Patricia y su Ñieto, algo Inesperado

Bueno, lo que les contare fue la confesión de mi amiga patricia, ella tiene 61 años cumplidos, una mujer trabajadora y dedicada a su familia, con malas relaciones incluyendo a su ex marido, tiene dos hijas la mayor, Andrea y la segunda Manuela. Pero lo que contare se centra en el Hijo de Andrea, Andres que actualmente tiene 19 años. Todo empezó una mañana cuando Andrea tenia que ir a su trabajo le pidió a su madre que bañara a su hijo por que ella no tenia tiempo. Bueno Patricia se tenia que bañar también y llevo a su nieto a la ducha para bañarlo, hasta que sonó el teléfono, y ella se puso de lado en la tina para hablar, en ese momento andres le dijo.

Abueli, le paso el jabón por la espalda,

ella le contesta, si andy hazlo

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Mi papá y yo nos enamoramos

Mi papá y yo siempre tuvimos una relación distante. Sin razón aparente, simplemente, durante la mayor parte de mi adolescencia, no conectábamos. Muchas veces percibía que él no podía relacionarse bien conmigo debido a que yo era un joven poco masculino, y a pesar de que no había mencionado mi atracción hacia los hombres a la familia, era muy evidente para todos y no existía duda al respecto.

Mi padre, por otro lado, era un hombre muy masculino. Papá y mamá me tuvieron de muy jóvenes, por este motivo, a mis veinte años, ellos se encontraban apenas por los 42. La relación de ambos siempre fue buena ante mis ojos, sin embargo, una vez que cumplí 21, tomaron la decisión de separarse. Para evitar la participación de abogados, y no complicar aun más las cosas, llegaron a un acuerdo: cada mes tendría que pasar una semana en casa de papá. No era algo que me entusiasmaba mucho, debido a nuestra poca cercanía, pero lo positivo era que en su casa tenía más libertad. Un par de ocasiones llevé a chicos que conocía a través de aplicaciones y teníamos sexo en mi habitación. El jamás se enteraba, o al menos, eso pensaba yo.

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Beso discreto

Día duro de exámenes y después partido de fútbol durante cuatro horas con excelentes resultados, el equipo de Daisuke ganó pero él estaba agotado de todo el día, y que mejor recompensa que refugiarse en los cuidados y mimos del amado

Fué a casa de Ken para recuperar energías, pero antes pidió usar el baño para darse una ducha reconfortante, los padres de Ken trabajaban en ese momento y a él no le importó

– Claro que no, puedes usarlo, no hay problema, mi casa es tu casa, puedes usar hasta mi ropa -. Respondió Ken con una sonrisa
– Gracias, realmente apesto a sudor y no es sano para mi

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Mis Hermanas y Yo I

 

Amor Filial Hetero, Hermana y Hermano. En mi infancia, como todo niño, tuve demasiada curiosidad por el sexo, mi familia estaba conformada por: papá que era Piloto de Aviación, mamá era Profesora, tres hermana dos mayores que yo, y la menor que es por la que cuento mi historia,  en la actualidad tengo  62 años y mi hermana 59.

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Sexo sin Límites (Parte II)

Hetero, Romántico, Polvazo. Ahora es mi turno para poder comentar cuales fueron mis experiencias en ese mismo día. Sé que es muy extenso y que la parte más excitante está abajo, pero me tenéis que permitir la licencia de contarlo todo pues es el comienzo de una nueva era para mí y es muy importante. Os prometo no escribir tan largo y tendido las futuras veces que me centraré más en todo lo sexual que es lo que queremos compartir con vosotros y que seguro que os va a gustar mucho.

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Por fin llegó el momento

Durante muchos años Mary y yo habíamos sido buenos amigos… Inicialmente como compañeros de trabajo y luego como amigos que ocasionalmente se escribían a la distancia. Sin embargo llego un momento en el que las conversaciones eran tan seguidas que la confianza fue aumentando llegando a adentrarnos en pláticas de una profundidad inusual para un par de amigos. Nos contábamos hasta las aventuras más íntimas que ambos teníamos con nuestras respectivas parejas, finalizando siempre nuestras conversaciones con un rubor extremadamente alto en la cara e incluso llegando a provocarme algunas erecciones secretas.

Así transcurrió algún tiempo hasta que nuestras palabras comenzaron a dirigirse a supuestos sucesos que pudieran ocurrir entre nosotros, cosa que, frecuentemente, llegaba a encenderme la lívido… Eso trajo como consecuencia que nos diéramos cuenta poco a poco las muchas cosas y preferencias que teníamos en común… Parecidas fantasías, gustos sexuales semejantes, igual forma de apreciar el amor y el romanticismo y hasta los mismos problemas maritales… En fin… Llegamos a la conclusión que habríamos sido una pareja ideal si la vida hubiera cruzado nuestros caminos con más anterioridad.

Nos imaginábamos como sería estar juntos, las cosas que haríamos, las formas de satisfacernos uno al otro… Eso a su vez,  dio paso a una mutua exploración de nuestros cuerpos,  gustos y sentimientos… Exploración que llevamos a un nivel superior cuando comenzamos a compartirnos fotos… Fotos que podían ser muy normales y comunes como la imagen de su rostro sonriente hasta las fotos más eróticas en las posiciones más sugerentes. No teníamos límites en lo que le solicitábamos al otro. Esto hizo que entre nosotros afloraran sentimientos mutuos de los cuales no hablábamos mucho porque sabíamos la implicación que tenía para ambos ese tema. Llegamos a un punto de nuestra “relación”, en el que queríamos y necesitábamos estar juntos pero el trabajo y nuestras familias no nos permitían hacer un viaje a encontrarnos para desahogar ese sentimiento desbordado de pasión que llevábamos reprimido. En una ocasión ella y su familia vinieron a mi ciudad a pasar unos días de vacaciones y tuvimos la oportunidad de encontrarnos en el mismo hotel donde estaban alojados… Los nervios me desbordaban y al tenerla frente a mi no me contuve y la sorprendí con un beso en los labios… Nos fuimos a una zona apartada y aprovechando la penumbra de la hora estuvimos conversando y nos pudimos dar algunos besos, roces y caricias. Lamentablemente el lugar no se prestaba para nada más, además de los nervios que tenía de que su esposo bajara y nos consiguiera en aquella situación, aunado a que yo tenía el tiempo bastante limitado.

Luego de esa vez solo nos pudimos ver una vez más, en mi carro,  en la cual pudimos descargar un poco la tensión de estar juntos y logramos compartir un poco más nuestros besos, caricias, risas y conversaciones… Sin embargo estos encuentros solo lograban ponerme más desesperado por estar con ella… Así, después de mucho tiempo hablando con Mary por todas las vías posible… email, msm, whatsapp, teléfono, chats… y de conocer todos nuestros sueños, deseos, anhelos, historias, problemas y felicidades, había llegado el gran día de llevar nuestra relación a un nivel más alto…

Mi esposa haría un viaje fuera del país por unos días, era la oportunidad perfecta para viajar hasta su ciudad y desahogar toda esa pasión y morbo que ambos teníamos retenidos durante tanto tiempo… Luego de un viaje de cuatro horas en auto, llegue al lugar en el que habíamos acordado encontrarnos… Un café bastante discreto donde podíamos conversar y relajarnos primeramente. Al entrar al sitio ya ella se encontraba esperándome. Cuando la vi mi corazón dio un brinco de emoción. Me senté a su lado y simplemente me quede mirándola. Es una hermosa mujer de piel clara, pelo negro abundante perfectamente bien peinado, y delicadamente maquillada, de mirada picara, sonrisa amplia y sensual de esas que enamoran, vestía una blusa ligera con un pequeño descote que permitía ver parte de su busto pero dejando el resto a mi incansable imaginación, aunque ya me había deleitado con ellos en infinidad de veces en las fotografías que habíamos intercambiado. Cuando salí de mi letargo y logre articular palabras me acerque a su oído y le susurre…

– Hola muñequita, que hermosa estas

Y ella me contestó como siempre lo hacía…

– Hola novio…

Seguidamente le di un beso en los labios que me pareció lo más delicioso de la vida… Pedimos un café y estuvimos conversando de cosas variadas, de vez en cuando intercambiábamos caricias y roces pero siempre tratando de ser discretos… Teníamos mucho de qué hablar después de tanto tiempo sin compartir un tiempo así juntos en persona… Luego de un buen tiempo conversando, comencé a desviar la conversación hacia el tema por el cual estábamos allí sentados uno al lado del otro.

Acordamos ir a un lugar que ella ya había averiguado, un lugar discreto y apropiado para lo que queríamos. Salimos del lugar, se subió a mi auto y nos fuimos rumbo a un pequeño y discreto hotel de playa a las afuera de la ciudad. En el trayecto casi no hablamos, supongo que los nervios y la emoción del momento nos aturdían. Llegamos al hotel e inmediatamente pasamos a la habitación. Al entrar, yo la deje pasar delante de mí y me quedé viendo su cuerpo que tanto había deseado y soñado poseer y para cerciorarme que aquello que me estaba pasando no era un sueño… Cerré la puerta y y ella se giró hacia mi. En ese momento  pude darme cuenta que yo no era el único que estaba nervioso en aquella habitación… Sin embargo su sonrisa y su mirada tenían una sensualidad única que me encendían. Nos acercamos y nos dimos un abrazo y pude sentir aquel aroma a mujer bonita que me dejo embriagado… Luego nos dimos un beso como siempre habíamos querido darnos. Apasionado, sensual, suave, profundo, lleno de sentimientos y sin presiones, nuestras lenguas danzaban juntas mientras que mis manos acariciaban el rostro más bello que he conocido, metía mis dedos en su pelo y jugaba con él, tocaba sus hombros, brazos y finalmente sus senos. La mezcla de excitación, nervios y el frío de la habitación, habían hecho que sus pezones se marcaran por encima del sostén e incluso de la blusa y pude sentirlos con mis manos. Luego acaricié la piel de su pecho suave como la seda que el descote me permitía y deje colar un poco los dedos dentro de él. Ella pícaramente me susurro…

– Te gustan?

– Me encantan…

– Las quieres?… Me dijo buscando provocarme

– Muero por ellas… Le contesté sin pensarlo

De inmediato se separó un poco de mi y de un solo movimiento se sacó la blusa quedando en brassier lo cual produjo un sobresalto en mi corazón…  Me miró a los ojos mordiéndose el labio inferior y me dijo:

– Son tuyas… Ven por ellas…

No me aguante un segundo más y me abalancé sobre ellos besándolos mientras mis manos buscaban por su espalda para liberarlos de su encierro… Cuando estuvieron libres me pegué a ellos como un desesperado lamiéndolos besándolos, mordiéndolos, pellizcándolos, apretándolos. Sus pezones se habían endurecidos y estaban erectos, desafiantes, incitándome a que los hiciera míos… La emoción no cabía en mi pecho y sus suspiros y gemidos me decían que ella también lo estaba disfrutando… Me tomó la cabeza y me subió a su altura volviéndonos a besar ya esta vez más apasionadamente. Nuestras manos jugaban con el cuerpo del otro. Completamente desenfrenados… De pronto nos calmamos y nos reímos mirándonos fijamente a los ojos, era un sueño de años hecho realidad estar allí los dos juntos…

Se volvió a acercar a mí y comenzó a desabrochar mi camisa al mismo tiempo que me besaba el pecho y susurraba palabras llenas de deseo. Sentía su respiración en mi pecho. Al terminar lanzó lejos mi camisa y sus manos se encargaron de soltar el pantalón el cual cayó al piso dejándome en ropa interior. Comenzó a bajar sus besos hasta que llegó al abdomen y allí la detuve.

Ella quedo un poco sorprendida de que la detuviera en ese momento ya que sabía lo mucho que yo anhelaba tener su boca allí. Me miró a los ojos extrañada y con una mirada de picardía le hice entender que no era el momento… que antes tenía algo para ella.

Efectivamente, la tome de los brazos y la lleve al borde de la cama donde nos seguimos besando y acariciando al mismo tiempo que mis manos se deshacían de su pantalón… Sentir directamente la piel de sus piernas fue una sensación divina… Mientras la besaba, iba acariciando sus piernas y glúteos con una mezcla de amor, pasión, lujuria y morbo. Pellizqué su barbilla con los dientes, bajando las manos por su cuello, deteniéndolas cuando llegue a la parte baja de su espalda. Luego la hice caer lentamente en la cama dejándola acostada con las piernas colgando… Volví a admirar su cuerpo semidesnudo el cual estaba a mi merced… Estaba que explotaba, casi no resistía el impulso de lanzarme sobre ella y poseerla como un endemoniado, pero hice un gran esfuerzo y me resistí a caer en la tentación ya que tenía mucho tiempo para hacer todo lo que quisiera más adelante… Ahora tenía en mente algo que siempre había querido…

Baje lentamente y rocé con mis dedos su vulva aun cubierta por un pequeño hilo dental… estaba caliente y podía sentir su humedad a través de la tela. Ella cerraba los ojos y reclinaba su cabeza hacia atrás para contener los escalofríos que recorrían su cuerpo tras cada toque de mis dedos… Hice a un lado la ajustada tela blanca y allí estaba… Perfectamente depilada, con tres provocativos lunares que siempre había querido ver en persona… Luego de haberla visto cientos de veces en frías fotografías, por fin podía apreciar su calor y humedad… Quería comérmela… Lamerla… Penetrarla, pero no…Le saqué la bluma lentamente, le di un pequeño beso y sin más me levanté… La rodeé, me acerque a su oído y le pedí casi en un susurro

– Te masturbarías para mí?

Instantáneamente pude ver la sangre subir por sus mejillas y tuve el temor de haberme excedido en mi solicitud… Ella cerró los ojos y me dijo en voz baja:

– Por ti hago lo que sea y con mucho placer… Solo te pido una cosa…

– Dime… Le dije un poco sorprendido

– Al final necesitare algo… Ayúdame en el momento que te lo pida… Traje una sorpresa para ti

– Ok… Contesté aparentemente tranquilo pero con el morbo y la curiosidad a toda marcha.

Mientras yo me colocaba en primera fila en un sillón al frente de la cama para observar el espectáculo, ella volvió a cerrar los ojos y su mano izquierda comenzó a acariciar su propio rostro como si necesitara encenderlo, mientras su mano derecha frotaba sus senos, lenta, muy lentamente… Su cuerpo se contorneaba ligeramente a la vez que halaba y pellizcaba delicadamente sus pezones una y otra vez… Luego su mano bajo lentamente hasta posarse sobre su entrepierna y la frotó suavemente… Seguidamente abrió sus labios vaginales con sus dos manos… Eran preciosos… Su interior rosado y totalmente húmedo exigía mi atención…

Con una mano mantuvo la abertura mientras que con la otra comenzó a frotar su clítoris al tiempo que me decía.

– Te gusta??? La deseas???

– La deseo con locura…

– Pues es para ti, siempre lo ha sido y está esperando por ti

En ese momento la punta de uno de sus dedos involuntariamente se humedeció con los fluidos que manaban de su vagina… Ese mismo dedo lo llevo al clítoris y lo frotó con fuerza… Se mordía los labios por las oleadas de sensaciones que estaba experimentando en ese momento, ya que aunque lo había hecho en repetidas ocasiones, nunca había tenido público mirándola y queriendo participar del espectáculo de esa manera. La mezcla de excitación, sensaciones físicas, morbo, y un poco de vergüenza, la estaban llevando lejos…. Comenzó luego introduciendo un dedo en su vagina… al rato dos… tres… hasta que entre gemidos y suspiros logro colar cuatro dedos en su ya dilatado orificio vaginal. Su cuerpo se doblaba por la excitación, sus gemidos eran casi gritos… Me decía lo mucho que me deseaba dentro de ella… En ese momento tuvo un primer orgasmo que la hizo soltar un gemido que fue increíblemente excitante para mí.

Mi pene estaba a punto de reventar… Ya se asomaba por fuera del interior y como si lo que estaba viendo no era suficientemente fuerte, cuando su cuerpo se relajó, me pidió que sacara algo que tenía en su cartera…

Me quede en una sola pieza y con la boca abierta cuando abrí el bolso y vi un brillante consolador de color negro… Esa había sido una de mis fantasías, verla penetrarse en persona, ya que en fotos y videos me había complacido en varias ocasiones… Esto se estaba poniendo aun más interesante y solo estábamos comenzando…

El consolador en cuestión este tenía unas dimensiones bastante inusuales… Yo diría que era solo para mujeres exigentes…

– Guaaaoooo… esto no me la esperaba… Dije completamente sorprendido

Volteé a verla y ya tenía sus piernas levantadas y abiertas dejando su vagina expuesta directo hacia mí… Allí me pidió con voz entrecortada:

– Penétrame por favor… Quiero sentirlo bien profundo…

Mi cerebro iba a explotar… Me acerque a ella casi dando traspiés me coloqué entre sus piernas a escasos centímetros de su orificio… Ella bajo las piernas dejando reposar sus pies sobre mis hombros… Coloque el consolador en su entrada… Podía sentir como se aceleraba su respiración casi tanto como la mía… lo froté varias veces a lo largo de su vagina para empaparlo en los jugos que no dejaban de fluir de su entrada… Lo presioné un poco lo cual abrió su vagina, provocándole un largo y profundo suspiro que se hizo interminable mientras yo hundía aquel grueso aparato en sus adentros… Cuando ya estaba suficientemente dentro, comencé a sacarlo y meterlo suavemente, lento pero aumentando cada vez más la velocidad. Al mismo tiempo comencé a frotar su clítoris hasta llevarla a un estado de descontrol total de su cuerpo y sus gemidos, induciéndola  en un profundo orgasmo que le hizo doblar su espalda hacia arriba apoyando con fuerza sus pies en mi y apretando mis manos con sus muslos. Sus ojos cerrados, todos sus músculos contraídos y un interminable suspiro fueron el reflejo de que estaba teniendo un orgasmo muy intenso…

Cuando logré reaccionar pude ver que el consolador estaba completamente empapado en flujos transparentes… De inmediato lo saque de su vagina… Me quede contemplando cómo le palpitaba… Parecía tener vida… y hambre también… Parecía tener ganas de seguir comiendo… El olor que emanaba de ella era sublime… fuerte… Olía a sexo… A hembra en celo… No aguante la tentación y lleve mi cara muy cerca de ella y respiré ese aroma… ese calor… Solo me faltaba probar su sabor… Pegué mi boca justo en la entrada de su vagina y la penetré con mi lengua todo lo que pude lamiendo todo aquel flujo maravilloso que rodeaba su sexo. Luego subí a su clítoris y lo comencé a lamer con fuerza mientras mi dedo índice entraba en su vagina buscando aumentar su excitación si  es que eso era posible. Mi lengua jugueteaba con su clítoris haciendo que ella gimiera y susurrara palabras inteligibles del placer que sentía. Seguidamente cambié por el pulgar el dedo en su vagina y mi dedo índice lo introduje suavemente en su apretado ano .. Al rato me pidió que fuera mi lengua la que la penetrara y así lo hice… Como si se tratara de un pequeño pene mi lengua comenzó a entrar y salir de su húmeda vagina sin descanso… sin pausas… y sin sacar mi dedo de su trasero el cual parecía gustarle… Aproximó sus dedos al clítoris y comenzó a masajearlo a la vez que yo le daba lenguetazos por dentro y fuera de su cuca… La sentía estremecerse y gozar… Estaba gozando tanto que sus flujos comenzaron a salir nuevamente y escurrían por sus muslos… Gemía… Jadeaba… Se sentía el temblor en sus piernas… Quiso parar las caricias en su clítoris pero yo me apoderé de él con mi boca y volví a penetrarla con dos de mis dedos buscando estimularla aun más… Yo quería llevarla al éxtasis total… Sabía que estaba cerca… Aceleré mis movimientos con mi boca hasta que un fuerte gemido se apodero de su cuerpo y de inmediato supe que estaba teniendo otro orgasmo… Ella trató de separarme pero no lo permití e incluso aceleré aun más mi trabajo en el mismo  momento de su llegada lo que la hizo contonearse toda por unos segundos que parecieron eternos.

Cuando por fin logró reponerse levantó su cara hacia mí y pude ver que estaba enrojecida, sudada, parecía estar transportada a otro mundo… Pero con una sonrisa de satisfacción increíble… Su mirada un poco perdida me daba la aprobación de haber realizado un buen trabajo… Extendió ambos brazos hacia mi pidiéndome en silencio que me acostara a su lado cosa que hice de inmediato… Me tomó de la cabeza y me dio un beso increíblemente divino haciendo que compartiera con ella el sabor de sus flujos que aun tenía en mi boca… Hurgó en mi boca con su lengua apasionadamente sin soltarme de sus manos… Al terminar separó sus labios de los mío y me dijo en voz baja:

– Amor… Eso fue increíble… Jamás había tenido unos orgasmos tan intensos como estos… Gracias!!!

Solo logré responderle con una sonrisa y un pequeño beso en los labios

Pero mi intensión era que no se enfriara su cuerpo… Quería aprovechar ese calor y la electricidad que recorría su cuerpo para que las siguientes sensaciones fueses aun más intensas…

Se dice que la última frontera del placer sexual es el orgasmo y que más allá no hay nada sino empezar de nuevo para volver a sentir ese placer supremo una y otra vez. Pues yo estaba decidido a llevarla nuevamente hasta allá así que aproveche la posición boca arriba en la que había quedado y me deslicé hasta sus pies y comencé a darles un suave masaje que más bien parecían caricias… Ella permanecía con los ojos cerrados pero su sonrisa me indicó su complacencia… La cual se transformó en asombro y placer cuando mi boca atrapó el dedo pulgar de su pie derecho… Lo introduje en mi boca y comencé a hacerle una pequeña felación, cual si de un pene se tratara lo cual provocó que sus ojos se abrieran casi desorbitados cosa que me encendió aun más y pase a lamer y chupar el resto de sus dedos unos tras otro y pasando de un pie al otro.

Así estuve unos minutos mientras ella retorcía sus piernas por las sensaciones que estaba percibiendo en ese momento… Luego fui bajando hasta su tobillo frotando mis labios y lengua  sin detenerme, pasando por la zona trasera de su rodilla y la cara interna de sus muslos… Subí abriendo sus piernas mientras besaba y lamía su vientre, pechos cuello hasta llegar a sus labios los cuales tomé para mí y poseí como un completo enamorado… En ese momento ya mi pene estaba frente a su vagina… El roce de ambos órganos nos hizo estremecer a los dos y ella se sintió sorprendida cuando hice una pequeña presión buscando que mi amigo de toda la vida encontrara el camino de nuestra felicidad… Mary se soltó de mi boca y me susurró al oído…

– Aun no… Quiero mamártelo…

A lo cual yo respondí con un empujón aun más fuerte que aunado a la abundante humedad aun presente en su entrada vaginal hizo que mi pene entrara una buena porción arrancándole un suspiro que le salió del alma clavando su mirada en mis ojos y sus uñas en mi espalda… Me mantuve inmóvil unos segundos que me parecieron una eternidad… Luego, literalmente me deslicé hasta el fondo de su vagina sin ningún obstáculo que me detuviera… Volví a detenerme para sentir su calor y su humedad y ella comenzó a contraer sus músculos internos generando una increíble sensación de calidez y presión sobre mi pene… Era divino… Al cabo de unos instantes comencé a entrar y salir suavemente a lo cual ella respondió con unos suaves gemidos de placer que aumentaban según yo aceleraba y profundizaba mi labor… Acarició mi espalda, yo la bese apasionadamente… Ambos estábamos transportados al paraíso… Las sensaciones nos invadían y desbordaban simultáneamente… Cuando soltaba mi boca sus gemidos se hacían cada vez mas fuertes, intensos y acompasados con el ritmo del vaivén de mi cadera… De pronto sentí que comenzaba a mover la cadera y pensé que estaba queriendo imponer un ritmo propio pero luego me di cuenta que su cuerpo se estaba erizando, sus ojos se cerraron con fuerza y sus manos en mi espalda me halaron con una fuerza inusitada como queriendo introducirme completamente dentro de ella… Yo aceleré la penetración y en mi pecho, pude sentir lo duro que tenía sus pezones, en ese momento que me abalancé contra ellos y los lleve a mi boca…. Justo en ese momento sus gemidos se interrumpieron para dejar salir un grito sordo que salía de lo más profundo de su ser… Yo no dejaba de bombear y chupar sus pezones mientras su espalda se arqueaba por los espasmos que el placer le producía… Justo allí no pude aguantar más y descargué toda mi leche dentro de su vagina afincándome contra ella como queriendo llegarle hasta más allá de donde no podía… Sentía que no tenía pene sino una viga de acero… El mundo se paralizó durante un segundo infinito y gritamos al unísono tratando de liberar ese animal que llevábamos reprimido dentro de nuestro ser… Mi tensión se liberó de un solo golpe mientras que la respiración entrecortada de Mary me decía que aun su orgasmo la tenía poseída… No sé cuanto tardó en recuperar la conciencia tras aquel orgasmo… Lo que sí es cierto es que nunca había visto a una mujer disfrutar tan plenamente su clímax… Me sentí complacido conmigo mismo… Al cabo de unos segundos caí a un lado de ella y nos abrazamos riéndonos de pura picardía y satisfacción.

Así nos quedamos inmóviles unos minutos, abrazados, sintiendo nuestros cuerpos, nuestra piel, nuestro calor y nuestras almas más unidos que nunca… Me levanté de la cama a pesar de su molestia y fui al baño para asearme… Al estar allí Mary me alcanzó y mientras me duchaba se quedó sentada lavándose sus partes íntimas y descargando aquello que yo le había dejando generosamente muy dentro de su vagina… Al salir de la ducha pasé al frente de ella y me detuvo con su mano… Tomándome de la toalla me dijo:

– Para ver… Que llevas allí?

Trató de soltarla pero se lo impedí y con un rápido movimiento me alejé de ella dejándola atrás en el baño y saltando de una vez a la cama… Pude escuchar vagamente sus protestas reclamándome por no haberla pero en un instante puede ver su figura completamente desnuda aparecer en la habitación dirigiéndose a la cama conde me encontraba bajo las sábanas

Se hizo un espacio a mi lado acurrucándose como buscando calor a lo que yo correspondí dándole un cálido abrazo quedándonos inmóviles los dos.

Al cabo de unos minutos mi mano derecha comenzó a acariciar su hombro y a hacerle pequeños roces tratando de estimularla y de activar sus sentidos que al parecer estaban aun un poco aturdidos… Ella se sonrió y comenzó a mover su cuerpo levemente dándome la señal de que le gustaba y que estaba entrando en calor nuevamente… Se volteó hacia mí y mirándome de frente me dijo:

– Ahora es mi turno de hacerte feliz…

Comenzó besándome los labios, mejillas, orejas, cuello… Las descargas eléctricas que estaba sintiendo en ese momento, eran tremendas y todas iban directo a mi zona baja… Siguió alternando besos y lamidas en el pecho mientras su mano derecha iba bajando a la vez que acariciaba mi abdomen hasta llegar a su destino final… Aun tenía puesta la toalla así que introdujo su mano a través de ella y se apoderó de ese trozo de carne que por tanto tiempo había deseado tener para ella… Lo presionó con fuerza como tomándole las medidas y el peso… Los nervios se sentían en su mano pero parecía estar disfrutando la textura de la piel… De pronto de un solo movimiento cambió la posición de su cuerpo colocándose ligeramente agachada a un lado de mi pierna derecha y comenzó a acariciar mis piernas y pies… Luego volvió a subir y me beso apasionadamente en los labios ahora acariciando mi pene por encima de la gruesa tela como queriendo torturarme… Parecía no tener prisa… Más bien parecía tener todo el tiempo del mundo… Yo estaba que quería “algo más” y le pedí que me hiciera feliz con su boca a lo cual ella se negó en silencio con una sonrisa de picardía… Comenzó a bajar de nuevo hasta mi ombligo mientras sus manos seguían acariciándome muy despacio… Luego que le volví a rogar, ella bajo muy lentamente y le dio un suave mordisco a mi pene por sobre la tela… Unos segundos después lo sacó de su encierro para encontrarse cara a cara con él… Su sonrisa era incontenible… Lo estuvo masajeando un rato… retrayendo el prepucio con su blanca manito casi como un juego… Sin quitarle la vista ni un segundo… Finalmente terminó  de soltar la toalla para enfrentarse a mi cuerpo completamente desnudo… 

En ese momento ya mi pene había tomando suficiente consistencia y esta hermosa mujer lo tomó con su mano, para orientarlo directo a su boca… Comenzó a lamer el tronco suavemente por cada lado, con movimientos de abajo hacia arriba… Luego se dirigió a mis testículos introduciéndose uno a la vez en su boca y ejerciendo una succión suave provocando en mí una sensación eléctrica profunda… Luego pasó su lengua desde la base del pene y de vez en cuando frotándola en esa zona mejor conocida como “nies” que tanto nos gusta a los hombres por ser tan sensible… Todos estos movimientos solo pretendían aumentar mi excitación antes de dirigir su caliente boca hasta una zona más sensible… La cabeza  hinchada de mi pene…

Cuando sus labios rozaron esa piel rosada todo mi cuerpo comenzó a vibrar al compás de los pequeños golpecitos que me daba con la punta de su lengua… Me dio unos ligeros mordiscos que alternaba con lamidas las cuales provocaban un estallido monumental en mi mente… Por fin sentí sus labios envolver la punta de mi pene y luego continuar tragando lentamente el tronco, sentía estar penetrando su vagina ya que ella sabía muy bien ejercer presión con los labios, mover su lengua cual serpiente en celo y combinar con un movimiento de entrada y salida a un ritmo bien lento… Era increíble… Me sentía en el paraíso… Su boca era una funda caliente y húmeda hecha a la medida perfecta de mi pene. En ese instante ya mi pene tenía una erección completa… Lo que hacía que mi adorada Mary luchara infructuosamente por introducir mis 19 centímetros de carne en su boca incluso forzando su garganta.

De vez en cuando sus manos ayudaban a estimularme y a aumentar mi placer sosteniendo con una mi pene y con la otra masajeando mis testículos, sumando sensaciones simultáneas… Luego durante un rato se dedicó a darme placer solo a través del glande… La punta de la lengua comenzó a bordearlo una y otra vez hasta detenerse en el frenillo lamiéndolo de arriba a abajo y a veces lamiendo el orificio y tratando de introducir la lengua ligeramente en él, zona esta que me produce grandes sensaciones… De pronto mi mente se tornó más ociosa y me solté de ella y le pedí que se sentara reclinada del espaldar de la cama… Me acerqué y coloqué mi cuerpo frente a ella dejando mi pene justo frente a su boca, la cual abrió al verme tan cerca recibiéndolo casi hasta el fondo de su garganta… Me tomo por mis glúteos y yo comencé una danza de entrar y salir casi como si la estuviera penetrando por la vagina sin poder moverse ya que su cabeza estaba pegada al espaldar de la cama…  Su boca era genial y esta posición en la que estábamos dejándola indefensa hizo explotar mi mente… Estuvimos un rato así hasta que yo mismo me solté y caí tendido hacia atrás  quedando mi pene nuevamente a su merced… Casi se alzó sobre mí apoderándose de él con su mano derecha y su boca nuevamente lo hizo desaparecer… La combinación de sus manos, boca, cabello, gemidos y una que otra palabra desbordada de deseo me hizo sentir que se aproximaba una nueva eyaculación lo cual parecía que era su intención de ya que comenzó a introducirlo bien profundo en su boca y a aumentar el ritmo… Pareció darse cuenta de lo que se aproximaba ya que su mano comenzó a moverse con más velocidad a lo largo del tronco y sacándolo de su boca solo un par de segundos para observarme con esa mirada de morbo que combinada con su sonrisa me volvían loco… Su largo pelo caía sobre mi vientre, testículos y piernas y con cada roce por el vaivén de su cabeza generaban más sensaciones de placer que me torturaban… La tomé por la cabeza aplicando un poco de fuerza como queriendo que no se fuera, cosa que no era para nada necesario ya que ella estaba completamente extasiada y excitada con su labor… De pronto llegó el momento… No me pude contener más… Ella percibió esta sensación y lo soltó solo para decirme:

– Quiero tu leche en mi boca… Quiero tragarla toda…

Esas palabras terminaron de desquiciarme porque era algo que había deseado por mucho tiempo… De pronto sentí que toda mi energía salía disparada a través de mi pene hacia aquella divina boca que la estaba recibiendo con mucho placer y gusto… Y sin hacer el menor asco se tragó toda mi esperma sin dejar escapar una sola gota… Yo estaba alucinando… Mis músculos se contraían y ella tragaba y tragaba toda la leche que salía de mi hinchado pene… De hecho, una vez acabado, comenzó a succionarlo buscando extraer hasta la última gota de semen, dejándolo completamente limpio…

Cuando mi cerebro logró reaccionar, me di cuenta que se había quedado recostada encima de mí con su cara a la altura de mi abdomen… Me acariciaba sutilmente con la punta de sus dedos mi flácido pene que había quedado vacío y agotado pero yo estaba en un estado de satisfacción total… Sin embargo esas pequeñas caricias estaban llegando justo a mi cerebro como descargas de electricidad que me estaban encendiendo… ella se volteo a verme y lentamente fue subiendo y se acostó a mi lado para decirme al oído con una voz entre inocente y viciosa:

– Espero que eso no sea todo lo que tengas para mí

– Por supuesto que no… Le dije… Solo déjame recuperarme unos minutos y tendrás lo que siempre hemos querido

Acto seguido se fue contra mí y tapó mi boca con su boca, con su lengua, besándome con enorme pasión pero a la vez con ternura y una cierta dulzura… Coloco su cuerpo sobre el mío moviéndose con erotismo, tratando de que nuestros cuerpos se sintieran uno al otro en toda su desnuda extensión. No había necesidad de hablar… Para que hablar?? si nuestros cuerpos estaban hablando con ansias y lo expresaban muy bien en total silencio en aquella habitación donde solo se escuchaban suspiros, gemidos y jadeos de inmenso placer. El roce de su piel contra la mía estaba encendiendo nuevamente mi excitación… Mis manos recorrían su pelo, espalda, piernas y finalmente la tomé de los glúteos y los apreté con fuerza, pegándola aun más de mí…  Uno de mis dedos logró hurgar en su orificio vaginal lo cual provocó un estremecimiento en todo su cuerpo. Mi pene, que también estaba tomando cuerpo nuevamente, hacía presión contra su vientre y ella restregaba su cuerpo contra él buscado que alcanzara un mayor tamaño.

Después de un largo, dulce y húmedo beso, Mary se dejo caer a un lado quedando sentada a mi lado, aun con la respiración agitada y yo con las palpitaciones cardíacas bastante aceleradas… Nos miramos a los ojos como dos enamorados y nos sonreímos sin decir una palabra. Bajó la vista y miro mi casi erecto pene… Lo tomó en sus manos y me masturbó suavemente presionándolo de vez en cuando con la palma de su mano y una vez que estuvo totalmente inhiesto bajo su cabeza y le dio unas cuantas lamidas y chupadas para “lubricarlo” un poco y se subió sobre mi llevando ella misma mi verga hacia su vagina y deslizándola  completamente dentro de sí. Apoyó sus manos en mi pecho y cuando lo sintió golpeando el fondo de su vagina arqueó su cuerpo hacia atrás y tomó una bocanada de aire que le llenó completamente los pulmones… Casi de inmediato se incorporó de nuevo y comenzó a mover sus caderas en un movimiento circular el cual me pareció divino e increíblemente caliente… Ese movimiento de rotación lo comenzó a alternar con movimientos de subida y bajada muy muy cortos a la vez que presionaba mi pene con los músculos  internos de su vagina… Mis manos tomaron sus senos los cuales se balanceaban frente a mí al ritmo que ella misma les imponía… Los presioné con fuerza… Me encantaban… Eran de buen tamaño y bastante firmes…Ella sabía que siempre me habían enloquecido sus senos… Sentí que sus pezones me pedían que los chuparan y los complací con fuerza a lo que Mary respondía con gemidos de placer y lujuria, tanto así que comenzó a violarse con un ritmo casi frenético pero sin perder el control. El sonido combinado de  su cuerpo chocando contra el mío y el chapotear de mi pene nadando en sus flujos parecía hacerla enloquecer. Casi de inmediato tuvo otro orgasmo que la dejó paralizada con la espalda recta, la cabeza reclinada hacia atrás y los ojos cerrados mordiéndose los labios. Yo quería hacerla estremecer aun más así que tome el control y continué dándole a pesar del poco espacio que me dejo para ello… Esto la enloqueció ya que no se lo se esperaba, lo que hizo que se lanzara sobre mi pecho casi como queriendo fundirse conmigo…

Cuando por fin sus músculos se relajaron, comprendí que el éxtasis había terminado y me detuve… Pero yo aun quería más… Dejé que reaccionara un poco y me zafé de ella colocándola en cuatro en el borde de la cama

Solo me dijo:

– Me vas a matar!!!!

