Trío a los 18

A los 19 años yo salía con una chica llamada Lidia, de 18 y muy caliente y pervertida. En los dos años que llevábamos juntos habíamos hecho más cosas en el ámbito sexual que muchas otras parejas más mayores.

Tras mucho hablar del tema y ruegos por parte de ella, decidimos dar un paso más y hacer un trío.

Decidimos poner un anuncio en un famoso portal Web de contactos que decía:

“Pareja jovencita , guapa e inexperta busca chico en Barcelona para el primer fin de semana de Agosto, cachas de gimnasio para trío. Enviar fotos de cuerpo entero.”

Para que el anuncio fuera más efectivo Lidia se dejó hacer varias fotos: dos en ropa interior y una con las tetas al aire. Le tapamos la cara y las añadimos al anuncio.

El anuncio lo pusimos un viernes, y hasta el lunes no vimos las respuestas. Teníamos el correo algo saturado con notificaciones. La mayoría era de chicos que no se ajustaba al perfil por una razón u otra. Lidia dio con 5 candidatos que al final redujo a dos. Chateamos por el Messenger con ambos y uno iba muy a saco y no nos inspiró confianza. El otro, de nombre Salva, fue el elegido.

El chico tenía 32 años (14 más que mi novia), no era muy alto, guapo de cara según Lidia y tenía un cuerpo esculpido en el gimnasio. En las fotos que nos envió salía en calzoncillos, así que no pudimos valorar nada más físicamente.  Trabajaba como funcionario y vivía solo en un piso cerca de la plaza Cataluña.

Chateando parecía muy majo, seguro de sí mismo y simpático. Le hablamos sobre nuestra inexperiencia y fantasías y el fin de semana que íbamos a estar de viaje en Barcelona.  Nos dijo que no había problema y hasta se ofreció a hablar con nosotros por teléfono por si no nos fiábamos. Primero habló conmigo, y la verdad es que cualquiera diría que lo que quería era hacer un trío. Después habló con Lidia, y esta no paraba de reír.

***

Llegó el día del viaje y ambos estábamos muy nerviosos. Salva nos invitó el sábado a cenar a su casa. En el hostal, Lidia se visitó con un vestidito atado al cuello, con colores naranja y marrón. Muy escotado. Me quedé mirando su cara de niña traviesa, su larga melena rizada, sus grandes labios, su esbelta figura y pechos talla 90 y no pude evitar decirle lo buena que estaba.

Llegamos a la casa de Salva y éste nos abrió la puerta. Nos recibió con un abrazo para cada uno y en seguida hizo que cogiéramos confianza y sintiéramos como si ya le conociéramos de antes.

Tras hablar un poco nos pusimos a cenar en una mesa redonda que tenía los exquisitos manjares que él mismo había cocinado. El ágape estuvo regado por sangría que no paraba de vaciarse de los vasos.

Entre el calor y el alcohol, no tardamos en sudar los tres. Salva se quitó su camiseta dejando al descubierto sus grandes músculos y tableta de abdominales. Lidia se le quedó mirando comiéndoselo con la mirada.

–          Contadme chicos ¿a quién se le ocurrió lo del anuncio? – dijo Salva.

–          Lo escribimos entre los dos.- Contesté yo.

–          Me lo imagino, pero ¿quién quería hacer lo del anuncio?

–          Yo –  dijo Lidia sonriendo coquetamente y mirando a Salva de arriba abajo. Él le respondió con otra sonrisa.

–          ¿Y tú no estás celoso? – me preguntó con cara de pena.

–          No, no…

–          ¿Cómo te sientes imaginándote a Lidia con otro tío?

–          Pues… La verdad es que me pongo cachondo imaginándomelo.

–          ¿Y a ti Lidia?

–          Bueno, je je je. No te enfades cariño, pero me pone imaginarme totalmente ocupada por dos hombres haciéndome disfrutar.

Mientras que decía estas palabras, Lidia se inclinó hacia delante juntando lo suficiente los brazos como para lucir y remarcar un gran escote. Sus tetas blancas y claras destacaban redondas encajadas en su vestido.

–          Y tú Luis ¿dónde te sueles correr?  – dijo Salva sin quitar la vista del escote de Lidia.

–          Ufff, jeje. Pues aparte de dentro de ella aprovechando que toma la píldora, pues por todos lados… en su cara, en sus tetas, en su espalda, en… cualquier parte.

Lidia y Salva sonreían.  Al inclinarme para coger la jarra de sangría pude ver que aquel hombre tenía su mano puesta sobre la pierna de mi chica. Empecé a ponerme muy nervioso. El corazón me latía como si se me fuera a salir.

–          Tienes motivos para estar contento. Tu novia Lidia es preciosa.

–          Gracias – dijo Lidia al tiempo que detenía unos segundos su dedo en sus labios.

–          Oye Lidia, ahora que estamos en confianza… ¿cómo la chupas?

–          Je, je, je. Me da un poco de vergüenza describírtelo… Dame la mano…

Lidia separó  el dedo índice de Salva y se lo acercó a la boca sin dejar de mirarle a los ojos. Sacó su lengua y recorrió círculos con su punta sobre la yema del dedo. Se introdujo el dedo lentamente en la boca hasta llegar a los nudillos. Después lo sacó, y lo recorrió de arriba abajo con la lengua para terminar metiéndoselo en la boca y darle un par de mamadas más. Todos nos quedamos callados. Se respiraba tensión sexual en el ambiente.

–          Eso ha estado muy bien…  Ha sido la mejor respuesta de la noche, ja, ja, ja- dijo Salva

Esta vez pude percatarme cómo Salva acercaba la mano que tenía en el muslo de mi novia más hacia su sexo, levantándole la parte de abajo del vestido y dejando a la vista su tanga.

–          ¿Y tú Luis? ¿Eres celoso? ¿Crees que aguantarías que otro hombre se tirara a tu chica?

–          Sí… creo que aguantaría.

–          ¿Ya te lo has imaginado?

–          Vaya.

–          ¿Y cómo te has sentido?

–          Pues… cachondo – todos reímos.

–          Entonces… – Salva se levantó de su silla y se colocó tras la de Sara.- ¿Qué sientes si hago esto?

Salva colocó sus manos abiertas en la cintura de Lidia y fue subiendo hasta llegar a los costados de sus pechos. Una vez allí, juntó sus manos hacia el centro haciendo que aquellas dos hermosas tetas conjurasen un gran escote pálido.  Salva siguió tocando las tetas de Lidia por encima de la ropa ante el silencio de ella.

–          ¿Te gusta Luis?

–          Sí, ufff. Me pone.

–          Vaya tetas que tienes – le dijo a Lidia – ¿Te gustaría que me follara a tu novia? – me dijo mirándome con los ojos muy abiertos.

–          ¡Sí! – respondió por sorpresa Lidia.

–          ¡Aha! Así que Luis, tienes una novia un poco guarrilla ¿eh?

–          Está hecha toda una zorrita.

Lidia pasó sus manos por el pecho y abdominales de Salva mientras se mordía el labio. Salva se volvió a sentar y Lidia colocó la mano sobre su paquete.

–          Cariño, creo que nuestro nuevo amigo esconde una buena polla.

–          ¿Te gustaría verla eh?

Lidia se levantó y se sentó de frente sobre Salva. Le agarró la nuca y empezó a besarle de forma apasionada.

