Viaje en autobus de Bilbao a Sevilla

Tomé el autobús desde Barcelona a Sevilla, autobús estaba medio lleno, yo me fui a mi asiento, número 47 casi al final rezando para que nadie se sentara a mi lado esperando dormir durante todo el trayecto nocturno que iba a hacer el autobus.

Saqué un libro esperando que el sueño me venciera cuando apareció un hombre orondo, que se sentó a dos asientos del mío, suspiré aliviado al momento aparecieron dos jovencitas, caminando hasta mi pero se sentaron en los dos asientos contiguos al señor orondo. Una de las chicas se volvió y me miró.
– ¿Tu eres Simon?.- Me preguntó.
– Si.- le respondí.
– Mi hermana es Marta. yo soy Esther, te acuerdas nos conocimos en la fiesta de cumpleaños de Adrian.
– Hola Esther,
– Esta es mi amiga Belén.
– Encantado Belén.- ellas se sentaron en los asientos contiguos al mio, y estuvimos hablando, esther era hermana de una compañera mía de instituto, ella tenía 8 años menos que yo.

Llegó la hora de partir y nos fuimos, me puse a hablar con Esther mientras que Belén intentaba dormir, molesta Belén pidió que si se podríamos callarnos a lo que le hice un amago a Esther para que se sentara a mi lado. Ella quería ventana y yo me puse en pasillo.

Ella comenzó a contarme su historia, de que había sido de su hermana que volvía de estar trabajando, pero que no le gustó ese trabajo así que se fue de él y ahora iba de vuelta a su casa, Seguimos hablando hasta que por alguna razón, ya con más confianza, la charla derivó en cosas más personales, novios, novias, etc. estaba soltera y sin pareja al igual que yo.

En el interior del bus apagaron todas las luces y salimos de Bilbao así que quedo todo muy oscuro, solo alumbrados ocasionalmente por las luces de algunas farolas al pasar por los cruces carretera, en un momento de charla ya intima, creo que por casualidad su mano paso mi cerca de mi entrepierna,
– ¡uy perdón!.
– No te preocupes.- le dije.- toca cuando quieras, jeje,
Nos reímos
– Estuvo cerca.- le dije.
– ¿Cómo, cerca de que?.- Me preguntó.-, de tu … ah… huy … no fue mi intención.- me dijo,

Nos reíamos y dejamos el tema.

Ya después la conversación se puso más subida de tono, empezamos a hablar de masturbación y de nuestra primera vez, con toda esa charla y las cosas de cómo había sido para ella y su primera vez cuando fue, uff me estaba poniendo empalmado, con mi pene muy erecto, excitado, cuando ella hizo otro movimiento, esta vez creo que fue a propósito. Ella pasó su mano sobre mi bulto, y claramente lo notó, se quedó callada. Yo hice el siguiente movimiento y puse mi mano sobre su rodilla, ella se quedó quieta.
Seguimos hablando cosas cada vez más calientes, yo metí mi mano lentamente entre sus piernas ella las abría poco a poco al paso de mi mano subiendose la falda pude sentir su chocho caliente al final de sus piernas. Ella apretó sus piernas y puso su mano sobre la mía, y me la acarició. Ya dejamos de hablar, con su mano sobre mi mano me la apretó contra su entrepierna, eso me calentó mucho, mi pene completamente duro me molestaba y abrí el pantalón y la cremallera, ella estrujaba mi mano contra su coñito cada vez más fuerte y apretaba mi mano entre sus piernas, empecé a sentir que se humedecen sus bragas.

Con mi otra mano, tome la suya y la puse sobre mi pene ya fuera de mis calzoncillos, me lo apretó apenas sentirlo, me dio un estremecimiento.

Miró atrás que no había nadie y me señaló que fuéramos detrás del autobús a los últimos asientos. Nos tapamos lo suficiente para que nadie viera que habíamos estado haciendo y dejamos a Belén bien dormida en sus dos asientos sin hacer ruido mientras que nos íbamos atrás. Nada Más llegar desabroché mi pantalón y bajé la cremallera y me saqué el pene y puse su mano sobre él, ahhh!! Q rico se sentía, ella suavemente me lo tomaba y movía, me masturbaba despacio, estaba gozando demasiado, ahora me tocaba a mí.

Mi mano derecha la lleve hasta su falda la cual recogí y descubrí que ella se había quitado las bragas antes de sentarse, metí mi mano debajo y ella sin pensarlo y como estábamos tapados por la oscuridad de la noche, se acomodo mi mano bajo su falda dentro de su coño, abriendo las piernas y facilitando el acceso a su vagina, se la toqué, estaba mojada, pero no lo dudé más y lo hice le metí dos dedos en la vagina, waa, muy caliente, húmeda, mojada, resbalosa, ella apretaba sus piernas, le comencé a frotar dentro y ella se retorcía y acallaba sus gemidos, apretaba las piernas, hasta que no aguanto y como pude me hizo sacar mi mano.

Me soltó la polla, pensé que se había arrepentido de todo. Se agachó y comenzó a mamarme la polla yo con mi mano y seguí nuevamente haciéndole un dedo y con la otra se la ponía encima de la cabeza para que su cabeza bajará más por mi polla, , con mis dedos de la otra mano sobre su rajita, notaba que estaba muy mojada, empapada a decir verdad, tenía su pubis todo depilado, así que se sentía muy suave las caricias sobre todo sobre su vulva, tenia mis dedos medio dentro de la rajita de su vagina y la parte de mi palma sobre su clítoris, subiendo y bajando mi mano por y entre sus labios. Ella seguía dale que te pego a mi polla humedeciendo una y otra vez tragándosela entera dentro de su boca y con su otra mano acariciaba mis testículos.

En un momento dejó de comerme la polla y sacó mi mano de su vagina, miró al frente viendo que todos estaban en sus asuntos distraídos o durmiendo y cruzó una pierna por encima mio y luego se agachó para meterse mi polla en su coño quedando aprisionada entre mi cuerpo y el asiento de enfrente. Esther movía su cuerpo arriba y abajo sobre mi polla la cual era abrazada por sus labios vaginales, yo la tenía cogida del culo, luego le solté el culo de una mano y le bajé una de las tiras de su camiseta y dejé salir un pecho el cual me empecé a comer, ella botaba y botaba sobre mi polla. Más tarde le quité el sujetador quedando los dos pechos libre de presión y comencé a chuparle una teta y la otra mientras que me la follaba en la parte trasera del autobús.

Finalmente nos íbamos a correr yo la notaba a ella cada vez más húmeda y a mi polla cada vez más dura, ella se corrió con un grito silencioso mientras que yo resopló cuando mi polla empezó a echar semen dentro del coño de Esther. Nos separamos y ella sin bragas y sin sujetador fue a por clines a su bolso, cuando volvió yo tenía todavía la polla dura la cual aún le salía semen, me dio un clinex para limpiarme y ella se limpio también volvimos a nuestros asientos y nos quedamos callados el resto del camino en silencio y seguimos viajando, viendo las luces pasar.

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Viajando en Colectivo II

Hola ¿cómo están? Espero que se encuentren muy bien como yo, en estos días tuve un mail de una -admiradora desconocida- que me comentó que mi relato la había puesto a mil y que la hizo recordar una experiencia parecida que le sucedió en el Metro de la Ciudad de México. A ella va dedicada especialmente y a todas aquellas personas y -personillas- que han tenido o tendrán experiencias de este tipo (sin dejar de recomendar a aquellas chicas o damas que disfruten lo más que puedan si las tocan a -escondidas- ya que no van a correr ningún riesgo en un transporte público y van a experimentar una de las experiencias más excitantes de su vida).

Bueno dejamos las salutaciones y las recomendaciones y pasamos a relatar la segunda parte del relato que nos convoca. Luego de haberme bajado en la parada siguiente de la parada que aquella hermosa y caliente chica se bajó, no podía contener mi excitación y mucho menos podía dejar de pensar en lo que me acababa de suceder, entonces decido caminar en sentido contrario al recorrido del colectivo es decir a volverme para el centro, pero caminando. Sinceramente esperando re-encontrarme con ella. Me meto en un bar para tomarme un café además de pasar al baño (aclaro no fue para hacerme una paja, solo para mear y mojarme la cara), luego de salir del Bar me dispongo a tomarme el colectivo para regresar al Centro cuando veo una persona que me llamó la atención que se acercaba a la parada, sí… ¡Era ella! , quedó como paralizada al verme, yo para que ella no se asustara me hice el distraído como si no pasara nada.

Eternos se hicieron esos minutos que pasaron hasta que llegara el colectivo, miles de ideas cruzaban por mi cabeza y la excitación aumentaba en mí. Por fin llegó el colectivo le doy lugar para que ella suba primero; como todo un caballero, ella sube y se sienta en un asiento del lado de la ventanilla como antes y me clava la mirada, yo haciendo de cuenta que no pasaba nada me siento al lado de ella como si no nos conociéramos.

Arranca el colectivo y procedo a poner mi abrigo sobre el maletín como lo hago siempre teniendo la precaución de taparle bien a ella las piernas y lo más posible esa nefasta y pesada mochila. Ella se acomoda con las piernas abiertas y me mira como pidiéndome que la toque yo ni lerdo ni perezoso procedo a correr mi mano a su pierna ya con la certeza de que no iba a ser rechazado, comienzo a masajear esa pierna maravillosa que se prestaba a mis instintos sexuales, con mi pene que comenzaba a sentir la excitación de la circunstancia, con el morbo de todo aquello que parecía irreal.

La miro a los ojos y ella mira para atrás y baja su mano a mi pierna yo se la tomo nuevamente, ella la acerca a mi bragueta la que yo con mucha cautela le abrí el cierre y bajé el calzoncillo para que a ella le resultara más fácil tocarme el miembro que a esa altura estaba con una temperatura de 100 °C, eso creo. Maravilloso fue sentir en mi pene su mano temblorosa como si nunca hubiera tocado uno y recorriéndolo en toda su longitud, corriendo el prepucio y tocando la cabeza que comenzaba a despedir el liquido pre-seminal, ella lo extendía por la cabeza y me hizo señas, con su codo, para que destapara mi falda para observarlo !Que linda cara que ponía ella al mirarme el pito mientras lo tocaba, lo acariciaba, lo manoseaba, lo meneaba de arriba hacia abajo!

Yo como loco le metí la mano dentro del pantalón de gimnasia para tocar esas piernas suaves jóvenes y temblorosas que se dejaban recorrer por cada centímetro de su existencia. Algo indescriptible fue volver a tocar esa bombacha mojada que minutos antes ya había conocido en el otro colectivo. Con la ayuda de ella le metí la mano bien en su sexo jugué con mis dedos hasta el cansancio mientras ella mirando para el exterior y el interior del colectivo me tocaba y jugaba con mi pene, tocándome las bolas tirándome de los vellos que tengo, sonriéndome cuando me hacía doler.

Ya en el centro de la ciudad el colectivo comenzó a llenarse, allí fue cuando le dije que nos fuéramos al fondo para estar más tranquilos, creo que la asusté porque me dijo que no. No me importó seguí a su lado con mi dedo en su conchita toda mojada y caliente masturbándola como pude. En eso que estábamos concentrados en nuestro juego veo que ella mira hacia el pasillo y saluda a un muchacho que la conocía, el le dijo…

– Hola Pato, creo que allí supe que se llamaba Patricia.

Así estuvimos viajando por mucho tiempo hasta que empiezo a sentir como que estaba por acabar y la miro haciéndole señas cerrando mis piernas, tocándola con mi codo para que se diera cuenta que estaba por acabar, que ya no podía más aguantar tanta excitación. Ella la apretó a mi pija y la comenzó a sacudir tocándome con el codo para que la dejara mirar, yo me fijé para atrás y solo quedábamos aparte de nosotros un tipo en el fondo durmiendo. Entonces corrí todo lo que estaba en mi falda me recosté en mi asiento y me dispuse a mirar ese espectáculo que ella y yo íbamos a experimentar, mi eyaculación.

No apartó ni un instante su mirada de mi pene cuando comenzó a despedir semen, lo tocaba se embarraba las manos con él, lo tocaba y yo temblaba como una hoja mientras ella disfrutaba mirarme como yo gozaba. Hasta que llegó el momento en que ella cerró los ojos y me aprisionó la mano con sus piernas y comenzó a temblar como una hoja en su asiento… ¡Estaba acabando también! ¡Maravilloso! ¡Estupendo!

Fue una experiencia hermosa, dulce, especial, simplemente… ¡Maravillosa! Quitó mi mano de su concha, se acomodó la ropa y luego de unas paradas me pidió permiso para bajarse, yo quedé helado, no podía creer lo que me estaba pasando, estaba todo sucio con mi semen en mi pija, mi mano con sus jugos y ella se iba como si no hubiera pasado nada en este viaje. Cuando le di el lugar para que se bajara le metí una mano en el culo como para que no se lo olvidara más en su vida y ella me correspondió con una sonrisa y un guiño de ojo con una picardía tan linda como ella.

Se bajó del colectivo y yo pasmado quedé nuevamente muy lejos de mi destino, pero con una satisfacción enorme y con la pija vacía lógicamente me tuve que bajar y eso si me tomé un taxi hasta el primer Centro Comercial para lavarme y tomarme otro café.

Pato si estas leyendo este relato escríbeme.

Chau y éxitos a todos.

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Viajando en Colectivo I

Hola, me llamo Michell, (pongo un seudónimo, por precaución y/o privacidad). Soy un tipo de 35 años que está casado hace unos años con hijos hermosos, pero con un secreto que sólo algunas escasas personas conocen… me gusta manosear a las mujeres en el colectivo, (siempre que me gusten y me hagan excitar).