No respondí absolutamente nada… Me coloque detrás de ella y sin la menor contemplación le coloqué mis 19 cm de carne hasta el fondo de su vagina la cual recibió con mucho agrado ya que sus blancos flujos la tenían completamente lubricada y caliente… Comencé a darle una tremenda cogida tomándola por las caderas y embistiéndola con fuerza sin dejar nada fuera…

Así le estuve dando mientras que ella ya no gemía sino que daba gritos de placer mientras me pedía que le diera más… que no parara…

Al cabo de unos minutos en esa posición ella misma se soltó de mí tumbándose en la cama para luego girarse boca arriba… Yo la tomé por las piernas y las levanté hasta que sus talones se apoyaran en mis hombros… No hubo necesidad de apuntar mucho… Ya mi pene parecía conocer el camino, así que volví a penetrarla y seguí cogiéndola con fuerza y haciéndola gritar una vez más…

Así estuvimos cambiando de posiciones durante un buen rato… Le abrí las piernas y se las lleve hasta el pecho… La puse boca abajo acostada completamente en la cama mientras la penetraba casi aplastando su trasero y su cuerpo… Se volvió a sentar encima de mi pero esta vez dándome la espalda… En fin, nos complacimos mutuamente en  todo lo que se nos pudo ocurrir…

Caímos exhaustos, sudados, sonrientes, felices… Mary había tenido un par de orgasmos más… era increíble la facilidad con que llegaba… Nos volvimos a besar pero esta vez no con desesperación sino como una pareja de enamorados satisfechos… Entre esos besos de lengua y caricias ella me dijo algo que yo esperaba escuchar y que ella en muchas ocasiones me había prometido… Fue sublime e increíblemente erótico y excitante escucharla decir…

– Quiero que me penetres por detrás… Sabes que me gusta mucho y siempre he deseado sentirte bien profundo en mi trasero

Solo alcance a balbucear:

–  Siii…. Sabes que muero por hacértelo!!!

Debido a lo generosa que la naturaleza fue conmigo en lo que se refiere al pene, no sabía hasta ese momento lo que era disfrutar del sexo anal más allá de meter, a duras penas, la cabeza en el imposible ano de mi esposa… Así que, como era de esperar, me sentía entre emocionado y nervioso cosa que ella percibió de inmediato y tratando darme confianza me dijo que lo iba a disfrutar al máximo y me pidió que la dejara darme una buena mamada para relajarme, cosa a la que por supuesto accedí con mucho gusto…

Me recosté en la cama y ella se apoderó de mi verga pero yo me fui colando debajo de ella y quedamos en posición para hacer un 69… Mientras Mary me hacía una increíble felación que me dejo aun más erecto, yo lamía su húmeda vagina, mordía sus labios, metía mi lengua en su entrada, lamía su clítoris y comencé a acariciar suavemente su orificio anal haciendo círculos alrededor de él hasta que le introduje la punta del dedo índice y seguí hasta que lo tuvo dentro por completo… Comencé a frotar su clítoris con una mano sin dejar de meter y sacar el dedo que tenía en su trasero… Su respiración fuerte me indicaba que su excitación iba en aumento… Unos minutos después, cuando se sintió lo suficientemente excitada, se levanto, fue a su cartera y sacó un tubo de lubricante que había traído “por casualidad”, colocándose una generosa cantidad en su entrada trasera…. Volvió a la cama y poniéndose en cuatro, de espaldas a mí me dijo…

– Soy toda tuya… Quiero tu pene en mi trasero

Me levanté como impulsado por un resorte… Me coloque detrás de ella… Le restregué mi pene entre sus nalgas y por sobre los labios vaginales… Ella contorsionaba un poco su cuerpo… Luego apunté mi pene a su deseado orificio y lo presioné un poco al tiempo que ella tomaba una respiración profunda como esperando lo que le venía… Para mi sorpresa, la cabeza entró sin ninguna dificultad a pesar que su respiración se agitaba un poco… Evidentemente no había dolor… Me quedé allí unos segundos inmóvil y luego seguí mi camino hacia sus adentros… Mary estaba con los ojos cerrados y enmudecida… Solo se escuchaba su respiración mientras mi pene invadía su recto centímetro a centímetro hasta que la mitad estuvo dentro… En ese momento ella volteó su cabeza hacia mí para verme… Mi cara debe haber sido un poema ya que me miró, se sonrió y me hizo una pregunta de la cual ya ella conocía la respuesta…

– Te gusta?

– Es increíble la sensación… Le respondí

– No te muevas, déjame hacerlo a mí

Dicho eso, comenzó a moverse suavemente de adelante hacia atrás empujando mi verga más y más adentro de su apretado culo… Yo no me movía, solo disfrutaba mientras observaba como mi pene iba desapareciendo hasta que no quedó nada fuera… Cuando sintió que sus nalgas pegaban de mi cuerpo, presionó mi pene e hizo unos movimientos de una manera que pensé que me iba a hacer llegar en ese momento… Que locura era esa sensación, que divinos sus movimientos, que ajustado y caliente se sentía.

Yo necesitaba retomar el control sino iba a explotar apenas comenzado a disfrutar aquel momento, así que la tome de la cintura comencé a entrar y salir de ella en un ritmo que poco a poco fui aumentando y que Mary agradecía con gemidos, contorsiones de su cuerpo y una que otra frase que le salía como:

– Siiii… Asiiiiii…. Dame así… Me gusta… No pares por favor, no pares. Mételo más, mételo mássssss!!!!!

A lo que yo obedientemente accedía y lo empujaba hasta donde no había más para meterle… Así seguí y seguí dándole, de pronto me reclinaba sobre ella y la tomaba por los senos…. Luego bajaba mi mano y frotaba su clítoris dándole una rica masturbada o la tomaba por los hombros y se la empujaba bien duro en ese rico culo que se estaba tragando todo mi verga… Yo estaba extasiado y disfrutando al máximo aquel momento cuando ella de pronto arqueó su cuerpo, soltó un gemido y apenas logré escuchar cuando me dijo:

– Me vengo, me vengo, me vengooooo!!!!!!

Yo seguí penetrándola sin parar mientras ella parecía vaciarse en un orgasmo increíble e interminable…

Cuando por fin se relajó, ella misma se soltó de mí desvaneciéndose sobre la cama…

Un minuto después ella se incorporó y se fue al baño a asearse y yo me fui tras de ella a lo mismo… Yo entré a la ducha y ella se quedó en el bidet… Cual fue mi sorpresa cuando al salir vi, a Mary recostada del lavamanos mirándose al espejo, obstaculizándome el paso con su culo … Al tratar de pasar por detrás de ella hizo un rápido movimiento de cintura hacia atrás … Obviamente su intención era la de buscarme y que allí mismo la volviera a hacer mía… Me pegué de su espalda y le recosté mi pene de su trasero a lo cual ella respondió con unos movimientos adelante y atrás buscando ponerlo totalmente erecto… Luego de unos besos y mordiscos en su cuello mientras mis manos masajeaban sus ricos senos y absorbía su aroma, mi pene logró una dureza suficiente para comenzar el trabajo que se le estaba solicitando… Enfilé mi verga hacia su vagina pero no era eso lo que Mary estaba buscando… Levantó su pierna para darme una mejor vista de su trasero y facilitar el trabajo que ella quería que le hiciera… Rápidamente me ordenó que me olvidara de aquello diciéndome:

– No, no, no… Lo quiero en mi trasero

Ante aquella orden no pude menos que buscar su trasero, el cual permitió la entrada de mi pene sin ningún reparo… Allí estuvimos haciéndolo de pie frente al espejo el cual yo aprovechaba para ver la cara de morbo que ella ponía al sentirse atravesada de esa manera… Realmente disfrutaba el sexo anal… Le encantaba sentir ese carnoso pene dilatándole el culo.  Yo me fui animando cada vez más y se lo hacía con más fuerza agarrándola de las caderas  y embistiéndola mientras ella se sostenía con una mano y se masturbaba con la otra, de esta manera parecía que el placer anal se multiplicaba hasta el infinito.

Luego de unos minutos nos dirigimos nuevamente a la habitación lanzándose a la cama quedando boca arriba y frente a mí… Yo permanecía de pie al lado de la cama con ganas de más… Pude ver su rostro sudado y enrojecido pero sonriente… Me miró dulcemente a los ojos y me preguntó:

– Quieres más??

– Quiero todo, mientras tú me lo quieras dar!!!! Le dije

Dicho esto, alcanzó una almohada, la puso debajo de su trasero, levantó sus piernas y me dijo:

– Mi trasero también quiere más… Esta hambriento y quiere tu lechita!!!!

No puede articular una sola palabra… Solo me acerqué a ella, apunte nuevamente mi pene a su entrada trasera, presioné un poco y se deslizó toda la cabeza con poca dificultad… Luego me acomodé y presione más hasta que ya no se veía nada de mi pene… Durante esos segundos estuvo con los ojos cerrados y los labios apretados… Una vez que la sintió dentro, abrió sus ojos y me miró con una media sonrisa pidiéndome en silencio que la hiciera gozar… Comencé a penetrarla suavemente pero sin detener mi ritmo, la tomé de los muslos mientras ella se apretaba con fuerza los senos y halaba sus pezones… Así estuvimos unos minutos  hasta que recordé que Mary me había comentado en una ocasión que nunca había tenido sexo anal cabalgándolo, así que me acerque a su oído y, sin detener mi cadera, le susurre que la quería encima de mí.

No lo pensó ni un segundo y me dijo que también lo quería… Así que  me tendí en la cama con las piernas extendidas, se subió de frente a mí, tomo ella misma mi pene y lo dirigió a su ano que seguía lubricado y lo presionó con el peso de su propio cuerpo y no se detuvo hasta que lo sintió completamente dentro de si… Luego se inclinó sobre mi pecho, me dio un beso muy apasionado y sin quitarme la mirada de encima comenzó a moverse lentamente metiendo y sacando mi pene a su gusto, al ritmo y a la velocidad que más le hiciera gozar… La tomé de la cintura ayudándola a subir y bajar poco a poco Su trasero apretaba mi verga haciéndome gozar como nunca y lo mismo me decían los gestos de su cara así como sus gemidos…

– Podría estar así todo el día, y toda la noche haciéndolo contigo… Me dijo…

Me incliné un poco hacia adelante y tome con mi boca uno de sus senos y con mis manos sus nalgas las cuales apreté como buscando más espacio para mi verga dentro de su hambriento culo… Esto pareció encenderla más ya que aumentó el ritmo de sus movimientos mientras me decía que no parara, que se los chupara, que la apretara, que la poseyera con fuerza… Esa palabras me enloquecieron, así que unos minutos después me solté y la tendí boca abajo justo en la esquina de la cama con las piernas colgando y el trasero abierto hacia mí… Me incliné sobre ella, sus nalgas estaban completamente separadas, comencé a lamerle tanto la vagina  como el clítoris y el orificio anal, sorbía sus flujos y la penetraba con mi lengua para dejarla bien húmeda.

Ella enloquecida me decía:

– Ya, ya… Penétrame yaaaa… hazme tuyaaaa… ya, ya por favorrr!!!!!

Cuando consideré que tenía suficientemente lubricado el trasero y totalmente enloquecida la mente, me incorporé y perforé nuevamente ese rico culito que tenía frente a mí… Esta vez no hubo contemplación… la penetré con fuerza… Sin pausas… Una y otra vez… Le di un par de nalgadas… Y ella decía:

– Si, así dame duro… Házmelo con fuerza… Me encanta tu pene!!!!

Mi cuerpo se aplastaba completamente contra el suyo en cada embestida, luego volvía a salir casi por completo y entraba nuevamente con fuerza hasta el fondo lo cual Mary agradecía con gemidos, escalofríos y orgasmos múltiples que le inundaban el cuerpo una y otra vez…

Esa posición era espectacular… Podía penetrarla profundamente, podía acariciar su cuerpo, podía ver sus reacciones, podía darle todo el placer que ella quisiera… Pero llegue a un punto en el que mi orgasmo estaba cerca y no podía aguantar más… Me afinque contra ella tomándola por la cintura, arqueando mi cuerpo hacia atrás y metiéndole todo mi pene hasta lo más profundo de su ser… Descargué todo mi esperma en sus intestinos haciéndola gritar con un nuevo orgasmo que tuvo al sentir que estaba corriéndome dentro de ella… Fue increíble… Sentí que me desvanecía por completo… Que mi energía y todo mi ser salía de mi cuerpo en esa eyaculación… Desee que aquello durara eternamente… Podía sentir las contracciones que la llenaban de gozo y cómo sus músculos tensos apretaban mi pene con una fuerza inmensa. En mi, el orgasmo eran ondas que se expandían por todo mi cuerpo dejándome las piernas flojas y la mente perdida… Esos increíbles segundos quedarían grabados en mi recuerdo y seguramente serían motivo para largas y placenteras sesiones de masturbación al ser rememoradas en el futuro.

Cuando volví en mí, me deje caer sobre ella besándole la espalda sudada, la nuca, las orejas, aspirando y embriagándome con su olor a hembra en celo mezclado con sudor y orgasmos. Finalmente cuando mi pene perdió su fuerza y salió de su trasero, me coloque aun lado de ella y nos besamos dulcemente, totalmente agotados pero a la vez totalmente felices, extasiados y satisfechos.

Así estuvimos alrededor de 20 minutos disfrutando de esa sensación de placer que sabíamos que no se nos iría jamás… Disfrutando de las sensaciones que acabábamos de vivir, así como de su respiración muy cerca de mí, de sus dedos en mi pelo, de sus piernas rozando las mías…

A mi mente llegó en ese momento una pregunta que me atemorizó… ¿Como la iba a sacar de mi mente de ahora en adelante después de aquellas hora vividas en la habitación de aquel hotel? Ya era parte de mí y yo era parte de ella.

Una vez más mis labios se pegaron a los suyos… Los mordí… Mis manos recorrieron su cuerpo… Mi lengua reclamó la suya y ambas se fundieron en un último beso y abrazo que no queríamos que terminara y que no terminaría jamás a pesar de la distancia que estaba a punto de separarnos una vez más.

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Amar Haciendo El Amor (III)

Aquí tenemos el final de una serie de relatos que comencé a publicar en febrero de este año. Aunque la segunda parte se publicó solo dos meses después de la primera, esta tercera parte ha demorado bastante. Aún así, espero que quienes hayan conocido las dos primeras partes y querían leer el desenlace sigan por aquí. Y para todos aquellos que no lo han leído y quieran saber de que va la historia, aquí les dejo el link para la primera y la segunda parte:

Amar Haciendo El Amor (I)
Amar Haciendo El Amor (II)

Amar haciendo el amor III

Froto mis ojos antes de acomodar mis brazos sobre el pupitre y mi cabeza sobre ellos. Me siento extrañamente cansado. He estado soñando con Víctor durante varios días, siempre en las mismas circunstancias. Siempre que sucede eso despierto muy cansado, como si realmente me hubiera pasado la noche entera teniendo sexo con Víctor.

-Te dije que estaría aquí -oigo decir a una voz conocida.

Volteo la mirada hacia la puerta de mi salón, y tal como lo sospeché al oír la voz se trata de mi amigo Miguel, acompañado de Samuel. Los dos entran al salón en el que me encuentro (en el cual solo hay además de mí unos cuantos compañeros más que decidieron quedarse en el salón después de que nos anunciaran que el profesor no se presentaría).

-¡Hola! ¿Cómo estás? -pregunta Miguel mientras se sienta de lado en la banca frente a mí y Samuel hace lo mismo en la que está al lado de la mía.

-Hola -le regreso el saludo, y luego, creyendo que no tiene sentido fingir añado-: Algo cansado, pero bien.

-¿Por qué cansado? -pregunta Samuel mientras se balancea sobre su banca.

-No he podido dormir bien -contesto.

-¿Tiene que ver con Víctor? -pregunta Miguel.

Volteo a ver a mi amigo totalmente confundido. ¿Por qué él piensa que tiene que ver algo con Víctor? No puede imaginarse lo que ha estado pasando cada noche en mis sueños, ¿o sí? Aquello es sencillamente impensable, inimaginable.

-¿Por qué tendría que ver con Víctor? -le pregunto mientras intento mantener una expresión neutral, aunque por dentro siento como el miedo me invade completamente.

-Porque no te has juntado con nosotros desde el día en que tú y Víctor se fueron a “platicar” -me contesta Samuel, con un leve énfasis en la voz que hace que me confunda aún más.

-Eso solo es coincidencia -les contesto mientras cierro los ojos por un momento para bostezar-. Solo es que he estado algo ocupado.

-¿Seguro? -inquiere Miguel.

Veo a mis dos amigos con atención. Sus expresiones me parecen extrañas. Estoy acostumbrado a verlos divertirse, a verlos reír con chistes o incluso a sus caras de excitación cuando cuentan sus aventuras. Nunca los había visto como en este momento: molestos, preocupados.

-Por supuesto que estoy seguro -respondo-. ¿Qué les sucede a ustedes?

Mis amigos se lanzan una mirada de complicidad antes de que Miguel me conteste.

-Israel, Víctor no tiene derecho a hacer lo que se le venga en gana -me dice Miguel con la rabia tiñendo su voz-. Si te hizo algo lo mejor es que nos lo digas ahora.

-¿Hacerme algo como qué? -pregunto yo. Aquello si me confunde totalmente. ¿Qué demonios piensan mis amigos que pudo haberme hecho Víctor?

-Israel, aunque no lo digamos ya la mayoría de nosotros sabemos que eres gay -comenta con mucho tiento Samuel.

-¿La mayoría de ustedes? -contesto mientras siento que los colores se me suben a la cara. Aquello no puede ser cierto. ¡Si eso es algo de lo que no estoy seguro siquiera yo!

-Bueno, no puedes esperar que por ejemplo Juan y Alfredo se den cuenta -contesta Miguel mientras pone los ojos en blanco-. Vamos, si ni siquiera se dan cuenta cuando le gustan a una chica. Uno tiene que ser el que se los ande diciendo.

-Dejémoslo en que Miguel y yo lo sabemos -agrega Samuel-. Creo que los demás si no lo saben por lo menos lo sospechan. Digo, tampoco se necesita ser un genio para darse cuenta que no te gustan las mujeres.

Bajo mi cabeza abochornado. ¡No es posible que los demás ya se hayan dado cuenta de aquello que a mí me ha tomado tanto tiempo aceptar!

-No tienes nada de que avergonzarte Israel -me dice Miguel mientras me toma del brazo-. Eres gay, ¿y qué? No por eso dejas de ser nuestro amigo.

Siento un terrible arrebato de agradecimiento hacia Miguel. A pesar de que no suelo charlar mucho cuando estoy con ellos, me doy cuenta que entre nosotros sí ha crecido un lazo que nos une.

-Sin embargo, el que seas gay no le da derecho a Víctor de hacer lo que se le venga en gana -añade mi amigo.

Aquello me vuelve a confundir. ¿De qué demonios está hablando Miguel? Volteo a verlo solo para ver su expresión de molestia y preocupación nuevamente. Miro a Samuel buscando alguna explicación, pero él solo me mira perspicazmente, como si estuviera esperando alguna reacción de mi parte.

-¿De qué hablan? ¿Qué creen que me hizo Víctor? -inquiero mientras miro uno al otro alternativamente.

-Víctor se las puede dar de muy machito -contesta Miguel-. Pero yo sé bien que ese wey se tira a cualquier cosa que se mueva y tenga un agujero para penetrarlo. Pero si cree que contigo puede hacerlo solo porque eres gay está muy equivocado.

-¡Santo cielo! ¿En qué están pensando? -grito debido a la sorpresa, al mismo tiempo que me pongo de pie. ¿Cómo es que Miguel sabe aquellas cosas sobre Víctor? Dudo que él se lo haya contado, ya que a mí me dijo que no quería decírselo a ningún otro de los chicos.

-¿Te ha hecho algo relacionado con eso Israel? -me pregunta Samuel mientras él y Miguel se ponen de pie también.

-Porque si es así ahorita voy y le parto toda su madre -expresa Miguel mientras golpea una de sus manos con la otra.

-No, no, no -niego-. De verdad Víctor y yo jamás… ¿Cómo se les ocurre?

-¿Entonces por qué quería estar solo contigo? -inquiere Samuel perspicazmente.

-Quería que habláramos -respondo-. Sobre la chava que le gusta. Creía que yo era el que mejor podía entender su situación.

Mis amigos parecen relajarse ante aquella respuesta.

-Bueno, entonces no es tan idiota como creíamos -comenta Samuel mientras asiente distraídamente.

-Sí, la verdad es que yo también te buscaría a ti si se tratara de hablar sobre enamoramientos -opina Miguel-. Sin embargo, eso no explica porque desde ese día has estado evadiendo reunirte con nosotros.

-Ya les dije que he estado ocupado -contesto con una sonrisa-. Pero intentaré dejar que mis deberes ya no me absorban tanto. No es bueno también que pase tanto tiempo solo y sin amigos.

-Eso espero wey -me dice Miguel mientras me da un ligero golpe en el hombro-. Bueno, de todas formas me alegra haber aclarado las cosas. Sobre todo teniendo en cuenta que mi impulso inicial había sido ir a golpear directamente a Víctor.

-Y si yo no le digo que mejor primero habláramos contigo sí lo hace -comenta Samuel para después reírse-. Bueno Israel, entonces te dejamos. Cuídate y nos andamos viendo.

Miguel se despide chocando su mano contra la mía, aunque Samuel me da un abrazo. Uno de esos abrazos raros donde más parece que chocas contra el otro que otra cosa, pero el gesto es lo que importa. Mis amigos se marchan, dejándome nuevamente solo. Una vez que se fueron me doy cuenta de algo tremendamente cómico y comienzo a carcajearme. Mis amigos estaban enfadados porque creían que Víctor había hecho algo que yo me moría porque hiciera, y que sin embargo no había hecho más que en mis sueños.

——❤——

El tiempo corre de una manera extraña para mí últimamente. Los días me parecen eternos, sobre todo debido al cansancio que me produce no dormir bien por las noches. Sin embargo, al pensarlo, me parece sorprendente que hayan pasado quince días desde que habíamos hablado Víctor y yo sobre su enamoramiento, pues esas dos semanas se me han pasado volando. Extrañamente mis días son más largos que mis semanas.

-Israel -oigo una voz frente a mí.

En ese momento me doy cuenta que Víctor se encuentra justo frente a mí. Iba distraído, pero al verlo de repente ahí sonriéndome, cuando voy saliendo del baño, no puedo evitar enfocar mi atención totalmente en él.

-Ah hola -le digo. Lo único que pienso es que ojalá no me esté poniendo rojo. Porque no me sorprendería después de apenas haber visto a Víctor los últimos quince días, a excepción de mis sueños, donde estaba en unas situaciones que… bueno, es mejor que Víctor no se entere de ello, creo.

-¿Dónde te has metido todos estos días? -pregunta de repente él mientras se borra su sonrisa y un gesto de preocupación aparece sobre su rostro.

¡Qué cosas! ¿Por qué me siento más nervioso ante la idea de que él se preocupa por mí? Aquello no puede ser bueno.

-He estado ocupado -le contesto, de la misma manera en que lo hice con Samuel y Miguel.

-Ah, vaya -dice él mientras frunce los labios-. Entonces, ¿no tiene nada que ver conmigo?

-¿Por qué tendría que ver contigo? -le pregunto confundido.

-Pensé que lo habrías notado y habrías decidido echarte a correr -dice él mientras comienza a mover un pie nerviosamente.

-¿Qué fue lo que noté? -inquiero mientras siento mi confusión crecer.

Él me mira un momento detenidamente, como si buscara algún indicio de que mi reacción es fingida. Sin embargo, no hay nada que fingir. ¿Qué demonios cree él que habría notado que me habría hecho evitarlo?

-¿Entonces no dedujiste quien es la persona que me gusta? -pregunta él.

-Pensé que no la conocíamos -le digo yo cada vez más confundido.

Víctor vuelve a quedárseme viéndome atentamente. Al final parece decidir que no finjo, porque su sonrisa vuelve a surgir espontáneamente, haciendo que mi corazón dé un brinco.

-Ah, olvídalo, estoy loco -dice él-. Oye, ¿crees que podamos charlar nuevamente un rato?

-Este… tengo pendiente una tarea de matemáticas -contesto, agarrándome a lo primero que se me ocurre-. No creo tener tiempo en la tarde.

-Oh, vaya… -dice él luciendo frustrado, aunque inmediatamente recupera su confianza-. Tengo una excelente idea. Yo también tengo tarea que hacer. ¿Por qué no vienes a mi casa o yo voy a la tuya después de clases y aprovechamos para hacer la tarea y charlar?

No encuentro una razón para negarme a aquello, así que antes de separarnos Víctor logra que le prometa que nos veremos a la salida para ir a mi casa a hacer la tarea. Una vez hecho eso, él entra al baño y yo me dirijo hacia mi siguiente clase. Mientras voy por el camino no dejo de darle vueltas en mi cabeza a lo que me ha dicho. ¿Por qué creía que yo me echaría a correr al saber quien le gusta a él?

Después de un rato, se me ocurre una explicación, y la verdad me aterroriza saberlo. Si es cierto lo que me dijeron Samuel y Miguel sobre que todos sospechaban que era gay, quizás Víctor ya sabía que a mí me gustaba él. Quizás por eso creyó que yo ya no querría nada con él. Aunque si él sabía que a mí me gustaba él y a él no le importaba, tal vez podríamos seguir siendo amigos.

——❤——

Me encuentro a la salida de la escuela con Víctor, y en cuanto nos juntamos comenzamos a caminar hacia mi casa. Durante el camino se me hace fácil olvidar cualquier cosa que me preocupe sobre si Víctor ya sabe que me gusta, ya que se porta muy bromista y me hace reír constantemente. Resulta que además de los chistes sobre sexo que suele contar cuando estamos en compañía de los demás también se sabe otros igual de divertidos pero sin esa clase de contenido. Es imposible seguir tenso cuando uno se divierte de aquella manera.

-¿No hay nadie? -pregunta él una vez que entramos a mi casa y nos recibe el silencio.

-No, mis padres trabajan y mis hermanas estudian por la tarde -le contesto yo.

-Tu casa es bastante agradable -comenta él mientras entramos a la sala.

-Gracias -le respondo yo con una sonrisa.

Dejamos nuestras mochilas sobre un sillón, sacamos los cuadernos que necesitamos y aunque yo propongo la mesa él dice que porque no mejor simplemente nos tumbamos sobre la alfombra. No encuentro ningún pero, si bien jamás lo he hecho. Me pongo con los problemas de matemáticas, aunque intento hacerlos despacio pues no quiero terminarlos rápidamente y que Víctor se de cuenta de que solo buscaba un pretexto cuando hablamos en la escuela.

Sin embargo, mi reticencia resulta innecesaria. Víctor resulta ser realmente malo en matemáticas, todo lo contrario de mí, por lo que paso mucho tiempo intentando explicarle como resolver los problemas que le dejaron de geometría analítica.

-No, así no se calcula eso -digo sin poder aguantarme la risa ante un intento de resolución de un problema por parte de Víctor bastante cómico.

-¿No? -pregunta él confundido. Incluso frunciendo el ceño me parece extremadamente lindo.

-Te lo explico de nuevo -le digo con calma mientras me acuesto justamente a su lado.

Hasta que no termino de explicarle el método que debe de seguir no me doy cuenta de lo cerca que me he colocado de él. Desde donde estoy puedo ver perfectamente su perfil mientras él se concentra en su cuaderno, donde nuevamente comienza a hacer cálculos. Siento como mi corazón comienza a acelerar mientras veo sus bellas facciones y siento el calor de su cuerpo a tan solo unos centímetros del mío. Nada me costaría acercar un poco más mi cuerpo al suyo, incluso podría hacerlo pasar por un movimiento casual y así podría estar junto a él como nunca antes he estado, a excepción de mis sueños.

-Por cierto, ¿qué ha pasado con la chava que te gusta? -pregunta él justo en ese momento.

Aquello hace que pierda el hilo de lo que estaba hablando, y que la cruel realidad se imponga frente a mí. ¿De qué me serviría acercarme a él si de todas formas él va a estar pensando en alguien más?

-Lo mismo que ha pasado y pasará -le digo yo-. Nada.

-¿No te has intentado acercar a ella? -pregunta él mientras voltea a verme.

Yo evito su mirada. No quiero hablar de ello, pero supongo que no tengo alternativa.

-Voy a renunciar -afirmo tajantemente-. Creo que desde el principio siempre supe que lo haría.

-¿Por qué? -inquiere él confundido.

-Porque es más importante para mí la felicidad de esa persona que el que esté conmigo -le contesto finalmente mirándolo a los ojos.

Esa es la simple verdad. Es mucho más importante para mí verlo a él feliz que el hecho de que esté conmigo, o peor aún, a arriesgarme a la posibilidad de que él me rechace y no quiera volver a saber de mí.

-Oye, cambiando de tema -dice él con la mirada clavada en su cuaderno. Es obvio que no le presta atención a los problemas, pues empieza a rayar una de las esquinas de su libreta con garabatos-. ¿Recuerdas que te hable que me había metido con chicos gay?

¡Madre mía! ¿Acaso Víctor estaba pensando en hacerme una propuesta? Pero si él sabe que yo soy gay, o cualquier cosa que sea por estar enamorado de un chico ¿por qué me había preguntado en femenino sobre la persona que me gusta?

-Sí -le contesto con algo de reticencia.

-¿Tú crees que dos hombres se pueden realmente amar? -inquiere él finalmente.

No le contesto de inmediato, lo cual hace que él hable más.

-Mucha gente suele condenar muy feo a los gays -cuenta-. He oído que muchos dicen que los gays solo buscan sexo, pero no creo que todos busquen solo eso, ¿o sí? Es decir, también entre los heterosexuales hay quienes solo buscan sexo, pero hay otros que buscan algo más. Incluso si uno es de los que en un principio solo busca sexo puede terminar enamorándose, ¿no? ¿Por qué debería ser sustancialmente diferente entre los gays?

No sé que contestarle. ¿Sospecha algo o solo es un tema casual? Quizás es una duda que tiene desde mucho tiempo atrás, pero solo conmigo ha encontrado alguien en quien confiar para sacar esos temas a colación y no recibir burlas e insultos.

-¿Tú qué piensas? -pregunta él nuevamente ante mi silencio.

-Es un chico -contesto sin mirarlo. Las palabras surgen de mis labios sin que las haya razonado.

-¿Es un chico? -repite él confundido.

Yo inhalo profundamente mientras mantengo la mirada en el muro que se encuentra frente a los dos. Si ya le confesé la primera parte no me cuesta nada explicarle.

-La persona de la que estoy enamorado es un chico -aclaro.

-¡Oh! -es lo único que le oigo decir.

Quiero voltear a verlo para saber su expresión, pero también tengo miedo. Tengo miedo de que esa revelación le lleve a concluir que el chico que me gusta es él, y que eso implique el fin de nuestra amistad.

-Entonces supongo que tú si crees que dos hombres se pueden amar -dice él casi murmurando.

Yo permanezco con la vista clavada en el muro de enfrente. Me siento incapacitado para mirarlo, el miedo no desaparece aunque su tono de voz no suena a que este molesto o decepcionado. Más bien parece esperanzado, si soy sincero. ¿Pero esperanzado en qué?

-Israel, si tú has decidido renunciar a ese chico, quizás… no sé… podrías… fijarte en mí -dice él. Comienza con una voz fuerte y segura, sin embargo, la última parte de su discurso es apenas un susurro. Eso hace que yo no pueda estar seguro de haber oído bien.

-¿Qué fue lo que dijiste? -inquiero volteándolo a ver finalmente, mientras mi corazón comienza a acelerarse.

-Me gustas mucho Israel -me dice él mientras su rostro se acerca lentamente al mío.

No puedo creer lo que estoy oyendo. Debo estar alucinando, puesto que aquello no es posible. Es sencillamente imposible que Víctor me esté diciendo que yo le gusto a él.

Sin embargo, de pronto sus labios me demuestran que no estoy teniendo alucinaciones auditivas, puesto que se estampan contra los míos y comienzan una suave danza acompasada. El sabor de sus labios es mejor de lo que había soñado. Sin separar nuestras labios nuestros cuerpos se mueven, hasta que quedo recostado boca arriba y él encima de mí, apenas recargando su peso lo suficiente para saber que está ahí pero sin volverlo incómodo.

Cuando nuestros labios se separan aún me parece difícil de creer. Su rostro se separa un poco del mío mientras me observa atentamente, al igual que lo hago yo. Intento convencerme que seguramente estoy soñando, pero no hay nada que me lo indique de esa manera. Estoy cien por ciento seguro que no puede tratarse de un sueño, aunque lo que esté sucediendo sea increíble.

-Estoy enamorado de ti Israel -dice él mientras me mira fijamente.

-Pero yo creí… -comienzo a decir, pero él me interrumpe.

-¿Qué se trataba de una chica? No. Siempre se ha tratado de ti Israel -dice él mientras deja que sus dedos acaricien mi pómulo y mi mejilla-. Sé que parece extraño, pero eres la primera persona por la que siento una atracción que no implica solo querer coger. Cuando te veo siento algo más, algo que me atraviesa el corazón y me hace desear tenerte a mi lado, poder abrazarte y protegerte.

Siento como mi corazón se infla al escuchar esas palabras, y es que oírlas mientras veo sus profundos ojos oscuros me hace darme cuenta que está siendo totalmente sincero. Jamás lo he visto ver a nadie con esa ternura y pasión en su mirada. Siento mis ojos aguarse mientras pienso en todo lo que ello implica para el presente y el futuro.

-Claro que si tú no sientes nada por mí… -dice él mientras empieza a incorporarse.

Pero antes de que pueda hacerlo lo detengo poniendo una de mis manos detrás de su nuca.

-Eres un tonto -le digo antes de levantar mi cabeza para poderlo besar.

Cuando termino de besarlo él parece confundido. Así que decido explicarle:

-Eres tú. El chico al que pensaba renunciar eres tú.

Al principio parece que él no me cree, pero lentamente su rostro da paso a una sonrisa como nunca he visto en su rostro. Es una sonrisa de éxtasis total.

-Supongo que eso significa que tú no tendrás razón para renunciar, y yo podré estar con la persona de la que me he enamorado -dice él mientras deja que su cuerpo se pose suavemente contra el mío.

Sus labios vuelven a pegarse a los míos, pero esta vez con más fuerza, más desesperación, como si el hecho de saber que es correspondido desde hace tiempo le diese un nuevo impulso. Mi boca se entreabre para poder atrapar su labio inferior, pero él usa ese instante para meter su lengua dentro de mí, la cual comienza a entrelazarse con la mía, reconociéndose por primera vez.

Nuestras lenguas no son lo único que se está reconociendo. De repente mis manos parecen poseídas de voluntad propia mientras recorren su rostro, acariciando cada una de sus facciones, sintiendo la textura de su piel, lo rasposo de su escasa barba que vuelve a salir.

