La hermana de mi mejor amigo

Me unté la verga con una crema, se lo emboqué y empecé a empujar, ella se quejaba y lloraba de dolor, lo que me excitó aún más y agarrándola por las caderas se lo empujé de un solo trancazo, comencé a bombearla y ella empezó a disfrutar la culeada que le estaba dando, este placer inmenso me provocó la tercera acabada, cuando se lo saqué noté cómo le salía mi leche de su estirado culo.

La historia que les voy a contar a continuación, ocurrió hace 9 meses.

Mi nombre es César, soy un muchacho de 21, estudio economía en mi país, mido 1.78, cabello y ojos negros, piel blanca bronceada porque me gusta ir mucho a la playa y de contextura gruesa.

Tengo un amigo al cual conozco desde que teníamos 6 años que entramos juntos al colegio, su nombre es Vicente, nos llevamos muy bien, a pesar que ya no estudiamos juntos ya que él estudia Ingeniería en otra universidad, siempre salimos a rumbear juntos y hemos seguido en contacto, nos vamos de vacaciones a los mismos sitios y su familia me trata como a un hijo al igual que la mía a él.

A mediados del año pasado, el papá de Vicente, alquiló un cuartico que está en la planta baja de su edificio, él cual acomodó con una mesa grande redonda, una computadora estupenda, un pizarrón, un televisor, un equipo de música, una neverita, una máquina para hacer café y aire acondicionado, para tenerlo como salón de estudio a sus hijos. Pero Vicente y yo lo usamos aparte para nuestro sitio de encuentro, siempre nos reunimos a tomar, jugar póker, dominó o simplemente hablar sin que nadie nos moleste o molestar a nadie. Ya que Vicente estudiaba ingeniería de computación, tenía una de las computadoras más completas que yo haya visto ya que como le gustaban tanto la tenía con todo lo nuevo y le había puesto el sistema de banda ancha para poder navegar todo el tiempo que quisiera por Internet.

Un día en el que llamé a Vicente al celular para ir a su casa para quemar unos discos en su computadora, me dijo que estaba estudiando en casa de su novia, que fuera y le tocara a Andrea (su hermana) para que le abriera el localcito ya que terminaría de estudiar a la madrugada y así lo hice.

Fui a su edificio que queda 3 más que el mío y le toqué el timbre a Andre, ella bajó a abrirme el local y se quedó hablando un rato conmigo, como lo hacíamos siempre ya que éramos muy buenos amigos y me contaba muchas cosas que le daba pena hablar con su hermano, de los chicos que le gustaban, estudios y cualquier problema que tuviera. Hablamos como una hora y me dijo que iba a subir a bañarse y cambiarse la ropa y bajaba para que le explicara algo de matemática que no entendía.

Andrea es catirita, con una cara linda y angelical, de estatura baja, delgada, con unas tetas espectaculares, no muy grandes pero bien paradas y redonditas y unas caderas y nalgas que hacen voltear a cualquiera.

A los 45 minutos, bajó con su bulto lleno de cuadernos y vestía un bóxer de Vicente enrollado en la cintura ya que le quedaban grandes y una franelita que le dejaba afuera media barriga, se veía bellísima. Estuve explicándole como dos horas unos ejercicios, en lo que me detuvo para hacerse un café con leche porque le estaba dando sueño tantos números. Cuando terminó de hacerlo en lo que venía retrocediendo, tropezó con su bulto que estaba tirado en el piso, el cual le hizo perder el equilibrio y derramarse medio café con leche hirviendo en la franela, lo que me hizo soltar una carcajada que casi me orino encima, salió corriendo al baño gritando que se quemaba y diciéndome que me callara y no me riera de ella, desde el baño, se oía cómo me insultaba y me gritó que le diera mi franela porque la de ella la tuvo que mojar para que no se manchara y mientras le terminaba de explicar esperar a que se secara y así lo hice.

Al salir ella del baño, volví a reírme al ver que mi franelilla le quedaba como una bata de dormir y ella se molestó conmigo y me dijo que todo había sido mi culpa, pero después me dio un abrazo y sonrió conmigo, luego se sentó otra vez y le seguí explicando en la pizarra, pero cuando fui a corregir un ejercicio que había hecho en su cuaderno y por la forma flexionada hacia delante que estaba sentada escribiendo pude ver por dentro de mi holgada franelilla sin manga algo que me dejó atónito, estaba sin sostén y se le veían sus bellas y blancas teticas. Me quedé mudo y petrificado viendo ese espectáculo, ella me hablaba y yo no respondía, hasta que volví en mí y le dije que lo estaba resolviendo en la mente para salirme de ese embarazoso momento.

A partir de ese momento, dejé de ver a Andre como la hermanita que creía tener en ella y la empecé a ver como una mujer cualquiera. Dejé de explicarle en la pizarra y todo se lo explicaba en su cuaderno para que en cualquier descuido de ella poder ver ese par de senos que tenían unos pezoncitos abultados y rosaditos que me estaban volviendo loco.

Cuando terminé de explicarle, ella me dijo que pusiera el disco que había quemado para ver qué tal, al oír que era de merengue, me dijo que tenía muchas ganas de bailar, que tenía 3 semanas que no salía por quedarse estudiando para los exámenes, yo no perdí la oportunidad para sacarla a bailar y sentir su cuerpo apretado contra el mío, comenzamos a bailar y dejaba de apretujarla, después de varias canciones comencé a sudar y como estaba sin franela, mi sudor se pegaba a la de ella y al ser de color blanco se transparentaban un poco sus rozados pezones, en una de esa que nos pusimos a inventar nuevos pasos, por lo complicados de las vueltas, el tirante de la franelilla se le bajó del hombro, dejando expuesta una de sus tetas, al yo ver eso me hice el que no vio nada y ella se lo subió rápidamente a la vez que sus mejillas se sonrojaban de la vergüenza, pero seguimos bailando, pasado un rato, volvió a ocurrir lo mismo pero esta vez ella no se percató y estuvo un buen rato con su teta al aire hasta que no aguanté la risa y le dije en son de broma que no me sedujera, ella se miró y me dio un golpe en el brazo mientras se arreglaba diciéndome que no sea tonto, que no le importaba ya que yo era de confianza.

Dejamos de bailar por el cansancio, cuando me senté para descansar, ella se me sentó sobre mis piernas y me dio un abrazo de agradecimiento por el buen rato que le había hecho pasar, mientras estaba sentada en mis piernas, me preguntó si me podía hacer una pregunta personal, a lo que respondí que cualquiera que quisiera, me da pena decía, mientras que yo le respondía que dónde estaba la confianza. Respiró profundamente y me dijo: ¿te pusiste así de duro por ver mi seno?, yo no encontraba dónde meterme, estaba rojo como un tomate al saber que mi erección por ella había quedado al descubierto, le dije, me da mucha pena hacia ti pero sí, no sólo el hecho de verte sino también de sentirte entre mis brazos y ahora sobre mis piernas, ella reaccionó parándose rápidamente y se echó a reír, le pregunté porque se reía, si acaso ningún amigo suyo había reaccionado de esa manera con ella, me respondió diciéndome que no, ya que nunca había tenido un novio y que ni siquiera se había dado un beso en la boca con algún muchacho, le dije que si sus amigos eran ciegos, que si no veían no sólo su belleza y sus buenos sentimientos.

Andre me dijo, sí muchos habían intentado hacerse su novio pero ella los rechazaba porque le gustaba otro muchacho, yo le dije aja, no me habías contado nada, me respondió para qué, como es mayor que yo que se va a estar fijando en alguien menor, debe de estar pendiente de chicas de su edad, y se lo has dicho dije, me dijo sí, se lo acabo de decir pero como que no se da cuenta.

Me quedé alucinado, no podía creer que me lo estuviera confesando, me paré le agarré la mano y le dije, no es que no me diera cuenta, es que yo te sentía como una hermanita y no te miraba como la mujer hermosa en que te has convertido, pero ya todo ha cambiado la paré y envolviéndola en mis brazos le di un tierno beso en la boca al que no se negó, me derretí al sentir sus labios que al principio me daban un beso con miedo por ser el primero en su vida pero que después fueron agarrando la maestría de un buen beso, nuestras lenguas se entrelazaban en ese infinito beso, yo mientras iba recorriendo toda su espalda con mis manos inspeccionando su cuerpo a la vez que ella hacía lo mismo en mi.

Al separarnos, nos quedamos tomados de manos viéndonos por un instante hasta que me dijo, no sabes cuánto había esperado este momento y ahora que llegó no voy a desperdiciar ni un minuto, vamos a subir que mis padres se fueron el fin de semana a la playa con unos amigos y mi hermano me dijo que llegaba de madrugada y quiero que me hagas tuya, me he guardado virgen para ti y no lo voy a desaprovechar, yo le dije que si no era muy rápido, que esperáramos un tiempo y ella me dijo que ella sabía que su unión iba a ser para siempre y me dio otro beso.

Le dije que se cambiara y me diera mi franela para poder ir a la farmacia a comprar unos preservativos, ella me dijo que no perdiera tiempo, que se le había ido la menstruación el día anterior, al saber eso, subimos corriendo a su apartamento y apenas entramos la cargué y la llevé a su cuarto, la acosté en la cama y la besé locamente, luego pasé al cuello y me detuve para quitarle la franela y poder apreciar por completo su par de tetas que un instante pasaron a ser mías, se las acariciaba y chupaba, logrando que sus pezones se pararan para así morderlos y jugar con ellos en mi boca, me quité toda mi ropa para dedicarme por completo a ella, luego le restregaba mi ya erecto miembro por encima de sus bóxer para calentarla y mientras bajaba besando y lamiendo de sus pechos a su ombligo, le bajé los bóxer para dejar al descubierto su preciado y virgen conejito, el cual tenía una fina y delicada capa de vellos que apenas le cubrían.

Al ver este regalo que me estaba dando, me olvidé de todo lo demás por un momento y me concentré en darle su primera y magistral chupada, comencé lamiéndolo por encima mientras se retorcía de placer, luego con mucho cuidado le separé sus labios vaginales para darle entrada a mi lengua que no tardó en encontrar a su clítoris, él cual al sentirme le dejó escapar un quejido de excitación, le chupaba con esmero hasta que sentí la necesidad de meterle un dedo en su rajita y comenzar con el mete y saca, cuando le metí el segundo, no tardó mucho para hacerme saber que le había llegado su primer orgasmo llenando mi boca y dedos de sus líquidos vaginales, acompañados de grandes gritos de placer.

Cuando le pasó un poco esa agradable sensación, me ordenó que me acostara y con sus delicadas manos comenzó a recorrer todo mi tieso pedazo de carne, hasta que de un bocado y sin pensarlo se lo metió todo en la boca para hacerme una estupenda mamada que terminó con mis cálidos chorros de leche llenándole su boquita, mientras me limpiaba bien mi flácida verga, le comencé a meter nuevamente los dedos dentro de su rajita, lo que me provocó una nueva erección, ya estaba a mil cuando la acomodé boca arriba con la piernas abiertas a los lados de mi cadera ya que me encontraba situado frente a ella cuando la noté temblar, mientras se la restregaba por encima de su entrada para calentarla aún más, la calmaba susurrándole al oído lo mucho que la amaba y que lo iba a hacer con mucho cuidado que confiara en mí y se dejara llevar.

Cuando ya se había calmado un poco, puse la punta en la entrada de su lubricado conejito y empecé a empujar suavemente, mientras que de ella se oían murmullos de dolor, la tenía muy pequeña, al sentir que entró la cabeza de mi grueso y duro miembro, lo dejé que su estrecha cuevita se fuera acostumbrando mientras que la besaba por el cuello y pecho, luego empujé otro poco, hasta que me encontré con una pared, era su himen que me indicaba su virginidad, lo dejé acostumbrar a tan estrecho lugar y después de unos segundos y ante súplicas de que lo sacara por el inmenso dolor que sentía, de un empujón, se lo terminé de meter, rompiéndole lo que le separaba de ser una niña a ser una mujer, mi mujer, y soltó un llanto de dolor y placer mientras que le salían unas lágrimas, me enterraba sus uñas en mi espalda.

El placer que sentía era inmenso, ya que nunca había desvirgado a nadie y al empezar con el suave mete y saca los quejidos de dolor se fueron convirtiendo en gemidos de placer, como ya no le dolía aumenté la velocidad de mis embestidas, cuando después de un rato de pasiones sentí llegar su delicioso orgasmo lo que provocó el mío provocando la acabada más grande y sensacional de mi vida, quedamos abrazados exhaustos de la actividad, cuando recobramos el aliento y después de un largo beso, que fue interrumpido por la llamada de Vicente, que llamaba para ver cómo estaba su hermanita y decirle que se iba a quedar a dormir en casa de su novia.

Al darme tan buena noticia, llamé a mi casa para decir que me iba a quedar a dormir en casa de Vicente, para poder pasar toda la noche con mi querida Andre. Mientras hablaba por teléfono, ella me besaba por todo el cuerpo provocando una nueva erección, al colgar la acomodé en cuatro patas y se lo metí en forma de perrito mientras le acariciaba sus bamboleantes tetas, estando en esa posición, ella me dice asustada que había sangre en su cama, a lo que respondí que no se preocupara que era normal sangrar cuando se desvirgaba, como ya llevaba dos acabadas mi eyaculaciones se extendían más…

Después de esa posición pasamos a yo acostado boca arriba y ella montada como caballo sobre mí, esa le encantaba ya que se movía a sus antojos clavándose hasta el final mi erecto pene, después al ver que no acababa, decidí poner una almohada y acostarla boca abajo sobre ella para volver a insertarla, pero esta vez me ensalivé el dedo y comencé a jugar con su culito, ella protestó y se negaba, decía que si le había dolido cuando la desvirgué, le iba a partir el culo en dos ya que era más estrecho, después de escuchar mis súplicas, y de decirle que nunca lo había metido por el culo de nadie, me dejó hacerlo, comencé a meterle un dedo, luego dos y cuando ya estaba relajada me unté la verga con una crema que encontré en su mesa de noche y se lo emboqué y empecé a empujar, ella se quejaba y lloraba de dolor, lo que me excitó aún más y agarrándola fuertemente por las caderas se lo empujé de un solo trancazo cuando me pasó el dolor por tenerlo tan apretado comencé a bombearla y ella empezó a disfrutar la culeada que le estaba dando, este placer inmenso me provocó la tercera acabada, cuando se lo saqué noté cómo le salía mi leche de su estirado culo.

Nos metimos a bañar y mientras lo hacíamos, le dije que se afeitara toda su raja, que me gustaba sin un pelito, ella accedió con la condición de que yo también me afeitara mi verga. Esta sensación de sentir sus manos tocándome y yo a ella nos excitó lo que nos llevó a echar otro polvo en la ducha pero esta vez se lo di con ella cargada alrededor de mi cintura, cuando salimos que nos acostamos mientras nos abrazábamos y besábamos, nos quedamos dormidos hasta la mañana siguiente y apenas nos despertamos, hicimos un sensacional 69 para probar la sensación de nuestros sexos completamente depilados, apenas al terminar, sentimos que llegó Vicente, al que le dimos la sorpresa de salir agarrados de manos del cuarto y decirle de nuestra unión.

Pasó como una semana para que lo terminara de aceptar, lo cual estrechó más la relación entre él, su hermana y yo, sus padres también lo aceptaron sin ningún problema y para mi sorpresa, ya me dejan quedarme a dormir con ella.

Ya llevamos 9 meses de novios y nos va de lo mejor, nunca había tenido una relación tan pura y sincera, es de lo mejor y como ella me dijo esto es para toda la vida, ya le pedí su mano a sus padres para casarnos.

Ya no falta mucho y espero ansiosamente el día en que sea mi esposa, como los dos tenemos una buena posición social, ya me falta un año y medio para graduarme y trabajo hace tiempo, ya nos compraron un apartamento en la misma cuadra que el de nuestros padres para que vivamos ahí solos los dos y poder disfrutar de nuestra bella relación.

Autor: César

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Ricas y casadas

Mi lengua recorrió todo su trasero, incluyendo una sesión de estimulación anal y dejé varias marcas por todo su trasero. Ignoro si su marido practicaría el sexo anal con ella, pero mientras yo lo humedecía con mi lengua, ocasionalmente entrando más allá del arillo del esfínter hacia las paredes interiores, la hembra lanzó los gemidos de placer más espectaculares que he oído en mi corta vida.

He aquí lo que me sucedió aquella vez en Puerto Vallarta. Sucede que fue en aquella ocasión que el tiempo pasa volando, y no sabes con certeza si lo que pasó fue un sueño o fue la realidad. Lo que les voy a contar aquí supera en todo cualquier fantasía que haya tenido jamás por el simple hecho de que ocurrió, fugazmente como cualquier momento agradable, y etéreo como alcohol bajo el sol caliente del Pacífico Mexicano.

Pues era entonces la celebración de la independencia mexicana, y todo mundo nos tomamos el puente de Jueves a Domingo, para “celebrar” nuestra libertad alcoholizándonos en algún antro de Vallarta para terminar agarrando cualquier morra loca que estuviera lo suficientemente caliente para aceptar ir a “echar pata” a mi departamento de playa. Me fui con dos amigos de la universidad a mi depto., que está enclavado en una hermosa zona de Puerto Vallarta, quizá la más bella de la bahía, rodeada de mansiones lujosas de señoras ricas que van ahí una vez al año, alternando con sus otras casas de Aspen, San Diego y Cancún. En el edificio donde esta mi departamento también van varias señoras, muchas de ellas amigas de mi madre y otras amigas de esas amigas, pero en general todo mundo nos conocemos. Son 12 unidades, y puedo decir que conozco de toda la vida a los dueños de 10 de esas 12 unidades. En fin, el ambiente es más bien familiar. Pero no del todo. Ahí se hospedan señoras con las que he fantaseado desde que compramos el apartamento, cuando yo tenía 12 años. Las he visto crecer a ellas y a sus hijas, y mis puñetas playeras se las dedico casi siempre a ellas.

Hay tres señoras en especial, que indudablemente son mis favoritas. La primera es Andrea Campos, señora de unos 43 años, compartimos el piso 7 en el edificio. Andrea es muy delgada y no es muy guapa, pero tiene un exquisito par de tetas operadas que, en tan delgado cuerpo, se ven ridículamente redondas y jugosas. Y que decir de sus pies, perfectos y siempre bien cuidados. Esa señora podría hacerme una paja con los pies cualquier día de la semana. El esposo de Andrea, Antonio, es un hombre de negocios dedicado a las zapaterías, y si digo que pesa 120 kilos es que me fui muy por debajo de su actual peso. Es muy gordo y los problemas maritales que tiene con Andrea son de conocimiento común en el edificio. Andrea tiene dos hijas, de 16 y 14 años. La grande va por el buen camino físico de su madre. La otra por el de su gordísimo padre. Ahora pensándolo bien, creo haberme dado cuenta porqué el marido de Andrea se dedica a los zapatos. Y es que con los pies tan hermosos de su esposa, yo también haría modelos cada vez más sexy tan sólo para vérselos puestos una y otra vez.

La segunda señora es Patricia, vecina del piso 4. Desde hace algunos años, la relación de mi familia con la de Patricia se ha incrementado, por lo cual me he dado cuenta de que a la muy condenada señora le gusto de sobremanera. Aprovecha cualquier invitación a comer o a tomar la copa que le hacen mis papás para abrazarme, apapacharme, y cuando voy a su casa, me mima más que si fuera su propio hijo. Pero cuando está en sociedad, es muy cuidadosa y no descuida su trato para no levantar sospechas. Patricia tiene unos 40 años, maneja algo de sobrepeso, pero eso no le quita lo sexy, especialmente cuando usa unos bikinis demasiado chicos para su tamaño de cuerpo. La gente habla cuando la ve en bikini, y comenta que no debería usarlos, pero a mí, me excita el hecho de que no le importe exhibir algunas lonjitas, que al final a todos nos alcanzarán. Tiene tres hijos, y con uno de ellos voy a esquiar en el wakeboard cada fin de semana. Quizá la principal característica de Patricia sea su enorme trasero, es inmenso pero a la vez muy parado, lo que lo hace sumamente antojable. Su cuñado, cirujano plástico, nos hizo a todos el favor de operarle las tetas a Patricia, que ahora son hermosas y aunque no muy grandes, si lo suficientemente llamativas.

La tercera señora que ocupa mis pensamientos en la playa, es Mónica. Mónica es la segunda esposa de uno de los hombres más ricos de Jalisco, magnate de las bebidas. Mi relación con ella es casi nula, la saludo cuando la veo y ella me saluda por mi nombre, pero hasta ahí. Conozco a una de sus hermanas, ya que durante algún tiempo estuve saliendo con la hija de esta, pero a Mónica jamás la traté. Pues Mónica es, sin duda, la que más me gusta de las tres. A pesar de que al igual que Patricia, Mónica tiene cierto sobrepeso, es la más bella de las tres. Tendrá unos 40 años y tiene dos hijos pequeños. Pero lo que sin duda la hace especial es ese enorme par de tetas que carga la condenada. Sus melones son realmente un placer a la vista de cualquier persona.

Si tuviera que comparar a Mónica con alguna modelo, diría que se asemeja mucho a Sofía Vergara con unos kilos de más, con la diferencia de que ya quisiera Sofía Vergara tener los melones que Mónica posee, y la cara de facciones finas que tiene Mónica. Para la mayoría de las señoras de sociedad que vacacionan en el edificio, sus tetas son demasiado grandes y parecen vulgares. Para el resto de los habitantes del edificio, no hay más pensamiento que el de tener ese par de pelotas entre nuestras manos cuando la vemos cerca. Y lo mejor es que, al ser naturales, se bambolean con ritmo casi celestial cuando camina en su bikini color marrón, el más pequeño que posee. Claro que por ningún motivo aquel par de tesoros están caídos, sino que se encuentran firmes como los marinos que se pasean por el malecón de Vallarta en su día de descanso. Como es de pensarse, Mónica casi siempre está sola con sus hijos y los guardaespaldas de estos, ya que su esposo está diario en asuntos de negocios. Si yo fuera él, vendía de inmediato la compañía y me dedicaría a jugar con ese lindo par de pelotas que tiene abandonadas en Puerto Vallarta.

Pues bien ubicándonos en contexto, llegamos mis amigos y yo a Puerto Vallarta el jueves a medio día, e inmediatamente visitamos los tacos de camarón que están en el centro del pueblo. Después de comer, pasamos al depósito de cerveza y compramos 3 cartones de cerveza Pacífico, nuestra favorita (cada cartón trae 20 cervezas) y dos botellas de Absolut Mandarin para tomar Vodka Andreac. Sería un pedo memorable aquel día, que no teníamos intención de salir sino hasta el día siguiente, que Vallarta estuviera lleno.

Llegamos a los departamentos y acomodamos nuestra ropa en los cuartos. Luego, abrimos una cerveza y comenzamos a beber hasta que entre los tres acabamos con el primer cartón de 20 chelas. Ya un poco mareados, bajamos a la alberca con el otro cartón en una hielera y comenzamos a platicar y beber. De pronto, la peda se me bajó cuando vi aparecer en escena a Patricia. Iba vestida normal, supuse que iba apenas llegando. Nos saludamos de lejos, ya que yo estaba en al alberca, y le pregunté que si había venido Álvaro, su hijo, con el cual esquío en el wakeboard. Me dijo que sólo había venido ella con su hija, ya que su marido, y sus otros dos hijos se habían ido a Manzanillo, otra playa cerca de Vallarta. Ahí empezó lo bueno. Decidí en ese momento acercarme más a Patricia durante la vacación para intimar más, ya que ella siempre me lo había insinuado. De inmediato le ofrecí un Vodka Andreac, a lo que ella por supuesto rechazó ya que iba llegando y ahí estaba su hija de 12 años. Me dijo que nos veíamos al rato y mientras yo tenía una tremenda erección de sólo pensar en las posibilidades que aquella ocasión ofrecía.

Decidimos ir esa noche al De Santos, un lounge bar en Vallarta propiedad de uno de los integrantes del grupo de rock Maná. Subimos a cambiarnos y salimos del departamento cerca de las 10 horas. Antes de irnos bajé a entregar la llave al conserje para no perderla, cuando vi a Patricia haciendo lo mismo. Es una costumbre en el edificio desde que se perdieron las llaves hace muchos años. Iba arreglada y se veía muy bien. De pronto, como si fuera un milagro, apareció Andrea, a quien no había visto antes ese día, y nos saludamos. Andrea comenzó a platicar con la administradora del edificio, mientras Rosalía me preguntó que a donde iba, y le contesté de manera juguetona que iría a donde ella me pidiera que fuera. Ella rió y me preguntó que si íbamos a ir a algún lado, y para no desperdiciar la oportunidad, le contesté que aún no teníamos plan. Me dijo que si queríamos, que mis amigos y yo podíamos ir a cenar con ella y con Andrea al Café des Artistes, un restaurante francés. Le dije que me encantaría, que le iría a preguntar a mis amigos.

Cuando les dije a mis amigos que era mi oportunidad de coquetearle a la Patricia, que se fueran, ellos rieron y se alejaron en mi coche. Me regresé y les dije a las dos señoras que iría gustoso con ellas. Eso sí que era un plan raro. Seguramente ellas me propusieron acompañarlas como cortesía, pero jamás esperaban que de hecho las acompañara a cenar. Con un gesto de confusión, Patricia y Andrea sonrieron y nos dirigimos a la camioneta de Andrea, que había venido con sus dos hijas y las había dejado con la hija de Patricia. En ese momento era más factible que me hubiera quedado con las tres niñas en el departamento, que ir a cenar con sus madres. Pero así fue, y fuimos al restaurante.

En el carro la conversación se amenizó un poco y se fue dispersando la tensión. Me preguntaron las dos señoras acerca de mis padres y yo les pregunté de sus hijos. Las dos señoras iban adelante, mientras yo iba atrás, en medio del asiento para poder verlas. Yo no despegaba la vista de de los pies de Andrea, con su pedicura perfecto, sus uñas largas y pintadas con estilo “french”, se me antojaba simplemente tomarlos y chuparlos incansablemente. También veía su tremendo escote, que dejaba ver su eterno bronceado y su voluptuosa figura. Rosalía iba casi totalmente cubierta, así que me deleité viendo a Andrea, que no pudo disimular al darse cuenta de que la estaba observando. Realmente aún no puedo creer que me haya atrevido a irme sólo con las dos señoras, que aunque conocía muy bien, no existía tal confianza como para largarse a cenar sólo con ellas dos. Las señoras no hacen eso, así que Rosalía debió pensar que esta vez llevó su insinuación demasiado lejos, jamás pensó que yo pudiera aceptar acompañarla porque seguramente me daría pena. Y no fue así, el alcohol te hace hacer cosas impensables.

