Mi culo despierta

Hola a todos… Me llamaré Arturo, y mi bella esposa se llamará Paula. Ella es descendiente de ucranianos, es rubia como el sol, y sus ojos celestes son llamaradas en la noche. Tiene un cuerpo voluptuoso… soberbias tetas, magnífico culo, apenas una matita de pelos dorados le cubre la concha. Y que deliciosa es su almejita. Cuando la conocí… la desnudé con la mirada. Me imaginé posesionando su cuerpo, en forma salvaje, penetrándola por todos los orificios disponibles… concha, culo, boca… lo que no desnudé fueron sus gustos y preferencias personales. Cuando lo hice, ya era tarde… ¡pero me gustó! Y descubrí una parte de mi sexualidad oculta, de esas que todos lo hombres tenemos y no queremos admitir nunca.

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Una escapada en pareja, escena III

La jornada se presentaba tranquila. Durante la mañana, andamos de la cama a la terraza, tomamos un desayuno algo tarde, visionamos las grabaciones, comentando lo excitante que resultaba cada situación, nos animamos y follamos, sin demasiada fantasía, diciéndonos lo que nos había gustado de nuestras aventuras.

Sinceramente, creo que Gema simuló su orgasmo.

Bajamos a la piscina y en el pasillo encontré a la camarera, le pedí que arreglara la habitación. Era la hora de comer, como de costumbre por separado. Gema salió antes que yo, llevaba un short bastante cortito con una camiseta de malla transparente, debajo el bikini blanco y un bolso con alguna revista, y pensé que por ahora no tendríamos demasiada actividad, ya que la situación se había convertido en un corre turnos, ahora tu, ahora yo.

Esta vez nos colocamos en diferentes sitios, yo me acomodé mas cerca del jardín, aunque con vista a la piscina, llevaba el ipad y buscaba un sitio de sombra y estaba dispuesto a ponerme al día en cuanto a la vida diaria.  Pedí un martini, y cuando me instalé busqué con la mirada donde se habría colocado mi mujer, y gran sorpresa para mí, estaba junto a la pareja de jóvenes que ayer no dejaban de mirarla.

Los veía muy animados, la chica entró en la piscina y volvió al instante, me fije en ella, tenia un cuerpo precioso, la piel muy morena, andaba con gracia juvenil, casi de puntillas, con bikini turquesa. Me di cuenta que Gema y el chico la miraban y se reían, mientras la chica se pavoneaba inocentemente delante de ellos, ahora se pasaba el cepillo por el pelo mojado y negro, no podía creer que se empleara en ellos, le mande un whatsapp con: (¿?), ella al instante me contesto: no he tenido ni que lanzar el anzuelo,te veo en el baño, la vi bromeando con el chico, como queriendo saber que había escrito en su móvil.

Me levanté y me dirigí hacia el baño que había en el edificio, al instante apareció Gema, me dijo:

– Al llegar, pedí una tumbona, he colocado el bolso y la revista, y al instante el chico con el pelo rizado y bañador celeste, no ha tardado ni diez minutos en tirarme los tejos y ofrecerse en pareja, parece que conocen al chico de ayer y los ha puesto en antecedentes, mientras tonteaban conmigo me he estado fijando en la chica, la piel tersa, morena, se le trasparentan los pezones y tiene que estar totalmente rasurada porque la braguita se le meten entre los labios vaginales, te puedo decir que he mojado mi bikini con solo observarla y el chico se ha dado cuenta, él actúa como proxeneta, ahora solo quiero follarme a esa chica, quiero comerme su chochito.

– Pues adelante. le dije yo,

-En 30 minutos estaré subiendo,

– OK, le conteste,

Termine mi aperitivo y me dirigí de nuevo a la habitación, no hacía ni una hora que había salido, y afortunadamente la camarera salia dejando la habitación inmaculada. Ya me encontraba en mi puesto de voyeaur, revisé la habitación, puse de nuevo la bolsa de los juguetes eróticos de Gema cerca de la cama, donde ella la vería nada mas llegar, me asome entre visillos y los vi saliendo de la piscina. Desde la mirilla de la puerta observé como se dirigían hacia mi, me fije en las caras de todos, la chica venia un poco en alerta, no estaba lo relajada que el resto, que se reían y tonteaban, el chico le tocaba en culo a Gema, mientras ella le seguía el juego, oí como abrían la puerta y me fui a mi puesto, desde ahora el monitor seria mis ojos y los auriculares mis oídos, salieron a la terraza que les causo la misma impresión que a todos cuando fuimos llegando, se tumbaron, fueron al bar, se asomaron a ver las piscinas y el mar.

Gema entró a la habitación y se desnudo del bikini, se puso una bata de seda corta, tipo oriental, en color blanco sin nada abajo, yo mientras cambié a la cámara de la terraza, donde estaban coordinando la actuación, oía que el chico le decía:

– Lucia, la vieja quiere follarte, ponla caliente que  le daremos caña, Hay que aprovechar, esta es una oportunidad para divertirnos y sacarnos una pasta.

Estaba claro que estaban organizados.

Desde mi habitación escuche como Gema pedía a Lucia que viniera para ayudarle a no se que, pero al instante estaban saltando chispas, Gema no tardo en meterle mano, comenzaron a besarse y cayeron en la cama, veía a Gema desde atrás, los muslos y su culo aun con la bata puesta, la chica estaba sumisa dejándose hacer, esperando que ella disfrutara de su cuerpo.

Gema se quito la bata y comenzó a chupar esas tetas preciosas y jóvenes, con el pezón que ya adivinaba desde que se conocieron en la piscina.

Se incorporo el chico en la escena, metió su cara entre las piernas de Gema mientras se tocaba la polla, se incorporó y de rodillas penetró a Gema desde atrás, noté que a Gema le molestó la penetración, aún no estaría lo suficiente excitada.

Gema acabo por liberar a Lucia del bikini, era como si ya hubiera tenido sexo con ella, porque había acertado en como seria el cuerpo de la jovencita, los labios redondeados y totalmente rasurados. Los abrió como si de una ostra se trataran y buscara la perla en el interior , comenzó a chupar su coño, oía por los auriculares la banda sonora de la escena, consistía en gemidos, jadeos, más, así y sigue sigue más. El otro chico, Héctor era su nombre, seguía follando a Gema, le envestía sacando y metiendo su polla que ahora descubrí el tamaño XL que tenia, me pareció descomunal para ser un chico tan joven.

Mi mujer y la chica se estaban dando un festín, lo mismo se tragaban una verga que se morreaban, Héctor tumbado hacia arriba con la polla como el mástil de una bandera, cogió a Lucia y la  montó encima también mirando hacia arriba, le metía la polla desde atrás, Gema de una salto cogió su arnés de látex negro que tanto había usado conmigo, y la penetró, Héctor metió la XL en el culo de la chica, que se quejaba del tamaño.

Me fijé en la cara de Gema, estaba tan excitada como la había visto pocas veces, el látex entraba en los labios vaginales y empujaba, mientras pellizcaba las tetas de la chica, que se quejó no se por cual de la sodomización a la que estaba siendo sometida y para mi sorpresa Gema le dio un bofetón y luego otro, no hubo ninguna reacción a esto, desde la cámara cenital veía la cara de la chica sufriendo de placer y dolor, sudaba, el pelo revuelto, y un enjambre de miembros, manos, brazos, vergas.

El chico dejó de encularla y se coloco de rodillas junto a la cara de Lucia, descargo su semen en la cara, el  pelo y pecho, cogió por el pelo a Gema y la llevó de cara a toda esa descarga, mientras que acababa con su descarga en la cara de Gema. La chica ahora chupaba la polla de su pareja,  mientras Gema mira hacia una cámara como diciendo que no entiende, mientras Lucia le da al chico en la boca parte del semen que tiene por toda su cara,  Gema lamé con ellos, y besa a la chica mientras se monta de nuevo sobre ella y ahora mas tranquila vuelve a penetrarla con un movimiento de cadera acompasado, esta claro que Lucia tenia todavía mucho que dar, se unen con brazos y piernas cuando veo y oigo que el orgasmo esta llegando, Gema la besa como una novia, oigo que le pide perdón por haberle pegado, Lucia la besa con una sonrisa, y el chico se quedan en la cama mientras Gema y Lucia van las tumbonas de la terraza.

Héctor se colocó entre las dos mujeres como un adonis, ellas lo acariciaban y él se dejaba, pronto comenzó a estar preparado para otra sesión, besaba a una y a otra, Lucia besaba las tetas de mi mujer mientras era penetrada por el chico, veía la escena desde mi puesto y ya casi me resultaba normal ver como mi mujer era follada por unos y otros, en esta ocasión no hubo demasiadas excentricidades ni posturas, él encima de ella se limito a dejarla destrozada con su fuerza y un sin cesar movimiento de cadera hasta que vi como ella apretaba sus labios y cerraba los ojos, su cuerpo se arqueaba hasta caer derrotada, él no tardo ni un minuto en sacar su polla mojada de los jugos que habían compartido en lo más profundo y se besaban mientras Gema los acariciaba.

Tomaron un aperitivo en la terraza y fueron desapareciendo de la escena, creo que ya habíamos tenido bastante para una primera vez, ella se fue al baño, entré y  la seguí,  la contemple mientras caía el agua por su cuerpo, sentí ganas de poseerla lo mismo que había visto en estos días pasados, ella me dijo que lo dejara para cuando volviéramos a casa, besé a Gema y me tumbe con ella a tomar una copa, pedimos una comida ligera, los camareros del hotel debían de estar locos,  cada vez que subían había diferente gente en la habitación, hablamos sobre que haríamos con las grabaciones, y si las usaríamos en un futuro, ahora quedaba recoger todo el material, ya que al día siguiente saldríamos pronto de vuelta a casa.

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Rosa y Marcela, madre e hija

Estaba gozando como loco mientras le acariciaba su precioso culito, ella se levantó y me dijo que le mamara las tetas pues eso la ponía muy caliente, me senté en el sillón, ella se montó sobre la verga mientras le pegaba tremenda mamada de tetas, empecé a culearla despacio y suave mientras le acariciaba el culito, entonces me ensalivé el dedo medio y se lo incrusté en el ojo del culo.

Esta historia que les contaré es lo más caliente que me ha pasado en la vida, estaba de visita de casa de mis padres y por la tarde decidí salir a saludar a unas amigas que viven cerca de allí.

Cuando llegué, encontré a Rosa, una hermosa mujer de unos 38 años con unos pechos grandes, duros y bien formados, al verme llegar se alegró mucho pues tenía tiempo que no nos veíamos, salió a recibirme con un fuerte abrazo, traía un vestido de gasa muy delgado que dejaba ver sus turgentes nalgas bien formadas, me invitó pasar a la sala de su casa y comentó que no había nadie, que su hija de 18 años había salido con unas amigas y llegaría más tarde; ahí estuvimos conversando un buen rato sobre lo que había sucedido durante tanto tiempo, me invitó un trago el cual acepté de buena gana por que hacia muchísimo calor, sirvió tragos para ambos y se sentó muy cerca de mí.

Desde mi posición pude verle las tetas a través del escote de su vestido, lo cual me puso muy caliente, pero pues era amiga de mis padres ¡la que me conocía desde que era niño!, así que decidí concentrarme y tratar de no mirar, sin embargo después de varios tragos encima ella comentó algo acerca de mi edad y agregó que me había puesto muy guapo, anteriormente era muy delgado pero ahora a los 29 años había engordado y tenía un aspecto muy atlético.

Al calor de las copas ella continuó diciéndome cosas agradables sobre mi aspecto y yo le respondí que ella no se quedaba atrás, que debía tener muchos pretendientes, que su esposo debía tener cuidado porque de lo contrario se la iban robar un día, entonces ella me comentó que se había separado hacia un tiempo y que no tenía ninguna relación con nadie, entonces se acercó más a mí, empezó acariciar mi pierna, subiendo poco a poco y lentamente hacia el muslo, en ese momento yo ya estaba muy caliente, la abracé para besarla, nos dimos un beso muy húmedo y caliente, mientras mis manos acariciaban sus preciosas tetas.

Empecé a desvestirla muy lentamente quedándose únicamente con su minúscula tanga rosa, tenía un cuerpo exuberante y deseoso de ser amado, ella estaba desesperada y me sacó la verga del pantalón, me dio una tremenda mamada que parecía que se lo quería comer, yo estaba gozando como loco mientras le acariciaba su precioso culito, después ella se levantó y me dijo que le mamara las tetas pues eso la ponía muy caliente, empecé a hacerlo, me senté en el sillón, ella se montó sobre la verga mientras le pegaba tremenda mamada de tetas, empecé a culearla despacio y suave mientras le acariciaba el culito, entonces me ensalivé el dedo medio y se lo incrusté en el ojo del culo, ella respingó pero no dijo nada, al contrario se estremeció de placer diciendo: ¡quiero que me metas la verga por el culo!

La puse en cuatro, unté saliva en el culo y se la metí de un solo golpe, ella chillaba de placer mientras se restregaba las tetas con frenesí, entonces para mi sorpresa vi a su hija Marcela parada en la entrada del comedor observando cómo me cogía a su mamá en la sala y ambos nos quedamos paralizados.

Tratamos de cubrirnos con lo que pudimos pues estábamos muy sorprendidos y asustados de la reacción de Marcela, entonces para nuestra sorpresa ella se empezó a desabrochar la blusa acercándose hacia donde estábamos, su madre no daba crédito a lo que sucedía sin embargo de su mente le traicionaba pues empezó a escurrirse como loca, su concha le palpitaba y estaba viniéndose nada más de pensar que un hombre se cogería a las dos, yo por mi parte estaba fuera de mí y es que Marcela era exacto reflejo de su madre, como dos gotas de agua.

Acerqué a Marcela hacia mí, y le di un beso. Le comí la boca en aquel beso y ella me lo retribuyó, le abrí suavemente las piernas y la clavé hasta él fondo de su caliente conchita, Rosa se masturbaba lentamente al ver cómo me cogía a su hija.

