Mis dos machos

Nacho me sacó la pija del orto y yo como una buena putita me clavé ese obelisco adentro de la concha, la pija de Sebas era muy larga y sentía que me llegaba hasta el ombligo, de pronto Ignacio metió su palo hermoso adentro de mi culo y me empezaron a coger, yo gritaba y les pedía más, acabé una y otra vez arriba de esas pijas.

Ese domingo me desperté cansada a pesar de que había dormido hasta tarde no me había podido recuperar de la noche anterior. La había pasado muy bien. Con unos amigos salimos a bailar y bebimos bastante demás, así que tenía una resaca bastante pesada. Pensé que iba a ser un domingo aburrido como todos los demás, ya que en mi vida el día domingo es el peor, el más aburrido, casi siempre es el que uso para estudiar o dormir, raras veces hago deporte o toco un rato la guitarra.

Siempre que lo uso para dormir me hago unas cuantas pajas, me encanta masturbarme. Y la cantidad de pajas se multiplica si la noche anterior me cogieron, no se porqué, pero hasta el día de hoy nadie logró satisfacerme sexualmente al máximo, siempre me quedo caliente y necesito tocarme y acabar unas cuantas veces para poder irme a dormir tranquila. Me fascina tocarme, grito mucho y me caliento metiéndome y sacándome los dedos, suelo jugar con cubitos de hielo pasándomelos por todos lados, me gusta mucho cogerme con los dedos o metiéndome cositas en la concha y el culo.

Ya había almorzado y después de lavar los platos me recosté un rato en la cama, entre dormida atendí el teléfono que sonaba insistentemente.

– Hola -dije con voz de dormida – Hola Turca, soy Sebas…

Sebastián es un ex compañero de colegio al que veo bastante a menudo porque le paso partituras y nos juntamos un rato a tocar la guitarra, es morocho tiene el pelo enrulado, ojos bien verdes y un cuerpo bastante fibroso.

– ¿Cómo va? Estaba medio dormida, negro. – Bien. Uh no te quería joder. Te llamaba porque estoy al pedo en casa y tengo ganas de salir algún lado ¿Vamos a la casa de Ignacio? – Bueno dale, pásame a buscar en un rato así me baño.

Nos saludamos, me levanté de la cama y me fui a bañar. Cuando estaba bañándome me puse a pensar en los cuerpos de Sebas y el gringo (así le decimos a Ignacio) empecé a sentir sus manos en mi cuerpo, sentía que me tocaban, que me deseaban y que me querían llenar toda de leche.
Ignacio es rubio, tiene ojos marrones, no tiene un gran cuerpo pero es bastante bonito de cara, de esos chicos con carita de bebes. Siempre que se hablaba de los tamaños de las pijas de los chicos la de Ignacio era la más gorda y la de Sebas la más larga. Mis dedos no daban más, mi concha era fuego, ya había acabado dos veces tocándome mientras pensaba en esas pijas, no tenía ni idea hace cuanto que estaba debajo de la ducha; cuando estaba por acabar por tercera vez sonó el timbre, así que retiré mis deditos de mi mojadísima y humeante concha, me puse la bata y abrí la puerta.

Era Sebastián le dije que me espere que terminaba de bañarme y nos íbamos, volví a meterme al baño y seguí masturbándome ahora mi excitación era mayor, porque sabia que Sebastián estaba sentado en la cocina. El ruido de la ducha tapaba un poco mis gemidos, se acercó a la puerta del baño para preguntarme cuanto me faltaba, le contesté que ya terminaba de bañarme, estoy segura de que él sabía de mis deditos en la concha, abrió un poco la puerta del baño y miró hacia la bañadera. La cortina deja ver mi sombra, cuando vi que me estaba mirando me calenté más, me di vuelta y empecé a cogerme como si estuviera mirándolo, acabé nuevamente y cerré la ducha, al tiempo que él se hacía el desentendido y cerraba la puerta.

