Las 3 cerditas o quien teme al lobo feroz..

Amor Filial Lésbico, Gracioso, Cuento erótico. Había una vez tres cerditas que vivían con su padres Ana, de 22 años, Carla, de 21 años y Sandra, de 19 años. Las tres cerditas habían crecido alegres en una casa del bosque. Y como ya eran mayores, sus papás decidieron que era hora de que se quedarán solas en casa. Las tres cerditas se despidieron de sus papás, Sus papás les advirtieron que tuvieran cuidado con el Lobo feroz. Ellas no le hicieron caso e invitaron al lobo a su casa por el cumpleaños de la cerdita mayor (Ana)

 

Ellas hicieron una cena, reunieron a los animales del bosque mos para beber hasta que los cuerpos aguanten.

Se juntaron 16 animalitos del bosque, exactamente la mitad hembras y la otra machos.

Todo era normal, bebiendo unos vinitos y picando algo antes de cenar, por lo que cuando la cena estaba servida casi no había hambre, pero las ganas de beber no se quitaban y al poco de comenzar a cenar la mayoría de los animalitos ya estaban demasiado bebidos.

Siguieron bebiendo hasta las 2 de la madrugada, todos habían bebidos menos el lobo feroz que se había contenido buscando a su presa. Lo animalitos ya quería irse a seguir la fiesta en alguna otra madriguera, otros ya estaban borrachos perdidos ninguno ayudó a recoger. Se fueron todos y solamente se quedaron las tres cerditas, dueñas de la casa y el lobo feroz que se quedó a recoger con ellas. Que amable el lobo feroz, no?.

 

Los cuatro se pusieron a recoger la casa, las cerditas estaban muy borrachas y el lobo les ofrecía más bebida mientras limpiaban y ellas incautas seguían bebiendo, a la vez que con sus cuerpos  ponían más hambriento al lobo feroz. El se ponía muy caliente al ver los cuerpos y la forma de vestir de las cerditas..

 

Carla era de piel muy morena y de pelo moreno, tenía un cuerpo perfecto, con unas curvas de vicio y unos pechos perfectos, ni muy grandes ni muy pequeños, y llevaba puesta una minifalda blanca muy cortita y una camiseta también blanca que dejaba ver el ombligo enganchada de un lado a otro con cordones y que dejaba la espalda al descubierto. Por su parte, Sandra no se quedaba atrás, era de cuerpo más curvo que Carla, algo más rellenito y tenía unos pechos preciosos que le gustaba lucir siempre que podía  también llevaba una falda muy cortita pero de color negro y en la parte superior una camisa normalita muy ajustada por lo que sus pezones se marcaban en cuanto se ponían un poco duros.  Y por último quedaba Ana, y en ella se caracterizaba su precioso culito, sus pechos eran redondos y perfectos. Se caracterizaba por ser la más cerda de las tres y la más mayor, además olía decir que le encanta follar a todas horas. Llevaba puesto un traje de color blanco, muy escotado en la parte superior y muy cortito en  la parte inferior algo que le gustaba al lobo feroz ya que cada vez que se levantaba de la silla o se agachaba a coger algo se dejaba ver su precioso culito, y eso yo ya le había hecho fijarse en su minúsculo tanguita.

 

En fin, estas tres cerditas eran unas verdaderas provocadoras y apetecibles para el sexo.

 

La polla del lobo se empezaba a ponerse dura. No sabia que hacer. Además veía a las tres cerditas recoger moviendo sus culitos y su pechos, y empezó a tocarle el culito una a la otra, ellas no ofrecían resistencia, necesitaba más?, si.

Sandra lo llamó para que con su fuerza le ayudará con una cosa, el fue…En la habitación de Sandra cogiendo un vaso se manchó la camiseta blanca  tomó una camisa negra y se cambió delante del lobo. El se quedó atónito al verla cambiarse de camisa, esos pechos con lo que había soñado miles de veces, por lo que su polla creció sin control hasta quedar un marcado bulto en mi pantalón. la cerdita de Sandra se enteró y empezó a provocarme con movimientos eróticos mientras se quitaba de nuevo la camisa lo que más calienta aún al lobo. La cerdita se desabrocho el sujetador y dejó sus enormes pechos a la vista de los ojos del lobo, que le entró tal calentón que no pudo aguantarse y se abalanzó sobre ella.

 

La empezó a lamer sus tetas y a mordisquear sus pezones mientras que con las garras le bajó su faldita. Llevaba puesto un tanga de hilo de color verde, en el cual pudo observar que tenía su rajita mojada, ya que dicho tanga estaba húmedo. Se tiró para encima de la cama y le empezó a quitar la ropa hasta quedarse en pelotas y a continuación metió su polla en su boca y la cerdita la empezó a chupar de tal manera que no dudó en correrse por primera vez en su boca. La cerdita se tragó todo el semen del lobo feroz y el que se había quedado alrededor de su polla hasta dejársela bien limpita, luego empezó a hacerme una fantástica cubana, ya que el deseo del lobo, de la cual disfrutó mucho.

Estaba con su polla entre sus tetas cuando de repente se abrió la puerta. Era Carla y los vio en plena acción. Ella, que estaba demasiado afectada por el alcohol, se quedó algo sorprendida ante lo que estaba viendo pero pronto se le cambió la cara poniendo una sonrisa de pícara, ella también que también quería participar y sus pezones se empezaron a endurecer. “ Llama a tu hermana Ana “ le dijo el Lobo feroz y ella llamó a Ana para que fuera a disfrutar de la fiesta, cuando Ana subió y vio a sus hermanas Sandra y Carla desnudas, Carla no había perdido el tiempo y se había quitado la ropa, Ana aceptó sin pensárselo.

 

Las dos, Carla y Ana se quedaron de pie, luego Ana le empezó a acariciar los pezones a Carla y esta empezó a tocarle la almeja de Ana formando un escena lésbica que hizo que se corriera el lobo otra vez.

Nada más correrse se tiró encima de él, Ana, y le lamió la polla como antes hizo Sandra, y todo su semen mientras el lobo le agarraba ese precioso culito. Entonces se subió encima de él Carla y empezó a cabalgar como una puta en celo, botaba sin parar y le entraba hasta el fondo. A esto que la cerdita de Sandra se sienta en la cara del lobo y se pone delante de su boca su coño, el lobo empezó a lamer gustosamente aquel manjar mientras que Ana le lamía las pelotas. El lobo le comía el conejo hasta que Sandra se corrió y sus jugos mojaban el hocico del lobo. Ana estaba de rodillas en el borde de la cama y se estaba masturbando mientras lamía sus bolas, entonces el lobo se quitó de encima las otras dos cerditas y se dirijo a Ana, a la que puso a cuatro patas en el suelo y le empezó a penetrar por el culete. Al principio le dolía pero poco a poco fue cogiéndole gusto y no paraba de pedirle mas y mas, mientras Sandra y Carla se estaban masturbando una a la otra. Las tres estaban gimiendo de tal forma que sus gritos hicieron que se corriera el lobo, saliendo un chorro inmenso de semen que fue a parar a espalda de Ana las cerditas de sus hermanas lamieron toda la leche y luego la compartieron con ella.

 

Se quedaron las tres cerditas tumbadas en la cama durante unos minutos, abrazando al lobo, y cantando “ A QUIEN SE HA FOLLADO EL LOBO FEROZ A QUIEN A QUIEN. A QUIEN A QUIEN…

 

COLORÍN COLORADO…. ESTE CUENTO SE HA ACABADO,

COLORÍN COLORUCHO… ME GUSTA FOLLAR MUCHO

COLORIN COLORETE… TE QUIERO RELLENAR EL OJETE

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Mi doctora indecisa…

Me puse encima de ella comencé a mover mis caderas, veía la cara de excitación que ponía, escuchaba sus gemidos y la forma que me decía que qué rico me movía, la besé y metí mis dedos en su vagina los saqué y los probé. Era un manjar, que rico estaba el sabor de mi hembra.

Hacía mucho tiempo que leía estos relatos, todos excelentes y gracias por compartir con nosotros sus experiencias, pero es hasta hoy que me decido a escribir mi primera experiencia con mi bella mujer.

Ella es doctora y la conocí cuando recién inicié mis prácticas de enfermería en el lugar que ella trabajaba, fue mi primera instructora y guía en mi área profesional, nos conocimos y nos tratamos mucho tiempo, y esperé 3 años para tenerla en mis manos.

Me llamo Ana, mido aproximadamente 1.67, caderas bien torneadas al igual que mis muslos y piernas, de senos regulares y unos ojos que a muchas mujeres les gusta y les fascina mi mirar. Nunca había soñado con mi mujer ideal, me creía heterosexual, pero fue hasta la preparatoria que conocí el placer lésbico, todo inició con juegos de retos y castigos de besar a mujeres y demás cosas que hacemos los jóvenes, tuve algo que ver con una que otra mujer de mi misma edad, pero nada sin trascendencia.

De la persona quien les narraré… le pondré el nombre de Miss que es así como yo le digo, cuando tenía yo 18 años y ella 34 ella se involucró sentimentalmente con mi tío, se fue a vivir con el casi un año, no duró mucho su relación y fue cuando inició la nuestra… hace 2 añitos.

Por las fechas finales de julio Miss comenzó a escribirme por medio del Messenger que me extrañaba mucho, que necesitaba verme y besarme. Yo no lo tomé por otro lado así que la busqué la abracé fuertemente y le di un beso en la mejilla como cualquier amiga, pero no bastó, siguió insinuándome lo mismo durante varias semanas hasta que me dijo que sentía algo raro, nuevo, diferente hacia mí, fue entonces cuando tomé cartas en el asunto y en forma de juego me comenzó a retar y yo que le seguí.

Miss me decía a que no te atreves a besarme y yo le decía que si, que no me toreara porque no sabía de lo que era capaz y ese tipo de cosas, durante esos días terminó con mi tío y ella me comentaba que se sentía muy mal y triste, a cada rato lloraba, una de sus amigas realizó una pijamada, era un viernes y estaba lloviendo, llegué un poco tarde y ellas ya estaban entonadas o más bien medio borrachas, jaja… Una se llama Mar y la otra Isa, ambas amigas en común, comenzamos a charlar y todo lo que se hace en pijamadas, trataron de ponerme al mismo tono que ellas y lo lograron, jajaja.

Mar se levantó por unas cervezas a la cocina e Isa fue al baño, fue entonces cuando me quedé a solas con Miss, ella comenzó a llorar y yo me acerqué a consolarla por lo triste que se sentía de haber terminado con mi tío, o al menos eso creí, la abracé fuertemente, coloqué mis labios en su cuello, y nos separamos un poco y nos hundimos en un beso tierno, después otros de esos de piquito, y fue cuando le dije: ¿no que no te besaba? Desde ahí dimos rienda suelta a nuestro deseo, fue cuestión de segundos para desencadenar lo que ya sentíamos, llegaron nuestras amigas y nos separamos como si nada hubiese pasado, un rato después nos encontrábamos separadas por Isa, y enfrente de las 3.

Miss colocó su mano en los hombros de Isa, apuntando hacia mis labios, y los encontré en medio de la oscuridad ya que estábamos viendo unos video de Marck Anthony, comencé a lamerle los dedos, a succionarlos, morderlos, chuparlos, y comenzó a bajar sus dedos por mi cintura, quería sentir mi conchita, pero nos impedía Isa que se encontraba en medio de las 2, pasé mi mano hasta encontrar sus labios e hizo lo mismo con mis dedos, ya no podíamos más, así que por detrás de Isabel nos fundimos en un beso salivoso, caliente, tan esperado por las dos, yo sentí como mis pezones se endurecían de tanta excitación de sólo besarla y el que nos fuesen a ver nuestras amigas, seguimos con ese juego de miradas y varias veces nuestras lenguas se encontraron a espaldas de nuestra amiga.

Pasado el juego de deseo, me levanté por un vaso de agua a la cocina, me percaté que me miraba, me alcanzó y me dijo que la acompañase al comedor a llamar por teléfono a su casa para avisar que todo estaba bien, la acompañé, ella levantó la bocina y comentó que no había línea, entonces me pidió que la acompañase al teléfono que había en la planta alta, subimos, al llegar al pasillo me abrazó y comenzó a besarme desenfrenadamente, sus labios me buscaban desesperadamente, su mano tocaba y recorría todo mi cuerpo, yo sentía  mi conchita como estaba ya toda mojada, en el primer cuarto que pasamos me tumbó a la cama y comenzó a desabrocharme el pantalón, de un solo tirón metió sus dedos en mi vagina, mientras me mordía y succionaba mis labios, era mi deseo, ¡me estaba comiendo una mujer mucho mayor que yo

La excitación y el morbo terminó en un largo y rico orgasmo, ahora era mi turno, la voltee, le quité los jeans y sus braguitas ya toda mojadita, me puse encima de ella comencé a mover mis caderas, veía la cara de excitación que ponía, escuchaba sus gemidos y la forma que me decía que qué rico me movía, la besé e igualmente metí mis dedos en su vagina los saqué y los probé… Era un manjar, que rico estaba el sabor de mi hembra, me volvió a besar a morder fuertemente mis labios, me sujetaba de los cabellos y no me dejaba separarme, necesitaba sentirme y yo a ella, seguimos tocándonos y recorriendo cada espacio de nuestro cuerpo, hasta que recordamos que no estábamos solas, así que decidimos que nuestra historia continuaría, pero era momento de bajar con nuestras amigas, bajamos y me percaté que llevaba hasta sangre en mis labios pues me había roto el labio y lo tenía inflamado, pero no importaba, me dolía y ardía, pero me lo había hecho mi señora ardiente, mi doctora corazón, mi diosa, mi reina, mi musa. ¡Mi mujer!

El siguiente día, fue normal como cualquier otro… Aún tenemos relaciones esporádicas, la amo y ella a mí quien sabe, pero hoy les digo que es una de mis razones para vivir, eh dado todo por ella, en cambio ahora ella ya tiene novio… Casi al mes que pasó esto, lo tuvo y aún así hemos seguido juntas… últimamente ella ya no quiere estar conmigo sexualmente y no me permitió que la abrazara… ojalá me puedan decir que hacer, ¿la dejo ir?  Ella siempre ha sido heterosexual… hasta tiene un hijo de su primer matrimonio.

A pesar de nuestros encuentros sexuales, nuestra amistad sigue intacta, y hay mucha relación con nuestras familias, obviamente… ¡nadie sabe! y ahora menos con su nuevo trabajo tan importante en la región que vivimos. No sé qué hacer, no puedo estar con ella, pero tampoco sin ella.

Saludos y gracias por sus comentarios.

Autora: Kmp_ana

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Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

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Ana María

Relatos de Marqueze, venturas y desventuras de un webmaster.

Hay quien no sospecha el esfuerzo que hay detrás de una página web cuando quieres llevarla adelante con seriedad. Buscar un diseño agradable, una “marca” de fábrica, gráficos vistosos pero que no tarden mucho en cargarse… Y luego, cuando ya tienes montado el esqueleto, encontrar los contenidos más adecuados. Y muchas, muchas horas de trabajo, maquetando, preparando, actualizando… Para que mis queridos y apreciados visitantes puedan tener cada día su página lista, cuántas noches hasta las tantas subiendo ficheros al servidor y haciendo ajustes de última hora.

Más de una vez he vuelto a casa de amanecida o me he quedado dormido junto al ordenador después del último teclazo.

Ya van para seis años que estoy con ella y siento el mismo entusiasmo del primer día porque cientos, miles de amigas y amigos, algunos de ellos anónimos, otros que se han hecho ya viejos conocidos, han seguido visitando fielmente la página.

Y también me han ocurrido muchas cosas interesantes a lo largo de este tiempo. Por eso es que quiero compartirlas también con vosotros…

Hace unos tres años recibí uno de tantos correos electrónicos a cuenta de la página, que hubiera pasado desapercibido en la bandeja de entrada si no fuera por el “aroma” especial que tenía. Os preguntaréis cómo es posible que un email pueda tener aroma. Para mí lo tiene, lo mismo que esas cartas “perfumadas” que después de leídas dejan una huella en el ambiente y que nos acompaña durante mucho tiempo. Ese es para mí el aroma de un email: una especie de magia especial que hace que nos detengamos a releerlo y deseemos contestar enseguida.

Lo enviaba una chica de Madrid, que había conocido la página casi por casualidad, buscando material sobre nuestro bienamado Linux y había encontrado algún artículo de utilidad en mi sección de informática. Después de descargarlo a su disco duro invirtió un rato en recorrer toda la web y encontró varios relatos que le parecieron interesantes, otros más flojillos para su gusto, de diversas temáticas, pero que lograron captar su atención. Entonces, antes de desconectarse de la red decidió incluirla en la carpeta de favoritos.
Así comenzó una rutina de visitas, un par de veces por semana, pasando progresivamente a venir casi a diario. Y uno de los días posó el cursor del ratón en el enlace del correo y decidió escribir al webmaster, o sea, a mí.

El resultado fue ese correo que os comentaba. Se presentaba muy correctamente, contaba su interés por Linux y su amor definitivo por nuestros queridos pingüinos y luego comentaba asuntos relacionados con los relatos.

Hasta ahí podía ser como otros correos que llegan diariamente, a veces a cientos, a mi buzón. Pero éste era especial. Ana María, porque éste era el nombre con que firmaba, tenía una forma jovial, abierta y sin prejuicios a la hora de analizar la página, los relatos y sus contenidos y, sobre todo, de dirigirse a mí. Mucha gente puede pensar que soy una especie de súcubo, de demonio sexual que participa de todas las tendencias y perversiones imaginables y que sólo así se explica que mantenga una web con alto porcentaje de contenido sexual. Sin embargo ella comprendía sin dificultad que yo era una persona muy normal que, gustándome el sexo como a cualquier persona, no había hecho de ello una obsesión, sino una forma de disfrutar de la compañía, el trato y la proximidad de las mujeres, ese maravilloso fruto de la creación al que nunca agradeceré bastante al Buen Dios que nos haya puesto en la tierra.

Aprecié sus comentarios y opiniones sobre muchos temas. Me aportó observaciones interesantes sobre la página y la forma de desarrollarla. Algunas de sus críticas constructivas me hicieron reflexionar y cambiar cosas en el formato de presentación y en los contenidos.

Con el tiempo se me hizo natural el recibir correo suyo una o dos veces por semana y terminamos por establecer una buena amistad, eso sí, siempre virtual. Hasta que llegó aquel viaje a Madrid…

Cuando hubo secciones en la página que me supusieron beneficios económicos que me ayudaban a mantenerla y hacerla crecer, comenzaron también los viajes por España para entrevistarme con clientes y socios potenciales interesados en aprovechar las ventajas que ofrecía una web con tanta aceptación en el ámbito de habla hispana. Lo que había comenzado como un pequeño espacio insignificante en la red rebasó las cincuenta, las cien mil visitas.

Siempre había sido comodón y algo perezoso para viajar, pero no para hacer amigos y los viajes me proporcionaban esa oportunidad. Si no iba a poder actualizar con la regularidad habitual me gustaba prevenir a mis lectores insertando una pequeña cuña en la página principal. Esta vez hice lo mismo y comuniqué que iba a estar en Madrid un par de días. Y justo en el momento en que me disponía a desconectarme y coger las maletas para ir a la estación llegó al mail de Ana María. Me decía que acababa de leer el anuncio de mi viaje y que, si yo quería y tenía un hueco en mis planes, estaría encantada de que nos viéramos y conocernos al fin en persona. Y me daba su número de móvil al final del mensaje y me repetía que no dudara en llamarla.

En el tren iba repasando mentalmente los asuntos que tenía que tratar y las estrategias a desplegar con cada una de mis citas comerciales, los beneficios mutuos que podíamos obtener y los puntos delicados de cada entrevista. Ana María saltó a mis pensamientos también. De repente caí en la cuenta de que no la conocía más que por sus correos: nunca habíamos hablado por teléfono ni intercambiado fotografías. De hecho la consideraba como una buena colega linusera y sólo era factible que nos hubiéramos encontrado en algún intercampus o reunión maratoniana de “informáticos locos”. Pero ahí tenía su teléfono anotado y realmente me picaba el gusanillo de conocerla.

El primer día en Madrid fue de locura, no paré un momento. Eran casi las nueve de la noche cuando entré en una cabina y metí una tarjeta con idea de marcar su número aunque sospechando que, si la avisaba con tan poca antelación, seguro que ya había hecho otros planes para esa noche.

Me contestó una voz agradable y bien modulada. De esas que inspiran confianza desde el primer momento, no sé si me entendéis. Una voz, lo mismo que la ropa, los coches y hasta un nick en icq o un chat, nos dan una información sobre su poseedor, algo así como un flash, como un telegrama informativo sobre la persona que los usa. Y su voz me resultó muy atractiva y además me decía que su dueña era una persona de las que pocas veces se encuentran sin apreciarlas al instante.

Cuando le dije quién era se alegró muchísimo, me preguntó por mi día de trabajo y, antes incluso de que yo lo propusiera, se ofreció a que nos viéramos. El tiempo justo de arreglarse y podíamos encontrarnos y me enseñaba un par de rinconcitos en Madrid para cenar y tomar una copa.

Quedé encantado y a su disposición para lo que tuviera pensado hacer. Me preguntó dónde estaba y me dijo que era un sitio muy cerca de su casa, por la zona de Atocha y que pasaría ella a recogerme en media hora. Que de momento podía esperarla en la Cervecería Alemana, en la plaza de Santa Ana y que fuera pidiendo una cerveza.

Me gustó mucho el local, con su saborcillo rancio, sus mesas de mármol, sus espejos antiguos y una clientela muy particular. Y justo estaba observando todo esto cuando esa encantadora voz que había escuchado un rato antes sonó a mi espalda:

– ¿Marqueze?.

Me volví y allí estaba ella. Ana María era una mujer menudita, con media melena, pelo caoba y una sonrisa encantadora. Apenas en un segundo aprecié su figura: unas caderas bien marcadas y unos pechos muy sugerentes.

Nos dimos los besos de rigor y tomamos una cerveza en la barra. Me contó que vivía cerca, en un piso antiguo de esos de techos muy altos, por la calle Huertas. Y que tenía intención de llevarme a cenar y de copas por esa zona, que era de las más marchosas.

Efectivamente había visto un montón de locales que apenas estaban abriendo, pero había mucho movimiento por la calle.

Estuvimos riéndonos y comentado lo curioso de la primera impresión; cómo te haces instintivamente una imagen mental de las personas que no siempre se ajusta a la realidad. Yo le dije que lo tenía más fácil por la caricatura que aparece en la carátula de entrada de la página. Pero ella protestó que no me hacía justicia en absoluto.

Ana María tenía un sentido del humor muy fino y era persona de sonrisa fácil y conversación fluida. Parecía que nos conocíamos hacía mucho tiempo y que hubiera entre nosotros una corriente de complicidad.

