La zorra, la puta del bar y la rubia Chanel núm. 5. III

Azucena notó el endurecimiento que iba a experimentar mi pene. Y yo noté su dilatación para recibir las salvas de semen. Un grito se apoderó del salón para recibir las tres corridas, los cuerpos se vencieron uno encima del otro recibiendo todo el peso de la rubia, nos sorprendió la servidumbre, que asustada ante el grito de nuestras gargantas habían acudido a ver si ocurría alguna tragedia.

Con el fin de no hacer un resumen, recomiendo lean los relatos anteriores, parte 1 y parte 2, antes de leer este. Gracias.

El polvo fue bestial. Como todos. Azucena era la leche. Sabía moverse y ofrecerme su coño depilado para que yo entrara en el, de la forma que quisiera. Bola de sebo se había marchado temprano. Nos había dejado en la cama. Su hueco en el colchón, aún se notaba. La rubia chanel núm. 5 dormía plácidamente. Desnuda. Retiré la sábana y la contemplé. Sus pechos, su vientre terso, sus piernas ligeramente separadas. Su raja depilada. Su piel blanca. Esa jodida mujer no se ponía morena de ninguna manera. Salí al balcón de la habitación. Miré a mí alrededor. Sólo árboles. Y palomas. Las 100 jodidas palomas que había comprado para resarcir a la especie del fatal desenlace de su antepasada.

Me entretuve en mis pensamientos. La puta furia que sentía al haberme sentido cornudo, poco a poco iba desapareciendo. Eso creía yo. Me iba bien con la jodida rubia chanel. Bola de sebo nos visitaba de vez en cuando. Y claro, nuestras orgías no se hacían esperar. La rubia chanel gozaba como una loca con las lamidas que le hacía Margarita. La dejaba preparada para que yo la penetrara. Su dedo en mi ano, tocando mi próstata, me hacia sentir cosas extrañas para mi. Definitivamente Margarita sabía lo que hacía. Tenía esa jodida experiencia por ser puta. Me caía bien Bola de sebo. Raro en mí. Nadie me caía bien. Ni siquiera yo mismo me caía bien.

Azucena había conseguido librarse del Sr. Polla. Este se había despedido del matrimonio sin un solo euro. La rubia Chanel tenía buenos contactos. Y mi mujer también había sido despedida por el. La había abandonado por otra chupapollas más joven. Siempre lo dije “la costumbre se hace rutina y la rutina cansa”. Eso le había pasado al Sr. Polla. Se había cansado de mi mujer. La zorra estaba sola. Yo lo sabía. Y Azucena también. Y Bola de sebo también. E incluso las putas palomas, lo sabían.

Bola de sebo tenía un nuevo local. Por el pululaban las más variopintas putillas de todos los países. Azucena le había dado dinero para montar un putiferio a lo grande. Su negocio iba bien. Yo iba de vez en cuando a tomarme una puta copa con 43 grados de alcohol. Soportaba con amabilidad la música de Los Chichos. Del jodido Camilo Sesto, no se había vuelto a saber. Todo estaba bien. De momento. Tenía dos mujeres a mi disposición, la rubia chanel núm. 5, con dinero, con belleza y joven. La puta del bar, Bola de sebo, más veterana, pero con mucha experiencia. Azucena y Margarita. Dos flores para mi capullo.

Llevaba 8 meses viviendo en la casa de la Rubia Chanel núm. 5. En ese tiempo había visto a la Zorra de mi ex-mujer, tres o cuatro veces. Nos habíamos divorciado. Me había puesto los cuernos con el marido de la rubia chanel. Con el Sr. Polla. No lo perdonaba. De ninguna jodida manera se lo perdonaba. Ella, pese a todo, me había dicho de volver. Nones. Siempre dije que no volvería con ella. Borrón y cuenta nueva. Error y pago. Y yo cobro. ¡Vaya si cobro!

Volví la cabeza mientras soltaba el humo del cigarrillo. Allí estaba ella. Esa joven millonaria, dueña de “Cosméticos Olorosos”. Una proeza por mi parte. Me había cambiado por el Sr. Polla de 25 cm al menos. Tan blanca de piel. Tan rubia. Tan jodídamente viciosa. Tan jodídamente caliente. Tan jodídamente depilada. Tan jodídamente cariñosa y tierna. Su cuerpo parecía una hucha, con su rajita cerrada. Dormía aún. La noche había estado llena de lujuria y semen. Volví a mis pensamientos apoyado en la baranda del balcón. Recordaba aquella cáscara de pipa de calabaza. El desencadenante de todo. Y la paloma. Esa puta paloma. Esa puta paloma chula. Esa osada paloma.

Me fijé en ellas. Volaban por el jardín de Azucena a su libre albedrío. El territorio que poseía Azucena tenía unos 50000 metros cuadros. Tenían espacio suficiente para volar. Solo debían cuidarse de algún halcón. Y de mí. De su peor y más contrastado halcón. ¡Ah esas putas palomas! Cagando por todos los sitios. Picoteando todo. E incluso las flores. Meneé la cabeza a la vez que pensaba “No puede ser. Esto no puede ser. Demasiadas palomas. ¿Para que compraría l00?” Y entonces llegó volando una. Aterrizó a medio metro de mí. Me quedé fijamente mirándola a la vez que daba otra chupada al puto cigarro. No se asustaba. Traté de identificarla. No. No era la que me perseguía. ¿O si? La miré detenidamente. Si. Era esa misma. La puta cagona. Llevaba una marca significativa en el puto pico. Era fácil de reconocer a corta distancia.

-¡Ah eres tú puta cagona! ¿Qué vienes a buscar aquí? Aquí no hay pipas. Sólo flores. Pero no te dejaré picar ni una sola jodida flor. Juro que te patearé si lo haces. Viajarás al infierno. Y te garantizo que para llegar a el, no te harán falta las alas.

La puta paloma cagona me miraba emitiendo unos gorgoteos. Se diría que me quería hablar. Tal vez me quería preguntar por qué meses atrás había pateado a una de su especie. Tiré la colilla del cigarro. Encendida. Humeante. La puta paloma cagona me miraba desafiante.

-¡Anda cómete esta colilla, desgraciada! ¡A ver si te atreves! Cógela con tu asqueroso pico. Te le quemarás. Se te pondrá amarillo primero, después negro. Yo me descojonaré al ver como te quemas. Tendrás un motivo para cagarte. Pero esta vez no lo harás encima de mí. Me suplicarás que te lleve al baño y apague tu incendio. Claro, que no lo haré. No sólo no lo haré, si no que me encenderé otro cigarro y asistiré en primera fila a la desaparición de la devoradora de flores. Y luego, amiga mía, una vez que te hayas quemado por entero, una vez que te hayas quemado el pico, te daré una patada en el culo. En ese mismo culo cagón que tienes. Te saldrá la mierda por todos lados. Pero a mí no me salpicará. Esta vez no.

Una voz a mi espalda me detuvo en mi charla con la puta paloma. Era Azucena. Mi rubia chanel que se había levantado. Se acercó por detrás de mí y apoyó su brazo en  mi hombro a la vez que me besaba el cuello a modo de saludo.

-¿Con quién hablabas Ramiro? Me preguntó.-Buenos días rubia. Con esta jodida paloma cagona. Dije señalándola con la cabeza.-Tú y tus conversaciones con las palomas. ¿No sé para que compraste cien palomas? Tienen todo el jardín lleno de cagadas. ¡Y se comen las flores!-Si. Son unas putas cagonas. Unas cagonas de mierda. Sean grises o blancas, siempre cagan. Y esta hija de puta, es la que me persigue para cagarse encima de mí. ¡Mira la rechula! La he ofrecido esa colilla del cigarro, pero no se atreve a cogerla con el pico. Claro que si lo hace tal vez la pise el cuello.

-¡Joder Ramiro! ¡Olvídate de las palomas y vente a la cama a follar! Azucena ya hablaba parecido a mí. Lo malo se pega. Muy rápidamente. Por desgracia.-¡Oh! ¡Si estas desnuda! Dije girando mi cuello y descubrir que aún no se había vestido.-Si. ¿Y Margarita? ¿Se ha marchado?-Si. Bola de sebo se fue antes de despertarme yo. ¿Te dejó bien anoche eh?-Si. Margarita sabe bien lo que hace. Dijo ella. Tiene una lengua……bueno tú ya la has probado. Pero no la llames bola de sebo. Sabes que no le gusta. Aunque a ti te consiente todo. La tienes en tu mano. Como a las palomas.

Margarita, más conocida por Bola de sebo, nos hacía las noches de sexo más agradables. Formábamos unos tríos impresionantes. Ella empezaba husmeando con su lengua en el coño depilado de la rubia y terminaba con su dedo corazón dentro de mi ano mientras me follaba a Azucena. Un buen trío. Aunque de vez en cuando me la tenía que follar, cojera incluida. Pues sus posturas con esa pierna, daban risa.

-¿A las palomas? ¿Qué más quisiera yo que tenerlas en mi mano? No tendría que patearlas de vez en cuando. Dije a la vez que mi dedo surcaba entre sus glúteos.-¿Has desayunado? -Si. Ese puto cigarro. Dije con cara de asco a la vez que Azucena metía sus manos debajo de mi calzoncillo y abrazaba mi polla con la palma de su mano.-¿Quieres postre?-¿No tuviste bastante anoche? -Si. Pero anoche era anoche. Hoy es hoy. Quiero más. ¿No te apetece arder en mi infierno? -Me vas a desgastar. Además nos está mirando la puta paloma cagona. -Anda ven. Dijo tomándome de la mano y llevándome nuevamente al lugar que yo había abandonado hacia apenas 15 minutos. El hueco del colchón.

