Mi segunda comunión

Cuando estuve acostado me dejó totalmente desnudo. Me pidió si podía penetrarme, evidentemente nunca antes lo había hecho porque se lo notaba nervioso. Yo obviamente accedí gustoso. Y que cogida me dio. Lo gocé muchísimo. Cuando estaba por acabar me dijo que quería bendecirme por hacerlo tan feliz, me hizo poner de rodillas, y me llenó la cara de leche, una leche espesa y demasiado sabrosa.

Tenía yo 21 años cuando sucedió lo que voy a contarles ahora. Si leyeron mi otra historia sabrán que me gusta ser muy putita y siempre tengo fantasías muy calientes. La historia que les voy a contar hoy es sobre como cumplí una de las mejores fantasías que tuve y logré hacer realidad.

Antes que nada y para que me vayan conociendo un poco mejor, les cuento que vengo de una familia bastante “chapada a la antigua”, al menos en lo que a apariencias respecta. Papá casado con mamá, un hijo varón, dos hijas mujeres y católicos desde el nacimiento. Siempre fuimos todos los domingos a misa y así surgió esta fantasía.

Íbamos a una iglesia cerca de casa todos los domingos. La misa era bastante aburrida y la daba un cura joven que no superaría los 30 años. No había notado lo hermoso que era hasta que descubrí mi verdadera orientación sexual. A partir de esa época, empecé a ir mucho más atento a misa, estaba realmente enamorado. Para lograr acercarme al sacerdote, que luego supe se llamaba Andrés, intenté de todo. Me hice del coro de la iglesia, ayudaba en las clases de catecismo, en fin creo que fue tanto lo que hice que me gané algún pedacito en el cielo.

Sin embargo, el padre Andrés no se percataba mucho en mí, o al menos eso creía yo, ya que me trataba como a uno más. Era un hombre muy amable y con el que pudimos llegar a entablar una muy buena relación. Pero por más que me esforcé mucho durante años nunca pude lograr nada con él, y cierto día nos anunció que había sido designado para atender a otra parroquia y debía irse. Mi tristeza fue muy grande al verlo partir, ya que desde que lo conocí siempre tuvo un lugar importante en mis fantaseas más oscuras.

El sacerdote que lo reemplazó era un anciano que con suerte caminaba y se mantenía en pie pero a pesar de eso no pudo hacer desaparecer en mi mente la fantasía de que el padre Andrés iba a volver. Tanto lo deseé que cuando supe que volvía (tres años después) salté de alegría. ¡Estaba feliz! iban a hacer una fiesta de bienvenida ya que era muy querido por todos. Obviamente fui a la fiesta con mi mejor ropa y una calentura inmensa.

La fiesta fue bastante aburrida. Pero al final se fueron yendo todos y quedamos pocos. El padre dijo que quería descansar así que los que quedábamos empezamos a irnos. Uno a uno lo saludaron y se iban, yo quedé al último. Aprovechando mi suerte y tratando de prolongar más el tiempo con él le dije,- Padre, ¿antes de irme puedo confesarme con usted?, la verdad que el padre que lo reemplazó no sabía comprenderme y no me sentía cómodo confesándome con él.

Crucé los dedos para que aceptara y de hecho lo hizo, me hizo pasar a una capilla para que haga mi examen de conciencia mientras él se ponía la sotana. Mi mente estaba a mil revoluciones por minuto, nunca antes había estado tan solo con él y no sabía que le iba a decir. Finalmente volvió y comenzó la confesión.

-¿Hace cuanto que no te confiesas? – La verdad que no recuerdo, creo que un año, un año y medio. – ¿Y qué pecados quieres confesar? Comencé diciendo pecados triviales, como mentiras, peleas en casa y ese tipo de cosas hasta que tomé valor y dije, -¡Creo que soy gay! El padre no pareció asombrarse y me preguntó ¿cómo que creía? -Si le respondí, últimamente suelo vestirme de mujer y tener fantaseas con hombres.

Al llegar a este punto lo noté un poco turbado y supe que tenía que aprovechar la oportunidad, profundicé mi confesión, le conté toda la verdad de como soñaba con tener sexo con él y hacerlo gozar como quizás no lo había hecho nunca nadie. Cuando terminé se hizo un silencio profundo.
Abrí los ojos, que había mantenido cerrados para no avergonzarme, y para mi asombro debajo de la sotana del padre se veía un bulto evidentemente crecido y bastante grande a decir verdad. El se lo acariciaba despacio. – Me gustó mucho lo que me dijiste Sebastián- me dijo. Yo no sabía qué hacer o decir. Estaba todavía de rodillas frente a él que ya había empezado a frotarse con más ganas. Estaba cumpliendo mi fantasía!

Una felicidad enorme me invadió y comencé a desabrocharle la sotana de a poco, evidentemente el padre no tenía mucha experiencia sexual porque estaba tímido y no decía mucho, pero le gustaba porque no me decía que frene. Así que yo proseguí hasta tener en mis manos su pija que era demasiado grande como para ser de un sacerdote, ya estaba un poco húmeda y tenía un olor a excitación muy evidente.

Iba a empezar a chupársela cuando me frenó. Mi felicidad desapareció pero por suerte luego volvió a subir cuando me dijo: -Esperá en tu fantasía, ¿mi pija no tenía un rosario enrollado? ¡Si vamos a hacerlo vamos a hacerlo bien! Sacó su rosario y se lo enrolló en su gruesa verga. Apenas le daba dos vueltas y era muy excitante verlo así.

¡Ahora si empecé a chupársela con ganas! El no sabía mucho que hacer al principio, pero fue dándose cuenta que le calentaba mucho sentir que podía dominarme estando yo de rodillas. Tomó mi cabeza con sus manos y me empujó más y más profundo. Su pija era extremadamente sabrosa. En un momento dijo: -¡Te molesta si rezo? -Yo no contesté pero en el fondo ansiaba que comience a rezar y así lo hizo…

¡Pedía perdón mientras yo le chupaba la pija como una verdadera puta! Era algo muy excitante para ser verdad. Pero lo mejor estaba todavía por pasar. Me dijo si quería ir para alguna cama para estar más cómodos, yo le contesté que ¡sí! Pero mi sorpresa fue enorme cuando en lugar de llevarme a la cama me dijo que me acostara sobre el altar.

Cuando estuve ahí acostado me desnudó todo y me dejó totalmente desnudo. Me pidió si podía penetrarme, evidentemente nunca antes lo había hecho porque se lo notaba nervioso. Yo obviamente accedí gustoso… ¡Y que cogida me dio! ¡Lo gocé muchísimo! Cuando estaba por acabar me dijo que quería bendecirme por hacerlo tan feliz y me hizo poner de rodillas delante de él. Me llenó la cara de leche, una leche espesa y demasiado sabrosa y luego dijo- Yo te perdono tus pecados y me hizo la señal de la cruz, ¡realmente fue una experiencia mágica!

Años después supe que el padre Andrés dejó los hábitos y actualmente tiene una familia con dos hijos. La verdad me alegro mucho por él.

Espero que les haya gustado la historia, y pronto estaré contándoles ¡más!

¡Saludos!

Autor: Sebastiaan

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Mi hijo me devolvió la juventud

Apenas bajé su calzón el miembro erecto me rozó la cara superficialmente. Empecé a besarlo y lamerlo comenzando una tremenda succión, como si yo fuera un sediento frente a una fuente llena de agua. Sentí que Andrés tembló de placer. Me hizo estirar de nuevo y empezó a besarme por todas partes y se detuvo en mi sexo, sus besos me dieron algunas descargas eléctricas que cruzó todo mi cuerpo.

Esa tarde antes de ir a dormir me detuve a mirarme en el espejo, y podía ver en la cara las señales que el tiempo había dejado, de hecho esa tarde yo había celebrado mis 50 años.

Cada arruga una memoria, el matrimonio malo, mi niño, mi primer empleo, los tragos amargos que yo había tenido que tragar, “Ya tenía 50 ciertamente” sin embargo antes de ese momento a los años, yo no los había sentido nunca. A pesar de todo sigo teniendo un cuerpo agradable.

Un ruido en la entrada me separó de mis pensamientos, era Andrés mi niño que volvió a casa. “¿Hola mamá, como estuvo la fiesta que has ido?” “Bien ellos han comido de todo,… “respondí casi sin entusiasmo “Yo voy a dormir, estoy muy cansado.” “buenas noches pequeño. ” Pequeño era mi manera de llamarlo tenía 26 años y ya era un hombre.

Esa noche dormí hasta las 8 por la mañana, vagué en camisón por la casa sin tener un destino preciso. entré a la cocina invadida por el sol de la mañana, me apoyé fuera de la ventana dejando que el sol acaricie mi rostro, entonces prepare un café, mientras yo estaba bebiendo a sorbos el café fui a mi cuarto.

Mi cuarto está al lado del de Andrés, mientras pasando delante de su cuarto, me detuve un momento para mirar a Andrés mientras él estaba durmiendo, había crecido, no parecía el niño que habían sido. Gracias a la luz que se filtró a través de la ventana bajada, yo podría distinguir el perfil de su cuerpo, el pelo castaño era vislumbre, la nariz, la boca. La cosa que principalmente me golpeó era su miembro duro que podía ver bajo su calzoncillo. Avergonzada huí a mi cuarto. Era la primera vez que comprendí que el niño diminuto se había vuelto un hombre a todos los efectos, la cosa no hizo nada más de otra manera que aumentar mi sentimiento de haberme puesto vieja.

Ahora yo me sentía deprimida, yo tuve miedo estar sola, yo temí no encontrar a un hombre que se enamore de mí. Ese día no era del mejor, yo me sentía deprimida, muchos dicen que ésa es la crisis que las mujeres tienen cuando alcanzan los 50 años. Acabé el día sin tener la fuerza para cenar, y me dispuse a ir la cama, Andrés angustiado dijo “¿Que hay mamá?, estuviste el día entero muy rara ” “Nada pequeño sólo que yo he tenido un día pesado y el sueño me ha ganado. Si quieres te preparo la cena antes de ir a acostarme. ““No pequeño, gracias por preocuparte buenas noches”. Y me dio un beso fuerte en la frente y sus brazos me abrazaron.

Yo podía sentir el calor de su cuerpo contra el mío, era un sentimiento muy agradable, de esos que todavía dan ganas de seguir viviendo, ese gesto me llenó de ternura, parecía que todavía era un niño que antes de ir a dormir le da el beso de noche buena a su madre. Me metí en la cama pero no tuve éxito en dormir, sentía a Andrés en la cocina preparando su cena. Me agité en la cama intentando encontrar la posición correcta para poder dormir.

Pero nada. Vi contra la pared los faros de los automóviles que cruzaron la noche, la camisa de dormir que se enredó alrededor de mis piernas… era el preanuncio de una noche en blanco. Yo no sé cómo pasó pero me dormí, cuando me desperté miré el reloj y era de la media noche, sentí algunos pasos en el corredor, era Andrés, sentí que la puerta del baño se abría, el agua que saliendo del grifo, la puerta del baño cerrándose de nuevo. A ese punto sentía los pasos de Andrés, dibujar cerca de mi puerta, abrieron la puerta y la luz débil del corredor entró en mi cuarto.

Bajo la puerta vi en contraluz la silueta de Andrés, en calzoncillos y la camiseta para dormir “perdón mamá si te desperté, quise ver cómo te sentías. ” “Bien gracias.” “Buenas noches”. Salió del cuarto y cerrando la puerta se marchó, me desvelé nuevamente, por la luz que había entrado en mi cuarto, me sentía algo confundida. Volvió a mi mente el pene de Andrés, yo pensé quién sabe cuántas muchachas habían disfrutado de mi pequeño, me pregunté si fuera un aficionado bueno, que cosas le gustaría cuando hace el amor.

El contacto de la tela de mi camisón con mis pechos y estos pensamientos hicieron inflar mis pezones, sentía que el cuerpo se me llenaba de una sensación extraña, estaba empezando a excitarme. Sentía que un poco de líquido bañaba mis bragas. No podía ser, Andrés es mi niño, yo no puedo excitar el pensamiento sobre él. Me levanté para que algo me calmara, salí de mi cuarto y yo entré la cocina para tomarme un vaso de agua, sentía llegar a Andrés por mis espaldas angustiado preguntó si todo está bien, me volví hacia él, y pretendiendo que todo está bien le contesté.

Cuando me volví, la luz del refrigerador abierto yo podía ver a Andrés mirándome con una cierta turbación, y comprendí que gracias a la luz del refrigerador abierto él podía ver en la transparencia del camisón mi cuerpo desnudo. Casi instintivamente mi mirada bajó a su entrepierna que empezaba a endurecerse, cerré el refrigerador y tomando por un momento de ternura lo atraje hacia mí y lo abracé, sentí su pene pulsar contra mi abdomen, mi excitación que subió en un momento. El latido de mi corazón era una locura, el sexo me empezó a palpitar y las piernas se pusieron inestables, empecé a frotarme contra su cuerpo, primero se paralizó, luego comenzó a acariciarme.

Sus manos se pusieron en mi espalda, a ese punto yo sentía mi sexo bañado como una hoja que por la mañana cubre el rocío. Nosotros estábamos allí, mirándonos a la cara, yo lo tomé la mano y lo acompañé hasta mi cuarto. Llegado allí yo me extendía en la cama, él me alzó el camisón me lo quitó por la cabeza, entonces empezó a acariciarme con lentitud todo el cuerpo que ondeó como la soga de un violín bajo las manos de él.

Empezó con un dedo por rozarme la cara, siguió acariciando mi cuello, yo me sentía completamente una niña en manos de él. Entonces continuó con las caricias, bajó hacia mi pecho me dio masaje frotando con la palma de las manos en los pezones. Yo me sentía que mi sexo escurría jugos, la cabeza flotando en un limbo de placer.

Cuando Andrés alcanzó las bragas, para darme masaje al sexo a través del algodón de aquella, ahora nosotros habíamos llegado a un punto de ningún retorno, yo me sentía atacada por una ola ingobernable de sentimientos. Me quitó las bragas y la olfateó, esa cosa me excitó enormemente, entonces yo me levanté me senté y le quité la camiseta al principio y luego su calzoncillo.

Apenas bajé su calzón el miembro erecto me rozó la cara superficialmente. Empecé a besarlo y lamerlo comenzando una tremenda succión, como si yo fuera un sediento frente a una fuente llena de agua. Sentí que Andrés tembló de placer. Me hizo estirar de nuevo y empezó a besarme por todas partes y se detuvo en mi sexo, sus besos me dieron algunas descargas eléctricas que cruzó todo mi cuerpo.

Entonces con el diluvio de mis jugos en su boca besó mi boca, nuestras lenguas se mezclaron en un único abrazo. Me penetró con un vigor que yo nunca había probado, parecía que su sexo era más grande de lo que parecía.

En el silencio de la noche los únicos sonidos que podrían sentirse eran aquellos de nuestros cuerpos que lo golpearon en el abrazo y nuestras respiraciones pesadas.

Antes de eyacular quitó su pene de mi sexo y me pidió que lo recogiera con la boca que en cuanto yo rocé el glande con los labios, y lanzó chorros calurosos de semen que me golpearon la cara y la boca.

Al final quedamos tendidos uno cerca al otro, exhausto por esa batalla tan dulce. Lo miré Y dije: he disfrutado como nunca antes me había pasado.” “¡También yo! Gracias mamá.”

Esta es mi historia, ojala pueda hacer que otras madres se animen a vivir sus deseos.

Autora: Romina DS

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Antonio del Mar I

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico en mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura.

No me parece descabellado decir que todos los seres humanos admiramos apasionadamente a nuestros semejantes alguna vez. Quizás a nuestro maestro, o a nuestro tutor, incluso a nuestro mejor amigo. Siempre hay algo que buscamos en otros, algo de lo que creemos carecer, y encontrar cualidades de las que quisiéramos hacer gala en otra persona nos atrae hacía ellas, en un intento por sentirnos individuos más “completos”.

Antonio me suscitaba esto y más. Era todo lo que yo hubiese querido ser de haber podido elegir. No hablo ya del panorama físico, porque siendo yo, sería demasiado exigirle a la vida lo mismo que le regaló a él. Una sonrisa perfecta, una tez y cabello tanto suaves como brillantes, un hermoso torso alargado como el de una escultura griega o una voz muy grave y masculina. Nada de esto hubiera pedido, una vez conocida su mejor cualidad: esa increíblemente atrayente personalidad. No pretendo decir que no apreciaba y, sobre todo, deseaba su atractivo físico, pero no era este aspecto perecedero lo que me hacía querer estar cerca de él tanto como me fuera posible. Era su carisma de lo que quería contagiarme. Y aunque al fin obtuve algo bastante diferente a lo que me esperaba, pues en su astucia supo aprovechar mi condición a su antojo, no me arrepiento en lo más mínimo de haber hecho de él mi modelo a seguir. Trataré de ser más directo en los siguientes párrafos para no desalentar a nadie con detalles insignificantes.

Andrés y yo nos habíamos hecho buenos amigos poco después de comenzar la escuela secundaria. Por aquel entonces éramos compañeros de clases. Él era quizás una réplica exacta del estereotipo del adolescente rebelde y lleno de energía, algo de lo que también buscaba contagiarme, mientras que yo era un tanto más introvertido y tímido. Aún con esto, compartíamos muchas cosas. Era muy común que la gente nos relacionara automáticamente al uno con el otro con sólo mencionarles su nombre o el mío. Gustábamos de las mismas cosas, nos hacíamos las mismas preguntas e incluso vestíamos de la misma forma. Más de una persona nos decía a menudo que guardábamos cierto parecido físico, pues nuestra complexión y altura era (e incluso hasta el día de hoy es) exactamente la misma.En conclusión, Andrés era el compañero y amigo ideal, alguien irrepetible para mí. Debo muchos momentos gratificantes a él, pero mi mayor adeudo es el haberme hecho llegar al verdadero motivo de este relato: su hermano Antonio.

No llevábamos mucho tiempo de conocernos cuando fui por primera vez a casa de Andrés y conocí a su familia. Aquellas tareas de la secundaria nos parecían tan largas que para hacerlas un poco más llevaderas las hacíamos juntos, y fue una de esas tardes que nuestros profesores atiborraban de trabajo por hacer, que conocí a su hermano 5 años mayor que nosotros: Antonio. Admito que aunque, me llamó poderosamente la atención que un joven de 18 años se presentara y me tratara como alguien de su edad, incluso ofreciéndome ayuda en los temas escolares, no me sentí atraído hacia él inmediatamente.

Al ser hermanos, Andrés y Antonio eran bastante parecidos, aunque claro, obviando el tamaño dada la diferencia de edades. Por su parte, Antonio tenía una piel más bronceada y un cabello más obscuro, así como unas facciones menos aniñadas con respecto a su hermano menor, aunque supongo que esto era más que nada un atributo que el tiempo le otorgó. También lucía un lunar muy gracioso en su mejilla, y un vello facial casi tan definido como el de un adulto que en aquel entonces envidiaría cualquier chico.

Francamente no recuerdo en que momento empecé a interesarme en él. Cada vez lo buscaba con más frecuencia: fingía que necesitaba ayuda con la escuela, iba a estudiar a casa de Andrés solo para tener un pretexto para poder ver a su hermano y escuchar sus consejos. Hubo ocasiones en las que olvidé mis cuadernos a propósito con el fin de regresar a verlo otra vez.

Eventualmente dejó de ser necesario que estuviese Andrés para que pudiéramos vernos. Congeniábamos bastante bien, con o sin su hermano presente. Incluso en muchas ocasiones iba a visitarlo directamente, y procuraba su compañía al grado que me llegó a considerar, según sus palabras, más “hermano” que su propio hermano. Andrés no parecía tener ningún problema con ello. Durante los siguientes 4 años pocas cosas cambiarían. Si bien, las novias de Antonio iban y venían, y Andrés y yo teníamos el llamado “mal del adolescente” a tope, hostigándonos todo el tiempo, pero nada cambió demasiado. Ni siquiera nuestros aspectos. A grandes rasgos seguíamos siendo: Andrés, atrevido; Guillermo, tímido; Antonio, carismático.

Cursábamos ya la preparatoria, tratando de devorarnos al mundo. Antonio estaba en la universidad, a punto de graduarse. Cabe destacar que fue ahí donde conoció a una chica bastante bonita y agradable de nombre Berenice, con la que mantuvo una larga relación, hasta poco después de los incidentes que estoy por contarles. Y quizás he sido responsable de ello en cierta medida, pero he decidido tomar nota para dejar atrás por mi bienestar esos desastrosos resultados tras este viaje de placer y discordia.

Por aquel entonces Andrés y yo ya habíamos cumplido la peligrosa edad de 18 años, a la vez que Antonio no hacía mucho había cumplido sus 23 en todo su esplendor. No había cambiado gran cosa desde que lo conocí, pero su cuerpo ya se asemejaba más al de un hombre que al de un chico, con sus espaldas y hombros ensanchados. Mejor aún, conservaba su sencillez que le hacía caer bien a todos.

Como ya he dicho, tras conocernos Andrés no demoró en presentarme con su familia. Sus padres eran bastante agradables y constantemente le decían que yo era un ejemplo a seguir para él (ignorando que era a la inversa, pues yo envidiaba en Andrés todo lo que yo no era). Cada que salían de viaje me quedaba en casa de los hermanos, y cuando no era así era porque los padres nos llevaban con ellos.

Un día cerca de la semana santa me comentaron sobre sus intenciones de ir a su casa de playa por unos días, viaje al cual Berenice y yo nos encontrábamos invitados, así que no dudé en asentir y en prepararme para una turbulenta semana en el mar de Cortés (irónicamente “del Mar” es el apellido de estos hermanos).

Aunque no fuera mi objetivo, siempre trataba inconscientemente de atraer la atención de Antonio. Vestía de forma que sabía que a él le agradaría, y muy a menudo recibía elogios de su parte. En este punto de nuestra historia aún no definía claramente lo que sentía, sólo sabía que quería mejorar para ser alguien de su calibre algún día. Así pues, me dispuse a elegir cuidadosamente que bañador, que gafas de sol usaría cuando él me viera o que ropa interior ponerme cuando no estuviese en la playa, sin imaginarme que de poco me iba a servir usarla…

Partimos en mediodía de un martes de abril en la camioneta de los señores del Mar. El camino hacia la playa era, por fortuna, corto, y aún más corto nos pareció a Andrés y a mí que íbamos riéndonos de todo lo que se atravesaba frente a nosotros. Berenice y Antonio hablaban en silencio, seguramente de los temas que a los novios les gusta hablar todo el tiempo. Al cabo de una hora habíamos llegado a la amplia y elegantísima casa a orillas del mar, donde, como en todas las casas bellas, el tiempo parecía dilatarse y los días hacerse más largos.

Los señores del Mar nos sugirieron tomar las dos recámaras con baño propio a Berenice y a mí, mientras Antonio y Andrés compartirían una recámara y ellos compartirían otra. En menos de una hora estábamos todos listos para salir a bañarnos en el sol.

Así se nos fue esa primera tarde, de una forma muy distinta al resto, al menos para mí. “Andy” y yo jugando bruscamente bajo el agua. Berenice y Antonio, por su lado, se alejaban bastante de nuestra vista. Se veían felices. No entiendo por qué, por unos momentos me sentí triste al ver que Antonio no jugaba con nosotros como las últimas veces.

Unas horas más tarde, cuando el sol estaba poniéndose, los señores del Mar, que habían estado todo este tiempo sentados en la arena ante una palma, nos propusieron alistarnos para salir a hacer una fogata más tarde, y como bien sabíamos todos los presentes: fogata significaba alcohol, al menos para los hermanos. Por raro que fuera, los padres de Andrés le dejaban consumirlo sin reprocharle nada, y vaya que él aprovechaba la situación, pues tanto él como su hermano bebían bastante. 40 minutos más tarde estaba oscuro. Había un poco de luz, pero apenas la suficiente para distinguir las calles detrás de la playa. Antonio y Berenice tomaron la camioneta con el pretexto de ir al expendio más cercano a comprar bebidas, mientras nosotros nos cambiábamos de ropas.

Salimos todos cuando no había un ápice de luz. El señor del Mar ya había dejado todo listo para la fogata que posteriormente encendió. Nos acomodamos como pudimos alrededor de ella y observamos las estrellas durante largo rato. Las recuerdo preciosas. No cabía una más en el cielo. Berenice estaba fascinada, y lo estuvo más aún al ver el tono cobrizo de la luna. Reconozco que no estaba muy centrado en ello esa noche. Andrés, y en especial, Antonio, bebieron cuanto quisieron y más, como siempre hacían. No pensaban mucho en la belleza del mar ni en nada de lo que los señores del Mar y Berenice discutían. Y yo: al margen, como siempre. Callado y sin saber si prefería ver la perfección del firmamento o a Antonio.

No pasó mucho antes de que Antonio decidiera que el alcohol se le había subido muy pronto a la cabeza, y que quería irse a recostar. Alguien tenía que acompañar a ese hombre, porque quien sabe como hubiese subido las escaleras estando solo. Para asombro mío, Berenice, que no quería dejar de ver el océano, me pidió que yo lo acompañara. En voz baja por supuesto. Antonio es orgulloso y no tolera que nadie cuide de él. Así que lo fui siguiendo hasta llegar a la casa.

-¿Vienes por algo? -me dijo al verme en la puerta junto con él. -En realidad yo también quiero acostarme ya. -¡Ja! -dijo en tono burlón- ¿te mandaron para que me ayudaras a subir? -No, y aunque fuera así, no me ibas a dejar ayudarte -contesté en el mismo tono.

No hablamos más. Abrió la puerta y ambos nos dirigimos a las escaleras. No tuvo problemas en subirlas. Quizás los habría tenido de no haber estado yo ahí, pero en su orgullo él era capaz de haber controlado la borrachera por ese momento sólo para no aceptar la ayuda. Llegamos a la planta alta y nos despedimos.

-Buenas noches. -Hasta mañana, que descanses Guille. -dijo mientras caminaba desvistiéndose hacia su cuarto.

Entré a mi pieza y me quité la camiseta, las sandalias y los pantalones cortos quedando en la ropa interior que elegí tan cuidadosamente. Retiré las sabanas y me acosté sobre la cama un par de minutos. No tenía sueño, pero tampoco deseaba salir a la fogata otra vez. Viendo algo de televisión probablemente me entrarían ganas de dormir. Me vestí de nuevo. Salí de la alcoba con la intención de bajar las escaleras hacia la sala, pero algo llamó poderosamente mi atención. El cuarto de Antonio permanecía abierto, así que probablemente el aún estaría despierto. Me alegré bastante, pues una conversación a solas con él me valía lo que mil horas de televisión, pero no había forma de saber que tan grande sería el salto que daría al entrar a la habitación. Entré apresurado creyendo que iba a encontrarme con mi ídolo tratando de dormir como lo estaba haciendo yo, pero no fue así. Y vaya que representó un giro bastante violento…

Apenas permanecí un instante en ese cuarto cuando ya estaba retrocediendo torpemente, pues me encontré con una escena que jamás hubiese esperado presenciar. Ahora caía en cuenta: quizás a causa de su abuso con el alcohol olvidó cerrar la puerta de su alcoba. Estaba tendido completamente desnudo de pies a cabeza sobre la cama aún cubierta por el edredón azul. Para darle un toque aún más dramático al cuadro representado frente a mis incrédulos ojos, su mano se encontraba bien cerrada alrededor de aquel rígido mástil que salía de su entrepierna, subiendo y bajando frenéticamente a la par que su respiración entrecortada resonaba en mis oídos.

No lo soporté. No sabía que debía hacer ni pensar, así que me resultó sencillo huir de allí. Estaba bastante confundido por lo que acababa de suceder, mas me es imposible negar que estaba también terriblemente excitado ¿por qué? ¿ver la expresión de pleno placer en el rostro de Antonio, con su cuerpo totalmente descubierto ante mi vista, con sus ojos cerrados y sus labios ligeramente abiertos mientras su mano estrangulaba con fuerza un pene con una postura muy desafiante era algo excitante?… ¿un pene? ¿De Antonio?

Simplemente era demasiado para mí. Me sentía completamente abrumado por el sentimiento que me ocupaba: era otro al que yo vi plasmado en esa escena, no podía ser el mismo que yo había estado admirando a escondidas desde hacía años ya. Y aún con toda aquella mezcla de emociones, mi curiosidad me pedía regresar. Sin temor a equivocarme puedo decir que fue en este punto donde la bomba de tiempo estalló y me di cuenta de mis deseos hacia él. Al diablo con la admiración y con desear tener todas sus cualidades, era más lo que yo ambiciaba.

Lo medité unos cuantos minutos. Existía el riesgo de que él saliese del estado de euforia en el que estaba y me descubriera espiándolo, y eso destruiría toda visión de “hermano menor” que pudiera tener hacia mí, pero era tal mi curiosidad que no dejé a ese pensamiento ocupar mi mente. Salí de mi habitación caminando sobre las puntas de mis pies, solo para notar que el resto de la familia aún no había vuelto de la playa. Una vez que me di cuenta de esto, y temiendo que el espectáculo de mi estimado se hubiera terminado, apreté el paso y crucé nuevamente la puerta aún abierta hacia el cuarto de Antonio. Y aclaro que con esta acción, no sé si por fortuna o por desgracia, no solo entré allí, sino que entré a una etapa para la cual no estaba preparado psicológicamente.

Ahí estaba, tendido boca arriba como para dejar que el aire acariciara toda la extensión de su piel, aunque desgraciadamente, todo parecía indicarme que el buen Antonio había acabado su faena, pues aunque su pene seguía parcialmente firme, él ya no se encontraba consciente. Se oprimió mi corazón. Esta situación era mucho más ventajosa para mí. Nadie me vería mientras admiraba aquel maravilloso cuerpo desnudo, ni siquiera él. Podía incluso descargar mi excitación ahí mismo enfrente suyo, y lo más seguro sería que ni siquiera se inmutara.

Una idea perversamente atractiva pasó por mi mente: si él estaba profundamente dormido, y no había nadie en la casa que pudiera entrar repentinamente y descubrirme ¿no podría también tocar ese cuerpo que tanto deseaba? a fin de cuentas, Antonio no se quejaría estando en ese estado. Durante un par de minutos más me dediqué únicamente a verlo, debatiéndome entre si era o no correcto hacer lo que estaba a punto de hacer. Y al final no pude más, pues tras estar a muy cerca de acariciar su pecho en varias ocasiones para después arrepentirme, mi erección decidió por mí y dejé caer mi mano sobre la piel tibia y bronceada de mi príncipe.

Era una sensación totalmente sublime. Había “jugado” físicamente con Antonio antes, sobre todo cuando jugábamos en forma brusca como hacen todos los chicos algunas veces, pero esta vez lo estaba tocando a otro nivel completamente nuevo. Comencé a frotar su abdomen, sus brazos, su rostro, sus cabellos. Me parecía hermoso verlo descansar justo como vino al mundo, tan perfecto y tan vulnerable ante mis perversiones. Al llegar a la parte baja de su abdomen me detuve. Lo menos que quería era ser irrespetuoso con su cuerpo, por ello me abstuve de tocar algunas zonas aún prohibidas para mí.

De pronto me percaté de que había pasado casi media hora y la familia aún no volvía. Ya era hora de dejar al pobre Antonio en paz, de lo contrario podría darse cuenta de lo que sucedía y pensaría que mi intención era aprovecharme de él. Quizás esa oportunidad no se volvería a repetir pero no me importaba: mi atracción hacia él era afectiva mucho antes que sexual, y una fantasía no valía el sacrificio de nuestra buena amistad. Justo antes de retirarme, me incliné y besé su mejilla, pasando mis labios muy cerca de su lunar que lo caracterizaba. Eché, pues, una última mirada a su entrepierna antes de irme a dormir. Quedé anonadado: el pene, que ya se encontraba flácido, volvía a tomar fuerzas tras el contacto de mi boca con su cara. Y como por arte de magia, nuevamente estaba yo a mil, así que para no cambiar de opinión abandoné la habitación lo más pronto posible para despejar mis ideas en la tranquilidad de mi almohada.

