Sesión de estudio (En casa de Míriam)

Esta historia comienza en casa de mi compañera Míriam donde quedamos para estudiar para un examen con todos los miembros de nuestro grupito de trabajo y de estudio, en su mayoría compañeras debido a la carrera que es. Llegué a eso de las 17 horas, en la casa estaban Míriam y Elena al poco rato llegaron Rosa y Carmen.

Empezamos a estudiar en la mesa del salón, cada uno con sus apuntes y sus libros, el examen de Biología se les había puesto muy duro a mis compañeras y a mí tanto nombre técnico me estaba poniendo de los nervios. No es que sea un buen estudiante pero en prácticamente dos horas de estudio, analizando mis esquemas y mis resúmenes ya dominaba el tema, entonces les dije a mis compañeras que si empezábamos a hacernos preguntas, ella a regañadientes aceptaron.

Estuvimos preguntándonos y a eso de las 23 estábamos cansados y decidimos pedir pizzas. Eran más de las doce cuando dije de irme, Rosa y Carmen se iban también pero Elena y Míriam me convencieron para quedarme un rato más. ambas se pusieron el pijama mientras que yo seguía con el estudio. Míriam me trajo un pijama muy amplio de conejitos y Elena uno de patitos, eran ideales a la par de infantiles a más no poder. Míriam tenía unos pechos no tan grandes como los de Elena pero su figura delgada hacía que le resaltan más por lo que se pijama holgado que traía hacía que cuando se agachaba se le vieran los pechos, imagen de la cual yo disfrutaba. El sueño venció a Elena la cual se fue a la habitación de Míriam. Míriam y yo nos quedamos estudiando hasta que el cansancio nos venció y dije de irme a mi casa pero Míriam me pidió que me quedara con ella explicando varias cosas. Se puso a mi lado y comenzamos a repasar dudas llegando el punto en el que dejamos los libros a un lado y estuvimos hablando. Estuvimos riéndonos y entre risas y risas le aposté a Míriam que era capaz de darle un beso sin tocar sus labios, ella me miraba con desconfianza pero aceptó. Ella se quedó mirándome y le dije que no podía tener los ojos abiertos y entonces los cerró, me aseguré que los tenía cerrado cuando acerqué mi boca a la suya y con un suave gesto la besé. tras un segundo después de besarla separé mi boca de la suya y aún no había abiertos los ojos cuando le dije “ ups, he perdido” y me reí. Ella al principio se quedó callada pero luego se rió también sin darle mucha importancia al beso.

Pasó la noche y ya eran casi las 2 de la mañana y Míriam se estaba durmiendo y le dije que se acostara que mañana sería otro día, ella medio dormida aceptó pero que la ayudara a acostarse en la cama. la cogí de la cintura y la llevé a su cuarto, y sin encender la luz la subía a la cama de la litera de arriba donde ella dormía ya que en la de abajo estaba Elena dormida. Cuando me iba a marchar me dijo que me quedara con ella hasta que se durmiera, era algo típico de Míriam no era la primera vez que me metía en la misma cama que ella, me subía a la cama y me coloqué detrás de ella. Estuve un rato mirando a la ventana mientras que ella había cogido mi mano derecha y la había puesto entre sus manos. Mi otra mano estaba debajo de su almohada. mi mano derecha poco a poco se fue acercando a los pechos de Míriam guiados por sus manos, entonces hice que mi otra mano se fuera también hacía sus pechos. Mi polla estaba que iba a reventar dentro de mis pantalones. Empecé a acariciarle los pechos mientras ella disfrutaba de mi masaje ella puso sus manos en mi bragueta, sintiendo mi polla, sacó mi polla de mis cremallera y de mis calzoncillos, yo con mi mano derecha bajé su pantalón de pijama junto con sus bragas y humedeciendo la punta de mi polla se la empecé a clavar entre sus nalga. Ella no decía nada solo gemía ante mis sacudidas mientras que la litera se mecía. Míriam no tardó en quitarse el pijama tirarlo al suelo y desnudarse de forma salvaje, nuestro acto era más lujuria que otra cosa se puso encima mío y clavando mi polla en su coño empezó a balancear la litera, yo con mis manos y con mi boca daba cuenta de sus pechos y de su cintura. Míriam aceleró el ritmo del balanceo de la litera motivada por mi boca lamiendo sus pechos, parecía que la litera se iba a desmontar cuando Elena que estaba debajo nos dijo “ menos mecer el palio y meterlo ya” a lo que Míriam y yo nos reímos nos separamos y bajamos desnudos de la litera.
Corrí detrás de ella hacía otra habitación de la casa, en ese momento podía fijarme en el cuerpo atlético de Míriam y en culo redondito corriendo llegamos a la puerta y nos paremos, ella se dio la vuelta y ambos nos miramos de arriba abajo, ella pudo ver mi cuerpo y la envergadura de mi polla y yo pude ver sus erectos pechos y los pelos de su coñito. Nos besamos mientras ella abría la puerta y entramos.
Nada más entrar ella se tumbó en la cama momento en el que la puse bajo mi cuerpo y le metía varias embestidas con mi polla mientras mis manos daban cuenta de sus pechos y ella gemía de placer y atrapaba mis manos sobre sus pechos, cosa que hizo que me excitara más y comenzara a meterle la polla mas violentamente, cosa de la que no me había atrevido aún debido a que la litera se balanceaba y el miedo era que Elena se despertara. En esa habitación solo estábamos ella y yo y me la iba a follar sin mesura. Tanta excitación hizo que se corriera un par de veces antes de que lo hiciera yo.

Tras ese sección de estudio tuvimos más y no solo con Míriam pero eso es otra historia que os contaré en otro momento…

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Mi primer beso

Yo fui el primero en llegar a la cita.

La mayoría de los almacenes del centro comercial estaban cerrando debido a la fuerte lluvia que parecía avecinarse. De hecho, comenzaban a caer algunas finas gotas de agua que hacían a los transeúntes acelerar el paso.

Arturo no taró mucho en llegar, iba bien vestido en comparación a la ropa deportiva que yo había decidido llevar. Era mucho mejor parecido en persona que lo que recordaba en las fotos que llegamos a intercambiar.

Creo que no le fue difícil reconocerme, ya que no había casi nadie más en la entrada escasamente iluminada del almacén que nos sirvió como punto de encuentro, pero, sin embargo, para asegurarse preguntó:

– ¿Eres Christian, verdad?

Arturo era alto y robusto, su tez era clara que contrastaba con una cuidada barba de candado que hacía juego con sus lentes de intelectual. Llevaba pantalón de vestir y una gabardia color arena, además de un paraguas que compartió conmigo con caballerosidad.

– Eres muy guapo – me dijo, quizás para romper un poco el hielo inicial-. Vivo cerca de aquí, a un par de cuadras caminando, ¿no crees que estaremos más cómodos allá?

Por ese tiempo Cuernavaca no era una ciudad demasiado abierta con relación a las parejas gay, sin embargo, una vez que acepté la propuesta de ir a su domicilio, la cual ya era una reiteración de lo que habíamos hablado por el chat, Arturo me tomó de la mano para mantenerme cerca de él mientras ambos nos guarecíamos de la ligera brisa. Este tierno gesto me desconcertó un poco al principio, pero al ver que las escasas personas que caminaban por la oscura y desolada calle se ocupaban de sus propios asuntos, me sentí cada vez más cómodo.

El departamento de Arturo era un lugar lindo, limpio y agradable. Lo primero que me llamó la atención fue un librero lleno de libros de arquitectura y, en una de las repisas superiores, una cantidad importante de CD’s de música clásica y ópera, gusto que desde ese entonces y hasta hoy compartimos.

Me invitó a sentarme en la pequeña sala que había frente a la puerta de entrada y me ofreció algo de beber. Sin esperar una respuesta mía entró a la cocina y sacó del refrigerador dos cervezas que puso en la pequeña mesa de centro. Se sentó junto a mí, a una distancia más o menos próxima y volvió a tomar mi mano.

Era una sensación un tanto extraña, ya que a pesar de que era la primera vez que lo veía en persona, habíamos compartido una gran parte de nuestras vidas a través del chart gracias al cual nos conocimos.

– ¿Has besado a alguien? – preguntó. Tuve que responder que no, lo cual era verdad.

Arturo tomó mi rostro con sus dos manos y acercó sus labios lentamente a los míos sin dejar de mirarme a los ojos.

Ese fue mi primer beso, el momento que cambia la historia de cualquier ser humano.

Al principio sólo utilizó sus labios, tibios y húmedos, pero poco a poco fue rozando mi boca con su lengua invitando a la mía a hacer lo mismo. Mi boca se fue abriendo gradualmente mientras nuestros cuerpos se aproximaban cada vez más. Me encantaba esta nueva sensación, el contacto, la humedad, el olor de Arturo me atraía hacia él.

– Me encantan tus labios – me dijo, cuando nos separamos un poco para tomar un respiro, mientras uno de sus dedos se deslizaba por mi boca.

Continuará

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Mio a voluntad -III-

MIO A VOLUNTAD -III –
Por: Apasionada

Hoy vuelvo con ustedes después de algunos meses, para narrarles otro encuentro que tuve con Miguel, aquel chico tímido de 20 años, que vivía enamorado de mí, siendo yo mayor unos 15 años, tal y como se lo comente en mis narraciones anteriores MIO A VOLUNTAD I y II, que aparecen en la categoría de CONFESIONES de Marqueze.

