El portero se desvirga a mi hermanita

Mi hermana respiró hondo, supongo que tratando de relajarse, y lo vi a Aníbal que al sentir que se empezaba a relajar se la clavó bien a fondo, mi hermana quedó clavada sobre la cama, no gritó, su cara era increíble, Aníbal se la dejó un rato más a fondo y luego empezó a bombearla suavemente, mi mamá dejó de masturbarse y se acomodó detrás de Aníbal chupando el culo de este.

Había pasado un largo tiempo en el que el portero seguía cogiéndose a mi madre, pero como ella había empezado a trabajar de tarde, se había reservado la de los miércoles en los que yo tenía gimnasia. En general yo trataba de no estar presente, porque la situación me ponía cada vez más loco y no la podía manejar. Por otro lado mi hermana acababa de cumplir los 18, ella iba a la preparatoria de tarde, con lo cual los miércoles a la tarde era el día ideal para mi madre.

En las últimas relaciones que había presenciado o bien había escuchado, cuando Aníbal le hacía el culo a mi madre siempre empezaba a jugar con que Sol ya era adolescente y que mejor que se la comiera alguien bien experimentado como él, mi mamá se fingía horrorizada, pero como Aníbal siempre se lo decía mientras le rompía el culo, que a ella le encantaba, terminaba entrando en el juego, diciéndole que quizás algún día lo dejara pero que tenía que ser cuidadoso y que tenía miedo que le dejara de dar así por el culo a ella, encantado con mi hermanita, este le aseguraba que su culo era uno de los que más le gustaba del edificio y que podía estar seguro que se lo iba a seguir llenando de leche como siempre. Luego de estas charlas los dos acababan como cerdos. Luego parecían olvidar el tema y se quedaban en la cama besando y abrazándose ya que nadie los molestaba.

Pasaron unos meses y empezado a salir con Sandra, un miércoles a la tarde había olvidado un reglamento de voleibol que tenía que llevar al cole, volvía a buscarlo a mi habitación y escuché la puerta del departamento que se abría y a mi mamá que entraba, me escondí en mi cuarto bajo la cama, mi mamá revisó que no hubiera nadie en el departamento y se fue a buscar a Aníbal que esperaba escondido tras la puerta. Mi calentura pudo más y salí corriendo, mientras mi madre iba hacia la puerta, a esconderme en su armario, dejando el espejo listo para presenciar el espectáculo. Hacía un tiempo que no los miraba por lo que enseguida estuve al palo y tuve un orgasmo violento, cuando Aníbal estaba rompiéndole el culo, se escuchó la puerta del departamento y a mi hermana gritando, ¡mamá!, ya llegué, mi mamá puso una cara de horror, pero Aníbal la clavó más fuerte contra el colchón y tirándole del pelo, le dijo al oído: Decile que venga al cuarto…

Mi madre estaba horrorizada, parecía deliberar que hacer, Aníbal la empezó a bombear bien fuerte y a tirarle más duro del pelo, Acá, en la pieza gritó mi mamá con voz de puta. La puerta del cuarto se abrió y mi hermana quedó congelada en el umbral de la habitación, sus mejillas estaban coloradas al instante, y ni salió ni avanzó, se quedó parada en el lugar, Aníbal se salió de mi mamá y le dijo, Hola Sol, ven, acércate, mi hermana estaba inmóvil, el portero desnudo se acercó hacia ella y tomándola en brazos la llevó hacia la cama, la acostó junto a mi madre y empezó a acariciarle las piernas, mi mamá empezó a acariciarle la cara, mi hermana había cerrado los ojos y entreabierto sus labios, de los que escapaba un suave gemido.

Aníbal siguió recorriéndole las piernas y luego le sacó su bombachita dejándola con su minifalda, mi pija que recién había acabado parecía querer explotar de nuevo, vi la concha de mi hermana brillante de jugos mientras que Aníbal se había acomodado y la había mordido los labios de mi hermanita, que tenía los ojos en blanco y parecía casi desmayada, mi mamá se empezó a tocar y acomodándose detrás de Aníbal empezó a chuparle el culo y los huevos y todo lo que pudiera, Aníbal se salió de encima de mi hermana y se quedó acostado boca arriba en la cama, mi mamá se comió su pija como desesperada hasta que lo tuvo bien al palo otra vez, luego se acomodó y se la clavo ella misma empezando a montarlo bien duro.

No te podes quejar hijo de puta, ¿te gustó la nena también? Mi mamá estaba casi babeando, estaba más sacada que nunca, ¿A ella también le pensas romper el culo, hijo de puta?, y lo siguió cogiendo hasta que tuvo un violento orgasmo y cayó rendida sobre su pecho. Aníbal se salió de debajo de ella y acomodándose en su culo se la dejó ir hasta el fondo, la empezó a bombear, y le dijo, no te quepa duda que la próxima vez, le hago ese hermoso culito que tiene, pero hoy es todo para vos perra puta, y la bombeó hasta que le llenó el culo de su leche. Luego se salió de ella y se acostó entre las dos hembras que quedaron una a cada lado suyo apoyadas en su pecho.

El viernes a la tarde cuando volvió del trabajo mi madre me comentó que mi hermana no iba muy bien en la escuela, por lo que el sábado aprovechando que papá trabajaba se iba a quedar toda la tarde estudiando y me pedía que me buscara algo para hacer para no estar en casa y molestarla, que fuera al club o algo por el estilo, enseguida entendí el mensaje. El sábado a la mañana mi mamá y mi hermana se fueron de compras, me avisaron que volverían cerca del mediodía, que si quería comer algo en la heladera había unas presas de pollo, les aseguré que me arreglaría. Ni pensé en almorzar, preparé el armario del cuarto para estar lo más cómodo que el lugar lo permitiera.

Cerca de la una de la tarde escuché la puerta y salí corriendo a mi escondite, mi mamá y mi hermana llegaban de sus compras, mi mamá entró al cuarto y mi hermana había ido al baño luego entró al cuarto y mi mamá empezó a vestirla con una minifalda muy cortita y una ropa interior de encaje muy elegante, arriba una remerita sin sujetador y le puso unos zapatos de taco alto.

Mi hermana se veía realmente deliciosa, hablaban en voz baja entre ellas y en un momento sonó el timbre, mi mamá salió a abrir y le dijo a mi hermana que enseguida la llamaba, al rato escuché que decía Sol, ¡vení!, no sé muy bien que pasó en el living pero estuvieron cerca de quince minutos, cuando entraron en la habitación me di cuenta que la ropa interior de mi hermana había desaparecido, al agacharse pude ver todo su culo al desnudo que me provocó una durísima erección.