Marcela le acariciaba las tetas, ver cómo me cogía a dos mujeres casi iguales, solo distintas por la edad me ponía la verga más dura, así que cogimos en todas las posiciones imaginables, entonces Rosa sacó no sé de donde un tremendo consolador el cual se ajustó en la concha mientras veía como yo me cogía a Marcela en cuatro, puso sus tetas cerca de mí y yo se las mamaba mientras ella se hacía tremenda paja con el consolador, cuando ya estábamos muy lubricados Marcela se vino como dos veces mientras su madre le mamaba las tetas y le insertaba el consolador en su conchita, y yo hacía venir a su madre pegándole tremenda cogida por atrás; cuando ya estaba por venirme puse a las dos acostadas boca arriba sobre la cama y les vacié la leche sobre sus cuerpos.

Quedamos los tres ahí acostados totalmente exhaustos y agotados de tremenda cogida…

Autor: AA

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Con mi sobrino

Mi amiga disfrutaba como loca con nuestras caricias. Me encantó comerme a mi amiga delante de mi sobrino haciendo un 69, ella arriba mío, comerla mientras él la cogía y recibir los jugos de mi amiga y mi adorado sobrinito sacaba su pija, me la daba a chupar y volvía a ponerla,  hasta que ella tuvo un orgasmo brutal acompañado de una lluvia dorada que disfruté deseando que llegara mi turno.

El verano pasado estábamos en la pileta de mi hermano, solos, mi sobrino, de 19 años, y yo, que tengo 29. El, con una malla diminuta que se había traído de Brasil y yo con una de mis mínimas bikini con tanga, que son las que me gustan y uso siempre.

Me miraba mucho, lo noté, y de golpe me dice: ¿sabés que me gustan las mujeres más grandes que yo?, le pregunté porque, ya que entre las chicas jóvenes las hay muy bonitas y atractivas, conozco a varias de sus amigas y me contestó que las mujeres más grandes son menos apuradas, más sensuales, menos egoístas y más dispuestas a disfrutar de los momentos.

Cuando lo interrogué si ya había tenido algunas experiencias me contó que si, que varias, y entre ellas una con una señora del interior que estaba de paso con la que pasó un fin de semana en un hotel, como pareja y que esta había sido una de las mejores referencias que había tenido. Curiosa, pregunté por las otras y me confesó que varias, inclusive con las madres de dos amigos. Se imaginan mi sorpresa, este sobrino mío no le dice a nada que no, me dije, sale a la tía. La verdad, que esta charla me calentó, seguimos un rato largo con el tema, él interesado en saber si me justaban los jóvenes, traté de ser evasiva pero no se lo pude negar y así hasta que llegó la familia.

Días después llaman por el portero en mi casa. Es mi sobrino y me pregunta si puede subir. Le pedí que me esperara, que me estaba vistiendo, acababa de salir del baño cuando me dice que le abren, que no bajara. No me dio tiempo a nada, así que lo recibí en mi salida de baño y secándome el pelo y cuando le ofrecí café me propuso que nos tomáramos un whisky, que tenía ganas.

Los preparé y mientras tomábamos nuestros tragos yo seguía secándome el pelo hasta que él, gentil, me dijo que lo dejara ayudarme. Acepté, le di el secador y mientras me secaba me acariciaba el cuello y de a poco me abría la salida en la espalda hasta que me dio un beso en la nuca, metió su mano y comenzó a acariciarme un pezón y a pasar su lengua por mi cuello. Y ya me puso mal y siguió.

Comenzó a besarme una teta y a morderme suavemente y lamerme mi pezón, me soltó el cinturón y llevó su mano a mi cosita, acariciándome suavemente, pero muy bien. Ya mi salida estaba totalmente abierta, yo recaliente, se arrodilló, me abrió las piernas y comenzó a comerme, a recorrer mi tajo con su lengua, a jugar con mi clítoris y sus labios y me introdujo un dedo. Sin dejar de comerme se fue desnudando y apenas pudo se paró y puso su pija que estaba divina en mis labios y por supuesto que comencé a chupársela con desesperación.

Me tomó de la mano y me llevó hacia al dormitorio, ya los dos desnudos caímos en la cama y allí nos soltamos. Me lo comí todo, lo gusté íntegro, me lo lamí entero, entero, no le perdoné ni la cola y él me hizo lo mismo, un maestro, ¡rebien enseñado el mocoso! Como quería tenerlo un buen  rato le puse uno de mis anillos sexuales y lo galopé, sintiendo su pija dentro mío y llegando bárbaro hasta que él me puso de rodillas y me dijo que quería mi cola. No podía decirle a nada que no, se la chupé un poco para sentir mi gusto, se la lubriqué y me garchó por el culo como un maestro mientras yo me masturbaba, con lo que tuve una llegada memorable. Luego me dio todo en mi boca y en mi cara, me bañó, disfruté su leche como la perra que soy y terminamos un beso muy pero muy apasionado.

Estas visitas se han seguido repitiendo y él me hizo descubrir que es un sensual como su tía. Comenzó preguntándome si alguna vez yo había hecho un trío. No se lo negué. Me dijo que tenía ganas de hacerlo, pero que no había tenido aún oportunidad y que había pensado en una de mis amigas, que él conoce y que se le ocurría que sería ideal para una fiesta así. Me resultó un gran observador, mi amiga es materia dispuesta para todo y con ella hacemos cualquier cosa.

Lo cierto es que me apuró, la verdad, a mi me vinieron las ganas, primero me hice la difícil pero después quedé en hablar con ella. Mi amiga ya sabía de mi relación con mi sobrino y hasta me había propuesto compartirlo, como hemos hecho con otros amantes de ambas, por lo que apenas se lo propuse aceptó encantada, a mi sobrino le dije que la invitaría a casa junto con él a ver que pasaba, ya que él me había metido la idea en la cabeza.

El día de la reunión llegó con un DVD en la mano, nos sentamos a tomar una copa en mi sillón, mi amiga entre los dos y al momento él dice que tenía un video porno que bajó de esta misma página, si queríamos verlo. Por supuesto que aceptamos y era de un trío. Apenas comenzaron a tocarse los actores él dijo que parecíamos nosotros tres y a decirme porqué no hacía lo mismo con mi amiga, mientras él ya estaba manoseándola a ella.

Yo lo seguí y me dediqué a mi amiga, que poco se negó, por lo que entre la película y nuestras calenturas estábamos los tres toqueteándonos a gusto y mi amiga dando grititos, como hace siempre, e inmediatamente los tres estábamos desnudos en la cama. El me impulsaba hacia mi amiga, lo que no era necesario, la que disfrutaba como loca con nuestras caricias y nuestras bocas y manos.

¡Que trío hicimos! ¡De los mejores! Me encantó comerme a mi amiga delante de mi sobrino, mamármela toda, escuchar cómo me alentaba a hacerlo y me decía que quería que le hiciera.
Haciendo un 69, ella arriba mío, comerla mientras él la cogía y recibir los jugos de mi amiga y mi adorado sobrinito sacaba su pija, me la daba a chupar y volvía a ponerla, así una y otra vez hasta que ella tuvo un orgasmo brutal acompañado de una lluvia dorada que recibí  y disfruté deseando que llegara mi turno.

Inmediatamente, ocupé el lugar de mi amiga, cabalgué como me gusta a mi sobrino y la muy puta se puso el consolador de cintura que usamos nosotras con lo que entre los dos me dieron una doble penetración que me mató de gusto. Después que yo llegué no se cuantas veces nos comimos los tres, gustamos todos nuestros jugos mezclados, casi fue el postre de una orgía sensacional, el postre llegó cuando él, recordando mi placer al recibir la lluvia dorada de mi amiga, nos propuso mojarnos juntos con nuestros pises ¡y lo hicimos!, nos bañamos unos a los otros, los tres juntos, sintiendo el calor, el gusto de nuestros orines, esos chorros calientes  en los pechos, las cucas y también, debo reconocerlo, en nuestras bocas.

Cuando se despedía me dijo “te voy a venir a visitar con un amigo”, se sonrió y me dio un beso. Y lo hizo, ya les contaré.

Autora: Malu

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La vecinita

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana y Antonio eran un matrimonio que desde hace tiempo mantenían alguna fantasía una de las cuales habían decidido convertirla en realidad y era la de hacer un trío con otra mujer y convertir a esa mujer en amante de los dos, no importaba si en trío o solo con cada uno, aunque el otro no estuviera presente, pero querían conseguir una mujer, a poder ser joven y que fuese de fiar.

La verdad es que les encantaría que fuese la hija de sus vecinos del 4º, se llamaba Nerea, una chica con el pelo teñido de rubio claro, labios normales, ojos grandes y marrones y mandíbula un poco marcada y un cuerpo que adivinaban muy bonito sobre todo el culo. Decidieron como conseguir su objetivo La iban a invitar a comer. Ana se lo dijo y a la chica le pareció bien, al fin y al cabo eran buenos amigos de sus padres y alguna vez la habían dejado el ordenador cuando lo había necesitado.

Se sentaron a la mesa y se pusieron a comer, hablaron de temas intranscendentes, cuando finalizaron ella se ofreció a ayudar a fregar los platos y se quedó con Ana fregando mientras Antonio se iba a ver la televisión.

Estaban fregando cuando Nerea en un momento se recostó sobre la mesa para coger algo que estaba en el otro extremo lo que hizo que se le marcase el culo y Ana sin poderse aguantar la puso las manos en él y se lo acarició con deseo, lo que hizo que Nerea se diese la vuelta rápidamente y antes de poder decir nada, Ana, viendo que era su oportunidad, la besó en la boca, un morreo largo en el que luchaba por meterle la lengua en la boca, al principio Nerea oponía resistencia pero luego no sólo dejó hacer sino que colaboró activamente, se fueron acariciando mutuamente, Ana la quitó la camiseta que llevaba y vio como no se equivocaba y tenía dos pechos abundantes con forma de huevo frito pero muy apetecibles, con los pezones pequeños y ya duros, mientras Nerea en un rápido y hábil movimiento le quitó la camiseta larga que Ana portaba dejando al descubierto su cuerpo, un cuerpo de una mujer de 36 años, metro y setenta de altura, ojos negros igual que el cabello, labios carnosos, pechos pequeños como dos naranjas pero muy bien puestos, coño casi rasurado salvo una línea vertical en mitad de el y un culo también pequeño pero duro y respingón ya que tanto ella como su marido hacían ejercicio.

Parecía que la inocente jovencita tomaba la iniciativa y sentó a Ana en la mesa y abriéndole el coño le pasó la lengua por las ingles deleitándose mientras los dedos acariciaban su vulva y los labios para posteriormente atrapar el clítoris con la boca, Ana se fue deslizando al otro extremo de la mesa para que el cuerpo de Nerea quedase pegado a la mesa de espaldas a la puerta donde estaba Antonio observando completamente desnudo y con la polla en la mano acariciándose, se fue acercando y de un golpe le bajó a Nerea los pantalones y el tanga lo que hizo que la joven se girase y observase la escena con esa polla toda dura de casi un palmo de grosor y completamente descapullada.

Antes de que pudiera decir nada Antonio la había empezado a lamer ese culo que tanto había deseado siempre, un culo duro y un poco grande pero perfecto, la separó las nalgas con las manos y con la lengua empezó a hacer círculos en torno a el luego solamente separaba una nalga para con la otra mano poder acariciar el coño de la chica, el cual notó que estaba completamente rasurado, la atrapaba los labios vaginales con los suyos y la apretaba ligeramente con un dedo atrapaba sus flujos y los pasaba por el culo, aparte cogió un poco de mantequilla y se la fue untando en el culo, luego metió un dedo que a lo que Nerea respondio con un gemido y aceleró a comerle el coño de Ana mientras le metía dos dedos en el coño y la follaba con ellos.

Cuando Antonio entendió que estaba bastante dilatada se puso de pie y apoyando la polla en la entrada del culo de la joven fue empujando, el capullo entró pero lo volvió a sacar haciéndolo resbalar y volviéndolo a meter, estuvo un rato jugando hasta que de un golpe lo metió todo, cosa que hizo que Nerea mordiese el clítoris de Ana que hizo que tuviera un orgasmo.

Ana se levantó y bajándose de la mesa la desnudó por completo a Nerea y ayudó a su marido a sentarse con Nerea ensartada en la polla y botando como una loca, Antonio la inmovilizó de las caderas, Ana se arrodilló en el suelo y empezó a lamerle el sexo a Nerea con fuerte lametones que hacían que la joven se estremeciese de placer y cuando en un momento la metió dos dedos de golpe en el coño tuviese un fuerte y prolongado orgasmo, levantándose y arrodillándose las dos delante de la pija de Antonio, él se masturbó hasta bañarlas a las dos en leche sus tetas y sus caras acabando ellas por besarse apasionadamente.

Vamos a la ducha los tres-dijo Antonio.

Metieron a Nerea que se puso en medio y empezaron a jabonarla, Antonio por delante y Ana por detrás la fueron llenando de jabón cada cm de su cuerpo, después se fueron poniendo los otros dos, cuando se puso Antonio Ana se arrodilló detrás de su marido y abriéndole las nalgas con la lengua le fue haciendo un delicioso masaje en el culo mientras Nerea le hacía una mamada primero lentamente como si fuera un chupa-chups y luego aumentando la velocidad cada vez más hasta dejarle a punto, salieron de la ducha, se secaron y fueron al dormitorio corriendo por la casa como colegiales, se tiraron en mitad de la cama, tumbaron boca arriba a Nerea, cada uno se situó a un lado de la cama y la fueron comiendo primero los pechos, jugaban con ellos como si fueran dos pasteles, pasaban las lenguas por los pezones dibujando las aureolas y jugando con ellas mientras con sus manos acariciaban el coño de la chica que ya para ese momento estaba muy mojado y resbaladizo.

Ana se retiró y cogió unas bragas con una gran polla negra que se puso, entonces Antonio se situó al borde de la cama tumbado boca arriba mientras Nerea cogía su polla y metiéndosela toda de un golpe en la boca se la mamaba hasta que notaba que estaba tan dura como una piedra, momento en el cual se sentaba encima a horcajadas y se penetraba la vagina con ella empezando a botar, Ana le untaba entonces el culo con vaselina y aplicándole la polla de plástico empezaba a follarla por el culo con ella mientras la decía lo bien que se lo estaba pasando y lo buena que estaba.

