, y no, no tenemos novio ninguna de la dos. y ¿ vosotros?

–    Yo trabajo de maestro.- les contested

–    Yo trabajo de mecánico- dijo Puro.

–    Me lo imaginaba así tan grande como eres.- tengo que decir que Puro medía 1,80 y su peso rondaba los 130 kilos era una mole.

–    ¿Esta finca es tuya?.- le preguntó Damaris a Gonzalo.

–    Toda ella.¿quieres que te la enseñe?

–    Vale, ¿ te vienes? le preguntó a Sara mirándola fijamente.

–    No. respondió ella.

Tomándola de la mano Gonzalo hizo que Damaris se levantara y ambos se perdieron por la oscuridad de la finca, yo seguí hablando con Sara y me estuvo contando que ella era del Bosque, un pueblo de Cádiz, que tenía dos hermanos mayores y que su madre era ama de casa y su padre labrador.

Al rato la cena estaba lista y Damaris y Puro no habían regresado así que fui a buscarlos con  Luis y José, Manuel se quedó con Sara en la mesa.

Estuvimos caminando por la finca hasta que vimos las cuadras y que la luz estaba encendida. No llegué a abrir la puerta cuando vi  a Puro chupándole los pechos mientras que ella rebuscaba dentro de su bragueta la polla de este. Paré a Luis que estaba apunto de hablar y nos quedamos los tres mirando desde la rendija de la puerta de las cuadras.Puro le comía las tetas por encima de la camiseta de londres mientras que ella disfrutaba de los bocados que este le daba en su pechos. Puro le levantó la camiseta, dejando ver los pechos de la joven, tras ellos comenzó con una mano a tocar un pecho y con la boca a meterse el otro pecho dentro de su boca.

Estuvo un largo rato chupándole los pechos a Damaris hasta que se agachó y comenzó a abrirle el pantalón vaquero para meter sus dedos, que más que dedos parecían un muestrario de chorizo. Mientras metía un dedo dentro de su coño le comía los pechos, Damaris estaba gimiendo de placer. Entre lo gemidos y el cuerpo de la chica medio desnuda Luis sacó su polla y comenzó a machacársela. José  que vió lo que hizo Luis también sacó su polla y conmigo fuimos tres. Gonzalo seguía chupándole los pechos y dándole placer al coño de Damaris cuando esta se deshizo de su camiseta y se agachó sacando la polla de Puro, bueno el pedazo de carne en barra que tenía Puro de polla, y comenzó a chuparla. Yo no pude aguantar más la excitación y entré en las cuadras diciendo.

–    Si te quedas con hambre aquí tienes otra polla. ambos se asustaron pero no fue mal recibida la invitación ya que cuando llegué a donde estaban Damaris tomó mi polla y comenzó a moverla de arriba a abajo. José y Luis al momento entraron en la cuadra con sus pollas también en la mano y diciendo aquí tienes dos más. Damaris se levantó y los cuatro la rodeamos. Ella comenzó a acariciar la polla de José y la mía mientras que Luis que estaba detrás de ella le cogía los pechos y le comía la boca, José y yo pellizcamos los pechos y Puro se masturbaba para no perder la ereción y le metía un dedo en el coño.

Tras un largo sobeteo le quitamos las braguitas. Ella se puso de rodillas y comenzó a comerle la polla a José mientras manoseaba mi polla y la de Gonzalo, Luis mientras se masturbaba. Estuvo un rato cambiando que polla se comía y cual masturbaba hasta que excitados la levantamos y la pusimos sobre una manta que estaba en un fardo de paja.

Luis estaba cerca de su cabeza y José y yo a los lados, Puro la tenía de frente y le abrió las piernas y viendo su polla y el coñito de la muchacha, la cual había empezadoa a chuparle la polla a José, por lo que Puro  pensó mejor que fuera yo que tenía la polla menos gruesa que la de él,  yo fui el primero en metersela pero antes me puse a comerle el coño a Damaris mientras que ella mastrubana la polla de Puro y la de Luis y se tragaba la polla de José, luego puse un poco de saliva en mi polla y le empecé a meter la polla dentro de su coño, el coño lo tenía prieto prieto pero poco a poco comenzaba a ceder y mi polla a hundirse más en su coño. Al rato comenzó a gemir dejando las pollas de mis compàñeros desatendida pero daba igual Puro se estaba entreteniendo con su pechos mientras que Luis se mastrubana con los gemidos de la moza, José aunque intentaba que la muchacha siguiera no lo conseguí y mira que le ponía la polla en los labios y se metía en la boca, tras un largo de folleteo Puro me exigió su turno le saqué la polla del coño de Damaris y le dejé sitio a Puro. Puro colocó su enorme polla en la entrada delc oñito y luego comenzó a meterla poco a poco cada vez mas adentro, esa chica no gritaba de placer eso era dolor, pero pronto ese coñito apretado cedió y comenzó a sentir placer al tener esa polla tan grande en su coñito.  Luis tras un rato masturbandose se corrio girandose a la derecha para no manchar ni a Damaris ni a ningúno de nosotros, aunque había terminado seguía machandose la polla viedno como esa joven se turnaba para comerle la polla a José y a mí mientras era empalada por la polla de Puro. José fue el siguiente en correrse, lo avisó y Damaris se concetró en su polla para que toda esa leche cayera dentro de su boca y así fue. Puro aumentaba la velocidad y Damaris gemía cada vez más yo mientras acariciaba los pechos de ella mientras que me masturbaba opara no perder la ereción, esperando volver a meterle la polla a la moza. Puro no pude aguantar más y se corrió , mas dentro del coño de la muchacha que fuera pero echó suficiente para que manchara la barriga y los pechos de Damaris y creo que algo cayó en la cara. Puro se apartó rendido por el esfuerzo y yo me puse entre las piernas de la muchacha. No quería repetir e hice que se diera la vuelta, si alguna polla iba a abrirle el ano que fuera la mía más que la de puro así que volvía a humedecer mi polla y la colcoqué en la entrada de su ano, comenzando a penetrarla de forma grotesca en ese agujero negro tan chiquillo pero pronto abrazaba mi polla como abraza una serpiente a su presa. Damaris estaba rendida de la excitación que le había propinado Puro y la que le estaba dando yo y se desbanecía menos mal que José y Luis estaban al quite y la levantarón para que me la termianra de follar y eso hice aceleré el ritmo para que mi polla entrara en ese ano y se corriera dentro como un aspesor en verano sobre el césped.

Tras mi corrida estuvimos un rato recuperando el liento y luego los cinco salimos primero José y Luis seguidos de Damaris y por último Gonzalo y yo, viendo como Damaris se tambaleaba debido a las dos polla que se la había follado esa noche.

Al llegar a la casa Manuél seguía hablando con Sara, con la comida en la mesa.

Damaris se fue a asear y Sara le acompañó, el resto nos quedamos a comentarle a Manuel la jugada, ante la mirada de enviada de este, es más cuando volvieron las chicas Manuel desnudaba a Damaris con la mirada de forma muy descarada.

Tras la cena empezamos con las copas y los bailes, todos nos turnábamos para bailar con las chicas, Damaris no hacía ascos a bailar con uno o con otro mientras que Sara guardaba las distancias con Manuel el cual se había quedado con ganas de meter la polla en caliente, mejor dicho en el caliente coño de alguna de esas chicas. Pasa la noche y la bebida se gastaba pero lo que más se gastaba era el hielo así que Puro propuso que fuéramos a por hielo. Nadie dijo nada todos nos quedamos a espera a ver quien se ofrecía .

– Nadie va a ir. Panda de cabrones y luego querréis beber, verdad?- Dijo Puro.

– Ok, yo voy pero no se donde puede haber hielo a estas horas.- le dije.

– En el bar del juanillo, donde te ponen el tanque de cerveza a 60 céntimos.- Respondió Puro.

– Vale, voy contigo mamona. Pero me llevo a la peque que no me fio de vosotros cabrones.- Dijo Puro con una sonrisa

– Si yo tengo que ir me llevo a Sara, que no me fio de dejarla sola.- Dijo Damarís.

– Yo también voy.- Dijo Manuel.

– Si hombre ahora vamos a ir todo el mundo, nos vamos nosotros cuatro y vosotros os quedáis en la casa vigilando que el fuego no se apague.- Dijo finalmente Puro.

Nos montamos en coche. Yo conducía, Puro de Copiloto y las chicas detrás. Nada más salir de la finca Puro me estuvo guiando todo el rato por donde tirar hasta que finalmente llegamos a un garito llamado ” Bola Negra”, pare cía más un puticlub que un pub. Aparqué en la puerta y entramos los cuatro. No había mucha gente rápidamente nos pusimos en la barra, y mientras las chicas iban al aseo Puro y yo nos quedamos en pidiendo un copazo de capitán Caribe.

Al momento llegaron las chicas y Gonzalo le pido dos copas más al camarero.

Puro le daba pellizcos a Damaris en el culo la cual tonteaba con él con el típico juego de “no me pellizques pero pellízcame” llegando el momento en que se empezaron a comer la boca allí mismo, mientras que yo habla con Sara, bueno ella hablaba porque yo no hacía mas que mirarle los pechos e imaginármela denuda. Llegó un momento que el sobeo a Damaris era tan descarado que el camarero nos llamó la atención y Puro sacó su cartera y pagó la cuenta a regañadientes mio que intenté pagar pero con esa mole que era Puro nadie podía discutir. Aparte de las bebidas pagó una bolsa de hielo que nos llevamos del local.

A la hora de entrar en el coche Puro se metió detrás con Damaris y diciendo que la parte de atras estaba ocupada cerró la puerta y comenzó a meter mano a Damaris la cual se reía. Sara se puso de copiloto y conduje hasta la parcela.

Todo el viaje los cuatro estuvimos callados, bueno más bien Damaris y Puro se estaban comiendo la boca uno al otro y Sara y yo estábamos únicamente escuchando, cuando ” gira a la derecha”, ” ahora a la izquierda” en la señal sigue recto” Puro comenzó a guiarme ” pasada la casa roja métete por esa calle” seguía las indicaciones ” cuando llegues al cartel métete dentro” seguí el camino hasta que llegue a un olivar perdido del pueblo, en el cual no podía seguir. ¿y ahora? – le pregunté a Gonzalo. ” Ahora paga las luces y el motor” y eso hice. Nos quedamos a oscuras mientras que Puro y Damaris comenzaban otra vez con el manoseo. Mira a la cara a Sara la cual miraba a la pareja de atrás, ambos nos reíamos, le miré el escote y luego la tomé de la cara y comencé a comerle la boca. Ella lo estaba deseando porque su besos, su lengua y sus manos se abalanzarón sobre mí como un leona a una gacela. Sus manos acariciaban mi polla por encima de mis vaqueros y yo sus pechos por encima de su camiseta, a lo largo de la noche su camiseta, su sujetador, su pantalón, su bragas volaros de su cuerpo cayendo al suelo de mi coche al igual que mi camiseta y mi pantalón quedando mi polla al aire. Sara no lo dudó, quería que me la follara así que comenzó a humedecer mi polla con su boca, lamiendo los jugos que aún quedaban de su amiga, pero eso a ella no le importaba. Puro se puso a Damarís encima suya situados en el asiento del copiloto comenzando a dar golpes en el asiento delantero. Yo viendo los golpes que daba y las dificultades que tenía puro por follarse a Damaris en ese espacio tan chico hice que Sara se subiera encima mío y echando el asiento del copiloto hacía adelante y el asiento del piloto atrás pudimos acoplarnos los cuatro. Una vez que Sara situó su coño encima de mi polla comencé a follármela. Su coñito no era tan prieto como el de su amiga pero ella apretaba para que yo pudiera sentir su coño ofreciendo resistencia a mi polla.

