Como un volcán que entra en erupción

Le estoy ordeñando todo lo que queda de semen en su verga. Mi vagina chupa su verga como mi boca su lengua y los labios, con tanto semen dentro mío siento que me está preñando, que me está echando semen dentro del estómago, siento la cabeza de su verga en mi garganta, siento como palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan empalada que se que no voy a caer.

Me llamo Any, tengo 18 años y estoy estudiando diseño gráfico. Desde que tenia seis años he practicado patín artístico y natación en competición. Llegué, sobre todo con el primero, a competir en varios campeonatos internacionales y he dejado la competición pero sigo practicándolos porque son mi pasión. Esta pasión ha provocado que, en otros aspectos como el sexual, haya quedado descolgada en mis tiempos de mujer. Ahora que dejé la competición… me siento una mujer…. y por otro lado me doy cuenta que soy una adolescente que ha empezado las tareas del sexo con bastante retraso.

Mi familia está un poco desmembrada, mi padre, periodista, con su nueva mujer que me lleva nueve años y mi mamá, escritora, con su joven amigo que cuando le paso cerca siento como se me desatan solas las tiras de la tanga y se me paran los pelos de mi nuca de como me mira. Tengo un cuerpo armonioso, con mis 1,75 m de estatura, modelado con los años de gimnasio. Muy linda cola, paradita y fuerte. Tengo, para mi gusto, demasiados «pectorales» (94) pero a los chicos esto los pone muy nerviosos, y eso me gusta mucho… aunque he llegado al punto de no salir con los chicos de mi edad, por no soportar lo babosos que se ponen. Mis inicios en las primeras erupciones volcánicas de mi sexo estaban limitadas a mis propias caricias y las fantasías que fueron siempre el plato fuerte de mi vida sexual adolescente.

Betina, mi compañera de competición y amiga familiar desde nuestra infancia; y la autoprotección mutua que nos brindábamos nos llevó a dos cosas. 1º) A examinar tanto y tan meticulosamente las condiciones de cada parejita de novios que formábamos que nunca llegamos a acostarnos con ningún chico (aunque he llegado en una noche de apriete y música lenta a tener más de tres orgasmos con solamente orientar a mi novio a las zonas terribles de mi cuerpo: mis pezones, mi nuca y mis tobillos) y 2º) A tener sesiones de caricias y orgasmos, desnudas, con Betina, en los hoteles donde paramos cuando estamos compitiendo en el extranjero.(la excusa era que estar distendidas nos permite una mejor concentración en las rutinas. Mentiritas, jijijiji). Hace un par de meses chateando en un portal de mi ciudad, Buenos Aires, conocí un veterano… bien veterano, tiene 54 años.

Como estoy acostumbrada al trato con tipos grandes (los dirigentes que nos acompañan en los mundiales son peligrosísimos), lo manejé… (Lo manejamos, mejor dicho, porque las primeras veces estaba Betina conmigo en la PC)… con cancha y tratando de hacer calentar a un veterano que, me pareció, se creía muy pícaro. Afortunadamente, resultó ser mucho más pícaro de lo que yo creía.

Un día lo fui a ver a un workshop de turismo en el Sheraton de Buenos Aires. El Pocoseso (ese es uno de sus nicks en el chat) estaba con cuatro chicas de mi edad que trabajan con él. El ambiente y la situación me condicionaron terriblemente y me recalenté con este veterano. Me daba muy poca bola (a pesar que me fui vestida para infartarlo) y las odiosas que trabajaban con él ese día me miraban con cara de culo y cada cosa que le decían, parecía que lo mimaban.

Fuimos a cenar los seis a un lugar muy bacán de Puerto Madero (mamá estaba en Montevideo con su pareja) y después nos fuimos todos al hotel Panamericano donde paraban (son todos de una ciudad del interior). Luego nos reunimos todos en su habitación. Pidió whisky para él y champagne para las chicas (yo también, obvio). Después de un par de horas (no estoy acostumbrada al alcohol) y tres botellas entre las cinco…estábamos todas muy alegres. Mandó a las otras a dormir a sus habitaciones: Yo temblaba (Betina dice que de la calentura, pero no, eran nervios. La pérdida de mi virginidad siempre me preocupó mucho). Se dio una ducha y se puso la bata del hotel.