Fuimos a cenar y después a tomar unas copas. Yo me encontraba muy a gusto y ella estaba contenta de enseñarme sus rincones favoritos en su barrio. Mientras vaciaba mi vaso y ella pedía otra ronda al camarero me fijé en su perfil. Era realmente bonita y sus labios se fruncían al hablar y sonreír de una manera muy atractiva. Su blusa ibicenca realzaba sus pechos, generosos, apetecibles. Se había recogido su falda india al sentarse y por un lado mostraba a medias sus piernas fuertes y sus muslos.

Realmente era una fruta joven y deliciosa. En estos pensamientos estaba cuando de pronto puso sus ojos a un palmo de mi cara y me dijo con un tono entre seductor y divertido:

– ¿Qué está mirando mi webmaster favorito?

Me pilló completamente en fuera de juego. Hasta ese momento la velada había transcurrido suavemente, de buen rollo. Pero de repente el tono de su voz y un brillo extraño en sus ojos hicieron que todo cambiara… Y más aún cuando sin mediar palabra extendió sus manos, cogió las mías y se las llevó a la boca, besándolas muy dulcemente, sin dejar de mirarme.

– Ana, yo…

– ¿Sabes lo que me está apeteciendo? – me interrumpió. Que tomemos la penúltima en mi casa. ¿Quieres? ¿Te atreves a venir conmigo?.

– Claro que sí. Si tú también deseas…

Mis palabras quedaron en el aire cuando se inclinó hacia mi cara y me besó.

Cancelamos justo a tiempo la última comanda, pagamos y me llevó de la mano, calle abajo, hasta llegar a su portal. Abrió la puerta, una cerradura moderna en una puerta de madera, enorme, de más de cien años. Entramos al zaguán y enfilamos la escalera, ancha, con un elaborado pasamanos y los escalones también de madera.

– Cuidado, hay un par de escalones muy traidores, no vayas a resbalar. Y comenzó a subir delante de mí.

– Lo único peligroso realmente, aquí, eres tú…

Y mis manos se fueron instintivamente a sus piernas. Las metí por debajo de la falda y acaricié por primera vez sus pantorrillas, sus muslos. Ella no dijo nada, pero cuando llegamos al primer rellano se detuvo, suspiró profundamente, sin volverse, mientras ya sin pudor estaba acariciando su culito enfundado en unas bragas muy agradables al tacto. Lentamente se volvió hacia mí, me abrazó y nos unimos en un beso salvaje, de deseo mal contenido. Su lengua penetró en mi boca y jugó con la mía a su placer. Mis manos seguían en su culo pero esta vez salvando la barrera de las bragas y tocando su piel suave y deliciosa, mientras la acercaba más a mí y correspondía a su beso.
De pronto se liberó y emprendió carrera escaleras arriba. La seguí aceptando el juego. Se detuvo ante su puerta y metió la llave, mientras yo me pegaba a ella por detrás presionando su cuerpo ya haciéndole sentir mi dureza en su trasero y apartaba su pelo para besarla en el cuello. Gimió bajito, divertida y excitada, mientras giraba con prisa la llave y entramos en su casa.

Tiró el bolso en una silla donde había un par de periódicos y un paraguas. Me cogió de la mano y me llevó pasillo adelante hasta llegar a un salón, muy coqueto, con una enorme alfombra, una mesa baja de teca y cojines por el suelo. Me invitó a sentarme, se descalzó y, andando casi de puntillas encendió el equipo de música, corrió a la cocina y trajo una botella de vino y dos copas.

Aguantando mi deseo de tomarla en mis brazos abrí la botella y serví el vino. Cuando estaba ofreciéndole su copa, la mia en la otra mano, ella se acercó, levantó su falda y se sentó a horcajadas sobre mí. Tomó mi cara con las dos manos y volvió a besarme, me mordió los labios, me succionó con frenesí creciente.

A duras penas dejé las copas en el suelo y la abracé con no menos deseo. Sentí sus pechos aplastarse contra mí y sus piernas cerrarse sobre mi cintura. Susurré su nombre mientras mis manos recorrían sus costados y poco a poco comenzaron a sacar su camisa de la falda. Al poco se habían colado furtivamente por debajo y estaban acariciando directamente sus pechos.

Ella se echó atrás, dejándome hacer y mirándome con expresión extraviada. Comenzó a gemir cuando alcancé sus pezones y los retorcí suavemente. Su pelvis se restregaba contra mi paquete que estaba alcanzando considerables proporciones.

Y de pronto se levantó, deshizo el nudo de la cintura y su falda cayó en un montón alrededor de sus pies. Sus bragas siguieron el mismo camino. Puso uno de sus muslos en mi hombro y me ofreció su coñito. Qué podía hacer sino rendirle honores. Mi lengua trazó el camino de sus labios. Su aroma era muy excitante y su humedad un néctar para mi boca. Estuve recorriéndola de arriba a bajo y vuelta empezar. Paraba a veces en su clítoris y mis labios se curvaban para abarcarlo y lamerlo más intensamente. Sus manos estaban en torno a mi cabeza, tomándome por la nuca y de tanto en tanto me pegaba más contra su sexo.

Seguí chupando y comiéndome esa delicia mientras mis dedos campaban entre su culito y su coño, abriendo los labios, dilatando, acariciando las nalgas. Hasta que sentí cómo sus gemidos subían de volumen y sus caderas y piernas comenzaban a temblar.

Empezó a correrse de forma incontenible y los gemidos dieron paso a un instante de silencio, sus dedos engarfiados en mi pelo, y luego a un aullido in crescendo que me confirmó que se estaba viniendo.

Siempre he pensado que un buen amante ha de conseguir que su pareja tenga los primeros orgasmo incluso antes de haberse desnudado él y por supuesto, antes de cualquier penetración. Ana María había tenido el primero de la larga serie de orgasmos que disfrutó aquella noche. Tiempo tendría yo de ponerme a su altura.

Comenzó a relajarse y se separó de mi cara. Se hincó de rodillas y mirándome con los ojos húmedos y la respiración agitada comenzó a desabrochar mi cinturón, abrió mi bragueta y tiró de mis pantalones hasta sacarlos totalmente, al tiempo que me quitaba también los calzoncillos. Mi verga apuntaba insolente al techo.

Ella se detuvo el tiempo justo para quitarse su blusa y sacarse las tetas fuera del sujetador, ofreciéndose sobre sus copas. Tenía unos hermosos pezones marrones, que invitaban a besarlos durante horas.

Sin mediar palabra pero con una sonrisa lasciva agarró mi polla con una mano y, mientras se sujetaba el pelo con la otra, se la metió entera en la boca. Comenzó a mamarla con una cadencia lenta, cerrando los labios cuando subía y relajándolos cuando se autopenetraba de nuevo. Su lengua no dejaba de moverse en círculos sobre mi glande. Me apoyé en los cojines y disfruté del espectáculo que me ofrecía. Siempre me ha fascinado ver a una mujer comiendo una polla con delectación, saboreándola, haciendo de su boca un instrumento de placer tan satisfactorio o más que su propio coño.

Y Ana María sabía hacerlo muy bien. Estaba consiguiendo ponerme en un estado previo a la eyaculación, cuando se contraen los músculos y parece que la cadera se levanta al encuentro de esa boca que está sorbiéndote y sientes que de un momento a otro vas a vaciarte en su interior sin que puedas retrasarlo ni evitarlo, ni maldito deseo de hacerlo.

Cuando además añadió un movimiento con su mano a lo largo de todo el tronco fue cuestión de segundos que mi semen volara.

Abrió la boca lo justo para que la primera descarga se desparramara por su lengua y se perdieran en su interior las siguientes.

No dejó de masajearme la polla hasta que las últimas gotas pendían de la punta, entonces cerró nuevamente sus labios alrededor y succionó hasta llevarse todo el semen restante.

Como una gatita satisfecha se retrepó sobre mí lentamente, me besó y se acurrucó en mi hombro. Abracé su cuerpo y charlamos muy quietos durante un rato. Me había dejado en éxtasis y creo que ella se sentía igual. Conversamos, reímos, nos acariciamos y poco a poco nuestros cuerpos pidieron un nuevo encuentro a medida que nuestras bocas volvían a explorarse.

Se puso nuevamente en cuclillas y me abrió la camisa. Acarició mi pecho y pellizcó mis pezones. Se rió con ganas al ver el respingo que di. Luego tomó mi polla otra vez erecta. Sus manos la llevaron a los labios de su coño y comenzó a restregar el glande, lo llenó con su flujo y se masturbó con él. Acarició mis huevos mientras seguían dándose placer. Me estaba enardeciendo hasta el extremo que ella precisamente quería. No pude aguantar más sus manoseos, el calor de su chochito y su mirada desafiante. Cogiéndola con ambas manos por el culo la alcé y la llevé a sentarse sobre mi polla. Penetró de una vez, hasta el fondo. Ella dejó escapar el aire de sus pulmones como diciendo, por fin…

Comenzó a mover sus caderas en círculos. Controlaba totalmente la penetración, decidía cómo y hasta dónde quería empalarse. Alzaba su culo hasta que alcanzaba a verse el glande y se dejaba caer nuevamente, tragándola, golosa, lasciva.

Seguimos así, mientras mis manos no paraban de acariciar y amasar sus tetas y de vez en cuando instalarse entre sus muslos para acariciar su clítoris. Nos besábamos, nos mordíamos los labios. Estábamos enfebrecidos, ardiendo de deseo. Era un encuentro inesperado, no planeado, pero lo estábamos disfrutando con la sabiduría de los viejos amantes que conocen el cuerpo del otro y se entregan a él para darle placer.

Murmurábamos el nombre del otro. Musitábamos cortas frases de contenido muy fuerte y muy excitante. Animábamos al otro a disfrutar sin medida. Y seguimos follando hasta que el orgasmo nos alcanzó como una ola nos derriba en la orilla del mar. Los cuerpos sudorosos, abiertos al placer y a la pasión. Nos perdimos el uno en el otro mientras ella se aferraba a mi espalda en pleno éxtasis y yo llenaba sus entrañas con un grito gutural.

Después nos duchamos y pasamos el resto de la noche en la cama, jugando y disfrutando como cachorros.

Al día siguiente desayunamos juntos. Hicimos el amor en la cocina. Después me acompañó a la estación y nos despedimos con un beso muy dulce y una caricia.

Recuerdo con extraordinario cariño el calor de su mirada cuando el tren se puso en marcha.

Espero verte pronto, Ana María.

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Si quieres comentarme algo sobre este relato, ya sabes donde me tienes: marqueze (arroba) gmail.com

Puedes leer el siguiente relato de esta serie en : Elena, venturas y desventuras de un Webmaster (II)

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La caida moral VIII

Regrese el lunes a la madrugada. Por supuesto Jorge me había dado el día franco, no laborable.

– Demasiado trabajó esa concha todo el fin de semana, jajaja-habían sido sus palabras.

Llegue literalmente reventada. Mis labios vaginales estaban hinchados y al rojo vivo. Mi marido abrió un ojo, me vio llegar, miró la hora, se dio media vuelta en la cama y siguió durmiendo. Yo necesitaba una ducha urgente. El olor a semen que desprendía mi piel era impresionante. Pase unos veinte minutos bajo el agua y me seque con un inmenso toallon. Me coloque ropa interior limpia y me acosté. Mi mente rememoraba todo el fin de semana. Ya no solo me gustaba chupar pijas sino también conchas.

Segundos antes de caer rendida ante el sueño, senti la tos de uno de mis hijos y pensé: -Dios mio Ana, ni siquiera se te ocurrió mirarlos, ni te acordaste de ellos….Y me rendí a los brazos de Morfeo.

Dormí todo el día y me desperté a eso de las 5 de la tarde. Esa noche y durante todo el desayuno siguiente Germán ni siquiera me dirigió la palabra. Los niños me miraban como a una extraña y caí en la cuenta de que cada día era menos el tiempo que pasaba con ellos

El martes llegue a mi oficina diez minutos antes de lo previsto y sentí en el ambiente el perfume de mi macho. No pude evitar una carcajada al preguntarme a mi misma si lo que yo calificaba como “el perfume de mi macho” era aroma a Kenzo ( su fragancia preferida ) o el aroma a su semen.
Jorge tampoco me dirigió la palabra en todo el día, parecía como si los dos hombres de mi vida se hubieran puesto de acuerdo para ignorarme.

A eso de las 5 de la tarde dí por terminado mi día y como aún tenía mucho por tiempo por delante hasta la hora en que habitualmente comenzaba a cocinar para mi familia, decidí ir a tomar un trago sola.
No pude evitar sonreír al pensar en cuanto tiempo hacia que no cocinaba para mis hijos. Mi vida iba en declive….un declive maravilloso….

Iba por mi segundo Martini cuando me sentí profundamente observada, levante mi vista y en una mesa cercana ví a dos hombres de piel negra que susurraban entre ellos dirigiéndome miradas de tanto en tanto.
Me levante para ir al servicio de baño y al salir del mismo casi choco de frente con uno de ellos. Era inmenso, joven y muy atractivo. Casi rozándome me dijo : – Me enloquece tu perfume….
Eso hizo que automáticamente mi vagina se pusiera en funcionamiento. Regrese a mi mesa y termine lo que quedaba de mi trago, pague la cuenta y me dirigí a la salida, preguntándome donde estaban los dos apuestos negros.
Apenas salí al estacionamiento los vi en un auto rojo con las puertas abiertas y mirándome fijo.
Cuando pase a su lado uno de ellos descendió y me señalo el interior del vehículo. Como una autómata subí al mismo. Las puertas se cerraron y el motor aceleró.

Sin dirigirme una palabra, manejaron durante unos diez minutos y entraron al estacionamiento de un moderno edificio de departamentos de la zona de Retiro.

Casi sin darme cuenta me encontré en un piso 17 sentada en el medio de una inmensa cama de un departamento de lujo con dos negros enormes y muy buenos mozos que lamían los lóbulos de mis orejas al tiempo que me iban desvistiendo en silencio.

-Ana, Ana, ¿que haces? me pregunte, mientras mis pezones parecian a punto de estallar producto de las lamidas de mis acompañantes. Mire de reojo el reloj y este me indico que eran las 19 hs.

Abrí mi boca de manera automática para que la primer pija se metiera en ella. Larga, ancha, dura, venosa, un sueño. Mire a su lado y ahí estaba su gemela. Las dos pijas mas grandes que había visto en mi vida a centímetros de mi lengua.

Estaba por ser infiel a Jorge, pensé. Por un instante logre asimilar lo terrible de mi pensamiento. Serle infiel a mi jefe, ni pensé en mi marido Germán.

Y mi boca comenzó su tarea. Trague pija como para estar satisfecha un año entero. Ellos ya estaban desnudos y yo ni me había dado cuenta por la manera enloquecida en que mamaba sus miembros. Uno de ellos se acostó boca arriba y yo me senté sobre su pija mirando a sus pies. Cuando me penetró mi concha era un rio de flujo que resbalaba hacia abajo, hacia mi ano hambriento, lubricándolo, preparándolo. El otro negro se puso de pie delante mio y comenzo a coger mi boca que babeaba de calentura.

Como no podía ser de otra manera mi celular comenzó a sonar. Estaba en mi cartera, sobre la cama a mi lado. Con una mano atendí y vi que era mi hijo. – Mamá… comenzó a decirme y corte la comunicación. En ese momento nada era mas importante que esas dos vergas inmensas. Ni siquiera mi hijo.

Con un plop me saque la pija de la concha y la dirigi a mi ano lubricado. Me senté despacio y comencé a metermela . Los gemidos del negro comenzaron a hacerse oír en todo el edificio pero cuando metió la punta en mi ya dilatado culo, mis gemidos lo superaron ampliamente. La cama era un charco de flujo y ver al segundo negro prepararse para metermela en la concha hizo mi vagina se empapara por completo.

Mi cabeza trabajaba a mil. Seguramente mi marido estaría preparándoles algo de comer a los niños y yo, la esposa-madre estaba siendo empalada por dos sementales negros, a conciencia y muy a gusto. Sonreí y lancé un escupitajo a la cara del morocho como para indicarle mi urgencia de carne. Este no se hizo rogar y me la clavo en la concha hasta el fondo.

Parecía un sándwich mientras los dos negros me cogían como animales por la concha y por el culo. De mis tetas caían gotas de transpiración tanto mías como del negro que tenia encima. Cada tanto el de abajo me levantaba la cadera y sacaba la pija de mi culo y con sus manos abría mi culo mostrándoselo a su compañero. El hueco parecía el túnel del subte de Buenos Aires. Lo supe porque podía verme en el espejo. Tremendo. El morbo era terrible, mi moral por el piso era mi trofeo.
En pocas semanas mi vida había dado un vuelco terrible y me había transformado en la puta más grande de la ciudad. Verme en el espejo era para una fotografía: Mis ojos semicerrados, mis tetas rojas brillando de sudor y saliva, mi culo abierto, mi concha chorreada, mis gemidos de yegua en celo, de perra sucia caliente. La madre y esposa salivando a la cara a sus dos sementales mientras su maridito cocinaba para los niños.
Todo eso era tremendo, terrible, hermoso, doloroso, humillante, todo en uno. La yegua, la cerda, hambrienta de pija ajena, o sea yo, empezó a despedir aire por el orificio del culo cada que la pija del negro de abajo, salia del mismo. Esto enardeció al que estaba encima mio que me pego una cachetada mientras me martillaba con su taladro humano.

-¿Te gusta cerda?

-…Si…. respondí

– Dilo , entonces

– Me encanta, hijos de puta , revientenme, partan en dos a esta puta asquerosa, les grite.

Acabaron casi al mismo tiempo. Me rebasaron de leche humana. Me cogieron tres horas seguidas y cuando se agotaron nos dirigimos los tres a la ducha donde luego de arrodillarme me hicieron abrir la boca para llenarla de su orín, tibio, amargo, caliente.

-Orín de negros para la cerda blanca , dijeron y eso me volteó de excitación.

Orgasmé como una yegua tirada en la bañera para deleite de los negros.

Llegue a casa a las 3 de la mañana. Las puertas de los dormitorios estaban cerradas con llave y una nota en la heladera rezaba:

– Ana en esas maletas esta tu ropa. Quiero que te vayas de esta casa. Firmaba Germán.

Comencé a llorar en silencio. Mi vida tocaba fondo. Caí en la cuenta de que era más grande mi hambre de pija que el de madre y esposa.

Continuara….

Ana

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El profe y las tetas de Ana

Con un movimiento de cabeza le metió su enorme pija hasta las bolas. Ella se corrió inmediatamente después de comenzar el mete y saca, y sus golpes contra la piel de Anita parecían de pistones hasta que ella se corrió una y otra vez. Finalmente, el profesor dio un fuerte gemido y vació otra carga, sólo que, en esta ocasión, fue en la profundidad de su hirviente conchita.

Desde muy chica, Ana siempre había tenido las tetas más grandes que cualquier otra chica de su clase. Aún en primer año del secundario, medía 90 de busto, y ahora, tenía un busto de 110 cm. Ser tetona le venía de familia, dado que sus dos hermanas mayores medían de 115 para arriba y su madre así como dos de sus tías, medían 140. Tampoco era que fueran vacas gordas, sino que las chicas Estévez, sin ser flacas raquíticas, eran bien formadas y saludables, como su padre se refería a su madre. Esto también se aplicaba perfectamente a Ana.

Dados sus obvios atributos, Ana solía recibir mucha atención de los varones, y no sólo de los muchachos de su edad y algo mayores. Los profesores siempre la tenían un poco más en cuenta que a las otras chicas normalmente dotadas. Y a pesar de que no hacía ostentación de esto, le encantaba hacer que los muchachos (y hombres) se retorcieran de ganas a su paso, acentuando -si fuera posible- su enorme busto.

Su víctima favorita era el Sr. Campos, un tonto de primera, petiso y feo que enseñaba educación constitucional. A Ana le encantaba el sólo hecho de desabrocharse los dos botones superiores de su blusa, acercarse al Sr. Campos y reclinarse hacia adelante para preguntarle cualquier pavada, con el único propósito de darle una vista de su generoso escote. Sólo hacía esto para divertirse, pero nunca pensó en llegar a más, pues eso significaría una sola cosa: líos.

Sin embargo, líos eran los que Anita debería afrontar. A dos semanas de las vacaciones de fin de año, todos los profesores entregaban sus informes, a fin de que los estudiantes (y sus padres) supieran cómo les había ido y poder ingresar en la universidad. Ana siempre había sido buena estudiante, y sus padres no se conformarían con menos que ver a su hija en el cuadro de honor. Todo estaba bien hasta que el Sr. Campos entregó sus informes, aquel fatídico viernes. ¡Un aplazo! Tenía un aplazo en educación constitucional. Esto no sólo era malo: ¡era un desastre! Sus padres podrían tolerar un seis en su informe  pero un aplazo sólo significaría un castigo de un mes sin salir ni ver a nadie. ¡Nada de vida social durante todo un mes! Anita decidió hablar con el Sr. Campos después de la última hora de clases. Tal vez, si razonaba con él, podría conseguir un seis.

Al sonar el último timbre, los estudiantes comenzaron a salir del colegio, como peces que querían volver al agua. Muy pronto, todo el establecimiento estuvo casi desierto, siendo Ana uno de los pocos estudiantes que aún quedaban en el edificio. Mientras se acercaba al aula, esperaba que el Sr. Campos estuviera solo. Cuando Ana espió a través de la ventana de la puerta, vio al Sr. Campos solo, calificando unas pruebas escritas. Sin perder el tiempo, desabrochó los dos botones superiores de su blusa y entró en el aula. Al acercarse al escritorio, el Sr. Campos emergió de sus papeles y le preguntó qué deseaba. Anita, con cara muy afligida, le explicó al Sr. Campos su posición; y, pese a ser comprensivo, le dijo que no había nada que pudiera hacer para ayudarla. Al oír esto, Anita comenzó a llorar. El Sr. Campos se puso de pie y la rodeó con su brazo para que la jovencita tomara asiento. Al hacer esto, Ana sintió que la mano del profesor rozaba, casualmente, sus pechos. A estas alturas, debía tomar una rápida decisión. Mientras lloraba, le dijo al Sr. Campos que había otra cosa que, realmente, la molestaba.

-Es mi pecho; me siento como una vaca con estas dos cosas pegadas a mi cuerpo. Todo el mundo se queda mirándome  ¡Soy un fenómeno! -dijo y empezó a llorar aún más fuerte.

Obviamente confundido, el profesor intentó consolarla, diciéndole que lucía perfectamente bien y que no prestara atención a lo que los demás podrían pensar.

-Eso es fácil de decir. ¡Usted no tiene estas cosas horribles en su pecho! -contestó, continuando con su plan y desbrochando toda su blusa, con un movimiento rápido, al cabo del cual sus tetas quedaron expuestas ante el Sr. Campos, y dijo: ¡Mire qué feas que son! ¡Apuesto a que nunca en su vida ha visto peores que éstas!