Mi madre se arrodilló delante de Aníbal y solo desabrochando su pantalón y sacando su miembro empezó a propinarle una chupada, mientras lo miraba a los ojos de rodillas delante de él, Aníbal le hizo una seña a mi hermana de que se acomodara al costado de mi mamá y esta así lo hizo, Aníbal sacó la pija de la boca de mi mamá y la dejó delante de la cara de mi hermana, su pija daba saltitos delante de la carita de mi hermana, que no hacía el menor movimiento, estuvo un rato quieta y en un momento la agarró con la mano y empezó a pasarle la lengua por la cabeza como si fuera un helado…
La cara del portero mostraba un placer supremo, de a poquito se fue animando y cada vez avanzaba un poco más metiéndosela en la boca, luego se la sacó como si le diera un poco de asco y fue mi mamá la que siguió con el trabajo, luego ambas se pusieron de pie, y el portero les pidió que se desnudaran y se pusieran en cuatro ambas con el culo ofrecido al borde de la cama, para mi desgracia se ubicaron del otro lado de la cama por lo que veía solamente sus caras, Aníbal tomó el aceite y empezó a lubricar el culo de mi mamá, luego pasó a mi hermanita y lo hizo con mayor detenimiento, mi hermana apoyó su cabeza de costado sobre la cama y sólo quedó gimiendo cada vez más fuerte.

Aníbal se acomodó detrás de mi mamá y se la metió hasta el fondo empezando un rápido bombeo que a mi mamá le encantaba, mi mamá solo gemía y gritaba diciendo lo mucho que le encantaba y que nunca dejara de romperle el culo, Aníbal tenía una sonrisa de triunfo en los labios, la agarró fuerte del pelo y le dijo:

Ya te dije que tu culo me encanta, pero hoy la anfitriona no sos vos y se salió de ella, mi hermanita, giró y mirándolo le pidió que por favor no le hiciera doler, Aníbal se acomodó detrás de ella y pude ver que intentaba meter la cabeza pero le costaba bastante, mi hermana se movía todo el tiempo, se notaba que le daba bastante miedo, en un momento uno de los movimientos de mi hermana en lugar de evitar la penetración sólo logró que entrara más a fondo la pija del portero, por lo que soltó un gritó profundo y se quedó quieta, el portero tampoco se movió, simplemente se la dejó clavada sin hacer el menor movimiento, salí un poco por favor, dijo mi hermanita, mi mamá se había sentado en la cama y se había empezado a masturbar viendo la escena, éramos dos los pajeros esa tarde.

Mi hermana repitió, por favor Aníbal, sácamela un poco que me duele, pero no sonaba muy creíble, me parecía que empezó a hablar porque su culo se había empezado a acostumbrar al invasor. Bueno, dijo Aníbal pero para que te la pueda sacar sin que te duela tenés que ayudarme aflojando la colita, si te la intento sacar así tensa como estás te va a doler más, mi hermana respiró hondo, supongo que tratando de relajarse, y lo vi a Aníbal que al sentir que se empezaba a relajar se la clavó bien a fondo, mi hermana quedó clavada sobre la cama, no gritó, su cara era increíble, sus ojos se abrieron junto con su boca, Aníbal se la dejó un rato más a fondo y luego empezó a bombearla suavemente, mi mamá dejó de masturbarse y se acomodó detrás de Aníbal chupando el culo de este.

Él siguió bombeando a mi hermanita que se veía ahora bastante relajada, el ritmo de Aníbal fue cada vez más rápido, estuvo dándole por un largo rato, luego también la tomó de los pelos y llevó su boca hacia la de él mordiéndosela a mi hermanita, le dio un par de bombazos más y luego se contrajo dejándosela bien clavada en lo que supuse sería su orgasmo, mi hermanita se sacudía y también ella parecía estar acabando sin parar…

Mi madre se apoyó sobre el cuerpo de Aníbal y quedaron los tres uno encima del otro por un largo rato, luego se reacomodaron y Aníbal les pidió disculpas a ambas por no quedarse pero su mujer lo esperaba para dormir la siesta, las hizo poner una vez más de rodillas y entre las dos le limpiaron el miembro que empezaba a ponerse duro de nuevo.

Ahora cuando me coja a mi mujer voy a pensar en Uds., esta siesta no se la olvida más la gorda, las besó a cada una y se fue del departamento, mi hermana y mi madre quedaron un rato abrazadas sobre la cama. Luego ambas se fueron a bañar juntas, momento que aproveché para salir disparado de mi casa.

Autor: Sebirra2003

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Le entregué mi novia al portero

Le deslizó la cabeza dentro mientras le dijo, te voy a coger seguido a partir de hoy y terminó de metérsela lentamente hasta el fondo de su culo, la cara de mi novia era un poema, su boca estaba entreabierta y babeando y el tipo la agarraba fuerte del pelo y empezó a serrucharla con dureza, le estuvo dando por un tiempo bastante largo hasta que se tensó y le llenó el culo de su leche.

Había cumplido 18 años, estaba en último año de la secundaria y había empezado a salir con Sandra, una chica de también de 18 que me atraía sobre manera, era una chica muy popular siempre era muy provocativa y se decía que había tenido historia con montones de chicos de la escuela, de hecho en los recreos siempre estaba escondida en algún lugar apretando con alguno, cuando la veía me decía que era un mal pensado que sólo se habían besado un poco, y agregaba además si yo nunca había besado a nadie, que no era para tanto.

Por lo demás estaba encantado con la situación, mi madre había empezado a trabajar como profesora por las tardes y mi hermana estaba en la secundaria de tarde, por lo que la mayoría de las veces pasábamos las tardes con Sandra en casa. Igualmente ella se negaba a tener sexo conmigo, me decía que nuestro amor era muy puro y que no quería ensuciarlo, simplemente me pajeaba y apretábamos muy duro a veces pero me decía que no iba a coger conmigo, que me amaba pero que ni se le ocurría tener sexo conmigo por el momento. Me decía que yo no era un sucio, como tal o cual y me describía lo que le hacían para luego terminar masturbándome ella arrodillada a mis pies y mirando como mi pija escupía en dirección a donde ella decidía, creo que le encantaba masturbarme y a mi me encantaba también como lo hacía. Me reconocía que había apretado con todos los chicos de la escuela que se lo propusieron pero me aclaraba que sexo solo había tenido con cinco de ellos, de los cuales ahora sólo tenía con uno, que era un chico de quinto de nombre Sergio que le encantaba, pero a la vez lo detestaba mucho, me decía que no se podía comparar conmigo en nada.

Seguimos estando de novios durante casi un año y la situación no cambió en casi nada, ella se negaba a tener sexo conmigo de manera rotunda y seguía teniendo relaciones con este chico Sergio que también tenía novia. Una noche estaba durmiendo y tuve un sueño, en el que me desperté sobresaltado, lo veía a Aníbal, el portero, teniendo sexo con mi novia y me desperté todo sucio y lleno de mi leche, había tenido una eyaculación nocturna, el tema de verla a mi novia con el portero empezó a meterse en mi cabeza. Me venían los recuerdos de las veces que lo había visto al portero cogiéndose a mi madre y me preguntaba que haría con una chica como la mía que era una perrita deliciosa.