Llegamos a la casa de Nacho. Tenía puesto un bóxer de algodón que le marcaba mucho el bulto, hacía mucho calor y estaba solo. Yo tenía puesto un vestidito que no era transparente pero dejaba que esos dos machos se dieran cuenta que no tenía ropa interior, mis pezones estaban bastante erguidos. Tomamos unos tragos y nos sentamos a hablar.

Ignacio nos dijo que fuéramos a su pieza así escuchábamos un poco de música, él se tiró en su cama yo me senté en el piso y Sebastián se sentó a mi lado. Sonaba Money (de Floyd) cuando Sebas me miró fijamente a los ojos y me dijo:

– Azul, ¿sabes porque vinimos para acá? – Porque estábamos aburridos y queríamos ver a nuestro amigo, es obvio ¿no? Sebastián y Nacho se empezaron a reír, mientras no paraban de mirarme. Ahí me di cuenta de porque estaba ahí, haciéndome la tonta, cambié mi posición y me senté con las piernas como una indiecita. Dejándole ver a Ignacio (que estaba enfrente mío) gran parte de mi concha mojada. Mientras lo hacía lo miraba de reojo para ver la cara que ponía, y cuando por fin me miró la concha puso una cara de satisfacción increíble, como si me la quisiera comer.

– Sabes que estás equivocada, hermosa. Sebastián te trajo para casa porque ayer nos pusiste re loquitos con tus bailes. Me hice unas cuantas pajas pensando en esas tetas enormes y en ese culito tan paradito y lindo que tenés – dijo Ignacio.

Lo miré y le sonreí. Le dije a Sebastián que se sentara en la cama al lado de Ignacio, mirando hacia donde estaba yo. Una vez que los tenía a los dos ahí, abrí las piernas bien grandes y les mostré mi concha toda roja, me la abría toda con los dedos y me pasaba la mano apenas por el clítoris, eso me hacía gemir un poco.

– Hoy mientras me bañaba me pajeé mucho pensando en ustedes dos, me imaginaba que me estaban cogiendo, que me llenaban de leche, no podía parar de tocarme pensando en sus pijas, así que ahora me muero de ganas de conocerlas ¿me las muestran?

Cuando terminé de decir eso, los chicos se habían sacado la ropa y tenían sus pijas en la mano. La de Ignacio era muy gorda, supongo que tenía como 6 cm de ancho no era muy larga más bien era normal, pero era muy gorda y cabezona. Tenía la cabeza de la verga toda colorada y todo el largo de la pija lleno de venitas. La de Sebastián era muy larga más o menos 25 cm y 4 cm de ancho, era muy linda, estaba muy parada y tenía una cabeza grande que parecía muchísimo más gruesa que el resto de la pija, la tenía de un color medio violeta que me calentaba mucho. Tenía esas dos pijas increíbles enfrente de mí, yo sentía que me estaban pidiendo que se las chupe.

– ¿Te gusta? – me dijo Ignacio – ¿Cuál es más linda?

Le respondí que si, que las dos eran hermosas. Me acerqué y me metí la pija de Nacho en la boca mientras que con la otra mano le hacía una hermosa paja a Sebastián, le chupé la cabeza de la verga, me moría de ganas de que me toquen, de que me llenen de pija. Ignacio me dijo que quería probar el gusto de mi concha, así que se paró, me desnudó y me acostó en la cama.

Ignacio me besaba la boca mientras yo con una mano lo pajeaba a Sebas, empezó a bajar con sus besos y llegó hasta mis tetas. Sebastián me mordía el pezón y me chupaba una teta mientras Ignacio hacía lo mismo con la otra, yo me moría de placer, mi concha estaba mojadísima, les empecé a gritar que quería que me la pusieran, que me chupen toda la concha, pero que me hagan algo porque estaba súper caliente y necesitaba esas dos porongas adentro.