Llegamos al restaurante y pedimos nuestras bebidas. Le dije al mesero que trajera una buena botella de vino tinto. Sé que el vino tinto tiene un efecto en las señoras que no pueden evitar. Ellas al principio dijeron que no lo hiciera, pues según ellas no tomaban, pero antes de que trajeran el platillo principal ya había pedido la segunda botella. Yo mientras tanto, pensaba en cómo terminaría aquella noche, ya de por sí extraña. Pensé en reunirme luego con mis amigos en el De Santos. Y luego se me ocurrió invitarlas a ellas. Porque no, si yo había ido con ella a cenar. De alguna manera las invité al De Santos al terminar la cena, y a pesar de que Andrea no quería ir, accedieron después de algunos minutos. Caminamos unas tres cuadras hasta el bar, mientras yo hablaba y les decía a mis amigos que pidieran otra botella de vodka y que acercaran dos sillones para mis invitadas especiales. Así fue, les pagué la entrada a las señoras, y subimos a la azotea-bar del lugar a tomarnos unas copas.

Las dos botellas de vino estaban haciendo su trabajo. Andrea platicaba con uno de mis amigos, mientras que Patricia se reía de mis bromas. La verdad es que en ese momento, Andrea se me antojaba más que Patricia, ya que una mujer misteriosa es siempre más encantadora. Así que disimulé ir al baño, y reemplacé a mi amigo que estaba con Andrea. Conversamos sobre temas de intimidad, es decir cosas que sólo se dicen cuando estás claramente alcoholizado. Le dije de todo, incluso hasta que su hija era una de las niñas más hermosas de Guadalajara. Andrea empezaba a sonreír, y comenzó a platicarme de su vida sexual con su marido, que era totalmente inexistente. Aunque él quería sexo, ella le repugnaba el aspecto físico de su marido, tanto que Andrea a veces se hacía la dormida para no tener sexo. Y como la necesidad es canija, comencé a seducirla y ella simplemente se dejó llevar, gracias a mis maravillosas y mágicas botellas de alcohol. El momento había llegado, así que fui por Patricia y mi amigo y le dije que era el momento de follar. Las llevamos casi a rastras a la camioneta de Andrea y comenzamos a besarlas, yo a Andrea y mi amigo a Patricia.

Todo iba bien hasta que, de la nada, una camioneta tipo pick-up de la policía de Vallarta se paró frente a mi ventana y me ordenó bajar del vehículo. Lógico, estábamos atascando con dos mujeres mayores, que en la oscuridad parecían más bien putas, en plena calle. Le dije al policía que eran amigas de mi madre y que efectivamente estábamos llevando a cabo el sueño de todo joven, que era enredarse con una amiga de su mamá. Divertido, el policía me pidió 200 pesos “para olvidar” todo aquello. Después de pagarle la respectiva cuota, se alejó y nosotros hicimos lo mismo.

Ahora me pongo a pensar que dos botellas de tinto, más una de Absolut entre dos señoras cuarentonas que casi nunca toman, es todo un mundo de alcohol. Ahora se porqué fue aquello tan sencillo y fugaz. En fin tomamos rumbo a los departamentos y silenciosamente subimos a las señoras cargando a mi departamento. Mi amigo el que se quedó sólo seguramente había pescado su propio almuerzo y estaría en algún hotel con una chica. Lo importante es que las niñas no descubrieran el paradero de sus madres.
Llevé a Andrea a mi cama y mi amigo llevó a Patricia a la suya. Tan pronto como le deposité en la cama, me tomó del cuello con fuerza y comenzó a besarme los labios, los cachetes y el cuello, sin orden y sin pulcritud alguna. Le bajé la playerita de bordado que llevaba y la dejé con su puro sostén, que inmediatamente removí para dejar ver esos increíbles y durísimos pechos. La señora de Campos había tenido dos operaciones y las cicatrices estaban ahí, pero a quién le importaba, estaba a punto de follarme a una de las tres señoras con las que había soñado desde hacía 12 años. Le mordí los pezones con fuerza, le estrujé las tetas una y otra vez.

De pronto, como en un sueño, me acordé de sus pies y dejé todo lo que estaba agarrando para ir directo abajo. Con las sandalias blancas que llevaba puestas como marco para mi fetichismo, tomé su pie izquierdo y lo chupé completo una y otra vez. Me concentré luego en su dedo gordo y lo metí y saqué de mi boca una y otra vez. Andrea gritaba de la excitación, definitivamente le gustaba que le tocaran los pies. Tomé el pie derecho y repetí la operación. Después le quité las sandalias y llevé su pie derecho a mi cara, donde lo froté y lo volvía chupar hasta casi despintarle las uñas con mi saliva y mi lengua. Me estaba excitando en serio, así que me saqué el pito y me quité los pantalones. Andrea estaba acostada sobre la cama King Size de mis padres, con los pies colgando por fuera de la cama a la altura de las rodillas. Con los ojos cerrados, y con las tetas de fuera, así estaba ella, que sólo traía puesta su faldita blanca que escondía su coño.

Me hinqué a la altura del cuello de Andrea, y tomándome el pito con la mano, se lo ofrecí directamente en la boca, para ahorrarle el trabajo. Comenzó a menear la cabeza en forma de asco, pero a la fuerza, seguí poniéndola el pito en sus labios, y para ese momento ya estaba húmedo el aparato y la embarré de líquido transparente. Finalmente abrió la boca y le metí sólo un poco el pito por ahí. Inmediatamente, lo tomó con su mano izquierda y se lo tragó entero, obligándome a ponerme a gatas y penetrándole la boca como si me la estuviera follando. En una de esas, empujé mi pito hasta el fondo de su garganta, provocando que abriera los ojos de pronto y comenzara a ahogarse con mi propio aparato, lo saqué de inmediato y comenzó a toser. Antes de que pudiera terminar, la tomé de la cara y le di un beso largo y mojado, como para calmarla.

Finalmente, totalmente desnudo, me senté apoyado en la cabecera de la cama y Andrea se quitó la falda blanca, dejando ver que no traía nada por debajo. Se sentó despacio sobre mi pene, tomándolo con su mano izquierda, y se dejó caer lentamente hasta que toda mi verga estuvo dentro de ella. Se movía como una pantera, y puedo decir que hasta ahora, ninguna mujer me ha cogido como ella lo hizo esa vez. Como cualquiera que se haya cogido a una mujer platónica como yo lo estaba haciendo, la excitación era tal que no tardé mucho en correrme por completo dentro de Andrea.

Debo aceptar que parte de la maravilla de esa cogida es que no hubo condón, a ninguno de los dos nos importó un carajo aquel plástico tan importante. Simplemente no pensamos en eso. Fue quizá una de las más largas corridas de mi vida. Al momento de levantarse y sacarse mi polla, una cascada de semen salió de su ya flojo coño y cayó sobre las sábanas favoritas de mis padres. Yo estaba agotado y permanecí sentado como estaba, mientras que Andrea se levantó y se cambió de lado, esta vez mirando hacia mí. Se recostó sobre mí por un minuto, luego debió sentirse sucia y se fue a lavar al baño. Ahí debió haber durado unos cinco minutos, los cuales aproveché para echar un vistazo a Patricia y mi amigo.

Cuando entré al cuarto, me llevé la sorpresa de descubrir que cada uno estaba dormido, uno en cada cama que había en el otro cuarto. Aún caliente y cachondo por la cogida, tomé la mano de Patricia y la puse sobre mi verga. Yo estaba completamente desnudo. Patricia volteó y me vio, se sentó sobre la cama sin quitar su mano de mi polla, y comenzó a masturbarme con su mano derecha. Después se quitó el cabello de la cara, y comenzó a mamarme la verga mientras me la jalaba con su mano. Estaba a media asta la verga, ya que me acababa de correr, pero así la sensación era aún más buena. Le tomé las tetas por encima de la blusa, luego se la quité y el sostén igual. Le manoseé las tetas y después la tumbé boca arriba para quitarle los pantalones. Le bajé sus pantalones estilo dockers , poco sexy por cierto y me encontré con unas enormes bragas, también poco sexy, que cubrían un trasero valuado en millones de dólares. Le quité las bragas, que pretendía guardar, y le abrí las piernas tanto como pude.

Que manera de gritar de la señora, lo cual no era bueno, ya que Andrea estaba a unos metros en el otro cuarto, y francamente no quería que viera que me tiraría a las dos. Así que ignorando su volumen de gritos, me bajé a su coño, que más bien olía a humedad, y me lo comí casi a fuerzas. Yo no soy un hombre aficionado a comer coño, así que esa parte la pasé rápido y sin mucha faramalla. Lo que si disfruto es un buen par de nalgas como las de Patricia, así que le dije que se diera vuelta, y teniéndola boca abajo, me di un festín, abriéndole las nalgas y sumiendo mi cara ahí dentro, donde no había tiempo ni espacio. Mi lengua recorrió todo su trasero, incluyendo una sesión de estimulación anal, y dejé varias marcas de mis dientes por todo su trasero. Ignoro si su marido practicaría el sexo anal con ella, pero mientras yo lo humedecía con mi lengua, ocasionalmente entrando más allá del arillo del esfínter hacia las paredes interiores, la hembra lanzó los gemidos de placer más espectaculares que he oído en mi corta vida.
Ese platillo es mucho mejor que un helado de macadamia de la Piazza dei Campi de Siena, para quienes la hayan probado alguna vez. Lo menciono porque ese helado es una maravilla, imaginen ahora el trasero de este mujerón de 43 años. Teniendo eso en cuenta, ordené a la mujer, cual jeque árabe, que se pusiera a gatas, con la cabeza en el colchón de la cama. Teniendo semejante panorama frente a mí, tomé mi polla, la remojé con sus jugos vaginales, y la comencé a resbalar hacia adentro de su ano muy gentilmente. Patricia apretaba su ano, asfixiándome la polla, pero continué entrando hasta topar como con una pared. De ahí, saqué y volví a meter, una y otra vez por unos dos minutos más o menos. Aquello no podía ser otra cosa que un sueño, y sin embargo ahí estaba yo despierto, follándome a una señora casada, con un amigo en la cama de un lado, profundamente dormido, y con la otra señora casada que acababa de follarme esperándome en el cuarto principal, en la cama de mis padres, totalmente desnuda. Yo, en ese momento, era el ser más importante de la tierra.

Cuando volví a mí, al ver que no habría otro momento, decidí follarme a Patricia, y sacándole el pito del ano, con su respectivo grito femenino de placer, la estoqué por el coño con una facilidad encantadora. La excitación había vuelto, pero me llevó más de seis o siete minutos de un folle agresivo y duro el venirme al fin, sacando apenas el suficiente semen para remojarle el coño a mi ebria amante. Al terminar cayó como costal de papas sobre la cama, y yo me salí rumbo al baño a limpiarme aquella mezcla de olores y sabores de dos coños maduros. Volví a la cama con Andrea, la abracé y le chupé las tetas por algunos minutos, sin siquiera oír sonido alguno, creo yo debido al cansancio y a la embriaguez. Totalmente dormida e inconsciente, me bajé a su coño, sólo para no decir que no había ido, y lo mismo con su ano y nalgas, antes de terminar de nuevo jugando y disfrutando su pies perfectos que probé de principio a fin.

Cerca de las cinco y media de la mañana, decidí despertar a Andrea para que se fuera con sus hijas. Les habían dicho que volverían cerca de las doce, y ya eran más de cinco horas después. Las madres volvieron en sí rápidamente, y vistiéndose como pudieron, se fueron sin despedirse del departamento. Me dormí, y al día siguiente no bajé a la alberca en todo el día. En la noche, bajamos a la alberca y más tarde salimos al Christine, la mejor disco de Vallarta. El sábado por la mañana, mientras comíamos junto a al alberca, vi bajar a Andrea, quien me saludó de lejos y se posó en uno de los tumbones junto a la playa. Luego bajó su hija, me saludó de beso y se acostó junto a su mamá. Mis amigos no podían sostener la risa, la curiosidad me estaba matando.

Más tarde, mientras reposábamos en el departamento, sonó el teléfono y era Patricia. Amablemente, como siempre, me dijo que si bajaba al piso 4 hablar con ella. Presentía problemas. Al llegar estaba Andrea y Patricia sentadas en la sala y me hicieron pasar. En tono seco, me pidieron disculpas por la otra noche y me pidieron, casi rogándome, que jamás comentara nada de lo que había pasado. Que esos “accidentes” suceden y que el tema no debía tocarse de nuevo. A mi no me sorprendió, pero de lo que estoy seguro, es que a partir de ese hecho, se puede repetir, siempre y cuando las circunstancias sean, como en esa ocasión, óptimas para ello. Por lo pronto tengo las bragas de Patricia como trofeo a mi osadía. Y ustedes se preguntarán, ¿Qué hay de Mónica? Bueno pues nada, simplemente quería compartir su descripción para que imaginen que reto tan enorme me espera en mi próxima visita a Puerto Vallarta, que espero sea dentro de poco tiempo.

Autor: Frank

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Orgía con la puta de mi novia

El me bombeaba durísimo yo sentía que me desmayaba y con las lágrimas rodando del dolor confundido con placer, entonces para su embestida y me cargan entre los dos y me ponen con mi novia recostada y ella aun seguía llorando, nos agarran de los cabellos y nos tiran en el piso, el viejo agarra a Ximena,  le ensarta su verga en la boca de ella descargando se semen dentro.

Después de esa noche que Omar y su equipo habían ganado el campeonato y habían celebrado con mi novia y conmigo su victoria en el hotel de paso, no habíamos salido de parranda ya que mi novia y yo nos habíamos dedicado a seguir feminizándome, a los días de que tuvimos esa noche loca hablé con ella y le comenté que me quería quitar los testículos porque me hacían mucho bulto ya que a veces batallaba para acomodármelos y esconderlos en la tanga, aparte de que me dolían, ella como siempre me apoyó en mi loca idea, fuimos a consultar a un cirujano y listo, quedó resuelto, puse cita y todo a la semana siguiente.

Llegó el día de la operación, no tardaron mucho, cuestión de horas y me recuperé en mi departamento, seguí con mi tratamiento hormonal y cada día que pasaba me veía más mujer, seguía subiendo las escaleras para que mis nalgas se tonificaran y endurecieran, y por supuesto que se habían puesto espectaculares y mis tetas ya habían crecido un poco más, mi cintura se había reducido en forma dramática, quedando bastante bien definida, así pasaron los días, yo me la llevaba pegado en mi laptop navegando en internet, ese día entré a una comunidad de adultos donde había de todo, desde machos ofreciéndose para relaciones swinger, transexuales, esposos ofreciendo a su esposa etc.

Pues a mí se me ocurrió poner una foto de Ximena, que tenía en mi lap, salía ella vestida de colegiala con una faldita cuadrada, una blusa blanca y unas medias azules sin tanga, de espaldas recargada a la puerta de salida de mi departamento y con la falda arriba mostrando su magnífico trasero y parte de su rica conchita, sin mostrar el rostro, la subí a la página y en los datos le puse, Hola soy Andrés y si tienes una magnifica verga y quieres encularte a mi novia manda algunas fotos al siguiente correo. @hot…, es el correo de mi novia, y así lo dejé y me fui a dormir, al otro día por la tarde ya ni me acordaba de la travesura que había hecho, llegó mi novia con un escándalo a mi depa.

Ximena: Amor, amor, ¿que crees lo que está pasando?… Andrea: ¿Que pasa amor? Yo con cara de ¿what? Ximena: que me están llegando muchos correos y fotos de hombres desnudos a mi cuenta, no sé lo que está pasando. Solté la carcajada a más no poder por la maldad y que traía y la inocencia de mi novia. Andrea: Fui yo el de la bromita amor, jajaja, te inscribí a una página de adultos donde hay intercambio de parejas y esas cosas… jajá… Ximena: Aay maldito, que bárbaro y yo asustada por tanto bicho, jajajaja. Entonces me entró la curiosidad y le pregunté.  Andrea: ¿Y te ha gustado alguno amor?Ximena: Pues no los miré bien solo me asusté de tanto correo que llegó. Andrea: ¿Que te parece si los vamos mirando y a reírnos de sus cosas? Jaja.  Ximena: Jaja ok mi amor.

Abrí mi lap y entramos al correo de mi novia, había de todo, desde hombres bien vestidos hasta algunos que nos enviaron fotos de sus vergas, conforme íbamos abriendo correos notaba ya a mi novia bastante inquieta moviéndose en el sillón de un lado a otro como tallándose la conchita en el cojín que estaba debajo de ella.

Andrea: Mi amor te estás poniendo caliente, a poco te ha gustado alguno de estos tipos. Ximena: Jaja sinceramente no me ha gustado ninguno pero de solo ver esas vergas ajenas me han puesto a mil y me he empapado.

Me quedé pensativo y pues ya teníamos tiempo sin ser amigas, así que le propuse que si se animaba a invitar a algunos a que se vinieran el fin de semana para esta ciudad y así reventarnos otra nochecita. Ximena: ¿En serio harías eso por mí mi vidaaaaa?, Uyyy claro que ssiii vámonos de reventón, ya extraño eso que seas mi amigaa, ya para salir de la rutina de novios. Pinche puta caliente, pensé, pero  tenía que complacerla, ella era tan buena y amorosa conmigo que no se lo podía negar. Andrea: ok amor escoge cuales invitamos pues.

Ella empezó a ver los correos y llegamos a uno de un señor gordito, de tez blanca, peludo pero ya de ese pelo canoso blanquizco, chaparrito de unos 50 años que nos mandaba foto de su prodigiosa verga que le media fácil unas 12 pulgadas.

Ximena: Waaaauu, quiero a este mi amor. Andrea: Pero mi amor ese ya está bien viejo y feo. Ximena: No me importa ni su edad, ni su físico amor pero lo que me importa es esa enorme verga ya que nunca he tenido una así ni en mi boca ni en mi conchita y mucho menos en mi colita, jajaja…

Así o más Leandra, esta zorra, pensé moviendo la cabeza con signo de negatividad pero pues allá ella dije entre mi, y pues le respondí al señor invitándolo el fin de semana a pasarla acá con nosotros él es de otra ciudad y pues le comenté que a mi novia le había gustado, que el viaje y la alimentación corría por nuestra cuenta  que no se preocupara y le dejé mi teléfono para ponernos de acuerdo, luego me tocó el turno a mí de escoger a mi hombre de esa noche, escogí a un moreno no muy alto, delgado, joven, y con una vergota tan grande casi como la del viejillo, lo invité de igual manera, pasaron dos días y recibí la primera llamada telefónica a mi celular, era el moreno que me había gustado a mí, me dijo que estaba interesado en encularse a mi novia, le dije que el sábado por la mañana fuera al aeropuerto de su ciudad para recoger su boleto y que lo esperaba en el aeropuerto de mi ciudad para recogerlo, ese mismo día en la noche me habló el viejillo y pues le dije lo mismo, le marqué  a mi novia y le platiqué que ya había hecho las citas y solo quedaba pagar los boletos y preguntar los horario de llegada de cada uno, mi novia se puso a gritar de alegría la muy putona.

Llegó el sábado, ya había investigado las llegadas y solo era de media hora cada uno la diferencia, le hablé a mi novia para que se viniera a mi depa para ir a recogerlos al aeropuerto, llegó la perra con un mini-short cuadrado cortísimo y atascadísimo que se le ajustaba perfectamente a sus hermosas nalgas y una blusita amarilla de tirantes con unos taconcitos también amarillos bajitos y su cabellera recogida, se veía suculenta la puta.

Ximena: Mira Andrea me compré este short y también te compré otro con una blusita jajaja y te digo Andrea porque a partir de este momento eres mi amiga.

Me puse mi tanguita y wuauu, esta vez no batallé con los testículos ni hacían bulto ni nada que estorbara al contrario pude acomodar mejor mi pene, me acomode el short que me trajo Ximena era blanco igualito la forma al de ella nomas que a mí me quedaba más embarrado y ajustado de las nalgas, me habían crecido bastante, me puse la blusita sin sostén ya con mi desarrolladas tetas chicas pero bien formadas ya y unos taconcitos como los de Ximena pero en blanco, me maquillé y me puse la peluca rubia y los pupilentes, nos miramos al espejo las dos, uuuffff éramos un par de muñequitas de aparador hermosas y buenotas jaja, luego nos fuimos al aeropuerto a recoger a los machos, llegamos y no esperamos mucho casi llegaron juntos, primero salió el viejillo y le dije a Ximena que fuera por él, lo trajo y me lo presento , el señor muy caballeroso me saludó.

Ximena: ella es mi amiga Andrea, Andrea él es Giancarlo. Viejillo: mucho gusto señorita, me he quedado sin habla por tan hermosas mujeres.

Jaja ni cuenta se dio que no era mujer, el tipo la verdad en foto se veía mucho mejor, estaba horrible y viejo, me reí dentro de mí y pensé, pobre Ximena ha de estar desilusionada jaja, a los 5 minutos también llegó el moreno y le dije a Ximena que fuera por él.

Ximena: Ella es Andrea mi amiga y él es Giancarlo otro amigo y él es Dingo.

Nos saludamos y toda la cosa y nos fuimos a dejarlos hospedados en un hotel en el camino a Dingo se le ocurrió preguntarle a Ximena por su novio.

Dingo: Ximena, ¿y tu novio? ¿Porque no vino contigo? Ximena: Andrea es mi novio.  Casi se le salen los ojos al viejillo y a dingo, voltearon a verme instintivamente y yo nomas les sonreía, como que no la creían aun que yo era hombre.Los dejamos en su hotel y Ximena les dijo que en la noche pasaría a recogerlos para irnos de fiesta, ya en el camino veníamos risa y risa de la cara de los tipos, Andrea: Ximena me tengo que vestir super guarra esta noche vámonos de compras. Ximena: Siiiii compras me encanta la idea jaja.

Fuimos a  varias boutique y ella compró un vestido supercortísimo color carne, con un escotaso por delante y por atrás y unas zapatillas altas plateadas con los tirantes  a media rodilla casi, yo compré un vestido de leopardo también cortísimo casi a la punta de las nalgas me llegaba, escotado de la espalda y unas botas de tacón de aguja de leopardo también, nos fuimos a mi departamento a ducharnos y a arreglarnos, me empecé a poner mi ropa, una tanguita negra de hilo, el vestido de leopardo que me quedaba bastante ajustado y corto con un escote por atrás casi a donde inicia la rayita de la cola, mis botas a media rodilla, me maquillé y me puse mi peluca, me veía una devora vergas, hermosa y despampanante, el vestido me quedaba divino, las nalgas se movían bastante bien con ritmo al caminar, estaba feliz, cuando entró Ximena ya arreglada se veía preciosa con ese vestido color carne cortísimo, con el escote de enfrente casi al ombligo, y la muy puta sin sostén, apenas si le cubría los pezones el vestido, por que las chichotas que tiene se le salían por los lados y lo peor fue cuando se dio media vuelta presumiéndome el escote trasero, ese si le llegaba hasta la raya de las nalgas casi a un cuarto de nalga afuera, nomás resaltaba su tanga de hilo plateada con pedrería, utaa que mujer más buenota, nos fuimos por los chicos al hotel a recogerlos, ya estaban afuera esperándonos ni nos bajamos del carro, se subieron en los asientos de atrás del convertible y nos dice dingo…

Dingo: Ximena, Andrea no se vayan a molestar pero les tenemos que decir algo Giancarlo y yo. Ximena: si dime corazón. Dingo: pues la verdad es que venimos a encularte a ti nada más y eso vamos ha hacer solamente, solo a ti.

Utaa me quedé chispado por el comentario y Ximena me preguntó:

Ximena: Andrea si no quieres no hago nada con ellos sabes que no lo haría sin tu consentimiento.
Me quedé pensativo, y como no quise arruinarle la noche a mi novia pues acepté que se la cogieran solo a ella, con la condición que me permitieran estar presente, a lo que no hubo ninguna negativa, llegamos al antro y pedimos nuestra botella de vodka y la mesa, la mayoría de los hombres nos tragaban con su mirada y le dije en secreto a Ximena.

Andrea: Ay amiga, cuantas veces nos encularían con el pensamiento todos estos cabrones jajaja.

Ximena soltó la carcajada, empezó a ponerse el ambiente super padre empezamos a beber y ponernos gotas en nuestros tragos para calentarnos, empezamos a bailar muy provocativamente Ximena y yo en eso se paran Dingo y el viejillo y ponen a bailar con Ximena muy pegadito y metiéndole mano por todo el cuerpo uno atrás y el otro adelante arrepegándoles toda la conchita y las nalgas la putona yo me separé y empecé a bailar aparte, con otros tipos, así pasó la noche entre calentones y manoseo por parte de ellos hasta que me enfadé de verlos y le dije que nos fuéramos al hotel, nos fuimos yo manejando y Ximena con ellos en el asiento de atrás mamándoles la verga a los dos, iba calentísima, se le notaba esa cara de viciosa y antes de llegar al hotel llegué a una farmacia y compré 2 viagras de 100 mlg y agua para ellos porque no iban aguantar el ritmo de Ximena, se las di y se las tomaron, ¡listo!

Ahora si vámonos a seguir la fiesta al hotel, llegamos y nos recibió el botones del hotel y le pedí de favor que nos ayudara a llegar al cuarto de ellos porque ya venían muy ebrios y no sabían llegar, el chico nos acompañó y ayudó a Ximena que no podía casi caminar de las ansias que traía de que se la encularan, nos metimos al elevador y ella empezó a agasajarle la verga al botones por encima de su pantalón y el muy servicial se dejaba, era obvio que ella no aguantaba ya las ganas, llegamos al cuarto y yo invité al botones a que entrara y le iba  dar una muy buena propina, entramos y luego yo me senté en una silla cruzada de piernas y el botones en el sillón mientras observábamos el espectáculo, Ximena empezó a agasajarse sola, se agarraba las tetas, se las lamia, se agarraba esas nalgotas despampanantes, se las sobaba toda lujuriosa y empezó a desvestirse desesperadamente, ella estaba parada, Giancarlo acostado en la orilla de la cama, Ximena le puso las nalgas en su cara y se bajo la tanguita y se agacho hasta que le quedaba la conchita a unos centímetros de su boca Giancarlo empezó a mamársela ella se retorcía y gemía le dio una buena mamada de conchita y de culo ella estaba como loca gritando y gimiendo…

Ximena: Ummmm, Mmmm, asiii, mamaleee, viejooo, ahaa, mmmmm

Después el la pone en cuatro patas en el piso y se empieza a quitar los pantalones junto con Dingo, wwuuaauu nos quedamos con la boca abierta el botones y yo de ver esos animalotes de verga y más la del viejillo, era un monumento a la verga, grandota, gruesa y bien cabezona, hasta se veía pesada, la de Dingo no cantaba mal también, estaba suculenta, la tenían a gatas y los dos se le pusieron a un lado de sus nalgotas y la empezaron a golpear con sus vergas como si fueran látigos, Ximena se reía.

Ximena: Siiiiii, castíguenme, me he portado muy mal, jajajaja.

Entonces la hincaron y le pusieron ese par de suculentas vergas en su cara, ella como poseída se las empezó a mamar y a escupir, a tragarse su saliva con los jugos de las vergas de ellos, las masajeaba y agarraba una y le mamaba los huevos y agarraba la otra y lo mismo, Dingo la pone a gatas y le dice:

Dingo: Ponte a gatas putita que te voy a encular.

Ella lo hace y ofreciéndole esas blancas nalgotas y volteando a ver a Dingo antes de que la atraviese, esperando esa embestida, se la deja ir despacito y ella abriendo la boca y quejándose.

Ximena: Aaaaayy, aaayyy, mmmmmm, ricoooo, asiii, negrooo despacito para saborearla.

