Apuesta con mi profe de matemáticas

Estaba en clases con mi profesora de matemáticas a quien llamaremos Susana como nombre de fantasía para no comprometer a nadie. Es una mujer casada y tiene un cuerpo muy bien conservado. Como tiene un gimnasio asiste a cuanta clase puede, lo que mantiene cada parte de su cuerpo en su lugar y en apariencia también muy firme.

Un día en una clase en la que yo me estaba haciendo el alumno avanzado y ella quería demostrarme que mis conocimientos distaban mucho de eso hicimos una apuesta: ella me dio un ejercicio muy difícil y me dijo que no podría resolverlo jamás; yo me sentí tocado y le dije que si lo podría resolver pero que para que valga la pena mi esfuerzo intelectual tendríamos que hacer una apuesta que de ganarla compensara mi esfuerzo a lo que la profesora muy segura me dijo: te apuesto lo que vos quieras, lo que sea. Como se imaginaran era imposible para mi resolver ese problema por lo que decidí ir a otra profesora para que me resolviera el ejercicio y poder regresar triunfante a cobrar el premio de mi apuesta.

Read more

Me gusta / No me gusta

La apuesta

Se sentó sobre mí y comenzó a follarme muy, muy lentamente. En aquel momento todo estalló, una corriente eléctrica salió de mis testículos, pasó por todo mi cuerpo y empecé a dar espasmos cuando mi semen empezó a salir disparado como nunca lo había hecho.

Fue una apuesta estúpida, hay que reconocerlo. Mi novia y yo llevábamos saliendo algo más de un año. A menudo practicábamos pequeños “juegos sexuales” en los que generalmente yo llevaba la voz cantante y ella tenía un papel más “sumiso”: la vestía provocativamente, la ataba… vamos, tampoco nada del otro mundo.

Aquella noche habíamos salido a cenar y habíamos tomado un par de copas. No sé muy bien cómo, nos encontramos discutiendo: yo le decía que no era lo suficientemente atrevida, que no tenía la suficiente malicia, para llevar la iniciativa en nuestros “juegos”. Y entonces fue cuando hicimos la estúpida apuesta. Ella se picó, y me apostó que si era capaz de idear una situación y sorprenderme lo suficiente entonces yo sería su esclavo durante un año. Y además yo sería el único juez de si lo había conseguido o no. Entre risas le dije que de acuerdo y no me volví a acordar del tema.

Al cabo de un par de semanas le llamé para hacer planes para el fin de semana, y me dijo que ese fin de semana iba a ser la apuesta que habíamos hecho. Yo, un poco cortado -ya ni me acordaba-, le dije que de acuerdo, y quedamos el viernes a las 7 en su casa. Llegué puntual. Ella estaba vestida con unos pantalones de chándal y una camiseta vieja de andar por casa. Me llevó a su cuarto y me dijo que me desnudara y me tumbara boca arriba en la cama. Se acercó, me cogió la mano izquierda y llevándosela hacia una punta de la cama la ¡esposó!; después repitió lo mismo con la mano derecha, y después me esposó de igual modo los dos pies. Yo no sabía de dónde habían salido esas esposas, nunca las habíamos utilizado. Me miró y preguntó: “¿sorprendido?, pues te esperan muchas otras sorpresas”, entonces se giró y se marchó de la habitación. No me podía levantar; estaba completamente esposado y sólo podía mover un poco la cadera. Esperé mucho tiempo, no sé cuánto, pero estaba totalmente excitado.

Finalmente, se abrió la puerta y ella entró. Vestía un traje de lycra, negro y muy ajustado, que la cubría hasta los hombros, dejando sus pechos fuera. Calzaba unas botas negras con mucho tacón y llevaba guantes negros. Iba maquillada con tonos también oscuros; estaba espectacular, y sólo de verla allí de pie me excité aún más. En la mano derecha llevaba algo que me pareció –y pronto pude comprobar que tenía razón- una mordaza con una bola. Se puso delante de mí y sonrió (sonrió de una manera “diferente”), levantó la mordaza y me la puso en la boca, obligándome a abrirla al máximo, y atándola por detrás de mi cabeza de modo que no podía quitármela.

Entonces se puso a dar vueltas alrededor de la cama mirándome la polla; se detuvo y se dirigió a un armario, lo abrió y sacó una gran bolsa dentro de la que había numerosos objetos. Se acercó a mí, cogió de la bolsa una tira de cuero con un collar en una punta, que me colocó en el cuello, y otro collar más pequeño en la otra punta que me pasó alrededor de los huevos y lo ciñó apretado. Yo tenía que mantenerme en una posición muy incómoda: además de la boca abierta a tope, debía erguirme y tratar de mantener el cuello echado hacia adelante, porque si me movía, tiraba de la cinta de cuero. Pero, sin embargo, estaba cada vez más cachondo.

De la bolsa sacó una fusta y me la pasó por todo el cuerpo; los brazos, el vientre, el interior de las piernas… dándome golpes ni muy fuertes ni muy suaves que me ponían a cien. En ese momento, yo babeaba por el efecto de tener la boca abierta, mientras gemía de placer como un loco y pensaba que no iba a aguantar más. Entonces paró, cogió un cojín y me lo puso debajo del culo, haciendo que levantara las caderas, tirara de la cinta y mi polla quedara aún más empinada, con lo que tuve que erguirme todo lo que pude.

