La presentación de Camila

Quisiera utilizar este escrito-relato a modo de presentación e introducción para mis futuras actividades en este sitio que me ha acompañado ya varios años, desde mi adolescencia hasta estos días de joven ya no adolescente. Perdón, no sé en qué categoría debo etiquetarme. ¿En cuál debe de ir una mujer de veintidós años? Esa será mi edad el próximo mes. Innumerables ocasiones he entrado acá con la necesidad de acompañar con letras mi libido en éxtasis, mi cada vez más creciente ansiedad de placer y experimentación. Desde mis veinte años comparto departamento con una amiga, su nombre es Renata. Vivo bien, no me hace falta nada, ningún apartado económico por el cual quejarme. Esto gracias a mis padres. Sí, soy una niña de papá. Esto me provoca numerosas ideas en mi cabeza que, espero, ir contando poco a poco por aquí. Encuentro esto como una perfecta manera de desahogar mis pensamientos.

No soy una mujer voluptuosa, no soy una bomba sexy llena de curvas y despampanantes atributos. Por mis parejas anteriores puedo decir que soy una chica guapa, con un rostro “angelical”, cuerpo natural con lindas formas, mi 1.75, la inquietante blancura de mi piel, mis verdes ojos, mi vanidad de clóset, una atracción por la moda y la elegancia, el interés en cuidar mi cuerpo y una buena herencia genética, probablemente ha sido lo que ha alimentado esa idea. “La clásica chica que les presentas a tus papás como tu novia en las comidas de los domingos; no la vieja que te coges de mil formas entre tanto para aligerar tensiones”. Supongo que debo agradecer por mi rostro y relativo buen físico a mis aventureros y viajeros padres que decidieron quedarse a vivir en México. Ah sí, de ahí soy. Nací en Argentina y viví mi infancia allá, pero después de ir dando tumbos por el mundo recaí en la Ciudad de México, lugar que considero mi verdadero hogar.

Bueno, sola me encontraba yo algún sábado de Enero, sin ningún plan y sin Renata alrededor. Ella sí tiene una vida social activa, tiene novio y salió con él. Yo estaba acurrucada en mi sala mirando alguna deprimente película de Godard, la cual cumplía perfectamente su misión. Al terminar, aburrida y triste caminé directamente a mi habitación, me tiré en mi comodísima cama y cerré mis ojos. Como suele ocurrir cuando una persona cierra sus ojos por convicción y no gracias al cansancio y necesidad de dormir, empecé a repasar mi vida. Las altas y las bajas. Los momentos alegres y las desventuras. El qué hubiera pasado si tal y esas dudas existenciales aún presentes en mí. Después de horas llegué al apartado amoroso y sexual, aventuras y bellezas que he tenido la fortuna de probar. He de declararme una mujer bisexual que disfruta su sexualidad sin tabús ni traumas.

Recordé mis acostones favoritos, mis personas favoritas, mis películas, fotografías y relatos eróticos que marcaron mi sexualidad. Pronto me descubrí mordiéndome delicadamente mi labio inferior, la piel de gallina, mi mano en mis senos por encima de mi suéter y ese inquietante cosquilleo en los muslos y entrepierna. Me había excitado. Velozmente encendí mi teléfono y me dirigí a mi sitio de videos favoritos, elegí uno y comenzó a reproducirse. Solo subí el volumen y lo dejé de lado, lo que pasara en la pantalla no me importaba. Solo quería escuchar los gemidos de la actriz como respuesta a las duras embestidas y nalgadas que su fornicador le estaba proporcionando. Qué delicia, necesito ser ella en este instante.

Los gemidos y demás sonidos corporales estaban en pleno apogeo cuando mi mano ya se había deslizado por debajo de mi suéter. Tocaba con una delicadeza y suavidad, ajena a mi acompañamiento sonoro, mi abdomen y poco a poco subía mis manos hasta mi brasier. Disfruto los detalles, me encanta la lencería, Disfrutaba tocar el encaje, el algodón y la tela y amasar con ternura mis pechos. Iba acariciando mi teta derecha con la punta de mi dedo índice y al poco tiempo mis movimientos me llevaron a sentir mi erecto y rosado pezón, mientras mordía con más fuerza mi labio. Mi mano izquierda se encontraba inquieta y acariciaba mis muslos y piernas por encima de mi pantalón. El cosquilleo en mi entrepierna ya era brutal. Pedía a gritos una caricia, un lengüeteo, un aliento, un dedo ajeno, un falo. A falta de lo anterior, mi fría y delicada mano me ayudaría como en otras tantas veces. Pronto las caricias subieron de mis piernas a mi pelvis y encantada pude sentir mi calor, deslicé mis dedos hacia el botón del pantalón y lo desabroché.

Acomodé mi cabeza en una almohada, y mi espalda baja en otras dos. Bajé mi cierre y encontré mi ropa interior. Bajé un poco mis pantalones y toqué mi encaje. Estaba absolutamente empapada. El video debía ir por la mitad, y la chica seguía jadeando y gritando por más y más. Mi mano derecha ya no solo se encargaba delicadamente de uno de mis pechos, iba y venía de uno a otro y de mi boca a mis pezones, los humedecía, amasaba y tocaba con la furia del apetito sexual extremo. Más abajo, una traviesa mano izquierda se introdujo debajo de mi negro calzón. Mi pelvis completamente depilada estaba ardiendo y con una humedad impresionante, pase un par de dedos por mis jugos y rápidamente me los llevé a mi boca, me encantan mis jugos, me encanta sentir mi dedo en mi boca, acariciarlo con mi lengua, jugar con él e imaginar además que es un erecto miembro masculino. Le estaba practicando una felación a mi dedo, pero mi cabeza me hacía pensar que lo que tenía dentro era el pene más delicioso del mundo.

Mis tetas seguían siendo muy bien atendidas por mi mano derecha, a la que pronto se le unió la izquierda. Mis caderas tomaban vida propia y comenzaban a agitarse y moverse con furor. Comprendí que esa parte de mi cuerpo me demandaba mucha atención. Bajé ahora mi mano derecha y de un golpe introduje un dedo en mi vagina. Mi gemido fue precioso. Me sumé a mi banda sonora de fondo y comencé a jadear y a pedir por más, justo como la actriz. Me estaba follando, me estaba encantando, mis tetas se sentían riquísimas y suaves, yo cada vez me mojaba más y pronto un dedo fue insuficiente, metí otro y luego otro, con tres dedos en mi cálido interior y mis jugos brotando como primeriza mis gemidos ya habían sepultado a los de mi teléfono.

“Ummmmm, sí, qué delicia, qué rico me estoy follando. Quiero más”

– Eran las palabras que dulce y extasiadamente salían de mi boca sin control. Una de mis manos se aferró con fuerza a mis senos, mis labios y boca se apretaron y comencé a levantar mis caderas, estas iban y venían en un vaivén loco de arriba abajo con mis tres dedos dentro. El orgasmo estaba cerca. El orgasmo llegó, yo estallé y grité llena de placer. Un grito genuino y natural producto de una deliciosa sesión. Mi “Aaaaahhhhhhhh” fue largo, mis jugos abundantes y mi satisfacción fue total.

En el video la mujer ya se había puesto de rodillas pidiendo el semen de su hombre, aquel que le había proporcionado una cogida tremenda, aquel que le puso el culo rojo de tantas nalgadas, aquel que estaba a punto de gritar de placer como yo, mientras se vaciaba en la cara de la mujer, así como yo lo hice a mitad de mi cama y en mis hábiles y fieles dedos.

Soy Camila, esta fue mi presentación. Pronto escribiré más de mis andanzas.

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Espectacular Dia de Reyes

Hola amigos… todavía estoy conmocionado y no salgo de mi asombro por lo que me ocurrió este pasado “Día de Reyes” que parecía que iba a transcurrir como un día mas.
Antes de pasar al relato en si voy a hacer una descripción de mi persona. Soy un hombre normal, hetero, rondando los cuarenta años, pelo castaño claro, ojos gris verdosos, 1,75 de altura, 75 Kg. y pene por encima del promedio normal.
Esa tarde fui a la playa como suelo hacerlo cuando tengo un día libre. Aclaro que concurro a una playa nudista opcional. Me gusta mirar pero también que me miren. Así que me instale cerca del mar, me saqué la ropa, me puse protector solar y me dedique a tomar sol con todo mi cuerpo desnudo. Cada tanto observaba a mi alrededor y me deleitaba mirando las entrepiernas y pechos del sexo opuesto que generosamente ofrecían a la vista de todos.
Solo interrumpía mi descanso al sol, los chapuzones que me daba para refrescar mi cuerpo y gozar del mar con toda la libertad de mi desnudez. En una de esas pausas, decidí salir a caminar y explorar un sector del acantilado que hasta ahora no había recorrido. Así lo hice y aquí comienza lo mejor de la historia.
Haciendo mi exploración, y sorteando sectores de piedras, arena y mar me encuentro con una pareja hetero (Carlos y Susana para el relato) desnudos ambos, observando un cangrejo. Intercambiamos unas palabras y continué mi camino. Habrían transcurrido unos 15 ó 20 minutos y llegué al fin del recorrido, por lo tanto me encaminé hacia el regreso. Ya de vuelta, veo otra vez a esta pareja, pero un poco retirados de la costa. El hombre estaba atrás de la mujer, cuerpo con cuerpo, abrazándola y frotaba su pene en las nalgas de su esposa. Es obvio que al verlos me calenté mucho y no podía sacar mi vista de esa situación. También vi a mi izquierda un muchacho, con su pene erecto y masturbándose, que al verme suspendió sus acción. Yo seguí caminando y miraba a la pareja y ellos a su vez me miraban. Parecían excitarse con mi presencia. Detuve mi marcha y me dedique a observarlos ya sin disimulo. Al instante se me acerca el muchacho y me dice “…No les gusta que los miren.., no les gusta que los miren…” y se retiró. Decidí tomar el toro por las astas y disimuladamente me acerqué a ellos y cuando estuve cerca casi les susurré.: ¿Les molesta que los mire..? Me gusta mirar agregué… El hombre me contestó. ”No.. que nos va a molestar, para nada..” Con esta respuesta mi pene pegó un salto. Intercambiamos algunas palabras, mientras yo me acercaba cada vez mas a la mujer mientras su marido seguía su frotación. Me contaron que son swingers y a veces hacen tríos. Tanto me acerqué que hice rozar mi pene en el dorso de la mano del brazo izquierdo de la mujer, donde jugué por unos instantes, mas tarde se la coloqué entre la mano y su cadera, allí fue cuando ella tomo mi pene y comenzó suavemente a masturbarme, mantuvo este juego unos instantes y también tomo el pene de su marido, por lo cual estuvo pajeándonos a ambos al unísono, fue algo grandioso. Tímidamente dirigí mi mano a su entrepierna y pude acariciar su vulva ya húmeda y también dedique unos instantes a acariciar su clítoris. Como había algunos curiosos por los alrededores, no quisimos levantar sospechas y decidimos retirarnos por un tiempo. Antes de retirarnos Carlos me preguntó..¿Tenés preservativo..? No…contesté (un poco sorprendido y otro poco enojado conmigo mismo) Casi nunca los llevo encima y menos a la playa. ¡Como no se me había ocurrido eso antes! “Si consigo uno te traigo” me dijo el hombre. Nos vemos después me dijo y cada uno se fue a su reposera.
Por mi cabeza pasaron mil ideas: que tal si no volvían y solo jugaban conmigo, debía quedarme o me conformaba con lo vivido y ya me retiraba. Estaba más nervioso que jugador de futbol pateando un penal definitorio…jaja, pero al fin opté por quedarme. Fue la mejor decisión tomada.
No me tumbé en la reposera, me quedé parado en la orilla alternando baños y mirando a las bellas mujeres que allí había. El tiempo parecía no pasar más… hasta que de un momento a otro los veo venir caminando hacia mi a Carlos y Susana. El corazón se me aceleraba, no lo podía creer. Así que emprendí mi marcha hacia el acantilado mirando de reojo lo que ellos hacían. En el camino se encontraron con otro matrimonio nudista y conversaron por unos instantes y luego se despidieron. Al verme Carlos me dijo “Vamos a jugar solos un poco en la costa y después te hacemos una seña y te unís, porque esta pareja es amiga y no son del palo” ok, les dije y me quedé boludeando por ahí. Luego de unos minutos volvimos a juntarnos y empezó el franeleo. Carlos frotaba a Susana en la cola y yo pasaba mi pene por la mano de ella. Mientras hacíamos esto pudimos ver algunas parejas rondar por el lugar y tímidamente también se frotaban mientras observaban lo que estábamos haciendo. En eso Carlos dice: “Vamos para allá, señalando el acantilado” y los tres nos dirigimos hacia una cueva. Una vez instalados Carlos se sentó en una roca, se sacó la gorra visera y de allí tomó algo y me dijo “Mirá lo que te traje dándome un preservativo” Yo no lo podía creer, si bien estaba conforme con haber visto a esta pareja jugar, que ella me hubiera masturbado y ahora me la iba a coger adelante de su marido… era la frutilla del postre…jaja.
Mientras yo me colocaba el preservativo, Susana comenzó a chuparle la pija a Carlos, dándome a mí el culito. Luego Carlos la giró y se la ensartó en la vagina. Susana por su parte comenzó a hacerme una mamada deliciosa. Ya para esto contábamos con un observador lejano que seguí nuestras acciones. En un momento apareció una joven pareja diciendo, ”Estamos buscando hotel..” y ni corto ni perezosos comenzaron a darse placer oral para luego seguir con el sexo fuerte.
Aquellas parejas que antes nos observaban, ahora se sumaron al grupo y también se daban placer mutuamente.
Susana abandonó su mamada y me dio el culito, yo aproveche y le metí mi pija que ya estaba en su máximo esplendor en su lubricada concha. Se la metí de golpe y pude escuchar un gemido que se le escapó de su boca. Si bien Carlos tenía un buen tamaño, el mío es más grueso. Seguimos alternando mamada y cogida hasta que no aguante mas y me vine dentro de la concha de Susana. Allí los dejé solos un instante para que gozaran, mientras yo me deleitaba observando toda la escena.
En la cueva éramos Carlos, Susana y Yo. Una pareja joven, dos parejas adultas y no se de donde aparecieron 2 hombres mas, pero solo se dedicaron a mirar y masturbarse. A lo lejos también se instaló una pareja de mujeres (no se si eran lesbianas o no) pero no se perdían detalle.
Habían pasado unos minutos y yo ya estaba caliente otra vez, pero ya sin preservativo solo le dije a Susana que me masturbara, le sorprendió mi recuperación porque me dijo “recién acabaste y ya estas listo de nuevo…” Y así fue, me masturbó hasta hacerme acabar mientras su marido la cogía por detrás.
A medida que las parejas acababan se iban retirando y nosotros que iniciamos todo calentando a los demás, como buenos anfitriones, nos fuimos últimos… jaja.
Todavía no lo puedo creer… Aquello parecía una película porno. Mientras cogíamos mirábamos como cogían al nuestro lado y a su vez podían observarnos, cosa que aumentaba muchísimo el morbo. Nunca tuve una experiencia igual, pero espero que se repita pronto.
En cuanto a los Reyes Magos…. No se si existen, pero ese día me dieron mi mejor regalo.

