Mi historia y el amor de una familia 1, mi hermana mayor dormida

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He decidido contar mi historia, para poder compartir mi experiencia con toda la gente que se degusta con la fantasía del incesto.
Somos una familia de buen estatus económico, esta consta de Hernán mi padre, un clásico ejemplo de un ejecutivo exitoso, trabajólico, un profesional de buena pinta, con sus 53 años de edad no ha dejado de ser la copia andante de George Cloony en una versión morena, junto con el somos los dos únicos hombres de la familia (bueno lo que respecta a familia cercana), por mi parte tengo actualmente 19 años pero cuando comenzó todo tenía solo 16 años, soy de 1.70 maceteado de 74k y pelo castaño y corto…
De las mujeres de mi familia esta mi madre Cristina, una preciosa mujer de 48 años de edad, altura 1.65 aprox, con sus 60 kilos(debido a su edad, antes era más delgada),ósea actualmente no es una top modelo, pero por lo menos lo intenta, y debo decir que se conserva súper bien, tuvo una intervención mamaria y por ello quedo con 110cm de busto los cuales los luce con mucho orgullo(y debo decir que hasta el día de hoy me sorprende), con una firme cintura de 80cm aprox y 115cm de trasero, realmente ha invertido en su cuerpo y esto hace que a donde valla sea el centro de las miradas, con su suave pelo ondulado y largo bueno sin más decir estupenda, aunque está claro que sin nuestra situación económica todo sería diferente ya que no podría asistir ni al gimnasio ni al cirujano, y ya que nos es accesible ella lo aprovecha.
La siguiente es mi hermana mayor Angélica, tiene 31 años de edad, divorciada y sin hijos, bueno a pesar de que todos los miembros de la familia beben constantemente, ella exagera, hasta el punto que es extraño encontrarla sin ningún grado de alcohol en su sangre. Pero pese a eso no hay día que no se le vea arreglada, tarda horas todos los días en acicalarse y arreglarse, es una de las más hermosas mujeres que conozco, con u pelo liso y medianamente corto, y sus lentes parece secretaria, mide 1.73 pesa 63 kilos aprox, sus medidas son 95-66-100, los que la conocen dicen que se debería haber dedicado al modelaje pero ella buscaba mas y estudio ingeniería comercial(aunque ya hace mucho que no practica debido a que no le hace falta), ella pasa saliendo a juntas, cenas, fiestas, entre otras actividades de francamente puro ocio. Siempre anda con un feroz escote, con sus labios siempre rojos y siempre con minifalda (que casi no deja nada a la imaginación), más que sensual era muy sexual para todo (en cierto punto casi ninfómana), de hecho perdí la cuenta con cuantos hombres la he visto en cosas raras, y otras cuantas con más de uno, lejos es la más suelta de la familia, por así decirlo, en fin pese a su problema con el trago nunca pierde, su actitud sexy ni su hermosa imagen.
Mi otra hermana es Leslie, mi hermana pequeña,  es la más pequeña de la familia, es muy tierna, coqueta e inocente a la vez, pese a que su cuerpo es precioso, con su angelical rostro, se ve más recatada (jejeje no como la otra perra de mi hermana), su físico es más bien de bajo perfil, es pequeña, muy menudita y delgada, mide 1.55metros peso como 42 kilos, es muy preciosa siempre, anda con ropa ligera y suelta,, pero por su inocencia y carisma todos agrada, y causa un gran apego hacia ella.
Terminando con mi familia menciono a Eugenia, mi abuela, de 66 años, con ella tengo un especial cariño, la quiero demasiado, mide 1.65 aprox, más bien gordita de cuerpo, sus medidas deben ser algo hace como 140-95-130 más o menos, sus ojos son muy claros, su pelo es rubio aunque esta ligeramente mesclado con canas blancas que son casi imperceptibles por su color de pelo, su rostro en particular, es muy bonito y tierno, es muy apegada a todos y muy cariñosa.
También podría considerarse casi como de la familia a la del servicio, a la linda Elena, nuestra nana, muy sumisa ella, es una peruana muy agradable y hacendosa, ella es de pequeña altura, mide como 1.60 sin mucha delantera pero con una inmensa trasera, debe tener como 130cm de culo aprox, de hecho el trasero no le juega mucho a favor, pero para mí eso era lo que me encantaba de ella, pese a sus 53 años, se conservaba realmente bien, fue la inspiración de mis primeras pajas, me masturbaba, vez que podía con sus calzones, dejándolos luego llenos de semen, y los tiraba de nuevo en el tendero de ropa sucia que ella utilizaba, también vez que podía, intentaba rosar ese culito inmenso, pero ella siempre muy simpática sonreía por todo. Trajo a su hijo Marcos , a trabajar a mi casa, el sobrepaso de total manera la timidez de Elena, no habla nunca y se avergüenza por todo, por eso nunca hemos tenido la posibilidad de establecer una relación de amistad, ni el la ha tenido con nadie de la familia, además siempre fue medio afeminado, debió haber sido porque creció solo con su madre, y además era Emo(una especie de moda de adolescentes), por lo cual le hacía parecerse casi a una niñita por lo flaquito que era, pero pese a ser menudito, se esforzaba por hacer bien los que aceres de la casa.
Bueno ahora a lo puntual, como dije somos una familia acomodada, solo gracias a mi trabajólico padre, éramos una familia un poco más liberal que el resto pero solo un poco, la operación de mi madre, causo un gran impacto en mí, me desconcentraba mirarla, o sea me costaba mirarla a los ojos (ustedes podrán entender), igual que con Angélica, que deslumbraba por sus pechos, yo en lo personal siempre he sido caliente, me masturbo a diario, tengo el PC lleno de pornografía, eso es prácticamente para lo único que lo ocupo, pero pese a lo mencionado anterior mente nunca vi, a mi familia con otros ojos.
Hasta que todo cambio, eso fue hace 3 años atrás, en el preciso momento del divorcio de Angélica, en ese momento yo tenía 16 años, a ella no le gusto la vida conyugal, y le pidió el divorcio a su esposo Julián, se separaron, ella pesco sus cosas y volvió a Chile, ya que al casarse se había ido a vivir a Argentina, llego a nuestra casa, y su intención era quedarse un tiempo para acostumbrarse al cambio de vida.
