El me seguía

Centímetro a centímetro fue entrando y el placer que me daba no se compara con nada, estaba apretadito justo como me gusta. Lo clavé todo hasta el final, entre gemidos me decía lo mucho que estaba disfrutando de ese momento, lentamente y sin salir de él llevé sus piernas a mis hombros. La imagen que estaba observando a través del espejo que estaba frente a nosotros era indescriptible.

Voy a contarles una historia que me pasó hace un tiempo. Antes que nada debo ponerlos en contexto. Soy un chico de 24 años que vive en la Ciudad de México, mido 1.76, peso 74kg, soy moreno claro, tengo ojos café obscuros, en general tengo la facha de un niño bonito “que no rompe un sólo plato”. Sin embargo, eso nada tiene que ver con lo que ocurre en la realidad. Ese día me desperté con muchas ganas de salir a la calle, me encanta caminar por las calles del centro histórico de mi ciudad, lleno de edificios, gente y todo eso que hace de este lugar patrimonio cultural de la humanidad.

Soy muy atento de todo lo que ocurre a mi alrededor y que desde que estaba en el metro noté que alguien me miraba y me seguía. Al principio me dio algo de miedo y me puse a la defensiva, lo que hice fue caminar más rápido hasta que llegué a la puerta del Museo Nacional de Arte (MUNAL), ahí descubrí quién me seguía.

– Hola, me llamo Carlos, lamentó el haberte asustado, no era esa mi intención. – No te preocupes, aunque debo confesar que en efecto, me asustaste y estaba a punto de voltear y darte un buen par de golpes.

Su sonrisa me cautivó, tenía una cara hermosa, era blando y tenía uno ojos preciosos que se escondían bajo sus lentes, lo que le daba un toque intelectual que me gustó mucho.

– Va a entrar al museo. – En realidad no era esa la idea, pero ya que lo mencionas la exposición que presentan no la he visto.

Le dije mi nombre y estiré mi mano para hacer de aquello una presentación más formal.

– Así que te llamas Hugo, lindo nombre. – Gracias, entonces qué, ¿aceptas que veamos juntos la exposición?

Entramos al museo, nuestra plática era sobre lo que veíamos y lo mucho que nos gustaba apreciar lo que el autor había plasmado en cada una de sus obras. Paralelamente, mi mente viajaba e imaginaba a Carlos completamente desnudo e invitándome a disfrutar de ese hermoso cuerpo; que a pesar de ser delgado, mostraba rigidez en los músculos que lo componían. Carlos tenía una mirada muy fuerte, cada vez que nuestras miradas coincidían había algo muy fuerte que despertaba la pasión entre los dos.

Salimos del museo y seguimos caminado por las calles del centro, nos detuvimos a comer y conversamos largamente sin sentir el paso del tiempo.

– ¿Dónde vives?, le pregunté. – Ah, muy cerca de aquí, en la calle 16 de septiembre.

Su casa estaba a unas cuadras del lugar donde nos encontrábamos. -El centro siempre me ha gustado para vivir, es un lugar muy hermoso y con todo lo que necesito a la mano. -Debe ser, a mí también me gustaría vivir aquí, dije.

Acto seguido me invitó a conocer su departamento. Era un edificio de los años 30, con una escalera preciosa que anunciaba el camino hacía el mismo cielo. Llegamos al cuarto piso, el número cuatro siempre ha sido mi número de la suerte; esta vez no podía ser la excepción. Entramos a un espacio en el que se respiraba mucha paz y tranquilidad. Las paredes en blanco daban la sensación de estar en las nubes y los muebles tubulares en color plata armonizaban perfectamente.

En ese momento no pudo más, Carlos se acercó a mí y diciéndome que había esperado ese momento desde que me vio abordar el vagón del metro en el que viajaba. Dijo que no podía apartar su mirada de mi boca y de mis ojos, mi cara le había llamado tanto la atención que le dio el valor suficiente para seguirme. No lo hice esperar más y le he dado el beso más apasionado que en la vida había dado. Nuestras bocas se quemaban y se fundían en cada segundo que duró nuestro encuentro. La temperatura de nuestros cuerpos aumentó a tal grado que decidimos quitarnos la ropa.

