Ballbusting: Futbol vs Taekwond I

Ese día yo era el voluntario para una competición especial que había ideado la domina Trisha. Lo cierto es que lo de voluntario era un simple eufemismo, porque a pesar de no ser mi dueña, desde hace unos meses me mantenía en castidad haciéndome llevar un cb6000 del cual solo ella tenía las llaves.

Días antes recibí una llamada de Trisha:

–                    10234 – ella usaba el código de referencia del cb6000 para refererirse a mí – estoy preparando una juego nuevo de esos que tanto me gustan y como necesito un sumiso que se ofrezca voluntario había pensado en tí.

–                    ¿en que consiste el juego si puede saberse?

–                    Eso es una sorpresa, pero que sepas que va a ser muy duro por eso estoy  buscando un voluntario que sepa a lo que se expone.

–                    Pero Trisha, si me presento como voluntario influirá en cuando me liberará del cinturón de castidad?

–                    Mira, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Esto es una competición especial y la verdad ni siquiera se me ha pasado por la cabeza valorar cuando creo conveniente liberarte de tu castidad.

–                    Es decir que si no me ofrezco voluntario, no influirá en cuanto tiempo más tendré que llevar el cinturón de castidad?

–                    Bueno tampoco es eso, el tiempo que lo llevarás puesto depende de lo contenta y lo bien que yo me sienta… y la verdad es que estoy muy emocionada por esta nueva competición.

–                    En ese caso, me ofrezco a ser el sumiso que necesita para su competición.

–                    Muy bien 10234, pero tienes que estar dispuesto a aguantar toda la competición. Si por algún casual lo quieres dejar a la mitad te aseguro que no podrás masturbarte en años.

–                    Ya, pero Trisha, ¿no puedo saber en que consiste la competición? Así puedo saber si puedo aguantarlo o no.

–                    No, ya te he dicho que es una sopresa. Me estoy empezando a impacientar, ¿aceptas o no?

–                    Si acepto Trisha.

–                    Muy bien nos vemos mañana a las 10:00 en mi casa ok?

–                    Allí estaré.

–                    Y tal vez me lleve mañana la llave de tu cinturón de castidad, adios.

La competición.

Al día siguiente llegue a casa de Trisha con bastante sueño puesto que no pude dormir la noche anterior solo pensando en que después de dos meses y tres días tendría una posibilidad real de masturbarme. Pero también estaba asustado porque en mi interior sabía que esta tarde, conociendo los inventos de Trisha lo iba a pasar realmente mal.

Nada mas llegar, Trisha me ordenó que me desnudara, me puso una venda en los ojos y me condujo hasta una habitación donde me ordenó que me arrodillará y esperara sin moverme hasta nueva orden.

Pasó una eternidad, incluso me levanté varias veces pese al riesgo que corría si Trisha me descubría moviéndome para desentumecerme los músculos. Pero por fin escuché voces femeninas cerca de la habitación y seguidamente la puerta se abrió.

–                    Bueno, ¿que os parece? – preguntó Trisha -.

–                    Ver para creer, y cuanto tiempo dices que lleva así? – preguntó otra de las voces -.

–                    Pues la verdad es que no llevo la cuenta aunque seguro que el sí -.

–                    Llevo dos meses y tres días –  dije -.

–                    Pues yo creía que llevabas más tiempo… – Trisha dejó la frase en el aire para dejarme claro que su intención era negarme los orgasmos por mucho tiempo -.

Seguidamente Trisha, me liberó de mi cinturón de castidad, y nada mas hacerlo mi pene creció libremente en cuestión de segundos.

–                    Dejaremos el cinturón y el cándado por aquí, mientrás pienso si dos meses es tiempo suficiente o no. Ahora vamos con la competición-.

Y seguidamente Trisha explico el juego, ellas de pie y yo de rodillas aún con los ojos vendados.

–                    Bueno, 10234 te presento a mi amiga Vanessa que juega al futbol profesional y a mi amiga Rebeca que practica Taekwondo. El otro día teníamos una discusión acerca de cual de los dos deportes te ayuda a tener unas piernas mas torneadas y potentes. Si no tuvieras la venda en los ojos podrías ver que tienen unas piernas largas y musculosas.