–          ¿Estás caliente eh? – dijo Salva en un respiro.

Lidia le respondió chupándole los pezones al tiempo que le masajeaba el paquete. Le agarró la nuca y tras besarle un rato más, colocó la cabeza del chico entre sus pechos. Éste empezó a chuparlos y le sacó las tetas por fuera del sujetador y del vestido, desvelando sus grandes pezones rosados.

–          Tengo ganas de comerte la polla – le susurró Lidia en el oído.

–          ¡Pues tendrás que esperar!

Desde mi posición podía ver cómo aquel bruto sobaba el culo de mi novia, durito y erguido entre su tanga. Salva empujó platos y otros objetos que estaban sobre la mesa y con algo de rudeza cogió a Lidia en volandas y la sentó sobre la mesa.

–          Atento Luis, vas a aprender a comerle el coño a tu chica.

De un tirón le quitó el tanga y lo lanzó al suelo. Le subió la parte de debajo del vestido dejando a la vista su coñito depilado y le dijo:

–          Niña, antes de que me comas la polla, te voy a comer yo ese coñito tan bonito que tienes.

Salva hundió su cabeza entre las piernas de la chica y esta emitió un grito.

–          ¡Madre mía! ¡tienes el coño empapado! Debes de estar muy cachonda. Seguro que estabas deseando que hiciera esto. ¿A qué sí guarrilla? Seguro que saber que tu novio te está viendo con otro también te pone bien cachondilla. ¿Qué tienes que decir?

Lidia se inclinó hacia delante y agarró a Salva por el pelo:

–          ¡Que te calles y me comas el coño de una vez!

Tras decir esto, forzó la cabeza del chico tirándole de los pelos hasta ubicarlo entre sus piernas.

Viendo como gemía mi chica y se retorcía de placer, me bajé los pantalones y empecé a masturbarme.

Me acerqué a Lidia a ver si me la chupaba, pero estaba tan extasiada  que pasó de mí.

–          Ha llegado la hora de las pollas

Dicho esto, Salva se puso de pies, cogió a Lidia por las piernas y se la metió de una sentada. Ella gimió de placer.

–          Síiiii, fóllame – le suplicó.

Empezó a follársela lentamente, aumentando el ritmo poco a poco, acercando su cuerpo con la ayuda de sus poderosos brazos.  Lidia pasaba de mí, pero yo no podía parar de cascármela viendo aquello: mi chica gimiendo mientras se la follaba un conan, y sus tetas saltando al ritmo de sus gemidos.

De repente Lidia se zafó de su presa y se puso de pies antes la sorpresa de todos.

–          Te he dicho que  tengo ganas de comerte la polla, y eso voy a hacer.

De un empujón sin mucho éxito indicó a Salva que se sentara en la silla. No había terminado de poner sus nalgas sobre el asiento cuando Lidia se lanzó hacia su polla, chupándola como una auténtica profesionalidad. Con una mano le masturbaba mientras que se metía en la boca aquel trabuco a toda velocidad. Mientras, Salva le tocaba las tetas y se las tocaba como si quisiera sacarles brillo.

–          Para, para, para que me corro.

La chica lo hizo en el momento justo para evitarlo. Aprovechando que el chico estaba sentado, Lidia se sentó sobre él dándole la espalda y metiéndose del tirón aquella pollaza en su coñito.

Empezó a cabalgarle apoyándose en la mesa. Parecía una amazona cabalgando sobre su corcel en plena batalla.

Salva se levantó sin desengancharse de Lidia y la apoyó sobre la mesa. Empezó a follársela a lo perrito con el cuerpo de ella apoyado sobre la destartalada zona en que minutos antes habíamos comido.  Me acerque a la cara de Lidia y me sonrió.

–          Venga cariño, chúpamela un poco.

–          Amhhh, amhhh, no pue.. puedo, amhhh.

Se giró unos segundos hacia mí y me dio unos pocos chupetones en el capullo mientras me masturbaba.

–          Vamos al sofá

Salva se sentó en el sofá y colocó rápidamente a Lidia sobre él. Le hincó la polla con total precisión y Lidia le cabalgó de frente con una mano pasada por su cuello. Sus tetas redonditas saltaban a la altura de la barbilla del chico, que ayudaba a trajinar a mi novia agarrándole las nalgas, subiéndola y bajándola.  Salva le agarró las dos tetas, las juntó y empezó a chuparlas con un ruido de absorción mientras movía la cabeza de un lado a otro como si estuviera negando algo.

–          ¿Querías follarme? ¡ahora verás!

Besó a Lidia con lujuria y la colocó a cuatro patas con la cabeza inclinada en el sofá.  Se la folló con fuerza y en un momento dado apoyó su pie sobre la cabeza de la joven Lidia. Nunca había visto a nadie follar así. Lidia debía de tener el coño escocido.

Cambiaron a la postura del misionero. Lidia se veía diminuta bajo aquel enorme cuerpo cultivado por horas y horas de gimnasio. Todo su cuerpo se estremecía.

–          Me corro, me  corro!!

Con fuertes gemidos animales Salva se corrió dentro Lidia. Cuando la sacó, un hilillo de semen resbaló desde dentro de su coño.  Salva se tumbó encima de ella y se quedaron así unos minutos. Finalmente, y sin decir nada, se levantó y se fue al baño.

–          Bueno, ya va siendo hora de que me toque a mí ¿no?

–          Ufff, cariño, estoy destrozada. No puedo más – Lidia hizo pucheritos.

–          Pues entonces vámonos, que llevo un calentón que no puedo más.

Nos vestimos y nos fuimos sin despedirnos.

En el taxi de vuelta al hotel, el móvil de Lidia sonó.

–          Es Salva…

–          ¿Qué dice?

–          Te leo: “no os habeis despedido!ha stado gnial preciosa.repetimos mañana?dile a tu chico k disfrutara mas,lo prometo.muacs”

–          Joder… Por lo menos admite que no me he comido un rosco.

–          ¿Qué hacemos?

–          Pues cuando lleguemos al hotel tendrás que ayudarme a descargar.

–          Eso está hecho. ¿Y mañana?

–          ¿A ti qué te apetece?

Lidia contestó sólo con una sonrisa lasciva.

CONTINUARÁ…

Me gusta / No me gusta

Mi culito virgen

La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí. Luego con  el violento mete y saca del cabrón el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Todo empezó un día que estaba aburrida en la barra de una discoteca de ambiente en Barcelona. Allí conocí a una chica guapísima con la que empecé una relación de amistad y con el tiempo de algo más. Un día en una de nuestras salidas nocturnas en busca de fiesta me confesó que ella se dedicaba a ser chica de compañía de ejecutivos/as, cuando la solicitaban para ir a fiestas, cenas, convenciones o simplemente para ir a un hotel sin más preliminares.

La verdad es que yo me quedé un poco estupefacta, resultaba que con la chica que últimamente salía y que nos lo pasábamos tan bien, era prostituta de alto standing. “Vaya, vaya” es lo único que se me ocurrió decir. Esa noche mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, no me lo podía sacar de la cabeza.

La cosa con el tiempo se quedó aquí y no volvimos a comentar el tema hasta un día que recibí un mensaje en el móvil donde me decía que le urgía hablar conmigo. Cuando pude la llamé y quedamos en tomar un café en el centro. Cuando nos encontramos, después de darnos un beso de los de película que hizo mirar embobados a cuantos estaban en el pequeño café, me dijo el motivo del encuentro.