Nuestras prendas, una a una fueron a parar al piso de duela, mientras nuestras manos disfrutaban del cuerpo del otro, las caricias y los besos subieron de nivel. Recorrimos cada parte de nuestro ser. Sobre el piso había un tapete, parecía estar diseñado para esos dos cuerpo que se encontraban en un mar de caricias y deseo. Ya en el tapete, Carlos se acostó boca abajo, dejando al descubierto el bello trasero que tenía, mis manos recorrieron desde la punta de su cabello castaño, hasta la punta de los pies.

La suavidad de mis manos parecía gustarle mucho. La suavidad de su piel me excitaba más y más. Yo estaba montado en Carlos, mi miembro había encontrado el molde perfecto en ese par de nalgas que gritaban a gritos lo mucho que deseaban ser exploradas. No pude más, la piel de Carlos me decía querer más y yo estaba dispuesto a dárselo. Así, sin dudarlo, abrí ese par de nalgas y descubrí el tesoro más preciado, y ante el cual no pude contener la tentación de poner mi lengua en ese pequeño orificio.

Estuve preparando lentamente ese espacio para poder entrar hasta el fondo, hasta donde ambos queríamos.

Una vez que estaba listo, mi pene se apoderó de ese rincón que muchos desean, pero que pocos podemos tener. Centímetro a centímetro fue entrando y el placer que me daba no se compara con nada, estaba apretadito justo como me gusta. Lo clavé todo hasta el final, entre gemidos mi amante me decía lo mucho que estaba disfrutando de ese momento, yo quería verlo de frente así que lentamente y sin salir de él llevé sus piernas a mis hombros.

La imagen que estaba observando a través del espejo que estaba frente a nosotros era indescriptible, empecé a darle todo lo que él quería y lo que yo también deseaba, con fuerza, con toda esa fuerza de hombre lo hice disfrutar. Me había transformado de ese niño tierno con cara de “no rompo un sólo plato”, en una bestia salvaje, que busca satisfacer sus más bajas pasiones. Yo quería que ese momento nunca terminara, eso era imposible, cómo dejar pasar la posibilidad de llegar al máximo nivel después de semejante cogida, cómo no llegar juntos a ese orgasmo maravilloso que nos iba a llevar al cielo.

Los dos lo decidimos sin decir nada. Nuestros rostros se encontraron en un beso salvaje que nos avisaba nuestro destino final: un orgasmo conjunto que disfrutamos con la salida del néctar masculino.

– Vaya, hacía tiempo que no sentía esto, de verdad, nunca imaginé que un desconocido fuera capaz de darme tanto placer. Fue todo un placer haberte encontrado. – El placer no ha sido sólo tuyo, me ha encantado este momento que hicimos los dos.

Ambos teníamos la cara llena de satisfacción, Carlos dijo que le había gustado la dualidad que me componía. Ese ser tierno que llenó de caricias a su cuerpo, para dar paso a ese animal salvaje que buscaba saciar sus más bajas pasiones. La atmósfera estaba lista para seguir el curso del día, eran las 10.00 de la noche y yo decidí que ese día no terminaría ahí. Me despedí de Carlos, le dejé mi número y me fui en busca de una aventura más…

Autor: vlalinmc

Me gusta / No me gusta

Le dio mi leche a su marido

Mientras le contestaba el teléfono a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Sus movimientos se hicieron frenéticos, salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito.

¡Ahhhh! Había terminado dentro de su apretado culito, descargué toda mi leche caliente dentro de ella, me quedé varios minutos así, sintiendo como su culo apretaba mi verga que se encontraba bien adentro, con mis bolas rozando sus nalgas hermosas.

Todo empezó por la mañana, tenía unas ganas enormes de cogerla, teníamos algunas semanas de no podernos ver y quería cogerla. No nos habíamos visto porque no podía salir de su casa, su marido la cuidaba demasiado. Así que tenía que ir a visitarla, falté ese día al trabajo, el día era espléndido, con un sol radiante que invitaba a una cogida matutina, mientras todos trabajaban, mientras su amado esposo trabajaba intensamente, mientras sus pequeños hijos estudiaban arduamente en la escuela… nosotros cogeríamos deliciosamente.