En determinado momento él hace que nos demos la vuelta, esta vez quedando yo encima de él. En cuanto estamos así él empieza a meter sus manos por debajo de mi playera, acariciando mi espalda baja y mi cintura. Mi respiración se agita al pensar que estamos solos en mi casa por horas. Todo podría pasar.

No es solo emoción lo que recorre mi cuerpo, también siento miedo. Una cosa es soñar con algo y otra muy diferente hacerlo en la realidad.

-¿Qué pasa? -me pregunta él al ver la expresión de su rostro, aunque deja sus manos sobre mi cintura.

-Víctor, yo jamás lo he hecho -le contesto atropelladamente.

Él me mira con una sonrisa tierna.

-Bueno, para mí será la primera vez que lo haré con alguien de quien me he enamorado -contesta él-. Así que podemos decir que para ambos será la primera vez.

Suelta una ligera risa para después mover sus manos y atraerme más hacia él, hundiendo su rostro en mi hombro, inhalando con fuerza, lo cual me provoca escalofríos.

-Si no quieres no tenemos que hacerlo -me dice él sin dejar de abrazarme.

Pero quiero hacerlo. Tengo miedo, pero no puedo pensar en otra cosa que desee en el mundo más que estar con Víctor. Excepto quizás estar la vida entera a su lado. Sin embargo, eso es más bien cuestión de tiempo, mientras que tener relaciones sexuales con él sería algo en el presente.

Me equivoco. No sería tener relaciones sexuales con él. Estoy convencido que aquello implicará más que eso. Con él realmente se trataría de hacer el amor.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Alguien sin experiencia puede pensar en una manera de complacer a un hombre que ha tenido múltiples experiencias con otras personas? Las dudas me carcomen. Mi única referencia es el mundo de los sueños, y no parece una buena referencia desde una perspectiva racional.

Comienzo a acariciar el cabello de Víctor con una mano y con la otra su cuello. El contacto con su piel me produce chispas que parecen encender un fuego potente, y sé que él siente lo mismo cuando sus brazos se cierran con fuerza alrededor de mi tronco.

-Quiero hacerlo -le digo mientras mis labios chocan contra su cuello, comenzando a besar y succionar levemente.

No es momento para dudas. Hacer el amor no es un acto racional, es un acto intuitivo, emocional; y como tal he decidido que me dejaré guiar por mi instinto y mis emociones. Algo en mi interior me dice que no importa que Víctor haya tenido encuentros sexuales antes y yo no, puesto que independientemente de eso como él lo ha dicho aquella será la primera vez para ambos. La primera vez que haremos el amor.

Víctor vuelve a acariciarme debajo de mi playera, esta vez llegando más arriba, tocando mis costillas y deslizando sus dedos por sobre de ellas con suavidad. Mientras tanto yo beso su cuello y la línea de su mandíbula, subiendo lentamente hasta llegar a su oreja.

Después de un momento ambos nos incorporamos a medias, yo arrodillado, todavía sobre sus piernas en tanto él se sienta. Lentamente, casi con timidez, voy levantando la playera que él lleva ese día. Él levanta sus manos para permitirme quitársela por completo, dejando a la vista su torso. No es como esos de los anuncios donde siempre usan chicos con pectorales y abdominales increíbles, es simplemente un torso que se estrecha un poco en la cintura, cubierto por aquella piel morena que me vuelve loco, donde lo único que resalta son sus tetillas por ser más oscuras que el resto de su piel. Y sin embargo, a pesar de no ser un torso de comercial, me gusta más por el simple hecho de pertenecer al chico que se ganó mi corazón sin proponérselo.

Mis manos se escurren por aquella piel que tanto me gusta. Mis pulgares juegan con cada una de sus tetillas al mismo tiempo que él cierra los ojos. Una sonrisa beatífica aparece sobre sus labios. Sé que disfruta de eso. Así que me dejo llevar, y acercándome a él pegó mis labios sobre su pecho. Beso su tetilla primero con delicadeza, para luego comenzar a lengüetearla y finalmente morderla suavemente. Mientras estoy inclinado besando su pecho, siento como él comienza a jalar mi playera por mi espalda. Cuando llega lo suficientemente arriba me jalo hacia atrás mientras estiro mis brazos, permitiendo que él me la retire por completo.

Vuelvo a besar su cuello mientras él acaricia mi espalda y hunde su rostro en mi cabeza, entremezclando su cálido aliento entre mis cabellos. No sé que me gusta más, si el sabor de la piel de su pecho, la sensación que me da su aliento enredándose entre mis cabellos o sus manos que danzan sobre mi columna y mis costillas. Tal vez no se trate de que una de esas cosas me guste más que otras, quizás se trate de una única sensación: la sensación de compartir todo eso con el chico que amo.

Amor. Una palabra muy fuerte que sin embargo sé cierta mientras mis manos se deslizan por el abdomen de Víctor, mientras hundo mi rostro en su pecho inhalando su aroma y dejo que mi mejilla se deslice por él.

En poco tiempo ambos volvemos a estar recostados besándonos. Él sigue acariciando mi espalda, pero hay algo nuevo que antes no estaba, dos durezas a la altura de nuestra entrepierna que a pesar de la ropa que hay entre ellas no dejan de rozarse. Mis manos se mueven por sus costados desde sus hombros hasta sus piernas mientras no paro de mover mi cadera en círculos, mientras que él hace un movimiento más hacia arriba y hacia abajo.

-Israel -dice él con voz ahogada cuando nuestros labios se separan.

Sus manos se deslizan por debajo de mi pantalón y mi ropa interior para acariciarme el trasero. Me recorre un escalofrío, mezcla de placer y miedo. Sin embargo, me recuerdo que he decidido dejar el miedo atrás. Beso nuevamente su cuello mientras me las arreglo para meter una de mis manos entre nuestras caderas y poder acariciar su miembro sobre el pantalón. Dejo que mi mano envuelva aquel pedazo de carne y la tela que lo rodea, y comienzo un movimiento que va desde la base de su pene hasta la punta.

-Ya no aguanto -dice él mientras me empuja hacia arriba.

Ahora me toca ponerme en cuatro. Él se pone justamente encima de mí, restregándome su paquete contra mi culo. Comienza a besarme la espalda mientras sus dedos se afanan en desabrochar mi pantalón. No puedo evitar arquearme ante la sensación que me producen sus labios deslizándose por mi espalda. Cuando al fin desabrocha mi pantalón, mete sus manos por debajo hasta poder acariciar mi pene con una mano. Con la otra me doy cuenta que se está desabrochando su propio pantalón, puesto que roza ocasionalmente mi trasero.

Al final logra desabrochar su pantalón, y baja la prenda de ambos hasta las rodillas, para empezar a frotar su pene sobre mi culo con solo la tela de la ropa interior de por medio, mientras sus manos me toman por el pecho para acariciarme las tetillas y sus labios alcanzan mi oído para besar su lóbulo.

-¿Quieres que te lo meta? -susurra en mi oreja.

-Antes de eso quiero otra cosa -le respondo.

No sé bien como lo logro, pero consigo darme la vuelta debajo de él, de manera que quedo tendido de espaldas con su entrepierna sobre mi rostro. Él comprende de inmediato mi deseo de hacer un 69, puesto que deja caer su cuerpo sobre el mío, con su bulto pegado a mi rostro. Con mis labios yo recorro la forma de su miembro que resalta debajo de la ropa interior, mientras que él imita mi movimiento sobre mis genitales.

Subo mi mano rozando su abdomen hasta llegar al elástico de sus interiores, el cual jalo hacia abajo para dejar a su pene libre. Es una visión espléndida la que se presenta ante mí: su falo totalmente erecto, con aquellos testículos colgantes por debajo. Inmediatamente hago que mi lengua pase por todo su tronco, saboreándolo como si se tratara de un helado. Con diferencia el helado más tentador de mi vida, pues no solo me hace salivar, sino hasta me parece que mi propia verga cobra mayor dureza ante la idea de encontrarme finalmente frente a frente con el objeto de mis fantasías.

Víctor mientras tanto ha conseguido levantar una de las perneras de mi bóxer, dejando con libertad mis bolas, las cuales se dedica a lengüetear con delicadeza. Llega incluso a meterse mis testículos en su boca, masajeándolos suavemente con su lengua.

Comienzo a comerme su verga mientras mis manos se deslizan por arriba de él, rodeando sus nalgas. Bajo también sus calzones por la parte de atrás, para poder acariciar aquel traserito con total libertad, sintiendo el contacto de su suave piel directamente bajo las yemas de mis dedos. Aprieto sus posaderas disfrutándolas, pues estrujarlas me da un extraño placer. Cada vez me acerco más al valle que se encuentra entre ellas, y cuando llego dejo que mis dedos se deslicen por el fondo hasta que uno de ellos topa con un pequeño botón que se contrae involuntariamente. Hago que mis dedos estimulen con cuidado los bordes de aquel agujero cerrado mientras ya su pene ocupa por completo mi boca.

Con cuidado voy presionando cada vez con mayor fuerza la entrada de su recto mientras con la boca succiono y saco su miembro. Me trago su falo casi por completo para después sacarlo hasta solo tener la punta dentro de mi boca, la cual me dedico a estimular con la lengua rodeándola e intentando meter la punta por el agujero de su uretra.

Finalmente consigo que uno de mis dedos entre en su interior. Voy poco a poco, pero puedo sentir como él se tensa y deja de besar mis testículos.

-¿Te molesta? -le pregunto tras sacar su pene de mi boca.

-Continúa -dice él con voz desfallecida. Sin embargo, entiendo que ese tono es resultado de que realmente le gusta lo que le estoy haciendo.

Chupo uno de mis dedos para hacer más fácil la tarea de penetrarlo, tras lo cual comienzo nuevamente a chuparle el pene y a penetrar su ano. Él no vuelve a la tarea de besarme los testículos, pero no me importa, pues lo que verdaderamente me gusta es sentir su cuerpo que se tensa, su respiración acelerada y su rostro restregándose contra una de mis piernas mientras suelta gemidos de satisfacción, lo cual es síntoma de que le está gustando lo que estoy haciendo.

Logro tragarme su miembro hasta que mi nariz se hunde en los vellos que decoran sus bolas y mi barbilla choca con su pubis. Por detrás, mi dedo ya logra entrar sin ningún problema por lo que cuando saco su pene de mi boca aprovecho para tomar más saliva entre mis dedos y ahora intentar introducirle dos. Oigo su gemido claro y potente cuando empiezo a penetrarlo nuevamente, pero él no me pide que pare, y yo no tengo intenciones de hacerlo.

-Basta -dice él de repente separándose de mí.

Aquello me saca de onda, pero la visión de su rostro frente al mío cuando se coloca justo encima de mí hace que me olvide rápidamente del asunto, especialmente cuando sus caderas se asientan sobre las mías.

-Sé que hace ratito quería penetrarte -dice él a pocos centímetros de mi rostro-, pero ahora creo que si esto va a hacer la primera vez de ambos quiero que sea la primera vez completa.

-¿De qué hablas? -le pregunto, aunque dentro de mí algo lo intuye y hace que mi pene gane más dureza si es posible.

-El ano es el único lugar del que sigo siendo virgen -contesta él mientras se desliza hacia abajo para poder desprendernos a ambos de lo único de ropa que nos queda.

Después de eso se dirige hacia su mochila, de dónde saca un condón que traía consigo. Me quedo tendido de espaldas mientras él me pone el condón con cuidado para después colocarse él mismo de tal manera que pueda sentarse sobre mi verga. Es la misma posición que tuve en mi sueño hace quince días, y la idea me encanta. Él toma mi falo con su mano orientándolo justo hacia su ano, y comienza a sentarse. Me recuerdo a mí mismo que aquello debe ser difícil, así que me contengo de levantar mis caderas y meterle así con fuerza mi miembro en su interior.

Él va clavándose mi herramienta poco a poco mientras intenta respirar profundamente. Cuando lleva la mitad dentro retira su mano y continua su camino hacia abajo. Finalmente logra que su culo se asiente directamente sobre mis caderas, y con ello suelta un gemido de satisfacción.

Es genial la sensación de su culito apretado, cuyas paredes presionan a mi pene por todas direcciones. Lo tomo de la cintura, sencillamente sintiendo el placer que me da la sensación de saber que estamos completamente unidos.

Víctor comienza a moverse, primero solamente su cadera en leves círculos, pero poco a poco empieza a alzar sus caderas para comenzar un movimiento de mete y saca que me transporta al paraíso. Lo ayudo de dos maneras, moviendo mi cadera hacia arriba y hacia abajo y cargando algo de su peso con mis manos en su cadera cada vez que él se levanta.

Las penetraciones parecen volverse cada vez más profundas. Sé que es físicamente imposible que mi pene llegue más adentro que lo que logramos inicialmente, pero así me lo parece. Quizás sea solo el efecto que resulta de que cuando Víctor levanta las caderas prácticamente solo queda mi glande dentro de su recto, o quizás sea la fuerza con la que comienzan a chocar mi cadera contra su trasero mientras la velocidad del movimiento aumenta. En cualquier caso aquello me hace desear tener a Víctor más cerca de mí, y lo logro pasándole mis brazos por la espalda y atrayéndolo hacia mí, hasta que su rostro queda justo frente al mío.

-Te amo Israel -murmura él antes de estamparme un beso.

En esa posición Víctor ya no puede saltar hacia arriba, pero el movimiento de nuestras caderas mantiene el mete y saca sin dificultades.

-Yo también te amo -le digo mientras entierro mi rostro sobre su hombro y lo abrazo con más fuerza.

Siento como mi placer comienza a incrementarse cuando oigo a Víctor gemir con fuerza y siento como su recto aprieta con fuerza mi pene, como no lo había hecho hasta el momento. Su recto se contrae de una manera que me lleva a un éxtasis completo. Siento mi orgasmo mientras aprieto el cuerpo de Víctor contra el mío y le empujo mi miembro lo más dentro posible, como si fuera posible a pesar del condón que mi semilla se depositara en su interior y de esa manera le estuviera regalando lo mejor de mí.

Dura solo un momento, pero se trata del instante más sublime del mundo. Cuando el orgasmo pasa mi abrazo pierde fuerza, pero no necesito de fuerza para sentir el cuerpo de Víctor sobre el mío, puesto que Víctor permanece en esa posición mientras su respiración se normaliza poco a poco.

-Jamás me había venido sin penetrar a alguien o sin la ayuda de una mano -comenta él mientras besa mi cuello.

-Eres fantástico -le digo yo mientras acaricio con sutileza su espalda.

Nos quedamos un buen rato ahí, sobre la alfombra, uno sobre el otro, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos desnudos, aunque quizás no como hace un momento. Después de todo, aún faltan un par de horas para que llegue alguien más a mi casa. Horas que puedo disfrutar en compañía del único chico que me gusta en el planeta.

-Israel -dice él de pronto mientras coloca su rostro sobre el mío.

-¿Qué sucede? -inquiero yo.

-¿Somos novios? -me pregunta él con algo de pena.

-¿Quieres ser tú mi novio? -le regreso la pregunta sonriendo.

-Me encantaría -contesta él antes de besarme nuevamente con una mezcla de ternura y pasión.

Me emociona pensar que finalmente conseguí que mis sueños se hicieran realidad, y que ahora podré despertar cada mañana sabiendo que no fue un sueño, sino que en algún lugar alguien más se despierta igualmente pensando en mí, esperando el momento de verme. Estoy convencido que algún día podría despertarme al lado de ese rostro que tanto me gusta cada mañana, sabiendo que tendríamos la vida completa por delante para amarnos.

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Sueño

Llevo bastante tiempo desaparecido de esta página, aunque aquí estamos de regreso, conmemorando otro 15 de octubre (días más, días menos dependiendo de cuando se publique este relato). Es una fecha que no podía dejar pasar. Y me gustó bastante el resultado de este año, siento que me he superado a mí mismo a comparación de otros relatos. Juzguen ustedes.

Sueño

“Tú mismo lo has dicho, una vez en un sueño”.

Apenas puedo creer que tus ojos estén posados sobre los míos, y que la distancia entre ellos sea de apenas unos centímetros. Siento a mi corazón acelerarse mientras contemplo tus ojos oscuros que me fascinan, al igual que el resto de las facciones de tu rostro. Intento descifrar que pasa por tu cabeza, pero tus rasgos se mantienen impasibles, con aquella expresión de neutralidad que me hace imposible deducir que pasa por tu cabeza.

Levantó una de mis manos con cuidado, esperando que tú hagas algún movimiento como alejarte de mí o detener mi mano. No obstante, sigues contemplándome mientras mi mano sube y finalmente se asienta sobre tu mejilla. Tu piel es suave y cálida. Dejo que mis dedos se deslicen hasta tu barbilla, donde te has dejado algo de barba, y mientras mis dedos acarician tus piel tú cierras los ojos e inhalas profundamente. ¿Significa que te está gustando? Mis dedos juegan con lo poco de barba que tienes, sintiendo la textura de aquellos vellos que sobresalen de tu barbilla. Finalmente, decido sostener tu barbilla con mi mano, y con algo de reticencia, casi esperando que tú me empujes hacia atrás, acerco mis labios a los tuyos. Cuando mi boca entra en contacto con la tuya la sensación es mejor de lo que de antemano podría haber imaginado. Siempre pensé que se trataría de una sensación agradable, pero no en el extremo en que lo está siendo. Es como si una explosión se suscitara exactamente donde mis labios hacen contacto con los tuyos, provocando un fuego que se encarga de expandirse por mi cuerpo y calentarlo.

El beso continúa, lento y pausado, sin ninguna prisa, porque nuestros labios quieren reconocerse por completo. Siento tus manos vacilantes que se asientan primero en mi cintura, para después poco a poco ir rodeándola. Me atraes con ternura hacia ti, y de esa manera nuestros labios ya no son lo único que entra en contacto.

Pero ¿dónde demonios se fue tu camisa y mi playera? Me es imposible recordar en que momento nos las quitamos, pero no pienso demasiado en ello porque ahora las explosiones no solo suceden en mi boca, sino en todo punto en el que nuestros cuerpos hacen contacto. Suelto tu barbilla para poder tomar tu nuca, mientras mi otra mano aprovecha para deslizarse por tu espalda. Tus brazos parecen adquirir cada vez mayor fuerza, pues tu abrazo gana vigor. A pesar de la presión extra, aquello me hace extrañamente feliz. Es incomparable la sensación de que no existe ningún espacio entre tú y yo, como si fuéramos uno solo mientras nuestros labios siguen besándose y nuestros brazos enredándose detrás del otro. Al mismo tiempo me parece sentir el latido de tu corazón contra mi pecho, y casi me parece sincronizado con el mío: latiendo a todo lo que da.

Cuando nuestros labios finalmente se separan el resto de nuestros cuerpos permanece unido. Pegó mi nariz contra la tuya y no puedo evitar mirarte con una sonrisa que asombrosamente tú correspondes. Casi nunca te veo sonreír, y pierdo momentáneamente el aliento. Tú vuelves a pegar tu boca a la mía, esta vez siendo un poco más atrevido. Tu lengua obliga a mis labios a entreabrirse, dejando que se cuele tu cálido aliento dentro de mí, lo cual parece regresarme a la vida. Tu lengua roza ligeramente mis dientes, y antes de que pueda seguir avanzando la mía sale a su encuentro y se enreda con ella. Asimismo entrelazó mis dedos en los cabellos que nacen de tu nuca, buscando de alguna manera atraer tu rostro más cerca del mío. Mientras tanto tus manos danzan por mi espalda, logrando con ello que algo que solo estaba semiduro en mi entrepierna se levanté completamente, presionando contra una de tus piernas. Mi mano que se encontraba en tu espalda se desliza más abajo, hacia aquel trasero que me vuelve loco, pequeño y bien formado. Lo jaló para tener tu entrepierna más cerca de mí, y es entonces cuando noto que no soy el único que ya se encuentra erecto.

Nuestros labios se separan, pero yo no quiero separarme de ti. Dejo que mis labios recorran tu barbilla, que se deslicen a tu cuello para luego volver a subir por la línea de tu mandíbula, hasta llegar a tu oído. Muerdo tu lóbulo mientras te escucho gemir levemente, al mismo tiempo que tus manos me jalan con mayor fuerza hacia ti por mis omóplatos. Mi lengua recorre las líneas que forman tu oreja, siguen el espiral que se encuentra ahí hasta que la punta puede introducirse por el hueco que se forma, el cual es una de las entradas al interior de tu cuerpo. Tus gemidos aumentan de nivel.

Finalmente me decido por dejar aquello. Me separó de ti, apenas lo suficiente para poder meter mis manos entre tú y yo y poder tomar la hebilla de tu cinturón. Nunca había visto un diseño así, y después de unos segundos en los que trato infructuosamente de desabrocharlo tú mismo te encargas de hacerlo con una sonrisa. El pantalón me resulta más fácil, y mientras meto mi mano para palpar la dureza de tu miembro tú desabrochas el mío, lo cual resulta más sencillo debido a que yo no uso cinturón, y menos uno con un broche extraño. Después me imitas y dejas que tus manos recorran la forma de mi pene sobre mi ropa interior. Tu mano se desliza de izquierda a derecha debido a la posición de mi falo, tus dedos danzan desde la base de mi pene hasta su glande y luego en sentido inverso.

Vuelvo a pegar mi boca a tu cuello, mis labios se escurren sobre tu piel para llegar a tu clavícula, la cual es recorrida por la punta de mi lengua antes de bajar hasta tu pecho. Dejo que mi lengua baile sobre tu tetilla, estimulándola suavemente, para después encerrarla con mis labios y succionarla ligeramente.

Mientras mi boca va bajando mis labios no dejan de entretenerse con el resto de tu piel. Mis dedos recorren tus costillas con la suavidad de un pianista, quien parece hacer danzar sus dedos solo levemente sobre las teclas, pero también con la fuerza suficiente para arrancar de aquellas teclas música. Y me parece lograrlo cuando escucho tu respiración acelerada, cuando tu rostro se pega sobre mi cabeza mientras tus manos me sostienen y tu respiración se mezcla con mis cabellos.

Luego mi boca baja más. Llega a tu abdomen, el cual aunque para muchos no sea perfecto para mí lo es. En ese momento dejo no solo que mi boca se entretenga con aquella piel, también froto mis mejillas y barbilla contra ella. Mi lengua se entretiene especialmente con tu ombligo, pero aún más con la línea de vellos que nace justamente debajo. Al mismo tiempo hago que mis manos deslicen tu pantalón hasta tus tobillos, lo cual no me cuesta trabajo en la posición que he adquirido. Inhalo el aroma que despiden tus vellos, y me parece el más maravilloso olor que he aspirado. Es una mezcla de sudor ligero con un aroma muy tuyo, que sé que no podría encontrar en ningún otro lugar.

Finalmente mi labio inferior topa con tu ropa interior. Una parte de mí desearía simplemente que mis manos jalaran tu ropa interior hacia abajo con rapidez, pero otra parte quiere disfrutar de aquello el mayor tiempo posible. Y dado que sé que tarde o temprano desaparecerá ese trozo de tela que ahora está frente a mí, decido tomarme las cosas con calma. Dejo que mis labios se muevan sobre la tela de tu ropa interior, atrapando entre mis labios el falo que se esconde debajo, mientras mis manos se mueven recorriendo las líneas de tu cadera y mis dedos rozan tus nalgas. Siento tu cuerpo arquearse. Seguramente por dentro te recorren los mismos escalofríos que siento yo, esos que recorren mi cuerpo a partir de donde tu cuerpo y el mío hacen contacto.

-Gerardo -mi nombre se escapa entre tus labios mientras te acuclillas, de manera que quedas justo frente a mí.

Con delicadeza me empujas hacia el suelo, de tal manera que quedo recostado boca arriba. Tu mano toma mi pantalón, y con un movimiento fluido lo llevas hacia abajo con todo y mi bóxer mientras yo levanto mi cadera para ayudarte. Tomo el elástico de tu ropa interior y tú mueves las piernas para que yo pueda liberarte de ella mientras te pones en cuatro justo encima de mí, con el detalle que tu rostro queda exactamente sobre mi entrepierna y tus genitales sobre el mío. No puedo creer la belleza que guarda tu pene y tus testículos colgantes. Estiro mi mano como si temiera que la visión se desvaneciera, pero finalmente mi tacto me indica que están ahí. Mis dedos apenas rozan los vellos que rodean tus bolas, para después deslizarse a lo largo de tu tronco, hasta llegar a tu glande.

Miro hacia abajo, y me topo con tu sonrisa y una mirada que me dedicas. Aparentemente te gusta ver como quedo embobado ante cada parte de tu cuerpo. Es que ¿quién no quedaría embobado ante la maravilla de tu cuerpo? ¿Quién podría negar la belleza que hay en esa piel morena, la sensación placentera que produce el roce de tu piel, la sensación de plenitud que provoca tus ojos? Estoy seguro que nadie, aunque quizás ningún ser humano podría sentir todo eso con la intensidad con que lo siento yo.

Pierdo de vista tu rostro mientras tu cuerpo desciende hacia el mío. Veo nuevamente hacia arriba y contemplo tu miembro acercándose a mí. Sin apenas ser consciente de ello sacó mi lengua, y justo en el momento en que mi tu pene hace contacto con mi lengua, lo mismo sucede al hablar de mi falo con la tuya. Ambas lenguas recorren a lo largo las vergas frente a las que se encuentran, recorren esos troncos de placer, produciendo una corriente cíclica de gozo que es imposible saber donde comienza; puesto que parece recorrer por completo nuestros cuerpos conectados.

Cierro los ojos para dejarme llevar. Mis manos rodean tus piernas, masajeándolas mientras mi boca llega a tus testículos y comienza a chuparlos suavemente, para luego lengüetearlos. Tu por tu parte te dedicas a besar la base de mi pene, y dar ocasionales lengüetazos hacia arriba. Siento que podría venirme en cualquier momento, y sin embargo hay algo dentro de mí que lo impide, un mecanismo que me indica que no es momento de ello todavía.

Mis manos se mueven con destreza hasta llegar a tus dos nalgas. Aquel trasero que siempre me ha enloquecido, y apenas puedo creer que por fin pueda tocarlo. Mientras mis labios suben dando pequeños besos a lo largo de todo tu pene acaricio tus posaderas pequeñas pero perfectas. O al menos así lo son para mí. Mis dedos danzan sobre tu piel, acercándose lentamente al punto donde tus asentaderas se dividen. Llego a ese valle que se forma donde termina tu columna, y mis dedos comienzan a recorrerlo hasta que encuentran un pequeño botón, un agujero que en esos momentos se encuentra cerrado. Para entonces mis labios han llegado a tu glande, y dejo que mi lengua se mueva sobre este con cuidado y delicadeza, y sin embargo también con algo de fuerza, puesto que quiero sentir la superficie que estoy recorriendo. Mi lengua retoza en el lugar como si se tratara de un helado o una paleta. Y ciertamente el sabor es magnífico como con esos postres. No es un sabor dulce, y lo único con lo que puedo compararlo es con tu aroma personal.

Tu miembro comienza a rezumar líqudo preseminal, lo cual le agrega un interesante condimento a tu glande. Con mi lengua tomo cada una de las gotas que salen de tu uretra y las embarro por toda la superficie, para después poder disfrutar de todo ello en su conjunto. Mientras tanto, tú abres tu boca para abrigar a mi amiguito dentro de ella. Introduces lentamente mi pene en tu boca, estimulando con tus labios cada milímetro de piel que entra y con tu lengua acariciando el glande que cada vez se acerca más a tu garganta.

Por otro lado, mis dedos se entretienen en la entrada de tu agujero anal. Ese hoyo que en un principio se contrajo cuando lo rocé, pero que mientras mis dedos continúan estimulándolo parece relajarse. De esa manera puedo comenzar a meter uno de mis dedos en tu interior, primero apenas unos cuantos milímetros, pero mientras más muevo mi dedo y rozo las paredes de tu recto más se va introduciendo dentro de ti.

Y al mismo tiempo que mi dedo se va introduciendo en aquel agujero, así dejo que tu falo se introduzca en mi cavidad oral. Primero solo hago que mis labios rodeen la cabeza de tu verga, pero posteriormente permito que mis dientes se entreabran y tu pene comience a pasar. Dejo que mis dientes rocen tu miembro, sin llegar a morderlo, simplemente una ligera presión que te permitiría saber lo que hay alrededor. Mi lengua danza alrededor de tu pene mientras este se desliza dentro de mí, lentamente pero sin detenerse. De hecho no lo hago hasta que mi barbilla choca contra tu pubis y mi nariz se entierra en los vellos de tus testículos. Me parece increíble no sentir náuseas, pero quizás se deba a que estoy probando el manjar más delicioso de mi vida, y es imposible sentir ascos ante algo tan delicioso.

El sexo oral continua por un rato más, pero no mucho. Sin decir nada pongo mis manos sobre tu cintura y parece que tú sabes lo que quiero, puesto que liberas mi pene de tu boca y te incorporas, sentándote justamente sobre mi rostro, aunque recargándote sobre todo en tus piernas que quedan en mis costados. Dejas tu culo a mi disposición, e inmediatamente con ayuda de mis manos separo tus nalgas hasta que tu pequeño agujero queda en la vía libre de mi boca. Pegó mis labios a esa zona, y dejó que se muevan alrededor de ella mientras mi lengua comienza a puntear intentando introducirse. Al principio es un esfuerzo vano, pero mientras aumento la presión tu esfínter comienza a ceder y permite el paso de mi lengua a los primeros centímetros de tu recto. Si tu pene me pareció delicioso esto es aún mejor. Sigue estando ese saborcito particular tuyo, pero en esa zona está más concentrado. Quizás porque implica una parte mucho más profunda de ti, porque realmente estoy entrando dentro tuyo y no saboreando solo la piel externa.

Por último llega el momento más esperado. Te levantas de sobre mí para que pueda incorporarme, y luego te guío delicadamente hasta que ahora eres tú quien se encuentra tendido de espaldas. Estiro mi mano hasta alcanzar mi inseparable condonera, de la cual extraigo un condón que coloco con cuidado sobre mi miembro viril. Veo en tus ojos un atisbo de preocupación, así que mientras me colocó entre tus piernas inclinó mi rostro hasta poder besarte. Así, mis labios presionan contra los tuyos y mi lengua penetra lentamente tu cavidad oral al mismo tiempo que con mi mano guío mi falo para colocarlo justo en la entrada de tu recto. Comienzo a empujar mientras recargo mi cuerpo sobre el tuyo. Algo complicado, pero vale la pena por sentir la electricidad que recorren nuestras pieles ahí donde hacen contacto. No dejo de besarte, y mientras mi pene se va hundiendo en ti tú muerdes mi labio inferior, no con demasiada fuerza, solo la suficiente para sentir tus dientes presionando mi carne.

Como ya va la mitad de mi pene dentro de ti puedo sacar la mano, lo cual facilita la adopción de la postura en la que nos encontramos mientras mi pene se sigue introduciendo en tu interior. Tú pasas tus manos por detrás de mi espalda, atrayéndome hacia ti, mientras que yo te tomo por los brazos para facilitar la tarea de impulsarme dentro de ti. Suelto tus labios durante un instante, y tu hundes tu rostro en mi hombro mientras mi verga termina de insertarse en tu culo.

Sueltas un suspiro prolongado mientras yo dejo mi pene dentro de ti, sin moverlo, percibiendo como las paredes de tu recto presionan al intruso que ahora se encuentra entre ellas. Sentir el aire que exhalas mientras se desliza por mi piel me provoca escalofríos de satisfacción. Muerdo levemente uno de los lóbulos de tu oreja mientras tu aprietas con más fuerza tus brazos alrededor de mí, como si no quisieras dejarme ir. Se trata realmente de un momento único e inigualable.

-Somos uno solo -dices mientras los dedos de una de tus manos danzan justamente sobre mi columna vertebral.

En eso tienes razón. Comienzo a sacar mi pene, para después volver a introducirlo profundamente en ti. Sueltas un suspiro ahogado al recibir nuevamente mi miembro en tu interior, mientras tus uñas se deslizan por mi espalda, sin la fuerza suficiente para dejar marcas pero con la bastante para hacerme estremecer. Vuelvo a sacar mi pene, y así comienzo con un delicioso mete y saca en el que puedo sentir con claridad la unión que hay entre tú y yo, en el que puedo notar como mi placer es el tuyo y el tuyo el mío.

Nuestras respiraciones se aceleran mientras los límites entre tú y yo se vuelven difusos. Ya no sé dónde empiezas tú y dónde empiezo yo, ni siquiera el alrededor, puesto que lo único que existe en ese momento es el placer, el placer que produce mi cuerpo contra el tuyo, el placer producto de sentir tu cuerpo vibrar contra el mío, el de sentir las contracciones de tu esfínter cuando ambos eyaculamos al unísono. Me es imposible discernir quien es el que gime mientras mi pene se entierra profundamente en tu interior, aunque quizás se trate porque somos los dos al mismo tiempo.

El clímax comienza a desvanecerse lentamente, mientras siento como la inconsciencia empieza a apoderarse de mí. Pero antes de que lo consiga siento nuevamente como me aprietas con fuerza entre tus brazos, mientras murmuras la palabra “gracias”.

-Gracias a ti -te contesto en un susurro en tu oído-. Por regalarme este momento que creí imposible.

Mis párpados me pesan. Me voy quedando dormido con tu cuerpo debajo del mío, aunque una parte de mí sabe que llevo todo el rato dormido. Solo se ha tratado de un sueño, pero por mucho el mejor sueño de mi existencia.

-o-

Bueno, y ese fue el relato dedicado para Marco. Y como nota aparte, quiero agradecerles a aquellos que han comentado mis otros relatos, aunque los comentarios no han aparecido en la página de marqueze los he podido leer en las visualizaciones y sepan que me hace feliz que les guste lo que escribo. Si algún día se publican los comentarios para que todos puedan verlos pueden estar seguros que les agradeceré personalmente ;)

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Amar Haciendo El Amor (II)

Bueno, aquí traigo la segunda parte de la historia que subí hace dos meses Amar Haciendo El Amor (I). La vez pasada me parece que no comenté que el título del relato salió de una canción que me gusta bastante, y que inspiró de esa manera toda la historia. Como sea, espero que les guste la continuación de esta historia. Y después de esto todavía falta una parte más.

Amar haciendo el amor II

—¿En qué piensas? —me pregunta Víctor, interrumpiendo mi flujo de recuerdos.

—En algo que me pasó hace tiempo —le contesto mientras cruzo las piernas. Acabo de darme cuenta que me había excitado al recordar aquel sueño.

Nos encontramos sentados en una de las mesitas de la heladería. Él también había pedido un cono sencillo, aunque su expresión parecía anhelar algo más grande. Probablemente lo había hecho para no aparentar más que yo. Se lo agradecía, pero realmente hubiera preferido que él se hubiera comprado lo que más le gustara.

Suelto un suspiro. Lo que más le gustara. Si aquella chica realmente le gustaba y ella podía hacerlo feliz, ¿qué más daba que no pudiera yo escucharlo jamás decirme “te amo”? Mis sentimientos habían evolucionado a tal grado que ya no quería escucharlo que me dijera te amo, simplemente quería verlo feliz. Pero todavía no era cien por ciento cierto aquello. Él podía ser feliz con aquella chica, ¿pero yo?

—¿Por qué suspiras? —inquiere él mientras me mira de forma indescriptible.

Decido contestarle con parte de la verdad.

—Pensaba en la chica que te gusta —le digo—. Me cuesta trabajo creer que alguien haya ganado tu corazón finalmente.

—¿Por qué es tan difícil de creer? —me pregunta.

“Porque yo no lo he logrado” pienso sin poderlo evitar. Las palabras están a punto de salir de mis labios, pero decido que no puedo decirle eso.

—No lo sé —contesto mientras alzo mis hombros y me llevo el helado a la boca—. Tal vez porque nunca he visto a otro chico enamorado.