– ” Mira Alba, resulta un poquito delicado lo que voy a proponerte, pero me gustaría que no te enfadaras, si no te gusta simplemente di no y seguiremos siendo tan amigas” – Mirándola con los ojos abiertos y con una cierta impaciencia para saber el asunto tan misterioso, le dije – ” No te preocupes, suéltalo” – Acompañando esto con una sonrisa.

– “Mira ya sabes a que me dedico cuando me lo piden, tengo mis clientes, buenos clientes que cuando vienen a la ciudad y precisan de mi compañía me llaman. Pues bien, tengo un cliente que de vez en cuando me hace partícipe de sus fantasías más íntimas. Normalmente se las puedo satisfacer yo, pero en este caso tiene uno que no.” –

La cosa se iba poniendo interesante, más  o menos veía por donde iban a ir las cosas pero dejé hablar a Clara antes de decirle que no.

-” Tengo un cliente que me ha pedido si tuviera alguna amiga con el agujerito de atrás virgen, para podérselo cliente desflorar. Que le encantaría muchísimo una niñita para poseerla por detrás” -Yo le había confesado a Clara que esa parte de mi estaba todavía intacta y aunque alguna vez ella me había puesto los deditos, cosa que me había encantado, no llegamos a penetraciones más serias.

Cuando oí su propuesta, aunque ya me la estaba temiendo, no lo podía creer. Me estaba proponiendo que me prostituyera, que fuera la putita de uno de sus clientes. Al verme tan descolocada me dijo que la perdonara y que olvidara lo dicho. Que era evidente que no me había hecho ninguna gracia la propuesta.

Esa noche no pude conciliar el sueño, di un montón de vueltas en la cama pensando en Clara y su “amigo” y aunque me escandalizaba solo de pensar en que yo pudiera ser una putita, la verdad es que me ponía en situación y me calentaba de mala manera. Al día siguiente la llamé y le dije que de acuerdo, pero que yo no sabía como actuar en esos casos. Clara me comentó que era perfecta, sin experiencia, con la carita aniñada que tengo y muerta de miedo era lo que el “pájaro” quería.

Quedamos una tarde en su casa para prepararlo todo. El individuo llegaría más o menos a las 18:00 h y primero estaría con Clara y luego lo pasaría a la habitación donde estaría yo encima de la cama con braguitas de niña, calcetines blancos y sin sujetador. Clara me comentó que no me preocupara que ella estaría vigilando para que el tío no se pasara, que yo debía mostrarme en todo momento modosita, un poquito con miedo y quejarme cuando me penetrara, pues debía de pensar que era la primera cosa que me entraba en el culito.

Esa tarde antes de oír el timbre de la puerta Clara me estuvo más ajeando el culito y dilatándomelo un poquito para que no fuera tan dura la primera experiencia, pero no demasiado como para que él notara que estaba dado el agujerito. Nos lo pasamos de maravilla las dos en la cama, yo nerviosa como un flan y ella trabajándome el agujerito con sus deditos y lubrificador, tuve unos orgasmos anales increíbles, aunque lo bueno me había de llegar.

Cuando el tipo entró en la casa Clara lo recibió como solía hacerlo, se lo llevó a la habitación de al lado y pude oír las conversaciones obscenas que mantuvieron y todos y cada uno de los gemidos que se produjeron. No pude evitar ponerme muy caliente imaginándome la escena y me bajé las braguitas de algodón blancas, para no mancharlas

Después de una pausa empecé a oír lo que decían de mi y todo lo que pretendía el “pájaro” hacerme. Me empecé a ponerme nerviosa, muy nerviosa. Entre muchas de las cosas que quería hacerme estaba el azotarme, amordazarme, taparme los ojos y como no, clavármela. Clara le dijo que taparme los ojos y atarme no. Que lo otro mientras no se pasara que de acuerdo.

La verdad es que cuando entraron estaba muy asustada y Clara estuvo a punto de decirle a su cliente que lo dejáramos. Yo estaba encima de la cama sentada con las piernas encogidas sobre mi pecho y temblando como una niña pequeña. Esto al “pájaro” lo calentó de mala manera, solo faltaba que babeara.

Cuando el tipo le dijo a Clara que me amordazara ella me dijo al oído que si querría dejarlo, yo le dije que no con la cabeza y entonces me dijo que estuviera tranquila que ella estaría en la habitación de al lado.

– “Venga zorra vete ya, que quiero comerme los postres”-oí que decía. Clara salió de la habitación ajustando la puerta sin cerrarla cosa que me tranquilizó un poco.

El tipo vino hacia mí y agarrándome de las muñecas me tendió encima de la cama, haciéndome mostrar mis pechos duros y empinados por la mezcla de excitación y miedo. Me los agarró de forma brusca y pellizcándome los pezones dijo -“así me gusta una zorrita novata, cuando acabe contigo ya podrás salir a hacer la calle” – Un gemido sordo salió a través del pañuelo que Clara me había puesto delante de la boca.

Un momento más tarde ya tenia al individuo sudando encima mío manoseando, chupando y mordisqueando mis pechitos. Quería pedirle por favor que parara, que no quería seguir pero solo me salían palabras ininteligibles que aún le excitaban más. Vi que Clara asomaba la cabeza por la puerta, cerré los ojos y agarré fuerte las sábanas. Había querido jugar y tenía que jugar.

Unas cuantas veces mordió más de lo debido mis pezones haciéndome chillar y arquear todo el cuerpo de dolor. El resultado fue una carcajada de placer del “pájaro”. Cuando se cansó de mis pechitos ya rojos y doloridos me bajó directamente las braguitas y sin mostrar demasiado interés por mi pubis depilado y mi vagina mojadita y cerradita, solo me pellizcó un par de veces el clítoris cosa que me hizo arquear otra vez de dolor y me salieron las primeras lágrimas. XOX2

Luego dándome la vuelta me hizo poner a cuatro patas y allí empezó el verdadero tratamiento de posesión. Al ver mi culito redondito, terso, rosadito y durito, despertó el animal que llevaba dentro, o al menos la parte que aún no había salido. Se lo comió todo de arriba abajo y de izquierda a derecha, sin ningún tipo de miramientos y ausencia de toda delicadeza.

Mordiscos, pellizcos, azotes fueron todo lo más aproximado a una acaricia. Noté como me introdujo la lengua hasta donde pudo dentro de mi ojete. Y esa saliva y un par más de salivazos fue la única lubricación que recibí.

Cuando se cansó de todo esto ya pasó directamente a introducirme los dedos a lo bruto. Primero uno hasta lo más hondo, luego un par de aquellos gordos y callosos dedos. Eso me estaba dando placer pero recordé que Clara me dijo que me quejara y así lo hice. Amordazada y gimiendo de dolor. Mientras el tío me trabajaba mi querido agujerito con un mete y saca de los deditos, notaba como su aparato que le colgaba se iba refregando por mis muslos y nalgas a la espera de la estocada final. De pronto sobrevino una calma, premonición de lo que habría de venir.

-“Zorra, puta,.. Te voy a enseñar a gozar”-vino precedido de un par o tres de fuertes cachetes en mis doloridas nalgas. Y luego un grito y. “Goza zorra…”

Un latigazo me recorrió todo el cuerpo, desde la parte baja de mi columna hasta estallarme en mi nuca. La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta hasta casi quedarme afónica. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí.