El profesor, completamente pasmado, no pudo hacer otra cosa que quedarse observando el par de tetas más espectaculares que jamás había visto, las cuales, al hacer presión contra el fino nylon del corpiño de borde bajo, permitían ver claramente los pezones oscuros de Anita a través de la tela casi transparente. Comparada con esto, la esposa del Sr. Campos parecía un muchacho adolescente. Viendo la confusión marcada en el rostro del profesor, Ana tomó la iniciativa y colocó una de las manos de su víctima sobre una de sus enormes tetas.

Sintió que él trataba de sacar la mano de tan embarazosa situación, así que volvió tomar su mano con renovados bríos, actuando como si él se sintiera asqueado ante el sólo hecho de tocarlas y lloró aún más fuerte. Él le aseguró que no había nada de malo con ella y que disfrutaba tocándoselas. Anita dijo que no le creía, y se separó de él, girando como ocultándoselas. Al ver que intentaba consolarla nuevamente, Ana se puso nuevamente cara a cara con él, sólo que esta vez había quitado el corpiño y sus tetas colgaban libres. Ana pensó que, tal vez, el profesor moriría de un infarto. ¡La cabeza del Sr. Campos le daba vueltas! Trató de hablar, pero no le salían las palabras; entonces, Ana se le acercó.

-La única manera en que podría probarme que mis tetas no son horribles sería si me las chupara -dijo, empujando un apetecible pezón hacia su boca abierta y embobada.

Era pedir demasiado suponer que se resistiría, así que se zambulló y comenzó a chupar y lamer con todas sus ganas. Pese a que el profesor se estaba poniendo un poco salvaje, Ana tuvo que admitir que era bueno chupando tetas; cuanto él más chupaba, más mojada se sentía. Miró hacia abajo y vio una gran carpa formada en la parte delantera de los pantalones del Sr. Campos, así que, tranquila, bajó la mano y comenzó a frotar la punta del bulto a través del pantalón. Una mancha de líquido preseminal apareció de pronto en la punta del bulto, y el profesor gemía mientras chupaba y Anita frotaba. La alumna bajó hábilmente el cierre de la bragueta y sacó lo que resultó ser una pija muy grande.

Al verla, Ana se arrodilló y, con avidez, comenzó a chuparla, mientras el Sr. Campos se apoyó contra una pared sin poder creer lo que estaba sucediendo. En el momento en que estaba por correrse, Anita miró hacia arriba y le preguntó si su trabajo merecía un aplazo. Él meneó la cabeza y balbuceó la palabra “Diez”. Entonces, Anita continuó la mamada hasta que sintió una poderosa descarga en su ansiosa garganta. Mientras su pija se empequeñecía en la boca de Ana, la respiración del profesor se normalizó, ella se puso de pie, levantó sus tetas -una por vez- en sus manos y comenzó a pellizcar sus pezones hasta que quedaron erguidos como dos dedales.

Al ver esto, la pija del Sr. Campos volvió a endurecerse, así que Ana se quitó la falda y se bajó las bombachitas en un rápido movimiento. Se sentó al borde del escritorio con sus piernas bien abiertas, mostrando su concha mojada y una fina raya de vello en la parte superior de su zona pubiana, prolijamente depilada.

Esta vez, fue él quien se arrodilló y comenzó a chupar esa hermosa conchita. Lamerla era todo un placer; ¡pero penetrarla con la lengua y rozar aquel clítoris con sus labios era lo máximo! Los gemidos de Anita excitaron aún más al Sr. Campos, cuya cabeza ella se empeñaba en apretar contra su cuerpo, con ambas manos, como si fuera necesario. Aún sin esa presión, jamás se habría perdido semejante manjar que, tras unos minutos de gemidos y suspiros, no tardó en llegar. Enseguida, resolvió prepararla para lo que vendría: ya de pie, comenzó a acariciar esa lujuriosa cueva de placer, separándole más aún los labios con los dedos, tocándole el clítoris, jugando con él.

Ana volvía a suspirar y a gemir; al ver esta reacción, le introdujo un dedo que terminaron siendo tres. Se corrió una vez, pero él sacó los dedos, para darle la oportunidad a otra parte de su deseosa anatomía de entrar en esa cueva caliente y jugosa. Así, se relamió y, con un movimiento de cabeza, le metió su enorme pija hasta las bolas. Ella se corrió inmediatamente después de comenzar el mete y saca, y sus golpes contra la piel de Anita parecían de pistones hasta que ella se corrió una y otra vez. Finalmente, el profesor dio un fuerte gemido y vació otra carga, sólo que, en esta ocasión, fue en la profundidad de su hirviente conchita.

-Acabás de ganarte un 10, y recuerda que seré tu profesor en la U el próximo año, y tendrás un diez si  esto vuelve a repetirse -dijo, mientras ella estaba sentada, goteando semen de su conchita.

Autor: Adrian Alejandro

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Entre danzas y sexo I

Comenzamos una lenta danza sexual… un entra y sale que fue tomando ritmo y acelerando su cadencia, hasta que, por momentos se hacía violento para luego volver a su lento compás mientras nos mirábamos a los ojos sin decirnos nada… fueron yo creo más de veinte minutos de total silencio en el que solo se oía el ruido que nuestros movimientos hacían producir al sillón.

Habíamos sido convocados a un foro Patagónico sobre inserción de la danza en la escuela. La convocatoria fue para el fin de semana que va entre los días 23 y 26 de abril con encuentros diarios de varias  horas. El lugar la ciudad de Neuquén. Nos encontramos el día 23 a las 14,00 hs; éramos cerca de cien profesores con amplia mayoría (cosa común en estos encuentros) de mujeres. Edades…  desde muy jovencitos, no mucha más de veinte añitos hasta los ya “grandecitos” (mi caso).

El abanico y variedad de profesoras era “muy interesante” y como de costumbre de inmediato apareció en mi… digamos… ese reincidente  interés por “intercambiar experiencias”. Así fue que saludé a una… a otra… a otra más con las que charlé sobre los temas que hacían a nuestra reunión, sin dejar de tocar algunos aspectos personales…

Por la dinámica de trabajo hice grupo de trabajo con otros nueve profesores… siete chicas y tres hombres. Me senté entre dos bellas jóvenes, Laura, una hermosa rubia, buen cuerpo, veinticuatro años, y Ana Carina, una pequeña y bellísima mujer de unos 1,55 m de estatura (que después comprobé no me había equivocado), y con medidas que inmediatamente calculé en…. 90 60 95, cabello castaño largo hasta la cintura… unos cautivadores y grandes ojos verdes… su edad…sólo veintidós añitos, la primera neuquina de la ciudad y  Ana Carina proveniente de un pueblito pequeño de la provincia de Rio Negro y que  no conocía la ciudad.

La primera jornada pasó velozmente y ya sobre el final y cuando nos preparábamos para partir a nuestros lugares de residencia Ana Carina me comenta por lo bajo….

-¿Sabes Mario?… yo no conozco Neuquén… ¿No me acompañarías hasta el hotel?… no tengo idea como llegar a él. -Por supuesto que si Anita – le respondí de inmediato. -Gracias – me dice la profe – disculpa mi impertinencia pero es verdad que no sabría cómo llegar. -Por favor Anita…. Será un placer. Y de paso nos conocemos mas… ¿no te parece? -Sí. Es verdad – comenta.

La tarde era hermosa, por lo que decidimos hacer el trayecto caminando. Ella estaba instalada en un hotel distante a unas 25 cuadras del lugar de la reunión.

-Es temprano, Ana Carina – le comento – Que te parece si caminamos un poco por el centro antes de ir a tu hotel… de paso conoces. -Siiii – me responde mostrando alegría – No me atrevía a proponértelo porque me parecía muy atrevido quitarte tu tiempo.

Caminamos durante una larga hora por el centro comercial y luego la invité a tomar un trago aprovechando que pasábamos frente a una confitería.

-Encantada – me dice – Pero… ¿no tenés alguna obligación y yo estoy importunando? -Por supuesto que no Anita – Le digo. -Sos muy amable – me comenta sonriendo.

Tomamos un aperitivo mientras charlamos largamente… le conté algunas cosas de mi vida… ella hizo lo mismo. Así me enteré que hacía apenas dos años había llegado a ese escondido pueblito neuquino a trabajar como maestra de escuela primaria, donde, para llenar más su tiempo y aprovechando que también tenía titulo que la habilitaba, tuvo la iniciativa de iniciar a los niños en la danza nativa. Este era la primera vez que venía a la ciudad de Neuquén y me volvió a agradecer mi amabilidad de hacerle de cicerone. Como era inevitable… tocamos el tema sentimental… me dijo que no tenía novio ni pareja. Que desde su arribo a la escuela se había dedicado solamente a sus niños.

-¡Mal hecho, le dije. -¿Porqué? – me preguntó. -¿No has pensado dedicar algún tiempo para vos? -Sii, me respondió – Lo dedico y me siento muy feliz regalándoselo a mis queridos alumnos. -No…- le insistí – Digo algún tiempo para vos… para tu persona… ¿No has pensado en la posibilidad de un novio? -Nooo – me respondió – donde trabajo no hay hombres…. Solo los papas de los alumnos y algunos, porque tiene que partir de allí en busca de trabajo. -¡Pobre! – Comenté – tomando su mano entre las mías y acariciándola suavemente.

Sentí que se estremecía y trataba de retirarla, a lo que la tome Más fuerte evitando que la quitara… La miré a los ojos y ella bajó la vista ruborizándose.

-¿No te sentís sola? – pregunté. -Por supuesto que si – me dijo – pero para que eso no ocurra trabajo todo el día, por eso lo de las danzas.

Permanecimos un momento con su manos entre las mías sin hablar y luego la invité a cenar.

-No Mario – me dijo – sería ya un abuso total… recién nos conocemos y ya causándote tantas molestias. -No me molesta – le dije rápidamente – si no… no te invitaría. Por esta noche quiero que te sientas acompañada… luego volverás a tu soledad. -¿Verdad que no te causo molestias? insistió. -¡Claro que no Anita!… será para mi un placer. -Bueno… – dudó – acepto ya que tanto insistís.

La llevé a un restaurant muy agradable que ya conocía de viajes anteriores y le pedí al mozo que nos ubicara en unos sitios privados que tienen. La cena fue muy rica y el momento super agradable. La charla, que comenzó intercambiando ideas sobre la danza,  paso por los más diversos temas, hasta que, como  no podía ser de otra manera, recaló en lo inevitable … primero el aspecto romántico en el que Raquel por momentos se sonrojaba ante mis preguntas, hasta que de pronto y creo sorpresivamente para ella, le pregunte:

-Anita… y de sexo… ¿que me cuentas?… perdona que sea tan atrevida mi pregunta.

Me miró primero con cara de asombro… permaneció un momento en silencio bajando su mirada  mientras jugaba con los dedos golpeteando la mesa y su rostro se ruborizaba al máximo… Hasta que por fin me dijo muy quedo, casi inaudible:

-Mario… por favor…. ¡Que pregunta! -Si no quieres… no la respondas – le respondí también en tono muy bajo… casi un susurro. -No Mario… no hay problema… es que … me da vergüenza – me dijo muy dubitativa- recién nos conocemos y mirá lo que me preguntas. -Perdoname Anita – me apuré a decir – no fue mi intención molestarte. -No, no es nada… pasa que me tomaste de sorpresa – murmuro casi inaudible – pero te contaré… desde el mes de enero, cuando estaba de vacaciones en mi pueblo… no pasa nada… -¿Verdad? – pregunté poniendo cara de asombro – no lo puedo creer. -Si… verdad… te imaginas que donde vivo es un pueblito  pequeño… no hay lugar ni oportunidad para estas cosas…. Además todo se sabe inmediatamente.

Como la vi incómoda por el tema cambié el rumbo de la charla y así continuamos largo rato.

-Anita querida – susurré de pronto, tomando sus manos – caminamos por el centro? -Si… encantada… – me murmuró.

Salimos y caminamos lentamente mirando vidrieras… la tome de una mano y como dejó hacer la tomé de la cintura… no se opuso… la atraje suavemente hacia mi y besé suavemente su mejilla…  mostrando asombro me miró y aproveche el momento para darle un suave beso en la boca.

-¿Qué haces Mario? – me dijo. -Te beso solamente – le susurré al oído mientras la besaba junto a la oreja.

Sentí que se estremecía pero dejaba hacer. La atraje fuertemente contra mi cuerpo y la bese nuevamente… entonces ella respondió y nos enredamos en un beso en el que nuestras lenguas de trenzaron buscándose una a la otra. Llegamos a la plaza y nos sentamos en un banco. La abracé y continuamos besándonos.

-Anita – murmuré a su oído – ¿seguimos caminando?

En ese momento pasaba un taxi y la invité a subir… lo hizo y partimos.

-¿Adónde vamos? – me preguntó. -No preguntes – le dije, ¿me dejas hacer?… ¿Confias en mi? -Si Mario – Me respondió.

Di la dirección al taxista y luego de andar unos quince minutos llegamos al motel en el que me encontraba albergado.

-¿Pasamos? – la invité. -No se Mario – me dijo – Vas a pensar mal de mi. -No Anita para nada- Te invito a tomar un café… ¿sí? -Acepto – respondió tímidamente.

Pasamos y al entrar vio mi coche estacionado frente al departamento que ocupaba, preguntándome si había venido en coche propio. Le explique que si pero que no lo había usado para ir al foro porque es muy difícil estacionar en el centro, pero que luego la llevaría hasta su hotel.

-Gracias –me dijo.

Preparé un café y nos sentamos en el un mullido sillón que había en el lugar… esperé que ella lo hiciera y luego me senté a su lado. Dejé la bandeja con los cafés y una copita de licor sobre la mesita y la abracé tiernamente, primero se retrajo levemente pero luego me dejó hacer. Nos besamos largamente y cuando la sentí relajada y entregada a mis caricias comencé a desprender sin apuros y entre besos y caricias  su blusa… así apareció ante mí un pequeño sostén de color rojo con hermosos adornos que guardaba dos bellos senos que parecían querer escaparse de su encierro… los tomé uno con cada mano y los acaricié suavemente mientras continuaba besándola a los labios… mis labios fueron recorriendo lentamente su rostro y cuando llegaron a sus orejas comenzaron a bajar por el cuello…

Ella me respondía aferrándose fuertemente a mí mientras mis besos bajaban haciendo pequeños círculos hasta llegar al borde del sostén… entonces mis manos fueron a su espalda y desprendieron la prenda, quedando ante mí sus bellísimos senos que coronaban en unos enormes botones de color marrón oscuro que estaban totalmente duros. Hacia ellos fueron velozmente mis labios con besos que al llegar allí se transformaron en chupones en un principio muy suaves, pero que fueron intensificándose  al sentir que ella gemía y se retorcía demostrando placer.

Tomé su mano derecha y la llevé a mi bragueta que ya había abierto, posándola sobre mi pija ya dura y preparada para lo que viniera. Primero la dejo quieta pero no la retiró… luego tímidamente comenzó con unas suaves caricias. Entonces intensifiqué mi trabajo sobre sus senos y ella comenzó también a hacer con más intensidad su trabajo hasta que la tomó con las dos manos y comenzó con una hermosa paja.

Mis manos, que estaban libres bajaban por su cuerpo y al llegar a su pantalón comenzaron a bajarlos mientras mis labios continuaban su labor y sus manos apretaban más fuerte la pija… ella levantó la cola facilitando mi tarea y en pocos minutos se encontraba  totalmente desnuda. Mientras mi mano izquierda bajaba hasta su conchita y frotaba suavemente el clítoris con la otra quité mi ropa y entonces la abracé fuertemente, sintiendo la suavidad y tersura de su piel contra la mía, al tiempo que la ponía de espalda sobre el sillón y poniéndome sobre ella la seguía besando y acariciando. Ella solo gemía y por momento susurraba:

-Mario… ¿que me haces? -Te deseo Anita – le decía mientras besaba su rostro- -Aay Mario… ¿Qué vas a pensar de mi?…-Que sos  una mujer divina – le repetía una y otra vez mientras continuaba recorriendo su cuerpo con mis caricias. -Pero… -Pero nada Ana Carina– disfrutemos del momento. -Si Mario – respondió entre suspiros de placer – haceme tuya… quiero ser tuya.

La puse totalmente de espaldas sobre el sillón y separé sus piernas mientras besaba ora su rostro… ora sus labios… ora sus tetas y chupaba sus pezones y mi mano derecha recorría su conchita desde el clítoris hasta su vagina… subí sobre ella entre sus piernas y mirándola a los ojos tomé mi pija y la comencé a pasar por su sexo, recorriéndolo desde el clítoris hasta el culito… luego muy lento comencé a meter la cabeza en ese agujerito que al sentirla se contraía y producía tanto flujo que corría por su raja y pasando por el culito caía sobre la sábana.

Cuando entró bien la cabeza me quedé allí quieto mientras besaba sus labios… sus ojos y mirándola le susurraba:

-Sos hermosa Anita… te deseo mucho. -Yo también te deseo Mario – me respondía – quiero ser tuya… totalmente tuya… hace conmigo lo que quieras.

Seguí entrando lentamente hasta sentir mi pubis afirmado con fuerza sobre el suyo y mi pija totalmente enfundada en un cálido y totalmente mojado canal.

-¿Así Anita? – le pregunté muy quedo a su oído. -Así Mario… asiiiiii – me respondió casi en un grito – ¡soy toda tuyaaaaaa! ¡Todaaaaaaa! -Si amor, sos mía y yo soy tuyoooooo.

Comenzamos una lenta danza sexual… un entra y sale que fue tomando ritmo y acelerando su cadencia, hasta que, por momentos se hacía violento para luego volver a su lento compás mientras nos mirábamos a los ojos sin decirnos nada… fueron yo creo más de veinte minutos de total silencio en el que solo se oía el ruido que nuestros movimientos hacían producir al sillón.

De pronto y simultáneamente comenzamos a acelerar al mismo tiempo el ritmo y la fuerza de nuestros movimientos hasta llegar a un loco mutuo sube y baja…

-¡Mariooooo! –Me grita Ana Carina – acaboo… Acabooooo… Acabooooo! -¡Yo también amor! ¡Yo tambiééééénnnnnn!

A la vez llegamos a un orgasmo tan intenso que nos hizo perder noción de tiempo por largos minutos… su concha se contraía apretando fuertemente mi pija que lanzaba chorros de leche en su interior y nuestros labios se fundieron en un largo beso… quedamos por un largo rato en esta posición, yo arriba de ella y con mi pija totalmente metida en su concha…  creo que dormitamos por un momento… cuando volvimos a la realidad su concha se contraía y expulsaba mi pija ya totalmente blanda.

Me acosté a su lado y nos mimamos largamente sin decirnos nada mientras nos acariciábamos y besábamos sonriéndonos mutuamente… luego la invité a ducharnos. Fuimos juntos… yo me encargué de su cuerpo y ella del mío… nos secamos también uno al otro y luego, tras mirar la hora… eran ya las dos de la mañana, le dije:

-Anita querida… te invito a que te quedes a dormir acá… ya es tarde y mañana recién comenzamos nuestra actividad a las dos de la tarde… ¿aceptas? -¡Gracias Mario! – me respondió de inmediato – claro que acepto… estoy muy cansada y vos sos el responsable de mi cansancio – sonrió mientras me besaba.

Nos acostamos los dos totalmente desnudos en la amplia cama, ella dándome la espalda y yo la abracé desde atrás y, tomando sus tetas una con cada mano se las comencé a acariciar suavemente mientras besaba su cuello…  nos quedamos dormidos casi de inmediato.

Al otro día continuaba el foro a las dos de la tarde.

Autor: Mario

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La caída moral VII

El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad. Jorge tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

Se inserta nuevamente en esta parte del relato, la visión de mi marido.

La observé y mi mente recorrió en un segundo años de mi vida, De aquella Ana nada quedaba casi, me dije. Una amiga leal, una novia hermosa, una esposa fiel y amante, una madre ejemplar Y ahora tenía esto ante mí. Una mujer madura de 39 años aun muy hermosa, despeinada, ojerosa, con olor a semen en su boca llegando a casa con la fiesta de cumpleaños de su hijo ya acabada y solo deseando irse a dormir.

-Necesito dormir. Me dijo. -Anda a acostarte Ana, del niño, de guardar la torta en la heladera y de los restos de comida me encargo yo.

Sin decir una palabra más se fue a dormir, ni siquiera pasó antes por el baño. Ni para orinar ni mucho menos asearse En silencio me dediqué a mis tareas y ya con mi hijo en cama y la casa medianamente aseada, me senté en el living a pensar.

Eran las 2 y 15 de la madrugada, encendí un cigarrillo y fijé mis ojos en la oscuridad cuando sentí que Ana se movía en la cama. Mi instinto protector, aun cuando comenzaba a odiarla, me hizo apresurarme al cuarto a ver que le sucedía. Y no, no le pasaba nada, solo cambiaba de posición. Las piernas ligeramente separadas me permitieron ver que venía sin bragas. Cerré la puerta y lloré en silencio en el pasillo.

Pasaron dos días sin dirigirnos la palabra, dos días en los cuales ella llegó a casa a la hora en que solía hacerlo antes del desastre de nuestra vida. Una noche mientras cenábamos los cuatro y sin mirarme a los ojos me dijo que por motivos de trabajo debía viajar a Rosario a una convención el fin de semana, y que era una obligación hacerlo pues de ello dependía su trabajo. Los chicos comenzaron a protestar hasta que levanté la voz y muy tranquilo dije: -Está bien Ana. De la casa me encargo yo. Un plan comenzó a elaborarse en mi cabeza y sin perdida de tiempo lo puse en acción.

Esa mañana siguiente llamé a la empresa donde trabajaba mi mujer y a la encargada del conmutador le dije que era de la comisión  de relaciones públicas y quería coordinar con ellos la cantidad de gente y horario de llegada de la delegación para tener preparadas las cosas.

La secretaria inocentemente respondio – ¡Ah! Ud. llama de Rosario entonces, ¿del Hotel Continental? -Si, si…me apresuré a decirle – Bien Señor…..eh, Señor ¿cuánto?  -Albornoz es mi apellido señorita – Bien Sr Albornoz, las personas son apenas 5. Tres caballeros y dos damas entre los que se cuentan, nuestro jefe, el Sr Jorge Mandelevite, su secretaria particular la Sra. Ana y tres ejecutivos de cuenta más. -Sabe Ud. decirme a que hora llegaran por acá el sábado? – No, no, debe estar equivocado Sr Albornoz, llegaran el viernes a la noche. -Ah, gracias, bien, bien, estará todo dispuesto.

Eso alteraba mis planes, pues ya habia encargado los niños a mi hermana para el fin de semana pero ahora debía agregarle el viernes a la noche. Por suerte no hubo drama y esta aceptó gustosa que se los dejara el viernes, sin hora definida. Llamé al hotel Continental de la ciudad de Rosario y reservé una habitación en planta baja. Mi mente trabajaba a mil, pensando, pensando, pensando…

A las 5 de la tarde del viernes Ana se despidió de nosotros con la valija lista. Me ofrecí a llevarla a donde fuera pero se negó argumentando que se juntaban en el departamento de la otra chica que viajaba para delinear estrategias antes del viaje. “¡Para delinear estrategias!”