En el coche se mezclaban los gemidos de Sara y de Damaris y las respiraciones de Puro y mía.

– Menudas putas, verdad?.- dijo Puro

– Si que lo son, pero que buenas están.- le respondí

Ellas gritaban de placer y asentían con la cabeza y con las voz, “si, si,si” Finalmente puro de corrió dentro de Damaris la cual tuvo que salirse del coche y con un klinex limpiarse. Yo me corrí también dentro de Sara, la muy puta me lo pidió así. Acabados todos nos fuimos a la finca a seguir bebiendo y bailando. A la mañana siguiente llamamos a la grúa y se fueron las dos putillas.

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La fiesta de mi amiga

A la edad de 19 años en la universidad, viví la experiencia sexual más rica, hasta ese entonces, de mi vida. Para empezar me voy a describir: soy bisexual, mido 1. 65m soy morena de cabello lacio, mis senos son pequeños, pero bien formados y mi trasero es bien proporcionado.

Bueno, yo había perdido la virginidad con un novio a los 16 años, después de terminar con él mi vida siguió normal, y aunque no me faltó uno que otro pretendiente no quise intentar con otra relación seria y lo que tenía eran encontrones, hasta que llegó a mi salón Marilyn, ella había jalado un año de estudios y de inmediato se hizo de muchos amigos y amigas en el salón, yo al principio la ignoré, pero al final del mes ya éramos buenas amigas, no se porque, pero cuando estaba sola con ella por ejemplo en el ascensor me sentía rara no incómoda, pero era una sensación que no sabía describir….. en una oportunidad cuando estábamos en el balcón ella me empezó a hacer trencitas y se colocó detrás de mi, pero de tal forma que su vagina sobaba mis glúteos y sus senos rozaban mi espalda mientras ella me preguntaba al oído como quería yo las trencitas, en ese momento sentí una descarga eléctrica en todo mi cuerpo, pero preferí no comentarle nada para que ella no pensara mal de mi, cuando estábamos en clases a veces sentía su mirada sobre mi, una mirada lasciva que me hacía estremecer.

A fines de noviembre, uno de mis amigos, Jorge, que la pretendía fue a buscarme para pedirme respuestas él estaba preocupado porque cuando se declaró a Marilyn, ella le había respondido que no podía estar con el porque era lesbiana, por supuesto yo se lo negué todo a Jorge, y le dije que eso no podía ser cierto por que yo la conocía bien, como ya había estado con él, aproveché ese momento y le propuse que lo hiciéramos para recordar viejos tiempos; por supuesto él ni corto ni perezoso lo hizo, comenzamos por besarnos lentamente y después en forma apasionada, él se abrió el cierre de su pantalón y yo empecé a mamarsela toda desde la punta hasta las pelotas, después el metió su pene dentro de mi en forma fuerte y rápida dándome unas empujadas fuerte, que hacía sonar la cama…

Al otro día me encontré con mi Marilyn, para empezar los preparativos de su fiesta, por que ella quería celebrarlo en la playa, apenas llegué le comenté lo de Jorge y ella me confesó que si, que era lesbiana y no quería saber nada de los hombres, me preguntó si eso me molestaba a mi, le dije que no, que solo me sentía rara por que yo pensaba que todas las lesbianas parecían hombres y en cambio ella era un Marilyn y yo fuimos al baño de damas, mientras yo me refrescaba, una chica salió del baño y detrás de ella Marilyn cerró la puerta, se me acercó y me dijo al oído con voz entrecortada ¿que me vas a regalar en mi cumple? yo me quedé petrificada al escucharla, ella siguió hablando, espero que seas tú por que hace meses me muero por sentirte Sandrita, yo volteé y le dije , ¿estás loca como vas a hablar así?, pero la verdad es que estaba mojadaza, ella puso sus manos en mis glúteos y comenzó a masajearlos y paso su lengua sobre mis labios y comenzó a mordisquearlos suavemente, yo no sabía que hacer¡¡¡¡¡¡, pero entonces otras chicas empezaron a tocar la puerta, y Sandra y yo salimos fingiendo que habíamos llorado, al despedirnos, yo aún sin habla, Marilyn me dijo mañana te espero, ni se te ocurra faltar. Por supuesto no falté.

La fiesta estuvo de perlas yo ignoré lo del día anterior para que ella no pensara que me había gustado, un poco borrachos los chicos empezaron a retirarse algunos a un hotel cerca de ahí y otros se fueron a dormir a uno de los cuartos, al final quedó un grupo reducido nosotras 2 y 2 parejas de enamorados, cuando Marilyn quiso bailar, me sacó a mi yo acepté y bailamos una canción de ritmo tropical bien juntitas, fue allí donde ella me dijo: quiero probar contigo un juguete, yo me separé y le dije a los demás chicos que estaba cansada y me iba a dormir, fui a mi cuarto que era el más alejado, y me metí a la ducha estaba allí y sentí que habrían la puerta, era Marilyn. cerró la puerta con llave y entró a la ducha junto conmigo; oye, le dije, tu cuarto es el de al lado, no quiero dormir sola hoy me dijo, empezó a tocarme los senos despacio y yo la abracé y la empecé a besar con ansia, ella después comenzó a frotar mi vientre y después metió sus dedos en mi vagina pero los sacó y me dijo, estoy incómoda vamos a la cama, nos secamos mutuamente y fuimos, ella se puso encima mío y comenzó a sobar sus grandes tetas sobre las mías mientras metía sus dedos en mi vagina, yo le acariciaba el trasero, después ella bajó y comenzó a sobar su sexo con el mío de una forma rápida que me hacía venir, pero ella paró y cambio de posición se puso en 69 y dijo que le hiciera lo mismo que ella a mi.

Con sus glúteos en mi cara, empecé a sentir como su lengua se deslizaba por mi clítoris y como ponía su lengua dura y la metía en mi vagina como un pequeño pene, ¿qué esperas? me dijo , yo empecé y sentir un sabor salado, pero continué, después de llegar al orgasmo, empezamos de nuevo y YO la puse en 4 y empecé a lamerle toda su vagina nuestros gritos eran fuertes, pero con la orgía que había en la sala no creo que lo escucharan, después ella sacó su juguetito era un pene de goma grande y duro se lo puso y quedó convertida en un ser de placer, mujer y hombre, me puso en 4 y empezó a metérmelo mientras su pelvis se movía en círculos y su mano se encontraba en mi clítoris, después cambiamos y la puse boca arriba con sus piernas en mis hombros y se lo metí, mientras tenía una vista fabulosa de su vagina y veía su rostro gemir de placer, mientras mis manos acariciaban sus senos, después le metí el pene en su boca y ella se chupaba sus fluidos, después de quedar agotadas amanecimos al otro día abrazadas mirando el amanecer en la bahía, yo estuve con ella un año haciendo travesuras que si desean se las puedo contar después…..

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Verdaderas amigas Primera Parte

PRIMERA PARTE

Con tan sólo ocho meses de conocer a Vanessa nos hemos vuelto buenas amigas. Ella es esposa de un socio de mi marido.

Este fin de semana tanto Alex, el esposo de Vanessa, como mi marido salieron a entrevistarse con otros posibles socios para un nuevo proyecto. Bueno, por lo menos eso me dijo Santiago. Igual (como me dice Vanessa) se fueron de conquista. Eso, a estas alturas, ya ni me preocupa pero hasta el día de ayer todo era diferente. En fin, ayer decidí que en vez de aburrirme sola, y estar a la espera de Santiago, la pasaría con mi amiga.

Tras ir de shopping fuimos a su casa que es bellísima. Está distribuida en distintas terrazas y tiene una vista verdaderamente soberbia de la ciudad. Nadé un rato en la piscina y luego me recosté junto a ella en una tumbona a tomar el sol.

Mientras jugueteaba con mi sortija dándole vueltas a mis pensamientos ella me hizo una pregunta.

—¿Cómo va tu matrimonio?

—Es un asco —me atreví a decir.

La sinceridad de mis palabras fue muy clara, pues necesitaba desahogarme.

—Déjame adivinar… ¿Te refieres a… en la cama? —me preguntó Vanessa con una sonrisa algo pícara.

Un tanto sonrojada asentí.

—Ya nada es como al inicio. Santiago está… pues, diferente —continué—. Pero es que no sólo es eso. Ya no me presta ninguna atención, es como si yo sólo fuera un objeto decorativo que perdió su novedad —seguí confiándole.

—Nena, te entiendo, créeme. Yo pasé por lo mismo: distanciamiento, falta de interés y al final hasta de sexo. Créeme te llevo años de ventaja —me confesó Vanessa.

Por sus palabras sentí que mi nueva amiga realmente se identificaba conmigo. Era reconfortante hablar con alguien en quien podía confiar.

—Y ¿cómo has hecho para sobrellevarlo? Tú y Alex no parecen tener problemas—le pregunté.

—Nuestra relación es bastante cordial. Él creé que me engaña y yo le dejo creerlo, sólo me enfoco en los beneficios de su desdén y no le reclamo nada —me respondió ella.

—¿Beneficios? ¿Como cuáles? —le pregunté intrigada.

—Como este día. Me gusta tener tiempo para mí, ya sabes, mientras Alex se va a hacer… lo que sea que haga, yo aprovecho el tiempo —me dijo con total contento Vanessa.

—Guau, pues te lo tomas muy bien. Mejor que yo, creo. La verdad me gusta ir de compras y pasar el tiempo contigo pero… —no terminé de hablar ya que ella me interrumpió.

—No, espera, no me refería a eso. Y no me malinterpretes, este tiempo sólo para chicas que compartimos es genial pero de lo que hablo es de… —y esa vez fue ella quien se vio interrumpida cuando alguien se aproximó.

Se trataba de  un chico bastante alto (yo estimo de 1.90 m. de estatura y 26 o 28 años), de piel oscura, notable musculatura y una atractiva calva, quien se acercó con una bandeja entre sus manos para ofrecernos un par de bebidas que cada una tomamos de la charola. Tras darle las gracias él se retiró.

Mientras el camarero se alejaba de nosotras noté que mi amiga Vanessa no lo perdía de vista dejando en evidencia un interés particular en él.

—Ah, vaya… a eso te refieres —le dije en tono socarrón.

Ella sonrió.

—Pues sí amiga, qué te puedo decir. El mejor consejo que te puedo dar es éste: Busca diversión más allá de tu relación.

—¿Te refieres a tener sexo con otros hombres? —le pregunté asombrada de lo que me sugería.

—¡Claro! La vida se hizo para coger. A mí me funciona y no sabes lo desestresante que es. Una mujer sexualmente satisfecha es una mujer feliz.