Nunca… lo juro, N U N C A creí que alguien podría hacerme llegar tantas veces al orgasmo en unas horas… sin siquiera penetrarme. A pesar de tener una erección descomunal que me aterraba (quizás por eso no lo intentó siquiera) manejó mis zonas erógenas con una habilidad increíble… Perdí totalmente el control pero creo haber llegado al orgasmo, algunos de ellos realmente colosales, más de una docena de veces. Yo debía volver a casa antes del amanecer por el llamado telefónico de mi madre por la mañana… nos duchamos juntos (mi último e interminable orgasmo) y me llevó en un remise hasta mi casa.

Posteriormente almorzamos y cenamos juntos muchas veces porque él viaja muy seguido a Buenos Aires. Pero siempre me trató con una habilidad asombrosa para hacerme perder los miedos hasta llegar a ese estado de calentura permanente que te hace, a partir de un momento determinado, estar dispuesta todo, pase lo que pase. A sabiendas de que me erotizan las descripciones minuciosas de actos sexuales, (en eso el Pocoseso es un capo, antes de conocerlo personalmente llegué al orgasmo más de una vez frente a mi PC) cuando cenábamos me contaba y describía cosas que me hacían llegar al orgasmo, muchas veces en el mismo restaurante, sin siquiera tocarme.

Hace un mes me llamó por teléfono para invitarme a una fiesta particular en su ciudad y me mandó los pasajes para que viajara con mamá o con una amiga. Lógicamente fui con Betina. Llegamos al aeropuerto y nos esperaba una de sus colaboradoras que nos llevó a un espectacular hotel. Él vino al mediodía, almorzamos y nos dio instrucciones y datos para que conociéramos la ciudad y sus lugares más atractivos. Nos pasó a buscar a las 22 y fuimos a una fiesta de primera categoría. Alrededor de dieciséis parejas, más o menos, matrimonios en su mayoría. Gerentes de bancos, dueños de empresas importantes, algunos artistas, periodistas, etc.

Nosotras dos estábamos para el infarto (Fatiga como le dicen sus amigos íntimos- me había recomendado el nivel de las pilchas, al invitarme por teléfono). Betina con una microminifalda y microsoutiens todo bordado brillante y sandalias trenzadas muy altas…¡casi en cueros, va!.. Yo con un vestido hipercorto de gasa color piel, trasparente, tomado solamente del cuello, con hombros y espalda totalmente al aire. Debajo, solo una minitanga negra, sin cola y sandalias superaltas. ¡En cueros total, digamos ¡jijijij! El resto de las mujeres, debo reconocerlo, tenían pocas cosas encima, pero ninguna por debajo de los 1000 dólares, ¡un paquete!, en resumen. Yo, como siempre, sufriendo mis problemas clásicos; mis tetas que se escapaban por los costados de un vestido de gasa muy liviana y mis pezones que con el roce de la gasa, parecían una galletita de chocolate con una aceituna negra en el medio.

El ambiente, genial. Las mujeres, muy piolas, sueltas, sin custodiar a sus maridos. Supusimos con Betina que Fatiga se debe haber comido a varias de ellas; por la forma dulce que lo tratan, por lo interesadas que estaban en saber quien de las dos (o si las dos, alguna pregunto) era la nueva adquisición de Fatiga. Además, por el trato cordial y franco que nos daban a nosotras dos.

