Sensaciones especiales

Seguí a David por las escaleras que conducían al sótano de su casa. Era un amplio salón de acceso exclusivo y reservado solo para sus íntimos, acogedor y confortable, ideal para desconectar del mundo. Allí habíamos celebrado largas veladas de invierno, al calor de la chimenea, con buen vino y mejor compañía. Lugar para las grandes confidencias y para dar rienda suelta a los deseos compartidos. Pocos secretos existían entre David y yo, que en aquel sótano habíamos escrito numerosas páginas de nuestras historias más inconfesables.

El siguiente capítulo iba a tener como protagonista a Lucía, una hermosa veinteañera, alumna de David en la facultad. Fueron los únicos datos que mi amigo me había proporcionado cuando me telefoneó para que acudiera aquella noche a su casa. “Esta noche  te prometo sensaciones especiales”, me había dicho, en ese tono misterioso que David solía utilizar cuando había “cita en el sótano”. No era la primera vez que me llamaba para follar con una de sus alumnas. A ambos nos gustaban los tríos, el sexo en grupo, en realidad cualquier forma de relación sexual que se saliera de la habitual en pareja. Y era evidente que a aquellas jovencitas les gustaba follar con maduros, tal vez para hacer realidad la tópica fantasía de tirarse al apuesto profesor, con amigo incluido en el lote.

“Te prometo sensaciones especiales”… La primera visión de Lucía me hizo comprender que a David no le iba a costar ningún esfuerzo cumplir su promesa. Cuando acabé de bajar las escaleras, me topé con la imagen de la joven muchacha atada y de rodillas, delante del inmenso espejo que David tenía en una de las paredes del sótano. En él se reflejaba la chica de espaldas, completamente desnuda salvo un tanga negro cuya cinta circundaba su cintura y se perdía en la hendidura de sus nalgas apoyadas sobre los talones, para descansar en ellos el peso de su cuerpo. Lucía era hermosa, sin dudas. Tenía la cabeza agachada, su barbilla apoyada sobre el pecho, los ojos vendados por un pañuelo negro, el pelo castaño y rizado. La visión de su cuerpo desnudo era excitante. Sus brazos alzados, las muñecas esposadas, los dedos de sus manos entrelazados, las piernas abiertas, los pechos, breves y redondos. Una cadena que pendía del techo, sujeta a la argolla de las esposas de cuero, mantenía elevados los brazos de Lucía y tenso su torso hasta dibujar sus costillas en la piel, pronunciando la redondez de su ombligo en el vientre plano y el sinuoso contorno de sus caderas.

En el silencio de la estancia, se podía escuchar con claridad la respiración agitada de la muchacha, que no había movido ni un solo músculo de su cuerpo al sentir nuestra presencia, hasta que David se colocó tras ella y, agarrándola del pelo, le obligó a subir la cabeza que cayó hacia atrás por el jalón, logrando que Lucía abriera la boca para dejar escapar un leve gemido.

– Ya estoy de vuelta, putita. Y he traído un viejo amigo que quiero presentarte. – David se agachó para hablarle suave a Lucía, muy cerca de su oído, sin soltarle el pelo enredado entre sus dedos. – Te dirigirás a él como “señor”, ¿me has entendido?

Lucía asintió con la cabeza. Pero David desaprobó el gesto con un nuevo tirón de los cabellos de la chica. – ¿Me has entendido? – le volvió a preguntar, con cierta dureza en la voz.

– Sí, profesor. – La voz de Lucía sonó apagada, apenas un hilo de voz fina y nerviosa.

– Saluda a mi amigo, Lucía, no seas maleducada.

– Buenas noches, señor.

Respondí a su saludo, tal vez con demasiada formalidad, lo que provocó que David riera a carcajadas.

– No hace falta que saludes a la putita. Ella no está aquí para que la saludemos, ¿verdad Lucía?

– Verdad, profesor.

Las preguntas de David a Lucía siempre venían acompañadas de un leve jalón de pelo que la forzaba a echar más para atrás la cabeza, a tensar la cadena con sus manos y a dejar caer más las nalgas sobre los talones, como temiendo que, en algún momento, pudiera perder el equilibrio. En esa postura, su espalda se enarcaba levemente y sus pechos se ofrecían hacia delante, turgentes e incitantes sus pezones endurecidos. Sin soltarle el pelo, David comenzó a sobar sus tetas con la otra mano, a pellizcar los rosados pezones, mientras le seguía hablando, casi susurrándole al oído:

– ¿Y para qué está aquí la putita?

– Para ser sometida, profesor.