Le preparamos una cena de bienvenida, y llego a eso de las 07:30 de la tarde, mi madre la fue a buscar al aeropuerto, mientras nosotros preparábamos todo, Al verla cuando llego quede loco, casi no la reconocí (como hace 5 años que no la veía), paso de tener el pelo castaño a tenerlo rubio claro, y su forma de vestir como ya he dicho era muy provocante, pero a fin de cuentas era mi hermanita mayor, y nada raro se me ocurría en ese entonces.
La cena fue agradable, estábamos todos excepto papa, que ya hace cerca de 2 años que no lo veía, él y sus viajes de negocio. Conversamos y reímos, mi hermana no tenía nada que le bajara el ánimo, como si divorciarse fuera pan de cada día.
Luego de la cena mi hermana destapo un Johnny Walker y comenzó a conversar con mi mama, a eso como de las 10 de la noche, a la Leslie y a mi abuela les dio sueño y se fueron a acostar, también Elena y Marco se habían retirado a su habitación, yo por otro lado estuve aproximadamente 2 horas mas con ellas, luego comenzaron a ver películas, me aburrí y me fui a mi pieza, estaba viendo tele cuando por culpa de unas modelos de un programa de TV, se me paro la polla, me lo estuve sobando un rato, cuando no aguante mas y me empecé a masturbar, tenia tanto tiempo viendo porno que ya ni me excitaba el porno común onda pornostar, entonces comencé a ver amateur, y luego cosas mas hard-core como sexo con maduras, fisting, con enanas, etc… Por eso me calentaba tanto el culo de Elena, y tenía en el PC fotos de ella, cuando andaba con pantalones ajustados, etc, me estaba masajeando los huevos cuando se me ocurrió ir a la ropa sucia por sus calzones, me subí el cierre, intente disimular mi bulto, y las fui a buscar.
Cuando iba de camino, al pasar por el living vi que la película ya había terminado, y mi mama y Angélica estaban durmiendo en el sofá, las botellas estaban ya secas, eso quería decir que muy sobrias no debieron quedar para quedarse dormidas en el sofá, las 2 en medio de la película, apague la TV y el DVD, y fui a buscar las ricas bragas de la Elena, las cogí de su ropa sucia, y se me ocurrió como acto de hijo bueno llevare frazadas a mi madre y a mi hermana, todavía con mi pene erecto en todo su esplendor, fui a tapar a mi mama y a mi hermana, cuando llegue frente a mi hermana quede impactado, se le había abierto un poco el escote, y se le veía un costado de su sujetador, y en un plano perfecto sus voluptuosas tetas, eso me dejo perplejo, tenía una vista privilegiada, me quede mirándola como unos 2 minutos, no podía dejar de contemplarla, me tenían hipnotizado, esas tetas tan hermosas crearon malas ideas en mi cabeza, intente taparla, pero un malicioso roce intencionado, hizo que se quitaran todos mis preámbulos, y de seco me decidí a tocarlas.
Primero intente despertarla, le hable, le golpe el hombro, pero ella no mostraba signos de despertar, y en ese momento con todo el descaro del mundo, agarre mi polla con la mano izquierda mientras con la derecha comencé a sobarle una de sus tetas, era increíble, eran tan suaves, blanditas, y perfectas, no me di ni cuenta cuando estaba con mi polla afuera masturbándome frente de ella, mi calentura no podía ser mas, estaba en un estasis infinito masturbándome y tocándole las tetas a mi hermana, le tocaba una teta y luego turnaba con la otra, y con la otra mano un fuerte sube y baja que me tenía en la gloria, a medida que me masturbaba mi calentura me poseía y mi brusquedad aumentaba, se las apretaba por sobre la ropa, y la mitad de sus tetas que dejaba ver en sus escote, recuerdo que sus tetas eran tan ricas tan preciosas, precisamente eran las primeras tetas que tocaba en mi vida, no aguante mas y comencé a degustar lo que el escote me entregaba, pasaba mi lengua de una teta a la otra, me tenia enfermo el contacto de su piel con mi lengua, era simplemente perfecto, su aroma, su sabor, me hervía la sangre…. Estaba en eso cuando contemple su rostro y hay cambio todo, ya no eran sus tetas, sino que era ella, la mujer de mis sueños era mi bella hermana Angélica. Me di cuenta que tenia la boca entreabierta, entonces con mis dos manos me apoye en cada una de sus espectaculares tetas, y me acerque, para besarla, al tocar sus labios mi amor comenzó a florecer, y me di cuenta que la amaba como mujer, tanto como el amor que le tenía como hermana. Intente meter mi lengua en su boca, con ella toque sus dientes, lo que me erizó por completo, hasta que llegue a su suave y agradable lengua, es totalmente indescriptible lo que sentí en ese momento, era un amor tan profundo y un placer carnal tan fuerte, que aquella sensación impedía controlar mis actos…… No sé cuánto tiempo estuvo mi lengua en su boca, porque en ese momento estaba en el cielo. Cuando recobre la cordura me dispuse a terminar la situación, seguí amasándole las tetas con las 2 manos, y besándole su bello rostro, cuando decidí ir por sus pezones, me separe un tanto de ella y con mucho cuidado, con una mano le sujete el sujetador, y con la otra le tome su pecho izquierdo tratando de separarle el sujetador de su pecho corriendo el brassier hacia un costado, pero el sujetador estaba demasiado apretado, con un importante esfuerzo logre hacer aparecer la ureola rozada de su pezón, y seguí cuando de pronto de un tirón salió por completo el pezón de mi hermana a la luz, quede impactado por un momento, era absolutamente precioso, estaba a mil, así que sin pensarlo dos veces me lo metí en la boca, no podía creer lo que estaba haciendo estaba en la gloria, cuando note que estaba a punto de eyacular, de mi bolsillo saque el calzón de Elena y lo apreté en la cabeza de mi pene y chupe desesperadamente la teta de mi hermana, hasta cuando estalle en un clímax que me dejo tiritando un largo rato.
Cuando me recupere note que había dejado completamente empapado el pezón de la Angélica con mi saliva, y el calzón de la Elena goteaba de mi leche, pero eso no me importaba, luego de tirarlo en el cesto de la ropa sucia, me acerque a ordenar lo que había hecho, intente taparla como pude, y le di un largo beso de despedida, y recién hay note el gusto de alcohol que tenía en su boca, ordene todo y me fui a mi habitación, no sentía culpa como se puede uno imaginar sino que sentía rabia de que fuera mi hermana y no una desconocida para poder amarla libremente, pensando en que algo así nunca más se iba a repetir, aunque estaba muy equivocado.