Cada vez que pensaba en el tema me masturbaba como loco, el tema se me empezaba a escapar de las manos. Una tarde estando en casa le pregunté a Sandra si alguna vez había tenido sexo con algún hombre grande, me contestó que no y le dije que era una suerte, que en general eran como más zarpados y degenerados, que yo había escuchado una vez que el portero, por ejemplo, le encantaba cogerse a muchas de las vecinas a las que siempre decían terminaba haciéndoles el culo. Vi una cara de caliente en mi novia que pretendió disimular, había encendido la mecha, por otro lado le pregunté si lo había hecho por el culo y me aseguró que no, y me dijo que por ahí era hora de probar con un hombre más grande.

Se fue sonriendo al baño, me masturbé en mi cuarto para tranquilizarme un poco. La actitud de mi novia hacia el portero cambió de forma drástica; de casi ni siquiera haberlo mirado, se paraba a hablar cada vez que entrábamos al edificio con él haciendo poses muy provocativas y haciéndose la nena sexy, a Aníbal no le era indiferente y la agarraba y la abrazaba diciéndole que era como una sobrinita para él y la agarraba manoseándola cuando podía, así siguió la situación durante un tiempo.

El momento llegó, porque todas las cosas llegan en la vida. Un fin de semana mis padres se fueron con mi hermana a pasar el fin de semana al tigre en la casa de unos amigos, como yo tenía unos exámenes la semana siguiente, me quedé en el departamento a estudiar. El viernes a la noche era el cumpleaños del tipo este Sergio, así que con mi novia estábamos invitados, fuimos a la fiesta que era todo música y diversión, el tipo no se acercaba mucho a mi novia, porque estaba la suya presente. En un momento de la noche se la llevó a mi novia hacia uno de los balcones y lo más sigiloso que pude los seguí, traté de esconderme sin que me vieran y el tipo le decía que le iba a regalar para su cumple, la vi a mi novia ponerse de rodillas y liberando su pija del encierro le dio una mamada hasta que el tipo acabó en su boca.

Miré la cara de mi novia y restos de leche salían por la comisura de sus labios. Cuando iba a entrar ella, me escabullí hacia la fiesta y me dijo que ya era hora de irnos, eran como las seis y treinta de la mañana. Los dos habíamos tomado un poco pero sólo estábamos un poco alegres nada más. Cuando estábamos llegando a la puerta del edificio lo vimos a Aníbal que estaba adentro terminando de limpiar el hall. Le dije a Sandra si no le gustaría hacerse más la borracha de lo que estaba y que le pidiera yo a Aníbal que me ayudara a cargarla que yo también me haría más el borracho de lo que estaba.

Sin contestarme sentí el peso de mi chica apoyándose en mi, cuando Aníbal nos vió se acercó a la puerta, poniendo mi mejor voz de borracho, le pregunté si no podría ayudarme con mi chica que estábamos un poquito borrachitos. Este la agarró y la cargó a upa mi novia se agarró de su cuello, subimos los tres en el ascensor y trataba que no se me notara mi erección. Busqué la llave del departamento Aníbal me preguntó donde la acostaba y le dije que por favor en la cama de mis padres que queríamos aprovechar y le sonreí, abrí la puerta del cuarto y me senté en el piso apoyado contra el placard y fingí quedarme dormido profundamente.

Aníbal acostó a mi novia y soltó sus manos que se negaban a soltarlo, giró hacia el otro lado de la cama y cuando me vió dormido, empezó primero a sacarle los zapatos a mi novia aprovechando a acariciarle las piernas, luego la fue desnudando prenda a prenda hasta dejarla totalmente desnuda. El tipo me miró una vez más y desabrochó solamente los botones de su pantalón de trabajo sacó su pija y acomodándose sobre mi novia que estaba boca arriba fingiéndose dormida se la acomodó y se la dejó ir de un envión, la vi a mi novia abrir los ojos y a Aníbal que la besaba tapándole la boca, la empezó a serruchar con dureza y vi las piernas de mi novia que se cruzaban tras sus muslos apresándolos con fuerza, tuve mi primer orgasmo sin tocarme.

El tipo estuvo cogiéndola un rato largo y luego cuando mi chica ya había tenido varios orgasmos se salió de ella y poniéndole una almohada bajo su pelvis, la giró dejándola culo arriba, salió de la habitación y al rato volvió con un frasco de aceite que trajo del baño, muchas veces lo había usado con mi madre, se lo repartió bien por el culo, y primero que nada se la dejó apoyada entre las nalgas, se acercó a su oído y le dijo:

-Que cerradito que lo tenés, parece que estamos de estreno, quédate tranquila que caíste en buenas manos.

Acto seguido le deslizó la cabeza dentro mientras veía las piernas de mi novia que se tensaban, el tipo la tomó de los pelos y la giró mordiéndole la boca, -Vas a ser mi perrita, le dijo, te voy a coger seguido a partir de hoy y terminó de metérsela lentamente hasta el fondo de su culo, la cara de mi novia era un poema, su boca estaba entreabierta y babeando y el tipo la agarraba fuerte del pelo y empezó a serrucharla con dureza, le estuvo dando por un tiempo bastante largo hasta que se tensó y le llenó el culo de su leche, se quedó un rato sobre ella y saliéndose le dio su pija para que la limpie. Luego la besó y le aseguró que esto era solo el principio de algo que los iba a hacer muy felices.

Cuando Aníbal salió me acerqué separé el culo de mi novia y vi el estado en que estaba, me masturbé y por primera vez mi semen cayó sobre el culo de mi chica. Me acosté a su lado y nos dormimos los dos profundamente.

Autor: Sebirra

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De nuevo se desata la pasión

Él empezó a hacer presión por un lado y ella empezó a gemir con más ganas, y de repente, con gran dificultad, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa, podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales estiradas al máximo, mientras ella decía que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo.

Casi un año hace que mi esposa y yo participamos en nuestro primer trío HMH, el cual fue sencillamente delicioso y ella gozó como nunca antes la había visto gozar, al igual que mi amigo Aníbal y yo.

Desde entonces nuestra vida se hizo prácticamente «normal» y no participamos en ninguna otra clase de relaciones de este tipo, siempre con la esperanza de volver a estar de nuevo con Aníbal, la persona con quien experimentamos nuestra primera vez y con quien hicimos una gran confianza, aunque por supuesto que en la cama seguíamos igual o más apasionados, y en nuestras fantasías siempre estaba él presente, ella imaginaba que era él quien la cogía con su gruesa polla y yo me imaginaba que los veía cogiendo y besándose y me excitaba muchísimo, pero la verdad es que queríamos hacerlo de nuevo en la realidad y los dos nos moríamos de ganas de que volviera Aníbal para gozar de lo lindo del sexo en trío, sólo con él.

El hecho es que múltiples ocupaciones le impedían volver a visitarnos y varias veces había quedado de venir, con lo que mi esposa se ilusionaba y contaba los días para volver a comerse la gran verga de Aníbal, pero siempre surgía un inconveniente de última hora y se volvía a aplazar su regreso. Pero después de tantas vicisitudes y esperas, al fin se llegó el gran día, ¡por fin iba a volver! Mi esposa Blanquita no lo podía creer, de sólo pensar en lo que le esperaba se le humedecía toda la cuquita y yo le decía que si se imaginaba lo que íbamos a hacer, que se imaginara que de nuevo le hacíamos una doble penetración y agarraba una calentura de las que a mí tanto me gustan, que se le pone esa cuca toda babosita, sedosita, se le engordan los labios vaginales y cuando la penetro me acaricia de una manera deliciosa y se siente un calor húmedo definitivamente exquisito, que me hace tener unos orgasmos muy fuertes y ricos, mientras yo me la cojo bien duro, ella por lo general termina dos o tres veces seguidas, cuando nos excitamos imaginando lo que nos espera en el momento que de nuevo estemos con él.