Se levantó, se dirigió a la bolsa y cogió unas cintas de cuero, con las que empezó a atarme a la cama: los codos, los hombros, las rodillas… cuando acabó no me podía mover ni un centímetro. Empezó a masajearme los huevos con la punta de los dedos, tirando del vello rizado; mi polla alcanzaba una erección como nunca había visto. Ciñó más fuerte la correa que tenía a los huevos y éstos aumentaron de tamaño hinchándose. Notaba como mis jadeos, mezcla de placer y de dolor, la excitaban sobremanera.

Se acercó a mi cabeza, me soltó la correa atada al cuello, me quitó la mordaza, abrió una cremallera que tenía el traje a la altura del coño, se sentó en mi cara y me ordenó que se lo chupara. Saqué mi lengua y empecé a moverla circularmente, arriba y abajo, a derecha e izquierda, y ella gritaba que fuera más rápido, mientras tiraba de la correa que me había atado a los huevos. Daba botes encima de mi cara mientras yo le lamía el clítoris. Iba a correrme y se lo dije, le pedí que siguiera, que no parara; entonces paró y se levantó. Yo estaba a cien: hubiera dado cualquier cosa por poder correrme. Entre jadeos empecé a ¡suplicarle! que me soltara, que me dejara correrme, que no aguantaba más. Ella estaba buscando algo en la bolsa y me gritó que me callara o que si no me iba a dejar así atado toda la noche.

Finalmente sacó algo de la bolsa. Se sentó sobre mí y, con una sonrisa perversa me enseñó lo que era: un par de pinzas metálicas. Sin dejar de sonreír, me las colocó en los pezones, y para mi sorpresa no dolían demasiado, eran sólo una molestia. Entonces se puso a horcajadas sobre mí y se agachó de forma que con la boca yo llegaba a sus tetas. Me ordenó que le lamiera los pezones, y mientras yo lo hacía ávidamente, comenzó a moverse adelante y atrás de modo que con su vientre rozaba y movía las pinzas que yo tenía colocadas. Primero se convirtieron en una molestia considerable, después pasaron a ser un dolor sordo y, finalmente, con cada pasada que hacía recibía una punzada de dolor; pero ¡de lo excitado que estaba, no podía dejar de chuparle las tetas a pesar del dolor. Al final, tuve que parar; se irguió, me miró y se rió. Yo tenía ganas de llorar por el dolor, pero, al mismo tiempo, notaba que estaba a punto de correrme, y ella sabía todo lo que pasaba por mi cabeza, ¡me tenía totalmente bajo su control!

Me puso una venda en los ojos mientras seguía encima de mí y noté como se masturbaba mientras yo le suplicaba llorando que me dejara correrme, pero sólo se reía, mis súplicas eran lo que más la excitaba. Cuando se corrió se levantó y salió, y yo me quedé allí totalmente inmovilizado y pensando qué es lo que vendría después… Al cabo de un rato noté como me sacaba las esposas de los pies y me desataba los tobillos. Me levantó las piernas, las abrió y continuó bajándolas para atarlas en la cabecera de la cama. Me encontraba retorcido de manera que la punta de mi polla tocaba mi boca. Cogió la fusta y empezó a azotarme con bastante fuerza en el culo; podía notar como mi polla daba espasmos con cada azote. A cada golpe me excitaba más y gemía como nunca lo había hecho, lo que le ponía cachonda a ella. Estaba a punto de correrme y paró, riéndose otra vez; era como si supiera en todo momento cuando llegaba yo al límite y entonces paraba…

Oí como sacaba algo de la bolsa, se acercó y noté como me destapaba de los pies y los esposaba entre ellos. Me puso una correa atada a los testículos y me desposó las manos de la cama para esposármelas en la espalda. Me levantó de la cama y tirando de la correa, me hizo ir, dando saltitos por toda la habitación, hasta una silla donde me ató fuertemente pasando una cuerda por todo mi cuerpo; tenía las manos detrás del respaldo. Entonces tiró de la correa y mi polla dio un brinco; oí como cogía la fusta y noté como le daba suaves azotes. Conseguí una erección increíble, mis huevos estaban hinchados como un globo y mi polla temblaba de espasmos musculares; ya no podía más, iba a correrme.

Entonces se paró y me quitó la venda: mi polla estaba roja como un tomate, nunca había conseguido una erección semejante. Cogió unos cordeles y ató dos de ellos uno a cada testículo y luego a las patas de la silla, separándolos e hinchándolos aún más; el tercero lo ató fuertemente a la base de la polla. Se sentó a horcajadas encima de mí y comenzó a follarme dando fuertes saltos sobre mi polla; al cabo de un breve rato se corrió. Sin embargo, no paró y siguió follándome si cabe aún más rápido. Yo estaba a cien, sin embargo, el cordel que tenía atado en la base de la polla no dejaba que me corriera. Pasados unos 10 minutos se volvió a correr y se levantó.

Se quedó de pie enfrente de mí, observándome con una mirada lasciva y una sonrisa en la boca mientras se acariciaba los pechos. Sin parar de acariciarse me dijo: “Durante estas semanas, mientras preparaba esta demostración, he estado leyendo mucho e informándome sobre el tema; cuanto más leía más cachonda me ponía al pensar en lo que te iba a hacer. Pero hoy, al verte totalmente a mi merced ha sido todavía mejor; he descubierto que me encanta dominarte y maltratarte, nunca había estado tan excitada. A pesar de las veces que me he corrido sigo todavía húmeda. Ahora te voy a dejar pensando en la respuesta que me vas a dar sobre quién ha ganado la apuesta: sólo si aceptas que has perdido dejaré que te corras,  pero entonces quiero que sepas que durante el año que viene vas a ser mi esclavo total, vas a obedecer en todo –entre otras cosas vas a pagar de tu bolsillo todos los juguetes que compre, como este vestido, que no es barato- y te voy a tratar aún peor que hoy… aunque creo que eso te gusta”. Y dicho esto se fue de la habitación.