CONTINUARA…

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Trío en el paraíso

Sentí un peso mayor y comprendí que mi joven amigo subía. Abrí los ojos, sólo para ver los de ella abiertos como platos. Dejó de moverse mientras Raúl le metía la verga a empujones por el culo. Pero una vez que se sintió ensartada por ambas cavidades, reanudó sus suaves movimientos circulares, que yo sentía, además de los martillazos que, desde arriba, Raúl le propinaba.

Aurora y yo habíamos terminado cinco meses atrás, para frustración de mi vida sexual y de mi vanidad, porque nunca he tenido mujer más bella y me hacía sentir grande, muy grande, pasear por la Universidad con ella de la mano, y porque cogía como las diosas; pero para descanso de mi espíritu, porque los ocho meses que duró nuestro noviazgo formal fueron una tormenta permanente.

Aurora era, es, como una princesa de El Palacio de Hierro, salvo por la estatura, porque medía 1.63 ó 1.64. Fuera de eso, podía haber salido en esos anuncios: su carita parecía sacada de un cuadro de Botticelli y es delgada, de muy buen cuerpo y, sobre todo, tiene una mirada ardiente, que asoma tras sus verdes ojos cuando ella así lo quiere, por entre sus largas pestañas. Imagínensela.

Durante tres meses nos esquivamos con éxito, pero cuando empezó el siguiente semestre (último), coincidimos en una clase fundamental, y aunque apenas nos dábamos los buenos días, me dolía verla. Así pasaron dos meses hasta que salimos de viaje de prácticas, quizá unos 75 chavos en dos camiones, con tres profesores, a algún lugar del sureste mexicano. El viaje duró seis días y cinco noches y marcó mi último encuentro con Aurora, el último, pero el más heterodoxo, ni duda cabe.

Yo compartí cuarto, en los hoteles en que paramos, con Raúl, un buen amigo y compañero de juerga que se la pasaría borracho todas las noches, a menos que se ligara a alguna compañerita. Yo, por mi parte, tenía la mira puesta en Angélica, una buena y querida amiga, pero la vista de Aurora, sentada en el mismo camión, unos lugares delante de mí, me hizo olvidarla.

La primera noche, volviendo del trabajo que había que hacer, no la vi por ningún lado y tuve que ahogar mis penas en alcohol, pero el segundo día la seguí, platicamos, nos tiramos varias indirectas y, como era de esperarse (donde hubo fuego cenizas quedan), terminamos follando como desesperados. Ella no sé, pero yo, en esos cinco meses, sólo había reincidido con una antigua amante un par de veces, y estaba casi en dique seco. Yo sabía, y ella también, que lo nuestro no tenía futuro, pero mi cuerpo tenía sed del suyo (¿por qué no podíamos ser sólo amantes?  ¿Por qué contaminar el sexo con tanto rollo?), de la curva de su cintura, de la flexible dureza de sus muslos, del brillo mate de su estómago, de la húmeda cavidad del sexo, de sus ojos mirándome, muy abiertos, en el instante anterior al orgasmo.

Al día siguiente, en una hermosísima ciudad semi selvática, discutimos como en los viejos tiempos, pero en la noche volví a gozarla, no con la urgencia de la víspera, pero con igual hambre, y como la víspera, ella se fue antes de que llegara Raúl al cuarto.

Todo hubiese podido quedar ahí, pero la cuarta noche, en vez de retirarnos discretamente, las amigas de Aurora nos jalaron a su habitación, donde bebimos tres o cuatro cubas y fumamos. Yo era el único varón del cuarto, y las chicas contaban historias bastante subiditas de color y todos moríamos de risa y, finalmente, Aurora se despidió diciendo que allá ellas, que se quedarán con la teoría mientras nosotros íbamos a la práctica. Riendo aún, entramos en la habitación, pero la tardanza, las cubitas, la mota, la excitación palmaria que la plática de las chicas me había provocado, hicieron que se me olvidara colocar el cartel de “no molestar”, que Raúl y yo teníamos convenido para casos como ese.