Muy cerca de su casa le hablé por teléfono, me contestó como siempre – ¿dónde estás?- me preguntó, muy cerca de tu casa, ¿estás sola? Si – me respondió. Tengo ganas de cogerte, de cogerte muy rico. Pero no puedo salir, Víctor me hablará en cualquier momento y ya sabes que se enoja mucho si no me encuentra. Bueno podemos hacerlo en tu cama o en tu sala o en tu cocina o tal vez en el baño o en la escalera, donde tú quieras… Nooo – me respondió- como crees eso es muy peligroso, alguien se puede dar cuenta. Nooo. Sin embargo, su respiración era más rápida, su voz temblaba de la emoción y del deseo de hacer lo prohibido. Bueno, si no quieres pues nos vemos en otra ocasión. Noo, ven… pero trata de que no te vea nadie, tengo ganas de besar tu verga, solo le doy unos besitos y te vas, ¿si?  Si, claro solo unos besitos… le dije en tono muy suave.

Yo sabía que no sería solo unos besos, se tragaría toda mi verga, hasta casi ahogarse, hasta que la punta tocara su garganta, como a ella le gusta y tal vez si podía convencerla me daría su tesoro más preciado, ese agujero apretado que tanto se había resistido a dar, que ni su querido esposo había podido penetrar en casi 8 años de feliz matrimonio, aunque no había ocasión en que se lo pidiera. Mientras manejaba las dos o tres calles que me separaban de su casa, iba imaginando como estaría vestida. Tal vez estaría con su minifalda azul, que se pegaba a sus caderas, a su culo hermoso y que dejaba ver más de la mitad de sus muslos, que tanga llevaría (de unos meses acá, sólo usaba tangas), tal vez la negra, sostenida por unos delgados hilos metidos y abrazados por ese par de hermosas nalgas, rozando su culito hermoso y metida entre esos labios gordos de su concha empapada de sus líquidos amorosos.

Llegué frente a su casa, se veía hermosa, acogedora, no había nadie afuera, así que tranquilamente baje y llame. La puerta se abrió lentamente y apareció la mujer que me volvía loco, mmm pude oler su perfume… recién bañadita, con su cabello aún mojado, sus ojos grandes mirando nerviosamente en todas direcciones, su boca entreabierta como anticipando lo que entraría en ella en unos minutos, sus pechos pequeños (“para que no los confundan con montañas”), subiendo y bajando junto con su respiración agitada, su cintura pequeña, y lo mejor… estaba abajo, con su falda azul que envolvía perfectamente ese culo delicioso, perfecto, con sus muslos hermoso mas abajo… Te ves divida, le dije lentamente… Pasa por favor, alguien te puede ver…

La seguí por el jardín, hasta su casa, que delicia, iba tras de ella, viendo como ese culo hermoso se movía de un lado a otro, podía ver (o imaginar), el pequeño triángulo de tela que se dibujaba en medio de esas caderas e imaginaba como se metía en medio de sus nalgas… uffff tiene que ser mío pensé, tengo que cogerme ese culito… Pasamos a sus casa, estábamos solos, en medio de la sala la abracé, besé sus labios, pude sentir sus pechos y sus pezones, acaricié su cintura y por supuesto bajé lentamente a sus nalgas, pufff que nalgas… Las acaricié sobre su falda, pude sentir su pequeña tanga, había acertado, se sentía bien metida, deliciosamente apretada, bajé un poco más y mis manos sintieron la piel delicada de sus mulos, su piel tibia; fui subiendo, recorriendo lentamente cada centímetro de su piel, sintiendo como se estremecía cada vez que me acercaba a sus caderas, a sus nalgas.

Finalmente llegué, a ese par de nalgas, me regocijé, las acaricié, las estrujé, pude sentir las delicadas tiritas de tela que sostenían su tanga y que desaparecían en medio de ese valle hermoso. Mis manos inquietas recorrieron todo su cuerpo, la derecha hacia adelante, hacia su conchita preciosa, que tenía efectivamente en medio de sus labios ese pedazo de tela mordido con sus labios, esos labios empapados, húmedos, deliciosos, que tal vez hoy tendrían que esperar… Mi mano izquierda, estaba tratando de seguir el pedazo de tela en medio del valle de sus nalgas, efectivamente se hacía cada vez más profundo y lo pude tocar, ahí estaba su culito hermoso, recién bañadito para mí, con sus pliegues, que se hacían más fuertes cada vez que los rozaba con mis dedos inquietos y que se apretaban fuertemente cuando trataba de entrar en el…