Cada vez cogían más fuerte a la joven que no hacía más que jadear bajo los impulsos de sus amantes, Ana que su arnés era de polla doble con lo que cada impulso que hacía para follarse a la joven era recibido por una fuerza similar en su coño.

Nerea notaba como Antonio, mientras la agarraba de los pechos y se los mordía como si fueran dos flanes, estaba a punto de eyacular, cosa que hizo, notándolo ella a través del látex del condón mientras Ana situada a su espalda se venía en un prolongado orgasmo que coincidía con el de la joven y semidesmayándose los 3 y haciendo como un ovillo en mitad de la cama.

Se vistieron los tres y fueron a la sala, en la que hablaron largo y tendido de lo que había ocurrido.

Nerea, ¿repetirías lo ocurrido? Preguntó Ana. Por supuesto respondió la chica, pero poniendo la condición de que podía follarse a cualquiera de los dos y cuando ella quisiera, o ellos quisieran si surgía la oportunidad lo que hizo que ellos fueran extremadamente felices.

Esta es una historia imaginaria, pero me gustaría que me escribieran y entablar amistad con alguno/a de lo/as que lo hagan sobre todo con las mujeres o parejas

Autor: picante100

picante100@hotmail.com

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Comenzó como una aventura

Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete. Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Todo fue intenso aquella noche, desde el encuentro casual, en el pub, hasta el despertar de la mañana.

Yo soy una mujer madura, que tengo muy claro lo que quiero,  y Marta una chiquilla consentida, que buscaba nuevas experiencias y  diversión. Al principio pretendió burlarse pero quedó totalmente deslumbrada por la pasión de una noche.

Ella estaba con un grupo de amigos de su edad, tomando unas copas y bailando. Cuando llegué con unas amigas y nos sentamos cerca de ellos. Yo había ido con alguien bastante cercano aunque no teníamos ningún compromiso formal. El hecho es que les llamó mucho la atención a los jovencitos, vernos bailar juntas y acariciarnos.

Marta me observaba con mucha curiosidad, pero también con una sonrisa burlona. Me gustó desde el comienzo, y al mismo tiempo me fastidió su actitud de manera que decidí darle una lección.

Comencé a mirarla, y sonreírle, hasta que me acerqué, le invité un sorbo de mi copa y comenzamos a bailar. Se puso bastante nerviosa, pues no esperaba mi actitud, pero su juventud y osadía la obligaban a seguirme el juego. Un rato después volvió con su grupo y se notaba de lejos el nerviosismo de sus amigos y los comentarios burlones.

Después de un rato, fue ella quien se acercó y salimos a fumar a la terraza para poder conversar:

Marta – eres muy linda, ¿qué pasó con tu amiga? Clara – nada, en realidad somos amigas intimas pero sin compromisos. Tú eres muy bonita, ¿cuántos años tienes? Marta – tengo 20.

Su actitud era desafiante y provocadora, estaba tan buena la pendeja, que me daban ganas de tomarla ahí mismo. Realmente hacía tiempo que no estaba con una mujercita tan joven y fresca. Yo tengo 50, muy bien llevados, pero son 50 años. En fin seguimos conversando, cada vez más intimas, más cercanas, hasta que nos besamos. Al principio la noté confundida, pero sin dejarla pensar mucho la tomé de la cintura la apreté contra mi cuerpo y volvimos a besarnos. Seguí avanzando:

Clara – ¿Quieres ir a mi casa esta noche? Marta – (perturbada) no sé, debo volver a mi casa.

Noté claramente que su primer impulso fue negarse, pero estábamos tan cerca que sentía palpitar su corazón, de manera que insistí y fui un poco más lejos. Presioné su cuerpo contra el mío y acaricié sus senos. Pude sentir su excitación, y temor. Ella ya no podía controlar la situación.

Se apartó de mi fue a hablar con sus amigos y cuando volvió estaba lista para irse conmigo. Subimos a un taxi, y nos fuimos directo a casa. No habló en todo el camino, pero me dejó tomarle la mano y creo que eso la ayudó a relajarse un poco. Cuando llegamos se apuró a decirme que nunca había estado con una mujer, que no estaba segura de querer hacerlo, pero que se había sentido muy excitada cuando nos besamos. Traté de calmar su ansiedad, tomamos un poco de vino, y conversamos de todo un poco, hasta que ella se recostó en el sofá y me miró como pidiendo que tomara la iniciativa.

Yo no pude esperar, me quité la blusa y puse su mano sobre mis pechos, ella me acarició suavecito. Le pedí que me desabrochara el sostén y pude ver sus ojos mirando mis senos con deseo. Luego subí su falda, le quité su pequeña tanguita, y allí descubrí un hermoso sexo rosado, bien depilado y muy apretadito.

Estaba totalmente sonrojada, le pedí que me dejara ver más, entonces separó sus piernas levemente. Sus ojos estaban cerrados, su cabeza inclinada hacia el costado, pero cuando sintió mi caricia, giró y me miró con sus ojos grandes.

-¿Te gusta? le pregunté.  -Si mucho, no te detengas, me contestó.

Estaba muy buena Martita, estaba mojada, un poco tensa, pero lo mejor de todo era que estaba dispuesta a seguir adelante. Seguí acariciando su sexo, le pedí que se relajara, intenté entrar en su vagina, pero estaba tiesa. Me incliné a besarla, separé más sus piernas. Al primer contacto de mis labios con su clítoris, gritó fuerte, y su sexo se inundó de su leche cristalina.
Seguí acariciando y lamiendo aquella conchita dulce, hasta que tuvo un orgasmo bueno, se abrazó a mi muy fuerte, jadeando excitada.

Nos miramos, y no hizo falta decir nada más. Nos pusimos de pie y nos fuimos a la cama. Nos quitamos el resto de la ropa, tenía unos pezones increíbles grandes y puntiagudos, ya quería sentirlos en mi vagina. Me acosté boca arriba, separé mis piernas, se acostó a mi lado, acariciaba su sexo mojado, mientras me besaba los labios, los senos, el cuello. ¡Mmmmmmm… Que ricooooooo!

Le pedí que fregara sus tetas en mi sexo, y llegué a un orgasmo sorprendente. Nos dormimos entre besos y caricias, fue una noche increíble.

Al despertarme, estaba a mi lado desnudísima, relajada y no pude resistir, comencé a mamar sus tetas hermosas, y ella dormida aún, comenzó a tocarse. Muy suavemente seguí estimulándola, y ella seguía soñando y masturbándose muy rico. El deseo la despertó y al darse cuenta de lo que había pasado, se ruborizó. Tomamos una ducha juntas, sus manos no se despegaban de mi cuerpo, acarició hasta el último rincón de mi cuerpo.

La verdad es que fue una noche tan buena, que no queríamos separarnos, pero debía volver a su casa. Se fue pero me dijo que inventaría una excusa para volver en la tarde. Se fue a su casa y yo a trabajar, pero en la tarde ya me estaba llamando para vernos. Hasta la noche yo estaba ocupada, pero esa tarde me llamó varias veces. En la noche cenamos en casa, y me dijo que quería quedarse a dormir. Yo estaba cansada de manera que se quedó pero nada sucedió. Se sintió decepcionada, pero nada reclamó, se acostó a mi lado y nos dormimos Estuvo bastante inquieta toda la noche, claramente estaba muy excitada, en la madrugada la escuche levantarse y creo que se masturbó en el baño.

En la mañana decidí recompensarle su paciencia, me coloqué un juguete con arnés, es un pene de tamaño regular no muy largo pero un poco grueso. Mientras aún dormía separé sus piernas y coloqué un gel lubricante, comenzó a despertarse pero se quedó muy quieta y relajada. Coloqué un almohadón bajo sus caderas, para dejar su sexo más expuesto, la besé y penetré con dos dedos para probarla. Su vagina estaba bastante apretada, su sexo era muy joven y con poca experiencia. Entonces con mucho cuidado me acosté sobre ella y muy suave pero firme comencé a penetrarla con mi juguete.

Sus quejidos se hicieron oír, pero la lubriqué con más gel y le indiqué que se relajara, que respirara, y así pude entrar hasta el fondo. Su sexo cedió y ella pudo gozar con mis caricias y mi juguete.

Durante semanas el romance fue muy intenso, nos amábamos cada instante que podíamos, no me dejaba tiempo para nada. Marta había resultado ser una jovencita ardiente, pero decidí probar sus sentimientos y de paso descansar un poco, durante dos semanas no tuvimos sexo, no la toqué.

Le puse distintas excusas, y fueron pasando los días. Venía a casa casi todos los días, y los fines de semana se quedaba conmigo. Dormíamos juntas, nos duchamos un par de veces, pero no mucho más, yo quería ver hasta donde estaba interesada en una relación. Un sábado a la noche volvíamos de cenar, y venía muy inquieta, trataba de provocarme por todos los medios, pero le dije que no me sentía bien. Se molestó pero no intentó irse, prefirió acompañarme una vez más.

A la mañana siguiente, teníamos que conversar todo había comenzado como un juego, un desafío, pero se estaba tornando peligroso. Yo estaba segura de no querer nada más que un buen sexo, pero aquella niña había descubierto un mundo nuevo. No quería lastimarla, pero tenía que irla desilusionando de alguna forma.

El domingo amaneció hermoso, igual que Marta, allí estaba desnuda sobre la cama mirándome con sus ojos grandes, sus brazos se tendían hacia mí, que la miraba desde la puerta de la habitación. Comenzó el diálogo:

Marta – anda cariño ven conmigo, te extraño tanto. ¡Hace semanas que no me haces el amor! Clara – ahh mi hembrita! No te olvides que soy una mujer grande, que se cansa y que no vive de sexo a diario, igual que las jovencitas como tú. Marta – pero yo te gusto, ¿cierto?, porque tú me enloqueces, nunca había disfrutado del sexo tanto como contigo: cómo me besas, cómo me tocas, ¡cómo me miras! Las primeras veces que salimos, me mojaba toda cuando me mirabas fija y profundamente. Clara – eres una chica muy ardiente, es fácil complacerte. Claro que me gustas, tu piel suave el perfume de tu conchita me fascina. Marta – entonces, ¿porque siento que ya no te intereso? Dime que debo hacer para complacerte, yo quiero ser tu mujer, quiero vivir contigo y poderte amar libremente.

Yo estaba en lo cierto, iba a ser muy difícil terminar aquella relación sin lastimarla, pero tenía que encontrar la forma. Me acosté a su lado y nos besamos un largo rato, acaricié su sexo hasta que mi mano estuvo totalmente llena de sus jugos.  Penetré con mis dedos, mi lengua, y el vibrador que mas le gustaba. Ella estaba extasiada, y yo agotada y vacía. Confirmé con pena, que no sentía nada por aquel cuerpo hermoso, ya ni siquiera me despertaba deseo.

Me levanté, y salí a caminar un rato mientras ella se bañaba y vestía. Cuando volví estaba en la cocina preparando café. Conversamos un largo rato, y finalmente me comprendió. Se fue, y no nos vimos por un mes. Una tarde la llamé para saber como estaba, y afortunadamente todo iba bien.

Autora: Amandaz

z.amanda@mailcity.com

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La fantasía de María II

María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, san embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

El momento más esperado.

Todo quedó planificado. Acordamos reunirnos en una casita que ellos tenían en la playa. Fue ese día cuando conocí al marido de María, Remi. No me desagradó, a pesar de su madurez conservaba un aspecto juvenil y atlético.

Cuando al fin llegamos, después de descansar un poco y ducharnos, lo primero que hicimos fue acomodarnos y hablar a cerca de nuestro encuentro. Los tres estábamos algo cohibidos. Mientras hablábamos, para desinhibirnos un poco y crear un clima de mayor confianza, propuse que nos desnudáramos. Desprovistos de nuestra escasa indumentaria comenzamos a hablar a cerca de nuestras apetencias sexuales. Sin decir nada, María se acercó a mí y agachándose empezó a chupar mi verga, deslizando sus labios hasta la base de mi sexo, deslizando su lengua a lo largo de ella y volviéndosela a meter reteniéndola dentro de su boca durante unos segundos. Cuando se la sacó un hilo de líquido preseminal mezclado con saliva era el lazo de unión de mi verga con sus labios.

– Esto no se lo hago a cualquier hombre, sólo a los que significan algo para mí.

Los tres nos dirigimos a una habitación, yo diría que previamente preparada para el sexo, Porque las paredes estaban cubiertas de espejos al igual que el techo, y el suelo estaba tapizado por alfombras y cojines, el centro de la habitación estaba ocupado por una enorme cama de agua a cuyo lado había una mesita donde se guardaba, según pude descubrir después, multitud de consoladores, preservativos, lubricantes y toda clase de objetos para el sexo.

María desnuda conservaba el encanto de una mujer otoñal, gracias al ejercicio físico y un cuidado esmerado de su cuerpo hacía que se demorase el envejecimiento, sus senos grandes estaban adornados por unas rosadas aureolas y unos erectos pezones debido a la excitación, mientras que su vientre desembocaba en un sexo totalmente depilado.

Los tres nos acomodamos en la inmensa cama. Tome ubiqué entre ellos, era la primera vez que practicaba el sexo en grupo, no pude evitar excitarme al ver la enorme polla de Remi, así que empecé a acariciarla escupiéndome en la mano para que se pudiera deslizar a lo largo de esta con mayor facilidad. María se apartó para dejarme junto a su hombre, y para ver cómo éste entraba por primera vez en un mundo desconocido, hasta entonces para él, como era las relaciones con una persona de su mismo sexo.

Me abracé a él e intenté de la forma más tierna que pude transmitirle confianza, pues estaba algo tenso:

-Déjate llevar, cielo, imagínate que estás con una chica…

Empecé a besarle la boca y ambos nos intercambiamos ricos besos de lengua, chupándomela con sus finos labios, me deslicé suavemente para morderle sus diminutos pezones, un gesto de dolor y gozo empezó a provocarle mi caricia:

– Házmelo otra vez, muérdeme duro.

