Al sol que más calienta

Me dedico de pleno a él, a lamerle a fondo, separa las piernas para que mi lengua llegue más abajo, el recorrido es mayor, siento en la boca la diferencia de temperatura, es mayor entre sus nalgas y según voy subiendo la piel está más tibia, mojada por mi saliva, hasta llegar al glande, lo chupo bien y luego soplo, me hace gracia ver como se le pone la piel de gallina, jadea y gime por la impresión.

Este fin de semana el encuentro será en la playa, mis chicos tienen mono de playa, el uno porque en su tierra ya está lloviendo y el otro porque en la suya no hay playa, vaya, vaya…

Recojo a Roberto en la estación y nos vamos camino de la playa de San Juan, José llegará más tarde, es como los Talgos de antes que sabías que iban a llegar, pero no sabías cuando.  El hotel lo ha escogido José, es normalito, pero lo que está muy bien es que delante del hotel, en la misma playa, tiene diez chaletcitos formando una media luna, pero separados unos de otros, y sales por la puerta y ya estás en la arena. El recepcionista nos dice que no es que en el hotel haya mucha gente, pero es que en los chalets no hay nadie, que igual no nos gusta estar tan solos, en ese momento no soltamos la carcajada porque el chico nos lo comenta muy serio y hubiera parecido que nos reíamos de él, así que le aseguramos que no se preocupe, que estaremos bien.

Me parece que la preocupación del recepcionista no es demasiada porque nos da el bungaló de la esquina, el más alejado del hotel, para que estemos más solitos, vaya. Dejamos los trastos y antes de que Roberto se ponga cariñoso le digo que tenemos que ir a comprar algunas cosillas, cervezas, algo para picar… – vale, vamos, lo dice refunfuñando, siempre hay algo que hacer antes de que me hagas unos mimos… –venga hombre, luego te lo compenso… entonces ya pone mejor cara y nos vamos a comprar.

Le dejo conducir a él, así yo puedo meterle mano, porque el muchacho ha protestado para salir de casa, pero me parece que tengo yo más ganas que él de que empiece la fiesta. Cuando llegamos al parking mis manos ya están sobando su paquete, yo voy ensimismada sin prestar mucha atención a lo que hablamos, pero cuando me doy cuenta ya hemos dado dos vueltas al aparcamiento… – ¿qué haces Rober? si hay sitio de sobra para aparcar… – yap, pero iba tan a gustito que no quería parar… – venga, deja de hacer el bobo y aparca… – pues tú deja de sobarme y así me concentro en aparcar… – no, si al final la culpa será mía…

Con unas cuantas bolsas llenas de comida basura volvemos al bungaló y entonces ya no lo puedo sujetar más, estamos todavía en la pequeña cocina y Roberto ya está estirando de mi camiseta hacia arriba… – vengaaa niñaaa, vamossss… y claro, si me lo pide así pues como que no puedo negarme, me apoyo en el banco de la cocina y le dejo hacer, sigue subiendo mi camiseta hasta que asoma el sujetador y tira de éste hacia abajo para dejar al aire mis tetas, lame, muerde, estira, chupa, como si le fuera la vida en ello, esto son ganas y lo demás son tonterías, mis pezones están duros como avellanas y yo estoy disfrutando de este sobe a conciencia con los ojos cerrados, pasivamente, lo he echado tanto de menos…

Cuando empieza a bajar hacia mi pantalón y se frota contra la pelvis… llaman a la puerta… juerrrrr José que inoportunoooo… antes de ir a abrir Roberto pega un tirón de mis pantalones y los baja con braguitas y todo, entonces se levanta y corre hacia la puerta, hay que joderse, de qué manera más ridícula me ha abandonado, pero ¿cómo se puede dejar a una amiga con los pantalones bajados en medio de la cocina? en fin… oigo que abre la puerta y en vez de saludar a José le dice… – nos has interrumpido chaval, estábamos con las manos en masa… y antes de que acabe de decirlo ya lo tengo otra vez encima abrazándome y sobándose contra mí…

José entra en la cocina nos mira y se ríe… – vaya par de dos, no os puedo dejar solos ¿eh?… se acerca, acaricia mi pelo, me gira la cara y me da un beso de esos que te dejan sin respiración… – hola bombón, ¿te lo estás pasando bien?… me sale un “muy bien” susurrado porque Roberto ya está por debajo de mi cintura y sus maravillosos dedos están obrando su magia, siento como me toca y como su aliento se acerca… José me habla bajito, me cuenta que tenía ganas de verme, que me ha echado de menos, que le gusta encontrarme así, caliente y disfrutando… entre las bocas de uno y de otro, uno lamiendo y el otro hablando, uno excitándome con su lengua y el otro meciéndome con sus palabras, uno buscando mi orgasmo y el otro mirando para no perdérselo…