Arrojé la puerta y sumido en el trance olvidé colocar el seguro. Me desvestí completamente. Quería que Antonio del Mar y yo estuviéramos en igualdad de condiciones sin importarme nada más. No me interesaba si alguien más me veía desnudo, solo quería jugar con la idea en mente de que él y yo estábamos a menos de 4 metros el uno del otro, y ninguno usaba prenda alguna que lo cubriera de la mirada lujuriosa del otro… Sí… ¡qué bueno sería si me deseara como yo a él! ¡si quisiera experimentar el tacto de mi cuerpo como yo lo hice con el suyo! Comencé a masturbarme bajo la sábana antes de terminar de cubrirme con ella. Aún estando desnudo sentía cierto calor, de seguro debido a la “felicidad” de mis hormonas fuera de sus cabales. No era para menos después de haber vivido la experiencia de mi vida, así que traté de ejecutar los movimientos exactos que vi a mi príncipe hacer con su mano sobre su herramienta. Susurré su nombre en voz baja varias veces, y hablé un idioma que ni siquiera conocía, pero a medida que aumentaba el ritmo de mi lasciva tarea me imaginaba que era él quien asumía mi placer.

Es natural, cuando menos, que nadie estuviese preparado de haber estado en mi lugar para lo que ocurrió justo después de esto, pero aseguro al lector que me arrebató de golpe del plácido estado en el que estaba. Noté que alguien irrumpía en la alcoba, y horrorizado pensando que sería Andrés o peor aún, Berenice, que habían entrado tras escucharme exclamar el nombre de su hermano, o bien, de su novio respectivamente, cubrí la totalidad de mi cuerpo con la sábana y di vuelta inmediatamente hacia la ventana para dar la impresión de estar dormido. Y fue más grande mi horror cuando me di cuenta de que, quien quiera que fuese, se había sentado a mi lado. Quizás de haber salido de la sábana habría descubierto más pronto de quien se trataba, pero no quería que ese individuo se enterara de que estaba despierto, menos aún, que me hiciera preguntas sobre el por qué de mi desnudez.

Pasaron unos instantes, y esa persona no hacía más que estar sentada allí, en el borde de la cama. Temí infantilmente que se tratara de un fantasma que venía a espantarme por haber tocado a Antonio sin su consentimiento, y en mi estupidez sentí miedo de ser castigado por lo que había hecho. El “ente” comenzaba a recostarse y a colocarse en una posición idéntica a la mía. Cuando finalmente habló, me quedé más frío de lo que ya de por sí estaba:

-Hey… ¿estás despierto Guille?… -habló una grave voz.

El alcohol presente en su aliento lo delataba. Era él. Había venido a mi habitación, y me asustaba que fuera a enfrentarme por mis acciones. Sentí un nudo en la garganta y casi de inmediato la culpabilidad se hizo sentir.

-¿Me escuchas Guille?… -continuaba susurrando aletargado, a la vez que puso su mano en mi hombro. -Sí… -contesté inmóvil.

Hubo un silencio. Supuse que el no encontraba las palabras para abordar el tema así que para no hacerlo enfadar más comencé con la intención de apagar su supuesto enojo:

-…Yo… sé que me vas a pedir explicaciones. -¿Por qué? -¿Estás enojado conmigo? -Tengo frío. -¿Frío? Estás mal Toño… -dije aliviado de que no quisiera hablar del tema. -Déjame acostarme aquí contigo mientras se me pasa… Las cobijas no me calientan nada -dijo mientras asía con su mano la sábana con la que me estaba cubriendo y se cubría con ella también.

Me estremecí de nuevo. No exagero al decir que a poco más que me hubiese exaltado sufriría un colapso nervioso. Eran demasiadas emociones fuertes en menos de una hora. Literalmente estaba temblando cuando noté que no se había vestido antes de la “visita”, y actuaba como si no se diera cuenta de su desnudez ni de la mía ¿qué era lo que quería este muchacho? No sabía si estaba más asustado por él o por mí. Cualquiera que fuera su objetivo, mi cuerpo reaccionó inmediatamente a la situación: mi cuerpo me hizo una jugada de desesperación y comenzó a temblar como nunca lo habían puesto a temblar los nervios.

-¿Ves que no estoy loco? tú también tiemblas de frío. -No… No es por frío por lo que tiemblo -dije con la voz entrecortada. -¿Entonces, pues? -exclamó por primera vez con un tono de molestia. -Nada Toño, durmámonos ya.

Con esta última frase esperaba que me hiciera caso, pues Berenice y la familia debían estar por llegar y hallarnos desnudos en la cama a los dos no sería en absoluto fácil de explicar. Andrés no me dirigiría la palabra jamás, sus padres quizás hablarían con los míos y Antonio y yo no podríamos vernos más. No. Eso no podía ocurrir. Mi intención era dejar que se durmiera, vestirme y llevarlo como pudiera a su alcoba lo más pronto posible… nada más lejos de la realidad.

Antonio envolvió sus brazos a mi alrededor y pegó la parte frontal de su cuerpo con la parte trasera del mío. Sentí sus brazos largos alrededor de mi abdomen, su vello facial y su aliento alcohólico rozando mi cuello y para rematar, la totalidad de su anatomía masculina frotándose y endureciéndose justo en mi trasero sin experiencia. Sentía claramente como la corona de vellos de su sexo se restregaba en mi cintura…

-¿Qué demonios te pasa? -dije asustado por la forma en que pudiera reaccionar. -De verdad tengo mucho, mucho frío. -contestó cómo pidiendo condescendencia. -¡Pues vístete! -dije firmemente- pero no te me pegues así ¿que no te das cuenta de que estás…? -Escupe -me interrumpió acercando sus dedos medio e índice a mis labios acariciándolos levemente. -¿Perdón? -contesté sin entender el mensaje que quería darme a captar -Que escupas -repitió. -¿Y qué pretendes con ello? -Lo sabrás cuando lo hagas -añadió, adoptando de nuevo ese gesto de molestia.

Obedecí sus instrucciones sin entender, en mi inocencia, que era lo que pretendía. Su voz me dominaba. Tampoco quería escupirle, pero si se lo seguía reprochando quizás se hubiese exaltado. No deseaba sostener una discusión con él en ese estado, pues los demás se hubiesen dado cuenta de lo que estaba sucediendo. Eso me aterrorizaba tanto que no pude oponerme a su extraña petición.

-No entiendo que pretendes -dije después de escupirle abundantemente las yemas de los dedos- pero estás ahogado y deberías vestirte e irte. -¿Por qué? -exclamó burlescamente mientras, contra todo pronóstico, hurgaba debajo de las sábanas entre mis glúteos con sus dedos ensalivados- quieres lo mismo que yo vine a buscar ¿o no? -¿Qué… qué haces Toño? -mis palabras se quebraron impidiéndome hablar correctamente en el momento en el que encontró su objetivo -Shh, shh… -susurró en mi oído- tranquilo, Guillermito, no pasa nada. -A-ah… no, no, estás borracho Toño, me estás lastimando, no deberíamos estar haciendo esto. -¿Por qué? ¿Te duele lo que estoy haciendo? -dijo, por primera vez de forma preocupada. -No… Pero no quiero hacer esto… por favor. No estoy listo. -¿Por qué? -insistió.

Ya estaba hartándome de sus preguntas. Esta situación era totalmente surrealista. Definitivamente este no era Antonio del Mar, el que me aconsejaba sobre como relacionarme con las personas, sobre cómo reaccionar ante las acciones de los demás, incluso sobre sexo. Era un lado de su personalidad que no conocía, y lo peor de todo era que, a pesar de la sensación extraña de sus dedos dentro de mí, no me resultaba desagradable la forma en que me frotaba esa zona tan privada y desconocida, así que intenté tranquilizarme. Antonio ya me había alzado la voz en dos ocasiones, y si lo hacía perder la paciencia sabía a que atenerme. Pocas veces lo vi molesto antes, pero sé bien que no es alguien a quien uno quisiera enfrentar estando borracho y furioso.

Capté lo que estaba sucediendo. Si hacía nada me sentía calientísimo de solo verlo tocarse sus partes íntimas, debía sentirme aún más caliente de tenerlo en mi cama, con su cuerpo pegado al mío y acariciándome de forma, aunque no muy normal, si un tanto placentera. Aquella experiencia empezó a volverse más llevadera, incluso a ratos me agradaba la forma en que sus me frotaba lentamente por dentro haciendo círculos. Traté de disimularlo para que Antonio se diese cuenta de que quería que terminara, pero nuevamente su astucia fue superior a mí.

-¿Te das cuenta? si cooperas todo va a salir bien… -No. Pero ya es… -solo atiné a decir, antes de soltar un suspiro de gusto. -Creo que ya estás listo Guillermito -dijo retirando su dedo de mi interior. -¿Para qué debo estar listo? -pregunté, al tiempo que mi diminutivo hacía un eco de forma hipnótica en mi cerebro.

Permaneció en silencio con sus brazos aún a mi alrededor como tratando de aplicarme una llave. Separó una de sus manos y la acercó a mi boca nuevamente.

-¿Qué te parece si te los pones en tu boquita por mí? -dijo acercándome de nuevo sus dedos.

Ensalivé de nuevo temiéndome lo peor. Aunque Antonio estaba siendo menos violento con sus palabras, todo estaba saliéndose de control. Tenía que hacerlo recapacitar de alguna forma. Admito que aunque tenía miedo quería experimentarlo, pero sabía que a partir de ese momento, a menos que tuviera la suerte de que Antonio se olvidara de todo al día siguiente, nuestras vidas cambiarían drásticamente.

-Esto no es correcto… -dije en un último y vano intento de disuadirlo. -¿Por qué? -dijo, y acto seguido sentí algo caliente y firme en la entrada de mi ano. Era su herramienta que había ensalivado con mi propio flujo bucal. -Espera… no, no estoy listo ¿qué es eso? -Adivínalo -respondió sádicamente para después hundir su pene en mí de una forma abruptamente dolorosa que me puso a sollozar al instante. Introdujo profundamente aquel miembro ardiendo y quedamos en esa posición, sintiéndolo más próximo a mí que nunca. No se movía en absoluto, parecía más bien que estaba dejando un espacio para que me acostumbrara a el, aunque sin éxito, pues a pesar de su “consideración”, no dejaba de sentir ese dolor tan agudo en un sitio que apenas había descubierto que podía causar tanta molestia.

-¿Estás bien Guille? -preguntó en voz baja. -No Tono, me duele, te juro que no me lo estoy inventando, de verdad me duele… -atiné a decir, y aseguro que estaba siendo más que honesto. -No te preocupes. Sé cómo se hace. -Por favor, yo no puedo… -y dicho esto tomó mi rostro, lo volteó hacia el suyo y ahogó mis quejidos antes de que terminara con un beso muy fuerte que no supe corresponder.

Solo dejé que su lengua con gusto a cerveza hiciera lo que quisiera: llegaba hasta mi garganta  y se enroscaba alrededor de mi lengua, haciéndola moverse instintivamente. Al menos eso me servía como distracción y alivio.

-¿Qué pasa? ¿No te habían besado así antes? -me susurró mientras se incorporaba, dándose cuenta de mi evidente falta de experiencia. -N-no… -Tranquilo, todo esto es normal. No debes de estar nervioso.

Hoy que pienso en ello, no comprendo cómo un hombre borracho podía tranquilizarme en medio de una experiencia tan bizarra, pero sólo él lo hubiese logrado. Tomó, pues, mi mano e iniciamos un beso aún más intenso. Había besado a mujeres un par de veces, pero esto no podía desde ningún punto de vista asemejarse a mis anteriores experiencias. El roce de su barba de 3 días era un tanto incómodo, pero teniendo un problema mayor como el de su miembro viril abriéndose paso en mi trasero hacía que me importara más bien poco. Hasta este momento Antonio se había limitado a besarme y a acariciar mi torso con sus manos, acciones que yo no podía corresponder como me hubiese gustado. No había hecho ningún movimiento con sus caderas para evitar lastimarme.

-¿Ya? -No sé, sólo hazlo rápido -contesté resignado.

Dicho esto comenzó a ejecutar un vaivén hacia adentro y hacia afuera que me obligaba a apretar mi esfínter alrededor de su pene contra mi voluntad. El dolor que se había estado apaciguando volvió a encenderse. Antonio se dio cuenta de esto y no me permitió quejarme, pues colocando sus dedos en mi boca por tercera vez, acercó sus labios a mi cuello y al dorso de mi cara y comenzó a besarlos. Desde ahí lo único que escuchaba era su respiración enloquecida y el sonido típico de los besos sobre la piel. No dijimos una sola palabra hasta que él terminó. Pude notar que tan próxima estaba su venida porque el cálido aire que arrojaba sobre mi rostro fue acelerándose cada vez más hasta que lanzó un suspiro silencioso y muy prolongado. Había acabado y juro que estaba agradecido. No iba a hacer eso nunca más, simplemente no era para mí, no quería experimentar algo tan doloroso otra vez.

-Muchas gracias Guillecito, esto quedará entre nosotros ¿sí? no podemos decírselo a nadie o no nos podremos ver más. Que descanses… -dijo retirando su pene de mí interior para después pasar su mano cariñosamente por mis cabellos y levantarse de la cama. Se marchó de la habitación dejándola impregnada de un aroma a sexo y alcohol, mostrándome la, hasta ahora desconocida, parte trasera de su desnudo y bien formado cuerpo. Recuerdo que se notaba cierto descaro en su voz cuando se despidió.

No contesté nada. Mi pene estaba durísimo pero yo estaba cansado y molesto. Era como sí mi moral me dijera que acababa de ser usado tras cometer un error irreparable, pero mi libido me indicara que todo estaba bien y que había que disfrutar de ello. Me levanté, tomé mi ropa interior y me dirigí al baño. Por fortuna mi alcoba, al igual que la de Berenice, contaba con baño propio. Justo frente a la entrada había un espejo que me permitía verme de cuerpo completo, pero avergonzado de mí mismo por lo que acababa de suceder evité verme reflejado en el. Mientras me enjuagaba la cara me di cuenta de que tenía muy húmeda la zona baja de mi trasero y además la sentía tan caliente como una brasa de carbón al rojo vivo, y no era para menos, el pene de Antonio, sin ser enorme, era el más grande que había visto (quizás porque había sido el único) y por ello la fricción que hacía con mi culito era tremenda, además había eyaculado en mi interior sin avisarme nada ni ofrecerme ninguna disculpa, solo un descarado “gracias Guillecito”…

Y entonces me pregunté ¿no había sido mi culpa todo esto? lo más seguro era que yo lo hubiera despertado, y al estar tan alcoholizado él no podría controlar al 100% sus acciones. Yo era el responsable de lo que acababa de sucederme y seguro que si Antonio recordaba que había pasado al día siguiente podía irme olvidando de él, pues yo sería el único culpable.

Me puse los calzoncillos y salí del baño. Eché un vistazo a la sala desde la planta alta y vi que los focos de abajo estaban encendidos. Andrés y los demás ya habían llegado así que puse el seguro a la puerta y me tumbé boca arriba sobre la cama. Nunca había estado tan triste, molesto y excitado al mismo tiempo. Mi pene seguía inconforme, no le importaba un carajo como me sentía: deseaba satisfacción y punto. Y se la di. Me masturbé como lo había estado haciendo antes de que Antonio llegara a mi habitación. Me maldije a mí mismo mientras tiraba con coraje de mi miembro. Menos mal que no tardé nada en terminar, y así, agotado por esa frustración, con el vientre ensopado en mi propio néctar de vida, y escurriendo de entre mis piernas el de mi ídolo, me dejé vencer por el sueño […]

Fin de la primera parte.

Autor: Gyork

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Mi cuñada y yo

Mientras el agua recorría mi cuerpo ella daba buena cuenta de mi miembro hasta que me corrí en su boca y me dice, ahora te toca a ti, le comí el coño mientras le metía el dedo por el culo. Nos fuimos a la cama y allí estuvimos follando como locos, se me puso encima y le metí la polla en su rajita y empezó a cabalgar mientras le sujetaba las enormes tetas que tiene.

Mi nombre es Andrés y os voy a contar lo que me pasó hace 2 veranos en el chalet de mi hermano y mi cuñada.

Yo tengo 31 años y mi cuñada sobre los 38 más o menos pero se cuida  perfectamente, hace gimnasia  y  come lo justo es por ello que cuando se viste para ir a trabajar como secretaria de una empresa se pone provocativa más de una vez me  pilló “desnudándole” con la mirada.  Cuando se pone el bikini no puedo disimular y la miro como si me la hubiese a comer allí mismo.

Todos los veranos voy a pasar unos 15 días con ellos al chalet, es uno de estos que abajo tiene el comedor con la cocina y arriba los dormitorios, uno de estos días estuvimos cenando con unos vecinos, mi hermano se tuvo que ir a trabajar por que le tocaba guardia, mi sobrino estaba de monitor en un campamento.

Terminó la cena y después nos hicimos unos gintonic, estuvimos charlando hasta las 1 más o menos, los vecinos se fueron y mi cuñada y yo empezamos a recoger la mesa.

Allí estaba ella con un short que se le marcaba sus preciosos pechos ya que no suele llevar sujetador, y eso me pone cachondo, con un pantalón corto que le definía su culito precioso, y en un momento no pude más, me lancé sobre ella por la espalda y le empecé a sobar las tetas y restregarle mi paquete en su culo.

De repente se gira y la intenté besar pero sus labios estaban sellados, acto seguido me empujó y yo pensé en ese momento que me daría un tortazo por lo que estaba haciendo, y gracias que no fue así.

Veo que se quita el short y deja al aire sus hermosos pechos que los empiezo a tocar y chupar, recordando cuando le veía dar de amamantar a su hijo, mientras ella me desabrochaba las bermudas me toma el rabo y me dice, cuñado quiero que me folles aquí y ahora.

Yo le pregunto, ¿por el chochito o por el culito?, por el chochito responde ella mientras me dice al oído, he estado esperando este momento, un montón de tiempo, mira que has tardado en decidirte, yo provocándote y tú seguro que matándote a pajas ¿por qué más de una paja te habrás hecho pensando en este momento?

Yo le dije que si, más de una y más de dos, la cogí, la puse encima de la mesa y ahí desnuda de cintura para arriba, le bajé los pantalones y las bragas.

Tiene un chochito depiladito  precioso, le puse un cubito de hielo en la frente y lo fui bajando pasando, por su boca, su pechos y el ombligo  y se lo puse en la rajita, ella se retorcía de placer  y dando una palmada al cubito me dijo, déjate de tonterías y métemela ya…

Eso es lo que hice, la follé ahí en la mesa, en cada metida sus tetas se movían como un flan de gelatina, hasta que me corrí dentro de ella, subimos a mi habitación, se sentó en la cama para quitarse las zapatillas y yo con el rabo empalmado le dije quiero follarte por la boca, y ella me dijo que le daba morbo hacerlo en la ducha, así que fuimos a la ducha.

Mientras el agua recorría mi cuerpo ella daba buena cuenta de mi miembro hasta que me corrí en su boca y me dice, ahora te toca a ti y así lo hice, le comí el coño mientras le metía el dedo por el culo.

Nos fuimos a la cama y allí estuvimos follando como locos, se me puso encima y le metí la polla en su rajita y empezó a cabalgar mientras le sujetaba las enormes tetas que tiene, intenté metérsela por detrás pero no quería.

A la mañana siguiente me desperté y al abrir la ventana vi que el coche de mi hermano estaba aparcado, pasé por su habitación y se le oía roncar, bajé a la cocina a desayunar y ahí estaba ella.

Apoyada en la mesa comiéndose una tostada de mantequilla, con un camisón por encima de las rodillas, nos dimos los buenos días y me dijo, Andrés  lo de ayer fue una estupidez por nuestra parte y espero que lo olvides pronto, esto jamás tenía que haber pasado, yo a tu hermano le quiero y no quiero separarme de él nunca.

Está bien me olvidaré le contesté, pero tienes que dejarme metértela por el culo, tú estás loco dijo ella, tu hermano arriba y tú pensando en metérmela.

Tú sabes muy bien que tu marido cuando le toca guardia duerme de un tirón hasta las dos horas de comer, y tiene morbo eso de follarte y mi hermano arriba.

La tomé, le di la vuelta le levanté el camisón, le bajé el tanga y le embadurné el ojete con la mantequilla, le metí primero el dedo y se la metí poquito a poco hasta que estuvo toda dentro.

Empecé el metisaca mientras ella mordía el paño de cocina para no gritar, me corrí en su precioso culo me dio un beso y cumplí mi palabra y hasta la fecha la he cumplido.

Autor: Andrés

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Soy un chico especial

Cada vez me movía más rápido, mi polla parecía que iba a estallar.Ella zarandeaba sus nalgas chocando todo el tiempo con mi cuerpo, mi polla se deslizaba una y otra vez por su culo calentito y mojado, perdí la noción mientras se la ponía hasta el fondo y derramaba todo mi ser dentro del culo de mi mamá. Ella gozaba y enloquecía a cada estertor de mi polla que fueron muchos.

Hola a todos. Mi nombre es Andrés y tengo 18 años recién cumplidos. Todos los que me conocen dicen que soy especial. Tanto es así que también asisto a una escuela para gente especial con otros chicos como yo, no voy todos los días, sólo voy cuando hay clases, hoy fui. Mi maestra, pedagoga dice ella, me insistió en que debía escribir lo que me sucedía durante el día, escribir un diario, dice que con eso mejoraré mi manera de expresarme y me ayudará a comprender mejor mi entorno. Eso dice, aunque no sé muy bien qué significa eso del entorno.

Le pedí ayuda a mi hermana Laura, es menor que yo 1 año, ya que Verónica no vive con nosotros. Estudia en la universidad. ¿Les dije que Vero es mi hermana mayor y tiene 23 años? Laura no me hizo mucho caso y dijo que podía usar su ordenador para escribir en tanto ella no lo necesitara, que es, por supuesto, cuando ella no está, y que tenía que utilizarlo igual que como me enseñaron en el instituto, cuidarlo, mimarlo, no comer encima de él, apagarlo correctamente. Igual que en el cole. Cuando se ha ido a casa de unas amigas he aprovechado para escribir aquí, parece que Laura ya me lo dejó preparado para mí porque veo que aquí hay un montón de diarios de personas diferentes.

Querido diario:

Esta mañana me he levantado temprano para ir al cole. Desde la cama podía oler las tostadas que hace mamá todas los días para desayunar. Aún no había amanecido cuando me desperté, sólo mamá estaba despierta. Laura durmió hasta tarde porque hoy no tenía clases y papá se fue a trabajar muy temprano, bueno, no es mi papá de verdad. El de verdad se fue hace muchos años, según mamá detrás de una putita joven. Lentamente comencé a desperezarme, me rasqué un poco la barriga y el pecho, me gusta mucho rascarme, pero tengo que cuidar de no tocarme el pito, suele estar muy hinchado a la mañana y me puedo hacer daño. Todos los días me pasa lo mismo, tendré que decirle a mamá que me lleve al médico.

Comencé a vestirme, primero la camiseta, luego el pantalón… Ahí fue cuando grité de dolor. Cuando cerraba la cremallera me pillé el pito, ¡cómo duele! Mamá entró asustada al cuarto, llevaba puesta su bata azul de seda.

– ¿Qué te pasa Andrés? – ¡Me acabo de pillar el pitito con la cremallera del pantalón! ¡Lo tengo hinchado y me duele mucho!- Quédate quietito, no te muevas que te vas a lastimar más, déjame que te ayude.- Sí mamá.

Mamá, que se llama María por cierto, se arrodilló delante de mí para tratar de liberarme de la cremallera. Sus manos comenzaron a trabajar sobre la bragueta semi abierta, lo hacía con suavidad para no lastimarme más, cogió la parte de mi pito que estaba afuera del pantalón para asegurarse que no se moviera. ¡Cómo me calmó el contacto con su piel calentita!

-Andrés, esto ya no es un pitito mi amor, tú ya estás más crecidito que cuando ibas a la escuela, esto más que un pitito ya se parece más a un pepino.

Sus ojos parecían expresar admiración por lo que tenía entre las manos mientras continuaba intentando bajar la cremallera. Con tanto movimiento sentía que mi pepino, según mamá, continuaba hinchándose.

– ¡Rápido que me duele mucho! -Ya casi, Andrés, sólo un poquito más.

Nuevamente grité de dolor cuando logró abrir la cremallera, el pepino se salió todo fuera de la bragueta. Mamá se asustó cuando vio que salía directo a su cara y le pegaba cerca de la boca.

-Lo siento, se me escapó.-No importa. ¿Te duele mucho?- Sí mamá.-Deja que yo te cure.

Sin levantarse, me desabrochó el pantalón y lo bajó, junto al calzoncillo, hasta que se me quedaron a la altura de los tobillos, comenzó a acariciar mi pepino, según mamá, usando las dos manos. Poco a poco el dolor disminuyó, aunque estaba preocupado porque se estaba hinchando cada vez más y sentía un fuerte apretón en los huevos.

-¿Te duele menos? Preguntó sin apartar los ojos de aquel montón de carne hinchada.-Sí, pero tengo miedo que explote porque se está hinchando mucho.-Cierto, ya no parece un pepino, hijo, ahora se parece más a un calabacín, tienes un pene precioso, cualquier hombre te envidiaría. Quédate quietito que mamá se va encargar de curarte con mimitos.

Y así lo hizo, sus manos comenzaron a deslizarse lentamente por mi pene, lo tenía firmemente cogido con las dos manos, se movían como en un vaivén. Yo no veía otra cosa que sus ojos maravillados con lo que estaba haciendo, tenía la boca entreabierta y un hilillo de saliva le salía por un lado. La bata se le había abierto, sus grandes y firmes tetas se balanceaban acompasando el movimiento de su cuerpo. Me resultaron muy bonitas. Pronto comenzó a besarme en la punta del pene, sus cálidos y húmedos labios me daban pequeños besitos que me erizaban completamente. Unas gotitas blancas salieron por el agujerito del pene que su lengua recogió inmediatamente mientras decía:

-Mmmmm, qué rica está la lechita de mi bebé. Ahora me lamía por todos lados. Oía que su respiración no era normal, jadeaba y gemía mientras se llevaba una mano a la entrepierna. -¿Estás bien mamá?-Muyyy biennn, me encanta chuparte la polla… qué dura y sabrosa que está, no sé por qué no lo he hecho antes. Hace tiempo que tenía ganas de enseñarte éstas cosas.

No dijo nada más por un rato, claro, no podía, ya que tenía toda mi polla dentro de su boca. No paraba de mover la cabeza, las manos, los labios y la lengua. Con su mano libre se acariciaba ávidamente la entrepierna a las tetas, mientras lo hacía sus gemidos iban en aumento. Me estaba poniendo enfermo, comencé a marearme y me creí desmayar.

-Mamá, quiero ir al baño, tengo pis.-No es pis mi amor, es que estás por acabar, es algo muy natural, no te muevas que ya vengo, así acabo de curarte.

Salió del cuarto con la cara toda sonrojada y volvió casi inmediatamente. Traía un pote de manteca en las manos, pero no vi tostada alguna. Metió los dedos en el pote y comenzó a embadurnarme el pene hasta que quedó resbaladizo y reluciente.

-Con esto tu polla estará mucho más rica. Ahora te voy a pedir que hagas todo lo que te diga. Mamá quiere realizar una fantasía contigo, ya verás que esto nos va a gustar a ambos.

Se sacó la bata y la dejó caer al piso, su cuerpo era delgado, muy esbelto y de firmes músculos, a mi mamá le gusta mucho hacer gimnasia, las duras tetas me apuntaban con sus pezones erguidos. Me dieron muchas ganas de chupárselas y eso que no tenía mucha hambre. Caminó lentamente hacia el sillón que tengo en el cuarto, se puso de rodillas sobre el asiento agachándose de cara a la pared. Su culo me llamó mucho la atención. Redondito, suave, blanquito…

-Ven. Arrímate. Me dijo.

Aquel culo me atraía mucho, era como un imán al que no me podía resistir. Lo comencé a acariciar y me dieron ganas de besarlo. Pero no pude darle más que rozarlo con mis labios. Mamá dijo:

-Deja eso para otro día, que no tenemos mucho tiempo. Mientras me cogía del pene y me atraía hacia ella me decía: -Arrímate despacito por atrás, ahora te voy a enseñar a hacerme el culito, muy despacito vas a empujar con tu polla cuando mamá te lo diga, con cuidado porque la tienes muy grande y me puedes lastimar.

Llevó mi pene hasta la puerta de su culito y me dijo:

-Dale mi amor, empuja ahora, con cuidado.

Notaba el calor de su culo en la cabeza de la polla, sentía que la tenía muy dura, comencé a empujar tal como me lo pidió. Sus carnes me abrazaron mientras la cabeza entraba por el lubricado anillo, la penetraba obedientemente mientras mamá gemía y se agitaba mucho. Esto me puso nervioso y seguro que me moví más de lo debido. Mamá dio un pequeño grito:

-Quietito, quietito, que tu polla me está abriendo toda. Muévete un poquito para atrás y para adelante, despacito.

Comencé a moverme como ella decía, sólo le ponía la puntita y parece que le gustaba mucho, sus manos se acariciaban la entrepierna con deleite. Su cuerpo temblaba cada vez más, hasta que un montón de líquido corrió por sus piernas mientras ahogaba un fuerte gemido. No dejó de moverse, me cogió de los huevos y mientras me tiraba hacia ella dijo:

-Dame más, no pares, métela más adentro que me encanta.

Ahora su culo no se resistió tanto al paso de mi polla. Con movimientos cadenciosos fui avanzando hasta que no había nada más para meter. Ella se estremecía toda, me tenía agarrado de las nalgas y me empujaba con fuerza hacia ella. Nuevamente comencé a marearme:

-Quiero pis. -Sigue, sigue así que quiero que acabemos juntos. Quiero que me llenes el culo con tu leche.

Cada vez me movía más rápido, me estaba costando respirar, mi polla parecía que iba a estallar. La tenía cogida de las caderas y la movía como si fuera un juguete. Ella se movía frenética, zarandeaba violentamente sus nalgas chocando todo el tiempo con mi cuerpo, mi polla se deslizaba una y otra vez por su culo calentito y mojado. Hasta que no pude más.

-¿Ya te viene? No lo aguantes, seguí, seguí que te va a gustar…

Mi cuerpo se tensó abruptamente, perdí la noción de todos mis sentidos mientras se la ponía hasta el fondo y derramaba todo mi ser dentro del culo de mi mamá. Ella gozaba y enloquecía a cada estertor de mi polla, que fueron muchos.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Me haces acabar como no lo ha logrado nadie!

Quedamos unidos en la misma posición por un rato. Suavemente comenzó a levantarse, me cogió el pene y lo fue sacando despacito de su culo.

-¡Qué maravilla! Dijo, y se arrodilló de nuevo a chupármelo hasta dejarlo muy limpito. Ya no me dolía lo de la cremallera, ahora sentía que me pulsaba todo, pero me gustaba la sensación. -Amor, esto tiene que quedar entre nosotros, no se lo vas a contar a nadie, ¿verdad? -No mamá. -Pronto mamá te va a enseñar más cositas que te harán muy feliz, pero no hoy. Vamos, que se te hace tarde para ir al instituto.-Mamá, gracias por ayudarme con la cremallera.-De nada hijo.

Autor: retrasadosexy

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Ahora con dos parejas

Me situé detrás de Eva y empecé metiéndole un dedo en su ojete. Intenté ponerle dos dedos pero me suplicó que no la hiciera sufrir y que la enculara rápidamente. Situé la punta de mi polla en su agujero y empecé a apretar para hacerme camino en su culo, empecé a moverme culeándola e intentando acoplar mi movimiento con el del pobre Andrés que estaba debajo de los dos.

Hola de nuevo. Hoy voy a relataros una nueva vivencia que tuve con una nueva pareja que me presentaron Rosa y Andrés, mi primera pareja con los que hice mi primer fantástico trío. Ya os comenté que una vez entras en ese mundo liberal, al que como chico cuesta muchísimo acceder, parece más fácil conocer a gente y contactar con parejas que viven el sexo de una manera distinta y genial, sin ataduras y disfrutando de los placeres de las relaciones y fantasías que podemos vivir.

Pues bien, después de mis relaciones con Rosa y Andrés, y charlando de todo esto, me comentaron que habían tenido una relación de intercambio con una joven pareja que conocieron en un chat de Internet. Esa joven pareja, gozaba de ese intercambio y deseaba vivir más experiencias de este tipo, pero me contaron que les daba un poco de miedo encontrarse con gente poco fiable y… les hablaron de mí.

Cuando Rosa y Andrés me hablaron de ellos, me contaron que Toni, tenía 25 años y un cuerpo espectacular por el gimnasio que llevaba encima de sus músculos y me hablaron de Eva como una preciosidad de 24 añitos y con un cuerpo casi 10; Poco pecho pero bien puesto, una cinturilla de avispa y un buen trasero así como unos ojos azules increíblemente claros y una sonrisa tímida y cautivadora. Me contaron que aunque se lo hacían bien en cuanto al sexo, claro, eran más bien pasivos y se dejaban llevar aceptando cualquier propuesta que se les hacía. Andrés me confesó que era una chica muy dulce cuando la penetrabas pero que al mismo tiempo se volvía loca cuando llegaba a sus orgasmos.