Aquella vez, Aurora estaba en cuatro patas, con la cara vuelta hacia la puerta y yo dándole desde atrás, cuando Raúl entró, con una buena dosis de alcohol encima, pero lejos aún de la borrachera. Raúl se nos quedó viendo, y tras el shock inicial, amagó dar media vuelta para salir musitando “perdón”, pero Aurora se salió de donde estaba (yo, al ver entrar a Raúl me hinqué y la solté), dejándome sentado, con el pito al aire y a medio comer, y acercándosele le dijo: “bien, Raúl, ya que estás aquí, cumple mi fantasía de tener dos penes a la vez. No creo que Pablo se oponga”, diciendo esto último sin voltear a verme.

Si Aurora vestida es un bombón, desnuda es espectacular, y me imagino lo que sentía Raulito viéndola caminar hacia él, blanca y delgada, con sus pechos pequeños, pero bien erguidos, su cintura de sílfide y sus suaves caderas… viéndola caminar, descalza, con su paso de gacela, hasta llegar a su lado, y empinándose sobre las puntas de los pies (Raúl mide cerca de 1.80), rodearle el cuello con sus brazos y jalarle la cabeza hasta darle un ardiente beso. Si la escena para mí fue muy larga, para él ha de haber sido eterna. Sin voltear a verme en ningún momento, empezó a desabrochar la camisa de Raúl, mientras él me echaba miradas en que se mezclaban el deseo y el temor. Yo, resignado, le hice una seña de inteligencia, como diciéndole: “no hay pedo, carnal”, y me senté en la cama, con la polla casi en estado de reposo. Me sentía raro viendo hacer a otro lo que yo tanto había gozado. Me empezó a gustar verla desde lejos, apreciar su espléndida figura desvistiendo al azorado Raúl.

Pronto estaba Raúl en cueros, tan flaco como yo (bueno, no tanto), y con el miembro escandalosamente enhiesto. Aurora se hincó y empezó a hacerle una mamada de urgencia, y cuando Raúl quiso subirla, ella dijo: “no, mi rey, quiero que la siguiente dures”, y siguió succionando hasta hacerlo venirse. Entonces, por fin, volteó a verme, y como era obvio que yo había aceptado tácitamente la situación, jaló a Raúl del brazo, y al llegar junto a mí me obligó a acostarme boca arriba, hincó sus rodillas en la cama y bajó su boca hasta mi pene, ya amorcillado, y antes de metérselo en la boca, volteó a ver a Raúl y le dijo: “ándale, mi rey, no seas tímido: gózame, penétrame por detrás”. Siempre hablaba así o peor cuando estábamos haciendo el amor.

Yo me puse una almohada detrás de la cabeza, y mientras sentía cómo su lengua me erizaba la polla y sus vellitos, observaba las maniobras de Raúl en la retaguardia de Aurora. Cuando Raúl se vino (a pesar del alcohol que tenía adentro y de la mamada precedente: es que tenía como tres meses sin comerse una rosca y Aurora, ya lo he dicho, es una princesa), Aurora reptó sobre mi cuerpo, empapada en sudor, y se metió mi verga en su coño, que escurría sus fluidos y los de mi camarada. Totalmente acostada sobre mí, con sus piernas al lado de las mías, empezó a moverse en lentos y pequeños círculos, tratando de que su clítoris rozara con mi cuerpo todo el tiempo. Mientras tanto, Raúl se preparó un cigarrillo, que Aurora, metida en lo suyo, no vio.

Yo cerré los ojos, sintiendo sus movimientos sobre mi sexo, su estómago y sus pechos sobre mi cuerpo, y sólo cuando sentí un peso mayor comprendí que mi joven amigo subía. Abrí los ojos, sólo para ver los de ella abiertos como platos. Dejó de moverse mientras Raúl le metía la verga a empujones por el culo. Pero una vez que se sintió ensartada por ambas cavidades, reanudó sus suaves movimientos circulares, que yo sentía, además de los martillazos que, desde arriba, Raúl le propinaba. Nos vinimos casi simultáneamente los tres, y yo derribé la pirámide. Quedamos tendidos en la cama, yo acariciándole los pechos y dándole largos besos en la boca, mientras Raúl le sobaba las nalgas.

Luego de eso, me quedé unos instantes parado, con los ojos cerrados, hasta que Raúl dijo: “chúpamela”, y oí que alguien abría la puerta del baño y que corrió un poco de agua. Cuando abrí los ojos vi que Raúl estaba sentado en la cama y Aurora, hincada en el suelo, terminaba de limpiarle la rígida verga con una toalla empapada. Una vez que lo hubo limpiado, lo hizo acostarse y empezó a darle unos suaves lengüetazos en el frenillo y el glande. Estaba en la misma posición que antes conmigo, con las rodillas hincadas a ambos lados de las piernas de Raúl, mostrando sus encantos, y verla así, verla chupar, me templé otra vez.

Me subí a la cama, me ensalivé la verga (no sin trabajo, porque tenía la boca bien seca), le puse la cabecita en la entrada del culo, y suavemente, muy suavemente, con su ayuda, se la fui metiendo en el estrecho orificio. Dejé mi pito reposar un rato en su cavidad y luego empecé un violento mete saca que, en pocos minutos, me hizo llenarle su agujero con un poco de leche (no quedaba mucha). Me eché al lado de ellos y Aurora dejó de chupársela a Raúl, para cabalgarlo otra vez, haciéndolo venirse rápidamente. Entonces se tendió a mi lado y dijo: “Raúl: es hora, cabrito, de que tus jugos regresen a ti”. Abrió las piernas y atrajo la cabeza de mi amigo a su sexo. Yo la besé -me encanta besar-, aunque la boca le sabía un poco a semen. Ahí estuve, sobándole las tetas, besándola, mientras Raúl terminaba su trabajo.