Dingo la empieza a bombear lentamente pero con ritmo, el viejillo se le pone enfrente de ella ofreciéndole su majestuosa verga blanca, ella se la mete en la boca sin mover las manos del piso y empieza a chuparla  y succionarla, mientras Dingo aumenta su ritmo de embestida, ella con el vaivén de la culeada que le estaba dando Dingo solita entraba y salía su boca de la verga del viejillo, de repente Dingo se para y se la saca y le besa el culito diciéndole.

Dingo: Al rato sigues tú, jeje.

Refiriéndose al culito de Ximena, y se la vuelve a clavar en la conchita y a embestir nuevamente, se escuchaba el chacotear de los huevos de Dingo en las nalgas de Ximena.

Ximena: siii, siii, aaaaaay, mmmmmm, siii, masssss durooo negroooo, yeeess.

El la seguía montando más fuerte y rápido y ella gritando como loca en eso  el viejillo le cambia el lugar a Dingo y se la clava de una.

Ximena: Aaaaaaaaaaaaaay, dueleee, la tienes muy grandeeeeee, aaaay sácamela no la aguantooo. Viejillo: Nada de eso, la vas aguantar, así grites y patalees no te la sacoo, querías verga, ahí la tienes puta.Ximena: Aaaaaaaaaaaaaay, siii sacamelaaa, no la aguanto, la tienes enorme mmmmmgggfffff.

Dingo le ensartó su verga en  la boca de Ximena para que ya no gritara, y ella empieza nuevamente a  mamar con la boca llena mientras el viejillo le levanta una pierna por atrás y la sigue bombeando duro, las nalgas de Ximena se le miraban rojas de tanto martilleo de verga, la cambiaron de posición y la suben a una mesita de centro, la ponen boca arriba y la abren de piernas y la empieza a bombear Dingo frenéticamente, ya con las tetas al aire Ximena se le empiezan a mover hacia arriba y abajo, el viejillo le ofrece su suculenta verga y ella se la empieza a chupar desesperada, así estuvo Dingo dándole por 3 minutos en esa posición, fuerte y tupido y ella gritando como loca con la verga del viejillo en la boca, entonces ella se levantó y acomodó a Dingo en un sillón y se montó en su verga, ella empieza a cabalgar y él dándole unas mamadotas a sus tetas que nomas rebotaban de la montada que se estaba dando, se le veían sus nalgas espectaculares como le rebotaban, el viejillo se le pone atrás  de ella y Dingo la agarra de la cintura fuerte para que no se escape, ella comenzó a gritar.

Ximena: nooooo, noo, por el culo noo viejo, me lo vas a romper. Viejillo: como de que no Ximenita, te lo voy a romper para que no te olvides de mi nunca, jeje, agárrala bien Dingo que no se mueva.

Dingo la sujeta fuertísimo y el viejillo empieza a penetrarla poco a poco y Ximena gritando fuerte. Ximena: aaaaay, aaaaaay, aaaaay, nooooo, ayyyyyy.

El viejillo se la deja ir de una y le empieza a bombear rápido y ella con lágrimas en los ojos llorando, así estuvo 2 minutos y el quejido de Ximena se empezó a extinguir y le quedaba el llanto, luego la pararon y así parada Dingo se la deja ir por el culo roto de Ximena por atrás, la bombea despacio y el viejillo se le pone enfrente y se la deja ir por su conchita, Ximena ni se movía mucho, seguía llorando, entonces ellos la recuestan en el sofá, ella se queda toda desparramada sin fuerzas, se van conmigo.

Viejillo: Andreita, a falta de que Ximena no las aguantó y nosotros seguimos como burros en celo, te vamos a coger también a ti.

Yo estaba ya con las nalgas hechas aguas de lo caliente que me había puesto al ver tremenda enculada que le habían puesto a mi novia, el botones seguía sentado en sofá, pero esta vez masturbándose, me agarran de las manos y me paran, el viejillo se sube a la cantinera y a mí me sientan en un banquito frente de su verga y se la empiezo a mamar de arriba abajo, chupándole esos huevotes de toro y esa verga de burro que parecía no tener fin, creo que me había equivocado respecto al viejo resultó ser todo un manjar esa verga, Dingo me subió el vestido y la tanga me la hizo a un lado, yo acomodé mis nalgas a la orilla del banquito dejando de fuera mi culo para que lo penetrara, él empieza dejármela ir despacio, mete y saca, mete y saca con ritmo pausado pero sabroso, yo me empiezo a quejar por que no me acostumbraba a esa verga gruesa.

Andrea: Aaaaaay duele, pero no me la saques, está rica papi. Dingo aumenta el bombeo que le estaba dando a mis nalgas y yo sin sacarme la verga del viejillo de mi boca, se escuchaba el golpetear de sus huevos en mis nalgotas. Dingo: ¡Aaahhhh! que ricas nalgas tienes Andreita, jamás pensé que las tuvieras tan duritas y firmes aaaahhhh.

Se saca la verga de una y empieza a lengüetear mi culito estremeciéndome toda.

Andrea: Aaaaahhh, que rica lenguaa papiii, aaahhh.

Me la vuelve a dejar ir de una y empieza a bombear más fuerte, mientras el viejillo me agarraba a cachetadas con su vergota en mi cara, la sentía pesada.

Dingo: viejo prueba este culo tan rico y sabrás lo que es bueno. Viejillo: ¡Ok! lo probaré negro, que ya se me antojó romperle el culo a esta puta, a ver si no llora como su novia, jeje.

Se cambian de lugar y yo paro el culo más para que el viejillo no batalle y me la empieza a dejar ir despacio, uuuf, sentía que reventaba el culo, que me lo hacía estallar con ese fierrote grueso, ahora entendía porque Ximena lloró.

Andrea: Aaaaaaaaaaay, dueleeee, nooo, mejor nooo, aaaaay. Viejillo: jajaja, así quería que me lloraras perra, jajjaa, ahora la aguantas por puta.

El me bombeaba durísimo yo sentía que me desmayaba y con las lágrimas rodando del dolor confundido con placer, entonces para su embestida y me cargan entre los dos y me ponen con mi novia recostada y ella aun seguía llorando, nos agarran de los cabellos y nos tiran en el piso y se empiezan  a masturbar enfrente de nuestras caras y el viejo agarra a Ximena, que seguía llorando, le ensarta su verga en la boca de ella descargando se semen dentro, ella se quiere quitar pero él no la deja hasta que está seguro de que se traga toda su leche, se la sacó y la deja tirada, Dingo al ver eso me agarra de igual forma y me ensarta su verga en mi boca y empieza descargar su semen caliente dentro de ella pero él no batalló, yo me lo tragué solita, me la sacó de mi boca y me dejó.

Ellos se cambiaron y se bajaron al bar del hotel a seguir tomando y de paso se llevaron al botones que ya se había terminado de masturbar, Ximena y yo nos quedamos en el piso, tiradas, con el olor fuertísimo a semen en  nuestras bocas y con el culo roto las dos, como pudimos nos cambiamos y nos fuimos del hotel apenas podíamos caminar y más ella que traía el culo más reventado que yo, manejé hasta mi depa y la metí al baño a ducharnos, la recosté en la cama para que descansara y durmiera, yo me recosté a un lado de ella consolándola y acariciándole el cabello hasta que las dos nos quedamos profundamente dormidas.

Autora: Andrea

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Mi vecino Ignacio

Introdujo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro haciéndome exhalar un quejido, todo mi cuerpo parecía vibrar, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente y sin apuros nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino.

Hola, debo contarles que como mujer me da ciertos reparos en tratar de contar mis experiencias y sobre todo cuando no se trata de una jovencita sino más bien de una mujer madura como yo, de unos cuarenta y tantos, que por cosas de la vida quedé viuda hace 6 años atrás, con dos hijas ya adolescentes, como persona independiente mayores problemas económicos no tengo, aunque hasta ahora no me había dado cuenta de que los años han pasado muy rápido, sobre todo cuidando de las niñas.

Debo confesarles que durante estos años he estado sola, después de enviudar me dediqué a mi familia y nada más, aunque al pasar de los años pretendientes no han faltado, me considero una mujer afortunada, pues físicamente no me he descuidado, causando ciertas envidias en mis amigas, me ruborizo de cierta manera al tratar de describirme, físicamente soy una mujer de contextura delgada, mis pechos no son realmente mi fuerte, son más bien pequeños, pero bien formados, mis piernas son largas, delgadas, pero bien torneadas, donde si es mi fuerte son mis caderas y un culo con unas nalgas bien hechas.

Para no aburrirlos tanto con detalles, les cuento que conocí a Ignacio, conocerlo más a fondo, pues somos vecinos de departamento, separados por cinco pisos, nos veíamos muy a menudo pues casi siempre estábamos llegando de nuestros trabajos a la misma hora, y el ascensor era motivo para saludarnos y comentar alguna novedad, pero nada más, casado, ya bastante mayor, muy alto, una incipiente calvicie, una barbita entrecana tipo candado, pero sobretodo con una vitalidad bárbara.

Cierto día nos encontramos en el supermercado, donde muy gentil se ofreció en traerme de regreso, ese día yo vestía, como era verano, una falda muy corta, una remera tipo top que dejaba ver mis hombros, no llevaba sostén, bueno ya en el auto durante el trayecto, vi a Ignacio algo nervioso, noté eso si que un bulto considerable asomaba por debajo de la tela de su pantalón, lejos de incomodarme me provocó una risita maliciosa, estos hombres, pensé, traté de distraerme mirando hacia fuera durante el trayecto, pero me di cuenta, que lo que había provocado a Ignacio fueron mis muslos, pues la falda al ser muy corta, al sentarme dejó al descubierto buena parte de ellos.

Llegamos a nuestro edificio, me acompañó hasta mi departamento, ayudándome con los paquetes, lo invité a pasar, no había nadie, pues las niñas se habían ido a pasar ese fin de semana en casa de unas amigas en la playa, se acomodó en el sofá, mientras yo traía las bebidas, y tengo por costumbre sentarme en el sofá con las piernas recogidas, me senté en el otro extremo del sofá, y como de costumbre recogí las piernas, Ignacio se arrellanó en el sillón dejándose notar algo incómodo, apareciendo otra vez ese bulto entre sus piernas, traté de bajar disimuladamente la falda, no era mi intención provocarlo ni nada parecido, pero la falda no cedió un centímetro, entonces me levanté para ir a buscar más hielo, creo que ese movimiento debió haber gatillado toda la situación de aquella tarde, pues me incliné sobre la hielera, él se levanta y se acerca a mí, su actitud no me provocó temor, lejos de rechazarlo, mi mirada lo invitó a seguir.

Me tomó de las manos, Andrea, me dijo, y sus brazos rodearon mi cintura, para atraerme hacia él y darme un beso, de adolescente la situación, pero mis brazos no le correspondieron, sus manos se posaron en mis caderas, y cuando comenzaban a posarse sobre mis nalgas, lo detuve, incómodo se disculpó por la situación, se sentó, y yo me acomodé a su lado, diciéndole que lo comprendía que no se preocupara, que a los adultos les suele pasar también, y porque no, entonces mientras lo trataba de calmar, se acercó como buscando otro beso, mis palabras cesaron y entonces mis labios se entreabrieron, cerré los ojos y pude sentir como me besaba, sus manos lentamente se posaron en mi vientre y echándome hacia atrás, sus manos comenzaron subir lentamente por debajo de la tela, hasta llegar a mis pechos.

Sus caricias eran suaves, me subió la polera y comenzó a pasar su lengua por mis pezones que ya estaban erectos, habían pasado años, sin la compañía masculina, pero mi cuerpo respondió inmediatamente, sus manos comenzaron a recorrer mis piernas por fuera, metiéndolas por debajo de la falda, después comenzó a recorrer y apretar suavemente por la parte interna, entonces yo las entreabrí un poco más, para sentir sus manos en mi vulva pues sus caricias habían surtido efecto me sentía húmeda, tomó una de mis manos y la colocó sobre su entrepierna, mi cuerpo se estremeció, mi respiración se agitó, al tocarlo sentí su cosa dura, comencé a masajearlo por sobre la tela, mientras que el pasaba su mano sobre mi vulva, haciendo a un lado la tanga para tocarme el clítoris, me estremecí completa, sus dedos eran maravillosos, luego él se desabrocha el pantalón y se lo quita, para dejar al descubierto su virilidad, una vigorosa erección, al verlo desnudo me quise abalanzar, quería tocarlo, sentirlo, me quité la polera y la falda, quedándome con la tanga puesta, pues por cierto pudor y además no quería que notara que la abstinencia me había afectado.

Sentados sobre el sofá no acariciamos mutuamente, yo empuñaba su miembro caliente, húmedo, pegajoso, lentamente me dejé quitar la tanga bajando hasta mi entrepierna para recorrer con su lengua mi vulva, haciéndome un comentario que me hizo sonrojar, con respecto a mi vulva, pues es muy carnosa, eso siempre me ha dado vergüenza, hasta colocarme malla en el gimnasio por esa misma razón como que se me notaba mucho, pero me lamió suavemente reteniendo mi clítoris con sus labios dándome un pequeños tirones, haciéndome gemir, mientras producto de mi excitación, yo acariciaba mis pezones, su experiencia y mi ansiedad hizo que me corriera, mojando mi vagina, fue divino, me dejaba llevar.

Lejos de apresurarse, me comenzó a besar los pies, siguiendo por las piernas, los vellos de mi pubis, mi vientre, mis pechos para darme un profundo beso que correspondí, abrazándolo y acariciándole, se puso de pie frente a mí, con su sexo erecto, me di cuenta lo que quería, el tamaño de su sexo me dio pavor debo confesar que por un momento no podría disfrutar de esa masculinidad, lentamente me lo llevé a la boca mis labios aprisionaron su glande, mis manos acariciando ese cuerpo venoso, vigoroso, recorriendo sus piernas robustas, nuevamente me encontraba excitada, lo mismo Ignacio.

Me levanté, subimos las escaleras y nos dirigimos a mi dormitorio, me tendí sobre la cama, abrí mis piernas invitándolo a que me hiciera suya, su glande al descubierto parecía reventar, mientras pasaba su cuerpo por el arco de mis piernas, las elevé un poco más, y lentamente y sin apuros fue introduciendo su sexo en mi húmeda vagina, esta se fue dilatando hasta ajustarse como un guante alrededor de ese maravilloso miembro masculino, haciéndome exhalar un quejido que salió por mi boca entreabierta, una vez que estuvo completo dentro de mi vagina, todo mi cuerpo parecía vibrar nuevamente, Ignacio no aprovechándose de su maravillosa dotación, tratando delicadamente, nos besamos, y sin apuros y muy suavemente nuestros cuerpos comenzaron ese movimiento divino, donde él vigorosamente comenzó a entrar y salir de mi vagina, recorriéndola en toda su longitud.

Dilatada y mojada, mis caderas y mis piernas abiertas hacíamos una danza perfecta, mi vagina estaba muy húmeda, su pene se cubrió de un líquido blanquecino, haciendo un sonido, burbujeante, cada vez que me penetraba, su cuerpo macizo me cubría completa, sus brazos fuertes soportaban el peso de su cuerpo, entregada completamente giraba mi cabeza tratando de ahogar mis gemidos entre las almohadas, entreabriendo mis ojos, mi boca, era divino, había pasado tanto tiempo sin sentir esa sensación electrizante recorrer mi cuerpo, de mi boca ya no salían solo quejidos sino gritos, que inundaban toda la habitación, disfrutaba de ese momento como una jovencita esto lo provocaba agradablemente, haciendo que sus movimientos sean cada vez más rápido, su pene golpeaba hasta el fondo de mi vagina.

Susurraba mi nombre con los dientes apretados, cada vez que me penetraba, haciéndome colocar en cuatro patas como los perritos, quería ver y sentir mi cola, sus grandes manos se posesionaron de mis caderas, recorrieron mis trabajadas nalgas, atrayéndome hacia él, sentí su miembro entrar de una sola estocada por mi húmeda vagina, nuevamente comenzó a mover su pelvis, dándome muy fuerte, se sentía muy rico, muy fuerte haciendo que me corriera un par de veces, le pido entonces que se tendiera, para que yo pudiera montarme encima, me senté encima y comencé a moverme como una posesa, sus manos se posaron sobre mis pechos, apretándolos, luego bajaron por mi cintura, para tomarme por las nalgas como abriéndolas, para ayudarme en ese movimiento de sube y baja mientras yo lo cabalgaba.

Me atrajo hacia adelante y con sus manos me tomó por las nalgas y apretándolas, comenzó a embestirme muy fuerte, siempre él abajo, sus ojos me miraban fijos, sus dientes apretados, como gruñendo noté que se venía, sintiendo como su sexo entraba y salía cada vez más rápido, me apretó contra su cuerpo, sentí su eyaculación, su semen inundó mi vagina, nos quedamos así por un momento, nos besamos, estando aún sobre él, comencé a mover mis caderas suavemente para sentir su pene que aún conservaba su erección quería disfrutar hasta el último instante, nuestros cuerpos sudorosos, terminaron entrelazados sobre la cama, con la mitad de mi cuerpo sobre él, me entregué a las caricias que me prodigaba. Esa tarde volvía a sentirme plena, mujer, mi cuerpo satisfecho, me sentía como una adolescente, más tarde le pediría que me hiciera suya nuevamente.

Sus comentarios serán bien recibidos.

Autora: Andrea

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A mi padre le hice sentir de nuevo como hombre

Al caer, mi himen se destrozó por completo, la enorme verga de mi padre lo hizo pedazos, y yo dejé salir un grito de terror total, las lágrimas escurrieron por mis ojos, yo no dejaba de saltar sobre mi padre, quien me empalaba deliciosamente, haciéndome gemir como loca, haciéndome gozar como nadie. Mi padre también parecía disfrutarlo mucho, puesto que gritaba como yo.

Cuando mi madre murió después de un trágico accidente, mi padre se sintió muy solo. Yo era una jovencita de unos 18 años, y sabía perfectamente por el tipo de soledad sexual que pasaba mi padre. El era un hombre bastante atractivo, era una muy buena persona, que siempre había cuidado de mí, y yo lo quería mucho. Yo discutía mis problemas con mis amigas, muchas de las cuales eran más grandes y mucho más atractivas que yo, y siempre podía contar con su apoyo incondicional para todo.

Muchas de ellas ya tenían novio y hablaban de algo que se llamaba sexo, cosa que para mí todavía se veía lejana. Muchas de ellas presumían que ya habían tenido su primera relación.

Mucho tiempo estuve viendo a mi padre de aquí para allá por la casa, sin hacer nada de provecho, muy deprimido, como ya me era costumbre, no podía seguir así y tençia que hacer algo, una noche, invité a dormir a mis amigas a mi casa, para que me aconsejaran en secreto que era lo que creían que yo debía hacer, fueron llegando poco a poco, les mostré la casa y cenamos. Subimos a mi habitación y comenzamos a hablar de chicos. Muchas de las que fueron aquella noche a mi casa, en total éramos 4 muchachas. Mientras conversábamos, una de las muchachas mayores me pidió que fuera a la cocina a conseguirle un poco de agua. Como buena anfitriona le cumplí el mandado, y mi sorpresa fue al regresar, cuando vi que ella tenía en sus manos uno de mis brassiere y lo agitaba, enseñándoselo a todas.

Yo me avergoncé mucho por lo ocurrido, pero me dijo que no me preocupara, que ella también usaba y de hecho, subió su camisón, dejando ver unos calzones tan chiquitos que yo pensaba que no había de su talla. Y siguió subiendo su camisón, hasta que dejó al descubierto un sujetador negro, muy parecido al mío, pero este tenía bordados, la fiesta continuó hasta bien entrada la madrugada.

Yo no había podido conseguir el sueño, pues no dejaba de pensar en el hermoso cuerpo que mi amiga me había mostrado, ¿el mío sería así? Pero, creo que debo de haber hecho algún quejido o algo así, puesto que una de mis amigas me preguntó que si no podía dormir. Le dije que no y entonces, las dos salimos del cuarto y nos paramos para tomar aire fresco. Mientras recorríamos el pasillo de la casa, ella me recordó la terrible depresión de mi padre y me pidió que la guiara a su cuarto, para ver la forma en que dormía y que tan mal se veía todo realmente. Nos detuvimos en la puerta y la abrimos un poco, lo suficiente para dejar de ver la habitación casi completa. Mi amiga me hizo a un lado y se dispuso a mirar, hizo una expresión de sorpresa; traté de que me dejara ver, pero se negó totalmente a hacerlo y continuó viendo. Yo no entendía porque miraba tanto tiempo, y entonces, noté, como sus manos recorrían su trasero, y pasaba a sus pechos. No entendí nada, hasta que ella me dijo: Mira, ya se cual es el problema de tu padre. Y me dejó ver.

Esa imagen la guardé en mi memoria mucho tiempo, mi padre, parado frente a su cama, con uno de mis calzones en la mano, tomando un pedazo de carne que tenía entre sus piernas. Lo jalaba fuertemente y al principio sentí una extraña sensación en el estómago, pero poco después, noté como mis pechos se endurecían un poco y mis pezones se paraban. Yo me sentía rara, pues nunca había sentido algo así; me asusté mucho y salí corriendo inmediatamente, dejando a mi amiga con el espectáculo. Aquella noche, no se habló más de eso y todas despertamos al mismo tiempo en la mañana. Me sentía aún un poco rara por lo que había visto, pero lo superé muy rápido, tanto así que en la mañana parecía no importarme.

Mis amigas se fueron pocas horas después y yo me quedé sola. Abrí las llaves y me desnudé lentamente, tocando mi trasero detenidamente, analizándome a mí misma, recorriendo cada centímetro, lo mismo hice con mis pechos. Me vi en el espejo y comparé mi cuerpo con el del mi amiga. Sus pechos eran más pequeños que los míos, pero mucho más hermosos, y tenía una silueta muy bonita. Comencé a acordarme segundo a segundo de lo que había pasado la noche anterior, recordé como me había enseñado su brassiere, recordé sus braguitas, tan diminutas. Cerré los ojos y comencé a imaginarlo, como si pudiera tocarlo casi, pero una sensación extraña me sacó del trance, la sensación que tuve la noche anterior.

Me metí a bañar inmediatamente, y comencé a tallarme todo mi cuerpo. Pasé a mi vagina, la lavé con fuerza y después de frotarla noté un extraño olor que provenía de ella. No pude explicar eso, nunca me había pasado; pero proseguí con mi baño caliente. Esa noche miré a mi papá, triste como siempre, muy deprimido Y como cada que lo miraba con discreción, tenía su mano dentro del pantalón. No soportaba verlo así, no quería verlo así, y como último recurso, acudí con mis amigas mayores. Primero hablé con la que había visto a mi padre, ella se llamaba Andrea. Le conté como me sentía y le dije que quería ayudar a mi padre. Ella me dijo que sí, que me ayudaría gustosa, pero que necesitaba hablarlo primero con Laura, (la otra amiga). Y después de que estuvieron hablando muy en secreto, las dos me pidieron que fuera a casa de Andrea en la tarde, para que me explicaran como podía quitarle la tristeza a mi padre.

El día pasó con normalidad y en la tarde, toqué la puerta de mi amiga. Las dos abrieron y me miraron sonrientes, me pasaron a la casa y me sentaron en un sillón. Las dos se pusieron frente a mí y comenzaron a explicarme, que lo que le hacía falta a mi padre era una mujer que lo hiciera feliz. Yo pensaba que necesitaba alguien que lo hiciera reír, pero mis amigas me corrigieron inmediatamente. Me dijeron que los hombres necesitan mucho algo que se llama sexo, y que yo debía de ver la manera que mi padre lo recibiera. Intentaron explicármelo con palabras, pero yo no entendía nada, y siguieron tratando de explicarme hasta que las harté, entonces, decidieron empezar con su segundo plan. Llamaron a alguien por teléfono, llegaría una hora más tarde.

Mientras tanto, Andrea y Laura me llevaron a un cuarto. De un cajón sacaron ropa interior bastante diferente a la mía. Yo usaba braguitas que me cubrían todo el trasero, con la parte frontal muy ancha, y casi todas eran blancas, como mis brassiere. Pero en cambio, la ropa de ellas era mucho más atrevida, era de colores brillantes, de color rojo muy atrevido, de color negro, de una tela muy bonita, pero lo que más me asombraba era el diminuto tamaño que tenían, no me explicaba cómo podían usar eso. Les pregunté que porque eran tan chiquitas, y me respondieron que era precisamente para darles a los hombres lo que querían y me pidieron que esperara unos minutos más. Alguien tocó a la puerta y Laura y yo nos escondimos en el closet del cuarto de Andrea, mientras esta abría la puerta.

La persona que debía llegar era el novio de Andrea, según me explicó Laura y que ella me iba a explicar lo que era el sexo. Andrea y su novio llegaron al cuarto y él la aventó violentamente a la cama, mientras se desabrochaba el pantalón, y lo dejaba caer, luego se quitó la camisa y bajó sus calzoncillos. Me sorprendí al ver un pedazo de carne entre sus piernas, parecido al que yo le había visto a mi papá aquella noche. Mi amiga me explicó que eso era lo que le provocaba placer a las mujeres cuando tenían sexo, y que con suficiente estimulación femenina, el pene dejaría salir un líquido blanco muy delicioso. Yo no entendí nada, como de costumbre, pero mi amiga me fue explicando paso a paso el acto sexual de Andrea.

Ella estaba desnuda sobre la cama, y su novio la besaba frenéticamente en todo su cuerpo y conforme lo hacía, noté como su pedazo de carne aumentaba de tamaño y se paraba. Poco después, él la tomó y la puso con los brazos sobre la cama, de rodillas, como un perrito y de un solo golpe, vi como el pene desaparecía dentro de mi amiga, como si su trasero tuviera mucha hambre y necesitara comer. Los dos se movían de una manera muy graciosa, comenzaron a sudar y gritaban de una manera que yo no había oído antes. Los dos se besaban mientras mi amiga se comía el pene de su novio.

Volteé a ver a mi amiga unos segundos y vi como tenía su mano dentro del calzón y la movía en círculos, como frotándose algo. Yo le pregunté que hacía, pero ella no respondió y fijó su atención en la penetración de mi amiga. Ambos seguían con la misma posición con la que habían empezado y yo no había perdido detalle de como mi amiga se movía, intentaba aprender todo lo que pudiera acerca de esos movimientos tan raros, de pronto, vi como el novio de Andrea comenzaba a moverse muy rápido y muy fuerte, como si quisiera lastimarla. Ella gemía de una manera muy rara, pensaba que le estaba doliendo y de pronto, los dos se quedaron quietos, y se tiraron en la cama.

Laura, que seguía con la mano en el calzón, no pudo contenerse y salió del closet. Se desvistió a una velocidad impresionante y de un solo sentón, cayó sobre el pene del novio de mi amiga, que seguía parado. Comenzó a subir y a bajar frenéticamente, muy fuerte, mientras el novio la tomaba de los pechos y la jalaba. Laura se bajó de pronto del novio y me pidió que fuera ahí. Me acostó junto al palo de carne de mi amigo y me dijo que me acercara. Comenzó a jalar el pene con una mano y con otra puso mi boca frente a él, después de unos minutos de hacer eso, salió un brote de leche, que me salpicó la cara. Yo intenté alejarme, pero mi amiga me mantuvo la cabeza ahí y me gritó para que me tragara todo. Esa leche estaba calentita y tenía un sabor extraño, pero me gustó mucho.