Hasta la próxima

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SATISFECHA con letras mayúsculas

Estaba tan caliente y en medio de las clases. No sabia que hacer, necesitaba apagar mi urgencia de inmediato y como no había nadie decidí hacerlo yo misma. Así que me dirigí a los baños, no lo cerré, la excitación de pensar que alguien pudiera descubrirme me hizo mojarme, así que me metí a uno de los cubículos y empecé a masturbarme.

Meto mi mano dentro de mis bragas y empiezo a juguetear con mis labios mayores. Después, cuando estoy mojadita, saco mi mano, la llevo hasta mi boca y empiezo a chupar mi dedo como si se tratara de una verga enorme que se mete en el interior de mi boca y no quiere salir.

Dentro y fuera, siempre, creciendo jugosa en mi interior, abarcando mi boca, mi garganta entera. Por un momento me ahoga pero soy golosa y quiero más. Así que meto un segundo dedo y finjo que es la verga quien acaba de crecer un poco más para mí.

Chupo y chupo y chupo y cuando siento que están ya mojaditos, los regreso dentro de mi cosita, mis dedos entran con facilidad.

Juegan con mi botoncito para después deslizarse con facilidad hacia mi interior.

– Ahhhh.

Lanzo un gemido de placer. Al fin tengo algo dentro, algo que se mueve en círculos, arriba y abajo y que necesitaba con urgencia.

Escucho gente, así que me apresuro. Mi otra mano, la cual ha encontrado mis senos enormes y los acaricia de arriba abajo, apretando mis pezones, fuerte, duro, haciéndolos casi sangrar de la presión. Aprieto otro poquito mientras mi otra mano me penetra más y más y más y más.

Estoy toda mojada, no aguanto más la presión, por eso la mano que está en mis senos se dirige a mi boca, empiezo a chupar nuevamente mis deditos. 1, 2, 3…y cuando están lo suficientemente mojaditos y listos, los introduzco despacio por mi anito, quien los espera gustoso.

Ahhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Siiiiiiiiiiiiii
Siiiiiiiiiiii
Siiiiiiiiiiii

Otro poco, otro poquito…..eso es, eso es, ahiiiiiiiii, ahiiiiiiiiii, ahiiiiiiiiiiiiiiiiii ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiii, muévete, muévete, ábrete cielo, ábrete para mi, asíiiiiiiiiii, asiiiiiiiiiii

Los dedos de mi conchita se introducen más. Quiero toda la mano dentro, toda.

Mi lengua alcanza mis senos, los cuales empiezo a lamer con excitación, mientras mis dedos se abren paso por mi apretadito ano.

Ahhhhhhhh
Ahhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Ah ah ah ah ah
Ohhh, siiiiiiiiiii
Cuando ya lo tengo bien abierto empiezo a darme duro ahhh ahhh, siiiiiii, siiiiiiii, siiiiiiiii, ohhhh ohhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhh
Mis manos se mueven con rapidez.
Ohhhh, Necesito una verga dentro de mi boca, ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, la quiero, la quiero, ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhh
Así que imagino que tengo una, que me invade toda, ahhhhhhhh, ahhhhhhhhh, mientras dos más me cojen sin compasión por mis dos agujeritos.
Ahhhh
Ahhh
Ahhhh
Pudo escuchar el sonido de las bolas chocando en mi carne
Plaz
Plaz
Plaz
Plaz
Una y otra y otra y otra vez
El ruido de la gente me parece tan lejano y cercano a la vez que eso me excita más.
Por eso aumento la velocidad, mientras la verga en mi boca entra una y otra y otra vez.
Mi lenguita en círculos por ella, ahhh, ahhhh, más, más, mas, mas, mas, mas, masssssssssssssssssssssssss
Doy sentonazos en mis dedos. Estoy abierta, super abierta, así que abro mis piernas todo lo que puedo y como la puerta del cubículo del baño esta abierta, puedo verme en el enorme espejo frente a mi.
Mi conchita sacando jugos, mis dedos mojaditos salen a inspeccionar y puedo verlos cubiertos de mi.
Los llevo a mi boca y los chupo, la imagen me excita por lo que vuelvo a introducirlos y a tomar mas juguitos.
Mmm
Mmm
Mmmm
Ricossssssss
Ahhh
Siiiii
Siiii
Siiiiiii
Chupo como si estuviera con una paleta
Me encanta como sabe
Ahhh
Ahhh
Vuelvo a meterlos y en forma de tijera abro y cierro
Me veo
Me gusta
Me excita ver como mi otra mano aun sigue en mi ano, rompiendo, entrando y saliendo.
Me excita como tomo mis juguitos y los introduzco en mi hoyito.
Ahhh
Ahhh
Ahhhh
Siiiiiiii
Siiiiiiii
Sigo lamiendo mis senos duritos. Muerdo un pezón y lo aprieto hasta casi hacerlo sangrar,
Ahhhhhhhhh
Hayyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Muerdo el otro
Hayyyyyyyyy
Siiiiiiii
Hayyyyyyyyy
Hayyyyyyyyy
Siiiiiiiiiii
Ahh ahhh ahhh
Siiiiiiiiiii
Me vuelvo a coger yo sola mientras el espejo me regresa la imagen.
Me veo, tan sexy, tan caliente, tan cojida por tres preciosas vergas que me dan todo.
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Más
Mass
Mass
Soy su puta
Su zorra
Su todo
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Ahhhhhhhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhh
Ah
Ah
Ah
Ah
Ah
No aguanto más y me corro
Ohhhhhhh siiiiiiiiiii
Siiiiiiii
Siiiiiiii
Ahhhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhh
Ahhhhhhhhh
Cuando mi orgasmo acaba, puedo introducir mi puño entero en mi conchita y ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh, ohhhhhh, solo me basta morderme mi pezoncito rojo para volver a correrme
Ahhhhhhh
Ahhhhhhh
Bombeo mas
Mas
Mas
Los sonidos de mis juguitos me excitan
Ahhhhhhh
Ahhhhhh
Otro orgasmo
Ahhh
Ahhh
Ahhh
Slup
Slup
Slup
Slup
Slup
Dentrodentrodentrodentro
Slup
Slup
Slup
Muerdo mi otro pezón
Ahhhhhhh
Mas
Mas
Muérdeme
Cogeme mas
Ahhhh
Ahhh
Ahhh
Puedo ver mis juguitos saliendo, me saludan, ahhh, siii siiiiiii siiiiiiiiiiiii bebes, vengan con mami
Ahhhhhh
Ahhhhhhhh
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
Mi ultimo orgasmo es grande, ohhh si, si si si
Quedo exhausta sobre la taza del baño pero la mirada de zorra que el reflejo me devuelve dice SATISFECHA con letras mayúsculas.

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Experiencias – La muchacha de servicio

No somos una familia acostumbrada a la presencia de una muchacha para realizar las tareas de la casa, por lo que siempre que tuvimos alguna chica contratada, casi no le preste atención. Claro que esto fue asi hasta que mis hormonas empezaron a jugar malas pasadas a mi cuerpo.

Miranda es su nombre, tiempo despues me entere que tenia 19 años cuando llego a trabajar a mi casa, la recomendaron conocidos de mis padres, ya que era de buena familia y como vivia en la provincia no tendriamos ninguna sorpresa, al contrario podriamos contar con una persona colaboradora y trabajadora.

Desde los primeros dias que estuvo en la casa recuerdo que solia verla discretamente porque su rostro me parecio muy bonito, yo queriendo conocer, queriendo aprender, sin experiencia pero con calor en la sangre.

Ahora que lo recuerdo no es que Miranda tuviera una figura de modelo, mas bien era una chica común, de aproximadamente 1,60 mts de estatura, pelo negro liso y largo, con busto prominente, pero como es muy común a las chicas con busto grande, un trasero mas bien diminuto y hasta escazo, caderas anchas, que debo reconocer fue algo que no podre olvidar ya que gustaba de usar jeans apretados y camisas cortas lo que hacia que sus curvas fueran bastante evidentes.

Y verdaderamente era una chica respetuosa y trabajadora. Yo era descontrolado….

Todo comenzo a los 2 meses de que llegara a trabajar a mi casa, era un sabado de esos cuando no quieres ni levantarte, recuerdo que a eso de las 6 de la mañana mi madre llego a tocar a la puerta de mi cuarto para avisarme que saldrian con mi padre y mi hermana a buscar las entradas para un concierto por lo que debian irse muy temprano. Yo no le preste mucha atencion, en realidad queria que me dejaran en paz y poder dormir, pero la verdad es que mi madre me robo el bendito sueño asi que sin poder conciliar el sueño me encontraba despierto viendo la tele a las 6:30 de la mañana.

Fue asi como me di cuenta que estaba solo con Miranda y se despertaron pasiones descontroladas y deseos alocados de adolescente sin estrenarse sexualmente. Regrese a mi habitacion y empeze a fantasear recostado en mi cama todavia con mi pijama puesta sobre Miranda, cuando mi miembro comenzaba a endurecerse y yo empezaba a estimularme como un loco, oigo que alguien entra al cuarto de baño de servicio que esta afuera en el patio. Automaticamente salto de la cama y voy hacia la puerta del patio y veo que efectivamente alguien entro al cuarto de baño. Asi que sigilosamente salgo dando pasitos por la puerta y atravieso el patio hasta llegar a la pared del baño, no pude oir la regadera funcionando, al parecer se estaba preparando para la ducha.

Asi que como un joven alocado no lo pensé dos veces y me asome a la cerradura de la puerta, que por cierto era demasiado pequeña como para poder ver algo, asi que maldiciendo en mi mente y tratando de no hacer ruido, regrese a la casa en busca de un bote vacio de pintura para poder subir y ver por la pequeña ventana que estaba a un lado del cuarto de baño.

Todo esto pasa mientras mi corazon late a 100 por hora debido a la emoción y sin siquiera haber visto nada tengo mi miembro tan erecto que hasta me empieza a doler. Con mucho cuidado subo al bote y poco a poco asomo la mirada por la ventana, suerte la mia que Miranda nunca pensó en chequear dos veces que alguien la estuviera espiando por esta mini-ventana, cuando logro asomarme un poco logro verla lista para meterse a la ducha.

Y alli estaba, sin ropa,morena con su gran cintura al descubierto, su trasero es ancho aunque como ya les conte un poco escaso de volumen, pero para mi son las nalgas mas sensuales que jamas haya visto, por un momento dudo en seguir y me agacho, pero las ganas me dominan y vuelvo a asomarme, mi miembro esta durisimo y empiezo a tocarme tratando de no hacer ruido, de pronto Miranda se agacho para lavar sus piernas y durante pocos segundo logro ver su vagina, y lo mas increible su ano, mi mano parecia actuar a voluntad, ya mi mente y cuerpo funcionaba en automatico, acariciando mi pene, empeze a sentir un calor en la parte baja de mi estomago mientras Miranda volvia a su tarea.

Para mi fortuna Miranda se voltea un poco y ahora puedo ver algo que nunca podre olvidar, su mata de cabello, largo negro y virgen, sin cortarse nunca, mucho vello pubico, aun mojado se ve abundate, por fin sus manos y el jabon llegan a su mata, para mi era lo maximo, luego con fuerza lavo su estomago y paso a sus grandes pechos, pechos de mujer en el cuerpo de una niña aun, grandes, virgenes, yo no pude mas, y como todo un inexperto, acabe alli mismo, casi me caigo del bote y soy descubierto por el fuerte orgasmo, cuando veo todo mi semen esta regado por mi pijama, de pronto toda la sangre bajo de mi cabeza y me di cuenta que estaba en medio del patio, todo lleno de semen y lejos de mi habitación, asi que sigilosamente y a la vez todo pegajoso, bajo del bote y con el mismo cuidado regreso a mi habitacion, me tiro en la cama y empiezo a reirme, no se si por nervios o de alegria.

Me quede dormido a los pocos minutos, y tan suavemente estaba soñando, cuando de un golpazo me despierto, tarde unso segundos en reaccionar y averiguar que pasaba, cuando oigo la voz de Miranda, que me dice, Joven, Joven, ya esta su desayuno.

Yo en mi mente solo alcanzo a pensar: Miranda no hay mejor desayuno que el tu me diste…..

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El reemplazo

La mañana en la quinta dejaba respirar vida natural, los gorriones empezaban sus tareas con chillidos que cortaron los sueños de ese fin de semana de una noche tranquila de sábado extraño en ella que después de ver las paginas y relatos en Interner (su hobby) se había dormido antes de la medianoche, sus sueños fueron sobre sexo, atemporalmente recordó su botella de Coca Cola, las penetraciones que gozaba hasta el punto de mantenerla de compañera en sus tiroteos , llegando a guardarla dentro suyo cerrando las piernas y acabando innumerables veces masajeando su clítoris.

Sonriendo se acordó de su prima que se la había regalado, recordando se fue despertando y acariciando sus senos, un instrumento se le dibujaba en su mente, pese a estar guardado en una valija de viaje, no se extraño de levantarse y buscarlo, era un consolador muy especial (también regalo de su prima) se lo acomodo entre las piernas y se fue al baño , donde después de ducharse y orinar, lo lavo y preparo con agua caliente dentro , no le costo introducirlo, casi al tope.

Regresar a su pieza donde encerrada con llave, en posición de piernas abiertas, consolador introducido la traslado a momento anteriores con desesperación refregaba sus senos con ambas manos mientras que cerrando las piernas sentía a su “amigo” hasta acabar y sentir cual pene, en su canal, como otras veces esa era una masturbación prologo de alguna aventura circunstancial desesperada en el intento de calmar ese frenesí que posteriormente surgía en su sangre incitaba por cada sesión.

La botella se había roto en un juego de orgía al caer sobre un pie de bronce de una lampara, el nuevo amigo la reemplazo es un plástico quirúrgico que succionado deja pasar pequeñas cantidades de agua simulando semen, el manejo de sus labios y músculos del canal por varias sesiones previas estaban a pleno, acabar gozada fue el primer paso en busca de la aventura necesaria para calmar la tormenta en su sangre iniciada.

Se cambio puso en su cartera a su “amigo” y fue a misa, dejando el auto a varias cuadras, pavoneo su cuerpo sabiendo que alguno de sus amantes tomarían vista y como siempre hasta ahora podria volver tranquila y satisfecha.

Su compañero de banco no la dejaba de mirar, una sonrisa de sus labios le llamo la atención al encontrar a su “amigo” al final de la vista de el guapo extraño , se dio cuenta que la cartera estaba abierta y la punta se veía indisimuladamente, la invitación en sus oídos del extraño fue aceptada con otra sonrisa salieron del templo un auto nuevo e importado los recibió , el camino al motel, fue suficiente para las presentaciones de nombres falsos y algunos toqueteos mutuos.