Mi gusto por esta práctica comenzó hace muchos años cuando estaba en mi adolescencia, pero no lo contaré ahora porque no viene al caso, (lo haré en otra oportunidad, con otros relatos, si les parece bien). Les pasaré a contar de una de las experiencias que tuve en este tiempo que llevo realizando esta práctica, que con los pasos de los años se ha estado perfeccionando cada vez más.

Resultó ser que una mañana de hace cerca de un año, voy a tomar el colectivo que pasa por las cercanías de donde vivo para realizar las tareas cotidianas. Es de esos colectivos diferenciales que por más que sean más pequeños que los ómnibus tienen ciertas comodidades y confort que los otrora nombrados no poseen. Justo en el momento que estoy llegando a la parada de dicho colectivo este que se me estaba pasando, corro para alcanzarlo (la fortuna hizo que el muy buen y amable chofer me viera y en el acto frenara), lo alcancé y subí, sentía que mi corazón iba a estallar dentro de mi pecho por la corrida que me había pegado, pero logré estar en ese bendito colectivo, lo colosal del caso que más fuerte fue el palpitar de mi corazón cuando vi en uno de los asientos a una hermosa chica con equipo de gimnasia, y encima sentada del lado de la ventanilla, lugar de mi preferencia porque puedo tener buen control de la situación.

Maravillado por esto me dispongo a sentarme al lado de ella y comenzar a acomodarme como lo hago habitualmente, colocando el maletín que llevo siempre en mi falda y sobre él un sobretodo que uso en días de invierno, para tapar la actividad de mis manos en el grandioso acontecimiento que voy a realizar, tapándole parte de su falda también. Ella era una belleza de aproximadamente unos 18 años de edad, que vestía un buzo de gimnasia de color azul, zapatillas para la ocasión con una pesada mochila (sé que era pesada porque traté varias veces de levantarla con mi brazo derecho). Ella poseía unas hermosas tiernas y calentitas piernas, que me encargué de recorrer, pero que por el peso de esa mochila no podía manosear más profundamente en la entrepierna de ella, su pierna izquierda.

Así me estuve entreteniendo durante el viaje excitado por mi maravillosa tarea hasta el centro de mi Córdoba querida, hasta que llegamos al centro y al momento detonante de este relato. Comienzo a notar que ella se empieza a acomodar en su asiento y a mirar para atrás del colectivo y a observar como uno a uno se iban bajando los pasajeros, yo entretenido con su pierna y renegando con su mochila, decido seguir en el viaje dejando para más tarde las pocas actividades que tenía para esa mañana, y por consiguiente dejando que el centro vaya alejándose tras nuestro. Cuando de repente en la ciudad universitaria nos quedamos solos en el viaje, solos nosotros, el chofer y los asientos testigos mudos de este acontecimiento. Ella mira atrás y baja raudamente su mano por debajo de su mochila yo… ¡Estupefacto!… Duro… pensando: ¡ZAS! ¡Sonamos se dio cuenta y me revienta la cara de una cachetada y encima con escándalo!

Pero no fue así, al contrario apoyó la mano en mi pierna y comenzó a apretarla y a manosearla desde la rodilla hasta la ingle… Maravilloso, espectacular… se había excitado ella también, yo sin dudarlo le tomo la mano y se la apoyo en mi bragueta, divino fue sentir esos deditos apretándome la verga por encima de mi pantalón, con mi mano izquierda bajo el maletín al piso, bajo el cierre de mi pantalón y le meto su mano dentro de él, ella anonadada mirando lo que yo hacía comienza a tocarme mi pene sobre el calzoncillo y a apretármelo, manosearlo como si no hubiera visto una pija nunca o nunca le hubiera pasado esto antes, respirando agitada, yo mientras tanto con mi mano derecha hago a un lado su mochila y con la izquierda me ayudo para meterle la mano dentro de su pantalón de gimnasia. ¡Qué sensación hermosa fue sentir que esa bombachita blanca estaba mojada…!

Mis dedos comenzaron a moverse y ella a abrir sus piernas, mi pene cada vez más duro, pero de repente me saca la mano de su conchita, se acomoda la ropa y me pide permiso para bajarse… Estaba llegando a su destino, y nuestra pequeña fiesta ¡A su fin! ¡Qué lastima…! ¡Qué horror…! ¡Qué desgracia…!

Ella se para, yo sin pararme del asiento me corro no sin antes meterle una maravillosa mano en el culo que ella me retribuye quedándose por unos segundos quieta y haciéndose para atrás hasta dar ese culo tan cerca casi tocando mi cara. Luego se baja y yo con una calentura de maravilla con unas ganas de hacerme una paja en el colectivo sin importarme el chofer, pero reinó la cordura en mí, esa que no reinó con aquella muchacha, y me dispuse a bajarme y tomar el colectivo que me llevara al centro…

Pero no se hagan problemas que esta historia continúa…

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Viaje en autobús

Seis horas de viaje. La perspectiva no le emocionaba demasiado a Lisandro. Seis horas de ir sentado en el mismo asiento para trasladarse a aquella ciudad donde había conseguido empleo temporal… La perspectiva del trabajo le gustaba, la idea del viaje no. ¿Cómo se supone que se entretendría viajando esas seis horas en el camión?

En un principio intentó dormirse. Pensó que lo lograría fácilmente, ya que el autobús iba bastante vacío (apenas unas cuantas personas en los asientos de hasta enfrente, mientras que él iba sentado casi hasta atrás) por lo cual el ambiente era bastante silencioso. Sin embargo, aquel silencio más que tranquilizarlo lo puso ansioso. No podía siquiera cerrar los ojos de esa manera. Se resignó a que probablemente no podría dormir durante el viaje, así que sacó su teléfono celular y decidió conectarse a internet. Tendría que sacar partido de aquel smartphone en aquellos momentos de hastío.

Lo primero que probó fue checar las redes sociales y sitios de contacto (facebook, twitter, badoo, manhunt, planetromeo). Chateó un poco pero inmediatamente se aburrió. Hubo un par de contactos por ahí que le insinuaron algo más, pero desistieron cuando supieron que no iba a estar en la ciudad por algún tiempo. Lo único que consiguió fue un mensaje de “bueno, quizás cuando vuelvas”.

Estaba a punto de desconectarse cuando vio en la lista de sus contactos a un chico que recordaba le había comentado que escribía literatura homoerótica. Él no estaba conectado, pero Lisandro sabía que dentro de su perfil estaban los links que conducían a sus historias. Había leído un par hasta ese momento, y tenía curiosidad por saber que más podrían contener los demás relatos. Bien, pues no tenía nada más que hacer por el momento, así que no podía perder nada al ponerse a leer.

Le llamó la atención un relato que había sido publicado justamente aquella semana. Diversión en el hospital. El título prometía. ¿Qué clase de idea loca habría tenido aquel chico para escribir ese relato?

Comenzó a leer lo que el chico había publicado. Medio le sorprendió, medio le pareció cómico y medio fuera de lugar la información de que el relato iba con dedicatoria a los enfermeros que celebraban su día. Pero eso pasó a segundo término cuando leyó la descripción de los enfermeros que participaban en el relato. Leyó los hechos que sucedían en el hospital antes de la aventura sexual rápidamente, hasta que llegó el momento en que los dos enfermeros se quedaban a solas. Su pene se paró con la misma velocidad con la que lo hicieron los de los protagonistas del relato. Comenzó a acariciar su bulto, el cual resaltaba bastante bien, mientras seguía leyendo. Estaba a punto de desabrochar su pantalón y comenzar a jalársela propiamente cuando alguien en los asientos de hasta enfrente se puso de pie y comenzó a caminar hacia la parte trasera del autobús, seguramente para entrar al baño. Lisandro dejó que su mano se acomodara sobre su pierna mientras seguía leyendo. Sintió la mirada del hombre qué pasó a su lado sobre él, pero no le hizo caso. El tipo pensaría que Lisandro simplemente iba checando cualquier cosa con su celular.

Una vez que oyó la puerta del baño cerrarse, volvió a acariciarse su bulto. No creyó que fuera buena idea arriesgarse a sacarse la verga para masturbarse propiamente mientras el tipo que había entrado al baño podía salir en cualquier momento. Sin embargo, le hubiera gustado poderse masturbar directamente cuando leyó que Miguel le echaba sus mecos en la garganta a Joaquín. Imaginarse aquello era terriblemente erótico.

Justo en aquel momento escuchó ruidos provenientes en la parte de atrás, indicándole que el tipo del baño estaba a punto de salir. Volvió a dejar su mano recargada inocentemente sobre su pierna mientras leía el intermedio en que los personajes caminaban hacia el baño.

El hombre del baño salió, pero en lugar de volverse a dirigir hacia los asientos de hasta enfrente se sentó en la banca que había del otro lado del pasillo. Lisandro volteó a verlo directamente sin poder evitar la frustración en su rostro. ¿Es que aquel tipo planeaba arruinarle la única diversión que llevaba en el viaje?

-Disculparás -dijo el hombre-. Pero la señora de hasta enfrente va roncando ruidosamente y así no puedo dormir.

Lisandro podía oír los ronquidos de la mujer tenuemente, ya que a esa distancia el ruido se confundían con los sonidos que llegaban de fuera. Suponía que no podía hacer nada más al respecto. ¿Qué, le diría al tipo que le importaba un comino pero que mejor se fuera hacia enfrente? No dijo nada, simplemente regresó la vista a su celular, pensando si debería cerrar la aplicación de internet y ponerse a hacer otra cosa. Mientras tanto, el tipo del otro lado se acomodó, inclinando su asiento hacia atrás para después cerrar los ojos.

Lisandro estaba a punto de cerrar la aplicación cuando leyó un par más de líneas del relato. Recordó hacia donde se dirigían los personajes, lo cual le dio una idea de lo que podía hacer él para satisfacer sus ganas. Así que sin soltar su teléfono, se dirigió al baño tal y como los personajes de aquel relato lo hacían, solo que él fue hacia allá de manera solitaria.

Una vez echado el pestillo, se desabrochó el pantalón y se sentó sobre el retrete para estar más cómodo. Volvió a leer el relato mientras dejaba que su mano se entretuviera acariciando su pene, el cual apenas y había perdido un poco de rigidez desde que había estado en su asiento, rigidez que recuperó en ese momento. Se acarició sus testículos mientras se imaginaba lo maravilloso que debía ser mamar un culo como el de Miguel.

¡Maldita fuera! Lisandro hubiera deseado tener más manos mientras continuaba avanzando con el relato. Solo podía usar su mano derecha para acariciar su cuerpo, ya que la izquierda tenía que sostener el celular frente a él e ir bajando la página para seguir leyendo. Dejó que su mano diestra subiera por su vientre suavemente, para después subir a su pecho y apretar por sí mismo sus tetillas mientras leía que estaba a punto de suceder una penetración en el relato. Hizo que su mano volviera a bajar hacia su verga, permitió a sus dedos rodear por completo aquel tronco lleno de calor y comenzó a subir la mano ritmícamente mientras el relato se ponía cada vez mejor. Dejó que sus dedos apretaran su miembro, hizo que su dedo pulgar danzara sobre su glande mientras se sentía cada vez más excitado.

Lisandro concluyó de leer el relato cuando ambos hombres se vinieron. No le interesaba demasiado si había algo después, lo que ahora le importa era su propio placer y no el de los personajes. Colocó su celular donde pudo, y dejó que su mano izquierda se dirigiera hacia sus huevos mientras la derecha seguía restregándose contra su falo. Su palma izquierda acariciaba suavemente sus bolas mientras su dedo medio frotaba con fuerza su perineo, de manera que llegaba a estimular su prostáta. Dejó que el aire saliera por su boca de forma audible mientras sentía que el momento de su orgasmo estaba cada vez más cerca, y después de un par de jaladas soltó un fuerte gemido mientras de la punta de su verga comenzaba a brotar su líquido seminal. Se entregó a la sensación placentera que le provocaba la contracción de sus músculos para originar la salida del semen, mientras seguía acariciando suavemente su polla y sus testículos.

Se quedó un momento así, incluso cuando ya había terminado de botar toda su leche. El relato que había leído había estado bueno, pero lo realmente bueno había sido la forma en que se vino. Quizás habría estado mejor hacerlo acompañado, pero dadas las circunstancias se conformaba con aquello.

Tomó algo de papel para limpiarse la mano y la polla, después volvió a subirse el pantalón y tomó su celular para salir del baño. El ambiente en el resto del autobús seguía tal y como había estado antes de que entrara al baño. Volvió a su asiento, con la intención de descansar. Quizás después de esa relajante masturbación podría dormirse del modo en que lo estaba haciendo el tipo que iba al otro lado del pasillo. Así que Lisandro decidió reclinar un poco más su asiento, se acomodó y cerró los ojos con la intención de dormirse lo que quedaba del viaje.

Pero no lo logró. Concentrándose en sus sensaciones se dio cuenta que aún seguía caliente. Tenía ganas de masturbarse nuevamente. ¿Cómo era aquello posible? ¡Acababa de venirse ricamente! No era posible aquello.

Comenzó a acariciarse el bulto de su entrepierna distraídamente mientras miraba por la ventana. En aquel momento le hubiera encantado estar en la ciudad, donde podía contactar con alguien mediante internet y en media hora estar en la casa de alguno de los dos o algún hotel para coger fuertemente. O quizás en lugar de internet ir a algún conocido punto de encuentro: unos baños, un cine, un café internet, esos lugares de “el departamento”… cualquier cosa habría estado bien, en lugar de solo conformarse con su mano.