Y así acabó ese momento; el novio se fue de la casa pocos minutos después y Andrea cayó dormida, al igual que Laura. Mientras esperaba que descansaran, me puse a revisar los cajones de Andrea, en verdad que tenía una cantidad de ropa interior, muy variada y muy hermosa. La olí y la pasé por mi cuerpo, disfrutando cada momento, sintiendo aún el sabor de la lechita blanca del novio de mi amiga.

Laura y Andrea despertaron finalmente y se me quedaron viendo fijamente. Mirando mi cara de inocente, ante tan lujurioso acto. Se rieron un poco antes de levantarse de la cama y sentarme en la cama. Me dijeron que lo que acababa de presenciar era nada más que el sexo, tal cual, y que eso era lo que necesitaba mi papá para sentirse mejor. Me dijeron que ahora ellas serían mis instructoras y que me prepararían para alegrarlo. Empezando desde ese día, mientras más pronto quisiera ver a mi padre alegre, más rápido tendría que aprender a ser toda una zorra.

Fue así que mis conocimientos se fueron ampliando, desde palabras hasta posiciones, ahora sabía muy bien de que se trataba todo, sabía muy bien que era esa lechita blanca que me había tragado. Y así fui haciéndome una experta en el tema. Mis amigas me ayudaron bastante. Una de las cosas que hacíamos, era que una de ellas, se vestía como hombre, y entonces, pretendíamos que ella iba a cogerme. Yo había aprendido a caminar sensualmente, a seducir a un hombre y a moverme excelentemente en la cama bajo los consejos de mi amiga Laura. Les describiré un poco estas lecciones de penetración.

Mi amiga Laura se vestía como hombre y actuaba como tal, mientras yo, me le iba aproximando, hacía movimientos sensuales, me movía como zorra, dejaba ver mis pechos, mis escotes y entonces, comenzaba a seducirla, con palabras y con acciones. Ella parecía muy calmada, pero Andrea me iba diciendo si estaba bien o no. Así que, después de un tiempo de eso, Laura se levantaba y me tomaba entre sus brazos, me veía y me besaba en el cuello, en los cachetes y en la boca ( mi primera experiencia lesbica), pero Laura lo hacía sentir tan real, tan duro, que realmente llegué a creer que me acostaba con un hombre de verdad.

Y entonces, Laura me desvestía, me dejaba totalmente desnuda, con vagina y pechos al aire. Me ponía de espaldas a ella, para que no perdiera la concentración al ver sus pechos cuando ella se desnudaba. Y entonces, me tomaba como un hombre toma a su mujer, me sobaba las nalgas, me apretaba mis hermosos pechos y entonces, juntaba sus caderas con las mías, como si me introdujera su miembro. Yo disfrutaba al máximo de estos momentos, ella empezaba a moverse como hombre, mientras yo, recibía con mi vagina su supuesto “Pene”.

Yo gemía del placer y la excitación que esta idea me daba, pero ella simplemente me trataba como un hombre trata a una mujer. Intentamos varias posiciones, y fingimos cualquier situación posible, hasta que un día, mientras yo me tendía en la cama, desnuda por completo, Andrea y Laura me dijeron que hoy sería el día más real, puesto que esta vez si me penetrarían con algo. Yo acepté gustosa, pues era la primera vez que tenía algo dentro de mí y me llevé una gran sorpresa al ver que Andrea, cargaba un enorme pene de plástico, de doble cabeza, un consolador pequeño, largo, pero muy delgado.

Laura me dijo que no quería desvirgarme con eso, y por tal, ella absorbería con su vagina casi todo el pedazo de plástico, que yo solo recibiría una porción de el. Acepté con un poco de inseguridad y entonces, Laura se me montó como solía hacerlo y muy suavemente me introdujo poco a poco el consolador, muy al pendiente de mi sensación en ese momento. Sentí un poco de dolor al principio, puesto que mis labios vaginales nunca se habían abierto más allá de lo natural, pero con ella cogiéndome así, me sentí tan mujer, me sentí muy mayor, y Laura continuó empujando la verga hasta que topó con mi himen y se detuvo ahí un momento, dejando que mi vagina se acostumbrara al tamaño. Lo disfruté muchísimo, y aparentemente Andrea y Laura también, pues me prometieron que al día siguiente, irían de compras conmigo, para seleccionar lo que debía usar para la ocasión.

Como ninguna de las dos conocía los gustos de mi padre, decidieron comprar gran variedad de ropa, desde atrevida, hasta elegante y muy formal. Me pidieron que revisara en los cajones de mi padre, en la computadora, en sus archivos, en todo lo que fuera de él y que hallara que tipo de ropa le gustaba que vistiera una mujer. Hallé muchas cosas, muchas fotos de mujeres desnudas, siendo fornicadas por varios hombres a la vez, lo cual me excitó mucho. Pero lo que más me llamó la atención fue una foto de una mujer muy hermosa, vestida con un abrigo muy elegante, con falda larga, tacones altos, y muy maquillada. Supuse que ese era el tipo de cosas que le agradaría que usara a mi padre, así que guardé a esa hermosa señora en mi memoria y le conté a mis amigas.

El día llegó por fin, y estuvieron repasándome todo el día lo que debía hacer, lo que no debía hacer, etc. Me dijeron que usara una tanga negra, de licra, se sentía delicioso el solo tocarla, un brassiere un tanto menor que mi talla, de este modo, mis pechos resaltarían enormemente, el sostén hacía juego con las braguitas. Me puse unos tacones altos, un vestido rojo precioso, con escotes bastante grandes tanto en pechos como en piernas y me pinté la cara hasta que quedé realmente preciosa. Cualquiera diría por mi apariencia que era una chica de unos 21 o 20, pero yo solo tenía 18, e iba a fornicar con mi padre. Mis amigas me desearon buena suerte y me pidieron que recordara todo para que luego se los contara. Y así empezó todo.

Mi padre llegó a la hora usual, oí la puerta cerrarse y lo oí subir las escaleras, cada momento que pasaba me ponía más tensa sobre lo que debía hacer. Y por fin, la hora, el momento de la verdad, llegó, cuando mi padre abrió la puerta de su cuarto y encontró a su única hija, sentada en su cama, vestida elegantemente, con las piernas abiertas, lista para entregar su virginidad. La reacción de mi padre fue espeluznante, quiso salir de la habitación corriendo, pero algo lo detuvo, se volvió hacia mí y comenzó a preguntarme que era lo que pretendía, me preguntó que había hecho todo este tiempo, pero yo no le respondí, yo me acerqué a él, sensualmente, mirándolo a los ojos con lujuria, queriendo poseerlo. XOX1

Pero él me tomó de los brazos y me apartó, me dijo que nunca en la vida tendría relaciones con su propia hija. Yo le reproché eso y le dije que eso era lo que necesitaba para sentirse bien. Pero él seguía negándose y yo no vi ningún punto débil que atacar, entonces, al ver todos mis esfuerzos y dolores en vano, comencé a llorar. Mi papá se me acercó y me abrazó suavemente, diciéndome que lo perdonara, pero que no podía hacer eso. Yo solo gritaba cogeme, cogeme, hazme tu esposa, hazme tu mujer. Pero él se mantuvo firme.

Me senté en la cama y lloré a más no poder, con él consolándome a mi lado, diciéndome que lo sentía, diciéndome que no debíamos, entonces, comencé a ver un ligero bulto debajo de su pantalón, una señal de esperanza para mí, y sin dudarlo más, puse mi mano sobre el, lo tenté un poco, lo sentí, lo froté por sobre el pantalón, y lentamente bajé el cierre. Le quité el pantalón a mi padre hasta las rodillas, mientras él me miraba como queriendo ver que tan lejos podría realmente llegar, entonces, me arrodillé ante él, tomé su miembro con las manos y comencé a jalarlo de arriba a abajo, provocando que su tamaño aumentara.

A decir verdad, me preocupé un poco al ver el tamaño del pene de mi padre, era algo enorme, tanto ancho como largo, comencé a dudar como iba a meterme eso, pero no era lo más importante en el momento, lo importante, era atender el pedazo que tenía entre manos, lo lamí un poco, lo chupé, lo recorrí con todos mis dedos, mi padre me preguntó que si era eso lo que quería realmente. Le dije que sí y me pidió desnudarme frente a él.

Comencé a bailar como prostituta, tan sensualmente, que yo misma comencé a humedecerme, mientras veía como él sobaba su pene suavemente. Me quité el vestido con lentitud, deslizándolo lentamente hacia abajo y cuando estuvo en el piso, lo lancé. Proseguí con mi brassiere. A mi padre le alegró ver mis enormes pechos saltar de su encierro, pues pude notar como su erección aumentó aún más. Deslicé mis braguitas muy lentamente hacia abajo, enseñando lo más que podía de trasero a mi padre, las saqué por mis tacones y se las arrojé a la cara. Él las olió unos momentos y comenzó a quitarse la camisa y a desnudarse por completo.

Nos miramos los dos, totalmente desnudos, dudando si debíamos seguir, pero sin decir palabra alguna, los dos nos fuimos aproximando lentamente, incitándonos mutuamente, entonces, me cargó en sus brazos, me dio vueltas y me besó la boca tiernamente, metiendo su lengua hasta el fondo. Acercó mi cabeza a la suya unos momentos y me dijo:

-Te voy a tratar como a tu madre, hija. -Sí, papito, lo que tú quieras, hazme lo que quieras.

Y entonces, me bajó, me miró desde los pies a la cabeza, poniendo especial atención a mis pechos. Me le lancé encima y los puse justo frente a su cara. Le dije, -Toma papi, toma, son tuyos, juega con ellos, hazles lo que quieras. Y así lo hizo, comenzó a mordisquear mis pezones, lamió mis pechos, los sobó, se ahogó en ellos, no los dejó en paz ni por un segundo, los recorrió todos, me pidió que me sentara en la cama.

-Ahora te toca a ti mi cielo, lámeme.

Y así lo hice, chupé su glande, lo lamí, lo succioné con fuerza, arrancándole unos ligeros gemidos de placer. Lo mordí muy suavemente, provocándole aún más, pasé mi lengua por toda su piel, lo tallé muy bien y su olor me hipnotizó, pues no pude alejarme de ese hermoso miembro, y al contrario, aumenté mis lengüetazos por él, lo lamí todo, lo ensalivé hasta que escurrió.

-Ahora lámeme mis huevos mi amor, lámelos

Me impresionó el tamaño de sus enormes pelotas, seguramente tendrían mucho semen que yo podría disfrutar al máximo. Me metí sus testículos a la boca, los disfruté al máximo, me excitaba todavía más el fuerte olor que tenían. Continué lamiendo el pene de mi padre, intentando metérmelo todo a la boca, intentando sacarle todo de un chupetón, pero justo cuando me disponía a dar la chupada final, mi padre me acostó en la cama y apuntó su pene sobre mis pechos. Jalé su precioso miembro unas cuantas veces y un enorme chorro de semen fue a cubrirme los pezones y todos mis pechos, los tapicé de esperma, lo pasé por todo mi cuerpo, me lo comí y lo olí.

Me disponía a agarrar un papel para limpiarlo, pero mi padre me ordenó que lo dejara como estaba, que con eso todo agarraría más movimiento. Antes de proseguir, tomó uno de los vestidos más atrevidos de mi madre, un traje negro muy corto, con escote muy abierto; seguramente mi padre y mi madre habían tenido mucho sexo con ese vestido. Me ordenó revolcarme sobre el vestido, para embarrarlo con el semen que tenía sobre mis pechos.

Lo obedecí inconscientemente, y cuando me lo hube puesto, mi padre se abalanzó sobre mí con unos hermosos besos, me llenó toda, sentía que iba a explotar y así fue, tuve un orgasmo que llenó las sábanas de mis fluidos. Me quedé débil por unos momentos. Mi padre me cargó, con su enorme pene parado, me llevó a su escritorio y se sentó en la silla. Teniéndome entre brazos, me dejó caer con la vagina de lado, para que él pudiera ver mi perfil mientras me penetraba.

Al caer, mi himen se destrozó por completo, la enorme verga de mi padre lo hizo pedazos, y yo dejé salir un grito de terror total, puesto que lo más grande que había visto mi vagina había sido aquel pequeño consolador de Laura. Las lágrimas escurrieron por mis ojos, pero yo no dejaba de saltar sobre mi padre, quien me empalaba deliciosamente, haciéndome gemir como loca, haciéndome gozar como nadie. Mi padre también parecía disfrutarlo mucho, puesto que gritaba como yo.

Mientras estábamos en el sube y baja, él metía sus dedos en mi boca y yo los ensalivaba, yo los disfrutaba. Así seguimos unos minutos, cuando me preguntó que si realmente era virgen. Le dije que sí, y entonces dejó de penetrarme.

-Recuerda que eres mi esposa, maldita, recuérdalo bien.

E inmediatamente me disculpé, perdón mi amor, le dije, perdóname. Él no siguió penetrándome, sino que me lanzó sobre la cama.

-Ahora, como castigo, te voy a dar por el culo.

Yo no tenía ni idea de cómo se sentía eso, ni siquiera Andrea y Laura lo sabían y me asusté. Intenté decirle que ya no quería a mi padre, pero él ya estaba cegado por el deseo que tenía hacia mi madre, me sujetó fuertemente de las caderas, con tanta fuerza, que solté un grito.

-Como has sido una zorrita, te voy a dar tal cual.

Y sin dudarlo ni un momento más, me sujetó aún más fuerte de mis grandes caderas y me metió todo su pedazo de carne de un solo movimiento por el ano, sin lubricación. Ese instante fue tan doloroso que me desfallecí sobre la cama, comencé a llorar histéricamente, tratando de zafarme, encajándole las uñas a mi papá, pero él no cedía. Yo no podía aguantar más el dolor, pues él me embestía fuertemente.

-Lo tienes igualito a tu mami preciosa, me decía él mientras me penetraba cada vez más violentamente, – Igual de rico, muy chiquito, pero muy rico.

Yo ya no hallaba como zafarme y aunque el dolor fue muy intenso, poco a poco fue desapareciendo, poco a poco cedió para darme un poco de placer y justo cuando comenzaba a sentirse bien, mi padre me eyaculó en el ano. Sentí su deliciosa leche calentita recorrerme toda, sentía su esperma dentro de mi, mientras los dos nos sacudíamos en un violento orgasmo. Grité como loca por el dolor y por la desesperación, pero también por el placer que me había provocado. Era la cosa más deliciosa que había experimentado, ni siquiera mis amigas habían pasado por algo tan intenso, de eso estaba segura.

Mi padre sacó su enorme pene de mí y se limpió con el vestido que aún vestía, me vio fijamente, directo a los ojos, yo ya estaba exhausta, no podía más, pero él me dijo que le quedaba todavía un poquito más para mí, le dije que hiciera lo que quisiera, yo ya no quería más, entonces, comenzó a penetrarme por la vagina nuevamente, aún ensangrentada por el rompimiento de mi himen.

Me la metió muy suavemente, y aunque yo no me movía, sentía un placer inmenso, sentía su miembro rozar con las paredes de mi vagina, tocándolas todas y alcanzando mi clítoris, haciéndome pasar por un placer enorme que no podía demostrar debido a mi agotamiento, pocos minutos después, salió de mí y me dijo que me tomara mi lechita de las buenas noches, así que abrí la boca y él se masturbó, hasta que todo su semen tibio fue depositado en mi boca, llenándome hasta el tope. Intenté tragarme todo, pero mucho se escurrió sobre las sábanas.

Mi padre, me miró tiernamente y me quitó el vestido de mi madre. Con el limpió todo lo que habíamos ensuciado en su cuarto. Y me llevó cargada a mi cuarto. Al acostarme, puso su cara sobre mis pechos, me los lamió una vez más, me los ensalivó todos y me dio las buenas noches, salió de mi cuarto, dejándome con la vagina y el ano adoloridos.

Es noche dormí inmediatamente, preparada para contarle a Laura y Andrea la placentera experiencia que había pasado aquel día.

Ojalá les haya gustado, voy a hacer la continuación de este cuento, díganme que les gustaría que pasara.

Autora: Nelli

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Una realidad auténtica

Después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo.

Me llamo Luis y mi mujer Andrea, tenemos ambos 30 años y somos lo que se dice una pareja bien parecida, sobre todo Andrea, que es alta, llenita, morocha de ojos muy negros y pelo también muy negro, con unas tetas bien paradas y duras y un culo, realmente para ponerlo en una exposición.
Aunque parezca mentira, luego de 8 años de casado fue que recién me di cuenta que mi mujer es la más puta de las mujeres, y que eso a mí me gusta. Mi matrimonio era de lo más normal, muy fogoso al principio, para luego ir decayendo un poco, pero siempre teniendo sexo bien satisfactorio, y con bastante frecuencia.

En algún momento empezamos a tener fantasías cuando hacíamos el amor, hablando de que nos gustaría hacer un trío, o simplemente mirar como otro hombre u otra mujer haría el amor con uno de nosotros. Las fantasías siguieron y nos calentábamos mucho, hasta que empezamos a fantasear con que “yo te voy a avisar cuando vaya a coger con alguien” y cosas por el estilo.

En una oportunidad, me llamó por teléfono a mi trabajo y yo no estaba. Cuando esa noche me lo comentó, le dije que había salido para ir a acostarme con una amiga, siempre como parte del juego, me preguntó quién era; qué le había hecho, si le había chupado bien el coño, si le había dado por el culo, etc. A medida que iba inventando las respuestas, mientras nos acariciábamos, nos íbamos calentando cada vez más y nos echamos un polvo inolvidable como cuando éramos novios. Así seguimos por un tiempo relativamente largo, avanzando en nuestras fantasías, por ejemplo, cuando ella se bañaba, perfumaba y maquillaba para salir de compras con sus amigas, me decía que iba a encontrarse con Pedro, o Andrés, o Fernando, que le iban a comer su coñito, o que Manuel o Luis se la iban a follar hasta que no pudiera estar de pie.

Otro día que había ido a tomar el té con sus amigas me llamó para avisarme que iba a llegar más tarde porque en ese momento estaba siendo enculada por mi amigo Raúl que luego se tomaría un taxi. Cuando llegó yo la esperaba ya con mi verga a punto, y otra vez tuvimos un encuentro memorable. La relación realmente había mejorado mucho y parecíamos recién casados por la calentura en que nos encontrábamos casi permanentemente hasta que un día que yo sabía se iban a reunir con otras amigas en casa de Sofía para ver las fotos del último viaje, la vi vestirse con una blusa bien escotada y una minifalda que a mi me deja “de cabeza”, medias negras y zapatos de tacones bien altos y finos.

-¿Adónde vas vestida así? Pregunté más bien para jugar que para saber la respuesta. -A follar con Fernando. Me contestó. -A que sí. Cuando te esté follando quiero que me llames y me lo digas. -Te lo prometo.

Casi no puede irse porque yo ya estaba empalmado y quería cogerla allí nomás antes de que se fuera.
Alrededor de las 19 h. llamó por teléfono Laura, para avisarle a Andrea que la reunión se suspendía para el otro día porque ella y Julia no podían ir. Cerca de las 21 h. yo estaba poniéndome ya nervioso por la tardanza ya que sabía que Andrea no estaba en lo de Sofía cuando sonó el teléfono.

-Hola mi amor ¿cómo estás? Dijo. -Bien, ¿dónde estás tú? -Ya te lo dije, follando con Fernando.

Yo no podía creer lo que estaba oyendo, pero al no haber ido a lo de Sofía, comencé a dudar de que fuera cierto lo que me estaba diciendo.

-No te creo, y me tienes preocupado, dime dónde te has metido. -Estoy con Fernando, que en este momento me está comiendo el coño y yo le acaricio la polla. -Mami, me tienes a mil, vente lo más rápido que puedas, que hoy te voy a hacer de todo. -Tendrás que esperar Papito, porque ahora, estoy a punto de tirarme a Fer, que tiene la polla más grande que me he comido hasta hoy. Escucha como me hace gemir cuando me la pone,- ay Fer… despacio… con cuidado… la tienes muy grande. -¿Desde dónde me estás hablando, Andrea? -¡Qué importa!, déjame gozar y luego te cuento.

Creo que llegué a contar hasta los minutos hasta que regresó, pues no podía con mi calentura y con las ganas de saber en realidad donde había estado. A las 10 y 15′, cuando regresó yo ya estaba esperándola para desnudarla y he de decir que si no la hubiera encontrado tan lubricada, casi habría sido una violación, pues casi sin preliminares me la follé. Luego de ese primer polvo, nos quedamos un poco relajados y mientras la acariciaba y besaba por todos lados, (boca, cuello, espalda, tetas), comenzamos a conversar, y yo le pedí que me contara la verdad de lo que había hecho.

-Ya te dije que me fui a follar con Fer a un motel. -Cuéntame entonces todo con detalles. -Pues me pasó a recoger en su coche y nos fuimos al motel, ya de antes estábamos muy cachondos, así que ni bien subí y nos dimos un beso, me empezó a meter mano, en los pechos y entre las piernas, pues como ves con esta pollera, se me subía hasta dejar que casi se me viera la tanga y eso era una invitación que él aceptó.

-Dices que te metía mano mientras manejaba ¿y tú que hacías? -Mientras me acomodaba bien adelante en el asiento del coche y abría las piernas para que me tocara y viera que mojado tenía el chochito le tocaba la verga por encima del pantalón, y luego se lo desprendí, no me dio el tiempo de hacerle una mamada allí mismo porque llegamos, que si no nos hubiéramos ahorrado el gasto.
-Cuéntame, cuéntame. -Me desnudó casi a los tirones y luego hizo lo propio y me empezó a besar como lo estás haciendo tú ahora. -Sigue que me estás volviendo loco otra vez.

-Me comió el chocho durante no sé qué tiempo y después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela más allá de la cabeza. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo. -Si serás puta. -Como le gusta a Papito, o no te gusta que sea así. -Claro que me gusta.

Ya a esa altura yo no podía hablar más pues mi lengua estaba ocupada yendo de su coño a su culito y nos echamos otro polvo de antología. Después de 8 años de casado echarse dos polvos no era una cosa de todos los días y quedé en un estado de relax, como en el limbo, pero, recordé que realmente no sabía dónde había estado, puesto que a lo de Sofía no había ido.

-Dime ahora realmente donde fuiste. -Ya te lo he contado. -¡Pensé que era otra fantasía! -Claro bobito, estuve en lo de Sofía con Laura y Julia.

En ese momento no sabía cómo reaccionar y le dije:

-No es cierto, llamó Laura para avisar que la reunión se cancelaba, que no podían ir.

-Papito, tú tenías una fantasía, querías que yo te pusiera los cuernos, pues te los he puesto, mejor, te los vengo poniendo desde hace un tiempo, y para ti era fantasía, pero sé muy bien que te ha gustado, só cabrón, así que desde ahora, cuando me empiece a “picar el chocho” voy a salir a coger con quién me dé la gana y luego, como favor, si me lo pides, te lo contaré.

-Si me has contado la verdad, si me has hecho un cabrón, tienes que por lo menos alguna vez, dejarme mirar. -Claro Papito, su nena lo va a dejar mirar como otro macho se la coge, le come el coño y la culea.

Al principio creí que los celos me matarían, pero pronto descubrí que me gustaba, que ver gozar a Andrea con otro hombre era realmente excitante y que eso fortalecía nuestro cariño, pues ella jamás se involucraba sentimentalmente, sólo los quería para follar, y que además yo gozaba nuestros polvos como nunca.

Autor: Luis

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Paula y Andrea van a la playa

Le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente.

Andrea, es mi mejor amiga, una niña bien y mide 1,66, pesa 56 kilos, sus medidas no tienen nada que envidiar a las modelos (es el típico bomboncito de 21 años). Nos encontramos en la cafetería de la Facultad y me dijo que quería hablar conmigo, que me había visto por el barrio y empezamos a hablar, nos caímos bien e intimamos, y claro vamos juntas a la Universidad.

Mi nombre es Paula, tengo 20 años, físicamente, soy una chica rubia, de pelo largo y liso, ojos oscuros, de 1,68, muy delgada. Ah, soy de buena familia, o lo que se conoce como una niña bien o una nena pija. Tengo las tetitas pequeñas, pero muy paraditas y sensibles, de hecho casi siempre salgo sin sujetador; y tengo un culo muy bien puesto, respingón y que atrae la mirada de chicos y de alguna de mis amigas. Vivo con mis padres, estudio, salgo con mis amigas y tenía novio (por ese entonces), ahora tengo a mi Amo, y vivo pensando en estar con él.

Había pasado el día en grupo, con mi novio (Joan), y mis amigos (Andrea y Lluís): estuvimos en la playa jugando, bromeando y poniéndonos a tono. Bueno a mi novio lo puse a 1000. El me puso crema, y luego nos estuvimos dando el lote sobre la toalla (una de esas enormes), él sabe besarme y me gusta cómo me toca. Pero sobre todo, dentro del agua… y, nos calentamos tanto que, se la tuve que sacudir (en el agua, claro), haciéndolo correrse un par de veces (por la mañana).

Luego él, como estaba contento, me invitó a comer un helado y tomar algunas cosillas, le dejé tocarme otro poco más; me había puesto el vestido, en el coche. Me gusta sentir como me toca, así me excito mucho, lo paso bien (pero no llegué a correrme). A veces pienso que soy rara, porque además el clítoris no me sale nunca; siento… sí, una sensación muy agradable, pero no me llega el orgasmo (bueno en sueños sí, y eso me daba que pensar).

Por la tarde luego de comer, los chicos se empeñaron en hacer un partidillo de futbol, con otros amigos, que conocemos de otras veces, pues vamos mucho a Platja d’Aro, y Andrea y yo nos quedamos solas. Hablamos y, Andrea me dijo que también estuvo cariñosa con Lluís, y dijo que me había mirado, que se excitaba más mirándome a mí he imaginado que está conmigo. Que si a mí sólo me gustaba con chicos, pero que ella es bisex. Yo, ya lo sospechaba, en cómo me miraba y, le dije que no he estado con chicas. Pero, le comenté lo que me pasaba con Joan, y que ni tocándome a solas llego a eso que llaman orgasmo, que me excito y es agradable, no siento ni sacudidas, ni cosas así… pero que si me mojo…

Me respondió que, si siempre era igual, y le dije que en sueños sí que siento más fuerte, pero que luego no me acuerdo que he soñado. Sólo que cuando me levanto, estoy arañada por todos lados y, a veces hasta noto que me he mordido los labios. Por eso, me arreglo cada vez más las uñas (bien cortitas) y, uso mucho la crema labial…

Dijo que quería estar conmigo, en el agua, y jugar un rato. Y como ellos (los chicos), estaban haciendo el bobo con el balón. Le dije que estaba bien. Se puso contenta, nos pusimos la parte de arriba (para ir más cómodas y evitar tanto moscardón…); y por señas les hicimos ver, a los chicos que íbamos a dar una vuelta, que no se preocuparan. Lo entendieron y nos alejamos de ellos empezando a bromear.

