Una gran noche con mi sobrino

Él buscó mis piernas y de inmediato las comenzó a acariciar así como mi panochita, hizo a un lado mi tanguita y de manera maravillosa me dedeó rico por toda la ruta de regreso a casa mientras yo también acariciaba su vergota, ya en mi hogar me fui al baño y me cambié de ropa, poniéndome una bata negra transparente, salí del baño y le comenté. Aquí tienes tu regalo sobrinito.

Hola, que tal… ahora les platicaré cuando tuve sexo por primera vez con mi sobrino, el hijo de mi hermana mayor, es alto y de complexión fuerte. Resulta que un sábado festejaron el cumpleaños de Julio, precisamente ese día cumplió 18 años y organizaron una comida en casa de mi hermana. Mi esposo y yo asistimos, ese día me arreglé con una falda corta y amplia de color rojo. la cual al volarse dejaba ver mis piernas, la acompañé con una blusa blanca sin mangas y sandalias de tacón del mismo color, de ropa interior me puse un conjunto de bra y tanga en color blanco muy coqueto, desde que íbamos en el auto mi marido me comentó:

– ¡Te ves deliciosa bebita! – ¡Gracias amor! – ¿Y como te portaras hoy? – Depende de cómo te portes tú.

Reímos y le expliqué, -Si tú me desatiendes buscaré alguien que divierta a tu bebita, no… La verdad es que tengo ganas de tomarme unos tequilas y ponerme bien alegre.

-¿Y que tal en la noche que regresemos me dejaras meterte una buena cogida? -¡Claro… si quieres puedes comenzar desde ahorita a poner caliente a tu bebita!

Ni tardo ni perezoso comenzó a meter mano bajo la falda acariciando mis muslos hasta llegar a mi panochita dándole pequeños masajes por encima de la pantaletita, yo me acomodé de manera que él pudiera actuar libremente sin descuidar el volante, en unos momentos su erección era terrible y pidió que le atendiera su vergota, cosa que por estar a plena luz del día no lo pude hacer y además le pedí un poco de paciencia, ya que la calentura de ambos había subido de manera exagerada y llegaríamos a la comida mucho muy excitados y con las ropas descompuestas.

Llegamos y ya había algo de gente la cual saludamos y comenzamos a convivir, comimos y bebimos algo de cerveza, unas horas después llegaron los mariachis y la reunión se animó más de la cuenta ya que la gente ya estaba bien entonada con la bebida y la música, salió a relucir el tequila para amenizar más la reunión que se puso de mucho ambiente. Yo había notado que Julio me miraba  constantemente y no con muy buenas “intenciones” y le fui siguiendo el juego con miradas y sonrisas coquetas sin pensar que esto pasaría a mayores, inclusive cuando me sentaba en alguna silla él no perdía detalle del momento en que yo cruzaba las piernas dándose un buen taco de ojo, después comenzó a sonar la música para bailar y así siguió la reunión.

En una melodía me sacó a bailar, y aunque era música de la llamada salsa, de vez en vez podía sentir sus manos que se posaban en mis caderas, así como en mi cintura y las recorrían de una forma como sugiriendo algo que me gustaba, pero estaba lejos de suceder, yo de alguna manera lo veía a él como un adolescente y le sonreía cada vez que sentía como meneaba sus manos cuando estaban sobre mi cuerpo. Ahí comenzó nuestra plática.

– ¡Que bien te ves tía! – Gracias Julio, por cierto se me olvidó traer tu regalo, pero no te preocupes lo más pronto posible té lo haré llegar. – ¿De verdad tía? – Si te lo aseguro.- ¿Que tan pronto? – En uno de estos días me doy una escapadita y te lo traigo, si no te encuentro te lo dejo con tu mamá.
– ¿Y mi regalo no me lo podrías dar ahora mismo? – Mira la verdad es que no lo compré, me confié en que Jorge lo escogería y no lo hizo.- No te preocupes por comprarlo, solo es cuestión de ponerte un moño en la cabeza y tú podrías ser mi regalo.