Aunque bien pensado no es que su mano tampoco estuviera mal. Era la única que realmente siempre le tocaba tal como quería, la única que se la sobaba a la velocidad que deseaba, que acariciaba la parte de su cuerpo que ansiaba y nunca se contraponía a sus anhelos.

Lisandro negó con la cabeza ante todos aquellos pensamientos. Si bien eran ciertos aun así sonaban a una locura. Justo cuando su cabeza se ladeaba, alcanzó a ver algo que se movía al otro lado del pasillo. Volteó la cabeza totalmente, y cual no sería su sorpresa cuando se dio cuenta que el tipo que según él iba durmiendo no iba para nada dormido, sino que más bien se encontraba despierto y no dejaba de acariciarse también su bulto mientras lo miraba con interés.

La situación prendió a Lisandro con una rapidez inigualable. Si su polla se estaba volviendo a poner dura con sus propias caricias, al ver al otro hombre que viajaba en el autobús hizo más que ello. El tipo levantó la mirada para encontrar la de Lisandro, y una simple mirada bastó para que ambos se pusieran de acuerdo. El otro dejó su asiento y se levantó para ocupar el que estaba exactamente al lado del de Lisandro.

-Alberto -dijo el otro tipo mientras se sentaba y le estiraba la mano a Lisandro.

-Lisandro -se presentó a su vez mientras no podía evitar sonreír. Cuando Alberto se había puesto de pie había resaltado que sus pantalones ocultaban un buen pedazo de polla, aunque solo de manera parcial porque resaltaba bastante.

-El viaje va algo aburrido, ¿no? -inquirió Alberto.

-Bueno, podemos solucionarlo -contestó Lisandro mientras dejaba que su mano se posara sobre la pierna del otro.

Alberto lo imitó inmediatamente, dejando que su mano masajeara la pierna de Lisandro a través del pantalón. Dejaron que sus manos subieran poco a poco, pero antes de que alguna de las dos llegara al pene de alguno Alberto acercó su rostro al de Lisandro y lo besó. Aquello sorprendió al hombre, pero se dejó llevar y permitió que aquellos labios gruesos que ahora se le presentaban recorrieran los suyos. Ambos labios se comenzaron a mover como si estuvieran sincronizados mientras las manos alcanzaban su objetivo: el bulto del otro.

Alberto separó su rostro del de Lisandro, para dedicarle una mirada apasionada mientras sus dedos se afanaban por desabrochar el pantalón ajustado que aquel día llevaba. Mientras tanto, los dedos de Lisandro desabrochaban con habilidad el cinturón de Beto, tranquilamente y sin prisas. Debajo de su pantalón Lisandro llevaba un bóxer de color rojo encendido, mientras que Alberto no llevaba nada. Asi que mientras Alberto se dedicaba a seguir masajeando el falo de Lisandro por encima de la ropa interior, este tuvo la oportunidad de llegar a tocar inmediatamente el pene de su acompañante, el cual se encontraba rasurado y como Lisandro lo había pensado tenía una longitud considerable, al igual que un grosor nada despreciable. Dejó que sus dedos recorrieran aquella cabeza rosada que estaba totalmente expuesta, para después permitirles bajar por aquel tronco donde las venas resaltaban y finalmente rodear los grandes testículos que estaban hasta abajo.

Alberto soltó un enorme suspiro mientras la mano del otro se movía por su pene. Él decidió no quedarse atrás, y mientras Lisandro sopesaba sus huevos metió su mano debajo de aquel bóxer rojo y comenzó a palpar el falo que se ocultaba debajo. Beto comenzó a acariciar totalmente el falo con la palma de su mano mientras su pulgar se dedicaba a estimular suavemente el glande de este tras haberlo descapuchado.

-¡Oh sí! -susurró Lisandro para después soltar un leve suspiro de satisfacción.

Alberto se inclinó, y antes de que Lisandro pudiera decir algo más, sintió como una cálida boca hacía contacto con su pene mientras la mano del otro se dirigía hacia la base. Lisandro también se vio obligado a mover su mano debido a la posición en que quedaron ambos cuerpos, así que mientras Alberto besaba su glande él regresó la mano hacia el duro falo de su acompañante en lugar de seguirle masajeando los testículos. Dejó que su mano subiera y bajara a lo largo de toda la longitud de aquel buen pedazo de carne mientras sentía como aquellos labios gruesos atrapaban su glande rodeándolo y luego comenzaban a deslizarse hacia abajo. Primero Beto solo metió la cabeza del pene del otro en su boca para después sacarla, pero al volver a tragar aquella polla metió un poco más de ella entre sus labios, y así sucesivamente, provocando en Lisandro sensaciones de placer extremo.

Lisandro no aguantaba más, y mientras el camión traqueteaba por la carretera aprovechó en ligero salto para levantar las caderas y penetrar la boca de su acompañante lo más profundamente posible. Creía que seguramente Alberto se haría para atrás, pero nada de eso, al contrario, el otro también aprovechó el levantamiento de caderas del primero para con habilidad jalarle los pantalones y el bóxer hasta media pierna.

Alberto dejó que sus manos recorrieran aquellas piernas recién descubiertas durante un momento, pero inmediatamente una de sus manos se metió entre ellas hasta que consiguió que su índice tropezara con un agujero que se contrajo ante su contacto. Sin embargo, Beto no desistió, sino que comenzó a frotar la entrada del recto de Lisandro mientras seguía chupando su verga. Lisandro no sabía a que placer atender, si al de su mano en contacto con aquel pedazo de carne ardiente, al de su falo por el cual se deslizaban los carnosos labios de su acompañante o al de su ano que estaba siendo suavemente estimulado por fuera por aquel dedo índice.

Finalmente Lisandro decidió dejarse llevar, solamente disfrutar de todo lo que pudiera. Alberto consiguió lentamente meter parte de su dedo en el culo de Lisandro, mientras la mamada que le estaba dando aumentaba de velocidad. Lisandro comenzó a respirar aceleradamente mientras sentía que el momento de su clímax llegaba. ¿Qué otra cosa podía esperar cuando el dedo de Alberto había comenzado a moverse en su interior, sus propias manos recorrían aquel falo poderoso y la boca de su acompañante succionaba su polla? Así, entre todo eso, no le fue extraño llegar al clímax mientras intentaba contener sus gemidos, aunque no pudo evitarlos del todo mientras llenaba la boca de Alberto con su dulce néctar. Beto por su parte no dejó que una sola gota de la eyaculación de Lisandro escapara de sus labios, y la degustó mientras dejaba que su lengua recorriera aquel tronco que tenía aprisionado entre sus labios.

-¡Sí que sabes como hacerlo! -comentó Lisandro mientras Alberto lamía la punta del pene.

-Déjame ver tu culo -le pidió Alberto mientras sacaba su dedo del interior del otro y separaba su boca del pene.

Lisandro no estaba muy seguro de cómo hacer aquello, pero Alberto metió su cabeza por detrás de la espalda del primero mientras con las manos lo invitaba primero a recorrerse en el asiento y luego a levantar ligeramente las caderas. Lisandro se cuidó de no levantarse demasiado, ya que no quería que el chófer por el retrovisor o cualquier persona que volteara se diera cuenta que estaba levantado de su asiento y se preguntara por qué.

Mientras tanto, Alberto dejó que su rostro se deslizara a lo largo de la espalda de Lisandro. A pesar de la playera, el hombre dejó que sus labios presionaran a lo largo de la columna vertebral del otro, hasta que llegó donde terminaba la playera y la suave piel de Lisandro quedaba expuesta, ddejando sus dos nalgas al aire. Aquellas nalgas apetitosas, no muy grandes pero tampoco pegadas al hueso, dos nalgas que tenían una forma perfecta y que estaban separadas por una raya que escondía un tesoro para Alberto. El hombre dejo que sus labios recorrieran la posadera que se encontraba más cerca de él en tanto su nariz se hundía en la separación y aspiraba los aromas que se escondían ahí.

Por su parte, Lisandro tuvo que agarrarse al asiento de enfrente cuando Alberto comenzó a besar su trasero. Apretó los labios para asegurarse de no dejar escapar ningún suspiro mientras sentía que sus piernas cederían en cualquier momento debido al cosquilleante placer que le estaban dando los labios de Beto deslizándose sobre su culo, y su nariz acercándose cada vez más a su precioso agujero. También disfrutó grandemente mientras Alberto lo mordisqueaba levemente y dejaba que su lengua se acercara cada vez más a la división entre ambas nalgas, hasta por fin alcanzarlas y empezar a buscar entre ellas la entrada al interior de Lisandro.

En cuanto la lengua de Alberto hizo contacto con su ano, Lisandro no pudo evitar soltar un gemido ahogado. Alberto dejó que su lengua recorriera los bordes del ano de su compañero de viaje mientras él mismo seguía masturbando su pene, pues no quería que perdiera dureza para lo que se venía.

El beso negro se extendió por un buen rato. Lisandro disfrutaba mientras la lengua de Alberto se abría paso dentro de él, mientas sus labios parecían embonar con los bordes del agujero que llevaba a su interior, mientras una de sus manos le acariciaba las piernas y él mismo masajeaba su polla lentamente, la cual se había vuelto a levantar por tercera vez en la noche con ánimos de proseguir.

-Creo que ya es tiempo -comentó Alberto mientras se separaba del culo de Lisandro.

Este volteó a ver a su acompañante, y se dio cuenta que estaba sacando un condón de una condonera que llevaba, y antes de que Lisandro pudiera hacer algún movimiento Alberto se coló detrás de Lisandro mientras abría el condón para después colocárselo. Tomó por la cintura a Lisandro, quien se dejó guiar para sentarse sobre Beto. Su ano presentó un poco de resistencia, pero inspiró profundamente intentando relajarse. La verdad estaba demasiado caliente como para negarse a hacer algo como aquello. Así que siguió respirando mientras sentía como la cabeza del pene de Alberto se abría paso en su interior, centímetro a centímetro, dejando detrás un ligero dolor pero una sensación de lleno sumamente placentera.

-Ya está dentro -dijo Alberto cuando Lisandro asentó sus posaderas sobre las caderas del primero. Lisandro podía sentirlo, pero aún así hizo que su mano se dirigiera primero hacia sus propios testículos para después deslizarla hacia abajo y tocar los huevos de Alberto. Apenas y sentía la base del pene de Alberto, pues realmente tenía todo dentro.

Alberto dejo que sus brazos rodearan el cuerpo de su compañero por debajo de la ropa, para después atraerlo hacia sí y besarle la oreja. Mordió levemente su lóbulo, y dejó que su lengua recorriera todas las líneas de la oreja. No se apresuró a iniciar el mete y saca, simplemente disfrutó de como el recto de Lisandro lo apretaba suavemente, del sabor de su oreja, y de su mano acariciándole suavemente las bolas.

Fue Lisandro quien comenzó los movimientos para dar inicio al mete y saca. Al principio no sacó el pene de Beto, simplemente comenzó a hacer movimientos circulares con su cadera. Aquello enloqueció a Alberto, quien tomó de la cintura a su acompañante para hacerlo comenzar a subir y bajar, de tal manera que su verga comenzó a entrar y salir del agujero donde se encontraba.

Poco después fue Lisandro quien se encargó de subir y bajar por sí mismo, mientras que Alberto dejaba que una de sus manos se encargara de los genitales del primero. Le acarició las bolas mientras saltaba, y luego tomó su pene y lo envolvió con su cálida mano mientras se las arreglaba para mover sus propias caderas en el espacio que tenía disponible.

El placer de ambos era impresionante, y en búsqueda de algo más aceleraban cada vez más. Los golpes de las nalgas de Lisandro sobre las caderas de Alberto se hacían cada vez más audibles, las penetraciones parecían cada vez más profundas y la mano de Beto se afanaba jalando la polla de Lisandro. Con la situación así, no fue extraño que los dos alcanzaran el clímax, en primer lugar Lisandro, y cuando Alberto sintió que su mano se llenaba con los fluidos que salían de la verga que sostenía se excitó aún más y jaló a Lisandro penetrándolo hasta el fondo mientras vaciaba su leche dentro de su recto. Los gemidos de ambos fueron inevitables, pero afortunadamente para ellos los demás pasajeros venían dormidos o confundieron el sonido con cualquiera de los otros que provenían de la carretera.

Alberto dejó que su mano subiera por debajo de la playera de Lisandro, embarrando su abdomen con sus propios jugos. Volvió a jalarlo hacia él mientras todavía tenía toda la polla dentro, y Lisandro volteó la cabeza para besarse una vez más con el hombre que le acababa de regalar un momento único. Se quedaron un momento compenetrados, mientras Alberto lo besaba en la boca, en la oreja o en el cuello y Lisandro acariciaba los testículos que tenía debajo y correspondía a los besos. El pene de Alberto ya había perdido bastante rigidez antes de que se decidiera a sacarlo, empujando ligeramente a Lisandro hacia arriba, aunque una vez que se hubo quitado el condón volvió a jalarlo para que se sentara nuevamente sobre de él, quedando su trasero sobre su pene.

Podrían haberse quedado así todo el viaje, o al menos hasta volverse a prender, si no hubiera sido porque no venían solos. Vieron que alguien en la parte del autobús se ponía de pie, pidiéndole permiso para pasar a su acompañante que venía en el pasillo, así que rápidamente Lisandro se deslizó al asiento de al lado mientras se acomodaba el pantalón. Alberto hizo lo propio, y comenzaron a charlar como si nada mientras el hombre los pasaba por al lado para dirigirse hacia el baño.

-Eres fantástico, de verdad -le dijo Alberto una vez que el hombre hubo cerrado la puerta del baño.

-Lo mismo puedo decir -expresó Lisandro mientras acercaba su boca una vez más a la de su acompañante para besarlo.