Programamos una cita para conocernos los cinco y planeamos dos posibles opciones que iríamos concretando una vez estuviéramos juntos. Una opción era la de presentarme ante Eva y Toni para que yo quedara con ellos algún día y la otra era la de planear una pequeña orgía los cinco. Nos citamos para un sábado por la tarde para ir a cenar. Cuando llegué al local donde habíamos quedado, cerca de las Ramblas, vislumbré a Rosa y me dirigí hacia donde estaban sentados. Allí estaba Andrés, vestido con un traje elegante, como siempre, Rosa que llevaba una falda larga y una camisa blanca con un buen escote donde, según que movimiento, se le podía ver perfectamente el sujetador y lo que sujetaba, sus encantadores pechos.

Me presentaron a Toni y a Eva. De Toni no os hablaré mucho porque ya dije antes que el gimnasio había hecho de él un cuerpazo impactante que lucía orgulloso con su ajustada camiseta negra. De Eva os diré que tenía unos ojos alucinantes, azules y claros como nunca había visto. Iba con unos tejanos de cintura caída y ajustados de esos que al sentarse dejaba ver su tanguilla negro que asomaba, y llevaba una camiseta con tirantes azul que reflejaba perfectamente que no llevaba sujetador ya que se le marcaban perfectamente sus pequeños pechos.

Después de las pertinentes presentaciones y de conectar con ellos muy bien, hablamos un poco de todo hasta que llegó la hora de irnos a cenar, después de habernos tomado un par de rondas de cerveza. La cena transcurrió de una manera muy agradable y con el vino que íbamos bebiendo las charlas se animaban y evidentemente, acabamos hablando de aventuras, fantasías y sexo. Yo les confesé que a parte de ese trío que ya había realizado varias veces con Andrés y Rosa, eso de hacer una orgía era uno de mis sueños, (¡de quien no!).

Toni confesó que soñaba con ver gozar a Eva con dos hombres y Eva confesó que siempre le había picado el gusanillo de hacerlo con una chica, a lo que Rosa se negó en redondo a probarlo y lo dijo de una manera que hizo estallar la mesa en sonoras risas. Al terminar la cena, Andrés propuso terminar en su casa lo que todos deseábamos ya y nos fuimos con el coche de Toni hacia la casa de Andrés y Rosa. En el coche, Toni y Eva iban en los asientos de conductor y acompañante y en el asiento de atrás, Andrés y yo escoltábamos a Rosa. Andrés se dedicó a indicar el camino hacia su casa y Rosa y yo empezamos a jugar con nuestros sobeteos.

Ella me metió la mano descaradamente en mi paquete y le dijo a Eva: “…ya verás el aparato que se gasta Santi, Eva. Ni Toni ni Andrés tienen ese pedazo de carne tan gordo, ja, ja, ja”. Yo mientras, ya había metido una de mis manos en el escote de su camisa y le había apartado el sujetador para poder sobar sus tetas. Andrés le desabrochó el sujetador y se lo quitó mientras me decía: “… anda, tócaselas mejor así, tío… ¿a que están potentes las tetas de mi mujer?”.. Encantadoras, le dije yo.

Y llegamos por fin a casa de Andrés y Rosa y después de abrir una botella de champán, un brindis y la música que se encargó de poner Rosa, se empezó a crear un buen ambiente y Andrés propuso ir a buscar unas cartas para empezar de alguna manera a jugar a alguna cosilla que rompiera un poco el hielo de una situación en la que todos sabíamos que deseábamos pero no sabíamos cómo empezar.

Decidimos levantar una carta cada uno de nosotros y al que le tocara la más baja, debería desprenderse de una prenda de ropa. No quiero entrar en cómo se desarrolló el juego. Solo os diré que en un momento y por casualidad, estábamos los tres hombres con slips solamente y las dos chicas con sus respectivos tanguillas puestos.

Quiero comentaros lo lindos que encontré los pechos de Eva. Aunque vestida parecían pequeños, una vez libres de esa camiseta, se veían altaneros y de un tamaño apreciable. Además, sus pezones estaban erectos y tenía una aureola que era muy bonita porque era pequeñina pero de un color intenso. Eso unido a su moreno daba la razón a mis amigos cuando me decían que Eva poseía un cuerpo 10. En la siguiente ronda, le tocó a Rosa quitarse el tanga. Lo hizo pero luego se paseó por delante de Andrés para que le pegara un lametazo a su ya húmedo coñete. Toni y yo nos quejamos y automáticamente pasó por nuestras bocas ese delicioso manjar. En la otra ronda, Toni tuvo que despojarse de su slip y nos hizo una especie de striptease que dejó al aire su ya empalmado rabo. He de decir que de grosor era menor que el mío e incluso que el de Andrés.

El siguiente fue el propio Andrés el que sacó esa carta que le hizo desprenderse de su ropa. Él, como anteriormente había hecho Rosa, su mujer, se puso frente e ella y la incitó a que le hiciese un regalito en forma de chupada a lo que ella accedió, cogiendo la polla de Andrés, descapullándola y acoplando sus labios al glande que tenía delante. La fue introduciendo en su boca lentamente y con gestos eróticos y obscenos para que el resto de los que estábamos presentes, nos calentáramos al máximo, cosa que hicimos. Una vez que Rosa terminó Eva reclamó su parte de chupada a lo que Andrés accedió gustosamente.

En la próxima ronda solo quedábamos Eva y yo y Toni propuso que el que perdiera se debería quitar su ropa y hacerle una buena mamada al contrincante… Levanté mi carta y era un 9 de Oros con lo que Eva comentó que empezaba a sentir como debería pagar mi premio entre risitas… Cogió la carta del montón y… ¡zas!… Levantó un 11 de copas… Perdedor… ¡Yooooo! Cogí mi slip y lo bajé lo más sensualmente que supe hacerlo quedando mi aparato al aire en plena erección. Eva lo cogió al vuelo y se lo engulló como una posesa pero… Toni la detuvo y nos indicó que era yo el que debía pagarle a Eva con un buen trabajo. Me senté en el suelo e hice levantar a Eva hasta que la tuve delante de mí. Le cogí el tanga negro y se lo bajé lentamente, quedando ante mí un chochete depilado y con unos labios rosados que destacaban en la piel bronceada de Eva que me dijo:

Eva: No aguanto más Santi. Cómetelo ya que me muero de ganas de sentir tu lengua. Rápido. Yo: Voy a hacértelo pasar genial, chica. Pago bien mis deudas. Eva: Vamos que me gustará descubrirlo…mmmmm

Y empezó a gemir, solo puse mis labios en sus labios y empecé a hurgar con mi lengua por su cueva ya húmeda. Le levanté una pierna para abrir un poco su coño y seguí lamiendo con mi lengua toda la longitud de su coño desde su clítoris hasta su culo una y otra vez. Su pierna estaba en mi hombro y mi lengua entraba y salía de su agujero junto a uno de mis dedos que me ayudaban a darle placer a Eva…

“Mmmm Santi… que me corroooo” y empezaron a flaquearle las piernas mientras se juntaba cada vez más a mi boca y se derretía en mis labios con un orgasmo tremebundo… “aahhhhhh”

Todos aplaudieron al terminar y fue cuando de verdad empezó la fiesta.

Andrés cogió a Eva y Toni a Rosa en un intercambio de chicas que era lo que deseaban y lo que ya habían hecho la última vez que se vieron. Yo, con una tremenda erección, observé como Andrés estaba encima de Eva, bombeándola y con Eva completamente entregada situando sus piernas en su espalda. Eva gemía y le pedía que no parara y que empujara fuerte mientras sus pequeños pechos se movían rítmicamente con los bombeos de Andrés…”… Más, más,… vamos no pares, empuja fuerteeee que me gustaaaaa…”

Mientras esto sucedía, Rosa estaba cabalgando a Toni que estaba estirado en el suelo aguantando el envite que le estaba regalando aquella estupenda mujer, mientras le sobaba sus grandes tetas. Rosa apoyaba sus manos en el pecho de Toni y este le suplicaba que parase porque estaba a punto de correrse dentro de ella. Las palabras de los cuatro se mezclaban mientras yo me estaba regalando una soberana paja sin esmerarme demasiado porque no quería terminar corriéndome.

Toni: Rosa que me corrooo. Vete más despacito que no aguanto más. Rosa: Si no aguantas te relevo, pero no puedo parar ¡porque me gustaaa estooooo! Toni: Aaahhhh que no aguanto maaaasssssss…

Mientras se escuchaban estos gemidos unidos a los de Eva, yo acerqué mi polla a la boca de Rosa para que continuara con su boca la paja que me estaba haciendo y esa visión fue lo que hizo finalmente correrse a Toni dentro de ella con un gran gemido…”me corrooooooo”.

Rosa se bajó de Toni que estaba deshecho en el suelo y me pidió a mí que me tumbara porque quería seguir cabalgando, mientras Eva ya se había corrido junto a Andrés y estaban relajados en el suelo. Me tumbé y me situé de manera que Rosa se pudiera sentar encima de mi polla que estaba como nunca. Rosa se sentó lentamente y tanto ella como yo, notábamos como mi tranca iba abriéndose paso en su cueva mientras le decía a Eva…

Rosa: Tienes que probar esto Eva. Qué grosor, como me abre el coñoooo… que gustazo. Eva: Ahora vengo y me dejas probar esto Rosa. Rosa: Que pasadaaa, de verdad que es un gustazooooo estooooo gguuuaaauuuuu.Eva: No le dejes que termine que yo también quiero Rosa.

Rosa empezó a cabalgarme de una forma bestial y me costó un montón aguantar mi orgasmo. Me gusta tanto ver como se mueven unos pechos mientras me están poseyendo como lo hacía ella.

Rosa: Me corrooooo Santi ¡Me encanta tu pollaaaa! ¡aahhhhh!

Y se corrió, levantándose y dejando paso a Eva que sin dudarlo, se sentó encima de mí y se la clavó enterita y de una sola bajada exclamando:

Eva: Tenías razón tía… que pasadaaaaaaa…

Y me empezó a cabalgar como unos instantes antes estaba haciéndolo Rosa. Me incorporé como pude y una vez sentado y con Eva moviéndose encima de mi polla, empecé a degustar esos pechos que me tenían hipnotizado, descubriendo la dureza de esos pezones tan lindos y, por lo que vi, sensible que tenía Eva. Al morderle uno de esos pezones, se corrió como una loca encima de mí apretándome con sus manos mi nuca para mantenerme fuertemente pegado a su pezón.

Eva: más fuerte Santi.. Me estoy corriendooo como un locaaaaaaa.

Acabó conmigo debajo mientras Toni estaba en el suelo, Rosa encima de él y Andrés culeándola como podía. La escena era impactante y Eva me confesó que quería hacer eso mismo pero con Andrés y conmigo y que quería sentir como le clavaba mi polla en su culo. Esperamos a que Rosa y Toni se corrieran y entonces Eva le pidió a Andrés que se tumbara para ponerse encima de él. Lo hizo y cuando estaban acoplados, Eva me pidió que la enculara.

Eva: Ahora Santi… vamos… métemela por donde te he pedido antes. Yo: Voy enseguida aunque no duraré demasiado porque tu culo es una pasada de excitante Eva. Eva: Vamos que no puedo más… Quiero sentir esa pollaza tuya en mi culo… Toni, ahora vas a ver lo que siempre has deseado, dos tíos sólo para mí.

Y me situé detrás de Eva y empecé metiéndole un dedo en su ojete hasta que pude introducirlo fácilmente todo enterito. Intenté ponerle dos dedos pero me suplicó que no la hiciera sufrir y que la enculara rápidamente. Situé la punta de mi polla en su agujero y les pedí que pararan con los movimientos…

Se detuvieron hasta que le metí la puntita y empecé a apretar para hacerme camino en su culo… ¡Qué culooooo! ¡Qué culooooo!… le dije y empecé a moverme culeándola e intentando acoplar mi movimiento con el del pobre Andrés que estaba debajo de los dos. Fue fantástico amigos. Fue algo indescriptible.

Eva: Como me gusta estooo, mmmm, Toni me estás viendoooo .Andrés: Pues si a tu te gusta cielo, yo me estoy corriendooooo.  Eva: Aguanta Andrés… mmm esperaaaaa que quiero correrme contigoooo. Toni, ven acá que te quiero a ti tambieeeeennnn.. mmmmmm. Yo: ¡Que culooooo, esto es gloriaaaa!

Toni se acercó y Eva le empezó a hacer una magnífica mamada mientras Andrés y yo, la llevábamos hasta un orgasmo larguísimo. Vi como Rosa se masturbaba mirándonos y el primero que se corrió fue Andrés seguido de Toni que llenó la boca de su Eva de un lechazo inacabable y Mientras Eva seguía corriéndose, terminé con una fenomenal corrida en su culo… Bufffff, que gustazo.

Acabamos todos borrachos de sexo y de placer. Fue una pequeña orgía muy gratificante para los cinco y decidimos repetirla otro día. Acabamos como tontos riendo y alabando los atributos de cada uno… Que si las tetas de Rosa, que si le coñete y el culo de Eva, que si la manera de follar de Andrés, que si las comidas de Toni, que si mi polla y su tamaño… En fin… Todos contentos y felices por realizar una genial y pequeña orgía.

Nos fuimos a dormir a nuestras casas y Eva y Toni me dieron su teléfono para llamarnos y quedar cuando nos apeteciera. Andrés nos amenazó en que si no los avisábamos a ellos, en un descuido encularía a Toni o a mí en un próximo encuentro a lo que todos nos reímos. La noche fue perfecta para todos.

Espero que os haya gustado lectores. Me gustaría recibir comentarios. De que os ha parecido mi relato y de si habéis necesitado pajearos o hacer dedito leyendo mi historia.

Autor: Santi

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El limpiador de tanques

Su tranca estaba a las puertas del cielo, sin ninguna oposición me la mandó hasta lo más hondo de mi ser, era increíble como entraba y salía por completo, mi culo no se imaginaba nunca el inmenso placer que obtendría en de un limpiador de tanque un sábado por la mañana después de una larga faena, parecía una licuadora remolineándose sobre ese obús de carne y sangre.

Por razones de racionamiento continuo de agua potable, en la ciudad donde vivo, me he visto en la imperiosa necesidad de instalar un tanque de agua compacto para apartamentos, para cubrir esos periodos, estos necesitan mantenimiento cada tres meses y al fallar la empresa que me lo instaló, tuve que recurrir a unos particulares, por recomendación de una vecina. Me suministró un número telefónico, al que me comuniqué a los pocos días, informándome que para el próximo sábado me enviarían un operario, el viernes casi amaneciendo sábado, después de una farra espectacular me acosté, con un terrible ratón, sin recordar que el lavador del tanque llegaría.

El sábado, a eso de las 10:00 am, suena insistentemente el intercomunicador, al cual contesté después de largo rato, indicándome que era el limpiador de tanque, le abrí la puerta todavía medio dormido y ebrio, no reparé para nada en el muchacho que entró en la casa con una braga azul muy ancha para su cuerpo (eso lo constaté después) con un logo que no logré leer. Le dije que el tanque estaba detrás de la cocina y lo dejé listo para iniciar la faena.

Llegué a mi cuarto con ganas de seguir durmiendo, pero el pensar estar dentro con un extraño, me obligó a desechar la idea, el hecho es que me introduje en el baño y tomé una ducha muy larga que logró despertarme casi por completo, salí, me puse un bóxer y una franela y me dirigí hacia el chico que se encontraba limpiando el tanque, cuál no sería mi sorpresa el encontrarlo, doblado, con un pantalón muy corto y con el miembro fuera de el en estado de pleno reposo, que sin exagerar era de considerable proporciones, lo estuve observando por unos cuantos minutos sin ser pillado, hasta que él levantó la cara y se dio cuenta hacia donde yo dirigía la mirada, entre pena y haciéndose el desentendido se arregló el pantalón y escondió ese obús de carne y fibra que me hizo despertar un cúmulo de sensaciones todas conocidas por mí. Sé que lo notó por la mirada tímida pero a la vez insinuante que me lanzó, dejando volar mi imaginación hasta el infinito.

A modo de iniciar la conversación, pero no de trabajo, precisamente, le dije:

-Si te sientes más cómodo como estabas, por mi no te reprimas, a lo que contestó: -Cuando me toca realizar, un trabajo de este tipo al encontrarme solo, me desnudo por completo, le repliqué, sin dejar de mostrar mi interés, -Lo puedes hacer con toda confianza, no tiene la mejor importancia, solo voy a estar en la cocina mientras me preparo un café y un sándwich.

El prosiguió con su faena por la parte externa del tanque, tiempo en el cual, pude apreciar todo su esplendor, era un chico alto, como de 1.80 cms., moreno claro, delgado pero con un cuerpo muy bien definido y unos pectorales de ensueño. Creo que me estaba observando, era el pillador pillado. Interrumpe mis pensamientos y mi observación detallada, con:

– Ahora, si me voy a quitar la ropa necesito entrar al tanque y es más cómodo. – Pensé, eso es lo que estoy esperado desde hace rato, hazlo, estás en confianza. No pude resistir mi exclamación al ver rodar su pantalón corto por el piso.-Niño que cuerpo, está muy bien cuidado y lo que tienes no es tontería, al señalarle el miembro que mostraba una semi erección. Dejaba ver un miembro que sin estar totalmente erecto, debería medir como unos 19 cms.

Sonrió con picardía, y se metió dentro del tanque (que es tipo salchicha) para proceder a limpiar. Cuando ya los sándwiches y el café estuvieron listos, con la excusa de ofrecerle algo para comer, metí la cabeza en el tanque y pude apreciar un culo firme, redondito muy apetecible. Y le pregunté:

– ¿Quieres algo para comer?  – Si gracias, salí con prisa y no pude comer nada antes, termino aquí y salgo.-Ok te espero, le respondí.

Me entretuve preparando la bandeja, cuando siento que algo roza mi cuerpo a la altura de las nalgas, era Andrés que así se llama, parado detrás de mí con una erección de fábula, sin voltear estiré mi mano hacia atrás hasta tocar esa maravilla que me estaba rozando y sentí mil sensaciones de placer intenso. Me di la vuelta y lo besé, respondió con pasión, salimos de la cocina y nos dirigimos a la habitación, empecé a acariciar su miembro que a todas estas estaba a plena potencia, le chupé el glande con pasión y estalló en gemidos, no se contuvo y me lanzó en la cama y comenzó a besarme con locura y nuestras lenguas se entrelazaron, sobre la cama nos desvestimos y nuestros cuerpos se acariciaron mutuamente, ya desnudo comenzó a chuparme las tetillas, cosa que me hace reventar en pasión. Estaba encima de mí, cuando le dije:

-Dame de mamar, se posicionó encima de mí a la altura de mi cuello y comencé a mamar esa verga que tendría como 21 cms, de fibra, era cálida y muy violenta, arremetía contra mi garganta buscando traspasar mi campanilla, no sé cuánto tiempo mamé, lo cierto que recorrí ese miembro, de arriba abajo, sus testículos se metieron en mi boca eran divinas no muy grandes pero sabían a gloria. Me dice date vuelta que ahora me toca a mí y me pone en cuatro patas y comienza a besarme las nalgas como un maestro, se afinca en mi huequito, que a todas estas ya estaba súper relajado, mete su lengua completa y le da vuelta dentro de mi culo como buscando recoger toda la miel que ella podía contener, saca su lengua y lo cambia por un dedo, dos y hasta tres, me tenía en el cielo y en mis gemidos, le pedí a gritos que me echara miembro, que ya no aguantaba más, puede sentir el cambio de sus dedos por aquella cabeza firme y dura.

Me lo metió de un solo golpe, pero no sentí dolor, un placer me embargó por completo, que me hizo culear como una fiera, estaba que desbordaba una templera tan grande que pedía más, él lo sabía y a pesar que tenía 21 cms de una verga tan gruesa y caliente, llegó a colocarme dos de sus dedos dentro de mí, para mayor placer, comenzó su vaivén con fuerza, el mete y saca fue demoledor, pero mis nalgas se revolcaban de placer, unos cuantos trallazos de leche muy caliente, me regaron en in interior, al mismo tiempo me corrí, toda mi mano estaba llena de leche, se la pasé a sus manos y con mi misma leche me masajeó mis nalgas, se apoyo sobre mi y con su verga aún como mástil de goleta me la dejó metida aún por otro rato, me dijo. -Tengo que continuar trabajando para dejarte el tanque tan limpio como quedó tu rico culito, en la menor oportunidad que tenga regreso, eres una putita muy rica.

Al cabo de un buen rato, regresó y por supuesto allí estaba yo listo, para continuar amándonos, comenzó una faena inolvidable, esta vez más dispuesto a dar amor y desbordante de pasión, me volteó boca arriba y se acostó sobre mí, me besó con furia y nuestras lenguas iban y venían de una boca a otra, mi cuello y orejas eran blanco de sus labios, bajó un poco más y se apoderó de mis tetillas, me hizo gritar de excitación, tapó mi boca, me chupó con deleite mis axilas, me tenía en las galaxias, se retiró un poco, le dije:

Papi, píntame los labios con tu verga, así lo hizo, después de acariciar mis labios con su cabeza, fui abriendo la boca poquito a poquito, como si se tratara de un culito virgen, para que se abriera paso con dificultad, me entró completa, de nuevo 21 cms. de gruesa verga horadaban mi garganta, entraba y salía como en cualquier nalga, que rápido me acostumbré a él, me puso en V, piernas abiertas al aire le dejaban todo mi culo a su disposición, él mandaba, su lengua se posicionó de mi esfínter, en circulo acariciaba el borde de mi esfínter, estallé en gemidos, no podía soportar tanta excitación en silencio, su lengua, ya mucho más afilada, se abrió paso en mi hoyito súper relajado, entraba como quería.

Después de follarme unos cuantos minutos con su lengua, pasó a mayores, mis piernas sobre sus hombros, anunciaban el máximo desborde de locura, su tranca estaba a las puertas del cielo, sin ninguna oposición me la mandó hasta lo más hondo de mi ser, era increíble como entraba y salía por completo, mi culo no se imaginaba nunca el inmenso placer que obtendría  de un limpiador de tanque un sábado por la mañana después de una larga faena, parecía una licuadora remolineándose sobre ese obús de carne y sangre, mientras tanto él me masturbaba, culeamos como locos, era supremo el deleite, el aumento de sus embestidas me anunciaban otro torrente de leche, se salió de mí, me masturbaba y se masturbaba, mi pecho y abdomen era una laguna de leche, para mi sorpresa y placer apoyó su cara en mi pecho y lamió toda la mezcla de néctar de vida que ambos soltamos, con su boca full me besó y me dio de beber un poco de aquella deliciosa mezcla.

Me dijo, -Tengo que irme, otro compromiso contraído previamente, no permite que me quede más tiempo, aun quedan muchas cosas por hacer, comprendes, dijo con picardía.

Desde ese día ya tengo un limpiador de tanques particular y que aparte de su eficiente servicio, realiza unas faenas sexuales de ensueño.

Autor: inito

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Excitantes días de playa

Elena me rozaba la polla y supongo que la de Andrés también rozaba con Elena con lo que estaba muy cachondo, y cuando Andrés se salió del agua cogí a Elena y estuvimos un rato cariñosos, nos metimos un poco más en el agua, aparté su bikini y se la intenté meter en su chochito que estaba muy dilatado y aceptó mi pene a la primera, empecé el metisaca pero la goma del bikini me rozaba en la polla.

Tengo 28 años, me llamo David, llevo 4 años con mi novia Elena. Tiene 26 años, mide 1,65 y tiene un cuerpo bonito, está delgada, tiene un culo redondo y duro y unos pechos medianos y bien puestos y en su sitio con unos pezones marroncitos de tamaño mediano, ella dice que no le gustan sus tetas porque son pequeños… a mí me encantan… aunque más grandes me volverían loco. En general se puede decir que si tuviese unos kilitos más en todas partes sería perfecta, sobre todo con más tetas. Mido 1,77 y  creo que me conservo bastante bien, hago deporte y estoy fuerte gracias a la natación y al gimnasio.

Nuestra relación poco a poco ha ido asentándose un poco en la monotonía, se ha perdido la fogosidad del principio, aunque nos gusta probar todas las posturas posibles… pero a mí me da la sensación que falta algo nuevo. Además me gusta leer relatos en estas páginas y mi imaginación me pide probar cosas nuevas. Así que llevaba tiempo imaginándome una situación nueva como un intercambio de parejas un trío, una orgía. Pero aunque había intentado sacar alguna vez el tema, Elena siempre decía que eso era asqueroso y que no era amor, que no sabía como la gente podía hacer esas cosas, yo claro intentaba defender eso y decía que bueno, tampoco estaría mal, es sexo… sólo sexo. Pero ahí se quedaba la cosa.

El pasado mes de mayo, aprovechamos unas vacaciones para irnos a pasar unos días a Menorca y ver  a mi amigo Andrés, al que le ha trasladado la empresa allí para supervisar unas obras. Andrés es amigo mío de la universidad y es lo que se dice un metro sexual en todo regla, según varias personas (incluida mi novia) es gay, aunque yo sé que no lo es. Además le gusta también el deporte y se conserva mucho mejor que yo. Así que es el típico chaval que gusta a las chicas, guapillo, con muy buen cuerpo y encima viste a la última. Elena y él siempre se han llevado muy bien desde que se conocen. Con lo  que  prometían ser unas buenas vacaciones.

El fin de semana antes de irnos Elena y yo tuvimos una gran bronca porque fuimos al cumpleaños de un compañero de mi trabajo, y según Elena, estuve ligando con la hermana de mi compañero y que no solo lo vio ella sino que se lo dijeron algunas amigas. La verdad es que iba bastante bebido y no me di cuenta, pero solo estuve hablando con ella, lo que pasa que el alcohol que llevaba encima me hizo creer que estuve 5 minutos hablando con ella cuando en realidad fue 1 hora, además la chica tiene fama  de buscona e iba vestida bastante provocativa. Con lo que la pelea del día siguiente fue muy muy fuerte, yo la intentaba explicar que en ningún momento fue mi intención ligar con ella pero ella estaba dolida y empezó a sacar las cosas de sitio diciendo que si eso es lo que hacía cuando tengo mi novia delante, que haré cuando no está ella, que encima últimamente ya no hacemos el amor con tanta frecuencia y que siempre estoy con lo de los tríos y los intercambios, que ya no la quiero…. Y ahí quedó la cosa.

Así que pasaron los días, la bronca se fue poco a poco suavizando pero todavía estaba ahí, y nos fuimos a Menorca el viernes por la tarde. En el avión tuvimos otra pequeña bronca porque me preguntó si Andrés iba a estar todos los días con nosotros a trabajaría, yo le dije que mejor si estaba él todo los días con nosotros y Elena dijo que no, porque teníamos una boda al fin de semana siguiente  e iba a tener marcas del bikini, porque no se iba a poder poner en topless si estaba Andrés. Yo le dije que qué más daba, que hiciese topless como siempre, porque ella siempre que puedo lo hace cuando esta conmigo o con amigas suyas. Pero me dijo que no, que estaba Andrés y que la daba vergüenza y que si es que a mi no me importaba que mis amigos le viesen las tetas. Yo le dije que no me importaba, que incluso me gustaba.

La verdad es que no me importaba y menos que fuese Andrés, a lo mejor con algún otro me molestaría mas, pero con el no. Ella se mosqueó porque dijo que me tendría que molestar que la viesen las tetas los amigos, que a ella la molestaría que sus amigas me viesen desnudo. Así que se cabreó un poco por mi “falta de celos”, y sé junto con la bronca de los días anteriores. Llegamos a Mahón y allí nos recogió Andrés. Nos fuimos a su casa, cenamos algo y nos dimos un paseo por la ciudad. Nos tomamos algo en una terraza mientras planeábamos lo que íbamos a hacer. Él nos dijo que estaría con nosotros todos los días porque se había cogido unos días aprovechando que veníamos nosotros, aunque mañana sábado tendría que estar casi todo el día terminando unas cosillas en una obra y que probablemente hasta por la noche no nos vería. Así que nos dijo que aprovechásemos para ir a la playa ese día y nos indicó a cuales debíamos ir. Nos iba a dejar su coche porqué él iba a utilizar el de la empresa.

Sábado (primer día)

Nos levantamos y nos fuimos a ver unas calas que nos indicó Andrés. Eran preciosas, a cuál más bonita. Fuimos primero a una que era una playa pequeña, el agua azul y cristalina, como era pronto decidimos ir a ver otra que estaba cerca y que era la que más azul tenía el agua por eso se llamaba cala Turqueta (del color  turquesa del agua supongo), pero había un grupo de extranjeros con música alta y bebiendo y decidimos ir a otro lado más tranquilo. Así que nos fuimos a otras calas que estaban cerca(a 15 minutos en coche). Llegamos a la cala sobre las 12. Había gente y vimos como se iba gente por otro camino a través de las rocas, así que les seguimos y llegamos a una cala con unas 30 personas. Había gente vestida, mujeres en topless y otros totalmente desnudos.

Colocamos las toallas, yo me quité el bañador para desnudarme completamente y Elena se quedó en topless como hace siempre pero nunca se desnuda del todo porque le da vergüenza. Se estaba en la gloria, la temperatura perfecta, el agua algo fría, y por la dificultad del camino casi todo era gente joven. Así que estuvimos descansando, tomando el sol… y salió el tema de que podría hacer por lo menos hoy topless ya que no estaba Andrés, y yo insistí que había confianza con Andrés y además según ella era gay, así que qué que más daba, que no fuese cría…. Pero dijo que no, que si estaba Andrés que la daba vergüenza. Comimos unos bocadillos allí sentados en las toallas… y cuando estábamos medio dormidos después de comer apareció Andrés…

-¡Sorpresa! Que difícil ha sido encontraros

Me incorporé y le vi de pie, miré a Elena y estaba roja de vergüenza, se dio la vuelta y se tumbó boca abajo para taparse las tetas… Andrés saco su toalla y se colocó junto a nosotros. Le preguntamos como nos había encontrado y nos dijo que fue fácil porque nos vio pasar cuando estaba en una obra y solo había dos sitios donde podíamos estar, y como vio el coche en el aparcamiento y no nos vio en la primera playa, pues supuso que estaríamos en esta, acto seguido nos invitó a darnos un baño con él, porque estaba sudando de la caminata…  Elena dijo que ella iba si la cogíamos de la mochila la parte del arriba del bikini… Andrés la miró y la dije que si es que se ponía la parte de arriba para bañarse… y yo contesté rápidamente que es que la da vergüenza porque estaba él delante… Andrés se rió y le dijo que era tonta, que además estaba todo el mundo desnudo y que él se iba a desnudar y acto seguido se quitó el bañador y nos enseñó sus testículos completamente depilados y su gran pene…

Elena tenía puestas las gafas de sol pero creo que no dejaba de mirar el paquete de Andrés… Y este la miró y le dijo que si no se iba a sentir cómoda estando en topless con él delante que se pusiese la parte de arriba, ya lo dije que era una niñata y nos fuimos los dos chicos al agua…  Al salir  del agua, Elena estaba sentada y luciendo sus tetas al sol, cuando llegamos el comentario de Andrés fue que con los pechos tan bonitos que tenía que debería estar orgullosa y enseñárselos a todos… Elena se puso roja por los halagos… Andrés prosiguió diciendo  que se tenía que animar y quitarse la parte de abajo también…

Yo dije que eso era imposible, que ya me sorprendía que estuviese ahora en topless con él delante como para quitarse todo, que las veces que habíamos estado en playas nudistas, aún estando casi solos alguna vez, nunca se había quitado la parte de abajo. Las cosas se quedaron así, y estuvimos el resto de la tarde allí, de vez en cuando me fijaba en las miradas que echaba Elena a la polla de Andrés, y en una de las ocasiones que él se fue a bañar le dije que si la había gustado la polla de mi amigo, porque no dejaba de mirarla y me dijo que es que era bastante grande y encima depilada parecía aun más… que como para no mirarla…y nos echamos a reír. Sobre las 6 recogimos las cosas  y nos fuimos a casa a ducharnos y luego fuimos a Mahón a cenar algo.

