Mi esposa visita dos clientes

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, no parabas de gemir de suplicarles que te siguiesen follando de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras. Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y viste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos.

Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres. Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero en seguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás de ti y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra ti.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta. Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado.

Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris. Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras.

No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de ti y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste en lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones. Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo.

Al principio tuviste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para ti era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez. Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer.

Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales. Os quedasteis los tres abrazados, derrotados tras el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuiste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogiste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijiste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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El viaje de mi esposa

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y observaste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos. Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres.

Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero enseguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás tuyo y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra tí.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta.

Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado. Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris.

Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras. No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de tí y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste el lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones.

Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo. Al principio tuvíste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para tí era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez.

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida. Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvísteis un buen rato hasta que os corrísteis como animales. Os quedásteis los tres abrazados, derrotados trás el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuíste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogíste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijíste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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La demostración

Ella se movía acercando y alejando su culo de la polla que tenía dentro. Aceleró el movimiento y otro orgasmo sacudió su cuerpo. Pedro no pudo aguantar más y descargó en su boca, el semen le salía por la comisura de los labios, ella recogió lo que pudo, saboreándolo. Manuel no resistió el espectáculo de la corrida de Pedro en su boca y se corrió dentro de ella dando unos sonoros alaridos.

Se miró en el espejo y pensó: mi chico tiene razón cuando dice que no le extraña que en la oficina todos quieran follarme. Se encontraba muy guapa con esa falda por encima de las rodillas y esa camiseta que realzaban sus pechos. Había pasado una temporada mala, no tenía claros sus sentimientos y parecía que ahora todo iba a ir mejor.

De camino a la oficina se preguntaba si iba a poder controlar la situación. Esta mañana tenía que hacer una demostración en un nuevo cliente. Llegó a la oficina, recogió el portátil, habló con el ejecutivo que la acompañaría y se dispusieron a salir. En el camino hacia el cliente, el ejecutivo recibió una llamada; un problema familiar le obligó a volver a su casa, con lo que ella se quedó sola ante el peligro.

Llegó a las oficinas del cliente, unas oficinas bastante lujosas para lo que se estilaba últimamente. Le recibió la secretaria del director. Estuvo esperando un cuarto de hora hasta que la hicieron pasar a una sala. A continuación aparecieron cuatro personas, el director general, dos jefes de área y el responsable del estudio.

Mientras preparaba el cañón pudo observar que los cuatro hombres la miraban fijamente, incluso con descaro, especialmente esas tetas que vuelven loco a cualquier hombre. Los hombres eran jóvenes, alrededor de 35, excepto el responsable del estudio, Juan, que parecía más joven y el director general, Diego, que tendría unos 45 años, aunque eso sí muy bien conservados. Los otros dos, Pedro y Manuel, debían hacer mucho deporte porque lucían un cuerpo atlético, pensó ella.

Una vez que hubo terminado de preparar todo empezó con la presentación, pero ella no podía dejar de pensar en las miradas de los cuatro. Siguió con la presentación como si fuese un autómata pero sus pensamientos estaban en otra parte.

Se imaginó que se acercaban los cuatro y empezaban a pasar las manos por todo su cuerpo, sintió un escalofrío, entonces ella cerraba los ojos y empezaban a desnudarla, lentamente, tan lentamente que ella casi sentía desesperación. La dejaron únicamente con la ropa interior y la llevaron a la mesa, la tumbaron boca arriba y se desnudaron. Mientras lo hacían ella no perdía detalle del espectáculo, especialmente cuando se quitaros los calzoncillos y aparecieron cuatro pollas de considerable tamaño en estado de semi erección. Del resto ya me ocuparé yo, pensó.

Casi tiene un orgasmo al pensar que tenía a su disposición a cuatro hombres tan apuestos. A continuación Diego se arrodilló delante de sus piernas y lentamente se las fue abriendo al tiempo que las acariciaba con delicadeza. Primero se concentró en sus pies, para ir subiendo por sus pantorrillas, rodillas y detenerse en sus muslos, especialmente en la cara interna hasta llegar a rozar su sexo por encima del tanga. Con pequeños mordiscos a través de la tela del tanga estaba transportándola a un clímax que prometía ser intensísimo.

Por su parte Juan, el más joven, había colocado su enorme verga en la boca de ella, casi no le cabía, pensó en la sensación de tenerla entre sus piernas, casi le dio miedo. Ella le acariciaba los huevos con una mano y con la otra se ayudaba para masturbar el tremendo aparato. Le gustaba chupar, hacer gozar a un hombre, ver su cara de satisfacción cuando recorría su pene con la lengua, era una sensación de poder, saber que podía hacer con ellos lo que quisiese.