Luego con el posterior bombeo del animal, el violento mete y saca del cabrón que tenía detrás, el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Después de la corrida, sin decir nada el tipo se dejó caer encima mío y mi agotado cuerpecito no aguantó su peso, desplomándome encima de la cama con el cuerpo del tío encima mío chorreando sudor Cuando hubo descansado se levantó y sin decirme nada me dejó boca abajo tendida en la cama y salió de la habitación a liquidar con Clara. Me saqué la mordaza y tendida como estaba en la cama eché a llorar hasta que Clara me consoló, pero eso será mi segunda historia…

Autora: Alba

Me gusta / No me gusta

Cosas que dejé en Barcelona

Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta estuve sin moverme para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped pero después se la metí hasta el fondo, estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero.

Nunca había sido muy dado a las celebraciones, y menos cuando el homenajeado era yo. Pero esa vez lo teníamos merecido. El presidente nos agradeció las últimas operaciones financieras (en estos tiempos inciertos para la bolsa), con un viaje a Barcelona con todos los gastos pagados, en un lujoso hotel para todos los de la oficina.

Sí, esta vez el cerebro había sido yo, pero todo se habría ido al traste si no fuera por mis tres colegas de la oficina, todas mujeres, todas excelentes profesionales… y todas realmente hermosas. Sudor y lágrimas me ha costado guardar las distancias para con ellas. Mis deseos van mucho más allá de ir a sus despachos a llevarles el informe de turno, a compartir el café, o a criticar a tal o cual cliente.

Al grano, allí estábamos los cuatro, con cinco días por delante para desconectar algo del ajetreado trabajo que habíamos tenido, y que seguro nos esperaría a la vuelta. Había que disfrutar y yo me conocía lo suficientemente bien esa ciudad como para dejar que mis compañeras se aburrieran un solo segundo. He de decir que aunque trabajemos en el centro mismo de Bilbao, en un lujoso edificio de oficinas, y nuestro salario sea más que aceptable; no somos gente snob. Por supuesto que nos gustan las ropas de D&G, los BMW, los equipos de música NAD… Pero todos somos de “pueblo”, y, en el fondo, acabamos por preferir el ambiente cosmopolita y distendido de los bares del Raval, a la marcha pija del Puerto Deportivo.

De esos cinco días que estuvimos, los dos primeros fuimos a Cadaqués a bucear, pues todos somos amantes del fondo del mar. Y ya en este segundo día el ambiente se había distendido mucho. No dudaban en quitarse el top del bikini delante de mí para enfundarse el traje de neopreno. Las tres tenían unas tetas preciosas, ninguna de tamaño exagerado, bien puestas, vamos. Y yo, para no ser menos, no dudé en quitarme el bañador delante de ellas para ponerme el buzo. La directora de la oficina, al verme desnudo, se permitió un pequeño comentario picantito con el que nos estuvimos riendo un buen rato los cuatro.

En el agua nos lo pasamos estupendamente. Unos peces preciosos, unos fondos increíbles y tres sirenas alrededor mío son el sueño de todo heterosexual enamorado de la mar. Cuando cayó la noche, y ya de vuelta en Barcelona, me propuse llevarles a un bar del Raval, llamado Marsella, al que había ido meses antes con unos amiguetes. Bar de aspecto viejo y dejado; botellas con una generosa capa de polvo, otrora animadoras de tertulias de hombres de saberes, adornando las paredes; mesas con cuadrillas de extranjeros hablando de alcoholes y experiencias sexuales… Preciosas mujeres por todos los lados. Rubias foráneas y morenazas autóctonas estaban despertando mi deseo más salvajemente sexual que debía tener aletargado mientras estuviera con las chicas de la oficina.

Pedimos unas copas de absenta para no desentonar en el ambiente, y estuvimos un buen rato comentando la última operación exitosa (me volvieron a felicitar por ello), anécdotas jocosas, y prometiéndonos que había que repetir estos viajes más asiduamente, aunque los tuviéramos que pagar nosotros. En el poco tiempo que llevábamos de mini vacaciones juntos nos habíamos compenetrado muy bien. Y aunque yo he sido la última incorporación a la oficina me había integrado perfectamente, y estoy seguro de tener en ellas a tres buenas, y buenas, amigas.

Y como amigos empezamos a hablar de novios y novias, satisfacciones y decepciones… hasta que la cosa se puso bastante calentita. Yo no me lo poda creer, estaba hablando con mi jefa de las posturas apropiadas para estimular el punto G femenino; mi jefa, una mujer de no más de 35 que tenía cada oreja pegada a un teléfono y que todavía le quedaba capacidad auditiva para poner verde al abogado de turno que estuviese frente a ella. Mi jefa… que si más que el tamaño, importa el grosor, que si se hace algo incómodo el chochito cuando te empiezan a salir los primeros pelos tras habértelo depilado…

Y yo no me quedaba atrás, la absenta nos había desinhibido lo poco que necesitábamos y la franqueza era absoluta. Me estaban poniendo a 200 por hora. Sus escotes insinuantes, sus manos en mi muslo de forma amistosa… y yo que no podía quitarle el ojo de encima a una francesa con minifalda, largas piernas y estilizadas, y cara de cachonda en busca de carne que llevarse a la entrepierna. Mis acompañantes no tardaron en darse cuenta de ello; y me quedé petrificado cuando una de mis chicas acercó su silla a la de la francesa y le propuso (sin consultármelo a mí antes), un buen rato conmigo. Luego me enteré de que su conversación se centró en mis amplias dotes amatorias, por supuesto inventadas, que mi compañera aseguró que yo tenía. Y no digo que no fueran ciertas… Apenas tardó un par de minutos en girarse hacia mí y asegurarme que “esta perra francesa te va a dejar más seco que una pasa”.

Parece ser que a todas les hizo mucha ilusión esta aventurilla y bromearon sobre mi posible dificultad para bucear al día siguiente. Como ya me habían dejado bastante fácil el asunto, me acerqué a la francesa para darle palique un rato, no sin volver a sorprenderme de lo buena que estaba. Sus dedos en mi brazo, mi dedo índice recorriendo el borde de su corta falda… los acontecimientos se precipitaron y no tardé en darle el primer beso, mi lengua buscó la suya, encontrándomela lasciva y juguetona. Daba la casualidad que ella estaba en el piso de veraneo de su padre, y que afortunadamente se encontraba de viaje de negocios por China.

Le propuse ir a mi hotel, pero ella insistió en que fuéramos a su casa. A mí me dio un poco de pena desaprovechar una noche sin dormir en aquella grandísima cama de aquel magnífico hotel. Ella tenía su coche aparcado no muy lejos de allí, así que nos despedimos de nuestros respectivos acompañantes y nos dirigimos al aparcamiento con continuos besos y toqueteos, dejando atrás un murmullo de sonrisas cómplices y cuchicheos, que no hicieron sino que apreciara más a mis amigas. He de reconocer que la francesa aquella era una guarra de las que hay pocas. Y yo creo que estuve a su altura. Nada más meternos en el coche y sin mediar palabra empezó a tocarme la polla por encima del pantalón. Yo ya la tenía bastante grande así que ella se apresuró a soltarme los botones de los vaqueros y agarrarla con una mano empezando a masturbarme.