Su calentura la desencajaba, desnudos al pie de la cama, saco a su “amigo” y corriendo a la ducha lo llamo, para que sea testigo de la carga, regresaron a la cama donde penetrada vaginalmente acabo cuando le introducía en el culo a su “amigo”, ya sabia que cualquier acto no era completo sin el.

Higienizado con jabón el juego de mamar al extraño y jugar hasta el clímax mutuo permitió que su vagina recibiera el reemplazo imprescindible para calmar esa fiebre de ganas que desde la mañana la enloquecía.

Ya en su casa bien cogida no pudo dejar de sonreír al guardar su amante y recordar a su inolvidable “botella y amiga” hoy reemplazada.

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Estoy excitado

Estoy excitado, anoche no he dormí bien.

No sé si fue el calor por la noche cuando me acosté, la lluvia de la madrugada que me desveló o inmensas ganas de estar con vos, pero no he podido dormir mis 5 horas mínimas que necesito para estar bien.

A las 4am me desperté excitado. Una corriente eléctrica me recorría el cuerpo hizo que a pesar de que debía guardar silencio me levantara.

A casi 10 horas de ese momento sigo igual. Creo que más aún luego de que habláramos a primera hora de la mañana,

Ahora estoy tirado en la cama, cierro los ojos y te imagino esperándome en el dpto, en nuestro nidito de amor, nuestro refugio.

Te imagino esperando impaciente mi llegada como tantas veces de la oficina. Un suave olor a perfume y deseo invaden el cuarto.

Vos estas allí, preparada y ansiosa para ofrecerme el relax que necesito.

Tus pupilas dilatadas y el olor a tu sexo te delatan. Estas también para recibir placer.

Me abalanzo sobre ti y me entrego por entero a tus brazos.

Beso tus labios con ansias, mi corazón comienza a acelerarse y mi respiración se hace mas profunda.

Mordisqueo el lóbulo de tu oreja y tu cuello y voy descendiendo en busca de mi ansiado néctar.

Al pasar por tus pechos siento tus ya endurecidos pezones, los succiono y aprieto entre dientes hasta escuchar un suspiro que escapa de tu boca…

Continúo casi sin control por tu vientre, ya no soy yo. Ya nada hay de racional en mí.

Rozo con mi boca el interior de tu muslo recorriendo circunferencialmente tu sexo a tan solo centímetros del tesoro. Ya veo los hilos de plata. Lo siento, los huelo, lo pruebo…

Escucho tu exclamación y te arqueas ofreciéndomelo. Ya lo tengo… Su sabor es indescriptible, su viscosidad es máxima.

Mi lengua lo invade. Rodea tu pequeño botón, lo envuelve, lo excita, le da placer… y explotas!

Lentamente vuelve tu respiración a la normalidad, pero yo sigo allí. Quiero más…

Insisto y consigo arrancarte otro orgasmo aún mayor. Pienso: ahora es mi turno.

Llego nuevamente a tus labios y escucho de los tuyos: ahora es mi turno, queres que la chupe?

Solo el hipotálamo de mi cerebro responde: Siiii, que sale de mi boca manera casi imperceptible. Es mi mayor deseo, casi inconfesable, lo que no me atrevo a pedir, pero lo deseo con alma.

Y me vuelco. Mi espalda apoyada permite placenteramente abrir mis piernas y liberar mi miembro endurecido. Ahora es tu boca la que se encarga de aliviarme. Que placer!!!

Siento que voy a estallar. Debo controlarme pero yo solo no puedo. Lo adviertes y te detienes.

Ahora sos vos la que tenes el control de mis actos. Me montas con tus rodillas a horcajadas de mi cintura mientras que con tu mano diriges mi pene a tu mojada vagina.

Te sientas. Veo como se pierde mi sexo dentro del tuyo. Ambos suspiramos.

Empiezas a moverte casi con furia. El ritmo se hace más violento e incontrolable hasta que alcanzamos ambos a mismo tiempo un orgasmo profundo y pronunciado.

Quedamos exhaustos. Nuestros fluidos se confunden con nuestro sudor al tiempo que sobreviene, con la recuperación de nuestros signos vitales, un profundo sosiego a nuestra alma.

………………………………………..

Te imagino y todos mis sentidos se han alterado. Hasta puedo sentir en mi boca el sabor a ti. Debo aliviarme ya que no alcanzaré paz de otro modo. Me esperan aun 4 días para verte.

Algo haré en la oscuridad y encierro del baño.

Te imaginas que?

Me acompañas?

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Una maravillosa paja

Hacía mucho calor y mis hormonas estaban al 100 %. La vi desde la puerta de mi casa, era una señorita hermosa, de ojos color de perla y un cuerpo aún en desarrollo. Inmediatamente me provocó una erección por lo que liberé mi enorme trozo de carne del pantalón al bajarme la cremallera. Comencé a acariciármela suavemente, sin prisas, al fin y al cabo, la joven se encontraba charlando plácidamente con sus amigas, las cuales, por cierto, no estaban nada mal. Todas ellas llevaban shortcitos de mezclilla, ajustados a sus esbeltos cuerpos de adolescentes, como invitando al pecado carnal; pero la que me gustó más, llevaba puesta una minifaldita blanca de vuelo, hecha de una tela bastante ligera y casi translúcida y un top color rosa pastel que permitía apreciar en todo su esplendor su hermoso par de tetitas rematadas con un hermoso botón en la punta de sus lindos pezones.

Así estuve buen rato reclinado en mi sofá, admirando la belleza de estas damitas, mientras acariciaba de arriba abajo y de un lado a otro mi enorme erección, así como mis turgentes testículos, presa de aquella excitación febril que me causaba el admirar esas damiselas. De pronto, la sangre se me vino a la garganta, cuando vi que tres de ellas volteaban en dirección hacia donde yo estaba y se secreteaban algo en voz baja; creí que me habían descubierto pero luego recapacité y volví a la calma ya que estaba convencido que por ser casi medio día, la luz del sol en la calle impediría que se pudiera ver hacia el interior de la puerta de mi casa, que estaba cubierta con una tela de mosquitero, así que continúe mis “labores” placenteras.

Una de ellas se sentó en la banqueta, mientras la que más me gustaba y las otras dos permanecían de pié, ofreciéndome aquella vista magistral de sus hermosos y frágiles traseros, lo que aumentaba cada vez más mi excitación por lo que tuve que disminuir drásticamente el ritmo de aquella maravillosa paja que le estaba dando a mi enorme instrumento sexual.

Ellas continuaban platicando y de cuando en cuando, la que estaba sentada en la banqueta, abría con desenfado sus lindas piernas, pudiendo apreciar casi a la perfección aquel hermoso bultito que se le formaba en su región púbica, seguramente aún sin mancillar. Aquella visión me calentaba cada vez más e imaginaba estar lamiendo esa conchita virginal, y saboreando sus jugos y aromas; pero la verdad es que deseaba en mi interior, que la muchacha que más me gustaba, también se sentara junto a su amiga, para utópicamente tener la suerte de admirar dentro de su faldita.

No pasaron más de 10 segundos de aquel pensamiento pecaminoso, cuando como por deseo celestial concedido, aquel ángel de seducción, se sentó junto a su amiga y prosiguió charlando con todas, pero en una posición muy correcta, con las piernas bien cerraditas y estiradas, para evitar mostrar lo que no debe ser mostrado en público. Yo no perdí la esperanza y continúe echando a volar la imaginación, mientras seguían platicando y yo dándome la paja más maravillosa de toda mi vida.

Nuevamente mis deseos fueron escuchados, y subió súbitamente las piernas hasta quedar prácticamente sus rodillas tocando su pecho, sin dejar de hablar y gesticular una y mil palabras que llegaban muy débiles hasta mis oídos, por lo que me era imposible entender lo que decían. En esa posición, podía admirar la parte inferior e interior de sus hermosos muslos de piel blanca apiñonada, suaves, tersos y divinamente torneados, los cuales terminaban precisamente en donde comenzaba s apreciarse lo que parecía ser una pantaleta, pero no con seguridad podría afirmar eso, ya que también se podría tratar de la parte trasera de su minifalda.

Yo acariciaba más y más mi ya adormecida erección a causa de tanta fricción, ante aquella visión, cuando de repente, abrió violentamente y casi de par en par sus piernas y ufff, ¡¡que visión aquella!! Pude observar su pantaleta blanca casi transparente, la cual permitía ver, casi sin problemas, su incipiente melenita, la cual cubría una pequeñísima rajita de tonalidad rosada. Aquello era el paraíso para mí. Me levanté del sillón y aún con los pantalones hasta abajo, caminé como pude, de forma cómica, hasta tomar mis binoculares, caminé hasta la puerta, sin importarme el que pudiesen verme esas ninfas, y así de pié, sostenía con mi mano izquierda los binoculares, mientras con la derecha continuaba agitándome mi enorme falo.

Mi excitación aumentó hasta niveles insoportables cuando pude observar en toda su magnificencia la maravillosa rajita de amor de aquella damita, hermosa, tersa, rosada y cubierta por pelitos castaños; entonces, ya no pude más y dejé que mi venosa, palpitante y dura tranca alcanzara el clímax, arrojando, prácticamente, chorros de semen hirviendo que iban a estrellarse contra la tela de mosquitero de la puerta, una y otra vez, sintiéndome en la cima del cielo en cada uno de sus espasmos.

Cuando descargué por completo aquel veneno blanco que me quemaba las entrañas, me sentí algo apenado y relajado a la vez, por lo que me acomodé mis ropas y me fui a tomar una siesta; después de todo, me la merecía.

Autor: Alfidur

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Un buen rato en la piscina

Recorro toda mi polla con mi mano, desde los huevos hasta la cabeza, la agarro con fuerza en su base, veo como la cabeza se hincha, como está de roja, el sólo verlo me pone más cachondo todavía, así que vuelvo a aumentar el ritmo, ahora con la mano derecha, cada vez más rápido y más fuerte, hasta que me llega, descargo un montón de leche sobre la pared.

Acabo de llegar a la piscina. Hoy he podido llegar un poco más pronto. El trabajo a veces me impide llegar a tiempo y tomármelo con un poco de calma. Me estoy poniendo el bañador, dándome una ducha para acostumbrar mi cuerpo a la temperatura del agua de la piscina. Físicamente soy normal, no llamo la atención, castaño, ojos azules claros, 165 cms, delgado, pero estoy musculado. Es por la piscina, 3 veces por semana, una hora, o más bien, un km por día, tiene su efecto sobre mí. Buen pecho, duro, marcado, buenos bíceps, la espalda grande, un vientre liso, un culito que poco a poco se vuelve cada vez más durito.

Pero si voy a la piscina, es por quemar adrenalina, desahogarme un poco del estrés diario, del trabajo, de la facultad (estudio y trabajo), de todo un poco. Hoy ha sido un día de trabajo un poco duro y necesito relajarme. Por eso me detengo un segundo, y noto como el agua cae sobre mí, como al principio está calentita y luego más fría. Miles de gotas caen sobre mi cabeza de forma vertiginosa, a gran velocidad, sin detenerse en su camino, recorriendo todo mi cuerpo, desde mi cabeza, mi cara, mi cuello, mi pecho, mi vientre, mi sexo… uf.  Si me tocan, exploto.

Me meto en la piscina, suponiendo que hoy habrá mucha gente, que tendré que compartir mi calle con más personas, pero afortunadamente, sólo hay tres, una monitora y dos chicos hablando con ella, supongo que coqueteando, pues ella no está mal físicamente y parece bastante maja. Es como si se quisiesen meter a nadar, pero están ahí, más ocupados en hablar. Me alegro de estar yo solo en la piscina, así puedo nadar más a mis anchas.

Suelo hacer un kilometro las veces que voy. Hoy tengo tiempo de sobra para hacerlo, tengo casi una hora, pero aún así, voy rápido, y cuando termino, veo que aún me quedan 10 minutos para nadar un poco más, pero decido que mejor me doy una ducha de agua caliente para relajarme, pues aún sigo algo tenso, todavía después de haber hecho algo de ejercicio. Entro en las duchas. Por suerte no hay nadie. Y no habrá nadie porque a las cinco no dejan pasar a nadie hasta las siete, que es cuando vuelve a abrir la piscina, y las duchas. Escojo una cualquiera, una donde es un poco difícil que alguien me vea.

Qué gozada notar el agua caliente sobre mí. Me encanta. Es como adentrarse en otro mundo. Si te dejas llevar…  mmmmm. Poco a poco noto que dejo de estar tenso, que me relajo. Me voy perdiendo en la sensación del agua caliente sobre mi piel. Voy notando como miles de gotas caen sobre mi nuca, mi cuello, mi espalda. Uf, que gozada. También llegan a mi pecho, noto como se aceleran ellas solas, provocando un leve cosquilleo sobre mí… Me voy perdiendo cada vez más en esa sensación, es agradable… Es como si miles de manos me acariciasen al mismo tiempo, como si recibiese miles de besos sobre mi cuello, mi nuca. Uf, me estoy poniendo caliente, mmmmmm se me escapa un pequeño gemido de placer. Noto como mi sexo se va alzando, como poco a poco se va poniendo cada vez más y más duro. No tarda mucho en mostrar su “poder”. 17 cms de largo, y de ancho… está bastante bien. Es gorda, si, pero no en exceso. Mi grado de calentura va aumentando, y mi polla pide guerra. Ufffffffffff.

El agua sigue recorriendo mi cuerpo. He llegado a perder la noción de donde estoy, sólo oigo el sonido del agua al correr. Cierro los ojos y juego con mis labios mojados, algo hinchados ahora por esa sensación de… placer, de la que no puedo escapar, que me va atrapando poco a poco. Cierro los ojos, me mojo los labios, me acaricio un pecho con una mano, con la otra… Juego sin darme cuenta con mi sexo. Lo masajeo un poco. Ahora que está mojado es fácil subir y bajar. Ufffffffff. Me apoyo sobre la pared con las dos manos, estoy cada vez más caliente, no puedo aguantar, no puedo demorar más la solicitud que parte de mi interior.

Me aparto un poco de la ducha, y noto como el agua choca contra mi duro pecho…  Y continúo masturbándome lentamente, recorriendo todo mi sexo con mi mano izquierda, suavemente, jugando sobre todo con la cabeza, pero llegando a veces a su base. Mmmmmmm. Apoyo un poco mi cuerpo. Con la otra he empezado a masajear mis testículos. Los tengo hinchados, los noto vibrar. Mi boca se pierde cada vez más en unos besos imaginarios, aguados, suaves, intensos, sin pausa. Mmmmmmm. Mi lengua también quiere su parte, también quiere jugar. El ritmo de mi mano va siendo cada vez más rápido, y más fuerte, ya no puedo parar. Mmmmmmm. Se me ha escapado un pequeño gemido de placer, un pequeño grito, por suerte ahogado en miles y miles de gotas de agua.