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Fantasia en el autobus

Subo al autobús.
Voy en dirección al trabajo, para ello cojo el 4, me bajo en la Plaza de la Concordia, hago transbordo en el 12 y llego al polígono industrial donde está la fábrica de golosinas donde trabajo. Todos los días, de lunes a sábado. Mañana y tarde, o tarde y noche. Estamos en agosto: altas temperaturas en la calle, en el autobús huele a sudor rancio, bebés berreando, carritos de la compra desperdigados, ancianos con mirada de águila buscando dónde sentarse, caras somnolientas, música de fondo, frenazos, obras, ding, yo me bajo aquí, ¡espere, espere!, gritan a mi lado, que viene corriendo, ya lo perdió.
Esta tarde es diferente. Despego la mirada de la barra donde me cuelgo cual macaco. Saco del morral a mi costado el botellín de agua. Glu, glu, este calor es asfixiante. ¡El aire acondicionado!, gritan al fondo, a punto de derretirse. Giro la cabeza. Bizqueo extasiado. Menudo monumento de jaca predispuesta tengo delante. Es jovencita, vibrante, tierna juventud; teniéndose de pie por el solo efecto de las miradas que la sostienen. Cuerpo cimbreado, sinuoso. Cabellera oscura, lustrosa, piel tostada, mirada azulina hechizante, labios gruesos y barbilla jactanciosa. Un cuello realzado con pendientes enormes da paso a una blusita de color hueso donde dos pechos colmados rematan las arrugas de la tela con dos pezones puntiagudos. Botones desabrochados abajo, dejando libre un ombligo. Y más allá… más allá… un inconmensurable espacio de vientre tostado hasta llegar casi a la ingle, hasta un pantaloncito vaquero de aspecto frágil, rompible en las nalgas. Luego largura inmensa, piernas desnudas y torneadas, tostadas como el resto de la carne visible. Suavidad aterciopelada, ternura indescriptible. La joven se sabe rodeada de un embravecido mar de deseos masculinos, podría alcanzar cualquier rastro libidinoso con la mano, son palpables. Miradas masculinas desnudándola, follándola con los ojos. Frenazo brusco, tetas arrastradas por la divina fuerza de la inercia, una ola de suspiros masculinos y navajazos aparentemente indiferentes de las demás féminas. Éstas pensarán que qué guarra es, ir así, medio desnuda, enseñándolo todo, no tendrá madre para decirla que viste como una putón, porque eso es lo que será, se dicen, una putona calienta-pollas, cuyo papi y mami la han dado rostro escandalizador, cuerpo pecaminoso, mirada tentadora. Esas son las que te roban al novio con un chasquear de dedos, con un meneo de tetas, con un mohín de picardía. Esas son, sí. Las que pervierten a los hombres con sus andares de nalgas presurosas, de posturas agravantes, de agitaciones testiculares. Dame de eso que tienes en la bragueta, cariño, dame que yo lo sabré guardar bien recogidito entre mis tetas o entre mis piernas, allí donde jamás tendrás acceso. Nunca jamás.
Un anciano corre como un poseso a la caza de un asiento y codea en una teta a nuestra diosa, quita de en medio, putona, parece decir. Ay, la ha dolido, lo mira extrañada, preguntándose porqué ha sido agredida, un mísero asiento, por un asqueroso apoya-culos. Pero el anciano es nuestro héroe, nuestro acaudillado, un héroe. La joven se frota la carne magullada sobre la blusa. Suspiros, anhelos, pollas irguiéndose, fiiiirmes. Es carne verdadera, no silicona pagada en oro al peso, con fresones puntiagudos, arañando la blusa. Ay, mi morena, como nos gustaría enterrar nuestra nariz entre tus globos, esos que algún día, quizás amamanten a un bebé. Ese día, en un parque, por la tarde, mientras se toma un refresco se sacaría una teta, gorda, repleta de alimento, coronada por pezones inflados y oscuros, de areolas invadiendo el grueso de la carne. Ay, quién sería bebé tuyo, morena, para chupar de tus tetas vivificadoras. Pero para tener un bebé antes habría que haberte montado, jaca mía. A pelo, sin condones plastificando nuestros internamientos. Tu cuerpo desnudo, receptivo, vamos, amor mío, dame tu semen procreador, escancia en mi cáliz tu vino de simiente. ¿Cómo la gustaría a mi morena follar? En un sofá no, muy prosaico. Y en una cama tampoco, muy anodino.
En un ascensor, sí, en un reducido cubículo al amparo de una llamada de emergencia. Eso la gusta más, sí. Y a mí también. Pulso el botón rojo. Tú, yo y cuatro espejos del suelo al techo tapizando el cubículo, extendiendo nuestras imágenes reflejadas hasta el horizonte. Me abrazas con decisión, hundiendo nuestras lenguas en boca ajena, apretando mis nalgas a través del pantalón, abriendo la bragueta, mi pene aparece encorvado, rindiendo pleitesía. Sin ropa interior, ya lo habíamos preparado: oye, cariño, me preguntaste antes, ¿te apetece que follemos ahora en el ascensor? Asiento y nos despojamos de ropa interior, solo la ropa que ahora llevamos, nada debajo, salimos de casa y montamos en el cubículo para desplazarnos hasta una planta ignota, una que jamás será alcanzada. Esos labios gordezuelos aprisionan mi miembro estampando besos empapados de saliva espesa, tórrida. Tu mirada azulina enmarcada por una sombra oscura de ojos se abre paso a través del espacio entre mi polla y mi boca. Engulles tragando saliva y lujuria. Tus dientes me arañan, me arrancan escalofríos libidinosos. Te levanto, tengo el nabo encharcado, meando tus babas espesas, tieso como el metal, duro como una piedra. Te abro la bragueta, deslizo tus shorts piernas abajo, inmensas, la prenda jamás llegará hasta tus tobillos. Un pubis rasurado y lechoso contrasta con el resto de tu carne tostada. Sabrosa delicia, manjar divino. Hundo mi cara en tu sexo, oprimo mis labios contra los tuyos, exhalas un gemido, te apoyas en la barandilla, tus pechos bailan carentes de sostén bajo la blusa. Encharco tu vulva, restriego mi cara en tu sexo, arranco destellos de orgasmo. Gimes gozosa, chillas alegre, jovial, menesterosa: cimbreas tus caderas dibujando óvalos sensuales y mi cabeza, un satélite esclavizado, te sigue en tu movimiento absorbente. No puedo más, la polla me va a explotar, el pellejo va a restallar en una explosión de lujuria. Te despojo de tus pantalones, me yergo y te alzo para aposentarte sobre mis caderas, arqueo las piernas, me apoyo en un espejo, te agarras a la barandilla y mi cuello. Dame un último respiro, mi morena, espera que te abro la blusa, quiero que tus tetas bailen para mí, luego podrás tenerme solo para tu goce. Claro que sí, cariño, respondes, todas para ti.
Deslizas una mano por detrás para guiar mi polla hasta tu entrada, aun conservas la entereza entre sudores de sonreír ladina y restregar mi nabo por tu vulva pringosa, acrecentando la hinchazón, expandiendo tus ansias, haciéndote gemir de puro deleite. Ya basta, morena, no juegues conmigo, bramo, y atenazo tus nalgas hundiendo la uñas en tu carne dúctil. Hundo el miembro hasta el vello, hasta donde nacen los huevos, donde se cocina mi simiente. Ahogas un grito asustada y recorro tu interior candente, deshaciendo obstáculos, removiendo brasas, saltando chispas. Tus tetas ya bailan para mí, danza embrujadora, pezones oscuros calmados, conservando su posición, pero carne aledaña lechosa agitándose como mar enfurecido. Tus tetas cabriolan y me hipnotizan, morena mía. Agárrate bien, cariño, la susurro apretando los dientes, hundiendo en cada acometida mi miembro, asolando tu desesperanza. Gimes oscura, insondable, garganta atravesada por el desfallecimiento. Estamos próximos, sí, ya llegamos a nuestro destino, más allá del nuestra imagen especular proyectada hasta el infinito.
Un sobresalto, un temor: el ascensor se mueve y nos miramos asustados. Ay, dios, nos pillarán desnudos, tu cuerpo moreno, lechoso en tus pechos y pubis, será recorrido por otras miradas, mi pene cubierto de fluidos diversos responderá a escrutadores vistazos, reprobadores en cualquier caso, conmiserantes con el tiempo. Tú y yo, morena mía, seremos causa del atornillamiento de una placa sobre el panel de mandos del elevador que rece: Abstenerse de utilizar el ascensor para perversiones. Pulso desbocado el botón rojo, para, maldito, para. Pero no se detiene, su ascensión es imparable, nuestro polvo llega a su fin. Te tapas los pechos en un intento desesperado de minimizar el escándalo, pero te mantienes junto a mí, solapada, penetrada, chorreando sudor por toda tu piel, con el cabello empapado y la mirada ansiosa, con nuestros corazones revolucionados, nuestra respiración en vilo. El ascensor llega a su destino, agitación dentro del cubículo al alcanzar el piso, un respingo mutuo, mi pene conserva milagrosamente su dureza y tu coño su viscosidad, las puertas se abren, nos preparamos para ser atravesados con lanzas de moralidad.
No hay nadie. Han llamado pero no hay nadie, el pasillo se alza ante nosotros vacío de personas, suspiramos sintiéndonos desfallecer. Sonreímos arrebolados, sofocados, pifiamos dando gracias a cualquier dios. Nos falta tiempo para pulsar el último piso y ocultarnos de los demás, recogernos en nuestro nido poblado de espejos.
Sigo dentro de ti, tú sigues pegada a mí. Entornas una sonrisa picarona y entrecierras los ojos azulinos, oprimes con tus piernas torneadas mis caderas, amarras con decisión la barandilla y pulsas nuevamente el botón rojo. Stop. El tiempo se detiene de nuevo, ¿dónde lo habíamos dejado, morena mía? Ah, sí, te estaba perforando el coño con mi polla, cariño, y tus tetas me bailaban delante de mi cara. No nos cuesta recuperar el ritmo, pero el repentino desconcierto y el miedo a ser descubiertos nos hace acelerarnos, hay urgencia en nuestros cuerpos deslizándose uno dentro del otro. Dame tu boca cariño, dámela, me da igual que no pueda ver tus pechos danzar, pero quiere tenerte dentro mío, tu lengua en mi interior, mi pene en el tuyo, tu lengua rebañando la saliva espesa de mi paladar, mi polla deshaciendo los pliegues de tu vagina pringosa.
Jadeos, gritos, gemidos entre cuatro cristales de un ascensor detenido. Te me corres antes, te siento gritar con fuerza, mordiéndome el cuello para ahogar los espasmos incontrolables que te sacuden el vientre. Yo me vengo después, sintiendo el semen ascender por mi pene y desparecer en tu interior, engulléndolo todo. Aprieto los dientes mientras eyaculo en tu interior, hundiendo muy adentro mis dedos en tus nalgas chorreantes de sudor.
Nos miramos sonrientes cuando la tormenta se calma, cuando las nubes se alejan, cuando escampa. Mi simiente viaja ahora en dirección a tu matriz deseosa de cumplir su función, tú lo sabes, yo lo sé. Embarazados. Recuperamos el resuello sentados en el suelo, uno enfrente del otro, tus pechos lechosos fabricarán el alimento de nuestro bebé, que emergerá de la entrada que acabo de horadar.
Sigo en el autobús, la morena ya se ha bajado, y yo sin enterarme. Una anciana calibra mi miembro empalmado, próximo a rebasar los límites de un calentón excusable. He sobrepasado mi parada. Pulso el botón, ding, para que el autobús se detenga en la próxima parada, un botón rojo para que se detenga mi ascensor, en busca de una tarde de trabajo anodina. No habrá morena esperando a agitarme en su interior cuando baje. Resoplo aburrido.

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En la parada del autobús

Me encontraba en la parada del autobús, hacía mucho calor y había demasiada gente esperando para coger el próximo viaje. Me estaba empezando a agobiar hasta que la vi.

Era la chica más linda que había visto en mi vida: ojos color caramelo, morena con una melena que le llegaba hasta la mitad de la espalda, unas piernas de vértigo y unos pechos increíbles.

Venía vestida con un top amarillo, ajustadísimo. Le hacía unas tetas grandes y firmes. Lo mejor de todo era que no llevaba sujetador por lo que sus pezones se intuían y se marcaban muchísimo, parecía que querían escapar de la presión del top que vestía.
No podía apartar la mirada de aquel escote, y mucho menos de sus pezones. Seguía con la mirada su respiración, como se movía su pecho, daba la impresión que sus pezones cada vez se estaban poniendo más y más duros, igual que mi polla. Cada vez disimulaba menos a la hora de mirarla.

Fue en ese mismo instante, cuando noté que estaba empalmado como nunca antes lo había estado, y mis pantalones estaban a punto de reventar. Alcé la mirada y se cruzaron nuestros ojos. Ella bajó su mirada hacia mi paquete y me dedico una medio sonrisa.

En ese momento no sabía que diablos significaba esa sonrisa. La verdad, es que a mi me sonrojó bastante que me hubiera cazado mirándole sus tetas, y mucho más que se diera cuenta que estaba empalmadísimo.
En ese momento llegó el autobús. Nos pusimos todos a formar la cola para embarcar. Yo bastante avergonzado, fui dejando pasar a toda la gente. No me importaba ser el último. Me sentía algo incomodo con la situación que había vivido, a pesar del grandísimo recuerdo que me iba a quedar, al presenciar y poder disfrutar, aunque fuera solo con la vista unas tetas y unos pezones tan apetecibles.

