La dominante madrastra

Por primera vez probé el sabor de una mujer, con mi boca empecé a besar su sexo sobre la pantaleta, dentro de mi creció un sentimiento mezclado de éxtasis y temor, mis labios en forma torpe probaba y acariciaba la parte íntima de la señora, de vez en cuando alzaba la vista para verla, ella solo gemía, abrió sus piernas para después cerrarlas con fuerza sobre mi cabeza.

Aún no sé bien porqué escribo esta historia, pero sé que me hace bien contarlo. Los hechos ocurrieron cuando yo tenía 18 años. Iba a la preparatoria, en una ocasión tuve que ir a la casa de un compañero a hacer una tarea, ahí conocí a la señora Lozano, su madrastra.

La señora me impresionó porque a sus 45 años poseía un buen cuerpo, robusto y con curvas llamativas.

Era muy alta y aún así usaba zapatillas, ella utilizaba vestidos floreados por arriba de sus rodillas, podría ver sus piernas macizas porque no utilizaba medias y bajo la tela del vestido se notaba que poseía unos muslos gruesos y robustos, sus caderas también eran amplias.

Ella era morena clara y su cabello era negro rizado y le llegaba un poco más abajo de sus hombros. Desde que la vi noté que ella era una mujer dominante y altiva. A mí me entraron ganas de tener a esa hembrona, cada vez que podía miraba de reojo sus piernas y su cadera, ella con su vasta experiencia en la vida se dio cuenta de que había causado una gran impresión en mi.

Desde ese momento yo aprovechaba cada ocasión para ir a su casa con el pretexto de hacer la tarea. En una ocasión la señora mandó a su hijastro a comprar unas cosas quedando ella y yo solos por un momento, la señora me pidió que le ayudara a sujetar una escalera porque ella iba a subir para limpiar la lámpara.

Esa vez tenía puesto un vestido corto, cuando ella llegó hasta la parte alta yo alcé la vista y miré bajo su vestido, quedé embobado al ver sus gruesos y macizos muslos, firmes y duros pues ella desde joven practicaba bicicleta y corría cuesta arriba amarrándose objetos pesados en los tobillos, además también vi su pantaleta clara que se metía entre sus glúteos.

Sentí que la sangre me hervía del deseo, estaba tan embobado que ella se dio cuenta de que la miraba, en esa ocasión no hizo ningún comentario, pero me invitó a quedarme a dormir, yo le dije que para otra ocasión.

El día decisivo llegué a la casa y después de hacer la tarea de estudio, ella me indicó la recamara en donde me quedaría. En la noche estaba acostado vestido completamente pensando en aquella frondosa señora, como si mi mente la hubiese llamado quedé sorprendido al verla entrar en mi cuarto, iba vestida con una blusa sin mangas y una falda que le llegaba a mitad del muslo, calzaba sus zapatillas de tacón negras, no traía medias.

Estando yo acostado la vi tan grandota e imponente que un extraño sentimiento de deseo y temor mezclados crecieron dentro de mi. La guapa señora cerró con llave la puerta y después se acercó a mi cama.

-¡Ahora es tu turno jovencito, ahora vas a conocer lo que es una mujer!

La señora me colocaba una de sus rodillas sobre mi cuello inmovilizándome, yo no sabía que hacer, parecía que aquella mujer estaba decidida a hacerme sufrir.

-¡Ahora me vas a dar placer!

Ella me daba instrucciones mientras que con su mano bajo la falda acariciaba su entrepierna, yo no podía hacer nada, estaba inmovilizado por su rodilla en mi cuello. Ella quitó su rodilla para después acostarse en la cama dándome la espalda, sus pies en zapatillas estaba cerca de mi cabeza, aún sin salir de ni asombro ella levantó una de sus piernas mientras que agarraba otra vez mi cabeza de los cabellos, solo vi como mi cabeza se dirigía en medio de sus piernas y antes de que pudiera escapar la señora sujetó mi cuello con sus gruesos muslos. Ante mi boca y ojos estaba su triángulo íntimo, cubierto por su pantaleta clara.

-¡No podrás escapar de mi prisión, solo saldrás cuando yo quiera, vas a probar el sabor de una mujer, solo abre la boca y saca la lengua!

Yo no sabía que hacer, quería tener a esa mujer pero en la realidad ella me tenía a mi, con mis manos agarré sus macizos muslos para separarlos de mi cuello, pero con temor me di cuenta de que no tenía la suficiente fuerza para moverlos. Mis pensamientos fueron interrumpidos con un apretón de sus muslos en mi cuello, lastimándome, ella reía mientras yo sufría.

-¡Casi no ppue…do….uurggghh…res….pppirr…..ar….!- con trabajo le dije, pero eso a ella no le importaba, con su sonrisa sádica aumentó la presión de sus poderosos muslos sobre mi cuello llevándome al borde de la asfixia.

-¡Te dejaré ir si me haces el amor con tu boca!, la señora me ordenó, yo no tenía oportunidad, estaba atrapado por sus piernas, tenía que hacer lo que ella me decía o corría el riesgo de sufrir dolor, tuve que empezar a hacer lo que me pedía.

Por primera vez probé el sabor de una mujer, con mi boca empecé a besar su sexo sobre la pantaleta, dentro de mi creció un sentimiento mezclado de éxtasis y temor, mis labios en forma torpe probaba y acariciaba la parte íntima de la señora, de vez en cuando alzaba la vista para verla, ella solo gemía, abrió sus piernas para después cerrarlas con fuerza sobre mi cabeza.

Quedé desconectado del mundo pues estaba atrapado en su mortal prisión de la cual es imposible escapar, mi temor creció cuando la señora apretó con sus gruesos muslos mi cabeza pegando mi rostro en su sexo ansioso, mi respiración se hacia más dificultosa, ella restregaba su sexo en mi cara, mientras que sus muslos prácticamente trituraban mi pobre cabeza.

La combinación de dolor y asfixia fue suficiente para suspender mi labor bucal y traté de salir pero era imposible, la sádica señora volvió a apretar mi cuello con sus gruesos muslos con tal fuerza que inmediatamente sentí que caí en un abismo negro y profundo, había perdido el conocimiento…

Cuando desperté pensé que había sido una pesadilla pero el dolor en mi cabeza y las marcas en mi cuello adolorido confirmaban que si había sido real, por lo que opté esperar mi otra paga para dejar esa casa.

Autor: Pedro

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