Mi respiración se vuelve más intensa por momentos. No puedo, no puedo, me pueden pillar, pero aún sabiéndolo, sigo, no puedo parar. Mmmmmm. Aumento el ritmo de mi mano, cada vez más y más… y sin darme cuenta, es frenético. Mi otra mano, aprieta con fuerza uno de mis pechos, me clavo mis uñas, me hago un poquito de daño, es increíble. El ritmo se acelera, el de mi corazón, lo noto, es fuerte, igual que el ritmo de mi mano, noto que me voy a correr de un momento a otro, pero me relajo un poco, disfruto un poco más.

Ahora recorro toda mi polla con mi mano, desde los huevos hasta la cabeza, la agarro con fuerza en su base, veo como la cabeza se hincha, como está de roja… el sólo verlo me pone más cachondo todavía… así que vuelvo a aumentar el ritmo, ahora con la mano derecha, cada vez más rápido y más fuerte, hasta que mmmm si, me va a llegar, me va a llegar siiiiiiii, me llega, me llega, aaaahhhhhh, por fin, ha llegado, descargo un montón de leche sobre la pared tres o cuatro veces, con una violencia brutal, contrayendo mi culo con fuerza, empujando mi cuerpo hacia delante como si estuviera follando… pruebo un poquito de mi leche que el agua se lleva poco a poco. Me sorprendo de la cantidad que he expulsado, debe de ser por las ganas que tenía y cojo un poquito para probarla. Tiene un sabor raro. Debe ser el agua y lo que debe de llevar, agua que aún recorre mi cuerpo, juega un poco en mis labios, con mi pecho… uuuffffff. Me giro, sigo estando solo. Menos mal.

Autor: chicosimpatic69

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Convivencia con mi tía Helena en su departamento V

Mi verga seguía clavada en su sexo, por lo que no tuve más que moverme para seguirla penetrando. Estaba completamente entregada a mí, con las piernas abiertas y sus pies calzados en mis pantorrillas. Un infierno: la tomé con un brazo por la espalda para apretarla con fuerza y maniobrar mejor mis embestidas. Con la otra acariciaba sus tetas a mi placer. Lo hacía muy duro, sacado, loco, fuera de mí. Y todo ello ocasionó en mi tía un nuevo temblor en su cuerpo.


Eran ya pasadas las 20 hs (del viernes).

Mí tía había hablado como para sí misma. Al terminar su historia se quedó en silencio, bebiendo de su copa de vino y mirando el suelo, como rememorando lo ocurrido la noche anterior. Después me miró a los ojos. Se levantó de la silla para sentarse a mi lado, en el sofá de tres cuerpos. Estábamos apoyados uno contra el otro. Con una mano acarició mi pierna desnuda. Como adivinará el lector, ambos estábamos muy excitados. Por mi parte, me moría de ganas de conocer a su amiga.

–Bueno, ¿qué te pareció mi relato? –me dijo mi tía, mirándome sonrojada a los ojos. Su boca estaba entreabierta, húmeda como su piel, muy tentadora. –Muy… excitante –no pude decir más nada. Le acaricié su mano y su brazo. –Sí, ya lo veo –dijo ella con su mirada clavada en mi abultada entre piernas. –Y sí, con eso que me contás…–¡Cómo les excita a los hombres las historias entre mujeres! –me dijo con una sonrisa muy pícara y su mano en mi pierna. –Igual no pasó nada. –Si, pero igual eso que pasó, que vos decís que no fue nada, habrá sido excitante… De hecho para mí lo es y mucho.
–Sí, puede ser…

Cómo la noté pensativa, como imaginándose algo por dentro suyo, le pregunté.

–¿Y te hubiera gustado que hubiese pasado algo más? –No sé, no lo tengo muy en claro, es extraño para mí, jamás tuve una experiencia de esa naturaleza. No digo que me disgustó, para nada. Lo sentí y lo viví como una experiencia agradable, y a la vez muy suave y profundo y pasional y excitante. Pero como que también algo me impedía avanzar más, como una ley moral… que prohíbe, entre otras cosas, el acercamiento entre el mismo sexo o cosas por estilo. –Y si, para lograr un placer sin límites hay que romper con esa ley –dije reflexionando en voz alta, hasta un punto que me sorprendió decir ello. –Una gran verdad decís! –me dijo mirándome también sorprendida por mis palabras. Y agregó: –Después de todo, me parece que nosotros dos algo de esa ley hemos roto, ¿no? –Sí, claro que sí! –alcancé a decir antes de que sus labios silencien los míos en un beso que me abrazó por completo.

Nos mirábamos a los ojos muy excitados, sin poder evitar besarnos y acariciarnos, sintiendo nuestros cuerpos que hervían. Entones, le pregunté por su amiga. Tal era la ansiedad que tenía.

–Sos ansioso! Ya te la voy a presentar cuando se levante, quédate tranquilo. Y no la desees tanto que me voy a poner muy celosa –jugueteó mi tía.-Y no es para menos…  ¿Se habrá despertado? –reconozco que estaba algo desesperado. –Mmm, no creo. Estaba muy cansada, seguro que dormirá hasta mañana, la conozco.

–Qué lástima –lo lamenté realmente. –Si, pero mañana la vas a conocer… y bien descansadita… Mañana es sábado por lo que no tenemos que ir a trabajar. Igual ya me adelantó que seguro se quedará a dormir por la noche porque le tiene que deja su departamento a su hermana menor, quien se lo pidió para cenar con su nueva pareja, tranquilos.  –Al menos ahora te quedás un ratito conmigo. Ya me estaba sintiendo muy solo estos dos días aquí sin vos. –Si mi querido, como no!. Y si querés te puedo acompañar toda la noche…

Y diciendo esto me doy un beso en la boca. Pero cuando yo estaba por abrazarla para poseerla con mis manos, ella me apartó. Levantándose del sofá me dijo:

–Esperá que voy a ver cómo está. –Te acompaño –le dije cuando mi tía. No podía ocultar lo ansioso que estaba por conocerla, aunque más no sea dormida.

Ella sonrió, comprendiéndome como una madre, y me estiró el brazo para que tomara su mano. Sin soltarnos caminamos hombro contra hombro por el pasillo en penumbra, iluminado tan sólo por la luz que salía por la puerta que habíamos dejado entreabierta de mi habitación. Lo hicimos muy lentamente para no hacer ruido. Cuando llegamos a la puerta de su cuarto nos quedamos quietos unos segundos para escuchar. Del otro lado había un completo silencio. La situación era apasionante: saber que detrás de aquella puerta estaba la amiga de mi tía me producía una gran excitación. No pude contenerme y besé a mi tía por el cuello, muy suave, mientras le acariciaba la espalda. Ella se erizó por completo, y sin rechazarme me hizo señas para que haga silencio. Giró el picaporte y abrió despacio la puerta. La habitación estaba iluminada por la luz del velador de la mesita de luz que estaba al otro extremo de la cama, contrario al del lado donde nosotros estábamos observando. Encontramos a Pilar tendida en la cama, de espaldas a la puerta, tapada con la sábana y completamente dormida. Puede verle la cara tan sólo de perfil y cubierta en parte por su cabellera negra, pero con bastante detalle dado que la luz del velador le daba en plena cara. Era realmente hermosa. Una ninfa ausente en su sueño.

–Está dormidita. También con la noche que tuvo… –dijo mi tía.–Vamos, dejémosla dormir –le dije. Esperá, mejor le apago la luz así no le molesta.

Y diciendo esto se sacó los zapatos, me los entregó y caminó en puntas de pie hasta llegar al velador. Pero, para mi sorpresa, no apagó la luz. Primero le contempló la cara a Pilar, y después me miró con una sonrisa muy picara, como pensando en alguna travesura. Sus ojos brillaban libidinosos, lo que, sumado a la figura de su cuerpo que se adivinaba a través de la tela de su vestido, muy bien iluminado por el velador, acrecentó mi excitación. Entonces, hizo algo que me dejó paralizado: tomó la tela de la sábana a la altura de los pies de pilar y la comenzó a descorrer suavemente. Primero aparecieron los pies, luego las pantorrillas, después los muslos hasta la cintura, dejando su trasero libre de toda sábana, que apuntaba directamente a la puerta donde estaba parado como una estatua. Cómo explicar lo que veían mis ojos. Era una imagen fantástica a tal punto que dudaba de la realidad que contemplaban mis ojos: sus largas piernas flexionadas, una apoyada sobre la otra, a contra luz, se delineaban perfectas y suaves que culminaban en una cola realmente hermosa, redonda, cubierta tan sólo por la telita de su tanga que se perdía entre sus glúteos. Mi tía volvió hacia mí, despacio, y me dijo al oído:

-¿Y, que te parece?.

Comprendí que el vino la había desinhibido notablemente, con gran felicidad para mí, aunque la situación me ponía algo nervioso.

-Sí, es hermosa tía. Pero tía, estás loca! –le susurré. -No te preocupes porque siempre duerme así, como un tronco, no la despierta nada ni nadie. –Y agregó: –Es que quiero que veas lo linda que es, y que no te mentía…-No, claro que no. Sus piernas son increíble… y su cola… realmente de modelo…–Bueno, pero no te me vuelvas loco, que me voy a poner celosa –me murmuró en son de burla.

Yo le seguí el juego:

-Es que no es para menos. Aparte sos vos la que me la estás mostrando…–Si, quiero que conozcas a mi amiga, que ya sabe lo nuestro… Es muy importante para mí…-Lástima que está dormida…-Si, ahora sí, pero mañana te la presento despierta… Si es que se queda.-¿Y de esta manera? –pregunté, con un poco de decepción por el hecho de que tal vez no se quedaría el día siguiente.-Pero mirá que sos atrevido! –me dijo mientras me daba un pellizco suave en las costillas. Luego agregó con una voz sensual: –Mmmmmm, no sé… Primero veremos si se queda…

Y comenzó a darme besos en el cuello mientras su mano bajaba por mi abdomen hasta apoderarse de mi miembro por sobre la tela de mi pantalón que para ese entonces, como imaginará el lector en base a la situación que le relato, estaba hecho una piedra. Al sentirme así pegó su cuerpo contra el mío, apoyándome sus grandes tetas en mi pecho y su sexo en mi pierna.

–Tía, vamos que se va a despertar.–Estás muy duro… –me dijo sin prestar atención a lo que le pedía. No pude más que decirle, siguiéndole el hilo de sus deseos.-Si, tus juegos me calientan mucho tía. Sos única…–olvidándome de la preocupación por Pilar que dormía a escasos  metros de nosotros.

Acompañé estás palabras con un mordisco en su oreja, mientras mi mano se apoderaba de sus caderas. Me apoderé de su trasero. Pude levantarle el vestido hasta la cintura, desnudando su cola. Dado que tenía puesta una de sus diminutas tangas, salvo la tela del triangulito en la parte superior donde comenzaba su profunda zanja por entre donde se perdía, nada me impidió sentir la piel de sus firmes glúteos fresca y suave, que acariciaba a mi entero placer.

-Extrañaba esto tía, tu cuerpo…-Sí, yo también sobrinito. Extrañaba tus caricias, que me toques toda. Por eso, después de lo ocurrido en estos días, quería que nuestro reencuentro fuera muy especial, y que tuviera algo más…

Y al decir esto giró su cabeza en dirección de Pilar, que seguía inmóvil en su sueño, con su hermoso culo hacia nosotros.

–Lo estás haciendo muy bien tía. Me deslumbras con tus ideas!.

En ese instante ambos mirábamos a Pilar, con nuestros cuerpos abrazados, acariciándonos. Nos recorría un calor libidinoso. Para confirmarle su idea estupenda, agregué:

–Es muy linda, tía, su cola es hermosa, y sus piernas…–¿Te gusta que la estemos mirando?

Era sobreabundante la respuesta de mi tía, pero con ello me demostraba su gran excitación, y que yo le correspondía fielmente.

–Si, claro que sí. Y también me gusta estar con vos, así…–Entonces disfrútala mientras yo te hago unos mimitos –me dijo mientras me miraba a los ojos separándose de mí. Estaba irreconocible.

Comprendí que su anterior pregunta era una forma de hilar algo que tenía pensado de antemano, o que al menos se le había ocurrido en ese mismo momento y que la excitaba sobremanera ponerlo en práctica (después me confesaría que ello era una de sus fantasías irrealizadas). Descendió lentamente hasta que la ví quedarse en cuclillas frente a mí. Sin dejar de mirarme, en silencio y con cuidado de no despertar a su amiga, bajó mi short y mi slip, para apoderarse de mi erguido miembro con sus manos y metérselo, sin más, en la boca caliente. Estaba hambrienta, por eso lo hizo rápido, si dejar pasar un segundo. Lo engulló quizá con una mayor pasión que las primeras veces. Estaba excitante ahí arrodillada con el vestido subido hasta la cintura, con los muslos desnudos. Los zapatos los había dejado a su lado, en el suelo

Como percibió que yo quería acariciarle sus pechos, sin dejar de chuparme los desnudó con ambas manos bajando el escote de su vestido hasta que éste quedó calzado por la parte inferior de sus excitantes melones, que ahora los veía bambolearse al ritmo de su ir y venir por mi duro miembro. Mi tía me facilitaba la visión apoyando sus manos en mis caderas, es decir, no agarrándome mi sexo cuyos brazos ocultarían sus pechos a mis ojos. Por momentos llevaba una de sus manos a su sexo para autosatisfacerse.

Allí parado, y mientras le acariciaba y apretaba sus tetas, mi vista iba y venía desde el cuerpo durmiente de Pilar, sin dar crédito de su hermoso trasero y largas piernas que se nos ofrecían, y hacia mi tía cada vez más entretenida con mi sexo duro entrando y saliendo entre sus labios. Sólo se lo sacó de su boca para jugar con él entre sus pechos: elevándose con sus piernas lo colocó en el canal formado por ambos melones y apretó suavemente por los costados. Así subía y bajaba su tórax masturbándome, lo que me provocaba una sensación que jamás había experimentado: el tronco perdido y presionado entre la suavidad de sus pechos, apareciendo sólo mi cabeza morada por la parte superior del placentero canal; además, sus duros pezones se presionaban contra mi pelvis. Mientras ella me entretenía de esta manera alternaba su vista entre mis ojos y el cuerpo de su amiga. Luego de jugar así, volvía a engullirse mi miembro en su caliente boca, y nuevamente el ritmo de la succión, yendo y viniendo. ¿Qué más puede pedir un hombre?.