Me tocaba ir otra vez de pie en el pasillo del autobús, odio tener que viajar así. Aun por encima estaba hasta los topes y no debe funcionar el aire acondicionado. Maldita sea! Solo me consolaba pensar en lo que había visto minutos atrás. Intentaba no olvidarlo, grabarlo en mi penosa memoria para poder desahogarme yo solito al llegar a casa. Que caliente me puso, que paja me voy a hacer al llegar, pensaba. Lamentaba también no tener el valor suficiente para desenfundar mi móvil y haberle sacado unas fotos a aquellas tetitas buffffff.

Llevaríamos dos minutos de viaje cuándo me decidí girar un poco para coger algo de aire. El sombrerito con plumas de los cojones de la señora que tenía justo delante me estaba atosigando demasiado. Al girar la vi a ella otra vez, estaba sentada y mi paquete estaba casi a la altura de su boquita. Sus ojos estaban clavados en mi polla. Levantó la mirada lentamente y mirándome a los ojos mordió su labio inferior con los dientes, con cara de deseo. No pude evitarlo y dejé otra vez que se empalmara, no me importaba en aquel momento quien pudiera verme. Ella bajo otra vez su rostro y note como clavó su deseo en mis pantalones a punto de reventar.

Ya no sabía en que postura ponerme cuando ella de repente se levantó, me agarró por la cintura y me dijo que su parada era la siguiente. Mientras me lo estaba diciendo noté como su pierna se metía entre las mías e hizo un movimiento lento hacia arriba y después hacia abajo. Continuó haciendo sitio por el pasillo hasta la salida del autobús. Yo iba totalmente entregado detrás de ella. Bajamos del autobús. Siguió andando unos metros. Se giró y me dijo que no me quedara atrás. No me había fijado en su culo. Que delicia. Llevaba unos vaqueros ajustadisímos y parecía que su culito se los quería tragar.
Me puse a su lado y no sabía que decirle, llevaba la cabeza bajada, estaba totalmente bloqueado por si se me escapaba la oportunidad. Fue ella quien rompió el hielo: te invito a un café en el bar que está aquí al lado y charlamos, ¿ te parece?. Claro que sí le dije.

Al llegar a la cafetería y sentarnos me sentí más relajado y empezamos a hablar. A los diez minutos más o menos se levantó para ir al baño. No me lo podía creer. Os acordáis de los pantalones ajustadísimos que tenía. Pues su rajita también parecía que quería tragarlos. Se notaba toda la forma de su coñito.
Al volver del baño me comentó que se marchaba para su casa, que estaba cansada de estar todo el día trabajando. Le pregunté si podía acompañarla y su respuesta fue muy clara: Yo ya daba por hecho que me ibas a acompañar.

Llegamos al portal de su edificio y llamamos al ascensor, la luz se apagó. Estaba todo en silencio, solo se escuchaba el elevador llegando a su destino. Entramos y pulsó el 4º piso. Al llegar a nuestro destino sacó las llaves y abrió la puerta. Aún no acabáramos de entrar cuando le empecé a tocar su pelo, me miró y nos besamos. La agarré un poco por debajo de su cintura y la acerqué hacía mi. Empezó a moverse de arriba a abajo otra vez sobre mi polla. Empecé a chuparle el cuello y mientras lo hacía le estrujé las tetas que tanto estaba deseando tocar.
Su respiración era muy fuerte, la notaba muy excitada. Sus pezones estaban erectos, nunca tocara unos tan duros. No podía esperar más y le saqué el top amarillo y ella me arrancó los botones de la camisa. Nos volvimos a abrazar y cruzar nuestras lenguas fuera de nuestras bocas. De vez en cuando ella escapaba con la boca, jugando conmigo, lo que me ponía aun mas cachondo. No pude resistirme a morder con mis labios sus pezones, eran grandes y duros como los imaginaba. Mientras le chupaba uno con la mano le acariciaba el otro. Ella empezó a gemir timidamente. Fue cuando empecé a bajar con mis labios poco a poco. Me paré en su ombligo y su respiración cada vez era más y más intensa. Yo ya estaba de rodillas y tenía su rajita apretada en los vaqueros frente a mí. Me agarró con sus manos y puso mi cara sobre su coñito. Jugué un poco con mi lengua sobre sus vaqueros y su raja. Empezó a desabrocharse los pantalones diciendo que quería sentir mi lengua sobre su coño. Se bajó los pantalones y apartó su tanguita a un lado. Su coñito estaba totalmente depilado y su clítoris asomaba pidiendo a gritos que lo consolaran. Le agarré el culito con las dos manos y empecé a besar lentamente por encima de su clítoris, después hacía un lado, hacia el otro, rozando con mis labios su rajita. Después mi lengua arrancó desde abajo hasta su clítoris lentamente, en ese momento sus gemidos eran más altos. No paré de darle con mi lengua a su clítoris y de vez en cuando le mordía con mis labios tirando lentamente de su cosita y la soltaba para volver a empezar. Cada vez se estremecía más y notaba como se ponía cada vez más húmedo.

Llegó un momento que me agarró y me levantó. Ella también quería darme su ración. Empezó a besarme las orejas y el cuello mientras me pellizcaba suavemente mis pezones con sus dedos, después se los metió en su boca y los chupo con sus labios carnosos. Me sacó el pantalón y sacó mi polla. Nunca la tuve tan dura. Las venas de mi pene parecía que iban a reventar de lo cachondo que me tenía. La agarró con sus dos manos y comenzó a hacerme una paja lentamente mientras la miraba: vaya polla más grande tienes, hoy voy a disfrutar, decía. Abrió su boquita y se acercó lentamente al capullo, lo rodeó y sin cerrar la boquita empezó a moverse como si me la estuviera chupando. Me vas a matar le dije, fue entonces cuando sacó su lengua y empezó a lamer todo mi capullo, lo tenía rojo de lo excitado que me tenía. Subía y bajaba con su boca y de vez en cuando se quedaba en el capullo como si quisiera morrear con el. Nunca me hicieran aquello, era la mejor mamada de mi vida.

Llegó un momento que necesitaba metérsela y así se lo dije. Se levantó, me agarró de la mano y me condujo hasta su habitación. Se tumbó en la cama y abrió sus piernas. Me abalancé sobre ella y empecé a chuparle su cuerpo otra vez. En esta ocasión comencé desde sus tobillos, siguiendo poco a poco hacía arriba, tenía una piel morena y muy suave, se resbalaba por ella. Al llegar a sus muslos, cerca de su raja noté que lo que quería era que le comiera otra vez su coñito. No lo dudé. Después de unos minutos me dijo que quería sentir mi polla entre sus piernas. La complací, pero antes de metérsela jugué un poquito con mi pene, lo agarré y empecé a tocarle su clítoris, frotándolo intensamente lo que la puso muy cachonda.

Ella me suplicaba que se la metiera, que dejara de jugar con ella; le metí solamente el capullo, una, dos, tres veces hasta escuchar lo que quería: metemela toda, ya!!! lo necesito, quiero sentirla. Yo también lo deseaba y empezamos a follar. Estábamos haciendolo muy juntos, abrazados con fuerza, juntando toda la energía en mi pene y en su coño. Estábamos desbocados.
Me aparté un poco y le dije que se pusiera ella encima. Que marcara el ritmo que le gustara, que yo estaba allí solamente para hacerla disfrutar. Me acosté y ella muy despacito la agarró, abrió un poquito su raja y se la tragó enterita. Sus movimientos me hicieron pensar por un momento se haría daño. Todo lo contrario, ella lo tenía más que controlado. Se movía en círculos, hacia delante y hacia atrás sin sacar mi polla de su coño. Que gustazo, nunca me habían follado tan bien.

Se paró y me dijo que quería follar como a ella de verdad le gusta. Se dio la vuelta y se puso en cuatro. Vi su culito y su coñito pidiendo guerra a gritos. No me lo pensé dos veces. Se la metí hasta el fondo, resultó muy fácil ya que estaba muy húmedo. Noté un gemido que un primer momento me dio la impresión de que era un quejido pero enseguida me sacó de dudas: ni se te ocurra parar ahora, me dijo.

Mis manos estaban tocando sus tetas mientras la estaba cogiendo, las fui deslizando poco a poco hasta encontrarme con su clítoris y empecé a frotarlo despacito, pero ella quería que lo hiciera más fuerte, y yo estaba allí para complacerla. Sus gemidos eran muy fuertes y su respiración acelerada. Yo seguía follando su rajita, estaba entregado a la causa. Empezó a gritar y a tener el esperado orgasmo, lo noté por sus movimientos y sus gritos de placer. Fui parando poco a poco y me preguntó:

– ¿ Tú también te corriste?.
– No, le respondí.
– Pues te doy 10 segundos.

Fue entonces cuando apretó sus piernas y su coñito con mi polla dentro y se puso a mover hacia delante y hacia atrás y no pude aguantar más. Me corrí en su coño fuertemente. Que gustazo!!! nunca me había corrido con tanta fuerza. Mi polla estaba durísima y se movía sin control al expulsar el semen. Ella continuaba apretando y moviendose. Quiero toda tu lechita!! me decía, no quiero que te guardes ni una gota.

No acabara aun de correrme y sentí como ella estaba otra vez sintiendo otro orgasmo, lo que incrementó sus movimientos produciéndome el mayor orgasmo que un hombre puede tener.

Aquel día estuvimos toda la noche probando todo tipo de posturas y poniendo en escena las fantasías mas secretas y oscuras que todos tenemos. Fue una noche inolvidable.

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Extraños en el autobús

Siempre que subía al autobús allí estaba él, un hombre delgado, alto, moreno, atractivo, de los hombres que una mujer no puede evitar girarse a mirarle.
Notaba siempre su mirada clavada en mi, no dejaba de mirarme hasta que me bajaba en mi destino, un día empezó a acercarse, cada vez que subía al bus el se acercaba y se colocaba mas cerca de mi, cada día se acercaba un poco más, hasta que un día quedo a mi lado, notaba su mirada penetrante en mi.

Al día siguiente ahí estaba él, entre y como cada día el autobús al ser hora punta iba repleto de gente, eso hizo que fuese yo la que ese día cayo justo a su lado y tuviese que sujetarme justo donde mismo el estaba, notaba su respiración cerca de mi cuello, se me acelero el pulso, estaba nerviosa, inquieta, cuando llegue a mi parada y baje, mire hacia el autobús y él me seguía con su mirada.

Era martes y como cada día subí a ese autobús, no le vi, porque como siempre el bus iba lleno, pero de pronto note una respiración en mi cuello, gire la cabeza y me encontré con una sonrisa preciosa, gire mi cabeza otra vez avergonzada, y sentía su respiración en mi cuello, pero… también sentí una mano en mi cintura, una mano cálida que me acariciaba la cintura, mi corazón empezó a latir a mil por hora, él rozaba su boca en mi pelo, y su mano en mi cintura paso a ser un brazo que me atraía hacia él, note su excitación al mismo tiempo que yo la mía, llegue a mi parada, me baje y volví a hacer lo mismo que el día anterior, mire hacia atrás y ahí estaba él mirándome.

El miércoles, entre y fui yo quien le busco y me acerque, esta vez iban dos asientos libres, le mire y me fui hacia esos asientos, él me siguió y se sentó a mi lado, como siempre en silencio, sin decirnos ni una sola palabra, al sentarme, él puso una mano en mi muslo y lo acariciaba sin dejar de mirarme, su mano cada vez se iba acercando mas a mi sexo, lo rozaba y yo notaba como me excitaba cada vez mas, esta vez no pude evitar pasarme de mi parada, me daba igual llegar tarde a trabajar, quería mas, al menos un poco mas, y lo obtuve…

Mi mente no pensaba, era mi cuerpo el que reaccionaba por mi, separe mis piernas al sentir su mano ya tocando mi ropa interior, había gente que nos miraba de reojo intuyendo lo que estaba pasando en ese asiento, pero poco me importaba a esas alturas, y mientras yo separaba mis piernas el separo mi tanga de mi piel, la hizo a un lado y toco la entrada de mi vagina con sus dedos, me sentí explotar de excitación tan solo con ese roce, no duro mucho masturbándome porque no pude más y termine teniendo un ahogado pero enorme orgasmo que me hizo acabar en su mano, me baje dos paradas más adelante de la mía, iba con el pulso acelerado, llena de morbo, satisfacción y super mojada, al bajarme me gire y el me sonreía llevándose los dedos a sus labios.

Estuve todo ese día como los días anteriores con él en mi cabeza, no podía sacarle de mis pensamientos, y tan solo recordar lo que había sucedido en ese autobús hacia que estuviese lo que estuviese haciendo, tenia que interrumpirlo para acariciarme y calmar mis deseos hacia ese desconocido que tanto me excitaba y que me había regalado ese orgasmo tan poderoso, me tocaba y me masturbaba teniendo unas corridas monumentales.

Era Jueves y tocaba subir a ese autobús, estaba ansiosa, deseosa de que llegase el momento de volver a verle y por fin saber que me esperaba ese día, dar un paso mas allá de lo ocurrido el día anterior, porque quería avanzar, quería poseerle, le deseaba como loca.

Subí y me dirigí a él, me sujete a su lado, ya no disimulaba, ni él ni yo, directamente me abrazo, me beso en la mejilla, un beso cálido, y otro beso menos cálido en mi cuello, y otro directo a mi boca, la gente nos miraba, pero de pronto fue como si el autobús fuese vacío, solo íbamos él y yo, de locura, me abrazaba y me besaba y me besaba, esta vez él toco parada antes de llegar a la mía, me agarro de la mano y nos bajamos, por primera vez escuche su voz, una voz preciosa, grave y fuerte que me dijo un simple “ven conmigo”, yo le seguí, me llevo a un hotelito pequeño, dimos nuestros documentos y mientras nos tomaban los datos esperábamos nerviosos, pero nunca dejamos de estar abrazados y besarnos.