Yo notaba que Andrea no paraba con sus miradas, y que buscaba excusas para acariciarme. Yo simplemente, me sentía bien, y bueno ella tampoco se pasaba. Fuimos haciéndonos confidencias… y todo iba bien. Nos alejamos algo más de lo que habíamos pensado, y llegamos a una zona casi sin gente. Y me dijo, que si quería entrabamos en el agua a jugar, que fuera es todo demasiado claro y aunque hay poca gente, llamaremos la atención si jugamos demasiado… Estuvimos jugando un buen rato, nos masturbamos mutuamente. Nos sacamos la parte de abajo… Luego, le subí la parte del suje, para tener sus tetitas libres, y empecé a tocarle el vientre y el culo. Me dio un par de besos en la boca, y apretándose se frotó un rato largo conmigo. Me dijo:

Paula, estoy a mil, me has puesto como una moto. Quiero comerte ahora, bajo el agua… ¿sí?

Andrea, se zambulló sin esperar mi respuesta, y estuvo lamiéndome mi coñito sumergida, también me lamió mi vientre, las nalgas y el culo. Se sumergía, subía a tomar aire (cuando no podía más), y jugaba así… un rato. Me frotaba con su lengua, con la boca, con la cara y con las manos. Luego se pegaba a mí, frotando sus tetitas con las mías, con mi vientre, y con mi pubis… Era muy agradable, me excitaba, y yo quería más… así que, separé las piernas y le acariciaba la cara y la cabeza. Salió, para tomar aire, después de esa tanda de inmersiones calientes. Su respiración estaba alterada… la cara roja… Me dijo que… la tocase y que me deseaba, se colocó en frente y estaba a punto de venirse… Me fijé que alguien… si… un chico nos miraba (sin acercarse, pero sin perder detalle), y se lo dije. Respondió ya a punto de llegar al orgasmo:

¡Es igual, ahora no pares Paula, por favor…! ¡Fóllameeee, fueeeerte y duroooo…!

Empecé a tocarle las tetas, a apretarlas, y aún me pedía más… Quise vengarme… por envidia de que se corra… y yo no. Y “le estiré fuerte uno de los pezones y, con mi rodilla le empecé a frotar en círculos su coño” y, eso la calentó más. Era una caricia correspondida, ella me tocaba mi espalda y ambas nalgas, que dentro del agua se sentía una sensación envolvente. Le dije que:

¡Eres una puta y voy a azotarte hasta que te corras, guarra!  Y tú, sujétate a mis caderas y ábrete más…

Lo hizo, y además se frotaba… fuerte, ella misma, con mi rodilla. La estuve azotando, y dándole besos, sin parar, y ella se entregaba totalmente… Así estuvimos hasta que Andrea, se vino, la sentí gozar entre mis brazos, apretándose a mí… Yo, mientras, también me había excitado, pero no sentía como ella (Andrea se movía, temblaba y emitía unos suspiros que envidié). Y, me hizo sentir mal, saber que yo no podía sentir lo mismo. La envidié, con toda mi alma, juro que la envidié. Me hizo sentir, la importancia de conseguir correrme, no sabía cómo, pero lo deseaba… Luego seguimos un rato, con caricias, y más relajadas. Y Andrea, me dijo que iba nadar un rato. Le contesté que bien, y yo… también nadé… un rato… Al rato me paré y vi a aquel chico que nos miraba, que se me acercaba, y empezó a hablarme:

Hola, me llamo Kharlos, te he visto con tu amiga… Luego hablamos… pero eso tal vez lo cuente otra vez… jajaja

He aportado mis notas, y mi amo con sus recuerdos, ha redactado este relato. Pero desde mi perspectiva. Me lo ha hecho leer, y me ha dicho que lo escribe porque así soy más suya. Y así hay otras que saben que soy su esclava, y su perra.

Si lo deseáis; podéis enviar vuestros comentarios.

Autor: Kharlo1

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Se follaron a mi señora

Andrea se acercó a Sergio y frotó su culito sobre el pene de mi amigo, el que sin demora, se abrió el cierre, levantó la faldita de mi mujer y empezó a frotarlo ahora sobre la concha depilada de mi mujer, luego mi mujer completamente desnuda y sentada sobre Sergio, comenzó a bajar sobre el pene de Sergio, escuchaba como Andrea se quejaba muy despacio y Sergio le chupaba sus pechos.

La historia que les voy a contar me ocurrió hace algunos meses, y aunque me perturba día a día, recordarme de ella me excita en demasía. Con mi señora nos casamos muy jóvenes, aún lo somos, ella tiene 27 años, yo 28, y siempre que hacemos el amor me encanta que ella me susurre relatos eróticos al oído, como que se lo meten en el bus o que se la chupa al vecino y mi gran sueño era verla con otro hombre, aunque luego de pensarlo un poco me moría de celos.

Pues bien hace algún tiempo me encontré con un viejo amigo el cual vive hace algunos años en Australia, conversamos y lo invité para que esa noche fuera a mi casa a conversar, nuestro hijo además se encontraba donde sus abuelos por lo que no había problema alguno, la verdad es que nunca me imaginé lo que esa noche ocurriría en mi propia casa.

Mi amigo Sergio, así se llama, llegó puntual a las 9:00 de la noche, fuimos a comprar ron y cervezas junto a mi mujer y a los otros dos invitados de esa noche, Alberto y su hermana Inés, vecinos del sector.

Luego de llegar a la casa me di cuenta que Andrea, mi mujer, estaba muy coqueta con Sergio, además esa noche mi mujer lucía más calentona que nunca, traía una faldita muy estrecha y que hacía notar su estrecho pero bien formado culito, unas tanguitas color mantequilla chiquitinas, además se había depilado por la tarde, por lo que su conchita lucía como la de una colegiala, andaba trayendo además una polerita rosada que permitía ver sus pequeños pezones, así me percaté de cómo Andrea miraba disimuladamente a Sergio sin que me yo diera cuenta, lo que no me preocupó mucho en realidad, porque yo sabía que mi mujer, a pesar de sus relatos, y lo caliente que era en la cama, siempre me había sido muy fiel.

Luego de varias copas empezamos a jugar un juego en que aquel que perdía tenía que hacer alguna penitencia a instancia de los otros. Todo iba normal, Inés tuvo que cantar cuando perdió, Sergio bailó y yo tuve que tomarme tres vasos de ron, lo que me dejó más que borracho. Lo cierto que desde ese momento en adelante no me acuerdo de mucho, pero si tengo claro que Alberto e Inés se fueron de mi casa al poco rato por lo que quedamos jugando mi amigo Sergio, yo y Andrea mi mujer, yo en realidad solo a esa altura miraba el juego…

Perdió Andrea, entonces yo, ebrio y como broma solamente le dije a mi mujer que tenía que hacernos un baile sensual a los dos, mi mujer se rió solamente, ya que también había bebido bastante, pero para mi sorpresa dijo que bueno, total, mi amigo se iría en dos días más a Australia y además era solo un baile.

En ese momento cometí el peor error de la noche, bebí una copa de ron entera, lo que me provocó tener que ir al baño rápidamente, luego me acuerdo que Sergio con mi mujer me llevaron del baño, donde quedé tirado en el suelo, me levantaron, me llevaron  al sillón y me dejaron descansar, yo estaba completamente ebrio y semidormido, pero en condiciones de escuchar todo lo que conversaban Andrea y Sergio.

Luego de aproximadamente 15 minutos escuché a Sergio decirle, medio en serio medio en broma a Andrea, mi mujer, que para el próximo viaje tenía que cumplir su penitencia. A lo que mi mujer tímidamente le dijo que igual quería terminar con el juego, entonces me di cuenta que puso música y empezó a bailar, yo a ese entonces estaba más caliente que celoso, y me hice el dormido, entonces Andrea comenzó a bailar, con una luz tenue empezó a mover sus caderas, al principio no mostraba nada, pero grande fue mi sorpresa cuando comenzó a frotarse tímidamente sus pechos y metiendo sus manos por debajo de su faldita, y frente a Sergio, se sacó sus tanguitas, yo creí que era un sueño.

Como estaba bien obscuro no percataron en lo absoluto que estaba despierto, luego Andrea se acercó a Sergio que estaba sentado y frotó su culito sobre el pene de mi amigo, el que sin demora, se abrió el cierre, levantó la faldita de mi mujer y empezó a frotarlo ahora sobre la concha depilada de mi mujer, la que para mi sorpresa no oponía la menor resistencia, luego pude ver como ahora mi mujer completamente desnuda y sentada sobre Sergio, comenzó a bajar sus caderas lentamente sobre el pene de Sergio, escuchaba además como Andrea se quejaba muy despacio y como, poco a poco, Sergio desnudaba la parte superior de Andrea y le chupaba sus pechos pequeñitos.

Luego observé como se lo metió ya que me daban la espalda, él sentado y ella arriba, pude ver claramente como mi amigo penetraba a mi mujer con su gran pene, desde chico lo molestaban por el tamaño de su verga, escuché también como mi mujer casi llorando le susurraba que se lo metiera hasta el final y como luego de acabar, se agachó y le chupó el pene a Sergio hasta que este también dio un fuerte alarido, lo peor es que Andrea siguió chupándoselo por unos minutos como una perra sin señales de hastío, cuestión que me encabronó aún más.

Luego de esta escena mi mujer corrió al baño, Sergio me llevó a la cama, lógicamente que yo me seguía haciendo el dormido, y luego siguieron conversando como si nada.

Mi amigo se fue a dormir en el sillón y mi mujer se acostó a mi lado en nuestro dormitorio, yo estaba más caliente que nunca y con mi ebriedad no asimilaba la realidad, luego de acostarse Andrea y de dormirnos por un rato, desperté sobresaltado, ya un poco más lúcido pero borracho todavía, me di cuenta que Andrea no estaba, entonces silenciosamente fui al living de la casa, me agaché y pude ver claramente como, mi gran amigo, nuevamente penetraba a Andrea, esta vez por su estrecho culito, y como esta se quejaba silenciosamente, lo peor es que estuvieron como 20 minutos y Andrea, imaginando que yo dormía profundamente, lloraba de placer.

Al otro día todo fue normal le pregunté a Andrea que había sucedido, ella me contestó que luego que me fueron a recostar Sergio se había ido a casa de sus tíos. Desde ese día cada vez que estoy caliente, me recuerdo de cómo se lo metieron a mi mujer y con sentimientos encontrados espero que mi amigo vuelva pronto.

Autor: Sempronio

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Le invité a que se comiera mi tortita

Entonces lo tomé por sus cabellos y acerqué su oído a mis labios y le dije: cariño, hoy es tu cumpleaños, qué te parece si te invito a partir mi torta y a que te la comas todita tú solito… eso lo volvió loquito… me besó con más pasión que antes, nos subimos a su carro y arrancamos.

Hola querido cybercachondo(a) que me estás leyendo, me llamo Andrea (22años) y aunque no te conozca deseo hacerte pajear de lo más rico con mi historia… te voy a contar cómo y con quién fue mi ingreso al mágico mundo del sexo.

Pues verás, yo solía ser una chica muy recatada frente a todos, y pese a que muchos chicos siempre han estado a mi alrededor, nunca les daba bola, me gustaba hacerme la interesante y esas cosas… hasta que un día, cuando empecé la universidad conocí al nene más rico que había visto en mi vida… lo vi en biblioteca y luego descubrí que íbamos a los mismos cursos, ¡pero terror! Yo era la tipa más tímida del mundo, así que no me acercaba a él… hasta que un día él mismo vino a mí, nos hicimos amigos y, con el tiempo, mejores amigos… y me di cuenta de que había escogido mal porque ese niño también sufría de timidez… yo hasta ese entonces nunca había tenido novio, ni si quiera un beso… era demasiado tímida para esas cosas, es más, él fue mi primer mejor amigo, porque a los demás chicos siempre les veía los ojos de lobos al mirarme… yo sabía que me tenían muchas ganas, (y a veces yo también las tenía) pero no podía dar rienda suelta a mis deseos…

Cuando llegué a los 20 sin haber tenido mi primer beso, me entró preocupación y decidí aceptar al primero que se me mande si es que al menos me gustaba. Así estuve con un man por un lapso de un mes porque aunque estaba demasiado bueno no me hacía sentir lo que Alfred podía sólo con mirarme, así que lo corté. Hasta ese entonces, yo ya sabía que a Alfred también le interesaba, porque si bien no me lo decía personalmente, por el chat se deschavaba, me decía todas las cositas ricas que quería hacer conmigo, era como si hablaran dos amantes en vez de dos amigos (hasta yo me desconocía porque no sabía de dónde me salía tanto ingenio para imaginarme tanto placer)… él me hacía sentir más curiosidad por el sexo, yo tenía que descubrir en sus brazos cómo era hacer el amor. Desde allí empecé a mirar películas xxx y a mojarme pensando en él. Así iban las cosas, pero para no aburrirte, te resumiré diciendo que esto duró más o menos 3 años, él me preguntaba que cuándo haría realidad sus fantasías y mi respuesta siempre era que algún día… ahora te contaré cómo fue que llegó ese día…

Pues resultó que era su cumple y nos fuimos de reventón con un grupo de amigos a una disco… estábamos bailando y de pronto ¿qué creen? El tímido tenía sus manos sobre mi cola, decidí hacerme la desentendida y empecé a moverme más… él me sobaba y eso me gustaba más, hasta que me dio media vuelta y resulté dándole la espalda y aprisionó muy fuerte mi cintura contra él y sentí que su paquete había incrementado de tamaño… yo estaba sudando, tenía ganas de que hiciera reventar mi falda y allí nomás me follara… justo cuando estábamos en mejor posición se acabó la pieza, entonces, lo tomé de la mano y lo llevé hasta la salida de la disco, tomé valor, respiré profundo y lo besé, yo sentía que me iba al infinito al sentir su lengua recorriendo toda mi cavidad bucal, entonces, empezó a bajar por mi cuello –él sabía que eso me derretía, antes ya lo había intentado- entonces lo tomé por sus cabellos y acerqué su oído a mis labios y le dije: -Cariño, hoy es tu cumpleaños, ¿qué te parece si te invito a partir mi torta y a que te la comas todita tú solito?

Eso lo volvió loquito… me besó con más pasión que antes, nos subimos a su carro y arrancamos, manejaba temerariamente, parecía que nada más le importaba que llegar al motel y que tiremos frenéticamente. Todo el camino en el auto, iba sobando mis piernas y metiendo sus manos entre mi entrepierna, yo ya no quería esperar más, si por mí hubiese sido, hubiese tenido mi primera vez en el carro nomás…

Por fin llegamos al motel, nos asignaron una habitación del 5to piso… y el maldito ascensor ocupado. Entonces esperamos un ratico… luego en el elevador, pensábamos que podríamos adelantar un poquito la función, pero nos tocó subir con un par de abueletes que seguro iban por lo mismo…

Finalmente solos, en el cuarto, yo pensé que la cosa se había enfríado, pero al parecer a él la demora lo había excitado aún más… empezó a besarme como poseso, tocaba mis senos por encima de la blusa y me apretaba las nalgas, yo pronto sentí que tenía duros los pezones, y él avanzaba por mi cuello, yo estaba entretenida acariciando sus pectorales por debajo de su polo (estaba demasiado bien formado todo en él) le quité el polo y él tomó el cierre de mi blusa con sus dientes y lo bajó, dejó caer la prenda y se detuvo a mirar mis voluptuosidades (no es por nada, pero tengo pechos de impacto y son naturales) luego quitó mi bra y empezó a darles suaves mordiscos a mis pezones y a pasarles la lengüita de una manera… mmmmmmmmmmm, me alzó contra su cintura y yo la rodeé con mis piernas, así me recostó suavemente sobre la cama –era demasiado tierno- abrió mis piernas, sin haberme sacado el pantalón ni él el suyo y empezó a hacer movimientos de vaivén que me encendieron más, yo dejaba a mis manos hacer lo que quisieran, ya no estaba en condiciones de poder detenerme.

Le di media vuelta y me subí sobre él, empecé a recorrer todo su torso con mis labios, hasta que llegué a su bajo vientre, y a su estilo, empecé a desabotonar su pantalón con mis dientes, mientras con mis manos sobaba suavemente su miembro por encima de su bóxer, estaba en una espectacular postura del 69 que él no desaprovechó, porque inmediatamente me despojó de falda y calzón y comenzó a jugar con mi cosita, la olía, la saboreaba me hacía sentir en el cielo… y por su puesto, yo no podía ser una malagradecida y comencé a hacer lo que muchas veces había visto en las xxx empecé a masturbarlo con mi mano, mientras me metía la cabecita en la boca y le daba pequeños toquecitos con mi lengua.

Era de campeonato su paquetazo, no podía creer que eso iba a tenerlo adentro en unos minutos, yo nunca había visto ni tenido en mis manos uno, pero estaba rebueno… giraba mi lengüita haciendo circulitos alrededor de su puntita, a él le encantaba porque dejó de hacer lo suyo para disfrutar de mi jueguito, luego, me la metí toda a la boca y empecé a comérmela como un chupetín… me sentía una puta experimentada, era una delicia… tras un rato de faena él volvió a acostarme sobre la cama y comenzó a saborear mi tortita antes de partirla, le gustaba tanto y yo también lo disfrutaba, con sus manos apretaba mis pezones, después se levantó y se arrodilló frente a mi cuevita, con la decisión de meter a su leoncito allí adentro (él sabía que sería el primero y lo disfrutaba lentamente, lo que yo no sabía era que también era su primera vez… y sería conmigo…)

Preparó mi florcita para recibir al invitado, le hizo cariñitos primero, luego me besó en la boca y me dijo: -Quizá duela un poquito, pero será un dolor con placer que vamos a disfrutar juntos…  luego, tomó su pene con una de sus manos y lo puso en la entradita, mientras con la otra jugaba con mi clítoris…

Yo sentía un poquito extraño, pero era una sensación rica, porque estaba siendo como yo lo había deseado y con quien quería que pasara, luego empezó a empujar con su cuerpo, sí dolía un poquito, pero yo deseaba ser su mujer, así que me aguanté y empecé a gemir para animarlo a seguir… de pronto ya lo tenía adentro empezó a moverse suavecito y yo dejé de sentir el dolor para empezar a sentir mucho placer… él me besaba en los labios, luego los senos… me volvía loca toda esa sensación, es indescriptible, pero aún ahora que lo recuerdo me mojo, luego empezó a moverse un poco más rápido, lo sentí temblar sobre mí y lo abracé, lo abracé tan fuerte que quería volverme una sola con él…

Luego me volteó y yo quedé sobre él, me senté sobre su caballito y empecé a montármelo a todo galope, allí me vino mi primer orgasmo y a él el suyo, sentí como se corrió dentro de mí (que bueno no haber estado en día fértil) era increíble sentir cómo su líquido caliente calcinaba mis entrañas… y luego resbalaba por mis piernas… verlo a él y su rostro de placer me volvían loca… me acostó como una bebé sobre su regazo y me besó y saboreó mis senos de nuevo y finalmente se bebió todos mis jugos… eso era estar en el paraíso…

Esa noche dormimos abrazados y esa misma noche me dijo que me amaba desde que nos conocimos, hacía ya 5 años, cuando empezamos la universidad- y que siempre había soñado con que llegue este momento… desde allí estamos, ya llevamos 2 años de novios y nuestra vida sexual está más activa que nunca…

Otro día contaré más travesurillas de las que hacemos juntos, si es que ésta ha gustado…

Déjame tu comentario.

Autora: Andrea

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Lucia, la bella profesora II

De su interior salía un jugoso y lúgubre líquido blanco con un aroma muy sexual. Estaba bajo mi poder aquella especie de máquina seductora y no lo iba a desaprovechar. Así que esta vez le puse yo mi coñito en su cara y empezó a chupar. No podía contener el placer que me daba.

Parecía que lo mío con Lucía había acabado. Lo que empezó siendo una fantasía erótica propia de adolescente me estaba matando en deseos turbios. La conseguí, conseguí que su cuerpo estuviera junto al mío, que sus labios me besaran, que sus manos me acariciaran… Conseguí llegar al cielo sin moverme de la tierra, pero caí en la más oscura tiniebla cuando descubrí quien era ella. Nada más y nada menos que un ángel caído, un ser maligno. Pero yo la amaba.

Bajo las pretensiones de Lucía estaba el ser directora. Lo podía leer en sus ojos cuando me miraba. Estaba en clase, mirándola y sólo deseaba besarla otra vez. Tumbarla en su mesa y lamer su cuerpo escultural. Pero debía contenerme, pues para ella sólo era un pasatiempo. Que bella era Lucía…
Un fin de semana, me quedé en el centro para acabar un trabajo con unas compañeras. Tenía curiosidad por saber que estaba haciendo Lucía y la verdad es que no sé para que fui porque lo que vi fue desolador. Ella estaba en la habitación de la directora. La puerta estaba entreabierta y las dos estaban en la cama sentadas, hablando. Vaya dos bellezas juntas…

Las dos eran extremadamente bellas y elegantes, pero Lucía destacaba más. De repente Lucía se aproximó a los labios de la directora y la besó apasionadamente. Yo sentí que mi corazón se estaba rompiendo en mil pedazos. Después del beso, se acariciaron mutuamente, se fueron desnudando y se tumbaron en la cama. La vista que tenía no era muy buena así que poco vi… Pero fue suficiente para comprender que aquella mujer no me amaría nunca y que querer estar con ella sería como querer tocar la luna con sólo extender un brazo… imposible.

Pero este sentimiento tan grande no podía quedarse aquí. Aunque ella fuera una mujer abierta a otras mujeres, yo la amaba de verdad y se lo iba a demostrar. Lucía sería mía… Una noche subí a su habitación. Me armé de valor y toqué a su puerta. Tenía miedo de que alguien estuviera con ella en la cama… Abrí la puerta y la vi durmiendo. Aún era más bella cuando dormía. Su cuerpo desnudo yacía sobre una cama grande con sábanas blancas. Era el reflejo de un ángel plateado. Me di la vuelta y cuando estuve a punto de abrir la puerta para marcharme oí su voz:

– Andrea… no te vayas.

Me giré y la vi sentada en la cama, mirándome. Me acerqué sigilosamente a su lado y la besé. Ese momento había sido tan deseado para mí que creía estar soñando. No podía ser cierto. Una simple chica besándose con un ángel. Después del beso nos fuimos acariciando. Poco a poco mis manos sostenían sus perfectos y escandalosos pechos. Besé su cuello, después sus pechos radiantes por la plenitud de sus pezones erectos. Llegué a su cintura y por fin a su apreciado sexo. Abrió sus piernas y accedí hacia el tesoro con más facilidad. Ella me miraba mientras contorneaba su cuerpo de placer. Me encantaba oír sus gemidos, eran calientes y desbordantes. Lucía era un cuadro de deseos.

Mientras la lamía suavemente, por mi cabeza pasaron muchos pensamientos: todo el daño que me hizo acostándose con otras, mintiendo a la directora… Así que mi instinto agresivo salió a la luz y le mordisqueé sus labios vaginales. Ella gimió descaradamente por el placer que le causó. Pensando que era un juego mío, tal vez, se sentía más excitada. De su interior salía un jugoso y lúgubre líquido blanco con un aroma muy sexual. Estaba bajo mi poder aquella especie de máquina seductora y no lo iba a desaprovechar. Así que esta vez le puse yo mi coñito en su cara y empezó a chupar. No podía contener el placer que me daba. Su lengua de arriba abajo surcaba todos los rincones de mi vagina sedienta. Sus dedos llenos de gloria parecía que buscaban algo dentro de mí y por fin tuve el deseado orgasmo y ella saboreó todo lo que salió de mi ser. Me acosté a su lado y nos besamos.

– Yo creía que te gustaba de verdad…- Y me gustas – Respondió ella.- Me refiero a… solamente yo… Pero veo que únicamente soy un pasatiempo. ¿Verdad?- No sé por qué te lo tomas todo así… Nos lo hemos pasado bien, ¿Verdad? Pues ya está. Deja de pensar en algo más, la vida es hoy, mañana quien sabe… Hoy estoy aquí, mañana no lo sé.

Sus palabras eran agudas, afiladas como cuchillos de hierro. Sólo era un nombre más en su lista negra. ¡Pero yo la amaba! O tal vez sólo la deseaba. ¡Pues la deseaba mucho! Quería que sólo fuera mía algo que jamás conseguiría. A la mañana siguiente la directora entró en mi habitación. Serían las 9 de la mañana de un sábado. La mujer estaba realmente impresionante. De por si era guapísima y muy atractiva, pero esa mañana más.

– Andrea, quiero hablar contigo. Yo, acostada en mi cama le respondí como pude: – Dígame… – Es sobre Lucía… Ella… se ha marchado. Me levanté de golpe. – ¿Cómo dices? ¿A dónde? ¿Por qué? Pero no se puede ir…- Vengo a ver si tú sabes algo… Andrea ¿no te dijo nada?- Quizás se haya ido a dar una vuelta, es sábado…- Su habitación está abierta y no hay nada de ropa. Está vacía…

Sentí una gran pena. La directora me miraba y en sus ojos pude ver lágrimas a punto de caer. Efectivamente, sus mejillas pronto estuvieron mojadas. Me levanté a abrazarla. Las dos compartíamos la misma pena: Lucía se había ido. Mientras tenía a aquella irresistible mujer entre mis brazos me sentía afortunada. Nos miramos a los ojos y la pasión salió a flote. Nos besamos apasionadamente. Fue un beso frágil, pero fuerte. Su lengua y la mía se buscaban… realmente buscábamos a Lucía… Una y la otra, nos saboreábamos. Ella me tiró en mi cama. Mis compañeras no estaban y el hecho de pensar que podrían llegar de un momento a otro nos excitaba más. Se quitó la chaqueta de su elegante traje, dejando al descubierto una camisa blanca sin mangas. Debajo de ellas se insinuaban unos pechos muy apetitosos y bien formados. Poco tardé en verlos pues le desabroché la camisa y le quité el sujetador. Eran todos para mí, sólo para mí…

Y aunque podía haber pasado una tarde de infarto y tener mil orgasmos con aquella mujer de feliz seducción, me negué. Yo amaba a Lucía y lo único que estaba haciendo era saciar mi sed con otra mujer que no amaba en absoluto. Podría desearla, pero nada más allá.

La directora no pareció comprender mi rechazo. Se vistió y se marchó enojada. A mí me daba igual. Por mi propio pie fui a descubrir si era cierto… No había ni rastro en su habitación. Sólo las sábanas blancas eran la señal de que mi ángel había estado ahí. Así que me puse a averiguar el porqué de su ida. Nadie sabía nada. Ni en dirección, ni las alumnas. Era un gran misterio.