Nooo me dijo muy suavemente, nooo, por ahí noooo. Pero su culo hermoso no obedecía lo que sus labios decían, más bien se arqueaba y trataba de acercarse más a mis dedos traviesos que intentaban horadar su pequeño agujerito. Finalmente y ayudado por los jugos que de su conchita tomaba, su culito hermoso cedió, abrió lentamente sus pétalos y pude entrar, apenas unos milímetros, pero rápidamente se fue comiendo todo mi dedo, que quedó aprisionado muy profundamente, mientras por delante su conchita hermosa había devorado dos dedos de mi otra mano. Su respiración era cada vez más agitada, no por ahí no, me repetía una vez más, pero sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta me decía todo lo contrario.

¡Al fin! Ese culito hermoso sería mío. Súbitamente ¡ringgggggggg! el teléfono sonó, el maldito teléfono sonó… ¡Es él -me dijo- es él!  Sin dejar de estar ensartada por mis dos manos en sus lindos agujeritos, tomó el teléfono. Ho-ola dijo con su voz entrecortada, si, si amor, estoy bien, sólo que tengo un poco de dolor de cabeza -mientras mis dedos reiniciaban sus movimientos lentos, mientras mi dedo pulgar frotaba su clítoris inflamado- si no te preocupes, me voy a recostar un rato y a tomar algo para el dolor… si bye.

El hablar con su esposo la había puesto más caliente, sus besos eran más intensos, los movimientos de sus nalgas acompañaban al de mis manos y me susurró al oído, cógeme, cógeme… pero por atrás, quiero darte algo que no le he dado nunca a nadie…  cógeme. Si mi amor, claro, lo que tú quieras… ¡Lo había logrado! Su culito virgen sería mío. Se fue recostando apoyando sus pechos sobre el sofá, parando su culo hermoso, con su minifalda apenas cubriendo sus deliciosas nalgas, ahora podía ver perfectamente como estaba ahí en medio de sus nalgas, cubriendo casi nada de su culito apretado. Me acerqué, besé todas sus nalgas, lamí su conchita que estaba más mojada que nunca, pasé mi lengua por sus labios, la metí profundamente y luego subí, subí a su culito, separé un poco el pedazo de tela que lo cubría y lo besé, tiernamente, agradeciendo de antemano el placer que me daría en algunos momentos.

Luego lo lamí, lo llené de saliva, tenía que estar bien lubricado, aspiré su olor, olía a su perfume, traté de guardar en mi memoria cada uno de los detalles, su culo, su minifalda, su olor, so conchita entreabierta, su tanga a un lado. Cógeme, cógeme por el culo me ordenó, sii, claro que sí… pero antes dale un besito. Si. Le acerqué mi verga que estaba a reventar, la puse en sus labios hermosos, su boca se abrió, rápidamente la cabeza tocó su garganta, estaba insaciable, no eran besos como siempre, eran chupadas, mamadas, por vez primera mi verga desapareció totalmente dentro de su boca y de su garganta, no lo podía creer, siempre me decía que no le cabía y ahora se la había comido totalmente, podía sentir su garganta caliente y húmeda.

Cuando mi verga salió de su boca, hilos de saliva densa, de mucosidad de su garganta conectaron la punta de mi verga con sus labios, ese era el material que necesitábamos, con ese líquido baboso en la punta de mi verga nuevamente me acerqué a sus nalgas y la punta finalmente lo tocó, pude sentir los pliegues de su culo que se resistía a abrirse, pero el lubricante natural lo hizo todo, poco a poco los pliegues se fueron abriendo y la cabeza de mi verga empezó a entrar. Podía sentir la presión de su esfínter, y como poco a poco avanzaba hasta que la cabeza de mi verga desapareció y con ella un aaaaahhh intenso se escuchó en toda la casa. Cógeme, métemela toda, todaaaa… Poco a poco todo el tronco desapareció, lentamente hasta que toda mi verga quedó sepultada dentro de ese túnel, apretado, más apretado que su conchita.