Ignacio me dijo que me sentara en su cara y que le chupara la pija, que me iba a hacer acabar como una puta. Mi culo quedó como mirando a la puerta de entrada a la pieza y mientras Nacho me cogía con su lengua, empecé a sentir una lengua en el culo, le chupaba la pija con fuerza. Ignacio me iba a dar toda su crema en la boca y yo sentía que mi concha no daba más y que iba a acabar como una verdadera puta, Sebastián metía y sacaba su lengua de mi culo. Me saqué la pija de la boca y la comencé a pajear con mucha fuerza mientras pasaba mi lengua por la imponente cabeza.

– Dame la leche papito, dale toda la leche a tu putita que quiere que tragársela toda, aaaaaah chupámela toda. Cójanme con la lengua más rápido, acabo, siiiiiiiii, aaaaaaaaahhhhhhhh. Mientras yo estaba acabando Sebastián se acercó hasta mi cara y mientras me tragaba toda la leche de Ignacio él me llenaba la cara y el pelo de leche. Me senté en la cama y les dije que ahora se la iba a chupar a Sebastián, pero que me moría por tener esas pijas adentro mío.

Le toqué las pijas a los dos, de a poco se iban parando cada vez más, cuando la de Sebastián estuvo bastante parada me la metí en la boca y la empecé a chupar. Le agarré la pija con una mano, lo miré a los ojos y le dije, “papito, te la voy a chupar hasta que me pidas que pare, como me gusta tu palo” me metí esa cabeza deliciosa en la boca y chupé con mucha fuerza. Ignacio nos miraba y jugaba con su pija desde la cama.

– Chupámela toda, puta. Es increíble lo perra que sos, me encanta como la chupas, te voy a romper toda pendeja puta, sos tan trola, te vamos a re contra coger entre los dos, no vas a querer que nadie te vuelva coger después de nosotros.

Yo le chupaba los huevos, lo pajeaba, me metía la pija en la boca. Disfrutaba como una yegua. El estaba sentado en una silla y yo arrodillada encima de él con mi culito hacia fuera. Ignacio vino de atrás y me apoyó la pija en el orto, yo sentía como él jugaba con su gorda poronga en mi concha, la pasaba por el clítoris, mi calentura era impresionante.

– Vamos a la cama que te quiero coger, hija de puta. Nena, vamos a ver que tan bien te moves cuando te llenemos de pija. – me dijo Ignacio.

Se acostó en la cama boca arriba y me pidió que me sentara arriba de él pero que no me pusiera su verga en la concha, entre los dos me tocaban toda, yo gritaba y gemía como nunca, tenía dos manos en la concha, una en las tetas y un par de dedos dilatándome el orto. Me chupaban y me mordían los pezones que estaban tan parados como esas dos hermosas porongas que pronto iba a tener adentro.

Ignacio agarró su pija con la mano y sin preámbulos me puso la cabeza en la entrada de la concha. Cuando sentí esa cabeza tan grande ahí, pensé que no me iba a entrar, gozaba como la más puta de todas, tenía la lengua de Sebastián en mi teta, me la estaba chupando exquisitamente, mi concha se mojaba cada vez más. Ignacio me tomó de las caderas y me hundió toda la pija de una vez, mi grito fue fuertísimo, me estaba cogiendo muy rápido, sentía como esa pija hermosa y roja, latía adentro mío y me llenaba toda la concha.

– Si papitoooooo..siiiii dame más que te quiero acabar en la pija te la voy a llenar de juguito papito, cogeme hijo de puta, dameeeeee, massss, mássss, ayyyyyyyy….que verga maás divinaaaaaaaa, no pareesss, no paressssss…

Sebastián me abrió los cachetes del culo con la mano y apoyó su pija contra mi orto, Ignacio se quedó quieto mientras me tocaba los pezones. La verga de Sebastián empezaba a llenarme el culo, me encantaba como la estaba poniendo y como se me abría el orto mientras iba entrando.