Luego de unos largos y placenteros minutos Pilar se movió en la cama. Me dio temor por el hecho de que fuera a despertarse. Por eso, y si bien advertí que continuaba profundamente dormida, le avisé a mi tía: llevé mi mano hasta su mentón y suavemente intenté que me mirara, con todo mi pesar porque el placer era inimaginable: veía como mi carne erecta aparecía para perderse inmediatamente dentro de su boca, casi toda entera. Fue como si mi tía despertara de un sueño: tan desconectada estaba, allí abajo, de la realidad. Comprendió lo que había sucedido. Entonces, se sacó mi miembro de su boca, muy despacio, dejando unos minutos la cabeza presionada entre sus labios, como si fuera una triste despedida. No se paró sin antes acariciarme unos segundos más el tronco húmedo de su saliva, mirándolo con una pasión que no alcanzaba a dominar por sí misma. Por eso le ayudé a levantarse. Me arrogué la tarea de cubrirle sus hermosos pechos con el escote del vestido, mientras ella se acomodaba la falda. Despacio, caminando hipnotizada en puntas de pie, volvió hasta el velador, apagó la luz, salió y cerró la puerta sin hacer el mínimo ruido. Por mi parte, me había subido el slip y el short. Allí quedaba Pilar, nuevamente en la soledad, pero ahora a oscuras. Cuando nos encerramos en mi habitación le dije:

–Estás loca tía, mirá si justo se despertaba y si nos descubría. Estás loca –insistía yo, pero claro que sin reproche alguno hacia ella, sólo asombrado de su juego peligroso y yo tan bien había aceptado a seguirle.

–Pero acaso no te gustó? –me preguntó mirándome a los ojos con mirada de gata perversa, mientras se desnudaba despacio, sacándose el vestido por las piernas, descorriéndose las mangas de sus brazos y dejándolo caer al piso, donde lo apartó con sus pies a un costado.  Allí la tenía nuevamente de cuerpo entero, con sus pechos hermosos colgando sensuales, con una pequeña tanguita negra y con los zapatos que se calzaba en ese momento para mostrarse ante mí aún más bella sobre sus tacos de aguja. De hecho, ahora se le marcaban las venas sobre su empeine, los gemelos y los músculos de sus muslos. Un infierno viviente, con el pelo negro suelto sobre sus hombros. Luego de girar 360 grados sobre sus pies, me dijo:

–¿Acaso me vas a decir que no disfrutaste de mi locurita?

Me acerqué, abracé su cuerpo semi desnudo, y le dije al oído mientras mis manos acarician su espalda:

–Claro que me gustó. Me fascinó tía. Es sólo que tus ideas me superan, pero para bien, obviamente.–Ja, ja! Eso me imagino… Y vos no te quedás atrás en seguirme el juego.–Jamás dejaría de seguirte en todo lo que se te ocurra. Soy tu fiel siervo…–¿Si sos mi fiel siervo, entonces porque estoy yo así, y vos todavía vestidito?.

Sin responderle, me separé y frente a ella me desnudé: primero la remera, luego el short y por último el slip. Parado con mi miembro ahora semi erecto, le dije:

–Aquí estoy, todo tuyo. Es más, ahora yo estoy más desnudo que vos.–Así me gusta.

Y diciendo esto nuevamente se puso en cuclillas abriendo sus piernas con las manos apoyadas en sus rodillas. Era una diosa, más aun como me miraba desafiante, con sus redondos pechos y su hermoso sexo apenas expuestos hacia mí, cubierto sutilmente por la fina tela de su tanguita. Sus muslos eran infernales…

–Dale, vení que me muero de ganas por terminar una tarea inconclusa –me dijo en esa posición, con sus labios húmedos. –Culpa de Pilar tuve que interrumpir mis besos… Y veo que se ha debilitado un poquito… –no terminó la frase, pero era claro que se refería a mi miembro.

Así lo hice para cumplir sus deseos… nuestro deseo. Me adelanté unos pasos hasta quedar parado a escasos centímetros de ella. Su boca no esperó un segundo en devorar, literalmente, mi carne semi erguida. Al principio sin ayuda de sus manos, las que seguían apoyadas sobre sus rodillas, y que por momentos acariciaban sus senos o su sexo. Era tal la fuerte succión que ejercía con su boca que provocaba un movimiento natural de su torso y cabeza hacia adelante y hacia atrás. Engullía hasta la mitad, o más aún, de mi miembro, y luego retrocedía hasta el glande, sin que este se liberara de la compresa de sus labios. Con ese primer contacto no demoró en erectarse nuevamente. Luego de unos largos minutos de este juego, se la sacó de la boca, y sin dejar de masturbarme con la mano me dijo mirándome a los ojos:

–No sé si te dije…, voy a ser un poquitín boca sucia pero quiero que te quede claro: cómo me gusta chuparte, así duro, potente!.

Yo estaba en el olimpo, y con estás palabras ascendía aún más a un lugar más allá incluso del reino de los dioses.

–No sé si me lo dijiste, pero de la forma en que lo hacés me lo das a entender… Es toda tuya tía…

Ella me miraba desde abajo, con una sonrisa y una mirada de lujuria. Sin quitarme sus ojos de los míos se engulló nuevamente mi miembro, con movimientos que ahora acompañaba con su mano.

Luego de unos minutos le pregunté para alimentar mis perversiones:

–¿Qué es lo que gusta de chuparme así?

Retrasó su respuesta para seguir succionando unos minutos más. Al fin se sacó mi durísima carne que brillaba por la saliva de mi tía. Y me dijo:

–Por un lado, porque sé muy bien que, de esta manera, te tengo absolutamente preso mí, sos todo mío mientras te chupo. En ese momento todo tu cuerpo se concentra en el placer de tu sexo duro, que yo puedo manejar como más deseo: por momentos lo intensifico, lo alargo, y por otros no, como yo quiera. Y por otro, no sé… me gusta sentirla en la boca, que me llena toda la boca. Me siento completa al menos por la boca, lo que me da mucho placer…

Y se la volvió meter hasta casi la garganta. Su gozo se revelaba en sus ojos cerrados, en la expresión de su seño fruncido y sus pómulos chupados hacia adentro por la fuerza que ejercía su succión. Y sacándosela nuevamente, me dijo:

–Hasta tal punto, mi querido sobrinito, que no puedo creer que sea toda mía, no sé que hice para merecer tanta felicidad…-Tía, pero yo tampoco puedo creer que digas eso, porque acá el que tiene las de ganar soy yo, cómo me cuidás y me mimás como nadie en el mundo. Tanto que a veces creo que es un sueño, un sueño que a cualquiera le gustaría vivir en mi lugar…-Bueno, será un sueño compartido, porque vos también me mimás mucho a mí. A parte yo también tengo mucho de ganar, a mi edad y disfrutando de la juventud de una persona y de un cuerpo tan perfecto como el tuyo. Esta verga tan vigorosa y joven no se ve ni en las mejores películas.

Estas palabras las alternaba con profundas chupadas de mi “verga vigorosa”. Yo me sonreía, complacido y gozando de la seguridad de mí mismo y del ego que contribuía a engrandecer mí tan aduladora tía. Después de otra larga sesión de sexo oral, mi tía se levantó, me dio un beso en la boca,  para seguidamente ir hasta la cama y acostarse. Yo me quedé parado, al lado suyo.

-Bueno tía, un cuerpo tan hermoso como el tuyo tampoco se ve por ningún lado… –y dado que ella era muy directa con ciertas zonas de mi cuerpo, de un forma explícita y normal, yo me le quise equiparar para no quedar como un niño educado y pulcro, a tal punto vergonzoso que podría pasar por tonto– Me encantan tus pechos, son perfectos y grandes, y tus piernas, largas y tonificadas, tu sexo también es hermoso, y tu cola, sin palabras, como ninguna que haya visto, ni siquiera en películas ni revistas. Todo es hermoso en vos!

A todas mis palabras las acompañaba con caricias por las zonas a las que refería, como afirmándolas. Iba y venía por sus pechos, su abdómen, sus piernas. A la vez que le mencionaba lo hermoso que era su sexo le quité cuidadosamente su tanguita; ella, completamente desnuda, abrió sus piernas para mostrármelo todito, rosado y húmedo frente a mis ojos. Luego, cuando mencioné su cola la hice girar, cosa que ella hizo dejándose llevar por mí sin protestar, como si le estuviera practicando una técnica de relajación a la que ella se entregaba gustosa, sin límites. Al estar ella boca abajo, pude apoderarme de sus glúteos; eran todos míos: los acariciaba a mi entero placer. Continué diciéndole:

–Es muy excitante tu cola, tía, perfecta, firme, suave… me dan ganas de comértela.

-Son los frutos de la actividad física. Trato de mantenerme bien –me dijo con los ojos cerrados, apoyada su cabeza en la almohada.

-Se nota que sí, pero también se nota que tu cuerpo ya de por sí es perfecto. No cualquiera que haga gimnasia tiene una cola así, y tus piernas lo mismo. -Mmmmmm, puede ser… Tus palabras son hermosas. –Luego de un silencia, agregó: –Iba a decir que me hagas tuya, que te regalo todo mi cuerpo… incluyendo mi cola… pero ya te lo regalé… el otro día… –me dijo en la misma posición sin abrir sus ojos, provocativamente, sonriendo con cierta picaresca.  -Si, claro que sí, un sueño…–Mmmmmmmmmm, no sé si lo habrá sido para vos. No me mientas. Creo que no te gustó tanto, porque con Pilar no leímos nada al respecto.

Mi tía hacía referencia a nuestro último encuentro sexual, que relataré en el siguiente capítulo. Aquel encuentro ocurrió hace una semana, el sábado pasado (hoy es viernes). El lunes siguiente fue cuando mi tía descubrió mis relatos, a partir de cuyo día no hablamos hasta este instante. Ni siquiera nos veíamos, pues cuando ella salía de la casa yo dormía, y a la noche apenas nos cruzábamos. Ella regresaba muy tarde.

-Te equivocás –le dije sonriendo-. Está escrito todo, con gran detalle. De hecho fue la parte que escribí con más ahínco le puse, y la que más me gustó y excitó. –¿No me digas? ¿Y porqué no lo encontré entre tus relatos?  –me indagó mi tía mirándome con algo de sorpresa.

Le comenté que tenía el documento aparte en un diskette, junto con una copia del resto de mis relatos, los anteriores, y que no había quedado guardado en su computadora. Le aclaré que este relato que ellas no habían leído era el último escrito hasta ese momento.

–Qué lástima, nos hubiera encantado leerlo. –Pero no te preocupes tía, que lo tengo guardado. Cuando quieras… te lo doy para que lo leas… sola o con ella. –Que alegría! Pensamos que tu inspiración se había cortado de golpe, en aquella vez que tuvimos la primera experiencia de contacto con las manos y caricias. –Y con tu boca –agregué con un tono libidinoso–. Tu primer contacto fue con tus caricias, sí, pero fundamentalmente con tu boca. Fue muy profundo.

–Sí, claro. Si, fue muy profundo. Creo que nunca lo disfruté tanto. Es más, generalmente no me gusta que el hombre llegue así… Si no me equivoco sólo lo hice una vez, con un novio mío cuando era más joven.  Pero ahora, esa vez con vos ni lo dude, lo quería con todo el corazón que me inundaras toda…, la boca, la cara, el cuerpo. –¿Lo querías por vos, o sólo para mí?

–Por los dos. Sé muy bien el placer que te estaba dando, y que te iba a volver loco haciéndote llegar con mi boca, pidiéndote que me acabés adentro (no me acuerdo si te lo pedía con palabras o te lo imploraba con los ojos). Pero también lo quería por mí, era una necesidad… Necesitaba sentirme bañada de vos y de tus líquidos… Estaba poseída por tu cuerpo y por tu verga dura. Necesitaba probar la culminación de tu éxtasis. Y no sé si eso fue bueno o mal, porque ahí me agarré el vicio… No sólo la podría tener horas enteras en mi boca… sino que también quiero sentirte llegar adentro… y afuera… Sentirme inundada por tus fluidos… Aquella vez que lo hice con mi novio, hace años, no me gustó mucho, pero después, con el tiempo, comenzó a llamarme la atención. Lo veía en películas, por ejemplo, y no me disgustaba ver como los tipos les acaban a las mujeres en la boca y en la cara… Quería probarlo de nuevo, con un deseo que antes no tenía. Pero no encontré jamás a nadie que me diera confianza. Y ahora con vos, bueno, ya sabés, me diste plena confianza, y me abrí completamente a vos.

–¿Qué te provoca eso? –le pregunté casi sin poder hablar, tal era el estado de sorpresa al escuchar lo que me decía mi tía, que me superaba. –Excitación! Mucha excitación! Sintiéndote acabar así, con sólo eso, podría tranquilamente llegar al orgasmo… Y te diría que sin tocarme. –Tía, me encantan tus palabras. Sinceramente no puedo creer todo lo que me estás diciendo. Es un sueño. De hecho para mí también se convirtió en un vicio tu boca. Tu boca es perfecta como todo tu cuerpo, y realmente era para mí increíble y sorprenderte que tanta perfección y hermosura estuviera allí abajo, besándome… succionándome de esa forma tan placentera… No podría pedir más…

Diciendo esto, (ella acostada boca abajo y yo ahora arrodillado a su costado sobre el colchón acariciando su espalda, su nuca, sus piernas, etc), me acerqué sobre mis rodillas hasta que mi miembro erecto quedó a la altura de su cara. Ella percibió los movimientos y abrió los ojos, frente a los cuales se encontró con mi ofrenda. Ante su mirada, empujándola desde la parte de arriba del tronco, desde la base, fui bajando mi verga hasta que logré rozar la cabeza sobre sus labios carnosos. Inmediatamente, ella los abrió lanzándome su calido aliento.

Con un leve movimiento de mi pelvis hacia adelante y abajo gané el terreno que ella liberaba, recibiéndola en su cavidad bucal con su húmeda lengua que se enroscó sobre la piel como una serpiente sedienta. A continuación, levantó su cabeza para tragársela lentamente, yendo y viniendo, bajando y subiendo, metiéndosela cada vez más adentro, hasta rozar con sus labios mis dedos que mantenían mi miembro casi en línea recta hacia abajo. En esa posición podía ver como sus manos se perdían en su entrepiernas, masturbándose. De esta manera, con sus antebrazos formaba una especie de prensa que apretaban sus redondos pechos (de a poco se había colocado de costado, para maniobrar mejor…). La visión que tenía ante mi era de ensueño. Con sus ojos cerrados, mi tía se masturbaba a si misma con ambas manos oprimiendo sus fogosas tetas provocando toda suerte de lujuria, a la vez que me masturbaba chupando poseída mi dura verga con su boca caliente…no dejaba sus suspirar y gemir de placer.

Pasados unos largos minutos succionándome de esa manera, mi tía se la sacó de la boca y me invitó a acostarme a su lado. Así lo hice. Nos dimos un beso en la boca, muy profundo. Luego, mirándome, me dijo con una sonrisa.

–Me decís que no podrías pedir más, pero siempre hay más, y de hecho lo hubo… y de hecho podes seguir teniendo más, mucho más…

Palabras que nos llevaron a otros abrazos y besos. Al final de unos minutos me dijo:

–Me encantaría leer lo que escribiste sobre lo que siguió luego a nuestras primeras caricias… Pero mañana. No quiero que te enojes, pero no la quiero dejar a Pilar fuera de esto. Si la metí en este asunto contándole todo, ahora no puedo dejarla fuera. –Para mí tía todo bien, no me molesta en absoluto. Es más, mejor así puedo tener otra opinión sobre mis relatos. –Bárbaro! Mañana vas a saber de su opinión. –Y luego de un breve silencio reflexivo, agregó: –Creo que lo mejor será que lo leas vos mismo a nosotros. –Pero tía, eso me da mucha vergüenza! A vos no te dará vergüenza?