Tanto Pedro como Manuel se habían colocado a los lados de ella y se ocupaban de sobarle, chuparle y juguetear con sus pechos, tirando y retorciendo sus pezones con delicadeza pero con decisión. Diego empezó a mordisquear el tanga y ayudándose con una mano se lo fue bajando lentamente, parándose para saborear cada centímetro de su sexo. La lentitud con que lo hacía la volvía loca de placer.

Primero pasó su lengua alrededor de sus labios, describiendo círculos, para a continuación saborear ese coñito que desprendía un olor suave y fuerte a la vez. Se detuvo en sus labios y finalmente empezó a mordisquear su clítoris, éste empezó a crecer tras la presión a la que era sometido. Lentamente Diego empezó a introducir un dedo en su coñito, poco a poco, lo tenía muy lubricado, introdujo otro y aceleró el ritmo. Los dedos entraban y salían con gran facilidad mientras él seguía ocupándose de su clítoris. No pudo aguantar más, y sacándose la polla de Juan de la boca empezó a suplicar que no parase, que se iba a correr. Sus gemidos se hicieron cada vez más seguidos hasta que explotó en un orgasmo bestial, no paraba de convulsionarse, los hombres casi se asustaron de la violencia del mismo.

No la dieron respiro, a continuación Juan se acercó al sexo de ella y le introdujo el pene, rápidamente. Sintió como se abría camino dentro de ella, él la penetraba con suavidad para ir acelerando paulatinamente. Nunca había tenido una polla de estas dimensiones dentro y el placer que sintió fue inmenso. Diego ocupaba ahora el lugar de Manuel, mientras éste se la metía por la boca. Pedro le restregaba su polla por las tetas. Decidieron cambiar de posición.

Se pusieron todos de pie, ella de rodillas en la moqueta, rodeándola. Empezó a chuparles la polla alternativamente a la vez que con sus manos masturbaba a otros dos. Así estuvieron un rato hasta que Pedro se sentó un una butaca. Ella se arrastró hasta él y empezó a chuparle los huevos. En esa posición, mostrando su esplendoroso culo, era irresistible. Manuel se acercó por detrás y le empezó a pasar la polla por su coño.

Ella se giró y con cara de vicio le dijo “fóllame cabrón”. No se hizo de rogar, se la insertó hasta el fondo, dejando escapar un sonido gutural. Diego y Juan acariciaban y besaban su espalda y con las manos estrujaban sus tetas.

Nunca pensó que le pudieran dar tanto placer, otro orgasmo se aproximaba, se movía acercando y alejando su culo de la polla que tenía dentro. Aceleró el movimiento y otro orgasmo sacudió su cuerpo. Al mismo tiempo Pedro no pudo aguantar más y descargó en su boca, el semen le salía por la comisura de los labios, ella recogió lo que pudo, saboreándolo. Manuel no pudo resistir el espectáculo de la corrida de Pedro en su boca y se corrió dentro de ella dando unos sonoros alaridos.
Pero la función no había acabado. Diego y Juan aún no habían tenido lo suyo.

Juan se tumbó en el suelo y ella se colocó encima, introduciéndose lentamente su enorme falo. Empezó a cabalgarle con parsimonia. Diego se masturbaba viendo la escena, ella cerraba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás, sus tetas daban saltos, Juan se ayudaba de las manos para cogerle el culo y seguir los movimientos de sube y baja. El ritmo se volvió frenético, ella empezó a gemir y a decir obscenidades hasta que Diego se acercó y le introdujo la polla en la boca apagando sus gritos.

El primero en correrse fue Diego, el abundante semen llenó su boca y cayó por su cara hasta las tetas. Ella miró a Diego y le sonrió lascivamente. Juan aceleró ante la situación y ella consiguió correrse de nuevo. Ya no recordaba cuando había sido la última vez que se había corrido tres veces. Cayó sobre el pecho de Juan y le susurró algo, entonces éste se levantó y poniéndola de rodillas terminó en su boca. Ella no paraba de succionar, no dejó escapar ni una gota, siguió chupándola hasta dejarla reluciente. Se levantó y le dio un beso en la boca y le dio las gracias.

Había sido la mejor experiencia de su vida. Habían pasado dos horas desde que había comenzado la presentación y no se había dado ni cuenta, el tiempo había volado.

Una vez terminada la presentación le comentaron que habían quedado muy satisfechos de los resultados. Se despidieron de ella y le acompañaron a la salida. Ella giró la cabeza y vio que Juan le guiñaba un ojo.

Autor: Baco

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