Mientras les mordía reiteradamente sus pezones, ese gesto de gozo se intensificaba a medida que le masajeaba su verga, sintiendo cada vez más rico. Él ponía el cuello al recibir mis besos y sentir el cálido tacto de mi lengua al introducirse en sus oídos…

Bajé hasta su miembro erecto grande, grueso y babeando y con deseo de proporcionarle un placer más intenso empecé a mamárselo. Sabía cómo hacerlo, pues como hombre conozco los puntos más sensibles de nuestro órgano. Me lo introduje todo, chupándolo con deseo, mordiéndole y lamiéndole sus testículos. Un ansia desenfrenada me invadió por completo. Me centré finalmente en su glande, el cual succioné hasta que eyaculó dentro de mi boca. En esos momentos ambos nos besamos compartiendo su cálido semen.

Mientras, María había presenciado la escena masturbándose con un consolador. En esta ocasión la receptora de todas nuestras caricias iba a ser ella. Mientras que su marido le chupaba sus grandes tetas, yo le comía su concha mojada, metiéndole y sacando mi lengua dentro del orificio vaginal, me encantaba chupar su clítoris y saborear sus jugos. En ese momento le levanté las piernas y empecé a pasar mi lengua por su ano deslizaba mi lengua desde allá hasta su concha, así durante un rato en el que las prisas no eran ningún obstáculo.

Sus gritos de placer se escuchaban en toda la habitación como consecuencia de las infinitas caricias que le estábamos proporcionando:

-Fóllame ya, Necesito una verga dentro de mi concha.

Empecé a penetrarla con fuertes embestidas, mientras lo hacía, Remi, se a cercó a mí para agarrar mi verga y sacarla del interior de su mujer y hacerme tremendas mamadas, volviéndola e introducir en su esposa:

– No lo vuelvas a hacer cielo. -Le dije- vas a hacer que me corra y aún es pronto para mí.

No obstante amablemente me pidió que me apartarse de ella para ser él quien la penetrara ahora. Me dio la impresión de que quería disfrutarla como hacía tiempo que no lo hacía. cómo si a través de ésta experiencia los reconciliase para recuperar el tiempo perdido. Tal vez, quería proporcionarle todo el gozo unido a una ternura olvidada por él y demandada por ella durante tanto tiempo. A pesar de eso ella las aceptaba como si fuera una mujer que descubre por primera vez los placeres secretos del sexo.

Era una entrega como la que llevan a cabo dos jóvenes amantes por primera vez. Aunque más que una penetración, María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, sn embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

-Hacía tiempo que no me besabas ni me abrazabas de ésta forma. No me he llegado a correr, pero me ha gustado mucho.

Aunque María no tuvo un orgasmo no le importó, porque en ese momento disfrutó la penetración de su esposo, ella era feliz viéndolo disfrutar, prefirió ese momento de ternura el cual hacía tiempo que lo tenía desterrado, prefirió ese abrazo de su marido después del orgasmo, prefirió esa mirada, esa sonrisa final mientras se miraban permaneciendo abrazados y que les hacía cómplices de semejante encuentro. Disfrutó de su hombre, sintió nuevamente su sexo dentro de ella, sus embestidas y sus gemidos al correrse. Lo gozó sintiéndose más mujer.

Yo estaba enormemente excitado, al mismo tiempo que me emocionó verlos nuevamente unidos. María sacó del la mesita un consolador con arnés, yo me coloqué boca arriba y mientras que Remi empezó a hacerme una mamada ella empezó a lubricar el consolador para penetrarme.

¡Ahhhh…! que ricura, me encanta el sexo anal bien hecho, me penetraba despacito, al mismo tiempo que las mamadas de Remi me proporcionaban un inmenso gozo. No tardé en correrme. Fue riquísimo eyacular mientras me enculan.

La verga de Remi aún estaba erecta, así que volví a metérmela en la boca, tenía un sabor a semen y jugo vaginal, lo cual me excitó. Me gusta hacer el sexo oral tanto a un hombre como a una mujer, creo que es maravilloso y una caricia muy personal, muy especial.

Llegó el momento de penetrar a Remi. Se colocó a cuatro patas. Yo debajo de él continuaba haciéndole una mamada. Mientras María le pasaba la lengua por su orificio anal recorriéndolo y escupiendo dentro de el.

Posiblemente Remi nunca vivió semejante experiencia. Pronto María le introdujo un dedo y después dos. Los introducía y los sacaba hasta que su ano se dilató. A continuación me lubriqué mi sexo y empecé a penetrarlo, con calma, con cuidado. Le dolía, su orificio anal estaba muy cerrado, no obstante el dolor se fue disipando para dar paso a un poco de placer, entre otras cosas porque María le practicaba el sexo oral a su marido y eso lo calmaba. Me quité y dejé que su esposa lo penetrara con el consolador de arnés.

Esta vez Remi cambió de posición colocándose boca arriba, María y yo nos turnábamos en la penetración. Hasta que no pude más y me corrí en la boca de Remi. Los tres saboreamos mi jugo. Permaneciendo después los tres abrazados y super contentos de la experiencia.

Fue una experiencia muy enriquecedora. Por mi parte fue también el encuentro con el sexo opuesto y una vuelta a reencontrarme con el sexo.

Autor: encuentroeneltropico

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Vivero del 69

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera, no podían parar hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

Al día siguiente era el cumpleaños de su madre y no sabía que comprarle así que decidió como último recurso a las siete de la tarde del viernes ir a un vivero de plantas que la había recomendado una amiga a comprarle alguna planta o algunas flores para regalar a su progenitora. Cuando llegó la dueña del vivero estaba a punto de cerrar el lugar, de hecho detrás de ella cerró la puerta y puso el cartel de cerrado.

La mujer estaba ya metida en la treintena, vestía un pantalón con peto vaquero, solo vestía eso de hecho en uno de los laterales se insinuaba el comienzo de sus pechos. Eva estaba alucinando con la escena, allí sola con aquella mujer que por cierto era bastante bella, su cuerpo se abría hacia abajo como una ánfora con sus rotundas curvas pero de carnes prietas. Eva era bisexual, hacía poco que había comprobado sus tendencias lésbicas y le había gustado la experiencia.

María por su parte aunque alguna vez había tenido sueños eróticos en que se entregaba a los brazos de una mujer nunca se había considerado ni siquiera bisexual. Pero cuando vio a la chica sintió como si fuera una de las protagonistas de sus sueños pero tampoco quería meter la pata no fuera a ser que la chica se sintiera ofendida o acosada y más allí las dos solas. Estuvieron hablando un rato de flores y plantas, la mujer le enseñaba a la joven Eva todo aquello que podía regalar a su madre hasta que en un momento dado cuando estaban en uno de los invernaderos viendo una serie de orquídeas María se agachó y…

Plasshhhh—-sonó en todo el lugar el azote que Eva propinó a la mujer para después acariciar su culo.

María se dio la vuelta primero cuando el azote dispuesta a abofetear a aquella muchacha de escasos veinte años pero cuando se giró en lugar de llevar a cabo su primer impulso la empujó contra la pared y la besó en la boca. Fue como si se liberara de unas cadenas imaginarias que ataban su sexualidad. Ya no era un simple beso ni siquiera apasionado, ahora directamente la estaba comiendo toda la boca. Con las dos manos la magreaba los pechos y retirándose un poco y apartando un mechón de pelo del rostro de la joven la susurró:

¿Por qué no vamos a mi casa que está al lado de los invernaderos y nos pasamos jodiendo toda la noche?

Recalcó la palabra jodiendo, le gustaba como sonaba. Eva cogiéndola de la mano le dijo que no que mejor lo iban a hacer primero entre las plantas. Entonces María elevó a la chica como si de una pluma se tratara y la sentó en una de las mesas con plantas. Allí la besó, primero muy dulcemente y luego más lujuriosamente. Las manos levantaban el top de Eva a la vez que la joven soltaba el peto de la mujer. Luego la mujer le soltó los jeans blancos y se los bajó. La chica solo portaba ahora un pequeño tanga azul celeste que se introducía entre los labios vaginales. La mujer se había terminado de despojar de su pantalón y también se había quedado en ropa íntima, en este caso en unas braguitas minúsculas blancas.

Eran las que le gustaban a su marido, se las había puesto para esa noche recibirle solo llevando esa erótica prenda, pero él la había telefoneado para avisarle de que su llegada se atrasaría hasta el miércoles. María estaba desatada, hizo tumbar a la chica boca arriba en la mesa y situándose entre sus piernas la daba suaves besos por encima de la tela del tanga hasta que cogió con los dientes la goma de la prenda y la empezó a bajar hasta que de un tirón la rompió y se la quitó a la chica.

Eva hizo un mohín de disgusto por la rotura de la prenda pero su coño estaba tan mojado que ya se le había pasado incluso antes de que la mujer le prometiera que al día siguiente le compraría otro tanga en la tienda que ella escogiera. Con la lengua recorría todos los labios vaginales, los mayores y los menores, no dejaba ningún recoveco salvo el clítoris que quería dejar para el final.

Con la mano acariciaba los muslos, apretaba los pechos y magreaba todas las zonas erógenas de su joven amante antes de penetrarla con dos dedos. Comenzaba a follarla con dos dedos el coño a la vez que con la lengua punteaba el clítoris y con la otra mano amasaba y apretaba los pechos de la chica.

La chica comenzó a gemir primero de manera muy suave para seguidamente empezar a jadear de manera audible y más tarde salvaje. La mujer ahora estaba entretenida con dos dedos en el coño de Eva y ahora uno en el culo de la chica. María se retiró para bajarse las braguitas contoneándose frente a la muchacha que la esperaba sobre la mesa.

María como una tigresa se subió sobre la mesa colocándose en postura de 69 sobre Eva. Su coño sobre la boca de la chica y su boca lamiendo el clítoris y follándola con dos dedos el coño y con uno el culo. Eva con la lengua lamía toda la vulva de su amante a la vez que la abría las piernas y con un dedo follaba el ano antes de meterla tres dedos en el coño.

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera. Estaban a mil, no podían parar y cada vez se rozaban más y más rápido hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

María fue la primera en levantarse y completamente desnuda dio la mano a la chica y la llevó hasta su casa. La condujo escaleras arriba hasta su dormitorio, la hizo ponerse sobre la cama a cuatro patas y que la esperase. Que cerrase los ojos y esperase allí. María tardó un rato. Había ido a por alguna cosa al baño y luego se había quedado observando el grácil cuerpo de la joven. Había vuelto con un vibrador y un arnés el cual tenía dos pollas, una grande que metería en el culo de la chica, otra más pequeña que se introduciría en su propio coño antes de poner en marcha la función vibradora.

De una sola vez metió el vibrador en el coño de la chica poniéndolo en marcha a una velocidad lenta. La chica ahora solo gemía de placer pero de forma pausada. Luego con un poco de gel lubricante embadurnó el arnés y el ano de la muchacha antes de hacerle un suave masaje en el ano e introducirla el dedo muy lentamente y follarla con el. Ahora se puso el arnés y empujando fue penetrándola analmente muy lentamente. Metía unos pocos centímetros y los volvía a sacar, luego metía unos pocos más y volvía a hacer lo mismo hasta que el esfínter de Eva se acostumbró y entonces empezó a follarla con él a la vez que el vibrador del arnés empezaba a realizar su labor.

El vibrador del coño lo puso a tope ahora, lo mismo que el del arnés. Estaba follando a la chica a tope por los dos agujeros a la vez que la apretaba los pechos y la estiraba del pelo y la decía todo lo que la deseaba. La calentura y el placer de las dos mujeres fue creciendo orgasmo tras orgasmo hasta que rendidas de placer cayeron una encima de la otra exhaustas. María retiró el arnés y sacó el vibrador y besándose con Eva se quedaron las dos desnudas dormidas sobre la cama de la casada.

Este es un relato imaginario pero va dedicado a A. Una buena lectora mía a la que le prometí el relato. Si queréis podéis escribirme sobretodo mujeres.

Autor: Picante 100

picante100 (arroba) hotmail.com

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La hija de mi inquilina

Estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca.

Mi nombre es Julieta, tengo 38 años, estoy casada, y hasta hace poco tiempo solo me atraían los hombres, mi esposo Luis  siempre me llenó sexualmente pero últimamente las mujeres me ponen a mil, y esta es otra de mis tan hermosas aventuras con una mujer.

Cuando compramos nuestra casa en el fondo del terreno había un pequeño departamento con patio al costado, en este patio construimos un cuarto más para usar de depósito de herramientas y de esos trastos viejos que siempre uno quiere guardar, una pequeña ventana lateral del dormitorio del pequeño departamento quedó entonces “encerrada” en el cuarto del que les hablo.

Hace dos años, para aumentar un poco los ingresos decidimos alquilar el departamento a una mujer y su joven hija Mariela que hoy tiene 18 años y un cuerpo que vuelve locos a todos los hombres del barrio. Su madre trabaja varias horas por día y ella pasa varias horas sola o acompañada con alguna amiga, las veo pasar por el costado de mi casa todo el tiempo. Muchas veces la visita Mariana, una chica algo mayor de unos 22 o 24 años que me contó conoció en el gimnasio, también con un cuerpo espectacular. Siempre me saluda muy atenta y sus ojos siempre me miran como comiéndome toda algunos días la veo pasar y me mojo algo.

Una tarde fui al cuarto de las herramientas a buscar unos clavos cuando escuché que Mariela gritaba algo que dejó helada.

– Así, siiii, chúpame bien la concha por favor.

Un terrible morbo se apoderó de mí, busqué una escalera, y me trepé a la ventanita para ver quien se estaba cogiendo a Mariela.

Mis ojos no daban crédito a lo que veían, la dulce Marielita estaba tirada en la cama, totalmente desnuda, con las piernas abiertas a más no poder y entre ellas, su amiga Mariana le estaba comiendo la concha desaforadamente, Mariela se retorcía de placer, se notaba claramente que estaba en medio de un orgasmo.  Mariana le estaba enterrando la lengua, mientras con un dedo le frotaba el clítoris. Cuando los espasmos de Mariela cesaron, Mariana subió y se besaron muy dulcemente mientras se acariciaban las tetas, se daban pequeños pellizcos en los pezones y cada una refregaba el pubis contra el muslo de la otra. Yo miraba atónita la escena y mis jugos mojaban mi tanguita hubiera dado cualquier cosa por estar en esa cama.