—¿De verdad lo has hecho con… él? No te creo —le dije señalando al camarero y dudando de si hablaría en serio; no sabía si ella sólo estaba jugando o si de verdad Vanessa se había atrevido a hacerlo con tremendo hombre quien me imaginaba estaría bien dotado.

—Aún no. No tiene mucho que lo contraté.

—Ah, ¿pero te lo piensas…? —le dije con estupor.

—¿Coger? Pero por supuesto. ¿No has visto el buen físico que tiene? ¿Por qué crees que me interesó? —me preguntó ladina.

—Porque da un buen servicio —le respondí sonriendo y señalando mi bebida que estaba deliciosa.

—Sí pero en la cama, por lo menos eso espero —dijo entre risillas Vanessa.

Ambas reímos y luego continuó.

—Ay amiga si te contara mis aventuras —me dijo.

—Cuenta, cuenta —le dije con real interés.

Mordiéndose el labio guardó silencio un segundo y luego de asegurarse de que nadie de su servidumbre estaba tan cerca como para escucharnos prosiguió.

—Está bien Daima, pero sólo para que te animes y te liberes tú también —me dijo.

Fue entonces que Vanessa me contó sobre su primera infidelidad.

—Un par de años antes de conocerte, Alex y yo habíamos ido junto con unos amigos de él a un bar. Para ese entonces ya me había fastidiado el distanciamiento de mi marido y esa noche se había portado particularmente indiferente. Sólo por mi insistencia me había permitido acompañarle esa noche, de seguro quería pasarla bien con sus amigotes y algunas fulanas. Bueno, el caso es que probablemente le fastidié sus planes porque toda su atención la volcó a sus amigos. Alex ni siquiera me dirigía la palabra así que decidí alejarme y con el pretexto de ir a los sanitarios me fui a sentar frente a la barra donde pedí un par de tragos. No pasó mucho tiempo para que alguien me abordara. Yo, que ya estaba picada, ni tarda ni perezosa acepté sus insinuaciones.

Después de asegurarme que Alex no me veía tomé la iniciativa y me llevé al tipo al baño de las chicas. Al entrar con él las chicas que allí estaban se molestaron por meter a un hombre junto conmigo pero no me importó. Me encerré con él en uno de los cubículos y nos comenzamos a fajar violentamente.

Me hervía tanto la sangre, amiga, que prácticamente me violé a aquel hombre de quien ni supe su nombre. Tras darle una deseosa y jugosa mamada en la que descargué mis febriles deseos con poderosas succiones, lo tiré haciéndolo caer sentado en el retrete. Metí mis manos bajo mi falda y me deshice de mis pantaletas. Subí mi falda hasta mi cintura y me senté en él.

Ufff amiga, no sabes… El cogidón que nos dimos allí adentro.

—¡Guauuu…! Uy amiga, no me lo puedo creer, qué afortunada eres. Yo sólo he tenido sexo con Santiago en toda mi vida… mi vida sexual es patética —me lamenté.

—No digas eso. Es cosa de que te animes. De seguro has notado hombres que te echan el ojo, ¿o no? —me preguntó Vanessa.

—Pues sí pero… —respondí.

—Allí está. Es sólo que te decidas, de seguro que rápidamente encuentras a uno que te eche un buen polvo.

Me sonrojé nuevamente.

—Oye se me está ocurriendo una idea. Yo había pensado cogerme a este chico hoy mismo. Después de que se fuera María y Juanita… y tú, naturalmente. Pero ahora que lo pienso… ¿por qué no te nos unes? —me preguntó Vanessa.

Quedé impactada ante su proposición.

—No, ¿cómo crees? —le respondí perpleja.

—Anda, anímate, no se trata forzosamente de que participes. Tan sólo puedes limitarte a ver —me insistió.

—No… no lo sé, no… no sé —le dije mientras trataba de localizar al camarero en el bar, aunque sin dar con él.

—Vamos, anda, será divertido. Mira, tú no tienes que hacer nada, tan sólo mirar —me propuso con total confianza.

—Ay, no sé. ¿Y si se da cuenta Santiago? —le pregunté con genuino temor.

—¿Cómo crees? No tiene porque enterarse, además los hombres están tan enfocados en sí mismos que se les puede engañar fácilmente. Si te sientes insegura sólo muéstrate un poquito celosa ahora que lo vuelvas a ver y él solamente se preocupara de que no lo descubras en alguna de sus movidas.

—¿De verdad crees que Santiago me pone el cuerno? —le pregunté con angustia.

—Ay amiga, todos los hombres son iguales. —me respondió con tanta seguridad que le creí.

Quedé unos segundos en silencio meditando lo dicho por Vanessa.

—¿Y de verdad Alex nunca se ha enterado de tus…? —le pregunté tratando de cobrar seguridad.

—¿Infidelidades? No, que va. Con decirte que, cuando lo besé la otra noche antes de irnos a dormir, ni siquiera percibió el tufillo del semen que otro hombre había depositado en mi boca minutos antes.

Vanessa rió. Y tras una breve pausa yo también reí.

—¿Quieres oír algo más caliente? —Vanessa me preguntó y yo inmediatamente asentí intrigada—. Pues desde hace tiempo, cuando le pongo con alguien de verdadera confianza, dejo que se venga dentro. No sabes lo cachonda que me pone esperar a ver si Alex se dará cuenta o no.

Las palabras de Vanessa me dejaron, para ser honesta, algo caliente, así que no reflexioné más y dije:

—Está bien, acepto.

Continuará…

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Una esposa frustrada

Edmundo dormía plácidamente en su cama mientras, a su lado, Mariana lo contemplaba con una expresión de insatisfacción total, marcada en el rostro. Ya casi iba a ser un mes desde la última vez que su esposo le había hecho el amor, y ella ya se sentía deseosa.

Para Mariana no había placer más grande que el sentir un pedazo de carne viva palpitándole en las entrañas y, justo en ese preciso momento, aquel apetito la atacaba. Su cálida y húmeda vagina pedía a gritos verga.

En realidad, Mariana siempre había sido una mujer especialmente cachonda, incluso desde su adolescencia. Durante sus estudios de secundaria frecuentemente se escapaba de clases para irse a fajar a escondidas con algún chico. Chaparrita y caderona, llamaba mucho la atención de sus compañeros. sus nalgas, ya desde entonces de buen volumen, habían sido acariciadas y amasadas varias veces por diversas manos sobre aquel vestido entallado color gris de su uniforme. A ese paso, no fue sorpresa que no pasara mucho tiempo para que la desvirgaran.

El afortunado desflorador había sido Antonio, un compañero un par de años mayor quien, de por sí, tenía fama de galán y cogelón. Sus camaradas lo alababan y envidiaban por igual, pues, según las habladurías, se había cogido a, por lo menos, cinco compañeras de su mismo salón, más otras tantas de grados y grupos diferentes. Había chismes que incluso mencionaban a una maestra, pero Antonio nunca confirmaba ni negaba nada. Era un tipo que, si bien le gustaba ser admirado, no se ufanaba de sus triunfos.

Al parecer, Mariana sólo había sido una más para Antonio pues poco después de cogérsela se cogió a su mejor amiga Adela sin el menor remordimiento, sin embargo, para Mariana, aquella primera vez que tuvo su pene en el interior cambió todo. Se le volvió una necesidad imperante el conocer y poseer los más variados falos. Le fascinaba sentir las muy distintas texturas, tamaños y complexiones de cada uno de ellos. Esto la llevo a relacionarse (sexualmente) con distintos hombres, lo que la condujo a terminar embarazada de uno de ellos, por descuido.

Mariana se casó muy joven, con aquel que la había embarazado, quien, a su pesar, no fue el semental con quien le hubiera gustado terminar en matrimonio. Tras años de convivencia marital, Mariana notó que Edmundo era alguien sin muchos bríos y un tanto aplatanado tanto en la vida como en la cama. Trabajaba en una oficina como asistente de contador y no parecía tener interés en ascender a puestos más altos.

Mientras contemplaba a su marido aquella mañana, lo escuchó hablar entre sueños.

—Mariana… Mariana… que ricas están tus tortas, amor.

Ella se acercó a él tras escuchar esto y, deseosa como estaba, pensó que tales palabras hacían referencia a sus posaderas, revelando que su esposo soñaba con ella en pleno agasajo sexual. Rió al pensar en el sueño de Edmundo, se imaginaba a su esposo tomándola con ambas manos de sus frondosas nalgas a palma abierta mientras que la besaba ardientemente.

Tratando de convertir ese sueño en realidad despertó a Edmundo mordiéndole con lascivia su oreja. Éste despertó con sobresalto y miró a su esposa quien lo veía ansiosa.

—¿Qué pasa…? —dijo él.

—Nada, sólo quiero hacer tu sueño realidad — le dijo Mariana.

Mariana lo beso con lujuria y poco después Edmundo se incorporó.

—¿Cómo? —preguntó Edmundo.

—Pues es que te escuché hablar entre sueños rogando por mis tortas.

—Entonces, ¿hablo dormido?

Mariana sonrió ante la expresión extrañada de su esposo. Con actitud sexosa, ya comenzaba quitarse el pijama que cubría su magnífico cuerpo, cuando las palabras de su esposo la desmoralizaron.

—Pues la verdad es que amanecí con mucha hambre. Tengo ganas de comerme unas tortas, de esas que preparas tan ricas, hmmm. Te quedan deliciosas.

Edmundo se levantó de la cama y se dirigió al baño.

—Prepárame unas para llevar al trabajo ¿quieres? Mientras me baño.

Mariana, estupefacta, no podía entender por qué su esposo no la devoraba como tantos hombres lo hacían tan solo con la mirada. Y es que ella era muy consciente del deseo que provocaba cuando caminaba en la calle y la veían pasar; a sus 26 años, Mariana no desmerecía en su belleza de juventud, pese a tener ya dos hijos.

Mientras preparaba las tortas para su esposo, con cierta furia y frustración por la incapacidad de su cónyuge para satisfacerla, a Mariana le vino el recuerdo de aquel jovenzuelo que la había desflorado. No sabía nada de él desde la secundaria. Cómo le hubiera gustado haberse casado con él en vez de Edmundo. Aquél sí que era un hombre.

Al mismo tiempo que envolvía las tortas para su marido, Mariana rememoraba el momento en el que Antonio la había desvirgado. Aún joven, pero plenamente vigoroso, después de arrancarle prácticamente de un tirón sus pantaletas, la penetró de un solo empellón. Los dos habían estado fajando atrás de un salón de clases, resguardados por los matorrales de alrededor. Mientras comenzaba una ligera llovizna se dejaron llevar por su mutuo deseo, tanto que no les importó cuando aquel chipi chipi se incrementó hasta volverse una fuerte lluvia. Ninguno de los dos se detuvo y, pese a quedar completamente empapados, ambos siguieron con aquel muelleo propio de la cópula. Ambos se movían con una coordinación digna de admirarse. Bajo la cruenta lluvia sus movimientos parecían haber sido ensayados, dado el excelente acoplamiento de la pareja. Era indudable que eran el uno para el otro, de no haber sido por Adela… pensó ella.

Mariana salió abruptamente de tal ensoñación, cuando uno de sus hijos se le acercó tirándole de la ropa exigiendo su propia torta para llevar al colegio. Se trataba de Esteban, el menor de sus dos hijos, quien a sus 6 años iba en primer año de primaria.