Después de aquellas dos oportunidades en que estuvimos, pasaron como cuatro meses sin vernos, pues fui enviada en comisión de trabajo al exterior, tiempo en que perdí interés por Miguel; y a mi regreso, lo evitaba o no hacia caso a sus insinuaciones. Paso así como un mes y medio, hasta que un viernes por la tarde, fuimos un grupo de funcionarios amigos, entre los que se encontraba Miguel, a casa de una compañera a celebrar el cumpleaños de su esposo. Todo transcurría muy animadamente, en un amplio corredor trasero de la casa que se abría a un amplio y frondoso jardín, todo gratamente ambientado para la fiesta, que al anochecer fue iluminado tenuemente, con antorchas y luminarias de colores que daban al espacio un agradable confort; bebíamos de diferentes licores y se disfrutaba de magnifica música bailable.

Pasadas las horas, el licor hacía su efecto en todos nosotros con expresiones alegres y bulliciosas; algunas parejas bailaban frenética o cadenciosamente, mientras otras conversaban animadas. Yo ese día vestía una falda cuya suave y sedosa tela se ceñía a mi cuerpo y no use pantaleta, para que el efecto de sus ligas sobre mi piel no se viera en la superficie de la falda, dejando notar mis gruesos muslos y mis redondas y pronunciadas nalgas. También lucia una blusa de la misma tela, de amplias mangas y cuello, que permitía ver bastante mis grandes senos. Conjunto que dejaba muy poco a la imaginación de los hombres que en mi se fijaran.

El grupo con el que me encontraba decidió salir a bailar, fuimos intercambiando de pareja hasta que llego el momento de hacerlo con Miguel, quien extrañaba mi distanciamiento de él, a lo que no le prestaba mayor interés, pero a la vez recordaba nuestros momentos íntimos, recuerdos que fueron venciendo mi resistencia a volver a relacionarme con Miguel; la música era suave y sentía como con firmeza, cada vez mas me atraía hacia su cuerpo y una fuerte erección rozaba mi entrepierna que inevitablemente me excitaba. Después de varias piezas, fuimos a la barra por unos tragos. Me senté en un alto y estrecho banco, mientras Miguel permanecía de pie junto a mí. Seguimos allí animadamente hablando y bebiendo. Todos reían, hablaban en alta voz o bailaban; los brindis por el cumpleañero o por cualquier otro motivo eran continuos, ya nadie estaba pendiente de lo que hacían los demás; a lo que ayudaba la tenue luz del lugar, que hacia que poca o ninguna importancia yo le prestaba a mi falda que constantemente se subía bien arriba de mis muslos dejándolos expuestos a los ávidos ojos de Miguel.

Mi vagina se humedecía, mi mente era un torbellino de pensamientos eróticos, sentía un fuerte palpitar en mi cuca que me producía el deseo reiterado de apretar y abrir mis piernas. El calido, alegre y bullicioso ambiente era contagioso entre todos los que allí estábamos. Miguel conversaba con unos amigos, cuando sentí como una de sus manos la poso tímidamente sobre uno de mis gruesos muslos dejándola allí quieta por algún tiempo, hasta que sentí como suavemente la subía y bajaba pasándola por mi entrepierna, evitando fuéramos vistos. Esto me excitaba mucho. Quise retirársela, pero podían más mis deseos y la excitación que rápidamente se apoderaba de todo mi cuerpo… Nuevamente estaba jugando con fuego!…

Delicadamente y aprovechando cualquier oportunidad que le permitiera me acariciaba y rozaba mis firmes y pronunciadas nalgas. En un momento en que se coloco detrás mío para mirar hacia donde los demás bailaban, beso mi cuello, e inmediatamente sentí como mi piel se erizaba y el calor invadió mi cuerpo, a la vez que mi vagina se humedecía rápidamente. Involuntariamente me recosté a él; el licor nos mantenía alegres, desinhibidos, y lenta y casi inadvertidamente sus manos que metió por entre mis amplias mangas, quitaron mi sostén que guardo en uno de sus bolsillos, brotando y dejando libres mis grandes y blancas tetas, cuyos pezones erectos surgían del medio de mis amplias aureolas. Mi excitación aumentaba, su verga erecta y caliente la sentía detrás de mi mientras decía: Oh!….que riiico… mi reina bella… que divina estas mi vida…. Que ricas tétasas tienes mi amor… como deseaba tenerlas asiiii entre mis manos y acariciarlas asiiii!!! asiiii… Sigue papi… dame suavecito… papi… así… riiiicoo… Pase mi mano hacia atrás y buscaba aquella potente verga que Miguel saco y pude nuevamente agarrar y acariciarla todita hasta sus suaves bolas. Miguel seguía acariciando mis tétas y daba delicados pellizcos a mis pezones causándome mayor excitación, mientras seguía besando mi cuello y orejas.

Quería contener lo que sucedía y le pedí que fuéramos a bailar, varias parejas lo hacían bajo la tenue luz, Miguel me tomo por la cintura con ambas manos y yo lo hice por el cuello, mientras bailábamos, nuestros sexos se unían y rozaban en un danzar lujurioso y excitante. En uno de los giros me dejo de espaldas a él y tomándome por la cintura, pego mi firme y robusto trasero a su rígida verga que sentía entre mis nalgas. Me movía de manera de sentirla cada vez mejor entre ellas, la fina y sedosa tela de mi falda facilitaba el contacto; luego volvimos a quedar de frente, y puso su verga de forma que la sintiera bien entre mis muslos, hum… que divino.. yo le ayudaba, solo nos separaba la fina tela, además no tenia pantaleta puesta esa noche, sentía el roce de su rígida verga en mis nalgas y mi cuca como si estuviera desnuda. Estando así me dijo con baja voz:.. mi reina salgamos de acá y vamos a un motel… quiero que seas mía esta noche… por favor no me rechaces mi reina bella… No sabía que contestarle, pero pasado unos minutos acepte; también lo deseaba; nos despedimos y nos dirigimos al motel.

Ya en la habitación, nuevamente sentí la satisfacción de tener frente a mi aquel joven viril que en mas de una ocasión se había masturbado pensando en mi y que me creía inalcanzable; y al igual de aquellas otras ocasiones, Miguel tembloroso por la excitación se acerco a mi y nos abrazamos fuertemente como si estuviéramos deseando de mucho tiempo este momento; nos besamos larga y profundamente, mientras nos acariciábamos. Miguel subió mi falda y acariciaba mi cuca húmeda y le abrí instintivamente mis muslos para facilitarle sus caricias y apasionadamente decía: hoooo!!!… asiiiii!!!… Que rica cucota tienes mi reina!!… La tienes mojadita mi amor… Si mi papi… para ti… dame asi… asi suavecito papi… asiii… Nos fuimos desnudando y una vez desnudos nos unimos en prolongados y profundos besos donde nuestras lenguas recorrían nuestras bocas y nuestras manos acariciaban con placer nuestros cuerpos que con avidez esperaban la íntima unión, agarro mis nalgas fuertemente y me pego a su cuerpo. Su verga quedo entre mis muslos que sentían su ardiente y rígida excitación… Que riiico culote tienes mi reina… Déjame acariciártelo mi amor… Dale papi… asiiii que es tuyo papito lindo… solo tuyo… mi rey… así… pásame el dedito por mi culito asiiiii papi que me excitas… hummm… papi que caliente y grande tienes hoy ese guebo, riiiiico…

Seguimos así juntitos acariciándonos y luego Miguel tomo primero una de mis tetas entre sus manos, la acariciaba y la llevo a su boca chupando divinamente mi pezón, asiiii papi… asiii suavecito… asi mi rey… Riiico… ahora la otra papi asiiii… Asiiii… Chúpalas asi… mi papi lindo… Asi… Me matas papi… Ya en la cama con pasión nos besábamos y pasábamos nuestras manos por nuestros cuerpos abrazados, nuestras respiraciones eran fuertes y aceleradas. Miguel me coloco boca abajo y empezó a besarme el cuello, la espalda y fue bajando hasta llegar a mis nalgas que besaba y lamia divinamente… Riiicooo papi dame mas…. Así… pasaba su lengua seguido por entre mis nalgas… que riicoo… Mi rey me matas… Amor… acaríciamelas así… apretalas duro… duro… hazme daño… dale palmadas… asiiii… Asiiiiiiiii oh asiiii… Riiiico… mi papi… pásale la lengua… lámelas papi… ahora bésame los muslos asiiiiii mi papi bello, asiiii… Miguel pasaba su lengua por mis muslos mientras bajaba hasta mis pies, los besaba, y volvía a subir para meter su cara en mi entre pierna y allí con su diestra lengua la pasaba por la entrada de mi húmeda vagina. Uhmm que riiico…

Me puse de espaldas a la cama y Miguel se coloco sobre mi, y tiernamente besaba mis ojos, la cara y me prodigaba excitantes besos y susurros en mis oídos y cuello que erizaban todo mi cuerpo… mmm… asiiii… y mas y mas mi, vagina y entrepierna se humedecían… Lentamente fue bajando y se detuvo para contemplar gozoso mis voluminosas tetas que suavemente tomaba entre sus manos una a una y besaba con calidez primero para luego chuparlas y acariciar los pezones con su lengua,… riiiico… después las besaba y lamia. Mientra yo excitada me retorcía de placer mmm… mientras acariciaba su cuerpo sudoroso.