Domingo (segundo día)

Nos levantamos temprano y nos fuimos a ver unos pueblos por la parte norte y luego nos iríamos a una cala a la que se accedía después de dejar el coche en un aparcamiento y andar unos 25 ó 30 minutos. Al llegar a la playa y Elena directamente se puso en topless, de hecho es que había salido de casa con una camiseta ajustada y sin sujetador y nosotros nos desnudamos. Nos dimos crema para no quemarnos, a Elena siempre la gusta que yo la de crema y ella me la da a mí. Y claro yo siempre me detengo mucho en sobarla bien las tetas y ella en darme bien de crema por mis partes y en mi culo, lo que  me produce una erección.

Cuando terminamos Andrés le pidió a Elena que si podía ponerle crema en la espalda, ella aceptó, se le extendió y cuando terminó le dijo Elena a Andrés que no se olvidase de echarse crema en el culo o se iba a quemar. Andrés contestó que se daría lo que pudiese pero que al final siempre se quemaba un poco porque no veía donde se daba o no daba crema. Con lo que mi mente calenturienta empezó a excitarse con la idea de un pequeño roce entre Elena y Andrés y dije que porqué no le ponía crema ella también en el culo. Los dos me miraron y Elena dijo que a ella no la importaba y Andrés no tardó en decir que vale. Así que Elena se puso a sobarle bien el culo a Andrés y de paso también le echó crema en las  piernas. No estuvo tanto tiempo como cuando me la da a mí  pero se tomó su tiempo. Yo me tuve que dar la vuelta porque mi polla se puso tiesa al ver como mi novia sobaba el culo a mi amigo y como se le movían los pechos con el movimiento al extender la crema. Y creo que a Andrés también se le puso dura porque tardó un rato en darse la vuelta. Y ponerse de cara al sol.

Habría una 20 personas en la playa y toda gente joven y casi todos desnudos. Sobre todo había parejas en las que el hombre estaba desnudo y la mujer en topless, así que salió el tema del nudismo y volvimos a picar a Elena para que se desnudase, a mí es que me excitaba que Andrés la viese desnuda, así que empecé a incordiar y a meterme con ella. Pero ella seguía diciendo que la daba mucha vergüenza. Antes de comer nos fuimos a dar un baño, y estuvimos jugando un poco a lo típico, yo te cojo, nosotros la cogemos y la lanzamos al agua, empujones, así que pollas y tetas estaban botando todo el rato y encima con tanto roce Elena me rozaba la polla y supongo que la de Andrés también rozaba con Elena con lo que estaba muy cachondo, y cuando Andrés se salió del agua cogí a Elena y estuvimos un rato cariñosos, nos metimos un poco más en el agua, aparté su bikini y se la intenté meter en su chochito que estaba muy dilatado y aceptó mi pene a la primera, empecé el mete saca pero la goma del bikini me rozaba en la polla.

Elena se quitó la parte de abajo del bikini lo sujetó en una mano mientras yo se la volvía a meter y continuaba el mete saca despacito para que la gente que había en la playa no se diese cuenta. No llegué a correrme porque el agua fría y el ritmo lento no me ayudaban mucho pero hubiese deseado poder correrme, porque estaba muy caliente. Así que se me ocurrió otra cosa y le quité la parte de abajo a Elena de la mano y me fui nadando, hubiera salido corriendo del agua pero con la erección que tenía… pues no era plan. Elena me siguió y yo me paré a una distancia prudencial, ella me miraba fijamente y con una cara de enfado increíble me dijo que por favor le diese la parte de abajo, yo no hice caso y aprovechando que había bajado el tamaño de mi pene fui hacia las toallas pero ella me gritó, y por la cara de cabreo preferí devolverle la parte de abajo, se la puso y salimos del agua. La verdad es que estaba muy enfadada. Cuando llegamos a las toallas, Andrés estaba sentado viendo lo que pasaba y me miró como diciendo.. “joder como se ha puesto”. Elena se sentó entre nosotros, me dio la espalda y se puso a hablar con Andrés. Comimos y después de comer Elena se dio la vuelta, me miró, se levanto y de frente a nosotros se quitó la parte de abajo y me volvió a mirar como diciendo:

-¿Esto es lo que querías, no?

Ufff… la verdad es que tenía una cara de cabreo increíble. Vi como Andrés miraba el coño de mi novia y su pequeña mata de pelo bien arreglada. Nos tumbamos y seguimos tomando el sol, al rato escuche como Elena le pedía  a Andrés que si le podía echar crema en la espalda, y al rato Elena le pidió que se la diese en el culo también. Yo me volví y Andrés me miraba como pidiéndome permiso, pero ella dijo que yo no tenía que decir nada, así que Andrés se echó crema en las manos y amasó el culo de mi novia, fue muy excitante. Y así pasamos la tarde, y poco a poco a Elena se la pasó el cabreo y la vergüenza y al final nos reconoció que la verdad no era para tanto y que se estaba muy a gusto. De camino al coche, estaba muy cariñosa y me pidió perdón por como se había comportado, que me había pasado con lo de quitarla el bikini, pero que gracias a eso se había quedado desnuda y había disfrutado mucho. Por la noche después de cenar nos fuimos a casa.

Ya en la cama, estuvimos hablando, recordando el día y yo comenté que se había puesto las botas tocando el duro culo de Andrés y si había disfrutado, ella me dijo que sí, que tenía un culo muy bonito y una polla enorme, y que cuando le estuvo echando crema en el culo, vio como Andrés tenía una pequeña erección y que daban ganas de comerse esa enorme polla… yo me reí y la dije que era una viciosa y que si quería que ya sabe, que a mi no me importaba. Ella dijo que no bromease… que era muy gracioso, pero que a ella le gustaba la mía y acto seguido se metió mi pene en la boca y de la mamada que me hizo me corrí enseguida, la eché todo en las tetas y después me fui a comerle el coñito, pero no me dejó, siguió mamándome la polla hasta que se me puso dura otra vez, se la metió de un golpe en el chocho  y echamos un polvo increíble, de los mejores que hemos echado.

Lunes (tercer día)

Andrés nos despertó a las 9, yo me levanté enseguida para ayudarle con el desayuno y cuando estábamos con todo preparado llamamos a voces a Elena que seguía en la cama, se oyó una voz como diciendo que ya venía y apareció vestida sólo con unas braguitas blancas, por lo menos se había puesto algo, porque habíamos dormido desnudos. Se sentó a la mesa y Andrés se empezó a reír y dijo que con lo bien que nos lo habíamos pasado anoche creía que no nos íbamos a poder levantar. Elena le miró y se puso roja y le preguntó que si nos había oído. Él dijo que sí… que las paredes son muy finas y que además, ella grita mucho. Se ruborizó y parece que se despertó con la vergüenza que estaba pasando, se miró las tetas y le preguntó a Andrés que si le molestaba que desayunase así o se ponía algo… claro… que iba a decir mi amigo, mirándola las tetas le dijo que por él que siguiese así. Después de desayunar nos fuimos a ver un pueblo y un faro y después nos fuimos a otra cala.

Aparcamos el coche y enseguida llegamos a una calita de arena blanca y preciosa. Nuestro guía nos dijo que si queríamos quedarnos ahí o si escalábamos por las rocas y andábamos un poco llegaríamos a  una cala en la que habría menos gente y nos podríamos desnudar… enseguida Elena dijo que a la otra para desnudarnos. La verdad es que se la veía muy lanzada. Después de escalar por unas rocas, y andar 25 minutos llegamos a una cala de unos 70 metros de ancho con arena blanca, y con muy poca gente, sólo había dos chicas en la otra punta de la cala.

Colocamos las toallas y nos desnudamos los tres directamente. Nos fuimos a bañar por el calor que teníamos del paseito y yo me salí enseguida. Me di crema como pude y al rato llegaron los dos, le pedí a Elena que me diese crema en la espalda y el culo, me lo dio, luego vi de reojo como Elena le daba crema en el culo a Andrés y después me pidió ella que la diese crema, yo dije que se la diese Andrés que no me apetecía levantarme, ella me miró con cara de cabreo porque la gusta que la de crema, que la sobe el culo, sus tetas, la tripa, las piernas… y me dijo que vale, que yo sabría. Claro, yo pensaba que como ya el día anterior Andrés le había puesto crema en el culo, que qué más daba que se lo diese otra vez. Así que Andrés empezó, Elena le repitió que en el culo también y cuando terminó, ella se dio la vuelta y le dijo que por delante también y que no dejase nada sin crema, e hizo hincapié en que no dejase nada sin crema. Yo abrí los ojos y se me puso una erección instantánea de solo pensarlo.

La situación se escapaba un poco de las manos así que protesté, realmente me apetecía ver la escena pero consideré que era bueno que protestase un poco y dije que qué libertades eran esas…  Elena me miró y me dijo que yo no había querido darle crema, así que alguien se la tenía que extender como siempre, además, que si yo alardeaba de que ser muy liberal y que no me importaba que la viesen desnuda los amigos ni me importaría hacer un trío ni cosas de esas, pues que no me tendría que mosquear ni dar importancia a que un buen amigo como Andrés  la diese crema.

Mi amigo me miraba como pidiendo explicaciones sobre que estábamos hablando y sobre que hacer… yo moví los hombros como diciendo que me daba igual y Elena le pidió que empezase… Giré la cabeza y vi como Andrés repartía la crema sobre las piernas, luego la tripa rodeando las tetas como para no tocarlas… hasta que Elena le cogió las manos, se las colocó sobre sus tetas y le dijo que le había dicho que por todas partes. Así que ahí estaba mi novia siendo sobada por mi amigo, y yo a su derecha viéndolo. Elena le insistió que siguiese con el masaje en los pechos que la relajaba mucho, ella seguía tumbada y Andrés estaba arrodillado a su lado. Cuando terminó Andrés dijo que ya había acabado  y dijo:

-Fíjate como me has puesto. Yo no sabía a que se refería porque yo estaba con los ojos cerrados y cuando Elena dijo: -Joder… vaya pedazo de polla…

Así que abrí los ojos, vi la tremenda erección que tenía Andrés y Elena riéndose y mirando la polla de nuestro amigo fijamente, además que es que la tenía a escasos 20 centímetros de su cara…pero ahí no quedó la cosa… porque Elena le dijo que todavía no había terminado que todavía faltaba su chochito… Andrés mi miró como pidiéndome aprobación y Elena le dijo que no me mirase, que se lo pedía ella y que terminase el trabajito, así que cogió la crema agarró el bote de crema, echó un chorro en las manos y pasó las manos entra las piernas de mi novia, lentamente, extendiendo bien la crema por todas partes y pasando las manos varias veces para retirar el protector solar que se quedaba los pocos pelos de su coñito y por encima de sus labios vaginales. Yo estaba a punto de correrme, y yo creo que ella también porque empezó a aumentar su respiración  y Andrés seguía con una erección increíble que mostraba un pene de por lo menos 20cm y muy, muy grueso. El mío es como la media nacional unos 17 y dicen que gordo, pero lo de Andrés era de película.

Una de mis fantasías estaba más o menos cumplida, yo pensaba que eso era lo máximo que podía suceder y yo ya estaba conforme. La situación era muy morbosa… pero iba a más… porque cuando terminó Andrés con el trabajito en el coño de Elena, este se tumbó mostrando la erección y Elena le dijo que si quería que le echase crema… Él dijo no puso pegas y Elena se colocó a su lado, Andrés seguía con la erección y cuando termino Elena con su torso y sus piernas, cogió la crema y se la empezó a extender por los testículos. A Elena y a muchas chicas os gusta el coger los testículos y masajearlos, y a Elena la encanta, pero a mi no mucho, así que no la dejo a menudo hacerlo, pero parece ser que a Andrés le encantaba y como él no decía nada ella seguía. Hasta que Andrés la detuvo y le dijo que parase o se iba a correr así que se iba a bañar. Elena le dijo que como se iba a ir así al agua, que si tenía que hacerse una paja que no se preocupase… y sin pedir permiso a nadie cogió la polla de mi amigo y empezó a hacerle una paja… yo ya si que estaba alucinando…Andrés estaba cortado y le dijo que parase, me miró a mi y me dijo que lo sentía… yo le miré y no sabía si pedir a Elena que se detuviese o… o lo que me salió por la boca.

-No te preocupes a mi no me molesta, además lo tiene que solucionar que ha sido por su culpa. Disfruta porque hace unas pajas increíbles… aunque se la da mejor aún chuparla pero…”

En lo que Elena se dio la vuelta para mirarme y dijo:

-¿Como que no?…y se metió la polla de mi amigo en la boca. Era increíble, Andrés abrió los ojos que yo creía que se le salían y la zorra de mi novia se metía la polla hasta que no la entraba más en la boca, además tenía que hacer esfuerzos para abrir la boca porque esa polla no era normal… y con una mano le tocaba los huevos y con la otra, cogió una mano  y se la llevó a una teta y después a su coño… buff… yo no podía mas… miré alrededor y la playa seguía casi vacía, solo un las dos chicas que estaban cuando llegamos justo a la otra punta de la playa y tomaban el sol tumbadas así que no veían nada… cuando me iba a acercar para sobar a mi novia y ver el espectáculo más de cerca, Andrés avisó que se iba a correr, y mi novia sacó la polla de su boca, la cogió con fuerza con las dos manos y la agitó hasta que descargó toda su leche sobre sus tetas. Cuando terminó con él… se vino hacia mí y se montó encima de mí, estaba cachondísima porque se metió mi polla en su coño de un solo golpe, yo estaba muy caliente también y me iba a correr muy rápido… y con esos movimientos no iba  durar mucho, me cabalgaba con fuerza, tenía una cara de salida increíble, gemía, y decía:

-Fóllame, necesito correrme y que te corras dentro de mí…

Le pedí que bajase el ritmo porque estaba a punto de irme pero ella dijo que no, que estaba a punto también ella que la faltaba poco, giré la cabeza para ver a Andrés que nos miraba y se estaba haciendo una paja, la tenía otra vez dura… no aguanté y me corrí dentro (toma la píldora), me miró y dijo:

-Joder, con lo poco que me faltaba, eres un capullo.

Y giró la cabeza a donde estaba Andrés, miró a su dura polla y sin dudarlo un momento se sacó mi polla y se colocó sobre Andrés, puso el capullo en la entrada de su coño y fue bajando poco a poco, pero sin dificultad mientras decía:

-Joder que pedazo de polla, como la siento dentro, que gusto… por favor… haz que me corra que el capullo de mi novio me ha dejado a medias…

Y comenzó a cabalgar brutalmente a Andrés. Al poco tiempo tuvo su primer orgasmo que lo tuvieron que escuchar las chicas que estaban en la otra punta de la cala… porque las vi incorporarse y mirar hacia donde estábamos, cambiaron las posiciones, ella se colocó debajo y ahora Andrés era el que la embestía. Estuvieron así un rato y mi polla estaba otra vez dura, así que Elena estiró la mano y me cogió el rabo, empezó a hacerme una paja. Me acerqué a ellos pero la postura era muy incómoda.  Andrés la colocó a cuatro patas, ella se metió mi polla en su boca y él fue poco a poco metiéndoselo por el chocho, fue fácil coordinarnos porque cuando Andrés se la metía hasta el fondo, ella se sacaba mi polla de su boca hasta el capullo y luego cuando se la sacaba del coño se metía mi pene hasta la garganta….Elena llegó a otro orgasmo al mismo tiempo que Andrés descargaba su corrida dentro de ella, y yo estaba a punto así que Elena aumentó el ritmo hasta que me corrí en su cara… fue increíble, terminamos los tres tendidos en las toallas,… y oímos unas palmas y unos gritos de ánimo de las chicas que compartían la cala con nosotros…

Después de eso nos bañamos y estuvimos en silencio tomando el sol. Comimos unos sándwiches disfrutando de nuestra desnudez y del paisaje y hablando de todo un poco, como si lo que hubiese sido fuese de lo más normal. Yo estaba excitadísimo, me había encantado y supongo que a ellos también. Después de comer jugamos a las cartas y  Elena estaba sentada como los indios, con lo que tenía el chocho abierto y se la veían los labios vaginales. Una de las veces se levantó a lavarse porque la seguía saliendo semen, y al volver le dijo a Andrés que desde cuando no follaba porque la había inundado el coño de leche. Andrés se rió y dijo que llevaba 3 meses… y ella le dijo que pobrecito. Después de eso le dije que si lo que acababa de pasar le servía para creerse de una vez por todas que, Andrés no era gay. Me miró y se quedó roja y Andrés nos miró sorprendido y preguntó de qué estábamos hablando. Se los explicamos y dijo que ya se lo habían preguntado alguna vez. Después Elena me miró y como regañándome me dijo que era un a capullo por habérselo dicho. Acto seguido le agarró su flácida gran polla y se la volvió a meter en la boca, dio tres  o cuatro mamadas, se la sacó de la boca y mirándome me dijo:

– Lo siento cariño, pero tengo que asegurarme a ver si le gustan las tías o es gay y además una polla así no se tiene todos los días”

Y siguió con la mamada, como estaba a cuatro patas yo tenía su coñito mirándome, no me pudo resistir y se la metí, estaba húmeda así que comencé a incrementar el ritmo, mientras ella seguía con la mamada, la embestía cada vez más fuerte y me excitaba cada vez más de ver como le comía la polla. No me di cuenta cuando Andrés intentó apartar la boca de Elena de su polla porque se iba a correr, yo seguí empujando y no dejé a Elena retirarse, con lo que su tuvo que tragar toda la leche y eso que nunca se la había tragado porque decía que era muy amargo. Pero ella siguió chupando hasta que se la dejó totalmente limpia.

Después Elena se corrió y yo seguí aumentando el ritmo, pero entre que me había corrido ya dos veces y que ella tenía el coño súper dilatado yo no pude correrme y tuve que sacar la polla, hacerme una paja y correrme sobre su culo… buff… vaya día. Estábamos reventados. Nos pegamos un baño porque estábamos sudando y después nos secamos y nos fuimos a casa. Por el camino Andrés me preguntó por qué no me había podido correr dentro y le dije que porque estaba ella muy dilatada con lo cachonda que estaba y por culpa de su enorme polla…él se echó a reír y dijo que por qué no se la había metido por el culo. Elena dijo que nunca lo había hecho por ahí y que seguro que dolía muchísimo. Andrés le dijo que no, que lo probásemos un día, pero que poquito a poco… que a amigas suyas les gustaba casi más que por la vagina. Y que a una ex novia la encantaba que la follase por un sitio y le metiese un vibrador por el otro, que la volvía loca de placer…

Llegamos a casa, nos duchamos y como era pronto nos sentamos en el salón. Elena fue la última en ducharse y al salir del baño, se pasó por el salón y nos dijo que si nos gustaba, se quitó la toalla en la que estaba envuelta y… ¡Tenía el coño depilado! Con las veces que se lo había pedido y nunca lo había hecho. La pregunté por qué se había depilado y me dijo que es que había visto esos días a muchas chicas así y que la gustó Así que dijimos los dos que era precioso y que estaba para comérselo. Se acercó me dio un beso y dijo:

-Pues venga.

Cogió mi cabeza y la acercó a su depilado chochito, que empecé a comer con locura mientras ella buscaba la forma de comerse la polla de Andrés. Estuvimos así un rato hasta que me pidió que la follásemos. Andrés se tumbó en el suelo, ella lo cabalgó y yo me coloqué enfrente para que me la chupase, estuvimos un rato así cuando se sacó la polla de la boca y dijo:

-¡Que gusto!, Andrés sigue por favor…

No sabía por qué era, así que me levanté y vi como Andrés la estaba metiendo dos dedos por el ano… como gemía… en esto que Andrés me indicó que me acercase y se la fuese metiendo poco a poco… al principio costó, pero luego fue entrando…que gusto me daba… estaba duro y rozaba mucho con mi polla…cuando ya tenía media polla dentro, Elena empezó a moverse y a gemir cada vez más fuerte. Era ella la que llevaba el ritmo de la doble penetración y cada vez con más fuerza y rapidez. Mi polla cada vez entraba más y más. Estuvimos un buen rato hasta que Andrés se corrió dentro de su vagina, al momento nos corrimos Elena y yo al mismo tiempo y ella gritaba como nunca la había oído. Se tumbó en el suelo y empezó a tener convulsiones y a sudar… tenía espasmos de placer… y solo sabía decir qué gusto…. Estábamos tan cansados que decidimos cenar algo en casa y ver una película.

Martes (cuarto día)

Por la mañana me desperté cuando Elena me empezó a hacer una mamada, así que nos pusimos en posición del 69 y después follamos como locos… parecía que no lo habíamos hecho en meses… cuando habíamos acabado Andrés abrió la puerta y nos dijo que a desayunar.

Decidimos volver a la cala del día anterior para estar más tranquilos. Elena estaba preciosa, desnudita, morenita y luciendo su coño totalmente rasurado sin pelos. Enseguida me abalancé sobre ella para extender su ración de crema por su cuerpo y me detuve en su depilado pubis. Me pidió que la diese mucha crema en el chochito porque lo tenía algo irritado de la depilación y de la tarde de sexo. La verdad es que si que estaba algo rojo. La sobé todo lo que pude metiendo los dedos donde podía, echaba cremas por sus labios vaginales, su ano, su culo, sus tetas…

Andrés la pidió que si podía darle crema en el culo. Cuando terminó Elena, le dio la vuelta y comenzó a masajear los huevos a Andrés y darle crema en la polla haciéndole una pequeña paja, pero la cosa no fue a más porque había más gente que el día anterior en la playa y algún niño, y no era educado ponerse a dar el espectáculo. Así que bromeando les dije que se fuesen detrás de los pinos. En esto que se miraron y se fueron al pinar que había detrás…

Estuve por seguirles, pero estaba cansadísimo y además había un grupito de chicas a nuestro lado que estaban buenísimas. Les dejé ir solos, y pensé que como Elena tenía el coño irritado pues sólo le comería la polla con lo que preferí ver a esas cinco preciosidades. Al rato llegaron los dos riéndose y nos fuimos a bañar. Andrés traía la polla muy roja y morcillona, con lo supuse que se habría corrido seguro. Toqué el coño a mi novia, vi que estaba mojado pero no muy dilatado, no chorreaba semen, así que pensé que le había hecho uno mamada y ya está. Pero cuando volvimos a las toallas, di crema a Elena y al sobarle el culo vi que tenía el ano rojo, dilatado y que le salía un líquido blanco… Así que miré a los dos y les dije:

-Elena te ha entrado toda esa polla en el culo. Me miró y con cara de viciosa me dijo. Es que me escocía mucho el coñito y era lo que había. Ha costado meterla, pero con la crema que me habías dado y un poco de cariño al final se ha podido… que gusto…vaya rabo que tiene, lo mejor ha sido cuando se ha corrido dentro, tu amigo parece una fuente con esas corridas que tiene…

Después de comer, recogimos las cosas y nos fuimos a casa a coger las maletas para coger el avión y volver a Madrid. Como os podéis imaginar fueron unas vacaciones increíbles y la verdad es que los polvos ahora son mejores, no sé lo que pasará cuando venga Andrés a vernos… pero seguro que ella quiere repetir…

Pero ahora me toca a mí probar a una chica distinta. Lo veo difícil, pero si sucede os lo contaré.

Espero vuestras opiniones y comentarios tanto positivos como negativos.

Autor: Dvdrel

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Me hizo cornudo su jefe

Sonia gemía de gusto y vi que se corrió nuevamente. Eso les debió calentar aún más a ellos que aceleraron el ritmo. El primero en correrse fue Esteban, soltando un grito de gusto a medida que llenaba aún más el culo de mi novia con su semen. Cuando la sacó, el ojete de mi chica soltó un pequeño reguero de grumo hasta que se cerró.

Hola, mi nombre es Jaime, tengo 28 años y vivo con mi novia Sonia, que tiene 27 años. Nos conocimos hace cinco años y empezamos a salir juntos. Hemos compartido muchos buenos momentos y nos queremos mucho. En el sexo ella es muy cariñosa y comparto con ella una gran complicidad, ya que perdió la virginidad conmigo, aunque aún no me ha dejado desvirgarle su culito porque le da miedo.

Yo lo he respetado, así que nunca la he presionado en ese sentido. Ella es una chica bastante guapa, de pelo castaño, ojos marrones, 1’70 de altura, delgada, usa 85 de pecho, tiene un culito bastante bonito y un chochito delicioso que siempre se depila. Vivimos en Toledo, en un chalecito que compramos hace un año y que nos ha obligado a hacer malabares con el sueldo de ambos. Es aquí donde reside el origen de mis cuernos.

Sonia lleva tres años trabajando en una oficina de logística, llevando las cuentas y es un trabajo que le gusta y le reporta un sueldo digno. Está muy contenta con su empleo y supongo que eso fue lo que la impulsó a serme infiel. Todo ocurrió un fin de semana de finales de febrero de este año. Noté a Sonia bastante nerviosa e intranquila aquel día, pero a pesar de que me preocupé por ella me dijo que no pasaba nada, sólo que estaba un poquito estresada con el trabajo. Aquel sábado yo había quedado en ir a Madrid, a pasar la tarde con un amigo al que, por las circunstancias de la vida, hacía tiempo que no veía y me quedaría a pasar la noche en su casa. Quedé en irme por la tarde después de comer.

Justo después de la comida, me puse a fregar los platos y le dije a Sonia que en cuanto acabara me iría. Ella estaba bastante más nerviosa que por la mañana y me dijo que iba a casa de su amiga Lorena, que había quedado para tomar café con ella. Dicho esto, cogió sus llaves y se marchó. Supongo que pensaría que yo no tardaría mucho en irme y así habría sido de no haber decidido yo echarme a descansar un poco porque me sentí un poco mareado tras terminar de fregar y secar los platos.

Me quedé dormido como media hora y cuando me desperté me di cuenta de que tenía el tiempo justo para ir a la estación de autobuses antes de que saliera el que tenía que coger. Ya había cogido el pequeño bolso de viaje que me llevaba para ese día y me iba a marchar cuando escuché que abrían la puerta. Pensé en salir a ver a Sonia, pero la escuché que hablaba con alguien, una voz masculina. Algo no me encajaba en todo aquello, por lo que decidí esconderme en la cocina y ver qué ocurría.

-Bueno, ¿nos invitas a entrar? -Sí, pasad. –respondió Sonia con la voz temblorosa.

Sentí cómo pasaban ante la puerta de la cocina, cruzaban el recibidor y se quedaban en el salón. Esperé unos instantes y salí al recibidor, poniéndome de manera que no me vieran y me fijé en que Sonia estaba acompañada por dos hombres que yo conocía de su trabajo: eran su jefe, don Andrés, y el director de personal, Esteban. Su jefe era un hombre de 49 años, casado, de una estatura cercana al 1’80, ni gordo ni delgado, con unas buenas entradas aunque todavía bastante pelo, que ya tenía con muchas canas.

Esteban era algo más joven, 39 años creo que me había dicho Sonia alguna vez, también casado, de estatura similar a la de mi chica, delgado y moreno de pelo. Yo no entendía muy bien lo que pasaba, pero preferí seguir escondido para ver cómo seguía la cosa. Se pusieron a hablar:

-Mi querida Sonia. –Dijo el jefe–. Espero que no te eches atrás ahora. Cometiste un error en la contabilidad de la empresa bastante grande que nos ha trastocado mucho este mes. Lo normal es que ya te hubiese despedido, pero llevas varios años con nosotros y he preferido darte esta posibilidad de ganarte tu perdón. -Tampoco es nada tan grave, dijo Esteban-. Sólo te vamos a follar, únicamente será sexo y tu novio no tiene por qué enterarse. ¿No dijiste que necesitas el dinero de tu sueldo? Pues lucha por el.

Me quedé perplejo ante aquella frase “Sólo te vamos a follar”. No supe cómo encajar aquello, pero estaba claro que si habían venido era para algo importante. ¿Pero serían capaces de cepillarse a mi novia en mi supuesta ausencia? Algo en mi interior me incitaba a salir y poner fin a aquello, pero otra me decía que aguantase y viese lo que ocurría. Por ello me quedé escondido como si nada.

-Yo no me echaré atrás. –dijo Sonia cabizbaja y sin mucha convicción. Se notaba que no estaba haciendo algo de su agrado. -Pues entonces ya sabes… -contestó el jefe.- Ve y ponte una ropa un poco más sexy.

Sonia se fue del salón hacia su habitación y quedaron los dos hombres esperando. No lo podía creer. Habían chantajeado a mi chica con no despedirla a cambio de sexo. Me sentía bastante enfadado, pero he de reconocer que el morbo que sentía me impidió salir a evitar lo que se avecinaba. Sonia tardó varios minutos en volver y mientras los tíos hablaban de sus cosas, como si hubiesen venido sólo a tomar un café.

Cuando Sonia volvió al salón los dos hombres se entusiasmaron y la llamaron “putita”. Sonia llevaba un jersey rojo de cuello alto, una faldita blanca y unas medias de liga que la hacían parecer toda una prostituta. Los dos tíos la hicieron sentarse en el sofá y empezaron a tocarla, acariciarla y besarla. Sonia se resistía al principio, pero poco a poco se fue soltando y excitando con la situación. Al final la tumbaron en el sofá y Esteban metió la cabeza bajo su faldita e imagino que le empezó a comer el coño, ya que mi chica reaccionó con un leve gemido y empezó a estremecerse.

El jefe le quitó el jersey y el sujetador y se puso a chuparle las tetas, lamiendo sus pezones con mimo, excitándola aún más. Desde mi posición podía verlo todo, aunque no era el mejor ángulo. Aquello me dio un morbo tremendo y empecé a sufrir una erección. Al cabo de los minutos los dos tíos se pusieron de pie, la hicieron ponerse de rodillas (ya sólo llevaba la falda y las medias, aparte del tanga que asomaba por encima de la falda) y se desnudaron. Sus pollas estaban bien tiesas. La del director de personal era bastante normal, similar a la mía de 15 cm., pero la del jefe era un señor rabo.

Sonia se quedó perpleja al verla, ya que jamás había tenido ante sí una polla de ese tamaño.

-¿Te gusta, zorra? –Dijo el jefe.- ¿Nunca habías visto una polla como la mía? Admírala, son 19 centímetros de largo por 4 de ancho. Un pollón que se va a follar tu coño, pero que ahora quiero que chupes. Abre la boca, cariño.

Y acto seguido, el tío arrancó un flemazo de su garganta, lo mezcló con saliva y lo escupió en la boca de mi novia, que tuvo que tragárselo poniendo una cara de asco que a poco más y vomita. Volvió a centrarse en la polla que tenía ante su cara y, tras unos instantes pensándose el meterse aquel trozo de carne en la boca, abrió los labios y se la introdujo lentamente. El jefe soltó un gemido de gusto y puso las manos en la cabeza de Sonia, acariciándola y mirándola mientras chupaba.

-Joder… ¡Qué bien la chupas, zorra! Así, así, mueve tu lengua y acaríciame el capullo. Uffff, aaaaah. Jodida guarra, eres una maestra comiendo rabo.

La mamada que le estaba haciendo mi chica era de campeonato: chupaba todo lo que podía de aquel rabo, a pesar de que no le cabía todo en la boca; lamía con su lengua la punta del capullo y luego recorría toda la polla desde la base hasta el final. No sé cómo el tío aguantaba sin correrse, porque debía estar visitando el paraíso.

Al cabo de los minutos, se la sacó de la boca y dio paso a Esteban, que recibió otra excelente mamada de varios minutos. Yo ya no pude resistirme y me saqué la polla para hacerme una paja. Mi novia, siempre tan recatada y que sólo había follado conmigo estaba chupándoles la polla a su jefe y al director de personal. Y estaba claro que aquello no iba a quedarse en unas simples mamadas.

Cuando les pareció conveniente, la tumbaron de nuevo sobre el sofá y echaron a suerte quién se la follaba primero. La fortuna sonrió a su jefe que separó las piernas a mi novia sin quitarle la falda, echó a un lado su tanga y colocó la punta de su polla en la entrada del coño de mi novia. Yo no lo podía ver muy bien, lo veía casi de perfil, pero era una imagen morbosísima. Antes de que se la clavara, Sonia se sobresaltó un poco.

-¿No irás a metérmela sin condón? Por favor, ponte uno. -Tranquila, cariño. Antes de que me corra la sacaré, pero ya que vamos a follarte queremos sentir tu coño al máximo. Tú no te preocupes.

Y dicho eso comenzó a introducir cada centímetro de su polla en mi novia, que estaba poniendo una cara de gozo total, abriendo la boca y con los ojos casi en blanco. El jefe dio un golpe de cadera final y mi novia soltó un pequeño grito, pero ya estaba hecho: todo aquel vergajo estaba dentro de ella. Don Andrés inició un frenético mete-saca mientras bufaba; debía estar disfrutando como un cabrón. Esteban miraba la escena acariciándose la polla y con una sonrisa dibujada en la cara. Mi novia no pudo evitarlo y se puso a gemir con cada embestida de su jefe. Sin embargo, a los pocos minutos el jefe sacó la polla y se puso de pie.