Los tipos ¡de locura!, empresarios, serios, pero con esa habilidad para hacerte saber que si asentís con los ojos, sos boleta en un segundo, jijijiji. A mí me tuvo contra las cuerdas el ingeniero, capo máximo de una empresa constructora italiana. Un tano mayor, medio peladito, al puro estilo italiano del norte. Me hizo sentir una Diosa. Fatiga miraba desde lejos, sonreía y me hacía señas que si no lo atendía… se la iba a encarar a Betina… ¡el muy maldito! Demás está decir que mi monte de Venus palpitaba a 180 pulsaciones por segundo. Fuimos cinco veces al toilette con Betina, el bidet me refrescaba la temperatura en mi sexo. Adentro de la casa estaba fresco, por el aire acondicionado, pero en los jardines (era una casa quinta en zona residencial) hacía un calor de locos.

A las 3 y media de la mañana se fueron casi todos y quedamos el matrimonio dueño de casa (56-48), otro matrimonio más joven (40-35), muy amigos de los dueños de casa; Fatiga (54) y las dos nenitas…Betina y yo (18-18). Propusieron darnos una zambullida en la piscina. Ahí fue donde se empezó a complicar todo para mí. Estaba tensa como cuerda de violín y supercaliente, lo que siguió, directamente ¡me mató!

Los varones en slip, las mujeres en soutien y tanga. Betina y yo nada por arriba porque no teníamos. Empezamos a jugar, mujeres contra varones (4 contra 3) una especie de waterpolo. Ocurrió que cuando alguien agarraba la pelota, se transformaba en rugby. Como yo era una de las más altas, siempre la agarraba. Además, al saltar la microtanga, encajada que estaba en mi cola, ni se movía. A las otras, cuando saltaban, se les bajaba la trusa hasta las rodillas, con los aplausos del caso. Cada vez que yo agarraba la pelota y veía como se me venían los varones, comenzaba mi delirio, me tocaban para sacarme la pelota y me corrían 30 mil voltios por todo el cuerpo.

Salimos de la pileta y se me empezó a complicar aún más el panorama. Aparecieron los toallones, nos secamos y con la mayor naturalidad todos se sacaron la ropa mojada y se sentaron en los sillones del jardín ¡En cueros! mamita querida. ¡Que momento! Marcos, el veterano dueño de casa, tenía un pene espectacular. Yo no podía, o no quería, sacarle los ojos de encima. La mujer, Liliana, una veterana con cuerpo de vedette, muy bien conservada, hablaba de las aventuras de su juventud y como era de esperar, comenzaron todos a hablar de sexo. Yo miraba a Betina y me daba cuenta que temblaba, igual que yo, del estado de excitación que teníamos. Nos hicieron declarar, muy sutilmente, mi virginidad y la decisión de perderla y el reciente inicio de Betina en el sexo como la gente, hace no más de cuatro meses.

Cuando Betina empezó a contar sus inicios con el matrimonio mayor con quien está aprendiendo el sexo, la cosa se me puso difícil, porque yo he visto videos de lo que Betina contaba y los recordaba.

Por otra parte, a los varones, por más que se hacían lo que «no pasa nada», se les empezaron a despertar sus sexos. Cuando se paraban para buscar más bebida, en la mesita ratona, sus penes se bamboleaban como queriendo pararse …¿me explico?. Mis ojos iban de aquí para allá, me empezaron a retumbar los oídos, mis genitales eran lava liquida. ¡Any, estás en estado terminal!, pensé. La que estaba más inquieta que yo era la chica de la otra pareja, Valeria. Se dieron un par de ardientes besos con su pareja. Ella se sirvió más cerveza y se sentó en la falda de Mario, su marido. Cada vez que se reía o comentaba algo, se movía sobre Mario y la cara de este era una súplica. Se levantó un par de veces a servir su copa y yo vi que Mario se acomodaba. Me crucé de piernas apretando los labios de mi vulva ¡me imaginé lo que venía! mi sexo empezó palpitar, no me equivoqué.

Valeria se fue levemente agachada a la mesa que estaba frente a ella, se sirvió llenando el vaso y retrocedió levemente agachada, pero con las piernas un poco más abiertas ¡y se sentó arriba del falo de Mario que le entró hasta el tronco! Estaban tan cerca de mí que escuché claramente el ruido de la penetración en una vagina seguramente inundada de flujos. Ese chapoteo apagado de una penetración violenta hasta el fondo fue más fuerte que yo… y tuve un orgasmo que apenas pude disimular.