Lo cierto es que esta vez era cierto, él volvía. El día acordado nos llamó y lo confirmó, ya estaba en la ciudad y a las 8:00 de la noche nos pasaría recogiendo en su carro. Ella se encontraba feliz y dichosa y radiante, se acicaló con una dedicación asombrosa, y el resultado fue magnífico: quedó realmente preciosa, con una minifalda a mitad de los muslos, con la cual se veía muy sexy y provocativa, una blusita con una manga destapada y la espalda también a medio descubrir, que le daba un toque de misterio, además era cortita y le dejaba ver su precioso ombliguito, de verdad estaba muy linda, además con unas sandalias altas, de las que tienen tiritas para amarrarse en los tobillos, y unas tanguitas diminutas y además no llevaba sostén. Parecía una chamita (jovencita), aún con sus 33 años encima, de verdad que no los aparentaba para nada.

Como la noche estaba un poco fría, llevaba puesta una chaqueta negra, de pana que le daba un toque de elegancia, majestuoso. En fin, estaba seguro que Aníbal iba a estar encantado de cogerse semejante caramelito de mujer y si a eso le agregamos lo caliente, dispuesta y complaciente que es, cualquier hombre quedaría encantado con mi preciosa mujer, que por algo llevamos 15 años juntos y cada día la quiero y la adoro más y soy muy feliz al lado de ella; por eso me gusta complacerla en todos sus deseos y sus caprichos y este era uno de ellos, el poder disfrutar de dos vergas para ella solita, el placer de ser poseída por otro hombre frente a su marido, cuatro manos dispuestas a acariciarla y a hacerla la mujer más dichosa del planeta.

Sus fantasías de nuevo serían cumplidas, la larga espera había terminado. Como siempre, Aníbal no llegó puntual, pasaron las ocho, nueve, y las diez y no llegaba, ya ella se estaba impacientando, hasta que nos llamó explicando su retraso y que en 15 minutos llegaba y así fue. Cuando salimos del apartamento la miré y llevaba una cara de gusto y de excitación que, como dice la frase publicitaria de las tarjetas, «hay cosas que el dinero no puede comprar» y esa era una de ellas, esa mirada de placer y de gusto, de satisfacción, como cuando uno le regala a un niño el juguete que tanto ha anhelado. En fin, el corazón también me saltaba de excitación y me daba un hormigueo en el estómago, sabiendo lo que venía, salimos a la calle y allí estaba él. Como era muy tarde y no había posibilidad que nos vieran los vecinos, tuve la gentileza de subirla a ella en la parte delantera del auto, junto a él, para que pudieran saludarse como es debido y yo me subí en la parte de atrás, a disfrutar del espectáculo.

Allí mismo él nos saludó, me dio cortésmente la mano y me la apretó con cariño y a mi esposa la besó en la boca, abrazándola con pasión, gesto totalmente correspondido por ella, que prácticamente se abalanzó sobre él y se lo quería comer con la boca, mientras él le decía lo mucho que la había extrañado, las ganas que tenía de cogérsela y todas las veces que se había masturbado pensando en ella, en nosotros. Ella por su parte también le contó lo mucho que lo había pensado, como se imaginaba que él se la cogía con su grueso miembro y lo mucho que también había extrañado sus caricias, sus palabras y por supuesto, su herramienta, siempre dura y dispuesta. Yo desde atrás los veía complacido y excitado, me encantaba verlos así, ansiosos, deseosos.

Mientras iba manejando, ya en camino al motel que siempre íbamos, un paradisíaco motel de montaña, en los andes, precioso, muy bien decorado y el lugar perfecto para la pasión prohibida, Aníbal pasaba sus manos por las piernas de mi esposa, y ella se estremecía y sutilmente abría más las piernas, en claro gesto de complacencia, para facilitarle la labor y lograr que sus dedos llegaran a su rica cuquita, que a estas alturas seguramente estaría encharcada y palpitante, a sabiendas de la cogida tan deliciosa que le esperaba. Él poco a poco logró llevar sus dedos a su vagina, por debajo de la falda, protegida por la pequeña tanguita que llevaba puesta, de color negro, como a él le gusta, y por eso ella se la había puesto, para complacerlo en todos los detalles.

Él hizo a un lado la tela que le estorbaba para llegar a su objetivo y suavemente empezó a acariciarle la pepita y a tomar entre sus dedos los pliegues de sus labios vaginales, suaves, preciosos que los tiene ella, y luego a poner la punta de sus dedos al frente de su ardiente agujero, mientras ella levantaba complacida las caderas, esperando que le introdujera, al menos por el momento, sus dedos en su hambriento sexo. Por fin logró hacerlo y ella exclamó un ¡ahhh! de gusto, que me estremeció de placer a mí también, imaginando el goce que le estaba dando Aníbal con sus caricias, ya que de verdad os digo que disfruto muchísimo cuando ella siente placer y esa es una de las razones por las cuales me encantan estas aventuras sexuales tan prohibidas por la sociedad, para verla gozando y gritando de placer y que mejor que un trío para ello.

Así estuvo un rato Aníbal acariciando su cuquita, sus piernas, sus senos, de repente se acercaba y le daba un beso, en algún semáforo que nos detuviéramos y ella lo miraba con lujuria y ansiedad, de que de una vez por todas llegáramos al motel, para dar rienda suelta a la pasión desbocada que los tres sentíamos en ese instante. Ella por supuesto no se quedó quieta y respondió a las caricias de su amante visitante buscando con sus manos el objeto de todos sus sueños, el pene de Aníbal que tanto gusto le había dado y que tanto había imaginado volverse a comer y por fin lo iba a tener para ella solita, entre sus piernas.

Ansiosa por volverlo a ver, mi esposa se agachó en la silla en las piernas de nuestro amigo y buscó ansiosamente entre sus piernas la verga de él, bajándole la cremallera al pantalón y haciendo a un lado sus interiores, logró encontrar el pene anhelado, que se encontraba como una roca, grande, grueso, duro, imponente, y que saltó como impulsado por un resorte, mostrando en la cabeza un brillo delatador de lo excitado que se encontraba de imaginar la mujerzota que se iba a comer y que tanto placer le iba a brindar. Al verlo mi mujercita se relamió los labios y se dispuso a besarlo, diciendo lo mucho que le gustaba, lo grande que estaba y cuanto había esperado por ese momento. Al instante ya tenía entre sus labios toda la verga de Aníbal, con una pasión y una furia salvaje, parecía que se lo quisiera comer de verdad, aunque, claro, yo desde atrás, asomado por un lado del asiento de Aníbal, no tenía un campo visual muy grande, pero sí podía ver la preciosa cabellera negra de mi adorada mujercita, clavada entre las piernas de su amante, prácticamente devorándole el güevo, mientras yo, su esposo, me complacía viéndola en esos ajetreos.