Los dos soltamos la carcajada y seguimos bailando, pero él ya no seguía mirándome como antes sino que tenía una mezcla de lujuria y picardía en sus ojos y eso me excitaba de sobremanera.

– ¿Tú dirás si quieres darme el mejor regalo de mi vida, querida tía?

Terminando la melodía me dio un beso en la mejilla acercando muchísimo su boca a la mía y manoseó levemente mi nalga con su mano.

– ¡Piénsalo tía, la podemos pasar súper!

Y se retiró, la verdad me quedé desconcertada, yo me considero una mujer muy liberal pero nunca había pasado por mi mente tener relaciones sexuales con alguno de mi propia familia, por otro lado me excitaba la idea y me llenaba de lujuria la forma tan descarada que este joven me estaba proponiendo ir a la cama, me sentía admirada y deseada por él, que para serles franca no está nada mal. Siguió la fiesta y en la siguiente ocasión en que bailamos me volvió a tocar el tema ya sin ningún pudor y de forma descarada, pero con una sonrisa que me ponía nerviosa de tan solo imaginarme revolcándome en la cama con él.

– ¿Qué pasó tía, nos metemos a la cama?

Y afloró en mí lo puta y coquetamente le fui dando entrada poco a poco para que no sintiera que la tenía toda fácil…

– Tú sabes que ahora mismo no podríamos Julio.- ¿Por qué Claudia? – Porque viene Jorge y ni modo que ahorita me subiera a tu cuarto a coger…

Con mucho descaro sonrió, me besó en la mejilla y dijo.- Eso quiere decir que aceptas, lo demás déjalo por mi cuenta. A partir de ese momento se encargó de darle de tomar a Jorge a manera de emborracharlo y claro que a mi también me atendió con tequilas.

Durante las siguientes horas seguimos bailando y disfrutando de la fiesta sin que él desperdiciara ningún momento para tocarme y manosearme el cuerpo de manera discreta mientras seguía dándole de beber a Jorge quien ya mostraba los estragos de la bebida, en un momento dado Julio me hizo una seña para que fuera al baño que se encontraba en la parte alta de la casa, fue algo excitante comenzar a subir por las escaleras y darme cuenta de que la mayoría de los hombres volteaba discretamente para poder observar algo más por debajo de mi faldita, ya en la parte de arriba, cuando salí del baño, Julio estaba ahí, de inmediato me rodeó en sus brazos y me dio un gran beso, sus manos se abalanzaron sobre mi culo para acariciarlo por completo debajo de mi falda y me comentó que en unos momentos Jorge se quedaría dormido, y que en ese momento me empeñara con mi hermana en que me retiraba de la fiesta.

Cuando Jorge cayó dormido le comenté a mi hermana que me retiraba y Julio se ofreció a acompañarme para que no me fuera sola, además de que me ayudaría con mi marido, y asi sucedió, lo acomodamos en la parte posterior de la camioneta y los dos subimos adelante arrancando de inmediato y comenzando mi aventura con el cabroncito de mi sobrino.

Él buscó mis piernas y de inmediato las comenzó a acariciar así como mi panochita, hizo a un lado mi tanguita y de manera maravillosa me dedeó rico por toda la ruta de regreso a casa mientras yo también acariciaba su vergota, ya en mi hogar él se encargó de subir a su cama a Jorge mientras yo me fui al baño y me cambié de ropa, poniéndome un liguero y medias negras así como zapatillas de charol y una bata negra transparente, salí del baño y le comenté.- Aquí tienes tu regalo sobrinito, perdona la falta de moño pero creo que será lo de menos.- Pienso lo mismo Claudita, ya verás como lo vamos a disfrutar.

Así fue como le dimos rienda suelta a una noche llena de lujuria pasión y sexo con mi sobrino que a partir de ese día me faltó al respeto para verme como una putita que le encanta la verga, lo que hicimos en el sillón y la alfombra todos ustedes lo saben y pasará en sus mentes calientes y pornográficas queridos lectores.

Espero nuevamente sus comentarios…

Autora: Bebita

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