Mi compañero de trabajo

Él quedó libre de manos para introducir sus dedos en mi coño, empecé a gemir y gemir y le agarré de su polla y como una perra en celo se la empecé a menear hasta que se corrió del gusto y esperó al notar que yo me corría otra vez a la vez con él. Creó que pasó gente, algún que otro borrachín también pero ni nos dimos cuenta, la excitación de ese momento nos dio todo igual.

Hola, mi nombre es Montse y tengo 25 años…os voy a contar mi experiencia de una noche que salí por ahí de fiesta con unos compañeros del trabajo…

Era un viernes, íbamos a cenar y de fiesta para despedir a una compañera de trabajo, antes de nada os quiero decir que soy una chica bastante llamativa, con culito respingón, redondito, bastante tetuda, carita linda con labios carnosos y un pelo profundamente negro y ondulado, pues bien, en la cena os cuento que éramos 12 chicas y un chico.

Yo quería lucir escote, porque me gusta y porque quería provocar a Xavi, el único chico de la cena, con el que en el trabajo tenemos ya un rollo tanto morboso, provocativo…

Pues bien, me puse mis tejanos ajustaditos marcando culito, me puse mis botas altas de tacón para resaltar más mis piernas y mis muslos bien prietos y arriba me puse un escote que no era escote, era como llevar un bikini, me tapaba lo justo y enseñaba lo necesario…casi mis pezones se salían del escote…solo verme en el espejo ya me excitaba porque sabía que iba a provocar a más de uno…uuummmmm…os tengo que confesar, que los hombres me miren, me encanta, me vuelve loca poder provocar las miradas de los hombres, esas miradas que te comen y te desnudan…me hacen sentir bien y me excitan…

Llegué sola al restaurante donde ya estaban todos sentados…justamente solo quedaba un sitio y era en la esquina al lado de Xavi…sonreí y lo miré…no me había quitado la chaqueta todavía cuando me dijo:

-Por favor, dime que no llevas escote si no quieres que me dé un paro cardíaco…

Mi contestación:

-Entonces mejor no me siento a tu lado…porque tendrás que ir de urgencias.

Me sonrió, todo era broma como siempre hablamos en el trabajo, así que me senté a su lado y me quité la chaqueta, cuando me la quité, al principio pasé apuros, todos los camareros centraron sus miradas en mi y el resto de hombres de las otras meses noté que también centraron sus miradas en mis tetas…eso me puso nerviosa y a la vez ya estaba excitada…Bufff…Xavi me dijo al oído:

-Hoy te has pasado pero me gusta que lo hayas hecho, tienes unas tetas preciosas…

Eso me puso a mí a cien y de hecho creo que a él si le puse a cien porque le puse mi mano muy cerca de su rabo, rozándole y noté un bulto enorme…Empezamos a cenar y beber vino, la cosa se iba calentando, él cada vez estaba más encima mío haciendo bromas y rozándome las tetas, cogiéndome por el cuello, hablándome muy cerca de mi boca, mi miraba mis labios carnosos con ojos de lobo…

Cuando acabamos de cenar, nos fuimos a tomar algo a un pub, llamado Pumuki, un sitio muy pequeñito y en toda la pared era un sofá…la gente se puso a la barra a tomar algo y yo me senté y de casualidad…jajaja…se sentó Xavi a mi lado también pero me traía un cubata para mí y otro para él…estuvimos haciendo bromas y ahí él ya me puso sus manos en mis piernas tonteando…se acercó mucho a mi chochito que estaba caliente, caliente…estaba ansioso…me puso una rosa entre mis tetas y me la quitó con la boca…bufff…eso me puso todavía más caliente porque me rozó con sus labios mi piel suave de mis tetas…

-Te las voy a comer cuando pueda, que lo sepas…

Eso me decía y yo le dije:

-Atrévete cuando quieras, lo estoy deseando, a ver si no eres cobarde…

Yo lo provocaba pero había un problema, él tiene novia y todos los compañeros del curro la conocemos, así que nosotros no podíamos hacer mucho el tonto delante de ellos porque sería un problema para él…la situación de prohibición también me excitaba…el hecho de provocarle, ponerlo taquicárdico, incitarle a tocarme pero él no poder porque había gente que nos veía…jijijiji…me decía:

