Mi culo despierta

Hola a todos… Me llamaré Arturo, y mi bella esposa se llamará Paula. Ella es descendiente de ucranianos, es rubia como el sol, y sus ojos celestes son llamaradas en la noche. Tiene un cuerpo voluptuoso… soberbias tetas, magnífico culo, apenas una matita de pelos dorados le cubre la concha. Y que deliciosa es su almejita. Cuando la conocí… la desnudé con la mirada. Me imaginé posesionando su cuerpo, en forma salvaje, penetrándola por todos los orificios disponibles… concha, culo, boca… lo que no desnudé fueron sus gustos y preferencias personales. Cuando lo hice, ya era tarde… ¡pero me gustó! Y descubrí una parte de mi sexualidad oculta, de esas que todos lo hombres tenemos y no queremos admitir nunca.

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Me meé en el culo de una desconocida

Hace unos meses fui con mis amigos del equipo ciclista a Madrid para celebrar una despedida de soltero, yo estoy casado desde hace 10 años y ahora tengo 38 años, pero dentro del grupo hay amigos mucho más jóvenes.

Como supondréis ahora los que mejor nos lo pasamos en las despedidas de soltero somos los que ya llevamos algún tiempo casados, y aprovechamos estos viajes para volver a salir.

No me enrollare más, después de todo el día bebiendo, terminados en una discoteca del centro de Madrid y cuando ya solo quedábamos un grupo de 4 o 5 que estábamos pensando en irnos llego un grupo de chicas y se pusieron a nuestro lado. Lógicamente aquello se animo, empezamos a bailar con ellas, a bromear…etc.

Entre ellas había una chica que destacaba porque solo hacía que mirarnos y provocarnos, a pesar de estar algo rellenita era muy morbosa y además era la más simpática de todas. No paraba de bailar, de insinuarse, de calentarnos…llevaba un vestido con un escote impresionante que dejaba imaginar sus tetas perfectamente, eran enormes igual que toda ella, morena de piel blanquita y unos ojos azules que todavía hacían más morbosa sus miradas.

Mis amigos se centraron en coquetear con el resto de amigas, ya que había alguna que estaba muy buena, pero a mi aquella chica me tenía muy caliente, no era la más guapa pero si la que más morbo me daba. Poco a poco mis amigos sobretodo los solteros fueron cogiendo más confianza con el resto de chicas y yo aproveche para comenzar a hablar con ella, se llamaba Vanessa. Era una autentica calienta pollas, me susurraba al oído, se rozaba, abría su escote,…en una palabra me puso como una moto. Sabía aprovechar todo su cuerpo para provocarme.

Poco a poco me fui excitando hasta estar totalmente empalmado…la muy cabrona me había puesto a 100%. Yo suelo ser algo tímido, pero como estaba borracho y no la conocía le seguí el juego y comencé a rozarme yo también. Cuando hablaba con ella me acercaba tanto que dejaba que notara mi polla contra su pierna.

Así estuvimos algún tiempo hasta que algunos de mis amigos dijeron de ir a otra discoteca. Fuimos a despedirnos y decirles que si venían…pero antes de que pudiera decirle nada, Vanessa apoyo su mano sobre mi pene y guiñándome un ojo me susurro:

-No me digas que te vas a ir así???, que desperdicio!!!.

-Uff y que puedo hacer??

-Tu veras, puedes irte con tus amigos o venirte conmigo.

Lo tenía claro con el calentón que llevaba mentí a mis amigos, les dije que estaba cansado, que me iba ya hacia hotel y quede en la puerta de la discoteca con Vanessa. A los pocos minutos salió y nos fuimos a su piso.

Solo llegar al ascensor ya empezamos a besarnos salvajemente y ella comenzó a agarrarme el pene. Por un momento pensé que me lo iba a sacar allí mismo. Entramos en su piso…nos quitamos los abrigos, nos besamos…y sin decir nada más se arrodillo ante mí y comenzó a chuparme la polla.

No podía creerlo pensaba que era un sueño, ella me chupaba la polla y me miraba con sus ojos azules, sacaba el capullo totalmente ensalivado y volvía a metérselo en la boca una y otra vez. Aquello solamente lo había visto en las películas.

Quise pararla, porque a pesar de que estaba borracho me iba a correr…pero fue imposible, en menos de 1 minuto me estaba corriendo. Creo que ella se enfado porque no la avise y casi me corro en su boca y sobretodo porque le decepciono que me corriera tan pronto. Así que tuve que decirle:

-Tranquila ahora me toca a mí.

Lalevante del suelo y la lleve hasta su cama, la tumbe de un empujón y me abalance sobre ella para lamer su cuerpo. Primero lamí su cuello y poco a poco baje hasta sus impresionantes pechos, tenía unos grandes pezones me recree un poco y baje lentamente hacia su coño, lo llevaba totalmente depilado.

Juguetee un poco para hacerla sufrir y poco a poco comencé a lamer su clítoris, a jugar con el…intercale los juegos con fuertes lametones en todo su coño!!! Sabía a gloria y estaba tan depilado que podía chuparlo con total facilidad.

Ella se abrió completamente de piernas creo que quería cobrarse la chupada anterior, me agarraba con sus manos y me apretaba con fuerza contra su coño. Después de un rato su coño se convirtió en toda una fuente…era una mezcla de flujos y saliva. Vanessa comenzó a disfrutar de lo lindo, gemía de placer y tenia pequeñas convulsiones, se mordía el labio, se frotaba sus pechos….Cuando ya no podía más aprisiono mi cabeza fuertemente con sus dos piernas y comenzó a gritar, su coño fueron todo fluidos!!! Pude notar perfectamente como le venía el orgasmo…que placer se había corrido en mi boca!!!.

Tuve que estar casi 20 minutos lamiendo su coño, pero por lo menos ahora ella también se había corrido, además mi pene estaba otra vez a mil. Así que comencé a follarle el coño, estaba híper sensible y gemía casi desde el primer minuto…entraba y salía con una facilidad pasmosa…me dijo que iba a volver a correrse!!!

Lo peor es que yo también estaba a punto otra vez…empezamos los dos a gemir como locos, y esta vez sí que la avise.

-No puedo más me corro!!!

-yo también vamos dame toda tu leche!!!

Justo cuando me iba a correr se la saque del coño y me corrí encima de su vientre y de sus tetas…la corrida fue descomunal, ella se quedo mirando y cuando pensaba que se había enfadado comenzó a coger mi semen con sus manos y a extendérselo por todo su cuerpo.

Lo llevo hasta sus pechos y lo puso sobre sus grandes pezones!!L Cogió un poco con su dedo y con una mirada sexual se lo llevo a la boca.

Yo iba a estallar, casi me derrito…mi pene seguía erecto!!! Ella me hizo un gesto para que me acercara, volvió a llevarse el dedo lleno de semen a su boca y me beso!!! Al principio me dio asco pero luego comencé a besarla como un loco. Recogió de nuevo restos de mi corrida y ahora me lo mentido directamente dentro de mi boca…y cuando fui a besarla, me empujo hacia abajo y me dijo.

-Vamos chúpame las tetas!!! Límpialas

Estaba tan excitado que no lo pensé, lamí sus pezones y los deje totalmente limpios. Ella se volteo y bajo a limpiar mi pene que estaba ya algo flácido. Lo chupo de tal forma que consiguió volver a ponerlo erecto, y más cuando comenzó también a lamer mis huevos. En cuanto mi pene cogió un tamaño considerable se sentó sobre él y comenzó a cabalgarme.

Aquella mujer era increíble, yo estaba sobre la cama dejándome hacer…ella se masajeaba las tetas y las lamias mientras me cabalgaba!!! Aquella visión era total…poco a poco fue incrementado el ritmo y ella misma se empezó a acariciar el clítoris mientas gemía y gemía.

A pesar de que era ya mi tercera corrida no aguante mucho…la avise para que se quitara, pero ella no lo hizo!!! Así que me corrí dentro de su coño, ella seguía cabalgándome, mi pene se relajo un poco y pude notar como mi semen resbalaba por su coño, pero ella no paró hasta que consiguió tener su orgasmo. Finalmente se tumbo sobre mi exhausta y nos besamos. Ella seguía teniendo pequeñas contracciones de placer y me susurro al oído:

-Te gustaría chupar ahora mi coño??? O es demasiado fuerte para ti??? Prefieres que vaya a limpiarme al baño???.

Yo no sabía que contestar…me daba algo de asco, pensar en su coño chorreante de semen así que solté una pregunta retorica.

-Te gustaría que lo chupara???

-Me encantaría.

Ahora ya no tenía elección así que la bese, y baje en dirección a sus nalgas.

-Espera así no, sigue tumbado.

Se levanto se puso a cuatro a patas y se sentó sobre mi cara…tenía mi boca en su coño y mi nariz prácticamente en su culo. Comencé a chupar su coño, la postura ayudaba a que el semen cayera sobre mi boca y además podía notar como ella hacia fuerza para expulsar hasta la última gota.

-Sigue por favor, me encanta!!!

A mí me daba bastante asco, pero aquellas palabras me excitaban. Tenía el coño totalmente lubricado, por sus flujos y por el propio semen, ella gemía, se notaba que disfrutaba con aquello…se tumbo un poco y comenzó también a lamer mi polla para limpiarla pero ahora termino enseguida porque ya no reaccionaba, así que se tumbo sobre la cama con las piernas totalmente abiertas, mientras yo terminaba.

Yo seguí chupando su coño, ahora ya me encantaba su sabor y su olor a sexo!!! Además ella en ningún momento me pidió que parara, al revés se puso más cómoda, abrió las piernas y comenzó a tocase el clítoris mientras yo lamia su coño.

Mis lametones recorrían todo su coño…y cada vez iban más abajo casi llegaban hasta su culo. Antes cuando se había sentado sobre mí, había podio sentir su olor y en lugar de haberme molestado me había excitado su aroma. Comencé a lamer cada vez más cerca de su ano y a pensar en la posibilidad de chupárselo.

Creo que ella se dio cuenta porque abrió un poco más las piernas y me habilito el paso. Yo comencé a lanzar pequeños lametones furtivos, aquel sabor y olor era maravilloso, me estaba poniendo a mil…pero me daba vergüenza pensar que aquello me pudiera excitar, hasta que ella me dijo:

-Ya veo que también quieres chupar mi culo.

Cogió la almohada se la puso debajo de su espalda, de formar que su culo quedo totalmente expuesto hacia mí y me dijo.

-Ahora lo chuparas mejor, vamos es todo tuyo.

Aquello era demasiado, esa mujer era toda una caja de sorpresas, comencé a chuparlo…ahora mi lengua recorría todo su culo y note el sabor algo más fuerte, pero me encanto. Cuando ya llevaba un rato y lo había dejado bien lubricado, Vanesa comenzó a chupase el dedo y a introducírselo ligeramente en el culo, mientras con la otra mano se masturbaba el clítoris. Yo iba a estallar de nuevo.

Cambiamos de postura otra vez, ahora para hacer un 69…pero en lugar de chupar su coño yo chupaba su culo. Ella chupaba mi polla y también mis huevos y mi culo!!!. Nunca nadie me lo había chupado, la excitación fue total…y no tarde en volver a correrme ahora dentro de su boca.

Esta vez se lo trago todo y como yo ya no podía más se centro en seguir dándose placer a ella misma, siguió masturbando su clítoris y su culo…Se penetraba el culo con su dedo, ahora hasta el fondo, mientras con la otra masturba su clítoris..

Yo simplemente me tumbe junto a ella y comencé a besarla entre gemido y gemido. Ella seguía masturbándose, le dije si le podía ayudar

-Si tranquilo, ahora. Descansa un poco, déjame que termine sola!!!

Gemía como una loca…se metía en la boca los dedos para lubricarlos y volvía a introducirlos en su culo… Me miro fijamente, se metió el dedo en culo y me lo metió en la boca…Yo no dije nada simplemente lo chupe, era lo más cerdo que había hecho nunca, pero me sentí totalmente excitado. Volvió a metérselo y a dármelo para que lo chupara, mientras me sonreía

-Te gusta???

-Si me encanta!!

Estaba tan excitado que creo que le habría chupado cualquier cosa.

-Te gusta el sabor de mi culito eh!!Me encantan los chicos guarros como tú!!!

Estuvo así un buen rato hasta que tuvo un nuevo órganos y dejo su culo totalmente dilatando. Y casi sin tiempo para recuperase me dijo

-Ahora lo he dejado listo para ti, quieres follarlo??

-Si por favor estoy desando metértela en ese culazo!!

Se puso a cuatro patas y comencé a follarlo una y otra vez, aquella mujer era impresionante, lo tenía totalmente dilatado y seguía pidiéndome más y más. Pero yo ya no podía correrme más veces.

Mi polla poco a poco fue rebajando de tamaño…y me entraron unas enormes ganas de mear, así que le dije a Vanessa que iba al baño un minuto para poder continuar.

Pero ella no me dejo..Me dijo que siguiera!!! Era incansable!!! Le dije que me meaba…pero ella insistió en que siguiera!!.

-Si sigo voy a merme encima, no puedo más!!!

-Sigue por favor!!!

No podía creerlo, quería que la meara?? O solo quería que siguiera?? No sabía qué hacer. Igual aquella mujer era todavía más guarra que yo?? Me envalentone y me la jugué, total no tenía nada que perder, así que le dije.

-Voy a mearte encima…y me meare dentro de tu culo

Ella no contesto solo bajo de la cama y se puso en el suelo a cuatro patas. Estaba claro quería que la meara!!! Aquello me calentó y mi polla volvió a ponerse dura. Así que aproveche la calentura durante unos minutos para seguir follandole el culo, pero mis ganas de hacer pis impedían que me corriera.

Me relaje un poco y justo cuando estaba a punto metí mi pene en su culo y comencé a mearme!!! Su culo al recibir el pis caliente se cerro de golpe presionado mi polla y cortando mi meada. Saque mi polla de su culo y termine meando por toda su espalda y por su coño!!

Ella gritaba de placer…y yo estaba en éxtasis solo de ver la escena.

-Así dámelo todo, quiero que llenes mi culo!!!

Finalmente se giro y sin decir nada nos fundimos en un beso…creo que fue el beso más sucio de mi vida. Ella chorreaba pis por todos lados y su culo seguía dilatado expulsando parte del pis con restos de sus heces…así que como pudimos fuimos al baño a limpiarnos.

Ya en el baño, comencé a decirle lo impresionante que era, lo mucho que me gustaba lo guarra que era, a decirle que aquello era lo máximo que había hecho, a decirle que quería volver a quedar con ella,…hasta que ella poniendo un dedo en mis labios me mando callar y me dijo:

-Estas seguro de lo que quieres? O mañana todo esto te parecerá una guarrada

-Si haría cualquier cosa, me ha encantado, han sido los mejores polvos de mi vida. Eres la bomba.

-Esta bien, demuéstramelo arrodíllate, yo también me estoy haciendo pipi.

Se puso frente a mí, y empujo mi cabeza contra su coño, yo comencé a chuparlo.
-Pídemelo vamos!!!.

Yo no estaba seguro, pero mi excitación podía con todo.

-Vamos pídemelo!!! No es lo que quieres???
-Por favor quiero probar tu pipi!!! Meame por favor!!! Quiero tu pis!!!

Agarro con fuerza mi cabeza y comenzó a mearse…yo note como salía aquel liquido caliente y se estrellaba contra mi cara. Tenía mi boca cerrada para no ahogarme, pero podía sentir su sabor salado y su olor…aquélla fuente no paraba nunca. Volví a ponerme a mil al sentir como su pis resbalaba por mi cuerpo hasta mi polla, Estaba tan excitado que finalmente abrí mi boca, para probar su pis.

-Así me gusta…bébetelo todo!!! Ahora veo que si eres como yo, un verdadero guarro. Quiero que te lo bebas todo!!!

Trague su pis, aguantado hasta la última gota y cuando termino todavía lamí su coño hasta dejarlo totalmente limpio. Me levante nos lavamos un poco y nos fuimos a la cama.

Lo que paso al día siguiente será otra historia….

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Una amiga casada me facilita su propio chantaje.

Les contare que me ocurrió este verano, cuando mi mujer tuvo que irse sola de vacaciones con los niños y sus padres. La idea era solucionar el problema que teníamos en la empresa con un cliente internacional y en cuanto pudiera irme también a la playa. Y claro cómo iba a estar solo unos cuantos días solo, aproveche para salir algún día con los amigos a tomar unas cañas.

Uno de esos días me fui de cena con los amigos y después estuvimos echando unas copas, me fui pronto a casa porque trabajaba, pero como había bebido bastante decidí coger un taxi. Cuando andaba hacia la parada de taxis ocurrió una de esas casualidades que ocurren una vez en la vida y que me permitirán disfrutar de nuevo de mi fetiche.

Ya les he contado en otros relatos que soy fetichista del sexo oral y de los aromas más íntimos del cuerpo de la mujer. Tengo 38 años, mido cerca de 1,78 y sin tener un cuerpo musculado si tengo un cuerpo atlético, soy moreno, llevo el pelo corto…bueno supongo que me conocen de otro relatos.

El caso es, que subía andado por la calle, cuando en la puerta de un coche me pareció ver a una amiga de mi mujer besándose acaloradamente con un chico y para mi sorpresa no era su marido. Al principio hice como que no la veía y continúe caminando hacia la parada del taxi, pero cuando llevaba uno 30 metros, escuche que me llamaban.

La amiga de mi mujer se llama Vanessa tiene unos 39 años y está casada desde hace varios años, su marido es viajante y pasa bastantes días fuera de casa, sin embargo jamás hubiera imaginado que le ponía los cuernos, ella es una chica apretantemente muy enamorada de su marido. Y la verdad es que como me llevo bastante bien con el jamás me había fijado en ella, pero hay que reconocer que tiene un físico bastante espectacular, con unos generosos pechos y unas espectaculares caderas, tal vez le sobren algunos kilos pero se puede decir que esta muy buena.

Me gire para ver quién me llamaba y vi que era Vanesa, subía por la calle con su coche, iba ella sola y cuando llego a mi altura, se detuvo para llamarme:

-Hola Javi. Dónde vas? Me dijo como si nada.

-Hola Vanessa, que tal? Voy a coger un taxi y me voy para casa.

-Sube que yo te llevo,

Me subí al coche pero la situación era muy incómoda, yo no sabía que decir y a ella se le veía muy nerviosa.

-Muchas gracias, he estado cenando con unos amigos pero mañana trabajo, así que toca retirarse pronto.

-Ah si!! yo también he estado de cena con un amigo.

La situación todavía se volvió más incómoda, estábamos dentro del coche frente a frente, se hizo un silencio y sin que yo dijera nada me dijo:

-Ya sé que me has visto besándome con mi Amigo, pero no es lo que piensas. Por favor no se lo digas a tu mujer y menos a mi marido. No ha pasado nada y no me gustaría perder a Manuel por una tontería.

Yo seguía sin decir nada, todavía no había asimilado lo que había visto, así que con una ligera sonrisa le dije:

-No no tranquila que no diré nada.

No sé si por el tono o porque, pero ella comenzó a suplícame como si no me creyera.

-Por favor Javi, no se lo cuentes, hare lo que mi pidas de verdad…Pero por Dios no se lo cuentes.

Ella seguía suplicando y yo no sabía que decir, solo podía mirarla sin decir nada. Creo que me gustaba esa situación, ya que ella es bastante engreída y allí estaba perfectamente vestida y maquillada, con sus mechas rubias y sus ojos azules medio llorosos suplicándome.

-Dime qué quieres, pero no se lo digas.

La verdad es que jamás pensé en chantajearla, al fin y al cabo también era mi amiga, pero como yo seguía sin decir nada, ella me dijo:

-Vamos di algo joder, hare lo que me pidas, no seas cabrón, eres igual que todos!! que quieres que te la chupe?? Pero júrame que no dirás nada a nadie.

Aquella frase me dejo de piedra, ni en mis mejores sueños me habría imaginado aquello. Mi cabeza iba a mil, y aquello me había dejado totalmente excitado. No sabía que decir así que mientras lo asimilaba solo acerté a decirle

-Tranquila Vanessa arranca, y vamos a casa.

Por mi reacción ella enseguida vio que mi intención no era chantajearla y que se había pasado con su ofrecimiento, pero ahora tal vez fuera demasiado tarde.

-Entiéndeme que es una forma de hablar, solo quiero que esto no salga de aquí.

Yo me repuse, sabía que no podía perder aquella oportunidad, así que le dije:

-No quiero que me la chupes, quiero chuparte yo. Dejaras que te lama todo el cuerpo y te prometo que no diré nada.

-Estás loco, quieres lamerme???

-Si, en lugar de chupar mi polla, seré yo quien te haga sexo oral.

En un ataque de dignidad, me dijo:

-Eres un guarro y un cabrón.

Pero yo ya me había repuesto y estaba dispuesto a todo, así que le respondí con rapidez.

–Tu has empezado esto, eres una puta que quiere que su marido no lo sepa, así que eso tiene sus consecuencias.

En todo el trayecto ya no hablamos, aparcamos el coche y subimos a mi casa, entramos en la habitación, me puse cómodo y le pedí que se desnudara. Ella hizo un amago de ir hacia la puerta para irse, pero como si se lo pensara mejor, abrió su vestido y lo dejo caer en la habitación.

Estaba preciosa, con sujetador rosa y negro que casi no podría contener sus pechos y una braguita a juego que tapaba todo su pubis. Me acerque a ella y la empuje suavemente sobre la cama, me arrodille y me acerque a sus pubis.

Cogí las braguitas y comencé a bajarlas muy despacio, esperaba ver un pubis totalmente depilado o con un con una ligera tira de pelo, pero para mi sorpresa me encontré un pubis bastante poblado de bello, lo tenía muy arreglado pero sin duda me sorprendió y todavía me excito más el pensar que nuestra amiga Vanessa debía ser bastante pudorosa y por ello no se depilaba.

Acerque mi cara y enseguida pude comprobar su aroma, a pesar de que iba aseada el olor era intenso…y eso me excito al máximo. Mis movimientos eran muy lentos y creo que esto excitaba a Vanessa, ya que se movía inquieta y cuando acerque mi legua a su clítoris pude comprobar que ya estaba ligeramente mojado.

Comencé a lamerlo suavemente, lamia también toda la raja de su coñito, que ahora ya estaba totalmente mojado, sin duda Vanessa estaba excitada. Empecé a alternar fuertes lametones con otros más suaves, y empecé a jugar con su clítoris…Vanessa no podía más y aunque intentaba aguatar para no descubrir su excitación comenzó a gemir, no podía parar, iba correrse y su coño parecía una fuente. Continúe lamiendo más y más fuerte hasta que tuvo su primer orgasmo y termino gritando y suplicándome que parara.

Pare y la deje reponerse durante unos segundos, ella se pensaba que ya habíamos terminado, e intento levantare, pero se lo impedí.

-Vamos Javi me has dicho que solo querías hacer sexo oral, tiene que cumplir el trato.

-Tranquila Vanessa, no quiero nada más, pero todavía no hemos terminado.

Ella se tranquilizo un poco relajándose de nuevo,

-Vamos abre un poco más las piernas, ahora quiero chuparte más abajo.

Ella lo hizo, sin entender mis intenciones, seguí lamiendo su coño totalmente humedecido y poco a poco mis lamentos fueron bajando más y más en dirección a su ano. Creo que antes nadie le había lamido su ano, porque al acercarme note como tensaba su cuerpo.

-Pero que haces???

-Voy a lamer tu culo, nuca te han hecho un beso negro???

-Pero que dices, estas loco, eso es una guarrada!!

-Cierra los ojos y disfruta, recuerda que el trato era lamer todo tu cuerpo.

Estaba totalmente tensa y tuve que continuar lamiendo su coño para que se relajara un poco, pero ahora cada vez abría mas sus nalgas, y mis lametones iban cada vez más cerca de su ano.

Finalmente puede meter mi nariz para apreciar todo su olor y su sabor, era delicioso poder ver a la amiga de mi mujer totalmente abierta para mí. Comencé a chuparlo y aunque tenía algunos pelos a su alrededor era delicioso poder disfrutar de aquel sabor tan fuerte. Vanessa ya se había resignado y era ella misma la que con sus manos abría sus nalgas para que facilitarme la faena.

Comenzó a gemir de nuevo, así que con una de mis manos comencé a tocar de nuevo su clítoris y con la otra jugaba con su ano metiéndole el dedo, mientras seguía chupando su culo y su coño sin parar. Aquello hizo que Vanessa estallara, ahora ya sin disimular su excitación, no podía más, así que empezó a gritar:

-Vamos cabron chupa, sigue chupando mi culo, no pares. Eres un cerdo, me encanta!!!!.

Aquellos gritos me pusieron a mil, estaba a punto de estallar, mi pene ya hacia ratos que no cabía dentro de mi pantalón y más cuando Vanesa siguió gritando.

-Follame Javi, por favor, follame no puedo más.

Me baje el pantalón y me tumbe sobre ella, de un solo golpe se la metí en todo su coño, entraba muy fácil ya que Vanessa estaba totalmente mojada

-Así, por favor métemela, hasta fondo.

Comencé a follarla todo lo fuerte que pude…y yo también empecé a gritarle.

-toma puta, quieres que te folle más duro??? Grita lo puta que eres.

-Siiiiiii quiero que me folles, que no pares, soy una puta y una zorra. Follame cabron.

-Te gusta ser un puta verdad??? Y que tu marido será un cornudo.

Yo no aguante ni 30 segundo y me corrí dentro de su coño, llegando a un gran orgasmo mientras ella clavaba sus uñas en mi espalda, pidiéndome que no parara, creo que tuvo el mayor orgasmo de su vida. Yo también tuve una de mis mayores corridas, cuando me retire pude ver su coño chorreando y ella seguía sin poder moverse porque todavía tenía contracciones del orgasmo.

-Bueno Vanessa un trato es un trato. Conmigo tu secreto está a salvo, tu marido no sabrá lo puta que eres, le dije guiñándole un ojo.

-Seguro que tu mujer tampoco sabe lo guarro que eres, o también le chupas el culo a tu esposa, si quieres la próxima vez que nos veamos le pregunto.

Aquella frase me dejo descolocado, ya que no esperaba que Vanessa contraatacara.

Como imagináis después de este encuentro ha habido otros, aunque en los siguientes la situación cambio un poco y no fue ella la chantajeada…pero eso lo dejamos para otro relato.

Si les ha gustado no duden en escribirme

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Mi mujer descubre mi fetichismo.

Quería contarles la vergüenza que pase cuando mi mujer descubrió mi afición a su ropa interior y mi fetiche por sus aromas más íntimos.

Soy un hombre casado, que llevo una vida muy tradicional, tengo 38 años soy moreno y tengo un cuerpo atlético gracias a que me gusta practicar deporte y además por mi trabajo en una gran empresa siempre intento llevar una imagen muy cuidada.

Mi mujer tiene una estatura media, aproximadamente 1,67 es rubia y con la piel tirando a blanquita, al igual que yo le gusta cuidarse, aunque ella tiene un ligero sobrepeso, que sin estar gorda hace que se marquen más las curvas de su culo y sus tetas. Suele vestir bastante discreta aunque siempre lleva algún escote, que sin ser excesivo deja entrever sus grandes pechos.

Llevamos mucho tiempo juntos y tuvimos los hijos muy temprano, por lo que durante este tiempo hemos descuidado nuestra relación de pareja y el sexo se ha convertido en monotonía; postura del misionero una vez cada 15 días con suerte. Lógicamente para mí esto no es suficiente por lo que suelo masturbarme habitualmente.

Hace ya unos meses mi vida sexual cambio, me encerré lavabo para ducharme y cuando abrí el cesto de la ropa sucia para dejar la mía, vi las braguitas de mi mujer

Era unas braguitas blancas con unos pequeños encajes, no me hubiera fijando en ellas sino porque estaban ligeramente manchadas a la altura del coñito, y sin saber porque, como si fuera un gesto instintivo las acerque a mi nariz para olerlas.

Esto bastó para que mi pene se pusiera tieso como un palo. Tenía una erección como las de hacías mucho tiempo, seguí oliéndolas mientras me masturbaba hasta que finalmente me corrí salpicando todo el baño.

Había disfrutado como nunca con aquel aroma, a mí siempre me había gustado practicar el sexo oral y de hecho lo hacía con todas mis novias, me daba morbo comerles el coño, esos aroma tan íntimos, ver como se estremecían hasta correrse. El aroma de aquellas braguitas trajo a mí todos aquellos recuerdos.

Aquel aroma me tenía loco, quería volver a sentirlo, así que a los días intente practicar sexo oral con mi mujer, pero a ella no le gustaba lo rechazo diciendo que era una guarrada y como siempre tuve que conformarme con tocarla un poco para luego terminar con la penetración.

Otro día me habría conformado con aquello pero ahora ya no era suficiente, al terminar solo hacía que oler mis dedos para intentar sentir aquel aroma. Desde entonces todos los días me encerraba en el baño para buscar las braguitas de mi mujer y poder desahogarme.

A veces estaban totalmente limpias y apenas olían, otras veces estaban manchadas con restos de flujo e incluso alguna vez con resto de su pis o de su de caca…me daba igual para mi todos aquellos olores eran deliciosos. Aquello termino siendo una rutina y cada vez que mi mujer iba al baño a duchase entraba yo para buscar mi premio

Pero un día todo cambio, era sábado por la mañana y estábamos solos en casa, ella venia del gimnasio y dijo que iba a darse una ducha porque no había podido ducharse en el gimnasio.

La mire y la vi toda sudada, llevaba unas mallas gris claro que marcaban todas sus curvas, sus braguitas e incluso ligeramente su coñito,…además sabia que el día de antes no se había duchado porque pensaba hacerlo en gimnasio.

Se dio una ducha y salió al salón, yo me levante como un rayo y fui directo al baño, me cerré la puerta con cerrojo y me puse a buscar como un loco entre la ropa sucia, pero para mi sorpresa no encontré su braguitas…estaba toda la ropa sucia y solo faltaban las braguitas, no podía ser!!!!Tal vez no llevaba!!!

Abrí la puerta totalmente frustrado y al salir me quede de piedra cuando vi a mi mujer plantada junto a la puerta con sus braguitas en la mano. Me quede blanco, totalmente bloqueado, hasta que ella balanceando las braguitas me dijo:

-Buscabas esto???

No sabía que responder, como si fuera tonto, delatándome por mi nerviosismo le dije:

-Quien yo?? No no, porque???

-Vamos no te hagas el tonto, ya hace tiempo que dejo mis braguitas en el cesto bien escondidas debajo de toda la ropa y siempre aparecen en la parte de arriba. Vamos cuéntame que haces con ellas??

-Yo no hago nada…y no he cogido nada.

-Te crees que soy tonta? He visto como cada vez que me ducho entras y te encierras en el baño un buen rato…además crees que no te escucho!!! dijo riéndose.

Me encontraba totalmente humillado no sabía que decir,

-Escuchas el que??

-Como te pajeas por muy silencioso que seas puedo oír el ruidito, vamos admítelo te ponen cachondo con mis braguitas??? Te pajeas con ellas puestas??? Te gustaría ser una mujercita???

Mi mujer jamás me había hablado así, con ese desprecio, con esa frialdad, finalmente me derrumbe porque no quería que pensara que era gay.

-No es lo que piensas, no me ponen tus braguitas, solo las uso para poder olerlas y masturbarme

-Ah pues entonces lo que eres es un guarro y un pervertido no???

Y mientras me las lanzaba a la cara me dijo:

-Vamos, demuéstrame como lo haces, quiero verte.

-Estás loca??? Ni hablar

Ella empezó a reír con desprecio y me dijo:

– Venga ahora no vas a tener vergüenza, míralas están muy sudadas, si te gusta olerlas seguro que te gustan así, no???

Mire las bragas y vi que además de sudadas estaban totalmente manchadas de todo tipo de fluidos, porque las había llevado durante dos días. A pesar de la situación solo verlas me había empalmado.

La situación era muy morbosa en la puerta del baño estaba mi mujer, todavía no se había vestido solo llevaba un albornoz que dejaba entrever todas su piernas.

-Vamos a qué esperas, he dicho que quiero verte.

Sin pensar más acerque las braguitas a mi nariz y al oler aquellos aromas mi pene casi explota en mi pantalón. Abrí mi bragueta y comencé a tocarme delante de mi mujer mientras olía aquellas deliciosas bragas. Mi vergüenza se había convertido en morbo y excitación. No pasaron ni dos minutos cuando mi pene estallo en borbotones de semen que inundaron el baño.

Estaba tan excitado que no me di cuenta que mi mujer se había comenzado a tocar ligeramente el coñito, creo que le excito y mucho aquella imagen, pero solo me dijo:

-Eres un guarro y un pervertido, no entiendo cómo puede gustarte oler unas bragas sucias.

Jamás en mi vida había pasado tanta vergüenza, pasaron los días y lógicamente no volvimos a hablar del tema, ni yo volví a buscar en el cesto de la ropa sucia. Pero una noche cuando estábamos desnudándonos para ir a dormir, de repente me dijo:

-Hoy no me he duchado, te gustaría que te dejara mis braguitas??.

Pensaba que solo quería humillarme y mientras me tumbaba en la cama dándole la espalda, solo le dije:

-Ya sabes que sí, pero tampoco hace falta que te rías de mí y me humilles.,

-Ahora no te hagas en indignado, eres un guarro pero si quieres puedo dejártelas o tal vez prefieras oler directamente mi coño?

Ahora había cambiado el tono y su voz sonó mucho más morbosa, me gire y la vi tumbada junto a mí totalmente desnuda con las braguitas en la mano y con las piernas abiertas mostrándome su coñito rosado.

Me acerque, la bese, cogí las braguitas y las tire al suelo, mientras bajaba lamiendo sus pechos en dirección a su coño.

Llevaba meses soñando con aquello, cuando llegue a su coño comencé a chupar su clítoris, ella se estremecía de placer….contiene bajando y pude comprobar todos aquellos aromas, eran mucho más fuertes que en su braguitas, introduje mi nariz en su coño y continúe chupándolo

Intercalaba juegos en su clítoris con fuertes lametones a todos su coño, ellas se retorcía de placer….gemía y gemía y su coño se lleno de fluidos, parecía una fuente… hasta que le llego un gran orgasmo, tuvo que sujetar mi cabeza para que parara porque no aguantaba tanto placer.

Pero yo en lugar de parar, solo baje el ritmo y escape de sus manos para chupar un poco más abajo, quería oler y probar todos sus aromas. Seguí lamiendo con la intención de llegar a su culo pero sus nalgas estaban cerradas y mi legua apenas llegaba.

Sus contracciones ya habían terminado, bajo sus manos y cuando pensé que me iba a parar comenzó a acariciarme la cabeza, y volvió a abrir sus piernas, yo volví a intentar llegar a su culo.

Ella se abrió mas las nalgas con sus manos para facilitarme el paso…no podía creerlo!!! estaba dispuesta a dejarme chuparlo!!!. Empecé a lamerlo mi mujer volvió a retorcerse de placer….así que abrí bien sus nalgas y seguí lamiendo a pesar de que su sabor y olor era muy fuertes. Continúe dándole un gran beso negro y mientras lo hacia comencé a tocarme y pajearme.

Cuando se dio cuenta mi mujer me dijo:

-Espera, espera…no te corras todavía estoy muy caliente, penétrame por favor.

Así que pare y comencé a penetrarle el coño, enseguida le vino un gran orgasmo sus gemidos podían oírse en todo el barrio, suerte porque yo ya no podía mas y me corrí inundando su coño.

Estuvimos uno sobre el otro hasta que me bajo la erección, notaba como su coño chorreaba de semen, y cuando ya pensaba que habíamos terminado, ella me dijo:

-No me habías dicho que dejarías limpio mi coñito?

La mire a los ojos con una sonrisa cómplice y baje para lamer mis propios fluidos…continuara.

Espero que les haya gustado, pueden dejarme su opinión en mundoriki77@gmail.com

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Mi asistenta y su amigas me humillan y me emputecen

Soy un chico de unos 37 años, estoy casado y tengo una buena posición social, además tengo un físico atlético y soy bastante guapo…y aunque estoy felizmente casado tengo una debilidad por los aromas de mujer, siento pasión por lamer y oler el cuerpo de las mujeres. Fetiche que no comparte mi mujer, por lo que he tenido que buscar otras vías para poder practicarlo…

Los que habéis leído mis otros relatos, ya sabéis que este fetiche me llevo a chantajear a mi asistenta para cumplir mis fantasías, pero que finalmente he terminado siendo yo el chantajeado, ya que ahora es ella la que amenaza con contarle todo a mi mujer.

De forma que cada vez que mi mujer la llama para que venga a casa a limpiar, planchar etc, debo pagarle el doble de la tarifa o mi mujer se enterara de mi secreto.

He pensado despedirla y si le cuenta algo a mi mujer decirle que es mentira, que se lo inventa todo por venganza, aunque es verdad que tiene alguna pruebas que me comprometen, además realmente soy yo el que no quiere que esto termine, porque estoy totalmente enganchado a su cuerpo, y necesito poder volver a lamer sus pies, su coñito o su cultura

Sin embargo esta situación creo que ha llegado demasiado lejos y ya no es un simple chantaje, voy a contarles como he terminado por convertirme en su sumiso:

Hace un mes la llame para que me dejara tener un nuevo encuentro, normalmente solíamos aprovechar el día que venía a limpiar a casa y yo acudía del trabajo. Pero en esta ocasión me dijo que tenía una sorpresa para mí, que me cogiera el día libre en el trabajo y que buscara una escusa con mi mujer para estar fuera todo el día. Me pidió que le comprara una botella de champagne y un regalo caro (una joya preferiblemente) y que fuera a su casa para una fiesta de cumpleaños.

Yo no me lo pensé, estaba totalmente excitado, no sabía que era su cumpleaños, pero me pareció una buena idea celebrar su cumpleaños y dar rienda suelta a mi pasión, pensé que ella también disfrutaba de nuestros encuentros y que tal vez los chantajes se habían terminado.