En media hora había dejado los dos niños en casa de mi hermana y en una hora estaba en la autopista Buenos Aires-Rosario a más de 120 km por hora. Llegué a Rosario cuando apenas habia anochecido, me instalé en mi habitación, me duché y sin saber en realidad que más haría, salí al lobby del hotel a pedir una copa cuando de repente escuché la voz de mi mujer en la recepción que gritaba: -¡Jorge ! ¡Nosotras con Alicia queremos dormir juntas!

Logré esconderme tras una columna y el grupo no me vio. Logré escuchar que el avión les habia parecido muy pequeño, etc, etc, etc. Así que por eso casi me pillan en el lobby, ¡llegaron tan rápido porque lo hicieron en avión! Pensé.

El botones se dirigió al ascensor y las puertas se cerraron tras Ana, Alicia y el mismo. El indicador luminoso se detuvo en el piso 7. Otro botones con el jefe de Ana, Jorge, más los dos jóvenes también subieron hasta el piso 7. Muy bien, pensé, la fiesta será en el siete.

Esperé un tiempo preventivo y le dije al conserje que deseaba cambiar de habitación que quería una en el piso 7. No hubo problema y allá fui. Al bajar del ascensor se escuchaba la música y las risas de los 5 en una de las habitaciones. Me duché, fumé y mi mente trataba de decidir entre matarla o continuar el plan. Plan que no era tal en realidad, pues lo único que quería yo era ver que hacía ella en realidad. Motivo por el cual yo solo estaba provisto de una cámara digital de excelente definición y una filmadora de mano.

Minutos antes de media noche tuve suerte y escuché el ascensor que se detenía en nuestro piso y vi bajar a un mozo con 2 botellas de champagne. Abrí la puerta de mi habitación y este se sorprendió, momento en que aproveché para decirle: – Ahí adentro están dos de mis primos, me gustaría darles una sorpresa y llevarles el champagne yo mismo, pero vestido de mozo, claro que yo agradecería, si me permite Ud. hacerlo, con una propina. Y le mostré un billete de 100 dólares.

El muchacho sin decir una palabra entró a mi habitación con el carrito y comenzó a sacarse el uniforme en medio de bromas sobre la cara de sorpresa que pondrían al verme.

Me vestí en un santiamén y transpirando la frente me dirigí a la habitación. Era una suite. Golpeé y en medio de las risas logré escuchar un – ¡Adelante! Entré dispuesto a enfrentar a Ana y a quien fuera pero la escena me paralizó. Mi esposa y la otra chica con antifaces puestos yacían en uno de los sillones abiertas de piernas, totalmente desnudas y masturbándose mientras gemían como yeguas. Los tres tipos sentados a su frente reían y fumaban mientras se comenzaban a desvestir.

– Adelante chico, me dijo el jefe de Ana, Jorge, -Puedes dejar las cosas y si te gusta mirar algo que nunca olvidaras, puedes hacerlo, dijo entre las risas de los demás.

Miré a mi mujer esperando que me observara cuando me percaté que los antifaces no tenían agujeros para los ojos, por lo que su visión estaba totalmente nula.

– ¡Siéntate y descorcha las botellas! Me ordenaron. Y eso hice.

Uno de los muchachos, ya desnudo abrió una valija y comenzó a sacar de ella todo tipo de juguetes sexuales y un aparato para dar enemas, al tiempo que muy decidido comenzaba los preparativos.

Ana balbuceaba: – Jorge, quiero verga, por favor, ¿dónde estás?, quiero verga mi amor. A lo que este contestaba: -No, sos una señora casada y madre de familia. -Por favor mi amor, no me interesa eso, quiero leche, quiero verga, necesito ya mismo tener un orgasmo. -Aun no Ana. Recuerda que dijimos que sería especial esta vez y estuviste de acuerdo. – Ábrete el culo que Walter te dará una enema. Mi mujer lejos de amilanarse se acomodó y se abrió el culo mientras el otro muchacho con sus dedos le masajeaba los labios vaginales.

La otra muchacha parecía que iba a destrozarse la concha con sus propias manos. El tal Walter era un experto pues en menos de un minuto le habia colocado dos enemas a mi mujer y esta, solita sin mediar indicación alguna se colocó con el culo apuntando al techo y empezó a soltar el líquido de manera muy potente.

La escena era de una dureza extrema, restos de materia fecal volaban por el aire, entre los alaridos y los vítores de los demás presentes. Alicia se levantó y comenzó a lamer la concha de Ana mientras esta con un alarido tenía su ansiado orgasmo. El segundo muchacho enterró la verga en la vagina de Alicia y esta comenzó a lamer la concha de mi esposa con mayor velocidad.

Jorge, se incorporó y tomando una de las botellas de champan la acercó a la vagina de mi mujer, ¡cuando recordé que debía tomar fotos o algo! Encendí mi minifilmadora y nadie se dio cuenta debido a la tremenda calentura que tenían y al alcohol.

Le enterró el pico de la botella de champagne y batió la botella para sacarla de golpe y una catarata de burbujeante líquido salió expedido de la concha de Ana que lloraba entre orgasmos.

-¿Te gusta, perra? le dijo su jefe.-Si…me encanta…dejame chuparte la pija Jorge, Por favor…. -No, antes debes preguntar cómo está tu familia, Ana… -¡No, No, Eso No! respondio ella. Pero Jorge ya le alcanzaba su propio celular y esta lo tomaba. El marcó el número, pero claro, mi celular estaba apagado en mi bolsillo.

Ella lejos de sorprenderse comenzó a hablar. ¡A fingir! – Hola Germán, mientras la lengua de Alicia hacía estragos en sus pliegues y la pija de Jorge dibujaba círculos en sus mejillas.

-Hola amor, ¿cómo están los chicos? Yo estoy bien, recién llegamos y estoy con Alicia, mi compañera en una habitación para nosotras. – Bueno Germán, quedate tranquilo que estoy muy bien, dijo entre las risas sofocadas de los otros 4. Cerró el celular y lo arrojó lejos al tiempo que haciendo fuerza con su ano, liberaba los últimos restos de la enema.

-¡Listo, ya cumplí! Ahora cumplan Ustedes, gritó. Y comenzó una noche tremenda para ella. Yo filmaba con lágrimas en los ojos mientras nadie parecía percatarse de mi presencia.

Colocaron un embudo en el ano dilatado de mi esposa y todos comenzaron a orinar en el. Su culo sediento retuvo los orines de tres machos para luego expulsarlo a gran altura y con tremenda potencia. Ana y Alicia tomaban champagne del pico de la botella mientras gemían por más verga.

Comencé a retirarme y la última escena que pude ver fue a Ana empalada por el culo por el sable de Jorge mientras chupaba la concha de su compañera, que a su vez les lamia la pija a los otros dos.

-¿Como estarán tus hijos Ana? preguntó su jefe. Y esta respondió: -No me interesa en lo más mínimo. Solo dame otra enema porque me encantó…

Cerré la puerta tras de mi apagando la filmadora y me dirigí a mi habitación…

Continuara…

Autora: Ana.

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Disfrutando de libertad

Yo disfrutaba del cuerpo de esa muchacha, hasta que sentí una lengua entre mi pene y el sexo de Ana, era Eduardo que estaba lamiendo nuestros sexo con mucha devoción, eso me hizo gozar más de la cuenta y empecé a follarla con más intensidad hasta que empecé a venirme en un orgasmo y ella, empezó a gemir como una niña, mientras nos besábamos, y nos repetíamos que había sido genial.

Hace unas semanas mi esposa salía a visitar a su madre a provincia, ella se encontraba muy enferma, yo debido a los trabajos no pude ir a acompañarla. Permítanme presentarme me llamo Martín, tengo 29 años, mido 170 y me considero un hombre de contextura normal, no soy gordo, pero tampoco soy un esqueleto jajaja, llevo un par de años casado aún sin hijos, con una bella mujer.

Era un viernes por la noche y me dispuse a salir con algunos amigos, ya que quería disfrutar de libertad, pero al final ninguno me pudo a acompañar así que salí a  buscar alguna discoteca por la avenida Arequipa y luego de entrar a unas cuantas, llegué a una que nunca antes había visto y que por cosa curiosa entraban muchos jóvenes, luego de pagar noté que era una discoteca de ambiente, yo siempre me he considerado hetero, pero la verdad es que me daba mucho morbo saber cómo era.

Al entrar lo que me causó mucha gracia y curiosidad era ver a esas muchachas o hombres bailando muy pegadas sobándose con las músicas regatoneras de ahora, me excitó y pude ver como muchas al ritmo de la canción empiezan a manosearse, lo que me llamó la atención es un tipo rubio que se sobaba con una chica y un chico en la pista de baile, me miró y se sonrió lo que me dio corte, ambos chicos eran altos y bien parecidos y la chica era guapa y se dejaba sobar donde ellos querían, al rato no sé cómo me hice amigo de uno de ellos que se llamaba Eduardo, y me invitó  a bailar con ellos, yo acepté algo picado por la situación.

En eso empezó la sobada digo la canción, y mientras la chica se frotaba con mi pene, el chico de atrás el más guapo se sobaba conmigo, la situación al inicio me incomodó, pero luego no mucho, al fin y al cabo no hacíamos daño a nadie, luego volteamos y mientras la chica se sobaba con mis nalgas y me ponía sus senos en la espalda yo me frotaba con Eduardo, luego de más de media hora acariciándonos y riéndonos con la situación, ella me dijo que si queríamos ir todos a la parte de atrás donde se reunían las parejas y bueno sólo estábamos Ana, Eduardo y yo, así que acepté guiado por la curiosidad y el morbo.

Al  entrar era un cuarto oscuro y no se podía ver bien, me di cuenta que Eduardo y Ana empezaron con unos besos y abrazos muy fuerte, me puse detrás de ella, y lamí su nuca y su cuello. Al rato sentí una mano en mi entrepierna y dado el morbo ayudé a esa mano a bajarme el cierre y sobarme el pene, luego sentí que se sacaba el brassier y me lo dieron, lo olí y empecé a jugar con su senos y me llevé uno a la boca, los tres nos echamos en una cama preparada ahí, cuando siento una boca en mi pene.

Yo que estaba muy excitado me terminé de abrir el pantalón y me eché a gozar con esa boca riquísima, en eso siento un seno en mi cara del otro lado de la cama, ahí comprendí que el que me la estaba chupando tan bien era Eduardo, uuummmmm eso me excitó bastante, nunca me había ocurrido algo semejante, mientras nos estábamos besando con Ana y metía un dedo en su vagina para llevarlo a mi boca, Eduardo lamía y lamía mi miembro que estaba bastante duro por toda la situación.

Ella no aguantó toda la situación porque en un momento movió de su lugar a Eduardo y poniéndome un preservativo con la boca (que rico fue eso), empezó a metérselo y cabalgar encima de mí, mientras Eduardo le ponía el pene en la boca a ella.

Yo disfrutaba del cuerpo de esa muchacha que no debía tener más de 18 años, hasta que sentí de nuevo una lengua entre mi pene y el sexo de Ana, era Eduardo que estaba lamiendo nuestros sexo con mucha devoción, eso me hizo gozar más de la cuenta y empecé a follarla con más intensidad hasta que empecé a venirme en un orgasmo y Ana, empezó a gemir como una niña y cayó encima de mí mientras nos besábamos, y nos repetíamos que había sido genial.

Eduardo se acercó a mí y me agradeció que le haya dejado lamerme el pene y que había disfrutado viendo como follaba a la caliente de su novia. Me quedé de piedra, no sabía eso, se me acercó y me dio un beso, que me dejó contrariado, era la primera vez que un hombre me besaba, y mientras Ana estaba a mi lado empezó a bajar a mi pene y junto a su novio Eduardo empezaron a lamerlo y chuparlo, quise sacar la cabeza de él, pero no pude lo hacía tan rico que lo dejé seguir, ahora mi pene estaba de piedra de nuevo y sentía la boca de los dos que lamían y lamían mi sexo una y otra vez.

En ese momento mandé al diablo todo y tomé la cabeza de cualquiera de los dos y empecé a follarla con mi pene a lo que empezó a chupar con más devoción, por dentro de mí deseaba que fuera Eduardo, y así era, ya que Ana se me acercó y nos empezamos a besar jugando con nuestras lenguas, mientras su novio me la chupaba desesperadamente. Hasta que no aguanté y dije que iba a terminar, Ana bajó rápidamente y tomó el lugar de Eduardo para terminar con el trabajo echándose el semen en sus senos y pasándoselo por la cara.

En un momento sentí la necesidad de saber a qué sabía un pene y quise probarlo, pero preferí dejarlo ahí. Ellos se empezaron a arreglar su ropa y yo hice lo mismo, nos despedimos como buenos amigos y opté no darle mi número diciendo que yo iría otro día.

Mi esposa llegó luego de unos días y todo fue como siempre aunque desde esa noche sueño poder probar el pene de un hombre y saber cómo se siente, cómo crece su miembro en mi boca y como me haría gozar de placer el pene de un hombre, pero no conozco a alguien con quien hacerlo.

Por eso espero recibir sus comentarios y si vives en Lima, Perú, espero que me escribas o me mandes tu email o número de RPM para poder ser amigos, compartir nuestras fantasías o si congeniamos bien probar nuestros cuerpos.

Autor: Martín

martin3101peru@hotmail.com

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La primera vez que me pusieron los cuernos

Era la tercera polla del día que me follaba y tenía ganas de follar más. Me folló y tuve no sé cuantos orgasmos pues el cabrón aparte de saber follar tenía una buena polla, me la metía y sacaba casi toda y la verdad es que la sentía llegar hasta el fondo de mi coño mientras me apretaba las tetas y me besaba en la nuca, de golpe soltó un grito, se paró y me inundó de leche. Se vistió y salió.

Hola a todos, soy Diego de Sevilla. Os voy a contar una historia que me contó Ana tal y como me la contó de cuando éramos novios y que me puso a mil, me ha contado más, pero siempre pensé que eran fantasías, hasta hace muy poco no tenía pruebas de que era tan puta y le gustase tanto follar, creía que era sólo conmigo, pero ahora sé que son ciertas ya que no sólo es conmigo sino que la pillé con otro y luego delante de mí también lo ha hecho. Todo empezó cuando yo encontré mi primer trabajo y me dieron un coche de la empresa nunca había tenido coche antes y cuando quería algo con Ana lo teníamos que hacer en el portal o en casa de algún amigo si no estaban sus padres o en algún hotel ya que en su casa o la mía no me gustaba por si nos pillaban.

El primer fin de semana que pudimos le dije que nos iríamos a ver Extremadura y los pueblos cercanos que hay muchas ruinas y monumentos que a ella le gustan ya que estudió historia del arte en la facultad, pero a mí me aburren. Bueno no me enrollo más, el sábado por la mañana cogimos el coche temprano y nos fuimos de viaje, era julio y hacía un calor infernal, ella llevaba el mapa y me iba indicando por unas carreteras secundarias para ver unas ruinas romanas, no diré pueblos por si las terceras personas que aparecen tienen problemas, el caso es que el coche empezó a fallar y daba tirones, paré en el pueblo siguiente y me dijeron que allí no había mecánico que continuásemos hasta el siguiente pueblo y preguntásemos al de la gasolinera que era el que podía arreglarlos por allí.

Llegamos miró el coche y nos dijo creo que es el carburador que está sucio veré si lo puedo arreglar, pero primero vamos al bar a tomar algo que estoy muerto de sed. Entramos y el bar era algo de película era un barucho de pueblo sin casi luz con unas ocho o diez mesas y bastante sucio había gente jugando a las cartas que se volvieron y se quedaron mirando a mi novia de arriba abajo, ella llevaba un mono corto de flores bastante ligero y escotado pues hacía mucho calor. Nos sentamos y pedimos unas cervezas y nos trajeron unas tapas también.

Cuando llevábamos dos cervezas se acercó un tipo pequeño con los ojos saltones, se presentó y nos comentó que era el que más chistes sabía del mundo, el mecánico le dijo que se sentase y nos contase algún chiste, así lo hizo y tras otras dos cervezas el mecánico dijo que iba a arreglar el coche, se marchó y el de los ojos de pez se quedó allí contando chistes y nosotros riéndonos a carcajadas pues era muy bueno. Se acercaron dos más, un abuelo de cerca de 60 años y un chaval de unos 20 años con la cara llena de granos y bastante feo, se presentaron y se sentaron a la mesa. Después de otras dos cervezas yo no aguantaba más y pregunté por el servicio, el abuelo se levantó y dijo te acompaño yo que está en la trastienda y la puerta no se abre bien y de paso voy yo también.

Me acompañó detrás, encendió unos fluorescentes que llenaban el techo y abrió una puerta de madera como las del oeste toda vieja y muy deteriorada, entré, cerré y me quedé muda pues aunque no estaba muy sucio y había una ducha, al girarme vi que la puerta se quedaba a medio metro del suelo y que las tablas no ajustaban por lo que se veía al viejo allí fuera esperando y mirándome por las rendijas. No sé si por la papa que llevaba o porque me estaba meando encima, el caso es que me desabroché el mono, me bajé las bragas y me puse a mear, vi como se acercaba el viejo y ponía el ojo en una de las rendijas, yo estaba medio agachada y seguro que me estaba viendo todo el coño y las tetas ya que el sujetador era blanco y muy transparente y con el sudor lo llevaba pegado y se transparentaban mucho mis pezones.

Terminé y cuando me lo iba a subir me dijo que no podía aguantar más y que iba a entrar. Le dije que había terminado y salía enseguida, pero empujó la puerta que se abrió pues el pestillo no cerraba bien y entró, intenté subirme las bragas como pude, él se acercó al wáter y dijo lo siento, pero no aguanto, iba a gritar cuando se bajó el pantalón y el calzoncillo y sacó una polla enorme y toda tiesa, yo me quedé como hipnotizada mirándola y él dijo, vaya como me has puesto no sé si podré mear mira tú a ver si la puedes bajar antes era durísima, pero con los años no tanto. Cogió mi mano y se la puso en la polla intenté bajarla ¿Qué puedes bajarla? No dije con la cabeza, yo seguía hipnotizada y empecé a masturbarlo, cada vez estaba más dura él se giró, metió una mano entre mis bragas y me metió un dedo en el coño que estaba mojadísimo, lo tienes todo meado guarra, pero a mí no me importa, empezó a masturbarme y con el dedo gordo me acariciaba el clítoris mientras yo seguía haciéndole una paja a él.

Me sacó una teta al aire y empezó a chuparla yo no pude aguantar más y me corrí pegando unos gritos que tuvo que taparme la boca con la otra mano. Cuando terminé me puso de rodillas y dijo a chupar guapa, la acercó a mi boca y yo pensé que tan gorda no cabía, pero la verdad es que si se la chupé hasta casi la mitad que era lo que me cabía dentro y la sacaba y metía como si me estuviese follando hasta que se corrió dentro de mi boca, intenté apartarme, pero me cogió la cabeza y casi me ahoga con su leche que se salía por los lados de mi boca y me goteaba sobre las tetas.

Luego se sentó en el wáter y me puso sobre él en cuclillas empezó a empujar y noté como se abría mi coño y me dolía un poco, pero tenía tantas ganas de meterme esa polla a ver si cabía que me mordí la mano para no gritar y dejé que me follase, al principio no la metía toda, pero cuando notó que me corría empujó hacia abajo y me la clavó entera, solté unos gemidos de placer de lo que me estaba gustando, giré un poco la cara y le metí la lengua en su boca entre el placer de su polla y lo asqueroso de besar a un hombre tan mayor, tuve el mayor orgasmo de mi vida hasta ese momento.

Volvimos al bar y Diego estaba con una copa de aguardiente en la mano, me senté a su lado y le dije que haces, él dijo me han invitado, por cierto como sigamos mucho rato aquí me voy a coger una buena con tanta cerveza y él dijo yo ya la llevo, pero lo estoy pasando muy bien. ¿Cómo es que has tardado tanto me dijo? Es que me estaba meando un montón, seguimos así un rato y fue él a mear, entonces me dijo el que tenía cara de pez, te lo estas pasando bien y contesté que sí. Se rió y dijo pues luego me tendrás que pagar y me guiñó un ojo señalando con la cabeza hacia la parte trasera del bar y todos se rieron. Yo no dije nada, pero empecé a sentir un calor por lo bajo, él lo notó, acercó la mano por debajo de la mesa y empezó a acariciar mis piernas.

Cuando regresó Diego quitó la mano rápidamente y se sentó a mi lado y le dijo a Diego ponte enfrente que el que te voy a contar es para ver la cara, empezó a contar otro chiste con gestos y mientras todos reían empezó a meter la mano, primero sólo me acariciaba el muslo, pero al ver que yo no decía nada siguió subiendo y empezó a tocar mi coño por encima de las bragas, luego las apartó y me metió primero un dedo y luego dos, yo no paraba de retorcerme y cerraba los ojos de gusto, me estaba poniendo cachondísima de lo bien que me masturbaba, cuando me corrí estaba empapada, notaba como me chorreaba el coño y además estaba muy sudada, miré mi mono y los pezones se marcaban muchísimo. Miré a Diego que no se había enterado de nada, me levanté y dije que tenía que ir otra vez al baño, Diego me dijo te acompaño y el chaval más joven dijo no hace falta, yo también necesito descargar, si quieres yo la acompaño.

Se vino conmigo, abrió la puerta y dijo pasa tu primero. Entré y empecé a refrescarme un poco la cara, este no esperó más, empujó la puerta y me dijo he visto lo que te estaban haciendo por debajo de la mesa y tú lo que necesitas para el calor no es agua, se desabrochó rápidamente el pantalón y sacó la polla más torcida que he visto nunca. Me agaché, se la chupé hasta que vi que se iba a correr y entonces me desnudé del todo y le dije fóllame por favor, no puedo más. Me subió al lavabo y empezó a clavármela como un poseso con unas culeadas rapidísimas, no tardé nada en tener el primer orgasmo y él siguió follándome y mordiéndome las tetas hasta que volví a correrme y él también. Fue un polvo increíble no sé si por lo torcida que la tenía o por las ganas que tenía de polla. Me vestí y salimos, nada más sentarme el de los ojos de pez se acercó y me dijo al oído, el próximo soy yo y te vas a enterar, la tengo como una piedra y cogiendo mi mano la puso encima de su bulto.

Como mi marido estaba bastante en pedo le dije que si salíamos a que nos diera un poco el aire y a ver como estaba el coche, salimos y nos dijo el del taller que hasta la tarde nada. Volvimos al bar y el de los ojos de pez no estaba. El viejo empezó a contar una historia, le dije a Diego que estaba empapada de sudor que iba al coche por mis cosas y me iba a pegar una ducha. Cuando me estaba duchando oí la puerta y me giré, era el de los ojos de pez, me miró de arriba abajo y dijo cierra el agua que ya estoy bastante mojado.