Nuestras posiciones no eran muy cómodas, pero aquello también era excitante. Creí entender que le apetecía jugar un rato allí, en su coche, y que de camino a su casa ya recuperaríamos fuerzas. No me lo pensé dos veces. Corrí el asiento para atrás todo lo que pude y me bajé los pantalones para facilitarle los movimientos. Me la estuvo meneando un buen rato hasta que acercó su boca a mi glande y empezó a besarlo muy suavemente. Sus carnosos labios en forma de “O” aprisionaban la punta de mi polla, y su lengua en mi frenillo me estaba volviendo loco. La muy zorra lo sabía hacer bien. Poco a poco empezó a metérsela toda en la boca mientras con la mano seguía masturbándome. Era increíble. Cuando me corrí en su boca ella siguió chupando y moviendo su mano, prolongando mi placer un buen minuto, hasta que la dejó completamente limpia de semen.

Yo no quería otra cosa entonces que abrirle las piernas y meterle un par de dedos por el coño hasta dejarla jadeando. Y me lo puso bastante fácil. Fue ella la que se quitó el tanga, se levantó la minifalda, y se empezó a tocar las tetas sensualmente. Acerqué mi mano a su coñito y le metí de golpe dos dedos dentro. Ella estaba muy mojada, por lo que opté por introducirle otro más. No paraba de moverse para atrás y para delante, lo cual dificultaba mis maniobras, su respiración se entrecortaba, pero tras un rato tocando su punto G no tardó en correrse en mi mano mientras blasfemaba en francés.

Esperé a que ella misma sacara los tres dedos que tenía dentro con los movimientos de los músculos de su vagina y se los di a probar a su boca, lo cual agradeció efusivamente. Sellamos la sesión del coche con un largo beso en el que saboreé la mezcla de sus jugos vaginales con su saliva y los restos de mi corrida. Delicioso. Era cerca de la una y media de la madrugada y la noche no había hecho más que empezar. El coche empezaba a perfumarse con el penetrante (pero exquisito), olor a coño. Y yo estaba con unas ganas locas de llegar a su casa para hacerle mil y una guarrerías. La muy pija tenía un apartamento en Pedralbes, enorme y exquisitamente decorado con muebles de estilo minimalista. Nada más cerrar la puerta de su casa se subió la falda y se puso a cuatro patas. Allí, en la entrada. Y como el tanga ya se lo había quitado en el coche, quedó ante mis ojos el magnífico espectáculo de ver su precioso chochito rasurado y su culo durito y perfecto diciéndome “cómeme”.

No tardé ni un segundo en poner mi lengua a trabajar en su ano. Primero lo rodeaba sensualmente, para luego meterle la lengua lo más profundo que podía. También le metía un dedo en su chocho mojado para pasarlo luego por su culo y abrírselo más. Ella, como en el coche, no paraba de jadear y de decir palabrotas en francés. Eso me excitaba mucho. Cuando ya consideré que tenía suficientemente dilatado el ano le introduje un dedo; no le costó mucho entrar, pero ella, entonces, echó su cuerpo hacía abajo y apoyó su pecho contra el suelo, conservando el culo arriba, y dejándome a mí una más que aceptable posición para continuar con cosas más trascendentales.

Me coloqué tras ella y le puse mi rabo empalmado tocando su coño, procurando estimular su clítoris. Lo debí hacer bastante bien, porque así, y mientras le metía y sacaba un dedo de su culo, ella dio unas sacudidas que me asustaron. Le tembló todo el cuerpo durante unos segundos, como si le recorriese corriente eléctrica. La zorra de ella se había corrido como nunca, y eso que no le había metido nada en el potorro, aún. Me pidió que no cambiara mi posición, pero que le metiera otro dedo más por el culo. A mí me pareció algo extraño porque ella ya había acabado, pero enseguida supe porqué.

El suave contacto de mi glande contra su zona erógena había despertado en ella la llamada de la naturaleza. Mis dedos fueron apretados por su esfínter y mi polla recibió una inesperada y agradable oleada de pis caliente. Antes de que acabara de mear decidí probar aquel licor, así que le pedí que retuviera un poco para que yo lo bebiera. Yo estaba muy caliente y no me dio asco ninguno hacerlo. Me puse bajo su potorro, abrí su vagina y pegué mi boca abierta a su coño para degustar su “líquido secreto”. Fue magnífico. No dejé que nada se desperdiciara fuera de mi boca, y cuando acabó, seguí lamiendo su chocho lo más profundamente que daba mi lengua.

La orina lo había dejado más jugoso y más sabroso. Ella miraba para atrás para disfrutar de la escena también con los ojos, mientras me decía en francés que siguiera dándole caña con la lengua. Estábamos sobre un charco de excitante pis y yo no paraba de calentarme más y más. Mientras le lamía el potorro volví a meterle dos dedos en su culo para acelerar su orgasmo. Fue una excelente idea, dio un grito que se oyó en toda la escalera y se desplomó sobre el suelo mojado nada más sacar mi cabeza de su entrepierna.

Ella había tenido su ración de placer, pero todavía faltaba la mía. La pobre no se recuperaría hasta pasados unos minutos, pero yo no podía esperar. Me puse encima de ella y se la metí por el culo muy suavemente para que no le hiciera daño. Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta, estuve sin moverme unos segundos para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped; pero después se la metí hasta el fondo sin contemplaciones. Ya no blasfemaba, ni gemía. Sólo un hilillo de sonido escapaba de su boca. Estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido y me dejaba hacer. Yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba totalmente para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero. Aceleré mis movimientos para correrme, y cuando lo hice ella volvió su cabeza para decirme que había notado cómo eyaculé dentro suyo. Era golfa hasta para eso…

Permanecí encima de ella, todavía con mi pene en su culo, hasta que decidimos darnos una ducha para reponer fuerzas y limpiarnos un poco. Nos levantamos, y mientras ella miraba voluptuosamente el charco de sus líquidos, y todavía le resbalaba pis por la tripa, se pasó el dedo por el vientre mojado, lo pasó por mi entrepierna como para acariciarme los testículos y me lo metió por el culo. Me dio un morreo de campeonato y procedió a meter otro dedo dentro de mí hasta el fondo. Cuando acabó con ese juego se fue para la cocina y vino con una fregona y un par de toallas. La ducha nos reanimó totalmente. Nos besábamos y abrazábamos, nuestros cuerpos resbaladizos. Le enjaboné todo el cuerpito y le lavé el increíblemente bonito cabello rubio que tenía.

Una vez secos fuimos a su habitación. La cama tenía una preciosa cabecera de forja, ideal para usar cuerdas y cosas de esas. Yo nunca lo había probado, pero tampoco tenía muchas ganas de hacerlo entonces. Ella se echó boca arriba, dejándome ver sus tetas y su coñito. Lo tenía todo depilado a excepción de un pequeño triángulo en la parte superior, que le quedaba muy bonito. Con mi dedo índice empecé a recorrer los bordes de ese triangulito tan sensual mientras que con la otra mano le estimulaba la aureola de un pezón. Todo muy despacio, muy sensual.