Aurora se vino con un largo suspiro. Un par de minutos después dijo que se quería bañar. Los dejé ahí y fui a preparar la tina. Eran altas horas de la madrugada, pero no tenía sueño, aunque no me creía capaz de volvérsela a meter. La tina se fue llenando, y yo observaba el agua subir. No sé cuánto tiempo estuve ahí, pero cuando salí los encontré follando otra vez, ahora en la posición del misionero, que tanto le gusta a Aurora, ella con sus piernas flexionadas, rodeando la cadera de Raúl.

Me senté cerca de ellos, a verlos. Pensaba si así me vería yo cuando se la metía, cuando lo hacíamos en nuestros tiempos de noviecitos. Era más que agradable verla, con la falsa alteración importada desde los Andes peruanos, retorcerse debajo de un varón. Ver su cuerpo empapado de sudor, todavía capaz de recibir y dar placer. Yo me acariciaba la adolorida verga, que sólo estaba amorcillada, y los veía, la veía a ella, más bien. Antes de que terminaran me adelanté y me sumergí en la tina, y poco después ellos me alcanzaron. Como no cabíamos los tres, Raúl se duchó (la regadera estaba a un lado), y se fue a dormir, mientras Aurora se quedaba conmigo. No hablamos, sólo dejábamos que el agua nos limpiara, nos relajara. Estuvimos ahí un muy largo rato, renovando el agua para que no se enfriara.

Salimos. Y Aurora comentó: “Hoy termina el viaje”. Dijo hoy, porque eran cerca de las cinco de la mañana: tres horas después estábamos todos citados a desayunar. “Sácate las últimas ganas, porque no volveremos a hacerlo”. Volvió a besarme, juntando su cuerpo junto al mío. Sus besos me prendieron otra vez. La acosté delicadamente. Cuando intenté penetrarla estaba seca, pero la saliva y los empujones me permitieron llegar al fondo, y la fui cogiendo como la última vez, como la primera, con la mayor delicadeza, buscando alargar el tiempo, mientras ella, con la verga adentro, empezó a segregar jugos.

Terminamos. Se paró y se fue: no quería que todos la vieran salir de nuestra habitación. Yo me quedé sentado y, aunque no acostumbro fumar, encendí un cigarrillo del paquete de Raúl. Dejé que pasara una hora y lo desperté. “¿Soñé o fue cierto?”, preguntó. “Fue cierto, puto: me debes una”, le dije. No quiero contarles cómo empecé a sentirme dos horas después, ya en el bus. Ahí decidí que no quería más bajones y menos, mucho menos, si se me iba una mujer como esa. Pero todo el malestar no compensaba la maravilla de esa larga noche en vela, ni la delicia que siento siempre al recordarla.

Autor: sandokan973

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Con mi cuñadita

Me dijo que lo hiciéramos con cuidado, que recordara su virginidad, pero  quería hacer posiciones, desde que me conoció siempre había deseado ese momento, cuando le puse mi verga en su anhelante conchita pegó un grito y empezamos a coger, primero lentamente, le rompí el himen de una, luego cogimos como perros hasta que terminó como tres veces.

Me llamo Martin, vivo en Sinaloa México, tengo casi cuatro años con mi novia que se llama Angélica. Somos de la misma edad, tenemos 25 años y ella tiene un hermana de 20 que se llama Reyna María. Desde que la conocí a mi cuñada me gustó más que mi novia, pero ya andaba con ella y no la iba a dejar. Mi novia trabaja en un súper mercado desde hace poco más de un año y dos de mis cuñadas trabajaban en una zapatería en una plaza comercial que se llama Calzzapato.

Desde tiempo atrás mi cuñada y yo jugábamos delante de mi novia a gemir y hacer como que estábamos cogiendo y ella siempre me seguía el rollo, un día después de tanto pensar le hablé y le dije que iba a ir por ella para caerle de sorpresa a mi novia y ver películas y comer y así.

Le dije que pasaría por ella como a las seis y media y me dijo que si, que estaba bien. Ya cerca de las seis me fui por ella la vi y le dije que la esperaba afuera y me dijo que estaba bien, ella salió al rato y me marcó para decirme que donde estaba, me encontré unos amigos y me puse a platicar con ellos y ya le dije donde estaba y ella me vio y  vino a donde estaba yo y le dije nos vamos, vamos entonces pues, nos subimos al carro y salimos un poco despacio de la plaza para ir a casa de mi novia que ya no vive con sus papás y por cierto también hemos cogido allí infinidad de veces.

Hay que subir una lomita y dar vuelta a la derecha y si no das la vuelta y te vas derecho, vas y das a la salida a Mazatlán que está rodeada de moteles, me dije me voy derecho a ver que hace y me fui y no dijo nada, al rato me preguntó a donde vamos y le dije que a un motel y se rió y le pregunté: ¿O te arrepientes? y me respondió que no, y que fuéramos.

Al llegar al lugar se metió en cuanto llegamos y yo esperé para pagar la habitación y cuando entré estaba viendo tv, me acerqué y la empecé a besar y me empezó a tocar y yo también a ella, pues poco a poco se fue bajando hasta llegar a mi cinturón, lo desabrochó y me le quitó igual que mi trusa.

Le dije, quiero desnudarte yo primero, y me respondió que estaba bien, pero que ella se desnudaría sola, se quitó la blusa y me dejó ver su busto muy voluptuoso pero hermosos senos, dignos de una tapa de Play, jeje y le acerqué la verga y me dijo que era virgen pero que ya había mamado varias vergas… La verdad no le creí pero le dije que estaba bien, que la trataría de lo mejor, y empezó a mamarme la verga de una manera tan rica que me acordé de como mi novia me la mamó la primera vez.