– Si así papito, mátame, rompeme todo el orto, dame más, si llegas a sacarme la pija del culo te juro que te mato, mo…ve…teee, aaahhhh, movete hijo de puta, haceme gozar, quiero ser la más puta hoy, háganme sentir la más puta, cójanme toda y llénenme de manos, garchenme bien rápido, demuéstrenme que son unos machos pijudos bien calentones.

Se movían los dos adentro mío muy rápido, cada vez más rápido. Yo acabé cuatro veces y ellos todavía no habían acabado. Sabía que Ignacio estaba por acabar porque estaba moviéndose más despacio para esperar que Sebastián este como él.

– Quiero que me llenen los dos de leche al mismo tiempo, quiero sentir como mi concha y mi orto se llenan al mismo tiempo, quiero que cuando me pare me chorree leche de todos lados. Cójanme fuertee, quiero sentirlos, llénenme de leche, vamos, soy su puta y quiero mucha leche.

– Gringo, dale que le estoy rompiendo todo el orto a la putita y ya se lo lleno de leche. Ay que puta que sos, como te moves, como te gusta estar llena de pija, estoy seguro de que te encantaría tener más pijas todavía, que bien que culeas puta, que lindo orto que tenés, mira como se traga toda mi pija, la tengo toda adentro. – Me gritaba Sebastián mientras me tiraba del pelo.

– Te lleno de leche mamita, ay como te cojo puta hermosa, que linda concha toda mojadita que tenés como me gusta rompértela toda. Ay perra! Te voy a llenar de leche, te acabo putaaa…

La leche de Ignacio me estaba llenando la concha y Sebastián estaba empezando a acabar en mi orto yo gritaba como una loca y me movía para que me sigan cogiendo. Quería seguir, no quería que me saquen las pijas.

– ¡Ayyy! Siento la leche en la concha y en el culo, ¡como me gusta! Cójanme mássssss por favor, más rápido. Acabooooo, ayyyyy, Siiiiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhh, que lindas vergasssss… Sebastián me sacó la pija del orto, yo me paré y me senté en el piso, la leche me chorreaba por los muslos. Prendí un cigarrillo y les convidé uno a cada uno. Estábamos los tres desnudos, la pija de Ignacio se estaba achicando, pero Sebastián estaba todavía al palo.

– Que lindas pijas. – Que amiguita más puta que tenemos, jajaja, eran verdad todos los cuentos, como te gusta coger perrita. Me volvés loco, me haces calentar como la puta madre, mi pija no se baja. Me gustan tanto esas tetas y esa concha toda colorada es una perdición. – decía Sebastián mientras se tocaba los huevos y me miraba. – Che bebota, ¿nos vamos a bañar? propuso Ignacio… – Me muero de ganas de seguir dándote, me encantás. – Yo tengo algo acá (dije señalándome la concha) que me late mucho, no se que, pero quiero que se calme. ¿Se animan?

Abrimos la ducha yo estaba en el medio de esos dos machos que tenían unas pijas imperdibles para cualquier mujer con M mayúscula. Sebastián estaba atrás mío besándome el cuello y masajeándome las tetas. Con Ignacio nos besamos desesperadamente y con las manos me tocaba la concha, yo tenía en una mano la pija gorda de Ignacio y en la otra el palo de Sebastián. Se pusieron los dos enfrente mío, nuestras tres lenguas jugaban, me chupaban la cara, mi lengua quería sus pijas, así que me arrodillé y empecé a chupárselas un poquito a uno un poquito al otro, mientras los pajeaba y los miraba a los ojos.

– Cójanme ahoraaa, no aguanto más hijos de puta. Quiero que me garchen como recién los dos juntos pero ahora quiero sentir la pija de Ignacio en el orto.