Mientras se lo hacía, estuvimos hablando sobre lo de su meada, pensó que igual me había ofendido, pero nada más lejos de la realidad. Le dije que nunca me lo habían hecho, pero que me pareció algo muy excitante. También le dije que ya empezaba a ser hora de que inaugurara su coño con mi polla, pero que me apetecía que fuera ella quien llevara la voz cantante. Nada más decírselo, se puso sobre mí y colocó sus tetas a la altura de mi boca. Yo se las empecé a mamar muy suavemente de los bordes a la aureola, y luego mi boca empezó a lamer los pezones algo más agresivamente, para pasar a succionárselos otra vez de forma pausada y sensual.

El trabajo de mi boca en sus bonitas tetas, su chochito sobre mi polla, y sobre todo, ver a aquel hermoso cuerpo sobre el mío, no tardaron en hacer su efecto y mi pene volvió a tener una erección de infarto. Supongo que ella notaría como aquella cosa crecía más y más debajo suyo, porque cuando estaba bien dura (sin que yo le dijera nada), la agarró y se la metió por el chocho muy, muy lentamente. Cuando la tenía toda dentro se quedó quieta un rato como saboreándola dentro suyo. Y luego empezó a botar encima de mí, rápido, pero acompasadamente. Yo, mientras, la agarraba por las caderas y disfrutaba del bamboleo de sus pechos. Ella no paraba quieta un segundo. Me dijo que le gustaba ver como yo disfrutaba viendo sus tetas, y empezó a tocárselas y a estrujarse los pezones con las puntitas de los dedos.

Cuando se cansó de la postura, se tendió boca arriba en la cama y me pidió que se la metiera de un lado. A mí es una postura que me encanta. Mi boca se pudo entretener con su pecho derecho, y mi mano estuvo acariciando su vulva y su clítoris durante la penetración. Durante este tiempo que estuvimos así a ella le dieron varias sacudidas de esas que anteriormente he comentado. Deduje que eran los preludios de un gran orgasmo, pero yo quería acabar junto con ella. De un movimiento y sin sacar mi polla de su humeante potorro, la giré y la puse de lado también, permaneciendo yo detrás de ella. Me gustaba correrme de aquella forma, y era hora de acabar. Aceleré mis movimientos para conseguir mi orgasmo y prolongar lo más posible el suyo. La estaba follando a una velocidad de vértigo, sin contemplaciones. Se la metía hasta dentro y se la sacaba casi hasta fuera en décimas de segundo. A este ritmo no pude aguantar mucho tiempo y exploté dentro de ella con un orgasmo bestial e iluminando su vagina con el escaso semen que debía tener para entonces.

Siguió convulsionándose incluso cuando ya se la había sacado. Y así nos quedamos, cuerpo contra cuerpo, con mi ya maltrecha polla rozando sus genitales y su culo, y abrazándola fuertemente como queriendo que esa chica a la que acababa de conocer no se fuera nunca de mi lado. Las despedidas cuanto más cortas, mejor. Por la mañana nos intercambiamos los e-mails, pero ambos sabíamos que otro encuentro sería harto improbable. Aun así, tengo el convencimiento de que a vosotras, mis queridas lectoras, también os gustaría pasar con este servidor una noche de pasión y sexo desenfrenado. Os espero.

Autor: soidimsenatas

Me gusta / No me gusta

Una madura ardiente

Me dediqué exclusivamente a su ano, pasando la lengua suavemente por el, y con los dedos jugueteaba con su coño. Ella me dijo que le gustaba mucho, así que continué un buen rato. Luego sustituí la lengua por un dedo, que introducí en su ano muy despacio, esa mujer enloqueció de placer; se agarraba los pechos, se metía los dedos en la vagina, y ahora a grito pelado.

Esta es otra historia que les quiero contar. No la había contado hasta ahora porque consideraba que eran cosas muy personales, pero como ya me decidí a contar una historia que tuve con mi jefa (publicada en esta sección, por la firma sabréis cual es), os contaré esta que es de hace poco.

Todo empezó cuando a través del Messenger conocí a una chica, de unos 38 años, cuya dirección me dio un amigo. Vivía en EEUU. Después de varias semanas de conversaciones, algunas calientes, me dijo que iba a venir a España, en concreto a Madrid, por cuestiones laborales. Yo, al ser de Barcelona, le dije que no nos podríamos ver, por cuestiones de distancia. Y así quedó la cosa.

Cual sería mi sorpresa cuando al cabo de un mes, por Messenger, me dice que está en Madrid, y que al día siguiente viene a Barcelona a realizar una gestión por su trabajo. La gestión solo duraría unas horas por la mañana, y que no tendría que volver a Madrid hasta el día siguiente. Tendríamos toda la tarde para conocernos, y quien sabe si hasta la noche, aunque no quería hacerme ilusiones, ya que no la conocía, no sabía como era.

Dicho y hecho. Quedamos en un céntrico bar de Barcelona a las 5 de la tarde. Entonces fue cuando la vi. Uffff! No estaba nada mal esa mujer. Tenía la piel oscura, aunque no era de color. No era muy alta. Pero tenía un traserooo…Era hecho para la mano de un hombre. Sus pechos, aunque no eran muy grandes, se notaban llenos y redondos. Además, no llevaba sujetador, por lo que pude apreciar unos magníficos pezones. Tomamos una bebida en la terraza, y estuvimos hablando de su vida en EEUU, de trabajo, etc., pero yo no podía apartar mi vista de esos pezones que ella generosamente mostraba. Después fuimos a cenar, que después de tanto parloteo ya se hizo la hora.

Después de la cena, la acompañé al hotel. En la puerta me dio dos besos a modo de despedida, y yo le dije que ya la llamaría y nos veríamos otro día cuando pudiera venir. Cuando me giraba para marcharme, ella dijo:

– Oye, ¿no te apetece ver mi habitación?, es muy bonita, y todo pagado por la empresa.

Yo dije que si, y después de recoger las llaves en recepción, subimos a la habitación. La verdad es que era muy lujosa. Consistía de un recibidor, baño completo, y la estancia de la cama, que era enorme. Ella me dijo que se iba a duchar, yo me quedé sentado en la cama viendo la tele. Oía el agua y me la imaginaba desnuda, el agua deslizándose entre sus pechos y entrepierna. Estuve tentado de entrar en el baño, pero pensé que se enfadaría, y me quedé sentado con mis fantasías, aunque una erección empezaba a asomar en mis pantalones.

Al cabo de un rato salió. Estaba envuelta en una toalla blanca, que hacía resaltar su piel morena. El pelo mojado, el bulto de sus pechos, las piernas mojadas… Me quedé sin habla. Ella se aproximó y me preguntó que es lo que estaba mirando en la tele. Le dije que nada, que era para pasar el rato mientras esperaba que saliera del baño.

– Vaya programa aburrido, dijo. ¿No quieres mirar otra cosa?

Y acto seguido se quitó la toalla, dejándola caer a sus pies. El espectáculo era impresionante. Unos pechos erguidos, con pezones erectos, una entrepierna totalmente depilada, donde se adivinaban unos labios jugosos y listos para el juego del amor.

– ¿Te vas a quedar mirando? ¿O vas a probar de hacer algo más?

No me hice de rogar. Avancé hacia ella, la rodeé con mis brazos, y la besé. Fue un beso largo y tierno, mientras mis manos se posaban en sus nalgas, duras y agradables al tacto. Ella se separó y me desabrochó los pantalones, que cayeron al suelo, y yo mismo me deshice de mis calzoncillos. Ella cogió mi nabo y lo empezó a menear de arriba abajo, mientras me besaba de nuevo. Yo acariciaba su rajita con una mano, que cada vez estaba más húmeda, y ella soltaba unos suspiros que indicaban que le gustaba aquello.