-Joder, qué incómodo estoy aquí. Vamos a vuestra habitación, cariño. Quiero follarte en la cama en la que gozas con tu novio. Eso me da mucho morbo.

La idea no le hizo mucha gracia a Sonia, pero acabó aceptando y se fueron los tres hacia su habitación. Me quedé unos instantes en blanco y bastante contrariado porque me perdía el polvo, así que decidí acercarme a la habitación lo más posible. Y así lo hice: habían dejado la puerta abierta, así que me puse en la habitación de al lado, cuya puerta queda al lado de nuestra habitación y podía ver sin muchas dificultades.

Entre que me había pegado bien al marco de la puerta y que la sala en la que yo me encontraba estaba a oscuras era muy difícil verme, aunque ellos estaban más pendientes de nuestra cama de matrimonio. Cuando me fijé en la cama vi que el jefe ya había vuelto a penetrar a mi novia y se la follaba a un buen ritmo. Al momento mi novia soltó un gemido bestial, lo que significaba que se estaba corriendo. El jefe también se dio cuenta.

-¡Vaya con la puta! Se acaba de correr como una verdadera zorra con una polla que no es la de su novio.

A pesar de hablar, el ritmo de folleteo de don Andrés no bajaba. Eso sí, ahora se podía escuchar perfectamente el chapoteo del coño de Sonia con cada metida de polla: choft, choft, choft. Yo estaba cachondísimo y me la cascaba como un loco. No sé el rato que llevaban, pero poco a poco se vio que el jefe empezaba a dar espasmos y soltaba un grito de verdadero gusto. No había duda: se estaba corriendo, pero sin sacarla del coño de mi chica.

-¡Tomaaaaaa! ¡Hasta la última gota dentro de tu vientre, zorra de mierda! Joder, qué gozada de polvo. -¡Cabrón! –Dijo Sonia entre sollozos-. ¡Dijiste que la sacarías! ¿No entiendes que me puedes dejar embarazada?  -Preñarte forma parte del juego, cariño. Aumenta el morbo de una manera increíble. Además, tranquila. Si te preñamos te doy mi palabra de que no te despediré e incluso te daré un pequeño aumento para que hagas frente a los gastos. Así que relájate, que Esteban aún tiene que dejar dentro de ti su buena ración de esperma.

Jamás podré olvidar aquellas palabras. El muy cabrón disfrutaba soltando su leche en lo más profundo de las entrañas de mi novia y deseaba dejarla embarazada. Tras esperar unos segundos recobrándose de la corrida, el jefe sacó su polla del coño de mi novia y se levantó. Ahora era el turno de Esteban, el director de personal. Se tumbó en la cama boca arriba y le pidió a mi chica que se sentara encima.

Mi novia así lo hizo y pude ver perfectamente cómo se colocaba la polla de Esteban en la entrada a su chocho y se dejaba penetrar sentándose suavemente sobre la polla. Después de eso ella empezó a moverse y a recibir las metidas que Esteban le hacía. Sonia gemía y yo me estaba poniendo a tope con aquella escena.

Podía ver cómo por la polla del tío, a medida que la follaba, chorreaban pequeños hilos de semen que eran indudablemente de la corrida que minutos antes había soltado don Andrés en las entrañas de mi chica. Al final, tras unos cuantos minutos de folleteo, Esteban empezó a soltar su esperma dentro del coño de Sonia, que se resignó a recibir otra ración de grumo blanco en su interior.

Yo creía que con aquello ya iban a acabar, pero mientras Esteban se cepillaba a Sonia, don Andrés se había recuperado. La hicieron desnudarse por completo y ponerse a cuatro patas sobre la cama. Yo ya me imaginaba lo que iba a ocurrir y en cierto modo me daba rabia que le fuesen a desvirgar el culo ellos, aunque por otro lado la idea me excitaba muchísimo. Cuando el jefe colocó su estaca en el ojete de Sonia, ella protestó.

-Don Andrés, por favor. Por el culo no, que me va a doler mucho. Soy virgen de ahí. -Mucho mejor, así me dará más morbo el saber que voy a ser el primero en regar tus intestinos. –Dijo él.- Tú tranquila, cariño. Relaja el ojete y verás qué bien te entra y lo mucho que disfrutas.

El tío fue haciendo presión en el ojete de mi novia, que se quejaba levemente, hasta que su esfínter empezó a ceder y a dejar paso a aquel trozo de carne erecto. Conforme entraba en su interior, Sonia gritaba de puro dolor, pero el jefe no se detuvo hasta que toda su polla no estuvo dentro del culo de mi novia.

-¿Lo ves, zorra? ¿Ves como sí que te entraba? Y ahora disfruta, perra de mierda.

Y fue así cómo su jefe inició una brutal penetración, barrenándole el culo. Los chillidos de mi chica le ponían aún más cachondo y aumentaba el ritmo de penetración. La imagen de Sonia a cuatro patas, recibiendo polla por el culo y con su coño goteando esperma no la podré olvidar nunca. Mi polla estaba a punto de estallar, así que me fui al baño sin hacer ruido para correrme sin dejar rastro.

Desde allí escuché cómo el tío se corría, inundando los intestinos de Sonia. Después de correrme estuve unos minutos pensativo, no sabía cómo encajar lo que había visto. Sin embargo, volví a escuchar los gemidos de mi novia y me decidí a volver a verles. Cuando me posicioné nuevamente en el lugar desde donde les miraba vi que le estaban haciendo una doble penetración: Sonia a cuatro patas encima de su jefe que le follaba el coño y sobre ella Esteban penetrándola el culo.

Aquello ya era lo máximo y me volví a poner a tope. Los dos se habían acoplado perfectamente y la follaban a buen ritmo. Sonia gemía de gusto y vi que se corrió nuevamente. Eso les debió calentar aún más a ellos que aceleraron el ritmo. El primero en correrse fue Esteban, soltando un grito de gusto a medida que llenaba aún más el culo de mi novia con su semen. Cuando la sacó, el ojete de mi chica soltó un pequeño reguero de grumo hasta que se cerró.

Aquello debió encender aún más a su jefe, que no tardó en volver a correrse dentro del coño de mi chica. Ya era la tercera corrida que le echaban en su vientre y era algo queme excitaba mucho. Tras unos minutos de relajación, tomando aire, los tres se levantaron de la cama y se pusieron de pie, pero al momento obligaron a Sonia a ponerse de rodillas.

-Para terminar queremos que nos limpies la polla con la boca. –Dijo su jefe.-Están llenas de esperma y quiero verlas relucientes, ¿entendido?

Sonia se resignó nuevamente y empezó a chupársela a Esteban, que estaba visiblemente caliente y no tardó en sacarle la polla de la boca a mi chica, cascársela y correrse sobre sus tetas. Después, fue don Andrés el que metió la polla en la boca de mi novia y, agarrándola de la cabeza, empezó a follarle la boca. Era increíble ver cómo aquel tío aguantaba tantos polvos, aunque imagino que influía mucho el morbo de follarse a una empleada mucho más joven que él.

Al final acabó corriéndose en la boca de mi novia, algo que tampoco había probado jamás y se vio obligada a tragárselo para no ahogarse, ya que su jefe no sacó la polla hasta que no le salió la última gota de esperma. Cuando se la sacó, Sonia tenía una cara de asco y repugnancia tremenda y empezó a dar arcadas hasta que finalmente vomitó sobre las sábanas de la cama. Ellos se rieron y se vistieron.

-Bueno, cariño. –Dijo su jefe.- Te has portado muy bien, así que no te preocupes. Tu puesto en la empresa está asegurado. ¡Ah! Y espero que me digas pronto si te hemos preñado o no, ya sabes que te daré un pequeño aumento si estás embarazada.

Y tras eso, los dos tíos se despidieron y se marcharon. Yo no quise salir de mi escondite y esperé un rato a ver qué pasaba. Al final, escuché que mi novia entraba en el baño y abría los grifos de la bañera. Comprendí que iba a lavarse porque estaba llena de semen. La follada había durado casi tres horas, así que decidí marcharme y llamar a mi amigo para decirle que me había surgido un leve imprevisto, pero que ya lo había solucionado y me disponía a coger el siguiente autobús para Madrid. Al pasar al lado de la puerta del baño escuché perfectamente a Sonia llorar amargamente. Estaba claro que a pesar de haber disfrutado, aquello había sido una locura y se sentía mal.

Ahora ya han pasado varios meses, yo nunca le he dicho que la vi y ella jamás me ha confesado lo que hizo. Nuestra relación sigue muy bien, como si nada hubiera ocurrido. Ella sigue en su trabajo y todo parece irle de maravilla allí. Por cierto, que luce una hermosa tripa de 8 meses de embarazo.

Me encanta cuando estamos durmiendo abrazarla y acariciar su tripita y saber que el hijo que lleva dentro no es mío.

Autor: Zeromus2006

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Mi hermanita marchosa

Le empecé a chupar el clítoris, yo estaba concentrado y tratando de encontrar el punto de máximo placer, estábamos en un espectacular 69, yo paré de hacer lo mío para poder disfrutar la mejor mamada que me hayan dado en mi vida, me vine que forma espectacular, ella hizo ruidos como si se hubiese atragantado pero se lo tragó todo, y me empezó a succionar hasta sacar la última gota.

Me llamo Andrés y les quería decir que esta página es una de las pocas  que tienen el placer de estar en mis “Favoritos”, son de lo mejor. Bueno, ahora vamos a empezar a contar lo que me pasó el otro día con mi hermana, Andrea.

Mi hermana tiene 19, es rubia mide unos 1.70, flaca, ojos marrones, unas tetas impresionantes, un muy buen culo y una cara hermosa. Yo sé que ella es linda, muy linda, pero nunca me sentí atraído por ella. Nosotros casi siempre nos peleamos por boludeces, siempre le compro cosas, la invito al cine, le doy plata y cosas así, como un boludo siempre gasto plata pero nunca recibo nada a cambio.

El lunes pasado me decidí, me voy a tomar pago por mis cuentas, no voy a esperar a buscarlo. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma.

Ella me pidió usar la computadora y yo le dije que espere que yo tengo que terminar algo. Yo sé que ella siempre busca las fotos y textos que yo bajo de la Internet, pero yo lo tengo en un directorio con clave, ella sabe que esta ahí, pero no sabe la clave.

Lo que hice es dejar tres textos que bajé de la página sobre amor filial y unas cinco fotos de dos jóvenes que hacen de todo. Abrí una ventana de Word para disimular y le dije, terminé, ella me sacó de la silla y me dijo si puedo salir, le dije que sí y me fui a ver televisión al comedor, miré un rato MTV y a los 10 minutos subí el volumen del televisor y me acerqué a mi pieza sin hacer ruido.

Lo más interesante es que por la forma de mi casa, hay un pasillo del comedor a mi pieza, por lo tanto se puede ver a alguien yendo del comedor a mi pieza donde está la computadora, me acerqué y vi a mi hermana muy concentrada frente al monitor y su mano en su conchita. Mientras yo me acercaba ella se seguía excitando. Entré a mi pieza, ella no estaba en este mundo estaba leyendo un texto y masturbándose como loca, me dije a mí mismo, ¡dale! Al ataque.

Me puse atrás de ella y le empecé a tocar sus tetas por arriba de la remera que tenía, la esta sobando como loco cuando ella se dio vuelta me miró y me dijo, ¿qué haces? le dije:

• Ahora apago el monitor, y después vas a ver lo que te hago.

Así fue, apagué el monitor de la PC, y le di un beso, ella al principio no quiso cooperar, entonces agarré mi mano derecha y puse un dedo en su concha y lo empecé a mover, a los segundos ella abrió la boca y nuestras lenguas empezaron a bailar juntas.

Ella me empujó hacia atrás y se sacó la remera, ella no llevaba corpiño, por primera vez vi sus tetas en vivo, sin espiar, solos para mí.

• Ayyyy, grité como una bestia.

La muy guacha me agarró la pija por el short, y mi me empezó a apretar, yo le respondí mordiéndole un pezón pero con amor a mi hermana y ganas de hacérmela mía, no con la fuerza que ella lo hizo, le empecé a sobar el pecho derecho mientras chupaba el pezón izquierdo.

Yo ya estaba a mil cuando ella me dijo:

• ¡Dale!, Quiero ser tuya.

Me saqué el short y mi pija saltó como no sé qué.

Le arranqué la bombacha que tenía y la empecé a chupar el clítoris como nunca lo hice antes, yo estaba concentrado en el clítoris y tratando de encontrar el punto de máximo placer cuando me di cuenta que estábamos en un espectacular 69, yo paré de hacer lo mío para poder disfrutar la mejor mamada que me hayan dado en mi vida, le dije que me estoy por venir y ella dijo:

• Mejor, siempre soñé con tu leche, quiero tragármela toda…

Yo me puse a 10.000 cuando escuché eso y a los segundos me vine que forma espectacular, ella hizo ruidos como si se hubiese atragantado pero se lo tragó todo, y me empezó a succionar hasta sacar la última gota.

Yo pensé ahora va a empezar lo mejor cuando sonó el teléfono, yo no le di pelota pero mi hermana, dijo tengo que contestar, le dije que no, pero ella se levantó y fue a atender al minuto volvió y me dijo con una cara de diablo:

• Marina está por llegar en 5 minutos, me llamó del celular, prepárate…

Ella entró a su pieza y yo pensé a qué se refirió en prepárate. Pasaron los 5 minutos y vino Marina, lo que pasó el lunes pasado con Marina es otra historia.

Ya cuando mi hermana no me molesté para continuar con lo que empezamos, seguir cogiéndola, espero poder escribirla en el teclado.

Autor: Andrés

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Padre e hijo

Con una ligera indicación me hizo acostarme en el suelo y a su hijo a sentarse encima de mi polla para luego el meter la suya a la vez. Alberto tenía el culo muy entrenado, a saber que le habría estado metiendo el cabrón de su padre todos estos años. Las dos pollas en el culo, su padre le tiraba del pelo mientras le decía que me mirase. Quería que mirase como su mejor amigo se lo estaba follando junto con su padre.

Alberto es un tío masculino, extremadamente atractivo y con un cuerpo curtido en el gimnasio. Es mi amigo desde la infancia y su único defecto es que es policía local, eso nunca se lo perdonaré. Alberto siempre ha tenido una relación muy estrecha conmigo, siempre dispuesto a ayudar, a agradar… Con 27 años aún vive con su padre, separado. Su padre parece más su hermano mayor, con 48 años aparenta muchos menos y se cuida mucho.

Por cierto, me llamo Andrés. Soy bisexual y tengo novia desde hace años. Mi orientación sexual no la sabe ni Alberto, bueno, no la sabía. Siempre he sido muy cañero cuando follo con tíos, muy cañero, muy, muy cañero, pero dentro de la “normalidad”. Todo cambió hace dos semanas y aún me pellizco para creérmelo.

Llegamos a su casa sobre las 6 de la tarde, Alberto llevaba todo el día nervioso y mirándome extraño. Entramos y tras beber agua se le saltaron las lágrimas, llevaba años enamorado de mí y ya no podía más…y su llanto se hizo angustia. Por instinto y sin saber porqué le di una bofetada a la que él respondió tirándose a mis pies y parando de llorar…llevaba sandalias y comenzó a besarme los pies. La situación lejos de asustarme me puso cachondo. Ver a mi amigo a mis pies y de esa forma sacó lo peor/mejor de mí. Le tomé por el pelo, le levanté casi a tirones y le escupí en la cara a lo que el muy cerdo respondió con una sonrisa y un te quiero…”haz conmigo lo que quieras”…y vaya si lo hice.

Con una ligera indicación se desnudó completamente, nunca lo había visto desnudo…tenía una polla considerable y unos huevos grandes y prietos. Entendí su juego en un solo instante y yo lo seguía de forma automática. Tras otra bofetada le obligué a arrodillarse y lamerme los pies, desnudarme poco a poco, lamerme huevos, polla, axilas…le obligaba a abrir la boca y le escupía con rabia dentro y su cara de placer me sacaba de quicio.

Nunca antes me había sentido así, pero no podía parar, quería saber sus límites. Le arrastré por el pelo hasta el baño, le obligué a entrar en la bañera y abrir la boca…y oriné en ella, el muy cerdo disfrutaba y encima comenzó con su juego. A cada bofetada, lapo, insulto respondía con un “gracias amo”. ¿Qué coño estaba pasando? Buscaba sus límites y no los encontraba. Traté de degradarlo aún más, sin lubricar le metí lo primero que encontré en el culo, una vela y a pesar del dolor el muy imbécil me daba las gracias y me decía que sólo quería servirme. No entendía nada. Con rabia le saqué la vela y sin contemplaciones lo tiré al suelo y le violé, le sujetaba la cabeza contra el suelo, le daba golpes en el culo, le metía casi toda la mano en la boca y el muy cerdo disfrutaba con todo ello.

¡Joder! Me estaba volviendo loco, quería que me dijera que parase y no había forma. Colocándolo encima de la mesa comencé con la tortura. Le até las manos, le vendé los ojos (mirarme con cara de placer me sacaba de quicio) y le até los tobillos a las patas de la mesa. Le escupía en la boca, en la polla, le daba golpes en los huevos y sus gemidos me ponían más y más cachondo…le abrí la boca con las manos y sin poder remediarle me corrí en su boca. No hizo falta decirle que se lo tragara todo, lo hizo con gusto.

Al abrir los ojos me quedé paralizado. Su padre estaba de pie, en la puerta del comedor, con la polla en la mano y mirándonos. Alberto, sin inmutarse se dirigió a su padre y dijo algo que me dejó helado: ¿Lo he hecho bien papá?

La respuesta no llegó, se acercó a mí y me dio una palmada en la espalda y continuó hacia su hijo y le metió la polla en la boca y orinó en ella. Esta familia estaba loca, pero no quería salir de allí. Se tragaba como un experto casi todo, pero mucha orina caía sobre la mesa y el suelo. Su padre le desató y sin decir ni media palabra Alberto comenzó a lamer todo hasta no dejar ni rastro, verlo lamer el suelo era un espectáculo. Mientras lo hacía el cabrón de su padre se desnudaba mientras le decía lo cerdo que era.

Al terminar le obligó a lamerme los pies y comerme el culo a conciencia, mientras él no paraba de azotarle el culo. Cuando se cansó le ató los huevos y la polla hasta que se puso morada. Le daba golpes en los huevos que por primera vez le hicieron saltar las lágrimas, pero nunca hizo amagos para parar. Yo miraba embobado como su padre maltrataba a su hijo, le insultaba y le obligaba a comerme la polla, le escupía en la boca y cogía mi polla y se la introducía a su hijo en la boca.

Con una ligera indicación me hizo acostarme en el suelo y a su hijo a sentarse encima de mi polla…para luego el meter la suya a la vez. Alberto tenía el culo muy entrenado, a saber que le habría estado metiendo el cabrón de su padre todos estos años. Las dos pollas en el culo, su padre le tiraba del pelo mientras le decía que me mirase. Quería que mirase como su mejor amigo se lo estaba follando junto con su padre. Su polla y huevos atados con cuerdas los sentía en mi pelvis…la imagen me estaba sacando de quicio.

Lo que a continuación pasó cambió mi vida para siempre.

Autor: Andrés

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Posé para mis dos amigos

Me obligan a follarme a montones de chicos. De uno en uno, de dos en dos, de tres en tres. A veces me meten dos pollas a la vez en la boca. A veces ni siquiera me cabe una, de tan grandes que son. Me obligan a dejar que se corran en mi cara y a tragarme su semen. Me dan por el culo cuando les viene en gana. Hacen que me folle un negro tras otro, mientras obligan a mirar a mi novio.

Me llamo Laura. Aunque soy francesa (nací en Lyon), mi madre es española. Hace ya tres años que vivo en Barcelona, y me encanta la ciudad. Tengo 25 años, y trabajo de enfermera en un conocido hospital. Esta historia no ha ocurrido (aún), pero es una fantasía que me contó una vez mi novio y que ahora me obsesiona. El relato lo hemos escrito juntos, pero refleja exactamente lo que piensa la parte más desatada de mí. Esa que sólo sale de vez en cuando, que me libera totalmente y que hace que me sienta maravillosamente femenina. Espero poder hacerla realidad (ya sea con chicos o con chicas, si os soy sincera) algún día, pero de momento me conformo con compartirla, que es algo que ya de por sí me excita mucho.

Para que me podáis imaginar mejor, me describiré (aunque me ayuda mi chico, os prometemos que lo hace sin mentir ni un poquito) como una chica que siempre ha resultado muy atractiva, de piel clara, ojos verdes (heredados de mi madre, que es del norte de España) y cabello castaño y liso. Tengo un tipo muy bueno. Me gustaría tener la tripa un poco más firme, pero soy delgada, de pechos perfectos (eso dice mi chico, pero es lo que más me gusta de mí misma, ya que son ligeramente -muy ligeramente- más grandes que la media, firmes y bonitos) y un culito pequeño pero respingón. Me da un poco de vergüenza describirme con esta chulería, pero mi novio insiste en que me imaginéis, y si olvido la falsa modestia sé que soy muy afortunada con mi físico.

En el verano ya hacía un mes que mi novio se encontraba en otra ciudad por razones laborales. Sabía que su ausencia era temporal, pero aún así los días sin verle se podían hacer muy largos. Para sobrellevar la ausencia, a veces manteníamos charlas telefónicas nocturnas muy calientes. En ellas me decía las ganas que tenía de follarme, y yo le sugería divertida  que se masturbara para calmar su ansiedad. Él me respondía que ya lo hacía, pero que necesitaba inspirarse, por lo que me pedía que inventara historias en las que la protagonista era una versión de mí misma pero con la personalidad –y las vivencias- del personaje más excitante de cualquier película porno.  Al principio mi timidez me lo impedía, pero poco a poco accedí a sus deseos. Tanto le gustaba a mi chico que le relatara las experiencias indecentes que figuradamente tenía en su ausencia que muchas veces, mientras hablábamos por teléfono, se masturbaba hasta el orgasmo.

En una de esas largas charlas telefónicas me pidió que, para calentar sus noches de soledad, me hiciera sacar fotos desnuda por alguna amiga con una cámara de fotos (o incluso un video en el que se viera cómo me masturbaba). A él, claro está, no sólo le excitaría ver las imágenes, sino también imaginarse a una amiga mía (preferiblemente a una que estuviera bien buena) sacándome fotos eróticas. En ese momento estábamos masturbándonos al teléfono y, como estaba muy cachonda, acepté la propuesta, aunque después de hablar con él (y, sobretodo, después de correrme intensamente) me di cuenta de que era una locura, pues me daba vergüenza pedirle a cualquier amiga que me sacara ese tipo de fotos.

A la mañana del sábado siguiente me fui a comprar a las tiendas del Barrio Gótico. Está siempre plagado de guiris, pero ese sábado por fin libraba y me apetecía estar rodeada de gente. Casualmente me encontré con un ex-compañero de trabajo (en realidad un antiguo cardiólogo residente) que era fotógrafo aficionado y que, de hecho, me había llegado a regalar alguna foto que creía que me podía gustar. Creo que cuando trabajábamos juntos él se sentía atraído por mí, pero nunca pasamos del tonteo (y  no porque él no fuera atractivo, sino por que yo estaba muy enamorada del que ya entonces era mi novio). Andrés, que así se llamaba mi ex-compañero, me contó que su novia estaba trabajando en Madrid, y que ahora compartía un piso en el centro con Silvio, un amigo gay que teníamos en común y que era profesor de educación física y entrenador personal en mi gimnasio (el gimnasio estaba al lado del hospital donde trabajo, así que cuando Andrés estaba haciendo la residencia tanto él como yo solíamos ir allí, que es donde conocimos a Silvio). Yo estaba vestida con unos shorts vaqueros bien apretados con los que lucía mi culito y mis piernas, y llevaba una camiseta ceñida que a mi novio le encantaba. Noté que Andrés me admiraba de reojo, pero era un chico muy correcto y nunca me hizo sentir incómoda.

Como hacía tiempo que no nos veíamos, fuimos a tomar unas cervezas, y antes de que me diera cuenta llevábamos dos horas bebiendo y estábamos bastante borrachos. La conversación derivó hacia las fantasías sexuales típicas de los de los hombres y de las mujeres. Andrés, desinhibido por el alcohol, me contó que siempre se había imaginado teniendo relaciones sexuales con dos chicas a la vez. Me reí y le dije que era demasiado tópico, y entonces él me preguntó que si era tan lista le contara cuáles eran las mías. Yo estaba muy cortada para contarle ninguna fantasía propia, así que me escabullí y le conté la fantasía-favor que hace unos días me contó mi novio por teléfono, preguntándole en broma si estaría dispuesto a tomarme las fotografías desnuda él mismo.

Sorprendentemente, en vez de seguir tonteando en broma, me contestó muy seriamente que no era la primera vez que se lo pedían. Le había hecho el favor a un par de amigas suyas, y había quedado muy bien. Yo le miré incrédula, pero él me dijo que si quería podía contar con él, prometiéndome con una sonrisa que era un profesional y que nunca me incomodaría ni me pediría hacer nada que no quisiera. Le contesté enseguida que ni hablar. A mí me daría demasiada vergüenza y mi novio no lo aprobaría. Entonces él me contestó que podíamos hacer fotos muy suaves, solo con lencería, sin llegar a estar desnuda en ningún momento, y no pasar de ahí. “Es como verte en biquini, mujer”, me dijo. La verdad es que Andrés es un tipo muy legal, con mucha elegancia y saber estar, y siempre me había inspirado un sentimiento de mucha confianza. En aquel momento, quizá embriagada por el alcohol, la idea me pareció aceptable, y él me acabó de convencer al decirme que así las fotos tendrían más clase.  Me tiré a la piscina pensando en lo contento que estaría mi novio, y quedamos en preparar la sesión (light, eso sí)  para esa misma tarde. Me despedí de él emocionada, con una mezcla de excitación por la sesión de fotos, anticipando la reacción de mi novio, y al mismo tiempo un poco asustada por la vergüenza que me podría dar que Andrés viera aunque solo fuera en ropa interior.

Lo que quedaba de día lo pasé depilándome completamente (sí, completamente) y  comprando nuevas piezas de lencería (monísimas, os lo aseguro), que luciría en la sesión de fotos programada para las 20:30 de esa misma tarde.

Al llegar a casa el efecto de las cervezas se había diluido completamente, y pensé en que quizá estaba cometiendo una locura. Lo cierto es que me planteé anularlo todo. Me embargaban sentimientos muy profundos de miedo, pero también de emocionante excitación. Me preguntaba que pasaría cuando estuviera en lencería ante Andrés. ¿Como reaccionaría él? ¿Como me sentiría yo desnuda ante un hombre atractivo y posiblemente excitado? ¿Era cruzar una línea que mi novio jamás aceptaría?

Para darme valor me bebí lentamente casi meda botella de vino mientras hablaba por teléfono con él. Le conté que me había encontrado con Andrés, y le expliqué detalladamente en lo que habíamos quedado. Él supuso que era simplemente una historia, quizá más light de lo habitual,  que yo estaba inventando para ponérsela dura, pero le puso tan cachondo (seguramente porque le parecía más probable que las inmoralidades que se me ocurrían en otras ocasiones) que se corrió dos veces durante la conversación.

De nuevo afectada por al alcohol y excitada por la conversación, de reafirmé en la decisión de llevar a cabo la sesión.

Andrés llegó puntualmente a mi piso, y al abrir la puerta me sorprendió muchísimo ver a Silvio, el entrenador personal gay amigo nuestro, con él.  Andrés vio en mi mirada que estaba a punto de echarme atrás, y me explicó rápidamente que era necesario que alguien hiciera las medidas de luz mientras él tomaba las fotos, porque sino quedarían oscuras y con un aire amateur muy cutre. Silvio tiene algo menos de 30 años, es muy atractivo y de un cuerpazo moreno y musculoso. Aunque no tiene nada de pluma, sabemos que es gay porque una tarde nos presentó a su novio, un escritor francés 20 años mayor que él. Antes de que pudiera contestar a Andrés, Silvio me saludó con un beso en la mejilla y entró en el salón. Estuve a punto de echarles de casa desbordada por la nueva situación, pero se me ocurrió que como Silvio era gay no solo no se alteraría durante la sesión (que además, insisto, iba a ser muy suave eróticamente hablando), sino que seguramente su presencia mantendría a raya a Andrés si las cosas se iban de madre.

Mientras preparaba su cámara y su ordenador portátil, Andrés me dijo que su experiencia le había enseñado que era habitual que una chica en ropa interior se sintiera incómoda o avergonzada al verse observada  por un hombre vestido (ya no digamos por dos). Me dijo que si ellos se quedaban también en ropa interior, el ambiente se relajaría mucho. La verdad es que sí estaba muy nerviosa y me pareció una buena idea, así que me tranquilicé bastante cuando ellos se quitaron el calzado, las camisetas y los vaqueros. Silvio tenía un cuerpo de escándalo y Andrés, aunque basaba su encanto en su seguridad, su clase y su elegancia, no estaba nada mal. Al verlos a ambos en unos atractivos slips negros bastante ceñidos, sentí un ligero cosquilleo.

Mientras yo también me quedaba en un sugerente conjunto de lencería rosa, traté de sustraerme a mi incipiente excitación explicándoles que quería una sesión de fotos con gusto y, aunque excitantes, alejadas de pretensiones pornográficas. Quedamos en que las fotos no serían de desnudos totales sino de posados sugerentes en braguitas y sujetador. Me quedé en ropa interior y empecé a posar para ellos.

En la primera foto aparecía recostada sobre mi cama en actitud recatada exhibiendo mis piernas. En otra me senté de tal forma que quedaba a la vista  una ligera parte de mi tanguita rosa de encaje. En otra me levanté y me puse de espaldas, girando mi cabeza de forma sugerente mientras enseñaba mi culito y mi espalda. Andrés me retrataba en diferentes posturas pero siempre con mucha clase. Cuando acabó la tanda de fotos, me quedé asombrada cuando me las enseñó. Parecían de una revista de moda de altos vuelos. Aparecía guapísima, seductora, sofisticada, sexy… me encantaba el resultado.

Fui al baño a ponerme otro conjunto (un picardías de noche de color oscuro muy insinuante). Todo estaba yendo bien. Andrés era un sol, igual que Silvio. Y además yo también les estaba viendo semidesnudos, lo que cada vez me gustaba más.

En la segunda tanda me animé con posturas un poco más atrevidas. Estaba un poco borracha y había perdido el miedo inicial, por lo que me atrevía a ponerme a cuatro patas, abría un poco más las piernas, me inclinaba hacia delante para que se me viera el escote…A veces me colocaba como una putita y miraba a la cámara, excitándome al pensar lo caliente que pondría a mi novio y, no podía negarlo, al pensar en lo que estaría sintiendo Andrés. Silvio me dio una rosa que me había enviado mi novio, para que jugara con ella pasando los pétalos por mi cuerpo. Andrés hacía fotos sin parar, y cada cinco o seis fotos Silvio se acercaba a mí para medir la luz. Estaban los dos casi desnudos y yo cambiaba de una postura sugerente a otra. La verdad es que me estaba poniendo cachonda. Cada vez les miraba el paquete con menos disimulo (sobretodo a Silvio), y me daba la sensación de que se estaban dando cuenta.

Cuando estábamos a punto de acabar la segunda tanda de fotos, Andrés me propuso que me quitara la parte de arriba del picardías y me quedara en top-less . Era un paso que en principio no quería dar, pero antes de que le contestase me dijo que me podría tapar los pezones con las manos. Ese tipo de fotos aparecía hasta en las revistas femeninas más lights, así que, quizá afectada por mi excitación y por el vino, no le dije nada y me quité el top de seda. Rápidamente me cogí los pechos con las manos para ocultar mis pezones, aunque les había dado tiempo de sobras de verlo todo, lo que sorprendentemente me gustó imaginar. En las siguientes fotos a veces les daba la espalda y a veces me tapaba las tetas con las manos, aunque otras veces dejaba que se viera un poco una aureola para resultar más excitante. Andrés sonrió al verlo, pero siguió haciendo fotos como si nada. En cualquier caso mi técnica estaba provocando un potente efecto secundario; me encanta que me soben las tetas, y la ligera presión de mis manos sobre mis pezones hizo que empezara  a mojar mis braguitas…

Estaba realmente caliente cuando Andrés sugirió que acabáramos la tanda y me cambiara de conjunto. Me levanté con las piernas temblando y le dije que ok. Aquello estaba empezando a írseme de las manos, así que le propuse que la tercera tanda de fotos fuera la última. “Como tú quieras”, me dijo, sin sonar convencido.