Después de algunos minutos le dije que me dejar tocarla, ella se acostó y yo empecé a darle un masajito y a dedearla, ella gemía muy rico, se notaba que estaba disfrutando me dijo que nunca nadie fuera a saber de todo lo nuestro, ni que se enteraran.

Me pidió que hiciéramos un sesenta y nueve, le dije que si, que estaba bien y se subió y me la mamaba tan rico que no podía más, mientras yo metía un dedo en su culito y otro en esa conchita tan deliciosa, le dije que se subiera ella para que ella controlara la penetración y me preguntó que si no dolía le respondí que si, que un poco…

Reyna María desde hace tiempo sabía que yo me cogía a su hermana y me dijo, házmelo como si fuera la Angélica y enséñame como a ella…

Me dijo que lo hiciéramos con cuidado, que recordara su virginidad, pero  quería hacer posiciones, desde que me conoció siempre había deseado ese momento, y que me había elegido para que la desvirgara…Se subió y empezó a meterla entre gemido y gemido, cuando le puse mi verga en su anhelante conchita pegó un grito y empezamos a coger, primero lentamente, suave por favor, me susurraba, suave, así, así, y le rompí el himen de una.

Si era verdad, era totalmente virgen, no podía creer lo que estaba pasando y me sentía mal por mi novia pero estaba tan buena mi cuñada que no dije nada y la empecé a coger, se movía tan bien que me causó curiosidad y le pregunté que donde había aprendido y me dijo que viendo películas porno…¡Muy buena escuela…le respondí!  Luego cogimos como perros hasta que terminó como tres veces y yo no podía terminar del miedo…

Cogimos como seis horas, ella quería probar todo, y la complací, le di por todos sus agujeros, la gocé por todos y cada uno de ellos, ella gozó, gritó como si la matara, gimió, lloró, exprimía mi rabo con su concha como toda una experta, ¡vaya con las lecciones de las pornos!, parecía que me quería ordeñar toda mi leche, se le notaba en su mirada viciosa, en como me miraba, como se mordía los labios, y ponía sus ojos en blanco en cada corrida, nada que ver con su carita de no matar una mosca.

Allí en ese cuarto de motel se comportó como una real putita y se corrió unas 10 veces, le pregunté si se masturbaba seguido, por las veces que había acabado, me respondió pícaramente, tú eres el causante de todas mis masturbaciones, no sabes cuantas veces me corrí soñando este momento, y me bañó nuevamente la verga con sus jugos, nos bañamos y la volví a culear en el baño, muy puta mi cuñada, ¿no creen?

Le dije cuando íbamos a casa de sus papás que luego la volvía a ver y así lo hicimos.

Como a los quince días y esa vez le pedí que invitara a una amiga y me dijo que iba a ver y hace unos días me dijo que ya encontró una amiga calentona, luego les contaré como me va, hasta luego.

Autor: Martin

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Mi tía Angélica y yo

Me tumbó sobre la cama, tomó mi pene  y procedió a realizar la mejor mamada que me han hecho en la vida, me iba a venir se lo dije, me hizo arrodillar en la cama, ella se arrodilló en el piso y esperó a que todo mi semen saliera, se lo tragó, lo ungió en su cara y cuerpo.  Después de eso hicimos el amor durante todo el fin de semana, yo calculo que fueron como quince a veinte coitos.

Para comenzar mi nombre es Juan Carlos, quedé huérfano de padre y madre siendo muy joven, por tal razón mi tía Angélica, hermana de mi madre, asumió mi custodia aunque seguí viviendo solo en mi casa.

Angélica era una mujer soltera, nunca deseó casarse por que decía que los hombres molestaban mucho.  Medía un metro con sesenta centímetro, tenía un cuerpo proporcionado para su estatura y sobre todo unos senos redondos perfectamente torneados, los cuales excitarían a cualquier hombre.

Yo tenía 18 años recién cumplidos, ella rondaba los 45, un sábado nos encontramos en la casa de mi tío Carlos Manuel, en un almuerzo familiar, después de algunas copas de vino, ella me dijo que se iba para su casa, pero yo la noté muy embriagada, entonces el destino se jugó su carta, yo le dije que no la podía dejar ir así, por lo cual la acompañaba hasta su casa, eran como las 8 de la noche.

Al llegar a su casa, me brindó un trago de ginebra con tónica, me lo bebí mientras ella entraba en su cuarto a cambiarse.  Luego de unos eternos diez minutos, regresó al salón principal vistiendo una provocadora y sensual pijama transparente.

Me preguntó si quería comer algo, le dije que sí que tenía hambre, mientras me la devoraba con la mirada, situación de la que ella se percató.

Sin embargo no dijo nada, se dirigió a la cocina y comenzó a preparar unos emparedados, de repente entré en la cocina y estando ella de espaldas la abrace, besándole su cuello y mordiéndole las orejas, en principio trató de detenerse, pero no resistió mucho a mis caricias, metí mi mano en su camisa y le apreté con fuerza sus pechos redondos como dos melones, los sobé, apreté y aflojé hasta ver que ella estaba totalmente excitada y mojada.

Me atreví a tocar sus nalgas y a jugar con mis dedos entre su ano, eso le hizo perder la razón, y me pidió que le introdujera mi pene en su trasero, así lo hice no sin sentir que el mundo se acababa por el gran placer que sentimos ambos, la verdad era la primera mujer que yo enculaba y me encantó.

Seguidamente se volteó y me exigió con desenfreno que se lo metiera en su vagina, accedí y tuvimos un segundo orgasmo del otro mundo.

Luego vino la calma y nos sentamos en un sofá para conversar sobre lo sucedido, ella me dijo que nunca más podría suceder esto, que ella era mi tía y es más como mi segunda madre, lo que me excitó mucho más, pues sus palabras eran dulces y llenas de pasión.