Betina, mientras tanto, hablaba y el resto escuchaba. Valeria se dio cuenta de lo que yo había visto y vio los espasmos contenidos de mi orgasmo. Me miró con una sonrisa cómplice y me cerró un ojo. A pesar del orgasmo, mi calentura ya era incontenible. Además se me notaba en las tetas ¡no sabía que hacer!

Mario empezó a pasar la mano por la espalda de Valeria y esta, que tenía la verga en su sexo hasta los pelos, se quejaba muy, pero muy suave. Miré la espalda de Valeria, a mi lado, con la piel totalmente erizada, sentí la mano tierna y cariñosa de Fatiga en mi nuca y tuve otro orgasmo que ya no pude disimular. Tuve dos o tres sacudones que lo vieron todos. Valeria y Mario se levantaron, pidieron disculpas, y se fueron al dormitorio más cercano. Mario tenía una erección perfecta con la verga brillosa de los jugos de Valeria. Nosotros, a propuesta de Fatiga, entramos a la casa y nos sentamos en rueda en la alfombra peluda del living. Desde la sala se sentían los quejidos y sacudidas de Mario y Valeria. Yo creí que iba a enloquecer… ¡necesitaba tocarme! En un momento Valeria empezó a gritar.

Nos levantamos todos y fuimos hasta la puerta de esa pieza. Nos vieron pero no les importó, Mario estaba tirado en la alfombra y Valeria arriba en cuclillas, hacía flexiones tomándose de los tobillos de Mario, dándole la espalda, digamos. Mmmmm… Recuerdo ese momento y me erotizo toda. Los cinco totalmente desnudos, amontonados en la puerta de la habitación, las respiraciones irregulares, las expresiones de asombro y de ponderación de lo que estábamos mirando.

Delante de mí Liliana tomó la mano de su pareja y la llevó hasta su sexo, noté como abría sus piernas para que él pudiera operar con comodidad. A mi lado Betina se masturbaba sin miramientos. Cuando fueron acercándose al orgasmo Vale se sacudía como una loca, gritaba, maldecía y sus quejidos parecían rugidos. Yo sentí que Fatiga me tomaba suave y dulcemente desde atrás y dejaba que su sexo quedara entre mis piernas. Tomó, desde atrás mis pechos con sus manos y me dio un mordisco suave y húmedo en la nuca. Aún sin estar penetrada tuve un gigantesco orgasmo que me hizo gritar sin importarme que los otros que estaban allí junto a nosotros en la puerta. No aguanté más, miré a Betina que me hizo un guiño cómplice. En ese momento decidí que esa sería la primera noche de sexo de mi vida.

Suavemente me solté del abrazo de mi adorado y dulce veterano y caminando por un pasillo entré a un dormitorio matrimonial. Encendí la luz del maquillador y me senté en una banqueta a cepillar mi pelo largo que ya estaba casi seco. Unos segundos más tarde entró en la habitación, mi hombre. Muy sereno, bien varón, con una mirada dulce, pero penetrante, que me daba seguridad sin quitarme las bestiales ganas de que me poseyera. Lo veía decidido, pero muy tierno y sensual. Quedó parado a pocos metros tomando serenamente su enésimo vaso de whisky, pero estaba radiante. Se apoyó en la cómoda de forma tal que el espejo le permitiera mirarme. Eso me erotizó aun más y empecé a sentir ese cosquilleo hermoso en mi monte de Venus. Peinaba suavemente mi largo pelo que me llega a tapar parcialmente mis durísimos pezones. A través del espejo veo sus ojos encendidos que miran mis rosados pezones que se asoman entre mi pelo rubio. Los shocks eléctricos en mi espalda, en mi nuca, en mi sexo, me avisan que estoy a punto de perder el control. Me muero por decirle que se acerque, pero no quiero darle el mando de la situación. Engancho deliberadamente en mi pelo el cepillo con que me estoy peinando, pego un grito suave y le pido que me ayude a soltarlo.