Me empujó encima de la cama y tiró de mis calzoncillos. Mi polla se sorprendió de lo poco que había durado en estado flácido. Azucena se arrodilló dejando mis piernas entre las suyas. Agachó su cabeza y se metió el trozo de carne flácido en la boca.  Cuando lo sacó la primera vez, era otro. Ya estaba duro. Siguió con ello. Lentamente. Despacio. Su mano se fue a ese coño depilado y comenzó a frotar su clítoris a la vez que me lamía. Aquello me excitaba. Verla masturbarse mientras me la comía. Traté de alcanzar su culo pero no lo conseguía. Sus pechos vencidos y suspendidos, rozaban con sus pezones en mi pecho. Cerré los ojos. Sentía el calor de su boca sobre mi capullo. El roce de sus dientes. Su paladar. Daba la sensación que esperaba que saliera puta coca-cola por el agujero de mi polla. No conocía mujer que fuera tan amante de la coca-cola y del sexo. Pensé cuando estaba con la Zorra de mi mujer en la cama. Ella no me la chupaba así. Nunca lo hubiera conseguido. Sus mejores artes se los reservaba para el Sr. Polla. Para el marido, exmarido de Azucena. Abrí los ojos y me incorporé un poco. Azucena seguía lamiendo y masturbándose a la vez. Sacó mi verga de su boca y se tumbó a mi lado.

-¿No me quieres lamer este coño depilado que dices te gusta tanto? -A tus órdenes putón. Dije.

Me acoplé entre sus piernas. De rodillas. Separé sus piernas con ambas manos y agaché mi cabeza hasta la raja de esa hucha blanca. Separé sus labios y dejé ante mi vista su rosada chirla. Fijé el punto a lamer y con la punta de la lengua inspeccioné el terreno que ya conocía demasiado bien. Ella empezó a gemir ante lo que se le avecinaba. Sus manos se fueron a sus pechos y se los apretaba fuertemente a la vez que gemía cada vez más. Yo succionaba y lamía aquella fuente de calor. Con pasión, con un jodido gusto por el sexo. Azucena era agradecida. Manifestaba sus gozos. Eso me gustaba, como a cualquier hombre. Como a cualquier cornudo. Mi polla crecida necesitaba follar. Necesitaba meterla en ese agujero lubricado. Aparté mi cabeza y tomé su culo en mis manos acercándolo hasta mi pene. Apunté y me deslicé en su interior. Unos minutos y ella empezó a chillar.

Era muy escandalosa. Seguro que hasta el servicio de la casa la oyó. Era muy exagerada. Supongo que daba rienda suelta a las reservas que había tenido con el Sr. Polla. Aquello me excitaba más y más, y no tardé en correrme dentro de ella. Como de costumbre. Con mi polla aún en su interior, y mientras recuperaba el aliento, giré la cabeza. Allí estaba aún. La puta paloma cagona. Mirando. Con su puto pico cerrado. Asistiendo como invitada al polvo. La colilla de mi cigarro ya estaba apagada. Eso me recordó lo que tenía que hacer de inmediato. Fumar. Después del polvo siempre fumaba. Ese puto vicio que algún día me llevaría a un hospital. No pude reprimirme y me dirigí a la puta paloma cagona. En voz alta.

-¡Qué puta paloma! ¿Te gustó el polvo? ¡Pírate de aquí antes que te patee como a tu antepasada!

Pareció comprender. Emprendió el vuelo de inmediato. Pero la hija de puta dejó un regalo sobre la baranda del balcón. Una puta y jodida cagada. Una puta cagada negra. Una puta cagada blanda.

-¡Yo te sentencio puta cagadora! Dije visiblemente alterado. Pues me daba la sensación que esa cagada representaba su voto hacia el polvo que acababa de echar con Azucena.-¡Deja a las palomas en paz! ¿Acaso pretendes hacer con esta lo que hiciste con la otra? -Tal vez. Es una mierda de paloma. Me persigue por el jardín y sepas que se caga. Me busca para cagarse encima de mí. Yo creo que debe ser la hija de aquella que pateé hace meses. Además, mira, obsérvala. Parece que se ha reído del polvo. Ha soltado una cagada en honor a nuestro polvo. Quiere venganza. Y yo se la voy a dar. Compraré una recortada y mandaré sus putas plumas a los cuatro vientos.

-Ramiro…..te estás sofocando. ¡Olvídate de la paloma!  -¡Hija de puta! Juro que la mataré. Y mataré a los patos del estanque para que sean solidarios con ella. Y mataré…-Creo que deberías ir a ver a Margarita. Con la orgía de anoche se me olvidó darle estos cheques. Los necesitará. Tenía que pagar unas cosas hoy. -De acuerdo. Ahora me ducharé, me vestiré y saldré al jardín a coger el coche y la puta paloma me perseguirá y se cagará encima de mi traje. No me quedará más remedio que pasar por una armería y comprarme la recortada de la que te he hablado. Volveré aquí y ¿sabes lo que haré? ¿Sabes que ocurrirá? Pues yo te lo diré. Me sentaré con mi traje lleno de mierda en aquel banco y cargaré la jodida recortada y cada vez que vea pasar una puta ave sobrevolando el jardín, dispararé. Dispararé y cuando vea que cae herida o muerta, me correré de gusto. Y llamaré a una bandada de halcones, sean o no milenarios, y les dejaré que extraigan las putas plumas de todas las palomas mientras agonizan. Una a una. Eso haré. Si. Eso haré.

-Tú no vas a hacer nada Ramiro. Irás a ver a Bola de sebo como tú la llamas y le entregarás estos cheques. Se te pasará el mal humor. Tómate una copa en su local y diviértete con alguna de las chicas. Quizá se te vaya el enfado. -¿No te vas a vestir? ¿Es que acaso piensas estar desnuda todo el día? ¿Es que piensas exhibir ese coño pelado delante de los sirvientes? ¿O es que quieres que tu mayordomo te folle? -¿Te importaría? -Sabes que no. Dije. -En ese caso me ducharé. Tengo que pasar por la empresa a revisar unos papeles. -¡Ah! Cosméticos Olorosos. ¡Vaya nombre que pusiste a la empresa! Podías haberla llamado “Los putos cosméticos coloniales” o “La puta empresa que me llena de dinero” o “Colonias el puto palomar” o…

-¡Ay Ramiro! Haces honor a tu apellido. Dijo la rubia sonriendo.-Si. Ramiro Bocanegra. ¡Me cago en todo lo que se menea! Esa jodida paloma ha conseguido cabrearme. Esa cagada. ¡Me las pagará! -Si. Ve a comprar más pipas de calabaza. Así te las pagará. Y no olvides pelar las pipas. A ellas les gusta más el fruto.

Dejé a la rubia chanel en la casa. Con mi traje impoluto salí al jardín. Iba fumando. Como siempre. El cigarrillo entre mis dedos era un apéndice de mi mano derecha. Llevaba en la mano las llaves del Mercedes 220 que me había comprado Azucena. Miré a las jodidas palomas para ver si alguna se me acercaba. Y la vi allí. Dándome la espalda. Picoteando algo con su puto pico negro en el suelo. No notó mi presencia. Estaba distraída. Al pasar por su lado me debatí entre si darla una buena patada o escupirla. Decidí escupirla. Al notar mí escupitinajo encima, echó a volar a la vez que emitía un gruñido de protesta. Me senté al volante del Mercedes 220 y mientras arrancaba pensé “Ramiro, te estás ablandando. En otro momento la hubieras pateado”. Esa jodida rubia con su coño pelado me estaba dando lo que mi mujer no me había dado nunca. Y tenía pasta. Tenía una cantidad insultante de pasta. Que se lo preguntaran a Bola de sebo.

Azucena había comprado un local céntrico. En el no faltaba detalle. Un putiferio en toda regla. Las mejores putillas estaban allí ofreciendo sus coños y sus bocas a los soplagaitas que engañaban a sus mujeres. ¿O no las engañaban? Tal vez fueran a ese lugar a encontrar lo que en sus jodidas casas no obtenían. Con estas divagaciones me vi en la puerta del putiferio de Margarita. Adivinen que nombre le puso la muy puta. El cornudo. Si, el cornudo. Supongo que en honor a mí. No me molestó, pero podía haberle puesto “El local destrozado” o “Los Chichos y Camilo Sesto” o “El amor de mi puta vida” o “La coja de los cojones”. Por mucha pasta que tuviera Azucena, la cojera de Margarita seguiría siendo la cojera de Margarita.

Entré en el local y las chicas me saludaron con sonrisas. Giré mi cabeza hacía la máquina de música. ¿Adivinen qué música sonaba? Los puñeteros Chichos. ¡Mira que le gustaban Los Chichos! Me acerqué a la barra. Una negra me saludó y dejó un vaso de bourbon encima. Ya sabía que bebía. Mil grados sin hielo.

-La Sra. Margarita no está. Me dijo con acento extraño.

Los Chichos. Esa canción. Mujer. ¡Vaya tela! Me endemonió y me puso furioso. La vena en   mi sien me golpeaba con furia. Me vi allí de pies, unos meses atrás, destrozando una máquina similar. Reparé en lo que acababa de oír de boca de la negra.

-¿Y quien cojones te ha preguntado algo? Dije amedrentándola. -Perdone D. Ramiro. Pensé que tal vez venía buscando a la Sra. -¡Vengo buscando cojones! ¡Eso es lo que vengo buscando! ¡Cojones.!

Volví a mi vaso y di un puto trago de bourbon. Demasiado fuerte para ser tan temprano. Mejor. Eso me despejaría. Llevaba el olor de la rubia encima. Pese a la jodida ducha aún olía a Azucena. Y llevaba esa puta paloma cagona en mi mente. Recordé la pipa de calabaza y sonreí.

Margarita no llegaba. Yo estaba a gusto allí. Había conseguido que una de las chicas callara la máquina de ruidos. Luego había dado instrucciones de qué música quería escuchar. Ella muy amablemente había abierto la caja de música y había introducido un CD de Maná. Eso es lo que quería escuchar. Maná. Me sentía como el “Rey tiburón” de su canción. Seguí tomando más copas. Y más copas. Me estaba poniendo ciego. Dos largas horas y Margarita dejó ver sus 100 kilos de peso. Esa puta no adelgazaba. ¡Pero que lengua y que dedo tenía! ¡Como sabía manejarlos!