–                    Pues bien, se me ocurrió que la mejor forma de salir de dudas es probar las fuerza de las dos. Había que buscar algo para medir la fuerza con la que ambas podían dar una patada.

–                    En un principio pensamos en usar un algún tipo de saco de boxeo – dijo Vanessa -.

–                    Pero Trisha nos comento que para evitar golpear algo tan duro que nos pudiera hacer daño podíamos usar otro tipo de saco – mientrás Rebecca decía esto Trisha me cogió de los pelos y me levantó -.

–                    Y adivina que es lo que vamos a patear – me dice Trisha con una sonrisa en su cara y cogiendo mis huevos con fuerza con lo que despertó las risas tanto de Rebecca como de Vanessa.

Trisha me quitó la venda de los ojos y me dijo que me mantuviera de pie con las piernas bien separadas. Mientrás Vanessa se ponía sus botas de fútbol y Rebecca sus protectores de pie de Taekwondo explicaba el funcionamiento de la competición a ellas dos puesto que yo solo era el  objeto al que golpear.

–                    Habrá tres rondas para decidir la ganadora. En esta primera ronda, se haran dos ejercicios: un minuto en el que teneís que dar el máximo número de patadas que podaís, como queraís. Y un segundo minuto en el que tendréís que patear los huevos lo más fuerte que podaís.

–                    Y tú – me dijo agarrándome los huevos con fuerza – soportarás los golpes sin caerte al suelo porque ya sabes lo que te juegas….

Fútbol

Echarón a suerte quien empezaba y le toco a Vanessa. Vanessa iba vestida con un pantalón corto y sus piernas eran largas y muscolosas, se puso delante mía y en cuanto Trisha dió la señal empezó una lluvia de patadas a mis huevos. Ni que decir tiene que en algunos momentos mis rodillas se doblaron debido al dolor que me estaban infrigiendo pero sabiendo que era mi oportunidad para volver a tener vida sexual me incorporaba lo más rápido que podía.

–                    Se acabó el minuto – dijo Trisha – Vanessa quieres descansar antes del segundo minuto?

–                    ¿tu que crees? – respondió soltándome una patada muy fuerte en mis huevos que al cogerme por soporesa me hizo caer al suelo -.

–                    Me parece que va a haber que hacer algo para que nuestro saco no se mueva tanto -.

Y entonces Trisha me ató a una cruz que tenía cerca y le dió la señal a Vanessa para que empezara.

Entonces Vanessa empezó a propinarme patadas con una fuerza descomunal. Podía ver como cada vez levantaba la pierna hacia detrás lo máximo posible para golperame en mi entrepierna sin importar el dolor que me estaba causando y mis gritos. Podía sentir sus músculos tensarse para infligir el máximo daño. Algunas de las patadas me daban en el lado pero otras acertaban de lleno en mi polla o en mis huevos provocando un dolor infernal que era celebrado con aplausos y ánimos por parte de Trisha.

Por fin el minuto terminó.

– Se acabo el minuto! – dijo Trisha -ahora veamos los daños

Continuará…

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Ballbusting por baboso

Estoy parado justo en la puerta de la vivienda de pisos donde vivo, jugando con las llaves en la cerradura haciendo algo de tiempo como suelo hacer cuando veo a mi vecina dirigéndose hacia el portal.

De reojo la veo venir con sus mallas negras del gimnasio y su camiseta deportiva roja ajustada y mi entrepierna empieza a crecer institivamente. Justo unos segundos antes de que ella llegue a la puerta del portal consigo abrir la cerradura y entrar justo a tiempo para abrir la puerta y dejarla pasar.

–                    Buenos días – digo por cortesía -.

Ella me mira por un momento de arriba a abajo y pasa sin dirigirme la palabra. Puedo verla andando delante mía con esas mallas negras ajustadas que pone de manifiesto un trasero generoso pero curtido por el gimnasio y esos muslos fuertes y prietos.

Por un momento mira hacia detrás y me pilla mirándole el trasero, su mirada lo decía todo: vaya tela el salido este! Pero con la superioridad que su físico le otorga sigue hacia delante y empieza a subir las escaleras.