¡Me dejó allí atado! Yo sólo podía jadear de placer, mi respiración era acelerada, ya ni sentía ni las cuerdas que me ataban ni las pinzas que tenía en los pezones, estaba allí solo a punto de tener el mejor orgasmo de mi vida, pero no llegaba, a ratos creía que me iba a desmayar. Al cabo de una media hora volvió a entrar en la habitación y se quedó delante de mí mirándome fijamente. Entonces le supliqué que me dejara correrme, que reconocía que había perdido. Sin decir palabra desató los cordeles que tenía atados en la polla y se empezó a desnudar lentamente mientras yo la observaba. Cuando terminó, se sentó sobre mí y comenzó a follarme muy, muy lentamente. En aquel momento todo estalló, una corriente eléctrica salió de mis testículos, pasó por todo mi cuerpo y empecé a dar espasmos cuando mi semen empezó a salir disparado como nunca lo había hecho.

Me corrí como nunca había imaginado con espasmos que duraron más de diez segundos. Fue maravilloso… ahora soy su esclavo…

Se agradecen comentarios.

Autor: javier_zxy

Me gusta / No me gusta

Dos parejas y una apuesta

Patricia gemía, pero necesitaba más así que señalando con el dedo al de la polla grande le dijo que  viniese, se acercó y él se fue a darse un morreo con ella, mientras ella le cogía la polla con la mano y le hacía una paja. Mientras tanto Natalia seguía siendo follada por el de la cola más pequeña, pero tenía el pollón del moreno en la boca. El que la follaba se corrió dentro y se fue a dar un baño, Natalia tumbó al moreno y se sentó encima de él cabalgándolo.

Esto que voy a contar sucedió hace poco.

A finales de junio nos fuimos Natalia  y yo, con Patricia (su amiga del alma), y su nuevo novio José, compañero de trabajo, a una casa que tienen los padres del novio de  Patricia cerca de Torrevieja. Es un chalecito, o mejor dicho, una huerta que era de los abuelos de José. En la carretera a Torrevieja, por un camino algo apartado. Estaba reformada, la parcela era grande y tenían piscina. Podíamos estar en pelotas que no nos veía nadie, pero sólo la usábamos para quitarnos la arena cuando veníamos de la playa o algún chapuzón nocturno. Porque para eso íbamos a la playa, no para estar en la piscina.

Yo tengo 30 años, mi nombre es José Patricia Natalia David. Mido 1.76 cm, 78 kg de peso y tengo un buen cuerpo, con espaldas anchas, bien proporcionado, no me puedo quejar. Natalia tiene 28 años, es morena, mide 1.68 y es la que mejor está, tiene un culo muy bonito, unas tetas de muy buen tamaño, 95 o así, con unos pezones morrones, medianos y bien puestos, vamos que todavía no se caen. Y de cara es bastante guapa.

Patricia es también morena y de la misma edad, de cara es algo menos guapa, pero tampoco se puede decir que sea fea, de cuerpo, está algo más rellenita que Natalia, pero tiene unas tetas preciosas, un 100 más o menos, con unos pezones oscuros y grandes. Y su culo, algo más grande que el de mi chica, pero lo tiene muy duro del aerobic. Vamos toda una macizorra.

Por su parte José, es el típico guaperas, delgadito y moreno. Pero muy buen chaval. Eran compañeros de trabajo, pero se conocieron sexualmente a través de una página de internet, y como se conocían sus gustos sexuales, también se que han hecho algún que otro trío. Así que éramos un grupo muy “abierto” eso sí, tampoco nos poníamos a follar los 4, había algo de respeto en eso, aunque con Patricia ya tuve yo algo.

Íbamos a descansar, no ha hacer turismo, con lo que era fácil lo que había que hacer. Levantarse tarde, playa, salir por la noche y cumplir con las respectivas. Obviamente, las dos no tienen muchos problemas en ponerse en topless en la  playa ni vestir ligeritas de ropa por la calle cuando estamos de vacaciones (tops ajustados, escotes, minifaldas, ausencia de ropa interior)… con lo cual llaman la atención al que las mira un poco. Además  a José y a mí nos encanta ver como se exhiben y como hacen girar la cabeza a todos. Sobre todo Patricia, que aparte de tener las tetas más grandes que Natalia, la gustan mucho los escotes e ir sin sujetador, con lo que más de un camarero se distrae cuando pedimos algo.

El  segundo o tercer  día, después de salir por las noches y ver el ambiente de la playa, nos llamó a todos las atención (y sobre todo a José y a mí), que las niñas de hoy en día (decimos niñas a las de 18 años), están demasiado espabiladas. Es decir, a parte de estar en la playa en topless o tanga incluso con su grupo de amigos, después por la noche cumplen la famosa frase de Torrente que “la culpa es de los padres que las visten como putas”, es decir, demasiado ligera de ropa. Que no es que nos moleste nada de esto, pero sí que nos choca a los que tenemos veinte muchos porque no era lo normal cuando teníamos esa edad. A parte también las conversaciones que escuchábamos  a las que se sentaban cerca de nosotros que contaban sin pelos y señales a quien se tiraban, cómo… Y demás.