Para mí era una imagen supremamente sensual, qué mamada le estaba dando, en plena vía pública, con los vehículos pasando al lado de nosotros, pero la oscuridad y los vidrios semi-ahumados de su auto nos protegían un poco, sin embargo, no nos importaba, si alguien nos veía, mejor, que se excitara también con el espectáculo y que pusiera a volar la imaginación con la escena. Desde allí podía ver como su cabellera se movía con el vaivén de su boca arriba y abajo, como lo chupaba, como un caramelo y Aníbal se deleitaba y exclamaba lo mucho que le complacía sentir esos tiernos labios en su polla, esa caliente boca en su portentoso aparato, que casi no le cabía en la boca, pues se veía el esfuerzo que debían hacer sus labios para albergar semejante cosa tan gruesa, y eso era precisamente lo que a ella más le gustaba, sentirse llena por completo, tanto su boca como pronto su cuca.

Ya cuando íbamos llegando, él le hizo un gesto a ella de que se detuviera, que lo iba a hacer acabar y quería era echarle toda su leche, pero en el coño, hasta dejárselo repleto de semen y eso sería cuando por fin llegáramos al hotel. Ella entonces se levantó y me miró con cara de lascivia, de lujuria, de excitación y me dijo: ummm qué rico está, ¡me muero de ganas de que me coja con ese bichote tan grueso y grande! y me guiñó el ojo con un gesto de complicidad, me le acerqué y la besé con pasión, en su boca húmeda por los jugos lubricantes de Aníbal, que se confundían con nuestra saliva y sabía a puro sexo, era muy excitante, sentirla así.

Entonces me escondí en la maleta del carro, a la cual se podía llegar por el respaldo de las sillas traseras, ya que en estas ciudades tan mojigatas, no permiten a más de dos personas en un motel y cerré la compuerta y los perdí de vista, pero podía escuchar sus jadeos y gemidos, especialmente los de ella, que me excitaban, imaginando qué le estaría haciendo, cómo la estaría acariciando, mientras esperaban su turno en la fila de carros que también se disponían a entrar al motel, muy concurrido a aquellas horas de un fin de semana. Me tenían como loco de la excitación las exclamaciones de ella de gusto, pues ya sin el temor de tener que manejar y acariciarla y seguro que un poco más cómodo por no estar ante mi presencia, se dedicaron a acariciarse y besarse con delirio, con ardor, tratando de compensar un poco el tiempo tan largo en que estuvieron separados y a sabiendas que después que todo pasara de nuevo iban a separarse por otro amplio tiempo, entonces había que sacarle el máximo provecho a aquellos preciosos minutos en que estaban juntos.

Al fin entramos al motel y yo pude salir de mi escondite. Aníbal me entregó las llaves de la habitación, para ir abriendo mientras él cerraba el garaje, me adelanté y atrás venía mi adorada esposa Blanquita, tomada de mi mano y con una cara de vicio que me encantaba. La miré y le pregunté que cómo se sentía, respondió que estaba que explotaba de la excitación y que ansiaba que él se la cogiera y que luego los dos la penetráramos por sus dos agujeros, tal y como tanto lo habíamos soñado, me apretó con ternura la mano y mirándome a los ojos simplemente me dijo: gracias, papi, me haces muy feliz y te quiero mucho, mucho, mucho, a lo que yo le respondí que igualmente la amaba muchísimo y que quería verla gozando como nunca, como una perra en celo, que se sintiera como toda una puta, como una hembra con ganas de macho, que se desinhibiera por completo y que no le diera pena conmigo, que además quería que cada vez que fuera a tener un orgasmo que lo gritara bien duro, que se quejara todo lo que quisiera y con ganas, con pasión, para gozar también escuchándola y disfrutar con su placer ya que eso me vuelve loco y de verdad que me encanta oírla quejarse mientras me la estoy cogiendo o en este caso, mientras se la coge Aníbal.

Nos ubicamos en la habitación descargamos nuestras pertenencias y yo me ubiqué en una silla al lado de la cama, mientras que Aníbal llegó y abrazó a Blanquita con pasión y de nuevo empezó a besarla y a darle lengua con unas ganas terribles, que demostraban lo mucho que también él había ansiado ese momento, mientras mi esposa le correspondía con igual o mayor pasión y yo los veía todo excitado, con el pene a punto de reventar de lo duro que estaba. Entonces él la fue desnudando poco a poco, bajándole su falda mientras le besaba los senos y ella alzaba un pie y luego el otro, para ayudarle en su tarea, mientras le acariciaba la espalda, los brazos o cerraba los ojos para disfrutar de sus caricias. Ella se agachó a sus pies y dirigió de nuevo su atención a su güevo, dispuesta a seguirlo mamando, ya con mejor luz para poder verlo bien. Yo preparé la cámara fotográfica y me dediqué a buscar los mejores ángulos para captar aquellas excitantes escenas, entre mi esposa y su amante, con quien me era infiel, pero con mi consentimiento y de verdad que yo también lo estaba disfrutando.

Así empezó ella a mamárselo con ganas, se lo metía en la boca, le pasaba la lengua por la cabeza de su pene, por el tronco, le acariciaba las bolas con la lengua mientras con la mano lo masturbaba lentamente, hasta que Aníbal no aguantó más y la tomó de la cintura, la alzó, la besó con pasión y la atrajo hacia sí con gran ímpetu, mientras preparaba su colosal herramienta y se la colocaba entre las piernas cerradas de mi muñequita rica (creo que mejor debo decir «nuestra» muñequita, porque debo confesar que varias veces se lo he dicho, la tienes a tú disposición, para que hagas con ella lo que quieras, es toda tuya y por mí no te preocupes, has de cuenta como si no estuviera), y ella con desesperación de sentir su cosota adentro, también colaboraba, pero claro, así parados no es fácil lograr una penetración, entonces él le alzó un poco una pierna y logró que su verga quedara al frente de los labios vaginales de mi amor, brillantes por sus jugos de excitación y la agarró de las nalgas, las cuales apretaba con morbo y pasión.

La empujó sobre su polla, doblando un poco sus piernas y alzándola en vilo logró penetrarla así, parados y cuando ella tuvo la verga de él en su interior, pegó un grito de placer que me estremeció y puso una cara de satisfacción, como para el recuerdo y él empezó a decir, ¡ahh que cuca tan rica, como deseaba tenerla así y darle güevo hasta cansarme, qué delicia! y ella decía: ¡sí papi, así, ensártame con tu güevo tan rico, que me llenas toda y me haces muy dichosa, qué gusto ummmmmm! Mientras yo los observaba desde la silla, me desvestí yo también y quedé con mi pene al aire, totalmente enhiesto, sin habérmelo tocado siquiera, no quería adelantar nada, el placer había que regularlo y teníamos toda la noche por delante, sin embargo sin masturbarme, el pene lo tenía en total erección, palpitante y cabeceando de gusto y excitación, esperando con paciencia mi turno y tomando algunas fotos de las escenas que más eróticas me parecían. Aníbal mientras seguía clavando su voluminoso aparato en la cuca de mi mujer y desde donde yo los observaba podía apreciar claramente como sus labios vaginales se dilataban al máximo, para poder albergar una verga del tamaño de la de Aníbal, no sé muy bien de calcular medidas, pero fácilmente le pongo unos 22 ó 24 cm y realmente muy grueso.