Me miraron como diciendo que no me iba a bancar esa pija tan grande en el culo, yo les dije que la quería adentro si o si, y que la quería ya. Le chupaba la pija a Sebastián mientras Ignacio me dilataba el culo con la lengua, me la chupaba tan bien que ya estaba re loca, y quería que me cogiera. Apoyó la cabeza en la entrada de mi culo y como vio que no se dilataba mucho le dijo a Sebastián que me la pusiera él primero. Sebastián me metió la pija en el orto de una, me la mandó hasta el fondo, me cogía muy fuerte y yo gozaba, con las manos me tocaba el clítoris.

– Dale pelotudo, que esta puta es mía no tuya, quiere que yo le ponga todo mi trozo adentro. Le dijo Ignacio.

Ignacio apoyó su verga en mi culito y empezó a empujar.

– Relájate bebota, porque te voy a romper el orto y lo sabes, así que lo mejor es que no te duela tanto, porque yo te voy a coger por más que te estés muriendo del dolor, sos mi puta y vas a hacer lo que yo quiera.

Me metió la cabeza, yo me movía como una desesperada y gritaba de dolor y placer. Tenía a Sebastián pajeandose en mi cara y le pasaba la lengua a la pija cada vez que los gemidos me lo permitían.

– Pelotudo, no sabés la cara que esta poniendo esta puta, le fascina tener la cabeza de tu poronga ahí adentro, así que metesela toda, quiero ver como goza. – le dijo Sebastián a Ignacio.

Ignacio le hizo caso y me la metió hasta el fondo, yo grité diciendo que me dolía mucho y que no quería que me hiciera sufrir tanto, me dijo que me callara que yo era su puta y que quería disfrutarme. Me empezó a coger con un ritmo sublime, no muy rápido pero bien profundo, sentía como salía toda la pija y me la volvía a mandar, el dolor se iba pasando y se convertía en un goce impresionante, de los más grandes de toda mi vida. Ignacio me metió toda la pija adentro y se quedó quieto, me levantó sin sacármela de culo y le dijo a Sebastián que se acostara en el piso de la bañadera que a mi se me notaba que con una sola pija no me alcanzaba.

Sebastián se acostó en el piso, Nacho me sacó la pija del orto y yo como una buena putita que soy, me clavé ese obelisco adentro de la concha, la pija de Sebas era muy larga y sentía que me llegaba hasta el ombligo me volvía loca. Sebastián me trajo fuerte contra él agarrándome de la cintura, me besaba como un loco. De pronto Ignacio metió su palo hermoso adentro de mi culo y me empezaron a coger, yo gritaba y les pedía más, acabé una y otra vez arriba de esas pijas.

– Te vamos a llenar de leche de nuevo putita, me gritó Ignacio. Ahí te lleno todo el orto hermoso que tenés de leche, miraaaaaaaaaaa putaaaaaaa de mierda, reventada, sentí como sale toda mi leche espesa, te estoy llenando el orto. Ayyyyy putaaaaaaa, culiaaaaaa. Dale mové ese culo. Movelo para mí. Que buena puta que sos. Como me gusta tu culo, me encanta.

Ignacio sacó la pija de mi culo y yo sentía como me salía la leche, acabé mientras él acababa pero quería seguir cogiendo con Sebastián, tenía muchas ganas de estar un rato con esa pija adentro. Ignacio se sentó en el piso y me miraba a los ojos, yo gozaba como una puta con ese palo adentro mío.

-¿Te gusta mirar como me cojo a tu amiguito, papi?… te gusta mi cara de puta, ¿viste como me gusta tenerlo adentro?, que bien que cogen. Me encanta. Siiiiiiii papitooooooo, garchame todaaaaaaa, que buena poronga que tenés, la quiero toda adentro, bien hasta el fondo, haceme toda tuya hijo de puta, llename de leche la concha, haceme mierda, destrózame la argolla.