– Para ser sometida, ¿por quién? – otra vez el pelo fuertemente jalado, la cabeza hacia atrás, el gemido entrecortado de Lucía, la mano de David estrujando uno de sus pechos – ¿Por quién vas a ser sometida, Lucía?

– Por Vd. y por el señor, profesor.

La respuesta de Lucía fue clara, rotunda, sin titubeos. Me pareció que el tono de su voz incluso denotaba cierta impaciencia, como si Lucía deseara que ocurriera inmediatamente lo que estaba proclamando. Yo era “el señor” que junto a mi viejo amigo íbamos a someter a aquella linda joven, que no parecía tener ningún tipo de miedo a estar allí, en aquel sótano, encadenada, desnuda y de rodillas, a merced de dos hombres, a uno de los cuales ni siquiera conocía. Desde luego que las sensaciones estaban siendo especiales. Sentía tal excitación que creí que la polla me iba a reventar dentro del pantalón. David se percató de mi más que evidente erección y, sonriendo burlonamente, volvió a dirigirse a Lucía:

– Creo que el señor está deseando someterte. Así que será cuestión de no hacerle esperar, ¿verdad putita?

– Cuando Vd. ordene, profesor.

David soltó los cabellos de Lucía, se incorporó y comenzó a desnudarse, indicándome con un gesto que yo también lo hiciera. Cuando los dos estuvimos completamente desnudos, nos colocamos a ambos lados de la chica, con la punta de nuestras pollas erectas en sus labios, para que las chupara. No hizo falta orden alguna para que Lucía comenzara a besarlas y a lamerlas, impregnando de saliva los rígidos troncos de carne que introducíamos en su boca por turnos para que la alumna sumisa de David los chupara magistralmente entre jadeos que se ahogaban cuando las vergas se clavaban en el interior de su boca.

El profesor alentaba a su pupila cuando mamaba mi polla, “vamos, vamos, putita, que el señor vea lo bien que sabes chuparla” y la forzaba a tragarla por completo cuando era la suya la que tenía entre aquellos labios carnosos y humedecidos que sabían perfectamente cómo tenían que cerrarse sobre el capullo para firmes deslizarse, hacia dentro y hacia fuera, por toda la enhiesta longitud de nuestros carajos.

David ordenó a Lucía que se pusiera en pié y ella obedeció al instante, con cierta dificultad, posiblemente al tener las rodillas entumecidas por la forzada posición en la que había permanecido durante todo ese tiempo más el que ya llevara antes de que bajáramos al sótano. Se percibía el temblor en sus piernas, el cual alivió con ligeros y rápidos movimientos de flexión y estiramiento de sus rodillas. Al incorporarse, pudo bajar sus brazos, quedando sus muñecas esposadas a la altura del vientre. David me indicó que me pusiera a su lado, tras de ella, pudiendo contemplar lo que hasta entonces solo había podido ver reflejado en el espejo: la hermosura de su espalda desnuda y la redondez de sus nalgas ya completamente al descubierto. El profesor cogió la cinta del tanga de Lucía y la tensó y destensó para frotar con ella el coño de la joven, que se estremeció por el roce de la tela en la raja de su sexo, hasta que en uno de los tirones la cinta cedió, rompiéndose y dejando a la chica absolutamente desnuda.

– Un culo perfecto – sentenció David, acariciándolo y estrujando sus nalgas sin reparo. – Un culo perfecto para ser azotado, ¿verdad putita? ¿Quieres que te azotemos?

Lucía no respondió, lo que provocó que David asiera sus cabellos y jalara fuertemente de ellos, para obligarla a contestar.

– Cuando pregunto, quiero respuestas inmediatas. A ver si te voy a tener que suspender, alumna. Creo que eres una niña mala y mereces ser castigada, ¿verdad?

– Sí, profesor. – La voz de Lucía volvió a sonar tímidamente y esta vez con una inquietud que apenas pudo disimular.

La nalgada sonó hueca, como un chasquido de la palma de la mano contra la piel blanca que enrojeció al instante, el contorno de los dedos señalados. Otra más y otra más. Y a cada manotazo, el suave gemido de Lucía y la suave convulsión de su cuerpo. David palmeaba cada vez con más fuerza el culo de su alumna y la obligaba a contar los azotes. Uno… Dos… Diez… Un descanso. Y mi turno. “Todo tuyo”, me dijo con esa sonrisa burlona que se gastaba cuando estaba disfrutando verdaderamente. Uno… Dos… Diez… Sentía la piel caliente del culo de Lucía quemándome la palma de la mano. Como había visto hacer al maestro, mi mano cada vez golpeaba con mayor intensidad las nalgas enrojecidas, provocando el quejido de Lucía que trataba de endurecer la carne para amortiguar la fuerza del azote. Otro descanso. Y vuelta a empezar, a doble mano, la nalga izquierda para David, la derecha para mí, palmada tras palmada, nuestras manos libres en los pechos de la muchacha, pinzando con los dedos sus pezones para darle el doble castigo del pellizco en sus tetas y del azote en su culo.