Se acerca y se para muy cerca, detrás de mí para ayudarme, lo miro con una sonrisa cómplice. Siento que su sexo semierecto está rozando mi espalda, como acariciándola. No aguanto más, me doy vuelta y levantando mi mirada lo miro a los ojos. Mis ojos están húmedos de lujuria, de desesperación por sentirlo, de angustia porque necesito dominarlo y obligarlo a hacer todo lo que me hace falta desde hace mucho tiempo. Demostrando inocencia e ingenuidad le muestro una uña de mi pie derecho que la sandalia quebró en un traspiés. Se arrodilla frente a mí. Al cruzar la pierna, para mostrarle mi uña, mi sexo queda al descubierto de su terrible humedad después de mis orgasmos anteriores. Se queda, absorto, mirándolo. Cuando muerde el pedacito de uña para cortarlo siento sus labios en contacto con mi piel y me corre un sacudón por todo el cuerpo. El se da cuenta. Mete el dedito de mi pie en su boca y lo empieza a chupar suavemente… mirándome a los ojos. Mis ojos se entrecierran, mi respiración que se acelera, una fuerza invisible que yo ya no controlo empieza a separar mis piernas para que él avance por dentro de ellas con su boca.

A medida que avanza con su lengua, sus besos, sus mordiscos en la entrepierna provocan que mis caderas empiecen a moverse. Miro hacia abajo los labios de mi sexo se están frotando en el tapizado peludo de la banqueta que ya empieza a tomar algo de brillo con mi flujo vaginal. Siento ese suave y hermoso aroma de emite una hembra en celo, que se prepara a recibir al macho. Llega a mi sexo. Siento su lengua suave, sedosa y tierna que toca delicadamente mi clítoris. Mi orgasmo es incontenible, trato de sostenerlo, de aguantar un par de minutos más. Cuando su lengua se introduce en mi sexo lo tomo por la nuca, lo apretó fuertemente contra mi sexo y estallo en un orgasmo gigantesco, sublime.

Los sacudones de mi cuerpo no terminan, es uno detrás del otro. Grito desesperada del placer que me hace sentir, me quejo casi al borde del llanto por no tenerlo dentro mío. Me tomo con mis manos de las rodillas y las pliego contra mi cuerpo. Ahora me tiene absolutamente entregada para saciar su sed de sexo. Me come literalmente mi vulva. Siento que está bebiendo mis flujos de orgasmo y lo que se corre hacia mi cola lo quita suavemente con la lengua. Mis temblores, mis quejidos, mis gritos, no hacen más que enardecerlo para comer con más desesperación mi sexo,mmmmmmmmm…estoy bombeando los últimos borbotones de mi orgasmo y empiezan las contracciones de mi vagina, ¡me siento morir!…

Levanto su cabeza y lo miro a los ojos. Miro su boca brillosa de mis flujos y meto con desesperación mi boca dentro de la tuya. Paladeo el gusto de mi propio sexo. Paso mi lengua por sus labios, no quiero que se pierda nada. Froto con fuerza mis pezones erectos en el vello de su pecho. Me excita tanto esto que se ponen más secos y rígidos. Hago que se pare frente a mí que estoy sentada, beso suave y castamente el lomo de ese miembro que ya está casi en su máxima erección, miro hacia arriba y busco su mirada como suplicándole que me penetre para calmar mi desesperación. Cerrando los ojos, con una leve sonrisa, me transmite la sensación de paz necesaria para esperar y sospechar que tiene algo mejor para mí que lo que mi desesperación pretende con urgencia.