Esteban notó una mancha de humedad en el pantalón del pijama de su mamá, e inmediatamente lo dio a saber.

—¡Mami, mami! ¿Te hiciste pipí? —preguntó el muy inoportuno.

Mariana se miró y notó que, en efecto, tenía una mancha de humedad producto de su propia excitación al recordar tan apasionados eventos de su adolescencia. Mariana caminó a cambiarse de ropa, mientras el muy impertinente infante ya corría hacia su hermano mayor para contarle el chisme.

Durante el trayecto a la escuela, ambos niños no dejaron de molestar a su mamá con aquello de que se había orinado. Y para acabar de importunarla, cuando los niños salieron del colegio, lo hicieron con un citatorio para ella. A Mariana le molestaban aquellas juntas escolares, sin embargo, al día siguiente asistió, pues su marido no podía debido al trabajo.

En la junta se expuso que, como cada año, se realizaría una kermés con el fin de recaudar fondos para el festival de fin de año. A Mariana no le quedó otra que participar con la venta de sus sabrosas tortas. Para ella era más que engorroso meterse en esos menesteres, pero por lo menos sacaría algo de dinero para sí.

Mariana tuvo buena venta el día de la kermés, pero lo mejor es que se topó con Adela, su vieja amiga de la secundaria. Ambas se distanciaron cuando a Mariana le entraron celos al enterarse que Adela se había acostado con Antonio. Desde ese momento se dejaron de hablar. Sin embargo, ahora, al reencontrarse, todo era borrón y cuenta nueva. Las dos charlaron largo y tendido, como las viejas amigas que habían sido.

Durante la charla, Mariana no dudó en preguntar, a su antigua compañera de estudios, si sabía algo de Antonio.

—Pues le ha ido muy bien, es un exitoso empresario —contestó para su grata sorpresa Adela—. Acaba de comprarse una casa de campo.

Una sonrisa iluminó el rostro de Mariana al oír hablar de él. Aquel quien le había enseñado los placeres de la carne. Su amiga supo interpretar su expresión y continuó hablando.

—Está más guapo y atractivo que nunca. Sergio, mi marido, trabaja con él y se llevan muy bien. Ah, y por cierto, nos ha invitado a conocer su nueva propiedad. Oye, qué te parece si nos acompañas. Estoy segura de que se sentirá muy contento si llegas con nosotros —dijo Adela.

Mariana se quedó en silencio tras aquella proposición. En su mente varios pensamientos se agitaban creando una borrasca. Las responsabilidades: los niños, su marido, el hogar… todo aquello se enfrentaba a un único elemento: su deseo sexual. Al final ganó lo inevitable.

—Pues sí, acepto. Si a tu marido no le molesta yo… —no terminó de hablar.

—Claro que no. A Sergio le encantará que nos acompañes, ya verás la pasaremos súper este fin de semana —le aseguró Adela.

—¿Ya este fin? —pregunté en tono de duda.

En ese momento tomé consciencia de que si me dejaba arrastrar por mi incertidumbre perdería la oportunidad de ser la propia protagonista de mi vida. Mi satisfacción estaba en mis propias manos. Desde ahora yo sería la narradora de mi propia vida.

Llegué a casa e inmediatamente comencé a preparar maletas. Sólo sería un fin de semana pero quería ir bien preparada; compré una caja de preservativos; elegí el juego de ropa interior más sexy y provocativo de mi guardarropa y compré un caro perfume. Nunca había hecho semejante gasto, pero este evento lo ameritaba, además Antonio, a diferencia de mi marido, seguramente apreciaría este fino detalle.

—Si se hubiese tratado de otro de mis viejos atacadores, probablemente hubiera resistido la tentación, pero nadie me había cogido como Antonio —me decía a mí misma mientras continuaba empacando, como si tuviera que justificarme mi propia decisión.

Cuando oí que se abría la puerta principal anunciando el regreso de mi marido, yo aún no decidía que coartada le daría para explicar mi ausencia los siguientes días. Al final tuve una inspiración.

—Edmundo, te quería decir que este fin de semana pienso salir a la capital del estado —le comenté a Edmundo mientras le servía su cena.

—¿Ah sí? —me respondió escuetamente el lerdo de mi marido.

—Sí, es que en la kermés de la escuela, algunas de nosotras, nos empezamos a organizar pues pensamos abrir un negocio de comida, y parece que el gobierno está apoyando económicamente a mujeres como nosotras. Pero hay que ir hasta allá para pedir informes.

Parece mentira, pero por primera vez me alegraba la estupidez de mi marido. El muy incauto, así como así, aceptó mis palabras.

El viaje hacia aquel lugar veraniego, donde se encontraba la nueva casa de Antonio, resultó muy entretenido. Sergio, el esposo de Adela, resultó ser alguien muy agradable y divertido.

Cuando por fin llegamos a la casa de Antonio, me di cuenta de que realmente había tenido éxito en la vida. Su casa era una auténtica residencia. Una enorme puerta automática se abrió permitiéndonos la entrada y él salió a recibirnos.

Me sentí extraña al encontrarme de nuevo con él. Había cambiado, sin duda, pero era evidente, de acuerdo a la expresión de sus ojos y el efusivo abrazo, que aún se acordaba de mí.

—Hueles delicioso —me dijo.

Tras una plática de un par de horas, Adela y Sergio decidieron ir a conocer el pueblo, dejándonos a Antonio y a mí solos.

No tardó mucho en acercárseme y rodear mi cintura con su brazo. Moví la cabeza hacia él y nuestros labios se unieron, al principio dulce y suavemente pero mientras rodeaba su cuello con mis brazos, nuestras lenguas empezaron a buscarse y nuestros cuerpos se unían más y más. Sentí la presión de su verga contra mi vientre. Él comenzó a susurrarme palabras de amor recordando nuestra primera y última vez.

—Te deseo con toda mi alma —me dijo, mientras sus manos se cerraban sobre mi trasero apretando muy fuerte mis nalgas.

Mis entrañas palpitaban de deseo y mis ojos se clavaron en los suyos.

—Mi vida… ¡Te he extrañado todos estos años! —confesé entre suspiros.

Entonces, como en un sueño, me sentí transportada en sus brazos hasta una de las recámaras. Sus manos no dejaban de estrujar mis nalgas y posteriormente mis tetas sobre la tela de mi ropa.

Me fue desnudando lentamente, deteniéndose para admirar cada uno de mis tesoros. Sus dedos se movieron entre mis muslos en busca de mi ansiosa vagina. Sólo el nylon de mis panty separaba sus manos de mi deseosa vulva.

Con las piernas temblorosas, me senté al borde de la cama, contemplando a Antonio quitándose la ropa.

«¡Jesús, qué verga!» —pensé, cuando se bajó el calzón.

Casi me había olvidado de lo grande que era. La roja e hinchada cabeza me apuntaba como si me estuviera mirando por su pequeño orificio.

Antonio me bajó las pantimedias y miró amorosamente mi raja femenina que ya emanaba una suave crema. Con ternura pasó un dedo a lo largo de la entrada y eso bastó para que me tendiera sobre la cama con las piernas abiertas, invitándolo a penetrarme.

—¡Métemela! ¡Cógeme con todas tus fuerzas! —gemí, suplicante y enardecida a la vez.

Su cuerpo cubrió el mío y sentí cómo su enorme y dura verga entraba hasta el fondo de mi sexo, mientras sus manos jugaban con mis pechos. Antonio empezó a bombearme lujuriosamente y en tan sólo unos instantes me invadieron los espasmos del primer orgasmo. Mis uñas se enterraron en su varonil espalda.

Aun temblaba por la salvaje venida cuando aquel masculino ser me levantó de la cama y, cargándome, me recargó contra la pared y continuó dándome verga. Tras minutos que parecieron horas, el hombre que tanto había deseado, sin muestras de cansancio, me miró a los ojos y me preguntó:

—¿Quieres que me venga dentro?

Fue en ese momento cuando me di cuenta que lo habíamos hecho sin condón. De nada había servido que yo hubiese empacado, previsoramente, una caja de preservativos, dejándome arrastrar por la pasión los había olvidado. Yo no estaba operada, ni seguía otro método anticonceptivo, así que corría peligro de quedar preñada pero no me importó, asentí y me abrasé con más fuerza a él. Ya me hubiera gustado que él hubiese sido el padre de mis hijos. Poco después sentí un chorro de leche tibia inundándome por dentro. Su cuerpo temblaba sin control, mientras su reata depositaba su pegajoso jugo en mis entrañas.

Permanecimos inmóviles durante unos minutos, susurrándonos palabras lujuriosas que yo misma me sorprendía al escucharlas salir de mi boca después de tantos años.

Antonio caminó hasta la terraza y miró al exterior. Mientras veía su desnuda figura masculina me pregunté si estaba enamorada de aquel hermoso macho, o si sólo se trataba de sexo. Él regresó hacia mí muy sonriente.

—Adela y Sergio ya regresaron —me dijo al oído.

Yo me disponía a reincorporar pero él me detuvo.

—No te preocupes, ellos no nos molestarán, saben que ésta es como su casa, sabrán cómo ponerse cómodos —dijo Antonio.

Al mismo tiempo que él me seguía besando yo estiré mi brazo y alcancé su verga dormida. La tomé con ternura y la metí en mi boca, paladeando su sabor salado, producto de la mezcla de nuestros amorosos jugos. Poco a poco sentí cómo su carne reaccionaba e iba creciendo entre mis labios.

Antonio se dejó caer boca arriba en la cama, mientras yo me acomodaba entre sus piernas y mis manos acariciaban sus duros huevos. Mi cabeza subía y bajaba metiendo la verga hasta el fondo de mi garganta.

Tan ocupada estaba yo en aquella labor, que no escuché cuando la puerta de aquella habitación se abrió para dar paso a Adela y a Sergio, quienes, en silencio, empezaron a desvestirse.

Concentrada en devorar aquella quemante carne, me sorprendí al darme cuenta de que otra verga se restregaba a la entrada de mi vagina buscando entrar en mi jugoso túnel.

Sorprendida, me detuve y la reata de Antonio se deslizó fuera de mi boca cuando me giré para enterarme de lo que ocurría detrás de mí. Vi a Sergio sonreír con complicidad mientras sus manos me tomaban por las caderas y más de la mitad de su miembro ya estaba dentro de mí. Por un momento estuve tentada a gritar, pero las ondas de lujuria en mi cuerpo eran muy intensas y no pude articular palabra. Aprisioné la lanza de Sergio en mi intimidad y volví a meterme el pene de Antonio en la boca.

Levantando la vista pude atestiguar como Adela se encaramaba en la cama y, de espaldas a mí, se arrodillaba de tal forma que la cabeza de Antonio quedaba entre sus desnudos y abiertos muslos. Ella continuó agachándose hasta que su pelambrera hizo contacto con la boca de Antonio. Casi le muerdo la reata al ver como su lengua empezaba a entrar y salir de la vagina de mi amiga. En ese momento, mientras tenía un macho metiéndomela atrás y la esposa de éste le brindaba la vagina al hombre cuyo pene yo mamaba, me creí transportada a un mundo de depravación total, y me sentí como pez en el agua.