–No, para nada. Es más, me divierte. Sé muy bien ella no se va a burlar, y que también le va a divertir. Aparte será muy importante para que escuches sus comentarios…–Qué bueno que lo tomes así. Pero a mí me da cierta cosa…–No seas tonto. Vas a ver que ella te va a dar la misma confianza que a mí, y no te va a dar cosa. Será un orgullo que el propio autor nos deleite con la lectura de su último relato!

Nuestro diálogo que subía de tono erótico, sumado a nuestras carias, besos, etc., nos había calentado sobremanera. Nuestros cuerpos, completamente desnudos, estaban acostados en la cama pegados voluptuosamente uno al otro. Mi tía jugaba con sus piernas acariciándome los testículos con su muslo. Luego de un instante, mientras nos mirábamos a los ojos, mi tía me dijo para elevara más aún el tono erótico, con una actitud algo reflexiva quizá por el balance de nuestra situación que habíamos estado hablando:

–Mirá si tu mamá se entera de esto. Me mataría. Su hijo viene a estudiar y termina enroscado de esta manera con su propia prima.

Pero mi tía no lo decía en un mal sentido. Todo lo contrario. No la noté en modo alguna preocupada seriamente. Sólo era una reflexión que la traía a colación para divertirse con su prima ausente y su hijo excitado a su lado. Yo así lo advertí y le seguí el juego.

–Y qué pensás que pueda decir? Se puede llegar a enojar? -No sé, no creo. Después de todo ella también fue arriesgada en su vida con sus experiencias sexuales. No creo que a este nivel del mío con vos…. Ja ja!. Y ahora no sé como estará. Tal vez esté más conservadora… –Bueno, pero no se va a enterar. No tiene forma de saber lo nuestro.–No, claro que no. –y luego de un minuto en que miraba como al infinito, como imaginándose la situación, agregó– Sería divertido, muy divertido.

–¿Te parece? Para mí enloquecería…–Tal vez, no sé. ¿Mirá si le cuento?–¿Estás loca? –le dije muy sorprendido.–Jaja, puede ser, un poquito. Olvidate, es sólo que me imaginé…, y se me cruzó por la cabeza comentarle nuestras experiencias. Después de todo éramos muy amigas, siempre salíamos juntas y nos contábamos todo. Y lo seguimos siendo, a pesar de que no nos vemos muy seguido. Todo lo que hablamos lo hacemos por teléfono o por mail. Jamás hubo secreto entre nosotras. Si ella viniera a visitarme, me vería tentada a contárselo…

–Pero a mí me mataría, y a vos también…–No sé, creo que también se divertiría con la historia. Después de todo es muy buena noticia para una madre saber lo macho que es su hijo.–¿A pesar de que su hembra sea su tía, su propia prima hermana? –Jaja. No sé que cara pondría. Por eso no me podría contener a contárselo.

Esta conversación estaba tomando un tono muy elevado de perversión, pensaba. Y así se lo dije, como quien reflexiona en voz alta. A lo que ella hizo notar con total noción de la realidad:

–Sí, todo lo que vos quieras, pero me parece que esa perversión no te inhibe en absoluto. Me parece que la tenés más dura que antes…

En verdad ella así lo podía aseverar dado que mientras hablábamos acariciaba mi miembro con su pierna. Y ahora lo tomaba con una mano para confirmar lo que sentía su muslo.Yo no sabía que contestarle. En realidad, la idea que planteaba mi tía me había provocado algo que no era muy disgustoso. Quizá más bien por la idea perversa en sí, más que por imaginarme otra cosa. Dado mi silencio (y el que calla otorga, dice el refrán), mi tía agregó:

–Y sí, todos tenemos algo de perverso dentro que nos provoca cierta lujuria. Además tu mamá es muy parecida a mí, no nos llevamos muchos años, ella tiene tres años más que yo, 38 si no me equivoco, y se mantuvo siempre muy bien. En una época, cuando éramos jóvenes, nos llamaban las mellizas por el gran parecido de nuestros cuerpos. Ahora que se divorció de tu viejo, debe de estar muy atractiva…, y activa allá solita, “abandonada” por su hijo.–Sí, puede ser. Son muy parecidas. Pero a mi mamá jamás la vi como a vos, así, de cuerpo desnudo entero… Nunca tuve el placer…–Ahh, o sea que te habría gustado verla. ¿Me vas a decir que no la espiaste nunca, picarón?

Dado que la situación no me dejaba lugar a secretos, le conté como hacía unos años atrás la había espiado bañándose y otra vez mientras se cambiaba de ropa en su cuarto. Pero de pura curiosidad, por intentar conocer el cuerpo de una mujer, y la más cercana que tenía era mi madre. La había descubierto sin sostén, con sus pechos desnudos, y en la otra ocasión sin su calzón, pero una visión muy fugaz.

–¿Y qué te provocó el hecho de verla?–Algo de excitación, no te voy a negar. Después de todo era la primera vez que veía a una mujer así, digo no en revistas sino en directo.–¿Y te masturbaste?

No se lo pude negar.

–Ah, viste que sos un perverso… –me dijo mi tía haciéndome cosquillas, jugando. Luego, con su cuerpo apoyado sobre uno de sus codos, me dijo–. Te imagino, ahí, solito, tocándote… ensuciándote la mano. De sólo pensarlo me excita –palabras que acompañó llevando una de sus manos desde sus pechos hasta su entrepiernas, y luego volverla a subir hasta sus labios. –Bueno, pero ahora me tenés a mi.

Y dicho lo cual se paró sobre la cama para mostrarme todo su cuerpo. Con las manos en la cintura y los brazos en jarro giraba sobre sus pies, mostrándome su desnudez por completo y de todos los ángulos posibles.

–Mírame, soy como tu mamá. Pero ahora de una forma más directa todavía, para que disfrutes a tu placer.–Si, muy excitante –le dije sentándome sobre el colchón. –De una forma muy directa, pero no para masturbarme, ¿no? –Ah, no, claro. Pero sí para calentarte, y para hacer calentar a tu tía solita –me dijo ahora frente a mí, en actitud desafiante con su vagina a escasos centímetros de mi cara y sus grandes pechos colgando redondos en lo alto con los pezones erectos.

–Sí, claro que sí. No puedo tener más honor que el de excitar a una mujer tan hermosa como vos. Y más todavía que sos m tía… No puedo negar cierta perversidad por el hecho de que sos mi tía. –Soy toda tuya!.–Lo que más querría ahora es retribuirte los mimos que me hiciste hace un momento. A mi también me gusta mucho tu… sexo, y más así de húmedo como lo veo. Es hermoso, y muy rico.

–Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm. ¿Te parece? –Claro que sí –y mientras le decía esto alcé mis brazos hasta su cadera y la atraje con mis manos hasta mi cara. Ella no opuso resistencia, quedando parada con las piernas abiertas, con mi cabeza casi rozándole su entrepierna, mostrándome su húmedo sexo.  Podía sentir el aroma de flores que emanaba junto a sus fluidos. Sólo tuve que acercarme unos cortos centímetros para besarle su pubis. Me acomodé un poco más para quedar justo abajo y llegar a su clítoris con mi lengua, que no paró de moverse por largos minutos, alternados con succiones que le hacía con mis labios, que abrazaban los suyos vaginales como si fuera otra boca, perdiéndole mi inquieta lengua hasta lo más profundo de su cueva. Su aroma me embriagaba de éxtasis.

Mi tía no podía contener la excitación, fuera de sí: me acariciaba la cabeza con pasión, me tomaba del pelo y tiraba suavemente. Por momentos, tomándome desde la nuca, empujaba mi cabeza hacia su sexo a la vez que la presionaba por las sienes y orejas con sus muslos, como para evitar que yo me soltara y la abandonara. Esto, muy lejos de disgustarme, facilitaba mi tarea de hundirle con mayor profundidad mi lengua, la que giraba como una serpiente ahogada entre sus líquidos que manaban sin cesar. Por mi parte, para ayudar a sostenerme en esa posición, me agarraba con mis manos desde su trasero y sus piernas. No sé muy bien como hizo, pero ella logró apoyar la planta de uno de sus pies sobre mi miembro y testículos para, de esa manera, masturbarme e mantener el vigor de su dureza. Ejercía una frotación excita, que resbalaba gracias a los restos de saliva que me había proporcionado minutos antes mientras lo engullía con su boca.

–No pares! –me imploraba mi tía.

Por mi parte, no me quedaba opción, pues estaba prisionero de sus manos y pies, perdida mi boca y lengua entre los jugos de su sexo. De todos modos, yo no me resistía en absoluto: tal era el placer que me provocaba todo ello, y también mi forma de agradecerle o retribuirle sus anteriores mamadas.

Pasados unos minutos de mis placenteros juegos, mi tía no pudo evitar llegar a un orgasmo intenso, que repercutió en su cuerpo con gemidos, agarrándose fuertemente de mi cabeza con una de sus manos, sin dejar de presionarla con sus muslos calientes. Con su otra mano se acariciaba sus pechos, frenéticamente. Al final, su cuerpo se fue relajando, como así también sus manos. Sus piernas se separaron, lo que me permitió “liberarme”. Alejé mi cara unos centímetros de su vagina, que se veía empapada, brillos, hermosa. Mirándome desde arriba, me dijo:

–Ayyy sobrino, no puedo creer lo que acabás de hacerme! Nunca pude llegar así! Sos un Dios.

Mi tía me acariciaba la cara, como limpiándome los restos de sus fluidos con los dedos.

–Estás todo mojado… Te empapé… Pobrecito!

Yo sólo la miraba sonriente, mientras le acariciaba desde allí abajo sus piernas, su cola y la parte exterior de vagina, mientras le decía que me había encantado besarla y hacerla llegar. Le pregunté si estaba cansada, a lo que ella me respondió:

–No, para nada. Estoy muy excitada, siento que me palpita todo por dentro –Y luego me dijo, como una “orden”: –Ahora quiero que me penetres. Quiero sentirte con tu carne dura por donde tu lengua se abrió paso.

Mientras decía esto, yo me tendí sobre la cama. Ella se sentó sobre mis piernas, justo detrás de mi miembro que seguía erecto, quedando este a escasos centímetros de su vagina. Me lo tomó con ambas manos, que subían y bajaban por mi duro tronco, desde la punta hasta mis testículos. Mientras tanto, me repetía (demostraba que había quedado fascinada con lo el placer que le había dado):

–Ay, por Dios! Tenés unos besos mágicos… –Y agregó, muy sorprendida –Se ve que mejoraste desde el otro día… Aprendés muy rápido chiquito!

–Y sí tía. Jamás me imaginé que fuera tan lindo hacerlo. Debe ser que tu sexo es riquísimo! Aparte, vos también me besas muy lindo tía –le repliqué. –Por eso quise devolverte el placer que tanto me diste (y me das) vos a mí, con mi mejor empeño.–Sos un cielo –me dijo con ternura. Y agregó: –Ahora quiero ver qué tan bueno sos con esto –y dirigió su mirada a mi sexo. –Quiero que me la metas para sentirte…. Ahora por adelante…–Ay, tía, es lo que más quiero! También quiero sentirte a vos…

Sin más trámite, mi tía se levantó sobre sus rodillas, y se adelantó unos centímetros hasta quedar con su sexo sobre mi trozo de carne. Antes que nada, se hizo hacia adelante para darme un beso en la boca, luego de lo cual volvió a erguirse. Era hermoso como caían sus pechos. Se apoderó nuevamente de mi miembro y apuntó la cabeza directo a la raja de su vagina. La pude sentir muy húmeda y caliente cuando la frotó contra sus labios. Luego, la dejó erecta sobre su cueva, la calzó dentro y comenzó a bajar sus caderas. Se fue enterrándolo todo: dada mi posición podía apreciar a la perfección como desaparecía primero mi glande, y a continuación, centímetro a centímetro, todo mi tronco. Hasta que su pelvis y trasero chocó contra mi pelvis y muslos.

Al principio no se movió. Se la dejó clavada hasta el fondo mientras gemía profundamente, para disfrutar toda mi carne entera dentro de su sexo, con sus ojos cerrados y la cara hacia el techo.

-Que hermoso… sentirme completa! –decía entre gemidos mi tía.

Luego de gozarla así, comenzó a moverse  como una diosa poseída por el mismo diablo: en círculos con sus caderas, hacia atrás y hacia adelante, a subir y a bajar. Movimientos que iba alternando con diferentes tonos en sus gemidos.

Por momentos, apoyada con sus manos sobre mi pecho, giraba en círculos con sus caderas, posición que me daba la oportunidad para acariciarle sus tetas a mi placer. Por momentos, con su espalda erguida, se movía hacia atrás y hacia adelante, o hacia arriba y hacia abajo. En esta posición, dado que estaban lejos de mi alcance, ella misma se acariciaba sus pechos, que se bamboleaban hacia los costados y de arriba y abajo, mientras yo le acariciaba sus hermosas piernas. Gozaba con los ojos cerrados, abriéndolos de vez en cuando para mirarme con lujuria. Yo, en cambio, no me perdía nada, su cuerpo cabalgando endiablado sobre mí. En un momento en que ella hizo su torso hacia atrás, apoyando sus mano en mis piernas, pude ver con lujo y detalle mi miembro penetrar su vagina. Esa posición me provocaba un placer sin igual, tanto por la visión que me ofrecía como también porque me tiraba el tronco hacia atrás ocasionando una mayor fricción sobre la parte superior de mi glande.

Pasados unos diez minutos de estás apasionadas formas de cogerme, y justo en esta última postura que provocaba, dado mi acrecentado gozo, que yo también moviera mis caderas con locura, con la intención de meterle mi dura carne hasta lo más profundo de su cueva, mi tía no pudo contenerse más y llegó a un orgasmo. Su cuerpo se tensó por completo. Sus manos presionaban con fuerza mis piernas. Sentía palpitar los músculos internos de su vagina, estrangulándome mi verga. Todo ello entre gemidos y gotas de sudor. Vi como manaba de su vagina empapada brillosos fluidos que chorreaban hacia mi entre piernas.

Pasado su éxtasis, se me tiró encima para besarme apasionada en la boca. Nos abrazamos y giramos  sobre la cama de tal forma que ahora yo quedé sobre ella. Mi verga seguía clavada en su sexo, por lo que no tuve más que moverme para seguirla penetrando. Estaba completamente entregada a mí, con las piernas abiertas y sus pies calzados en mis pantorrillas. Un infierno: la tomé con un brazo por la espalda para apretarla con fuerza y maniobrar mejor mis embestidas. Con la otra acariciaba sus tetas a mi placer. Lo hacía muy duro, sacado, loco, fuera de mí. Y todo ello ocasionó en mi tía un nuevo temblor en su cuerpo. Me abrazó con fuerza por la espalda, quedando sus pechos pegados al mío. Y me dijo al oído:

–Dale, metemela con fuerza! Dale que llego de nuevo, no pares!! Estás re duro… Metemela hasta el fondo!