Seguía lentamente bajando buscando llegar a mi recrecida cuca, producto de mi excitación. La sentía abierta y ansiosa de recibir la rígida verga de Miguel. Levanto su cara para verla y con gozo exclamo “Que divina y hermosa cuca tienes mi reina, esta rosadita y abierta vida mía…” y colocándose cómodamente entre mis piernas hizo que en incontrolado impulso le abriera bien mis gruesos muslos y arqueando mi cintura le ofrecí mi húmeda cuca, recrecida y abierta a su ávida mirada y colocando su cara en ella, dio inicio a una enloquecedora mamada… hmm… pasaba su lengua por mi rajita, asiii… dame asiii papi… ayyy que riiico… Mi clítoris tomaba y presionaba entre sus labios hmmm…y chupaba riiiicooo… haciéndome gemir de pasión intensa…. Siii asiii… me matas mi rey… sentía la proximidad del orgasmo, solo atinaba a decirle: sigue asi, asi asi… papi… no te detengas…mmmmm… yaaa… mmm…

Le pedí que se subiera sobre mi, no aguantaba mas, era demasiado ya, tome su firme y caliente verga que acariciaba y pasaba divinamente por mi rajita, abriendo mas y mas mi cuca que veía deseoso hasta colocarla finalmente en la entrada a mi vagina y de seguidas le dije: “papi métemelo rico que es lo que mas deseo”… dale por favor asiiii… asiii… asi… asi… asi… mmm… Sentí su vigorosa penetración de esa verga que se abría paso dentro de mi cuca, habido de llegar hasta lo más profundo de ella con fuertes y rápidas embestidas que me causaban dolor… dame asi papi.. dame mas… dame mas.. Abrace a Miguel fuertemente con mis piernas y brazos y empezamos a besarnos largamente mientras con rítmicos y acoplados movimientos de ambos nos complacíamos con tan excitante y placentera follada… asi papito rico… dame asi… dame suavecito… mmm… mmm… no me lo vayas a sacar papi…. Te gusta asi mi reina?… siii… te gusta como te lo hago… siiii mi papi lindo… dame asi… asi… asi… suavecito papi…

No quería que esto terminara, nuestros cuerpos sudorosos se acoplaban en diferentes posiciones, sentía mas grande y gruesa su rígida verga que entraba y salía de mi vagina, golpeando con sus bolas mis nalgas, mi mente se nublaba y con sucesivos espasmos que hacían convulsionar mi cuerpo que buscaba estar mas y mas pegado al de Miguel, me venían uno tras otro placenteros orgasmos, que me hacían morder mis labios, mmm… siii… asi…. si.. siii… siiiiiii… mientras mi cabeza incontrolada giraba de un lado a otro sobre la mullida almohada. Sentía mas y mas liquido vaginal saliendo en cantidad de mi vagina que mojaba mis nalgas y sabana de la cama. Miguel sudoroso seguía ahora lentamente taladrando mis entrañas con su rígido y recrecido instrumento de cabeza grande y brillante.

Me coloque en posición de perrito y arquee mi cuerpo de manera que mis redondas tetas rozaban la sabana de la cama. Abri mis muslos, y levante mi blanco trasero de robustas nalgas; su cara reflejaba la ansiedad al ver ante él tan apetecido trasero. Las tomo con firmeza, las abrio y coloco su verga a la entrada de mi recrecida cuca, de la que salía abundante liquido vaginal y con decidida y dolorosas embestidas inicio su febril ataque… riiico… dame asi papi… lo metía y sacaba mientras que abría mis nalgas… me daba cada vez mas fuerte… y mientras lo hacia metía en mi culito suavemente su dedo pulgar ummmm que me excitaba muchísimo mas… te gusta asi mi perrita?… asii… quieres que te de duro por esa cucasa que tienes?… asii… asi… mi perra… uffff… “siiii… papi sigue así dame fuerte, fuerte, mas fuerte, asi riiico… mmmm… dame seguido no me lo vayas a sacar… dale riiico papi” Nos movíamos acopladamente.

El momento era de locura y pasión desenfrenada, le dábamos fuerte y seguido hasta que Miguel en alta voz me dijo: “No aguanto mas mi reina… ufff…… ya me vengo!… ya mi reina, me vengo”. Lo metió todito y con fuerza pego mi cadera a su verga… Yaa… me vengo yaaaa… asiii… toma mi leche… asiii… tómala todita… uff… yo me movía mas y mas y mi vagina en fuerte espasmo se contrajo y aprisiono su verga, y con fuertes gritos de satisfacción se producía nuestros orgasmos siiiii… así… que rico mi rey…. Así… todita tuya mi leche asii… siii… uffff… que rica cucota tienes mi reina. Si dame toda tu lechita… dámela todita amor… que riiico!!!… dámela así… tómala… mi vagina una y otra vez recibía fuertes embestidas de su vigoroso miembro que descargaba su abundante y viscosa leche… uff.. la tienes súper caliente… riiica papi… luego parte de su leche empezó a salir de mi vagina bajando por entre mis muslos, que junto a mi liquido vaginal dio a la habitación un excitante olor a sexo.

Me lo saco lentamente, y se tendió cansado sobre mi espalda mientras me besaba tiernamente en el cuello y acariciaba mi larga y negra cabellera. Te adoro mi reina bella. Me haces muy feliz mi vida…

Agradezco tus comentarios…

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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Deseo hacer el amor con mi hermana

Acerqué mi cara a su cuello y se lo comencé a besar suavemente, yo estaba bastante excitado y mi respiración caliente la arrojaba sobre el lóbulo de su oreja derecha, decidí arriesgarme y comencé a besar la comisura de sus labios, poco a poco me iba adentrando más a su boca, hasta que de repente fueron correspondidos mis besos.

Bueno les contaré brevemente mi historia.

Desde hace unos 3 años a la fecha he tenido una obsesión enorme por mi hermana menor. Ella tiene 30 y yo 35. Constantemente pienso en ella haciéndole el amor en diversas posiciones y haciéndome la ilusión de que algún día se me cumpla tal fantasía.

La verdad es una mujer bastante atractiva y siempre nos hemos llevado muy bien, sin embargo un día la vi accidentalmente desnuda mientras se duchaba y eso creo una obsesión por poseerla, ya que me pude dar el lujo de contemplarla por varios minutos como se duchaba viendo su hermoso cuerpo y sus partes íntimas, obviamente ella no se percató de que la observaba, bueno, al menos eso pienso.

Es por ello que desde entonces busco cualquier pretexto para acercarme a ella. Incluso la he invitado a salir a alguna disco o fiesta con el fin de poderla emborrachar y comenzar a cachondearla para ver si terminamos en la cama, lamentablemente no ha sido posible porque ella no bebe mucho licor.

En una ocasión que salimos a una fiesta de un amigo nos dio la madrugada y tenía que llevarla a su casa, ya que ella vive sola, yo había pasado por ella y tenía que llevarla en mi vehículo. Ella vive al otro extremo de la ciudad, por lo que tendría que manejar hasta mi casa, yo me había tomado unas cervezas, no las suficientes como para no poder manejar, sin embargo aproveché la oportunidad de intentar llegar a mi objetivo, por lo que me hice el borracho y le dije a mi hermana que no me sentía tan bien como para manejar, a lo que ella de manera inmediata me invitó a pasar la noche en su casa.

Ingresé a la sala y me disponía a acostarme en un sofá que tiene. Ya me había quitado los zapatos y me preguntó, ¿que haces?, le respondí: pues me voy a dormir en tu sofá, ya ando algo pasado de copas y tengo sueño, a lo que ella me respondió: pero como vas a dormir en el sofá, quédate en mi cama, al menos estarás más cómodo.

Yo le pregunté: bueno y ¿tú donde piensas dormir? respondiéndome que en la misma cama, que era muy amplia y perfectamente cabíamos en ella los dos.

De inmediato accedí, pensando en que esta sería la oportunidad que esperaba, me quedé en playera y pantalón sobre su cama, y me dijo, toma, ponte este short para que estés más cómodo y no se maltrate tu pantalón. De inmediato me retiré el pantalón y me puse el short que me había ofrecido mientras ella se cambiaba de ropa en la sala.

Al poco rato ella llegó vestida con unos mallones de licra y una playera ligera, supongo que quizás debe dormir más ligera de ropa, solo que por estar yo compartiendo su cama decidió vestirse casi completamente. Nos acostamos uno cerca del otro sin tener ningún contacto físico, comenzamos a charlar sobre nuestros trabajos y de como la habíamos pasado en la fiesta, mientras esto sucedía ella apagó la luz con el fin de que en cualquier momento nos quedáramos dormidos y pudiéramos descansar.

Continuamos conversando estando acostados casi por media hora, a lo que ella replicó que ya era tarde y que sería mejor charlar por la mañana. Decidimos dormir entonces. Por mi mente pensaba solo en la oportunidad de poder tocarla, a lo que esperé el tiempo prudente para confirmar que ella estuviera completamente dormida. En tanto esperar y pensar en tocar su cuerpo, me quedé dormido cerca de media hora, ya que empezaba a hacer efecto el alcohol y por la hora que era ya mi cuerpo pedía descanso, serían como las 3:30 de la madrugada.