Ya Lucía trataba de zafarse, zarandeándose y contorsionando su cuerpo, jadeando con esfuerzo, suplicando que cesáramos en nuestros palmetazos contra su piel dolorida, mostrando incluso un atisbo de rebeldía que nos hizo enardecer. “Se nos rebela la putita. Creo que vamos a tener que follárnosla para que sepa quiénes mandamos aquí”, dijo David, como anunciando lo que iba a suceder a partir de ese instante.

El profesor se colocó tras Lucía y puso su mano izquierda bajo su barbilla, obligándola a levantar su cabeza. Me pidió que liberara sus muñecas de las esposas de cuero y procedí a ello. En cuanto que la chica tuvo las manos libres, David agarró con su brazo derecho el mismo brazo de Lucía, ordenándole que abriera sus piernas. Agarrada por el brazo y por el cuello, Lucía obedeció, apoyando su cabeza contra el hombro de su profesor y enarcando su espalda para que la polla del hombre pudiera penetrar su coño ofrecido. David la embistió con fuerza, sin soltarla, sometiéndola a un brutal escorzo que hizo que Lucía buscara los muslos de su dueño para agarrarse a ellos mientras era clavada y desclavada por la dura verga que le provocaba oleadas de placer en el cuerpo sometido. Su vientre, curvado hacia delante, quedó expuesto para que mi lengua y mis manos lo recorrieran, para subir hasta sus pechos ofrecidos y continuar hasta su boca abierta, que gemía ya sin contemplaciones. Mientras David seguía empalándola y mordía su oreja, en la que le susurraba sucios improperios –eres la sumisa más putita que me he follado en la vida, te voy a partir el coño a pollazos- yo sellaba sus gemidos con mis labios y le provocaba nuevos quejidos al estrujar sus tetas y retorcer maliciosamente sus pezones hinchados por el deseo. Y mi mano también descendía hasta el capuchón de su clítoris y acariciaba su vulva empapada, frotando su sexo hasta sentir el roce de la polla de David que entraba y salía frenéticamente del coño de Lucía, provocándole espasmos de placer a la alumna sumisa.

El bramido de David anticipó su inmediata corrida sobre la espalda y el culo de la joven que apretó sus nalgas contra los huevos del profesor para, en un sensual y oscilante movimiento, frotar la verga aún endurecida y sentir las últimas sacudidas de esperma en la estrecha grieta divisoria de sus redondos glúteos.

Fue el propio David quien, sin soltar el brazo de Lucía, la hizo andar a empujones hasta la mesa situada en el ala izquierda del sótano, colocando a la chica en uno de sus extremos y obligándola a doblar su cintura hasta que su tronco quedara apoyado sobre la tabla. Lucía se dejó hacer y trató de acomodarse, doblando su cabeza para que el lado izquierdo de su rostro descansara en la mesa, mientras David tiraba hacia detrás de sus brazos y entrelazaba las manos de su alumna a la altura de sus lumbares. Reclinándose hacia ella, le habló suavemente al oído:

– ¿Te gustaría que te follara tu señor, putita? ¿Eh? ¿Te gustaría que te follara ahora mismo?

– Sí, profesor.

– Suplícaselo.

Yo contemplaba sus nalgas, aún enrojecidas por los azotes, húmedas y brillantes por los regueros de leche vertidos por David. Aquella posición era realmente excitante y ansiaba poder penetrar a aquella hermosa chica que, dócilmente, se sometía a todo lo que su profesor le ordenaba. Como se demoraba en la respuesta, le pegué un seco manotazo en su nalga derecha que le hizo soltar un pequeño grito a manera de lamento y me decidí a ordenarle:

– Te ha dicho tu profesor que me supliques, putita. ¿Es que quieres que volvamos a castigarte?

David me miró, sonriéndome con complicidad y aprobación, mientras apretaba con su mano izquierda la parte posterior del cuello de Lucía para aplastar su rostro contra la mesa. La voz de la mujer sonó apagada:

– Fólleme, señor. Me gustaría que me follara ahora mismo.