—Pero tú sí has estado enamorado —supone él.

Volteo a verlo, y me doy cuenta que puedo confiar en él. Él no se burlará como temo lo harían los demás. Con él puedo ser sincero, porque él vive una situación parecida.

—Sí, una vez —le respondo mientras miro mi helado—. A decir verdad, aún lo estoy.

—¿Es por eso que sigues siendo virgen? —me pregunta.

—En parte —le contesto—. Por otro lado las chicas…

Dejo que la frase se desvanezca en el aire. He estado a punto de decirle que las chicas no me interesan. Aquel hubiera sido un error garrafal.

—Apuesto que si intentaras abrirte un poco más podrías ganar el corazón de esa chica —me dice él, aparentemente pensando que mi frase iba en otro sentido—. Eres un buen chico. No como nosotros. No acabo de entender como te juntas con todos nosotros.

—Tú tampoco eres como ellos —le digo bruscamente.

Él me mira sorprendido, y yo bajo la cabeza abochornado. He hablado de más. Puedo sentir como los colores se me suben a la cara.

—Bueno, si tú lo dices —dice Víctor con una sonrisa mientras él también mira su helado—. El caso es que no me voy a poner a discutir sobre eso, en realidad quería oír tu opinión sobre mi situación. Sé que si se las pido a los demás me dirán que es una pérdida de tiempo clavarse con una sola chava, pero creo que tú puedes darme otra perspectiva, ya que tú también has estado enamorado. O estás.

—Primero debo preguntarte: ¿qué sentiste cuando Juan dijo que todas las chicas eran iguales? —le pregunto.

—Deseé que fuera una conquista tan fácil como todas las que he hecho en mi vida —me contesta él—. De esa manera no lo dudaría tanto.

—¿Qué quieres con esa chava? —le cuestiono—. ¿Quieres solo sexo como con todas las demás o…?

No concluyo la frase, ya que no sé como hacerlo. Sin embargo, él capta el sentido.

—Quiero estar con ella —me contesta él—. Para siempre. Incluso si eso suena algo rídiculo. No quiero simplemente sexo, pero creo que si fuera igual a todas mis conquistas anteriores podría acercarme a ella sin problemas.

—¿Y por qué no lo intentas? ¿Por qué no te acercas a ella como lo has hecho con las demás? —le pregunto.

Su cara es de incredulidad total. No lo entiendo. ¿Qué dije? No puede ser tan malo lo que he dicho, ¿o sí?

Bajo la mirada. No puedo entender que dije mal. De repente él suelta una carcajada. Levanto la vista, y él parece estarse divirtiendo como nunca.

—No creo que le guste mucho —me confiesa él sin dejar de reírse—. Creo que sería muy tonto llegar y decirle: “¡Hola guapa!”. Creo que sentiría que es una ofensa.

—¿Por qué? —inquiero yo confundido.

—No quieres saberlo —me dice él.

—No entiendo —le confieso—. Si lo que quieres es acercarte a ella, ¿por qué no haces eso? No te la piensas llevar a la cama, simplemente conocerla.

—¿Qué sentirías si llego y te digo “hola guapa”? —me cuestiona directa e inesperadamente.

Aquello me toma con la guardia baja. ¿Qué sentiría yo si él llegara diciéndome eso? Por una parte me molestaría que se refiriera a mí como una mujer, pero otra agradecería el cumplido proveniente de sus labios.

—¿Lo ves? —me dice mientras yo sigo en mi confusión mental—. No a todos les gustan ese tipo de frases.

Intento decirle que probablemente a una mujer sí le guste, pero no encuentro las palabras. Es como si mi cerebro estuviera bastante entretenido intentando decidir si me gustaría o no que él llegara saludándome así.

—Además, ya le hablo —me confiesa él—. Eso lo hace aún más difícil. Temo que si intento conquistarla, salga corriendo. No quiero perder lo poco de relación que ya tengo… —hace una pausa—… con esa persona.

Lo veo atentamente. Sus ojos parecen reflejar una inmensa tristeza. Decido que un toque no estará mal, y estiró mi mano para colocarla sobre su hombro. De repente es como si nuevamente descargas eléctricas recorrieran mi brazo.

—Los demás tienen razón: nadie puede resistírsete.

Por alguna extraña razón se me quiebra la voz al decir la última palabra. ¿Por qué? ¿Acaso me asusta saber que esa chica también va a caer en sus redes y los dos acabaran juntos, felices y enamorados? ¿O es por que yo mismo caigo en esa categoría?

Él levanta su mirada asustado, la cual se cruza con la mía. Él parece preocupado, y eso solo logra que me ponga peor. Siento las lágrimas que pugnan por salir de mis ojos.

—¿Qué sucede? —me pregunta él.

Yo retiro la mano de su hombro para enjugarme las lágrimas. No puedo contestarle, porque ni siquiera yo lo sé, pero decido decirle lo primero que salga de mis labios.

—Solo pensaba en que realmente tú puedes conquistar a cualquiera, mientras que yo no logro atraer la mirada de nadie.

En cuanto las palabras acaban de salir de mi boca me percato de su verdad. Eso es lo que me duele. Me duele el saber que yo no soy capaz de atraer su mirada, que él jamás se va a fijar en mí. Es lo que ansío con toda mi alma, pero eso no hace que sea posible. Si nadie se ha fijado nunca en mí, ¿qué probabilidades de que un chico como él, con tanto pegue con las chicas y heterosexual, se fije en mí?

—No digas eso Israel —me dice mientras ahora es él quien coloca su mano sobre mi hombro—. Estoy seguro que si te lo propones tú podrías lograr que aquella chica se fijara en ti.

Suspiro. No quiero que una chica se fije en mí, quiero que él se fije en mí. Su mano sigue sobre mi hombro, y de repente pienso en lo lindo que sería su pudiera recargar mi cabeza en ella.

—Israel, yo…

Miro fijamente a sus ojos. Víctor parece quererme decir algo. Sin embargo, aprieta sus labios antes que más palabras salgan de su boca.

—¿Qué sucede? —le pregunto.

Él sonríe torciendo un poco la boca. No es su sonrisa de siempre, pero también me gusta.

—¿Puedo confiarte un secreto? —me dice.

—Creo que sí —le respondo.

—Es un poco saliéndonos de tema —me dice—. Sé que no te gusta mucho hablar de sexo, pero la verdad es que siempre he tenido ganas de comentar esto con alguien más.

—¿Y por qué no se lo dices a los demás? —le pregunto. La verdad es que me molesta el cambio de conversación. No quiero oírlo hablar de las chicas a las que se ha tirado. Estábamos bien hablando de enamoramientos.

—Es algo que no entenderían. Solamente me juzgarían —argumenta él—. Y creo que probablemente acabarían rechazándome. Tendrían miedo que quisiera hacerles algo.

—¿Algo como qué? —inquiero yo. No sé me ocurre algo a lo que mis amigos puedan tenerle miedo en el aspecto sexual. En todo caso creo más probable ser yo quien salga huyendo.

Víctor se inclina sobre la mesa, reduciendo la distancia que existe entre nosotros. Yo hago lo mismo, ya que me doy cuenta que él no quiere que nadie se entere de lo que me va a decir bajo ningún motivo. Su rostro cerca del mío hace que mi pulso se acelere.

Aparentemente no soy el único que está nervioso. Él se ha puesto rojo, y parece bastante azorado.

—He tenido sexo con otros chavos —me confiesa finalmente.

No entiendo su declaración.

—¿En trío o qué? —le pregunto confundido.

—No —me responde él mientras se pone aún más rojo—. Me refiero a que he tenido sexo con chavos… gays.

Aquella noticia me toma totalmente desprevenido. Me imaginaba cualquier confesión excepto esa. Mi sueño vuelve a mi memoria con una fuerza inusitada.

—¿En serio? —le preguntó con la boca abierta, al mismo tiempo que mi corazón late con una fuerza inusitada.

—En serio —me contesta él con la vista clavada en la mesa—. O bueno, no sé si realmente pueda decir que he tenido sexo con ellos. La verdad es que solo he dejado que me la mamen y me los he cogido, pero que sea yo el que me ponga a mamar o me deje coger… nunca.

La noticia me tiene en shock. No sé que contestarle. Algo ha crecido en mi entrepierna; ahora sé que hay posibilidades de volver mi sueño realidad. Realmente podría llegar a ser suyo, aunque solo fuera por un momento.

—¿Por qué me cuentas esto? —le pregunto con trabajo, ya que no puedo hilvanar dos palabras seguidas.

Él me mira fijamente mientras se muerde el labio.

—No lo sé —me contesta finalmente—. Creo que es porque quiero que me conozcas.

—¿Quieres que te conozca? —le pregunto confundido—. Pero si ya nos conocemos.

—No quiero ser un simple conocido en tu vida —repone él negando también con la cabeza—. Quiero que me conozcas tal y como soy, por completo. Creo que esa es la única manera de…

—¿De qué? —le pregunto.

Él no me responde enseguida. Parece tragar saliva, y cuando finalmente parece que va a contestarme me mira a los ojos y comienza a reírse.

—¿Qué es tan gracioso? —le pregunto, temiendo que sea algo relacionado conmigo.

—Quiero ganarme un buen amigo, alguien que realmente me entienda sin juzgarme —me confiesa—. Creo que es todo lo que me merezco.

La última frase la dice con la vista clavada en la mesa.

—Te mereces más que eso —le digo mientras coloco mi mano nuevamente sobre su hombro.

Él me mira de una forma que me parece casi suplicante.

—¿Lo dices en serio? —me pregunta.

—Por supuesto —le contesto—. Realmente creo que mereces encontrar el amor con esta chica que te gusta.

Quisiera ser yo, ¿pero qué puedo hacer? Yo soy el que no es merecedor de su amor. Por un momento me cruza por la cabeza la idea de que tal vez la naturaleza se equivocó de sexo cuando mis padres me concibieron, pero desecho ese pensamiento rápidamente. Me gusta demasiado ser hombre, y no lo cambiaría por nada del mundo, aunque eso aumentara mis posibilidades de gustarle a Víctor. Quiero gustarle tal como soy, no como podría ser si fuera mujer.

—¡Ah, te referías a eso! —me dice él mientras aparta la mirada.

—¿A qué más podría referirme? —inquiero—. ¿No es lo más importante para ti ganar el corazón de esa chica?

Víctor me mira fijamente antes de contestarme.

—Supongo que tienes razón —acepta con una sonrisa, aunque parece más dirigirse a él mismo que a mí—. Lo que quiero es ganarme el corazón de esa persona, y lo haré sin importar cuanto trabajo me cueste. Haré que se olvide de la persona que le gusta actualmente y vea que en mí tiene a alguien que siempre estará ahí.

El corazón se me remueve al oír esas palabras. Por un momento me pregunto por qué yo no puedo pensar de esa manera. Pero no, es demasiado arriesgado. Además, quiero que sea feliz con la chica que le gusta.

Ahora los dos nos hemos acabado el helado. Es hora de despedirnos. Sin embargo, no nos despedimos como siempre, chocando las manos, sino que él se acerca para darme un abrazo. No puedo evitar sentirme abochornado, pero no lo dejo alejarse. Realmente me gusta sentirlo tan cerca de mí.

Me voy a casa con la cabeza dándome vueltas. Mañana será otro día.

——❤——

Todo comienza con un delicado beso. Soy plenamente consciente que no se trata más que de un sueño, pero quiero aprovecharme de la fantasía. Quiero hacer lo que jamás me atrevería a hacer en la realidad.
Bajo mis labios por su barbilla. Él levanta la cabeza, y me deja libre el camino hacia su cuello.

—Israel —susurra mi nombre con el deseo marcado.

Coloco una de mis manos sobre su pecho. Me percató que él está desnudo de la cintura para arriba, así que mi mano tiene tacto directo con su piel. Está ardiendo. Pero sé que él no es el único que lo está haciendo. Yo también estoy igual.

Juego con mi mano en su pecho mientras mi boca sube hacia su oreja. Muerdo levemente su lóbulo, y él suelta un ligero quejido. Sé que le gusta. Me lo dicen sus manos puestas en mi espalda, las cuales me atraen con fuerza hacia él. Apenas y me queda espacio para manipular mi mano, pero me las ingenió para deslizarla hasta su abdomen. No está muy marcado, pero me fascina ese tacto. Mi mano izquierda rodea su cintura, y hago círculos en su espalda baja con mi dedo índice.

—Israel —me dice acercando su boca a mi oído. Sé que está sonriendo—. No sabes cuanto he soñado con este día.

—No creo que sea la décima parte de lo que yo lo he hecho —le digo mientras pongo mi nariz contra la suya, de manera que ambos quedamos viéndonos fijamente.

—Eso sería difícil —me contesta él con una gran sonrisa.

Ladea un poco su cabeza, para que nuestras narices no nos estorben, y vuelve a poner mis labios sobre los suyos. El más deliciosos sabor que he probado en mi vida destila de sus labios, mientras una de sus manos sube a mi nuca. Sé que él tampoco quiere que ese momento acabe, pero ambos terminamos sintiendo la imperiosa necesidad de respirar. Es increíble como a pesar de tratarse de un sueño se necesita respirar. ¿Por qué no sueño que soy un vampiro?

Pero creo que en ese caso Víctor no me gustaría tanto.

Ahora es él quien baja hasta mi cuello. Ese es uno de mis puntos débiles. Siento un placer indescriptible e infinitamente satisfactorio. Mi cuerpo se estremece, y sé que él es capaz de percibirlo. Notó como sus manos me abrazan con más fuerza y su boca recorre una porción más de mi cuello mientras sus labios se tuercen formando una sonrisa. El muy pícaro sabe bien que me está volviendo loco.

Yo no me quedó atrás. También abrazo su cintura con más fuerza. Nuestros abdómenes y pechos se tocan, produciendo una sensación insuperable. No solo son nuestras bocas, también el resto de nuestra piel parece querer devorar al otro. Y hay algo un poco más abajo que también se roza. Ambos estamos listos para lo que sea, y lo ansiamos más que cualquier otra cosa en el mundo.

Él continúa jugando con su boca, y la dirige hacia mi pecho. Yo hundo mi cabeza en su cabello, aspirando aquel embriagador aroma que despide. No quiero despegarme de él, no quiero dejarlo por nada en el mundo.

Acarició suavemente su nuca con mi mano izquierda. El movimiento ha separado algo nuestras caderas, ya que ahora él está ligeramente inclinado. Pero está bien. Cualquier sensación a su lado es extremadamente grata.

Sus labios continúan bajando, y prontamente él se encuentra recorriendo mi abdomen mientras con mis manos recorro su cabeza. Al verlo me pregunto si habrá algo más lindo que aquel chico en el mundo, pero inmediatamente mi mente me responde que no. Jamás seré capaz de encontrar algo más lindo que Víctor.

Me acuclillo al igual que él. Nuestras caras quedan frente a frente, y ambos sonreímos. Volvemos a besarnos mientras caemos en el suelo, yo sobre él. Recostado sobre él puedo sentir más claramente lo que esconde su pantalón, pero son tantas y tan placenteras las demás sensaciones que recibo que no presto demasiada atención al asunto, al menos de momento. Es un sentimiento increíblemente confuso, ya que soy capaz de sentirlo por completo, y al mismo tiempo no siento nada. Puedo sentir sus labios contra los míos, sus mejillas con mis manos, una de sus manos sobre mi espalda, la otra tocándome delicadamente el trasero, nuestros penes rozándose sobre la ropa. Soy capaz de sentir todo eso, y al mismo tiempo no puedo sentir nada, ya que cada emoción intenta atraer toda mi atención sin lograrlo.

No dejo que quedé centímetro de su piel sin que mi boca conozca. Él me acaricia suavemente la oreja y la mejilla mientras beso su pecho. Comprendo que para él también soy el chico más lindo que existe. Sonrío con ese pensamiento. Me siento tan feliz.

Bajo un poco más mi boca y mientras mi boca recorre su abdomen mis manos se encargan de desabrochar su pantalón. Se acerca el momento con el que no he dejado de soñar desde la tarde, el momento de pertenecerle completamente.

Froto suavemente su miembro sobre el bóxer, mientras deslizo un poco su pantalón hacia abajo.

—Ven acá —me dice él incorporándose a medias.

Me arrodillo frente a él, y él aprovecha para desabrochar mi pantalón. Me lo baja hasta las rodillas, y coloca suavemente su boca sobre mi miembro atrapado.

—No querrás ser el único que disfrute, ¿cierto? —me dice mientras con sus labios aprisiona mi pene.

No puedo evitar cerrar los ojos y gemir. A pesar de la tela que existe de por medio, puedo sentir claramente su calor. Nunca hubiera creído que era posible conocer tanta excitación.

Momentos después los dos nos recostamos de lado, frente a frente, ya con los pantalones fuera. Su cuerpo en ropa interior me parece aún más hermoso que nunca. Su piel morena es un espectáculo digno de quedar grabado para siempre. Si fuera un pintor o dibujante no dudaría en hacer algo al respecto, pero nunca se me ha dado bien ninguna de las dos.

Acaricio suavemente su cintura mientras él sonríe, viéndome a los ojos.

—Me alegra haberte conocido Israel —me dice mientras acerca su rostro al mío—. Me alegra finalmente haber conocido el amor.

Posa sus labios sobre los míos, mientras sus brazos se aferran con fuerza a mi cuerpo. El beso se vuelve cada vez más apasionado, mientras nuestro abrazo es cada vez más apretado. El espacio es demasiado. Queremos compartir un solo lugar, llegar a ser realmente una sola piel.

Él baja sus manos hacia mi trasero, y una gran excitación recorre mi espina dorsal. Él mete sus manos debajo de mi ropa interior, y mientras mi boca conoce su lengua y sus dedos los alrededores de mi ano, comprendo que el momento se acerca. No deseo otra cosa en el mundo.

—Víctor —le digo cuando el beso termina, mientras acaricio su pene sobre su bóxer nuevamente—, quiero que me penetres.

Él se muerde los labios.

—No —me responde.

Sus palabras me confunden. Su gesto no es de rechazo, como si se estuviera contradiciendo interiormente. No me puedo sentir herido, porque sus ojos me dicen que no hay persona en el mundo que desee más que a mí. Estoy a punto de descubrir que esa es la razón por la cual me dijo que no.

—Tú sabes que eso lo he hecho con otros chicos —me dice mientras toma mi pene, metiendo su mano bajo mi ropa interior—. Pero tú no eres como todos aquellos. Por ti siento algo verdaderamente especial, y no quiero que esta noche acabe sin conocer lo que es tenerte dentro de mí.

Sus palabras me sorprenden. ¡Demonios! Este sueño es demasiado bueno para ser cierto. Resulta que no solamente puedo pertenecerle, sino que además yo voy a penetrarlo.

—Me encantaría —le susurró en su oído mientras ahora soy yo quien mete las manos debajo de su ropa interior para tocar su trasero.

Víctor gime mientras mis dedos juegan con su orificio anal. Estoy más que emocionado. Él libera de la prisión que es mi ropa interior mi pene mientras continúa masturbándolo. Es una sensación maravillosa.

Nos movemos para poder quitarnos lo que nos queda de ropa, y en el movimiento quedamos en posición de 69. Es demasiada tentadora la oferta que tengo frente a mí, así que comienzo a lamer su pene mientras mis manos siguen entretenidas en su trasero.

Él no se queda atrás. Igualmente comienza a hacerme sexo oral. No puedo evitar pensar que mi fantasía es lo mejor que me ha pasado en la vida. No solo estoy teniendo sexo con el chico que más me gusta, si no que además él me está haciendo todo lo que no había hecho con otros chavos. No puedo evitar considerarme afortunado. Y también dichoso. La dicha era algo que nunca había conocido tan a fondo.

Mis labios y mi lengua recorren sus testículos, mientras siento como él aprisiona mi pene en su boca. Me acercó otro poco más a su orificio, y en cuanto mi lengua pasa por su frenillo puedo sentir como se retuerce. Eso parece darle la idea a él, y siento como uno de sus dedos me acaricia con algo de fuerza la misma zona. El placer es indescriptible.

Me acomodo otro poco, listo para darle un beso negro. Siempre había creído que sería algo asqueroso, pero con la excitación de por medio no me lo parece. Además, parece como si Víctor se acabase de bañar, como si se hubiera preparado explícitamente para la ocasión.

Mi lengua recorre su ano con avidez. Puedo sentir como todo su cuerpo se tensa por el placer. Debo prepararlo. Su primera vez, mi primera vez…

—Creo que es hora —me dice incorporándose, después de haber jugado con mis dedos en su ano.

Él tiene un condón entre sus dedos. Realmente me sorprende. Pero él tiene razón. La protección es lo primero, independientemente que estemos soñando. Él se encarga de colocármelo mientras yo me acuesto boca arriba. Su mano recorriendo mi miembro me provoca oleadas de placer.

—Listo —anuncia él después de haberme colocado el preservativo.

Se sube encima de mí, y se va sentando poco a poco sobre mi pene. Puedo sentir las paredes de su recto presionar mi miembro. Nunca había sentido algo tan placentero. Él respira lentamente. Puedo ver que le cuesta algo de trabajo, pero al mismo tiempo parece no querer detenerse. Yo intento moverme lo menos posible, a pesar de que mis instintos me gritan que se lo meta todo de golpe. Pero creo poder imaginarme que aquello solo le traería un dolor innecesario al chico que amo.

Después de un momento que parece eterno al fin puedo sentir la piel de su trasero directamente contra mis caderas. Todo mi miembro está dentro de él. Víctor cierra los ojos un momento, probablemente buscando acostumbrarse a eso.

—¿Te gusta? —le pregunto mientras pongo mis manos sobre su cintura.

—No estoy seguro —me confiesa—. No puedo decir que sea totalmente cómodo, pero creo que tiene su encanto.

—Yo tendré que probarlo después —le digo.

Él me sonríe con su perfecta dentadura. Comienza a moverse lentamente sobre mí, primero en círculos y después levantándose suavemente de mí. El placer que experimento en ese momento es sencillamente indescriptible. No puedo evitar gemir. Intento no moverme, ya que por sus movimientos pausados sé que aún le cuesta algo de trabajo. Sin embargo, mi cuerpo no le hace caso a mi mente. Quiero sentir el placer de penetrarlo profundamente, y quiero que él también sienta lo que es tenerme completamente dentro de él.

—¡Ay! —se queja él cuando comienzo a acelerar demasiado.

Mi ritmo baja, pero igualmente continuo moviéndome. Él tiene los ojos cerrados, aparentemente disfrutando de las sensaciones que recibe en todo su cuerpo. Para mí es un espectáculo increíble verlo sobre mí mientras siento mi pene entrando y saliendo de su estrecho agujero y mis manos agarradas firmemente en su cintura. Veo como su pecho sube y desciende, en medio de su respiración profunda y pausada. Miro su pene moviéndose ligeramente tras cada uno de sus movimientos. Todo eso no hace más que prenderme más de la cuenta.

Recorro mi mano derecha y tomó su pene entre mis dedos. Él abre los ojos, me mira fijamente y me sonríe. Yo también le sonrío mientras sigo moviéndome dentro de él. Claro que él también ayuda, y con esos movimientos circulares de cadera vuelve delirante la situación. No quiero que termine nunca. Pero hay algo que aún nos falta por hacer.

Sacó cuidadosamente mi pene de su ano, mientras él se pone de rodillas yo me doy la vuelta para quedar de perrito. Él saca otro condón (¿Es tan fácil conseguir las cosas en los sueños?) y se lo coloca, para después penetrarme lentamente.

—¡Oh! —suelto un gemido sin poder evitarlo cuando consigue meter su pene completamente dentro de mí.

Siento sus bolas contra mi cuerpo, y después la manera en que su pene va saliendo lentamente de mí. Además, sus manos están en mis caderas, lo cual me parece condenadamente placentero.

—¡Uh! —exclama él con placer—. Israel, no sé que tienes, que esto me resulta mejor que cualquier chico o chica con el que haya estado.

Aquello me prende todavía más, y pego mi trasero hacia él para enterrarme yo solito su falo. Mi respiración comienza a acelerarse al igual que la suya mientras el ritmo de la penetración va aumentando. ¡Demonios! Aquello se sentía totalmente bien. Si aquello no es el punto G no tenía la menor idea de que pudiera ser, porque no se me podría ocurrir cosa más placentera que aquello.

—Te amo —me susurra mientras pega todo su cuerpo contra mi espalda, aprovechando para besarme el cuello.

—Yo también te amo —le contestó mientras intento voltear mi cuello.

Nos besamos en la boca. Es un gran trabajo hacerlo en esa posición mientras me sigue penetrando, pero no quiero que sea de otra manera. Nuestras lenguas se entretienen mientras mi recto le da suaves apretones a su miembro al mismo tiempo que éste se mueve hacia dentro y hacia afuera.

Él comienza a gemir, y sé que su explosión se aproxima cuando vuelve a la posición inicial y se despega de mi espalda.. Saca su pene de mi culo, y apenas se retira el condón empieza a eyacular con fuerza sobre mi espalda.

—¿Y eso a que vino? —le preguntó mientras volteó a verlo un poco decepcionado. Tenía la esperanza que se viniera dentro de mí.

Pero no me contesta nada. Simplemente se inclina y con su lengua empieza a recoger el semen que ha depositado sobre mi cuerpo. Las caricias sobre mi piel, más lo que alcanzan a ver mis ojos me parece tremendamente erótico. En cuanto termina de recoger con su boca lo más que puede de sus propios líquidos se acomoda debajo de mí y empieza a chupar mi pene. No duro mucho, la verdad. En menos de un minuto me vengo abundantemente en su boca debido a la sensación que me produjo su húmeda cavidad. Creo que me la estaba chupando sin haberse tragado su semen.

Él sube más debajo de mí, pasa sus manos por detrás de mi nuca y me jala hacia sí para darme un beso. Inmediatamente le respondo, dejo que mi lengua penetre dentro de la boca de aquel chico que me gusta tanto. El sabor de nuestros fluidos seminales mezclados me parece afrodisíaco, y permito que mi cuerpo caiga sobre el suyo, logrando una compenetración perfecta. En ese momento compartimos todo: piel, placer, sudor, semen, amor…

El beso solo termina cuando ambos hemos comido parte de nuestros fluidos seminales mezclados. Separo levemente mi rostro del suyo, pero no permito que nuestros cuerpos pierdan contacto.

—Fantástico —dice él.

—Maravilloso —concuerdo yo.

Me mira fijamente a los ojos, y yo le sostengo la mirada porque me encanta ver como me ve. Su mirada es tan tierna, tan amable…

—Te amo —dice él.

—Yo te amo aún más —respondo antes de volver a plantarle un beso.

Un sopor se va apoderando de mí poco a poco. Las sensaciones que Víctor me produce son cada vez menos vívidas. Me lamento de que aquello no esté sucediendo en realidad. Porque si fuera más que un sueño, su cuerpo no se desvanecería mientras vuelvo a caer en la inconsciencia.

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Engaño Confesado II

Y aquí va la continuación del relato que publiqué el año pasado ;) Engaño confesado I

Engaño confesado II

Sentí como mis ojos se humedecían ante el último pensamiento. Era solamente la verdad, Diego podía tener una mejor verga, podía tener un mejor cuerpo e incluso quizás era mucho mejor durante el sexo que Gerardo; pero eso jamás lograría llenar el espacio que Gerardo ocupaba en mi corazón. Gerardo me hacía sentir mejor solamente teniéndome contra su pecho, estrechándome entre sus brazos. No necesitaba estarme cogiendo para hacerme sentir bien.

Gerardo movió su cabeza, pude verlo de reojo, pero yo no hice mayor movimiento.

-¿Qué tienes? -preguntó preocupado.

¡Maldita fuera! Creí que desde ese ángulo no alcanzaría a ver mis lágrimas. Aunque quizás las que lo habían alertado eran las que se habían derramado sobre su pecho.

-Nada -contesté en un tono de voz que hizo de mi mentira algo muy evidente.

-No me digas que… ¡Demonios! ¿Te lastimé? Discúlpame. No debí de haberme dejado llevar por el momento. Debí de al menos haberme molestado a ir a buscar el lubricante.

¿Él creía que mis lágrimas se debían a que me había lastimado al penetrarme? ¿El chico más cuidadoso con el que había tenido sexo alguna vez se preocupaba de esa manera por mí? Aquello solo hizo que mis lágrimas se volvieran un caudal.

-Calla tonto -le dije mientras de mi pecho surgían sollozos-. Solo estás diciendo tonterías.

-¿Entonces por qué lloras? -me preguntó él mientras acariciaba suavemente mi cabello.

-Porque estoy perdiendo lo mejor que he tenido en mi vida -contesté entre mis sollozos.

Ya no me importaba retener las lágrimas. Dejé que estas se deslizaran por mi rostro hasta caer en su pecho. Él no dijo nada durante un buen rato.

-No entiendo -confesó finalmente-. Eres tú quien quiere cortarme. Yo jamás te pediría que me dejaras, especialmente si te sientes así.

Lo estreché más fuerte entre mis brazos, aunque no pude hacer que mis lágrimas se detuvieran. ¿Cómo explicarle lo que estaba sucediendo? ¿Cómo podía decirle que la razón de que lo estuviera cortando era yo y no él? Sonaría a cliché más usado que vagón del metro.

-Gerardo -me dijo él. Era realmente curioso que nos llamáramos de la misma manera, especialmente en situaciones como aquella-. Necesito una explicación.

Tomó mi barbilla con una de sus manos, obligándome a voltear a verlo.

-¿Por qué quieres cortarme si crees que soy lo mejor que has tenido en la vida? -inquirió él.

Negué levemente con la cabeza sin atrever a mirarlo a los ojos.

-¿No crees que me merezco saber al menos la razón por la cual me estás cortando? -me preguntó él.

Se merecía más que eso. Pero no tenía nada más para darle.

-Tú te mereces algo mejor que yo -le contesté.

-¿Cómo va a haber algo mejor que tú? -cuestionó él con un nudo en la garganta-. En toda mi vida jamás he encontrado a alguien que sea mejor que tú.

Comencé a negar inmediatamente con la cabeza ante aquellas palabras. Por supuesto que debía de haber encontrado a alguien mejor que yo.

-Gerardo, no tienes porque subestimarte -me dijo él.

-¡Yo no me estoy subestimando! -exclamé molesto-. Cuando digo que te mereces a alguien mejor que yo me refiero a que te mereces a alguien que no te ponga el cuerno a la menor oportunidad.

Finalmente lo vi directamente, solo para ver una expresión de sorpresa y dolor que cruzaba su rostro. No aguanté eso. Me separé de él y me senté en un espacio libre del sofá mientras hundía mi rostro entre mis manos. Había estado a punto de decirle que le había puesto el cuerno con su propio hermano, pero aquello no podía confesárselo. Jamás.

Él se quedó en su lugar quieto durante un buen rato, pero después sentí como se movía y se sentaba a mi lado.

-¿Acaso lo quieres más a él? -preguntó.

Aquella pregunta hizo que mis lágrimas se pararan de golpe. No me esperaba una pregunta como esa.

-Por supuesto que no -contesté mientras volteaba a verlo sintiéndome confundido.

-Entonces… ¿acaso es mejor que yo a la hora del sexo? -inquirió él, aparentemente también confundido.

-No, no. Tú lo superas por mucho -contesté yo. Porque aunque había sido placentero con Diego también había habido dolor y cierto sentimiento de sometimiento. Con Gerardo solo sentía placer y me sentía más bien amado.

-¿Entonces por qué estás haciendo esto? -me preguntó él.

-Ya te lo dije -le respondí mientras desviaba la mirada-. No te mereces a alguien que te haga algo como eso.

-No sé como lo veas tú, pero para mí no es tan malo -respondió él-. Entiendo que quizás tenías curiosidad por sentir que era estar con alguien más, pero no me provoca conflicto especialmente porque si estoy entendiendo bien, aquello se trató solo de sexo. Me preocuparía si tuvieras una relación más emocional con él, pero incluso si me dijeras que él es mejor que yo a la hora del sexo me sentiría conforme sabiendo que soy yo a quien tú amas.

No podía creer lo que estaba oyendo, pero no podía ver en sus ojos rastro de que estuviera mintiendo o algo así. Y por otro lado, ¿por qué me costaba tanto trabajo creer aquello? ¿No yo mismo le había dicho algo similar a Diego el día en que había tenido sexo con él? ¿No había sido un discurso bastante parecido lo que había hecho que Diego se animara a seducirme?

-Respóndeme esto con sinceridad Gerardo. ¿Soy yo el hombre al que más amas? -me preguntó él mientras tomaba nuevamente mi barbilla.

-Sí, por supuesto que sí. El único -le contesté yo mientras veía sus bellos ojos castaños.

-Pues mientras así sea no voy a permitir que me dejes -me prometió él con una esplendorosa sonrisa-. Solo hay dos formas en que puedes dejarme. Una, que dejes de amarme. La otra forma es si encuentras a alguien a quien ames más que a mí, ¿entendido? Incluso si encuentras alguien que sea mejor que yo en la cama no me puedes dejar mientras me ames más a mí que a él, ¿okey?

No sabía qué pensar de aquello. Era un acuerdo bastante extraño, ¿no? ¿Significaba aquello que me daba permiso de coger con cuanto hombre quisiera? Sin embargo, yo sabía que el único hombre con el que quería estar, tanto emocional como sexualmente, era él.

Mis ojos volvieron a humedecerse, pero esta vez era diferente. Lo abracé con fuerza y me hundí en su pecho mientras sentía una felicidad desbordante dentro de mí. Sentí su olor, aquel olor que quedaba justamente después de tener sexo, aquel olor suyo que me volvía loco. Sería mío, no tendría que despedirme de él jamás. Porque estaba convencido que nunca encontraría un chico más al que amar que a él.

Lo oí reírse mientras me estrechaba contra sí y me acariciaba la espalda. Creí que era una caricia un tanto inocente hasta que me di cuenta que su pene estaba recuperando dureza poco a poco.

-¿Se puede saber en qué estás pensando? -le pregunté mientras lo miraba fijamente con una sonrisa pícara.

-Bueno, me has tenido más de un mes con abstinencia -me dijo él-. Creo que aguantaría bastante bien un segundo round. Aunque si tú no quieres lo entenderé.

Por toda respuesta le planté un beso apasionado. Mi lengua entró en aquella boca que ahora sentía como mía mientras mis brazos se deleitaban con el cuerpo del hombre que tanto amaba. Era increíble la nueva percepción que me daba el haber renunciado a él y tenerlo nuevamente entre mis brazos sabiendo que no tendría porque hacerlo.

Él dejó que su boca se deslizara por mi barbilla y de ahí a mi cuello, mordiéndome suavemente mientras yo dejaba que una de mis manos recorriera una de sus piernas hasta llegar a su ingle. Justo a un lado ya se encontraba su amiguito totalmente despierto.

-Por cierto, te tenía una sorpresa -me dijo sin separar sus manos de mi cuello.

-¿En serio? ¿Cuál? -pregunté yo mientras tomaba su pene con mi mano, deleitándome con su tacto, disfrutando la sensación de recorrer totalmente su prepucio.

Mi novio me separó ligeramente de mí y se levantó, dejándome a mí sentado con las manos vacías.

-Si esta es la sorpresa no me gusta demasiado -le dije yo mientras lo veía de pie. Sin embargo, cuando acabé de decir eso me di cuenta que no era del todo cierto. Era una bonita imagen verlo de pie frente a mí totalmente desnudo y erecto. Aunque necesitaba un buen bronceado en las piernas aquello no hacía que se reduciera mi deseo por él.

-Esta no es la sorpresa -me dijo mientras me tomaba de la mano para jalarme.

Me dejé arrastrar por él, aunque no estaba seguro de si era su mano la que me atraía o en realidad se trataba de la atracción que me producía todo su cuerpo la que me llevó a seguirlo por su casa hasta llegar a su habitación.

