De Marino a Maricón

Algo raro comenzó a pasarme, disfrutaba de todo eso que me sucedía, a pesar de la rabia que tenía dentro de mí, el que me estuvieran sometiendo de esa manera, me estaba volviendo loco, pero de placer, al punto que yo mismo comencé a restregar mis nalgas contra el cuerpo de ese desconocido, para sentir más y más dentro de mí su verga

Cuando me enrolé en la marina, apenas comenzamos el entrenamiento básico, debido a que nos hicieron correr bajo un ardiente sol y después seguimos corriendo cuando nos agarró una tempestuosa lluvia. Pesqué un fuerte resfriado, que hasta me produjo varios episodios de fiebre. Pero a pesar del resfriado la fiebre y todos los dolores que tenía por todo mi cuerpo, el sargento al siguiente día me obligó a realizar los ejercicios, el resultado fue que no pude ni tan siquiera alcanzar al pelotón. Consecuencia el sargento castigó a todos, retirando los pases.

Desde ese día los compañeros de la barraca, simplemente la tomaron contra mí, no me hablaban, no me dejaban sentar en la misma mesa para comer, en ocasiones cuando pasaban por mi lado, me golpeaban de manera accidental supuestamente, pero ni se disculpaban. En fin me jodieron todo. Pedí cambio y me lo negaron, el sargento le dijo al oficial superior que yo era un busca pleitos. Bueno todo eso fue trabajando de manera bien negativa, haciéndome sentir muy mal. Hasta que una noche, mientras dormía, entre todos, me supongo yo. Me cayeron a golpes, dejándome en muy mal estado, terminé llegando a la enfermería y el sargento puso en el reporte que, era que me había caído por las escaleras de la barraca. Me imagino que se refería al único escalón, que había frente a la puerta de la barraca.

Cuando a los cinco días regresé de la enfermería, me encontraba nuevamente en mi litera, bien asustado y temeroso que me volvieran a golpear, pensando seriamente en desertar, y hasta en llegar a suicidarme. Lo que evitó que siguiera pensando en esas cosas fue, una repentina lluvia de zapatos, de insultos y amenazas, en medio de la oscuridad que dirigieron hacía mi persona. Apenas tuve oportunidad de tirarme al piso y quedarme agazapado tras una columna. Al rato, cuando ya desesperado y sin saber qué hacer, les pregunté llorando que había hecho yo para merecer eso, y que podía hacer para remediarlo.

Aparte de los insultos y amenazas, se escuchó la vos de uno de mis compañeros decirle a los otros que se detuvieran y callaran. Lo que hicieron de inmediato. Esa misma voz me preguntó que lo que había hecho ya estaba hecho, y que en cuanto a repararlo dijo, sal de la barraca y te paras en el poste de luz que está al otro lado de la carretera y cuando te llamemos entras. Yo sin decir más nada obedecí, y después de un buen rato, me llamaron.

Cuando finalmente entré en la barraca y cerré la puerta, las luces estaban apagadas, y una gran cantidad de manos me agarraron en medio de la oscuridad, yo desde luego que me asusté más de lo que ya estaba, en cosas de segundos, a pesar de mis gritos, e inútiles intentos de soltarme, ya me encontraba acostado boca abajo, en una de las literas inferiores. Por lo violento de la manera en que me agarraron, y lo confundido que estaba, ni cuenta me había dado, que en ese mismo momento, me habían quitado la camiseta e interiores que acostumbraba usar para dormir, dejándome completamente desnudo.

Alguien me colocó la camiseta tapándome los ojos, impidiendo que pudiera ver nada, de lo que pasaba a mí alrededor, y parte de mi interior, me lo apretujaron dentro de mi boca, obligándome a mantenerme callado. Varias manos me continuaban sujetando con fuerza, al mismo tiempo que otras tantas, me acariciaban suavemente mis nalgas, muslos y espalda. Sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, el silencio reinaba en toda la barraca, nadie decía nada, solamente me acariciaban, hasta que de seguro prendieron la luz, y comencé a escuchar lo que decían de mí, en especial se referían a mis nalgas, cosas como: Mira que paradita y blancas son; un culito así da gusto comérselo; dejen que le entierre mi verga para que sepa lo que es bueno. Al escucharlos decir todas esas cosas, mi miedo fue mayor, no me quedaba duda que lo que querían hacerme, era darme por el culo, lo que yo en esos momentos, estaba decidido a evitar que sucediera.