Al entrar en el baño me miré al espejo. Estaba espléndida. Me puse cachonda otra vez sólo al darme cuenta de todo lo que estaba haciendo. Pensé en masturbarme rápidamente antes de volver a salir, pero en ese momento vi en el reflejo del espejo que la puerta del baño se había quedado mal cerrada. Me quedé con la boca abierta al ver como Andrés y Silvio estaban embobados mirando las fotos de la última tanda, sobándose la polla dentro de su slip al verme en la pantalla del portátil de Andrés. La sensación que tuve fue indescriptible. Silvio, al que creía hasta ahora estrictamente homosexual, se bajó un poco el slip y sacó una polla enorme, depilada y completamente empinada. Pensando que desde dentro del baño no podía verle, empezó a pajearse compulsivamente observando mis fotos.

Aquello me puso tan cachonda que, sin dejar de mirarle, empecé a acariciarme el coño. La polla de Silvio estaba brillante, y palpitaba con cada sacudida de su mano. Me aparté las braguitas y me metí un dedo susurrando de placer, temerosa de que se dieran cuenta de que les estaba observando. “¡Qué buena está, joder!”, le oí jadear justo antes de correrme. Una convulsión recorrió todo mi cuerpo mientras me mordía el labio para no gemir. Me apoyé en la pared para no derrumbarme en el suelo, mirando todo el tiempo el pollón de Silvio. Le observé unos segundos más y vi que, como estaba a punto de correrse él también, bajaba el ritmo de su masturbación.

Reponiéndome de mi orgasmo, tuve una idea irresistible. Observándoles por el reflejo del espejo, hice un pequeño ruido fingiendo que cerraba mi estuche de maquillaje. Como esperaba, lo oyeron perfectamente y vi como sus cabezas se giraban hacia el baño. En ese momento aparté mi mirada rápidamente y llevé la vista al frente como si nada. El corazón me latía a mil por hora; Estaba completamente segura de que ahora me estaban observando los dos, recreándose en mi minúsculo tanga y pensando que yo no sabía que podían verme. Evitando la tentación de descubrirme mirando hacia su reflejo, me incliné hacia delante y empecé a bajarme lentamente las bragas. Mientras el tanga, empapado por mi orgasmo, se deslizaba entre mis rodillas, pensé en la imagen que les estaba ofreciendo. Mi coñito totalmente depilado y mi culito virgen apuntaban directamente hacia ellos, mientras que en el espejo podían ver reflejadas mis tetas, que se balanceaban al estar yo arqueada hacia delante.

Cachonda de nuevo, me vestí lentamente con unas braguitas blancas, un conjunto de medias y liguero del mismo color y una minifaldita de colegiala por encima. Decidí seguir sin sujetador. Les dejé claro que iba a salir del baño apagando la luz con tiempo y mirando hacia otro lado al salir. Cuando les observé hicieron como si nada hubiera pasado, como sospechaba. Silvio, que fingía observar el suelo para evitar cruzarse con mi mirada, volvía a tener la polla en los calzoncillos, pero el bulto que se veía debajo delataba su excitación. A Andrés le pasaba igual, pero se limitó a decirme que podíamos seguir. Mientras tanto, yo ya no hacía ningún esfuerzo por cubrirme las tetas. Estaba casi desnuda delante de los dos como si nada, y aunque ellos no hicieron ningún comentario, cada dos por tres sus miradas se dirigían a mis pechos sin que pudieran evitarlo. Me encantaba.

Empecé a posar como una profesional. Me puse a cuatro patas y me levanté la minifalda, mirando traviesa a la cámara. Cuando Silvio se acercaba a medir la luz, podía ver perfectamente la forma de su dura polla debajo de su ropa interior, a escasos centímetros de mí. Me estaba poniendo a cien otra vez. “¿Porqué no simulas que te acaricias un poco por encima de las braguitas?”, me dijo de repente Andrés.

Me quedé cortada. Hasta ahora todo había sido un divertimento muy excitante, pero ahora estaba jugando con fuego y corría riesgo de quemarme. “¿Eso os gusta a los tíos?”, pregunté como una tontita para ganar tiempo. “Nos encanta. Seguro que a tu novio le vuelve loco”. No me lo tuve que pensar mucho. Le dije que fingiría que lo hacía y empecé a tocarme ligeramente. Los ocasionales temblores de mis piernas debían delatar que mi masturbación no era del todo simulada, pero intentaba controlarme lo mejor que podía.

En ese momento la dinámica empezó a cambiar. Andrés dejó de hacerme sugerencias, y empezó a darme órdenes. Me decía que separara las piernas, que me sobara las tetas, que abriera la boca, que me chupara un dedo mirado a la cámara… y que no dejara de tocarme. Yo empecé a obedecerle sin rechistar, mientras Silvio lo miraba todo con el slip a punto de reventar.

“Quítate las bragas” me dijo entonces  en un tono serio, grave, imperativo. Yo me quedé mirándole, pero estaba claro que era una orden, así que me las empecé a quitar. “Así no”, me dijo. “Despacio, sonriendo a la cámara”. Lo hice como me ordenaba. “Ahora date la vuelta y deja caer tus bragas hasta las rodillas. Inclínate enseñándome el culo y acaríciate el ano”. Le obedecí sin rechistar, no fuera que se enfadara. “Bien”, me dijo mientras tomaba fotos sin parar.

De repente apartó la cámara y empezó a quitarse los calzoncillos. Le miré con los ojos como platos, y me dijo que si me desnudaba yo lo mejor era que se desnudaran todos, para que no estuviera incómoda. Tenía la polla totalmente empinada, y unas gotitas de líquido preseminal le resbalaban por el prepucio. Sin embargo, hizo como si todo fuera muy normal y volvió a coger la cámara para seguir tomando fotos.

“Voy a proponerte unas situaciones para que te metas en el papel”, me dijo entonces, mientras yo intentaba disimular mi propia excitación. “Quiero que te imagines que estás en esas situaciones, y así podrás actuar ante la cámara y las fotos saldrán mejor, pero mientras tanto es importante que no dejes de tocarte si no te lo digo, ¿de acuerdo?”. Me limité a asentir con la cabeza. “Estás con tu novio. Le han encantado las fotos. Se arrodilla delante de ti y empieza a comerte el coño”. Mientras me frotaba ligeramente mi sexo húmedo, ahora totalmente expuesto a sus fotos, no pude evitar gemir ligeramente al oírle. Cerré los ojos mientras me masturbaba imaginando la situación.

<<Mi novio me come el coño después de meses sin vernos. Noto como, mientras se masturba con una mano, el dedo meñique de la otra presiona sobre la entrada de mi culito.>>

“Ahora te pide que le comas la polla. Ponte a cuatro patas y cierra los ojos, imaginando que te coge la cabeza y te folla la boca”. Silvio se acercó a medir la luz de nuevo. Él también estaba ya totalmente desnudo, y su enorme pene, completamente duro, quedaba ahora expuesto a escasos centímetros de mí. Yo intentaba no mirarlo, pero no pude evitar notar como se movía arriba y abajo mientras se agachaba a mi lado para hacer las medidas. Cerré los ojos de nuevo imaginando la escena que me había relatado Andrés.

<<La polla de mi novio entra y sale de mi boca, sin que apenas pueda respirar. Noto como gime de placer mientras me tira del pelo, hasta que un potente chorro de semen caliente me inunda la garganta.>>

Cuando abrí los ojos me sorprendí de nuevo. Andrés hacía fotos con una mano, y con la otra se estaba haciendo una paja como si nada. Inmediatamente miré a Silvio, que se acariciaba la polla con las dos manos mientras me miraba tímidamente. En ese momento me desinhibí y me empecé a masturbar profundamente. Ni siquiera me molesté en no gritar cuando me corrí delante de los dos.

Andrés, sin inmutarse,  siguió subiendo de nivel. “Quiero que te imagines que te amenazamos con publicar estas fotos a no ser que nos obedezcas. Quiero que pienses que te ordeno que dejes que te folle Silvio, y que luego te exijo follarte yo. Tú obedeces  como una putita, temerosa de que las fotos se hagan públicas”. Aquél cabrón consiguió ponerme aún más cachonda. Me retorcía de placer como una poseída mientras observaba como sus manos resbalaban sobre sus penes.

<<La enorme polla de Silvio me penetra con dulzura. Se pone encima de mí y me folla lentamente mirándome a los ojos. Cuando se corre en mi coño, se retira y le deja sitio a Andrés. Él me pone a cuatro patas y me folla salvajemente, hasta que se corre abundantemente en mi espalda.>>

“Eso es. Ahora quiero que te imagines que enseño las fotos en tu trabajo a tus jefes. Ellos te llaman a su despacho, y te obligan a que dejes que te follen allí mismo como la guarra que eres. Tú les suplicas que no lo hagan, pero te empiezan a sobar amenazando con despedirte y con enviar las fotos a todo el mundo si no cooperas”.

<<Mis dos jefes, mucho mayores que yo, me desnudan rudamente. Yo finjo que no quiero, pero cuando notan lo empapadas que están mis braguitas se ríen diciéndome que soy una puta. En un momento dado, después de sobarme y obligarme a chuparles las pollas, y mientras grito de placer cabalgando a uno de ellos, el otro se coloca detrás de mí y empieza a meterme un dedo con lubricante en el culo. Poco después al dedo le sigue la totalidad de su polla. Noto mis dos agujeros llenos, y la coordinación con la que  una polla entra cuando la otra sale. Me corro gritando como una loca, y soy feliz.>>

En ese momento tanto Andrés como Silvio se masturbaban a toda velocidad. Silvio volvió a acercarse para medir la luz, y perdida su timidez no dejó de pajearse mientras estaba junto a mí, jadeando y observando descaradamente como mi dedo entraba y salía de mi coño. La visión de su miembro era intoxicante. Cuando se retiró, su polla me rozó un pecho, y me estremecí de placer. “Métete un dedo en el culo”, dijo Andrés. Yo me habría metido un vibrador entero, así que le obedecí complacida. No era más que una actriz porno a su total disposición.

“Eres una puta”, susurró. “A partir de ahora podemos hacer contigo lo que queramos. Podemos decirte que te folles a nuestros amigos. Podemos decirte que entres en el vestuario del equipo de fútbol y se la chupes a todo el que te lo pida. Podemos obligarte a convencer a una amiga para que deje que le comas el coño, y para que me la chupéis a la vez y compartáis mi corrida. Podríamos decirte todo eso y obedecerías, porque no te queda otro remedio y, sobretodo, porque en el fondo te gusta ser una guarra”, me dijo mientras me metía los dedos a la vez en el coño y en el culito, gimiendo sin ningún recato delante de los dos.

<<Me obligan a follarme a montones de chicos. De uno en uno, de dos en dos, de tres en tres. A veces me meten dos pollas a la vez en la boca. A veces ni siquiera me cabe una, de tan grandes que son. Me obligan a dejar que se corran en mi cara y a tragarme su semen. Me dan por el culo cuando les viene en gana. Hacen que me folle un negro tras otro, mientras obligan a mirar a mi novio, que no puede evitar empalmarse. Me obligan a follar con sus amigas, a dejar que me coman el coño y a lamerles el suyo, y a pasarnos sus pollas de una a otra.>>

Me corrí por enésima vez imaginando una vida de lujuria interminable. A cuatro patas grité, gemí y me retorcí. Cuando, agotada, abrí los ojos, tanto Silvio como Andrés estaban en frente de mí, masturbándose aún, aunque ahora muy lentamente. Sus pollas casi rozaban mi cara. Andrés seguía con la cámara en la mano, fotografiando la escena. “¿Aquí ha acabado todo?”, me pregunté. “La verdad es que ha sido increíblemente excitante, pero aún no he cometido ningún error irreparable. Al fin y al cabo, ni siquiera nos hemos tocado. Podríamos separarnos ahora mismo habiendo compartido una experiencia especial, pero sin haber ido demasiado lejos. Seguramente sería lo mejor”, pensaba mientras sus pollas se balanceaban lentamente delante de mis ojos.

Andrés apartó la cámara de su cara, me miró a los ojos y, con infinita paciencia y el tono condescendiente con el que se habla a las niñas pequeñas, me dijo “¿A qué esperas para empezar a chupárnosla?”.

Sonreí pensando que ya era hora, mientras cerraba los ojos y abría la boquita…

Me (nos) encantaría que nos escribierais para comentarnos si os gusta o no el relato. Es nuestra primera vez, pero no os cortéis con las críticas porque nos ha encantado escribirlo y nos gustaría mejorar y escribir muchos más. Además, si alguna chica o algún chico cree que puede estar dispuesta/o a ayudarnos a cumplir la fantasía del relato, mandadnos un e-mail, por favor (si es con foto mejor).

Gracias a todos. Espero que no os haya parecido demasiado largo.

Autora: Laura

relatosdelaura@gmail.com

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La prueba de fe

Alicia era invadida por un inmenso misil que desplegaba sus labios vaginales, los cuales cobijaban al ilustre invasor, la resistencia fue débil, el misil llegó hasta lo más profundo que podía llegar, sus pelvis chocaron entre sí, y como si de goma se tratara se inició una especie de rebote que no era más que el delicioso mete y saca, que poco a poco se fue acoplando rítmicamente.

Andrés se encontraba acostado en su cama con una erección que amenazaba con romper el bóxer, recordaba los acontecimientos de la fiesta de la noche anterior, Susana una espectacular mujer deseada por todos los empleados presentes, anduvo coqueteando con él durante toda la noche, al final después de tantos deseos reprimidos cuando estaba a punto de llevársela para un hotel, llegó el marido a buscarla, dejándolo solo con una erección y las ganas.

Andaba perdido en sus pensamientos cuando escuchó el timbre, maldijo por la interrupción y pensó que deberían ser los Testigos de Jehová que como cada domingo muy temprano tocaban a la puerta, se levantó mal humorado con intención de reclamarles, pero al abrir la puerta se encontró con una hermosa joven veinteañera.

Gratamente sorprendido al observar a tan encantadora joven, de pelo castaño claro, semi ondulado, recogido con una cola, unos hermosísimos ojos verdes, nariz respingona y rostro angelical, una blusa de botones hasta el cuello que marcaban unos hermosos y firmes senos, una falda larga hasta los tobillos, ancha, que no podían disimular que debajo había un esplendoroso culo y unas esbeltas piernas, la chica se sonrojo al ver a un hombre sin camisa y en bóxer, quiso retirarse, pero Andrés le indicó que pasara que inmediatamente se cubriría.

Alicia, como se llamaba la religiosa, dudando entró y se sentó en el sofá, como advertencia le indicó que las otras hermanas y hermanos se encontraban en los distintos apartamentos llevando el mensaje de Jehová, Andrés sonrió e inmediatamente fue a su cuarto con intenciones de cambiarse, pero pensó que esta era la oportunidad de que lo dejaran tranquilo los domingos, así que sólo optó por ponerse una franela, se manoseó la polla con intensiones de despertarla y se dirigió a la sala donde se encontraba la chica.

Al pasar frente a la chica con toda intención y con la excusa de ofrecerle un jugo, se paró frente a la chica que como estaba sentada, su rostro quedó frente al paquete de Andrés, por tal motivo no pudo evitar notar el bulto que se marcaba en el bóxer, lo que causó nuevamente el sonrojo de la muchacha y por timidez rechazó el ofrecimiento del jugo.

Andrés se sentó a su lado y la invitó a iniciar la charla, Alicia sin pérdida de tiempo y queriendo apurar las cosas comenzó su perorata religiosa, de repente Andrés la interrumpió, preguntándole que tan alto era su grado de fe, ella sin dudarlo le contestó que muy alto, él en tono desafiante le dijo que no lo creía así, Alicia molesta le replicó que como se atrevía a dudar de sus creencias religiosas, Andrés muy calmadamente le aseguró que podía demostrarle en ese mismo momento que no tenía tal convicción, Alicia curiosa por la afirmación hecha por Andrés, le pidió que se lo demostrara.

Andrés mirándole directamente a los ojos, le dijo para hacer una especie de experimento, ella dejaría en las manos de Jehová lo que ocurriría, si ella pasaba la prueba él la recibiría todos los domingos para orar y escuchar el mensaje de Jehová, Alicia mirándolo con rostro de curiosidad, preguntó en qué consistiría dicha prueba, inmediatamente Andrés pasó a explicárselo.

Ella tendría que desnudarse y dejar que Andrés le acariciara y besara cualquier parte de su cuerpo, si ella aceptaba y su convicción era real, Jehová no permitiría que cayera en tentación, por el contrario si ella no aceptaba realizar la prueba, eso demostraría lo que él había afirmado con anterioridad. Alicia se quedó pensativa y le pidió hasta el próximo domingo para reflexionar y pedir consejo a su señor Jehová, se levantó del sofá y se despidió, Andrés no pudo evitar apreciar el respingado culito de la chica que al darle la espalda para dirigirse a la puerta le mostró.

La semana transcurrió sin mucha acción para Andrés, quien ni siquiera se acordaba de la prueba que le había propuesto a la religiosa, caso contrario al de Alicia, que durante toda la semana no podía sacarse de la cabeza la bendita prueba que ponía en duda su fe religiosa, oraba, pedía consejos, por supuesto, sin mencionar nada relacionado con la prueba, así transcurrieron los días, hasta llegar el tan esperado día domingo.

Alicia llena de convicción y segura de sí misma, decidió aceptar el reto, y se puso en manos de Jehová, con decisión  tocó el timbre, al poco rato un adormecido Andrés abrió la puerta, con extrañeza miró a la chica que estaba parada frente a él, preguntándole si había decidido hacer la prueba, Alicia con firmeza respondió que ella estaba muy segura de sus creencias y precisamente venía a comprobarle lo equivocado que estaba, Andrés que ya se había sorprendido con la presencia de la chica, quedó aún más con la respuesta.

Inmediatamente la invitó a entrar, indicándole que pasara a la habitación para iniciar la prueba, una vez adentro le indicó que mientras él se duchaba, ella podría desvestirse, Andrés dentro del baño, no dejaba de pensar en la sorpresa de la decisión de la chica, y muestra de ello era la erección que comenzaba a sentir, por su parte, una decidida Alicia comenzaba a desvestirse, se quitó la blusa, las sandalias y la larga falda, quedando en sostén y pantaletas, dudaba si seguir o esperar, al final decidió despojarse de las prendas, quedando totalmente desnuda, se acostó en la cama a esperar y a orar.

Al rato escuchó que se abría la puerta del baño e inconscientemente volteó, sus ojos como imanes se dirigieron a la inmensa polla erecta de Andrés, Alicia no podía determinar si era grande, normal o pequeña, ya que era la primera que tenía a la vista, pero si era de grandes dimensiones, por lo que se apresuró a sugerir ciertas condiciones antes de dar inicio a la prueba. Por su parte Andrés al ver a la hermosa chica acostada en su cama completamente desnuda, no hizo sino corroborar lo que ya presumía, desde la primera vez, que Alicia era poseedora de un espectacular y hermoso cuerpo.

Andrés asintió e inmediatamente Alicia comenzó a indicar las condiciones, señalando el pene de Andrés, dijo nada de tocar con ese bichote, nada de besos en la boca, ni de penetrar con los dedos, ya que era virgen, acordadas las condiciones Andrés sólo pidió una cosa, que Alicia le permitiera recortar el vello del pubis, debido a que lo tenía demasiado poblado y no podía contemplar bien la ubicación de la rajita y podía equivocarse, la chica sonrojada aceptó, pero con la condición de no depilar completamente.

Andrés ya con los utensilios se plantó frente a la chica quien se encontraba acostada con los ojos cerrados, la observó en toda su plenitud, un cuerpo lozano, blanco, unas tetas redondas, firmes no muy grandes, pero acordes con su cuerpo, pezones duros con unas aureolas grandes y rosadas, barriguita plana y un coñito escondido bajo una pelambre que pronto desaparecería, con delicadeza separó las piernas de la chica y le pidió que las recogiera, quedando su coño en todo su esplendor, sin prisa, pero sin pausa inició el corte de pelo vaginal, untó suavemente con los dedos gel de afeitar, con la maquinita afeitó los lados de la vagina, el área de los labios, el orificio anal estaba libre de vellos, con las tijeritas recortó el pelo, dejando un pequeño triangulito.

Andrés observó que de la rajita fluía líquido vaginal, indicio de que la fe comenzaba a resquebrajarse, estuvo tentado a pasar la punta de la lengua y saborear el dulce néctar que emanaba, pero se controló, ya que como zorro viejo que era, sabía que la chica cedería más temprano que tarde, pero quería llevar las cosas pausadamente, se colocó al lado de la chica para besarle el cuello y con una mano le acariciaba las tetas y le rozaba los pezones.

Alicia a quien jamás alguien le había siquiera visto el coño, después de niña, mucho menos tocado, sintió un hormigueo por toda la zona de la pelvis en el momento que sintió, bien sea la máquina de afeitar o los laboriosos dedos de Andrés, cuando le rozaban la piel para tomar los pelos para recortarlos, nunca antes había sentido una sensación tan deliciosa como esta, imaginaba, que abajo en su vagina, había una especie de olla con agua en ebullición, luego sentir el roce de los dedos de Andrés sobre sus pezones y el roce de sus labios sobre su cuello, le hizo imaginar no una olla, sino un volcán a punto de estallar.

De repente, Andrés interrumpió sus caricias y preguntó a Alicia si continuaban con la prueba, la chica con voz entrecortada y con la respiración acelerada, contestó,  que si su señor Jehová le había puesto esta prueba, ella no era nadie para interponerse ante sus designios y además ella tenía que demostrar su inquebrantable fe e indicó a Andrés que continuara, con una sonrisa Andrés procedió besando y chupando las tetitas redonditas y firmes de  Alicia, fue besando la barriguita, jugueteó un rato con la lengua dentro del ombligo de la chica y continuó río abajo hasta llegar al jugoso y apetitoso coñito de Alicia, con su lengua hurgó cada rincón, con la punta de su lengua probó el flujo que emanaba por los labios vaginales, se deleitó, jugueteó con su lengua con el clítoris, podía sentir los movimientos de cadera de la chica, quien hacía un esfuerzo por controlarlos, pero al parecer la cintura se había revelado.

Alicia después de indicar a Andrés que continuara con la prueba, tuvo una diversidad de sensaciones deliciosas, cuando sintió los labios de Andrés besar sus senos, al sentir la lengua sobre sus pezones, jugueteando con su ombligo, pero la sensación que hizo estallar el volcán fue cuando sintió la lengua de Andrés recorrer la rajita de su mojado coño, hizo que su cintura se desbocara y por más que trató de controlarla, no pudo, y un estallido placentero hizo que brotara toda la lava  desde las entrañas de su vulva convertida en un caliente y explosivo volcán. Andrés sin perder tiempo colocó la punta de su grueso pene en la entrada de la vulva de Alicia quien apenas se recuperaba del estruendoso orgasmo, y al sentir el macizo a las puertas de su coñito, le pidió a Andrés que no se lo metiera que ella no quería dejar de ser virgen, Andrés le contestó que no se preocupara que con esta follada quedaría beatificada.

Alicia fue sintiendo como era invadida por un inmenso misil, que desplegaba sus labios vaginales, los cuales cobijaban al ilustre invasor, quizás por lo lubricada que estaba su vagina, la resistencia fue débil, el misil llegó hasta lo más profundo que podía llegar, sus pelvis chocaron entre sí, y como si de goma se tratara se inició una especie de rebote que no era más que el delicioso mete y saca, que poco a poco se fue acoplando rítmicamente, durante varios minutos estuvieron con ese baile frenético, hasta que Alicia tuvo otro estruendoso orgasmo, esta vez acompañada de un grito de ¡Oh Jehová! Andrés haciendo gala de su experiencia, sacó su gran instrumento y apuntó hacia el cuerpo de Alicia y borbotones de semen bañaron el cuerpo de la hermosa chica.

Acostados uno al lado del otro recuperándose de tan ajetreada prueba, Andrés le repostó a la chica, el no haber superado la prueba, a lo que esta le contestó que al contrario, esta prueba le había servido para demostrarle a su señor Jehová, hasta donde era capaz de sacrificarse para demostrar su fe hacia él.

Durante el resto del domingo Andrés y Alicia continuaron tratando de demostrar quien tenía la razón, para ello utilizaron varios argumentos, como el 69, el abajo y ella arriba, el perrito y para el próximo domingo dejaron para ver si Alicia era capaz de entregar su culito en nombre de Jehová.

Autor: Barmelia

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Camisa nueva

Sentí sus huevos golpeando entre mis piernas, su aliento caliente soplando sobre mi nuca. Comencé a masturbarme mientras me esforzaba por no perder ni una sola de aquellas nuevas sensaciones. Él empujaba su verga dentro de mí como si fuera la única cosa en el mundo, y abordamos ese tren del cual es imposible bajarse. La cresta del orgasmo nos fue llevando al borde mismo del placer.

El joven estaba recargado. Parecía no mirar a nadie ni enterarse de lo que sucedía en la atestada calle llena de transeúntes. Fumaba tranquilamente, con lentas chupadas y exhalando el humo con un placer que me hizo desear volver a tener un cigarrillo entre mis dedos.

Lo miré apenas un par de segundos, pero algo en su porte, en sus ajustados pantalones vaqueros, raídos en las rodillas me hizo girarme para darle un segundo vistazo. Creí que lo había hecho discretamente, pero sus ojos color de miel capturaron mi mirada. Se había dado cuenta de que lo miraba a él, y no el aparador de ropa que tenía delante. En vez de mirar hacia otro lado, me quedé absorto en sus mejillas hundidas y sin afeitar, en sus labios rojos, tan exquisitamente delineados como los de una mujer y en las largas pestañas por las que el humo azul parecía entretenerse.

Tal vez me excedí en mi análisis, porque el joven exhaló una nueva bocanada de humo mientras la mano que descansaba en el bolsillo de sus vaqueros hizo un imperceptible movimiento hacia su entrepierna. A lo mejor nadie más se había percatado de ese movimiento, pero yo sí. Sus dedos largos y huesudos rozaron el bulto de la entrepierna. No pude evitar mirarlo, y una sonrisa sensual y despectiva al mismo tiempo afloró en su boca al darse cuenta de que lo estaba mirando.

Los colores subieron a mi rostro. ¿Qué me estaba pasando?. Jamás había hecho algo semejante. Apreté el maletín de cuero con los papeles de mi oficina mientras entraba en la tienda de ropa, como única opción para escapar de la vergüenza de haber sido descubierto mirando el paquete de otro hombre. Dentro, una joven rubia se acerco a preguntarme si podía ayudarme. Le señalé unas camisas horribles de colores chillones que seguramente no combinarían con el severo traje gris que llevaba en ese momento. Ella no hizo ningún comentario y entro al almacén a buscarlas. Miré hacia la calle a través del aparador. El joven seguía recargado en el portal. Por si todavía me quedaba alguna duda, la sonrisa sensual y perversa aún estaba en su cara, y la mano sobaba la ahora más notoria protuberancia de su entrepierna, esta vez completamente seguro de que lo estaba mirando.

Me volteé al instante, justo cuando la vendedora regresaba con un surtido variado de camisas que bien podrían formar parte de un arco iris. Tome una al azar, tratando de discernir porque un hombre de 35 años, felizmente casado y con una vida familiar plena y feliz podía sentirse turbado ante aquel muchacho callejero.

La dependienta dio muestras de comenzar a sentirse molesta ante mi total estupidez para elegir una camisa. Yo ni siquiera miraba las prendas. Trataba de serenarme y juntar valor para mirar si el joven ya se había marchado. Una voz a mis espaldas me saco de mis infructuosos intentos.

– No creo que eso combine con tu guardarropa – dijo una voz ronca. Una voz de fumador, sin duda.

Me di la vuelta sabiendo a quien pertenecía aquella voz. Había dejado el cigarrillo afuera, pero el aroma del tabaco parecía envolverlo como un perfume. Sin pensarlo aspiré el aire como si pudiera aspirarlo a él al mismo tiempo.

– Su amigo tiene razón, -señaló la señorita – porque no me deja mostrarle algo más, ¿conservador?

Seguramente tomó mi estúpido silencio como una respuesta, pues dio media vuelta y desapareció nuevamente. Me quedé a solas con mi nuevo amigo. No supe que decirle. Sus ojos miel y su media sonrisa aun tenían el poder de adormecer mi inteligencia. El se dio media vuelta, mirando los artículos. Mis ojos le siguieron como un perro hambriento. Los desgastados jeans se ajustaban a su cuerpo delgado como una piel azul y desteñida. Llevaba una playera que había tenido sus buenos tiempos, pero que ahora solo dejaba transparentar las paletas de su espalda, por la que irremediablemente mi vista resbaló hasta su trasero. Debo reconocer que sin el poder de su mirada analizándome pude disfrutar de la vista de su cuerpo estilizado y fuerte al mismo tiempo. Se giró de repente, y de nuevo me sentí descubierto como un niño pequeño que hace una travesura. Otra vez, no pude abrir la boca, y su sonrisa, algo burlona, me llenó de vergüenza.

La mujer salió de atrás con media docena de camisas. Esta vez de colores muy tenues o blancas, y antes de que pudiera entregármelas, el muchacho las tomó.

– Necesitamos probarlas para ver como combinan – le informó, y ella nos señaló los vestidores.

El joven me indicó el camino y yo le seguí mansamente. El probador era amplio, y entré esperando que el joven me entregara las camisas. En vez de eso entró conmigo y cerró la puerta. El sonido del pestillo al correrse me hizo temblar. No entendía como podía sentirme así por la presencia de aquel joven. El, por el contrario estaba de lo más tranquilo, en completo control de la situación.

Tomó mi saco y me lo quitó. Aflojó mi corbata, mientras yo aspiraba su aroma al tenerlo tan cerca de mí. Me desabotonó la camisa con sus manos largas y finas. Vi que tenía los antebrazos cubiertos por un fino vello oscuro. Sacó los faldones de mi camisa jalándolos para liberarlos de mis pantalones, y abrió mi camisa. Pensé que me la quitaría, pero en vez de eso se inclinó y besó mis tetillas. Me sorprendió. No había siquiera imaginado lo que sucedería allí dentro cuando lo seguí, pero sentir sus labios en mi pecho me hizo sentir una oleada salvaje de calor que me recorrió todo el cuerpo y borró cualquier sentido de coherencia que aun me quedara.

Lamió mis pezones suavemente, y de pronto los mordió. Casi grito. Primero de dolor y luego de sorpresa. El me sonrió con esos labios sensuales, llenos como los de una mujer, pero masculinos por estar rodeados de duro vello sin afeitar. Me empujó contra la pared del vestidor y me acarició los pechos como si fueran los de una mujer, masajeando la carne como si pudiera exprimirlos y una mirada de deseo febril opacó sus ojos. Sus labios se acercaron a los míos y me metió la lengua en la boca de forma imperiosa y salvaje. Mi primer beso con otro hombre, pensé, al tiempo que él me quitaba la camisa y la arrojaba al piso.

Sus manos descendieron hasta mi trasero, y aun sobre la tela de los pantalones sentí la demanda de su caricia.

– Quítatelos – me dijo en un susurro.

Por supuesto que no me moví. Llevaba ya media hora bajo su hechizo y las cosas no estaban precisamente bajo mi control. El lo hizo por mí. Desabrochó mi cinturón y yo solo miré sus manos. Desabrochó mi pantalón y yo solo miré su rostro sin afeitar. Bajó el zíper y yo solo miré su boca, entreabierta y húmeda. Me bajó los pantalones hasta los tobillos, y yo solo sentí ahogarme en aquel pequeño cubículo demasiado pequeño ahora para contenernos a los dos.

Fui consciente de que mi ropa interior no ocultaba mi grado de excitación. Mis conservadores bóxers blancos mostraban una enorme protuberancia, y el joven se inclinó para deshacerse de ellos. Mi pene saltó como un resorte, gordo y tieso, con la punta roja e hinchada como en las mejores épocas de mi adolescencia. El joven tomó mi verga con una mano, mientras con la otra me mantenía pegado a la pared. De cuclillas, aproximó su rostro a mi verga. Restregó sus mejillas ásperas y rasposas contra la sensible piel del glande. La caricia pareció recorrer un camino incendiado hasta mi cerebro. Ahogué un quejido, consciente de que afuera estaba la vendedora, y me mordí los labios cuando la mano descendió hasta mis testículos y los apretó con fuerza. Mi pene pareció crecer aun más con el ataque de aquella caricia. Una gota transparente asomó por la punta y la lengua del joven asomó para lamerla. El aleteo de su lengua, apenas percibido, fue suficiente para hacerme temblar de excitación. Su boca se abrió como una cueva y me engulló por completo.