Nos acostamos en su cama a ver televisión, de pronto no resistí más la tentación y volví a besarla en su boca, le di un beso como nunca, y continúe con todo su cuerpo, nos desnudamos nuevamente, y procedí a hacerle sexo oral, ella me preguntaba como una niña ingenua ¿Qué haces? A lo que contestaba que estaba jugando con su cuerpo.

Ella se dejó finalmente, lamí y mordí su clítoris hasta que tuvo un orgasmo en mi cara, todavía recuerdo esos olores deliciosos segregados por sus genitales, ella me aseguró que ningún hombre le había hecho eso, pues ella es muy tradicional en el sexo, aunque le fascina.

Luego me tumbó sobre la cama y con la mayor delicadeza tomó mi gran pene entre sus manos y lo acarició con ternura y dulzura, y me preguntó ¿Qué quieres que haga con el?

Le dije comételo entero quiero que mi leche llene tu boca y tu cuerpo, y procedió a realizar la mejor mamada que me han hecho en la vida, lo juro, la mejor y son muchas las mujeres que lo han realizado.

Cuando me iba a venir se lo dije, y me hizo arrodillar en la cama y ella se arrodilló en el piso y esperó a que todo mi semen saliera y se lo tragó y lo ungió en su cara y cuerpo.  Después de eso hicimos el amor durante todo el fin de semana, yo calculo que fueron como quince a veinte coitos.
El lunes temprano salió ella para su trabajo, no sin antes volver a mamar mi pene y hacer el amor conmigo; yo salí para la universidad.

Durante toda la semana hablamos telefónicamente de lo sucedido y decidimos que no podía volver a suceder, hoy tengo 38 años y siempre nos saludamos de beso en la boca, claro disimulado si estamos en público.

Confieso han sido los mejores polvazos que me he echado en mi vida, aún los recuerdo y de vez en vez me masturbo pensando en mi tía Angélica.

Autor: Juan Carlos

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Mi primera infidelidad

Se recostó en el escritorio, en esta posición ya de frente nuevamente le introduje la verga en su culito que permanecía abierto como pidiendo más verga,  ella gemía cada vez que se la metía lo que me excitó muchísimo, y justo antes de terminar se retiró del miembro y se hincó delante de mi chupándomela como jamás me lo habían hecho hasta que terminé en su boca.

Todo empezó  el día en que renunció mi asistente,  yo soy cirujano,  ella era una señora de unos 50 años de edad, nada atractiva a la vista y obviamente contratada por mi esposa para que fuera mi asistente.  Inmediatamente colocamos un anuncio en el periódico local para cubrir ese puesto y en efecto rápidamente empezaron a llegar solicitudes a las cuales mi esposa fue atendiendo y realizando entrevistas.

No pasó una semana para cuando mi esposa había tomado la decisión de contratar a alguien,  para mi sorpresa contrató a lo que me imaginaba se trataba de una mujer joven, de 20 años de edad, que realmente se veía de menor edad;  me comentó que se había decidido por ella ya que le había dicho que de esa manera podría pagarse sus estudios.

Le comenté que dentro de sus actividades estaba el de acompañarme en el consultorio de manera permanente, y acompañarme a la exploración de los pacientes, asistiéndome en procedimientos que realizara en mi consultorio, así como en el tener listo todo el material necesario para ello. Dijo que no había ningún problema ya que lo había hecho anteriormente con otro médico.

Pasaron las semanas y todo iba muy bien, ella siempre vestida de una manera seria, podría decirse, ropa muy discreta, siempre muy limpia, sin embargo no dejaba de llamar la atención que debajo de aquella vestimenta se escondía una mujer con un cuerpo bien moldeado, podía apreciarse unos pechos redondos, firmes, una cintura pequeña, y unas caderas no muy anchas pero muy bien formadas, sin dejar de mencionar ese trasero paradito que no dejaba de mirar cada vez que me  daba la espalda.

Llegó aquel viernes que me cambió la vida,  eran las 8 de la noche hora en que siempre recibo al último paciente del día para ir a descansar a casa, o para cumplir con alguna guardia en alguno de los hospitales en donde trabajo,  faltando cinco minutos para que se llegara la hora me avisó mi secretaria que el paciente había cancelado la cita, le dije que podía marcharse, a mi asistente, que de aquí en adelante llamaré Angélica, también le dije que podía marcharse, sin embargo ella me dijo que todavía tenía algunas cosas pendientes que hacer para el siguiente día tener todo listo, asentí con la cabeza y seguí trabajando en la computadora en ordenar algunos expedientes pendientes también.

En el consultorio tengo un área de exploración la cual está, digamos, aislada del resto del lugar para comodidad del paciente al ser explorado sin ropa,  no pasaron 5 minutos para cuando ella se acerca al escritorio y me dice, – Doctor, me da mucha pena decirle esto, pero tengo unos días con un problema, yo se que no es ginecólogo pero igual es médico y me puede ayudar un poco…  le dije que con toda confianza me contara.  Me dijo, -Hace 1 semana que he sentido un poco de comezón allá abajo (sonrojándose)  después de seguir interrogando le dije que no podía darle algún diagnóstico sin antes explorarla,  pero que la entendía que no quisiera que la explorara sin que estuviera alguien más presente.   – No importa, he visto como trata usted a sus pacientes y me da mucha confianza el que me revise, dicho eso pasó a ponerse una bata de exploración.