-¡Ramiro! Dijo dándome un beso. Me ha llamado Azucena y me ha dicho que venías a traerme los cheques.-Si Bola de sebo. ¿Dónde cojones te has metido? ¿Dónde cojones has metido tus 100 kilos? ¿Y de donde cojones vienes arrastrando esa pata de palo?-No cambias Ramirin. Eres un nene muy malo. Un nene muy golfo. Y muy mal hablado. Tienes la boca sucia. Como tu apellido.

Ya no me molestaba que me llamara nene. Estaba superado. La Zorra siempre lo hacía. Cuando vivía con ella. Cuando nos queríamos. El primer incidente que tuve con Bola de sebo fue por llamarme nene. Pero eso ya estaba olvidado.

-He ido a contratar a cuatro nenas nuevas. Dijo ella.-¡Cuatro putas más! ¿No sé donde cojones vas a meter tanto coño nuevo? ¿No te vale con los que tienes? ¡Tendrás que poner una cadena de putiferios para alojar tanto coño!-Son rusas. Están de cojones Ramiro. Cuando vengan, te dejaré que las pruebes.-¡Y que me importa que sean rusas, chinas, alemanas, búlgaras, españolas….son putas! -Pero están de muy buen ver.-Mejor. Más dinero ganarás. Podrás abrir más locales. Pero no los llamaras Cornudo 1, Cornudo 2, Cornudo 3. Los llamarás “Puta bola de sebo follada por Cornudo cabreado”

-Déjalo Ramiro. Estás borracho. Has empezado muy temprano. Dijo ella.-Toma estos talones. Me los ha dado Azucena. Me tomo esta copa y me voy. Estoy un poco descontrolado. Y muy cabreado. ¡Que lo sepas!-¿Y cuándo no estás cabreado Ramiro? ¿No quieres que nos entretengamos con alguna niña de aquí? -No. Ahora no. No se me levantaría ni al paso de la bandera de este jodido país. Dije. -¿Vas a conducir?-¿Cómo que si voy a conducir? -¡Estás borracho Ramiro! Y bastante. Tendrás un accidente. -¿Qué crees que me voy a subir al puto Mercedes 220 automático con asientos de piel y el solito me va a llevar a la casa de Azucena?

¿O te crees capacitada para conducir tú con esa pata de palo? ¡Ah ya sé! Lo que realmente ocurre es que vas a llamar a una bandada de palomas que me trasportarán con sus alas hasta la cama donde anoche estuvimos follando los tres. Luego, ellas me meterán el pico por el culo y yo vomitaré todas las jodidas pipas de calabaza que como al día.-Haz lo que quieras Ramiro. Pero ten cuidado nene. Aún tengo que tocar tu próstata muchas veces.-Lo tendré bola de sebo.

Le di un beso en los labios y salí a enfrentarme con cientos de jodidos y deslumbrantes semáforos, miles de transeúntes cornudos y un sin fin de kilómetros que recorrer hasta llegar a la casa de la Rubia chanel núm. 5. Tuve suerte. No tuve incidencias por el camino tortuoso al que me enfrenté. Excepto con un tipo de la edad de piedra. El octogenario, como cualquier atleta olímpico, se puso a cruzar una calle cuando me encontraba a 100 metros de su cuerpo. Mis reflejos, extraño,  hicieron que no me lo llevara por delante. Simplemente lo sorteé. No hubiera sido capaz de mandar la orden a mi pie para que accionara el pedal del freno. La coordinación de pensamiento y movimiento no se correspondía. Al llegar al chalet de Azucena, las puertas de la finca se abrieron. A la fuerza. El Mercedes 220 de asientos de piel chocó contra ellas. Mi borrachera era la ostia. Se abrieron de par en par. Y menos mal que el coche se caló y se detuvo, de lo contrario hubiera aparecido en el mismísimo salón. Eso si, hubiera sustituido el anagrama del mercedes por una puta paloma. A ser posible, la cagona.

Llegué a la casa dando tumbos, ya había vuelto Azucena. Me recomendó que me acostara y en su compañía me acerqué hasta la habitación de los polvos. A la suya. ¿O ya era la nuestra? Si,  era mía también. Era mía desde hacia unos meses. Me tiré en la puta  cama como si de una piscina se tratara. Noté como me quitaba los zapatos. Y ya no supe más. Soñé con Palomas cagonas y eso me llevó a un profundo sueño comatoso. Eran las 2 de la tarde. Las 2 de la tarde de un día que se había presentado tortuoso en mi puta mente. Siempre a las jodidas 2 de la tarde andaba igual. A las 9 de la noche desperté. Volví de la destilería preferida. Tenía una resaca de cojones. Era de noche. Me duché de inmediato y me puse un pantalón corto y una camiseta. Bajé al salón en busca de Azucena. La sorpresa fue mayúscula. El Sr. Polla estaba allí sentado hablando con ella.

-¡Ah Ramiro! Ya estás listo. Dijo ella. -Buffff…estoy jodido. Dije. ¿Qué hace aquí? Dije señalando al insolente Sr. Polla. -Mi ex marido ha venido a pedirme un favor. Dijo ella tan risueña como siempre.-¿Qué tal estas Ramiro? Me saludó mascullando sus palabras.

El ya conocía que era yo quien me estaba taladrando a su ex mujer. Lo mismo que el había hecho con la mía. Y el también sabía que yo era el marido de la Zorra que se había estado follando. Y sabía que les había pillado. Y sabía que el había sido el causante de mi separación. Y sabía de mi mala ostia. Y quizás supiera de mis andanzas con las palomas. Por eso me temía.

-Mejor que tú. Dije. ¿A que has venido? -Ya te he dicho que ha venido a pedirme un favor. Contestó la Rubia Chanel. -¿Qué clase de favor? -Necesita dinero. Dijo ella. -¡Como no! ¡Acabáramos! El Sr. Polla necesita dinero. ¿Cuándo no? ¿Cuándo vas a dejar de pedir dinero a Azucena? ¿Cuándo cojones vas a coger tu puta polla y te vas a ganar la vida con ella? ¿Cuándo cojones vas a dejar de venir a molestar a mis palomas?

-¿Ahora te llama paloma? Preguntó el insensato. -No. No la llamo paloma. La llamo puta rubia chanel num. 5 dejada por el Sr. Polla. ¿Te gusta su nuevo nombre y sus apellidos? Y sepas que tu presencia aquí me está empezando a ofuscar. Sepas que me estás acelerando el tránsito de la sangre que corre por mis venas. Sepas que esta vena, dije señalándome la sien, se me está hinchando. Sepas que…-¡Basta Ramiro! Sólo ha venido a por un poco de dinero. Enseguida se irá. -Mejor. De lo contrario las palomas van a parecer ángeles del cielo al lado de este insensato. Dije dando un bufido.

Azucena le entregó 10000 euros. No la costaba desprenderse del puto dinero. Lo había demostrado con Margarita, conmigo mismo y con cuantos se topaba. Luego, para relajarnos, ella abrió una botella de champán y bebimos. Charlaron un rato mientras yo mataba mi resaca con el jodido champán. Y los putos cigarrillos. Encima de mí había una autentica nube de humo olorosa producto de mis exhalaciones. Ellos reían. Recordaban viejos tiempos. Azucena le contaba algunas anécdotas de mi mala leche. Yo con cara de bobo, asentía a cuanto ella decía. Todo iba bien. De momento. Todo estaba dentro de lo normal. En su mundo, que no en el mío.

-¿Desde cuando no ves a la zorra? Pregunté cambiando el tema de la conversación, que ahora giraba sobre la puta empresa de la rubia chanel. Me aburría. El alcohol me hacia incisivo. Jodídamente incisivo. -¿Tu mujer? -Hummmm. Asentí. -Hace tiempo. Dejamos de vernos. Ya lo sabes. Contestó el.

-¿Te tuviste que buscar una jovencita para calmar tus veinticinco centímetros de polla no? ¿No te bastaba con joder un matrimonio? ¿No te bastaba con taladrarte a mi mujer que te tuviste que buscar otra? -¡Ramiro! Exclamó Azucena. -No. Déjale. Tengo ganas de que me diga de una vez por todas lo que piensa. Después no volveremos a tener líos. Dijo el Sr. Polla muy crecido tal vez viendo mi lamentable estado de embriaguez. Tal vez pensando en que por eso tomaría cierta ventaja sobre mí. Error.

No. No estaba dispuesto a consentir de él ni un tanto. Le tenía amedrentado. Lo sabía. Y tenía que aprovecharme de aquello. Ese bobo insolente no iba a quedar por encima de mí. No me iba a dar por culo con sus comentarios. Eso no. Jamás. Yo era Ramiro Bocanegra. Y no estaba lo suficientemente humedecido en alcohol para dejarle o consentirle que me hablara así.

-Bueno, pues como quieres que te diga lo que pienso de ti. Lo haré. Eres un jilipollas que lo único que vale de su puto cuerpo es su polla. Y aún así, no has sabido mantener a tu lado una mujer como esta, dije señalando a Azucena. Te mereces un infierno. Yo te lo podría dar con mucho gusto. Te mandaría a el con verdadero placer. Me encargaría personalmente de que tuvieras un lugar privilegiado al lado del altísimo. A su izquierda. ¿Por qué tú eres de izquierdas no? Allí, Sr. Polla, estarían esperándote unas palomas que con sus picos te darían mil y un picotazos en la punta de ese capullo que tienes por remate de tu puta polla. Luego, podríais confabularos contra mí. Pero no me daríais por culo. ¡Ah! Y trabaja de una puta vez. ¡Cabrón!

Ya va siendo hora que dejes de venir por aquí a molestar a la rubia chanel, a las palomas del jardín y a mi inteligencia. Y que conste, no me olvido de la servidumbre. Y te diré algo más, un día de estos me pillarás con mi furia particular, me habrá cagado encima alguna puta paloma cagona. Ese día Sr. Polla, será mejor que tu silueta no esté por aquí. No me quedaría más remedio que retorcerte los 25 cm que tienes hasta arrancártelos uno a uno. Luego, naturalmente, llamaría a Bola de sebo, y juntos, mientras escuchamos alguna canción de los Chichos, se los echaríamos a las palomas para que los picotearan con sus putos picos. De esa manera sustituirían las pipas de calabaza por los centímetros de tu polla. Y yo firmaría un armisticio con la puta paloma cagona. Ya lo sabes. El me miraba alucinado por la charla que lo acababa de dar. No entendía nada. Aprovechó mi silencio para mirar a su exmujer y decir algo que no entendí. Lo siguiente si lo entendí perfectamente.