Yo voy detrás suya hipnotizado por ese culo, incluso fantaseando con poder besarlo, todo ello en un tramo de escaleras corto. Llegamos al primer piso, donde yo me quedó, pero antés de seguir con el siguiente tramo de escaleras se agacha casi delante mía para abrocharse los cordones de sus zapatillas deportivas. Os podeís imaginar la situación, con ella agachada a escasos centímetros míos , no pude evitar mirar fijamente la excitante vista que tenía delante.

Solo fueron unos segundos, tras los cuales ella se enderezó y me lanzo una mirada cargada de desprecio:

–                    sera guarro…- acerté a escucharle decir entre dientes mientrás subía las escaleras-.

Debí haberle pedido perdón en aquel momento pero no lo hice quedando mi imágen por los suelos. Lo que en aquel momento desconocía es que ella lo había hecho queriendo para ver mi reacción y justificar lo que mas tarde me haría.

Una horas después….

Estoy en mi casa cuando escuchó el timbre de la puerta. Miro por la mirilla y para mi sorpresa ahí estaba la vecina, con la misma ropa que llevaba antes y con cara de pocos amigos. En aquel momento estaba haciendo ejercicio en casa con unos shorts solamente por lo que fuí a ponerme una camisa… pero pensé que ya tenía un físico aceptable porque no hacer gala de él.

Así que abrí la puerta de esa forma con una amplia sonrisa. Si me esperaba una reacción de sorpresa por su parte no ocurrió, de hecho lo que hizó fue entrar hacia dentro con decisión. En ese momento el sorprendido era yo y no reaccione a pararla en ese momento.

–                    Estoy harta de las miradas por las escaleras, harta de que estes todo el rato babeando detrás mía, es repugnante… para mas inri mira como me abres la puerta…

–                    Yo….-

–                    No quiero escuchar ni una sola palabra ! – me gritó mientrás levantaba la mano.

Instivamente me protegí, porque pense que me golpearía de verdad, pero se contuvo aunque podía ver la ira reflejada en su rostro. Aproveché ese momento de relax para tratar de disculparme, procurando humillarme lo máximo posible y convencerla.

–                    Dime que quieres que haga para disculparme, haré cualquier cosa -.

–                    ¿Cualquier cosa?

De repente su expresión cambio, fue entonces cuando me di cuenta de que lo había planeado desde el principio para conseguir que yo dijera esa frase.

Me ordenó que me quitará los shorts que llevaba, quedándome solo con los boxers que usaba de ropa interior. Me dijo que buscará cuerdas o algo similar. Mi mente calenturienta empezaba a volar pensando en lo que podía venir y eso se veía reflejado en el bulto de mi entrepierna que crecía rápidamente.

Encontre un rollo de cuerda de la que se usan para tener la ropa.

–                    pfff, de verdad así crees que me voy a creer tus disculpas – y mientrás me decía eso me cogío de mis huevos apretándolos con fuerza y haciéndo que me retorciera de dolor.

–                    Esto es lo que entiendes por una disculpa – me seguía diciendo apretando aún mas fuerte y poniéndo su cara pegada a la mía.

Cuando me solto me eché las manos a mis doloridos huevos pero ella me cogió primero una mano y luego otra y me las ato separadas a cada una de las patas de la mesa larga que tenía en mi salón. Para mi sorpresa también me ato cada una de las piernas a las patas de la mesa, quedándo totalmente a merced de mi vecina y de todo lo que quisiera hacerme.

–                    Tranquilo, que no vas a poder desatarte – me advierte cuando  institivamente intente mover las manos y las piernas –

Sin darme ninguna explicación, me soltó una tremenda patadas en los huevos. Como me cogíó por sorpresa solte un grito de dolor.

–                    Solo acabo de empezar y ya estas gritando así –

Se quitó las zapatillas y los calcetines que llevaba, tomó uno de los calcetines y fue metermelo en la boca. Trate de mantenerla cerrada pero con la mano que tenía libre me cogió los huevos con fuerza.

–                    ¿a que vas a abrir la boca? – y siguió apretando más y más hasta que no pude aguantar más y la abrí.

En un momento tenía los pies atado a cada pata de la mesa, y mi boca tapada con los calcetines que había usado en el gimnasio y asegurado con cinta aislante.

Lo siguiente fueron tres patadas seguidas en mis huevos, pero esta vez mis gritos de dolor se apagarón en los calcetines que llevaba en la boca.