Compre una botella de champagne, me fui a una joyería y compre unos bonitos pendientes, me gaste unos 400€, quería sorpréndala y conquistarla

Me mando la dirección al móvil, su piso estaba en un barrio pobre de la ciudad, subí a su piso, seria un 4 sin ascensor. Estaba totalmente excitado, me arregle un poco el traje y llame al timbré, esperaba ver a Sofía vestida con un vestido elegante o tal vez con un conjunto de lencería…pero cuando me abrieron la puerta vi que Sofía no estaba sola, estaba acompañada de sus dos compañeras de piso.

Me abrió la puerta una chica de unos 30 años, rubia, alta, con ojos azules, llevaba una manicura francesa perfecta, vestía un vestido corto negro y unos zapatos con tacones de un palmo que todavía la hacían más alta, hacía tiempo que no veía una mujer así.

La otra chica era todo lo contrario tendría unos 55 años, morena, con el pelo corto a lo chico, estaba algo rellenita y no era excesivamente guapa, no iba especialmente arreglada. Me pareció que ninguna de las dos hablaba bien el español, ya les dije que Sofía era de Rumania.

Me dijeron que pasara al salón, me quede allí esperando, supuse que Sofía se estaría arreglado y que nos iríamos, pero cuando apareció, vi que no iba vestida como esperaba, solo salir dijo con total desprecio:

-Ya era hora, llegas tarde perro, chicas les presento a mi perrito chupa-coños, hoy será nuestra asistenta.

Yo me moría de vergüenza, en alguno de nuestros encuentros Sofía me traba así y me daba morbo, pero ahora estaba allí de pie, con la botella de de champan en una mano y dos mujeres que no conocía mirándome. Las chicas se echaron a reír y comenzaron a hablar en rumano.

-Hoy es el cumpleaños de mi amiga Katrin, y tú serás nuestra asistenta, igual que hago yo en tu casa, tienes que servimos la comida, fregar, y estar a nuestra disposición.

Yo no sabía que decir, me quede plantado en el salón, delante de las tres mujeres, quería desaparecer, pero sin que me diera tiempo a asimilar la situación. Sofía me lanzo un delantal de cocina a la cara y me dijo:

-Vete al baño desnúdate y ponte únicamente este delantal y tu corbata, queremos que seas un asistenta putita pero elegante.

Fui al baño, me desnude y me puse el delantal que tapaba mi pene pero dejaba todo mi culo al descubierto, no me atrevía a salir al salón, aunque finalmente muerto de vergüenza decidí salir, solo verme se echaron a reír…y me ordenaron que comenzara a servirles.

Comencé a servirles el primer planto, cuando me acerba a la rubia ni siquiera me miraba, pero cuando me acerba a Katrin la cincuentañera me comía con los ojos y de vez en cuando tocaba mi culo.

Aunque no podía creerlo, la situación me fue excitando y tuve una pequeña erección, solo iba cubierto con un paño de cocina y cuando Sofía se dio cuanta me dijo:

-No te da vergüenza empalmarte mientras comemos, ya les he dicho a mis amigas que eres un perro mal educado, tendremos que castigarte. Vamos ponte de rodillas y muéstranos tus nalgas.

Todavía no había terminado de hablar cuando la chica rubia que ni siquiera me había mirado, se levanto y vino con una regla de madera, se puso tras de mí y comenzó a azotar mi culo. Nunca me habían azotado, me sentía humillado, al principio el dolor no era mucho, pero poco a poco mis nalgas comenzaron a enrojecerse y comenzó a dolerme, casi no podía contener las lagrimas del dolor. Pero la joven rubia parecía disfrutar con aquello, en un rumano-español me dijo:

-No llores perro, se que te gusta, nos ha dicho Sofía que eres una putita mala.

Esas palabras me excitaron y aunque me dolía cada golpe que me daba, mi erección no solo no se rebajo, si no que todavía era mayor. Sofía les dijo:

-Mirar, ya os dije que no había que tenerle compasión, que es todo un perrito sumiso y que disfrutaría con esto. Vamos saca el champan y el postre y supongo que habrás traído un regalo para mi amiga, no??.

Fui a la cocina saque el champan y tuve que darle los pendientes a su amiga Katrin, seguramente aquella mujer nunca había soñado con tener unos pendientes así. Se sentaron en el sofá les serví el Champagne, Sofía les dijo:

-Katrin no nos has dicho que tenias los pies cansados de tanto trabajar hoy? Veras como mi perrito te los arregla,

Katrin se descalzo, tenias uno pies algo deformados por los años, olían mal y estaban sudados de trabajar todo el día, me arrodille y comencé a masajearos.

.

-No no así no, quiero que se los chupes como haces con los míos.

Por nada del mundo hubiera chupado aquellos pies, pero levante la vista vi a las tres mujeres y sin saber porque comencé a chuparlos…la que mas gozaba viéndome humillado era la rubia, se acerco y me dio un azote con la mano, animándome “vamos chupa putita” .Katrin no podía ni imaginar que un hombre joven le estuviera chupando los pies.

Al acercar mi boca sentí todo el olor y el sabor del sudor, pero la situación era tan humillante que comencé a disfrutar, imaginaba que eran los pies de Sofía o de la joven rubia y poco a poco mi excitación subía.

-Muy bien buen trabajo perrito, dijo Sofía, ahora quiero que te vayas con Katrin a su habitación y le hagas pasar el mejor día de cumpleaños que jamás haya tenido, lo primero que harás es chúpale su coñito hasta que se corra, no quiero que la penetres hasta que se haya corrido por lo menos una vez…y para finalizar quiero que le chupes también su ano porque seguro que nunca antes nadie se lo ha chupado. Vamos perrito si te portas bien, mi amiga Irinia te recompensara cuando termines.

Solo entrar al cuarto con Katrian comencé a pensar en que Irina me pudiera recompensar.

Sin decir nada Katrina se desnudo y se tumbo en la cama…desnuda parecía todavía más gorda, tenía unas grandes tetas pero algo caídas y un coño enorme sin depilar, nunca había visto algo así. Me esperaba abierta de piernas, no era la situación más morbosa del mundo pero…

Me tumbe sobre ella y comencé a chupar sus tetas…aunque notaba su sudor era agradable meter mi cabeza entre aquellos grandes pechos, poco a poco fui calentándome y baje hasta su coño.

Al llegar a la altura de clítoris note su olor, me volvía loco el olor de los coños, me encantaba…aunque esta vez era un olor tan fuerte que casi me impidió chuparlo, pero pensé en Irinai y comencé a chupar su clítoris, a los poco segundo Katrina se retorcía del gusto y no paraba de gritar.

Y comencé a gozar con aquel olor y con aquel sabor, me gustaba oírla gritar y gemir, creo que nunca había conseguido que nadie gozara tanto, así que estampe toda mi cara en su coño…estaba lleno de fluidos, los lamia cada vez como más fuerza, metí mi dedo en su coño y continúe chapando su clítoris…me excitaban tanto sus gritos que ya no me importaba el olor. Creo que tuvo varios orgasmos…ella no podía más me agarro de los hombros y me subió cogió mi pene con su mano y se lo metió en el coño…yo comencé a bombear y bombear, hasta que me corrí en su interior. Ella también tuvo otro órgano, grito tanto que con la ventana abierta pudieron oírla desde la calle.

Cuando termino me aparto y se puso sobre mí, comenzó a chupármela lamiendo todos los restos de semen que tenía mi pene, acomodo su coño sobre mi cara y yo también comencé a chuparlo, enseguida note como chorreaba mi propio semen sobre mi boca, ella gemía de placer, se dio la vuelta y me beso, intentado quedarse con todo el semen, parecía una perra en celo.

La vi tan excitada que tuve una nueva erección, en cuanto ella lo vio se sentó sobre mi polla y comenzó a cabalgarme teniendo otro gran orgasmo, sus gritos hicieron que entraran sus amigas. Ella no paraba de besarme y cabalgar sobre polla.

-Muy bien, creo que por fin has conseguido que Katrin sepa lo que es un orgasmo, pero le has chupado ya su culo?? Vamos Katrin date la vuelta veras de lo que es capaz un hombre, seguro que tu marido en Rumania jamás te hizo tener un orgasmo y mucho menos te hizo esto.

Katrin se puso a cuatro patas, mostrándome todo su culo, sus amigas se acercaron y le abrieron un poco las nalgas, diciéndome:

-Vamos perrito ven aquí, no dices que te gustan los aromas de mujer? Ahora los vas a conocer.

Solo acercarme, me pareció ver que su culo no estaba del todo limpio, acerque mi cara y note el olor, junto cuando iba a echarme para detrás Sofía cogió mi cabeza y la estampo contra el culo, diciéndome:

-Toma aromas perro, vamos chupa

Empecé a chupar…era asqueroso, pero la situación era total, tres mujeres me estaban obligado a chupar un culo, cumplía todas mis fantasías, pase mi lengua, me olvide de todo y comencé a disfrutar con aquel aroma tan intimo.

De vez en cuando Irina, mientras se reía, metía un dedo dentro del culo de su amiga y me obligaba a chuparlo…cuando le estimule bien su ano, me dijeron que la penetrara…comencé a penétrala. Katrina no paraba de gritar de dolor y placer. Estaba tan excitado que me corrí pronto en su interior y el semen comenzó a brotar de su culo…me hicieron limpiarlo de nuevo con mi lengua

-Muy bien putita, te has portado muy bien, ahora mi amiga Irina te dará un premio, porque a ella también le gustan mucho los culos.

Solo con aquellas palabras casi exploto de placer pensar que podía jugar con el culo de la rubia, Katrina se fue a la ducha y Sofía me dejo a solas con Irina, ella apenas habla español, trajo una bolsa llena de juguetes sexuales, cuando vi todo aquello pensé que podía ser puta pero no me importo, saco de una bolsa unas esposas y unas ligaduras y me ato a la cama.

En un español más o menos entendible, me dijo

-He visto que te gustan mucho los culos, te gusta el mío?? Te gustaría chuparlo, Mira que pretito lo tentó…te gustaría penetrarlo??? Te gustaría poder romper mi culito???

Yo ya estaba fuera de mí, y le dije:

-Si me encetaría chuparlo y luego penetrarlo hasta dejártelo totalmente dilatado y finalmente me correría dentro de el.

Veo que tenemos los mismos gustos perrito…y cuando ya estaba a punto de explotar de placer me di la vuelta y vi que se había colocado un arnés con un gran pene…al verlo me quede de piedra, el penetrado iba a ser yo!!!. Ella se echo a reír, diciendo:

-No tengas miedo ya verás que placer romper un culito.

A mi jamás me habían penetrado, ni siquiera me había metido un dedo…me unto mi ano con vaselina y primero metió un dedo, fue mejor de lo esperado, no pensaba que fuera a darme tanto placer…pero cuando estaba disfrutando de un solo golpe introdujo el pene…no podía aguantar del dolor, pensaba que me iba a parir en dos…comencé a gritar y entro Sofía al cuarto

-Mira nuestra putita disfruta y grita tanto como Katrina…dale Irina, dale más mira como disfruta.

Me caían las lágrimas de dolor…pero poco a poco note algo de placer y mis lágrimas se fueron convirtiendo en placer, apoye la cabeza en la almohada y me toque el pene…Irinia me azotaba y seguía empujando y gritando:

-Vamos cabron pajearte, no voy a parar hasta que te corras.

Después de un rato estalle y me corrí, Irina saco su polla de mi culo, tenía el ano totalmente desgarrado. Se acerco a mi y dándome un beso en la boca, me dijo:

-Te ha gustado?? Te has portado muy bien, vamos ven al baño y date un ducha…y para que veas que soy buena contigo, solo si tu quieres podrás chupar mi coñito.

Fui al baño solo quería ducharme y irme, pero vi aquella mujer delante de mi, era perfecta, aparto su tanga y me dejo ver su coñito totalmente depilado, rosado, era perfecto como ella. Me dijo:

-Si quieres chuparlo, tendrás que pedírmelo de rodillas.

Me arrodille y le suplique por favor que me dejara chuparlo, se quito el tanta y acerco mi cabeza hacia él, su sabor, su olor todo era una explosión de placer.

-Muy bien perro, te gusta eh??? Ahora voy a hacer pipi, puedes apartarte pero sería de mala educación que se perdiera mi champagne calentito, no???

Yo escuchaba y seguía chupando, estaba hipnotizado con aquel sabor y no podía dejar de chupar, de repente comencé a notar como brotaba su pipi, abrí mi boca y deje que lo hiciera sobre mí.

Cuando termino me levanto y comenzó a besarme…con una mano agarro mi pene que estaba totalmente erecto y me pajeo hasta que me corrí. Cuando termino me dijo:

-Ya me dijo Sofía que eras un guarro, pero que sabias hacer disfrutar a las mujeres. Cuando quieras puedes venir por nuestra casa.

Me duche y me fui a mi casa.

Chicas si os gusto podeis dejar vuestros comentarios o criticas en mundoriki77@gmail.com

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Fetichismo: Atrapado y sometido por mi asistenta.

En mi relato anterior les contaba como había tenido la oportunidad de sorprender a nuestra asistenta del hogar hurgando en la ropa de mi mujer, gracias a ello la había amenazado con despedirla si no me dejaba cumplir una de mis fantasías: “Poder lamer sus partes más intimas”

Sin embargo, cumplir esa fantasía me dejo atrapado por el aroma de sus pies, de su coño, de su culo…y ahora estaba en sus manos

Sofía venia a realizar las tareas de la casa, una o dos veces a la semana según lo convenía con mi mujer, era una chica inmigrante de mediana edad no muy guapa y algo rellenita, además parecía bastante tímida.

Pero después de nuestra primera experiencia, no podía dejar de pensar en sus aromas, hubiera hecho cualquier cosa porque me dejara volver a lamer aquel cuerpo.

A pesar de que le había prometido que no volvería a molestarla y que todo estaba olvidado, no lo pude resistir y le mande un whatsapp, que decía:
-Por favor, necesito volver a probar tu cuerpo.
-Me dijiste que todo estaba olvidado.
-Si tranquila todo está olvidado, esta vez seré yo el que haga lo que tú quieras. No puedo dejar de pensar en ti.
-Y si te dejara, yo que ganaría?
-No te gusto? hare lo que tú quieras?

Poco a poco la conversación fue subiendo de tono y Sofía cada vez estaba más cómoda:
-dime qué quieres hacerme? Vas a tener que convencerme? Que quieres chuparme, vamos dímelo!!!
-Quiero lamer tus pies sudados, tu coñito excitado, tu culo sucio…todo tu cuerpo. -Ja ja eres un guarro, pero me gusta. Que piensa tu mujer de tener un perrito lamecoños??
-Ella no conoce mis gustos, solo seré tu perrito.

Su última frase me dejo sorprendido, porque aparentemente Sofía era una chica tímida pero sus insultos hicieron que todavía me excitara más.

Así termino nuestra conversación y quedamos que el próximo día que vinería a casa, yo intentaría salir antes del trabajo. Por supuesto después del cruce de mensajes mi pene estaba a punto de reventar y tuve que ir al lavabo para desahogarme.

A los días Sofía me llamo, mi mujer le había dicho que pasara a limpiar todo el día, así que salí pronto del trabajo con la excusa de que no me encontraba bien y me fui rápidamente a casa.

Sofía estaba en la cocina, como hacía calor solo llevaba la bata de limpieza y unos zuecos con calcetines, aunque no era la imagen más excitante del mundo, si remarcaba su gran culo y sus grande tetas.

Pero cuando fui a entrar a la cocina vi que también estaba mi mujer y me quede de piedra sin saber que decir, pero tuve suerte porque me quede tan blanco que ella misma me dio la escusa perfecta;
-Que haces en casa? Estas malo cariño, sacas mala cara?
-Si si no me encontraba muy bien
-Ahora le decía a Sofía que me voy de compras al centro de la ciudad, estaré toda la tarde fuera, pero si quieres me quedo para cuidarte?
-No no hace falta solo es dolor de cabeza, me tumbare un rato en la cama y cuando vuelvas seguro que estoy como nuevo.
-Ok, vuelvo para la cena.

Tenía vía libre así que me fui hacia Sofía, que estaba en la fregadera, la rodee con los brazos y comencé a besarle el cuello. Pero ella me freno rápidamente diciéndome:
-que estás haciendo??? No recuerdas que hoy mando yo.
-Si si hare lo que tu digas
-Pues sácate el traje, denúdate y déjate puesta la corbata. Mientras yo voy a ducharme, antes de venir he estado en el Gimnasio y estoy muy sudada.

Yo estaba excitadísimo, nunca me había imaginado a Sofía dando órdenes, porque como les dije era algo tímida, no podía esperar, así que le dije:
-Por favor no te duches, no puedo esperar más.
-Ah!! se me olvidaba que eres un guarro…como quieras pero yo te lo he advertido, además he ido al baño hace algún rato, tú lo has querido perro.

Esa última frase me molesto porque me la dijo con total desprecio…y sin terminar de decirla me cogió de la corbata estiro de ella a modo de correa y me hizo arrodillarme. Estaba a sus pies totalmente desnudo y me dijo:
-Chúpame los pies perro. Los quiero bien limpios

Llevaba los zuecos de trabajo, y en cuanto me acerque pude ver como sus pies estaban totalmente sudados, pero comencé a chuparlos sin parar…Sofía me cogió por la corbata y me arrastro hacia el salón, se sentó en mi sofá y me dijo:
-Continua, masajéalos y déjalos bien limpios.

Yo continúe haciéndolo y poco a poco fui subiendo hasta llegar a la entrepierna, cuando ya podía sentir el olor de su coño, Sofía me empujo hacia atrás diciendo:
-Que haces quien te ha dado permiso, quieres chupar mi coño perrito? Pues tendrás que convencer a tu mujer de que me suba el sueldo, quiero que me pague el doble.
-Pero ese no era el trato? Como voy a hacerlo? Dijiste que…No me dejo terminar,
-Yo no te dije nada, si no lo consigues tendrás que confórmate con chupar mis pies.

Mi mente seguía nublada por ese olor, además estaba en sus manos así que como no me quedaba otra opción acepte:
-Está bien lo intentare, el próximo mes te pagaremos más.
-Si no me lo paga ella tendrás que hacerlo tú, o enviare todos los mensajes que me has enviado y tu mujer se enterara de que tiene un marido lamecoños.
-Te pagare, Sofia te lo prometo.

Así me gusta, pero además hoy tendrás que darme un adelanto, me quedare con todo lo que lleves en la cartera…Ella misma se levanto cogió la cartera de mi pantalón y saco todo el dinero. Suelo llevar unos 40€ en efectivo, pero justo ese día llevaba 300€ para pagar el taller a la mañana siguiente.

Cuando vio tanto dinero, se echo a reír, me miro con desprecio y me dijo:
-Tranquilo, mi coñito está muy sucio como a ti te gusta, valdrá lo que vas a pagar por limpiarlo.

Se sentó de nuevo en el sillón, se saco las bragas y me las tiro a la cara…estaban totalmente machadas de fluidos. Me arrodille de nuevo y comencé a lamer su entrepierna, ahora ella había abierto la piernas para facilítame la labor. Al llegar a su coño, el olor era más fuerte de lo que había esperado y me quede paralizado, pero Sofía me agarro de la cabeza y me dijo:
-A que esperas perro, chúpalo es todo tuyo.

Yo comencé a chuparlo, primero jugueteaba con su clítoris y luego intercalaba grandes lametones por todo su coño, para poder sentir todo su sabor.

Poco a poco vi como Sofía empezaba a estremecerse y su coño comenzó a soltar más y más flujos, cuando iba a correrse me freno y me dijo:
-Hoy mando yo, vamos fállame.
Tan pronto como metí la punta de mi pene en su coño, estuve a punto de correrme, como pude me aguante y me puse a embestirle con todas mis fuerzas.
Estábamos tan excitados que pronto nos corrimos los dos pero Sofía me prohibió parar, sentía como mi semen salía de su coño y resbalaba por mi pene, estaba tan excitado que mi pene seguía igual de erecto, así que seguí hasta conseguir que Sofía tuviera dos orgasmos más.

No podíamos más, terminamos los dos totalmente exhaustos, ella se tumbo en el sofá boca abajo y me dijo:
-Para que veas que soy generosa, ahora si quieres puedes chupar mi culo. Debe estar algo sucio pero eso seguro que te excita más.

Yo no podía mas, pero esas palabras volvieron a traer a mi mente todos sus aromas, así que separe sus nalgas y comencé a darle el beso negro más largo que jamás había dado. Esta vez su aroma era penetrante, una mezcla entre sudor y heces, comencé a chuparlo, mientras Sofía se sonreirá.
-A partir de ahora serás mi perrito, tu mujer me pagara por limpiar tu casa y tú me pagaras por dejarte limpiar mi culo.

Sofía la chica tímida, resulto ser toda una puta y yo su perro más sumiso.

“Chicas espero que a vosotras también os haya gustado podéis enviarme vuestra opinión mundoriki77@gmail.com”

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Nuestra primera vez con nuestros compadres

Comencé a hacerle un beso negro y a introducirle un dedo en el culo v ella me dijo que fuera despacio por que era virgen todavía por ese agujero, con paciencia mientras mi compadre la bombeaba fui introduciendo hasta dos dedos y ella gemía de placer hasta que me dijo penétrame, quiero a los dos, puse mi pene en la entrada de su ojete y lentamente fui penetrándola.

La historia que quiero relatarles, recién nos ocurrió con unos compadres, somos una pareja joven, yo siempre había tenido múltiples amigas, pero mi esposa siempre había sido de su casa, nos enamoramos y nos casamos, como pueden imaginar, fui su primer y único hombre, ya en la universidad nos conocimos con nuestros compadres, yo los presenté, el tiempo pasó y ellos también se casaron, siempre nos reuníamos, tomábamos unos tragos y nada más, hasta que un día le comenté a mi esposa que opinaba de la idea de un intercambio.

Al comienzo ella se opuso y me dijo que mis ideas eran muy liberales, hasta que un día nos reunimos los cuatro solos, y libamos licor conversando y bailando, el licor ya hacía sus efectos en nosotros, y comencé a hablar de sexo, en todos los temas habidos y por haber, hasta que llegamos a los intercambios, ahí mi comadre me preguntó si yo lo haría, le dije que si, pero con una persona de confianza, y me volvió a preguntar con quien,y yo le dije por ejemplo con ustedes…

Todos se rieron, pero mi comadre se quedó callada como si no hubiera escuchado, hasta que la invité a bailar un baile lento y le conversé al oído, le pregunté sobre la idea anteriormente dicha, se sonrió y miró a mi compadre, en ese instante invité a mi esposa a que bailara con mi compadre, y aceptó, en eso comencé a acariciar disimuladamente la espalda de mi comadre la cual no decía nada, la apreté más a mi y rozamos a la disimulada nuestros labios, ya para ese entonces, mi esposa reía con mi compadre.

Terminada la canción volvimos a nuestros lugares y seguimos libando licor, ya entrada bastante la noche, comenzamos a jugar a la botella borracha, al comienzo los mandatos eran normales, hasta que yo le pedí a mi esposa que besara a mi compadre en la boca, me preguntó si era un piquito o un chape completo, yo le dije el que quieras, en eso se dieron un beso que duró como 2 minutos, eso me puso a cien, sentía que esto se acercaba a mi fantasía, seguimos jugando y mi compadre me indica que bese un seno a su esposa…

Ella al comienzo solo se reía pero opiné que debía cumplirse el mandato, en eso mi comadre saca su pecho que era descomunal, grande, a diferencia de mi esposa, me acerqué y en vez darle un beso metí todo su pezón en mi boca y se lo chupé muy suavemente, esto creo que bastó para que todos nos calentáramos y mi esposa opinó que fuéramos al dormitorio, ahí todos fuimos quedándonos sin ropa por los mandatos del juego anteriormente descrito, en eso mi compadre se olvidó de nosotros y comenzó a besar con pasión a su esposa, y a hacerle el amor, yo también hice lo mismo con mi esposa, pero era otra realidad, mis compadres haciendo el amor en mi cama a mi costado, era realmente increíble, parecía un sueño…

Con mi esposa estábamos haciendo un excitante 69, y mi comadre me dice que es hora de intercambiar, me quedé por un momento frío, no lo podía creer, ella también había sido siempre conservadora, incluso también mi compadre había sido su único hombre, miré a mi compadre y se le veía con una sonrisa como aceptando todo, había esperado este momento tanto y se hacía realidad, pero aun dudé un poco, dar así a mi esposa, lo pensé y me dejé llevar, me separé de mi esposa, que aun chupaba mi pene, y cambié de posición al lado de mi comadre, comencé a acariciar sus muslos, y a besar sus tremendos senos, ella cerraba sus ojos de placer, en eso vi a mi compadre que besaba con pasión a mi esposa y ella correspondía al mismo tiempo que tocaba su pene, besé cada centímetro de piel de mi comadre, estaba preciosa, le chupé su vagina y llegó a su primer orgasmo…

De reojo veía que mi compadre penetraba la vagina de mi mujer en la posición perrito, me calenté y le metí mi verga en el culo a mi mujer, luego de introducirla gritó y gimió como nunca, comenzamos a penetrarla al unísono, estaba tan excitado que no aguante más y eyaculé en su ano gritando como loco, me tendí a un costado y mi comadre todavía caliente empezó limpiar cada centímetro de mi pene, que poco a poco empezaba a ponerse duro otra vez, mi esposa para entonces también era penetrada por el culo por mi compadre, yo ya la tenía dura y en un precioso perrito penetré la vagina de mi comadre una vez más, en eso mi esposa llegaba a su tercer orgasmo y cayó rendida en la cama, mi compadre miró a su esposa y le dijo echándose de espaldas que le cabalgara, ella hizo caso rápidamente…

Yo me quedé un rato mirándolos y comencé a hacerle un beso negro y a introducirle un dedo en el culo v ella me dijo que fuera despacio por que era virgen todavía por ese agujero, con paciencia mientras mi compadre la bombeaba fui introduciendo hasta dos dedos y ella gemía de placer hasta que me dijo penétrame, quiero a los dos, puse mi pene en la entrada de su ojete y lentamente fui penetrándola, al comienzo gritaba de dolor hasta que se acostumbró, me sentía a cien, había roto su virginal culo a mi comadre, la bombeamos hasta que mi compadre eyaculó dando unos gritos fuertes, y le decía te amo, yo seguía pegado a su culo y ella lo sacó y me dio una mamada de locura que a los pocos minutos eyaculé en su boca y ella se lo comió todo, fue fantástico, quedamos los cuatro rendidos en la cama, nos tapamos y dormimos, al día siguiente nadie habló del tema, solo al despedirnos entre bromas les dije que se tenía que repetir, a lo que ellos aceptaron.

A partir de ese día soy más feliz..

Autor: Enrique y Caro

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Mi compañera de oficina

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar, ella empezó a gemir, como si estuviera llorando, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito, se dejó caer y se le salió mi verga, quedando tirada en el piso, con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Trabajé durante cinco años en una oficina y Perita, una de mis compañeras, siempre me llamó la atención, sobre todo después de que tuvo a su bebé; ella es morena, llenita, con el cabello negro, largo y quebrado. Cuando volvió a la oficina, sus tetas lucían espectaculares, esto por que amamantaba a su hijo.

A inicios de este año, durante semana y media, estuvimos solos en la oficina, así que comíamos juntos y una tarde, nos quedamos charlando sobre cualquier tema pero no podía despegar mi mirada de sus hermosas tetas. Ella traía una blusa blanca bastante escotada y se le asomaba un bello sostén de encaje del mismo color, además se le marcaban los pezones de una forma por demás excitante.

Ella se dio cuenta y trató de cubrirse pero al mover uno de sus brazos, tiró un vaso de agua fresca sobre sí misma, inmediatamente trató de limpiarse pero estaba totalmente empapada, así que corrí por un trapo para ayudarla. Cuando llegué con ella, el espectáculo era supremo, sus tetas se le notaban al cien y sus pezones estaban totalmente erectos, por lo frío del agua y por más que quería retirar mi mirada de ella, no podía.

Enseguida, ella tomó el trapo junto con mi mano y se los llevó a sus pechos, diciéndome “Ernesto, ayúdame a limpiarme, no te me quedes viendo” y no tardo, empecé a pasarle el trapo por ambas tetas y acercándose a mí, me dijo “¿crees que no he notado cómo me miras?, anda, aprovéchate ahora, no creas que no me he puesto cachonda con la forma en que me miras”. Empecé a darme un gusto bárbaro, pues le retiré su blusa y empecé a besarla y al abrazarla, mis manos soltaron su sostén, que quedó adherido a su piel húmeda.

Suavemente, yo se lo retiré y quedé impresionado por el tamaño de sus pezones y el ancho de las aureolas negras, negras, enseguida me agaché a mamarle ese par de tetas tan hermosas; cuando le mamaba sus senos, le daba arrimones con mi verga y ella abría sus piernas, inmediatamente sentí lo caliente de su panochita. Luego, me acomodé detrás de ella para besarle el cuello y con mis manos, acariciarle las tetas; luego, mis manos fueron bajando poco a poco por su cuerpo hasta llegar a su pubis, el que sentí abultado y muy caliente.

Al momento, le empecé a sobar su panochita sobre su pantalón, que ya se encontraba bastante húmedo, luego le aflojé el pantalón y fui bajándoselo poco a poco, esto, sin dejar de besarle el cuello y sus oídos. Ella está que estallaba, respiraba rápido y entrecortado, enseguida la volteé para besarla y nuestras lenguas se buscaron febrilmente mientras que le tallaba su conchita súper mojada con una pierna.

Perita me sobaba muy rico mi verga totalmente dura hasta que le dije que nos fuéramos a una de las oficinas, ya que están alfombradas; ahí, inmediatamente nos acostamos en el piso y empezamos a fajar muy rico. Para entonces, ella estaba solo con su tanga y yo había terminado de quitarme el pantalón, el bóxer y los zapatos, solo traía mi camisa, estábamos súper calientes y nos besábamos y nos toqueteábamos.

Yo empecé a bajar por su cuerpo hasta tener su pubis a la altura de mi cara, enseguida le acerqué mi boca y sobre la tela, le empecé a chupar su panochita mientras ella se arqueaba, bufaba y decía “ya, cogeme, no aguanto, quiero que me la metas toda”. Rápidamente, la volteé poniéndola de “a perrito”, ahora sus hermosas nalgas estaban a toda su anchura, era bello ver ese culo comiéndose el hilo de su tanga.

Al instante, me acerqué, le hice el hilo a un lado y apunté la cabeza de mi verga en la entrada de su vagina, ¡uta!, el calor y la humedad en su cosita era fenomenal, entonces mi verga resbaló hasta el fondo y Perita lanzó una especie de gruñido. Así, empecé el chaca, chaca lento, aunque ella me pedía que se lo hiciera más fuerte, enseguida estiré una de mis manos para acariciarle sus tetas y lo dura y erecto de sus pezones, eso me puso como loco, me encantan las tetas de pezones grandes y Perita los tenía muy, pero muy grandes.

Ya mi ritmo estaba al cien y su vagina se empezaba a contraer, anticipando su orgasmo, entonces bajé la vista para ver como me la estaba cogiendo y vi que su ano se abría y se cerraba también de una manera fenomenal. Al momento, le dejé caer algo de saliva y acerqué uno de mis dedos a él, ella respingó inmediatamente, echándolo hacia atrás, tratando de que mi dedo se incrustara ahí, enseguida se lo empecé a meter y vaya, le entró con suma facilidad.

Yo seguía dándole verga y sintiendo como se acercaba a terminar cuando empecé a meterle dos dedos, enseguida ella empezó a gemir, como si estuviera llorando; de repente, apretó sus piernas y sentí como sus jugos estallaban contra mi verga y su vagina se contraía con fuertes espasmos, al igual que su culito. Acto seguido, ella se dejó caer y se le salió mi verga, totalmente mojada y dura, dura, quedando tirada en el piso, un tanto de lado y con las piernas abiertas, su tanga estaba súper empapada.

Pasados unos instantes, me acerqué a ella, le retiré su tanga y me puse a mamarle su culito, entonces ella se separó sus abundantes nalgas con sus manos y dejó expuesto un hermoso ano negro, que se abría pidiendo ser penetrado. Así, le pasé mi lengua repetidas veces para lubricárselo bien, ya mis dedos entraban como en mantequilla, de hecho, le metía tres de ellos y le dije “Perita, te voy a coger por tu culito”, ella solo soltó una leve risita.

Cuando le acerqué mi verga, ¡guau, qué calor se sentía!, enseguida ella empezó a sobarse el clítoris y a llevarse una de sus tetas a su boca, estaba súper excitada y empecé un mete y saca, ella contraía su ano de tal forma que cuando se la sacaba, ella lo apretaba súper rico. Así estuve por cerca de diez minutos mientras ella se mamaba sus tetas y se seguía sobando su tripita hasta que sentí nuevamente que se acercaba su orgasmo y aceleré el ritmo para terminar en su interior.

De repente, ella lanzó un gran chorro de líquido por su panocha y luego, otro más, la alfombra estaba empapada y la oficina olía a sexo, entonces yo agarré sus nalgas y se las separé tratando de terminar en lo más profundo de su ser; hacía mucho tiempo que no tenía una venida tan abundante y finalicé recostado sobre ella. Luego, nos besábamos muy rico, yo le acariciaba sus hermosas tetas, las que habían causado tanta calentura en mí.

Luego de un momento, entramos al sanitario a lavarnos, yo la veía y mi leche le escurría por su culito, fue muy rico pasar esa tarde con ella. Más adelante, les contaré las otras dos ocasiones en que nos dimos tremendas cogidas, chau

Autor: Ernesto

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Sexo en la oficina

Un día de trabajo como cualquier otro, en una tarde de invierno, me dirigí a una empresa cliente del estudio en el que me desempeño como auditor para controlar la contabilidad de esa firma.

Al llegar me llamó la atención que en la oficina sólo se encontraba la contadora ya que el resto del personal se encontraba en un curso de capacitación. Marina, es una sensual petisa, de pechos respingados y una cola redonda que en esa época yo disfrutaba ocasionalmente puesto que éramos amantes (pero esa es otra historia).

Gracias a la soledad del lugar y ya que hacía un par de días que no nos veíamos, aprovechamos para curiosear los comentarios de un sitio de Internet al cual habíamos subido una sesión de fotos eróticas tomadas en un hotel alojamiento durante nuestro último encuentro.

La adrenalina que nos producía el hecho de ser la primera vez que hacíamos algo por el estilo, y las obscenidades y expresiones de deseo que leíamos en los comentarios sobre las fotos de Marina, fueron haciendo subir la temperatura en esa oficina; lo que me dio lugar a sugerirle que podíamos hacer una nueva sesión en ese mismo momento. A pesar de los nervios por la posibilidad de que llegara alguien, y tal vez por el morbo de esa situación, no fue difícil convencerla y comenzamos a capturar algunas imágenes con mi teléfono celular.

Al principio sólo fueron unas poses sugerentes con ropa, luego se fue animando a más, y se quitó la polera de lana, quedando sólo con una camiseta de nylon blanca que traslucía sus pezones ya erectos con sus amplias areolas.

Luego se bajó lentamente el pantalón, mostrando una vedetina que resaltaba la redondez de sus glúteos, la cual no duró mucho tiempo en su lugar ya que mi excitación me hizo arrancársela de un tirón.

Ahora, con toda la majestuosidad de su cola a merced de mi cámara, le separé los glúteos con una mano para tomar fotos de sus partes más íntimas mientras ella obedecía mis instrucciones posando como una experta modelo inclinándose sobre un escritorio. Con ese escenario yo notaba y fotografiaba los jugos que ahora empezaban a humedecer su carnosa vulva, lo cual llevó la tentación a un punto sin retorno, y al tener esa deliciosa cola abierta y predispuesta, acerqué mi boca y sin pudor comencé a darle una tanda de besos negros que la hicieron gemir y retorcerse de placer. Por supuesto que mi labor no se detuvo y continué tomando autofotos para recordar para siempre esas escenas.

Al cabo de unos minutos, y con su orificio anal totalmente lubricado por mi saliva, bajé el cierre de mi pantalón, corrí hacia abajo el bóxer para liberar a mi miembro totalmente empalmado y de forma suave lo apoyé entre sus glúteos. Ante esta situación ella trató de resistirse, preocupada por el riesgo de ser descubiertos, pero la sujete firmemente, y con mi mano izquierda libre comencé a masturbarla lentamente tratando de excitarla más. Ya rendida al placer, empujé firmemente mi pene sobre su apretado ano y Marina continuó con sus jadeos ahora mezcla de dolor y deseo. Unos segundos después, los jugos que mojaban mi mano me mostraron la oportunidad de introducirle mis dedos en su vagina a la vez que tomaba unas últimas fotos de esa penetración anal que tanto placer me daba.

Marina me dijo lujuriosamente “Más fuerte… Rompeme el culo”, lo que me hizo tener que contenerme para no terminar abruptamente. La sesión de fotos había finalizado. Dejé a un lado el celular para poder acariciar y apretar sus pechos y, de tanto en tanto, pellizcar sus enrojecidos pezones mientras el bombeo se hacía más intenso.

Cuando ya me encontraba cerca de acabar, apresuré la masturbación sobre su empapado clítoris para tratar de que llegáramos juntos al orgasmo. Los gemidos se escuchaban más fuertes y nuestros cuerpos comenzaron a moverse frenéticamente, mi amante tuvo un largo orgasmo que provocaba rápidas contracciones de su esfínter incrementando mi excitación a un nivel casi insoportable y, como consecuencia, no pude evitar eyacular inmediatamente en lo más profundo de su ser.

Permanecimos inmóviles durante un minuto y luego, ya relajados, nos vestimos rápidamente y nos propusimos encontrarnos nuevamente en un hotel para hacer una nueva sesión de fotos. Ahora era tiempo de trabajar.

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Diversión en el hospital

Bueno, aquí estoy nuevamente con un relato que espero sea publicado alrededor del 12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería. Espero que si lo lee algún enfermero le guste la historia, y si no al menos que seamos conscientes de la labor tan importante que realizan.

Diversión en el hospital

Sus miradas se cruzaron. Joaquín acababa de entrar en ese hospital cuando conoció a Miguel. El joven sintió que algo en su interior se removía al ver la figura robusta y musculosa que se adivinaba incluso debajo del traje blanco del otro hombre. A sus treinta y tres años Miguel era la imagen clara de la virilidad. Además de su cuerpo bien formado cubierto de vello el enfermero tenía un rostro atractivo de fuerte mandíbula, labios carnosos, pómulos prominentes y ojos oscuros que lo hacían bastante popular entre sus compañeras enfermeras. Había habido rumores de amoríos con algunas de ellas, pero nadie en el hospital lo sabía a ciencia cierta.