-¡Está loco Azucena!  -¿Yo loco? ¿Yo loco hijo puta? ¡Tú si que estás loco! De remate. Mírala. Sólo tienes que usar tus putas pupilas para mirarla. Una vez más. Tan rubia. Tan bella. Tan maciza. Tan blanquita. Tan…rica. Y tan llena de pasta. ¿Loco yo? El loco eres tú que con 25 cm no has sabido retenerla. ¿Qué te hizo aterrizar en mi puta casa con mi puta mujer? ¿Eh? ¡Dímelo! ¿Qué te hizo sentir un deseo irrefrenable de taladrar a mi mujer cuando aquí tenias una obra con más trabajo del que puedes soportar? Loco. ¡Y me dice loco! Yo te puedo explicar lo que es un loco. Lo que hace un loco. Lo que puedo llegar a hacer yo. ¡Azucena! Pon música de los jodidos Chichos. Le voy a demostrar a este hijo puta como se vive en un estado de locura permanente cuando a uno le tocan los cojones reiteradamente. Todo te lo debo a ti Sr. Polla. Eres el culpable de todo. De mi divorcio de la Zorra. Del fallecimiento de la puta paloma.

De haber mandado al infierno al engreído Camilo  Sesto con el amor de su vida. En compañía eso si, de los Chichos. De que haya puesto en mi vida una puta coja bola de sebo. Con la cual tengo que cargar cuando se sienta encima de mí para que me la folle. ¿Y sabes cuanto pesa? ¡Eh! ¿Sabes acaso lo que tengo que soportar cuando la tengo encima? Yo te lo diré. ¡100 putos kilos ¡ ¡100 putos kilos de carne! 100 putos kilos de puta peluda. ¡100 kilos de amabilidad y sabiduría! Eso sí, gracias a ti tengo esto, dije señalando el salón, la tengo a ella, mirando a Azucena, tengo pasta por un tubo, tengo criados, y tengo un puto Mercedes 220 con asientos de piel que corre como la ostia, que es muy seguro, pero que no sabe frenar cuando me trae a casa después de empaparme en alcohol.

Y tengo 100 putas palomas. Una por cada kilo que pesa bola de sebo. Y ¿sabes para que las tengo? Yo te lo diré. Las tengo para que me recuerden el día que te vi en mi casa follándote a mi mujer. En mi puta casa. En mi puta cama. Sobre mis putas sábanas. Ese día que tú nos bautizaste nuevamente. A mi mujer con el nombre de Zorra y a mí con el de Cornudo. Pero aún así, Sr. Polla, te doy las gracias. Estoy eternamente agradecido por tu presencia en mi vida. Me volviste a la realidad. Me hiciste ser quien soy. Un loco sincero. Nos quedamos en silencio los tres. Me levanté y tomé una botella de JB. La miré de soslayo. La hablé como si pudiera oírme. Y lo dije en voz alta.

-Tú y yo, botella de los cojones, vamos a poner punto final a esta conversación. Tú y tu puto líquido amarillo nos vamos a correr una juerga. ¡Ya es hora de dejar las mariconadas del champán! Luego, cuando acabe contigo, meteré tu pitorro por mi culo mientras me follo a la rubia chanel. Y lo haré en presencia del Sr. Polla. Quiero que vea como berrea de placer. Quiero que sienta en sus carnes lo que se perdió. Todo por la puta Zorra. Todo por usar su taladradora fuera de su matrimonio.

La rubia chanel num. 5 me miraba sonriente. La rubia Chanel habló. No sabía si había entendido lo que acababa de decir. Miré sus blancos dientes. El eco me trajo las palabras arrastras. Como hubiera hecho Bola de sebo. Arrastrándolas una a una.

-No es necesario que te metas la botella por el culo mientras me follas. Bébetela entera si quieres, pero asegúrate que se te empina la polla. Hoy te voy a hacer un regalo que difícilmente podrás olvidar. Quiero que subamos a la habitación y me folles, pero hoy no llamaremos a Margarita para te meta el dedo en el culo. Hoy usaremos los 25 cm de mi exmarido. -¿Qué acabas de decir? ¿Qué cosa tan jodídamente asquerosa acabas de decir? ¿Qué he escuchado? ¿Qué quieres que te folle y el Sr. Polla me de por el culo? -Si.

Un lacónico si. Una sóla sílaba. Un si. Nada más. El Sr. polla me miraba a la expectativa. Por 10000 euros estaba dispuesto. Los 10000 que ya le había entregado La rubia chanel num. 5. Mientras yo dormía mi borrachera. Mientras yo roncaba en mis sueños de mil grados. Lo habían estado hablando. Estaban de acuerdo. Ambos me miraban. Esperaban una respuesta de mi boca. Deseaba que acudieran las 100 palomas a rescatarme de allí. Pero yo había sido malo. Había golpeado, causándola la muerte, a una de ellas. Había escupido a otra. Probablemente su hija. No. Ellas no acudirían a mi rescate. Me tenía que enfrentar yo solito a esa nueva situación. Debí poner cara enfermo. Azucena acudió en mi ayuda.

-Ramiro, sé que disfrutas mucho cuando me follas y Margarita te introduce el dedo por el ano. Lo sé. Te lo he visto en la cara. Además me lo has dicho. Yo te quiero. Quiero estar contigo siempre. Desde que te conozco soy otra. Más resuelta. Más liberal. Más mujer. Se que me aprecias. Que te gusto. Que te gusta estar aquí. Conmigo. Con esas malditas palomas a las que dices odiar, pero que las compras bolsas y mas bolsas de pipas de calabaza diciéndome que son para ti cuando yo sé que vacías las bolsas para ellas.

El Sr. polla como tú le llamas ha venido a pedirme dinero. 10000. Lo hemos hablado. El está de acuerdo. Quiero que me folles. Pero quiero quitarte el nombre que te pusiste de Cornudo cuando lo de tu mujer. Quiero sentir su polla una última vez. Sus 25 cm. Pero quiero sentirlos uno a uno……a través de ti. ¿Qué dices a eso? Preguntó ella. -De acuerdo. Así de simple. Lo había dicho yo solito. ¡Maldita boca negra!

Sonó en el salón. Sonó como si de un gorgoteo de 100 palomas se tratara. Yo no lo había dicho. De mi boca no había salido semejante disparate. Habían sido las 100 palomas. No podían ser otras. Habían vuelto para cumplir su venganza por el fallecimiento de su matriarca. Pero había sido yo quien había dicho “De acuerdo”. Un jodídamente “de acuerdo” bastó para la rubia chanel se acercara a mí y después de quitarme la botella de la mano, me besara tiernamente. Me empujó hacia el sillón y me sacó la camiseta. Ese puto olor a colonia, tan cerca de mí, me embriagó más que el alcohol consumido. Sus labios se posaron en mis pezones y los mordisqueo con vicio y ternura a la vez. Después el botón de mi pantalón corto, liberó mi polla. En su boca de dientes blancos se sentía como en su casa. Aquellos dientes me hacían sentir algo especial. Se aplicó en la succión de mi miembro. De rodillas entre mis piernas. Lamiendo desde la base hasta la cima. El Sr. polla se situó tras ella y de rodillas en el suelo fue desabotonando uno a uno los botones de la camisa de la rubia chanel. Luego, con sus manos, liberó aquellos pechos que yo había tenido en las mías aquella misma mañana. Brotaron ante mí más esplendorosos. Más blancos. Más bellos.

Su exmarido acariciaba con las palmas de sus manos su cintura. Me dejé caer hacia atrás y la permití sacarme el pantaloncito. Ya desnudo enteramente, abrí mis piernas más para permitirla penetrar más hacia mi verga. El ir y venir de su boca a través de mis apenas 16 cm me hacía sudar. Cerré mis ojos. Me dejé llevar. El Sr. Polla situado tras ella, de rodillas como ella, con su cuerpo pegado al suyo, levantó su falda. Su tanguita se deslizó por sus muslos guiado por las manos de su exmarido. Descansó en sus curvas. La mano del Sr. Polla se introdujo entre sus piernas para tocar aquello que le había pertenecido anteriormente y no había sabido mantener. Aquello que había cambiado por la Zorra de mi mujer. Hurgando en el coño de Azucena consiguió lubricarla más. Ella abandonó mi polla y comenzó a quitar la camisa a su exmarido. El mismo acabó de desnudarse quitándose los pantalones y los calzoncillos. Esa lanza hizo acto de presencia. Otra vez. Esos 25 cm. Los mismos que habían taladrado a mi mujer me iban a barrenar en mi ano.

Desnudos ambos, solo nos quedaba hacer lo propio con Azucena. Yo la despojé de su camisa y el Sr. polla de su falda y su tanguita enrollado en sus piernas. Los tres cuerpos nos fundimos en un abrazo formando un monstruo sexual. Azucena se sentó encima de la mesa baja del salón, dejó caer su espalda y abrió sus piernas ofreciéndome su grieta. Su raja se veía extrañamente abierta. Mojada. Rosada. Su clítoris erguido deseoso de roce me llamaba. Acerqué mi polla y me resbalé dentro de ella. Permanecía quieto un rato. Besando su cuello. Notando como el Sr. Polla, después de lubricar con su propia saliva, apretaba contra mi ano hasta alojar los primeros centímetros en su interior. Después, los tres gemidos al unísono y el movimiento sincronizado de los cuerpos nos llevaron a otro estado.
El Sr. Polla se endureció más y yo lo noté en mi próstata. Azucena notó a su vez el endurecimiento previo a la corrida que iba a experimentar mi pene. Y yo noté su dilatación para recibir las salvas de semen que la iban a anegar. Un grito desgarrador se apoderó del salón para recibir con júbilo las tres corridas. A la vez. Como debe ser. Luego los cuerpos se vencieron uno encima del otro recibiendo todo el peso DE la rubia chanel num.5. Y así abrazados los tres, nos sorprendió la servidumbre, que asustada ante el grito espeluznante de nuestras gargantas, habían acudido a ver si ocurría alguna tragedia.