Agarré mi polla para orientarla y dirigirla al centro de su raja y la penetré lentamente, como queriendo hacerle sentir toda la extensión del carajo endurecido en el interior de su coño que palpitaba de deseo. Agarré sus manos como si fueran las riendas de una yegua a punto de desbocarse, lo que permitió que David usara las suyas para jalar de su pelo y obligarla a levantar su tronco de la mesa cuando él quisiera, para magrear sus tetas o apretarlas contra la tabla de madera, mientras yo aumentaba el ritmo de la embestida y estiraba los brazos de Lucía para contorsionar su cuerpo nuevamente estremecido por el placer.

– Vamos, vamos, fóllala con más fuerza – me alentaba David, mientras tapaba la boca de Lucía para impedir que se escucharan sus gemidos. Sí se oían perfectamente mis jadeos y los rítmicos golpes de mi pubis contra las nalgas de la muchacha, cada vez más continuos y crecientes, mientras la polla entraba y salía, entraba y salía, duramente, ardorosamente, perforando el coño licuado de Lucía que aulló de placer en el momento que David liberó sus labios permitiéndole gozar de un orgasmo que sacudió todo su cuerpo, en el justo momento en que yo también me corría sobre su espalda, sus nalgas y sus muslos, con intensas sacudidas que hicieron brotar calientes chorros de esperma que se estrellaban contra la piel de la chica cuyas piernas temblorosas parecía que estuvieran a punto de doblarse por el placer y el cansancio.

Sensaciones especiales. Sin dudas, las había sentido y gozado en aquel cuerpo joven y hermoso de la alumna de David. Cómo el viejo profesor la había seducido y convencido para que fuera nuestra sumisa aquella noche, formaba parte de los secretos inconfesables de mi amigo. Aunque tal vez, alguna noche, en alguna velada de invierno al calor de la chimenea, me desvelaría el inicio de una historia que acabó con Lucía durmiendo entre los dos, abrasando con el ardor de su cuerpo joven y desnudo la piel también desnuda de nuestros cuerpos curtidos.

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En la fiesta de su jefe

Al llegar a casa fue corriendo al ordenador. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo.

A la primera oportunidad que tuvo, me agarró disimuladamente del brazo y me llevó al salón. Recuerdo que me había comprado una blusa roja de seda. Mi larga melena lisa y mi preciosa blusa. Una foto. Unos pantalones de pinzas, estaba al menos muy elegante y sugerente. Otra foto. Él me dijo, bueno todos los invitados me dijeron que estaba preciosa. Seguramente. Y me presentó a su jefe.

No me gustó nada. Tenía cara de prepotente. Me miró de arriba a abajo. No fue una mirada de esas que te desnudan, no. Fue una especie de examen visual. Asintió con la cabeza, como confirmando algo, como dándole la razón en algo que ya hubieran hablado. A lo mejor Paco le había dicho que yo era muy guapa y el otro asentía. Vete tú a saber. Con no se qué excusa me metió en un salón y nos quedamos solos.

– De prisa, zorra -Le miré atónita. Con los ojos abiertos de par en par. – Vamos, puta, abre la boca. Y sin más, me vi arrodillada, frente a su entrepierna, cara a cara con su bragueta. Un movimiento rápido y su pene, duro como nunca, estaba delante de mí. Ahora lo entendía, estaba excitadísimo. Tal vez por el morbo del que pudieran pillarnos o vernos. Sí, más bien vernos.

–  Traga zorra,  -me decía-, cómete el rabo. Vamos, puta, chupa… -repetía sin parar. No sé ni lo que me decía. Jamás me había insultado así. Jamás me había dicho esas barbaridades. Estaba como loco, fuera de sí. – Las tetas, sácate las tetas. Sácatelas, puta, me excitas más así, guarra.

Ni esperó, casi me arranca el sujetador. Me vi en el espejo. Arrodillada, con su pene incrustado en mi boca, con mis tetas bamboleándose rítmicamente, asomando por encima del sostén, balanceándose. Un pequeño ruido en la ventana. Traté de volver la cabeza, pero él me la sujetó. Y la vi a ella. A la mujer de su jefe. Una mirada de odio, de asco, de desprecio. Para ella yo era obviamente algo peor que una puta, más miserable, más despreciable. Obviamente no aprobaba lo que estábamos haciendo. Intenté decirle eso, intenté apartarme, detener aquella locura, pero no me dio ni la más pequeña oportunidad. Su mano apretó con fuerza mi nuca. Con la otra sujetó aun más fuerte mi cabeza.