Ya antes me habían mamado la verga, pero fue como si fuera la primera vez. Tomé su cabeza con mis manos y lo empujé hacia mi entrepierna, enterrando sus ojos entre los rizos rubios de mi pubis. El mantuvo el control y mi verga salió, mojada con su saliva. Me chupó un par de minutos más y se apartó.

– Tu turno – me informó, poniéndose de pie y desabotonando sus jeans.

Me quedé tieso como una piedra. En mi inexperiencia jamás había llegado a pensar que las cosas llegarían hasta aquel punto. No me dio tiempo de pensarlo. Me obligó a inclinarme y terminó de abrir su bragueta. En apenas unos segundos el glande color melocotón estuvo frente a mi boca. El pene, a diferencia del mío, era delgado y largo. El bulbo de su cabeza goteaba también, y el característico olor del semen inundó mis fosas nasales. El vello púbico era oscuro, como el de sus brazos, y ascendía hasta su ombligo, afinándose en el camino. No quiso esperar más y guió su verga hasta mi boca. Lo acogí con una extraña mezcla de asco y placer. Aquella cosa parecía estar viva. Latía entre mis labios y entraba y salía al ritmo de su deseo. Mi boca se hizo agua y el sonido de chapoteo me pareció que podía llenar toda la tienda. Me aparté, apenas consciente del deseo que ahora nos embargaba a ambos.

Traté de incorporarme, pero él me mantuvo donde estaba. Empujó mi cabeza hasta hacer que mi frente tocara el piso. Con los pantalones arrollados en mis tobillos poco pude hacer para impedirlo. Su mano acarició mi espalda, mis riñones y llegó hasta mis nalgas separadas. En aquella posición, mi culo estaba expuesto y abierto. Sus dedos llegaron hasta aquel lugar privado y lo asaltaron sin aviso. Un rayo de sensaciones recorrió mi espina dorsal, cuando la sensible zona anal se vio de repente acariciada por sus dedos.

Nuevamente, hubo poco tiempo para analizarlo. Se posicionó detrás de mí y enfiló su verga, delgada y tiesa, al agujero de mi culo. Supe que me penetraría y una parte de mí pensó en revelarse ante lo que se avecinaba, pero otra parte, mucho más aventurera, quería probar cómo era aquello, y dejé que las cosas siguieran su curso. Con un poco de saliva, mojó mi ano, y poco después lo sentí posicionarse. La cabeza de su verga presionó el esfínter y a pesar de ser mi primera vez, pude sentirlo entrar sin dificultad. Fue mucho más sencillo de lo que esperé. Tal vez se debió a mi calentura, o a que él sabía hacerlo muy bien, pero el caso es que casi no me dolió, apenas una ligera incomodidad en un principio, y luego, la magia de saberlo y sentirlo dentro de mí, me hizo sentir que era capaz de muchas otras cosas.

Sentí en mis nalgas la caricia de su vientre velludo, sus huevos golpeando entre mis piernas, y su aliento caliente soplando sobre mi espalda. Comencé a masturbarme mientras me esforzaba por no perder ni una sola de aquellas nuevas sensaciones. Él empujaba su verga dentro de mí como si fuera la única cosa importante en el mundo, y pronto abordamos ese tren del cual es imposible bajarse. La cresta del orgasmo nos fue llevando al borde mismo del placer, y ni caso hicimos de la vendedora, que desde fuera preguntaba si todo estaba bien…Y todo estaba muy bien.

Sentí como se venía dentro de mí. Los espasmos de su pene arrojando su semen en mi interior. Los espasmos del mío llenando de semen mi camisa arrugada y tirada en el piso. Caímos desmadejados y exhaustos. Y aun con su pito en el culo, pude por fin presentarme.

– Hola, me llamo Andrés – le dije mirándolo a través del espejo del vestidor. – Yo soy Mark, o al menos así me conocen mis amigos – dijo, mientras su pene se removía en mi interior.

El pene de Mark salió de mi culo, y yo me apresuré a salir de aquel vestidor.

– ¿Encontró algo de su agrado? – preguntó la señorita al vernos salir, y como azorado y sudoroso no le respondí, agregó- si, ya veo que si – dijo al ver que llevaba puesta una de las camisas de la tienda, pues la mía estaba por el momento inservible.

Pagué la camisa y salí rápido de la tienda, al tiempo que le daba un apretón de manos a Mark, tratando de grabar en mi memoria su enigmática sonrisa. Eché a andar y no pude evitar mirar atrás. Había prendido un cigarrillo, y me hizo una señal de despedida con la mano al tiempo que se acariciaba el paquete con la otra. Le sonreí, contestándole el saludo.

Tres semanas después mi esposa me encontró rebuscando en mi guardarropa.

– Qué tanto buscas, ¿amor? – preguntó en ese tono que solo una esposa sabe desarrollar, al tiempo que continuaba atenta con su maquillaje, preparándose para irse a trabajar. – Nada – contesté estudiadamente distraído- estoy revisando mi ropa. – ¿Buscas algo en especial? – preguntó aun sin voltear a verme. – No. Creo que me hace falta renovar algunas camisas.

Ella delineaba sus labios delicadamente con un labial rojo, mientras yo estaba ya pensando en dónde iría a comprar mi nueva camisa.

Si te gustó, házmelo saber.

Autor: Altair7

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Historia

Sentía como mi ano le apretaba la cabecita, apreciaba un palo caliente, el dolor era intenso, pero saber que ese hombre me penetraba hacía desaparecer el dolor un poco y con algunos gemidos de placer acompañaba su tradicional mete saca. Al principio se me salía de culo, pero después él se acomodaba mejor y me hacía gritar con sus embestidas, yo no podía parar de repetir su nombre.

Mi nombre es Andrés, ahora estoy en mi segundo año de universidad y, he decidido contar mis experiencias con los chicos, he de aclarar que hasta el día de hoy me he considerado bisexual, tengo alguna novia de vez en cuando, Pero no dejo pasar la oportunidad de gozarme una buena verga o el culito de algún chico que necesite calor. Como es lógico he de comenzar con mi primera vez, esa ocasión en la que descubrí que entre chicos tenemos formas divertidas de pasárnosla bien.

Fue hace un tiempo, tenía un mejor amigo llamado  Ronald, de mi misma edad, en ese entonces, resulta que a razón de nuestra amistad, nuestros padres también se hicieron  inseparables, así que en unas vacaciones de verano los padres de Ronald, invitaron a los míos a su cabaña en las afueras de la ciudad, la verdad mi madre había oído de un hotel de montaña para enamorados en la provincia y se  lo propuso a mi padre, y cuando ellos se lo comentaron a los Suárez (padres de Ronald), se armó todo el viaje.

Soy de test blanca, cabello levemente rizado, color castaño, de estatura promedio, y por la familia de mi madre heredé una nariz y sonrisa muy coqueta digamos. A Ronald nunca lo vi con morbo o deseo, porque la verdad no había entendido lo que sentía acerca de los hombres, pues me gustaban las chicas e incluso fui muy precoz con el primer beso, o tocarle los pechos a las niñas que gustosas se dejaban, pero veía mi atracción con los chicos como un juego que se quedada en mis fantasías y la Internet. Lo interesante comenzó con nuestra llagada a la cabaña de la familia Suárez, pues Ronald nunca me había comentado de un hermano mayor.

Resulta que Miguel, 4 años mayor que yo, vivía en la cabaña, pues iba a la academia militar de la zona, y se encontraba de vacaciones al igual que nosotros, él era alto, más alto que Ronald y yo, un poco bronceado por los entrenamientos de la academia y con un cuerpo fornido, con tímidos músculos que se le marcaban de vez en cuando. De cara ovalada con labios rosaditos y abultados y unos ojos grises muy profundos y cejas varoniles, con el típico corte de cabello militar.

Era un viernes por la tarde, y nuestros padres se fueron al Hotel de montaña, y nos quedamos solamente los empleados de la cabaña, Ronald, Miguel y yo. No regresarían hasta el lunes próximo, así que sabíamos que nos divertiríamos. Para empezar dormimos los tres en una sola habitación en colchonetas sobre el piso, nos quedamos esa noche, viendo pornografía en la tv por cable, que se vuelve una interesante experiencia grupal, yo sólo apreciaba la linda erección de Miguel, pero trataba de distraerme disfrutando de la película, para no ser tan obvio. Despertamos al siguiente día con el televisor encendido. Luego del desayuno fuimos al corral a ver a los caballos, y Miguel nos invitó a ir a bañarnos a un río cercano, durante el trayecto hablábamos de bañarnos desnudos, pensábamos que era algo loco que podíamos grabar y luego subir a la Red, pero Miguel nos advirtió que el agua era muy fría y que seguramente nos enfermaríamos si nos bañábamos sin nada de ropa.

Al llegar al rio también nos dijo que no estuviéramos mucho tiempo en el agua pues eso seguramente nos afectaría también, nos lazamos al agua, yo traía unos bóxers cuadriculados en color celeste y blanco, Ronald llevaba unos negros ajustados de Calvin Klein, y Miguel traía unos calzoncillos verde olivo con un estampado como número de serie en el borde, ajustados y cortos, que hacían lucir deliciosa su verga acomodada al lado derecho. Después de algunos saltos mortales desde una roca hasta el rio y algunos roces intencionales con Miguel.

Salí del agua para descansar y quitarme el tremendo frío con la luz solar sobre una roca, Miguel hizo lo mismo y se sentó junto a mí, y charlamos de todo un poco, le pregunté por el estampado de su bóxer –tocando con mi dedo el borde de su bóxer, para indicarle – él sólo sonrió, y me explicó – toda mi ropa de la academia lleva este código, pues si se extravía en la lavandería o en las habitaciones, la podré reconocer entre tantas piezas iguales.

Me interesé por sus experiencias en la academia y, él me animaba a ingresar el próximo año, me comentó que me encantarían sus compañeros de habitación, pues eran muy “divertidos” –cosa que me pareció sugerente, más no hice caso. Mientras hablábamos de tantas cosas yo no paraba de ver su verga o sus piernas, y él sólo sonreía, simulando no enterarse. Y el tonto de Ronald estuvo tanto en el agua fría, que agarró una buena gripa.

Al regresar a la cabaña, Ronald tenía alta temperatura y malestar, así que Miguel, llamó a sus padres, quienes le dijeron que regresarían el domingo temprano, pero que al momento llamara al doctor, y así lo hizo. El médico dijo que lo dejáramos solo a él en esa habitación para evitar contagiarnos, le dejó los medicamentos a Sofía la empleada de la familia.

Nos mudamos al cuarto que normalmente le correspondía a Miguel, quien me dijo que podíamos poner las colchonetas en el suelo nuevamente, le dije que no; que era demasiado trabajo mover los muebles. Así acordamos dormir en la misma cama. Miguel me expresó, mientras se desnudaba – deberíamos ducharnos con agua caliente para evitar resfriarnos también – yo anonadado por verlo quitarse toda la ropa frente a mí, sólo pude decir – Está bien, dúchate tú, mientras bajo a cenar – El sólo me vio con unos ojos seductores y a la vez intimidantes – Aprovechemos el agua caliente para los dos y, cenamos juntos luego – me dijo. Y o sonreía y le dije que si, entonces él se puso la toalla al hombro y caminó al baño de la habitación.

Yo estaba saboreando sus nalguitas que se meneaban al compás de sus pasos, así que inmediatamente cerré la puerta de la habitación, me desnudé, tomé una de las toallas que había sobre la cama y me dirigí al baño, Miguel me preguntó – ¿Cerraste la puerta de la habitación? –le respondí que si, y entré a la ducha con él, me miraba de pies a cabeza con ojos de pasión, yo, un poco más tímido hacía lo mismo, viendo frente a mí su verga, que se notaba había depilado hace uno días, estaba dura y rica, él me expresó – ¿Te gusta mi verga? –Si, ya no me aguantaba más por vértela –Sabes que en la academia usamos en jabón líquido para enjabonarnos unos a otros.

Mientras abría la llave de la ducha caliente, tomó el jabón líquido y me pidió – Date la vuelta – yo obediente lo hice, comenzó a ponerme jabón en la espalda y con sus manos a esparcirlo, luego bajó a mis nalgas, yo estaba apoyado en la esquina del baño, él se deleitaba tocándome las nalgas, luego pasaba su manos por mi raja, tocándome el culito que se contraía cada vez que él me masajeaba con sus dedos, yo acompañaba su tarea con pequeños gemiditos de placer, a lo que  él me alentaba diciendo – ¿Te gusta que te sobe el culo? ¿Eeeh? Dime – Le respondía que si, con suspiros de placer.

Después me tomó de la cintura y acomodó su verga entre mis nalgas, aún sin penetrarme, sólo se frotaba contra mi cuerpo, y mientras se saciaba de lo caliente de mi raja, con sus manos recorría mi cuerpo, me agarró la verga y comenzó a sobarla, ya estaba dura así que no costó mucho hacerme explotar, con mi semen en sus manos y regado en el piso de la ducha, empezó a besarme el cuello, y nos dábamos apasionados besos, mordía mis orejitas. El me dijo que quería penetrarme ya, a lo que yo respondí – sólo hazlo con cuidado porque soy virgen – En ese momento dijo – me imaginaba, pero no te lo haré aquí, sino que debemos ir a la cama –

Me soltó suavemente y me siguió hasta salir del baño y preguntó –¿ Cómo lo quieres?- le dije que lo tradicional, por ser mi primera vez siempre me lo había imaginado así, entonces él me pidió que me recostara, boca abajo, yo le obedecí, se subió sobre mí, de rodillas en la cama sobre mi culo, me dijo que le chupara un poco el pene para lubricarlo de nuevo, así que me lo puso en la boca, lo chupé, rodeándolo con mi lengua, le quedó envuelto en mi saliva, volvió a su posición inicial y me dijo que respirara profundo, y me lo metió suavemente, sentía como mi ano le apretaba la cabecita, apreciaba un palo caliente, sus testículos se posaban sobre mí y me daban una comezón rica, el dolor era intenso, pero saber que ese espectacular hombre me penetraba hacía desaparecer el dolor un poco y con algunos gemidos de placer acompañaba su tradicional mete saca.

Al principio se me salía de culo, pero después él se acomodaba mejor y me hacía gritar con sus embestidas, yo no podía parar de repetir su nombre, el sudor se hizo presente y nuestros cuerpos brillaban a la luz de la lámpara de la habitación. Cuando ya me relajé, levanté mis caderas para que él pudiera culearme mejor, Miguel lo agradeció aumentado la velocidad de su culeadas, yo, sólo suspiraba y jadeaba a su ritmo, ya para el final se levantó con sus brazos arqueando su espalda, yo elevé mi culo para ofrecerle mejor panorama, me embistió con fuerza, hasta que lanzó una expresión de alivio, y pude sentir su caliente semen inundándome lo profundo del culo, él cayó rendido sobre mí, y  yo sólo sentía mi culo, que acababa de ser invadido por su primer hombre.

Quedé enviciado de esa verga, y su lechita empezaba a salir por mi culito, su verga ya reducida de tamaño, estaba reposando sobre mi culo, y Miguel tenía su pierna derecha sobre mí y con su brazo me acariciaba la espalda. Quizá fue corto, pero fue lo mejor de mi vida, y tuve la suerte de hacerlo con alguien con experiencia y mayor que yo, se imaginan ese espectáculo, Miguel 4 años mayor que yo, obviamente más desarrollado embistiendo mi culo con furia, bañado en sudor, que daba un tono brillante a su espalda y a su vello corporal de sus piernas y algo en el culo.

Esa noche continuó con una ducha, ahora sí para asearnos, luego bajamos a cenar, Ronald estaba dormido por los medicamentos, al día siguiente llegaron nuestros padres, y pasamos ahí en la cabaña una semana más, a escondidas veía a Miguel para practicar mis mamadas y una o dos veces más para que me cogiera el culo, pasé a ser su mujer, seducido por sus deseos y dispuestos a cumplir sus caprichos, completamente su puta.

Autor: Andrés

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Mi vecino de apartamento

Sentí su verga dentro de mí, empezó a sacar y a meter con suavidad y llegando a un ritmo bestial, yo ya gritaba de dolor y placer. Siguió clavándome de esa forma no se por cuánto tiempo más hasta que  se agarró fuerte a mi cintura y hombro y me clavó con más lentitud diciéndome que lo sintiera y disfrutara porque ya quería correrse, noté como fue aumentando la velocidad de sus embestidas y hasta pude sentir los trallazos de leche como golpeaban a través del condón.

Hola a todos, estoy acá para contarles una experiencia que iba alimentando desde hace seis meses pero que hasta ayer  se consumo y no puedo dejar pasar el tiempo sin contarla.

Me describo inicialmente por que se es algo que a todo el mundo le gusta leer, soy Andrés de Colombia, nacido en Bogotá hace 24 años, 1.87 de estatura, 74 kilos, bronceado al tope, velludo, ojos miel cabello castaño, no soy esclavo del gym pero algo marcado y afortunado ya que cuento con una verga de 21 cms. Gruesa y un culito bastante duro y muy aguantador.

Por cosas de la vida he contado con una familia que siempre ha estado en una buena posición social y económica y como mis padres viven en una casa a las afueras de la ciudad y hasta la empresa en carro tardaba aproximadamente 2 horas; compraron un apto en los cerros orientales para que de esta forma estuviera más cerca de la oficina. Los días viernes casi no voy al trabajo ya que es el día de acumulación de cosas de Universidad con lo que prefiero estar conectado en casa; pero por cosas que suelen suceder ese día no  tenía internet así que procedí a llamar a la empresa prestadora del servicio donde una operadora me indicó que estaban haciendo unos ajustes en la zona y que no me podía indicar en cuanto tiempo estaba solucionado el problema.

Así que agarré mis cosas y mal humorado salí para la oficina, al salir al pasillo de mi apto a tomar el ascensor veo que del apartamento de enfrente abren la puerta y sale el tipo más bueno que por esos días haya visto. 1.90 de estatura, calcule en el momento 30 años, moreno, impecablemente vestido, ojos negros, recién afeitado pero de fondo la sombra del vello facial marcando la zona de afeitado,  manos grandes (soy muy detallista de mirada muy rápida y discreta que se fija hasta de lo más mínimo) olía tan delicioso y se veía tan bien que de inmediato sentí que mi verga reacciono levantándose como si tuviera un resorte.

Me saludó con un frío hola, al cual contesté lo mismo, se abrió la puerta del ascensor e ingresamos, tuve que ponerme el maletín al frente de mis piernas para que no notara la erección tan grande que tenía en ese momento, presionamos al tiempo el botón para dirigirnos al parqueadero, fue tan veloz y a la vez tan lenta la bajada del décimo piso al sub sótano,  que me sentí levitando entre su aroma y mi excitación, la cual rompió con un simple hasta luego al llegar al parqueadero.

De esa forma conocí a Felipe mi vecino de apartamento, hijo de un industrial de este país, abogado y asesor jurídico de una empresa de Telecomunicaciones.

Por el tipo de construcción del edificio la ventana del cuarto de estudio da al vacio del edificio pero en diagonal esta la ventana que da a su cocina, es por esto que opté por dejar la persiana del estudio permanentemente abierta más no subida,  para que él desde su cocina pudiera verme y yo eventualmente ver si el miraba. Efectivamente esto dio resultado, ya que en varias oportunidades lo vi mirando insistentemente para mi ventana. Normalmente yo permanezco en mi apto en camiseta y calzoncillos y cuando yo estaba en el estudio y veía que miraba me ponía de pies y me rascaba las bolas, me sacaba la verga y me la miraba descaradamente pero haciendo cuenta que nadie me veía.

Ayer unos amigos me invitaron a salir a tomar unos tragos y acepté ya que hacía tiempo no hacía nada diferente me organicé para salir y a eso de las 10 p.m.  timbraron al citófono, el vigilante me dice que si podía bajar ya que la alarma del carro se disparaba todo el tiempo y que había una ventana abierta. Al llegar al parqueadero Felipe entraba en su carro con lo cual me di el tiempo para que coincidiéramos en el ascensor, lo saludé con un, hola como vas y me contestó muy amablemente (yo pensaba en el fondo que él hasta la verga y las huevas ya me conoce). Me dijo que si acababa de llegar o si iba de salida, le dije que estaba esperando la llamada de unos amigos para salir y él que haría más tarde, si le gustaría salir,  me dijo que entraba a su apartamento y que ya pasaba al mío para hablar.

Pasado un tiempo timbró en mi puerta, lo invité a pasar, le dije que si  tenía algún problema en seguirme ya que estaba terminado de arreglarme, le conté que saldría con unos amigos a un lugar que si se animaba, yo hablándole con toda la tranquilidad del mundo pero por dentro el man más asustado de este mundo, me temblaba la voz y pasaba saliva muy rápido.

Le ofrecí algo de beber, sonó mi celular y salimos de mi apartamento rumbo al bar, allí estuvimos como hasta las 2 de la mañana rodeado de amigos y amigas que hacía tiempo no veía, fui al baño y allí estaba mi vecino orinando y yo algo prendido le dije que si nos íbamos, o que si deseaba quedarse un rato más, me indicó que si, que estaba un poco “happy”, que era mejor que saliéramos, me despedí y con los típicos, no se vayan, esperé otro rato, fui saliendo a la puerta donde tomamos un taxi rumbo a casa; cinco minutos después estábamos entrando al edificio como dos viejos amigos, lo invité a tomarnos un trago en mi apartamento lo cual no dudó mucho y aceptó, charlamos de mis amigos y cosas poco casuales hasta que le dije, por que le gustaba ver hacia el estudio desde su cocina a lo que me respondió…

¿Por qué no vamos a tu cuarto y allí te doy la respuesta?… me puse de pie y él me siguió, pero cuando entramos me giré y él muy apresuradamente  me dio un abrazo muy fuerte y un beso sintiendo de la manera más rica su lengua y sus labios.

Igualmente respondí ese beso pero no como la vieja que ansía que el man la bese,  sino como todo un macho hambriento de macho, aunque estuviera nervioso y con N cantidad de alcohol dentro de mí, me fui arrechando y comencé a tocarlo hasta que llegué a su verga que parecía iba a romper ese jean de lo dura que estaba. Fui desabrochando lentamente el cinturón y sacándole la camisa con lo cual él reaccionó y nos fuimos desnudando uno a uno pude al fin notar la tremenda erección que había entre sus pantaloncillos, una verga de más o menos 23 centímetros la cual tomó entre sus manos y me dice en un tono medio sensual y arrecho… si la quieres es tuya…

Nos besamos nuevamente como dos desaforados, y bajé a mamárselo no se si era arrechera o lo estaba haciendo muy bien pero este man bufaba y se contorsionaba de placer ante la mamada que le estaba dando.Tenía una verga enorme, fina, pero larguísima y completamente dura. De rodillas se la chupaba sin cesar, me encantaba ver su líquido pre-seminal en la punta de su prepucio., tan bien lo estará haciendo que de repente me cogió de la cabeza con las dos manos y comenzó a culearme la boca. Era tan largo que casi tocaba mi campanilla. Sentía arcadas pero me encantaba.
Me decía, no sabes lo caliente que me pones y las ganas que tengo de pegarte una culeada para quitarme esa calentura que me dejabas todas las veces viendo cómo te tocabas por la ventana.

En ese momento yo lo estaba deseando, con lo cual le respondí apretándole fuertemente  la verga… ¡la quiero toda dentro de mí!  Me puse frente a la pared con las piernas separadas y las manos en alto (como cuando los policías hacen revisión)… Él  me restregó un poco su verga y luego bajó a darme la comida más rica de culo que en la vida me han dado. Tenía ganas de culearme se le notaba por la forma como me chupaba y lamia el culo.

Se levantó y colocó la punta de su vergota en mi ano. Empezó a empujar poco a poco, le dije que sin condón no ya que corríamos riesgos con lo cual reaccionó un poco, me acerqué a la mesa  de noche saqué uno, lo rasgué, me puse de rodillas  frente a él y se lo puse con la boca hasta donde esta me alcanzó, luego con un poco de crema se lo lubriqué al igual que unté mi ano con la misma.

Me levantó de las axilas y me tiró a la cama se echó encima de mi levantándome un pierna en su hombro y la otra la apoyó en su espalda, comenzó a darme puntadas con su verga dura hasta que logró acomodar su cabeza en el primer anillo anal, siguió penetrándome lentamente y pude sentir como su verga se abría paso en mi poco usado y muy estrecho ano; cosa que él confirmó cuando  soltó un:

¡Qué estrecho lo tienes!, ¡me encanta!, sentí su verga completamente dentro de mí la cual dejó unos segundos con lo cual aprovechamos para besarnos como locos, luego  empezó a sacar y a meter con suavidad y paulatinamente más y más rápido, llegando a un ritmo bestial, yo ya gritaba (textualmente) de dolor y placer. Siguió clavándome de esa forma no se por cuánto tiempo más hasta que  se agarró fuerte a mi cintura y hombro y me clavó con más lentitud diciéndome que lo sintiera y disfrutara porque ya quería correrse, noté como fue aumentando la velocidad de sus embestidas y hasta pude sentir los trallazos de leche como golpeaban a través del condón. Se quedó un poco más dentro de mi hasta que sonó el típico flop! de la salida de su verga dentro de mi.

Se recostó al otro lado de la cama sin hacer ningún comentario. Pero curiosamente mi verga no se había bajado con lo cual comencé a masturbarme con el fin de poder saciar la arrechera que me embargaba en ese momento pese al ardor que sentía en mi ano, él me retiró la mano y se acerco a mi verga la cual comenzó a mamar como desesperado, me dijo “Quiero tu leche aquí”, señalándome su boca, yo sin poder aguantar más la mamada tan deliciosa que me estaba dando me vine dentro de él a más no poder; no sé si por tragos o arrechera pero sé que fue mucha leche la que tragó y embadurnó en mis huevos los cuales lamió lentamente hasta dejarme completamente limpio, se retiró y me besó probando yo de su boca los restos que aun quedaban de mi corrida.

Me besó nuevamente,  se levantó, recogió su ropa y salió de mi apartamento sin decir nada. Ahora que es ya final de la tarde y que me decidí a contar esta historia, no sé nada de él, no lo he visto, y esperaré a que aparezca para que me explique por qué me pegó  esa clavada tan monumental que de solo acordarme y sentir el dolor en mi ano, me arrecho nuevamente.

Autor: Andrés

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Una confesión alucinante

Empecé a entrar y salir de su chocho, espera un poco hijo, sácamela y ponte boca arriba, ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la su peludo y negro coño. Empezó a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más.

Es muy difícil explicar cosas privadas a las personas que no nos conocen, pero aprovechando la intimidad de la red, les contaré la alucinante historia que me ocurrió hace algún tiempo.

Yo tenía 18 años y vivía en casa con mi padre (47 años) y con mi madre (41 años). Por el hecho de ser hijo único siempre había estado algo más mimado de lo normal. Y el apego a mi madre era muy grande. Teníamos mucha confianza en todos los temas, excepto en el sexual. A pesar de que mi madre es aun joven, esos temas siempre le han resultado embarazosos, y las pocas preguntas que le había hecho me las contestaba pasando de puntillas o pidiéndome que se lo preguntara a mi padre. Pero para hablar con mi padre había que hacer una instancia. Siempre estaba en el despacho o viajando. Y cuando paraba por casa, leía un rato y luego se marchaba a dormir temprano. Esa desatención hacia mi madre fue lo que permitió lo que al final pasó.

El caso es que por mi carácter, algo retraído, pasaba mucho de mi tiempo libre en casa, y eso me brindaba muchas oportunidades de ver a mi madre en diferentes situaciones. De una forma inapreciable me empecé a fijar en ella con ojos viciosos. No se como ocurrió, pero había pasado de no notar su presencia a fijarme en mil detalles que me excitaban mucho. Mi madre es bastante alta, casi 1,80; y es muy grande toda ella. Lógicamente no es una mujer de revista, pero para quien le gusten las maduras, su cuerpo es ideal.

Tiene un culo grande y fantástico, que se mueve de locura bajo la bata de estar por casa. Unas piernas macizas, y hermosas. Unas tetas muy grandes, no sé, quizás una talla 130; siempre se ha comprado los sujetadores en tiendas especializadas. Pelo negro y abundante. En realidad por aquellos años llevaba el pelo corto, pero digo abundante porque es muy velluda. La miraba y no podía evitar el imaginar como tendría el coño. Peludito, negro y seguro que con grandes labios. Algunas mañanas que no iba a clase, me sentaba en el sofá del comedor para leer el periódico.

Entonces entraba ella para limpiar y ordenar un poco. Miraba con disimulo el movimiento de su cuerpo, cubierto solo con una ligera bata.

Cuando subía los brazos, la falda dejaba libres sus muslos, y en más de una ocasión sus bragas quedaban ligeramente a la vista. Mi polla se ponía dura, y mi mente empezaba a fantasear a mil por hora. Me apretaba la polla con disimulo y el placer me volvía loco. Entonces veía sus sobacos sin depilar, y eso aún me ponía más cachondo. Joder que buena está mi madre –pensaba-. Se agachaba a limpiar la mesita del centro y asomaban sus enormes tetas sin sujetador. Podía ver el bulto de sus pezones en la fina tela de la bata. Y ya no aguantaba más, tenía que ir a mi cuarto y hacerme una paja. El hacerlo en mi habitación con mi madre rondando por casa aumentaba el morbo.

Estar allí, subiendo y bajando mi mano por la polla cuando mi madre podría entrar en mi habitación en cualquier momento, hacía que me corriese como un loco. Un día, decidí limpiar mi corrida con una pequeña toalla de tocador de mi madre, y la dejé en el suelo, al lado de mi cama. Después me marché con el corazón acelerado pensando en lo que haría mi madre cuando encontrase la toalla llena de semen. Por la noche no hubo ningún comentario al respecto, ni mi madre actuó de forma diferente. Intuí que no se había percatado, por lo que desde ese día cuando me pajeaba, (que era muy a menudo), me limpiaba siempre con una toalla de tocador de mi madre. Así pasaron algunas semanas en las que me parecía notar que mi madre me miraba de forma diferente.

Una mañana me dijo que estaría en la terraza tomando un rato el sol, que ya calentaba lo suyo anunciando un caluroso verano. Cuando escuché que abría la puerta de la terraza, salí de mi habitación y fui al comedor para espiarla por entre las cortinas de la ventana. Me puse de rodillas y sin hacer ruido miré. Allí estaba ella extendiendo la toalla en el suelo. Colocó una almohada de esas inflables y preparó el bote de crema solar. Empezó a quitarse la bata y yo ya no podía más. Que buena estaba. La veía en bikini como tantas otras veces, pero ahora mi polla estaba dura, y me la tocaba a través del pantalón de deporte.

Estaba caliente, y cuando estoy caliente pierdo los papeles y hago cosas que en otras ocasiones serían impensables. No podía apartar la mirada del cuerpo de mi madre. Que tetas más increíbles, que grandes eran, y con unos pezones que se adivinaban gordos tras la tela del bikini. Que piernas tan deliciosamente carnosas, rematadas por un culo apetitoso, que se movía de locura. El coño abultaba mucho la braga, y eso me ponía más cachondo. Mientras miraba como se ponía el bronceador, me levanté y fui hacia la terraza, yo estaba totalmente fuera de mí. Solo notaba mi polla dura y unas fenomenales ganas de follar con mi madre. Salí a la terraza y le comenté:

– Hola mamá. Con el calor que hace no se como puedes aguantar.- Bueno, pero luego estaré bien morenita – contestó mientras se ponía el bronceador.- Si lo haces para estar más guapa, no será posible. Ya eres muy atractiva mamá, y no será fácil superarlo.- Mucho me estás alagando, bandido. Seguro que quieres algo y por eso me haces la pelota.- Que voy a querer, mamá. No seas tonta. Solo digo lo que veo y lo que siento.

Mientras estaba de pie ante ella, hablando, notaba como la polla se me estaba poniendo morcillona. Así como estaba, sentada en el suelo, se le notaba la raja del coño en el bikini. Veía las tetas moviéndose mientras se extendía la crema; por el pecho, metiendo un poco los dedos por el sujetador, por la barriga llegando a la braga, por las piernas. Parecía que se estaba acariciando. Y mi polla, que si bien no tenía una erección completa, estaba bastante dura. Estaba intentando ponerse crema en la espalda, y esa fue una buena excusa:

– Mamá, si quieres te ayudo y te pongo el bronceador en la espalda- le dije mientras me acercaba más a ella queriendo que viera el bulto que hacía mi polla.- Jaja, ya lo creo que quieres algo hijo. Toda esta amabilidad no es normal en ti. Pero lo voy a aprovechar. Venga, ponme en la espalda.