-Traviesa, cuando te pille me dirás que pare y no pienso hacerlo…

Mientras tanto, también veía a chicos que valían la pena y Xavi me provocaba a ligármelos. Cuando íbamos por la calle…algún que otro chico me decía cosas y era curioso porque sin darme cuenta tenía a Xavi a mi ladito…jijiji…eso me gustaba…y me decía a la oreja:

-Como los pones a todos, no son los únicos que están locos por ti…

Me tenía toda la noche cachonda y ansiosa por besarlo y probarlo…bufff…

Al final llegamos a la discoteca, íbamos todos bastante ya bebidos y perdiendo el control y el sentido de todo…en donde nos colocamos todos para bailar, había un grupo de chicos que no dejaban hablar y mirar señalándome, no se cortaban ni un pelo, así que decidí acercarme y presentarme y les dije:

-Hola, veo que os gusta mucho mi escote…¿queréis ver mejor mis tetas?…pues demostrarme que vale la pena que lo haga…

Y todos me rodearon y sin quitar la mirada de mi escote, de mis tetazas, me empezaron a coger para bailar y me cogían de la cinturita que tengo y yo levantaba los brazos para que me cogieran de más arriba y así ellos poder rozarme los pechos…miraba a Xavi de reojo que estaba más atrás con el resto de mis compañeros…y estaba con cara de rabia, celos, pero me guiñaba el ojo como diciendo que estaba formidable entre todos esos chicos…uuummmmm…me excitó…Uno de esos chicos me dijo:

-Te gusta exhibirte, ¿verdad? Porque tienes un morbo y un cuerpo estupendo, te mueves de una manera que en la cama tienes que volver loco…

Le contesté: -En la cama y en cualquier sitio puedo moverme mejor que en la pista…¿porque no empiezas por besarme y hacerme mover para que tú lo puedas comprobar?

Y no se lo pensó dos veces…uuummmmm…¡como me besó!…me puso su mano en mi culo y la apretó…me sentí completamente apretada junto a él…mis pechos no le dejaban respirar y su bulto no dejaba de crecer rozándose junto a mi chochito…ufff…nos pusimos los dos muy malos…y el resto de chicos estaban ahí, rodeándonos y a más de uno ví ponerse y tocarse bien sus bultos…¡que duros los tenían todos! Me besé, me toqué, me rocé…le palpé el bulto y él a mí me sobó de arriba abajo…hasta que mis compañeros me llamaron y tuve que despedirme… pero lo hice con un buen lengüetazo y una buena apretada en su paquete…y me dijo al oído:

-Tendrían que haber más chicas como tú, preciosa golfa…

¡Me dijo golfa! Eso me excitó más porque tenía razón y se había dado ¡cuenta! Así que me fui a despedir de los demás amigos de él y a cada uno de ellos los despedí con un beso en la boca…se lo merecían…a más de uno les rocé el rabo por gusto y lo tenían que se les salía del pantalón, ¡guauuu! Me fui súper contenta y excitada…uummmmm…

Algunos de mis compañeros ya se iban para casa a dormir…pero yo no quería irme…sabía que todavía me faltaba por probar el premio gordo de esa noche…a Xavi…y él tampoco quería irse…así que entre unas cosas y otras…nos escapamos de la discoteca…estaba nerviosa y excitada por lo que iba a pasar…

Me llevó a una plaza donde apenas había y pasaba gente…uummmmm…yo ya estaba mojada…me notaba mi coño completamente húmedo…a punto para ser degustado por él…y él tenía el rabo que se le salía…lo notaba…

Me dijo:

-¿Aquí te parece que podemos tener intimidad suficiente? Porque te quiero probar toda, me muero por probar tu jugoso chochito, y me vuelve loco las ganas de comerte esas tetazas que tienes…madre…

Le dije:

-Me parece bien aquí como en medio de las Ramblas…¡pero empieza ya porque estoy demasiado excitada y no aguanto!