Empujó. Me la incrustó entera. Ya sé que es una forma de hablar y eso pero creo que me comí hasta los huevos. Me ahogaba. Intentaba separarme con las manos, le empujaba los muslos para alejarme, pero no podía. Me asfixiaba. Me daban arcadas. La tenía en mi garganta. Y él no hacía más que empujar más fuerte.  Hasta que por fin noté cómo le daba pequeños botecitos. Un jadeo que salía de sus entrañas. De muy adentro. Y un tremendo espasmo, casi un estertor. Lo supe. Supe lo que venía a continuación. No necesitaba leer el guión.

Un sabor intenso. Fuerte, demasiado fuerte. En cierto modo raspaba mi garganta. Su textura era suave, viscosa, casi como cremosa, pero su sabor tan ácido arañaba mi paladar. Mi marido se estaba corriendo por primera vez en mi vida, y por primera vez en su vida, en mi boca. No en mi boca, no. Dentro de mi boca. No dejó que cayera ni una sola gota. Tuve que tragarme todo. Casi vomito de asco. ¡Qué contradicción! ¡El clítoris estaba a punto de estallar y los pezones parecían dos flechas!

– Vístete zorra.

Una sonrisa fanfarrona y un gesto de indiferencia al subirse la bragueta. Paco me dejó sola mientras me arreglaba. Ni me habló. Sabía que la mujer del jefe había visto todo, y que él lo sabía.  Al entrar en la sala estaban todos hablando normalmente y la busqué con la mirada, sí, a ella, a la mujer del jefe. Lo que me temía. Estaba hablando con su marido. No tenía precisamente cara de estar contenta. Los dos miraron en mi dirección. Al poco el jefe se acercó a mi marido y no sé qué le dijo. Mi esposo asintió con la cabeza y sonrió como por cumplir a su esposa. El jefe disimuladamente se acercó a mí. No hizo falta más. Estaba colorada como un tomate.

– Lamento mucho que tengan que irse, su Paco me ha dicho que por un imprevisto familiar, espero que no sea nada grave.

Educadamente me estaba echando de su casa. Paco se fue a buscar los abrigos. Susurrando me dijo que era una lástima que tuviera que irme tan pronto, que era una mujer muy guapa y que sin mí, la fiesta decaería. ¡Qué cínico! Pensé. Y como quien no quiere la cosa me sobó el culo y me preguntó si me había gustado la alfombra del salón. ¡Qué hijo de puta!, pensé, pero bueno, si sabía lo que acababa de hacer, qué iba a pensar de mí. Normal. Lo que hubiera pensado cualquiera. Que era una puta y una guarra.

Todo el camino lo pasamos sin dirigirnos la palabra. En silencio. Yo gimoteando, llorando de vergüenza. A Paco parecía que no le importaba nada. Como que le daba igual. Al llegar a casa, loco de excitación fue corriendo al ordenador. Miró el reloj. Los ojos se le salían de las órbitas. Ni oía lo que le estaba diciendo. En la pantalla un redondel. Como las películas de cine. Una manecilla de una especie de reloj comenzaba a girar. Una cuenta a tras, cuatros, tres, dos uno…  Alucinante.

Comencé a ver algo que me dejo helada: la casa, el salón. Y yo arrodillada chupándole el pene a mi marido. Si, lamiéndosele como una profesional. Con los pechos fuera, temblando. Moviendo mi cabeza al compás que él me marcaba. ¡El muy hijo de puta del jefe lo había grabado todo!, ¡Estaban de acuerdo!, ¡Lo habían planeado! No sé si la mujer lo sabía, pero ellos desde luego estaban de acuerdo.

– ¿Pero, Paco, te gusta que me vean haciendo eso? – ¡Cállate la boca, zorra! ¡Ven aquí, so puta!

Me negué. Pero a Paco le dio igual. Parsimoniosamente encendió un interruptor. En la pantalla del ordenador aparecieron varias ventanitas. Era nuestra casa. El muy cabrón había puesto cámaras por toda la casa. Literalmente Paco me arrancó toda la ropa. La rompió en mil pedazos. Y me poseyó como hacía tiempo que no hacía.