Posé mis manos en sus nalgas y empecé a moverme hacia adentro, hacía afuera, mis manos recorrían todas sus nalgas redondas y mi verga entraba y salía en su culito. Riiinggggg nuevamente el cochino teléfono… ¿Si? Si ya me siento mejor, pero creo que me quiere dar gripe porque además de la cabeza también me duele la espalda y las caderas, de hecho me duele todo el cuerpo. Mientras le contestaba a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga cuando hablaba con su esposo… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Si amorcito adiós y colgó… Y con ello sus movimientos se hicieron frenéticos, se hicieron salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Aaaahh, aaaaahhh, másss, másss. Me agaché un poco y tomé sus senos en mis manos y mi verga entraba y salía, salía hasta la cabeza y entraba nuevamente hasta desaparecer totalmente.

No podía más de un momento a otro terminaría. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito. En ese momento mi verga estaba enterrada profundamente en ella, la abracé fuertemente y descargué toda mi leche en ella. Discúlpame, pero no podía más -le dije-, pero tú no terminaste. No te preocupes, pero ahora tienes que irte porque Víctor viene para acá.

¿Amor me permites quedarme y ver que pasa cuando él llegue? Me da miedo que te vea y todo se complique. No te preocupes me ocultaré bien y cuando todo pase, me marcho sin hacer ruido.  Lo pensó, se sonrió y luego, aceptó. Mi corazón latía aceleradamente, rápido salí y moví el auto, afortunadamente no había nadie. Ahora me imaginaba las siguientes escenas, del culito hermoso siendo cogido por su dueño, pero con la leche mía, a unos milímetros y sin que se diera cuenta. Rápidamente regresé, me escondí en el closet, el escondite estaba perfecto.

Ella se quitó la blusa, se quitó la falda y quedó únicamente con su tanguita y se metió a la cama, de lado, con su cuerpo rotado y descubierto, con culo paradito y orientado hacía mí. Que vista tan espectacular, podía ver sus nalgas, la tanga que había desaparecido nuevamente en medio de ellas y todo su cuerpo pidiendo terminar, quitarse esa calentura que no había podido bajar. Los minutos se hicieron interminables, finalmente el ruido de la cerradura de la recámara me hizo volver a la realidad. Como sigues amor- escuché al esposo decir- apareció en la recámara y se quedó parado, admirando ese culo hermoso, el culo de su esposa, sin sospechar que era un culito recién cogido y no por él precisamente. No hablo más, se acercó y le dio un beso en la mejilla a su mujer- amor creo que si tienes fiebre, te noto muy caliente, estás muy rojita de tu cara y estás respirando muy agitada. Creo que si- respondió ella- ya me tomé un analgésico y pronto me sentiré mejor- ¿Me podrías dar un masaje?, me duele todo mi cuerpo. Si por supuesto.

Pude ver como la verga de Víctor se había parado debajo de su pantalón. Se montó sobre ella y empezó a pasar sus manos por todo su espalda, en algún momento pareció percibir algún olor porque se detuvo y aspiró como si tratara de identificar algún olor. Finalmente siguió, la hermosa vista de las nalgas de su mujer lo volvieron a la realidad. Bajó sus manos a esas nalgas, a esas nalgas que solo algunos minutos antes yo había acariciado. Las tomó entre sus manos y lentamente se acercó, empezó a besarlas, pasó su lengua por las mismas zonas que hace unos minutos yo había recorrido.

Hizo un gesto de extrañeza cuando separó los labios de su conchita y los encontró inundados, que raro pensó, luego siguió a ese culito, un poco rosado aún y lo besó, lo besó tiernamente. Finalmente sólo escuchó una orden, cógeme mi amor, cógeme, y bruscamente ella se acomodó, paró su culo hermoso y empezó a hacer movimientos de acercamiento. El no pudo más, era imposible permanecer quieto con tremenda invitación. Rápidamente sacó su verga y la introdujo en esa conchita caliente, entró y de deslizó como nunca antes, le llamó la atención, pero siguió adelante.