La verga de Antonio, dentro de mi boca, se ponía cada vez más dura y el placer entre mis piernas se incrementaba con las arremetidas de Sergio, quien tenía sus dedos enterrados en mis caderas. Exprimí la verga de Antonio, succionando con toda la fuerza de mis pulmones, hasta que, con un gemido, su crema se disparó dentro de mi boca. La espesa leche escapaba por las comisuras de mis labios. Me estremecí y seguí chupando, tragando esperma, mientras contemplaba a Adela quien meneaba las nalgas sobre la cara de Antonio. En ese momento, otra oleada de leche me bañó las entrañas, cuando Sergio se dejó caer sobre mi espalda, con su mandarria bien metida hasta lo más hondo de mi hueco.

Todos quedamos exhaustos, tendidos sobre aquella enorme cama en la que cabíamos sin problema. De pronto escuché sonar el timbre de mi celular. Tuve que buscarlo entre mi ropa desordenada y al hallarlo me di cuenta que la llamada venía de mi hogar.

—¿Bueno? —pregunté a través del aparato.

—Hola mami, ¿cuándo vas a regresar? —la tierna voz de mi hijo me cuestionó por el teléfono.

Tras hablar con mi niño pequeño hablé con mi marido y le expliqué que todo iba bien. Después de la llamada, me senté en la orilla de la cama y una oleada de pensamientos me llenó de angustia. Debo confesar que me sentí culpable. ¿Acaso estaba dañando a mis hijos al engañar a su padre?

Adela, se sentó junto a mí y, después de verme fijamente a la cara, me habló al oído.

—No te angusties. Esta es, tan sólo, una fiesta privada, tú no has hecho nada malo. Piensa en lo que te has perdido por serle fiel a tu marido.

Adela me beso con cariño y yo le correspondí. Después noté que ella fijaba su atención en alguien detrás de mí. Cuando voltee para ver de quien se trataba me di cuenta que era su marido, quien ya se había recuperado y traía su verga tan erecta como antes.

El pene de Sergio estaba a unos centímetros de mi cara y me quedé apreciándolo por unos segundos pues, a decir verdad, aunque antes lo había resguardado, no había tenido el gusto de conocerlo primero.

Estaba a punto de metérmelo en la boca cuando el pudor me detuvo al ser consciente de que su esposa, mi amiga, estaba a lado mío

—No, no puedo —le dije a Sergio mirándolo a los ojos.

—No te preocupes, yo estaré muy ocupada con Antonio como para ponerme celosa —me dijo la sonriente Adela.

Adela me dio un fuerte beso en la boca.

—Ahora prepárate, que mi marido te va a dar verga.

Sergio, tomándome de ambos brazos, me levantó y me colocó en tal posición que quedé con el culo al aire, como si se lo estuviera ofreciendo. Me apoyé en mi amiga, quien aún estaba sentada en la cama. Sentí la punta del miembro de Sergio y me sorprendí. Hacía mucho que no lo hacía por ahí. El marido de Adela me penetraría nuevamente pero, esta vez, analmente y mi ano lo esperaba temeroso.

FIN

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¿Sarita con dos Negros?

–          ¿Sarita con dos negros? – preguntó impactada Bea.

–          No exactamente, pero algo así… – le dijo sonriente su amiga Amaranta.

–          ¿Y cómo lo sabes?

–          Me lo contó ella misma…

–          ¡Anda ya!

 

Mientras sus dos amigas hablaban de ella frente al espejo del baño de una discoteca, Sara sonría desde dentro de uno de los urinarios.

Tan sólo había pasado una semana, y aún notaba las consecuencias de lo que ocurrió. Dejó de prestar atención a los cotilleos de sus amigas y se transportó mentalmente hasta los recuerdos de aquella noche.

 

1 SEMANA ANTES…

Sara, a sus veinte pocos años salía cada fin de semana de marcha con un grupo de amigas. Se lo pasaba bien, pero la rutina empezaba a hacer mella en ella. Siempre iban a los mismos locales, tomaban las mismas copas, se emborrachaban las mismas personas y solían ver a los mismos chicos. Estaba un poco cansada de siempre lo mismo.

A la 1 de la madrugada convenció a su amiga Amaranta para ir a otros sitios y luego volver con el resto del grupo.

Saltaron de un garito a otro en su afán por conquistar nuevas tierras hasta que se quedaron más  rato en un lugar de música latina. Ambas chicas eran guapas, y los chicos no pararon de acercarse a ellas.  Algunos de los moscones les preguntaban si eran hermanas, ya que ambas eran muy delgadas y vestían pantaloncito corto y top; Amaranta rubia y Sara morena.

Amaranta se empezó a sentir un poco agobiada y le pidió a su amiga volver con el resto del grupo. Justo en ese momento, Sara bailaba con un chico de color, y le dijo que fuera yendo ella, que ella ya iría cuando acabara la canción.

En cuanto ambos empezaron a liarse, Amaranta les dejó solos y se fue.  El chico, de nombre Ibra, hablaba español con un marcado acento senegalés. Delgado y con los músculos bien definidos era toda una pantera a los ojos de Sara.

Ibra intentó meter mano a Sara, pero ella le paró.

–          Aquí no – le dijo ella con una sonrisa pícara.

–          ¿Aquí no? ¿Eso es que tú quieres? ¡Ven!

El chico la cogió de la mano y salieron del local.

–          ¿Dónde vamos? – preguntó Sara achispada.

–          A donde yo vivo. Aquí cerca – le contestó con una amplia sonrisa llena de felicidad.

Sara envió un SMS a su amiga Amaranta, diciéndole que no la esperara porque estaría con el chico que había conocido. Le rogó  que no dijera nada al resto.

El bloque de pisos de Ibra parecía de protección oficial y estaba muy necesitado de reformas. Aquella primera impresión asustó un poco a la joven Sara, pero tras echar un vistazo a los músculos de su conquista, se quedó más tranquila. Estaba en buenas manos.

El interior del piso no tenía mejor aspecto, aunque no pudo inspeccionarlo mucho ya que Ibra se lanzó a besarla tan pronto como cerró la puerta de entrada.

De repente, unas voces en un idioma desconocido les interrumpieron. Sara se giró asustada y pudo ver como otros dos negros más discutían con Ibra.

–          ¿Qué pasa? ¿Por qué discutís?

–          No discutimos. Ellos amigos: Omar y Salif.

Los chicos le dedicaron una amplia sonrisa de un blanco puro. Omar tenía la cabeza rapada y era enorme. Su cuerpo de oso destacaba por brazos tan anchos como sus piernas. Salif, con su pelo rizado y su bigotito, era muy delgado; No tenía la musculatura de Ibra.

Su análisis se vio interrumpido cuando Ibra pronunció su nombre, y los otros dos lo repitieron.

–          Sara. Amiga. – Le dijo Omar dándole la mano.

Ella se la estrechó, y su blanca extremidad desapareció entre los dedos de aquella manopla oscura.

Ibra le cogió las manos y se las izó para que diera una vuelta. Sara, divertida, giró sobre sí misma lentamente. Los chicos le dedicaron palabras en un idioma desconocido mientras disfrutaban viendo su culito respingón y pequeños pero erguidos pechos girar.

Alguien le dio un azotito en el culo, y ella se giró de golpe cortando el aire con su larga melena morena.

–          ¿Quién ha sido?

–          ¡Yo! – dijo Ibra.

Para sorpresa suya, Omar le dio un pellizo en el culo.

–          ¡Yo! – dijo tras su fechoría.

–          Yo – imitó Salif, tocándole también el culo.

Los cuatro se rieron. A Sara le intrigaba qué pudiera pasar aquella noche. Nunca antes había estado con un chico de color, y en ese momento estaba ni más ni menos que con tres. ¿Protegería Ibra su premio, o lo compartiría siguiendo las costumbres promiscuas que ella pensaba que tenía su pueblo?

Ibra apresó uno de sus pechos entre sus manos y la besó con su enorme lengua.

Sara notó como otras manos le tocaban los pechos hasta que Ibra le subió el top y la dejó en sujetador.  Salif se lo desenganchó sin que ella tuviera tiempo a reaccionar, y Omar le chupó una de sus tetitas nada más emergió de su sujetador.

Rodeada por aquellos tres negros, notaba manos por todas partes. Sus pequeños y rosados pezones desaparecían en una vorágine de dedos que no se detenían ahí, sino que también trabajaban su culito amasándolo como si hicieran pizza.

Ibra tenía uno de sus pechos casi entero dentro de su boca mientras que la marabunta de manos ya no sólo se concentraba en su culo, sino también en la parte delantera de su pantaloncito.

Alguien le estiró de los shorts hacia arriba para marcar más su culito. No contentos con eso, varias manos manipularon la prenda. A medio bajar, le apretaron las nalgas y le dieron un par de azotitos. Salif le dio un beso lo más abajo que pudo, y finalmente Sara se quedó en tanga.

Salif se arrodilló tras ella y le hundió su cabeza entre  las piernas. Sara gimió cuando el chico le besó y mordisqueó por encima del tanga, y se excitó mucho cuando la cálida lengua del senegalés se abrió camino y encontró su hirviente sexo.  Su lengua, tremendamente húmeda, hacía milagros entre sus piernas.

Ibra se bajó el pantalón, y su gran polla negra asustó a Sara.

La chica le quitó la camiseta a su hombre y se deleitó con aquel cuerpo ajeno a la grasa. Acarició su prieto pecho y deslizó sus níveas manos por las cordilleras que eran sus abdominales. Sus manos llegaron al ombligo y se detuvo al ver la pequeña manguera de su amiguito. Riéndose, se inclinó hacia delante y agarró aquel ariete más útil para derribar castillos que para hacer el amor.  Masturbándole con amplios movimientos de su mano, se llevó la punta a la boca y empezó a chupar.  Tenía la sensación de estar en la feria comiéndose una de esas manzanas cubiertas de caramelo. Era sin duda el pene más grande con el que había tratado a sus veinte pocos años. Por un instante se imaginó lo que sería tener ese falo en su interior, pero prefirió desechar esos pensamientos rápidamente  ante la preocupación que le daba poder dar cobijo esa tubería.

Omar contemplaba la escena totalmente excitado.  Aquella chica blanquita estaba de pies, inclinada y con el culo en posición de hacer una sentadilla. La jovencita le estaba chupando la polla a su amigo Ibra con ansiedad mientras que Salif le comía el coño desde detrás.

No queriéndose quedar aparte, el chico se desnudó y se agarró el pene. Si bien no era tan largo como el de Ibra o el de Salif, sí que era más gordo. Se acarició la verga mirando la escena  y notando como vibraba la herramienta erecta en su mano.

Sara, a tientas, agarró con la mano libre el grueso pene de Omar.  Sin mirarlo, lo masturbó con movimientos secos mientras que sus labios seguían ocupados de Ibra.

De repente Sara se detuvo a la vez que la lengua de Salim. Otro miembro del chico estaba reemplazando el contacto con su zona erógena. La chica se agarró a la cintura de Ibra, y puso el culo un poco en pompa. Poco a poco, el afilado miembro de Salim se introdujo en su interior. Aquel no era un chico enamorado ni un amante fiel; ¡Un negro bien salido estaba a punto de follársela! Una vez introducido su miembro al completo, Salim empezó un mete-saca que en pocos segundos alcanzó un ritmo digno de película porno. El culo inmaculado de ella chocaba contra la oscura pared del chico cada vez que se la metía.