Joaquín, a sus 18 años, era lo opuesto a Miguel. El joven acababa de graduarse como técnico en enfermería. Su rostro era algo aniñado, de facciones delicadas y grandes ojos castaños que le daban un aire de bastante inocencia. Con su nariz recta, sus labios delicados y su cuerpo delgado muchas mujeres lo consideraban atractivo, además de que sus cabellos de color castaño le sumaban puntos. Joaquín había tenido la novia obligada durante sus estudios, si bien nunca había sentido ganas de hacer con ella algo que fuera más allá de los besos y abrazos que solía darle. De hecho, jamás había sentido nada tan intenso como lo que sintió cuando Miguel le dio la mano.

-Un placer conocerte -dijo el hombre mientras mostraba una hilera de perfectos dientes blancos.

Joaquín siguió a su nueva jefa mientras esta le explicaba las tareas que debería realizar como enfermero, aunque el joven no le prestaba realmente atención. Se sentía acalorado y febril desde el momento en que Miguel le había dado la mano.

-¿Queda todo claro Joaquín? -le preguntó su jefa al terminar el recorrido por la zona de trabajo.

-Sí, por supuesto -contestó el joven.

Fue una suerte para Joaquín que al día siguiente lo pusieran a trabajar acompañado de otra enfermera que se encargó de instruirlo de verdad en las tareas que tenía que desempeñar.

-Ahora me doy cuenta que mi servicio social fue realmente una vasca -comentó Joaquín mientras se dedicaba a llenar una de las jeringas con el medicamento que tenía que aplicar al paciente de la cama 268.

-Así pasa a veces -le contestó su compañera, quien se dedicaba a leer la hoja de indicaciones médicas-. Aún así es bueno ver que sabes bien lo que haces.

El tiempo en el hospital transcurrió rápidamente en el hospital. Joaquín llevaba seis meses disfrutando su trabajo a lo grande. Era un enfermero dedicado que caía bien a sus pacientes y a los familiares de estos. Los únicos momentos de duda para el joven era cuando se cruzaba con Miguel por los pasillos y en la jefatura de enfermería. Sus turnos no siempre coincidían afortunadamente, pero cuando lo hacían Joaquín no podía evitar inquietarse y andar un tanto distraído todo el día. Miguel siempre le sonreía cada vez que se lo encontraba, y si bien el hombre hacía eso con casi todas las personas, aquello no impedía que el corazón de Joaquín se acelerase. El joven intentaba no pensar demasiado en eso. No es que tuviera prejuicios contra la homosexualidad (a lo largo de su carrera se había llevado bien con varios compañeros que eran gays declarados) pero su nula experiencia sexual lo hacían sentirse tremendamente inseguro en la nueva situación. No sabía qué le pasaba y tenía miedo de averiguarlo.

——♥——

Joaquín se encontraba sentado en la jefatura de enfermería intentando pensar qué podía hacer. Se había quedado a hacer guardia en el turno nocturno, y si bien no habían muchos compañeros tampoco había mucho trabajo. La principal razón de aquello era que Johana (su pareja aquella noche) había insistido en atender a la mayoría de los pacientes que les habían asignado ella sola. Joaquín ya había terminado con aquellos cuatro que Johana le había dejado a su cargo. Algunas de sus compañeras se habían reunido en las escaleras para poder charlar sin importunar a los pacientes, pero Joaquín no tenía ganas de unírseles. Sabía que Miguel se había quedado también aquella noche haciendo guardia, pero curiosamente no se lo había topado hasta el momento.

Totalmente aburrido, el joven enfermero decidió ir a dar una vuelta a los pacientes que supuestamente debía atender junto con Johana. Grande fue su sorpresa cuando uno de los familiares de sus pacientes se le acercó y le dijo que la enfermera aún no pasaba con el medicamento nocturno para su padre. El joven se puso a revisar a sus pacientes y se dio cuenta que la mitad de ellos aún no habían sido visitados por su compañera. Era como si se hubiera desvanecido a medio camino sin dejar rastro. Y por lo que le platicaban los familiares de los pacientes ya llevaba un buen rato desaparecida.

Joaquín pensó que solo había un lugar donde podía estar su compañera: el baño de enfermería ubicado al final del pasillo. De lo contrario, tendría que haber pasado frente a la jefatura de enfermería y Joaquín la habría visto.

La idea inicial del joven era sencillamente tocar la puerta y verificar si el baño estaba ocupado, pero como la puerta estaba emparejada y de dentro sonaban extraños sonidos a Joaquín se le hizo sencillo empujar con cuidado para poder asomarse dentro. El enfermero jamás se habría imaginado una escena como la que se encontró al trasponer el umbral. Lo primero que le resaltó fue un par de piernas extendidas hacia él, sin lugar a dudas unas piernas femeninas bien torneadas; pero eso no fue lo que atrapó la atención de Joaquín. Lo que de verdad llamó su atención fue el gran y peludo trasero que se movía rítmicamente hacia delante y hacia atrás justo por donde nacían aquellas piernas. Aquel trasero se encontraba debajo de una espalda ancha cubierta por la indumentaria de un enfermero, y sobre unas poderosas piernas totalmente cubiertas de vello.

Joaquín se quedó totalmente embobado observando el movimiento de vaivén de ese hermoso culo. No sabía porqué no podía quitarle la vista de encima. Es más, sentía el impulso, cada vez más poderoso, de acercarse a aquel trasero y probar si el tacto era tan genial como la visión.

-¡Joaquín! -gritó una voz femenina muy alarmada.

El joven dejó de contemplar solamente aquel trasero para ver el cuadro completo. Sobre el lavabo se encontraba recostada Johana en una postura parecida a la de las mujeres que van a dar a luz, con la falda arriba y la blusa dejando su pecho al descubierto, donde unas fuertes manos se encontraban apoyadas, unas manos que estaban conectadas a la fuerte espalda que podía ver Joaquín. El dueño de la espalda volteó a medias el rostro para ver el motivo de alarma de Johana sin detener el movimiento de vaivén de su trasero. Fue así que Joaquín se dio cuenta que aquel precioso trasero que había llamado su atención pertenecía a Miguel.

El hombre que estaba cogiendo a la mujer sonrió de una manera torcida al ver a su compañero y le preguntó:

-¿Qué? ¿Quieres probar?

El joven enfermero enrojeció violentamente y solo acertó a salir de ahí mientras cerraba la puerta. Volvió a la jefatura y no se movió de ahí en toda la noche.

——♥——

Joaquín se encontraba haciendo su ronda habitual cuando se cruzó con Johana. Su compañera le dedicó una mirada asesina que el joven desafió con firmeza. Estaba seguro que Johana lo miraba de esa forma por el regaño que habían recibido después de quedarse juntos en la guardia nocturna y no haber atendido a todos sus pacientes. Sin embargo, Joaquín no era el que había dejado a los pacientes que Johana había decidido dejarle para después encerrarse en el baño a coger con Miguel.

El joven enfermero sintió como se aceleraba su pulso y decidió dejar de pensar en eso. No le gustaba hacerlo porque cada vez que lo hacía se le venía a la cabeza la imagen del grandioso trasero de Miguel en el movimiento de vaivén que había contemplado. Joaquín no quería pensar excesivamente en eso porque se terminaba excitando. Inclusive la noche siguiente al incidente había tenido un sueño húmedo protagonizado por las nalgas de Miguel.

-¿Te anoto para mañana en la noche Joaquín? -le preguntó su superior cuando pasó por la jefatura.

-Solo si me aseguras que no me tocará trabajar con Johana -contestó el joven.

-Para tu buen fortuna no -le contestó la rolliza mujer-. Es tan orgullosa que me ha amenazado que nunca más volverá a quedarse de guardia. Pero cambiará de opinión cuando necesité dinero, ya verás.

——♥——

Cuando Joaquín llegó al hospital para cumplir su guardia nocturna se arrepintió de haberse comprometido a ello.

-Trabajarás con Miguel -le indicó la supervisora.

Joaquín volteó nerviosamente a ver a su compañero, quien se limitó a dedicarle un asentimiento con la cabeza.

Ambos enfermeros se pusieron a trabajar. Miguel propuso que se repartieran los pacientes asignados en lugar de visitar a todos los dos juntos. Joaquín no pensaba que aquello fuera una buena idea después de lo acontecido con Johana, pero tampoco quería estar excesivamente cerca de Miguel, así que aceptó de buen grado.

Después de atender a sus pacientes ambos se encontraron en la jefatura de enfermería para tomarse un café. O sus compañeros seguían con sus enfermos o se habían ya congregado como cada noche en las escaleras para charlar, por lo que los dos se encontraban a solas, Joaquín sentado sobre una silla y Miguel de pie recargado contra un mostrador.

El ambiente era demasiado tenso. Joaquín notó que Miguel no parecía poseer su buen humor habitual.

-¿Sucede algo? -le preguntó mientras observaba el semblante sombrío de su compañero.

-Solo que no me caes muy bien desde que me arruinaste la diversión de las noches de guardia -contestó el hombre ufanamente.

Joaquín miró confundido a su compañero. Era demasiado inocente para entender a primeras de que le hablaba Miguel.

-¡Johana! ¡Estoy hablando de Johana wey! -explicó Miguel al ver la expresión del otro-. La pinche puta se ofendió después de que te la ofrecí. Me dijo que no volvería a tocarla después de eso. Como si no fuera bien puta la culera. Si no hubiera sido yo segurito ella misma se te habría ofrecido una noche que yo no hubiera estado para complacerla.

Joaquín no supo que decir ante aquellas declaraciones. Lo único que atinó a salir de sus labios fue:

-¿Llevan mucho tiempo con eso?

-Desde hace un año cada vez que nos quedamos en guardia nocturna -contestó Miguel-. Si te digo que es bien puta, le encanta que le de en todos lados, al menos una vez por semana. Me la he cogido en el baño, en el comedor, en el elevador, aquí en la jefatura, en las oficinas de los médicos, en el séptico, en cuartos sin pacientes… Una vez incluso me la cogí en una cama vacía mientras que del otro lado de la cortina estaban un paciente y su familiar dormido.

El joven enfermero no dijo nada ni hizo ademán de interrumpir. Tenía la mirada perdida, pues en su mente solo podía visualizar el fabuloso trasero de Miguel moviéndose adelante y hacia atrás en todos esos lugares que su compañero enlistaba.

-¡Y ahora la muy puta se quiere hacer la muy digna! -continuó Miguel molesto-. La pendeja cree que no me he enterado que cuando yo no vengo se mete con el doctor Tijerina. ¿Te imaginas lo desesperada que debe estar esa vieja para meterse con el vejestorio ese?

-No, pues sí -comentó Joaquín. El doctor Tijerina además de viejo no era apuesto, y sin duda no tenía el culo que tenía Miguel.

-Ahora no sé con quien me voy a quitar las ganas -dijo Miguel-. El resto de nuestras compañeras son muy mojigatas o están bien pinches feas. Me temo que voy a tener que conformarme con la Manuela.

Mientras el enfermero hablaba había empezado a tocarse el pene sobre el pantalón blanco que tenía. Los roces y los recuerdos de Johana le habían hecho ganar una dureza que resaltaba con total claridad sobre el pantalón. Joaquín, sentado justamente frente a él, tenía una visión perfecta del espectáculo. El joven no dijo nada, simplemente se quedó con la boca abierta mirando como aquella mando grande y velluda acariciaba el miembro de su compañero, que incluso bajo la ropa se adivinaba grande y grueso. Joaquín solo sentía como todo su cuerpo se calentaba, con especial énfasis en su entrepierna mientras el movimiento de aquella manaza proseguía y se hacía más descarado, de manera que el pene resaltaba con toda claridad sobre el pantalón.

-¿Te gusta?

Joaquín tardó un momento en procesar aquellas palabras, y aún entonces no estaba seguro de haberlas oído. Tuvo que alzar la vista hacia el rostro de Miguel para darse cuenta que este había notado cómo miraba sus genitales. El joven enfermero sintió como los colores e le subían al rotro. No sabía qué decir sobre lo que estaba sucediendo. Simplemente agachó la mirada mientras internamente rogaba a la tierra que se lo tragase.

-Eh, no tienes porqué avergonzarte si te gustan los hombres -comentó Miguel.

-¡Yo no soy gay! -repuso inmediatamente Joaquín.

-Bueno, es una lástima. Yo que creía haber encontrado con quien divertirme en las noches de guardia -expresó Miguel.

Aquello hizo que Joaquín alzara nuevamente la vista para ver a su compañero, quien lo miraba fijamente con una sonrisa torcida y seguía masajeando su entrepierna.

-¿Acaso eres bisexual o qué? -se le salió a Joaquín.

-No, pero cuando se trata de calentura soy de los que creen en el dicho “hoyo aunque sea de pollo, rendija aunque sea de la lagartija y agujero aunque sea de caballero” -contestó el otro-. Después de todo, ¿cuál es la diferencia a que te la chupe una mujer o un hombre?

-Pero yo no soy gay -repitió el joven que sin embargo no despegaba la mirada de la entrepierna de Miguel.

-¿Estás seguro? -inquirió el mayor mientras caminaba hacia él-. ¿Alguna vez has probado alguna verga?

-No -contestó nerviosamente el joven.

-Pues quizás deberías probarla antes de cualquier cosa -opinó Miguel como quien no quiere la cosa mientras liberaba a su amiguito del interior de su ropa.

Joaquín volvió a quedarse con la boca abierta cuando aquel miembro quedó ante él. El pito de Miguel era grueso y debía medir no menos de dieciocho centímetros. Lucía inusualmente grande a pesar de estar cubierto por una buena capa de vellos en su base.

-Anda, pruébalo -le dijo Miguel mientras lo tomaba de la cabeza.

Joaquín solo atinó a negar ligeramente con la cabeza. No encontraba palabras ni mayor fuerza para negarse, ya que aunque no lo quisiera aceptar se moría por meterse aquel trozo de carne a la boca.

-Vamos, solo pruébala un momento -lo animó Miguel-. Si no te gusta ahí muere.

El enfermero mayor jaló con más fuerza la cabeza de Joaquín, venciendo la poca resistencia que presentaba el joven enfermero. Joaquín dejó que el monstruo que le colgaba entre las piernas a su compañero se introdujera en su interior. El pene de Miguel no entró completamente en aquella cavidad oral, pero sí lo suficiente como para que Joaquín sintiera su boca llena. No era un lleno desagradable, si no más bien todo lo contrario. El joven enfermero disfrutaba del sabor a macho (no hay otra manera de describirlo) que tenía la verga de Miguel, así como de la textura que era capaz de sentir con su lengua, la cual se enroscaba y deslizaba por el tronco y glande de aquel intruso.

-¡No te pases wey! -exclamó Miguel entre jadeos-. ¿Seguro que es tu primera vez? ¡Oh! ¡Lo haces mejor que una vieja!

Miguel tomó la cabeza de su compañero por ambos lados y comenzó a mover las caderas, dejando que su pene medio saliera y volviera a entrar en la boca de Joaquín. El joven enfermero sentía algo de náuseas cada vez que la polla de Miguel se introducía en su boca más de la cuenta, pero las aguantaba con gusto ya que en su mente solo podía imaginarse el trasero de Miguel moviéndose hacia adelante y hacia atrás mientras le follaba la boca.

Joaquín llevó sus manos por las piernas del otro para que su tacto corroborara la imagen mental que tenía. Incluso con el pantalón de por medio el joven enfermero podía sentir claramente aquellos glúteos grandes y macizos. El enfermero mayor le dejó agarrarle el trasero porque pensó que Joaquín quería tragarse su polla más adentro, y actúo en consonancia con eso. Miguel jamás había visto que su poderosa herramienta fuera engullida por completo por nadie, dejando sus labios deslizarse hasta la base de este. Estaba maravillado viendo como su verga se perdía totalmente en la boca de su compañero. Joaquín por su parte estaba disfrutando a lo grande todo aquello, ya que aunque tenía algo de náuseas cuando el glande de Miguel le rozaba la campanilla, había descubierto que el aroma entre los vellos púbicos del enfermero mayor le encantaba; y estaba dispuesto a sufrir un poco con tal de poder aspirar el embriagante aroma cada vez que hundía su nariz en el pubis de Miguel.

Los movimientos se hicieron más apresurados, y sin que Joaquín fuera muy consciente de lo que sucedía un líquido comenzó a llenar su boca mientras Miguel le clavaba el pito hasta el fondo de la garganta. Sintió como más de ese líquido se depositaba directamente en su garganta para emprender el viaje a su estómago sin que pudiera regurgitarlo. Claro que aunque hubiera podido tampoco lo habría hecho. Para él de repente aquel líquido tenía el sabor más exquisito que había probado en su vida, así que no dejó salir la verga de Miguel de su boca hasta dejarla literalmente seca.

-Yo sabía que te iba a encantar la verga al igual que la lechita -comentó Miguel mientras sacaba su miembro de la boca de Joaquín. Su pene se seguía viendo genial a pesar de ir perdiendo dureza-. ¿Vas a querer venirte tú o no?

El joven enfermero volteó la mirada hacia abajo. Su polla quizás no fuera tan grande como la de Miguel, pero resaltaba perfectamente sobre el pantalón de lo dura que estaba.

-Pero quisiera ver tu trasero -dijo Joaquín antes de siquiera haberlo pensado.

Aquello provocó la confusión en el hombre mayor. Jamás le habían pedido algo como aquello.

-Oye, ¿qué te pasa? Yo no soy gay.

-Por favor, solo quiero verlo -rogó Joaquín mientras se sobaba su pene sobre el pantalón-. Solo eso.

A Miguel aquello le parecía una petición extrañísima, pero no podía verle nada de malo si lo único que Joaquín quería era ver.

-Pero aquí no -dijo mientras se subía el cierre del pantalón tras haberse acomodado la verga.

Miguel encabezó la marcha hacia el baño de enfermería seguido de cerca por el joven enfermero. Joaquín no podía quitar la vista a aquel enorme trasero sabiendo que pronto lo vería directamente.

Uno de los familiares de sus pacientes los interceptó a medio camino para pedirles que checaran al enfermo, cosa que hicieron rápidamente para poder continuar hacia el baño.

Una vez dentro del baño y cuando Joaquín hubo cerrado la puerta con seguro (no quería que nadie llegara como él lo había hecho la quincena pasada) Miguel se comenzó a desabrochar el pantalón.

-Esto es lo más raro que alguna vez me han pedido -expresó el enfermero mayor.

Joaquín no dijo nada mientras él también se desabrochaba el pantalón para poder dejar libre a su amiguito, el cual medía catorce centímetros, era blanco y tenía forma de lanza con la base mucho más ancha que la cabeza. Tenía vellos, sí, pero ni por asomo tantos como Miguel. Incluso el enfermero mayor tenía más vellos en las nalgas que Joaquín en su zona púbica.

-¿Y se puede saber qué tiene mi trasero para que te quieras venir viéndolo? -preguntó Miguel mientras se daba la vuelta y se bajaba los bóxer claros que llevaba, dejando a la vista su grandioso trasero.

-Solo es que me fascina -se sinceró Joaquín.

-Quizás no seas tan puto entonces -comentó Miguel para después soltar una carcajada.

Joaquín no sabía a qué se refería su compañero, pero tampoco intentó averiguarlo. Se sentó sobre el retrete para tener una mejor vista del culo de su compañero mientras comenzaba a masturbarse. Dejó que sus delicados dedos recorrieran la longitud de su pene para después descapuchar el glande con cuidado y rozarlo cuidadosamente con las yemas de los dedos. Miguel observaba a través del espejo la forma embelesada en que su trasero era contemplado, y debía admitir para sí que la situación resultaba excitante.

El joven sentado sobre el retrete acercó su rostro al trasero que se encontraba frente a él sin dejar de masajear su falo. Quería observar todos los detalles de aquel culo que lo volvía loco, desde como lo vellos se entremezclaban cubriéndolo, hasta el lunar que se ocultaba entre esos mismos vellos en la nalga izquierda.

Ninguno de los dos supo como fue, pero de repente la nariz de Joaquín se deslizaba por aquel mar de pelos. El joven enfermero había sido seducido por el aroma que despedía la piel de su compañero tal como Ulises por el canto de las sirenas. Miguel había querido en primera instancia separarse de él, pero las caricias de Joaquín en sus nalgas se sentían excesivamente bien.

Joaquín deslizaba su nariz entre la alfombra de vellos inhalando profundamente. Notó que el aroma de su compañero se concentraba en la raja entre sus dos glúteos y sin pensarlo dejó de masturbarse para tomar a Miguel de las piernas y hundir su rostro entre esas dos excelentes nalgas. Miguel dio un respingo cuando la nariz de su compañero le rozó el ano, pero las manos de Joaquín mostraron una fuerza insospechada que lo retuvieron en el lugar hasta que se dio cuenta que era una de las mejores cosas que había experimentado en su vida. Una vez habiéndose percatado de eso él mismo se inclinó hacia delante para pemitirle a su compañero un acceso más sencillo a su pequeño agujero.

El joven enfermero se deleitaba profundamente olfateando los aromas de su compañero mayor, pero pronto eso no bastó. Instintivamente dejó que su lengua saliera y se deslizara por los bordes que señalaban la entrada al interior de Miguel, los cuales se contraían de manera involuntaria. Pero eso no importaba, a pesar de eso Joaquín luchaba porque su lengua entrara en aquel pequeño agujero mientras su compañero solo se dedicaba a gemir.

-No mames wey, ya hiciste que se me parara otra vez -dijo Miguel.

Joaquín dejó el beso negro que estaba dando para poder cerciorarse de lo que le decían. Su compañero se volteó y el joven pudo ver que efectivamente la polla de Miguel se encontraba nuevamente parada, si era posible con mayor dureza que antes. Joaquín hizo el ademán de volver a tragar aquel pedazo de carne, pero Miguel lo detuvo con una mano.

-Creo que es hora de que me prestes tú tu culito -dijo el mayor con una sonrisa torcida.

Joaquín sintió que se le hacía un nudo en la garganta al imaginarse aquel monstruo en su interior. A pesar de no tener experiencia en relaciones gay, su conocimiento del cuerpo humano lo llevó a la conclusión que aquello podría no ser placentero. Si los enemas y supositorios podían llegar a ser molestos, ¿qué debía esperar de un miembro de unos veinte centímetros de largo y unos cinco de ancho? Joaquín creía que solo podía ser dolor.

-¿Por qué pones esa cara? -preguntó Miguel-. Si te gustó chuparla segurito te encanta que te den por el culo.

-Yo no lo creo -contestó el otro asustado.

-Solo probemos igual que ahorita -le dijo Miguel-. Si no te gusta ahí muere.

Parecía que esa era una frase mágica para Joaquín. Si bien no estaba seguro de aquello se puso de pie mientras se bajaba el pantalón para después darse la vuelta mostrándole el trasero a su compañero. Miguel debía reconocer que aquel era un buen culo. No era grande, apenas resaltaba ligeramente, pero su pálido color y la firmeza de su piel lo hacían bastante apetecible.

-Qué bien que en el bolsillo traigo lubricante -comentó Joaquín mientras se agachaba a sacar un botecito del bolsillo de su pantalón.

Puso una cantidad abundante de lubricante en su mano para después embarrarla en la raja de Joaquín. El joven debía admitir que al menos aquello, sentir las manos fuertes y grandes de Miguel sobre su culo, era bastante placentero.

Miguel tuvo mucho cuidado preparando el culito virgen de su compañero. Tenía experiencia en relaciones anales, y lo menos que quería en ese momento era que Joaquín se arrepintiera. Esperaba poder seguírselo chingando durante un tiempo, a menos hasta que apareciera otra vieja buena que fuera tan puta como Johana. Metió con cuidado un dedo, llenando el interior de Joaquín también de lubricante. Mientras lo metía el joven enfermero sintió que tocaba el cielo, y fue aún mejor cuando entró el segundo dedo igualmente con cuidado. Los dedos de Miguel eran gruesos al igual que su miembro, y le producían esa sensación de lleno tan satisfactoria.

-Creo que ya estás listo -comentó Miguel mientras sacaba un condón de un bolsillo.

Se lo puso sobre su poderosa verga, echó más lubricante encima, agarró a Joaquín de la cintura y colocó su glande a la entrada del interior de Joaquín. Joaquín esperaba sentir dolor, pero después de lo bien que había sentido los dedos de su compañero estaba listo para soportarlo si de todas formas le producía aquella sensación de lleno. Para lo que no estaba preparado era para que el pene de Miguel se hundiera lentamente en su interior provocándole solo oleadas de placer. Parecía que la combinación de lubricante y dilatación previa había servido de maravilla. Además, no era Miguel el que forzaba la entrada de su pito dentro de Joaquín. Miguel simplemente se limitó a colocar su pene de tal manera que el recto del joven enfermero fue tragándoselo lentamente. Para él también fue sumamente grato sentir como los músculos del recto de su compañero se iban cerrando alrededor de su pene.

Fue una eternidad, y al mismo tiempo fue un segundo lo que tardó Joaquín en tener el culo lleno del pene de su compañero.

-Ya lo tienes todo adentro -dijo Miguel con satisfacción cuando las nalgas del joven se asentaron en sus caderas.

El enfermero mayor disfrutaba de la vista que tenía ante sí, así que no aceleró el proceso de mete y saca. Dejó que Joaquín se acostumbrara totalmente a tener su pene dentro antes de comenzar con eso.

Joaquín solo podía pensar en tener la polla del enfermero mayor más adentro. Eran tan placentero que quería sentir más, así que él mismo empezó a impulsarse adelante y atrás para lograr aumentar sus sensaciones. Miguel soltó una ligera risita antes de empezar a ayudarlo con aquello. Las caderas de ambos se movían al tiempo, separándose y luego volviéndose a juntar profundamente, cada vez más rápido.

-¡Ven para acá! -dijo Miguel mientras abrazaba por la cintura a Joaquín, jalándolo para sentarlo sobre él después de haberse sentado sobre el inodoro.

El joven enfermero empezó a saltar con fuerza ayudado por las fuertes manos de Miguel. La boca del enfermero mayor se deslizaba por su espalda aumentando todavía más el placer, como si fuera posible un mayor placer que tener el pene enorme de Miguel lijándole el recto y sus manos rodeando su cintura. Además desde donde estaba sentado podía ver a través del espejo del baño la forma tremendamente erótica que adoptaba su cuerpo al estar saltando sobre la verga de Miguel. No pudo aguantar la tentación de masturbarse a sí mismo con fuerza.

Y justo cuando Joaquín sentía que su clímax se acercaba, sintió como Miguel lo jalaba con fuerza para meterle su pene lo más posible dentro de las entrañas. Sintió las convulsiones que indicaban el orgasmo de Miguel, y poco después él mismo experimentó una sensación así. Sus chorros fueron tan potentes que los primeros los vio volar frente a él antes de ir a parar al suelo y a su mano.

-Es la primera vez que me hacen acabar dos veces seguidas de esta manera -le susurró Miguel al otro mientras le besaba el cuello-. Definitivamente me va a encantar disfrutar de ti cada noche de guardia.

Joaquín bajó su mano por sus testículos para después llegar a los de su compañero. Le gustaba esa promesa. Quería ordeñar aquellos huevos lo más seguidamente posible y gozar siempre como lo había hecho ese día.

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Mi Jefe no me deja llevar braguitas I

Ya desde el día de la entrevista de trabajo supe que mi vida iba a dar un vuelco por culpa de mi nuevo jefe. Por aquel entonces llevaba ya más de seis meses parada y estaba un poco harta de sufrir entrevistas inservibles que sólo terminaban en un “ya la llamaremos”. Necesitaba un trabajo y aquel de secretaria estaba hecho a mi medida. Tenía un amplio currículum en labores administrativas, cursos de informática aplicada a la gestión y todo lo necesario para atender los requisitos de un alto ejecutivo. El día de la entrevista había varias candidatas en la sala de espera, todas parecían superimponentes, con taconazos de aguja, trajes de negocios, todo muy sofisticado. Yo tampoco iba nada mal. Me puse una falda de tubo de corte clásica por encima de las rodillas, blusa blanca ajustada, tacones de peep toe con algo de plataforma, punta abierta y taconazo de 10 centímetros. Lo rematé con unas pantimedias negras “Elegancia piel de melocotón” sin costuras y un maquillaje arrollador, además olía al perfume que me había regalado Carlos, mi marido, la semana anterior para mi 31 cumpleaños, por lo que no podía pasar desapercibida bajo ningún concepto. Carlos me dijo esa mañana nada más salir que estaba guapísima y sexy, que le recordaba un poco a Anne Hathaway en “El Diablo viste de Prada”. En fin, eso me elevó un poco la autoestima.

Fui la última en ser atendida. Las demás candidatas salieron con unas caras muy raras. Una incluso salió como encendida de vergüenza. No le di mucha importancia. Cuando me llamaron, entré y entonces lo vi… Era un hombre de piel oscura de unos cuarenta años, guapísimo. Para las chicas que estéis leyendo esto y queráis haceros una idea exacta, buscad imágenes del actor Charles Divins, clavadito, uhhh. Con su barbita sin afeitar, ojos verdes y cuerpo musculoso que luchaba por rasgar una camisa blanca ajustada. Se le marcaban los pectorales y los bíceps, tan robustos. Su corbata de terciopelo era total. Cuando habló, descubrí que tenía una voz tan varonil que me derretí de inmediato. Era grave y vibraba oscuramente. Muy “hombre elegante…” No me quise imaginar esa voz diciéndome guarradas… Ufff.

-Hola, me llamo Roberto. ¿Tú eres?

-Tania.

-Muy bien, siéntate Tania. ¿Has trabajado alguna vez de secretaria?

-Sí, digo no. No exactamente, quiero decir -su perfume era de auténtico macho, aunque con un toque muy glamouroso. No lo llegaba a identificar.

-¿Estás nerviosa?

-Un poco.

-Bueno, tu tranquila, ¿a qué te refieres con “no exactamente”?

-He sido recepcionista y he atendido llamadas y eso.

-Claro, pero para ser mi secretaria hay que tener otros dones también.

Siguió un silencio algo tenso. Unos segundos que me permitieron fijar la mirada en su enorme reloj negro Richard Mille. Un hombre que lleva ese reloj tiene mucha pasta, pensé. Eso me atrajo de una manera, cómo decirlo, sexual.

-¿Sí? -me atreví a preguntar.

-Sí, por ejemplo. ¿Estás casada?

-Eh, sí. Lo estoy. -dije algo incómoda, ya que no sabía bien si eso iba a ser algo bueno o malo para él. Imaginé a Carlos en el sofá del salón esperando mi llamada para contarle cómo me había ido. Me crucé de piernas, inquieta.

-Bien, pero… Dime una cosa, Tania. ¿Desde que estás casada no has deseado alguna vez estar con otro hombre?

-¿A qué se refiere? -me noté las mejillas encendidas. Ahora entendía qué le había pasado a la candidata anterior.

-A ver Tania. Necesito una secretaria que esté dispuesta a satisfacerme plenamente. Y no sé si el hecho de que estés casada supone un problema para ti.

Mi corazón empezó a martillearme el pecho, sobre todo al sentir los ojos verdes de aquel hombre clavados en los míos. Nunca creí que podría permanecer sentada ante un hombre que me hiciera semejante proposición, pero algo me retenía allí.

-¿Eso quiere decir que…?

-Que quiero que seas mi putita, Tania. ¿Te gustaría? -me respondió sonriendo.

¿Cómo? ¿Qué había dicho? ¿PUTITA?

-Me parece…

-¿Un escándalo?

-Es usted un… -intenté parecer ofendida, pero en el fondo, en algún lugar de mi interior, el aleteo incontrolado de un montón de mariposas locas me estaba consumiendo de deseo por convertirme en lo que él quisiera que fuera.

-¿Un qué? No me importa, Tania. Puedes decirlo… ¿Un cabronazo, quizás? No lo sabes aún bien, lo cabrón que puedo llegar a ser…

Me mordí el labio solo de pensarlo y me descrucé las piernas.

-Bien, pasemos a otra cosa, Tania.  Algo muy importante para mi: la ropa. Veo que tienes buen gusto. Levántate por favor, quiero verte mejor.

Lo hice un poco a disgusto.

-Llevas falda, muy bien. Algo larga, pero es sexy.  A veces son más sexy así que demasiado corta, ¿sabes? Aunque las prefiero mini. Taconazos, mmm, son caros, eh. Muy bien. Puntera abierta, mi modelo preferido. Blusa estrecha con escote sutil, excelente. A ver tus medias, súbete la falda un poco.

Lo hice.

-Un poco más, por favor.

Lo hice, ya no podía subir más, de lo contrario le eseñaba directamente las bragas.

-No está mal. Me gustan tus piernas, largas, delgadas. Escucha bien. Siempre quiero que vengas a trabajar con unas pantimedias puestas, ya sean negras, blancas, de color carne, marrones, me da igual, sopréndeme. Te favorecen mucho.

-Comprendo, noy hay problema con eso. A mí me encantan llevarlas.

-Ya te veo más comprensiva y eso me gusta. Aunque aún no te he dicho lo más importante, no admito que ninguna mujer lleve braguitas puestas si quiere trabajar para mí. En tu casa con tu marido puede llevarlas, pero aquí conmigo no.

-¿Perdone?

-Que vengas sin bragas a trabajar… Es innegociable. ¿Qué es lo que no entiendes, nena?

Se acercó y me dió un cachete en el trasero fuerte, rudo, varonil. Aquello me pareció de inmediato una acción intolerable, pero al verle la cara de guapo, con su barba incipiente, la mandíbula ancha de malote, me sentí suya y sumisa.

-Sin bragas… -dije pensativa. Había entrado en un estado de rechazo/atracción que me tenía totalmente desconcertada. Era tan prepotente, tan engreído y tan golfo que estaba consiguiendo encender en mi interior unas sensaciones contrarias a las que hubieran sido normales.

-Eso es Tania, vendrás sin braguitas.

-Pero con pantimedias, ¿verdad señor? -subrayé interrogante.

-Y con falda.

-¿Algo más corta que ésta quizás, señor?

-Sí, no estaría mal.

-Y taconazos de vértigo. Con los deditos a la vista, para los vea así, cubiertos por la suave costura de las medias, ¿no? -le susurré mientras me llevaba un dedo a los labios.

-Así es Tania, así… Aprendes rápido.

-¿Algo más señor? -me tenía a su disposición, entregada.

-Pues me gustaría saber si sabes practicar un buen sexo oral. No me gustaría llevarme un desengaño una vez que te contrate.

No dije nada. Me quedé bloqueada y con los ojos muy abiertos. Lo dijo con tanta naturalidad que no supe cómo reaccionar. Pensé en mi marido, en mi vida matrimonial después de hacer una cosa así, jamás había sido infiel… pero entonces se la vi. Mi Jefe se había bajado los pantalones y unos calzoncillos negros boxers de Calvin Klein ajustados. Ante mi caía un gigantesco pene negro e hinchado de venas, sin circuncidar, mi secreta e inconfesable fantasía hecha realidad. Desde jovencita siempre había tenido fantasías con miembros negros y potentes. De hecho, algunas veces he buscado por internet, a espaldas de Carlos, porno interracial para satisfacer mi secreta curiosidad. Muchas veces me he masturbado viendo cómo gigantescas pollas de negrazos devastaban a indefensas chicas blancas. Y ahora la fantasía podía convertirse en realidad: tenía una de esas piezas delante de mi.  No estaba erecta y aún así era el doble que la de mi marido en plena acción. Con esa piel de chocolate ocultando un glande gordo que asomaba tan lleno de tentación, no podía estar mucho tiempo conteniéndome.

-Ponte de rodillas, ahora mismo.

Me acerqué a él. Aún llevaba la falda arremangada con mis pantimedias negras al descubierto. No podía apartar los ojos de su miembro. Era tan majestuoso, tan grande, tan colosal, me moría de ganas por chuparla. Notaba una abundante secreción salival en mi boca. Cuando me quise dar cuenta estaba de rodillas frente a él mirándolo fijamente a los ojos.

-Es inmensa, señor. -le dije admirada. Noté que estaba babeando un poco… Qué pava, Dios mío.

-Venga putita, múestrame de lo que eres capaz.

Sin pensarlo, empecé a lamerle tímidamente, solo con la punta de la lengua, con los ojos cerrados, concentrándome en el contacto con aquel miembro. Justo al notar una de las venas dilatadas con la punta de mi lengua, sentí mi cuerpo estremecerse de lujuria. Su polla empezó a tensarse y a enderezarse poco a poco. El glande se abría paso para salir. Le acaricié los testículos, arañándolos con mis uñas pintadas de rosa. Bajé la cabeza y le lamí el meato. Al retirarme se me quedó pegado un hilito de presemen salado en la punta de la lengua que fue dibujando un arco hasta que se desprendió y mojó mis pechos. Entonces noté su mano en mi cabeza, animándome a seguir.

-Vamos, puta, veo que estás deseando trabajar para mí. Gánatelo.

Cerré los ojos de nuevo y me metí una buena porción de su polla en la boca. Estaba tan calentita, mmmm. Noté algunos pelos sueltos acariciar mis labios, cosa que me puso a mil. Empecé a gemir.

-Oh, zorra, te cabe bastante. Sí, así, gime mientras me la chupas, así. Me gusta sentir esa vibración, ohhh.

Sentía cómo su pollón crecía dentro de mi boca. Abrí los ojos y clavé de nuevo mi mirada en él.

-E tam gwande… -balbucée con la boca tan llena, sin dejar de gemir. Intentaba metérmela entera, pero era imposible, y eso me calentaba más y más. Apenas abarcaba la punta, era inmensa.

-Oh, síiii. Un pollón así es lo que a tí te gusta, ¿verdad?

Asentí como una colegiala estúpida sin dejar de intentar tragarme aquel rabo negro lo mejor que sabía. Entonces me acordé de algunas de esas escenas de mamadas en las que las chicas escupían sobre los penes, cosa que parecía poner a mil a los hombres. Así que me la saqué un momento y le escupí sobre el glande.

-Ohhh, vaya, eres una profesional, cariño. Mmmmm. ¿Le haces esto a tu marido?