Cerca de las 4:00 am desperté recordando en donde estaba y que no debía dejar pasar esta oportunidad, a lo que poco a poco me fui arrastrando y acercando hacia ella. Mi hermana me daba completamente la espalda, por lo que poco a poco y de manera temerosa fui acercando mi mano derecha sobre su muslo, primero de manera muy superficial, casi rosando la tela de sus mallones, temiendo que se fuera a dar cuenta de mis intensiones. Al percibir que no hacía ningún movimiento fui más intrépido y posé suavemente mi mano en sus nalgas y las estuve recorriendo.

Mi pene estaba a todo, sentía que en cualquier momento estallaría, me aproximé un poco más a ella y saqué mi pene del short y lo posé entre sus nalgas y empecé a hacer ligeros movimientos de este sobre sus nalgas. Ella estaba inmóvil, realmente yo ignoraba si estaba despierta ya que la luz estaba apagada y no se veía absolutamente nada.

Al no obtener ningún obstáculo ni movimiento de ella, continué acariciando su pierna y sus nalgas mientras seguía frotando mi pene en sus nalgas, entonces decidí arriesgarme un poco más y decido pasar mi mano derecha por su abdomen mientras que el brazo izquierdo lo pasaba bajo su cabeza para abrazarla, de repente ella dio un ligero respingo, pero solo fue para acomodarse permitiendo que la abrazara completamente con ambos brazos. Mi brazo izquierdo estaba inmóvil, ya que ella estaba sobre este, sin embargo con mi mano derecha seguí frotando suavemente su abdomen y me atreví a recorrer sus pechos.

Comencé a frotarlos suavemente sobre su playera y dejé mi mano inmóvil sobre ellos al mismo tiempo que con mis dedos exploraba sus pezones. ¡Yo estaba a mil!, sabía que en cualquier momento podría perder el control y me abalanzaría sobre mi hermana, acerqué mi cara a su cuello y se lo comencé a besar suavemente, yo estaba bastante excitado y mi respiración caliente la arrojaba sobre el lóbulo de su oreja derecha, decidí arriesgarme y comencé a besar la comisura de sus labios, poco a poco me iba adentrando más a su boca, hasta que de repente fueron correspondidos mis besos.

Comenzamos a besarnos frenéticamente y a subir un poco el ritmo del cachondeo, de repente ella dio un sobresalto, retirándome de ella y encendiendo la luz me preguntó que estaba pasando, que porque nos besábamos, no supe que responder en ese momento, lo único que se me ocurrió decirle para no dañar nuestra relación de hermanos fue decirle que yo estaba soñando con mi novia y que como estaba tomado perdí la noción de donde estaba, y que estaba soñando con ella, a lo que ella respondió que también ella soñaba con su novio, se puso a llorar y me pidió perdón por haberme besado.

Me sentí bastante culpable de haberle hecho pasar un mal rato a mi hermana a lo que yo también le pedí disculpas, nos abrazamos y nos hicimos la promesa de que esto no lo debería saber nadie de la familia.

Continuamos teniendo una buena relación de hermanos, el tema ya no se toco desde aquella ocasión, sin embargo continúo pensando en ella y en ese momento, incluso a veces me masturbo pensando en esa ocasión y en la culminación de nuestro acto sexual y me sigo preguntando si en realidad ella respondió a mis besos porque lo deseaba o si en realidad ella estaría soñando.

Por favor expónganme sus opiniones.

Autor: RB

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De fresa o de vainilla II

Nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias.

Nos hicimos más que amigas

Una tarde a principios de febrero después del colegio pasó algo que no me esperaba, Ale me acompañó a casa y antes de despedirse sacó una pequeña flor de papel de su mochila y me echó un largo e ininteligible rollo, que nunca logré recordar claramente, que en esencia dijo:

-“Eres una chava súper, me agradas desde que entraste al colegio”. Dame chance de conocerte más, claro que no le entendí a que se refería. Entonces me explicó que no le agradaba que más bien le gustaba mucho pero no como amiga, como chava. Me dio risa por que creí que bromeaba y le dije en broma – no somos lesbianas.

Ella río también y me contestó, en serio, Sandra, que tal que lo intentamos, tú y yo somos como almas gemelas, no deberíamos ser solo amigas “es un desperdicio”, (esa última frase es creo lo único que recuerdo de manera textual), vamos, ¿que tiene de malo? Entonces tuve una reacción parecido a: ¿Qué?  ¿Había entendido bien?, ¿mi mejor amiga me estaba llegando? ¿Como que, qué desperdicio?

– No te entiendo Ale. Le contesté con nervios y con esperanza de haberla malinterpretado. -Quiero que seamos más  que amigas, ¿me entiendes? Dijo sonriendo.

Me quedé callada, apreté los labios sin saber que responder, agaché la mirada, no la entendía, o  tal vez no quería, no sabía en donde esconderme, si cuando un chavo me llegaba me ponía bien nerviosa, imagínate ahora que se trataba de mi mejor amiga. Una vez que me di cuenta que si iba en serio, cuidando mis palabras para no herir sus sentimientos le contesté con otro choro, solo que yo al contrario de ella estaba nerviosísima.

– Yo creo estás confundiendo, también te quiero mucho Ale, pero no así, no por que Andy y Faby salgan, nosotros debemos hacer lo mismo, es más yo nunca he salido con otra chava, es que yo no soy así. – Estoy segura de lo que siento por ti Sandra…

Me despedí con el común beso en la mejilla y no la invité a pasar como era lo común. Una vez que puse un pie, en casa, dejeé caer mi mochila, me senté en la sala sin dar crédito a lo que había escuchado. La verdad me espantó, sin querer a la mente me vino aquellos días en la regadera juntas, las noches que dormíamos en la misma cama o las nalgadas que nos pegábamos de “broma”  y le maquiné un rencor tal vez injusto, por no haberme contado que era les antes,  todo lo que habíamos compartido. La cabeza me daba vueltas;  o sea que ¿me dirigió la palabra en los cursos para ligarme como cuando un niño quiere conocer una niña?

Ahora muchas cosas las pude entender. Me preguntaba tratando de darle sentido a la situación que parecía no ser real, me paré y me fui a cambiar la playera que era de Alejandra, ahora me daba asco, y todo la tarde y los siguientes días fueron extraños. Me descontrolé por completo, dejé de estar en contacto con las tres “lesbianas” como yo ya les llamaba para mi misma, de las tres no hacía una y me empecé a juntar con otras niñas.

Ale parecía ser la misma conmigo, no evitaba mi mirada, aun que yo si, me invitaba a salir por teléfono y yo buscaba mil pretextos, me buscaba en los recesos pero yo me refugiaba con mis “nuevas amigas”, me sentía otra vez de la patada, sola como perro, las tardes solo hacía tareas y me la pasaba encerrada con Karlita mi hermana que ya no sabía como molestarme.  Me preguntaba burlonamente  ¿tronaste con tus novias?. Me incomodaba tanto ese comentario, por los tintes de verdad que eso tenían, y  me alegraba de que no supiera lo que había pasado. Andrea me aconsejaba que le diera una chance, que lo intentara, pero dejo de hacerlo cuando notó que no me gustaba hablar del tema y también la evitaba a ella, en clase ya no me sentaba junto a ella.

Ya se que es un relato erótico, y no novela pero aquí viene lo emocionante.

Ale no se dio por vencida y evitó que mi actitud ante ella nos distanciara. Un día trataba de evadirla después de la clase de educación física que tomábamos juntas,  pero ella me tomo con suavidad de un brazo y me dijo:

-Tenemos que hablar  Sandra. –Si, dime – le dije haciéndome la desentendida. -Sabes algo, no podemos terminar nuestra amistad, en las tardes echo de menos tu compañía, te volviste una hermana y…bueno…si tú no quieres, bueno…tal vez solo como amigas, yo lo entiendo, pero no me trates como si no me conocieras, la verdad me duele mucho que seas así conmigo.

Que quería decir exactamente?  “Tal vez solo como amigas”  a tu hermana no le dices que sea tu novia.  Me desarmó por completo, hoy si parecía nerviosa, y hasta parecía que lloraría. Yo pensé que ya nunca le dirigiría la palabra, y lo que le respondí ni siquiera lo pensé solo se lo dije, con el otro extremo de la mezcla de sentimiento que me estaba matando, como si mi corazón en vez de mi cerebro, pusiera las palabras en mi boca

-Si yo también, ni siquiera me caen las otras niñas, no son tan divertidas como tú.

Ella sonrió y preguntó -¿amigas? con una voz tierna que era imposible decir no. Así que acepté y pasamos el resto del receso juntas, me di cuenta que era una persona bien padre, con la que no quería dejar de llevarme, era muy interesante, nunca me aburría con ella y otra cosa me podía mucho. Yo me mostraba rara con ella, sin en cambio ella parecía poner todo de su parte para restaurar la amistad y como me caía súper bien, lo logró pronto, y seguimos la amistad como había sido hasta antes del día que se le ocurrió llegarme.