Intento sujetarme a esa sensación tan fugaz entre el placer y el orgasmo completo, soy egoísta, quiero que dure más, pero no puedo… mientras miro a José, me sonríe y me dice bajito… – vamos niña, déjate ir, no será el último orgasmo de la noche, te prometo que habrá más… siento que el calor me invade y ya no intento resistirme, un orgasmo precioso eriza mi piel desde los pies hasta la cabeza, me deja sensible y un poco dolorida, pero cuando acaba tengo a mis dos chicos abrazándome y creo que es imposible sentirse mejor… aunque el resto del fin de semana demostraría cuan equivocada estaba en ese momento….

Cuando ya empiezo a respirar tranquila me doy cuenta de que tengo hambre, yo siempre pensando en lo mismo, así que… – venga, vamos a comer algo… – claro, como la niña ya se ha quedao a gustoooo… es Roberto el que protesta, claro él ha hecho el trabajo más duro, pero tampoco protesta mucho debe ser que también tiene hambre (y es raro porque este chico se alimenta del aire). Allí mismo en la cocina preparamos un picoteo, unas cervecitas y hacemos unas risas, José siempre tiene alguna anécdota que contar, pero en cuanto acabamos es José el que propone irnos a la cama…

A mí me parece que este tipo de sitios los hacen pensando en que la gente solo va a ir a follar porque ponen unas camas como plazas de toros, cosa que a nosotros nos va muy bien porque somos los tres bastante grandes y además nos gusta dormir juntos, y no es cuestión de que a mitad de noche alguno se caiga de la cama (digo alguno porque yo siempre duermo en el medio, así que no voy a ser yo la que acabe en el suelo).

Primero el cigarrito de rigor, los tres ya desnudos en la cama, eso nos entona, sobre todo a mi porque no es algo que haga a menudo, así que mientras ellos se lo van pasando yo me dedico a cosas más interesantes… como colocarme boca abajo entre los dos, a la altura de sus caderas, para ir sobándolos a mi gusto, ellos hablan, fuman… y yo toco, lamo, sopeso, juego… José se ríe… – así no hay manera de concentrarse en lo que hablas, se puede saber ¿a qué estás jugando bombón?… – estoy entrenando para Navidad, digo yo entre risas, creo que este año me toca la zambomba en el concierto de la parroquia y me han dicho que sobar pollas es una buena práctica, jajaja… – mira que eres atea e irreverente niña, dice José, pero a la vez levanta su pelvis para rozarse contra mi cara… y entonces salta Roberto… – que boca más sucia tiene mi putilla, pero me encanta…

Como premio a sus palabras me dedico de pleno a él, a lamerle a fondo, separa las piernas para que mi lengua llegue más abajo, el recorrido es mayor, pero me gusta hacerlo, siento en la boca la diferencia de temperatura, es mayor entre sus nalgas y según voy subiendo la piel está más tibia, mojada por mi saliva, hasta llegar al glande, lo chupo bien y luego soplo, me hace gracia ver como se le pone la piel de gallina, jadea y gime por la impresión… – qué mala eres putilla, dame calor que se me enfría el juguete… abro la boca todo lo que puedo y dejo que su preciosa polla se deslice en el interior hasta que no puedo tragar más… – así, niña, no te muevas… José ya ve que no voy a soltar mi presa hasta conseguir lo que quiero, así que se coloca detrás de mí, desliza sus dedos por mi vulva y consigue mojarme más todavía… ahora la que gime soy yo y Roberto siente la vibración en su parte más sensible… coloca las manos sobre mi cabeza y empieza a guiarme, me moveré como él señale, pero mis dedos están libres y empiezan a hurgar en su trasero…

Cuando José penetra en mi coño mi dedo penetra en el culo de Rober, su polla en mi boca… y el gemido se escucha por triplicado… esto no va a durar mucho, pocos movimientos bastan, nos hemos acoplado rápida, perfecta y profundamente… y los tres orgasmos son casi simultáneos… asimilo todo lo que me dan de beber, me gusta… me quedo muy relajada y no quiero moverme… el único que se mueve es José que se vuelve a tumbar en la cama, la polla de Rober va haciéndose pequeña en mi boca, la acomodo entre la lengua y el paladar y succiono como lo haría un bebé con el chupete, se oye de manera escandalosa el ruido que hago porque la habitación está en silencio… José me acaricia la cabeza y me dice en un susurro… – mañana yo también quiero de eso… y creo que en ese momento nos quedamos los tres dormidos plácidamente…

Si habéis disfrutado tanto leyendo este relato como yo escribiéndolo, escribidme vuestros comentarios.

Autora: aubasson

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