-No, nunca. -dije e incliné la cabeza para lamerle los testículos. Los tenía hinchados y tensos. Estaban depilados, suavecitos, y repletos de leche de macho negro. Mi lengua dibujaba círculos sobre su escroto, subía y bajaba, hasta dejarle los cojones bien mojaditos con mi saliva. Para entonces su polla estaba totalmente tiesa, unos impresionantes 24 centímetros de poder masculino frente a mis ojos. Era preciosa así tan brillante y húmeda. De pronto me volví como loca y caí en una humillante sumisión que a su vez me provocaba más lujurioso deseo.

-Oh, Dios mío, el señor tiene una polla increíble. Gracias por dejar que se la chupe, gracias. Soy una puta y no merezco tanto premio. Mmmm, es tan macho que estaría toda una vida con su polla metida en la boca.

El me dio una bofetada en la mejilla, no muy fuerte, lo suficiente para calentarme como a una perra en celo. Jamás pensé que me pusiera tanto que un hombre me pegara en plan dominante. No fue una bofetada real, fue una bofetada erótica, no sé cómo explicarlo. El caso es que me puso toda húmeda. Luego se sujetó el mástil oscuro y ramificado de venas abultadas y empezó a golpearme las mejillas con él. La sentía tan gorda y enorme en mi cara…

-Así es, pequeña zorra, dame las gracias por dejar que puedas disfrutar de mi polla. Creo que nos vamos a entender muy bien.

De pronto, lo miré suplicante.

-Por favor, señor, déjeme lamerle el culo.

-¿Cómo dices, perra?

-El ano, señor, su ano. Necesito lamérselo…

Ni yo misma daba crédito a mis palabras. Le estaba pidiendo a aquel hombre que me dajara lamerle el culo. Jamás se lo había hecho a ningún tío, y menos a mi marido, por supuesto, pero siempre me había puesto aquello y una fuerza irrefrenable de mi interior me empujó a pedírselo. Él sonrió y se volvió. Se inclinó sobre su mesa de trabajo y me mostró su atractivo trasero de naglas musculosas. Se las abrí y vi su agujero depilado y muy sexy. Más abajo colgaban sus dos pelotas de toro bravo, tan exhuberantes. Me acerqué y enterré mi lengua en el agujero, lo rodée con cariño y le lamí todo con lenta y dedicada pasión. Le chupaba los huevos un rato, luego subía de nuevo hasta el ano y se lo mojaba con mi lengua hasta que notaba que se le dilataba y temblaba de gusto. Incluso me atreví a introducirle un dedito dentro de su ano. Ohhh, aquello me puso como loca. No dejé de lamerle los cojones mientras profundizaba con mi dedo lo más adentro que podía, removiéndolo, tan justito dentro de él. Él gemía y gemía.

-Joder, nena. El puesto es tuyo, joder. Mmmm. Asíii, joder, no pares, sigue lamiéndome los huevos mientras…. , el dedo, ufff, ohhh, zorra, ohhh, espera, espera, sácalo, sácalo por Diosss.

Aquel hombre de negocios frío e implacable se dio la vuelta y metió su gran polla de nuevo en mi boca y comenzó a masturbarse sin sacarla. Yo comencé a mamarle la punta, succionando como una aspiradora y eso me puso tan cachonda que tuve un orgasmo. Sí, así… La primera vez que me corrí chupándole la polla a un tío. Gemía y me retorcía de gusto mientras la notaba palpitar con mis labios.

-Me voy a correr en tu boca, guarra.

Yo lo miraba agradecida, asintiendo, entregada. De pronto todo su cuerpo se tensó y noté cómo mi garganta se anegaba de su explosión de semen templado. No tuve más remedio que tragarme la mayoría de su chorro, aunque era tal cantidad que mucho semen restante terminó chorreando por mi barbilla. Mi coño estaba todo agitado y tenía extrañas sacudidas nerviosas, vaya pasada.

-Eres buena, pequeña…

-¿Entonces he superado la entrevista, señor? -le pregunté de rodillas, mientras me retiraba con los dedos los hilos de semen antes de que cayeran sobre mi ropa.

-Por supuesto, nena. Empiezas mañana.

Me levanté, me recompuse la falda y me dirigí a la puerta de aquel despacho tambaleándome. Estaba caliente perdida, muy ardiente, demasiado. Notaba mis bragas mojadas. Me di la vuelta.

-Chuparle la polla me ha provocado uno de los mejores orgasmos que recuerdo… Nunca me había pasado. Ser follada por usted debe ser algo… No sé… Quiero decir… Fólleme, señor, por favor. No me deje así. Se lo ruego, estoy, estoy empapada. Míreme. No puede… hacer que me vaya… así…-le suplicaba mientras me subí la falda para mostrarle una aureola húmeda en mis medias, rodeando toda la entrepierna.

-Hoy no, nena. No me apetece. ¿Te das cuenta? Aún no has empezado a trabajar y ya quieres que te penetre. Vete a casa y dale la buena noticia a tu marido. Mañana será un día largo.

Me bajé la falda, frustada.Crucé las piernas y me presioné los muslos, pellizcándome con una mano mi pobre chochito rechazado. Un día largo, mmmm. Siiiii.

-Lo que usted diga, señor. -dije con la respiración entrecortada, metiéndome inconscientemente el dedo en mi boca, el dedo con el que le penetré su delicioso ano masculino. Ya fuera del despacho apoyé mi espalda contra la puerta y me chupé el dedo totalmente extasiada, mojándolo con mi lengua, apurando su sabor todo lo que pudiera. Acabé con otro orgasmo, con todos los pelos sobre mi cara, hecha una perra encelada, rendida a aquel hombre.

Mi nuevo Jefe iba a cambiar mi vida para siempre, ya os lo dije al comienzo de esta historia.  Salí de allí y consulté el móvil. Tenía tres mensajes WhatsApp de mi marido:

¿Cariño?

¿Has terminado ya?

¿Cómo t ha ido? Llmame cndo pueds. Besito.

Le escribí:

Ya tngo trbjo. Ns vms ahora. Ya t contaré.

Al darle a “enviar” pensé que mi nuevo Jefe ni siquiera me había dicho nada del sueldo… Y yo boba ni se lo había preguntado.

Si queréis saber cómo me fue con mi trabajo, si os interesa saber las indecibles humillaciones que me obligó hacer mi Jefe y cómo poco a poco me instruyó para que me convirtiera en su puta sumisa y a mi marido en un cornudo consentidor de nuestros juegos, decídmelo por fi, estaré encantada de contároslo todo, todo, todo… ¡Hasta pronto! Besitos…

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Vida Nueva – Historias que deben ser contadas.

Hola, mi nombre es Luis,  y este es el tercer relato que escribo.

Les voy a ser sincero, desde un principio no sabía si escribir o no este relato. La razón es muy simple, fue algo que no debí hacer, pues estaba jugando con fuego sin darme cuenta. A veces, cuando deja de ser solo sexo, y se incluye el amor, las cosas cambian, se transforman, se crea un lazo de complicidad y fidelidad. Esa fidelidad que me impedía contar este relato y guardarlo muy dentro de mi corazón, con cerrojo y santo y seña. Este relato es un recuerdo, quizás uno de los mejores, pues marca el inicio de un sentimiento, un sentimiento que no he podido descifrar. No sabía si compartirlo o no, solo el cómplice de ese recuerdo, me impulso a escribirlo, pues como me dijo al oído ‘Historias así, deberían ser contadas’. Gracias de ante mano por leer estas memorias, por leer estas cuartillas del corazón.

Mis padres llegaron ese día a las 6 pm, el electricista ya se había ido y yo, estaba en mi cuarto, sumido en éxtasis, entre mis manos tenía el calzoncillo blanco de Damián, aún con ese olor que me hacía alucinar, era el mejor regalo que me había dado un hombre, su ropa interior, con su hombría, su sudor, su esencia. Lo guardaría como un recuerdo de aquella tarde calurosa, de aquella vez que me di cuenta, que podía tener en mis manos, en mi cama, en mis adentros a cualquier hombre que me propusiera. La carne es débil, como profesan muchos, y solo hay que hacerla erizar para que se doblegue ante ti. Fui a bañarme, pues esa noche, todavía tenía ganas de ir a la reunión que me habían invitado los muchachos del colegio. Me ardía un poco el trasero, pues la cogida que había tenido, había sido un poco ruda. Como si fuera poco, era la primera vez que me penetraban. Así que aguanté el pequeño ardor con orgullo.

Mi padre subió a apurarme, que ya eran las 7 pm y que me esperaba abajo para llevarme a la reunión. Me alisté, me puse un jean negro ajustado, unas zapatillas grises, una franela gris igual y me coloqué un sweater ligero azul que me quedaba muy bien. En realidad, pensé que estaba vestido excelente para la ocasión. Me monté en el auto de papá y nos fuimos. Al rato paramos frente a una casa de dos pisos, bien bonita por cierto, se escuchaba un poco de música. Mi padre me dejó allí y se fue. Le mandé un mensaje de texto a Jorge, el dueño de la casa, avisándole que estaba afuera.

– ¡Luis! Pasa, me alegro que hayas venido.- Dijo Jorge mientras abría la puerta de su casa y nos dimos un apretón de manos.

– Gracias Jorge.

Jorge es el dueño de la casa donde se realizaba la reunión. Es un muchacho grueso, pues practica natación, así que se pueden imaginar la espalda, brazos, piernas y trasero que tiene. Le gusta comer bastante, por lo que no es ‘flaquito’ sino más bien es grueso, sin llegar a ser gordo. Más bien tenía todo en su sitio y era bastante macizo. Es de piel morena clara, con el cabello negro liso, lo lleva siempre de lado, parece un ‘niño bueno’, ese día llevaba un jean claro y una franela negra. Se veía guapísimo, además su sonrisa es cautivante, te hace sentir como si todo estuviera bien. Mas sin embargo, tiene una actitud de rebelde y descuidado que no se lo quita nadie y siempre, aunque no lo quiera, es el centro de atención.

Entré a la casa, y nos dirigimos a uno de los jardines donde estaban todos los demás, saludé y me ofrecieron un vaso de coctel. La noche siguió avanzando entre risas, cantos, chistes y demás tonterías de chicos. Había varias parejas muy melosas y el resto éramos solteros. Jorge era muy gracioso pero si caer en lo ridículo. Tenía una chica a cada lado muy melosas, estaban como ‘compitiendo’ para ver a cuál de las dos escogía. Pero él no se encontraba como muy agradado por esto, es más, podría decir que estaba como incomodo.

– Jorge ¿Me puedes decir dónde queda un baño?- Le dije acercándome.

– Oh claro, por supuesto. Ven, yo te llevo.- Me dijo y se levantó dejando a las dos chicas allí sentadas.

Entramos a su casa, era muy acogedora. Todo parecía estar, donde debía estar. Me presentó a sus padres, me parecieron bastante agradables. Subimos las escaleras y entramos en su habitación. Me gustaba mucho, se parecía mucho a él. Un estilo como Rock y rebelde. Así fui y pasé hasta el baño de su habitación mientras él se tumbó en su cama.

– Gracias por sacarme de esas dos, Luis.- Me dijo mientras seguía en su cama.

– Jaja de nada Jorge, se te notaba lo incomodo.- Dije asomando un poco la cabeza.

– Es que son como un chicle, a veces no me dejan ni respirar.

– Jajaja ya lo he notado.- Dije mientras salí del baño.- Por cierto, me gusta mucho tu habitación.- Y me senté en su cama.

– Me alegra que te guste, tengo casi todo lo que me gusta aquí, sobre todos mis CDs de música y mi guitarra.- Dijo mientras tomaba una guitarra azul que estaba en el piso.

– Vaya que bien, toca algo.

– ¿En serio? Bueno, déjame acordarme de una.

Jorge empezó a cantar una canción lenta, mientras yo recorría con la vista su habitación, en realidad me gustaba, tenía muchas cosas referentes a la música. La canción que cantaba Jorge era sobre un chico que se enamora de su amiga, yo lo miré mientras él seguía inspirado cantando y tocando su guitarra con los ojos cerrados. Me fijé en sus labios, en su rostro, en lo guapo que se veía mientras tocaba su guitarra. Jorge abrió los ojos y me miró mientras cantó el último verso de la canción.

– Ojala te fijaras en alguien como yo, porque esto que siento dentro pesa menos si lo llevan…dos.- Me miraba fijamente y yo no le aparté la mirada. Nos quedamos en silencio como 10 segundos, pero a mí me parecieron décadas.- No sé qué me pasa contigo Luis. Te espero abajo.- Y salió del cuarto.

Me quedé sentado en su cama. Sin saber qué hacer, luego de un rato decidí bajar y seguir compartiendo con los muchachos. Allí estaban todos, seguían riendo y haciendo payasadas. Yo me senté riendo un poco por lo que ellos hacían, pero mi mente estaba anclada en lo que acababa de pasar con Jorge. Él no me dirigió el habla ni la vista en las siguientes horas de la noche, yo estaba medio molesto, no era mi culpa lo que acababa de pasar en su habitación. No entendía por qué tenía que pagar las consecuencias yo. Eran las 12 am y ya quería irme, estaba molesto por lo sucedido. A varios de los que estaban en la reunión los empezaron a buscar. Yo tomé mi teléfono y  me dirigí a un  lugar apartado, estaba marcando el número de mi padre cuando alguien me quitó el teléfono de las manos.

– No me digas que ya te vas.- Dijo Jorge casi en susurro.

– S…Si, iba a llamar para que me vinieran a buscar.

– No te vayas por favor ¿No quieres ir mañana a una competencia que tengo de natación? Es fuera de la ciudad, pero también van mis padres, ellos nos llevarán.- Me dijo.

– Si quieres voy, me dices la hora y mañana estoy aquí para irnos.

– No, no entiendes. Es muy temprano y sé que si te vas no vendrás mañana temprano. Por favor quédate. Yo te prestaré ropa para mañana.- Dijo y agarró mi mano y me dio el teléfono. Lo pensé un rato, mientras él me veía a los ojos.

– Está bien, llamaré a mis padres y les avisaré. Por cierto ¿Quiénes más se quedan?

– Perfecto ¿Quiénes más? Nadie más. Solo tú.- Dijo esto último sonriendo, me abrazó y se alejó a despedir a varios muchachos que ya se iban.

Llamé a mis padres y me dijeron que no había problema. Seguí a Jorge y despedimos a los últimos que quedaban.

– Vaya, estuvo muy divertido el día de hoy.- Dijo Jorge.

– Si, todo estuvo muy bueno. Gracias por invitarme hoy y por invitarme a lo de mañana.

– Tranquilo Luis.- Y puso una mano en mi hombro, mientras entrabamos en su casa.

Jorge ya había hablado con sus padres que yo me quedaría. Fuimos a la nevera tomamos unos aperitivos y unas bebidas, y luego subimos a su habitación. Nos pusimos cómodos mientras veíamos películas y nos daba sueño.

– Discúlpame por cómo me comporté hace rato Luis.- Dijo Jorge mirándome.

– Tranquilo Jorge, no sé qué te ha pasado, pero no te preocupes.

– Ni yo mismo sé qué está pasando Luis.- Dijo Jorge y allí acabó la conversación. Yo tenía como miedo y no sabía por qué. Sentía algo en el pecho que quería salir, pero que yo no lo dejaba. Entré a bañarme, Jorge me dio una toalla y un bóxer para que me cambiara y me dijo que ambos dormiríamos en la misma cama. Duré un rato allí bañándome hasta que al salir solo con el bóxer puesto me doy cuenta que Jorge ya se había quedado dormido, su torso estaba descubierto, y estaba arropado son la sabana. Me recosté en la cama mientras mi mente seguía trabajando. Jorge estaba durmiendo de lado, podía ver toda su espalda. Escuchaba su leve ronquido, que me garantizaba que estaba dormido. Jorge me gustaba, pero de una manera extraña. Tenía mi misma edad, y no sé si era el término correcto, pero me estaba ‘enamorando’ de aquel muchacho.

Me acerque un poco más a su cuerpo y posé mi mano en su cadera suavemente. Estaba calentito. Poco a poco retiré la sábana que cubría sus piernas. Llevaba un calzoncillo gris. Yo estaba muerto de miedo y ansiedad. Me acerqué un poco más a su cuerpo y olí su cuello, mi mano recorrió desde su cadera hasta su abdomen hasta que poco a poco baje hasta su entrepierna donde se alojaba el calor. En ese momento Jorge se movió y yo retiré mi mano, atento por si despertaba. Jorge quedó boca arriba, podía ver todo su cuerpo desnudo, solo con un calzoncillo puesto. Me volvía acercar cuidadosamente y posé mi mano en su entre pierna, y recorriendo aquellos muslos por dentro cuidadosamente. Quería besarlo completamente. Poco a poco fui metiendo mis dedos dentro de aquel calzoncillo apretado y sentí su pubis depilado y su miembro un poco caliente. Jorge había dejado los leves ronquidos pero yo estaba absorto tocando aquel pedazo de carne que tenía entre mis dedos. Acerqué mi boca a uno de sus pezones y lo metí a mi boca, lo chupaba suavemente, dándole pequeños besitos. Yo estaba a mil.

Me llevé una sorpresa cuando una de sus manos me agarro de la cintura. Yo subí la vista y allí estaba, viéndome a los ojos Jorge. Me separé de su pezón, pero sin soltar su pene flácido de mi mano.

– Tarde o temprano iba a suceder.- Susurró Jorge.

– Mejor temprano ¿No crees?

– Me gustas mucho. Eres el primer hombre Luis.

– Haré que te guste mucho Jorge.

Acerqué mi rostro a su cara y nos besamos. Fue un beso tierno, muy largo. En mis manos empezó a crecer aquel trozo de carne. Sabía que ya estaba listo. Baje de nuevo a su pezón, mientras lo masturbaba con mi mano. Le daba peños mordiscos. Besé todo su abdomen y bajé poco a poco su calzoncillo. Su pene saltó y yo inmediatamente lo tomé con mis labios y se lo empecé a chupar. Empezó a gemir lentamente y decidí chupar sus huevos. Jorge abrió un poco sus piernas y empecé a recorrer el camino de sus huevos a su hoyito virgen. Subía y bajaba por ese camino. Chupaba su pene y luego metía sus huevos en mi boca de nuevo. Tenían un sabor exquisito. Estaba todo depilado. Montó su pie izquierdo en mi hombro mientras yo le chupaba el pene y al quedar su hoyito más libre, con uno de mis dedos le daba masajes en su agujero. Jorge gemía levemente para no hacer tanto ruido por sus padres. Yo estaba a mil, deseaba que Jorge disfrutara su primera vez con un hombre. Bajé completamente y me concentré en su hoyo. Mi lengua danzaba por todo ese lugar. El se masturbaba.

– Dios Luis. Ah, ah, ah, es lo me…mejor que me han hecho en mucho tiempo.- Dijo susurrando.

Le estaba dando el mejor beso negro que podía tener. Le daba pequeños mordiscos en los pliegues de su ano y él reía. Sentía las contracciones de su agujero al sentir tanto placer. Jorge me levantó y me acostó bocarriba. Me chupaba los pezones mientras sus manos acariciaban mi cuerpo. Bajó por mi abdomen y me quitó el calzoncillo. Empezó a chupar mi pene, aunque se notaba que era su primera vez, se esmeraba en hacerlo bien. Su lengua jugaba con mi glande, yo estaba en el cielo. Tenía las piernas abiertas y él estaba recostado en una de ellas mientras me chupaba el pene, yo sentía su cuerpo sudado y su pene en mi pierna. Me lamía los huevos riquísimo, se metía uno, luego el otro y por último los dos. Tenía una de sus manos en mi pecho, y me arañaba. Subía y bajaba mi cadera, me lo estaba cogiendo por la boca.

Jorge se levantó y se sentó en mi pecho, de espalda, dejándome ver su espalda y su trasero reposando en mi pecho. Bajó su cara y siguió chupando mi pene. Ahora entendía lo que quería, le había encantado el beso negro. Por eso quería hacer un 69, pero él arriba de mí. Tomé su trasero con mis dos manos, y me dispuse a devorar aquel hoyito. Ambos estábamos disfrutando ese momento. Jorge se detuvo.

– Espero que no me duela tanto.- Dijo él.

– ¿Estás seguro de lo que quieres hacer?

– Más que nunca.

Se levantó  y poco a poco se fue sentando en mi pene. Yo puse mis manos en sus muslos y lo ayudaba a bajar. Jorge tenía cara de dolor pero aún así siguió bajando hasta meterse por completo mi pene. Él puso sus dos manos en mi pecho, sabía que le estaba doliendo. Yo acariciaba sus piernas mientras esperaba que se acostumbrara.

– ¿Listo?- Pregunté.

– Ya.

Empecé un mete-saca suavemente, con cuidado. Al principio Jorge tenía cara de dolor pero poco a poco fue acostumbrándose, hasta que él mismo empezó a cabalgarme. Subía y bajaba, lo estaba disfrutando. Nuestros cuerpos estaban sudados. Con una mano quité el sudor que tenía en su rostro. Yo lo masturbaba. Jorge me estampó un beso. Yo lo agarré por la cintura y lo ayudaba a subir y bajar. Así duramos un rato, mientras yo lo masturbaba al ritmo que yo tenía. Ya me iba a correr así que lo masturbé más rápido. Jorge y yo gemimos casi al mismo tiempo. Mi semen inundó todo su agujero mientras que su semen baño todo mi pecho y abdomen. Jorge me abrazó, exhausto.

– Me encantó Luis.- Dijo Jorge, que tenía su cabeza recostada en mi pecho.

-A mi también Jorge, gracias.- Dije mientras acariciaba su cabello.

– Tú me encantas Luis, no sé si entiendes lo que digo ¿Esto significó algo para ti?

– Significó mucho, pero no sé si estoy listo para una ‘relación’ Jorge.

– Sería discreta Luis, nadie se enteraría. Esto no fue solo sexo, fue amor.

– Te entiendo Jorge, pero ahora estoy confundido y no sé si esté preparado para una ‘relación.-Dije.

– Está bien Luis. Esperaré por ti, pero no prometo que sea una larga espera.

Esa noche Jorge y yo nos quedamos dormidos separados. Yo estaba confundido y no podía decirle ‘Si’ o ‘No’, teniendo historias inconclusas como la de Roberto. Al día siguiente fuimos a su competencia, la cual por cierto ganó, y cuando lo hizo, se acercó a mí dándome un abrazo amistoso y me susurró al oído ‘Este triunfo es tuyo’. Mi corazón saltó, tenía ganas de salir. Han pasado un par de días luego de esa competencia, no sabía si escribir o no éste relato y fue Jorge el que me impulsó. Él está junto a mí, corrigiendo y acompañándome en cada palabra. Las últimas palabras de nuestra conversación aquella noche, fueron las más difíciles de escribir, pues fue revivir ese momento. Le he contado todo, lo de Roberto y lo que pasó con el electricista. Él solo alega que ‘Lo pasado, pisado’ y eso es lo que me gusta de Jorge. Aún hoy no somos nada, solo amigos, no hemos tenido otro encuentro sexual, quedamos que cuando estuviéramos preparados para una relación, esa sería nuestra ‘celebración’. ¿Que qué siento por él? Mucho, ya le he puesto un nombre, pero no sé si esté preparado. Somos los mejores amigos y me siento bien. Sé que Jorge se merece alguien que lo quiera sin limitaciones, pero él ahora me quiere a mí. Jorge me convenció de escribir este relato con estas palabras:

‘Las mejores historias de amor empezaron, cuando comenzaron a ser contadas, así que escribe y conviértenos en protagonistas.’

¿Cómo no darle un beso luego de esas palabras? Nos vemos en los comentarios.

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Vida Nueva – Debilidad por los osos.

Buenas, tengo 18 años, mi nombre es Luis, soy de Venezuela y este es mi primer relato.

Soy un muchacho moreno claro, de pelo negro corto, no soy ni flaco ni gordo, más bien soy de contextura normal. Suelo jugar al fútbol de vez en cuando de allí he sacado unas buenas piernas y un trasero bien dotado. Las chicas me han dicho que soy guapo, y que mis labios y mi sonrisa son mi carta de presentación perfecta.

Hace aproximadamente 1 mes mis padres y yo tuvimos que mudarnos debido a un nuevo empleo de mi papá. Anteriormente vivía en una ciudad más o menos grande, allí llevaba viviendo desde que tenía memoria, por ende, en esa ciudad estaban mis amigos, mis estudios, mi familia, mis sonrisas, mis tristezas, mis triunfos, mis derrotas. Es decir, allí estaba mi vida. Desde un principio me rehusé al cambio de ciudad, sobre todo porque nos mudaríamos a un pequeño pueblo que quedaba a más de 14 horas de viaje. O sea, realmente la distancia era un problema y el cambio era definitivo. Por mucho que me quejé, no pude hacer nada y solo me quedaba esperar lo que venía.

VIERNES

Las horas de viaje las recorrimos en la camioneta de la familia. Ese día nos levantamos a eso de 4 de la mañana. Mi papá manejaba, mi mamá estaba sentada en el asiento del ‘copiloto’, justamente al lado, y yo iba en el asiento trasero.  Soy hijo único, lo cual la mayoría de las veces representa una gran ventaja pues no te estás peleando con otra persona todo el tiempo o porque, es cierto, la mayoría de las veces te complacen en casi todos los caprichos que puedas tener. Aunque por otro lado, hay veces que te gustaría tener a un hermano para poder contarle cosas que no te atreves a contarle a nadie más, es decir, hace falta ese toque de complicidad que solo los hermanos llegan a tener. Durante el camino hice de todo lo que se puede hacer en el asiento trasero de una camioneta. Me sentaba, me acostaba, comía cualquier aperitivo, mandaba mensajes de texto a mis amigos, revisaba las redes sociales, cantaba, dormía y dormía, pero me parecía que nunca íbamos a llegar. En la maleta de la camioneta solo llevábamos las sábanas, almohadas, manteles y los paños. Todo lo demás (Mesas, camas, adornos, etc.), mi padre se había encargado de mandarlo con una agencia de mudanzas, por lo tanto, al llegar ya debería estar todo en la nueva casa, en la casa que sería mi hogar de ahora en adelante.

Al fin, luego de tanto andar y antes que empezara a anochecer, empezamos a cruzar el pueblo. Aquel lugar era mejor de lo que esperaba, aunque tenía varias fachadas antiguas, estaban en muy buen estado, y todo lo demás, era bastante moderno y muy limpio. Pude ver el hospital, una comisaría, varias tiendas, pasamos por la plaza y frente a ésta, se levantaba una institución educativa (muy grande por cierto, imaginé que tenía ese tamaño puesto que era la única del pueblo.), mi madre me informó que allí estudiaría, pues el papeleo y la inscripción ya la había resuelto hace varias semanas. Me limité a sonreír aunque no tuviera ni una pizca de felicidad. Luego pasamos frente a un estadio de fútbol, otro de beisbol y por último una gran piscina techada. Seguimos andando y llegamos al lugar donde se encontraban todas las casas, a decir verdad todo quedaba muy cerca, por lo que seguramente podría ir caminando a cualquier lugar dentro del pueblo. Paramos frente a la casa, de dos pisos por cierto, y aunque no era tan grande como la que teníamos en la ciudad, seguía siendo de un buen tamaño. Bajamos de la camioneta y entramos a la casa. Me pareció bien espaciosa, sobre todo la cocina y la sala de estar, que quedaban en planta baja. Luego de ver la planta baja, el jardín y el patio, decidí subir a ver mi habitación. Me gustó mucho, pues tenía baño propio, aparte de eso, había un gran espejo al lado del armario. Ocupaba un amplio espacio en la pared. Bajé y mis padres me dijeron que era hora de desempacar todo, y de armar lo que hiciera falta. Yo me sorprendí, pues esperaba que hiciéramos todo eso el día siguiente, por lo tanto protesté. La casa tiene 3 habitaciones, 1 recibidor, 1 comedor, 1 cocina, 1 sala de estar, 1 sala tipo estudio y 1 habitación de oficina. Por lo tanto, arreglar todo ese día, me parecía absurdo, una estupidez. Lo que me desorientó fue la respuesta de mi padre: “No te preocupes, tendremos manos extras, vine la semana pasada y algunos vecinos de por acá se han ofrecido para ayudar”. En ese mismo momento sonó el timbre de la casa.

– ¡Voy! Un momentico. – Respondió mi mamá mientras abría la puerta.

Por la puerta entraron cuatro señores como de 40 y tantos años, también tres señoras y de último, un muchacho, yo le calculé 24 años y desde que lo vi, admito que me flechó. Mientras los invitados se presentaban yo no hacía otra cosa que mirar a aquel muchacho. Hasta que se acercó a mí.

– ¡Hola! Mucho gusto, un placer. –Dijo mientras me mostraba una de las sonrisas más hermosas que había visto en los labios de un hombre. Verdaderamente era una sonrisa cautivadora, dejaba ver todos sus dientes blancos y parejos, enmarcados por unos labios de ensueño, delgados arriba y un poco más carnosos abajo. Me perdí en su mirada, tan negra como la noche, tan penetrante que sentía que me leía la mente. Sus cejas del grueso y delineado perfecto. Llevaba una barba de dos días, que agregaban ese toque ‘descuidado pero sexi’. Su cabello, negro y liso, llevaba el corte que es como una pequeña cresta, de esas que se hacen últimamente los futbolistas, todo encajaba perfectamente en aquel rostro que me inspiraba confianza y otras cosas más.

– ¡Hola! El gusto es mío. –Respondí observando cada detalle de su rostro mientras estrechábamos las manos, las cuales me recibieron con una calidez increíble. Note que era muy grande y cubierta por una fina capa de vellos, al igual que su brazo.

– ¿Cómo te llamas?

– Luis ¿Y tú?

– Robert, vivo justo al lado ¿Qué edad tienes? Veo que nuestros padres se están llevando muy bien.- Dijo él mientras sonreía y señalaba a un señor un tanto barrigón que hablaba con mi padre, me había dado cuenta que el señor también era muy guapo. Su rostro todavía guardaba facciones hermosas, así como esa gran sonrisa que había heredado su hijo.

– Jajaja sí, ya lo veo. Tengo 18 años, no hace mucho que los cumplí.

– ¡Vaya qué bien! Quisiera volver a esa edad Jajaja. Yo tengo 25.- Un año más del que le calculé yo.- Espero que mi edad no sea un obstáculo y que lleguemos a ser tan buenos amigos así como nuestros padres, veo que van en buen camino jajaja.- Volvió a señalarlos, ya mi padre, el papá de Robert y los otros vecinos tenían cada uno, una cerveza en la mano y estaban conversando vivamente.

– Jajaja por mí no hay problema.

– Luis, anda a la camioneta y baja las cosas que están en la maleta y las subes a tu habitación, si quieres le dices a Robert que te acompañe.- Dijo por encima de la conversación mi mamá.

– ¡Vale mamá! espero que no te moleste acompañarme Robert.- Le dije.

– No te preocupes, para eso vine, para ayudarte.

Salimos y tomamos las cosas que estaban en la maleta, eran 4 cajas grandes. Robert se apresuró y tomó tres de las cajas. Me dejó una sola, yo le pregunté que me pasara otra a mí, pero argumentó que estaba bien, que no me preocupara y que solo lo guiara porque no sabía donde quedaba mi habitación. Yo lo guié por la casa, subimos las escaleras y abrí la puerta de mi cuarto. Entré yo primero y luego él con toda aquellas cajas. Yo puse la caja a un lado y mientras él se detenía a poner las cajas en el suelo, pude observarlo detalladamente.

Robert a sus 25 años estaba hecho un Dios. Medía 1,85 metros aproximadamente, su piel era blanca, pero tostada por el sol, parecía como si llevara un bronceado siempre. El día de la mudanza cargaba una camiseta interior o franelilla bien ajustada color negro, y se le marcaba su pecho bien formado y aquellos pezones duritos, cubierto con una capa de vellos recortados. Su espalda era ancha y con pecas. Sus brazos eran grandes y formados al igual que sus manos, también con una capa de vellos. Llevaba un ‘mono’ o pantalón de hacer ejercicios (Parecido a los que utiliza Rocky Balboa en la película), que dejaba mostrar el paquetón que se gastaba, al igual que el trasero redondito que tenía. Yo estaba bien caliente de solo verlo agacharse mientras colocaba las cajas en el piso.

– Listo Luis, creo que ya está todo bien. Me gusta este espejo, es bastante grande. Puedo verme todo jajaja.- Dijo mientras hacía poses frente de él en forma de chiste. Yo me reía, pero verdaderamente me lo estaba comiendo con los ojos, claro, sin él saber que lo hacía.

– Jajaja si, es muy grande, a mí también me gusta mucho. Por cierto ¿Qué haces Robert? ¿Estudias?

– No, por ahora estoy trabajando en el hospital como camillero ¿Sabes? Esos que se encargan de mover las camillas en el área de emergencia del hospital del pueblo, y de vez en cuando me encargo de manejar la ambulancia. Tengo diferentes turnos cada día, en los ratos libres nado un rato en la piscina que queda poco antes de llegar acá o si no me voy al gimnasio ¿Y tú? ¿Qué tienes pensado hacer aquí en el pueblo?

– Que bien, yo entraré a mi último año del colegio en el instituto que queda por la plaza. Mis ratos libres ya veré en que invertirlos.- Respondí.

– Bueno, ya sabes que estoy disponible aquí al lado, te llevaré a conocer el pueblo y te presentaré a algunos amigos.

– ¡Perfecto! Así podré adaptarme  más rápido.

– ¿Te gustaría ir mañana a mi casa? Tengo una consola de videojuegos y seguro que te gustan, los varones tenemos debilidad por éstos aparatos jajaja. Además, tengo un computador con internet, así que mientras esperas que te pongan el servicio a ti, puedes ir a la casa y utilizarlo, seguro que deseas hablar con tu novia.- Me sonrió él.

– ¡Vale! Seguro, aunque no tengo novia, me interesa la idea de utilizar un rato tu computador.- Respondí.

– ¿En serio? Bueno seguro aquí no tardaras en encontrar una novia tan guapa como la mía. Aunque aún así, no puedo evitar serle infiel jajaja – No me sorprendió escuchar esto, era obvio, pues no creo que ninguna mujer y apuesto que algunos hombres, no podrían resistirse a estar con él.

– Jajaja ojalá.

– ¿Eres virgen Luis?- Preguntó él con tono de indiferencia.

– Emmm…- No sabía que contestar, estaba allí, con un hombre que seguramente había tenido miles de relaciones a esa edad, mientras yo, aún no había tenido mi primera experiencia con otra persona.- S…Si, si, no he tenido relaciones aún.

– Eso pronto dejará de ser así – Dijo mientras sonreía.- Te conseguiré a una chica bellísima.- Lo que Robert no sabía era que yo lo quería era a él.

Terminamos de desempacar mientras seguíamos hablando de todo un poco. Ambos intercambiamos números de celular y quedamos en que el día siguiente iría a su casa. Cenamos con unas pizzas que encargaron y todos se fueron a dormir a sus casas. Subí a mi habitación, abrí la ducha mientras pensaba en Robert. No era la primera vez que me un hombre me gustaba, ya había pasado muchas veces, pero al ser gay reservado y serio nunca nadie ha sospechado de mi orientación sexual. Me las he llevado muy bien con mis novias, y las personas dicen que adoran mi sonrisa. Nunca había pasado de tener fantasías con hombres, todas las relaciones sexuales se desarrollaban en mi imaginación. Con Robert no pensé que llegara a pasar algo, pues me había dado a entender que era heterosexual y de paso, si fuera así, era imposible que yo fuera su tipo, pues él era musculoso y entregado al gimnasio, algo un poco contrario a mí. Decidí solo llevar la cosa como una amistad, con tal, me inspiraba confianza y me gustaba observarlo cuando estábamos juntos. Mi nueva vida había empezado y no iba nada mal.

SÁBADO

Eran las 9:00 de la mañana cuando me levanté, me cepillé los dientes y bajé a la cocina. Allí encontré una nota de mis padres que decía “Luis, hemos salido a comprar unas tuberías que hacen falta para una conexión del agua, nos dijeron que el almacén queda fuera del pueblo. Llegaremos mucho después de la hora de almuerzo, hay comida en la nevera. Ve a la casa de Robert y pregúntale si te puede prestar unas brochas para pintar las paredes que faltan y también unas herramientas. Que nos disculpe la molestia.” Leí la nota y busqué algo de comer, luego subí a mi cuarto, me puse una pantaloneta (short), una franelilla, mis zapatos deportivos viejos y salí de casa. El calor que estaba haciendo era increíble, me paré frente a la casa de Robert y toqué el timbre. Al rato salió él con su uniforme del hospital.

-¿Cómo estás Luis? Pasa.

– Bien Robert, gracias.

Entramos a su casa. Es era muy espaciosa y con adornos modernos, lo cual la hacía notar bien elegante. Nos sentamos en un sofá blanco.

-Como verás Luis, voy de salida, me llamaron urgente del hospital ¿Qué ha pasado?

– Si, ya veo, disculpa la molestia, es que quería saber si me podías prestar algunas herramientas y unas brochas que hacen falta en la casa, para terminar de arreglar los detalles.

– Claro, por supuesto, pero de verdad tengo mucha prisa, mira lo que vas a hacer. Allá en aquel cuarto- Dijo mientras señalaba una puerta- Están las herramientas y otras cosas más, puedes tomar de allí lo que desees y luego las traes cuando termines ¿Vale?

– Perfecto, no te preocupes, gracias.

– Tranquilo, mi padre está dormido, si se levanta le dices que yo te di permiso. Chao.

– Ok, gracias de nuevo Robert.

Robert salió de la casa y me dejó allí solo. Me levanté y lo primero que hice fue investigar un poco la casa. Era grande y amplia, tenía adornos por doquier. Pasé por la cocina y por la biblioteca, al salir casi me da un infarto. Bajando las escaleras venía el padre de Robert, lo cual no me impresionaba tanto, sino más bien era porque iba totalmente desnudo. Yo estaba inmóvil viendo aquella escena, hasta que se percató de que yo estaba allí.

– ¡Hey! ¿Quién eres tú? – Preguntó él.

– E…E…Disculpe, soy el hijo de los nuevos vecinos, Robert me dijo que podía tomar unas herramientas prestadas, él tuvo que irse rápido al hospital.- Dije asustado.