Un mes después comenzó a insinuárseme de nuevo, y ya no sabia que hacer, ya pensaba darle chance, para no pasarla mal de nuevo. Necesitaba hablarlo con alguien pero no sabía con quien, ¡necesitaba ver a una niña hetero! ya me daba miedo estarme pasando al otro bando. Mamá tenía la solución por puro instinto maternal, desde hace algunas semanas me insistía que invitara a Jenny a pasar unos días con nosotros, no se cansaba de decirme: “Jenny que si es una niña decente ya ni te acuerdas”. Ese mismo fin por el Messenger la invité y a ella le encantó la idea. Como tenía un rato que no nos veíamos, la pasamos padre, fuimos al cine a la gran plaza para no encontrarme a Ale en galerías, donde siempre estaba. Con mucho tacto, antes de dormir, y con el pretexto de las chavas que se estaban besando en el cine delante de nosotras, le comenté que aquí las relaciones entre chavas era más común que en la capital, y le pregunté su opinión y que si probaría alguna vez andar con una chava…

Con aires de sabiduría se tomó unos momentos para contestar- mira, es normal que algunas chavas les gustaran las chavas, también hay chavos así, yo no  tengo nada en contra de eso, en cuanto a lo otro, no creo que se malo probar un poquito, de chile y de dulce- y me confesó que apenas se había besado con Elena, una chava que conocimos en la secu, me dejó bien claro que no era les, pero que se dieron las cosas en una fiesta y que le había dado curiosidad, de que se sentía a una chava.

– Y, ¿como es? le pregunté, con curiosidad y morbo reprimido. – Sabes no es muy distinto a besar a un chavo pero sentí mucha cosquillitas en la panza. Sabes, fue algo  divertido.

Antes de voltearse para pegar la pestaña, me dijo jugando – a ti no te voy besar por que eres re persignada y somos amigas. Nos reímos de su tontería un rato y después dormimos. Al otro día, después del desayuno Jenny se fue y yo me quede pensando en la curiosidad y la aventura que me habló. Por otro lado estaba todo lo que me habían inculcado acerca de que “a las niñas le gustan los niños” y por otro las ganas que sentía de vivir algo distinto, que pasaría si lo probara?. Cuando veía lo bien que se entendían las otras dos, como se llevaban. se veía algo padre y la verdad hasta me daba un poquito de morbo de lo que seria besar a alguien de mi sexo. Ahora que lo pensaba, tener una relación con una chava no era algo del otro mundo, total si no funcionaba no pasaría nada.

Un día de marzo cedí ante su perseverancia  y le propuse intentar ser su novia unos días, con la condición de que me considerara y que diéramos tiempo a que las cosas pasaran poco a poco, a y que solo quedara entre ella y yo, ni siquiera lo platicaríamos con Fabiana y Andrea. Ale aceptó gustosa sin ninguna objeción.

Y empezamos, al principio parecía ser una relación de juego y pasajera, seguíamos siendo amigas y tal vez ya no como antes, ya no dormíamos juntas, no nos bañábamos juntas en el club y hacia lo posible por que ya no me viera ni en calzones cuando nos cambiábamos para la clase de deporte, yo ingenuamente quería que continuara así pero ella no parecía opinar igual, se mostraba muy interesada y clavada conmigo.

Pasábamos más tiempo juntas que antes y era muy divertido, era mas  linda de lo que ya era, si teníamos un peso lo compartíamos y si había mas  lo compartíamos igual, el cine, los frapes, los helados, a comer, y luego me llevaba a casa en autobús o en el auto de su mamá cuando se lo prestaba. Pero sobre todo, me escuchaba, me apoyaba en todo y siempre tenía tiempo para mí. Tenía muchos detalles para conmigo casi todos los días me llevaba a la escuela una paleta o un snickers y también me hacia cartitas, aunque casi eran de amigas, a veces tenían cositas que me sacaban de onda así como: “eres mi vida” “me encantas desde que te vi por primera vez”, no me caía bien el veinte de lo que ya éramos, eso era algo medio tonto de mi parte, por que si asíamos cosas como de novias.

En las tardes caminábamos unas calles hasta un parque, nos tirábamos en el pasto, me recostaba en mi mochila y ella se acostaba en mi abdomen, pasábamos horas platicando, mirando las nubes, observando lo que hacían las pocas personas que pasaban por ahí, riéndonos de cualquier cosa, a veces ni llegábamos a comer a nuestras casas, prefería mil veces estar en el parque con ale, que en mi casa peleando y discutiendo por todo.

Así nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en el auto de su mamá a mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias, aunque solo duró unos 3 o 5 segundos, sentí una emoción que nunca antes había sentido, me puse nerviosa.  Le dije adiós, me salí del auto, de prisa abrí la puerta, le hice una seña de adiós y cerré la puerta. Cuando entré mamá estaba en el comedor, me saludó y me preguntó:

-¿Que tal la pasaste con tu verry  bestfriend, hija? (Mamá no aceptaba del todo a Alejandra se le hacía una mala influencia y por eso se burlaba)

Yo que lo que menos quería era sentarme a platicar con mamá, estaba muy nerviosa la cara la tenía caliente de nervios, solo me apresuré a contestar:

-Bien ma,  y subí de prisa a mi cuarto, tenía ganas de estar a solas y pensar en lo que había pasado, estaba bien? o el juego se salía de control?

Esa noche no pude conciliar el sueño, solo pensé, en nosotras, me sentía algo parecido a “enamorada”. Como a las 12 am, recibí un mensaje de ale que me terminó de alegrarme la noche

“Te quiero mucho niña, see you tomorrow”

El segundo fue en una fiesta de su primo, las dos terminamos medio mareadas, cuando Alan  se dio cuenta, nos ofreció su cuarto para que nadie se pasara con nosotras, esa noche fue Ale quien se aprovechó de nuestra situación.

Autora: Sandra W

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La queria en el culo

Me la metió sin contemplaciones, yo sentía su verga como el doble de gruesa y él decía que sentía mi culito más apretado, me estaba destrozando, alternaba entre mi culo y mi boca, me follaba como un animal, me enloquecía su aliento en mi nuca, a pesar del dolor gozaba de lo lindo, estuvo mucho rato follándome y de repente su semen se regó dentro de mi, se estaba corriendo dentro de mi culo.

Cuando comenzó a interesarme el sexo anal, era aun muy joven, mi interés era ver escenas calientes, fotos videos, todo esto me fue gustando y me encantaba ver escenas donde unos vergones tienen abiertos unos culos y cuando se la sacan queda el anito como que es botón de rosa abierto…

Me fascinan esas fotos, con el tiempo fui sintiendo curiosidad por las sensaciones que sentirían esos culos, incluso le pregunté a algunos amigos gay si no les dolía cuando se las metían y todos me decían que no, que era rico, después me dio por acariciarme el ano y masturbarme, luego fue introducirme objetos cilíndricos que me hacían gozar y así fue creciendo mi deseo por sentir una verga sembrada en mi culo, para gozar, según yo, ya estaba preparado, pero no fue así porque cuando conocí con al primero que me penetró, Juan, a quien conecté a la salida de un bar gay.

Después de conocernos me llevó a un parque y detrás de un frondoso árbol, en la casi total oscuridad comenzó a acariciarme, y me gustaba que me sobara las nalgas y él me pedía que le acariciara el pene pero lo que yo hacía era sobar mis nalgas, mi deseo estaba concentrado en mi ano, que estaba húmedo de ganas, él trató de besarme y hacer otros juegos pero a mi eso de tener una verga en la boca, o besarme con otro hombre, o acariciársela no era lo mío, yo la quería en el culo, me bajó el pantalón y sentí sus gruesos dedos explorando mi virgen ano, sentía raro pero me gustaba.

Se los ensalivó y comenzó a hacerle camino a lo que vendría, al parecer Juan conocía de culos vírgenes porque sin que yo se lo dijera supo que el mío lo era, me hizo acostar boca abajo sobre una banca y mi culo quedó empinado, quiso metérmela de un solo empuje lo cual me causó mucho dolor he hizo que me levantara, coincidentemente los guardias del parque sonaron sus silbatos cerca de allí y nos retiramos, después de la experiencia quería irme a mi casa y estaba molesto con Juan, él me pidió disculpas argumentando que mi culo se veía muy bueno por eso no se pudo contener, me propuso ir a un hotel con la promesa que me lo haría suavecito y me haría sentir como una reina, con la calentura que me tenía acepté.

Cuando llegamos al hotel me quitó la camisa, luego soltó el pantalón y me dijo quítatelos y ahora agáchate, quiero verte el agujerito que me voy a comer, una vez desnudos él insistía con sus caricias y yo me volteaba y trataba de agarrar su pene entre mis nalgas, por fin se decidió a penetrarme separó mis nalgas, y mi culito apretado, ganoso y miedoso quedó esperando, me dijo que me abriera las nalgas, me ensalivó el orificio y colocó el glande en la entrada, yo solo la medio vi, por que me daba vergüenza pensar que iba a tener eso adentro, era morada y con las venas saltadas, he de decir que la tenía como de 16 cm, pero gordita como de o 5 de diámetro, la cabeza que parecía un durazno maduro, sentí como me acariciaba con su glande, primero lo pasaba por mis nalgas y por toda la raja de mi trasero, comenzó a presionar y allí comencé a sentir lo duro, no era como meterse marcadores, sentía dolor y gusto…

De pronto sentí que avanzó un paso, atravesó mi primer esfínter y allí la dejó y estuvo jugando y yo gozando hasta me atreví a mover las nalgas, al sentir esto, Juan entendió que la quería toda, me agarró de las caderas y empujó todo el trozo de carne de una estocada que me hizo gritar y metí la mano para que no me la siguiera metiendo, fue la primera vez que tuve en mi mano un pene que no fuera mío y pude sentir lo caliente que era y así fui regulando la penetración hasta que tuve toda adentro, el dolor pasó y comencé a sentir rico cuando me la metía toda, hasta sentía una sensación única en la garganta y entendí porque la mayoría de los gay decimos que es rico, porque después de todo el dolor se olvida y lo que queda es el gozo y la lechita cura las heridas, yo le decía que me diera más duro…

Me encantaba tener lleno el ano, le pedí que me diera rápido, él lo hizo, me levantó y me puso frente al espejo en un ángulo donde yo veía como entraba y salía de mi culo dejándomelo como una boca ansiosa de más, yo pujaba mucho, sudaba y sentía delicioso, sus palabras me emocionaban y su verga me hacía gozar, me decía, ¡que culo!, ¡que culo más rico!, estás buena, rica, cogés como una puta, ¡que culo haaaa!