Se sacó la polla del pantalón y me dijo agáchate y apoya las manos contra la pared, pues te la voy a meter toda de golpe hasta que grites so puta, así lo hizo y la verdad es que era como me sentía, era la tercera polla del día que me follaba y yo seguía cachondísima y tenía ganas de follar más.

Me folló y tuve no sé cuantos orgasmos pues el cabrón aparte de saber follar tenía una buena polla, me la metía y sacaba casi toda y la verdad es que la sentía llegar hasta el fondo de mi coño mientras me apretaba las tetas y me besaba en la nuca, de golpe soltó un grito, se paró y me inundó de leche. Se vistió y salió.

Seguí duchándome y al poco oí que llamaban a la puerta, pregunté quién era y era mi marido, le abrí aunque la puerta estaba abierta y me dije yo me voy a duchar también a ver si me despejo. Me desnudo y nos duchamos.

Ana empezó a enjabonarme y al llegar a mi polla me la empezó a masturbar luego yo me puse de rodillas y le comí todo el coño que se que le encanta cuando noté que empezaba a temblar y se corría, la cogí del culo y apreté contra mi cara para que no se escapase con el agua hasta que se corrió, después la subí encima de mí y me la follé contra la pared, estaba cachondísima, mi polla se resbalaba de lo mojado que tenía el coño, cada vez le daba más fuerte y ella no paraba de gritar y arañarme le dije sí que estabas cachonda, claro después del tiempo que llevamos sin follar…

Seguimos follando hasta corrernos y luego nos vestimos y salimos, la gente del bar se reía y el de los ojos de pez me dijo vaya suerte tienes desde aquí la oíamos gritar, tienes que tener una buena polla para tanta hembra sino te los pondrá y se echaron a reír. Ahora sé por qué.

Autor: ddiaz

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La caída moral VI

El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo.

Pasaron dos días en los que no quise ir a trabajar. Si es que se le podía llamar trabajar a estar pendiente de la pija de Jorge.

En casa las cosas eran literalmente un desastre. Los momentos en que estaba en casa parecía un zombie, no contestaba a mi marido, no contestaba a mis hijos, no me interesaba por la comida, por la ropa, por las compras, por nada.

Vivía desesperada ansiando el momento en que mi jefe me deseara nuevamente. Llegué al extremo, al tercer día de esta situación de ir a trabajar sin bragas, con la remota esperanza de que Jorge lo notara y me llamara a su despacho. Y así fue.

-Ana, ¿podes venir? -Si, como no.

Las piernas me temblaban al caminar y la vagina comenzaba a humedecerse. Entré a su despacho y sin mediar palabra él se puso de pie y avanzó a mi encuentro, me abrazó y besó tiernamente.

-Quiero que esta noche cenemos juntos.

Mi corazón casi se rompe…era el cumpleaños de mi hijo menor y teníamos a toda la familia de visita en casa esa noche.

-Jorge, esta noche no….no puedo, quizás mañana…

Comencé a llorar.-No, es hoy cuando tengo ganas, ¿porque no podes Ana?-Es que es el cumpleaños de mi hijo Jorge y…-Ah, bueno. Si cambias de opinión hacémelo saber por favor.

Y dio media vuelta y se sentó nuevamente en su escritorio

Di media vuelta y salí de su despacho con lágrimas en los ojos y en el alma. Mi familia, mi hijo, mi otro hijo, su cumpleaños, la torta preparada en la heladera de casa, los tíos, primos, abuelos, cuñados y cuñadas.

Mi deber de madre y de esposa, luchaban una batalla desigual con mi progresivo degeneramiento. Mi caída moral era increíble.  Mis lágrimas eran un río ya cuando tomé el intercomunicador y marqué el interno de mi macho.

-Si? -Soy yo Jorge….pensé que si vamos temprano a cenar puedo estar en mi casa relativamente temprano y argumentar trabajo extra inesperado… -No te prometo nada, respondió.  A las 21 salimos de acá a cenar Ana. ¡Y me cortó!

A las 21 estaban citados todos en casa.

Llamé a Germán a su trabajo. Mi voz temblaba cuando le dije: -Germán llegaré un poquito más tarde hoy, ¿podes hacerte cargo de todo?  -¡Ana! Es el cumpleaños de nuestro hijo, ¡tenemos a toda la familia en casa! ¿No podés, aunque sea hoy, venir a la hora en que solías hacerlo siempre?

Ese “aunque sea hoy” sonó como una bofetada para mi. -Haré todo lo posible, le dije.

A la hora indicada por Jorge comencé a impacientarme, hasta que a las 21.15 hs salió de su despacho. Estaba hermoso, radiante, dominante, como siempre. Ni siquiera me miró al pasar a mi lado y yo como una perra sucia me apresuré a correr tras sus pasos. En el auto no me dirigió la palabra y manejó hasta uno de los hoteles más hermosos de la zona de Recoleta.

La mesa estaba reservada a su nombre y fue exquisita, regada con abundante vino blanco helado como correspondía.  Charlamos de cosas triviales y reímos distendidos. Parecíamos una pareja de esposos o de novios como tantos hasta que…el reloj de pared del restaurant, con sus campanadas  anunció las 22,30 hs Hace una hora y media que me esperan en casa, pensé desesperada.

El, seguramente advirtió el cambio en mi semblante porque rápidamente llamó al mozo y pagó la cuenta. Se puso de pie, me tomó del brazo y me guió hasta la escalera que llevaba a las habitaciones. Lo miré interrogándolo con la mirada y él suavemente me susurró: -Lo estás deseando Ana. En ese instante tomé la decisión que cambió mi vida. Ese fue el instante, ahora lo sé, en que perdí a mi familia.

Mientras él se duchaba en la lujosa suite que había rentado, tres mensajes de texto entraron a mi celular. Dos de Germán y uno de mi hijo: “mamá, ¿ te falta mucho? quiero apagar las velitas. Y apareció Jorge de la ducha, mojado y con la verga apuntándome. Las sienes me estallaron y me dediqué a apagar la vela yo. Su vela. Su inmensa vela.

Una vela venosa, roja que se balanceaba a medida que él avanzaba.

En un instante me desvistió entera y yo me abalancé a chuparle la pija como desesperada mientras él con sus manos me acariciaba las tetas. Yo estaba desesperada por orinar y le pedí ir al baño a lo que respondió -Vamos los dos…Nos metimos en la bañera y se acostó en ella cuan largo era con mis piernas a sus costados.

-Dale, oriná o te va a hacer daño, me dijo.

Insólitamente advertí que yo seguía con el celular en la mano y mientras comenzaba a bañarlo de mi orín tibio y humeante, este comenzó a sonar.

-Atende, me dijo con su sonrisa característica que tanto me podía.  -¿Hola? dije.-Ana,  ¿Qué diablos haces? Acá están todos muy desesperados ya por tu ausencia. Era mi marido. -Amor…ya en un rato estoy ahí, balbuceé mientras con mi cadera hacía movimientos para regar la mayor cantidad posible  del cuerpo de mi macho. -¡Ana! ¡No podes hacernos esto justo hoy! Claro que podía. Y lo estaba haciendo.

Estaba traicionando a mi familia en un día tan sagrado como era el cumpleaños de uno de mis hijos.

-¡Ana! ¿Me escuchas? Todo esto mientras Jorge se incorporaba y suavemente me acostaba en la bañera y era él quien ponía sus pies a los costados de mi cuerpo. -Si…si, acá estoy Germán. El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado

Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo. Suavemente y como pude hice girar la llave y vi en el sillón del living a mi hijo. Restos de comida en la mesa y la torta de cumpleaños…intacta, sin cortar. De la oscuridad, una voz me sobresalto: -No quiso cortarla hasta que su madre no estuviera.  Comencé a llorar. La madre había preferido que su jefe le abriera el culo como un túnel, tragar orín, semen y pajearse para él, mientras este, con una sonrisa comía una porción de torta con champagne que había pedido a conserjería.

-¿Que vas a hacer de nuestras vidas Ana? Sé de donde venís, me dijo Germán.

Ni siquiera atiné a responder nada. Mi mente recreaba una vez más, mientras lloraba, la hermosa sensación de ser regada en orín por Jorge.

Y mi vagina se mojaba nuevamente…

Autora: Ana.

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Continuara…

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Curiosidad

Empecé a besar todo el cuerpo de Ana los muslos, su tanguita, su sexo mojado, pecho y lo que más deseaba sus axilas sudadas. Mientras tanto Ana me tocaba el clítoris por encima de la ropa con una mano y con la otra el culito. Después me sacó las bolitas muy despacio. El orgasmo fue bestial nos corrimos las dos a la vez.

Hola. Me llamo Patricia, tengo 28 años, casada y sin hijos. Mido 1,70 delgada y bien proporcionada. Me gusta cuidar mi cuerpo con una alimentación equilibrada, gimnasio, salón de belleza… Me siento realizada sexualmente con mi marido ya que en la cama con tu pareja todo es válido. Practicamos el sexo oral, vaginal, anal, con juguetitos (bolas, consoladores…), que utilizamos el uno para el otro ya que a mí me gusta ser penetrada por los dos agujeritos simultáneamente y a mi marido tampoco le desagrada que juegue con su culito. También nos gustan las películas de sexo.

Como os he comentado voy al gimnasio a practicar aeróbic. Nunca me había fijado en mis compañeras de gimnasio, pero desde el día que vi con mi marido la película de Enmanuelle en la que la protagonista tiene una relación con una amiga suya en el vestuario después de un partido de tenis, empecé a mirar a mis compañeras de otra manera. Desde entonces cuando estoy en el vestuario, me gusta ver sus maillots manchados de sudor en las axilas, pecho, ingles, las miro disimuladamente cuando se desnudan para ver su ropa mojada. Días atrás, durante las clases, me fijé en una mujer de mi misma edad y tipo que vestida de gimnasia no marcaba la ropa interior. Como coincidía con ella en el vestuario me fijé como iba vestida interiormente. Llevaba unas mini tanguitas semi transparentes en las que la tela delantera era un pequeñísimo triangulito que marcaba todos sus labios y una fina tira por la parte trasera que se escondía en la rajita del culo.

Me encantó su tanguita. Al acabar las clases y desnudarnos para ir a la ducha, dejaba su ropa de gimnasia encima del banco. Cuando veía su ropa sudada, siempre me acordaba de la escena del vestuario de Enmanuelle. Un día no pude reprimirme más y esperé a que se fuera a duchar para tocar y oler su ropa. Cuando cogí sus braguitas tuve una sensación de escalofrío en todo mi cuerpo, estaban húmedas del sudor. Las toqué con suavidad y las olí. En aquel momento me mojé toda. Dio la casualidad que mi compañera llegaba de ducharse y me vio tocando su ropa, entonces me preguntó con toda naturalidad si me gustaba su ropa. Le contesté que sí, pero que lo que más me gustaba era su minúscula tanguita y que me gustaría poder probármela para ver que tal me sentaban para hacer gimnasia con unas iguales para no marcar la ropa interior el maillot. Me dijo que por ella no tenía ningún problema en que me las probara, pero que aquellas estaban usadas y que si quería mañana me traería unas limpias

Le comenté que no hacía falta que me probaba aquellas. Me desnudé (cosa que todavía no había hecho esperando a que se fuera a duchar), y me las probé. Que sensación ponerse aquella ropa todavía caliente y mojada de mi compañera. Como el tanguita era tan mini, me salía vello por la parte superior y laterales. Ana que así se llama mi compañera me dijo tocándome suavemente del vello que era normal que pasara y que si quería usar tanguitas como la suya lo mejor era que me depilara un poco. Me saqué el tanguita y se lo devolví. Después de la ducha me masturbé pensando en Ana. Al regresar de la ducha, vi a Ana doblando cuidadosamente el tanguita que me acababa de sacar. Mientras nos vestíamos íbamos hablando de trapitos y cosas banales. Le pregunté donde compraba esta ropa interior. Dijo que las compraba por internet y que si quería fuera a su casa para desde su PC mirar la página y comprar si me interesaba. Quedamos en su casa el siguiente día por la tarde, antes de ir al gimnasio.

Llegué a casa de Ana una hora antes de ir al gimnasio. Estaba con su marido el cual me presentó y se fue casi inmediatamente a trabajar. Nos quedamos a solas ya que tampoco tenían hijos. Pusimos en marcha el PC y entramos en la página donde compra su ropa interior, quedé maravillada de los modelitos. Ana me dijo que era clienta habitual y que tenía un extenso surtido, que si quería verlos. Le dije que sí que al natural siempre mejor que en las fotografías. Fuimos a su habitación, abrió un cajón de su mesita de noche y había una auténtica colección de tanguitas de todos los colores y modelos a cual más mini y erótico.

Empecé a mirarlos y tocarlos todos. Ana me dijo que si quería probármelos que adelante que por ella mostraba como se veían con su coñito semi rasurado. En aquel momento desee estar en el gimnasio para poder contemplar su coñito y axilas sudadas. (Me vuelve loca el olor de perfume y sudor corporal de una mujer). Nos contemplamos las dos delante del espejo era la primera vez que miraba detenidamente el cuerpo de una mujer. Ana sugirió que me cambiara el tanga y que me pusiera uno igual que el de ella para ver como quedaba mejor el tanguita si viéndose o no los pelines.

Buscó uno igual que el suyo y dijo ven que te voy a cambiar este trapito. Se arrodilló y empezó a bajarme el tanguita negro. Cuando me lo hubo sacado me miró fijamente y empezó a tocar suavemente mi pubis y muslos yo no hice nada para evitarlo. Seguidamente empezó a besar mis piernas subiendo despacio hasta llegar a mi coñito que estaba mojadísimo. Me pasó su lengua por mis labios, buscó mi clítoris y entonces sentí estallar. Ni en las mejores sesiones con mi marido había tenido tanto placer. Continuó por mi barriga, ombligo, pasó por encima de mis pechos que estaban duros como una piedra y buscó mi boca. Nos fundimos en un gran beso (mi primer beso con una mujer). Ana continuó besándome todo el cuerpo, yo estaba en otra galaxia empezando a sudar y gemir.

Entonces tímidamente empecé a acariciar sus nalgas y resto del cuerpo, ella también empezaba a gemir. Ana me susurró que quería que yo la besara y acariciara todo su cuerpo. La bese en la boca jugando con nuestras lenguas, tocándonos nuestros paladares, dientes y saboreando su saliva ¡Qué placer! Continué besando todo su cuerpo. Pasé la lengua por sus axilas (cosa que ansiaba locamente hacer), en este momento exploté y tuve un orgasmo impresionante. Después de estar un rato acariciándonos tranquila y suavemente Ana me comentó que se lo pasaba maravillosamente con su marido, pero le gustaba intimar con mujeres y que él no sabía nada de sus tendencias lésbicas.

Ana volvió a besarme en la boca y me dijo que quería volver a gozar conmigo. Entonces sacó de su mesita un par de juegos de bolitas chinas, me las enseñó y las empezó a chupar, una vez mojaditas me dijo si quería probarlas en mi vagina, le dije que si, ella empezó a introducirlas suavemente, después me pidió que hiciera lo mismo con ella. Empecé a introducir la primera y mientras introducía el resto de bolitas le chupé el coño.

Una vez que tuvimos las dos las bolitas dentro, Ana me comentó que siempre había deseado ir a una clase de aeróbic con las bolitas en el coño para saber que sensación se tiene con el movimiento. Le respondí que era una aventura arriesgada, pero que me seducía la idea. Lo dejamos para el día siguiente ya que hoy ya se nos había hecho tarde. Al día siguiente fui a su casa antes de la clase, nos besamos y masajeamos, una vez calentitas nos pusimos las bolitas una a la otra después nos vestimos por supuesto con las mini tanguitas para la clase de aeróbic y fuimos al gimnasio.

Estábamos muy excitadas con la nueva experiencia, por la calle notaba como se movían las bolitas al caminar y empecé a mojarme, se lo comenté a Ana y me dijo que a ella le pasaba igual. Empezamos la clase de aeróbic y el placer fue inmenso al notar cómo se movían las bolitas dentro de mi coñito con el movimiento rápido de los ejercicios y se me iba clavando el tanguita dentro de mis labios y culo. Al rato no pude aguantar más, noté que me corría y mojaba toda, me dio vergüenza que se pudiera notar en el maillot lo mojada que estaba ya que el tanguita estaba chorreando. Por señales le dije a Ana que me iba al vestuario. Ana me siguió.

Por el pasillo hasta el vestuario le dije que me estaba corriendo viva y no aguantaba más que necesitaba masturbarme. Llegamos al vestuario y Ana me dijo que nos masturbáramos mutuamente que a ella le pasaba igual. Nos quitamos los maillots y sujes cogimos las toallas y el gel y en tanguita fuimos a las duchas, nos encerramos las dos en la misma ducha.

Inmediatamente empecé a besar todo el cuerpo de Ana los muslos, su tanguita, su sexo mojado, pecho y lo que más deseaba sus axilas sudadas. Mientras tanto Ana me tocaba el clítoris por encima de la ropa con una mano y con la otra el culito. Después me sacó las bolitas muy despacio. El orgasmo fue bestial nos corrimos las dos a la vez. Nos duchamos y salimos disimuladamente de la ducha para que no nos vieran juntas. Nos vestimos y cada una fue a su casa. Al igual que Ana mi marido no sabe nada de mis relaciones lésbicas. Nos vemos a diario en el gimnasio y muchos días en casa de una o la otra para amarnos. Por cierto utilizo mini tanguitas para la gimnasia y a menudo para diario.

Hace unos días que nos hemos fijado en una chica rubia con todo el cuerpo bronceado menos la marca del tanguita con el que toma el sol, tiene el pelo rubio al igual que el del pubis, es una tentación ver un cuerpo femenino desnudo al que se le marque el bañador. Ana y yo, queremos conversar y si podemos, intimar con ella. Si ocurre ya os lo contaré.

Un beso a todas.

Autora: pmn82

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Algunas experiencias de mi mujer

Empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos.

Hola me llamo Diego soy de Sevilla y os quiero contar algunas experiencias mías y de mi mujer aunque hoy empezaré por ella.

Los que hayan venido por Sevilla sabréis que la gente aquí es muy religiosa y el sexo es una cosa tabú de la que no se suele ni hablar por eso os cuento esta experiencia en público y porque me pone caliente contarlo. Ana que así se llama mi mujer es morena, mide 1,62 y tiene un par de tetas muy bien puestas, pero lo mejor es su culo, cada vez que salimos a pasear todos los hombres se lo miran y como lo sabe va siempre con tanga, pantalones muy finos, súper apretados y unos escotes de infarto para que se le vea mejor.

Es una mujer muy caliente tenemos relaciones con otras personas y cuando volvemos a casa nos las contamos para ponernos cachondos y follar como locos, pero hasta la fecha nunca me ha dejado follármela por el culo por eso os envió esta carta para que cuando la leáis me digáis que os parece. Hace unos meses se fue de despedida de soltera de una amiga que se prepara las oposiciones con ella y cuando volvió me despertó chupándome la polla y cuando me la puso dura me dijo que me la follase mientras me contaba lo que había pasado, nunca la había visto tan cachonda. Me contó que habían cenado y después se fueron al Pub de una amiga a tomar unas copas. Estaba cerrado y sólo para ellas, un hombre era un camarero y todos los demás tías.

Se pusieron a bailar y a beber y a eso de las 3 que ya estaban todas pasadas de copas, por no decir demasiado, llegó el stripper, ella me dijo que no sabía que habían alquilado un boy, pero cuando vio al pedazo de negro bailando se mojó todas las bragas y empezó a gritarle burradas. Una chavala que estaba a su lado le dijo pues si te gusta como baila espera a verlo en pelotas que te se van a salir los ojos, mi mujer le preguntó que si lo conocía y esta le dijo que ella y sus amigas eran las que lo habían contratado, que hicieron su despedida con él y me encantó, solo me faltó follármelo, pero como hoy se me ponga a tiro me lo follo.

Continuó él bailando y desnudándose y cuando sólo le quedaban los pantalones hizo que la novia se sentase en una silla en el centro del Pub y todas las amigas se pusieron alrededor, le vendó los ojos e hizo que le desabrochase los pantalones primero, luego el calzoncillo y se quedó con un tanga, cogió las manos de la novia y las puso en su culo mientras le acercaba aquel enorme bulto a la cara, la chavala que estaba al lado de mi mujer le dijo eso a mí me lo hizo y yo me corté, pero si me lo hace ahora se la como toda.

Cuando se volvió a mirar, otra vez la novia le estaba bajando el tanga con la boca y al hacerlo la polla del negro salió disparada y mi mujer se quedó asustada dice que le mediría más de 20 cm y eso que no la tenía aún dura y cuando el negro se quitó el tanga se la empezó a pasar por la cara, la novia le dio dos o tres besos en la polla y algún lametón, pero se cortó, él le cogió la mano y se la puso en la polla para que lo masturbase hasta que se le puso dura, le subió la falda y empezó a darle puntas con la polla en el coño, pero por encima del tanga y cuando él vio que ella se ponía a gemir y estaba ya muy mojada se levantó, se puso a bailar en pelotas y a refregarse contra todas las tías que pillaba.

Cuando le tocó a mi mujer dice que se empezó a refregar contra su coño y empezó a bajar las manos por su espalda y le cogió el culo, después le dio la vuelta y se puso a su espalda y le susurró al oído tienes el culo más bonito que he visto nunca, me encantaría follármelo, yo solo bailo, pero a ti te haría de todo, se giró y se puso a bailar con la chavala que ya lo conocía esta le cogió enseguida la polla y empezó a masturbarlo, este hizo ademán de pararla, pero mi mujer se acercó le cogió una mano y la llevó a su culo, el negro se quedó mirando y mientras la otra chavala se la empezó a chupar Ana empezó a morreárselo y el negro enseguida se puso todo cachondo y empezó a sobarle el culo.

El resto de mujeres les hicieron un corro y en cuanto el negro estuvo todo empalmado empezó a desnudar a Ana, la dejó en pelotas, la cogió en brazos y la tumbó sobre la barra, empezó a comerle el coño y el culo, Ana se corrió enseguida pues ya os he dicho que es muy caliente y después de que el negro se dio cuenta que estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, la bajó de la barra, la puso de espaldas y se la metió por el culo, mi mujer dice que empezó a gritar y que casi se desmaya, pero al poco tiempo le empezó a subir un calor increíble y que tuvo dos orgasmos seguidos, pero no como los de siempre sino mucho más fuertes. El negro se corrió y cuando se la sacó se encontró con la boca de la otra chavala que enseguida empezó a chupársela.