Cuando nos dieron la llave de la habitación nos dirigimos a el ascensor, entramos y según cerro la puerta y presionamos el botón de la planta donde íbamos empezó a besarme de un modo muy pasional, deseoso, notaba su excitación, su pantalón estaba a punto de reventar, me apoyo contra la pared, me tocaba por todas partes, me besaba y me decía que me deseaba como loco, que hacia mucho tiempo que solo verme le producía que su sexo se pusiese muy duro, su polla estaba super dura, mi mano lo comprobaba, metí mi mano en su pantalón y comprobé que era enorme, estaba gorda y durísima, no podía esperar mucho mas, si el ascensor tardaba mas en llegar yo ahí mismo le bajaba el pantalón y me la comía al momento, pero no, justo paro y salimos deprisa, besándonos torpemente mientras caminábamos, así que él me cogió en brazos y yo rodee su cintura con mis piernas, con dificultad el abrió la puerta de la habitación.

Entramos así, besándonos y ya desnudándonos, cayo mi camisa según entramos, la suya igual, me puso en la cama y me quito mi vaquero, yo me senté y le baje el suyo, y quede frente a su sexo, baje sus boxers, y quedo libre su polla, estaba durísima, mi mano la agarro y mi boca fue directa, mi lengua la lamió y saboreo, la metí enorme dura y deliciosa en mi boca, me la comí entera, dejaba que entrara hasta mi garganta, le daba pequeños mordisquitos, la lamia y chupaba, jugué con su polla un buen rato, hasta que el me aparto, me volvió a acostar en la cama y se fue directo a mi coño.

Su lengua jugaba con mi clítoris, ufffff me tenia super excitada ya de por si, así que apenas me dio dos lamidas y llego mi primer orgasmo, jadee y grite como loca, eso hizo que el se excitara aun mas, me cogió de las manos y me levanto de la cama, me abrazo y me pregunto ¿sabes el tiempo que te deseo? ¿sabes cuanto me gustas? ni lo imaginas, te deseo y ahora te lo voy a demostrar.

Se sentó en la cama y me senté frente a el, me agarre a su cuello y note como su polla iba entrando en mi coño, me llenaba, nos acoplamos perfectamente, primero nos movíamos despacio, nos gozábamos, nos comíamos vivos, le besaba como loca, y el a mi igual, me encantaba su olor, un olor a perfume suave y cálido, unido a su olor corporal que era dulce, me embriagaba.

Santo cielo!! cuanto me gustaba, me tenia tocando el cielo con la punta de mis dedos, me follaba como jamás me había follado nadie, me tenia a ratos suave y despacito, a ratos fuerte y duro, me hacia gemir y gritar una y otra vez, consiguió que tuviese varios orgasmos, pero orgasmos inmensos y deliciosos, me agoto y él aún no se había corrido una sola vez, tenia un aguante increíble, su polla permanecía enorme y durísima, hasta que ya por ultimo me puso de pie, me giro y me puso con las manos en la pared, me penetro desde atrás, su aparato entro en mi hasta el fondo.

Empezó a follarme suave, y poco a poco empezó a acelerar sus movimientos, su polla entraba y salía de mi una y otra vez, empapada por mis jugos que ya me chorreaban por mis muslos, hasta que empezó a gemir muy acelerado y gritar como loco mientras me llenaba con su esperma, me sentí llena, deliciosamente llena, se abrazo a mi espalda, apoyo su cabeza junto a la mía, después me giro y me abrazo y me beso muy fuerte.

Estuvimos acostados en la cama abrazados y hablando, haciéndonos caricias mientras nos dábamos cuenta que teníamos muchas cosas en común, nos reíamos, y no podíamos dejar de mirarnos, propuse una ducha y nos bañamos juntos aprovechando esa ducha para follar otra vez, fue delicioso, cuando acabamos nos vestimos y salimos de la habitación, bajamos abrazados en el ascensor, nos besábamos, nos acariciábamos, salimos de allí y nos despedimos con un gran beso, cada uno siguió su camino.

Mientras caminaba me di cuenta que ni él me pregunto mi nombre ni yo el suyo, pero pensé, “ya se lo preguntare mañana”, al día siguiente ahí estaba él, en ese autobús que tomábamos cada día, entre y él vino hacia mi, me abrazo, me beso, hablamos y quedamos en que los viernes seria nuestro día para visitar ese hotelito, ¿pero saben? nunca nos dijimos nuestros nombres, follo cada viernes con él y no se ni como se llama.

Autor: Adis

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Hooters-Las experiencias de Jacqueline

Metió su pene hasta el fondo y me hizo venir en un orgasmo casi brutal con lo que grité muy fuerte y caí a la cama, él no contento con eso siguió follándome y yo pedía que parara, que estaba demasiado sensible y que por favor no eyaculara en mí, a él eso no le importó y continuó hasta terminar  llenándome de su dulce leche.

Gracias a todos por querer saber de mis experiencias, gracias a todos los amigos que me han dado consejos y me han animado a seguir escribiendo, les cuento lo que me ha pasado hace unos días:

Luego de lo sucedido con mi suegro Eduardo, me he dado cuenta que los hombres mayores pueden llegar a ser los mejores amantes, así como a los jóvenes les atrae las mujeres maduras, es por ello que últimamente cuando salgo y algún hombre me hace algún comentario lo tomo de mejor manera, incluso llegándome a excitar; pero siempre con mucho cuidado ya que una no sabe con que clase de persona te puedes encontrar.

Y fue así que el viernes pasado dejé a mi esposo en el aeropuerto porque viajaría por trabajo el fin de semana a la provincia de Cuzco. Venía algo excitada pensando en que al llegar a casa llamaría a mi suegrito para que viniera, lo mucho que nos divertiríamos  y lo mucho que gozaría, andaba tan excitada  que no me di cuenta que el autobús se había llenado más de la cuenta, un tipo se había acomodado detrás mío sobando muy discretamente su pene entre mis nalgas, como andaba con la cabeza en otro lado no le di importancia, este sujeto empezó a frotarse más descaradamente en mi trasero, ahora si siendo muy evidente. Me giré muy incómomoda   echándole un vistazo, el tipo tenía como unos 45 años, era alto, no era gordo, se notaba  que se mantenía ejercitado, pero lo que me atrajo de él fue una larga y espesa barba. Lo quedé mirando muy molesta  y encima el tipo me sonrió saludándome.

Por un momento me quise ir pero solo atiné a mirarlo de pies a cabeza y volví a mi posición inicial, luego de unos minutos sentí al tipo de nuevo pegando su entrepierna a mí, con lo que recién, conciente de la situación, pude sentirlo, era una buena herramienta, la sentí de buen tamaño, -Pero que cosas piensas Jacqueline me dije, el tipo puso su mano a la altura de mi cintura como agarrándose del asiento y por momento acariciaba mi vientre muy suave, circularmente, la situación me estaba excitando, -Hey, me dije, esto no pasa todos los días y estás en tu fin de semana de soltera, disfrutar un poco con este tipo no te hará mal, me dije a mi misma, por tal quise disfrutar un poco con lo que pegué mi trasero a su entrepierna, el tipo empezó a frotarse más a mi trasero como queriendo follarme ahí mientras había mucha gente alrededor nuestro, ambos nos frotábamos y cada vez me sentía más caliente.

No contento con ello en un momento su mano que estaba  agarrándose del asiento, me cogió la cintura y con ella hacía movimientos para frotarse mejor a mi trasero con lo que arqueé más mis nalgas y con su otra mano, muy suavemente frotó mi seno, ufff que rico casi lanzo un gemido, alejó su mano y se acercó a mi oído diciéndome: que rica estás mamita, tienes un culo divino.

Paro un momento para que imaginen la situación, estaba el autobús lleno de gente, tenía un tipo que me agarraba con una mano la cintura y con la otra había sobado mis senos muy despacio, tenía su miembro en mi entrepierna y yo estaba con las nalgas arqueadas recibiendo su miembro que estaba muy grande.

Yo me sentía muy excitada, y en eso besó mi oído y mi cuello, con lo que me excité más, en eso sentí algo que me dejó helada, el tipo que estaba sentado en el asiento del cual yo me apoyaba, había visto la situación y con su cabeza haciéndose el dormido sobaba mi seno, desde hace un rato imagino yo, con lo que tenía mis pezones muy duros, esto es demasiado me dije, se me están saliendo las cosas de control. Eso me hizo entrar en la realidad y casi grito: bajo, bajo, permiso, traté de abrirme paso sin  saber donde me estaba bajando, solo quería salir de ahí, hacía demasiado calor, bajé del autobús y pensaba tomar un taxi a mi casa, en eso alguien me toma del hombro, volteo y era el tipo que sobaba mi trasero en el autobús, yo lo quedé mirando sorprendida asustada, era más alto de lo que pensaba, no se si fue por el susto, la excitación, el morbo de la situación, pero estaba agitada, mis senos subían y bajaban que debe haber sido bastante obvio para él, lo raro es que no dijimos ninguna palabra.

El me tomó de la cintura muy firme y decidido y me besó en los labios, a lo que quise apartarlo, su barba sobaba mis labios y me dejé llevar, abrazándolo y recibiendo su lengua, ha sido uno de los besos más morbosos que he tenido en mi vida, no solo por la situación sino que hasta este momento nunca había besado a un hombre con barba.

El me soltó sonrió y pasó su mano por mi cara, bajó a mi cuello, y la pasó entre mis senos y yo como autómata aceptaba sus caricias, tomó un seno en sus manos y yo solo cerré los ojos y gemí, él empezó a reír y me llevó de la mano.

Mientras me jalaba de la mano trataba de entender como había llegado a estar ahí siendo conducida por un tipo que no conocía, pregunté sumisamente, -¿A donde me llevas?, -A donde más, a un telo putita, me respondió.

Entramos a un telo de mala muerte (hostal- motel), el tipo pagó y entregó su DNI con lo que recién supe que se llamaba Johnny, me jaló por el pasillo y mientras caminaba puso su mano en mi trasero y lo sobaba como un triunfador ante su presa, yo no decía nada me sentía dominada, pensaba en mi esposo en mi suegro y quería pedir ayuda, que no estaba bien lo que hacia sin embargo al subir al ascensor me volvió a besar y acepte sus besos mientas me sobaba las nalgas.

Dentro del ascensor me arrinconó y lamió mi cuello abrió mi blusa y arrancó mi sujetador con lo que gemí excitada, hundió su cabeza entre mis senos y su barba sobaba mi senos, los chupaba, gemía muy excitada y recibía sus caricias; se abrió la puerta y me llevó por el pasillo diciéndome, -Ahora sabrás lo que es un hombre. Entramos a la habitación y ni bien cerró la puerta tiró hacia abajo mi jean con lo que se dedicó a lamer mi entrepierna, yo lancé varios gemidos de placer y dolor, su barba raspaba mi entrepierna y me hacía terminar, logrando que tenga convulsiones y haciéndome mojar toda su barba.

Me levantó en sus brazos y me llevó a la cama, ahí me puso en 4 y empezó a follarme, su miembro era muy grande y sentía como entraba con facilidad, imagino por lo mojada que estaba, me tomaba de los cabellos y me jalaba hacia él, lamía mi nuca y su barba raspaba mi espalda yo gemí como loca y gozaba a más no poder, en un momento metió su pene hasta el fondo y me hizo venir en un orgasmo casi brutal con lo que grité muy fuerte y caí a la cama, él no contento con eso siguió follándome y yo pedía que parara, que estaba demasiado sensible y que por favor no eyaculara en mí, a él eso no le importó y continuó hasta terminar  llenándome de su dulce leche y cayó encima mío aplastándome con su cuerpo.

Creo que perdí la noción del tiempo ya que no recuerdo más, al reaccionar estaba el echado a mi lado fumándose un cigarrillo, yo me incorporé con dificultad y me senté en la cama, entones se presentó, se llamaba johnny y era gerente de una empresa muy conocida en mi país, que regresaba de dejar a unos amigos en el aeropuerto y ahí me había visto, así que me había seguido hasta el autobús para poder ligarme y sí que lo había hecho, comenzando a reír.

Me sentí de lo peor pero luego se acercó y me dio un beso muy cálido y suave que me relajó toda, -Mi amor esto se debe repetir, yo solo sonreí y me puse a cambiarme pero él se quedó con mi ropa interior, según él de trofeo de guerra. Antes de salir me dio una tarjeta, -Si buscas trabajo te puedo ayudar me dijo; llámame. Dejándome algo de dinero.

El domingo descansando revisaba mis cuentas y veía que estamos gastando mucho y que es necesario que vuelva a trabajar, sinceramente extrañaba sentirme útil, entonces recordé la tarjeta y me dije -¿Llamo?, ¿porque no?, lo hice con lo que me contestó la secretaria de Johnny y concreté una cita con él, ya les contaré que pasó después, un beso a todos y disfruten la vida como si fuera el último día.

Espero sus comentarios.

Autora: Jaqueline

golosisimaperu@hotmail.com

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Las zorras de mi madre y mi hermana

En diestro movimiento introdujo su pene en el culo de mi madre que sólo atinó a emitir un apagado suspiro, pude ver la cara de calentura de mi madre que cerró sus azules ojos y mordió sus carnosos labios, el tipo no se medía en ocultar sus acciones para con mi madre, extrajo uno de sus pechos dejándolo fuera, sobándolo casi a la vista de cualquiera.