Comprendí muchas cosas. Aquel hijo de puta no solo era su jefe, a lo mejor si, hasta puede que fuera verdad. Pero fijo que era algo más que su jefe. Si, seguro que también era su compañero de vicios. Y lo supe sin que me dijera nada. Estaba claro que no sólo me iba a exhibir. Eso ya lo había hecho. Seguramente más veces de las que yo creía. Me iba a entregar. Mis peores o mis mejores temores se iban a confirmar. Y lo peor de todo es que no me desagradaba la idea. Hasta cierto punto lo intuía y lo esperaba. Algunas noches, cuando Paco no me hacía nada, cuando se pasaba horas muertas meneándosela frente a la pantalla del ordenador, hasta lo deseaba. Sólo era cuestión de tiempo. Sabía perfectamente que sólo era cuestión de tiempo…

Autor: A.E.C.

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Mi primer trío

Raúl se tiró en el piso panza abajo y su cara entre mis piernas, que rica chupada me pegó, me pasó dos dedos desde arriba de mi conchita hasta el final de mi culito…así varias veces… (mmm que rico) luego su lengua…también suave por toda mi concha y mi culito…así estuvo un rato largo…Yo me moría de placer…empecé a mojarme y se dio cuenta…porque me lo decía.

Hola me llamo Ana, me dicen Anita…soy de la provincia de Neuquén…les voy a contar a cerca de mi primer trío…a pesar de mi edad soy bastante abierta para el sexo…pero siempre con un hombre no más…perdí mi virginidad con un profe mío…primero les cuento que soy estudiante…tengo 22 año…esto pasó hace poco…unos meses atrás…soy morocha delgada…mido 1,67, buen físico porque siempre me cuidé…haciendo gym y demás…Mis medidas 95 63 94, toda una top model, ¿no? jajaja…Bueno Yo nunca me sentí una diosa…y además convengamos que si una mujer está dispuesta cualquier hombre agarra viaje o no?

Soy fana del chat…MSN…y siempre me gustó charlar con hombres maYores que Yo…no se porqué pero es así…tal vez porque tengo hermanos más grandes que Yo y siempre salí con ellos y bueno me moví en ese ambiente de mayores…resulta que mi viejo fue trasladado a Rincón de los Sauces…es un pueblo chico y petrolero…muchos hombres…estuve como 6 meses en Rincón viviendo con mi viejo solo ya que mis padres son separados…Yo seguía con el chat y siempre frecuenté las salas de mayores…y me hice muy amiga de un hombre de 42 años, separado, comerciante…entre charla va y viene…nos hicimos compinches…ya que él tiene una hija más chica que Yo y me hacía consultas acerca de cosas que una hace a esa edad…y la charla se fue inclinando para el lado del sexo…así fue que me sacó que soy una nena decidida.

Él me contó sus aventuras de separado y bueno yo las mías, la verdad me calentaba este hombre, luego me pregunta si me animaba a tener algo con el, pero sin compromiso, que no me ofenda con esa pregunta pero pasaba que le gustaría experimentar con alguien así como Yo…después de pensarlo le dije que podría ser…mientras mi viejo no se enterara jajaja…sino lo mataba…

Así fue que un día me deja en el MSN que venía a Rincón a dejar mercadería y si podíamos conocernos…que venía por el día…como mi viejo trabaja en el campo se va temprano y llega tipo 20hs…así que quedamos para la siesta, que me pase a buscar por la plaza de Rincón…a esa hora no me vería nadie conocido…me fui con un jean ajustado…de zapatillas al tono y remerita pegada al cuerpo… me dijo, donde iba a estar, así que lo localicé…Yo andaba caminando…

Yo: hola sos Raúl? Raúl: si, vos sos Anita? un gusto al fin nos conocemos en persona. Yo: si que bueno no? después de tantas charlas por chat… Raúl: la verdad sos muy linda…y Yo muy viejo para vos ¿no? Yo: Raúl seguís con eso che…para que te quedes tranqui…estás bien, ¿qué querés que hagamos ahora? son las 14 y hasta las 20 mi viejo no está…solo que no quiero que me vean por acá charlando con vos…para evitar quilombos, viste…

Raúl: ah o sea que ir a tu casa a tomar unos mates nada ¿no? Yo: noooo, mis vecinos son chusmas jaja…además no tengo yerba…ajjaj. Raúl: ah que chistosa…nenita chistosa…mirá, yo ando en esa trafic pero no ando solo…estoy con Jorge mi compañero de viaje…y socio…si querés vamos por ahí, no se, no conozco Rincón no se donde podemos ir…tomar unos mates y conocernos mejor…con o sin yerba…te aclaro que por Jorge no te hagas drama…iría con nosotros pero si tomamos mates sin yerba nos deja solos…y si es con yerba bueno nos acompaña…pero no puedo dejarlo acá en la plaza…entenderás…

Yo: ah no sabía…che y es piola… ¿no? mirá, podemos ir a las bardas, es lindo el paisaje…y es tranqui…para lo que queremos…pero con vos… Raúl: si dale…Jorge nos deja solos en la camioneta…no tiene drama, Yo le dije que tenía una amiga del chat y que te iba a visitar…no le conté todo pero es de confianza.