Tenía mucho aguante, como media hora me estuvo culeando, yo sentía que mis jugos corrían por mis piernas y más movía el culo hasta que sentí que se apretó contra mi y yo apreté los esfínter los dos acabamos de película, quedó encima de mi y su pene adentro, lo sentía ya relajado pero igual de rico, quiero que veas algo me dijo, y sin sacármela me llevó de nuevo frente al espejo, y me la sacó, hasta ruidito de flop hizo y pude ver mi culo abierto chorreando semen y sangre, me había desvirgado y roto el culo, él tomó una toalla y comenzó a limpiarse y fue al baño a lavarse cuando yo quise hacerlo, me dijo que no, que me quedara así porque lo quería lubricado, me colocó dos almohadas bajo e vientre para que mis nalgas quedaran levantadas.

Se acostó a mi lado y con sus dedos se puso a hacer ruido de charquito entre mis nalgas y a poco a meterme los dedos, me dolía por mis pliegues rotos pero gozaba, de nuevo insistió en besarme y yo me negaba, él insistía y acariciándome, cuando sentí tenía en la boca sus dedos llenos de semen que salía de mi culo y no sentí mal, al ver esto él comenzó también a lamer sus dedos y cuando sentí los acercó a mi boca y me besó no era tan malo como creía, con sus besos y sus dedos me tenía nuevamente re caliente y él de nuevo la tenía erecta, se colocó detrás de mí, comenzó a jugar en mi ano y me la introdujo, dolió menos y sus movimiento eran más suaves, tienes bien guardada mi lechita, me decía a la vez que metía sus dedos y los llevaba de nuevo a mi boca, luego seguía culeándome rápido y me preguntaba, ¿te gusta el semen? y yo solo atinaba a decir que si…

Me la sacó y sentí su lengua bajando por mi espalda y abrirse campo entre mis nalgas y terminar penetrándome el ano y chupándomelo jamás había experimentado placer tan delicado, ¿te gusta? me preguntaba, siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, maasss… le pedía yo, y de nuevo me besó compartiendo su semen y mis jugos, de nuevo me culeaba y ágilmente me la sacó y me la puso en la boca, si te gusta el semen y las mamadas, mama culito rico me dijo, y la sentí en la garganta y me dio por la boca como por el culo hasta que sentí su semen inundar mi garganta.

Luego de tomar aire, me hizo que se la acariciara y se la mamara, aún la tenía flácida pero cuando la cogí con mis dos manos y la boca, en el momento que empecé a mamarla creció de nuevo y entonces pude apreciar el enorme y gordo trozo que había alojado en mi ano y que aunque adolorido quería más, luego me hizo que le suplicara que me la metiera y cuando por fin se decidió, tomí bote de linimento para calentar músculos y me untó el culo, esto me hizo retorcerme, me ardió mucho, sentía que mi ano echaba llamas, pero él también se había untado el pene para calmar el efecto encendió un ventilador para refrescarme las nalgas, el efecto fue pasando y después solo una sensación como inflamación caliente…

Cuando me la metió lo hizo sin contemplaciones, ¡y que barbaridad! yo sentía su verga como el doble de gruesa y él decía que sentía mi culito más apretado, empezó a moverse cada vez más rápido mientras sentía su aliento en mi nuca y me preguntaba: ¿te gusta ser mi puta? si, le contestaba pero me duele, me estaba destrozando, me mordía y me masturbaba, aguanta aunque te duela, no voy a parar, eres una puta rica y si verga querías comete esta me decía y alternaba entre mi culo y mi boca, me follaba como un animal, me mordía la nuca me pellizcaba los pezones y me enloquecía su aliento en mi nuca, a pesar del dolor gozaba de lo lindo, estuvo mucho rato follándome y de repente su semen se regó dentro de mi, se estaba corriendo dentro de mi culo y que rico, se dejó caer encima de mi, y así estuvo por varios minutos hasta que su verga salió de mi ano, varios días pasé con el culo adolorido, pero como el que es vuelve, a la semana lo estaba buscando para que me diera más de lo mismo.

Ese día me desvirgaron y le sentí gusto a placeres que no conocía, como es mamar una verga, saborear el semen o un beso negro.

Así fue como me convertí en bisexual y aunque de closet me encanta serlo.

Autor: Marcos

Hhermaco@gmail.com

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Una buena cogida

Él empezó a pasarle su lengua por sus labios vaginales, no creía que mi esposa estuviera haciendo esto, noté como otro la estaba disfrutando y excitándola, me excitaba que era yo mismo el que inició esta historia y era como verla concluir con una buena cogida a mi esposa. Ella se echaba para atrás de la excitación, veía que llegaba a un orgasmo prolongado, él se bebía todo el jugo de mi esposa.

Mi esposa, una mujer de 34 años, piel blanca bronceada, ojos verdes, bello rostro, senos pequeños redondos, hermosos, un trasero muy bien formado, bellas nalgas, y lo más hermoso de ella aún son sus piernas, una forma perfecta, sus muslos muy bien delineados bajando hasta sus tobillos gruesos, en verdad es hermosa.

Bueno, todo empezó un día en que peleamos, decidí, jugar mientras peleábamos, me hice pasar por un desconocido a través de internet, como conozco su Email, abrí un email con otro nombre y empecé a entrar en contacto con ella a través de un chat, al principio ella no daba mucha conversación, quizás siendo prevenida, pero mi ventaja era que la conozco, se cuales son sus conversaciones favoritas, así que por allí me fui, le decía que yo la conocía a ella y que ella a mi no, ya que una amiga de ella me la había mostrado un día sin que ella me viera, le decía que era una mujer hermosa que desde que mi amiga me la había mostrado no paraba de pensar en ella, le dije que había convencido a su amiga para que me diera su Email pero con la condición de que jamás yo le dijera que ella me lo había dado, en fin, ella me creyó.

Nuestras conversaciones cada día se iban tornando de mayor confianza, no creía que mi esposa estuviera siguiendo a un desconocido y a la vez interesándose en él, cuando estábamos en la casa juntos, antes de ella salir a su trabajo, yo la besaba y la acariciaba, trataba de calentarla al máximo, no le hacía el amor para dejarla caliente, quería que cuando entrara al internet y se encontrara con su amigo desconocido (yo) estuviera caliente, esto me ayudaría a seguir adelante. Le decía que quisiera tenerla al frente mío para besarla y pasarle mi lengua por todo su cuerpo, que me encantaría hacerle el amor de pie, acariciarle sus hermosos muslos y besarle y saborearle sus hermosos senos, ella callaba, pero al mismo tiempo no se salía del chat, dándome entender que le gustaba lo que ocurría, le dije que si ella me diera la oportunidad de salir juntos, le haría el amor ese mismo día, no la dejaría hasta que ambos nos cansáramos.

Ella me dijo que era casada y que tenía dos hijos, le dije que si ella era totalmente feliz, me dijo que si, me gustó su respuesta, pero le dije que eso estaba bien, pero que eso no priva a nadie de disfrutar la vida y hacer realidad los deseos, la invité a salir, y se negó, le dije que la invitaba a almorzar, me dijo que quizás otro día. Pasaron los días y cada vez ella disfrutaba más y más de nuestras conversaciones, un día me aceptó a almorzar, no lo podía creer, me molestaba pero a la vez me excitaba el saber que yo mismo estaba seduciendo a mi propia esposa, quedamos en dos días de vernos para almorzar.

No sabía que hacer, si ir yo o que, pensé que disfrutaba el hecho de que un extraño estaba seduciendo a mi propia esposa, quise ver hasta donde más llegaba esto, así que le conté todo a un gran amigo mío, que también ella conoce, se que ella gusta de él en el sentido que es una persona bien parecida, no que ella haya querido serme infiel con él pero como todo, hay personas que nos gustan físicamente.

Bueno, mi amigo no lo podía creer, pero tampoco lo quería hacer, él me decía que mi esposa es una mujer muy hermosa pero que también nosotros tenemos una hermosa familia y quizás esto nos podía afectar en nuestro matrimonio, yo estaba decidido llegar hasta el final, le dije que nuestro matrimonio no se terminaría y que estaba deseoso de llegar hasta el final. Nos pusimos de acuerdo, le dije que le al verla le dijera que era él la persona con quien había chateado, él conoce nuestros Email, así que seria fácil para ella creerle, que también le hablara de que ella siempre la había atraído etc.