Mientras ella se desvestía,  esperando yo encontrarla desnuda de la cintura hacia abajo únicamente,  cual fue mi sorpresa cuando me llamó al cuarto de exploración, para avisarme que se encontraba lista, se encontraba desnuda completamente, vestida únicamente con las diminutas batas que utilizamos para la exploración, lo que dejaba  transparentar sus pequeños pezones a través de la delgada piel,  se recostó sobre la cama de exploración y abriendo un poco sus piernas dejó al descubierto aquella panochita totalmente depilada mostrándome sus labios vaginales totalmente apetecibles,  aunque estoy acostumbrado a ver pacientes en esa situación en esta ocasión fue distinto, traté de contenerme y de esconder mi excitación que empezaba a notarse.

Procedí a revisar, lentamente separé esos labios, introduje el espejo vaginal y realmente no encontré nada anormal, al contrario todo aquello parecía tan sano,  le dije que con una mano me señalara el lugar exacto donde sentía más molestia e inesperadamente tomó mi mano y me dijo mire aquí, en este lugar es donde más molestia siento, dirigiendo uno de mis dedos hacia su clítoris  que empezaba a asomarse de entre su capuchón.  Y empezó a moverlo con movimientos circulares, traté de retirar mi dedo   pero fue más fuerte la atracción que yo.  Le dije que no estaba bien eso y me dijo que siguiera, que sabía de mi situación y por ella no había ningún problema a lo cual yo accedí.

Seguí acariciando su clítoris mientras nuestros labios se unieron en un beso, su mano empezó a acariciarme la verga por encima del pantalón que estaba apunto de reventar de la excitación,  su respiración comenzó a sentirse agitada al igual que la mía,  con una habilidad que me impresionó sacó de entre el pantalón mi verga, que tiene unos 17 cms. de largo y es un poco gruesa, y se la llevó a la boca dándome una mamada sensacional, la chupaba de arriba abajo, sabía lo que hacía.

Nos pusimos en posición de 69 sobre la camilla, que nos resultó un poco chica para ello pero como pudimos nos acomodamos, ahora al mismo tiempo que recibía una mamada tenía su panocha a la altura de mi cara y chorreando su lubricante que parecía quemar mi lengua,  tenía a mi disposición sus dos entradas, mientras me comía su panocha con un dedo jugueteaba con su culo a lo que ella respondía con gemidos que me ponían a mil.

Nos levantamos de la mesa de exploración y dejó caer su bata dejándome ver esos pezones que había podido admirar a través de la tela,  eran unos pezones pequeños de color rosado al igual que su conchita,  apuntaban hacia arriba,  y sus pechos, que aunque no de mucho volumen, bastante ricos, bien formados.

Nos fuimos hacia el consultorio y me sentó en la silla,  se hincó frente a mi y siguió chupándomela, primero chupeteaba la cabeza y luego se la metía toda en la boca,  de vez en cuando me volteaba a ver con esos ojos color miel y una cara angelical que me hacía sentir en las nubes.

Se incorporó diciéndome, – Suficiente ahora me toca también a mi sentir rico,  y abriéndose las nalgas se fue sentando en mi miembro lentamente dándome la espalda, sintiendo como se introducía en su vagina cada centímetro de verga dándome un espectáculo increíble, mientras veía como se dilataba su culito al abrirse con sus manos las nalgas.  Estando totalmente ensartada se echó hacia atrás dejándome tocar sus pechos desde atrás mientras con movimientos circulares de su cadera me hacía sentir en las nubes.

Continuando yo sentado se levantó y se volvió hacia mi, ahora de frente, se sentó nuevamente introduciéndose lentamente la verga,  ya en esta posición las embestidas fueron aumentando de intensidad, ya no nos importaba ser oído o que alguien entrara a la recepción del consultorio,  después de un momento le dije que me venía a lo que ella respondió aumentando la velocidad de las arremetidas, sacándome toda la leche que derramé dentro de su panocha.

Creyendo que había sido todo se levantó del asiento y antes de que yo me pudiera incorporar nuevamente se arrodilló frente a mi y comenzó a chupármela, diciéndome antes de esto que aun no había terminado, que faltaba un poco más.  Después de unos momentos mi miembro comenzó a responder poniéndose duro ante cada mamada que me daba.

Estando totalmente repuesto se empinó agarrándose de la orilla del escritorio y diciéndome ahora me toca por detrás papi,  nuevamente se separó las nalgas dejándome ver su culito, se metió un dedo a la boca, lo llenó de saliva y posteriormente empezó a dedearse el culo hasta empezar a dilatarlo mientras con la otra mano me seguía jalando la verga y de vez en vez se la metía en la boca,  cuando fue suficiente la dilatación adoptó la posición anterior, se agarró fuerte al escritorio y me dijo, – Anda, cogeme por el culo, hazme tu puta.

Lentamente fui introduciéndole la verga en su estrecho culo, al principio con cierta resistencia pero posteriormente entraba y salía con una facilidad increíble, estuve bombeando por un rato,  y cuando dejaba de moverme ella se incorporaba un poco y con movimientos de adelante atrás sola se la metía hasta que los huevos topaban con su panochita.

De pronto se la sacó y se recostó boca arriba en el escritorio apoyando sus manos en el para quedar semi sentada, en esta posición ya de frente nuevamente le introduje la verga en su culito que permanecía abierto como pidiendo más verga,  ella gemía cada vez que se la metía lo que me excitó muchísimo, y justo antes de terminar se retiró del miembro y se hincó delante de mi chupándomela como jamás me lo habían hecho hasta que terminé en su boca.

Después de esto se limpió su cara angelical y poco a poco se fue vistiendo, primero se puso su tanga que por mucho tiempo había pasado desapercibida para mí pero que según me dijo todos los días usaba ese tipo de ropa interior.

Después de esa ocasión lo hemos seguido haciendo no solo en mi consultorio sino que nos vemos para ir  a algún motel, pero esas ya serán otras historias

Espero les haya gustado.

Autor: knser

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