Con lo que uno de los días en la playa salió el tema diciendo que los chicos de hoy en día con 18 años tenían que hartarse de follar, porque antes, te costaba follar con una,  pero ahora… lo tenían más fácil porque ellas no se lo piensan tanto. Aparte que la verdad es que están muchas buenísimas, no sé lo que tendrán los bollicaos, qué les daban sus padres, pero les crecen las tetas de una manera increíble.

Bueno, el tema es que nuestras novias se pusieron algo celosas por todos los piropos que echábamos a las niñas  y nos dijeron que no nos quejásemos de lo que teníamos nosotros y que seguro que las niñas no se lo ponían tan fácil a los chicos como decíamos nosotras. Y que seguro que también ellos aguantan más de lo que aguantábamos nosotros con su edad… bueno… la discusión se fue de las manos cada uno discutiendo por un lado. Los chicos diciendo que las niñas de hoy en día estaban buenísimas y que eran unas “folladoras natas” y nuestras novias diciendo que no estaban las niñas tan buenas, que no se lo ponían tan fácil a los chicos para follar y que ellos seguro que aguantaban como unos adultos  que encima no se cansaban como nosotros… Que echamos uno y nos queremos dormir…

Con lo cual la apuesta (como es habitual en nosotros), estaba servida. Y empezamos a apostar. La apuesta consistía en que nosotros les diríamos a que chavales tenían que entrar (porque obviamente a uno que viésemos que no estaba bueno y no ligaba mucho, iba a querer ligar con ellas), y a ver si preferían irse con ellas (unas casi treintañeras), o con sus amigas jóvenes, con las tetas increíblemente tiesas. Era para demostrar si ellas estaban mejor que las niñas de 18 años. Y que si conseguían que les hiciesen caso, saliesen el resto de la noche con ellos y a ver si eran tan machos como ellas decían o eran de polvo rápido, y si al día siguiente las llamaban es que todavía les gustaban a los chavales de 18 años. Y nosotros por nuestra parte intentaríamos ligar con unas niñas que viésemos con pinta de golfas (nos lo indicarían nuestras novias),  a ver si nos dejaban hacer lo que quisiésemos…

Todo esto lo hablamos en la playa, con lo que ese día por la noche sería la apuesta, si es que se atrevían. Al llegar a casa, nuestras novias nos preguntaron si la apuesta seguía adelante, José y yo pensamos que se les habría olvidado, pero no… así que, nos fuimos a hablar y a los dos nos llamó la atención, no lo que hiciesen ellas, sino… lo de ligar con unas jovencitas… con lo que aceptamos.

Ya por la noche nos empezamos a arreglar, era importante el ir vestido con la situación, es decir nosotros marcando con camisetitas ajustadas y ropa algo joven y a ellas las tuvimos que hacer que se cambiasen de ropa  porque se habían vestido demasiado juveniles y así no valía. Además iban con tops con escotazos y sin sujetador y  eso era ya tener muchos puntos por delante. Con lo que las hicimos ir algo más tapadas y con vestiditos algo más arreglados y de chicas más mayores, aunque Patricia prescindió del sujetador porque llevaba la espalda al aire con un vestidito rojo que la llegaba por las rodillas y que iba atado al cuello. Natalia se había puesto una minifalda (algo larga y no la mini que se había puesto al principio), y un top negro sin escote.

Salimos los cuatro en busca de las presas. Después de deambular por  varios bares, por fin encontramos uno de jóvenes y  a la media hora divisamos las presas. Por un lado había 4 chavales que por sus polos Ralph Lauren parecían muy pijos. Tenían que tener los 18 justos y estaban hablando con dos niñas de 18 ó 19 años, con mini faldas y con unos tops… que madre mía… vaya melones. Iban a pillar cacho. Así que primero irían las nuestras a espantar a las dos chicas y después les entraríamos.

Natalia no se lo pensó mucho y fue para allá seguida de Patricia… Comenzaron a hablar con los chicos con la excusa de que no eran de por aquí  y que era la primera vez que venían y no sabían donde eran los locales de copas. La conversación siguió hasta que las chicas que estaban se sintieron ignoradas y se quedaron solas, con lo que José y yo fuimos al ataque. Intentamos mantener una conversación, pero estábamos más pendientes de nuestras novias, así que cuando cambiaron de garito, las seguimos y dejamos tiradas a nuestros posibles ligues. Estuvimos toda la noche siguiendo a nuestras novias. Hablaban con todos, bailaban pegadas con todos, todos se arrimaban. Parecía que no se lanzaban ninguno, o por miedo o esperando a ver si ellas escogían de entre los 4. José y yo preferíamos ver lo que hacían ellas, así que intentábamos que no nos viesen.