Llegó el día, yo también estaba en el lugar pero bastante alejado de ellos, le dije a mi amigo donde sentarse para yo tener buena visión de la mesa de ellos, primero llegó mi amigo, a los 10 minutos apareció mi esposa, hermosa, con una pequeña falda como acostumbra a vestirse siempre, yo mismo le decía que su cuerpo era para lucirlo y no para esconderlo, mi corazón palpitaba a mil, me molestaba pero a la vez me excitaba lo que estaba viendo, mi esposa se sentó en la barra y luego él se le acercó y la saludó dándole un beso en la mejilla, ella le preguntó que hacía allí, él le dijo que lo mismo que ella esperándola, ella se quedó impactada, le dijo que era esto, porqué había actuado así, él le decía que siempre le había atraído como mujer y que quiso intentar algo y bueno acá están.

Él la invitó a sentarse a la mesa y ella aceptó, ella le seguía diciendo que era casada y felizmente casada con dos bellos hijos, y que solo había venido para terminar con esto, pero él fue más rápido y le agarró la mano, le decía que eso no impedía que ellos se gustasen, que disfrutaran de momentos que ambos deseaban, ella trató de quitarle la mano pero él no la dejaba, se acercó y le dio un beso sobre los labios, ella trató de evadirlo pero él la tenia tomada con ambas manos, ella siempre ha sido una mujer que no le gusta el escándalo, así que yo estaba seguro que ella no haría ningún escándalo acá, él la siguió besando y fui viendo que ella estaba dejando de resistir, una mano de él se posó sobre su hermoso muslo desnudo.

Me excitó el ver la mano de otro sobre las hermosas piernas de mi esposa, ella abrió la boca y ambos estaban perdidos en un beso profundo, él subía su mano y ella dejaba abrir más sus piernas, él la besaba profundamente, su mano cada vez iba subiendo más y más, ella estaba excitadísima, el restaurante era a media luz, con secciones bien aisladas como en donde ellos se encontraban, solo alguien como yo, que sabe lo que está pasando, se podía dar cuenta de ellos, él seguía besándola, con una mano ahora sobre sus senos.

Ella se veía excitadísima, la otra mano de él estaba completamente adentro de su falda, se veía que la tocaba toda, sacó la mano y la lamió, ella observaba, se la puso en sus labios y ella pasó su lengua también sobre sus dedos, él se sacó su pene y le tomó la mano a ella y se la puso sobre él, ella lo acariciaba suavemente, le bajó la cabeza casi debajo de la mesa y ella empezó a darle un roce con su lengua, luego se lo fue introduciendo poco a poco hasta tenerlo todo adentro, ella lo mamaba dulcemente pero bien rápido.

Él se veía con una excitación enorme, llegó el momento que él se vino en su boca, ella lo tomó todo, limpiaba todo su pene con su sensual lengua, era hermoso, yo estaba muy excitado, tanto así que había sacado mi pene y me masturbaba viéndolos, me cubría con el mantel, al terminar, él se puso en la posición de ella y ella se sentó como él lo hacia antes, él subió su pequeño vestido y le bajó su pantaletita, que era un mínimo hilo dental de los que a mi me enloquece verla, le abrió las piernas y empezó a pasarle su lengua por sus labios vaginales, no creía que mi esposa estuviera haciendo esto, era increíble pero a la vez hermoso verla como otro se la estaba disfrutando y excitándola al máximo, al mismo tiempo me excitaba que era yo mismo el que inició esta historia y era como verla concluir con una buena cogida a mi esposa.

Ella se echaba para atrás de la excitación, se veía que llegaba a un orgasmo prolongado, él se bebía todo el jugo de mi esposa, salió debajo de la mesa y le dio un beso profundo y le agradeció, le dijo que la próxima sería una cena, pero en su casa, ella le dijo que eso sería bastante difícil, ya que no podría salir de su casa por sus hijos y su marido, él le dijo que el arreglaría todo, se dieron un beso pidieron algo de beber y se marcharon, yo chorreaba de semen debajo de la mesa, tomé una servilleta y me limpié, veía como mi amigo antes de dejarla en su carro, le apretaba sus nalgas y le daba un beso en la boca.

En la próxima oportunidad les contaré el segundo encuentro.

Autor: Hugo

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Sin saberlo…

Al recibir un beso por parte de Lucía la mente de Violeta disipó cualquier pensamiento que podía molestarla. Simplemente, se limitó a degustar aquella caricia. Pero para su sorpresa, luego hubo otro beso. Y otro. Y así empezó una infinidad de besos, uno tras otro, que hacían que a las dos chicas se les acelerara el pulso. Cada vez iban haciendo el beso más profundo y más intenso.

Aquella noche algo la hizo despertar de sus sueños. Sobresaltada y con el corazón bombeando casi a punto de estallar, se sentó bruscamente en la cama. Todo estaba a oscuras. Silencio. Solo escuchaba su agitada respiración. Pero estaba segura que había oído algo que la había hecho despertar. Y, entonces, lo oyó: en la puerta de entrada, alguien daba pequeños golpecitos intentando no despertar a los demás vecinos.

Apurada, imaginando lo que podría ser, Lucía se puso la bata, se atusó un poco el pelo y abrió un poco la puerta muy lentamente. Y se le encogió el corazón al ver quién estaba al otro lado de la puerta.

-Violeta. – susurró Lucía abriendo del todo la puerta. El tono de voz salió a duras penas de la garganta de la joven. El corazón se le había encogido rápidamente y la visión que tenía delante se le clavaba en el alma como si le hubieran martilleado todo su ser con toda la violencia posible.

Con cuidado, se agachó para que Violeta se incorporara. Su bello rostro era un claro espejo de lo que Violeta había sufrido en su casa con su marido. Su ojo estaba hinchado y un pequeño hilo de sangre había salido de su labio inferior, marcando notablemente su barbilla. Las lágrimas cubrían sus mejillas, que bajo la humedad parecían algo aturdidas, quizás por otro golpe que había recibido.

-Shhhhhhh… – dijo Lucía intentando apaciguar el llanto de su mejor amiga. Intentaba no pensar en los golpes que había recibido, aquellos golpes que dolían más que si fueran en su propia piel.

Lucía cogió algodón y gasas y líquido desinfectante del botiquín y volvió donde su amiga la esperaba, intentando aguantar un llanto que si se desataba, se haría incontrolable. Con mucho cuidado, Violeta empezó a limpiar poco a poco la sangre reseca en el labio de su amiga. Lucía intentaba no pensar en el dolor que le producía aquella visión. Sólo ella conocía cuán frágil podía llegar a ser su amiga. Sólo ella.

-Vino borracho – empezó a decir Violeta -, algo mosqueado y empezó a gritarme y a…- el dedo de Lucía se posó levemente en los labios de la muchacha, haciéndola callar. No quería oír cómo había sido. Si lo hacía, estallaría en llanto ella también y debía ser fuerte para consolar a su amiga.

Pasó un interminable tiempo y Violeta había conseguido tranquilizarse y había seguido el consejo de Lucía de que se quedara a dormir. Mientras se cambiaba en el baño, Lucía, en el dormitorio, intentaba no pensar en nada y alejar la mente de los golpes que le había dado Andrés a su amiga.

Tras la ducha de Violeta, Lucía preparó la cama para que Violeta se acostara en ella. La arropó y se quedó mirándola.

-¿Tú no vas a dormir? – dijo Violeta cuando vio que su amiga no se metía en la cama -. Porque, si vas a dormir en el sofá me niego a dormir ¿eh?

-Aún no tengo sueño, Violeta – dijo en un leve susurro -. Duerme tú que yo voy a leer un dosier del trabajo. – dijo mientras le enseñaba algunos de los papeles a su amiga.

Violeta pareció tranquilizarse con ese comentario y se dispuso a dormir, como si no hubiera pasado nada. Pero Lucía no era capaz de concentrarse en lo que tenía delate de la vista. Intentaba leer las palabras escritas en los folios pero todo lo que veía eran las magulladuras de su amiga. Necesitaba despejarse.

Sin pensarlo mucho, se levantó de la silla en la que se sentía clavada y, dejando atrás el escritorio con el dosier, salió a la terraza. La brisa nocturna le golpeó en la cara, helándole las mejillas, lo que facilitó que brotaran sus lágrimas que corrían vertiginosamente por sus mejillas como si cada pequeña gotita salada pesada una tonelada entera. Y, casi sin darse cuenta, recordó cómo se conocieron…

Un día nubloso más en la ciudad. Pero para Lucía no era uno más simplemente. Su relación con Marha se había cortado justo la noche anterior y ella se había pasado toda la noche en vela, esperando que alguien le dijera que aquello no era real, que al día siguiente, todo seguiría igual que antes. Pero, lógicamente, esto no sucedió. Martha había sido tajante con respecto al tema. <<Hay otra persona que me atrae más que tú>>, le había dicho aquella noche en el portal de su casa, partiéndole el corazón en mil pedazos.

Aquel día Lucía estaba especialmente apática. No le apetecía hacer nada. Ni mucho menos, hablar con nadie. Pero la suerte no había pensado lo mismo y fue por eso por lo que hizo que Violeta entrara en su vida.