– Mirá puuuuutaaaaaaa. Mirá lo que haces. Ayyy! Pará de moverte así porque te voy a llenar la concha de leche. – Dale toda la leche, gil. Metésela hasta el fondo… – le decía Ignacio…

Me acabó en la concha y yo me movía buscando otro orgasmo, Sebastián me dijo que me sentara en su cara que mi próximo orgasmo iba a ser con su lengua y sus dedos. Me chupó la concha de tal forma que acabé rapidísimo, y varias veces seguidas. Hasta ese día nadie me había chupado la concha con tantas ganas, ni me había hecho gozar tanto.

Me enjabonaron y me bañaron, me puse una bata y volvimos a la pieza.

– ¿Quieren seguir mis papitos? – Mira putita, yo se que querés más pija, pero te vamos a dejar bien caliente a propósito – me dijo Sebastián y después me dio un beso en la boca bien profundo. Mi concha latía como si nadie me hubiera cogido en meses.

– ¿El sábado que viene, te animás a volver para acá?, pero te prometemos que la vas a pasar mucho mejor que hoy. – dijo Ignacio, mientras miraba a Sebastián y se reían como dos nenitos que están por hacer alguna maldad. – ¿Tienen ganas de enfiestarme devuelta? – les respondí. – No sabes lo que te espera. Jajajajajajajajajajaja – dijo Sebas Se reían mucho. Yo no sabía de qué hablaban, pero como una buena perra que le obedece a sus amos les respondí que contaran conmigo, pero que me llamaran en la semana.

Sebastián me acompañó a casa, nos tiramos en el sillón y nos tocábamos y besábamos de una forma muy brusca. Me dijo que no me iba a coger ahora y que no quería que me tocase la concha ni que cogiera en toda la semana, quería que este bien caliente para el sábado próximo. No se como hice, pero me aguanté desde el domingo hasta el sábado y no cogí con nadie y tampoco me toqué la concha, estaba muy caliente pero preferí guardarme la calentura para mis bebotes.
La próxima vez les cuento lo que hicimos ¿si?…

Autora: Azul

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Una despedida con mucha leche

Los dos la estaban dando buena cuenta de Marce, desde atrás se la metía Rubén mientras Dany se hacía mamar. Cuando salía, Rubén le acababa dentro de la argolla y el pendejo por la boca, se le escurría un poco de leche por los labios, ella quedó sobre el sillón de bruces, arrodillada lamiéndose el semen. Dany, se la clavó en la concha y empezó a darle y darle, como si recién empezara.

Pretendo hacer partícipe a los lectores de los hechos que me tocó en suerte vivir hace menos de un mes, recuerdo fresquito del delicioso sexo en grupo, fantaseado alguna vez, de golpe la cosa pintó y ahí estuve como agradecido protagonista.

En ocasión de la despedida de soltera de Mabel, sus íntimas, organizaron en una cantina de la zona del Abasto, el tradicional agasajo, viejos y consabidos chascos, aburridos diálogos y chismerío de los compañeros de oficina, una pesada tarea aguantarlos también a que, como siempre, pero todo sea por agasajar a Mabelita, y despedirla del mejor modo de la vida célibe y libertina.

Nosotros fuimos de los primeros en despedirse, nos acomodamos en mi auto. Rubén compañero de oficina, Dany el cadete, Marce una linda rubiecita de contaduría y Sandra, la tetona de recepción, esta y mi compañero, los casados del grupo. La noche es joven, se me ocurrió invitarlos a pasar por casa y tomarnos unos tragos antes de devolverlos a sus hogares.

-¿Que les parece, o hay algo mejor? -¡Vamos! – contestó el dúo Dany-Marce.

Rubén encogido de hombros dijo: – Lo que decidan está bien para mí.

-Vamos, mi marido no está en casa. -decía Sandra, sumándose a la mayoría.