Así fue que nos encaminamos a las bardas…más precisamente a una cantera que hay arriba…(La gente de Rincón sabe bien a que me refiero) buscamos un lugar tranqui medio escondido…para esto me presentó a Jorge que manejaba…agradable, de 45 años, casado…los tres íbamos adelante, yo en el medio…Jorge me dijo que él no se iba a meter y que hiciéramos de cuenta que él no estaba…que se iría a fumar un pucho afuera y que le avisemos cuando terminemos de charlar…todo esto entre risas, lo cual me puso colorada y Raúl se reía también y me decía…no te pongas así…los tres entendemos lo que está pasando…y Jorge es piola…no te preocupes.

Y fue así nos pasamos atrás…tenía atrás todo alfombrado y varias cajas de las que repartía…unas banquetas de madera y demás cosas…Jorge se fue afuera…él se sentó en una banqueta y yo en otra..

Raúl: bueno a ver mi nenita chistosa…¿te puedo tratar así como mi nenita..? Yo: si, me gusta que me traten así… Raúl: la cosa es que no tengo yerba así que vas a tener que pararte, venir acá y sentarte en mis piernas y dejarme que te contemple bien como sos… Yo: puede ser…¿me siento acá? ¿en tus piernas..? Raúl: siii….que linda que estás…parece que tenés lindas piernas pero sabes que no puedo ver bien por tu jean…¿no te lo bajas un poco? (y ya me estaba aflojando el cinto y desabrochando el pantalón, me hizo parar y me lo bajó despacio y se quedó embobado con mis gambas…y mi piel suave…recién depilada) me las sobó un buen rato de arriba a abajo…estaba de frente a él, me dio vuelta de espaldas para contemplar mi colita y como me quedaba mi tanguita rosadita.

Raúl: ¡upaaa! nenita…¡tu colita se está comiendo la tanguita! te la voy a sacar de adentro ¿si? así, así…mmm pero que hermoso culito que tenés…y me lo abría con las dos manos para ver más mi orificio chiquito (solo dos veces perforado) corriéndome la tanga un poco para el costado…pero sentate…sentate…mmm y se ve que tenés lindas tetas…a ver que tamaño tienen? y me apoyó toda la mano en un de mis tetas…¡epa! y este botón que es? por mi pezón durito y parado, Guauuu pero quitemos todo así las veo mejor…me quedé solo con tanga y las zapatillas puestas. Raúl: y contame nena, ¿te han cogido mucho? contame…

Yo: mmm, que pregunta…tengo solo 22 años…y empecé a los 16 así que saca la cuenta… Raúl: ah, pero ya tenés experiencia ¿eh? ¿y te gusta coger? (todo esto me lo decía mientras me manoseaba bien las tetas…me besaba el cuello…y me rozaba mi conchita por encima de la tanga)…la verdad nunca me cogí una nenita como vos…y me gusta que sean bien putitas…ahora te quiero probar un poquito para ver que gustito tenés…Tirate en el piso…boca arriba y abrí bien las piernitas…todo lo que puedas. Yo: me encanta el sexo si…y no creo que tenga tu experiencia…¿eh? ya estoy lista…¿así te gusta que me abra?

Ahí nomás Raúl se tiró en el piso panza abajo y su cara entre mis piernas…que rica chupada me pegó…muy suave…me escupió primero…me pasó dos dedos desde arriba de mi conchita hasta el final de mi culito…así varias veces… (mmm que rico) luego su lengua…también suave por toda mi concha y mi culito…así estuvo un rato largo…Yo me moría de placer…empecé a mojarme y se dio cuenta…porque me lo decía…

Raúl: mmm pero que putita que sos…mirá como te estás mojando. y eso que esto recién empieza…¿sabes una cosa?, tengo una fantasía y quiero que vos me la cumplas…¿vos tenés alguna?, contame… Yo: que buena lengua que tenés Raúl…mmmmm, fantasías muchas…pero la de toda mujer supongo es estar con un buen negro…y sabrás porque ¿no? Raúl: si me imagino…debes ser muy golosa vos y tu conchita…que sabrosa que la tenés…es riquísima…mi fantasía es ver como se cogen a una pendeja…¿que te parece?