Solo mirar tu pene, una verga hermosa, me pone al borde del orgasmo. La tomo con las dos manos, temblorosas de la excitación, desplazo la piel lentamente hacia atrás y al mostrar totalmente la glande hinchada y morada de la punta sale una gota de líquido transparente. Tomo mis pechos, uno por uno, y unto mis pezones doloridos y resecos por la fricción con el vello de tus pantorrillas. Lo que esto me hace sentir, él lo ve en mi cara que está hacia arriba, la boca abierta, jadeante, mis ojos húmedos, entrecerrados y suplicantes, mis suaves quejidos de placer.

Tiemblo como una hoja, no puedo retener el segundo orgasmo, se me está por escapar. Quisiera que este momento durara toda mi vidaaaaaaaa.  Me paro delante de él, paso mis manos temblorosas por su cuerpo, tiemblo entera ¡no lo puedo controlar!, estoy haciendo fuerza desesperadamente para retener el orgasmo. Me calzo de nuevo las sandalias, que son altísimas, para igualar su altura. Bajo su hambrienta verga hasta la horizontal, levanto levemente mi pierna y pongo su pedazo entre mis piernas, justo debajo de mi sexo y mi cola. Me duele la fuerza que hago para no acabar. Paso la mano por detrás mío, toco mi cola, allí está, asomando hacia atrás la cabezota de su verga.

Lo abrazo con desesperación, lo tomo de la nuca y me meto dentro de su boca. El inicia la acción, me abraza fuerte, siento que sus potentes brazos son como una tenaza de la que no puedo salir.. Mi pubis avanza y retrocede frotando mi sexo y mi cola en su sexo duro como una roca. Mi clítoris se frota en el vello de su pelvis. Me pongo frenética, no lo aguanto más ¡me sacudo como una poseída! chupo la saliva de su boca como si fuera liquido vital y exploto en un orgasmo del que parece no voy a poder salir nunca más. Grito como una loca, me quejo, lo puteo por no estar dentro de mí y me sacudo con más fuerza descontrolada. Es tal la intensidad de la acabada que sigo con las contracciones espasmódicas cuando lo hago acostar en la banqueta boca arriba. Sus piernas cuelgan por una punta de la banqueta y la mitad de su torso por la otra… está incómodo y debe hacer fuerza para mantener su cuerpo en la horizontal, pero lo tengo a mi merced…

Su verga está totalmente untada de los flujos de mi último orgasmo. Camino con una pierna de cada lado de la banqueta hasta quedar justo sobre ella. Lo miro a los ojos, le regalo una sonrisa de triunfo, ahora voy a comer lo que más quiero.

Pongo la glande en la puerta de mi sexo, sé que esto es muy grande para mí, me parece que no voy a poder. Pero mi desesperación me empuja a seguir. Siento un poco de miedo. Pero mi locura es total. Los labios de mi vulva hacen ruido con sus jugos cuando paso la cabezota morada para que se lubrique y no me lastime. Siento que mis jugos chorrean por mis entrepiernas. Siento el olor de mi sexo, el del suyo… y me erotizo al punto tal de sentir ganas de dejarme caer y ensartarme aunque me reviente por dentro. Estoy totalmente loca.

Dejo la cabeza de su verga en la entrada de mi sexo. Siento como me empieza a abrir, ese brutal barreno separa los labios de mi vulva y comienza a penetrar… ssssss…me arde un poco…es que siento como si me estuviera entrando un palo de fuego… sssssssssssss….ahora duele… sostengo el cuerpo para no seguir bajando…pero me muero de ganas, mmmmm. Lo tomo de la nuca para que no haga tanta fuerza para mantener su cuerpo horizontal… ssssssssss…eso me hizo bajar un par de centímetros de golpe… ¡me siento rellena!… no me puedo mover. Comienzo a sentir sacudones espasmódicos que no puedo controlar. Sus manos en mis tetas me ponen del todo loca. No logro aguantar el orgasmo, se me está por escapar. Me salen sonidos guturales de mi boca que yo no provoco. Me quejo porque me duele. Miro hacia abajo ¡Madre mía! recién entró la cabeza… no vamos a poder…aaaayyyyy… mi vagina empieza a bombear un orgasmo gigante… grito como loca porque siento que sale demasiado flujo… que me lubrica… que los temblores me quitan fuerzas… que se me aflojan las piernas… que me estoy ensartando cada vez más, sin querer…