Se veía que hablaban muy bajito, y que algo le pedía Mariana a Mariela quien fue bajando por el cuello de Mariana, se detuvo con su lengua en los pezones, los chupaba como si fuera un bebé alimentándose y Mariana se arqueaba hacia atrás, siguió bajando hasta encontrar la concha totalmente depilada de su amiga, la pendeja sabía lo que tenía que hacer le recorría la raja lentamente con la lengua, Mariana levantaba las caderas para no perderse ese placer. Mariela comenzó la recorrerle la concha con un dedo, mientras hacía esto se miraban, y hablaban, le metió el dedo índice en la concha con fuerza, entraba y salía y le seguía hablando, la mirada lujuriosa de Mariana era increíble, no podía ver la cara de Mariela. A esa altura yo estaba totalmente empapada, y frotándome la concha sobre el pantalón, jamás me hubiera imaginado que me masturbaría sobre una escalera.

El dedo de Mariela entraba y salía cada vez con más rapidez, y los gemidos de Mariana eran cada vez más fuertes, ahora los Siii, siiiii, asiiiiii se escuchaban con nitidez. De repente Mariela se detuvo y sacó el dedo de la concha empapada de Mariana para metérselo en la boca, Mariana se reía y le gritaba:

– Dale puta, no me dejes así, cogeme pendeja.

Mariela se recostó sobre Mariana, se notaba que apoyaba su pubis sobre el de su amiga, y comenzaron las dos a frotarse una contra otra, eso fue lo máximo, gritaban y jadeaban como locas, se insultaban, se pedían más y más, deben haber tenido 5 orgasmos cada una, y yo junto con ellas masturbándome en la escalera.

A partir de esa tarde, esa ventana fue mi obsesión, en la hora en que estoy sola en casa, ya que mi marido está en el trabajo y, vi muchas veces más a Mariela, pero no solo con Mariana, otras veces lo hacía con algunas amigas, de su misma edad. Todas esas adolescentes tan alegres que veía pasar por la tardes, se convertían en unas terribles hembras sexuales en ese cuarto.

Un fin de semana mi esposo Luis tuvo de viajar por un semana por trabajo yo estaba a mil serían como las 5 de la tarde del sábado, una tarde muy fría de invierno salgo al patio para ir hasta el galpón, llego y siento risas, subo a mirar y las veo a las dos comiéndose en la cama, hambrientas de placer, me acomodo para presenciar todo como siempre… y de pronto siento un voz que me deja helada como la fría tarde de invierno.

– Baja de la escalera Julieta ven y pasa, yo helada no sabía que decir, – Mira Mariela dije, ella me puso la mano sobre mi boca, entramos a la habitación, su amiga estaba parada, nos saludamos, juro yo no sabía que hacer.

Me acariciaron y me comenzaron a besar me abandoné por completo, cerré mis ojos, estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca, terminamos fundidas las tres en la cama planeando un nueva aventura.

Autora: Julieta

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Inaugurando el depa.

Metí mi mano por debajo de su tanga, le metía los dedos despacito y entre gemidos me dijo, chúpamela toda, le saqué la tanga y le lamí la concha en todos sus rincones, tenía un sabor y un olor tan espectacular que estaba en la gloria, seguí chupándola y metiéndole dos dedos hasta que explotó en un orgasmo.

Soy Ivana de Córdoba, Argentina.  No me considero lesbiana, de hecho nunca me enamoré de ninguna mujer, solamente me atraen sexualmente.

Hace un mes me mudé de la casa de mis padres y me fui a vivir sola. Como es costumbre inauguré mi depa con una fiesta con todos mis amigos mucho alcohol.

Alrededor de las siete de la mañana se fueron todos, excepto una de mis amigas, Silvina, una hermosa morocha menudita no tiene muchas curvas pero calienta a cualquiera.

Estábamos muy cansadas y borrachas asique nos fuimos a  la pieza para acostarnos, en eso ella se desviste, se queda solamente con una tanga negra de encaje y se tiró al lado mío, en eso aproveché e hice lo mismo.

Empezamos a hablar de sexo, como siempre lo hacíamos, en eso me pregunta si alguna vez había estado con alguna mujer, y le dije que si, como noté su interés en el tema le conté todo.

Le pregunté si ella había estado con una o no, me dijo que no, pero  que le gustaría probar, eso me calentó muchísimo, estaba mojada entera. Le tomé la cara y le di un beso, como ella no se resistió y me siguió la corriente.

Empecé acariciar sus tetas, seguí besándola bajando por el cuello, seguí por sus tetas, chicas pero firmes, tenía los pezones tan duros que de solo acordarme me estoy mojando.

Metí mi mano por debajo de su tanga, le metía los dedos despacito y entre gemidos me dijo, chúpamela toda, le saqué la tanga y le lamí la concha en todos sus rincones, tenía un sabor y un olor tan espectacular que estaba en la gloria, seguí chupándola y metiéndole dos dedos hasta que explotó en un orgasmo.

Subí besándola y le dije que era mi turno de gozar, sin pensarlo bajó de una y empezó a chupármela, al principio noté su inexperiencia pero la fui guiando y terminé teniendo dos hermosos orgasmos como nunca antes los había tenido…

Silvi subió, me abrazó y me dijo, gracias, me dio unos besos y se durmió. Yo estuve un tiempo pensando en todo hasta que me dormí.

Nos despertamos a la tarde, ella me despertó  para que acomodáramos un poco el desorden de la fiesta, nos pusimos a limpiar, mientras se cruzaban miradas pícaras, terminamos de limpiar todo y ella se metió a bañar.

En eso me pega un grito y me dice que entre…

Me estaba esperando con la bañera lista, me miró fijamente diciendo, vení, quiero seguir gozando. Me metí a la bañera. Y seguimos a los besos mientras yo la masturbaba a ella y ella a mí.

Terminamos de bañarnos, fuimos a la pieza, se tiró en la cama con las piernas abiertas esperando que yo fuese.

Saqué un arnés del ropero, se lo puse muy lento llegando hasta el fondo de su cuevita del amor, empecé a cogerla, cambiamos de posición, la puse en cuatro y seguí mientras gemía y me pedía más y más…

Era fabuloso oírla gemir, eso me ponía mucho más caliente. Así estuvimos todo el fin de semana que ella se quedó en mi casa.

Somos mejores amigas y tenemos sexo sin reproches ni complicaciones. Que más se puede pedir si lo pasamos de lo mejor, es maravillosa en la cama y yo no me quedo atrás, y tenemos unos encuentros geniales…

Ahora todos los viernes lo repetimos…Por ahora sin testigos, veremos más adelante si invitamos a una o dos amigas más a nuestras fiestitas…

Un beso.

Autora: Ivana

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Es lo que está de moda

Era como si lo estuviera mamando, yo no estaba preparada para eso ya que me quedé tendida sobre el sofá y mi amiga continuó con su faena, produciendo dentro de mí una morbosa satisfacción, por un rato disfruté de los sabrosos masajes de la base de su juguete contra mi coño, hasta que de momento me dijo, deja que lo pruebes un poco más te va a encantar lo que se siente.

Eso fue lo que le escuché decir a una de mis amigas, mientras las dos tomábamos café en su casa. Refiriéndose al hecho de que ella y su marido practican el sexo anal, lo que en principio no me sorprendió mucho, ya que ella al igual que yo, habíamos tenido relaciones sexuales con nuestros respectivos esposos antes de casarnos, pero también al igual que yo nada más lo hacía de esa manera para evitar quedar embarazada.

Pero cuando me dijo que era ella la que lo penetraba a él, me quedé de una sola pieza. Disculpen mi nombre es Rita, y aunque pensaba que era una mujer de mente abierta, al escuchar a mi amiga decirme que ella se lo metía a su marido, no pude menos que quedarme con la boca abierta, al principio la verdad, es que no se lo creí. Conocía a Flavio su marido, desde hacía muchos años y en ningún momento me pareció que fuera del tipo que le gustasen esas cosas, es decir no lo veía afeminado, ni que le gustasen los otros hombres.

Pero Elena al ver que yo no le creía, se levantó del sillón donde se encontraba, se dirigió a su habitación, y de inmediato regresó cargando entre sus manos, una caja de cartón similar a la que usan para empacar los zapatos. Cuando se sentó a mi lado en el sofá, la abrió y extrajo de ella unas cuantas correas y algo con la inconfundible forma de un pene. Sin decir más se paró frente a mí, y levantándose la falda y bajándose las bragas se lo colocó. Era como un pequeño arnés, al que se encontraba pegado esa cosa.

Yo me quedé estupefacta al verlo sujeto sobre su depilado coño, por medio de esas correas. Elena tomando mi mano me dijo, no te preocupes que está bien limpio, yo misma lo lavo antes y después de usarlo con agua, jabón, y alcohol. De inmediato colocó mis dedos, sobre ese miembro de goma de color negro, y me preguntó ¿cómo se siente? Aun algo confundida, le respondí que parecía muy real, ya que hasta venas tenía la condenada cosa esa.

A medida que lo fui tocando, sin darme cuenta lo presioné contra el coño de ella. Elena en ese instante dejó escapar un profundo gemido de satisfacción, yo por mi parte quizás actuando de manera un poquitín morbosa, al darme cuenta de lo sucedido, volví a presionar esa cosa contra su coño, pero de manera consciente. Nuevamente mi amiga, dejó escapar otro profundo gemido de placer, no sé sentí cuando hice eso por segunda vez, pero lo volví hacer una tercera y una cuarta vez, hasta que la mano de mi amiga me detuvo, preguntándome ¿Quieres probarlo, para que veas cómo se siente?

La verdad es que la curiosidad me mataba por dentro, pero sin saber cómo decirle que si, permanecí callada. Pero mi amiga de la misma manera que se lo puso en cosa de fracciones de segundos, se lo quitó diciéndome. A ver Rita póntelo, para que veas cómo te queda.

Realmente fue la misma Elena la que prácticamente me lo puso, sin que yo aun dijera una sola palabra. Levantó mi falda, bajó mis pantis, pasó algunas de las correas entre mis piernas, y con un cierre de velcro terminó de sujetarlo a mi cuerpo sobre mi coño, el condenado aparato quedaba justo sobre mi clítoris. Cuando mi amiga presionó ligeramente la cosa esa, al instante sentí esa misma presión contra mi clítoris. Por unos instantes me quedé observándolo, se veía completamente erecto, fue cuando Elena volvió a presionarlo contra mi cuerpo, como si estuviera masturbando a esa cosa, y los repetidos golpes los fui sintiendo uno a uno directamente contra mi coño.

Estuve a punto de quitarme esa cosa, cuando Elena de manera sensual comenzó a colocar sus labios contra su juguete. Era como si lo estuviera mamando, definitivamente yo no estaba preparada para eso, ya que me quedé tendida sobre el sofá y mi amiga continuó con su faena, produciendo dentro de mí una morbosa satisfacción, al verla con su boca pegada a esa falsa verga de goma negra. Por un rato disfruté de los sabrosos masajes de la base de su juguete contra mi coño, hasta que de momento me dijo, deja que lo pruebes un poco más te va a encantar lo que se siente.

De inmediato Elena se levantó, y separando sus piernas, y colocándose frente a mi, dirigió su coño contra el erecto pene, yo vi como poco a poco eso fue penetrando su vulva, y se sentía tan y tan rico, no tan solo la presión que yo sentía contra mi propio coño, sino más bien por ser yo quien de una manera u otra la penetraba a ella. No es que mi amiga y yo seamos lesbianas, bueno si lo somos, pero solo entre nosotras y desde que las dos estudiábamos en la universidad.

Por un buen rato Elena cabalgó sobre mis piernas dejando que eso entrase y saliese de su bien lubricado coño. Hasta el momento en que tanto ella como yo, quizás con algunos segundos de diferencia alcanzamos unos ricos y tórridos orgasmos. No lo podía creer que eso me hubiera gustado tanto, y cuando mi amiga me comentó y eso que nada más lo hemos hecho rapidito, si lo hacemos como es debido y dejo que me lo metas por el culo, te vuelves loca.

Lo cierto es que Elena tenía mucha razón, al salir de su casa lo primero que hice fue dirigirme al porno shop y comprar una cosa de esas. Pero ya con eso en casa, no sabía ni como decirle a mi marido que lo había comprado, mucho menos pedirle que me dejase metérselo a él.

Finalmente decidí guardarlo en el closet, y olvidarme de eso, pensaba que Ricardo mi esposo, jamás aceptaría ese tipo de juego entre nosotros. Pero como a la semana, estando los dos en la cama, Ricardo comenzó a buscar la manera de tener sexo conmigo, fue cuando le recordé las cosas que hacíamos de novio, y entre ellas estaba el que yo me dedicase a mamar su verga. El solo medio mencionárselo, hizo que mi marido recibiera de muy buen agrado mi boca sobre su miembro, el que estuve mamando y lamiendo por un buen rato, hasta que decidí avanzar un poquito más y sacándome su verga de mi boca, le pregunté sabiendo ya la respuesta, que otras cosas le gustaban de esos tiempos. Su respuesta no se hizo esperar, cuando con una de sus manos me agarró una de mis nalgas, yo después de ponerme un poco de vaselina para facilitar la penetración, me recosté boca abajo, paré las nalgas y Ricardo hizo el resto.

Lo cierto es que me gusta mucho aunque me dolió un poquito, quizás por la falta de práctica. Pero que mucho lo disfruté, ya que él al tiempo que me introdujo su miembro por  mi culo,  una de sus manos me la introdujo por completo dentro de mi coño, cuando no es que aprieta sabrosamente mi clítoris, haciéndome alcanzar más de un divino orgasmo.  Después de eso mi marido se tumbó a mi lado, y por pura casualidad se acostó también boca abajo, fue en ese instante que se me ocurrió suavemente acariciar sus nalgas.