Se veía deliciosa su cuca repleta de güevo, como a ella le gustaba, quejándose y gimiendo de gusto, qué escena, realmente por ver esas imágenes ya podía decir que «eso pagaba la entrada», haciendo alusión a un espectáculo teatral, pero la diferencia es que yo estaba en palco preferencial y estaba presenciando un estreno único e irrepetible: mi mujer poniéndome los cuernos en mi propias narices, con mi total complacencia y con un hombre con una herramienta mucho más grande que la mía, que es de tamaño medio, unos 16 cm y un poco delgada, nada que ver con ese güevo tan grueso de Aníbal y precisamente eso era lo que quería, verla gozar con otro hombre, que le llenara la cuca bastante y que la pusiera a sentir placer ante mis ojos. Ella cuando goza es todo un espectáculo sexual de primera y estaba satisfaciendo mis fantasías y las de ella y Aníbal gozaba sabiendo que se cogía a la mujer de otro, delante de su propio esposo y que la ponía a gozar como nunca y por supuesto que lo excitaba muchísimo la situación.

Así estuvo un rato cogiéndosela, sostenida en los aires los dos frente a frente, pero por supuesto que nadie aguanta mucho rato así, sosteniendo a la mujer, así sea delgada como mi muñeca, que pesa como 48 k y mide 1,65 cm, y sus medidas son aproximadamente 88 de busto, 62 de cintura y 91 de cadera, de verdad que está muy buena, me parece que tiene una figura esbelta y preciosa y en la calle la molestan mucho cuando pasa, lo cual me hace sentir muy orgulloso. Entonces Aníbal, con ella montada encima de él, totalmente unidos por sus sexos y sus bocas, abrazados, ella en una actitud de total entrega, penetrada en su vagina hasta lo más profundo y él como todo un macho cabrío, poseyendo a la hembra con furia y desesperación. Entonces se dirigió a la cama, la depositó allí suavemente y siguió dándole güevo con pasión, alzó sus piernas sobre él y se las colocó en sus nalgas, haciendo presión como para que se lo metiera aún más adentro, si es que eso fuera posible.

Así siguió un rato, enterrándole su vergota en la cuca de mi esposa, alzándole una pierna como para que yo pudiera ver cómo le entraba y entonces se la sacaba por completo y su cuca se cerraba y quedaba un pequeño orificio, escurriendo jugos blancos, espesos, provenientes de los dos, allí mezclados, y su verga se veía desafiante, imponente, mirando hacia arriba, seguro molesta por haber sido sacada del lugar en donde estaba gozando tanto y ella le decía: ¡no la saques papito, métemela bien duro mi amor, hasta el fondo que me encanta! y entonces él volvía a arremeter contra su coño, que tenía que abrirse más de la cuenta para poder albergar en su interior semejante cosota, y se veía que ella lo gozaba de una manera, que impresionaba y que me tenía alelado de placer.

Se podía escuchar cuando entraba y salía, sus jugos chapoteando por el movimiento de sus cuerpos y luego se besaban y él movía las nalgas con desespero, con fuerza, para luego hacerlo más lento y bajar su cabeza a sus senos y se metía un pezón en la boca y ella gemía entonces más duro y luego se metía el otro y ella: aaaay, qué rico, papi, como me haces gozar, me fascina que me comas las tetas, qué gusto. Así estuvo bombeándola un rato, hasta que pude ver como las facciones de mi preciosa compañera se desdibujaban de gusto, y gritó de una manera sensacional, que se venía, decía: aaayy, así, así, Aníbal, que me voy a venir, me vengo, aaaaaggghh y ese grito yo creo que lo escucharon en todo el motel, me dio un estremecimiento de gusto, todavía hoy escribiendo estas líneas recuerdo y se me para el güevo y me excito y ya estoy pensando terminar aquí para darle una buena cogida a mi esposa, mientras le leo lo que escribí, para que se acuerde de lo que gozó aquel día y que esperamos se vuelva a repetir muy pronto, además le mostraré las fotos que tomé aquel día, que poco las vemos, por cuestiones de seguridad.

Bueno continuando, resulta que luego de que ella acabó, él se paró de encima de ella, sin aún terminar y la dejó así, con las piernas abiertas toda cogida y con una expresión de gusto y satisfacción que yo creo que ni chupándose un limón se le quitaría, entonces me hizo señas que quería que yo me la cogiera, porque claro que a él también le gusta mucho vernos cogiendo, entonces yo, con mi verga dura como una piedra me instalé entre las piernas de mi amada, ocupando el sitio que hace poco había ocupado el amante de mi esposa y lo coloqué en la entrada de su mojada vagina, le acaricié los labios con mi polla y lentamente se lo fui metiendo, poco a poco y pude comprobar cómo se sentía un poquito más amplia, claro, después de albergar allí semejante cosota, no era para menos, sin embargo el placer era muchísimo e igual sentía una buena fricción, empecé a moverme y ella me abrazó con desesperación, me atrapó entre sus brazos, me besó con pasión, diciéndome que había sido muy rico y que seguía excitada, que estaba muy rico también mi pene, que la cogiera así, bien duro, como a ella le gustaba y yo, obediente, empecé a darle duro por esa cuca, que chorreaba los jugos de su anterior acabada.

Era tan fuerte la sensación, que en pocos minutos ya sentía que me venía, pero me aguanté y seguí dándole, mientras Aníbal nos miraba con gusto y se masturbaba lentamente, nos tomaba también fotos. Entonces de repente sentí que Aníbal se me acercaba por detrás y que su boca acariciaba las piernas de mi esposa y llegaba a nuestros sexos unidos, lo sentía allí atrás y era una sensación extraña, pero deliciosa, cuando de repente sentí que su cuerpo se acomodaba de manera de poner su verga al lado de la mía. Blanca y yo estábamos cerca a la orilla de la cama y ella estaba boca arriba y yo encima, ella con las piernas abiertas sobre mis hombros y yo clavándola por la cuca.

Entonces él empezó a hacer presión por un ladito y ella empezó a gemir con más ganas aahhhh, así, que rico y el de repente, con gran dificultad, se coló al lado mío dentro de la vagina de mi esposa y yo podía sentir la piel de su pene junto a la piel del mío y las paredes vaginales de la cuca de mi mujer ardiendo, estiradas al máximo, mientras ella se quejaba y decía que le dolía, pero que no se lo fueran a sacar, que estaba gozando mucho y que le encantaba sentir nuestros dos penes en su interior, que era lo que más había ansiado todo este tiempo, tenernos a los dos dentro de ella, y así estuvimos un rato moviéndonos, gozándonos, hasta que Aníbal me dijo que quería que acabáramos juntos, que le avisara en qué momento iba a acabar y yo le dije que estaba a punto y él entonces aceleró sus movimientos, mientras que Blanquita seguía quejándose (ya llevaba como cinco orgasmos seguidos).