Les voy a platicar porque me gusta acompañar a todos lados a mi madre y a mi hermana, a las cuales después de esta experiencia las veo de una forma muy distinta a la que antes tenía de ellas, todo esto se origina en que como ambas tienen unos cuerpos de campeonato, es común que despierten el apetito sexual del más calmado, ambas son rubias de ojos azules, con unas cinturas que parecen de concurso, además cuentan con unas nalgas tremendas y ni hablar del par de tetas que se cargan, y esto a pesar que mi madre nos ha parido a ambos, su cuerpo parece el de una jovencita, ya que nada de su cuerpo se encuentra fuera de su sitio, se mantiene muy en forma a base de ejercicio, sus piernas son un verdadero monumento a la perfección.

Ni hablar de mi hermana que con sus veinte años cumplidos, tiene uno de los mejores cuerpos entre sus amigas, a ambas esto lo tienen bien conocido ya que me he percatado que a ambas les gusta mucho lucir su cuerpo, por lo que en sus guardarropas abundan las prendas diminutas y entalladas, por esto cuando andan por la calle, todos los tipos se les quedan viendo mientras pasan, y otros les dicen varios piropos obscenos, otros más atrevidos les tocan el pandero descaradamente mientras les manifiestan lo buenas que están, y con más razón porque a ambas les encanta vestir con la ropa más sensual que se puedan imaginar.

A pesar de los reproches de papá, ellas no dejan de ponerse minúsculas faldas y los pantalones ajustados, de manera que dejan ver lo plano de su vientre y lo abultado de sus sexos y sus nalgas, las cuales se marcan perfectamente, sobre todo que a ambas les gusta vestir calzas de malla de colores muy claros, donde se llega a notar la minúscula ropa interior que visten, en su mayoría tangas, las cuales se les encajan perfectamente en la raja de su culo y si a esto le aumentamos que se mete también la calza entre sus nalgas, imagínense que espectáculo tan maravilloso, luego con el par de senos que ambas se cargan, los cuales son firmes y muy redondos, por esto nunca se ponen el incómodo sujetador, por lo que es frecuente que se noten a la perfección sus pezones a través de la tela de sus ropas.

En una ocasión tomamos un autobús en el que abordamos sin ningún problema, pero calles más adelante comenzó a subir demasiada gente, por lo que en pocos minutos el bus iba completamente repleto, casi de inmediato se acomodaron, tras de mi madre y de mi hermana, dos tipos jóvenes de buena apariencia, por lo que mi madre y mi hermana no denotaron ninguna incomodidad al respecto, al poco tiempo pude apreciar como estos tipos intercambiaban miradas y sonrisas de complicidad mientras frotaban sus penes en las nalgas de mi madre y mi hermana, sin que ellas mostraran algún tipo de reacción, más adelante los fulanos envalentonados con la pasividad de mis familiares ya habían extraído sus penes y se los sobaban entre las rajas del culo de ambas, aprovechando que las calzas se les introducían bastante en la raja de sus nalgas, entonces me percaté que el que tenía en turno a mi hermana, deslizaba lentamente la mano por el costado de sus muslos recorriéndolos a conciencia hasta alcanzar su plano vientre para después bajar lentamente a su abultado sexo, donde el tipo delineaba el contorno de su cocho con las yemas de los dedos.

La cara de mi hermana se encontraba ruborizada por la acción del desconocido, supongo que acalorada por la excitación, notaba como ella disimuladamente se inclinaba un poco al frente mientras levantaba el culo para encajarse el miembro del tipo lo más posible, haciendo un imperceptible movimiento de sus nalgas sobre el paquete del desconocido, mientras una de las manos del individuo se metió por debajo del top de mi hermana apoderándose de su delicioso seno, jugando calientemente con su delicado pezón el cual no tardó en ponerse duro como una pequeña cereza, lo cual era un sueño hecho realidad para el caliente joven quién a estas alturas debido a la constante ficción de su pene, ya tenía las nalgas de mi hermana repletas de semen, supongo que de repetidas eyaculaciones provocadas por el magreo consentido por mi hermosa hermanita caliente.

La situación de mi madre casi era la misma, sólo que ella era tocada directamente bajo la calza, podía percibir claramente las manos de su manoseador bajo la delgada tela de su pantalón de malla, las cuales se notaban perfectamente mientras recorrían el trasero de mi madre, se percibía como el tipo apretaba y aflojaba con sus manos las grandes carnes de las nalgas de mi madre, incluso la parte de la cintura de su tanga alcanzaba a asomar fuera de su calza color azul claro, también pude notar cómo el sujeto deslizaba su mano de arriba a abajo a través de toda la raja de su culo, donde en repetidas ocasiones se detuvo a la altura de su ano, donde alcancé a notar que introducía un dedo en su apretado orificio, mientras mi madre sólo respiraba apresuradamente, ya que sus grandes tetas subían y bajaban de lo agitado de su respiración y sus pezones se encontraban completamente erguidos de la calentura.

En determinado momento el tipo tomó el resorte de su calza y lo retiró hacia abajo, dejando las nalgas de mi madre a la vista, se notaba perfectamente la parte trasera de su tanga, perfectamente encajada en su culo, el desconocido tomó los elásticos de su tanga, y los deslizó hacia abajo de la cintura, logrando retirarlos del trasero de mi madre, al carecer de ninguna oposición por parte de mi madre, el fulano rompió la prenda íntima de mi madre y la colocó en su bolsillo, y en diestro movimiento introdujo su pene en el culo de mi madre, la cual sólo atinó a emitir un apagado suspiro, sólo pude ver la cara de calentura de mi madre que de inmediato cerró sus azules ojos y mordió levemente sus carnosos y rojos labios, el tipo no se medía ante nada en ocultar sus acciones para con mi madre, ya que incluso extrajo uno de sus pechos dejándolo fuera de su fina camiseta, sobándolo casi a la vista de cualquiera que pudiera haberse dado cuenta de esta situación, mientras el tipo se esmeraba en meter y sacar su miembro de tan apretado orificio.

Después de unos minutos de fricción el tipo extrajo el pene y eyaculó en las nalgas de mi madre, procediendo a acomodar la calza de mi madre en su lugar, dejando la calza de mi madre al igual que la de mi hermana, totalmente llena de semen, mientras mi madre se introducía nuevamente su teta descubierta dentro de sus ropas, ante todo esto yo estaba a 1000, por lo que al abandonar el autobús, me aproximé a mi madre y a mi hermana, y aprovechando el aglomeramiento para descender del transporte, les comencé a tocar sus duras nalgas con tremenda excitación, frotando a ambas con intenso deseo.

Yo no sé si ellas se dieron cuenta que quien les metía mano era yo, ya que mi manoseo distaba mucho de ser discreto y la única persona que se encontraba detrás de ellas era yo, ya que ninguna de las dos hizo ningún movimiento de desaprobación, por lo que les apreté el culo sobre las calzas mojadas de semen por los desconocidos, llegándoles a meter con fuerza mis dedos en la raja que formaban sus nalgas, llegando incluso a sentir sus apretados y calientes anos, sobre todo el de mi madre ya que no contaba con el estorbo de su tanga, mientras que a mi hermana le sentí la delgada tira de su tanga entre ambos globos de carne, sintiendo el calor que desprendían ese par de deliciosos culos, tanto el de mi madre como el de mi hermana, lo cual es la sensación más caliente de toda mi vida, por lo que rápidamente  extraje mi pene y me masturbé apuntando a sus deliciosos traseros.

A la hora de estallar, procuré regalarle tanto a mi madre como a mi hermana, una cantidad casi igual de mi caliente leche, la cual chocó deliciosamente dejando goterones de lefa en sus culos, así abandonamos el autobús que me mostró el lado desconocido, excitante, muy candente de mi madre y mi hermana.

Autor: Observador

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Exhibirme en el autobús

Una de mis tetas siempre se quiere salir yo la dejo bastante para que el chaval pueda imaginar lo que va a ver, de momento la marca del bikini seguro que ya le está poniendo a cien, yo miro para abajo y puedo ver mi pezón que está cerca de salirse y el chico mira con disimulo pero creo que ya no está atento a lo que leía.

Hola, me presento, soy una mujer de 45 años, 1,72 de altura, una tetas bien firmes, un culo bien subidito  y unas piernas largas, bueno os cuento como me gusta ponerme cachonda, en este tiempo de verano suelo tomar el sol con bikini adrede para que se me noten las marcas porque me pongo muy morena.

Suelo ir mucho en autobús a los centros comerciales de mi ciudad, donde vivo los autobuses en la parte de atrás hay unos asientos frente a otros, siempre me siento en ellos con mi faldita de vuelo y mis camisas un poquito transparentes, dejando siempre un par de botones desabrochados.

Si al subirme hay algún chaval en esos asientos ya empiezo a mojarme porque se que le voy a poner a cien, en un caso el chaval tendría unos 19 o 20 años, me senté frente a él, ya al sentarme levanté un poquito mi falda para que pudiera ver mi tanguita blanca pero bastante transparente  donde el pelo de mi chochito se deja ver.

El chaval iba leyendo un libro  pero noté como miró,  seguro que vio algo, me dije para mí, esto solo es el principio muchacho,  ese día no llevaba sujetador, mis pezones se transparentaban un poquito y el canalillo de mis tetas era bastante visible, esa camisa tiende a deslizarse hacia un hombro una vez que empieza a deslizarse.

Una de mis tetas siempre se quiere salir yo la dejo bastante para que el chaval pueda imaginar lo que va a ver, de momento la marca del bikini seguro que ya le está poniendo a cien, yo miro para abajo y puedo ver mi pezón que está cerca de salirse y el chico mira con disimulo pero creo que ya no está atento a lo que leía, jajaja.

Cuando medio pezón está a su vista me agacho para rascarme la pierna y mis dos tetas quedan a su vista, de reojo miro su entrepierna y al llevar un chándal un poco ajustado noto como su verga está a cien, tiene que tener buena polla, me digo, porque el bulto es muy grande.

Al incorporarme me coloco un poco la camisa y cruzo despacio las piernas, al tener vuelo la falda quedan a su vista mis piernas y el tanguita blanco, este movimiento lo hago a menudo para que pueda empaparse mi chochito, en unos de los viajes que estoy con las piernas cruzadas la que tengo encima de la otra la subo hasta apoyar el tobillo en  la rodilla para mirar el tacón del zapato haciéndole creer que se me está rompiendo.

Lo miro detenidamente, mis piernas en esa posición quedan bastante separadas,  como la falda tiene  vuelo por debajo el chaval puede recrearse bien como el tanga entra por mi culo y mi chocho está abierto lo suficiente para que no se crea lo que está viendo, mis pezones se empiezan a ponerse duros de lo caliente que me voy poniendo.

Al ponerse más duros se oscurecen mucho y mi camisa no puede disimularlo y se transparenta mucho, el chico se pone el libro delante de su polla intentando tapar la pedazo de erección que tiene pero también para tocársela debajo del libro muy sutilmente.

La camisa empezó otra vez a deslizarse, seguro que pedía más de prisa más de prisa, cuando la mitad del pezón asomaba vino una mujer a sentarse a mi lado y tuve que taparme y cerrar las piernas, pero seguro que el chico lo pasó bien y yo también.

Me bajé del autobús muy cachonda y me dirigí al centro comercial con un calentón terrible, en dicho centro entré en una tienda de ropa para jóvenes y me probé bastantes cosas  calentando a los novios de las chicas, pero eso os lo contaré en otro momento.

Un saludo.

Autora: Lucia

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El polaco I

Seguí lamiendo como un animal, introduciendo la polla en mi boca, debido a un bache me tragué casi todos sus 25 cm., seguí chupando, paraba y me dirigía hacia sus huevos, parecía una perra, estaba entre su entrepierna, me cogió la cabeza y la apretó contra su polla. Yo sentía aquel sabor salado en mi boca, me quise separar pero él no me dejó y me tuve que tragar toda su leche.

Hola, mi nombre es Juan, y os voy a contar una historia que me ocurrió hace poco. Tengo 22 años y me considero una persona normal, 1,77 y 80 kilos. Tengo novia desde hace siete meses, y es la primera vez que me ha sucedido algo parecido.

Volvía de una pequeña fiesta que había montado mi empresa para celebrar su 25 aniversario. Como sabía que íbamos a beber alcohol, y que había autobuses nocturnos decidí dejar el coche en casa. Todo transcurrió normalmente, me emborraché lo suficiente como para ser consciente de que debía volver y dejar la fiesta. Me despedí de todos y me fui hacia la estación de autobuses en taxi. Al llegar me di cuenta de que aun eran las dos menos diez, así que subí en un autobús, de esos que son articulados, y me senté al final del todo, en la última fila donde hay cinco asientos. Pude contar aparte del conductor otros 7 viajeros más, por lo que prácticamente iba solo, ya que todos iban en la parte delantera.

Justo cuando el conductor arrancó se montó un hombre alto y delgado, que por la pinta que traía, pensé que era polaco.

El tío llevaba una revista. Apoyé la cabeza en el cristal y me dormí. Al poco tiempo sentí un frenazo del bus y me desperté. Había habido un accidente y un camión se había cruzado en la autopista. Pensé, maravilloso, ahora en lugar de llegar a las tres menos cuarto, llegaré a las cinco. Me incorporé y vi como el polaco estaba contemplado la revista, me fijé más y vi que era una revista porno. No pude evitar ver su paquete, estaba a punto de reventar, bajó sus pantalones, así como una increíble verga, que aprisionada le llegaba hasta la altura del cinturón por un lado.