Siguió el curso y en lengua castellana vino otra profesora. Nada que hacer al lado de Lucía. Y aunque la busqué en todos los rincones, fui los fines de semana por Irlanda, incluso fui a Londres… ella no aparecía por ningún sitio. Se lo llevó todo dejando un gran vacío en mi colegio y en mi corazón. No me canso de buscarla allá donde vaya esperando ver a mi ángel dorado por algún lugar. Sé que ella me recuerda, aunque esté con mil amores más. Sé que fui especial y si no es así prefiero pensarlo pues mi corazón la llevará siempre en sus recuerdos como a un ángel maldito. Bella por fuera, malvada por dentro. Lucía, día a día, aún te recuerdo…

Autora: Andrea

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Lucía, la seductora profesora

Empezó a besarme con locura, muy brusca, estaba muy excitada. Ella bajó hasta mi sexo y empezó a lamerlo. Mi querida Lucía, mi profesora de lengua española, estaba en mi lugar más exótico comiendo como una perra. Yo estallé de placer y ella con un dedo cogió mi líquido y se lo metió en la boca.

Hola amigos. Me he decidido a contaros mi historia porque me gusta mucho leer las vuestras y también quisiera compartir la mía. Bueno, me llamo Andrea y este año he acabado el Bachillerato en un colegio de los más fashion en Irlanda. Es un colegio muy prestigioso y muy duro. La gente dice que es un orgullo poder llevar a sus hijos ahí, pero los que estamos dentro pensamos que es un castigo.

Tengo 18 años y soy de Madrid, aunque haya estudiado toda mi vida en Irlanda. Mis padres me mandaron allí desde que empecé la escolaridad ya que tenía un hermano que también estaba allí. Soy alta (1.70), delgada, con el culito respingón, pechos pequeños, pero bien formados, morena, cabello liso y largo y oscuro. Ojos marrón verdosos. Me considero normal aunque me digan que soy guapa. Soy sencillamente guapilla. Una vez hechas las presentaciones empezaré el relato. Lo que me ocurrió en este curso, antes de ir a la Universidad.

Comenzó el año, y no había novedades. Estábamos las mismas alumnas de siempre y las profesoras (el colegio no es mixto, hay otro especial para chicos). Mi suerte era que yo podía irme en verano a España, al contrario de algunas amigas que se quedaban todo el verano ahí encerradas. A la hora del descanso, una de esas amigas que se quedaban, Rose, me dijo:

– Va a venir una nueva profesora. Es española y dicen por ahí que es muy guapa.- ¿Cómo lo sabes? – Le dije yo. – Este verano, en secretaría han estado ocupados para convencerla, además también le han hecho ya alojamiento en las habitaciones Suit del colegio. Sabes que ahí sólo tienen residencia la directora y los miembros de la dirección.

Era muy misterioso. Normalmente no venía ninguna profesora nueva, si lo hacía era de sustituta y por poco tiempo. A esta le habían buscado alojamiento en las habitaciones más prestigiosas del colegio. Debería ser muy buena… Por fin llegó el día. En medio de la clase de lengua inglesa apareció la directora tan bella y elegante como siempre. Le pidió disculpas a la señorita Grace por interrumpir su clase y dijo:

– Buenos días chicas. Estoy aquí para presentaros a la nueva profesora de lengua española. Se llama Lucía, proviene de España y tiene 38 años. Adelante…

Tras decir eso por la puerta apareció un ángel. Una mujer bellísima, extraordinariamente bella. Era alta, morena de piel, pero con el pelo dorado, cuerpo de escándalo, y una cara angelicalmente bella. Era preciosa. Guapísima. Y muy, muy elegante. Todas nos quedamos embobadas. Ninguna era lesbiana, al menos hasta aquel día. Se presentó y su cálida voz me cautivó. En ese momento estaba muy nerviosa y a la vez excitada. Quería besarla, manosearla, saborearla… ¡Todo! Yo estaba muy extrañada conmigo misma pues jamás había sentido deseo por una mujer. Era tal el deseo que estaba muy húmeda y tenía miedo de que se enteraran las demás. Lucía y la directora se marcharon y desde entonces esperé impaciente a que nos tocara lengua española. Tenía muchas ganas y el tiempo se hacía largo… ¡Muy largo! Hasta el día siguiente no tocaba y ya estaba de los nervios. Por la tarde, después de entrenar al tenis, Rose me confesó una cosa:

– Andrea, no digas nada eh… pero esa tal Lucía ¿no te parece bellísima? Uff… Ya sé que pensarás de mí que soy…- Es un bombón Rose, ¡Está buenísima!- le dije yo. Rose me miró extrañada y empezó a reír.- Yo creo que todas habrán sentido lo mismo porque la miraban con mucho deseo – dijo Rose.

Por la noche, en mi habitación compartida, cuando Ángela y Mery dormían, empecé a masturbarme pensando en aquella bella mujer. En su sonrisa, en su cuerpo, en su pelo, en su cara, en sus senos, en sus piernas… ¡La deseaba! Sólo la había visto una vez, un segundo y sentía estar enamorada…  Por la mañana en las duchas, como sorpresa apareció ella, desnuda, tal cual vino al mundo… todas las duchas estaban ocupadas con las chicas dentro y yo afuera, con aquella escultural mujer desnuda… Vino hacia mí y yo empecé a temblar.

– Hola- me dijo- Hoy empezamos lengua española de 2º de Bachillerato ¿eh? Seguro que a ti se te dará muy bien, Andrea… porque eres de Madrid ¿no? – Sí, sí… soy de allí. (Me extrañó que supiera mi nombre) – Yo soy de Toledo, aunque hace mucho que no estoy por allí. En los últimos años he estado por Reino Unido. ¿Es muy bonito verdad? – Sí…

Yo no podía mirarla, estaba estremeciéndome sólo de oírla hablar y de tenerla a mi lado, desnuda… Salió una chica de la ducha y ella me cedió el paso. Yo le dije que no, que entrara ella… Entonces me cogió del brazo y me llevó con ella.

Las dos desnudas en la ducha bajo un chorro de agua caliente. Las duchas no eran muy grandes y estábamos muy juntas. Si se agachaba me tendría que tocar lo quisiera o no. Empezó a enjabonarse tocándose los pechos, el pubis, el culo… Aquel perfecto cuerpo inimitable para cualquier escultor. Después de enjabonarse ¡lo hizo conmigo! Poco a poco empezó a enjabonarme con sus propias manos mi cuerpo, primero los hombros, después mis pechos, después la barriga, después el pubis… mi culito, mis piernas… Yo no sabía dónde estaba si en el cielo o en el infierno de tanta calentura… Ella sonreía, acercó sus preciosos labios a los míos y me besó. Aquella cálida lengua que buscaba la mía era de lo más excitante. Después de besarme y manosearme bajó su boquita a mi pubis, allí abajo… ¡Qué placer! La noche antes había soñado con eso y se estaba haciendo realidad. Aquella belleza estaba chupándomelo… El agua caía encima de nosotras y yo estaba en el paraíso.

Consiguió arrancarme un orgasmo de lo más placentero. Tuve que resentirme las ganas de chillar porque las otras chicas estaban en las duchas. Su mirada ahora era muy extraña, era perversa, dominante, severa, sentía miedo de aquella forma de mirar, pero a la vez me excitaba muchísimo. Entonces me cogió la cabeza y bruscamente me la bajó a su pubis. ¡Tuve que chupárselo! Jamás había chupado a una mujer su sexo (ni a un hombre). No sabía cómo hacerlo, pero con calma fui introduciendo mi lengua en sus pliegues. Suavemente por arriba, por abajo, por su clítoris, por sus labios. Con suavidad y calma, lentamente, moviendo también mis dedos por su vagina. Le succioné el clítoris, sus labios, le mordisqueé también todo, ella no paraba de gemir conteniéndose los chillidos de placer para que nadie se diera cuenta de lo que estábamos haciendo. Cuando ya llegó al orgasmo un líquido blanco con un dulce sabor le salió de su sexo. Me lo comí todo, todo me lo tragué. Vi su cara satisfecha. Sonriente y victoriosa. Me levantó y me dijo:

– Lo has hecho muy bien, Andreita, pronto nos volveremos a ver…

Y salió de la ducha. Yo tardé un poco más. Pues me estaba recomponiendo del susto. Cuando salí me sequé, me vestí y fui hacia la clase. Tocaba lengua española, con ella, con mi diosa Lucía… En clase no paraba de mirar oscilante, con gestos y aptitudes sexy, me estaba poniendo de los nervios, ya tenía ganas de volver a saborearla. Después de esta clase tocaba con la directora y no podíamos llegar tarde. Lucía me llamó, y cuando todas se fueron empezó a besarme. Le dije que no podía llegar tarde a la otra clase y se molestó muchísimo. Me mandó fuera y me dijo que se las pagaría.
Llegué a la clase de la directora y poco después apareció Lucía. Se puso a hablar con ella y las dos me llamaron para que fuera al pasillo. Allí la directora me dijo:

– Andrea lo que has hecho es muy grave, has intentado ir más lejos con Lucía, más lejos que una relación alumna/profesora. Eso está muy mal.

Me abofeteó. Cada vez que intentaba explicarle que lo que decía era mentira me pegaba. En ese asqueroso centro podían pegarnos si querían, hasta castigarnos de las maneras más horribles.

– Pídele disculpas a Lucía.

Ella estaba al lado de la directora, oscilante, con la misma mirada seductora y severa que puso en la ducha.

– No tengo que pedirle disculpas de algo que no es verdad.

La directora me pegó una buena bofetada, tanto que empecé a sangrar por un oído y por la nariz.

– Andrea serás amonestada. Vete haciendo la maleta… O mejor no, pues eso es lo que queréis todas, marcharos de aquí. Tendrás otro castigo. Vamos a las mazmorras del colegio.

Hasta allí me llevaron las dos y me ataron a unas cadenas. Lucía me desnudó. La directora empezó el proceso, me dio una bofetada, dos, tres, por más que chillaba nadie podía oírme y aunque después se lo contara a mis padres les daría igual, pues era una educación severa como dije al principio. Después de unos cuantos azotes, Lucía se acercó y me susurró al oído:

– Las apariencias engañan, bella por fuera, pero malvada por dentro…

Era una cabrona, la seguía deseando, pero la odiaba a muerte. Después de las ostias me fui a mi cuarto. Era viernes, Ángela se iba a su casa y no iba a estar en la habitación y Mery se había puesto enferma, así que tampoco estaría. La llevarían al hospital del colegio, a una habitación. Cuando alguien está enfermo los llevan allí para no molestar a los demás ya que una enferma entra y sale de la habitación. Estaba yo sola en mi habitación, llorando por el dolor físico y por el que Lucía me había causado. Era mala, pero me gustaba mucho. Tanto que la perdonaría después de lo que me había hecho. A mitad de la noche, apareció alguien en mi habitación, se sentó en mi cama y pude ver que era ella, esa mirada no la podría confundir por muy oscuro que estuviese.

– ¿Qué quieres ahora?- Le dije enfadada. – Venía a verte…- Pues ya me has visto.- ¡No me contestes! – Y me pegó una bofetada. ¿No has tenido bastante con haberme visto sufrir de esa manera que ahora quieres más?- Dime que te parezco…

Le iba a decir que era una cabrona, pero me callé.

– Vamos, di que te parezco… – ¿Eso quieres saber? Pues bien, si fuera hombre te follaría, te follaría hasta reventarte, una y otra vez. Hasta hacerte sangrar. Ella sonreía ante mi ira. – Pues por qué esperar… No hace falta que seas hombre…

Entonces se subió la falda, se quitó el tanga, y puso todo su sexo en mi boca. Yo estaba tumbada en la cama. Aunque no debería hacerle nada por lo que me había hecho empecé a chupar de nuevo bajo sus gemidos. Ahora no paraba de gemir. Se tocaba las tetas y se movía mucho. Estaba poseída o algo así. Otra vez el liquidito llegó a mi lengua y lo saboreé una y otra vez. Entonces se bajó de encima de mí y empezó a besarme con locura, muy brusca, estaba muy excitada. Yo tenía un dolor increíble, pero no dije nada. Ella bajó hasta mi sexo y empezó a lamerlo. Mi querida Lucía, mi profesora de lengua española, estaba en mi lugar más exótico comiendo como una perra. Yo estallé de placer y ella con un dedo cogió mi líquido y se lo metió en la boca. ¡Qué excitante! Después abrió sus piernas, también las mías y empezó a restregarse su sexo con el mío, a frotarnos con fuerza hasta tener un nuevo orgasmo las dos. Al acabar Lucía se tumbó a mi lado y me abrazó, quedándose dormida a mí lado.

Por la mañana ya no estaba. Era sábado. Me duché y bajé a desayunar. Vi a varios profesores, pero a ella no. Por la tarde estuve con Rose, y me contó una cosa que me partió el corazón: Lucía se había acostado con otras dos alumnas más. Una de 1º de bachillerato y otra chica de mi clase. Yo no era la única que la había saboreado. Lucía tenía muchas más amantes. Me sentí muy mal. Y decidí acabar con todo esto cuanto antes. En la cancha de tenis la vi jugando con Sofía, con la de 1º. Estaban las dos riéndose, muy felices. En cuanto Lucía me vio se dirigió a mí.

– ¿Juegas Andrea? – Lucía, ya sé lo que has hecho. ¿A qué has venido a este centro? ¿A liarte con las niñatas como nosotras que no tenemos idea del sexo? ¿A aprovecharte de las jovencitas vírgenes internas? Eres detestable.

Ella volvió a mirar con esa mirada que tanto miedo me daba, pero yo no bajé la mirada.

– Andrea metete en tus asuntos. – Tú eres asunto mío, pero quiero que sepas que paso de ti y de tus juegos sucios. No vengas tras de mí o se lo diré a la directora.

Ella se rió con mucha fuerza.

– ¿A la directora? ¡Ja! Ella lo chupa mejor que ninguna de vosotras…

Me dejó aturdida. Tras decir eso se fue. Tenía a la directora de su parte, era ya lo más de lo más. También se acostaba con ella. Ahora vendría por mí. Intenté convencer a mis padres por teléfono que me sacaran de allí, pero no había manera. Lucía era muy poderosa, y haría cualquier cosa por tener lo que quisiera. Yo tenía que hacer algo para acabar con aquel ángel con corazón de diablo. Lucía era mala y no pararía hasta conseguir su objetivo. Seguramente querría ser la directora y quien sabe lo que será capaz de hacer por conseguirlo…

Autora: Andrea

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Andrea y yo Viviana muy sexy

Andrea, pero que calentura tan grande te cargas mi amor, parece que no has cogido en un mes amorcito”, entonces me apliqué a darle placer, metiéndole algunos vibradores al mismo tiempo que le mamaba su verga, me dediqué a darle un servicio plus a mi amiga, como en ocasiones me lo dan a mi cuando tengo carencia de hombres, terminamos en un rico 69, ambas metiéndonos un consolador.

Hola a todos nuevamente, quienes no me conocen quiero decirles que soy una linda TV morena clara de 1.80 sin tacones, con unas bonitas piernas y un culito paradito y deseoso de caricias lindas, tetas pequeñas naturales y eso si soy bien sexy y caliente. Bueno después de este breve comercial paso a contarles otra de mis aventuras de niña traviesa.

Pues bien les cuento algo que me ocurrió el pasado viernes 18 de septiembre de 2009, ese día me encontraba sola en casa y no tenía que ir a trabajar ya que me encontraba de vacaciones y regresaría al trabajo hasta el 23 de este mismo mes. Así que llamé a eso de las 8:00 de la mañana a una de mis amigas TV para pasar el día juntas y ver que hacíamos de travesuras, me contestó y me dijo que llegaba a mi casa en 1 hr. Me levanté de mi cama encontrándome con un lindo baby doll de color rojo y un hilo dental del mismo color, me metí a dar una ducha y a depilarme el poquísimo vello que tengo que es nada.

Les cuento que siempre que me baño paso el rastrillo rápidamente por todo mi cuerpo, especialmente en axilas y zona de bikini, me gusta mantenerme suave y humectada en todo momento, es una de las cosas primordiales que toda una nena linda que le gusta lucir su cuerpo debe de acostumbrarse a hacer, lo ocupe o no, pues bien después de darme un baño manual en mi anillito con agua tibia este empezó a palpitar y debido a que soy muy caliente, no tuve otro remedio que meterme un consolador de gel que tengo en mi tina de baño, me estuve dando placer por unos 20 minutos hasta que me vine sin necesidad de tocar para nada mi bien parado pene, ufff que ricos escalofríos se sienten una vez que te vienes y estás dentro de la tina.

En ese momento sonó el timbre de mi casa y salí del cuarto de baño envuelta en una toalla tapando mis senos y otra toalla en mi cabeza, sabía que era Andrea una de mis mejores amigas, a la que les cuento le había hablado por teléfono, la invité a pasar,  nos dimos un beso al mismo tiempo que ella pasó la mano por debajo de la toalla y rozó mi anillito recién lubricado por lo que dio un pequeño gritito de emoción, yo di un profundo suspiro y le dije que esperara, que no se apresurara tan temprano, claro yo me había relajado un poco en la tina, ella venía vestida en ropa deportiva, un pants y una sudadera color blanco con vivos rosas muy femenino y obviamente su maleta con las cosas lindas que nos encanta usar, le dije que iba a ponerme alguna ropa sencilla que ya volvía, que fuera preparando algo de desayunar que ya salía.

Ella estaba acostumbrada a estar en mi casa por lo que se sentía en confianza y sabía todos los detalles de mi casa, claro cuando estaba yo sola. Subí a mi habitación y me puse una tanga color blanco con corazoncitos en color rosa, me puse un brasier blanco y encima me puse una blusita de tirantes, y por arriba de mi ombligo una minifalda rosa de vuelo muy linda y unas sandalias de tiritas color blancas y tacón del 10, bajé y nos pusimos a cocinar las dos, quiero decirles que nos llevamos muy bien, nos queremos como casi dos hermanas, después de haber desayunado estuvimos viendo varias revistas de modas y algunas otras de revistas para mujeres de papacitos bien lindos con sus hermosas armas relucientes por lo que nos comenzamos a calentar a topo.

Andrea me comenzó a acariciar una de mis piernas desnudas por mi minifalda y totalmente depilada, le dije que fuera a ponerse con ropa más cómoda mientras tanto yo me levanté del sofá donde nos encontrábamos y fui a poner una película de transexuales en plena acción y en menos de 5 minutos ya tenía a Andrea enfrente mío con un bonito conjunto de hilo dental y sujetador rojo de encaje y una batita totalmente transparente y finalmente con unos bonitos tacones del 12 de plataforma transparente.

Se acercó hacia mí y nos fundimos en un apasionado beso hicimos un rico 69 en el cual nos mamábamos el culo y la verga al mismo tiempo después ella se paró y se recargó en un sillón ofreciéndome sus nalgas y jadeando me dijo, ven mi Viviana, apágame este fuego con el que amanecí el día de hoy, que no creo que nos lo quitemos ni tú ni yo porque ya nos conocemos lo fogosas que somos, le puse gel lubricante , me coloqué un condón sabor fresa, le apunté mi verga en su entrada por lo que ella me imploraba que se lo metiera de un vez, me tomó con sus dos manos de mis nalgas y me jaló hacia ella metiéndose mi verga como un cuchillo caliente en mantequilla, a lo que le dije “Andrea, pero que calentura tan grande te cargas mi amor, parece que no has cogido en un mes amorcito”

“Ay Vivi linda, tenía 15 días que nada de nada” entonces me apliqué a darle placer, metiéndole algunos vibradores de mi colección al mismo tiempo que le mamaba su verga, ustedes saben, me dediqué a darle un servicio plus a mi amiga, un servicio 300% super rico como en ocasiones me lo dan a mi cuando tengo carencia de hombres.  ¿Saben cómo terminamos?  En un rico 69, ambas metiéndonos un consolador de esos que inyectan un rico néctar en tu interior y al mismo tiempo nos estábamos mamando la verga así que cuando yo me comencé a venir en su boca accioné la válvula del consolador para arrojar el líquido en su culo y Andrea al sentir su boca y culo inundados comenzó a arrojar gran cantidad de semen en mi boca e igual que yo accionó también el consolador para recibir un disparo en mi interior, ambas nos tragamos el semen que nos arrojamos y después nos fundimos en un beso mezclando el semen y saliva que nos encantó amores.

Nos metimos a la ducha y después de un exhausto baño decidimos que fuéramos de compras   al centro de la ciudad y al mismo tiempo haber si ligábamos a alguien por ahí así que cada quien se dedicó a vestirse como a cada quien le sintiera más cómoda y linda por lo que yo opté por ponerme una tanga color rosa fuerte,  no de hilo dental pero sí de las que se te meten en tus dos cachetes y te ajustan de una manera bien rica y un brassier a juego, me puse un minivestido color blanco con una flor rosa a un costado, de tirantes muy finitos y  pegadito de la parte de arriba siendo la parte de la falda de esas de vuelo que me quedaba arribita de medio muslo, me puse unas sandalias de tacón del 11, de esos que tienen la plataforma de madera y el tacón en ziz zag  bien sexys y claro mis uñas de los pies bien arregladitas con un color también rosa para hacer juego con mi ropa interior, sombras en mis parpados rosa bajito, rímel en mis pestañas, delineador, rubor, lápiz labial, unos aretitos con tiritas colgantes a juego con un collar y una cadenita en mi tobillo.

Mi amiga Andrea se vistió con hilo dental y brassier color amarillo fluorescente y se puso un pantalón super ajustado color blanco el cual revelaba todo su culo rico que tiene y por sobre de este salía el triangulo de su hilo así como a los costados se podían ver los tirantes de hilo, traía un top color blanco y se maquilló del mismo estilo que yo, solo que ella en color amarillo. Parecía una linda brasileña, salimos de la casa y que rico se siente a las que nos ponemos minis, ese aire desde la punta de tus pies que recorre hasta tu colita es divino, siempre que salgo y siento esto me comienzan a temblar las piernas y el corazón me late a mil, me excita, uffff,  tomamos el micro y ya se imaginaran al momento de sentarme la mini se me subió más de lo que ya estaba yo haciéndome la decente (con esa ropa si como no) me coloqué mi bolso entre mis piernas, Andrea se sentó a un lado de mi sintiéndonos las reinas del micro y que micro del mundo, nos bajamos en un centro comercial, y nos metimos a una tienda de lencería en el cual nos pasamos gran parte de la mañana viendo y comprando prendas íntimas compartiendo ideas y colores, una vez que pagamos y que salimos del lugar fuimos a un antro a tomarnos unas copas y ahí conocimos a unos chicos lindos que nos hicieron gozar de lo lindo pero esa será otra historia que les contaré en breve.

Les agradezco que me hayan publicado mi relato , ya tenía tiempo que no escribía uno quiero que me escriban contándome que les pareció esta historia real que me acaba de suceder  y que me escriban vivianamuysexy@hotmail.com  quisiera que me invitaran para realizarles alguna de sus fantasías soy de Michoacán y quisiera contactar con personas de Zamora, pero igual escríbanme de toda la república que yo les contestaré y tal vez podamos algún día ponernos en contacto directo. Besitos.


P.D.Quien me escriba se hará acreedor a una foto mía.

Autora: Viviana

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Mi esposa y mi nuevo contrato

Andrea se sentó tomando la verga de Nick e introduciéndosela en su vagina mirándolo con ojos de sumo placer. Nick la penetró por completo, comenzando Andrea a cabalgar en esa enorme verga muy caliente, mientras él le chupaba una vez más sus exquisitas tetas, ambos se vinieron corriéndose Nick con abundante esperma dentro de mi esposa, y ella gritando de placer de una manera increíble.

Me casé con mi esposa Andrea luego de que ella cumpliera sus 19 años, yo tenía 25. En ese momento yo tenía un buen trabajo, que me permitía tener una vida holgada y tranquila en lo económico, además contaba con la amistad de mi jefe, un tipo mayor, divorciado amante de la buena vida.

Mi esposa con sus 19 años era un verdadero manjar fino a ojos de muchos, mediana estatura, delgada, piel blanca, cabello castaño claro, ojos cafés, senos medianos con una aureola rosada y buen pezón, caderas anchas con un culito redondito y bien parado, de tamaño mediano, y siempre con una actitud muy sexy. Siempre fui su único hombre, puedo decir con orgullo que la desvirgué a sus 15 años, y hasta ese entonces jamás fue tocada por otro hombre. Cada vez comenzamos a tener un sexo más placentero, aprendió con creces todo lo que pude enseñarle, perdiendo por completo todo pudor y complejo en la cama, como yo, se hizo una amante del sexo fuerte.

Mi jefe tenía una casa en la playa, donde los fines de semana se “relajaba” en fiestecitas donde no faltaba el buen trago y las comidas, siempre acompañado de sus mejores amigos con sus parejas y algunas putitas amigas de él que siempre invitaba para su deleite personal. Como era obvio, gracias a mi buen trabajo, me comencé a ganar invitaciones a su casa los fines de semana a disfrutar de ese relajo, obviamente me invitó que fuera pero siempre con mi joven esposa.

Cada vez que íbamos lo pasábamos muy estupendo, al acostarnos en una habitación que siempre ocupábamos, teníamos sexo fuerte, sin límite. Mi jefe, un macho caliente de 50 años, no escatimaba seductores elogios, pero sin propasarse mayormente, para mi pequeña bebe, como llamábamos a mi esposa. Andrea, de a poco fue entrando en confianza, convirtiéndose en la regalona de mi jefe, ya que aportaba con su juvenil belleza y simpatía a la alegría que reinaba en esa casa.

Yo nunca he sido celoso, así que instaba a Andrea que cada vez que fuésemos a la casa de mi jefe, se vistiera muy sexy, con faldas o vestidos muy cortos y ajustados, escotes, tops, tacos, etc. Incluso para bañarse en la piscina le pedí que usara un biquini muy pequeño. Comenzó a ser la delicia del lugar. Un día mi jefe invitó a un amigo de él, que residía en el extranjero, de visita en el país, con el cual comenzarían una serie de buenos negocios, a que pasara un fin de semana de aquellos en su casa. Nick, como se llamaba, era un tipo de mucho dinero, de unos 55 años, alto, bien apuesto y muy en forma para su edad. Apenas vio a mi esposa el primer día que llegó se prendó de ella, comenzando inmediatamente una sutil seducción, la que para mi admiración Andrea comenzó a responder también muy sutilmente, entre conversaciones y bailes.

Esa noche al acostarnos y comenzar nuestra acostumbra y muy esperada sesión de sexo, noté mucho más caliente a Andrea, pidiéndome incluso que se lo hiciera por el culo, situación que me produjo extrañeza, pues siempre tenía que batallar mucho con ella para que me permitiera el sexo anal. La verdad que junto a sus teta su culo era mi adicción. Al día siguiente, sábado, nos levantamos como de costumbre cerca del medio día, y nos fuimos a reponernos a la piscina, ella se puso un pequeño bikini blanco, con un calzón tipo colaless, sin pareo mostrando su exquisito culito, además el sostén era muy pequeño el cual a penas tapaba sus duras y juveniles tetas. Pude ver todo el día como Nick el amigo de mi jefe, miraba sin parar a Andrea. Si lugar a dudas que ese manjar de 19 años lo tenía a punto de reventar.