Podía ver como su verga desaparecía en esa conchita y como el culito recién cogido se contraía en cada embestida. Esto no duraría mucho, ella gemía cada vez con más intensidad, sus movimientos eran más intensos, su culito se contraía cada vez más, como si se esforzara en retener algo. Unos segundos antes de que ambos terminaran, pude ver como ese culito no pudo contener más y unas cuantas gotas de leche blanca abandonaron esos pliegues irritados de ese culito recién cogido. Víctor no pudo ver nada, unos segundos después estaba depositando borbotones de leche caliente en la conchita húmeda de su mujer. Ella rápidamente se giró y se sentó, hummm amorcito te viniste como nunca, mira cuanta lechita me dejaste, que bárbaro. Si, es cierto, es que estaba muy excitado, tú me enciendes mucho. El no sabía que justo cuando su querida esposa se giró y se sentó, salía de su culito la leche que poco antes había depositado yo.

Si tienes algún comentario, estaré agradecido de recibirlo.

Autor: sur9983

Me gusta / No me gusta

Abriendo el buzón

Como pude le puse en cuatro patas, apoyando su cabeza en el borde de la tina, le pasé mi lengua por ese hoyito apretado que seguramente nadie había escudriñado. Poco a poco fui metiendo mi lengua haciendo que se abriera.

Cierto día sábado que me encontraba en casa, sonaba insistentemente el timbre y salí a ver de quien se trataba. Gran sorpresa me llevé, era Jaime el cartero que nerviosamente me dijo si le dejaba pasar al baño. Le dije, ¿tienes alguna urgencia?, Después te explico dijo y mostrándole donde estaba entró presuroso. A Jaime le conozco hace bastantes años pero, nunca me había pedido permiso para entrar al baño, la verdad está muy bien, alto, atlético, quizás por lo mucho que camina, como de unos 28 años, lo malo es casado. Después de un rato salió y me dijo que una de mis vecinas, la cual no quiso nombrar, le debió entregar un paquete, le dijo que pasara a la casa y estando allí, en cierto momento se le lanzó encima y le abrazó besándolo en la boca (al verlo cerca de mí pensaba lo mismo), para posteriormente agarrarle el paquete.

Continuó diciendo que se calentó enseguida pero, pensó que eso no debía ser y quiso zafarse de ella pero esta, sorpresivamente le bajó el cierre del pantalón y le sacó la verga para posteriormente masturbarlo y luego se lo mamó por un rato mientras él ya resignado se dejaba. Hasta que su excitación fue demasiada y le dijo que iba a acabar y justamente se abrió la puerta de principal de la casa y rápidamente le sacó la verga de la boca y se abrochó el pantalón derramando toda su leche dentro de su slip(calzoncillo).

Continuó diciendo que era el marido que venía llegando y él como pudo se zafó y le entregó el paquete a la vecina y salió de la casa y como sabe que yo vivo solo y soy “hombre”, pensó que le podía ayudar. Enseguida le dije ¿que había hecho con sus calzoncillos? y dijo, está lavado y colgado en el baño y que pensaba pasar a buscarlo más tarde si no me importaba. Enseguida dije que no había problema, pero al mismo tiempo le comenté,  no puedes andar sin ropa interior, te presto uno de mis calzoncillos si quieres, total le dije cuando vengas por los tuyos me los entregas.

Aceptó y cuando estaba de vuelta él estaba sin pantalones esperando. Pude ver su verga en reposo que no debía medir más de 12 centímetros y algo delgada. Enseguida tuve una erección la cual trate de disimular, pero al parecer él se percató porque miró mi entrepierna y sonrió. Luego de vestirse se despidió diciendo que por la tarde pasaría a buscar su prenda íntima. Después de dejarle en la puerta fui inmediatamente al baño y tomé sus calzoncillos, para posteriormente tirarme en la cama y correrme una paja tomando ese olor a macho que aún se podía percibir a través de la tela.

Por la tarde yo estaba muy nervioso esperando que Jaime pasara a buscar sus calzoncillos, que naturalmente me había encargado de secar. Como a las 4 de la tarde sonó el timbre. Enseguida abrí y efectivamente era él que venia con uno de sus compañeros de trabajo totalmente ebrio. Me dijo, aquí se lo dejo porque viene a buscar algo y enseguida se fue. Como pude le entré y le dije que como venia en ese estado. Lo poco que pude entenderle, era que el amigo que se había ido estaba de cumpleaños y que todos sus compañeros le festejaron en un restaurante cerca de allí. Pero ahora me tengo que ir dijo, mi esposa me espera, dame mis calzoncillos. Fui por ellos mientras él trataba de quitarse los pantalones.