A las 4 de la mañana, después de unas copas. Les vimos salir del bar, dirección a los coches. Creíamos que no iban a conseguir nada o que se habían rajado ellas. Pero cogieron mi coche, habíamos llevado los dos coches uno para ellas y otro para nosotros, y los chicos iban en otro. Montaron todos en los coches y nosotros en el nuestro y los seguimos, salieron a la carretera y fueron a casa de los padres de José. Que pretenderían…

Nosotros tuvimos que entrar por otro camino que José se sabía y que no sintiesen el coche. Dejamos el coche algo lejos, fuimos andando y vimos mi coche y el de los 4 chicos aparcados en la puerta. Oímos voces y vimos luces en la parte trasera así que entramos por la puerta lateral sin hacer ruido, entramos en la casa y subimos a la terraza del ático. Desde allí podríamos ver la piscina y el jardín y ellos no nos verían porque estábamos detrás de las luces y ellos de frente. Cuando subimos, vimos a los 4 chicos, sentados en las hamacas y quitándose las camisetas. Patricia y Natalia entraban es ese momento en la casa. Se oían perfectamente las conversaciones de los chicos, uno decía que le molaba más Patricia, otro Natalia, otros dos les daba igual. Que seguro que al que le tocase disfrutaría porque eran tías mayores y tendrían mucha experiencia.

Pero cada uno respondía que a ver quien se lanzaba y quien triunfase iba dentro y el resto a esperarles en la piscina… y en esto salieron Patricia y Natalia del garaje con unas botellas de alcohol, unos hielos y vasos. Se sirvieron unas copas  y luego ellas dijeron, que si no tenían ganas de un baño, pues que ahí tenían la piscina. Uno de ellos, pobre ingenuo, dijo que tenían los bañadores en el coche y mientras decían esto, Patricia se quedó mirándole, se desabrochó el nudo del vestido y dejó caer el vestido al suelo quedándose en tetas y con el tanga rojo como única prenda. Se les salieron los ojos a los 4 chicos  y José me dijo en voz baja:

-Mira la guarra de mi novia, está con unas ganas de mojar que no se tiene.

Acto seguido se empezaron  a quitar los pantalones hasta quedarse en calzoncillos. Llevaban todos slips de pata ajustados y se les notaba un bulto increíble. Patricia se quedó mirándoles y les dijo.

-Vaya, parece que os ha gustado lo que veis.

Y se echaron las dos a reír, mientras les decían que se quitasen todo. Uno de ellos señalándose el paquete, les dijo que como se iban a quitar los calzoncillos tal y como estaban, además, Natalia seguía vestida y Patricia con tanga. Se miraron las dos, cuchichearon al oído y dijeron… por eso no hay problema, y se juntaron los morros dándose un morreo increíble, mientras se sobaban. Natalia bajaba sus manos por el cuello de Patricia, luego le magreó las tetas y después bajó a su culo, cogió el tanga y se lo fue a bajar, pero Patricia le dio una bofetada en la mano y la dijo:

-Zorra, espérate que tú estás vestida.

Siguieron morreándose y Patricia empezó quitando la mini falda a Natalia, luego le sacó el top, dejándola en ropa interior. Bajó besándole el cuello, le comió el canalillo y luego le desabrochó el sujetador, sujetó fuerte las tetas de Natalia, mientras recorría su tripa hasta llegar a su sexo, dejó las tetas y llevó las manos a su tanga y se lo bajó de golpe, besándole el coño por encima y llevando sus manos a su duro culo. Estábamos José  y yo absortos en el show lésbico que habían hecho nuestras novias, al igual que ellas,  y no nos habíamos dado cuenta de que los 4 chavales se habían quitado los calzoncillos y se estaban haciendo una paja. En la posición que se habían quedado, es decir, Natalia de pie, y Patri arrodillada con la cabeza a la altura de la cintura de Nati, giraron las cabezas para mirar a sus admiradores y les vieron totalmente desnudos, haciéndose una paja y sin pestañear casi. Ellas se rieron y dijeron:

-Que desperdicio, no os preocupéis que os ayudamos.

Se miraron los chicos y empezaron a sonreír y mirarse unos a otros como alucinados. Natalia y Patricia se incorporaron y se dirigieron a ellos. Patricia se fue a por un rubiete muy guapo con un rabo que no estaba mal y mi novia se fue directa por un moreno con un buen rabo. Los otros, uno la tenía muy chica y el otro tampoco estaba mal armado. Las dos se metieron una polla en la boca y cogieron otra con la mano, y les hacían una paja. Iban chupando una polla un rato y pajeaban la otra y luego cogían la otra polla y al revés. Ellos no perdían el tiempo y magreaban las tetas y los pezones de nuestras chicas.

No tardaron mucho en correrse tres de ellos, uno de ellos en la boca de mi novia, y los otros dos mientras les hacían la paja. El de la polla más pequeña aguantaba. José y yo nos miramos como diciendo, ya se han corrido y ya han acabado. A Natalia le tocaba el que no se había corrido, le miró, ella se tumbó en el suelo y le cogió la polla para metérsela por su mojado coño. Él se retiró y  se levantó, Natalia le preguntó que donde iba y él dijo que por un condón, ella se rió y le dijo:

-Vuelve aquí, que no te hace falta…

Así que le faltó poco para darse media vuelta, se abalanzó sobre Natalia y se la metió de golpe, mientras el rubio se acercó a Patricia le pegó un morreo, luego bajó por las tetas hasta llegar a su coño y se colocó de rodillas comiéndole el coño. No lo tenía que hacer mal, porque Patricia gemía, pero necesitaba más así que señalando con el dedo al de la polla grande le dijo que  viniese, se acercó y él se fue a darse un morreo con ella, después se fue a las tetas y se las comió y mientras ella le cogía la polla con la mano y le hacía una paja. La polla recobró rápido la erección. Mientras tanto Natalia seguía siendo follada por el de la cola más pequeña, pero tenía el pollón del moreno en la boca. Mientras él le sobaba las tetas. El que la follaba se corrió dentro y se fue a dar un baño, su sitio lo cogió el que se la estaba comiendo, pero esta vez se levantaron y se fueron a una hamaca. Natalia tumbó al moreno y se sentó encima de él cabalgándolo.