Y mientras me hablaba se puso boca a bajo. Hay estaba su culo precioso ante mí. Me arrodillé y empecé a extenderle el bronceador. Despacio, muy despacio, saboreando todas las sensaciones que sentía al acariciar su piel con mis manos. Me coloque sobre sus muslos dejando su culo ante mi abultada polla y le frotaba la espalda con las dos manos, hacia adelante y hacia atrás hasta el inicio de las bragas. Que cachondo me estaba poniendo; ahora si estaba mi polla totalmente dura, y la apretaba contra su culo, no lo hacía de forma descarada pero seguro que la estaba notando. Al cabo de un minuto:

– Venga hijo ya está. No pongas tanto esmero.

Lo dijo de forma sofocada y queriendo que lo dejara de forma inmediata. Seguro que el contacto con la dureza de mi polla la había hecho sentirse violenta. Me levanté mientras se giraba, y vi como miraba el bulto en mi pantalón de deporte. Fueron unos pocos segundos, pero me puso loco. Salí y me fui a mi habitación para hacerme una buena paja. Tumbado en la cama, con los ojos cerrados recordando lo que había visto, he imaginando como sería follarme a mi madre, subía y bajaba mi mano por mi polla; me pellizcaba un pezón, aún notaba el tacto de la piel de mi madre en mis manos y en mis piernas.

Escuché unos ruidos en el pasillo que delataban a mi madre acercándose. No sabía si iba a espiarme o si se dirigía a su cuarto, el caso es que sin dejar de masturbarme entreabrí con disimulo los ojos y vi como mi madre estaba mirando por una rendija de la puerta. Dios, eso me calentó mucho más. Estaba a punto de correrme, y me dejé llevar, no quise retrasar la corrida; quería que mi madre lo viese. Y así fue, el placer me invadió y me vino el orgasmo. No dejaba de meneármela mientras manchaba la almohada, luego mi barbilla, el pecho. La polla me palpitaba, y seguía pajeándome, ahora más despacio y pellizcándome el pezón. Y mi madre viéndome. Sin lugar a dudas, a sido la mejor paja que me he hecho en mi vida. Nunca había sentido, ni he vuelto a sentir nada parecido.

Estuve un par de días pensando en lo que había pasado, y siempre llegaba a la conclusión que buscando el momento oportuno podría seducir a mi madre. Ahora tenía que decidir como lo haría. Empecé a ser muy atento con ella, intentaba rozarla siempre que podía. Cuando coincidíamos en la cocina, mientras ella fregaba los platos, yo siempre necesitaba un vaso. Me ponía tras ella y pegándome literalmente a su cuerpo cogía el vaso de la estantería de arriba, rozando mi bragueta con su culo, notando a través de la fina tela del pantalón de mi pijama el intenso calor de su culo. A veces, casi siempre, ponía una mano en su costado, debajo de su teta, simulando esfuerzo para coger un vaso de la parte más lejana. Su teta, sin sujetador, caía sobre mi mano. Y mientras, rozaba mi polla, ya muy dura, por su culo. Un día me dijo:

– Ya está bien Andrés, (ese es mi nombre), te pones encima mío teniendo vasos limpios aquí. – No me gusta beber en vasos recién lavados. – Lo que pasa es que quieres sobarme, ya te he notado últimamente demasiado cariñoso. Y por cierto, ya quería yo hablar contigo de esto. Eres ya un hombre y hay ciertos temas que me incomoda hablarlos – me decía esto en un tono normal, no estaba nada enfadada. – Pero que temas mamá. Yo no sabía que decir. El corazón me latía a mil por hora. Había una parte de mi fuera de sí por la lujuria, y otra parte no dejaba de recordarme que era mi madre, y que desear follármela era muy fuerte.

– No sé que dices por solo coger un vaso- le contesté.- Mira Andrés, cariño, siempre vienes cuando estoy fregando, te pegas a mí. No sé, si tienes algún problema coméntamelo, porque hablar con tu padre es imposible.- No es nada mamá – no sabía que hacer.- Venga hijo. Dime lo que pasa por tu cabecita – y diciendo esto me besó suavemente en la sien. Eso fue suficiente para mí.- Es que, mamá, me gustas mucho. Eres tan bonita y tan dulce. Me encanta estar contigo. Estaría siempre a tu lado. Siempre estoy pensando en ti. Cierro los ojos y te veo. – le dije con voz suave, mientras le cogía los hombros y ponía mi cara frente a la suya. Muy, muy cerca.

Supongo que el sentirse amada y deseada hizo que se dejara llevar por la situación. Me contestó:

– Espero que cuando estás en tu cama con los ojos cerrados no pienses en mí. – ¿Por qué dices eso?- Por los regalitos que me dejas cada mañana al lado de tu cama.- me dijo mi madre.

Nuestras caras estaban muy cerca, y yo la mantenía cogida por los hombros. Aunque suavemente se los empezaba a acariciar.

– Perdona mamá. Últimamente voy más excitado de lo normal. Siento haberte disgustado.- No hay nada que disculpar Andrés. Pero al encontrar las toallas tan a menudo, me preocupé un poco.- ¿A menudo? – Le dije – ¿Encontrar una toallita cada mañana te parece mucho? Entonces más te preocuparías si supieses las veces que me limpio con papel higiénico.- Pero hijo, has de calmarte un poco. No puedes estar todos los días así.- Contigo delante, mamá, es imposible que me calme.- Andrés yo no puedo provocarte eso. Primero porque soy tu madre. Y segundo porque a mi edad no puedo gustarte.

– Mamá – le dije acercándome a ella. Casi rozando sus labios con los míos – eres tú quien me pone así. Estás preciosa. Y la besé. Atrapé sus labios, y sin poder esperar más, abrí mi boca y con mi lengua la obligué a que abriera la suya. Chupaba su lengua con desespero, abrazándola fuertemente. Empujaba el bulto de mi polla contra su coño y lo notaba blandito por su vello. Entonces me movía hacia un lado y hacia otro notando un placer alucinante. Bajé mis manos hasta poder apretar su precioso culo. Coño, que durito estaba y que gusto tocarlo. Empujado mis hombros separó sus labios. Pero continuó muy cerca de mí. Y yo seguía acariciando y apretando su culo.

– Me parece Andrés que nos estamos equivocando.- No mamá, nadie se está equivocando – le contesté intentando besarla de nuevo. Ella apartó ligeramente la cara.- Escucha hijo, esto no está bien.- yo seguía acariciando su culo. Entonces subí un mano y acaricié sus tetas. Estaba desesperado y mi mano se movía de una a la otra con rapidez. Eran muy grandes, y algo caídas como a mí me gustan. Era maravilloso sentir su peso. Pasé mi mano sobre un pezón, y lo cogí entre mis dedos y la tela de la bata. Joder, que gordo era. Se lo pellizcaba suavemente y se endurecía mucho – Dios, hijo, eso no. Por favor no me hagas eso. Ahora tenía la cabeza un poco hacia atrás y había cerrado los ojos. Yo seguía acariciando sus tetas y su culo, y entre besos le decía:

– Tú también tienes un problema y deberías habérmelo explicado mamá.- ¿Qué problema hijo? Además tu padre…- Ese es tu problema – la interrumpí – Si él no ha querido ni sabido cuidarte, yo sí quiero hacerlo. Además es casi como si estuvieras con papá. Y además yo sí sabré hacerte feliz.- No hijo, por favor – le desabroché la bata y se la quité. Solo llevaba las bragas – No hagas eso.

No la dejé continuar. Sabía que tenía que aprovechar la oportunidad, puede que fuese la única. La besé de nuevo, metiendo mi lengua en su boca y chupando su saliva. Que rica estaba. Mis manos tocaban sus tetas. Los pezones los tenía muy excitados, y las aureolas eran preciosas, grandes y oscuras; eran un sueño de tetas. Las tocaba, las besaba, las mordía, me encontraba en el paraíso. Mi madre empezó a acariciarme la espalda. Me bajé el pantalón del pijama como pude, y me apreté contra ella. Ahora mi polla estaba pegada a su coño. Y a través de sus bragas notaba lo caliente que lo tenía.

Desprendía un calor que me hacia volver loco. Me separé un poco de ella y cogiendo una de sus manos la llevé hasta mi polla. Mi madre la agarró y estuvo quieta. Solo le daba ligeros apretones, como disfrutando de su dureza. Entonces moví mis caderas un poco. Ella con la otra mano me detuvo, y empezó a hacerme una paja. Suave y lenta. Yo bajé mi mano y acaricié su coño. Metí los dedos entre el elástico y lo toqué. Era realmente peludo, y me enloquecen los coños peludos. Llegué a la entrada de su vagina. Acaricié sus labios, eran grandes, tanto que los acaricié como si fueran campanitas. Con el dedo buscaba su clítoris. Si aquí está, duro y mojado. Tenía el coño realmente mojado.

Mi madre seguía pajeándome. Una mano en mi polla y la otra acariciando mis huevos. Ella había decidido seguir hasta el final – pensaba yo.

Me puse de rodillas y le bajé las bragas mientras besaba su coño. Ella se apoyó en el mármol de la cocina. Con mi lengua golpeaba y chupaba sus labios vaginales. Metía mi lengua entre ellos hasta la entrada de su coño y subiendo un poquito lamía su clítoris. Mi madre solo suspiraba y empezaba a dejar ir ciertos quejidos. Yo seguía chupándole el coño, y le metía la lengua dentro, todo lo que podía. Mojando mi cara por sus jugos y mi saliva. Tenía el chocho empapado. Con mis dedos le tocaba el clítoris, mientras seguía metiendo la lengua dentro de ella.

– Oh, coño, joder – dijo suavemente – me estoy corriendo hijo. Estás haciendo que me corra. Que gusto, que gusto – y me apretaba el pelo.

Me puse en pie y la besé. Tenía mi cara mojada de su coño, y ella con la lengua me chupaba, y me besaba…

– Me gusta mamá. – Espera, dejame un momento – me dijo apartándome. Se arrodilló y empezó a pajearme otra vez. Tenía la boca muy cerca, notaba su respiración en mi polla. Poco a poco, con la punta de la lengua me acariciaba el capullo, cada vez más rápido, hasta que se la metió en la boca. Era increíble. Yo agarré su cabeza y ella la movía hacia delante y hacia atrás, moviendo su lengua sobre mi verga. Como me la chupaba, me estaba follando con su boca, me estaba llevando al cielo y casi me despisto, faltó muy poco:

– Para, para, mamá por favor, para un momento. – le dije – Ven.

No quería correrme todavía. Aguantaría al máximo para que cuando me corriese le pudiera dar mucha leche. Y además en recuperarme tardo un rato, no podía permitir que se enfriara. Era mi oportunidad y no la iba a dejar pasar. Quería follármela, no que solo me la chupara.

La tumbé en la mesa de la cocina y le abrí las piernas. Acariciaba su chocho. Estaba muy mojado. Empecé a chuparla de nuevo, rápidamente con cierta violencia. Mi madre con los ojos cerrados, me agarraba la cabeza.

– Sigue hijo, que gusto. Hacía ya tanto tiempo….Oh me voy a correr, joder, me voy a correr… Entonces me levanté, y acercando mi polla a su coño, se la metí. La altura de la mesa era ideal para follar. La primera sensación fue notar en la polla el tremendo calor de su vagina, y la gran presión que hacía en mi verga. Mi madre se estaba derritiendo, no se lo esperaba, y se corría. El calor de su coño era indescriptible, paré unos segundos mientras le tocaba el clítoris. No me quería correr todavía, pero cada vez aguantaba menos.

– Fóllame hijo. Siiiii… metémelaaaa… no pares…jódeme… fóllame…ooohh me voy a correr otra vez… me viene, siii, me viene… – Oh mamáaaa, que gusto. Me encanta tu coño. Me encantan tus tetas – y le mordía los tiesos pezones – Me encanta tu boca, y tu lengua y tu saliva – entonces la besaba con fuerza.

Tenía que parar, solo unos segundos. Ella me pellizcaba los pezones, mirándome a los ojos. Buscando mis expresiones. Eso me calentaba aún más. Entonces decidí no esperar más. Empecé a follármela con fuerza, besándola. Ella me dijo muy suavemente al oído:

– No me lo eches dentro cariño, sácala cuando te vayas a correr.- Oh mamá, déjame que me corra dentro… – Aaaah, Andrés… no… Aaaah, madre mía, que gusto, No…No te corras dentro. No tomo nada y me puedes preñar.- Venga mamá, déjame que te eche toda ni leche. Solo para ti, toda…No voy a aguantar mucho… – No hijo, mi amor, sácala. Más adelante si, pero ahora….no, creo que estoy ovulando y me puedes preñar….

Ya no podía aguantar más, necesitaba correrme, y sin hacer caso a mi madre me dejé llevar. Ahora solo pensaba en correrme dentro de su chocho caliente, sin importar las consecuencias

– Toma mamá, que me viene…me viene – y apretando mi polla bien dentro de su coño, me empecé a correr. Que gusto – Ooohh mama, mama, que gustoooo…toma mi leche dentro de tu coño. – Noooo, sácala Andrés…oh, cuanta leche estás soltando, me vas a preñar… Aaaah, por favor….que caliente está, mi niño…siii, me has dejado llena.

-Espera, espera mi amor, ahora no tengas prisa por salirte de mí, ya no importa. Siente como late mi coño… ¿Lo notas? Es por ti, hijo mío, me has hecho disfrutar de verdad. ¿Notas que caliente está? Me ha gustado mucho, pero escucha cariño, si te digo que te corras fuera, me has de hacer caso, solo nos faltaba que me dejaras embarazada. Si me prometes que me obedecerás te aseguro que lo pasaremos muy bien los dos. Tenemos mucho pendiente…

– Te lo prometo, te lo prometo, si, te lo prometo…- Jajaja, vale hijo…Uuhhmmm, parece que te sientes cómodo dentro de mi – me dijo al notar como mi polla estaba dura de nuevo. Esas palabras suyas y el calor de su coño fueron suficientes. Empecé a entrar y salir de su chocho – Espera un poco hijo, sácamela y túmbate en la mesa, así, ponte boca arriba.

Luego ella se puso a horcajadas sobre mi, me cogió la polla y la acercó a la entrada de su coño. Su peludo y negro coño. Empezó entonces a metérsela poco a poco. Sus pezones estaban erectos de excitación, y sus enormes aureolas arrugadas y de un oscuro color marrón. Como se movían sus tetas, yo las tocaba sin parar, excitándola aún más…

Así comenzó nuestra historia…

Salud para todos…

Autor: Andrés

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Disfrutar de mi cuerpo

Él movía la cabeza de un lado a otro, podía sentir dentro de mí como su hinchazón aumentaba. Volvió a arremeter en mi concha. Me hizo doler y gozar como nunca antes. Sentía sus huevos golpear en mi culo, y la profundidad de la penetración me llevó a terminar en varios orgasmos. Con su pija enorme lubricada con mis jugos me penetró el culo con cierta dificultad, mientras me retorcía los pezones.

No soy una ninfómana, aunque ustedes piensen lo contrario. Simplemente me gusta disfrutar de mi cuerpo, fui hecha para el placer y educada para ser libre. Y eso soy, ejerzo mi libertad sin causar daño a nadie. Por eso aquí les cuento mis aventuras. A los 16 perdí mi virginidad, pero me desaté realmente a los 18. Mi padre es diplomático y por esa razón nos habíamos trasladado a España. Terminamos el secundario en Madrid, pero tanto mi hermano mellizo como yo extrañábamos mucho Argentina: nuestros amigos, la ciudad, los olores, las costumbres… estando afuera uno extraña hasta a los colectiveros… es raro, pero es así.

Teníamos casi un año de instalados en la madre patria, pero no lográbamos adaptarnos y apenas cumplimos los 18 les planteamos a nuestros padres que queríamos regresar. Pusieron el grito en el cielo, pero ya teníamos todos los flancos cubiertos: allí teníamos casa, la vida era mas barata que en España, toda nuestra familia estaba en Argentina, los amigos, los olores, el club, los colectiveros, la cancha de Boca, Los Nocheros -la debilidad del viejo-, y el tango. Sí, dimos golpes bajos. Madrid nos gustaba mucho, nos había recibido muy bien, pero la tierra tira. Finalmente, después de unos días, nos dieron el okey. Llegamos unos días después de celebrar el año nuevo en España. Volvimos a la casa que habíamos abandonado un año atrás. Habían cambiado algunas cosas, no muchas, pero todo estaba casi como lo dejamos. Los vecinos eran los mismos, cogotudos (personas de clase alta), y garcas (aprovechados de los demás), igualitos.

Fulanito había engordado y menganita se había rapado. La vieja de la casa de la vuelta se había muerto finalmente. Detalles nomás. Pero algo en nosotros había cambiado. Por primera vez éramos libres completamente. Los papis estaban a años luz de distancia. ¡Uuuuuujuuuuu! Era verano, hacía un calor sofocante y nos pasábamos en la pileta de casa durante el día y a la noche salíamos indefectiblemente. Yo salía con mis amigas o con los de mi hermano o directamente con él. Ah, mi hermano se llama Andrés, mucho gusto. Y yo Pamela.  La libre asociación de ideas está permitida…  Casi todos nuestros amigos se habían ido de vacaciones a Punta o a Pinamar. Nosotros nos quedamos en Buenos Aires. Teníamos varios asuntos que solucionar, entre ellos, problemas con los bancos: nuestro sustento diario proveniente de Madrid no llegaba a nuestras manos. No nos quedaba otra que quedarnos en casa con ese calor del infierno. Igual disfrutábamos estar en casita, cómodos y solitos.

El día en que empecé a desatarme me levanté al mediodía, como siempre, me tomé un juguito de naranja, me puse la bikini, y me tiré en la pileta. Un placer. A las dos horas llegó Andrés.

– ¿Dormiste bien, Piki? – Como un lirón… – Hoy llamó mamá, y dijo que ya había mandado la plata.- Bueno, menos mal. Esto del escaseo de metal me hincha un poco las bolas. – Tendrían que abrir una cuenta, poner la guita ahí, en vez de depender de esto de que nos manden cada mes. – Si, ya se lo dije, pero no la entiende. Nos quedamos en silencio un rato. Después empezó a salpicarme.- Ah, ¿querés guerra? – Que guerra podés dar vos, si sos mujer, tonta. – Ahora vas a ver.

Me acerqué y le manoteé la pija como pude por sobre el short. La solté enseguida. No se por qué hice eso. Me asombré, pero ya estaba hecho.

– ¿Qué haces loca? Tenía que encontrar una razón rápidamente. – Bueno, dijiste que no podía darte guerra por ser mujer… Ahí tenés guerra. – No me refería a ese tipo de guerra, exactamente.

Tenía razón, me remordió la conciencia y le dije: perdóname, lo hice sin pensar.

Se dio la media vuelta y se fue. Me quedé un rato largo en el agua pensando en la cagada que me había mandado. Pero mi mente volvió al tema de la guita que no llegaba. Me olvidé del asunto. Salí de la pile, me sequé con el toallón y sentí que alguien me miraba. Lo sentía. Miré para arriba y logré divisar a medias a mi hermano justo cuando se escondía.  Cuando estaba subiendo para ducharme, lo veo al final de la escalera y me dice como si nada:

– ¿Qué hacemos hoy? – ¿qué querés hacer? – ¿y si vamos a cenar y después nos vamos de marcha? – Y dale…

Me duché, y vieja costumbre argentina, fui a pegarme una siesta para estar fresquita. El sol y el agua me agotaban. Me despertó Andrés: dale loca, levántate y vestite rápido que son las once y estoy cagado de hambre. Comimos en un restorán de medio pelo, con vino y postre incluido, que nos salió bastante baratito. A eso de la una y media encaramos para los boliches del río. Con el vino que había tomado ya estaba alegre. No acostumbraba tomar. Pero apenas entré al boliche fui a la barra y me pedí un vodka con naranja. Huy, loca, pará un poquito, dijo Andrés. No le dije nada. El se pidió un destornillador. La gente fue llegando y después de medio vodka yo ya estaba realmente en pedo. La cabeza me giraba de a ratos, pero todavía me sentía entera, consciente de mí y de lo que me rodeaba. Nos pusimos a bailar. Las luces centelleantes, la música al palo y el pedo me hacían sentir como que flotaba. Andrés iba y venía de la barra. Tomaba rápido. El solía tomar, pero no tanto, ya iba por el cuarto vaso.

– Estás linda hoy, guachita. – Gracias, Piki.

Me había puesto una remerita blanca y unos jeans bien apretaditos. Me agarró de las manos y bailamos así un rato. Me dio vuelta y él bailaba detrás de mí. No me tocaba, pero si yo bajaba, el bajaba, en un baile muy sensual. Subía y bajaba y él me acompañaba por detrás, muy cerquita, siempre sin tocarme, pero aún agarrados de las manos. Intenté acercarme a él, pero disimuladamente retrocedía. Me di la vuelta e hicimos lo mismo, tomados de las manos. Le clavé los ojos y desvió la mirada. En algún momento, fue él quien me miró a los ojos y luego me atrajo hacia si. Sentí su pija dura casi sobre mi concha. Mis tetas se clavaron en su pecho y me la refregó un poco mientras bailábamos. Me soltó y dijo: vamos. Lo seguí.

– No puedo manejar, dejemos el auto acá y lo venimos a buscar mañana. Tomemos un taxi.

Llegamos a casa y yo no sabía que hacer. Lo mejor sería hacerme la tonta. El parece que pensó lo mismo porque fue a la cocina, tomó agua y me dijo: me voy a dormir, hasta mañana. Al otro día, repetí la rutina de siempre, sólo que Andrés ya estaba en la pileta.

– Buen día, Chetito. ¿Qué hacés levantado antes que yo? Me miró nomás. – ¿Te comieron la lengua los ratones? Nada. – Bueno, hoy jugaremos al oficio mudo entonces.

Me metí al agua. Se acercó y me salpicó. Yo no hice ni dije nada. Volvió a salpicarme. Seguí igual. Otra vez. Entonces reaccioné. Le agarré la pija, pero ya no había ningún short de por medio. No me había dado cuenta que estaba en bolas. Solté más rápido que el día anterior. Me agarró la mano y la puso en su pija:

– Terminá lo que empezaste ayer. – No. Volví a sacar la mano.

El volvió a ponérsela en la pija que ya estaba parada. Esta vez no me soltó. Empezó a pajearse usando mi mano. Intenté sacarla, hasta le apreté la pija, pero me miró fiero. Siguió pajeándose. Veía su cara de satisfacción. Le gustaba el masajeo que mi mano le estaba dando. Poco a poco aflojó la presión de su mano y me soltó. Y yo seguí pajeándolo. Jadeaba con los ojos cerrados. Se apoyó contra la pared y abrió los brazos. Él empujaba con sus caderas como si el hueco de mi mano fuera mi concha. Deseé que estuviera pensando eso. Le acaricié el pecho y abrió los ojos. Me miró fijo y profundamente. Yo había incrementado el masajeo para hacerlo acabar mientras seguía acariciándolo. Ahora era yo la que deseaba un masajito. Le agarré la mano y la puse en mi concha. Corrió desesperadamente la tanga y me acarició la concha mientras yo no dejaba de pajearlo. Terminó ahí mismo. Me miró con una mezcla de miedo y placer, sacó su mano de entre mi concha palpitante y salió desnudo de la pileta. Sorprendida lo miré alejarse. Salí yo también de la pileta. Subí las escaleras apuradísima y fui a su habitación. Se estaba poniendo el calzoncillo. Me vio parada en la puerta.

– Esto no está bien, loca, me voy. – ¿A donde vas? – A buscar el auto de donde lo dejamos ayer. – Un poco tarde te diste cuenta que esto no está bien. – No te hagas la tonta. – No me hago la tonta. Sólo que me parece que las cosas vienen así y bueno… son así.

Se puso de espaldas mientras se ponía la camisa y me saqué el corpiño del bikini. Yo seguía caliente y quería mi parte. Este histeriqueo me calentaba más. Comprendía que lo que habíamos hecho no estaba del todo bien. Pero a él le había importado a medias. El mismo argumento podía dar yo. Se dio vuelta y vio mis tetas al aire. Me las miró sin asco. Se acercó despacio, con la respiración entrecortada.

– Basta Pamela. – ¿No te gustan? – Basta.

Me le colgué al cuello, le refregué las tetas en el pecho desnudo y le dije: decime ahora que no te gustan, dale. Me miró asombrado, pero no pudo evitar besarme el cuello. Me lamió las orejas y luego pasó a lamerme las tetas. Las mordió despacito mientras me agarraba el culo con las dos manos. Yo ya estaba mojada, recontra caliente. Me acercó a la cama y me empujó sobre ella. Cuando caí sobre las sábanas, lo vi irse de la habitación. Le grité que volviera mientras escuchaba como bajaba la escalera de dos en dos.

Mi hermano estaba volviéndome loca. El guacho me había dejado caliente, recaliente. No quería pajearme yo, quería que él me pajeara. Pero sabía que si no me sacaba la calentura de encima iba a explotar. Volví a la pile. Me saqué la tanga y empecé a acariciar mis tetas, las apreté y pellizqué los pezones con bronca. Me llevé la mano a la concha y ataqué mi clítoris con movimientos circulares mientras pensaba que con esa misma mano había pajeado a mi mellizo. Eso me calentó más, apreté el pezón con mucha más fuerza hasta sentir un poco de dolor y aceleré el ritmo en el clítoris. Exploté rápido. Fui a mi habitación, me puse una remerita y la tanga más chiquita que encontré. Bajé, prendí la tele, me senté en el sillón y comencé otra vez a tocarme. Por más que hubiera acabado cinco minutos antes seguía estando excitada. Sólo podía pensar en la pajeada a mi hermano y en su lengua sobre mis tetas. Frente al televisor volví a acabar y me quedé dormida. Me despertó la puerta de entrada que se cerraba. Era Andrés. Me levanté y me miró de reojo. Hasta mañana, dijo. Carajo mierda, ahora directamente me estaba ignorando. Su juego estúpido más que excitarme me hacía hervir de bronca. Ya me las iba a pagar.

Eran cerca de las 12 de la noche cuando me fui a dormir. Bueno, intentaba dormir. Estaba obsesionada con lo que habíamos hecho y muy caliente, mucho. A las 3 más o menos me levanté y fui a su habitación. Roncaba, no se como podía dormir… Boca arriba. Dormía desnudo, siempre lo hacía y más en verano. Pero entornaba la puerta. Esta vez la había dejado totalmente abierta. Me estaba provocando y no lograba entender su juego. Me acerqué a la cama, vi su pija flácida. La agarré y apenas apoyé mis labios en ella. Luego la punta de mi lengua en su agujerito. Me concentré ahí, suavecito, suavecito, sin parar. Se despertó. Me miró y sonrió. Su sonrisa me desconcertó, pero seguí suavecito. El bultito flácido se estaba endureciendo. Aumenté el ritmo concentrándome en la cabeza, pasando la lengua por todo ella. Gimió de placer. Metí la cabeza en mi boca y la apreté con los labios mientras le daba latigazos con la lengua con mucha rapidez. Esto pareció volverlo loco y se le puso rígida como una piedra.

Lo estaba pajeando otra vez, pero esta vez me di cuenta lo grande que era su pija. Era muy gruesa, no muy larga y un tanto combada hacia arriba. Me pareció desproporcionada para el cuerpo poco musculoso de Andrés. La miré impresionada y volví a llevármela a la boca. Me la metí entera, casi hasta la garganta, llenándola de saliva, recorriendo sus pliegues, presionando con la lengua en la cabeza. Me puso la mano en los huevos y acaricié. Me la sacó de la boca rápido y mientras con mi mano subía y bajaba su tersa piel con mucha rapidez acabó entre mis tetas. Me desilusioné y pensé que me mandaría a volar como ya lo había hecho antes, pero no. Me puso de espalda y me empezó a lamer. Abrió mis brazos, sujetándolos. Apoyó todo su cuerpo en mi espalda, movía su pene contra la raya de mi culo y podía sentir como iba poniéndose gorda otra vez.

Seguía moviéndose y ahora me mordía. Sus mordisquitos apenas dolorosos, seguidos de un lengüetazo me excitaban muchísimo. Hizo que nos pusiéramos de costado, apoyando su pija en mi culo, mientras que con una mano empezó a tocarme las tetas. Con la otra me acariciaba la concha. Atacó mi clítoris con decisión y me vine casi en el instante en que lo hacia él… Sentir su leche chorreándome por el culo, mojando la poca tela de la tanguita que llevaba me hizo desearlo aún más.

– Dame más. – Por hoy es suficiente, hermana… – Dale… no seas malito. – Ándate a dormir, ahora estamos a mano, ¿no? – Si, pero… – Si pero nada. A dormir.

Al otro día me levanté en llamas. Había soñado toda la noche que cogía con él y estaba completamente mojada. Fui al baño, hice pis y apenas había terminado de levantarme la tanguita, lo vi entrar como una tromba. Me empujó contra la pared y me metió la lengua en la boca, mientras refregaba su pija en mi estómago y me agarraba el culo.

– Hoy vamos a llegar hasta el final, dijo susurrándome al oído

Siguió refregándose contra mí, me sacó la tanga y la remerita y empezó a chuparme la concha mientras me apretaba las tetas con las dos manos. Sentía su lengua entre mis pelos, rodeándome el clítoris y por momentos entrando por mi vagina. Yo presionaba su cabeza para que siguiera ahí, chupando todos mis jugos. Rozaba sus dientes contra mi clítoris mientras luego lo suavizaba con la lengua. El roce me hizo acabar. Supo que había acabado porque gemí fuerte y mi pubis se movía despidiendo los jugos, pero siguió chupando.

– Tu concha es la más rica que probé en mi vida. Me va a ser difícil dejarla. Vamos a mi habitación.

Tenía el pedazo gordo y empinadísimo. Intenté agarrarlo, pero no me dejó. Me sentó encima de él y me la metió con fuerza. Lo cabalgué con violencia, yo me echaba hacia atrás, y él me apretaba las tetas… Siiiiiiigueeeee, siiiiiigueeeeee, nooooooooo paresssssssss… Hhhhhhhhhhuuuu, uuumm, mmmmmmm, voy a aaaacabaaaar dennnnntroo de vvvvvossssss. En una serie de espasmos rápidos sentí su leche caliente llenando mi agujero. Seguí cabalgándolo para que se le parara otra vez. Quería más. Mientras me movía de atrás para adelante le pellizcaba las tetillas, él movía la cabeza rubia de un lado a otro… podía sentir dentro de mí como su hinchazón aumentaba.

Hizo que dejara de cabalgar, me puso de costado, él detrás, me levantó una de las piernas y volvió a arremeter en mi concha. Me hizo doler y gozar como nunca antes. Sentía sus huevos golpear en mi culo, y la profundidad de la penetración me llevó a terminar en varios orgasmos… Con su pija enorme lubricada con mis jugos, me penetró el culo con cierta dificultad, mientras me apretaba y retorcía los pezones.

La penetración me hizo saltar, grité de dolor, a la vez que lo oí quejarse a él también. Me estaba haciendo doler, pero me gustaba tanto que pedía más. Nunca había experimentado el placer que me estaba dando mi hermano: Mmmmmaaasssssss, que meeeeeee parttttttttíiiiiiiiis y me gusssssssta… másssssssss… Bombeó con tanta fuerza que éramos los dos un solo grito de goce. Siguió serruchándome con violencia un tiempo, acompañando el traqueteo con gritos desesperados de ardor, dolor y placer y casi acabamos al mismo tiempo.

Sudados y exhaustos nos quedamos dormidos. Al otro día, nos despertamos y nos quedamos en la cama, cogiendo, cogiendo y cogiendo. Así durante semanas. Solo salíamos a hacer compras. Se volvió una obsesión. Hasta que se me ocurrió que sería bueno encontrar un segundo hombre para hacer un terceto. Quería ver que se sentía ser cogida por delante y por detrás a la vez… Hhhuuuuuummmmm, el haberles contado mi experiencia hizo que me calentara. Ahora mismo estoy toda mojada. Andrés me está masajeando las tetas y no puedo resistirme. Me voy chupar toda su leche. En la próxima, y sin esta calentura que tengo ahora, les contaré la experiencia fabulosa del terceto. Un beso en la puntita.

Autora: Pame

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