Él le agarraba las nalgas, mientras que ella, volvió al antiguo oficio de chupársela a Ibra. Le chupó con la lengua los negros testículos y ascendió hasta coronar con su boca la cima de su glande. En su boca sólo se metía la punta, pero con su mano le masturbaba toda la inmensa polla del chico.

Ambos chicos gemían, mientras que Omar se masturbaba sentado en una silla.

–          ¡Ahora yo! – gritó Ibra.

El chico musculoso se sentó en un sofá que había en el suelo al tiempo que Salim la cogía en volandas. Izándola metiendo sus brazos bajo sus rodillas, la colocó justo encima de Ibra.  Ella, según bajaba, agarró con una mano la polla descomunal de su nuevo amigo y la colocó en la entrada de su vagina. Respiró lentamente varias veces y por fin empezó a meterse aquel tren bala dentro de su túnel sexual.

En cuclillas, Sara sólo pudo hacer el leve ejercicio de mover su cintura arriba y abajo metiéndose lo mínimo de la extremidad de Ibra. Salim se acercó a ella por delante, y en un idioma que ella desconocía le debió de decir algo así como que se la chupara. Sin necesidad de entender las palabras, ella le cogió aquella figurita de portal de Belén que tenía por polla y se la metió en la boca. En la parte alta de cada salto se metía una polla en la boca, y en la bajada otra en el coño. Sara gemía sin parar con tonos agudos.

Desde el suelo, Ibra podía ver como las pequeñas y blancas tetas de Sara saltaban con cada embestida. No le gustaba mucho tener que ver el pene de su amigo por encima de su cabeza, pero en aquel momento le daba igual por el placer que le estaba dando aquella blanquita.

Sara pasó de cuclillas, a sentarse sobre el pene de Ibra y metérselo casi entero. Estaba tan cachonda, que aunque notaba cierta resistencia, disfrutaba con aquella follada. El negro aumentó el ritmo de sus caderas y hasta sus testículos golpearon contra ella.

Salim se inclinó hacia delante, y agarró las nalgas de Sara. Las hizo subir y bajar bien rápido haciendo que se incrustara con furia la polla de su amigo.

–          ¡Qué buena eres follando! – dijo su macho alfa.

El susodicho agarró la agarró por la cintura, y sin necesidad de dejarla en el suelo, la levantó en el aire con la fuerza de sus potentes músculos.  Ella le rodeaba el cuello con sus brazos, y la cintura con sus piernas. En ningún momento se la había sacado de la vagina. La hizo saltar sobre su polla con la fuerza de su cadera. Ella, en éxtasis, saltaba y recibía aquel gran gusano de Dune como si fuera su madriguera.

Al ver que Salim estaba cerca, se descolgó de un brazo, y en el aire, se la chupó como pudo al otro chico.

–          Yo. – Dijo Salim tras intercambiar palabras en Senegalés con Ibra.

Ibra la dejó con delicadeza sobre el colchón del suelo. Ella, a cuatro patas, no tuvo tiempo para cambiar de postura porque Salim e Ibra taponaron sus agujeros vaginal y bucal respectivamente con sus miembros.  No podía creer que se la estuvieran follando dos negros y que le estuviera gustando tanto. Aquello iba más allá de todas sus experiencias sexuales.

Salim hizo amago de metérsela por el culo, pero ella no le dejó. Si dejaba a uno, los otros querrían, y aquello podría ser una destrucción anal.

Ambos chicos se turnaron follándola hasta que en un momento dado, mientras se la chupaba a Salim, notó un tiró en el pene del chico. Sin avisarla el chico había empezado a correrse. Notó el primer chorro de semen impactar en su garganta provocándole una arcada por la presión y cantidad. Al abrir la boca, un borbotón de líquido blanquecino se derramó desde sus labios. Ni corta ni perezosa siguió chupándosela hasta dejarle seco. El chico se alejó justo en el momento que Ibra se la sacaba del coño. De repente notó como un latigazo caliente le golpeó la espalda. Después otro, y otro. Ibra se estaba corriendo sobre su espalda con la fuerza de un camión de bomberos.

Agotada, se levantó para ir al baño y limpiarse junto con Ibra y Salim. En aquel momento se acordó de Omar y su ancho pene. El chico seguía masturbándose y justo cuando ella se acercaba, se corrió derramando borbotones blancos sobre su propio cuerpo. Ella suspiró, más de alivio por no tener que lidiar con aquel cipote que por otra cosa.

 

1 SEMANA DESPUÉS

Bea y Amaranta seguían hablando en el baño de la discoteca. Cuando Amaranta terminó de contarle la  historia que Sara le había contado, la expresión de Bea era muy distinta.

–          ¿Así que al final realmente se folló sólo a dos negros? – preguntó Bea.

–          Se podría decir que sí. ¡¿Te parece poco?!

–          Ufff, vaya con Sarita.

Una vez reunidas con el grupo, tras invitar a Sara a una copa, Bea le pidió ir las dos solas a otro garito. Sara le sonrió, y Bea anheló poder vivir la misma aventura que su amiga.

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LA SEÑORA BIEN III

LA SEÑORA BIEN III

Matilde prometió eterna fidelidad y estar al servicio del placer de su esposo, este le pidió una prueba definitiva, que no le dejara dudas, para esto convoco a sus tres amigas, con las cuales ya había hablado, las invito a cenar, una condición era que todas debían vestir polleras, pero a Inés la cito dos horas antes, la recibió solo vestida con una corta pollera, nada mas tenia que cubriera su cuerpo, su esposo y diana esperaban en el dormitorio acostados y desnudos.

Cuando llego la invitada se sorprendió de verla así , soy la cornuda de mi esposo dijo justificándose, sin que nada le preguntara , y te elegí como mi tutora, serás quien me guíe en el camino de mi esclavitud , dicho esto la tomo de la mano y la llevo al dormitorio , cuando entraron estallo Inés en carcajadas al ver que lo dicho era verdad , veo cerda que al fin has tomado tu lugar , desde que te conozco se que es tu espíritu ser usada ,pues bien prepárate para lo peor ahora , Matilde le contó que luego esperaba a las otras dos y cual era la idea para esa noche .

Inés se arrimo a la cama y tomando de los pelos a Diana, la arrastro a un rincón diciendo, con la basura de mi amiga podrás divertirte pero ante mi no eres nada, si no te gusta puedes retirarte, no nos haces falta, pero si aceptas quedarte, este hombre estará o bastante ocupado para atenderte , así que serás mía ahora, es el precio que cobro por educar a mi amiga, ella decide , Matilde respondió que si , que necesitaba de su guía y podía quedarse con la chica , bien niña entonces diviértete con tu señora ahora que puedes mientras yo gozo de este hombre hasta que llegue el resto de las invitadas , después de jugar con ella preparen todo que pasaremos una excelente noche .

Gritos, llantos y suplicas de Matilde resonaban en la casa, mientras el culo de Inés era taladrado por Juan, realmente era una bestia haciéndolo, todo lo sucedido este tiempo había desatado tal lujuria en todos, esto sumado al hecho de que el era el dueño de todas, distaba bastante del señorial matrimonio que comenzó en esta historia .cuando el culo de Inés estaba repleto de dos acabadas, fue taponado con un plug y reservado para después de la cena.

Sandra y Beatriz llegaron juntas, habitan tenido tiempo de conversar y comentar la extraña actitud de su amiga en común, cuando llegaron se encontraron a diana desnuda y su cuerpo adornado por varias pinzas de las que colgaban campanitas, a Matilde solo con la diminuta pollera, que las recibía informándoles su nueva condición, aunque les costo entenderla, ambas lo aceptaron finalmente, entre asombradas y divertidas se sentaron a la mesa, a la que también se sumaron Inés y Juan.

Mientras eran servidos, Matilde gateando bajo la mesa, les suplicaba a sus tres amigas que la hicieran cornuda, que estuviera dispuesta a todo para ello y que su tutora desde ese día, se encargaría de arreglar los detalles cada vez que quisieran estar con su esposo o usarla a ella , mientras hacia esto escuchaba a su esposo halagarlas y comentarles sus preferencias sexuales y su gusto por la dominación , todas confesaros el placer que sentían engañando a otra, mas si esta era considerada amiga y que cuando estaban bien cogidas , se entregaban sexualmente por completo al hombre que les daba placer .

Inés tomo a Diana y la sentó en sus piernas, les presento a mi nueva perrita decía mientras la hacia sufrir tirando de sus broches, incluso esta puta será superior a la cornuda, hizo salir a Matilde de debajo de la mesa y que les agradezca a sus amigas el ayudar en su nueva condición, luego beso a su esposo diciéndole que ella lo hará siempre feliz, que le encantara saber que el disfruta sexo con todas sus amigas.

Sandra con su típica soberbia, fue la primera en aprovechar la confesada sumisión de su amiga, sabes preciosa le dijo, creo que los sábados será mi día fijo para dormir en tu cama, además te conviene, pues como sabes me gusta tener mi ropa impecable y mientras yo disfruto puedes limpiar bien mi casa, o tenias otros planes para salir? Al no obtener respuesta fue su propio esposo quien la zamarreo del pelo, gritándole que debía ser educada con todos y responder inmediatamente.

La noche termino con todos tomando y festejando, mientras Matilde modificaba todos sus correos, de los cuales los presentes tendrían ahora el manejo de los mismos, la máxima humillación llego cuando, Inés propuso un brindis, la cornuda les sirvió a todos, tu ya lo tienes servido , tomaras la leche que tu esposo te preparo , la obligo a ponerse de rodillas , sacarle el plug limpiarlo bien y luego beber todo lo que salía de su culo , para finalmente limpiarlo completamente , todo se filmo y la misma Matilde debió subirlo en la pc, para que todas sus amigas y contactos vieran como aceptaba ser humillada , luego se le aviso que al día siguiente Diana la llevaría a hacerse ciertos adornos, también irían de compras

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La puta de mi mujer y sus amigas I

Empecé a metérsela en el culo. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola, le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, decidí que era el momento de llamar a mi esposa, el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia.

Todo empezó hace dos años. Hacía 5 que me había casado con mi mujer y teníamos una vida sexual que calificaría de normal. La follaba en diferentes posturas y también me la mamaba aunque nunca se tragaba la leche (lo cual la verdad que me molestaba un poco); sacaba la polla un poco antes de que me corriera. Alguna vez habíamos hecho sexo anal pero esto había decaído con el tiempo (también para mi desespero). La verdad es que ella se lo pasaba bien mientras la follaba y se ponía supercachonda. Se le ponía el coño supermojado y se podía correr varias veces antes de que yo llegará.

Por mi trabajo yo tenía que viajar a menudo. Las folladas a la vuelta eran las mejores ya que se notaba que ella me cogía con ganas. En una de estas estábamos cuando empecé a comentarle lo mojadita y cachonda que estaba (una costumbre que habíamos empezado recientemente para dar algo más de morbo a nuestras folladas). Ella me respondía que si y que estaba muy caliente. La verdad es que yo también estaba muy caliente. Y le iba diciendo.