Nos sentamos en un banco…primero se sentó él…y yo me puse encima suyo…me desabrochó el pantalón mientras me sacó las tetas fuera del escote y me las comía, les pegaba mordisquitos a mis pezones, estaba cachonda como una perra en celo…me sentía la más puta ahí en medio de la plaza…mientras me las comía…empezó a introducir sus dedos por debajo de mis braguitas…notó que estaba chorreando y me dijo:

-Nadie antes estaba tan cachonda y tan mojada por mí…que perra que eres…como te quiero comer entera…bufff…

Cada vez que me hablaba así…yo más mojada me ponía…y ya no podía más…me separé un poco hacia atrás…y ví que el pantalón lo llevaba algo manchado…se le había escapado ya algo de semen de lo cachondo que iba él…sin tocarle todavía…buff…ñam, ñam le bajé la cremallera de sus pantalones…no hizo casi falta ni sacarla porque la tenía tan dura que fue levantar el calzoncillo y salirse sola…uummmmm…que rabo más delicioso tenía…uummmmm…no era un rabo muy largo pero tenía una anchura muy apetitosa…se la empecé a tocar con mi mano…de la anchura que tenía no podía cerrar la mano con su polla en ella…bufff..Me entraron ganas de agacharme y chupársela…y así lo hice…uummmmm…

-No hagas eso porqué puede pasar gente y se nota demasiado (yo ya estaba agachada cuando acabó de decir eso)… sigue, sigue no pares ahora…que guarra eres…

Yo no podía hablar, tenía su rabo en mi boca, que delicia, uummm, no paraba de lamerla y comerla, uufff…hasta que él me subió porque me quería comer mis tetas … quería besarme … y así le dejé hacer…estaba yo casi curvada…del placer…él me aguantaba por la cintura, mientras me comía y me mordía las tetas … bufff…puse mis manos en sus rodillas…y así él quedó libre de manos para introducir sus dedos otra vez en mi coño…en mi coño que estaba tan húmedo que no tuvo problemas en metérmelos…empecé a gemir y gemir y le agarré de su polla y como una perra en celo se la empecé a menear hasta que se corrió del gusto y esperó al notar que yo me corría otra vez a la vez con él…

Creó que pasó gente…algún que otro borrachín también pero ni nos dimos cuenta…la excitación de ese momento nos dio todo igual…

La próxima vez que ocurra…os contaré…

Un lametón…

Autora: Montse

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Toda una mujer

Entro en ti. Me miras y sonríes. Reconozco esa sonrisa. La heredaste de mí. Es la sonrisa del triunfo, de “me salí con la mía”. Haz frente a mis embestidas. A mi peso. Al empuje de mi verga. ¿Para qué está uno sino para contentar a su nenita? ¿Te había dicho que no? ¡Que equivocado estaba! Muérdeme, mi niña. Clávame las uñas en la espalda. Estrújame la verga con tu coñito joven.

Me vino a la cabeza que mi hija se había convertido en toda un mujer. También que me apetecía tumbarla y darle caña. Me avergoncé por un instante de ese segundo pensamiento. Solo por un instante. Resultaba absurdo negar la evidencia. Y el caso es que anteayer la traté como a una cría: “Ni hablar. Todavía eres joven para pasarte un mes en Estados Unidos”. Pero a lo que iba:

Era la hora de la siesta. Un calor de infierno. Una chicharra cantaba -si es que las chicharras cantan- en el jardín. Yo había pasado una semana terrible. Ruidos por todos lados: Frenazos. Vecinos que alborotan de madrugada. Compresores que destrozan el asfalto. El viernes a mediodía dije ¡basta!, recogí a mi mujer y a mi hija y enfilé carretera en busca de la paz campestre. En media hora llegamos al chalet.

Allí encontré a la cigarra.

Decidí condenarla a perpetuo silencio. El insoportable chirrido venía de atrás de la caseta de la piscina, de la parte que oculta el seto de arizonias. Emprendí la expedición de caza. Al llegar a la falsa mimosa, vi a mi hija. Estaba tendida en la hamaca verde. Manipulaba el discman. Llevaba puestos los auriculares. Nada más. Tomaba el sol vistiendo solo unos auriculares. No reparó en mí. El seto me tapaba.

La contemplé a mis anchas. Recreándome. No está bien espiar a una hija desnuda, dicen que es mucho pecado, pero juro que lo primero que me vino a la cabeza es que se había convertido en toda una mujer. Además ¿qué pasa con mirar? Mirar no hace daño a nadie. No lastima. Al revés. Gratifica. Educa el sentido estético.

En el mirar no hay rijo ni morbo. Tampoco en el desnudo. Uno contempla la Venus de Milo y enriquece su espíritu. Admira las Majas de Goya y desarrolla su sensibilidad. Un desnudo es tan natural como una puesta de sol.

Posee una belleza intangible. Etérea. Delicada. Eso pensaba. Mientras, la verga se me ponía dura. Todo de dura. Record Guiness de dura. ¿La polla más dura del mundo mundial? La del papá de la nena detrás del seto de arizonias.