Durante unos cuantos segundos, no hizo referencia alguna a eso, hasta que uno de mis dedos, comencé a deslizarlo a lo largo de la profunda raya que se para ambas nalgas. Ricardo en ese instante, apenas dejó escapar un muy ligero y casi imperceptible suspiro, que me dio la idea de ponerme a darle un buen masaje sobre sus glúteos. Al principio actuó algo extrañado, pero a medida que le apretaba las nalgas, Ricardo se fue sintiendo más tranquilo, hasta que casi abiertamente traje el tema. Preguntándole si sabía lo que estaba de moda entre algunas parejas.

Cuando me respondió, diciendo. Ha que la mujer se lo meta al marido, me dejó desarmada. No sabía ni que decir, pero Ricardo continuó diciendo. Bueno eso es lo que me han comentado. Yo pensé para dentro de mí o es ahora o nunca, así que continué. Si eso mismo es lo último de moda entre las parejas, y a ti que te parece eso, no te da curiosidad por saber que pasa. Ricardo se me quedó viendo, y me dijo. Solo a ti te permitiría hacerme esa pregunta, y solo a ti te diré que si, entre nosotros eso me da cierta curiosidad, pero solo eso curiosidad.

En esos momentos ya mis dedos habían comenzado a profundizar un poquito más y le dije, aunque sin mucho interés ¿Qué te parece si lo probamos?  Ricardo se volvió a quedar callado, y a medida que yo seguía acariciando más y más profundamente sus nalgas me comentó. Bueno, podemos probarlo, pero que este bien claro, lo pudiera hacer solo porque tú me lo pides, si te digo que terminó es que terminó la prueba. ¿Y con qué piensas hacerlo?

Más rápida que ligera de un saltó llegué al closet y saqué nuestro nuevo juguete, el que antes de volver a la cama ya tenía puesto. Mi marido se me quedó viendo, y a pesar de la sorpresa reflejada en su rostro, me dijo. Ya como que tú lo tenías pensado, verdad. Yo me medio sonreí y le dije, vamos amor déjame que pruebe, para que no me cuenten y me quede con las ganas de saber que se siente hacerlo. Ricardo se me quedó viendo por un corto instante, y de inmediato me dijo, ok vamos hacerlo, pero ya sabes si te digo basta me lo sacas y no se hable más del tema. Yo le respondí como tú digas cariño.

Ricardo separó sus piernas, mientras que yo me coloqué tras de él. Con mis dedos aproveché y embadurné de vaselina tanto nuestro nuevo juguete, así como su apretado y oscuro esfínter, momento en que aproveché para poco a poco comenzar a ir introduciendo mis dedos dentro de su cuerpo. Ricardo no hizo expresión alguna en esos momentos, por lo que de uno pasé a dos, luego a tres y finalmente a introducir dentro de su cuerpo cuatro de mis dedos, los que rítmicamente comencé a meter y sacar muy lentamente, temiendo que en algún momento mi marido me dijera, basta.

Pero en lugar de eso él comenzó a mover suave pero rítmicamente sus propias nalgas, y cuando pensé que ya se había acostumbrado a esa nueva sensación, extraje mis dedos y con ellos guié esa imitación de verga que yo mantenía entre mis dedos directamente contra su ligeramente abierto esfínter. Lentamente vi como la negra cabeza de goma fue penetrando el ojete de mi marido, el que aun permanecía en silencio. En ese preciso instante sentí algo tremendo que dentro de mí, como la imperiosa necesidad de terminar de metérselo por completo, era algo así como, el poder hacerlo.

Ya estaba como una cuarta parte desaparecida entre sus nalgas cuando a un movimiento de mi cadera terminé de penetrarlo por completo, Ricardo pegó un fuerte grito, y pensé que se me había pasado la mano, y que en cualquier instante me diría que se lo sacase, pero no fue así, mi marido después del grito, me dijo imitando mi voz, burlándose de mí. Como tú digas cariño, verdad. Y volviendo a usar su normal tono de voz me dijo, Ya me jodistes continúa.

Yo comencé a mover mi cuerpo sobre el de él, y esa sabrosa sensación de poder, se fue nuevamente apoderando de mí, a medida que más fuerte le daba por el culo a Ricardo él más se movía y yo a la vez más lo disfrutaba. Por un buen rato seguí metiendo y sacándoselo de entre sus nalgas, hasta que a Ricardo se le ocurrió decirme que cambiásemos de posición.  Yo pensé que él deseaba volver a meterme su verga, pero no fue así se dio vuelta y quedando boca arriba separó y levantó sus piernas y me volvió a ofrecer sus nalgas, a las que sin detenerme a pensar, las volví a penetrar con mi verga de goma.

Mi marido movía sus nalgas contra mi cuerpo, las restregaba sabrosamente, yo sentía la presión de mi juguete contra mi coño, al tiempo que lo sujetaba por los muslos y apretaba contra mi cuerpo, en eso reparé en que su miembro se encontraba nuevamente erecto, y sin que él me lo pidiera comencé a masturbarlo. A medida que metía y sacaba la verga de goma del culo de mi marido, y este lo movía sabrosamente contra mi cuerpo, con una de mis manos lo masturbé hasta que finalmente soltó un buen chorro de su leche y yo disfruté de un orgasmo increíble.

Hoy en día no es que seamos fanáticos de eso, pero ocasionalmente una o dos veces al mes, Ricardo yo cambiamos de lugar gustosamente. Es más hasta estoy pensando, en proponerle a mi amiga Elena, pasar un fin de semana juntos los cuatro…

Autor: Narrador

narrador@hotmail.com

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Sirvienta en la alta sociedad

Muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcer de placer, gemir de gozo. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Me gusta la fantasía porque uno puede ordenar las cosas como uno lo desee, o desordenarlas, según sea el caso.

Esta historia, se desarrolla cuando yo tenía 24 años, mis pechos ya habían alcanzado su madurez total y mis nalgas eran deseadas por más hombres cada vez. Debido a que me había quedado sin trabajo, tuve que entrar a trabajar como sirvienta a una casa de una familia bastante rica. Mis patrones, tenían 1 hija y 1 hijo. Como muchacha de una casa de la alta sociedad, me obligaron a usar uniforme, me gustaba bastante, pero creo que no era lo mejor para la clase de trabajo.

Para empezar era como 1 talla menor a la mía y me apretaba de las caderas y me costaba trabajo agacharme. Pero por otra parte, mis pechos se apretaban a tal grado que dejé de usar sostén, mis pechos se aplastaban contra la tela y se levantaban, haciéndolos ver muy grandes. Y mi trasero, de igual manera, se expandía por la presión que ejercía la falda y hacía que mis braguitas se marcaran. Después de un tiempo, decidí dejar de usarlas para que no se me notara nada de mi ropa íntima.

Junto a mí, entró a trabajar una mujer como de mi edad, 23 años tal vez, tenía un cuerpo precioso, el uniforme la hacía lucir muy atractiva, tenía pelo negro, ojos cafés, un trasero muy apretadito y aguadito y unos pechos medianos, tamaño normal. Ella y yo teníamos nuestras propias habitaciones y nunca trabajábamos en la noche.

Este relato empieza en uno de los días en que acabé mis labores temprano y decidí bañarme y luego salir a divertirme un poco. La primera sorpresa del día, fue cuando al asomarme por mi ventana, vi al hijo de mi jefa (Elisa), metido ahí, y mayor fue mi sorpresa al ver que tenía entre sus manos una de mis braguitas, unos calzones blancos con bordados de rosas muy finos al frente. Había envuelto su pene en él y se estaba masturbando. Me quedé viendo, la verdad no me gustó nada ver eso, pues la privacidad era una de las pocas cosas que aún conservaba. Pero decidí no interrumpirlo y esperar a que terminara.

Lo vi eyaculando sobre mis calzones, limpiando toda su leche en ellos y luego llevándoselos a su habitación. Seguramente los usaría para limpiarse cada vez que se calentara. Entré a mi cuarto y me desvestí, me quité la falda y me deshice de mi blusa. Mis grandes pechos dieron un salto al liberarlos de su encierro y me metí a la ducha. Comencé a lavarme el pelo, esos rubios mechones que se escurrían hasta mi espalda, me mojé toda, comencé a enjabonar mis pechos, llenándolos de espuma y poniéndolos al agua caliente para que se relajaran.

Luego bajé a mi vagina, enjaboné todos mis vellos, los tallé con fuerza y bajé a mis piernas. Mi cuerpo todo mojado se veía muy apetecible. Salí de bañarme y después de envolverme en una toalla, decidí que saldría a un antro o algo así. Abrí mi cajón de la ropa interior, saqué una braguita normal, de color negro y me la puse, escogí un sostén del mismo color y metí mis pechos en él. Me puse un pantalón pegado de mezclilla y una blusa que resaltaba mi busto. Vestida así, salí de la casa y fui a una disco cercana.

No habían pasado ni 5 minutos desde que entré, cuando los hombres que había ahí ya empezaban a mirarme. Al empezar a bailar en la pista, sentía como varias manos rozaban mi trasero cada vez que se podía, esos torteos disfrazados por el baile. Fui al baño un momento, después de haber bailado como 2 horas, y al salir, me encontré a un sujeto que sin dudarlo y sin preguntarme, me tomó y me recargó sobre la pared, comenzó a besarme y yo me resistí, pero era mucho más fuerte que yo, luché y luché, pero finalmente tuve que ceder a él.

Me manoseó por todas partes, metió su mano bajo mi pantalón y apretó mi vagina que empezaba a mojarse, la apretó con su mano y luego metió las manos bajo mi blusa. Desabrochó mi sostén y lo olió, lo lanzó al suelo y comenzó a masajear mis pechos, a pellizcar mis pezones y de pronto, sacó su miembro de dentro de su pantalón. El tipo lo tenía gigantesco, era anchísimo y muy largo, me puso una mano sobre él y justo cuando me iba a arrodillar a mamársela, el muy desgraciado se la guarda y se va, llevándose mi sostén, me dejó toda caliente y excitada.

Salí inmediatamente del baño y me dirigí a casa, donde podría desahogar mi calentura libremente.

Cuando llegué, ya era tarde, temí que mis patrones me regañaran, pero no había ruido, así que asumí que se habrían dormido. Pasé al cuarto de mi amiga a preguntarle sobre las actividades de hoy, pero la segunda sorpresa del día, mi patrón tenía agarrada a mi amiga de las caderas, sus piernas estaban cruzadas sobre sus hombros y su vagina se había engullido todo el pene de mi jefe. Esto no hizo más que aumentar mi calentura.

Corrí a mi cuarto y de entre mis cosas más secretas, las que guardaba bajo llave, se encontraba un consolador que le había pedido a una compañera. No dudé ni un segundo y así como así, lo metí en mi vagina, hasta el fondo y me hizo soltar un leve gemido. Me lo metí y saqué una y otra vez, sentía como ese pedazo de plástico se metía en lo más hondo de mi vagina, era algo excitante, mis pezones estaban gordos, hinchados, comencé a acelerar mis movimientos hasta que tuve un orgasmo delicioso, y caí tendida en mi cama.

Según creo, he de haber dormido media hora, porque poco después de mi orgasmo, algo me despertó, sentí como mi vagina se dilataba, y fue una gran sorpresa el encontrar al hijo de mi patrón con todo su pene dentro de mí, bombeando muy suavemente para no despertarme. No sabía que decir, ni que hacer, porque a decir verdad, se sentía muy bien, comencé a humedecerme toda, y, pues después de todo, ya que la situación se presentaba, no tuve más remedio que aceptar lo que pasó y disfrutarlo.

Comencé a acompañarlo con movimiento de caderas, muy rápido, su pene se introdujo perfectamente dentro de mi vagina y me hacía retorcerme de placer, gemir de gozo, debo decir que para ser tan joven, el hijo de mi jefe era bastante bueno en la cama. Mientras me penetraba y bombeaba, no dejaba de masajear mis pechos y yo le empujaba la cabeza hacia ellos, me excitaba mucho que me lamiera mis enormes pechos, que rebotaban con cada sacudida de placer.

Cuando pensé que el niño estaba a punto de acabar, le saqué el pene de mi vagina, lo tomé entre mis manos y comencé a masturbarlo. El niño se hincó y comenzó a masturbarse entre mis pechos, tuve un orgasmo al verlo eyacular sobre mis enormes y jugosos pechos, mis pezones llegaron a su punto máximo, mis jugos se derramaron sobre mi cama, y su semen me llenó todos mis pechos. Tomé un poco entre mis dedos y comencé a chuparlo, mientras él seguía sacando su lechita. Alcancé otro poco y le metí los dedos en la boca, para que se probara a sí mismo, lo lamió todo y me agradeció por una cogida tan rica.

Me quedé dormida un tiempo, hasta la mañana siguiente. Al despertar, volví a mis rutinas de siempre, lavar los platos, barrer, tender camas, etc.  A decir verdad, lo único que esperaba en aquel día, era llegar a la habitación del hijo de mi patrón ” el niño”, quería estar en su lugar más íntimo. Era un lugar muy cómodo, su cuarto no me daba mucho trabajo, pues siempre estaba limpio.

Comencé a esculcar entre sus cajones de ropa, hasta encontrar mi cielo, su lugar de la ropa interior. Para mí era como un paraíso, estar rodeada de su olor a macho, tan sensual, excitante. Muchos de sus bóxers estaban manchados de semen, sin duda alguna era un chico caliente. Al tener estas prendas entre mis manos, comencé a meter mi mano bajo mis calzones, estaban empezando a humedecerse.

Comencé a masturbarme, tan delicioso, pero tuve que salir antes de correrme, pues el olor me delataría. Salí corriendo y al llegar a mi cuarto, otra de mis grandes sorpresas, cuando encontré a la hija de mi patrón acostada desnuda en mi cama. Ella era una muchacha un tanto fea, la verdad, con cuerpo medio, por así decirlo, pechos medianos y trasero aplastado.