Cuando volví le ayudé a quitárselos y le baje los calzoncillos, entonces él me dijo, me podrías dejar que me duche para que se me quite este mareo. No dije nada, solo le ayudé a quitarse toda la ropa, y pude ver su cuerpo desnudo, con unos pectorales fabulosos y un culo precioso. También pude notar que tenía una leve erección, para que decir como estaba mi verga que estaba que estallaba dentro de mi pantalón. Le llevé hasta el baño y le ayudé a meterse a la tina. Enseguida abrí la llave de la ducha y él me agarra de un brazo y me dejé tirar dentro de la tina, entonces él me dijo ¡acompáñame para que me jabones!.

Como pude me quité la ropa y comencé por ponerle champú y le restregué la cabeza y pude ver que su verga estaba en completa erección, debía medir unos 16 centímetros y no muy gruesa. Luego le jaboné los brazos y el pecho que se sentía muy fuerte, para posteriormente bajar suavemente por su pecho hasta llegar a su verga. La cual jaboné y aproveché de masturbar un rato mientras él apoyaba su cabeza en el borde de la tina, sin dudarlo acerqué mi boca hasta su falo erecto y me lo introduje en la boca.

Le oía gemir de gusto y con sus manos sobre mi cabeza me decía que siguiera, que lo hacía muy bien. Después de un rato me dijo que le mamara el culo, que ese es un sueño que tenía hacía mucho tiempo y que su mujer nunca se lo había querido hacer. Como pude le puse en cuatro patas, apoyando su cabeza en el borde de la tina, le pasé mi lengua por ese hoyito apretado que seguramente nadie había escudriñado. Poco a poco fui metiendo mi lengua haciendo que se abriera, hasta que intenté metiendo un dedo, enseguida Jaime reaccionó diciendo que no quería ser penetrado. Le dije que se dejara llevar que pronto sabría de un placer desconocido y le metí un dedo, y se quejó pero, luego no dijo nada y le metí otro y comencé un mete y saca haciendo que gimiera mientras a la vez le pajeaba. Luego de un rato le introduje un tercer dedo haciendo que gimiera más fuerte y me dijo que siguiera que se sentía rico.

Luego pensé “lo tengo a mi disposición y mi verga a punto de estallar” y me decidí y retiré mis dedos de su culo, me reclamó pero, le dije no te preocupes que enseguida te lo lleno de nuevo y puse mi pene que estaba lubricado con mí propia excitación en esa entrada que estaba bien lubricada con mi saliva. Le metí la punta y él se irguió diciendo ¡te dije que no me lo metieras!. Sobre la misma le introduje la mitad de los mis 21 centímetros y gritó de dolor, pero le comencé a cabalgar, mientras él seguía gritando que se lo sacara.

Hasta que en cierto momento se calló y comenzó a gemir mientras yo me atreví a metérselo hasta las pelotas. A esas alturas él ya estaba gozando y comenzó a devolverme las estocadas que le daba. No aguanté mucho y muy pronto vacié mi leche en su esfínter gimiendo de placer mientras Jaime no dejaba de moverse haciendo mí eyaculación más placentera.

Luego se la saco de ese culito maravilloso y Jaime se voltea mostrando su erección y me dice que me siente en su falo. No me hice esperar y me la tragué por completo y comencé un sube y baja suavemente al principio mientras trataba de levantar mi verga, hasta lograr que sé erectara y aceleré la cabalgada y la masturbación y pude ver el rostro desfigurado de Jaime y pude sentir su leche caliente entrar en mi interior y enseguida lancé mi leche en su pecho. Luego él ya más recuperado se levanta y me besó en la boca para luego decir que fue fabuloso. Nos duchamos rápidamente y nos vestimos, apurándose aun más él porque ya eran las 6.30 de la tarde y debía irse para su casa.

Después tuvimos uno que otro encuentro, hasta que él decidió alejarse diciendo que no quería perjudicar a su familia.

Autor: Gustavofigueroa

Me gusta / No me gusta