Patricia ahora estaba a cuatro patas, con el rubio follándola y el otro delante haciéndole una mamada. Era alucinante verlas con las tetas botando a las dos. Tuvieron las dos el orgasmo a la vez  y acto seguido los dos que las estaban follando se corrieron y también se fueron al agua, y el que faltaba por follar se colocó encima de Patricia y la folló en la postura del misionero. Tampoco tardó mucho en correrse. Después se fueron al agua, y allí jugaban, se abrazaba, las lanzaban al agua, las besaban, las sobaban, las levantaban para verles bien las tetas y el coño, vamos ellas se dejaban hacer.  No llevaban ni media hora y ya se los habían cepillado a todos y ellos se habían corrido dos veces.

En esto que José y yo cuchicheábamos y vimos a Natalia tumbándose  boca abajo en el bordillo para coger su vaso, dejando su culo en pompa, cuando llegó el rubio y sin previo aviso empezó otra vez las “hostilidades”, la cogió del culo, la abrió las piernas y se la metió por el coño de golpe. Bombeó un rato y después Natalia se giró, se sentó en el bordillo abrió las piernas y recibió la polla del rubio otra vez mientras le abrazaba y le besaba.

Mientras Patricia estaba siendo follada por el moreno del rabo más grande, él de pie y ella abrazándole con las piernas, mientras los otros dos le comían cada uno una teta… tenía para todos. Llevaron a Patricia al lado de Natalia y las sentaron a las dos en el bordillo mientras fueron pasando todos por sus coños, bombeaban con fuerza hasta que se corrían. A ellas también las oímos unas cuantas veces. Creo que cada uno se corrió un par de veces. Después escuché a Natalia decir al de la polla chica, que era el que más había tardado en correrse siempre, así que tenía un premio. Se salieron. Le chupó la polla y después ella se puso a cuatro patas, él se puso detrás  y dirigió la polla a la entrada de su coño, pero Natalia cogió la polla y la dirigió a su ano, él sonrió y empezó a empujar hasta que entró…

Patricia la miró y dijo que ella también quería así que, tumbó al rubio en el suelo, ella se sentó de espaldas a él, pero metiéndose la polla por el culo, estuvieron un rato empujando hasta que entró. El rubio bombeó un rato, y mientras Patricia, hacía una paja al moreno y el otro le sobaba las tetas. Una vez que la polla del moreno  estaba tiesa le tumbó en el suelo, Patri se incorporó dejando al rubio a medias y se sentó sobre el moreno, metiéndose la polla en el coño. Después, mientras que cabalgaba al moreno, señaló al rubio para que se colocase detrás de ella, le cogió la polla y se la llevó al culo. José y yo nos miramos y nos reímos… quería tener dos pollas a la vez una por cada agujero.

Tardaron en compenetrarse los tres, porque siempre se salía alguna polla, pero poco a poco fueron cogiendo el ritmo y así aguantaron, mientras mi novia seguía siendo penetrada por el culo por el de la polla más pequeña y el que quedaba le follaba la boca, el que follaba por el culo a Nati se corrió dentro de su culo y ocupó su sitio, el otro rápidamente y tras pocas embestidas se corrió. Al terminar se quedaron mirando a Patricia y su doble penetración que seguían dándole caña. Se corrieron los dos chicos casi a la vez, y Patricia les pidió que siguiesen un poco que ella estaba a punto, pero dijeron que no podían. Así que el de la polla chica se fue directo a ocupar un agujero de Patricia y siguió bombeando hasta que Patricia se corrió. Luego se quedaron tumbados en las tumbonas todos, descansando un poco y hablando.

Ya serían las 6 de la mañana y tras un baño, los chicos empezaron a vestirse y a decir que se iban a casa  y que si quedaban mañana, ellas seguían desnudas y  ellos aprovechaban para seguir sobándolas. Oímos como les decían que no podían quedar más días que sus novios venían mañana… Ellas les acompañaron a la puerta, desnudas, les dieron unos besos y se metieron.

Salieron otra vez a la piscina, las escuchamos decir que estaban llenas de leche por todas partes y qué nos iban a decir, bueno y como nos habría ido. Natalia dijo que la verdad y que a ver que habíamos hecho nosotros. Patricia le dijo que como nos iban decir que se lo habían hecho con los cuatro y mi chica dijo que no se habían salido de la apuesta. Que lo chicos habían aguantado más o menos bien, y que lo habían hecho varias veces y no una como nosotros… mientras oíamos esto, José les habló desde la terraza del ático y les dijo que no hacía falta que nos contasen nada, que ya lo habíamos visto todo, y que… al final ellos no se han atrevido y que han sido ellas las que les han entrado… que eso… no está del todo claro en la apuesta…

Ellas miraron sorprendidas y primero se taparon… porque se asustaron y no sabían quien les hablaba, pero luego al darse cuenta… se rieron…

Esperamos vuestros comentarios.