-¿Que? Te gusta mi polla, ¿eh? Se nota que estás disfrutando. -Si, mi amor, ya sabes que me gusta mucho.

En este punto me gustaba parar de follarla para que ella me pidiera que siguiera.

-Métemela, métemela. Sigue. No pares.

Normalmente las conversaciones no pasaban de aquí pero esta vez me sonó a imperativo y le dije.

-¿Quieres que te folle? -Si. -Si. ¿Que? -Si. Por favor. -Así me gusta. ¿Quien manda aquí? -Tú. -¿Tú?

Ella dudó pero dijo.

-Tú, mi señor, pero fóllame.

Entonces repetí.

-¿Quien manda aquí?

Esta vez dijo sin rechistar.

-Tú, mi señor.

Esto era lo que quería. Decidí seguir follándola pero esta oportunidad no iba a perderla. Cuando veía que estaba todavía más caliente volví a parar.

-Por favor no pares. -¿Qué? -Por favor no pares, mi señor. -¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

-Entonces ya está bien de pedir tanto. Ponte de espaldas.

Un poco sorprendida se puso de espaldas. Entonces empecé a restregar la polla por su coño. Ella esperaba que la metiera por ahí pero esta vez dije.

-Creo que te la voy a meter por el culo. -Por el culo no por favor. Me va a doler.

Ni me digné a contestar y empecé a presionar ligeramente mi polla en su culo aunque sin meterla, mientras con la otra mano la restregaba por el coño. Quería tenerla caliente. Ella no quería que se la metiera por el culo pero le gustaba lo que le estaba haciendo en el coño. Cuando su resistencia fue cediendo, quizás porque creía que no se la iba a meter al final o porque estaba cachonda perdida, le volví a preguntar.

-¿Quien manda aquí? -Tú, mi señor.

Esta vez me sonó totalmente entregada y aproveché para metérsela por el culo mientras no dejaba de trabajarme su coño. Ella empezó a respirar fuerte. Era evidente que le costaba y estaba sufriendo pero no se quejó. Al final se la metí entera y empecé el mete-saca. Al principio lentamente y posteriormente más rápidamente. Al compás de mi mano en su coño. Ella lo estaba empezando a disfrutar. Eso era lo que yo quería. Quería que se corriera con mi polla en su culo. Ahora estaba gimiendo, pero era de placer.

-¿Te gusta?

Ella gimió. Entonces repetí.

-¿Te gusta? -Sii…iii…iii” Dijo con voz entrecortada. -¿Si?  -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta? -Si, mi señor. -¿Te gusta que te la meta por el culo? -Si, mi señor” decía y ahora estaba gozando a fondo.

Ahora si que me parecía entregada y toda la conversación me estaba poniendo a mil pero quería aguantar por todos los medios así que paré ante su sorpresa.

-¿Harás todo lo que yo te diga? -Si, si mi señor.  dijo mientras se retorcía intentando prolongar el gozo que tan bruscamente había parado. Estaba totalmente entregada.

-Eres una calentorra. Harías lo que fuera para que te la metiera. Ella asintió. Era el punto clave. Había que subir el tono hasta llegar al insulto para que supiera que era mía.

-Venga, mastúrbate pero no te corras, guarrita.

Ella obedeció mientras seguía a cuatro patas y con el culo en pompa y todavía abierto.

-¿Qué eres?”, le susurré al oído. -Soy tu esclava y haré lo que me pidas.  -Y una guarrita. Añadí yo medio cariñosamente mientras le metí tres dedos en el coño. Noté un escalofrío en su cuerpo. Estaba a punto de correrse. Esto no lo quería. -Deja de masturbarte, ¡zorra! grité. Ella paró bruscamente un poco sorprendida. Nunca la había llamado así. De hecho yo también estaba sorprendido. Pero no se quejó. Estaba a punto de caramelo.

-Estabas a punto de correrte. ¿No sabes que solo podrás correrte cuando tu amo te lo diga? -Si mi señor. Lo siento. -Fíjate lo calentorra que estás… y le di a probar sus flujos. Ella se los metió en la boca sin rechistar y empezó a chuparlos mientras gemía.

-Que guarrita. Supongo que esperas poder correrte pero estás aquí para servirme y hoy no te vas a correr. Lo que vas a hacer es que me la vas a chupar y te vas tragar toda mi leche.

Ella no dijo nada, dudaba, aparte de tragarse mi leche, se tenía que meter mi polla después de haber estado en su culo.

-Hoy te voy a follar por los tres agujeros. Estaba totalmente salido y empecé a restregar mi polla por su cara mientras volví a masajearle el coño. Ella reaccionó enseguida. Estaba salidísima. Saqué los dedos de su boca y puse la punta de mi polla en su boca. Ella abrió la boca y empezó a chuparme la polla. Ahora si que la había dominado por completo. Esto me puso a mil y no pude aguantar más corriéndome en su boca mientras gritaba.

-Chúpala así,¡zorrita! ¿Te gusta mi leche? Trágatela.

Fue una de las mejores corridas de mi vida. Ella se la tragó toda y no hizo ademán de retirarse hasta que yo quité la polla. A eso ella todavía seguía a cuatro patas. Le susurré al oído.

-Lo has hecho muy bien. A partir de ahora serás mi zorrita particular.” Ella asintió con la cabeza sin mirarme.

Todo esto me había puesto muy salido y quería follar de nuevo pero no quería que se corriera hoy. Lo había dicho y tenía que cumplir la promesa. Entonces se me ocurrió algo. La verdad es que estaba fuera de mí. Sabía que también le gustaba a dos amigas de mi mujer, ya que ella me lo había dicho, y yo mismo había estado dudando antes de escoger a mi esposa. Una de ellas era bastante delgada aunque con una cara de estas viciosas. Lo más llamativo de la otra era su culo. Me fui al comedor y llamé a sus dos amigas para que cenaran esta noche en casa. Las dos aceptaron encantadas. A todo esto mi mujer seguía en la cama en la postura que la había dejado, quieta sin atreverse a hacer nada.

-He llamado a tus amigas para cenar esta noche. Nos vamos a divertir los tres. Vete a preparar la cena.

Esto le sorprendió pero no dijo nada, solo:

-Si, mi amo. He hizo ademán de empezar a vestirse. La paré bruscamente. -No te he dicho que te puedas vestir todavía. Ve a la cocina.  -Lo siento mi amo.  y se dirigió a la cocina. Ya era evidente que podía hacer con ella lo que quisiera. Estaba en la situación que todo hombre podía soñar. Fui a buscar la ropa adecuada para su nueva situación. Encontré un top lo suficientemente corto y estrecho para satisfacer mis propósitos y una falda que tuve que recortar yo mismo así como hacer más estrecha. Con estas dos piezas fui a la cocina y le dije: – Hoy te vas a poner esto.

Me miró con cara de sorpresa pero se puso las dos piezas. Al verse con ellas puesta comprendió la magnitud de lo que parecía: las tetas estaban que se le salían o por debajo o por arriba o según como que se le rompería la camiseta sin más, la falda no era mejor, a la que se agachara se vería que no llevaba bragas, la verdad es que verla así me estaba poniendo la polla como una piedra.

-Pero así me van a ver mis amigas. Le pegué un azote fuerte en el trasero. -¿Que has dicho?  Bajó la cabeza y dijo: -Lo siento señor, pero me da vergüenza ir con esto delante de mis amigas, parezco….” -¿Que pareces? -Una prostituta, señor. -¿Y que crees que serás a partir de ahora? Mi putita particular.

Mientras le decía esto le volvía a meter los dedos en el coño, seguía mojadísimo. -Como no quieres que te trate como a una puta. Fíjate como tienes el coño, mientras le metía los dedos en la boca.  -Estás deseando que te la metan, ¿verdad?  -Si mi señor. -Ya te da igual quién te la meta, solo quieres polla, ¡so puta! -Si mi señor, soy una puta. Haré lo que diga mi señor. -Joder que puta. No aguanto más.

Levanté levemente la falda y se la volví a meter por el culo. Esta vez me costó muy poco. De tres embestidas me volví a correr de lo caliente que estaba. Ella estuvo a punto pero conseguí correrme antes. Se quedó con la cara de puta que se le estaba poniendo y restregándose con el armario de la cocina. -Para de restregarte como una puta y termina de hacer la cena. Te la volvería a meter por el culo pero primero tienes que hacer la cena.

Me fui al comedor a descansar. Me puse a ver la tele y estuve descansando lo que quedaba de tarde. A eso de las 10.00 llegaron las dos amigas. Les di dos besos bastante efusivos y no pudieron disimular la sorpresa al ver las ropas que llevaba mi mujer. Empezamos a cenar. La verdad es que mi mujer apenas paraba en la mesa mientras yo departía con sus amigas, el vino también estaba corriendo de forma abundante de forma que ellas estaban cada vez más contentas y mis manos iban cayendo en sus piernas y espaldas de forma cada vez más continuada. A todo esto ellas estaban bastante extrañadas con el comportamiento (y ropas) de mi mujer pero a medida que se fue desarrollando la noche se les fue pasando.

Al terminar de cenar (ellas más que contentas con el vino) nos pusimos los tres en el sofá mientras que le decía a mi mujer que fuera acabando en la cocina. Para entonces tenía abrazadas a las dos de forma cariñosa y estábamos semi-estirados en el sofá. En esta postura de forma natural fuimos apretándonos mutuamente. No hay nada como dos mujeres bebidas y en celo total que al final casi se pelearon para empezar a besarme. Empecé a pegarle un morreo a las dos mientras mis manos empezaban a pasar por encima de las tetas. Ellas iban mirando de forma nerviosa hacia la cocina pero la situación las estaba excitando sobremanera y parecían no dispuestas a perder la oportunidad de obtenerme, algo que siempre habían querido (mi mujer me lo había confesado alguna vez). Aparte la competición entre ellas hacía que intentarán adelantarse a la contraria. Así, aunque mirando hacia la cocina, habían empezado a sobarme la polla por encima del pantalón.

Yo por mi parte ya les había levantado la falda y les masajeaba el coño por encima de las bragas. Estaban a cien. Les dije: -Bajaros las bragas. -¿Y si viene tu mujer? Respondieron casi al unísono. -No os preocupéis, en cualquier caso siempre podéis bajaros las faldas si viene. Se miraron y medio nerviosas, por no quedar detrás de la competidora, se quitaron las bragas tan rápidamente como pudieron. Le froté el clítoris a cada una de ellas. Ambas tenían el coño supermojado. Para entonces ya me habían desabrochado totalmente el pantalón y me estaban empezando a pajear. Como no me habían bajado el pantalón no estaba totalmente cómodo. Les dije_ -Voy a ponerme algo más cómodo, seguidme. Pasamos por delante de la cocina, yo con el pantalón semi bajado y ellas sin bragas.

-Ahora tumbaros en la cama y quitaros la ropa, la primera tendrá premio. A pesar de que podia venir mi mujer los celos hicieron que se quitaran la ropa tan rápido como pudieron y les empecé a chupar el coño a las dos. Gemían como verdaderas putas. Obviamente mi mujer las podía oir. En esto paré, mi táctica habitual, y también dijeron: -¡No pares! -Aquí las cosas se piden por favor. -Por favor, no pares. -¿A qué estarías dispuesta por que siguiera. -A lo que sea. -Poneros de espalda. y les tapé los ojos con una venda y les até las manos a la espalda, y esta vez puse la cámara para grabar.