Nos acomodamos, algunos sin calzado, otros sin camisa, busco las bebidas, las damas buscan un CD con música de un conjunto flamenco. Danza a pleno, vodka para todos, ellas con naranja, mucho hielo, el ambiente entonado, permisivo e insinuante, los juegos más y más osados. Más licor menos recato, el juego de la botellita era la excusa justa, Sandra subió la apuesta y propuso el juego del cubo de hielo, si no lo conocen se los explico, se toma un cubo de hielo y se lo va pasando de boca a boca, es la excusa propicia para besare y/o darse un chupón de esos atroces, besos profundos que nos ponen piel a piel.

Dany, más joven y lanzado, propuso jugar a las prendas, el que pierde debe sacarse una ropita. El vodka hacía efecto, en poco tiempo los machos en slip o bóxer y las chicas en tanga. Se nos van las manos para tocarles las tetas, las mías en Sandra, con treinta y cinco las tiene como para revivir a un muerto, las de Marce poco más pequeñas y paraditas incitan a la mamada salvaje.

Mamo a Sandra a ritmo de deseo, Marce la imita flanqueada por dos glotones, uno de cada pezón.

– Apago la luz, cuento cinco y cuando encienda todos en bolas, ¡ya! -accioné la llave.

Silencio, conté hasta… cinco en voz alta, encendí la luz. Qué espectáculo!, las dos mujeres en total desnudez, mostrando el sexo, a cual mejor, buenas formas, el nidito de Marce tenía pendejos de color castaño oscuro y abultado el papo, Sandra vello más largo y negro, labios brillando, juntaba las piernas para ocultarlo un poco más; los culos de primera, más paradito el de Marce, como manzanita Sandra.

De nosotros no había mucho por decir, todos excitados, de tamaños respetables, la mía un poco más gruesa, Dany más larga y fina.

– ¡A jugar! -se oyó decir.

Quedamos tal cual, yo con Sandra, ellos dos con Marce. De besos y chupones a mamarnos, mientras le comía las tetas a mi compañera, de reojo vi como el pendejo la está puerteando, mientras Rubén se hace mamar la verga. Con Sandra fuimos al dormitorio, el trío quedó en lo suyo. Hicimos un 69 bárbaro, Sandra llegó por dos veces a un orgasmo ruidoso. Dany se asomó a la puerta a ver por qué gritaba tanto. Terminado el segundo, cambiamos, boca abajo para hacerla desde atrás por la concha, le entró como por un tobogán hasta el fondo, gritaba todo el tiempo, me dejó acabar adentro, conseguí que hiciera el tercero con la leche saliendo en ella.

Cuando pasé para el baño los dos la estaban dando buena cuenta de Marce, desde atrás por la concha se la metía Rubén mientras Dany se hacía mamar. Cuando salía, Rubén le estaba acabando dentro de la argolla y el pendejo por la boca, con el zarandeo se le escurría un poco de leche por la comisura del labio. Cuando Rubén salió ella quedó sobre el sillón de bruces, arrodillada en la alfombra, relamiéndose el semen. Dany, se la clavó en la concha y empezó a darle y darle, como si recién empezara.

Qué gloria tener dieciocho abriles! El muchacho le estaba haciendo sentir el largo del aparato, sin darle tiempo le mandó otra acabada, salió de ella y se dejó caer al lado de Rubén, derrumbado en el sillón de enfrente.

Marce quedó reventada y gozosa, se echó como dos y le regalaron tres, según dijo. Sandra se unió al grupo sentada entre ambos. Con la erección a pleno, aproveché que Marce seguía “rezando”, me coloqué detrás de ella, sin darle tiempo a salirse de la pose. Los dedos llenos de crema que la argolla escurría, le unté el esfínter anal y se la apoyé, quiso salirse, la retuve apretando con el cuerpo, Sandra ayudó instándola a dejarse hacer.