Autor: Davidrese

Me gusta / No me gusta

Juego

No dejaba de pensar en lo que estaba pasando en nuestro cuarto, donde habíamos compartido tantas horas y tantos juegos sexuales, ahora ella estaba allí, follándose a otro hombre mientras yo esperaba sentado en la silla. Después fue el turno de José, quien ya había sacado el batín a mi mujer, y esta estaba desabrochándole los pantalones.

Mi pasión fue siempre los juegos, me gustaba apostar por cualquier cosa, pero no de dinero, además, a mi mujer Ana este juego le gustaba, si querías conseguir algo de ella, solo tenías que planteárselo como una apuesta. Así conseguí que ella estuviera toda una semana usando falda sin llevar nada debajo, o que me hiciera una mamada mientras conducía, ella también logró cosas, como por ejemplo que durante un día fuera su esclavo, etc.

Ambos somos muy aficionados al fútbol, pero ella es de un equipo distinto al mío, un día que ambos equipos se enfrentaron, en la media parte el suyo ganaba por 2 a 0. Decidimos pedir una pizza, entonces Ana dijo: “¿te a través ahora a apostar algo?”   Haciéndome el chulo le dije que sí, que el que perdiera iba a abrir la puerta al repartidor, Ana dijo: “¿sólo esto? No cariño, si gana mi equipo irás a abrir totalmente desnudo”.  Yo añadí: “ok, pero si gana el mío, tú irás a abrir desnuda”.

Ella estaba segura de que ganaría la apuesta por lo que no le importó nada, pero el fútbol es imprevisible, acabó mi equipo dando vuelta al marcador, quedando 2 a 3. A Ana no le hizo ninguna gracia haber perdido, pero el juego es el juego, y tenemos muy asumido que si de pierde hay que cumplirlo. Cuando llamó el repartidor, rápidamente mi mujer se sacó toda la ropa, y completamente desnuda abrió la puerta, éste quedó de piedra, no podía creerse haber tenido tanta suerte, mi mujer se comportó como si no pasara nada, pagó el encargo y cerró la puerta. Yo, que estaba mirándola me retorcía de risa, sabía la vergüenza que había pasado, “esto te pasa por apostar duro” le dije, ella me contestó que la próxima vez apostaría más fuerte todavía.

Pasó el tiempo, seguíamos con este juego, las apuestas no siempre eran sexuales, incluían cosas como lavar los platos, ir de compras, etc. Un día vinieron dos compañeros de trabajo a casa, eran Rafa y José, cada mes organizamos con ellos una partida de cartas, ambos somos muy aficionados también a esto, mis compañeros conocían esta afición a jugarnos cosas, cuando ellos estaban delante siempre eran cosas inocentes, claro. La partida estaba en un punto de máxima tensión, yo estaba convencido, por las cartas que tenía, que la ganaba seguro, y dije: “Bueno, ya podéis retiraros, ganaré seguro”. Ana dijo que no, que quería jugar, que no estaba tan segura de perder. “Vaya farol el tuyo, seguro que te gano”, respondí, entonces ella dijo: ¿Realmente estás tan seguro?, pues si gano yo, te pongo los cuernos con el primer tío que encuentre, ¿vale?”.

Yo sabía que aquello no era más que una broma, mi mujer no me pondría los cuernos por nada del mundo, por lo que le respondí que de acuerdo. Ya podéis suponer que la partida la ganó ella, casi ya no me acordé lo que había dicho, entonces ella se levanta y me dice: “has perdido, y ya sabes lo que permite esto”, mientras mis compañeros callaban porque no sabían que decir. “Siéntate en este sillón, y no te muevas”, yo me dirigí a él, callado, estaba asustado por lo que Ana podía hacer.

Se dirigió al equipo de música, puso un CD de música bailable, se acercó a Rafa, lo cogió por la mano, haciendo que se levantara y se pusiera a bailar con ella, le decía cosas al oído, pero no podíamos escuchar de que se trataba, pero reían mucho, mientras José y yo observábamos el espectáculo, Rafa, obedeciendo órdenes de Ana, le posó las manos encima del culo, acariciándolo tan fuerte como pudo, además, apretaba su pubis contra el paquete, mientras apoyaba la cara a su pecho. Rafa seguía acariciando su culo, con los dedos reseguía la silueta de las bragas, acariciaba también la espalda y peligrosamente avanzaba hasta sus pechos, sin llegar a tocarlos, mientras reían mucho.

José y yo estábamos excitados viendo el espectáculo, pude observar el bulto que se había formado en los pantalones. Vi que Ana dejaba a Rafa y se dirigió hacia nosotros, creía que ya estaba acabada la pena, pero me dijo: “Voy a la habitación a follar con Rafa, en pocos segundos ya serás un cornudo”. Diciendo esto, de dirigió a nuestro cuarto, Rafa corrió detrás de ella y cerraron la puerta, quedamos solos José y yo. No pasó ni dos minutos cuando sale Rafa de la habitación con una toalla como única prenda de vestir, se acerca a nosotros y nos dice: “¿tenéis un condón?”. Vaya, encima de follarse a mi mujer, tenía que poner yo el condón.

Como es lógico los tenía en nuestro cuarto, así que me levanté y entré en nuestro cuarto, allá estaba mi mujer completamente desnuda, sentada en la cama, Rafa entró detrás de mí, mientras abría el cajón, mi mujer tiró de la toalla que cubría a Rafa y se metió su polla en la boca, yo cogí el condón y se lo entregué en la mano, mi mujer no dejaba de chupar, salí y cerré la puerta, volviendo a mi butaca. No dijimos nada en todo el rato, yo no dejaba de pensar en lo que estaba pasando en nuestro cuarto, donde habíamos compartido tantas horas y tantos juegos sexuales, ahora ella estaba allí, follándose a otro hombre mientras yo esperaba sentado en la silla.