Una sonrisa asomo a su cara mientrás yo asistía impotente a lo que iba a ser una paliza en toda regla . Y empezarón a llover las patadas una tras otra, alternando con rodillazos y mas patadas.

–                    esto es lo que te pasa por ser tan salido – y me soltó una patada con todas sus fuerzas -.

–                    a que te gustan mis piernas bien formadas en el gimnasio – mas patadas en los huevos -.

Despues de casi mediahora tuve la esperanza de poder parar la tortura cuando ella me preguntó si había aprendido la lección a lo que respondí moviendo la cabeza afirmativamente.

–                    Quiero escucharlo gusano ! – y otra serie de patadas que me dejo mis piernas temblando.

–                    Mumhmhm – fue lo máximo que conseguí decir.

–                    ¿Como? – y otra patada más impacto en mi entrepierna -.

–                    Mumhmhm…

–                    No puedo entenderte así que supongo que todavía no has tenido suficiente. Vamos a ver si logro hacerte cambiar de opinión.

Se puso de cuclillas enfrente de mi huevos y empezó a soltarme puñetazos primero de intensidad débil para ir incrementando la fuerza acabando con tres puñetazos en toda regla que hizierón que empezará a llorar.

–                    Uis, el pobre esta llorando, ¿demasiado para tí? – otra patada más en mis doloridos huevos.

–                    Haberlo pensado antes – y vinieron varias patadas más esta vez con todas sus fuerzas.

No pude soportar más y me desplome, pero de nada sirvió porque estaba tan firmemente atado que el único movimiento que podía hacer para relajar el dolor era tratar de juntar minimamente las rodillas.

–                    Jajaja, tendrías que ver lo patético que te ves ahora… -.

–                    Voy a darme una ducha y a relajarme después del ejercicio, ha estado bien esto de practicas mi  juego de piernas con tus bolas. Seguro que repetiremos…

Cogió las llaves de mi casa que estaban encima de la mesa y me dejo así: atado de manos y piernas, con unos calcetines bien sujetos a la boca y con mis huevos destrozados.

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Ballbusting con mi amiga

Era mi amiga desde hace años, y siempre habíamos tenido mucha confianza. Nos contábamos todo. Aún así, nunca había pasado nada entre nosotros. Una de las cosas de las que hablábamos sin tapujos era de nuestros gustos sexuales: ella sabía perfectamente que me gustaba la dominación, y lo entendía; igual que yo sabía de ella otras intimidades que me había comprometido a no desvelar a nadie.

En una ocasión en la que charlábamos amigablemente de sexo, le confesé una pequeña preocupación, una parafilia que estaba empezando a ser una obsesión: la pubefilia. En efecto, siempre me ha vuelto loco el pelo de los genitales femeninos. Sorprendentemente, aunque ella había reaccionado siempre con una mentalidad singularmente abierta ante nuestras conversaciones, está pequeña confesión no la dejó tan indiferente como en el resto de ocasiones. Sus palabras se me quedaron grabadas (a veces era demasiado ruda a la hora de descalificarme).

  • No tiene ningún sentido lo que me estás contando. El pelo afea estéticamente, y además no debe considerarse una fuente de excitación, sobre todo al punto en el que toda tu atención se centra sobre esta zona del cuerpo, y descuidas todo el resto de elementos que contribuyen a la excitación sexual. Yo ahora mismo llevo el coño sin afeitar, pero simplemente por descuido o por dejadez, y te puedo asegurar que es un verdadero incordio. Para usar bikini hay que tener cuidado de que no sobresalgan los pelitos por arriba, incluso al usar pantalones de talle bajo para estar en casa, a veces se me sale un poco.

Me propuso por tanto un peculiar antidoto a lo que, para ella, era un poquito enfermizo, o anormal, y yo, que confío en ella desde hace tiempo, me dejé en sus manos, no sin cierta excitación de pensar en lo que aquello me podía deparar. Se trataba de un pequeño juego que según ella me haría comprender que el pelo púbico no debía ser una fuente de excitación.

  • Quítate los pantalones. – Me ordenó.

Evidentemente, hice lo propio quedándome desnudo de cintura para abajo. Inmediatamente apareció con un cordón de zapato con el que me inmovilizó los testículos. Los ató bien prietos y acto seguido los apretó firmemente con la mano en varias direcciones para comprobar la solidez del nudo.