Ana se levantó se vistió y se quedó presenciando el espectáculo algunas de las chavalas se estaban acercando y sobando al boy mientras que otras se reían sentadas en las mesas, como mi mujer sólo conocía a la novia y a dos compañeras a parte de su amiga la dueña del Pub, se acercó a ellas y les pidió que no contaran nada que estaba muy borracha y que había perdido el control, estas le dijeron que bien, pero que ella lo mismo, pues una se levantó en ese momento y se fue por el negro, quitó a la que se la estaba chupando, se subió la minifalda y le dijo fóllame o me muero, el negro la levantó, la tumbó en el suelo y se la clavó toda, empezó a follarla dando unas sacudidas muy fuertes y gritando os follaré a todas, desnudaros y tumbaros en el suelo, las que quisieron se desnudaron y se pusieron al lado, el boy empezó a salir de un coño y a entrar en otro, alguna se puso de culo y también se la metía, algunas chavalas empezaron a masturbarse y otras se corrían con sólo notar ese pedazo de polla que las follaba.

Ana se puso otra vez caliente y decidió ir a refrescarse ya que con tanta chavala pensó que no le llegaría el turno o que el boy caería rendido, cuando entró en el baño y se estaba echando agua en la cara vio en el espejo que detrás estaba el camarero se volvió y este le dijo desde que te conozco siempre he querido follarme ese culo así que quítate esos pantalones que no aguanto más y sacando su polla se acerca a ella y empezó a meterle mano. Mi mujer le dijo que nunca hasta ese día lo había hecho por ahí y que estaba dolorida a lo que este le contestó pues empieza a chupar, ella se la empezó a mamar y cuando el camarero estuvo preparado le dio la vuelta y se la clavó por el culo por segunda vez en una noche.

Después de que este se corriese le dijo: sigo caliente así que me la vas a chupar otra vez que ahora me voy a follar ese coñito. Ana se puso en cuclillas y empezó a pasar su lengua despacio por la polla del camarero y luego la fue introduciendo en su garganta mientras notaba como se hinchaba, es toda una experta y no tardó nada en ver como el camarero estaba listo otra vez, este la metió en el wáter y sentándose la hizo ponerse encima y se la empezó a meter mientras le mordía las tetas, Ana no tardó en correrse y tras varios orgasmos él también, terminaron y salieron.

En el Pub seguía la juerga, pero mi mujer prefirió venirse a casa y terminarla conmigo, aunque no me dejó follármela por el culo y de hecho aún no he podido pues después de esta experiencia tuvo que ir al médico, ya que el negro la tenía tan grande que le hizo un desgarro y ahora tiene miedo y yo estoy loco por follármela por el culo. Eso sí, esa mañana cuando llegó follamos como locos.

Espero que os guste tanto como a mí ese día y si queréis darme vuestra opinión para convencerla de que me deje ese agujerito o lo que os parezca gracias.

Autor: Diego

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Entrega de mi virginidad

Me puse delante de él, ahora ponte de rodillas en el sofá y abre bien las piernas, aquí encima de mí, así me puse. Muy bien, mi putita ahora tu solita te la vas a meter, a tu ritmo, no dirás que no soy considerado, yo cogí su pene y lo empecé a meterlo y a estremecerme, el dolor me desapareció y empecé a moverme como loca, cabalgándolo, mis tetas botaban cada vez más de prisa.

Soy Ana y tengo 22 años y os voy a contar lo que me está sucediendo. Pero antes os voy a situar un poco.

Hace como dos años pintaron el local donde trabajo y entre los pintores había un hombre de unos 55 años el cual me miraba siempre con cara lasciva y me desnudaba con la mirada, a mí siempre me ha gustado fantasear con hombres mayores e imaginar que entregaba mi virginidad a un hombre experto.

A lo largo de estos dos años a este hombre lo he seguido viendo siempre solo por las calles de mi ciudad y por las noches me masturbaba pensando en él.

Una de las noches que volvía de marcha, me lo encontré en un banco sentado justo por donde yo tenía que pasar. Pasé con mi cabeza bien alta y de prisa, pero al pasar delante de él se levantó, me cogió del brazo y me dijo:

-Hola guapa! ¿Sabes lo que te haría ahora mismo?, follarte como una perra…

Yo me quedé quieta y sin moverme y de pronto le dije:

-¿Y a que esperas? El me miró sorprendido y me dijo, -Sabía que eras fácil pero no tanto.-

Me llevó a su casa y al pasar se sentó en un sofá que había y me dijo. -¿A que esperas, desnúdate, yo lo hice y despacio me quité una a una las prendas, me miraba deseoso y con un whisky en la mano. Me quedé ante él totalmente desnuda, se levantó y se acercó, nos mirábamos a los ojos, -Así te quería ver… me pasó el vaso frío por un pezón y este se puso duro al instante.

-¡Vaya melones!, no los imaginaba así y esos pezones…Mientras decía eso me los tocaba, me estaba excitando y él lo notaba.

-¿Te gusta verdad?, se te nota, eres más puta de lo que yo creía… Se desabrochó el pantalón y me dijo, -Arrodíllate…

Yo le hice caso, me dijo que le mirara a los ojos, me pasó su polla por toda mi cara, -Abre la boca, que tengo un regalito para ti… Yo nunca había visto una polla en vivo, abrí la boca y me la metí entera…

-Chupa, chupa, puta- yo empecé a metérmela y sacarla con la boca.-Así guapa, así, que bien la mamas, eres toda una putita.

En menos de 5 minutos se corrió en mi boca, yo no quería tragármelo pero él me agarró fuerte la cabeza, -Bébetelo todo, zorra, verás como te gusta, si no te vas a arrepentir como tires algo… yo así lo hice al terminar me dijo: -Ve al baño y límpiate, te doy cinco minutos.

Así hice y al volver lo vi desnudo y en el sofá.

-Ven aquí a llegado el momento. -Soy virgen. -¿De verdad? -Quien lo diría, ven aquí. Me puse delante de él, -Ahora ponte de rodillas en el sofá y abre bien las piernas, aquí encima de mí… así me puse.

-Muy bien, mi putita, ahora tu solita te la vas a meter, a tu ritmo, no dirás que no soy considerado… yo cogí su pene y lo empecé a meterlo y a estremecerme. -Así zorra, ¿ves como si te gusta?

Hubo un momento en el que me dolía…

– ¡Duele! ya por favor…-No guapa, todavía no- me cogió de los hombros y me dijo… -¡Ahora sí!- al mismo tiempo que me bajaba de golpe, -¡Aayyyy¡ -Ya guapa… ahora muévete.

A mí el dolor me desapareció y empecé a moverme como loca, cabalgándolo, mis tetas botaban cada vez más de prisa.

-¡Aaahhh! cuanto he deseado esto, ¡Gracias! -Esto solo es el principio, ahora eres mía, y te tendré cuando yo te quiera, ¿a que si? -Sí, sí, si ¡aaaaaaaahhhhhhhh!

Yo seguía como loca botando encima de él. -¡Como botas zorra!, esto va a ser el principio, ya verás.

Tuve como tres orgasmos, el primero el más impresionante

-Me corro, aa…aaa…aaaa…hhh….hhhh…-Y yo, toma mi putita, ¡Toma la leche de tu papito.

Cuando acabamos acordamos en que esto se volvería a repetir, pero eso ya es otra historia

Autora: Ana

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Ana mi compañera de trabajo

Seguíamos fundidos en un beso, su lengua era tremenda, llegó hasta mi campañilla, casi me dejó noqueado, siguió hacia mis pechos, me mordía mis pezones, fue bajando cada vez más hasta que llegó a mi pene, lo tenía durísimo, yo empecé a tener dolor, nadie me lo había puesto así anteriormente.

Hola a todos, me llamo Michel, y la historia que os voy a contar fue algo que me ocurrió con una compañera. Trabajo en una oficina, y como compañera más cercana, tengo a mi amiga Ana, es una mujer que tiene más o menos 46 años, es morena, medirá 1.65cm y está un poco rellenita.

Esto ocurrió en una cena de Navidad, cenamos muy bien, hubo sus copas correspondientes, su brindis felicitando la navidad, etc…Todos íbamos ya un poco pasaditos de copas, y decidimos la mayoría seguir la fiesta en una discoteca. Estábamos entre doce o trece personas. A parte de conversar con el resto de los compañeros, estaba más cerca de Ana, por la confianza que existía entre nosotros. Bueno, el ambiente era muy bueno y como os podéis imaginar, alguno iba muy ambientadillo. Había un compañero que miraba mucho a Ana, que tiene un buen par de pechos y un culito redondito, está muy apetecible.

Ella se empezó a sentir incómoda y me lo dijo, le comenté que se quedara cerca por si acaso este intentaba algo, pero este compañero seguía con su mirada fija. Decidió Ana ir al baño para refrescarse ya que hacía mucho calor en el local. A los pocos minutos apareció toda enfadada. El motivo era que este compañero la había seguido y cuando Ana salió del baño, en la zona de lavabos, este sacó el pene. Cuando me lo comentó, le dije, -¿quieres que le diga algo?, a lo que me contestó que no, pero que nos fuéramos de allí. Yo accedí. Comenté al resto de los compañeros que iba a llevar a Ana a su casa y luego volvería para seguir la fiesta.

Cuando íbamos por las calles, ella seguía estando molesta por lo ocurrido y lo primero que se me ocurrió hacer fue cogerla de la cintura y decirle: “tranquila, todo pasó” y seguimos paseando durante un rato, yo seguí con el brazo sobre su cintura, como si fuéramos pareja. No aguantaba más, en ese momento la deseaba con todas mis fuerzas, pero no me atrevía a decirle nada. Me armé de valor y con la ayuda de las copas que llevaba encima y con la excusa de lo que la había sucedido antes, le dije que era una mujer muy atractiva, que en la oficina nos preguntábamos como es que no tenía pareja. Me miró y me dijo: -no adules Michel, soy mayor que tú y no está bien que me digas eso. Le respondí que era cierto, y armándome de más valor, le dije que desde hace tiempo pensaba en ella por las noches, pero no como amiga sino como mujer.

Se puso un poco roja, pero sonrió. Con el fin de no perder su amistad por si algo fallaba, le pregunté si podía darla un beso en la boca, ella no dijo nada, me decidí y se lo di, no me dijo nada y le di un segundo más intenso, fundiendo las dos bocas, enlazando nuestras lenguas, ella seguía mi acción, entonces empecé a tocarle su redondito culo, era maravilloso. Al poco rato, una de mis manos decidió dirigirse hacia sus pechos, eran grandiosos, ella no hizo nada que me dijera que parara. Así seguimos un buen rato.

Le comenté de ir a un lugar más íntimo y me dijo que fuéramos a su casa. Cogí mi coche, y mientras conducía, yo le tocaba con una mano sus muslos, acariciaba sus pechos, ella tocaba mis muslos, pero muy cerca de mi pene. Eso me excitaba y deseaba llegar a su casa lo más rápido posible. Cuando llegamos, nada más bajar del coche la agarré y seguí besándola, parece ser que no le importaba que nos viera alguno de sus vecinos. Yo estaba un poco nervioso, ya que se trataba de una compañera, pero loco de ganas por estar con ella.

Abrió la puerta del portal, nos metimos en el ascensor, hice el amago de sacarme el pene y penetrarla, pero ella me paró y me dijo que esperara a llegar a su casa. Cuando llegamos abrió la puerta, entramos y yo la cerré rápidamente, empecé a desnudarla, ella a mí también. La intensidad era tanta, que a la hora de desnudarme se rompieron algunos botones de mi camisa, en ese momento a mí no me importó nada.

Nos fuimos directo a su cama. Seguíamos fundidos en un beso, su lengua era tremenda, llegó hasta mi campañilla, casi me dejó noqueado, siguió hacia mis pechos, me mordía mis pezones, fue bajando cada vez más hasta que llegó a mi pene, lo tenía durísimo, yo empecé a tener dolor, nadie me lo había puesto así anteriormente, me tocaba mis bolitas, la aparté, la cogí e hice lo mismo, fui hacia sus pechos, fui bajando hasta llegar hasta su grandioso y frondoso coño, estaba húmedo, y yo estaba muy a punto, decidí penetrarla.

Se puso encima, parecía que ella estaba cabalgando, era maravilloso de verdad amigos, nadie me había hecho sentir tanto como lo que estaba haciendo esta mujer en ese momento, yo seguía tocándole sus enormes pechos, sus pezones eran enormes, sólo con contarlo me estoy empezando a excitar. Su culo estaba suavecito, redondo, parece que mis manos se quedaron allí, cuando me iba a correr, ella me dijo que no lo hiciera dentro, que me corriera en sus pechos, eso hice.

Al poco tiempo de hacerlo, ella empezó a chuparse sus pechos, se estaba tragando el semen derramado antes y se iba poniendo cada vez más caliente, después decidió limpiar con su boca mi pene, eso me excitó todavía más, y decidí penetrarla otra vez. Me dijo que no lo había hecho nunca con un hombre más joven que ella, que estaba disfrutando como nunca y que aprovechara esa noche, ya que no volvería a pasar nunca más, quería conservar nuestra amistad por encima de una relación sexual, pero que era posible que quizás…

Desde entonces amigos, cuando salgo por las noches, busco mujeres mayores que yo, que están cerca de los 40 años o los sobrepasen, me da igual, nunca he sentido lo que estoy sintiendo con ellas.

Me gustaría que alguna/s mujer/es maduritas hicieran sus comentarios, me da lo mismo de donde sois, si estáis en territorio español mejor, ya que quizás podríamos hacer realidad las posibles fantasías que podamos tener. Un beso para todas, sois maravillosas.

Autor: solovuestro

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La infidelidad de mi esposa

Nos acercamos sobándole por todo el cuerpo. Ya desnudos restregábamos nuestras pollas por su piel. Pasé a la acción y le abrí el coño y le metí la lengua; entonces un chorrito de semen de deslizó de su vagina hacia fuera cayendo sobre mi lengua. Comprendí que era el resultado de su follada anterior y me produjo el morbo necesario para pasar del límite de una excitación normal.

Aquel sábado se celebraba la despedida de soltera de una amiga de mi mujer; por lo que a Javi -marido de su amiga Joana- y a mí nos tocaba sesión de fútbol por televisión en el canal vía satélite. Salieron de casa vestidas ante nuestra disimulada extrañeza más sexy que de costumbre en nuestras salidas.

Nos resignamos y empezamos nuestra de sesión de fútbol televisado, pizza y cervezas. Ya terminados los partidos, nos dedicamos a hacer zapping por las innumerables cadenas. Algo aburridos nos paramos en las cadenas porno que afortunadamente nos animó algo más la noche. Empezamos con los combinados; bromeando con las situaciones de las películas, pero excitándonos paulatinamente más con la sesión cinematográfica.

Nos desinhibimos e incluso bromeamos con situaciones obscenas con nuestras esposas. La verdad es que se nos pasó el tiempo volando entre whisky y whisky, y nos dio como las cinco o las seis de la madrugada sin inmutarnos, pero bien excitados sexualmente.

De pronto, oímos abrirse la puerta de la casa. Entraron en el salón Ana -mi mujer- ayudando claramente a Joana, ostensiblemente mareada sin duda a causa del alcohol, camino directamente del dormitorio para acostarla. Cuando volvió mi mujer, nos pidió perdón por haber dejado que se pasara en la bebida Joana, y se dirigió a la cocina. Su actitud, no obstante me pareció algo extraña, así que la seguí. La encontré algo desaliñada, aunque atractiva, y, sobre todo, bastante aturdida; cosa que me chocó bastante; así que me acerqué y seriamente le pregunté si tenía algún problema. Ella, algo confusa empezó a balbucear algunas frases, pero finalmente se derrumbó sobre mi pecho llorando. Sentí un amargo escalofrío y le exigí que me contara. “No sé muy bien qué pasó” -susurró, como no queriendo que nadie más oyera- “En una actuación de boys a la que hemos ido, uno me sacó al escenario y jugó conmigo.

Tengo que reconocer que me excitó pero nada más; aunque luego mis amigas me incitaron y animaron a que lo buscara después de la actuación; y yo bebida y quizás algo excitada me dejé llevar. Lo buscamos y encontramos, no sé si mis amigas le dieron dinero, pero el hecho es que sin que me diera cuenta apenas estaba con él en su apartamento. Fue muy amable y cariñoso, nos quedamos ligeros de ropa. Tengo que reconocer que su cuerpo musculoso me quitaba todos los obstáculos que pudiera ofrecer” -se echó las manos a la cara- “nos enrollamos… y… me gustó”. Estaba pálida, y yo confuso. Sufría de un cóctel de celos, excitación, deseo. Sólo se me ocurrió decirle que tomara algo con nosotros en el salón para tranquilizarse.

Entramos, Javi hizo un rápido movimiento de mando, notando yo que cambiaba el canal porno. Nos sentamos y charlamos. Lo que se me pasó por la cabeza para desdramatizar la situación fue invitarla medio en broma a ver una película porno, comentando jocosamente las diferencias y similitudes con el boy con el que había estado antes. La situación nos relajó bastante y empezamos a sentirnos muy cómodos. Ya Ana nos comentaba detalles del joven y su forma de actuar en la cama. Reíamos con nuestros bultos y pezones erectos. En un instante se me ocurrió decirle que por lo ocurrido me debía una.

Le exhorté a que nos hiciera de boy (stripper) particular para compensar su desliz. Ella se quedó sorprendida, pero más pronto de lo que suponía se levantó sonriendo y se puso entre nosotros y la televisión. Comenzó a moverse como nunca la había visto, y a desprenderse de su minifalda hasta los tobillos; no hacía pausas como teniendo prisa por llegar a donde fuese: se quitó el top, el sujetador, las medias y las braguitas; quedándose solo con los zapatos de tacón.

Se volvió e hizo un excitante baile con su culo, y ya fuera de sí se pasó sus dedos por el coño y el ano, acariciándolos; para colmo mientras se acariciaba éste, con su dedo índice hizo una leve señal de invitación al acercamiento nuestro.

Nos levantamos sin pensar y nos acercamos sobándole por todo el cuerpo. Ya desnudos restregábamos nuestras pollas por su piel. Pasé a la acción y le abrí el coño y le metí la lengua; entonces un chorrito de semen de deslizó de su vagina hacia fuera cayendo sobre mi lengua. Comprendí que era el resultado de su follada anterior y me produjo el morbo necesario para pasar del límite de una excitación normal.

La agaché hacia delante y cogí a Javi del brazo para ponerlo justo detrás de ella.- Jode el coño de esa puta que folla con cualquiera. No desaprovechó la ocasión y su polla le entró como si estuviera harta de hacerlo. El espectáculo era maravilloso: los dos follando como locos, gimiendo como posesos. Mi excitación rebosaba cualquier medida y acaricié las nalgas de Javi y le besé apasionadamente en el cuello. Él sin inmutarse siguió ejerciendo su faena.

Mi mujer, loca de lujuria gritaba: -Lo siento mi amor… Javi… Te quiero… Soy tuya para siempre. Y yo le susurraba a mi amigo: -Cabrón, ya tienes puta gratis cuando quieras.

La tiró al suelo y siguió, el bombeo no parecía tener fin. Al fin eyaculó dentro de ella por deducción de sus gemidos y gritos. Ana seguía moviendo sus caderas no obstante, queriendo más sexo sin reparar en nada. Yo entonces la levanté del suelo y, con la mezcla de celos y morbo que llevaba encima la conduje al dormitorio donde se encontraba dormida Joana, la introduje allí y cerré la puerta por fuera, agarrando fuertemente el pomo para que no abriera en sus intentos; al cabo de un rato esos forcejeos cesaron y dejé la puerta.

Bromeamos mi amigo y yo sobre lo que estaría haciendo una hembra en celo allí dentro. -Se estará haciendo una paja, se habrá quedado dormida, comentábamos.

Nos decidimos a entrar a curiosear, al rato: Ante nuestra sorpresa Ana se estaba restregando con Joana, sobándola por todas partes, incluido su coño, tetas y culo; gimiendo y disfrutando. Nos detuvimos ante el espectáculo, y nuestras pollas despertaron bien pronto y bien tiesas. Nos masturbamos ante aquel espectáculo imposible de sufrir.

Eyaculamos bestialmente sobre aquellos cuerpos femeninos; yo apunté descaradamente al rostro de Joana, sobándole con el glande posteriormente y restregando el semen por su cara.

Había recuperado con creces la infidelidad de mi esposa.

Autor: Sexplanetary

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La vecinita

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana y Antonio eran un matrimonio que desde hace tiempo mantenían alguna fantasía una de las cuales habían decidido convertirla en realidad y era la de hacer un trío con otra mujer y convertir a esa mujer en amante de los dos, no importaba si en trío o solo con cada uno, aunque el otro no estuviera presente, pero querían conseguir una mujer, a poder ser joven y que fuese de fiar.

La verdad es que les encantaría que fuese la hija de sus vecinos del 4º, se llamaba Nerea, una chica con el pelo teñido de rubio claro, labios normales, ojos grandes y marrones y mandíbula un poco marcada y un cuerpo que adivinaban muy bonito sobre todo el culo. Decidieron como conseguir su objetivo La iban a invitar a comer. Ana se lo dijo y a la chica le pareció bien, al fin y al cabo eran buenos amigos de sus padres y alguna vez la habían dejado el ordenador cuando lo había necesitado.

Se sentaron a la mesa y se pusieron a comer, hablaron de temas intranscendentes, cuando finalizaron ella se ofreció a ayudar a fregar los platos y se quedó con Ana fregando mientras Antonio se iba a ver la televisión.

Estaban fregando cuando Nerea en un momento se recostó sobre la mesa para coger algo que estaba en el otro extremo lo que hizo que se le marcase el culo y Ana sin poderse aguantar la puso las manos en él y se lo acarició con deseo, lo que hizo que Nerea se diese la vuelta rápidamente y antes de poder decir nada, Ana, viendo que era su oportunidad, la besó en la boca, un morreo largo en el que luchaba por meterle la lengua en la boca, al principio Nerea oponía resistencia pero luego no sólo dejó hacer sino que colaboró activamente, se fueron acariciando mutuamente, Ana la quitó la camiseta que llevaba y vio como no se equivocaba y tenía dos pechos abundantes con forma de huevo frito pero muy apetecibles, con los pezones pequeños y ya duros, mientras Nerea en un rápido y hábil movimiento le quitó la camiseta larga que Ana portaba dejando al descubierto su cuerpo, un cuerpo de una mujer de 36 años, metro y setenta de altura, ojos negros igual que el cabello, labios carnosos, pechos pequeños como dos naranjas pero muy bien puestos, coño casi rasurado salvo una línea vertical en mitad de el y un culo también pequeño pero duro y respingón ya que tanto ella como su marido hacían ejercicio.