Me dijo mi hermano que eres hermosa en la cama, dijo sensualmente, mientras sacaba de entre las sábanas un consolador con un hilo. Quiero que me demuestres si es cierto. Comenzó a atarse el consolador alrededor de la cintura. No me hice del rogar y me desnudé toda, rápidamente, arrancándome la ropa. Me abalancé sobre ella y comencé a besarla en la boca, nuestras lenguas se estrecharon, mientras yo le sobaba los pechos y la besaba, ella estrujaba mis nalgotas, me sobaba y no dejaba de tocarlas.

Tampoco era una aprendiz en la cama, precisamente. Me aventó muy violentamente sobre la cama y me abrió mis labios vaginales de un jalón, me dolió mucho, me ardió y justo cuando pensaba que no podía doler más, ella introdujo el consolador completo dentro de mí, era algo gigantesco, era un consolador muy ancho y largo. La niña comenzó a meter y sacar el consolador de mi vagina, mientras yo le jalaba los pechos. La tomé de las caderas y la jalé hacia mí para que empujara más y más fuerte.

Sentía mi vagina calentarse poco a poco con estas penetraciones de una mujer, me excité tanto aquella vez, siempre me había encantado la idea de que una mujer hablara como hombre en la cama. El placer que sentía era inmenso, no podía contenerme más, así que le dije que sacara su pene de mí y que me lo diera. Cambiamos de posiciones y me amarré aquel pene en mi cintura. Tomé a la niña por las caderas y la puse de cuatro. Ahora sí vas a sentir placer niña- le dije.

Y sin dudarlo, le metí todo el pene en su vaginita, estaba muy apretada y al principio me costó mucho trabajo meterle mi pene completo, pero después de un tiempo todo se facilitó y empecé a penetrarla muy violentamente, sentía como sus labios vaginales se contraían mientras ella gemía de dolor, y se levantaba con cada embestida mía. La sujeté de las caderas y la empujé hasta mí, la hice sentir tanto dolor y placer a la vez, sus lágrimas escurrían, pero ella no dejaba de pedir más y más.

Seguí mis penetraciones dentro de su vagina unos minutos más, hasta que me agoté y finalmente saqué mi “miembro ” de ella y entonces nos besamos apasionadamente, estuvimos acostadas y abrazadas unas cuantas horas, mientras las dos jugábamos con nuestros pechos y reíamos. Mi vagina aún estaba húmeda y chorreando, mientras mi pene falso estaba lleno de los fluidos de mi nueva compañera de cama, en ese momento, me prometí que acabaría con toda la familia.

Bueno, este fue mi relato, espero que les haya gustado. Como pueden imaginar, esta cosa tendrá continuación, pero por el momento, los dejo con las dudas.

Autora: nellis_cuteblonde

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Consolando a mi hermana

Estábamos presas de placer, le dije que quería comerle el culo y la puse en un 69 y empecé a besarle el culo y lamerle las nalgas, le daba mordisquitos y mi lengua jugaba con su culo, ella me metía los dedos en mi coño, mi lengua logró meterse en su culo y ella gemía descaradamente, después le metí un dedo y ella se apartó, yo le sujeté la cintura y presioné entró muy fácil, ella ya no se resistió.

Mi hermana había llegado ese mismo día, había venido para quedarse unos días, su marido tenía que hacer un viaje y mi madre le dijo que se viniera a casa, hacía escasamente un año que se había casado, ocupó la antigua habitación suya que estaba justo al lado de la mía.

Os diré que mi nombre es Raquel, mi hermana es mayor que yo, tiene 25 años y su marido 30, tras la cena y la consiguiente tertulia ante la tele, decidí irme a dormir, tenía que madrugar al día siguiente, al poco de estar acostada oí como se abría la puerta de la habitación de mi hermana y entraron los dos, al poco los ruidos de la cama delataron lo que estaban haciendo… cesaron enseguida.

Al día siguiente cuando volví a casa desde el instituto ya se había marchado mi cuñado, a mi hermana la encontré seria, supuse que por la ausencia de su marido, cuando acabamos de comer yo me fui a mi habitación a tumbarme un rato, al poco entró mi hermana y se sentó en la cama, estaba seria y le dije que si le pasaba algo, sin contestarme empezó a llorar, me levanté y la abracé y le pregunté que sucedía y me dijo que eran problemas de matrimonio, a lo que le dije, mira Ana, cuéntamelo por favor, y ella me contó, que es que siempre que hacían el amor ella se quedaba con ganas, que él la acariciaba y enseguida se excitaba y se la metía corriéndose en seguida y dejándola con muchas ganas y que anoche volvió pasar lo mismo, y le dijo que ella necesitaba también sentir placer, y él contestó que estaba cansado que otro día.

Yo no dije nada y le acaricié el pelo y le dije con toda naturalidad que si se quedaba con ganas que se masturbara, y dijo que antes lo hacía pero ahora no se sentía con ganas, me preguntó si a mi me pasaba lo mismo y le dije que no…

Yo había tenido novio y desde hace un año pues tenía mis aventuras con chicas, y le conté que no siempre pero acababa teniendo el orgasmo con él, no le dije que tenía aventuras con chicas… cuando se le pasó se fue a su cuarto… a la noche me dijo que si no me importaba que durmiéramos juntas y se pasó a mi habitación…no me importó…

Nos desnudamos y yo me quité el tanga y me puse unas braguitas más cómodas para dormir. Me puse una camiseta y me tumbé en la cama ella se puso también una camiseta y hablamos del tiempo que hacía que no dormíamos juntas, apagamos al luz y ella no dejaba de dar vueltas, estaba inquieta, le dije que se calmara, y le pregunté si quería que la abrazara, sin esperar respuesta lo hice yo, a su espalda pegada a ella y con mis manos por delante, con mis manos en su estómago, su camiseta era corta era verano y dormíamos encima de la cama sin taparnos…Mi mano le acariciaba suavemente su estómago como para que se calmara…alguna vez rozaba su pechos por la parte de abajo. Pero no era mi intención pasarme con ella lo hacia de manera natural. Además era mi hermana, y aun teniendo confianza no le conté de mis aventuras con chicas. Al poco ella se volvió hacia mi y mis manos quedaron prácticamente en sus nalgas me dijo que gracias por consolarla y me dio un beso en la mejilla.

No sabría explicarlo pero mi mano acariciaba lentamente su culo como antes lo hacía con su estomago, mi mano estaba encima de sus braguitas, al poco noté como cambiaba la respiración de mi hermana, a mi me empezaba a subir un calorcito excitante… por lo que decidí parar con los tocamientos… Pero cual no fue mi sorpresa cuando me dijo que si podía seguir acariciándola que se relajaba mucho… no dije nada y seguí.

Esta vez fui más decidida y ya eran más descaradas mis caricias, bajaba hasta los muslos y le pasaba mi dedo por su raja del culo, por encima de las braguitas…ella me susurró que nunca le habían hecho esas caricias, tan cariñosa y delicadamente, y le dije que no se preocupara, y esta vez metí la mano por debajo de la braguita acariciándole las nalgas de forma suave despacio. Sabía lo que estaba haciendo pero no sabía la reacción de ella, mi dedo se paseó por su raja del culo, cada vez llegaba más abajo hasta rozar su coño, ella trataba de no suspirar pero se le escapaba algún gemido… yo estaba poniéndome muy mojada… y excitada… le susurré en su oído que estaba junto a mi boca que si le gustaba… ella me dijo que mucho, y yo le dije que se dejara llevar y no pensara en nada.

Entonces cambié mi mano de posición y le empecé acariciar los muslos despacito, llegué a su entrepierna y le dije que las abriera, separó sus piernas y le acaricié el coño por encima, luego metí los dedos y le acaricié su raja. Estaba húmeda, seguí acariciándole por encima. Sus gemidos ya no los contenía, entonces le separé los labios y mis dedos se desplazaron por su raja. Estaba chorreando… no tardó en estallar en un orgasmo, cerró sus piernas y mi mano quedó atrapada yo estaba sonriendo…. Le besé en la mejilla y le dije que disfrutara del momento, al poco se quedó dormida, yo tardé bastante pues mi excitación no desapareció tan fácil…

A la mañana siguiente yo me marché y ella se quedó durmiendo… No puede olvidar lo que había hecho esa noche con mi hermana. Cuando llegué a casa ella se me acercó y me dijo, gracias, y me sonrió, ella tenía que salir así que se fue, llegó a media tarde, mis padres estaban fuera. Estaba yo viendo la televisión, se sentó a mi lado y me dijo que hacia tiempo que no sentía lo de a noche, le dije Ana solo te masturbé, ella pareció avergonzarse y me dijo que lo hacia muy bien… esa noche cuando nos acostamos, yo apenas la rozaba pero ella se acercó y me dijo, hermanita me gustaría repetir lo de anoche, yo le dije que había sido puntual y que lo había hecho sin pensar, y que además a mi esas cosa me excitaban bastante y que no estaba muy bien pues era mi hermana.

Ella no contestó, me tomó la mano y la llevó a su entrepierna yo le dije que si seguía así yo también era mujer y con ganas… no dijo nada así que yo tomé de forma descarada la iniciativa, la tocaba y ella parecía encontrarse muy a gusto..

Le dije que la había de desnudar entera y me dijo que hiciera lo que quisiera. Le quité la camiseta y mis labios se fueron a sus pezones, empecé a mojárselos con mi lengua, tenía los pechos pequeños pero enseguida se pusieron duros sus pezones seguí besándole y bajé por su estomago hacia coño… le separé las piernas le besé las ingles, ella estaba gimiendo descaradamente, le paseé la lengua por la raja y le metí un dedo en su coño mientras me comía su diminuto clítoris, no tardó en llenarme la boca con sus líquidos.

Una vez que acabó de echarlos me puse a su lado y le besé suavemente en los labios luego le abrí los labios y mi lengua y todos sus líquidos pasaron a su boca. Los saboreaba como una loca, mientras yo seguí metiéndole los dedos en el coño, esta vez fueron tres y al poco se volvió a correr…

Entonces estaba tendida en la cama, me levanté un poco y le puse mis pechos en su cara. Ella comprendió rápido y empezó a besármelos y chuparlos, le dije que me hiciera lo mismo que yo le había hecho, y ella bajó hasta mi coño y me lo besó, lamió y chupó, con mi calentura no tardé en correrme llenándole su boca con mis líquidos, nos abrazamos las dos, y nuestras bocas estaban juntas, saboreando nuestras lenguas nuestros líquidos, nuestro olor a sexo.. Estábamos presas de placer… le dije que quería comerle el culo y la puse en un 69 y empecé a besarle el culo y lamerle las nalgas, le daba mordisquitos y mi lengua jugaba con su culo.. ella me metía los dedos en mi coño … mi lengua logró meterse en su culo y ella gemía descaradamente, después le metí un dedo y ella se apartó… yo le sujeté la cintura y presioné entró muy fácil… ella ya no se resistió.

Luego le metí dos y cada vez llegaba más adentro, lo sentía demasiado mojado pero ella empezó a menear su cintura y al poco estalló en un orgasmo bestial yo saqué los dedos no estaban manchados pero tenían ese olor tan característico y tan excitante nos pusimos de rodillas en la cama y le di a chupar los dedos que ella succionó de forma ávida… después me colocó a mi encima y empezó a besarme el culo y morderme las nalgas, me metió dos dedos de golpe y me estuvo besando las nalgas y fallándome con los dedos largo rato hasta que no pude más… y me corrí como una loca.

Después sudadas y agitadas fuimos al baño nos íbamos a duchar cuando le dije que se pusiera de rodillas en la bañera y dándole un beso en los labios le dije que no se asustara pero que me apetecía y empecé a soltar el pis sobre sus pechos me meaba y ella incluso ponía la mano como si fuera una ducha. Luego me tumbé yo en la bañera y ella de pie me meó entera desde el coño hasta los pechos me gustaba el calor, sentirme duchada de esa manera.

Después nos reímos y nos duchamos con un montón de caricias añadidas que nos llevaron a corrernos las dos a la vez follándonos nuestros coños con los dedos, fue algo morboso excitante. Esa noche dormimos estupendamente las dos abrazadas, a la noche siguiente volvimos con nuestros juegos pero esta vez me dio una sorpresa, por la tarde había salido a comprar un arnés doble una parte para el coño y la otra para follar, me lo puso y me dijo que la follara como si fuera un hombre.

Después de las caricias la puse de rodillas en la cama y le metí la polla en su coño mientras la otra parte me follaba el mío… como no era muy grande se lo metí todo, y cada vez que golpeaba contra sus nalgas me producía un inmenso placer, se corrió ella antes que yo, pero decidí que era hora de probar a metérselo en el culo, le besé el culo se lo lamí y le dije que se lo iba a meter, ella me dijo que por favor que no, que por ahí no lo había hecho nunca le seguí besando y ensalivando, estaba muy lubricado por la corrida de su coño y poco a poco se lo metí, ella se quejaba de dolor, yo paraba pero no lo sacaba hasta que entró todo.

Estuve quieta un rato y después poco a poco empecé a follarla yo estaba al borde del orgasmo, chorreaba por mis piernas, estaba gozando solo de poder poseerla de esa manera… cada vez la enculaba más rápido ella apretaba su culo contra mi haciéndome sentir follada al mismo tiempo, por la otra parte la que se metía y devoraba mi coño, ella se estaba acariciando su coño y no tardo en correrse pero yo seguí follándola con fuerza y me corrí también al poco, ella me dijo que no parara que le venía otro y seguí.

Al poco sentí mis piernas mojadas, se estaba haciendo pis al mismo tiempo, y al chocar nuestros muslos me mojaba yo. Pusimos la cama, disfrutamos de forma salvaje las dos, ni que decir que nos hemos hecho amantes y que compartimos ese gran secreto.. Ella me ha confesado que no ha vuelto a discutir con su marido, si la quiere follar lo hace, y ella no dice nada solo sonríe, pensando que lo que siempre ha anhelado lo tiene.

Nos vemos todas las semanas y una vez en su casa y otra en la de mis padres somos dos cuerpos en uno…

Autora: Raquel

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Una conserje muy rica

Marta tomó confianza y con sus dos manos abrió los labios de mi concha, se agachó y con su lengua comenzó a mamar mi rica concha. Metía uno de sus dedos en mi concha y me volvió loca de placer. Yo le agarré la cabeza con mis manos y la hundí en mi conchita.