No solo la sala había sido remodelada, si no que también lo había sido su habitación. Las paredes habían cambiado su tono de verde por un amarillo, lo cual me recordó sin poderlo evitar que yo le había comentado hacía tiempo que me gustaría tener mi cuarto pintado de amarillo. También había colgado una foto enmarcada de los dos. Recordaba esa foto. Habíamos cumplido un mes y habíamos ido a visitar Teotihuacán. Al fondo de la foto se veía la pirámide del Sol.

Sin embargo, lo que más me atrajo la atención fue que la cama individual que de antaño ocupaba el espacio había sido remplazada por una tamaño matrimonial. Me pregunté si aquello significaba que Gerardo quería más espacio a la hora de dormir o tenía otras implicaciones, especialmente sumándole lo de la pintura en la pared.

-¡Vaya, te conseguiste un espacio más amplio! -comenté mientras me sentaba en la cama.

-Pensé que nos merecíamos un poco más de movimiento -dijo él con una gran sonrisa.

Esperaba que él se dirigiera inmediatamente hacia mí, pero en lugar de eso fue hacia un cajón del escritorio para sacar una cajita envuelta en papel de regalo.

-Toma -me dijo él mientras se sentaba a mi lado-. He de decirte que originalmente este regalo iba a ser para celebrar cuando cumpliéramos seis meses de novios, pero bueno. Supongo que tampoco está tan mal como para celebrar los siete meses.

Miré la cajita con interés mientras intentaba desamarrar el moño que traía. ¿Qué había planeado regalarme mi novio para celebrar nuestros seis meses juntos, ahora siete?

Cuando abrí la caja me sentí ligeramente decepcionado. Solo se trataba de una botella de lubricante. Él normalmente se encargaba de tener uno siempre a mano. ¿Por qué tendría que regalármelo? ¿Era su manera de decirme que me tocaría a mí mismo prepararme?

-Lubricante -comenté en tono ambiguo.

¿Mi novio esperaba una especie de show? ¿La idea era que yo me pusiera el lubricante mientras él me veía? Sí, quizás fuera excitante; aunque debía de confesar que en lo personal prefería que él mismo me embarrara el lubricante. Pero bueno, sería egoísta de mi parte esperar que él hiciera todo siempre, ¿no?

-Pareces decepcionado -dijo él mientras me abrazaba y me jalaba para quedar los dos recostados en la cama.

-No es que sea algo que no hayamos probado antes, ¿verdad? -le dije. Ni siquiera se había conseguido un lubricante con sabor o de esos que producen otras sensaciones.

-Te equivocas. Definitivamente es algo que no hemos probado antes -me contradijo-. Solo que aún no te digo la mejor parte.

Mi imaginación no podía trabajar alguna posibilidad. ¿Acaso Gerardo pensaba en una nueva posición? ¡Mejor me hubiera regalado un kamasutra!

-¿No se te ocurre nada? -preguntó él.

-No -contesté.

Él me tomó de mi mano para dirigirla hacia su cuerpo.

-El lubricante es solo para que lo coloques aquí -dijo finalmente él mientras restregaba mi mano contra su trasero.

Aquello me sorprendió totalmente. Es decir, yo me consideraba inter, pero desde que Gerardo y yo andábamos solo la había hecho de pasivo. Pensaba que mi novio era activo, y la verdad me hacía sentir tan bien que nunca me había cuestionado que las cosas pudieran ser de otra manera.

-No me vas a decir que eres de los que solamente les gusta ser penetrados, ¿verdad? -cuestionó él, seguramente ante mi expresión de sorpresa.

-No, para nada -le respondí-. Sin embargo, después de seis meses había creído que tú eras solo de los que les gustaba penetrar.

Aquello originó una carcajada por parte de Gerardo. Yo me le quedé viendo de manera inquisitiva.

-De hecho, eso solo ha sucedido contigo -me confesó-. Antes de conocerte solo la hacía de pasivo. Pero aquel primer día contigo… no estoy seguro de como fue, solo supe que de repente tuve deseos de penetrarte, de hacerte mío, y tú pareciste disfrutarlo tanto.

-No solo “parecí” -le aclaré yo mientras dejaba que uno de mis dedos danzara sobre su pecho.

-Okey -aceptó él con una sonrisa-. Y tú lo disfrutaste tanto. Yo también, por supuesto. Y como fue pasando nuestra relación parecía algo natural, ¿no? Sin embargo, de repente no podía evitar preguntarme qué se sentiría que las cosas fueran al revés, quizás de vez en cuando, quizás una vez tú, otra vez yo. Y no sé, se me ocurrió la idea de que intentarlo sería una buena idea de celebrar nuestros seis meses, pero pasó lo de mi mamá y pues ya no se pudo.

-Bueno, tampoco es que sea tan mala idea a los siete meses, ¿no? -le dije yo intentando no pensar en lo que había sucedido el día que habíamos cumplido los seis meses-. Además, creo que también es un buen regalo después del mes de abstinencia.

-Eso espero, o de lo contrario nos encerraremos tú y yo en este cuarto durante toda la semana para compensar ese mes -dijo él en tono bromista, aunque no estaba seguro que se tratara solo de una broma.

Mis labios sellaron los suyos apasionadamente. Nuestros cuerpos se acercaron, mis manos rodearon su cuerpo y empecé a masajear su trasero. Debía aceptar que el trasero de mi novio era bueno, carnosito y resaltaba, quizás no mucho pero si algo. Físicamente era una de las cosas en que superaba a Diego, ya que Diego realmente no se podía decir que tuviera trasero. Dejé que mis manos estrujaran aquellas masas de carne y que mis dedos se perdieran por la raja que tenían en medio hasta dar con su pequeño agujerito. Nunca había estado cerca de aquel punto, a excepción de una ocasión en que haciendo un 69 me había estirado para hacer algo de rimming. Sin embargo, en aquella ocasión no había pasado de aquello, y ahora sabía que sí lo haría.

Hice que mi novio se tumbara bocabajo y me subí sobre él. Dejé que mi polla erecta se colocara justo detrás de sus glúteos mientras mi boca se deslizaba por su cuello. El juego apenas iba iniciando. Mis labios se deslizaron por cada centímetro de su cuello, dejé que el aroma de su nuca me embriagara, mordí suavemente uno de los lóbulos de sus orejas, me atreví incluso a dejar que me lengua se moviera por la línea donde terminaba su cabello…

Mientras tanto también mis manos no podían quedarse quietas. Recorrieron el contorno de los hombros de mi novio, de sus fuertes brazos, por sus antebrazos; entrelacé una de mis manos con una de las suyas mientras la otra delineaba la zona de piel que quedaba libre de su espalda. Podía sentir como Gerardo se estremecía debajo de mí y sus ligeros suspiros de satisfacción.

Mi boca se fue moviendo hacia abajo, mi lengua se deslizó lentamente por su columna vertebral mientras mis manos la acompañaban en los dos lados de su espalda. No me detuve ante nada, ni siquiera cuando la textura de mis manos cambió por algo más suave y mi lengua se hundió entre los dos montículos que se encontraban detrás de su anatomía. Solo me paré cuando mi lengua dio con aquel hoyo que marcaba la entrada (o salida, dependiendo de como se viera) del interior de su cuerpo. Lengüeteé con placer aquella zona, aquel agujero apretadito que parecía imposible de abrirse, mientras mis manos se deleitaban con sus dos nalgas.

Su ano se había contraído ante el primer contacto de mi lengua, pero poco a poco se iba relajando. Dejé que mi lengua siguiera bajando mientras ahora mis dedos dejaban sus glúteos para dirigirse hacia el hoyito que me volvía loco. Mi lengua se deslizó por su perineo hasta llegar a sus testículos.

-Ponte bocarriba -le pedí mientras me separaba ligeramente de él y tomaba la botella de lubricante.

A mi novio pareció sacarle de onda mi petición, pero no dijo nada. Con una mano hice que levantara las piernas, y con la otra llena de lubricante me dediqué a untárselo alrededor del ano.

-Copión -dijo él con una ligera risa cuando vio que dirigía mi rostro hacia sus genitales.

-Solo un poco -le contesté antes de que mi boca se apoderara de su pene.

Y así, comencé a hacerle sexo oral a mi novio mientras mis dedos se dedicaban a estimular y preparar su ano. Disfruté del sabor de su pene (el cual tenía un ligero sabor a semen debido a la eyaculación anterior y al líquido preeyaculatorio) al mismo tiempo que de la sensación que me daba su ano abriéndose lentamente para albergar uno de mis dedos. Intenté ser lo más cuidadoso que pude, intentando forzar lo menos posible su esfínter.

Su pene se introdujo totalmente en mi boca al igual que mi dedo en su interior. Sentía prácticamente las palpitaciones de su pene al igual que las de su recto mientras dejaba que mi lengua recorriera las superficies de su miembro y mi dedo las de su interior.

-Oh Gerardo -exclamó él con placer.

Introduje un segundo dedo en su interior mientras dejé que mis labios y lengua se deleitaran con toda la superficie de su pene y sus testículos. Usé más lubricante para un tercer dedo, mientras que él sostenía sus piernas con ayuda de sus manos.

-En esto no te copiaré -le dije mientras me ponía de pie-. Mantén tus piernas así.

Sabía ya donde estaban los condones. Tomé uno, lo abrí con mis dedos y lo coloqué sobre mi pene mientras mi novio me miraba con algo de expectación.

Al regresar acomodé sus piernas sobre mis hombros y después coloqué más lubricante sobre mi pene enfundado. Coloqué mi glande en la entrada de su recto y comencé a ejercer presión. No necesité mucha, y así comencé a penetrarlo lentamente mientras no me perdía detalle de la expresión de su rostro. Me detuve cuando torció el gesto y vi que sus puños se cerraban agarrando la colcha de la cama.

-No te detengas -me pidió él a media voz. Fue cuando me di cuenta que su expresión no era de dolor, ni mucho menos. Era de puro placer.

Asi que continué introduciendo mi pene dentro de él hasta que mis caderas chocaron contra su trasero. Era increíble lo bien que se estaba ahí dentro. La presión de las paredes de su recto contra mi pene resultaba sumamente placentera.

Comencé a bombear, primero suavemente, después rápidamente, luego reduje un poco la velocidad y volvía aumentar. Nunca había hecho un juego como aquel, pero es que me di cuenta que dependiendo de la velocidad eran diferentes sensaciones, pero sin embargo todas muy placenteras. Además, seguramente eso nos daría más tiempo para disfrutar que si solo acelerara hasta venirme dentro de él.

Mi novio también lo disfrutaba, bastaba ver la expresión de su rostro para saberlo. Tomé su pene entre mis manos mientras él me acariciaba el pecho. Masturbarlo me producía una sensación bastante curiosa. Me imaginé que su pene era una extensión del mío propio, como si realmente fuéramos uno solo y entonces su pene fuera otra parte de mí.

-¡Oh Gerardo! -volvió a exclamar él mientras sus piernas se deslizaban para entrelazarse detrás de mí.

-Te amo -le dije yo mientras me inclinaba hacia él.

Nuestros labios se encontraron, se movieron unos contra otros y después sus dientes se aferraron con fuerza a mi labio inferior por vez primera y aquello hizo que mi excitación subiera como la espuma. Me di cuenta que ahora realmente éramos uno solo, ambos nos pertenecíamos mutuamente sin duda alguna. Lo penetré con mayor fuerza, y poco después sentí como las paredes de su recto comenzaban a apretarme mientras sus brazos me atraían con fuerza hacia él, como si quisiéramos fundirnos más allá de lo que ya estábamos. Aquello me hizo llegar al clímax de una manera que nunca antes había llegado. Era un placer puro, absoluto. Todo rastro de pensamiento desapareció de mí, al igual que mi alrededor. Lo único que importaba era el cuerpo que se encontraba justo debajo del mío.

Fue solo un instante, pero fue el mejor instante de mi vida. El placer fue remitiendo mientras nuestros labios seguían jugando y mi lengua se abría paso en su cavidad oral.

-Fue maravilloso -dijo él cuando nuestros labios finalmente se separaron.

Fue cuando noté la humedad en el abdomen. Por supuesto, aquello había sido el origen de las contracciones que había sentido sobre mi pene. No me molestó en absoluto, y no hice ningún ademán de separarme de él ni él de apartarme. Permanecimos bastante rato así, abrazados, con un beso ocasional mientras disfrutaba de su aroma. Solo hasta que mi pene salió de su interior por sí solo fue que nos movimos para quedar ambos recostados en la cama, frente a frente. Tomé el condón y lo arrojé hacia donde sabía que se encontraba el bote de basura de su habitación, si bien parte de su contenido ya se había regado. Pero a ninguno de los dos nos importó que nuestros fluidos corporales resbalaran por nuestra piel y se embarraran cada vez que nos repegábamos el uno contra el otro, mientras mis piernas se cruzaban con las suyas y cosas así.

-¿Y bien? ¿Valió la pena o nos vamos a quedar encerrados aquí durante una semana? -le pregunté pícaramente mientras nuestros pies jugaban entre sí.

-Valió tanto la pena que estoy pensando en quedarnos encerrados en el cuarto no para compensar, si no para seguir gozando -contestó él muy sonriente-. Podría volverme adicto a tenerte dentro de mí.

-Espero que eso no signifique que no piensas volver a penetrarme -dije yo-. Digo, estuvo bastante bien, pero creo que sería mejor si variáramos la acción de vez en cuando. Porque también me encanta a mí tenerte dentro de mí.

-Mejor variaremos seguido -dijo él antes de estampar su boca contra la mía.

Aquello me sonaba estupendo.

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La experiencia más erótica de mi vida

Hacía algunas semanas que iba a aquellas clases de teatro. Tenía muchas ganas de volver. Me sentía tan libre durante aquellos momentos… tan conectado con mi cuerpo, con mis emociones y con los demás, tan vivo… además allí hay chicas guapísimas. Cuando llegué, la clase acababa de comenzar: unas 20 personas sentados el uno frente al otro en la penumbra mirándose, simplemente, con amor, escuchando la cálida, pausada voz de Alba, la monitora.

Me enchufé a una chica guapísima francesa, una rubia de ojos verdes en cuyos ojos me derretí. La invité a entrar a través de los míos, que se habían convertido en espejos que la reflejaban a ella, pequeñita en mis pupilas. Era impresionante verme en las suyas y, daba un poco de vértigo. Cuando acabó el ejercicio, nos fundimos en un abrazo.

Así fue pasando la mañana, entre risas, miradas cómplices y huidizas, abrazos y sonrisas. Entre bastidores. Recreando el juego de la vida a través de nuestros propios personajes. El último ejercicio me tocó con Silvia. Estaba radiante. Los cabellos cobrizos le caían desordenadamente por los hombros. Sus ojos brillaban, y la poca luz que se filtraba a través de las persianas relucía en su piel ligeramente sudada por el ejercicio. Sus pezones se transparentaban a través de la camiseta amarilla con un ligero escote. No llevaba sujetador.

Me miró. Le sonreí. La sensual voz de Alba comenzó a explicarnos el siguiente ejercicio: debíamos, simplemente, cerrar los ojos mientras el otro nos daba besos por todo el cuerpo, donde quisiera. Sonaría una música durante algunos minutos y, cuando acabase, sería el turno de quien permaneció pasivo, del que solo se dedicó antes a disfrutar del momento y sentir en su piel y su alma el contacto de labios juguetones que descubrían por vez primera su textura y sabor.

Yo cerré los ojos. Ella empezó. Sus labios rozaron mi cuello y besaron mis pies con devoción, todos y cada uno de mis deditos fueron besados por sus dulces labios. También me recorrió con su boca mis brazos, la punta de los dedos de las manos y, finalmente, succionó con sus labios mi cuello durante unos pocos segundos y me rozó la comisura de los labios con los suyos. Abrí los ojos, la vi, sonreímos, y sabía que me tocaba a mí. Que podría disfrutar de su piel tersa y caliente en mis labios, que su sabor llenaría mi boca, que mi lengua podría, sutilmente, acariciar el lóbulo de sus orejas pequeñitas. Mi primer beso fue en el dedo gordo de su pie derecho, muy dulce, casi rozándolo. Ella suspiró, no se lo esperaba. Tenía un sabor salado. Mi segundo beso fue en el otro dedo gordo, esta vez lo chupé un poco, pero muy sutilmente. Fui subiendo por sus piernas, besé sus rodillas desnudas por delante y por detrás, concienzudamente. Notaba como su respiración se agitaba. Sabía que había ciertos límites tácitos que no debía traspasar, pero sabía jugar y llegar hasta ese límite sin traspasarlo. Mis labios se posaron en la parte de su pecho que quedaba descubierta, arrastrándose lentamente por su piel tenue y caliente que temblaba. Me incorporé, la vi tan indefensa, allí, recibiendo mis besos, con aquel calor, aquella música sensual que rezaba porque no dejase de sonar. Esperé varios segundos. Ella se retorcía, anticipando el siguiente beso. Poco a poco, mis labios se acercaron a su cuello palpitante, que tembló todavía más al recibir primero mi aliento y luego la bienvenida intrusión de mi lengua pícara que, mojada, recorrió en círculos aquella piel desnuda que tanto lo deseaba. Mis labios aprisionaron su piel para luego soltarla. El que debía ser mi último beso fue un roce casi imperceptible de mis labios con los suyos. Ella no pudo evitar gemir. Cuando por fin abrió los ojos, los dos sabíamos que nos íbamos a devorar como animales en pocos minutos en el almacén; después de la clase todo el mundo se iba y nadie nos buscaría allí.

Cuando todo el mundo se hubo ido me cogió de la mano y, discretamente, subimos las escaleras de metal fijándonos en que nadie se hubiera dado cuenta de nuestra ausencia. Cerramos la puerta de un portazo. Mientras nos quitábamos la ropa, nos empezamos a chupar como animales salvajes, yo la cogí por la nuca y y restregué su lengua por mi pezón, moviendo su cabeza de un lado a otro y sintiendo su lengua pequeñita y calientita deleitándose con mi piel sudada, tragándose casi mi pecho, poseída por la excitación. Nuestras bocas se unieron y nuestras lenguas se buscaron casi con desesperación. Me excitaba crear más saliva en mi boca para que ella se la tragase, para que mi fluido entrase en ella, en su boca ,algo que no tardaría en pasar. Le miré a los ojos. Ella miró mi polla con deseo, se moría de ganas de comérmela. Le penetre la boca con mi polla. De golpe. Y empecé a follármela a saco, mi pelvis se movía adelante y atrás a toda velocidad. Ella cerraba los ojos y segregaba más saliva mientras iba gimiendo de excitación, parecía que nos hubiéramos vuelto locos. No quería correrme todavía, y tenía ganas de fundirme con ella. Se dio la vuelta y me ofreció su culo. Me puse un condón y la penetré poco a poco, disfrutando como su calor me envolvía. Comenzamos a follar. Yo ya no sabía dónde estaba, ni quién era ella casi, sólo había calor, deseo y amor. Mi polla la llenaba. No sé cuánto tiempo estuvimos así pero para mi fue un solo instante eterno de dicha. Me fui. Me derrame, me fundí en ella. Cuando acabamos, la miré a los ojos, le enseñé el condón con todo mi semen y dije que quería que se lo tragase. Asintió. Embadurné mi glande con mis jugos y se la ofrecí. Ella, con devoción, como una gatita hambrienta, me la lamió enterita hasta que no quedó ni la más mínima gota de semen, luego me enseño su lengua blanquita, me miró a los ojos y se lo tragó mientras sonreía. Nos besamos y salimos a la calle cogidos de las manos. Hacía un día precioso y soleado, aunque algo frío. Nos miramos y nos fuimos a tomar un café. Aquello era el principio de algo, aunque no sabíamos bien de que. En ese momento, no nos importaba. Sólo sentíamos que habíamos compartido un momento mágico juntos, y que seguramente habrían más. Sonreímos.

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Engaño confesado I

Continuación de mis relatos Engaño y El Hombre De Mi Vida

Engaño Confesado I

-¿Quieres hacer algo especial mañana?

Mi novio Gerardo y yo íbamos caminando por la calle en que vivíamos. Casi habíamos llegado, y como siempre él me acompañaría hasta la puerta de mi casa.

-No lo sé -le contesté mientras me encogía de hombros.

-Mañana cumplimos siete meses -me recordó él con algo de pena en la voz.

Me sorprendí con aquello. No podía creer que ya fuera casi un mes que me había metido con Diego.

-Sé que no estuve contigo hace un mes -comentó él con una nota de arrepentimiento-, pero me gustaría compensarlo este mes.

Se me hizo un nudo en la garganta al comprender que mi novio se echaba la culpa de mi actitud del último mes. Había estado evitando todas las invitaciones que me había hecho para ir a su casa con excusas cada vez más inverosímiles, había hecho lo posible para reunirnos siempre en lugares donde hubiera más gente; y cuando nos encontrábamos solos, como cuando estábamos en el porche de mi casa, rechazaba los contactos que fueran más allá de besos y abrazos. Y aquello no era porque no quisiera estar con él. Era el hombre de mi vida, y por lo tanto me moría porque me hiciera sentir todo aquello que me había hecho sentir durante los primeros seis meses de nuestra relación. Sin embargo, cuando él empezaba a acariciarme recordaba si poderlo evitar las caricias de Diego y me sentía indigno de cualquier cosa que me diera Gerardo, mi novio y tocayo.

-¿Vendrás a mi casa mañana? -me preguntó él mientras nos acercábamos a mi casa-. Quiero estar solo contigo.

Me dio un apretón significativo en la mano.

-¿Y tus hermanos? -le pregunté.

La verdad solo tenía interés en uno de sus hermanos. Me daba igual si Marcos se encontraba presente en la casa o no. Mi problema era Diego, el estúpido y sensual Diego que no había visto desde hacía un mes cuando me había convencido de ponerle el cuerno a su hermano mayor con él.

-Estarán fuera -contestó él-. Marcos irá a visitar a una tía y no volverá hasta pasado mañana. Y Diego se fue desde hoy con unos amigos de campamento y volverá hasta el lunes.

Bien, Diego no estaría en casa. Quizás podría…

Llegamos a la puerta de mi casa y me paré justo frente a Gerardo. Él me miraba con inmensa ternura, pero también con algo parecido al temor.

-¿Vendrás? -inquirió él mientras me acariciaba el rostro.

-Sí, creo que sí -le contesté mientras desviaba la mirada.

-Te amo -me dijo con voz temblorosa.

Aquello me sorprendió, y al voltear a verlo vi todo el miedo reflejado en sus ojos. Se me estrujo el corazón al entender que tenía miedo de perderme. Seguramente había tomado mi conducta del último mes como indicios de que pensaba dejarlo.

-Y yo a ti -le contesté mientras daba un paso hacia él para abrazarlo. Era la primera vez en un mes que yo tomaba la iniciativa para cualquier clase de contacto físico.

Pero mientras lo abrazaba me di cuenta que él no se merecía aquello. No se merecía un chico que sentía una fuerte atracción física por su hermano menor, no se merecía un chavo que le había puesto el cuerno con ese mismo hermano y que ahora no podía entregársele a él. En otras palabras, él se merecía algo mejor que yo

——☹——

La mañana del día siguiente se me hizo muy larga. Me levanté muy temprano, quizás por la ansiedad que experimentaba al saber lo que tendría que hacer en un rato. Me bañé y me vestí con lo primero que encontré, para después ponerme a pasear por las diferentes habitaciones de mi casa. Intenté leer un libro, escuchar música, ver una película… pero no podía concentrarme en nada. Una parte de mí ansiaba ir directamente donde mi novio para hablar con él, aunque sabía que habíamos quedado de vernos cuando su mamá se retirara. Además, no creía que fuera buena idea cortarlo con su madre y quizás Marcos presentes en casa.

Así que tuve que esperar hasta que diera la hora que ambos habíamos acordado. El tiempo parecía irse increíblemente lento. Cuando finalmente llegó el mediodía, ya no tenía ganas de salir. Pero debía hacerlo. Debía salir, cruzar la calle y decirle a Gerardo que ya no podía ser su novio.

Llegué a su casa extrañamente inquieto. Inhalé profundamente antes de tocar el timbre, pero antes de que pudiera hacerlo la puerta se abrió hacia dentro.

-Hola -me recibió mi novio con una sonrisa que me pareció de alivio.
Quizás él había dudado que realmente me presentara después de un mes de no pararme en su casa, cuando antes me la pasaba el mayor tiempo posible ahí con él. Tal vez por eso había estado tan cerca de la puerta de entrada esperando por mí.

-¿Estamos solos? -le pregunté después de darle un rápido beso a modo de saludo y entrar en su casa.

-Sí -me contestó él con emoción.

Caminé pausadamente hasta el centro de la sala. Habían movido los muebles desde mi última visita. Ahora el sillón grande estaba justamente frente a la televisión, además de que habían pintado las paredes con un suave color melocotón.

-Me gusta la nueva decoración -comenté.

-Me alegro -expresó él.

Me di la vuelta, y me di cuenta que él no me había seguido por la habitación como había creído en un principio. Me miraba desde la entrada, con la puerta cerrada a sus espaldas y el deseo marcado sobre su rostro.

No había contado con aquello. Creí que tendría tiempo para sincerarme, que realizaríamos alguna actividad cualquiera para entretenernos. Pero no podía tener relaciones con él si después debía terminarlo.

-Gerardo… -le dije yo mientras él caminaba hacia mí.

-Tengo una nueva cama -anunció él mientras tomaba mis manos entre las suyas-. Podemos ir a probarla.

Dirigió su rostro hacia el mío. Supe que iba a besarme, pero yo incliné la cabeza hacia abajo con el fin de evitarlo.

-¿Qué es lo que sucede? -preguntó él con cualquier rastro de emoción desvanecido.

Lo mejor sería hacer aquello limpia y rápidamente.

-No puedo hacerlo Gerardo -le dije luchando para contener el llanto, especialmente al darme cuenta que nos hallábamos en el mismo lugar y la misma posición que cuando se me había declarado por primera vez hacía siete meses-. No es justo para ti.

-Entonces estaba en lo cierto al pensar que querías cortarme.

Levanté la mirada para poder verlo. Él había cerrado los ojos y tenía una respiración más o menos regular, aunque silenciosas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-De verdad lo siento Gerardo -le dije mientras colocaba una mano sobre su mejilla.

-Estará bien mientras no salgas con discursos estúpidos de “soy yo, no tú” -expresó él sin abrir los ojos.

Tuve que morderme la lengua para no decir nada, porque en nuestro caso sí aplicaba esa frase aunque él no podía saberlo. Él no podía saber que él no había hecho nada, que había sido yo el idiota que se había metido con su hermano por pura calentura. Quizás lo mejor fuera que él continuara así, sin saber nada.

-Creo que sería mejor que me vaya -indiqué mientras me soltaba de su mano.

-Espera -me dijo él mientras volvía a tomar mi mano.

Lo miré una vez más fijamente. Sus ojos estaban llenos de tristeza, pero sus labios se curvaban como si quisiera sonreír.

-¿Puedo pedirte una última cosa? -me preguntó.

¿Cómo negarle algo cuando le estaba rompiendo el corazón? Se merecía que le diera aunque fuera un último motivo para sonreír.

-Lo que quieras -le contesté.

-Regálame este último día para estar juntos -me pidió él-. Dame de nuevo un momento como el que vivimos hace siete meses y te prometo que a partir de mañana será como si nunca nos hubiéramos dirigido la palabra.

Se me hizo un nudo en la garganta. Podía ver claramente cuanto deseaba estar una última vez conmigo, del mismo modo que yo me moría por estar entre sus brazos. No obstante, no sabía si eso me facilitaría las cosas cuando tuviera que alejarme de él.

Sin embargo, ya había dicho que le daría cualquier cosa que él quisiera, así que él no me iba a dejar ir sin más. Tomó mi barbilla con una mano y luego me plantó un beso lento y pausado, tal como lo había hecho por primera vez varios meses atrás.

Quizás sería mejor aprovechar el momento y preocuparme después por los corazones rotos. Subí mis manos, y mientras mi mano derecha se enredaba en los cabellos que nacían en su nuca para atraer su rostro más cerca del mío, la izquierda se deslizó por las curvas de su rostro, por aquellas facciones que había llegado a adorar y que identificaban al que yo reconocía como el chico más guapo del planeta.

Él me estrujo con fuerza por la cintura, sin dejar de ser delicado, repegando su cuerpo por completo al mío. Prácticamente podía sentir su deseo destilándose por cada uno de los poros de su piel, y había una increíble erección repegándose contra mi entrepierna. Aquello era la prueba última de que realmente Gerardo estaba lleno de ganas por estar conmigo.

Su lengua se introdujo suavemente en mi boca, permitido por la abertura de mis labios que dejaban colarse su dulce aliento dentro de mí. Acarició con suavidad ambos labios, se deslizó por mis dientes y luego buscó a la mía para enredarse en una danza acompasada pero lenta.

Sus manos comenzaron a acariciar mi espalda baja, una de ellas introduciéndose tímidamente debajo de mi playera. Si Gerardo pretendía encenderme iba por buen camino. Cuando llevábamos apenas dos meses él había descubierto que cualquier caricia en mi espalda me prendía en cuestión de segundos.

Y así fue. Sus manos moviéndose suavemente por mi espalda y ascendiendo por mi columna vertebral hicieron que mi respiración se acelerara, mi pulso se disparara y que me sintiera extrañamente acalorado en todo el cuerpo. El calor era especialmente fuerte en mi entrepierna, y era algo molesto porque mi pene no podía levantarse completamente por la forma en que estaba repegado contra Gerardo.

Gemí levemente mientras echaba la cabeza hacia atrás, movimiento que él aprovechó para poner su boca contra mi cuello, dejando que su lengua se deslizara sobre él, dejando una sensación placentera, como si un río cálido surcara mi piel. Sus labios presionaron suavemente por donde se encontraba mi yugular, mientras que mis manos bajaron acariciando el contorno de sus hombros y espalda. Por otro lado, sus manos comenzaron a levantar mi playera, una sin separarse de mi espalda y la otra acariciándome el costado.

Gerardo separó su boca de mi cuello, y separándose un poco de mí prendió sus labios de una de mis tetillas mientras mi pene quedaba libre para levantarse, o al menos tan libre como podía estarlo debajo de mi ropa.

Su lengua se movía en círculos alrededor de mi tetilla, y también de un lado a otro mientras yo acariciaba su cabello con mis manos y hundía el rostro en él. Pude percibir el dulce olor de su champú mientras con sus dientes él aplicaba una suave presión a mi pezón.

Mis manos se deslizaron por sus espalda hasta casi llegar a su trasero. Tomé el borde de la playera que llevaba puesta aquel día y comencé a jalarla. Él se dejó hacer, e incluso se separó un poco de mí para que la playera pudiera salir por completo dejando a la vista su hermoso torso plano. Me acerqué nuevamente a él, aunque sin repegarme totalmente a él para que pudiera disfrutar de lo que veía mientras acariciaba sus brazos. Me gustaba la forma en que su color se iba oscureciendo gradualmente desde el hombro hasta el codo, si bien no eran muchos tonos de diferencia.

Después de eso fue mi turno de dejarme hacer. Él tomó mi playera y con cuidado me la sacó por la cabeza. Él me miró con ternura mientras dejaba que sus dedos acariciaran mi pecho, sobre todo en la zona del esternón. Deslizó sus manos por mi abdomen, y mientras volvía a repegarse contra mí dejó que sus manos siguieran corriendo por los costados de mis genitales hasta llegar a mis piernas y rodearlas.

-Te deseo más que nada en el mundo -dijo él mientras nuestras narices estaban pegadas.

Yo solo pude devolverle una melancólica sonrisa al darme cuenta de la expresión de sus ojos. Estaba decidido a que aquella fuera el mejor día de nuestras vidas, pero no más allá de eso.

Ahora fui yo quien acercó mi boca a la suya mientras mis manos recorrían sus brazos, los cuales quizás no tuvieran músculos que resaltaran pero eran firmes al tacto. Dejé que mi lengua delineara con suavidad su labio inferior, para luego hacerlo con la línea que separaba sus labios. Después hice que mi lengua penetrara en su boca para poder tocar sus incisivos, y la estiré lo más posible para intentar tocar su paladar.

Mi lengua se retiró de su interior para poder dirigirse hacia su cuello mientras con suavidad empujaba a mi novio (o quizás debería decir ex) hacia el sillón. Lo hice sentarse mientras con pasión besaba su cuello, dejando un rastro de saliva mientras me dirigía hacia su pecho. Besé con cuidado cada una de sus tetillas, aunque no pude evitar el deseo de succionar suavemente cada una de ellas.

Me encantaba el sabor de la piel de Gerardo en cada centímetro que recorría. Era un sabor que no tenía comparación y que disfrutaba mientras mi boca se movía por su suave abdomen. Llegué a su ombligo, y mientras mis manos se afanaban por desabrochar su pantalón él comenzó a acariciar con una de las suyas mi espalda, de tal manera que cuando finalmente conseguí que el botón saliera del ojal y la bragueta abajo yo estaba más que prendidísimo.

Mi boca se deslizó por la fina línea de vellos que salían desde su ombligo hasta su pubis, haciéndose cada vez más espeso. Llegué al extremo superior de sus bóxer color negro y dejé que mi boca se moviera por encima de ellos masajeando suavemente su instrumento.

Luego de un rato aquello no nos bastó. Él levantó ligeramente sus caderas y con mi ayuda hizo que el pantalón y su ropa interior terminaran en el suelo, dejando a la vista aquellas piernas blancas pero sobre todo aquel lindo pene que se encontraba más duro que un mástil. Me iba a poner a chupárselo de inmediato, pero Gerardo me detuvo antes para poder acabar de desnudarme de tal manera que ambos estuviéramos en igualdad de condiciones.

Una vez que ambos estuvimos desnudos nos recostamos como pudimos en el sillón en posición de 69. Yo me hubiera conformado con solo tener su pene al alcance de mi boca, pero creo que él tampoco quería quedarse atrás. Yo tomé su pito entre mis manos y los empecé a acariciar mientras él introducía el mío directamente a su boca. Yo dejé que mi lengua se deslizara por sus testículos mientras la suya se movía con maestría alrededor de mi verga. Aspiré el seductor aroma que mantenían sus vellos púbicos mientras él se tragaba completamente mi pene, con lo que pude sentir mi glande rozar su campanilla.

Dejé que mi lengua abandonara sus bolas para que recorriera el camino hacia su glande, lamiendo su tronco como si se tratara de un caramelo. No fui todo el camino hacia abajo (o hacia arriba, dependiendo de la perspectiva que se utilizara), si no que a veces me regresaba antes de acercarme más a la punta.

Mientras yo hacía aquello él seguía con mi polla totalmente dentro de sí, e hizo que sus manos se deslizaran alrededor de mis caderas para llegar a mis posaderas, donde sus dedos compenzaron a aplicar ligeras presiones en forma de masaje.

Finalmente llegué a la cabeza de su pene, permitiendo que mi lengua recorriera aquella rosada cabeza. Lamí todo su alrededor para después concentrarme exclusivamente en la punta, lugar donde lengüeteé antes de introducir la punta de mi lengua por su uretra. Era una sensación curiosa la que provocaba aquello, placentera en grado sumo si le sumabas el sabor del líquido preeyaculatorio que destilaba de aquel lugar.

Al mismo tiempo, Gerardo comenzó a sacar y meter mi pene de su boca mientras sus dedos se acercaban a mi ano sin dejar de masajear mi trasero suavemente.

Cuando su boca se hundió por tercera vez en mi pubis se me ocurrió una excitante idea. Coloqué mis labios alrededor de la corona de su glande, y cuando él hizo hacia atrás su cabeza para sacar mi verga yo hice lo propio para introducir su pene en mi boca, retirándome cuando él volvía a tragarse mi polla.

Un sonido resonó en el pecho de mi novio cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, quizás una risa ligera o algo parecido. Estaba haciéndole sexo oral exactamente a la misma velocidad que él me lo hacía, solo que intercalando los movimientos de dentro y fuera. La única diferencia es que mientras mis manos acariciaban sus piernas las suyas acariciaban mi culo.