Nuevamente escuché la voz del tipo que me había ordenado salir fuera de la barraca, diciendo. Bueno todo aquel que se lo quiera empujar ahora, debe usar condón, otro comenzó a protestar diciendo que a él no le gustaba usar eso, y nuevamente el que daba las órdenes dijo, entonces tú serás el último. De inmediato preguntó que por qué, y le respondieron dos o tres, porque nadie va a querer meter su verga dentro de un culo lleno de leche ajena. El escuchar todo eso me dio pánico, comencé a llorar, y a maldecirlos mentalmente, así como la hora en que decidí enlistarme.

En esos momentos una de las manos que acariciaban mis nalgas, comenzó a introducir sus dedos, dentro de mí, diciéndoles a los demás. Hay que ir preparando el camino. Comencé a sentir como esos dedos poco a poco comenzaban a introducirse dentro de mi culo, pero sin provocarme malestar físico alguno, es más a pesar de que yo inútilmente trataba de apretar mis nalgas, en cierto punto, se pudiera decir que comencé a disfrutar lo que esos dedos me hacían sentir, al introducirse una y otra vez dentro de mí culo.

Pero cuando escuché que ese tipo dijo. Parece que le va a gustar, miren como mueve las nalgas el maricón este, y solo le estoy metiendo los dedos. Me quedé paralizado de la vergüenza que sentí. Casi de inmediato escuché una corta discusión, en la que la voz más fuerte dijo, la idea fue mía yo soy el que le va a desvirgar el culo a este. Casi de inmediato sin que ninguna de las manos me soltase, sentí que alguien se colocaba tras de mí, y aunque yo continuaba resistiéndome, era algo inútil. Después de que ese tipo se colocó tras de mí, ordenó que me separasen las piernas y así lo hicieron. De inmediato me dijo, si quieres que te duela mucho, sigue moviéndote y apretando las nalgas, si no quieres que te duela tanto, afloja las nalgas quédate quieto y relájate, que va ser una larga noche para tu apretado culito.

Me quedé quieto, no por hacerle caso precisamente, sino más bien porque ya no tenía fuerzas para continuar resistiéndome. Sentí unos dedos nuevamente sobre mi esfínter, embadurnados seguramente en su propia saliva, y a los pocos segundos, que comienza a introducir su verga dentro de mi culo. Eso me dolió, pero fue un dolor tal que hasta sentí que me corrían las lágrimas por mi rostro a pesar de tener los ojos tapados, tanto por el dolor como por lo impotente que me sentía al no poder defenderme y evitar que me hicieran eso. Finalmente comencé a sentir el resto de su cuerpo que comenzaba hacer contacto con el mío, y que su verga ya no me entraba más.

Por un corto instante se quedó quieto, hasta que de momento dándome una ardiente nalgada me dijo, ahora si mueve ese culo todo lo que quieras. De inmediato él comenzó a meter y sacar casi por entero su verga de entre mis nalgas, y aunque aún las sentía bastante adoloridas, no sé por qué precisamente, comencé a mover mis caderas, a pesar de lo agotado que me había sentido. Era casi, como si esa verga me estuviera inyectando bastante energía, pero por mi culo.

Algo raro comenzó a pasarme, disfrutaba de todo eso que me sucedía, a pesar de la rabia que tenía dentro de mí, el que me estuvieran sometiendo de esa manera, me estaba volviendo loco, pero de placer, al punto que yo mismo comencé a restregar mis nalgas contra el cuerpo de ese desconocido, para sentir más y más dentro de mí su verga. El que sus brazos me apretasen con fuerza contra su cuerpo, me producía un intenso placer. Su boca mordisqueándome la nuca me calentaba. En fin eran tantos los placeres sentidos por mí, y tan evidente eran, que al ver mi manera de actuar, me fueron soltando de pies y manos, mientras que yo continuaba culeando sabrosamente.

Cuando sentí que él comenzó a moverse más y más rápido sobre mi culo, metiendo y sacando su sabrosa verga, creo que casi me desmayo, pero de placer. Hasta que después de varias fuertes embestidas de su verga contra mi culo, sentí como algo caliente se desparramaba dentro de mí, él se detuvo. Sacando su verga, preguntó quién es el próximo.

Los siguientes los disfruté, tanto o más como el primero, pero a medida que me clavaban sus vergas, uno de ellos me sacó el interior de la boca y sin más ni más me puso a mamar. Cosa que no pude evitar disfrutar. Esa noche perdí la cuenta de las veces que me dieron salvajemente por el culo, y las vergas que terminé tragándome por completo. Cuando llegó el día, yo estaba acostado boca abajo, con mi culo bien abierto, lleno de semen por todos lados. El sargento pasó por mi lado, me observó detenidamente sin hacer comentario alguno.