  • Perfecto. No creo que escapen de aquí. Bueno, haremos lo siguiente: voy a ponerte unas diapositivas de chicas desnudas en el ordenador. Cuando aparezca una chica depilada te masturbarás mirándola, cuando en la foto se muestre vello púbico te golpearé en los testículos para que te duela mientras dure la presentación de la foto. De esa manera tu cerebro relacionará el dolor con el pelo genital y terminará por dejar de gustarte. Es así, los hombres solo aprendeis de esta manera. Espera, voy a comprobar una vez más si está bien firme el nudo y comenzamos la presentación – palpó una vez más mis pelotas esta vez de forma más cariñosa, acariciándolas en toda su extensión – Muy bien, cada uno en su sitio, están bien duros por cierto. Es necesario atarlos, porque así te dolerá más.

Dispuso todo como procedía, y empezamos la presentación. Manejó un momento el ratón con una mano, mientras agarraba mis pelotas con la que después iba a golpearlas. Mientras se cargaban las imágenes me digo – ¿Estás preparado? Con una sonrisa plácida y mirandome a los ojos, y descargó sobre mis pelotas una primera tanda de manotazos inesperados e ininterrumpidos, como para comprobar que todo estaba en orden. No lo esperaba y solté un grito apagado, a lo que ella me respondió con una caricia en la nuca y una sonrisa.

La primera chica era una playmate llamada Terry Nihen, iba elegantemente vestida con un traje rojo y guantes a juego. Miraba a la cámara firmemente con semblante serio, mientras por el escote de su vestido asomaba uno de sus pechos que quedaba al aire. Habilmente con su mano derecha sujetaba una parte del vestido de manera que se viera lo que llevaba debajo: un sencillo liguero negro, que sujetaba unas medias igualmente sobrias, que cubrían hasta medio muslo de la playmate. Por encima de las medias asomaba el sexo de la chica cubierto por una espesa mata de pelos. Mi amiga no dudo en descargar un primer manotazo en mis testículos mientras miraba a la pantalla, luego dirigió su mirda a mi entrepierna y continuó su terapia con ejemplar concentrción. A ésta siguió otra chica también velluda, con lo que la tortura continuó. La tercera no mostraba su entrepierna.

  • ¡Bravo! Vas a tener suerte – Exclamó mi amiga, mientras yo empezaba a masturbarme – ¡Mira, corre, mírale las tetas! – Me hablaba como a un niño, con ese aire de superioridad y de cariño al mismo tiempo.

La cuarta se llamaba Julie McCullough, era una playmate de los años 80, se mostraba tendida sobre un divan, perfectamente maquillada, con unas medias que cubrían sus piernas hasta medio muslo y con una camisola abierta que dejaba a la vista sus partes íntimas. Con su mano izquierda pellizcaba dos o tres de los pelos que tenía en su entrepierna, tirando de ellos suavemente. Los golpes continuaron..

  • ¿Te duele? – me preguntó con aire serio al ver las muecas que se dibujaban en mi cara . – Bueno, pues de eso se trata. Es necesario que mis golpes te causen dolor, ¿vale? Para eso lo hago – dijo cariñosa y benevolente.

A esta siguió una buena tanda de ímagenes de velludas y estupendas playmates. No sabía cuando esto iba a terminar. Me encogía de dolor. A veces golpeaba con toda la palma de la mano, a veces sólo con un dedo que lanzaba con toda violencia sobre mis bolas, a veces se centraba en una de ellas primero y luego en la otra. Me dijo:

  • A ver, voy a darle a esta primero – Apartándome el pene y dejando bien expuesto mi testículo izquierdo. De vez en cuando miraba mi cara, supongo para controlar si me estaba haciendo demasiado daño. Luego se pasó al derecho, lo apretó bien y lo golpeó por distintas partes.
  • ¡Ala, se te han puesto enormes! – Me dijo mientras sonreía indolente. – ¡Qué montón de imágenes seguidas! Se te van a quedar bien condolidos.