No pude soportar más y me vine en una forma salvaje e impresionante que me da escalofríos de sólo recordarme y le dije: ahhh me vengo, mi amor, te voy a dar mi leche y me dijo: ¡sí, qué rico, quiero que me llenen de leche, mis dos machos tan ricos! Comencé a tirar chorros de semen dentro de ella cuando siento que al lado mío salen otros chorros y Aníbal empieza a gritar: ahhh así, que cuca más rica, que delicia, que orgasmo uuufff, ahhh, que rico se siente así entre tres, ummmm, entonces nos aflojamos y nos abrazamos los tres, y así estuvimos un rato, acariciándonos, pero ya como con ternura, mientras descansábamos para seguir con la función y la verdad es que la pasamos de maravilla, ¡qué noche!

Echamos cada uno seis polvos, es decir, ella se tragó 12 lechazos, en su boca, en su culo, en su cuca, que gustazo se dio, le dimos por todos lados, en el jacuzzi, en una silla, en el baño, en la cama y así amanecimos y en la mañana de repente siento que me despiertan unos jadeos y era ella que se lo estaba mamando y yo no me desperté del todo, me hice el dormido a ver que más hacían, él la agarró de las piernas, la sentó encima de él y empezó a hacerla subir y bajar sobre su dura polla, ella a cabalgarlo con ganas y, bueno, así quien duerme, no me quedó más remedio que levantarme, ya con la verga como una piedra y ponerme detrás de ella, acariciarle el culito, meterle un dedo y sentir la polla de Aníbal a través de la piel de su cuca, luego me acomodé y se lo hundí hasta el fondo, ella quejándose y gozando, como una loca, pero de pasión, como una puta en celo, y nosotros dándonos gusto con semejante hembra tan deliciosa.

Bueno, esa fue la última vez que estuvimos con Aníbal y de verdad que los tres la pasamos de maravilla y no vemos la hora de volverlo a repetir, nos dijo que en noviembre volvía y estamos esperando ansiosos que llegue el día (por supuesto que ella es la más ansiosa, que me dice que se muere de las ganas por volver a sentir ese bichote en su interior, que la volvamos a coger entre los dos), y bueno, la verdad es que no nos arrepentimos para nada de lo que hicimos y somos muy felices y nuestra relación anda a las mil maravillas, gozamos más del sexo, nos la pasamos calientes los dos, a veces lo hacemos hasta dos y tres veces al día, casi todos los días hacemos el amor y definitivamente esta relación nos llenó de deseos sexuales y nos ha dado muchas gratificaciones.

Me gustaría que me comentaran que opinan al respecto las parejas que ya lo han hecho o que les gustaría hacerlo, con gusto compartiremos nuestras inquietudes.

Autor: nelsonyblanca

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Todo por el eclipse

Felipe me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego me la fueron metiendo, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, me tomó y me lo metió hasta el fondo, yo ya gritaba de placer.

Mi nombre no lo daré por el momento después podrán llamarme con el que me pusieron mis amigos. Esta historia es real, no pasó hace mucho, fue en el último eclipse lunar. Le cargaré la culpa al eclipse de lo que pasó.

Todo comenzó con la reunión habitual que tenemos con unos amigos cada vez que hay un eclipse lunar, esta vez no era la acepción, teníamos que hacer el ritual del amor prohibido entre la luna y el sol. Como siempre nos juntamos en medio de un bosque, la naturaleza es primordial para nosotros, el césped, los árboles y un rió, éramos seis en total, yo la única mujer, todos vestidos con túnicas blancas y nada más, empezó el eclipse y nosotros comenzamos el ritual, rogamos a la luna, al sol y la tierra, empapándonos de la fuerza que dan estos elementos, así estuvimos mientras duró el eclipse.

Luego de terminado el ritual yo me despojé de la túnica y totalmente desnuda me metí en el río, hasta ahí me siguieron dos amigos, con todos los participantes ya nos habíamos visto desnudos en otras ocasiones así que no era nada extraño vernos así esta vez, bueno estos dos amigos ingresaron al agua y se colocaron muy cerca de mí, yo no sé si fue el influjo de la luna o que pero sentí deseos de tener sexo ahí mismo en el agua, besé a uno de mis amigos fogosamente mientras tocaba en cuerpo del otro, los dos empezaron a tocarme a chuparme las tetas a besarme el cuello y la espalda, de repente uno de ellos me levantó un poco y metió su pene en mi concha mientras el otro por detrás me acariciaba el culo y me metía su pene en el, yo me sentía en la gloria tuve un orgasmo genial, mi gemido se escuchó fuerte en ese bosque, mientras todo esto ocurría en el agua miré hacia la orilla y miro a mis otros tres amigos excitados por la escena que estaban presenciando y eso me excitó mucho más.

Salimos del río y yo me reía picaronamente, invité a los tres que se habían quedado en la orilla a que vinieran conmigo al agua, pero justo cuando iba a terminar mi proposición mis dos amigos me tomaron por los brazos y me tiraron en el pasto los otros tres gemían por el placer de lo que estaban viendo, yo con fingida fuerza trataba de soltarme y trataba de oponerme a lo que parecía una violación (consentida por supuesto) -No por favor no lo hagan, suéltenme- decía aunque ellos sabían que era todo lo contrario…

Felipe fue el primero en acercarse me abrió las piernas con fuerzas y metió su cabeza entre mis piernas, me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego de haberme lamido la concha a su antojo me la fueron metiendo uno a uno, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos, estaba indefensa y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, ¡que vigor!, me tomó y me lo metió hasta el fondo con fuerza, yo ya gritaba de placer.

Luego Aníbal más calmado, pero no así menos vigoroso, tiene una verga descomunal, pensé que no me cabría en mi concha pero ahí sabiendo él sus dotes poco a poco la fue metiendo, el dolor era más placentero aún, se movía y yo pensaba que me iba a partir en dos, a esas alturas ya había perdido la cuenta de cuantos orgasmos llevaba, pero aún quedaban tres ahora era Felipe y Aníbal los que me sujetaban, y Juan quería su turno pero él prefirió levantarme un poco más y metérmelo por el culo, fue genial sentir su verga  dura entrando sin compasión en mi culo, a esas alturas los gritos y los gemidos míos eran una constante, tuve un orgasmo espectacular era como si un manantial hubiera estado dentro de mi, Carlos fue el cuarto, su verga  estaba que explotaba, me levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros, me la metió fuerte, duro, para domarme, -Eres una potra salvaje y te voy a domesticar, vas a pedirme que pare, vas a suplicar que ya no te la meta- me decía, a esas alturas yo ya no tenía fuerzas, pero faltaba el último, Alex, este pidió que me voltearan, me hizo arrodillarme y me la metió por el culo, su verga  es grande así que le costó un poco de trabajo pero al final me la metió hasta los pelos, y otra vez  un orgasmo descomunal, los gemidos de mis amigos y los míos se confundían en uno solo.