Pasamos a la cama, yo me tumbé y ella se dedicó a introducirse la polla en la boca, y a mamármela. Se notaba que no era la primera que chupaba, porque la hacía de maravilla. Ninguna mujer me la ha chupado como aquella. Sabía cuando debía parar y seguir. Yo hacía verdaderos esfuerzos para no correrme, pero ella sabía hasta que punto podía seguir o no. Luego me hizo dar la vuelta y me obsequió con un morboso beso negro. Me estaba volviendo loco.

– ¡Bueno!, dijo, dejando de chupar. Ahora te toca a ti…

Se tumbó, abrió las piernas, y se invirtieron los papeles. Introducía mi lengua en aquella vagina palpitante, y empecé a moverla, del clítoris a su vagina y a la inversa. Ella se agarraba las tetas y se pellizcaba sus pezones, suspirando. Cuando ya tenía todos los morros mojados de fluidos, le levanté las piernas, y amplié el recorrido de mi lengua. Pasaba de su clítoris a su vagina, y luego a su ano, y así sucesivamente.

Después de un rato, me dediqué exclusivamente a su ano, pasando la lengua suavemente por el, y con los dedos jugueteaba con su coño. Ella me dijo que le gustaba mucho, así que continué un buen rato. Luego sustituí la lengua por un dedo, que introducí en su ano muy despacio, para que le doliera lo menos posible, y lo sacaba y metía.

Literalmente, esa mujer enloqueció de placer; se agarraba los pechos, se metía los dedos en la vagina, y ahora a grito pelado. Gritaba tanto, que tuve que taparle la boca con una mano, porque tenía miedo que de viniera alguien, era como si la estuvieran matando, y así era pero de placer.

Luego ya se la metí en la vagina. Y fue como entrar en una cosa suave y totalmente lubricada, entraba y salía a la perfección, y luego eyaculé, pero no antes de que ella tuviera su orgasmo. Es norma de la casa, ella antes que yo. La corrida fue a parar a su ombligo y pechos, ya que no quería que lo hiciera dentro. Descansamos un rato, para recuperar fuerzas. Al cabo de ½ hora, ella se acercó a mi oído y me susurró.

– Quiero probarlo por atrás….Solo lo he hecho una vez, y me gustó, así que ahora quiero hacerlo de nuevo.

La hice poner encima del escritorio, de cara a mí. Le abrí las piernas, y se las levanté a lo máximo que pude, y ella se las agarró para que se mantuvieran en esa posición. Seguidamente, fui al baño a buscar el gel de ducha, me unté la polla con el. Luego, depositando una pequeña cantidad en mi dedo, se lo pasé por el ano para que quedara bien untado. Luego introducí el dedo en su ano un poco para lubrificar más a fondo. Cuando ya estuvo a punto, empecé la introducción.

Poco a poco fue entrando, mientras ella ponía cara de dolerle un poco. Pero el dolor terminó pronto, porque lo hice muy suavemente, parando cuando ella ponía cara de dolor, y luego empujando suavemente. Al final entró.

La tenía de cara y podía ver sus pechos y su cara perfectamente, así que me dediqué a besar tanto una cosa como la otra, mientras entraba y salía de su interior. Era una maravilla, y cuando empecé a notar que iba a eyacular la besé más fuertemente. Ella gemía y gritaba, y el beso disimuló sus gritos. Nos corrimos los dos, yo fuera.

Después de dormir un poco, yo marché. Quedamos en vernos cuando ella volviera, pero no sabemos cuando será eso. Es una mujer muy dulce, y en la cama no se corta nada, así que espero impaciente su vuelta.

Podéis enviarme vuestros comentarios, y si alguna mujer se anima, ya sabe.

Autor: Ericsson

Me gusta / No me gusta

De vacaciones en Barcelona

Yo boca arriba con Maite cabalgándome y Paulita con su conchita encima de mi cara. Maite acabó y se fue al baño. Me quedé con Paula. La puse en cuatro y la penetré por atrás. Mientras la cogía, le tocaba las tetas, y ella se acariciaba el clítoris, le dije que iba a correrme. Me sacó el forro y me empezó a pajear. Se puso mi verga entre las tetas y me la chupaba. No tardé en correrme entre sus melones.

Hola, soy de Buenos Aires, y este relato que les escribo a continuación es 100% verídico, salvo los nombres que están cambiados.

Esto sucedió en Barcelona, en agosto del 2007. Me dicen el mono, cuando ocurrió esto tenía 26 años. Soy morocho de ojos verdes, flaco y mi pija es normal (o un poco más). Estaba de vacaciones por esta bonita ciudad, había ido solo, cuando decidí llamar a la amiga española de mi cuñada. Me había dado el teléfono, por las dudas, por si necesitaba algo. La llamé a Maite un jueves a la tarde, muerto de calor, y me atendió super feliz. Ella ya me había visto en fotos, pero nunca habíamos hablado ni una sola palabra.

Quedamos en que al otro día íbamos a ir a cenar con 2 amigas más de ella a un bar cercano a la Plaza Cataluña. Nos encontramos el viernes a las 9 de la noche y mi primera impresión al ver venir a las 3 fue: ¿Cuál será?

Maite no era la más linda, pero se veía bien, de pelo castaño, 1.65 de altura (aprox.), 20 añitos y con un físico impresionante. Un par de tetas bien puestas y un culito divino. Las otras dos amigas tenían la misma edad: la que vino con el auto, Carol (porque las chicas vivían a 30 min. de Barcelona) era morocha, linda de cara, con pocas tetas y un culo normal. La tercera se llamaba Paula, no era linda, pero tenía una cara de puta terrible. Era la más petisa de las tres y la más tetona.

En el bar pedimos una comida típica de allá y tomamos sangría (menos la que manejaba). Con Maite empecé a tener onda de entrada. A medida que pasaban las horas y las copas, las charlas se ponían más calientes: que si ya habían debutado (las tres gritaron juntas, ¡obvio!); que si les gustaba chupar pija (¡Si!); que si a la primera salida ya follaban y también lo afirmaron. ¡Uff qué palo que ya tenía! En un momento en que las otras dos estaban medio distraídas, empezamos a brindar con Maite, yo le tocaba la cara, le rozaba los pechos, ella no me decía nada. Estábamos todos calientes por la charla.

Pagamos y fuimos para el auto. En el trayecto me quedé a atrás con Maite y en la primera de cambio le encajé un beso terrible. Se notaba que ella también estaba caliente porque me metía la lengua hasta la garganta. Carol, al no poder tomar alcohol, dijo que nos dejaba en el boliche y se iba a dormir (que lástima, después me enteré que era la más puta de las tres). Ya en el boliche, Paula, Maite y yo nos pedimos unos tragos, y fuimos a la pista a bailar. Yo bailaba con las dos pero de vez en cuando le encajaba besos a Maite.

En un momento entre Paula y Maite me hicieron un sándwich. Quedé mirándola a Paula, mientras Maite me apoyaba y me refregaba sus tetas; yo me acerqué a la boca de Paula y nos dimos un pico. Se hizo la tonta y se fue a pedir otro trago y yo me quedé transando con mi chica. La calentura dio paso a grandes toqueteos.