Parecía que la inocente jovencita tomaba la iniciativa y sentó a Ana en la mesa y abriéndole el coño le pasó la lengua por las ingles deleitándose mientras los dedos acariciaban su vulva y los labios para posteriormente atrapar el clítoris con la boca, Ana se fue deslizando al otro extremo de la mesa para que el cuerpo de Nerea quedase pegado a la mesa de espaldas a la puerta donde estaba Antonio observando completamente desnudo y con la polla en la mano acariciándose, se fue acercando y de un golpe le bajó a Nerea los pantalones y el tanga lo que hizo que la joven se girase y observase la escena con esa polla toda dura de casi un palmo de grosor y completamente descapullada.

Antes de que pudiera decir nada Antonio la había empezado a lamer ese culo que tanto había deseado siempre, un culo duro y un poco grande pero perfecto, la separó las nalgas con las manos y con la lengua empezó a hacer círculos en torno a el luego solamente separaba una nalga para con la otra mano poder acariciar el coño de la chica, el cual notó que estaba completamente rasurado, la atrapaba los labios vaginales con los suyos y la apretaba ligeramente con un dedo atrapaba sus flujos y los pasaba por el culo, aparte cogió un poco de mantequilla y se la fue untando en el culo, luego metió un dedo que a lo que Nerea respondio con un gemido y aceleró a comerle el coño de Ana mientras le metía dos dedos en el coño y la follaba con ellos.

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana se levantó y bajándose de la mesa la desnudó por completo a Nerea y ayudó a su marido a sentarse con Nerea ensartada en la polla y botando como una loca, Antonio la inmovilizó de las caderas, Ana se arrodilló en el suelo y empezó a lamerle el sexo a Nerea con fuerte lametones que hacían que la joven se estremeciese de placer y cuando en un momento la metió dos dedos de golpe en el coño tuviese un fuerte y prolongado orgasmo, levantándose y arrodillándose las dos delante de la pija de Antonio, él se masturbó hasta bañarlas a las dos en leche sus tetas y sus caras acabando ellas por besarse apasionadamente.

Vamos a la ducha los tres-dijo Antonio.

Metieron a Nerea que se puso en medio y empezaron a jabonarla, Antonio por delante y Ana por detrás la fueron llenando de jabón cada cm de su cuerpo, después se fueron poniendo los otros dos, cuando se puso Antonio Ana se arrodilló detrás de su marido y abriéndole las nalgas con la lengua le fue haciendo un delicioso masaje en el culo mientras Nerea le hacía una mamada primero lentamente como si fuera un chupa-chups y luego aumentando la velocidad cada vez más hasta dejarle a punto, salieron de la ducha, se secaron y fueron al dormitorio corriendo por la casa como colegiales, se tiraron en mitad de la cama, tumbaron boca arriba a Nerea, cada uno se situó a un lado de la cama y la fueron comiendo primero los pechos, jugaban con ellos como si fueran dos pasteles, pasaban las lenguas por los pezones dibujando las aureolas y jugando con ellas mientras con sus manos acariciaban el coño de la chica que ya para ese momento estaba muy mojado y resbaladizo.

Ana se retiró y cogió unas bragas con una gran polla negra que se puso, entonces Antonio se situó al borde de la cama tumbado boca arriba mientras Nerea cogía su polla y metiéndosela toda de un golpe en la boca se la mamaba hasta que notaba que estaba tan dura como una piedra, momento en el cual se sentaba encima a horcajadas y se penetraba la vagina con ella empezando a botar, Ana le untaba entonces el culo con vaselina y aplicándole la polla de plástico empezaba a follarla por el culo con ella mientras la decía lo bien que se lo estaba pasando y lo buena que estaba.

Cada vez cogían más fuerte a la joven que no hacía más que jadear bajo los impulsos de sus amantes, Ana que su arnés era de polla doble con lo que cada impulso que hacía para follarse a la joven era recibido por una fuerza similar en su coño.

Nerea notaba como Antonio, mientras la agarraba de los pechos y se los mordía como si fueran dos flanes, estaba a punto de eyacular, cosa que hizo, notándolo ella a través del látex del condón mientras Ana situada a su espalda se venía en un prolongado orgasmo que coincidía con el de la joven y semidesmayándose los 3 y haciendo como un ovillo en mitad de la cama.

Se vistieron los tres y fueron a la sala, en la que hablaron largo y tendido de lo que había ocurrido.

Nerea, ¿repetirías lo ocurrido? Preguntó Ana. Por supuesto respondió la chica, pero poniendo la condición de que podía follarse a cualquiera de los dos y cuando ella quisiera, o ellos quisieran si surgía la oportunidad lo que hizo que ellos fueran extremadamente felices.

Esta es una historia imaginaria, pero me gustaría que me escribieran y entablar amistad con alguno/a de lo/as que lo hagan sobre todo con las mujeres o parejas

Autor: picante100

picante100@hotmail.com

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Ana, una mujer increíble

Me quedan las manos libres para sobarle bien las tetas-. Probamos distintas posiciones, nos traspiramos, besamos, manoseamos hasta que en la del misionero, con nuestras piernas entrelazadas le eché la acabada más sensacional que recuerde, y disfrutando esa mirada de hembra bien cogida.

Esto es un relato verdadero. Soy asiduo lector de ésta página, me gustan los relatos de tríos, infidelidades y orgías aunque solo una vez participé de un “cuarteto” hace muchos años: tres contra una (la hicimos de goma).

Soy casado y mi mujer no sabe que leo estos relatos, quizás sí, pero no quiere saber. Tampoco sabe que hace años que tengo una amante, una yegua fenomenal. Cuando hay días que cojo a mi esposa (mi hembra es la otra) sin la potencia habitual, ella piensa y le hago creer que es la “crisis de los 40”, pero la realidad es que mi hembra me hace llegar a lo máximo y quedo hecho flecos.

Esto último pasó hace unos días. Por mi trabajo debo cumplir distintos horarios y algunos días lo hago por la noche. El día anterior hablé con mi hembra que se llama Ana y le dije que arreglara que el hijo se fuera a la casa del tío para que yo pudiera visitarla, claro que mientras hablábamos le hice notar la erección que tenía, cada vez que pienso en ella tengo erección, se me para la pija (ella tiene 38 años y yo 42). Mi trabajo es recorriendo distintas zonas de la ciudad, por eso en cuanto hice un espacio de tiempo, me dirigí hacia el apartamento de Ana que es en la costa, por lo que no hay peligro de que se vea el coche de la empresa (que si lo ven estacionado en zona no esperada voy a estar en problemas), pero ¡como tira una concha!

Ana es divorciada, pero antes de eso el marido ya era cornudo, yo lo hice cornudo. Como dice el dicho: a río revuelto ganancia de pescador. En esa época ella era mi secretaria en una distribuidora de electrodomésticos, hacíamos horas extras a montones, o arriba del escritorio, o dentro del furgón, o durante algún reparto que tuviéramos que hacer, mientras yo manejaba, Ana me chupaba la pija con gran esmero.

Luego del divorcio nos dejamos de ver por un tiempo y ella formó pareja, vivieron como un año juntos hasta que nos cruzamos, he hicimos que su segunda pareja también fuera cornudo-. Creo que hacer que alguien sea cornudo tiene un sabor especial, digo esto y capaz que yo lo soy, pero ojos que no ven corazón que no siente. Llegué al apartamento y estaba acostada, pero estaba esperándome, lo primero que hice fue meterme con ella a la cama, su cama (siempre cogemos en moteles), para abrazarnos, pero pensé que cuando mucho disponíamos de una hora y media.

Le dije: Ana, mujer, sácate la tanga que te queda re buena pero te quiero bien pelada que te como. Mientras nos sacamos el resto de ropa nos besamos, nos comimos las bocas, el sabor de su boca me enloquece, nos apretamos que chupón largo, le manoseo las tetas que son el doble de grandes que las de mi esposa, pero la concha me llama y mientras le manoseo el culo, mi otra mano baja hasta esa concha peluda bien sobre el monte y ningún pelo alrededor de los labios.

La siento bien mojada. Me levanto de la cama y le ordeno que se abra de piernas, me dice que la bese en la boca un rato más y le contesto que hay tiempo. Le hago bajar las piernas de la cama y se las abro más, me arrodilló y me voy acercando lentamente, tiene unos generosos labios (bien carnosos), se los separo con una mano y con los dedos de la otra compruebo que está bien mojada. ¡Que puta que sos! estás toda mojadita!! le digo. Ella me responde con un quejido de hembra.

Le meto dos dedos en la vagina para mojarlos bien, cuando los saco se los muestro y ella viéndome los chupó y les sacó hasta la última gota: ¡que bueeenoo, que sabor de puuuta tenés! Le meto los dedos otra vez, pero esta vez son los cuatro y se los meto con fuerza que entran pasando los nudillos, giro la mano lentamente y le meto el dedo gordo en el culo, trato de cerrar la mano y le grito ¡que cotorra tenés Ana! aaaahhhh mi amor, te aaammmooo, ¡sos mi hombreee! me dice mientras juega con mi pelo.

Le saco la mano y de un golpe mi boca se zambulle en esa deliciosa y espaciosa concha, le chupo los labios, se los muerdo suavemente. Me demoro en cada paso para saborear cada instante y saborear esos jugos. Le paso la lengua por el largo de la concha sosteniendo los labios abiertos con mis manos. Le enloquece que le pase la lengua, además la tengo bien entrenada, ancha y larga. Le chupo el culo y le meto la lengua en la vagina alternadamente, se enloquece, me agarra la cabeza y me la empuja más entre sus piernas, se está corriendo, la sigo chupando, le sostengo las convulsiones presionando sobre el pubis con fuerza, me comprime más la cabeza y le chupo la concha más y más.

Cuando está por venirse otra vez (aaiiii, aaiiii, si,si,si,siiiii), saco mi boca, la acomodo en la cama y hacemos un 69 con ella debajo. Prácticamente que le cojo la cara, Ana pone la mano para no atragantarse pero me la chupa magistralmente.- ¡Que heeemmmmbra que sos Anaaa! Le digo: Con razón los machos que te cogieron antes que yo quieren volver con vos, sos una maestra en la camaaaaa!  Sé que el ex marido y la pareja que tuvo después quisieron acercarse a ella nuevamente, pero creo que por ahora mi pija tiene más poder. No quiero acabarle en la boca, aunque ganas no me faltan, se la saco y sé que ella ya se vino otra vez.

Nos abrazamos nuevamente, nos besamos y siento el sabor de mi pija en su boca así como Ana prueba sus jugos de mi boca. Estamos así unos minutos hasta que se me van un poco la sensación de largar el polvo. Se queda boca arriba, me arrodillo entre sus piernas, se las levanto hasta mis hombros, le coloco la cabeza de la pija en la entrada de la cueva y de un solo empujón se la mando hasta el fondo, la hago suspirar y quejarse de gozo. Le doy dos o tres bombazos y se la saco. Me coloco el condón que había dejado en la mesita de noche y en la misma posición se la ensarto hasta el fondo.

-¡Que buena está tu pija! – ¿Te gusta hembra?, ¿Te gustan mis 20 cms?, ¿Es mejor pija que las otras que te ensartaron?

No sé si es la más grande que se comió, pero me gusta que lo diga.

– Siiiiii mi amor, es la mejor y la más grande, ¡amo tuuu pijaaaa!

Le di bomba un buen rato, hasta que se vino nuevamente.

Yo les digo “se vino” porque Ana dice “me vine, me vine” Luego la puse en cuatro patas y nuevamente hasta el fondo y fuerte, le agarro del pelo, le levanto la cabeza con fuerza para que vea en el espejo que tiene en la pared como la cojo y le doy con todo como le gusta, es una yegua de envidiar y realmente es un vicio para mí.

Bajo el ritmo y la bombeo suavemente. Hasta ese momento la tenía agarrada de la cadera, sin dejar de cogerla ni de tocarla, fui deslizando mis manos hacia sus rodillas hasta que de un tirón le estiré las piernas a la vez que se salía la pija de lugar. La puse de costado, ella se deja hacer, le levanté una pierna y yo todavía de rodillas se la meto hasta el fondo. Queda con la pierna derecha sobre mi hombro y la izquierda por debajo de mi cuerpo, entre mis piernas flexionadas. Me quedan las manos libres para sobarle bien las tetas-. Probamos distintas posiciones, nos traspiramos, besamos, manoseamos hasta que en la del misionero, con nuestras piernas entrelazadas le eché la acabada más sensacional que recuerde, y disfrutando esa mirada de hembra bien cogida.

No sé a dónde llegará esta relación que podríamos llamar enfermiza, porque hacerle el amor para mí es una razón para vivir. Me gustaría enredar a mi esposa de tal manera que las pudiera tener a las dos en la cama, así mi esposa aprendería a coger mejor o más a mi gusto), o capaz que tenga que mandarla de vacaciones “sola” a alguna parte y que la cojan bien cogida. La cosa es que el sexo ocupa mucho espacio en mi cabeza.

En éstos momentos estoy pensando en llamar a Ana al trabajo para ir a recogerla y echarnos un buen polvo, trabaja en una posada (turismo) y en el trabajo ya me conocen aunque no me vieron nunca la cara. Tengo más cosas para contar, será en otra oportunidad. Ana se presta para todo en la cama, por ahí se me ocurre cogerla entre dos, me gustaría…

Autor: Delbuceo

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Vacaciones en Ibiza

Cogí mi polla y con el glande acaricié los labios de su coño, suavemente, mojándolo bien con sus flujos, que ya salían abundantes. Con su mirada me decía que la metiera, pero también me decía que lo hiciera con cuidado, primero metí la punta, y ella abrió la boca, pero sin exhalar ningún quejido. Poco a poco fui entrando en ella, y aunque en algún momento se estremecía, no emitió ningún quejido y mi polla entró entera en su interior.

Bueno, no sé muy bien cómo empezar. Supongo que empezaré de la misma manera en que lo hacen todos los relatos, es decir, describiéndome. Me llamo José, soy bastante normal, no me considero especialmente atractivo. No soy ni muy alto ni muy bajo (1.70), no estoy gordo (70 kilos), mi piel es tirando un poco a morena (me pongo moreno con el sol en seguida), cabello moreno, ojos marrón y mi cuerpo es proporcionado. Ahora mismo tengo 31 años, pero lo que voy a contar me sucedió cuando tenía 23. No soy muy diferente ahora de cómo era entonces, apenas he cambiado, y aquello fue lo más increíble que me ha ocurrido en toda mi vida.

Como digo, aquello ocurrió hace ya algunos años, un verano bastante caluroso en el que me había quedado más tirado que una zapatilla vieja. Había estado saliendo con Olga hasta hacía dos meses, pero lo habíamos dejado. Cuando estábamos entre que lo dejábamos y no lo dejábamos mis amigos se montaron sus vacaciones, con lo cual me quedé fuera de los planes (bastante preocupación tenía yo con lo de mi novia). Total, que se me echó el verano encima y me quedé solo y sin planes de nada.

Era una época en que yo había acabado la carrera y, aunque yo había trabajado un par de mesecillos todos los veranos, ese verano decidí tomarme un respiro hasta que llegara el invierno, y entonces, empezaría a “buscarme la vida”. Cuando mis padres me vieron tan mustio en mi primer verano post-carrera me propusieron irme a casa del tío Juan. El tío Juan es el hermano de mi padre, vive en Ibiza, en una casa de campo, en la costa norte de la isla, alejada del mundanal ruido (aunque la verdad, al ser las distancias tan cortas allí, cualquier lugar de la isla está a media hora de coche). En principio no me sedujo demasiado la idea de pasar las vacaciones en casa de un familiar al que hacía dos años que no veía, pero en vista de que la alternativa era quedarme en casa, me decidí, llamamos al tío Juan, que en seguida estuvo de acuerdo (es muy enrollado), y al día siguiente, me dispuse a sacar billetes para irme allí. En principio me iba para todo el mes de julio, pero tampoco estaba muy seguro, así que dejé el billete de vuelta abierto.

Al cabo de cuatro días, ya estaba yo metido en un avión camino de Ibiza. Durante el vuelo comí algo, pronto llegamos al aeropuerto y, cuando entré en la terminal para recoger el equipaje, aún no era consciente de lo que me esperaba en los próximos días. Por mi cabeza pasaban imágenes de playa, relax y tranquilidad. Y… sí, de eso iba a haber, pero no sería lo único, ni mucho menos.

En la puerta de “llegadas” me estaba esperando mi tío, todo sonriente y agitando el brazo, como si yo fuera cegato. Me estrechó la mano y, tras intercambiar unas bromas sobre mi aspecto de zombi (piel blanca, no tocada por el sol, ojeras…), entramos en su coche y nos dirigimos a su casa. Tras media hora de trayecto en coche, me deleité con la visión de una bonita casa de dos pisos, con un precioso porche que daba a una piscina, con unos setos que la guardaban de la vista de curiosos y una vista preciosa de la costa agreste del norte de Ibiza.

En la casa no había nadie, y el tío Juan me dijo en seguida que mi tía (su esposa), y mis dos primas habían ido de compras, para llenar la nevera, y que estarían al llegar. Me enseñó mi habitación, en el segundo piso, y me puse a deshacer el equipaje y a meter cosas en el armario que habían vaciado para mí. Al cabo de poco rato, oí ruidos en el piso de abajo, en seguida bajé las escaleras y vi delante de mí una visión que siempre mantendré en mi retina. Mis primas se llaman María y Ana, la última vez que las vi, eran unas niñas, y así las recordaba. Lo que tenía delante de mí eran dos auténticas mujeres. María había terminado de desarrollar lo que yo recordaba que aún tenía a medias, era una chica preciosa, con una dulce expresión en sus ojos, preciosos labios carnosos, cabello largo y oscuro y unos grandes ojos marrones, no tenía mucho pecho, pero tenía unas preciosas piernas, aunque era unos centímetros más baja que yo, y un culito que quitaba el aliento.

Su hermana no le iba a la zaga, Ana era otro bombón, también morena, pero con el pelo más corto, a la altura de los hombros, unos ojos igual de marrones y abiertos que los de su hermana y una preciosa sonrisa, y además, algo que la diferenciaba de su hermana mayor: tenía unas tetas de escándalo, grandes, redondas y muy turgentes, que se movían arriba y abajo al andar, y que eran muy evidentes bajo su camiseta ajustada. En cuanto me vieron, dejaron las bolsas en el suelo y corrieron a darme la bienvenida. La primera fue María, que se abrazó a mí y me dio dos besos, la segunda fue Ana, que hizo lo mismo, aunque se apretó mucho más que su hermana, y sus tetas presionaron mi pecho, haciendo que la temperatura de todo mi cuerpo subiera dos grados de repente, especialmente en cierto lugar de mi entrepierna que apenas sentía desde que rompí con mi novia, dos meses atrás.

-¿Y yo qué?- dijo una voz detrás de mis primas.

Las dos miraron hacia atrás. La voz era de su madre, mi tía (no carnal), Raquel, que estaba aún con las bolsas de la compra, mirándome sonriente. Estaba igual que yo la recordaba, radiante y sonriente. Para los casi 40 años que tenía estaba muy buena. Se conservaba delgada, no fumaba ni bebía, tenía una bonita piel, una bonita sonrisa, un cabello rubio muy bien cuidado, que le caía ondulado hasta los hombros, y era todo curvas, tanto en las caderas como en los pechos. Ahora entendía de dónde había sacado Ana los suyos. Me dio también dos besos. Resultó que Ana también había heredado de su madre la costumbre de apretar sus tetas contra mi pecho cuando me besaba.

Después de intercambiar saludos, recuerdos de casa y todas esas cosas, volví a mi habitación para terminar de deshacer mi equipaje. Estaba entre encantado, embobado, excitado y, sobre todo, confundido. Que no recordara tener esas sensaciones en presencia de mis primas era normal, la última vez que las vi eran casi unas niñas. Pero lo de su madre era distinto, nunca la había visto de la manera en que la había visto hacía apenas unos minutos. Yo mismo me recriminé esos pensamientos, ¡qué joder, si son de la familia!, ni siquiera se me debería pasar por la cabeza.

En esas cavilaciones estaba yo cuando mis primas entraron en tropel en mi habitación. Por lo visto, en aquella casa había la costumbre de no llamar a las puertas. En seguida me dijeron que me pusiera el bañador y que bajara a la piscina con ellas. Les dije que sí, ¿cómo negarles nada? Tan pronto como hubieron salido de la habitación, saqué el bañador y me quité la ropa. Cuando estaba con una pierna levantada, metiéndola por una de las perneras del bañador…

-¡Ah! y no te olvides de la crema so….-Ana había vuelto a entrar en mi habitación (sin llamar, por supuesto), y me había pillado con el culo al aire, bonita forma de empezar las vacaciones.-…lar… ¡Ups! perdona José, ya me voy…-Dijo, entre enrojecida y, por qué no decirlo, un poco divertida. La oí correteando escaleras abajo cuchicheando con su hermana. Unas risas siguieron al cuchicheo, yo era el motivo, en fin…  Cuando llegué a la piscina, ellas ya estaban en el agua chapoteando. -¡Venga primo, quítate la camiseta y ven al agua con nosotras!- gritó María. -Síiiii- coreó su hermana inmediatamente después.

No las quise hacer esperar, me quité la camiseta y me lancé al agua.

-Que tienes que tomar el sol, que tienes el culito muy blancoooo…- Me soltó Ana, en un volumen más moderado, por si la oía alguno de sus padres. Ambas estallaron en carcajadas, a mí me subieron los colores y me sentí algo ridículo. En seguida se me echaron encima e intentaron sumergirme. Eran dos fierecillas muy nerviosas, se encaramaban en mí, me empujaban y, desde el primer momento, empecé a notar el contacto de su piel, de las manos y de los pechos de ambas, frotándose con mi piel a través de su bikini. Ellas hacían como si fuera lo más normal del mundo, estaban jugando con su primito, pero la normalidad desapareció de repente y empezaron a aflorar sus intenciones en cuanto María, de sopetón, echó mano a mi paquete. Aunque me encontraba en plena operación de echar un trago del agua de la piscina, noté que no era un contacto casual, a juzgar por el apretón de su mano en mi polla. Aún así, la chica sabía disimular muy bien, y continuó con el juego como si nada. Aquello prometía… Y las vacaciones no habían hecho más que empezar.

Las horas siguientes transcurrieron sin sobresaltos. Pasamos un buen rato más en la piscina, mis primas y yo nos pusimos al día, la verdad es que había un buen rollo tremendo. Después de cenar, mientras mis tíos tomaban una copa al fresco, en la terraza, mis primas y yo vimos una peli, tras lo cual, todos a la cama. En el segundo piso, mi habitación era la última a la derecha, para llegar antes tenía que pasar por delante de la puerta de la habitación de Ana, luego por la de María y finalmente, ya estaba en mi “dormidera”. Al fondo a la izquierda estaba la habitación de mis tíos.