Sus dedos comenzaron a jugar directamente con mi ano. Después de todo el tiempo que habíamos pasado juntos yo había aprendido a relajarme cuando empezaba a utilizar los dedos para introducirlos en mi interior llevándome cerca del clímax. Y así lo hizo en aquel momento, metiendo su dedo índica por mi abertura anal suave y lentamente, produciéndome cero dolor como la primera vez que lo hizo.

Ninguno de los dos dejó de chupar el pito del otro mientras su dedo tocaba las paredes de mi recto y su mano libre seguía masajeando mis nalgas. Un segundo dedo se abrió paso dentro de mí, haciéndome sentir lleno y con un montón de escalofríos que nacían de mi pene y mi recto y me recorrían por completo el cuerpo.

Dentro y fuera, dentro y fuera. Tanto mi pene, mi boca y mi recto estaban disfrutando con aquel juego, aunque también el resto de mi cuerpo con los roces y caricias que resultaban de nuestra posición.

Nos separamos durante un momento después de un rato. Al mirarnos a los ojos comprendimos que ninguno de los dos estaba pensando en el futuro, si no solo en el presente y las ganas que sentíamos en aquel momento. Él se sentó sobre el sillón y yo me senté sobre sus piernas, quedando ambos frente a frente. Nuestros penes quedaron uno frente a otro y yo los tomé para masturbarlos juntos mientras juntaba nuestras frentes. Visualmente no sabía si era más excitante su mirada llena de deseo dedicada hacia mí o nuestros dos penes frotándose entre sí. El mío era ligeramente más grande y grueso en el tronco que el de mi novio, pero aquél me fascinaba por ser más pálido y por su forma de champiñón marcada.

-¿Estás pensando lo mismo que yo? -me preguntó él mientras atrapaba mi labio inferior entre los suyos.

Fue un beso rápido, pero que me gustó como todos los besos que me daba Gerardo. Además, el hecho de que nuestro precum se estuviera revolviendo mientras frotaba nuestros glandes le agregaba un elemento más erótico al asunto.

Gerardo no esperó a que le respondiera, si no que me tomó de la cintura fuertemente con una mano para que no fuera a caer hacia atrás mientras nos inclinábamos para que él pudiera tomar su pantalón, de donde sacó su condonera para luego tomar el condón que llevaba dentro.

-¿En esta pose? -le pregunté mientras él volvía a recargar su espalda contra el respaldo, entendiendo a qué se estaba refiriendo.

-Por supuesto -contestó él mientras dejaba que su cadera se deslizara un poco por el sillón, de manera que yo me pudiera sentar más fácilmente sobre él.

La verdad es que la idea me gustó en sobremanera. Toda pose en que él y yo quedáramos frente a frente me encantaba. Asentí con una sonrisa, tras lo cual él abrió el condón para después colocárselo de manera rápida pero no por eso sin cuidado.

En aquel momento me percaté que aquella sería la primera vez que no usaríamos lubricante extra para la penetración. No obstante, estaba tan caliente que no me importó. Estaba seguro que después de haber tenido sus dos dedos dentro de mí no habría problema, especialmente si lo hacía lentamente. Así que levanté mis caderas y mientras me agarraba del respaldo rodeando la cabeza de mi novio con mis brazos puse mi hoyito de tal manera que hizo contacto con la punta de su pito.

Pasé una de mis manos hacia atrás para sostener la base de la verga de Gerardo para después dejar caer mis caderas ligeramente. Durante un momento no pasó nada, pero cuando la presión creció mi esfínter anal se abrió dando paso a la cabeza de aquel pene.

Había casi olvidado lo mucho que me gustaba la polla de Gerardo dentro de mí. Quizás para los fanáticos de los penes grandes eran insignificante con sus casi 14 centímetros, pero para mí era perfecta, porque siempre que me penetraba era como si se acoplara perfectamente a mi recto. Me estimulaba en los lugares precisos para provocarme en cada ocasión dosis inigualables de placer.

Y aquella ocasión no fue la excepción, si no más bien la mejor de todas. Tal vez mi retaguardia había echado de menos al intruso que se había ausentado por más de un mes, pero el caso es que cuando finalmente mis nalgas se asentaron en las caderas de Gerardo una sensación parecido al éxtasis me invadió.

-¿Qué sucede? -me preguntó él al ver la expresión de mi rostro.

-Espera, porque creo que si empezamos con el mete y saca me vengo -le dije.

-Pequeño -dijo él con una risita mientras me atraía hacia él usando sus brazos.

Los escalofríos recorrieron cada pedazo de mi cuerpo mientras intentaba respirar profundamente. No quería eyacular, al menos no todavía. Lo cierto es que las manos de Gerardo acariciándome la espada no ayudaban mucho.

Comencé a moverme con cuidado después de un momento, dispuesto a detenerme si otra vez sentía que estaba a punto de venirme. Afortunadamente pareció que todavía podía aguantar otro rato, así que empecé a mover mis caderas con más confianza, a veces con movimientos circulares y otras arriba y abajo para que el pene de mi novio saliera y volviera a entrar a mi recto.

-¡Oh sí! -exclamó él mientras echaba la cabeza hacia atrás.

-¡Gerardo! -exclamé yo mientras pasaba mis brazos por su cuello y comenzaba a saltar más rápido ayudado por sus manos que se movieron hacia mi cintura.

Cada vez estábamos más cerca, y ambos podías sentirlo. Mi respiración se aceleró al igual que la suya, él empezó a gemir con fuerza mientras yo sentía un calor demasiado agradable que se extendía por mi cuerpo.

Acabamos viniéndonos al mismo tiempo, y lo supe porque él me penetró profundamente y me sostuvo con fuerza para que dejara de saltar mientras mis chorros de leche salían con tanta fuerza que llegaron a manchar la barbilla de Gerardo.

El momento fue sumamente especial mientras nuestros cuerpos convulsionaban en el instante del orgasmo, sintiendo las contracciones de los músculos del otro. Y también fue placentero sentir como el clímax se desvanecía lentamente, dejando una especie de dulce y relajante sensación que se veía aderezada con la imagen del cuerpo de Gerardo escurriendo parte de mi semen por su barbilla y pecho.

-¡Fue genial! -expresó él mientras se acostaba en el sillón jalándome con él, aunque eso hizo que su polla saliera de mi interior-. Gracias.

Quedé recostado sobre su pecho, aspirando el aroma que desprendía su piel. Quizás Diego tuviera un mejor cuerpo y una mejor verga que Gerardo, pero sabía que jamás lograría darme la sensación de plenitud y bienestar que en esos momentos experimentaba con Gerardo.

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Bueno, no sé bien cuando saldrá esta historia para que todos puedan leerla, pero me gustaría pensar que va a ser el 15 de octubre, porque ese día se cumplirán dos años de que vi por primera vez al chico que inspiró esta historia ;D Pienso que quizás el relato quedó algo meloso, pero bueno, a mí me gustó y espero que a ustedes también

Algo más

Era divertido ver como Paco conducía la subasta de besos que realizábamos para reunir fondos para nuestra graduación. Yo lo observaba desde el registro civil en compañía de Lula, y ambos no podíamos dejar de reír. Mucha gente se estaba acercando, así que parecía que aquello sería un éxito.

En aquellos momentos se encontraba una chica muy linda sobre la plataforma que habían colocado con propósito de la ocasión. Sin embargo, en una escuela donde la mayoría de los estudiantes eran mujeres no parecía haber muchos compradores para los besos de una muchacha.

-Vamos chicos, anímense -dijo Paco por el micrófono-. ¿Van a dejar pasar esta belleza? A ver tú, el de la camisa azul.

Volteé a ver hacia donde estaba señalando Paco, e inmediatamente sentí que los colores se me subían al rostro. Mi corazón empezó a acelerarse y mi respiración se volvió errática.

-¿Es Marco? -me preguntó Lula mientras Paco se dirigía hacia él.

Por supuesto que era él. No había otro chico en el planeta que consiguiera ponerme en aquel estado. Aunque mis amigas coincidían en que no estaba feo (a gran diferencia de otros chavos en los que me había fijado en el pasado), no acababan de entender la fascinación que yo sentía por aquel chico de piel morena, ojos oscuros, espaldas anchas y trasero pequeño pero definido. Yo tampoco lo entendía del todo, pero eso no evitaba que mi cuerpo tuviera reacciones extremas.

-Ya te reíste amigo -le dijo Paco mientras se paraba junto a él-. ¿A poco no te gustaría probar un beso de esos hermosos labios?

-Me temo que no es mi tipo -contestó Marco con una risita cuando Paco le puso el micrófono frente a él.

Por supuesto que una chica no era su tipo. Sin embargo, no sabía cuál era su tipo, ya que si bien lo había conocido en un lugar de encuentro nunca lo había visto meterse con nadie. Aparentemente ninguno de los chicos que asistíamos a aquel lugar llenábamos sus expectativas. A mí ya me había rechazado en dos ocasiones, la primera después de haberme prendido y emocionado.

-¿Cómo no va a ser tu tipo? -inquirió Paco de forma retórica.

-No me van las chicas -contestó Marco alzando los hombros.

Muchos de los presentes se miraron sorprendidos. La verdad era que Marco no era de aquellos chicos a los que se les nota lo gay a primera vista, ya que tenía una imagen muy masculina. Aun así, Paco supo conducir la situación.

-¡Ah! Pues mira, si ése es el caso podemos conseguir a alguien más -dijo Paco mientras volteba.

Mi corazón se estrujo al presentir que Paco me estaba buscando a mí. Era el único chico gay presente que conocía. Pero ¿a quién se le ocurriría ofrecerme en subasta al chico que me volvía loco? Si bien Paco no lo sabía, aquello no dejaba de ser irónico.

-Pues mira, tenemos aquí a nuestro juez del registro civil -dijo Paco mientras me señalaba y yo sentía que mi rostro brillaba como un semáforo señalando el alto-. Ahí como lo ves dicen que besa bastante bien, aunque no lo teníamos en el inventario porque no es la clase de mercancía que se les pueda vender a las chicas.

Marco hizo una mueca con la boca al reparar en mí. Aparentemente no se dio cuenta que Paco le puso el micrófono en la boca, ya que habló prácticamente en un susurro que no se hubiera oído sin la amplificación.

-Puedo tenerlo gratis cuando quiera.

Aquello originó una cascada de risas, exclamaciones de sorpresa y burlas mientras todo mundo se enfocaba en mí. Yo solo quería que la Tierra me tragara en ese momento, aunque de reojo me pareció ver que Marco se arrepentía de que aquello hubiera sido escuchado por todo el mundo.

——♉——

Una semana había transcurrido desde el asunto de la subasta de besos. Sabía que me estaba comportando de una manera paranoica al evitar los lugares concurridos, porque la verdad la mayoría de la gente no me prestaba atención, pero es que había unas cuantas personas que aún me veían y reían, y otro par de chicos que cada vez que me veían sonreían como si me insinuaran algo más. Pero yo no quería nada con ninguno de ellos. Ahora solo había un chico con el que quería estar, un chico que lamentablemente no parecía sentir lo mismo por mí.

-¡Maldita sea! -exclamé para mí mismo mientras caminaba hacia el baño.

¿Qué tenía Marco que no tuvieran otros chicos? ¿Por qué se había convertido en el único chico que ansiaba acariciar y estrechar entre mis brazos, cuya piel deseaba saborear en cada centímetro cuadrado y cuyo respiro moría por sentir sobre mi piel mientras susurraba mi nombre con pasión? La verdad, aquello iba más allá de desear un momento juntos. Lo que de verdad quería era conocerlo, y de ser posible convertirme en aquella persona especial que compartiera con él toda su vida.

Las lágrimas acudieron sin demora a mis ojos. Pero más que lágrimas de tristeza se trataba de lágrimas de rabia. Estaba furioso conmigo mismo por haberme fijado de esa manera en un chico que no mostraba el más mínimo interés por mí.

Las lágrimas me nublaban la vista mientras me dirigía hacia el baño, así que no vi a la persona que venía en dirección contraria hasta que choqué contra ella.

-Lo siento -alcancé a murmurar mientras retrocedía un paso.

-¿Te encuentras bien? -me preguntó aquella persona en tono neutro con una voz indudablemente varonil.

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, ocasionado por algo relacionado con esa voz. Me sequé las lágrimas con una mano para poder enfocar a la persona que tenía frente a mí. En cuanto lo hube logrado mi corazón dio un vuelco. Ahí frente a mí se encontraba la imagen de mis sueños, aquel chico de piel morena coprotagonista de todas mis fantasías.

Aquel pensamiento solo hizo que mi enojo se intensificara, especialmente porque él ni siquiera me veía directamente, si no que tenía la vista fija en algún lugar cercano a mi hombro derecho.

-¡Tú! -exclamé dejando que mi enojo saliera por completo-. ¿Cómo se te ocurrió decir algo como eso?

-¿Acaso no es cierto? -cuestionó él.

Quise desmentirlo, gritarle que jamás me metería con alguien como él, pero eso hubiera sido la más grande mentira que habría dicho en mi vida. La verdad es que hasta me creía capaz de pagar yo con tal de estar con él. Pero en ese momento me conformé con contestarle:

-¡Ése no es el punto!

-Entonces, ¿cuál es? -me preguntó él mientras me volteaba a ver directamente.

-¡Qué me hiciste pasar por la mayor vergüenza de mi vida! -le exclamé antes de razonarlo con detenimiento-. ¿No te parece suficiente lo estúpido que parezco muriéndome por ti mientras tú me ignoras porque no sientes nada por mí?

-Te equivocas -dijo él mientras clavaba su mirada en el suelo.

Aquello me desconcertó por completo, con lo cual mi enojo desapareció repentinamente.

-¿A qué te refieres? -le pregunté.

-Te equivocas si crees que esa es la razón por la que finjo ignorarte -me contestó él.

Me le quedé viendo con mirada inquisitiva. ¿Realmente había utilizado la palabra “finjo”?

Él inhaló profundamente antes de continuar hablando.

-Me gustas demasiado Gerardo, desde la primera vez que te vi -dijo él-. Temo que si te presto demasiada atención o me meto contigo acabaré por enamorarme de ti, y no es algo que quiera hacer. Prefiero no enamorarme para evitar desilusiones futuras cuando me pongan el cuerno o me digan “yo solo quería sexo”.

No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Marco tenía miedo de enamorarse de mí? ¿Aquel chico que me traía loco realmente sentía algo por mí? Aquello debía ser una broma, porque sonaba totalmente surrealista.

Y tristemente tuve la punzada de que aquello era precisamente una broma, lo cual hizo que las lágrimas acudieran nuevamente a mis ojos.

-¿No te cansas de lastimarme? -le cuestioné.

-¿De qué estás hablando? -me preguntó él mientras me volvía a mirar el rostro.

No hice ningún intento por enjugarme las lágrimas, porque de todas formas surgirían más.

-¿Enamorarte de mí? ¡Por favor! -le dije-. Soy yo quien se muere por conocerte, quien cada vez que te ve pierde la respiración y se le desboca el corazón. Soy yo quien no duerme en las noches por pensar en ti, a quien ya no le interesa ningún otro chavo que no seas tú ni en lo sexual ni en lo sentimental. Soy yo quien daría todo por verte sonreír, por perderme en tus ojos, por simplemente rozar tu mano…

Lo último lo dije chillando prácticamente. No podía evitar los sollozos que surgían de mi garganta, ni que mi cuerpo temblara sin control mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.

-Gerardo… -dijo él a media voz.

-Soy yo quien siente todo eso -continué yo-. ¿Y tú me quieres hacer creer que tienes miedo de enamorarte de mí? Entonces tal vez te gustaría explicarme cómo le hago para olvidarme de ti, porque ni tu actitud indiferente ni tu rechazo han evitado que yo sienta todo esto. Hablas de enamorarte de mí, pero me temo que no tienes la menor idea de lo que eso significa.

-¿Crees que no sé lo que significa? -cuestionó él con la voz alterada por primera vez desde que lo había conocido-. ¿Crees que yo no me siento nervioso cada vez que te veo? ¿Que no me muero por voltear a verte y perderme en tu mirada? ¿Que no sueño con estar contigo una noche y más que eso?

-Nunca has hecho nada que me dé esa impresión -le contesté mientras me secaba las mejillas.

-¿Quieres que haga algo que te lo demuestre? -cuestionó él mientras me tomaba de los brazos.

Y antes de que pudiera responder algo él me besó. Sus labios chocaron contra los míos con algo de brusquedad, porque él parecía algo desesperado, como si se hubiera estado conteniendo por mucho tiempo de hacer eso. Sin embargo, no pude reflexionar mucho sobre eso, porque estaba experimentando una sensación que nunca antes había sentido. Sus labios se acoplaban con naturalidad a los míos, produciendo una explosión de placer que recorría mi cuerpo entero y hacía que cada una de mis células deseara estar en contacto con el cuerpo de Marco. Mis brazos se alzaron para cruzarse por detrás de su espalda y atraerlo hacia mí mientras mi cuerpo se repegaba contra el suyo encajando de forma perfecta, como si hubiéramos sido hechos el uno para el otro.

Sus labios tardaron un rato en despegarse de los míos, pero cuando finalmente lo hicieron tomó mi rostro entre sus manos y con lágrimas en los ojos pero también con una esplendorosa sonrisa me dijo:

-Me gustas tontito, me gustas como nunca me ha gustado alguna otra persona.

Y le creí. Le creí mientras sus labios se posaban ahora con más dulzura sobre los míos, dándome un beso más tierno al principio, mientras mi aliento se mezclaba con el suyo y mi lengua se encontraba tímidamente con la suya. Le creí mientras él me jalaba suavemente hacia el baño para después meternos a un cubículo y quedar arrejuntados en el espacio que quedaba entre el inodoro y la puerta.

Sus manos se metieron por debajo de mi playera, provocando escalofríos en cada pedazo de piel que tocaban. Yo me las arreglé para meter mis manos entre nosotros y comenzar a desabrochar su camisa. No éramos nosotros quienes hacían todo aquello, era el deseo contenido por mucho tiempo en nuestros corazones, el deseo de poseer y entregarte a una persona especial.

Mis labios recorrieron el trecho que había entre su boca y su barbilla, la cual él levantó para darme más fácil acceso. Era una sensación curiosa la que originaba su barba que volvía a crecer después de una rasurada. Mi boca se deslizó por la línea de su mandíbula lentamente para finalmente llegar a su oreja al mismo tiempo que terminaba de desabrochar el último de los botones de su camisa. Mi lengua comenzó a recorrer las líneas de su oído apoderándose de cada rincón mientras mis manos recorrían aquel fabuloso abdomen con el que siempre había soñado.

Marco no se quedó atrás. Mientras yo besaba su oreja y él me seguía acariciando por debajo de la playera se acomodó de tal manera que sus labios tenían contacto con mi cuello. Lo besaba, lo recorría suavemente con la lengua, me mordía ligeramente y en un momento hizo un movimiento de succión que estaba seguro que me dejaría marca.

-Ay -me quejé sin poderlo evitar mientras soltaba su oído.

-¿Qué sucede? -me preguntó él con una pícara sonrisa mientras ponía su rostro frente al mío.

-Sé más cuidadoso, por favor -le pedí mientras sentía que me perdía en su mirada.

-Lo intentaré -contestó él mientras sus manos se deslizaban hacia arriba arrastrando la playera en el camino.

Levanté mis brazos para que él pudiera sacar la playera por completo, dejando a la vista mi cuerpo delgado. Si bien no tenía muchos músculos que se marcaran estaba orgulloso de mi abdomen plano y mi cintura definida. Marco parecía maravillado ante la escena.

Yo también tenía ganas de descubrir que tenía debajo de la ropa. Su camisa colgaba de manera que no dejaba ver mucho, así que la tomé de los bordes para jalarla hacia atrás y podérsela quitar.

Me gustó lo que vi. Pectorales definidos y cintura que se estrechaba, aunque no tan delgada como la mía. Y todo en aquel impactante tono moreno que tanto me gustaba. Toqué tímidamente su pecho con mis manos. Aún me costaba creer que todo eso estuviera frente a mí.

-¿En qué piensas? -me preguntó él mientras acariciaba mi mejilla.

-Todo esto me parece un sueño -le contesté.

-En todo caso un sueño hecho realidad -me contestó él.

Sin despegar su mano de mi mejilla me volvió a besar. Esta vez nuestras lenguas fueron más atrevidas, casi como si quisieran conocer la cavidad oral del otro por completo. Además, la sensación de mi piel contra la suya era sumamente placentera, y cada roce de nuestros brazos, pechos y abdómenes producía una descarga eléctrica que parecía conducirse directamente a nuestras entrepiernas, originando que algo en la zona reaccionara y comenzara a ganar dureza.

-Llevo soñando con esto tanto tiempo -le susurré mientras mis labios recorrían su cuello hasta llegar a su clavícula.

Él presionó mis brazos entre sus dedos mientras soltaba un ligero gemido. Evidentemente le gustaba. Hice que mis manos recorrieran aquel vientre a lo largo y ancho, entreteniéndose con los pocos vellos que corrían debajo de su ombligo, justamente hasta toparme con su pantalón. Tomé su cinturón para desabrocharlo, pero él me detuvo tomándome de las manos.

-Espera, quiero hacer algo antes de eso -me dijo con una sonrisa bastante coqueta.

No pude hacer más que dejarlo hacer mientras él me hacía dar vuelta y se repegaba contra mi espalda mientras me abrazaba por la cintura. Él inhaló y exhaló con fuerza justamente contra mi nuca produciéndome una sensación placentera con su aliento que se mezclaba entre mis cabellos. Además, debía confesar que me excitaba grandemente sentir aquel rico bulto pegándose contra mi trasero. Nunca un pene me había prendido de aquella manera sin siquiera salir de su pantalón.

-Me gusta tu espalda -me dijo Marco tras separarse un poco, aunque guardando el contacto con mi trasero.

Sus dedos recorrieron mi columna vertebral con suavidad, y yo no pude evitar retorcerme un poco mientras un suspiro de satisfacción surgía de entre mis labios. Aquella siempre había sido mi zona erógena por excelencia. Él soltó una ligera risita mientras sus manos recorrían mi espalda. El placer era sencillamente increíble, y no sabía bien si quería huir de eso o continuar sintiéndolo. Era demasiado placentero, y no estaba seguro de poder manejarlo. ¿Podría haber algo que me gustara más que eso?

Quizás su lengua deslizándose por mi espalda sería la respuesta a esa pregunta. Solté un fuerte gemido mientras me repegaba contra el muro intentando escapar de aquello, pero él me siguió, aparentemente indispuesto a separar su boca de mi piel. Yo empecé a gemir sin pudor y con fuerza mientras su boca recorría suavemente mi espalda hacia abajo, y fue una suerte que no hubiera nadie más en el baño. O quizás la fortuna había sido que quien quiera que estuviera presente había decidido hacerse de la vista gorda.

Él recorrió de regreso el camino desde mi espalda baja hasta mi cuello, tras lo cual volvió a repegarse contra mí y colocó su boca cerca de mi oído.

-¿Quién diría que tienes una espalda tan sensible? -dijo él mientras que con su simple aliento me provocaba escalofríos.

De hecho, él era la segunda persona que lo descubría, y la primera no lo había logrado tan rápidamente.

-Date la vuelta por favor -me pidió él mientras me tomaba de la mano.

Yo me di la vuelta mientras él se sentaba sobre el retrete. Al verlo ahí con el torso desnudo pensé que nunca en la vida había visto nada tan sexy como eso.

Él puso sus manos sobre la abertura de mi pantalón, y mientras que con una mano desabrochaba el botón, con la otra bajó la cremallera con un movimiento fluido.

-Me pregunto si serás tan sensible en esta zona como lo eres en la espalda -dijo Marco mientras acariciaba mi pene, el cual ya se encontraba totalmente duro, por arriba del bóxer.

-Un poco menos -le contesté yo mientras me perdía en sus ojos oscuros.

Él tomó el borde de mi pantalón y bóxer para bajarlos al mismo tiempo, dejando libre y apuntando hacia arriba a mi pene erecto. Él lo agarró con una de sus manos y jaló el prepucio completamente hacia atrás mientras lo contemplaba con fascinación. Mi pene no será muy grande, pero ya me habían dicho que tenía buena forma y grosor. A mí en lo personal me gustaba, y aparentemente a Marco también.

Él sostuvo mi tronco con su mano derecha mientras acercaba lentamente su boca a mi glande. Sacó su lengua de tal manera que aquello fue lo primero en hacer contacto con mi pene. Empezó con suaves lamidas en toda la superficie del glande, deleitándose con aquello. Movió su lengua alrededor del orificio de mi uretra, para después intentar meterla por ahí. Nunca me habían hecho algo como eso, y mi pene intentó dar una ligera sacudida por el gusto.

Después de eso él formó una O con sus labios mientras bajaba la mano hacia la base de mi polla e introducía ésta en su boca. Mi pequeño amigo sintió en cada centímetro de su superficie sus dulces labios mientras se perdía dentro de aquella cavidad oral húmeda y cálida. Además, resultó que su lengua se movía tan bien adentro como lo hacía afuera, por lo que la sensación era realmente magnífica. Tanto, que cerré mis ojos para poder concentrarme más en ella y eché la cabeza involuntariamente hacia atrás al mismo tiempo que mis manos buscaban la pared a mi espaldas para tener un punto de apoyo.

Mi polla terminó de entrar completamente en su boca. Quizás fuera que lo había hecho lentamente o que Marco tenía práctica con aquello, pero en ningún momento me dio la impresión de que tuviera arcadas o algo así. Yo no lo obligaba a nada y aún así tenía su nariz pegada a mi pubis, mientras su lengua se enrollaba con maestría alrededor de mi tronco encerrado en su boca.

Sentí su cabeza retirarse mientras la punta de su lengua presionaba la línea inferior de mi pene. Se movió hasta solo tener la cabeza dentro de su boca. Yo abrí los ojos y volteé a verlo. Se veía tremendamente erótico así, con mi glande dentro y su tierna mirada clavada en mis ojos. Y el tacto de su lengua moviéndose nuevamente en la superficie de mi glande era también igual de placentero.

Sus labios volvieron a recorrer el camino hacia mi pubis y yo volví a cerrar los ojos embriagado por la sensación. Pero eso no era todo. Sentí también como una de sus manos se deslizaba por mi pierna, después por mi nalga hasta rozar con sus dedos mi orificio anal. Acarició mi pequeño agujero con uno de sus dedos mediante movimientos circulares, primero muy ligeros pero con un aumento de presión gradual, lo cual llevó finalmente a que mis músculos se distendieran y su dedo pudiera comenzar a entrar en mi interior. Era algo molesto sin lubricación aparte, pero mi nivel de excitación estaba tan alto que no me importó sentir como su dedo se hundía lentamente en mí.

Mientras aquello acontecía su boca volvió a separarse de la base de mi pene, esta vez para que éste saliera por completo de su interior. Pero no fue desagradable porque se puso a lamer mi tronco hacia abajo, dirigiéndose hacia mis testículos. Su lengua recorrió suavemente cada una de mis bolas, lo cual se lo agradecí porque tenía una gran sensibilidad en la zona. No ansiaba que ocurriera lo que había sucedido con la espalda.

Con cuidado se metió cada uno de mis testículos a su boca, saboreándolos y dejando mis vellos púbicos impregnados de saliva. Aparentemente tenía la boca hecha agua de manera literal. Primero fue el derecho y luego el izquierdo, para luego intentarlo con los dos al mismo tiempo.

Pero aquello no fue lo único que involucró pares en ese momento. Gemí con fuerza mientras un segundo dedo se abría paso en mi interior acompañando al primero. Creo que si en ese momento no se hubiera puesto a acariciarme con la mano que tenía libre una de mis piernas aquello habría perdido el componente placentero. Pero su mano acariciando mi pierna con firmeza y su boca masajeando suavemente mis testículos bastaron para mantener excitado.

Él giró lentamente sus dedos dentro de mí, primero para un lado y luego para el otro. Quizás haya sido solo la impresión, pero en ese momento hubiera jurado que también se clavaron más dentro de mí mientras él separaba su boca de mis genitales.

Nuestras miradas se cruzaron mientras yo gemía levemente a causa de las cosquillas placenteras que sentía en mi recto, causadas por el movimiento de sus dedos.

-Tengo ganas de penetrarte -me dijo.

-Sería un placer -le contesté mientras un escalofrío recorría mi médula, siendo especialmente fuerte al final de ésta.

Él torció el gesto mientras sacaba con cuidado sus dedos de mi interior.

-No traigo condones -comentó él en tono frustrado-. No tenía ni idea de que algo así sucedería.

Preocupado por la protección. Aquel chico cada vez me gustaba más. Me había topado con otros hombres que con la calentura del momento se olvidaban del condón o hacían caso omiso de él a propósito.

-Bueno, estamos de suerte porque yo no salgo sin esto -dije mientras sacaba mi condonera.

Su rostro se iluminó mientras se ponía de pie, originando que mi corazón diera un vuelco. Realmente Marco podía emocionarme con cualquier pequeña cosa que hiciera, ya fuera una sonrisa, una mirada, una caricia o simplemente parándose frente a mí con aquel cuerpo que me fascinaba.

Él empezó a desatarse el cinturón para que después yo le ayudara a bajarse el pantalón. Llevaba una trusa que resultaba tremendamente sexy al dejar ver sus piernas macizas y resaltar su pene totalmente erecto.

Sonreí con esa imagen, él hizo lo mismo y después me besó con sus dulces labios, que permitían el acceso de mi lengua para enredarse con la suya. Nuestros cuerpos quedaron pegados, nuestros penes rozándose con solo la tela de su ropa interior de por medio, la cual desapareció tras un ligero movimiento que él realizó con su mano. Su pene se introdujo en el hueco que quedaba entre mis piernas, rozándome el perineo. Yo recorrí su espalda con mis manos hasta llegar a aquel traserito que me volvía loco. Mis dedos se deleitaron recorriendo su superficie, y aquello se volvió el paraíso cuando él empezó a realizar movimientos hacia enfrente y hacia atrás con su cadera. No solo era su pene frotándose entre mis piernas y mi perineo, también era la sensación en mi polla cuando su abdomen la presionaba contra mí además de su boca recorriendo la mía.

-Podría estar así por siempre -me dijo él mientras nos dejábamos de besar, pero sin perder el contacto con el resto del cuerpo.

-¿Y qué pasó con la idea de penetrarme? -le pregunté mientras pegaba mi nariz a la suya-. Digo, no es que me queje, porque la verdad esto se siente de maravilla.

Él solo me sonrió antes de separarse de mí para hacerme dar la vuelta. Le pasé el condón y él se lo colocó con cuidado. Yo puse mis manos contra el muro para tener donde apoyarme y él guió con cuidado su pene hacia mi pequeño agujero. Sentí como su glande rozaba mi orificio anal y sentí que mi cuerpo temblaba, aunque no sabía si de emoción, miedo o placer. Marco empezó a aplicar presión, hasta que su amiguito comenzó a entrar en mi recto.

Mentiría si dijera que aquello fue totalmente placentero. Sí, había placer, pero iba acompañado de molestias y algo de dolor mientras cada centímetro de su polla se perdía dentro de mí. Sin embargo, ni él se detuvo ni yo hice nada por detenerlo hasta que sentí que sus caderas chocaban con mi trasero. Tenía su pene totalmente dentro de mí, y aunque sentía una ligero de ardor también tenía cierta sensación de plenitud que nunca había experimentado.

Temí que fuera a empezar rápidamente con el mete y saca, pero Marco no hizo intento de salir de mi interior. En lugar de eso me abrazó por la cintura y recargó todo su cuerpo en mi espalda, pegando su boca en mi cuello.

-Nunca había sentido algo como esto -dijo mientras su aliento me acariciaba el cuello.

Creía saber a qué se refería. El sexo era placentero por sí mismo, yo lo había descubierto con otros hombres, pero ahí había algo más, un saborcito que jamás había experimentado. Como las especias que agregas a un platillo; el platillo era el mismo, pero había algo más que realzaba el sabor y lo volvía algo soberbio.

Sin retirarse de mi espalda él comenzó a sacar lentamente su pene de mi interior. Sentí que salía casi por completo antes de volverse a introducir hasta el fondo. Primero lo hizo lentamente, pero cada vez que lo hacía aumentaba la velocidad. Me sentí transportado al cielo, y me hubiera encantado que su pene pudiera clavarse más dentro de mí.
Una de sus manos se movió dirigiéndose hacia mi entrepierna para tomar mi pene, el cual se encontraba totalmente erecto. Aquello no sucedía muy a menudo cuando la hacía de pasivo. Podía mantenerlo semierecto, pero rara vez tan duro como lo tenía en ese momento.

Marco comenzó a masturbarme al mismo ritmo que me penetraba. Mi respiración se aceleró como nunca lo había hecho, y me hubiera gustado en ese momento permanecer así por siempre. No obstante, un calorcito empezó a expandirse por todo mi cuerpo, y aunque intenté contenerme no podía luchar contra el placer que me producía su cuerpo unido al mío de manera tan íntima, por lo que acabé eyaculando con fuerza sobre su mano. Él siguió frotando mi pene hasta que la última gota de semen hubo salido.

Inhalé profundamente esperando sentir el descenso de mi placer mientras Marco me seguía penetrando. Después de todo, aquello era lo que le sucedía a cualquier hombre, ¿no? Sin embargo, aquello no ocurrió. Si bien no era tan poderoso como en el clímax, el placer se encontraba todavía presente mientras él me seguía penetrando.

Marco hizo unos cuantos movimientos más, hasta que enterró su pene lo más hondo que pudo en mi culito y me abrazaba con fuerza. Pude sentir con claridad las pequeñas convulsiones que indicaban que se estaba viniendo dentro de mí.

Su respiración comenzó a normalizarse, aunque él no hizo ningún movimiento para salir de mí ni yo quería que lo hiciera. Se estaba muy a gusto con sus brazos rodeándome y su pene y mi culo conectados.

-¿Ahora me crees que quería estar contigo? -me preguntó él quedamente al oído.

-Sí -le respondió mientras le acariciaba los brazos-. Espero que ésta haya sido la primera de muchas.

-De toda una vida -afirmó él mientras sentía su barbilla sobre mi hombro.

En esa posición era difícil voltearlo a ver directamente, pero hice lo posible para intentarlo hasta que su mirada se topó con la mía. Sus ojos brillaban de una manera especial al mirarme, y estaba seguro que mi mirada era muy parecida.

Sonaba bien aquello de toda una vida. Y quizás aquel día aún quedara tiempo para la segunda de todas las veces que lo haríamos.

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Maestro y Alumno III

Bueno, ha llegado el momento de leer otra parte de la historia de José y Nahúm, especialmente cuando la segunda parte tuvo tan buena aceptación. En esta nos ponemos más melosos, pero en lo personal me gustó el resultado y espero que a ustedes también ;)

Maestro y alumno III

-¿Y Nahúm? -preguntó asombrado José mientras Susana entraba al cubículo sola.

-Me dijo que lo excusara profe, pero que se sentía mal y no iba a poder quedarse -contestó la chica.

José no pudo evitar torcer la boca. Durante los últimos quince días Nahúm lo había estado evitando. Desde aquel día en que ambos habían tenido relaciones en el cubículo el profesor no había encontrado modo de charlar en ningún momento con Nahúm. Aquel día José había estado seguro que todo había terminado bien, pues incluso Nahúm se había despedido con un beso bastante pasional y le había dicho que había sido fantástico. Sin embargo, a juzgar por los acontecimientos posteriores, aparentemente aquello no fue tan fantástico para el chico. Nahúm había faltado a la clase de José posterior al encuentro, y después de eso el chico se había encargado de llegar siempre que la clase ya había comenzado y retirarse antes de que José pudiera guardar sus cosas o quitarse de encima a las alumnas que solían acosarlo.