No terminó de decirme esto que todo su ser fue invadido por un segundo orgasmo, tan profundo como su anterior. Esta vez, gemía con su cuerpo pegado al mío.
Una vez que hubo pasado, me miró a los ojos para decirme:

–Ay, mi querido! Me mataste por dos veces seguidas. –Qué lindo, tía. Qué placer! –Un inmenso placer! Y vos como estas?–Al límite…. –le dije, penetrándola suavemente para contener la eyaculación y disfrutar de su sexo. –En cualquier momento… podría llegar. –Dónde querés acabar? –me dijo mirándome a los ojos, y con una sonrisa picarona. –No sé… Adónde se te ocurre a vos? –Yo ya llegué dos veces, como quise, a mi gusto. Ahora sos vos el que falta llegar. Hacelo como más te guste.

No daba crédito a lo que me decía mi tía. Al imaginar que podía llegar donde más quería en el mundo, es decir sobre su cara, y dentro de su boca, me dio una emoción inmensa. Sin estar seguro si a ella le gustaría, a pesar que ya lo habíamos hecho de esa manera, le dije en voz baja, tímidamente, pero con una lujuria que me superaba:

–Lo que más me gustaría es llegar sobre tu cuerpo…., y en tu boca…

Mi tía recibió gustosa mis palabras. Su cara se le había transformado como si estuviera por sentir otro orgasmo. Luego de varias envestidas más, e imaginando que podía llegar en cualquier momento, me dijo:

–Por favor, no te vengas adentro.–Es peligroso? –le pregunté ingenuamente.–No, no es por eso, eso no es el problema… Es que yo también quiero que me acabes afuera, sobre mi cuerpo… Quiero sentir tus líquidos!

Y sin esperar más, le dije mientras le sacaba mi miembro de su sexo:

–Creo que es el momento, tía… –Sí, dale!. Por favor, parate.

Así lo hice, rápido. Quedé parado sobre la cama frente a mi tía, que se había arrodillado con la cola apoyada sobre sus talones. Estaba divina, con su piel húmeda por la transpiración (al igual que mi cuerpo).

Se apoderó de mi miembro duro, venoso, grande y de un color morado a más no poder. Me masturba y succionaba desesperada por el inminente devenir de mis líquidos:

–Dale, venite! Dáselo todo a tu tiíta. Satisfacela! Dale, no demores más! Dámelo todo adentro de la boca!

Ni bien terminó de implorarme de esta manera, mi tía se metió la cabeza de mi miembro dentro de su boca, pero sin cerrarla. Aquella quedó dentro de su cavidad caliente y húmeda, apoyada sobre su lengua, mientras con sus manos me masturbaba frenéticamente a todo lo largo del tronco y presionaba mis testículos. Aguardaba mi explosión mirándome directo a los ojos evidenciándome su lujuria y placer. En este contexto no pude contenerme un segundo más. Tan sólo alcancé a decirle:

–Ayyy, sí tía, dale así… No pares. Me encanta! Tómalo todo… Es todo tuyo… para tu boquita caliente!

Y a continuación todo fue un torrente interminable de semen. Una explosión de placer hasta tal punto intensa que creí desfallecerme. Ante todo, pude ver como mi glande, que estaba inflamado de un color morado oscuro, comenzó a disparar espesos chorros de semen sobre su lengua y hasta lo profundo de su garganta, inundándole toda su húmeda cavidad bucal. La reacción de mi tía, en ese mismo instante en que me sentía llegar, fue cerrar los labios, tanto para contener el semen dentro de su boca como también para mamarme y hacer más placentera la eyaculación. Los movimientos de su mano habían disminuido: apenas una superficial caricia para acompañar la emanación de los fluidos de mi verga palpitante; estos eran tan abundantes que sus leves masajes eran suficientes. La protagonista era su boca. Sin haber terminado de llegar (digamos en la mitad de mi éxtasis), mi tía se la sacó de su boca, quizá para evitar ahogarse. De esta manera, se frotaba mi glande contra sus labios y pómulos, ensuciándose su cara con los líquidos, ese espeso elixir (esta palabra se la habría de oír a ella momentos después) que mi sexo no cesaba de bombear descontroladamente.

Los chorros blanquecinos saltaban por sus labios, su mentón, su nariz, sus mejillas, su frente, uno incluso fue tan largo que llegó hasta el pelo que cubría su oreja, y hasta su hombro. Pasados unos segundos, nuevamente se la volvió a meter en su boca y a chupar para seguir recibiendo mis fluidos. Y de nuevo se la sacó para verme finalmente finalizar afuera. Brotaron las últimas gotas que cayeron sobre sus pechos y piernas. Luego, habiendo culminado,  nuevamente comenzó a succionarme el glande muy despacio y suave. Mientras hacía esto hizo algo que me fascinó: comenzó a dejar chorrear todo el semen contenido dentro de su boca (aparentemente no había tragado nada), entre mi tronco y sus labios apenas abiertos. Viendo esto caí en la cuenta de la gran abundancia de mi descarga, cuyo mayor caudal había eyaculado dentro de su boca. Mi semen, como una mini catarata, se fue resbalando desde sus labios por su mentón, su cuello, sus pechos, su abdomen, su pelvis, y finalmente sus muslos.

Una vez concluido de liberar toda la carga y de vaciar su boca de mi semen, dejó de succionarme. Sin dejar de acariciar mi miembro (menos tieso) con la mano, me dijo mirándose su cuerpo “sucio” y luego a mis ojos:

–Cuanto semen sobrinito! –Ay tía! Fue fantástico! –Sí, mi querido. Fue impresionante!. Mirá como me dejaste, toda empapada! Se ve que estos tres días me extrañaste mucho…
–Ay, si tía. estás hermosa así, toda sucia de mí! –Me hiciste sentir completa, completa. Llegué dos veces…, perdón: tres veces. Y después me regalaste todo tu semen! Qué más se le puede pedir a un hombre?. –Tanto te gustó tía?

–Cómo nunca, sobrinito! Es más, aunque no lo creas sigo super excitada. Sentirte y verte llegar me calentó el cuerpo de nuevo.

Mientras me decía esto, llevó su mano libre (con la otra seguí tocándome el miembro algo caído, sin llegar a la flacidez) a sus pechos, para acariciarlos y esparcir mis líquidos por su piel. Luego bajó por su abdomen, haciendo lo mismo. Y finalmente llegó a su entrepiernas. Comenzó a tocarse los labios de su sexo, su clítoris, a meterse un dedo, luego otro.

–Ayyy! –gemía con los ojos cerrados. –No puedo…  no me puedo detener. Me siento vibrar, como que todavía me queda un último orgasmo atrapado en mi cuerpo.

Aceleró los movimientos de su masturbación, sus dedos entraban y salían frenéticos de su vulva mojada. Me había soltado la verga para aprovechar esa mano y acariciarse sus pechos, esparciendo los restos de mi semen sobre ellos.

Dado que allí sentada estaba incómoda, se tendió de espaldas sobre la cama, y abrió sus piernas, postura que le ayudaba a tocarse más profundo. Por mi parte, me arrodillé sobre el colchón frente a ella para no perderme nada de la masturbación que me ofrecía mi tía.

–Tía, cómo estás! –Quería alentarla para que llegue a su último orgasmo, al menos, dado mi estaba debilitado, con palabras. –Me encanta observarte así, excitadísima. Quiero verte llegar mientras te tocás. –Ay, siii! Me vas a ver, claro que sii! Cómo estoy, siento que me metiste el diablo adentro, perverso!

De hecho así parecía. Su cuerpo comenzó a contornearse, a subir y bajar su pelvis. Le veía con lujo y detalle como sus dedos entraban y salían de su vagina cada vez más mojada.

–Perverso! –repetía mi tía mirándome embrujada, con su cara preparada para recibir un profundo orgasmo. –Tu verga me pone así…. Tu verga lujuriosa me hace ver las estrellas aunque no me penetre… Sólo con ensuciarme toda me excita… –Ay tía! qué decís?. Vos también sos tan perversa como yo, ahí toda sucia de mi semen y tocándote como una…

Sin dejar de tocarse me miró fijo a los ojos, algo sorprendida por lo que le decía.

–Como una…? Decilo! –Como yo no le decía nada, repitió: –Decilo, por favor! Soy como una qué?

Entonces, no pude ocultarle lo que sentía por ella en ese momento, frente al espectáculo que tenía ante mis ojos:

–Como una putita en celo… tía! –y me sonreí.

Lejos de caerle mal, como había previsto, al oír estás palabras mi tía se excitó más aún, tanto que parecía llegar al límite de su orgasmo.

–Sí sobrinito, soy tu putita…. en celo –balbuceó, masturbándose con más fuerza frente a mis ojos. –Mirá lo que tiene que hacer tu putita para sacarse la excitación que le dejó su sobrinito malo.

Frente a esta situación, por demás particular, lujuriosa y provocadora, comencé a excitarme a pesar de que había llegado no hacía diez minutos. Con mi mano me masturbaba suavemente el miembro débil aún.

–Me enorgullece que lo seas, tía, y más todavía porque es mi verga la que te pone así. Y sos tan putita que me estás haciendo ahora excitar a mí con lo que estás haciendo… y diciendo.

Ella levantó la cabeza para enfocar sus ojos en mi miembro que tenía enfrente, que hasta segundos antes colgaba relajada entre mis piernas, y que ahora, de hecho, había adquirido una mayor dureza. Pero no como la anterior. Estaba grandota pero débil, es decir no erecta hacia el techo sino horizontal con la punta levemente hacia abajo. Muy venosa y muy sensible a la mínima brisa.

–Es hermosa! Cómo me calienta! Me gusta verte como te tocás. Pero poor favor, dejame sentirla en la boca…. –me imploró. –No te alcanzó con lo anterior? –le dije, muy perversamente, jugando con su estado de ansiedad, fuera de sí misma. –No, no me bastó… Soy insaciable, sabelo! Ahora vení que te la voy a chupar todita! La necesito en mi boca!

Como no tenía escapatoria, me acerqué hasta su cara con mis rodillas, como lo había hecho momentos antes, y le dejé mi miembro semi erecto al alcance de sus labios. Estos se abrieron sedientos para engullírselo. Lo chupaba como una niña hambrienta, desesperada, tragándosela todo.

–Tómala tía, es toda tuya. Quiero verte llegar así, con toda por mi verga en tu boca. Sentíla!

Hasta yo me sorprendía de mis palabras. Ahora yo también estaba fuera de mí.
Entonces, mi tía, que no me podía hablar por cuestiones que está de más aclarar, logró algo alucinante. Mi verga no demoró en adquirir nuevamente la dureza firme. Erecta hacia abajo entraba y salía de sus labios. Tan lindo me la chupaba mi hambrienta tía que me ocasionó una excitación veloz, impensada, exacerbando la sensibilidad. De esta manera, sentí lo mismo que mi tía: como un segundo orgasmo atrapado en mi cuerpo y que ella había descubierto y se proponía liberar junto al suyo.

–Ay, tía, no puedo creer lo que lograste… Ayyy! me dan ganas de eyacular de nuevo!

Mi miembro había adquirido una nueva sensación que la recorría desde los testículos y la base y se acumulaba en el glande, como unas fuertes ganas de orinar, pero no era ello. Entonces, me coloqué sobre su cara, con mi miembro erecto hacia abajo prisionero de los labios de mi tía, y empecé a mover mi pelvis como si estuviera penetrándola. De hecho así era: me la estaba cogiendo por la boca, fuera de mí. Mi posición era como de perrito, con mis manos apoyada a los costados de las caderas de mi tía, y con mi cara enfocada a su entrepiernas. No me importaba nada, si le gustaba o no a mi tía. Mis movimientos eran al límite de lo violento (sin llegar a serlo, claro). Y a ella pareció fascinarle. Lo adiviné porque pude ver con toda claridad como había acelerado su masturbación, sus dedos también entraban y salían al límite de lo violento. Y de esa forma, apretando sus labios como una ventosa a todo lo largo de mi verga que entraba y salía por entre ellos, mi tía llegó a un orgasmo tan profundo como los anteriores. Emitió un gemido largo, interminable, ahogado, que chocaba contra el tronco de carne que invadía su boca. Su mano estaba empapada. Sus caderas subían y bajaban.

Y así, sintiendo la vibración en mi miembro ocasionada por sus gemidos, aceleré mis movimientos de caderas, sacándolo y volviéndolo a enterrar en su húmeda cavidad bucal. La nueva eyaculación era inminente. La penetraba con fuerza por la boca, entraba y salía. Tan oprimido estaban mis testículos que ya no los sentía golpear contra su nariz. Y así, sin esperar un minuto más, disminuí la velocidad hasta casi dejar de moverme y me vine en un largo y placentero chorro de semen. Esta vez todo dentro de lo más profundo de su garganta. Mi tía no pudo hacer otra cosa más que tragárselo todo, pues no le había sacado mi miembro de allí dentro por nada del mundo. De esta manera, no le había dejado otra opción: se tragaba mis líquidos o se ahogaba. De todos modos, por un lado, mi tía no protestó en absoluto y, por otro, mi eyaculación no había sido tan abundante como la anterior.

Luego de un momento, sentí que volvía en mí, después de un ataque de locura. Me apiadé de mi tía (sólo era un remordimiento sin fundamento, pues no oía ni escucharía jamás un reclamo suyo por lo que habíamos hecho), y le desenchufé mi verga de su boca, muy despacio, sintiendo un gran placer porque mi tía continuaba succionado hasta el momento mismo que se la saqué entera, momento en que emitió el típico sonido de chupón. Me erguí sin moverme, oportunidad que mi tía aprovechó para llevar la mano que antes se ocupaba de sus pechos, hacia mi verga para acariciármela suavemente, a la vez que con la punta de su lengua me lamía la bolsa, ahora relajada, de los testículos. Mientras retornaba a su flacidez, su mano resbalaba por el tronco gracias a la mezcla de líquidos compuestos por los resto mi semen y de su propia saliva.

Por mi parte, yo le acariciaba sus pechos. Luego de un instante, en que no paraba de gozar a pesar de que estaba muy cansado, retrocedí sobre mis rodillas. Y allí, entre mis piernas, descubrí la cara (¿ultrajada?) de mi tía. Su expresión era de un éxtasis total. De más está decir lo hermosa que estaba con sus labios y mejillas sonrojadas. Con los ojos cerrados seguí tocándose la superficie de su sexo.
Luego, me tendí a su lado. Sólo oíamos nuestra respiración como quien se va relajando después de correr kilómetros y kilómetros de distancia. Allí quedamos, sin emitir palabra alguna, descansando, cuerpo a cuerpo, transpirados, idos como en un ensueño. Éramos dos locos del sexo, o por lo menos lo habíamos sido en esa hora de acción. Dormitamos unos quince minutos.