– ¡Oh! Cierto, discúlpame tú, mira como he salido, es que he pensado que no había nadie en casa. Mi nombre es Roberto.- Siguió bajando las escaleras.

– Mucho gusto, el mío es Luis.- Dije mientras él se acercó y nos estrechamos las manos.

– Bueno, iré a tomar algo a la cocina y luego subiré a bañarme. Estas como en tu casa.

Roberto siguió a la cocina y luego subió mientras lo perdía de vista.

Roberto debía tener unos 40 y tantos años y por lo que acababa de ver era un completo oso. Es de tez blanca. Tiene el cabello casi rapado, con una barba bien cuidada. Es bastante grueso, más no gordo como tal. Todo el cuerpo está cubierto de vellos gruesos, pecho, panza, piernas, todo. Mide como 1,90 aproximadamente con unas manos, brazos y piernas bastante grandes, en realidad, todo él es muy grande. Ya que estaba desnudo también pude observar su pene, era gordo y grade, aún dormido sobre aquél par de huevos que colgaban cubiertos por muchos vellos. Su trasero no se queda atrás, está levantado y redondo, mucho más grade que el de su hijo. Esa escena que acaba de ver me puso a mil completamente. Tenía ganas de ver más.

En mi cabeza se desarrolló un plan así que fui al cuarto de las herramientas, tomé lo que me era necesario y lo escondí. Mi idea era subir al cuarto de Roberto y decirle que si él podía ayudarme a buscar las herramientas ya que no las encontraba y así poder verlo cuando saliera del baño. Sin pensarlo dos veces subí y me dirigí al cuarto donde se escuchaba la ducha del baño, me detuve un momento en la puerta, ya que estaba medio abierta y se podía ver un poco adentro del cuarto. Luego llamé.

– ¿Señor Roberto?- Dije con voz temblorosa.

– ¿Sí? Dime hijo ¿Qué deseas?- Escuché decir a Roberto dentro del baño.

– Es que me preguntaba si usted me podía ayudar a buscar las herramientas que faltan, ya que no las encuentro.

– Por supuesto hijo, espérame un momento mientras salgo del baño.

– Ok, no se preocupe, aquí estaré.- Mientras dije esto, abrí la puerta del cuarto completamente, me quité los zapatos, pasé y me senté en la cama. Era un cuarto grande. Solo dos colores resaltaban en el cuarto, el negro y el blanco. Los estantes eran de madera negra pulida y todo lo demás era blanco. Todo el piso del cuarto estaba cubierto por alfombra blanca, por eso fue que me quité los zapatos. Su cama era muy cómoda y grande, con sábanas blancas. El cuarto olía a canela, ese olor nunca lo olvidaré. Pude ver varias cosas tiradas es el piso, como zapatos, un desodorante, jeans, medias pero lo que más llamó mi atención era unas páginas de revista que se asomaban bajo la cama. Imaginé que eran revistas porno de mujeres desnudas. Inmediatamente la tomé y se me detuvo el corazón al ver que era una revista porno de gays, ya que traía a un hombre musculoso desnudo en la portada metiéndose un dedo por el culo. Solté rápidamente la revista y la metí bajo la cama. En ese mismo momento Roberto salió del baño y al parecer se sorprendió un poco de que yo estuviera dentro de su cuarto, pero luego adoptó un expresión normal.

– Entonces Luis ¿Qué tal te ha parecido mi casa? – Dijo mientras se quitaba el paño que llevaba en sus caderas y lo pasaba por su cuerpo secándose las gotas de aguas que aún le quedaban en el cuerpo.

– E…E…Bien, muy bonita ¿Tiene esposa Señor? – Dije nervioso mientras lo veía secarse.

– Vaya pregunta, pero no, no tengo, la madre de Robert se fue hace mucho tiempo. Desde entonces he tenido solo aventurillas jajaja ¿Y tú tienes novia? – Se colocó el paño en la cintura y se sentó a mi lado.

– No, no tengo señor.

– No me digas “señor”, me haces sentir muy viejo y feo. Además eres muy guapo, disculpa que te lo diga.- Dijo mientras ponía su mano en mi hombro y sonreía. Tenía la misma sonrisa que su hijo.

– ¿Feo? Eso no lo creo…- Me sorprendí cuando dije eso. Mi lado pícaro salió, sabía que Roberto era homosexual por esa revista, pero ese coqueteo podría llegar a otra cosas ¿De verdad estaba preparado?

Roberto sonrió aún más, se levantó de la cama y se dirigió a una gaveta.

– Bueno, me pondré un poco de ropa, ya que me has visto desnudo ya dos veces y no quiero que te molestes jajaja.- Dijo.

– ¡No! No…- Dije un poco apenado por el tono que lo había dicho.- no hay problema, ésta es su casa, y si usted gusta andar desnudo por mí no hay problemas.

Roberto me miraba con curiosidad, luego sonrió y se quitó el paño que cargaba en la cintura. Poco a poco se acercó a mí, hasta que nuestros rostros quedaron a 3 centímetros.

– ¿Qué viniste a buscar Luis?- Dijo casi en susurro.

– E…E…disculpe- Dije mientras bajaba la mirada, tenía miedo y vergüenza de que Roberto se hubiera enterado, obviamente de mi plan.

Roberto subió mi cara con uno de sus dedos en mi quijada. Mientras con la otra me acarició la cara.

– No tengas miedo Luis, aquí no va a pasar nada que no quieras. Estoy consciente que eres un niño aún, que no tienes la mayoría de edad, pero es normal que sientas esto,- Dijo mientras con uno de sus dedos tocaba la parte de mi pecho donde se supone está el corazón.- y por eso no hay que tener miedo.

– S…Sí, pero, pero de verdad usted me atrae mucho y ¿Quién mejor para tener mi primera relación que alguien que me gusta?- Dije mirando sus ojos.

– ¿Primera relación? Vaya Luis, el problema es aún mayor.- Tomó mis dos manos y las junto con las de él.- Yo soy mucho mayor que tú, si te hago algo, puedo pagar las consecuencias y son muy graves, créeme.

– Lo sé, pero si nadie se entera de lo que puede pasar aquí hoy, no habrán consecuencias.- Dije ahora mirando fijamente sus labios.

– ¿De verdad quieres hacerlo?

– Sí.

– ¿Entonces será un secreto entre nosotros, cierto?

– Espero que sí.

– Haré que tu primera vez, sea inolvidable.

Con sus dos manos me tomo de la cara y me besó. Era la primera vez que besaba a un hombre y a decir verdad, besaba mejor que las chicas con las que había salido. Nuestras lenguas no chocaban, danzaban, como si estuvieran al mismo compás, quería descubrir cada espacio de su boca y eso era lo que estaba haciendo. Pude notar que tenía un poco de sabor a cigarrillo, lo cual me gustaba aún más. Separamos los labios y nos miramos por un segundo. Luego empecé a besar aquella barba que me traía loco. Roberto me detuvo, me quitó la franela y se acostó bocarriba en su cama, totalmente desnudo como andaba. Yo me monté encima de él y seguí besando su cara, fui bajando por su cuello donde se alojaba un aroma que me excitaba mucho. Roberto sonreía y tenía los ojos cerrados, él me acariciaba la espalda y el cabello. Yo seguía bajando hasta su pecho donde saboreé todo, sus vellos se empapaban con mi lengua, quería lamerlo todo. Llegué hasta sus pezones y los chupé, le daba peños mordisquitos, hacía movimientos circulares con mi lengua y cada vez se ponían más duros. Se escuchaban sus pequeños gemidos y yo sentía ya su pene morcillón en mi entrepierna. Roberto subió sus brazos y se agarró de la cabecera de la cama, así que llegué a sus axilas y las lamí desesperadamente, éste había sido mi fetiche de toda la vida, y ahora lo estaba cumpliendo con aquellas axilas peludas. El aroma a macho que desprendían me ponía como loco, realmente lo deseaba. Seguí bajando dándole pequeños besos por el abdomen y un camino de vellos me guiaba. Llegue a su vello púbico que desprendía un olor a macho hasta que tropecé con su verga ya erecta, medía como 19 cm y era bastante gruesa, la tomé con mis dos manos y sentí el calor, así como también las grandes venas que recorrían aquella verga. Bajé la piel de aquel mástil y pude admirar el glande rosadito circundado. Lo masturbé con una mano mientras con la otra masajeaba sus huevos calentitos. Roberto gemía y se pasaba la lengua por sus labios así que decidí que era el momento de probar aquel pedazo de carne. Saqué mi lengua y lamí desde la base hasta el glande, estaba medio salado, pero me gustó, así que metí en mi boca tanto como pude de aquella gruesa verga peluda. Chupé como si se me fuera la vida en ello, estaba deleitado con ese exquisito sabor, mientras que mis manos pellizcaban sus pezones. Él gemía como loco.

– Ah, Ah, Ah Luis que rico lo haces, tenía tiempo sin una mamada.

Así que yo seguía, quería que Roberto terminara exhausto de tanto placer. Le chupé la verga un buen rato, luego la saqué de mi boca y me dispuse a chupar sus enormes huevos, me metía uno por uno en mi boca, el sonreía y gemía de placer. Roberto me tomó del rostro y me subió hasta su cara y me dio un gran beso, luego me acostó y empezó a besarme todo el cuerpo, lamer cada parte de mi torso, yo estaba encantado, sentía el cosquilleo que me hacía sentir su barba en mi cuerpo. Tomó mis pantalonetas y me las quitó, solo quedé en bóxers. Olió mi paquete morcillón, y lamió por encima del bóxer, yo estaba disfrutando como nunca, era la primera vez que lo hacía con alguien, y ese alguien era el oso de Roberto. Me bajó el bóxer y metió mi verga de 17 cm en su boca, yo estaba extasiado, si hay algo parecido a ir al cielo, eso debe ser una buena mamada, yo gemía sin parar, Roberto con una de sus manos me metió un dedo en la boca para que lo chupara y con la otra mano fue bajando mucho más hasta llegar a mi orificio, me daba masajes en mi hoyo y de vez en cuando metía la puntica de su gran dedo. Yo estaba llegando al cielo, realmente estaba tendido en la lona de la lujuria.

– Ah, Ah, v…voy a acabar, Ah, Ah.

– Tranquilo, haz lo tuyo Luis.- Dijo Roberto.

Así fue como un gran chorro de semen llenó la boca de Roberto, luego otro y por último uno más. Roberto se lo tragó todo, siguió chupándome la verga hasta tragar todo el líquido. Él subió y me estampó otro beso, de verdad que Roberto sabía hacer lo suyo, sobre todo besar y mamar; besaba muy rico, exploraba cada rincón de mi boca. Sabía un poco salado, me imaginé que era por mi propio semen. Nos miramos fijamente y sonreímos.

– Por cierto, se me ha olvidado preguntar ¿Eres activo o pasivo?- Pregunto Roberto.

– En realidad no sé porque ésta es mi primera vez como te dije, pero me encanta mirarle el culo a los hombres, por eso pienso que soy más activo que pasivo.- Dije.

– Perfecto, porque yo soy pasivo.

Yo me sorprendí, estaba allí con un oso hermoso, como siempre había deseado y de paso que también era pasivo. Me encantaría mamarle el hoyo fue lo que pensé. Roberto se volteó y se puso en posición de perrito, dejando su culo muy cerca de mi cara, no aguanté la tentación y tomé aquellas nalgas con mis manos y las masajee, estaban cubiertas por vellos muy finos, luego con un dedo recorrí desde arriba su raja, sentía aquellos dos cachetes muy calentitos hasta que llegué a su hoyito y se lo acariciaba en forma de circulo. Roberto mientras tanto se daba una buena paja. Yo moría por probar su agujero así que puse una mano en su cuello para que se inclinara un poco para que su agujero quedara mejor posicionado y para que sus nalgas se separaran. Así que con todo despejado pasé mi lengua rápidamente por su hoyito, enseguida a Roberto lo recorrió un escalofrío acompañado de un pequeño gemido. Sonreí y con mis manos acariciaba sus tetillas mientras que mi lengua recorría su agujero. Le daba besos, mordisqueaba levemente y trababa de penetrarlo con mi lengua, me dediqué mucho tiempo a esto y Roberto no hacía más que gemir y decirme que no parara. Me encantaba ese culo, definitivamente era activo, no podía imaginarme una cogida sin dar un buen beso negro y una penetrada.

– ¡Métemelo Luis, de una vez!- Gritó entre gemidos Roberto,

Yo escupí su agujero y luego tomé mi verga y puse el glande en su puerta. Poco a poco fui entrando en aquel hoyo estrecho, me encantaba esa sensación. De un solo golpe entré y lo abracé mientras Roberto contenía un grito de dolor. Lo besé por el cuello, por su espalda y con mis manos recorría todo su cuerpo peludo. Cuando el agujero de Roberto se acostumbró a mi verga, empecé el mete-saca que había visto mucho tiempo en los videos porno, intensificando cada vez más mi velocidad, Roberto también movía su trasero se una manera que me hacía ver estrellas. Le di por un buen rato nuestros cuerpo sudaban y yo lo besaba por toda la espalda y sentía sus vellos húmedos. Tomé la verga de Roberto y lo pajeaba según mis embestidas. Yo estaba a punto de acabar así que pajee más rápido a Roberto para acabar los dos juntos, entonces así de pronto, llené el interior de Roberto con mi esencia, mientras él manchaba toda la sábana de su cama. Lo abracé por la espalda y el sonreía, estuvimos un buen rato así hasta que mi verga sin erección salió de su agujero. Ambos permanecimos acostados viéndonos frente a frente el me sonrío y con un dedo quitó el sudor de mi frente.

– ¿Qué tal te pareció?- Me pregunto Roberto

– ¿Tú qué crees? Ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.

– ¿En serio? Jajajaja bueno, puedes venir aquí cuando quieras, no solo a tener sexo, sino a compartir conmigo cualquier cosa que desees.

– Por supuesto Roberto. Siempre que pueda vendré.

– ¿Esto quedará en secreto cierto? Mi hijo aún no sabe nada de mi orientación sexual.

– Claro Roberto, mi familia tampoco lo sabe. Espero que ambos guardemos bien nuestro secreto.- Le Dije.

– Tranquilo Luis, ahora cierra los ojos y descansa un poco. Por cierto es el mejor beso negro que me han dado.

– Gracias por todo Roberto, de verdad me ha gustado muchísimo. Tu culo es mío de ahora en adelante- Dije mientras me acerqué más a él  y mi cara quedó cerca de su pecho y axila. Roberto me abrazó con sus brazos peludos y allí nos quedamos dormidos.

Ese día me fui a mi casa muy feliz, el papá de mi nuevo amigo me había introducido al mundo del sexo y fue muy bueno. Las cosas con Roberto no acabaron allí, pues siempre cuando podía, iba a su casa, ambos habíamos inventado la excusa de que Roberto sería mi asesor de matemáticas gracias a que era muy bueno en ellas, así que nadie sospechaba de mis incursiones en su casa. Además, era muy buen amigo de su hijo por lo tanto allí tenía otra excusa para ir a su casa. Lo de Roberto y yo no solo se limitaba al sexo, puedo decir que siempre me han gustado los osos, en cuanto a lo físico, y de paso era muy buen conversador y teníamos gustos parecidos (Ambos somos cinéfilos y nos encanta leer), por lo tanto vemos películas, discutimos sobre libros leídos, entre muchas otras actividades, por ende, habían días en que nos reuníamos y no teníamos sexo, solo nos encantaba sentir la compañía del otro. Roberto y yo habíamos desarrollado más que una relación sexual, más que una amistad, habíamos desarrollado una relación de cariño y mucho afecto. A mí, me encanta mi oso, por lo que es cuando está conmigo. De éste relato, ya hace un mes y no he de decirles mentira, he tenido otras experiencias con otros hombres luego de ésta cogida (Con los del nuevo colegio), pero Roberto está de acuerdo, según él, debo vivir mi vida y disfrutar todo lo que ella me traiga, aunque esos encuentros los dejaremos para relatos venideros. Espero sus comentarios.

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Cornu2 (2ª Historia)

Cristina y Rafael

Es un dormitorio de matrimonio. Decorado con un gusto exquisito, muchos negros y plateados. Se nota que pertenece a una casa de ricos. Muy chic y sexy. Hay una mujer preciosa de pie, mirando por la ventana. Es la viva imagen de Elena Grimaldi, la actriz italiana. Lleva puesto un corset negro con copa y volantes de puntilla, unas braguitas también negras de microtul bordado, guantes en blonda largos y medias negras, lisas, tipo italianas, ligas de encaje con silicona y línea transversal en la parte posterior de sus irresistibles piernas, con un pequeño tatuaje en forma de corazón bordado al final de la línea en la parte posterior del tobillo. Tachonazos negros con puntera abierta y un antifaz transparente de encaje negro con lazo de satén que en realidad le permite ver a través de él con total perfección. Parece una escena de una de esas pelis porno italianas de última generación, mucha clase. A sus pies hay un hombre vestido de traje, algo mayor que ella. Está de rodillas, besando y lamiendo sus pies con admiración.

-Mmm, estás muy atento, Rafa. Por ahora me está encantando tu regalo de aniversario de bodas.

-Te mereces lo mejor, Cristina, lo mejor.

El hombre se levanta y ella lo mira inquieta y expectante.

-¿Qué vas hacer ahora?

-Cariño, se supone que no puedes ver nada, ok.

-Ah, vale, entiendo. Perdón.

Ella cierra los ojos. Está realmente preciosa con el antifaz. Su corte de pelo con flequillo realza el atractivo. El marido se retira y abre la puerta del dormitorio. Hay un tío detrás, esperando. Es un mulato de unos treinta y cinco años, con músculos de infarto. No lleva camiseta y muestra un torso perlado de sudor. Tiene un vello muy varonil por el pecho, que termina en una pequeña línea de hormiguitas que le bajan por mitad de los abdominales hasta perderse dentro de su pantalón. Su piel brilla, incluso muestra algunas manchas negras sobre los inmensos pectorales y triceps, como de aceite industrial. Tiene varios tatuajes tribales en los hombros, pecho y antebrazos. Lleva puesto un casco de obra y unos vaqueros muy ceñidos y sucios. Es un chulazo guapísimo con barba de dos días y gafas de sol de aviador con lentes de espejo.

-Cariño, disfruta de mi regalo-dice el marido mientras deja que el tío se acerque a su mujer.

Ella entreabre los ojos y cuando ve al hombre los vuelve a cerrar nerviosa. Su respiración se acelera. Vuelve a abrir los ojos y abre la boca asustada. El tipo mira al marido como pidiendo permiso y empieza a acariciar a su mujer por la cintura.

-¡Rafa!

-Tranquila, es tu regalo.

Ella está rígida y deja que el obrero le manosee el culo. El tío no se corta, le está estrujando las nalgas con fuerza. Ella gime un poco.

-Por favor, no seas tan rudo. Mi marido está delante, debes tratarme con cariño.

El tío le da un cachete fuerte y sonoro. Y ella da un gritito encantador.

-Así, así. Muy bien. -dice el marido mientras se sienta sobre una butaca fucsia y coge una copa de vino.

El mulato le da la vuelta a Cristina y le empieza a morder en la yugular, clavándole los dientes como un vampiro, luego le lame todo el cuello como si fuese un animal. Ella gime con fuerza y se deja caer hacia adelante, apoyándose sobre uno de esos hombros musculosos y tatuados. Inspira hondo el aroma del obrero.

-Huele a un perfume muy sexy y un poco a sudor, a macho. Dios, me vuelve loca.

-Es el sudor de haber estado toda el día en la carretera, cielo, con el martillo hidráulico rompiendo el asfalto -le explica su marido mientras le da un sorbo a la copa de vino.

-Oh sí, abriéndote paso con la taladradora esa, mmmm-susurra Cristina con la boca pegada al pecho velludo del tío y tocándole los inmensos bíceps:- Claro que con estos brazos te será fácil romper todo lo que te propongas. ¿Qué te propones romper ahora?

-Tu culito, zorra-dice el obrero sin titubear y la coge del pelo zarandeándola como a una muñeca.

-Oh, sí. Sïiii. Qué atrevido, decirme eso delante de mi esposo…-dice ella extasiada, dejándose llevar.

El marido se cruza de piernas y encoge el rostro. El mulato está siendo un poco rudo con ella. Espera que la cosa no se le vaya de las manos.

-Arrodíllate ahí, puta de mierda. Tu maridito me ha pagado dos mil pavos para que te comas una polla de verdad. Debes de estar muy necesitada para pagarme una pasta así.

Ella hinca las rodillas y mira a su marido desconcertada.

-Joder, Rafa, ¿dos mil euros? -pregunta Cristina entre alarmada y excitada. Por un lado es escandalosa la cantidad y por otro el hecho de que su marido le pague esa cifra a un desconocido por ponerle los cuernos es tan humillante y denigrante que la pone caliente como una caldera.

El marido se calla y traga saliva. El tío es demasiado grosero para su gusto, demasiado chulo y engreído. Tal vez no haya sido buena idea. El obrero, entre tanto, se desabrocha los vaqueros y se saca un pollón insultantemente grande. Treinta centímetros de carne gruesa e hinchada de venas caen semierectas frente a Cristina quien no puede evitar lanzar una exclamación de pura admiración.

-¡Joder, cariño! ¡Mira esto! ¡Menudo…!

-¡Pollón, nena! ¡Dilo! -le anima el tío.

-¡Eso! ¡Un pollón increíble! ¡Dios! No he visto una así en toda mi vida. Tan grande, tan morenita… Ohh.

Al marido parece no divertirle ya tanto la situación. El había pensado en otra cosa, reacciones algo más light, no tan…

-Vamos perra, abre esa sucia boca que tienes-le ordena el chulo a Cristina, dándole una bofetada sonora en la mejilla.

-¡Oye, trata bien a mi mujer! -dice el marido levantándose de la silla.

-Tranquilo, cielo…-dice Cristina mientras empieza a dar pequeños lametazos sobre el enorme glande esponjoso:- Déjalo, a mi me gusta que lo haga.

-¿Que te pegue?

-Aja. Me pone. Mucho.

Aquella respuesta de su mujer es desde luego aún más denigrante. ¡Dice que le gusta que un gilipollas la abofetee! Cristina le da ahora besos en la punta del glande, tan cariñosos que los celos empiezan a carcomer a su marido.

-Oh, sí, con dulzura, pequeña. Cuida bien de mi polla porque con ella te voy a partir por la mitad… ¡Pedazo de puta!

-Mmmm, qué malote. Mmmm.

Cristina está ahora chupándola la gigantesca verga al chulazo consiguiendo que se ponga más grande y tiesa. Cada vez que se mete la polla en la boca, gime como si tuviera un orgasmo. Parece estar disfrutando ella más de la mamada que él, desde luego. Los movimientos de caderas del tío son envidiables. Está literalmente bailando como un streaper mientras su polla desaparece dentro de la boca de ella.

-Ohhh, nena. Qué bien me la comes.

El chulazo empieza a retroceder, desplazándose lentamente de espaldas, obligando a Cristina a avanzar de rodillas para perseguirle la polla con la boca abierta. El mulato se está riendo de ella. De vez en cuando, se detiene y la deja mamar un poco, luego se la saca y juega con Cristina, engañándola, acercándole el pollón a la boca y cuando ella se inclina para chuparla, se la aparta. Y ella sigue detrás de él, avanzando de rodillas, como una tonta, con la boquita y la lengua fuera, sumisa y subyugada al capricho de ese cabronazo chulo y prepotente que solo pretende ultrajarla.

Cristina mira de vez en cuando a su marido mientras se deja denigrar ante ese arrogante semental. Sus pestañas maquilladas a través de la transparencia de encajes del antifaz la hacen tan sexy que duele.

-Cariño, ¿no es esto lo que querías? Verme envilecida por un tío cachas, arrastrada de rodillas detrás de un hombre como éste, desesperada por chuparle su enorme polla sudada después de una larga jornada de trabajo bajo el sol. ¿Te gusta así?

El marido se lleva las manos a la cara y claudica.

-Sí, sí, joder, me gusta verte tratada como una perra por ese macho.

-Tú no podrías tratarla así, porque no eres lo suficientemente hombre -dice el chulo, sonriendo.

-No, no lo soy, no como tú -dice el marido, vencido, abatido.

Cristina se enciende como una llama al escuchar a su marido. Parece ponerla berraca verlo rebajarse así delante de otro hombre y comienza a devorarle literalmente el pollón al mulato, que ahora está siendo bueno y no se aparta, la está dejando disfrutar.

-Ohhhh, jodeeeer. Tranquila, nena. Despacio, despacio. Mierda, tienes hambre, ¿eh? Cuidado con los dientes, guarra. Apártalos un poco, así, venga, ahora entera, adentro. Mmmm.

El obrero se saca la polla y empieza a pasársela por toda la cara, a golpearla contra las mejillas de Cristina. Plaf, plaf, plaf. Ella se deja hacer, mirándolo a los ojos, como una fiel perrita a su amo. El tío le coloca el pollón encima de su cara. Es tan grande que la cubre entera, desde la barbilla hasta la frente.

-La tienes grande, ¿eh? No veas, ufff-le dice Cristina mirando con admiración a su corneador.

-¿Te gusta el regalito de tu querido esposo? Pues todavía no has visto nada.

El obrero se da la vuelta y apoya una rodilla sobre la cama. Saca el culo con movimientos muy eróticos, mostrando sus nalgas firmes y duras.

-Mmmm, mira qué culazo, Diossss. ¡Qué sexy es! -suspira Cristina mientras le acaricia las nalgas al tío: -Me apetece… no sé…es una locura.

-No te cortes, puta. Hazlo…-le anima el chulazo, abriéndose las nalgas y descubriendo su ano depilado y limpito: -A mi me encanta que me lo laman…

Cristina mira a su marido por un instante sonriendo y se lanza como loca a comerle el culo al obrero. Le está lamiendo el ano al chulo hijo de puta con un hambre feroz. Le da lametazos verticales, baja un poco para chuparle los huevos por detrás, incluso se los mete enteros en la boca para saborearlos y luego vuelve lentamente hacia arriba para detenerse de nuevo en el agujero y repasarlo en círculos con la punta de la lengua. Está limpiándole con su saliva todo muy bien a ese cabronazo insensible, quien gime de placer, quejándose de gusto.

-Por Dios, Cristina. No seas tan guarra. A mi nunca me has hecho eso-dice el marido bastante incómodo por la escena que está viendo.

-Lo siento, cielo. Lo sé. No puedo evitarlo. Es que me ha puesto delante su precioso culo y ¿qué quieres que haga?

-Pero es asqueroso. ¿No puedes follártelo y ya está?

El mulato se ríe en voz alta y se da la vuelta para ofrecerle la polla otra vez. Se le ha quedado un poco flácida. Así, caída, parece más desproporcionada aún.

-¿Asqueroso? Este tío no tiene nada que sea asqueroso, bobo. Anda, cállate. Seguro que estás deseando probarla, ¿eh?-dice de pronto Cristina.

-¡¿Cómo?! -exclama el marido nervioso.

-Te conozco cielo. Llevas una pequeña zorra dentro. Estás deseoso por ponerte en mi lugar, ¿verdad cariño? ¿No te gustaría meterte este rabo, tan masculino, tan viril, tan enooooormeee, en tu boca? Mira… así.

Ella se mete una vez más la polla en la boca, ahora a cámara lenta, saboreándola, casi con devoción. Luego se la saca y deja que un grueso hilo de saliva le siga uniendo su labio inferior al glande hinchado y morado del mulato. La polla vuelve a endurecerse, está tomando unas proporciones desmesuradas.

-No seas mala, Cristina, por favor.

-Oh, cari. Ven aquí, mira. Esto es un hombre de verdad, ¿ves? Grande, moreno, colosal, fuerte. Si quieres puedes hacerle esto mientras me folla…-Cristina está dándole lametazos suaves y cariñosos en los huevos (gordos y grandes como dos manzanas) al tiempo que lo masturba con una mano, enfundada en uno de esos guantes negros, larguísimos hasta el codo:- ¿Te mueres de ganas, verdad?

El marido se está mordiendo las uñas. Se levanta, pero se vuelve a sentar.

-Por favor, déjame en paz -suplica el marido, desconcertado.

El tío levanta a la mujer por lo pelos y se agacha a quitarle las bragas de un tirón. Está totalmente depilada. Su coñito está liso y la rajita, dulce y delicada, brilla de lo húmeda que está. Toda calada. Empapada. El mulato le da la vuelta y le cachetea las nalgas. Ahora la obliga a inclinarse y le abre el chochito como una fruta fresca con los dedos. Está chorreando, incluso se aprecia una gota que pende de un hilo justo entre sus muslos que al final cae sobre la pierna derecha, a la altura del gemelo y es absorbida por la textura de las medias.

-¿Prefieres comerle el coño antes o después de que me la folle? -le pregunta el macho al cornudo.

-No, ahora no quiero que mi marido me coma el coño -dice Cristina con voz de niña enfadada y caprichosa, poniendo mohines de pena, muy teatral: -Ahora quiero que te chupe la polla a ti, por fi, anda, un poquito nada más.

Ella finge lloriquear como una nena que quiere que le compren un helado. Jugando con su pelo. Irresistible la interpretación de la muy puta.

El marido tiene la cara roja y está sudando. Se levanta otra vez. Parece temblar. Está tan cachondo que se tambalea al caminar. Cristina al ver a su marido acercarse lanza una carcajada de entusiasmo.

-¿Vas a chupársela, cariño? ¿Sí? ¡¿Sí?! ¡Bieeeeeeen! -Cristina aplaude con diversión. Su rol de nena caprichosa y malcriada está poniendo a ambos hombres como motos. Ella mira al mulato y le pregunta acariciándole las mejillas rasposas:-Por cierto, ¿cómo te llamas, guapo?

-Roberto -contesta el obrero, que sigue con las gafas de sol puestas y el casco de la obra colocado.

-Oh, Roberto, ¿te gusta cariño? A mí me pone ese nombre. Muy varonil.

El tío se agita la polla para mantener la erección y se sienta sobre la cama de matrimonio con las piernas abiertas. La imagen es acojonante. El marido de rodillas frente al macho empalmado y al lado su preciosa mujer, con lencería deluxe, en cuclillas y atenta.

-¿Has chupado alguna polla alguna vez? -le pregunta Roberto sonriendo.

-No, nunca.

-Yo te enseño, esposo mío-dice Cristina con voz divertida-Primero, lame la puntita, mira así.

Ella saca la lengua y rebaña con profesionalidad el glande. El marido se acerca y saca la lengua, está a escasos tres centímetros de la polla del tío. Dos centímetros. La polla se agita sola de la tensión. La mujer le ayuda un poco y le empuja la cabeza hacia delante. ¡Ya está! Le ha dado un lametazo.

-¡Muyyyy bieeeen! Has visto como no pasa nada. Ahora otra vez. Corre, mira que sale una gotita por la punta, lámela, verás que rica.

El marido obedece y lame la gota de presemen.

-Jajajajaja, qué maricón estás hecho -dice el obrero -Esto se lo cuento a cualquiera y no se lo cree.

El marido se ha animado y se mete la polla entera en la boca y chupa como si se le fuera la vida en ello.

-Oh, pero si estás hecho una putita, mi vida -dice Cristina visiblemente ardiente. Se quita el antifaz para no perderse detalle. Le centellean los ojos febriles (por cierto de un color avellana muy sexy): -Eso, así. Cómesela a Roberto. Oh, mi vida, así. ¿Te cabe entera? A mi me da un poco de arcadas, ¿a ti no? Baja un poco, cielo lindo. A los huevos, corazón. Un poquito, anda, que yo te vea.

Rafa está fuera de sí. ¡Ahora está lamiéndole los cojones al tío!

-Ufff, qué hijo de puta. Será mariconazo…

-Ya vale, cielo, ya vale. Tranquilo, amor mío, tranquilo. Eres un sol -le susurra Cristina a su esposo y le besa con lengua-Mmm, tienes su sabor en la boca… Mmm, me encanta, gracias, te quiero. Ahora quédate aquí quietecito mientras Roberto me folla, ¿vale? Buen chico.

El mulato se levanta y coge a Cristina en brazos y la tira sobre la cama. Ella se abre de piernas y espera a que se la meta. Esta claro que el tío es un experto follador. Le escupe en el coño y se la clava de un golpe.

-Ahhhhhhhh. Diosssss. ¡Despacio, que me rompes!

El hijo de puta del mulato está muy caliente. Empieza a mover las caderas como una máquina. Sin perdón, hostigándola con tanta brusquedad que da la sensación que va a romper a esa muñeca. Sin embargo, no se rompe, lo soporta la muy guarra. Le va la caña a la muy perra. Mírala, ha colocado sus delgadas piernas sobre los fuertes hombros de Roberto. Está muy sexy con las medias puestas y esos taconazos. El corazón bordado detrás de los talones hacen un contraste muy sexy con los tatuajes tribales de los hombros de Roberto. Ahora vemos de cerca los deditos de Cristina, asomando por la apertura de los tacones, cubiertos por las medias, con su costura y todo, muy fina. Se entreve que tiene las uñas pintadas de rojo. Exquisitas.

-¡Toma, zorra! ¡Goza, puta! ¡Disfruta de lo que es un macho de verdad! -dice Roberto mientras empuja como un toro, haciendo que se mueva la cama entera.

-¡Oh, oh! ¡Ahhhhhh! ¡Si fóllame como un hombre! ¡Ya ves lo que tengo en casa! ¡Lo maricón que es mi marido! ¡Siiiii! ¡Mátame con ese pollón, mulato! -suplica Cristina con los ojos en blanco.

El marido está de pie, atento, observando como el tío se empala a su mujer.

-Espera, espera. Déjame encima, por favor -le pide ella a su macho.

-Venga, zorra, súbete.

El obrero se tiende sobre la cama. El marido lo observa. Ver a un tío tan grande y musculoso tendido en su lado de la cama de matrimonio parece excitarlo. Su mujer se acaba de sentar sobre su monumental polla y está dejando que la atraviese hasta el fondo.

-¡Oh, Dios mío, Dios mío….! ¡Roberto, mmmm, Roberto, siiiiiii!-ronronea Cristina moviendo las caderas en círculos como una bailarina brasileña.

El obrero le está frotando el clítoris por delante mientras agita su polla dentro de ella. Cristina lanza un grito al cielo. Es un chillido super agudo, como el de una niñata de esas locas cuando ven a su cantante favorito. Se tira de los pelos, araña los musculosos pectorales del chulazo, se muerte los dedos. Y luego solloza en voz bajita, exhausta, tomando aire:

-Me he… corrido, mierda. Qué gustazo, madre mía. Ha sido, ufff, salvaje. Mierda.

El obrero no le da descanso. Incorpora un poco las caderas y continúa el ritmo de penetraciones con golpes fuertes y severos. Los huevos están a la vista. Grandes, hermosos, agitándose de arriba abajo. Cristina se lleva una mano a la espalda y se los empieza a acariciar. Se vuelve hacia su marido y le sonríe:

-Cómeselos, cariño. Venga, por favor. Cómele los cojones a este macho mientras me folla. Hazlo por mí. Anda, sé bueno…

El marido duda un instante y se acerca a la entrepierna del tío, quien afloja un poco las embestidas para dejarse hacer. La lengua del cornudo empieza a lamerle los majestuosos testículos al corneador mientras su mujer parece alcanzar otro climax en ese preciso instante:

-¡JODER! ME VENGO OTRA VEZ… MI PUTA MADRE… DIOSSSS. ¿SE LOS ESTÁS LAMIENDO, CORNUDO? DÍMELO, POR FAVOR, DÍMELO QUE ME ESTOY CORRIENDO….

El marido está tan entregado en su tarea de lamerle los huevos al macho que no contesta, por lo que es el propio Roberto quien se lo confirma:

-Si, puta, los está rebañando bien con su lengua de maricón.

-¡¿SIIIIII?! ¡PERO SERÁ MARICONAZO! TE PAGA DOS MIL PAVOS PARA QUE ME FOLLES Y ENCIMA TE COME LOS HUEVOS…. SERÁ, SERÁ… ¡CORNUDO! SIIII, AHHHHH, ME VOY, ME VIENE, YAAAHH, QUÉ GUSTAZOOOOHHHH-grita Cristina y deja caer la cabeza hacia delante, desfallecida.

El marido ve que del coño de su mujer está brotando excesivo líquido y está poniendo perdido al tío. Duda si seguir lamiendo o si tal vez su mujer prefiere cambiar de postura.

-¿Sigo, cariño?

-No, cornudo. Espera un poco -dice Cristina mientras se incorpora lentamente hasta sacarse todo el rabo del interior. Tiene el coño acuoso y pegajoso. Parece haberse meado por la intensidad de los orgasmos.

Está claro que el mulato no está dispuesto a aflojar y la coge por los pelos. La abofetea una, dos, tres veces.

-Menuda cerda estás tu hecha. Te has corrido como una perra. Mírate, toda meada. ¡PUTA! -le grita mientras le estrangula con su fuerte mano.

-Oh, siii. Roberto, haz lo que quieras conmigo -le ruega Cristina como borracha.

Roberto le escupe en la cara y la vuelve a abofetear. Ella gime de placer. Entonces la pone a cuatro patas y le tira del pelo como si tirara de las riendas de una yegua salvaje. Le clava la polla por el culito. Al principio le cuesta abrirse paso, pero luego empieza a deslizarse con suavidad. El marido está absorto, son demasiadas vejaciones. No lo había imaginado así. No creía que aquel tío iba a humillarla así. Aunque por lo que parece su mujer está disfrutando como nunca.

-Te vas a acordar de mi mientras vivas, puta barata -le dice Roberto mientras vuelve al ataque con penetraciones salvajes, golpes rudos y secos, apisonándole el culito sin miramientos. La cama se vuelve a mover y desplaza un poco la mesita de noche, haciendo caer el despertador al suelo. El marido va y lo recorre, el muy pringado, y lo vuelve a colocar en su sitio.

-Ah, ah, ah. Qué calzonazos eh, eh eres, mi vida ah, ah, ah. Me, eh, eh, encanta, me encanta tener un esposo como tú, argh, oh, ahhhh. Tan atento, ahh, ah, ah, tan cariñoso conmigo, tan cornudo -dice entrecortadamente Cristina mirando a los ojos de su marido. La saliva que el mulato le ha escupido le recorre la mejilla izquierda y se está posando sobre sus labios. La pobre está alborotada por las sacudidas que le impone Roberto a su culito.