Mi nombre es Julieta soy morena de cabello rubio. Tengo 37 años, delgada, senos 36B, ni fea ni bonita. Soy, casada y últimamente como quien sigue mis relatos, sin que sepa mi esposo me dedico a salir con mujeres, no dejo pasar nada que se me presente, es como que siento la necesidad de sentir una mujer cerca de mí, por suerte nuestra situación económica es muy buena por el trabajo de mi esposo y algunos muy buenos negocios que  yo tengo.

Tenemos una hermosa casa en las afueras de la gran ciudad, pero por motivos laborales y negocios vivimos en un departamento en pleno centro en la última reunión de consorcio se decidió sumar  a una nueva conserje para el edificio y a la semana bajé y  conocí a Marta, la nueva conserje del edificio. Morena, delgada, senos pequeños, cabello corto teñido tipo claritos y liso, en si una mujer normal con unos gustos en su cabello un poco raros. Me ayudó siempre desde que la conocí e hicimos buena amistad, ya que es muy atenta.

Me hizo el comentario que ella era peluquera y que se ganaba unos pesos extra arreglando a mujeres que vivían allí, además que era divorciada. Me gustaba la idea, ya que no tendría que salir a la peluquería. Por mi parte le comente de algunos negocios míos y quedamos que intercambiamos, le aporté varias cosillas a ella y ella en retribución me acomodaría las uñas, el cabello y cualquier otra cosa. Ella maravillada aceptó la propuesta. Yo creo que al mirarla fijo a sus ojos me di cuenta que su mirada buscaba algo más en mí, pero no dije nada y pensé el tiempo dirá lo que ocurre.

Pasó una semana y pedí la Marta que  cuando tuviera tiempo me arreglara las uñas y mi hiciera un baño de crema, aceptó gustosa. A medida que pasaban los días, la confianza que había obtenido con Marta era mayor, al punto que inclusive bebíamos unos tragos juntas en la casa, veíamos películas o cualquier otra cosa interesante. Ya era el principio de una linda amistad y yo cada vez más convencida que ella gustaba de mi pero no se animaba a insinuarse por mi situación de casada.

La forma de vestir de Marta era muy sexy, (pantalones apretados, blusas cortas, tacones altos cuando no trabajaba, lycras, etc), y por supuesto usaba las uñas de las manos largas. Siempre le hacía el comentario que como hacía para que no se le dañaran, porque con la limpieza, ese tipo de uñas no dura mucho. Me dijo que ya era una experta manejando la escoba y limpiando. Y un poco se soltó y me dijo, manejo muy bien mis manos y otras cosas le sonreí y le hice una caída de ojos ella se dio cuenta y creo que me mojé.

Pasaron los meses y un día me pidió que si le prestaba un vestido para una fiesta, le comenté que tenía  un vestido semi corto en lycra negra  ajustado al cuerpo y bastante escotado, aceptó y me dijo el sábado me llego a tu casa me pruebo el vestido y de paso te hago un baño de crema y arreglamos las uñas ¿si?, OK  dije Marta te estaré esperando, y mi mente trabajó rápido porque Luis  mi esposo el viernes  a la noche se iba  a la casa de su mamá y volvía el lunes, pensé que tenía tiempo como para una buena aventura

Llegó el día. Eran como las 8 de la noche una lluvia y mucho frío tocaron la puerta miré por la mirilla y estaba Marta. Vestía como siempre un Jean pegadito con botas altas de tacón de color negro y un saco tipo sobretodo largo hasta sus pies pero como había calefacción centran este estaba abierto y se veía que abajo llevaba top negro en lacra. Yo para no ser menos y sabiendo que no saldría de mi piso vestía un camisón semi transparente que usaba para dormir hasta los muslos y descalza, ya que me encanta estar en la casa descalza. Nos saludamos con un beso en la mejilla y entró, no sin antes ayudarle a sacarse el sobretodo y la miré de arriba abajo y le sonreí y le acaricié su mejilla me dio una botella de vino, me dijo la traje, ¿te gusta?, si me encanta el vino tinto Marta…

– Dime jul. ¿Que hacemos primero tu baño en el cabello las uñas o probamos el vestido?, mejor pensé rápido dije sirvo las copas y te pruebas el vestido OK marta. – Si. Ven al cuarto a probártelo.

Entramos al cuarto y Marta se desnudó. Las botas que traía eran negro patente hasta los muslos. Me quedé impresionada.

– Las traje puestas para ver como se me ve el vestido.

No llevaba panty ni sostén.  Me puse a mil pero me contuve solo miré su cuerpo hermoso sus senos parados hermosos y los pezones parecían dos piedras hermosas que decían, chupadme Se colocó el vestido, porque es casi mini,  pero no tan corto, se vio en el espejo. Yo creía que no le iba a gustar, pero le encantó e inclusive se lo dejó puesto.

Nunca me había fijado en una mujer como me fijé ese día en Marta. Yo por mi condición de bisexual, dije te queda de novela y ella se sonrojó, creo que por dentro hervía pero no se animaba a decir palabra. Me ponía nerviosa el verla así. Los labios de su concha depilada eran como que no se borraban de mi mente ni sus pezones duros, su culito parado y esos ojos pidiendo algo que no se animaba a decir.

– Me encanta y es muy cómodo amiga. Me lo dejo puesto. OK Marta ponete cómoda.

Hablamos un rato mientras acomodábamos la silla para que me comenzara a peluquear y ella no paraba de hablar de la fiesta. Me invito a que fuera con ella, pero yo no estaba segura  por los compromisos de mis negocios y los de mi marido Luego hicimos otros comentarios y como a la hora, luego de habernos tomado la botella de vino y yo yendo a la vinotera y trayendo un tinto, comenzó a peluquearme.

Le pregunté que me iba a hacer y ella dijo que iba a cambiar un poco mi look. Le pedí que no fuera tan radical, ella me dijo que estuviera tranquila que me iba a gustar,  mis nervios de verla a ella así vestida, me incitaban a  y me mojaba cada momento más. Comenzó a colocarme una crema blanca en el pelo y me la dejó puesta aproximadamente una hora. Mientras tanto seguíamos hablando y tomando y ella me acomodó las uñas de los pies y las pintó de rojo intenso. No se si sería por el alcohol, pero no se veían mal.

Nunca me había pintado las uñas de los pies. Luego depiló las cejas. A todas estas no veía lo que me hacía por que no había espejo en la sala. Me hizo las uñas de las manos y las pintó del mismo color que las del pie. Me gustaban mucho. Llegó la hora y fuimos al baño a quitarme la crema de mi cabello.  Ya yo estaba mareada de placer sentía olor a sexo mojado  y me sentía rica. Era una ebriedad divina. No dejaba de ver a Marta. Me sentía extraña pensando en ella. Comenzó a secarme el cabello y hacer un planchado en el Luego me maquillo, coloco una base de mi color, me delineo las cejas y ojos, me puso sombra azul   pintó mis labios de rojo y un poco de rouge.

– Vas a quedar como una muñeca en agradecimiento por el bello vestido que me prestaste Julieta. – Ya sabes muy conservadora. Por cierto, ¿tú depilas? – Si también. – ¿Y tienes el producto aquí? – Si que quieres que te depile. – Es que tengo dos semanas que no me depilo las piernas ni el cavado – No hay problema amiga, déjame sacar la crema y las cosas, pero no te veas todavía en el espejo.

– Está bien.

Marta empezó con mis piernas. Sentir sus manos aplicando la crema en mis piernas se sentía rico, hasta el punto que ya súper mojada lancé un gemido para adentro mío y suspiré hondo cerré mis ojos y pensé en lo que ya creo que llegaba. Yo disimulaba, pero cuando llego a mi pubis, y me comentó, juli al cavado te lo depilo con un triangulo que traje ¿te va? me mostró era un triangulito pequeño hermoso OK dije si, bueno te saco la tanga me dijo, levantó mi camisón acarició mi cintura y bajó mi tanguita, y al colocar el triangulo. Se dio cuenta…

– Caramba clara estás mojada, me corrió un frío por todo el cuerpo y atiné a decir. – No…No pares yo soy así.

Salía de mi boca unas palabras que me tenían impresionada. Ya yo no era yo.

– Primero tengo que limpiar eso.

Marta agarró un paño, pero en vez de frotarlo en mi pubis, lo frotaba en los muslos y su mano la pasaba por mi concha que la hacia humedecer aun más. No aguanté más y pegué un gemido.

– Veo que lo disfrutas mucho amor. – Ummmm. Si. Y para calentar más el momento le dije hace casi una semana que no hago el amor Marta, ella me miró fijo, bajó la mirada y continuó, esto le dio más confianza.

Marta tomó confianza y con sus dos manos abrió los labios de mi concha, se agachó y con su lengua comenzó a mamar mi rica concha. Metía uno de sus dedos en mi concha y me volvió loca de placer. Yo le agarré la cabeza con mis manos y la hundí en mi conchita.

– Aghhhhhhhh. Sigue mami. No pares. Ummmmmmmm. Que rico como me lo haces mi amor Aggggggghhhhh.

Marta me hizo tener tres orgasmos seguidos que había 1 semana no había tenido ni con una mujer ni con mi esposo. Luego acercó su boca a la mía y nos dimos un beso enloquecedor. Nuestras lenguas se fundían en una sola, mientras ella arrancaba mi bata. Yo le baje el vestido y nos juntamos sintiendo sus pezones junto a los míos. Sentía que me entraba electricidad por ellos. Agarró una de mis manos y la acercó a su concha.

– Siéntela. Mira como está por ti. Es tuya. La tengo ardiendo y re mojada para ti…

Me acerco al sofá y ella se acostó. Acerqué la cara a su concha y comencé a mamársela. Que rico sentir el sabor de otra mujer y sobretodo el de Marta que me volvía loca. Mi lengua se metió entre los labios de se concha y comencé a mamársela, separé sus labios, tenía labios carnosos gruesos, los separé y cuando hundí mi lengua en su cavidad ya tuvo el primer orgasmo y cuando mi lengua llegó a su botón estaba duro, grueso, mi lengua lo chupó y mis manos acariciaban sus duros pezones, y salió su segundo orgasmo, muy suave me bebí todos sus jugos y seguí chupando, ella gemía y me tomaba los cabellos,

– Ummmmmmmm. Así mi perrita. Cogeme como tú sabes. Que rico. Aghhhh. La hice correrse por tercera vez, Marta gemía como loca, creo que los vecinos la escucharon de lo duro que gemía, y eso me excitaba aun más. Mi concha no paraba de humedecerse. Nos dimos otro beso y fui al cuarto a buscar mi arnés, y mis bolas chinas, pero cuando llegué a la sala Marta tenía algo aun mejor.

De su bolso había sacado un pene grande doble extremo. Me  arrodillé  y tomé las dos vergas y las comencé a chupar suave sin dejarla de mirar a los ojos, mientras chupaba con mi mano en sus senos y la otra en su conchita se puso a mil y me separó y me pidió que me ponga,  en cuatro patas y ella se puso opuesta a mí.  Con sus manos separó bien mis piernas y comenzó a chuparme mi culito y mi conchita y tuve otro orgasmo, metió un dedito en mi culito mientras no dejaba de chuparme mi duro botón.

Yo a mil me meneaba en su boca ya sentía dos deditos en mi colita y dos deditos en mi concha y tuve otros dos orgasmos de loca y gritaba pidiéndole más, marta sigue no te detengas, si,  ya mis dos agujeros re mojados y súper dilatados, preparó su verga y nos pusimos tipo tijera,  lo introdujo en mi concha y luego ella se lo colocó en la suya. Comenzamos a movernos. Y a súper menear nuestras cinturas. Los gemidos de ella eran muy duros.  Y los míos también.

– Perra gime igual que yo. Ummmm. Aghhhh. Se que lo quieres hacer. Hazme sentir divina. Ummmm, Siii que rico.  – Aghhhh. Siii mi amor que rico Aghhhhhhhh. Divinooooo Ummmmmmmm…

Los movimientos se hacían cada vez más rápidos y con ello nuestros gemidos. No se cuantos orgasmos tuve al igual que ella. Nos separamos, nos sacamos la verga e hicimos un 69 de novela, nos chupamos los jugos y tuvimos un último y explosivo orgasmo.

Luego quedamos extenuadas y nos abrazamos y nuevamente nos besamos.

– ¿Te gusto?  Juli me dijo Marta. – No me gustó. Me encantó.  Hacía mucho no tenía tantos orgasmos y me hacía falta el polvo que me has dado.  – Ningún hombre nos conoce mejor que nosotras. Bienvenida al mundo de las lesbianas, me comentó Marta.

– Ummmm. Si me hiciste gozar como una loca Marta, ¿que te parece si nos duchamos? OK dijo marta y así como estamos con los arneses nos fuimos a la ducha.

En la ducha llenamos el yacusi y nos hicimos una hermosa tijera tuvimos dos orgasmos ricos ella se estaba secando yo Salí del yacusi y la empecé a chupar toda, le separé sus hermosas piernas y la hice apoyar en la bañera, separó sus piernas y coloqué la cabeza del pene del arnés, ella estaba re mojada, la ponía y la sacaba muy suave y ella meneaba la cintura y me pedía que la cogiera, la emboqué toda dentro y ella gemía de placer hasta que tuvo un orgasmo de loca, gritaba de placer nos abrazamos  nos fuimos a la cama.

– Me gusta. Gracias Julieta por hacerme gozar tanto.

Nos abrazamos en la cama, nos besamos apasionadamente, ella bajó a mi chichis cuando suena el portero, nos separamos y fui miré por la Cám. Y quien estaba, Susana, mi ex jefa que me decía al atenderla yo juli, estoy sola, traigo un champaña y dos arnés, OK sube te espero, Marta escuchó el dialogo y abrió sus ojos, prepara todo marta que tenemos fiesta, OK juli, si, pero esto mis queridos lectoras se los cuento en otro relato si espero les haya gustado, besitos Julieta…

Autora: Julieta

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