Y mientras me preguntaba empezó a introducir un dedito en mi conchita…lentamente y hasta donde pudo…el fondo…lo sacaba y metía suavemente…así me hizo retorcer de placer…empecé a gemir..Soy algo gritona y pedigüeña ajjaj…

Yo: esa es tu fantasía…y como lo haríamos… ¿nos filmamos? Raúl: no tengo filmadora y no me gustaría filmar…Acordate que tenemos que ser discretos y un video siempre se puede extraviar…pero bueno Anita…hoy podría ser…está Jorge ahí afuera y seguro aburrido…y no creo que diga que no…Y más, si es con vos, además mirate como estás…te estoy cogiendo con un dedo y te encanta…gritás como toda una putita… ¿te gusta ser putita?

Yo: si me gusta que me digas putita…quiero ser tu puta…si, siii, así, metelo, más….más, más… Raúl: guau que linda conchita…apretadita he…pero mi pija te va a gustar…espero que te entre toda…y no te duela…ahora parate y vení…ponete boca abajo sobre mis piernas…así te doy unas palmaditas en tu colita…porque sos una nenita malita.. Yo: como me haces desear…pero me gusta el manoseo…

Raúl: si me di cuenta…por eso quiero seguir metiendo mano…ahora voy a inspeccionar tu colita, así que vení y ponete acá boca abajo…mmm, no podés estar tan buena y ser tan putita… ¿siempre haces esto? Yo: la verdad que noooo…solo cuando me lo piden…

Me  abrió con las dos manos la cola…dejó caer baba en mi colita y me pasó la mano por toda la concha y culito…me frotó mucho, mucho…y empezó a cogerme con un dedo y llegó a dos….muy rápido y paraba…así por un rato…

En eso me di cuenta que había agarrado el celu, marcó algún número lo hizo sonar y cortó, mientras seguía cogiéndome con dos dedos y me decía que le chupara los dedos de la otra mano…

Al ratito sentí que se abrió la puerta del costado de la trafic, era Jorge que atinó a decir algo como “¿ya terminaron su charlaaa?” y se quedó mudo…y fue cuando Raúl dijo…

Raúl: Jorge decime sino te gustaría una putita así…mirá esto…y con las dos manos me separaba los cachetes de mi culito…Yo completamente dominada…boca abajo en las piernas de Raúl…y desnuda solo con las zapatillas puestas…toda una puta…dale unite…arrodillate y chupale bien la conchita…mmm mirá, ¿no te gusta como está? además ya está bien mojada porque la cogí un buen rato con dos dedos…

Jorge: que guacho, no puede ser…mirá lo que te ibas a comer solito Raúl…desgraciado…abrila bien…que la chupo toda…Anita sos muy putita…y te encanta parece ¿no? Yo: si papi…soy bien putita…quiero que me cojan a full…

Ahí sentí su lengua…también me escupía la concha y mi culito y me desparramaba bien la saliva por todos lados. Como estaba ese tipo, super depravado con mi concha…Yo gritaba como putita…y sentía sus dedos refregándome…que lindo…

Raúl: esta es mi fantasía, sisisisii,….Jorge, sabías que es la primera vez de Anita…esto de estar con dos machos… ¿que te parece? así que pongámonos las pilas así la dejamos contenta…pero mientras yo me pongo más cómodo… ¿porque no le mostrás tu pija…a ver que le parece? Jorge: si eso voy a hacer…a ver nenita parate y mira mi pija… ¿la querés probar? ¿Has probado alguna no? me imagino que si… ¿la querés chupar así nomas? soy bien limpito y cuidadoso…sino igual tengo forritos en la bille…no se como te gusta

Yo: con la calentura que tengo así nomas…es más rico…a ver papi dame pija…mmmmm, muy linda pija…bien derechita…con la cabeza bien descubierta…normal…diría…pero cabezona…como me gustan, mmmmm, y me la metió toda de una…me la sacaba y metía rapidito…como cogiéndome la boca…me agarraba la cabeza así no me zafaba…que guacho que era…y que rica pija…

Raúl ya estaba desnudo…y la verdad bien su pija también…más chica que la de Jorge…pero me gustaba lo gruesa que era en la punta…las dos diría…Bueno Jorge sentado…patas abiertas…Yo arrodillada chupando su pija…y Raúl que nos dice…bueno che…quiero verlos coger…Anita, harás lo que yo te pida ¿verdad?

Yo: si Raúl dale…pero me están haciendo desear ¿ehhh? Jorge: y eso te gusta putita…dejá de chupar que me lo gastás…poneme el forrito…a ver si sabes…

Continuará…

Autora: Anita

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