Fiesta con mi amiga

Isabel inició un pausado y delicioso vaivén; arriba, abajo, arriba, abajo. A esas alturas, yo le devolvía con idéntico ardor mis besos a Belinda a la que de las comisuras de los labios, le salían reguerillos de saliva mezclada de los dos. Otra mano, esta de Belinda, se agregó al masaje de mi polla. Las dos se turnaban para pajearme con fuerza, mientras yo las miraba a ambas y buscaba sus bocas.

Tengo una buena amiga con la que he compartido varios de los momentos más cachondos que he vivido en mi ya, dilatada vida de desenfreno y sexo. Con esta amiga, a la que llamaré Belinda, descubrí las excelencias del amor a tres bandas entre mi ex novia, ella y yo.

Contaba yo con 19 añitos, ya veis, casi en la flor de la vida. No había rastro en mi de la barriga cervecera que, con los años me haría conocido entre mí círculo de amigos como “Moby”. Había llegado a Valladolid después de las vacaciones, en Benidor, donde también, y ya os contaré viví momentos de gran intensidad sexual. Llegué de este viaje, con ganas de ver a mis amigos, y también de salir de parranda con Belinda y arrasar la noche.

Así, que comprenderéis mi sorpresa, cuando me la encontré en la estación de autobuses en compañía de mi ex, Isabel. Isa, era una chiquita de ojos verdes, muy bajita, con tetas muy duritas y un culito tentador y delicioso. Salimos durante dos meses, pero lo dejamos como amigos, ya que ella pronto descubrió mi absoluta incapacidad para mantener una relación prolongada cuya motivación excediese del simple aquí te pillo…

Aún recuerdo lo guapas que estaban aquel día. Belinda llevaba un pantalón vaquero amarillo que se le ajustaba de manera provocativa a su culo, uno de los mejores que he magreado en toda mi vida. Lo conjuntaba con una blusa azul de manga corta. Isa, llevaba una falda corta y una camiseta negra que le marcaba los pezones, cosa mala.

Como os decía, sorprendido gratamente, y tras los besos de rigor (en la mejilla a Belinda y un pico a mi ex), procedí a despedirme de mi familia, agradeciendo que se quedaran con mi equipaje, y me fui en su compañía en dirección hacia la Plaza Circular. Me llevaron a un bar de corte bohemio llamado la Luna, que para quien no lo conozca, se encuentra en una bocacalle situada enfrente de los cines Manteria.

Allí, mientras nos tomábamos una cerveza fría, empezamos a hablar de diferentes historias; yo les conté mis aventuras en la playa y de noche, y ellas sus ligues en Valladolid, con lo que la tarde se nos fue pasando de manera distendida y divertida. Tan divertida, que yo no me percaté del juego de miradas que se traían entre ellas, y con suma habilidad, fueron llevando el tema hasta donde les convenía.

Con el sexo como tema principal, me tentaron con la loca idea de que ninguna de las dos creía en mi intrepidez a la hora de lanzarme a una aventura amorosa. Aquello, lejos de mosquearme, me enardeció, y les contesté que me pusieran a prueba.

Belinda quiso que me pegase un beso de película con Isabel. Yo me quedé algo estupefacto, pero reaccioné enseguida y juntando mi boca con la de la chica, nos dimos un morreo de órdago. Nuestras lenguas jugaron entrelazadas y, de paso, aproveché para pasar mi mano por debajo de la mesa, y, subiéndola por su pierna, llegué hasta su coño, donde mis dedos lo rozaron con intensidad. Isabel dio un pequeño gemido en mi boca, al sentir el contacto de mis dedos sobre su entrepierna.

Al fin, dejamos el beso, y al volverme hacia Belinda para mirarla burlonamente me la encontré de cara a mí. Me agarró con fuerza de la cabeza, y sin darme tiempo a reaccionar, me besó con furia, devorándome la boca con auténtica saña. Debo puntualizar, que hasta ese momento, entre mi amiga y yo, nunca había habido nada de tipo sexual, ni siquiera sentimental.

Con la lengua pegada al paladar, y una erección de caballo, recibí aquella caricia lingual asombrado y perplejo.

En esas, mis ojos, que giraban alocadamente en derredor, captaron la mirada de verdadera sorpresa que nos dirigía el camarero, que no se perdía detalle, por lo que seguro que captó el instante justo en el cual, la mano de Isabel me desabrochó la bragueta, botón a botón, y dejó salir al aire mi verga, endurecida y salvaje.

La mano de la chica inició un pausado y delicioso vaivén; arriba, abajo, arriba, abajo. A esas alturas, yo le devolvía con idéntico ardor mis besos a Belinda a la que de las comisuras de los labios, le salían reguerillos de saliva mezclada de los dos. Otra mano, esta de Belinda, se agregó al masaje de mi polla. Las dos se turnaban para pajearme con fuerza, mientras yo las miraba a ambas y buscaba sus bocas. A esas alturas, os podéis imaginar al camarero que seguramente también estaría erecto, observando las maniobras de las dos putas que me estaban masturbando.

Entre el estado de excitación y el tremendo morbo que la situación tenía, me llevaron a susurrar a ambas que estaba a punto de correrme. Y, sorpresa, Isabel se agachó debajo de la mesa y acercando su cara ante mi polla, sentí el calor de su boca cubrir la cabezota, enrojecida y al límite de dureza.

Chorros de leche salieron de mi polla y llenaron la boca de Isabel, que no se retiró de mi rabo hasta que sintió que las últimas gotas caían sobre su lengua. Y lo mejor, cuando se incorporó y tras levantarse de la silla, se acercó a Belinda y la besó en la boca. Seguramente, si unos japoneses hubiesen sacado una panorámica del bar en ese momento, habrían inmortalizado la cara de babosos que se nos quedó al camarero y a mí.

Después salimos del bar con intención de seguir la fiesta en el piso de mi tía, que en aquel momento estaba sin alquilar.

Si os ha gustado esta pequeña historia, una de tantas de mi pervertida vida, mándame tu comentario. Asimismo, recibiré gustosamente cualquier mensaje de chicas o parejas a las que les guste que se las trate como a putas en la cama.

Autor: Nachopla

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