El se toma de mis hombros para erguirse y besarme los pezones, esto acelera el proceso de penetración. ¡Es imparable! Me duele muchísimo… me gusta con locura … me agarro con las manos los cachetes de mi cola y los abro para ver si duele un poco menos… es peor…se acelera la penetración… grito y lo puteo porque me duele…porque me siento empalada, porque me gusta… porque me vuelvo locaaaaaaaa.

Estoy tan abierta de piernas que siento que sus huevos empiezan a rozar mi cola… me excita hasta el paroxismo… me suelto del todo, aflojo las piernas que me sostenían… siento que su monstruosa verga sigue inexorablemente abriéndome las entrañas… ¡parece que no terminara nunca de entrar!… no lo puedo soportar, es como una lanza caliente que me clava hasta la garganta… me retumban los oídos… empiezo un orgasmo suave… una mezcla de flujo del orgasmo y algo de mi sangre me suaviza el dolor…me quedo quieta solo unos segundos… siento palpitar tu verga dentro mío… estoy segura que no entra nada más… lo abrazo fuerte y meto su cara entre mis pechos… estoy toda mojada con el pelo pegado a mi piel…siento que mi vagina sigue vomitando su orgasmo…

Tomo su cabeza entre mis manos, mojadas de sexo, miro sus ojos implorante para que libere su preciado tesoro… jadeo en su cara… le muerdo los labios…las orejas…meto mi lengua en sus oídos… le muerdo el cuello… clavo mis uñas en sus hombros y comienzo a dar empujones gigantes.

Uno… Dame tu leche, hijo de putaaaaaaa… Dos dámela yaaaaaa que me muerooooooo. Tres siiiiiii ahí empieza, lo estoy sintiendoooooooo…Cuatro… aaaaaaaaaaayyyyyyyy siento los chorros de semen caliente dentro mioooooooooooo… Cinco, mi orgasmo múltiple entra en el clímax, el ruido de nuestros sexos es impresionante… seis, siete ocho, nueve, y massssssss y se transforma en una masa de sexo que convulsiona hasta un temblor permanente… grito, imploro, me quejo, lloro y me abrazo a él para fundirme en su cuerpo. No se cuanto tiempo pasa en esa extraña convulsión interminable. Si sé que tengo dentro un mar de semen que me calma el ardor y va atenuando lentamente mi lava interior.

Me quedo quieta, siento que comienzan mis contracciones. Le estoy ordeñando todo lo que queda de semen en su verga. Mi vagina chupa su verga como mi boca su lengua y los labios… al apretarme con tus tenazas en un abrazo fuerte contra su pecho, con tanto semen dentro mío, siento que me está preñando… que me está echando semen dentro del estómago… siento la cabeza de su verga en mi garganta y sus huevos empujan mi cola mojada de semen, flujos y sangre. Me toma de la cola y me alza como a un bebe… está dentro mío, siento como palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan empalada que se que no voy a caer… es tanto el líquido que tengo dentro que siento como chorrea por mi cola y mis nalgas.

Se sienta suavemente en la cama y lentamente se acuesta de espaldas. Le pido, le ruego, que se mueva muy despacio. Pliego mis piernas a ambos lados de tu cuerpo y me acurruco arriba suyo. No quiero que salga, lo beso suavemente en los labios. Me arden mis labios, mis pezones, mi vulva pero me hace disfrutar aun más este momento. Me siento muy cansada. Le pido que me deje quedar así., que se quede dentro mío, descansando un ratito, sintiendo las contracciones esporádicas de mi vagina que aprietan su verga, ahora suave y soportable.

Lentamente, me voy quedando dormida… en un éxtasis, sacudido por esporádicos temblores

Autora: Anysolita

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