El desenlace con la servidumbre me lo reservo. Baste decir que todos fueron despedidos. Los sustituimos por otros. La magnitud del escándalo, la posición de la Rubia Chanel núm. 5, y lo visto por ellos así lo aconsejaba. Jamás había estado con hombre alguno. Ciertamente Margarita introducía su dedo en mi ano cuando follaba con Azucena. Eso hacía que sintiera más placer. Pero yo no era maricón. No era un maricón de mierda. Pero desde aquella noche cambié mi opinión hacia los gays. Esa nueva forma de follarme a Azucena me agradó. Sentí algo irrepetible. La rubia Chanel tenía razón. No iba a olvidarme fácilmente de aquel polvo.

Bola de sebo, mi Margarita querida, mi Puta del bar, la fan de los Chichos, sigue con su Putiferio llamado Cornudo. Ha montado tres locales más que ha llenado de rusas, búlgaras, chinas y rumanas. Los ha bautizado con los nombres de “Rubia Chanel núm.5” “Sr. Polla” Y “La Puta del bar” Gana mucho dinero. Demasiado dinero para una coja con un coño peludo. Viene a dormir con nosotros muchas noches. Y se trae su dedo mágico. El Sr. Polla se fue con sus 10000 y no le hemos vuelto a ver. Creemos que se marchó a Australia. Seguramente fue a buscar a Cocodrilo Dundee para que con el cuchillo que exhibía en sus películas, le cortara la polla algún centímetro. ¡No se puede ir por la vida con semejante miembro! La Zorra de mi mujer sigue buscando un consolador para tapar su agujero. Tarea difícil.  Me telefonea mendigando un polvo. Nunca la hago caso. La Rubia Chanel núm. 5, mi Azucena, mi flor, me colma de atenciones. Me hace sentir feliz. Ha cambiado mi vocabulario. Solo tengo de Bocanegra mi apellido. Por cierto, no quiere hijos, dice que no soportaría que se apellidaran Bocanegra. Yo tampoco. Sólo tiene una pega, sigue tomando esas putas coca-colas.

Y ustedes se preguntarán por las palomas…si…las palomas. ! Esas jodidas palomas! Esos animales que llenan las plazas de las ciudades. Ahora me siento en el jardín de Azucena con unas cuantas bolsas de palomitas y pipas de calabaza. Ellas me rodean y comen cuanto las echo. Ya no hay 100, ahora tenemos 136. Gorgotean a mí alrededor y se pavonean con sus picos levantando cáscaras y más cáscaras. Todas. Todas menos una que me observa atentamente desde la rama de un árbol. Cuando la miro, me obsequia con una cagada. Yo sonrío. Pero un día voy a tener una conversación muy seria con ella. FIN.

Autor: Coronelwinston

Y ahora baja un buen video y a gozarla. Clicka aquí. http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

La zorra, la puta del bar y la rubia Chanel núm. 5. II

Se me olvidaba como de esa puta boca de dientes blancos salían gemidos y ayees de placer, como me incitabas a joderme a la coja. Y ahora dime que ese coño depilado que usas para mear, está jodido conmigo por no haberle proporcionado placer. Dime que ese coño depilado que llevas debajo de tu falda no se siente más maduro y veterano después de haber probado una polla con furia, como la mía.

Con el fin de no hacer un resumen de la primera parte, recomiendo lean el relato anterior antes de leer este. Gracias.

El taxi nos dejó frente a un portal. Abrí lo ojos. Me sonaba de algo ese portal. No sabía donde cojones estaba. Me incorporé para ver mejor. Miré a mi izquierda primero. Después a mi derecha. El portal. Una cafetería o un bar muy moderno. Si. Lo conocía. Era el portal de mi casa. Aquella casa que yo aún estaba pagando con el sudor de mi puta frente. Aquella casa de dos plantas que tanto me había costado conseguir. Miré el reloj. Creo que marcaba las 2,30. No recordaba mucho. Una tipa a mi lado estaba pagando al taxista su servicio. Era rubia y olía muy bien. La miré a la cara. La conocía.

-¡Vamos! Me ordenó mientras salía del vehículo.

La seguí fuera del auto como atontado. Entró en la cafetería moderna. La seguí como hipnotizado y aún algo tambaleante. Tenía resaca. Me notaba la lengua seca y pastosa.

-Sentémonos aquí. La cerveza te irá bien para esa resaca que ya empezarás a notar. Me dijo ella.

Un camarero se acercó, la saludó como si la conociera de siempre. Como si tuviera una amistad especial con ella. Ella devolvió el saludo y se interesó por su hijo. Luego ambos sonrieron y el se alejó. Y nos sirvió una coca-cola y una jarra de cerveza fría. Bebí un gran trago y tomé unas pipas de aperitivo. Me olía el aliento. Tomé un cigarro del paquete que reposaba en el bolsillo de mi camisa. Entonces, mientras expiraba una bocanada de humo, sus palabras me retumbaron en la cabeza.

-¿Estás mejor. -Si. Pero… -Me llamo Azucena.

Recordé todo. Sentí vergüenza. Pero fue pasajera, todo hay que decirlo. Otro trago de cerveza y retomaría mi furia. Así lo hice. Bebí más. Y otro trago más. Quería ser yo mismo. Necesitaba sentirme otra vez borracho. Aunque dudo que hubiera dejado de estarlo en algún momento. Si acaso, mientras estuve dormido en el taxi.

-Ey, ey. Todo de un trago no. La cerveza no se va a acabar. Seguro que en este bar hay muchos barriles. Tómala con tranquilidad.-¿Qué haces aquí? Pregunté imaginando una buena ostia en esa cara.-Te he traído en un taxi ¿no te acuerdas?-¡Claro que me acuerdo! ¿Acaso crees que soy un puto tarado? Ya retomaba mi ser. Nuevamente. Me empezaba a encontrar en mi salsa. Con mis tacos y mi vocabulario un tanto soez.

-Estabas borracho. ¿Sabes de donde hemos venido? -Si. Del puto infierno. Dije sin más.-Si. Has dejado el local hecho un asco. Y a la gorda cabreada.-Lo sé. Destrocé la puta caja de música. Por tu culpa. Por elegir esa puta canción de Camilo Sesto.-¿Recuerdas lo que ha pasado allí?-¡Qué cojones preguntas! ¿Me tomas por un imbécil? ¿O tal vez por un sonado? ¡Pues claro que acuerdo! Tú eres la Puta rubia chanel num. 5. Te he follado. Y a la puta bola de sebo también. ¿Pero que hacemos enfrente de mi portal?

-Te he traído yo. Ya te lo he dicho.-¿Y cómo cojones sabes tú donde vivo? ¿Quién coño eres tú? ¿Quién cojones te crees para traerme a mi casa? ¿No has tenido bastante con el polvo y te has venido conmigo porque quieres más? ¿Estás acaso empollada? ¿Te encelo? Preguntaba mientras golpeaba encima de la mesa con el puño cerrado. -Escúchame atentamente. Me llamo Azucena. Son las 2,45. Dentro de un cuarto de hora, por esa puerta, dijo señalando el portal, saldrá mi marido. -¿Y a mí que cojones me importa que salga tu marido de ese portal? ¿Acaso viene de mi casa? Pregunté sin analizar sus palabras. -Si.

Me quedé jilipollas. Es como si me hubieran dado un golpe certero en la sien o en la mandíbula. La patada bestial a la paloma se reprodujo en mi cabeza. Mis pocas neuronas saltaron como saltaron los vinilos de la caja de música en el antro aquel. Ella prosiguió.

-Viene de tu casa. Se está acostando con tu mujer. -Pero…pero…. ¿que coño es esto? ¿Qué estás diciendo? No daba crédito a lo que escuchaba salir de aquella raja llena de dientes blancos en su cara.-Mi marido y tu mujer tienen un lío. Dijo la rubia chanel num. 5. -¿Siiii? Y tú lo has descubierto. ¿Y no te basta con joderte con tus miserias sino que me tienes que involucrar a mí en ellas? ¿Acaso tengo yo en la cara un puto letrero que dice “Cuéntenme sus miserias”? ¿Lo tengo? ¿Lo ves por alguna parte eh?

-Es tu mujer. -Aja, tu marido es el Sr. Polla. Dije pensando mientras hilvanaba la historia.

Ella rió de buena gana.

-¿El Sr. Polla? -Si. Así es como le llamo yo. -¿Por qué? Dijo ella.-Si es tu marido debes saberlo. ¿Acaso la gente normal va paseándose por el jodido mundo con una rabo como el que gasta él? ¿Acaso yo tengo una polla como la suya? -¡Ah es eso! Si. Tiene una buena pieza. Dijo como si pareciera que añoraba algo. -Pero como es que tú…. ¿Y qué cojones hacemos en mi cafetería? ¿En la cafetería de enfrente de mi casa? ¿Y por qué coño bebes tanta coca-cola? ¿Por qué no bebes cerveza? ¿Acaso tienes acciones de esa puta fábrica? -Déjame que te cuente. Luego lo entenderás.

Y empezó a darme una charla que lo único que consiguió, es que yo me bebiera un litro de cerveza en menos de 10 minutos. Si eructaba sería bestial. El sonido retumbaría por la puta cafetería. Y el camarero sonrisa prodidén vendría a llamarme la atención. Y en ese caso, quizás me viera en la obligación de mandarle al dentista.