Llegada la noche, nos preparamos para una jornada de buena fiesta, mi mujer se bañÓ largamente, se puso un vestido a media pierna de color blanco, muy ajustado a su cuerpo, sin espalda, amarrado al cuello y con un escote hasta más debajo de su ombligo y que apenas tapaban sus juveniles pezones, una tanga blanca que era un hilo en su culo, y adelante un triángulo muy pequeño que se metía en su depilada vagina, dejando casi sus labios al aire, obviamente sin sostén, además se puso unas sandalias de correas muy finas, taco muy alto y fino, las uñas de sus delicados y sexys pies pintadas de color rojo, con un añillo de oro en un dedo y una cadena también de oro a su tobillo derecho, su pelo tomado desordenadamente con su cuerpo muy perfumado, o sea como decía siempre mi jefe, un exquisito y muy caro manjar de 19 años.

Al llegar al living, pude ver los ojos de deseo de Nick al ver a mi esposa, bueno como los de varios. Inmediatamente mi jefe se me acercó y me dijo que necesita pedirme un favor urgente, me solicitó que por favor saliera hasta el pueblo a comprar dos botellas de whisky, de la marca preferida de su amigo, ya que a él no le quedaba, yo asentí y cuando quise pedirle a mi esposa que me acompañara, mi jefe me detuvo y me dijo que la dejara ahí, que fuera solo, que él la cuidaría. Extrañado y sorprendido acepté, antes de partir vi como Nick, el amigo de mi jefe, y mi esposa se juntaban a conversar en el bar, muy amistosamente, y pude ver como mi esposa le sonreía a Nick muy sensualmente. Mi jefe me miró y acompañándome a mi auto me tomó el hombro y me dijo que Nick había conversado con él y había decidido hacer un muy suculento negocio con mi jefe, y que quería que yo lo manejara, así que fuera inteligente y que no perdiera esa oportunidad de oro por un arranque de celos estúpidos.

Tomé mi auto y me marché, pensando en las palabras llenas de indirectas de mi jefe, pero también en la posibilidad que tenía por delante. más o menos me demoré una hora en ir y volver, cuando llegué vi a mi esposa que estaba bailando muy sexy con Nick, muy juntos, mi jefe me llamó y me invitó a sentarme junto a él y a su amiguita a tomarnos una de las botellas de whisky que había comprado. No podía dejar de mirar como ese tipo de 55 años, seducía a mi bebe mientras bailaban, ocupando toda sus mañas de viejo zorro en esos campos. Fácilmente me podía percatar como se acercaba a sus oídos y le insinuaba algo, puesto que mi esposa lo miraba muy sorprendida pero sin negarle una cómplice sonrisa, además podía ver como se daba mañas para rozarla, abrazarla y hacerle de a poco sentir su verga en su culo, ocultando ese acto con movimientos propios del baile, pero también me percataba que con ese movimiento mi esposa cerraba sus ojitos y se quedaba muy quieta, aprobando su actitud.

No se si el trago que había bebido, que a esa hora del día ya era bastante, comencé a sentirme mareado, situación que rápidamente comenzó a aumentar, situación que se agravaba con los insistentes brindis de mi jefe, hasta que sucedió lo que tenía que suceder, me quedé dormido en el sillón. Dormí como por dos horas, al despertar muy perdido me percaté que ya no quedaba nadie, solo mi jefe con su amiguita muy acaramelados en un sillón adjunto, y al mirar al centro de la sala, que estaba casi a oscura vi a mi esposa colgada del cuello de Nick besándolo muy caliente, y él con sus dos manos debajo del vestido de ella acariciándole el culo. Quise incorporame y detener ese espectáculo, pero mi estado y mi jefe me lo impidieron, diciéndome que los dejara, que era una orden. Al volver a mirar vi como mi esposa sin dejar de besarlo, comenzó a desabotonar por completo su camisa, comenzando a besar su pecho, pasando muy eróticamente su lengua, esa situación junto con sorprenderme me puso mi verga muy dura, ya que Andrea siempre me dijo que no le gustaban los hombres con mucho pelo en el pecho.

Tras eso, Andrea lo volvió a besar muy apasionadamente, él le dijo algo a su oído, ella le sonrió y lo tomó de la mano cual pareja normal y se fueron a nuestra habitación, riéndose ambos, entraron y dejando la puerta abierta como si nada. Me quedé un rato extasiado con lo que estaba viviendo, me serví una copa, la que me tomé de un solo trago, me serví otra, prendí un cigarrillo y me dirigí a la habitación, al llegar me paré en la puerta sin que me vieran, observé que ambos estaban parados en un balcón de la habitación, Nick tenía abrazada a Andrea por detrás, besándole el cuello y recorriendo con sus manos sus piernas, mi verga se puso muy dura, la cabeza del pene me dolía puesto que la tenía muy hinchada. Una mano recorrió sus piernas por dentro hasta la vagina de mi esposa, ella se abrió de piernas permitiéndole que la acariciara, mientras la otra mano, comenzó a tocar sus senos. Podía escuchar los gemidos suaves de Andrea, mientras claramente Nick tocaba su clítoris, y pellizcaba sus pezones. Andrea giró su cabeza introduciendo su lengua en la boca de Nick, encorvando cada vez más su espalda, señal clara de su éxtasis. No pasaron más de dos minutos y Andrea comenzó a tener un clímax el cual gozó como la chiquilla que era.

Me excitaba ver como ese hombre, mucho mayor que mi esposa, la gozaba, pero sin duda me excitaba mucho más ver como ella, con tan solo 19 años, gozaba a ese tipo, mucho mayor que ella. Al acabar de esa forma, Andrea giró y colgándose una vez más de su cuello, lo premió con otro excitante beso. Ahí Nick besó el cuello de mi esposa, comenzando a bajar con su lengua hasta llegar a sus tetas, tomándola fuertemente de la cintura y comenzando a chupar sus exquisitos pezones, Andrea se quejaba y sonreía en una señal clara de aprobación. Estaba en eso cuando ella me vio que estaba para ahí, riéndose me dijo:

-Mi amor, ¿despertaste? – a lo que le respondí, preguntándole que estaba haciendo, Nick me miró y sonriendo me dijo – La bebe está firmando tu contrato. Andrea me dijo: -Tienes dos caminos, irte a casa, o entrar, sentarte en ese sillón y masturbarte gozando viendo como mi nuevo papi me hace gozar, porque hoy voy a pasar una noche muy exquisita con Nick, mi otro papi. Tras eso Andrea le dio otro beso a Nick.

Me dolía tanto la verga, que entré, me bajé los pantalones, me senté en un sillón que había en el balcón y comencé a masturbarme, Andrea se acercó a mi, me dio un beso y se fue donde su amante que se había sentado frente a mi en otro sillón. Prendió un cigarro y se sentó en sus piernas, subiéndose el vestido hasta la cintura. Nick comenzó a chupar las tetas de Andrea muy apasionadamente mientras tocaba su culo, corriendo el hilo de la tanga e introduciendo un dedo en su hoyito.

Andrea comenzó a moverse muy enérgicamente gimiendo como una chiquilla, lo que nos calentaba más a ambos. Una vez más mi esposa se vino como una verdadera putita. Sin dejar de besarlo se corrió un poco hacia atrás y rápidamente soltó su pantalón sacando la verga de Nick comenzando a masturbarlo. La verga de Nick era inmensa, debo decir que mucho más grande y gruesa que la mía, lo que a ella la calentó aun más, ya que rápidamente se arrodilló en el suelo y comenzó a mamarla entera muy desesperadamente, pasándosela por sus tetas y masturbando en su pequeña boca. Nick se encorvaba de placer, soltando pequeños chorros de esperma, que ella se comía con mucho placer.

Nick le dijo que parara que ya no aguantaba más y que se iba a correr en su boca, Andrea se paró muy sensualmente y se volteó a tomar un vaso de whisky que había en una pequeña mesita al medio, agachándose con el culo hacia él, no perdió tiempo y comenzó a pasar la lengua por el culito de ella, provocando más placer en mi mujer, luego de un minuto de eso Andrea se paró frente a él, se sacó la tanga y colocó un pie en la rodilla de Nick ofreciendo su pequeña y caliente vagina, él comenzó a lamérsela, chupando extasiado al sentir su sexo completamente depilado, lo que la hacía verse aun más como una bebe.

Andrea me miró y tirándome un beso, me dijo, ¡Goza!, sentándose de frente una vez más, tomando la verga de Nick e introduciéndosela en su vagina muy suavemente mirándolo con ojos de sumo placer. Nick la penetró por completo, comenzando Andrea a cabalgar en esa enorme verga muy caliente, mientras él le chupaba una vez más sus exquisitas tetas, mientras yo me masturbaba tratando de calmar el dolor de la cabeza de mi verga. Ambos se vinieron rápidamente, corriéndose Nick con abundante esperma dentro de mi esposa, y ella gritando de placer de una manera increíble, como nunca lo había hecho conmigo y al mismo tiempo que yo también me corría.

Los tres quedamos casi muertos, ella comenzó a besarlo nuevamente, moviendo sus caderas una vez más muy suavemente, pues él aun seguía con su verga dura dentro de mi esposa. Nick me miró y me dijo que jamás había tenido una vagina de una bebe, era un sueño. Lo miré aun caliente y le dije:

-Y eso que no has probado su culito.

Andrea me miró sorprendida, le dio un buen beso a Nick, se paró dándole la espalda, diciéndole que le chupara el culito, luego de unos segundos se sentó nuevamente en él, dándole la espalda, tomando su verga y colocándola en el culito, introduciéndola muy lentamente, una vez más hasta el fondo. Andrea comenzó a gritar de dolor y placer, pero sin parar se comió todo ese enorme pedazo de carne por su hoyito hasta hacerlo acabar una vez más dentro de ella.

Luego de unos segundos de descanso, Andrea me miró y me dijo que me fuera a acostar a otra habitación, que ella se quedaba con Nick esa noche. Hasta las 9 de la mañana escuché los gemidos de Andrea, sin duda ambos se dieron un festín, Nick gozando una chica casada de 19 años, que por primera vez tenía otro hombre y Andrea gozando su nuevo papi maduro, que le enseñó a ser una verdadera putita bebe, muy cara y yo disfruté mi nuevo contrato. Cada vez que Nick viajaba a ver su negocio, Andrea lo atendía, pero eso es otra historia.

Autor: Opcech

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Mi hermanita marchosa

Le empecé a chupar el clítoris, yo estaba concentrado y tratando de encontrar el punto de máximo placer, estábamos en un espectacular 69, yo paré de hacer lo mío para poder disfrutar la mejor mamada que me hayan dado en mi vida, me vine que forma espectacular, ella hizo ruidos como si se hubiese atragantado pero se lo tragó todo, y me empezó a succionar hasta sacar la última gota.

Me llamo Andrés y les quería decir que esta página es una de las pocas  que tienen el placer de estar en mis “Favoritos”, son de lo mejor. Bueno, ahora vamos a empezar a contar lo que me pasó el otro día con mi hermana, Andrea.

Mi hermana tiene 19, es rubia mide unos 1.70, flaca, ojos marrones, unas tetas impresionantes, un muy buen culo y una cara hermosa. Yo sé que ella es linda, muy linda, pero nunca me sentí atraído por ella. Nosotros casi siempre nos peleamos por boludeces, siempre le compro cosas, la invito al cine, le doy plata y cosas así, como un boludo siempre gasto plata pero nunca recibo nada a cambio.

El lunes pasado me decidí, me voy a tomar pago por mis cuentas, no voy a esperar a buscarlo. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma.

Ella me pidió usar la computadora y yo le dije que espere que yo tengo que terminar algo. Yo sé que ella siempre busca las fotos y textos que yo bajo de la Internet, pero yo lo tengo en un directorio con clave, ella sabe que esta ahí, pero no sabe la clave.

Lo que hice es dejar tres textos que bajé de la página sobre amor filial y unas cinco fotos de dos jóvenes que hacen de todo. Abrí una ventana de Word para disimular y le dije, terminé, ella me sacó de la silla y me dijo si puedo salir, le dije que sí y me fui a ver televisión al comedor, miré un rato MTV y a los 10 minutos subí el volumen del televisor y me acerqué a mi pieza sin hacer ruido.

Lo más interesante es que por la forma de mi casa, hay un pasillo del comedor a mi pieza, por lo tanto se puede ver a alguien yendo del comedor a mi pieza donde está la computadora, me acerqué y vi a mi hermana muy concentrada frente al monitor y su mano en su conchita. Mientras yo me acercaba ella se seguía excitando. Entré a mi pieza, ella no estaba en este mundo estaba leyendo un texto y masturbándose como loca, me dije a mí mismo, ¡dale! Al ataque.

Me puse atrás de ella y le empecé a tocar sus tetas por arriba de la remera que tenía, la esta sobando como loco cuando ella se dio vuelta me miró y me dijo, ¿qué haces? le dije:

• Ahora apago el monitor, y después vas a ver lo que te hago.

Así fue, apagué el monitor de la PC, y le di un beso, ella al principio no quiso cooperar, entonces agarré mi mano derecha y puse un dedo en su concha y lo empecé a mover, a los segundos ella abrió la boca y nuestras lenguas empezaron a bailar juntas.

Ella me empujó hacia atrás y se sacó la remera, ella no llevaba corpiño, por primera vez vi sus tetas en vivo, sin espiar, solos para mí.

• Ayyyy, grité como una bestia.

La muy guacha me agarró la pija por el short, y mi me empezó a apretar, yo le respondí mordiéndole un pezón pero con amor a mi hermana y ganas de hacérmela mía, no con la fuerza que ella lo hizo, le empecé a sobar el pecho derecho mientras chupaba el pezón izquierdo.

Yo ya estaba a mil cuando ella me dijo:

• ¡Dale!, Quiero ser tuya.

Me saqué el short y mi pija saltó como no sé qué.

Le arranqué la bombacha que tenía y la empecé a chupar el clítoris como nunca lo hice antes, yo estaba concentrado en el clítoris y tratando de encontrar el punto de máximo placer cuando me di cuenta que estábamos en un espectacular 69, yo paré de hacer lo mío para poder disfrutar la mejor mamada que me hayan dado en mi vida, le dije que me estoy por venir y ella dijo:

• Mejor, siempre soñé con tu leche, quiero tragármela toda…

Yo me puse a 10.000 cuando escuché eso y a los segundos me vine que forma espectacular, ella hizo ruidos como si se hubiese atragantado pero se lo tragó todo, y me empezó a succionar hasta sacar la última gota.

Yo pensé ahora va a empezar lo mejor cuando sonó el teléfono, yo no le di pelota pero mi hermana, dijo tengo que contestar, le dije que no, pero ella se levantó y fue a atender al minuto volvió y me dijo con una cara de diablo:

• Marina está por llegar en 5 minutos, me llamó del celular, prepárate…

Ella entró a su pieza y yo pensé a qué se refirió en prepárate. Pasaron los 5 minutos y vino Marina, lo que pasó el lunes pasado con Marina es otra historia.

Ya cuando mi hermana no me molesté para continuar con lo que empezamos, seguir cogiéndola, espero poder escribirla en el teclado.

Autor: Andrés

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Después del concierto

Célica se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Nos fuimos de aquel concierto como a las 12.30 de la noche, con rumbo a lo de Susana, pensando que tal vez su hija Andrea y el novio de Sandra ya no estarían, pero al llegar vimos luz en el departamento y decidimos seguir.

Sandra era la que guiaba, mientras Susana me besaba de continuo y su madre me pajeaba en el coche, en el asiento de atrás. Célica tenía unas ganas bárbaras a pesar de su edad (72 años), y aún después de haber acabado en pleno concierto, me hacía una soberbia paja, mientras Susana se desprendía de su top, quedando en sostén y Sandra guiaba rumbo a una amueblada cuyo nombre es Éxtasis y se encuentra a las orillas de la ciudad, muy cercana a una ciudad satélite llamada Pando.

La calentura de las dos veteranas era apoteósica y Sandra las miraba por el retrovisor, mordiéndose el labio inferior. De repente Susana quitó la mano de su madre de mi pija y se agachó a chupar, en lo que era una experta. Sandra se dio cuenta y le espetó: “¡Para! No lo mames del todo si no va a estar fundido y yo quiero coger mamá!” “Y yo quiero hacer eso que haces vos que nunca he hecho” replicó Célica.

La lengua de Susana subía y bajaba por el tronco de mi verga y Sandra manejaba con una sola mano, habiéndose metido la otra entre sus piernas y se pajeaba mientras manejaba, al tiempo que su abuela ya se había despojado de toda la ropa y estaba totalmente en bolas dentro del coche magreándose las tetas, y al verla así a su nieta le dijo: “¿querés que te ayude a sacarte el bikini?” Si abu, ayúdame; bueno para en cualquier lugar y la abuela te ayuda corazón. Los vidrios polarizados no dejaban ver para el interior.

Llegamos solicitamos una habitación por el teléfono de entrada y allá fuimos; entramos al garaje y la última en subir fue Célica que iba desnuda. Sandra no bien llegamos se despojó de la ropa y le dijo a su madre: “mientras yo lo chupo un poquito vos desnúdate”. Susana no lo dudó, y al cabo de unos segundos estábamos los 4 en bolas encima de una cama de agua, y las tres dispuestas a hacerme gozar. Con el dedo índice había enganchado su bikini entre sus piernas y lo jalé hacia abajo sacándoselo por los tobillos.

Célica pidió que a ella la dejaran cabalgar primero, y se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana le dijo: ¡Cuidado, despacio que te vas a lastimar la tiene muy grande mamá!” y diciendo esto me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Como negarme a aquel placer, ¡imposible!, así que mi lengua se deleitaba yendo de un extremo al otro de aquella conchita de 20 años, depilada de tal forma que sólo tenía vellos a lo largo de la raja y cortos, aunque enrulados y duros. Los pezones de la guacha eran como dos piedras, que mis manos trataban de suavizar mientras mi lengua debido a la posición entraba cada vez más adentro y la hacía gemir de gusto.

Susana estaba entregada a la paja que le estaba haciendo y no se preocupaba de nada  más, mientras Célica decía que notaba que mi verga estaba más dura, a lo que Sandra dijo: “¡Basta abuela que lo vas a hacer acabar! Célica entendió a su nieta y se detuvo unos instantes, los suficientes como para que Sandra tomara su lugar, y le dijo: “vení mijita, cógelo y que te llene de lechita”. ¡Noooo! Replicó Susana, cortando su polvo que ya le venía, ¡nnooo que capaz quedo embarazada! “¡Déjala!” ¡Ni vos ni yo podemos darle un hijo a Gerardo y se lo merece, ella puede que se lo de y será como hijo de todas!” ¿Vos querés? Preguntó Susana a su hija. ¡Síiii! ¡Quiero darle un bebe!  Cógeme Gerardo, dame tu lechita divina, así papito, así que te viene, te siento, que divino como te vas a acabarrrrr, asíiii, dámeeelaaa toddaaaaa, que me acabo para voooossss toma, tomaaaaa. Susana llegaba a un precioso orgasmo casi junto con su hija: yo tambiéeeen, yo tambiéeeenn.

Célica estaba sobre mi cara disfrutando de su primera chupada de concha y mirando como su hija y su nieta se iban en sendos polvos con el macho que le chupaba la concha a ella y tomándose de los hombros de Sandra gimió: Ahora yo, ahora yo, me viene, me vieneeee, miraaaaaa comoooo me vienee, que rico, tomate mi lechita Gerardo. ¡Tómatela todaaaa! ¡Agh! Los cuatro sumamente contentos y felices solicitamos el servicio de habitación y pedimos sándwiches calientes y una botella de vino espumante, para festejar aquella unión.

Célica estaba eufórica y Susana pidió que le explicaran, cosa que hizo Sandra: “¡mira mamá, las cosas sucedieron sin pensarlo y sin que Gerardo nos haya apurado para nada; yo lo veía contigo y me decía si todo lo que vos le contabas a tus amigas por teléfono sería cierto, que era bueno en la cama, que la tenía enorme, que te dejaba satisfecha todos los días, etc., etc., y la abuela se prendó de él a los pocos días de conocerlo y bastaba ver como lo miraba para darse cuenta que ni bien pudiera se lo cogía.

“¡Ya lo creo! ¡Una cosita de estas es como para que hasta una vieja como yo destile juguitos de nuevo!” Y diciendo esto se inclinó a darme un beso en la boca, donde aún tenía el sabor de su sexo y el de su nieta mezclados. Poco a poco la fui bajando hasta que la dejé frente a mi verga y Sandra le dijo: “¡chúpala abuela, chúpala, te garantizo que nunca en tu vida probaste algo igual, te va a gustar vas a ver!” La vieja se apoderó de aquella verga y al poco rato la tenía dura de nuevo. Susana pensando en vos alta dijo: “¿mamá en serio te la puso en la cola hoy en el concierto?” Y es claro que sí y lo gocé muchísimo, hacía años que no lo hacía por la cola y él tiene una pija verdaderamente grande como para hacerte gozar de la cogida por la cola.

¡Abuela yo quiero probar! ¡Sandra nooo! Te va a lastimar mi amor ¿no ves cómo la tiene? Si por eso pónganme un poco de vaselina en la cola y otro poco a él; Célica no se hizo esperar y tomó el pote de vaselina de la mesa de noche y untó la cola de su nieta, que a decir verdad, gozó de aquella caricia que le hizo su abuela, la que después se entretuvo untándome la verga. La mano experta de Célica con la palma hacia la cola de su nieta pasaba una y otra vez y un dedo empezó a entrar en aquel culito virgen haciendo que su dueña cerrara los ojos y gimiera de placer. Susana ayudó abriendo las nalgas de su hija para que la penetración fuera lo menos dolorosa, y se colocó para ello hincada de rodillas, pero frente a Sandra, mientras Célica guiaba mi pija al culo de su nieta, desde un costado.

Mi verga fue entrando y Célica dirigía: “¡Despacio, despacio, no te apures, así, así, suavecito, así no se le lastima, eso es. Ahora quietita que ya entró. ¡Quietita! Siento como que me abre en dos, pero siento rico, otro poquito, déjalo que me la ponga más abuela, así, así, me va entrando y me gusta, más, más, déjalo que me la ponga toda. Cógeme ese culo, cógeme fuerte que me gusta, así, así, fuerte, que me gusta, fuerteee. Yo la bombeaba de atrás adelante y viceversa, mientras Susana mantenía sus nalgas abiertas y Célica se arrodillaba frente a su nieta, la que irguió la cabeza y al ver las tetas de su abuela bamboleándose, las tomó entre sus manos y pidió para chuparlas.

Célica no dijo nada y se las ofreció en la palma de su mano, mientras yo tomado de las caderas de Sandra empezaba a apurar en señal de que me venía y Sandra se atragantaba con las tetas de su abuela mientras gemía de goce y dolor al metérsela hasta los huevos cuando me fui a acabar. Me dejaron descansar como una hora y luego Susana se apoderó de mi pija y dijo: “¡Es mi macho y ahora me lo cojo yo!” Nadie discutió y se subió a horcajadas para darme una cabalgata de antología. Cuando hubo acabado se bajó y chupó mi verga con sus jugos y cuando creyó que estaba pronta se puso en 4 y ordenó: “¡Ponémela en la cola!”, así sin vaselina que quiero sentirla toda cuando entre.

Sandra y Célica se miraron como diciendo, veremos si es verdad, y acto seguido comencé a sodomizarla hasta tenerla bien clavada y sangrando del culo, mientras ella gritaba: “Me mata, me mata, me parte el culo, ay, ay, ay que goce, me duele, pero gozo  aagghhh, más, más, partime al medio Gerardo, hazme tuya como a ellas, así, así mi vida, más, métela toda, así, así, fuerte que me acabo, que increíiiiibleee, me acabo por la cola miraaaa, miraaaaaaaa, aaaaayyyyyy. “Aghhhh, aghhh; aghhhh, aghhh y caímos exhaustos los dos.

Otra botella de vino y nos dormimos hasta las 8 de la mañana del otro día, cuando desperté al sentir una boca sobre mi verga: era Susana que me la chupaba mientras la abuela daba la teta a su nieta y esta recibía las caricias de su madre en la entrepierna, pero no pasó de eso, nos levantamos y nos fuimos. Al llegar Andrea dormía, el esposo de Célica estaba despierto y se le dijo que como terminó tarde, se quedó en lo de Susana y el novio de Sandra se había ido para su casa.

Yo estoy abocado a que Sandra quede embarazada y le doy verga diariamente con el consentimiento de su madre en su propia casa, y a veces cuando Andrea no está nos acostamos los tres y cogemos hasta quedar rendidos.

Autor: olimarcito

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Mi prima estaba aburrida

Mi prima estaba súper excitada, cambiamos de posición, la puse a cuatro patas y empecé a penetrarle la vagina desde atrás, ella tuvo un orgasmo más e inmediatamente yo sentía que me corría también, se lo hice saber y ella de un culazo me echó en la cama y me chupó la verga hasta que me corrí disparándole varios chorros de semen en la boca y las tetas.

Hola a todos, esta historia que les voy a narrar sucedió hace solamente una semana, cuando fui a visitar a una prima que vive sola (le digo prima por afecto, pues su mamá es la mejor amiga de mi mamá)

Pero vamos en orden, mi nombre digamos que es Antonio, mido 1.77m, digamos que medio fortachón debido a un buen entrenamiento desde adolescente, normalito, de cabello negro y ojos marrones; y el de ella digamos Andrea ok?, 1.65m, delgada, con unas tetas medianas (para mí perfectas) y un culito respingón muy, pero muy deseable, cabello oscuro y ojos claros, tez morena…

Bueno, todo empezó un día en que yo estaba muy aburrido en mi departamento viendo algo de TV, y se me ocurrió que podía ir a visitar a mi primita, pues sabía que ella compartía su departamento con su prima Paola, pero que no estaba en la ciudad por motivos de su trabajo (es azafata). Me decidí por llamarla al celular para ver si estaba sola y si podía ir a verla para no aburrirme, al menos no solo.

Ella me dijo que también estaba aburrida y que vaya no más, entonces me di un duchazo y salí con rumbo a su casa. Cuando llegué la vi más hermosa que nunca (porque en realidad lo estaba y también porque yo hacía tiempo no tenía a una mujer) con unos jeans muy pegados y a la cadera y un polito blanco, casi transparente y muy corto que dejaba ver su ombligo y dejaba notar su sostén del mismo color.

– Hola primito, ¿como estás?, pasa, estás en tu casa…- Gracias Andrea, ¡veo que estás muy bien!

Ella se avergonzó un poco por el comentario, pero de alguna manera sentí que la excitó. Me ofreció algo para tomar (una Coca según recuerdo) y nos pusimos a hablar de muchas cosas hasta que inevitablemente caímos en el tema de si tenía enamorado o no…

– No, la verdad que hace 2 años que no beso a nadie.- Pero si quieres podemos terminar esa sequía.

Le dije como tratando de meter el anzuelo y ver si lo mordía. En ese momento yo ya estaba bastante excitado.

Ella solamente sonrió y salió de la sala rumbo a la cocina para dejar los vasos. Cuando regresó recogió los posavasos de la mesita de la sala, justo delante de mí, agachándose y dejándome su espectacular culo a la altura de la cara. Yo no podía más y dije:

– Vaya visión que me estás dando primita, mejor que cualquier película que haya visto en mi vida. – ¿Te gusta Antonio?, me alegra que lo disfrutes, sólo espero que correspondas ante tal espectáculo como tú le dices.

Ante la respuesta de mi prima quedé helado, la situación se me había ido de las manos y era ella quién tenía el control ahora, no me disgustó así que le seguí el juego.