Ya la habíamos perdido a Paula así que solo me ocupaba de Maite. Le tocaba las tetas, el culo, la apoyaba, ella frotaba su culo en mi pija. Había un lugar que estaba medio oscuro y hacia allí fuimos.

Nos empezamos a matar, yo le chupaba las tetas, le tocaba la concha, le metía los dedos adentro. Ella estaba super mojada. De repente, me bajó el cierre del jean, sacó mi pija y me empezó a pajear. Miró para todos lados, y como nadie nos veía, se agachó y me empezó a chupar la pija. Yo estaba en la gloria. Me estaba haciendo una mamada espectacular. Chupaba, chupaba y me pajeaba. Me pajeaba y me lamía los huevos. Cuando ya no aguanté más le dije que se haga a un lado que iba a correrme; ella dijo: venga tío, córrete en mi boca. Y ahí mismo le largué todo mi semen en su boca, que la muy puta tragó todo.

Luego de eso volvimos a la pista a buscar a Paula, la petisa se estaba besando con un muchacho. Le dijimos que nos íbamos y dijo que se venia con nosotros. A la salida ya con Maite íbamos abrazados como novios, y Paula preguntándonos qué onda, que si íbamos a ir a coger, etc. Paramos un taxi y se metió primero Maite, luego yo y después Paula. Le dijimos al taxista hacia donde íbamos. El viaje duraba media hora, y los 3 estábamos super calientes. Maite me dijo que me quede a dormir en su casa, que sus padres sabían que iba a tomar algo con el cuñado de su amiga argentina y que si me quedaba a dormir en la casa de ella no habría problema ya que tenían una habitación de huésped. Yo acepté gustoso.

En el taxi, Paula se había quedado dormida y yo seguía a full con Maite, la besaba, le tocaba las tetas. Cuando estábamos por llegar Maite le dijo a Paula si quería bajar y ella dijo que si. La casa de Maite era muy linda, muy grande y de dos pisos. Por lo que nos quedamos abajo mientras los padres de ella dormían arriba.

Nos fuimos a la cocina, Maite trajo un vodka y unas barajas. Mientras tomábamos, jugamos a que, al que le tocara el as de espada, tenia que hacer una prenda. La primera en perder fue Maite, y con Paula decidimos que nos haga un streap tease. No lo dudó, y se empezó a sacar la remera, quedando en corpiño, luego el jean (todo esto siempre bailando sensualmente) y después se sacó el sujetador, mostrándonos sus preciosas tetas, con dos pezones bastantes oscuritos. No se quiso sacar la bombacha así que continuamos con el juego.

El próximo en perder fui yo. Me fui afuera de la cocina para que las chicas discutan de la prenda.

Cuando volví miré la cara de Paulita llena de excitación. La prenda consistía en que tenía que hacerles un streap tease yo a ellas, pero me tenía que quedar en pelotas. Obvio, no lo dudé, cuando quedé en bóxer, las chicas me miraban con mucha atención. Y ni les cuento cuando me lo saqué. Mi pija ya estaba parada. Maite aprovechó para agarrármela y subir y bajar la mano. Ahí tomé conciencia que esto iba a terminar en quilombo. Supongo que mientras yo estaba afuera las chicas habían acordado que querían fiesta, o no se. Lo que si sé es que continuamos con el juego y cada vez se puso más lindo.

Perdió de vuelta Maite y le dijimos que se tenia que masturbar delante de nosotros. Otra vez se sacó la ropa, y se quedó desnuda. Estaba casi toda depilada, con un pequeño vello bien recortado. Ahí cuando se empezó a masturbar. Yo me manoseaba el paquete y Paulita le miraba la concha alucinada y mordiéndose el labio inferior. Maite estuvo tocándose unos 2 minutos y se volvió a cambiar. Ya el ambiente era una caldera. Cuando perdió Paula lo festejé. Es que hacia rato que quería ver ese gran par de tetas. Cuando se sacó la musculosa y quedó en corpiño mis ojos ya estaban desorbitados. Pero mi locura fue total cuando se sacó el sujetador. No lo podía creer, nunca había visto unas tetas tan lindas.

Eran grandes, pero no estaban nada caídas, y tenía unos pezones rosados que apuntaban hacia arriba. No tenia marcas por lo que supuse que tomaría sol en topless. Le dijimos que se apriete los pezones y así lo hizo. Luego se puso la musculosa y dijo: “bueno, bueno, ya está, sigamos con el juego”.

De vuelta perdí yo. Ahora la prenda consistía en que le tenía que practicar sexo oral a Maite. Fui hacia ella, la agarré de la cintura, y le estampé un beso. Después le saqué la remera, ya no tenía el sujetador, y el jean. Quedó en bombachita, se la corrí a un lado y la empecé a pajear. A todo esto Paulita nos miraba y se tocaba las tetas. Le saqué la bombacha a Maite y mientras le besaba las tetas, comencé a bajar, pasándole la lengua por todo su cuerpo. Cuando llegué a su concha, le pasé la lengua por los laterales y luego me dediqué a chupar su clítoris. Mientras hacia esto le metía dos dedos en el agujero de su concha. Estuve como 2 minutos haciendo esto, mientras Maite gozaba como loca.

A todo esto recordé que estaba la petisa. Me doy vuelta y la veo con los pantalones y la bombacha por el tobillo, sin sujetador, con los ojos cerrados y masturbándose muy fuerte. La dejo a Maite y le digo a Paula: “¿te ayudo?”. La petisa sonrió y yo me la abalancé, y le empecé a chupar las tetas. Luego bajé hasta la concha. Maite no se quedó atrás y me agarró la pija y me la empezó a chupar. Estuvimos así un tiempito cuando Maite agarró un forro que yo tenía en el jean, me lo puso en la pija y se sentó arriba. La escena era la siguiente.

Yo boca arriba con Maite cabalgándome y Paulita con su hermosa conchita (bastante peluda) encima de mi cara. Maite acabó al toque y se fue al baño a higienizarse. Me quedé solo con Paula. La puse en cuatro y la penetré por atrás. Mientras la cogía, le tocaba las tetas (que bamboleaban de lo lindo), y ella se acariciaba el clítoris. Estuve cogiéndomela así durante un buen rato. Le dije que iba a correrme. Me sacó el forro y me empezó a pajear. Se puso mi verga entre las tetas y me pajeaba con ellas y me la chupaba. No tardé mucho en correrme entre sus melones.

Después nos tranquilizamos. Ya no podíamos más del cansancio. Paula se despidió de nosotros y se tomó un taxi hacia su casa. Ya eran las 6 de la mañana. Le di un beso en la boca a Maite y me fui a dormir a la habitación de huéspedes. No podía más, había tomado mucho y el cansancio me estaba venciendo. Cuando me desperté y me cambié para irme, me encontré en el living a Maite con sus padres.

Me los presentó y me invitaron a que me quedara a almorzar. Les dije que tenía que seguir con la recorrida de la ciudad. Les agradecí que me hayan hospedado, y le di un beso y un abrazo a Maite y le dije “gracias por la noche inolvidable que me hiciste pasar”.

Después me acompañó hasta la estación de tren y nos despedimos, sabiendo que era la última vez que nos íbamos a ver.

Autor: el mono

Me gusta / No me gusta