Nieves no es el nombre de mi hija. La llamo así para que nadie que lea este relato pueda identificarla. Aunque es tonto que disimule. No tiene pérdida. Si una bollicao te hace perder el sentido, no busques más. Es mi hija. Comprobarás entonces que no se llama Nieves. Te decía que mi hija Nieves se la levantaría a un muerto. Morena. Uno setenta. Un pelo precioso. Cara de niña que solo desdicen sus labios rojos y frutales. Pechos llenos, con grandes areolas color fresa y pezones abultados y rugosos. Algo fuera de serie. Una verdadera maravilla.

El cuerpo se le afina en la cintura y se ensancha lo justo en las caderas. Y el vello del pubis. Que no se me olvide ponderar el triángulo de pelos ensortijados y oscuros. Ni los muslos largos y morenos. Ni todo lo demás.

Ni me acordaba ya de la cigarra. Me parecía escuchar música de violines. Loco que estoy. Miraba a mi hija. Me subía la calentura. La miraba otra vez. Más me subía. Y entonces comenzó a tocarse.

No sé si alguno de vosotros ha visto masturbarse a su propia hija. A uno le nace ponerse en padre:”Niña, eso no se hace. Las manos quietas”. No pronuncié palabra. Estaba demasiado caliente. Dejé el papel de padre para otra ocasión. Me deshojé mirándola.

Se pellizcaba alternativamente con una mano los pezones. Se frotaba el sexo con la otra. Jadeaba. Se amasaba los pechos. Se pasaba una y otra vez la palma de la mano sobre el clítoris. No aguanté más. Me acaricié la verga. Mi hija se masturbaba en la hamaca. Yo detrás del seto. No hay tantas diferencias entre distintas generaciones.

Me quedé solo la noche del viernes. Mi hija había estado de pésimo humor por mi negativa a que pasara un mes en Estados Unidos y mi mujer la invitó a un concierto para suavizarle el mal genio. No quise acompañarlas. No aguanto al Bisbal ni a los triunfitos. Se fueron antes de cenar. Comí ensalada y un poco de queso. Fui al baño y reparé en que la luz del cuarto

de Nieves estaba encendida. Entré en su habitación. Vi su diario.

Estaba en medio del cuarto, en el suelo. Abierto. Lo recogí y eché una mirada distraída a las últimas líneas. “Hoy me he masturbado en el jardín pensando en papá” leí. Me dio un vuelco el corazón. Seguí leyendo. Me enteré de que yo era el hombre de los sueños de Nieves. Ni Beckham, ni De Caprio. Tampoco Brad Pitt. Ni siquiera el hortera del Bisbal. Yo sí. El que viste y calza. “Es para mí una obsesión.-había escrito-Sueño que mi padre me hace suya y me vuelvo loca”. Toma del frasco. Aquí el guaperas, rompiendo corazones y encharcando coñitos. Incluso el de la nena.

No apagué la luz, dejé el diario tal y como lo encontré y me largué a la salita. Como si nunca hubiera roto un plato.

Mi mujer marchó a la ciudad el sábado a media mañana. Comía con unas amigas y advirtió que volvería tarde. La niña dijo que iba a tomar el sol en el jardín. Leí un rato. No me enteraba. Pensaba en Nieves. En su diario. En sus pechos. En su sexo.

“Eres un monstruo” me susurraban a coro al oído la educación, la moral y las buenas costumbres. Otra voz, muy distinta, me sugería que mi hija era el compendio de las dos personas más importantes para mí: mi mujer y yo mismo. Normal que me atrajera. Lógica pura.

La suerte estaba echada. La caseta de la piscina. El seto de arizonias. La falsa pimienta. “Papá,¿eres tú? ¿Me pones crema en la espalda?”. Glup. De perdidos al río.”Sí, soy yo. Ahora te pongo crema”.

No se avergonzó de su desnudez. Simplemente se dio la vuelta y quedó boca abajo. Seguro que creéis haber visto muchos culos. En absoluto. Culos solo hay uno. El de Nieves. Los otros son traseros. El culo de Nieves es punto y aparte. Unas nalgas morenas con atisbos de pelillos dorados. Dos medios globos exquisitos y perfectos. Me vino a la mente la letra de una antigua jota: “Como los melocotones tienes el culo, muñeca. Partidito en dos mitades, y en medio con pelusica”. Como los melocotones. Me eché crema en el hueco de la mano y te la apliqué en hombros y espalda.”Ponme también en el culo, ¿quieres?”. Como los melocotones.