-¿Crees que los dos mil pavos han merecido la pena, cornudo? -le pregunta el corneador mientras empuja, agarrando a Cristina de la cintura con sus fuertes brazos.

-Eso lo tiene que decir mi mujer. ¿Te ha gustado, cariño?

-Se-gu-ro, segu-ro. Oh, oh, oh. Un dinero bien gastado, amor mío. Es el mejor regalo, oh, oh, que me han hecho en mi vidaaaahhh, cariñooooo. ¡Otraaaah vez! ¡ME CORROOOOO POR EL CULO! BÉSAME, CARIÑO, RÁPIDO, BÉSAME.

El cornudo besa a su mujer mientras ella alcanza su tercer orgasmo. Hay algo de saliva del mulato en la boca de ella, pero al marido no parece importarle. Se ve tan mona penetrada por el ano por aquel chulazo con gafas de sol y casco de obra. Una escena muy sexy.

-ESO, BESA A TU MARIDITO, ZORRA. OH, JODER, ME VOY A CORRER.- anuncia Roberto desde detrás.

-¡CORRE CIELO! ¡CHÚPASELA! ¡CORRE, CORRE! -grita Cristina a su marido, mientras éste se acerca como un tonto y abre la boca frente al corneador.

El obrero saca la polla morada e hinchada del culo de Cristina y sin darle tiempo a reaccionar se encuentra con el cornudo comiéndosela como un desesperado. El tío no tiene alternativa y se corre larga y poderosamente en la boca del marido. La mujer está encantada, se lleva las manos a la boca, totalmente feliz por ver a su querido esposo recibir la leche del mulato en su boca.

-JODER, JAMÁS HE VISTO A UN MARICONAZO COMO TU MARIDO. MÍRALO, TRAGA COMO UNA PUTITA.

-Oh, qué monada. Mi pequeñín se está tomando toda su lechecita, jajajaja.

Al final el matrimonio termina besándose apasionadamente. Ella explorando con su lengua dentro de la boca de él, apurando hasta la última gota de semen de Roberto. Antes de marcharse Roberto, Cristina le pide a su marido que le coma un rato el coño y durante el acto le hace una sugerencia peligrosa:

-Cariño, ¿te gustaría probar a ver si te gusta que Roberto te de por el culo un poquito? Un poquito nada más. Cariño, por favor. Es mi regalo, yo decido. Verás, yo le voy a hacer una buena mamada primero y luego él te va a abrir el culito ese tan bonito que tienes. Verás como te gusta… Te convertirá en esa zorrita que siempre quisiste ser. Venga, bájate los pantalones. Así, muy bien, y ahora los calzoncillos. Mira que pichita más chiquitita tienes, mi vida. Ja, ja, ja. Enséñasela a Roberto. Dile “mira Roberto, que pequeñita la tengo”. Ja, ja, ja. Ahora ponte en pompa. A cuatro patas, culito para fuera, más arriba, amor. ¡Uy, pero si sabes hacerlo mejor que yo!

El marido no dice nada, solo se deja hacer. Menudo aniversario…

En el siguiente episodio de Cornu2 veremos a una nueva pareja en acción: A Martina y a Carlos durante su viaje de novios en Jamaica… ¡No os lo perdáis!

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Historias Morbosas: El favor

Pedro y Natalia vivían en un pueblo pequeño cerca de la costa. Ambos contaban con treinta y nueve años, era un matrimonio felizmente casado  y sin hijos. Él trabajaba de administrativo en una inmobiliaria y ella de auxiliar en una clínica. Atravesaban ciertos apuros económicos porque unos años antes montaron un negocio que se fue al traste y quedaron endeudados hasta las cejas. Más de la mitad de ambos sueldos lo destinaban al pago de los préstamos, aunque iban tirando. Llegaban a fin de mes bastante apurados.

Pedro era un hombre sencillo, muy deportista, iba diariamente al gimnasio y practicaba el ciclismo por lo que destacaba su tórax musculoso. Estaba enamorado de su mujer y procuraba complacerla en todo lo que quería, al fin y al cabo la familia estaba lejos y estaban el uno para el otro, sin intromisiones. Natalia era una mujer de bandera, un cuerpo fino y delgado, con un culito poco voluminoso aunque sí algo ancho, destacaban sus pechos grandes y blandos de erguidos pezones, algo caídos hacia abajo, su melena rubia y ondulada, sus labios gruesos y sus ojos verdes, una monada, una mujer ya madurita que provocaba las miradas de cualquier hombre que se cruzase con ella. Amaba a su marido y era feliz, pero se acercaba a los cuarenta y no veía cumplir su deseo de tener un hijo, de ser madre, algo que siempre había soñado. A ambos le gustaban los niños, se propusieron tenerlo nada más casarse, pero se habían pasado más de cinco años intentándolo sin éxito. Preocupados, acudieron a un especialista, quien lamentablemente dictaminó tras unos análisis, que Pedro era estéril. Más que por él, Pedro lamentó la enorme desazón de Natalia, que unida a las numerosas deudas, sufría diversas depresiones y casi siempre actuaba desanimada y sin ilusión. La monotonía hacía estragos en la relación. Pedro le propuso adoptar un niño, pero ella se negó, no le atraía la idea, por mucho que le cuidase y mimase, siempre sabría que no era su hijo. Más tarde le propuso acudir a un banco de semen y ella pareció ilusionarse con la idea, pero cuando les entregaron el presupuesto tuvieron que desecharla. El procedimiento era demasiado costoso y sus economías no estaban para semejantes gastos. Las posibilidades se esfumaban y el tiempo avanzaba. Pedro ya no sabía qué hacer. Se le ocurrió una idea, una idea descabellada que le trastornaba, pero la amaba tanto que estaba dispuesto a llevarla a cabo con tal de salvar su matrimonio, aunque era consciente del esfuerzo psicológico que iba a suponer. Estuvo dándole vueltas a la cabeza durante unos días hasta que decidió contárselo. Su primo Toni, de treinta años, podía ser la solución, a él estaba dispuesto a pedirle el favor más duro de toda su vida. Ambos se llevaban bien, como amigo, le consideraba el mejor, compartían todo, hasta salían en la misma pandilla, iban juntos de pesca, a jugar a los bolos y vivía en la ciudad. Estaba soltero y sin compromiso, era un tío independiente al que no le gustaban las ataduras y mucho menos los niños, de hecho tenía por ahí dos hijos y no sabía absolutamente nada de ellos, las dejó embarazada y pasó de ellas y del compromiso. Era un jeta, un despreocupado, pero precisamente en su despreocupación Pedro vio la luz.
– Él puede ayudarnos, mi amor, él confía en mí, nos quiere, nos hará el favor de prestarnos su semen, es la única posibilidad y encima llevaría mi sangre.

– Pero tú no lo has pensado bien, tendría que acostarme con él, con tu primo…

– Lo sé, madita sea, tendremos que soportarlo juntos – la agarró de las manos -. Luego lo olvidaremos, junto lo olvidaremos. Sólo será un poco de sexo, sí, joder un mal trago, pero cuando llegue el momento sé dónde estaría tu mente. Hay parejas como nosotros que compran el semen, hacen lo que vamos a hacer nosotros. Vamos a hacer lo mismo, cariño, pero no tenemos dinero y, bueno… Nos queremos, Natalia, y te conozco. Será un esfuerzo grande, tuyo y mío, pero lo superaremos. Deseamos tanto ese niño…
– Pero, Pedro…

Tardaron días en tomar la decisión. El amor era fuerte, más fuerte que cualquier cosa, y deseaban tener un hijo a toda costa, aunque tuvieran que pagar un precio tan caro como una infidelidad consentida. Pedro se reunió con su primo Toni en una cafetería con la intención de tantearle. Pidieron unas copas. Pedro necesitaba algo de alcohol para serenar los nervios y allí estaba su primo, ciertamente era un putero, pero era la única persona en la que le confiaría una petición como la que estaba a punto de hacerle. Podían haber elegido un desconocido, pero la incertidumbre y el temor siempre les hubiese acechado y además seguro que hubieran tenido que pagar. Aunque se trataba de una abochornante situación, había mujeres y matrimonios que acudían a los bancos de semen, con el mismo objetivo, sólo que ellos debían superar el estrago del sexo.

Toni trabajaba de mecánico y casi siempre iba hecho un asco, sin afeitar y con el mono manchado de grasa. Era algo bajo y regordete, destacaba su panza pronunciada y blandengue, sus piernas robustas, sus gruesas manos y su vello en el pecho porque normalmente siempre llevaba las camisas a medio abrochar. Su cabeza era cuadrada, iba rapado y poseía unos ojos saltones que llamaban la atención, un tanto deprimente para los gustos de una mujer pija como Natalia, pero el físico daba igual en este caso, la cuestión era otra, necesitaban su semen, conseguir que la dejara embarazada. Era bastante dicharachero y divertido y le gustaba todos los vicios, las mujeres, el tabaco y el alcohol.
– ¿Y Natalia? Hace más de un mes que no la veo.

– No está bien, Toni, sigue con las depresiones…

– Bueno, tampoco se termina el mundo porque no tenga un hijo…

– Bueno, verás, quería hablarte de eso -. Pedro se sonrojó y mostró una estúpida sonrisa -. Hemos estado hablando y, bueno, tú y yo, en fin, somos primos, pero yo confío en ti y bueno, ya que eres mi primo…

– Quieres que me haga una paja y te dé el semen – adivinó sonriente -. Sin problema. Nadie se enteraría nunca y si hace falta os firmo cualquier documento como que renuncio al crío. No sería el primero. Llevará tu sangre. Somos primos hermanos. Yo paso…

Ciertamente, su primo le facilitaba la conversación y entonces Pedro decidió ser más explícito.

– Veras, Toni, no tenemos dinero para una inseminación -. Se pasó la mano por la cabeza, había empezado a sudar -. Tendrías que acostarte con ella, tendrías que hacernos ese favor. Eres la única persona a quien confiaría algo así.

– ¿Quieres que me folle a tu mujer? – se sorprendió emocionado. Para Toni, Natalia estaba buenísima y en más de una ocasión se había masturbado pensando en ella. Inesperadamente, su marido se la ofrecía en bandeja.

– No hables así, por favor, voy a pasarlo mal, pero la quiero, tengo que hacerlo por ella. Ya lo hemos hablado. Confiamos en ti.

– No te preocupes, primo – le atizó unas palmaditas en la cara -. Cuando tú digas. Habla con ella, por mí no hay problemas.

Aquella tarde y durante los días siguientes Toni no paró de masturbarse electrizado por la posibilidad de follarse a la mujer de su primo. A Pedro y Natalia les costaba dar el paso. Estaban desesperados. Tardaron más de un mes en decidirse. No iban a hacer nada malo, la gente en su misma situación compraban semen en las clínicas, sólo que ellos debían utilizar el sexo, el sexo con otro hombre. La vida les había jugado una mala pasada económica y psicológicamente. Pedro telefoneó a su primo un sábado por la mañana y se citaron para cenar esa misma noche. Sería la primera vez que estarían los tres juntos. Toni, que iba en vaqueros y con una camisa de cuadro, con una barba de tres días, saludó a Natalia como si tal cosa, con un par de besos en las mejillas y rodeándola por la cintura con el brazo, forzándose en aparentar normalidad, por nada del mundo permitiría que se echaran atrás. La examinó de arriba abajo, los enormes pechos tras el jersey blanco que lucía, unos pechos que tendría la oportunidad de saborear, y aquel culito tras los ajustados tejanos, tan rico y maduro, estaba dispuesto a romperlo follándola. Cenaron animadamente, aunque Pedro estaba bastante cabizbajo. Para él iba a ser una experiencia muy desagradable. Ni siquiera sabía como serían los detalles del encuentro sexual, no lo habían hablado. Toni llevaba la voz cantante, se esforzó en divertir a Natalia para que se sintiera cómoda con la situación que se avecinaba. Aunque procuraba serenarse, Natalia también estaba nerviosa. Tendría que acostarse con aquel hombre de físico ciertamente repelente, todo por conseguir el deseo de ser madre, pero sabía que Toni era el mejor amigo de su marido y la única persona en quien confiar algo semejante. Tras varias copas y una velada que se alargó hasta las tres de la madrugada, Pedro, con la voz temerosa, sugirió ir a casa. Fruto de los nervios, Natalia había bebido bastante alcohol, a conciencia, necesitaba serenidad para afrontar la delicada situación. Ya en casa, se acomodaron en el salón y Pedro alargó más el tiempo sirviendo otra copa, con síntomas de arrepentimiento en su mirada. Toni temió que su primo se echara atrás y se anticipó a él. Se levantó de repente, soltó la copa y le tendió la mano a Natalia. Pedro, sentado junto a su mujer, se quedó atónito y sin palabras, muerto de celos. Natalia, nerviosa, tragó saliva.

– Bueno, vamos, Natalia. No le demos más vuelta. No pasa nada, coño. Perico, tu mujer y yo vamos a pasar un rato a solas -. Natalia, envuelta en una insulsa sonrisa, miró a su marido y se levantó -. No pasa nada hombre, nadie se enterará de nada.

Los celos lo ahogaban. Su mujer permanecía junto a su primo, ambos agarrados de la mano. Toni tiró de ella y juntos se dirigieron hacia el dormitorio. Pedro sufrió un agudo dolor en la frente y frío por todo el cuerpo. Iba a permitir que su mujer hiciera el amor con otro hombre. Sólo era sexo, pensó asfixiado. Se asomó al pasillo. Su esposa marchaba delante y claramente su primo iba comiéndosela con los ojos. No había sido una idea apropiada, pero permaneció inmóvil cuando les vio entrar en el dormitorio. Sonó un portazo y el ruido del cerrojillo. Desesperado, regresó al sofá y cerró los ojos con una lágrima escapando de entre sus párpados. Los celos le abrasaban las entrañas.

Ya en el dormitorio, Natalia se dirigió hacia el tocador sin saber cómo actuar. Toni se acercó a ella y le acarició la cara achuchándole suavemente las mejillas.

– Lo pasaremos bien, tranquila -. Ella asintió nerviosa -. Vamos a divertirnos un poco. El sexo es eso, diversión. ¿No?

– Claro, sí…

– Míralo de esa manera, coño. ¿Vale? – Natalia volvió a asentir cuando él le pellizcaba la barbilla a modo de niña buena. La miró de los pies a la cabeza -. Estás muy guapa. Anda, ponte cómoda.

Obediente, Natalia se dirigió al cuarto de baño que había en la habitación y cerró la puerta tras de sí. Antes de comenzar a desnudarse, se miró al espejo y cerró los ojos para reflexionar. Luego comenzó a quitarse la ropa hasta quedarse completamente desnuda. Descolgó un camisón de la percha y se lo metió por la cabeza. Era un camisón corto de volantes en la base y en los tirantes, de muselina color negro, con escote a pico, muy suelto, semitransparente. Volvió a calzarse con los tacones y volvió a colocarse frente al espejo. Estaba muy provocativa, dispuesta como una puta para complacer al primo de su marido. Cerró los ojos, suspiró y abrió la puerta para irrumpir en el dormitorio. Encontró a Toni de espaldas junto a la cama, desnudo, sólo con unos slip blancos apretujados en sus carnes amondongadas. Vio su culo respingado y su cintura con pronunciados michelines. Enseguida se giró hacia ella. Se quedó boquiabierto al verla. Natalia se fijó en su enorme y fofa barriga, en su pecho peludo y en el impresionante paquete que abultaba el slip. Acostumbrada al aspecto musculoso y depilado de su marido, aquel cuerpo la impresionó. Toni apenas parpadeaba. Estaba para comérsela. Se le transparentaba todo, el coño con la forma triangular del vello y las dos enormes tetazas que se vaiveneaban con lentitud al más mínimo movimiento, con gruesos y erguidos pezones en el centro. Se fijó en su vientre liso y en sus piernas finas y delicadas. Los tacones y la melena rubia, que destacaba con el negro del camisón, ofrecían un aspecto de prostituta, una prostituta a su disposición.

– Estás muy guapa.

– Gracias.

Toni se bajó el slip y exhibió su miembro. Natalia tragó saliva al comprobar el tamaño de aquella grandiosa polla rodeada de un denso vello, aún algo fláccida, gruesa y bastante larga, casi doblaba en tamaño y volumen a la de su marido, con un glande enrojecido y carnoso. Jamás vio algo parecido. Se fijó en sus testículos, grandes, ásperos y muy peludos.

– Echa una copa – le ordenó él.

Natalia dio media vuelta para servirle un whisky y entonces él pudo disfrutar de cómo se contoneaba aquel delicioso culito de nalgas ligeramente abombadas, con una raja profunda y unas curvas impresionantes. Los tacones y examinar aquel culito a través del camisón electrizaban el momento. Toni se sentó en el borde de la cama, ya con la verga bastante empinada. Natalia se acercó a él y le entregó la copa, procurando no mirar aquel pene.

– Siéntate -. Ella se sentó a su lado y enseguida cruzó las piernas. Toni le dio un trago a la copa y la soltó en la mesilla. Su fragancia era muy masculina, la colonia y el sudor se mezclaban, vio unas gotas resbalando por sus sienes. Él le miró las tetas con descaro y bajó la mirada hacia la vagina -. ¿estás nerviosa?

– Un poco, sí, también por Pedro, va a pasar un mal rato…

– Olvídate de él, coño, y disfruta un poco. ¿Le has puesto los cuernos alguna vez?

– No, no…

– Por una canita al aire no pasa nada. Seguro que alguna vez se habrá ido de putas. Tú también tienes derecho. Vas a probar otra cosa diferente y te va a gustar. A mí no me gustan las depilaciones y las mariconadas esas de mi primo. ¿Sólo has follado con él? – asintió abochornada -. Pues hoy vas a probar un hombre de verdad. Iremos despacio. Tranquila – le acarició la cara con la yema de los dedos y le cogió la mano para conducirla hasta su pecho -. Tócame.
Natalia, obediente, deslizó con suavidad la palma por aquel pecho peludo de piel grasienta y sudorosa. Él echó los brazos hacia atrás, relajado, examinando las transparencias del camisón. Pasó la mano por el vientre haciendo círculos con lentitud, volvía a subir hacia el pecho y pasaba por encima de las tetillas. El hijo de perra la estaba calentando, sabía cómo hacerlo, su vista se clavaba en aquella verga tiesa y empinada.

Fuera, Pedro recorrió a hurtadillas el pasillo y pegó la oreja a la puerta del dormitorio. Apenas oía nada, sólo algunos murmullos de vez en cuando. Se estaba volviendo loco. Con las manos a la cabeza y muerto de celos, regresó al salón. Se sentaba y volvía a levantarse desesperado Reconoció que actuaba como un maldito cobarde. En el dormitorio Natalia continuaba sobándole el pecho y el vientre. Él se irguió y ella le miró a los ojos.

– ¿Estás cachonda?

Natalia apartó la mirada avergonzada, pero él le sujetó la barbilla y la obligó a mirarle.

– Bueno, un poco…

– ¿Te gusta mi polla?

– Sí  – contestó con una sonrisa idiota.

– ¿Quieres tocarla? -. Ella se mordió el labio y respiró hondo. Por las formas, había conseguido ponerla cachonda y que por momentos se olvidara de su marido. Aquella verga era realmente apetecible, ciertamente más apetecible que la de su marido. Cerró los ojos y lanzó un bufido, inquieta por el momento -. Mastúrbame.

Le sujetó la polla con la mano izquierda y comenzó a meneársela muy suavemente, como queriendo gozar de aquel tacto. Los huevos se movían ligeramente y entonces acercó la mano derecha para sobárselos con leves estrujamientos. Permanecía sentada hacia él, algo inclinada para poder masturbarle. Sus tetas se balanceaban ligeramente tras el camisón. Toni la agarró por las mejillas y le acercó la cara para babosearle los labios con la lengua fuera. Sus pechos se apretujaron contra aquel tórax sudoroso. Pasaron a besarse enrollando las lenguas. Él le tenía una mano en la nuca y la otra apoyada en el colchón. Ahora se la sacudía un poco más fuerte con la mano derecha y había dejado de sobarle los huevos. Dejaron de besarse. Ella se apartó, concentrada en masturbarle. Un tirante se deslizó por el hombro y el escote se bajó de un lado dejándole media teta a la vista, pero continuó meneándosela.

– ¿Te gusta así?

– Lo haces muy bien.

Cada vez aceleraba más las sacudidas. Toni había comenzado a emitir débiles jadeos y ella gozaba haciéndole la paja. A veces se detenía, le pasaba la mano por los huevos y reanudaba la masturbación. Con la mano izquierda le acariciaba la espalda peluda e impregnada de sudor, que ya le abrillantaba todo el cuerpo. Él sabía que estaba muy cachonda, sólo había que verle sus ojos desorbitados y su ceño fruncido. Las tetas se vaiveneaban al son de los movimientos del brazo y un pezón ya asomaba por encima de la tira del escote.

– Chúpamela – le ordenó.

Cesó la masturbación, sujetó la verga por la base con la mano izquierda y se echó sobre su regazo lamiéndole el glande. La derecha la utilizó para sobarle los huevos. Quería hacerlo bien. Permanecía con la cabeza pegada en la barriga, moviendo la cabeza lentamente para lamerla de arriba abajo, recostada de lado. Primeramente, Toni la sujetó por la cabeza con ambas manos para ayudarla a mamar, pero antes tiró del camisón hacia la cintura y la dejó con el culo al aire. Con la izquierda la agarró de los pelos y con la derecha le acarició todo el culo de una pasada antes de asestarle un cachete. Luego metió la mano bajo el camisón, pasó por su vientre y le achuchó con rudeza una de las tetas. Se las zarandeó con rabia, estrujándolas, pasando de una a otra. Ella permanecía afanada en chupar y no paraba de mover la cabeza con la verga dentro de su boca, sin cesar de manosearle los huevos.

En el pasillo Pedro oyó los murmullos y el ruido de la palmada. Pegó la oreja a la puerta y sólo oyó unos chasquidos. Se arrodilló y trató de mirar por el hueco de la cerradura. La visión fue espeluznante para él. Lo primero que vio fue el culo de su mujer elevado del colchón unos cuantos centímetros, lo suficiente para diferenciar la raja del coño en los bajos, el vello de la entrepierna y el fino y enrojecido ano en el centro de ambas nalgas. Mantenía el camisón arrugado en la cintura. Le estaba haciendo una mamada, echada de costado sobre su regazo, aunque no podía verle la cara, tan sólo apreció los movimientos de su cabeza. Su primo estaba sentado en el borde, con los ojos cerrados, manoseándole el cabello y ayudándola a mamar. Vio que Toni se escupía en la mano y extendía el brazo derecho para sobarle el culo y embadurnarlo de saliva. Le pellizcó las nalgas y a continuación introdujo los dedos en la entrepierna para agitarle el coño presionándolo y moviendo la mano en círculos. Ella lo contrajo y lo meneó al sentir los dedos hurgando entre sus labios vaginales. Pedro se levantó ofuscado. Le temblaban las manos y sentía escalofríos en el pecho. Se apoyó en la pared con la cara oculta entre sus manos.
Natalia continuaba mamando a la vez que le agitaba el coño. Notó que se corrían en la mano de Toni. Toni le tiró de los pelos y la obligó a levantar la cabeza. Numerosas babas colgaban de los labios y se unían a la punta de la polla. La besó rudamente retirando la mano de su culo.
– Mastúrbame con tus tetas…

Bajó de la cama y se arrodillo entre sus robustas piernas. Él echó los brazos hacia atrás para adoptar una postura más cómoda. Se colocó el tirante, agarró sus tetas y atrapó la polla. Enseguida comenzó a menear el tórax para masturbarle. Toni notaba el roce del camisón y su verga presionada entre aquella carne blanda. Jadeaba emocionado ante aquella postura tan provocativa. Se miraban a los ojos. Ella se esforzaba en presionar la polla y deslizar las tetas a lo largo de todo el tronco. Las babas del glande impregnaban la muselina del camisón. Toni, con el placer desorbitado, se dejó caer hacia atrás y quedó tumbado boca arriba mientras la mujer de su primo le masturbaba con los pechos. Por iniciativa propia, liberó la polla y acercó la cabeza para lamerle los huevos mediante lengüetazos, como una perra olisqueando en la basura. Ahora las tetas le colgaban hacia abajo por fuera del escote. Toni se sujetó la verga para sacudírsela él mismo. Natalia se hallaba fuera de sí. Tras ensalivarle los huevos, le obligó a elevar ambas piernas. Entonces bajó la lengua hasta el ano peludo para lamerlo nerviosamente, intentando introducir la lengua en el interior. Le abría la raja y hundía la boca escupiendo y esparciendo la saliva alrededor del ano. El cosquilleó al chuparle el culo acrecentó el placer de Toni, que ahora se la sacudía velozmente.
– Me voy a correr – jadeó nervioso elevando el tórax.

Ella apartó la cabeza del ano y permaneció arrodillada. Él se puso de pie sin parar de sacudírsela. Algunas finas babas colgaban de los huevos y el culo. Natalia miró hacia arriba acariciándole las piernas. Toni dirigió la punta de la verga hacia la cara y a los pocos segundos varios escupitajos de un semen viscoso y amarillento se esparcieron en el rostro de Natalia.

– Chúpala…

Sujetó la verga y la lamió como si fuera un helado, limpiando y saboreando el semen que aún brotaba de la punta. Unos segundos más tarde, la agarró del brazo y la obligó a levantarse. Ambos permanecían de pie junto a la cama, cara a cara. La empujó rudamente contra la pared, se abrazó a ella subiéndole el camisón hasta la cintura y pegó las manos en su culo. Ella se colgó de su cuello, con las tetas aplastadas contra su pecho sudoroso. Toni se agarró la verga y la dirigió hacia el coño. Rebuscó entre los labios vaginales con la punta y se la metió hasta el fondo con un golpe seco. Natalia gimió con los ojos desorbitados. Enseguida Toni comenzó a follarla velozmente meneando la cadera para ahondar al máximo, apretándole las nalgas para mantener el equilibrio. En segundos, ambos jadeaban alocadamente.
Pedro, en el pasillo, oyó los jadeos de su mujer mezclados con los de su primo. Estaban follando. Su mujer gemía como una descosida. Era horrible. Los alaridos retumbaban en su cabeza. Se arrodilló para mirar a través de la cerradura. Les vio de pie al fondo del dormitorio. Vio su primo de espaldas, envuelto en sudor, sacudiéndole aligeradamente mientras la besuqueaba por el cuello. Ella mantenía la cara apoyada en su hombro con el ceño fruncido y gritando de placer. Vio las manos de su mujer plantadas en el culo de su primo, como ayudándole a empujar. Cada vez gemían más nerviosos y las sacudidas eran más veloces. Clavaba las uñas en aquellas nalgas peludas y asquerosas. Cómo había permitido semejante hecho. De pronto, su primo le asentó un golpe seco y mantuvo el culo contraído con la verga dentro del coño. Ella cerró los ojos con fuerza subiendo las manos hacia la espalda. Cesaron los jadeos. Toni se retiró unos centímetros, aunque se mantuvo de espaldas a Pedro, y le permitió ver a su esposa con el camisón transparente, con las tetazas en reposo y el coñito que aquel hijo de puta acababa de perforar. Un grueso hilo de semen viscoso le colgaba del vello. Seguro que el muy cabrón la había obligado a vestirse así, seguro que bajo amenaza, que la había obligado a hacerle una mamada. Había sido un grave error.

– Nos tomamos un respiro – le oyó decir a su primo -. Voy por un cigarro.

Natalia se dirigió hacia el cuarto de baño y él examinó su forma de contonear el culo tras la gasa del camisón. Cuando Toni se volvía, Pedro se levantó y anduvo hasta el cuarto contiguo. Se metió dentro y dejó la puerta entreabierta, oculto en la penumbra del cuarto. Oyó el cerrojo y la puerta. Al instante vio a su primo por el pasillo. Iba desnudo, con la polla empinada, balanceándose en cada zancada. Acababa de follarse a su mujer y él lo había permitido. Vio el glande enrojecido y una fina baba colgando de la punta. Sudaba a borbotones. Irrumpió en el salón en busca del paquete. Le vio el culo peludo y respingón al que su mujer se había aferrado mientras la penetraba. Pedro permaneció oculto en el cuarto, aterrado como un jodido cobarde, comido por los celos, llorando como un crío. Su primo regresó con el cigarro encendido y saboreando la calada. Aún llevaba la polla tiesa cuando pasó delante del cuarto. Irrumpió en el dormitorio del matrimonio y cerró la puerta tras de sí. Al instante sonó el cerrojo. Entonces Pedro salió de su escondite y anduvo hacia la puerta. Sacudió la cabeza y se apoyó en la pared, sin fuerzas para cortar con aquel delirio.
Toni entró en la habitación y vio a Natalia sentada en el borde de la cama con las piernas cruzadas, como a esperas de la nueva imposición. Se había limpiado la cara de semen y las manchas del camisón y se había alisado el cabello. Toni se fijó en sus tetas en reposo tras la gasa. Ella sonrió al verle, como temerosa de contrariarle, no sin antes fijarse en la verga, algo más fláccida.

– ¿Quieres una copa? – preguntó él.

– No, no… Ya he bebido bastante.

Toni se sirvió un whisky y le dio unos tragos para acompañar las caladas del cigarro. Con la copa en la mano, rodeó la cama y se acercó hasta ella. Se colocó delante, de pie, sin dejar de fumar. Natalia tenía la verga a la altura de su cara, a escasos centímetros.

– ¿Te lo estás pasando bien?

– Sí – sonrió tontamente.

– Tócame un poco los huevos, necesito calentarme…

Soltó la copa en la mesilla y apagó el cigarrillo. Con la misma obediencia, Natalia condujo la mano derecha hasta los huevos y los acarició con extrema suavidad, hundiendo levemente las yemas en la carne áspera y peluda. Con la izquierda le agarró la verga para sacudírsela con la misma lentitud.

Al otro lado de la puerta, Pedro no oía nada. Se arrodilló y acercó el ojo al hueco de la cerradura. La misma visión horrenda que jamás olvidaría. Les vio de perfil, a su primo de pie y a su mujer sentada haciéndole una paja y sobándole los huevos. Vio cómo su primo le levantaba la barbilla para obligarla a mirarle. La estaba sometiendo y él no hacía nada por impedirlo. Vio cómo le metía la mano por dentro del escote y observó como le achuchaba una de las tetas tras la gasa. Se la estrujó con tanta intensidad que llegó a sacársela por fuera. Fue cuando le agarró un pezón y se la zarandeó hacia los lados. Su mujer continuaba masturbándole sin dejar de mirarle. Pedro se incorporó horrorizado y se alejó unos metros. La desesperación aumentaba en cada segundo.

Natalia le sacudía algo más rápido, sin parar de manosearle los testículos. Estaba fuera de sí, caliente como una perra. Estaba mal sentir aquel gusto, pero no podía controlar el ardor que corría por sus venas. Aquella noche iba a vivir su encuentro sexual más intenso, con un hombre de verdad que la volvía loca. No pudo aguantarse, retiró la mano derecha de los huevos y se la metió bajo el camisón para frotarse la vagina con toda la palma. Toni sonrió al ver cómo se masturbaba y cómo le masturbaba a él, ciega de placer, con los ojos vueltos y una respiración acelerada.

– Te gusta, ¿verdad?

Descontrolada, acercó la cabeza a la barriga y deslizó la lengua por todo el vientre, saboreando el sudor que impregnaba aquella piel basta y peluda. Metió la punta en el ombligo y bajó hacia el vello de los genitales. No paraba de hurgarse en el coño. Pegó la verga al vientre y le soltó varios lengüetazos a los huevos antes de volver a besarle por la zona de la barriga. Las babas goteaban de los testículos hacia el suelo. La verga golpeaba sus tetas al inclinarse. Toni se inclinó para besarla en la boca. Enrollaron sus lenguas y babosearon durante unos segundos. Toni la agarró de los tobillos y le subió inesperadamente las piernas. Cayó tumbada boca arriba con las piernas en alto y el camisón en la cintura. Sus tetas se vaivenearon como flanes sobresaliendo por los costados y el escote. Toni elevó aún más sus muslos hasta que las rodillas casi rozaban los hombros. Tuvo ante sí aquel coño abierto y aquel ano tan jugoso. Le lanzó un escupitajo y bajó la cabeza deslizando la lengua por todo el coño. Ella gimió. Ahora Toni le escupió en el ano. Con los pulgares le abrió la raja e insertó la lengua para esparcir la saliva. Le humedeció bien todo el culo antes de incorporarse. Se escupió en la mano y se embadurnó toda la polla de saliva.

– No bajes las piernas, vas a probar algo bueno…

Natalia se las sujetó para no bajarlas a pesar de la incómoda postura, con sus rodillas pegadas a los hombros.

– ¿Qué vas a hacer?

– Acercó la punta hacia el ano. Volvió a escupirse en el glande antes de empujar.

– Por ahí no, Toni, por favor… – protestó ella tímidamente.

– Cállate, coño…

Toni empujó con fuerza hundiendo el glande en el culo. Enseguida se echó hacia ella para que no pudiera bajar las piernas, apoyó las manos en el colchón y los tobillos de ella cayeron sobre los hombros de él. Natalia gimió dolorida agarrándose con fuerza a las sábanas. Siguió empujando y hundió media polla dilatándole aquel ano fino y delicado. Toni comenzó a contraer el culo para follarla y a gemir acalorado. Los gemidos de Natalia parecían alaridos cuando notaba que la polla penetraba.

Pedro deambulaba por el pasillo cuando se reanudaron los escandalosos jadeos. Su mujer gemía enloquecida. Asustado, se acercó a la puerta y la golpeó varias veces tratando de abrirla.

– ¿Estás bien, Natalia? ¿Pasa algo?

No le hicieron caso, los chillos de uno y otro se sucedían. Con la barbilla temblorosa y lágrimas en los ojos, cayó arrodillado con la cabeza apoyada en la puerta.
Dentro, Toni continuaba follándola por el culo, cada vez hundiendo más la polla. Tras un par de minutos, la extrajo del ano y se incorporó. Ella mantuvo los pies en los hombros de él, con el culo aún algo dilatado. Dejó de gemir, resopló para recuperar el aliento y le miró a los ojos. Sintió el cabello humedecido por el sudor. Ahora Toni se la metió por el coño sujetándole las piernas por los tobillos y asestándole fuertes embestidas, deslizando la verga hasta los testículos. Las tetas se movían alocadas bajo la gasa del camisón. Natalia gemía con el ceño fruncido, muerta por un placer inevitable, aunque dolorida por la penetración anal. Toni aceleró los movimientos de su cadera penetrándola con rabia. El sudor le goteaba de las sienes. Todo el cuerpo de Natalia convulsionaba cuando se la clavaba. Él emitió un quejido profundo y se detuvo en seco con la verga dentro. Natalia profirió un gemido estridente cuando le sintió eyacular en el interior. Le asestó otro golpe seco y se detuvo de nuevo, como si quisiera escurrirse. Le soltó las piernas y ella las bajó. La polla salió de la vagina y la punta rozó el vello impregnándolo de los últimos resquicios. Del interior del coño brotaron unos pegotes de leche. Toni soltó un bufido, sofocado, y se retiró de entre las piernas de ella.

En el pasillo Pedro notó que los gemidos cesaban. Deseó que el infierno llegara a su fin y se asomó por la mirilla de la cerradura. Vio a su primo de pie frente a su mujer, quien permanecía tumbada boca arriba en el borde de la cama, con el camisón subido hasta la cintura y la vagina a la vista de aquel cerdo. Vio sus tetas caídas hacia los costados y los pezones por fuera del escote. Su primo tenía la verga completamente tiesa y empinada. Se dirigió hacia el tocador para sacar un cigarrillo del paquete. Su esposa se incorporó. Notó sus carillos morados y el pelo humedecido por el sudor. Acezaba como una perra malherida. Se colocó los tirantes del camisón y se puso de pie. Malditasea, se dijo para sí, se le transparentaba todo.

– Voy a darme una ducha – la oyó decir.

– Bien. Habrá que tomarse un respiro.

Pedro cerró los ojos y se incorporó justo cuando su mujer se adentraba en el baño. Regresó al salón y se dejó caer en el sofá con las manos en la cabeza, agobiado por la alarmante situación.

En la habitación, Toni apuró la copa y se echó bocarriba encima de la cama. Estaba agotado de tanto follar, algo inimaginable para él, y con la mujer de su primo. Natalia salió del baño un cuarto de hora más tarde. Se había dado una ducha de agua fría para serenar la terrible excitación. Salió con el camisón y se dirigió hacia el tocador para colocarse los cabellos. Por el espejo vio cómo Toni la examinaba y se deleitaba con las transparencias del camisón, con el culito que un momento antes había taladrado. Para ella sería una experiencia inolvidable. El hijo de puta había conseguido que disfrutara como nunca lo había hecho con su marido, bastante tradicional y reprimido en temas sexuales. Vio su polla fláccida echada hacia un lado.

– Vamos, guapa, échate un rato conmigo…

Natalia rodeó la cama y se tumbó de costado, mirando hacia él. Él le pasó el brazo por los hombros y ella apoyó la cabeza en su pecho, como si fueran dos enamorados que acaban de hacer el amor. Pasó el brazo derecho por encima de su barriga y sintió sus tetas presionadas contra el costado de aquel cerdo. Toni apagó la luz y unos minutos más tarde Natalia le oyó roncar, pero se mantuvo echada sobre su cuerpo. Pedro se asomó desde el salón al fondo del pasillo y comprobó que habían apagado la luz. El silencio reinaba en el ambiente. Su mujer seguía encerrada con su primo. Eran las cinco y media de la mañana. Volvió a sentarse sin poder controlar el temblor de su barbilla.

Al amanecer, en torno a las siete y media de la mañana, cuando ya la luz del día inundaba la habitación, Toni abrió los ojos. Ella permanecía abrazada a él. Enseguida elevó la cabeza para mirarle.

– Buenos días, guapa.

– Te has dormido, ¿no?

– Bésame.