Cuando finalmente me levanté, sentía todo mi culo algo adolorido, y mientras me daba una buena ducha comencé a pensar en todo lo que me había pasado, me di cuenta de que todo eso en realidad me había gustado mucho, tanto que realmente no me importaba lo que llegasen a pensar los demás. Ya era casi la hora de almorzar, así que al llegar al comedor, los chicos de mi barraca, hasta me tenían una silla entre ellos. Ninguno hizo comentario alguno de mal gusto, no fue hasta que terminé de almorzar que uno de mis compañeros me indicó que el sargento me quería ver a las tres en su oficina.

Cuando dieron las tres de la tarde, entré en la oficina del sargento, quien al verme, me ordenó cerrar la puerta y de inmediato me dijo, ya me di cuenta de que le estás dando el culo a tus compañeros, pensé en negarlo, pero antes de que yo dijera algo, el sargento continuó diciendo, no lo niegues, es más me parece que lo disfrutaste mucho por lo que vi esta mañana. Al terminar de decir eso, se puso de pie, y noté de inmediato que tenía su verga por fuera del pantalón del uniforme, no hizo falta que dijera más nada, yo voluntaria y sumisamente me arrodillé ante él y agarrando su miembro con mis dedos, me lo introduje dentro de mi boca.

Se lo comencé a chupar mientras que él acariciaba mi cabeza, hasta que marcándome el ritmo, acabó dentro de mi boca. Prácticamente obligándome a que me tragase toda su leche. Mi fama se comenzó a extender por toda la base, ya que no tan solo los chicos de mi barraca, disfrutaban de los favores que yo hacía, sino que cuando menos lo esperaba, algún otro tipo, me proponía que le diera el culo o que se lo mamase. A uno de los choferes le encanta que mientras conduce, yo lo vaya masturbando. En una ocasión, dos nuevos reclutas, bajo presión me llevaron a uno de los depósitos de vehículos, sin que me llegasen a decir nada, me comencé a quitar el uniforme, sus rostros se iluminaron, esa tarde mientras uno me daba por el culo, al otro se la mamaba. Hasta que nos descubrió un oficial, al cual también terminé por mamar su verga, la primera vez. En las siguientes ocasiones se las arregló muy bien para comerme el culo.

Después de varios meses de entrenamiento, nos embarcaron, solo que a mí me cambiaron de unidad y fui a parar a un viejo carguero usado de transporte. Cuando llegué me hice el firme propósito de no volver a dar el culo, ni mamar otra verga, por mucho que me gustase. Pero del dicho al hecho hay un gran trecho, y la primera noche que pasé en ese transporte, nada más bastó que entrase a una de las duchas, y me le quedase viendo su verga al tipo que se bañaba al lado mío, para que se diera cuenta de lo que yo deseaba.

Casi de inmediato, le di la espalda mientras me enjabonaba yo mismo intensamente mis nalgas, cuando comencé a sentir que sus manos me sujetaban por mis caderas, y su verga se deslizaba sabrosamente entre mis nalgas. No hubo necesidad de que hablásemos, por su manera de agarrarme, y de meterme su verga me di cuenta de que tenía mucha experiencia haciendo eso, fue algo increíble, el sentir su cuerpo contra el mío, sus manos acariciando mi piel, y su boca mordisqueando mi cuello, me hizo acabar apenas toqué mi propia verga.

Cuando regresé a mi litera, me dio la impresión de que todos en el transporte sabían de mi gusto, y esa noche me di cuenta de que mis pensamientos no eran infundados, ya que no pasaron ni quince minutos, cuando el cocinero me visitó en mi litera, poniéndome a mamar su verga. Después de eso, no había día o noche que alguno de los marinos y hasta oficiales, me dieran por el culo o me pusieran a mamar. Lo que a mí no me disgustaba en lo absoluto. Hasta que me cambiaron a otra embarcación, solo que a diferencia del  viejo transporte, se trata de una barco más viejo pequeño y destartalado que el transporte, en la que la tripulación la componemos un total de cinco marinos, dos suboficiales, el jefe, el primer oficial, un alférez y desde luego el capitán.

El detalle es que desde el capitán para abajo, todos tenemos el mismo gusto, por lo que se nos hace algo difícil realmente quedar complacidos. Aunque en ocasiones cuando me toca pase, solo me basta caminar por el muelle para conseguir que algún marino me haga feliz…

Autor: Narrador

Me gusta / No me gusta