– Pero tendrías que decirme que es lo que tú quieres ver. – Digamos que algo que no lo muestres muy seguido.

Este jueguito me calentó mucho, así que la tomé de la cintura y la atraje hacia mí, y la besé desesperadamente, metía mi lengua en su boca buscando jugar con la suya, ella respondió al beso y empezó a tocarme el culo, yo hice lo mismo. La levanté entre mis brazos y la llevé hasta su habitación sin dejar de besarnos.

La tiré en la cama, me bajé el pantalón y me saqué el polo que llevaba, también las zapatillas y medias, quedando sólo en bóxers, ella pasó su lengua por sus labios muy sensualmente al ver el bulto que tenía entre las piernas.

La puse en pie y empecé quitándole el polito blanco y admirándole las tetas aún aprisionadas por el sujetador, no me di cuenta en que momento pero ella ya se había quitado el pantalón, medias y zapatillas. Desabroché el sujetador de encaje y comencé a la tarea de mamar sus tetas, mordía sus pezones rosaditos que ya estaban duros y lamía sus aureolas con muchas ganas, metí mi mano dentro de sus bragas acariciando su rajita mientras ella empezaba a gemir y a sujetarme la cabeza de los cabellos.

Empecé entonces a deshacerme de sus braguitas y dejándola totalmente desnuda empecé a besarle cada rincón de su cuerpo, de arriba a bajo, hasta que llegué a su rajita, la tiré a la cama y ella abrió las piernas, sabía lo que se venía, y por su mirada de puta hambrienta lo demostraba…

Lamí su rajita de arriba abajo, hasta que apareció su clítoris en todo su esplendor, ella estaba ya muy excitada, empecé a mordisquearlo suavemente y ella ya estaba dando alaridos de placer y movía las caderas al ritmo de mis lengüetazos.

Luego fui metiendo uno a uno mis dedos por su vagina, moviéndolos en círculo mientras ella seguía gritando y llegaba a su tercer orgasmo por lo menos, seguí en esta faena un tiempo más, estaba tratando de llevarla al límite, hasta que ella gritó:

– ¡Métemela de una puta vez!, ¡quiero sentir tu verga dentro de mí!, vamos cabrón penétrame, ¡fóllame como a una puta!

Sus gritos me descontrolaron totalmente, me tiré a la cama boca arriba y la tomé de la cintura para que subiera encima de mí y me cabalgase, ella se metió primero la cabeza, la metía y la sacaba, jugando con su clítoris moviendo sus caderas, yo ya no podía más y la tomé de los hombros y la jalé hacia mí metiéndole toda mi verga dentro de su muy húmeda conchita, era la gloria…

Ella se detuvo por instante para acostumbrarse a ese trozo de carne y luego se seguía moviendo en círculos, hasta que no aguantó más y empezó a subir y bajar a un ritmo frenético, mientras gemía de forma que estoy seguro escuchó toda la manzana.

Se corrió una, dos y hasta tres veces más, ya no podía llevar las veces que mi caliente primita se había corrido, estaba súper excitada, cambiamos de posición, la puse a cuatro patas y empecé a penetrarle la vagina desde atrás, ella tuvo un orgasmo más e inmediatamente yo sentía que me corría también, se lo hice saber y ella de un culazo me echó en la cama y me chupó la verga hasta que me corrí disparándole varios chorros de semen en la boca y las tetas. Siguió lamiendo hasta que me dejó la verga muy, muy limpia, ella estaba muy cansada, así que se durmió a mi lado.

Nos quedamos ahí, los dos desnudos hasta que mi verga pidió guerra de nuevo y sin despertarla levanté una de sus piernas (estaba acostada de costado) y empecé a penetrarla, en el preciso instante que ella se despierta y voltea a verme y se empieza a mover de nuevo, alguien abre la puerta de la habitación, era Paola que acababa de llegar, al vernos se quedó boquiabierta, pero en lugar de cortarse, se fue acercando y empezamos a gozar los tres, pero eso se los contaré en otra historia, hasta pronto

Cualquier comentario…al pie…

Autor: Jiogogh

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Un compañero de universidad

Nunca había sentido algo tan grande adentro, haciéndome gritar de placer, con su mano en mi clítoris y la otra en mis senos, los dos gritábamos de placer, empecé a sentir mi orgasmo, subía como un grito, en cuanto le dije que me venía él me dio más duro desbaratándome por dentro. En cuanto llegué él lo sacó y derramó todo su líquido en mi espalda regándome con toda su caliente esperma.

Después de llegar una hora tarde a la cita y verle la cara de enojo de lejos, noté que al verme no se arrepentía ya de haberme esperado.

Él fue un compañero de universidad y ese era nuestro reencuentro, físicamente me encantaba era grandote, acuerpado, con ese cuello grueso como me gusta.

Brazos grandes y fuertes y unos labios carnosos, deliciosos, aunque en ese instante todavía no le había conocido su mayor virtud… Su enorme, enorme y grueso pene.

Me saludó con un efusivo abrazo y beso como si quisiera meterse en mi cuerpo, me preguntó donde quería ir y pues le dije que adonde me quisiera llevar él.

Llegamos a una discoteca que era de un amigo de él y empezamos a bailar, pero cada que avanzaba más el disco sentía yo más caliente el cuerpo y sus brazos me apretaban tanto que sentía que no tenía ya aire en mis pulmones.

Soy morena, estatura 1.65 de contextura rellenita, con unos grandes y hermosos senos, tenía en ese entonces cabello largo negro, con 35 años, estaba separada de mi esposo por lo tanto con el camino libre para aceptar cualquier invitación.

Pasaba la noche y el licor iba haciendo su efecto en nuestros cuerpos, cada disco era gozado con mayor deseo con muchas más ganas de tocarnos de sentirnos.

Nos besamos, y el deseo se apoderó aún más de nuestro instinto el cual fue desfogado en el baño de damas del lugar, él me siguió y entró conmigo.

Nos empezamos a besar me tocó y lamió mis senos, bajó mi cremallera y introdujo su mano hasta alcanzar mi clítoris, el cual estaba nadando en mis líquidos totalmente caliente y deseoso de ser tocado.

Me hacía gemir tanto que temí que alguien se diera cuenta, fue entonces cuando decidí arrodillarme, sacarle ese gran pene de sus pantalones y metérmelo en la boca… Mmmm… Todavía se erectan mis pezones de solo acordarme el tamaño del miembro de ese hombre…

Lo empecé a chupar y a calentarme más pues me di cuenta que no me cabía todo en la boca, sentía arder entre mis piernas y quería abrirlas y que me diera duro, él estaba a punto de llegar entonces decidimos parar e irnos para su apartamento.

Al llegar me tiró en el sofá, arrancó mis ropas y se puso encima mío mientras me refregaba su enorme cosa contra mi vagina aún con ropa, besaba y chupaba mis enormes tetas.

Bajó mis pantys pero aún no me penetraba y yo con mis piernas totalmente abiertas esperando por ser clavada, pero él se sentó y bajó mi cabeza hasta su pene y lo chupé con todas mis ganas.

Me puso de rodillas en el piso, se hizo atrás mío y por fin me penetró, ummmmmmmm, nunca había sentido algo tan grande adentro, desbaratándome, llenándome, haciéndome gritar de placer, con su mano en mi clítoris y la otra en mis senos.

Me dio deliciosamente duro como me encanta que me coman, los dos gritábamos de placer y empecé a sentir subir mi orgasmo desde la punta de los dedos de los pies, subía como un grito, en cuanto le dije que me venía él me dio más duro desbaratándome por dentro.

En cuanto llegué él lo sacó y derramó todo su líquido en mi espalda regándome con todo su caliente esperma.

Fue la mejor experiencia sexual que tuve estando separada, las demás en otra ocasión las comentaré.

Autora: Andrea

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Primera vez con mi hermanita

Para entonces yo ya estaba mojada. Ella me quitó el top y como no traía bra, empezó a chuparme mis erectos pezones. Yo sentía tan rico y cuando me los mordisqueaba era una sensación inimaginable. Me empecé a acariciar mi concha pero ella me quitó la mano y me dijo que me dejara, que ese era su trabajo. Entonces me bajó la minifalda y sin quitarme la tanga me empezó a hacer sexo oral.

Hola, soy Andrea y tengo 25 años. Soy de cabello castaño oscuro, y ojos verdes, buen culo, unos pechos no tan grandes pero yo creo que están bien. Mi hermana se llama Cecilia y tiene ojos azules y cabello claro, tiene 18 años. La verdad es que desde joven había sentido una fuerte atracción sexual hacia mi hermanita, a veces me masturbaba pensando en su culito y su  hermoso cuerpo.

Yo me había ido a vivir a otra ciudad para estudiar. Una vez, estando de vacaciones ella me visitó, nada más estaba tomando sus vacaciones pues con mis padres no saldría.

Era la primera vez que estaba con mi hermana en un apartamento a solas. Llegó y todo transcurrió normal durante los primeros dos días, aunque yo tenía un antojo tremendo de probarla. El tercer día ella se había levantado muy temprano para salir a correr a un parque que quedaba muy cerca de mi apartamento. Yo me levante ya que se había ido y me metí a bañar. Fue una ducha muy placentera pues yo me masturbé de nuevo con mis fantasías con Ceci.

Salí de bañar y me di cuenta de que no había metido mi ropa al baño, así que salí desnuda a mi cuarto. Como estaba mi hermanita con quién quería follar, esa semana me había estado poniendo mi ropa más sexy y esa vez no encontré mi tanga roja que me quería poner. Salí al pequeño patio que tengo y tomé mi tanga. Cuando volvía a mi cuarto a vestirme, en eso entró mi hermanita y me vio desnuda. Ella gritó, luego se disculpó y se volteó.

Yo le dije que no había ningún problema y subí a mi cuarto. Ella entró al baño y después de eso salió y se fue dijo que a salía a tomar un café  pero que quería ir sola. Apenas se fue, yo entré al baño a depilarme mi conchita, y cuando terminé estaba buscando la cremita para suavizar cuando vi las braguitas que Ceci se acababa de quitar y descubrí que las había mojado.

Olí sus jugos y era una situación tan excitante. Lo que más me ponía así era pensar que mi hermanita Ceci se había mojado al verme desnuda. Ahí supe que yo también le atraía y me decidí a tener sexo con ella cuando regresara.

Llegó una hora más tarde y yo me había puesto unas medias super sexis, una minifalda que dejaba ver por arriba mi tanga roja, y un top. Ella se sorprendió al encontrarme así y yo le dije que quería tener sexo con ella. Se quedó viéndome y después de unos segundos que parecieron eternos, ella se abalanzó sobre mí y nos inundamos en un largo y tierno pero apasionado beso. Su lengua tenía un sabor delicioso y besaba mejor que cualquier hombre que me hubiera besado antes.

Le quité su blusa y quedaron sus pechos al descubierto. Eran muy grandes y bien formados, sus pezones eran redondos, pequeños y rositas; los cuales estaban muy erectos, tal y como me estaba pasando a mí. Me acerqué a ellos y los empecé a besar, a chupar y a mordisquear suavemente mientras ella comenzaba a soltar unos suaves gemidos. Mientras me comía una de sus tetas le masajeaba la otra y se la pellizcaba. Después me separé y le empecé a amasar sus grandes bubis.

Para entonces yo ya estaba mojada. Ella me quitó el top y como no traía bra, empezó a chuparme mis erectos pezones. Yo sentía tan rico y cuando me los mordisqueaba era una sensación inimaginable. Me empecé a acariciar mi concha pero ella me quitó la mano y me dijo que me dejara, que ese era su trabajo. Entonces me bajó la minifalda y sin quitarme la tanga me empezó a hacer sexo oral.

Para cuando empezó yo ya estaba muy mojada. Me lamía tan rico y en eso me quitó la tanga y me empezó a meter primero la punta de su dedo, y así fue metiéndolo hasta que lo hizo completamente. Yo gemí y ella me empezó a meter y sacar su dedo mientras me lamía suavemente el clítoris. Yo estaba que no podía. Luego sacó sus dedos y me empezó a hacer la mejor mamada que me han dado mientras yo masajeaba mi clítoris rápidamente.

Mi excitación iba en aumento así como mis gemidos. Me lo hacía tan rico y de vez en cuando se levantaba para preguntarme si me gustaba a lo que yo le respondía que me encantaba. Llegué al punto donde no puede más y tuve mi orgasmo. Ella rápidamente metió sus dedos en mi vagina para sentir las contracciones. Después caí rendida al sillón. Después de unos segundos me levanté y le dije: “Ahora te toca a ti”.

Le quité sus jeans los cuales hacían que se le marcaran tan sexis sus nalgas. Traía una tanga blanca la cual le quité inmediatamente. La empecé a comer como nunca. Sabían tan ricos sus jugos pues estaba toda mojada. La puse a cuatro patas y le empecé a lamer su chochito. Ella se masajeaba el clítoris y mi dedo índice de la mano derecha lo comencé a meter por su culo.

Ceci no dejaba de moverse ni de gemir del placer. Después la puse boca arriba y le metí dos dedos por su vagina al tiempo que le lamía su clítoris que ya estaba todo hinchado. Tuvo un orgasmo muy largo y por su expresión, placentero.

La dejé descansar menos de 1 minuto y puse mi concha junto a la suya y empezamos a mover nuestros cuerpos haciendo unas tijeritas. Sus labios rozar con los míos y con mi clítoris me hacían tener un gran placer. Ella tuvo un orgasmo pero no paró. Después de un rato yo tuve uno muy fuerte y muy rico, pero correspondiéndole seguí haciéndolo. Estábamos sudando, estaba muy intenso, y nuestros gemidos no cesaban hasta que tuvimos las dos un tercer orgasmo exactamente al mismo tiempo.

Nos acostamos para descansar y nos quedamos en un largo y tierno beso. Después de eso tuvimos sexo el resto de la semana que estuvo ella ahí, incluso tres veces por día. Solo espero que el próximo verano venga más tiempo, o las próximas vacaciones y le tendré preparadas unas experiencias mágicas tanto para ella como para mí.

Autora: Andrea

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Virgo en el inquilinato

Aunque ella abría más las piernas y hacía movimientos para que se lo metiera más adentro yo evitaba las ganas de metérsela de un solo tirón. Así fui entrando y saliendo hasta que llegué a su himen, no lo pensé más y se la metí hasta lo más profundo de sus entrañas. Un polvo gigantesco se me vino como desde la cabeza y me agarré con las manos, como si fuera un náufrago, de sus hombros.

Yo tenía por esa época 26 años. De noche iba a la universidad a estudiar biología y de día era profesor en una escuela secundaria. En esos días me había separado de mi mujer y me había ido a vivir a una alcoba que me alquiló una familia. Todo mi patrimonio era mis conocimientos y una motocicleta tipo Lambretta en la que me movilizaba durante mis actividades diarias.

Mi nueva vivienda estaba ubicada en un barrio más bien modesto, habitado por obreros y oficinistas menores. La familia que me dio hospedaje era numerosa y los hijos menores eran ya adolescentes. Provenían de un pueblo pequeño de la costa de donde habían salido en busca tal vez de mejores oportunidades en una ciudad más grande. Yo salía diariamente de la universidad a eso de las diez de la noche. Algunas veces pasaba a visitar a mí ex mujer a la que trataba de recuperar. En otras me iba para mi hospedaje. Cuando llegaba, generalmente la gente de la casa ya se estaba yendo a dormir y solamente una de las hijas se quedaba en la mesa del comedor que al mismo tiempo era su mesa de estudio.

La muchacha me saluda muy amablemente cuando yo llegaba y fue cuando entonces empecé a notar que sonreía y me miraba de forma coqueta. Ella debía tener unos 18 años y cursaba el décimo año en la escuela secundaria. Para su edad estaba más bien atrasada en sus estudios. Era una mujer de buena estatura, de pelo negro rizado y unos ojos grandes también negros. De cara no era muy atractiva pero se le notaba un buen cuerpo del que se destacaban unas nalgas preciosas. Sus senos eran medianos, su boca carnosa y su piel trigueña. Se llamaba Andrea.

Pero lo que ha de pasar pasa y llegó el día en que las relaciones entre Andrea y yo empezaron a cambiar. Una vez después del saludo usual me hizo el comentario que tenía unos temas de química que no entendía muy bien y que esto la estaba atrasando en sus estudios. Esto lo dijo con una mirada bastante coqueta que me puso en alerta de que ella quería algo más que mi ayuda como profesor. De ahí en adelante comencé a ser más simpático con ella y me ofrecí a explicarle los temas de química que necesitaba.

Empecé a salir de la universidad directo para mi vivienda para darle clases de química a Andrea quien había aceptado mi ofrecimiento. A medida que fuimos entrando en confianza comencé a preguntarle si tenía novio. Me sorprendió que me dijera que no había tenido ninguno. Le pregunté a donde le gustaba ir a bailar pero me confesó que no tenía amigos que la invitaran. Todas las preguntas que le fui formulando apuntaban a la misma conclusión: esta mujer era virgen.

Después de una semana de clases, noté como Andrea se sentaba a estudiar ya no con el uniforme del Liceo sino en bata de dormir. Entonces empecé a hacer avances más bien lentos pero seguros. Yo le decía lo rico que sería darle un beso, insinuación que fue aceptando de buena gana. Luego noté que no usaba brasier debajo de la bata de dormir, lo que me permitía verle bien los senos cuando me acercaba a explicarle sobre el cuaderno de notas. Comencé entonces a acariciarle las tetas, al principio por encima de la bata y luego las tomaba completamente entre mis manos y le pellizcaba los pezones, que se ponían duros y eran grandes como de mujer negra.

Días después cuando nos asegurábamos que todos se habían retirado a sus aposentos, nos íbamos a un pasillo que había entre el comedor y mi cuarto y ahí empecé a chuparle las tetas, me sacaba la verga, se la ponía en sus manos para que la acariciara y se la frotaba contra su cuerpo para que la sintiera. Andrea me decía que nunca había estado con un hombre y que no quería correr ningún riesgo Yo le decía que no se preocupara que había otras maneras de gozar sin correr los riesgos de un embarazo. Yo notaba como ella me miraba y se excitaba al ver mi verga bien parada. Yo la abracé con pasión y la besé mientras recorría su cuerpo. Suavemente palpé sus senos mientras ella me abrazaba con gran excitación dejando que le hiciera mis caricias por todas partes. La amplitud de su bata de dormir facilitó que mis manos llegaran hasta sus muslos y pudiera palpar esas nalgas espléndidas, que eran mejores de lo que me había imaginado. Levanté su bata y puse mi verga directamente entre su panty para que se fuera acostumbrando.

Mientras tanto mis manos buscaron sus labios vaginales por entre el panty buscando como llegarle con mis dedos directamente a su raja para meterle mi dedo índice adentro. A veces nos sobresaltábamos cuando oíamos algún ruido y nos separábamos momentáneamente hasta comprobar que nadie venía. Otras veces, cuando presentíamos que estábamos en peligro de ser pillados, ella huía rápidamente y se metía a su habitación y yo a la mía, pero siempre con el deseo intacto para reanudar nuestra relación en la noche siguiente.

Día a día nuestras conversaciones se hacían más calientes y un día sin más rodeos le dije que quería que se metiera mi verga en su boca. Ella aceptó y solo de pensarlo mi verga se puso tiesa como un tubo metálico. Nos escondimos en un rincón del pasillo, me saqué la verga y ella se arrodilló. Se la notaba nerviosa y curiosa a la vez. Mi verga apuntaba directamente a su boca. La cogió con su mano y la subió para mirar por debajo y descubrir mis huevos. Los acarició mientras me miraba a los ojos. Se acercó como a oler mis genitales y finalmente me dio un beso en la punta. Luego comenzó a lamerla y a humedecerla con su saliva. Siguió lamiendo de abajo a arriba, suavemente. Luego empezó a concentrarse solo en la cabeza de mi verga, lamiéndola y succionándola con sus labios.

Andrea empezó a mordisquear mi pene suavemente. Luego se concentró en mis bolas. Las sacó bien de entre los calzoncillos y se puso a lamerlas mientras con su mano me masturbaba con suave entusiasmo. Le dije entonces que estaba a punto de derramarme, que le iba a echar el polvo en su boca y que debía aprender a tomárselo y a limpiar luego mi verga sin perder una sola gota. Este comentario la arrechó aún más y volvió a mamar con mucho entusiasmo. No pude contenerme más y un polvo descomunal espeso y caliente se derramó en su boca. Ella siguió chupando y tragando. Se lo tomó todo y me miró como buscando mi aprobación. Le acaricié la cara, le dije que lo había hecho muy bien pero que tenía que practicar más. Ella asintió con una sonrisa, me beso y huyó hacia su cuarto.

Siguieron muchos días donde veía como Andrea se volvía una adicta a mi verga y disfrutaba enormemente tomándose mi semen. Comprendí que estaba lista para avanzar a otra experiencia. Mi objetivo fue entonces su culo. Le dije entonces que ya era hora de que aprendiera otras emociones sin correr ningún peligro. Le pedí una noche que se subiera la bata para verle bien su cuerpo y comprobar si era tan bonito como yo creía. El espectáculo que vi hizo que pensara que valía la pena seguir avanzando despacio como había planeado. Contemplé una figura escultural producida por una cintura estrecha, un vientre plano y unas nalgas muy provocativas. Hice que se quitara los pantys y se hiciera de espaldas a mí y mientras le cogía sus tetas con mis manos le restregaba mi verga entre sus nalgas. Bajé una de mis manos hasta alcanzar su chocha y noté una humedad creciente y viscosa. Comencé entonces a tocarle el clítoris y eso la aceleró y comenzó a moverse y a jadear.

Despacio le introduje un dedo en su chocha mientras ella gemía y se movía como si estuviera haciendo el amor con mi dedo. Cuando se calmó un poco seguí besándola lamiendo sus tetas para luego bajar y lamer sus muslos y el pelo de su pubis, hasta que mi lengua llegó a sus labios vaginales. Subí un poquito y toque su clítoris con la punta de la lengua. Olía sabroso. Cuando lo hice Andrea produjo un orgasmo que la hizo arquear de placer. Me llamó la atención que sus ojos estuvieran enrojecidos pero entendí que por su cuerpo había pasado como una tormenta de lujuria. Me puse de pie mientras ella buscaba afanosamente mi pene para metérselo en su boca. Era como si quisiera comérselo todo entero. Le dio un fuerte beso a la cabeza de mi polla, me levantó los testículos y se introdujo los huevos en su boca, uno por uno. Su lengua recorría toda mi verga, la llenaba con su saliva y volvía a acariciarme los testículos. Andrea lamía y me miraba profundo a los ojos, y volvía a lamer, pasaba una y otra vez su lengua de abajo arriba, y se tomaba cualquier chorrito de semen que tratara de escapar por la cabeza de mi polla. No aguanté más y moví mi verga entre su boca hasta descargarle un chorro tibio y espeso de leche blanca.

A la noche siguiente la oportunidad fue única pues sus padres y algunos de sus hermanos se fueron para una fiesta familiar. La besé en la boca y en sus tetas. Me arrodillé y le acaricié su clítoris con mi boca hasta que sus labios vaginales se inundaron de placer. Unté mi mano de sus líquidos, la volteé un poco y se los unté entre sus nalgas. Le dije entonces que abriera las piernas, se doblara por la cintura, estirara los brazos y se apoyara con las manos en el suelo. El culito de Andrea era totalmente virgo, así que sintió algo de molestia cuando le metí primero un dedo y después otro. Pero vi que le gustó y entonces puse mi polla en la entrada de su ano y empecé a penetrarlo muy despacio. Yo pude ver la cara de ansiedad de Andrea pensando en que le iba a dolor o que no podía entrar, pero seguí empujando. Cuando la mitad de mi verga estaba dentro de su culo ella misma ayudaba con sus nalgas a que entrara más adentro. La tomé de las caderas y se la metí de un golpe.

Andrea lanzó un gritó por fortuna más bien sordo pues nadie se despertó y comencé entonces a metérsela y a sacársela hasta que vi que estaba pasando del placer al dolor. Me detuve y se la saqué lentamente. Ella en un gesto de ternura y como de agradecimiento, se volteó, acercó mi verga a su cara y se puso a acariciarla con su boca. Le dio muchos besos y la lamió toda. Le pregunté que donde quería que le echara el polvo y sin dudarlo respondió: “En el culo”. Naturalmente que cumplí con sus deseos.

En las semanas siguientes nos dedicamos a ensayar todo mi repertorio de sexo oral y anal. Andrea era una alumna muy competente. Mi paso siguiente fue convencerla que debía visitarme en mi alcoba para poderle acariciar bien su raja. Al fin ese anhelado día llegó y una noche también propicia ella accedió a entrar a mi cuarto con la promesa de que no la fuera a embarazar. Yo estaba preparado con mis condones pues era consciente de que me podía meter en un problema. La desnudé y la metí a la cama. La acomodé de espaldas, me quité yo también la ropa y me acosté sobre ella. Se notaba nerviosa pero jadeante.

Le puse mi verga en sus manos mientras le besaba las tetas. Luego uno de mis dedos comenzó a explorar su vagina, a tocar su clítoris y a comprobar que estaba bien lubricada. Le dije que me la mamara antes de ponerme el condón. Le abrí y le flexioné las piernas para que su chocha quedara completamente expuesta y abierta. Sus labios vaginales se veían rosados y húmedos. Coloqué la punta de mi polla en su raja totalmente mojada y caliente. Entonces empecé a penetrarla mientras ella me sujetaba de mis caderas y con miedo pero con decisión me empujaba hacia ella. Estaba muy estrecha a pesar de estar bien lubricada. Tenía que actuar con delicadeza para no espantar a la liebre.

Aunque ella abría más las piernas y hacía movimientos para que se lo metiera más adentro yo evitaba las ganas de metérsela de un solo tirón. Así fui entrando y saliendo hasta que llegué a su himen. Cuando lo encontré ya no lo pensé más y se la metí hasta lo más profundo de sus entrañas. Un polvo gigantesco se me vino como desde la cabeza y me agarré con las manos, como si fuera un náufrago, de sus hombros. Me quedé como dormido por un par de minutos y me bajé de mi potra zaina. Andrea mostraba una sonrisa espléndida. Me besó en los labios, se puso su bata de dormir y en puntillas regresó a su cuarto.

Fueron como dos meses más de practicar un sexo delicioso. Hacía como cuatro meses que había comenzado a darle a Andrea unas clases de Química, de las que solo aprendió y con notable rapidez a manejar todas las vocales del sexo. El apetito sexual de Andrea estaba desbocado y presentí que su entusiasmo por mí podría conducir a compromisos que no me interesaban. Pocos días después hablé con su madre y le dije que estaba precisamente cumpliendo mes y que le desocupaba su cuarto. Ese mismo día empaqué mis pertenencias y me fui antes que Andrea regresara del Liceo. Ella me estuvo llamando después a donde yo enseñaba.

Siempre inventé excusas para no verme más con ella. Después de muchos intentos no volvió a llamar. Unos años después nos encontramos por casualidad en el centro de la ciudad. Saludé y seguí de largo sin detenerme. No volví a saber de ella. Mejor así pues yo regresé a vivir con mi mujer.

Autor: OG

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