Natalia le correspondió. Comenzaron a besarse con pasión. Ella deslizaba la palma de la mano por su pecho y por la barriga hasta que lentamente bajó hasta los genitales. Continuaba el beso. Le acarició los huevos pasando la palma repetidas veces y posteriormente le agarró la polla para empezar a sacudírsela. Le encantaba hacerle una paja, gozar del tacto de aquella grandiosa verga. Toni gimió y cerró los ojos, muerto de gusto. Tiró del camisón hacia arriba para dejarla con el culo al aire. Ella pegó el coño a su pierna para menear la cadera y rozarlo por aquella piel áspera y peluda. Natalia, presa de la lujuria, comenzó a chuparle las tetillas y a pasar la lengua por el vello del pecho. La verga fue poniéndose dura y tiesa. No dejaba de menear la cadera para refregar el coño por la pierna. Quería chupársela, pero él se giró hacia ella y se echó encima. El peso de aquel cerdo sobre su delicado cuerpo la dejó sin respiración. Le bajó los tirantes para sentir las tetas sobre él y comenzó a besarla mientras meneaba la cadera en busca del coño. Se la metió unos segundos más tarde, con lentitud, y comenzó a follarla sin presura. Enseguida Natalia comenzó a jadear descontroladamente.

Pedro se asomó al pasillo al oírla y con el mismo sigilo se acercó a la puerta. Sólo ella gemía, unos gemidos secos y profundos. Se acuclilló para asomarse y les vio en la cama, él encima y ella debajo. Su primo contraía las nalgas para ahondar en el coño y ella mantenía las manos en el culo, acariciándolo mientras la follaba. Podía distinguir los huevos moverse hacia dentro y los bajos del coño sobre el colchón. Se incorporó y se dirigió al cuarto contiguo, no quería escucharla más. Pero los gemidos retumbaban. Toni había acelerado las contracciones del culo hasta que vertió su leche unos segundos más tarde. Sacó la verga limpia de semen.
Sofocado de tanto follar, bajó de la cama y fue en busca del paquete. Natalia, con las piernas separadas y el coño abierto, trataba de recuperar el aliento y se mantuvo tumbada. Dio varias caladas al cigarro y después cogió su slip y descolgó un albornoz que pertenecía a su marido.

– Voy a darme una ducha en el otro baño. Luego nos vemos.

Toni abandonó la habitación. Pedro le vio por el pasillo desnudo y con la porra empinada. Se había hartado de follarse a su esposa durante toda la noche. Cuando se encerró en el baño, salió del cuarto y miró hacia el dormitorio. La puerta estaba abierta. Se sintió avergonzado de sí mismo, abochornado por tener que mirarla a la cara. Se asomó tímidamente al dormitorio. Vio a su mujer en camisón alisando las sábanas de la cama. Se encontraba de espaldas a él y se le transparentaba a la perfección la raja del culo y las nalgas enrojecidas, como con señales de palmadas.
Natalia -. Dio media vuelta. Las tetas se vaivenearon tras la gasa. Distinguió igualmente la vagina y su ombligo. Estaba seria y con la mirada perdida.

– Lo siento, de verdad que lo siento -. Ella levantó los brazos y chasqueó la lengua a modo de lamento -. Ha sido un error, siento por lo que has pasado.

– No pasa nada, ¿vale?

– ¿Estás bien?

– Voy a darme una ducha.

– ¿Qué te ha hecho, amor mío?

– Hemos follado, era lo que había que hacer, ¿no? Disculpa.

Pedro bajó a la cocina desolado. Su primo la había sometido, la había humillado, le había destrozado la dignidad. Había sido un error fatal pedirle semejante favor, y todo por la ilusión de tener un hijo. Los celos le trastornaban. Aún resonaban los gemidos en su cabeza. Iba a costarle salir de aquella angustia. Preso de los remordimientos, vio que su primo se dirigía hacia la cocina. Iba abrochándose el albornoz y se fijó que bajo la prenda sólo llevaba el slip.

– Buenos días, primo – le saludó sonriente sirviéndose un café.

– Ho…Hola, Toni.

Toni se sentó a la mesa con la taza del café y unos bollos.

– Hemos pasado un buen rato. Como folla la hija puta… Y cómo la chupa…No me habías dicho nada.

Pedro tomó asiento a su lado dispuesto a zanjar el asunto.

– Mira, Toni, yo…

Su primo le cortó asestándole unas palmaditas en la cara.

– No pasa nada, coño, tranquilo, me pediste un favor y he cumplido, hostias, ¿sí o no?

– Sí, ya, pero…

– Me la he follado y a tomar por culo. Alegra esa puta cara, cojones…

Antes de replicar, vio que su mujer bajaba las escaleras y se dirigía hacia la cocina. Prefirió guardar silencio, además el tono de voz de su primo sonaba amenazante. Corría el riesgo de contrariarle y que después contara por ahí lo sucedido. Se convertiría en el cornudo más imbécil del mundo. Iba ataviada con unas mayas blancas muy ajustadas que definían sus curvas de cintura para abajo, incluso se le notaban las tiras laterales de las braguitas, llevaba una camiseta ajustada color negro de tirantes que resaltaba el volumen de sus pechos y calzaba los zapatos de tacón, lo que le otorgaba un estilo sensual, maquillada y con el pelo recogido. Pedro lamentó que se hubiera vestido así, que sirviera de deseo sexual para aquel cabrón.

– Buenos días – les saludó ella.

– Hola, guapísima – le correspondió Toni, que enseguida examinó su culito con descaro, en presencia de su marido.

Se sirvió café y se sentó entre ambos. Su marido estaba pálido y aturdido. Toni le pellizcó la barbilla cariñosamente.

– ¿Lo pasaste bien? -.

Ella se limitó a sonreír mientras su marido observaba los halagos. Los siguientes minutos Toni habló de los viajes que debía hacer esa semana con el camión y hablaron de donde celebrarían la fiesta de noche vieja dentro de quince días. Al parecer los amigos habían alquilado unos bungalows para pasar la noche. Más tarde, Toni cogió el periódico y se acomodó en el sofá del salón. Tendió las piernas encima de la mesa y entonces los faldones del albornoz cayeron hacia los lados y le dejaron el slip a la vista.
Pedro se fijó desde la cocina. Miró a Natalia, que terminaba de enjuagar la loza.
No tiene intención de irse, joder – lamentó aturdido -. Maldita sea…
Natalia se secó las manos.

– Voy a tender la ropa.

Vio que su mujer abandonaba la cocina en dirección a la escalera. Al pasar por delante de su primo comprobó que cruzaba una mirada con él, tal vez de asco, no supo interpretar el sentido de aquella mirada. Siguió hacia delante. Toni se incorporó con descaro para deleitarse con la forma de contonear el culo. Se apreciaba a la perfección los contornos de unas pequeñas braguitas. Desesperado, Pedro deambuló por toda la casa sin saber cómo afrontar la situación. Al rato regresó a la cocina para tomarse una aspirina. Tenía un  agudo dolor de cabeza. En ese momento su primo irrumpió en la cocina. Se giró hacia él y le vio con el albornoz desabrochado y abierto. Se fijo en el enorme bulto del slip, con la verga echada a un lado.

– Pedro, oye, por qué no te vas a dar una vuelta…

– ¿Qué?, Toni…

– Venga, coño – se acercó a él y lo agarró de la nuca -. Tómate algo, relájate. Venga, coño, no quiero mosquearme, estoy haciéndote un favor, deberías estar agradecido. Vamos, vete…

– No me hagas esto, Toni…

– Lárgate un rato, anda…

La amenaza era latente. Era un jodido cobarde. Desistió. Temió que sacara todo a la luz. Acató la imposición de su primo. Cogió la cazadora y abandonó la casa a sabiendas de lo que iba a suceder, dejaba a su mujer desamparada ante aquella bestia que no pararía de humillarla. Natalia no se lo perdonaría nunca. Cruzó la calle y montó en el coche. Apoyó la cabeza en el volante y se puso a llorar.

Toni se encontraba en la cocina bebiendo una lata de cerveza cuando apareció Natalia. Le echó una mirada lujuriosa al comprobar cómo las tetas botaban tras la camiseta elástica. Volvió a fijarse en los contornos de sus braguitas tras la maya blanca y ajustada. Él permanecía con el albornoz abierto y ella se fijó en el bulto del slip.

– ¿Y Pedro?

– Estamos solos -. Toni se despojó del albornoz y se quedó sólo con el slip -. Tengo ganas de besarte.

Ella dio unos pasos hacia él.

– No puede ser, Toni, soy una mujer casada.

– Sé que te gusta – alzó la mano para acariciarle ambas mejillas con las yemas de los dedos – sé que te pongo cachonda.

A Natalia le hervía el coño con sólo verle desnudo, pero quería resistirse o su matrimonio terminaría malamente.

– Por favor, no me hagas esto, quiero a mi marido…

La sujetó por la nuca y le acercó bruscamente la cara. Empezaron a besarse con una pasión lujuriosa. Ella se abrazó a él con las manos en aquella espalda robusta, sus tetazas aplastadas contra aquel pecho velludo y su zona vaginal rozando el bulto de la bragueta. Toni también le manoseaba la espalda por encima de la camiseta. Invadida por el placer que le proporcionaba aquel cabrón fue desplazando sus manos hacia abajo hasta meterlas por dentro del slip, gozando del tacto de aquel culo abombado y peludo. Seguían besándose con las lenguas enrolladas. Toni imitó el gesto y metió sus manos por dentro de la malla para sobárselo con delicadeza.

Pedro bajó del coche. Trató de envalentonarse, debía cortar con aquel delirio. Temeroso, entró por la puerta del patio y se dirigió hacia la puerta de acceso a la cocina, pero antes decidió asomarse por la ventana. Allí les vio. Pedro, desnudo, permanecía apoyado sobre la encimera. Vio a su mujer de espaldas, abrazada a él, besándole con pasión. Vio las manos de su primo por dentro de la malla sobando el culo de su esposa. No paraban de moverse. El hijo de puta la estaba obligando a besarle. Las manos salieron de dentro, pero acto seguido le bajó la prenda de golpe hasta dejarla unos centímetros por debajo de la entrepierna. A continuación le bajó las pequeñas braguitas blancas y la dejó con el culo al aire. Volvió a plantar las manos en las nalgas y enseguida le abrió la raja al máximo. Pedro pudo distinguir el ano palpitante de su esposa y parte del coño. Su esposa se ladeó hacia un costado de él. Vio la mano derecha actuar dentro del slip Le sobaba los huevos. La verga, completamente tiesa, escapaba por encima de la tira. Él le manoseaba el culo con la derecha. La izquierda la metió bajo la camiseta y la vio actuar estrujándole las tetas. No paraban de besarse. Ella había agarrado la polla y le estaba masturbando. Los huevos de su primo botaban en cada sacudida. Pedro dejó de mirar, se apartó de aquel infierno y deambuló por el patio muerto de celos. Aquello era un infierno. Unos minutos más tarde se asomó de nuevo. Ahora su esposa se había inclinado y se la estaba chupando a modo de helado. La tenía sujeta por la base y con la otra mano tenía agarrado los huevos. Sus dos tetas colgaban hacia abajo por fuera del escote. Él, con la mano derecha en el culo de Natalia, la masturbaba hundiendo la mano en su coño mientras que con la izquierda la agarraba de los pelos. Se apartó de nuevo como un cobarde y cayó arrodillado en el suelo. Las palpitaciones del corazón le crearon temblores en todo el cuerpo.

En la cocina, Natalia levantó la cabeza para mirar los ojos de su amante, sin dejar de masturbarle, como suplicando que se la metiera. Toni la besó, la agarró del brazo y la condujo hasta la mesa de madera. La colocó contra ella, de espaldas a él, y la obligó a curvarse sobre la superficie.

– Ábrete el culo

Ella obedeció. Pegó la cara a la superficie y echó los brazos hacia atrás para abrirse la raja. La carne de los pechos le sobresalía por los costados. Toni se arrodilló ante el culo. Le lanzó un escupitajo al coño y pasó varias veces la lengua entre los labios vaginales. Ella lo meneó ante la invasión de placer. Se escupió en la mano y le ensalivó todo el ano, como si quisiera lubricarlo. Después se levantó, se escupió en la verga y se la sacudió antes de acercarla al agujerito y hundir el glande. Natalia chilló al notar el volumen penetrar en su interior. Toni fue empujando despacio y con rabia y consiguió dilatar el ano hasta hundir media polla. Natalia, jadeante y dolorida, retiró las manos de las nalgas y se aferró a los cantos de la mesa para soportar las embestidas. Toni comenzó a moverse y a empujar. La sacaba hasta el glande y la hundía hasta la mitad, eran movimientos secos y trabajosos. La tenía sujeta por la cintura para follarla con más soltura. La frente de Toni era un hervidero de sudor. Natalia gritaba de forma estridente cuando la verga avanzaba. Su marido escuchaba sus alaridos arrodillado en el patio, envuelto en lágrimas. Más cómodo, aunque empujando con lentitud, le acarició la espalda subiéndole la camiseta y le abrió la raja con los pulgares. La follaba hasta media polla. Él sólo jadeaba. Meterla en aquel culo tan delicado era una delicia. La agarró de los pelos y tiró fuerte levantándole la cabeza de la superficie. Ella gimió con la boca muy abierta y los ojos desorbitados.

– ¿Te gusta, zorra? – Natalia apretó fuerte los cantos de la mesa -. ¡Contesta!

– Sí… – jadeó.

– Eres mía.

La soltó y ella volvió a apoyar la cara contra la superficie. Toni se curvó sobre su espalda, dio un par de empujones y se detuvo para correrse dentro del culo. Emitió varios quejidos de placer mientras vertía toda su leche. Se mantuvo con la verga dentro varios segundos, después la extrajo despacio y se apartó de ella unos centímetros. La punta y el ano permanecían unidos por un hilo de babas blanquinoso. Aún lo tenía dilatado por la magnitud del pene y enseguida brotó semen en abundancia. Un goterón resbaló hacia los labios vaginales. Natalia aún resoplaba para recuperar el aliento. Elevó el tórax de la superficie y le miró por encima del hombro. Ambos sudaban escandalosamente. Parecían recién llegados de una carrera estrepitosa. Aún insatisfecho, le abrió la raja con los pulgares y le clavó la verga en el coño, hasta el fondo. Ella se contrajo mediante un débil gemido. Meneó la cadera con el pene dentro. Comenzó a follarla velozmente, asestándole fuertes sacudidas en las nalgas, mirándose a los ojos, gimiendo a la vez.

Pedro oyó de nuevo el martirio. Se incorporó y se acercó a la ventana. Vio de frente a su mujer con la camiseta levantada por encima de los pechos. Las tetas se balanceaban alocadas cada vez que su primo le clavaba la verga. La estaba follando a una velocidad de espanto. Su mujer tenía la cabeza vuelta hacia Toni. Pero inesperadamente, miró al frente y le descubrió tras la ventana. Se miraron a los ojos, aunque no paró de gemir. Todo su cuerpo temblaba en cada embestida. Tenía el pelo sudoroso y la piel brillante. Aparecieron las manos de su primo por el vientre y se aferraron a las tetas para manosearlas y estrujarlas.

– Mírame, zorra – le ordenó su primo.

Con suma obediencia, Natalia volvió la cabeza hacia él. Entonces Pedro se apartó de la ventana y se dirigió hacia la salida.

En la cocina, Toni se detuvo en seco con el culo contraído. Natalia sintió cómo le vertía el semen dentro del coño. Al momento retiró la verga empapada de algunos resquicios. Tensó la braguita y se la pasó por el glande hasta secarlo impregnando toda la prenda, luego se subió el slip. Se fijó en la rabadilla de Natalia, inundada de una leche amarillenta y viscosa. Aún manaban algunas gotas del ano. Le asestó una palmada en la nalga y se acercó a la encimera en busca del paquete de cigarrillos. Natalia cogió una servilleta y se la pasó por el culo y por la vagina, luego se subió las bragas y las mallas y a continuación se bajó la camiseta.

– Follas como una condenada -. Se acercó a ella y le estampó un beso en la mejilla -. Tengo que irme. Ya nos veremos.

Toni abandonó la cocina. Natalia se apoyó en la mesa y cerró los ojos tratando de reflexionar sobre lo sucedido. Había vivido una experiencia sexual frenética, aquel cerdo le había inducido una ninfomanía inaudita. Había gozado como una puta, hasta se olvidó del verdadero objetivo del encuentro, quedarse embarazada. Quería a su marido, llevaban media vida juntos, pero la lujuria había sido incontrolable. Hastiada de tanto follar, con el culo y el coño doloridos, subió a darse una ducha.

Pedro regresó al anochecer. Había estado dando vueltas con el coche, sin rumbo, avergonzado de sí mismo, arrepentido del día que decidió pedirle el favor a su primo. Los celos le aniquilaban la entereza. Su primo había follado con su mujer hasta la saciedad. Nunca olvidaría el tormento. Encontró a su esposa en el sofá viendo la televisión. Su primo se había marchado. Estaba en albornoz, recién duchada, con el pelo recogido. Notó su mirada sobria, ni siquiera le miró cuando se sentó a su lado.

– Lo siento, amor mío, sé por lo que has pasado. Ha sido horrible. Ese cerdo se ha aprovechado de nosotros y…

Ella le miró con severidad.

– Ha pasado lo que sabíamos que iba a pasar ¿no? -. Pedro, abochornado, agachó la cabeza  -. ¿Te arrepientes? Eres un idiota, un pelele…

– Me amenazó con contarlo… – musitó agobiado.

– Hemos follado y punto. Tú sabías lo que iba a pasar. No quiero hablar más del asunto, ¿de acuerdo? -. Él asintió como un imbécil -. Me voy a la cama…

Pedro se fue tarde a la cama. Los celos al oírla hablar provocaron sus lágrimas. Gimoteó como un niño. Su esposa le oyó llorar desde el dormitorio donde horas antes había hecho de todo con su primo.

Fue una semana tensa para Pedro. Ella se comportaba de una manera distante y despectiva. Le contestaba con monosílabos, se iba pronto a la cama y apenas conversaban. Tampoco sacaron a relucir el tema. Sin embargo con las amigas que iban a casa se comportaba de otra manera, más alegre y con más naturalidad. Estaba seguro de que le hacía culpable de todo lo que aquel cabronazo le había hecho, estaba seguro de que se sentía violada y humillada. También pasó malos momentos recordándola bajo el poder de su primo. Aún retumbaban los jadeos en su cabeza. Natalia tampoco olvidaba la lujuria vivida con Toni y en más de una ocasión tuvo la necesidad de masturbarse en el baño al recordar las mamadas, el sabor de su verga y de la leche caliente, las penetraciones y los tocamientos. Hacerle las pajas había sido fascinante y su manera de follarla única. Su marido le daba pena, pero la lascivia resultaba incontrolable.

Llegó fin de año. La pandilla alquiló una casa rural con numerosas dependencias. Todos pasarían allí la noche. A la fiesta acudieron más de veinte personas, entre ellas Toni, que saludó a Natalia como si no hubiera pasado nada, con un par de besos en las mejillas, y estrechó la mano de su primo como si todo estuviera olvidado. A ver si la hemos dejado preñada ¿eh? – fue lo que le dijo -. Le di caña, creo que habré acertado, ¿no te parece?
Una ola de celos inundó sus entrañas al verle tan cerca de su esposa. Cenaron todos animadamente en una mesa larga rectangular. Por suerte para Pedro, su primo se sentó en el otro extremo con los chicos que estaban solteros. Estaba pendiente de él y era incapaz de distraerse. Temía que se insinuara o que volviera a cometer alguna barbaridad. Su esposa conversaba y reía con las amigas, ajena al sufrimiento que él padecía. Luego llegó el baile con la música a todo volumen. Pedro se sentó con dos amigos alrededor de la chimenea. Hablaban de fútbol, pero él permanecía ensimismado en sus pensamientos. Natalia bailaba con algunas amigas y Toni conversaba de pie con otros de la pandilla. De vez en cuando les echaba una ojeada, no había forma de serenarse, la presencia de su primo le inquietaba.
Toni iba de traje, muy elegante para como solía vestir. Se encontraba en un corro de hombres hablando de diversos temas. Alzó la mirada y la dirigió hacia Natalia. Ella le correspondió con una media sonrisa y unos ojos insinuantes. Estaba muy guapa. Llevaba un vestido negro de hilo ajustado al cuerpo, con la base a la altura de las rodillas y escote a pico, medias negras y unos zapatos de charol con tacones aguja. Iba muy maquillada y se había recogido el pelo con un moño en lo alto de la cabeza, con la nuca al descubierto. Estaba demasiado sexy como para resistirse. La estrechez del vestido en la cintura definía su culito y también el grandioso volumen de sus pechos, hasta resaltaban los pequeños pezones. Estaba muy buena. Algunos de los otros chicos le echaban una ojeada de vez en cuando. Las miradas se sucedían. Ella dejó de bailar y se dirigió hacia la barra para servirse otra copa. Contoneaba el trasero con sensualidad gracias a la finura de los tacones. Toni decidió abordarla. Eran las cuatro de la mañana. Cruzó la pista de baile. Pedro se pasó la mano por la cabeza cuando le vio ir en busca de su mujer. Iba a acosarla. Debía enfrentarse a él, pero permaneció sentado. ¿Cómo armar un escándalo delante de todos los amigos? ¿Qué se enteraran de lo que había pasado? Se mantuvo clavado en la silla.

– Estás para comerte – le dijo él.

Ella sonrió.

– Tú también estás muy guapo.

Le dio un sorbo al cubata y acercó la boca a su oído.

– Quiero besarte.

– Toni, estoy casada, no puedo…

– Estás cachonda – le susurró -. Lo estás deseando.

– Por favor, Toni, no quiero, en serio, no me hagas esto…

– Por qué no tomamos una copa en algún sitio más tranquilo, sin tanto jaleo. ¿Qué te parece? – Toni le quitó el vaso para llenarlo -. Venga, no seas tonta.

– Está Pedro, Toni…

– Dile que estás cansada, venga, anímate…

Realmente, estaba deseosa de pasar un rato con él, revivir la experiencia del pasado fin de semana. Dio media vuelta y se encaminó hacia la chimenea donde Pedro simulaba conversar con los amigos. Él les había espiado, había comprobado cómo su primo le susurraba algo al oído.

– Pedro, me duele la cabeza, me voy a descansar, ¿vale?

Pedro, aterrorizado, tragó saliva.

– Te acompaño.

– Quédate, no te preocupes, es temprano…

No le dio opciones a replicar, se giró con rapidez y se dirigió hacia el pasillo de la casa. Observó cómo su primo salía a su encuentro y se marchaban juntos. Los nervios y una oleada de celos le azotaron el corazón. Sonrió amargamente para disimular y se levantó como si fuera a servirse una copa. Se asomó al pasillo. Ambos se alejaban con presura. Su primo le había pasado la mano por la cintura como si fueran una pareja formal. Se detuvieron ante la puerta. Ambos llevaban un cubata. Natalia sacó las llaves del bolso, abrió y entró seguida de su primo. Después oyó un portazo. El infierno resurgía en forma de temblores, los celos le aceleraron el corazón. Se puso a sudar, sintió frío en todo su cuerpo. Tuvo que sentarse. Uno de los amigos pasó por su lado y se percató de su rostro cabizbajo.

– Tienes mala cara.

Sonrió amargamente.

– Estoy bien.

– ¿Y Natalia?

– ¿Qué? Es…Se ha ido… Estaba cansada.

– Alegra esa cara, coño.

Natalia y Toni irrumpieron en una pequeña sala de estar. Encendieron una lámpara de luz tenue y pasaron directamente a la habitación. Toni empujó la puerta y la dejó medio abierta. Era una estancia pequeña y cutre compuesta por un camastro estrecho, una pequeña tocadora, una mesita acristalada y un sillón bastante cómodo. Natalia se miró al espejo para retocarse el maquillaje. Toni se despojó de la chaqueta y se quitó la corbata. Ella le observaba a través del espejo. No le quitaba ojo de encima. Luego se desabrochó la camisa y se la abrió hacia los lados para exhibir su pronunciada barriga y su pecho velludo. Le dio un sorbo a la copa. Ella se giró hacia él y se apoyó en el mueble.

– Estás muy elegante -. Se desabrochó el cinturón y se bajó la cremallera -. Estás tan buena. Me pones a cien.

Se bajó los pantalones y se quedó en slip, un slip negro y elástico. Natalia reparó en el bulto y en el relieve del pene echado a un lado. Precisó de un trago para serenar el ardor de su vagina. Toni soltó el vaso y se bajó el slip. Lo tiró con el pie y se dejó caer en el sillón con las piernas separadas. La verga iba empinándose, los huevos gordos le colgaban tambaleantes y flojos. Ella resopló, aún permanecía inmóvil con el vaso en la mano. La estaba poniendo muy cachonda, allí, desnudo, sólo con la camisa desabrochada. No apartaba la vista de aquel pene tan grandioso. Toni se la sujetó y comenzó a masturbarse muy despacio mirándola con fijeza, como si la elegancia del vestido y del peinado fuera suficiente para complacerse.

– Toni, esto no está bien, no podemos hacerle esto a Pedro…

– Olvídate de ese maricón. Ven, acércate -. Ella soltó el vaso y dio unos pasos hacia él -. Bésame.

Deseosa de tocarle, se arrodilló entre sus piernas y apoyó las manos en sus muslos peludos acariciándolos con suavidad, desde las rodillas hasta las ingles. Toni soltó el pene, se irguió y le agarró la cabeza con ambas manos para besarla con pasión. Ella le correspondió con la lengua. Toni la soltó y acto seguido le abrió bruscamente el escote del vestido. Le dejó las dos tetas al descubierto, que se balancearon con el gesto. Las acarició palpándolas despacio, recreándose en los pezones, y volvió a reclinarse en el asiento para darle unos sorbos al cubata. En ese momento ella se echó hacia él para besarle la barriga. Le estampó unos besos y después deslizó la lengua por aquella piel áspera y grasienta. Pasó por encima del ombligo, llegó al vello del pecho y se puso a lamerle una de las tetillas. Sus tetas aplastaban el pene. Toni contraía el culo para masturbarse con ellas. Natalia se incorporó, agarró la polla y se puso a sacudirla con agilidad. El glande golpeaba los pezones de sus tetas en algunas sacudidas.

– Chúpame los huevos…

Natalia se colocó a cuatro patas para lamerlos con más ansia. Abrió la boca y los mordisqueó sacudiéndole con la lengua para ensalivarlos. Él se irguió y tiró del vestido hacia la cintura, después extendió el brazo y le apartó la tira del tanga hacia un lado dejándola con el culo al aire. Volvió a reclinarse y alzó las piernas. Natalia deslizó la lengua hacia abajo y comenzó a lamerle el ano con la punta de la lengua mientras él se masturbaba.

Pedro, desolado, recorrió a paso lento el pasillo. Abrió despacio la puerta y accedió a la sala de estar. Vio la puerta del cuarto medio abierta. Descubrió a su mujer a cuatro patas, con el vestido subido, la tira del tanga a un lado y el culo al aire, lamiendo el ano de su primo, olisqueando bajo los huevos como una perra. Retrocedió abordado por el pánico con  la mano en la frente. Se mantuvo contra la pared hasta que les escuchó gemir escandalosamente. Se asomó de nuevo. Natalia se había desnudado por completo y permanecía sentada encima de su primo, abrazada a él, cabalgando sobre la verga, la que distinguía clavada en el coño, entrando y saliendo. Él le abría y le cerraba el culo y la ayudaba a menear la cadera. Las tetas golpeaban la cara de Toni cada vez que saltaba. Follaban desquiciadamente.
Pedro fue hasta la mesa camilla y tomó asiento de una de las sillas. Gimieron durante varios minutos, hasta que notó un jadeo profundo de Toni. Cinco minutos más tarde, su primo salió de la habitación en busca de un cigarrillo. Pedro alzó la vista hacia él con sus ojos calamitosos. Iba desnudo, con la camisa abierta y sudando a borbotones. Llevaba la polla empinada e impregnada de babas.

– Coño, Pedro, me has asustado, ¿qué haces ahí, hombre?

Pedro sacudió la cabeza sin decir nada. Toni se encendió el cigarrillo y regresó a la habitación. Enseguida salió Natalia. Cuando Pedro levantó la vista la vio bajo el arco de la puerta. Se había puesto una fina bata color rojo sin abrochársela. Podía verle el coño y las dos tetazas balanceándose.

– ¿Qué haces ahí? – le preguntó cerrándose la bata para cubrirse, como si él ya no tuviera derechos a verla desnuda.

– Yo te quiero, Natalia… – lloriqueó.

Natalia le observó durante unos instantes. Después dio media vuelta, entró en la habitación y cerró la puerta. Unos minutos más tarde se reanudaron los gemidos. Volvían a follar. Pedro comprendió que todo se había terminado, que su historia de amor con Natalia llegaba a su fin. Había sido un cobarde y un imbécil. Tendría que vivir con los celos durante toda su vida. Abandonó la habitación con su vida rota. Regresó al pueblo. Más tarde se enteró de que Natalia se había quedado embarazada y que convivía felizmente con su primo Toni.

Autor: Joul Negro

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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Dámela toda

Su pija entró y salió de mi culo a su gusto y disfruté de cada una de sus embestidas, cuando estaba por llenarme el culo de leche, me empezó a pajear y casi acabamos juntos. Me sacó la pija del culo y me besó metiéndome su lengua hasta la garganta, con su mano juntó algo de mi leche y me la dio a chupar. Yo chupé cada uno de sus dedos mirándolo a los ojos como un putito goloso.

Un viernes después de trabajar toda la semana, me sentía muy caliente y quería una pija en mi culo. Caminé hasta un bar gay que abre por la tarde y aunque no había mucha gente entré a ver que pasaba. Solo había seis personas una pareja, un oso, y dos locas charloteando, la cosa no venía bien. Cuando estaba por irme, entró un pedazo de macho alto, cuarentón, de saco y corbata que hizo que me quedara. Pedí otro café y me dedique a mirarlo. Era estupendo, dentro de lo normal, nada de gym, todo natural, de entre 45 a 50 años, pelo negro entrecano, con barba candado, ojos marrones y muy masculino.

Pasaron como 20 minutos y ni siquiera daba señales de haberme visto, cuando de pronto siento su mirada, me puse un poco nervioso. Nos miramos por unos minutos hasta que veo que se levanta y viene a mi mesa. Me saludó como si nada, nos presentamos y sin muchas vueltas me invitó a su departamento.

Al llegar a su departamento, nos besamos, sentí su lengua hurgando en mi boca y respondí de la misma manera. Sus manos se posaron en mi culo y lo sobaron con ganas mientras me decía que era un buen culo, que se iba a comer un buen culo. Le fui sacando el saco y la corbata al mismo tiempo que mis manos se aferraban a una pija que se dibujaba interesante debajo de su pantalón. Se separó de mí y me dijo que me desnudara. Lo hice al mismo tiempo que él, sin dejar de mirar como se sacaba la ropa hasta quedar en unos boxer de algodón muy pegados al cuerpo que dejan ver claramente que tenía muy buena pija. Su pecho y piernas estaban cubiertos por una buena mata de pelos negros y por el elástico del calzón se veían unos pelos muy tentadores. Yo me desnudé por completo dejándole ver que no era un adonis. Soy delgado, pero con algo de pancita, mi pecho y abdomen son velludos al igual que mis piernas largas y mi culo. Me miró como aprobándome y me apoyó su pija en el culo entre tanto me besaba el cuello y jugaba con mis tetillas. Mi pija estaba a mil y podía sentir en mi culo como la suya ya era un palo duro y contundente.

Me di vuelta lo besé y bajé sus boxer quedando su pija pegada a mi cuerpo, me arrodillé y me quedé sopesando con mis manos sus pelotas peludas y pesadas. Me deleité con la visión de esa pija parada, dura y cabezona con su prepucio a medio correr por el grosor de su cabeza, y me la metí en la boca. Era una linda pija de 17 cm. gorda y cabezona. La chupé con ganas y él me dijo, –tranquilo putito, hay tiempo, esta pija es toda tuya. Se inclinó sin sacarme la pija de la boca, se ensalivó un dedo para jugar con mi culo. Me dediqué a chuparle la cabeza de la pija como si fuera un helado, pasándole la lengua por entre el prepucio y su cabeza haciendo círculos con mi lengua, sintiendo como su pija respondía con espasmos a mi tratamiento. El hurgueteaba en mi culo sacándome gemidos de placer y haciendo que mi pija corcoveara. Mientras le chupaba la pija no dejaba de repetirme que esa pija era toda mía y que me iba a coger todo lo que yo quisiera.

Me recostó en el piso e hicimos un 69. El sobre mi con su pija directamente en mi boca y él entre mis piernas chupándome el culo. Casi, me cogía por la boca mientras movía su pelvis haciendo que su pija entrara y saliera de mi boca. Yo trataba de no atorarme y de disfrutar de esa pija cabezona y regordeta. Al rato, él dejó mi culo y se incorporó para sentarse en uno de los sillones del living y me dijo, – vení putito, chupame la pija que te gusta. Me levanté y me metí toda su pija en la boca y se la chupe y lambetee por un buen rato y la llené de saliva, dejándola húmeda y brillante, al mismo tiempo que él me decía, – Chupa putito, chupa, eso, chupame la pija que te gusta…es toda tuya… chupame la pija. Ponela bien dura para que te la meta bien adentro en el culo.

Estaba muy caliente, arrodillado con una pija en la boca mientras jugaba con los pelos de su pecho. En un momento le pregunté, – ¿Te gusta como te chupa la pija tu putito? Me respondió que era un buen chupador de pija, pero ahora quiero ver como mi putito juega con ese culito que me voy a comer. Dejé su pija y me di vuelta para sobarme el culo con mis manos, al mismo tiempo que él jugaba con su pija. Se acercó y tomó mis manos y chupeteó mis dedos hasta dejarlos llenos de saliva y me dijo, – ahora putito metete los dedos en el culo, a ver, abrite el culo para tu papito. Me abrí el culo y metí uno de los dedos en mi culo mostrándole que me gustaba mucho. Yo metía y sacaba mis dedos de mi culo, intentaba meter más de dos, pero sin lubricante sabía que eso no era posible.  Estuvo mirándome un buen rato jugar con mi culo hasta que me dijo, – Vení putito, vamos al dormitorio, y de la mano me llevó hasta allí.

Me acosté en la cama y se arrodilló al borde de la cama y me empezó a chupar las tetillas mientras me metía sus dedos ensalivados por el culo. Yo solo podía decir. – Ay, meteme los dedos … siii …meté otro … me encanta … agrándame el culo y él respondía – si, putito te lo voy a agrandar, te voy a coger bien cogido. El culo se fue abriendo de a poco, mientras él jugaba con sus dedos en mi culo.

Dejó mi culo y se recostó en la cama a mi lado, cruzando sus brazos detrás de su cabeza. Yo empecé a chuparle sus tetillas y a sentir su pecho peludo en mi lengua, mordía de tanto en tanto sus pezones duros entre tanto con mi mano jugaba sus bolas pesadas y peludas. Sin dejar de chuparle el pecho, subí mi mano hasta su pija gorda y cabezona.

Bajé por su abdomen chupeteando sus peludos abdominales. Me encantaba tenerlo así, todo un macho para mí. Seguí bajando y mordisqueé su pija llena se jugos, pasé mis dedos ensalivados por su cabeza. Me la metí en la boca y empecé a chupársela, le pasaba la lengua mientras él solo emitía algún que otro gemido. Recorría con mi lengua todo el tronco de esa maravillosa pija y me la volvía a meter toda en la boca para chuparla con ganas.

Dejé por un rato su pija y me dediqué a chuparle las bolas, pase los pelos de sus bolas por mi cara y rápidamente abrí mi boca para meterme una de esas ricas bolas en mi boca. El me dijo, – eso putito. Comételas. A ver, abrí la boca y metete las dos. Yo obediente abrí mi boca y casi sin esfuerzo me metí sus dos pelotas en mi boca y jugué con mi lengua con ellas, en el apretado espacio dentro de mi boca. El deliraba de placer y me decía que era el puto mayor de Buenos Aires. Cuando casi no tenía aire me saqué esas fantásticas bolas de mi boca dejándolas llenas de saliva y volví a chuparle la pija. Me la metía y me la sacaba de mi boca. Le pasaba la lengua y jugaba con su cabeza. El me decía –uff, asiii, eso, chupame la pija, putazo. Yo con cada una de las cosas que me decía me calentaba más, y me metía cada vez más su pija dura en la boca mientras jugaba con sus tetillas.

El me dijo que si seguía así lo iba ha hacer acabar, y que me llenaría toda la boca de leche. Yo no quería eso, todavía faltaba tener esa pija en mi culo. Quería tener esa pija en mi culo. Volví entonces a sus bolas mientras me movía para que mi culo quedara a la altura de su boca, éel entendió el mensaje y llevó sus dedos sin saliva a mi culo. Yo me arqueé indicándole que eso era lo que quería y él empezó a meterme los dedos en el culo. Al principio fue un poco difícil, pese a que yo y él ya habíamos jugado con mi culo. Mientras le chupaba las bolas él se dedicaba a dilatarme más el culo. De pronto, sentí su lengua en mi agujero y una corriente de electricidad recorrió mi cuerpo. Metía su lengua tratando de abrir mi culo mientras yo le chupaba las bolas con ganas. Su lengua taladraba mi culo y lo iba abriendo, hacía sopapa con su boca para darme más placer mientras me decía que me iba a romper el culo. Yo estaba delirando mientras ese pedazo de macho me comía el culo y yo le comía alternadamente sus bolas y su pija que estaba cada vez más dura y su cabeza más roja.

En un momento, estiró su mano y saco de un cajón de su mesa de luz un lubricante y me lo echó en el culo, con el lubricante mi culo dejó que tres de sus dedos entran con facilidad. Yo me retorcía de placer y le decía que quería más, que quería su pija dentro de mi culo, que me metiera todos los dedos. Llegó a meterme cuatro dedos en el culo y con ayuda de más lubricante, los metía y sacaba a su gusto. En un momento junto todos sus dedos y metió los cinco dedos en mi culo, entrando y saliendo, girando y presionando para abrime más el culo. Yo no paraba de decir – Ayyy…si abrime el culo. Eso prepáralo para tu pija. Si, quiero que me metas la pija..