A todo esto, se habían hecho las 22 horas. Mi tía sugirió que nos bañemos, invitación que no rehusé. En la ducha aprovechamos a seguir acariciando nuestros cuerpos con jabón, lavando uno el cuerpo del otro. Pero como estábamos exhaustos no sucedió mucho más que eso. Tan sólo nos relajamos bajo la ducha. Una vez secos, volvimos a mi habitación. Como no quería despertar a su amiga, me pidió una remera. Le di una que era larga, que le quedaba por el comienzo de sus muslos. Debajo se había puesto su tanguita que encontró arrugada tirada debajo de la cama. Se veía excitante.

–Estoy muerta de hambre! –dijo mi tía.

Así, fuimos a la cocina a comer algo frío que encontramos en la heladera. Lo hicimos en silencio, mirándonos, sonriendo mientras recordábamos lo sucedido con las miradas.

–Qué momentos! –Dijo mi tía.–Sin palabras, tía –le dije. Y luego: –Te confieso que no pensé que nuestra relación terminara así.–Cómo?–Tan fogosa. No te imaginaba así! –Yo tampoco, sobrinito lindo.

Luego la indagué:

–Tía, y como la pasabas antes de mi llegada? –Aunque te parezca mentira, tranquila, sin muchos sobresaltos (como los de ahora!)–Pero… sin relaciones…?–No, casi ninguna. Hace tiempo que estoy sola…–Pero sos muy fogosa, cómo haces para…?–Para relajarme, para descargarme? –completo mi pregunta sonriendo.–Si, bueno, algo así…-Y no sé. Últimamente mi sexo pasa por la autosatisfacción, digamos –y se sonrió. -Ah, entiendo… Y cómo hacés? Ah, sos muy curioso!–Puede ser…. Bueno, perdón la indiscreción.–No, está bien. Cuando lo decido hacer, no sé, una vez por semana más o menos, más que nada algún fin de semana que me quedo encerrada en casa (en casa, sola, me excito muy fácil, aunque no siempre termino así), así, veo algunos videos eróticos o alguna película porno que alguna de mis amigas consigue no sé donde y me hace una copia. Generalmente me doy un baño antes, de inversión, con espuma. A veces me acaricio ahí mismo…

Otras sólo comienzo ahí bajo el agua…, después me seco y completamente desnuda me siento en el sofá del living a ver las películas. Tengo algunos… aparatitos…, consoladores, que me costó mucho coraje comprármelos, pero ahora no me arrepiento porque son un complemento indispensable –y se sonrió- Y bueno me masturbo, descargando toda… mi fogosidad interior como decís vos.

-Qué lindo para espiarte mientras hacés eso!-Ah, qué fogoso que sos vos también.-Y sí, puedo imaginarte… ¿Y hacés poses o simplemente ahí en el sofá….?-Generalmente sí, comienzo masturbándome con el aparatito de frente a la tele, con las piernas abierta… Pero después, y más que nada si no logro llegar rápido, cambio de poses… Me pongo en cuatro patitas y esas cosas. Otras veces me voy a la habitación para usar el espejo, para mirarme… a veces me gusta mírame…

Seguimos así charlando. Ella después me pidió detalles a mí, cosa que no podía negárselos. Concluimos, por último, que coincidíamos en las mismas perversiones. Se hicieron casi las 12 de la noche. Nos agarró el cansancio, a pesar del tema de la charla. Pero como estaba tranquilo que todo seguiría hacia adelante, que nada terminaba aquí, que no debía estar ansioso, guardamos todo, nos fuimos a mi cuarto y allí nos acostamos juntos en mi cama. Cuando hube apagado la luz, mi tía me dijo como un secreto, debajo de las sábanas:

–Pero bueno, ahora eso de la autosatisfacción ya no es necesario. Ahora estoy feliz porque encontré a alguien que puede vivir ciertas perversiones conmigo, sin límite. Nos abrazamos fuerte, nos besamos, y así nos dormirnos profundamente.

Continuará

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Autor: Josefo

josefojosefo@yahoo.com.ar

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Consentirme un poco

Busqué a mi alrededor a ver si conseguía algo que me ayudara a culminar  con ese estado de excitación, conseguí una botella de agua, como pude me quité las tanguitas, y abracé con mis piernas la botella de agua, hasta sentir que mi clítoris rozaba con ella… allí apreté y solté varias veces, con los vidrios abajo y tratando de mantener la compostura me sentía aun más y más caliente.

Hola, es mi primer relato… soy una chica normal… mis amigos dicen que tengo una belleza muy particular, senos pequeños, pero un culito grande y tentador.  La historia que hoy quiero compartir con Uds. ocurrió hace un par de meses atrás.

Estaba en esos días de Down emocional y quería consentirme un poco, me apunté en un paquete de masajes relajantes, que tomaban lugar lunes, miércoles y viernes de cada semana.

El primer lunes era todo un misterio, me indicaron entrar a una pequeña habitación, con una suave música, una camilla, poca luz y allí me pidieron quitarme todo menos mi tanguita y me cubrieron los ojos indicándome que debía quedarme tumbada de espaldas y aguardar a que la persona que me daría el masaje llegara.

Me relajé muchísimo, oyendo aquellas suaves melodías y sintiendo la cálida temperatura de la habitación… escuché la puerta, y comencé a oler suaves fragancias… el ambiente era ideal, delicioso para lo que necesitaba.

Mientras me perdía en el ambiente, unas manos fuertes me trajeron de vuelta a la realidad rápidamente.  Sentía gotas de aceite rodando en mi piel y luego esas manos recorriendo con fuerza cada zona de mi cuerpo, mis brazos, mi abdomen, mis piernas… la zona interna de los muslos, allí comencé a mojarme.

Asumo que él se dio cuenta de este detalle y sin destapar mis ojos, me pidió que me volteara boca-abajo, de nuevo el aceite, las manos por mi espalda, baja espalda, nalgas, piernas, pies, y de nuevo a mi espalda.  Luego colocó alguna sustancia a base de eucaliptus mentolada que me refrescó la piel, pero me avivó el calor interno, cuidadosamente la regó por mi espalda, mis nalgas, mis muslos y el resto de mis piernas… la hora había terminado.  Sin poder verlo, se retiró y posteriormente entró la asistente a indicarme que me vistiera que ya la sesión había terminado.

Salí de allí con dificultad para caminar y con mis tanguitas empapadas, el pantalón tapó varias gotas que no pudieron ser sostenidas por la tanga, me tocó caminar un buen trecho, y sentía que las personas me veían con cara de interrogación, me sentía muy apenada.

El miércoles me fui un poco más preparada, no estaba dispuesta de dejar que mi calentura se quedara camino al estacionamiento.  Así que antes de entrar al masaje, coloqué dos bolas dentro de mi vagina y me tumbé sobre la camilla… así se repitió todo lo anterior, suaves melodías y sintiendo la cálida temperatura de la habitación…

Llegaron nuevamente las manos fuertes, y comenzaron su trabajo, esta vez comencé a mojarme con mucha más rapidez y esas manos me ayudaron un poco pasando de vez en cuando por mi entrepierna y haciendo un poco de presión sobre mi clítoris, siempre sobre la tanguita… se sentía delicioso… me pidió tumbarme bocaabajo y comenzó su trabajo en mi espalda, baja espalda, nalgas, muslos y piernas…mientras con delicadeza pasaba descuidadamente algún dedo entre mis nalgas…

Ese extraño me ponía  a millón, de seguro ya mi tanga mostraba parte de la humedad que no podía contener… procedió a echarme el producto a base de eucaliptus y aprovechó desde la parte posterior de ponerme un poco en la entrada de mi vagina y entre mis nalgas, en mi culito…

Esa sensación de frío y calor junto a las bolas me puso aun más caliente…

No sabía si podía salir de allí sin tocarme aunque fuera un poco…

La sesión terminó,  temblando y poniendo gran fuerza de voluntad, me levanté y me puse un vestido amplio y vaporoso para evitar mojarlo como al pantalón…  nuevamente atravesar el trecho hasta el estacionamiento, sentía que mis mejillas estaban rojas, que allí mismo explotaría de placer…  como pude llegué a mi vehículo y lo encendí… de verdad no podía esperar más, tenía que hacer algo allí mismo…

Busqué a mi alrededor a ver si conseguía algo que me ayudara a culminar  con ese estado de excitación, conseguí una botella de agua, como pude me quité las tanguitas, y dejando las bolas allí adentro abracé con mis piernas la botella de agua, hasta sentir que mi clítoris rozaba con ella… allí apreté y solté varias veces, con los vidrios abajo y tratando de mantener la compostura me sentía aun más y más caliente…

Subí los vidrios hasta la mitad y con mis manos empezó un movimiento más rítmico y rápido de la botella,… el sudor comenzó a correr, las miradas de los transeúntes que pasaban por allí, el movimiento disimulado e intenso… hasta que por fin, sentí la electricidad corriendo por mi cuerpo y todos los espasmos provocados por ese intenso orgasmo que acababa de tener…

Estoy preparándome para llegar temprano el viernes y disfrutar de mi tercera sesión de masajes…

Autora: Travihorny69

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El primer vibrador

Ahora vibraba enterito dentro de mí, empecé a sentir como venía el orgasmo lentamente, que rico le decía, me estoy corriendo cariño, córrete nena, córrete, me decía él, yo también me voy a correr, y los dos nos corrimos a la vez. Mi orgasmo fue largo y suave pero muy placentero, después de acabar aun sentía pequeñas punzaditas de placer que me hacían juntar las piernas y soltar gemiditos.

Después de mi experiencia con el cepillo, decidí que era hora de comprar algún juguetito que me hiciese compañía en mis juegos solitarios, la idea de tener algún tipo de consolador siempre me atrajo, pero a mi esposo nunca le gustó la idea, (muchos hombres los ven como sustitutos cuando en realidad son solo un juego que puede dar mucho, pero que mucho morbo a una relación que va camino de la monotonía) así que nunca me atreví a comprar uno.

Debido a mi trabajo no tenía tiempo para ir a un sex-shop, y en este asunto tampoco es conveniente enviar a alguna amiga, ya que es como ir a comprar ropa interior. Mejor probarla una misma…

Viendo que me iba a ser difícil encontrar tiempo para ir a un sex-shop decidí navegar por internet y encontré esta página en la que se venden este tipo de productos. Eché una ojeada al catálogo y encontré uno que me gustó, rellené el cuestionario, y después solo me quedaba esperar, tardó una semana en llegar, tiempo que pasó muy lentamente, esperando a que el cartero trajese algún “paquetito”.

Le conté por teléfono a mi amante mi “compra” y hablamos mucho rato del asunto, creando muchas fantasías que me ponían a mil… Él me decía que iba a probar el juguetito en todos mis agujeritos… mmmmm, y yo le decía que yo a él también le haría lo mismo, cosa que le produjo una gran excitación…

Su pene se puso firme y duro como un palo, y se empezó a masturbar lentamente mientras me contaba lo que hacía; yo también estaba muy excitada así que metí mi mano por dentro de mi pantalón y mi tanguita y empecé a acariciar mi coñito, que estaba mojadito y caliente.

– Te voy a meter mi pollita en el culito – me decía – y el vibrador en el coñito, lo vas a pasar en grande…- Mmmmm, siiiiiiiii – respondía yo, mientras me daba fuerte en el coñito y metía mi dedo en mi vagina – metémela toda, metela hasta el fondo… clávamela entera… mmmmm, ¡que gustoooo!

Él se corrió dando fuertes gemidos de placer, me encanta escucharlo.  Me excita muchísimo oír la voz de un hombre cuando se corre, así que yo también alcancé el orgasmo oyendo sus gemidos a los que uní los míos. Mmmmmm…

Pasó la semana lentamente… y por fin el lunes llegó el cartero con un paquete. La impaciencia me comía, pero el lugar de trabajo no era el sitio idóneo para abrirlo, lo coloqué debajo de la mesa, e intenté seguir con lo mío, pero me resultaba imposible, de vez en cuando miraba la caja de cartón, muy discreta, de la cual nadie podía sospechar.

Así que en un descanso, cogí el paquetito, lo camuflé como pude con la chaqueta y me fui al baño, cerré la puerta y lo abrí, después de quitar todo el envoltorio allí lo vi, lo que había pedido, en su cajita, un Delfín, azul transparente.

De unos 7 cm de largo en total y unos 3.cm de diámetro. Visto así parecía tan inocente. Con sus aletitas y su morrito… mmmmm cuanto juego iba a dar. Le puse la pila y lo encendí sobre mi mano, no es muy ruidoso, la vibración sobre mi mano me estaba excitando mucho, pero tuvo que aguantar las ganas de meterlo en el sitio adecuado. Así que lo apagué y lo guardé, ya lo probaré en casa, con calma y tranquilidad.

Al llegar a casa le envié un sms a mi amante “el paquete a llegado, me ayudas a probarlo?” no tardé mucho en recibir su llamada, yo ya estaba preparada, echada en mi cama, solo con las braguitas y el sujetador.

Me preguntó como era el juguete, me pidió que se lo describiese y mientras él se pajeaba me daba instrucciones:

– Pásalo por la entrepierna y dime que sientes… ahora abre los labios y pásalo por tu botoncito…

Yo obedecía siguiendo sus instrucciones, estaba muy, muy caliente y deseaba que me dijese que me lo metiese en mi coñito, empapado y excitado, escuchaba su voz excitada y eso subía aun mas mi excitación… – ahora mete su morrito en tu coñito, solo el morrito… mmmmm, aaahhhh decía yo.

Esas vibraciones me daban mucho placer, no sabía cuanto tiempo más podía aguantar… -ahora sácalo y metelo en el culito… mmmmm, siiiiiiiii que gustoooo!….- vuélvelo a meter en el coñito pero ahora un poquito más…

Las vibraciones las sentía en todo mi vientre… mmm que placer… – metelo y sácalo lentamente…. mmmmm cielo me voy a correr, le dije, ….- espera … aguanta un poco me decía él…. ahhh – metelo un poquito más… hasta que llegue a la colita… mmmmm, ssiii lo metí enterito, solo quedaba la colita fuera.

Ahora vibraba enterito dentro de mi, empecé a sentir como venía el orgasmo lentamente.. Aaahhhh que ricooo le decía… me estoy corriendo cariñooo! – córrete nena… córrete… me decía él.. -yo también me voy a correr… aaaaahhhhhhh… y los dos nos corrimos a la vez…

Mi orgasmo fue largo y suave pero muy placentero, después de acabar aun sentía pequeñas punzaditas de placer que me hacían juntar las piernas y soltar gemiditos… mientras hacía la comida a los de casa.

Ahora espero con impaciencia el día que quedemos para probarlo in-situ.

Os contaré lo que hacemos con nuestro nuevo amigo mecánico…

Un besazo a tod@s donde más os guste.

Autora: Jade30

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