Cogí la que me más me gustaba el culo y empecé a metérsela. Ella se quejó pero la amenacé con dejarla con la otra y no se quejó. Seguí follándola. Mientras le dije a la amiga que esperara con la boca abierta y la lengua fuera, que no se tragara la saliva. Me gusta ver como babean.

En esto decidí que era el momento de llamar a mi esposa. Cuando llegó el espectáculo era tremendo. Tenía a sus dos amigas atadas y boca abajo. Una de ellas tenía la boca abierta y ya estaba babeando y a la segunda le estaba abriendo el culo a conciencia. Pero ella ya estaba totalmente en su papel y solo dijo:

-¿Que desea mi señor?

Sus dos amigas escucharon sorprendidas pero no dijeron nada. Una no podía, tenía que tener la boca abierta y la otra estaba demasiado preocupada por mis embestidas.

-Quiero que me chupes el culo mientras me follo a tu amiga.

Ella obedeció sin rechistar.

Cuando estuve a punto de correrme la saqué de su culo y la metí en la boca de la amiga. -Chupa polla, ¿te gusta el sabor del culo de tu amiga? Vaya par de putas. Y me corrí en su boca.

Continuará…

Autor: Pervertido

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Leticia y una fría mañana de julio

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara, tenía la conchita bien húmeda, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire, mientras él le mordía las tetas a ella me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga.

Una y mil veces pensé que los relatos que leía en la web eran inventos, pero como dicen, siempre hay una primera vez. Soy una mujer de 29 años, vivo en la capital de Argentina. Mi nombre es Leticia y estoy casada desde hace cuatro años con Ariel, soy alta, rubia y grandota, mis medidas son 105-70-100 y hasta este hecho que he decidido contarles mi vida sexual era activa, pero muy normal.

Todo comenzó una fría mañana de julio, me dirigía a mi trabajo en el centro. Ya en el subte, logré sentarme, cosa bastante complicada por la mañana, lo cierto es que desde que subí, me llamó la atención una mujer que estaba sentada a mi lado, era una cara conocida, pero no lograba recordar de donde. Llegó la estación donde debía bajarme y esta mujer, se levantó y bajó en la misma estación que yo. Mientras intentábamos salir por el molinete la miré fijo a los ojos, intentando reconocerla, al mismo tiempo ella me sonrió y saludó.

– Hola Leti, ¿cómo estás, tanto tiempo? La mire intrigada… – ¿No te acordás de mí? – Soy Clara, la hermana de María Juárez, ¿te acordás?

Ahí reaccioné, María Juárez era amiga mía de la época del secundario, y esta mujer, que me había intrigado durante todo el viaje, era su media hermana, era mucho más grande que nosotras, pero un par de veces había salido con nosotras en aquellas épocas del secundario, Clara tenía ya cuarenta y dos años, pero realmente no los aparentaba.

– ¿Cómo estás? Pregunté sorprendida por su imponente presencia, estaba vestida con un traje azul que le sentaba muy bien. – Muy bien, me parecías conocida cuando subiste, pero pensé que vos ni te acordabas de mí. – Como no me voy a acordar, que fue de la vida de María. – Se casó, hace un par de años y se fue a vivir a Costa Rica. – Mira que bien, y vos en que andas. – En nada fuera de lo común vengo a trabajar, pero discúlpame, ahora estoy bastante apurada porque llego tarde, pero si querés un día nos juntamos y charlamos.

Nos pasamos los teléfonos y cada una siguió su camino, no entendía que era exactamente lo que me había pasado, pero como nunca en la vida me había sentido atraída por una mujer, Clara despertó en mí una sensación hasta aquí inédita. Esa noche, al tener sexo con Ariel me excité muchísimo imaginando a Clara entre nosotros, y gocé de un orgasmo maravilloso. Al día siguiente tenía ganas de llamarla, de verla otra vez, pero la verdad es que no me animaba, así que dejé pasar el tiempo, una semana después, estando en el trabajo, me pasan una llamada, y era ella.

– ¿Hola Leti? Soy Clara, ¿te acordás? – Si, por supuesto… – Bueno, si querés nos encontramos, tomamos algo y charlamos. – Dale…

Nos encontramos, a las siete de la tarde en un bar céntrico, y estuvimos charlando hasta casi las diez de la noche, nos contamos muchas cosas de nuestras vidas, y la pasamos muy bien, yo, volví a sentir la misma atracción que la mañana aquella en que nos encontramos. La charla fue muy amena, hasta que se puso… digamos que un tanto caliente. Clara me preguntó:

– Y tu matrimonio, ¿cómo va? – Muy bien, la verdad que con Ariel encontré el paraíso. – ¡Bueno! Contame como es. – Tiene 26 años, es alto y no es para ser fanfarrona, pero, ¡es muy lindo! Nos reímos y de pronto, Clara dijo algo que me excitó mucho. – ¡26 años! ¡Que bombón! Lo bien que te debe tratar en la cama, ¡un bebito te buscaste! – Si, pero además de eso es un muy buen tipo. – A bueno, entonces déjamelo ver, porque debe ser de mentira. – Si querés, venite a comer a casa algún día. – dale.

No se bien por qué, pero lo cierto es que ese diálogo, me dejó bien calentita, a tal punto, que esa noche como estaba sola en casa, me hice un pajita deliciosa, ya no tenía dudas, quería que Clara entre en mi cama, me la imaginaba entre Ariel y yo, y volaba de calentura. Lo cierto es que un día arreglamos y vino a comer a casa, cuando entró, noté como Ariel la miraba y eso me gustó, Clara era casi tan alta como yo, pero de medidas más suaves, aproximadamente 95-60-100, tiene un cuerpo muy lindo y armónico que llama la atención enseguida, es morocha y súper simpática. Clara me acompañó a la cocina para ayudarme con la comida, apenas quedamos solas me comentó lo siguiente:

– ¡Que bien guardado te lo tenías! Que lindo es Ariel, la verdad debes ser la envidia de todas tus amigas.

Me hice la tonta y le cambié el tema, creyendo que todo era producto de mi imaginación y de la sensación que me generaba tenerla en mi casa y el deseo que despertaba en mí. Todo transcurrió dentro de lo normal, comimos y charlamos de nuestras de vidas, de su media hermana, de mi trabajo, del trabajo de Ariel y de cosas por el estilo. La noche cambió radicalmente cuando ya instalados en el sillón y charlando de la vida Ariel tomó la posta de las preguntas:

– Y vos Clara, ¿estás casada, en pareja, divorciada, a que club perteneces?

Clara, con cara de pícara contestó:

– Al club del placer. – ¿Y como es eso? – Es un club en el que haces lo que querés, cuando querés, con quien querés… y está muy bueno. – A qué te referís con lo que querés…

Yo observaba la situación y escuchaba atenta, estaba increíblemente excitada, y ni siquiera sabía de qué se trataba realmente.

– Me refiero, a que si me gusta un hombre, lo busco, si me gusta una mujer, la busco…

Me quedé asombradísima, y notaba en la cara de mi marido, la expresión de calentón que lo distingue.

– Debe estar bueno… -dijo Ariel. – Es hermoso, y mucho más hermoso cuando lo que imaginas lo haces realidad. – Me imagino – acoté temerosa y excitada como estaba.

Clara me miró fijo y casi obligándome a responderle me preguntó:

– ¿Qué te imaginas? Contanos. No recuerdo como hice para juntar coraje, pero lo junté… – Imagino tantas cosas… – Contame, no me dejes así… – me dijo Clara. – La verdad, me intrigas… desde que te vi, te imagino en la cama entre Ariel y yo…

La cara de mi marido era espectacular, lo notaba muy excitado, y yo no podía creer lo que había dicho. Clara, no dijo nada, solo nos miró y avanzó sobre el sillón donde yo estaba sentada, se acercó hasta mi boca y me dio un beso hermoso, suave y caliente. Su lengua entró y salió de mi boca, y me estremeció. Mientras me besaba comenzó a acariciar mis tetas, haciendo hincapié en mis pezones, que estaban durísimos. Yo me dejé llevar, dejé que me toque toda, comencé a tocarle las tetas, cuando paramos de besarnos, Clara miró a Ariel, que se estaba tocando, después depositó su mirada en mí y me preguntó:

– ¿Y si le hacemos mimitos?…

Nos acercamos a Ariel, Clara le dio un beso de lengua, y se agachó hasta su verga, la sacó y me pidió que entre las dos chupáramos esa pija. Ariel volaba de calentura, tenía la verga durísima, y entre las dos besamos primero la cabeza y después Clara se la introdujo toda en su boca, Ariel tiene una verga hermosa, de unos 18 centímetros y bastante gruesa, la chupábamos un ratito cada una, de vez en cuando nuestras lenguas chocaban y nos besábamos, poco a poco nos fuimos quitando la ropa…

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara y verlos me calentaba sobre manera, tenía la conchita bien húmeda y caliente, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire para respirar, entonces mientras Ariel le mordía las hermosas tetas a Clara me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, ¡que delicia!

Chupaba y metía sus deditos en mi jugosa concha, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga, estaba tan caliente que no aguantaba más, sentía que estaba por acabar en cualquier momento y Clara chupaba mi conchita con toda su lengua y con cuatro dedos me tocaba todo mi interior, estaba por acabar cuando Ariel me llenó la boca de leche, acabamos casi al mismo tiempo, mientras mi conchita chorreaba Clara no paraba de chupar, tuve un orgasmo hermoso, unos minutos después, Ariel, con su pija parada todavía, comenzó a penetrar a Clara, se movía lenta, pero firmemente sobre Clara, no tardó mucho mi amiguita en acabar, gritó como loca con la pija de mi marido adentro.

Apenas acabó se la pidió por la cola, Ariel, que ama el sexo anal, le dio vuelta violentamente, Clara metió su mano en su concha y se lubricó la cola con sus juguitos vaginales, Ariel apoyó en ese culo hermoso la gruesa cabeza de su pija y la insertó de una, comenzó un bombeo infernal en el culazo de Clara, me acerqué a la boca de Clara y volvió a chuparme la concha mientras su culo se comía la pija de mi marido. Clara volvió a acabar, esta vez desesperadamente, Ariel sacó su verga y me la puso en mi conchita, duró un par de minutos y me volvió a llenar de leche calentita, cuando la sacó, Clara se la limpió con la lengua y quedamos exhaustos, besándonos entre los tres.

Fue la noche más hermosa de mi vida sexual, desde esa noche, necesito a mi marido y a una mujer en mi cama, adoro los tríos, con Clara lo hicimos algunas veces más, ahora estamos a la búsqueda de una mujer que sienta lo mismo que yo, entre tanto con Ariel seguimos teniendo sexo maravilloso, aunque en mi interior creo que para lograr el placer máximo necesito además de la hermosa pija de mi marido una conchita para chupar y para ver como Ariel la coge. Espero que les haya gustado este aspecto de mi vida, espero sus comentarios. Un beso a todos.

Autor: Rocio

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