Efectivamente, mis muecas de dolor eran más que evidentes. Hacía varios minutos que golpeaba mis huevos ininterrumpidamente. Finalmente llegó Kristine Hanson, un chica tendida boca abajo con una copa en la mano, que miraba sonriente al objetivo. Se apreciaba todo su cuerpo por detrás, incluído el culo; y por debajo del codo apollado en la cama asomaba uno de los pechos de la joven, que se apreciaba en su totalidad, desde la base hasta el pezón, que rozaba levemente la sábana. El pecho colgaba por su propio peso, ya que la chica se mostraba sutilmente erguida para mostrárnoslo sin obstáculo.

  • Bien!!! Aprovecha ahora – decía con semblante serio mientras se alejaba unos segundos para recuperar el resuello.
  • ¡Mira, tonto, mírale las tetas! ¿Son bonitas verdad? – Aclaraba sonriente.
  • Mira aquí si te quieres excitar – decía señalando el pecho de la joven – bueno, al culo también le puedes mirar, ¿vale? te excitará igualmente. El disfrute duró poco. Una nueva bofetada me sorprendió mientras aparecía la imagen de Mariane Gravatte. Me soltó una tanda de manotazos, por lo menos quince o veinte mientras me decía amigable – ¡Cerdito, deja de masturbarte.. que ya se acabó lo bueno! – Se centró, en mis testículos todavía sonriente, y poco a poco comenzó el castigo rutinario. En este caso, las bofetadas me resultaban particulermente excitantes. No lo dije nada, pero me estaba poniendo muy cachondo. Un hilo de líquido seminal colgaba de la punta de mi pene. Quise darle las gracias por lo que estaba haciendo, y me respondió “No te preopupes, no me importa hacelo.. hasta me resulta divertido”. En ese momento se me ocurrió algo genial, y tuve el coraje de decírselo:
  • Me dijiste que tu también llevabas largo el pelo del coño, ¿verdad? Bueno, podías enseñármelo mientras me pegas, así también tu coño lo asociaré al dolor..
  • ¿De verdad quieres que te lo enseñe? Es cierto, te vendrá bien, y será más eficaz el castigo.

Se retiró un momento y se deshizo de sus pantalones. Debajo llevaba una braguita blanca sobre la cual asomaban unos cuantos pelitos. Se acercó a mí señalándolos mientras decía:

  • ¿Ves lo que te digo? Son un incordio, siempre hay algno que asoma.

Ya delante de mí se bajo las bragas y las echó al suelo. Su coño quedaba justo enfrente de mi cara, y pude apreciarlo a la perfección por unos segundos. Vestía sólo una camiseta blanca que le llegaba hasta el ombliguito, y los pelos del sexo quedaban completamente a la vista. Eran preciosos, ensortijados, podía incluso percibir el aroma que salía de esa encantadora cueva, mientras ella perdía unos segundos más, manejando el ratón del ordenador. Con la tenue luz, y como la camiseta estaba justo por encima, parecía que llevara unas bragas negras que asomaran debajo de la blanca camiseta. Pero en efecto, no eran unas bragas sino que todo aquello era directamente su coño, sus partes íntimas, que se presentaban ante mí.

  • ¡Venga, que segimos! – Dijo voluntariosa.

En esta tanda de azotes, yo ya estaba visiblemente excitado. Ella recogió fría y decidida el hilo que todavía colgaba de mi pene.

  • ¿Esto que es? – dijo mientras me lo acercaba a la boca y me obligaba a tragarlo.

El coño de Karen Witter desencadenó el castigo. La segunda foto velluda era de Lonny Chin, y los golpes me parecían cada vez más fuertes y descuidados. En todo caso cada vez me dolían más sobre mis ya condolidos cojones. En un momento pensé correrme, así que pedí a mi compañera que parara. A demás, me dolían un montón los huevos y quería tomarme un respiro. Ella no accedió, alegando que efectivamente trataba de conseguir que me dolieran realmente, y que no iba a parar ahora, cuando estaba empezando a causarme un dolor intenso. Continuó golpeando. En medio de continuos retortijones pensé que mis cojones no podrían aguantar más, y acabé corriéndome como nunca lo había hecho. Mi amable amiga masturbó ella misma levemente mi pene, para colaborar a vaciar mis pelotas, mientras incrementaba la frecuencia y la intensidad de los golpes. Creí haber visto a Dios.

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