Mi Historia con Gonzalo – Primera Parte

Y así descubrí mi pasión por el chocolate en rama pero comenzaré por el principio de la historia. Me despidieron del trabajo y no tenía claro que quería hacer de mi vida, así que aproveche y tomé el primer avión a Bariloche (en el Sur de mi país). Me gusta mucho el frío, esquiar, dormir desnuda y sentir el calor de la estufa leña. Me instalé en un hermoso hotel cerca del centro cívico de la ciudad y salí a comer algo.

Lo conocí en el restaurant, se acercó a la barra donde estaba cenando y me preguntó si me gustaba el chocolate; le respondí que si y me dijo que era dueño de una fábrica de chocolate en rama nueva en la zona y que hacían grupos especiales para que los turistas la conozcan, me dio su tarjeta y se fue.

Esa mañana, después de una sesión de masajes (en la que desee que el masajista fuera menos profesional), alquilé un auto, llamé por teléfono a la fábrica de chocolate y fui a conocerla. Llegué y había un contingente de alemanes e ingleses esperando al guía así que me uní con ellos a la espera. El paseo por la fábrica fue muy ameno, nos compartieron chocolate y tomamos licor.

Al final del paseo el guía me llama a parte:

–          ¿De dónde sos? – Me pregunta

–           De Buenos Aires

–          ¿Te puedo invitar a tomar algo? Sos muy bonita – me dice mirándome completa

–          Me encantaría – le respondo con una sonrisa

Quedamos que me pasaba a buscar por el hotel a las 10 de la noche e íbamos a cenar. La cena fue muy linda y divertida, nos la pasamos coqueteando pero ninguno insinuó nada al otro. Fuimos a su departamento a escuchar algo de música y tomar unos drinks.

Puso música y sirvió vino tinto en unas copas, nos sentamos en sillón y empezó a besarme mordiéndome la boca, el cuello, las orejas, la nuca… me sentó arriba suyo y empecé a besarlo y morderlo; cada vez sentía su pija más y más dura. Me levantó la pollera y empezó a tocarme el culo mientras yo me sacaba mi remera y le mostraba el corpiño negro con mis tetas enormes que se querían escapar, me desprendió el corpiño y me chupó y mordió los pezones con desesperación. Sus manos seguían en mi culo y una se deslizaba de a poco a mi concha empapada.

Me acostó arriba de la mesita que estaba entre los sillones y sin sacarme la tanga ni la pollera comenzó a chuparme la concha, primero despacito por los costados… corriendo la bombacha y volviéndome loca y después chupándome el clítoris, mordiéndolo mientras sus dedos se colaban en mi argolla; yo gritaba, le pedía más…

–          Quiero que me ahogues con tu pija en la boca, papito

Saco la verga del pantalón, era hermosa, bien gorda y venosa como me gustan… se la chupe toda, el glande, todo el tronco de la poronga, los huevos… me quería ahogar con su pija… mientras le comía toda la pija me pajeaba con sus deditos.

–          Que rico que chupas, puta… como te gusta la poronga… te voy a garchar toda la conchita empapada y viciosa que tenes.

Me sacó la tanga y me puso en cuatro arriba del sillón y me empezó a coger la concha con mucha fuerza… Que rico que entraba esa pija gorda en mi concha, que manera de gozar y gemir como si no me hubieran cogido en años.

Me senté a arriba de su pija y se la empecé a coger con mi concha… hasta acabarle una y dos veces. Me la saco de la concha y me dijo que quería que se la mamara de vuelta. Se la chupe atragantándome hasta que me lleno toda la carita de leche.

Esa noche dormimos juntos, cancele la habitación del hotel y seguimos cogiendo como dos conejos las dos semanas que me quede en Bariloche; y no solo de coger vive el hombre de comer chocolate en rama también… eso hice por 15 días.

Me llamo Angie, tengo 28 años, soy argentina… y me gusta mucho dejarme hacer de todo. Esta fue la primera parte de mi historia con Gonzalo. ¿Querés que te cuente más?

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