Uno, con el paso de los años, olvida como es la piel de una chica de dieciocho – ¿o son diecinueve? Nunca recuerdo la edad de mi hija-. Es…No hay palabras. Faltan en el diccionario. Acariciar el culo de una chica de dieciocho años -¿o son diecinueve?- es mucho más hermoso que las nueve Sinfonías de Beethoven. Mejor que ganar el premio gordo del sorteo de Navidad. Un culo así no se toca. Se adora. Un culo así puede convertirse en dios de una nueva religión. Yo le ponía crema. Me aplicaba poniéndosela. Le untaba cada centímetro, cada pliegue de piel. También la regata. Seguía y seguía, divorciado del tiempo y el espacio. Viviendo el milagro.

Nieves tiene ancas duras y nerviosas de potrilla joven. Son las que todos hemos deseado acariciar alguna vez. Nalgas morenas modeladas por músculos elásticos y firmes. El culo soñado para, según los gustos, darle una rotunda palmada con la mano abierta, lamerlo, entrar en él o, simplemente, contemplarlo.

“¿Me das crema por delante?”.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quién dijo algo? ¿Quién pretende distraerme de la maravilla de este culo? ¡Ah! Has sido tú, hija. ¿Por delante? ¿Dijiste por delante? No contestas. Te incorporas y das la vuelta. Yo estaba sentado en el borde de la hamaca, a la altura de tu espalda. Ahora, al volverte, tengo tus pechos a diez centímetros de mis narices. “Ponme crema, por favor”.

Adoro acariciar los pechos de una mujer. Adoro el momento mágico del primer pellizco en un pezón recién descubierto. “Ponme crema”, había dicho Nieves. A diez centímetros. Los pechos a diez centímetros. El diario decía: “Sueño que mi padre me hace suya y me vuelvo loca”. Dejé la crema protectora sobre la hierba. Me incliné sobre el pecho izquierdo de mi hija. Abrí la boca. Asomé la punta de la lengua. Tanteé con ella hasta dar con el pezón. Comencé a lamerlo. Lo lamí. Lo he lamido. Lo lamo. Me quito el pantalón.

Haré el amor como nunca lo hice. Hacer contigo el amor es hacerlo conmigo. Una mitad tuya es mía. También es hacerlo con la mujer que me enamoró. Te pareces a tu madre…y tienes veintitres años menos. Eres tu madre a los dieciocho. Eres tu madre, eres yo y eres tú. Apetitosa. Adolescente. Adorable. Te chupo los pechos y gimes. “Espera”, dices. Te levantas de la hamaca y te tumbas sobre la grama. “Tu nombre me sabe a hierba”, cantaba Serrat. Toda tú eres hierba, hija. Toda tú, primavera. Hermosa como una mañana de abril. Tus pechos saben a flor de romero. Tu sexo a musgo jugoso y fresco. Te quedan en los hombros, briznas de hierba. Abres las piernas. Un último amago de indecisión. “Es mi hija”. Eres mi hija. Mi hija imán. Mi hija fuego. Mi hija torbellino. Se cierra el círculo. Me tiendo sobre ti. Apoyas tus tobillos sobre mis hombros. Busco a tientas tu entrada y empujo.

Entro en ti. Me miras y sonríes. Reconozco esa sonrisa. La heredaste de mí. Es la sonrisa del triunfo, de “me salí con la mía”. Entiendo. Nada ha sido casual. Ni que te viera desnuda, ni que te masturbaras, ni que encontrar tu diario. Todo formaba parte de un plan. Sí, amor. Tu plan fue perfecto. Así. Haz frente a mis embestidas. A mi peso. Al empuje de mi verga. Irás a Estados Unidos. Claro que irás. ¿Para qué está uno sino para contentar a su nenita? ¿Te había dicho que no? ¡Que equivocado estaba! Muérdeme, mi niña. Clávame las uñas en la espalda. Estrújame la verga con tu coñito joven…

Ahora lo sé. Tienes dieciocho años. Te conformas con un viaje a Estados Unidos. Si tuvieras veinte me pedirías el mini descapotable. Aunque tiempo habrá. Lo conseguirás. Seguro.

Mientras tanto, sigamos…

Autor: Trazada30

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