Cuando oímos que se abría la puerta, vimos que salían los dos vestidos con un batín, Rafa llevaba el mío, pensé que no sólo se había follado a mi mujer, y usado mis condones, sino que hasta usaba mi batín. Ambos estaban muy contentos, al verme, Rafa bajó la cabeza, seguro por la vergüenza que sentía de haberse follado a mi mujer, pero Ana estaba muy caliente.

Rafa se sentó en el sofá, Ana se dirigió a José y le dijo: “Ahora te toca a ti, ven”. Dándose la vuelta, José salió como empujado por un muelle detrás de Ana, yo les dije que les acompañaba para darles otro condón, entramos los tres, mientras yo buscaba, José ya había sacado el batín a mi mujer, y esta estaba desabrochándole los pantalones. Cerré la puerta después de entregarles el condón, y me fui con Rafa, estaba muy avergonzado de estar solo conmigo, para romper el hielo le pregunté que cómo había ido, el me respondió que mi mujer era muy sensual.

Pasó más o menos el mismo tiempo que antes, se abrió de nuevo la puerta y salieron José y Ana. La cara que hacían era la misma que vi antes a Rafa, Ana se dirigió a mí y me dijo: “Ya has pagado la apuesta, eres un cornudo por partida doble”.

Autor: Por partida doble

Me gusta / No me gusta

Mi primer relato de mi mujer Marisa

Ella les hizo una apuesta sobre la edad que tenía y les dijo que el que acertara su edad la podría besar, abrazar y tocarle la cola. Los tipos no podían creerlo, y luego de algunas apuestas fallidas uno de ellos acertó. Entonces Marisa, lo abrazó dándole un prolongado y caliente beso en la boca mientras el tipo le acariciaba la cola. El otro ni lerdo ni perezoso también comenzó a manosear a mi mujer.

Desde que descubrí esta página no he dejado de entrar por lo menos una o dos veces por mes. Los relatos que más me gustan son los que tratan de infidelidad, ya que si bien en general en toda mi vida he sido muy fiel con mis tres esposas, ellas en cambio me han hecho tremendo cornudo.

Algo que lejos de darme vergüenza o lastimarme me ha hecho gozar del sexo en forma constante y muy intensa.

Es por ello que quiero compartir con todos ustedes mis secretos ya que pienso que hay muchos hombres a los que les gustaría ser como yo y a las mujeres, bueno la mayoría les fascina tener un marido como yo que no solo no las cela sino que hace todo lo posible para que ellas gocen con cuanto hombre puedan.

Yo estaba de novio con mi primera mujer y una noche salimos sin rumbo demasiado fijo por la ciudad. Yo manejaba lentamente mi auto buscando alguna aventura, no para mí sino para mi mujer.

De pronto llegamos a un local que vendía fruta y verdura en una calle no demasiado transitada, entonces le desafié a mi esposa a que bajara y provocara a los dos hombres que estaban acomodando la mercadería. Eran dos jóvenes de unos 20 años, morochos y bastante musculosos.

Ella se rió y me dijo que de ninguna manera, entonces seguí mi camino hasta un bar, y allí bajamos y le invité a tomar un café.

En la conversación traté de convencerla que eso no tenía nada de malo, que era simplemente una travesura sin ninguna consecuencia y que los dos nos divertiríamos mucho, yo mirando desde el auto y ella con los dos chicos.

Tengo que decir que mi automóvil de ese entonces era un Peugeot con los vidrios polarizados por lo que, y sobre todo de noche, resultaba imposible mirar de afuera hacia adentro del auto.

Por fin aceptó de muy mala gana, pero eso me excitó muchísimo. Pagué la cuenta e inmediatamente puse rumbo nuevamente a la frutería.

Cuando llegamos los dos jóvenes seguían acomodando los cajones, mi esposa sin dudarlo bajo y comenzó a hablar con uno de ellos.

Aparentemente le pedía que les vendiera algo, pero él le comentaba que a esa hora la caja estaba cerrada y ellos simplemente cuidaban el lugar y acomodaban la mercadería.

Ella siguió conversando y riéndose con él, ella tiene mucha simpatía, a los minutos el otro también se le acercó, y entonces ella les hizo una apuesta sobre la edad que tenía y les dijo que el que acertara su edad la podría besar, abrazar y tocarle la cola.

Los tipos no podían creerlo, y luego de algunas apuestas fallidas uno de ellos acertó. Entonces Marisa, que era mi esposa, lo abrazó dándole un prolongado y caliente beso en la boca mientras el tipo le acariciaba la cola.

El otro ni lerdo ni perezoso también comenzó a manosear a mi mujer.

Luego de algunos minutos ella salió rápidamente del negocio subiendo de inmediato al auto. Yo estaba excitadísimo y le rogaba que volviera al local, pero ella con una risita me dijo:

-Por esta noche está bien, ya veremos más adelante.

Pronto les contaré otras historias absolutamente verídicas y quiero que Uds. Juzguen si soy o no el más grande cornudo que hayan conocido.

Hasta pronto.

Autor: cornudoargentinoamuchahonra

Me gusta / No me gusta