-Como te he dicho me llamo Azucena, no rubia chanel núm. 5 como tú me llamas. Soy millonaria. Me casé con el Sr. Polla, como tú le dices, hace dos años. El se casó conmigo por mi dinero. Yo estaba enamorada de el. No separamos bienes. Todo era de los dos. Y sigue siendo de los dos. Me atendió como su mujer durante dos meses, después empecé a sospechar de el. Demasiadas salidas y un horario muy libertino. Eso hizo que le siguiera. Iba de putas. Con los amigos. Gastaba dinero en el casino. Mi dinero. No trabaja. Nunca lo ha hecho aunque el piensa que me engaña con eso del trabajo que tiene. Es un vago de mierda. Quiere que yo me separe de él y así obtener la mitad de lo que poseo. Pero no estoy dispuesta a ello. Le recogí sin un euro y así le voy a dejar. Es por eso por lo que decidí seguirle y obtener pruebas de su adulterio. Para presentarme delante de un juez y obtener el divorcio sin tener que darle un solo euro.

-¿No veo que cojones tiene que ver eso conmigo? -Como te decía, le seguía a todas partes. Un día, hace un año, le seguí hasta aquí. Venía casi todas las mañanas de lunes a viernes. -¿Casi todas las mañanas? ¡La ostia! -Si. Los sábados y los domingos, los pasaba conmigo y mis amigos ricos. El resto de los días se entretiene follándose a tu mujer. -La Zorra. La reina de las Zorras. ¡Que hijo de puta más grande! ¡Y qué puta mi mujer! La maldigo a ella, maldigo al Sr. Polla, maldigo esta puta cafetería, en la cual no había entrado nunca, y maldigo las putas coca-colas. No sirven para nada excepto para mezclarlas con alcohol. Dije dando un puñetazo sobre la mesa.

-Si. Hice indagaciones y así me pude enterar que a quien venía a visitar a ese portal era a tu mujer. Me sentaba a esta mesa de la cafetería, pedía una coca-cola y miraba a través de los cristales. A las 9 de la mañana salías tú a tu trabajo. A las 9,30, como un reloj, llegaba el. Yo llegaba generalmente a las 8,30. Es la hora en la que se supone que tengo que estar en mi oficina trabajando. Soy dueña de “Cosméticos Olorosos”. La directora. La empresa es mía. Mi marido tiene una pequeña participación. Bien, como te decía, cuando tú te ibas llegaba el. Un día y otro le veía entrar en ese portal y yo no sabía donde iba. Aunque me lo imaginaba. Supuse que tenía un lío. Luego, un día, los vi salir a la calle a los dos juntos. Los seguí. Se fueron a un bar de unas calles más abajo y allí reían  y se besaban. Tomé fotos. Hablé con un detective privado que se encargó de hacer un seguimiento de ambos. Pasó a tu jardín, colocó unas mini cámaras.

Un día entró en tu casa, aprovechando vuestra ausencia, y puso otra cámara en la habitación y unos micrófonos. Así me enteré que tu mujer era la amante de mi marido. Y así me enteré de tu nombre y tus movimientos. -¿O tu marido el amante de mi mujer. -Llámalo como quieras, el orden de factores no altera el producto. Lo cierto es que ellos dos se las entienden y parece ser que muy bien, pues llevan así, que yo sepa, un año. -¡Que hijo de puta! Dije dando un nuevo golpe en la mesa que hizo que la cerveza saliera de la jarra.

-Tu mujer no es precisamente una santa. Es cierto que ella está bien así. Te tiene a ti en casa y cuando tú no estás, tiene con qué entretenerse. El dispone de dinero y de una buena…polla.-Lo sé. Esta mañana les he sorprendido en mi cama. -¿Les has sorprendido? ¿Les has pillado en tu casa?-Volví del trabajo al rato de irme. Debido a que hubo un problema en mi fábrica, nos dijeron que nos marcháramos a casa. Que nos tomáramos el resto del día libre. Llegué a mi casa con planes bien distintos a los que he llevado a cabo. Y allí les sorprendí, en el piso de arriba. La Zorra de mi mujer encima del Sr. Polla, follándoselo. Y el cagón de mierda se dio un susto de cojones. Pero no se le bajaba el empalme al muy hijo de puta.

-Hoy he llegado más tarde a esta cafetería. No sabía si mi marido ya estaba con tu mujer. Entonces te vi salir a ti. Impulsada no se porqué, te seguí. Tenía curiosidad por saber donde ibas. Pensé que tal vez mi marido no hubiera venido a visitar a tu mujer. Decidí ir tras de ti y tal vez, si se presentaba la oportunidad, contarte lo que yo sabía de ellos.

-¿Y me seguiste como una puta en celo eh? -Si. Te seguí. Vi lo que hiciste con la paloma. Luego te seguí y me perdí. Doblaste una esquina y ya no te vi. Pero tuve suerte, al salir por una calle, me crucé contigo…-Si. Claro. El puto olor a Rubia Chanel num. 5. Dije recordando mi encuentro fugaz. -¿No puedes dejar de llamarme Rubia Chanel? -Poder, si puedo. Pero no quiero, rubia chanel. ¡Te jodes!-Bueno, como te iba diciendo. Te vi entrar en ese local. Me esperé en la calle un rato y como no salías decidí entrar….estaba lloviendo y quise refugiarme del agua.

-Claro a joderme la vida. A poner a prueba mi pie. A poner a prueba la integridad de la puta caja de música. A dar vacaciones a los vinilos. A poner a Camilo Sesto en mi contra. -¿En tu contra? Dijo riendo. -Si. La zorra canta las canciones del Camilo Sesto. Y esa puta canción, esa. Esa en especial. -Me gusta esa canción. Es bonita. El amor de vida. Dijo con melancolía. -Todo es puta horterada. No hay nada legal. El amor. ¿Qué coño es el amor? ¿A quién le importa el amor? Puta palabra. Puta mierda. Una mierda muy grande. El amor. Sólo vale para disfrazar los polvos. Y para follarse a una rubia como tú, no hace falta amor.

-Debería hacer falta. A mí no me has follado. A mí me has violado. -¡Oh si! Se me olvidaba como apretabas tu pelvis contra mí. Se me olvidaba como de esa puta boca de dientes blancos salían gemidos y ayees de placer. Si. Se me olvida como me incitabas a joderme a la coja. Y ahora dime que ese coño depilado que usas para mear, está jodido conmigo por no haberle proporcionado placer. Dime que ese coño depilado que llevas debajo de tu falda no se siente más maduro y veterano después de haber probado una polla con furia, como la mía. ¡Ah! Se me olvidaba. Ese puto coño, rubia chanel, está acostumbrado al Sr. Polla. Y es rencoroso. No me perdonará.

-Te equivocas. Ya te lo dije. Llevo mucho tiempo que no lo hago con él. Recuerda que él tiene a tu mujer. -¡Oh si! La Zorra. Debe hacerle cosas que a mi no me hacía. Debe entretenerle muy bien. Entre ella y tú, no hay color. Tú eres más joven y estás mejor puesta. Además llevas el puto coño rasurado. Eso me gusta. Y eres millonaria. Aunque estás un poco oxidada.-Tú también me gustas. Dijo ella. Eres interesante. Pero muy mal hablado.-¡Acabáramos! Ahora resulta que te gusto.-Se te ve un hombre entero. Hecho. Te pierde tu vocabulario. Tu mal genio. Pero creo que eres buena persona. Aunque tu comportamiento en ese local no ha sido el comportamiento que una mujer espera de un hombre. Has destrozado la máquina de música. Y me has forzado.

Me quedé en silencio unos instantes. Reflexioné. Pensé en lo que acababa de decirme esa puta rubia chanel núm. 5 que ahora decía que se llamaba Azucena. Tenía razón. Yo soy un tipo hecho. Soy buena gente. Pero a veces me domina mi mal genio. Y en un caso como el que acababa de sucederme, me volvía violento. No todos los días en la vida de uno aparece un Sr. Polla que taladra a tu mujer y en tu propia casa. Y en tu propia cama. Por suerte este cabrón tenía una mujer bellísima. Y yo también la había taladrado. Bien es cierto que ella, en un principio, no había consentido, y no era igual, pero estábamos empatados. El se follaba a mi mujer, a la zorra de mi mujer, y yo me había follado a su rubia chanel. Y me había tomado la propina de follarme a la coja. Y de propina había jodido a la puta paloma. Metí mi mano en el bolsillo. Allí estaba la pipa de calabaza. Si. Recordé a bola de sebo. Su local cutre. Vi imágenes de las folladas que las hice a las dos. Por primera vez sonreí abiertamente. Algo cambiaba en mí.

-¡Vámonos de aquí! No quiero ver como sale el Sr. Polla de mi casa. Dije levantándome de la silla y dejando un billete de 10 euros sobre la mesa. -¿Pero dónde vamos a ir?-¿Y que cojones hacemos aquí? ¿Esperando a tu marido? Déjalos que follen hasta que les entre una sífilis del demonio. ¡Que me importa ya! No quiero saber nada de la puta zorra ni del puto Sr. Polla. Yo no tengo nada. No tengo nada más que letras y pagos. A mí no me va a sacar nada la zorra de mi mujer. Olvidada. No volveré a entrar en esa casa. Si lo hiciera, me perseguiría la polla de tu marido por cada rincón.

Nos levantamos y salimos de la cafetería. Ella se despidió del camarero sonrisa profiden. El correspondió con una sonrisa más extensa. Pensé que se le iba a rajar la puta comisura de los labios.En la calle hacía sol. Un bonito día si no lo hubiera jodido el Sr. Polla. O la zorra de mi mujer.

-¿Dónde vamos? Preguntó la rubia chanel. -A un bar. Dije secamente.-Ya estábamos en uno. Podíamos habernos quedado allí. Dijo ella.-Estaba viciado. Además no te has dado cuenta como sonreía el camarero profiden. Le hubiera tenido que partir esa puta cara para borrarle esa estúpida sonrisa. Y si la zorra y el Sr. Polla hubieran decidido tomarse un refrigerio después de sus polvos, porque seguro que se la pasan follando toda la mañana, y hubieran bajado a esa cafería, nos hubieran visto. Y en ese caso no me hubiera quedado más remedio que mandar a tu marido con la puta paloma. Eso si, le hubiera dado esta pipa de calabaza antes. Dije sacándola del bolsillo y exhibiéndola delante de ella. La miré y sonrió. Noté algo en la nuca. Un puto escalofrío me recorrió la espalda.

