Dos caras

Todos tenemos dos caras, dos modos de ver la realidad, dos formas de percibir el entorno, es casi imposible unificar las reacciones ya que la vida te va enseñando, te endurece o te debilita, te cambia, te provoca a tener distintas visiones de la misma situación en diferentes momentos de nuestra historia

El lugar tenía algo muy especial, el aroma del verde, el sonido de la vida, la visión de la existencia, el sublime sentimiento de “ser”.

El aroma te llena de vigor para disfrutar de las pequeñas cosas de tu alrededor, el sonido de la vida te llena de energía para seguir en el largo camino que tenés que transitar, esa fuerza te mueve por dentro para que tu exterior reaccione ante lo desconocido que te espera con cada paso dado y que solo vos podés modificar o no, eso es seguir viviendo y buscar realizarse en lo que el destino te propone.

De repente aparece alguien que te sacude desde las entrañas, te asusta o te vivifica y te hace crecer, depende de cada uno como tomemos la decisión de seguir; porque siempre crecemos, siempre avanzamos, aunque a veces parezca lo contrario.

En este caso, ese alguien te presenta las dos opciones, con un paso creces; pero con el siguiente parece que te derrumbas; pero solo parece.

Ese ser te llena de miedo y a la vez te hace vivir…

Ella caminaba, sola, esperando en algún momento hallar las fuerzas que necesitaba para seguir, porque el camino era muy largo, aunque nunca podía ver donde terminaba ni saber que obstáculos encontraría.

Sentía la presencia de alguien o algo que entre las sombras, provocadas por las hojas escondiendo el sol, la observaba, no se dejó impresionar o al menos no lo demostró y permitió así que ese alguien confiara en ella y ella aprendió a confiar también en lo desconocido, a pesar de que algo en su interior le hacía sentir cierta intranquilidad.

La noche estaba llegando y no se daba cuenta, hasta que la oscuridad total la abrazó, trató de refugiarse; pero no había sitio que la albergara, todo era árboles y plantas que modificaban sus formas a cada paso dado, la noche hace ver las cosas muy diferentes de lo que se ven a la luz del día; pero no sabemos cual es la verdadera forma que poseen y esa presencia seguía cada uno de sus movimientos.

De repente sintió algo que la hizo detener, cautelosa miró y se dirigió casi inconcientemente hacia un lugar que podía funcionar de albergue para pasar la noche. La presencia extraña estaba más cerca que nunca, casi podía sentir su fétido aliento y los ronquidos de su respiración, ahora sí estaba aterrada y más aún porque no podía verlo, solo lo percibía y no podía alejarse de él, siempre estaba pegado a ella. El cansancio la venció y lentamente volvió a confiar en esa compañía, se arriesgó a quedarse dormida.

No entendía que era lo que pasaba ¿por qué esa extraña sensación? Sentir temor y a la vez confianza ¿cómo explicarlo?

En sus sueños revivió la realidad por la que estaba transitando; pero allí estaba sola, nada ni nadie le hacía sentir su presencia. Era rara  la sensación de estar tan sola y casi añorar esa presencia inexplicable, era muy difícil existir sin ella, se diría imposible, rutinario, monótono, tedioso. Su sueño no resultó gratificante; se dio cuenta de que esa presencia era tan necesaria como el aire que necesitaba para subsistir.

Al amanecer trató deshacer lazos que la ataban a ese algo que por momentos la fastidiaba y otras veces reconocía ineludible e inevitablemente, necesario. El intento parecía infructuoso, era imposible reconciliar esas emociones, en vano fue el intento y lo único que pudo hacer fue reconocer la existencia en ella misma de sus dos facetas, de sus modos impredecibles de reaccionar ante cada situación originada por cada paso dado y por cada obstáculo encontrado.

Todos tenemos dos caras, dos modos de ver la realidad, dos formas de percibir el entorno, es casi imposible unificar las reacciones ya que la vida te va enseñando, te endurece o te debilita, te cambia, te provoca a tener distintas visiones de la misma situación en diferentes momentos de nuestra historia.

Todos tenemos dos caras, una nos aterra, otra nos vivifica, así somos y es inútil luchar contra eso.

Cuantas veces tomamos un camino, seguros, distendidos, llenos de la energía que nos da tener la seguridad de algo, y de repente  miramos en nuestro interior y encontramos a alguien que casi desconocemos, que por un instante nos hace sentir temor, que nos quiere hacer regresar, que se mete en nuestras entrañas para sembrarnos la duda, para no permitirnos llegar a ese lugar en el que sabemos, vamos a encontrar nuestro mejor paisaje.

Pero que bueno es darnos cuenta que en nosotros mismos está el poder de decidir cuando detenernos o cuando avanzar y volvemos a sentirnos vivos, al retomar el camino iniciado hacia esa meta buscada, aunque a veces no es la meta, sino el comienzo de un nuevo camino.

Autora: Ani Sumi

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