Cuando ya llevaba dos horas en la cama me desperté hambriento. La cena había sido buena, pero la comida del avión no, por lo que mi déficit alimenticio ese día era considerable, así que salí sigilosamente de la habitación, en pantalones cortos y sin nada más, y me dirigí a la cocina. Cuando llegué, vi luz y en seguida me di cuenta que la luz provenía de la nevera, abierta. No sabía si estaba medio dormido, pero ante la puerta tuve una visión que me dejó de piedra. María estaba allí, vestida únicamente con unas braguitas de algodón blanco, minúsculas, y una camisetita que seguramente usaba sólo para dormir, pequeña para ella, aunque no pegada al cuerpo, y desgastada por el tiempo. Sus pequeños pechos se dibujaban, y se transparentaban con la luz de la nevera, que pasaba a través de la tela desgastada de la prenda que los cubría, su cabellera morena le caía por la espalda. Era una visión celestial. Se dio la vuelta.

-Hola José- sonrió- ¿tú también tienes hambre?- dijo, bajando la voz- Ven, hemos traído unos yogures que están para chuparse los dedos.

Me vi tentado de decirle lo que verdaderamente estaba como para chuparse los dedos, pero me contuve y me puse a su lado. Elegimos nuestro ágape nocturno y nos sentamos a la mesa de la cocina, uno frente al otro. Empezamos a hablar de cosas triviales, hasta que ella dijo.

-Me alegra que hayas venido José- Me miró con aquellos ojazos y creo que hasta un ciego se habría dado cuenta de la cara de bobo que estaba poniendo en aquel momento. Ella sonrió y dijo: -Han sido dos años sin verte, y te echaba de menos. Creo que lo vamos a pasar muy bien. -Claro que sí- dije, al tiempo que sonreía y recuperaba un poco la compostura. No estaba preparado para una conversación seria a esas horas.- Eso te lo aseguro. -¿Por cuánto tiempo te quedarás?- preguntó.

-No lo sé seguro aún, quizás un mes, si no es mucho abusar de la hospitalidad de tu padre – dije, al tiempo que me levantaba para coger otro yogur. -Espero que me dé tiempo…- murmuró María. -… ¿Cómo dices?, pregunté, a pesar de que había oído perfectamente lo que había dicho. -…er… nada, nada, que espero que lo pasemos bien- respondió ligeramente sonrojada.- bueno, qué, ¿nos vamos a dormir?

Dicho esto, los dos subimos por la escalera y, cuando llegamos ante su puerta, me cogió de las dos manos y me abrazó con fuerza y, con sus labios cerca de mi oído, me dio las buenas noches y me dio un dulce beso en la mejilla. Dicho esto, abrió la puerta de su habitación, entró, me dio una última mirada a los ojos y cerró la puerta. A esas alturas el sudor ya corría por mi frente y, cuando me acosté, me costó horrores dormir. Mi prima, María, había lanzado una ofensiva para seducirme, estaba más claro que el agua. Por una parte se me hacía la boca agua, y por otra, seguía con mis estúpidos remordimientos. Decidí no pensar en ello, ya sabría qué hacer en cuanto sucediera algo.

Al día siguiente, todo se desarrolló de la forma más normal. Mis primas tenían clases particulares (los estudios no terminaban de arrancar del todo…), y mi tío me dejó uno de sus coches, con el que me fui a la playa, donde pasé una mañana de lo más relajante. Al volver, me duché, comimos y me fui a mi habitación a sestear un rato. Por la noche no había dormido mucho, así que no me costó entrar en ese estado de semi-letargo que suele ser la siesta.

Medio ensoñado, mis ojos cerrados vieron a mi prima, María, acariciando mi pecho, bajo las sábanas, acercando sus labios a mi mejilla, y pegándolos a los míos en un profundo y largo beso, mientras su mano recorría mi pecho y mi vientre, y se metía bajo mis pantalones cortos… entonces abrí los ojos y me di cuenta de que no estaba medio ensoñado, sino totalmente despierto… pero resultó que no era María la que estaba en la cama conmigo, sino Ana. Debería haber reparado en ello mucho antes de abrir los ojos, porque notaba sus pechos grandes y suaves acariciando mi piel. Debo decir que, aunque casi me muero del susto al principio, no hice absolutamente nada por cortar con aquella situación. La mano de Ana había llegado al punto crítico y en aquel momento estaba agarrando mi polla, ya dura, y la estaba moviendo despacito y con ritmo lento.

Abrí la boca para decir que aquello era una locura, pero ella puso un dedo en mis labios…

-Sssshhh… Todos duermen. Tranquilo, tenemos un rato por delante primito…

Volvió a besarme, con su lengua penetrando sin ningún recato buscando la mía mientras su mano continuaba haciendo diabluras dentro de mi pantalón corto. Entonces se apartó y con un tirón, me lo quitó, yo levanté el culo y me lo sacó por los pies. En ese momento pude verla por completo, estaba desnuda por completo, y qué pedazo de tetas tenía. Redondas, grandes y con unos pezones redondos y grandes, que ahora veía erectos, apuntándome como pistolas. Una suave mata de vello se dibujaba en su pubis en forma de triángulo, tenía unas curvas que quitaban el hipo.
Sin darme tiempo a hacer ni decir nada, se montó encima de mí, a horcajadas, y empezó a restregarse por todo mi cuerpo, aquello me estaba poniendo malísimo, y ello se reflejaba en mi polla, que ya había adoptado un tamaño majestuoso y una dureza que ya casi había olvidado. Ella puso la mano entre nuestros cuerpos, la agarró y se la puso entre los labios de su pubis, pero sin metérsela. Miré su cara, tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos y su rostro reflejaba placer. En esa postura, empezó a mover las caderas, se estaba masturbando con mi polla y yo notaba el calor de su coño… y la humedad, ¡qué narices humedad!, ¡si estaba chorreando!, ya me había mojado la polla y los testículos, y continuaba moviéndose. Se enderezó un poco y me ofreció sus dos preciosos melocotones. Sin pensármelo dos veces, me metí en la boca uno de sus pezones y empecé a succionarlo con fuerza.

Estaba recuperando un poco el control de mí mismo, ya estaba despierto y, para mi sorpresa, en lugar de reaccionar echando a mi prima de la cama, me encontraba cooperando gustosamente con lo que ella me estaba haciendo. Sus movimientos se hicieron cada vez más rápidos encima de mí, ese masaje en mi polla que estaba haciendo con sus labios vaginales me estaba volviendo loco, pero a ella la tenía al borde del orgasmo. De entre sus labios empezaban a surgir suaves gemidos y jadeos, que se hicieron más continuados en cuanto ella llegó al orgasmo. Se corrió largamente encima de mí, y mis manos en su culito notaban cómo le temblaban las cachas con los espasmos de su orgasmo. Quedó tendida encima de mí, y yo me encontré abrazando su cuerpo jadeante. Empezó a darme besos en el cuello, en silencio…

-Ha sido una pasada primito… además de un culo precioso tienes una polla enorme- lo dijo divertida, como si nada, yo flipaba con mi prima- … pero falta algo…

Antes de que yo pudiera pensar qué era lo que faltaba, ella ya se había incorporado, había agarrado mi polla y había empezado a sacudirla rítmicamente y cada vez con más fuerza. Aquello era difícil de aguantar y cuando noté que me venía, arqueé la espalda y me corrí. Cuando corté con mi novia hacía ya un mes que no manteníamos relaciones sexuales, así que os podéis hacer una idea del tiempo que llevaba sin correrme. Vi la cara de sorpresa que puso mi prima cuando vio los seis o siete largos chorros de semen que salieron de mi polla, que le salpicaron los pechos y le dejaron toda la mano y mi regazo mojados con mi leche.

-Joder José, vaya corrida- dijo entre risas.- ¿Cuánto tiempo hacía que no te corrías? -Desde que lo dejé con mi novia. Respondí. -¿Lo habéis dejado?-Sí, hace dos meses.-Jo, mi hermana estará contenta- Sonrió.-¿Qué? -¿Es que estás ciego o qué? Le gustas. Joder, parece que la que tiene 23 años aquí soy yo. -¿y tú…? -¿Yo? ohh, no te preocupes. Estás muy bueno, y por eso he venido a verte, pero si tú te lo montas con mi hermana, no me importará, ya comprobarás que entre ella y yo hay un rollo muy especial. De hecho, le contaré que he estado aquí, tampoco le importará.- me guiñó un ojo.

Aquello estaba empezando a superarme, decididamente era así. Ana me dio un beso, me susurró al oído que lo pasaríamos muy bien esas vacaciones, se fue a la ducha y yo me quedé allí, cubierto con mi leche, con los ojos abiertos y flipado por lo que acababa de ocurrirme.

Al fin reaccioné y, mientras me limpiaba, pensé en lo que había ocurrido. Joder, acababa de llegar y resultaba que mi prima se había corrido encima de mí, tras lo cual me había hecho la mejor paja que me habían hecho en mi vida (la hostia, mi ex a su lado, una principiante), además, por lo ocurrido anoche y lo que me había dicho Ana, María iba por mí, y aún me quedaba por descubrir qué era eso del “rollo muy especial” que había entre ellas dos, aunque ya mi mente calenturienta (recuperada tras dos meses de “travesía por el desierto”), había empezado a imaginar lo que significaría eso. Y eran mis primas. Joder José, ¿qué coño estás haciendo? me pregunté. Desde luego, si mi tío se enteraba, me echaba a patadas de su casa, y luego estaba el dilema moral, aunque eso empezaba a dejar de ser un problema. Entonces pensé que mi sentido de la moralidad y de la responsabilidad me había privado muchas veces de placeres que, en el fondo, deseaba, así que llegué a la conclusión que detrás de esa falsa moralidad se escondía la hipocresía y el miedo al “qué dirán”. La determinación que tomé fue responder a los deseos de mi cuerpo, aunque con sigilo: no quería ningún conflicto familiar.

Tras la siesta, fui a ducharme y bajé a la piscina. Ahí estaba Ana, que me saludó con un “buenas tardes, primo” cargado de segundas intenciones y María, que aunque no me dijo nada, con su sonrisa delataba que sabía todo lo que había ocurrido hacía tan sólo un ratito en mi habitación. Yo no daba crédito, hablamos, bromeamos, nos reímos… como si nada hubiera pasado. Por mí, bien estaba, porque si el ambiente se hubiera enrarecido a causa del encuentro sexual, mis tíos lo habrían notado, sin duda.

Después de cenar, decidí irme a dar un “garbeo” nocturno por la isla. Nada serio, cogí el coche de mi tío, que ya había puesto a mi disposición y me fui a tomarme unos copazos por ahí. En Ibiza lo que priva son las macro discotecas, pero nunca han sido lo mío, así que me limité a visitar el puerto de Ibiza y sus bares, con todo el ambiente y el encanto de aquella zona. Me conformé con eso y me volví a casa. Otra media hora en coche. Era lo malo, la casa estaba algo apartada, pero el lugar era una pasada. Llegué a las 3 de la madrugada y, sin hacer ruido, metí la llave en la cerradura y abrí. No se oía nada, todo el mundo dormía. Después de beberme dos vasos de agua, fui arriba, me di una ducha y me fui a mi habitación. La luz estaba apagada, pero por la ventana entraba una preciosa luz de luna, que daba a la habitación un aspecto magnífico.

Me acerqué y en lugar de cerrar las persianas para evitar que entrara la luz, me quedé allí embobado, mirando al jardín. Debí perder un poco el norte, porque de repente, noté unas manos en mi cintura y un suave y perfumado aroma de mujer. Di un pequeño respingo de sorpresa, caí de la parra y me di cuenta de que estaba casi desnudo, sólo llevaba unos calzoncillos tipo bóxer blancos y nada más, cuando noté un suave cuerpo femenino pegándose a mí por detrás. En seguida adiviné quién era, unos pechos pequeños, pero que, a juzgar por el roce que sentía en la espalda, con unos pezones bien erectos.

-Buenas noches José…- Era la voz de María.

Un escalofrío de sorpresa y deseo recorrió todo mi cuerpo. María lo notó en seguida, y muy lejos de apartarse, se apretó y se abrazó a mí, besándome en el cuello. Sus labios se pegaban a mi piel, succionaban, y seguidamente se trasladaban unos centímetros para volver a succionar otra vez. Era fantástico, un cosquilleo me recorría el cuerpo, y un olor a mujer fresco y delicioso se me metía por la nariz hasta el cerebro para acabar de vencer la poca resistencia al deseo que me quedaban. Eso empezó a tener un efecto en mi entrepierna directamente proporcional a lo que sentía en el resto de mi cuerpo, y una enorme erección se comenzaba a notar bajo mi bóxers. Para terminar de “arreglarlo”, María empezó a hacer dibujos con una de sus pequeñas manos sobre mi vientre, dirigiéndose imparable hacia abajo. Primero por encima de la tela del bóxers, empezó a manosearme el paquete suavemente, sin presionar, notando los contornos de mi polla, que ya no aguantaba dentro de los calzoncillos.

-Joder primo… cómo la tienes…- Me susurró al oído.

Debo decir que, aunque quedo bastante alejado de los parámetros de Rocco Siffredi, mi polla, con sus 16 cm., no está nada mal. Así que dejé que me la manoseara un poco más y me siguiera besando, y entonces me di la vuelta, para encontrarme con sus ojos mirándome fijamente, deseándome y alegrándose de ver en mis ojos el mismo deseo. Ella llevaba un camisón ancho, de algodón, muy delgado y con unos finos tirantes en los hombros. Sin poder aguantarlo más, me lancé hacia sus labios, le atrapé con los míos su labio inferior, lo besé, tiré ligeramente de él, para poner mis labios sobre los suyos. Ella puso sus brazos alrededor de mi cuello y se pegó mucho a mí, mis manos acariciaron su espalda, suave y calentita por el sol del día, con su larga melena morena haciendo cosquillas sobre el dorso de mis manos. Bajé por su espalda, por encima de su camisón, hasta su culito, pequeño, redondito, como un par de melocotones maduritos y apetitosos pegados el uno al otro. Dio un ligero gemido mientras seguía besándome, mientras su lengua buscaba la mía, acariciándola y no queriendo soltarla. Cuando se despegó de mis labios, siguió besando mi cuello, muy abrazada a mí.

-Oh José, no sabes cuánto te deseo. Desde que te vi por última vez he pensado en ti todos los días, me he masturbado imaginándote, y el otro día, cuando mi padre dijo que venías a pasar las vacaciones, me creí la mujer más dichosa sobre la faz de la tierra, y más aún ahora que Ana me ha dicho que lo has dejado con la tonta de tu ex…- Su voz era un susurro que me sorbía el cerebro, que aceleraba mi respiración y que hacía que la sangre afluyera a mi polla hasta dejarla entumecida.

-Oh María… no he estado nunca con una mujer tan sensual…- acerté a decir.-José… te voy a regalar mi virginidad.

Glups… pensé. La verdad era que nunca había desvirgado a una chica. Pero lejos de acobardarme, decidí que, a pesar de los instintos animales que me estaban invadiendo, iba a ser muy cuidadoso, iba a intentar que a ella le doliera lo mínimo y le gustara lo máximo. Era mi prima, pero… ¡jooooder José, no fastidies! En aquel momento me di cuenta de que estaba empezando a verla como mucho más que mi prima, y no sólo como un objeto de deseo. María estaba empezando a gustarme mucho más de lo que en un principio habría podido imaginar… y lo bueno era que me gustaba la sensación…

Con mucho cariño, deslicé con la punta de los dedos uno de sus tirantes por el hombro, y uno de sus pechos asomó por encima de la ropa. Era, efectivamente, pequeño, pero era tierno, delicioso, y su pezón miraba hacia delante, con una aureola rosada e hinchada, y una punta grande y redonda. La besé en el cuello, con amor, la estreché entre mis brazos, ella suspiró. Le deslicé el otro tirante por el hombro y todo su camisón cayó al suelo a sus pies. Era una imagen para recordar durante toda mi vida. Guapísima, dulce, con la mirada llena de deseo, aunque también algo asustada. Sus pechos deseando ser acariciados, su vientre liso y entre las piernas, un triángulo de suave vello negro oscuro.

Ella alargó las manos, me manoseó el paquete, que había adquirido proporciones gigantescas, y luego se encaminó hacia el elástico del bóxer, tiró del hacia abajo y mi polla saltó afuera. Abrió los ojos de par en par, dejó caer el bóxer a mis pies y me cogió la polla con una mano. Se volvió a pegar a mí y me besó, al tiempo que empezaba a menearme mi pene muy despacio, como recreándose en la sensación de tenerlo entre las manos.

No se cansaba de besarme, y yo no me cansaba de sentir sus labios. La llevé hasta mi cama y, muy suavemente, la tendí en ella. Me miraba a los ojos, deseosa, la besé en los labios, en la barbilla, en el cuello, cerquita de las orejas, y empecé a bajar, con mi lengua, hasta llegar a sus pechos, y en ellos me entretuve, besándolos, sintiendo la suavidad y el calor de su piel, su olor y su sabor. Los acaricié con mis manos, y me llevé un pezón a la boca, quería degustarlos, quería chuparlos. Un estremecimiento la sacudió cuando notó el roce de mis labios que atrapaban su pezón, lo lamía con mi lengua y lo chupaba. Finalmente, succionándolo, tiré suavemente de él hasta que se escurrió entre mis labios. Jadeando estaba ya María cuando hice lo mismo con el otro pezón, pero con más fuerza empezó a jadear en cuanto notó mi lengua dirigiéndose directa hacia el ombligo, pasando de largo y encaminándose directamente hacia su triángulo de vello, que escondía debajo el preciado tesoro que María me iba a regalar.

Nada más llegar a su altura, noté el olor de su excitación. Separó las piernas, para dejarme espacio, y me acerqué a su entrepierna, dejando que notara el calor de mi aliento en su sexo. La besé en la cara interior del muslo, luego en el otro muslo. Ella deseaba ya sentir el contacto de mis labios y de mi lengua en su sexo, pero seguí besándola y lamiendo sus muslos, acercándome cada vez más al punto donde ella me quería. Por sorpresa, con un largo lametón, recorrí todo su sexo con la punta de mi lengua, lentamente, de abajo hacia arriba. Levanté un poco mis manos para que ella pudiera llegar a cogerlas, y lo hizo, como si necesitara agarrarse a ellas, como si fueran su tabla de salvación.

Entonces, una vez que le hube abierto los labios con mi lengua, empecé a lamerla allí, recorriéndolos de arriba abajo, metiendo la puntita entre ellos. Su olor me impregnaba la nariz, y su sabor bañaba mi lengua y mis labios. Estaba delicioso, y notaba cómo ella iba intensificando sus jadeos, notaba cómo me apretaba las manos entre las suyas, instintivamente, sin controlarse, sentía cómo su flujo empezaba a brotar cada vez con más abundancia, y aumenté la intensidad del contacto, hice que intervinieran mis labios, y los apliqué directamente sobre su clítoris, primero lamiéndolo, luego chupándolo, succionándolo, hasta que con ligeros gemidos:

-Ahora mi amor… ahora, quiero que lo hagas ahora…

En seguida entendí qué era lo que quería. Me incorporé rápidamente sobre ella, me miró a los ojos, entrecerrados, como soñolientos, deseosos… Cogí mi polla y con el glande acaricié los labios de su coño, suavemente, mojándolo bien con sus flujos, que ya salían abundantes. Con su mirada me decía que la metiera, pero también me decía que lo hiciera con cuidado, y así fue. Primero metí la punta, y ella abrió la boca, pero sin exhalar ningún quejido. Me incliné para besarla, y ella se abrazó a mi cuello, cerró los ojos y se tranquilizó. Poco a poco fui entrando en ella, y aunque en algún momento se estremecía, no emitió ningún quejido y mi polla entró entera en su interior. Me acomodé dentro de ella, dejando que mi pene se hiciera sitio y que ella se acostumbrara a la sensación. Cuando se vio penetrada y cuando ya hubo superado el primer dolor, ella se relajó, siguió abrazada a mí, daba la sensación de no querer soltarme nunca. Yo seguía besándola, degustando sus labios. Entonces empecé a moverme, con mucho cuidado al principio, yo estaba muy excitado, mi polla ya no podía crecer más, y ya notaba que su vagina se había dilatado lo suficiente como para dejar de sentir daño, además, estaba muy lubricada, y pronto empecé a moverme un poco más rápido.

Sus jadeos no tardaron en volver a aparecer, y poco a poco fui aumentando el ritmo. Estos se convirtieron en pequeños gemidos, tenía los ojos cerrados, pero en una de mis embestidas los abrió y me sonrió, radiante, espléndida, estaba disfrutando de lo lindo. Yo también, las sensaciones se estaban acumulando en todo mi cuerpo, y ya notaba el ligero cosquilleo que anuncia que el orgasmo, aunque aún no es inminente, ya está llamando a la puerta. Ella estaba mucho más avanzada, sus piernas se entrelazaron a mi cintura, y acompañaba mis movimientos con movimientos de su cintura, con eso me quería decir que acelerara, y lo hice.

Con el acelerón, lanzó un gemido más audible que los anteriores, y por un momento temí que la pudieran oír, aunque no estaba yo ya para esas delicadezas, y lejos de cesar en mi movimiento, lo aumenté más aún. María se vino en un orgasmo intensísimo, hasta el punto que pude ver claramente su vientre, vibrando por las contracciones de su orgasmo. Por un momento contuvo la respiración y luego exhaló un largo gemido, seguido de otros más cortos, emitidos al mismo ritmo de mis embestidas, que no cesaban, porque ahora mi orgasmo sí que era inminente.

-Córrete… córrete…- acertó a suspirar- Hazlo en mi vientre mi amor… quiero ver tu leche.

No se hable más, cuando ya vi que la cosa no podía durar más, saqué mi polla, y mi leche brotó en un reguero interminable que cubrió su vientre desde su ombligo hasta su pubis. Caí rendido a su lado, y ella en seguida se abrazó a mí, buscando mi protección. No me importaba que tuviera su vientre lleno de mi leche y que me estuviera pringando con ella, me daba absolutamente igual, la abracé con amor, apretándola contra mí.

-Oh, José, ha sido fantástico. Ni en mis mejores sueños lo había imaginado mejor- Me susurró, aún jadeante. La besé en la frente, y le acaricié los hombros y los brazos con el dorso de la mano. -Yo…-balbuceé. -Tranquilo, sé lo que hicisteis ayer mi hermana y tú- sonrió- no me importa. Descubrirás que entre mi hermana y yo hay una relación muy especial, y quiero que esa relación sea igual contigo, aunque para mí será mucho más especial.

Y ahí se quedó, a mi lado, acostada. No tardó en quedarse dormida, y a mí eso me resultó delicioso. Por un momento pensé que estaba soñando, y que al momento me despertaría en mi casa, en mi cama, aún cagándome en todo y lamentándome por la ruptura con mi novia. Pero pasó el rato y no me desperté, sino que seguí allí, con María a mi lado. Al cabo de un rato, ella se despertó, se levantó, se metió en el baño para ducharse y volvió a su habitación, había unas apariencias que había que mantener. Yo me quedé en mi cama, esperando a que terminara ella, y luego me duché yo. Iban a ser unas vacaciones muy largas.

Autor: Jizzmannp

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