-Hola, ¿eres Lucía Pérez? – dijo una voz a sus espaldas. Lucía asintió sin saber por qué alguien la buscaba -. Verás, soy Violeta. Nos han puesto juntas para el trabajo trimestral. – la chica sonaba simpática, así que para que no pensara que Lucía era una antipática, se giró y, al hacerlo, descubrió los ojos azules más bonitos que jamás había visto. Disimuladamente, se fijó en Violeta. Era una chica un poco más bajita que ella, con el pelo oscuro y rizado y recogido sutilmente con un pequeño coletero. A Lucía le pareció una chica simpática.

Pasaron los días y el trabajo fue tomando forma. Y, sin saber cómo ocurría, Lucía comprobaba día tras día que, cuando estaba cerca de Violeta, no existían los momentos tristes ni los malos recuerdos, todo eran risas y alegría.

Lucía sonrió con ternura al recordar aquellos días. No sabía exactamente qué era lo que sentía en aquellos momentos, porque la ruptura de la relación con Martha la había trastocado un poco pero Violeta siempre estaba allí, regalándole sonrisas cada vez que lo necesitaba. Y, recordando, su mente volvió a viajar hasta el día que supo sus sentimientos precisamente por el dolor que sintió…

Era la noche de San Juan. En la playa, se habían reunido un buen número de amigos. Esa noche Lucía iba a contarle a Violeta su secreto mejor guardado; iba a decirle que era homosexual. Por supuesto, lo haría en la más secreta intimidad, por lo que no se lo diría a menos que encontrara un momento a solas con ella.

La hoguera emanaba calor desde hacía tiempo y el alcohol ya se había distribuido por quien quería beber aquella noche. Un chico intentaba sacar a bailar Claudia, pero Claudia se negaba rotundamente, con una risa muy desconcertante.

Hacía rato que no habías no rastro de Violeta, por lo que Lucía decidió ir a dar un paseo, a ver si la encontraba. Cerca del viejo faro abandonado, escuchó unas risitas y algunos susurros. Algo le decía que siguiera de largo, pero la voz le sonaba y le picaba muchísimo la curiosidad. Poco a poco, se acercó y se ocultó entre unas rocas. Al reconocer a la pareja, se quedó helada. Ante ella, Violeta y Andrés estaban besándose apasionadamente.

El corazón se le partió en dos. Sentía ganas de llorar y de gritar pero no tenía fuerzas para nada. Bajó la vista y al hacerlo, comprendió entonces lo que sentía en sus adentros. Violeta la atraía como algo más que una amiga. La amaba. Pero ella seguramente nunca se enteraría de ello. Sin pensar mucho, reunió fuerzas y echó a correr hacia su casa, notando como cada lágrima que brotaba de su alma quemase sus mejillas como si fueran de fuego.

La brisa nocturna volvió a despertarla de aquel ensimismamiento que le producía el recordar aquellos momentos. Abajo, en la calle, algún coche paseaba dirigiéndose a algún destino que la vista no alcanzaría a ver desde aquí. Lucía intentaba tranquilizar su respiración para no hacer ruido y despertar a Violeta. Suspiró y, sin poder remediarlo, de sus ojos brotó otra lágrima, producto de una mezcla de impotencia y de dolor por lo que le estaba pasando a Violeta.

A sus espaldas y sin que se percatara, Violeta se había despertado y, al no verla en el cuarto, se extrañó y se levantó para buscarla. Llevaba un momento observándola, tratando de averiguar en qué pensaba su amiga.

Por desgracia, no era la primera vez que ella llegaba en aquellas condiciones a casa de Lucía. Andrés hacía tiempo que había cambiado su trato con ella. Y la pobre Lucía no podía imaginarse lo que había desencadenado aquel trato…

Una vez más, se encontraba hasta la llegada de Andrés. Venía algo cansado de trabajar y los pensamientos de ella volaban hacia otra persona desde hacía ya tiempo.

Al notarla callada, Andrés no dudó en preguntarle el motivo de sus silencios.

-Andrés, he estado pensando y… – sus palabras se vieron atascadas, no sabía cómo seguir hablando.
-¿Y…? – la incitó a seguir su marido. -Y creo que me siento atraída por otra persona. – dijo con un hilo de voz.

Aquello provocó la ira en su marido. Empezaron a discutir coléricamente y, como punto final, el le pegó un único bofetón. El primero. Andrés se arrepintió instantáneamente de lo que había hecho y le pidió perdón varias veces, jurándole que no volvería a pasar.

Pero, por desgracia, las palabras se las lleva el viento y los celos de Andrés aumentaban día tras día, sin saber que no tenía nada de lo que preocuparse pues la persona que le atraía seguramente jamás lo supiera.

Por el movimiento del pelo de Lucía, Violeta supo que había fresco en la terraza, por lo que fue en busca de algo de abrigo a la habitación.

Los pensamientos de Lucía la llevaban de un momento a otro de sus recuerdos, hasta que notó algo cálido sobre su espalda. Dando un respingo, se giró y pudo ver a Violeta, intentando sonreír en medida de lo posible debido a que las heridas y magulladuras le dolían y tapándola con una manta.

-Te vi y pensé que tenías frío. – dijo Violeta. -Gracias, eres muy amable – susurró devolviéndole la sonrisa -. Pero, ¿no se suponía que estabas durmiendo? – preguntó fingiendo estar ofendida. La verdad es que adoraba aquellos momentos en los que estaban a solas.

-Eso podría decírtelo yo también, ¿no crees? – dijo intentando borrarse de la cabeza ciertas cosas para hablar bien con ella.

En un gesto lleno de ternura, Lucía dispuso la manta par que las  dos se pudieran tapar, quedando una frente a la otra a pocos centímetros.

Con una mano, y con suma lentitud, Violeta retiró de la mejilla de Lucía las últimas lágrimas que había derramado que, tal y como esperaba, estaban heladas por el frío. A pesar de que ya no estuvieran llorando, Lucía aún tenía el corazón encogido, se le notaba por los larguísimos suspiros que exhalaba a un compás algo irregular.

-¿Por qué llorabas? – preguntó Violeta en un susurro apenas audible. Lo justo como para que su amiga la entendiera.

-Por varias cosas – dijo intentando desviar un poco la atención -, entre ellas, por lo que te está pasando con Andrés. No te mereces esto, Violeta. – dijo cerrando los ojos para no llorar más.

Violeta la veía, con los ojos cerrados y no podía creerse lo increíblemente cerca que estaban. Si supiera que los celos de Andrés eran porque hacía mucho tiempo que la amaba. Ni se imaginaba cómo reaccionaría. Pero Lucía seguía con los ojos cerrados, intentando no pensar y era una oportunidad demasiado tentadora como para dejarla escapar. Así que Violeta, lentamente fue acortando la distancia entre sus rostros y, finalmente, depositó un leve beso en los labios de Lucía.

Al sentir aquella suave caricia en sus labios, Lucía abrió los ojos y, entonces, sus rostros se separaron.

-Perdóname, Lucía – dijo claramente nerviosa Violeta -. No sé qué me ha pasado. De verdad, yo…

Ni tenía palabras, pero a Lucía no le importaba que no tuviera palabras, se inclinó lo justo para seguir besando a Violeta. Aquel beso le había parecido un sueño y tenía que comprobar si había sido real.

Al recibir un beso por parte de Lucía, la mente de Violeta disipó cualquier pensamiento que podía molestarlas. Simplemente, se limitó a degustar aquella efímera caricia. Pero para su sorpresa, luego hubo otro beso. Y otro. Y así empezó una infinidad de besos, unos tras otros, que hacían que a las dos chicas se les acelerara el pulso. Cada vez iban haciendo el beso más profundo y más intenso, dejando hablar a sus corazones y no a su cabeza, que les decía que había un error, que aquello no era del todo correcto.

Hasta la habitación fueron con sus besos, casi sin darse cuenta, la manta que las cubría del frío cayó al suelo, así como pronto lo harían tantas otras prendas de vestir.

Pero justo cuando las manos de Lucía se disponían a abrirse paso a través de los botones del pijama que le había dejado a Victoria, ésta la paró.

-No – dijo en un susurro, sujetando las manos de Lucía -, no puedo hacer esto. No estaría bien. -¿Acaso está bien lo que él hace contigo?- susurró Lucía antes de lanzarse a la búsqueda de un nuevo beso, que no recibió. -Pero Lucía yo… no quiero que creas que, bueno… -Violeta, te amo – ante aquellas palabras, Violeta se quedó paralizada -. No te lo he dicho nunca porque no sabías si tú sentías lo mismo, pero me has besado y… -¿Desde cuándo? – susurró la muchacha.

-¿Qué? -¿Es verdad lo que dices? ¿Desde cuándo me amas? -Creo que desde que te presentaste aquel día porque nos habían puesto como compañeras de aquel trabajo. – Lucía se estaba arrepintiendo de sus palabras a medida que las decía, pues estaba quedando completamente vulnerable a Violeta, pero por otra parte, quería ser sincera. Lo había estado deseando desde hace mucho tiempo y no podía callarse ahora. -¿Sabes? Yo me enamoré de ti aquel mismo día…

Y ambas se fundieron en un beso lento y feliz. Por las mejillas de Violeta resbalaban lágrimas, pero porque su sueño de amor imposible se estaba cumpliendo.

Autora: Alma_errante

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