Susana se retiró después de darle el trabajo a su maestro. Éste lo único que pudo hacer fue tirarlo con fuerza sobre el escritorio, intentando desahogar un poco de la frustración que sentía. Para José no era tan sencillo como parecía estarlo siendo para Nahúm. La misma noche en que ambos habían tenido sexo, mientras José intentaba dormir, había sentido la imperiosa necesidad de tener a Nahúm ahí a su lado. Quería tener a su querido pupilo junto a él, dormirse abrazándolo, sintiéndolo cerca de él, pero sobre todo sabiendo que en la mañana estaría ahí a su lado y lo recibiría con una increíble sonrisa y con el mismo sentimiento de goce que él experimentaría al verlo.

José nunca había sentido algo así. Jamás había querido compartir su vida con nadie. Había tenido novias un par de veces, pero jamás se había imaginado con ellas compartiendo su vida. Con Nahúm era distinto. Quería tenerlo siempre a su lado. Aquel instante de sexo con Nahúm había cambiado toda su existencia.

José había estado ilusionado por varios días después de eso. Ansíaba ver a Nahúm como cualquier enamorado al objeto de su enamoramiento. No hubiera admitido en voz alta que estaba enamorado, pero la verdad es que no había ninguna otra palabra que describiera la situación de José. Y así fue hasta que volvió a toparse con Nahúm mientras caminaba por los pasillos. Ya había pasado la clase en que el chico había faltado. Nahúm iba con un grupo de chicas que saludó al profesor animadamente, pero el chico ni siquiera le dirigió la mirada y continuó su camino como si nada.

Algo dentro de José se había roto aquel día. Quería una explicación por parte de Nahúm. Pero el chico se estaba encargando de escapar de él.

——♂——

Los días pasaban y José seguía sin poder acercarse a Nahúm. Quizás lo mejor fuera resignarse y hacerse a la idea de que nunca tendría de nuevo el cuerpo de su querido alumno entre sus brazos, que jamás volvería a besar aquella boca de labios gruesos que lo enloquecía, que su pene jamás volvería a sentir el calor de aquella boca o del orificio anal de su amado pupilo.

El maestro entró con esos pensamientos al baño, el cual se encontraba vacío. La vida parecía perder sentido con esa resolución. Orinó, y tras sacudirse su verga para soltar las últimas gotas de líquido se dio la vuelta mientras se la guardaba para encontrar que alguien se encontraba a unos pasos de él y lo miraba embelesado.

-¡Nahúm! -exclamó sorprendido José. El chico ni siquiera lo miraba al rostro, lo miraba justamente en su entrepierna, donde la bragueta de su pantalón seguía abierta.

-Eh… profesor -dijo Nahúm mientras parecía volver en sí.

El chico se dio la vuelta, y dio la impresión de que pensaba echarse a correr antes de que José lo detuviera agarrándolo del brazo.

-No Nahúm, por favor -le dijo José mientras se le acercaba-. Por favor,
no te vayas. Me has estado evadiendo y no entiendo porqué.

-No quiere saberlo -le respondió el chico con la mirada baja.

-Por supuesto que quiero saberlo -le respondió José. Necesitaba saberlo. Necesitaba saber cuál era la razón por la que tenía que renunciar a aquel chico que lo volvía loco, el único varón que había logrado atraerlo.

Nahúm volteó a verlo directamente con mirada vidriosa. El sentimiento de desasosiego que había sentido cuando el chico lo ignoró no era nada con el quiebre que su corazón sentía en aquel momento. No soportaba ver a su querido alumno de esa manera.

-No sé que es lo que me pasa -contestó el chico.

-¿Te arrepientes de lo que hicimos? -le preguntó José mientras tragaba saliva. Sabía que un sí lo destruiría.

-¿Arrepentirme? -preguntó Nahúm mientras miraba a los ojos a su profesor-. La verdad no lo sé. Solo sé que desde ese día no dejó de pensar en usted, que a diario sueño con usted, que cada mañana ansío poder verlo y abrazarlo. Y que sin embargo, sé que para usted fue solo sexo, y que…

-Calla, calla -le dijo José mientras colocaba un dedo sobre los labios de su pupilo y sonreía. Jamás en la vida se había sentido tan feliz como al oír a Nahúm decir todo eso-. Tontito, ¿de dónde sacaste la idea de que para mí eres solo para tener sexo?

Nahúm intentó contestar algo, pero estaba tan sorprendido que solo surgieron sonidos inconexos de sus labios.

-Nahúm -dijo José mientras acariciaba suavemente su rostro y lo miraba a los ojos-. Al igual que tú no ha habido momento en que deje de pensar en ti. Cada noche cuando me acuesto solo quiero tenerte a mi lado para dormir abrazado a ti y despertarme sabiendo que encontraré tu bello rostro a mi lado. Muero porque tú y yo salgamos a algún lado por el simple placer de estar juntos.

Hubo un momento de silencio en que ambos personajes se miraron fijamente a los ojos.

-¿Habla en serio? -preguntó el chico.

-Por supuesto que sí -contestó José con una sonrisa.

Y antes de que el maestro se diera cuenta, su pupilo le había pasado los brazos por el cuello y le había plantado un beso. Un beso desesperado, como si su alumno hubiera estado esperando por aquello durante bastante tiempo. Sus labios presionaron a los de su profesor con pasión, y pronto su lengua se asomó para intentar abrirse paso al interior de la boca del docente. José permitió el paso de aquel ente al interior de su cavidad oral, el cual recorrió sus dientes, llegó hasta su paladar y luego se enzarzó con la suya propia en una lucha en la que cada una parecía reconocerse.

Oyeron algunos pasos que se aproximaban, y ambos se separaron justo a tiempo para no ser sorprendidos por otro chico que entró al baño. Afortunadamente el joven no les prestó mucha atención, por lo que no notó nada extraño. El chico se dirigió directamente hacia la zona en la que se encontraban los inodoros.

Ambos se rieron nerviosamente ante la situación.

-Vamos a mi cubículo -le dijo José a su alumno mientras lo tomaba de la mano-. Apuesto que nuevamente no debe haber nadie en la zona.

-¿Ahorita? -inquirió sorprendido Nahúm.

-Sí -le contestó José con tono de voz urgido pero bajo. No podían arriesgarse a que los alcanzara a oír el chico que había entrado-. Acuérdate que me has dejado sin la posibilidad ni siquiera de verte bien durante más de quince días.

-Es que mis amigas me están esperando para irnos -respondió Nahúm mientras se mordía el labio inferior.

-Por favor Nahúm -le rogó José mientras lo jalaba hacia sí, tomándolo de las nalgas para que pudiera sentir como se había puesto con simplemente tenerlo cerca. Para la sorpresa del profesor, él no era el único que se había excitado.

-De acuerdo -dijo el chico para después darle un ligero beso sobre los labios-. Veré que les invento a mis amigas. Lo veo en su cubículo dentro de cinco minutos.

Nahúm se retiró, no sin antes dedicarle una gran sonrisa a su profesor mientras salía. José dejó que transcurrieran unos segundos antes de salir, por si acaso Nahúm estuviera afuera con sus amigas.

José caminó a paso rápido hacia su cubículo. Sentía su corazón explotar y no podía esperar el momento de quedar a solas con Nahúm. Su pene se encontraba nuevamente a full, como consecuencia de la idea de volver a estar con su alumno preferido. Llegó a la zona de cubículos, y sacó las llaves lo más rápidamente que pudo para poder ingresar. Como lo suponía, el hecho de que hubieran cerrado significaba que no había ya nadie por la zona.

El maestro entró a su cubículo y aventó su mochila en un rincón del espacio. De repente todo lo que traía puesto le parecía excesivo. El calor en su cuerpo había empezado a subir, y empezó a pensar en una manera especial de recibir a Nahúm.

——♂——

Nahúm despachó a sus amigas inventándose el pretexto de que se había encontrado con un viejo amigo en el baño y quería charlar un rato con él. Una vez que las chicas se hubieron retirado, el chico prácticamente corrió hacia donde se encontraba el cubículo de su maestro José.

No había nadie en el lugar. Nahún entró al pasillo que desembocaba en el cubículo de su amado profesor y tocó la puerta del cubículo 9.

-Adelante -dijo la voz de José desde el interior con un tono entre formal y seductor.

Nahúm se emocionó al escuchar su voz, y entró totalmente emocionado al cubículo. Su maestro se encontraba sentado detrás del escritorio, justamente como estaría si aquello fuera una tutoría como las que había tenido a lo largo del semestre.

-¿Estás listo? -preguntó José desde detrás de su escritorio.

-Eso creo -contestó el chico sonriendo.

-Ven -le pidió José.

El chico rodeó el escritorio, y cual no fue su sorpresa cuando descubrió que su maestro se encontraba desnudo de la cintura para abajo. Su pene entre sus piernas se alzaba como un poderoso mástil. Más allá de eso, Nahúm se quedó embelesado ante la visión de las piernas de su profesor, con su piel clara y escasamente cubiertas de vello.

-Ven -le dijo José con un ligero movimiento de cabeza-. Me muero por sentir tu boca nuevamente.

Nahúm sonrió mientras se arrodillaba y se acomodaba entre las piernas de su maestro. Lo acarició con sus manos desde las pantorrillas hasta las ingles, mientras que bajaba su cabeza y posaba un suave beso sobre el glande del pene de José. Primero fue solo un suave roce de sus labios, pero luego empezó a rozarlo con la lengua para finalmente terminar introduciéndolo en su boca. El profesor sintió como cada centímetro de su pene era engullido por aquella cavidad cálida y que le presionaba suavemente desde abajo, ya que la lengua de su pupilo buscaba la manera de saborear todo aquel tronco que poco a poco se introducía en aquel espacio en el que normalmente se encontraba sola.

El chico tragó despacio pero con dedicación. José sintió como la punta de su pene tocó el fondo de la garganta de Nahúm, mientras que el chico intentaba relajarse para vencer el reflejo del vómito. Le funcionó parcialmente, y aunque algunas lágrimas salieron de sus ojos en su interior no tenía ningún deseo de sacar de su boca aquella hermosa verga que ahora la llenaba por completo.

-¡Oh Nahúm! -dijo en voz baja José mientras acariciaba la cabeza de su adorado alumno, dejando a sus dedos correr por su cabello lacio y rozar sus orejas y su cuello.

Sin estar seguro del porqué, el tono de voz utilizado por José excitó al chico más que cualquier otra cosa. Se preguntó a sí mismo si su maestro estaría dispuesto a algo, pero antes de eso decidió seguir chupando otro rato el pene que tenía ante sí.

La boca de Nahúm empezó a bajar y subir por ese pedazo de carne que parecía que cada vez se hinchaba más ante el placer que recibía de aquellos labios que recorrían prácticamente su extensión, y también de aquella lengua que frotaba lentamente el glande cuando salía e intentaba introducirse por el pequeño agujero que tenía antes de volverse a meter.

-¡Eres fántastico! -le dijo José a Nahúm acunando su cabeza entre las manos, una vez que éste último se separó de su pene.

Lo único que hizo el chico ante eso fue sonreír, y después acercarse al rostro de su profesor para plantarle un beso. Se acomodó de rodillas en el espacio que quedaba libre en la silla, medio sentándose sobre su profesor mientras con sus manos le desabrochaba la camisa. Por su parte, José empezó a sobar suavemente las nalgas de su pupilo, imaginándose como sería volver a meter su pene en aquel pequeño agujero que lo volvía loco.

-¿Quieres que te lo meta de una vez? -le preguntó José mientras presionaba levemente las nalgas del chico.

-De hecho, estaba pensando que quizás sería mi turno de sentir que se siente que te la mamen -dijo Nahúm mientras miraba profundamente a su maestro.

José se quedó asombrado. Aquella idea no le había pasado por la cabeza ni siquiera durante sus fantasías con Nahúm. Había estado tan confundido y aferrándose a la idea de que no era gay, que no se había puesto a pensar en algún momento hacerla de pasivo.

-Por favor -le pidió Nahúm mientras se sentaba sobre el escritorio, tal como José lo había hecho la primera vez que habían estado juntos.

El tono de voz usado por el chico desarmó a José. Quería a ese chico, vaya que lo quería; y sería una injusticia obligarlo a ser simplemente su juguete sexual sin darle nunca nada a cambio.

José puso su mano sobre el bulto que sobresalía en la entrepierna de su querido alumno, sintiendo su dureza. Quizás no era demasiado grande, pero mientras pasaba su mano por ahí buscando el botón para desabrochar el pantalón sintió un escalofrío que recorría su columna vertebral. Bajó la cremallera con cuidado, revelando la ropa interior de Nahúm, la cual consistía en unos bóxer ajustados de color café claro. José hundió su cabeza en la entrepierna de Nahúm, sintiendo la textura del bóxer y la dureza que se ocultaba bajo de él sobre su rostro. Inhaló profundamente, saboreando el olor que destilaban los genitales del chico. El hombre se dio cuenta que prefería aquel olor al que había experimentado la vez anterior cuando Nahúm le había ofrecido el culo. Era un olor difícil de describir, pero de cierta manera le recordaba al lugar donde había crecido cuando era joven.

Dejó que sus labios recorrieran el bulto que se marcaba claramente bajo la ropa interior del chico, sintiendo como el pene de Nahúm parecía palpitar, como si deseara romper la tela que lo aprisionaba y que evitaba que aquella dulce boca tuviera contacto directo con él. José también empezó a estar harto de aquello, y con un solo movimiento jaló el resorte de los bóxer de su pupilo y liberó al indómito ser moreno que se ocultaba bajo ellos.

La vez anterior el hombre no había prestado excesiva atención a la polla de su alumno. Sin embargo, ahora le pareció asombrosa, con su tronco moreno y su glande de color entre rosa y morado, seguramente debido a la acumulación de sangre. No era excesivamente grande, pero le encantaba ver la manera en que las venas la surcaban y como se mantenía totalmente erguida. Sin saber muy bien porqué, no pudo evitar el impulso de sus labios de engullir aquello que prometía ser un manjar.

El maestro no se equivocó. En el momento en que su lengua hizo contacto con la verga de Nahúm sintió que estaba probando el plato más delicioso de su vida. Empezó a chupar prácticamente con desesperación, como si aquello fuera a hacer que el sabor saliera más concentrado y él pudiera probarlo mejor.

-Con cuidado -dijo de repente Nahúm con un tono de voz ligeramente molesto.

José sacó el pene de su alumno de su boca mientras volteaba a verlo. La cara del chico mostraba que no había sido precisamente placentero.

-Lo siento -le dijo su profesor mientras apretaba ligeramente con una mano.

-Al principio estuvo bien -le dijo su pupilo mientras lo miraba directamente a los ojos-. Solo cuando empezaste a chupar con fuerza fue cuando me molestó.

El profesor decidió tomar nota mental de aquello. Así que acercó nuevamente su rostro al miembro de Nahúm. Empezó con un suave roce de sus labios contra el glande, y luego utilizó la lengua. Mientras su lengua recorría aquella cabeza José volteó a ver el rostro de Nahúm, quien había cerrado los ojos para poderse concentrar mejor en la sensación que le estaba produciendo su profesor, el cual le estaba dando uno de los mayores placeres de su vida, quizás solo comparable con el que le había dado la vez anterior masajeando su punto G mientras lo penetraba.

José empezó a engullir el pene de su alumno, esta vez con más cuidado. Dejó que sus labios recorrieran suavemente aquel tronco mientras su lengua se deleitaba con todas las superficies que podía recorrer de aquel pene. Lo introdujo suavemente, y cuando sintió que estaban a punto de atacarlo las arcadas lo sacó. Ese proceso se repitió unas cuantas veces, aunque cada vez que volvía a meterlo llegaba más cerca de su garganta.

-¡Oh profesor! -susurró el alumno mientras su pene se perdía dentro de la boca de José.

José se sintió contento de poder proporcionarle aquel placer a su alumno favorito. Dejó que su lengua recorriera cada centímetro de la superficie de aquel pene, al igual que sus labios. Permitió a su lengua deslizarse por el tronco de su amado hasta tocar los testículos, aquellas pequeñas bolsas donde se producía el sagrado líquido que la vez pasada su pupilo había derramado sobre el escritorio, líquido que José había disfrutado tomándolo entre sus dedos y oliéndolo.

Nahúm pasó las manos por el cabello lacio de su profesor, enredando sus dedos y también dejando deslizarse sobre él. Al chico le encantaba el cabello lacio y negro de su profesor.

-Profe -dijo de repente Nahúm mientras que con una mano acariciaba suavemente el rostro de su maestro-. Creo que es tiempo de otra cosa.

-¿Otra cosa? -inquirió José mientras se despegaba de los genitales de su alumno.

-Venga -dijo el chico mientras se levantaba del escritorio.

Sin estar muy seguro de que quería hacer Nahúm, José se puso de pie y se dejó guiar por el chico. Éste hizo que el hombre se sentara en el borde del escritorio y después lo obligó a recostarse. José pensó que quizás su alumno se acomodaría para realizarle sexo oral, pero cuando se acomodó de tal manera que con sus manos levantó las piernas del maestro, éste supo que Nahúm quería hacer otra cosa. José sintió que un escalofrío recorría su ser entero, y aunque una parte de sí le dijo que no debía permitir aquello, la acalló inmediatamente pensando que aquello era lo que quería Nahúm. No importaba si viéndolo desde algún punto de vista lo que iba a suceder equivalía a perder su hombría, porque sencillamente ya había tomado la decisión de entregarse a su pupilo para que éste también pudiera disfrutar.

El chico se arrodilló en el suelo y acercó su rostro al trasero de su profesor mientras que con sus brazos seguía sosteniendo las piernas de su profesor. José hacía lo posible por aligerar el peso que sostenían los brazos de su alumno. Sintió la cara de Nahúm acercándose a su trasero, sintió el contacto de las mejillas del chico antes de que su boca tocara el pequeño orificio que se ocultaba en el trasero del maestro.

De alguna extraña manera, Nahúm disfrutaba del sabor que tenía aquella parte de la anatomía de su pene. Sabía que si de antemano le hubieran propuesto que hiciera algo así se hubiera negado, pero sencillamente se había dejado llevar por la calentura del momento. Había sentido aquel impulso y le había parecido buena idea. ¿Si hacía sexo oral a los genitales, por qué no también al pequeño agujero donde se introducirían sus genitales? Dejó que sus labios y lengua recorrieran la superficie que rodeaba el ano de su maestro, besó sus nalgas y la raja que se encontraba entre ellas, para finalmente entregarse al placer de sentir como sus labios se acoplaban al pequeño agujero que se encontraba ahí. Su lengua hizo el esfuerzo de entrar, aunque era algo difícil ya que estaba cerrado y se contraía cada vez que su lengua cerraba lo que constituía aquella entrada.

-Relájese profe -le pidió Nahúm mientras le acariciaba una pierna.

-Me sentiría más cómodo si usaras el lubricante -contestó José.

La verdad era que sus contracciones eran resultado de la idea de que Nahúm consideraría que con la saliva bastaría para penetrarlo. Sin embargo, al muchacho jamás se le hubiera ocurrido hacer eso. Recordaba aún cuando su profesor lo había penetrado, y no se imaginaba lo incómodo y molesto que aquello hubiera sido de haber prescindido del lubricante.

-¿Dónde lo encuentro? -preguntó Nahúm mientras se ponía de pie.

-En el segundo cajón -contestó el maestro mientras señalaba el archivero que se encontraba allá.

El chico se dirigió hacia allá, y rápidamente encontró el lubricante a base de agua y tomó además un par de condones. Volvió donde estaba el profesor más rápido de lo que se había ido.

-¿Ahora sí nos relajamos? -inquirió el chico mientras se colocaba nuevamente donde pudiera ver el trasero de su profesor.

En esta ocasión José tuvo que mantener sus piernas en el aire, ayudándose con las manos, ya que Nahúm tenía las suyas ocupadas con el lubricante. Empezó a untarlo con cuidado en la entrada del pequeño agujero que se abría entre las nalgas de su maestro, y con mucho cuidado empezó a introducirlo con ayuda de un dedo.

José sintió un escalofrío a lo largo de todo su cuerpo y no pudo evitar un gemido. Su pene se puso más duro si cabía, porque la excitación que estaba experimentando de repente superaba a cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Había oído que el ano era una zona muy sensible a la estimulación, pero no esperaba que en su caso fuera tanto.
Nahúm empezó a follar de manera literal a su profesor con ayuda de su dedo medio, para posteriormente introducir además el índice. Estaba usando cantidades ingentes de lubricante para asegurarse que todo era más fácil para su amado maestro. El chico disfrutaba de la visión de sus dedos perdiéndose dentro del agujero de su profesor, y su pene se mantenía totalmente tieso ante eso.

No obstante, su lengua tenía curiosidad. Retiró sus dedos, y cuando José pensó que su alumno se pondría de pie para penetrarlo de una vez por todas sintió como la boca de su alumno volvía a atacar. En esta ocasión la lengua de Nahúm se abrió paso sin problemas dentro del agujero de su profesor con ayuda del lubricante, y aunque Nahúm prefería el sabor sencillo del culo natural de su profesor, disfrutó pasar su lengua por las paredes de aquel agujero.

Al terminar con aquel beso negro, el muchacho volvió a colocar más lubricante en el ano de su profesor (su boca se había llevado algo de eso) y se puso de pie para colocarse el condón y después colocar su pene en la entrada de su profesor.

-¿Listo? -inquirió el chico mientras rozaba su glande en la entrada del ano de José.

-Hazlo ya -contestó el maestro.

Tuvo un poco de miedo, pero José se tranquilizó pensando que el pene de su querido pupilo no era excesivamente grande. Si Nahúm había aguantado el suyo de 17 centímetros, él podía arreglárselas para alojar a aquel inquilino de 13 centímetros, si bien el pene de su alumno era más cabezón y un poco más grueso que el propio.

Pero más que arreglárselas, disfrutó enormemente cada centímetro que Nahúm introdujo dentro de él. Desde el momento en que la cabeza de la verga de Nahúm entró a su interior José sintió una sensación que jamás había sentido. Era como vivir un orgasmo sin venirse, y que se prolongaba mientras el pene de su adorado alumno entraba más y más dentro de sí.

Más allá de eso, José no era el único que estaba disfrutando enormemente de eso. Nahúm no pudo reprimir sus gemidos mientras aquel pequeño ducto que era el recto de su profesor parecía acoplarse a la forma de su pene, aplicándole presión desde todos lados.

Cuando las caderas de Nahúm chocaron contra las nalgas de su maestro, para ambos la sensación era casi divina. José sentía su recto lleno, pero también algo más que su recto. Era como si hubiera tenido siempre un vacío dentro de sí del que nunca había sido consciente, el cual era llenado por el pene de su amado pupilo, el cual ahora prácticamente parecía latir dentro de él.

Para Nahúm aquello no tenía parangón en su corta vida. Se había masturbado varias veces como cualquier adolescente, pero por mucho que hubiera apretado su pene con la mano o frotádolo con diferentes objetos jamás había obtenido aquel placer que le hacía experimentar el recto calientito y apretado que tenía José. Era como haber encontrado el lugar del que nunca quería separarse.

Nahúm empezó a mover sus caderas mientras se inclinaba un poco sobre el escritorio, de tal manera que los rostros de maestro y alumno no perdían nada de la expresión del otro. José rodeó con sus piernas a su querido alumno, atrayéndolo con su piernas cada vez que quería que lo penetrara de la manera más profunda posible.

Aquel movimiento se fue acelerando, y si antes ambos se habían sentido completos ahora sentían que juntos estaban viajando al cielo. Nahúm se reclinó completamente sobre su profesor para poder besarlo, y mientras sus labios se acoplaban, una explosión debajo de la cintura de ambos tenía lugar.

-¡Oh Nahúm! -exclamó José mientras atraía con sus brazos a su amado pupilo.

-¡Pepe! -alcanzó a decir entre sus gemidos Nahúm. Nunca le había llamado a José otra cosa que no fuera maestro o profesor, pero en ese momento el mote salió de forma natural de sus labios.

Una ola de placer se extendió por los dos cuerpos, uniéndolos de una manera perfecta y que pocas personas en la vida llegan a probar. Así, mientras el pene de José expulsaba su semen sobre el abdomen de Nahúm y éste se escurría hacia la entrepierna de José y hacia su abdomen también; el condón en el interior del maestro se llenaba de la leche de su querido alumno. Ambos alcanzaron una sincronización perfecta en el clímax.

El placer se desplazó en ondas que se iban desvaneciendo mientras recorrían ambos cuerpos, dejando dentro de ambos personajes un eco sordo del placer que se había cernido sobre ellos. Y si el eco parecía algo intangible, había una sustancia que manchaba sus cuerpos entre ellos, el semen que había surgido del pene de José y que ahora se embarraba con cualquier pequeño movimiento que Nahúm realizaba sobre su maestro.

-¡Te amo! -dijo Nahúm aún sin salir de su profesor mientras le plantaba un beso.

El beso fue tremendamente tierno. El calor y la pasión de hacía unos momentos había sido acallada un poco, y ese beso parecía querer demostrar que entre ellos había algo más que la calentura que llevaba al sexo.

-Y yo a ti -le respondió José a su alumno con una sonrisa cuando finalizó el beso.

¿Cómo no amar a aquel hermoso chico? ¿Cómo no amarlo cuando le acababa de dar el mayor placer que jamás había experimentado en su vida? José solo sabía que esperaba que ese momento se repitiera muchas veces más.

-Nahúm -dijo el maestro mientras acariciaba el rostro de su alumno-. ¿Alguna vez has pensado vivir con alguien?

La pregunta sorprendió a Nahúm, si bien no pudo evitar una sonrisa al darse cuenta que José estaba hablando en serio. Él también acarició el rostro de su profesor, y se dio cuenta que nada le gustaría más que ver ese rostro a su lado cada mañana, además de que le encantaría repetir cada noche lo que habían experimentado ya en dos ocasiones en aquel pequeño cubículo. Sin embargo, un cubículo no les daba demasiadas variaciones, mientras que una casa o un departamento con su sala, cuartos, cocina y baños seguramente sí lo harían.

-No, pero me encantaría hacerlo contigo -le contestó Nahúm mientras hundía su rostro en el cuello de su profesor para besarlo.

Y aunque la calentura se había apagado, ambos estaban a punto de encenderla de nuevo.

——♂——

Bueno, eso fue la historia de José y Nahúm. Creo que esta tercera parte ha sido hasta el momento el más largo de mis relatos. Espero que la hayan disfrutado como yo al escribirla :D

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Camping con mi cuñado

Hola. Me llamo Scott, y me fascina el español, aunque yo no se mucho, les pido disculpas de anticipo si no puedo escribir bien mis pensamientos. He leido sus relatos por varios meses ya, pero nunca habia tenido nada que contarlers.

Soy un muchacho de 28 años de edad, mido 6′ 1″ y peso 175 libras y muy atletico, soy una persona muy activa, me gusta mucho las actividades outdoor y me considero muy atractivo. He hecho modelaje para Target y Sprint pero mi carrera en el ramo de las finanzas es muy lucrativa y he decidido dejar el modelaje por completo. Hace 5 años me case con una mujer super hermosa a quien conoci en la agencia de modelos, quien viene de una familia increiblemente atractiva. Ella tambien era una modelo pero cuando nos casamos lo dejo para convertirse en ama de casa. La historia comenzo al rededor del mismo tiempo que nos casamos cuando me presento a su hermano mayor.

El es un director de peliculas que aun no se ha hecho un nombre muy famoso en Hollywood, pero si ha logrado participar en filmografias buenas y ha tenido mucho exito en lo que cabe, aunque el quiere ser mas cotizado, pero la industria esta llena de directores.

El caso es que es un hombre que me volvio loco desde el momento que mis ojos lo vieron. Me tiemblan las rodillas simplemente de pensar en el. Nunca en mi vida habia conocido a algien tan atractivo, pensaba que solo existian en las peliculas que el dirigia jaja.

Es un hombre rubio, completamente sexy. Sus ojos azules que te penetran hasta el alma, su cuerpo tan sensual, un pecho hermoso, su rostro es como de porcelana y su barbita me facina! sus brazos gruesos y tan fuertes, su culito tan delicioso, sus labios tan seductores. Lo peor del caso es que tambien esta casado de 8 años. El es dos años mayor que yo.

Cada vez que nos vemos me dan tantos nervios, pero si he logrado esconderlos, y hemos tenido una amistad muy buena. Nunca pense que mi sueño se volviera realidad hasta este fin de semana.

Ahora ya vivimos en diferentes estados de USA, y casi no nos vemos mucho, pero la semana pasada vinieron a visitarnos y planeamos ir camping pero las esposas decidieron quedarse porque los bebes no soportarian toda la noche alla.

Llegamos, y pusimos la tent y despues de un rato hizimos una fogata y comenzamos a charlar mientras el sol se escondia y la luz de la luna comenzaba a brillar mas fuerte. Todo estaba completamente perfecto, pero ya como a las 10 decidimos ir a dormir. Afortunadamente la tent no esta muy grande y siendo los dos muy altos pues nos toco acostarnos juntitos. Despues de un rato nos quedamos dormidos, ya como a la media noche me desperte por la incomodidad, y estabamos muy juntos y yo dandole la espalda a el, y el detras de mi… Mil pensamientos comenzaron a pasar por mi mente, sabia que esta era mi unica oportunidad, pero me daba mucho miedo.. no me importo y acerque mi culito virgen hasta llegar a la altura de su verga y comenze a rozarlo… Mi corazon palpitaba al cien por uno.

Me dio miedo y mejor me aleje un poco. Mi mente no dejaba de pensar lo que pudiera pasar, nadie tenia que enterarse, pero que pasaria si el no quiere? Le diria a mi esposa? Somos muy religiosos, por eso tambien me dio miedo.
Me senti muy tonto por arrepentirme, y decidi intertarlo de nuevo. Esta vez no pararia hasta me me diera lo que yo queria o hasta que me golpeara por hacerlo.

Nuevamente acerque mi culito virgen hasta llegar a su verga y me quede ahi por unos minutos disfrutando su respiro. Me hacia temblar escuchar su aliento tan cerca de mi cuello. Decidi mover mi culito de manera circular y agarrar su brazo y ponerlo alrededor de mi cintura. Asi me kede un ratito disfrutando su abrazo, como si en realidad fueramos amantes, y el seguia dormidito como un angel. Ya no pude resistir y baje su mano hacia mi bulto que ya estaba a mil. Afortunadamente es una noche de verano y solo dormimos con shorts, entonces fue facil meter su mano dentro de mis calzones para que me agarrara la verga. Despacito le meti su mano y ahi la deje, aun no sentia que estubiera despierto, y luego segui moviendo mis caderas para tratar de despertarlo… cuando se desperto se espanto y le dije que porque me estaba tocando y dijo que no, que no era su intencion, y le dije que si no hera su intencion como fue que llego hasta debajo de mis calzones.. Me di la vuelta y vi su hermosa carita como le daba tanto terror, papito, me encanto su lindo rostro en ese momento.. le dije, no te preocupes no le dire a nadie, esta bien, si quieres tocarmela te dejo, solo tubieste que pedirmela, porque sabes que es tuya.

No me dijo nada mas y se lanzo a abrazarme y besarme tan apasionadamente que sentia que me desmayaba!

Nos quitamos la ropa y quedamos solo en calzones, pero el tenia un jockstrap. Me volvio super loco y no pude resistir mas, me avente a ese culito que me llamaba mi nombre.. Muchas veces me imagine como seria si algun dia estubiera con el, y siempre quise sentarme en su verga hermosa, y que me dominara, y ser toda suya… pero ahora que tenia ese culito hermoso en jockstrap, no lo pude resistir.. mi amor, estas genial, le dije mientras mi lengua comenzaba a explorar ese hermoso ollito que nunca habia tenido una lengua cerca.

Se moria de placer y sus gemidos me volvian mas loco por el. Me pedia que siguiera que nuna habia sentido nada igual.. despues de una media hora de comermelo le quite su jockstrap y me encontre con una hermosura como me lo esperaba. No estaba tan grande como yo queria, pero sus simetria era fenomenal y su olor.. Dios mio, su olor a hombre me volvio loco.. me lo comi muy despacito, pero solo unos cuantos minutos duro cuando me lleno mi garganta con su jugo de dioses, era extraordinario. Sus gemidos no paraban y se revolcaba como si estubiera teniendo un ataque de epilepsia…

Me dijo que parara, que estaba muy sensitiva su cabeza.. Entonces se avalanzo a mi miembro y me kito finalmente mis calzones, estaban bien mojados de tanto precum.

Se la trago enterita pero sus technicas no eran de un profesional que indicaba que no sabia mamar verga, lo que me prendio aun mas porque me confirmaba que yo era su primero… No pude resistir y lo jale a mi boca para besarlo aun mas, le exalte su cuerpo entero, sus brazos, pecho, sobacos, sus piernas sus pies… todo, era lo que siempre habia querido.. Ya se habia puesto dura su verga otra vez, y para ese entonces le dije que si estaba listo y me dijo que no podia esperar mas, que se la diera… despasito le comenze a meter mi cabeza, mi verga esta mas gorda que la de el, pero como ya le habia comido su culito, entro un poco mas facil.. al momento de entrar se le dejo por salir un grito de dolor, me dijo que no importa, que ha deseado este momento por muchos años y que alfin se le hizo realidad.

Despues de como 5 o 6 minutos su culito estaba tan rico que no pude mas y le dije que no se moviera porque me hiba a hacer venirme todo, pero no me hizo caso y me exprimio todo mi jugo dentro de su culito hermoso, nunca habia venido tanto en mi vida, salian chorros de semen de su culito recien estrenado, no pude mas y me lo comenze a tragar todo lo que salia y nos besamos para compartir nuestro sucio amor.

Ahora me dijo que era su turno.. me puso boca abajo con el culo en el aire y me comenzo a comer todito.. no podia parar de gritar de placer, era una sensacion tan hermosa y relajante, que noche tan maravillosa estaba pasando y no podia dejar de pensar en que me hiba a hacer tambien suya. Decidi dejarme llevar por el momento y solo disfrutar su lengua abriendo camino para lo que venia..

Despues de un rato me volteo y me subio mis pies en sus hombros, me dijo que si queria cambiar de opinion, que este era el momento porque no habia marcha atras.. le dije que era el momento que habia esperado en toda mi vida.

Sin nada de compasion me la metio de una vez por todas.. le dije basta, pero no me hizo caso.. le dije que duele, pero me dijo “por eso te pregunte, porque ya eres mio”

Dios mio que dolor, no aguantaba mas y lo trataba de empujar con mis manos, pero el era mucho mas fuerte que yo, y me dijo que me relajara y me comenzo a besar muy tiernamente, en ese momento le di paso por completo y ese dolor se convirtio en tan hermosa sensacion que no la puedo explicar.. me volteo en cualquier posicion que podia darme, arriba, abajo, de lado, detras y nuevamente misionario.. despues de un par de horas le dije que lo amaba, me empezo a taladrar mas rapido que sin tocarme me vine otra vez y mi cuerpo se puso en un extasis que nunca habia sentido antes con la estimulacion a mi prostata que me estaba dando su hermoso pene.