-¡Mira que estás furioso! Me dijo.-¿Yo furioso? ¿Qué te hace pensar que estoy furioso? Nada más lejos de la realidad. Dije haciendo una mueca para disimular mi sonrisa.

Soltó una carcajada y me miró de manera extraña. Esa puta mirada. Yo sabía que se escondía tras esas putas miradas. Lo había visto bien. Me habían mirado así algunas veces. Mi pene me recordó que el también existía. Un ligero movimiento y el roce de mi pantalón hicieron que se envalentonara. Pero ahora no era para mear. Ahora pedía más guerra. Aparté aquellos pensamientos lascivos y seguí caminando.Después de caminar diez minutos, entramos en un bar. La resaca hacía estragos. Mejoraba lentamente. La cerveza era lo único que la aplacaba. Pedí cerveza en cantidades industriales. Ella, adivínenlo, más puta coca-cola.

-¡Que cojones haces bebiendo tanta coca-cola! Pareces una puta rubia bebedora de coca-cola. Vas a mear líquido negro. ¿Y porque en todos los putos bares hay coca-cola y no hay ginger por ejemplo? Seguro que en este bar del infierno no hay ginger.

Y se produjo lo que no debería haberse producido. ¿O si? Todo lo había dicho en voz alta. El dueño del bar nos había mirado cuando entramos. A mi no, a ella. Ella era la receptora de su libidinosa mirada. Solo ella. No quise decir nada. ¿Quién coño era ella para que yo la defendiera ante una mirada babosa? Nadie. No me unía nada a ella. Cierto que aún guardaba en mi polla los últimos vestigios de sus líquidos. Nada más.

-¡Oiga no llame bar del infierno a mi local! Dijo el lascivo camarero. Miré en derredor para saber a quién coño de dirigía aquella frase. De sobras sabía yo que en ese puto bar sólo estábamos la rubia chanel, el lascivo camarero y yo. -¿Perdón? ¿Habla usted conmigo? ¿Está hablando conmigo? ¿Se refiere usted a mí? -Sí. Se lo digo a usted.-Error. Dije a la vez que me acercaba a él.

Azucena me sujetó del brazo, pero mi fuerza era mayor y no lo consiguió. Iba a llegar lo inevitable. Lo sabía. La furia se hacía presente de nuevo.

-¡Óyeme jilipoyas de mierda! Y escúchame bien. Tu puto bar es una mierda. Y es una mierda porque seguro que no tienes ginger. Y si no tienes ginger y entra una persona trabajadora como yo, y pide un ginger, y en este puto bar no hay, es solo por dos cosas. Primera, porque un camarero cabrón como tú, no ha hecho el puto pedido para que le sirvan puto ginger en cantidades industriales para los trabajadores que beben ginger, después de una jornada agotadora de trabajo. Y eso, cabrón de mierda, se paga. Y segunda razón por la que tu puto bar es una mierda, es porque está decorado con un camarero vicioso que mira con deseos obscenos a toda mujer que entra a visitar su puto bar. Y si esa mujer, en este caso la rubia chanel, sucede que va acompañada por un puto cornudo furioso, que hace dos horas ha estado taladrándola en el puto infierno…..!Ah! ¿Qué no sabes cuál es el puto infierno? Yo te lo diré.

Es un puto local parecido al tuyo. Antes de mi visita era un negocio de putas. Después de mi visita, sólo son dos polvos, una coja y Camilo Sesto tirado por los suelos cantando el amor de mi vida. ¿Te queda claro? ¿Te ha quedado claro? ¿Es que quieres que tu bar sea una filial del puto infierno? ¿Quieres que tu local forme parte de la cadena “Locales del infierno”? Bien, sólo tienes que decirme que no tienes ginger. Sólo dime que en este puto bar no hay una botella de ginger. Dímelo y te extenderé un contrato para que pases a formar parte de los maravillosos bares del infierno.

Su cara reflejaba el acojone que sentía. Azucena estaba enganchada a mi brazo a través de su mano. No hacía nada. No podía hacer nada. Cerré mi puño. Lo apreté. Iba a matar a ese jilipoyas por no tener ginger en su bar. Lo sabía. En ese instante pensé en mi vida. No merecía la pena vivirla. Cierto que había echado dos polvos hacia unas horas. Uno bueno y uno malo. ¿O fueron los dos malos? ¿O los dos buenos? ¡A la mierda los polvos! Recordé lo vivido esa mañana. Fue agitada. Había saldado cuentas con la puta paloma. Luego había saldado cuentas con Camilo Sesto. Después con mi polla. La había ofrecido dos coños. Uno con pelo y otro rasurado. Y ahora iba a saldar el resto de las cuentas con ese puto camarero. El se había erigido en el portavoz de los imbéciles del mundo. Me llevarían a la cárcel. Un carcelero cabrón me golpearía sin cesar. Un negro marica me daría por el culo. Y nadie iría a verme. Nadie. Ni la Zorra de mi mujer. Ni el puto Sr. Polla. Ni por supuesto la Puta paloma. Tampoco iría bola de sebo arrastrando su cojera. Tal vez la rubia chanel num.5. Tal vez ella fuera con su coño rasurado a recordarme ese polvo que la eché en el local del infierno y darme motivos para hacerme una paja. Y se produjo el milagro que cambio mi vida en ese instante. Al menos eso pensaba.

El camarero lascivo sacó de detrás de la barra una botella de ginger. Me quedé paralizado. Vi el movimiento de su brazo agacharse tras la barra. Pensé que iba a sacar otra señora porra de goma negra. Por un instante me vi en el retrete acompañado de los tres, el camero lascivo, la porra de goma y por supuesto, la rubia chanel. Ella vendría a disfrutar del espectáculo que yo le iba a ofrecer. En primera fila. Y aceptaría sus consejos. Le metería la puta porra por el puto ano hasta que le sangrara. ¿Todo porqué? ¿Por no tener ginger? Pero sí. Había ginger. Aflojé la presión de mi puño y me relajé. Tomé la botella de ginger abrazándola con la palma de la mano. La así fuertemente. Miré al camarero lascivo. Luego a la rubia chanel. Y sonreí. Sonreí por segunda vez. Definitivamente yo había perdido el norte.

-¡Vamos, vamos! Me decía Azucena.-Si. Tiene ginger. Es uno de los pocos jodidos bares que tienen ginger.-Venga. Vámonos de aquí. Vayámonos a respirar aire. Tienes mucha tensión.-Si. Tal vez tengas razón. Estoy estresado. Dije.

Solté un billete de 100 pavos encima de la barra y me alejé del brazo de Azucena. Aún oí al camarero decirme algo. Creo que me decía que me llevara el ginger. Con su botella y todo. Y creí escuchar que me regalaba un abre-botellas. Salimos a la calle. Aún del brazo. Notaba el calor de ese cuerpecillo de piel blanca. Aspiraba su olor. Su olor a perfume chanel núm. 5. Miré su pelo color oro. Era guapa esa jodida rubia. No había duda. Por primera vez a lo largo de ese día sentí una sensación de bienestar que me embargaba. Y mi polla estuvo de acuerdo conmigo. Recordábamos ambos, mi polla y yo, que debajo de esa falda habitaba un  coño rasurado, sin bragas. ¿Qué me impedía tenerlo otra vez? Y otro milagro. Un nuevo y jodido milagro.

-¿Cómo te llamas? Me preguntó Azucena.-Cornudo. Dije sin más.-¿Cornudo? Jajajajaja. No, dime tu nombre. En serio. Llevamos unas horas juntos y mucho vivido, e incluso me has follado, y aún no sé tu nombre.-Ramiro. Ramiro Jesús Bocanegra.-¿Ramiro? ¿Cómo Ramiro Jesús? ¿Cómo Jesucristo? ¿Cómo el crucificado?-Si. Es un nombre compuesto. De segundo, Jesús. Como ese infeliz que se dejó crucificar para que hoy todos hablemos de él. Pero todos me llamaban Ramiro.-Me gusta tu nombre. Y me besó en la mejilla. Y me quitó unos cuantos argumentos para seguir furioso.

Sentí un escalofrío por el cuerpo. Un deseo de no sabía qué. Otra vez volvió la furia. Mis palabras soeces. Mi rudeza.

-¿No te gustaría que te follara otra vez? Pregunté.-Desde luego. Dijo ella dulcemente. Pero ahora no emplearás tu furia de hombre.

Había dicho que sí. Es más de lo que esperaba. Pensé que tendría que arrastrarla a un hotel y forzarla de nuevo. Pero no. Ella había dicho que si. Había dicho un “desde luego” que quería decir “Si, quiero que me folles. Quiero sentirte dentro de mí nuevamente. Quiero que me hagas tuya”

-Si. Creo que será lo mejor. Follaremos y les darán por culo a esos cabrones que tenemos por pareja. A la Sra. Zorra y al Sr. Polla.-Pero quiero que me folles en un sitio especial para mí. Dijo ella. -¿Dónde? -Ven. Enseguida lo verás.

Tomamos un taxi. De vuelta. Nos dejó en la puerta del infierno. No sabía que cojones pretendía la rubia chanel núm. 5. Al franquear la puerta pude ver a Camilo Sesto roto en mil pedazos. Junto a él reposaban todo un elenco de cantantes. Algún fragmento grande de la casa donde habían habitado hasta que mi presencia en ese local cutre se hizo patente. Bola de sebo hablaba con dos chicas. Nos divisó nada más aparecer en su local. Dejó de hablar con ellas mientras nos acercábamos a la barra. Se puso blanca. Lívida. Observé como tras ella, en una repisa, reposaba la puta porra. Esa puta porra que la había metido por el culo unas horas antes.

-Hola. Dijo Azucena. -¿Qué queréis? ¿Qué queréis otra vez? ¿No has tenido bastante? Llamaré a la policía. Dijo llenando su boca de uniformes y sirenas.-De eso quería hablar contigo. Dijo dientes blancos chanel núm. 5. -¿A que habéis vuelto? Mira como has dejado esto. Me dijo a mí. -Te lo pagaré. Dime cuanto calculas que vale lo que ha roto el. Dijo la rubia. -¿Lo pagarás tú? ¿No debería pagarlo el?