El me puso en cuatro patas y se arrodilló detrás de mi metiéndome los dedos de sus manos de manera alternada y al mismo tiempo también. El placer era enorme. Podía sentir como mi culo se iba abriendo y cuando vio que estaba listo para su pija me empujó hasta el borde de la cama y parado detrás de mi me dijo,  – ahora vas a ver como te coge un macho…putito.

Se puso un forro y mientras hacía eso me pidió que siguiera metiendo dedos en el culo que eso le gustaba, que lo calentaba mucho ver como me autocogía con mis dedos lubricados. Cuando su pija estuvo cubierta por el forro, me abrió los cachetes del culo con ambas manos y se quedó mirando mi abierto agujero que palpitaba de deseo por ser ensartado por su pija. Yo solo respiré y me dejé llevar por el embate de su pija. Fue cuidadoso, me la fue metiendo despacio, arremetiendo y retrocediendo, empujando hacia adentro de mi culo y volviendo a salir. Entró la cabeza de su pija y yo grité. El me dijo – Ya está putito tenés toda la cabeza de la pija en el culo y ahora vamos a disfrutar los dos.  Uhhh. Si disfrutemos dije yo, quiero toda tu pija en mi culo, metémela toda…la quiero toda … dame pija… dame pija

Yo llevé mis manos hacia mi culo y lo abrí lo más que pude y el empujó con fuerza hasta enterrarme toda su pija en mi culo. Mi pija se ponía cada vez más dura y echaba sus jugos, estaba muy caliente y quería todo. Me sentí abierto y lleno a la vez. Se detuvo para que lo sintiera mientras me decía que me había abierto el culo como una flor, que era el mejor culo que se había cogido en su vida, que era calentito y que agarraba su pija como un guante. Yo empuje mi culo hacia atrás para meterme toda su pija y él empezó un mete y saca increíble. Sus bolas pesadas me golpeaban y eso me deliraba más.
Mientras me metía su pija exclamaba cuanto le gustaba darme por el culo, a lo que yo le respondía, que me metiera toda su pija, que la quería toda adentro, bien clavada adentro de mi culo.

Yo casi gritaba  – Sí, cogeme, métemela toda, dámela…así toda…ahhh dame la pija Y él me respondía – Tomá puto…¿te gusta mi pija? Yo no dejaba de repetir -Si,  me gusta tu pija …dámela toda … la quiero toda adentro uhhh   como me gusta tu pija. Yo no paraba de gritar cuanto me gustaba y cuanto quería tener esa pija adentro de mi muy dilatado culo. El no paraba de bombear metiéndomela y sacándomela. Estaba en la gloria con el culo muy abierto y lleno de pija. El seguía enterrándome la pija y yo solo repetía que quería más. – Dame pija, le decía – dámela toda…. quiero pija…. Quiero toda tu pija… dásela a tu putito… dásela toda….y él me contestaba con gruñidos de placer mientras no dejaba de bombearme la pija en el culo y jugar con mis tetillas Mi pija golpeaba contra mi ingle y se mojaba toda al tiempo que yo le decía – Cogeme… cogeme más…dame más pija … ahhhh … que bien que me coges….  Metémela hasta las bolas.

En un momento me sacó la pija del culo de golpe y sentí un…Plop… y un vacío en el culo, creía que todo acabaría allí con una paja sobre mi culo, pero no, él me giró y puso mis piernas sobre sus hombros diciéndome que quería ver mi cara cuando me cogía. Me la volvió a meter esa pija cabezona con fuerza y yo pegué un pequeño grito y él solo se rió diciéndome, – eso putito, sentila toda, sentí como te estoy cogiendo. Como mi pija entra en tu culo… ¿te gusta? ¿verdad putito? Yo volvía a delirar de placer con esa pija entrando y saliendo de mi culo. Estaba abierto como me gustaba y con una pija dura y gruesa en el culo.

El me apretaba las tetillas mientras me decía que gimiera, que era un putito lindo que tenía que ser bien cogido, que mientras él estuviese no me iba a faltar pija, que él se encargaría de conseguirme todas las pijas que quisiera. Yo respondía, entre el bamboleo de la cogida que este macho me estaba dando, que sí…. – Si…cogeme cuanto quieras… rompeme el culo…dame pija…todas la pijas que quieras, soy tu putito. Después,  solo asentía con jadeos, estaba muy concentrado en la pija que tenía en mi culo. Si dejar de cogerme me empezó a chupar las tetillas al mismo tiempo que las mordisqueaba un poco. Era increíble el placer que ese machazo me estaba dando, que mi pija estaba muy dura de tanto placer que recibía en el culo, de tanta pija entrando y saliendo de mi culo. – Estás caliente putito me dijo y yo respondí entre jadeos que sí, que me encantaba como me cogía.

Aceleró el mete y saca diciéndome que estaba por acabar, yo levanté el culo para recibir esa pija más adentro y le dije, – si, papito, llename el culo de leche…dame toda la lechita, dásela a tu putito… Ayyy quiero tu leche…El me miró y me dijo que acababa, que me daba la leche – Toma la leche lindo…. Putito… toma la lechita es tuya toda tuya. Y sin dejar de cogerme empezó a acabar, sentí como su pija se ponía más gorda dentro de mi culo y grité – llename el culo…dame la leche. El pegó un grito y acabó con fuerza en mi culo, fueron tres lechazos fuertes y potentes, sentí como el forro se llenaba mientras me chupaba las tetillas con ganas y me decía – ahí va la leche putito, toma la leche ..  y sin sacarla de mi culo se tiró sobre mí y me besó con fuerza clavándome con fuerza esa pija que me estaba dando tanto placer.

Yo lo abracé y me dediqué a acariciar esa espalda ancha toda mojada por la cogida grandiosa que me había dado. Nos quedamos así un momento mientras mi pija pulsaba contra su abdomen. El se incorporó y con cuidado sacó su pija de mi culo. Estaba abierto, él pasó sus dedos por mi agujero metiéndolos. Yo gemí de placer, agarró mi pija y mientras me cogía el culo con los dedos, me pajeaba con firmeza. El me decía que quería verme acabar. – Así, putito…gozá saca la lechita, dásela a tu macho. Apuró la paja y acabé entre gritos sobre mi abdomen, mientras él seguía cogiéndome con sus dedos. Era un placer indescriptible. Recorrió con sus manos mi abdomen y me untó con mi propia leche mientras me miraba satisfecho por el placer compartido

Nos recostamos y nos dedicamos a acariciarnos. Yo jugaba con su pija y él con mi culo que seguía abierto y deseoso de más acción. Así, nos quedamos dormidos y a las dos horas me desperté sintiendo en mi culo sus dedos abriéndose paso por mi agujero, me incorporé para chuparle la pija, pero no estaba limpia. Se dio cuenta y me dijo que nos bañáramos juntos.

Fuimos al baño. Sin que él dejara de darle palmadas a mi culo y decirme que era el puto más puto que había conocido, y que nadie le había dado tanto placer a su pija, la cual estaba otra vez para dar batalla. Entramos a la ducha y nos enjabonamos sintiendo nuestras manos en nuestros cuerpos. Me arrodillé en la bañera y comencé a chuparle la pija mientras el agua corría por entre nuestros cuerpos, pero no pude hacerlo por mucho tiempo que, me dio vuelta y poniéndose un forro me metió toda su pija de nuevo en el culo, que, para ese entonces, estaba bien dilatado.

Pude disfrutar de esa pija otra vez en mi culo. Fue una cogida más larga, su pija entró y salió de mi culo a su gusto y disfruté de cada una de sus embestidas. Mientra me cogía y cuando estaba por llenarme el culo de leche, me empezó a pajear y casi acabamos juntos. Me sacó la pija del culo y me besó con fuerza metiéndome su lengua hasta la garganta, con su mano juntó algo de mi leche y me la dio a chupar. Yo chupé cada uno de sus dedos mirándolo a los ojos como un putito goloso. Mientras hacía eso me dijo que cuando quisiera pija lo llamara, que él se encargaría de llenarme el culo de pija y que tenía algunos amigos con buenas pijas para mantenerme contento. Yo agarrée su pija y le dije que estaría encantado de compartir mi culo y mi boca con sus amigos siempre y cuando él no dejara de darme pija.

Nos seguimos viendo, me coge de maravilla y me presentó a varios amigos tan calientes como él. Hacemos unas buenas fiestitas, a él le encanta verme con una pija en el culo y otra en la boca. Hasta ahora no me ha dejado sin pija y soy un putito muy goloso.

Autor: Fede

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Isabel

Me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Siendo yo muy caballero, antes de cualquier comentario creo que debo presentarles y describirles a la mujer que ha originado esta serie de relatos los que, pese a lo que los lectores puedan decir, son totalmente verídicos tanto en lo descrito cómo en sus nombres y comentarios.

Para aquella época, Isabel era una deliciosa mujer de 18 años… Su familia era recatada y, por lo tanto, ella se mostraba así. No obstante, luego de conocerla, muy disimuladamente le hice ver que su comportamiento y su forma de vestir para nada se ajustaban a lo que ella era en realidad y a lo que las personas de la facultad y nuestros amigos, querían ver de ella.

Isabel, gracias a mis inocentes indicaciones y sugerencias, aunados a todos aquellos de sus ricas y bien putas amigas, pronto renovó su guardarropa… Ella compró diminutas minifaldas, sensuales tops, jeans súper-ajustados, y blusas y camisas con profundos escotes, etc. Todo el cambio fue genial y muy excitante, pero faltaba el cambio interior…

Debo comentarles, que el comienzo de nuestra relación fue como el común de las parejas: besos, caminar de la mano, abrazos, miradas perdidas, etc. Claro está, que no pasaron más de quince días para que nuestra temperatura subiera rápidamente, notándose en que nuestros besos eran más profundos y ardientes, a que poco a poco aparecieran las caricias “inocentes”, las miradas de deseo y frases bien subidas de color…

Una tarde en el rincón más apartado y discreto del cine, mientras nos comíamos a besos, tímidamente puse una de mis manos sobre uno de sus espectaculares senos y, como no hubo rechazo alguno, me di a la tarea de acariciarlo y masajearlo suavemente para luego hacer lo mismo con el otro.

Isabel, que no era de piedra ni mucho menos, se había calentado muchísimo ya que sin que yo se lo pidiera desabotonó parte de su blusa y colocó mi mano adentro, yo quise desabotonarle sus jeans y bajarlos lo necesario para poder acceder a sus encantos, pero ella me dijo:

-No amor, acaríciame por sobre la tela, quiero sentir cómo tus manos me acarician mi conejito, cómo me calientas a través de la ropa, para sentir cómo me voy mojando bien despacio…

Así lo hice y ella abrió sus piernas para que yo trabajara con más comodidad, comencé a acariciarla por sobre la entrepierna de sus pantalones. Mi palma abierta subía y bajaba por toda la extensión de su delicioso conejo, le presionaba despacito justo en la unión de los labios de su vagina y simulaba el meterle un dedo rozando así el centro de su vagina, para dejarla casi desmayada, mientras nos seguíamos besando.

Subí mi mano y la metí entre su tanga y llegué a su vagina… Lamiéndole su oído le dije:

-Hummmmm, me encanta que la tengas afeitadita, se siente deliciosa… ¿quieres más caricias o me dejas meterte los deditos?

Esas palabras bastaron para que ella misma me sacara los pantalones, se bajara la tanguita y quedara desnuda frente a mí. Una de sus piernas estaba sobre la silla de enfrente mientras que la otra quedo colgando. Yo me arrodillé frente a sus piernas abiertas y mis manos se dedicaron a su deliciosa rajita, dejándola transportada a otro mundo.

-¡Estás tan mojada!- le repetía yo sin poder creerlo -Nunca vi. una rajita tan mojada, tan brillante, tan cremosa.-

Isabel me respondió: -¿Verdad? quiero que me metas los dedos, los mojes y desparrames mi flujo entre los labios de mi conejito.-

-Así te gusta, ¿perrita? – le pregunté mientras le metía dos dedos hasta el fondo, les daba media vuelta dentro de ella y los acaba empapados, para después lubricarle los labios mayores y menores de su rajita.-

Isabel decía: -Más, dame más, dame tu lengua, chúpame, chúpame despacito.- Y mi lengua se dedicó a lamérsela como ella quería, recogiendo sus flujos desde su interior para esparcírselo, de adelante hacia atrás, hasta llegar al agujero de su delicioso culo que, para ése momento, ya ardía al igual que todo mi cuerpo.

Yo, estando súper caliente, le decía a Isabel: -Quiero comerte entera… ¡eres deliciosa y rica! Me encanta tu flujo, Hummmmm. De pronto sentí que una mano de Isabel me acariciaba por toda la extensión de mi verga más que erecta y en cierto momento sentí que ella trató de meter uno de sus dedos por el agujerito de mi culo, haciéndome dar un respingo de placer. Isabel ya era conciente del volumen e intensidad de sus gemidos, pero no hacía nada para mitigarlos.

La verdad, yo estaba tan caliente que tampoco se los impedía, ya que estos me excitaban muchísimo; por el contrario, yo le decía a Isabel: Quiero que gimas, quiero saber cuánto estás gozando… dime cuánto te excita…dímelo…

– Isabel casi me gritaba: Sigue, sigue, no parees… Yo le preguntaba -¿Dime qué quieres que te haga…? Isabel, presa de una lujuria suprema y con todo el erotismo que pocas veces me había demostrado me suplicó: -Muérdeme el clítoris, pásame la lengua ahiiiiiiiiiii…

Para no hacerla esperar, mi lengua comenzó a lamérsela primero en círculos para llenarla de flujos, después la subía y bajaba endureciéndoselo; cuando estaba ya bien duro y salido, lo tome entre mis dedos y se lo estiré y pellizqué para después mordérselo delicadamente arrancándole un brutal quejido de placer…

Isabel me rogaba: -Dame vuelta… ayúdame a darme la vuelta, ella me lo pedía casi con desespero: Le dije: -¿Te gusta zorra, mi sensual perra, te gusta, verdad? ¿te encantan estas cosas? pídeme más, ruégame…Isabel gritó: – Sí, quiero más, no me dejes, dame más, quiero que me hagas lo que quieras.-

Al darle la vuelta, me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Isabel me decía: -No doy más… no puedo más… méteme los dedos en el culo, métemelos… – ¿Así?, le pregunté mientras le metía y sacaba dos dedos en su hermoso y apetecible culo… ¿esto es lo que quieres? -Hummmmm, sí, sí, sí sííííííí, más, más, másssssssssssssss.-

Yo, ya sin el menor control metí de un solo golpe toda mi verga en su ya dilatado culo, mis caderas se mecían frenéticamente y esta deliciosa hembra llamada Isabel no paraba de sollozar, patearme y exigirme que la partiera en dos… No sobra advertir que los dos estallamos en el más profundo y glorioso orgasmo como nunca habíamos tenido en la vida.

Cuando Isabel se repuso de aquella “película”, me miró fijo a los ojos y me dijo: -No hemos visto nada de la película, rentémosla y la terminamos en tu casa…

Autor: giraldof

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Mi amiga la dentista

Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano…Perdóname, pero me estoy meando de gusto.

Esta semana me dolió la muela de juicio y recordé que mi dentista me aconsejó quitármela. Pero como a todos, no es un tema nos entusiasme mucho lo fui posponiendo. La dentista  en cuestión  es amiga de mi mujer y mía, y además de ser un encanto de mujer,  está buenísima.

La cosa es que me presenté en la consulta para que me mirase la muela. Me dijo que debía sacármela pero mejor otro día. Me dio las instrucciones para ese día y cuando le dije que me cobrara, pues ya no me cubría la mutua, se negó. Yo le insistí pero ella no cedió. Yo bromeando le dije que entonces debería pagarle en especies. No sé, te cambio alguna bombilla, te pinto la casa, te hago un masaje, – Ummm, no sé, no sé, eso estaría bien, si no fuera porque a tu mujer no le gustaría. Me dijo. -Si, si, además ya le hace poca gracia que venga solo. -¿Por qué..? – ..Mira, cosas de ella.

La verdad es que cuando íbamos los dos, siempre hablaba conmigo más que con ella. A veces llegaba el punto que parecía que flirteábamos. Yo me puse un poco nervioso, pues soy muy tímido y quise cambiar de tema. Le pregunté por su hermana que se casó el año pasado y recordé la fiesta que hicimos en su casa para despedir la soltería de su hermana. Estuvo muy divertida, además tuvo su punto picante, le dije. Me sorprendió mucho que en los juegos que preparaste siempre sacaras temas de tangas, posturas y chochitos depilados. No me imaginaba que fueras tan picante. Ella se rió y me dijo que un poco. Que suerte, yo también lo soy pero mi mujer no me sigue. La verdad es que yo había fantaseado mucho con ella y tenía mucha curiosidad por saber hasta dónde podría llegar con el tema sin que se molestara. Así que me lancé. -Paula, ¿te puedo hacer una pregunta? –  Si claro – ¿Tú, como lo llevas? – ¿Qué?, me dijo con cara de espanto. -Ya sé que es muy atrevido, pero llevo tiempo preguntando me como lo llevas, si depilado totalmente o te dejas algo de vello…

Ella todavía colorada de la vergüenza, me confesó que lo tenía sin un solo pelito. – Que suerte debe tener tu chico. – Bueno, no tengo en estos momentos. – Pues que coqueta  que eres entonces. Yo todavía no he podido convencer a mi mujer para que se lo haga y mira que me hace mucha ilusión. Pero creo que excepto en pelis o por internet, no voy a tener la oportunidad de ver uno así. – Seguro que si que la tienes, me dijo queriéndome consolar.

– Sabes, de vez en cuando a mí también me gusta arreglarme esa zona. – Ella se rió en parte por la conversación surrealista entre una dentista y su paciente. -Paula, puede que me mandes al carajo, pero me encantaría que me lo enseñarás – le solté así, de golpe. – Pero tú estás loco, y si se entera tú mujer, nos metemos en un lío tremendo. – Tienes razón, pero yo no se lo diría a nadie, si tú no lo haces no habrá ningún problema, en la consulta no hay nadie, con no abrir y no coger el teléfono nadie molestaría. Ni hablar, me soltó. – Mira, te encuentro muy atractiva, y puede que sea la única oportunidad para ver una rajita así. Además, solo será mirar, y si quieres te bajas los pantalones y sin quitarte las braguitas te bajas la goma  y así me lo muestras. -Mira Javi, es una locura pero te lo voy a enseñar un momento para que te quedes tranquilo. Pasa nuevamente a la consulta que voy a cerrar la puerta no vayamos a tener un susto.

Me fui hacia dentro. Mi corazón iba a mil. Entró detrás de mí se desabrochó la bata blanca, se bajó los pantalones y me recordó que solo mirar. Bajó la goma de la braguita justo hasta donde empezaba su rajita, y la volvió a subir. Yo apenas pude verla. – ¡Ya esta! Dijo. – Por favor Paula, sabes que apenas he podido ver nada. – Perdona, estoy muy nerviosa y un poco excitada.

– Venga relájate, no pasa nada.- Esta vez se bajó un poco más, y yo le ayudé cogiéndole de las manos para que las braguitas, que eran rosas, pequeñas y muy sencillas, bajaran por debajo de sus muslos. -Es un chochito precioso. ¿Quien lo disfrutará?, dije.- ¿Es qué no lo estás disfrutando?, me preguntó. – Sí, pero me refería a algo más, ya sabes. – Pues venga, dejémoslo ya que te vas a poner muy malo. – Espera, espera, le supliqué. Ya que estamos en este punto déjame pasar un par de dedos por tu pubis y tus labios para sentir lo suavecito que se ve. – Te estás pasando, quedamos que solo mirar. – Sí, tienes razón, pero tampoco es tan grave…  pero si te vas a sentir mal lo dejamos pero si tú también lo deseas  déjame tocarte. – Está bien, pero nos estamos pasando.

Yo no contesté, simplemente deslicé la punta de mis dedos por su inexistente triángulo púbico. En ese momento mi miembro que estaba bastante hinchado se puso como una piedra hasta el punto de estar incómodo. Seguí acariciándola y sin perder el contacto fui a buscar sus labios. Ahí noté que ella ya no dijo nada y se dejaba hacer. No sabía si pasar un dedo por la rajita para no romper aquel momento. Lo que sí hice fue inclinar mi cabeza hacia adelante y aproximarme un poco al juguetito. En ese momento yo estaba sentado en el asiento del paciente y ella de pie justo en frente. -¿Qué haces me preguntó?  -Quería saber cómo es tu aroma. -Pues a que quieres que huela… además con lo caliente que está… Justo en ese momento se quedó callada, roja como un tomate pues reconocía que estaba disfrutando también con aquella situación.

Le cogí de las manos, se las besé y le dije, -Mira Paula, yo estoy disfrutando mucho y me gustaría que tú estuvieras disfrutando igual que yo. -Si yo también lo estoy pasando bien, me contestó. -Pues mirá, para acabar si no te importa me acercaré para olerte el conejito y  te daré unos besitos de despedida. Ella no dijo nada por lo que entendí que aceptaba. Así lo hice. Mientras disfrutaba de su olor le di el primer besito  y fui dando un rodeo hasta poner mis labios en la rajita. Entonces noté como ella ponía sus manos en mi pelo y me acariciaba la cabeza despeinándome. Eso lo entendí como una rendición y aproveché para sacar mi lengua y repasar el interior de su coñito de abajo hacia arriba. Al no esperarlo, como un acto reflejo, hizo que se separara de mí y que sus rodillas se doblasen al sentir la punta de mi lengua contactar con su clítoris.

-¿Qué haces? me dijo con un tono rozando el enfado. -Perdona Paula, siento haber abusado de la confianza,  pero he disfrutado con la vista, el tacto y el olfato, y si te hubiese pedido permiso no sé si me hubieses dejado. -Pues igual sí, me dijo bastante enfadada, pero ahora no. No te conformas con nada. Recuerda que todo empezó con vérmelo y mira a donde hemos llegado.

Paula, era unos siete menor que yo pero en ese momento parecía al revés. -Además ya veo por dónde vas, después de saborear mi conejo faltará el quinto sentido, el oído. ¿Este como lo experimentarás? -Muy fácil, le dije, si me dejas comerte el coño y consigo que goces me será suficiente con oír como gimes. -Eres un cabrón, me has embaucado poco a poco. -Pero no me digas que lo estás pasando mal, pregunté. – Mira, estoy tan caliente que espero  que no me dejes así ahora, así que  comételo y no pares hasta que te lo diga o caiga muerta.  Le hice quitarse toda la ropa y se puso nuevamente la bata blanca pero desabrochada. Se tumbó en el sillón y yo en su butaca con ruedas y nos intercambiamos los papeles. Yo sería el médico y ella la paciente. Se tumbó, se abrió de piernas todo lo que pudo y empecé a trabajárselo todo lo bien que supe.  Primero gemía y yo estaba que iba a reventar. Quise meterle un dedo pero me lo impidió.

Cuando llevaba un buen rato, y esperaba que se corriese en cualquier momento una alarma sonó a mi lado. Era el móvil de Paula en el bolsillo de su bata, una llamada. Le dije que no lo cogiera. Pero miró, era su hermana. Después le llamo. Yo cambié de opinión, cógeselo, que es muy morboso que hables mientras te lo estoy comiendo. Me dijo que parase un poco y descolgó. Yo no puede parar y mientras que hablaban de tonterías yo volví a la faena. Conseguí que se le escapase un pequeño gemido y tuvo que mentir. Dijo que estaba abriendo un video muy gracioso por internet y se le escapó la risa. Seguidamente me lanzó una mirada basilística y que hizo recapacitar y no seguir jugándomela. Entonces aproveché para sacarme mi pieza y para seguir con la broma y tentar a la suerte di la vuelta y le puse mi tronquito cerca de la boca para ver que hacía.

Lo agarró y para mi sorpresa mientras que su hermana hablaba ella me lo lamía y se lo metía en la boca sin acabar de cerrarla simulando una mamada. Al poco se despidieron y eso evitó que me corriese. – Cariño, esto hay que acabarlo ya, otro día hacemos más cositas. Yo me quedé blanco. No contaba con repetirlo. – Ahora sí que quiero que me metas dos deditos mientras me chupas la pepita. Así lo hice, me pedía más fuerte y más rápido y en dos minutos noté como sus piernas en alto dieron un espasmo y temblaron. – Estoy destrozada, no había experimentado nunca nada igual. Yo estaba muy satisfecho acariciando mi tranca. – ¿Y ahora que quieres?, me preguntó. – Que no seas tú quien me dejes a medias. – Si quieres voy a por un condón a la farmacia de enfrente. – No, no quiero que salgas todavía. – Pues, no sé Paula, chúpamela hazme una paja, lo que quieras, pero me hagas salir empalmado. Ella echó una risita y me dijo, – Tranquilo tonto, mi rajita está tan agradecida que vas a poder correrte dentro de ella. No te preocupes porque estoy tomando pastillas para un problema con la piel. Se levantó de la camilla, y se dirigió a mí y me propinó un morreo espectacular.

Se dio la vuelta, apoyó una rodilla sobre la camilla se subió la bata e inclinándose hacia adelante con el culo en pompa me dijo. – Ahora me vas a follar salvajemente. – Tranquila que con esta posición no aguanto mucho. – Lo sé me dijo ella con un tono de superioridad. Se la clavé y empecé a bombear despacio. Era espectacular la visión del agujerito de su culito. Le pregunté que si se lo habían estrenado. Mi contestó que solo una vez y que le  gustó pero el tío la tenía muy gorda y vio las estrellas. – Ahora ya pasado tiempo y tengo ganas de probarlo otra vez si puede ser con una no tan grande, así como la tuya. Te gustaría. – Nunca lo he hecho y me volvería loco. – Vale, pero si no te importa lo haremos en mi casa, en la cama que es más cómodo. – Cómo quieras.

Por segunda vez daba a entender que esto lo repetiríamos y yo no lo tenía tan claro. – Venga- me dijo- dejémonos de palabrerías y fóllame fuerte, como una perra, hazme daño. Entre las palabras, los gemidos que empezaban a ser gritos, la postura, y el rato de que llevábamos no pude aguantar más de cinco minutos. Rápidamente me dio otro beso, me obligó a vestirme deprisa y me echó de la consulta mientras que ella medio desnuda con mi semen resbalando por sus piernas me decía que me esperaba mañana para sacarme la muela.

Ya en la puerta, antes de abrirla para salir nos volvimos a dar un beso de campeonato. Mis manos recorrían todo su cuerpo y se recreaban en sus pequeños senos y en el culito que un día sería mío. En ese momento sonó un móvil. Era el mío, mi mujer que llegaría tarde. Me ofrecí para ir a buscarla. Totalmente confundido no relacionaba la maldad que acababa de cometer con mi ofrecimiento.

Ella me dijo que sí, pero que más tarde, que ya me avisaría. Mientras Paula aprovechó la oportunidad para devolverme la jugada que le había hecho antes mientras hablaba con su hermana. Se levantó la bata y acercó su trasero a mi bragueta y comenzó a hacer movimientos sensuales en círculo. Pasé mi mano libre por su vientre y fui bajando hasta dar con el inicio de la rajita.

Por un momento había olvidado la depilación y eso me hizo reaccionar con otro intento de erección. Mientras mi mano aplicaba un masaje a aquel conejo insaciable mi mente no sabía como cortar con la conversación telefónica que hacía rato que había perdido el hilo. Cuando colgué le recriminé que había sido muy mala. – Te lo debía, me dijo riéndose.  – Ah, por un momento pensé que querías adelantar tu sesión de sexo anal. – Si no fuera porque mis piernas no pueden y que seguro que tú tampoco…

– Oye, ¿quien ha dicho que yo no puedo? Además, cuando lo tengas dilatado yo ya me habré recuperado. Se lanzó a mi cuello y nuevamente me besó metiendo su lengua hasta la campanilla de mi garganta. – Vamos para adentro que en el botiquín tengo una cremita que servirá de lubricante, me ordenó.

La Paula que ahora se paseaba desnuda por la consulta no era la misma que una hora antes me había revisado la muela. Aprovechaba cualquier oportunidad para besarme. Me pidió que me quitara toda la ropa y mirándome con cara de niña caprichosa me pidió un último deseo:

– Quiero que me beses el culito. – ¡Que! – Quiero que me pases la lengua y me des gustito – Lo siento pero no veo capaz. –Pero yo sí que quiero.  Tranquilo me he pasado una toallita húmeda, lo tienes limpito para ti.

No tuve otra opción y rápidamente yo también empecé a disfrutar de aquello hasta el punto que se me puso nuevamente la poya como una piedra. Después le metí un dedo y después dos tal y como ella me dirigía para finalmente avisarme que se acabaron los juegos y que quería empezar la guerra. Estábamos de pie apoyados en un pequeño mostrador llenos de instrumental y medicamentos. Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano.

– Perdóname, pero me estoy meando de gusto. Soy una guarra, perdóname. – Cariño, no te preocupes, le dije para consolarla mientras notaba el pipi caliente que caía por nuestras piernas. – Sigue por favor, córrete dentro de mí, me pidió.

Cuando acabamos nos limpiamos nos vestimos y me fui. La despedida fue más tranquila. Estábamos exhaustos. Salí y me metí en el coche. No podía conducir. Me quedé unos minutos en trance. Pensado en la situación que se me presentaba. En mi mujer. En lo que había pasado en la consulta. Un golpe sonó en el cristal de lateral. Miré y era Paula. Bajé la ventanilla y ella metió la cabeza para volver a meter su lengua en mi boca.  Después se fue, no sin antes decirme: mañana te llamo y no se te ocurra no cogerme la llamada. Ahora eres mío.

Autor: Emile Zola

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Quedé con ganas

Le pongo un preservativo a esa belleza de verga y le pido un poco de crema lubricante, para aplicarlo en su extensión y un poco más en su glande. Así acostado como está su verga enfundada en el látex, apunta hacia el techo y dándole la espalda para que no me vea sufrir, comienzo mi descenso palpando con mi culito la verga que se abre paso en mi interior.

Estaba asustado y dudé varios momentos antes de entrar al sitio, en el que deseaba encontrar a un hombre que me hiciera sentir un buen pedazo de verga en mi culo y al cual pudiera clavarle mi verga también. Finalmente toqué el timbre y me abrió un joven que me hizo seguir a un salón amplio y de allí a una barra en donde pagué los $3.000 de entrada y $2.000 más por una cerveza.

Continúe buscando a alguien “interesante” y como respuesta recibía la mirada de más de uno, a las cuales yo esquivaba pues sentía verdadero temor y muestras de ello bajaba el sudor por mi espalda. Y es que me moría por tener una verga de verdad para mí, porque ya he probado de todo desde plátanos y pepinos, hasta envases de desodorante y champú, y por último unas bellezas de apariencia natural y de algunos centímetros de largo y algunos de grosor y claro, también un culito que le gustase recibir mi verga, que me pidiera que se la metiera cada vez más y más y que gimiera de gozo por mi pedazo de carne, pero mi verga en este momento estaba en su mínima expresión.

A todas estas no sé si soy homosexual, bisexual o qué, porque no es que me gusten los hombres y me parezcan excitantes, pues lo que busco son dos cosas: tener una verga que me produzca esa sensación inexplicable de dolor y placer conjuntos y hacer gemir a otro con mi pedazo de verga en su estrecho esfínter.

Apuré pequeños sorbos de cerveza para darme valor y seguí a un cuarto iluminado solo por la luz de un televisor, en donde pasaban una película de intenso contenido gay. Me senté enfrente del aparato en un amplio sofá y al momento aparecieron varias figuras que me miraron con mucho morbo, pero yo no me ocupé en mirar y se fueron tan rápido como llegaron. Después de unos pocos segundos llegó un hombre, un poco más alto que yo, y me preguntó si se podía sentar a mi lado. Le respondí nerviosamente que si y él se sentó pegándose muy cerquita a mi y me habló.

Casi no pude responder a su pregunta de, – ¿qué tal la película?, y yo sin saber que decir, mientras veía en el tele como gozaba un hombre igual que yo, con una verga hermosa entre la boca y se relamía de gusto y yo le respondo – Más o menos, con un hilo de voz que no parece la mía. Al fin volteo a mirarlo y me encuentro con un individuo de tez blanca, con un bigote pequeño y unas gafas, tipo ejecutivo, aunque iba vestido muy informal. Me pregunta que quiero y yo a punto de decirle quiero tu verga, le respondo nada, solo vine a ver y a conocer el sitio. Justo cuando le digo eso, comienza a tocarse el pene por encima del pantalón y noto que tiene una tremenda erección, provocada por la acción de la película, por la cercanía con mi cuerpo y por la ansiedad que ambos sentimos. A la vez mi pene se mantenía completamente flácido por el susto y sucedió lo que no imagine en ningún momento, pues alargué mi mano y le toqué su verga por encima del pantalón… la sensación fue muy placentera, pero cuando me percaté de lo que había hecho me sonroje y retiré inmediatamente mi mano de allí.

De inmediato él me dijo que fuéramos a su casa y yo le expliqué que solo había ido allí a conocer el “ambiente” y que después de un paseo por la casa me iba; él insistió en que fuéramos a su apartamento para estar más “cómodos” y yo le dije que ya regresaba, que conocería la casa y que luego veríamos. Salí de ahí apresuradamente y me dediqué a vagar por los distintos pisos de la casa: un cuarto oscuro grande y en el que se oían murmullos y gemidos muy insinuantes, pero no del todo originales, un salón grande con silletería y con pantalla gigante y película gay, un cuarto pequeño y con cojines en el que pasaban por televisión por cable una película de Norris y otro cuarto pequeño, con cuatro sillas con un televisor mediano y una película hetero.

Estando allí llegó de nuevo este hombre y pude ver su altura y complexión, entre 1.72 y 1.75 de estatura (yo mido 1.68) y un poco grueso, pero no gordo, (soy delgado y peso 65 kilos), con el cabello rizado y peinado hacia atrás (el mío es ondulado y lo llevo de lado) y de tez blanca, al igual que yo. Me insiste en que salgamos y al ver que se porta muy amable conmigo accedo.

Caminamos apresuradamente por la noche bogotana y vamos ascendiendo hacia un apartamento en la zona de Chapinero Alto. El se presenta y me dice que se llama Alfredo y yo le digo que mi nombre es Alberto. Conversamos sobre lo que queremos hacer y coincidimos en nuestra falta de experiencia y en desear penetrar y ser penetrados: hay una conexión especial.

En su casa pasamos al interior de su cuarto sin problemas, pues vive solo y allí nos desnudamos lentamente y sin ningún tipo de prisa. El se quedó en bóxers y yo me veo desnudo y ridículo con mi verga dormida, pero no se me pasan las ganas de mamársela y de sentirla en mi boca. Le palpo el tamaño por encima del bóxer y siento su dureza y un olor especial que me embriaga y me hace desear chuparla cuanto antes. Mientras está sentado en la cama y yo de rodillas frente a él, le quito los bóxers y aparece una verga gruesa, torcida hacia la izquierda y sin circuncidar, de unos 17 cm. de largo y de placer.

Me la meto a la boca y se me hace agua, siento el glande y cada centímetro de ese mástil lo chupo como si fuera lo único importante en ese momento. Las ganas de tener una verga para mí solo se me hacen realidad y me deleito succionando hacia arriba y hacia abajo, adentro y afuera de mi boca, solo la cabeza y luego toda la verga hasta mi garganta, besos en el glande y chupetones en la base cerca a los huevos, no siento sus vellos porque está depilado pero mis labios se pegan a su pelvis cuando me introduzco la verga en su totalidad en mi boca. Alfredo tiene que decirme que me detenga por que de lo contrario se va a venir y yo quiero esperar hasta lo mejor, pues deseo que me la meta y después que me la chupe y se deje clavar por mí.

Entonces le pido que se acueste y que se la chuparé sin excesos (no sé si pueda, pero lo intentaré) y me acuesto encima de él como para hacer un 69 y le pido que me chupe mi culito y me aplique una crema lubricante. Mientras se la chupo de nuevo, siento que abre el pote de crema y que me lo aplica en el ojo del culo sin chuparme y sin hacerme sentir eso tan especial, que algunas mujeres en mi pasado me han provocado hasta pedir que me metan un dedo cuando me hacen un rico beso negro. Me siento un poco triste, pero continúo con mi labor para poner a punto con mi paladar y mi lengua a ese pedazo de carne riquísimo que se ladea hacia la izquierda cuando no lo agarro con mi mano.

Listo dice Alfredo y siento un corrientazo que me anuncia lo inevitable y por lo cual en un 50% vine a este encuentro. Le pongo un preservativo a esa belleza de verga y le pido un poco de crema lubricante, para aplicarlo en su extensión y un poco más en su glande. Así acostado como está su verga enfundada en el látex, apunta hacia el techo y dándole la espalda para que no me vea sufrir, comienzo mi descenso palpando con mi culito la verga que se abre paso en mi interior.

Siento un dolor enorme y me detengo y con mis dedos señalo el punto en el cual me he detenido y saco la verga de mis entrañas y compruebo que llevaba metida un cuarto de esa verga de 17 centímetros. Continúo con mi tarea y el dolor es total, pero decido no sacarla esta vez y continuar poco con mi labor y comienzo a sentir placer.

En mi afán por habituarme a esa verga que me taladraba el interior de mis intestinos, sin querer comencé a apretar y dilatar mis músculos anales y a prodigarle un masaje a la verga de Alfredo y cuando sentí que su pelvis tocaba mis nalgas y subía y bajaba por tres o cuatro oportunidades, Alfredo lo sacó repentinamente y eyaculó copiosamente en el condón mientras se pajeaba para finalizar su orgasmo. Por mi parte me metí dos o tres dedos en mi culo, para comprobar lo dilatado que estaba y para constatar que el condón no se había roto y que no tenía rastros de semen en mi interior.

Me siento apenado por que no finalizó todo como yo esperaba, pues Alfredo se vistió tan rápido que no tuve tiempo de reclamar nada y mi gozo se diluyó, aunque me gustó muchísimo sentir su verga en mis entrañas. Tuve que irme para mi casa y terminé penetrándome con mi consolador y haciéndome la paja (masturbándome), porque no podía de las ganas.

La próxima vez voy a contactar a Alfredo de nuevo y le pediré que se espere y se calme para que no me deje iniciado y que cumpla con su promesa de chupármela y se deje clavar bien rico con mi verga.

Autor: Alberto

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