Al venirme mis nervios de mi ano se cerraban tanto que apretaban su verga y lo hize venirse al mismo tiempo, pude ver su rostro lleno de placer y de lujuria.. que padre fue sentir su semen dentro de mi, en esa posicion de misionero se quedo dentro de mi pero recostado en mi pecho.. le dije que era lo mejor que me habia pasado en toda mi vida, y el solo me beso un pecho y se quedo dormido.. yo me quede tocando su pelo rubio y sobando su espalda por un tiempo hasta que sin darme cuenta me quede dormido… No se que hora era ni cuanto tiempo hizimos el amor, pero al amanecer senti como sus brazos me abrazaban tan fuerte que me despertaron.. Me dijo que si estaba listo para darle otra vez.. no lo dude y me comenzo a mamar la verga. Cuando ya estaba bien dura se sento en ella.. que hermosura de imagen, me hubiera gustado capturarla en video.. en ese momento lo unico que podia pensar era ” Que lucky soy, este hombre tan hermoso y con familia me escogio a mi para darme todo su cuerpo, que afortunado soy de que este cabalgandome ahorita” – Despues lo traje hacia mi cara para besarlo otra vez..

esta vez me lo cogi yo sin compasion, me dijo que nunca se habia sentido tan violado en su vida y que nunca habia dado a perder su control de hombre, pero que yo lo volvia loco y que su cuerpo me pertenecia a mi, que cualquier cosa que le piediera que lo haria por mi, no importa tan sucia que fuera.. en ese momento le dije que queria que me entregara toda su vida, su cuerpo, todo a mi.. me dijo que ya era mio, que nunca penso que esto fuera a suceder, pero que lo deseaba mas que nada en el mundo.. Le dije que yo tambien.. Termine dentro de su boca y se trago todo lo que le di.. despues nos vestimos y regresamos a casa.. Todo volvio a la normalidad y ayer volvieron a su casa y no creo volverlo a ver en mucho tiempo, pero los dos sabemos que tenemos mucho mas que perder si alguien se enterara, por eso decidimos no volver a hacerlo nunca mas.

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Memorias

‎”Te traté como a una princesa.

Te lo hice como a una puta”

Se paró cerca a la ventana con tan solo sus bragas y mi polo puesto. Con sus delgados dedos, delicadamente, abrió la cortina para poder observar las calles pintadas de naranja por el viejo y gordo sol que lentamente llegaría a desaparecer. Se quedó contemplando el hermoso acto de ver entrar a la noche. Acaba de sentir el placentero éxtasis que un orgasmo ofrece y solo estaba esperando que yo vuelva al acecho. La abracé por atrás y la rodeé con mis brazos que acabaron en su plano vientre. La empecé a besar por el cuello, y una de mis manos se escabulló lentamente bajo sus bragas. Podía sentir la poca vellosidad de su sexo mientras mi dedo acariciaba en círculos ese botón llamado clítoris. Su trasero se pegaba cada vez más a mi entrepierna y empezaba a mover sus caderas paulatinamente. Cuando bajé mis dedos un poco más, noté que estaba empapada, mis dedos rozaban con facilidad y su caliente y abundante fluido me excitaba muchísimo.

Se dio media vuelta, y empezó a besarme locamente, nunca había sentido tanta presión en sus labios. Mientras me besaba, buscaba con su mano derecha mi entrepierna. Imitándome, metió su mano dentro de mis calzoncillos y tocó mi erecta y rígida verga. Apenas alcanzaba masturbarme porque mis calzoncillos no le brindaban mucho espacio. Frustrada, me los bajó, se puso en cuclillas y, sin dejar de mirar mi falo, empezó a masturbarme a un ritmo ni tan rápido ni tan lento. Lo miraba con deseo y no tardó mucho en pasar la punta por sus húmedos labios. Pasaba su lengua por toda la cabeza y el tronco hasta que decidió metérselo todo de poquito en poquito. Se sentía caliente ahí dentro de su boca y yo cerraba los ojos y emitía débiles gemidos de placer. Le gustaba mucho darme placer de esa manera.

Ya estábamos muy excitados, y a ella, que le gustaba sacar de la jaula al animal que llevo dentro, le tocó ser mi presa. Le quité tan violentamente las bragas, que terminé rompiéndolas, la cargué, boté con una mano todos los papeles y libros apilados sobre mi escritorio y la recosté sobre la fría madera. Abrió sus voluptuosas piernas que me hacían perder la razón y metí mi grueso y duro falo con facilidad en su empapado coño. La penetré salvajemente sin cesar, sus estrepitosos gemidos y sus eufóricas palabras que me rogaban no detenerme causaban que pierda la razón. Cuando me arañaba la espalda hacía que me ardiera la piel cosa que me enloquecía aún más y hacía que la penetrara con más fuerza. Sus senos saltaban y yo solo los succionaba y raspaba con mis dientes para excitarla más.

La cargué de nuevo y nos tumbamos juntos sobre la cama. Esta vez ella estuvo encima de mí pero de dándome la espalda. Acomodó mi falo con su mano y empezó a saltar, saltaba y gemía mientras agarraba sus senos con ambas manos. Su espalda brillaba gracias al sudor y su cabello liso bailaba a causa de los rítmicos saltos que daba. Me sentía como en una de esas películas porno amateur de las que usualmente solía ver en mis épocas de soltero. Ya casi llegamos al orgasmo y ella se volteó para penetrarla mientras lamía sus senos. ¡Cómo le encantaba que pase mi lengua por sus senos!. Yo empecé a moverme con mucha más rapidez y ella empezó a retorcerse y clavó sus uñas en mis brazos cuando mi caliente, espeso y abundante semen se esparció dentro de ella. Ella sonreía y expresaba lo increíble que estuvo.

Nos besamos con cariño y mientras acariciaba suavemente su hombro con mi mano, se quedó dormida. La tapé con la cobija que había terminado en el piso y le di un beso de despedida en la mejilla. Me paré y empecé a ordenar mi escritorio para escribir poemas inspirados en ella que había hecho de mi mundo el más hermoso y de mis grandes e infinitos problemas los más banales y vacíos posibles. Nunca pensé que me pasaría pero me había enamorado y ya no tenía remedio. Tal vez ella no de mí pero yo sí de ella. Quién diría que sería la persona que más extrañé cuando nos separamos y no volvimos a vernos después de varios años de manera casual y fugaz en un hotel. Ya no era el mismo, su infinita ausencia me había hecho cambiar de manera drástica. -“Has cambiado, Jorge”-“Sí, he cambiado: el dolor le hace eso a las personas”.

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El hombre de mi vida

Los días pasaban lentamente y yo moría por mi vecino Diego. Alto, delgado, con un cuerpo de infarto; me pasaba las noches soñando con él desde aquel día que lo había visto sin playera. Pectorales marcados, un lavadero de diez; exactamente el tipo de hombre con el que cualquiera pasaría la noche despierto con todo gusto. Sin embargo, él no daba la más mínima señal de saber que existía.

Pasé muchos días planeando que podía hacer para lograr acercármele, pero todos los planes que se ocurrían flaqueaban en algún punto. Sin embargo, un día se presentó la oportunidad perfecta sin siquiera propónermelo.

Iba tranquilamente en el camión. Un chavo se había sentado junto a mí, pero yo no le había prestado la menor atención hasta que él me habló.

-Oye, tú eres hijo de don Memo, ¿verdad? -me preguntó.

Volteé a ver al chico en cuestión. Me di cuenta que era Gerardo, mi tocayo, el hermano mayor de Diego. Él no era nada despreciable, pero no era lo que yo estaba buscando. Yo acababa de cumplir los dieciocho años y él ya tenía veinticuatro. Diego tenía diecinueve.

-Sí, lo soy -le respondí.

Así comenzamos a charlar, y cuando bajamos nos pusimos a caminar hacia nuestras casas. A punto de llegar él me dijo que había estado estudiando no sé que cosa relacionada con matemáticas, y que cualquier cosa que tuviera problemas, no dudara en ir a su casa. Estuve a punto de decirle que no necesitaba su ayuda, después de todo, era el mejor alumno de mi curso de Cálculo; pero lo pensé bien, y le dije que necesitaba un poco de ayuda con las integrales. Así él me propuso que fuera a su casa el sábado por la tarde, proposición que yo acepté encantado.

El sábado por la mañana estuve muy emocionado: me bañé, me rasuré, me puse mis mejores ropas y me perfumé (cosa que casi nunca hago). Sabía que Diego estaría en casa, y no quería bajo ningún motivo pasar desapercibido.

Llegué a su casa a las tres de la tarde en punto. Me recibió Gerardo y me hizo pasar. Nos sentamos a la mesa, y él me preguntó cuál era la parte que se me dificultaba de las integrales. No recuerdo que le contesté, pero si recuerdo que él me empezó a explicar desde las derivadas. Creo que mi respuesta le dio a entender que de cálculo no sabía nada. He de confesar que era algo aburrido fingir que no entendía aquello cuando en realidad me lo sabía a la perfección, pero afortunadamente creo que Gerardo tomó mi aburrimiento como el clásico tedio que experimenta el alumno promedio hacia las matemáticas.

Después de un rato aparecieron en la sala Diego y Marcos (otro hermano, éste de 21 años). Me saludaron y se sentaron a ver la televisión. A partir de ese momento yo medio escuchaba a Gerardo; estaba más entretenido viendo ocasionalmente a Diego. Gracias a que ya conocía el tema podía contestarle a Gerardo sin ningún problema cuando me hacía una pregunta sobre lo que acababa de explicar, y también resolver algunos ejercicios que me puso para practicar. Claro que hice uno que otro mal a propósito para no dejar caer la farsa.

A las cinco de la tarde llegó la hora de la comida, y los tres me invitaron a comer. Su madre no estaba, por lo que me invitaron a comer (en cuanto a su padre, nunca he sabido que fue de éste). Así que comimos los cuatro juntos. La comida estaba bastante bien aunque era el recalentado de lo que había dejado su madre; y mientras comíamos empezamos a charlar y a bromear. Yo participé muy animadamente en la charla y me la pasaba riendo. Era la primera vez que hablaba con Diego, y me parecía cada vez más encantador.

Al llegar al postre, Marcos y Diego se pusieron a hablar y yo me le quedé viendo a Diego. Quizás no fuera muy carita, pero a mí me agradaban sus facciones. De repente tuve el impulso de voltear a ver a Gerardo y así lo hice. Él me estaba viendo, y cuando nuestras miradas se cruzaron él sonrío. En aquel momento me pasó por la cabeza la idea de que Gerardo tenías unas facciones mucho más lindas que las de su hermano, aunque le faltaba aquel cuerpo de infarto. Le devolví la sonrisa y volteé hacia mi plato. Cuando terminamos de comer me retiré a mi casa, después de prometer regresar al siguiente sábado.

El segundo sábado fue casi igual. Seguimos viendo lo de las derivadas. No obstante, al llegar la hora de la comida sucedió algo.
Estábamos hablando animadamente cuando Diego preguntó si no quería comer más.

-No, gracias -le respondí.

-¡Oh vamos! -exclamó Marcos mientras me ponía la mano en el hombro-. No tengas reservas. Después de todo ya casi eres de la familia.

En ese momento Gerardo se atragantó con la comida y los otros dos comenzaron a reírse. Yo no entendí el porqué de la situación, especialmente cuando Gerardo les lanzó una mirada de advertencia a los otros dos. Así que solo sonreí ligeramente para quedar bien.
Al poco rato me despedí, y quedé con Gerardo que el siguiente sábado llegaría más temprano.

El tercer sábado llegué al mediodía, al mismo tiempo que la madre de los tres hermanos salía. La saludé y la despedí al mismo tiempo. Entré a la casa. Gerardo estaba totalmente arreglado, como siempre, con sus jeans y su playera de rayas, peinado con gel. Marcos estaba frente al espejo arreglando su cabello, y supuse que Diego debería estar en su cuarto. Me senté con Gerardo a la mesa. Finalmente habíamos logrado pasar a las integrales.

-Ya párate huevón -oí decir la voz de Marcos.

Concluí inmediatamente que se lo había dicho a Diego, y me sorprendió. No estaba seguro de cómo alguien podía aguantar seguir en la cama hasta tan tarde.

En cierto momento Gerardo me dejó porque tenía que ir al baño. La puerta del baño estaba cerca, y justo cuando entró al baño Diego hizo su aparición en la sala, causándome una gran impresión.

La gran impresión fue debido a que Diego había salido solo llevando encima un bóxer ajustado, dejando a la vista su torso marcado, al igual que sus piernas torneadas. Pero lo que más me llamó la atención fue el asombroso bulto que se veía debajo del bóxer.

Él me saludó y yo intenté devolverle el saludo, cosa que no estaba seguro de haber logrado. Diego volteó la cabeza y se empezó a rascar el paquete. Mi pene empezó a aumentar de tamaño rápidamente entre mis piernas, y tuve que reprimir el fuerte impulso que sentí de correr hacia ese cuerpo y empezar a besarlo.

Él se sentó en el reposabrazos de un sillón, y yo no hice otra cosa que seguirlo con la vista. Me estaba excitando demasiado, y me temía que él no tardaría en darse cuenta. Por suerte en ese momento Gerardo salió del baño y Diego entró. Aún así, estuve todo el día con aquella imagen en la cabeza, y por la noche no pude evitar masturbarme recordando el cuerpo de Diego. De hecho, así me la pasé toda la semana, viniéndome con la imagen de Diego en la cabeza.

Al siguiente sábado otra vez llegué temprano a su casa, aunque en esta ocasión no me encontré a su mamá en el camino. Llegué a su casa y me recibió Gerardo. Me sorprendió no ver ni rastro de Diego o Marcos.

-¿Y tus hermanos? -le pregunté.

-Salieron a una fiesta -me contestó él.

Me decepcioné un poco al oír eso. Eso significaba que aquel día no vería a Diego. Traté de disimular mi decepción, aunque al darme cuenta de cómo me estaba viendo mi tocayo me preocupé. Era una expresión que no recordaba haber visto nunca en ninguna otra persona.

-¿Qué te pasa? -le pregunté mientras inclinaba la cabeza.

Él no respondió en seguida. Se quedó otro momento mirándome así, y después dio un paso vacilante hacia mí.

-Verás -comenzó-. Tengo algo que confesarte.

Hubo otro momento de silencio. Yo me sentía confundido. ¿De qué demonios me estaba hablando Gerardo? Cuando finalmente se decidió a hablar, me tomó de las manos.

-Desde el primer momento en que te vi, sentí algo muy especial en mi interior, así que cuando tuve la oportunidad de hablarte decidí aprovecharla. Y luego, al irte conociendo más, pues… me fui enamorando totalmente de ti.

La declaración me dejó estupefacto. No sabía qué decir. Yo le había hablado a Gerardo para poder llegar hasta Diego, y ahora él me decía que estaba enamorado de mí. ¿Cómo le podía explicar la situación sin herirlo?

No obstante, no tuve tiempo de pensar en una respuesta, ya que él me plantó un beso. Fue un beso lento y calmado, muy tierno, y sin embargo muy profundo. Aquello me hizo perder la cabeza. No tenía ninguna intención de contestar su declaración, al menos no con palabras.

Lentamente Gerardo fue bajando hacia mi cuello. Una parte de mí quería detenerlo, pero por otro lado de repente el chico que se encontraba frente a mí me estaba haciendo sentir cosas que ningún otro hombre me había hecho sentir. No podría explicarlo con palabras, ya que no entendía de dónde surgía aquella sensación de plenitud y de que me tenía completamente bajo su control que me embargaba mientras sus manos recorrían lentamente mi cintura y su boca mi cuello. Solo sabía que me fascinaba que fuera tan delicado, tan cuidadoso.

Gerardo subió hasta mi oreja y metió su lengua dentro. Ningún hombre me había hecho aquello antes. Empecé a gemir, y me empecé a preguntar si lo que sentía era por lo que me estaba haciendo y la forma en que lo hacía, o simplemente porque se trataba de Gerardo.

Él comenzó a desabrocharse la camisa, aunque yo terminé de hacerlo. Mis manos temblaban, así que me decidí a recargarlas sobre su pecho y abdomen para detener el temblor. No estaba nada marcado, lo único bueno es que no tenía panza. Le quité la camisa entera. Mis manos seguían temblando, mi respiración se aceleraba mientras él seguía besándome entre la oreja y el cuello.

Comencé a acariciar sus brazos y su espalda, atrayéndolo un poco hacia mí. Mientras tanto, él iba levantando suavemente mi playera, rozando al mismo tiempo mi piel con sus dedos. De antaño hubiera jurado que me fascinaba el sexo ligeramente rudo y salvaje, donde la ropa sale volando en menos de un minuto. Creía que un chico que fuera lento a la hora del sexo no valdría la pena. Pero en aquel momento junto a Gerardo, en el que todo parecía dudar una eternidad, sentía que era aquel tipo de relación el que valía la pena.

Al terminar de quitarme la playera me tomó de la cintura y volvió a besarme el cuello. Lentamente fue bajando hacia mi pecho, el cual también besó. Al llegar a mis tetillas, sentí un placer indescriptible. Siguió bajando y al llegar a mi ombligo me tenía al borde del extásis. No sé cómo le hice para que se pusiera nuevamente de pie, pero cuando lo hice nos volvimos a besar. Sus besos me enloquecían, y por un momento me pasó por la cabeza la idea de que sería feliz si pudiera besarlo cada día de mi vida.

Después del beso bajé hasta su cintura y comencé a desabrocharle el pantalón. Comencé a bajárselo de la misma manera en que él me había quitado la playera, suavemente y sintiendo con las yemas de mis dedos la delicada piel de sus piernas, las cuales tenían muy poco vello y eran increíblemente blancas. Por lo visto, no dejaba que les diera el sol muy seguido. Llevaba puesto un bóxer ajustado, el cual resaltaba su pene, el cual obviamente ya estaba erecto. No se veía muy grande, me daría la impresión que mediría unos trece o catorce centímetros, pero aquello no apagó mi pasión. Puse mis labios contra aquel bulto, del cual emanaba un calor extrañamente reconfortante. En ese momento recordé tantas otras aventuras que había tenido en mi vida, aquellas en las que lo importante era llegar a la penetración ya fuera oral o anal lo más rápidamente posible. Definitivamente, lo que estaba viviendo con Gerardo superaba con creces aquellas aventurillas.

Comencé a bajar su bóxer con mis manos, dejando al descubierto su hermoso pene. A pesar del tamaño me pareció maravilloso. Aunque bueno, nunca he sido muy fanático de los penes enormes. He de aceptar que visualmente son muy atractivos, pero a la hora de pensar en una penetración como que la cosa ya no es tan linda. Como fuera, el pene de Gerardo me pareció digno de admirarse, con su prepucio que se recorría fácilmente hacia atrás y su cabeza ligeramente más ancha que el tronco. Acerqué mi boca a aquel tronco, y lentamente fui abriendo la boca, dejando que al principio el contacto fuera exclusivamente con mis labios. Poco a poco su pene entreabrió mi boca, y poco a poco fue entrando en ella, empujando mi lengua. Mi saliva comenzó a cubrir aquel miembro, y mi lengua se enroscó a su alrededor.

Gerardo puso su mano contra mi mejilla, y a partir de ahí comenzó a acariciar mi rostro. Yo disfrutaba grandemente con el sabor de su pene. Se notaba que se acababa de bañar, pero aún así conservaba aquel sabor suavemente seductor que caracteriza a un hombre. Gerardo pasó su mano por mi oreja y de ahí subió a mi cabello. A mí siempre me había molestado que me acariciaran el cabello mientras les hacía sexo oral, me sentía como un perro; pero con Gerardo era totalmente distinto. Con él no me sentía como un perro, si no como un hombre amado, algo a lo que tal vez siempre había aspirado.

Empecé a sacar el pene de Gerardo de mi boca lentamente, y cuando solo tenía su glande dentro de mí comencé a rozarlo con la lengua. Pasé mis manos por la parte posterior de sus piernas, luego por enfrente y las fui subiendo hacia su entrepierna. Acaricié suavemente sus testículos con mi mano derecha. Aparentemente era el único lugar del cuerpo de Gerardo donde los vellos resaltaban, y sin embargo así resultaban suaves al tacto. Él bajó su mano y pasó por mis párpados hacia mi nariz. Su forma de acariciarme era tan suave y tan maravillosa, que resultaba sencillamente perfecta.

Subí mi mano derecha hacia su falo, y lo acaricié mientras continuaba con su glande dentro de mi boca. Mientras tanto, mi mano izquierda se entretenía con la suavidad de sus piernas.

Al sacar su pene de mi boca, el se agachó para que quedáramos a la misma altura.

-Te amo -me susurró él, con la voz más dulce y tierna que he escuchado en mi vida.

Acercó su rostro al mío y me volvió a besar. Parecía que no importaba cuantas veces me besara, no importaba si eso significaba que nuestros genitales quedaran separados, pero quería que me siguiera besando.

Al terminar el beso Gerardo me tomó del brazo, me ayudó a levantarme y me llevó hacia su habitación. Durante el camino me rodeó la cintura con el brazo, y yo me recargué en su cuerpo. Era sumamente agradable caminar de aquella manera.

Al llegar al cuarto me volteó para quedar frente a él y me volvió a besar. Su lengua se introdujo con dulzura dentro de mi boca, recorriendo suavemente mi paladar, mis dientes y también mi propia lengua. Al terminar de besarme, se separó un poco de mí y se me quedó viendo sin soltarme de la cintura. Fue la mirada más tierna y linda que he visto en mi vida, acompañada de la sonrisa más dulce y que siempre he disfrutado ver.

Puso su rostro contra mi pecho y comenzó a recorrerlo con la lengua mientras me desabrochaba el pantalón. Cuando lo hubo conseguido empezó a bajar su lengua al mismo tiempo que mi pantalón. Pasó por mi abdomen, y al llegar a mi pene lo rozó suavemente con la lengua. Siguió bajando por mi pierna izquierda, y cuando faltaba poco para llegar a mi rodilla terminó de bajarme el pantalón y se volvió a levantar. Me puso una mano detrás de la espalda y con la otra me empujó con cuidado sobre la cama hasta que quedé acostado en ella.

Una vez acostado, él se acercó a mi pene. Después de todo lo que habíamos hecho mi pene había soltado algo de líquido preeyaculatorio y éste había quedado embarrado en mi calzón. Gerardo sacó la lengua y comenzó a lamer aquel valioso líquido. Su lengua recorriendo mi glande, aunque fuera sobre la ropa, me enloqueció. Solo esperaba el momento de sentir su lengua recorriendo mi miembro sin ninguna tela de por medio.

Cuando terminó de limpiar mi ropa interior levantó un poco la cabeza, tomó el resorte de mi trusa con los dientes y la empezó a bajar. Yo lo ayudé levantando ligeramente mis caderas de la cama. Así la llevó con mis dientes hasta casi llegar a mis pies, donde la tomó con sus manos para terminar de quítarmela. Cuando hubo terminado y comprendí lo que seguía, mi pene volvió a producir un poco de líquido preseminal. Gerardo lo notó inmediatamente, y con la punta de su lengua empezó a recorrer mi glande, saboreando aquel líquido que brotaba de mi interior.
Yo por mi parte sentía que tocaba el cielo, y comencé a acariciar su cabello con mi mano. Alcancé a ver cómo el sonreía, tomó mi pene con su mano y comenzó a lamerlo como si fuera la mejor paleta que hubiera probado en su vida. Comenzó a bajar su lengua por mi falo mientras con su mano me masturbaba lentamente. Llegó a mis testículos, y sin detener su lengua siguió bajando hasta llegar muy cerca de mi ano. Luego volvió a subir. Durante su ruta de regreso me estremecí de placer, y cuando llegó de nuevo a mi glande se empezó a tragar mi pene. Fue introduciendo lentamente mi pito en su boca. Era como una máquina de succión, y lentamente entraba más y más.

Cuando sentí rozar su campanilla con la punta de mi pene pensé que él se detendría, pero él continuó como si nada hasta que tuvo mi pene totalmente dentro de su boca (tampoco es que tenga el pene enorme, por lo que realmente no fue mucho más adentro de lo que implicaba que se hubiera detenido cuando rocé su campanilla). Sentí mi glande en su garganta, y él inició a sacar mi pene de su garganta tras unos segundos. Cuando la mitad de mi falo estuvo fuera él volvió a tragárselo todo. Comenzó a hacer esto repetitivamente y yo me sentí en la cima del cielo.

Mientras él seguía metiendo y sacando mi pene de su boca comenzó a penetrarme mi pequeño agujero con su dedo índice. No le costó gran trabajo debido a toda la excitación que estaba cargando, pero aún así metió su dedo cuidadosamente, causando cero dolor y una oleada de infinito placer. ¿Qué más se puede esperar cuando tienes al chico más delicado haciéndote una mamada espectacular y penetrándote con un dedo?

Gerardo sabía mover aquel dedo a la perfección, estimulando mi punto G con maestría, mucho mejor de lo que lo habían hecho en toda mi vida, incluyéndome a mí mismo.

Cuando Gerardo me sacó el dedo y se separó de mi pene me dijo con voz dulce:

-Voltéate.

No me lo tuvo que pedir dos veces. Estaba completamente a su merced. Lo obedecí sin pensarlo, y me acabé alegrando por eso. Tomó mis dos nalguitas con ambas manos y me las empezó a masajear. Sabía muy bien lo que hacía, apretándolas de una forma que me enloquecía, sin ser agresivo o duro.

-¡Tienes un culo buenísimo! -me dijo.

-Es todo tuyo -le respondí.

Gerardo separó con sus manos mis nalgas, y al momento siguiente sentí su lengua en la entrada de mi ano. Fue introduciéndola lentamente en mi interior (“Qué bien que me bañé bien antes de venir” pensé). Cuando la tuvo lo más adentro posible comenzó a moverla. Me volví a sentir en el cielo. No había otra comparación posible para lo que me hacían sentir sus manos masajeando mis nalgas, su cara contra mi trasero y su lengua moviéndose en mi interior.

Momentos después se separó de mi culo, se dirigió hacia una cómoda que había en su habitación y sacó un condón y lubricante que guardaba en el cajón. Abrió el condón, se lo puso y comenzó a colocarme lubricante en mi ano. Finalmente colocó su pene a la entrada de mi recto, tras haberle echado más lubricante encima.

-¿Estás listo? -me preguntó.

-Listo -le contesté yo. Sencillamente no podía decir otra cosa.

Comenzó a meter su pene lentamente en mi lubricado y dilatado ano. Lo metió con máximo cuidado, sin provocarme ninguna clase de dolor. Cuando lo tuvo dentro comenzó a sacarlo de una manera casi parsimoniosa. Recordé aquellas ocasiones en las que me cogían lo más rápido posible, y en aquel momento pensé que en aquellas otras veces no había disfrutado ni la centésima parte de lo que ahora disfrutaba con Gerardo. Él se recargó totalmente sobre mí, sintiendo de esa manera su cuerpo contra mi espalda, así como su respiración en mi nuca. Metió con algo de trabajo su mano debajo de mi cuerpo y me empezó a masturbar.

-Te amo -me dijo nuevamente al oído.

En ese momento me empezó a besar el cuello y yo no quise saber más. Solo sabía que quería quedarme ahí para siempre, sintiendo su mano en mi pene, su pene en mi culo y su boca en mi cuello.

Pero lamentablemente todo tiene un final, y el nuestro llegó luego de un rato de estar así. Sentí en mi interior como el condón se inflaba, sentí la respiración de Gerardo acelerarse a mi espalda, las contracciones que le dieron en su cuerpo; todo al mismo tempo que yo sentía que aquellas sensaciones también me atacaban a mí. Cuando terminamos Gerardo oprimió levemente mi pene como si lo ordeñara y yo sentí otra oleada de placer. Poco después me quedé dormido.

Desperté al anochecer, acostado de lado y Gerardo me estaba abrazado por detrás. Me di la vuelta con cuidado, pero eso originó que Gerardo también despertara.

Nos miramos un momento a los ojos, y después él empezó a rascarme la oreja mientras yo me decidí a acariciarle la mejilla. Por un momento pensé que podría acostumbrarme a eso. Entonces Gerardo habló:

-Tengo que hacerte una pregunta -me dijo.

Yo detuve mi caricia un momento. Él me miraba de la manera más tierna posible.

-¿Quieres ser mi novio? -me preguntó.

En primera instancia no supe que contestarle. Me había gustado lo que habíamos hecho, sin duda alguna; pero a mí me seguía gustando Diego. ¿O ya no?

No sé si él habrá visto mi indecisión, pero supo disipar mis dudas de la mejor manera posible: me dio otro beso. Fue un beso que me pareció duró horas, y cuando terminé me di cuenta de una simple y llana verdad: no me importaba que Diego tuviera un mejor cuerpo que Gerardo, no me importaba que la diferencia de edad fuera mayor con el hombre frente al que ahora estaba. Gerardo era el hombre con el que quería estar siempre al lado, era el rostro que quería disfrutar viendo el resto de mi vida.

-Me encantaría -le contesté perdiéndome en aquella mirada que en ese momento reflejaba la mayor alegría posible.

Éste es uno de los pocos relatos que lamento que solo sean una fantasía :) Espero que lo hayan disfrutado tanto como cada vez que yo lo leo

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El hombre que la enseño a ser puta

Un ermitaño que odia la soledad, vagabundo y esclavo del deber calendario sin final semental de un cementerio, nadie sabe a dónde voy, soy un naufrago que navega por el internet, una noche que amenaza con ser un fracaso solo en completo estado pleno, sin una gota de alcohol en mis venas, mis sentidos no han sido alterados, mi libido es el malo, hace exactamente 22  horas mi novia me ha dejado  con todo el protocolo que debe ser, no falto ni la parte donde nos reprochamos todo, una mujer me está rogando desde hace tiene dos hijos de dos diferentes hombres y quiere el tercero conmigo está loca no necesito compromisos, camino como hace mucho tiempo no lo hago en la zona de putas de la zona a donde los hombres más asquerosos sacian sus ansias con mujeres de lo más variadas.

Esta es la historia de cómo convertí a una vendedora de discos en una puta, y comenzó esta noche en la que dios parece brillar por su ausencia es el amor, lo que mata y no la depresión.

Caminaba viendo la mercancía pura basura, unas muy viejas otras demasiado gordas no si quería una debía ser perfecta, por eso nunca salgo de putas pero mis amigas andaban en otros paseos y no quería batallar solo buscaba sexo, penetrar y sentirme fuerte desalojar mi semen violentamente en un depósito de esperma ya, pero tenía que ser guapa y delgada fina y bella como una “bratz” una puta elegante.

Caminaba y solo fiascos, miles de fiascos, solo prietas apestosas, mal fajadas, no era un desfile de desilusiones, hasta que en un negocio de discos piratas la vi estaba parada sobre un mostrador de pared, las películas estaban colgadas en mantas, y ella fulguraba de brillo, llevaba una blusa verde con muchos huecos y unos jeans entallados, su figura era muy bella aunque era chaparrita me despertaba bastantes sensaciones, su cabello lacio me recordaba al de una amante de tiempo atrás, la vi y bajo la mirada, entonces vino a mí la pregunta era sexo servidora?, o una vendedora o compradora del lugar, y no sé si fue por la noche o las cosas que me habían pasado en el día, o porque estaba más solo que nunca cansado y aburrido, le pregunte ¿estás en servicio?, ella me miro y me dijo: que te pasa, no soy prostituta vete de aquí trabajo en la películas imbécil, las cosas para mi abrían terminado pero no se si me estaba poniendo mas enfermo que de costumbre y además su jefe de las películas no hacia nada por defenderla la dije: ¿quieres ganar mas de lo que te paga este señor en 15 minutos?, es mas casi estoy seguro que se vendió poco, y tienes muchos gastos, ella tendría unos 19 años, llevaba unos tenis muy modernos y su esbelta figura la delataba como una chica amante del reggaetón.

Se cruzo de brazos y miro a su patrón, que permanecía en silencio se ve que estaba coludido con los proxenetas del hotel vecino (los padrotes), que me podía decir si estaba hundido en mierda, o eso parecía, ella dudo mucho pero no podía dejarlo pasar, sabia muy en el fondo que amaba el dinero, no obtuve ni una negativa ni un si, lo único que hice creo que es lo mas ilógico que uno puede hacer a veces pienso que estoy loco, la espere hasta el cierre del local, entre tantas putas algo se le abria pegado pensé, la deje caminar mucho hasta donde ya no hubiera mas chicas, ni nadie, entonces le dije: anda se que necesitas el dinero, compraras muchas cosas bonitas, son 500 pesos, es mas 700, ell’a aceleraba el paso no media el peligro, había policías mas delante, asi que me descorazone y sono su celular esto la hizo detenerse de golpe todos los negocios estaban cerrados exepto la farmacia, solo alcanze a escuchar, y de donde quieres que saque saldo hoy no me pagaron, entiende mama es muy cabron estar como estamos dile al flojo de mi hermano que aporte algo, y colgó, entonces de mi salieron palabras mágicas: mira enfrente hay una farmacia que te parece si recargas tu cel, ella me vio tenia una mirada melancolica, lastima que soy tan sentimental casi la dejaba ir, me acompaño a la farmacia y le pusimos 100 pesos a su cel, me miro y me dijo: lo que voy a hacer no quiero hacerlo pero necesito el dinero, nadie lo sabra verdad, la mire y sonreí para mis adentros, le conteste; ni siquiera se tu nombre, como podrían enterarse, asi podras ayudar a tu mama (que hipócrita no sabia ni la situación).

Ella me miro y me dijo: vamos al hotel pero a uno que no este cerca del trabajo, que van a pensar de mi, entonces cogimos camino, hacia al motel zaragoza uno pulguiento pero cercano, entramos muy distantes, pague la habitación, y nos sentamos a charlar al pie de la cama nos contamos muchas cosas, menos nuestros nombres y entonces comenze a besarle el cuello, ella se resistía por impulso, pero era imposible soltarnos, no ahora que había comenzado de cuando en cuando le preguntaba: ¿te gusta?, a lo que ella me contestaba con voz entre cortada ¡SI¡

Continuamos la estaba desvistiendo de apoquito, sin prisa palmo a palmo su piel olia a limpio desentonaba con las sabanas, tenia un poco de acné en la frente eso me exitaba pues no se le veía mal, su espalda tersa, sus cenos firmas y calientitos, y su culito, era un manjar, la tenia en tanga, sus anillos y  pulseras sonaban, mi camisa estaba en el piso, y mi cinturón casi me arranco el pantalón, salió mi pene erecto, brillante, se lo restregué por la pierna, le deslise la tanga por entre las rodillas ella se cubria tímidamente, en posición fetal, la vi y me enterneci quería consolarla y solo dije: no tengas miedo, lo vas a disfrutar además tengo condones, había comprado condones en la entrada del hotel, debi invitarle un trago, pensé, le pase el pene por la vaginita depilada, me había colocado el condon, entonces  la puse boca arriba, comenze a mover mi pelvis entro, y comenzó a gemir, yo le repetía en rictus de pasión: dime que te gusta, dime.

Ella gemia mucho, y se movia conmigo no se si lo disfrutaba o solo me daba gusto, paso un rato y sentí que se venia y asi fue su vagina hizo un sonido, salió algo de liquido, entonces la cambie de posición quería ver su culito en todo su esplendor, y la puse de perrito, me acomode y ella creo que seguía en trance no habría los ojos y permanecia, flojita y cooperando, me movia de nuevo y sentía venirme entonces, se la saque rápidamente me quite el condon y me viene afuera embarrándole la vagina y las nalguitas de esperma caliente.

Me deje caer al piso, las sabanas hacían de alfombra la pasión y la euforia me hizo tirarlas mi amante permaneció en silencio y exausta, me miro con cara de que hize, y al final alcanzo a decirme: era solo por una vez ya te viniste pagame.

Lo convenido es lo convenido le pague y le dije: vez no estuvo tan mal, ella me miro y me dijo, si siempre lo hize por placer me siento muy sucia al hacerlo por dinero, y que es lo primero que vas a hacer ahora que eres una puta profesional pregunte ella me contesto: ¿me voy a limpiar de tu porquería, voy a pedir un taxi y no quiero volver  a verte asqueroso.

Nos reimos ala par y cuando le pedi el taxi le dije: me dices en que esquina buscarte, Nancy (le había inventado un nombre para joderla) ella me dijo: la próxima ni aunque trabajes toda tu vida me vas a poder pagar pedro (asi me llamo será porque es un nombre común en mi país) llego su taxi y entregue las llaves, seguramente esta por ahí porque renuncio a la tienda de discos, pase al tercer dia, y si no encontró un trabajo honesto pues debe estar aquí en algún lado, y quien sabe a lo mejor alguien se la coge, y no debe olvidar al hombre que la enseño a ser puta.

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