-Lo pagaré yo. Dime ¿2000? ¿3000? Te daré 5000. Valdrá. -¿5000? -Si. ¿Eso servirá para olvidar todo lo sucedido?-Si. Eso servirá. -No se hable más. Te extenderé un cheque por 5000. Y te haré una oferta.-Dime. Dijo bola de sebo. -¿Dispones de una habitación reservada?-Si. Tengo una ahí dentro. Dijo señalando una puerta oscura.-Te daré otros 1000 si nos la dejas un par de horas.-Eso está hecho rubia. ¿Te lo vas a follar?-Exacto. Y te daré otros 1000 si te unes a nosotros.-Jajajajjajajjaja…me uniré gratis. Y mirándome a mí, ¿Quieres nene? Ya no estoy enfadada contigo. Además me gustó tu polla.

-Si coja. Me chuparás la polla hasta que se te deshaga en tu puta boca. Dije sonriendo.-¿Ya no te molesta que te llame nene?-Me puedes llamar como te salga del coño, coja. Creo que a partir de ahora vamos a ser colegas. A partir de este jodido instante, vamos a pasar muchos jodidos instantes juntos. Vendré al puto local cutre a tomar mis copas y a emborracharme. Y tal vez te folle. Pero tendrás que depilarte tu asqueroso coño. No quiero que me irrites la polla. Dije sonriendo nuevamente.

Dejó a una chica, que se paseaba por allí en top lees, tras la barra. Nos adentramos a través de la puerta oscura en una habitación. Amplia. Un sillón, una TV, una mesa, y una cama eran toda la decoración que allí había. No había música, por suerte. Estaba claro, íbamos a follar. Las dos se apoderaron de mi cuerpo. Rubia chanel se despojó de toda su ropa. Estaba bella. La miraba con otros ojos. Bola de sebo hizo lo propio.

-¿Cuál es tu nombre bola de sebo? Pregunté. -Margarita, nene. Dijo ella.-¡Que bien, dos flores para mi capullo! Jajajajaja. Y volví a reír mi gracia llena de alcohol.

Azucena se sentó encima de la mesa. Abrió sus piernas y ofreció su coño a Margarita que sin dilación pasó a lamerlo con ansiedad. Yo mientras, bueno, yo mientras trataba de enderezar mi pene pajeándome. Luego las dos, arrodilladas en el suelo, lamieron desde mis testículos hasta la punta más alta de mi polla llevándome a un estado tal de excitación que a punto estuve de correrme sin enchufársela a ninguna de las dos. Por suerte, supieron tratarme. Me dejaron descansar unos minutos mientras ellas volvían a lamerse haciendo un 69 sobre la mesa y consiguiendo aumentar aún más mis ganas de usar aquella barrena dura que tenía entre las piernas.

Primero me hice con bola de sebo. Azucena así lo quiso. Me dijo que me cedía a Margarita. Mientras me la follaba sin compasión, mientras me abrazaba a aquellos 100 kilos de carne, protegidos por sus flotadores, Azucena se masturbaba a la vez que me besaba en la boca. Su lengua dulce, su saliva suave y el roce de sus pezones sobre mi pecho, hacían que sintiera algo totalmente nuevo para mí hasta entonces. Después de que Margarita y su clítoris me indicaran que ya se habían corrido, tomé a Azucena. Ese fue otro polvo. Un señor polvo, pues mientras empujaba en el cuerpo de Azucena, sobre su cuerpo tumbado en la mesa, Margarita me dijo algo al oído. No la hice caso. Ella era una puta, sabía como hacer las cosas. Al menos tenía experiencia. Una experiencia de la que yo carecía.

El dedo corazón de la mano derecha de Margarita penetró en mi ano con cierto esfuerzo. Alcanzó mi próstata y allí, con mi polla dentro del coño rasurado de Azucena y el dedo visitador de la mano derecha de Margarita, sufrí la más violenta corrida que recuerde. Aquello fue el pasaporte y el adiós definitivo a mi furia. Al menos por el momento.

Entre las dos mujeres consiguieron que yo al fin, relajara mi vida después del tormento vivido aquella mañana. Me olvidé de la Sra. Zorra y del Sr. polla. Permanecimos en aquella habitación cuatro horas. Luego me fui con Azucena a su casa, donde permanezco aún. No soy tonto. Está buenísima, sabe follar y me gusta. Y es millonaria. Y aunque mi polla nada tiene que ver con la del Sr. Polla, aprecia que la llame Rubia Chanel num. 5 cuando me tiene dentro.

Por cierto, hemos puesto en nuestra vida sexual un objeto decorativo que usamos muy a menudo. Bola de Sebo.  Esa coja tiene experiencia. Nos está enseñando cosas desconocidas por nosotros en lo  referente al sexo. La porra negra la hemos sustituido por un buen vibrador. Esa coja me cae bien. Corrijo, nos caemos bien. Y nos entendemos pese a nuestro comienzo bestial. Y yo he comprado 100 palomas. Con el dinero de Rubia Chanel. Blancas. Pululen por el jardín de Azucena. No me dan problemas. Excepto una, que me persigue por todas partes y hasta que no me caga encima, no para. Un día de estos voy a tener una conversación muy seria con ella. Pero antes, compraré pipas de calabaza. Y eso amigos míos, es otra historia que les contaré en breve. No se pierdan la 3ª y última parte.

Autor: Coronelwinston

Y ahora baja un buen video y a gozarla. Clicka aquí. http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

De campeonato

Fui metiéndosela mientras Gloria me chupaba los huevos, quería durar con Marga, le dije que le chupara las tetas a Marga. Cuanto más entraba, más gritos pegaba, Gloria puso una de sus tetas en la boca para que se callara. El final con Marga fue tremendo, empezó a convulsionarse, lo cual hizo que yo también eyaculase sacándosela lo justo para que todas mis chicas peleasen por mi lechecita.

Todo sucedió de repente, yo era el entrenador del equipo de baloncesto femenino de mi pueblo, y me iba a duchar después del partido.

En el momento en el que estaba desnudándome, entró Marga, la chica nueva:

-Perdón, pensé que era nuestro vestuario.

Me incorporé, tratándome de tapar con la toalla, mientras miraba como ella se fijaba en mi paquete.

-No, descuida, vuestro vestuario está al otro lado del campo.

No le di mayor importancia y lo dejé pasar, aunque he de reconocer que me casqué una hermosa paja durante la ducha pensando en ella.

Así pasó toda la temporada, cuando en las finales ganamos el último partido lo cual las hizo campeonas regionales. Ese día, corrió el champán por todos los lados, y las chicas me llevaron a la ducha. Ya no quedaba nadie en el polideportivo, así que nadie nos oía los gritos y los bailes que se estaban haciendo.

En el momento de meterme en la ducha me empezaron a tocar por todos los lados, a lo cual mi herramienta despertó. Y Andrea, la capitana del equipo, me empezó a decir que si no me quitaba la ropa iba a terminar cogiendo una pulmonía. Me fui a mi vestuario a cambiarme, cuando vi que todas las chicas iban detrás de mi:

-¿Venís a verme cambiar? – Nosotras también nos hemos mojado, así que también nos cambiaremos…

Y todas ellas, sin excepción, empezaron a quitarse la ropa con lo que mi herramienta ya no daba más de si. Yo también me empecé a quitar la ropa y mis chicas me empezaron a ayudar, jamás olvidaré aquel momento… Mis chicas acariciándome por todas partes, quitándome la ropa y disfrutando con mi pene. En aquel momento Andrea se llevó mi verga a su boca diciéndome:

-Ya nos había contado Marga lo grande que la tenías, pero jamás pensé que fuera tanto. Como la pobre era el primero que veía…

En ese momento, llamé a mi diosa Marga y decidí que con ella sería con la que terminase la primera vez…

Su coño está bien prieto así que fui metiéndosela muy despacito, mientras Gloria, la escolta cubana, me chupaba los huevos por debajo. Eso me ponía a cien, y quería durar con Marga, así que le dije que empezase a chuparle las tetas a Marga.

Cuanto más entraba, más gritos pegaba, y al final Gloria puso una de sus enormes tetas en la boca para que se callara. El final con Marga fue tremendo, empezó a convulsionarse, lo cual hizo que yo también eyaculase sacándosela lo justo para que todas mis chicas peleasen por mi lechecita.

Todas mis chicas no, ya que Sonia y Azucena, las dos pívot disfrutaban de un excelente 69 de esos que quitan el hipo. Todas se pusieron a juguetear entre ellas viendo que mi pene ya no daba más de si por el momento.

No obstante, Gloria se había quedado con ganas de una buena follada y empezó a juguetear con mis huevos. Además me tumbó y me puso su chocho a la altura de mi boca. Después de chupárselo un rato, sus caricias surtieron efecto, Ella, ya había llegado al orgasmo otra vez dejando mi torso mojado. Sin dejarme que me levantara ella fue dándose la vuelta, chupando sus propios jugos, para después colocarse sentada encima de mi.

Empecé a pensar que también a Gloria la tendría que enseñar porque no acertaba a metérsela por el coño, pero luego descubrí que no era por ahí por donde se la quería meter… Se empaló, a la tercera intentona, dando un grito de dolor que hizo que el resto de las compañeras, que estaban bastante ocupadas, se volvieran instintivamente.

Comprendí que a Gloria solo le gustaba el sexo duro, así que empecé a arquear el cuerpo con todas mis fuerzas y a levantarla para volverla a dejar caer.

Así estuvimos como 10 minutos, ya las chicas nos estaban rodeando, bien chupándole el chocho a Gloria, bien poniéndome los suyos en la cara para que los chupase… Cuando Gloria terminó por tercera vez, decidió darme un homenaje y apretando sus pechos contra mi pene los fue subiendo y bajando, dándome lo que llamarían una cubana.

No aguanté mucho y envié una descarga directa a su cara, y el resto sobre las tetas.

Ver a mis chicas peleándose por mi leche fue una gozada….

Después de esto, lo volvimos a realizar en otras ocasiones, pero eso ya lo iré contando…

Autor: Pajarillos

Me gusta / No me gusta