Más relajada y sometida se dejó, con todo adentro empezó el baile. Dany se mueve dentro de Sandra, Rubén colabora ayuda a Marce, frota el clítoris, para que no grite por tanto por que le que estoy abriendo el culo. Acabé con ganas dentro de Marce, lo disfruté, ella no tanto, cuando se levantó aún lo tenía abierto, necesitó una sesión prolongada de agua tibia para calmar el efecto de la cogida.

– ¡Por atrás no me hacés más!, tan gorda, me reventó – decía, sentada sobre la lluvia del sanitario, mientras me la higienizaba y le hacía mimos. La reprimenda no me convenció demasiado más bien parecía una auto justificación.

La besé, agradecido por el elogio y volví con los otros. Otra vez dos contra una, Sandra arriba de Rubén ensartada a tope y Dany metiendo su larga tripa en el culito. Espectador del nuevo trío, me mira de costado e invita a ocupar el lugar del cadete porque él termina antes que Rubén.

El alcohol y la escena nos pusieron locos a todos, creo que ninguno hizo tantos en tan poco tiempo, yo al menos no. El cadete era una máquina de expulsar leche, termina pronto, me cede el lugar en el culo abierto, con la pija ensalivada en la boca de Sandra entré todo, casi de un envión, soportó el cambio de monta.

Nunca sentí el contacto de otra pija moviéndose en la vagina, es glorioso, como más capacidad de movimiento pude terminar adentro, sentí a Rubén hacer lo propio dentro de la concha, acabada intensa también. Quedó aliviada, no pensó que fuera tan fuerte aguantar dos juntas, pero quería probar todo. La cosa siguió un tiempo más, quedamos todos extenuados.

Rubén llevó a Sandra hasta la casa. Los tres quedamos tendidos en la cama, libres de ropas y agotado el deseo.

Desperté, Marce a mi izquierda, en el medio, boca abajo. Acaricio la espalda suave, la cola, las cachas, movimiento reflejo y sensual, sigo, el reflejo también, abro los cachetes, froto los labios, mojados, con el dedo, con la boca ensalivo justo en el hoyo, juego con el hasta entrar suave, el sueño erótico ayuda. Me acomodo con el miembro, listo, lleno de saliva la cabezota, apoyo contra ella, cuando despierta y quiere moverse estoy encima con el cuerpo y dentro con la verga.

– ¿Despacito, siiii? – resignada súplica.

Moviendo despacio, profundo, el polvo mañanero no se prolonga demasiado, estamos cerca, el vecino comienza a despertar, nos sacudimos en una acabada casi a dúo, mira admirando a Marce por lo que se comió.

– ¿No dijiste que nunca más? -irónico y burlón, se la sacude avisando quien será el próximo intruso en ella. – Y… viste, una propone y este atrevido, dormida te pone. -mueca mitad sonrisa, mitad dolorcito.
– ¡Ahora es su turno! -el cadete no se hace repetir el pedido, se la manda con todo. Mientras me lavo los escucho coger, creo que antes de volver a la escena la testosterona de Rubén le había ganado tres a dos a Marce que yacía despatarrada en la cama. Vestidos un restaurador café nos reúne, antes de despedirnos, Marce, en agradecimiento me abre el bóxer y se llevó un buche de leche de mi producción mañanera.

El lunes nos vimos como es habitual, un día más, como tantos, lo pasado es ayer, hoy es otro día.

Ha pasado una semana, hasta el día de hoy no se habló del asunto, como si nunca hubiera existido, pero cuando me cruzo con Sandra y sobre todo con Marce, hay algo distinto, destellos en sus miradas y la sonrisa es otra, la noto de otro modo, con otra presencia, tal vez sea idea mía. El tiempo es sabio.

Todo esto gracias a la despedida de soltera de Mabel, que le agradecemos mucho sus compañeros de oficina.

Ahora andamos buscando referencias de muchachas que hayan participado en situaciones como esta para intercambiar opiniones y comentarios afines a esta deliciosa práctica.

Autor: Arthur

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