No sé si fue el alcohol, o los deseos de vivir una aventura los que me impidieron separar la vista de aquel paquete. En ese momento me debió ver, ya que comenzó a masajearse suavemente por encima del pantalón. Yo me hacía el dormido, cuando a los dos o tres minutos me dijo con el típico acento del Este:

– No te hagas el dormido si tanto te gusta puedes cogerla. Entonces le dije inocentemente que prefería llegar a casa y ver una película. Él se rió por lo bajo y me volvió a decir: – No quiero decir la revista, sino mi polla. Yo me quedé callado y entonces se levantó y se sentó a mi lado.

Empezó a hablarme, me contó que llevaba cuatro meses en España y que no había follado desde ese tiempo con nadie. Entonces se desabrochó el pantalón y me dijo:

-Así que mira como estoy, podías darte un gusto y hacerme una paja y yo te lo agradecería mucho, me dijo sonriendo pícaramente.

Yo entonces puse mi mano sobre aquel enorme pistolón y comencé a masajearlo despacio. Él suspiraba despacio sin hacer ruido, pero respiraba profundamente. Yo esto lo hacía mientras prestaba atención a resto de los pasajeros, pero como todos estaban muy lejos dejé de prestarles atención y me centré en aquella enorme polla. Para disimular un poco entable una conversación tonta, mientras le pajeaba.

Así fue como me dijo que se llamaba Peter, o algo parecido y que tenía 29 años. La verdad es que para su edad tenia una gran polla, de por lo menos 25 cm, (en comparación con la mía que no llega a los 17), con el glande grande y muchas venas gordas. Yo también tenía la polla a cien, y estaba a punto de correrme. En ese momento me dijo:

-Anda dale un besito, mientras me empujaba la nuca hacia su pene…

Así que ni corto ni perezoso comencé a chupar aquel mástil. Si antes iba despacio, ahora me desboqué y rápidamente dejé toda la piel de su polla y huevos húmeda de saliva. Ya me daba igual todo y no prestaba atención al resto del bus. Sentí como arrancaba y yo seguía lamiendo como un animal. Seguí introduciendo la polla en mi boca, momento en el que debido a un bache me tragué casi todos sus 25 cm., con la consiguiente arcada.

Seguí chupando, pero cada cierto rato paraba y me dirigía hacia sus huevos o hacia su pubis o sus duros abdominales. Parecía una perra, estaba sentado en suelo entre su entrepierna y el asiento siguiente. Entonces me cogió la cabeza y la apretó contra su polla. Yo sentía aquel sabor salado en mi boca, y me quise separar, pero él no me dejó y me tuve que tragar toda su leche.

Me dijo que le limpiara los restos. Yo obedecí, mientras veía por el cristal que ya estaba llegando a mi destino. Entonces me corrí como nunca. El se metió la verga en el calzoncillo y me apretó contra él, mientras me decía que oliese el paraíso. Pienso que se refería al olor de orín y semen, que hicieron que le mordiese de placer la polla. Se levanto me pidió el teléfono y me dijo que me llamaría otra vez, y así lo hizo, pero esa es otra historia.

Él se bajó primero, y yo en la siguiente parada. Seguía extasiado, pero ya me había bajado el empalme. Según andaba hacia mi casa de repente me paré y pensé, joder me he corrido en los pantalones, me miré y suspiré, menos mal que eran oscuros.

Autor: Juan

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Viaje a Cuernavaca

De un solo empujón sentí como su deliciosa verga me estaba oprimiendo los intestinos. Él me apretaba mis tetas y metía un par de dedos en mi rajita, lo que desencadenó en una serie de orgasmos que les juro me quitaron todas las fuerzas, pero nunca la calentura que traía y como él no se había venido aún me dejó ahora a mí sentada en el sillón y me dio una ensartada hasta lo más profundo de mi conchita.

Esto es algo que me sucedió hace un tiempo, cuando tuve que ir a Cuernavaca a dar un soporte a uno de nuestros clientes (soy Ing. en comunicaciones), y bueno ese día tenía tiempo y decidí no conducir, así de que dejé mi automóvil en casa y tomar un autobús.

Ese día por la mañana me había encontrado con Eduardo mi novio y aprovechamos muy bien el poco tiempo que tuvimos libre, ya que él también está metido en cuestiones de tecnología, pero esas tres horas habíamos tenido una gran sesión de sexo, me la había metido por mi almejita y por mi culito que es algo que a él le vuelve loco, según me lo ha dicho, le gusta que lleve ropa corta y/o ajustada y que use tanguitas muy breves de las que se pierden totalmente entre las nalgas y los labios de la vagina y ese día llevaba un vestido negro de lycra obviamente muy ajustado y como veinte centímetros arriba de las rodillas, debo decir que ese vestido resaltaba de una manera muy deliciosa mis nalgas paraditas, mi vientre plano y mis riquísimas tetas, no he mencionado que no llevaba sostén ya que aún cuando son 34c no lo necesitan y para finalizar una tanguita de encaje muy rica y coqueta negra desde luego.

Cuando llegué a su departamento de inmediato me jaló hacia adentro y me dio un abrazo y un beso tremendo que de solo recordarlos me mojo de nueva cuenta y en ese abrazo comenzó a agarrarme de las nalgas subiendo mi vestido y sintiendo mi carne sin nada intermedio y diciéndome que me necesitaba, que había soñado muchas noches conmigo y miles de cosas de esas que nos encantan a las mujeres y sin dejar de abrazarme sentí como se alejó un poco de mí, se bajó el short que traía y se sacó la enorme verga que bien conozco y que me encanta.

Haciendo a un lado mi tanguita me la metió completa de un solo golpe, yo ya estaba algo húmeda y entró sin problemas hasta el mismo fondo, fue delicioso sentir como sus peludas bolas chocaban contra mi vientre y yo lo único que hacía era sujetarme de su cuello y dejarme sentir como entraba y salía de mí a toda velocidad, sabía que no iba a durar mucho tiempo si seguía a ese ritmo, pero no me importaba yo también quería sentir que me aventara su leche deliciosa en lo más profundo de mi rajita que ya lo extrañaba y así fue.

Luego de diez minutos aproximadamente sentí como la poderosa cabeza de su verga comenzó a inflamarse y de pronto y a modo de desayuno me regaló un tremendo chorro de semen calentito y luego otro y otro más, logrando en esos momentos, yo también, llegar a un orgasmo delicioso, hasta que me llevó cargando al sillón más cercano y me quedé encima de él sin salirme hasta que decidí recompensarle algo de lo que me había dado y comencé a darle una buena mamada, le fui dando unos besitos por encima, primero en su cabezota, luego bajando milímetro a milímetro por su tronco hasta llegar a sus huevos, mismos que con mucho cuidado me fui metiendo en la boca, primero uno y luego el otro y finalmente los dos y así se los estuve chupando un buen rato, después fui subiendo de nuevo hasta llegar a la punta y me fui metiendo en la boca su deliciosa cabezota, se la tomé entre los labios mientras le pasaba la lengua una y mil veces y seguí metiéndome más y más carne hasta que sentí como se iba abriendo paso en mi garganta y eso me estaba volviendo loca de tan bien que lo sentía.

Escuchar sus gemidos mientras me apretaba con sus dedos el pelo, mi cabeza, era la más clara indicación de que le estaba encantando y que quería que siguiera y así lo hice hasta que ya la tenía completamente parada y como no quería perder el tiempo me quité mi vestido y le pedí que ahora me la metiera en mi culito.  Sin quitarme mi tanguita (que es algo que le gusta muchísimo), la separó lo necesario, me puse dándole la espalda y me fui sentando poco a poco sobre su verga que ya tenía yo sostenida con mi mano, apuntándola hacia mi anito que lo pedía a gritos y seguía bajando hasta que se dio el primer contacto entre ambas partes, seguí bajando y algo que a mí me encanta es sentir como me va abriendo,  quería disfrutar muchísimo ese momento y en cuanto me metí toda al cabeza me quedé quieta un rato sintiendo como mi culito se abría para él y posteriormente me dejé caer,  de un solo empujón sentí como su deliciosa verga me estaba oprimiendo los intestinos, en ese instante comencé un ritmo espectacular sacándomela y metiéndomela a toda velocidad mientras Eduardo gemía.

Él me apretaba mis tetas y metía un par de dedos en mi rajita, lo que obviamente desencadenó en una serie de orgasmos que les juro me quitaron todas las fuerzas, pero nunca la calentura que traía y como él no se había venido aún me dejó ahora a mí sentada en el sillón y me dio una ensartada hasta lo más profundo de mi conchita, colocando mis piernas en sus hombros. Cuando descansábamos sonó el teléfono de su departamento y era una de esas llamadas que te dan miedo, pues el resultado es el mismo, debes de salir corriendo a trabajar y eso me dejaba un poco triste, pero ya me había quitado un poco la calentura, eso si que se lo agradecía, me dio un beso y le dije que me quedaría un rato más mientras descansaba y me duchaba, luego de eso salió.

Lo primero que hice fue quitarme mi tanguita y lavarla, pues olía delicioso con todos los jugos de él y míos juntos, me metí a la ducha y una vez que tuve la tina llena de agua tibia me fui comenzando a acariciar con una esponja mis piernas, mis tetas, mi rajita y justo cuando mis manos estaban ahí, sentí de nuevo como la calentura iba apoderándose de mí y sin poder contenerme metí dos dedos y tallé mi punto “g” a la vez de que me apretaba el clítoris, en unos segundos llegué a un delicioso orgasmo más, luego de eso ya terminé de bañarme y me fui a mi oficina, feliz y con mi tanguita un poco húmeda, ahora ya solo con agua, pero sumamente feliz por el gran momento que habíamos pasado.

En cuanto llegué mi asistente me dijo que tenía un mensaje de nuestro director de que lo buscara en cuanto llegara, así lo hice, me comunicó que tenía que ir a Cuernavaca por la tarde, debido a que uno de nuestros clientes que tiene sus instalaciones en esa bellísima ciudad tenía problemas con sus comunicaciones, pero sólo hasta la noche podríamos hacer el cambio de equipos que ya nuestro staff de diagnóstico nos había enviado, le aseguré que así sería y el día transcurrió sin nada digno de comentar, hasta que decidí que era hora de partir, fui a mi casa a recoger algo de ropa y en ese preciso instante resolví no cambiarme el vestido, pues según mis compañeros estaba haciendo mucho calor en Cuernavaca, sólo me cambié mi tanguita y me puse una igual, pero de algodón, como me sentía un poco cansada y no quería conducir a pesar de que es muy corta la distancia pedí un taxi para que me llevara a la terminal del sur.

Compré un boleto de servicio ejecutivo, ya que son muy cómodos y llevas una buena privacidad, cuando estuve en el autobús me di cuenta de que por suerte no iba mucha gente y el lugar que había elegido estaba hasta el final donde están las mesas de trabajo y los sanitarios con que están equipados, tomé mi lugar, le pedí una frazada a la edecán con la que me cubrí las piernas y me dispuse a dormir. En cuanto salimos de la estación y pasamos el estadio azteca me quedé profundamente dormida soñando obviamente con la deliciosa mañana que había tenido, hasta que sentí una mirada muy fuerte.

Era un joven bien parecido que había visto cuando abordé el autobús,  sin dejar de mirarme me sonrió y al preguntarme el porqué de su mirada me di cuenta de que tenía mi vestido subido hasta la cintura dejando a su vista mis muslos y mi tanguita, le pregunté que cuanto tenía ahí mirándome y me dijo que unos diez minutos, ya que había venido al sanitario y que escuchó como si alguien estuviera gimiendo y al caminar un poco más me encontró y me dijo que estaba teniendo una especie de pesadilla erótica, pues me pasaba mis manos por mi cuerpo y me levantaba el vestido hasta quedar tal como estaba en esos momentos.

Sentí que estaba diciendo la verdad, pues la humedad en mi rajita era muy abundante, de lo que yo no me había dado cuenta era de que tenía su pene afuera, se notaba que se estaba masturbando, no pude resistirme y le pedí que se acercara, le pregunté si traía un preservativo y me dijo que si, procedí a ponérselo y le dije que se sentara en el asiento que estaba a mi lado me quité la tanguita y voltee hacia la ventana ofreciéndole mi culo, le pedí que me la metiera por mi rajita y así lo hizo. Lamentablemente para mí no la tenía del tamaño de la de Eduardo, pero me estaba dando un rico placer, yo le correspondía apretándosela con mis músculos de la vagina.

Mientras me apretaba mis tetas, me pidió que me las sacara, así lo hice y me decía que le gustaban muchísimo, que eran las mejores que había tenido entre sus manos, que mis pezones le parecían enormes, no dejaba de bombearme y justo en esos instantes el conductor dijo por el altavoz que ya estábamos próximos a llegar y que fuéramos despertando, lo que hizo fue apresurar el ritmo y sentí como se vaciaba dentro de mí en el preservativo, fue muy rico. Nos acomodamos la ropa, yo me puse mi tanguita y me bajé el vestido y cuando la edecán llegó para avisarme, se sorprendió primero de verme acompañada y obviamente el olor a sexo era inconfundible.

En cuanto llegamos nos pusimos a trabajar y terminamos como a las 5 de la mañana, una vez que finalizamos nos fuimos al hotel donde teníamos nuestras reservaciones, llegué a mi habitación, me tiré en la cama y de inmediato me quedé dormida de tan cansada que estaba, desperté como a las 3 de la tarde y eso porque me hablaron mis compañeros para ir a comer y después regresar a la capital.

Espero que me den sus comentarios de esto que fue total y absolutamente real y recuerden que cuando viajen a Cuernavaca por la noche deben de verificar si hay alguien en los últimos lugares y si me encuentran les aseguro que tendremos un excelente viaje.

Autora: Roarcarmen

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