Quedé tirada en el pasto agotada, agradeciendo el enorme placer que acababa de experimentar, pensando que todo acababa ahí, pero me equivocaba, recién comenzaba. Había cerrado mis ojos por un momento, cuando sentí mil manos recorriendo mi cuerpo, tocándome, acariciándome, apretándome los pechos, metidas en mi concha, me tocaban por todos lados, abrí mis ojos y todos ellos estaban arrodillados a mi alrededor, me tocaban y besaban mientras se masturbaban,  fueron acabando uno después del otro en todo mi cuerpo en mi boca, en mi cara, en todas partes, nunca pensé que eso me iba a provocar tal estado de excitación, se me había ido el cansancio y yo trataban de tocarlos a todos al mismo tiempo, tocar sus vergas, pero era demasiado lo que estaba sintiendo.

Cuando todos acabaron me miraron con mucho placer, me fueron besando en la boca uno a uno, entre todos me llevaron al río y ayudaron a bañarme, fue en ese momento en que Carlos les dice a los demás, desde hoy la llamaremos Eva Luna. Salimos del río y todos se recostaron a mi lado, me acariciaban y tocaban con ternura casi se diría que con amor, durante unos minutos solo se escuchaban los sonidos del bosque, el viento entre los árboles, los pájaros el agua del río correr, creo que pasó como media hora cuando todo empezó de nuevo, esta vez yo estaba con las manos libres pero me tomaron por el cabello y me hicieron arrodillarme, tuve que chupárselas uno a uno, el orden ya no se, estaba metida y comprometida a darles placer a cada uno, mientras uno me tomaba del pelo yo se la chupaba a uno o dos, o se la lamía a este o aquel mientras masturbaban a otros dos, sentía sus gemidos, sus risas excitantes, pasó un buen rato de eso cuando me pusieron de pie y vi a Alex de espaldas en el pasto, con su verga  parada, amenazante, yo como antes con fingida resistencia me oponía a sentarme encima de él, entre dos me “obligaron”, sentí como me entraba su verga  en mi concha, me empecé a mover arriba de él y sentía los gemidos de todos, sus comentarios, y fue Carlos el que dijo –Ese culo no pude estar así de parado sin que le meta el pico- fue así como sentí que me lo metía por el culo.

Ahí estaba yo siendo penetrada por dos hombres al mismo tiempo, luego sentí una mano que me tomaba por el pelo y me decía –Comételo todo perra- era Juan me la metió hasta la garganta y empezó a metérmela y a sacármela de la boca, yo hacía lo posible por seguirles el ritmo, luego cambiaron las posiciones, era Felipe quien estaba abajo, Juan por detrás  y Felipe metiéndomela por la boca, y así cambiamos un montón de veces hasta que a todos les tocó por todos lados conmigo. Habían pasado varias horas desde que empezamos, pero aún quedaba noche.

Descansé un rato y volvimos al principio pero esta vez ya nadie me sujetaba las manos, el orden fue el siguiente, Aníbal, Juan, Carlos, Alex y Felipe. Me recosté en el pasto abrí mis piernas, era el comienzo del fin, vi como Carlos se arrodillaba hasta que se posó sobre mí y me dijo al oído, –Te hemos bautizado EVA LUNA porque nos has mostrado tu desnudes y nos has incitado al pecado, luego empezó a besarme el cuello y fue bajando poco a poco lamiendo y besando, me mordió los pezones y luego fue bajando, con su lengua jugueteó en mi ombligo, me besó los muslos y se sumergió en mi concha, me la lamió rico, suavecito, me mordió el clítoris, sentí un orgasmo explosivo, luego me metió el pico con fuerza, se movía rápido, fuerte y su pico entraba con más fuerza cada vez hasta que di un grito de placer, que parece que a él le daba la señal de que era tiempo de terminar, se levantó, me agarró la cabeza y me lo metió en la boca se fue en mi boca, mientras que por la comisuras de mis labios se escapaba el néctar de su ser, pero como soy golosa lo recogí con los dedos y me lo llevé a la boca.

Luego Juan se acercó a mí y me dijo al oído, –Blanca como la luna y pecadora como Eva-, y también empezó a recorrer mi cuerpo con su lengua, me pidió que me diera vuelta, me pasó la lengua por toda mi espalda, cosa que me encanta, y me metió su verga en la concha, así por detrás mientras con sus manos me masturbaba, fue exquisito, yo gemía y el orgasmo no tardó en llegar volviendo a abrir ese manantial que está dentro de mí, también acabó en mi boca llenándome de su semen, fue genial. Era el turno de Carlos y me dijo que me quedara así, tal cual, de rodillas, se arrodilló enfrente de mí y me dijo, –Eva Luna, cuanto placer nos has dado hoy, ahora te toca disfrutar de lo que nosotros te podemos dar- fue así que llamó a Alex, que también me dijo al oído, –La pasión y el pecado son hechas para ti.

Me hicieron quedarme así de rodillas, en cuatro patas, mientras Carlos me hacía chupársela, Alex se ponía debajo de mi y me chupaba la concha, fue un placer extraordinario, yo gemía y los orgasmos se sucedían unos a otros cuando ya estaban por terminar se pararon enfrente de mí, me hicieron tomarle sus vergas y masturbarlos para acabar los dos en mi boca, su semen salía a borbotones y yo trataba que nada se le escapara a mi lengua y boca. Era el turno de Felipe, este me hizo ponerme de pie, me abrazó y me dijo al oído:

– Mi querida Eva Luna, no sabes lo bien que te queda ese nombre, blanca como la luna, pecadora como ninguna, excitante y apasionada- me dio un beso en la boca, de esos besos que te dejan sin respiración, me tomó fuerte y me levantó, me lo metió así, él de pie y yo montada en él, nunca lo había hecho así, fue rico, aunque después de un rato me puso sobre el pasto, me acarició, me besó y me chupó la concha como los dioses,  hasta que le pedí que me la metiera hasta los pelos, fue así como me penetró y empezó a moverse vigorosamente para luego poner mis piernas sobre sus hombros y así su verga entrara más profundo en mí, sentía sus gemidos y el aliento de todos los demás, hasta que yo con un grito de placer extremo di la pauta para que él también emitiera un gemido lleno de placer y excitación y se fuera dentro de mí.

Era ya el amanecer y estábamos los seis recostados en el pasto tenía las cabezas de todos sobre mi cuerpo, yo podía acariciarles el cabello a cada uno, estábamos todos en silencio viendo aparecer el sol, cuando ya había salido el sol nos paramos, nos miramos a los ojos uno al otro, sin decir palabra, la noche ya lo había dicho todo.

No sé que nos pasó esa noche, nunca entre nosotros había ocurrido nada, éramos simplemente amigos, ¿culpa del eclipse lunar? No lo se, solo se que es una historia que me va a acompañar toda mi vida. No saben el placer que sentí, los orgasmos que experimenté. Si lo reconozco, soy EvaLuna, blanca y pecadora como ninguna.

Autora: Eva Luna

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